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Dedicatoria

Este manual se dedica a Carlos Lanz Rodríguez y busca ser una herramienta práctica para la defensa integral de la Patria venezolana en el contexto de una guerra popular prolongada. Se enfoca en visibilizar la invasión del paramilitarismo colombiano y mercenario en Venezuela, ofreciendo indicadores para identificar su presencia en las comunidades y estrategias para enfrentarlos. Además, promueve la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil para garantizar la seguridad y el desarrollo sostenible del país.

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Dedicatoria

Este manual se dedica a Carlos Lanz Rodríguez y busca ser una herramienta práctica para la defensa integral de la Patria venezolana en el contexto de una guerra popular prolongada. Se enfoca en visibilizar la invasión del paramilitarismo colombiano y mercenario en Venezuela, ofreciendo indicadores para identificar su presencia en las comunidades y estrategias para enfrentarlos. Además, promueve la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil para garantizar la seguridad y el desarrollo sostenible del país.

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Dedicatoria

En la segunda parte de este manual, hablo sobre el método INVEDECOR del sociólogo venezolano Carlos Lanz
Rodríguez, método que él mismo me enseñó en las largas jornadas de estudio que tuvimos durante todo el año 1994
en el Caleb, estado Lara. Así que antes de publicarlo le envié el texto y su respuesta fue “ahora sí te graduaste de
invedecorista”.

Finalmente cuando fue publicada la primera versión de la segunda parte de este texto, se tomó la molestia de
escribirme y llamarme para felicitarme por lo que él consideró un importante aporte a la defensa integral de la Patria.

Ambos recuerdos me honran y los atesoro, junto a las jornadas de estudio y lucha que he compartido con él en estos
26 años y las que están aguardando su regreso.

Por eso, por haber sido uno de los maestros que me dio la vida, por su entrega a la lucha, por su fraternidad, por su
ética, porque ha trabajado más que nadie el tema de la guerra híbrida contra Venezuela y siempre se ha preocupado
por fortalecer el tejido social para resistir a ella. Pero también porque hoy nuestro compañero es víctima de
desaparición forzada, lo que mucho tiene que ver con lo denunciado en este manual y quiero levantar la voz para
gritar que lo queremos ver vivo, de regreso a su casa y a nuestras vidas, es que hoy dedico este manual a ese
incansable maestro revolucionario venezolano:

Dedicado a Carlos Lanz Rodríguez


¡Vivo se lo llevaron y vivo lo queremos!
Introducción

El presente manual es un esfuerzo militante de sintetizar y dar sentido práctico a una investigación acción
participativa de muchos años que parte en los territorios fronterizos y termina alimentándose del intercambio con
comunas rurales y urbanas, comunidades inmigrantes colombianas que participan de la construcción de la
Revolución Bolivariana, otros y otras investigadoras de temas relacionados, instituciones del estado, así como de la
experiencia personal adquirida en los últimos años.
Todo manual es eminentemente práctico y éste busca ser una herramienta para contribuir a la Defensa Integral de la
Patria desde las comunidades en el marco de una guerra popular prolongada en la que el Pueblo venezolano todo
está inmerso desde hace varios años, aún sin percatarse. Este documento está pensado dentro de una serie de
manuales para fortalecer las capacidades del Poder Popular en la Defensa Integral de la Patria y la Revolución
Bolivariana, apoyando la tarea fundamental de la Milicia Bolivariana y fortaleciendo la unión cívico militar policial; la
lucha contra la corrupción y el burocratismo; y las acciones que buscan superar la crisis generada por la pandemia,
que nos ha obligado a reflexionar sobre la importancia de salud pública y en suma, para avanzar en la construcción
de la Paz, con “P” mayúscula.

La urgencia generada por el escenario actual, nos obligó a hacer dos publicaciones parciales previas para que fuera
siendo utilizado y a la vez, pudiera comenzar a nutrirse de todas las críticas y aportes que en efecto llegaron.

Entregamos aquí un instrumento para visibilizar la invasión del paramilitarismo colombiano y mercenario sobre
Venezuela, con el fin de evidenciar la necesidad de denunciarlo y enfrentarlo, así como de las estructuras terroristas
locales en ciernes.

