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Biografías de Revolucionarios en 1936

Este documento presenta una introducción a una recopilación de biografías de revolucionarios extranjeros que estuvieron en España durante la Guerra Civil. Explica que las biografías cubren anarquistas, trotskistas, bordiguistas y otros malditos de diferentes nacionalidades. Resalta que todas las personas biografiadas estuvieron en Barcelona en algún momento. El documento también destaca los puntos de interés histórico y teórico que surgen de analizar las biografías en conjunto.

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Biografías de Revolucionarios en 1936

Este documento presenta una introducción a una recopilación de biografías de revolucionarios extranjeros que estuvieron en España durante la Guerra Civil. Explica que las biografías cubren anarquistas, trotskistas, bordiguistas y otros malditos de diferentes nacionalidades. Resalta que todas las personas biografiadas estuvieron en Barcelona en algún momento. El documento también destaca los puntos de interés histórico y teórico que surgen de analizar las biografías en conjunto.

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BIOGRAFÍAS
DEL 36
ggg

Revolucionarios · extranjeros · judíos ·


anarquistas · trotskistas · bordiguistas
· olvidados · internacionalistas ·
disidentes · exiliados · apátridas y otros
malditos de la Guerra de España.

1
BALANCE. Cuaderno número 39
Barcelona, julio de 2016

Biografías del 36. ISBN 978-84-16553-65-5

Coordinación: Paolo Casciola y Agustín Guillamón


Diseño y Maquetación: Agustín Comotto
Traducciones: Agustín Guillamón y Sergi Rosés

2
ggg

BIOGRAFÍAS
DEL 36
ggg

Revolucionarios · extranjeros · judíos ·


anarquistas · trotskistas · bordiguistas
· olvidados · internacionalistas ·
disidentes · exiliados · apátridas y
otros malditos de la Guerra de España.

Philippe Bourrinet - Andreas Bülow


- Paolo Casciola - Pierre Chevalier
- Agustín Comotto - Eulogio
Fernández - Antonio Gascón -
Agustín Guillamón - Dieter Nelles
- Emilià Páez - Sergi Rosés -

3
Introducción

E ste cuaderno de BALANCE es una recopila-


ción de biografías. No es, pues, un diccionario
biográfico de carácter exhaustivo. El requisito exigido
a cada entrada biográfica era muy sencillo: que el bio-
grafiado hubiese estado en España durante el periodo
de la Guerra civil española. Y además, aunque no era
una cláusula estipulada, ha resultado finalmente que
todos ellos estuvieron en algún momento dado en la
ciudad de Barcelona. Quedaban excluidos de la lis-
ta de entradas los nombres más conocidos, esto es,
aquellos que ya tenían hecha alguna biografía amplia,
como Berneri, Barbieri, Mercier/Ridel, o eran muy co-
nocidos, como Simone Weil. Es esta una línea divisoria
difícil y un tanto ambigua; por ejemplo: ¿Benjamin Pé-
ret y Munis son, o no son, lo bastante conocidos? En
este último caso primaba cierta coherencia interna, ya
que sus biografías, unidas a la de otros componentes
de la Sección Bolchevique-Leninista Española (SBLE),
permitían elaborar un panorama completo de ese gru-
po, más cohesionado si cabe con la publicación de la
biografía del policía Leon Narwicz. Esta biografía del
agente de la NKVD y del SIM era además un nudo o
cruce que enlazaba a los militantes trotskistas de la
SBLE (Munis, Sedran, Jaime Fernández, Wolf y Freu-
nd) con el militante del POUM Albert Masó. Otro fac-

4
tor inevitable, y en ocasiones insuperable, ha sido la
disponibilidad de una biografía aceptable y la expresa
autorización de su autor para publicarla.

Por otra parte, la existencia de once autores dis-


tintos en la elaboración de las distintas biografías, con
cuarenta y dos entradas, hace que el libro resultante
sea inevitablemente heterogéneo. Aunque también
es cierto que ha sido frecuente el intercambio desin-
teresado de datos e informaciones en las redacciones
finales de algunas entradas, así como una estrecha
colaboración entre autor y traductor en las tareas de
traducción desde el francés y el italiano al castellano.
Existen entradas biográficas que son resultado de
un proceso de investigación muy riguroso y completo
(George Davoust, Aage Kjelsø, Kurt Landau, Antonio
Martin, Munis, Jean Rous), y otras que son meras no-
ticias, breves notas o recopilaciones de datos del bio-
grafiado (Wolf, Moulin, Prudhommeaux, Ortiz).
Sea como fuere, el libro responde muy bien a su
subtítulo: “revolucionarios, extranjeros, judíos, anar-
quistas, trotskistas, bordiguistas, olvidados, interna-
cionalistas, disidentes, exiliados, apátridas y otros
malditos de la Guerra de España”, al ofrecer una visión
nueva sobre las personas reales y concretas que deci-
dieron venir a España para luchar contra el fascismo
y participar en la revolución en curso: extranjeros, en
su mayoría exiliados italianos o alemanes en Francia y
Bélgica. La nacionalidad también es un concepto difu-
so e incluso de aplicación problemática, no solo para
los apátridas antifascistas alemanes e italianos, sino
también en el caso del hispano-mejicano Munis, el li-
tuano-estadounidense Gudell, el franco-polaco Mala-
quais, el hispano-brasileño Manuel Pérez: mejor lla-

5
marlos internacionalistas, porque tal era su vocación e
identificación, y así preferían que se les conociera.
Las biografías de esos extranjeros, fuertemente
marcadas por su experiencia española, se complemen-
tan con la de unos pocos españoles, que participaron
en la guerra y la revolución desde posiciones de deci-
sión, influencia, conocimiento y compromiso, inima-
ginables para los extranjeros. Españoles que, a causa
de la derrota de la revolución y de la guerra, también
se convirtieron, a su vez, en exiliados, apátridas y des-
terrados. Entre éstos las diferencias son abismales y
muy diversas, desde la experiencia bélica de Antonio
Ortiz y Ricardo Sanz, que de delegados de Columnas
de milicianos anarquistas en Aragón pasaron a comba-
tir como soldados de un ejército regular en la Segunda
Guerra Mundial, hasta la fecunda experiencia revolu-
cionaria y vital de Munis; desde el temprano asesinato
y la monstruosa difamación del líder anarquista de la
Cerdaña, Antonio Martin, hasta la desconocida expe-
riencia política (¿oportunista, reformista o revolucio-
naria?) de Joan Pau Fábregas, impulsor y firmante del
Decreto de Colectivizaciones y Control Obrero; desde
la fructífera teorización de las experiencias históricas
del proletariado y sus rigurosas críticas al POUM, reali-
zadas por Josep Rebull, hasta el periplo aventurero de
un hombre de acción como Albert Masó.
Sin embargo, lo más emocionante del libro son
esos nudos o puentes que aparecen de vez en cuan-
do en algunas entradas biográficas, en las que de re-
pente se entrecruzan varias biografías, enlazando
inesperadamente las experiencias vitales de varios de
ellos. Esos nudos aparecen recios y gigantescos en las
biografías de Leon Narwicz, Albert Masó, Martín Gu-

6
dell y Josep Rebull. De vez en cuando surgen breves
e inesperadas conexiones, como el conocimiento o
amistades comunes que enlazan a personas tan distin-
tas como Aage Kjelsø y Jaime Fernández, o bien a Jean
Malaquais y Josep Rebull. Pero las conexiones, puen-
tes, nudos y cruzamientos son múltiples y variados,
casuales o determinantes en ocasiones, casi siempre
sorprendentes y muy significativos.
Dejamos al lector la capacidad de hallar y conec-
tar las distintas biografías cruzadas que aparecen en
este libro, que muchas veces se complementan y am-
plían, como es el caso de las biografías de Radowitsky
y Gudell, o bien de todos los norteamericanos y britá-
nicos, desde Krehm y Blackwell hasta Low y los Orr, a
su vez muy interesados algunos de ellos en las críticas
de Rebull al CE del POUM.
Es este un libro que ya hemos calificado de hete-
rogéneo, tanto por la disparidad de las biografías que
presenta, procedentes de ideologías, experiencias,
compromisos, orígenes y naturalezas tan variadas,
como por la multiplicidad de los autores que inter-
vienen. El libro tiene, sin embargo, una sorprendente
homogeneidad temática en cada una de sus entradas
y en el conjunto resultante: el combate individual y co-
lectivo por la revolución social en una Barcelona que
parecía ofrecer la posibilidad de cambiar el mundo.
Una Barcelona en la que se iba a escribir “otra histo-
ria”, la del intento de liberación de los condenados a
la esclavitud asalariada. La Barcelona revolucionaria
se había convertido en tierra de acogida de exiliados,
apátridas y desterrados de todo el mundo, en refugio
y amparo de los malditos de siempre. La Barcelona re-
volucionaria ofrecía la esperanza de un mundo mejor

7
y la oportunidad inmediata de un combate abierto y
decisivo contra un fascismo extendido a Italia y Alema-
nia, que amenazaba la península ibérica.
Tal es la fuerza de esa esperanza y de esa posibili-
dad de combatir contra el fascismo y por la revolución
social que el lector avisado puede ver como transforma
a los protagonistas de distintas biografías, como suce-
de clarísimamente, por ejemplo, con Kurt Landau, que
de burócrata enredado en inútiles maniobras grupus-
culares se convierte, en Barcelona, gracias al impulso
revolucionario de los trabajadores en la calle, en un
activo luchador por la revolución social y su extensión
mundial. No fue el único. El estallido de la guerra civil
española en julio de 1936 abrió, para todos los exilia-
dos políticos refugiados en Francia, Bélgica o España,
la posibilidad de salir de la inactividad forzosa en la que
se veían reducidos, para participar en la que se anun-
ciaba como una profunda revolución social: Candoli,
De Leone, Di Bartolomeo, Feingold, Russo, etcétera.
Y ése es el principal tema que da homogeneidad al
libro y que unifica a las distintas y variadas biografías
personales que se recogen: la Barcelona revolucionaria
de 1936-1937, en la que el combate individual se fundía
en una guerra de clases que ofrecía la posibilidad de
luchar contra el fascismo y transformar el mundo.
De la lectura de todas las biografías en conjunto se
pueden extraer los siguientes puntos fundamentales
de interés histórico o de debate teórico: los puntos 1 al
6 son de interés histórico y los puntos 7 al 10 se abren
al debate teórico colectivo.

ggg

8
PUNTOS DE INTERÉS HISTÓRICO
Y DE DEBATE TEÓRICO:

1 Un esbozo histórico del grupo trotskista ofi-


cial, la SBLE, y del grupo trotskista heterodoxo, Le So-
viet.
2 Un esbozo histórico de la escisión de la Frac-
ción (bordiguista) provocada por las tesis contrapues-
tas sobre la naturaleza de la revolución y de la guerra
en España de 1936. Los argumentos del debate entre
la minoría y la mayoría son extremadamente intere-
santes y su conocimiento es imprescindible para teo-
rizar las experiencias revolucionarias del proletariado
español. Algunos veían en el antifascismo el peor pro-
ducto del fascismo y la derrota de los principios y de
la revolución; otros creían que el antifascismo era el
único combate posible.
3 La transformación del Centro único internacio-
nal de refugiados antifascistas (CUIRA) en la Columna
internacional Lenin del POUM, primera unidad mili-
ciana formada por extranjeros, al igual que el Grupo
Internacional de la Columna Durruti, que combatieron
en el frente de Aragón meses antes de la formación de
las Brigadas Internacionales.
4 El fallido intento de celebración en Barcelona,
el 18 de julio de 1937, de una especie de “nueva ·con-
ferencia de Zimmerwald” de la Guerra de España, y la
edición en francés del número único de la revista Jui-
llet, que preparó el debate de esa conferencia inter-
nacional, que la represión que sucedió a los hechos de
mayo, desencadenada el 10 de junio en la Cerdaña y el
16 de junio en Barcelona, hizo imposible.

9
5 La deriva contrarrevolucionaria iniciada en oc-
tubre-noviembre de 1936 y la constante renuncia a los
propios principios ideológicos impregna las biografías
de los militantes anarquistas españoles y extranjeros.
Sea como fuere, la biografía de Joan Pau Fábregas,
promotor del Decreto de Colectivizaciones y Control
Obrero, y su exclusión del gobierno de la Generalidad
es de conocimiento imprescindible, así como la res-
puesta a la pregunta de si nos hallamos ante un refor-
mista, un revolucionario o un oportunista. Respuesta
que sólo puede encontrarse en un análisis profundo
de la naturaleza del proceso revolucionario existente
realmente en la Barcelona de 1936-1937.
6 Las biografías de Landau, Masó y Rebull abren
paso a una nueva y distinta concepción del POUM,
que a causa de la brutal represión estalinista sufrida
en 1937-1938 tuvo que cerrar filas y convertirse en
un partido victimista. Rebull constató que el POUM
había dejado de ser un partido revolucionario, Masó
protagonizó la venganza del partido contra sus verdu-
gos y Landau intentó que el POUM aglutinara a nivel
mundial una revitalización del movimiento obrero in-
ternacional. Finalmente no se pudieron celebrar ni el
congreso nacional ni el internacional, que se habían
convocado para el 18 de junio y 18 de julio respectiva-
mente. Así, pues, no hubo posibilidad de que aflorasen
y se debatieran las rigurosas críticas de Rebull a Nin
(que aún no era un icono sagrado) y al CE del POUM, ni
mucho menos que la conferencia internacional se con-
virtiese en la cuna de una nueva orientación revolucio-
naria del movimiento obrero mundial.
7 Existen unas posiciones políticas revolucio-
narias comunes que permiten diferenciar, en la Espa-

10
ña de 1936 a 1939, a los grupos revolucionarios de los
reformistas, burgueses o contrarrevolucionarios. Esas
posiciones, que son además una frontera de clase, se
basan en la defensa, no sólo teórica sino sobre todo
activa y política, de los siguientes puntos:
A). Defienden la necesidad de destrucción del Es-
tado capitalista.
B). Se oponen a la colaboración política con par-
tidos y organizaciones burguesas.
C) Defienden la instauración de una dictadura so-
cial del proletariado.
D). Se oponen a la militarización de las Milicias
Populares.
E). Defienden los futuros órganos de poder
obrero, que suelen identificar con los comités.
F) Niegan validez o porvenir alguno a las colectivi-
zaciones sin la conquista política del poder por la clase
obrera.
Ese denominador común que identificó, durante
la guerra de España, a los grupos revolucionarios de
los que no lo fueron es compartido con mayor o me-
nor énfasis en unos u otros puntos, y con mayor o me-
nor claridad teórica, por Balius y la Agrupación de Los
Amigos de Durruti, por Josep Rebull y la célula 72 del
POUM, por Munis y la Sección Bolchevique-Leninista
de España, por Fosco y el Grupo Bolchevique-Leninista
“Le Soviet”, así como por los militantes (bordiguistas)
de la Fracción Italiana de la Izquierda Comunista, es-
cindida a causa del debate interno sobre la naturaleza
de la Revolución y la Guerra de España.

11
Las diferencias teóricas y prácticas entre estos
distintos grupos revolucionarios son importantes,
fruto de las debilidades del movimiento revolucionario
del momento. Su estudio riguroso, ajeno a prejuicios
ideológicos, que se limite a etiquetarlos y/o momificar-
los como anarquistas, trotskistas, bordiguistas o con la
etiqueta taxidermista que se quiera, así como la crítica
de sus errores y de las deficiencias de sus posiciones es
hoy una tarea tan necesaria y urgente como profundo
es su desconocimiento, porque no existe ningún mo-
vimiento con proyección de futuro que desconozca su
pasado y mucho menos un movimiento revoluciona-
rio.
8 El estalinismo fue una opción contrarrevo-
lucionaria, que defendía el capitalismo de Estado y
propugnaba la dictadura del partido estalinista sobre
el proletariado. El anarquismo de Estado de los comi-
tés superiores libertarios fue una opción contrarrevo-
lucionaria, porque defendía un capitalismo sindical y
propugnaba el fortalecimiento del aparato de Estado,
la unidad antifascista y el objetivo único de ganar la
guerra, renunciando a la revolución. Los comités re-
volucionarios de barrio, en la ciudad de Barcelona, y
diversos comités locales en el resto de Cataluña, fue-
ron los potenciales órganos de poder de la clase obre-
ra. Propugnaban la socialización de la economía y se
opusieron a la militarización de las Milicias y al colabo-
racionismo con el gobierno y los partidos antifascistas.
Estaban armados, eran el ejército de la revolución. Su
principal limitación fue su incapacidad de organizarse
y coordinarse al margen del aparato confederal. Los
comités superiores ahogaron política y orgánicamen-
te a los comités revolucionarios, que se convirtieron
en sus peores enemigos y en el mayor obstáculo a su

12
anhelada y necesaria integración en el aparato del Es-
tado burgués, como meta final de su proceso de insti-
tucionalización. Los comités revolucionarios no hacían
o dejaban de hacer la revolución: eran la revolución
social, porque su mera existencia y el cumplimiento de
todas las tareas y funciones que el Estado había des-
empeñado antes de julio de 1936, les convertía en efi-
caces protagonistas de la destrucción del Estado.
9 El Estado capitalista, tanto en su modalidad
fascista como en su modalidad democrática, debe
ser destruido. El proletariado no puede pactar con la
burguesía republicana (o democrática) para derrotar
a la burguesía fascista, porque ese pacto supone ya la
derrota de la alternativa revolucionaria, y la renuncia
al programa revolucionario del proletariado (y a los
métodos de lucha que le son propios), para adoptar el
programa de unidad antifascista con la burguesía de-
mocrática, en aras de ganar la guerra al fascismo.
El programa revolucionario del proletariado
pasa por la internacionalización de la revolución, la
socialización de la economía, sentar las sólidas bases
para la supresión del valor y del trabajo asalariado en
un ámbito mundial, dirección de la guerra y de las mi-
licias obreras por el proletariado, organización conse-
jista y asamblearia de la sociedad y represión por el
proletariado de las capas sociales burguesas y peque-
ño-burguesas, para aplastar la segura respuesta arma-
da de la contrarrevolución.
La ausencia de una organización, vanguardia o
plataforma, capaz de defender el programa histórico
del proletariado, fue determinante, porque permitió e
impulsó que todas las organizaciones obreras asumie-
ran el programa burgués de unidad antifascista (uni-

13
dad sagrada de la clase obrera con la burguesía demo-
crática y republicana), con el objetivo único de ganar
la guerra al fascismo. Las vanguardias revolucionarias
que surgieron, lo hicieron tarde y mal, y fueron aplas-
tadas en su intento, apenas esbozado, de presentar
una alternativa revolucionaria, capaz de romper con la
opción burguesa entre fascismo y antifascismo.
10 Durante la guerra civil, el proyecto político
del anarquismo de Estado, constituido como parti-
do antifascista, utilizando métodos de colaboración
de clases y de participación gubernamental, organi-
zado burocráticamente y con el objetivo principal de
ganar la guerra al fascismo, fracasó estrepitosamente
en todos los terrenos; pero el movimiento social del
anarquismo revolucionario, organizado en comités
revolucionarios de barrio, locales, de control obrero,
de defensa, etcétera, constituyó los embriones de un
poder obrero que alcanzó cotas de gestión económi-
ca, de iniciativas populares revolucionarias y de auto-
nomía proletaria, que aún hoy iluminan y anuncian un
futuro radicalmente diferente a la barbarie capitalista,
el horror fascista o la esclavitud estalinista. Y aunque
ese anarquismo revolucionario sucumbió finalmente
a la represión coordinada y cómplice del Estado, de
los estalinistas y de los comités superiores, nos legó el
ejemplo y el combate de algunas minorías, como Los
Amigos de Durruti, las JJLL y determinados grupos
anarquistas de la Federación Local de Barcelona, que
nos permiten teorizar hoy sus experiencias, aprender
de sus errores y reivindicar su lucha y su historia.

Agustín Guillamón

14
NOTA

Este libro ha nacido de forma paralela y fra-


ternal a otro proyecto editorial de recopi-
lación de biografías, de próxima aparición,
dirigido por Miquel Izard, que se titulará En-
tusiastes, inmejorable complemento de Bio-
grafías del 36.

15
16
BLACKWELL, Russell (1904-1969)

P ionero del comunismo americano, tanto de


los Estados Unidos como de América Lati-
na, donde utilizó el pseudónimo Rosalio Negrete. Se
afilió a la Young Communist League en 1924, y poco
después fue enviado a México y América Central para
ayudar a las incipientes organizaciones comunistas,
siendo deportado de Honduras en 1925. En 1929 de-
fendió las posiciones de la Oposición de Izquierda en
la ejecutiva del PC mexicano, bajo la dirección efectiva
de Sormenti (Vittorio Vidali), y fue atacado físicamen-
te y expulsado del partido. Ayudó inmediatamente en
la formación de la organización trotskista mexicana, y

17
gran parte del mérito de que Luciano Galicia y Octavio
Fernández -históricos del trotskismo mexicano- fueran
ganados para la organización oposicionista se debe a
él. Colaboró en la primera organización oposicionista
mexicana con el también estadounidense A. González
y con G. Munis.

Por su labor política, fue deportado a los Estados


Unidos, y militó allí en la Communist League of America
(CLA) y después en su sucesor, el Workers Party of the
United States (WPUS), donde fue uno de los compo-
nentes del secretariado latinoamericano, junto a Gon-
zález y a Paul Eiffel. Contrario al entrismo, se alineó
con la oposición dirigida por Hugo Oehler y, cuando
ésta fue expulsada del WPUS, formó parte de la nueva
organización creada por esta minoría, la Revolutionary
Workers League (RWL), donde estuvo al cargo de su
publicación en castellano, Claridad proletaria, siendo
el traductor de los documentos del POUM que se pu-
blicaron en la prensa de la RWL en 1935. En New York
estableció una estrecha relación con el militante del
POUM Josep Escuder y con su mujer, Skippy.
En octubre de 1936 viajó a Barcelona como re-
presentante de la RWL. Estableció buenos contactos,
tanto con los revolucionarios extranjeros afincados
en Barcelona (Oehler evidentemente, William Krehm,
Charles y Lois Orr) como con militantes del POUM (es-
pecialmente con Josep Rebull, dirigente de la célula
72 del POUM, con quien lograría una buena sintonía
política) y anarquistas. Entendió que la prioridad de su
misión en España era el trabajo político, y no partici-
pó en la lucha militar. Después de la represión de junio
de 1937, logró esconderse y continuar su labor hasta
marzo de 1938, cuando fue detenido tras abandonar

18
Barcelona y efectuar un viaje por Castilla. Trasladado
a Valencia, fue liberado una primera vez, pero arres-
tado de nuevo al subir al barco, pasando un total de
nueve meses y medio en prisión, bajo la acusación de
espionaje. Las noticias de su encarcelamiento llegaron
a Estados Unidos en plena lucha entre las fracciones
de Oehler y Stamm -que acabarían dando lugar a dos
RWLs-, pero finalmente las presiones de ambas orga-
nizaciones, más la del Russell Blackwell (Negrete) De-
fense Committee, sobre el secretario de estado Cordell
Hull, obligó al consulado de los Estados Unidos a ac-
tuar ante la justicia española, y de esta manera el fiscal
retiró los cargos en el juicio que se celebró a finales de
diciembre.
Puesto en libertad, llegó a Marsella a principios
de enero de 1939, donde redactó un informe para el
consulado sobre su experiencia española. De regreso a
New York, realizó varias charlas sobre España, siendo
atacado en una de ellas por estalinistas. Una vez de-
bidamente documentado sobre la escisión en la RWL,
abandonó la organización de Oehler y pasó a la de
Stamm. Los años de la Segunda Guerra Mundial y de
la Guerra Fría hicieron mella en él y abandonó el mar-
xismo para hacerse anarquista, fundando la Libertarian
League en 1954 junto a Sam Dolgoff.

Sergi Rosés

19
CANDOLI, Turiddu (1900 – 1983)

T uriddu Candoli, llamado Alfredo, camarero


y obrero panadero, nació en Cervia (Rávena,
en Emilia-Romaña) en 1900. Fue movilizado en 1917-
1918. Ingresó en el Partido Socialista en 1918. Al pare-
cer, combatió en Hungría, en las filas del Ejército Rojo
creado por Béla Kun en abril de 1919. En 1921, el Parti-
do Comunista de Italia, de reciente fundación, lo inte-
gró en los grupos de combate encargados de detener la
ofensiva militar fascista. Fue activamente perseguido,
tanto por la policía como por los fascistas. Según un
informe de la prefectura de Rávena, en 1922: “Es joven,
violento y audaz, muy capaz de cometer, en situaciones
de desórdenes públicos, cualquier tipo de acción violen-
ta”. Golpeado a bastonazos por los fascistas, arresta-
do y denunciado por “constitución de banda armada”,
tuvo que fugarse a Aulla (provincia de Massa-Carrara
en la Toscana) y a Roma, donde reemprendió la lucha
contra el fascismo armado. Trabajó en Roma unos dos
años como correo interno de la Embajada rusa (1925-
1927), donde conoció a Lev Kamenev, nombrado em-
bajador durante un año, de enero a diciembre de 1927.

20
Hacia 1927-1928 emigró a Suiza y luego a Francia.
Militaba en Toulon, cuando en 1931 fue expulsado del
PC italiano. Pronto ingresó en la Fracción italiana de
la Izquierda Comunista en Marsella. En julio-agosto de
1936, siempre en Marsella, se alineó con las posiciones
de la nueva Mayoría de la Fracción, que se pronunció
contra el alistamiento de sus militantes en las milicias
del POUM. Fue enviado a España, al mismo tiempo
que Aldo Lecci y Jacob Feingold (Michel), tomando
contacto con la Minoría de la Fracción, así como con el
POUM y los anarquistas italianos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, fue miembro
del Comité Ejecutivo de la Fracción, prosiguiendo el
trabajo político de ésta contra el conflicto bélico. Entre
1940 y 1943, albergó a Jacob Feingold, antes de que
éste fuese arrestado por la Gestapo y llevado al campo
de exterminio de Birkenau.
Regresó a Italia en 1946, siendo un activo mili-
tante del Partido Comunista Internacionalista (PCInt).
Después de la escisión de 1952, siguió la tendencia
Programa comunista, formada en torno a Amadeo
Bordiga y Bruno Maffi.
Murió en Cervia el 30 de marzo de 1983.

Philippe Bourrinet

21
DAVOUST, Gaston (1904-1984)

G aston Davoust, conocido por el seudónimo


de Henry Chazé, nació en Chazé-Henry Mai-
ne-et Loire) el 23 de febrero de 1904. El seudónimo
que utilizaba hacía, pues, referencia a su lugar de naci-
miento. Era hijo de un padre ferroviario y de una ma-
dre fabricante de pantalones y chalecos. Desde edad
muy temprana se sumergió en la marmita hirviente de
la política. A los nueve años de edad, en julio de 1913,
asistió con su hermano, su padre y su madre a un mi-
tin, en el que Jaurès, de quien “sólo veía de su cara una
agitada barba” tronaba contra la guerra, un mitin en el

22
que los guardias a caballo cargaron contra los pacíficos
manifestantes.

Desde los trece años, participó en todas las ma-


nifestaciones de oposición al capitalismo. A los 15 fue
expulsado de la escuela Jean-Baptiste-Say, del distrito
16 de París, por propaganda revolucionaria. Cuando
llegó a ser alumno de ingeniería en el Conservatorio
Nacional de Artes y Oficios (CNAM) de París, se apli-
có de la forma más natural en la organización de una
estructura presindical en este medio, hasta entonces
no organizado. Participó en la creación de una Unión
General de alumnos y profesores. De esta época datan
tanto sus contactos con la Unión sindical de técnicos,
ingenieros, mandos intermedios y similares (USTICA),
como sus posteriores responsabilidades y compromi-
so con el Partido comunista.
Durante su servicio militar, que cumplió después
de obtener su diploma de ingeniero en 1925, puso en
práctica las consignas antimilitaristas del Partido Co-
munista (PC), retrasando varias horas una escuadra.
Estaba en contacto con Raymond Guyot, responsable
de las actividades antimilitaristas de las Juventudes
Comunistas (JC) a las que se unió el 3 de abril de 1923
en París. Davoust regresó a Brest con material de pro-
paganda. El 10 de abril recibió la visita de la policía en
la habitación alquilada en la ciudad. El registro permi-
tió el examen de sus cartas a periodistas americanos,
de los cursos escolares de Bobigny y de diversos folle-
tos. El ejército le castigó con noventa días de prisión y
dos meses suplementarios de suspensión.
Convertido en ingeniero de las acerías de Hirson
(Aisne), sus enlaces con USTICA se relajaron al mismo
tiempo que se fortalecía su actividad en el PC y en la

23
Federación Deportiva del Trabajo, a la que pertene-
cía desde 1918. Colaboró en el periódico de la Región
Nordeste del PCF: L´Exploité. De regreso en la región
parisina, en 1928, llegó a químico de producción en Pa-
thé, luego, de 1928 a 1932, a secretario adjunto de la
Unión de los sindicatos de técnicos. Sensibilizado por
las luchas internas del PC, tuvo ocasión de leer L´Unité
léniniste, dirigida por Albert Treint, de quien rechazó
votar su expulsión. Cada vez más crítico frente a la lí-
nea oficial del Partido, y militantes en el radio 15 (Pu-
teaux, Suresnnes, Nanterre, Courbevoie) y miembro
de su buró, Davoust organizó un grupo de oposicio-
nistas (miembros de la Oposición trotskista), que fue
finalmente excluido del Partido en 1932.
Davoust, a la cabeza de los oposicionistas, intentó
hacerse oír el 30 de octubre en la conferencia del radio,
antes de ver confirmada su exclusión. El grupo, llamado
del Barrio Oeste, intentó entonces un reagrupamiento
que originó, en abril de 1933, la Fracción de Izquierda
Comunista. De esta organización, y de la escisión de la
Liga Comunista nació, en noviembre, la Unión Comu-
nista dirigida por Gaston Davoust, Lastérade de Cha-
vigny y Szajko Schönberg. Fue el responsable legal de
L´Internationale, su órgano mensual, y de la revista Bi-
lan (Balance), órgano en francés de la Fracción italiana
de la Izquierda Comunista desde 1933.
En paralelo a esta evolución política, Davoust
militó activamente en el plano sindical. Cuando fue
despedido de Pathé, a finales de 1929, se convirtió en
secretario administrativo y tesorero permanente de
USTICA, durante tres años. En esta época, la Unión
rompió con la Confederación de trabajadores inte-
lectuales, y se adhirió, en 1936, a la CGT reunificada,

24
transformándose en Federación de técnicos. Aunque
Davoust, en 1932, había abandonado su puesto per-
manente, siguió como miembro de la comisión ejecu-
tiva federal hasta la guerra. Mantuvo, junto a Alfred
Bardin, una acción oposicional (trotskista) y participó
destacadamente en los intentos de reagrupamiento
de las oposiciones sindicales en torno a los diarios L´A-
vangarde syndicale, en 1935, y Le Réveil syndicaliste, en
1937. Durante este periodo, fuertemente marcado por
la Guerra de España, Gaston Davoust tuvo relaciones
con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) anar-
quista y viajó en numerosas ocasiones a Barcelona. En
esta misma época inició una fuerte amistad personal
y política con Josep Rebull, de quien publicó, en 1937,
varios textos en L´Internationale, muy críticos con el
Comité Ejecutivo del POUM.
Fue detenido durante la Ocupación nazi de Fran-
cia, permaneciendo desde el 10 de octubre de 1941 al
19 de abril de 1943 en las prisiones de Fresnes y de An-
ger; y luego, desde el 21 de abril al 8 de mayo de 1943,
en los campos de Royallieu y de Compiègne. El 10 de
mayo de 1943 ingresó en el campo de concentración
de Oranienburg-Sachsenhausen (matrícula 66.373, co-
mando Heinkel, fábrica de aviación), 30 kilómetros al
norte de Berlín. El campo fue evacuado hacia el oes-
te el 21 de abril de 1945. Durante esta “marcha de la
muerte”, de doscientos kilómetros, que finalizó el 30
de abril en la linde de un bosque, una parte importante
de esos treinta mil detenidos habían fallecido: alrede-
dor del treinta por ciento.
Davoust fue evacuado en un autocar británico, al-
canzando tras varias etapas la frontera holandesa. Un
tren le condujo al centro de acogida de Arras. El 24 de

25
mayo de 1945 llegó a París, en un estado de extremo
agotamiento: sólo pesaba 39 kilos. Durante los me-
ses posteriores fue acogido por su hermano en Mans,
y luego por camaradas de diferentes regiones, con el
objetivo de recuperarse de la terrible experiencia de la
que había conseguido escapar. En las primeras sema-
nas sólo podía comer y dormir, recuperando tres kilos
por semana, más tarde, poco a poco, encontró fuerzas
suficientes para reemprender alguna actividad física.
Junto a sus amigos, mostró su avidez por saber qué
había pasado durante sus años de encarcelamiento y
deportación. Se interesó particularmente por los “ma-
quis revolucionarios”, pues en alguna ocasión entrevió
la posibilidad de unirse a ellos antes de su arresto, de-
clarándose “contrario al nacionalismo y la colabora-
ción de clase de la Resistencia”.
También pasó varias semanas en casa de Teresa y
Josep Rebull, militantes de la izquierda del POUM. A
continuación, fue a Besançon a casa de Marcel Ducret,
antiguo comunista de la Oposición de la federación co-
munista independiente del Este. Éste, después de par-
ticipar en el movimiento de resistencia “Liberación”,
dirigía el semanario Franche-Comté Libération en el
que había abierto una rúbrica de discusión sobre “la
responsabilidad del pueblo alemán en los crímenes na-
zis”. A petición suya, Davoust publicó en tres números,
de octubre-noviembre de 1945, un artículo titulado:
“El crimen de los campos de trabajo nazis: ¿es cómpli-
ce el pueblo alemán?”. Escribió:
“En lo que concierne a los crímenes nazis, es necesario
recordar que si Hitler pudo tomar el poder, se debió
a que era el hombre de los Krupp y otros magnates
alemanes, porque su demagogia nacionalista y social
pudo engañar a una parte de la población, que sufría el

26
marasmo económico surgido de las consecuencias del
Tratado de Versalles y de la crisis mundial, porque Hitler
fue sostenido por los capitalistas extranjeros, incluidos los
franceses, que veían en él al hombre capaz de aplastar al
proletariado alemán y europeo, porque los dirigentes de las
organizaciones obreras, políticas y sindicales traicionaron
a los trabajadores que habían confiado en ellos para dirigir
la lucha contra la peste parda. En estas condiciones,
¿puede hacerse responsable al pueblo alemán en general?
Evidentemente, no”.
Materialmente, Davoust debía encontrar trabajo
para poder reemprender su actividad política. Tras un
intento infructuoso en Citroën, fue contratado en enero
de 1946 en MIOM (Manufacture d´Isolants et Objects
Moulés/Manufactura de Aislantes y Moldeados), una
empresa de moldeado de materias plásticas de Vitry en
la que permaneció durante siete años. Pero, a fines de
1952, fue despedido. Decidió con su compañera aban-
donar la región parisina y recuperarse bajo cielos más
clementes. En noviembre de 1953, compró una casa
abandonada en el caserío de Bergerette (Comuna de
Grasse, en los Alpes Marítimos) que empezó a arreglar
para hacerla habitable. A la espera, durante un año, di-
rigió un pequeño restaurante para camioneros en el nú-
mero 6 del Boulevard de la Madeleine, en Niza. Luego,
trabajó algún tiempo en “Plásticos franceses”, siempre
en Niza, antes de su reingreso en MIOM. También había
iniciado el papeleo para obtener una pensión de “de-
portado político”, que obtuvo finalmente con un grado
de invalidez del 85 por ciento, pese a la lentitud admi-
nistrativa. Hay que destacar que, pese a sus dificultades
financieras, rehusó el estatus de “deportado resisten-
te”, mucho más ventajoso, hasta que ambos fueron asi-
milados al final de su vida.

