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Poemas de Catulo: Amor, Pérdida y Deseo

Este documento contiene 50 poemas de Catulo, un poeta romano del siglo I a.C. Los poemas tratan temas como el amor, la amistad, la naturaleza y la muerte, y oscilan entre lo tierno, lo jocoso y lo erótico.

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Poemas de Catulo: Amor, Pérdida y Deseo

Este documento contiene 50 poemas de Catulo, un poeta romano del siglo I a.C. Los poemas tratan temas como el amor, la amistad, la naturaleza y la muerte, y oscilan entre lo tierno, lo jocoso y lo erótico.

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1.

¿A quién le voy a dedicar este gracioso y nuevo librito


Con la áspera piedra pómez recién pulido?
Cornelio a ti pues tú solías considerar que me chorradas eran algo
ya entonces, cuando tú te atreviste, el único entre los italos,
Escribir toda la historia en 3 volúmenes
Doctos, por Júpiter y muy elaborados.
Por eso cualquier cosa de este libro de cualquier clase: el cual, doncella
protectora,
que permanezca perenne más de un siglo.

2. Pajarito, delicias de mi amada, con quién suele entretenerse y al que


suele tener en su regazo,
al que suele darle la punta del dedo cuando se lo pide y suele incitar
agudos picotazos,
cuando le agrada en su ardiente deseo por mí
jugar a no sé qué cosa grata, y pequeño alivio de su pasión:
creo, entonces descansa su profunda pasión:
poder jugar contigo, como ella misma
y aliviar las tristes preocupaciones del alma.

3. Lamentaos oh Venus y Cupidos


Y cuántos hombres sensibles a la belleza hay.
el pajarito de mi amada ha muerto
el pajarito, delicia de mi amada,
a quién ella amaba más que a sus ojos.
Pues ella era dulce como la miel y la conocía a la suya
tan bien como una chica su madre
y no se movía de su regazo
Sino que saltando en derredor de aquí para allá
solo a su dueña continuamente piaba:
Este ahora va por un camino tenebroso hacia allí de donde niegan que
cualquiera regrese.
Pero mal sea para vosotras, malditas tinieblas del orco, que devora todas
las cosas bellas.
Tan bello pajarito me arrebatasteis.
Oh cosa sucedida malamente. Oh pobre pajarito.
Ahora por ti los ojitos de mi amada hinchadoillos enrojecen por llorar.

4. Aquel barco, que veis forasteros, dice que fue el más rápido de los
navíos
y que el ímpetu de ningún tronco flotante
no pudo dejarlo atrás ya que fuera necesario o bien remos para volar o
bien velas.
También niega que eso niegue el litoral del amenazador Adriático olas
islas cicladas
o la noble Rodas, o la terrible Tracia propontide o el salvaje golfo del
Ponto, dónde este, barquillo después, antes fue un bosque frondoso, pues
en la cumbre del citoro con su habladora fronda a menudo emitió un
silbido.
Amastris del ponto y Citoro, rico en boj,
El barco afirma que fue así que fue conocido por ti:
desde su origen más remoto dice que estuvo en tu cumbre, ha hundido los
remos en tus aguas y desde allí por tantos males indomables ha llevado a
su dueño, o bien soplar el viento de la derecha o de la izquierda, o bien
Júpiter al mismo tiempo empujara el segundo hacia el pie;
y nunca hizo voto alguno a los dioses del litoral, a pesar de llegar desde un
mar remoto hasta este lago cristalino.
Pero esto sucedió en el pasado: ahora en un tranquilo retiro envejecido
dedicado a ti,
gemelo Cástor y gemelo Cástor.

5. disfrutemos, querida Lesbia, y amémonos


y a las habladurías de los viejos gruñones
démosles menos valor que a un as!
Los soles pueden morir y renacer:
Nosotros cuando de una vez acabe nuestra breve luz coma tendremos que
dormir una única noche eterna.
dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
y mil más sin parar y luego ciento!
Y luego cuando nos demos muchos miles
perderemos la cuenta para olvidarnos,
y que ningún malvado pueda dañarnos,
cuando se entere de que son tantos nuestros besos.

7. me preguntas, cuántos besos tuyos me sean más que suficientes Lesbia.


Con gran número de arena de Libia yace en Cirene de Laserpicio
entre el templo del ardiente Júpiter y el sagrado sepulcro del viejo Bato
o cuántos muchos astros, cuando cae la noche,
los amores furtivos de los hombres contemplan:
Solo dar muchos besos será más que suficiente para catulo el loco, que ni
los curiosos contarlos podrán ni con su mala lengua hechizarlos.

