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Dancing With The Devil - Larry

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🌹

de BooDarkness

Es 1967 y Harry está harto de ser aquel chiquillo religioso el cual todos
molestan. Ya cansado de Dios fingiendo no oírle, decide tomar otras
riendas a escondidas; ¿Qué tan mal podría irle si recurriera al Diablo?
¿Qué tan rápido le oiría éste? Es hora de guardar la biblia y encender las
velas rojas.

😈🎻🔥😈

N/A: Bebés, la opinión sobre Dios en el libro no es mía. Entiendan que era una
época diferente, Harry es bastante inocente. Por favor, no se ofendan y no
discutan sobre sus creencias ni hagan sentir mal al otro. 💔💔 Cada uno es libre
de creer lo que quiera mientras no haga daño en el otro.
Giuseppe Tartini nació el 8 de abril de 1692 y murió el 26 de febrero de
1770. Era un músico, violinista, compositor de piezas que lograban
cautivar a la gente. NADIE habría podido llegar a su nivel, era
sumamente insuperable.

Más aún con su mejor obra; "La sonata del diablo". Muchos
simplemente admiran aquella pieza, otros simplemente no quieren oír de
ella, y los pocos que saben la verdad le temen de por vida.

El astrónomo francés llamado Jérôme Lalande ha dejado registrado en


su libro Voyage d'un François el supuesto encuentro que tuvo
Giuseppe con el diablo. Éste último dijo:

"Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el Diablo y
estaba a mis órdenes. Todo me salía maravillosamente bien; todos mis
deseos eran anticipados y satisfechos con creces por mi nuevo sirviente.
Ocurrió que, en un momento dado, le di mi violín y lo desafié a que tocara
para mí alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo
escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una sonata tan singular y
romántica como nunca antes había oído. Tal fue mi maravilla, éxtasis y
deleite que quedé pasmado y una violenta emoción me despertó.
Inmediatamente tomé mi violín deseando recordar al menos una parte de
lo que recién había escuchado, pero fue en vano. La sonata que compuse
entonces es, por lejos, la mejor que jamás he escrito y aún la llamo "La
sonata del Diablo", pero resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño
que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la
música para siempre…"

Giuseppe murió de gangrena años después, y los que estaban a su


alrededor juraron oír una leve y apenas audible melodía. Aquella sonata
con la que el violinista había sido llevado a la cima, solo que de una forma
tan perfecta que las personas temían moverse y dejar de oírla.

No porque vivas años significa que el diablo se olvidará de tu alma. No,


no. Ahora Giuseppe ha sido condenado a tocar aquella sonata por
siempre, con la sangre de sus cortados dedos manchando las suaves y
finas cuerdas del precioso instrumento, el cual ardía en llamas mientras
la melodía hacía eco en el infierno.

😈🎻🔥😈
Espero les guste el primer prólogo. La sonata la pueden oír en el
archivo de multimedia. No tengan miedo, es muy bonita. 💕
1957.

El infante de unos seis años de edad jugaba tranquilamente a perseguir


las hojas que el viento se llevaba, jamás yéndose tan lejos ya que no le
permitían. No era su hogar como para poder irse a lo largo de su patio, o
correr fingiendo ser un avión por su gran comedor. No, al menos no hasta
un mes.

Estaban con su padre, madre y hermana mayor en una cabaña en el


campo que habían comprado sus tíos especialmente para pasar la navidad
en familia. Todos tenían aquella buena costumbre de reunirse los días
festivos, incluso llevándose terriblemente, la religión provocaba que los
lazos continuaran resistentes, aún si no estaban de acuerdo.

Mientras el niño continuaba persiguiendo las hojas con sus cortas y


pálidas piernitas, también intentaba que uno de los tirantes no se
deslizara por su hombro. No quería a su madre regañándolo y diciéndole
que no lo dejaría jugar más por estar hecho un desastre.

Sus pasos se detuvieron de golpe ante un ruido que provino de lo


profundo del bosque que se encontraba a unos centímetros del patio en
donde él está. El pequeño Harry observa a su alrededor con una
expresión confundida y con sus colmillitos mordiendo su labio inferior.

¿Qué fue eso?

Un nuevo sonido vuelve a hacerse presente: Pisadas sobre las hojas que
caen de los viejos y altos árboles, y le parece ver a alguien estar escondido
detrás del tronco de uno. El ceño del infante se frunció.

—¿Hola? —Preguntó con voz curiosa e infantil. —¿Hay alguien allí? —


Luego de aquella pregunta se sobresalta un poco al notar como una gran
y pálida mano con muchos anillos de oro se presenta, apoyándose sobre
el tronco, en un lugar visible para el pequeño.

Decidió armarse de valor mientras forma puños con sus pequeñas manos,
dando dos pasos hacia adelante, pero volviendo a retroceder al notar la
mano ajena reafirmar el agarre en el tronco.

—¡No me estás asustando para nada! —Intenta ser valiente a pesar de


sus ojos llenándose de lágrimas lentamente y su voz temblequeando. —
¡Ni un poquito, así bien chiquito, me asustas! Oh. —Rápidamente se
retracta al ver que la mano vuelve a esconderse detrás del tronco.

¡Se ha asustado!

Es una persona muy curiosa, pero mientras aferra sus manos a su pecho
y oye los acelerados latidos de su corazón, no está realmente seguro si
debería avanzar o retroceder.

—Lo siento. ¿Yo te asusté? —Da un pequeño paso, viendo la mano volver,
pero solo un poco. —Yo no quise. ¿Eres tímido? No te procures, yo soy
ami-amigable. —Dice en voz alta el niño con toda la inocencia del mundo,
aún un poquito asustado.

Pues claro: Él no tiene idea que su futuro se oculta allí detrás.

Mordiendo su labio inferior de manera insegura se acerca a pequeños


pasos, pero antes de llegar al tronco sus padres lo llaman y solo alcanza
a ver a una alta figura oculta en las sombras, y un rostro literalmente
borroso.

Aterrado a más no poder, simplemente giró sobre sus talones y corrió sin
mirar atrás hasta estar dentro de la casa, según él: A salvo.

Y no vuelve a salir, ni siquiera quiere ver los copitos caer del precioso
cielo por la ventana, incluso si todos sus primos están fuera, jugando en
la nieve. No quiere saber nada más del exterior, y tampoco quiere volver
a estar solo.

Aunque últimamente se siente muy observado.

Muy.
1967.

// Tiempo después de la invocación. //

Los alumnos del instituto corrían felizmente por el patio con césped y
trozos de nieve, los cuales usaban para tirarse entre ellos.

Yo podría ser uno de esos niños Pensó Harry, pero aquel pensamiento
fue olvidado con facilidad, dejándolo nuevamente sumergido en aquella
burbuja gris en la que se encontraba.

Literalmente, era como uno de esos dibujos en los cuales había una nube
gris con lluvia sobre la cabeza de una persona. Había sol, Harry lo sabía,
pero veía todo mucho más oscuro. Todo lo era desde...

Su sangre se heló en cuanto pudo sentir un suspiro en uno de sus oídos.


No estaba seguro porqué le asustaba tanto, ya estaba completamente
acostumbrado a tenerlo detrás suyo.

Mira, mira, mira, mira.

La cabeza del de rizos se giró hacia un grupo de adolescentes, como si


alguien hubiese controlado sus movimientos. Lo que él le hizo ver fue
como aquellas personas arrojaban rocas en vez de copos de nieve a
pobres alumnos mucho más pequeños, del mismo tamaño que él.

¿No te es tentador arrojar una enorme roca en dirección a sus


estúpidas cabezas?

Sí...eso suena tan bien. Suena excelente, podría hacerlo ahora mismo e
irme. Podría...

No. No.

Una risa comienza a resonar por el lugar, y no es nada parecida a la de


los lindos niños con vidas felices. Harry rápidamente se pone de pie y
comienza a caminar rápidamente en dirección a la salida.

Incluso escapando de la situación, sabe que no puede escapar de él al


sentir las pisadas en sus talones. Jamás podrá escapar de su sombra, ni
siquiera muerto.
Y últimamente dudaba mucho querer hacerlo.

Ya el aire fresco chocando contra su rostro al salir no se siente nada bien,


parece haber una especie de niebla donde sea que viese, y su oído no
deja de pitar. Se está volviendo loco, se está muriendo lentamente y no
sabe si hay alguna manera de sentirse bien teniéndolo a su lado. Es como
el malestar, incluso su presencia, literalmente, provoca rechazo.

¿Por qué se siente tan conectado a él? ¿Por qué siente que no quiere
volver a como era antes? ¿Qué está mal con su cabeza?

Cuando menos se da cuenta ha llegado a su casa, tiene los ojos


desbordando de lágrimas y no duda en apoyarse contra la puerta
principal, tapar su rostro y echarse a llorar. Lo único que se la pasa
haciendo últimamente es llorar, y no suele aliviarlo como anteriormente
lo hacía.

Todo ha cambiado.

Siente una presencia al frente y unas manos más grandes que las suyas
apartando estas últimas. La figura de Louis está frente a él, el toque de
aquella mano sosteniendo su mentón arde levemente, pero lo ignora
debido a que siente como su corazón late más deprisa y el color le vuelve
un poco a la cara.

—Lo que menos quiero en éste basurero es que mi niño favorito llore. —
Susurró con calma, aunque no lucía para nada así. Tenía los ojos más
abiertos de lo normal, de un leve color bordó. Enojado, estaba enojado.
Y cuando el diablo se enoja...

...nada bueno puede ocurrir.

—Lo siento. —Rápidamente dice Harry, sorbiendo su nariz y permitiendo


que el rey del inframundo le limpie las mejillas lenta y delicadamente. Es
increíble como la persona más dañina del mundo puede hacerle sentir
más cuidado y seguro que nunca.

—¿Fue por lo que metí en tu cabeza? ¿Lo de aquellos niños? —Acercó sus
labios a la mojada mejilla del menor y dejó un suave beso. Nuevamente
su toque ardió. —Se lo merecían, soy el karma de los idiotas, Harry. Debes
entenderlo.

—Sí, lo entiendo.
Se alejó un poco y quedo bastante cerca de los rojizos y gruesos labios
del rizado, casi los rozaba. Harry podía sentir como se le iba el alma poco
a poco.

—...Creo que es hora de una ducha, niño favorito. —Susurra, sonriendo -


para sorpresa del menor- de lado al alejarse. Ya se ha acostumbrado a
que le llame de esa forma, pero nunca ha podido dejar de sonrojarse
como la primera vez.

Luego de que Harry asiente, el arcángel se hace a un lado y el mundano


se encamina hacia la puerta del sótano, dispuesto a bajar los escalones.

Un leve mareo provoca que todo se vuelva más borroso. Una melodía
comienza a sonar, gritos y lamentos le dan jaqueca antes de tambalearse
y caer, golpeando fuertemente su cabeza y dejándolo en plena oscuridad.

Al fin.
Dominique-nique-nique era, simplemente, un pobre caminante que iba
cantando. En todos los caminos, en todas partes, solo hablaba del buen
Dios. Solo hablaba del buen Dios.

Cierto día, un hereje le arrojó a unas zarzas, pero nuestro padre


Dominique le convirtió nuestra alegría.

La francesa y religiosa melodía resonaba en el comedor de aquella enorme


y protegida casa. Estaba tan fuerte y se había repetido tantas veces que
incluso era bastante pegadiza. Anne y Gemma Styles lavaban los platos
entre pequeños tarareos algo desafinados, Des Styles bendecía el hogar
entre murmullos bajos, y a cualquiera le sorprendería saber que todos los
días era lo mismo. Misma rutina, misma protección de Dios, pero diferente
bando.

Pues Harry Styles, el menor de la casa, se encontraba encerrado en su


habitación del sótano, y mientras todos creían que estaba estudiando o,
tal vez orando y repasando la biblia, en realidad se encontraba en el baño
de su habitación, con la tina llena de agua caliente, cuatro velas rojas
encendidas a su alrededor y a oscuras. Completamente.

Él se encontraba semi desnudo, con su pequeño y corto cuerpo dentro del


agua, con su suave y pálida piel ardiendo como el infierno. Su respiración
estaba agitada, pero intentaba calmarse mientras llevaba su trasero a la
punta de la bañera para poder acostarse y meter su cuerpo debajo del
agua.

Lo hizo, pero aún no estaba preparado para hundirse completamente.


Dejó de inhalar, soltando el aire lentamente mientras pensaba
mentalmente unas palabras.

Eres el rey de las tinieblas, y te entrego mi cuerpo.

Para que elijas mi destino hoy.

Eres el rey de las tinieblas, y te entrego mi vida.

Para que elijas mi destino hoy.

Eres mi rey de las tinieblas, y te entrego mi alma.

Para que elijas mi destino hoy.


Cuando finalizó de decir aquello seis veces, sin siquiera tomar aire
nuevamente cerró sus ojos y hundió su cabeza lentamente, soltando unas
cuantas burbujas por sus labios mientras sus oídos se tapaban y el ruido
del agua se hacía presente.

Intentando resistir ante la falta de aire hizo lo posible para mantenerse


en el fondo de la tina, abrió sus ojos entre dolorosos parpadeos,
intentando acostumbrarse al leve ardor mientras observaba como las
luces de las velas siguen de la misma forma. Su pecho arde, le urge
respirar y cuando está a punto de volver a salir nota como las luces se
esfuman, dejando todo completamente a oscuras.

Está funcionando.

Sintió su corazón dar un vuelco y burbujas escaparon de su nariz ante el


pánico. ¿Realmente está sucediendo? Un cosquilleo se hace presente en
su pecho y, luego de contar hasta seis, comienza a dejar el agarre para
mantenerse debajo del agua, su cuerpo subiendo un poco más, sin dejarlo
pegado al fondo. Tiene que funcionar, tiene que funcionar...

De repente siente como si un cuerpo más caliente que el agua se instalara


sobre el suyo, manteniendo su espalda pegada al fondo. No puede ni
siquiera arquear ésta, algo o alguien lo está abrazando con fuerza. Harry
solloza en seco e intenta quedarse tranquilo, saber que nada puede salir
mal ya que está realmente pasando lo que había leído en aquel libro
bastante oculto en el lado oscuro de la biblioteca de su pueblo. Se abrazó
a éste cuerpo que no lograba ver debido a la oscuridad y se limitó a
esperar.

Solo faltaba perder el conocimiento...y estaba bastante cerca.

Aún con sus ojos viendo entre la nubosidad y oscuridad bajo el agua, su
mente comienza a nublarse de a poco, sin entender cuáles son sus
pensamientos y con la desesperación de querer subir a la superficie, pero
ese cálido y pesado cuerpo sobre él no se lo permitía para nada.

Iba a morir. Iba a morir. No debió hacerlo.


Cuando ya no lo soportó, incluso antes de inhalar perdió la conciencia.
Desgraciadamente y, al parecer, murió.

Harry despertó de una manera lenta en la bañera, su cuerpo estaba


adolorido, ardiendo, y se sentía terriblemente mareado. El sonido del
agua le dejaba más atontado, su visión se hacía presente poco a poco y,
a pesar de la nubosidad, podía notar que fuera del agua había luz.

Un momento...

¿Qué hacía aún bajo el agua?

Se desesperó y, apenas salió del agua tosió lo suficiente, jadeando en una


profunda inhalación.

Incluso la primera respiración se volvió extraña.

Era como un malestar en lo profundo de su pecho, como un sentimiento


de vértigo todo el tiempo y un pitido en su oído izquierdo que apenas le
permitía escuchar con claridad algún otro sonido.

Miró alrededor, notando las velas apagadas y la luz del baño prendida. No
comprendía. Se acurrucó unos segundos, abrazando sus piernas y
temblando, viendo un punto fijo en el agua, la cual ahora estaba helada.
Los pensamientos ya no eran tan inconscientes, ahora estaba recordando
qué había sucedido y...

...y ya no quería estar más allí.

Asustado y algo anonadado salió rápidamente de la bañera, intentando


procesar lo ocurrido mientras se envolvía en una toalla y caminaba a
tropezones fuera del baño. Apenas abrió la puerta del baño alguien
golpeaba la puerta de su habitación urgentemente. El pequeño envolvió
mejor su cuerpo con la enorme toalla y caminó a paso torpe hasta la
puerta, abriéndola.
Su madre lo observó como si acabara de ver al mismísimo diablo. —Jesús.
Hijo, ¿Qué te pasó? —El rostro de Harry se contrajo ante la sorpresa y
vergüenza de tener algo que no se diera cuenta; Algo así como un moco.
—¿Te sientes bien?

—¿Qué? ¿Qué tengo? —Susurró, tocando su propia cara y caminando


hasta el espejo de la esquina de su cuarto, observando su reflejo mientras
sus ojos verdes se agrandaban un poco más de lo normal y sus pupilas
se dilataban debido al susto.

Se veía pálido como una servilleta, con sus labios secos y lo blanco de los
ojos levemente irritado. Mordió su labio inferior y estuvo por hablar, pero
una terrible sensación de vértigo lo invadió y, gracias a su madre, no cayó
al suelo.

—Harry, bebé. —Anne lo sostuvo de la cintura y lo ayudó a caminar hasta


la cama, sentándolo y haciendo lo mismo. —¿Te sientes mal? ¿Has
comido? —El pequeño de cabello rizado se limitó a asentir mientras su
estómago le hacía saber con un leve cosquilleo que se encontraba
extremadamente nervioso. Su madre torció la boca mientras le tocaba la
frente, suspirando y poniéndose de pie. —Voy a tomarte la temperatura,
ponte cómodo.

Cuando salió del cuarto Harry no dudó en acostarse de inmediato,


suspirando de alivio al no sentirse tan mareado y metiendo un dedo
dentro de su oreja izquierda, intentando destaparla, sin éxito. ¿Siquiera
estaba tapada? ¿No se supone que debía de sentir como si estuviera
hablando dentro de un balde y no como si alguien gritara en su oído?

A decir verdad, sonaba como si alguien estuviera tocando la cuerda aguda


de un irritante violín.

Estaba muy callado y su madre lo notaría si no asimilaba lo que había


sucedido: Había hecho el ritual de invocación, había visto como las velas
se apagaban por sí solas y había sentido el peso muerto de un cuerpo
sobre él. Era lo suficientemente inteligente para saber que si aguantas
mucho la respiración te desmayas, podría haber inhalado y haberse
ahogado. Entonces, si se ahogó, ¿Cómo es posible que se haya vuelto a
levantar? Eso no sucede seguido a nadie, y aún menos si se ve como si
realmente hubiera muerto.

Su madre volvió luego de unos minutos con un termómetro en su mano


izquierda. Comenzó a sacudirlo con fuerza y luego lo puso en la axila de
su hijo, tocándole los brazos y mejillas, notablemente preocupada.
—¿Mamá? ¿Qué sucede? —Harry preguntó en un débil susurro.

La bonita mujer le dedicó una sonrisa. —Nada, cielo. No creo que tengas
fiebre, estás...estás congelado. ¿Seguro que comiste?

—Tú me viste hoy. Todos comimos antes de ir a la iglesia.

—¿No te sientes enfermo, cielo? —Nuevamente el pequeño negó ante


aquella pregunta, provocando que sus ricitos mojados se muevan y se
peguen contra su rostro. Le estaba mintiendo, se sentía pésimo. Él jamás
le había mentido a su madre...

—Me voy a cambiar. —Susurró, sentándose lentamente y parpadeando


con lentitud, intentando acostumbrarse a la sensación de vértigo.

De inmediato su madre se puso de pie, caminando hacia la puerta. —


Intenta mantener tu brazo quieto o la temperatura no saldrá bien. —Dijo
antes de cerrar la puerta suavemente detrás suyo.

Harry suspiró y se refregó los ojos con sus pequeñas y débiles manos
antes de abrir las puertas de su armario y tomar su pijama: Una camiseta
gris, un pantalón holgado del mismo color y unos calcetines largos y
blancos. Cuando terminó, secó su cabello con una toalla y tiró ésta al
cesto de ropa sucia.

Dio media vuelta y caminó entre balanceos hasta su mesa de noche, tomó
el collar plateado con el crucifijo y se lo puso en el cuello, pasándolo por
su cabeza como si fuera una prenda de vestir. Era una prenda de vestir
para él: Se lo había sacado solo para lo que hizo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¿Por qué lo hizo?

Era obvio. Jamás alguien lo podría culpar.

A pesar de que parecía tener una gran vida, con una madre comprensiva
y la familia perfecta, cada uno de ellos tenían sus lados oscuros.

Su padre...era un buen padre, pero definitivamente era un mal esposo.


Una vez el pequeño Harry entró sin permiso a la habitación de sus padres,
y su madre lloraba mientras sus manos estaban en una de sus mejillas,
la cual estaba roja y levemente hinchada. Su padre se puso pálido y le
ordenó al rizado que saliera del cuarto.

¿Dónde estaba Dios para ayudarlo cuando rogó que su padre no vuelva a
lastimar a su madre?
Su familia eran sus padres y su hermana, Gemma. Luego estaban sus tíos
y sus seis primos, los cuales jamás dejaban de molestarlo y decir cosas
verdaderamente ofensivas. Todos ellos eran importantes en la iglesia ya
que eran el coro de ésta, y tenían voces de ángeles. Lucían como éstos,
ya que además de ser bonitos físicamente, también se encargaban de
predicar, orar y ayudar a personas enfermas.

Pero para ellos Harry era la excepción. Le encantaban molestarlo,


empujarlo, culparlo, burlarse y hacerlo sentir como la nada misma.

¿Dónde estaba Dios cuando le hablaba todas las noches, pidiendo cambiar
para caerles bien a sus primos y poder, al menos, tener un amigo?

Finalmente -y lo peor de todo para el pequeño de rizos- estaba el saber


que estaba enfermo, pero no poder hacer nada al respecto. Las mujeres
no le atraían, ni siquiera cuando su madre le obligaba llevar al cine a
Sidney Preston, la hija del Sacerdote. Esa chica era perfecta y, oh, Harry
simplemente no sentía ninguna atracción hacia ella.

Sabía que había algo malo con él, sabía que no iba a poder darle a sus
padres una familia numerosa porque, simplemente, rogaba jamás tener
que tocar a una mujer si era mentira el sentir algún tipo de atención hacia
éstas. Sabía que un hijo no era cualquier cosa, y definitivamente no
tendría una farsa de familia como la que, poco a poco, se ha dado cuenta
que siempre tuvo.

¿Dónde estaba Dios cuando rogaba ser normal?

Luego estaban Dylan y Parker, los torpes que le molestaban en la escuela.


Ellos eran geniales -según las personas de la escuela- por usar diferentes
peinados y tener mucho dinero, también les encantaba usar a Harry como
al blanco de su frustración y enojo, de los problemas que no podían
resolver. Le pateaban, le empujaban, rompían sus deberes y lo metían en
problemas.

¿Dónde estaba Dios cuando le golpeaban vilmente?

Fue allí cuando todo se juntó en un problema solo: La escuela y lo


vulnerable que se sentía en ella, el cómo su madre se desesperaba por
no ser avergonzada por su hijo, "el maricón", sus primos burlándose de
su forma de ser, de su forma de sentir y pensar y soñar. Su padre
revelando su verdadera cara y el que el único amigo que tenía era Dios...y
éste parecía no querer oírlo.

Así que decidió tomar sus propias decisiones: pasarse al lado oscuro,
probar a la ciencia. Iba a invocar, iba a probar que nada de lo que decían
era real, y que, aunque Dios parecía hacer oídos sordos lo estaba
escuchando.

Pero todo era bastante real, o eso parecía...y estaba asustado. En verdad
lo estaba.

Su madre volvió a entrar luego de unos largos minutos y se sentó a un


lado de él en la cama, le quitó el termómetro entre tarareos de aquella
canción Francesa y vio la temperatura, deteniendo toda cosa que se
encontraba haciendo y viendo con expresión neutra el pequeño aparato
que había puesto debajo del brazo de su hijo.

El ceño de Harry se frunció mientras el miedo crecía en su pecho. —


¿Mamá? ¿T-Tengo fiebre?

Su madre parpadeó una vez antes de subir la mirada hacia él. Lucía
asustada, pero rápidamente dejó escapar una nerviosa risa y sacudió con
fuerza el termómetro.

—Me daba como si estuvieras sin temperatura, amor. —Dijo entre risitas,
volviendo a poner el aparato debajo del brazo de su hijo. —Intenta no
moverte, mientras podríamos orar a Dios para que no tengas fiebre. Te
hará sentir mejor.

Harry amaba orar con su madre, pero tenía un fuerte nudo en la garganta
como para hacerlo.

—No moví el brazo. —Susurró, bajando la mirada y suspirando


entrecortado.

Sabía que algo andaba mal.

Pasaron los minutos esperando y su madre no dijo ni una palabra hasta


que ya se hizo la hora justa y le sacó con tranquilidad el termómetro de
debajo del brazo a su hijo. Observó la temperatura y ésta vez sí que
estaba pálida. Harry se inclinó e intentó ver qué era lo que marcaba, pero
Anne fue más rápida y se puso de pie en un instante.

—Voy a buscar otro. —Salió a pasos torpes de la habitación de su hijo,


subiendo los escalones de manera apresurada.
Una vez que Harry estuvo solo comenzó a observar de manera paranoica
a su alrededor, sintiendo como si una mirada fija estuviese sobre su
pequeño y delgado cuerpo. Se encogió en su lugar y movió sus pequeños
pies hasta que su madre entró nuevamente a la habitación.

Observó cada movimiento de la mujer mayor y vio como esta dejó otro
termómetro bastante diferente al anterior en su axila. Se acercó a su hijo
y le envolvió en sus brazos, comenzando a rezar en voz alta. Harry
hubiera sentido tranquilidad si no se sintiera tan mal.

—...cura a Harry para que pueda tener fuerzas y sentirse mejor en este
hermoso día. Tu fuerza es increíble, señor... —Se detuvo en cuanto el
reloj de la pared marcó la hora exacta y se apartó, tomando el
termómetro de la axila de su hijo y viendo la temperatura que marcaba
en éste.

La mano de la mujer comenzó a temblar a la vez que cortaba su


respiración, parpadeando rápidamente. El termómetro no tardó en caer
sobre la cama de su hijo.

—¿Mami? ¿Qué pasa? ¿Qué tienes? —Sollozó Harry. Ya era normal en él


asustarse y llorar del miedo. A pesar de ser un adolescente, lucía todo lo
contrario.

Ni siquiera recibió una respuesta, su madre salió corriendo de la


habitación. —¡DES! ¡DEEEEEEEES! ¡AL AUTO, VE AL AUTO! ¡HAY ALGO
MAL CON HARRY!

—Bien. ¿Harry Ste...Styles? —El nombrado asintió con timidez al Doctor


Jenkins. —Tu temperatura está bien, solo te ves un poco mal porque aún
no has ingerido azúcar. Te recomiendo comprar una caja de jugo de
naranja y algún dulce: Chocolate, una paleta, lo que sea. Te sentirás
mejor y verás que no es nada grave. —Le sonrió de manera amplia. Daba
un poco de miedo.
—¿E-está seguro que no tiene nada? Podr-ría jurar q-que parecía muerto,
incluso el t-t-termómetro lo demostró. —Su madre tartamudeó mientras
hablaba y se abrazaba a su marido, el cual suspiraba y la acunaba en su
pecho.

El doctor Jenkins se giró hacia ellos, sonriendo de la misma manera en la


cual le sonrió a Harry. —Señor y Señora, les aseguro que su hijo está
bien. Es un caso extraño, lo admito, pero está en perfectas condiciones.
Para que se queden tranquilos tienen que saber que estamos aquí
siempre, y que si algo así o similar a ello llega a suceder pueden venir y
lo tendremos veinticuatro horas en observación. ¿Les parece?

Los Styles estuvieron de acuerdo, incluso Harry. Cuando iban saliendo y


lo saludaron, su doctor lo vio de manera fija y el menor pudo jurar haber
visto sus ojos volverse rojos y sus pupilas agrandarse, pero lo ignoró. Tal
vez solo se encontraba paranoico por no decir lo que había hecho aquella
mañana.

Iban por el pasillo del hospital y decidió comprarse una cajita de jugo de
naranja de un pequeño puesto que había allí. Su madre le dio un billete y
corrió felizmente hasta éste, pidiéndole a la anciana que atendía lo que
quería. Le entregó su billete y tomó la caja con el sorbete, dando un
sabroso trago.

Quítatelo, quítatelo ahora...

Fue un susurro claro y escalofriante, como si estuviera realmente cerca


de su cuerpo, pero cuando vio a su alrededor no había nadie más que dos
mujeres con niños inquietos y sus padres y hermana esperándolo en una
esquina, a la salida de aquel lugar.

Vio como uno de los niños se le acercaba y le jalaba del pijama,


provocando que lo vea. Harry le sonrió con timidez y alzó ambas cejas.
¡Amaba a los niños!

—No quiero asustarte, pero...el hombre de negro está diciéndome que


necesita que te quites esa cosa del cuello. —Apuntó a su crucifijo.

La sonrisa de Harry se borró poco a poco y el miedo se reflejó en su rostro


mientras veía fijamente al niño, el cual alza la mirada detrás del rizado,
agrandando sus pequeños ojitos marrones a alguien mucho más alto que
se encontraba allí.
El niño retrocedió para finalmente salir corriendo, Harry solo se giró un
poco y caminó apresuradamente, sin girarse ni un segundo a ver qué
había detrás suyo.

Lo único que ha notado y lo ha dejado más pálido de lo normal es una


sombra que sigue a la suya por las paredes: Alta y más oscura.
Había pasado un día de lo ocurrido, de aquel extraño accidente en donde
Harry no murió, pero parecía muerto y un niño le dijo que se quitara su
crucifijo. Sumándole el sentir a alguien viéndolo fijamente, el oír pasos
detrás suyos y el continuo pitido en su oreja izquierda. ¿Qué puede decir
en su defensa? Nada. Él se lo buscó, él lo quiso y aún lo quiere.
Sin embargo, lo asusta...y no se quitará el collar.
Según investigó gracias a los libros en la sección oculta de la biblioteca
de su pueblo, una vez que se le ignora al espíritu, ya éste se aburre y
termina yéndose solo. Pero, ¿Acaso el mismísimo diablo se va? ¿Acaso
Harry debía ir a un curandero o algo así? No.
¡Por supuesto que no!
Iba a ser valiente, iba a acostumbrarse el vivir con una mirada encima y
con un molesto pitido en su oreja, e iba a olvidar toda esa extraña
resurrección. Iba a hacer de cuenta que no vio el rojo en los ojos de su
doctor y también fingiría que el niño tenía algún tipo de enfermedad
mental la cual lo hacía alucinar y ver cosas que no son. ¡Tal vez él podría
mentirse a sí mismo y pensar en que estaba enfermo mentalmente! Y lo
hizo.
Fue entonces aquel día, el segundo, al cual Harry maldijo/bendijo de por
vida.
Los Styles se dirigían a la iglesia en el Triumph Herald verde de Des. El
de rizos llevaba puesta una camiseta blanca, pantalones cortos por arriba
de las rodillas de color negro, medias hasta las rodillas blancas y zapatos
negros de vestir. Todos dirían que tenía aspecto de niño para tener
aquella edad, pero así era la ropa que su madre compraba para él, y al
ser pequeño y delgado de cuerpo tampoco le molestaba. Estaba bien,
porque la mayoría de las personas de su religioso pueblo se vestían así.
Gemma iba con su vestido por las rodillas y zapatos planos blancos. Su
madre iba exactamente igual, y su padre de traje, recién salido de la
ducha.
Todos oían una melodía -obviamente religiosa- que le daba gusto oír a la
familia, e incluso se la sabían, pero no eran tan exagerados como para
cantarla al unísono. Bueno...un poco.
—Oh-oh. —Harry susurró viendo por la ventana un accidente que había a
lo lejos, en un borde de la carretera.
Gemma intentaba mirar por la ventana de su hermano mientras Anne
tapaba su vista y murmuraba en voz baja. Des frunció sus labios y manejó
con más velocidad, intentando pasarlo rápido para que no les provoque
tristeza o impresión a sus hijos. Harry se acercó más a la ventana,
observando a través del vidrio como pasaban y poniéndose pálido como
una servilleta al ver algo totalmente negro, alto y de hombros anchos
parado a un lado del cuerpo inerte en el suelo. Sin embargo, ningún oficial
que se encontraba alrededor le veían. Le pasaban de largo como si fuese
lo más normal del mundo. Rápidamente volvió su vista al frente y tragó
la bilis que subió por su garganta, pretendiendo que nada había sucedido.
Nada ni nadie podría quitar aquella escena de su mente; Al hombre
ensangrentado, con su vista perdida y piel morada. A los médicos y
policías hablando entre ellos, y aquella figura algo extraña,
completamente vestida de negro.
—Mamá, Harry está raro. —Dijo Gemma, viendo a su hermano de manera
extraña y apartándose un poco, como previniéndose de que le vomite
encima.
Anne rápidamente se giró y Des se limitó en ver a su hijo por el espejo
retrovisor, frunciendo el ceño e intentando disimular la preocupación.

—Hazz, bebé. ¿Te sientes bien? ¿Quieres que nos detengamos por un
momento? —Su madre preguntó de manera dulce y claramente
preocupada, asustada -seguramente- de que su hijo estuviera mal
nuevamente.
Harry negó rápidamente con la cabeza, bajando la mirada y respirando
profundamente.
—Está bien, hijo. —Dijo Des, girando el volante hacia la izquierda y
comenzando a conducir lentamente para poder estacionarse. —Llegamos.
Pídele a Dios que te haga sentir mejor, él va a escucharte.
Harry quiere decirle que no es así, que Dios ya no va a escucharlo nunca
más, pero solo asiente y se baja del auto cuando éste finalmente dejó de
estar en marcha.
Todo da vueltas, para prevenir se apoya unos segundos en el auto antes
de suspirar y caminar hacia la iglesia a pasos lentos. Un extraño
sentimiento al ver “La casa del señor” hace que su cabeza comience a
doler de manera leve y su estómago se contraiga bastante, provocando
que la bilis suba por su garganta y no le dé ni tiempo para llamar a su
madre, teniendo un pequeño espasmo antes de inclinarse y vomitar en el
pavimento, en la entrada.
Su madre rápidamente llega junto a él y exclama su nombre, asustada
mientras sostiene a su hijo para que éste no caiga al suelo. La gente que
pasa por allí para entrar a la iglesia o seguir de largo observa con cierto
asco, cosa que Harry sabe y lo hace querer morir allí mismo por la
vergüenza.
—Cariño... —Se lamenta Anne, viendo que su hijo no para de vomitar ni
por un segundo y apenas puede inhalar nuevamente.
Para Harry se sentía como si estuviese vomitando nada -porque ni
siquiera vomitaba comida, era un líquido transparente- y como si alguien
le apretara el estómago con fuerza cada vez que intentara inhalar. Fue
tanta la desesperación que cayó al suelo de rodillas y jaló con fuerza la
falda del vestido de su madre, pidiéndole ayuda.
Anne había comenzado a llorar, entrando en pánico y sollozando el
nombre de su hijo, Gemma observaba con desesperación a su alrededor
al ver a su hermano con el rostro tan rojo, pero el único que reaccionó allí
fue Des, el cual tomó a su hijo por debajo de los brazos y lo llevó hasta
un lugar más apartado de la iglesia.
De inmediato Harry se detuvo y comenzó a respirar entre jadeos, muy
asustado como para comenzar a llorar, parpadeando con lentitud
mientras su padre lo sentaba en el asiento trasero de su coche y le
abanicaba la cara con su propia mano. No era difícil cargarlo ya que el
pequeño era lo suficientemente delgado y ligero como una pluma.
—Ya, Hazz. Vas a estar bien. ¡Gemma! Toma. —Sacó de su bolsillo trasero
dinero y se lo dio a su hija. —Haz algo por tu hermano y compra una
botella de agua y alguna golosina.
Ésta asiente, tomando el dinero y caminando a paso rápido hacia el
pequeño mercado que había a la vuelta.
—Estás mejor. Ya puedes respirar, ¿Vale, hijo? No tienes de qué
asustarte. Fue un momento feo, pero ya pasó.
Harry sollozó de manera seca, sintiéndose triste y sin poder soltar tantas
lágrimas como desearía. Sigue asustado, pero agradece ser el mimado de
la familia en aquel momento, y agradece el que su padre lo trate de esa
forma: Como si fuera un niño, aunque él mismo sabía que, en parte, lo
seguía siendo.
Quiere volver en el tiempo para no hacer lo que hizo. Si sabía que se
sentiría de esa forma no lo hubiera hecho. ¿Dios puede ayudarlo ahora?
Su padre lo ve con su entrecejo fruncido y le acaricia la mano con lentitud,
a la vez que Harry alza la mirada y ambos se ven fijamente.
—Quiero ir a casa. —Dice, parpadeando y dejando caer las únicas dos
lágrimas que salieron de sus ojos.
Y Des no lo contradice, para nada.
Luego de avisarle a Gemma y Anne que llevaría a su hijo a casa y se
quedaría a cuidarlo, ambas comienzan a caminar hacia la entrada de la
iglesia, sorprendiéndose al encontrarse con el cura de ésta parado allí.
—Padre William. ¿Cómo se encuentra en un día tan hermoso como hoy?
El hombre de unos cincuenta años le dedicó una sonrisa apenas notable.
—Muy bien, gracias. ¿Por qué no se adentran? Son bienvenidas.
Éstas asienten y caminan hasta estar dentro, sin embargo, el padre
William continúa allí, observando como Des cargaba al indefenso y
debilucho niño hacia el auto. Un suspiro escapó de sus labios al notar
como una sombra pisaba los talones de ambas personas.
—Dios te bendiga, Styles. —Susurró, y creyó que estaría más a salvo de
lo que fuese aquella sombra, dentro de la iglesia. Sin dudarlo, se adentró
y decidió olvidar el tema por completo.

Luego de una riquísima comida que su padre le había preparado ya


estaba mucho mejor.
Fly me to the moon, let me play among the stars. Let me see what spring
is like on A-Jupiter and Mars.
In other words, hold my hand. In other words, baby kiss me.
Nuevamente estaba en su cuarto, y mientras oía a Frank Sinatra en su
tocadiscos con el permiso de su padre -ya que la familia no le dejaba oír
más que música religiosa- fue lo suficientemente inteligente para apagar
todo y esconder el vinilo en una caja bajo su cama cuando pudo oír en el
piso de arriba el cómo su madre, hermana y más personas se adentraban
a la casa. Suspiró: He aquí su adorable familia.
Volvió a la cama, cubriéndose con las cobijas hasta la cabeza, fingiendo
estar dormido. Su madre no tardó nada en entrar a su cuarto, llamándolo
y provocando que éste se destapara.
—Oh, mi amor. —Anne se lamentó, acercándose a la cama y sentándose
en una orilla, abrazando a su hijo. —Cielo, lo siento. Realmente no podía
faltar a la iglesia. ¿Te sientes mejor? ¿Necesitas ver un doctor?
Harry negó rápidamente, sonriendo a su madre para que ésta se calmara.
Era tan dulce. —No, mami. Estoy bien. Me siento muy bien.
La mujer sonrió de inmediato. —Le he pedido a Dios por ello, con todas
mis fuerzas. Tengo mucha fe, por supuesto que te vas a sentir bien. —No
desconfió ni por un segundo en sus palabras, dejando un beso en la frente
de su hijo, el cual sí desconfió. —Vale, ya que estás bien necesito que
subas y saludes a la familia.
La sonrisa se borró de los labios del niño, siendo reemplazado por un
pucherito en su labio inferior.
—Oh. Vamos, bebé. Solo unos minutos, ¿Si? Luego puedes venir aquí, o
ir a cualquier lugar de la casa. Por mí, anda.
Y Harry no pudo resistirse.
Se puso los zapatos, peinó y tomó a su madre de la mano, siendo guiado
fuera del cuarto, escaleras arriba.
Una vez llegó a la sala, notó que su padre hablaba amistosamente con
sus tíos, ofreciéndoles de una bandeja llena de muffins. Todos tenían sus
respectivos tés o cafés. Gemma estaba charlando con sus tías y los primos
de Harry tenían su grupo aparte.
El niño saludó de manera educada a cada uno de ellos, ignorando apenado
el cómo sus familiares fingían hacer arcadas, luego ruidos de llantos y
nuevamente arcadas.
El crucifijo en el cuello de Harry ardía demasiado sobre su piel, y siempre
que sus primos lo fastidiaban de alguna manera, la cadena de éste se
calentaba a tal punto que hacía suspirar lastimosamente al niño.
Verán, todo hubiese ido mejor si no lo hubieran molestado tanto.
—¡Harry! —Su madre regañó completamente molesta, con su ceño
fruncido y músculos tensos.
Rápidamente señaló hacia la puerta que llevaba al sótano, y el rizado ni
siquiera necesitó oír lo que había a continuación, simplemente se giró con
culpabilidad y escapó a su cuarto.
Una vez allí puede oír a sus primos retorcerse de la risa en su comedor y
a sus tíos discutir con sus padres sobre lo que había dicho el niño en plena
discusión por no soportar las burlas de sus familiares.
“¡Ya verán! ¡Todos los que se burlan de mí las van a pagar! Dios
no es el único que ve todo, ¡hay alguien debajo que vendrá
pronto!”
Esa tontería había enloquecido a todos en la casa.
Pero Harry no tenía la culpa; Demonios, no. Él le había rogado a Dios cada
día por no recibir burlas de sus primos, por cambiarlos a ellos o cambiar
algo en él para que ya no lo lastimen, pero nada jamás cambió: Siempre
era igual. Dios no lo ayudó, el niño se sintió solo y...acudió a otros
mundos.
Nada había ocurrido aún, pero Harry podía sentirlo: Podía sentir la
presencia de algo, algo que desesperadamente quería salir, pero una cosa
se lo impedía. Sin embargo, ese algo sabía que, pronto, el pequeño se
daría cuenta y le daría el paso para comenzar con su trabajo. Era como
tener a alguien respirando en tu nuca, la sensación de mirar hacia atrás
por sentir una mirada fija en ti. Incluso mucho más incómodo. Escalofríos
donde se encuentre, a cada minuto. No importaba, porque Harry podría
soportar cualquier cosa que le hicieran con tal de saber que algo así
existía.
Pero ahora mismo se encuentra muy triste, sin necesidad de fijarse en
todos aquellos síntomas que prueban lo irreal. Se tira en su cama,
poniéndose de manera fetal y llorando más fuerte. Hay algo que no lo
deja respirar y debe detenerse de vez en cuando. Parece como si hubieran
manos aferradas a su cuello que, de vez en cuando le dan unos masajitos,
pero, de repente, lo aprietan tan fuerte que tiene que jadear por aire
Con su ceño fruncido se sienta lentamente, dejando que las lágrimas
fluyan por sus mejillas y comenzando a jadear por oxígeno lentamente.
No lo entiende, es como si su garganta se estuviese cerrando. Él no era
alérgico a nada.
Quiere gritar o llamar a sus padres, pero su voz se ha perdido en el
mismísimo aire. Rápidamente se abre apenas su camiseta blanca y
comienza a entrar en pánico al notar que nada sucede. Debido a la
desesperación, no tiene otra opción más que arrancarse el crucifijo del
cuello y levantarse con desesperación para encaminarse hacia la pequeña
ventana que casi llegaba al techo, intentando abrirla, aunque era casi
imposible debido a la altura.
El aire vuelve muy de golpe, aunque ya es tarde para no sentirse
mareado: Sus ojos se cierran y su cuerpo se balancea hacia atrás, pero
cuando cree que está a punto de caer unos fuertes y cálidos brazos lo
sostienen por detrás. La respiración de la otra persona choca contra su
cuello, haciéndolo tranquilizarse y ponerse nervioso a la vez. No sabe
quién es, pero lo sospecha, y eso le pone los pelos de punta.
—Te tengo. —Le susurra una voz escalofriante, provocando que sienta
una sensación extraña en el pecho.
Los brazos de aquel cruel supuesto mito lo hacían sentir bien, incluso
emanando malestar por cada uno de sus poros. Por alguna razón, no
estaba tan asustado.
Sin embargo... ¿Debería?
Habría que averiguarlo.
La respiración de Harry aumentó al igual que su ritmo cardíaco. Incluso
sintiéndose como si estuviese muerto, podía jurar que si no moría allí
mismo era por pura suerte.
Sintió el como algo acariciaba su cuello, y luego dos cosas se posicionaban
en sus caderas, sosteniéndolo. Bajó la mirada y, a pesar de estar
anonadado, pudo procesar el que aquellas cosas eran manos. Manos de
hombre, manos humanas.
¿Acaso la cosa que estaba detrás suyo era humano? Sintió un aliento
cerca de su oreja izquierda, su piel se erizó y sus ojos volvieron a cerrarse
con fuerza.
—No podía esperar a que te quitaras esa mierdecilla del cuello. —La voz
era normal, nada maligno ni tampoco llena de ira, aunque tenía algo que
provocaba escalofríos. Tal vez era la tranquilidad, o el silencio
ensordecedor que se formaba cuando se hacía presente.
El aliento de Harry se cortaba, sentía que iba a morirse. Iba a morirse de
en serio.
—¿Listo? —El niño intentó tragar saliva, pero apenas podía pasar aire por
su garganta y nariz. Iba a girarlo, e iba a asustarse porque nada bueno
puede venir del diablo. Nada bonito, nada angelical. Solo
perturbador. Horroroso.
Continuó con sus ojos cerrados fuertemente en cuanto las manos en sus
caderas lo hicieron girar, quedando frente a la cosa. Solamente se oían
las respiraciones en aquel cuarto, los murmullos y las pisadas del piso de
arriba.
Debía de abrir los ojos, debía de esperar lo peor.
Lentamente abrió los ojos, y el aliento quedó atrapado en su garganta,
admirando al mal personificado frente a su pequeño cuerpo. No había
nada parecido a un ente rojo con cuernos y larga cola, tampoco había un
rostro o cuerpo espantosamente infernal. Mucho menos había algo que
fuese horroroso...
...Simplemente era un humano.
El humano/demonio más precioso que alguna vez vio.
Tés pálida, figura alta y delgada. Cabello oscuro, lacio y corto, labios finos
pero rojos como la sangre, nariz corta, mandíbula marcada, cejas
arqueadas y, Dios bendito, sus ojos.
Tan celestes como el cielo, aparentando un hogar de ángeles en éstos.
Sin embargo, un cuarto de uno de éstos era de un bordó, en el cual se
refugiaban miles de almas. Las pupilas de éste ser estaban dilatadas, pero
eran los ojos más hermosos que Harry alguna vez vio.
Vale. Daba miedo. Daba miedo porque, claramente se podía sentir el
malestar al estar cerca, y su profunda mirada daba escalofríos. Iba todo
de negro: Una camisa abotonada hasta arriba, de mangas largas, unos
pantalones y unos zapatos bastante lustrados, los cuales lucían nuevos.
Los anillos de oro en cada dedo del arcángel le hicieron viajar a un vago
recuerdo: Sabía que alguna vez vio a alguien así, con muchas joyas, pero
no recordaba cómo.
Ni quería.
La cabeza de la alta y oscura figura se ladeó, Harry ya no tenía idea si
estaba en shock por el miedo o por la belleza de lo-que-sea-que-fuese
que estaba frente a él.
—... ¿Cómo es que un niñito como tú ha terminado llamando a alguien
como yo? Debe ser importante. —Asintió lentamente luego de decir
aquello. Harry continuó sin decir nada, intentando inhalar.
¡Di algo tú, torpe!
Una brusca inhalación provocó que el supuesto rey de las tinieblas fingiera
sorprenderse, alzando ambas cejas, manteniendo la perfecta seriedad en
su bello rostro.
—Y-yo... —Fue interrumpido por unos golpes en la puerta de su
habitación, haciéndole sobresaltar y ver hacia allí.
—Hey, primo. ¿Sigues conversando con el diablo? —Muchas risas se
hicieron presentes. No había una sola persona detrás de aquella puerta,
obviamente. —Dice tu madre que subas a comer pastel, tenemos una
rebanada para Sati también.
—Y para cualquier amigo imaginario que desees tener.
—Porque los maricones no tienen amigos reales. —Y más risas.
La respiración del niño con rizos se vuelve a entrecortar, sus ojos verdosos
no tardan en llenarse de lágrimas, un puchero tembloroso se hace
presente en sus labios y, pronto, un llanto bajo y doloroso acaba con el
silencio en la habitación.
El diablo continúa viendo hacia la puerta con una expresión neutra antes
de ver a Harry, importándole poco el que esté llorando de aquella manera.
—Los castrati. —Dice, y a pesar de que Harry no comprende, asiente
simplemente para que el Señor Diablo no sienta que no lo ha escuchado.
Es chistoso el cómo es amable hasta con el ser más vil de la existencia.
Los primos de Harry continúan diciendo cosas hirientes, y es cuando Harry
solloza -por primera vez- ruidosamente que el arcángel parece darse
cuenta de aquello. Claro que sabía, solo estaba embriagado por el aroma
a angustia y dolor que había en aquella habitación.
—Hey, no, no, no. Shh. —Masajeó con sequedad la espalda baja de Harry,
ya que a pesar de que el humano se ha girado, no ha dejado de ser
sostenido. —No hay que llorar, no somos cobardes para llorar, ¿Verdad?
—Debido al terror, el niño de rizos negó lentamente con la cabeza,
sorbiendo su nariz y limpiando los rastros de lágrimas en sus mejillas
antes de alzar la mirada.
El diablo continúa con su expresión neutra, sus ojos celestes y un cuarto
bordó están fijos en un punto de la habitación, como si estuviese
pensando. Pronto mira fijamente al rizado, el cual se sobresalta y baja la
mirada. —¿Qué tal sí hago que se caguen encima? Será divertido.
Siente la mirada del diablo sobre su rostro, y la situación es tan
perturbadora que todo su cuerpo comienza a temblar
descontroladamente.
Una de las manos de la criatura con forma humana fue alejada de la
espalda baja de Harry, rápidamente chasqueando sus dedos. Un ruido
asqueroso se hace audible, seguido de muchos más y de preguntas:
"¿Qué es ese olor tan nauseabundo?"
"...Me hice encima."
"... ¿Qué acaba de pasar?"
Corridas se hacen presentes, ya están en el piso de arriba y Harry intenta
no echarse a reír con fuerza en cuanto su tío se entera del accidente que
tuvieron sus primos, comenzando a quejarse del olor y de la comida que
fue servida en la casa de los Styles.
El diablo sonrió de lado en cuanto Harry tapó su boca con ambas manos,
soltando una risita estrangulada, sonrojado.
—¿Has oído? Fue divertido. —Dijo, soltando al niño por completo y
girándose, comenzando a caminar por la habitación. —No es que haya
sido divertido solo porque se cagaron, sino también porque se siente bien
cuando avergüenzas a los que se lo merecen. —Al finalizar, se detiene en
un rincón de la habitación, quedándose allí de pie y clavando su mirada
en los enormes ojos verdes del niño. —¿Verdad?
—Yo...n-no lo sé. —Logró decir Harry entre pobres tartamudeos,
encogiéndose en su lugar debido a lo intimidado que se sentía.
Miró a su alrededor, en el suelo, buscando el crucifijo que anteriormente
tenía en su cuello y arrancó. Su madre se lo había obsequiado a los siete
años, y desde entonces lo cuidaba con todo su corazón.
—Lo destruí.
Alzó la mirada al arcángel, el cual ya no sonreía para nada. Estaba serio,
con la cabeza levemente inclinada hacia abajo y viéndolo fijamente. Harry
no se atrevió a discutir, pero, sin embargo, sintió una puntada en su
pecho. El pitido en su oído se hacía mucho más fuerte cuando sus miradas
conectaban.
—Ya no estás protegido. —Volvió a hablar el diablo, comenzando a
acercarse muy lentamente a su presa. El nuevo juguete del diablo, uno
completamente diferente. Harry emanaba inocencia por donde fuese,
jamás era fingida. Jamás. —Tú me llamaste, y no sabes en lo que te has
metido.
Harry comenzó a retroceder lentamente. —Yo...
El diablo se detuvo y extendió su mano luego de unos segundos, dándole
a entender al humano que la tomara. Éste, dudoso y temblando, se
aproximó y lo hizo. El tacto quemó levemente, miles de imágenes
perturbadoras se hicieron presentes en la mente de Harry por menos de
un segundo, tan pronto que incluso dudó que haya sido real.
—Tú, Harry Styles, eres la primera persona que me vende su alma de la
manera más pura que conozco. Sin embargo, aún tú no lo sabes.
El rostro del rizado se puso aún más blanco. Aquello era cierto: Harry aún
no sabía por qué había invocado a tan vil ser pero, sin embargo, también
sabía que, muy en el fondo, estaba decidido por algo.
Sólo tenía que averiguarlo.
—Así como has sido un niño valiente al dejarme ahogarte cuando me
aceptaste como tu rey, vas a ser un niño valiente cuando duermas y esté
en un rincón de tu habitación, cuando respires y me puedas ver de reojo,
observándote. —Se acercó un poco más a Harry, viéndolo tan fijamente
que éste último comenzó a sentir pánico. —Voy a hacer lo que pediste
cuando me llamaste, y a cambio de eso...voy a llevarme tu alma.
Todo nuevamente fue silencio por unos segundos.
—Es importante que sepas que tu Dios ya no te protegerá más. —Alzó
ambas cejas, y una de las comisuras de sus labios se alzó un poco. —Tú
ahora eres mío.
El arrepentimiento y horror recorrían cada parte de su cuerpo, y cuando
estuvo a punto de responder unos golpes se hicieron presentes en su
puerta. Cuando vio ésta y luego quiso ver al diablo frente a él, ya había
desaparecido.
Pero Harry sabía que estaba allí, lo veía de reojo.