27
Mientras Jean Lastérade de Chavigny deseaba re-
construir la Unión Comunista, Gaston Davoust prefirió
renunciar, ya que sólo una ínfima parte de sus efecti-
vos anteriores a 1939 hubiera respondido a la llamada.
Optó por la organización bordiguista francesa ofi-
cial, la Fracción francesa de la izquierda comunista in-
ternacionalista (FFGCI) en la que se reencontró con los
bordiguistas parisinos pasados a la Unión Comunista
de 1936-1939. Para él, “lo esencial era que esta orga-
nización […] consideraba a la sociedad rusa como “ca-
pitalismo de Estado”.” Rehusó cualquier colaboración
con el grupo rival, la Izquierda comunista de Francia
de Marc Chirik y Robert Salama. En carta a Guy Saba-
tier, en 1975, manifestó su desconfianza personal hacia
quien le parecía un nuevo purista sectario: “Conocía a
Marc Chirik desde 1928, pero siempre tenía que ser el nú-
mero uno, consagrado a la secta”.
Cedió algunos artículos al periódico de la Frac-
ción, L´Étincelle (La Chispa), luego L´Internationaliste.
Dado que su salud era precaria, se encargó sobre todo
de la correspondencia internacional del grupo. Entre
los individuos y organizaciones con las que mantuvo
contacto, más o menos permanentes, debe mencio-
narse en la inmediata postguerra a Guy Aldred, Ma-
risa Luisa Berneri, la Federación Anarquista de Gran
Bretaña y Fredom Press, por Inglaterra; Labor Views
(Chicago), la Liga Leninista de Marlen [seudónimo de
George Spiro (1892-1981)], Paul Mattick, Politics, la re-
vista de Dwight Mac Donald, Ruth Fischer y el Partido
Socialista de Canadá, por América del Norte; el Wor-
kers´ Litterature Bureau de Dawson en Melbourne, por
Austalia; la Fracción belga de la Izquierda comunista
internacionalista, pero también el círculo de Adhemar

28
Hennaut, por Bélgica; el anarco-consejista Laín Díez,
por Chile; Canne Meyer, Anton Pannekoek y el Sparta-
cus-Bond de Stan Poppe y Cajo Brendel, por Holanda.
Tras su paso por Socialisme ou Barbarie (SouB) a partir
de 1953, y luego sobre todo en los grupos ILO e ICO,
después de 1958, Davoust prosiguió asiduamente su
trabajo de correspondencia internacional.
Sin embargo, a raíz de una violenta polémica so-
bre la naturaleza del régimen social de la URSS y la
cuestión de la democracia obrera, la mayoría de la
FFGCI se acercó, y más tarde se adhirió, a Socialismo o
Barbarie, que rechazaba la concepción mayoritaria de
la organización, mal “pulida por el trotskismo”, según
ellos, y se reclamaba de la experiencia del comunismo
de consejos germano-holandesa.
Tras la crisis del grupo, en 1958, Davoust se en-
contró lógicamente entre quienes lo abandonaron por
ILO (Informaciones y Relaciones Obreras), convertidas
en ICO (Informaciones y Correspondencia Obreras). A
partir de enero de 1960 (ILO número 18), Gaston Da-
voust aseguró durante años la rúbrica “notas de lec-
turas”.
Pese a su lejanía de París, donde se desarrollaba
lo esencial de las actividades de Socialismo o Barbarie,
luego ICO, Davoust estaba permanentemente infor-
mado de la vida de estos grupos mediante numerosas
cartas, en particular las de Henri Simon. Recibía regu-
larmente cartas y periódicos de corresponsales extran-
jeros, como por ejemplo Pierre Lanneret en Estados
Unidos, los grupos consejistas holandeses (“Sparta-
cusbond”, “Daad en Gedachte”), amigos australianos,
etcétera. A lo largo del año, Gaston Davoust recibía
visitantes llegados de Niza y alrededores (sus viejos

29
amigos Pavel y Clara Thalmann, Louis y Nicole Évrard,
Raymond Hirzel, etcétera), o de Marsella (Robert y Ni-
cole Camoin, Roland Simon).
También mantuvo contactos, sin prejuicio algu-
no, con jóvenes militantes de la región, abiertos a
la discusión sobre una base de clase y deseosos de
aprovecharse de su experiencia y de su cultura, ya
fuesen anarquistas, PSU, o trotskistas de la JCR. An-
tes de mayo de 1968, se encontraba regularmente
con un grupo de estudiantes trotskistas de Cannes,
que publicaban un boletín titulado La Méthode. Du-
rante el verano numerosos visitantes pasaban por
Bergerette, principalmente sus amigos parisinos de
ICO, como Henri Simon o Claude Lastérade, el hijo
de Jean. Recibió la visita de historiadores del movi-
miento obrero (Pierre Broué, Jacqueline Pluet, Jean
Rabaut), de Jean Malaquais, e incluso de Herbert
Marcuse, instalado en los Estados Unidos.
En 1968, los acontecimientos de mayo en Francia
y de agosto en Checoslovaquia habían sacudido tanto
al PCF y a las burocracias sindicales como al “mito de
la URSS”, testimoniando el reinicio de las luchas obre-
ras radicales, tanto al Este como al Oeste. Analizaba
con uno de sus corresponsales de este modo la manera
como ahora debían definirse los comunistas de conse-
jos:
“Lo que hay que mostrar a los jóvenes interesados de
hoy, es como las opiniones de Pannekoek sobre la lucha
obrera se han formado bajo la influencia directa de esa
misma lucha, como para él “la teoría” no ha sido nunca
“un programa que la realidad debía seguir”, sino al
contrario un profundo análisis de esa realidad con ayuda
del método de Marx – para comprenderlo mejor - y cómo,

30
en consecuencia, los resultados de ese análisis han sido
diferentes según el periodo en el que se hizo y según qué
fórmulas de lucha habían adoptado los trabajadores…”
(Carta a Robert Camoin del 26 de noviembre de 1968).
Gaston Davoust colaboró paralelamente en ICO y
en Cahiers du communisme de conseils (Cuadernos del
comunismo de consejos), animados por Robert Camoin
(1969-1972, 12 números), viejo anarquista que más
tarde se adhirió a diferentes grupos de obediencia
“leninista”. En este periodo, era partidario de crear al-
rededor de ICO una federación de grupos comunistas
de consejos, que se opusieran tanto a la pura contesta-
ción prosituacionista como a la adhesión al grupo “Re-
volución Internacional” de Marc Chirik, juzgado como
“leninista al 120 por ciento”.
Después del fin de ICO, siguió los esfuerzos de
Henri Simon y de la red de “Échanges et mouvements”
(Intercambios y movimientos) que encontraron escaso
eco en Francia. A partir de 1975, entró en contacto con
el grupo “Por una intervención comunista” que publi-
caba la revista Jeune Taupe (Joven Topo) de la que se
sentía cercano, y a la que ayudó en lo que pudo, inclu-
so financieramente. La revista publicó varios artículos,
extraídos de L´Internationale, el periódico de la Unión
Comunista anterior a la Segunda Guerra Mundial, so-
bre el Frente Popular, la Guerra civil española, etcéte-
ra, y de L´Internationaliste (FFGCI), así como de Fran-
che-Comté Libération sobre los campos nazis. En 1979,
la editorial Cahiers Spartacus publicó Chronique de la
révolution espagnole 1936-1939, libro que recogía una
recopilación de artículos publicados en L´Internationa-
le y que en su prefacio hacía un balance muy detalla-
do sobre los acontecimientos de la Guerra de España.

31
Del mismo modo, había proyectado una Historia de la
Unión Comunista que no pudo terminar.
A petición de Jean Maitron, escribió su autobio-
grafía (1980-1981), manuscrito publicado por su amigo
Henri Simon en Échanges et mouvements en marzo de
2004.
Afectado por una grangrena en la pierna derecha,
murió en Grasse el 28 de septiembre de 1984. Sus ceni-
zas fueron dispersadas en su viña de Bergerette.

Philippe Bourrinet

32
DE LEONE, Mario (1889-1936)

C onocido en el movimiento bordiguista con los


seudónimos de Tito y Topo, Mario De Leone
nació en Nápoles el 2 julio de 1889, hijo de Tommaso
De Leone1 y de Giovanna Prodomo. Una vez obtenido
el diploma de contable, trabajó para la Sociedad na-
politana del gas y, en sus años juveniles, se dedicó a

1  En la redacción de esta nota biográfica se ha utiliza-


do ampliamente el único trabajo riguroso existente sobre
Mario De Leone: Fausto Bucci-Rossano Quiriconi (con la
colaboración de Claudio Carboncini), La vittoria di Franco è
la disfatta del proletariato… Mario De Leone e la rivoluzione
spagnola, La Ginestra/Comitato pro ex Ilva, Follonica, 1997.

33
la literatura, publicando tres volúmenes de poemas —
In sordina. Poesie (1913), Sonorità. Liriche (1916) e Le
dolci stagioni. Purezze (1917)—, algunas de sus poesías
fueron acogidas en varios periódicos, como Lacerba,
importante revista de vanguardia, y una breve pieza
suya apareció en la primavera de 1916 en las páginas
de Teatro Futurista Sintetico. Su abandono de la voca-
ción literaria se dio al mismo tiempo que terminaba
un decenio duramente marcado por la carnicería de
la Primera Guerra Mundial, con la adhesión al Partido
Socialista Italiano (PSI) y, en su seno, a la tendencia in-
transigente y revolucionaria que tenía como máximo
exponente a su coetáneo Amadeo Bordiga.

Así, a partir de comienzos de 1919, De Leone em-


pezó su colaboración en el diario Il Soviet de Nápoles,
órgano bordiguista, y formó parte de la Comisión Eje-
cutiva de la Bolsa del Trabajo napolitana, que convo-
có en julio de ese año una asamblea en el cuadro de la
huelga general internacional a favor de la Rusia sovié-
tica. Durante el bienio 1919-20 participó en el trabajo
de la Fracción comunista abstencionista del PSI, que
comenzó a tomar forma en el verano de 1919, contri-
buyendo luego a que la mayor parte de los socialistas
napolitanos adoptasen posiciones comunistas. Y en
enero de 1921, en el momento de la escisión del PSI,
que determinó la fundación del Partito Comunista de
Italia (PCd’I), se adhirió a la nueva organización.
Un año después, en el II Congreso provincial del PCd’I
napolitano guiado por Bordiga, De Leone fue elegido
en el Comité provincial y en el Ejecutivo napolitano.
Más tarde, en marzo 1922, dejó Italia por motivos de
trabajo y se estableció inicialmente en Viena y luego
en Berlín, donde obtuvo de la embajada soviética el

34
visado de entrada en Rusia. Llegado a Moscú en mayo
de ese año, se estableció en un suburbio de la ciudad,
donde en junio de 1922, dirigió una cooperativa
agrícola y de consumo. Inscrito “automáticamente” en
el Partito bolchevique, a partir de 1923 fue miembro
de la Sección italiana del Club internacional de los
emigrados que, en junio de 1925, defendió al Comité de
Enlace, creado por la Izquierda del PCd’I para combatir
las posiciones de la tendencia “centrista-burocrática”
liderada por Antonio Gramsci.
De Leone vivió en la Rusia soviética durante más
de siete años, hasta noviembre de 1929, excepto el
breve paréntesis de su regreso a Nápoles, entre princi-
pios de septiembre y finales de octubre de 1925. Nada
se conoce de las actividades políticas desempañadas
en Moscú durante el bienio 1926-27. Siempre inscrito
en el partido ruso, seguramente formó parte del gru-
po bordiguista italiano, liderado en Moscú por Virgilio
Verdaro y Ersilio Ambrogi. En noviembre de 1927 par-
ticipó en las celebraciones del décimo aniversario de
la Revolución de Octubre. Su desilusión ante la torci-
da orientación asumida por los acontecimientos en la
URSS— con la progresiva burocratización del partido y
del régimen soviético, y con el inicio de la campaña re-
presiva contra los opositores de Stalin, en primer lugar
de los trotskistas — no consiguió hacerle desistir de su
compromiso político.
Elegido secretario del Comité Directivo de la Sec-
ción italiana del Club de los emigrados, en las discu-
siones que se desarrollaron en mayo de 1929, en una
atmósfera cada vez más envenenada, asumió, como
los demás disidentes de izquierda, una posición abso-
lutamente pasiva, de mutismo y de rechazo a partici-

35
par en las votaciones. No obstante, el hecho de que la
dimisión presentada por De Leone — en señal de pro-
testa contra una nota de reproche presentada por la
mayoría de la Sección italiana a causa de sus enfren-
tamientos — había sido rechazada, era sin embargo
evidente que la izquierda italiana, acusada de solida-
rizarse con la oposición trotskista, estaba ahora en la
mirilla de las autoridades estalinistas. En ese mismo
período, en efecto, Verdaro, Ambrogi y Arnaldo Silva
fueron expulsados del partido ruso.
La fatigosa obtención, por parte de la embajada
italiana en Moscú, de la renovación de su pasaporte,
mientras que el Comité Directivo de la Sección italiana
había sido disuelto por las autoridades estalinistas ru-
sas, permitió a De Leone llegar a Suiza en noviembre
1929, junto a su mujer Giuseppina Minieri y sus dos hi-
jos, Ovidio y Wanda. Registrado en Lucerna, Basilea y
Ginebra, al, principio no fue vigilado por los espías fas-
cistas, que le habían perdido la pista. Pero su nombre
figuraba ya desde hacía algún tiempo en el Bollettino
delle Ricerche [Boletín de búsquedas] cuando el 4 de
enero de 1930 las autoridades de Ginebra confirmaron
a las autoridades italianas que De Leone residía en esa
ciudad. Considerado peligroso por el régimen fascista,
era, por esa razón, continuamente controlado por los
espías. En marzo de 1931 se trasladó con su familia a
Annemasse, en Francia, donde en abril adquirió un ne-
gocio de droguería en el pequeño pueblo de Ambilly,
estableciendo un contacto directo con la Federación
de Lyon de la Fracción de Izquierda del PCd’I, siguien-
do desde lejos la política mediante la lectura de su ór-
gano Prometeo, “periódico quincenal”, que desde ju-
nio de 1928 se publicaba en Bruselas.

36
Hacia finales de 1932 De Leone visitó a su viejo
amigo Berardino Fienga, un médico comunista napo-
litano que años después, en España, trabajó para los
servicios sanitarios del POUM. Ambos hombres adqui-
rieron una pequeña fábrica de dulces en Ambilly, tras-
ladando luego tal actividad a Marsella. Pero la empre-
sa no tuvo éxito y, en septiembre de 1933, la fábrica
fue embargada. El año 1934 reservó a De Leone otro
duro golpe: su mujer murió en un hospital de Toulouse,
y él, que trabajaba como representante de comercio,
se vio obligado a enviar a sus hijos a Nápoles, confián-
dolos a su cuñada. Solo en Marsella, empezó entonces
a frecuentar con mayor asiduidad las reuniones de la
Federación marsellesa de la organización bordiguista,
que en julio de 1935 había adoptado el nuevo nombre
de Fracción italiana de la Izquierda comunista.
Tras las jornadas revolucionarias de julio en Bar-
celona y con el inicio de la guerra civil española, gran
parte de las discusiones políticas en el seno de la
Fracción se consagraron a esos acontecimientos. La
mayoría de la organización, liderada por Ottorino Pe-
rrone y por Verdaro, sostenía que, en ausencia de una
auténtica conquista del poder estatal por parte del
proletariado —considerada imposible, dada la falta
de un partido realmente marxista revolucionario y la
fortísima influencia del anarquismo—, en España se
producía un enfrentamiento entre dos fracciones de
la burguesía: una de derechas, monárquica y fascista,
y la otra “de izquierdas”, republicana y democrática.
No era, pues, posible ninguna elección entre los dos
campos existentes, puesto que, incluso en el caso de
una victoria militar de las fuerzas leales al gobierno
burgués-antifascista del Frente Popular, la burguesía
“de izquierda”, aliada a la socialdemocracia, al estali-

37
nismo y a los anarquistas, también habría buscado el
desarme y la aniquilación de los trabajadores y de su
organismo de lucha. Frente a la extensión y profundi-
zación de la guerra civil, la hipótesis de enviar a España
una delegación de la Fracción con el objetivo de expo-
ner la vía correcta a los combatientes revolucionarios,
todavía aparecía a los miembros de la Fracción como
una intervención demasiado pasiva, mientras madura-
ba entre ellos la convicción de que era necesaria, muy
al contrario, intervenir más activamente, incluso en el
plano militar.
En los primeros días de agosto de 1936 la Comi-
sión Ejecutiva bordiguista, aunque reconocía el ca-
rácter burgués del Frente Popular y la ausencia de un
partido revolucionario (y por lo tanto la ausencia de
una situación verdaderamente revolucionaria), deci-
dió enviar a Barcelona una delegación para encontrar-
se con los militantes más izquierdistas y contribuir a
la creación de un partido auténticamente comunista.
Una parte de los dirigentes y militantes rechazó sin
embargo el análisis de la mayoría — evidenciando los
primeros síntomas de una divergencia insuperable —,
e incluso De Leone se adhirió a las posiciones de los
minoritarios, que sólo en la Federación de París goza-
ban de una débil mayoría, muy precaria, liderada por
Piero Corradi. El debate interno se hizo público en la
prensa de la Fracción bordiguista.
De este modo, en un importante artículo publi-
cado en el número de Prometeo, el 11 de octubre de
1936, Tito (De Leone) explicó que la lucha en curso en
España, “aunque formalmente inscrita en el cuadro de
una competición entre dos grupos burgueses”, se con-
vertía sin embargo en “el propulsor de una verdadera

38
guerra social” dado que “en pocos días el control de
las operaciones militares pasó a manos de la milicia
obrera”, que ejercía un gobierno de facto, mientras “el
gobierno legal es una cáscara vacía”. El Frente Popular
había armado al proletariado como “medida extrema”
para defenderse del ataque de la reacción, pero “el es-
tado de disolución de la economía burguesa excluye
toda posibilidad de recuperación” y abre la posibilidad
de un futura y resolutiva “intervención autónoma del
proletariado”. Mientras que una victoria de los milita-
res fascistas comportaría una derrota de la democracia
burguesa, pero también “la clamorosa victoria incon-
dicional sobre la clase obrera”, que “sería clavada en
la cruz de su derrota” como en Italia y en Alemania.
Una victoria del gobierno legítimo “crearía cambios
de gran importancia en la situación internacional, vol-
viendo a dar consciencia y orgullo al proletariado en
los distintos países”, y en primer lugar a las masas ar-
madas españolas. De Leone concluía el artículo con
un ataque a las posiciones equidistantes propugnadas
por la mayoría de la organización bordiguista: “Nues-
tro abstencionismo en la cuestión española significa la
liquidación de nuestra fracción, una especie de suicidio
por indigestión de fórmulas doctrinarias”.
Los primeros miembros de la Fracción que llega-
ron a España fueron Enrico Russo y Bruno Zecchini,
seguidos luego por otros militantes y simpatizantes
entre los cuales estaban Gildo Belfiore, Mario Brama-
ti, Enrico Cesarin, Francesco Fortini, Emilio Lionello,
Constante Mengoni, Renato Pace y Salvatore Velotto.
Reunidos en Barcelona, crearon la Federación barcelo-
nesa de la Fracción y, después de un primer contacto
con las milicias anarquistas en el cuartel de Pedralbes,
gran parte de ellos se enroló en la Columna Interna-

39
cional Lenin del POUM — la primera unidad militar
formada por voluntarios extranjeros que combatió en
la guerra civil española —, de la que Enrico Russo fue
nombrado comandante. Mientras tanto, también Ma-
rio De Leone, atendiendo una propuesta de la Federa-
ción de Marsella aceptada por la Comisión Ejecutiva de
la Fracción, fue enviado a España como “observador”,
con el objetivo de obtener informaciones directas so-
bre los acontecimientos y orientar a la Federación de
Barcelona para evitar “cabezazos arbitrarios y peligro-
sos”.
Partió el 17 de agosto, llegando a Barcelona el 19.
Durante el primer mes de su estancia De Leone envió
a la Fracción varios largos informes sobre la situación
española. En el mismo período la mayoría de la Frac-
ción acordó no ceder ya más espacio a la minoría en la
prensa, y algunos días después, decidió enviar a Espa-
ña a una delegación propia, aplazó el reconocimiento
de la Federación de Barcelona en espera de conocer
sus posiciones política en las que se basaba y exhortó a
sus miembros a “romper relaciones con el POUM” así
como a “disolver la columna”, que consideraban parte
de un ejército burgués, para dedicarse en su lugar a un
trabajo político entre los proletarios. De Leone creía
por el contrario que el enrolamiento en la Columna
Internacional Lenin venía dictado por la valoración de
que era la formación militar “más afín políticamente”
a las posiciones de la Fracción, aunque aclarando que
“la adhesión a las milicias [del POUM] no comportaba
la adhesión política”.
La delegación enviada a España por la dirección
de la Fracción — para intentar recomponer la fractura
con la minoría y reorientar la política del POUM — lle-

40
gó a Barcelona a principio de septiembre, cuando la
columna dirigida por Russo ya estaba combatiendo
en el frente de Huesca. El encuentro entre los tres de-
legados de la mayoría con De Leone fue infructuoso:
Mario juzgó “despótico” el modo di actuar de la ma-
yoría y rechazó el diktat [imposición] de la Comisión
Ejecutiva de la Fracción, oponiéndose a la perspec-
tiva de una ruptura con el POUM y a la disolución de
la Columna Internacional Lenin, negó a la mayoría la
facultad de no reconocer a la Federación de Barcelona
y planteó una seca alternativa: o admitir la Federación
en la organización, o expulsar a todos sus miembros.
La mayoría, probablemente para evitar una escisión
definitiva, decidió reabrir las páginas de Prometeo a la
minoría.
En una carta enviada el 26 de septiembre de 1936
a la dirección de la Fracción, De Leone subrayó que las
jornadas de julio habían conducido a la destrucción de
la Iglesia, del Ejército y de los latifundios y la mediana
propiedad rural, a la confiscación y a la colectivización
de la industria y del gran comercio, al armamento de
las organizaciones obreras: “Los obreros se han arma-
do contra la voluntad del gobierno, han actuado y aún
hoy actúan en un terreno clasista, especialmente en
Cataluña; el frente militar no esta constituido por un
ejército burgués, sino por milicias obreras autónomas”.
Pero en el mismo momento en que De Leone escribía
estas líneas, CNT y POUM entraban en el gobierno de
la Generalidad catalana, que muy pronto decretó la di-
solución del Comité Central de Milicias Antifascistas y
anunció la militarización de las milicias y su sumisión a
un mando y una disciplina centralizados.

41
Las posiciones políticas de De Leone y de sus com-
pañeros permanecieron sin embargo sustancialmente
opuestas respecto a las de la delegación mayoritaria,
y él mismo tuvo ocasión de rebatirlas muchas más ve-
ces, con ocasión del viaje de dos semanas que hizo en
Francia —entre finales de septiembre y primeros de
octubre— junto a Turiddu Candoli, uno de los tres dele-
gados de la mayoría.
El “Comité de coordinación” creado en París el
28 de setiembre de 1936 por la minoría de la Fracción
exacerbó ulteriormente las divergencias. En un comu-
nicado, que más tarde fue publicado en Prometeo, se
negó cualquier solidaridad y responsabilidad con las
posiciones y las acciones de la mayoría, declarándose
claramente que existían ya las condiciones para una
ruptura definitiva. Pero la perspectiva de la escisión,
sin la participación en las discusiones de los militantes
que combatían en el frente de Aragón, era aplazada a
un próximo congreso. Y la minoría aceptaba permane-
cer en la organización “a condición de que se diese a la
minoría plena libertad de expresión de su pensamien-
to tanto en la prensa como en las reuniones públicas”.
El Comité autorizaba por otra parte a los compañeros
de la minoría “a combatir las posiciones de la mayoría
y a no difundir la prensa ni cualquier otro documento
basado en las posiciones oficiales de la Fracción”, de-
cidiendo finalmente enviar a España un delegado. Y
el delegado en cuestión fue el mismo De Leone, que
regresó a Barcelona el 8 de octubre, donde fue hospe-
dado por el POUM en el Hotel Falcón.
El 12 de octubre de 1936, mientras la Columna In-
ternacional Lenin se preparaba para regresar al frente
bajo el mando de Russo —que había sido autorizado

42
por el grupo, en consideración por su alta responsabi-
lidad militar— tras un breve período de reposo en Bar-
celona, los milicianos bordiguistas (Belfiore, Bramati,
Lionello, Pace y Zecchini) decidieron abandonarla
como señal de protesta contra el decreto de militari-
zación, que habría limitado su acción política —acción
que debía ahora trasladarse del terreno militar al es-
trictamente político-social— . Al día siguiente De Leo-
ne criticó su decisión “apresurada” y, anticipando las
críticas de la mayoría, sostuvo que de todos modos “la
retirada de los compañeros no significaba de hecho el
repudio de las posiciones iniciales de intervención en
el frente militar”, tanto más en cuanto tres de los di-
misionarios “estarían desde hoy mismo dispuestos a
volver al frente”. En cuanto al fallido reconocimiento
de la Federación de Barcelona por parte de la Comi-
sión Ejecutiva de la Fracción, De Leone escribió a Piero
Corradi el 17 de octubre afirmando que la alternativa
sólo podía ser una escisión. Esta fue la posición adop-
tada algunos días después por el grupo bordiguista de
Barcelona.
Para relanzar su intervención política, los miem-
bros de la Federación barcelonesa aprobaron acto
seguido, el 25 de octubre, un “Proyecto para la cons-
titución de grupos obreros de acción revolucionaria”,
que no tuvo continuación. El 1 de noviembre, en las
páginas de Prometeo, la Comisión Ejecutiva reconoció
por fin al grupo de Barcelona, en espera de discutir en
un futuro congreso de la Fracción las diversas cues-
tiones planteadas por los acontecimientos españoles.
Cuatro días después, el 5 de noviembre de 1936, De
Leone murió a causa de un infarto cardíaco, pese a la
asistencia prestada por el doctor Fienga, en la Pensión
Parisién, donde ambos se alojaban, situada en la Plaza

43
del Teatro 2-4, frente al Hotel Falcón, que según testi-
monio de Virginia Gervasini se había convertido en “un
anexo de la sede del POUM”.
Sus funerales se anunciaron el 7 de noviembre en
el órgano central del POUM La Batalla: “Hoy, a las cua-
tro de la tarde, tendrá lugar el funeral del compañero
De Leone (…). El desfile [fúnebre] saldrá de la sede del
POUM, en la Plaza del Teatro, donde el cadáver per-
manecerá expuesto durante toda la mañana. Invita-
mos a las organizaciones obreras y especialmente a las
secciones extranjeras a rendir un último homenaje al
compañero De Leone”. Sobre su tumba, en el cemen-
terio de Barcelona, Fienga hizo colocar una lápida que
recordaba al “tan dulce poeta como tenaz luchador”.
La Batalla publicó, en su número del 11 de noviem-
bre, un conmovedor recuerdo de De Leone escrito por
sus compañeros del grupo bordiguista de Barcelona.
El texto fue reproducido en la primera página de Pro-
meteo del 22 de noviembre, y también la mayoría de
la Fracción consagró a su memoria un breve artículo.
La ruptura definitiva entre la Fracción y la Minoría, de
la que De Leone había sido un miembro destacado,
se produjo algunas semanas después, en diciembre,
cuando la Comisión Ejecutiva decidió la expulsión “por
indignidad política” a los militantes que se habían ad-
herido a las posiciones del “Comité de coordinación” y
con las que seguían identificándose.

Paolo Casciola

44
DI BARTOLOMEO, Nicola (1901-
1946)

N icola Di Bartolomeo, conocido en el movi-


miento trotskista por el seudónimo de Fosco,
nació en Resina (ahora Ercolano, en la provincia de Ná-
poles) el 12 de marzo de 1901, hijo de Aniello Di Barto-
lomeo y de Teresa Scognamiglio. A los catorce años se
adhirió a la Federazione Giovanile Socialista y sucesiva-
mente al Partido Socialista Italiano (PSI), y en enero de
1921 se convirtió en miembro del recién nacido Parti-
do Comunista d’Italia (PCd’I). Obrero metalúrgico, en

45
la primera mitad de los años veinte fue condenado a
cinco años de arresto por “amotinamiento” a causa
de su actividad antimilitarista. Fue liberado en junio
de 1926, después de haber cumplido una parte de la
pena. Reemprendió su actividad en el partido, alineán-
dose con la Izquierda del PCd’I y en contra de la ten-
dencia “centrista” liderada por Antonio Gramsci, que
en el III Congreso del partido (Lyon, 20-26 de enero de
1926) había asumido la dirección.

Convertido en objetivo de las “atenciones” de la


policía fascista, en enero de 1927 tuvo que emigrar
clandestinamente a Francia, ayudado por el partido.
Se estableció en Marsella, formando parte de la di-
rección de los grupos comunistas del área mediterrá-
nea. A causa de un enfrentamiento físico con algunos
maximalistas italianos, ocurrido en julio, fue arrestado
y encarcelado. Por miedo a ser expulsado de Francia y
entregado al fascismo italiano, a principios de 1928 el
partido lo trasladó a París. Mientras tanto, el Ministe-
rio francés del Interior había emitido ya, por su cuenta,
un decreto de expulsión, fechado el 28 de marzo de
1928.
Poco tiempo después fue expulsado del PCd’I
“bolchevizado”, adhiriéndose a la Fracción de Izquier-
da del PCd’I. En los años siguientes Di Bartolomeo
trabajó en varias fábricas metalúrgicas de la Región
parisina y se insertó profundamente en la vida y en
las luchas del movimiento obrero francés. El Primero
de mayo de 1929 fue arrestado en Saint-Denis por la
policía francesa y, sin papeles, se vio obligado a vivir
clandestinamente en la capital francesa.
Entró en contacto con la Oposición Comunista Ita-
liana (conocida habitualmente como Nueva Oposición

46
Italiana (NOI), para diferenciarla de los bordiguistas) y
con la Oposición de Izquierda Internacional. En 1930,
animó en el seno de la Fracción una pequeña tenden-
cia que mantenía posiciones trotskistas, sosteniendo
la validez de la táctica leninista del frente único y la ne-
cesidad de defender a la URSS en caso de guerra. Esto
provocó su expulsión de la Fracción en agosto de 1931.
Tras la expulsión política del grupo bordiguista
de las filas trotskistas se adhirió inmediatamente a la
NOI, participando también activamente en las activi-
dades de la Ligue Communiste, la sección francesa del
movimiento trotskista. En la NOI se opuso, como Pie-
tro Tresso, a las posiciones de la mayoría, formada por
Alfonso Leonetti, Paolo Ravazzoli y Mario Bavassano,
quienes en abril de 1933 votaron su expulsión, que lue-
go fue anulada en mayo, después de la intervención
de Trotsky y del Secretariado Internacional trotskista.
En las siguientes semanas la crisis de la NOI se agu-
dizó, en primer lugar a causa del rechazo de algunos
de sus dirigentes clave en aceptar el giro que suponía
la construcción de una nueva Internacional (junio-julio
de 1933). Los enfrentamientos condujeron a la disolu-
ción de hecho de la organización.
Probablemente fue durante ese año terrible —
que se había abierto con la victoria de Hitler en Alema-
nia— cuando Di Bartolomeo conoció a Virginia Gerva-
sini, en un bistrot parisino frecuentado por los exiliados
antifascistas italianos. Virginia Gervasini fue durante
algunos años su compañera de vida y de lucha. A fina-
les de 1933 o principios de 1934 Di Bartolomeo fundó el
Grupo de Unidad Comunista, mientras los trotskistas
italianos “oficiales” intentaron vanamente reorganizar
sus propias filas, lanzando en marzo el diario La Verità.

47
También Di Bartolomeo agrupó algunos militantes en
torno a un periódico titulado La Nostra Parola (agosto
1934) y en abril de 1935 puso en práctica la táctica del
entrismo en las filas socialistas, preconizada por Trots-
ky. En el PSI operaba también el grupo trotskista “ofi-
cial”, ahora liderado por Tresso, con quien a principios
de 1936 el Grupo “La Nostra Parola” había intentado
realizar una colaboración, tan tardía como ineficaz. La
reunificación, efectuada en mayo-junio de 1936, con-
dujo a la formación de un nuevo reagrupamiento: los
Bolchevique-Leninistas Italianos (BLI).
Poco antes, Di Bartolomeo, sin trabajo por falta de
papeles, había marchado clandestinamente a España,
junto a Virginia Gervasini, usando el falso apellido de
“Venturini”. Llegados a Barcelona a finales de abril de
1936, después de pasar clandestinamente los Pirineos,
y provistos de una carta de recomendación del dirigen-
te del PSI Pietro Nenni, fueron alojados inicialmente
—según un comunicado del espía de la OVRA fascista,
Mario Carletti, fechada el 2 de mayo de 1936— en casa
del antifascista piamontés Giovanni Battista Genesio,
que vivía en la calle Ancha 42. Algunos días después el
mismo espía indicó que la pareja se había trasladado a
un piso amueblado en la Ronda San Antonio número
8 - 4°.
El 6 de mayo se dirigieron a un abogado que les
había sido recomendado por Nenni, y que sin embargo
les hizo arrestar. Detenidos en la Cárcel Modelo y la Pri-
sión de Mujeres de Barcelona estaban bajo la amenaza
de expulsión del territorio español, por haber pasado
ilegalmente la frontera. Desde la cárcel, Di Bartolo-
meo escribió al dirigente del PSI maximalista Alessan-
dro Consani —ignorando obviamente que también él

48
era una espía de la OVRA— para pedirle que el diario
de ese partido denunciase la represión practicada por
el gobierno de Frente Popular contra la emigración
política antifascista, represión que había provocado
una huelga de hambre de los detenidos: una auténtica
rebelión en la que también Di Bartolomeo y Gervasini
tomaron parte. Gracias sobre todo a la campaña en su
favor, promovida por la Confederación Nacional del
Trabajo (CNT) y el Partido Obrero de Unificación Mar-
xista (POUM), fueron finalmente liberados, y provistos
de un carnet de refugiados políticos, que evitó su ex-
pulsión de España.
Di Bartolomeo y Gervasini empezaron entonces
la construcción de un grupo trotskista, el Grupo Bol-
chevique-Leninista (GBL), que se formó en Barcelona
en mayo-junio de 1936 y que proclamó su propia adhe-
sión al movimiento pro Cuarta Internacional en agos-
to. Crearon además el Comité Único Internacional de
los Refugiados Antifascistas (CUIRA). Todos los mili-
tantes del GBL participaron activamente en las “jorna-
das de julio” de 1936 y, en las luchas de las semanas
siguientes. Di Bartolomeo habría trabajado además
en la elaboración de listas de los italianos presentes en
Barcelona, con el objetivo concreto de personalizar y
golpear a los fascistas (un espía de la OVRA evidenció
el 20 de septiembre la “intensísima actividad” de Di
Bartolomeo, así como su “ferocidad verdaderamente
asombrosa”), así como en las listas de aquellos que ha-
bían regresado a Italia, con el fin de requisar sus bie-
nes.
Después vivió con Gervasini en el Hotel Falcón,
que había sido requisado por el POUM para hospedar
a los combatientes extranjeros y a los milicianos con

49
permiso. Aunque no era miembro de ese partido, fue
nominado delegado general del Comité Internacional
del POUM, obteniendo además por parte del Comi-
té Ejecutivo del POUM el encargo de ocuparse de los
voluntarios extranjeros que venían a enrolarse en las
milicias del POUM. En las fases iniciales de la guerra
fue también el principal artífice, entre julio y agosto
de 1936, de la trasformación del CUIRA en la Columna
Internacional Lenin del POUM, la primera unidad com-
batiente formada por milicianos extranjeros que luchó
militarmente —en el frente de Aragón, para el que par-
tió a finales de agosto— contra las tropas franquistas.
(Las Brigadas Internacionales aparecieron dos meses
más tarde).
A principios de agosto de 1936 Di Bartolomeo
entró en conflicto con la misión enviada a Barcelona
por el Secretariado Internacional trotskista y el Parti
Ouvrier Internationaliste (POI) francés, liderada por
Jean Rous, con referencia a la política a adoptar en las
relaciones con el POUM. Jean Rous acusó a Di Bartolo-
meo por su pretendida voluntad de liquidar el GBL en
el seno del POUM, mientras Di Bartolomeo denunció
la orientación sectaria de la delegación “oficial”, de la
que formaban parte el poeta surrealista Benjamin Pé-
ret y el cineasta Louis Sabas.
La persistencia de este enfrentamiento fue el
principal motivo de la expulsión de Di Bartolomeo del
GBL, tras la llegada a Barcelona de Manuel Fernán-
dez-Grandizo y Martínez, llamado G. Munis, en octu-
bre de 1936. Durante ese período Di Bartolomeo fue
objeto de una campaña de acusaciones, que culminó
con la presentación de un memorial redactado con-
tra él por los trotskistas italianos Giuseppe Guarneri y

50
Matteo Renato Pistone. Tal campaña tuvo, entre otras
consecuencias, la de empujar al POUM a desembara-
zarse de Di Bartolomeo, que fue echado del Hotel Fal-
cón, mudándose a un piso situado en la calle Francisco
Layret, número 112.
En agosto de 1936 Di Bartolomeo se había entre-
vistado en Barcelona con el dirigente trotskista fran-
cés disidente, Raymond Molinier. Aunque le aconse-
jó regresar rápidamente a París, siguió manteniendo
contactos con Molinier. Tras la ruptura definitiva con
el POI, en octubre, Molinier había relanzado su propia
organización independiente, el Parti Communiste In-
ternationaliste (PCInt). Paralelamente, al día siguiente
de su expulsión del GBL de Barcelona, Di Bartolomeo
había comenzado la construcción de un grupo trots-
kista concurrente. Sus esfuerzos condujeron, vero-
símilmente durante los últimos meses del 1936, a la
formación de un grupo que, en enero de 1937, publicó
el primer numero de un modesto boletín mecanogra-
fiado en francés, titulado Le Soviet, órgano de los Bol-
chevique-Leninistas de España por la Cuarta Interna-
cional, más conocido como Grupo “Le Soviet”.
El grupo, que enlazó orgánicamente con la co-
rriente “molinierista”, estaba formado sobre todo por
extranjeros. Además de Di Bartolomeo y Gervasini,
militaron, entre otros, Cristofano Salvini, Henri Aïa-
che, Georges Chéron y su compañera Louise. El grupo
reclutó además a algunos militantes españoles, como
Eduardo Mauricio Ortíz y Antonio Rodríguez Arroyo. El
grupo desarrolló una intensa actividad propagandísti-
ca, publicando unos quince números de su boletín,
hasta los primeros días de enero de 1938.

51
Mientras tanto, Di Bartolomeo trabajaba para so-
brevivir. Otro espía fascista, Santorre Vezzari, comuni-
có el 22 de marzo de 1937 que Di Bartolomeo estaba
empleado como mecánico en la llamada Casa Elizalde
de Barcelona. Para huir al cerco de la represión estali-
nista, tras tomar parte, junto al resto de miembros del
Grupo “Le Soviet”, en las “jornadas de mayo” de 1937,
que contemplaron cómo el Frente Popular atacaba mi-
litarmente al ala más radical del anarquismo y de los
poumistas, a finales de enero de 1938 Di Bartolomeo
regresó a París, donde se adhirió al PCInt “molinieris-
ta”. Colaboró en el periódico de esa organización, La
Commune, con una serie de artículos dedicados a los
acontecimientos españoles.
En diciembre de ese mismo año tomó parte en
una nueva experiencia “entrista” en el Parti Socialiste
Ouvrier et Paysan, dirigido por Marceau Pivert, del que
luego fue expulsado con sus compañeros en junio de
1939. Más tarde residió durante algún tiempo en Bru-
selas y en Londres, como miembro de la Delegación
Internacional de los Communistes Internationalistes
pour la construction de la Quatrième Internationale.
De regreso a Francia fue sorprendido por el inicio de la
Segunda Guerra Mundial. Intentó llegar nuevamente a
Bélgica, pero fue preso en la frontera.
Detenido primero en Lille, en octubre fue inter-
nado en el famoso campo de concentración de Vernet
d’Ariège, del que a continuación fue “liberado” tras el
armisticio entre Italia y Francia en junio de 1940. Nue-
vamente arrestado poco después, fue entregado por
las autoridades francesas a la policía fascista italiana
y, luego fue trasladado a Nápoles, donde fue procesa-
do en septiembre, siendo condenado a cinco años de

52
destierro en las islas Tremiti. El 10 de octubre, Di Bar-
tolomeo se encontró, entre otros, con algunos com-
pañeros de exilio, comenzando a construir un núcleo
trotskista entre los desterrados. Puesto en libertad,
junto con el resto de desterrados, en agosto 1943, los
miembros de tal núcleo dieron vida al Centro Nacio-
nal Provisional por la construcción del Partido Comu-
nista Internacionalista (IV Internacional), del cual Di
Bartolomeo fue secretario. Después de haber operado
durante algún tiempo en Bari, se trasladó a Nápoles.
Donde junto a algunos compañeros se adhirió al Par-
tito Socialista de Unidad Proletaria (el nuevo nombre
adoptado en agosto por el PSI).
Ese núcleo fue muy activo en el seno de la Confe-
derazione Generale del Lavoro, la llamada CGL “roja”
creada en Nápoles en noviembre de 1943, en la que
Di Bartolomeo se convirtió en unos de los dirigentes
más importantes. Muy fuerte numéricamente, la nue-
va organización sindical tuvo como secretario general
a Enrico Russo, y extendió rápidamente su influencia
en otras regiones del Sur, basando su actividad en una
orientación de lucha de clases que la oponía al PCI
estalinista, empeñado en la vía del colaboracionismo
gubernamental con la burguesía “antifascista”. Elegi-
do a fines de 1943 en el Ejecutivo de la Camera del La-
voro (Bolsa del Trabajo) napolitana, participó en ene-
ro de 1944, en Bari, en el segundo Consejo Nacional
del PSIUP como delegado de los exiliados socialistas.
El mes siguiente, en el congreso de Salerno de la CGL
“roja”, atacó la política antiobrera del primer gobierno
Badoglio, sosteniendo posiciones netamente clasistas.
No obstante, después de la firma del “Pacto de Roma”
(en junio de 1944) —que dio vida a la CGIL, el sindicato
“moderado” formado por los comunistas “oficiales”,

53
los socialdemócratas y la Democracia Cristiana— y a
pesar de las maniobras del PCI contra la CGL “roja”,
Di Bartolomeo se pronunció por la adhesión de la CGL
“roja” a la CGIL, invocando la necesidad de no obstacu-
lizar la unidad sindical. En esa misma época fue expul-
sado del PSIUP.
Paralelamente, Di Bartolomeo no había dejado de
trabajar en la construcción de una organización trots-
kista. A partir de comienzos de 1944 había entrado en
contacto con varios militantes trotskistas estadou-
nidenses y británicos uniformados. Junto a unos de
éstos, Charles Van Gelderen, en junio de ese mismo
año consiguió llegar a Foggia, donde la Federación de
Apulia del PCd’I, dirigida por el viejo militante de la iz-
quierda bordiguista, Romeo Mangano (quien, como se
ha verificado más tarde, había sido un importante co-
laborador de la OVRA fascista desde 1926 hasta 1943),
había proclamado, mediante un manifiesto, la necesi-
dad de una Cuarta Internacional.
De la fusión de los apulienses con el grupo trots-
kista napolitano —efectuada sobre bases esencial-
mente organizativas y formales, en ausencia de un
auténtico acuerdo político de fondo— se dio origen,
en febrero de 1945, al Partito Obrero Comunista (Bol-
chevique-Leninista), que a mediados de ese año fue
reconocido como sección italiana de la Cuarta Interna-
cional. El POC se fue alejando de la Cuarta en abril de
1948, porque persistieron posiciones contrarias a las
oficiales del movimiento trotskista. Pero Di Bartolo-
meo no pudo participar en esa lucha política, que opu-
so la minoría trotskista del POC a las posiciones de ul-
traizquierda de los apulienses: murió el 10 de enero de
1946, en su ciudad natal, a causa de una banal enfer-

54
medad que no pudo ser tratada adecuadamente por
las dificultades existentes para procurarse penicilina.

