Cuadernos de Educación y Desarrollo
Vol 1, Nº 2 (abril 2009)
INTEGRACIÓN E INCLUSIÓN: DOS CAMINOS DIFERENCIADOS EN EL
ENTORNO EDUCATIVO
Cristina Alemañy Martínez (CV)
[email protected]Resumen
Para poder llevar a la práctica, de manera efectiva, un modelo educativo que potencie la
inclusión es necesario e imprescindible que los docentes compartan los principios que
conlleva este movimiento. Exponemos las características de una escuela inclusiva y la
necesidad de formación del profesorado para llevarla a cabo de manera satisfactoria.
El origen del movimiento inclusivo se sitúa en los países anglosajones, dentro del marco de
la educación especial. En un intento por sintetizar sus bases, podríamos decir que la escuela
inclusiva reconoce la diferencia como un valor, de modo que todo el mundo puede formar
parte de ella en situación de igualdad. Este reconocimiento de las diferencias individuales
nos lleva al reconocimiento de la diversidad. Así, diversidad es reconocimiento de
diferencias y valoración de ellas.
El movimiento inclusivo se remonta a la ley de 1975 de los Estados Unidos (Education for
All Handicapped Children ACt), en la cual se consideraba que el alumnado con algún tipo
de deficiencia podía recibir una educación apropiada en ambientes menos restrictivos (clase
ordinaria). A partir de esta idea, surgen dos grandes movimientos: la iniciativa de
educación regular (REI) y la escuela inclusiva. El movimiento de la escuela inclusiva se
centra en cómo aumentar la participación del alumnado con deficiencias en un aula
ordinaria, independientemente de las características y niveles de cada persona.
No existe un consenso entre los autores más representativos de este movimiento (Ainscow,
2001; Arnaiz, 2003; Dyson, 1999; Stainback & Stainback, 1999) ya que cada uno tiene su
propia visión sobre el mismo.
Así, por ejemplo, podemos encontrar definiciones tan diferentes y clarificadoras como
señala Ainscow (2001, p. 44), “una escuela que no solo acepta la diferencia, sino que
aprende de ella”, o como definen Stainback y Stainback (1999, pp. 21-35), “es la que educa
a todos los estudiantes en la escuela ordinaria”.
¿Integración o inclusión?
Semánticamente, incluir e integrar tienen significados muy parecidos, lo que hace que
muchas personas utilicen estos verbos indistintamente. Sin embargo, en los movimientos
sociales, inclusión e integración representan filosofías totalmente diferentes, aun cuando
tengan objetivos aparentemente iguales, o sea, la inserción de las personas con discapacidad
en la sociedad.
La escuela inclusiva se construye sobre la participación y los acuerdos de todos los agentes
educativos que en ella confluyen. Considera el proceso de aprendizaje del alumnado como
la consecuencia de su inclusión en el centro escolar. Surge de una dimensión educativa
cuyo objetivo se dirige a superar las barreras con las que algunos alumnos y alumnas se
encuentran en el momento de llevar a cabo el recorrido escolar. Con una escuela inclusiva
se trata de lograr el reconocimiento del derecho que todos tienen tanto a ser reconocidos,
como a reconocerse a sí mismos como miembros de la comunidad educativa a la que
pertenecen, cualquiera que sea su medio social, su cultura de origen, su ideología, el sexo,
la etnia o situaciones personales derivadas de una discapacidad física, intelectual, sensorial
o de la sobredotación intelectual.
En esta escuela que se propone, el desarrollo de la convivencia se realiza a través del
diálogo. Los conflictos se transforman en una oportunidad para el desarrollo personal y
social, porque permite la aproximación entre los agentes en conflicto y el desarrollo de su
aprendizaje.
Podemos establecer algunas de las diferencias entre integración e inclusión, como bien
señalan Arnaiz (2003) y Moriña (2002).
ESCUELA INTEGRADORA ESCUELA INCLUSIVA
Centrada en el diagnóstico Centrada en la resolución de problemas de
colaboración.
Dirigida a la : Educación especial Dirigida a la : Educación en general (todos los
(alumnos con n.e.e) alumnos)
Basada en principios de igualdad y Basada en principios de equidad, cooperación y
competición solidaridad (valoración de las diferencias como
oportunidad de enriquecimiento de la sociedad)
La inserción es parcial y condicionada La inserción es total e incondicional
Exige transformaciones superficiales. Exige rupturas en los sistemas (transformaciones
profundas)
Se centra en el alumno (se ubica al Se centra en el aula (apoyo en el aula ordinaria).
alumno en programas específicos)
Tiende a disfrazar las limitaciones para No disfraza las limitaciones, porque ellas son
aumentar la posibilidad de inserción. reales.
Para llevar a la práctica en la escuela un modelo que potencie la educación inclusiva es
necesario que todo el personal educativo (Ferrer y Martinez, 2005), en especial los
profesores, tengan una visión y un actitud positiva acerca de la inclusión (Cardona, Cook,
Semmel y Gerber, 1999). Si no se da el caso, el desarrollar dicho modelo será bastante
complicado. Por tanto, una de las premisas fundamentales que se deben cumplir para que el
modelo se desarrolle de manera adecuada es que se dé una implicación activa del
profesorado y la comunidad educativa en general.