Por eso la primera parte serán catorce indicadores cuyo objetivo es que mirando alrededor podamos discernir si el
problema existe y nos rodea, o por el contrario nos es ajeno, porque sólo lo que se percibe como real y relevante
genera consciencia, y sólo las acciones conscientes pueden generar cambios históricos.

Seguidamente, pasaremos luego a cómo enfrentarlos e incluso prevenir que se instalen en nuestros territorios.

El espíritu de este Manual para defender la Revolución desde nuestra comunidad es el de promover y dar
herramientas para ejercer la corresponsabilidad establecida en el artículo 326 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela que establece que:

“La seguridad de la Nación se fundamenta en la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil, para dar
cumplimiento a los principios de independencia, democracia, igualdad, paz, libertad, justicia, solidaridad, promoción
y conservación ambiental y afirmación de los derechos humanos, así como en la satisfacción progresiva de las
necesidades individuales y colectivas de los venezolanos y venezolanas, sobre las bases de un desarrollo
sustentable y productivo de plena cobertura para la comunidad nacional. El principio de la corresponsabilidad se
ejerce sobre los ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar.”

Es un intento de contribuir a la comprensión de la razón y el modo en el que se está dando esta invasión desde hace
casi dos décadas, como parte de la hibridación de la guerra contra Venezuela por ser el principal obstáculo al
relanzamiento de la doctrina Monroe en la región y escenario de disputas geopolíticas que le trascienden y
finalmente, haremos algunas propuestas para enfrentar desde las comunidades esta operación que ciertamente
tiene implicaciones militares y policiales, pero sobretodo, políticas, culturales y económicas de carácter estratégico.

Dirigido a líderes y lideresas sociales de Venezuela, militantes de partidos revolucionarios, servidores y servidoras
públicas que trabajan en las comunidades, milicianos y milicianas, comuneras y comuneros en general.

Primera parte.
Claves: visibilizar, conocer, saber, ubicar, diagnosticar.

¿Qué es la inteligencia social?

En un libro muy útil, que recomendamos leer, llamado “Inteligencia social y sala situacional” (2004), los venezolanos
Luis Bonilla-Molina y Haiman El Troudi[i], responden esta pregunta magistralmente:

“La inteligencia social está referida a la experiencia y saberes acumulados por las comunidades y los grupos
sociales que se expresan en estrategias de sobrevivencia contra lo enemigo, los contrarios a sus intereses y para
coadyuvar al éxito de lo amigable, los aliados, lo propio.

La inteligencia social agencia la resistencia, el combate y el legado del recorrido histórico insumiso, rebelde y
contestatario del pueblo soberano. En consecuencia, se enuncia desde la gente. Cuando la inteligencia social se
asocia o empalma con los espacios institucionales se redimensiona y cualifica, exigiendo su uso a partir del
concepto transversal de ecología social (todos ganan y nadie pierde), nunca para usarla en contra de los propios
ciudadanos o contra de un segmento poblacional con el cual la institucionalidad tenga diferencias. En ese caso se
suele denominar como inteligencia social situacional a la inteligencia cuyo lugar de enunciación es el barrio, la
urbanización, el condominio pero que para alcanzar una acción colectiva más eficiente y eficaz se asocia con la
institucionalidad.”

Precisamente este manual, pretende en primer lugar, ser un ejercicio de esa inteligencia social situacional para
defender la Revolución Bolivariana, la soberanía nacional y la integridad de nuestro tejido social y nuestros
territorios.

¿De quién debemos defendernos?


Breve contextualización y caracterización del enemigo.

Los últimos acontecimientos geopolíticos en Nuestra América, han venido evidenciando las tácticas del
relanzamiento de la Doctrina Monroe que, rompiendo con la tradicional búsqueda de estabilidad para dominar y más
allá del fortalecimiento de los ejércitos regulares, se plantea una tácita declaración de guerra contra los Pueblos en
rebelión, a la vez que fortalece el narcotráfico y pretende expandir el modelo colombiano de paramilitarización al
servicio de los gobiernos subordinados de la región, lo que a su vez implica un aumento en la corrupción de los
estados y la transnacionalización de la llamada “parapolítica” al servicio de la estrategia imperial, todo esto para
convertir los estados de la región en estados fallidos y generar un caos favorable para sus intereses.