Paolo Casciola

55
FÁBREGAS, Joan Pau (1893-1966)

C enetista y economista. Joan Pau Fábregas


Llauró2 nació en Sant Martí de Provensals3 en
1893. Era hijo de Pau Fábregas, tabernero, y de María
Llauró Espinás. Realizó estudios primarios y de conta-
bilidad.

2  Esta biografía, empezando por la identificación correcta


del nombre del biografiado, es deudora de la aparecida en el
excelente libro de CENDRA, Ignasi: El Consell d´Economia de
Catalunya (1936-1939). Abadia de Montserrat, 2006.
3  Municipio independiente que en 1897 fue agregado a la
ciudad de Barcelona.

56
En 1909 fue herido durante los acontecimientos
de la “semana trágica”, por cuyo pretendido liderazgo
fue fusilado Francisco Ferrer Guardia.
Emigró a la Argentina, donde trabajó de panade-
ro. Residió brevemente en Estados Unidos, aprendien-
do inglés. Regresó a España, ocupado algún tiempo en
la taberna paterna y como panadero. Más tarde ejerció
como vendedor de autos.
Sus primeros análisis sobre economía internacio-
nal los efectuó en el Centro Internacional de Intercam-
bio, que dirigía él mismo, en la calle Fontanella número
12 de Barcelona. En este despacho profesional Fábre-
gas se dedicó al estudio de mercados, al asesoramien-
to de empresas, a la orientación para la exportación
y a los informes comerciales. A mediados de los años
veinte esta actividad financiera y económica, teórica y
práctica, le convirtió en un experto asesor y consejero.
Dirigía y editaba una revista económica y mercantil,
que se vendía por suscripción, titulada El Productor.
En 1930 publicó A través del Pròxim Orient, donde
expuso en forma de dietario su visión de los países eu-
ropeos y asiáticos, que visitó para realizar un estudio
de mercados para un gremio de fabricantes.
Se presentó como candidato de Esquerra Republi-
cana de Catalunya (ERC) por Barcelona en las eleccio-
nes municipales del 12 de abril de 1931, al tiempo que
se afiliaba al Sindicato de Profesiones Liberales de la
CNT. Fundador del Institut de Ciències Econòmiques
de Catalunya (ICEC, 1931) como sección del Ateneu
Enciclopèdic Popular y animador de su boletín econó-
mico. Este ICEC puede considerarse como la primera
Facultad de Ciencias Económicas existente en España,
con la particularidad de ser una entidad obrera, orien-

57
tada a la educación y emancipación del proletariado.
El 20 de febrero de 1932 falleció muy joven (28 años)
su esposa Agustina Sala Regás.
Interesado en cuestiones de Economía Política,
durante los primeros años de la república publicó As-
saig d’Economia Política en tres volúmenes (1932-1933-
1934) que recogía los cursos impartidos en el ICEC du-
rante esos mismos años.
En diciembre de 1932 impartió un curso de Econo-
mía Política en el Ateneu Sindicalista Llibertari de Bar-
celona, organizado por los trentistas. Publicó también
Les possibilitats econòmiques d’una Catalunya indepen-
dent (1932), donde estudiaba las relaciones financieras
entre Cataluña y el resto del Estado español, y además
Irlanda y Catalunya. [Link] politico-econòmic
(1932) y La crisis mundial y sus repercusiones en España
(1933), en el que analizaba la crisis de 1929 desde una
perspectiva antimonetarista.
Siempre firmó sus libros, informes, decretos e
incluso sus nombramientos oficiales como “Joan P.
Fábregas” 4, lo que llevó a algunos historiadores poco
rigurosos a aceptar la leyenda de que su verdadero
nombre era el de Joan Porqueras Fábregas, explicando
“muy imaginativamente” que firmaba Joan P, no por
abreviatura de Pau, sino por considerar vergonzoso el
inexistente apellido Porqueras.
Al inicio de la Guerra Civil, en julio de 1936, repre-
sentó al Sindicato de Enseñanza y Profesiones Libera-
les de la CNT en el Comité de la Escuela Nueva Unifi-
cada (CENU), constituido el 27 de julio de 1936, junto

4  Excepto su nombramiento en el CENU, realizado en el


BOGC del 29 de julio de 1936, como Joan P. Fábregas Llauró.

58
con Albert Carsí, Miguel Escorihuela Guitart y Joan
Puig Elías (presidente). El CENU expropió las escuelas
religiosas e impulsó la creación de una escuela pública,
racionalista, aconfesional y en lengua catalana, fun-
damentada en los principios libertarios de la Escuela
Moderna, fundada por Ferrer Guardia.
El 11 de Agosto representó a la CNT en el Conse-
jo de Economía5, junto a Eusebio Carbó y Cosme Ro-
fes, asumiendo el cargo de vocal-consejero de Finan-
zas del Consejo de Economía. En septiembre de 1936
acompañó a Mariano Rodríguez Vázquez6 a Madrid, en
solicitud de dinero para la industria catalana, sin éxito.
El 24 de septiembre de 1936 participó en el Pleno
de Sindicatos de Cataluña, dedicado a los problemas
económicos de la revolución. Juan Pau Fábregas elo-
gió las actividades realizadas por el Consejo de Eco-
nomía de Cataluña, al que consideraba “un producto
genuino de la revolución que estamos viviendo”. Ex-
plicó que al constituirse el Consejo de Economía de
Cataluña, “surgió una pugna entre las dos centrales
sindicales representadas”, CNT y UGT: mientras los
cenetistas defendían “la noción federalista y libertaria
de la socialización, los marxistas (POUM y PSUC) de-
fendían el centralismo y la nacionalización. Finalmen-
te “prevaleció el criterio de la colectivización, que era
el más adecuado y el más práctico para la revolución”.

5  Hay que diferenciar entre Consejo de Economía (orga-


nismo creado por el CCMA) y Consejería/Ministerio de Eco-
nomía del gobierno de la Generalidad. Del mismo modo hay
que diferenciar entre los cargos de vocal del Consejo de Eco-
nomía y Consejero/Ministro de Economía.
6  Entonces Secretario Regional en Cataluña de la CNT.

59
La palabra “colectivización” había sido un hallazgo del
propio Fábregas, que pareció contentar tanto a mar-
xistas como a anarquistas. Se extendió Fábregas en
consideraciones diversas sobre la producción sindical y
la distribución cooperativista, afirmando que se respe-
taba “la iniciativa particular y privada, pero sujetadas
éstas al interés colectivo”.
Habló luego del paro obrero, señalando que antes
del 19 de Julio existían en Cataluña 65.000 obreros sin
trabajo. Afirmó que se conservaban “grandes stocks
de géneros manufacturados que no podemos exportar
debido a las circunstancias de la guerra, y también, a
la tirantez de relaciones que existe entre Madrid y Bar-
celona”.
Advirtió que si las transformaciones económicas
de carácter revolucionario incrementaban el paro exis-
tente, la labor del Consejo de Economía “sería nula”.
Era necesidad imperiosa la creación de nuevas
industrias “que nos independicen del extranjero”. Los
impulsos revolucionarios en las empresas, “las incau-
taciones, la colectivización industrial, el control obre-
ro, la intervención de los Sindicatos en todas las ma-
nifestaciones de la producción” preparaban la nueva
sociedad futura; pero en el momento actual los ins-
trumentos de producción eran de carácter burgués, y
debían aprovecharse forzosamente, “porque estamos
en una situación de guerra”.
Era prioritario ganar la guerra. Cuando se hubiera
derrotado el fascismo sería “el momento de ir a la rea-
lización totalitaria7 de nuestro programa, de nuestras
ideas”.

7  Con el significado de total y no de dictatorial.

60
Se refirió a las difíciles relaciones con el gobierno
de Madrid, que había negado a Cataluña apoyo “eco-
nómico y financiero”, creando una situación “delica-
da y angustiosa”. Todos los créditos solicitados, para
compra de armas o materias primas, fueron denega-
dos, pese a las garantías ofrecidas.
Joan Pau Fábregas llegó a proponer la creación de
“un Centro autónomo de contratación de moneda”.
Se pidió al Gobierno de la República que se trasladara
todo el oro, o parte del mismo, a Cataluña, por el ries-
go que corría en Madrid, donde parecían ignorar “que
quien tiene el oro ganará la guerra”.
Tras extenderse en otras cuestiones económicas
y financieras, terminó su intervención lamentándose
que, dadas las circunstancias, el Consejo de Economía
no pudiera actuar “como es necesario y como todos
desearíamos”.
Se discutió el punto del orden del día referente a la
posibilidad de implantar el salario único. Tras numero-
sas intervenciones, con las más diversas y encontradas
proposiciones, que iban desde la abolición del dinero a
la implantación de la tarjeta de productor, o bien, sen-
cillamente al alza de los salarios más bajos y el recorte
de los más altos, se decidió nombrar una Ponencia que
emitiese un dictamen.
Finalmente el Pleno de Sindicatos pasó a la discu-
sión de los asuntos generales, destacando la propues-
ta de Artes Gráficas sobre implantación de los Sindica-
tos de Industria.
El 26 de septiembre de 1936 Joan Pau Fábregas
fue nombrado Consejero de Economía del gobierno de

61
la Generalitat, presidido por Josep Tarradellas, y formó
parte de su comisión permanente.
El 1 de octubre de 1936, en reunión de comités su-
periores, Joan Pau Fábregas habló del próximo decre-
to sobre control obrero y socialización de la industria.
Después de un breve debate se acordó hacer un llama-
miento para que se detuviesen todos los procesos de
colectivización o expropiación en curso. Es importante
comprender la complejidad de la situación revolucio-
naria existente y el auténtico papel jugado por Fábre-
gas, destacado miembro de los comités superiores,
favorable al colaboracionismo, él mismo consejero/
ministro anarcosindicalista en el Gobierno de la Gene-
ralidad, que apostaba por legalizar el proceso revolu-
cionario cenetista, iniciado en julio, mediante acuer-
dos y pactos con el resto de fuerzas antifascistas y con
el gobierno de la Generalidad. Fábregas estaba en las
antípodas de los comités revolucionarios de barrio,
que en julio de 1936 habían iniciado una metódica ex-
propiación de las propiedades de la burguesía. Hay que
situar a Joan Pau Fábregas en su lugar, como impulsor
de una revolución que se estaba institucionalizando y
legalizaba las “conquistas revolucionarias” de julio. En
un momento histórico en el que Companys y Tarrade-
llas se consideraban y autoproclamaban sinceramente
como “revolucionarios”, los auténticos trabajadores
revolucionarios de los barrios eran perseguidos y ca-
lumniados como “incontrolados”.
Ese mismo día Diego Abad de Santillán escribió
una carta al Comité Peninsular de la FAI, en la que pre-
sentaba su dimisión al cargo que se le había concedido
en el Consejo de Economía, por “disconformidad con

62
procedimientos empleados por el camarada Fábre-
gas”.
El 15 de octubre, a instancias de Joan Pau Fábre-
gas, se decretó la creación de la Junta de Comercio Ex-
terior y el uso obligatorio de la contramarca8 Cataluña.
El 24 de Octubre de 1936 Joan Pau Fábregas firmó
el Decreto de Colectivizaciones y Control Obrero, la
disposición legal más importante en materia económi-
ca promulgada durante la Guerra Civil. Parece fuera de
duda que la gran labor del Consejo de Economía y muy
especialmente la elaboración del Decreto de Colectivi-
zación de la industria y el comercio fueron fruto de su
tenacidad. Aunque no cabe duda que Joan Pau Fábre-
gas fue el impulsor y coordinador de este Decreto, su
redacción fue obra de Eusebio Carbó, en la medida en
que sea posible personalizar un texto jurídico colecti-
vo, fruto de la negociación y el acuerdo.
El 18 de noviembre de 1936, en el Consejo de la
Generalidad, Joan Pau Fábregas se enfrentó a las crí-
ticas de Comorera y Companys a la CNT, referentes
a la indisciplina social, diciéndole al presidente de la
Generalidad que si los actuales consejeros no servían,
lo mejor era sustituirlos por otros, anunciando de este
modo una crisis de gobierno.
El 26 de noviembre de 1936, el Partit Socialis-
ta Unificat de Catalunya (PSUC, estalinistas) planteó
formalmente la crisis del gobierno de la Generalidad,
porque los decretos no se cumplían y porque era un
gobierno que no gobernaba. Proponía un gobierno
obrero o sindical CNT-UGT, con participación de los

8  Denominación de origen “Catalunya”, que se aplicaba a


todas las exportaciones catalanas.

63
Rabassaires. Era apenas una excusa para deshacer-
se de Andreu Nin y del POUM. Juan Pau Fábregas se
había ganado ya la enemistad de Santillán (CNT), de
Comorera (secretario del PSUC) y de Companys (pre-
sidente de la Generalidad). Circulaba además un expe-
diente anónimo de “pruebas” contra la honorabilidad
de Juan Pau Fábregas, que pese a su inconsistencia,
que parecía remitirse a ciertas relaciones comerciales
con clientes derechistas, en tiempos del régimen mo-
nárquico, sirvieron para apartarlo de su cargo como
Consejero de Economía, en el que fue sustituido nada
más y nada menos que por su denostado Santillán, ca-
lificado de incapaz por numerosos compañeros cene-
tistas.
El 5 y 6 de diciembre de 1936 miles de trabajado-
res acudieron al Palacio de Montjuic para escuchar las
disertaciones del Consejero de Economía Joan Pau Fá-
bregas, de José Jiménez y de Ruiz Ponsetí. El acto se
cerró con unas palabras del presidente de la Genera-
lidad, Lluís Companys. Las dos sesiones de la Primera
Jornada de la Nueva Economía expusieron al pueblo
trabajador la nueva estructuración de la economía ca-
talana.
Joan Pau Fábregas dijo que el Decreto de Colec-
tivizaciones “era un instrumento y no un fin, una base
inicial para el progreso y la civilización. Que era preciso
que el proletariado se diese cuenta de su trascenden-
cia, puesto que con él se pone en manos de los prole-
tarios la fuente de riqueza del país, riqueza que de esta
forma será distribuida por partes iguales entre todos
los ciudadanos productores”.
Añadió que su aplicación debería hacerse con es-
píritu de sacrificio, pensando en el esfuerzo mancomu-

64
nado de las diferentes fuerzas políticas y sindicales. No
era hora de impaciencias, sino de evitar el fracaso con
paciencia. La guerra no se ganaría si se perdía la bata-
lla por la economía.
Terminó con una cita de Goethe: “únicamente es
merecedor de la vida y de la libertad, aquél que se ha
hecho digno y ha luchado por ellas”. Fue muy aplaudi-
do, tanto al terminar como en algunos párrafos de su
discurso.
Companys, molesto e incómodo, ajeno y lejano,
cerró el acto con su ya conocida y habitual muletilla
del limón exprimido: “utilizadme, y cuando no sea
necesario, cuando quede exprimido como un limón,
echadme”, para añadir una nueva y autoritaria consig-
na: “Pero, entretanto, obedeced y acatad las órdenes
del Gobierno, en el cual están representadas todas las
fuerzas antifascistas”. Fue muy aplaudido. Terminó su
discurso con frases de exaltación a la nación catalana.
Y el público, en pie, le dedicó una enorme ovación.
La Primera Jornada de la Nueva Economía no fue
una asamblea revolucionaria de trabajadores para
decidir si aprobaba el Decreto de Colectivizaciones y
Control Obrero, sino un acto multitudinario y plebisci-
tario para explicar e imponer ese decreto, fruto mayor
del pacto antifascista. También fue el apogeo culmi-
nante de la labor realizada por Joan Pau Fábregas y
por el Consejo de Economía.
El 15 de diciembre Joan Pau Fábregas informó a
la prensa que la crisis de gobierno se debía al enfren-
tamiento entre PSUC y POUM, y no, como informa-

65
ba El Noticiero Universal9 del día anterior al malestar
y escaramuzas existentes en el seno del Consejo de la
Generalidad. El diplomático desmentido de Joan Pau
Fábregas, que se guardaba muy celosamente de citar
ningún nombre, no era creíble y además no explicaba
su propia salida del gobierno.
En sus ochenta días (del 27 de septiembre al 16 de
diciembre de 1936) como consejero de Economía, dio
numerosas conferencias, muchas de ellas radiadas,
para popularizar su pensamiento económico. Asistía
casi diariamente a la Casa CNT-FAI para informar a los
comités de sus actividades.
Ya desde varios meses antes, dada la inexisten-
cia de una política del gobierno central en materia de
exportaciones y control de divisas, Joan Pau Fábregas
había intentado crear desde la Junta de Comercio Ex-
terior de la Generalidad un centro monopolizador del
comercio exterior catalán, con la creación de una red
de delegados, que fomentase las exportaciones, per-
mitiese la reanudación de la producción de las fábricas
catalanas y, al mismo tiempo, obtuviese divisas que
permitiesen la compra en el extranjero de materias
primas, inexistentes en Cataluña, alimentos y armas.
El plan económico de Juan Pau Fábregas era muy
coherente, y se sostenía sobre estos tres pilares: 1.-
Movilización civil de los trabajadores en la retaguardia,
para ganar la guerra mediante un aumento de la pro-

9  Aparecía un montaje fotográfico con cinco retratos y un


texto a pie de foto que decía así: “El presidente Companys,
su primer consejero Tarradellas y los consejeros Nin del
POUM, Comorera del PSUC y Fábregas de las CNT, cuyas
diferencias entre sí han ocasionado la crisis”.

66
ductividad en las fábricas. 2.- Monopolio del Comercio
Exterior, mediante la creación de una eficiente red en
los principales mercados extranjeros, que fomentase
las importaciones y exportaciones. La obtención de
mercados en el extranjero permitiría reanudar la pro-
ducción de las fábricas catalanas, algunas de ellas pa-
ralizadas por la pérdida del mercado interior español.
La centralización del control de las divisas permitiría
que las exportaciones financiasen las importaciones,
en primer lugar de materias primas, inexistentes en
Cataluña e indispensables para muchas fábricas, así
como de alimentos y armamento. Ese monopolio del
comercio exterior (y del control de las divisas) abara-
taría los precios de compra, garantizaría los créditos
e impediría la especulación. 3.- El Decreto de Colecti-
vizaciones y Control Obrero legalizaría las conquistas
revolucionarias de julio de 1936, con importantes re-
percusiones en la exportación, impidiendo las incauta-
ciones por demandas jurídicas de particulares, como
sucedía con las potasas.
Joan Pau Fábregas se había creado muchos ene-
migos, porque a la importancia y coherencia de su plan
económico, se sumaba su capacidad dialéctica para
enfrentarse en los consejos de la Generalidad a las
diversas críticas que PSUC y ERC realizaban contra la
CNT. Su justificación de la violencia revolucionaria con-
tra los maristas10 colmó el vaso y le ganó numerosas
antipatías e imperdonables rencores. Sus enemigos en
el Consejo de la Generalidad prefirieron sustituirlo por

10  En la reunión de comités superiores del 22 de octubre


de 1936 justificó el fusilamiento por las Patrullas de Control
de 42 maristas, presos en Sant Elies. Aurelio Fernández apa-
recía como el principal responsable.

67
un anarcosindicalista más dócil y menos molesto e in-
teligente: Abad de Santillán. Sus propios compañeros
cenetistas emprendieron una campaña de calumnias,
magnificando sus contactos burgueses cuando en los
años veinte y treinta ejercía como asesor comercial y
financiero.
La gran novedad de la expulsión de Andreu Nin, en
la formación del segundo gobierno Tarradellas, el 17 de
diciembre de 1936, velaba la importancia política de la
salida de los dos cenetistas que habían participado en
el Consejo de Economía, Antonio García Birlán y Joan
Pau Fábregas, desplazados por dos componentes del
Grupo anarquista Nervio: Abad de Santillán y Pedro
Herrera. Era, en realidad, un auténtico golpe de timón
del Grupo Nervio en el seno de los comités superiores
de la Organización. Cabe también la hipótesis de que
la ausencia de Joan Pau Fábregas fuese, además, fruto
de la presión de Companys y Comorera a los comités
superiores cenetistas, para “facilitar” los debates en el
seno del Consejo de la Generalidad.
Sea como fuere, el cese de Joan Pau Fábregas su-
ponía que el desarrollo del Decreto de Colectivizacio-
nes, mediante órdenes, disposiciones legales, tributos
y decretos complementarios, que debía concretar su
carácter y su realización en la práctica lo iba a desa-
rrollar otra persona. El inútil de Santillán11 no iba a ju-
gar tal papel, que fue asumido por Tarradellas, quien
en enero de 1937 promulgó una batería de 58 decretos
financieros y fiscales, que pretendieron transformar

11  Abad de Santillán ocupaba numerosos cargos de im-


portancia, tanto en la Generalidad como en el seno de la
CNT, que en definición de diversos compañeros argentinos
y españoles desempeñaba con idéntica incompetencia.

68
las colectivizaciones obreras en empresas de gestión
sindical, controladas y dirigidas por el Gobierno de la
Generalidad.
Por otra parte, el 20 de diciembre de 1936, el pro-
yecto del monopolio del comercio exterior fue inme-
diatamente desechado por Comorera, en favor del
libre mercado y la aniquilación de los comités revolu-
cionarios de barrio. La salida de Andreu Nin fue am-
pliamente comentada. La significativa salida de Joan
Pau Fábregas pasó desapercibida, y sólo mereció el
comentario de Federico Urales en un pequeño diario
de comarcas de escasa difusión.
El 5 de enero de 1937 Fábregas terminó el informe
sobre su viaje a París y Londres, “en cumplimiento de
las instrucciones del Consejero de Economía, compa-
ñero Santillán, de acuerdo con el Comité Regional, por
medio del compañero secretario [Valerio Mas]”. El via-
je se inició el 18 de diciembre, esto es, al día siguiente
de su salida del Gobierno de la Generalidad, y terminó
el 31 de diciembre. El objetivo del viaje era el de ela-
borar un estudio sobre “los organismos creados en
Francia” durante su gestión como titular de Economía.
Se trataba de valorar la eficiencia de los organismos y
empresas creados “por la Junta de Comercio Exterior,
adscrita a la Consejería de Economía”. Al regreso de su
viaje al extranjero volvió a su cargo de vocal-consejero
de Finanzas del Consejo de Economía, el que desem-
peñaba antes de su nombramiento como Consejero de
Economía.
Visitó la pequeña oficina de la Compañía Naval del
Midi, instalada con un coste global de 105.000 francos,
que debería ampliarse a un capital de cinco millones
de francos, con unos gastos legales de unos 275.000

69
francos. La función financiera y crediticia de esta com-
pañía consistía en tramitar todas las operaciones de
compra que pudiera realizar el CECI12. El primer objeti-
vo era el de poner “bajo bandera francesa el mayor nú-
mero posible de nuestros barcos”, que si bien no podía
protegerles de la destrucción por parte de los barcos
de guerra franquistas o de sus aliados, podría como
mínimo asegurarse el barco y su cargamento, “por lle-
var bandera extranjera”.
Tras detallar las numerosas dificultades y proble-
mas existentes, Joan Pau Fábregas precisaba que
“Para poder asegurar el abastecimiento regular de
Cataluña, así como sus exportaciones, se necesitaría
disponer de al menos diez buques de vapor y unos veinte
barcos de vela […] para cumplir la misión citada”.
Apuntaba también soluciones para garantizar to-
das las operaciones de compra del CECI, que requerían
un notable incremento de capital y la colaboración del
Gobierno de la Generalidad.
El proyecto, diseñado por Joan Pau Fábregas,
apuntaba a conseguir las condiciones adecuadas de
funcionamiento, de modo que:
“el CECI representaría la función monopolizadora del
Comercio interior y exterior de Cataluña, y dispondría de
una masa de maniobra en divisas extranjeras, realmente
impresionante, lo cual permitiría procurarnos el material
de guerra, productos alimenticios y materias primas
necesarias para asegurar el abastecimiento normal de
Cataluña en estos momentos tan críticos”.

12  Centre d´Expansió Comerciale Internationale, constitui-


do en Marsella como Sociedad Limitada. Poseía un capital
de 25.000 francos, dividido a partes iguales entre dos socios
únicos: Herrera y Ausejo.

70
Acabada su labor en París, Joan Pau Fábregas via-
jó a Londres, donde se informó de lo sucedido con el
barco “BEATSE” que llevaba un cargamento de potasa,
que fue embargado por la justicia inglesa a consecuen-
cia de las demandas presentadas por las compañías
privadas, expropiadas en julio de 1936. Tal embargo
era fruto de la intensa campaña difamatoria propulsa-
da por “el grupo capitalista de potasas residente en el
extranjero”. La base del proceso se fundamentaba úni-
camente en determinar, de forma clara y precisa, “si
la Generalidad de Cataluña está autorizada o no para
vender en el extranjero las potasas de las minas catala-
nas: Sallent, Cardona y Suria”. El derecho internacional
aceptaba que un gobierno legal estaba autorizado a
incautarse de unos bienes, que le eran imprescindibles
para atender las necesidades urgentes de la guerra.
Por otra parte, los dirigentes de las Minas de Pota-
sas de Cataluña habían abandonado la dirección de las
explotaciones, dejando sin trabajo a millares de traba-
jadores y sin recursos a sus familias, razón que obligó
a la Generalidad a incautarse de las minas. Estos argu-
mentos, expuestos por el abogado que defendía los in-
tereses catalanes, eran los únicos que interesaban a la
justicia inglesa. Existían, además, precedentes, como
los procesos ganados por el Gobierno de la URSS, en
los primeros tiempos de su revolución. Fábregas in-
dicaba que este asunto legal era de una importancia
extraordinaria, porque podía abrir paso a todo tipo de
exportaciones, fundamentadas en el Decreto de Co-
lectivizaciones, vigente en Cataluña.
El informe explicaba los desplazamientos de Joan
Pau Fábregas a París, Bruselas y Amberes, observan-
do que en Europa existía “una ofensiva rabiosa de las

71
finanzas internacionales contra las realizaciones y el
espíritu de nuestra revolución”, que si bien era previsi-
ble, algunas eran fruto de “nuestra negligencia, es de-
cir, por el abandono” por nuestra parte, de la creación
y organización en el extranjero de “un organismo de
propaganda”, que neutralizara la campaña de difama-
ción de los fascistas.
El informe terminaba subrayando la necesidad de
crear ese organismo de propaganda y de organizar efi-
cientemente las finanzas, con el objetivo de crear “un
bloque financiero de resistencia, sin el cual será difí-
cil superar las grandes dificultades con las que choca-
mos”.
A finales de enero de 1937 los sindicatos cenetis-
tas se enfrentaron a los 58 decretos del llamado Plan
Tarradellas, exigiendo su abolición.
El 2 de marzo de 1937, en una de las sesiones del
Congreso Extraordinario de la CNT, el secretario regio-
nal Valerio Mas explicó que una de las razones por las
que más había sido criticado personalmente fue “por el
cambio que se realizó del compañero Fábregas por el
compañero Santillán”, aprobado por todos “los com-
pañeros especializados en economía”: Leval, Santillán,
García Birlán, Prat, Herrera y Carbó, que coincidieron
en que era necesario cambiar a Joan P. Fábregas, no
por falta de facultades, ni por “la campaña de difama-
ción que contra él hicieron los partidos políticos”, sino
sencillamente por el acuerdo conjunto de ese grupo ya
citado de compañeros.
Joan Pau Fábregas, presente en esta sesión del
Congreso, tuvo ocasión de responder a dos preguntas
directas que le plantearon Fabril y Textil de Barcelona
y Mineros de Sallent.

72
A los primeros, doscientos mil trabajadores del
textil, muy afectados por la crisis, ya que sólo trabaja-
ban y cobraban tres días a la semana, les explicó que su
problema se debía, por una parte, a la baja demanda
existente ya antes del 19 de julio, incrementada lue-
go con la pérdida del mercado interior; de otra parte,
a las dificultades de conseguir divisas para la compra
de materia prima para el sector. Las soluciones radi-
caban en investigar los valores existentes en los Ban-
cos, labor que le fue impedida cuando era consejero de
Economía, cuya realización por otra parte, sería obs-
taculizada por la banca internacional, contraria a los
intereses republicanos.
A los mineros de Sallent, preocupados por la ex-
portación de la potasa, de la que existían existencias
por un valor de quince millones de pesetas, les res-
pondió que el problema radicaba en los embargos que
se realizaban en los puertos extranjeros de los barcos
cargados de potasa. Había un pleito en curso, que se
decantaría con toda seguridad en favor de los republi-
camos, ya que la legislación internacional estaba obli-
gada a aceptar el decreto de colectivizaciones. Pero
mientras tanto, era imprudente continuar con unas
exportaciones que serían embargadas en puerto.
El domingo, 14 de marzo de 1937, Joan Pau Fá-
bregas pronunció una conferencia en el cine Coliseum,
que tuvo una enorme repercusión y fue inmediata-
mente impresa en folleto. En abril fue ampliada su ar-
gumentación y publicada en un libro de 170 páginas:
Els factors econòmics de la revolució. La tesis funda-
mental sostenía que para ganar la guerra era necesario
antes ganar la batalla económica.

73
De hecho, el nuevo gobierno de la Generalidad
del 17 de diciembre de 1936, impuso el dogma del li-
bre mercado. Eso suponía que el PSUC, se ganaba a los
tenderos, comerciantes, pequeña burguesía y todos
aquellos que eran contrarios a las colectivizaciones,
con su programa de conseguir un Estado fuerte capaz
de aplicar los decretos y ganar la guerra.
El libre mercado, propugnado por Comorera, se
oponía frontalmente al monopolio del comercio exte-
rior. Eso hacia posible, en la práctica, que en el mer-
cado de cereales de París diez o doce comerciantes,
al por mayor, compitieran entre sí por las compras de
trigo, elevando los precios y fomentando la especula-
ción, ya en origen. Las colas del pan en Barcelona eran
consecuencia del fracaso en la constitución de la Junta
del Comercio Exterior.
El 25 de marzo de 1937 pronunció una conferen-
cia sobre las finanzas de la revolución en el Teatro Li-
bertad de Valencia, interrumpida por los bombardeos
aéreos, que en julio fue publicada en formato de libro.
El 5 de abril de 1937 formó parte con Valerio Mas,
Doménech y Manuel Escorza de la delegación cene-
tista que trató la vigente crisis de gobierno de la Ge-
neralidad. Hubo “un vivo incidente” entre Joan Pau Fá-
bregas, Escorza y Companys que empeoró aún más las
relaciones existentes entre todos ellos. El incidente, al
parecer, fue provocado por el veto inicial del presidente
Companys a las candidaturas de Joan Pau Fábregas y de
Aurelio Fernández como consejeros de la Generalidad.
En junio de 1937 participó en el Pleno de Sindi-
catos de la CNT, en representación del Sindicato de
Enseñanza y Profesiones liberales, y firmó uno de los
dictámenes del Pleno. En las reuniones de comités su-

74
periores de finales de junio de 1937 se alineó al lado
de quienes querían rechazar la oferta de tres cartetas
propuesta a la CNT por Companys, considerando que
era una representación insuficiente.
Tras varios meses como gestor de la Compañía
Internacional de Exportaciones (fundada por la CNT)
y como asesor económico internacional de la Conseje-
ría de Economía, regida por Abad de Santillán, regresó
al CENU, pero a primeros de agosto de 1937 se exilió
definitivamente, residiendo en Francia, temeroso de
la represión anticenetista en auge, de carácter judicial
por parte del gobierno de la Generalidad y de carácter
chequista por parte del PSUC.
En septiembre de 1937 publicó13 su experiencia en
el gobierno. En su libro insistía que la creación de la
Junta de Comercio Exterior debía ampliar su ámbito
de actuación hasta llegar al monopolio del comercio
exterior. Ese monopolio había sido la pieza clave de su
acción política, ninguneada en los debates del Consejo
de la Generalidad14, y consistía en poner fin al caos eco-
nómico de los meses de agosto y septiembre, impe-
rante en el comercio exterior. Se trataba de centralizar
en un solo organismo el control de las exportaciones
e importaciones, suprimiendo los innecesarios inter-
mediarios. La pérdida de los mercados interiores, en
manos facciosas, debía suplirse buscando comprado-
res en el extranjero. Ello repercutiría en la disminución

13  Joan P. Fábregas: 80 dies en el Govern de la Generalitat.


Bosch, Barcelona, 1937. [Reeditado por Ediciones Descon-
trol].
14  El gobierno central ni siquiera se planteaba tal mono-
polio.

75
del paro y en la captación de divisas. Ese monopolio
favorecería también las importaciones de alimentos,
armas y materias primas para el funcionamiento de la
industria, a mejores precios, impidiendo la actual com-
petencia entre diversos mayoristas privados.
Cada vez que Fábregas pedía el monopolio del
comercio exterior, en los Consejos de la Generalidad,
el PSUC le respondía que estaba proponiendo una ta-
rea separatista15. Del mismo modo, cuando proponía
la disminución o supresión de los absurdos aranceles
sobre productos alimenticios o materias primas, que
escaseaban en Cataluña, se le respondía que eran me-
didas separatistas. Como comentaba el propio Fábre-
gas, las únicas medidas que al PSUC no le parecían se-
paratistas eran aquellas que condenaban al hambre al
pueblo catalán.
La crisis de gobierno de diciembre se resolvió con
la salida de Nin y de Fábregas: “dos consejeros que
se habían tomado en serio eso de la revolución”16. La
contrarrevolución había ganado su primera batalla,
truncando las críticas políticas del POUM, la aplicación
coherente y adecuada del Decreto de Colectivizacio-
nes por los sindicatos y una política económica funda-
mentada en el monopolio del comercio exterior y la

15  Alegaban que el comercio exterior era competencia


exclusiva del Gobierno de Valencia, que la Generalidad no
podía invadir. Pero tampoco lo eran Defensa, Orden Público
y tantas otras, que sí asumían.
16  Palabras de Federico Urales, citadas por Joan P. Fábre-
gas: 80 dies en el Govern de la Generalitat. Bosch, Barce-
lona, 1937, p. 196.

76
productividad de los trabajadores, civilmente movili-
zados.
El 10 de septiembre de 1938, exiliado permanen-
temente, no asistió al entierro de su madre. En la es-
quela mortuoria se daba el nombre de sus hermanos
Miquel, Esteve, Lluís y Ángela, indicando la ausencia
de su hijo Joan Pau y de su nueva esposa, Narcisa Car-
dona.
Al inicio de la Segunda Guerra Mundial decidió
trasladarse a Londres, donde colaboró con la BBC y
fundó una empresa de exportaciones.
Falleció en Londres a los 73 años, en septiembre
de 1966. Siguiendo sus disposiciones testamentarias
su cadáver fue trasladado a Barcelona. El funeral se ce-
lebró en la iglesia de Santa Madrona. Fue enterrado en
el cementerio del Sudoeste en presencia de su esposa
Narcisa Cardona, familiares y amigos.

Agustín Guillamón

77
FEINGOLD, Benjamin Jacob (1899-
1943)

B enjamin Jacob Feingold, conocido por los


seudónimos Jacobs, Jacob o Michel, era de
origen polaco y judío, nacido en Garwolin (la Polonia
anexionada al Imperio Ruso) el 2 de junio de 1899. Ju-
dío polaco exiliado, probablemente sastre. Feingold se
estableció en Anvers. Al parecer, ingresó en el Partido
comunista belga, que pronto abandonó para afiliarse
a la Oposición trotskista belga, en 1928, en la que ya
militaban Adhémar Hennaut, Léon Lesoil, Charles Plis-
nier (quizás sólo como simpatizante), War von Overs-
traeten, Georges Vereeken y Lucien Renery.

