El ensayo como forma - Theodor Adorno: “El ensayo situado entre las locuras”.
El ensayo como forma retórica. Crítica a la concepción moderna del ensayo como un
género de escritura científica que sigue a método científico de análisis y de aproximación a
las cosas.
El ensayo, según adorno, se encuentra atrapado entre la filosofía y la ciencia. Este es el eje
desde el cual estructura su ensayo.
Qué es el ensayo para adorno:
- “En lugar de reportar un rendimiento científico o de crear alguna cosa artística, el
ensayo – aun cuando se esfuerza – refleja el ocio de la infancia que sin escrúpulos
se apasiona con aquello que otros ya han hecho” (2).
- El ensayo como una manifestación del espíritu, refleja lo que amamos y lo que
odiamos.
- No comienza desde el principio de los tiempos, sino que parte de aquello que
queremos hablar, se interrumpe y se termina cuando se considera necesario, no
cuando no queda más qué decir, por esta razón Adorno señala que “se le sitúa
entre las locuras”. Al decir esto nos muestra una intención que ir en contra de la
lógica racionalista y cientificista.
- Interpreta los conceptos de forma parcial y arbitraria, ya que no pretende llegar a
la verdad absoluta de las cosas
- El ensayo es crítico de la noción de sistema las pretensiones científicas.
- El ensayista renuncia a la pretensión de llegar hasta lo último de todo, mientras
que al mismo tiempo “solo puede ofrecer explicaciones de otros o en el mejor de
los casos explicaciones de los conceptos propios” (6).
- El ensayo no se rige según las reglas de la ciencia y la teoría organizadas, como
señala Spinoza al decir que “el orden de las cosas no es el mismo que el de las
ideas”. Por ende, no tiende hacia una construcción cerrada, deductiva o inductiva.
Se revela contra la idea, arraigada desde platón, de que las cosas cambiantes y
efímeras no son dignas de filosofía.
- A favor de lo efímero, lo cambiante, lo subjetivo. En contra del dogma de la
abstracción.
- El ensayo no se deja influenciar por la idea de que historia y verdad son cosas
distintas, sino que utiliza la experiencia propia, que es referencia a toda historia. La
experiencia individual no es atómica, está siempre medida por la historia de la
humanidad.
- Busca compensar la evaporación del pensamiento cuando todo se ha vuelto
abstracciones.
- No pretende buscar y destilar lo eterno de aquellas cosas efímeras, sino que
pretende eternizarlo.
- “En el ensayo enfático, el pensamiento se deshace de la idea tradicional de
verdad” (7).
- Es anti-sistemático, introduce los conceptos de forma directa, “con la misma
inmediatez que los recibe” (8). Pero estos no adquieren precisión hasta que se
ponen en relación. Se diferencia de la escolástica y del neopositivismo, donde está
siempre presente la obligación precrítica de definir.
- El punto de partida son los significados de los conceptos y los lleva aún más lejos,
sin dedicarse a meras definiciones.
- “Ensayo provoca la objeción que dice que no hay manera de saber exactamente,
sin ningún tipo de duda, qué quiere decir cada concepto. Porque el ensayo ha
captado que la exigencia de definiciones estrictas ya hace tiempo que sirve para
eliminar […] todo aquello desconcertante y peligroso que tienen las cosas que
viven en los conceptos […] el ensayo no puede pasar sin conceptos abstractos […]
ni puede manejarlos según le convenga” (8).
- “El ensayo desafía el ideal de la clara y distinta percepción y de la certeza
indudable” (9).
- Protesta contra las cuatro reglas que René Descartes constituye, al comienzo
del Discurso del método, como los principios de la ciencia occidental moderna.
- El ensayo desde la perspectiva de Adorno, es decir, entendido como forma,
anuncia de manera inconsciente y nada teórica la necesidad de anular las
exigencias de completitud y continuidad. Por esta razón es que el ensayo puede
terminarse e interrumpirse en cualquier momento. “el ensayo ha de mostrarse
como si siempre, continuamente, se pudiese interrumpir” (11).
- Es, al mismo tiempo, fragmentario, como la realidad misma. En las
resquebrajaduras es donde encuentra su unidad. La armonía del orden lógico
engaña y oculta. La discontinuidad es esencial en el ensayo, ya que su asunto es
siempre un conflicto inmovilizado.
- “El ensayo ha de hacer que, en un rasgo parcial, escogido o encontrado, se ilumine
la totalidad sin afirmar la presencia de ésta” (11).
- No se presenta como creación, ya que siempre refiere a cosas creadas, ni pretende
algo universal.