Se mantuvo todo el día aferrado al brazo de su madre con la excusa de


querer pasar un rato con ella. La ayudó a hacer la merienda, limpiar la
casa y hasta a hacer la cena en cuanto se hizo de noche.
Cuando estuvieron en sus respectivos lugares, Des sugirió que sería
buena idea el que Harry comenzara la oración.
¡Pues sí! ¡Claro! Harry amaría hacerlo. Ya lo había hecho antes, solía
gustarle.
Pero ya no. La protección del Señor no estaba en él, y estaba más que
seguro que si decía algo iba a terminar vomitando a lo loco.
—Yo...lo siento, padre. No me siento muy bien para hacerlo, ¿Podrías,
Gemma? —Harry observó a su hermana la cual, encantada, comenzó a
orar.
—Señor, gracias por la comida que nos das cada día. Te agradecemos
infinitamente por tu gran misericordia al poner un plato en nuestra
mesa...
Nuevamente, Harry vomitó. Afortunadamente, pudo llegar al baño antes
de hacerlo frente a su familia.
Se arrodilló frente al retrete y soltó una arcada antes de que líquido
transparente saliera de su boca. Agua, nada más que aquello y todo era
debido a que no había comido nada desde que vomitó en la tarde.
Enjuagó su boca, intentando tranquilizarse, sin verse al espejo debido a
que sabía que tenía a alguien detrás. Salió y fue a la mesa: Gemma había
terminado su oración, y Anne veía preocupada a su hijo.
—Bebé, ¿Estás bien? —Harry asintió rápidamente, sentándose en su
respectivo lugar antes de suspirar y comenzar a comer.
Des comentó cosas de la iglesia, cosas que Harry hubiese oído encantado
si no fuese porque estaba volviéndose loco. Iba a morir, en unos días, o
semanas su familia encontraría su cuerpo inerte en algún lugar. Tarde o
temprano el diablo se llevaría su alma, y jamás podría descansar en paz.
¿Era capaz de asimilar aquello?
El crucifijo lo protegía. ¿Acaso eso quería decir que Dios existía? ¿Por qué
Dios quiso evitar el que viese Harry a la cosa que invocó, cuando pudo
haberlo evitado en cuanto el niño le rogó que le ayudara en sus
problemas?
Era injusto como hasta lo sobrenatural jugaba con su corazón.
Finalmente llegó la hora en la que todos iban a ir a sus respectivos cuartos
para dormir. Anne acompañaba a su hijo al sótano, oyendo los ruegos de
éste porque no quería dormir solo. Para el niño, el sótano ahora era algo
muy terrorífico. Sabía que al estar solo el diablo iba a aparecer.
Comenzaría a enloquecer, no podría dormir.
—Hazzie, no tienes que temer, mi amor. —Su madre lo hizo entrar en la
habitación. Éste ya estaba en pijama, rápidamente se metió en la cama y
vio alrededor. No había nadie. —Cielo, ¿Viste alguna película de terror?
Sabes que tu padre no permite eso aquí.
—N-no, no es eso, mami. Tuve...pesadillas. —Se acobijó con ayuda de su
madre, la cual le acomodó los rizos. Fue cuando Harry vio su rostro más
de cerca que notó un hematoma en su pómulo derecho, pero no lo miró
demasiado.
—Oh, amor. No te preocupes, esas cosas que te asustan no existen. —
Harry solo tragó saliva, dejándose mimar por los besos que daba su
madre en su mejilla, provocando que sonría. —¿Quién es mi niño de
dulces hoyuelos?
—Yo.
—Tú, claro que sí. —Dejó un beso en la frente del niño antes de ponerse
de pie. Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas y su exhalación fue
entrecortada. —Dejaré la luz prendida, solo por hoy.
Agradeció aquello, aun intentando disimular el que iba a llorar. —Gracias,
mami.
Anne abrió la puerta del sótano, saliendo de la habitación no sin antes
asomar mitad de su cuerpo para dedicarle una sonrisa a su hijo.
—Buenas noches, mi amor. Dios te bendiga, sueña con angelitos. —Y se
fue, cerrando la puerta.
Un suspiro salió de los labios de Harry, seguido de un gimoteo asustado
en cuanto la luz del cuarto se apagó por sí misma. Rápidamente metió
todo su cuerpo bajo las mantas, y comenzó a llorar en cuanto unos lentos
pero fuertes pasos se hicieron audibles en la habitación, por alrededor de
la cama.
No.
No debía de tener miedo, no debía.
...En realidad sí, pero ya había vendido su alma, ya estaba hecho.
Rápidamente se destapó, el cuarto continuaba oscuro, siendo alumbrado
por la luz de la luna, la cual entraba por su pequeña ventana.
—¿No duermes? —La voz tan cerca provocó que pegué un salto, agitado
y negando rápidamente.
—N-no. ¿Tú?
—No.
Exhaló lentamente, aferrándose a las mantas y sintiendo las lágrimas
continuar cayendo por sus mejillas.
—... ¿D-Donde estás?
—Mira la ventana. —La respuesta fue rápida.
Cuando vio ésta se acurrucó aún más en su lugar al ver una sombra
gracias a la luz de su ventana, en el medio. Podía notar que era él por su
cabeza.
—Y-yo... ¿Podría... —Se fue recostando en la cama poco a poco hasta
quedar con su mejilla recostada sobre la almohada. —...dormir?
—Creí que no lo hacías.
La figura frente a su ventana y en plena oscuridad continuaba siendo
perturbadora, y se preguntaba si el arcángel lo veía a él.
—¿Te gustaría...? —Si, en definitiva, estaba loco por lo que iba a
preguntar. Dios mío, qué estaba por decir. —Q-Quiero decir, ¿Te
importaría...? A ti... ¿Quieres a-acostarte a mi lado? Y-Yo, uhm, no
tendría...no tendría ningún problema.
No hubo respuesta alguna, simplemente silencio, y la figura continuaba
quieta frente a su ventana. Harry creyó haberle ofendido, y se asustó
tanto que tapó su cuerpo entero con las mantas y lloró ruidosamente
hasta caer dormido en una profunda pesadilla.
El diablo, en cambio, continuó de pie en su lugar, neutro. Por primera vez
en su existencia no había tenido qué decir, y aunque no lo supo en ese
momento, aquel día, luego de que el niño más inocente del planeta le
invitara a recostarse para que no estuviera incómodo de pie...
...Aquel día algo latió en su pecho.
Unos golpes en la puerta de su habitación provocan que sus ojitos se
abran lentamente e intente acurrucarse más en su lugar, necesitando del
calor de las cobijas, los cuales lo hacían sentir más pequeño de lo que
era.
—Harry, cielo. Arriba, debes ir a la escuela. —Oyó la voz de su madre
provenir del otro lado de su habitación. —¡Harry, despierta! Anda, bebé.
Te preparé el desayuno. —Luego unos pasos en las escaleras y, segundos
después, Dominique siendo reproducida nuevamente, una y otra vez.
El rizado siente una mirada sobre él mientras intenta conciliar el sueño
nuevamente, y recuerda haberse dormido en plena oscuridad, con el
diablo parado frente a su cama, simplemente viéndolo. Le arden los ojos
de haberse quedado dormido llorando, y el pitido en su oído le saca de
quicio.
Pero al menos su alma sigue en su cuerpo.
En cuanto sus enormes ojos verdes se abren, nota una figura de negro
sentada en su cama, a su lado. Observó por unos segundos cada anillo
en los largos dedos del diablo, notando los raros símbolos que apenas
relucían. Temía alzar la vista para ver su rostro, pero cuando lo hizo
simplemente se encontró con una firme mirada sobre él, y al hombre más
hermoso de la existencia con un serio semblante.
Intentó no ver sus ojos debido a que el pitido en su oreja aumentaba.
—¿Te asusté? —Ambas cejas del arcángel se alzan, y su tono es tan
sarcástico que Harry tiene que morder su lengua con fuerza y recordar
que es un ser infernal para no responder de la misma forma.
El rizado negó lentamente antes de suspirar y sentarse en la cama con
lentitud. Estaba despeinado, le ardían los ojos y aún sentía malestar. Vio
nuevamente al diablo, el cual intentaba verlo fijo.
—Buenos días. —Dijo éste, y se inclinó hacia el mundano.
La respiración de Harry se cortó y su cuerpo comenzó a temblar, temiendo
por lo que podría pasar. Pero, claro: Jamás se hubiese esperado un suave
beso en su mejilla de parte del ser más vil del planeta.
Aún con la mirada baja, apretó sus labios y se sonrojó, provocando que
el diablo sonriera de lado.
—Puro...como el veneno. —Simplemente dijo.
—¡Harry! —Unos golpes lo hicieron ver la puerta, y ni siquiera tuvo que
voltear para saber que el diablo ya no estaba allí.
Suspiró y se puso de pie, tomando el uniforme de su escuela y yendo al
baño luego de haberle avisado a su madre que estaba despierto.
Le costó un poco bañarse, desnudarse y saber que el diablo estaba allí,
en alguna parte escondido, viéndolo como vino al mundo. Se duchó con
rapidez, lavó bien su cuerpo, buscando el sentirse, de alguna forma, bien.
No funcionó.
Al salir, se secó y vistió. Los zapatos negros, los pantalones del mismo
color, una camisa blanca abotonada y un suéter azul con el logo del
instituto. Sus ricitos estaban húmedos, y continuaba con su aspecto de
niño muerto.
Ya se estaba acostumbrando, y apenas llevaba pocos días de la
invocación. Sonaba extraño comentarlo, como si fuese lo más normal del
mundo tener al diablo acechando en donde sea.
Ya habiendo terminado, fue a su cuarto y preparó su mochila con sus
deberes. Notó que había cosas que no había terminado, y mientras se
lamentaba comenzaba a pensar en una manera de pedirle las respuestas
a Fionn Whitehead, su compañero de clase y coro.
Subió los escalones del sótano con las correas de la mochila colgadas en
sus pequeños hombros, intentó evitar la canción volviendo a comenzar en
el tocadiscos de su sala y caminó hasta la cocina, sentándose en una silla,
con su desayuno en la mesa y su hermana en una silla del frente.
Luego de que su mamá le diera un beso de buenos días, comenzó a tomar
su té y comer el pan con mermelada. Oyó un sonido, pero continuó en lo
suyo, hasta que un pedazo de pan fue arrojado a su rostro.
—¡Auch! —Se quejó, intentando no hacer berrinche, pero con un pucherito
en su labio inferior.
Al ver la escena, su madre se dirigió al tocadiscos de la sala y apagó la
música.
—¿Qué no me oyes? —Su hermana le dijo, algo enfadada, pero a la vez
frunciendo su ceño con preocupación.
—Oh, lo siento. Yo... —Llevó uno de sus dedos a su oreja izquierda,
intentando quitar la sordera. No, todo seguía igual. —...Uhm, se me ha
tapado un oído en la ducha.
Anne se lleva las manos a su cintura antes de suspirar profundamente,
viendo a su hijo fijamente. Éste hace lo mismo y su corazón da un vuelco
al ver el violáceo hematoma en la piel del rostro de su madre.
—Mami. ¿Qué te ha ocurrido? —Harry no puede evitar preguntar. Ya no
está seguro de seguir queriendo evitar el tema.
—¿Esto? Oh, sabes como soy, Hazzie. Me golpeo con todo. —Dijo Anne,
comenzando a cantar Dominique mientras limpiaba una encimera.
Gemma y Harry se observaron fijamente por unos segundos antes de que
la mayor de ambos decidiera hablar:
—Mamá... ¿Estás segura que te golpeaste?
Anne bufó. —Sí, y se acabó el tema. —Ambos chicos quedaron cabizbajos,
ya sin intención de que su madre les regañe. —Harry, cielo. ¿Te sientes
bien? Estás pálido.
Harry asintió en respuesta a la pregunta, terminando su té de un gran
sorbo. —No he dormido muy bien anoche. —Simplemente dijo.
Y aunque está completamente seguro de haber dormido, sin abrir sus ojos
ni por un momento, se siente como si jamás hubiese dormido.
—¿Quieres quedarte? Puedes hacerlo, yo te creo.
El rizado negó rápidamente, poniéndose de pie. No, por supuesto que no.
Ya no quería estar solo nunca más. Tomó una manzana y le dio un
mordisco.
—No, yo puedo. Tengo examen hoy. —Besó la mejilla de su madre y luego
de su hermana. Una bocina se hizo audible fuera de la casa y Harry
acomodó las correas de su mochila antes de salir de la cocina. —¡Adiós!
—¡Cuídate, cielo!
Una vez salió de la casa, se subió a los asientos de atrás y saludó a su
padre mientras abrochaba su cinturón. El hombre conducía y charlaba con
Harry, como siempre. Le era muy fácil hablar con su padre, podrían
conversar de cualquier cosa y estaría bien.
Fue de repente, en cuanto su padre reafirmó el agarre al volante, que
Harry -por algún motivo- pudo oír los huesos de sus dedos tronar. Un leve
sentimiento que no comprendía se instaló en su pecho, y pronto fue
creciendo. Lo que sea que le decía su padre ya no importaba. Es más: Ni
siquiera quería seguir oyendo su asquerosa voz, deseaba que chocaran y
un camión aplastara la parte delantera, en donde éste estaba. Quería...
Tragó saliva con fuerza y oyó una voz en su mente.
Díselo, díselo. Mueres por decírselo.
Imágenes de los hematomas de su madre se hicieron presentes en su
mente, al igual que las veces en las que oyó fuertes golpes y a su padre
insultar a Anne. Lo observó manejar, entretenido en una charla que no
era de dos, y se sintió tan asqueado, tan lleno de odio e impotencia que
apenas podía parpadear.
Díselo.
—Finalmente podremos conseguir las alfombras que queríamos para casa.
Así tu tío no tendrá más opc-
—Hijo de puta.
—... ¿Harry? —Su padre no podía creer lo que había salido de la boca de
su hijo, incluso creyó haberlo alucinado.
El diablo sonrió.
—Puto cobarde.
El auto se detuvo cerca de la acera, frente al instituto Noorgard. Des se
giró lentamente en el asiento y observó fijamente al de cabello rizado, el
cual ni siquiera respiraba.
—¿Quieres repetirme una vez más qué me has dicho? —Dijo, creyendo
que el niño no iba a atreverse a decir una de los insultos anteriores.
Seguía sorprendido, sin poder creerlo.
—...Maldito hijo de puta. —No titubeó ni un segundo, nada. Ni siquiera se
sentía él, más bien, sentía el grito de impotencia atrapado en su garganta.
Sentía su espalda sudada y sus manos temblorosas.
Des simplemente lo vio fijo antes de bajarse del auto y abrirle la puerta a
su hijo, el cual se quedó en su asiento unos segundos antes de salir del
auto, sintiendo el frío calar sus huesos. Su padre cerró la puerta con
fuerza y acercó su rostro al del niño, quedando frente a frente.
—Vete a la escuela. —Le dijo en un seco tono de voz antes de girarse,
meterse al auto, encender éste y acelerar con tranquilidad.
Fue de inmediato que su ira comenzó a irse y el nudo en su garganta
descendió que deseó con todo su corazón estar muerto para no afrontar
lo que sucedería luego de la escuela.
La ansiedad se quebraba en su pecho mientras sus enormes ojos verdes
rogaban por soltar las lágrimas. Su respiración se entrecortaba mientras
veía alrededor antes de caminar a pasos rápidos a la escuela.
Ni siquiera notó el no haber vomitado al entrar a un lugar supuestamente
religioso, su mente solo le decía una cosa: Baño. Necesitaba llegar al
baño, encerrarse y buscar una manera de zafarse del enorme problema
que causó.
Su camino fue bloqueado por un delgado chico de semblante serio y
mandíbula marcada. Fionn Whitehead.
—Hey, Harry. —Simplemente dijo.
—H-Hola Fionn. —Su mandíbula temblaba por sí sola, le era imposible no
tartamudear a lo loco mientras se dirigía con el chico hacia alguna parte.
—¿Cómo estás?
—...Bien. ¿Tú?
—Genial. ¿Hiciste algo esta semana?
¿Además de invocar al diablo? No, nada.
—Uhm...no. ¿Tú?
—Estuve con mi abuela. La conocí, más bien. Ella es genial. —Dijo. El
timbre resonó por los pasillos y todos los estudiantes apuraron el paso.
—¿Vamos a clases?
—Sí, yo...luego te alcanzo, necesito ir al baño.
—Vale. —Asintió rápidamente antes de caminar hasta entrar por una
puerta, a su respectiva clase.
Harry, en cambio, siguió de largo por los blancos pasillos llenos de cuadros
y estatuillas con santos. Había silencio, solo se oían a las profesoras dar
clases en cada salón, y cuando entró al baño el silencio fue ensordecedor.
Se fijó que no hubiera nadie en las cabinas y luego se acercó al lavabo,
apoyándose en la encimera de cerámica y viéndose en el enorme y largo
espejo. Respiró profundamente un par de veces y se despeinó los ricitos,
buscando -de alguna manera- relajarse. Sentirse mejor.
La ansiedad no paraba de lastimar su pecho, y fue cuando sollozó
secamente que las lágrimas no tardaron en salir. Comenzó a llorar
desconsoladamente, temblando de miedo y dando solo un paso hasta
pegar su espalda con los fríos azulejos de la pared.
La presencia del mal personificado fue inmediata, y ni siquiera tuvo que
abrir los ojos para saber que estaba frente a él. Lo hizo solo cuando sintió
dos cálidas y enormes manos tomando su rostro, alzando un poco éste.
—Sh, sh, sh. —Intentó silenciar, limpiando con sus pulgares los rastros
de lágrimas en la suave y pálida piel del niño. —¿Mi niño favorito está
asustado? —Harry asintió rápidamente y el diablo negó en un suspiro,
como lamentándose. —¿Cómo puede estar asustado, cuando ha hecho
cosas peores que faltar el respeto?
Harry hipó, negando lentamente y aun sollozando. —N-no entiendes. Yo,
é-él...
—Entiendo completamente. Tu querido padre se merecía esas palabras
de tu parte. ¿Sabes por qué? —Harry negó lentamente. —Porque eres lo
que más ama.
—...Él es un buen padre.
—Golpea a tu madre.
—Sigue siendo un buen padre.
El arcángel acarició lentamente las mejillas del niño. —¿Acaso es un buen
padre alguien que les enseña mal a sus hijos y lo sabe? —Harry bajó la
mirada, más triste.
Se quedaron unos segundos en silencio hasta que el de cabello rizado
decidió hablar:
—... ¿Señor Diablo?
Una profunda y baja risa brotó de los labios del nombrado.
—Señor Diablo, me gusta. Muy original. —Comentó, y Harry se sonrojó
más de lo que ya estaba.
—Lo siento, yo...no sé cómo llamarle.
¿Lucif...?
—Louis.
El niño parpadeó, desprevenido. Honestamente, no se esperaba nada así.
Se esperaba un nombre más largo, más extraño, único. Louis era común,
tanto que si las personas que conocía y se llamaban así supieran que
aquel era el nombre del diablo, se harían encima.
—Pero...pero en realidad no se llama así, ¿Verdad?
—¿Cómo crees que me llamo?
—Yo... —Notó la mirada de Louis ir a sus ojos, y continuó intentando
mantener la mirada clavada en el suelo. —...Creí que era Satanás. —
Susurró, invadido por la vergüenza.
—Me llaman por muchos nombres. Tú dime Louis.
—Louis. —Tragó saliva ruidosamente. La cercanía entre él y el diablo era
demasiada. No pudo evitar alzar la mirada: Sus ojos se encontraron con
los del rey del inframundo, el pitido fue mucho más potente e
insoportable. Rápidamente bajó la mirada y llevó una mano a éste. —Y-
Yo...debo ir a clase.
El timbre sonó, anunciando que ya se había perdido la primera clase.
¿Tanto tiempo había estado allí dentro? Supo que el diablo se había ido
sin siquiera tener que ver. Lavó sus manos, su rostro, acomodó su cabello
y salió del baño.

El día iba bastante bien. Si no fuese porque a Harry le esperaba de todo


excepto algo bueno cuando llegara a su hogar, diría que fue un día
perfecto. Los bravucones habían decidido no molestarlo aquel día, le fue
bien en clases y tuvo cosas que hablar con Fionn.
Finalmente estaban en la clase de coro, ambos adolescentes en sus
respectivos lugares. Debían de entonar una melodía antigua, en otro
idioma, y era bastante difícil para los alumnos que decían cualquier cosa
o no podían dejar de bromear haciendo sonidos de flatulencias. El maestro
estaba disgustado, pero no podía evitar reír de vez en cuando.
—De acuerdo, clase. Quiero hacer un anuncio importante así que, por
favor, necesito de su atención. —Luego de unos murmullos y pocas risas
todos quedaron en silencio, viendo al hombre mayor que dirigía todo
aquel grupo de coro. Éste se dirigió hacia su escritorio y tomó un manojo
de hojas con algo escrito en ellas, volviendo a donde anteriormente
estaba. —Les daré una de éstas hojas a cada uno de ustedes y deberán
de mostrarles a sus padres. Es un permiso para ir con dos profesores,
incluyéndome, y los alumnos de último año a una pequeña convivencia
por unas horas. Será en el bosque más cercano de aquí, ida y vuelta en
autobús. Hablaremos sobre muchas cosas para aprender, les
enseñaremos a cómo sobrevivir y a cómo debemos convivir.
<<Si sus padres o tutor no les dan permiso, simplemente no entreguen
el papel. Sin papel, no pueden venir. Si tienen alguna duda pueden venir
y consultarlo conmigo o con el profesor Howell, de literatura de último
año. Ahora sí, espero que tengan un buen día y Dios los bendiga.
Todos los alumnos tomaron un papel y salieron de aquel salón. Era el
horario de salida y Harry no podía estar más nervioso. Fionn caminaba a
su lado por los pasillos mientras observaba de reojo el papel en su propia
mano y negaba lentamente con la cabeza. —Dios mío. No van a dejarme,
mi padre es muy protector. Dice que soy alocado, que fumo y bebo cuando
no hay nadie alrededor.
Las cejas del rizado se alzaron. —¿Lo haces?
—...Ese no es el punto. El punto es que voy a tener que rogar para que
me deje. —Bufó el adolescente, molesto.
—Lo siento, Fionn. —Una vez estuvieron fuera del instituto, su corazón
dio un vuelco en cuanto visualizó el coche de su padre, pero con su madre
en éste, la cual tenía la vista al frente. —Yo...tengo que irme. N-nos
vemos mañana.
—Adiós, Harry.
Ambos adolescentes tomaron caminos diferentes. Harry apresuró el paso
en cuanto notó que su madre encendía el coche. Se subió al asiento
copiloto y bajó la mirada. Todo quedó en silencio. El rizado supuso que su
madre ya se había enterado de su actitud.
—M-mamá...
Su madre alzó la vista de golpe, con sus ojos abiertos de par en par.
Estaba enojada. Y no solo eso. Estaba golpeada, también. ¿Acaso...su
padre la había golpeado porque él lo insultó?
Harry comenzó a sollozar antes de que su madre comenzara a gritarle.
—¿Cómo pudiste haberle dicho eso a tu padre? ¿Cómo puedes faltarle el
respeto a alguien que te cría, y da de comer, y mantiene bajo un techo?
—Le apuntó con su dedo índice. —¡Jamás te ha faltado nada! ¡Él te ha
dado todo! Te da todo lo que quieras, Harry. ¿Qué pudo haberte hecho
para que le dijeras esas terribles cosas?
Harry no podía dejar de sollozar, cada vez encogiéndose más en su
asiento, sintiendo las lágrimas fluir y no parar de hacerlo. —Y-yo, yo...
—Tú eres un malagradecido. No quiero que vuelvas a hablar de aquella
manera nunca jamás. Recibirás un castigo por esto y se acaba la
conversación aquí, ¿De acuerdo? —Harry asiente de inmediato mientras
abrocha su cinturón de seguridad. —Necesitas disciplina.
Y no entiende. No entiende porqué su madre le hace sentir que su vida
depende de un hombre. No entiende porqué su madre vive como si fuese
que siguiera por él. No comprende, y no quiere...y no puede.
Finalmente, el auto acelera y ambos van rumbo a la casa.

Harry gritaba e intentaba cerrar la boca cada vez que el abrojo del
cinturón golpeaba fuertemente contra la piel de su espalda. Eran diez
veces, pero su padre, cegado por la ira, no dudó en darle uno más debajo
de su ojo izquierdo. Ahora éste estaba morado, y la espalda del niño ardía
como mil infiernos.
Se encontraba acostado de lado en su cama, sintiendo las lágrimas caer
lentamente. Había una taza de chocolate caliente sobre su mesa de
noche, y había sido cobijado por su madre. Recibió una disculpa de su
padre, el cual le decía que debía de ser disciplinado, que Dios no iba a
abrirle las puertas del cielo si el menor se convertía en una mala persona.
Lentamente comienza a sentir malestar, y la cama se mueve detrás suyo.
Louis está acostado a sus espaldas, su aliento roza la oreja del menor, el
cual comienza a sollozar audiblemente.
—Dime qué quieres que haga.
—M-mi espalda, me duele... —Rompió a llorar apenitas más fuerte,
sintiendo una tristeza inmensa en su interior.
No quería ser malo. Quería ir al cielo, pero ya no podía.
Se congeló en cuanto sintió la cálida mano del diablo colarse por debajo
de la camiseta de su pijama, acariciando la piel de su cadera. Subió
lentamente por su costilla e inesperadamente la posicionó en su espalda,
sobre las heridas.
El aire escapó de los pulmones del niño, comenzando a sentir ardor, pero
éste se desvaneció de inmediato y su espalda dejó de doler.
—Voltéate. —Dijo.
Harry lo hizo lentamente, dudando si debería debido a que temía estar
alucinando, que su espalda no esté realmente curada y cuando apoyase
ésta contra el colchón moriría de dolor.
Pero no fue así. Se sintió completamente normal.
Una vez frente a frente con el diablo, sin verlo directamente a los ojos,
sintió el pulgar de éste debajo de su ojo, en la herida. Acarició un par de
veces y el dolor se fue de inmediato, aunque no estaba seguro si el
hematoma también.
—Yo podría hacer que nadie vuelva a hacerte daño...jamás. —Dijo Louis,
bajando su mano a la mejilla de Harry y acariciándola delicadamente. Era
extraño que el diablo le hiciera sentirse bien, incluso con el malestar a su
alrededor. —Solo tienes que decir mi nombre. Nómbrame, y haré algo al
respecto.
—E-está bien.
Se quedaron en silencio. Era de noche, tarde. Harry no había cenado, y
continuaban de la misma manera.
—No puedo dormir... —Susurró el pequeño, aunque estaba
completamente adormilado, casi cayendo en los brazos de Morfeo.
El diablo subió su mano a los rizos de Harry, los probó entre sus dedos y
comenzó a acariciarlos lentamente, oyendo un balbuceo de parte del
dueño de aquellos bucles para luego oír una respiración pesada y leves
ronquidos.
Estaba dormido.
El diablo lo envolvió con sus brazos, lo refugió en su pecho e inhaló
lentamente, absorbiendo poco a poco su alma.
Sus ojos están abiertos, pero no puede mover el cuerpo o hablar. Es como
estar con el cuerpo dormido y la mente despierta, alerta a lo que puede
pasar.
La figura altísima y cubierta por una capa negra que está en un rincón es
la misma que vio en la carretera cuando ocurrió aquel accidente rumbo a
la iglesia. Continuaba allí, como viéndolo debajo de toda aquella
oscuridad. Se acercó lentamente al niño, el cual veía de reojo y se le
inclinó hasta que estuvo cerca de su oreja.
Esta cosa comenzó a susurrar tan bajo que apenas se oía, incluso si lo
hacía en su oreja. Hablaba en otro idioma, eso sí podía notarse. Harry
sentía escalofríos, la necesidad de respirar hondo, pero sentía a alguien
sobre sí. Un peso muerto. Sus ojos estaban llorosos, su voz no salía para
llamar a su madre y comenzaba a desesperarse.
Finalmente, en un parpadeo comenzó a tener dominio de su cuerpo. Vio
alrededor entre lágrimas y aquella cosa enorme y oscura ya no estaba
allí, se había ido al igual que el peso sobre su cuerpo. Sollozó asustado y
se giró hacia al otro lado al sentir una respiración en su nuca. El diablo le
observaba sin ningún tipo de expresión, completamente neutro mientras
el niño sollozaba, aún medio adormilado y lleno de pánico que no quería
demostrar.

—Tuviste una parálisis de sueño. —Dijo Louis, llevando una de sus manos
cubiertas de muchos anillos de oro hacia la mejilla del niño, limpiando sus
lágrimas y apartando los ricitos rebeldes de su frente.
Harry hipó antes de acurrucarse tímida y disimuladamente contra el torso
del rey del inframundo, el cual no dudó en envolver en sus brazos el
diminuto cuerpo del humano. Ambos estuvieron unos segundos en
silencio antes de que el menor suspire de manera profunda y temblorosa.
—¿Alguien se salva de ir al infierno? —Preguntó apenitas audible,
temiendo a la respuesta que seguramente recibiría.
—No. Es por eso que la gente no hace a menudo pactos conmigo. —Dijo
con algo de gracia el ente, acariciando con su dedo medio la espalda del
niño. —Y tú...me sorprendiste.
—¿Lo hice?
—Me maravillaste. Nunca vi algo tan puro verse tan bien al hacer un ritual
de invocación.
Las mejillas de Harry comenzaron a arder ferozmente, su cuerpo quedó
inmóvil y su mente viajó al momento en el que decidió hundirse bajo el
agua...semi desnudo.
Recordó también cuando Louis le había confirmado ser él el cuerpo que lo
ahogó con su peso. Pero estaba oscuro, y el diablo no podía ver en la
oscuridad...
¿O sí?
¿Acaso el diablo le veía realmente cada segundo? ¿Veía cuando él pasaba
el jabón sobre su piel bajo la lluvia artificial de su baño? Supuso que sí
debido a que cada vez que Louis estaba cerca sentía malestar y
protección, una sensación extraña y un calor agradable. Que suerte que
no se podían ver a los ojos, porque si así fuera, luego de Harry saber que
probablemente el arcángel que lo envolvía en sus brazos había visto sus
partes íntimas, moriría de vergüenza antes que éste pudiese llevarse su
alma.
—¿Te has llevado el alma de alguien importante?
Louis asintió lentamente ante la inocente pregunta de su niño favorito. —
Me he llevado el alma de muchas personas importantes.
—¿Cuál fue la última?
—Marilyn Monroe. —La sangre de Harry se heló.
Si no fuese el diablo, ahora mismo lo hubiera echado de su casa, no sin
antes decirle lo feo que eso lo hizo sentir. ¡Marilyn Monroe! ¡Su modelo a
seguir a escondidas había vendido su alma a éste hermoso diablo! Ella
era dulce, y frágil. Justo como él.
Al diablo no le importó.
Eso le dolía un poco a Harry, porque ya hace días convivía con la presencia
de Louis y sabía que le gustaba. Sí, le gustaba el mismísimo diablo. Era
imposible no hacerlo porque no solamente era su preciosa apariencia, si
no la manera en la que lo hacía sentir. Amaba la protección que sentía,
amaba que secara cada una de sus lágrimas, amaba la manera en la que
sus fuertes y cálidos brazos lo envolvían.
Sin embargo, no era tonto.
Últimamente hacía mucho frío, no dormía nada bien, todo lo que veía al
cerrar los ojos eran pesadillas y su oído no dejaba de pitar, como si la
cuerda más aguda de un violín fuese tocada una y otra vez de la manera
más irritante. Además del obvio rechazo a todo lo que tuviese que ver con
Dios, sus cambios de humor y la rabia que crecía al hablar con su padre.
Sabía que algo estaba mal con él. Era como si su alma se fuese de su
cuerpo poco a poco. Intentaba no pensar día a día en el hecho de que, en
algún punto, iba a ser solo una desesperada alma atrapada en el pequeño
espacio rojo en uno de los ojos del diablo.
Y le dolía.
—Harry, voy a enseñarte algo: Cada vez que alguien pide por mí, sabe
que me llevaré su alma. Es como en el mundo: Cada vez que alguien pide
algo a alguien más siempre quieren algo a cambio, pero debes confiar en
si lo cumplirán o no, y no puedes pedirle a alguien lo que se te antoje.
Conmigo es diferente, es por eso que cuesta llamarme a mí, no es tan
fácil.
—Yo ni siquiera sé exactamente lo que te he pedido.
—Lo pediste, y sigues pidiendo, inconscientemente. Pero no voy a
decírtelo, simplemente voy a cumplirlo.
Harry no insistió ya que sentía que estaba exigiendo saber mucho.
Simplemente decidió hacer una última pregunta:

—¿Lou...Louis? —Corrigió rápidamente, ruborizado al haberle puesto


apodo al diablo. No debía de tratarlo con tanta confianza. —¿Hay alguna
manera en la que no me sienta tan mal? Siento...uhm. Siento como si
fuese a desmayarme en cualquier momento, pero nunca lo hago.
Louis negó lentamente. —Es parte de esto el sentirte de esa manera. Te
acostumbrarás.
—Es extraño. Siento feo en mí, pero me siento bien cuando estoy cerca
tuyo, como...protegido.
La enorme mano repleta de anillos del ente tomó la barbilla del niño,
alzándola. Éste último cerró los ojos debido a que no soportaría no verlo
a los ojos, y el pitido lo sobresaltaría. No quería apartarse y, además, el
diablo aprovechó para admirar las facciones del bello rostro del humano.
Era como un precioso y frágil muñeco de porcelana.
—Eso es porque estoy aquí. Recuerda mis palabras: Nómbrame y haré
algo al respecto. —Harry sintió el aliento de Louis sobre sus labios, su
respiración se cortó, pero volvió en cuanto sintió un beso sobre su frente
antes de que alejara la mano de su barbilla y volviera a envolverlo con
ambos brazos. —Niño, es hora de soñar.
Minutos después, Harry volvió a dormirse y revivió todas las
perturbadoras pesadillas su mente, incluso descansando en paz.

—Buenos días. —Anuncia el rizado en cuanto entra a la cocina.


—Buenos días, cariño. —Su madre responde de espaldas, cortando
rebanadas de budín de pan y poniéndolas en pequeños y bonitos platos
floreados. —¿Cómo has amanecido? —Se giró con uno de los platos en
mano. —Dios te bend... —Su voz se cortó y el plato cayó al suelo,
haciéndose pedazos en un segundo, todo provocado gracias a la
apariencia de su hijo.

Se veía diminuto y delgado como siempre, pero sus labios eran del color
de una servilleta, al igual que su rostro. El hematoma bajo el ojo gracias
a los golpes de su marido seguía allí, pero también tenía unas ojeras
moradas. No lucía nada sano, y un nudo se instaló en la garganta de Anne
cuando recordó el cambio de temperatura en el cuerpo de su hijo y que
el doctor había dicho que si algo más sucedía debían de volver y dejarlo
en observación.
—¡Mami! Iré por una escoba. —Dijo el adolescente, saliendo de la
habitación. Volvió a los segundos con la escoba y una pequeña pala. —
¿Qué sucedió? ¿Por qué soltaste el plato de esa forma? ¿Te lastimaste?
¡Traeré vendas!
Anne rápidamente detuvo a su hijo y ambos se vieron fijamente antes de
que la mujer negara con lentitud, sin poder creer lo descuidada que había
sido con su hijo. Rápidamente lo envolvió en brazos.
—¡Oh, cielo! ¿Te sientes bien? ¿Por qué luces así? Desayunemos y
vayamos al hospital, ¿Vale?
—No, no, no. Estoy bien. —Rápidamente cubrió con una mentira el hecho
de que su cuerpo esté en descomposición como si fuese un cadáver. —
Estoy bien, solo he dormido muy mal éstos días. —Eso último era verdad.
Su madre guardó silencio mientras él barría los vidrios con rapidez antes
de tirar los trozos a la basura. Pronto su padre bajó las escaleras y luego
su hermana. Todos se sentaron a desayunar, era muy temprano y debían
de ir a la iglesia, cosa que preocupaba a Harry.
Su padre -al igual que su madre- le preguntó sobre su apariencia, y el
adolescente respondió exactamente lo mismo. Se limitó a comer de su
desayuno, beber de su jugo exprimido y disfrutar de la compañía de su
familia como si fuese la última.
Todo iba extrañamente bien.
Parpadeó un par de veces en cuanto notó que parecía como si se estuviese
haciendo de noche. ¿Pero cómo? ¡Si apenas se levantaba! Observó hacia
la ventana más cercana de la cocina y notó el cielo levemente nublado,
sin sol, un poco oscuro. Apretó los labios y frunció un poco el ceño antes
de volver la vista al frente, parpadeando con rapidez.
¿Era posible que todo se volviera, literalmente, más oscuro desde la
llegada de Louis?

Oyó como su familia comentaba sobre las cosas que deberían de hacer
aquel día, y finalmente hablaban de unos compromisos que tenían en la
iglesia.
—Harry. —Llamó su padre, y el nombrado lo vio de inmediato. Lucía
preocupado. —Iremos a la iglesia, pero tú te quedas aquí a descansar,
¿Está bien? —Ambos asienten lentamente, de acuerdo. Su madre luce
más tranquila ante aquello.
Por encima de Dominique comienza a sonar el teléfono. Su padre se
disculpa antes de ponerse de pie y caminar hacia éste. Por las caras de
su madre y hermana Harry puede deducir el que es algo extraño, pero la
música y el pitido en su oído no le permiten husmear como las dos
mujeres que le hacían compañía.
Finalmente, su padre vuelve y se queda observando a su familia antes de
sentarse y ver a su esposa.
—Cariño, me ha llamado mi hermano. Vendrá él, Jacky y los niños. Dice
que quiere que nos disculpemos por haberles dado comida en mal estado.
—Suspira antes de apoyar su mano bajo su barbilla.
Anne rápidamente apoya una de sus manos sobre las de su marido, y
Harry intenta esconder sus ganas de reír gracias a una taza de té tapando
su boca al beber.
—Oh, amor. Tranquilo. Nosotros sabemos que no hemos hecho nada mal.
Pero si quieren una disculpa para seguir siendo una familia, lo haremos.
Recuerda que Dios lo ve todo. —Aconsejó su esposa. Des le agradeció con
una ligera sonrisa.
—Por favor, apenas terminan de desayunar vayan a vestirse para recibir
a su familia. Anne, prepara el agua para el té y la bandeja con el budín
de pan para el living. Gemma, ayuda a tu madre. Harry, tú descansa un
poco y ven unos minutos cuando lleguen tus primos.
Al finalizar de recibir las órdenes continuaron desayunando y, finalmente
fueron a sus respectivos cuartos para vestirse.
Harry lo hizo rápidamente, sonrojado y sin poder dejar de pensar que el
diablo rondaba por allí. Hacía frío fuera, pero ya que iba a quedarse dentro
de su casa simplemente se puso sus calcetines largos y blancos, shorts
de tiro alto con tiradores color negro, camisa blanca abotonada y zapatos
negros.

Se miró al espejo por unos segundos, acomodando sus ricitos hacia un


costado y suspirando. Se veía horrible.
—Perfecto, mi niño favorito. —Sonrió de lado al oír la voz de Louis y se
giró hacia la izquierda, viéndolo en un rincón del cuarto con una pequeña
sonrisa, la cual demostraba de todo excepto algo bueno.
Se acercó lentamente a Harry, éste último viendo por el espejo como el
diablo lo envolvía en sus brazos desde atrás y se veían a través del reflejo.
Su oído no molestaba tanto cuando se veían así, cosa que Harry
agradecía, pero, de todas maneras, debía de apartar la vista en un punto.
El sonido era insoportable.
—Mira cómo me veo... —Se lamentó el rizado en voz baja, cada vez
notando más el deterioro en su piel, ojos, cuerpo. Todo.
—Te ves emocionado por recibir a tus primos. —Lo giró en sus brazos,
quedando frente a frente. —Lo estamos, ¿Verdad? Veamos... ¿Qué les
haremos hoy?
Harry mordió su labio inferior, bajando la mirada. —Creo que no
deberíamos hacer nada... —Comentó, culpable. Ya bastante vergonzoso
había sido lo que Louis les había hecho.
El silencio reinó unos segundos en la habitación antes de que los brazos
del diablo se envolvieran más posesivamente alrededor de la cintura del
humano, el cual alzó el rostro, sorprendido y sonrojado. El ente acercó su
rostro al del más bajo, rozando sus labios con la suave mejilla del otro. El
toque ardía un poco, pero todo era cálido a su alrededor.
—Nómbrame...y haré algo al respecto.
¿Por qué no dejaba de repetirlo?
Una vez oyeron la puerta abrirse y diferentes voces en su casa ambos
alzaron el rostro antes de volver a verse. El diablo lo observó fijo, aunque
el pequeño no lo hacía y finalmente lo soltó, dando unos pasos hacia atrás
y deteniéndose. Se veía intimidante, neutro y paciente.
Harry simplemente se giró y salió, subiendo los escalones y caminando
por el pasillo hasta llegar al living, en donde estaban por sentarse sus tíos
y primos: Brad, Ben y Bob. Era algo chistoso que todos los nombres
comenzaran con “B”, pero Harry no lo admitía porque era una buena
persona y no quería burlarse de su familia.

—¡Harry! Hola, querido. —Su tía abrió sus brazos a su sobrino favorito y
éste último, encantado, se dejó llenar de mimos con una adorable
sonrisita. Jacky tomó el rostro del niño y lo observó con su ceño fruncido.
—¿Has estado comiendo bien? Mira tú hermosa carita... ¿Qué te ha
sucedido en el ojo?
—Me golpeé jugando. —Mintió, apartándose para saludar al resto de su
familia. Sin poder evitarlo, sonrió de más en cuanto tuvo que darles besos
en las mejillas a sus primos, los cuales lo fulminaban con la mirada
mientras el más pequeño se sentaba en el sofá.
El tío de Harry, Joffrey Styles, observaba a su hermano fijamente, sin
siquiera sonreír un poco. Todos ya estaban sentados y se habían quedado
completamente en silencio, simplemente mirándose entre sí.
—¿Quieren...quisieran budín de pan? —Ofreció Anne amablemente.
—Quiero mis disculpas.
—Joffrey... —Jacky intervino, aún con su ceño fruncido y observando con
desaprobación a su marido. Dirigió sus ojos marrones hacia Anne y le
sonrió con amabilidad. —Claro, de seguro está muy rico.
Anne estuvo a punto de comenzar a servir, algo incómoda, pero notó que
había olvidado los pequeños y bonitos platos floreados en la cocina. Harry
de inmediato se puso de pie al notar la ausencia de éstos.
—Yo voy. —Dijo, intentando liberarse de la incómoda situación familiar.
—De acuerdo, bebé. No olvides los cubiertos y las cucharas para el té.
¡Oh! Fíjate en el refrigerador si ha quedado pastel, tal vez nadie quiera
budín de pan. —Dijo su madre.
—Nosotros lo ayudaremos. —Dijo Brad poniéndose de pie, siendo seguido
por sus otros dos hermanos, los cuales sonreían de una manera
falsamente inofensiva.
Harry apretó sus labios, nervioso mientras caminaba hacia la cocina y
sentía los pasos detrás suyos. La puerta se cerró una vez estuvo dentro
y caminó hacia la encimera, haciendo puntitas de pie para intentar
alcanzar los platillos de la alacena. Dominique sonaba a gusto en el
pasillo, y no pudo evitar comenzar a tararear.
Una mano tomó su brazo con fuerza, girándolo y haciendo que vea con
sus dos ojos bien abiertos a Brad, el cual se inclinaba de manera
amenazadora hacia el rizado.