Después de 1930 aproximadamente, por interme-


diación de Ottorino Perrone, estuvo en contacto con
la Fracción de izquierda italiana del PCd´I, [se llamaba
PCd´I; la sigla PCI fue adoptada en 1943, para subrayar
su identidad nacional “italiana”], en cuyas actividades
participó muy activamente. Al mismo tiempo, militaba
en la Liga de los comunistas internacionalistas (LCI) de
Hennaut, que había roto en 1931 con la fracción trots-
kista de Lesoil. El primer congreso de la LCI se celebró
los días 20 y 21 de febrero de 1932 en Bruselas. Aunque
consideraba “la revolución rusa como su revolución y
a la URSS como el bien común de todos los trabajado-

78
res”, los militantes de la LCI querían luchar “de una ma-
nera totalmente independiente de los partidos comu-
nistas oficiales por el triunfo del comunismo”. Feingold
colaboró regularmente en la revista Bilan (Balance) de
Perrone en Bruselas,
En la LCI, al lado de Jean Melis (Mitchel o Jéhan),
del joven artista Henri Heerbrant (Hilden o Juventus),
y otros, defendió por escrito en su Bulletin el punto de
vista bordiguista, sin duda bajo el transparente seudó-
nimo de Exil. En julio-agosto de 1936 el enrolamiento
de una fuerte minoría de la Fracción de izquierda ita-
liana en las milicias del POUM encadenó una grave cri-
sis del movimiento bordiguista. Feingold formó parte
de la delegación oficial de la Comisión Ejecutiva (CE)
de la Fracción – al lado de Aldo Lecci y Turiddu Can-
doli – enviada a España en septiembre de 1936 con el
objetivo de discutir con los minoritarios, pero también
para hacerles aceptar la resolución de la CE, que les
exigía abandonar las milicias, sin ningún éxito. Con-
tactaron con Julián Gorkin, de la dirección del POUM,
pero el encuentro fue un desastre. Sólo la entrevista
con el profesor anarquista Camillo Berneri alcanzó al-
gún resultado. Feingold, alimentado por su experien-
cia sobre el terreno, escribió algunos artículos sobre la
guerra de España, que fueron publicados en Prometeo.
De regreso en Bruselas, Feingold jugó, junto a Me-
lis, Heerbrant, Evelyne Jeans y otros, un papel desta-
cado en la escisión del grupo de Bruselas de la LCI de
Hennaut. La escisión fue efectiva desde el 21 de febre-
ro de 1937, y había sido provocada por las diferencias
en los análisis sobre la guerra de España, pero también
por auténticas disensiones teóricas. Mientras la LCI de
Hennaut evolucionaba hacia posiciones “comunistas

79
de consejos” y trabajaba coordinada con la Unión Co-
munista de Henry Chazé, la nueva Fracción belga de
la Izquierda comunista internacional se comprometió
en una ortodoxia bordiguista. Miembro del CE de la
Fracción italiana de la Izquierda comunista, y luego
del “Buró internacional de la Izquierda comunista in-
ternacional”, fue encargado de las relaciones interna-
cionales con los grupos revolucionarios disidentes del
trotskismo existentes en el mundo anglosajón. Formó
parte, en el otoño de 1937, junto a Melis, Virgilio Ver-
daro (Gatto Mammone) y Perrone (Vercesi), del Buró
internacional de las Fracciones de la izquierda comu-
nista, que publicó en 1938-1939 la revista Octobre.
Colaboró, quizás anónimamente, en la revista Com-
munisme (abril 1937-agosto 1939), órgano mensual de
la Fracción belga, realizado en la imprenta de Albert
Manne, militante del grupo.
Sorprendido por la Segunda guerra mundial, cuyo
riesgo los bordiguistas que se encontraban en Bruse-
las habían minimizado considerablemente en la épo-
ca del pacto de Munich, Feingold tuvo que abandonar
Bélgica en mayo de 1940. Alcanzó, con su compañe-
ra toscana Hermonia, el sur de Francia. Ayudó a Clara
Goeffroy a liberar a su compañero Marc Chirick de un
campo alemán de presos, muy cerca de Angoulême.
Prisionero en La Seyne-sur-mer, consiguió evadir-
se. Se refugió entonces en Marsella, donde reanudó
sus contactos con la Fracción italiana. En los meses
siguientes, intervino en las reuniones clandestinas de
la Fracción en Toulon y Marsella, con Lecci, Giovanni
Bottaioli, Candoli, Balilla Monti y Giulio Bertazzo (Pa-
taro). Fue hospedado por Lecci, Candoli y Bertazzo
que ya habitaban en Marsella, en Toulon y en La Sey-

80
ne-sur-mer. Trabajó en la Croque-Fruits de Marsella, en
el número 3 de la calle Treize-Escaliers, la cooperativa
obrera fundada en 1940 por Sylvain Itkine, hasta su
cierre en diciembre de 1942. Políticamente, estaba de
acuerdo con las posiciones de Perrone sobre la “desa-
parición social del proletariado durante la guerra”, to-
mando alguna distancia respecto a la reactivación de
sus camaradas italianos y franceses en Marsella.
Hacia octubre de 1943, fue arrestado en Marsella
por la policía. Iba provisto de papeles muy defectuo-
sos. Interrogado por la Gestapo, fue enviado a Drancy
y de allí a Auschwitz. El Memorial de la deportación de
los judíos de Francia indica que fue deportado (trans-
porte 64) el 7 de diciembre de 1943 desde Drancy a
Auschwitz, con el nombre de “Georges”. Un decreto
gubernamental, fechado el 24 de julio de 1991, apare-
cido en el Journal Officiel, precisaba que murió “en la
deportación”, “fallecido el 12 de diciembre de 1943 en
Auschwitz”.

Philippe Bourrinet

81
FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Jaime
(1914-1998)

J aime Fernández Rodríguez nació en El Ferrol


el 24 de septiembre de 1914, en el seno de una
familia muy católica de comerciantes acomodados.
Desde muy joven, casi un niño, constató y sufrió la in-
justicia social contra la que se rebeló hasta el fin de sus
días.

El compromiso político de Jaime fue, pues, muy


temprano, como en el caso de muchos otros jóvenes

82
en España y en el mundo, galvanizados por el prestigio
y ejemplo de la Revolución Rusa. Simpatizó con el PCE
en La Coruña, en 1931, con apenas 17 años, tras asistir
a la fuerte represión de una manifestación en las calles
de su ciudad; pero muy pronto evolucionó mediante
la lectura de los textos revolucionarios que criticaban
la degeneración de esta revolución, textos que le dio
a conocer su primo hermano Eugenio Fernández Gra-
nell, dos años mayor que él y que se convertiría en un
destacado militante del POUM y en famoso pintor su-
rrealista. Jaime ingresó después en la Izquierda Comu-
nista de España (ICE) en 1933, en Madrid, donde tra-
bajó en los Almacenes Simeón, ya que la muerte de su
padre impidió que pudiera cursar estudios y le obligó
a trabajar para contribuir a mantener a su familia, su
madre, sus cinco hermanas y su hermano pequeño.
En 1935, votó a favor de la fusión con el Bloc Obrer
i Camperol (BOC) para constituir el Partido Obrero de
Unificación Marxista (POUM). Cuando se encontraba
cumpliendo el servicio militar obligatorio en el célebre
Alcázar de Toledo, estalló la guerra civil. Desertó el 10
de agosto de 1936, saltando con otros cinco compañe-
ros que querían unirse al campo republicano la muralla
de esta gran fortaleza. Por su parte, lo que quiso alcan-
zar fue el campo de la revolución social. Tras el éxito de
la evasión pudo informar sobre la situación militar del
Alcázar y la moral de las tropas que permanecían en el
interior de la fortaleza. La realidad descrita por Jaime
era totalmente opuesta a la que explicó posteriormen-
te el franquismo victorioso. Casi inmediatamente des-
pués de este acontecimiento ingresó en las milicias del
POUM en Madrid y fue elegido jefe de batallón por los
milicianos de base.

83
Un trágico acontecimiento marcó muy profunda-
mente su vida. La muerte, a los dieciséis años, de su
hermano menor Eulogio, que se había alistado en las
milicias cuando aún no podía hacerlo por ser menor de
edad, y que desapareció en el frente de Madrid (octu-
bre-noviembre de 1936). Dicha desaparición acrecen-
tó aún más si cabe el desprecio absoluto de Jaime por
esta sociedad de explotación y de miseria.
Jaime criticó la táctica del Comité Ejecutivo del
POUM y constató su coincidencia con las posiciones
políticas de Munis [véase esa entrada]). Siempre se
opuso a la participación del POUM en el gobierno de
la república, representante del Estado capitalista en
reconstrucción. Formó parte de la Sección Bolchevi-
que-Leninista de España (SBLE), al mismo tiempo que
continuaba militando en el seno del POUM, a pesar de
que varios dirigentes de esta organización, Juan An-
drade y Quique Rodríguez principalmente, pidiesen
su expulsión. En Barcelona, intervino en las luchas de
las barricadas durante las Jornadas de mayo de 1937.
Con Julio Cid Gaitán y otros militantes, presentes en
Barcelona para participar en el Congreso del POUM,
distribuyó la octavilla de la SBLE en las barricadas, que
defendía la continuidad de la lucha, exigía el castigo
de los provocadores y daba consignas para la conso-
lidación de un Frente Revolucionario del proletariado.
Intervino en muchas discusiones y reuniones con-
tra la política colaboracionista que finalmente y con
gran resistencia acabaron por imponer las direcciones
de la CNT/FAI y del POUM a sus militantes. Fue testigo
en las barricadas de mayo del 37, tras el alto el fuego
propugnado por Federica Montseny y García Oliver, y
el famoso “abrazaos como hermanos con la guardia

84
de asalto”, del desconcierto y del desánimo de los me-
jores combatientes, dispuestos a “cargarse” a dichos
dirigentes ácratas si se hubieran presentado ante ellos
en aquel momento. Recordemos que la lucha callejera
no cesó de inmediato y que se prolongó unos días más.
A partir de entonces, Jaime fue consciente de lo que se
les venía encima a todos los auténticos revolucionarios
como él. Pero ni la represión que padeció en su propia
piel entonces, ni la apatía de la clase trabajadora en
otros momentos, más tarde, pudieron jamás borrarle
la enorme sonrisa de satisfacción y de júbilo al recor-
dar lo que fue capaz de hacer la clase trabajadora, su
clase, en julio del 36, y durante las jornadas de mayo
del 37.
El 16 de junio de 1937, el gobierno de Negrín, do-
minado por los estalinistas, detuvo al CE del POUM,
que fue ilegalizado. Jaime fue arrestado el 2 de sep-
tiembre de 1937 por ser miliciano del POUM. Estuvo
encarcelado durante cinco meses, primero en la Cár-
cel Modelo de Barcelona y luego en Rosas de Llobre-
gat (hoy Sant Feliu de Llobregat). Salió de prisión el
7 de febrero de 1938, y sólo cinco días más tarde, el
13 de febrero, fue detenido de nuevo con la mayoría
de los militantes de la SBLE, acusados del asesinato
de Leon Narwicz, capitán de las Brigadas Internacio-
nales, de nacionalidad polaca, agente del Servicio de
Información Militar (SIM), infiltrado en el POUM y en
la SBLE. Un gaboc (grupo de acción del POUM) asesi-
nó a Narwicz [véase la entrada de Masó en este libro]
mediante tres disparos en la cabeza, como venganza
por el asesinato de Andrés Nin. Pero el POUM no hizo
nada para descargar a los militantes de la SBLE de una
acusación de asesinato que sabían que era falsa y que
implicaba la pena de muerte.

85
Jaime Fernández sufrió durante un mes, con Ma-
nuel Fernández-Grandizo (G. Munis), Domenico Se-
drán (Adolfo Carlini), Aage Kjelsø, Luigi Zanon, Víctor
Ondik y Teodoro Sanz, las torturas de los agentes del
SIM y de la policía estalinista, dirigida por el comisa-
rio Javier Méndez (miembro del SIM), y controlada por
Julián Grimau, el “ojo de Moscú”, quien años después
sería fusilado por el gobierno de Franco. El 11 de marzo
de 1938 fueron recluidos en la Cárcel Modelo de Barce-
lona. El fiscal pidió la pena de muerte para Jaime Fer-
nández, Munis y Adolfo Carlini.
El 23 de abril de 1938, Jaime Fernández y Teodoro
Sanz fueron trasladados a campos de trabajo. Jaime
fue internado, con Quique (Enrique Rodríguez Arroyo)
y Teodoro Sanz, en Omells de Na Gaia, donde padeció
y superó las horribles condiciones del campo de exter-
minio estalinista del SIM, dirigido por los criminales
Astorga y Mendoza. Entre otras lindezas, a su llegada
a dicho campo, tras colocarlos en formación, instaron
a los que padecían alguna enfermedad crónica a dar
un paso adelante para eximirlos de los trabajos pe-
sados. Los que lo hicieron fueron fusilados. A su vez,
todo intento de evasión (el primer deber de cualquier
detenido) era castigado con el fusilamiento de los que
lo habían intentado y escogían al azar a tres compañe-
ros de infortunio de entre los que compartían el mismo
barracón. A dos los fusilaban, y al tercero lo devolvían
a su barraca para que pudiera contar lo sucedido. Más
de uno perdió la cabeza. Así actuaba la contrarrevolu-
ción estalinista en territorio español.
Más tarde, Jaime fue destinado al campo para
castigo de desertores del SIM en la playa de “La Pe-
losa”, en Rosas (Alt Empordà, provincia de Gerona).

86
El 23 de agosto fue reclamado para ser juzgado por el
asesinato de Narwicz, pero fue enviado por un error
burocrático a los tribunales de Gerona, en lugar de los
de Barcelona. El 5 de septiembre de 1938 lo enrolaron
en una unidad militar (la División 45), en la que vivió
bajo la vigilancia constante de los guardas estalinistas,
en primera línea de fuego. Guardias con los que discu-
tía y a los que estuvo a punto de convencer respecto a
lo que era en realidad el partido estalinista en el que
militaban. Consiguió evadirse en octubre de 1938, tras
su hospitalización a causa de una herida de bala en la
pierna, en una acción en el frente.
Años después, en París, un dirigente del POUM
que le conoció en el frente en esa época le aseguró que
se había dado la orden de fusilarlo. Así pues, la heri-
da en la pierna, más espectacular que grave, le salvó
la vida.
Al final de la guerra civil como muchos otros mar-
chó a Francia, donde fue “acogido” en los campos para
refugiados, en unas condiciones miserables a la altura
de la grandeur de la France. Se evadió en cuanto pudo,
es decir, rápidamente. Una vez libre, reanudó su acti-
vidad militante en el movimiento trotskista, al tiempo
que trabajó como obrero en varias regiones francesas,
bajo nombres prestados. Detenido por la policía fran-
cesa en París, en compañía de su amigo y camarada
Paco Gómez, les obligaron a elegir entre la Legión
Extranjera o la prisión. No tuvieron dudas: la prisión.
Paco pudo evitarla al ser reclamado y amparado por
una conocida suya de nacionalidad francesa. Jaime no
tuvo la misma suerte. Conoció, pues, La Santé y Fres-
ne, dos cárceles legendarias parisinas. Que conste aquí
que los meses que pasó entre sus muros fueron muy

87
duros. Las condiciones carcelarias de la Francia demo-
crática eran peores, siempre lo afirmó rotundamente,
que las que conoció más tarde en las cárceles de Fran-
co (La Modelo, Carabanchel y el penal del Dueso, en
Santoña).
A continuación, ya en plena Segunda Carnicería
Mundial, leal a las posiciones internacionalistas, llegó
a convencer a varios camaradas españoles, socialistas
y anarquistas, entre los que podemos citar a Manuel
Parada (de las Juventudes Socialistas), Tomás Balles-
ta (cenetista que había sido miliciano en la columna
Durruti), Jorge Soteras (militante de la CNT) y Félix
Castellar, de no participar en los maquis, es decir en la
resistencia nacional francesa. Incluso constituyeron en
Angers (ciudad del noroeste de Francia) un grupo, de
fuerzas muy reducidas, que lanzó octavillas que defen-
dían el derrotismo revolucionario y la transformación
de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.
Se situó pues al margen y contra la táctica propugnada
por la Cuarta Internacional, que defendía la participa-
ción en los movimientos de resistencia nacional al fas-
cismo. Esta actividad de Jaime Fernández en Francia
coincidía plenamente con las tesis de Munis, defendi-
das por el Grupo Español en México de la Cuarta Inter-
nacional, sin que en ese momento hubiese contacto
entre ambos. Para Jaime, la Segunda Guerra Mundial
era una guerra imperialista que, como cualquier guerra
imperialista concibe al proletariado, la clase explota-
da, como carne de cañón. El proletariado debía pues
oponerse a ella, luchando contra su propia burguesía,
imponiendo sus propios intereses, que consisten en
acabar con toda explotación, con todas las fronteras
nacionales, con el Estado capitalista, ya se proclame
democrático, fascista, o de cualquier otro modo.

88
El Grupo Bolchevique-Leninista Español (Sección
española de la Cuarta Internacional) editó en Francia
seis números de Comunismo, entre noviembre de 1943
y septiembre de 1945.
Tras la Liberación, Jaime Fernández con otros mili-
tantes trotskistas españoles, antiguos y nuevos, como
José Quesada Suárez, Esteban Bilbao, Miguel Olmeda,
Agustín Rodríguez, etcétera, constituyeron con Munis,
y el poeta surrealista francés Benjamín Péret, dirigen-
tes del Grupo Español en México, una nueva organiza-
ción que se llamó Grupo comunista internacionalista
(GCI). El GCI entabló un debate en el seno de la Cuarta
Internacional que debía conducir irremediablemente a
la ruptura. El debate sostenido principalmente por G.
Munis, Benjamín Péret y Natalia Sedova Trotsky, re-
consideraba la naturaleza del Estado ruso, criticaba la
participación en las resistencias nacionales y el aban-
dono del internacionalismo proletario por parte de la
cúpula dirigente de la IV internacional y criticaba la
táctica de alianzas con las organizaciones estalinistas
que sólo merecían ser destruidas.
Desde enero de 1945 (una vez restablecido el con-
tacto entre los camaradas en Francia y en México) has-
ta febrero de 1948 aparecieron diecisiete números de
Lucha de Clases, primero como órgano del Grupo Co-
munista Internacionalista y luego como órgano de la
sección española de la Cuarta Internacional.
En 1946, Jaime Fernández regresó por prime-
ra vez a España como militante trotskista (aunque
ya muy crítico con el trotskismo oficial). Permaneció
poco tiempo, pues se le avisó que la policía franquista
seguía su pista. Pero tuvo tiempo de conocer a la que
más tarde se convertiría en su compañera para siem-

89
pre, María Teresa Izquierdo, un verdadero bombón y
un encanto, como decía él recordando el momento
en que se conocieron. Tere, como la llamaba él, era la
persona con quien tenía que contactar si Andrés Gar-
cía de la Riva, más conocido como Colombo, no acudía
a la cita prevista. Colombo era un militante trotskista,
conocido también como reputado pintor de cuadros.
Colombo no pudo acudir ya que fue detenido por la
policía franquista en el tren con dirección a Barcelona.
Jaime había preferido pasar clandestinamente la fron-
tera por los Pirineos.
Volvió pues a Francia. Fue uno de los firmantes del
documento Explicación y llamamiento a los militantes y
secciones de la Cuarta Internacional, que en 1949 con-
firmaba la ruptura del GCI con la Cuarta Internacional.
El GCI se unió a otros militantes internaciona-
listas para constituir, en el invierno de 1948, una efí-
mera Unión Obrera Internacional, en la que también
participaba un pequeño núcleo vietnamita. El grupo
contaba con una cincuentena de militantes, tanto en
París como en provincias: Benjamín Péret, Louis Gon-
tarbert (Sania), Lambert Dornier, Sophie Moen, Edgar
Petsch, Guy Perrard, y otros; los españoles: G. Munis,
Jaime Fernández, Paco Gómez, Agustín Rodríguez; los
indochinos: Ngo Van, Lu sanh Hanh (Lucien), Phuc, et-
cétera... que publicaron en francés un boletín mimeo-
grafiado, titulado La Bataille internationale.
En 1952, Munis fue detenido en Madrid, y algunos
días más tarde le siguió Jaime Fernández en Barcelo-
na, en compañía de jóvenes contactos, Pedro Blanco y
Cholo así como de su compañera María Teresa Izquier-
do, a causa del apoyo del grupo a la huelga de tranvías
de Barcelona, en marzo de 1951. A Tere la soltaron de

90
comisaría dos días después de la detención, tras insis-
tir Jaime que ella no tenía nada que ver en el asunto y
que sólo era novia suya. La policía también les incau-
tó un folleto titulado Cuatro mentiras y dos verdades,
que denunciaba la política contrarrevolucionaria del
mal llamado partido “comunista” en España. Jaime
Fernández fue condenado a ocho años de prisión por
intentar constituir una organización subversiva, de
los que cumplió cuatro en el Penal de Santoña. Pasó
todo este tiempo, ya en sí durísimo, con la espada de
Damocles pendiendo sobre su cabeza, ya que si salía a
la luz durante el juicio, o durante su encarcelamiento,
que era un desertor nada menos que del Alcazar de To-
ledo probablemente lo hubieran condenado a la pena
capital, como había pretendido años atrás el propio
estalinismo.
Salió de prisión en mayo de 1956. Al no encontrar
trabajo por culpa de sus antecedentes penales, se vio
obligado a emigrar a Francia en octubre de 1959. Pri-
mero en España, y luego en París, defendió las posicio-
nes del grupo Fomento Obrero Revolucionario (FOR)
que editó la revista Alarma desde diciembre de 1958.
Jaime fue uno de los fundadores de FOR, junto con sus
amigos y camaradas Benjamín Péret y Munis.
Péret, gran amigo y compañero de Jaime murió el
18 de septiembre de 1959, estando Jaime todavía en
España. La mala noticia lo pilló en plena reunión políti-
ca con jóvenes contactos; sabía que Péret tenía una sa-
lud delicada pero no se esperaba para nada su muerte.
Fue para Jaime una gran pérdida a todos los niveles.
Cuando regresó a París en busca de trabajo reini-
ció su actividad política con Munis y varios compañe-
ros españoles más jóvenes. Siguieron editando Alarma

91
primera serie hasta el año 1962, cuando se produjo la
primera ruptura de Jaime con Munis por razones inter-
nas a la organización. En aquel entonces no soportó el
autoritarismo, el dirigismo y las exigencias de Munis
hacia los demás militantes del grupo, aunque nunca
discutió sus posiciones fundamentales, ni su desarro-
llo de la teoría revolucionaria. Éste fue, pues, el motivo
de la primera ruptura, pese a todo lo que habían vivido
juntos. Munis y Jaime tenían una fuerte personalidad,
pero Jaime nunca aceptó arbitrariedades irracionales
de carácter gratuito. Para Jaime era una cuestión de
sentimiento y de principios.
Munis se quedó solo en París, ya que algunos mili-
tantes siguieron a Jaime y el resto abandonó toda acti-
vidad política. Munis inició entonces la publicación de
Alarma segunda serie.
Jaime y los que le siguieron, sin crear un nuevo
grupo, participaron sobre todo en las reuniones de
ICO (Informations et Correspondance Ouvrières), gru-
po “consejista” fundado entre otros por Henri Simon,
tras su ruptura con Socialisme ou Barbarie. Aunque
coincidía con muchas de las posiciones políticas de
ICO (antisindicalismo, antiparlamentarismo) nunca se
adhirió a sus tesis antipartido y anti-organización y, en
suma, a su no intervención decidida, con posiciones y
proposiciones precisas, en las luchas de la clase traba-
jadora. Aunque opuesto, ya entonces, a la concepción
leninista del partido y a su centralismo democrático,
los revolucionarios, según Jaime, habían de organizar-
se para intervenir en las luchas de la clase trabajadora,
en las luchas de su clase, con toda la claridad política
del mundo para llegar a lo que Marx llamaba la consti-
tución del proletariado en clase y por ende en partido.

92
Desde luego para Jaime no se trataba, cual para
los “consejistas”, de comentar la lucha de clases y
pasarse información sobre la misma, sino de partici-
par activamente en ella para acelerarla y llevarla a un
contenido netamente revolucionario. Partía del prin-
cipio, por experiencia propia en las fábricas, de que
cualquier movimiento, incluso llamado espontáneo,
partía siempre de la iniciativa de una minoría. Y estas
minorías tenían que organizarse dentro y fuera de los
lugares de trabajo.
Jaime también asistió, en París, a algunas reu-
niones de sus excompañeros del POUM, para verlos
y también para extraer información de lo que estaba
sucediendo en España. Además, Jaime siguió inter-
viniendo políticamente en las diversas fábricas en las
que le tocó trabajar durante aquellos años, siempre
contra la patronal, siempre contra los sindicatos, siem-
pre contra el Estado, siempre contra el capital.
En mayo de 1968, Jaime, como obrero de las
NMPP (Nouvelles Messageries de la Presse Parisien-
ne) animó en esta empresa, en manos de la CGT (sindi-
cato estalinista con más fuerza y poder de decisión que
la propia patronal), un comité obrero sobre una base
antisindical, que propugnaba la autoorganización del
proletariado y denunciaba a los sindicatos como orga-
nizaciones de defensa del capitalismo.
Fue precisamente durante los acontecimientos de
mayo del 68 cuando reanudó el contacto con Munis y,
tras varias reuniones con él y otros jóvenes militantes
y/o simpatizantes, decidió integrarse de nuevo en el
grupo. Participó, pues, desde entonces, en la publica-
ción de Alarma segunda serie, y más tarde en la tercera

93
serie, editada en España tras la muerte de Franco por
militantes del “interior”.
Fue muy activo en España, antes y durante la
Transición. Viajó a menudo entre París y Barcelona
para participar en las numerosas asambleas y reu-
niones obreras anticapitalistas, muy frecuentes en
esa época, denunciando y combatiendo siempre a las
fuerzas políticas que consideraba como enemigos de
la clase obrera (PC y PSOE principalmente) así como a
los sindicatos (CNT incluida); con el fin de combatir las
ilusiones que muchos se hacían sobre la democracia
después de tantos años de dictadura. Él consideraba
que el proletariado poseía potencialmente la fuerza
suficiente para acabar con la auténtica dictadura: la
del capital sobre el trabajo, revista ésta la forma de-
mocrática, militarista, burocrática, fascista o cualquier
otra. Pensaba que el capitalismo ya había creado a
nivel mundial, a partir de la miseria y explotación del
proletariado, las condiciones materiales objetivas su-
ficientes para que el proletariado destruyera de cuajo
el capitalismo e impusiera una sociedad sin clases ni
fronteras.
A su vez, su pequeñísimo piso en París siempre es-
taba lleno de gente charlando de política, de injusticia,
de esclavitud, de rebelión, de sedición, de revolución,
de una sociedad sin clases y sin dinero, sin intercam-
bio mercantil. Muchos viajaban desde España, pero
también venían sus compañeros de trabajo para dis-
cutir de los mismos temas y también de los problemas
concretos de la fábrica en la que trabajaban. Después
también fueron los jóvenes, estudiantes y trabaja-
dores que formarían el grupo FOR en Francia. Jaime
siempre estuvo dispuesto a hablar y a escuchar a todos

94
aquellos que como él despreciaban sin medias tintas la
sociedad de explotación.
Dos anécdotas contadas por sus compañeros de
trabajo retratan a la perfección lo que era Jaime como
persona, como ser humano. A Jaime, en el trabajo en
París lo llamaban Fernand, por lo de Fernández, y por
no saber pronunciar el sonido de la letra jota. El repre-
sentante sindical y el jefe de personal eran los que en
su fábrica decidían conjuntamente, cronómetro en
mano, cuál iba a ser el ritmo de las máquinas en cada
turno y cada día, según el tipo de prensa que debía
despacharse. Un buen día, seguramente más cansado
de lo habitual, o con ganas de armarla, Jaime conside-
ró que “su” máquina iba demasiado deprisa y la hizo
parar. En principio sólo se podían parar las máquinas
cuando se detectaba un problema técnico. Acudieron
inmediatamente el bonzo sindical y el mismísimo jefe
de personal. Al ser preguntado por su actitud Jaime
respondió que el ritmo de su máquina no la podía se-
guir ni dios, y que se pusieran ellos en su puesto para
constatarlo. Ante la mirada incrédula de sus compa-
ñeros de máquina, el jefe de personal aceptó el reto
y Jaime le dijo que él haría su trabajo mientras tanto.
Durante media hora, Jaime, fumando, se paseó de
máquina en máquina para hablar con sus compañeros
mientras trabajaban. Cuando el jefe de personal lo vol-
vió a llamar para decirle que sí se podía seguir el ritmo,
Jaime le contestó que durante media hora cualquiera,
pero que la jornada laboral era de ocho horas. Que si-
guiera pues. Ante las risas y los gritos de apoyo en la
fábrica, el jefe no tuvo más remedio que bajar el ritmo
y esto sí, sin consultar con el delegado sindical, al que
Jaime dijo que jamás podría representarle, ya que su

95
sindicato defendía en realidad los intereses de la pa-
tronal y los del capitalismo en general.
Otro día se presentó, en persona, el propio Roger
Lancry, máximo dirigente hasta 1990 del sindicato es-
talinista CGT del sector del libro, acompañado de un
alto directivo de la empresa. Pararon el trabajo para
explicar al personal que pronto se introducirían nuevas
máquinas, con más prestaciones, y que ello implicaría,
no sin una buena indemnización, el despido de unos
cuantos obreros, ante todo los que ya estaban más
cerca de la jubilación. Pero que los demás trabajarían
en mejores condiciones y que todo el mundo saldría
ganando. Jaime pidió la palabra y con su muy pintores-
co y peculiar francés, pero no por ello menos contun-
dente, afirmó que estos cambios sólo podían favorecer
a la patronal, que con la complicidad del sindicato sólo
buscaba extraer la mayor cantidad posible de plusvalía
de la fuerza de trabajo de sus esclavos. Y que lo que
sucediera con los despedidos no les importaba un pito.
Y que si estas máquinas tenían mejores prestaciones
lo lógico sería reducir drásticamente la jornada labo-
ral, sin tocar los salarios y sin despedir a nadie. ¿Por
qué, les preguntó, no optaban por esta solución? Jai-
me fue convocado en el despacho del jefe de personal.
Le amenazaron con despedirle, pero no lo hicieron en
aquel momento para no complicar las cosas, conven-
cidos de que los trabajadores se solidarizarían inme-
diatamente con él. Jaime trabajó hasta su jubilación,
que avanzó a la edad de 63 años para poder gozar del
Derecho a la pereza de Paul Lafargue, texto que difun-
dió cuanto pudo en los medios obreros.
Se instaló definitivamente en Barcelona en 1988,
después de romper definitivamente con FOR, con

96
motivo, una vez más, de una cuestión organizativa.
Incluso cuando los problemas de salud (sobre todo de
visión, causados, se supo a posteriori, por las torturas
estalinistas de los años 30) le impidieron continuar con
la militancia activa de toda su vida, apoyó constante-
mente a los exmilitantes de FOR que editaron la revis-
ta El Esclavo Asalariado, en Francia y en España.
Jaime Fernández murió el 11 de julio de 1998, en
Barcelona, sin poder llegar a vivir aquello por lo que ha-
bía luchado toda su vida: la conquista de una sociedad
sin amos ni esclavos, sin Estado, sin policía, sin ejér-
cito, sin producción de guerra, sin trabajo asalariado.

Eulogio Fernández Izquierdo.

97
FREUND, Hans David (1912-1937)

H ans David Freund, que usó el seudónimo


Moulin, era un alemán de etnia judía, ganado
al trotskismo tras la experiencia de un viaje a la URSS.
Exiliado en Ginebra, donde estudiaba sociología, or-
ganizó un grupo de la Oposición de Izquierda. Llegó a
Madrid en agosto de 1936, criticando desde su llegada
la trayectoria del POUM (comenzando con la entrada
de éste en el Consell d’Economia). Colaboró sin em-
bargo, junto a Pavel y Clara Thalmann, en las emisio-
nes en alemán de la radio del POUM. En el frente de
Guadarrama estuvo a punto de ser fusilado por el esta-
linista Galán a causa de su propaganda trotskista entre
los milicianos. Pasó después a Barcelona para reforzar
la Sección Bolchevique-Leninista de España (SBLE),
dándole una orientación netamente izquierdista. Se
convirtió, de hecho, en el máximo dirigente de esta or-
ganización durante el viaje de Munis y Benjamin Péret
a París en abril de 1937. Munis regresó a Barcelona a
finales de mayo, acompañado de Erwin Wolf.

Freund, durante los Hechos de Mayo trabajó in-


cansablemente por la formación de una junta revolu-
cionaria, manteniendo conversaciones tanto con los
dirigentes del POUM como con los Amigos de Durruti,
aunque sin éxito; sólo la SBLE y los Amigos de Durruti
lanzaron esos días octavillas que propugnaban la con-

98
tinuación de la lucha y la oposición al alto el fuego y a
la entrega de las armas. Vigilado expresamente desde
antes de mayo por los estalinistas, pasó a la clandesti-
nidad poco después del alto el fuego, pero fue deteni-
do el 2 de agosto de 1937 y asesinado poco después.
En Le Stalinisme, bourreau de la révolution espagnole,
1937-1938, Katia Landau, que lo conoció personalmen-
te, lo rememoró así:
“Hans Freund, conocido bajo el nombre de Moulin, era
uno de los miembros más activos del grupo trotskista
español. Emigrado alemán, hizo sus estudios en Ginebra.
Inmediatamente después del 19 de julio del 36, parte
para España para ponerse a disposición del movimiento
revolucionario español. En agosto, trabaja políticamente
en Madrid. Va como periodista el frente de Guadarrama
donde el estalinista Galán amenaza con fusilarle por su
trabajo de propaganda entre los milicianos. Desde el
mes de diciembre de 1936 está en Barcelona, trabajando
con todas sus fuerzas. En Barcelona, la GPU no le pierde
de vista. El polaco Mink, agente de la GPU, se encarga
especialmente de su vigilancia. Después de los Hechos
de Mayo, Moulin puede esconderse en un barrio de
Barcelona. El 2 de agosto de 1937 unos “desconocidos” lo
detienen en esta ciudad. Después, ninguna noticia. Moulin
era trotskista convencido, defensor apasionado de la IV
Internacional. A pesar de las divergencias políticas que les
separaban, los camaradas del POUM siempre lo estimaron
como un revolucionario puro y dedicado”.

Sergi Rosés

99
GERVASINI, Virginia (1915-1993)

V irginia Gervasini, conocida en el movimiento


trotskista por el seudónimo de Sonia, nació en
Milán el 16 de enero de 1915, hija del ebanista anar-
quista Carlo Emilio Gervasini y de Alba Castiglioni. En
1924 emigró con sus padres a París, donde frecuentó
la escuela primaria y comenzó jovencísima, por ne-
cesidad, a trabajar como costurera. Hacia 1933 co-
noció a Nicola Di Bartolomeo, que se convirtió en su
compañero y la introdujo en el movimiento trotskista
italiano, en el que militaba. Di Bartolomeo trabajaba
por entonces en una pequeña fábrica como ajustador
mecánico y, precisamente en ese momento, estaba en

100
discusión con la dirección de la llamada Nueva Opo-
sición Italiana (NOI), de la que había sido expulsado
en abril de 1933. Juntó a él, Gervasini estuvo entre los
miembros del Grupo de Unidad Comunista (GUC) que,
en los primeros meses de 1934, rechazó tomar parte
en la creación de la Sección Italiana de la Liga Comu-
nista Internacionalista y en el lanzamiento de su diario
La Verità.

En la primavera-verano el GUC dio vida al grupo


que, en agosto de 1934, publicó el primero de los dos
números del diario La Nostra Parola, del cual el grupo
llevaba el nombre. En abril de 1935 Gervasini fue uno
de los seis miembros fundadores del Grupo “La Nostra
Parola” que decidieron adherirse al Partido Socialista
Italiano para desarrollar una actividad entrista. Duran-
te esos años frecuentó, junto a Di Bartolomeo y a su
padre Emilio, la casa del anarquista Renato Castagnoli,
donde en más de una ocasión tuvo ocasión de encon-
trarse y discutir con Camillo Berneri.
En abril de 1936, temiendo como Di Bartolomeo
ser expulsada de Francia y enviada a la Italia fascis-
ta, abandonó París con su compañero y, atravesando
clandestinamente los Pirineos, se dirigió a Barcelona.
Establecidos en la capital catalana a fines de abril, la
pareja habitó inicialmente en la calle Ancha 42, y se
trasladó luego a un piso amueblado en Ronda de San
Antonio número 8 - 4°. Arrestados el 6 de mayo de
1936 y sucesivamente liberados gracias a la interven-
ción de la CNT y del POUM, en mayo-junio fueron los
principales artífices de la creación del Grupo Bolchevi-
que-Leninista (GBL) y del Comité Único Internacional
de Refugiados Antifascistas (CUIRA).

101
El 19 y 20 de julio de 1936 la veinteañera Gervasi-
ni tomó parte activa en los combates callejeros contra
los militares sublevados y, con una pistola en la mano,
estuvo en primera fila— junto al trotskista Giuseppe
Guarneri y la socialista austriaca Rosa Winkler— entre
los que participaron en la conquista del Hotel Falcón,
en las Ramblas, donde se alojaron luego principal-
mente los milicianos extranjeros que combatían en las
formaciones del POUM, y que fue además la sede del
Comité Militar de ese partido.
También Gervasini y Di Bartolomeo residieron du-
rante algún tiempo en el Falcón. Ambos colaboraron
con el POUM, aunque manteniendo sus críticas políti-
cas en los debates respecto a la orientación “centrista”
de ese partido. Gervasini fue la única militante del GBL
adherida además al POUM. Se le encargó el registro
de los voluntarios extranjeros que llegaban para com-
batir en las filas de ese partido. Fue ella quien se encar-
gó del alistamiento de los voluntarios de la Columna
Internacional Lenin del POUM en julio-agosto de 1936;
y luego, en diciembre, fue además quien registró al es-
critor británico George Orwell.
Por otra parte, trabajó como locutora en lengua
francesa e italiana de Radio POUM, y tuvo ocasión de
conocer a los principales dirigentes poumistas, ade-
más de personalidades destacadas del movimiento
obrero europeo como Alfred Rosmer, que llegó a Es-
paña en agosto-setiembre de 1936 y al holandés Hen-
drikus Sneevliet, que visitó al POUM en Barcelona en
octubre (pronunciando un discurso radiofónico el 16
de ese mes). En una carta del 17 de setiembre de 1974
Virginia Gervasini recordaba que en octubre de 1936,
en el momento del atraque en el puerto de Barcelona

102
del primer barco soviético, el Zyrianin, que transpor-
taba armas, alimentos y ropa para la población, ella
misma y Di Bartolomeo, con el bordiguista Mario De
Leone (que había vivido en Moscú desde 1922 hasta
1929, y que por lo tanto hablaba ruso), se dirigieron al
muelle para debatir con los marinos soviéticos.
Luego, después de la expulsión de Di Bartolomeo
del GBL y de su desalojo del Hotel Falcón, también Vir-
ginia Gervasini tuvo que abandonar el Falcón, trasla-
dándose con su compañero a un apartamento de la ca-
lle Francisco Layret 112. Continuó trabajando en Radio
POUM, y participó en la creación de un nuevo grupo
trotskista “disidente”, formado probablemente hacia
noviembre de 1936 y que, en enero de 1937, inició la
publicación de un boletín mecanografiado en francés,
titulado Le Soviet, órgano de los Bolchevique-Leninis-
tas de España por la Cuarta Internacional. Gervasini
militó activamente en esa pequeña organización, que
llegó a conocerse como Grupo “Le Soviet”, y se ocupó
además de la realización técnica del boletín, unos po-
cos ejemplares mecanografiados en francés, y a dise-
ñar materialmente la cabecera, con colores al temple
y un pincel. Luego, con su compañero Di Bartolomeo,
tomó parte activamente en las Jornadas de Mayo en
1937 y, durante todo ese año, prosiguió una intensa
actividad práctica y propagandística fundamentada en
posiciones trotskistas, en oposición al gobierno de co-
laboración de clases del Frente Popular y, en general, a
la contrarrevolución estalinista.
Mientras tanto, Emilio, el cincuentañero padre
de Gervasini, se había reunido con ella en Barcelona.
Emilio había salido de París en bicicleta, acompañado
del trotskista francés Emmanuel Loubier, miembro del

103
grupo “disidente” liderado por Raymond Molinier y
Pierre Frank. (Loubier encontró la muerte en abril de
1937 en el frente de Madrid). Emilio se enroló en una
columna anarquista y combatió en Teruel y en otras lo-
calidades hasta mayo de 1937. Pero en enero de 1938,
para escapar a la cacería del hombre desencadena-
da por los estalinistas contra los revolucionarios— el
POUM había sido ilegalizado por el gobierno Negrín
en junio de 1937, y muchos de sus dirigentes habían
sido procesados por traición en octubre de 1938; los
miembros del grupo trotskista español “oficial” fueron
arrestados en febrero—, Gervasini y su compañero re-
gresaron a Francia, después de haber publicado el úl-
timo número de Le Soviet, que lleva la fecha del 6 de
enero de 1938.
En Paris, se unieron al Parti Communiste Inter-
nationaliste, liderado por Raymond Molinier, colabo-
rando en la prensa de ese partido y tomando parte, en
diciembre de 1938, en el entrismo en el seno del Parti
Socialiste Ouvrier et Paysan, del que fueron expulsa-
dos en junio de 1939. Mientras tanto, Di Bartolomeo
entró a formar parte de los máximos organismos diri-
gentes de la organización “molinierista”. Gervasini es-
tuvo entre los principales animadores del Grupo de los
Bolchevique-Leninistas por la construcción de la Cuar-
ta Internacional que, a partir de mayo de 1939, publicó
el boletín de información ciclostilado en español, titu-
lado Nuevo Curso. En esta pequeña organización mili-
taron, entre otros, el italiano Cristofano Salvini, que en
España se había adherido al Grupo “Le Soviet”, y los
trotskistas españoles Eduardo Mauricio Ortíz, Antonio
Rodríguez Arroyo y Francisco Gómez Palomo.