- Es escrito por alguien que ve en la redacción una forma de experimentación donde
puede interrogar, palpar, examinar y penetrar en su objeto mediante la reflexión.
El escritor aborda el objeto desde diferentes ángulos y reúne en su mirada
espiritual lo que observa. Después, traduce en palabras lo que el objeto permite
ver bajo las condiciones creadas en la escritura.
- Nunca concluye y pone al descubierto la incapacidad de realizar conclusiones
acabadas.
- Se rebela contra la idea de obra capital. Su forma se vincula al pensamiento crítico
que sostiene que el hombre no es creador: nada de lo humano es creación. El
ensayo siempre se refiere a algo ya creado y no se presenta como creación ni
aspira a abarcar el todo. Su totalidad es la de lo no total.
- Debido a los conceptos que aparecen en él, los cuales traen un significado y una
referencia teórica, está emparentado a la teoría. El vínculo con la teoría es
cauteloso como el vínculo con el concepto. El ensayo no se deduce rigurosamente
de la teoría ni es una síntesis de ella. La experiencia espiritual se ve amenazada si
se esfuerza por consolidarse como teoría y adopta los gestos de la teoría. Sin
embargo, la experiencia espiritual también tiende a la objetivación. El ensayo
muestra esta contradicción (antinomia).
- En el ensayo la verdad se mueve a través de su no-verdad, dado esto, no debemos
buscarla en su contraparte (ciencia) sino en ésta misma, en la movilidad, en la falta
de solidez.
- El ensayo está históricamente emparentado con la retórica, la cual el credo
científico ha querido eliminar. En la época científica termina convirtiéndose en la
ciencia de las comunicaciones.
- El ensayo conserva en la autonomía de la exposición rastros de aquello
comunicativo que a la retórica le falta.
- “Siempre la conciencia cientificista, dirigida contra toda representación
antropomórfica, ha estado aliada con el principio de realidad e, igual que éste, es
enemiga de la felicidad” (15).
- El ensayo no se opone al procedimiento discursivo. No es ilógico. Sigue criterios
lógicos en la medida en que el conjunto de sus proposiciones tiene que ser
consistente. No puede tener meras contradicciones a menos que sean
fundamentadas porque tienen que ver con el tema del ensayo mismo. La cuestión
es que el ensayo desarrolla los pensamientos de una forma diferente a como hace
la lógica discursiva. El ensayo no deduce los pensamientos de un principio ni los
infiere de observaciones individuales coherentes, sino que coordina los elementos
en lugar de subordinarlos.
- Debido a la tensión existente entre la exposición y lo expuesto, el ensayo es más
dinámico que el pensamiento tradicional, pero como yuxtaposición construida es
al mismo tiempo más estático. En su quietud tiene afinidad con la imagen.
- La flexibilidad del orden de los pensamientos de un ensayista lo obligan a una
intensidad mayor que aquella del pensamiento discursivo, porque el ensayo no
actúa, como el pensamiento discursivo, de forma ciega y automática, sino que a
cada instante tiene que reflexionar sobre sí mismo. La reflexión no se extiende sólo
a su relación con el pensamiento establecido, sino que también se relaciona con la
retórica y la comunicación.
- El ensayo es anacrónico. Se encuentra entre la ciencia en la que se pretende
controlar todo, ciencia que excluye, con el elogio hipócrita de “intuitivo” o
“estimulante” lo que no se adapta al patrón del consenso; y entre la filosofía, la
cual se conforma con el resto vacío y abstracto de aquello que todavía no ocupó la
actividad científica. El ensayo se ocupa de lo ciego presente en los objetos de la
filosofía. Al ensayo le gustaría expresar con conceptos lo que no entra en
conceptos o que, por las contradicciones en las que los conceptos se enredan,
revela que la red de la objetividad es un dispositivo en realidad subjetivo. Al
ensayo le gustaría polarizar lo opaco y desatar las fuerzas latentes en lo opaco.
- El ensayo construye la imbricación (superposición) de los conceptos tal como los
conceptos se consideran imbricados en el mismo objeto.
- No se adhiere a las características de las ideas, descriptas en el Banquete como
“eternas en su ser, ni engendradas ni perecederas, ni sujetas a cambio ni a
disminución”. Sin embargo, sigue siendo una idea, porque no se entrega ante el
peso de lo que es, no se inclina ante lo que meramente es.
- Su ley formal más íntima es la herejía (sentencia errónea, injuria). Como obra
contra la ortodoxia del pensamiento, hace visible la herejía. El mantenimiento de
la invisibilidad de la herejía es la finalidad de la ortodoxia. El develar la herejía, en
cambio, es la finalidad del ensayo.