Muestra de ello es el repunte de las acciones paramilitares en Colombia y toda Mesoamérica, la legitimación del
paramilitarismo tras la dictadura en Bolivia y por supuesto, un nuevo empuje a la invasión paramilitar sobre
Venezuela, con la adecuación de los grupos violentos de la derecha venezolana a ese modelo, la cooptación de
bandas delincuenciales venezolanas y el crecimiento de una “parapolítica opositora”.

Hay que destacar que el avance de este modelo se da también de la mano con las compañías militares privadas
(CMP) que han coordinado sus acciones con los grupos paramilitares en Colombia, principalmente las que prestan
servicios a las bases militares estadounidenses y a las grandes trasnacionales minero energéticas. En el caso de
Venezuela, la participación recientemente develada de la compañía Sylver Corp Usa Inc., en el tráfico de armas,
entrenamiento, planificación e intento de ejecución de acciones contra la Revolución Bolivariana desde el territorio
colombiano, dejó evidencia clara de esto. La llegada hace unos meses, de nuevos contingentes militares
estadounidenses a Colombia, habla de un posible aumento de este tipo de acciones.

Esto quiere decir, que aunque este manual se escribió en un principio para enfrentar la expansión del
paramilitarismo colombiano sobre Venezuela, se hizo evidente luego la importancia de que la comunidad también
ubique la llegada o la simple circulación de mercenarios y mercenarias por su territorio.

Pero en este contexto hay que insistir en dos cosas que solemos reiterar. Primero, que toda esta operación, aunque
pueda representar ganancias para algunos sectores de la derecha colombiana, no responde a los intereses del país,
ni siquiera a los de toda su clase dominante -parte de la cual ha perdido millones en exportaciones que
tradicionalmente hacía a Venezuela y que además teme a la inestabilidad económica y política que podría generar
una guerra entre ambas naciones-, sino que es una vez más, la supeditación de los intereses nacionales a los
representados por los EE.UU., único país que obtendría grandes ganancias de una hipotética guerra entre Colombia
y Venezuela.

Lo segundo que reiteramos es que Colombia, como laboratorio experimental de este modelo y foco de irradiación del
mismo, es también por ello, ejemplo de resistencia popular y de ese acumulado histórico deben beber los pueblos de
Nuestra América.

Venezuela, que es el país para el que se escriben estas líneas en particular, nunca debe olvidar que en el proceso
de enfrentar la invasión paramilitar, el pueblo colombiano, que vive a ambos lados de la frontera, puede y debe ser
su mejor compañero, porque enfrentar el paramilitarismo colombiano y sus engendros, es luchar contra el exterminio
de las fuerzas populares que se resisten al despojo de nuestras riquezas comunes.

Grupos paramilitares colombianos, mercenarios y terroristas locales.

A pesar de que el paramilitarismo colombiano es cada vez más un fenómeno político–militar y menos un grupo de
organizaciones o estructuras, lo que hace que sea más difuso y por tanto más difícil de ver, enfrentar y castigar,
hemos sintetizado estos primeros indicadores que presentamos a continuación brevemente explicados, para los
fines anteriormente planteados.

También sumamos a este primer actor, los grupos de mercenarios particularmente de Contratistas Militares Privadas
que han venido penetrando el país utilizando a Colombia y algunas islas del Caribe como su cabeza de playa.

La adecuación de los grupos violentos de la derecha venezolana a ese modelo, que comenzó con las llamadas
“manos blancas” que terminaron formando sus liderazgos directamente en territorio colombiano, se mezcló con la
cooptación de bandas delincuenciales venezolanas y el crecimiento de una “parapolítica opositora” hasta ir creando
algunos grupos terroristas locales que también son parte del enemigo que tratamos de caracterizar en este manual.

¿Cómo saber si están en nuestra comunidad?