104
Gervasini acompañó a Di Bartolomeo en el viaje
a Bélgica e Inglaterra, que efectuó como miembro de
la Delegación internacional de los Comunistas Inter-
nacionalistas por la construcción de la Cuarta Interna-
cional. En Bruselas debatió con Georges Vereeken, y
en Londres con Betty Hamilton, exponente de primer
nivel de la pequeña reagrupación “molinierista” britá-
nica. De regreso en París, ambos fueron sorprendidos
por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Mien-
tras Di Bartolomeo intentó entrar en Bélgica, hacién-
dose arrestar en la frontera, Gervasini permaneció en
París hasta el día después de la llegada de las tropas
nazis, en junio de 1940.
En el verano de 1940 destaca su ruptura personal
con Di Bartolomeo, que al poco tiempo fue informada
por la policía francesa a la policía fascista italiana. Al-
gún tiempo después de la ocupación alemana de París,
Gervasini se retiró a Toulouse con Gabrielle Brausch (la
compañera de Jean van Heijenoort) y con Berthe Mé-
liot. Así pudo reunirse con su padre Emilio, que había
abandonado España en la primavera de 1938 y que
luego se había establecido en Toulouse. En Toulouse
difundió, en los medios socialistas, octavillas de inspi-
ración bolchevique-leninista, pero a fines de ese año se
alejaron de los trotskistas.
Durante la Resistencia, Gervasini asumió peligro-
sas misiones en la vertiente francesa de los Pirineos,
y hasta 1944 colaboró en Toulouse y Marsella con al-
gunos grupos antifascistas de los que formaban parte,
además de su padre, el tenor comunista italiano Ennio
Tofoni, el socialista Francesco Fausto Nitti, el trotskis-
ta Louis Meliović, llamado Milo, y otros más. En esos
años era conocida por el seudónimo de Marthe, y pre-

105
paraba además los falsos documentos de identidad de
quienes los necesitaban, porque eran buscados y per-
seguidos por el régimen de Vichy y los nazis
Al finalizar la guerra regresó con su padre a Italia.
Gervasini residió durante un breve período en Milán
y en Varese. Luego decidió establecerse en Palermo,
donde tenía parientes y podía iniciar una nueva vida.
Recordaba con gran tristeza que, durante el largo viaje
en tren a Sicilia, en diciembre de 1945, había pasado
por Nápoles, sin saber que en esa ciudad se encon-
traba su viejo compañero Di Bartolomeo, que moriría
poco tiempo después.
Gervasini consiguió abrir en Palermo un pequeño
taller de costura. Su padre se reunió con ella en la pri-
mavera de 1946; en Palermo trabajó como ebanista
y se adhirió al Partido comunista contribuyendo a la
reorganización de la Bolsa del Trabajo provincial, a la
que también colaboró Gervasini. También inscrita ella
en el PCI, conoció entonces a algunos importantes di-
rigentes sicilianos del partido, entre los que cabe citar
a Girolamo Li Causi, Emanuele Macaluso, Pio La Torre,
el napolitano Giuseppe Berti y al secretario de la Bolsa
de Trabajo palermitana Franco Fasone, que en 1950 se
convirtió en su marido y que murió prematuramente
en mayo de 1952.
El Primero de Mayo de 1947 Gervasini participó
en las jornadas de lucha de los trabajadores de Por-
tella della Ginestra, donde 2000 trabajadores, en su
mayoría campesinos —que se manifestaban contra el
latifundismo y para festejar la victoria del bloque PCI-
PSI en las elecciones sicilianas del 20 de abril—, fueron
atacados mediante ráfagas de metralleta por la banda
reaccionaria del bandido Salvatore Giuliano. Ya viuda,

106
Gervasini fue candidata en mayo de 1956 en las elec-
ciones del ayuntamiento de Palermo por las listas del
PCI.
En el verano de 1968 Gervasini decidió finalmente
volver a vivir en Varese, junto a su padre, que murió el
15 de octubre de ese mismo año. Fue sobre todo gra-
cias a su regreso a Varese como comenzó a restable-
cer contactos con muchos de sus viejos compañeros
españoles (E. Mauricio, A. Rodríguez, Amadeu Robles,
etcétera) y franceses (Pierre Frank, Rodolphe Prager).
En noviembre de 1976 recibió en Milán una medalla de
oro por su actividad como militante antifascista duran-
te la guerra civil española, concedida por la Junta Re-
gional de Lombardía. Durante la ceremonia, Gervasini
se negó a estrechar la mano de una de las personali-
dades presentes: el agente estalinista Vittorio Vidali,
alias Comandante Carlos. En octubre de 1980 fue invi-
tada a asistir, en Follonica, al “Congreso internacional
por el cuarenta aniversario de la muerte de Lev Trots-
ky”, donde encontró a otro veterano trotskista de la
guerra civil española, Domenico Sedran, así como a
otros viejos compañeros de lucha como Bruno Sereni.
Gervasini fue también uno de los principales patroci-
nadores del Centro de Estudios Pietro Tresso, fundado
en octubre de 1983.
Afectada por un mal incurable contra el que tuvo
que luchar durante largos meses, Gervasini fue hospi-
talizada a mediados de septiembre de 1993 y residió
luego en un hogar de ancianos. Su corazón dejó de la-
tir el 6 de noviembre de ese año

Paolo Casciola

107
GÖTZE, Ferdinand (1907-1985)

E lli Götze nació en Leipzig en 1907 y murió en


Estocolmo en 2003. Ferdinand Götze nació en
Leipzig el 28 de marzo de 1907 y murió en Estocolmo
el 22 de febrero de 1985. Ferdinand era carpintero.

Elli y Ferdinand Götze (Nante) se conocieron en


las juventudes anarquistas de Leipzig. Ambos llegaron
a ser más tarde militantes activos de la Freie Arbei-
ter-Union Deutschlands (FAUD). La madre de Ferdi-
nand, Anna Götze, se había afiliado ya de joven al par-
tido socialdemócrata (SPD); durante la Primera Guerra
Mundial pasó al Spartakusbund y luego al partido co-

108
munista (KPD) para ingresar, a principios de los años
veinte, en la FAUD.
Ferdinand organizó desde 1933 las actividades ile-
gales de la FAUD y editó en Lepizig el periódico hecho
a base de microfilmes Die Soziale Revolution. A partir
del otoño de 1933 dirigió la Comisión Permanente de
la FAUD. En la Pascua de 1934 participó en una reunión
de militantes ilegales y del Deutsche Anarcho-Syndika-
listen (DAS) en Amsterdam.
A través de Schmiedeberg, cerca de la frontera
con Checoslovaquia, pasaba material de propaganda
a Alemania. Ante su inminente detención, a princi-
pios de 1935, huyó a Barcelona. Su mujer y su hija ya
vivían allí desde abril de 1934. Después del comienzo
de la revolución, Ferdinand Götze era uno de los acti-
vistas más destacados del DAS. A principios de 1937,
Götze, por tener diferencias con el DAS, se separó del
grupo y fundó, junto con Eugene Scheyer, el Sozialre-
volutionäre Deutsche Freiheitsbewegung (SRDF) (Mo-
vimiento libertario alemán socialrevolucionario). Por
este motivo, en abril de 1937 se revocó a su mujer, Elli
Götze, como portavoz del grupo DAS.
Después de los acontecimientos de mayo de 1937,
Ferdinand logró evitar la detención. Sin embargo, Elli
pasó por un corto período de tiempo por la checa de
Puerta del Ángel en Barcelona. Luego ambos huye-
ron, primero a Francia, y más tarde a Noruega, desde
donde pasaron a Suecia cuando las tropas alemanas
ocuparon el país. En Suecia Ferdinand, Elli y la hija de
ambos, Annemarie, militaron después de la guerra en
el movimiento sindicalista sueco.

Dieter Nelles

109
GRUNFELD José (1907-2005)

E l 17 de junio de 1907 nace en Moisés Ville (San-


ta Fe, Argentina) el militante anarquista y
anarcosindicalista José Grinfeld, más conocido como
José Grunfeld por un error en la transcripción de su
linaje en el Registro Civil de Moisés Ville. Sus padres
eran judíos rumanos de Besarabia que se establecie-
ron en la localidad argentina de Moisés Ville, creada
en 1889 por los judíos europeos del este y rusos que

110
huían de los pogromos. Cuando tenía 10 años empe-
zó a estudiar música y a trabajar en un almacén de su
pueblo. El año siguiente se puso a vender periódicos y
fue empleado en una casa de fotografía en San Cristó-
bal. En 1919 se trasladó a Ceres, al norte de Santa Fe,
para trabajar en una tienda de comestibles y dos años
después en Rosario para trabajar en un comercio. Su
familia ya había emigrado a La Plata cuando en 1923
marchó y se incorporó a los frigoríficos Swift y más tar-
de en las tiendas Dell’Acqua, en Avellaneda. En 1924
volvió a Rosario y aprendió el oficio de pintor rotulista,
llegando a ser casi oficial, y comenzó a estudiar dibujo
en la Academia Gaspari y en la Universidad Popular. En
1925, durante una visita a La Plata, su hermano físico
y matemático Rafael Grinfeld lo llevó a un acto por la
libertad de Sacco y Vanzetti, en plena campaña de de-
fensa de estos anarquistas italoamericanos, y este mi-
tin le introdujo en el movimiento libertario.

Al volver a Rosario, entró a formar parte de la


agrupación anarquista “Libre Acuerdo” y se acercó a
varios sindicatos, como la Unión Obrera de Rosario, de
carácter autónomo. En 1926 fue detenido por primera
vez por repartir panfletos en un acto con motivo de la
campaña para Sacco y Vanzetti y fue liberado sema-
nas más tarde después de haber sido golpeado. Como
anarquista antimilitarista, en 1927 se negó a hacer el
servicio militar y huyó a Tres Arroyos para no ser des-
cubierto, donde empezó a usar el apellido materno de
Jusid, que mantuvo durante gran parte de su militan-
cia, y donde fundó, con otros compañeros, la “Biblio-
teca Rafael Barret”. El año siguiente volvió a La Plata y
reorganizó el grupo anarquista “Ideas” con universita-
rios y obreros. El 6 de septiembre de 1930, cuando se

111
produjo el golpe militar de José Félix Uriburu, con un
grupo de militantes, trasladó la imprenta de “Ideas” a
la casa de un profesor, desde donde publicaron clan-
destinamente el periódico orgánico. Poco después fue
detenido con dos de sus hermanos y un grupo de 14
miembros de la agrupación “Ideas” por difundir un ma-
nifiesto que incitaba a los soldados a rebelarse contra
la dictadura. Juzgado, fue encarcelado en el Departa-
mento de Policía de La Plata 40 días y salió en liber-
tad bajo palabra el 31 de diciembre de 1930. En abril
de 1931, en una nueva ola represiva, fue nuevamente
detenido con su hermano David y otros militantes.
Simuló ser rumano y fue enviado a la cárcel de
Villa Devoto mientras la policía pidió su extradición al
cónsul, quien se negó a firmarla. Permaneció casi un
año en prisión, donde encontró unos doscientos anar-
quistas de todo el país y participó en un encuentro en
el que se establecieron acuerdos con el fin de revitali-
zar el movimiento libertario argentino. Salió de la cár-
cel en febrero de 1932, gracias a un decreto presiden-
cial del general Agustín P. Justo que liberaba a todos
los presos político-sociales. Ese mismo año, participó
en la organización de un congreso anarquista de reor-
ganización, que se realizó en octubre de 1932 en Ro-
sario, al volver los presos y deportados a Ushuaia. En
esta época volvió a trabajar de rotulista y contribuyó
a la reagrupación del Sindicato de Pintores de la Fe-
deración Obrera Regional Argentina (FORA) que inició
una huelga de 55 días por el reconocimiento sindical y
la reivindicación de mejoras en las condiciones de tra-
bajo. En Rosario fue herido en una pierna en un tiro-
teo con la policía mientras intentaba impedir el acceso
de trabajadores a sus puestos de trabajo durante una
huelga general promovida por la FORA. Detenido en

112
el hospital, y ante los reclamos de sus compañeros, la
justicia le liberó bajo fianza. Sin embargo, pasó a dis-
posición de las autoridades militares por infracción a
la Ley de Servicio Militar Obligatorio, pero finalmente
fue eximido debido a su lesión.
Viajó a La Plata y en un acto reivindicativo fue
detenido por la policía y encerrado 10 días en la cár-
cel de Villa Devoto. En 1933 inició una gira de cuatro
meses viajando con un compañero en trenes de carga
por Mendoza, Córdoba y Santa Fe con el fin de formar
grupos libertarios y de concretar acuerdos de difusión
del anarquismo establecidos en el congreso del año
anterior. Al volver a Rosario, trabajó seis meses en el
taller de pintura Iris, distribuyó productos de almacén
y se afilió al Sindicato de Empleados de Comercio de
Rosario. En esa época militó en la Unión Socialista Li-
bertaria (USL) y en las Juventudes Socialistas Liber-
tarias (JSL) y, entre 1933 y 1934, desarrolló una labor
de agrupamiento de entidades de apoyo a sindicatos
con el objetivo de organizar la Federación Obrera Pro-
vincial de Santa Fe. Como representante de la USL y
de las JSL asistió al congreso clandestino, convocado
por los Comités Nacional y Regional de Relaciones
Anarquistas, que se realizó en La Plata en octubre de
1935, del cual surgió la Federación Anarco-Comunista
Argentina (FACA). Nombrado representante por Rosa-
rio de la FACA, interrumpió su militancia en Santa Fe
y se trasladó a Buenos Aires en 1935 para realizar ta-
reas orgánicas en el Secretariado Nacional y hacer de
redactor en el periódico Acción Libertaria. En julio de
1936, cuando estalló la Revolución española, organizó
desde la FACA movimientos de apoyo, tales como el
grupo anarquista “Solidaridad con el Pueblo Español”.
En noviembre de ese año, decidió irse a luchar con su

113
compañera, la abogada Ana Piacenza, a la Península,
llevándose 20.000 vacunas dadas por estudiantes de la
Facultad de Medicina y de Química de La Plata.
Quince días más tarde la pareja llegó a Francia,
junto con los compañeros Jacobo Maguid (Jacinto Ci-
mazo) y Jacobo Price, y pasó en tren a Cataluña. En
Barcelona, ​​además de afiliarse a la Federación Anar-
quista Ibérica (FAI) y el Sindicato de la Construcción
de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), es-
tableció contactos con Gaston Leval y Diego Abad de
Santillán, entonces consejero de Economía de la Ge-
neralidad de Cataluña, que le invitaron a una reunión
del Comité Regional de la CNT y de la FAI. Esa misma
tarde fue nombrado secretario provisional de la Fede-
ración Local de la FAI de Barcelona, ​​ya que este cargo
estaba vacante. Como secretario asistió a numerosas
reuniones donde se debatían temas urgentes, como
los intentos de apaciguar los enfrentamientos entre el
revolucionario Partido Obrero de Unificación Marxista
(POUM) y el estalinista Partido Socialista Unificado
de Cataluña (PSUC). Su compañera se puso a trabajar
en el periódico Tierra y Libertad, entonces dirigido por
Maguid. En enero de 1937 Grunfeld dejó la secretaría
de la FAI de Barcelona y asumió por esta organización
la Secretaría de la Comisión de Guerra, junto a Domin-
go Ascaso, dedicada a atender los frentes de Aragón
y de Cataluña, donde se encontraban las columnas
de la CNT-FAI. Como parte de su labor, creó secciones
del Ejército (Tierra, Marina, Comisariado, Aviación, In-
ternacional, Archivo de Documentación y Atención al
Público) y resolvió problemas de avituallamiento, de
movilización y de necesidades de las tropas. En febre-
ro de 1937 la Comisión de Guerra pasó a denominarse
“Sección de Defensa Aragón-Cataluña de la Regional

114
CNT-FAI” y fue nombrado secretario, actuando en
coordinación con la Sección de Defensa Nacional.
También este año, con compañeros de CNT y de
la FAI, ideó la introducción de secretarías militares a
los sindicatos, impulsó una escuela de instrucción de
soldados y un plan de escolarización en las trincheras.
Durante 1937 hizo mítines y conferencias en Manlleu,
Castelldefels y Barcelona. Mientras tanto, en Argenti-
na, la FACA le nombró su representante ante el Movi-
miento Libertario Español (MLE). A principios de 1938,
durante la crisis interna de la CNT-FAI y la política de
eliminación de áreas, renunció a su cargo en Defen-
sa. En agosto de 1938 participó en el Pleno Regional
del MLE de Baza y en octubre de ese año en el Pleno
Nacional de Barcelona. Propuesto como secretario del
Subcomité Peninsular de la FAI, asumió en Valencia el
cargo de la zona centro-sur, cuando ya las tropas fran-
quistas habían dividido el territorio peninsular. En esta
nueva función, se dedicó a establecer vínculos entre
las regionales de la FAI en Madrid, Murcia, Cartage-
na, Extremadura, Almería, Granada, Cuenca y Ciudad
Real; y, cuando Cataluña peligró, desplegó una intensa
actividad para evitar la desmoralización y la desbanda-
da en los frentes. Además, formó parte de la Comisión
Unificada de la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias,
constituida para sumar fuerzas ante la crisis bélica.
El 11 de febrero de 1939 fue uno de los miembros
de la comisión que se reunió con Juan Negrín para dis-
cutir la situación bélica, pero finalmente fue excluido
de la representación cuando el presidente de la Re-
pública argumentó que no era de nacionalidad espa-
ñola. Vivió el cerco de Madrid y Valencia, participó en
asambleas con representantes políticos, sindicales y

115
militares para encontrar soluciones. En Madrid esta-
bleció una secretaría libertaria para mantener el anar-
quismo organizado y convocó, junto con la Comisión
de la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias, un pleno
de regi0nales que nunca se celebró debido al final de
la guerra. El 30 de marzo de 1939 salió de Gandia con
184 refugiados a bordo del destructor británico Gala-
tea hacia Marsella, para llegar en tren a Londres el 4
de abril vía París y Dieppe. En Londres fue recibido por
el “Comité Británico para los Refugiados de España”
y permaneció en esa ciudad hasta finales de junio de
1939, después de haberse reunido en abril con Mariano
Rodríguez Vázquez (Marianet) para solucionar la dupli-
cidad representativa que se daba con el exilio. Volvió a
París, donde fue nombrado miembro del Consejo Ge-
neral del MLE y trabajó con los comités de la FAI de la
CNT en el exilio, facilitando el viaje hacia América de
los refugiados. En julio de 1939 embarcó en Burdeos
hacia Argentina, llegando a final de mes; días después
estalló la II Guerra Mundial.
En Argentina reencontró a su compañera y co-
noció a su hija de cuatro meses. En agosto de 1939
disertó sobre el conflicto ibérico en la Universidad
Alejandro Korn de La Plata y en septiembre viajó a
Rosario. En 1940 retomó su militancia en la USL y,
mediante actividades culturales y científicas, relacio-
nó varias localidades de Santa Fe. Volvió a sus activi-
dades en el Sindicato de Empleados de Comercio de
Rosario desde el punto de vista administrativo y desde
esta agrupación propuso la creación de la Universi-
dad Obrera, proyecto que fue aprobado. Después de
dos años de trabajo, en marzo de 1943, la Universidad
Obrera empezó las clases con más de mil alumnos de
los 19 gremios adheridos. En agosto de 1943, después

116
del golpe de Estado del general Pedro Pablo Ramírez,
fue detenido con su compañera Anita Piacenza y pasó
casi un año encarcelado hasta su libertad en octubre
de 1944. Poco después viajó a Buenos Aires en busca
de trabajo , donde encontró a Arturo Tomás García,
compañero de la CNT-FAI de Valencia y gerente de la
empresa “Colectivos Quilmes”, quien lo invitó a asumir
la administración de la Cámara Gremial del Transpor-
te Automotor de Pasajeros de Buenos Aires. Instalado
en La Plata, participó en la creación de la compañía de
seguros Bernardino Rivadavia, perteneciente a la Fe-
deración de Transportistas, y dirigió su periódico Motor
y Camino.
A finales de 1945, renunció a la Cámara para no
tener que tomar partido a favor de las empresas en
los conflictos sindicales. Volvió a Rosario y ese mismo
año se hizo cargo de la biblioteca de la Facultad de
Ciencias Físicas y Matemáticas, pero en 1946, con la
subida de Juan Domingo Perón a la presidencia de la
República, fue dado de baja por sus antecedentes pe-
nales. Después trabajó en la galería artística de Arte,
mientras continuaba afiliado al Sindicato de Emplea-
dos del Comercio, y ese mismo año entró en el Comité
de Recuperación Sindical antiperonista tratando de re-
conquistar gremios perdidos y defendiendo a los tra-
bajadores. En 1947 el gobierno clausuró el local de la
USL donde militaba y fue detenido mientras distribuía
el folleto Un año de peronismo, publicado por la FACA.
Las autoridades arrancaron un proceso por desacato al
presidente de la República y salió en libertad en 1948.
Volvió a Buenos Aires como representante comercial
de la empresa Martini y a partir de 1950 de la editorial
Peuser. Aprovechó sus viajes comerciales entre Santa
Fe y Buenos Aires para establecer vínculos orgánicos

117
entre compañeros anarquistas del interior con la FACA
y difundir propaganda de la USL. En 1954, la FACA
pasó a denominarse Federación Libertaria Argentina
(FLA) y continuó la militancia en esta organización. En
1955 retomó el trabajo en la galería artística de Arte de
Rosario y a partir de la Revolución libertadora desarro-
lló una gran actividad como secretario de Prensa del
Comité de Recuperación Sindical.
En esta época publicó comunicados, participó en
programas radiofónicos, convocó asambleas, partici-
pó en la recuperación de la Federación Gráfica Rosaria-
na y se relacionó con las autoridades de la Revolución
Libertadora proponiendo interventores en los sindica-
tos y desarrollando tareas de organización sindical.
En 1955 el decano de la Facultad de Ciencias Físicas y
Matemáticas le propuso ocupar de nuevo el cargo de
bibliotecario, pero renunció al año siguiente. En 1956
fue uno de los nueve delegados por Rosario el Congre-
so de Empleados de Comercio y redactó el preámbulo
y la declaración de principios de los nuevos estatutos
de la Confederación General de Empleados de Comer-
cio de la República Argentina. En 1957 asistió, como
militante de la Confederación General del Trabajo
(CGT), al Congreso Normalizador de esta organiza-
ción, y fue nombrado delegado de la Mesa Nacional de
los 32 Gremios Mayoritarios Democráticos. Instalado
en Buenos Aires, continuó desarrollando tareas en la
FLA y en los sindicatos. En 1959 sufrió un accidente,
regresó a Rosario y continuó la militancia en la USL y
en el Sindicato de Empleados de Comercio.
Fue director del Boletín Informativo de los 32 Gre-
mios Mayoritarios Democráticos y coordinó, desde
esta organización, actividades culturales y giras sindi-
cales. Además, intervino en conflictos por la homolo-

118
gación de convenios y luchó en favor de la legalización
de asociaciones. Entre 1963 y 1970 formó parte de la
Comisión de Cultura del Consejo Nacional de la FLA y
entre 1968 y 1970 fue el primer presidente de la Coope-
rativa Sindical de Créditos del Sindicato de Empleados
de Comercio de Rosario. En plena dictadura militar,
trabajó durante un año con los 32 Gremios Mayorita-
rios Democráticos en la organización de un congreso
nacional del movimiento obrero que se realizó en junio
de 1980 y dio origen a la central sindical denominada
Comité Nacional Permanente por Sindicalismo Libre
(COPENASILI ). En 1991, durante las “Jornadas sobre
los Trabajadores en la historia del siglo XX”, disertó so-
bre la “Libertad Sindical en Argentina”; y, ese mismo
año, hizo la conferencia “Apuntes sobre el socialismo li-
bertario”, en el marco de un seminario sobre anarquis-
mo organizado por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad de Buenos Aires (UBA). A partir de
1999, instalado en Lanús, participó en las actividades
del grupo “Escuela para la Democracia”, al tiempo que
compaginó la militancia en la FLA y sus colaboraciones
en El Libertario con el trabajo en la Asociación de Em-
pleados de Despachos de Aduanas en Buenos Aires.
Durante su vida colaboró ​​en diversas publicacio-
nes anarquistas, como El Libertario, Ruta, Solidaridad
Obrera, Tierra y Libertad. Con Jacobo Maguid (Jacinto
Cimazo) publicó en 1981 Luis Danussi, en el movimiento
social y obrero argentino (1938/87) y en 2000 salieron
sus Memorias de un anarquista.
José Grunfeld murió por problemas cardiacos el 7
de junio de 2005 en Buenos Aires (Argentina) y fue in-
cinerado al día siguiente.

Emilià Páez Cervi

119
GUDELL, Martin (1906- 1993)

M artynas Gudells, más conocido como Mar-


tín Gudell Petrowsky, aunque también utilizó
otros seudónimos (Martyno Gudelio, M. Skynimas, M.
Petrowsky, P. Šalna,  L. Guoba,  V. Davainis, etcétera).
Nació el 29 de marzo, o 16 de marzo según el calen-
dario juliano, de 1906, en Rochester (New York, Esta-
dos Unidos). De origen lituano, tenía la nacionalidad
estadounidense. Cursó los estudios secundarios en el
Instituto Marijampolė (Suvalkija, Lituania).

120
Entre 1926 y 1929 estudió en Kaunas (Lituania)
y en la Universidad de Berlín varias disciplines (eco-
nomía, idiomas, periodismo). Trabajó como periodis-
ta en Lituania y en Berlín, en distinta publicaciones
(Aušrinė,  Kovos Kelias,Kultūra,  Darbas, etcétera), y
formó parte de la Lietuvos Socialistinės Moksleivijos
Organizacija (LSMO, Organización de Estudiantes So-
cialistas de Lituania). Durante esta época fue miembro
del Círculo marxista consejista de Karl Korsch, pero
estableció contactos con Agustín Souchy, entonces
secretario de la Asociación Internacional de Trabajado-
res (AIT), que le decantó hacia el movimiento libertario
y el anarcosindicalismo. Siendo miembro de la Lietu-
vos Socialistų Revoliucionierių Maksimalistų Sąjunga
(LSRMS, Unión Maximalista de Socialistas Revolucio-
narios Lituanos), el 6 de mayo de 1929, con los escri-
tores Aleksandras Vosylius y Andrius Bulota, participó
en el atentado frustrado contra el primer ministro li-
tuano Augustinas Voldemaras en el Teatro del Estado
de Kaunas, en el que resultó muerto el capitán Pranas
Gudynas. Vosylius fue detenido, juzgado y ejecutado,
pero Bulot, su compañera y Martynas Gudelis consi-
guieron pasar a Polonia y llegar a Austria, a través de
Checoslovaquia.
Después hizo de corresponsal del periódico litua-
no Lietuvos Žinios en Berlín y Paris. En 1932 se estable-
ció en Barcelona, donde, además de enviar colabora-
ciones a Lietuvos Žinios, trabajó de profesor de ruso y
se afilió a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).
En Barcelona vivió con varios compañeros anarcosin-
dicalistas alemanes, especialmente con Arthut Lewin.
En Cataluña decía que era hijo de una rusa blanca (Pe-
trowsky) y de un anarcosindicalista catalán (Gudell)
que había emigrado a los Estados Unidos.

121
En 1933 publicó en lituano Sukilusi Ispanija (Re-
vuelta en España), sobre el movimiento revolucionario
anarquista durante la Segunda República española, y
tradujo al castellano, bajo el seudónimo de M. Petrows-
ky, el libro de Efim Yarchuk Cronstadt. Su significación
en la Revolución Rusa. En noviembre de 1936, con
Francisco Carreño y José Berruezo Romera, en calidad
de traductor, formó parte de la delegación cenetista
que fue enviada a Moscú para participar en el desfile
conmemorativo de la revolución rusa de octubre. Asis-
tió a este viaje el secretario Antoni Maria Sbert Mas-
sanet, presidente de la embajada extraordinaria de la
Segunda República ante la URSS. Sobre este viaje, en
1945, Gudell publicó en lituano una importante rese-
ña crítica del régimen comunista (Ką girdėjau Sovietų
Sąjungoje), que fue traducida al castellano y publicada
al año siguiente en México bajo el título Lo que oí en la
URSS y al sueco en Estocolmo como Spanjor I sovjet.
Vad jag hörde i SSRU. Miembro del Comité Peninsular
de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), en 1937 fue
nombrado secretario de las Oficinas de Propaganda
Exterior de la CNT-FAI, creadas el 10 de abril de ese
mismo año y de las que también formaba parte Hel-
mut Rüdiger, por la AIT, así como Joaquín Cortés, por
la CNT. Esas Oficinas se encargaban de la publicación
de periódicos, folletos, libros, etcétera, en varias len-
guas.
Tras la salida de Ferdinand Götze de la Deutsche
Anarcho-Syndikalisten (DAS, Anarcosindicalistas Ale-
manes) y la fundación de un grupo alternativo enfren-
tado, la Sozialrevolutionäre Deutsche Freiheitsbewe-
gung (SRDF, Movimiento Libre Social-revolucionario
Alemán), Gudell apoyó, junto a Gerhard Thofern y a
Eugen Scheyer, a este último grupo.

122
Entre noviembre y diciembre de 1937 formó parte
del Servicio Jurídico de la CNT-FAI que defendió a los
numerosos compañeros detenidos por haber mante-
nido relaciones con el Partido Obrero de Unificación
Marxista (POUM) o por haber desertado de las Bri-
gadas Internacionales, a raíz de los enfrentamientos
surgidos después de los enfrentamientos de mayo de
1937 contra la reacción estalinista. Sin embargo, su dis-
creción hacia los compañeros alemanes detenidos, fue
duramente criticada por el DAS. En un informe de los
servicios especiales comunistas del Partido Socialista
Unificado de Cataluña (PSUC, estalinistas), de octubre
de 1937, Gudell es definido como “un emigrado ruso
blanco” que encabeza en el interior de la CNT “un gru-
po abiertamente contrarrevolucionario, que ha parti-
cipado estrechamente con el POUM en la preparación
y en la realización de un golpe contrarrevolucionario
en Barcelona”. En 1937 publicó, bajo el seudónimo de
M. Skynimas, su traducción al lituano de la novela de
Vicente Blasco Ibáñez La barraca, titulada Prakeikta
žemė (Tierra maldita).
En 1938 fue miembro de la Agrupación FAI de Bar-
celona. En octubre de ese año, junto a Lola Iturbe y Pe-
dro Herrera Camarero, acompañó a la veterana anar-
quista Emma Goldman, de quien hizo de traductor en
su visita por la península para ver las realizaciones de la
Revolución española, en sus desplazamientos al frente
y a las colectivizaciones. Durante la guerra Gudell ha-
bía colaborado en les emisiones de Radio CNT-FAI, así
como en Solidaridad Obrera y en Umbral.
A la caída del frente catalán, firmó en París con
Mariano Rodríguez Vázquez y Nicolás, un acuerdo
para transferir los fondos documentales de la CNT al

123
Instituto Internacional de Historia Social de Ámster-
dam (IIHS) y en febrero de 1939, con Simón Radowit-
zky (Raúl Gómez), pasó estos archivos a Francia en un
camión. En Francia fue internado en diversos campos
de concentración.
Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1940,
se trasladó a Estados Unidos; como carecía de docu-
mentación que demostrase su nacionalidad estadou-
nidense, convenció a los burócratas de inmigración
cantándoles Twinkle, Twinkle, Little Star, canción que
había aprendido en la guardería. El 31 de mayo de
1940 habló en el homenaje póstumo a Emma Gold-
man que se celebró en el Town Hall de New York, don-
de también intervinieron Leonard D. Abbott, John Ha-
ynes Holmes, Roger Baldwin, Norman Thomas, Harry
Weinberger, Rose Pesotta, Harry Kelly, Rudolf Rocker,
Dorothy Rogers, Eliot White y Clifford Demarest. 
En 1941, publicó en lituano Ispanų kovos dėl lais-
vės. Svarbiausi pilietinio karo epizodai (La lucha espa-
ñola por la libertad. Episodios de la Guerra Civil). Du-
rante estos años colaboró en la prensa anarquistas del
exilio, como España Libre y Estudios Sociales, así como
en Delo Truda, de New York.
Durante los años cincuenta colaboró en las revis-
tas literarias lituanas Literatüra y Literatüros Metraštis.
Instalado en Chicago, trabajó en la redacción del perió-
dico socialista norteamericano en lengua lituana Nau-
jienos. The Lithuanian Daily News, del que asumió la
administración en 1951 y del que fue editor responsa-
ble entre 1969 y 1986. Presidió la Sociedad de Escri-
tores Lituanos de Chicago. También fue presidente de
la Asociación Cultural «Žiburėlio»» y director del Ce-
menterio Nacional de Lituania de Chicago. Además de

124
las obras ya citadas es autor, entre otras, de Skynimai
dega (1935), Boliaus Šilinio nuotykiai (1943), Martinaičio
atsiminimai (1947), Lietuviai gynė savo miškus (1950)
i  Povilas Mileris. Biografijos bruožai (1973). Algunos
autores creen que también utilizó el seudónimo M.
Perkūnija. Martín Gudell murió el 4 de julio de 1993 en
Chicago.
En el IISH de Ámsterdam se conserva documen-
tación suya: la correspondencia (con Emma Goldman,
Andrés Bulota, Virgilio Gozzoli, Agnes Inglis, Jesus
Lara Trueba, Vitas, Zhang Yan, etcétera), informes so-
bre sus tareas confederales en Cataluña, documentos
personales, etcétera.

Emilià Páez Cervi

125
KJELSØ, Aage [Åge] (1914-1995) 17

N acido el 21 de mayo de 1914 en una familia


obrera, en Rødovre, un suburbio de Copenha-
gue, Aage Kjelsø estuvo inicialmente activo, durante
su adolescencia, en el movimiento de los boy scout.
Pero algún tiempo después, al no aceptar el naciona-
lismo ni los comportamientos militaristas en boga en
el seno de aquella organización, en 1929 se adhirió a
la sección de Valby de la Danmarks Socialdemokra-

17  La grafía del nombre de Kjelsø sufrió una modificación


después de la reforma ortográfica de la lengua danesa de
1948, que sustituyó el dígrafo Aa / aa por la letra Å / å, de
origen sueco.

126
tiske Ungdom (DSU, Juventud Socialdemócrata de
Dinamarca), alternando pequeños trabajos y largos
períodos de paro. Estuvo entre los jóvenes socialistas
de izquierda influenciados políticamente por Bernhard
Bøggild, uno de los militantes de la DSU que en octu-
bre de 1932 habían invitado a Trotsky a ir a Copenha-
gue.