—Mira. No sé qué mierda fue lo que hiciste el otro día. —Comenzó. Harry
de inmediato alzó ambas cejas.
—¿Yo? ¿Q-Qué hice?
—No te hagas el idiota. ¿Cómo crees que sea posible que a los tres a la
vez nos haya sucedido? Eres un brujo. —Acusó, refiriéndose a cuando
tanto él como sus hermanos se habían ensuciado a la par, al mismo
segundo.
El ceño de Harry se frunció de golpe, molesto, pero sin dejar los nervios
de lado. No le gustaba que lo acusaran, incluso si, en parte, era verdad.
—No soy nada de eso. —Se quejó debido al agarre reafirmándose en su
pobre brazo el cual, seguramente, ya estaba dañado.
—¡No es una casualidad! Eres un brujo y voy a decírselo a tus p... —Un
ruido proveniente de un rincón de la habitación lo interrumpió.
Todos observaron hacia allí, notando que una de los miles de crucifijo que
colgaban en la pared se había caído al suelo. Se quedaron en silencio unos
segundos, y el agarre en el brazo de Harry comenzó a esfumarse cuando
todos los crucifijos de la habitación comenzaron a temblar. Los primos de
Harry retrocedían, asustados.
—¿Qué está pasando? —Bob preguntó.
Pero, de manera inesperada...
...Todas las cruces se giraron bruscamente, dando la clara señal de que
allí dentro no había nada bueno.
—¡AAAAAAAAAAAAH!
—¡MAMÁAAAAAAAAaAaAaaaaAaAAA!
—¡BRUJO, BRUJO! ¡BRUJOOOOO!
Los primos de Harry salieron de la habitación, cerrando la puerta tras sí.
Harry corrió al refrigerador en cuanto oyó las voces del resto de su familia
preguntar qué había sucedido. Tomó el pastel con un brazo y con el otro
busco rápidamente cubiertos en el segundo cajón de una de las
encimeras. Tomó la cantidad exacta y caminó rápidamente hacia la
puerta, viendo de reojo las cruces girarse con rapidez.
En cuanto abrió la puerta sus primos comenzaron a gritar nuevamente,
apuntándolo e intentando esconderse tras sus padres.
—¡ES EL ANTICRISTO! —Ben gritó.
—¡YA BASTA, LOS TRES! —Alzó la voz su tío Joffrey, observando a sus
hijos. Estaba avergonzado de sus propios retoños. —Su primo no es
ningún anticristo. Dejen de molestarlo y avergonzar a su madre y a mí.
Estoy harto de ustedes.
—¡Papá, lo juramos! —Bob intentó convencer para luego ver a Des. —
Hizo que todas las cruces se giraran. Lo juramos, en serio. Ven, vamos a
ver. —Tomó la mano de su tío y los tres arrastraron a los hermanos Styles
hacia la cocina.
—Por el amor de Dios. ¿Qué sucedió, Harry? —Gemma preguntó,
preocupada por la terrible actitud de sus primos.
Harry se sentó a un lado de su tía, la cual lo veía apenada. Observó a su
hermana con un semblante neutro. —Mientras me decían cosas feas una
cruz se cayó y se asustaron. —Mintió. —¡Oh, rayos! Olvidé los platitos. —
Un pucherito se hace presente en su labio inferior. Su tía ríe antes de
avisar que ella iría por ellos, por lo cual se levantó y se dirigió hacia la
cocina.
Minutos después todos vuelven. Su tío pide disculpas inmediatas por el
terrible comportamiento de sus hijos, y también por haber acusado a su
familia de dar comida en mal estado. Todo parece bien, excepto por las
miradas de sus primos en él. Su tía Jacky los ve y les dirige una mirada
asesina, provocando que no lo vean por un largo rato.
Harry come de su rebanada de pastel mientras nota de reojo a Louis en
un rincón. De inmediato lo ve y, a pesar del constante pitido en su oído
izquierdo, éste no aumenta cuando les ve fijamente a los ojos.
¿Acaso desde esa lejanía no podía aumentar? Harry desearía poder verlos
más de cerca, descubrir miles de cosas dentro de esos hermosos ojos
celestes con un cuarto de rojo. Ambos se ven fijamente, y el niño siente
miedo, pero también una desesperante necesidad de ser envuelto por los
brazos del rey de las tinieblas.
Y nunca creyó que se encontraría en aquella situación, deseando algo tan
loco como aquello.
Se limitó a ver los ojos de Louis por un largo rato. Éste le devolvía la
mirada y lentamente sonreía de lado. Fue entonces cuando Harry volvió
la vista al frente para ver a su familia que notó a su hermana fruncir el
ceño. De inmediato sus mejillas se volvieron rojas y bajó la mirada a su
rebanada de pastel, terminando y dejando el platito en la mesa ratona
frente a él para darle un gran sorbo a su té de manzanilla. Finalmente se
sentó derecho, de forma educada e intentó escuchar la conversación de
su familia, pero, nuevamente, hablaban de Dios.
Un chiflido sin melodía alguna se hace presente, Harry parece ser el único
que lo oye así que busca con la mirada a Louis, el cual se encuentra detrás
de sus primos, los cuales veían de manera paranoica a su alrededor,
asustados. Ben, sin embargo, ve fijamente a Harry, el cual intenta
disimular el estar notando algo detrás de sus familiares.
“Dime qué quieres que les suceda.” Oye en su cabeza. “...Vamos.
Será divertido.”
Lo primero que se cruza por la cabeza de Harry es la palabra “asustar”, y
el diablo sonríe ante aquello. No sonríe porque fuese malvado, porque
comparado a lo que ha hecho toda su existencia, aquello es una estupidez.
Más bien, sonríe por la verdadera inocencia que está unida al alma de su
niño favorito.
Sin dejar de ver a éste último, se inclina lentamente hacia la oreja derecha
de Ben, el cual es el más paranoico de los tres. Los ojos del ente se
vuelven oscuros, sus pupilas se dilatan y la sonrisa que le dirige al niño
es lo demasiado escalofriante para erizar su piel.
Sin esperar más, un “Boo” demasiado grave y algo distorsionado sale de
la boca del diablo. Ben prácticamente vuela del sofá, gritando y
comenzando a llorar. Harry se queda en su asiento, asustado por la
manera en la que los ojos de Louis se pusieron, y su voz...
El hermoso océano en sus ojos había desaparecido, ahora tan solo había
una oscura fosa llena de almas.
Fue cuando, finalmente, Jofrrey decidió que era hora de llevar a sus hijos
a casa, no sin antes observar sospechosamente a su sobrino, el cual corrió
la mirada de inmediato.
Culpa. Eso era.

Cuando sus tíos y primos se fueron, Harry ayudó a su madre a limpiar


todo el lugar, oyendo a sus padres comentar el extraño comportamiento
de sus sobrinos. Gemma se había terminado de preparar para ir a la
iglesia, y Harry comentó que deseaba dormir un poco antes de que sea
mediodía y tener que ir a la escuela. Su madre nuevamente le ofreció
quedarse en casa, pero éste se negó.
Finalmente, cuando estuvo solo simplemente bajó al sótano, a su
habitación. Cerró la puerta detrás suyo y se giró, viendo alrededor.
No quería volver a ver a Louis así nunca jamás, y aunque le daba miedo
llamarlo, necesitaba que sus brazos lo envuelvan...incluso si aquello era
pedir mucho al diablo.
—¿L-Louis?
—Niño. —Harry observó hacia un lado de su habitación al oír la voz
provenir de allí, y su corazón comenzó a latir normal en cuanto notó los
ojos del ente nuevamente normales. —¿No me digas que eso que huelo
en ti es...? —Se acercó mientras comenzó aquella pregunta, quedando de
frente. Lo tomó de la cintura e inclinó su rostro al cuello del niño,
inhalando profundamente. La piel de Harry se erizó. —Culpa. —Afirmó.
Harry bajó la mirada en cuanto el diablo lo observó fijo. Estaba
avergonzado de sí mismo, de su comportamiento.
—Ellos son...son solo tontos adolescentes. No saben lo que hacen. —
Defendió a su familia, incluso sin tener que hacerlo ya que sabía que le
hacían la vida casi imposible.
—Como dije: Eres puro. —Repitió el diablo, y una sonrisa ladina surgió en
sus labios. —Lo noté en tus ojos cuando no parabas de mirarme.
Las mejillas de Harry ardían como el mismísimo infierno, pero no pudo
evitar sonreír solo un poco mientras su corazón latía rápidamente. —
Yo...creo que quiero dormir un poco. —Ladeó su cabeza en cuanto Louis
se apartó un poco.
Este último le tendió su mano repleta de anillos al niño, y Harry la tomó
sin dudar, notando que encajaban perfectamente. El diablo lo guio hacia
la cama, lo sentó y se inclinó solamente para quitarle los zapatos y los
calcetines con lentitud. Se volvió a poner de pie mientras el humano se
acostaba en la cama, dejando un espacio para el ente el cual ni lo dudó y
se acostó también, rodeando el cuerpo del niño con uno de sus brazos.

Ambos estaban cerca, y a pesar de que Louis le observaba fijamente


mientras acariciaba los ricitos de la frente de su niño, éste veía fijamente
bien puestos en los gruesos dedos del diablo. En un parpadeo, unas
rápidas imágenes se hicieron presente: Bosque, árbol, mano con anillos,
ventana y nieve. Frunció su ceño con confusión antes de que sus ojos se
cerraran, agotado.
—¿Te he conocido antes? —Preguntó con las pocas fuerzas que tenía.
Oyó una ronca risa, y se durmió con éstas últimas palabras en su cabeza:
—He vigilado tu alma incluso antes de que estuviera en tu cuerpo, y
siempre ha sido mía.

Fionn y Harry salieron de la clase de coro con sus papeles en mano. El


primero nombrado rápidamente se acerca a un cesto de basura del pasillo,
hace pedazos la autorización negada y lo tira antes de patear al
mismísimo aire y volver al lado de su compañero, el cual veía al frente
con la mirada perdida en algún lugar.
—Es injusto. Iba a ser un increíble viaje. —Fionn se quejó. No podía creer
que no le habían dado permiso de ir a la excursión. ¡Había hecho todo lo
que le dijeron!
—Lo siento, Fionn. —Dijo, aún algo ausente.
Sentía todo ir bien, incluso más bien que antes. No sentía el malestar, y
cuando había ido al baño notó en su reflejo verse mucho mejor que antes.
Cuando despertó para ir a la escuela Louis no estaba, y en la siesta que
tuvo no solo había dormido excelentemente, también había soñado bonito
y todo.
Todo parecía ir exactamente como antes, excepto por el hecho de que
sentía un gran, gran, graaaan vacío en su interior. Y todo por la notable
ausencia de Louis. Ni siquiera lo veía de reojo, quería llorar.
—¡Y yo! Iba a haber fogata, iban a merodear por el bosque. Ibamos a
nadar. ¡A nadar en invierno! ¿Comprendes eso?
Harry despertó de su trance al oír aquello. ¿Nadar? Oh, no. No, no, no.
—Yo no sé nadar. —Confesó.
—¡Pues yo te hubiera enseñado si estuviera allí! —Fionn suspiró,
frustrado.
Una vez fuera, ambos se quedaron en la entrada esperando a que los
recogieran sus respectivos padres. Harry nuevamente notó que el sol no
estaba a la vista, pero, sin embargo, podía ver la luz de éste sobre la piel
de Fionn. Él, en cambio, no tenía nada más que sombra.
—Harry, no te ofendas, pero he querido preguntarte algo todo el día. —
Fionn dice, girándose para poder ver al niño de rizos, el cual siente que
ha hecho algo malo. Últimamente siente aquello todo el tiempo. —¿Por
qué te ves como la mierda?
Harry se sonroja ante el insulto y acomoda sus rizos hacia el costado. —
Oh, no he dormido bien éstos días, y eso suele arruinarme. —Miente.
—¿Qué hay del moretón en tu ojo?
—Me golpeé. —Otra mentira más.
Fionn alza ambas cejas antes de negar. —Harry, más de la mitad del
pueblo recibe dura disciplina de sus padres por mal comportamiento.
Créeme, tengo golpes todo el tiempo. —Su tono es desanimado.
Finalmente ve al frente y ríe con notable sarcasmo. —Realmente espero
que en los siguientes siglos nuestros castigos sean vistos como maltrato,
y también sean ilegales. ¿Te imaginas? Me volvería rico.
—Fionn, es 1967. No creo que estemos vivos para los siguientes siglos.
—No me rompas el corazón de esa manera, Harry. —Ambos chicos ríen.
Finalmente se despiden debido a que el padre de Fionn frenó con su coche
cerca de la acera. Una vez el auto aceleró Harry suspiró profundamente,
cerrando sus ojos.
Un malestar se instala de manera desprevenida en su pecho, el pitido de
su oreja aumenta un poco y una vez abre los ojos, suspira nuevamente -
ahora de alivio- al notar al diablo por el rabillo del ojo.
—Lou. —Dice, más tranquilo. Ya no tiene miedo de usar el apodo.
—Mi niño favorito. ¿Cómo estuviste sin mí?
—No te vi al despertar.
—Tuve que bajar por unos asuntos.
El ceño del niño se frunció, sin comprender. —¿Baj...? —No termina su
pregunta debido a que lo comprende casi de inmediato. Bajar, infierno.
¡Claro! —Oh. Bueno... ¿Todo en orden?
—Por supuesto.
Harry notó el auto de su padre llegar con su madre conduciendo. Esta
tenía una amplia sonrisa, el rizado simplemente la mira por unos
segundos antes de volver a suspirar.
—Te extrañé. —Dice, claramente dirigiéndose al diablo antes de comenzar
a caminar rápidamente hacia el auto de su madre.
Una vez se sube, siendo bombardeado de preguntas sobre cómo estuvo
su día y demás, se siente tranquilo de ir rumbo a su casa con Louis
vigilando.

Una vez Anne y Harry llegan a la casa, ésta comienza a comentar


alegremente el estar preparando lasaña para la cena. Camino a la sala le
dice a su hijo que preparará té y algo para comer en la merienda, pero la
charla se detiene en cuanto nota a Des, Gemma y Brad sentados sobre el
sofá más grande del cuarto. Su primo le sonríe, su hermana tiene los ojos
llorosos y su padre parece estar a punto de matarlo.
... ¿Qué estaba sucediendo?
Su madre y él se observan antes de volver la vista al frente, confundidos.
—Harry, siéntate. —Su padre dice con calma. Oh, no. Ese tono...
Harry de inmediato camina al sofá del frente de su familia, es uno
individual así que no duda en hacerlo. Se quitó la mochila y la puso a sus
pies para luego poner sus manos entrelazadas sobre su regazo,
observando con miedo a su padre, el cual no cambiaba la expresión.
Finalmente Des alzó su mano, sosteniendo en ésta dos colillas de
cigarrillos y uno a medio fumar. También había un encendedor. —¿Qué
es esto?
El niño parpadea, perplejo. Jamás ha visto a su padre sosteniendo un
cigarrillo, es extraño. Tragó saliva antes de responder: —¿C-Cigarrillos?
—Tartamudea, temiendo decir algo mal.
Su padre se para bruscamente del sofá y da unos pasos hacia su hijo,
inclinándose para intimidar lo y acercando los cigarrillos a la cara del niño.
—¿Me repites lo que acabas de decirme?
Harry observa a su alrededor, buscando a su madre con la mirada, viendo
a su hermana luego y finalmente a su primo, el cual cubre sus labios para
intentar no reír. Dulce, dulce venganza.
Sus ojos verdes se llenan de lágrimas antes de volver a ver fijamente a
su padre, el cual tiene su rostro rojo y le tiembla la mano.
—P-papá. ¿Qué sucede? —Tragó el sollozo que se avecinaba, intentando
ser valiente.
Un profundo gruñido sale de la boca de su padre antes de que lo tome
por la manga de la camiseta, levantándolo bruscamente del sofá
individual y arrastrándolo hasta la cocina, sin molestarse en cerrar la
puerta. Lo pone de frente a él y agita los cigarrillos en su cara.
—¿Quieres saber qué sucede? —Ríe con sequedad. —¡El irrespetuoso de
mi hijo fuma a escondidas como si fuese un traicionero! ¡Un pecador!
Anne entra a la cocina, comenzando a llorar. Sabía que esta vez no podría
controlar a su marido. Nunca podía.
—Des, por favor...
—¡Cierra la boca, Anne! Tú... —Apunta a Harry con un dedo índice,
respirando profundo antes de exhalar bruscamente, negando con la
cabeza. —No puedo creer que me sigas viendo a la cara.
—Eso no es mío. —Rápidamente responde Harry con su voz temblorosa,
apretando sus labios y entrecerrando sus ojos cuando su padre comienza
a agitarlo desde su camiseta.

—¡ESTABA EN TU CUARTO, TÚ ERES EL ÚNICO QUE SE LA PASA ALLÍ!


—¡Yo no he puesto eso allí! Lo juro. Yo jamás haría eso. —Las lágrimas
comienzan a caer por su rostro. Tiene miedo, quiere ir a su habitación y
refugiarse en los brazos de...
—¡ME HAS PUESTO EN VERGÜENZA FRENTE A NUESTRA FAMILIA!
FRENTE A LOS OJOS DE DIOS. ¿QUÉ CREES QUE DIRÁN EN LA IGLESIA
SOBRE ESTO? —Nuevamente agita los cigarrillos en la cara del niño. —
¿CREES QUE ACEPTARÁN A UN VAGO FUMADOR Y PECADOR?
—¡Yo no fumo! ¡Créeme a mí!
—No puedo creerle a un mocoso. Has dicho cosas horribles hacia mí el
otro día. —El agarre en el brazo de Harry aumenta. —¿Acaso necesitas
más disciplina?
—Des, por favor. Él no ha...
—¡CIERRA LA BOCA! —Un gemido doloroso sale de los labios de Anne en
cuanto Des suelta a su hijo y su palma impacta fuertemente contra la
mejilla de su esposa.
Harry retrocede rápidamente, comenzando a sollozar más fuerte,
asustado. Gemma aparece por el marco de la puerta, analizando la
situación y acercándose a su madre, abrazándola y viendo a su padre de
manera acusadora, llena de ira, sin saber exactamente qué hacer.
Des parpadea por unos segundos antes de volver su vista a su hijo. Sus
orificios nasales se agrandan antes de acercarse y tomar los rizos de
Harry, arrastrándolo fuera de la cocina. El niño puede oír los sollozos de
su madre y los gritos de su hermana, indicándole que se detuviera.
Sus pies tropiezan en las escaleras ante el dolor que siente en su cuero
cabelludo, se está ahogando en su propio llanto y su vista se oscurece un
poco. Parpadea rápidamente al notar luego de unos segundos que está
en el cuarto de sus padres, sentado en la punta de la cama de éstos. Des
cierra la puerta y se gira para ver a su hijo. Luce tranquilo, y si Harry no
lo conociera bien pareciera que iba a pedir perdón.
Su padre arroja las colillas de cigarrillo al suelo y lleva el único que está
por la mitad a su boca, prendiéndolo gracias al encendedor de su cuarto.
Harry intenta no continuar ahogándose con su llanto, ignorando el dolor
en su cuero cabelludo y observando con terror a su padre, viéndolo
encender el cigarrillo antes de apartarlo de su boca y exhalar el humo.
Ambos se quedan viendo por unos segundos, Harry intenta mantenerse
callado, pero sabe lo que va a suceder. Des da un paso adelante antes de
poner el cigarrillo en posición vertical y decir:
—Extiende tu brazo.
Los sollozos de Harry vuelven a hacerse presentes mientras niega
rápidamente, retrocediendo un poco en la cama, sin fuerzas. —N-no, no.
Yo no l-lo hice.
—Extiende tu brazo. —Repite su padre, sin dejar de avanzar hacia él.
—No, no.
Todo pasa muy rápido: Des toma el brazo de Harry con brusquedad, pero
éste último llega a proporcionarle una patada en el estómago, alejándolo.
Siente que está sin aire, no puede creer que aquello esté sucediendo.
—¡LOUIS! ¡LOUIS, LOUIS!
Tan solo el primer llamado fue necesario. Su padre estaba avanzando
hacia él, pero, de pronto, quedó inmóvil. Exhaló e intentó inhalar, pero
no se le hacía fácil. Llevó una mano a su pecho a la par que soltaba los
cigarrillos, y en segundos estaba desplomado en el suelo.
“Nómbrame y haré algo al respecto.”
Un ataque al corazón, esa fue la obra del diablo.
Oír el desconsolado llanto de una madre desesperada al haber perdido a
su hijo en la sala de espera del hospital no era nada reconfortante para
Harry Styles, el cual temblaba en los brazos de su hermana mayor, la cual
acariciaba con una mano sus adorables rizos e intentaba consolarlo,
diciéndole que nada de lo que había sucedido fue su culpa.
Definitivamente todo era su culpa.
Bien podría haber aguantado un par de quemaduras en su piel, porque no
eran nada a comparación de un ataque al corazón. No hubiese pasado de
un castigo, porque su padre jamás podría herirlo con gravedad...
¿O sí?
Ambos hermanos vieron a la puerta del frente en cuanto ésta se abrió y
su madre salió con una pequeña sonrisa. Harry no sabía si aquello era
bueno o malo. Anne se acercó a sus hijos, tomando el asiento de un lado
de Gemma y viéndolos.
—Niños, no lloren. Su papá está bien, se va a recuperar. —Besó la frente
de ambos de sus hijos. —Tienen que rezar y Dios va a arreglarlo todo.
Estará en observación esta noche, y se va a recuperar poco a poco. No
debe llevarse disgustos, y debe comer saludable. Lo cuidaremos,
tranquilos.
A pesar de la sonrisita de su madre y el profundo suspiro saliendo de los
labios de Gemma, Harry temblaba como una hoja, y tenía el color de ésta.
Estaba descompuesto, mareado, disgustado...
—Gemma, cielo. Lleva a Harry a la cafetería. —Dijo a la vez que le
entregaba dinero a la mayor de los hermanos. —Cómprale un chocolate
caliente y una dona. Cómprate algo tú también, es una noche muy fría.
Me quedaré aquí, asegúrate que tu hermano esté bien.
Gemma asintió y ayudó a su hermano a ponerse de pie y a caminar fuera
de la sala de espera. Recorrieron el hospital hasta finalmente llegar a la
cafetería. Ésta estaba casi vacía a excepción de unos ancianos en unos
asientos de la esquina, bebiendo tazas de café y charlando en voz baja.
Gemma dejó a su hermano en un asiento de una mesa de las esquinas y
acarició sus rizos.

—No me tardo, quédate aquí. —Le dijo antes de ir a pedir la comida.


Harry se encogió de hombros, sintiéndose más pequeño de lo que era
mientras continuaba temblando. Moría de frío, moría de miedo...
...Moría de ganas de continuar en los brazos de Louis. No se sentía a
salvo, estaba desprotegido, y tan nervioso que apenas lo veía de reojo.
Era su culpa. Su padre había tenido un ataque al corazón, ya no podrían
verse mutuamente a la cara. Su familia sospecharía de él, se preguntarían
quién es “Louis” y lo acusaría, para luego matarlo a golpes. Su alma iba
a ser arrebatada de la peor manera posible, e incluso sabiendo que
acabaría en el infierno, nunca dejó de sentir las ganas de ser envuelto por
los brazos del diablo.
Lo quería tanto, necesitaba aquello, y más. Necesitaba...
Las tazas siendo puestas bruscamente sobre la mesa lo sobresaltaron,
interrumpiendo sus pensamientos y acurrucándose más contra su asiento.
Su hermana se sentó frente a él y puso el plato con las cuatro enormes
donas de chocolate en el medio.
—Come, Harry. —Básicamente le ordenó.
No iba a negarlo, tenía hambre. Pero sentía que podría vomitar en
cualquier momento. La culpa no se iba de su sistema, si al menos pudiese
irse con el vómito...
Intentando dejar de pensar respiró profundamente antes de sentarse
derecho y tomar una dona, dando un mordisco y masticando lentamente.
Su hermana suspiró y bebió de su café con crema, relamiendo sus labios
luego.
—Harry. —Llamó, pero éste continuó con la mirada baja, masticando. —
Sé que crees que es tu culpa p-
—Lo es. —Interrumpió el pequeño. Apenas le salía la voz. Tragó la comida
de su boca y dejó la dona sobre la mesa, tomando delicadamente su taza
y soplando el contenido antes de darle un sorbo, sintiendo el chocolate
arder en su pecho.
—Por supuesto que no. —Rápidamente contradijo Gemma. —Papá es
violento. Tú lo sabes, mamá lo sabe, yo lo sé. Joder, él lo sabe. —Harry
alzó la mirada al oír el insulto. No sabía que su hermana decía palabrotas.
—Lo siento. El punto es que...no es un castigo. Él nos hace creer que es
un castigo y...Dios bendito, no lo es.
—Gemma. N-no... —Nuevamente respiró profundo, intentando calmar su
cuerpo. No podía. —...Por favor, no hablemos de ésto. Intento...intento
no temblar.
—¿Tienes frío? Es porque siempre estás desabrigado. No usas pantalones
largos. Es otoño, Harry. ¿Quieres que vaya a casa a por un abrigo? Puedo
ir con el auto.
No necesitaba un abrigo. Necesitaba sus brazos.
—No, no. Yo...necesito ir al baño, ¿Me disculpas? —En cuanto su hermana
asintió le dio un último sorbo a la taza y se puso de pie, saliendo de la
cafetería.
Caminó rápidamente en busca de un baño. Sabía que no era un horario
en que se encontraría a alguien allí, lo cual era bueno para él. Había
comenzado a llorar silenciosamente, de solo saber que sentiría los brazos
de Louis podía casi sentir la protección.
Una vez lo encontró se adentró sin dudarlo y cerró la puerta detrás de sí.
Miró alrededor y se acercó a los cubículos, notando que ninguno estaba
ocupado. De inmediato comenzó a sollozar con fuerza.
—¿Louis? —Se giró en cuanto sintió una sombra pasar de reojo. De
inmediato caminó hacia el diablo al verlo parado frente a él, y lo abrazó
por el torso, sin temer a su hermoso pero inexpresivo semblante.
Comenzó a sollozar a lo loco en cuanto sintió los brazos del diablo
envolverlo, al principio, con dificultad. —Louis. N-no puedo dejar de
temblar...
—Sh, sh. —Intenta calmarlo el arcángel, reafirmando el agarre con más
seguridad y llevando su nariz a los ricitos del niño, el cual estaba algo
despeinado, pero continuaba viéndose adorable. —Vas a dejar de
temblar, solo necesitabas estar en mis brazos. —Le dijo, aún sin
expresión. Era imposible descifrar lo que éste ser sentía...si es que sentía
algo, claro.
—Sigue vivo, mi padre. —Le dijo el niño, como si no se hubiese enterado.
Se apartó de su pecho para alzar el rostro y ver sus labios, ya que no
podía ver sus ojos o el molesto pitido comenzaría a taladrar su cerebro
más de lo que ya lo hacía. Sintió un cosquilleo en su estómago en cuanto
las manos del diablo tomaron sus mejillas y los dedos pulgares limpiaron
con calma sus lágrimas. El niño sollozó. —Va a matarme, Louis.
—No va a matarte. —Dijo de inmediato. —Es imbécil, pero no tanto. —
Sonrió de lado, como si no hubiese sucedido ninguna tragedia. —No va a
querer ni tocarte.
—Ben, Brad y Bobby... —Negó lentamente Harry. Sus primos, ellos habían
planeado todo. Deseaba darles una lección, una que realmente les
quedara clara.
Louis volvió a silenciarlo y lo apegó a su pecho, aun sonriendo de lado.
—No quiero que mi niño favorito malgaste sus recuerdos pensando en los
Castrati. Va a calmarse, respirar y relajarse. ¿Está bien? —Harry asintió,
obediente. Y eso al diablo le encantaba. —Ahora te quiero comiendo.
—P-pero... —Sorbió su nariz antes de formar un inconsciente puchero con
su grueso labio inferior, triste. —¿No vienes conmigo?
El diablo rio por la inocencia y pureza que cargaba el niño encima. Nadie
querría estar cerca de él, incluso temían nombrarlo, y ahora se encontraba
con un pequeño religioso y un poco curioso. Sin poder evitarlo, Louis
acercó su rostro al del niño y dejó un suave beso en la comisura de los
labios del más bajo, el cual se congeló en su lugar y adaptó un furioso
rubor en sus mejillas.
—Desearía, pero el deber me llama. Ve.
Harry asintió lentamente, limpió sus lágrimas y se soltó del cuerpo del
diablo, saliendo por la puerta. Definitivamente se sentía más relajado.
Pero no sentía nada correcto.

Los ojos del hombre en la camilla del hospital se abrieron lentamente.


Tragó saliva, sintiendo su garganta seca. Necesitaba agua, urgente.
Suspiró mientras se removía, incómodo. La aguja del suero en su brazo
le incomodaba y dolía, necesitaba ver a su familia y saber que todos se
encontraban bien, que estaban esperando por él fuera, en la sala de
espera.
Su mente comenzó a recordar entre la confusa neblina el cómo intentó
castigar a su hijo, y de pronto su pecho comenzó a doler demasiado. El
aire escapó de sus pulmones, su vista se volvió negra y el golpe en el
suelo lo dejó inconsciente.
—¿Quieres agua? —Soltó un gemido de susto al haber oído una voz
susurrar en su oreja izquierda. Llevó una mano a su pecho e intentó
calmar su corazón. No quería tener otro infarto, definitivamente.
Nuevamente giró su cabeza y notó entre la nubosidad de su vista algo
vestido de negro en la punta de su cama. Su garganta se secó aún más,
parpadeó más veces para saber si aquello que veía era real.
Finalmente reconoció a un hombre, era un poco más joven que él y tenía
unos ojos tan celestes como el mismísimo cielo en un bello día de verano.
Sonreía con calma y vestía una camiseta negra abotonada hasta el cuello
y unos pantalones del mismo color.
—¿Q-quién eres? —Pudo decir, aunque casi no tenía voz.
El hombre de inmediato se acercó al lado de Des y tomó de una bandeja
que estaba sobre una mesa de un lado de la camilla un pequeño vaso de
plástico, el cual estaba lleno de agua. Lo acercó a la boca del paciente y
permitió que se lo bebiera todo.
Incluso éste sin merecer ni una gota.
Al finalizar, dejó con calma el vaso nuevamente en la bandeja y volvió a
la punta de la cama, viéndolo.
—¿Quién eres? —Nuevamente Des preguntó, perdido. —¿Dónde está mi
familia?
—Des Styles, yo... —El hombre llevó su mano repleta de anillos de oro a
su pecho. —...soy Jesús.
Si Des no estuviese algo sedado, definitivamente hubiese tenido otro
ataque al corazón. Se quedó observando fijamente al hombre que estaba
frente a su camilla, el cual continuaba sonriendo con la misma calma de
antes. Definitivamente no esperaba que Jesucristo fuese de aquella
manera.
Pero... ¿Quién era él para juzgar a su Dios?
—¿C...cómo sé que no mientes?
—Des, tu creíste en mí cuando salvé a tu hermana de cáncer terminal. —
De inmediato el hombre comenzó a llorar, sin poder creerlo. Nadie pudo
haber sabido que comenzó a creer en Dios en aquel momento. La vida de
su hermana estaba en riesgo, y Dios fue su única oportunidad. —¿Me
crees ahora?
—Oh, Dios. Mi señor. Alabado sea s... —Se interrumpió en cuanto el
hombre de negro alzó una de sus manos y negó lentamente con la cabeza,
indicándole que se detuviera.
—Mi querido Des. Verás, yo no estoy aquí para charlar. Quiero decir... —
Alzó ambas cejas. —...soy Jesucristo, no tu terapeuta. —Des tragó con
fuerza, sintiendo dolor en su interior. ¿Este era el hijo de su señor? —
Estoy aquí porque intentaste hacer algo muy, muy malo con uno de mis
querubines.
—¿Q-quer-
—Tu hijo, para ser exacto. —Caminó alrededor de la cama hasta llegar a
un lado de Des nuevamente, viéndolo fijamente. —Casi quemas su piel
de porcelana. ¿Te das una idea de lo mucho que planeo acariciar esa piel?
Por mí. Lo espero con ansias.
—¿Qué? —Miró alrededor, pero le asustaba llamar a alguna enfermera. Le
asustaba intentar defenderse. Éste no podía ser Jesucristo, no.
—Es una pena. ¿Recuerdas lo que sentías cuando eras un pobre niño y te
escondías en el armario para que tu asqueroso padre no te encontrara?
Miedo, desesperación de...de ser como él, ¿Verdad? —A pesar de las
terribles cosas que decía, todo era calmado, tranquilo. Suave. —Decías
“Yo no voy a ser como mi padre” y, joder, eres más que tu padre. Eres
peor que tu padre.
—Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El señor esté contigo... —A
éste punto el hombre ya se había dado cuenta con quien trataba. Lo había
sentido, pero tuvo la esperanza de que no fuese nada malo.
Nada peor de lo que le sucedió.
El hombre de negro ríe antes de negar. —No seas imbécil. ¡Creí que nos
estábamos llevando bien! —Exclamó en un triste y sarcástico tono de voz.
—Es una pena. Creí que podrías obedecerme.
—¿Obedecerte? Solo obedezco a mi Dios. A mi único Dios, vuelve a las
tinieblas de donde viniste. Te lo ordeno en el nombre del señor...
El diablo alzó ambas cejas. —¿Dios te dice que seas un abusivo? Vaya, yo
creí que era bondadoso, pero veo que es peor que yo. —Bromeó, riendo
bajo, de manera ronca. Se puso serio de repente, y el color marino en sus
ojos cambió a uno bordó, oscuro. Sus pupilas se dilataron y se inclinó
sobre el rostro del creyente. —Vamos a ser claros, ¿Quieres?
—En el nombre de Jesús, yo te devuelvo a-
—En el nombre de tu puta madre muerta, cierra la boca. —Su voz cambió
a una grave, distorsionada, y Des comenzó a llorar ante aquello. El diablo
aclaró su garganta, fingiendo estar afligido. —Lo siento por eso. —Su voz
volvía a la normalidad. —Perdí el control, supongo.
Todo quedó en silencio por unos segundos, Louis sonrió de lado
nuevamente.
—Por favor, no me mates. —Rogó Des, hipando e intentando hacerse
hacia atrás lo más que podía, espantado con lo que estaba frente a sus
ojos.
—Vas a dejar a tu hijo en paz. —Dijo el diablo, nuevamente serio y con
sus ojos bien abiertos, fijos en los del padre de su hijo favorito. —No vas
a mirarlo, no vas a hablarle, mucho menos vas a tocarlo. —Des asentía,
obediente. —Si tu alma sigue en tu cuerpo es gracias a él, ahora agradece.
—Y-yo, yo...
—¡AGRADECE!
—Gracias, g-g-gracias. Gracias. —Sollozó, temblando y llevando una
mano a su pecho. —Gracias, gracias.
Los pitidos comenzaron a hacerse audibles en la habitación, indicando que
su pulso estaba muy acelerado. El diablo vio la máquina por unos
segundos antes de ver al hombre de la camilla.
—Soy alguien muy ocupado, pero sigo siendo real. Estaré vigilándote en
tu estadía en la tierra, Desmond Styles. —Nuevamente caminó a la punta
de la cama, sin quitarle los ojos de encima. —Y recuerda: La próxima tu
Dios no va a salvarte.
Dos enfermeros entraron a la habitación, llegando a un lado de la máquina
e intentando calmarlo. Otra enfermera llegó con una bandeja con comida
saludable, todos bloquearon la vista del paciente, y cuando éste pudo
tener la oportunidad de ver nuevamente la orilla de la camilla, ya no había
nada allí.

Gemma y Harry entraron por la puerta principal de la casa, exhaustos. Su


madre iba a quedarse en el hospital esperando, y tuvieron que dejarle el
auto, regresando en autobús y a pie a un horario no tan bonito. La casa
estaba silenciosa, las cosas estaban como las habían dejado. Había una
gran tormenta avecinándose y ambos solo querían dormir.
—Descansa, Harry. Llámame si quieres algo, dormiré en el sofá para oírte.
—Harry asintió, recibiendo un beso en su frente de parte de su hermana.
—Te amo.
—Yo a ti. —Finalmente se giró hacia la puerta del sótano, bajó los
escalones y volvió a abrir la siguiente puerta, entrando a su habitación.
Una vez allí suspiró con cansancio y se encaminó hacia el velador de su
mesa de noche, estuvo a punto de encender la luz, pero decidió dejar
todo a oscuras ya que pronto iba a acostarse. Quería dormir, dejar de
pensar por un segundo, dejar de llorar porque, a pesar de no estar
sollozando, las lágrimas caían por sus mejillas.
Sintió aire frío detrás, y luego calidez. Unos brazos se envolvieron
alrededor de su cintura y un cálido aliento rozaba su oreja izquierda. Las
lágrimas se detuvieron de inmediato, la protección que necesitaba volvió.
—Louis, creo que me estoy volviendo malo.
La nariz del diablo rozó sus rizos y olfateó leve y disimuladamente. —
Imposible. Sigo oliendo pureza en ti. —Dijo.
Harry no podía entender cómo siquiera podía haber una gota de pureza
en su cuerpo luego de haber invocado al ser más vil de la existencia.
—¿Incluso habiendo invocado al diablo? —Se atrevió a decir en voz alta,
cerrando sus ojos en cuanto sintió las manos del diablo acariciar su
delgado torso.
—Eso no fue un acto de maldad. Fue un acto de desesperación ante la
maldad de los demás. —Contestó Louis, girando al niño en sus brazos y
pegándole a su cuerpo, inclinando su rostro para rozar la nariz con la del
contrario, el cual se puso de puntitas de pie, amando esas leves caricias
y la cercanía. —Muchos no lo entenderían.
—Nadie lo entendería. —Confirmó Harry.
—Yo lo entiendo. —Contradijo Louis, continuando con los roces de narices.
—Tu alma es mía, puedo sentir todo lo que sientes de maneras mucho
peores.
El ceño de Harry se frunció de inmediato a la par que la preocupación
brotaba de su pecho.
—¿No te duele? —El diablo sonríe de lado, negando lentamente ante la
inocente pregunta de su niño favorito a la par en la que acariciaba la
espalda baja de éste.
—¿Recuerdas todas esas historias donde soy un ser egoísta, que me
gustan los malos sentimientos y soy muy, muy mentiroso? —Harry
asiente lentamente, esperando una respuesta negativa acerca de ello. —
No son mentira.
El rizado tragó saliva para intentar apaciguar el nudo en su garganta.
Claro que el diablo era vil y mentiroso, y probablemente todos los
supuestos sentimientos y muestras de cariño que lograba tener hacia
Harry eran falsos, porque era un ser mentiroso y probablemente no tenía
sentimientos. No debería de estar así de cerca, no debería de querer que
el arcángel lo bese y tampoco debería de sentir las maripositas en su
estómago. Esto estaba mal.
Debía ser listo.
—Entonces, ¿También es verdad que tienes cuernos y cola? —Preguntó,
intentando olvidar el asunto de ser mentiroso, aunque sus ojos llorosos
delataban que había pensado negativamente, pero los tenía cerrados.
El diablo frunció el ceño. —¿Quién dijo eso? Lo mato. —A pesar de estar
bromeando no pudo evitar sonar indignado, cosa que hizo reír bajo al niño
sonrojado. El diablo de inmediato corrió un poco su rostro y comenzó a
dejar suaves besos en la mejilla de Harry. —...Es extraño.
A éste punto Harry no podía ni moverse, su cuerpo estaba relajado contra
el cálido torso del diablo y se encontraba embobado por los suaves besos
en su mejilla. Finalmente logró decir:
—¿Qué cosa?
—No sabía que tenía dos lados.
Aquel comentario de parte de Louis provocó que abriera sus ojos con el
ceño levemente fruncido, esperando que no sea nada malo, incluso
sabiendo que el hombre que lo sostenía y besaba su mejilla era malo.
—... ¿Cómo?
—Sí. Una parte de mí adora verte perder la vida poco a poco. —Los
músculos de Harry se tensaron, y el miedo se hizo presente en su pecho.
Sin embargo, no quería salir de la protección que sentía al ser rodeado
por los brazos del diablo. —Pero otra parte de mí hace lo posible, incluso
ser gracioso, para que sigas sonriendo. Jamás me había sucedido.
A pesar de que sonaba realmente sincero, Harry intentó no convencerse.
El diablo era mentiroso, tenía que ser listo, más listo que él. Se apartó un
poco de la oscura figura con la mirada baja, se giró nuevamente para
tomar su pijama celeste con aviones y se dirigió hacia su cama ordenada,
sentándose en la punta. Se quitó los zapatos y estuvo a punto de
comenzar a desvestirse, pero los ojos celestes y un cuarto rojo de Louis
estaban clavados en él, en su cuerpo.
—¿Podrías...? —Sonrojado pidió, esperando que comprendiera lo que
debía de hacer.
El arcángel bufó, parecía casi un chiste oírlo bufar. Se giró y rodó los ojos,
sin poder creer que estaba haciendo aquella ridiculez de girarse para
complacer a un simple niño, a una simple alma como todas.
Aunque...tal vez no era tan simple.
—Ya. —Dice Harry, vestido con su pijama. Cuando Louis vuelve a girarse
el niño está en su cama, cobijado y dejando un espacio para él.
El diablo se acerca y no duda en acostarse a su lado, rodeando
nuevamente su cuerpo con sus brazos. Comienza a acariciar los rizos del
niño, esperando a que éste se duerma, pero sabe que no lo hará debido
a que él está allí, y probablemente debería de irse nuevamente para que
Harry pudiese descansar.
—¿Qué significa la palabra en la que llamas a mis primos? —Pregunta
inesperadamente el rizado. Siempre había sido curioso con aquella
palabra, y ahora que sentía que podía tener más confianza con el diablo
-lo cual sonaba loco- no iba a desaprovechar.
—¿Los Castrati? —Harry asintió y el diablo relamió sus labios antes de
comenzar a explicar: —Hace muchos años la iglesia compraba niños que
tuvieran buena voz y los llevaban a una especie de reformatorio. Les
cortaban el pene porque creían que eso conservaría sus voces agudas. —
Una mueca de dolor se hizo presente en su rostro. ¿Cómo pudo la gente
ser así de cruel con unos simples niños? Era injusto y aún más terrible
que sean creyentes. —¿Quieres saber la peor parte? ¿La que nadie sabe?
—Su voz suena como si estuviese a punto de contar algo entretenido,
hasta chistoso.
—... No lo sé.
—Se los comían. —El ceño de Harry se frunció, confundido.
—¿Qué? ¿A quién? —Preguntó.
—Sus penes, se los comían.
La bilis subió por la garganta del rizado, pero rápidamente pudo tragar.
Angustia se instaló en su pecho, por todos esos niños y porque no podía
dejar de pensar en por qué Louis llamaba así a sus primos. ¿Era porque
cantaban en el coro de la iglesia o porque planeaba hacerles algo? Intentó
continuar con las preguntas para no echarse a llorar.
—Oh...oh, bueno. Eso es...enfermizo. —Su voz tembló y Louis lo acurrucó
más contra sí. —Quiero preguntarte algo, pero temo ofenderte.
—Adelante. —Lo animó.
—¿Tú eras...un ángel? ¿Eras un ángel de Dios?
—...Mh. —Afirmó.
Oh, vaya.
—¿Este es tu cuerpo verdadero? Quiero decir... ¿Siempre has tenido esta
forma? —Le asustaba creer que el hermoso hombre que lo sostenía en
sus brazos era un cuerpo que el diablo había tomado. Realmente esperaba
que no.
—Puedo ser lo que quiera, pero éste es mi cuerpo verdadero. —Se alivió
de inmediato a la respuesta.
Pero ya era tarde. El miedo que había estado en su pecho cuando Louis
le confesó amar ver cómo moría poco a poco lo consumía, sumando la
angustia que sintió por los niños que fueron castrados y usados como coro
de ángeles, gobernados por demonios que se hacía pasar por creyentes.
Temía el mismo destino para su familia, incluso si éstos eran malos él no
era tan malo.
Y lo que más temía...
Se estaba enamorando de Louis. Irremediablemente. Y el diablo es
mentiroso.

Los sollozos escaparon de sus labios, las lágrimas no se detenían por nada
del mundo, cayendo por sus pálidas mejillas. Era un alivio llorar, pero el
malestar no se iba y sabía que era debido al diablo. Sin embargo, no lo
quería en otro lugar.
—Louis. —Sollozó con fuerza, acurrucándose en el pecho del diablo. —
Tengo miedo.
—¿A qué le tienes miedo? —La voz del diablo era neutra. Pareciera que
no le afectara en lo mínimo el niño llorando desconsoladamente.
Si tan solo pudiese recordar una muestra de afecto que demuestre que le
importaba...pero no había nada que recordar, porque jamás había tenido
sentimientos.
—...A ti, pero no de la manera en la que todos te temen. —Suspiró el
niño, finalizando con el llanto y cerrando sus ojos, concentrándose en
dormir.
Lo logró y el diablo se fue apenas éste lo hizo, solo para que no tuviese
pesadillas ni nada que pudiese dañar su mente.
Además, tenía cosas que hacer.
—Harry. Harry, hey. Despierta. —Sus párpados se alzan en cuanto su
hermana agita su hombro. La ve de mala manera al principio hasta que
finalmente nota que ésta se encuentra bastante pálida.
—¿Gemms? —Se sienta bruscamente, un poco mareado al hacerlo. Lleva
su pequeña mano en forma de puño a su ojo izquierdo, intentando quitar
el sueño. —¿Qué sucede?
—Tenemos que ir al hospital ahora, levántate. —Dijo, y salió rápidamente
del cuarto sin dar ninguna explicación.
De inmediato el pánico brotó por su cuerpo. ¿Le había sucedido algo a su
padre? ¡Era su culpa! Comenzó a llorar bajito mientras se destapaba y se
vestía. Se puso sus pantalones cortos, sus zapatos, su camisa blanca
abotonada y sus tiradores negros. Limpió las lágrimas en su rostro y miró
alrededor, notando que no veía nada de reojo.
—¿Louis? —Llamó.
Nada pasó.
Salió de su cuarto apresuradamente, cerrando la puerta detrás suya y
subiendo los escalones para abrir la siguiente puerta. Una vez en la
cocina, su hermana le entregó un vaso con jugo de naranja exprimido y
dos tostadas con mermelada de durazno encima. Era extraño no oír
Dominique sonar por la casa a todo volumen.
—¿Gemms? ¿Algo le ocurrió a papá? —No puede evitar sollozar.
De inmediato su hermana lo abraza. —No, no. Tranquilo, nada le pasó a
papá. —Dice, dejando un beso en la frente de su hermano antes de
dedicarle una débil sonrisita. —Te voy a explicar en el camino, ¿Vale?
Desayuna rápido, por favor.
Y eso hizo.
Media hora después ambos hermanos estaban en el auto, con sus
cinturones abrochados debido a lo rápido que conducía Gemma. Harry
intentaba no llorar, creer en las palabras de su hermana, pero sabía que
algo malo había sucedido.
—Mira, Harry. No sé cómo decir esto. —Su hermana niega lentamente
con la cabeza a la vez que dobla en una esquina. El corazón del niño
comienza a latir con demasiada rapidez mientras ve al frente. —Algo le
pasó a nuestro primo, Brad. —Rápidamente el rizado la observó, pálido
como una servilleta, comenzando a temblar. No, no. —No sé cómo decirlo
delicadamente, Dios mío. Uhm...algo les pasó a sus partes íntimas, y tuvo
que ser...amputado.
El mareo que el rizado tiene es terrible, pero es disimulado debido al
rápido movimiento del auto y a que tiene el cinturón de seguridad puesto,
el cual lo sostiene contra el respaldo del asiento. Siente náuseas, siente
ganas de morirse allí mismo.
Su culpa. Solamente su culpa.
Ni siquiera se da cuenta cuando llegan al hospital. Su hermana lo llama,
pero su voz se oye lejana, siente como se deshacen del cinturón de
seguridad y, luego de unos segundos, lo bajan del auto. El aire frío contra
su rostro lo despierta un poco, pero la culpa es tanta que siente que va a
tener un ataque al corazón. ¿El karma de su padre, acaso?
Rápidamente ambos hermanos se dirigen dentro del hospital, caminando
por los pasillos hacia la sala de espera. Todos los familiares están allí, y
cuando Harry llega junto a su hermana sus dos primos lo ven con terror.
Sus tíos están hablando con un médico que acababa de salir de un cuarto.
—Quédate aquí. —Gemma le dice a su hermano, dejándolo más alejado
del resto de la familia, dirigiéndose a su madre, la cual había comenzado
a llorar.
La luz del hospital se apaga y se prende por unos segundos, sin embargo,
nadie parece notarlo. El frío invade al rizado como si estuviese en el polo
norte y cuando ve a su lado, algo grande, alto y cubierto por una capa
oscura pasa como si nada. El aliento escapa del pecho del niño mientras
ve a ésta figura que anteriormente vio en la carretera adentrarse seguido
de un doctor al cuarto donde -Harry supuso- Brad estaba.
Su tío comienza a llorar mientras cubre su rostro ante la noticia del doctor,
y su tía Jacky se deja caer en el suelo en un grito desgarrador. Sus primos
comienzan a llorar en el asiento ruidosamente y su hermana y madre
intentan calmar a su tía Jacky, la cual no deja de gritar el nombre de su
hijo. Son el centro de atención, y por la cara que tiene el médico cuando
se gira y continúa su camino por el pasillo, Harry sabe que no es una
simple amputación.
Algo salió mal, y ahora Brad está muerto.
El diablo se hace presente a un lado del niño, Harry puede verlo de reojo.
Y sentirlo.
Aunque, al punto que llegó, ya no sabe si puede volver a sentir algo más
que culpa.
—¿Qué es eso? —Pregunta, refiriéndose a la figura que ahora sale del
cuarto de su primo y sigue por el pasillo hasta el final, doblando en una
esquina, en busca de otro cuarto al que entrar.
—La Muerte.
—¿A dónde se lo lleva? —Retrocede un poco. Su boca se mueve por sí
sola, haciendo preguntas. Todavía no sabe cómo sigue de pie.
La profunda inhalación del diablo es tan audible y fuerte que incluso se
mueven un poco los cuadros de la pared. En aquel momento Harry sabe
que Louis estaba absorbiendo las almas oscuras.
Como la de su primo.
—No importa a dónde, lo importante es que ya no será una molestia. —
Miente.
Porque el diablo es mentiroso. Engaña, finge, envenena, mata.
Y nunca se olvida de tu alma.
—Louis... —Logra decir en una exhalación, pero, sin más remedio, cae al
suelo. Nadie lo sostiene, nadie responde a su llamado de ayuda.
Y todo se vuelve negro.
Dos semanas.
Habían pasado dos semanas desde lo que había sucedido luego de que
Harry despertó de aquel desmayo al enterarse que, prácticamente, él fue
el que causó la muerte de su primo.
Para empezar, estuvo en observación por un día debido a su falta de
alimento y mal aspecto. Durmió gracias al tranquilizante en el suero y se
alimentó bien antes de volver a casa. Luego llegó la noticia del funeral de
Brad, y el rizado con tal solo oírlo cayó desmayado nuevamente.

¿Se había vuelto una especie de trauma? No lo sabía con exactitud, pero
supuso que sí debido a las imágenes que rondaban por su mente en el
momento en que alguien nombraba a su familiar fallecido, la manera en
la que murió. Recordaba la palabra Castrato y estallaba en ataques de
ansiedad, en puro pánico. Tan puro que creía que podría morir.
Finalmente fue cuando recordó que, segundos antes de caer desmayado
en el hospital, el diablo no lo había sostenido. No había sentido la
protección de sus brazos, no había sentido nada e internamente estaba
agradecido, porque en aquel momento fue la primera vez que le tuvo
miedo de la forma en la que todos lo hacen.
Miedo a que le hiciera algo, incluso sabiendo que se estaba llevando su
alma.
El padre de Harry había vuelto a la casa, luego de un par de días le
comentaron sobre la muerte de su sobrino y se encerró en su cuarto por
más de tres días. Siempre estaba en la casa, pero cuando Harry llegaba
a ésta se iba a otra parte, incluso si era otra habitación, simplemente se
iba. Ni siquiera lo miraba, rezaba constantemente -incluso más que antes-
y al niño le dolía debido a que esperaba una disculpa...una disculpa por
querer hacer que quemara su propia piel, por pegarle a su madre, etc.
Pero lo que más le dolía a Harry de toda esta situación no eran los
desmayos, el vivir constantemente con la ansiedad, el cargar con la culpa
de la muerte de una persona y de dañar a su propio padre, mucho menos
el saber que se iba a ir al infierno de manera segura y gratuita.
El verdadero dolor fue que luego de despertar aquel día en el
hospital...Louis se había ido.
Completamente. Ya no sentía el pitido en su oído izquierdo, no sentía el
constante malestar, ni tampoco su cuerpo continuó deteriorándose.
Incluso mejoró. Ya no parecía un cadáver.
Y a pesar que al principio tuvo miedo de volver a ver a Louis,
definitivamente no se comparaba con el dolor de tenerlo lejos, de no
sentirlo abrazarle por las noches. Era todo completamente terrible, y el
nudo de su garganta no disminuía ni siquiera llorando ruidosamente en
los brazos de su madre, la cual no comprendía la tristeza de su hijo al
creer que todo estaba bien. Decidió culparse, porque jamás permitiría que
su pequeño tuviera la culpa de nada.

