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Emaús Reflexión

Una bella reflexión sobre los discípulos que regresar deseperanzados y deprimidos... La compañía de Jesús y la luz de la Palabra, cambian su historia de desertores a testigos...

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Emaús Reflexión

Una bella reflexión sobre los discípulos que regresar deseperanzados y deprimidos... La compañía de Jesús y la luz de la Palabra, cambian su historia de desertores a testigos...

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LOS DOS DE EMAUS

Lucas 24, 13-35

Introducción
Cristo resucita al fracasado, al pesimista, al desalentado, al hundido.

Esta es una de las más bellas narraciones de todo el Evangelio. Es la historia de dos
seguidores del Maestro que en la tarde del domingo regresan a su pueblo, desilusionados de
Cristo, sin esperanza, con un desaliento que les comía el alma, sin fe y con una profunda
tristeza en el corazón. Es la típica historia del hombre que no se ha encontrado con Cristo
resucitado: pesimismo, decepción, amargura. tristeza. ¿Estoy yo experimentando algo de esto
en mi vida?

No esperaban en nada; no creían en nada; estaban decepcionados de todo. Estuvieron


varios años con Jesús, como nosotros, pero que no ahondaron en la experiencia de Cristo;
eran superficiales, almas dispersas en muchas cosas...se quedaron a ras de suelo.

Metámonos en escena y unámonos a esos discípulos. ¡Dios quiera que no seamos


salpicados y contagiados por el veneno del desaliento de estos hombres! Al contrario,
aliémonos a Cristo para animarles y encenderles de nuevo la fe, la ilusión y la esperanza.

Sal a mi camino, Señor Resucitado, y renueva mi ilusión, mi esperanza, mi alegría en


el seguimiento a ti. Abre mi inteligencia, inflama mi corazón, fortalece mi voluntad ante mi
misión, mi ardua misión de apóstol. Que te reconozca en mi vida en lo adverso y en lo
alegre, en la humillación y en la exaltación, en mi prójimo y en toda la naturaleza.

Puntos
1. El hombre sin Cristo resucitado:

Caminaban: mi vida es un peregrinar por este valle de lágrimas. Hay que saber el
camino. Hay que llevar el báculo de peregrino, la esperanza; la alforja de la caridad; la luz de
la fe; el alimento de la ilusión en el alma. Quien camina sin preparativos se expone a morir
extenuado en mitad del camino.

Caminaban solos: terribles horas de lucha, desesperanza, abandono. Períodos de


sequedad, dudas, miseria. El hombre sin Cristo camina solo por este valle de lágrimas; no
encuentra sentido en su vida, no encuentra el sentido de la existencia, de la muerte, del dolor,
del sufrimiento. ¡Terrible jornada cuando se camina sin Cristo en el alma!

1
Caminaban cegados por la tristeza: y no veían porque estaban tristes por los sucesos
de esos días. La tristeza por los posibles eventos desagradables pone un velo a nuestra alma,
y nos impide ver la mano izquierda de Dios, las maravillas de Dios, la presencia del Señor en
nuestra vida, que pasa a nuestro lado vestido con el traje de peregrino, como puede ser: el
traje de un sacerdote, el traje de mi prójimo, el traje de mi deber, el traje de un sufrimiento
íntimo.

Caminaban contagiándose ese pesimismo y desilusión: en nuestra vida o contagiamos


la pasión por Cristo que tenemos dentro, o contagiamos nuestras pasiones, nuestras
desilusiones, nuestros tedios, el veneno de nuestro pesimismo y derrotismo. Y todo, por no
haber optado realmente por Cristo. ¿Qué suelo contagiar a mi alrededor: superficialidad,
vanidad, impaciencia, autosufiencia, soberbia, ira, desagrado, disgustos, caprichos,
orgullo...o virtudes, celo apostólico, ilusión por la vida?

Pero al menos hablaban de Cristo: son discípulos cultos y documentados, que


conocen los textos de la Sagrada Escritura, pero los interpretan a su manera. Hablan de
Cristo, pero de un Cristo que ellos se habían fabricado a su manera: político, libertador
social, remediador de males físicos..., pero no del Cristo auténtico que es exigente y pide
renuncia, cruz, por ser redentor del pecado del hombre. Primer atisbo de teología de
liberación. Hablan del Cristo del Calvario, el Cristo difícil, exigente, humillado, escarnecido,
azotado y matado. ¡Qué poco habían conocido a Cristo! ¡Como si sólo existiera este Cristo!
¿Acaso no se acuerdan del Cristo omnipotente de los milagros, del Cristo atrayente y bello al
que seguían todas las multitudes, del Cristo que tenía cantidad de detalles y delicadeza con
los suyos? ¡Simplemente no habían conocido a Jesús, no habían experimentado todo su amor
y belleza!