La militancia del joven Kjelsø en la DSU coincidió


con el auge del llamado “Círculo antifascista”, cono-
cido también como “Movimiento de las tres flechas”,
cuyo principal dirigente era el científico de origen ruso
Sergei Stepanovich Chajotin, que había sido obligado
a refugiarse en Dinamarca procedente de Alemania,
donde enseñaba, a causa de la conquista del poder por
parte de los nazis. Chajotin había sido, desde 1931, el
jefe ideológico del Eiserne Front (Frente de hierro), la
organización paramilitar del Partido socialdemócrata
alemán, que se había batido en vano por la creación
de un frente único con los comunistas con el objetivo
de contrarrestar la subida de Hitler. Kjelsø entró en la
órbita política de tal movimiento, formando parte del
Ordensværnet (Guardia del orden), el grupo socialis-
ta paramilitar adiestrado por el “teniente Müller”, un
miembro del Schutzbund (Liga de defensa)— la milicia
armada del Partito socialdemócrata austriaco— que
había emigrado a Dinamarca tras la derrota de la Co-
muna de Viena en 1934.
En 1934 Kjelsø y los demás jóvenes socialistas
de izquierda, que no habían conseguido conquistar la
mayoría con ocasión de un congreso de la DSU, fue-
ron expulsados del partido y fundaron entonces un
grupo propio, que publicó un boletín titulado Alarm.
La fase de gestación del trotskismo danés condujo,

127
en el otoño de 1934, a la formación de una primera
agrupación declaradamente trotskista, guiada por
Bøggild y Svend Johansen, gracias también a la cola-
boración de un pequeño grupo formado por exiliados
alemanes, liderado por Georg Jungclas. Esta pequeña
organización, que adoptó el nombre de Internationale
Kommunister (Bolscheviker-Leninister) (Comunistas
Internacionales [Bolcheviques-Leninistas]) empezó a
desarrollar una actividad de propaganda entre los jó-
venes socialistas expulsados, que habían dado vida a la
International Socialistisk Brevklub (Circulo internacio-
nal de correspondencia socialista) —cuyos principales
exponentes eran Poul Moth y Tage Lau—, al cual Kjelsø
se había adherido.
Conquistados a las posiciones trotskistas, Kjelsø
y sus compañeros tomaron parte en la creación de la
Socialistisk Arbejder Ungdom (SAU, Juventud obrera
socialista), que publicó el primer periódico trotskista
en lengua danesa, Klassekampen. Además de militar
en las filas de la SAU, Kjelsø y sus compañeros tam-
bién eran miembros de la Liga de lucha antifascista,
que había sido formada por los militantes expulsados
de la DSU y que auspiciaba el frente único con los es-
talinistas y el adiestramiento físico y militar necesarios
para enfrentarse a la actividad de los partidarios dane-
ses del nazismo. En al menos un caso consiguieron im-
pedir la celebración de un mitin de la Konservativ Ung-
dom (Juventud conservadora) en la plaza Blaagaards,
en el barrio obrero de Nørrebro.
La SAU estaba afiliada al Buró Internacional de la
Juventud Revolucionaria que formaba parte del “Buró
de Londres”. A causa de la propaganda trotskista que
desarrollaba, en particular a través de su boletín In-

128
ternationale Jugendinformation der IKL (Bolcheviki-Le-
ninisten) (Información internacional de los jóvenes de
la Liga Comunista Internacionalista [Bolcheviques-Le-
ninista]), la SAU fue finalmente excluida de ese orga-
nismo. En el período siguiente, aplicando la táctica
entrista propuesta por Trotsky, la SAU se disolvió y sus
militantes se adhirieron a la DSU donde, para llevar
adelante su trabajo político revolucionario de oposi-
ción, dieron vida al Leninistisk Arbejdsgruppe (LAG,
Grupo de trabajo leninista).
Bajo el impulso decisivo de Lau y de Moth, am-
bos políglotas, la organización trotskista danesa inició
también un trabajo en el seno de la Sennacieca Aso-
cio Tutmonda (SAT, Asociación a-nacional mundial), la
tendencia obrera del movimiento esperantista funda-
da en 1921. Los trotskistas constituyeron en su inte-
rior una Fracción Bolchevique-Leninista que en 1935
se dotó de un boletín propio de propaganda, ciclosti-
lado en esperanto, La Permanenta Revolucio, de cuya
redacción formó parte Kjelsø desde el primer núme-
ro. La Fracción empezó entonces una corresponden-
cia con militantes esperantistas de izquierda en todo
el mundo, y durante 1936 comenzó a recibir cartas de
varios países, incluido Japón.
Kjelsø y Lau, que estaban en el paro, decidieron
entonces emprender un largo viaje en bicicleta para
encontrarse con los compañeros que vivían en tierras
muy lejanas, en el Extremo Oriente. Partieron en el
verano de ese mismo año y llegaron a Austria, donde
probablemente asistieron al Congreso esperantista
mundial que se reunió en Viena a mediados de agos-
to. Luego, volvieron a marchar hacia Yugoslavia, y fue
probablemente en el pequeño pueblecito croata de

129
Sušak donde decidieron, el 17 de septiembre de 1936,
abandonar el proyecto de alcanzar Tokio para dirigir-
se a España, donde un mes antes había estallado una
guerra civil.
Llegados a Yugoslavia, participaron en una asam-
blea a favor de la España republicana, en la que Josip
Broz (Tito) les convenció de marchar a España para
unirse a la lucha en curso. Desde Croacia se dirigieron,
pues, siempre en bicicleta, hacia Italia. Lau decidió en-
tonces atravesar solo la frontera, entrando en la Ita-
lia fascista, mientras Kjelsø prosiguió a solas el viaje
a través de los Alpes, en bicicleta, consiguiendo final-
mente llegar a Francia. Ya en Marsella, con la ayuda de
algunos sindicalistas y del gobierno francés del Frente
Popular, consiguió que le acogieran en un barco que
salía para Barcelona. Pero en el momento en que, ya a
bordo de la nave, manifestó sus ideas antiestalinistas,
fue tratado como un “indeseable provocador” y se le
hizo bajar a tierra antes de partir.
Al quedarse en Marsella, Kjelsø entró entonces en
contacto con los anarquistas, que le dieron una carta
de presentación para sus compañeros en España, así
como un billete ferroviario hasta la frontera hispa-
nofrancesa, donde los militantes libertarios le ayuda-
ron a llegar a Barcelona. Ya en la capital catalana en
octubre, Kjelsø fue entrenado militarmente durante
unas pocas semanas en el Cuartel Bakunin (anarquista)
antes de ser enviado al frente de Huesca, en Aragón,
donde permaneció cerca de dos meses como miliciano
de la Columna Durruti. Pero en otoño de 1936 los com-
bates en aquel frente prácticamente habían acabado,
y Kjelsø, que no quería permanecer inactivo, pidió un
permiso y se fue a Barcelona.

130
Se presentó en una oficina de las Brigadas Interna-
cionales, en las que se enroló. Pero en lugar de ser en-
viado al frente para combatir y para desarrollar algo de
propaganda entre los milicianos alemanes, como es-
peraba poder hacer, fue enviado a un campo de entre-
namiento en Albacete. Luego fue destinado al frente
de Andalucía, donde en diciembre de 1936 tomó parte
en la batalla de Andújar contra las tropas marroquíes
fieles a Franco y a la monarquía. En ese enfrentamien-
to militar, que se resolvió con una derrota de las fuer-
zas republicanas, Kjelsø se distinguió por su valor, sal-
vando la vida de un compañero. En enero de 1937 fue
enviado al frente de Madrid como soldado del Batallón
Thälmann, donde pasó algún tiempo en las trincheras
de la Ciudad Universitaria madrileña. El 23 de enero de
1937 participó en la batalla de Las Rozas, que concluyó
con una nueva derrota de las tropas republicanas. Kjel-
sø fue herido en una pierna y estuvo ingresado unos
dos meses en un hospital cercano a la Puerta del Sol.
Durante su hospitalización Kjelsø solicitó dejar la bri-
gada. Cuarenta años después, él mismo explicó cuales
fueron los motivos políticos de tal decisión:
“Esta elección no se debía a la herida y a mi debilidad
física, sino que respondía a mi profunda desilusión
respecto al desarrollo de la situación en la República,
donde la influencia estalinista había dramáticamente
intensificado su propio ritmo de crecimiento, gracias al
envío de armas rusas y a la presión de Rusia, ejercida por
todos los representantes soviéticos, incluido el partido
comunista español, que había crecido masivamente en
cuanto portavoz político de aquellos que abastecían las
armas. Otra causa de la creciente influencia estalinista
fue la emersión del partido co­munista como portavoz de
todos los elementos pequeñoburgueses, moderados y
conservadores en relación a las cuestiones económicas

131
y sociales, sobre todo en cuanto a la lucha del partido
contra las colectivizaciones y a favor de la reprivatización.
A causa de su enérgica lucha por un mando unificado y
una disciplina ciega en el nuevo ejército unificado, por
el restablecimiento de la autoridad del Estado y de la
policía, y por último, aunque no menos importante, por su
violenta caza de brujas contra todo tipo de “experimento”
revolucionario y contra quienes lo practicaban, el partido
comunista se convirtió en el partido natural de los
funcionarios, de los oficiales y de los policías. Por otra
parte, sus afiliados de origen obrero eran más bien escasos
y, hablando relativamente, también en menor número
respecto al momento del estallido de la guerra. En breve,
la contrarrevolución estalinista seguiría avanzando
con rapidez, y como obrero revolucionario para quien el
objetivo era la guerra (contra el fascismo) y la revolución
(contra el capitalismo y el feudalismo), me resultaba difícil
permanecer en las Brigadas Internacionales, mandadas
por los estalinistas18”.
Su petición fue rechazada, pero en marzo, cuando
estuvo de nuevo en condiciones de caminar, algunos
compañeros revolucionarios le ayudaron a escapar del
hospital, eludiendo el control de los guardias. Kjelsø se

18  Esta cita está extraída de las no siempre fiables memo-


rias de Kjelsø, centradas principalmente en su estancia en
España en 1936-1938, que fueron recogidas unos cuarenta
años después, en junio de 1976, por Carl Heinrich Petersen
y publicadas originariamente con el título de “Dansk trots-
kist i spansk borgerkrig” en la revista de Copenhague Hug!,
a. IV, n. 17, 1977, p. 61. Mucho más cuidado es el capítulo
consagrado a Kjelsø en el volumen de Carsten Jørgensen,
Fra Bjelkes Allé til Barcelona. Danske frivillige i Spanien 1936-
39, Nyt Nordisk Forlag Arnold Busck, København 1986. A la
figura de Kjelsø se ha consagrado recientemente una bio-
grafía novelada: Andreas Bülow, Midnat i århundredet, Soli-
daritet, København 2014.

132
dirigió entonces a la sede del POUM en Madrid, cuyos
dirigentes le aconsejaron que se fuera a Barcelona, a
donde llegó a finales de marzo de 1937, pasando por
Valencia, a bordo de un automóvil del POUM. En Bar-
celona Kjelsø se alojó en el Hotel Falcón del POUM, en
las Ramblas, estableciendo contactos con la organi-
zación trotskista oficial, la Sección Bolchevique-Leni-
nista de España (SBLE), liderada por Manuel Fernán-
dez-Grandizo y Martínez, conocido como G. Munis.
Ese mismo mes de marzo Kjelsø entró a formar parte,
junto a Munis y Domenico Sedran, llamado Adolfo Car-
lini, de la dirección de la SBLE. Enrolado en la División
Lenin del POUM, permaneció algunas semanas en el
frente de Huesca. Kjelsø fue luego enviado de nuevo
a Barcelona, probablemente porque el POUM se pre-
paraba para disolver sus propias milicias para hacer-
las confluir en el ejército regular del Frente Popular, y
quería desprenderse ante todo de los elementos más
críticos.
De regreso en Barcelona desde finales de abril,
Kjelsø trabajó primero como peón agrícola en los cam-
pos colectivizados de la CNT, luego como obrero en
una fábrica militar de granadas, y durante las jornadas
de mayo de 1937, combatió en las barricadas de Barce-
lona. En aquellos días fue arrestado junto a otros com-
pañeros que vivían en el Hotel Falcón, pero luego fue
liberado tras un día y medio de detención. Entonces
vivió durante algún tiempo “en mitad de una cuesta de
la montaña de Montjuic”, en el Pasaje Serrahima 4-2º,
en casa de la mujer de un militante libertario encar-
celado. En el mismo piso vivía también Sedran, lugar
donde el 13 de febrero de 1938 ambos fueron arresta-
dos por policías españoles al servicio de la NKVD, bajo
la acusación de haber asesinado a Leon Narwicz, un

133
capitán polaco de las Brigadas Internacionales que era
un agente del SIM y de los servicios secretos estalinis-
tas. Kjelsø había conocido personalmente a Narwicz
en el frente de Madrid y lo había encontrado de nue-
vo en Barcelona, estrechando su amistad con él – sin
conocer, obviamente, que Narwicz estaba a sueldo de
la mafia estalinista - e invitándole a asistir a algunas
reuniones de la SBLE.
Con su trabajo de infiltración en el POUM, Narwicz
había contribuido a la detención de algunos militantes
de ese partido. Su juego duró hasta el día en que el
dirigente poumista Juan Andrade lo identificó en una
fotografía, publicada en las páginas de un diario, en la
que Narwicz aparecía al lado del dirigente estalinista
Enrique Líster. El POUM decidió entonces matarlo,
en venganza por la muerte de su principal exponen-
te, Andreu Nin —que el 16 de junio de 1937 había sido
detenido junto a otros dirigentes poumistas y luego
secuestrado por los estalinistas, que lo asesinaron ha-
cia el 24 de junio, haciendo desaparecer su cadáver, y
procediendo a la detención de muchos de sus militan-
tes—. Concertada una cita, Narwicz fue muerto el 10
de febrero de 1938 por un grupo de acción del POUM.
En el mismo día de la detención de Kjelsø y Sedran
fueron arrestados también Munis y otros miembros de
la SBLE. Encarcelados en las celdas de los sótanos de
la Jefatura de Policía en la Vía Durruti (hoy vía Laye-
tana), donde pasaban la noche, por la mañana eran
trasladados —excepto el militante de origen italiano
Luís Zanon, que durante algunos días permaneció
aislado del resto— con una camioneta de la policía a
la checa de Plaza Berenguer, donde tenía su sede la
Brigada Criminal bajo el mando de Julián Grimau Gar-

134
cía, distante solo 150 metros de Jefatura, donde fue-
ron sistemáticamente torturados durante casi un mes
con el objetivo de hacerles confesar lo que quisieran
sus torturadores estalinistas. Según testimonio de uno
de ellos, Jaime Fernández Rodríguez, las torturas in-
cluían, además del aislamiento individual durante lar-
gos períodos, la privación de alimentos y de agua para
plegarlos mediante el hambre y la sed (hasta el punto
de obligarles a beber su propia orina), así como ame-
nazas, palizas, simulacros de fusilamiento, etcétera.
Kjelsø, como los demás, sufrió estos duros mal-
tratos y, en cierto momento fue careado con Zanon,
que había cedido a las torturas y confesado aquello
que quisieron sus inquisidores estalinistas. También
a Kjelsø se le extrajeron falsas confesiones, según las
cuales los trotskistas de la SBLE habrían recibido de la
dirección de la Cuarta Internacional órdenes de “pasar
a una actividad terrorista” y de “organizar atentados
contra Comorera, Negrín y Prieto”.
Sin embargo, a diferencia de sus compañeros,
el 28 de febrero consiguió afortunadamente huir de
la checa de Plaza Berenguer y llegar hasta la Casa
CNT-FAI, que estaba a solo unos cincuenta metros de
la Brigada Criminal. Kjelsø explicó entonces al anar-
quista alemán Agustín Souchy lo que sucedía, con la
esperanza de que los anarquistas pudieran hacer al-
guna cosa por sus compañeros encarcelados. Cuando
Souchy le dijo: “¡Los trotskistas nos estáis llevando a la
catástrofe!”, Kjelsø le respondió: “Los anarquistas ya
nos habéis llevado a la catástrofe!”. El 9 de marzo de
1937 envió una postal a Lau, explicándole brevemente
la situación, esperando que consiguiera promover una
campaña a nivel internacional en favor de la liberación

135
de los trotskistas detenidos en Barcelona. Lau intentó
entonces obtener ayuda del dirigente socialdemócra-
ta danés Hans Hedtoft, que el 24 de mayo envió una
carta al secretario de la Internacional Obrera Socialista
Friedrich Adler, exhortándole a que hiciese oír su voz.
Kjelsø vivió algún tiempo en la sede de la CNT-FAI,
tiñendo sus cabellos rubios de negro, para pasar desa-
percibido. La solidaridad cenetista atendió a su sostén
alimenticio y económico hasta encontrarle alojamien-
to en casa de la familia de un médico anarquista. En
la visita que hizo al cónsul danés en Barcelona, se oyó
tratar de “aventurero”. Algún tiempo después consi-
guió huir de España con ayuda de los anarquistas y de
algunos marinos escandinavos, subiendo a un barco
que iba a Marsella hacia finales de abril de 1938. Puso
entonces al corriente de lo sucedido, así como del pro-
ceso en curso contra los militantes de la SBLE, a los
trotskistas franceses del Parti Ouvrier Internationalis-
te (POI). El semanario del POI, La Lutte Ouvrière, pudo
entonces publicar en la portada de su número del 5 de
mayo de 1938 un largo artículo titulado “Negrín-Stalin
preparan un nuevo proceso de Moscú en Barcelona.
Grandizo-Munis, Adolfo Carlini, etcétera, militantes
revolucionarios, heroicos milicianos de primera hora,
son conducidos ante el tribunal ‘de espionaje’ sobre la
base de un procedimiento inquisitorial”. En el artículo
se hablaba por primera vez de “Hage Kielson [sic], vo-
luntario, militante bolchevique, adversario del terro-
rismo individual (ha logrado evadirse)”. En los núme-
ros siguientes, el mismo periódico publicó —gracias a
las informaciones facilitadas por Kjelsø— noticias ex-
tremadamente detalladas sobre la maquinación pues-
ta en marcha por los estalinistas en Barcelona, empe-

136
zando una campaña a favor de la liberación de Munis,
Sedran y el resto de miembros de la SBLE.
Más tarde Kjelsø fue arrestado y expulsado de te-
rritorio francés. De regreso en Dinamarca, sus críticas
narraciones sobre la guerra civil española no suscita-
ron entusiasmo en ningún ambiente político y, duran-
te una asamblea pública en la sede del sindicato de los
encaladores de Copenhague, Kjelsø fue golpeado por
el paraguas de una mujer estalinista. Probablemente
se adhirió al pequeño grupo trotskista liderado por
Moth y Lau que, durante el período bélico, fue puesto
al margen de los demás trotskistas a causa de su acti-
tud “sectaria”, en cuanto se oponía a la llamada “polí-
tica militar proletaria”. Internado por la policía danesa
en noviembre de 1942 en el campo de prisioneros de
Horserød junto a la mayor parte de los daneses que
habían ido como voluntarios a España, Kjelsø tuvo una
dura vida. Habiéndole reconocido, los detenidos es-
talinistas adoptaron la resolución Contra los traidores
en la que era definido como un “agente fascista” y con
referencia explícita a la acusación de haber asesinado
a Narwicz. Estas afirmaciones equivalían a una conde-
na a muerte. Los estalinistas impidieron luego a Kjelsø
que se defendiera, fijando su versión de los hechos en
el periódico mural del campo.
Kjelsø fue puesto en libertad en julio de 1943, pro-
bablemente porque nunca había militado en el parti-
do comunista (estalinista) danés. Entonces entró en
la Resistencia, colaborando con Børge Nielsen, otro
veterano trotskista. No se puede excluir que Kjelsø
haya participado, en octubre de 1943, en la operación
de evacuación de los hebreos daneses a Suecia, dado
que los trotskistas jugaron un importante papel en la

137
organización de la salida de los proletarios hebreos de
los barrios obreros de Borgergade y Adelgade. Rein-
gresado en el grupo de Moth, en la última fase de la
ocupación nazi, Kjelsø y sus compañeros difundieron
entre los proletarios alemanes en uniforme octavi-
llas en alemán que llamaban a la fraternización y al
derrotismo revolucionario. El 4 de mayo de 1945, un
día antes del anuncio oficial de la liberación del país,
un pelotón de partisanos daneses en armas llamó a la
puerta del apartamento en Copenhague en que vivía
Kjelsø, capturándolo bajo la acusación de que era un
“espía fascista”. Bajo amenaza armada, fue obligado
a seguirles a la plaza Kongens Nytorv, donde estuvo
custodiado por los estalinistas hasta que uno de ellos,
Jørgen Olsen, que había sido voluntario en España y lo
había reconocido, informó a los partisanos que habían
capturado a la persona equivocada, salvándole así la
vida.
Tras el fin de la guerra Kjelsø encontró un trabajo
como obrero en el sistema del alcantarillado de Copen-
hague, siendo elegido delegado sindical por sus com-
pañeros. También tomó parte en las actividades del
pequeño núcleo trotskista liderado por Moth, que en
1947 inició la publicación del periódico Det Ny Arbejder-
blad (La nueva hoja obrera), “Órgano de los comunistas
revolucionarios (Cuarta Internacional)”. En los últimos
meses de 1952 el grupo de Moth, que contaba sólo con
una decena de miembros, fue de los pocos que sostu-
vieron a la organización trotskista francesa en su lucha
contra la tendencia “centrista-liquidacionista” lidera-
da por el secretario de la Cuarta Internacional Mikha-
lis Raptis, llamado “M. Pablo”, que había conquistado
la mayoría en el III Congreso Mundial de agosto-sep-
tiembre de 1951, y que atribuía al estalinismo un papel

138
histórico progresista, preconizando un “entrismo sui
generis” (de tipo particular, esto es, de larga duración)
de los trotskistas en los partidos estalinistas. Pero el
grupo de Moth, en el que Kjelsø al parecer continua-
ba militando, no era reconocido como sección danesa
oficial de la Cuarta Internacional y, además, había roto
con el análisis trotskista de la URSS como un Estado
obrero degenerado.
A mediados de los años cincuenta Kjelsø entró
en las filas del Danmarks Socialistiske Parti (Partido
socialista de Dinamarca). Luego, en el momento de la
formación del Socialistisk Folkeparti (SF, Partido po-
pular socialista), creado por el secretario del Partido
comunista Aksel Larsen —que en noviembre de 1958
había sido expulsado del partido a causa de sus críti-
cas posiciones sobre los hechos de Hungría de 1956 y
sobre el estalinismo en general—, los trotskistas dane-
ses, que se habían reorganizado bajo la guía de Georg
Moltved, se afiliaron al SF. Kjelsø fue delegado a su
congreso fundacional, en febrero de 1959.
Obviamente los trotskistas mantuvieron viva una
fracción propia en el seno del SF hasta 1967, cuando
un tercio de los parlamentarios del SF rompió con
este último para dar vida al Venstresocialisterne (VS,
Socialistas de izquierda). A mitad de los años setenta
los trotskistas, que mientras tanto habían conquistado
a la mayoría de la organización juvenil del SF y luego
del VS, rompieron a su vez para dar vida a un grupo
independiente. Pero probablemente Kjelsø no tomó
parte alguna en esta nueva formación. Después de ha-
ber participado en las actividades del Gruppe 61, que
en los años 1961-1964 se distinguió por sus manifesta-
ciones de protesta contra la guerra de Vietnam y en el

139
trabajo de solidaridad con la lucha clandestina contra
el régimen franquista en España, entró durante algu-
nos años en la órbita de la Izquierda comunista (bor-
diguista).
Según el testimonio de Carsten Juhl, en 1966 Kjel-
sø conoció, a través de un bibliotecario de la Arbej-
derbevægelsens Bibliotek og Arkiv (ABA, Biblioteca
y archivo del movimiento obrero) de Copenhague, el
italiano Aldo Cotto, el cual era un militante del Parti-
to Comunista Internazionale (PCInt) que publicaba
en Milán el periódico Il Programma Comunista. En esa
época Cotto, que conocía la lengua danesa y que efec-
tuaba frecuentes viajes de trabajo a Dinamarca, es-
taba realizando un estudio sobre la historia del trots-
kismo en ese país, basándose principalmente en los
archivos de Marie-Sophie Nielsen. De las discusiones
entre ambos surgió el proyecto de fundar una sección
danesa del PCInt. Juhl encontró a Cotto en el verano
de 1967, ingresando en el “grupo de discusión”. Duran-
te el otoño de 1967 y el invierno de 1967-1968 se reu-
nieron regularmente cada semana, discutiendo sobre
todo los documentos del II Congreso de la Komintern
(julio-agosto de 1920) y el libro de Lenin El “extremis-
mo”, enfermedad infantil del comunismo (abril-mayo
de 1920).
En esa época Kjelsø desconfiaba del “parlamen-
tarismo revolucionario” de Lenin y simpatizaba con
las posiciones abstencionistas de Amadeo Bordiga. La
actividad de discusión del grupo de Copenhague des-
embocó más tarde, en abril de 1968, en la publicación
de dos textos ciclostilados en danés: las Tesis caracte-
rísticas del partido (diciembre de 1951) redactadas por
Amadeo Bordiga y el escrito de Christian Christensen

140
Moskva og syndikalismen (Moscú y el sindicalismo,
1921). En el otoño de 1968 algunas de las reuniones del
grupo se celebraron en el nuevo apartamento de Kjel-
sø, que se había trasladado del barrio de Nørrebro al
de Valby. En abril de 1969 el grupo de discusión empe-
zó al fin la publicación del boletín ciclostilado Kommu-
nistisk Program, subtitulado “Órgano del Partido Co-
munista Internacional”. Entre tanto el grupo se amplió
a otros compañeros, entre los que se contaba a Svend
Petersen y Gerd Callesen (el cual estaba entonces en
contacto con el Gruppe Arbeiterpolitik [Grupo política
obrera] alemán, de tendencia brandleriana, a cuyas
posiciones él se había aproximado), que sea como fue-
re no se adhirieron al PCInt.
Pero justo en tal período destaca el alejamiento
de Kjelsø, que disentía de las posiciones adoptadas
por el grupo sobre la cuestión sindical. Sin embargo,
siguió abonado a Kommunistisk Program, que continuó
su publicación aún durante algún tiempo después de
la ruptura del grupo danés con el PCInt. En la “reunión
general” del PCInt, celebrada en Marsella a principios
de septiembre de 1971, el grupo de Copenhague había
en efecto expresado una apologética valoración del
KAPD en el cuadro de un análisis general de la primera
postguerra alemana, y también había criticado el plan-
teamiento general del trabajo sindical del PCInt; estas
posiciones provocaron, en diciembre del mismo año,
la expulsión del grupo danés del PCInt.

Tras esa experiencia bordiguista Kjelsø abandonó


toda forma de participación activa en cualquier orga-
nización política. En los años noventa, trasladado ya
a Bogø By, en la pequeña isla de Bogø, se adhirió a la
Enhedslisten (Lista unitaria), fundada en diciembre de

141
1989. Esta organización, que combinaba un proyecto
“socialista democrático” con el ecologismo, y que por
lo tanto también era conocida como “Alianza verdirro-
ja”, estaba formada por varios grupos de izquierda,
incluido el Partido comunista danés. Fue miembro pa-
sivo de la Enhedslisten hasta su muerte. En el jardín de
su casa ondeaba una bandera roja, y en su puerta cam-
peaba un retrato de Ernesto “Che” Guevara. Enfermo
con un tumor fue ingresado inicialmente en el hospi-
tal de Vodingborg, pasando luego a una casa de curas
para ancianos en la misma ciudad, donde se extinguió
el 2 de octubre de 1995.

Andreas Bülow — Paolo Casciola

La redacción de la presente biografía, fruto de un largo


trabajo, iniciado hace mucho tiempo, ha sido terminado en
los últimas días de 2014, año del centenario del nacimiento
de Aage Kjelsø. Habría sido imposible sin la ayuda de Corra-
do Basile, Gustav Bunzel, Gerd Callesen, Agustín Guillamón,
Mike Jones, Jesper Jørgensen, Carsten Juhl, Sandro Saggioro,
Ilario Salucci, Svend Vestergaard Jensen y Ulrik Wagner

142
KREHM, William (1913-)

N acido en Toronto de padres judíos rusos, Wi-


lliam (“Bill”) Krehm ingresó muy joven en la
organización trotskista canadiense, tras haber sido re-
clutado previamente en Chicago. En 1932 se enfrentó
al máximo dirigente de la organización -miembro tam-
bién de la dirección internacional, y antiguo miembro
de la ejecutiva de la Internacional Comunista- Maurice
Spector, consiguiendo la mayoría en la sección de To-
ronto.

Expulsado a finales de año, fundó la League for a


Revolutionary Workers Party (LRWP), que se convirtió

143
en la organización hermana de la que, con el mismo
nombre, había fundado B. J. Field en Estados Unidos, a
su vez expulsado de la CLA. Las dotes organizativas de
Krehm eran grandes, y la LRWP canadiense consiguió
por un periodo ser una organización más fuerte que la
organización trotskista canadiense oficial.
En el otoño de 1936, la LRWP envió a Krehm y a
Field a Bruselas como representantes de la organiza-
ción en un congreso de organizaciones anti-estalinis-
tas, entre las cuales el POUM. Al acabar el congreso,
viajaron a Barcelona, donde se entrevistaron con Nin,
con Molins i Fàbrega, e incluso con Companys. Des-
pués, Field regresó a Estados Unidos y Krehm viajó a
los Países Bajos (donde se entrevistó con Henk Snee-
vliet), Bélgica, Gran Bretaña (donde se relacionó con
Mary Low y Juan Breá –a quienes convenció de que
escribieran sobre su experiencia en España-, C. L. R.
James y con el poeta estalinista Charles Donnelly) y
Francia, regresando luego, a principios de 1937, a Bar-
celona, probablemente junto a Blackwell, y ya con la
intención de quedarse como representante oficial de
la LRWP para la conferencia internacional que debía
celebrarse en Barcelona como continuación de la de
Bruselas (y que, pospuesta varias veces, no llegaría a
celebrarse nunca).
Sin conocimientos previos de castellano ni de ca-
talán, Krehm frecuentó desde el inicio de su estancia
a Oehler, Blackwell y los Orr, hasta que, durante una
cena, sorprendió a todos hablando un perfecto caste-
llano. Trabajó desde poco después de su llegada en The
Spanish revolution, el boletín en inglés del POUM diri-
gido por Charles Orr, sucesor del Information bulletin,
y también en las emisiones en inglés de Radio POUM.

144
Como los dos representantes de la RWL, Oehler y
Blackwell, realizó exclusivamente trabajo político y
no militar, aunque visitó el frente varias veces, acom-
pañando a voluntarios o visitantes norteamericanos,
como Albert Weisbord.
Durante los Hechos de Mayo se movió entre las
barricadas poumistas y anarquistas, y estuvo a punto
de ser alcanzado por los disparos de los estalinistas.
Como preparación a la conferencia internacional que
debía celebrarse a mediados de junio, escribió un ar-
tículo sobre el movimiento obrero en Canadá para
Juillet, la revista editada por el POUM para el congre-
so. Detenido a mediados de junio junto a multitud de
extranjeros (Oehler, los Orr, Jane Patrick, alemanes,
franceses, griegos, albaneses...), pasó primero por una
checa estalinista, donde recibió malos tratos. Después
de la visita de los líderes del Independent Labour Par-
ty, Fenner Brockway y James Maxton, fue transferido a
la Modelo, donde fue incomunicado y tuvo que dormir
en el suelo, por lo que realizó una huelga de hambre
durante casi dos semanas para cambiar su situación,
acabada la cual tuvo que ser hospitalizado.
Gracias a la campaña internacional de solidari-
dad que se desarrolló para su liberación y la de Harry
Milton, el consulado británico consiguió su puesta en
libertad y fue expulsado el 28 de agosto de 1937. Una
vez de regreso en Norteamérica, dio varias charlas, al-
gunas en compañía de Milton y de los Orr, y escribió
uno de los primeros libros que analizaban los aconteci-
mientos españoles desde una perspectiva revoluciona-
ria, Spain: revolution and counter-revolution, en el que
criticaba al POUM y a la CNT, al tiempo que hacía un
llamamiento en favor de la necesidad de construir un

145
partido revolucionario, sección de la IV Internacional.
Abandonó después Canadá para no realizar el servicio
militar, y fue corresponsal de Time en América Latina.
En 1940 se encontraba en México, donde solici-
tó una entrevista a Trotsky y pudo ayudar económi-
camente a su amigo Orr, que también se encontraba
en ese país. En los años de la Segunda Guerra Mundial
abandonó el marxismo y abrazó una visión demócrata
radical, dedicándose de lleno a su trabajo periodístico
de análisis, cuya obra cumbre fue Democracia y tiranías
en el Caribe, editada en 1949. En los años 50, regresó a
Canadá y se dedicó a los negocios inmobiliarios, que le
reportaron una excelente situación económica. Desde
1986, es animador de COMER, una organización que
busca la reforma económica, habiendo escrito varios
libros de teoría económica.

Sergi Rosés

146
LANDAU, Kurt (1903-1937)

K urt Landau nació en Viena el 29 de enero de


1903 en una familia hebrea acomodada. A los
18 años, en 1921, se adhirió al Kommunistische Partei
Österreichs (KPÖ, Partito comunista austríaco) y, un
año después, llegó a responsable de sección del barrio
vienés de Währing. A principios de 1923 criticó dura-
mente la consigna de “gobierno obrero” adoptada en
noviembre-diciembre de 1922 en el IV Congreso Mun-
dial de la Tercera Internacional Comunista (Komin-
tern). Rechazó la posibilidad de formar gobiernos de

147
coalición con los socialdemócratas, en cuanto tal po-
sición constituía para él una revisión de la teoría mar-
xista del Estado. Su actitud le colocó de este modo en
posiciones de “ultraizquierda” similares a las de Ama-
deo Bordiga. Fue nombrado jefe del departamento de
agitación y propaganda del Comité Central del KPÖ y
responsable de las páginas culturales del órgano del
partido Die Rote Fahne (La Bandera Roja), asumiendo
la defensa de Trotsky, mientras la dirección del KPÖ
iniciaba la campaña antitrotskista, en el contexto de la
así llamada “bolchevización”.

A continuación del debate desarrollado en el seno


del KPÖ, en los años 1923-25, entre la tendencia “de
izquierda” dirigida por Josef Frey y la “de derecha” li-
derada por Karl Tomann, los emisarios de la Komintern
impulsaron la creación de una fracción fiel al partido
soviético. Siguiendo un esquema aplicado también, en
el mismo período, en otros países, esa fracción, guiada
por Johann Koplenig y Gottlieb Fiala, inició una lucha
interna con métodos burocráticos con el objetivo de
asumir el control del KPÖ. Para impedir tal giro, los
grupos alrededor de Frey y Tomann se unificaron en
agosto de 1925, con vistas al VIII Congreso del partido,
que debía celebrarse en septiembre. En marzo de 1926
Landau se adhirió a esta oposición unificada.
Los opositores fueron expulsados del KPÖ entre
finales de 1926 y comienzos de 1927 y, durante el mes
de enero, formaron la Kommunistische Partei Öste-
rreichs-Opposition (KPÖ-O, Partido comunista aus-
tríaco-Oposición), que tenía como órgano el periódico
Arbeiterstimme (Voz Obrera). En el seno de ese grupo,
Landau sostuvo la idea de que no se debía luchar por
recuperar el KPÖ, sino combatir para que la oposición

148
se convirtiese ella misma en el auténtico Partido co-
munista austríaco. En abril de 1928 la dirección del
KPÖ-O expulsó por “desviacionismo de izquierda” a
Landau y a toda una serie de militantes de Graz, cer-
canos a sus posiciones. Los expulsados crearon enton-
ces un nuevo grupo, la Kommunistische Opposition/
Marxistisch-Leninistische Linke (KO-MLL, Oposición
comunista-Izquierda marxista-leninista), que publicó
inicialmente el diario Klassenkampf (Lucha de Clases)
y a continuación, a partir de mayo de 1929, Der Neue
Mahnruf (La Nueva Advertencia).
La lucha política entre los dos grupos de oposición
– la KPÖ-O y la KO-MLL – si hizo extremadamente ás-
pera, con Frey y Landau arrojándose recíprocamente
violentos ataques personales. Landau acogió a Alfred
Rosmer durante su visita a Viena en julio de 1929. Acto
seguido Trotsky convenció a Landau para que se es-
tableciera en Berlín con su compañera Julia Lipschitz
Klein, llamada Katja Landau, que había conocido seis
años antes. El fundador del Ejército Rojo quería ale-
jarlo de la densa atmósfera fraccionalista de la Opo-
sición austríaca y hacerle participar activamente en la
construcción de la Oposición alemana. En septiembre
de 1929 Landau se trasladó a Berlín, en el barrio rojo
de Wedding. Sin embargo las relaciones entre Landau
y los militantes del Leninbund – organización forma-
da en 1929 bajo la dirección de Hugo Urbahns –, que
estaban más próximos a las posiciones de Trotsky, se
revelaron tan difíciles que Landau prefirió dedicarse al
pequeño grupo berlinés de la Oposición de Wedding.
Cuando los partidarios de Trotsky fueron expul-
sados del Leninbund, Landau se empeñó, bajo pre-
sión de Trotsky y de sus emisarios Pierre Naville y Max

149
Shachtman, en conseguir la unidad de los trotskistas
alemanes, que en marzo de 1930 se unificaron bajo
el nombre de Vereinigte Linke Opposition der Kom-
munistische Partei Deutschlands (Bolschewiki-Leni-
nisten) [VLO, Opposición de izquierda unificada del
Partido comunista alemán (Bolcheviques-leninistas)].
Landau fue elegido en la dirección nacional provisio-
nal de la nueva organización y colaboró asiduamente
en su órgano Der Kommunist (El Comunista). La prime-
ra reunión internacional de la Oposición de Izquierda
Internacional (OII) se celebró en París el 6 de abril de
1930, y Landau fue elegido, junto a Rosmer, Shacht-
man, Andreu Nin y Lev Sedov, en su Buró Internacio-
nal.
La VLO tuvo que combatir, desde su nacimiento,
en dos frentes: por una parte, contra el auge del nazis-
mo, y de otra, contra el estalinismo. La creciente in-
fluencia ejercida por la VLO sobre la base del Kommu-
nistische Partei Deutschlands (KPD, Partito comunista
alemán) empujó a los estalinistas a ejercer la violencia
física contra los opositores y a infiltrarse en su organi-
zación, con el objetivo de debilitar y destruir a la propia
VLO. Uno de estos agentes, el lituano Ruvin Sobole-
vicius – más conocido por los seudónimos de Roman
Well y Robert Soblen – se había adherido en octubre de
1928 a un grupo de oposición. En 1930 se había con-
vertido en uno de los dirigentes más importantes de la
VLO y en el principal adversario de Landau. El enfren-
tamiento entre ambos se prolongó durante más de un
año. Trotsky prestó su apoyo a Sobolevicius/Well (sin
saber que era un agente estalinista) y, después del fra-
caso de los intentos de conciliación, la VLO se dividió
el 31 de mayo de 1931 en dos grupos rivales. La ruptura

150
definitiva de Landau con el movimiento trotskista se
había consumado de esta manera.
El nuevo grupo dirigido por Landau, la Linke
Opposition der KPD (Bolschewiki-Leninisten) [LO,
Oposición de izquierda del Partido comunista alemán
(Bolcheviques-leninistas)], comenzó entonces un au-
téntico trabajo internacional, en competencia con la
OII trotskista, atacando en primer lugar los métodos
organizativos de Trotsky que, según Landau, estaban
impregnados de burocratismo. En abril de 1932 esto
condujo a la fundación, en Berlín, del “Grupo de traba-
jo internacional de los grupos de oposición de izquier-
da en la Komintern” (GTI), que computaba en sus pro-
pias filas – en cuanto grupos afiliados, o ligados al GTI
por relaciones de amistad política – formaciones como
la Kommunistische Linksopposition austriaca, el gru-
po griego Spartakos liderado por Pantelis Poliopoulos,
la Communist League of Struggle de Estados Unidos
dirigida por Albert Weisbord, la Gauche Communiste
francesa de Claude Naville y Michel Collinet, la Ligue
des Communistes Internationalistes belga de Adhé-
mar Hennaut y la Frazione di Sinistra del Partito Co-
munista d’Italia, esto es, la organización bordiguista
que, sin embargo, no se adhirió formalmente a tal or-
ganismo internacional.
En el plano nacional la LO, que, Landau aparte,
contaba entre sus dirigentes más importantes a Hans
Schwalbach y Alexander (Sascha) Müller, no se limitó a
una actividad teórica y de propaganda, sino que se es-
forzó incluso en intervenir directamente en las luchas
del proletariado alemán; intentó concluir acuerdos
de frente único con los partidos comunista/estalinis-
tas y socialdemócratas, y participó en la gran huelga