Finalmente, luego de las dos semanas Harry volvió a la escuela. Sus


padres habían firmado la autorización del viaje de convivencia. "¡El viaje
en el que Dios guía tu camino!" Dijeron, pero Dios no guiaba nada que
tuviera el nombre "Harry Styles", y éste lo sabía.
Fionn Whitehead continuaba molesto por no haber ido, Harry temía ir
porque sabía que irían los de último año, y eso implicaba que Dylan
Moisset y Parker Jenkins estuvieran allí. "Los bravucones", por así decirlo.
Hacían la vida de los dos adolescentes imposible, todo por no llevar el
típico estereotipo y por ser inocentes. Fionn era un rebelde sin causa,
incluso siendo igual de pequeño que Harry, pero claramente en el instituto
no aparentaba aquello. En cambio, Harry era como siempre en todas
partes.
Dylan Moisset era el que siempre seguía a Parker. Éste último había tenido
una vida terrible, cayendo en un orfanato y siendo adoptado por una
familia rica al ser extremadamente hermoso. Se le subió la fama a la
cabeza, nadie sabía que era adoptado excepto los padres de Harry, los
cuales se llevaban bien con los padres de Parker. El rizado lo había
escuchado en el momento en que el señor y la señora Jenkins lo habían
confesado ante los Styles, pero jamás dijo nada.
Sabía que iba a tener un viaje terrible. Por todos los cielos, lo sabía. Pero
ya nada le importaba, ya no les encontraba mucho sentido a las cosas.
Quería a Louis, lo único que quería, lo único que deseaba y no podía tener.
Sintió todo el cariño que éste alguna vez le dio realmente falso, y eso
rompió su corazón.
El autobús parecía estar esperando a que los estudiantes finalizaran de
subir. El profesor de coro estaba a un lado de la puerta de éste,
observando su reloj. Probablemente esperaba a que fuese el minuto
exacto para subirse y partir. Harry pensó seriamente en escaparse, pasar
el día paseando en la ciudad, tal vez comprarse un helado y luego volver
a la escuela cuando fuese la hora, pero su madre lo mataría por aquello,
así que caminó rápidamente al autobús, entregando su permiso y
subiendo a éste.
Todos estaban sentados en sus respectivos lugares excepto los dos
imb...bravucones. Los dos bravucones. Se encontraban molestando a un
chico de adelante, el cual estaba junto a otro, ambos cubriendo sus
cabezas para no ser golpeados por éstos. Harry rogó pasar rápidamente
por el pasillo, y así lo hizo. Ni siquiera tenía idea cómo no lo notaron. Iba
a sentarse detrás de todo, del lado de la ventana y junto a Liam Payne,
el cual era de último año y leía la biblia con mucha atención. No entendía
cómo nadie eligió aquel asiento, lo mejor del viaje era disfrutar el paisaje.
Una vez el rizado se sentó, suspiró y se acomodó contra el respaldo del
asiento, su piel erizada debido al frío. El invierno se acercaba. Liam Payne
dejó de observar la biblia para ver a su acompañante.
—Hey, Harry. —Dijo.
A decir verdad, Liam era un buen tipo. Un buen y lindo tipo. No se metía
con nadie, y nadie se metía con él debido a su tamaño. Grande, musculoso
y con mala cara...pero solo para algunas personas. Harry lo había
conocido cuando tuvo que hacer una obra de teatro en donde Liam era
Moisés y Harry...bueno, ignoremos que fue una oveja y solo
enfoquémonos en presumir que estuvo en una obra. Su primera obra.
Desde allí se saludaban en los pasillos y pocas veces habían almorzado
juntos, pero nada más que eso. Ni siquiera una amistad como la de Fionn
y Harry.
—Liam. —Saludó de vuelta Harry, notando lo frío que había sonado.
Observó de reojo la biblia y frunció un poco el ceño al notar que ésta, por
dentro, no era nada parecido a la verdadera. —¿Qué lees? —Fingió no
saber.
—¿Qué te parece? —Río Liam nerviosamente a la par que volvía su vista
a la lectura.
Harry le observó por unos segundos con notoria gracia. —Definitivamente
no he visto antes la palabra "vampiro" en la biblia. —Comentó, llevando
su mirada al frente, fingiendo quitarle importancia a aquello.
Liam, completamente sobresaltado cerró "la biblia" y la dejó sobre su
regazo, apuntando con su enorme dedo índice al rizado, el cual había
vuelto a verle con una pequeña sonrisita, provocando que tan solo un
hoyuelo fuese visible en su mejilla.
—Si no dices nada te lo pagaré como sea. —Intentó negociar.
Harry decidió que continuaría con aquella negociación, pensando por unos
segundos antes de acomodarse en su asiento.
—No diré nada con una condición. —Ambos se quedan viendo y Harry, sin
quitar su mirada del chico del frente suyo, asintió en dirección a Dylan y
Parker, los cuales bromeaba entre sí sobre algo. —¿Ves esos chicos?

A la par en que Liam vio al frente para buscar a los dos tontos, el autobús
se puso en marcha y todos exclamaron con emoción antes de que
acelerara por la calle tranquilamente. El profesor interrumpió la charla de
Liam y Harry para avisar a todos que se mantuvieran en sus asientos.
—Los bravucones. —Responde Liam luego de unos minutos.
—Me molestan, y mucho. Tú eres grande, Liam. Eres musculoso. ¿Puedes
protegerme? —Honestamente está sonrojado, y no por haberlo llamado
musculoso, sino porque nunca había sido tan directo en algo.
El castaño frente a él lo observó por unos segundos de arriba abajo,
asintiendo lentamente, como confirmando sus dudas.
—Cambiaste. —Confirma. Las cejas de Harry se alzan, sorprendido, pero
no del todo. —Te ves todo confiado y negociador. Quiero decir, siempre
he entendido que eres muy inteligente y observador, pero te muestras
muy tímido y hoy estás...bastante atrevido.
Oh, rayos. ¡Alguien está siendo increíblemente directo!
La incomodidad de Harry se incrementó, provocando que se re acomode
en su asiento y vea al frente, inseguro mientras llevaba sus pequeñas
manos a su regazo.
—Yo no quería...bueno, l-lo siento. —Tragó saliva con fuerza para intentar
aliviar el nudo de su garganta, pero sentía que no funcionaba. Louis ya
no estaba, y se había comportado como un chico tonto y atrevido para
buscar la protección en alguien. Estaba muy apenado. —Lo siento, no
tengo derecho de...tú sabes. No diré lo del libro, tranquilo. —Llevó su
mirada a la ventana, viendo la carretera en la que se encontraban. —
Supongo que todos hacemos cosas malas alguna vez.
—¿Crees que leer esto es malo? —Sonrió de lado ante la pregunta de su
compañero de asiento.
—No, es por eso que no voy a delatarte. No haces nada malo. —Irás al
cielo y yo no, pero así es por algo, y probablemente porque lo
merezco. —Eres una buena persona, Liam.
Liam parece pensar en algo mientras vuelve a abrir la supuesta biblia,
retomando su lectura. Harry parece estar esperando ver algo anormal
entre los árboles de los costados de la carretera, algo que le diga que
Louis no se había ido, que le importaba el que estuviese bien en el planeta
tierra.
Jamás supo cuándo se llevaría su alma, ni tampoco lo que pidió que fue -
según el diablo- la cosa más pura. Quería saber, y la intriga lo carcomía
más rápido que la ansiedad.
Suspiró antes de apoyar su cabeza contra el vidrio y cerrar sus ojos,
ignorando el hermoso paisaje y al cuervo que volaba más arriba del
autobús, por lo alto.

El autobús finalmente se detuvo al adentrarse a un bosque por un camino


de tierra, estacionando no tan lejos de la carretera. No deseaban
perderse. Liam despertó a Harry, el cual roncaba un poco y tenía su dedo
pulgar resbalando de su boca. Cuando despertó vio alrededor y suspiró
profundamente, sonrojado al haber sido visto durmiendo como un
bebé...literalmente.
Se puso de pie mientras frotaba sus ojitos y caminó detrás de un par de
alumnos, siguiendo a Liam por el pequeño pasillo entre los asientos del
autobús. Los bravucones se pusieron detrás suyo, pero Harry estaba lo
suficientemente adormilado para darse cuenta. Fue finalmente cuando
llegó al primer escalón para bajar del autobús que fue empujado con
fuerza, provocando que su cara diera contra la tierra bruscamente. Un
gemido de dolor salió de sus labios ante el fuerte dolor de nariz, oyendo
risas de sus compañeros.
Unas manos lo levantaron por el brazo, y cuando se reincorporó,
completamente mareado, notó que Liam fue el único que lo ayudó. Le
agradeció en un asentimiento a la par que intentaba quitarle la tierra de
las pestañas sin que dañaran sus ojos. El profesor no había visto aquella
escena, y tampoco preguntó de qué se reían todos. Simplemente se
acercó y sacó un papel a la par en que se colocaba sus anteojos para
comenzar a leer.
—"Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo
aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios. (1 Juan 4:7)" —Una
vez finaliza de leer aquello observa a todos sus alumnos con una sonrisa,
como si todo fuese simple. —Los hemos traído aquí porque deseamos que
todos se amen, que todos sientan que puedan contar con el otro. La
comodidad, el respeto, principalmente el amor atrae al señor. Vamos a
sentir la felicidad ésta tarde. —Finalmente suspiró antes de ver a su
alrededor. —Bien. Vamos a buscar un lugar cerca en donde podamos
armar una pequeña fogata y acomodar unos troncos para sentarnos a
convivir. Síganme.
Todos comienzan a caminar. Harry sacude su ropa entre todos los
alumnos, oyendo a Dylan y Parker detrás. Liam va a su lado, pero no
tanto. Lleva su supuesta biblia bajo el brazo y tiene la vista bien al frente.
Las risas de los torpes de atrás no cesan, y comienzan a hablar más fuerte
de lo normal, aunque casi todos lo están haciendo.
—Sí, murió en el hospital. —Dylan comienza. Harry siente un cosquilleo
de vértigo en su pancita. —Se desangró. Supongo que...no tuvo las bolas
suficientes para seguir con vida. —Ambos adolescentes explotan en
carcajadas.
Claramente hablan sobre Brad.
El piso parece moverse, y Harry está tan mareado que desea simplemente
vomitar. Siente una de las manos de Liam sostenerlo del brazo en cuanto
comenzaba a inclinarse hacia un lado, a punto de caer. Lucía como si
hubiese subido a un carrusel sin frenos, y su corazón parecía estar yendo
al ritmo de éste: Rápido, descuidado.
Respiró profundo un par de veces sin recibir ninguna pregunta de Liam, y
pronto se calmó un poco.
Louis, te necesito.
—Lo siento por lo de tu primo. —Harry asiente lentamente y limpia sus
lágrimas en cuanto se da cuenta que éstas caen por sus mejillas. —Voy a
cuidar tu espalda.
De inmediato Harry alza su rostro hacia Liam, el cual lo ve de reojo
mientras observa como el profesor de coro ha encontrado un lugar
perfecto para detenerse.
—¡Aquí! Aquí es perfecto. Ayúdenme con esto, por favor.
—¿E-en serio? —Harry pregunta, y cuando el otro adolescente asiente de
inmediato comienza a sentir la culpa instalándose en su pecho. —Liam,
no te sientas obligado.
—No estoy siendo obligado, simplemente creo que no debes lidiar con
ésta porquería hoy.
Harry no duda en agradecerle, feliz de poder contar con alguien en el
miserable mundo que se encontraba.
—¡Liam Payne! —El maestro le llama, y éste de inmediato se acerca no
sin antes darle su biblia a Harry para que la sostuviera. Éste lo hace de
inmediato, aferrándola a su pecho. —Necesitamos sus músculos, señor
Payne.
—Con gusto.
—¿Por qué quieres venir a convivencia? —La voz de Parker se hace audible
a un lado de Harry. Finge caminar tranquilamente alrededor del pequeño
rizado, el cual se encoge sus hombros en su lugar. —Eres el bicho raro de
aquí.
Dylan finge pasar tranquilamente por el lado de Harry y con una sacudida
de su brazo tira el libro de las manos del niño de ojos verdes, el cual
suspira antes de inclinarse para levantarlo. La risa de Parker llega a sus
oídos antes de ser empujado al lodo. Ahora sí ha manchado su ropa por
completo. ¿Por qué tuvo que usar su camisa blanca aquel día? Dios santo.
Liam reaparece de inmediato en la escena, pero a pesar de llegar un poco
tarde pone de pie a Harry y se empeña en ver fijamente a Dylan Moisset,
el cual le sonríe amistosamente al castaño.
—¿Tienen algún problema? —Pregunta de mala gana a la par en que
comienza a acercarse a Dylan, el cual parece irradiar más nervios que
éstos mismos. —¿Estás aburrido?
—N-no.
El profesor ve en aquella dirección debido a que está indignado por la
suciedad en la ropa de su alumno más pequeño, Harry Styles. Liam al
notar aquello golpea amablemente el hombro del molesto adolescente
frente suyo y finge una sonrisa llena de bondad.
—¿Quieres que te desaburra partiendo tu cara, imbécil? —Liam sonríe aún
más luego de decir aquello, y Dylan niega rápidamente antes de alejarse
un poco más, pasando por al lado de Harry y asegurándose de siquiera
verlo. Liam se gira en cuanto oye a Parker reír entre dientes. —¿Te da
risa algo?
—No me das miedo, Payne. Sabes que si haces algo podrías salir
perjudicado.
—¿Me estás probando?
—¿Chicos? ¿Qué sucede aquí? —El profesor de coro intervino debido a un
estudiante explicándole sobre una problemática situación cerca de los
cuatro chicos.
Liam suspira para luego girarse y tomar el brazo de Harry, guiándolo con
él. Oyen las risas de Parker y Dylan, pero los ignoran por completo,
intentando tener un bonito día de convivencia, incluso si el pequeño de
cabello rizado sabía con exactitud que no era así.

—¡Cordero de Dios! —Aplausos. —¡Cordero de Dios! —Más aplausos


unísonos. —¡Que quitas el pecado del mun-do! ¡Ten piedad de nosotros,
ten piedad de nosotros!
Harry no iba a mentir. Iba a ser muy sincero pero cuidadoso: Las
canciones solamente lo deprimían aún más. Incluso sabiendo que no
vomitaría al nombrar al padre de los cielos, también sabía que no tenía
ningún derecho. Suspiró y bajó la mirada a sus manos, solo aplaudiendo
cuando todos lo hacían, oyendo a sus compañeros entonar terriblemente
con la canción, excepto a Liam, el cual cantaba brillante.
Suspiró. ¿Louis? ¿Puedes oírme? Siento si hice algo que te molestó,
prometo no hacerlo más, pero...por favor, vuelve.
Unas pequeñas ramas que provienen de su derecha pican en su rostro
desde ya hace rato, pero no cree soportarlo más. Liam no podía hacer
nada en aquella situación, y Harry lo comprendía. —¿Podrías, por favor,
dejar de arrojarme cosas?
Parker ríe junto a Dylan a la par en que todos dejan de cantar y el profesor
regaña a los tres adolescentes con la mirada: A Harry por interrumpir, y
a los otros dos por comenzar.
Harry ni siquiera le da tiempo a hablar. —Voy a...encontrar un baño. —
Dice antes de ponerse de pie, sacudiendo su ropa aunque ésta ya está
realmente sucia.
—De acuerdo. —El profesor aprueba, sonriendo en dirección a su alumno.
Harry Styles siempre le había caído bien y todo gracias a que jamás daba
problemas. —No te alejes mucho, por favor. —El rizado asiente ante
aquello, agradeciendo la muestra de preocupación mientras se encamina
fuera de la ronda, adentrándose al bosque poco a poco.
—Yo también necesito ir al baño, profesor.
—Y yo. —Harry suspira temblorosamente. Sabe que ambos chicos lo
hicieron a propósito, no duda ni un poquito.
—Vayan, y no se pierdan.
—Profesor, yo también. —Liam rápidamente dice poniéndose de pie.
Harry agradece aquello, pero lo hace muy pronto.
—Liam, mejor ve con un nuevo grupo cuando ellos vuelvan. —El profesor
dice, y Liam nuevamente se sienta, viendo con el ceño levemente fruncido
como Harry caminaba con más rapidez y los otros dos idiotas intentaban
alcanzarlo. De inmediato se giró e intentó cantar sin estar concentrado en
qué le sucedería a su compañero.
El niño de rizos apresuró mucho más su paso, casi trotando mientras oía
como Parker y Dylan hacían exactamente lo mismo entre risas. Es cuando
Harry detiene su paso al saber que no se librará de los adolescentes, que
éstos deciden empujarlo al suelo de inmediato. Parker lo sostiene de la
nuca, dejando su mejilla pegada contra la tierra del suelo.
—¿Quién mierda te crees que eres ahora? ¿El protegido de Payne? Idiota.
—El puchero se instalaba poco a poco en el labio inferior de Harry. Desde
la llegada de Louis se había acostumbrado a no lidiar con ese tipo de
mierdas, y ahora solo se culpaba, preguntándose qué hizo mal y sintiendo
que todo lo que podría ocurrirle se lo merecía.
—Haz que se trague la tierra. —Dylan dice completamente emocionado.
Parker toma en un puño los rizos de la parte trasera de la cabeza de Harry
y los levanta un poco, solamente para hundir el rostro de éste en la tierra.
El cuerpo del rizado se retuerce, intentando zafarse del agarre debido a
que siente que se está ahogando. Inesperadamente lo sueltan y se queda
en el suelo, tosiendo e inhalando profundamente con el rostro lleno de
tierra.
—Fenómeno. —Dice Parker antes de levantarse y comenzar a caminar con
Dylan nuevamente hacia el pequeño campamento con los demás
alumnos.
Y eso ha sido todo.
Un profundo y tembloroso suspiro sale de la pequeña nariz de Harry, el
cual se gira en el mismísimo suelo, sentándose y observando fijamente a
ambos muchachos, caminando.
—Basura adoptada. —Deja salir mientras traga el sabor amargo de su
boca. Es la primera vez que siente ira por su cuenta, y que insulta a
alguien queriendo hacerlo. Y que, maldita sea, se siente increíble.
Internamente agradece a su lengua afilada.
Ambos adolescentes detienen su caminata, Dylan incluso se aleja un poco
de Parker mientras ve a Harry con sorpresa y hasta cierto terror. Fue allí
y por la desquiciada mirada de Parker que el rizado fue poniéndose de pie
lentamente mientras las lágrimas caían por sus mejillas. No se arrepentía,
pero estaba asustado. Sabía que se había pasado y podrían matarlo a
golpes. Debía de ir rápidamente donde Liam, pero ambos chicos estaban
bloqueando aquel camino.
Una risa entrecortada y extremadamente falsa sale de la boca de Parker.
—Dios bendito, estás tan muerto justo ahora. —Dice.
Harry toma aquello como una señal para girarse y comenzar a correr,
sintiendo a ambos adolescentes hacer lo mismo. Dylan grita el nombre de
su amigo, porque molestar es muy diferente a alejarse de los demás y
partirle la cabeza al niño contra una roca. Sabe que su amigo va a
pasarse, y sabe que va a tener que conservar un peso en su conciencia
para toda su vida.
El niño no puede dejar de respirar rápidamente entre sollozos apenas
audibles mientras corre con la mayor fuerza que le queda, intentando no
tropezar con ninguna rama de por medio porque, oh Dios, estaría tan
malditamente muerto si eso ocurriera.
Sabe que se está alejando demasiado cuando ya no se oyen los cantos de
sus compañeros y por no reconocer aquella área del bosque. Es cuando
ve al frente que desea haber cerrado su boca y conservar su ira: Un lago
que separa el bosque de otro bosque está a unos metros, claramente no
puede arrojarse, así como así debido a que no sabe nadar. Concluyó todo
sabiendo que moriría, y prefería morir ahogado antes de hacerlo en
manos de Parker, con Dylan de cómplice.
Sollozó más fuerte. ¿Cómo podía Louis llevarse su alma, matándolo de
ésta manera? Creía que el diablo decidía la muerte de sus víctimas, y si
el arcángel sintiese algo por él...esto no estaría pasando.
¿Cómo había sido tan torpe de creer que Louis sentiría algo por él? ¿Cómo
había podido creer que, alguna vez, alguien sentiría amor por él?
—Louis. —Susurró con pánico antes de respirar profundo, sin dejar de
correr y saltando en cuanto llegó al borde del lago, hundiéndose
lentamente.
Cerró sus ojos con fuerza mientras sentía sus oídos taparse por el sonido
del agua, dejando su cuerpo inmóvil, pero sintiendo como cada vez
descendía más. Burbujas salieron de su nariz a la vez que relajaba su
cuerpo, disfrutando de la calma que el agua le brindaba y esperando a la
muerte con paciencia. Si iba a morirse, iba a morirse bien.
Más burbujas salieron de su nariz con brusquedad en cuanto unos brazos
envolvieron su cintura, apegándolo a un duro torso. Fue entonces que...
...el malestar se hizo presente.
Dio una profunda inhalación por la boca en cuanto su rostro estuvo fuera
del agua, tosiendo un poco. No había entrado agua a sus pulmones, pero
el haber corrido bastante y luego contener la respiración lo había hecho
ahogarse un poco. Su oído izquierdo pitaba como antes, su cuerpo estaba
helado y creyó que era debido al agua, pero en cuanto sus enormes ojos
verdes se abrieron y observó el diablo demasiado cerca, lo comprendió.
Éste estaba tan guapo como siempre, solo tenía el cabello mojado, hacia
atrás y sus ojos bordó con las pupilas terriblemente dilatadas. Su piel
estaba cálida y, demonios, Harry lo había echado de menos. Tanto, tanto
que apenas podía respirar.
De inmediato llevó los brazos alrededor del cuello del arcángel y lo abrazó,
temblando al saber que se venía lo malo.
—¡Parker, deten...! —Ambos chicos se detuvieron en cuanto pararon
frente al lago, observando al niño de rizos abrazar a un tipo extraño, el
cual daba miedo. Dylan de inmediato vio alrededor antes de volver a ver
al hombre en el agua. —¿Quién diablos eres tú?
Todo pasó muy rápido.
Un cuervo, el mismo que había vigilado a Harry en todo el viaje, se hizo
presente en la escena. Se posicionó frente a la cara de Dylan y comenzó
a atacarlo mientras éste gritaba, rogando por ayuda. Sangre caía por sus
mejillas hasta finalmente ser separado de sus propios ojos. El cuervo se
alejó mientras masticaba su comida y el adolescente cayó al suelo, poco
a poco desangrándose hasta morir...solo.
Parker observó a su amigo de toda la vida, su cuerpo inmóvil en el suelo
y gritó fuerte, horrorizado mientras llevaba sus manos a sus mejillas, sin
poder creerlo. El sonido del cuervo masticando los oscuros ojos de su
amigo fue todo para comenzar a correr por el bosque, sin mirar atrás,
escapando. Tal vez era la falta de aire, el pánico en su pecho o el haber
corrido por mucho tiempo, pero su cabeza comenzaba a doler
terriblemente. Un dolor anormal.
Fue finalmente que llegó a donde todos estaban reunidos. El profesor de
coro silenció a sus alumnos al notar el rostro de Parker tan blanco como
una servilleta, poniéndose de pie para acercarse a su alumno, pero
decidiendo esperar a que éste reaccione.
—¿Parker? ¿Qué sucede? —Pregunta. Todos observan extrañados al
adolescente, el cual lentamente se sienta sobre un tronco entre dos
alumnos más.
Todo queda en silencio por unos segundos mientras la respiración de
Parker comienza a cesar, volviéndose más costosa. Su rostro se vuelve
rojo, bordó, lentamente violeta y las venas resaltan en éste. Es cuando el
profesor avanza que, literalmente, la cabeza de su alumno estalla en
pedazos. La sangre salpica a todas las personas que se encontraban allí,
algunos gritan, algunos corren lejos y otros no pueden moverse. El cuerpo
del adolescente cae, no hay rastro de su cabeza, rastro de nada.
El caos se desata.

Louis alzó a Harry, finalmente pudiendo dejarlo fuera del agua. Éste
respiraba profunda y rápidamente, boca arriba y observando el cielo azul.
Era un bonito día para tanta tragedia, para tantos problemas. Lentamente
comienza a sentarse, mareado y observando de reojo cómo el diablo salia
del agua, quedando de pie y tirando su oscuro cabello hacia atrás. Su
camisa y pantalones negros estaban empapados, al igual que la sucia ropa
del pequeño. Es cuando el arcángel está a punto de inclinarse para
levantarlo que el niño se hace hacia atrás, sollozando secamente. Siente
que ya no puede llorar, incluso intentándolo.
—L-Louis... -Sollozó mientras su pecho recibía dolorosas puntadas. —
¿Dónde estabas? T-te necesitaba. —Comienza a llorar más fuerte
mientras las lágrimas salen de su rostro. Parece estar entrando en pánico,
pero finalmente se gira para ver al cadáver del bravucón. Un bravucón,
como cualquier otro torpe adolescente que aún no madura, y había
recibido el castigo de una de las peores muertes tan solo por no saber con
quién se metían. —Muerto.
El diablo lo observa con sus ojos más grandes de lo normal, sin saber
cómo reaccionar ante las palabras de su niño.
—Se lo merecía. —Susurra.
Harry parece estar comenzando a enloquecer. —D-Dios. —Un gruñido
bajo escapa de los labios de Louis ante la mención de éste mientras el
niño pasa sus temblorosas y frías manos por sus ricitos mojados, casi
arrancándolos e hiperventilando aún más. —E-Esto no está pasando, no.
N-no puede estarlo. —Niega rápidamente mientras todo se mueve a su
alrededor.
Rápidamente es tomado por debajo de los brazos y envuelto por la cintura
en cuanto el diablo nota que no tiene estabilidad en sus piernas. —
Escúchame. —Le dice, notando cómo Harry hace lo posible para no entrar
en pánico —Juro que voy a explicarte por qué me fui. La verdad.
—¿C-cómo sé que no estás mintiendo? —Otro sollozo se escapa de sus
labios mientras intenta recuperar el ritmo normal de su respiración,
fallando reiteradas veces en el intento.
Louis simplemente lo ve fijamente, incluso si el niño no lo hace,
manteniendo sus ojos cerrados.
—...Yo jamás le mentiría a mi niño favorito. —Le dijo antes de acariciar
su nariz contra la del más bajo, respirando profundamente y grabando
nuevamente el aroma de éste en su memoria, en sus sentidos.

Es cuando Louis comienza a hablar que Harry cree estar soñando. Habla
en una lengua incomprensible para los simples humanos como él, pero es
tan suave e intrigante que los nervios de Harry comienzan a descender
mientras se acurruca más contra el caluroso cuerpo del diablo. Éste último
acaricia -Harry se atreve a pensar que es con mucho cariño- la espalda
del niño suave y lentamente. Poco a poco los nervios disminuyen, solo
siente frío y pesadez. El shock se va, solo tiene miedo.
—No enloquezcas. —Harry traga saliva con fuerza mientras el diablo se
separa y toma las mejillas del más bajo para observarlo, a pesar de que
éste se encuentra viendo la boca del arcángel, la cual se ladea en una -
algo macabra- sonrisa. —Hice que la cabeza del otro ser inferior volara
en mil pedazos. Todos con los que viniste ya saben que algo ha sucedido.
Tienes que volver y decir que tú no sabes de nada, ya que decidiste ir
más lejos que ellos y caíste en el lago.
El shock nuevamente invade a Harry, pero no siente que vaya a
enloquecer nuevamente. —Y-yo... —Niega lentamente antes de sollozar,
sintiendo las lágrimas caer por sus mejillas. Esto era una pesadilla, y un
sueño hecho realidad a la vez. —...No puedo.
La respiración de Louis cambia drásticamente. Harry casi puede asegurar
que el diablo está desesperado porque su niño favorito no reciba culpa en
el asunto, pero no quería creerlo del todo. —Hazlo, o mato a cada uno de
los humanos que hay aquí. —Dice en un tono suave pero frío.
Inesperadamente se aleja del rizado. —Ve.
—¿M-moverás el cuerpo? —Louis asiente y Harry hace lo mismo antes de
girarse y comenzar a caminar rápidamente hacia el camino de vuelta a la
convivencia.
Finalmente llega e intenta usar su shock para fingir sorpresa y
preocupación. Los alumnos están subiendo al autobús en fila, hay dos
ambulancias y los troncos en donde anteriormente todos estaban
sentados están cubiertos de sangre. Hay una cinta amarilla alrededor de
éstos y algo que luce como un cuerpo metido en una bolsa negra. Harry
está a punto de comenzar a caminar hacia la fila del autobús, subirse y
ya, pero cree que aquello sería realmente sospechoso así que se encamina
hacia su profesor de canto, el cual tiene ambas manos en su cintura y
está más pálido de lo normal, negando lentamente a la nada.
—¿Señor McCoulay? ¿Qué ha pasado? —Dijo, fingiendo claro
desconocimiento en la situación.
El profesor alza lentamente su mirada, viendo fijamente al niño antes de
rebajarlo con la mirada, consciente de lo mojado y sucio que éste estaba.
—¿Dónde has estado?
El rizado intenta no balbucear. —Fui a hacer pipí al lago, pero me caí. —
Frunce levemente su ceño y ve alrededor antes de volver a ver al adulto.
—¿Qué ha sucedido? ¿Alguien salió herido?
Un suspiro sale de los labios del hombre luego de observar al niño por
unos segundos. Ante sus ojos -y los de cualquiera- es muy claro el que
su alumno jamás le haría daño ni siquiera a un mosquito. Harry ya no se
siente tan puro como Louis jura que es.
La mano de McCoulay viaja a la espalda del rizado, empujándolo
suavemente en dirección al autobús mientras niega lentamente con la
cabeza. —No te preocupes. Ve a casa, niño.
Una vez Harry sube al autobús, nota el como sus compañeros y los del
último curso no pueden reaccionar. Algunos hablan bajo, otros lloran y
los demás simplemente...lucen perdidos en su cabeza. Casi todos están
cubiertos de manchas rojas, el conductor del autobús termina de fumar
un cigarrillo mientras mueve su pierna frenéticamente, esperando al
profesor para partir. Harry camina al fondo sin mirar a nadie y vuelve a
ubicarse en el mismo lugar de ida, a un lado de Liam, el cual parece más
cuerdo que todos.
—¿Harry? ¿Dónde estabas? ¿Qué te ha sucedido? —Luce preocupado
mientras el niño cierra sus ojitos, respirando de manera lenta y
temblorosa.
—Caí al lago. Larga historia. —Se enderezó una vez abrió sus ojos, viendo
a Liam e intentando lucir extrañado ante las manchas de sangre en su
camiseta. —¿Qué ha pasado, Liam?
Éste suspira antes de dirigir su mirada al frente. —Es mejor que no lo
sepas. Podría herir tu sensibilidad.
Es porque aún no sabes todo lo que hice, Liam. Todo lo que
provoqué.
Harry asiente lentamente antes de girarse en dirección a su ventana.
Minutos después el autobús acelera, dejando atrás el lugar de aquella
terrible convivencia y cada lágrima que derramaba el rizado entre los
silenciosos sollozos que dejaba escapar, simulando dormir plácidamente
cuando en realidad era el más afectado de todos aquellos.

No fue sorpresa que su madre chillara y lo abrazara contra su pecho en


cuanto lo fue a retirar de la escuela. Ya todos los padres estaban
informados de lo ocurrido y ninguno parecía tener una reacción leve o
menor a la de la madre de Harry. Ésta le besó el rostro como si no lo
tuviese lleno de tierra húmeda debido al agua.
—¡Harry! —Tomó el rostro de su hijo, examinando y haciendo una mueca
de dolor al ver su mejilla raspada y un orificio nasal con un poco de
sangre. —¿Qué ha sucedido? ¿Estás bien, bebé? ¡Tienes sangre!
Harry rápidamente se acurruca en los brazos de su madre, suspirando
profundamente e intentando que la taquicardia cesara rápidamente. —
Estoy bien, mami. Solo me he caído.
—¡Estás empapado!
—Caí en un lago, intentaba hacer pipí. —Se sonrojó. En parte, era cierto.
Iba específicamente a hacer pipí, pero no en el lago. Ew.
—Oh, cielo. —Lo abrazó más fuerte antes de alejarse un poco, viéndolo
con cariño. —Firmo un papel para retirarte y nos vamos a casa. Te
prepararé la mejor merienda del universo y podrás ver lo que quieras,
¿Mh? Espérame aquí. —Obligó al niño a sentarse en uno de los asientos
pegados a la pared de la pequeña sala de espera en la oficina y se adentró
a ésta última.
Luego de un par de minutos se encaminaron fuera del instituto, recibiendo
miradas de desaprobación de parte de las monjas que pasaban y
observaban la vestimenta de Harry. Ya fuera, caminaron hasta el auto y
se subieron en él. El niño esta vez iba en el asiento copiloto.
—¿Cómo saliste? No sabes nadar.
—Hice lo que pude. —Al oír el suspiro de su madre Harry se sintió aún
peor y llevó su pequeña, pálida y delicada mano al brazo de su madre. —
Estoy bien, mami. No te preocupes por mí. —Dice para luego sonreírle de
lado, simulando no tener idea de lo ocurrido. Su madre hace lo mismo
mientras su hijo se abrocha el cinturón de seguridad y busca relajarse en
el asiento.
Sabe que debido a mentir estaría llorando, no lo soportaría porque jamás
ha soportado mentir, pero la leve caricia en su brazo que proviene del
asiento de atrás lo calma completamente, haciéndolo sentir que no está
solo.

Apenas llegó a su casa fue recibido por un abrazo de su hermana,


expresando lo preocupada que había estado. Su padre tomó su taza de
café y subió los escalones, yendo a su habitación. A Harry le dolió.
Su madre le preparó una merienda: Siempre era té y tostadas, pero ésta
vez fue leche con chocolate y galletas horneadas específicamente para él.
Comió solo porque quería ver la sonrisa en el rostro de su madre, pero no
se merecía ni una pequeña migaja. Nada.
Finalmente decidió que era hora de ir a ducharse así que se encaminó a
la puerta del sótano, cerrando esta y bajando los escalones para abrir la
puerta de su habitación. Tomó su pijama celeste de aviones, unos
calcetines cortos color blancos y ropa interior, dirigiéndose al baño.
El agua caliente fue reconfortante, cayendo por sus hombros y cabeza.
No dejó de llorar fuerte en todo el baño, borrando sus lágrimas con la
lluvia artificial. La única prueba de que había llorado cuando terminó eran
sus ojos levemente hinchados, rosados por fuera al igual que su nariz. Se
secó y se vistió, limpiando antes de encaminarse a su habitación.
Una vez en ésta ni siquiera se sobresaltó ante la oscura figura de Louis,
de pie en la punta de su cama. Se dirigió con calma hacia ésta y se sentó,
cubriéndose las piernas con las mantas y bajando la mirada, dejando sus
manos sobre su regazo. Sabía que iban a hablar.
—No puedo estar siempre contigo.
Pero no sabía que iba a doler.
—...Entiendo. —Simplemente susurró, asintiendo lentamente y realmente
intentando comprender que era el diablo. ¡El diablo! Muchas más
ocupaciones que abrazarlo.
Estuvo a punto de recostarse para dormir, queriendo dar finalizada la
conversación.
—Si lo estoy vas a volverte un cadáver. —El ceño de Harry se frunció,
queriendo verlo a los ojos para comprender, sin poder hacerlo debido al
molesto pitido en su oído izquierdo. —Cuando estoy mucho tiempo
contigo tu cuerpo se deteriora: Adelgazas, no duermes, vomitas, no
comes...te sientes triste.
El niño parpadeó lentamente, intentando comprender. ¿Era eso? ¡¿Solo
eso?! ¿Significaba que Louis...lo estaba protegiendo?
—...Oh. —Simplemente dijo, mordiendo su labio inferior por unos
pequeños segunditos. —Pero a veces...bueno, en las noches duermo y
siempre me abrazas.
—Cuando te duermes me voy. —Confesó el diablo, caminando lentamente
hacia donde Harry estaba. —Las veces que me quedé a tu lado tuviste
insomnio, pesadillas y parálisis de sueño. —Se sentó en un costado de la
cama y llevó sus manos repletas de anillos a las mejillas de su niño
favorito. —Y tuviste miedo. Miedo de mí.
—N-no...
—Siento lo que tú sientes. —Interrumpió. Harry internamente se
preguntaba si Louis era capaz de sentir que estaba enamorado, porque
sería muy vergonzoso. Se sonrojó ante aquel pensamiento. —Pude sentir
tu miedo en el hospital, y era dirigido a mí. —Harry no dijo nada, era
cierto.
Había estado aterrado de tener cerca a Louis en el momento en que
despertó en el hospital. Fue como salir de todo sueño en donde el diablo
parecía cuidadoso, mimoso y hermoso. Fue ver la realidad: No tiene
corazón. No lo tiene.
Louis permaneció viendo a Harry unos segundos antes de,
inesperadamente, acercarse más hasta que los labios de ambos se
rozaban. El rizado parecía haberse quedado sin aire y estar
transformándose en un tomate.
—Pregúntame. —Dice. Las pequeñas manos de Harry tiemblan y siente
como la felicidad vuelve a su cuerpo poco a poco ante las muestras de
afecto del arcángel, aunque siente que va a morir de los nervios.
—¿Mh? —Es lo único que logra decir, incluso su voz tiembla en aquel
murmullo.
—Qué es lo que pediste, pregúntame.
Los ojos del niño se cierran ante las dulces e íntimas caricias de la nariz
de Louis en su nariz. Ama tanto aquel cosquilleo en su estómago cuando
aquello sucede que decide alzar más el rostro, sin negarse a los mimitos.
—¿Q-qué es lo que pedí?
Louis inhala fuertemente, provocando que algunos cuadros en la
habitación de Harry se muevan levemente. Está a punto de hablar, pero
un gruñido bajo escapa de su boca antes de alejarse de Harry. Éste último
observa al diablo con confusión, el cual se pone de pie y retrocede hasta
estar en un rincón del cuarto.
—Alguien viene. —Advierte.
Harry borra su mueca de confusión y amor, acostándose lentamente en
la cama y viendo a su madre entrar luego de unos leves golpecitos. Ésta
le sonríe a su hijo, siendo correspondida.
—Bebé. —Dice y camina hacia la cama, sentándose donde anteriormente
Louis estaba. Éste continúa en el rincón de la habitación, observando la
escena y solamente visible para el niño. —¿Cómo te encuentras?
—Estoy bien. —Simplemente responde, riendo bajito ante los besitos de
su madre en la palma de su mano.
Ésta asiente lentamente antes de darle un leve apretón a su mano. —Hey,
amorcito. —Susurró. Harry borró un poco su sonrisa al oír el tono en la
voz de su madre. —Necesito preguntarte algo.
—¿Sí?
—En el campamento... ¿Notaste algo extraño en dos de tus compañeros?
Uhm... ¿Dylan Moisset y Parker Jenkins? —Harry se queda inmóvil por
unos segundos, viendo de reojo la figura de Louis en la oscuridad del
rincón de su cuarto. Niega lentamente, luciendo para nada convincente.
—¿Seguro?
—Pues...se veían nerviosos. —Nuevamente ve a Louis de reojo, el cual
asiente lentamente en aprobación. Volvió la mirada a su madre y se
encogió de hombros. —Pero no presté mucha atención, solo quería hacer
pipí.
Su madre se echó a reír ante las palabras de su hijo, pellizcando sus
mejillas y provocando que éste sonría adorablemente, con los hoyuelos
visibles en sus mejillas.
—Vale, hombrecito. A dormir. Mami se quedará contigo unos segundos.
—Harry asintió y le dejó espacio a su madre, la cual se acostó detrás y lo
envolvió en sus brazos. Louis gruñó ante aquella escena y Harry no pudo
evitar reír en voz alta. —¿Qué sucede?
Volvió a reír, pero más bajito, viendo fijamente a Louis, el cual tenía
ambas cejas levantadas. —No, nada...Recordé un chiste buenísimo.
—¿En serio? Cuéntamelo. —Pide su madre, animada. Harry se congela,
sin saber exactamente qué decir y viendo la sonrisa ladina en el rostro de
Louis, el cual había tomado aquello como una venganza.
—U-uhm...Tengo sueño, mañana. —Bosteza exageradamente y cierra sus
ojos, comenzando a roncar a los segundos y esperando a que su madre
se lo crea.
Es obvio que no se lo cree, Harry es muy exagerado al hacer sus
ronquidos, pero simplemente sonríe y se queda haciéndole compañía a su
hijo. Poco a poco, los exagerados ronquidos se vuelven realidad y Anne
deja un beso en los rizos del niño antes de levantarse, arroparlo mejor y
salir en silencio del cuarto.
Louis observa al rizado y nota que éste realmente está dormido. Suspira
antes de decidir irse para que su niño favorito no tuviera ningún tipo de
pesadillas, pensando en que lo que habría hecho hoy lo haría mañana: El
caos.
El cao de los caos, y todo porque finalmente el diablo haría algo que no
dañaba a nadie excepto a él mismo, y eso era resignarse frente a los ojos
del de arriba. Una total mierda, a decir verdad. Pero ya no lo soportaba.
Necesitaba besarlo.
Y un poco más.
Sus enormes ojos verdes se abrieron lentamente en cuanto pudo oír a su
madre entrar a la habitación, cerrando la puerta sin cuidado y todo debido
a que cargaba con una bandeja en sus antebrazos, la cual tenía un
desayuno puesto de manera muy organizada: Chocolate caliente en una
enorme taza azul y unas galletas bien horneadas en un pequeño y
floreado platito de porcelana. A un lado una nota en la cual le deseaba un
buen día y todas las bendiciones del mundo, las cuales no harían ni un
poquito de efecto en Harry porque, ¡Hey! ¡Estaba enamorado del diablo!
Volvió a cerrar sus ojos debido a que no quería que su madre notara que
estaba despierto, sintiendo como ésta dejaba la bandeja a un lado suyo,
sobre su mesa de noche.
—Hazzie. —Le sacudió el hombro, el niño simplemente cubrió su cabeza
con las cobijas. —El desayuno, bebé.
—En un minuto...
Anne suspiró, regañándolo un poco debido a que sabía que no iba a
despertar de inmediato y ella no podía quedarse. Simplemente se fue, y
Harry frotó sus ojitos con sus pequeños puños por debajo de las cobijas.
Casi de inmediato sintió el peso de un cuerpo caer a un lado suyo,
sentándose. Hubiese tenido miedo, pero solo sentía emoción.
—¿Miren quien despertó? —No pudo evitar sonreír, cerrando sus ojos con
fuerza por unos segundos y sintiendo cosquillas en su pancita. Le
encantaba cuando le hablaban así, especialmente si era Louis, por lo que
no pudo evitar sonrojarse.
Se quitó las mantas de encima a la par en que se sentaba con algo de
lentitud, haciendo sus ricitos hacia un costado. Continuaba estando
despeinado, pero poco le importaba ya que Louis lo había visto varias
veces de aquella manera. Bostezó antes de levantarse.
—Ya vuelvo. —Dijo, y corrió descalzo hacia el baño. Se había aguantado
en ir el día anterior.
Minutos después salió, Louis continuaba en el mismo lugar y con su
mirada sobre el niño que ingresaba con pereza -nuevamente- a la cama.
Tomó la bandeja y la puso sobre su regazo, el cual estaba oculto bajo las
cobijas. Lo mantenían abrigado, hacía frío fuera.
Antes de comenzar a beber de su chocolate caliente para comenzar bien
el día tomó una galleta y se la tendió a Louis sin verlo.
—¿Quieres? —De reojo notó como éste negaba y de inmediato la sumergió
en su chocolate caliente para luego morder, masticando el exquisito sabor
de ambas delicias mezcladas.
Es cuando decide comenzar a beber de su chocolate caliente que Louis
decide hablar: —He estado merodeando por tu casa. —Casi escupe todo,
alejando la taza con rapidez de sus labios y tragando con fuerza la bebida.
Su corazón latía muy fuerte, sus ojos se abrieron de par en par. ¿Louis
había hecho algo nuevamente? El miedo se disparó por todo su cuerpo.
—Tranquilo, no hice nada malo ni que hiciera notable mi presencia. —
Aquello provocó que el alivio cayera de manera satisfactoria sobre él,
provocando que suspire antes de continuar desayunando. —Solo se
giraron crucifijos...y asusté a tu padre... Solo eso.
—Oh, bueno... —Harry aceptó aquello. Por algún motivo, comenzaba a
gustarle el que Louis hiciera notable su presencia. ¿Acaso era el poder y
protección que sentía cuando tenía al diablo a su alrededor? ¿Éstas dos
emociones comenzaban a apoderarse de él?
Quiso verlo, y sabiendo que no podía ver sus ojos decidió ver sus labios,
pero de inmediato bajó la mirada y sus mejillas ardieron de manera
infernal al recordar el cómo sus labios se habían rozado contra los del
ente la noche anterior, en pleno silencio y absoluta oscuridad de su cuarto.
—Descubrí que tienes una azotea.
Asintió lentamente. La preciosa azotea a la cual nunca tenía permitido ir.
Se lo prohibían y todo por ser bastante torpe con sus pasos, ambos padres
del niño creyendo que éste podría caer y morir de manera trágica.
—Sí, pero nunca me dejan ir. —Confirmó, bebiendo lo último de su taza
de chocolate antes de dejarla sobre la mesa de noche, no sin antes tomar
una galleta. —Dicen que soy muy torpe y me puedo caer. —Se encogió
levemente de hombros. Siempre le hizo ilusión el subir allí, tomar la
polaroid de su madre (la cual solo usaba en ocasiones de bonitas
reuniones familiares o fiestas en la iglesia) y tomar fotos del precioso
cielo. Eso ayudaría mucho a copiar las fotografías y continuar dibujando
en su pequeño cuaderno de arte.
—Hoy va a ser un largo día, oí que tu madre está organizando una cena
familiar para hacer oraciones por tu primo. —Dice, y Harry casi puede oír
la ironía y diversión en su voz. Está disfrutando de aquello, y no puede
evitar estremecerse.
—¿Él...está en el infierno ahora? —Teme a la respuesta, incluso sabiendo
cual será.
—Si.
—¿Dylan y Parker también?
—No. Solo el segundo ser inferior.
Harry asiente lentamente, intentando estar aliviado al saber que Dylan
Moisset no estaba sufriendo la condena en el infierno. Sin embargo, debió
de ser un infierno cuando sus ojos fueron arrancados de su rostro por un
maligno cuervo. Su pecho comenzó a doler y llevó una de sus pequeñas
y delicadas manos allí, por sobre la camiseta del pijama. Inhaló
profundamente, intentando calmarse, sin mucho éxito.
Casi de inmediato alejó las cobijas de sus piernas, dejó la galleta sobre la
bandeja de la mesa de noche y gateó hasta estar pegado a Louis,
abrazándolo. Éste de inmediato le acurrucó contra su pecho, no sin antes
tomarlo de la cintura y subirlo a su regazo. Casi muere de vergüenza en
aquel momento porque, demonios, estaba sobre el regazo del rey de las
tinieblas y se sentía...malditamente bien.
Louis parece estar hablando contra su oído sano, pero todas las palabras
que pronuncia son completamente incomprensibles. Sin embargo, aquel
desconocido lenguaje hipnotiza los sentidos de Harry, el cual de manera
inmediata exhala profundamente y relaja todos los músculos a la vez. No
sabe por qué está tan calmado cuando oye al diablo hablar de esa manera,
pero es como si le arrebataran todo el pánico y lo llenaran de paz.
—¿Qué idioma es ese?
—No tiene un nombre.
—¿Qué me estás diciendo?
—Palabras que no existen en éste mundo.
Las cejas del más bajo se alzaron, curioso con aquello, pero sin moverse
ni un poquito.
—¿No tienen los mismos significados que aquí?
—Son los mismos, pero mucho más fuertes, descriptivos. No se
comparan.
Decidió no preguntar. No quería descifrar qué era lo que el diablo le decía,
prefería que éste lo mantenga en secreto, así si era algo malo Harry jamás
lo sabría y continuaría creyendo que le dijo algo como “Eres hermoso”.
Falsas ilusiones.
... ¿O no?
Un grito proveniente del piso de arriba provocó que ambos se quedaran
en silencio. -“¡Harry, despierta! ¡El desayuno! ¡Ven a convivir con la
familia!”. El pequeño suspiró mientras sentía sus ojos comenzar a llenarse
de lágrimas y sus músculos tensos.
—No quiero asistir a la reunión familiar, no me siento bien. —El diablo
alejó un poco a su niño, el cual cerró sus ojos cuando sintió las caricias
en su mejilla, provenientes de la mano repleta de anillos de oro del ente.
Aquello alivió su corazón. —¿Louis? ¿Q-Qué es lo que pedí?
—Te lo diré esta noche en la azotea. —Dice a la par en que aleja la mano
y se pone de pie, no sin antes dejar a su niño favorito sobre la cama.
Harry abre los ojos casi de inmediato, viéndolo caminar hasta estar en la
orilla de su cama.
—No me dejan ir a la azotea. —Repitió, rogando que a Louis no se le
ocurriera hacerlo esconderse. Estaba muy vigilado últimamente,
simplemente no podía.
—Tu madre planea decirte que la reunión no será en la casa, que puedes
quedarte aquí si te afecta.
Vale, si era una sorpresa...ya no.
—Y... ¿Eso significa que subiré sin permiso a la azotea? —Se sonrojó de
tan solo preguntarlo, mirando dudoso a su alrededor, pensando que no
era una buena idea. ¿Qué si alguien lo descubría?
Louis sonrió de lado. —Serás un niño malo hoy. —Dijo.
Harry parpadeó, completamente atónito ante aquellas últimas palabras
que murmuró el diablo. La figura de éste último se desvaneció en uno de
sus parpadeos, y la voz de su madre nuevamente se hizo presente,
diciéndole que se apresurara, que debía de decirle algo.
Dominique comenzó a sonar por cuarta vez en el día, pero milésima vez
en la vida.
Finalmente se limitó a vestirse con su habitual camisa blanca abotonada
y sus shorts negros junto a los tiradores, calcetines largos y quickers. Se
vio al espejo de su habitación por unos segundos antes de tomar la
bandeja del desayuno y dirigirse fuera del cuarto, subiendo los escalones
hasta finalmente caminar por el corto pasillo y llegar a la sala, en la cual
se encontraban su madre y su hermana. Anne caminaba de un lado a
otro, llevaba ropa en sus manos y una escoba, Gemma estaba bebiendo
un té, sentada en el sofá y mirando la televisión. Su madre debía estar
de muy buen humor ya que odiaba que sus hijos se la pasaran viendo
dibujos animados e inapropiados.
—Buen día, cariño. ¿Cómo te sientes hoy? —Dice Anne, acercándose a su
hijo y dejando un beso en su mejilla. El niño simplemente sonríe de lado,
intentando mostrar que todo iba bien a pesar de haber matado a dos
personas y provocar un ataque al corazón a su padre. —Escucha: Hoy
estarás solito por unas horas porque haremos una reunión familiar. No
creo que debas asistir, no hablaremos de temas lindos para tus orejitas y
estarás más cómodo aquí.
—Está bien, mami.
Luego de unos minutos regresó de la cocina, en la cual había dejado su
bandeja y se dirigió hasta estar a un lado de Gemma. Se sentó en el sofá
y su hermana no dudó envolverlo en sus brazos, amando los ricitos de su
hermano menor contra su mentón.
—¿Sabes por qué papá no me habla? —Harry preguntó de repente,
tomando desprevenida a su hermana, la cual dejó de observar “Porky
Pig”, la caricatura del momento.
—Probablemente esté arrepentido y no sabe cómo decirlo. Hay que darle
su tiempo.
Harry asiente dudosamente. No puede evitar pensar que Louis tiene algo
que ver con aquello, incluso cree estar casi seguro porque, vamos, no
puede simplemente pasar de un momento a otro. ¿O sí? Si Louis había
hecho o dicho algo, el rizado comenzaba a creer que el diablo no era tan
inteligente como parecía. Esperaba que su padre no lo sorprenda en un
par de días con ninguna tontería. Realmente, realmente esperaba que no.
Su hermana se apartó apenas para bajar la mirada y observar a su
hermano menor con una de sus sonrisitas. Se parecían bastante entre
ellos si no fuese porque los ojos del pequeño eran mucho más grandes y
su nariz menos larga que la de Gemma.
—¿Sabes qué me dijeron mis amigas hoy? Que habrá Luna sangrienta. —
Harry hubiese muerto de miedo si no fuese porque llevaba al diablo
consigo más de las veinticuatro horas del día. Simplemente la observó
fijo, parpadeando con lentitud y sin siquiera estremecerse un poquito. —
Pero aún no es Halloween, así que tranquilo. —Finalizó, extrañada de que
su hermano no demostrara ni siquiera un poquito de terror.
El que haya Luna sangrienta a Harry siempre le había aterrado, todo por
Gemma y sus leyendas de que era la noche en la que las sombras salían
a cazar almas puras. Probablemente hubiera muerto de miedo en aquel
momento, pero una sombra realmente lo estaba cazando, y encima se
había enamorado de aquella sombra. No podía ser peor.
—Gemma, te oí. —Advirtió su madre. —No quiero oír la palabra
“Halloween” en ésta casa, Harry está algo delicado. —La risa baja y
sarcástica de Louis se hizo audible en aquel momento, Gemma
simplemente suspiró mientras volvía su vista a la televisión y el rizado se
encontraba completamente sonrojado.
Ni siquiera se dio cuenta cuando cayó profundamente dormido.

