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Control Social y Prevención del Delito

El documento describe los conceptos de control social y prevención del delito desde la perspectiva de la criminología. Explica que el control social puede ser formal e informal y que la criminología crítica explora cómo las instituciones de control pueden ser un factor criminógeno. Además, detalla los tres niveles de prevención - primaria, secundaria y terciaria - y sus objetivos de identificar factores de riesgo, reforzar factores de protección y eliminar causas del delito.

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Control Social y Prevención del Delito

El documento describe los conceptos de control social y prevención del delito desde la perspectiva de la criminología. Explica que el control social puede ser formal e informal y que la criminología crítica explora cómo las instituciones de control pueden ser un factor criminógeno. Además, detalla los tres niveles de prevención - primaria, secundaria y terciaria - y sus objetivos de identificar factores de riesgo, reforzar factores de protección y eliminar causas del delito.

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CONTROL SOCIAL

Con respecto al control social, la criminología procura analizar desde diferentes


perspectivas (funcionales y estructurales) las instancias encargadas de reaccionar
socialmente contra la desviación y la delincuencia. El control social se divide en
dos tipos:
1. Control social formal: constituido por las leyes y normas que rigen la
convivencia.
2. Control social informal: es el ejercido por la sociedad, por los padres y por las
personas que nos rodean.
Es importante señalar que mientras la criminología se ocupa de hallar el modo de
optimizar los mecanismos de control social, la criminología crítica explora la
incidencia en grupos humanos de tales instancias de control, como factor
criminógeno. De este último análisis, es que surge la nueva criminología o también
llamada critica o radical, la cual desatiende por completo los factores endógenos y
exógenos relacionados con la conducta criminal y  desviada; dándole mayor
importancia al papel de las instituciones del gobierno y su incidencia en el control
del crimen.
En criminología, se denomina control social a la influencia que ejercen
determinados elementos componentes de una sociedad, en la forma de
comportarse de sus asociados. Así por ejemplo, si un ser humano nace y crece en
solitario, sin roce ni relaciones intergrupales, no tendrá controladores sociales, por
lo que en relación a una cultura determinada, éste será desviado, pues no se
comporta como el resto desasociado, pero un ser humano que nazca y se
desarrolle en un ámbito familiar, obviamente adoptará como propias, las formas de
comportamiento de los demás miembros de la familia y, si no las adopta en su
totalidad, orientará su comportamiento al menos a comportarse de una forma
determinada. 
Posteriormente a la familia, el siguiente controlador social lo encontramos en la
escuela; la influencia que ejerce la forma como los niños son tratados, educados,
orientará su comportamiento. De esta forma, los principales controles sociales que
analiza la criminología son la familia, la escuela, la iglesia y el gobierno, pero
existen muchos más como la moda, la música, las series de televisión, etc. [1]
La prevención es una de las estrategias del control social, que no sólo está
dirigida a evitar el delito, como comúnmente se le interpreta. Ésta se emplea en
todos los ámbitos de la vida social. Es un concepto que tiene varias aplicaciones,
en dependencia del objeto al cual esté dirigida.
Prevención, según el Diccionario Océano de la Lengua española, es "la
preparación o disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo". Esta
es la acepción más general, pero se define más específicamente cuando se
relaciona con la política social y la política criminal. 
La prevención social es el proceso dirigido a garantizar la reproducción de
relaciones sociales estables y armónicas, la cohesión e integración de proyectos
individuales con los colectivos, con el fin último de articular el desarrollo social y
económico sobre un consenso socio-ideológico.
Cuando la comunidad se integra a este proceso y adquiere un papel protagónico,
entonces se trata de "un proceso de organización, preparación y disposición de la
comunidad (a través de sus estructuras organizativas) para identificar primero y
revertir después sus problemas específicos, a partir, principalmente, de los
recursos y potenciales comunitarios" Ésta va dirigida a reducir la vulnerabilidad
social, reproducir la efectividad de relaciones sociales estables y armónicas y
evitar los problemas sociales. 
La prevención del delito por su parte es el "conjunto de medidas e indicadores
elaborados por el Estado, las organizaciones políticas y de masas y organismos o
entidades estatales para minorizar el delito, sus causas y consecuencias,
neutralizando sus efectos. Abarca un complejo sistema o red de medidas cuyo
contenido varía en dependencia de la esfera social hacia la que van dirigidas y de
acuerdo con su volumen"
El delito como fenómeno social es producto de la desigualdad social por lo que los
cambios estructurales, con las correspondientes transformaciones económicas y
sociales, constituyen la base objetiva para el desarrollo de estrategias de
prevención del delito y de las conductas delictivas, debiendo ellas estar
enmarcadas dentro del contexto del desarrollo económico como garantía de su
eficaz ejecución. Por lo tanto ésta trasciende el marco jurídico penal para
convertirse en una actividad intersectorial que incide sobre todos los factores de la
sociedad.