8. oh pobre Catulo, deja de decir tonterías,


y lo que ves que está perdido conduce lo perdido.
En cierto momento radiantes soles te brillaban
cuando ibas donde te conducía la muchacha amada por nosotros como
nadie será amada.
Allí muchas fiestas se celebraron,
Las que tú deseabas y tu amada no quería.
En verdad lucían soles radiantes.
ella ya no lo quiere: tú tampoco lo quieras, débil,
ni persigas a la que huye, ni vivas miserable,
sino que soporta con tu mente obstinada, resiste.
Adiós muchacha. Ya Catulo aguanta,
y no te pedirán y rogar a nada de forma involuntaria.
Pero tú sufrirás, cuando por nadie seas pedida.
Desgraciada, ay de ti! ¿Qué vida te queda?
¿quién irá a ti hoy? ¿a quién verás la belleza?
¿a quién amarás ahora? ¿de quién dirás ser?
¿a quién besarás? a quién morderás los labios?
¡Pero tú, capítulo, determinado aguanta firme!

11. Furio y Aurelio, compañeros de Catulo o bien llega hasta con fines de
la India,
donde la costa es batida por las aguas orientales que resuenan a lo lejos
O bien hasta los hircanios o hasta los delicados árabes
O los sagas o los flecheros partos o las aguas que colorean ni lo de 7 bocas
o bien pasa a través de los altos Alpes,
admirando los trofeos del poderoso César,
o el Rin de la Galia, el horrible mar,
Y los muy lejanos británicos,
todo esto, cualquier cosa que traiga la voluntad
de los dioses, dispuestos afrontarlo a la vez,
comunicad a mi amada unas pocas y no buenas palabras.
qué viva y le vaya bien con sus amantes
que abrazandolos a la vez tiene el número de 300
sin amar de verdad a ninguno pero rompiendo por igual
los ijares de todos
Y que no busque mi amor, como antes,
que por su culpa cayó como una flor,
al final del prado, al pasar
cuando es tocada por el arado.

13. señoras bien, querido fabuloso, junto a mí en pocos días, si los dioses
te son favorables,
si traes contigo una buena y abundante
cena, no sin una hermosa muchacha,
vino y sal y todas las carcajadas.
Si traes esto, querido amigo, te repito,
cenarás bien: pues el bolsillo de tu Catulo está lleno de telarañas.
Pero, cambio, recibirás amores sinceros
o algo todavía más delicado y distinguido
pues le daré el perfume, que a mi amada
le regalaron las Venus y los cupidos,
que cuando tú lo huelas, pedirás a los dioses,
fabulo, que te hagan todo nariz.

16. os daré por culo y penetraré


Aurelio pervertido y maricon Furio,
que me considerasteis poco decente, de mis versitos
ya que son muy delicados.
pues conviene que el poeta piadoso sea decente, el mismo, pero no es
necesario que sus versitos lo sean;
esto es al fin y al cabo tienen sal y gracia,
si son ligeros y poco decentes,
y pueden excitar lo que enardece,
no digo a los muchachos sino a esos velludos
Que no consiguen mover sus duros lomos.
Vosotros, ya que leisteis muchos miles de besos,
me consideráis poco hombre?
Os daré por el culo y penetraré.

30. alfeno, desmemoriado y falso con tus compañeros unanimes (de igual
pensamiento)
¿Ya nada te compadeces, cruel, de tu dulce amiguito?
¿Ya no dudas en traicionar o engañarme, pérfido?
No agradan las acciones impías de los hombres a los dioses.
Aquellos que tú no tienes en cuenta y a mí me abandonas en mitad de los
mares.
Ay, dime, que pueden hacer, o a quién pueden tener confianza los
hombres?
ciertamente, tú me ordenadas entregar mi alma,
conduciendome hacia el amor como si todo fuera para mí seguro.
De su mismo ahora te retractas y permites que tus dichos y hechos
Sin valor se los lleven los vientos y las etéreas nubes.
si tú has olvidado, sin embargo los dioses lo recuerdan, lo recuerda la
fidelidad,
que un día hará que te arrepientas de lo hecho.