A pesar de seguir durmiendo cuando su madre se despidió de él con un


beso en la frente, sus ojos se abrieron en cuanto la puerta principal se
cerró. Habría silencio absoluto de no ser porque continuaban dando la
caricatura en la televisión. Se dio cuenta que estaba cubierto con una
manta, con su cabeza sobre un almohadón y completamente sonrojado.
Dominique ya no se oía, gracias al cielo. Suspiró antes de sentarse con
lentitud, estirándose a la par en que llevaba ambas de sus pequeñas
manos en forma de puño a sus ojos, frotando. ¿Todos se habían ido?
Observó alrededor.
—¿Mami? ¿Gemm? —Llama, pero nadie responde. Es obvio que se han
ido. Es cuando finaliza de bostezar que la televisión se apaga como si
nada. Se mantuvo observando esta y nota por el reflejo a alguien de pie
detrás suyo. —¿Lou?
Es cuando va a girar que, poco a poco, la luz de la cocina, pasillo y living
se apagan. Se encuentra completamente a oscuras, y hay una pesada
respiración en su cuello que dura unos poco segundos. Asustado se gira
de golpe y nota que hay un poco de luz escaleras arribas, la cual revela a
Louis de pie, con sus manos repletas de anillos en los bolsillos de su
pantalón, observándolo fijamente. ¿Acaso lo estaba desafiando a que
subiera?
—¿Lou? —Éste, ignorando el llamado rebaja con la mirada a su niño
favorito antes de encaminarse hasta desaparecer de la vista del rizado,
yendo hacia el lado derecho del piso de arriba. Hacia la azotea, por
supuesto. Un suspiro tembloroso salió de sus labios y, no sin antes
verificar por la ventana del living que el coche de su padre no estaba,
frotó su rostro por última vez y subió las escaleras, doblando para
encaminarse a las otras escaleras que lo llevarían a la azotea.
Esta es bastante abierta, espaciosa. Los muros a su alrededor son bajos,
lo cual le permite admirar todo su pueblo: El verde del césped, el humo
saliendo por la chimenea de las casas, preparados para el invierno. La
naturaleza, algún avión pasando...apreciar el cielo, sobre todo, el cual
estaba lentamente oscureciendo, con la luna ya haciéndose notar.
El diablo se encontraba cerca de un borde, caminando hasta estar de un
lado, dándole la espalda al niño. Éste último avanzó hasta que estuvo a
un lado del alto hombre. Le daba un poco de vértigo estar cerca de los
muros, pero se armó de valentía y se concentró en admirar el precioso
paisaje.
Era relajante, le brindaba paz en su interior, luego de no haberla sentido
en mucho tiempo. El ente a su lado parecía estar más que calmado, con
su mirada fija en él. Es como si estuviese presintiendo que haría una
pregunta.
—Louis... ¿Por qué mi padre no me habla? —No pudo evitarlo. Sabía que
no era una casualidad. Algo había ocurrido.
—Le dije que no se acercara a ti. —Dijo con tranquilidad el diablo.
—¿Le hablaste? —Pudo ver de reojo como asentía con lentitud. Intentó
tragar el nudo que se le formaba en la garganta gracias al miedo, sin
mucho éxito. —P-pero...Ahora sabrá que te tengo conmigo. Sabrá que
tengo algo que ver con la muerte de Brad.
Louis volvió la vista al frente con su ceño levemente fruncido. Allí fue
donde Harry aprovechó para verlo, sus ojos lentamente llenándose de
lágrimas que no tardarían en salir.
—No tienes nada que ver con la muerte de Brad. Eso lo hice yo mientras
dormías.
No sabe si fue por la brusquedad en sus palabras, la falta de sentimientos
en Louis que lo asustaba, o la culpa que calaba su alma muy de a poco,
pero en el momento en que bajó la mirada e intentó con todas sus fuerzas
no llorar, un sollozo bajo y débil escapó de su boca. Rápidamente tapó
ésta con una de sus manos a la par que cerraba sus ojos y las lágrimas
caían de manera silenciosa por sus mejillas.
El arcángel se mantuvo observándolo fijamente. No le sorprendía el que
su niño favorito llorara, ya que sabía que su alma pura estaba entrelazada
con la sensibilidad en el corazón de éste, pero por algún motivo...le dolía
el pecho al verlo así. —¿Por qué lloras?
—Es que... —Hipó, sorbiendo su nariz antes de apartar las lágrimas con
sus pequeños y delgados dedos, dejando sus pálidas mejillas
completamente mojadas. —...Soy una mala persona, y lo estoy
asumiendo justo ahora. —No pudo evitar confesar, con el dolor siendo
insoportable en su pecho.
Louis lo tomó entre sus brazos de manera inmediata, acurrucándolo en
su pecho mientras el niño se deshacía en fuertes sollozos.
—No lo eres. —A pesar de la desesperación en todos sus sentidos al ver
así a Harry, su voz se encontraba completamente neutra. —Y te lo digo
yo. Ya sabes quién soy, cómo me llaman y las cosas que puedo llegar a
hacer.
Harry rio entre lágrimas, sorbiendo su nariz y tragando saliva antes de
apartarse un poquito. Las yemas de los dedos de Louis presionaron
levemente la espalda de su niño cuando este pasó su lengua por sus labios
rojos y mojados.
—Solo q-quería ser feliz...no sabía qué hacer cuando me molestaban, o
me golpeaban. Sé que está mal que m-mates personas tan fácilmente,
en mi mundo, claro. Pero...jamás me sentí tan protegido como ahora.
Tan...
No podía explicarlo, pero Louis le indicó en un asentimiento que, lo que
sea que Harry sintiese, él también lo sentía.
Ambos permanecieron en silencio por un par de segundos, y el rizado
aprovechó aquello para intentar calmar su respiración y limpiar mucho
mejor su rostro.
—¿Quieres ver lo que puedo hacer? —Preguntó Louis de manera
inesperada, alzando ambas cejas con aire de superioridad. Al notar que
el pequeño no reaccionaba de ninguna forma soltó un largo suspiro y
posicionó sus manos en los hombros del más bajo, girándolo hasta dejarlo
de espaldas a él. Se inclinó un poco y rozó con sus labios la oreja de su
niño. —Mira el cielo.
El rizado alzó la mirada de inmediato, y tuvo que parpadear un par de
veces al notar como la tarde se volvía noche de una manera anormal. Las
estrellas alumbraban de manera preciosa el cielo azul mientras la luna se
volvía más grande y, poco a poco, roja. De inmediato recordó a su
hermana hablando del eclipse, pero no se imaginó que podía verse tan
bonito. Resplandecía tanto con el brillo de la luna que el bordó parecía
extenderse por el cielo.
—Wow... —Ni siquiera sabe que decir. Apenas puede contar una estrella
sin perderse. Se limita simplemente a suspirar profundamente, sin poder
creer lo que el ser más malo de la tierra podía hacer.
El diablo se alejó un poco, tan solo para quedar una distancia razonable
y extender su mano repleta de anillos hacia el más bajo. —¿Alguna vez
bailaste con el diablo en tu azotea a la luz de la luna sangrienta? —Harry
intentó no sonreír mientras negaba lentamente. Allí fue cuando Louis
sonrió de lado, alzando un poco sus cejas. —¿Aceptarías?
Jamás se negaría a sentir aquella embriagante cercanía.
Y algo le decía que realmente iba a hacer un niño malo hoy.
Harry no dudó en aceptar la mano que el rey de las tinieblas le
tendía. A pesar de ser esto último, su confianza estaba totalmente en el
ente. No le importaba tanto salir dañado, aún más sabiendo que de todas
maneras se iría al infierno, pero pondría toda su confianza en Louis.
Absolutamente toda.
Con un suave tirón, el diablo lo atrajo cerca de su cuerpo y le rodeó
la cintura con un brazo a la par que Harry apoyó una de sus pequeñas
manos en la camisa abotonada y negra, sobre el pecho de éste. Pudo
sentir lo cálida que su piel era, y las manos libres de ambos se juntaron,
encajando perfectamente, como si estuvieran hechas una para la otra.
Sin más, el diablo comenzó a bailar lentamente, meciéndolos a
ambos a un ritmo lento. Harry se tropezaba con sus pies, y todo debido a
que no había nada que pudiese seguir. Nervioso, intentó tragar el nudo
de su garganta y rio falsamente, sonrojado y muy, muy avergonzado.
—No hay música... —Susurró, realmente esperando no romper el
precioso ambiente que se había formado. De reojo observó al diablo
sonreír de lado.
—Mírame a los ojos.
No evitó alzar ambas cejas, sorprendido al oír aquellas palabras salir
de la boca del más alto. Frunció apenitas el ceño y bajó la mirada. El pitido
ya de por sí era molesto, y sabía que no aguantaría más de un segundo
oyendo éste mucho más potente. Era como sentir que su cabeza iba a
explotar.
Negó lentamente. —No puedo...
—Mírame.
—E-es que...el pitido... —Esperaba que Louis no se enfadara. —
Suena un pitido cuando lo hago.
—Harry... —El nombrado de pronto se puso muy nervioso, y más al
sentir el como el diablo se inclinaba un poco, y el aliento de éste rozaba
su rostro como una leve brisa.
—Y duele un poco. Lo siento.
La mano de Louis suelta la del menor, y la lleva al mentón de éste
último, levantándolo con calma. —Mírame.
Los ojos de Harry se alzan, observando entre sus pestañas los ojos
celestes, y un cuarto rojo de solo uno, del diablo. El pitido hace latir su
cabeza del repentino dolor que estremece sus huesos, pero éste se va de
manera fugaz, sin dejar rastro.
Una melodía suave comienza a sonar. Un violín deja atrás el pitido,
y suena tan triste que los ojos de Harry comienzan a lagrimear. El diablo,
fingiendo no notar aquello y sin apartar la vista de los ojos del menor,
lleva la mano desde el mentón nuevamente a la del niño, entrelazando
los dedos y suspirando antes de comenzar a mecerse nuevamente.
Esta vez Harry puede seguir los pasos, sin tropiezos, con calma. Las
lágrimas caen por su rostro de manera silenciosa, está hipando y hasta
tiembla, pero jamás aparta los ojos de los de Louis. Disfrutará al máximo
el ver terrible pieza de arte.
—¿Qué...? —Traga y luego suspira para que su voz no suene tan
quebrada. —... ¿Qué es eso?
—Giuseppe Tartini.
Harry no puede evitar parpadear con sorpresa. Su primo Brad solía
aterrorizarlo con historias sobre ese famoso violinista, pero luego de
tantas noches en vela debido al miedo que lo hacía sentir aquel nombre,
incluso en aquellos meses no se lo hubiera creído.
—¿Está en el infierno?
—Me dio su alma. —Louis susurra.
La realidad comienza a caer sobre su pequeño cuerpo luego de
haber oído aquello. Porque es obvio: Louis es el diablo, él es un simple
humano. Ha vendido su alma, y el diablo es un manipulador. Tiene el
mismo destino de todos, y nada va a cambiar. No debía de creerse éstos
actos de cariño, pero no podía evitarlo.

—No entiendo por qué no estoy asustado.


—Yo lo hago. —Mientras Harry parpadea, anonadado y entre
lágrimas, Louis se inclina para rozar sus labios contra la oreja del menor.
—Caíste...
—... ¿Mh?
—Caíste. Te enamoraste de mí.
Desconcertado, Harry se aparta solo un poco para poder ver a Louis
fijamente. Sus delgadas y cortas piernas comienzan a temblar, y su
corazón late con fuerza. Luego de una profunda respiración cierra sus ojos
y apoya su mejilla sobre el pecho del diablo.
—Sí. —Admite. Pronto, algo parecido a unos potentes latidos surgen
del pecho del mayor. Son increíblemente rápidos. Harry solloza. —No
sabía que el diablo tenía corazón.
—Yo tampoco.
Los sollozos se vuelven más fuertes antes de alzar su mirada
nuevamente a Louis. —Lou... —Ruega sin dejar de sollozar. Está
adolorido, su pecho duele de tanta tristeza que hay en éste. —¿Qué es lo
que he pedido?
Louis deja de mecerse de inmediato. Se ve serio, se ve intimidante,
se ve hermoso. Como siempre.
—Tú me entregaste tu alma. No encontrabas ningún tipo de amor
verdadero en ninguna de las personas que te rodean, ni siquiera de tu
madre, la cual daría todo por ti. Tú lo sabías
.. —Los sollozos comienzan a surgir con más fuerza al darse cuenta
qué era. Siente presión en su pecho, en su garganta. No deja de temblar,
no sabe qué sentir. —Sabías que yo iba a ser el único que podría hacer
todo por ti.
—T-tan solo...
—Pediste que alguien te amara honestamente. Pediste sentirte
amado. —Dice. —Y debía de llevarme tu alma en cuanto sientas algo por
mí...pero hay un problema. —Harry sorbió su nariz, alzando el rostro para
ver nuevamente los ojos del diablo. —Sentiste algo por mí desde el primer
momento en que me viste. No podía llevarme tu alma, pero no solo
porque quería divertirme...Sentí algo la noche en que me invitaste a
recostarme a tu lado.
—... ¿Algo?
—En el pecho. —Se ve tan seguro que Harry tiene repentinas
esperanzas. —Sentí lo que tú sientes por mí. —Confirmó, inclinándose un
poco a la par que soltaba la mano del menor y rodeaba mucho mejor su
cintura. El rizado no pudo evitarlo y llevó ambos brazos, de manera
realmente lenta hacia el cuello de Louis, poniéndose de puntitas de pie.
—Y un corazón. Los latidos comienzan cuando te tengo entre mis brazos.
—Louis... —Su aliento rozaba con el del mayor, poniéndolo más
torpe de lo que sentía que era. La cercanía lo volvía loco, y sentía que
esta vez...
...Esta vez realmente sucedería algo.
—Eres un niño malo, te enamoraste de mí. —Harry nuevamente
solloza, pero Louis le brinda un suave e inesperado beso en los labios. Es
uno rápido, pero deja a Harry sin habla. —Voy a cumplir mi parte del
trato. Hoy serás el humano más amado en la tierra...
Sin más, los labios del diablo tomaron lenta y profundamente los de
su niño. Éste último cortó su respiración y permitió que Louis le brindara
todo primero, ya que jamás se había dado una idea de cómo era un beso.
Poco a poco comenzó a mover sus labios, siguiendo el compás de éste y
bajando sus párpados, relajando su cuerpo y mente por primera vez en
el día.
No podía creer que se encontraba en aquella situación. Siempre
creyó que existían esas ganas en ambos de comerse la boca, y aunque
Harry lo había deseado bastante, era sorprendente que estuviera
sucediendo. Soltó un suspiro por su nariz y ladeó el rostro a la par que el
diablo lo hacía en dirección contraria, profundizando más el beso. Harry
pudo sentir la lengua del mayor adentrarse a su boca y rozar la suya. Un
irreconocible cosquilleo se instaló en su vientre, y ante la inocencia de no
haberlo experimentado nunca se apartó un poco de los labios de Louis.
—Cierra tus ojos...y no los abras. —Ordenó el ente. Harry lo observó
por unos segundos antes de obedecer. Nuevamente los labios de Louis
comenzaron un lento beso.
Todo parecía estar dando vueltas, incluso se aferró mucho más al
rey de las tinieblas en cuanto sentía que podría llegar a tropezar. Sin
embargo, no abrió los ojos, incluso los cerró con más fuerza. Cuando todo
se detuvo el diablo apartó sus labios de los de Harry, pero éste último no
abrió sus ojos. Se mantuvo respirando por la boca, con los labios rojos y
levemente hinchados, mejillas sonrojadas y los ricitos algo despeinados
debido al viento en la azotea. Todo parecía más cálido donde estaba, más
tranquilo.
Un suspiro fue lo primero que oyó. —Si supieras como te ves
ahora...maldita sea. —Louis dijo. No solo era por lo hermoso que su niño
favorito era, sino también por lo obediente que demostraba ser, ya que
no abrió sus ojos en ningún momento. Sonrió de lado antes de hablar: —
Ábrelos.
El rizado lo hace de inmediato, parpadeando un par de veces antes
de notar que se encontraba en su habitación, un poco a oscuras y en la
punta de su cama. ¿Acaso se habían...transportado allí tan fácilmente?
Bueno...no es como si se estuviera besando con alguien común y
corriente.
Louis le rodeó la cintura posesivamente, y Harry alzó su rostro,
poniéndose de puntitas de pie y haciendo muy obvio el estar anhelando
otro de los muchos besos que el diablo le brindaba. Éste último no se negó
y complació a su niño, besándolo profundamente mientras lo aferraba
contra su cuerpo. Luego de unos segundos el rizado ya no podía evitar
soltar bajos, casi inaudibles soniditos desde su garganta. Besar a Louis
era su nueva cosa favorita, y le agradaba tanto la manera en que era
sostenido y mimado que no podía evitar demostrarlo con aquellos leves
sonidos.
El diablo apartó su boca de la del niño y comenzó a besarle la
mejilla, la mandíbula y finalmente llegó a su cuello, pasando su cálida
lengua por la tibia y perfecta piel de Harry. Éste último abrió su boca
levemente, intentando mantenerse en silencio mientras sentía un leve
ardor debido a la boca del diablo succionando su piel. Los cosquilleos en
su vientre regresaron y solo se aferró mucho más al cuello del mayor,
temeroso, pero sintiéndose extrañamente bien.
—¿Qué sientes? —Louis dijo, aun dejando besos por la piel de su
niño, también detrás de la oreja, con los ricitos de éste haciéndole
cosquillas en el rostro.
—Siento... —Se calló debido a que el rostro del mayor regresó a
estar frente al de él y dejaba suaves pero cortos besos en sus labios.
¿Podía sentirse más embobado? —...calor.
Pudo sentir la ligera sonrisa de Louis sobre sus labios. —¿Mi niño
favorito necesita ayuda? —Su voz sonaba ronca, incluso un poco
entusiasmado. Harry se limitó a quedarse quieto, sin saber exactamente
qué responder.
Las manos repletas de anillos del diablo comenzaron a desabotonar
la camisa blanca del rizado. Éste último comenzó a sentir los nervios
brotar por su cuerpo, la vergüenza acumulándose en el rosa de sus
mejillas mientras notaba como Louis observaba sin pudor alguno su
delgado torso.
Muchas veces Louis había fingido no estar, y había visto el cómo
Harry se desnudaba lentamente para irse a bañar. Le fascinaba su pálida
piel de porcelana, lo pequeño que se veía en ropa interior y calcetines.
Cuando este se metía a la ducha o bañera quería -realmente lo hacía-
lamer las gotas que resbalaban por la espalda de su niño favorito. Quería
abrazarlo por detrás y lamerle todo el cuerpo.
El arcángel deslizó los tiradores por sus hombros hasta quitarlos del
camino, y también se deshizo de la camisa que cubría la preciosa piel del
más bajo. La tiró al piso, sin importarle lo más mínimo el que se ensuciara
y llevó ambas manos hacia la espalda baja del niño, el cual se estremeció
debido al frío de los anillos contra su piel.
Un profundo suspiro surgió del pecho de Louis. —No sabes cuánto
llevo esperando para tocarte así... —Confesó mientras subía sus manos
por los costados del menor, sintiendo sus costillas. —Fue una tortura no
sentirte todo este tiempo.
Harry no se atrevió a preguntar, simplemente devolvió el beso en
los labios que el mayor le brindaba, sintiéndose pequeño ante las caricias
por su torso, descubierto, algo avergonzado. No es como si le fascine su
cuerpo.
Louis se apartó tan solo un poco. —Ven. —Se inclinó un poco y pasó
un brazo por debajo de las piernas de Harry, alzándolo. Todo lo que hacía
lo estaba haciendo con una tremenda delicadeza, y es que no podía
simplemente corromper al niño, ya que éste era una persona con un alma
demasiado pura y todo lo que se encontraba experimentando era nuevo.
Lo dejó con delicadeza sobre la cama, acostado mientras se
quedaba de pie a un lado. Harry simplemente lo miró, bajando la mirada
en cuanto notaba como el diablo se quitaba sus zapatos con ayuda de sus
propios pies, seguido de comenzar a desabotonar su camisa y
quitándosela. Su piel era de un tono normal, en forma y completamente
tatuado. Había palabras inentendibles, símbolos que no se atrevía a
preguntar por el significado. Era hermoso, perfecto.
Se acomodó boca arriba mientras Louis observaba el cuerpo del
niño, con la mirada fija en sus shorts y sonreía de lado. —Quítatelos.
Harry tragó saliva antes de llevar sus pequeñas manos hacia los
shorts, comenzando a bajarla y desviando la mirada, avergonzado al
estarse desnudando para el diablo. Finalmente quedó en ropa interior e
hizo a un lado la prenda, fuera de la cama. No levantó la mirada por nada
del mundo, solo lo hizo cuando Louis posicionó lentamente su cuerpo
sobre el de él, quedando lo suficientemente cerca para darle un beso.
Al paso de los minutos el rizado comenzó a calmarse gracias a los
exquisitos besos que Louis dejaba en sus labios y por la manera en que
le acariciaba su piel. Se apoyaba con un brazo a un lado del cuerpo de su
niño, y la otra mano la usaba para tomar el muslo de éste y acariciarlo de
arriba abajo. No se hartaba de susurrarle cosas al rizado, el cual estaba
hecho un manojo de nervios al principio, pero, poco a poco, comenzó a
relajarse. Siempre le había asustado aquel contacto tan cercano en las
personas, o con sus cuerpos, pero con Louis todo se sentía extrañamente
bien. Se sentía protegido, sabía que no iba a salir lastimado, y quería.
Lo quería demasiado.
Fue inevitable el que Louis bajara sus caderas, creando una
exquisita fricción con los miembros de ambos. Lentas y cálidas
sensaciones se fueron propagando en el cuerpo del menor, el cual
respondía a aquellas caricias mutuas con suspiros entrecortados y leves
movimientos de pelvis, incluso aportando y cerrando más las piernas. Le
gustaba lo que sentía, le gustaba con quien lo hacía. Estaba siendo tan,
tan malo. Un niño demasiado malo.
—U-uhm... —Ladeó el rostro en cuanto la lengua de Louis lamió su
mandíbula lentamente, llegando hasta detrás de su oreja y besando
lentamente aquella zona. Era como un punto débil del menor, lo hacía
estremecerse y sentirse mucho más acalorado. —Lou...
—¿Te gusta? —Harry asintió. —Tócame. —Louis no podía dejar de
disfrutar todo el asunto, y más aún con su nuevo fetiche: Algo tan puro
dejándose llevar por algo que estaba mal...pero se sentía bien.
Las manos de Harry fueron tímidamente a la espalda del diablo. Era
cálida, suave. Le agradaba. Casi ronronea mientras acaricia la columna
vertebral de éste de arriba abajo. Está demasiado concentrado en todo lo
que su cuerpo siente, todo lo que su cuerpo quiere y, aún más: Que
necesita.
La piel de Louis era una de sus cosas favoritas, y con el paso de los
segundos se volvía adictivo sentirla contra la yema de sus pequeños y
delgados dedos. No podía parar, no podía creer que todo lo que sucedía
era real.
Finalizó por rodear el cuello del arcángel y aferrarse a éste en cuanto
Louis se apartó tan solo para quitarse los pantalones. Harry desvió la
mirada con rapidez en cuanto notó que el mayor estaba completamente
desnudo bajo aquella prenda. ¡Había sido tomado por sorpresa! Los
nervios se apoderaron de sí una vez Louis nuevamente se acercó, besando
de manera más suave los labios de su niño antes de comenzar a bajarle
la ropa interior.
Harry se quedó perplejo, con sus ojos fuertemente cerrados y
mejillas rojas mientras sentía el cómo quedaba completamente desnudo
para el diablo, expuesto. Éste último quitó los zapatos y calcetines del
menor, el cual cerró sus piernas e intentó cubrirse.
—Por todos los infiernos... —Louis dijo, suspirando tan
profundamente que los cuadros de la pared se movieron levemente. Se
inclinó hacia la oreja del niño y la mordió suavemente. —Voy a lamer todo
tu cuerpo.
Y así fue: Comenzó lamiendo sus labios, seguido de su mandíbula y
bajando a su cuello, mordiendo suavemente allí. Besó sus clavículas y
luego bajó un poco más, rozando con sus labios uno de los pezones del
menor. La piel de éste se erizó más, y no pudo evitar formar una “o” con
sus labios en cuanto el ente comenzó a succionar levemente, pasando su
lengua delicadamente antes de encargarse del otro.
Su espalda comenzó a arquearse con el paso en que la lengua iba
por su estómago, su plano abdomen, llegando finalmente al vientre. Dejó
suaves besos en éste mientras llevaba sus enormes y tibias manos a las
caderas del niño, sosteniéndolo con firmeza. Su aliento rozaba contra el
miembro del menor, pero a pesar de que estuvo muy cerca, ese no fue
su objetivo. Alzó su mirada hacia los ojos verdosos que lo observaban
entre confundido y excitado.
—Vas a ser un niño bueno, y vas a decirme todo lo que sientas. —
Ordenó. El nuevo fetiche del diablo: Oír a su niño favorito decir puras
cochinadas. Harry asintió lentamente, dudoso y algo nervioso al no saber
qué sentiría.
Louis presionó el vientre del rizado firmemente para que éste no
pudiera moverse, con su otra mano tomando uno de los pequeños y
suaves muslos para separarlo un poco del otro, dejándole visible su
pequeña entrada. Sonrió de lado antes de inclinarse más, exhalando
lentamente sobre ésta. Harry se removió un poco, realmente sin lograrlo
mucho al estar presionado contra el colchón. Su boca se entreabrió aún
más cuando sintió algo cálido y mojado en aquella zona privada, algo que
le hacía dar leves escalofríos al principio, pero finalmente tener
correntadas de placer desde la base de su miembro, expandiéndose por
su vientre y fluyendo lenta y exquisitamente por sus venas.
Su respiración se atascaba en su garganta, tenía la necesidad de
cerrar sus ojitos, con su cuerpo relajado pero tenso a la vez. No evitó
mover sus caderas, y soltó un quejido en medio de un gemido al estar
inmóvil. La mano del ente era pesada, una fuerza sobrenatural.
—Lou...ah. —Al no poder mover las caderas simplemente arqueó un
poco su espalda, ladeando la cabeza y llevando sus manos lentamente a
los lados de su cabeza, apretando con sus pequeños y delgados dedos,
delicadamente, la funda de la almohada. —U-uhm...
“Dime lo que sientes.” Una voz susurró en su cabeza.
Harry finalmente cerró sus ojos, soltando gemidos bajos,
vergonzosos, completamente sonrojado pero ido por el placer que le
producían aquellas cálidas caricias, las cuales eran lentas,
repentinamente volviéndose rápidas antes de volver a ser como el
principio.
—Siento, uhm...algo extraño. —Frunció un poco su ceño en cuanto
pudo sentir ésta cosa cálida y suave -claramente sabiendo que era la
lengua del mayor- adentrarse un poco en su interior de forma repentina,
sin siquiera avisar. Intentó acostumbrarse, y al lograrlo lo notó con la
ligera capa de sudor que cubría su cuerpo. —Calor...ráfagas de algo, a-
ah, se siente bien...
Su miembro palpitaba con fuerza, amaba las caricias que el ente
proporcionaba en la parte interna de su muslo. Se alejó de su entrada en
cuanto notó que no podía aguantar los gemidos de Harry. Eran demasiado
para él, y estaba seguro como la mierda que en toda su existencia jamás
había sentido algo tan fuerte.
Besó su vientre antes de subir y besarlo profundamente en los
labios, arrodillado mientras tomaba los muslos del menor y los separaba,
posicionándose entre éstos. Entre una prolongada sesión de besos, el
diablo no dejaba de refregar su miembro contra la entrada del menor.
Tan solo era eso, y el pequeño gemía gustoso, incluso queriendo más al
mover sus caderas en círculos.
—Eres un niño tan bueno, Harry... —Los chasquidos de los besos
interrumpían su habla, y los temblorosos gemidos del rizado creaban un
mejor ambiente. Louis gruñía bajo, como si tuviese una bestia interna en
su pecho. Era algo así, ya que realmente necesitaba follarlo con todas sus
fuerzas, pero algo le decía que tenía que proteger a éste pequeño.
No podía. Incluso el ser más cruel del universo no podría lastimar a
Harry.
No había necesidad de prepararlo, podía hacerlo y de una mejor
manera. Se alejó de los labios de su niño y lo miró fijamente a los ojos.
Harry parecía perderse en su mundo cada vez que Louis le veía fijo, y es
que estaba obsesionado con la peculiar originalidad de aquellos ojos
celestes con cuarto rojo. Simplemente amaba ver como el rojo se volvía
celeste, era como ver el cielo y el infierno a la vez.
Harry no quería estar en ninguno si significaba no tener a Louis a
su lado.
—Mírame, no dejes de mirarme, niño. —Ordenó. No paraba de
ordenar, y ninguno se quejaba. Los brazos de Louis tomaron los muslos
de Harry mucho mejor antes de atraerlo más a su miembro, un poco hacia
abajo. Una mano bajó a su erección y la alineó con la entrada del menor,
el cual tragó saliva con fuerza. —No dejes de verme, cariño.
Distraído al haberse derretido internamente con aquel apodo, sus
ojos se abrieron más de la cuenta al sentir un ardor en su entrada, algo
abriéndose paso en su interior. Fue cuando cerró sus ojos con fuerza que
Louis se detuvo.
—Mírame. —Nuevamente ordenó con su voz volviéndose más
profunda. De inmediato los ojos llorosos de Harry se abrieron, observando
fijamente los ojos del mayor y sintiendo cosquilleo en donde se abría paso
su miembro.
No había dolor, el ardor era demasiado leve para notarlo, no como
al principio, y solo podía mantener sus labios entreabiertos, sin dejar de
ver al amor de su vida. Éste último también había abierto levemente la
boca, con las pupilas dilatándose y el precioso color celeste volviéndose
un azul profundo.
—Mierda. ¿Te duele? —Harry negó lentamente. Sin embargo, podía
sentir que de a poco no tenía suficiente aire. Estaba muy lleno, era muy
grande. —Bien. No te atrevas a dejar de verme.
Louis comenzó a mover sus caderas en un ligero y lento vaivén al
principio, observando a su niño con atención. Parecía como si quisiese
descifrar algún cambio en éste, alguna queja o signo de que estuviera
sufriendo, pero solo pudo sentirse orgulloso con una coqueta sonrisa
ladina en cuanto un suspiro escapó de la boca del menor, separando más
sus rojizos y rellenitos labios que al diablo tanto le gustaban.
El vaivén iba igual de lento, pero un poco más profundo. El calor los
invadía a ambos, y ahora estaban mucho más cómodos: Sus cuerpos
pegados, compartiendo lentos besos de vez en cuando. Louis acariciaba
la frágil y delicada figura de Harry, yendo desde su cintura hasta sus
caderas, sosteniéndolo y presionando la yema de sus dedos contra la piel,
sabiendo que luego tendría una marca. El calor irradiaba de sus cuerpos,
los gemidos eran audibles incluso en el primer piso y simplemente no
sentían que pudiesen parar.
El menor se encontraba más que agradecido por no sentir ningún
tipo de dolor, y el recuerdo de aquel ardor al principio se había evaporado
por completo luego de sentir todas las correntadas de placer que fluían
por sus venas. Los vaivenes de Louis se habían vuelto embestidas un poco
más rápidas, un tanto bruscas luego de haber encontrado el ángulo
correcto para rozar el punto dulce del menor. Ya podía dejar de verlo a
los ojos, pero simplemente no querían. Se sentían más conectados de lo
normal, como si pudiesen sentir lo del otro.
Harry, muy concentrado en lo que experimentaba por primera vez
su cuerpo, jamás oyó el ruido de la puerta principal abriéndose.
—¡Estamos en casa! —Se oyó.
De inmediato Harry dio una profunda inhalación, sorprendido con la
guardia baja y asustado a la vez que dejaba de moverse y observaba
fijamente a la puerta de su cuarto, de repente sintiéndose muy mal.
¡Estaba pecando tanto! Lejos de ser un alma pura. ¡Lejísimos!
Louis no detuvo sus embestidas. Fingiendo no haberlo notado,
simplemente comenzó a dejar suaves y húmedos besos sobre la piel del
cuello del menor, acelerando sus embestidas. Harry, cegado por el placer,
rodeó el cuello del diablo con sus brazos y cerró sus ojos, tensando sus
piernas. Necesitaba disfrutar, necesitaba pensar.
—¡Harry! ¿Estás durmiendo? —Unos pasos se hicieron audibles en
las escaleras y todo su cuerpo se congeló, abriendo sus ojos en dirección
a la puerta.
Como arte de magia, el pestillo se corrió por sí solo, trabando la
puerta antes de ser abierta. La perilla fue giraba un par de veces antes
de que se oyera un profundo y agotador suspiro y que subiesen las
escaleras, nuevamente al primer piso.
Todo el cuerpo de Harry volvió a relajarse, intentando calmar los
acelerados latidos de su corazón antes de abrazar a Louis mejor,
aferrándose con miedo y presionando sus labios contra el cálido hombro
del diablo para acallar sus jadeos fuertes, soltando sonidos contra la piel
del mayor.
Las embestidas se volvían cada vez más fuertes, tanto que Harry
comenzó a clavar sus uñas en la piel de los bíceps del rey de las tinieblas,
el cual respiraba profundo y gruñía de vez en cuando, también jadeando
roncamente mientras la cama rechinaba un poco. Ambos estaban por
llegar, y Harry se nublaba ante la cercanía del clímax ya que jamás lo
había experimentado, y apenas tenía idea de qué era.
—L-Lou, uhm... ¡AH! —Fue cuando los dientes de Louis mordieron
levemente el lóbulo de la oreja del menor que este arqueó su espalda,
entregándose a la placentera sensación de su cuerpo siendo lentamente
sumergido en una gran ola de satisfacción y liberación. Su respiración se
cortó, tembló por unos segundos y su esencia salía de su miembro,
manchando ambos torsos.
Louis no dejaba de impulsarse sobre su niño favorito, acabando
dentro suyo en segundos después. Ambos jadeando por un poco de aire
mientras se abrazaban, piel contra piel entre las sábanas ya algo
desordenadas. Harry mantenía sus ojos cerrados y labios entreabiertos a
la par en que el mayor le tomaba del rostro, observándolo con una sonrisa
ladina para luego comerle la boca, lenta y profundamente, ambos
acariciando mutuamente sus lenguas.
—Lo has hecho tan bien, niño. —Halagó a la par que el menor
aferraba mejor sus brazos al cuello del diablo, abrazándolo.
—...Lo lograste.
—¿Mh? —Rozó con su nariz el cuello del menor, el cual cerró sus
ojos.
—Hacerme sentir el ser humano más amado en la tierra. Lo
lograste.
Honestamente, Harry creyó que no podría dormir aquella noche. Luego
de hacer el amor sintió que no podría pegar un ojo. El diablo había dicho
que sería el humano más amado de toda la tierra...pero “hoy”. Solo por
hoy, y ya.

Y eso no había salido de su cabeza para nada. Sin embargo, los cómodos
y cálidos brazos de Louis envolvían su cuerpo de una manera que lo hacía
sentir protegido, agotado. Tenía más sueño de lo que alguna vez había
tenido, e incluso creía que Louis podría estar haciendo aquello. Sin
embargo, estaba realmente cansado como para ponerse a llorar, o
despedirse apropiadamente del -ahora- amor de su vida, incluso si éste
era el que finalizaría por matarlo.

El mayor pasaba las cálidas yemas de sus dedos por el pálido y suavecito
brazo del menor, el cual se estremecía con el toque a la par que veía cada
vez más nublado. Para cuando quiso darse cuenta, ya se había dormido.

Y despertó al siguiente día.

El dolor que sentía en los músculos era inexplicable, la pesadez de su


cuerpo y el leve malestar en su pecho lo empeoraban. Las cobijas cubrían
su figura y la de la persona que lo abrazaba desde atrás, el cual hacía
todo más cálido. Quitándole el malestar que llevaba sobre él estaba
realmente feliz. Había dado su primer beso, había hecho el amor por
primera vez, todo eso con Louis. Con el diablo.

Ya nada podía ir mal.

Se removió un poquito al sentir que la mano del rey de las tinieblas le


acariciaba la pancita. Claramente estaba despierto... ¿Siquiera dormía?

¿Siquiera él seguía vivo o era toda una ilusión?

—Mh. —Louis suelta aquel sonido luego de olfatear los ricitos de Harry. —
Hueles como si te hubiese hecho mío. —Dice.

Tira del cuerpo del rizado y éste comienza a darse la vuelta hasta quedar
de frente al cuerpo desnudo del mayor. Su oído ya no hace ese extraño
sonido, y ahora puede mirarlo a los ojos las veces que lo desee. Sin
embargo, se siente muy avergonzado como para verlo, pero se mantiene
observando fijamente sus labios. Louis toma aquello como una señal y no
se negó a dejar un suave pero lento beso en los labios de su niño favorito,
el cual parecía algo perdido en sus pensamientos. El diablo se alejó solo
un poco para verlo, esperando que hable.

—Sigo aquí... —Dijo el rizado, parpadeando lentamente y rodeando


tímidamente el cuello del mayor en cuanto éste se acercó más y comenzó
a dejar tibios besos sobre la piel de su cuello.

—Si.

—N-no me sucedió nada. —Tartamudeó. Aún sentía algo de miedo, y fue


como si Louis pudiese sentirlo ya que lo envolvió mejor por la cintura.
Apartó su bello rostro del cuello de su niño y ambos se vieron fijamente
por primera vez en el día. Fue algo precioso. —¿Por qué?

Nuevamente continuaron observándose por unos segundos a los ojos. El


diablo suspiró, sonriendo de lado con una lentitud delirante antes de girar
un poco el cuerpo del niño, dejándolo boca arriba y posicionándose sobre
éste. Le acarició el muslo con cuidado, rozando por debajo de las sábanas
su miembro entre las piernas de Harry. Éste bajó la mirada con
vergüenza, mordiendo su labio inferior para no suspirar como torpe.

El rostro de Louis baja lentamente hasta quedar a la medida de su oreja,


mordiendo suavemente el lóbulo de ésta antes de pegar su boca. —Porque
quiero y puedo. —Simplemente respondió.

En parte Harry teme a aquello. Piensa en que podría desaparecer en


cualquier momento, sin tener una justificación válida, solo un “Porque
quiero y puedo.”

—Oh. —Dice, nuevamente aferrándose al cuello de Louis cuando éste se


alejó para verlo fijamente a los ojos. Harry se atrevió a alzar la mirada,
cruzando su vista con la del diablo.

—Y voy a disfrutarte un rato más...porque quiero y puedo. —Sin más,


atrapa los labios de su niño entre los suyos, besándolo lenta y
profundamente, ladeando la cabeza para que sus narices no choquen y
sea incómodo.

Harry suspiró por la nariz, siguiendo aquel compás mucho mejor que
antes: Menos nervioso, más relajado, demasiado protegido entre los
brazos del que influía en los malos sentimientos, pero le hacía sentir todo
lo bueno.
Solo a él.

Sus lenguas se acariciaban entre pequeños sonidos que Harry soltaba,


ambos presionados con el cuerpo del otro, con Louis frotando suavemente
su miembro con el de su niño, amando la manera en la que éste se veía
tan pequeño y delicado bajo su cuerpo, entre sus brazos.

—Oh, mierda. —Se quejó, apartándose y poniendo su peor cara. Harry lo


observó con algo de miedo, temiendo haber hecho algo mal, pero los
golpes en la puerta no le dieron tiempo a preguntar.

—¡Harry! ¿Estás despierto? —La voz de su madre se hizo presente.

Harry observó al diablo, el cual le restó importancia y volvió a besar los


labios del niño, indicándole que se mantuviera callado. El rizado obedeció
y continuó el beso, embobado, amando el sentir las cosquillitas en su
pancita y vientre.

El pomo de la puerta gira repentinas veces, sin éxito. La puerta continúa


sin abrirse y todo gracias al pestillo que Louis puso con la mente en pleno
sexo...era raro decirlo. —¡Harry! ¿Estás despierto?

Ambos continúan con los besos. Harry sabe que Louis cree que va a irse,
pero él conoce a su madre, y ésta no se irá hasta recibir una respuesta.
Sin embargo, continúa siendo obediente y no se niega a los exquisitos
besos que el diablo le proporciona.

—¿Hijo? ¡Harry!

Louis se aparta con mala cara. —Contesta. —Ordena en un tono de voz


frío. La piel del niño se eriza y el diablo parece darse cuenta.

Aclara su garganta antes de responder: —Ya voy, mami.

—Abre la puerta, cielo. —Pide Anne, nuevamente girando inútilmente el


pomo un par de veces.

—Uhm...Mi cabeza duele un poco. —Miente, y el diablo sonríe de lado,


encantando. —¿Puedo dormir veinte minutos? —Louis alza ambas cejas,
como preguntándole si realmente lo decía en serio. Eso no alcanzaría para
todo lo que quería hacerle. —¿Treinta? —Harry ofrece con duda,
inocentemente.

El mayor pone los ojos en blanco y mala cara antes de dejar suaves besos
en los labios de su niño favorito. Oh, al carajo. Jugaría con el tiempo, no
quería desaprovechar el tener al niño más puro de la tierra desnudo y
entre sus brazos.

—Cielo, debemos ir a la iglesia. —Insiste su madre en tono dulce.

—Lo sé. Solo un poquito, ¿Puedo? —Harry casi ruega contra los labios del
diablo, el cual empuja sus caderas contra las del menor, robándole un
suspirito.

—...Vale. —Accede Anne. Louis de inmediato comienza a besar al menor


de la misma manera en la que lo estaba haciendo. —Solo un poquito. Te
traigo el desayuno en media hora. Pero iremos a la iglesia, ¿Me oyes,
Harry? Iremos.

Ignora la orden de su madre debido a que está demasiado perdido en las


caricias que el arcángel proporciona en sus labios, y en como los dedos
de éste se dirigen hacia su entrada, acariciándola.

—Lou.. —Suelta, y sus ojitos se cierran en cuanto dos dedos se adentran


en su interior comenzando a moverse en forma de tijera, lenta y
delirantemente.

Pequeños gemiditos escapan de sus labios, abriendo más sus piernas y


sintiendo una leve capa de sudor cubrir su pequeño cuerpo mientras el
diablo no deja de besar sus labios y rozar su punto dulce con la yema de
sus dedos. Sintió como Louis apartaba solo un poco su rostro del menor,
como si lo estuviese viendo. Luego se hicieron presente las caricias en sus
ricitos y los profundos suspiros del mayor.

—Te ves tan...corrompido por mí. —El diablo dice, bajando a besar los
labios de su niño favorito a la par que comienza a frotarse contra la cadera
de éste, el cual se encuentra cegado por las olas de placer que lo invaden
por dentro con una delirante lentitud.

Minutos después llega al clímax por segunda vez en su vida. Desearía


sentir aquella deliciosa sensación por el resto de sus días, se ha vuelto
adicto a ella. Se encuentra sediento de lo que sea que Louis le enseñe por
primera vez.

Harry es atraído al pecho de Louis, y aún es increíble en la situación en la


que se encuentra. Jamás se imaginó que invocaría al diablo, que le
vendería su alma, y mucho menos que al hacerlo se enamoraría tan
perdidamente.
El miedo de que Louis no lo ame se había ido de su pecho, por su bien o
si no se volvería loco con el paso de los días. “Que pase lo que tenga que
pasar”, e intentaría esperar pacientemente.

Disfrutar lo poco que le queda.

El mayor acarició con suavidad una mejilla del menor, provocando que
éste alzara el rostro y ambos se vieran por unos segundos. El ente soltó
un profundo suspiro antes de negar lentamente con la cabeza.

—¿Qué sucede? —Harry no pudo evitar demostrar su preocupación,


sonrojado y ladeando un poco su cabeza.

El silencio se hace presente por solo un par de segundos antes de que


Louis decida contarle: —Tu familia sospecha.

Es como si el aire de la habitación se estuviese yendo de a poco, y la


cabeza de Harry -la cual ya dolía desde que despertó- estuviese por
explotar. Se encontró temblando cual hoja a los segundos de oírlo, y el
diablo no dudó en acurrucarlo más cerca, comenzando a besarle el cuello.

—... ¿Qué?

—Sospechan que tienes algo malo. —Dijo con sus labios pegados contra
la piel del menor. —No saben qué, no creen que yo sea real, pero saben
que hay algo. Y van a sospechar más ahora, porque te ves terrible.

La garganta de Harry pareció cerrarse de golpe a la par que su cuerpo se


congelaba y miles de inseguridades rondaban por su cabeza;
Inseguridades respecto a él, a su físico, a su personalidad y torpe
inocencia que tanto detestaba.

En el instituto casi siempre le decían que no era muy bonito, o se reían


de él por ser el más bajo teniendo ya dieciséis años, e intentó que no me
importara lo suficiente. Pero que Louis le diga que se veía terrible, sea de
la manera que lo haya dicho, fue un golpe bastante bajo.

Louis alza el mentón de Harry con su mano en cuanto ve las lágrimas caer
de sus ojos verdes. No puede evitar sonreír de lado. —¿Mi niño favorito
está dudando de su belleza? —No puede evitarlo. Se acercó lentamente y
dio un beso sobre una lágrima, saboreando la tristeza del rizado. —¿Solo
por lo que yo dije?
—S-sí.

La sonrisa de Louis se borra lentamente a la vez que conecta su mirada


con Harry. Ambos se ven fijamente, y el menor puede notar que el diablo
está a punto de decir algo que debía de quedarle en la cabeza. Se veía
ofendido e indignado, por alguna razón.

—Que sea la última vez que crees que te veo de una manera
desagradable. Eres lo más precioso y puro que mis ojos han presenciado.

Las mejillas de Harry parecen estar a punto de estallar mientras limpia


rápidamente sus lágrimas y mira hacia otro lado tímidamente. Por algún
motivo, que Louis le hable así le hace saber que está expuesto, desnudo
contra su cuerpo, y siente que se ahoga en la vergüenza, aunque tampoco
planea moverse.

—Lo siento...

Louis le suelta el mentón y lo abraza más contra él luego de la disculpa.


Por algún motivo, luce como si lo hubiese perdonado. ¿Este precioso
hombre realmente era el diablo?

—Te ves terrible porque estoy aquí mucho tiempo. Estuvimos más cerca
de lo que debíamos, y me metí en tu cabeza. Luces muy enfermo. —Dice,
observando con detalle el rostro del menor: Pálido, ojeroso, más delgado,
con sus ojos solo un poquito más vacíos. Muy poquito.