Ehrenfried Stelzer sociólogo alemán, considera que la prevención del delito "es
una obligación de toda la sociedad en su conjunto y de cada miembro de ella en
particular por lo que se hace necesaria la utilización plena de todos los recursos
con que cuenta ésta" y que "la prevención de la criminalidad, como concepto,
abarca todas las actividades materiales, educativas y sociales encaminadas a
superar y excluir".
Estamos de acuerdo con lo expresado por Sánchez Galindo cuando plantea que
"debemos prevenir antes que castigar: las sociedades del futuro deberán
establecer métodos de prevención y tablas de predicción de tal suerte eficaces y
valiosas que, aplicadas a tiempo, hagan de las prisiones (por humanas y científicas
que éstas sean) objetos del pasado".
Aunque la prevención es algo que atañe a toda la sociedad, no puede realizarse a
todos por igual, del mismo modo y sobre cualquier asunto que se estime debe ser
abordado, se debe realizar primeramente un estudio minucioso de los problemas
que confrontan los individuos, que deben ser previamente caracterizados, de sus
causas (factores de riesgo) y cuáles son los aspectos que deben reforzarse
(factores de protección) para contrarrestarlos. Las tareas de prevención deben ser
planificadas y deben contar con la participación de todos los sectores de la
sociedad y contar con un órgano que sea el que concentre toda la información
sobre los problemas sociales y la criminalidad al objeto de poder dirigir estas
tareas a las áreas de la sociedad que más lo necesiten por su vulnerabilidad.
Joaquín Canivell plantea tres niveles de prevención que están en correspondencia
con el orden de prioridad que hemos expresado, los que se definen por los sujetos
hacia los cuales se dirige el programa de prevención y por el momento en que se
instrumentan.
Estos son:
1. Prevención primaria: se dirige a toda la sociedad antes de que ocurra el
delito o en el proceso de su desarrollo. Es una actividad de carácter general que
tiene por objetivo el saneamiento de la sociedad para evitar o reducir la incidencia
del fenómeno delictivo y de los riesgos de su comisión.
2.  Prevención secundaria: se realiza sobre personas o grupos que, por sus
actos, se puede afirmar que tienen la posibilidad de cometer delito o adoptar
modos de vida que las puedan convertir como socialmente peligrosas. (Estado
peligroso) y
3.  Prevención terciaria: centrada en determinados individuos o sectores
poblacionales después de ocurrido el hecho delictivo para evitar que persistan en
su conducta dañosa. En esta etapa o nivel se trabaja en la reeducación o
reinserción del individuo.
La prevención tiene dos objetivos fundamentales, el primero consiste en
determinar los factores criminógenos que se manifiestan y reforzar los que se les
contraponen y el segundo es, precisamente, la eliminación de los factores que
propician el delito, con la finalidad de evitar que hechos de esta naturaleza ocurran
o se reiteren y así contribuir a la disminución de la criminalidad, mediante la
ejecución de medidas preventivas elaboradas con carácter racional al objeto de
que puedan ser llevadas a cabo y alcancen a todas las esferas sociales a las que
van dirigidas.
Estas medidas, ante todo, deberán tener un fin educativo, por cuyo intermedio se
genera un sentimiento de respeto y acatamiento al ordenamiento jurídico penal
vigente y a las normas morales de la sociedad, pues sabido es que la
promulgación de leyes más severas, aplicación de sanciones más altas y una
mayor presencia de efectivos policiales no determinan enteramente la disminución
de la delincuencia.