Indicadores.
Algunos indicadores de la presencia de estos grupos en un territorio son:

1.- Aparición repentina o incremento inusual de economías ilegales en la comunidad. Contrabando, venta de


drogas, minería ilegal, trata de personas, prostitución, etc.
2.- Aparición o incremento repentino de negocios vinculados al lavado de dinero. Casas de apuestas y juegos
de azar, compra venta de oro roto, casas de empeño, “boom” de construcciones, negocios no productivos, etc.
3.- Aparición de prestamistas. Particularmente de la modalidad “gota a gota”, que permiten pagos pequeños y a
largo plazo, para comprometer a la mayor cantidad de personas posibles.
4.- Cobro de vacunas. Comienzan a verse calcomanías o impresiones iguales en vehículos y locales comerciales
que identifican a los grupos que cobran estos impuestos llamados “vacunas” para permitir el funcionamiento y
supuestamente, garantizar protección.
5.- Aumento de la violencia de género y delitos sexuales contra mujeres, niños y niñas. Aunque en algunos
territorios también se han reportado agresiones sexuales a hombres, lo más común es la violencia contra las
mujeres, violaciones, desaparición y prostitución forzada, que en la mayoría de los casos incluye prostitución infantil.
6.- Surgimiento o aumento de disputas por el control de las economías ilegales. Llegan a la comunidad nuevos
grupos de contrabandistas, traficantes de drogas, proxenetas, etc. Que comienzan a disputar territorio con quienes lo
controlaban hasta el momento y si estos se resisten, se inician enfrentamientos armados entre bandas.
7.- Oleadas de inmigración no justificada. En las zonas fronterizas es común que ingresen desde Colombia
comunidades desplazadas por la violencia de estado ejecutada a través de su fuerza pública o de los grupos
paramilitares, estas comunidades desplazadas son en su mayoría víctimas del conflicto que requieren el apoyo y la
solidaridad que caracterizan al pueblo bolivariano. Pero cuando esta inmigración es repentina y no obedece al
desplazamiento forzado es una señal que debe encender las alarmas. En estos casos, se debe prestar particular
atención a personas en edad de combatir, con dicho perfil, sobre todo si en su discurso o práctica se identifican con
la oposición venezolana.
8.- En las zonas rurales, aparición de rubros agrícolas vinculados al control territorial. Estos son sobretodo
palma aceitera y ganadería, pero también cuando tierras de uso agrícola repentinamente se convierten en minas.
9.- Desplazamiento forzado de la población residente. Este fenómeno ya se está presentando incluso en barrios
de Caracas, y zonas semi rurales de Aragua, Carabobo y Miranda, pero sigue sin ser denunciado ni documentado.
Toda amenaza para que alguien abandone su casa o sus tierras contra su voluntad, puede ser un indicio de invasión
de estas fuerzas.
10.- Aparición o aumento de la violencia política. Amenazas, acciones para amedrentar, asesinatos, torturas o
desapariciones forzadas de líderes o lideresas sociales, personas vinculadas a la izquierda, milicianos o milicianas,
militares, policías y servidores o servidoras de instituciones del gobierno bolivariano. Particular énfasis hay que hacer
en acciones que tienden a una “contrarreforma agraria”.
11.- Presencia de agresiones con un nivel de violencia inusitada. Incremento de robos acompañados de
violencia desproporcionada, torturas, asesinatos crueles y aparentemente sin motivo, que pueden ser relacionados
con entrenamiento paramilitar a la delincuencia local.
12.- Anuncios de “limpieza social”, escritos o verbales. Estas supuestas “limpiezas” comienzan con el asesinato
de delincuentes comunes, y terminan por extenderse a trabajadores y trabajadoras sexuales, personas en situación
de calle, personas sexo diversas, revolucionarios y revolucionarias.
13.- Incremento de vigilancia privada en fincas, grandes empresas privadas nacionales o
trasnacionales, sobre todo si estas empresas comienzan a sobrepasar los límites territoriales de la propiedad que
vigilan y pretenden asumir labores policiales o hasta judiciales, en el territorio circundante.
14.- Patrullaje no institucional y toques de queda. Impuestos por grupos armados que deciden quiénes pueden
estar en la calle y hasta qué hora.
¿Cuántos indicadores debemos encontrar para encender las alarmas?

Aunque sin duda hay otras señales que no se han mencionado en este texto, la existencia de uno solo de los
indicadores aquí presentados debe encender las alarmas y en lo posible, comunicarse a los organismos
competentes en la zona pero sobretodo, debe significar que hay que iniciar un proceso de inteligencia social
situacional para verificar si existen otros indicadores y a la vez iniciar o fortalecer los procesos organizativos de la
comunidad y el enlace con las instituciones del estado para impedir el avance y control definitivo de estos grupos
sobre el territorio.