¿De qué Cristo hablo yo? ¿Qué clase de Cristo tengo forjado en mi mente y en mi
corazón? ¿Un Cristo dulzón, de fiestas, de seguro social para mí...o de un Cristo exigente que
cada día me está pidiendo más de mi ser?

"Nosotros esperábamos un Cristo fácil, un Cristo que no pasase por la cruz y la


muerte; una vida cristiana que hiciese compatibles las alegrías del mundo y el gozo de
Cristo; ser todos de Dios, pero...y este "pero" nos arrastró poco a poco a ser mucho del
mundo y un poco, lo imprescindible para amordazar la conciencia, de Dios"1

Además incrédulos ante los signos que Cristo fue dando de su resurrección: no hacen
caso a las mujeres ni a los otros. No quieren mensajitos de ángeles...exigen que Cristo se les
aparezca a ellos, sin preguntarse si en verdad son ellos dignos de que Cristo se les aparezca.
¡Orgullosos y racionalistas!

Y se dirigen a Emaús: vida más tranquila, donde no se sintieran ni se oyeran los


estertores del Gólgota; donde no hubiera peligro de ser capturados, pues muerto el pastor
buscarían los enemigos a las ovejas para darles muerte.

2. El encuentro con Cristo:

1 Cartas de Nuestro Padre, 5 de abril de 1975

2
¡Qué detalle el de Cristo! Aun sin merecerlo se les aparece.
Una muestra más de lo mucho que ama al hombre, sobre todo al más necesitado.

Toma Cristo la iniciativa: siempre es Cristo el primero en salir en búsqueda del


hombre atribulado, para darle ánimo, aliento, esperanza, ilusión. ¡Cristo, el apasionado por el
hombre! ¡El hincha por el hombre!

Yo como cristiano, como hombre del Movimiento debo salir siempre en búsqueda de
la oveja perdida y no esperar sentado en mi pereza y comodidad. Yo debo salir en búsqueda
de ese hermano a quien veo triste, abúlico, desganado...para inyectarle el bálsamo de Cristo,
con mi palabra oportuna, con mi alegría e ilusión.

Se interesa por nuestros problemas: no atropella, nos deja hablar; quiere que nos
explayemos, que volquemos en su corazón todas nuestras angustias, dudas, tristezas. El
quiere escucharnos, pues sabe que escuchar hace mucho bien al alma, a la psicología, a la
mente de la persona abatida. Jesús necesita oírles, escuchar la versión personal, catastrófica
de los acontecimientos. Sólo así les podría El dar la versión auténtica.

Les abre el corazón y la inteligencia: desde la Palabra de Dios, les va explicando el


misterio de ese Jesús de Nazaret. Resucita el texto de la Sagrada Escritura, falseado por ellos.
Resucita el destino de Jesús, que no era una liberación política, sino espiritual: del pecado del
alma. Resucita cerebro y corazón. ¿Cómo lo haría? ¡Qué Apóstol! ¡Qué catequista! ¡Qué
profesor de religión! Ponía toda su alma en lo que decía. Incluso al reprenderlos, su voz era
suave, cálida, persuasiva. A esos discípulos se les van cayendo las escamas de sus ojos
interiores y las telarañas de su corazón. Les iba calentando el corazón y ellos iban sintiéndose
por una parte avergonzados por su falta de fe, y felices porque su esperanza renacía, porque
un nuevo amor iba brotando dentro de ellos.

El Evangelio es bomba atómica capaz de revolucionar este mundo. Por eso, tenemos
que llevar ese Evangelio a los hombres, íntegro, sin cortapisas, sin añadiduras, sin
connotaciones políticas de corte marxista y liberacionista.

¿Por qué ante nuestras crisis y problemas no preguntamos al Cristo del Evangelio, al
Cristo del Sagrario? En el Evangelio y en la Eucaristía encontramos la respuesta, pues Cristo
es respuesta a todos nuestros interrogantes, vacilaciones, dudas, desalientos.