Nelson Pizzotti Méndez establece como objetivos de la Prevención, los


siguientes:
 Realizar investigaciones para la obtención de diagnósticos sobre actitudes
personales y hechos sociales concurrentes en la génesis del delito, así como otros
tipos de comportamiento o componentes de situaciones pre-delictivas.
  Evaluación de las investigaciones criminológicas para establecer planes de
profilaxis social con el fin de disminuir la incidencia delictiva.
 Realización de campañas de orientación de la colectividad para obtener
colaboradores en la prevención del delito
 Elaboración de proyectos de leyes, reglamentos, normas y procedimientos
relacionados con la política anti delictiva.
 Aplicación de medidas de profilaxis social. Y
 Formación del personal calificado para aplicar las medidas de prevención.
Coincidimos con la Ms.C Marisol Sóñora, cuando plantea que en el momento de
trazar la estrategia de prevención social, que, por supuesto, entre otros factores
incluye la prevención del delito, se debe tener en cuenta no sólo al individuo sino a
éste en su interacción con la familia, el grupo donde se desenvuelve, la
comunidad, etc.
En nuestro país un considerable por ciento de la actividad de prevención tanto la
general como la referida al delito y las conductas antisociales, se realiza a través
de los medios de comunicación y la televisión en particular (prevención primaria),
existen espacios en la televisión específicamente dedicados a esta tarea, donde se
afianzan valores como el de la solidaridad, el respeto a la propiedad social y
particular, el sentido de justicia y el amor al trabajo y también se tratan la comisión
de delitos y las conductas antisociales desde la perspectiva de la reacción social
que éstas generan y las consecuencias que ocasionan tanto sociales como
legales, para los infractores de la ley.
La Criminología sitúa a los medios de comunicación masiva como agentes del
control social informal por considerar que intervienen en el proceso de
socialización de los individuos. Hay autores que también los relacionan con el
control social formal por el contenido que transmiten, en lo referente al control del
delito, ya que son utilizados generalmente para formar parte (en el área de la
divulgación) de las campañas de represión de la criminalidad.
El Control Social en Base a una Política Criminal  
La Política Criminal en una sociedad donde se dan grandes cambios sociales,
tecnológicos, genera efectos colaterales que llegan a afectar a grandes masas de
poblaciones o colectividad en su conjunto; efectos que se manifiestan en nuevos
riesgos que resultan, no pocas veces controlables o son de difícil anticipación,
generan temor en el colectivo social; ante este contexto la Política Criminal se
expande, y ofrecería como respuestas lo siguiente:
    En primer lugar, una significativa transformación del blanco de la nueva Política
Criminal, que concentraría sus esfuerzos en perseguir la criminalidad de los
peligrosos, únicos sectores sociales capaces de desarrollar tales actividades
delictivas y que hasta entonces difícilmente entraban en contacto con la justicia
penal; a tales efectos se contaría con el aval derivado de las demandas de
intervención penal procedentes de las organizaciones sociales surgidas en los
últimos tiempos en defensa de nuevos intereses sociales (asociaciones de
consumidores, ecologistas, etc.), con el apoyo de unas mayorías sociales que se
identifican con las víctimas de los abusos de los socialmente privilegiados; claro
todo se realice bajo la óptica del estricto respeto de la dignidad de la persona y sus
derechos fundamentales.
    En segundo lugar, la preeminencia otorgada a la intervención penal en
detrimento de otros instrumentos de control social; la contundencia y capacidad
socializadora del Derecho Penal, que en nuestra realidad el Derecho Penal no está
para socializar a las personas que se han apartado de los preceptos normativos y
creo que en ninguna realidad, se consideran más eficaces en la intervención de
tales conductas que otras medidas de política económica o social, o que
intervenciones llevadas a cabo en el seno de otros sectores jurídicos como el
derecho civil, el derecho administrativo; de esto se colige, que el principio de
subsidiariedad y el de intervención mínima son puestos en serio cuestionamiento.
    En tercer lugar, la necesidad de adaptar los contenidos del Derecho Penal y
Procesal Penal a las especiales dificultades que plantea la persecución de esta
nueva criminalidad: a nuevas técnicas delictivas, a los obstáculos para determinar
nuevos riesgos no permitidos, y a la trabajosa individualización de
responsabilidades se ha de contraponer una actualización de los instrumentos
punitivos; ello implica reconsiderar o flexibilizar el sistema de imputación de
responsabilidad y de garantías individuales vigentes, lo que dependerá de la
Política Criminal que se desea adoptar para la eficiente y eficaz lucha contra el
fenómeno criminal, a través del Derecho Penal 8 conjuntamente con
la Criminología, es decir a través del estudio del comportamiento de la persona en
el actuar delictual.
Finalmente, la necesidad de impulsar y apoyar la democratización judicial, su
autonomía y el pluralismo en su composición, como estrategia tendiente a la
remoción de obstáculos formalistas y burocráticos en el ejercicio efectivo de los
derechos reconocidos. Como dice Herrero, es obvia la necesidad de que
la Criminología se preocupe por estudiar el control social, tanto en sus
dimensiones positivas como negativas, pues su influencia en la prevención y
tratamiento de la delincuencia, en su aparición y en la lucha contra ella, es
manifiesta. En este sentido, añade, la Criminología ha de orientar a los poseedores
del control social en el señalamiento de los factores de integración social acordes
con la libertad personal y el principio de igualdad de oportunidades, para
potenciarlos, y en la indicación de sus disfunciones para atenuarlas o neutralizarlas
en lo posible. La efectividad de un concreto sistema de control social penal es un
tema problemático. Ni el incremento de las tasas de criminalidad registrada
significa, sin más, un fracaso del control social penal, ni es viable un sistemático y
progresivo endurecimiento de éste para alcanzar cosas más elevadas de eficacia.
 Asimismo, es cierto que el incremento de los índices de criminalidad registrada se
ha interpretado, a menudo, como signo inequívoco de la crisis de la justicia, como
expresión del fracaso actual del sistema de control social penal, pero en su opinión
ello no puede interpretarse necesariamente como un incremento de la criminalidad
real. Las encuestas de victimización han llamado la atención sobre este extremo;
no parece que la criminalidad real haya aumentado en los últimos lustros, o al
menos no en la forma tan acelerada y significativa que detectan las estadísticas
oficiales. 
El control social penal tiene unas limitaciones estructurales, inherentes a su
naturaleza y función, de modo que no es posible exacerbar indefinidamente su
efectividad para mejorar, de forma progresiva su rendimiento. Antes bien, la
prevención eficaz del crimen no ha de limitarse al perfeccionamiento de las
estrategias y mecanismos de control social. [2]

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