32. Te amaré, mi dulce Ipsitila


delicias mías, mis encantos
invítame a ir a tu casa junto a ti, a mediodía.
Y sino lo mandas, procura esto,
que nadie eche el cerrojo a la puerta, ni quieras salir fuera;
Si no quédate en tu casa y prepara para nosotros 9 coitos seguidos.
Pero, si vas a hacer algo, mándamelo de inmediato:
Pues recién comido estoy en la cama y satisfecho boca arriba atravieso la
túnica y el manto.

36. ¡Anales de Colisión, libro de mierda,


Cumplid el voto el nombre de mi amada!
pues a la sagrada Venus y Cupido
prometió, que si me reconcilia va con ella
y dejaba de lanzar terribles yambos,
Ofrecería los escritos más selectos del peor poeta
al Dios del tardo pie
Para quemarlos con madera maldita.
Y vio lo que la pícara joven
prometió a los dioses con gracia y elegancia.
Ahora, oh diosa nacida del cerúleo Ponto,
Qué habitas en el sagrado Idalio, en la desprotegida Urjo,
en Ancons y Gnido rica
en cañas, en Amatunde y en Golgos,
Y en Dirraquio, la taberna del Adriático,
Acepta y da cumplimiento al voto, si no carece de elegancia y encanto.
¡y vosotros entre tanto, id al fuego,
llenos de incultura y rudeza, anales de Volusio, libro de mierda.

46. Ya la primavera vuelve a traer los días templados,


ya el furor del cielo equinocial
calla por las agradables brisas del céfiro.
Que se abandonen las llanuras frigias Catulo y el campo fértil de la
calurosa nicea:
Volemos a las ilustres ciudades de Asia!
Ya la mente temblando por adelantado desea viajar ya los pies alegres por
el afán (de viajar) se fortalecen.
Oh dulces grupos de compañeros, adiós,
a los que habiendo partido lejos la patria al mismo tiempo
diferentes caminos nos devuelven separados.

48. Tus ojos como la miel, juvencio,


si alguien me permitiera besarlos sin parar,
hasta trescientos mil besos
y no me parecería estar saciado nunca,
Ni aunque más densa que las espigas maduras sea la cosecha de nuestros
besos.

50. Ayer, Licinio, ociosos


jugamos mucho en tus tablillas
ya que convenía se refinados.
Escribiendo versitos cada uno de nosotros
de divertía unas veces en un ritmo, otras en otro,
cumpliendo mutuamente entre la risa y el vino.
Y me fui allí por tu gracia,
Tan excitado, Licinio, y por tus encantos,
Que ni la comida, desgraciado de mi, me gustaba
Ni el sueño cubría mis ojos con su quietud,
Si no que atacado por la pasión, en todo el lecho,
daba vueltas deseando ver la luz,
para hablar contigo y estar juntos.
Pero cuando mis miembros agotados de cansancio,
reposaban casi muertos en el lecho,
compuse, querido amigo, este poema en tu honor,
en el que vieras mi sufrimiento.
Ahora, no seas arrogante ni te atrevas a despreciar nuestras súplicas
te lo ruego, niña de mis ojos,
para que Némesis te exija un castigo.
Es una diosa terrible: ¡Cuídate de ofenderla!
51. Aquel me parece ser igual a un Dios,
aquel, si es posible, que supera a los dioses,
quién sentado frente a ti sin cesar te
contempla y y oye
Cuando ríes con dulzura, lo que me arrebata, a mí desgraciado,
todos mis sentidos: pues en cuanto te he visto,
Lesbia, nada más hay
de voz en la boca,
mi lengua se paraliza, por mis miembros un sutil
fuego corre, con su propio tintineo
me zumban los dos oídos, y mis ojos cubren
una doble noche.
El ocio, Catulo, te es perjudicial,
con el ocio te saltas, y excitas demasiado,
el ocio arruinó antes a Reyes y
a ciudades florecientes.

58. Celio, mi Lesbia, aquella Lesbia,


la lesbi aquella, a quien solo Catulo
amo más que a sí mismo y que a todos los suyos,
ahora en las encrucijadas y callejuelas
despelleja a los nietos del magnánimo Remo.

70. Con ninguno, dice mi mujer, que ella prefiere casarse


que no sea yo, aunque el propio Júpiter se lo pida.
Dice: pero lo que una mujer dice a un deseoso amante
conviene escribirlo en el viento o en la rápida agua.