Si como profesores nos planteamos que la atención de determinados alumnos puede
entorpecer o ralentizar el avance del resto de los alumnos, estaremos trabajando desde una
lógica claramente excluyente. Desde un modelo inclusivo, hemos de preguntarnos cómo
atender a todo el alumnado, no cómo atender a unos u otros. En este sentido se apoya la
premisa de Michael Fullan y Andy Hargreaves, estableciendo que merece la pena luchar
para que las escuelas sean lugares cada vez mejores en los que enseñar y aprender.
Cuando no se tienen en cuenta las diferentes necesidades y ofrecemos a todos lo mismo, no
hacemos sino ignorar la diversidad generando aún más desigualdad. Esto nos lleva
necesariamente a buscar las herramientas que den la oportunidad de participar a todos, de
desarrollar capacidades comunes por diferentes vías, porque si no estaremos favoreciendo a
unas personas sobre otras.
La situación actual en España necesita lo que en palabras de Giroux son los “profesores
como intelectuales transformativos”. El intelectual transformativo es el docente que busca
crear espacios donde todos tengan las mismas posibilidades, tanto dentro de la escuela
como cuando salgan de ella. Es un profesional comprometido con la lucha por la creación
de una escuela para todos. No obstante, este autor apunta que la innovación educativa es al
mismo tiempo una amenaza y un desafío para los docentes de la escuela. Principalmente
porque las medidas de las instituciones educativas denotan poca confianza en las
capacidades del profesorado. Muestra de ello es el diseño curricular vigente en nuestras
escuelas. Es un currículum técnico que define qué, cómo, cuándo y por qué hay que
enseñar. El docente se convierte así en un técnico ejecutor de las directrices prefijadas.
Aunque el discurso legislativo afirme que el profesor es autónomo, después se le plantean
una serie de protocolos educativos que tiene que seguir al pie de la letra. Y el caso es que,
pese a este escaso poder de decisión, es justamente el profesorado el que tiene en su mano
el cambio.
La calidad de la educación está estrechamente ligada con la calidad de los profesores, y no
con la calidad de los proyectos que se generen fuera. El profesor tiene calidad si tiene
autonomía, si es un intelectual, y toma decisiones de las que será responsable, y cuya
conveniencia evaluará para así comprender y mejorar la situación educativa.
Teniendo en cuenta que el profesor de la escuela inclusiva necesita conocer la naturaleza de
la cultura que enseña, ser consciente de lo que significa una escuela inclusiva, ser crítico,
reflexivo, trabajar cooperativamente, ser autónomo y responsable, saber analizar, y en base
a todo esto tomar decisiones, resulta obvio que necesita una formación reflexiva.
Algunas características a seguir en la inclusión escolar:
Una vez determinadas las atenciones especificas e individuales que precisa el alumnado, se
hará necesario ver cómo se ordena el contexto escuela y comunidad, cómo se articulan los
recursos, cómo se potencian los mismos y se optimizan, qué cambios hay que generar en la
práctica educativa de los centros escolares, del profesorado en las aulas, del profesorado
como personas individuales, del alumnado con necesidades…, para que sea posible una
adecuada inclusión educativa como mediación para una inclusión social de todas las
personas.
Algunas de las características a considerar en la inclusión escolar son:
- El alumnado debe tener un mínimo de condiciones académicas de acuerdo al grado que va
a ingresar.
- El apoyo pedagógico planeado es un factor facilitador para la continuidad y éxito del
proceso de inclusión.
- Afecto, paciencia y respeto del docente hacia el alumnado son términos a tener presentes
en todo momento por el docente.
- Formación del docente para atender y manejar las necesidades que se presenten en el
alumnado.
- Conocimiento de las características de las necesidades especificas o patologías que
presenta el alumnado.
- El estudio y seguimiento permanente del alumno(a), que permite valorar los logros,
detectar las dificultades para proponer acciones que contribuyan a superarlos.
- Contar con la ayuda de un equipo de profesionales (educadores especiales,
fonoaudiólogos, psicólogos y trabajadores sociales) para que asistan a estos jóvenes con
apoyos específicos.
- Implicación total de los padres y madres de familia en la educación de sus hijos y la
aceptación al proceso de inclusión.
- El diseño curricular y la administración de éste es común a toda la comunidad educativa
con pequeñas excepciones, de tal manera que responda a la filosofía de una Escuela
Inclusiva que atiende la cultura y pedagogía de la diversidad.
- La estructura curricular (metodología evaluación) y organizacional permite ofrecer
condiciones necesarias y adecuadas en este proceso.
- Las dificultades educativas o dificultades de aprendizaje como suelen son muy comunes
en cualquier proceso de formación, porque cada individuo posee características diferentes
que lo convierten en un ser único y por lo tanto debe recibir un tratamiento individualizado
que atienda las particularidades que presenta.