La presencia de más de cuatro indicadores implica que el territorio está en serio riesgo. Sin embargo, aún en
presencia de todos los indicadores, la comunidad y el estado venezolano pueden recobrar el control sobre su
territorio, siempre que se percaten de ello y trabajen en conjunto. La tarea de recobrar el territorio que es el hábitat
de una comunidad, fortalecer el control sobre él para no perderlo o incluso comenzar a habitar territorios baldíos
antes de que sean ocupados, no es necesariamente una tarea militar o policial. La experiencia de las últimas
décadas en Colombia, ha demostrado que detener el avance de estos brazos armados de la derecha trasnacional es
posible sobre todo cuando existe consciencia y organización popular.

En este sentido, las Comunas organizadas son las primeras llamadas a comprender esta operación y consolidar el
control sobre sus propios territorios desde la visión de la defensa integral de la Patria y la construcción del Estado
Comunal.

Aunque hemos venido y continuaremos enunciando lo común, y aportando análisis de contextos generales y
relativos de las comunidades, lo más importante es que cada comunidad lo pase por el tamiz de su contexto
específico, sus conocimientos acumulados, experiencias y circunstancias particulares.

Uno de los aportes más completos recibidos desde las Comunas de la frontera colombo venezolana, alerta sobre
una “mutación” del paramilitarismo para infiltrarse en las fuerzas revolucionarias de las comunidades en las que ha
logrado asentarse.

Denuncia el mencionado aporte, que las mafias que sostienen el contrabando fueron imponiendo la circulación de
pesos colombianos y dólares en los territorios fronterizos venezolanos, y con ello se fue debilitando aún más la
moneda venezolana, sometida a un ataque sistemático desde las casas de cambio colombianas y páginas web de la
oposición venezolana, y se fortaleció la capacidad de esas mafias para cooptar comerciantes, pero también a
funcionarios y funcionarias del estado venezolano, para aumentar y legitimar su presencia.

La corrupción es obviamente una grave grieta para cualquier construcción política revolucionaria, contra la cual no
debe bajarse la guardia, ni desde el Estado ni desde las comunidades, no solo porque significa la descomposición
ética y el debilitamiento de las fuerzas revolucionarias, sino también porque es un método con el que las
organizaciones paramilitares y narcotraficantes han logrado controlar la institucionalidad colombiana y ese, es el
modelo de Estado subordinado que aspiran construir en Venezuela. Muy importante es sobre todo, atacar cualquier
indicio de corrupción dentro del personal de los organismos de seguridad y defensa del estado, para impedir que se
coloquen al servicio o sean funcionales a los grupos que aquí denunciamos.

Más allá de sus “importadores naturales” que son las empresas trasnacionales y el sector latifundista, otra rendija a
través de la cual nos señalan que esta invasión ha logrado cierta legitimidad es a través del financiamiento directo a
las pequeñas y medianas unidades de producción agrícola y pecuaria, así como indirectamente a través de la
compra de productos a puerta de finca, -a montos superiores y en divisas- para el contrabando de extracción de
rubros como café, cacao, ganado bovino, pescado, cuero y hasta productos mineros extraídos artesanalmente.

La complejidad particular del negocio del contrabando y especialmente el de combustible venezolano, ha sido
tratado en otros de nuestros análisis por sus implicaciones en la guerra económica contra Venezuela pero
particularmente, por su función dentro de la producción de cocaína y la legitimación de capitales en Colombia.

También hay que señalar que en algunas comunidades fronterizas y costeras venezolanas, mafias y paramilitarismo
colombiano, se instalaron sobre todo para proteger, este negocio. Un ejemplo que es necesario visibilizar, es el de
las costas orientales venezolanas donde este robo de combustible se ha ejecutado especialmente a través de
grandes embarcaciones de pesca industrial pero que con el tiempo consiguió cooptar también a algunos pescadores
de embarcaciones polivalentes que fueron financiadas por el gobierno y penetró así, un tejido social nacido de la
Revolución Bolivariana.