—¿Te metiste en mi cabeza? —Sorprendido y sin comprender aquella


referencia, tan solo parpadea lentamente y ve a Louis, el cual se mantiene
viéndolo fijamente a los ojos. —¿Cómo?

La sonrisa ladina del diablo le hace suspirar de manera embobada


mientras éste se acerca a su oreja izquierda, besándola. Es un verdadero
alivio poder oír una hermosa voz y no pitidos.

—¿Acaso crees que en tu primera vez no iba a dolerte? —No evita lamerle
detrás del oído, lo cual provoca que todo el cuerpo del menor se
estremezca. —Hice que me vieras a los ojos para meterme en tu cabeza
y que así no sintieras dolor.

Oh.

Era algo abrumador. Era como haber estado poseído.


—Oh...oh, vaya. —El diablo se aparta y lo ve a los ojos. Harry está
sumergido en sus pensamientos mientras baja la mirada al torso del
mayor, el cual está repleto de tatuajes. Se mantiene acariciándolos con
la yema de su dedo índice, su mano cómodamente apoyada sobre el
estómago del ente. Finalmente suspira. No puede dejar de pensar. —
Lou... ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo iré a la iglesia? Apenas lo piso
comienzo a vomitar o me asfixio. No quiero volver a sentir eso nunca más.

—No vas a sentirlo. —Lo tranquiliza de inmediato, provocando que cerrara


sus ojitos y suspirara de alivio. Un problema menos. —Voy a irme.

Sus ojos se abren de inmediato, y automáticamente sus manos van a los


bíceps de Louis, sosteniéndose de éstos y negando rápidamente.

—¿Qué? No. No, no. Quédate.

—Niño, créeme: Amaría ver la cara de todos al saber que soy real, pero
no es tan fácil.

No desde que finalmente eres mío, y todos pueden dañarte.

Harry está a punto de comenzar a llorar. —No quiero que te vayas...La


última vez fue horrible. —Su voz tiembla y sus ojos se llenan de lágrimas.
Louis lo observa de manera neutra, queriendo que continúe comentándole
como fue todo sin él. Necesitaba saberlo. El menor traga con fuerza y baja
la mirada. El nudo en su garganta no se va. —Quiero decir: Me alivió el
no sentir el malestar, o el pitido en mi oreja. Pero el vacío que sentía en
mi pecho...fue insoportable.

Parece no notar como los músculos del diablo se tensaron, o como parece
estar congelado, quieto en su lugar. Incluso parece perdido en sus
pensamientos, o como si supiera o tramara algo. Harry se sobresalta
cuando siente el frío llegarle de golpe: Louis ha dejado de abrazarlo y se
ha levantado de la cama. Se viste tan fluidamente que Harry está
impresionado mientras él tan solo se sienta en la cama, cerrando sus ojos
al recibir un mareo algo fuerte y volviéndolos a abrir.

—¿Vas...vas a irte? —Pregunta con la voz entrecortada mientras trapa su


cuerpo con las cobijas. Se encuentra temblando y no sabe si es el frío o
el miedo por el vacío que sentiría.

—Si.
Luce serio, frío a lo que sea mientras le da la espalda y se abotona la
camisa hasta arriba, acomodando el cuello.

—¿Dije algo malo? Me pasé, ¿Verdad? Lo siento. No quería faltarte el


respeto.

En cuanto Louis se gira y ve a su niño favorito, tan pequeño y frágil, con


su cuerpo tapado por las cobijas, sus mejillas sonrojadas, ojos llenos de
agua y ricitos despeinados, no puede evitar comenzar a caminar hacia él
hasta inclinarse y comenzar a besarlo.

Lo besa lenta y profundamente, metiendo su lengua y sosteniéndole el


rostro con necesidad. Harry de inmediato se aferra a su cuello con sus
brazos, necesitando más. Louis no puede evitar consentir a su niño
favorito.

Permanecen besándose por un largo tiempo, perdidos en los labios del


otro, en las caricias que se daban. Finalmente, Louis se aparta con una
mordida en el labio inferior de su niño, el cual abre los ojos lentamente y
luce embobado, acalorado y con sus labios rojos.

—Vuelvo en un día. —Dice, sonriendo de lado.

No puede evitar soltar un casi inaudible quejido. —E-está bien. —


Finalmente concuerda, aunque sigue en desacuerdo.

Louis deja un último beso en sus labios y se aparta, caminando hacia un


rincón de la habitación y quedándose allí, observando a su niño. Harry
continúa con el puchero en sus labios, intentando no llorar.

—Volveré más pronto de lo que crees.

Asiente lentamente antes de parpadear, y finalmente Louis no se


encuentra más allí. Ya la primera respiración se vuelve extraña, y
nuevamente está ese vacío que no lo deja en paz.
La pequeña mano de Harry da unos rápidos y bajitos golpes en la puerta,
apresurado y viendo paranoicamente alrededor, temiendo cruzarse con
su madre o padre, aunque éste probablemente lo ignoraría.

La puerta finalmente se abre, revelando a su linda hermana, Gemma. —


Harry, ¿Qué...? Oh, Dios mío. ¡Luces terrible!

—¡Sh!

Rápidamente se adentra a la habitación sin siquiera pedir permiso. Es


bonita, rosada, huele bien y hay maquillaje sobre la cama. ¡Perfecto! Está
a punto de encaminarse hacia éste, pero su hermana tira de su brazo
luego de cerrar la puerta y lo pone frente a ella, tomándolo de las mejillas
con cuidado.

—Hazzie. ¿Qué sucede? Estás... —Su voz tiembla un poco, negando con
su cabeza. —...no estabas así hace unos días atrás. No te veías así hace
semanas, e incluso te ves peor.

—Lo sé, lo sé. —Intenta tranquilizarla llevando sus propias manos hacia
las de su hermana, pero las tiene casi congeladas, y ésta se horroriza
más. —Es que no dormí. Con todo el asunto de Brad mi apetito se ha
cerrado, y estoy intentando usar ropa holgada para no preocupar a mamá.
—Que buen mentiroso. Si me gustara mentir y preocupar a las personas,
me halagaría a mí mismo. —También he usado maquillaje.

Gemma, ya más tranquila no puede evitar reír bajo, observando a su


hermano con el ceño levemente fruncido. —¿Es que acaso eres mujer u
homosexual? No puedes usar maquillaje.

No culpaba a su hermana, en serio. A pesar de nunca haber seguido la


opinión de su familia respecto a los hombres que gustaban de hombres,
u hombres que usaban maquillaje y supuesta ropa de mujer, Gemma si
lo había hecho. Muchos niños pensaban igual que ella, y todo por sus
padres. Harry se ponía de ejemplo a sí mismo: Su madre le había
enseñado que al despertar era esencial darse una ducha, pero muchas
personas no lo hacían, o lo hacían en otros horarios. Es como cada uno
cría a sus hijos, pero, honestamente, espera que lo que Fionn había dicho
respecto a que las cosas en el mundo cambiaran sea verdad.

Que los hombres usaran maquillaje y no sean homosexuales por ello, o


que la homosexualidad no sea un pecado para tantos. Que no haya ropa
con género, sino que simplemente ropa. Y que la gente juzgue y se fije
un poco menos en lo que uno lleva, o como es.

—Lo sé, Gemms. —Sonríe falsamente de lado, fingiendo estar de acuerdo.


Gemma se dirige hacia la cama y se sienta, observando a su hermano. —
Pero si no lo hago mamá enloquecerá.

—Mamá ya ha enloquecido. Siéntate. —Dice mientras busca entre su


maquillaje algo que sirviera para su hermano.

Harry se sienta frente a su hermana mayor, observando cómo ésta toma


algo parecido a un labial, pero es color piel claro, y comienza a hacer
líneas por su rostro, sosteniéndolo del mentón.

—¿Por qué dices que mamá ha enloquecido?

—... ¿Prometes no decir nada? —Los nervios se instalaron en el estómago


del menor a la par que asentía. De por mientras, su hermana pasaba su
dedo índice por todo su rostro. —Ayer fuimos a la charla familiar. Se
supone que hablaríamos de temas de la iglesia, y los tíos darían una charla
sobre Brad. —Dice. Harry cierra sus ojos cuando Gemma pasa su dedo
por sus párpados. —No fue así. Mamá y papá comentaron lo raro que has
estado, el cómo los médicos dicen que no tienes nada, pero te ves mal, y
actúas diferente. Ellos dicen que tienes algo malo.

Harry abre sus ojos nuevamente cuando su hermana se aparta, sin poder
evitar demostrar algo de miedo.

—¿Algo...malo?

—Si. Que tienes algo malo, y que deben quitártelo.

Por algún motivo el enojo comienza a brotar de su cuerpo a tal punto que
siente como comienza a sudar. Miles de imágenes sobre alguien -
cualquiera- quitándole a Louis de su lado lo invaden, provocando que
negara con enfado. —Eso es...tonto. —Escupió.

Su hermana le da una mirada seria por un rato antes de ponerse de pie.


Pronto se oyeron golpes en la puerta. —Niños, a desayunar. Y rápido.

Harry está a punto de ponerse de pie, pero es bruscamente empujado


nuevamente a la cama, tomado por sorpresa y alzando la mirada con algo
de susto hacia su hermana. Esta última lo apuntó con su dedo índice
mientras lo veía fijamente a los ojos. —Mejor que sepas en lo que te estás
metiendo.
Parpadeó lentamente, realmente sorprendido. —... ¿Qué?

—Mi hermano hubiera comenzado a llorar, preguntándome si realmente


tiene algo malo. —Ambos se ven por unos segundos mientras los ojos de
Harry se vuelven llorosos. Baja la mirada rápidamente. —No digo que no
hagas lo que quieras, digo que sepas en lo que te estés metiendo. Porque
yo...no te tengo miedo.

—Gemms...

—Y no pienso apoyarte, Harry. Sea lo que sea, mientras esté mal, no te


apoyo. —Finalmente comienza a juntar el maquillaje y Harry aprovecha
para salir de la habitación rápidamente antes de que comience a llorar.

El desayuno había sido incómodo ya que Gemma no le sacaba la mirada


de encima a su hermano mientras tomaban de su té y comían pan con
mermelada de fresa. Su madre hablaba y se veía radiante, feliz de que
Harry no tuviese la cara de un monstruo -Aunque no sabía que éste en
realidad la tenía y la ocultaba bajo una capa de maquillaje- y no estuviera
lo suficientemente poseído por el diablo (Cuando en realidad había sido
poseído por el diablo de todas las maneras que uno imaginaría) como para
no ir a la iglesia. Su hijo estaba sano, sin embargo, debía esperar a que
llegaran y no comenzara a vomitar como un demente con problemas
estomacales.

Finalmente fueron a la iglesia en coche. Su padre se negaba a llevarlo al


principio; Ya aquello fue algo para poner triste a Harry. Anne lo convenció
con un susurro al oído y marcharon silencio hacia la casa del señor. Sin
música, sin Dominique a todo volumen. Tan solo un incómodo silencio, y
Harry sabía que él hacía la situación incómoda.

La misa transcurrió tranquila. Los tíos y primos de Harry estaban allí, allí
y veían de reojo al niño el cual, con vergüenza, hacía cosas que
supuestamente no debería de hacer. Dios debía de estar realmente
enojado con él.
Finalmente, todos comenzaron a encaminarse hacia la salida cuando ésta
finalizó, pero Anne llevó a Harry a hablar con el cura y era una razón más
para nombrar a éste día: “Me dedico a mentir y lo hago estupendo.”

—Harry Styles. —Nombra al niño aquel hombre mayor con ojos enormes
y acusadores. No, tal vez solo está muy paranoico. —Un placer volverlo a
tener en la casa del señor. ¿Cuáles fueron los motivos de su ausencia?

La boca de Harry se abre para contestar, pero su madre decide hacerlo


por él:

—Harry no se sentía muy bien éstos días. Mucha angustia en su interior.


—Bueno, no estaba mintiendo. Había angustia y un ligero vacío en su
pecho. Louis, vuelve. —Creo que no le vendría mal confesarse. ¿Qué
opinas, Harry?

No, no, no, no. ¡No!

—No lo sé, yo... —Ríe bajo, intentando buscar una manera de zafarse de
aquello sin tener que salir corriendo o algo así.

—Tengo tiempo. Harry, acompáñame, por favor. —Rápidamente dice el


cura, asintiendo con la cabeza hacia aquel “armario” (Harry lo llamaba
así) en donde la gente se confesaba.

Ambos se adentran luego de que Anne sigue a su familia. Ya no queda


nadie en la iglesia, solo un profundo silencio y el eco de la voz del cura
cuando éste comienza a hablar:

—Vamos a rezar primero.

El hombre mayor comienza a rezar en voz alta, y Harry finge seguirlo. No


puede, simplemente no está bien. Al finalizar nuevamente el silencio se
hace presente, y Harry decide romperlo e intentar no sonar sospechoso.

—... ¿Padre? ¿Qué hago si no tengo nada...nada que decir? —Tartamudea


un poco a la par que acomoda nerviosamente sus tirantes negros.

—¿No quieres confesar nada?

—No. —Responde con rapidez.

—Tu madre dijo que has estado angustiado. —Harry se encoge de


hombros. —¿Tienes cosas que confesar?
—Sí, pero todos tenemos secretos. —Dice, intentando demostrar que no
hacía falta revelarlos. Era lo cierto: Cualquier persona tenía secretos, y
también tenía el derecho de no querer decirlo.

—Está bien, Harry. Puedes contármelos. ¿Hay algo malo que hiciste? —El
cura usa su tono de amabilidad, pero es demasiado falso. No porque el
hombre no sea amable, pero simplemente no le cree.

—No.

—¿Seguro?

No.

—Si.

—Bien. —Harry nota de reojo como el hombre se acomoda en su lugar.


Un suspiro sale de sus labios. —¿Algo de lo que te arrepientas?

Maté a mi primo, maté a dos personas que no sabían lo que hacían,


provoqué un infarto a mi padre y ahora me odia. Mi hermana ya no confía
en mí, mi familia habla a mis espaldas, me tienen miedo. El maquillaje es
para mujeres, la homosexualidad está mal. Estoy donde no debería de
estar.

—No.

—Harry...para confesarte debes de decir la verdad.

Se pone tan nervioso que sus manos comienzan a temblar. Necesita


protección, necesita no sentirse tan mal.

—Lo estoy haciendo. —Intenta sonar honesto, pero no lo logra.

—Sé lo que tienes. Lo vi. —Sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas.


¿Cómo puede estar intentando disimularlo? —Lo veo en ti.

—No tengo nada, señor. —Su voz se alza un poco, preso del pánico.

—No te atrevas a mentir en la casa del señor. —Comienza a sollozar en


cuanto la voz del cura también se alza. —Confiesa.

—Yo no-

—Confiesa ahora.
Está a punto de comenzar a llorar con fuerza y realmente, realmente,
realmente confesar. Sin embargo, un fuerte viento se hace presente
dentro de la iglesia, y todas las velas se apagan. Quedan a oscuras a
excepción de las ventanas cerca del techo. El frío comienza a hacerse
presente, los vellos de su nuca se erizan mientras intenta ver desde la
puerta de madera a cuadros que no le permite salir.

—¿Qué estás haciendo?

Harry acerca su rostro a la puerta, y se sobresalta en cuanto ve a una


figura alta y cubierta con una capa negra en el banco donde anteriormente
él se sentaba durante la misa. Su espalda choca contra el armario y
comienza a respirar rápido.

—¿Qué? ¿Qué sucede?

—Quédese aquí, y no salga hasta que yo se lo diga.

—¿Qué? No. No es posible. Esta casa está bendecida. —Niega


rápidamente, también pegándose contra el armario.

—P-por favor, quédese aquí.

Harry abre la puerta con lentitud oyendo como ésta rechina. Sale
temblando como una hoja al viento, sin quitar sus enormes ojos verdes
de la figura alta y terrorífica que permanece como si fuese una estatua.
No deja de acercarse, y es allí cuando la supuesta muerte se pone de pie,
provocando que se detenga. Su corazón late demasiado rápido, su cabeza
le duele levemente.

—¿V-viniste por mí? —La figura niega lentamente antes de levantar su


exageradamente largo brazo, apuntando con un fino y pálido dedo índice
hacia el armario. El frío se incrementa en su cuerpo. —¿Por qué? —No
responde. Harry niega rápidamente. —S-si te lo llevas...todo será m-muy
obvio.

La muerte continúa en silencio, y el rizado se sobresalta cuando


nuevamente apunta hacia el armario, solo que más brusco, impaciente
por tomar lo que le pertenece.

—Van a creer que lo asesiné, y todo empeorará. ¿Quieres...que Louis se


moleste? —Finalmente la muerte baja su brazo, se queda quieta por unos
segundos e inesperadamente camina hacia el confesionario. Harry
rápidamente se pone en frente, muerto de miedo. —¡No! No vas a
llevártelo. —Y firme, decidió por algo que no creyó arrepentirse. —N-no
te lo permito. No te dejo.

Es allí cuando las manos de aquella cosa suben a la capucha de la capa y


la baja lentamente. Un hombre calvo, pálido, similar a un esqueleto lo
observa fijamente. Lo más intrigante y bizarro de aquello es que tiene los
ojos de Harry. Cuando los suyos se cruzan con los farsantes, adrenalina
viaja por su cuerpo. Imágenes entrecortadas se hacen presentes en su
cabeza: Momentos felices, momentos de dolor. Son pocos, pero son
importantes. Siente como si le tomaran el corazón con el puño y lo
apretaran fuerte. No puede respirar y siente su cabeza volar en mil
pedazos, pero sabe que sigue normal ya que puede seguir presenciando
todo aquello.

Parpadea, y las velas se prenden por sí solas nuevamente. No hay nada


frente a él, solo un humo oscuro que cuando lo respira al inhalar
bruscamente, se tambalea y cae hacia atrás. No se desmaya, pero está
algo ido.

No es el mismo.

El cura sale rápidamente del confesionario, importándole poco las órdenes


del niño. Se acerca a éste último y se arrodilla, sacudiéndolo de los
hombros.

—¿Harry? —Al verlo tan ido lo sacude nuevamente, desesperado,


aterrorizado. Aún no creía que lo que vio era real. —¡Harry! Iré por tus
padres. Sí, eso haré. —El hombre está a punto de ponerse de pie, pero
Harry tira rápida y bruscamente de su brazo, importándole poco si le hace
daño. ¿H-Harry?

Se sienta lentamente con la ayuda del cura, el cual sigue en shock. Sus
manos tienen cosquilleos, el malestar está más presente que nunca y
siente...siente...

Casi nada.

—Estoy... —Su voz tiembla, sus ojos están llenos de lágrimas, pero por
más fuerza que haga, no puede llorar. Alza la mirada y ve los ojos del
hombre mayor, aunque no lo hace realmente. —...Estoy bien. E-estoy
bien.

—Déjame llamar a tus padres. —Ruega.


—Por favor, no diga nada. —Nuevamente se ven fijamente y Harry frunce
un poco el ceño, sin estar muy seguro de cómo reaccionar. ¿Qué ha
pasado? —Me debe una, me la debe. Lo sabe.

Niega lentamente. —No puedo decirle a la gente que algo que no es de


Dios entró aquí. Esto...Esto jamás sucedió, ¿Vale?

Harry asiente lentamente, de acuerdo mientras lleva una mano a su


pecho. Los latidos son lentos, siente que le falta algo en su interior y no
está muy seguro de poder sostenerse de pie, pero sabe que no puede
levantarse por sí solo.

—Necesito... —Solloza secamente, pero no lo alivia. ¿Qué está pasando?


—...a alguien que me levante. ¿P-Puede?

—Si. Sí, claro. —El hombre mayor rápidamente se pone de pie, se inclina
y toma a Harry desde atrás, por debajo de los brazos. No le es difícil
levantarlo ya que este es muy ligero y pequeño. —¿Puedes caminar?

—Puedo.

Harry comienza a caminar a paso lento y con la mirada fija y vacía hacia
adelante, oyendo un “Cuídate” de a la persona a la cual le salvó la vida.

Ya no había donde cuidarse, no había salvación y...

Demonios, Louis estaría tan enfadado cuando lo viera.


¿Será que la muerte extrajo sus pocas ganas de seguir viviendo? ¿Será
que solía tener ganas de vivir antes de que el dolor en su pecho surgiera,
y ahora solo sentía que jamás había querido respirar?
Luego de haber salido de la iglesia, su familia fingió no notarlo extraño.
Anne preguntó un par de veces si se encontraba bien debido a que su hijo
parecía tener serios problemas para caminar, pero ya que la reunión con
su familia lavó su cerebro -aunque lo que creían era cierto: Harry tenía al
diablo consigo- no quiso acercarse demasiado. Iba a seguir todo como lo
planeaban, sin arruinar nada.
Fue demasiado literal el hecho de que el rizado llegara a su casa, bajara
los escalones y se fuera a dormir. Ni siquiera supo cuando se durmió,
nada. El malestar era muy fuerte, el dolor en su pecho demasiado notable.
Se preguntó si estaba muriendo. Rogó que sí para no volver a sentir jamás
en su vida aquel vacío.
Despertó al siguiente día, y no supo cuánto tiempo se quedó viendo el
techo, respirando de manera pesada, demasiado débil. Louis no había
vuelto, y eso lo hundía mucho más. Intentó mantener firme en su cabeza
que no debía dejarse caer, quería a Louis. Y no quería morir solo. No se
sentía tan mal como el día anterior, al menos podía mantenerse de pie,
siempre y cuando estuviese recargado en algo.
El día fue como si nada hubiese pasado, y nadie excepto su hermana le
preguntó qué le sucedía. Incluso pudo oír a su madre hacerla callar y
continuar fingiendo que todo estaba bien. Le comentaría aquello a Louis,
si es que éste no lo mataba.
Fue al instituto y se vistió con un grande abrigo color gris, con botones
negros. El frío calaba sus huesos, incluso encontrándose en otoño. Un día
atrás estaba en pantalones cortos, y ahora estaba temblando, con sus
labios morados y piel pálida. Por suerte Fionn no había ido aquel día, y
podía evitar todo tipo de preguntas sin respuestas.
Volvió a su casa en el auto de su padre con su madre un par de horas
después. No había probado bocado en todo el día debido a que la primera
cosa que había bebido -una caja de jugo de naranja, ya que no se sentía
con ánimos de desayunar- estaba ahora en un retrete del baño. Lo había
vomitado de manera inmediata y lo comprendió: Al parecer su cuerpo
rechazaba cualquier cosa que lo hiciese sentir bien.
Una vez entró, ni siquiera saludó a sus tíos, los cuales tomaban el té en
la sala. Pudo notar que su padre estaba a punto de regañarlo por ser
maleducado, pero se retractó al instante debido a que recordó las
palabras del diablo. Debía ser muy precavido.
Finalmente bajó los escalones con cuidado, sosteniéndose de la baranda
y abriendo la puerta de su cuarto, prendiendo la luz y girándose para
cerrar la puerta con pestillo. No quería ver a nadie. Suspiró y se giró, su
corazón dando un vuelco al notar al diablo a unos centímetros de
distancia, en la otra punta de la habitación, para ser exactos.
Lucía diferente.
Sus ojos estaban más abiertos y bordos, sus pupilas muy dilatadas, su
mandíbula tensa y sus puños apretados mientras no dejaba de rebajar a
Harry con la mirada. Éste último se congeló al verlo de aquella manera
porque, vamos, fue muy estúpido no haber pensado en cómo sería el
diablo enojado. ¿Creyó que sería el precioso Louis? ¿Ese que lo había
estrechado en sus brazos mientras le hacía el amor? ¿El que aliviaba sus
lágrimas con palabras preciosas? No.
El silencio reinó en la habitación por unos largos segundos. Harry no iba
a hablar, sería demasiado irrespetuoso.
—... ¿Qué has hecho?
¿Alguien le creería si confirmara que jamás le tuvo el miedo que todos le
tienen a Louis? ¿Si jurara que, a pesar de ser el diablo, nunca vio lo
horrible, terrorífico y cruel en él? ¿Será que estaba tan enamorado? La
voz del diablo había salido tan baja, ronca y tranquila que fue demasiado
escalofriante. Le entraron ganas de llorar, pero con cada impulso que
quería dar para sollozar, parecía que nada salía de su pecho. Incluso sus
ojos, borrosos de lágrimas, no soltaban ni una.
Ya no podía llorar.
Intentó tragar saliva con fuerza y, en un acto de desesperación, quiso
huir. Necesitaba refrescarse. Un baño, sí.
Se dirigió apresuradamente hacia el baño, con sus piernas temblando, y
dio un salto en su lugar cuando la puerta se cerró con toda la brusquedad
posible. Se encogió en su lugar antes de girarse a ver a Louis, pero éste
le apareció frente a su rostro, provocando que se hiciese hacia atrás y
chocara su pequeña espalda contra la madera de la puerta.
Una ligera risa silenciosa en medio de una exhalación escapa de los labios
del diablo. —¿Estás intentando escapar de mí? —Su respiración era tan
fuerte que un cuadro cayó al suelo, y los demás temblaban levemente. —
¿De mí? Yo fui el único que te protegió.
—N-no estoy intentando escaparme de ti. —Harry tartamudea, alzando el
rostro y viendo fijamente los ojos de Louis, rogando que éste le creyera.
Lo había intentado, pero realmente estaba asustado.
Las cejas del diablo se alzan, fingiendo sorpresa. No le gusta éste Louis,
éste Louis es malo y sarcástico, y no lo comprende. —¿No? ¿Y qué intentas
hacer yendo a otra habitación? —Se acerca de manera brusca al rostro
del niño y olfatea solo un poco antes de apartarse —Hueles diferente. Te
ves diferente. ¿Qué.has.hecho?
—Lou...
La brusca y profunda respiración que Louis toma lo hace pegarse más
contra la puerta, asustado mientras el pucherito en su labio inferior es
muy visible. —¿A quién mierda le diste parte de tu alma? —Sus
pensamientos se hicieron reales. —Tú y yo teníamos un trato.
Oh.
La manera en que lo dijo, tan...
“Tú y yo teníamos un trato.” Solo un trato.
Nada de amor, nada que llenara su pecho o cumpliera su deseo. Harry se
preguntó si alguien realmente había sentido como le rompían el corazón:
La sensación pesada en el estómago, las manos poniéndose frías, las
puntadas en el pecho y la esperanza haciéndose añicos. Incluso los
pensamientos sobre la persona que te lo rompe cambia, y no porque se
crea que es un maldito, un desgraciado: Simplemente...todo se torna
lejano.

No tenía aire. Louis se le había escapado de entre sus dedos, y ahora no


era nada.

¿Cómo pudo ser tan torpe de creer que lo amaba? Se lo repitió miles de
veces: El diablo es mentiroso. El diablo es mentiroso.

El diablo es mentiroso.

“—Yo podría hacer que nadie vuelva a hacerte daño...jamás.”


El diablo es mentiroso.

“—Louis, creo que me estoy volviendo malo.

—Imposible, sigo oliendo pureza en ti.

—¿Incluso habiendo invocado al diablo?

—Eso no fue un acto de maldad. Fue un acto de desesperación ante


la maldad de los demás. Muchos no lo entenderían.

—Nadie lo entendía.

—Yo lo entiendo.”

Es tan doloroso.

“Una parte de mí adora verte perder la vida poco a poco. Pero otra
parte de mí hace lo posible, incluso ser gracioso, para que sigas
sonriendo. Jamás me había sucedido.”
Mentiroso.

Inexpresivo se da la vuelta y abre la puerta del baño, cerrándola


rápidamente detrás suyo. Sabía que Louis podía simplemente aparecerse
dentro, pero, oh, no quería verlo. No podía. Le costaba tanto respirar
mientras se inclinaba temblorosamente en la tina y comenzaba a llenarla
de agua fría y agua caliente, intentando buscar la temperatura perfecta
para su cuerpo. Ni siquiera podía llorar, sentía que estaba a punto de
colapsar.
Simplemente se quita los quickers, y un escalofrío viaja por su columna
vertebral al sentir a alguien de pie detrás suyo observarlo.

—No cumpliste con lo que prometimos.

Harry niega lentamente, tomando aire por la boca e intentando dejar de


ver los puntos negros que se asomaban por su vista. —Tú tampoco. —
Susurra, sofocado. No puede deshacerse de su ropa, no tiene fuerzas. —
T-tú dijiste que yo quería a alguien que me amara honestamente.
—Lo tienes.

—Mentiroso. —No puede llorar así que ríe sin ganas, cerrando sus ojos
por unos segunditos antes de volver a abrirlos. Todo está demasiado
oscuro. —Me dijiste que eras mentiroso, y que no tenías sentimientos. Es
verdad. Tú no has cumplido nada, porque jamás me amaste ni quisiste
honestamente. Y ese no era el trato.

Puede jurar sentir el enojo de Louis en su propio pecho, pero tenía que
decirlo. De cualquier manera, estos podrían ser sus últimos minutos. Ya
apenas estaba de pie, supuso que era la desesperación lo que lo mantenía
despierto, algo cuerdo.

—¿Te atreves a juzgar lo que pienso o siento? —Harry lo ignora al sentir


desesperación por aire y por refrescarse, por sentirse bien. Rápidamente
alza sus piernas y se mete a la tina, pero no llega a sentarse debido a que
Louis lo toma del brazo, girándolo y dejándolo frente a él. —Deja de
escaparte y respóndeme. —Alzó un poco su voz, y lucía algo perdido en
cuanto observó la expresión de cansancio en su niño favorito.

—Louis... —Harry dijo suavemente, como si toda la rabia y el dolor


hubiesen pasado. Llevó ambas manos al pecho del diablo, sosteniéndose.
Ya no podía seguir. Era tiempo de despedirse. Tomó una profunda
inhalación, la cual no resultó bien. —Todo l-lo que he querido desde que
supe que eres real era tenerte cerca. Yo...yo jamás me alejaría de ti. —
Niega lentamente mientras apoya su mejilla en el cálido pecho de Louis,
sin poder mantener sus ojos abiertos. —No importa si para ti esto es solo
un trato, o si me vas a matar de la forma más despiadada. Úsame si
quieres, no importa. Y-yo...jamás me alejaría de ti. Te amo.

El diablo envuelve sus brazos en la cintura de Harry cuando éste último


afloja sus piernas por completo, casi inconsciente. ¿Cómo es que éste
dulce niño podía vivir tanta desgracia? ¿Cómo podía ser que un ángel
como Harry quisiera a alguien como él? El mismísimo diablo.

¿Cómo el diablo había sido tan tonto de enamorarse del niño? No sabía
decirlo, no sabía demostrarlo porque era un demonio. Y nada bueno viene
de ellos. Solo tocan, destruyen, lastiman y están donde no deben.
—...Harry. —Llamó, moviéndolo un poco en sus brazos, pero éste no
respondió. Louis supuso que ya se había desmayado, y con la
desesperación en su pecho cargó mejor en sus brazos al rizado y se
adentró a la bañera. Se sentó, apoyándose contra el borde y al pequeño
y helado cuerpo de Harry sobre él.

Sostuvo con un brazo la cintura del niño y con su mano libre tomó el
mentón de éste, alzándolo y poniéndolo a la medida de su boca. Le mojó
el rostro y dio unas palmaditas en su mejilla.

—Abre los ojos, hey. —Dio unas palmadas un poco más fuertes y los ojos
de Harry se abrieron solo un poco, aún sin lograr respirar tan bien. —
Mírame. Mírame, niño.

Louis le ve fijamente mientras unas palabras inentendibles salen de sus


labios lentamente. Harry no puede despegar los ojos del diablo ni por más
que quisiera, y no quiere. Siente sus mejillas comenzar a calentarse al
igual que su cuerpo, no siente sus labios helados y el aire llega a su pecho
nuevamente, obligándolo a respirar profundo mientras los latidos de su
corazón son rápidos. Puede mantener sus ojos bien abiertos, no todo se
ve tan oscuro y el malestar se ha ido, pero no del todo debido que se
encuentra con el diablo.

En shock y abrumado por todo lo que sintió anteriormente simplemente


se quedó observando a Louis, con sus ojos llenándose de lágrimas y (para
su gran alivio) algunas cayendo por sus mejillas.

—¿Q-Qué has hecho?

—No vas a morir hoy. —Simplemente respondió, muy decidido.

Los sollozos de Harry comienzan bajitos, silenciosos y se vuelven más


fuertes, tapando su rostro y temblando, cayendo en que realmente iba a
morirse. Fue horrible, no fue nada tranquilo, y no hubo ninguna luz. No
para él. El diablo lo abrazó contra su pecho, dejando al pequeño sobre su
cuerpo. Lo abrazó con necesidad de sentirlo en sus brazos, de calmarse.
Cada sollozo de su niño era como un puñal en su pecho, porque podía
sentir el dolor de su alma pura de manera física. Sin embargo, lo
soportaba.
—Dijiste que me amas.

Harry hipó, sorbiendo su nariz y asintiendo. —S-sí. —Dijo apenitas


audible, y los sollozos continuaron más fuertes. Necesitaba desahogarse,
dejar de sentirse tan rechazado, tan vulnerable.

Louis no respondió nada, simplemente dejaba suaves besos sobre la piel


del cuello de su niño favorito y lo abrazaba por la cintura, buscando
cualquier manera de hacerlo sentir bien. Sabía cuál era, pero
simplemente...no podía.

Porque si le decía lo que Harry esperaba...todo iba a complicarse tanto,


tanto.

Amarlo dolía.

Los siguientes cinco días fueron tranquilos, tanto que daban hasta miedo.
Harry se encontraba mucho mejor, y todo por el arreglo que habían
hecho.
Mientras se acurrucaban en su cama, ambos desnudos, sudorosos y en
una larga sesión de toqueteo y más, compartían entre húmedos besos
palabras importantes.

Ya que el rizado le había comentado que su familia parecía estar tramando


algo, el diablo decidió que, no solo por ello si no para la recuperación de
Harry, se iría y tan solo volvería a su lado en la noche, al menos por cuatro
días hasta que su niño favorito se recuperara nuevamente y no se viera
nada sospechoso.

También habían comentado sobre el tema de que, aunque a Harry le


costara, ya no debía de dar la vida por nadie. Louis le dijo que él había
enviado a La Muerte para matar al hombre y que no lo invada de
preguntas, pero el rizado, en medio de una pequeña discusión, le intentó
hacer entender que no debían de matar a cada persona que lo molestara
ya que se vería demasiado sospechoso, y aunque en el mundo donde
Louis era rey fuese normal, en donde Harry era algo horrible. También le
expresó la culpa que le hacía sentir y lloró un poco al recordar a su primo,
compañeros de escuela y el daño que le hizo a su padre. El diablo tan solo
repetía lo mismo:

"Mi niño favorito, ¿Por qué lloras por personas que no merecen
respirar el aire de éste mundo? Si están ardiendo en el infierno es
por algo. Nadie te toca."

Por el resto de la noche Louis secó las lágrimas del rizado con sus dedos
repletos de anillos de oro y lo besó en los labios por horas, buscando que
se sintiera mejor. Si sus fieles seguidores del infierno vieran lo que era
para el diablo irse de allí por "Asuntos importantes", morirían de envidia.

Su familia notó el gran cambio en Harry, y como gente que poco se


informa y no tiene idea de nada le comentaron su estúpido plan: Atarlo a
su cama y hacerle un exorcismo. Por último, lo felicitaron por recuperarse,
le dieron la bendición y Harry no sintió ni cosquillas por ello debido a que
Louis volvía en la noche.

El veintinueve de octubre, en su instituto organizaban para cada alumno


que tuviera el permiso de sus padres un proyecto llamado "Anti-sectas".
Básicamente era entregar folletos los cuales informaban pésimamente
sobre el Halloween, metiendo en cabezas ajenas cuan satánico era aquello
y todo lo que significaba.

Desgraciadamente Fionn y Harry tuvieron el permiso, y al siguiente día


ya se encontraban repartiendo folletos en la esquina del parque de la
ciudad. Todos eran muy amables y los tomaban, e incluso se quedaban
cuando los adolescentes les explicaban de mala gana cómo era todo el
asunto. La cosa es que todos eran fieles seguidores de Dios, pero ese no
era el enorme problema. El enorme problema era que seguían fielmente
a la Biblia, la cual tenía sus cosas buenas, pero también sus cosas malas,
y los humanos parecían exagerarlos y penalizar de muerte a cualquiera
que fuese en contra de aquello.

—Es injusto. —Fionn bufó, notando que nadie pasaba cerca y acercándose
a un cesto de basura, tirando cinco volantes dentro y volviendo
rápidamente al lado de Harry.

—¡Fionn! —Regañó, y se sonrojó porque, vamos, él no era nadie para


decirle a los demás lo que estaba mal. Estaba haciendo lo que se
consideraba lo peor del mundo.

—Vale, lo siento. —Arrojó uno más y Harry alzó ambas cejas. El castaño
rodó sus ojos ante el interrogatorio del pequeño. —Es solo...Halloween es
genial, amigo. Es tan genial porque te disfrazas y asustas, y asustar es
divertido.

La nariz de Harry se arruga. —Yo no me divierto cuando me asustan. —


Dice, y le entrega un folleto a la señora que pasa frente a él, dedicándole
una tímida sonrisita.

Fionn nuevamente rueda sus ojos. —Es porque siempre has sido al que
asustan. ¿Has asustado alguna vez?

De inmediato recordó el momento en que asustó a sus primos -más bien,


Louis- dando vuelta todos los crucifijos y negó lentamente con la cabeza.
—Asustar es malo, Fi. —Estuvo en desacuerdo.

Ambos chicos comenzaron a caminar hacia un banco del parque, aun


conversando.
—Es malo cuando se hace con maldad. —Fionn defiende. Ambos se
sientan y Harry suspira, más relajado. Sus piernas duelen, no está
totalmente recuperado. En cambio, Fionn se endereza y ve al rizado con
una pequeña sonrisita. Sus dientes chuecos se pueden apreciar
muchísimo, se le ven bonitos. —En Halloween, todo es inocente diversión.
Puedes tener un disfraz, comer muchos dulces...

—¿Dulces? —Harry rápidamente dijo, viendo a Fionn con un leve brillo en


sus ojos verdes. El otro chico sonrió de manera malévola: Había
capturado lo que le llamaba la atención al adorable de los Styles.

Asintió rápidamente. —Muchos. —Dijo. Harry pareció estar embobado por


unos segundos, pero luego negó con la cabeza, bajando la mirada y
ordenando los folletos en sus manos. Fionn suspiró, agotado por querer
convencer a alguien como su pequeño y fiel amigo. —Vamos, Harry.
¿Realmente crees lo que dicen éstos folletos? —Tomó uno y buscó algo
realmente ridículo para leer en voz alta, pero, Dios mío, todo era ridículo.
—“La palabra Halloween proviene del idioma maldito la cual significa
Seguir al verdadero rey. La manera de invocar al señor de las tinieblas es
usar disfraces de sus servidores, crear mala vibra y malos sentimientos.
¡Usted siga a Dios!” —Ve a Harry nuevamente, poniendo su peor cara. —
¿En serio?

Obviamente el rizado sabe que no es verdad, pero ve nuevamente los


folletos antes de ver a Fionn. —Bueno, no lo sé. La parte en donde dice
que los gatitos negros son secuestrados por brujos me parece bastante
creíble.

Muchos gatitos negros habían desaparecido, aunque también podían ser


los de la iglesia, ya que creían que el animal era de mala suerte.
Demasiado pretenciosos, demasiado metidos en cosas que no eran así.

—Puede que eso sea verdad, pero no todos los que festejan Halloween se
llevan a los gatitos. ¡Y Halloween no viene de una palabra maldita! Es
más, si alguien de éste maldito pueblo tomara un libro y se dedicara a
leer un poco, sabrían que comenzó en el siglo diecinueve y que ellos
mismos, los católicos y cristianos, celebraban primero que todos.
Harry se limitó a no decir nada ante la evidente irritación de su amigo, el
cual se echó hacia atrás, contra el respaldo de aquel banco y suspiró,
observando alrededor mientras se acurrucó más en su abrigo.

—¿No crees en Dios, Fi?

—Sí, creo en Dios. —Este rápidamente respondió, más tranquilo, pero aun
viendo al frente con notable irritabilidad. —Pero no creo que Dios vaya a
matarme por hacer algo que me divierte, sin hacer daño a nadie.

El rizado asintió lentamente y vio hacia otro lado, rogando no haberle


dado una idea a Fionn porque, oh, éste ha puesto su cara de "Un foco se
prendió sobre mi cabeza".

—¿Qué tal si nos disfrazamos y salimos a pedir dulces? —Rápidamente


dijo. ¡Maldita sea!

—Oh, no. —El niño se levantó del banco, caminando hacia el mismo lugar
donde anteriormente estaba y siendo perseguido por su amigo, el cual se
quejaba por lo bajo. —No, no, no. Van a matarme si lo hago.

Si, probablemente iban a matarlo si lo descubrían, y arruinaría su perfecto


plan de "Todo está bien conmigo, no tengo nada metido dentro,
soy un ser de luz". Además, la noche era el único momento el cual podía
permanecer junto a Louis, y la noche anterior estaba tan agotado que se
había dormido muy rápido, sin tener tiempo de una sesión de besos con
el diablo. Había estado todo el día pensando en lo maravilloso que sería
llegar a su casa y meterse entre los brazos de Louis, ser besado y
sostenido, justo como le encantaba.

—¡No van a enterarse! —El castaño rogó. —Les diremos que...uhm...


¿Una protesta contra el Halloween? ¡Será divertido! —Intentó animar a
Harry, el cual continuaba repartiendo volantes a la gente que pasaba por
allí. Fionn hacía lo mismo. —Podemos ser terroríficos al menos una noche.

—Yo... —La duda le carcomía el cerebro. Se oía tan divertido, pero...debía


de consultarlo con Louis. —...no lo sé.

—Dulces, Harry. Dulces.


El nombrado rio tímidamente, sonrojado al notar que su amigo ya conocía
una de sus debilidades. Negó lentamente antes de suspirar y entregar el
último volante. La conversación finalizó hasta que Fionn entregó su último
volante también y ambos caminaban por el parque hacia sus casas.

—Sería...sería divertido. —Harry dice. Fionn parece estar a punto de


explotar por la emoción, pero el rizado rápidamente alza su dedo índice,
apuntándolo. -Pero te confirmaré mi respuesta mañana en el instituto.

—Voy a hablar con un amigo cercano para que nos lleve a donde planeo
ir. ¡Dios, estoy tan feliz! Tendremos dulces y haré unos buenos disfraces
para nosotros. ¡Seremos fantasmas! —Exclamó, cegado por la felicidad
de, finalmente, hacer algo que le gustaba. Aquel pueblo era como una
cárcel. —Mi padre cree todo lo que le digo, así que le diré que le avise a
tus padres lo que supuestamente haremos. Tú solo relájate, ¿Si? Todo
saldrá bien. Además...Algún día debías de hacer algo malo, ¿No crees?

Harry sonríe de lado con timidez, provocando que un solo hoyuelo se


marcara en su mejilla.

No tienes ni idea.

Cuando Harry llegó a su hogar fue una sorpresa el como todos, incluso su
padre lo saludaban. El niño devolvió el saludo y observó el reloj, notando
que apenas eran las seis de la tarde. Louis no aparecería por allí hasta las
ocho o nueve, así que aprovechó para hacerse una rica merienda: Té con
limón y unas tostadas con mermelada de cereza. Gemma no estaba en
casa, así que aprovechó para sentarse en un sofá individual del living,
comiendo tranquilamente mientras sus padres conversaban en el sofá del
frente.
—Harry, cariño. ¿Cómo ha ido todo en la escuela? ¿Has repartido los
volantes? —Harry asintió con la boca llena. —¿Todo en orden, cielo? ¿Te
sientes bien? Te ves bien.

Una vez tragó su comida le sonrió tímidamente a su madre, sonrojado. —


Oh, gracias, mami. Tú te ves hermosa, también. Todo está en orden. —
Asintió antes de darle el último sorbo a su té y levantarse, tomando la
bandeja con sus cosas. —Voy a limpiar esto y luego voy a darme un baño.

—De acuerdo, cielito mío. Deja la taza en la encimera, yo la lavo. No


olvides cepillar tus dientes, amor.

—Lo haré. —Avisó este.

Aunque su madre le había dicho que no lavara su taza, lo hizo de todas


formas. Limpió las migas de la mesa del living y, no sin antes disculparse,
se dirigió hacia la puerta que llevaba al sótano. Bajó los escalones, abrió
la puerta de su habitación y cerró con pestillo debido a que iba a darse un
honorable baño hasta que su nov...bueno, hasta que Louis volviera.

Una vez en el baño llenó la tina con agua tibia y se quitó rápidamente la
ropa, adentrándose y relajando su cuerpo una vez estuvo éste bajo el
agua. Aprovechó para relajarse más sumergiéndose por unos segundos,
con sus ojos cerrados y cuerpo quieto. Hacer aquello le recordaba la
abrumadora sensación de cuando el cuerpo de Louis lo llevó lentamente
a la inconsciencia y despertó con aquel molesto pitido en la oreja izquierda
que, por suerte, ya no tenía el placer de oír.

Volvió a la superficie cuando sus pulmones ardieron en busca de aire y


frotó el jabón en cada lugar de su cuerpo, limpiando. Aunque extrañaba
a Louis y tenía la necesidad de sentirlo a cada momento cerca suyo, debía
admitir que estaba mucho mejor así. Podía respirar, no había tanto
malestar y el sol pegaba contra su piel. Cuando le faltaba gran parte de
su alma, a pesar de que algunas cosas son muy borrosas en su memoria,
pudo jurar poder ver fijamente al sol sin necesidad de entrecerrar sus
ojos o cubrirlos. Pudo verlo como si tuviese gafas oscuras puestas, y se
sorprendió.

Negó lentamente, lavando sus ricitos con shampoo. No debía recordar las
sensaciones de cuando le faltaba gran parte de su alma, porque el pánico
volvía y quedaba en shock. Suspiró y se enfocó en pensar lo divertido
pero arriesgado que sería ir con Fionn a donde sea que dijo en Halloween.
Aunque, pensándolo bien, estaba casi seguro que Louis no aceptaría
aquello.

Y planeaba obedecerlo como el buen niño que es.

Finalizó por poner acondicionador en sus rizos y enjuagarlos. Se puso de


pie y cubrió su cuerpo entero con una toalla enorme, no sin antes salir de
la tina. Se veía más pequeño de lo normal con aquella toalla y sus rizos
mojados pegados en el rostro, desordenados. Quitó el tapón de la bañera
y se secó rápidamente, poniéndose su ropa interior y dirigiéndose hacia
la habitación.

Dejó la toalla en el cesto de ropa sucia luego de secar sus ricitos y


acomodó éstos a un lado antes de dirigirse hacia el mueble donde
guardaba toda su ropa. Tomó unos calcetines, sus shorts de dormir con
ositos marrones y bonitos en éste y una remera de manga larga blanca,
simple y sin ningún estampado en ella. Comenzó poniéndose los
calcetines y la camiseta, pero cuando estuvo a punto de ponerse los
shorts el malestar se instaló lentamente en su estómago y sintió un
escalofrío en su columna vertebral. Pronto, unos brazos lo rodearon por
la cintura y una boca se pegó a su cuello, besando húmedamente allí y
provocando que sus ojos se cerraran.

—Quédate justo así. —Louis dijo, refiriéndose a la vestimenta del menor.


Lo giró en sus brazos, dejándolo de frente y tomándolo mejor de la
cintura, inclinándose para alcanzar los labios de Harry. —Mi niño favorito.

—Lou. —El menor parpadeó lentamente, embobado con la perfección


frente a su rostro. —Te extrañé. —Susurró, intentando no apartar la
mirada por la vergüenza, haciendo obvias sus mejillas rojas.

El diablo, con aquella coqueta sonrisa de lado se inclinó y atrapó los labios
del menor en un hambriento, pero lento beso, siendo correspondido con
sorpresa al principio. Un suspirito escapó de la pequeña nariz del rizado,
el cual estaba de puntitas de pies y se sostenía gracias a sus brazos
rodeando el cuello del diablo.

—Yo a ti. —Respondió éste último.


Un momento... ¿Qué?

¿Cómo?

¿Cuándo?

Aquella imprevista respuesta provocó que Harry dejara de responder en


el beso y abriera sus enormes ojos verdes, impresionado, sin poder
creerlo.

—... ¿Qué dijiste?

Louis lo ve por unos segundos, entrecerrando levemente sus ojos para


luego alzar ambas cejas. —Yo te extrañé a ti. —Repitió, solo que de
manera más testaruda.

Las mejillas de Harry estaban a punto de explotar por lo sonrojado que


se encontraba. —¿E...e-en serio? ¿A mí? Yo...

El diablo rueda los ojos antes de acercar más al niño y besarlo lenta y
profundamente. Éste último, demasiado feliz por aquella muestra de
afecto en palabras que ni siquiera pidió, se dejó mimar y respondió al
exquisito beso.

Ambos permanecieron así por unos minutos antes de que los brazos de
Louis se ubiquen bajo el trasero del rizado y lo levante, cargándolo. Sus
labios no se despegan ni por un segundito mientras el diablo se dirige
hacia la cama y deposita suavemente al niño sobre el colchón, corriendo
las cobijas hacia abajo. Se separaban y Louis comienza a desvestirse
mientras el rizado lo ve de reojo, notando que cuando el ente se quita el
pantalón no hay nada que cubra lo que había allí debajo.

Louis vuelve a la cama, acostándose a un lado del niño y envolviéndolo


en sus brazos, comenzando a besarle el cuello lentamente.

—Por mí, niño...Rogaba sentir tu piel. —Lamió una porción de ésta,


provocando que Harry suspirara audiblemente y ladeara su cabeza. Louis
le sujetó el mentón con una mano para que se mantuviera quieto y
comenzó a besarle húmedamente el cuello, rozando sus dientes, pasando
su lengua y succionando porciones de piel.
Harry se aferró a Louis, estando a la merced de éste último. El diablo
podía hacer lo que quisiese con él, jamás diría que no.

—Lou...espera. Tengo que decirte dos cosas, solo dos cositas y ya. —
Pidió, rogando no faltarle el respeto. El rey de las tinieblas gruñó antes
de apartarse un poco y subirse sobre el pequeño cuerpo de su niño
favorito.