151
del transporte de noviembre de 1932 en Berlín. Des-
pués de la llegada al poder de Hitler, la LO sobrevivió
durante más de un año desafiando la represión nazi.
Con ocasión de una conferencia clandestina, en marzo
de 1933, la organización decidió iniciar un trabajo de
fracción en el seno del KPD, trabajo extremadamen-
te peligroso, puesto que, precisamente en 1933-34, el
aparato de ese partido tenía la costumbre de publicar
“circulares” en las que hacía públicos los nombres de los
opositores y sus escondrijos; cuando esas “circulares”
caían en manos de la Gestapo, ayudaban a los jefes es-
talinistas a desembarazarse de los elementos que criti-
caban a la dirección del partido (cfr. Erich Wollenberg,
“Der Apparat – Stalins Fünfte Colonne”, Ost-Probleme,
n.19, 12 mayo 1951, pp. 575 y siguientes). Al mismo
tiempo los militantes de la LO, rebautizada Linker Flü-
gel der KPD (Marxisten-Internationalisten) [LF-MI, Ala
izquierda del KPD (Marxistas-internacionalistas)], em-
pezaron discusiones políticas con otras agrupaciones
de izquierda, entre las que estaba el Sozialistische Ar-
beiterpartei (SAP, Partito obrero socialista).
Mientras tanto, en el mes de marzo, Kurt Landau
y Katja habían dejado Alemania para establecerse en
París, donde se les unió en junio Schwalbach, que ha-
bía sido el secretario de la organización. Frente a la
quiebra del KPD, derrotado por los nazis sin luchar, el
12 de marzo de 1933 Trotsky abandonó su batalla por
el enderezamiento del partido alemán y avanzó en la
perspectiva de construcción de un nuevo partido co-
munista. En el mes de julio extendió ese viraje a la Ko-
mintern y a todas sus secciones nacionales, iniciando
así una batalla independiente por la construcción de
la Cuarta Internacional. Landau, por el contrario, em-
pezó a desarrollar, ya desde finales de marzo, la idea

152
de un “nuevo Zimmerwald”, sosteniendo que era ne-
cesario formar un agrupamiento en el seno de la Ko-
mintern estalinista para batirse desde el interior por
su renacimiento y por la reconstrucción de los parti-
dos comunistas, en cuyo seno era necesario construir
tendencias de izquierda para conquistarlos a un nuevo
programa.
Tal fue la idea de fondo del Der Funke (La Estre-
lla), órgano de la LF-MI publicado en París baja la di-
rección de Landau – pero impreso en Viena – a partir
de mayo de 1933, periódico que era redactado casi por
completo por el propio Landau. Pero la ilegalización
de los partidarios austríacos de Landau, en febrero de
1934, puso fin a la posibilidad de imprimir un diario en
alemán: el último número de Der Funke apareció ci-
clostilado, en julio de 1934. La organización alemana
también sufrió los golpes de la represión. En la prima-
vera de 1934 la Gestapo nazi consiguió infiltrarse en la
LF-MI y destruir casi completamente la organización.
Sus militantes más destacados fueron arrestados, pro-
cesados y condenados en el mes de julio. Estos durísi-
mos golpes comportaron el aislamiento de los cuadros
y de los militantes que habían huido de la represión y
provocaron también una drástica reducción de la ac-
tividad de la Auslandvertretung (Delegación en el ex-
tranjero) animada por Landau en París.
En paralelo a esta reducción de las posibilidades
de realizar un trabajo político en Alemania y Austria,
Landau intensificó sus propios contactos con el gru-
po comunista disidente francés, que se había forma-
do en la primavera de 1934, reagrupándose luego en
torno a la revista Que Faire? (¿Qué hacer?), lanzada en
diciembre. Esta organización se proponía agrupar a

153
todos los comunistas dispuestos a batirse, en base a
los principios de la Komintern, por el restablecimiento
de la democracia en el partido. Landau se convirtió en
colaborador de la revista Que Faire? e intentó, en vano,
la conquista de ese grupo a sus propias posiciones po-
líticas. Durante su exilio francés, escribió también el
folleto titulado La guerre civile en Autriche, fechado en
marzo de 1934, publicado en París con el seudónimo
de Wolf Bertram, en las ediciones de la Librairie du
Travail. Landau hacía un balance de la reciente historia
política en su país, y sobre todo de las vicisitudes del
movimiento obrero austríaco, desde el nacimiento de
la República austríaca en noviembre de 1918 hasta la
“Comuna de Viena” de febrero de 1934, que terminó
con la derrota de los proletarios insurrectos, aplasta-
dos por las fuerzas armadas del régimen clerical-fas-
cistizante del canciller Engelbert Dollfuss.
En la época del primer gran proceso-farsa, cele-
brado en Moscú en agosto de 1936, bajo la égida de
Stalin, contra varios representantes de la vieja guardia
bolchevique – proceso que concluyó con la condena
a muerte de los dieciséis imputados, entre los que se
encontraba Valentin Pavlovič Olberg, que había mili-
tado en el grupo de Landau en Berlín en 1930-1931 –,
Landau tomó la iniciativa de organizar, entre los emi-
grados políticos en París, una campaña de solidaridad
con las victimas designadas. El agrupamiento dirigido
por Heinrich Brandler, la Kommunistiche Partei-Oppo-
sition (KP-O, Partido comunista-Oposición) alemana,
fundada en diciembre de 1928 y afiliada a la Interna-
tionale Vereinigung der Kommunistischen Opposition
(IVKO, Unión Internacional de la oposición comunis-
ta) “comunista de derecha” – rechazó la propuesta
de Landau, ya que creía que ese proceso era un acto

154
justificado por la necesidad, para la URSS, de defen-
derse de un complot contrarrevolucionario. En cuanto
al SAP, empeñado desde 1933 en perseguir una orien-
tación de tipo frentepopulista, también rechazó la hi-
pótesis de trabajo de Landau. Finalmente, la invitación
de Landau sólo fue acogida por los trotskistas de la OII
y por el grupo ultraizquierdista Die Internationale, que
se había constituido en septiembre de 1935 en torno a
Elfriede Eisler, conocida como Ruth Fischer y a Isaak
Čemerinskij, llamado Arkadij Maslow, los cuales – en
cuanto respecta al análisis del régimen estalinista –
habían roto con la OII con posiciones “capitalistas de
Estado”.
El estallido de la guerra civil española en julio de
1936 abrió, para todos los exiliados políticos refugia-
dos en Francia, la posibilidad de salir de la casi inactivi-
dad forzosa en la que se veían ceñidos, para participar
en la que se anunciaba como una profunda revolución
social. Landau se dirigido entonces al Partido Obrero
de Unificación Marxista (POUM), solicitando ser aco-
gido en Barcelona. A continuación, gracias al trotskista
italiano Nicola Di Bartolomeo, llamado Fosco, que en
esa época se encontraba en la capital catalana y co-
laboraba ya con el POUM, Landau y Katja llegaron a
Barcelona a primeros de noviembre de 1936, estable-
ciendo luego contactos con Andreu Nin y Juan Andra-
de, miembros del Comité Ejecutivo de ese partido, y
también con Mika Feldman, la compañera del argenti-
no Hipólito Etchebehere, conocido como Juan Rustico,
que en París había colaborado con Landau, y que había
sido uno de los fundadores de la revista Que Faire? (fue
muerto mientras estaba al mando de una columna
motorizada del POUM, en el frente de Madrid, el 16 de
agosto de 1936).

155
En Barcelona, Landau trabajó para el POUM – or-
ganización “centrista de izquierda” afilada al Buró de
Londres –, publicó algunos artículos en La Batalla con
el seudónimo de Spectator y desempeño múltiples
funciones: desde el mantenimiento de relaciones con
los milicianos y los periodistas extranjeros, hasta la or-
ganización práctica de su vida (alimento, alojamiento,
etcétera), pasando por su formación política. Landau
esperaba que la revolución española se convirtiera en
el punto de partida para una reorientación del movi-
miento obrero europeo, y que el POUM hubiese podi-
do ser la piedra angular del “nuevo Zimmerwald”, que
Landau seguía planeando, siempre en la perspectiva
de un enderezamiento de los partidos comunistas (es-
talinistas). Por esta razón consagró una parte impor-
tante de sus propias energías – en colaboración con
el Secretariado Internacional del POUM, dirigido por
Julián Gorkin – en la organización de una conferencia
internacional que había sido decidida en octubre-no-
viembre de 1936 en la Conferencia de Bruselas, con-
vocada por el Buró de Londres. Esa conferencia inter-
nacional debería haberse celebrado en Barcelona en
febrero de 1937, pero fue sucesivamente aplazada al
Primero de mayo y luego al 18 de julio, aunque final-
mente nunca se reunió.
El objetivo era crear un organismo mundial de lu-
cha sobre una mínima base de acuerdo político, defi-
nida de este modo por Landau: rechazo de la política
estaliniano-reformista del Frente Popular, en cuanto la
auténtica lucha contra el fascismo debía ser conducida
con la perspectiva de instaurar la dictadura del prole-
tariado; necesidad de batirse de forma revolucionaria
contra la amenaza de una guerra imperialista; final-
mente, reconocimiento del carácter obrero del Estado

156
soviético, que desembocaba en una política de defen-
sa de la URSS con métodos de lucha de clases, y por lo
tanto contra la burocracia estalinista. Tales debían ser,
desde el punto de vista de Landau, las bases políticas
del “nuevo Zimmerwald”, esto es, del nuevo y “nece-
sario reagrupamiento del proletariado”; se trataba,
según él, de una plataforma “suficientemente amplia
para incluir a todas las corrientes revolucionarias del
socialismo, del comunismo y del anarquismo” (Wolf
Bertram [K. Landau], La revolución española de 1936
y la revolución alemana de 1917-18, Editorial Marxista,
Barcelona 1937, p. 39).
La posición de Landau era sin embargo parcial-
mente contradictoria, en cuanto el POUM, con el que
se identificaba, en lugar de oponerse al Frente Popu-
lar, había participado en él activamente, en Cataluña,
durante el período crucial del 27 de septiembre hasta
el 16 de diciembre de 1936, con la optimista aproba-
ción de los representantes del SAP en Barcelona. To-
davía en el contexto de su oposición a la política de
los Frentes Populares, Landau criticó la disolución de
las milicias y la creación de un “ejército popular”. En
el número 7 de la revista teórica del POUM, La Nueva
Era, de marzo-abril de 1937, Landau publicó un sobre-
saliente artículo titulado “La dictadura del proletaria-
do y el partido del marxismo revolucionario” en el que
reconocía que anarquistas y marxistas revolucionarios
“fueron el alma del período dictatorial y terrorista de
nuestra revolución”, pero que al no destruir totalmen-
te el viejo aparato estatal “tenemos hoy un gobierno
burgués”. Tras rechazar rotundamente la concepción
estalinista que confundía la dictadura del proletariado
con la del partido único, exponía sus tesis sobre el pa-
pel que debía jugar un partido marxista revolucionario,

157
que no tenía el monopolio político de la dictadura del
proletariado, y que debía obtener la hegemonía entre
otros partidos y organizaciones de la clase obrera, en
lucha constante contra el reformismo estalinista, li-
gando revolución y victoria bélica sobre el fascismo.
Después de las jornadas de mayo de 1937 en Bar-
celona, y frente a la extensa represión desencadenada
en Cataluña por las fuerzas policíacas del Frente Popu-
lar y por los servicios secretos estalinistas contra los in-
surrectos revolucionarios, Landau tuvo que refugiarse
– aconsejado por Agustín Souchy – en la sede del Co-
mité Regional de la Confederación Nacional del Traba-
jo (CNT) anarcosindicalista. Por razones que nunca ha
sido posible esclarecer, algún tiempo después Landau
decidió dejar su escondrijo. Mientras tanto, el 16 de ju-
nio de 1937 todo el Comité Ejecutivo del POUM había
sido arrestado, y el partido había sido ilegalizado.
En el número 1 y único de la revista Juillet (Julio),
revista internacional del POUM, editada en francés
en París y Barcelona, con el objetivo de preparar la
ya mencionada conferencia internacional del POUM,
convocada para el 18 de julio de 1937, Landau, usando
su seudónimo de W. Bertram, publicó un artículo titu-
lado “De Bruxelles à Barcelone”, en el que hacía un ba-
lance de la conferencia reunida en Bruselas, mencio-
nada más arriba, al tiempo que avanzaba los objetivos
de creación de una nueva Internacional, que se plan-
tearía en la próxima reunión internacional a celebrar
en Barcelona. Se trataba de un número excepcional,
en el que también publicaron artículos Andreu Nin, Ju-
lián Gorkin, Narcís Molins i Fábrega, Jordi Arquer, Juan
Andrade, John McNair, Albert Weisbord, William Kre-
hm, H. van Amstel (seudónimo del militante holandés

158
Theo van Driesten), etcétera. El artículo de Nin, titu-
lado “El problema de los órganos de poder en la Re-
volución Española”, era una respuesta a las críticas de
Josep Rebull y de Trotsky a la política llevada a cabo
por el POUM desde el inicio de la guerra civil. Landau
también era, muy probablemente, el autor del artículo
firmado con el nombre de la revista “Juillet”, titulado
“Trotsky y la Revolución española”, en el que se hacía
un análisis muy crítico de sus tesis sobre la revolución
española, descalificando al líder ruso por su crónica
desinformación y por el absoluto desprecio que ma-
nifestaba respecto a cualquier oponente o crítico. Las
repetidas menciones al austromarxista Otto Bauer, a
la lucha de clases del proletariado austríaco y al Parti-
do comunista de Austria señalan la autoría de Landau.
El 28 de junio de 1937 las autoridades dieron or-
den de arresto de Landau en el caso de que hubiese
intentado cruzar la frontera española. En la más estric-
ta clandestinidad, continuó escribiendo sobre la situa-
ción política, esbozando también una profunda crítica
del bolchevismo y polemizando agriamente con Trots-
ky y sus partidarios. Pese a su dificilísima situación per-
sonal, Landau no dejó de manifestar un sorprendente
optimismo de fondo a propósito del futuro de la revo-
lución española, como testimonia la siguiente cita de
una carta que envió a Karl Daniel, un compañero aus-
tríaco, el 28 de julio de 1937:
“Pese a esta situación desgraciadamente tan dura, me
siento como pez en el agua… Es una lucha a muerte, la que
se ha declarado ahora entre nosotros y los estalinistas.
Ellos son diez veces más fuertes que nosotros, pero hasta
ahora sólo se han enfrentado con hombres domesticados
(en la URSS), o con un solo hombre de letras (Lev [Trotsky]),
o con pequeños grupúsculos. Pero aquí tendremos la

159
posibilidad de desarrollar contra el estalinismo, no una
pequeña batalla fraccional, o un enfrentamiento literario,
sino la lucha de clases de los trabajadores contra el
estalinismo. Aún en el caso de una derrota, que no creo
que llegue, aunque todos fuésemos aniquilados, nosotros,
los que participemos en esta lucha, dejaríamos trazas tan
profundas que, en una nueva situación, la lucha entre
la revolución y el estalinismo se encendería de nuevo en
cuanto lucha de clases del proletariado revolucionario
contra la contrarrevolución estalinista. Contra nuestros
sólidos huesos, Stalin se romperá al menos algún diente…
El POUM representa a la única gran fuerza política sobre
la cual puede actualmente basarse el marxismo. Aunque
el partido haya desvelado mil debilidades, los mejores
compañeros extranjeros, y sobre todo nuestros milicianos,
están entusiasmados con el partido como raramente ha
podido verse”.
En la clandestinidad, Landau continuó siendo ob-
jeto de investigación por parte de los servicios secre-
tos estalinistas, que finalmente le dieron caza. El 25 de
agosto de 1937 el máximo dirigente de la NKVD en Es-
paña, Aleksandr Michajlovič Orlov, transmitió a Moscú
un informe en el que se lee: “El liternoe delo [expresión
rusa que significa ‘asunto reservado’, esto es, la liqui-
dación física] de Kurt Landau se ha revelado más difícil
que el de todos los casos precedentes. (…) Ha entrado
en una estricta clandestinidad y, aunque durante diez
días hemos mantenido bajo vigilancia a una impor-
tante anarquista, que, según ha revelado ella misma a
una de nuestras fuentes, es su correo y lo ve cada día,
hasta ahora no hemos sido capaces de encontrarlo”
(cit. in John Costello–Oleg Tsarev, Deadly Illusions. The
KGB Orlov Dossier Reveals Stalin’s Master Spy, Crown
Publishers, New York 1993, p. 286). Orlov informó ade-
más a sus propios superiores que, si las investigaciones

160
hubieran sido infructuosas, habría intentado atraer a
Landau a una cita y, después de haberlo seguido para
espiarlo, lo habría capturado en los días siguientes. Y
proseguía: “Pese a la difícil situación creo que, tenien-
do en cuenta la importancia de Landau, no debería-
mos dudar en llevar a cabo también este liter [abrevia-
ción de liternoe delo, esto es, asesinato] del modo que
nos habéis ordenado” (ibidem).
El nuevo escondrijo de Landau – una casa de un
militante del POUM situada en un suburbio de Barce-
lona – fue finalmente localizado y, el 23 de septiembre
de 1937, fue raptado por dos hombres vestidos de civil,
y por un tercero que llevaba un uniforme de la Guardia
de Asalto, desapareciendo para siempre. En la época
de su desaparición tenía solamente 34 años. A partir
de los interrogatorios a los que fueron sometidos los
compañeros extranjeros que militaban en las filas del
POUM, se pudo apreciar lo fantásticas que habían sido
las acusaciones que los agentes de Stalin en la Espa-
ña republicana imputaban a Landau: la pertenencia al
Comité Central del POUM y la creación de un grupo
terrorista “trotsko-fascista” que había hecho estallar
la insurrección del mayo de 1937 y que se habría plan-
teado el objetivo de asesinar a Stalin y a los dirigentes
de la Komintern.
También Katja fue capturada poco tiempo des-
pués que Landau. Detenida en la Prisión de Mujeres
de Barcelona, se dirigió al presidente catalán Lluís
Companys, al ministro del Interior y a las autoridades
competentes con una carta en la que pedía noticias
de Landau, exigiendo saber si había sido encarcelada
como rehén, o bien le comunicasen cuáles eran las
acusaciones existentes contra ella. Ante la falta de

161
respuesta, el 8 de noviembre de 1937 emprendió una
huelga de hambre, lucha con la que se solidarizaron
500 compañeras presas. Katja, trasladada al Hospital
General, bajo custodia, fue visitada el 22 de noviembre
por el Ministro vasco de Justicia, Manuel de Irujo, que
le prometió investigar la desaparición de su marido y
le quitó la guardia que la vigilaba, poniendo así final a
la huelga de hambre. El 27 de noviembre Mika solicitó
permiso para visitarla en ese mismo hospital.
Arrestada por segunda vez a principios de diciem-
bre, fue encarcelada en diversas prisiones secretas es-
talinistas y amenazada de ser procesada por espionaje
militar. Su liberación definitiva se debió probablemen-
te a las presiones ejercidas sobre el aparato estalinista
por personalidades del calibre de Otto Bauer, Friedrich
Adler y Marceau Pivert. Katja nos ha dejado un impor-
tante relato de testimonios sobre la represión estali-
nista en Cataluña: Le Stalinisme en Espagne. Témoig-
nages de militants révolutionnaires sauvés des prisons
staliniennes [El estalinismo en España, Testimonios de
militantes revolucionarios] (con un prólogo de Alfred
Rosmer), Spartacus, Paris 1938; sucesivamente reim-
preso bajo el título: Le stalinisme bourreau de la révolu-
tion espagnole 1937-1938 [El estalinismo verdugo de la
revolución española 1937-1938], René Lefeuvre/Sparta-
cus, Paris 1971.
En cuanto a la suerte de Landau – cuyo nombre,
en la carpeta abierta sobre él por la Comissaria General
d’Ordre Públic de Catalunya, fue escrito erróneamen-
te: “Kur-Landau” llamado “Bertran-Vols” –, existen
tres versiones diferentes. Según el citado artículo de
Wollenberg, habría sido arrestado por orden de Wal-
ter Ulbricht y André Marty, por funcionarios alemanes

162
que lo torturaron hasta la muerte en una prisión de los
servicios soviéticos en Barcelona. En una carta, Gorkin
explicó que había encontrado, en el momento de su
detención en la Prisión del Estado de Barcelona, a un
amigo que también estaba preso, que le aseguró que
Landau había sido conducido al Hotel Colón – sede del
Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), el par-
tido estalinista catalán –, muerto en los subterráneos
del mismo hotel y luego quemado. Katja, por su parte,
no excluía la posibilidad de que su compañero hubiese
sido llevado a la Unión Soviética. No podemos saber
qué hipótesis es la verdadera. De lo que no cabe duda
es que Landau fue una de las numerosas víctimas de
la terrible caza al hombre desencadenada en todo el
mundo por la contrarrevolución estalinista contra sus
opositores de izquierda. Pero es posible que algún día
incluso los archivos más secretos del régimen estali-
nista sean abiertos por fin, y que entonces se pueda
conocer con certeza toda la verdad sobre su final.
Paolo Casciola

163
LECCI, Aldo (1900 – 1974)

A ldo Lecci usó los seudónimos de Mario Ma-


rini, Francesco Paolo, Gino y Tullio. Nació en
Florencia el 5 de mayo de 1900 y murió en esa misma
ciudad en febrero de 1974. Obrero panadero, herrero
y soldador. Ingresó en 1917 en la sección de las Juven-
tudes Socialistas de Florencia; luego se adhirió al PC
de Italia (PCd´I), desde su fundación en enero 1921.
Miembro de los “grupos de acción comunistas”, asu-
mió el mando de los grupos armados de defensa en los
barrios obreros de Florencia, en particular el de Santa

164
Croce. En 1923, emigró a Francia, donde fue activa-
mente buscado por los fascistas, adhiriéndose tam-
bién al PCF (ya que era obligatorio para los comunis-
tas italianos emigrados). Defendió las posiciones del
Comité de Enlace “bordiguista”, fundado en abril de
1925, contra la dirección Gramsci-Togliatti. Acto segui-
do a los violentos enfrentamientos con fascistas italia-
nos, en París, tuvo que establecerse en Lyon, donde
trabajó como herrero. Después del congreso de Lyon
de enero de 1926, que vio la derrota de la tendencia
de Bordiga, fue expulsado del PCd´I junto a otros 16
militantes, tras una reunión muy violenta.

En el suburbio parisino de Pantin, en abril de 1928,


fue uno de los más destacados fundadores de la Frac-
ción de la izquierda del PCd´I, que le nombró miem-
bro del Comité Central. En 1929, expulsado de Fran-
cia, se refugió en Bruselas. También fue expulsado
de Bélgica, después de una ocupación del consulado
italiano en Bruselas, en junio de 1930, para protestar
contra las ejecuciones de cuatro comunistas italianos
y eslovenos en Basovizza/Bazovica (Trieste). Regresó
a Francia, donde se convirtió en responsable de la Fe-
deración lionesa de la Fracción bordiguista (con Carlo
Mazzucchelli). En 1933, entró clandestinamente en Ita-
lia, manteniendo conversaciones con Bruno Fortichiari
y Luigi Repossi (iniciadores del Comité de Enlace de
1925 con Onorato Damen), pero fracasó —como otros
muchos —en su intento de contactar con Bordiga. A
finales de 1934 se trasladó a Marsella, donde asumió el
trabajo de la Fracción en la zona sur.
En agosto de 1936, con Benjamin (Jacob) Fein-
gold y Turiddu Candoli, de la Fracción italiana, marchó
a Barcelona defendiendo las posiciones de la Mayoría

165
de la Fracción, en el curso de amplias discusiones con
la Minoría, comprometida en las milicias del POUM,
esto es, en la Columna Internacional Lenin. Entró en
contacto con Julián Gorkin del POUM y con los anar-
quistas, en particular con Camillo Berneri. En octubre
de 1936, tras el decreto de militarización de las Milicias
Populares a partir del 1 de noviembre, los milicianos
de la Minoría abandonaron la Columna Internacional
Lenin del POUM.
Salió de Barcelona en la primavera de 1937, or-
ganizando desde Marsella —donde trabajaba como
soldador en las Acerías del Norte— las secciones de La
Seyne-sur-mer y de Toulon. Durante la Segunda gue-
rra mundial se opuso a las tesis del líder bordiguista en
Bélgica, Ottorino Perrone, sobre “la desaparición del
proletariado durante la guerra”, y junto a Giovanni Bo-
ttaioli fue el principal animador de la Fracción italiana
en Marsella. Fue quien demandó con mayor decisión la
expulsión de Perrone de la Fracción italiana, en marzo
de 1945, al conocer su adhesión a la Coalición antifas-
cista de Bruselas.
Regresó a Italia en mayo de 1945, siendo nom-
brado inmediatamente miembro del Comité Central
del Partido Comunista Internacionalista (PCInt), que
entonces contaba con más de dos mil militantes. Fue
uno de los propagandistas más escuchados en los nu-
merosos mítines públicos. Secretario de la sección de
Florencia, fue encarcelado junto a otros camaradas
internacionalistas toscanos, en septiembre de 1946, a
raíz del asesinato del marqués Lapo Viviani della Rob-
bia – gran terrateniente del Chianti y antiguo alto dig-
natario fascista —por el joven internacionalista Ilario
Filippi, que pronto fue liberado ante la total ausencia

166
de pruebas incriminatorias—. Se opuso a la tendencia
bordiguista “pura”, formada en torno a Bordiga, Perro-
ne y Bruno Maffi. En enero de 1952 ingresó de forma
muy natural en la tendencia de Damen (Battaglia Co-
munista), de la cual fue uno de los principales exponen-
tes. Permaneció como miembro del PCInt-Battaglia
Comunista hasta su muerte, acaecida en Florencia, su
ciudad natal, en febrero de 1974.

Philippe Bourrinet

167
LEWIN, Martha (1908-1992)

A rthur Lewin nació en 1907 y murió en París en


1976. Era orfebre y tipógrafo. Martha Lewin
nació en Munich el 17 de junio de 1908 y murió en esa
misma ciudad en 1992.

Arthur y Marta se conocieron en las juventudes


anarquistas en Leipzig. Arthur era esperantista y dele-
gado en el congreso mundial de esperanto, reunido en
Leningrado en 1925. Aprendió el oficio de tipógrafo y
regentó, junto con Paul Helberg una pequeña impren-
ta. En 1928 nació su hija, Vera.
En 1929 se trasladaron a Düsseldorf. A principios
de 1933, Arthur huyó a Barcelona, al correr especial
peligro por ser judío y anarquista. Un año más tarde le
siguieron Martha y Vera. En Barcelona, los Lewin es-
tablecieron relaciones con las juventudes libertarias.
Al estallar la revolución, Martha dirigió la librería del
Deutsche Anarcho-Syndikalisten (DAS).
Arthur trabajó primero en los grupos de inves-
tigación y luego en el comité de emigrados. Una vez
revocada Elli Götze como portavoz del DAS, Arthur le
sucedió en el cargo. Después de los acontecimientos
de mayo, Arthur fue detenido y expulsado a Francia.

168
A Martha también la detuvieron por poco tiempo y en
1938 se fue también a Francia.
Después de la ocupación alemana, Arthur fue
deportado al campo de concentración de Auschwitz.
Martha sobrevivió ilegalmente en el sur de Francia.
Con compañeros y compañeras españoles militó en la
Resistencia francesa. Su hija Vera sobrevivió a la gue-
rra en un internado católico.
Los Lewin se reencontraron, una vez finalizada la
guerra, en París, y se adhirieron al movimiento anar-
quista local. Unos meses más tarde, Martha se separó
de Arthur y se trasladó, en 1954, junto con su hija y su
yerno a Sudáfrica. Allí estuvo activa en el movimiento
antiapartheid pero, al verse perseguida por sus activi-
dades, regresó a Munich en 1964.

Dieter Nelles

169
LOW, Mary (1912-2007)

E l 9 de enero de 2007 Mary Low falleció en Mia-


mi, a los 94 años de edad. Atendiendo a sus
últimas voluntades no hubo funeral; su cuerpo fue
incinerado y sus cenizas fueron esparcidas en París y
Santiago de Cuba, dos de las ciudades que más amó.

Mary Stanley-Low (1912), británica de ascenden-


cia australiana, tuvo una formación internacional en
escuelas francesas y suizas, viajando con sus padres
por toda Europa. Cautivada desde niña por la figura
histórica de Julio César fue profesora de latín y parti-
cipó en múltiples congresos internacionales de estu-

170
dios clásicos. Intervino activamente en el movimiento
surrealista europeo y escribió en numerosas revistas
inglesas. Durante más de quince años editó Classics
Chronicles, revista semestral dedicada al latín y la His-
toria de Roma. En el París de los años treinta conoció
al poeta surrealista cubano Juan Breá, con quien com-
partió vida y combate en las vanguardias literarias y
revolucionarias, es decir, en el surrealismo y el trots-
kismo. Ambos marcharon de París en agosto de 1936
para luchar en la Guerra de España. Amenazados de
muerte por los estalinistas tuvieron que huir a Francia,
el 28 de diciembre de 1936.
En 1937 publicaron en Londres Red Spanish Note-
boks testimonio de sus vivencias durante los seis pri-
meros meses de la revolución, cuando todo era posible
y todavía la burocracia, y las necesidades imperiosas
de la guerra, no habían asesinado ya las ilusiones. Du-
rante algunos meses, en 1938-1939, vivieron en Praga,
en estrecho contacto con el grupo surrealista checo,
donde en 1939 editaron en francés el magnífico libro
de poemas surrealistas La saison des flûtes, firmado
por ambos. De regreso a Cuba, Mary Low publicó un
libro de ensayos, escrito conjuntamente con Breá, La
Verdad Contemporánea (1943), prologado por Benja-
min Péret. La muerte de Juan Breá, en abril de 1941,
inspiró a Mary Low los estremecedores poemas de Al-
quimia del recuerdo, publicado en La Habana en 1946,
con ilustraciones exclusivas de su amigo, el pintor su-
rrealista Wifredo Lam. Otros libros de poesía de Mary
Low son Tres voces – Three Voices – Trois Vois (1957); In
Caesar’s Shadow (1975); Alive in Spite Of (El triunfo de
la vida) (1981), versión en tres lenguas: inglés, español
y francés; A voice in Thre Mirrors (1984), ilustrado con

171
collages de la propia autora, y su última recopilación
de poemas: Where the Wolf Sings (1994).
Prestigiosa autora de collages, que vendía con mu-
cho éxito, latinista enamorada de César y viajera impe-
nitente desde su infancia, cada año, con un ligerísimo
equipaje adecuado a sus ochenta y pico años, viajaba a
Europa desde su residencia en Miami, para mantener
el fuego de viejas amistades, iniciar otras nuevas, asis-
tir a congresos de estudios clásicos y revisitar ciudades
y lugares de su amada Europa.
Juan Ramón Breá Landestoy (1905-1941) nació en
Santiago de Cuba el 5 de noviembre de 1905. Su padre,
de ascendencia francesa, había sido capitán bajo el
mando del general Antonio Maceo en la guerra de in-
dependencia de Cuba. Su madre, veinticinco años más
joven que su marido, era originaria de la República
Dominicana, de ascendencia india siboney y francesa.
Adquirió una amplia cultura autodidacta, al margen de
la disciplina escolar contra la que se rebeló. En 1927, en
Santiago de Cuba, constituyó el Grupo H, única agru-
pación surrealista existente en la isla en los años vein-
te. En 1928, en La Habana, entró en contacto con el Ala
Izquierda Estudiantil (AIE), grupo universitario hostil al
gobierno dictatorial del general Gerardo Machado, en
disidencia con el PC cubano, constituido por numero-
sos expulsados de este partido. Fue detenido, junto
con el resto de militantes del AIE, y tras varios meses
de prisión en la isla de Pinos se exilió en México, donde
frecuentó a Julio Antonio Mella (fundador del PC Cu-
bano, asesinado el 16 de enero de 1929 por sus simpa-
tías hacia la Oposición trotsquista). Marchó a España,
donde fue encarcelado por su militancia comunista. En
enero de 1931 coincidió en la Cárcel Modelo de Barce-

172
lona con Andreu Nin, que le convirtió a las tesis de la
Oposición trostquista. En enero de 1932 la revista bar-
celonesa Agora publicó un poema de Breá, titulado “La
revolución”. El último número de esa revista, fechado
en abril de 1932, recogía el relato de su expulsión de
España, y la despedida de sus amigos en el puerto de
Barcelona. Breá facilitó los contactos de los trotskistas
españoles con Cuba, y el envío de literatura política a
la isla, en especial de la revista española Comunismo.
De regreso a Cuba participó, en agosto de 1932, en la
fundación de la Oposición Comunista (trotskista) cu-
bana, junto con Marcos García Villarreal, Sandalio Jun-
co, Pedro Varela, Carlos González Palacios, Carlos Si-
meón, Luís M. Busquet, Roberto Fontanillas, Armando
Machado (compañero de Mary Low tras la muerte de
Juan Breá) y Carlos Padrón, entre otros. Muy activo en
la lucha política y las huelgas contra el régimen de Ma-
chado tuvo que huir de nuevo a Europa para evitar la
represión. A su llegada a París le sorprendió la noticia
de la caída del general Machado. En octubre de 1933,
en la Coupole de París, conoció a Mary Low, que sería
desde entonces la compañera de su vida.
Desde 1933 hasta su llegada a España, en agosto
de 1936, la pareja Low-Breá no cesó de realizar viajes
por ciudades de toda Europa: Praga, Viena, Belgra-
do, Estambul, Bucarest, Bruselas, Londres, recalando
siempre en París, con cortas estancias en Cuba. Mary
conoció en Santiago de Cuba a los antiguos miembros
del Grupo H y aprendió español. Juan Breá consiguió
un cargo de agregado cultural, que les permitió una
larga estancia en Viena, hasta el enfrentamiento de
Breá con unos estudiantes de extrema derecha, que
le dejó malherido. En mayo de 1935 estuvieron en Bu-
carest, donde trabaron amistad con los miembros del

173
grupo surrealista rumano: los hermanos Brauner, Luca
y Perahim. En París frecuentaron a Benjamin Péret,
poeta surrealista y militante trotskista, André Breton,
Víctor Brauner, Domínguez, Yves Tanguy. En Bruselas,
donde la vida era más barata, conocieron a Magritte y
Mesens. Fue en Bélgica donde les llegaron las prime-
ras noticias de la revolución española. Inmediatamen-
te tomaron la decisión de marchar a España.
Juan Breá llegó a Barcelona el 9 de agosto de 1936
y Mary Low una semana después. No escondieron en
ningún momento su militancia trotskista. Esto no fue
obstáculo alguno en el seno del POUM durante los pri-
meros meses de la revolución. La propia Mary Low nos
habló de las amigables discusiones entre ella y Péret,
junto con Nin, paseando por las Ramblas, sobre los in-
convenientes que suponía la participación del POUM
en el gobierno de la Generalidad.
Juan Breá formó parte de la Columna Interna-
cional Lenin del POUM, constituida a mediados de
agosto de 1936, gracias a la colaboración del trotskis-
ta francés Robert de Fauconnet y del bordiguista ita-
liano, capitán de la columna, Enrico Russo. Nicola Di
Bartolomeo (Fosco) era el organizador de la columna
y el enlace de estos revolucionarios extranjeros con el
POUM. La columna estaba formada por unos treinta
trotskistas y unos veinte bordiguistas, más un decena
de independientes o de otros partidos. Era pues, pese
al grandilocuente nombre de columna, un grupo inter-
nacional de unos sesenta militantes extranjeros. Mar-
charon, integrados en una columna del POUM, hacia
el frente de Aragón el 28 de agosto, y a principios de
setiembre tuvieron la primera baja, el joven trotskista
francés Robert de Fauconnet, en cuyo entierro se pro-

174
dujeron fricciones con militantes del POUM, cuando
éstos se opusieron a que se colocara sobre el féretro
la bandera de la Cuarta Internacional. Juan Breá había
acompañado el cadáver de Robert a Barcelona. La Co-
lumna Internacional Lenin fue prácticamente disuelta,
aunque se conservó su nombre, cuando la mayoría de
sus miembros rechazaron, en octubre de 1936, el de-
creto de militarización de las Milicias Populares. Juan
Breá escribió diversas crónicas de guerra en los frentes
de Aragón y de Madrid para la prensa del POUM, que
una vez actualizados y ligeramente modificados fue-
ron traducidos al inglés por Mary Low, convirtiéndose
en los capítulos por él firmados en Red Spanish Note-
book.
Mary Low había marchado a Barcelona una sema-
na después de Juan Breá. Antes de pasar la frontera
tuvo la fortuna de que le tocara un importante premio
en la ruleta del casino de Mónaco. En Barcelona Mary
Low consiguió financiar, con el apoyo de los británi-
cos John McNair y Bob Smilie, el boletín en inglés del
POUM Spanish Revolution, donde se responsabilizó de
la sección “News and notes”, y la traducción al inglés
de artículos publicados en La Batalla. A su salida de Es-
paña, fue sustituida en la dirección del boletín por la
pareja de estadounidenses Lois (Cusick) Orr y Charles
Orr. Mary Low fue también locutora en lengua ingle-
sa de la radio del POUM en Barcelona; Benjamin Pé-
ret era el locutor en portugués y Virginia Gervasini (la
compañera de Fosco) era locutora en francés e italia-
no. Mary Low ejercía además como representante del
POUM en la consejería de propaganda de la Generali-
dad, dirigida por Jaume Miravitlles. Fue precisamente
su calidad de miembro de la consejería de propaganda
la que le permitió escribir el magnífico capítulo relativo

175
al funcionario catalanista burgués en las dependencias
de la Generalidad, que tan bien retrata los peligros que
acechaban a la revolución en la propia Barcelona.
Juan Breá y Mary Low habían sido además muy
activos en la preparación de conferencias y actividades
culturales en el Instituto de Cultura Marxista, alojado
por el POUM en el Palacio de la Virreina. Las conferen-
cias dadas por Juan Breá y Mary Low en este Instituto
fueron reelaboradas y recopiladas posteriormente en
el libro de ensayos titulado La Verdad Contemporánea.
Algunos de los títulos de los distintos capítulos reflejan
el carácter de estas conferencias: “La mujer y el amor
a través de la propiedad privada”, “Una interpretación
marxista de la cultura”, “Una interpretación materialis-
ta del Arte”, “Las razones económicas del surrealismo”,
“Las causas económicas del humor”, etcétera. Juan
Breá, que ya había sido detenido por los estalinistas
en dos ocasiones, sufrió un atentado en diciembre, a
la salida de una reunión política del grupo bolchevi-
que-leninista. Un coche se abalanzó sobre él en un es-
trecho callejón, y sólo su rapidez de reflejos al arrojar-
se con todas sus fuerzas contra una puerta, que cedió
a su peso, evitó que fuera aplastado contra el muro.
Mary Low y Juan Breá plantearon la situación límite en
la que vivían a Gorkin, quien les respondió despreciati-
vamente que el POUM ni era trotskista ni podía dedi-
carse a proteger trotskistas. Ante la amenaza de muer-
te que pesaba sobre Breá, la pareja decidió abandonar
España el 28 de diciembre de 1936.
En el número de Spanish Revolution del 6 de enero
de 1937 se publicó una nota de reconocimiento y des-
pedida a Mary Low. Su marcha coincidía con la llegada
a Barcelona de George Orwell, quien dio ya la visión