Lo más importante, es que esta y otras aportaciones que recibimos desde las comunidades, señalaron la necesidad
de aclarar que la invasión paramilitar dirigida desde Colombia sí ha logrado asentarse en algunos territorios
venezolanos, tal como lo hemos dicho en otras ocasiones, pero en otros no ha logrado avanzar o incluso ha sido
expulsado en los últimos años.

En el caso específico de Táchira y Zulia, el retroceso de las fuerzas invasoras ha sido sostenido en el último año,
gracias al impulso de una ofensiva político militar de presencia y atención permanente del Estado venezolano en
ambas regiones fronterizas y que a partir de la exitosa “Batalla de los puentes”, en Táchira el 23 de febrero de 2019
y otras batallas ganadas en el Zulia, profundizó desde la primera línea de defensa, la alianza cívico militar que es
baluarte del proceso venezolano. Pero no hay que olvidar que quedan las bandas terroristas locales que se
fortalecieron con esa invasión.

Segunda parte.
Claves: organizar, investigar, comunicar, educar, resistir.

En esta segunda parte profundizaremos en el intento de contribuir a la comprensión del cómo se está dando esta
incursión e intento de asentamiento en el territorio venezolano del paramilitarismo colombiano desde hace casi dos
décadas, la incursión mercenaria y la constitución de grupos terroristas locales como parte de la hibridación de la
guerra contra Venezuela por ser el principal obstáculo al relanzamiento de la Doctrina Monroe en la región y
escenario de disputas geopolíticas que le trascienden y sobretodo, entregaremos propuestas sobre cómo
enfrentarlos.
¿Qué hacer cuando ya hemos detectado la existencia de más de un indicador de la presencia de grupos
paramilitares en nuestra comunidad?

Por lo anteriormente señalado, sugerimos que después de revisar en el seno de nuestra comunidad u organización,
los catorce indicadores que señalamos en la primera entrega, debemos identificar el nivel de control que han logrado
esas organizaciones en nuestro territorio. Para ello sugerimos:

 Identificar hace cuánto tiempo aparecieron los primeros indicadores y si aún permanecen.

 Contar cuántos indicadores percibimos y qué tan fácil es verlos.

 Mientras más tiempo tengan las señales de esa incursión, cuantos más indicadores encontremos y
mientras más fáciles sean de detectar, más avanzada se encuentra esa presencia.

Así, en términos generales, podríamos ubicar si esa penetración se ubica en una de estas seis etapas:

1.- Sin presencia de fuerzas invasoras.

2.- Con presencia esporádica, es decir, que nuestro territorio es solo una zona de tránsito.

3.- Inicio de la penetración a nuestro territorio.

4.- En proceso de legitimación e implantación.

5.- En control del territorio y la comunidad.

6.- En repliegue o huida.

Ubicar en cuál etapa se encuentran estas fuerzas en nuestra comunidad nos dirá cuáles son los niveles de alerta
que debemos adoptar – siendo la etapa 5 la más grave- y, contrastando con el nivel de organización y capacidad
para la defensa de nuestra comunidad, evaluar con sensatez cuáles son las acciones que podemos realizar como
Poder Popular en corresponsabilidad con las instituciones del Estado y para cuáles es imprescindible la actuación de
las diversas instituciones policiales y militares del Estado venezolano.

¿Cuáles son los factores decisivos para impedir que el enemigo logre avanzar de una etapa a otra o lograr
que pase de la etapa 2 directamente a la 6 o mejor aún, que evite acercarse a nuestro territorio aunque les
resulte importante?

Lo factores decisivos para esto son fundamentalmente dos:

 Presencia del estado, no solamente con la FANB y los cuerpos policiales sino también con todas sus
demás instituciones y políticas de gobierno. Escuelas, hospitales, Misión Barrio Adentro,
representaciones locales de ministerios, defensorías, grandes misiones, misiones y micro misiones,
Casas de Alimentación, Casas de abrigo, etc.

 Existencia de una comunidad organizada, cuyo tejido social sea fuerte y forme parte de una red
mayor que trascienda su espacio vital, idealmente una organización nacional como redes de comuneros
y comuneras, organizaciones, populares, feministas, estudiantiles, partidos del gran polo patriótico,
Milicia Bolivariana, CLAP, Grupos musicales, Colectivos de teatro, emisoras comunitarias, etc.