—Espero que sea importante. —Dijo mientras llevaba las manos hacia la
camiseta del rizado, subiéndola lentamente y repartiendo besos por su
pancita.

—S-sí. Fionn quiere que lo acompañe a una fiesta de Halloween, pero no


quiero faltarte el respeto. ¿Crees que deba ir? Porque si no es así, no hay
problema y lo sabes.

—Ve. Ahí te veré. —Habló contra la piel del torso de Harry, dejando la
camiseta levantada hasta la medida de su cuello, comenzando a succionar
sus pezones. La boca del menor se entreabrió, sin poder evitar removerse
un poco. —¿Algo más?

A pesar de que el rizado se encontraba embobado por lo que Louis le


estaba haciendo, demasiado sonrojado abrió sus ojos y llevó sus
pequeñas manos a los cálidos hombros del diablo.

—Louis, esto es más importante que lo anterior. —Advirtió, y el


nombrado, de mala gana dejó de succionar los pezones de su niño,
ubicando su rostro cerca del otro para prestarle atención. —Mi padre
me...saludó hoy.

Louis parecía no haberse sorprendido ni un poquito, como si ya supiese


que Des Styles intentaría acercarse nuevamente al no sospechar de
Harry.

—¿Quieres que lo mate? —Harry niega rápidamente, sobresaltado y


tensándose un poco ante la brusquedad de sus palabras. —Bien. Esto es
lo que vas a hacer: Hablas con él, y cuando intente algo me nombras.
Luego yo me encargo.

Harry asintió, no muy seguro mientras devolvía el lento beso en los labios.
Sus brazos rodearon el cuello del diablo, el cual llevó sus manos repletas
de anillos hacia la ropa interior de su niño, bajándola lentamente. Le
acarició los muslos y el trasero a la par que adentraba su lengua en la
cavidad bucal del menor, tomándolo imprevisto y robándole un gemido
entrecortado, apenas audible.

Refregó ambas erecciones y el rizado no tardó en comenzar a sudar y


respirar agitadamente, invadido por las sensaciones que fluían
lentamente por todo su cuerpo. Los ojos de Louis buscaron los suyos y
Harry ya entendía que era para quitarle el dolor, así que no apartó la
mirada, perdiéndose en el azul de sus ojos, y también en lo bordó.

Las manos del arcángel sostuvieron las caderas del menor antes de
ubicarse en su entrada, adentrándose lentamente al principio, buscando
una mala expresión en el rostro de su niño favorito, pero, al no
encontrarla, finalizando por adentrarse con más rapidez. Comenzó a
moverse en un vaivén lento antes de llevar sus manos a las muñecas de
Harry y clavarlas en la almohada, a los lados de su cabeza.

Ambos continuaron viéndose a los ojos fijamente, el rizado soltando


suaves suspiros y abriendo más sus cortas y delgadas piernas. Fue cuando
sus ojos se cerraron debido al placer que los labios de Louis fueron detrás
de su oreja, besando allí y haciéndolo gemir. Comenzó a hablar
nuevamente en aquel idioma tan suave e inentendible a la par que
aceleraba sus movimientos, rozando reiteradas veces el punto dulce del
menor.

—U-uhm, Louis... —Entreabrió más los labios cuando el vaivén se


transformó en embestidas, duras y rápidas. La punta del miembro de
Louis golpeaba fuerte su punto dulce, haciéndolo jadear por aire, gemir
entrecortada pero audiblemente mientras oía la rápida respiración y los
gruñidos de parte del diablo.

Su pelvis se tensaba una y otra vez, el placer fluía de manera más rápida
por su cuerpo y le cegaba la mente, convirtiéndolo en alguien que solo
sabía gemir, mover sus caderas y rogar por más.

—M-más...más rápido. —Pidió, presionando las yemas de sus deditos


sobre la piel de la espalda del ente el cual, luego de oír lo que su niño
decía, aceleró las bruscas y fuertes embestidas, golpeando su punto dulce
y provocando que comenzara a gemir fuerte.
—Joder, niño. —Mordió suavemente la piel del cuello del menor,
intentando acercarlo aún más al orgasmo. Simplemente no podía, Harry
iba a matarlo algún día.

Bastó un par de embestidas más para que el rizado llegara al clímax de


manera exquisita, doblando los deditos de sus pies, arqueando su espalda
y jadeando el nombre de Louis mientras se manchaba con su esencia el
torso de ambos. Segundos después sintió como el diablo se corría en su
interior, llenándolo. Se estremeció y acurrucó contra el cálido cuerpo del
ente, agotado y con la respiración agitada.

Compartieron besos por varios minutos, ya no había nada de qué hablar


y Louis, él simplemente quería apreciar el rostro del menor. Le acarició la
suave mejilla con lentitud, rozando con su pulgar el lunar en la mejilla de
su niño favorito. Nuevamente lo besó, sin poder resistirse.

Todo estaba saliendo tan bien...que incluso asustaba.

Fionn se había encargado de hacerle saber a su padre que planeaba ir con


Harry y otro amigo a una protesta contra el Halloween y las sectas para
hablar de Dios. Su padre lo creyó y finalmente decidió comunicárselo a
Anne Styles la cual, orgullosa de su hijo, lo felicitó y con gusto lo dejó.

Whitehead había organizado disfrazarse junto a Harry -él elegiría el


disfraz- e ir a una fiesta que le había recomendado el amigo con el cual
irían -que, por cierto, era Liam Payne- la cual quedaba casi fuera del
pueblo, en la casa embrujada del viejo Cowell -bueno, Harry no sabía eso-
y divertirse. Mucho. Iba a conseguir dulces para el rizado, bailar con la
rebelde hija del padre William y asustar. Asustar mucho.
Mientras Liam se encargaba de comprar unos refrescos y comida chatarra
para el viaje en una estación de servicio, Harry y Fionn se encontraban
en el baño de ésta el cual estaba vacío. Ambos simplemente de pie frente
al enorme espejo, observando sus ridículos reflejos debajo de una sábana
manchada con pintura roja y agujeros en el área de los ojos para no
bloquear sus vistas.

Un suspiro salió del más alto de ambos. —Nos vemos tan aterradores,
Harry. —Dijo, y se veía un poco chistoso el no notar cuando hablaba.

Literalmente, ambos lucían igual.

Harry no habló por unos segundos, y por encima de la sábana pudo


notarse que ladeaba su cabeza.

—Uhm, sí.

—¿No lo crees? ¿No crees que nos vemos muy terroríficos?

—Uhm... —No quiere decepcionar a su amigo, el cual se ha tomado el


tiempo de preparar todo detalladamente y sin problemas. —...Oh, sí.
Definitivamente.

—Genial, sígueme. —Dijo, buscado la mano del más bajo y llevándolo a


la salida del baño. Ambos chocaron con una pareja de adultos, los cuales
se sobresaltaron un poco. —¡BOOOOOOO!
El hombre con peinado raro alzó ambas cejas. —¿Qué son? ¿Mocosos con
sábanas?

—Cállate, somos fantasmas. —Fionn respondió, completamente


indignado y tirando de la mano de Harry, dirigiéndose ambos hacia el
auto.

Liam salía de hacer las compras con tres latas de Coca Cola y un gran
paquete de papas fritas. Éste vestía casual, pero había maquillado su
rostro como el de un esqueleto y su cabello estaba peinado hacia atrás.
Alzó ambas cejas al ver a los niños, sin saber qué decir.

Fionn alzó sus brazos, indignado y Liam reconoció de inmediato aquel


gesto, llevando una mano a su pecho de manera exagerada.

—Oh, lo siento. Me asustaron y quedé algo ido. —Mintió.

Fionn parecía conforme ante aquello y no se metió en el asiento copiloto


sin decirle "Ja, perdedor" al más guapo de los Payne.

Harry subió en el asiento trasero y quitó la sábana de encima de su


cuerpo, encontrándose a Louis a su lado e intentando no sobresaltarse.
Debía de acostumbrarse a que Louis podía aparecerse solamente para él.
Se sentó bien pegado a su lado, intentando disimular y permitió que éste
le acariciara la mano.

—¿Liam? —Harry llamó, recibiendo tan solo un murmullo de parte de éste.


—¿A dónde vamos?

Ambos chicos del asiento del frente se ven de reojo antes de que Fionn
se gire y vea a Harry a través de la sábana. Incluso la forma en que lo ve
a través de los agujeros de esta luce como si quisiera disculparse.

—Hay una fiesta en la casa del viejo Cowell. —Dice despacio, apenas
audible.

Los ojos de Harry se agrandaron. Oh, no. —¡¿La casa del viejo Cowell?!
—Exclamó, asustado. ¡Ese viejo había sido su pesadilla de niño!

—¡Si! —Fionn parece emocionado.


—¡Está embrujada!

—¡Lo sé! —Continúa entusiasta. —Y habrá mucha gente. Chicos como yo,
y chicos como tú, aunque...Bueno, nunca vi a alguien como tú. Casi todos
saben lo que quieren.

Louis suelta una risa casi silenciosa y el rubor no tarda de llegar a las
mejillas del rizado. Liam continúa conduciendo en silencio y comiendo
papas.

—¿Acaso yo no? —Harry responde, tranquilo y llevando su mirada a la


ventana, observando la oscura y vacía carretera.

—No. Tú sabes que lo que hacemos está bien, pero estás muy follad-muy
absorbido por el sistema. —Rápidamente se corrige, volviendo la vista al
frente.

Nuevamente la risa del diablo se hace audible y Harry no puede evitar


sonreír tímidamente de lado, bajando la mirada y recibiendo una caricia
en su mano izquierda.

Oh, Louis.
Hace más de treinta años los padres asustaban a sus hijos con la famosa
historia de Reinold Cowell. Según todos, éste solía ser un brujo que vivía
casi en las afueras de Holmes Chapel. Comenzó a ser un fiel servidor del
diablo cuando unos malvados niños iban frecuentemente a su casa y le
arrojaban medianas piedras, rompiendo sus ventanas y destruyendo su
hogar.
Hubo ocasiones en la que lo lastimaron físicamente, y aquella casa en la
que vivía solía cuidarla bien porque su esposa fallecida la había construido
junto a él. Era el único recuerdo que le quedaba de ella.
Decidido y cegado por el dolor de haber perdido al amor de su vida,
Reinold decidió invocar a los demonios superiores, vendiendo su alma al
líder de éstos para que lo protegieran de aquellos niños.
La última vez que los niños fueron a arrojar piedras, no solo fueron
molestados por todos los demonios de maneras humillantes y dolorosas -
Quebrarse los dedos de la nada y sentir puntas filosas enterrándose en
sus pies- si no que el famoso músico del infierno, Giussepe Tartini, tan
solo subió para tocar la cuerda más aguda del violín de una manera brusca
e irritante. Aquel sonido hizo explotar una por una las cabezas de los
niños, y pronto los cuerpos aparecieron en las puertas de las casas de
cada padre.
Reinold Cowell fue colgado en su propia sala, y lo último que dijo antes
de morir fue: "He aquí muriendo injustamente, como casi todo el mundo
lo hace. No culpo a esos niños, veo ahora frente a mí a los monstruos en
los que se reflejaban."
Toda la infancia de Harry se basó en bromas respecto a ese tipo, e incluso
las pocas veces que había casi alcanzado la salida del pueblo con su
familia lloraba y pedía a gritos regresar sano y salvo a su casa. No podía
ni siquiera pensar en una muerte, ni en alguien rodeado de demonios.
Irónico, porque estaba enamorado del diablo, y ahora una muerte para él
era algo normal, y bastante frecuente.
La casa era enorme, y lucía vieja. Estaba bastante seguro que las
telarañas eran de verdad. Sin embargo, la decoración de Halloween
ayudaba, y la multitud de personas dentro parecían divertirse mientras
bailaban "Rock in jail" de Elvis Presley gracias al jukebox de la esquina.
Había un bar en la otra punta de la sala, y estaba también lleno. La luz
del lugar se encontraba apagada, y las velas del enorme candelabro del
techo iluminaba el lugar de manera leve. En la cocina había gente sentada
alrededor de lo que parecía ser una tabla con letras extrañas. Harry
probablemente estaría muerto de miedo si hubiese entrado a la casa antes
de conocer a Louis, pero no tenía miedo. Era algo completamente normal
para él.
Liam observaba con una ligera sonrisa cono Fionn se quitaba la sábana
de encima y observaba con indignación los terroríficos disfraces de todos.
¡¿Cómo no pudo notar que Harry y él se veían ridículos?! De inmediato
vio al rizado, el cual continuaba escondido bajo la sábana y parecía estar
moviendo su cabeza al sonido de la música.
-Oh, mierda. ¿Me repites qué dije de nosotros frente al espejo? -Harry lo
ve por unos segundos, completamente perdido ante la neutra manera en
la que Fionn le habla.
-Oh. Dijiste "Nos vemos tan aterradores, Harry."
- ¿Por qué no me golpeaste cuando dije eso?
Liam rió, negando con la cabeza y llevando sus manos a las espaldas de
ambos chicos. -Vamos a beber algo y calmarnos. -Dijo, dirigiéndose con
éstos hacia la barra, la cual estaba repleta, pero atendían con bastante
rapidez.
Harry se quitó la sábana de encima del cuerpo una vez llegaron y la ató
alrededor de su cuello, como si fuese un súper héroe. Fionn la había
dejado por ahí, tan solo con su cabello hacia arriba, despeinado y ojos
pintados de negro.

- ¿Fionn? -Liam preguntó, siendo claro al estar a punto de ser atendido


por el hombre del otro lado de la barra.

-Una cerveza.

- ¿Harry?

-Oh. Uhm, agua.

Las cejas de Liam se alzan. - ¿Agua?

-O jugo. Jugo está bien. -Harry rápidamente corrige, provocando que


Fionn suelte una carcajada.
- ¡¿Jugo?! -Niega rápidamente mientras Harry arruga su nariz,
avergonzado. ¿Tenía algo de malo beber jugo? ¿Acaso no lo vendían? Que
terrible. -Pide una cerveza para él.
-No voy a beber eso. -Rápidamente se defendió el rizado, negando en
desaprobación.
-No venden jugo, Harry.
-Yo no lo sabía...
-Lo sé. Lo siento, es q-
- ¿Disculpa? Oí que tu amigo quería jugo. Aquí tengo.
Harry se gira ante la reconocible voz que viene del tipo alto a un lado de
Fionn y lo ve fijamente. Parpadea, atónito de notar como Louis interactúa
con su amigo del instituto. No puede disimular su shock y pasa de ver a
Fionn a ver al diablo, y así sucesivamente por unos segundos.
Su amigo, en cambio, sonríe y acepta el vaso que Louis le tiende. -
Gracias, amigo. -Se gira para ver al rizado y le tiende el vaso, alzando
ambas cejas. -Mira, Harry. Éste adulto ha conseguido jugo para ti.
Parpadeando rápidamente, el menor toma el vaso y se sonroja cuando
Louis le guiña un ojo. -G-gracias.
Obviamente va a fingir no conocerlo.
-No hay de qué.
Fionn ríe mientras lo ve de arriba abajo, despertando unos leves celos en
el rizado, el cual bebe del jugo de naranja. Sabe a recién exprimido, pero
no se sorprende porque Louis es el maldito diablo y puede hacer lo que
quiera.
- ¿De qué vienes vestido? Oh, espera. Espera. Déjame adivinar. -
Entrecierra sus ojos, pensando antes de asentir, confiado. - ¿Eres
un...satánico?
-No. Soy el diablo.
Harry le hace señas para que se detenga, pero Liam llega pronto a su lado
con tres latas de cerveza en la mano y observa perdido la conversación
que están teniendo con aquel tipo.
El ceño de Fionn se frunce ante la respuesta de Louis. -El diablo tiene
cuernos y cola, genio.
El corazón de Harry no puede estar latiendo más rápido. Teme que aquella
respuesta sea demasiado atrevida para el diablo, y éste último crea que
alguien era superior a él, lo cual es bastante malo. El rizado observó tan
mal a Fionn que éste cerró la boca y tomó la lata de cerveza que Liam le
tendía, bebiendo y sin decir nada más.
-Chicos, me iré unos minutos a hablar con unos amigos de allí. -Dijo el
joven Payne, señalando a lo lejos un grupo de personas reunido en la
esquina de la sala. -Si alguno quiere irse, busque al otro y nos iremos los
tres juntos.
Fionn y Harry estuvieron de acuerdo mientras observaban por donde iba
Liam. Louis, por otra parte, no le quitaba la mirada de encima a Harry.
-Harry. -Llamó su amigo, y cuando el rizado lo observó éste lucía
completamente embobado, con su mirada perdida en la pista de baile. -
¿Te molesta si me desaparezco unos minutos?
El menor descubrió que, entre la multitud de gente, la hija del padre
William bailaba sin apartar sus ojos y sonrisa de su amigo.

-Oh, uhm...

-Yo me quedo con él. -Louis dijo rápidamente, provocando que Harry lo
observara con alivio.

Sería raro estar en una fiesta con Louis.

Fionn le entregó su lata de cerveza a Harry y le sonrió con alegría al


diablo. - ¡Gracias, Lucifer! -Volvió a ver a su amigo y le dio unas
palmaditas en el hombro. -Harry, no me moveré de ésta casa, lo prometo.
Si te quieres ir, me buscas y nos vamos.

Finalmente se alejó, entusiasmado en cuanto le ofreció a la linda hija del


cura bailar y ésta aceptó sin peros. Ambos enloquecieron mientras hacían
unos pasos de rock muy difíciles y, pronto, todos estaban a su alrededor,
alentando el baile de los dos adolescentes.
Harry no pudo evitar sonreír tímidamente ante aquella imagen frente a
él, llevando luego su mirada a Louis, el cual no le apartaba la mirada de
encima por nada del mundo.
-Fionn Whitehead es un mal amigo. -Louis dijo, provocando que Harry
dejara de sonreír y su corazón comenzara a latir más rápido. La mirada
del diablo fue al frente y su expresión se mantuvo neutra. -Es su deber
como amigo cuidarte. No debería de haberte dejado beber del vaso que
te dí.
- ¿H-hay algo mal con el jugo? -Tartamudeó. Siempre estaba aquella duda
en la cual temía que, inesperadamente, Louis se llevara su alma de la
forma más cruel, cuando menos se diera cuenta o cuanto más confiara en
él.

El arcángel llevó nuevamente su mirada hacia Harry, lo analizó por unos


segundos de arriba abajo y simplemente dijo: -Hay malas personas aquí,
y son personas que te ofrecerían lo que sea para tenerte dormido y en
una cama.
La piel del niño se volvió más pálida ante aquel pensamiento. Entonces,
¿Estaba bien aceptar una bebida del mismísimo diablo y no estaba bien
aceptar de una persona mala?
Aunque Louis jamás le haría nada...
¿O sí?
- ¿No pueden notar el malestar cuando estás cerca?
-No, solo tú me has vendido tu alma de aquí. Hay mucha buena vibra
para notar un vacío. -Dice, y suspira antes de tenderle su mano al rizado,
el cual la aceptó de inmediato. -Sígueme.
El niño se limitó a seguir al ente, fijándose no estar en el radar de Fionn
y Liam. Algunas personas observaban extrañadas las manos unidas de
ambas personas con el mismo sexo, pero ninguno decía nada ni lo
comentaba, lo cual resultaba ser bueno para Harry.
Ambos pasaron por un pasillo oscuro en el cual tuvieron que esquivar a
algunas parejas besándose, y finalmente Louis abrió una puerta al fondo,
adentrándose junto a su niño. Era una vieja habitación con una cama
perfectamente ordenada y una mesa de noche algo desarreglada. Las
paredes blancas tenían moho, cosas escritas y todo olía a humedad. El
ambiente era terrible, pero se podía conversar bien, sin ninguna molestia.
El rizado se encaminó hasta dejar las dos latas de cerveza y su vaso con
jugo en la mesa de noche, observando el lugar detalladamente,
analizándolo. Era tétrico y hacía mucho frío. Se giró para ver a Louis, el
cual lo envolvió en sus brazos de inmediato y lo obligó a alzar la mirada
para que sus frentes se unieran. Sus mejillas se sonrojaron, aún sin poder
creer que era el diablo el que sanaba su pobre corazón.
-Estás extraño. -Dijo, acariciándole la cintura y pegando sus labios con
los del menor, sin moverlos y obligando a éste último a cerrar sus ojitos.
- ¿Qué pasa por la mente de mi niño favorito?
-Oh, nada. -Bueno, sí había algo. Estaba nervioso de hacer cosas como
éstas: Ir a fiestas sin permiso, festejar Halloween luego de haber
repartido volantes en contra de éstos...últimamente estaba haciendo todo
mal. - ¿Estoy extraño? -Inconscientemente llevó sus pequeñas manos a
los brazos del mayor, sosteniéndose de éste.
-Estás...atrevido. -Las mejillas de Harry se sonrojaron aún más, y
agradeció internamente a la falta de luz en aquel lugar, exceptuando la
que entraba por la ventana rota. -Mientes, te escapas a una fiesta, te
metes con el diablo...Uhh. Eres un niñito malo.
La inocencia del menor no le permitió captar el travieso tono de voz que
había usado el arcángel, y estuvo a punto de comenzar a llorar,
haciéndolo obvio con el pequeño pucherito que comenzó a formarse en
su labio inferior.
-Lo sé, lo sie-
Sus disculpas son interrumpidas por el profundo beso que Louis depositó
sobre sus labios, acariciando, chupando y mordiendo suavemente. Un
pequeño suspirito salió de la nariz del rizado y subió sus brazos alrededor
del cuello del más alto en cuanto éste último reafirmó el agarre en su
cintura.
Sus lenguas no tardaron en hacer contacto, ambas formando sensaciones
en ambos, y leves sonidos de chasquidos por la habitación. Louis caminó
hacia adelante y dejó a Harry contra la pared, en un rincón de la
habitación.
Todo se volvió más cálido, más íntimo. Pronto el diablo se encontraba
presionando al chico contra la pared y le acariciaba los muslos y el trasero.
Le acariciaba la lechosa piel por debajo de su camiseta y disfrutaba los
soniditos que salían de la boca de su niño favorito.
Minutos después se separaron un poco, con ambos labios rojos y la
urgente necesidad de verse fijamente a los ojos. Harry descubrió paz, un
océano en aquellos ojos azules, el cual usaba para sumergirse unos
segundos y relajarse completamente. Incluso el pedazo bordó le gustaba.
Todo Louis le gustaba.
Decidió decirlo. Decidió tragar su timidez, la humillación que recibiría si
no era así, la vergüenza en su pecho y su inseguridad.
-Dime la verdad. -Susurro justo cuando Louis decidió tomarlo de las
mejillas, alzar su rostro y besarle los labios suavemente.
- ¿Qué quieres saber?
Permanecieron besándose, nuevamente el diablo bajando sus brazos a la
cintura del menor, el cual subió los suyos y se sostuvo de su cuello. La
necesidad en la manera que movían sus labios era inexplicable y muy
evidente.
-D-dime que no me quieres muerto, que me quieres justo aquí. -Ningunos
se separó del beso, y Louis lamió el labio inferior del menor, sintiendo
como éste último temblaba en sus brazos. -Si no es así, está bien. Pero,
por favor, no.…no me mientas.
Ambos apartaron sus rostros un poco para poder verse fijamente a los
ojos. - ¿Por qué no debería de mentirte? -Louis preguntó, y su expresión
demostraba la lucha en su interior.
-Porque tú no solo eres el diablo para mí. -Harry susurró, mordiendo su
labio inferior luego y sin parpadear, admirando los ojos del ente. -Lo eres
con los demás, pero eres Louis conmigo. Y yo...conozco a Louis. C-
Conozco cuando miente, cuando algo le gusta o disgusta.
-Harry. -Lo sostiene de manera más posesiva y el azul de sus ojos se
vuelve más oscuro. Le gusta lo que oye.
-Lou, juro que si no es como lo digo puedes seguir u... -Tragó saliva con
fuerza ante el nudo en su garganta y tuvo que parpadear debido a las
lágrimas llenando sus enormes ojos verdes. -...usándome el tiempo que
quieras. Solo quiero saber la verdad.
El diablo no dice nada mientras intenta averiguar cómo reaccionar ante
aquella situación, pero deja escapar un suspiro en cuanto Harry no evita
sollozar en una exhalación, cerrando sus ojos a la par en que la frente de
Louis nuevamente se unía junto con la del niño. Permanecen en silencio,
y Harry continúa sollozando e hipando bajito, con las lágrimas cayendo
por sus mejillas, sin poder soportar el estar cargando el peso de amar a
alguien que, según él, no puede amar.
-...No quiero que mueras.
El cuerpo de Harry tiembla con más intensidad, y se obliga a sí mismo a
detener los sollozos y permanecer tranquilo, sorbiendo su roja nariz y
aferrándose más a Louis para quedar mucho más cerca. Necesita cariño,
mimos. Necesita al diablo.
-Te quiero aquí, conmigo. -Continúa el ente. -No allí.
- ¿Allí?
-De donde vengo. -Rápidamente dice. Sus ojos están cerrados y su boca
roza con la de su niño favorito. -Y donde deberías estar. No es lugar para
ti, tú eres tan...delicado. Y pequeño.
-Lou.
-No puedo permitirlo. -Continúa, y sus manos repletas de anillos están
tensas. -Así que deja de hacer que diga cosas que no puedo.
Harry parpadeó, perplejo y sin saber cómo reaccionar a aquellas últimas
palabras. ¿Debía de estar sorprendido porque el diablo sentía que Harry
lo obligaba? ¿Qué Harry tenía algún tipo de poder sobre él? ¿Lo que dijo
confirmó sus dudas? ¿Louis lo quería?
Sin dudarlo dejó un tímido, suave y muy corto en los besos del diablo,
con la cara ardiendo antes de soltar un suspiro. -Gracias...
Y Louis nuevamente lo besó con profundidad en la penumbra de aquel
cuarto.

Cuando Harry sale de la habitación Louis lo sigue un poco de lejos, y


ambos acaban cerca de la barra, donde anteriormente estaban. Fionn se
encuentra despidiéndose de la hija del padre William, y Liam está
abrazado al otro chico, el cual lucha por sostenerlo.
- ¡Harry! -Suspira de alivio al ver al pequeño de rizos sano y salvo, aún
acompañado por aquel hombre que dice estar disfrazado del diablo. -
Santo Dios, me asustaste. -Harry se encuentra viendo a Liam con el ceño
fruncido, preocupado. El de ojos castaños está al borde del desmayo, y
pálido. -Oh, Liam está ebrio. No es nada. Se va a morir en el asiento de
atrás por un rato, andando.
Harry se gira hacia Louis, sin saber exactamente qué hacer o decir. El
diablo sonríe de lado coquetamente y le dedica un asentimiento. -Fue un
placer conocerte.

El rizado asiente frenéticamente. -Oh. S-sí. Igualmente. - ¿Por qué es un


experto mintiendo en algunas cosas, y es un asco en otras?
Se gira, pero cuando no quiere dejar atrás al ente nuevamente vuelve a
ver en la dirección donde estaba. Sin embargo, ya no se encuentra allí,
pero cuando vuelve a girarse para caminar hacia la salida puede sentir los
pasos en sus talones.
Llegan al auto y Harry se adelanta para abrir la puerta de los asientos
traseros mientras Fionn hace vomitar a Liam en unos arbustos cerca de
la casa. Finalmente lo meten dentro, acostándolo de lado y cerrando la
puerta. Ambos chicos se suben en la parte delantera y suspiran. El de
cabello lacio suspira profundamente antes de voltearse a ver a Harry, el
cual no puede evitar reír tímidamente.
-Estás todo besuqueado. -Comenta al notar las marcas de labial en los
labios, mentón y mejillas de su amigo.
Este último continúa observando a Harry y no puede evitar sonreír de
lado, enseñando esos dientes algo chuecos que se le veían de una manera
extremadamente adorable.
-Ese tipo estaba embobado por ti.
El ceño del niño se frunce. - ¿Quién?
-El diablo sin cola ni cuernos. Se veía como que quería arremeter contra
ti y arruinarte de la forma más preciosa. -Finalmente enciende el auto y
acelera, dando la vuelta para volver al pueblo.
Y Harry, con su cuerpo cubierto por la sábana que había usado para ser
un fantasma y mirando hacia la ventana, realmente piensa en si está
siendo arruinado de la forma más preciosa.
Los tres adolescentes habían pasado la noche en la casa de uno de ellos:
Fionn Whitehead. Para Harry aquello era desperdiciar una noche con
Louis, ya que éste no podía estar presente allí. Apenas llegaron, luego de
que Liam vomitara un poco más y bebiera mucha agua, los tres se fueron
a dormir.
Despertaron al siguiente día cuando la alarma del reloj de Fionn sonó.
Había sido tan chillona y molesta que ninguno quiso hablar mientras se
levantaban. Se vistieron como el día anterior y bajaron a desayunar. El
padre de Fionn parecía muy alegre comentando lo bello que estaba el día,
las ventajas del invierno y lo lindo que sería cuando la nieve cayera en
diciembre. El humor de Harry mejoró y se puso a hablar con el padre de
su amigo sobre el clima, pero volvió a decaer cuando éste le comentó al
rizado la tragedia que hubo en el último viaje de convivencia que hizo la
escuela, y se quedó más que callado.
Liam no pasó por alto aquello.
Finalmente, Harry y Liam decidieron irse media hora antes de entrar a la
escuela debido a que necesitaban ponerse el uniforme. Ambos chicos se
fueron por diferentes caminos a sus respectivas casas. El rizado podía
sentir los pasos del diablo en sus talones, y le extrañaba que éste no
estuviese a su lado caminando. No había nadie a esas horas de la mañana,
al menos no por aquella zona.
- ¿Lou? -No recibió respuesta, tan solo aquellos pasos detrás de sí. Tragó
saliva con fuerza y de inmediato se puso tenso, creyendo que algo andaba
mal. Apresuró el paso hacia su casa, queriendo llegar rápidamente para
poder meterse en su cuarto y enfrentar lo que sucedía.
Minutos después llegó a su casa y abrió la puerta principal, cerrando
detrás de sí mismo y a punto de correr hacia su cuarto, pero detuvo sus
pasos al ver a su padre observarlo desde el sofá de la sala, bebiendo una
pequeña taza de té. Ambos se observaron por unos cortos segundos antes
que Des alzara ambas cejas y dejara la taza en la mesa ratona frente a
él.
-Hijo, hola. -Dijo.
Harry no sabía exactamente qué decir. Era muy extraño hablar luego de
que ambos supieran que Des quiso quemarlo con un cigarrillo, Harry le
provocó un ataque al corazón diciendo "Louis" y luego el nombrado se le
apareció a su padre en el hospital.
Simplemente apretó sus labios, formando una línea con ellos, alzando un
poco una de sus comisuras y asintiendo en forma de saludo.
-Uhm, ¿Mamá y Gemma? -Por algún motivo se puso mucho más tenso al
ver como su padre se ponía de pie, caminando muy lentamente hacia él.
-No están.
-Oh. -Harry asintió, viendo alrededor. Estaba realmente inseguro. Hizo
una especie de trompita con sus labios y frunció un poco el ceño,
pensando. ¿Dónde podría estar su familia? - ¿Dónde fueron?
-A resolver unos asuntos. -Sonrió amistosamente. A pesar de que se veía
honesto la respuesta a su pregunta lo puso más nervioso. ¿Qué debía de
estar haciendo su familia que no podía él enterarse? Porque claramente
sería muy tonto continuar preguntando. - ¿La pasaste bien anoche en la
protesta?
-Oh, sí. -Se le hizo un nudo en la garganta por mentir. -Sí.
- ¿Has comido? ¿Quieres que te prepare algo?
Aquellas preguntas lo hicieron sentir tan querido, importante para su
padre en el cual siempre había buscado algún tipo de aprobación y amor
verdadero, que sus ojitos se llenaron de lágrimas y sonrió con vergüenza.
Tragó saliva con fuerza antes de negar.
-Oh, no. Está bien. -Su voz tembló un poco y carraspeó con fuerza para
reafirmarla. -Ya he desayunado con Fionn. ¿Tú...tú has desayunado?
-Sí, gracias.
-Oh, bueno. -Asintió lentamente antes de dar un paso atrás. -Me voy a
vestir para ir al instituto.

-Yo te llevo. -Dijo Des, bajando la mirada y asintiendo. Parecía apenado.

-Genial, gracias. -Agradeció el niño de rizos antes de girarse para ir a su


cuarto.

¿Debía de ponerse feliz porque la relación con su padre estaba


avanzando? ¿Finalmente éste último comprendía que golpear a alguien
con un cinturón hasta marcarlo no era la forma de solucionar las cosas?
¿Acaso había cambiado? O, ¿Cambiaría?

Ni siquiera tuvo tiempo de pensar en las respuestas de todas aquellas


preguntas. Una mano tira fuertemente de su brazo y otra mano junto a
otro objeto se pegan con fuerza en su cabeza, sobre sus rizos. De
inmediato se siente sofocado, y literalmente como su sangre comienza a
hervir.

-En el nombre del señor, te ordeno que salgas de éste cuerpo.


Harry abre su boca en un grito mudo, comenzando a temblar. Puede sentir
fuego en sus huesos, en su interior. En todas partes y, oh. Es como ser
quemado vivo por un largo tiempo y nunca morir, solo sufrir. -L...

Ni siquiera termina de nombrar al diablo que el crucifijo que se encuentra


en su cabeza vuela de la mano de Des y una fuerza inhumana arroja a su
padre hasta una esquina de la sala, dejándolo en el suelo y tirando
algunas cosas. Harry intenta mantenerse de pie como puede mientras
recupera la respiración, pero se encuentra quejándose en voz alta por el
fuego en sus venas.

Observa a su padre de lo más herido, llorando bajito mientras se sostiene


a sí mismo, pálido.

- ¿Q-Qué eres? -Des también está pálido, y se arrastra hasta tomar


nuevamente el rosario, tendiéndolo hacia Harry por si éste planeaba
acercarse. - ¿Qué clase de monstruo eres?

Shockeado y perturbado, el rizado se ríe secamente, limpiando las


lágrimas de su rostro e intentando enderezarse debido a que se
encontraba algo doblado por el dolor. Debía verse fuerte frente a su
padre, o éste creería que podría derrotarlo fácilmente. Le apuntó con su
pequeño dedo índice a una de las personas que alguna vez más amó,
amenazante. Se veía como un pequeño intentando asustar, pero daba
igual.

-N-No.…no vuelvas a intentar tocarme, o voy a matarte. -Acomodó sus


ricitos, temblando. Se estaba muriendo de ardor. -Voy a matarte.

Se tambaleó hasta llegar a la puerta que iba hacia las escaleras y la bajó
con demasiada dificultad, quitándose la mochila en el camino a su
habitación. Una vez llegó cerró la puerta detrás de sí y se apoyó contra
ésta, cerrando sus ojos y llevando una mano a su pecho. No aguantaba,
y a pesar de que el fuego en su interior no se había propagado, podía
sentir aún el ardor tan potente que su aliento era como vapor.
Unos brazos lo rodearon fuertemente por la cintura. -Harry. -El susurro
del diablo era ronco, y hasta parecía desesperado ante los quejidos de
dolor del menor.

-Arde, arde. -Las lágrimas no le salían y le costaba respirar. Sus piernas


le temblaban y estaba seguro que si no era sostenido por Louis iba a caer
al suelo. -M-me está... -Sollozó secamente.

Una mano de Louis se dirigió hacia el mentón del rizado, tomándolo y


alzando su rostro. -Mírame. Harry, mírame. -Los ojos del niño se abrieron
con cansancio y ambos se vieron fijamente. Poco a poco el alivio llegó al
pecho del rizado en cuanto el ardor cedía y parecía que algo refrescante
lo invadía. Se sostuvo mejor de Louis, cerrando nuevamente los ojos y
recibiendo un desesperado y necesitado beso en los labios. -Ya, estás
bien. No voy a dejar que nadie te vuelva a tocar.

-I-Intenté decir tu nombre, Louis. Me dio miedo, no salía.

-Tu padre no va a seguir vivo cuando vuelvas de la escuela. -Prometió el


diablo. Harry de inmediato lo observó y negó. -Nada me va a hacer
cambiar de opinión, aquí mando yo.

-No, no. No lo mates. -Suplicó su niño favorito. No podía seguir cargando


el peso de la culpa, el de las muertes y el cómo afectaba a su alrededor y
lo volvía más débil a continuar vivo. -No...

Los ojos de Louis se oscurecieron y dio un profundo suspiro, pero no fue


como las demás veces que los cuadros tan solo se movieron, esta vez
muchas cosas se cayeron y hasta se rompieron. Oh, el diablo estaba tan
enojado.

-Te tocó.

-Louis, por favor. -Rogó, llevando sus manos hacia los hombros del
mayor, aferrándose y observándolo fijamente. La expresión del ente era
neutra, no demostraba nada, pero sostenía a Harry por la cintura con
fuerza.
-Tocó lo que es mío. -Sus fosas nasales se abrieron un poco más ante las
profundas respiraciones. La luz del cuarto había bajado un poco y Harry
no lo notó hasta que un fuerte relámpago sonó, sobresaltándolo un poco.
-Mío.

Harry sollozó, negando y poniéndose de puntitas de pie, llevando


tímidamente sus brazos alrededor del cuello de Louis. -No sabe lo que
hace. Lou, por favor. -Intentó llegar a la boca del amor de su vida,
lográndolo. Rozaron sus labios por un momento. -Por favor...

-Hoy muere. Se va al infierno.

-Lou... -Besa con demasiada vergüenza los labios del ente, el cual
comienza a comerle la boca a su niño favorito. Aquel beso es profundo,
lleno de pasión y necesidad. Harry se aferra a Louis como si tuviese miedo
de cada cosa que hay en todo el espacio que lo rodea, y en parte es así.
Tuvo mucho miedo y ahora tan solo ruega por mimitos del diablo el cual,
sin saber lo que se encuentra experimentando busca algún tipo de
remedio en los labios de su bebé para curar la rabia que siente en su
pecho. Se separan luego de unos minutos. -...Por favor.

El diablo aparta tan solo un poco más su rostro y abre sus ojos, los cuales
siguen oscuros. Niega lentamente y es la primera vez que Harry lo ve tan
confundido, shockeado. -Por mí. ¿Qué me estás haciendo? -Nuevamente
toma a su niño y lo besa profundamente por tan solo unos segundos,
finalizando con besos entrecortados. Vuelve a suspirar y más cosas caen.
-Estoy tan furioso. Sé cómo resolver las cosas, pero tú me lo impides...y
yo te lo permito.

Ambos se ven fijamente por unos segundos, y el rizado no evita volver a


soltar algunas lágrimas.

-Es mi padre, Lou.

-No me importa.

-No importa lo que haga, sigue siendo mi padre. -Defendió inútilmente.

Una irónica risa, llena de sequedad y poca gracia sale de la boca del ente.
-Humanos. ¿Qué es esa ideología en sus cabezas de que por tener la
misma sangre deben perdonar acciones intencionales de uno? Tu padre
sabe que tengo mis ojos sobre ti. -Su voz baja de tono, la furia
intensificando el malestar en el interior del pequeño. -Yo le advertí. Le
advertí que no te tocara, que no te mirara. Lo hizo sabiendo que iba a
lastimarte.

Lo que Louis no comprendía es que Harry no lo defendía por ser de su


sangre. Quería hacer referencia a que amaba a Des, con todo su corazón,
al igual que amaba a su madre y a Gemma. A su pequeña familia. Y no
importaba si su padre buscaba hacerle daño, porque él lo amaba más y
no quería ningún daño. Porque era mejor que eso. Porque, simplemente,
ya no podía soportar más porquería.

-Lou... -Sollozó. El nudo en su garganta no le permitía decir lo que sentía.

-Y ahora tú me pides que siga como si nada, y deje pasar el hecho de que
te lastimó. ¿Crees que no puedo ver los deseos de los demás, Harry? -
Preguntó. - ¿Crees que te he dicho que eres un alma pura todo éste
tiempo solo porque tuve ganas?
-No, no dije eso. Es solo-
-Tu padre va a saber lo que es estar cerca del infierno cuando vuelvas de
la escuela. -Interrumpió, acercando más el rostro al de su niño favorito,
el cual intentó aguantar los sollozos. -Es una orden. ¿Ha quedado claro?
-Sí... -Dice, parpadeando para soltar más lágrimas. El diablo le alzó el
mentón y llevó su cálida y húmeda lengua a la mejilla de Harry, limpiando
las gotas de tristeza, saboreado ésta última.
-Deja de hacerme dudar de mis decisiones.
-Lo siento. -Se permite llorar luego de que Louis deja un beso en sus
labios y se aparta, rodeando su pequeño cuerpo. Harry se gira
rápidamente, limpiando las lágrimas de su rostro y sollozando mientras
nota a Louis negar lentamente, pero nuevamente con aquella neutra
expresión que tanto lo caracterizaba.
-No lo comprendo. -Dice antes de tragar saliva. -Vístete, volveré cuando
oscurezca.
En tan solo un parpadeo el diablo desaparece, y con él un pedazo del alma
de Harry, dejándolo más débil, tembloroso y llorando.

Sube las escaleras furiosamente luego de salir de su cuarto, y en cuanto


cierra la puerta detrás de sí y ya está en su sala nuevamente, vestido con
su uniforme, mochila, cara lavada y peinado, su padre se encuentra allí,
inmóvil en el sofá y observando a su hijo con una mezcla de lástima y
miedo. La furia fluye por las venas del rizado a la par que toma un libro
que se encuentra cerca y se lo arroja al adulto, el cual se sobresalta,
sorprendido.
- ¡Eres un tonto! -Grita Harry, comenzando a sollozar con fuerza, con las
lágrimas cayendo como cascada de sus enormes y preciosos ojos verdes.
- ¡Te metiste conmigo y ahora la vas a pasar mal! ¡Y no quiero, pero te lo
mereces! -Iba a explotar si no le decía en la cara la verdad a alguien.

-...Harry.

Está tan roto, tan a punto de colapsar. -E-Él tenía razón, eres un mal
padre. -Apunta con su pequeño dedo índice al hombre mayor, acusándolo.
-Te gusta golpear a mamá, y te gusta castigarme. Te gusta jugar a ser
Dios.

-Este no eres tú. No es el niño dulce que siempre amé.

-No. -Y esta vez su voz no se quebró, incluso salió mucho más fuerte.
Negó lentamente antes de acomodar las correas de su mochila sobre sus
pequeños hombros. -Tú no sabes amar.
Y, sin más, giró sobre sus talones y salió de su casa, camino a la escuela
y llorando desconsoladamente.

No duró ni media hora dentro del salón de clases, pero se la pasó gran
parte en el baño, el cual estaba completamente vacío a esas horas y podía
darse el lujo de estar fuera de los cubículos. Fionn Whitehead lo encontró
cuando su profesor le ordenó ir a buscar al alumno que hace más de
treinta minutos se había ido al baño y no volvía. Harry lloraba y
murmuraba "No quiero que suceda" mientras Fionn intentaba calmarlo
mojándole el rostro y abrazándolo. El rizado se veía extremadamente
perturbado, como si no pudiese evitar lo que se avecinaba, y así era.
Murmuró un par de veces "Louis", pero quien sabe dónde éste estaba que
no apareció ni un segundo.
Fionn decidió llevar a Harry a su casa cuando éste último parecía temer ir
a la suya. No paraba de preguntar por la hora y negar rápidamente,
desesperado. Cuando ambos llegaron a la casa del castaño se
encaminaron hacia su cuarto y se quedaron allí, bebiendo jugo de naranja
exprimido y comiendo pan con mermelada. Ambos tuvieron una corta
charla en donde el rizado le confesaba a su amigo el haber hecho algo
muy, muy malo que no podía decir y no saber cómo remediarlo.
Fionn le dijo: "-Pues...está en ti detener las cosas, pero quiero que tengas
cuidado. El sentir culpa y estar en un ambiente tóxico puede arruinarte y
volverte alguien diferente. No dejes que eso pase."
¿No se ha vuelto ya alguien diferente? Se sentía diferente. Débil y fuerte
a la vez.
Eran las ocho p.m., hora de volver para la cena. Le sudaban las manos
mientras salía de la casa de los Whitehead y caminaba hacia la suya. No
había nadie, como a la mañana, y todo estaba oscuro a excepción de la
tenue luz blanca en cada faro. Pudo sentir la presencia de Louis a mitad
de camino, pero no se atrevió a hablar. Tenía miedo de cada respuesta
que recibiría.
Finalmente llegó a la casa y, sin siquiera pensarlo abrió la puerta principal,
adentrándose. Fue envuelto fuertemente en los brazos de su madre, la
cual jadeó, aliviada.
-Harry, Dios santo. -Se aleja luego de unos segundos, besando el rostro
de su hijo. - ¡Cielo! ¡Te busqué por todas partes! Pero tu padre, uh. Él me
dijo que estarías bien y decidí esperar. ¿Dónde estabas?
-Lo siento, mami. -Su voz tembló así que rápidamente carraspeó su
garganta. -Estaba con Fionn, me sentía raro y me quedé en su casa.
Siento haberte preocupado.
Los besitos de su madre en su rostro lo reconfortan un poco, pero aún
sigue aterrado por lo que se avecina.
Anne sonríe tímidamente luego, viendo fijamente a Harry. -Tu padre me
contó lo que sucedió. -Dice, y el niño se congela, pálido y tenso. No sabe
qué hacer, no sabe qué decir. -Ha asimilado la culpa, y ha prometido
tantas cosas buenas, amor. Todo va a mejorar. Él quiere ofrecerte una
disculpa.
...
¿Qué?
-U-uh...

Sus balbuceos son interrumpidos en cuanto Des sale de la cocina,


relamiendo sus labios y viendo hacia su esposa e hijo. Luce relajado,
incluso parece estar realmente feliz. Harry jura nunca haberlo visto así
mientras este se acerca rápidamente con una mirada culpable...y ojos
rojos.

Demonios, que ese no era su padre.

Pero tampoco era Louis, lo sentía detrás.

-Harry, lo siento tanto, hijo. Prometo que no volveré a lastimarte, te lo


juro. -Dice fluidamente, rodeando con su brazo la cintura de Anne, la cual
se sonroja. Simplemente asiente, y es allí cuando su padre sonríe
levemente y mira a su esposa, la cual le devuelve la mirada. ¿No nota el
cambio en el color de ojos? -Deberíamos cenar, tengo hambre y cocinas
riquísimo.

Su madre ríe, aún más sonrojada. Se parece a él cuando Louis dice cosas
que lo hacen sentirse el ser más afortunado del mundo. -Cocinaría lo que
sea por ti, mi amor. -Y ambos adultos se dirigen a la cocina, entablando
una conversación.

Harry ve a Gemma, la cual está en el sofá fingiendo ver televisión, y


ambos se observan fijamente antes de volver a lo suyo. El niño se dirige
a su cuarto, bajando las escaleras y cerrando la puerta detrás de sí antes
de encender la luz. Louis se encuentra parado allí, y él no puede evitar
comenzar a sollozar silenciosamente, pegado a la puerta.

- ¿L-Lo mataste?

La mandíbula de Louis parece estar tensa, y se mantiene bastante quieto.


-No. -Dice. Harry deja de llorar, sorprendido. -Pero va a desear estar
muerto, y no lo lamento.

El rizado comienza a quitarse la mochila, el abrigo y deja todo sobre un


sofá individual en la esquina del cuarto. Suspira y limpia las lágrimas en
su rostro antes de girarse, encontrándose a Louis frente a él. Ya no se
sobresalta más.

-Estás asustado. -Confirma el ente, por lo cual Harry niega. Louis rodea
la cintura de su niño favorito con sus brazos, acercándolo y pegándolo a
su pecho. Bajó el rostro y olfateó el cuello del más bajo tan solo unos
segundos. -Estás triste.

Harry nuevamente solloza, comenzando a temblar. Todo el miedo que


cargó sobre sí jamás se convirtió en alivio, ahora solo era tristeza que no
podía cambiar. Se sentía terriblemente, y temía no saber cómo
controlarlo. Louis lo observaba sin comprender al principio, pero pronto,
en carne propia pudo sentir las emociones de su niño y, casi desesperado
por aliviar el malestar lo alzó como si fuese una princesa y lo llevó a la
cama, recostándolo.
El rizado no dejaba de llorar, y Louis le limpió las lágrimas antes de
tomarlo del mentón y alzarle el rostro, acomodándose a su lado, pero un
poco más arriba.

- ¿Soy yo el causante de tu tristeza? -Harry tan solo parpadea, negando


apenas notable. - ¿Crees que estoy equivocado en la decisión que he
tomado?

Ambos permanecen callados por unos segundos, tan solo oyendo como el
rizado sorbía su nariz e intentaba no hacer ruido al llorar. -No. No creo
que estés equivocado, y por eso estoy triste.

Su madre, ella...jamás la había visto tan feliz, tan radiante. Pudo incluso
sentir lo hermosa y amada que esta se sentía, y las esperanzas surgiendo
de su pecho. Su padre, el cual estaba siendo poseído por un demonio y
su alma estaba en quién-sabe-donde, se veía mucho más comprensivo e
inteligente de aquella manera. Tan solo le dolía, porque él realmente
desearía tener a su padre de vuelta, pero siendo de aquella manera.

El diablo se mantuvo acariciando delicadamente la mejilla de su niño


favorito, y nuevamente lucía confundido como nunca. Realmente era muy
extraño verlo así, sin entender lo que sucedía.

-Aún no lo comprendo.

Esta vez Harry preguntó: - ¿Qué cosa?

-Te interesa la vida de alguien el cual no se preocupa por la tuya. -Se


inclina y besa suavemente los labios de su niño. -Te pone triste que
alguien sufra, incluso si no tuvo inconveniente en hacerte sufrir a ti. Eres
tan frágil, y tan puro. Yo...me dejas sin habla.

Nuevamente comparten una húmeda sesión de besos ruidosos. Harry se


acurruca en el pecho del rey del inframundo, el cual sostiene a su niño
favorito como si se le pudiese resbalar de las manos, cosa que era cierta.
Nunca había sentido tanto enojo como el ver que el rizado no podía
respirar debido a que alguien intentó que se quitara de encima. Ilusos.