72. En otro tiempo decías que tú conociste a Catulo solo,


Lesbia, y en lugar de a mí no querías tener a Júpiter.
Te quise entonces no tanto como la gente a su amiga,
sino como el padre quiere a su hijo y a sus yernos.
Ahora te he conocido: por ello, aunque más vehemenmente me abraso,
con todo, para mí eres mucho más vil e insignificante.
“¿Cómo es posible?”, dices. Porque tal injuria
obliga a un amante a amar más, pero a querer bien menos.

75. A tal punto ha sido llevada mi alma, Lesbia mía por tu culpa,
y de tal manera ella misma se ha perdido por su misma lealtad,
que ya no puede quererte bien, aunque fueras la mejor,
Ni dejar de amarte pese a todo lo que me hicieras.

76. Si algún placer hay para el hombre


que recuerda las buenas acciones en el pasado, cuando piensa que él es
piadoso,
que él no ha olvidado la sagrada fe ni en ningún pacto sagrado
abusó de ninguna majestad de los dioses para engañar a los hombres,
permanecen muchas alegrías preparadas para ti, Catulo, en la larga vida
a partir de este ingrato amor.
Pues cualquier cosa que los hombres pueden decir
o hacer a alguien bien, estas cosas por ti han sido dichas y hechas.
Todas las que se consumieron a un corazón ingrato:
por ello, ¿por qué tú te atormentarás ya más?
¿Por qué no tú en tu ánimo te mantienes firme y tú mismo te alejas de
aquí
y dejas de ser un desgraciado con los dioses en contra?
Es difícil soltar un largo amor de repente.
Es difícil, pero haz esto sea como sea:
esta es la única salvación, esto es lo que debes vencer tú del todo, hazlo
tanto si puedes como si no .
oh dioses, si es cosa vuestra tener piedad o si algunos alguna vez
llevasteis la ayuda suprema en la propia muerte,
miradme a mí en mi desgracia y si he llevado mi vida puramente,
arrancad esta peste y pernición de mí,
los cuales, colándose en mis articulaciones como un letargo,
¡expulsó de mi pecho todas las alegrías!
No busco ya esto, por el contrario, que ella me quiera,
o, lo que no es posible, que quiera ser púdica.
Yo mismo deseo tener salud y soltar esta tétrica enfermedad,
¡oh dioses, devolvedme a mí esto por mi piedad!

83. Lesbia, estando presente su marido, dice de mí muchas cosas malas:


esto es la mayor alegría para aquel, engreído.
Mulo, ¿no te das cuenta de nada? Si, olvidada, callara de mí,
estaría curada; ahora, puesto que refunfuña y habla contra mí,
no solo me recuerda, sino que, lo que es cosa mucho más cortante,
está enfadada: esto es, se abrasa y habla.

85. Odio y amo: por qué lo hago, quizás me preguntas;


no lo sé, pero siento que es así y estoy en una encrucijada/crucificado.
87. Ninguna mujer puede decirse amada tanto,
ciertamente, cuanto la Lesbia mía es amada por mí.
Ninguna lealtad en ningún pacto hubo nunca tan grande
cuanta en el amor tuyo es hallada por mi parte.

92. Lesbia me habla siempre mal, y no calla nunca


sobre mí: que me muera si Lesbia no me quiere.
¿Con qué señal? Porque son otras tantas las mías: la maldigo
asiduamente, pero muérame yo si no la quiero.

95. Finalmente la Esmirna de mi Cina, después de la novena cosecha


y después del noveno invierno desde que fue empezada, ha sido dada a la
luz,
mientras que, en cambio, el apestoso Hortenzsio ha vomitado
en un solo año cincuenta mil versos.
La Esmirna será llevada hasta lo más profundo a profundas aguas del
Sátraco,
a la Esmirna la leerán por completo los canosos siglos por largo tiempo.
Pero los Anales de Volusio morirán junto al mismo Padua
y darán a menudo amplias túnicas a las caballas.
Y sea para mi corazón los pequeños recuerdos de mi colega,
pero que la gente se alegre con el hinchado Antímaco.

101. Traído a través de muchas naciones y de muchos mares,


llego a cumplir estas míseras exequias, hermano,
para ofrecerte con el postremo tributo de la muerte,
y para dirigir palabras en vano a tu muda ceniza,
y puesto que la fortuna te arrebató lejos de mí,
¡ay desdichado hermano, de forma indigna arrebatado a mí!
Ahora, con todo, entretanto, estas cosas que en la antigua costumbre de
nuestros padres
te son entregadas, en triste tributo a tus ritos fúnebres,
recíbelas empapadas en muchas lágrimas,
y para la perpetuidad, hermano, hola y adiós.

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