Lo clave es que además, deben abrirse o mantenerse canales de comunicación y coordinación permanente entre las
instituciones del Estado y la comunidad. Será tarea muy difícil para la comunidad defender su territorio sin el apoyo
del Estado, como sucede en Colombia, y es imposible para el Estado defender el territorio sin el concurso de las
comunidades.

En una visión clásica, esta sería la tarea del partido. Pero en la hoja de ruta que trazó el presidente Chávez esa
tarea trasciende hasta la construcción del Estado Comunal que continúa en el horizonte del proyecto de la
Revolución Bolivariana, para garantizar el desarrollo y defensa integral de la patria. Porque como dijimos
anteriormente: “La tarea de recobrar el territorio, que es el hábitat de una comunidad, fortalecer el control sobre él
para no perderlo o incluso comenzar a habitar territorios baldíos antes de que sean ocupados, no es necesariamente
una tarea militar o policial. La experiencia de las últimas décadas en Colombia ha demostrado que detener el avance
de estos brazos armados de la derecha trasnacional es posible cuando existe consciencia y organización popular.”

Entonces, esto quiere decir que hay tres tareas que cumplir para lograr el éxito que nos proponemos:
1. Hacer de nuestro territorio una “Comunidad organizada” fuerte, solidaria, justa y en proceso constante de
aprendizaje y transformación para la construcción del Estado Comunal y su consecuente defensa. Una comunidad
que se enlaza con otras comunidades y organizaciones nacionales e internacionales. El art.4 de la Ley orgánica de
las Comunas la define como:

“Comunidad organizada: Constituida por las expresiones organizativas populares, consejos de trabajadores y
trabajadoras, de campesinos y campesinas, de pescadores y pescadoras y cualquier otra organización de base,
articuladas en una instancia del Poder Popular.”

 Fortalecer la presencia de las instituciones del Estado en nuestra comunidad, convocando a


las instituciones que no estén, acompañando y fiscalizando a las que estén presentes y particularmente
conformando las Unidades Populares de Defensa Integral donde no existan, o simplemente
fortaleciéndolas y dinamizándolas donde ya estén.
 Optimizar todos los canales de comunicación posible entre nuestra comunidad y las
instituciones del Estado, lo que por supuesto también incluye, profundizar la unión cívico policial
militar. Nunca dejar solos ni solas a quienes defienden nuestra seguridad y soberanía.
¿Cómo organizar nuestra comunidad?

Venezuela, tiene un amplio acumulado histórico de organización popular que se ha cristalizado en los últimos veinte
años en experiencias inéditas de organización popular.

Las diversas instancias de agregación del Poder Popular, Consejos Comunales, Comunas, Ciudades Comunales,
Corredores, etc. Cuentan con un buen grupo de leyes y sobretodo de políticas que orientan y respaldan su
conformación y crecimiento.
Pero este no ha sido un crecimiento lineal, ni mucho menos fácil, aún existen las resistencias internas y negligencia.
En algunas instancias, por ejemplo, se han experimentado retrocesos, por causas diversas que son materia de otro
análisis pero algunas ya han sido mencionadas aquí. Sin embargo, un caso emblemático que es ineludible en este
manual es la contrarreforma agraria que han pretendido lograr los terratenientes que fueron expropiados por parte
del gobierno del presidente Chávez. Estos terratenientes fueron de los primeros “importadores” de estas fuerzas
paramilitares colombianas y aún hoy las usan para asesinar y desplazar a las comunidades campesinas
beneficiarias de las políticas del gobierno bolivariano. Por eso, el Pueblo debe sostener su voluntad de poder y por
tanto, de lucha constante para impedir retrocesos sobre lo avanzado.

Un método sugerido para organizar nuestra Comunidad.


Durante las últimas décadas el sociólogo venezolano Carlos Lanz ha desarrollado el método INVEDECOR, que
plantea transformación de las comunidades a través de la articulación de procesos de investigación acción
participativa, educación liberadora, comunicación comunitaria y organización popular, que debe ser parte de un
tejido superior de resistencia que se articule en todos los niveles, llegando a lo nacional e idealmente nuestro
americano, porque no se trata de hacer de las comunidades islas sino de hacer de cada una un espacio para la
construcción y defensa de un proyecto histórico.