Cuando hablemos de Cristo a los demás, llevemos el Evangelio no sólo en la mano o en la


mente, sino sobre todo en el corazón. Transmitámoslo con fuego y convicción para que
hagamos arder el corazón de los demás,al igual que hizo Jesús con esos discípulos.

Les fortalece con el pan de la Eucaristía: después del banquete de la Palabra les
ofrece el banquete de la Eucaristía. Y fue este pan el que dio nuevos bríos y fuerzas a sus
corazones cansados por la tristeza, el pesimismo, la incredulidad. Su fe se convierte en fuego
devorador: por eso, sin consultar a la voz del cansancio o del clima o de la hora, regresan a
Jerusalén a comunicarlo a los demás. Los once kilómetros se les hicieron ahora mucho más
cortos, porque la alegría y el encuentro con Cristo resucitado aligera las cosas.

3
¿Hago de la Eucaristía mi lugar de recreación? ¿Allí me refugio cuando mi alma está
triste? Cuando me siento débil, ¿de ella me alimento?

3. Efectos del encuentro con Cristo resucitado

Renace la fe, la esperanza, el amor. Todo se ve distinto cuando Cristo resucitado entra
en un alma. La llena de luz divina, para que pueda ver todo con nuevos ojos interiores y
pueda comprender mejor los misterios de la fe. La llena de seguridad y de certeza, pues Dios
se ha comprometido a caminar junto a nosotros para darnos aliento, esperanza. Y sobre todo
la llena de caridad ardiente y abrasadora; amor hecho donación, comprensión, bondad,
perdón para con los demás.

Cristo resucitado regala la paz en las conciencias y alegría profunda. Nadie que se
haya encontrado con Cristo resucitado y lo haya experimentado íntimamente probará el
remordimiento y la intranquilidad. Al contrario, sentirá dentro de sí un oasis de consuelo, un
bálsamo que cicatrizará y suavizará nuestras heridas, un remanso de gozo espiritual hondo.

Finalmente, el encuentro con Cristo resucitado desemboca necesariamente en


compromiso apostólico, como el encuentro de Juan y Andrés con el Señor. Los dos de Emaús
corrieron a anunciar a sus compañeros, que seguían tristes y acobardados, la gran noticia, la
increíble buena nueva de la resurrección del Amigo. Es fuego que ardía dentro de sus
corazones y temían se les pudriese si no lo compartían con los demás discípulos.

También nosotros debemos transmitir a este Cristo con el que nos hemos encontrado
a esos hombres que no han hecho la experiencia del Resucitado y que están ahogados,
apagados, sofocados por tanto materialismo, consumismo, hedonismo, pasotismo.

Pidamos a Cristo resucitado que camine junto a nosotros en este valle de lágrimas,
que nos ponga el colirio de la fe para saberle descubrir en todas las circunstancias de nuestra
vida, sean agradables o desagradables, prósperas o adversas, gozosas o dolorosas.

Nuestra vida no es un fracaso. Incluso el mismo pecado, que es el supremo fracaso


del hombre, puede convertirse en éxito. Nada puede resistirse al poder transformante de tu
resurrección.

¡Quédate con nosotros! Esta ha sido y es la más bella súplica que la humanidad ha
hecho a Jesús. Nos acecha la noche oscura de este mundo; por eso, ¡quédate con nosotros!

"Quédate con nosotros, porque nos rodean en el alma las tinieblas y sólo Tú eres luz,
sólo Tú puedes calmar esta ansia que nos consume. Porque entre las cosas hermosas,
honestas, ignoramos cuál es la primera: poseer siempre a Dios"

Reflexiones
¿Estoy convencido de que hay que pasar por la cruz para llegar a gozar de la
presencia de Cristo Resucitado?

San Gregorio Nacianceno, Epφstola 212

4
¿Prefiero vivir en un perpetuo Emaús tranquilo y cómodo, en vez de vivir en
Jerusalén, testigo de los desgarradores dolores y sufrimientos de Cristo, para ir yo
apropiándome el ejemplo de Cristo que sufre y muere por mí y en lugar mío?

¿Siento la paz, la alegría de Cristo resucitado? ¿Estoy dispuesto a transmitir la


experiencia de Cristo resucitado a mis hermanos los hombres con los que convivo a diario y a
todos los que pasen por mi camino?

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