Acarició las caderas del niño y adentró su lengua a la boca del menor, el
cual gimió bastante bajo y se acercó aún más, necesitando de mucho más
tacto. Louis se apartó solo unos segundos.
- ¿Cómo es que Dios no le prestó atención a alguien como tú?

Harry suspiró al sentir los besos del ente sobre la piel de su cuello,
succionando y lamiendo. -Uhm...tal vez él sabía que...que iba a
enamorarme de ti.

El corazón del diablo volvía a latir, y con mucha más intensidad. Una
sonrisa ladina se hizo presente en su boca, gustoso por su respuesta a
aquella suposición.

-O tal vez yo lo sabía e impedí que se metiera en mi camino.

Aquella noche hicieron el amor, y Louis se ocupó de quitar el susto y


tristeza del pecho de Harry. Mientras éste último dormía luego de varios
minutos, se permitió quedarse recostado, envolviendo el pequeño cuerpo
del menor y pensando una manera en la que éste disfrutara su vida junto
a él...y no muriera en el intento.

No era de esperarse que con el pasar de los días Harry se la pasara en su


cama, acurrucado y llorando. No podía simplemente olvidar que mientras
todos se la pasaban de lo mejor con su actual padre, el alma de su
verdadero padre estaba en el infierno, siendo torturada una y otra vez
por quien sabe qué cosa que estaba allí, ya que Louis estaba junto a él.
Últimamente se la pasaba a su lado y todo porque el niño estaba de lo
más deprimido. La culpa realmente lo estaba carcomiendo, y la presencia
del diablo empeoraba todo.

Fue cuando éste último se dio cuenta de aquello que decidió ponerle un
fin.

-Voy a irme. -El diablo se puso de pie luego de estar un rato sentado en
el borde de la cama de su niño favorito, el cual estaba envuelto en las
sábanas y sollozaba, lamentándose el haberse puesto al nivel de las
personas malas.

Louis no solo iba a irse porque Harry estaba lo bastante deteriorado para
hacerle compañía, también estaba el hecho de tener que oír cosas que no
eran ciertas. ¿Por qué el rizado cargaba con toda la culpa, cuando fue el
ente el cual decidió enviar al imbécil al infierno? ¿Por qué ensuciaba sus
propias manos cuando lo único que había en ellas era suavidad y
delicadeza? ¿Qué buscaba provocar en el diablo al estar mentalmente
castigándose de aquella manera?

El rostro del rizado, el cual está con la nariz enrojecida, ojos levemente
hinchados y llenos de lágrimas, y ricitos pegados en éste se hace visible
luego de unos largos minutos en donde lo mantuvo oculto bajo las cobijas.
- ¿Q-Qué?

-Estás demasiado mal, demasiado deteriorado. Voy a irme, al menos por


dos días. -Y, maldita sea, que no lo estaba preguntando. Lo iba a hacer y
punto.

Harry se pone de pie, torpemente avanzando hacia el bello hombre frente


a él, aferrándose al brazo de éste. Ambos se sorprenden por la falta de
estabilidad del niño, el temblor que comienza a apropiarse de su cuerpo
y la manera en que la respiración se le corta.

-No. No, n-no. No te vayas, p-por favor... -Inhala entrecortadamente y


se le rasga el pecho con cada sollozo. El diablo puede sentirlo en carne
propia, y aunque no siente más que leves pinchazos en el pecho, como si
se le hubiese dormido algún músculo, sabe que Harry lo siente en
demasía. -Y-yo...lo siento.

-Harry. -Se acerca al niño, notándolo realmente pálido. Suavemente pasa


uno de sus brazos por detrás de la espalda del rizado, y el otro por debajo
de sus piernas. Llevó su nariz a los rizos castaños de su ángel y suspiró
sobre éstos, acunándolo contra su pecho. -Pequeño...

Era impresionante lo que el humano podía provocarle con tan solo


mencionar el hecho de necesitarlo.

-No sé qué haré sin ti, por favor, yo... -Aprieta la yema de sus dedos
contra la camisa, sobre el hombro del diablo. -...yo no...

Louis comienza a encaminarse al baño, y cuando llega tan solo deja a su


niño favorito sobre la tapa del retrete, apoyándolo contra la pared. No le
dice que deje de llorar cuando su llanto se incrementa, tan solo se dirige
hacia la bañera y comienza a llenarla con agua tibia mientras se quita la
camisa y los zapatos, quedando en pantalones. Una vez la bañera se
encuentra llena se acerca a su niño y comienza a desvestirlo básicamente
a la fuerza hasta dejarlo en ropa interior, tomándolo en brazos y
llevándolo consigo hasta la bañera.

Se metió y dejó a Harry sobre su pecho, llevando su mano repleta de


anillos al agua y pasándola por el rostro del niño a pesar de que éste se
removía para intentar respirar. Finalmente, harto Louis lo tomó del rostro
y lo miró fijamente.

-Si no te calmas voy a tener que sumergirte.

Harry aguanta el aire por unos segundos y lo suelta lenta y


temblorosamente por la nariz, pero el llanto no abandona su pecho y no
puede evitar sollozar un par de veces, pegando su mejilla contra el cálido
pecho del rey del inframundo.

-No te vayas, por favor. N-No sé qué hacer... -Solloza con más fuerza, a
punto de comenzar otro ruidoso llanto.
Louis rápidamente comienza a dejar suaves besos en su mejilla y luego
en su cuello, abrazándolo más contra sí. -Deja de llorar, no voy a irme.

-Te amo, Lou. -Solloza, y se aferra más fuerte al torso del amor de su
vida, el único que hace el mundo menos terrible para él.

No sabe cuánto tiempo va a poder soportarlo.

Los días pasaban, Harry no mejoraba y todo debido a que Louis no podía
apartarse ni un segundo de él ya que entraba en una especie de crisis
donde chillaba por el diablo, incluso con éste allí presente. El trato en
donde el ente volvía en las noches se había ido al demonio, y el rizado ni
siquiera podía ver a su padre falso porque comenzaba a surgirle tanta
ansiedad en el pecho que hacía lo que sea para no tenerla. Lo único bueno
de su nuevo padre era que Dominique no era reproducida cada mañana
en el tocadiscos, una y otra vez.

En los zapatos del niño de ojos verdes, todo se había vuelto como aquella
vez en la que la muerte lo vio a los ojos y todos los momentos importantes
en su vida se hicieron añicos. Estaba delgado, desanimado, se sentía
pesado y ligero a la vez, el día estaba soleado, pero para él era como usar
gafas de sol y las ganas de llorar lo invadían cada tanto, pero había dejado
de poder soltar lágrimas por sus ojos.

Despertó en medio de la tarde. El atardecer dejaba una leve luz en su


cuarto y las cobijas sobre él lo protegían del frío, el cual últimamente era
bastante. Se sentía más extraño que ayer: Sentía algo en su pecho que
le dejaba...como si estuviese en la nada. Es decir: No sentía...demasiado.

Louis estaba sentado a su lado viéndolo fijamente, y cuando notó que el


pequeño ya estaba despierto, tomó su mano y comenzó a dejar suaves
besos en sus nudillos. El ceño de Harry se frunce levemente, parpadeando
con lentitud. No sabe ni qué día es.

- ¿Q-Qué ha pasado?

-Te dormiste ayer por la tarde. -Decidió omitir que había aprovechado el
irse y que había llegado hace tan solo unos minutos.
-Oh. -Se sienta fijamente con ayuda del diablo. Se ve más pequeñito ante
la delgadez. Mira alrededor unos segundos, parpadeando con algo de
pesadez antes de llevar su pequeño puño a su ojo izquierdo, refregándolo.
- ¿Mi mamá no ha preguntado por mí?

-Sí, ha venido un par de veces a ver si estabas bien. -Mintió.

No es que Anne no se haya preocupado por su hijo, pero cada vez que
iba a bajar tan solo le comentaba a su marido que iba a hacerlo, y el
demonio decía que él se encargaría, aunque realmente no lo hacía. A Louis
no le molestaba aquello: No quería a nadie más que a él en la habitación
de su niño.

Se veía tan chiquito como siempre, recién amanecido, con los rizos
despeinados y adormilado. No dejaba de pasar su mano por su ojo
izquierdo, intentando despertarse un poco, e inconscientemente hací-a
trompita con sus labios. Fue inevitable, imposible, no pasar un brazo por
la espalda del menor, rodeándolo para sostenerlo como si fuese un bebé.
Ambos se vieron fijamente a los ojos por un rato, perdidos en el otro.
Harry habí-a alzado su mano al rostro del diablo, acariciando con las
yemas de sus dedos la preciosa piel del ente. Estaba embobado,
anonadado, enamorado.

-Te amo, Louis. -Susurra, sin poder evitarlo y no esperando recibir nada
de vuelta. Tan solo quería decirlo porque tener tal belleza frente a él,
tener tal crueldad y aprender muy lentamente a amarla lo había hecho
ver que Louis podría sentir. No amarlo, solo sentir. Negó lentamente con
la cabeza. Si el diablo no lo amaba y planeaba llevarlo al infierno de la
manera más cruel, Harry estaría gustoso. Al menos moriría sabiendo que
tuvo el placer de ser besado por alguien único como lo era Louis. -Haz
conmigo lo que quieras.

Luego de la sonrisa ladina que le dedica al niño, el diablo baja su rostro,


dirigiéndose al cuello ajeno y, al llegar, comenzando a succionar porciones
de la pálida piel. Le encantaban las reacciones del menor, el cual
suspiraba entrecortadamente y se removía un poco, casi ronroneando.
Roza sus dientes contra la piel y dio una lamida, dejándole el cuello
húmedo con su saliva. Subió y lo tomo firmemente del mentón con su
mano libre, comiéndole la boca.
El beso tomó más profundidad, con sus lenguas acariciándose y formando
chasquidos ante la manera tan húmeda en la que se besaban. Harry se
aparta un poco, abriendo sus ojitos y observando a Louis antes de
desabotonar su camisa blanca y quitársela. No llevaba sus típicos tirantes
negros debido a que se encontraba con el uniforme de la escuela, el cual
solo era una camisa, pantalones largos y grises por el frío que se
avecinaba, y unos zapatos negros. El diablo no pudo evitar volver a
sonreír, y todo porque era la primera vez que veía confianza en Harry, el
cual se estaba quitando la ropa lentamente, de una manera tan sensual
con su carita de inocente, pero caliente. Supo que no iba a poder
detenerse luego de aquello.

Harry tan solo quedó en ropa interior, haciendo sus ricitos a un lado,
permitiendo que Louis lo acercara hacia sí y le besara suavemente los
labios. Se sentía tan delicado y protegido, porque el diablo lo sostenía
como si fuese una pieza de arte que no puede ser ni un poco maltratada.
Y suya, siempre.

Lo recostó en la cama con suavidad y se arrodilló, comenzando a quitar


su propia ropa, revelando su torso repleto de tatuajes, símbolos y
palabras inentendibles. Se quitó los pantalones, los zapatos e hizo aquel
leve flequillo que siempre estaba intacto hacia atrás. Todas las prendas
de ambos estaban en el suelo, desordenadas y esparcidas. El diablo le
quitó lentamente los calcetines y pasó su dedo índice por la planta del pie
del menor, el cual se removió un poco y no pudo evitar reír
adorablemente.

Louis se inclinó, dejando un beso profundo en sus labios, sin tocarlo para
nada, tan solo sosteniéndose con sus brazos a los lados de Harry. Éste
último se retorcía al no sentir el toque del diablo en su piel, llevando
tímidamente sus manitos a la espalda del mayor y tirando con suavidad
para que sus torsos desnudos se chocaran, pero Louis ni siquiera se
movía. Abandonó los labios del menor y comenzó a besarle el mentón,
nuevamente jugando con su cuello y bajando por sus clavículas hasta su
torso. Le lamió uno de los pezones y lo succionó, también haciéndolo con
el otro al notar que al niño le había gustado debido a que arqueaba
levemente su espalda.

Continuó con el camino de besos, entreteniéndose un rato en el vientre


del niño. No le quitó su ropa interior, le dejó suaves besos por encima,
los cuales lo hicieron inhalar bruscamente. Llegó al interior de los muslos
y exhaló aire calentito allí, sintiendo a su niño removerse un poco,
ansioso. Lamió la suave piel y comenzó a dejar suaves besos, oyendo
suspiros provenir de los labios de Harry. Le bajó la ropa interior hasta
quitársela y le abrió las piernas, las cuales quedaron en sus hombros.
Bajó el rostro y sacó su lengua, comenzando a penetrar con ésta la
entrada del menor.

El rizado de inmediato soltó aquel jadeo que estuvo conteniendo mientras


Louis le besaba lentamente todo el cuerpo, y respiró hondo antes de
continuar jadeando por todo lo que se encontraba sintiendo. El placer fluía
por su cuerpo irremediablemente, nublando un poco sus sentidos
mientras no dejaba de mover sus caderas en círculos, y se quejó cuando
luego de un par de minutos Louis se alejó.

Se arrodilló nuevamente en la cama, quitando las piernas de Harry de sus


hombros con suavidad y bajándose la ropa interior hasta quedar
completamente desnudo, con su prominente erección visible. Se hizo más
hacia adelante, con ambas rodillas a los lados del torso de su niño y su
miembro quedando a centímetros de su boca. Los ojos del diablo se
tornaron de un bordó oscuro mientras observaba fijamente los enormes
e inocentes ojos verdes ajenos.

-He tenido esta imagen en mi cabeza por días, niño. -Rozó su glande
sobre los labios entreabiertos del rizado, el cual se encontraba
sumamente sonrojado y con sus ojos brillosos. Hace tiempo no los veía
así. -Quiero que lo tomes con tus preciosos labios. -Harry cerró un poco
sus piernas, retorciéndose ante aquellas sucias palabras. Asintió. -Voy a
follar tu boquita.

-Si...

-Abre.

El rizado suelta un suspiro antes de abrir un poco más su boca, cerrando


sus ojos cuando Louis adentró su miembro en la boca ajena lentamente,
sintiendo la húmeda sensación nublar sus sentidos, provocando que
jadeara antes de comenzar un vaivén en la boca del niño, oyendo los
suaves gemiditos que soltaba cada vez que su erección entraba aún más
en su boca y sintiendo como se retorcía, cerrando sus piernas con más
fuerza y moviendo sus caderas.
-Eso es, mírame a los ojos. -Harry abrió éstos, parpadeando rápidamente
y viendo fijamente al diablo, el cual tomó sus ricitos en su puño,
acercándolo más e introduciendo todo su miembro en la boca del rizado.

Éste último se apartó un poquito tan solo para tomar la erección de Louis
con su pequeña y delicada mano, comenzando un vaivén dudoso al
principio, pero acelerando al ver que al amor de su vida le resultaba
fascinante. Dejando la vergüenza de lado y atreviéndose a un poco más
alzó su rostro y lamio lentamente la glande ajena, sintiendo el pre-semen
en la boca y lamiéndose los labios ante aquello.

-Joder.

Sintió un cosquilleo en el vientre ante aquel ronco insulto y nuevamente


lamió, solo que esta vez la base, y luego volvió a adentrar el miembro a
su boca, cerrando sus ojos y recibiendo más halagos y tirones en sus
ricitos. Louis creía que, fuera o dentro de lo sexual, Harry era el mejor.
Siempre.

Apartó al rizado cuando sintió que ya era tiempo, y que no soportaba un


segundo más fuera de su interior. Le abrió las piernas y permitió que éste
se aferrara a sus bíceps con sus pequeñas y delicadas manos. Louis se
inclinó, besándole los labios de una manera sucia, húmeda antes de
apartarse. Ambos se vieron fijamente a los ojos, y todo porque Harry ya
se había acostumbrado a que el diablo se lo dijese. Todo para no
lastimarlo.

Sintió una oleada de calor y placer viajar por todo su cuerpo cuando el
miembro de Louis estuvo en su interior. Arqueó levemente su espalda y
dobló los deditos de sus pies, realmente invadido por las exquisitas e
inexplicables correntadas que viajaban por todo su cuerpo.

-U-uhm... -Mordió su labio inferior con fuerza, intentando no ser ruidoso.


Su familia estaba arriba y debían ser muy cuidadosos, aunque Louis
disfrutaba el ver a su pequeño callarse y, si fuese por él, lo haría gemir
tan alto que hasta Des lo oiría desde el infierno.

El vaivén comenzó lento, delirante mientras se besaban profundamente y


exploraban con sus manos el cuerpo del otro. Harry acariciaba con la
yema de sus dedos los fuertes brazos del diablo, el cual pasaba su mano
de arriba abajo por los suaves y tiernos muslos de su pequeño. Sus bocas
no se alejaban en ningún momento, sus lenguas se acariciaban y sus
corazones latían a la par, más que conectados.

Harry gemía entrecortadamente sobre los labios del diablo, subiendo sus
pies hasta pegar sus talones en la espalda baja de éste, con sus piernas
rodeando las caderas del ente. A pesar de que el vaivén era lento, poco a
poco se hacía más fuerte, más duro.

-M-Más... -Harry pidió entre jadeos bajos y suspiros debido a que la


glande de Louis golpeaba una y otra vez su punto dulce, provocando que
casi delirara del placer. -Mhm.

El diablo aumentó el vaivén de inmediato, sosteniendo un poco más fuerte


los muslos del menor y separándolos para poder adentrarse con más
facilidad. Llevó sus labios detrás de la oreja de su niño y succionó,
sintiéndolo retorcerse mientras gemía ruidosamente, aunque no debería.

-Has sido tan bueno, Harry. Mi Harry. -Lamió donde besaba y se adentró
con más fuerza en su interior, oyendo un gemido bajo, agudo y
entrecortado. -Mi niño favorito...

Minutos después detuvo el vaivén y Harry abrió los ojos con confusión,
preguntándose si había hecho algo mal antes de ser tomado por la cintura
y volteado hasta quedar sobre el cuerpo del diablo. - ¿L-Lou?

-...Eso es. -Susurró cuando Harry se sentó, apoyando sus manos sobre el
pecho del ente. Las manos de éste último fueron a la cintura del rizado,
el cual tenía sus rojizos labios entreabiertos, mejillas sonrojadas y ricitos
despeinados. Un tesoro, eso era. -Sé un buen niño y salta sobre mí.

Harry relamió sus labios antes de moverse un poco, robándose un suspiro


a sí mismo. Hizo sus ricitos hacia atrás antes de acomodarse mejor y
comenzar a mover sus caderas en círculos, con las yemas de los largos
dedos del diablo presionando en su piel. Ambos se veían fijamente, pero
el rizado tuvo que cerrar sus ojos cuando comenzó a dar lentos saltos
sobre la erección del ente debido a que el placer era lo suficientemente
agobiante, pero, demonios, que todo se sentía demasiado bien.

Sus cuerpos estaban cálidos, con una leve capa de sudor. Harry había
aumentado su ritmo y rodeado con sus brazos el cuello del diablo, el cual
se había sentado y ayudaba a su niño a impulsarse hacia arriba,
apretando sus nalgas y besándole los labios.

Harry no podía dejar de gemir rápidamente, con el cosquilleo haciéndose


presente en su vientre, temblando del placer que le nublaba los sentidos,
tanto que inconscientemente clavaba sus uñas en la espalda del diablo,
el cual gruñía y hacía temblar los cuadros.

-Voy a... -Dejó sus labios entreabiertos, cerrando sus ojitos con fuerza
mientras sentía a Louis besarle el cuello y bajarlo con más dureza en uno
de los saltos.

Tres veces más bastaron para que el clímax lo invadiera de una manera
exquisita, viajando por todo su cuerpo, doblando los deditos de sus pies
y jadeando contra el hombro del ente, el cual segundos después lo llenó
con su esencia.

Ambos respiraban agitadamente, intentando recuperarse del orgasmo.


Louis respiró profundo antes de rodear con un brazo la cintura del niño y
tirarse hacia atrás, cayendo acostado en la cama y con el menor sobre él,
descansando en su pecho y con la mejilla en su hombro.

Los minutos pasaban, y en la oscuridad del cuarto continuaban abrazados,


viendo a la nada. El diablo mimaba a su niño, acariciándole los ricitos,
pero a pesar de ese acto de dulzura y protección, Harry podía notar el
enojo de Louis en el pecho.

-Quiero matar a tu padre. Quiero matar a cualquiera que te toque. -


Finalmente dijo el motivo de sus malas emociones, dejando un beso en la
frente del menor, el cual cerró sus ojos luego de un largo tiempo.

¿Qué se supone que debería de hacer?

Su padre. Des Styles. Tuvo una infancia terrible donde su padre lo


buscaba para llenarlo de golpes, donde no hubo una madre presente.
Aprendió cosas que no debería, que todos dicen que está bien. Llenaron
su cabeza y ahora que es padre cree que está bien hacer lo mismo con
sus hijos. A pesar de los golpes, de sus ataques de locura y casos
extremos de violencia, siempre se había preocupado por él. Siempre se
había fijado si comió, si necesitaba algo. Lo dejaba oír Frank Sinatra y
Marilyn Monroe en el tocadiscos cuando Dominique no estaba siendo
reproducida una y otra vez, pero, ¿Era aquello una excusa?

¿Excusaba todas las veces que le intentó meter en la cabeza a Harry y


Gemma luego de golpearlos con un cinturón que estaba bien? ¿Todas las
veces que su madre llevaba moretones en su precioso rostro? ¿O que tal
cuando no le creyó ni una palabra a su hijo menor y quiso quemarlo con
el cigarrillo? ¿Qué hubiese pasado si él no hubiese acudido a Louis y a Des
no le hubiese dado un ataque al corazón? ¿Por qué intentó arruinar la
única oportunidad de tenerlo cerca al quemarlo por dentro cuando lo quiso
prácticamente exorcizar a la fuerza?

Harry había sido criado de la misma manera que su padre, y él jamás


podría golpear a sus hijos. Jamás. ¿Des querría?

Los pensamientos eran tantos que ni siquiera podía pensar en orden, pero
no estaba listo para tomar una decisión. No podía. A pesar de que todos
se veían más felices ahora -a excepción de él-, era realmente injusto.
Porque era como...como una farsa.

Sin más, se acurruca aún más en el cuerpo del diablo y gime bajito,
miedoso. -No quiero que me intenten alejar de ti, Lou.

Un gruñido surge del pecho de Louis y las cosas de la pared nuevamente


tiemblan. Aferra a Harry más contra sí antes de pegar sus labios contra
los ricitos ajenos. -Nadie te va a alejar de mí, nadie se atreverá.

03/03/56.

- ¿Papi? -Preguntó dudosamente el pequeño retoño, el cual de asomaba


por el marco de la puerta de la cocina, refregando uno de sus ojitos con
su pequeño puño para espabilar el sueño.
No. No tenía permitido subir las escaleras que llevaban al primer piso, su
madre siempre le repetía que la llamara para que ella pudiese subirlo
porque él era muy pequeño y podía resbalarse o pisar mal, pero había
gateado y éste caso era algo así como urgente. Había alguien en el piso
de arriba que lloraba desconsoladamente: Su padre, para ser exactos.

Las luces de la casa estaban apagadas, pero la cocina hacía una excepción
en la iluminación debido a que los faroles de afuera alumbraban el cuarto
gracias a la ventana que éste tenía. Había dos botellas oscuras, una con
algo dentro y un vaso de vidrio a medio llenar a un lado de éstas, con un
poco del contenido sobre la mesa. El hombre descansaba incómodamente
en una silla, claramente ebrio, despeinado y angustiado. Lloraba
silenciosamente contra sus manos, las cuales estaban presionadas en su
rostro.

-... ¿Papá? -Nuevamente preguntó el niño de cinco años, sobresaltándose


cuando su padre también lo hizo y pasaba sus manos por su rostro para
dispersar, de una forma inútil, la ebriedad. No servía, pero necesitaba
buscar una forma de no estar torpe para poder tranquilizar al pequeño.

El hombre vio a su hijo con medio cuerpo asomado por el marco de la


puerta de su cocina, en pijama, descalzo y con sus ricitos castaños
completamente despeinados. Sus enormes ojos verdes, los cuales incluso
resaltaban en medio de aquella oscuridad, demostraban confusión y
pánico. Su pecho se oprimió al verlo así.

Extendió su mano y el niño corrió de inmediato hacia su padre, tomándole


la mano y abrazándole el brazo, cerrando sus ojitos.

-Papá... ¿Qué pasa? ¿Está...tú...? -Abrió sus ojos, aún preocupado y con
una expresión que el hombre conocía muy bien: Iba a llorar. - ¿Tú...mal?
¿Mal?

A pesar de su estado no pudo evitar sonreír de lado. Su hijo era muy


adorable, y muy buena persona. De inmediato lo subió a sus piernas y lo
abrazó contra su pecho, intentando evitar sollozar, pero, maldita sea, las
lágrimas caían por su rostro aún.
Sorbió su nariz y alejó apenas a su hijo del pecho, viéndolo. Éste último
subía sus pequeñas manos, limpiando torpemente las lágrimas de su
padre.

-Hazz, escúchame. -Su voz salía lenta, ronca. Tragó saliva con fuerza,
bajando la mirada unos segundos antes de volver a subirla y ver a su hijo,
el cual lo observaba fijamente, serio y atento. Eso es lo que le asustaba
a veces: Que sea tan neutro. ¿Sabría qué le pasaría cuando no estuviese
bien? -Quiero que sepas que te amo.

-Yo te amo a ti más.

-Y que siento ser malo a veces. -Negó lentamente, nuevamente bajando


la mirada, avergonzado. -Papá no suele darse cuenta de cuánto daño
hace, pero te amo a ti. La amo a Gemma. Los amo.

-Yo entiendo. -Asintió el niño, parpadeando lentamente y ladeando un


poco su cabeza luego. - ¿Triste? -El hombre asintió y el ceño del niño se
frunció. - ¿Por qué?

-Porque soy... -Negó nuevamente luego de unos segundos en silencio.


No, no iba a contarle sus problemas a su hijo de cinco años. -...humano.
Y todos nos ponemos tristes a veces.

Una trompita surgió de los labios del niño con rizos, aún con su ceño
fruncido y viendo hacia otro lado, pensativo antes de volver a ver a su
padre. - ¿Sabes que...yo hago para estar feliz?

Su padre no pudo evitar sonreír, enderezándose mejor. - ¿Qué haces?

-Hago abrazo. -Dijo, envolviendo sus pequeños bracitos alrededor del


torso de su padre, apoyando su mejilla contra su pecho. -Y hago beso. -
Alzó el rostro y, con ayuda de su padre, el cual se inclinó, le dio un beso
en la mejilla. -Y mamá dice "Te amo, Hazzie".

Su padre alzó las cejas, entretenido con lo que su hijo le decía, retomando
su postura a pesar de la ebriedad. - ¿En serio?
-Sí. -Llevó sus pequeñas manitos a los lados de las comisuras de los labios
de su padre y las elevó, intentando de manera torpe formarle una sonrisa.
Ambos rieron bajo y nuevamente se abrazaron.

-Te amo, Hazzie. Nunca cambies, ¿Vale?

-Nunca cambio, entiendo. -Asintió, recibiendo un beso en su mejilla. -Yo


te amo a ti más.

Su padre nuevamente lo dejó en el suelo antes de ponerse de pie. Al notar


que se encontraba normal, sin marearse ni nada por el estilo, se inclinó y
tomó en sus brazos a su hijo, caminando fuera de la cocina.

- ¿Y que más haces para estar feliz? -Le dio charla mientras bajaba la
escalera, sosteniéndose con su mano libre de la baranda y adentrándose
al cuarto del pequeño no sin antes prender la luz. Sorprendentemente,
todo estaba bastante ordenado. El pequeño no era de dejar cosas que
estorbaran de por medio.

-Juego.

- ¿Ah, sí? -Lo vio asentir mientras lo dejaba en su cama y lo tapaba con
las mantas. Hacía frío aquella noche. - ¿A qué juegas?

-A escondidas.

- ¿Solo? -Esta vez el niño niega mientras su padre deja un beso en su


frente, acomodándole los ricitos. -Con Gemma.

-No. Juego con alguien, pero no sé quién es. -Dice, comenzando a cerrar
sus ojitos. La verdad es que tenía mucho sueño, y las caricias de su padre
en sus rizos lo hacen estar más torpe. Suspira. -El hombre con anillos...

-... ¿Qué?

Pero ya está dormido, y nunca pudo confirmar que había balbuceado


aquello.
Había sucedido algo muy extraño.

Falta una hora para irse del instituto. Está con Fionn Whitehead sobre un
banco del patio de aquel enorme lugar. A pesar de que hace frío lo están
disfrutando, y también la soledad debido a que no hay nadie allí.
Terminaron de comer unos sándwiches de queso y estaban conversando
acerca de la navidad, cómo iban a pasarla y si planeaban hacer algo.

Fue entonces cuando el timbre sonó y Fionn se puso de pie, suspirando.


-Bien, vamos. Es la última clase y somos libres.

Fue a tirar la envoltura del sándwich y las dos cajas de jugo de manzana
vacías al cesto de basura, y cuando volvió se encontró con el rizado aún
sentado, con su ceño levemente fruncido.

Muchas veces había asistido a clases sin ganas, pero últimamente se le


hacía insoportable no estar allí. Tenía sueño, estaba triste y no toleraba
nada. Decidió darle fin a su tortura, y comenzar a hacer lo que a él le
parecía bien.

-...No voy a entrar.

Su amigo lo observó de manera extraña, viendo alrededor, creyendo que


Harry vio a alguien que le molestaba, pero no. Aquellos bravucones ya
estaban bien enterrados. - ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué ocurre?

Harry se puso de pie lentamente, colgando su mochila en sus hombros


antes de parpadear rápidamente, subiendo la mirada para ver a su amigo.

-Nada, es solo...no quiero. Me iré. -Y, sin más, salió del patio,
comenzando a caminar por los pasillos.
Fionn Whitehead quedó shockeado y congelado en su lugar, intentando
reaccionar. - ¿Qué? Pero... ¡HARRY! -Rápidamente lo siguió, y cuando lo
alcanzó no pudo evitar carcajearse. - ¿Cómo es que...? Yo... ¡¿Qué te
ocurre, Dios santo?!

-No me gusta estar aquí, nunca me gustó. -Miró a los pasillos de los lados
y, al no ver a nadie, continuó con el paso, apresurándolo un poco. -He
decidido hacer lo que quiero.

-Vale, espera. -Nuevamente le tomó del brazo y lo detuvo. Ambos se


veían. -Mira, bien. Estoy de acuerdo con éste acto de rebeldía. La escuela
es...bueno, es mierda. -Harry frunció un poco su ceño ante la mala
palabra. -Pero no por eso debes de meterte en problemas. Eres menor de
edad y nadie va a permitir que te vayas. Yo creo que t-

-Fionn. -Interrumpió, negando rápidamente. -No necesito que me


aprueben, me iré ahora. Eso es lo que haré. -Afirmó, poniéndose de
puntitas de pie y dejando un beso en la mejilla de su amigo. -Te quiero.

Se giró y caminó con rapidez hacia la salida, notando que nadie lo veía
antes de abrir la enorme puerta principal de aquel lugar y salir. Fionn
abrió sus brazos, con su boca entreabierta, sin creerlo. Se carcajeó al ver
que, segundos después, el niño no volvía.

- ¡HARRY STYLES!

No fue tan lejos. Se encontraba en aquel parque donde Fionn y él habían


repartido los folletos anti-sectas, sentado en un banco y acurrucado en el
hombro de Louis, el cual había aparecido hace tan solo unos segundos y
tenía envuelto el brazo alrededor de Harry. Su cuerpo estaba cálido, no
había un rastro frío en éste.
-Estás rebelde. -Comentó el diablo con una sonrisa ladina en sus labios.
Harry rápidamente niega, sonrojado. -Sí, eres sexy.

El rizado no pudo evitar echarse a reír, alzando el rostro hacia el ente al


finalizar, observándose fijamente con éste, el cual bajó su cabeza y dejó
un suave y corto beso en sus labios. Harry observó alrededor, paranoico,
pero no había nadie que pudiese verlos.

-Quiero preguntarte algo.

-Adelante.

- ¿Por qué a ti no te afecta tocar objetos benditos, pero a mí sí? Cuando


mi padre rezó y puso el rosario en mi cabello... -Bajó la mirada, negando.
-...juro haber sentido que mi cuerpo se incendiaba por dentro. -Los brazos
del diablo se tensaron al oír aquello, y decidió no entrar en más detalles.
-Pero tú tuviste la suficiente fuerza para arrojarlo lejos.

Louis relamió sus labios lentamente antes de hablar. -Las personas creen
que me pueden matar con tan solo un "Padre nuestro" o arrojar agua
bendita. Se equivocan. -Niega. -Pueden lastimarte a ti porque eres
humano y no está en tu naturaleza tener maldad pura, del infierno. Es
como cuando apenas te quitaste la mierdecilla del cuello: Fui visible, pasé
días contigo y te deteriorabas. No estabas acostumbrado a la maldad,
pero ahora sí.

- ¿Ahora tengo maldad?

-Sí, pero no es tuya. Sigues puro. -Respondió rápidamente.

Harry suspiró y cerró sus ojitos, apoyando su mejilla en el pecho del ente.
Ambos permanecieron de aquella forma, en silencio por algunos
segundos.

- ¿Lou? ¿Cuánto tiempo planeas quedarte así, conmigo? -La curiosidad lo


carcomía por dentro. Hacía ya un tiempo que el diablo se encontraba junto
a él. ¿Qué planeaba?

Louis baja la mirada cuando Harry se aparta un poco, y ambos se ven


fijamente a los ojos. -Uno largo.
- ¿Largo? Uhm. -Arrugó su naricita, sin poder evitar sonreír un poco. -
¿Diez años? ¿Veinte?

-Más.

- ¿Cincuenta?

-No. Más.

Harry no pudo evitar soltar una risita, sonrojado. - ¿Miles? -Claramente


bromeó.

-Más.

La sonrisa embobada que el niño le dirige al diablo lo hace lucir demasiado


adorable, y éste último no puede evitar robarle un beso.

El rizado, más que sonrojado hace trompita con sus labios, bajando la
mirada y entrecerrando sus ojitos. Eso significaba que estaba pensando
qué decir. - ¿Deberíamos de...? -No terminó aquella pregunta, la cual fue
bastante inaudible. Louis pudo oler vergüenza en él.

- ¿Qué?

Harry parecía haber entrado en una crisis nerviosa, tartamudeando y


removiéndose en su lugar. -B-Bueno...si vamos a, uhm, a estar juntos
por mucho tiempo, tú y yo...es decir. Uhm. -Tragó saliva con fuerza. -
Deberíamos de...no lo sé. -Se encogió apenitas de hombros, con la mirada
baja. -Ser novios.

El silencio reinó en el lugar por unos largos segundos, tan solo siendo
audible el viento y los autos pasar de vez en cuando.

-... ¿Novios?

-...S-Sí. -Afirmó su niño favorito. -Sería lindo. Sería como...oficialmente


tuyo.

Louis siente un leve sentimiento de molestia ante aquel pensamiento.


¿Qué no ha hecho suficiente para hacer notar que Harry era suyo? Lo
observó fijamente, serio. - ¿Crees que no has sido oficialmente mío desde
el momento en que te sumergiste en tu bañera mientras me invocabas?
-Su pregunta sonó seca, fría.

Harry tenía frío, de repente.

Rápidamente alzó la mirada, encontrándose con los ojos azules y un


cuarto rojo del diablo, el cual también lo veía fijamente. Eso
definitivamente no era a lo que quiso referirse.

-Oh. Yo...eso no era lo que yo quería decir. -Dice bajito, y se siente mal
porque el ente no entendió su referencia. Detestaba no poder mostrarle
al mundo que amaba a alguien, porque éste alguien era el claro y literal
ejemplo de la maldad. Tan solo quería sentir las cosas un poco más
normales, y llamar a Louis su "algo". -Lo siento, Lou. Olvídalo, soy tuyo
de todas f-

- ¿Por qué no te casas conmigo?

Abrió sus ojos ante lo que creyó oír. Ya no había pitido en su oído
izquierdo, y había sonado bastante claro. Alzó la mirada con rapidez,
realmente sonrojado y shockeado mientras se tomaba unos largos
segundos para, simplemente, parpadear y respirar hondo, atónito.

-... ¿Qué?

Louis lo envuelve mejor con su brazo, poniéndolo de lado para que


quedaran frente a frente. -Harry Styles. Hoy trece de noviembre de
1967... -Se quitó uno de sus anillos, el del dedo meñique. Era de oro, y
lucía como la corona de un rey. -...te declaro a ti en presencia de cualquier
humano, ángel y demonio el príncipe del inframundo. -Desenvolvió el
cuerpo de Harry y tomó su pequeña mano, metiendo el anillo en el dedo
anular delicadamente. Éste encajaba a la perfección, y se sentía cálido. -
Serás mío por siempre. Nadie se atreverá a tocarte, a menospreciarte
ante mi presencia, hasta los siglos de los siglos.

Ambos quedaron en silencio. Harry simplemente...él simplemente no


podía creerlo. Nuevamente se vieron fijamente a los ojos, y el menor fue
tomado de las mejillas.

- ¿E-En serio?
Louis asintió, acariciando con sus pulgares la suave piel del rostro de su
niño favorito. -En serio. -Repitió, y no se molestó en ver alrededor para
besar profunda y lentamente los labios de su niño. Nadie los veía.

Y nadie jamás los separaría.


¿Podría retomar todo nuevamente si alguna vez salía de allí?

Estaba siendo carbonizado, mutilado, destripado una y otra, y


otra, y otra vez. ¿Su piel? Ya no estaba, y podía ver los pedazos
de ésta en el aire a pesar de la oscuridad en el lugar, todo gracias
a los fuertes relámpagos que partían su cráneo ante la intensidad
de la repentina luz. Se encontraba desnudo, amarrado a una
especie de telaraña hecha con fierros oxidados y puntiagudos.
Gritaba, y nadie lo oía. Podía oír a más gente gritar, pero ninguno
se oía entre sí cuando intentaban decir algo. Todo allí era
lamentos, sollozos fuertes, quejidos y la inevitable soledad.

De vez en cuando, todo se apagaba y le daba mucho sueño.


Cuando sus ojos se cerraban, estaba nuevamente en la tierra, pero
no en 1967. Siempre eran diferentes tiempos: Su infancia, su
adolescencia, su boda, situaciones con sus hijos...y todas eran
pesadillas. Inevitables pesadillas, las cuales convertían buenos
momentos en traumas permanentes.

Habían pasado más de setenta años.

¿Todo seguiría igual fuera? ¿Todos estarían viejos? ¿Volvería a su


cuerpo, en la tierra?

Y lo importante...

¿Volvería completo?

Porque su alma...su alma no solo había sido sumergida en aquel


mar de fuego llamado La Fosa, calcinada una y otra vez sin
arrepentimientos.

¿Sería tan fuerte como para resistirlo?


Habían pasado dos semanas desde lo ocurrido: Harry y Louis eran
esposos.

Los días habían estado extrañamente bien, y cuando Anne le preguntó a


su hijo sobre el anillo él mintió, diciendo que tan solo era un anillo que
compró en una tienda la cual tuvo que ir a acompañar a Fionn. Por algún
motivo, luego de decir aquello Gemma rio secamente, y el rizado tan solo
la miró fijo por unos segundos, intentando analizar a su hermana, saber
si ésta sospechaba algo.

¿Cómo podría? Cuando Louis le propuso matrimonio estaban en un


parque, Gemma estaba en su escuela y ni siquiera quedaba en la misma
zona. Era más posible que su madre los encontrara a que los encontrara
su hermana.

En el pasar de las semanas Harry se había vuelto paranoico, creyendo


que todo mundo con el que hablaba sabía algo sobre Louis. No temía por
él, temía por el diablo. A pesar de que éste le había confesado que los
exorcismos no le afectaban, tan solo lo regresaban al infierno, pero podría
volver muy fácilmente, el rizado se abrazaba a él y se quedaba en silencio,
transmitiéndole su miedo sin decir ni una palabra.

Louis le confesó cómo funcionaban las cosas luego de que Harry le hiciese
unas simples preguntas. ¿Cómo era el infierno?

"—Claramente no es la típica imagen de fuego, velas rojas, y un trono en


donde todos se inclinan ante mí. No es una casa, tampoco es un lugar en
sí. -Comenzó, con su mirada fija en el muslo del menor y en como su
mano repleta de anillos de oro acariciaba aquella suave y pálida piel, de
vez en cuando haciendo una leve presión. -Hay muchas maneras de pasar
la eternidad en el infierno, y todas son obligatorias.

—¿Por ejemplo?

Suspira. Por algún motivo, no lo hacía sentirse orgulloso con Harry. -Me
he tomado la molestia de observar a los mundanos, y entre aquello noté
que lo que más les molesta es esperar. Esperar en una fila de un banco,
de una tienda, de cualquier cosa. No pueden soportarlo. Cuando un alma
va al infierno va a verse a sí mismo en una fila larguísima, y depende lo
malo que haya hecho esa alma, pasará el tiempo que el demonio que se
encarga de aquella área decida.

—Vaya... ¿Y qué pasa cuando finalmente terminan la fila?

—Vuelven al principio. Como dije: Depende lo que hayan hecho.

Harry asiente, tan solo eso. No puede reaccionar diferente, no puede fingir
no estar asustado. Inconscientemente se acurruca más en Louis, y éste
lo recibe envolviendo un brazo en su cintura y otro bajo los muslos,
acariciándolo. El rizado refriega su naricita contra el pecho desnudo y
tatuado del diablo, y respira profundo un par de veces antes de planear
volver a hablar.

—... ¿Tienes un determinado tiempo en el que te lleves mi alma?

Louis se queda en silencio, y eso provoca que todo el cuerpo del menor
se ponga tenso, alerta. Detestaba aquello: Estar tan tranquilo en los
brazos del amor de su vida, sentirse tan protegido y de repente...se
congelaba del terror. No terror a él, sino que a la situación.

—Creí haberte aclarado que tuve que haberme llevado tu alma hace
tiempo. —Dice con calma, pero el niño no siente que sea así. Lo suelta y
lo empuja para que quede boca arriba, y el ente se pone sobre su cuerpo.
Ambos se observan fijamente, y Harry una vez más se sumerge en aquel
océano azul, tampoco sin ignorar el pedazo bordó. Amaba los ojos de
Louis. —Nos casamos.

—Sí.

—No tengo la intención de llevarme tu alma...pero sería inevitable si lo


hiciera.

A Harry se le corta la respiración. —¿C-Cómo?

—Si yo me fuese, es decir...definitivamente de tu lado. Decidiese no


volver, despegarme de todo lo que tenga que ver contigo...sería inevitable
para mí el no llevarme tu alma. —Fue escalofriante la manera tan neutra
en la que lo dijo. —Ni por más que pusiese todas mis fuerzas. Es algo
inevitable, ya que un trato es un trato, y a pesar de ser el diablo no puedo
controlarlo. Es la manera en la que se hacen las cosas.

Harry tragó saliva con fuerza, asintiendo luego de unos segundos y


quedando en silencio, tan solo parpadeando. Louis pudo sentir el susto,
la desesperación y ansiedad que rasgaba el pecho de su niño. Le dio un
suave pero profundo beso en los labios antes de volverlo a mirar a los
ojos.

—No es necesario que te asustes. —Dijo. —Porque yo jamás me iré.

El labio de Harry temblaba levemente mientras asentía dudosamente,


bajando la mirada unos segundos antes de volverlo a ver. —¿Nunca me
dejarás solo?

La mano de Louis fue a la mejilla de Harry, acariciándola antes de volver


a besarlo en los labios, comenzando un lento beso. —No, nunca te dejaré
solo.

Ambos se taparon con las sábanas debido a la fría noche que podría
enfermar al rizado, y se limitaron a dejar de pensar y comenzar una
exquisita sesión de besos."

Decidió despejarse un poco de todos aquellos temas del infierno, del alma,
de su padre, posible culpable de asesinatos, etc. Hoy se cumplían 66 -que
ironía- años de que la iglesia continuaba "brindando sus servicios". En el
aniversario de ésta siempre hacían un tipo de kermese: Juegos, comida,
premios y, por supuesto, una misa. Este año le tocaba a su madre,
finalmente, poner su puesto de comida ante la aprobación de las personas
de la iglesia. Sus pasteles eran exquisitos, al igual que sus galletas con
chispas de chocolate. Se encontraba muy feliz, y cuando finalmente
terminó de preparar todo se fueron hacia el auto.

Su padre -que en realidad no es su padre- lucía, no solo más alegre que


su verdadero padre, si no que hasta más amigable. No es que Des no lo
fuese, pero era un poco más cerrado. El demonio lucía hasta feliz de estar
dirigiéndose a una junta religiosa. Harry solo esperaba que no sucediera
nada malo.

Finalmente llegaron, y todos ayudaron a su madre a acomodar sus


pasteles en la mesa, y su cartel con los respectivos precios. Todo el dinero
que las personas recaudaban iría a un orfanato que quedaba en las
afueras de Londres. Era uno oculto, olvidado dentro de un bosque.
Bastante triste, a decir verdad.

Cuando finalizan y los precios de cada cosa están en orden, Gemma


decide ir con su grupo de amigas del colegio así que Harry, no sin antes
preguntarle a su madre, se dirigió en busca de Fionn. De seguro estaba
allí y, si lo conocía bien, también estaba seguro que se encontraba
frustradísimo intentando ganar algún premio de los juegos.

Entre todas las alegres personas que se encontraban en aquel lugar Harry
pudo admirar la naturaleza. Estaban en el patio trasero de la iglesia, el
cual era grande, espacioso, al aire libre por completo. Había un recorrido
de piedras, una preciosa cascada con palabras en latín y un tipo que Harry
no reconocía, y un bosque a lo lejos al cual nadie iba porque dejaba de
ser territorio de Dios, pero se veía hermoso, también.

Embobado por la belleza del lugar se sorprendió cuando chocó con un


cuerpo más alto que él. Rápidamente subió la mirada para disculparse,
pero la sonrisa que se avecinaba en los labios del señor Whitehead no le
permitió hablar, porque sabía que éste comenzaría la eterna charla.

—¡Harry! Gusto verte, muchachito. —Se oía alegre. A Harry le agradaba


muchísimo el padre de su mejor amigo, solo era un problema cuando este
no paraba de hablar...nunca. —Es un lindo día, ¿Verdad? —Harry asintió
tímidamente y vio alrededor. —De seguro estás buscando a mi hijo.

—De hecho, sí.

—Está con otro muchacho intentando ganar premios. Pasé hace un rato
por su lado: Estaba muy frustrado. Yo le dije y no paré de decírselo en el
camino: “Fionn, hijo. Vamos a pasarla bien, no te pongas como niño de
cinco años a jugar e intentar ganar peluches.” pero él no puede
controlarlo. Es como una adicción. —Harry rio. Lo que supuso era verdad.
—Oh, por cierto. ¿Son verdad los rumores?

—¿Mh? —Por algún motivo, se puso tenso de inmediato. —¿Qué rumores?

—Oí que tu madre puso su puesto de comida, por primera vez. Me


agradaría mucho comer algo.
—Oh. —Suspiró, soltando una risa nerviosa y baja en la exhalación. —Sí.
Está por allí. Tiene muchas cosas. —Apuntó en la dirección que se
encontraba su madre. —¿Dónde está Fionn?

—Sigue como venías, en algún puesto de la derecha. Ahora, si me


disculpas, voy a gastar mi dinero en pasteles y budín de pan. —La
emoción del hombre hizo reír a Harry antes de que se despidieran y
continuaran su camino.

Finalmente reconoció a Fionn unos puestos más adelante,


concentradísimo en un juego donde había que lanzar una bola blanca
hacia unas latas rojas, tirando tan solo tres. Ni una más, ni una menos. A
medida que se acercaba pudo reconocer a Liam de pie junto a éste, con
sus brazos cruzados y suspirando. Una bonita chica de cabello rubio y ojos
oscuros estaba a un lado, y observaba atenta los movimientos de su
mejor amigo.

—Harry. —Liam saludó, formando una sonrisa y dejando de cruzar sus


brazos. —Me alegra que hayas venido.

—Gracias, Liam. ¿Cómo estás? —Preguntó de manera educada,


recibiendo una respuesta positiva antes de ver a Fionn y volver a ver a
Liam nuevamente. —¿Cuánto tiempo lleva igual?

—He estado de pie a su lado desde que llegué. —Respondió, y ambos


rieron.

La chica rubia pareció despertarse un poco, dejando de observar a Fionn


y llevando su mirada oscura hacia Harry. Una bonita sonrisa se formó en
sus labios e, inevitablemente, sus mejillas se sonrojaron.

—Tú...Tú eres Harry, ¿Verdad?

—Sí. —Respondió tímidamente, y estrechó la mano de la chica luego de


que se la tendiera.

—Soy Ruby. —Se presentó.

Ambos alejaron sus manos y Harry sonrió de lado, provocando que tan
solo un hoyuelito se marcara en su mejilla. —Es un placer.
Ruby suspiró, embobada. Lucía dulce, y lo parecía. Llevaba una falda larga
rosa pálido, y una camiseta blanca metida dentro de ésta con unos
zapatos haciendo juego. Su cabello era realmente lacio y lucía muy suave.

—El placer es mío. —Respondió. Su voz también era dulce. —¿Cómo es


que jamás te había visto por aquí?

Harry negó y vio de reojo a su amigo, el cual parecía más concentrado en


la conversación que en el juego. —Uhm, tal vez me viste, pero no me
notaste. Me sucede seguido. —Rio tímidamente, bajando la mirada con
un poco de vergüenza antes de volver a verla.

—Te aseguro que si te hubiese visto antes lo hubiese notado. —La chica
dice.

Un furioso sonrojo se hace presente en las mejillas del rizado mientras


las cejas de Liam se alzan ante aquella situación. Nunca había visto a
Harry tan sonrojado. Harry agradece tan bajo que no sabe realmente si
Ruby lo oyó y se acerca más a Fionn cuando este pierde nuevamente, se
queja y saca nuevamente dinero, prácticamente arrojándoselo al hombre
del puesto, el cual no paraba de reír disimuladamente.

—Fionn. —Harry llamó a su amigo bajo, dul