- Las peculiaridades que en general presenta el alumnado de una institución requieren de
tratamientos diferenciados, porque considerar a un grupo de alumnos o personas con
caracteres homogéneos es incurrir en un error, en una "utopía.
- Proporcionar el entorno y los medios adecuados para el desarrollo, y que se remuevan las
barreras que la propia escuela crea para propiciar un aprendizaje exitoso.
- Buscar estrategias en las que se conjugue el respeto de la diferencia con la igualdad de
derechos y oportunidades, potenciando la convivencia y el diálogo de unos grupos con
otros.
- Acercar la cultura minoritaria a la escuela exige un replanteamiento del funcionamiento
del aula que afecte a todos los elementos de la práctica educativa y a elementos esenciales
del currículo.
- Establecer un planteamiento global, un planteamiento de centro que afecte a toda la vida
del mismo, a partir de un enfoque intercultural desde donde se revisen los propios valores,
estrategias y objetivos.
Resumiendo, establecemos las siguientes condiciones que mejorarán la práctica en el aula
para poder trabajar con todo el alumnado:
- Trabajo colaborativo entre el profesorado.
- Estrategias de enseñanza – aprendizaje
- Atención a la diversidad desde el currículo
- Organización interna
- Colaboración escuela – familia
- Transformación de los servicios/recursos destinados a la educación especial
Todo esto requiere una serie de compromisos que impliquen, tanto a la propia
Administración educativa, en sus criterios de gestión educativa, como de los propios
agentes docentes, tutoriales, de apoyo, así como a otros agentes de la propia comunidad.
El docente precisa de unas pautas de seguimiento que les aporten orientaciones a la hora de
llevar a cabo su trabajo. Hablamos de:
- Aprender a manejar los tiempos y los espacios. Contemplar el aula como espacio total a
disposición del aprendizaje comunitario. Aprender a flexibilizar el tiempo, ya que esto
facilita la individualización de la enseñanza.
- Formación en selección de recursos. Resulta útil y el poder disponer de un banco de
recursos siempre a la disposición del docente, sin pasar por alto la consideración de la
adecuación al contexto.
- Capacitar al profesorado para crear nuevos canales de comunicación que sobrepasen las
fronteras del centro. Si la escuela inclusiva es una escuela para todos, abierta al entorno, los
profesionales que en ella trabajen deben saber y poder contactar con profesionales de otros
centros (en foros, seminarios) para preguntar, comentar, intercambiar… y así mejorar la
acción. Hablamos de colaboración frente a competición.
- Aprender a trabajar en cooperación con el orientador. No consiste en que actúe de manera
puntual sino mucho más interesante será trabajar en conjunto en la toma de decisiones del
quehacer educativo diario.
- Fomentar un modelo de enseñanza que desarrolle en el futuro docente el trabajo autónomo
y la responsabilidad reflexiva, conectando los aprendizajes teóricos y prácticos a través de
la reflexión, tomando conciencia de las teorías que aplica y confrontando lo que podría
hacer con su posición ideológica, para que luego no existan contradicciones entre ambas.
Serán los propios docentes los que, en el transcurrir de su tarea, detectarán sus propias
necesidades de formación. De ahí que la formación más importante, quizá sea, la que lo
capacite para buscar los recursos necesarios allí cuando los necesite.
En definitiva, en el mundo actual, los cambios se suceden cada vez con mayor rapidez. La
transformación de las relaciones sociales dentro del marco de la globalización y la
multiculturalidad hace que la única constante en cualquier situación educativa sea la
diversidad. Ante este panorama, es difícil seguir trabajando de acuerdo con la tradición
educativa. La escuela inclusiva se presenta como una respuesta que no sólo reconoce, sino
que además valora, la heterogeneidad del alumnado, al centrarse en el desarrollo de las
potencialidades de cada cual, y no en sus dificultades.
Resulta fundamental cuidar al máximo la formación del profesorado. Son los profesores los
que llevarán a cabo los cambios, por lo que no podemos pensar en una propuesta de mejora
en la escuela que no vaya acompañada de una mejora en la formación del profesorado.
Pero el caso es que el profesorado nunca se encontrará totalmente preparado para cualquier
situación. Ante esta perspectiva, la mejor formación surge a partir de la conciencia de
formación diaria y para toda la vida y que capacite al profesorado para asumir la gran
responsabilidad que conlleva la correcta toma de decisiones educativas.
En la escuela del siglo XXI al profesorado le corresponde alentar al alumnado en este
proceso, dotarles de puntos de referencia para comprender el mundo que le rodea y reforzar
al mismo tiempo su sentido de pertenencia a la comunidad. De la reflexión y revisión de su
práctica educativa surgirán tanto los cambios metodológicos como culturales,
imprescindibles para construir ese ámbito de inclusión. El centro escolar ha de ser y ocupar
ese importante espacio educativo que le corresponde donde las múltiples formas de la
participación se articulen a través de la convicción de la pertenencia al género humano.
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