Es decir, una comunidad organizada debería tener medios de comunicación comunitarios que articulen con diversas
organizaciones del poder popular que a su vez posean espacios de educación popular y desarrollen
permanentemente investigación acción participativa para lograr su transformación. Nos gustaría enfatizar aquí en la
importancia de la organización popular para la producción, y no solo para la distribución y consumo de alimentos,
que también es importante.

Una comunidad organizada en Venezuela debe ser parte de una Comuna y como tal debe también poseer sus
Unidades Populares de Defensa Integral de la Patria, células fundamentales de la Milicia Bolivariana donde la
inteligencia social situacional se articule para defender la soberanía.

También es fundamental que en cada comunidad se formen organizaciones de defensores y defensoras de


derechos humanos, capaces de hacer seguimiento permanente a la situación de la Comunidad en general y los
casos particulares, registrar información, levantar informes, enlazar con las instituciones correspondientes y por
supuesto, abrir espacios de sensibilización, difusión y formación comunitaria sobre el tema.

Por último, toda Comuna debe articularse siempre a otras Comunas en Sistemas de Agregación y avanzar juntas
hacia la construcción del Estado Comunal que es el que nos permitirá construir soberanamente nuestro Proyecto
Histórico, defender la Patria desde su célula fundamental y hermanarnos con los Pueblos vecinos para seguir
levantando la espada de Bolívar y los sueños de Hugo Chávez.

¿Qué es la Paz y para qué nos sirve?

La Paz es una construcción histórica fundamental para poder desarrollarnos con plenitud. Esa construcción histórica
tiene como base la justicia social en sus distintas dimensiones por lo que si queremos vivir en Paz, debemos apuntar
a hacerlas realidad: la justicia económica, la justicia política y por su puesto la justicia desde el punto de vista
jurídico. Sin justicia social no hay Paz, solo pacificación que es un estado de control del conflicto por la fuerza y no
de resolución.

Pero también es imposible construir esa Paz que aquí planteamos sin respeto a nuestra soberanía por eso, defender
nuestra soberanía es también una de las tareas para construirla, y es ese el objetivo estratégico de este Manual y de
otros que esperamos publicar próximamente.

Construir la Paz desde nuestros territorios comunales, con soberanía y justicia.

Esa Paz también implica ir derrotando la discriminación y la violencia de género. Por ello otro llamado pertinente
sería a enfrentar con más eficiencia esta última y no estigmatizar a las personas o comunidades migrantes por
ejemplo, ni mucho menos estigmatizar a quienes habitan en los territorios que están siendo víctimas de la infiltración
de este tipo de organizaciones.

Esto es fundamental sobre todo desde el estado, que no puede ni debe “bajar la Santamaría” ni declarar perdidos
territorios, por el contrario, una comunidad que está siendo controlada por estos grupos debe ser una en la que las
instituciones del estado hagan mayores esfuerzos para apoyar la reconstrucción del tejido social. Fortaleciendo los
liderazgos positivos, promocionando y apoyando la organización comunitaria de distinto tipo: deportiva, artística,
productiva, etc. Y por supuesto, garantizando también atención psicológica y emocional, que suele ser la más
olvidada de las variables a la hora de planificar la recuperación de un territorio.

En conclusión, la estrategia pertinente para profundizar la Revolución y defender la soberanía de nuestros


territorios en Paz, sigue siendo la de construir el Estado Comunal desde su célula fundamental: la Comuna .
Tal como lo define el artículo 8, numeral 8 de la Ley orgánica del Poder Popular de 2010:

“Estado comunal: Forma de organización político social, fundada en el Estado democrático y social de derecho y de
justicia establecido en la Constitución de la República, en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, con
un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno sustentable, que permita alcanzar la suprema
felicidad social de los venezolanos y venezolanas en la sociedad socialista. La célula fundamental de conformación
del estado comunal es la Comuna.”[ii]

[i] Este libro puede conseguirse de manera gratuita en internet


en: https://luisbonillamolina.files.wordpress.com/2016/10/inteligencia-social-y-sala-situacional.pdf

María Fernanda Barreto/Alba TV

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