176
de una Barcelona en la que la revolución se estaba
perdiendo rápidamente. La gran diferencia entre las
narraciones de Low y Orwell radica precisamente en
que Mary Low nos hablaba de una Barcelona que aún
sostenía en alto la esperanza y la ilusión de que la revo-
lución no sólo era posible, sino que se estaba hacien-
do, mientras George Orwell levantó acta de la derrota
definitiva de la revolución en mayo de 1937, y de su
precipitada huida de España para no caer en manos de
los verdugos estalinistas. Mary Low y Juan Breá dieron
testimonio del triunfo de la revolución, aunque tam-
bién de los primero síntomas de su posible derrota.
Mary Low y Juan Breá fueron ejemplo de un fenó-
meno repetido en las filas del POUM: el de la pareja
revolucionaria de extranjeros. Así sucedió con Kurt y
Katia Landau, Hipólito y Mika Etchebehere, Charles
Orr y Lois Cusick (Orr), Pabel Thalman y Clara (Ensner)
Thalmann, Nicola Di Bartolomeo y Virginia Gervasini.
Y, además, en todos los casos nos dejaron un testimo-
nio escrito sobre sus vivencias en España, o bien un
análisis político de la situación española del momento.
De regreso en Francia, y perdido el puesto de
agregado cultural que había tenido Breá, la pareja su-
frió graves problemas económicos, al tiempo que asis-
tían a la rápida degeneración de la revolución en Espa-
ña, que no podía conducir más que a la pérdida de la
guerra y el triunfo del fascismo. En estas condiciones
de miseria redactaron durante cuatro o cinco semanas
de intenso trabajo Red Spanish Notebook. Cabe des-
tacar que cada uno de los capítulos está firmado por
su autor, y que no existe ni un solo capítulo firmado
conjuntamente. Mary redactó sus propios capítulos y
tradujo al inglés los redactados por Breá. Sin embargo

177
la traducción de Mary Low, en consulta permanente
con Juan Breá, no se redujo a una fiel traslación de las
crónicas de guerra publicadas en la prensa del POUM.
Si comparamos la crónica de guerra de Breá sobre el
frente de Sigüenza, publicada en POUM número 10
(27 octubre 1936), órgano de la sección de Madrid del
POUM, con el capítulo sobre el frente de Sigüenza pu-
blicado en Red Spanish Notebook, podemos apreciar
además de cambios menores de carácter estilístico,
que diferenciarían un lenguaje periodístico de otro li-
terario, un añadido cronológicamente posterior a la
crónica de guerra, referente a la estancia de Mika Et-
chébèhere en Barcelona, en el que se deslizó un error
importante al dar la noticia de la muerte de Mika, que
en realidad murió muchos años después en una clínica
de París, en julio de 1992.
Red Spanish Notebook, consta de dieciocho capí-
tulos, once de ellos firmados por Mary Low, situados
en Barcelona, y siete por Juan Breá, seis crónicas de
guerra de los frentes de Aragón, Toledo y Sigüenza, y
un capítulo final de conclusiones.
Red Spanish Notebook fue publicado en Londres,
a finales de 1937, por Martin Secker and Warburg Limi-
ted, gracias al trostquista CLR James, lector de la edito-
rial, que prologó el libro. La reedición norteamericana
(1979), fue prologada por el célebre pintor surrealista
Eugenio Fernández Granell. En 2001, la editorial Ali-
kornio publicó una traducción parcial al castellano,
bajo el título de Cuaderno Rojo de Barcelona.
Cuaderno Rojo de Barcelona reúne la traducción al
español de los capítulos escritos por Mary Low en Red
Spanish Notebook, libro de testimonios sobre los seis
primeros meses de revolución en la España de 1936,

178
excluyendo los capítulos de su compañero, el cubano
Juan Breá. La edición de Alikornio llena un enorme y
lamentable vacío en la historiografía en lengua espa-
ñola sobre la Guerra Civil, no sólo por el valor de los
recuerdos biográficos que contiene, sino por la frescu-
ra que aportan esas coloridas estampas, escritas por
Mary Low, que nos permiten compartir esa contagio-
sa alegría vital de la gente corriente en los días en que
creían que era posible cambiar el mundo, transformar
la vida cotidiana.
La pareja contrajo matrimonio en Inglaterra el 24
de setiembre de 1937. Desde octubre de 1937 perma-
necieron durante algunos meses en Cuba, donde pro-
siguieron su actividad literaria y política. Regresaron
de nuevo a Europa. En París, reencontraron a Wifredo
Lam, y también a Benjamín Péret y su compañera la
pintora surrealista Remedios Varo, que habían aban-
donado España en abril de 1937. De enero de 1938 a
julio de 1939 se instalaron, durante una larga tempo-
rada, en Praga, donde entraron en relación con el gru-
po surrealista checo: Toyen, Brouk, Heisler. En Praga
publicaron en francés, el libro de poemas La saison des
flûtes. Asistieron impotentes a la ocupación nazi de la
ciudad. Gracias a un contacto literario casual con un
agregado cultural alemán, que pertenecía a la noble-
za, consiguieron un salvoconducto, que les permitió
alcanzar la frontera francesa. En febrero de 1940 con-
siguieron embarcar en Liverpool con dirección a La
Habana. Breá estaba ya muy enfermo y falleció el 17
de abril de 1941.
En 1944 Mary Low se casó con el destacado mi-
litante trotskista cubano Armando Machado (1911-
1982) con quien tuvo tres hijas. Armando Machado era

179
un viejo e íntimo amigo de Wifredo Lam. Mary, siem-
pre activa y simpatizante con los militantes trotskis-
tas, contribuyó modestamente a la caída del régimen
de Batista, ayudando y escondiendo en su casa a mi-
litantes revolucionarios contrarios a la dictadura. Sin
embargo ésta es sobre todo una época de duro trabajo
doméstico, dedicada a la cría y educación de sus hijas.
Mantuvo una estrecha y asidua amistad con Wifredo
Lam, que ilustró Alquimia del recuerdo, publicado en
La Habana en 1946. En 1954 obtuvo el Premio Rubén
Martínez Villena. En 1957 publicó su libro de poemas
en tres lenguas Tres voces – Three Voices – Trois Voix.
Tradujo algunos poemas de Martí al inglés.
El triunfo de Fidel Castro y la guerrilla, en enero
de 1959, abrieron una nueva etapa de esperanza. Mary
Low, excelente latinista y muy apreciada por su domi-
nio del francés e inglés, fue nombrada profesora en la
Universidad de La Habana. Su marido, Armando, ejer-
ció como funcionario. Pero muy pronto la apropiación
del aparato estatal por los estalinistas se cernió ame-
nazante sobre los trotskistas cubanos. Armando Ma-
chado fue detenido, aunque liberado inmediatamente
por el Che. La situación política se hizo insostenible.
Pese a su nacionalidad británica de nuevo se impuso
a Mary Low la necesidad de huir a la persecución polí-
tica. Mary salió de su amada Cuba en 1964, y tras una
estancia de algunos meses en Australia, en casa de una
hermana, consiguió reunirse con su marido Armando
en Florida, tras unos insistentes interrogatorios de va-
rios días por parte del FBI y de la CIA. A causa de su pa-
sado revolucionario Mary Low no podía ejercer como
profesora en la enseñanza pública, pero consiguió tra-
bajo como profesora de historia y de latín en las más

180
elitistas escuelas privadas de Miami: Gulliver Academy
y Holy Cross.
Tuve la suerte de conocer a Mary Low, en Barce-
lona, el verano de 1998. Con 86 años y algo delicada
del corazón, como cada verano, había escapado de la
inhumana e inhabitable Miami, donde vivía en casa de
una de sus hijas, para regresar a Europa. No se cansaba
de repetir viejas historias y le encantaba conocer nue-
vos amigos. Su equipaje, mínimo, cabía en un pequeño
carrito con ruedas, semivacío, adecuado para las fuer-
zas de su edad e imposible para su larga estancia de
varios meses en Europa, con las visitas obligadas de
París, Alesia e Italia. Estaba leyendo una novela de bol-
sillo, y a medida que avanzaba su lectura, arrancaba las
hojas, que caían desparramadas por los muebles de su
habitación de hotel; era la suya una lectura otoñal que
se desprendía del peso innecesario de la parte del libro
ya leída. En la inevitable comparación entre la Barce-
lona que aparecía ante sus ojos, y la del 36, le sorpren-
dían sobre todo dos cosas. En primer lugar, la siniestra,
monstruosa y perversa reconstrucción de las iglesias,
que ella recordaba bella y gozosamente arruinadas y/o
quemadas. En segundo lugar, la gran cantidad de ofi-
cinas bancarias, con o sin el logotipo “prostituido” del
surrealista Miró.
El recuerdo de su gozo, al compartir con varios
amigos españoles conversación y rioja, en las Ram-
blas, muy cerca de su amado Falcón, iluminando la
noche barcelonesa con el relámpago de su alegría de
vivir, y disfrutando por servir a los demás como recio
hilo indestructible de la lucha y batiscafo de la historia,
aún hoy nos reconforta y motiva.

181
Ser poeta y revolucionario en los años treinta sig-
nificaba, para muchos, militar en el surrealismo y el
trotskismo. Ahí están los ejemplos de Juan Breá y Ben-
jamín Péret. La lectura del capítulo titulado “Mujeres”
permite juzgar si puede atribuirse además a Mary Low
el título de feminista. En todo caso algunos de sus tex-
tos de Cuaderno Rojo reflejan el machismo imperante
en España en plena revolución, así como la comicidad,
o novedad, de los nuevos problemas que planteaba la
revolución en la vida cotidiana. Los párrafos en los que
Mary Low nos describe la paradoja a la que se enfren-
tan unos jóvenes anarquistas ante la prostitución son
cómicos, pero a la vez muy tiernos. Cuaderno Rojo de
Barcelona está constituido por una serie de estampas
de una gran frescura, que nos permiten acceder al día a
día de las gentes sencillas, de los milicianos o de algu-
nos líderes del POUM, pero sobre todo a las ilusiones
que la revolución alumbraba en la vida cotidiana. Mary
Low y Juan Breá reflejan el período álgido de la revolu-
ción: ellos se marcharon en el mismo momento en que
llegaba Orwell. George Orwell cuando llegó a España
carecía de una orientación política firme; Low y Breá,
por el contrario, eran militantes trotskistas que critica-
ban abiertamente algunas de las tácticas del POUM,
que calificaban como graves errores. En el retrato que
hace Mary Low de los funcionarios burgueses del go-
bierno de la Generalidad palpamos el choque inevita-
ble (que habría de producirse en mayo del 37) entre la
utopía revolucionaria de los trabajadores y la resisten-
cia de la burguesía contrarrevolucionaria.
Mary Low fue una excelente escritora, pero tam-
bién una magnífica conversadora. Escuchar de sus la-
bios las mil anécdotas de una vida tan plena y agitada
como la suya ha sido algo impagable. Son anécdotas,

182
repetidas una y otra vez, que posiblemente han sido
modificadas por el transcurso del tiempo, los caprichos
de la memoria y los adornos de las múltiples repeticio-
nes a los que ningún temperamento artístico puede
negarse. Pero aun así la indignación que afloraba a su
semblante cuando recordaba la despreciativa respues-
ta de Gorkin a su demanda de auxilio, en diciembre de
1936, que por lealtad al POUM se tergiversaba en lo
contrario en Red Spanish Notebook, reflejaban mejor
que cualquier libro de historia las ambigüedades y con-
tradicciones de este partido.
Cuando Mary rememoraba la quijotesca actitud
de Breá ante el oficial de las SS, cediendo su silla a una
mujer judía, porque en su presencia ninguna dama per-
manecía en pie; o la arrogancia del mismo Breá, presu-
miendo de su ascendencia “siboney” ante esos estú-
pidos oficiales nazis, o bien su respuesta “Que muera
Hitler” al grito ritual del “¡Heil Hitler!”; Mary conseguía
emocionar y transmitir su admiración por el salvaje va-
lor y la inconsciencia de Breá ante el peligro. De todas
formas el recuerdo predominante en las vivencias de la
huida de Praga era el de un profundo terror. Terror que
se iniciaba con la ocupación de las calles de Praga por
las tropas alemanas, terror que se incrementaba con
la espectacular redada del barrio donde vivían, que se
hizo claustrofóbico durante su detención e interroga-
torio por los oficiales nazis, y que no les abandonaría
hasta la llegada a la frontera, gracias a las gestiones de
un agregado cultural, con ínfulas de escritor, con quien
habían coincidido ocasionalmente y que gozaba de in-
fluencia entre los nazis a causa de su pertenencia a la
nobleza.

183
Mary Low, que había posado con Juan Breá en una
foto colectiva realizada en el cuartel de la calle Tarra-
gona, antes de la partida de la Columna internacional
Lenin del POUM hacia el frente de Aragón, sólo había
empuñado las armas en las pruebas de adiestramiento
de la columna. Y dudaba aún, a más de sesenta años
de distancia, si fue Breá quien (para protegerla) había
conseguido aplazar su marcha al frente, como era su
deseo, hasta el momento en que la incorporación de
las mujeres a las milicias ya no fue posible.
Mary Low recordaba fácilmente en sus conversa-
ciones, con vivacidad y emoción, a numerosos amigos
y conocidos en España durante la guerra: al amigo y
poeta surrealista francés Péret y su compañera Reme-
dios, a su amiga Olga Loeillet, médico judía de nacio-
nalidad polaca, al canadiense William Krhem, siempre
vestido con una elegancia exquisita, al norteamerica-
no Rosalio Negrete, y por supuesto a la pareja Orr, con
quienes colaboró en Spanish Revolution, órgano en
inglés del POUM, financiado con los fondos recogidos
en Inglaterra por John McNair y Bob Smilie.
En julio de 1999 Mary Low, siempre activa y mi-
litante, firmó el Manifiesto “Combate por la historia”,
que denunciaba la manipulación y negación que la his-
toriografía burguesa y estalinista hacían, y hacen, de
los acontecimientos revolucionarios vividos por ella en
la España de 1936.
Mary Low, mujer, poeta y revolucionaria, vivió
con intensidad la aventura de una vida dedicada a la
creatividad y la libertad. Nos regaló además su poesía
y las estampas del Cuaderno rojo de Barcelona. Y, sobre
todo, nos legó su combate y su pasión por gozar de la

184
vida, los viajes y la amistad, más allá de los achaques y
tiranías de la vejez.

Agustín Guillamón

185
MAGUID, Jacobo (1907-1997)

E l 9 de octubre de 1907 nace en Santa Fe (San-


ta Fe Argentina) el propagandista argentino
Jacobo Maguid, también conocido como Jacinto Ci-
mazo y Macizo. Sus padres, inmigrantes que habían
llegado un año antes desde Ucrania (imperio ruso) se
llamaban Alter Maguid, ebanista y carpintero y Sofía
Sapadensky; la pareja tuvo 8 niños. Después de estu-
diar la primaria y la secundaria en Santa Fe, en 1936
comienzó sus estudios universitarios de ingeniería en
La Plata (Buenos Aires, Argentina) y trabajando como
técnico para costearse la carrera. En La Plata partici-
pa en diversas campañas de la Agrupación Libertaria

186
“Ideas”, como las de soporte a Sacco y Vanzzetti y a
Simón Radowitzky, recluido en el penal de Ushuaia, y
comienza a introducirse al pensamiento anarquista.
En esa época fue nombrado miembro de la Comisión
directiva del Centro de Estudiantes de Ingeniería y fun-
dó, con otros compañeros , el Partido Universitario de
Izquierda (PUI), dirigiendo su órgano de expresión Pa-
labras Rebeldes.

Como consecuencia del golpe militar de José Félix


Uriburu, el 6 de septiembre de 1930, la imprenta clan-
destina de la agrupación “Ideas”, donde se imprimía
Palabras Rebeldes, fue allanada por los golpistas y él,
detenido durante 40 días en el Departamento de Poli-
cía. Durante la dictadura militar Maguid hubo de inte-
rrumpir sus estudios universitarios.
En 1931, durante la huelga general estudiantil
contra la dictadura fue detenido nuevamente junto
con dos de sus hermanos y trasladado a la prisión de
Villa Devoto en Buenos Aires. En la penitenciaría, junto
con los militantes Enrique G. Balbuena, José Perano,
Jesús Villanas, Victorino Rodríguez, José Grunfeld, An-
tonio Rizzo, Pedro Martínez, Bartolomé Lorda), orga-
nizaron el denominado “pequeño congreso anarquis-
ta”, donde, de manera asamblearia, se trataban temas
diversos y se acordaba métodos de acción.
En febrero de 1932, poco antes de la proclamación
del presidente Agustín P. Justo, Maguid fue liberado
llendo a Santa Fe, donde se reunió con otros compa-
ñeros anarquistas (Diego Abad de Santillán, Horacio
E. Roqué i Enrique Balbuena). Abad de Santillán lo
compromete a colaborar en la próxima reapertura del
periódico La protesta, que reabrió en febrero de 1932,
luego de su clausura por la proclamación del estado

187
de sitio de los golpistas. El local de la redacción de La
Protesta, (situado en la calle Perú de Buenos Aires) fue
allanado por la policía en diversas ocasiones. Por sus
artículos, Maguid fue detenido en diversas ocasiones
siendo defendido por el abogado Carlos Sánchez Via-
monte. Paralelamente a su trabajo en La Protesta, in-
tervino como miembro de la Federación Obrera Local
Bonaerense (FOLB), adscrita a la Federación Obrera
Regional Argentina (FORA), en numerosos actos pú-
blicos en plazas y barrios. Ocho meses después de su
reapertura, La Protesta fue nuevamente clausurada y
tuvo que continuar su actividad de manera clandesti-
na.
Entre septiembre y octubre de 1932, Jacobo Ma-
guid participó en el II Congreso Regional Anarquista,
celebrado a Rosario (Santa Fe, Argentina), actos que
resumió en artículos en La Protesta. En este congreso,
se aprobó la creación de una organización anarquista
específica y, también, colaboró en la creación del Co-
mité Regional de Relaciones Anarquistas (CRRA), que
trabajará durante tres años hasta la fundación de la
Federació Anarco-Comunista Argentina (FACA). En
1933, por insistencia de sus compañeros, retomó sus
estudios en la universidad de La Plata y, en marzo de
1934, consiguió el título de ingeniero civil con las máxi-
mas calificaciones.
En 1934, volvió a Santa Fe y participó en la Federa-
ción Obrera Local de la FORA, en la Biblioteca “Emilio
Zola” y en la Agrupación Anarquista. Es de esa época su
correspondencia con Pascual Vuotto, uno de los pre-
sos de Bragado, condenados a cadena perpetua pese
a su probada inocencia. En el transcurso del mismo
año, realizó giras propagandísticas organizadas por el

188
CRRA con la finalidad de crear agrupaciones nuevas y
de impulsar campañas de solidaridad con los “Presos
de Bragado” (Pascual Vuotto, De Diago y Santiago
Mainini). En diciembre, comienza su gira más ambi-
ciosa, de tres meses de duración, en las provincias del
norte y centro de Argentina.
En 1935, mientras hablaba en la tribuna de un acto
de la FORA en la Plaza España de Santa Fe, la multitud
fue atacada por un comando fascista de la Alianza Na-
cionalista Argentina (ANA) y un obrero, Benjamín Sal-
vatierra, fue abatido por los tiros. Poco después viajó a
Buenos Aires donde, con Enrique Balbuena, del CRRA,
preparó el congreso constituyente de la FACA. En esta
época publicó su primer libro, Todos, ahora, contra la
guerra, publicado por la editorial Nervio. Finalmen-
te, en 1935, en un congreso realizado en La Plata, se
constituye la FACA, la cual en otro congreso en 1954,
adoptará el nombre de Federación Libertaria Argenti-
na (FLA).
Durante el invierno de 1936, con la profesora Rey-
na Suárez Wilson, realizó una gira propagandística al-
rededor de la provincia de Cordoba y, en algunas ciu-
dades, junto a Jacobo Price, prosiguió con la campaña
pro “presos de Bragado”. Antes de finalizar la gira, fue
elegido por el congreso nacional de la FACA, para ir
como delegado a España y colaborar con la revolución
y la lucha contra la sublevación fascista del 19 de julio.
Llegó a Le Havre (Alta Normandia, Francia) en un
barco francés y, en París, conoció a Sébastien Faure y
Louis Lecoin, de Solidaridad Internacional Antifacista
(SIA).Con este último viajó a Cataluña, llegando el 22
de noviembre de 1936 a Barcelona para integrarse a la
casa CNT-FAI, sede central de la Confederación Nacio-

189
nal del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibéri-
ca (FAI). Por propuesta de Abad de Santillan, (que ya
era un activo entre los anarquistas de Barcelona), en el
pleno de la FAI fue nombrado director del semanario
Tierra y Libertad, que dirigió desde diciembre de 1936
hasta 1938. También colaboró en el Comité Regional
de la FAI.
En Barcelona vivió en un apartamento con otros
compañeros rioplatenses (Jacobo Prince, José Grun-
feld i Anita Piacenza) i se relaciónó con Antonio Ca-
sanova, Pedro Di Césare, Laureano Riera, José María
Lunazzi, Roberto Cotelo, todos ellos internacionales
venidos de Argentina y Uruguay.
Se integró al grupo de afinidad anarquista “Ner-
vio” y asistió a numerosas reuniones, plenarios y con-
gresos. Como parte de su trabajo en Tierra y Libertad,
recogió información y testimonio en fábricas, talleres,
colectividades, centros de salud y enseñanza, y en-
trevistó a numerosos y destacados militantes como
Camillo Berneri, Agustín Souchy, Abelardo Iglesias,
Pablo Polgare, Gastón Leval o Emma Goldman. En la
sede de Tierra y Libertad ayudó a Aldo Aguzzi a realizar
el periódico Guerra di Classe, después del asesinato de
Camilo Berneri en mayo de 1937.
A principios de 1938, el comité peninsular de la FAI
le encarga visitar Valencia y Madrid y participar en el
pleno regional de la FAI que se celebró en Baza (Ex-
tremadura, España) habiendo de renunciar para ello
a su puesto de dirección de Tierra y Libertad. En los
últimos meses de 1938, se encargó, a instancias de la
FAI, de ordenar materiales diversos de archivo sobre la
revolución, materiales que posteriormente fueron pu-
blicados en Buenos Aires por la FACA. El 26 de enero

190
de 1939, día de la caída de Barcelona en manos de los
fascistas, abandona junto a Jacobo Price la ciudad en
un camión de Solidaridad Obrera hacia el exilio. Cruza
la frontera con una credencial de la FAI. Como conse-
cuencia de una caída al cruzar la frontera francesa, fue
trasladado en una ambulancia que pasaba con heri-
dos y hospitalizado en Le Perthús (Vallespir, Cataluña
norte) y, semanas después, fue enviado en un tren a
Marsella y encerrado en un barco hospital aislado en
el puerto. Posteriormente fue deportado al campo de
concentración de Argelés-sur-Mer de donde, más tar-
de, consigue huir. En Marsella, a instancias del Comitè
Peninsular de la FAI, trabajó en la redacción de unas
memorias. Enfermo y no del todo recuperado del ac-
cidente (y viendo cómo Europa iba inexorablemen-
te hacia una guerra total), decide volver a Argentina.
Previamente realiza dos viajes a París donde realiza
trámites y, finalmente, embarca rumbo a Sudamérica
en Cherbourg (Alta Normandía) en un transatlántico
ingles.
Al llegar a Buenos Aires es detenido por la policía
en el puerto y posteriormente interrogado por el jefe
de Orden Social, Morano. Al recuperar la libertad, con-
tinúa su militancia anarquista y retoma contacto con
los compañeros de Buenos Aires. Por esa época rea-
liza informes para la FACA y visita su familia en Santa
Fe. Se instala en Buenos Aires donde, fruto de la cola-
boración con el doctor Juan Lazarate, escribe el libro
Definición de la guerra. A finales de 1939 realiza una
extensa gira por el país, retomando la campaña de so-
lidaridad con los “presos de Bragado” al mismo tiempo
que informa sobre las experiencias vividas en España.
La gira, de tres meses, lo lleva a hablar en más de 20 lo-

191
calidades del nordeste de la provincia de Buenos Aires,
Bahía Blanca y la provincia de Entre Ríos.
En 1941 retoma el ejercicio de su profesión de in-
geniero alternando trabajos de una manera inestable
en Buenos Aires y Santa Fe. Paralelamente, colabora
en diversas publicaciones libertarias y anarcosindica-
listas como Acción Libertaria, Hombres de America, Re-
construir y Solidaridad Obrera.
En 1942, se une como pareja con Juana Quesada,
compañera de militancia, con quien convivirá el resto
de sus días. Finalmente, a mediados de 1942, se con-
muta la pena de los “presos de Bragado” y son pues-
tos en libertad después de sufrir 11 años de reclusión.
desde 1943 colabora intensamente con el movimiento
libertario participando en agrupaciones, asistiendo a
plenos y congresos y colaborando con la prensa liber-
taria así como actuando en diversos actos y mítines.
En 1944 nace su hija Alicia. La editorial Reconstruir, pu-
blica sus tres libros biográficos dedicados a los militan-
tes fallecidos: Fernando Quesada, un trozo de historia
libertaria (1979), Luis Danussi, en el movimiento social
y obrero argentino (1981, con José Grunfeld) y Una voz
anarquista en la Argentina. Vida y pensamiento de Jaco-
bo Prince (1989).
En enero de 1989 publicó el libro Escritos Liber-
tarios, una recopilación de artículos publicados entre
1941 y 1988. A partir de 1985 colabora en El Libertario,
órgano de la Federación Libertaria Argentina (FLA). En
abril de 1991 participó en las “Jornadas Interdisciplina-
rias sobre Anarquismo”, celebradas en la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Su actividad militante continuó ininterrumpida, pese a
su avanzada edad, participando en la “Exposición sobre

192
Anarquismo”, junto a su compañera Juana Quesada,
celebradas en Barcelona entre septiembre y octubre
de 1993.
En 1994 publicó el libro La revolución libertaria
española (1936-1939) y al año siguiente sus memorias
bajo el título Recuerdos de un libertario. Setenta relatos
de la militancia. A consecuencia del libro, colaboró en
( según sus propias palabras) un “acto que me produjo
una gran satisfacción”. Se trataba de un programa de
radio emitido en diferentes audiciones sobre la guerra
civil española. En diferentes programas bajo el título
“los anarquistas y la guerra civil española” se emitieron
diversas entrevistas a Maguid hechas previamente
por diversos periodistas. Como consecuencia de dicho
programa y del interés suscitado, es invitado por un
profesor universitario a dar una extensa charla en su
cátedra y contestar las preguntas de los alumnos.
Jacobo Maguid murió en 1997 en Buenos Aires.
Tenía 90 años y más de 75 como militante libertario.

(Adaptación del texto biográfico del libro La revolu-


ción Libertaria Española (1936-1939) de la Editorial Re-
construir 1994)

Emilià Páez Cervi y Agustín Comotto

193
MALAQUAIS, Jean (1908-1998)

J ean Malaquais era el seudónimo utilizado por


Vladimir Malacki, nacido en Varsovia el 11 de
abril de 1908 en una familia polaca judía, pero no cre-
yente. Su padre, Morduck Malacki, profesor de len-
guas clásicas (latín y griego), era un enamorado de
los libros. Su madre era militante socialista del Bund
judío internacionalista, que se había desarrollado en
Polonia. Toda su familia desapareció en los campos
de exterminio hitlerianos durante la Segunda guerra
mundial. A pesar de sus raíces judías, Malaquais recha-
zó situarse bajo la estrella de David, llegando a afirmar
que “jamás se había considerado judío”.

194
En 1926, con el título de bachiller en el bolsillo,
decidió abandonar Varsovia para salir a descubrir el
mundo. Partió con dirección a Francia. Allí encontró
por primera vez a su amigo y mentor político Marc Chi-
rick, en un local de la Confederación general del traba-
jo (CGT) en París, donde buscaba trabajo.
Pese a sus cualidades intelectuales, trabajó como
obrero, sobre todo en las minas de Provenza. De esta
experiencia, en medio de los parias extranjeros y de los
condenados de la tierra, sacó el material para su nove-
la Les Javanais (Los javaneses).
Pronto se interesó por las ideas revolucionarias.
El estalinismo le disgustaba tanto como el ambiente
nacionalista y xenófobo imperante en Francia. Gravi-
tó en torno a la Liga comunista trotskista, dirigida por
Alfred Rosmer, Pierre Frank y Pierre Naville, pero no
se afilió, a diferencia de su amigo Marc Chirick. Hacia
1933, Vladimir Malacki, que se hacía llamar Jean Mala-
quais (como una calle a lo largo del Sena, en París), es-
tableció contacto con los grupos revolucionarios a la
izquierda del trotskismo: la Unión Comunista de Henry
Chazé (Gaston Davoust), los bordiguistas italianos (re-
agrupados en torno a las publicaciones Prometeo y Bi-
lan), emigrados a Francia y Bélgica: Ottorino Perrone,
Otello Ricceri y Bruno Zecchini.
En París vivía en la miseria, ejerciendo todos los
oficios del mundo, incluido el de descargador en el
mercado central de Les Halles, sin domicilio fijo. En
la biblioteca de Sainte-Geneviève, donde se refugia-
ba, leyó a Céline y a Gide. Una noche de 1935 cayeron
repentinamente bajo sus ojos estas líneas de Gide:
“Siento la inferioridad de no haberme ganado nunca
el sustento”. Jean Malacki, escandalizado, le escribió

195
para hablarle de las condiciones de quienes no tienen
techo y viven en la miseria cotidiana. Gide le respon-
dió a lista de correos de la oficina postal de la calle
Cujas (ya que Malaquais no tenía ninguna dirección),
y le envió cien francos, que le fueron devueltos. Al fin
se encontró con André Gide, en su domicilio: “¿Eres
Malacki?”. “¿Tú eres Gide?”. Nadie había osado tutear
al gran escritor. Gide olfateó rápidamente a un escritor
dotado, apasionado y rico por su experiencia de paria.
Gide le dio dinero para que pudiese alquilar una casa
en provincias, el tiempo necesario para escribir su libro
Les Javanais. Esta novela social sobre la inmigración
en la Francia xenófoba de las ligas de extrema dere-
cha y del prefecto Chiappe fue rechazada al principio
por Gallimard, luego publicada por Denoël en 1939. La
novela fue coronada por el premio Renaudot en 1939,
desplazando Le Mur de Jean-Paul Sartre. Fue traduci-
do a varias lenguas.
En agosto de 1936, se fue a España cuando es-
tallaron la revolución y la guerra civil, contactando
con las milicias del POUM y la Columna Lenin, cuyo
comandante era el bordiguista italiano Enrico Russo
(Candiani). Se entrevistó con Kurt Landau, que fue
muy pronto asesinado por la GPU; con Andrés Nin,
teórico del POUM y otra víctima del GPU, y con Julián
Gorkin, dirigente del POUM, que volvió a ver y a tratar
en México, durante la Segunda guerra mundial. Tuvo
la desgracia de encontrarse un día frente a Ilya Ehren-
burg, escritor estalinista ascendido a jefe de Brigada
internacional. Estuvo a punto de ser ejecutado como
“agente fascista y provocador”. Consiguió regresar a
Francia, a finales de 1936. Entabló relaciones amisto-
sas con Ante Ciliga y sobre todo con Víctor Serge, am-
bos huidos del Gulag estalinista.

196
En septiembre de 1939 Malaquais, aunque apá-
trida, fue juzgado lo bastante francés como para sa-
crificarse por la patria. Durante la “guerra de broma”19
rellenó sus libretas de impresiones al hilo de los días,
en un estilo sarcástico, rebelde e iconoclasta; estos
cuadernos se convirtieron en sus Carnets de guerre/
Libretas de guerra. Prisionero en mayo de 1940, con-
siguió evadirse. Llegó a Marsella, donde sobrevivió
desde 1940 hasta 1942 con su compañera rusa Galy
Yurkevich. En la ciudad focea se amontonaban varios
hombres de cultura, que huyendo del nazismo, espe-
raban obtener un hipotético visado para las Américas:
los escritores André Breton, Benjamin Péret y Víctor
Serge formaban parte de ese lote. Trabajó en la coo-
perativa Croque-Fruit, dirigida por trotskistas como
Sylvain Itkine, que daban empleo a todo tipo de apá-
tridas: judíos, trotskistas e internacionalistas. Con su
amigo Marc Chirick, denunció la explotación en esa
cooperativa obrera, recibiendo entonces su liquida-
ción por despido. Marc Laverne (seudónimo de Chi-
rick), que se hizo despedir con él, fue el principal héroe
de su segunda novela, publicada en 1947: Planète sans
visa/Planeta sin visado. Stepanoff, el otro héroe de la
novela, es el ruso Víctor Serge.

19  La expresión drôle de guerre/guerra de broma


se refiere al periodo que va desde la declaración de guerra
de Reino Unido y Francia a Alemania, el 3 de septiembre de
1939, hasta las primeras operaciones bélicas del 10 de mayo
de 1940, cuando las tropas alemanas invadieron Bélgica,
Holanda y Luxemburgo. Durante ese intervalo las tropas
británicas y francesas apenas se movilizaron y no hubo nin-
gún enfrentamiento.

197
Malaquais fue hospedado por Jean Giono, en es-
pera de un posible visado para las Américas, que ob-
tuvo finalmente por obra y gracia del Comité de ayuda
a los intelectuales dirigido por Varian Fry. Gide, sobre
todo, consiguió arrancarle un billete para un barco con
dirección a Venezuela. En octubre de 1942, Malaquais
pasó a España, consiguiendo embarcar con Galy para
Venezuela. Recibió, por azar, ayuda de una rica familia
católica, filántropa, los Schlumberger, que contribuían
anónimamente a un Fondo de ayuda a los refugiados
antifranquistas españoles, y que incluso subvenciona-
ban las necesidades de la viuda de Trotsky, sin recur-
sos. Desde Caracas partió a México, gracias al apoyo
del antiguo cónsul en Marsella, Gilberto Bosques.
En 1943, estuvo en México, como Victor Serge,
André Breton, Benjamín Péret, Marceau Pivert y Mu-
nis. Denunció ferozmente la guerra imperialista en los
dos campos. Redactó sus Libretas de guerra que, par-
tiendo de la “guerra de broma” denuncian cualquier
forma de patriotismo y de chovinismo. Trató a la pare-
ja Alice y Otto Rühle antes de su suicidio, y sostuvo al
escritor alemán Gustav Regler, acusado por el Partido
comunista mexicano – al igual que Munis, Serge y Gor-
kin - de formar parte de una “quinta columna fascista”.
Ofreció conferencias en el Instituto Francés de Améri-
ca Latina (IFAL), en México, dirigido por su amigo en
el exilio Marceau Pivert, que era secretario general del
IFAL. Escribió, como Péret, en la revista surrealista de
Octavio Paz: El hijo pródigo. Sin embargo, Malaquais
se enfrentó a los ataques de Péret y, sobre todo de
Serge, quienes le calificaban como un pretencioso sin
valor, que no tenía nada de revolucionario. Rompió su
amistad con Serge, después de que éste le atacase pú-
blicamente, tanto a él como a Marceau Pivert.

198
Malaquais intentó llegar a New York, donde se
habían editado sus Libretas de guerra por la Maison
francesa. El vicecónsul americano en México, gran
aficionado al arte, consiguió que pudiera llegar a Es-
tados Unidos y New York, aunque sus peticiones de vi-
sado habían sido rechazadas. Finalmente, en 1946, se
le otorgó el visado. Se encontró con Boris Souvarine,
pero sin apreciar su evolución política. Conoció a Al-
bert Camus durante su estancia en New York. También
fue el inicio de una larga amistad y colaboración con el
escritor norteamericano Norman Mailer, autor de Los
desnudos y los muertos, novela que tradujo al francés, y
para la cual escribió durante algún tiempo los guiones
para Goldwyn Mayer.
En 1947, de regreso en París, se reincorporó al gru-
po Internationalisme, surgido del bordiguismo, dirigido
por Marc Chirik, grupo político en el que participaban
Louis Évrard, Robert Salama, Pierre Bessaigner, Phi-
lippe Dehan y Serge Bricianer. Malaquais participaba
episódicamente en sus actividades bajo el seudónimo
de Antoine.
A finales de 1947, regresó a los Estados Unidos,
donde enseñó literatura europea hasta 1968, en cali-
dad de profesor visitante, sin estar vinculado a ninguna
universidad. Se le otorgó, cuando él ya se consideraba
orgullosamente como un extranjero y un apátrida, la
nacionalidad americana, conservando su seudónimo
literario.
En Estados Unidos estableció fuertes lazos de
amistad con el teórico comunista de consejos Paul Ma-
ttick, pero también con Raya Dunayevskaya del gru-
po News and Letters y con el filósofo alemán Herbet
Marcuse. Sin ser militante de ninguna organización

199
y como simpatizante de una tendencia comunista li-
bertaria independiente, permaneció en contacto con
pensadores comunistas de consejo europeos, como
Maximilien Rubel en Francia, Anton Pannekoek y Henk
Canne-Meyer en los Países Bajos.
Malaquais fue un destacado traductor, tanto del
inglés como del alemán. Tradujo a Norman Mailer, Los
desnudos y los muertos; pero continuando su actividad
literaria con su última novela, Le Gaffeur (El patoso),
publicada en 1953, que retrata un personaje en lucha
con la ciudad, que le priva de su domicilio, de su mujer,
de su trabajo e incluso de su propia identidad.
También tradujo a Marx, bajo la dirección de su
amigo Maximilien Rubel, para la edición publicada en
la prestigiosa colección de la Pleïade.
De 1954 a 1960, bajo la dirección del filósofo exis-
tencialista Jean Wahl, y para combatir el uso realiza-
do por Sartre, emprendió la elaboración de una tesis
sobre Soren Kierkegaard, llegando a aprender danés
y a vivir en Copenhague. Esta tesis fue publicada par-
cialmente. Durante su estancia en París, en los años
sesenta, participó en las reuniones del grupo de Maxi-
milien Rubel, centrado en la publicación de los Cahiers
pour le socialisme des conseils/Cuadernos por el socia-
lismo de consejos. En esta época conoció a su futura
esposa: Elisabeth Deberdt-Malaquais.
Al regreso de su estancia de dos años de ense-
ñanza en la Universidad Monash de Melbourne (Aus-
tralia), en 1967-1968, se encontró sumergido en acon-
tecimientos de mayo de 1968, que le entusiasmaron.
Volvió, de forma muy natural, a las discusiones con los
grupos comunistas de consejos o antiautoritarios.

200
La huelga de masas de los obreros polacos en
agosto de 1980 le incitó a marchar a Polonia, a Dán-
zig y Varsovia, para discutir con los obreros polacos
del nuevo sindicato Solidarnosc (Solidaridad). Desde
mediados de los años ochenta, Malaquais se instaló
en Ginebra, con su mujer Elisabeth. Guardó sus con-
tactos con París, a donde se desplazaba para llevar la
contradicción a las certezas de los pequeños grupos
“ultraizquierdistas”, de quienes adoptó no tanto sus
posiciones como su visceral rechazo al mito de la Rusia
socialista, y de toda forma de Estado. Sin pertenecer
concretamente a ningún grupo, Malaquais fue un pun-
to de referencia en lo que ha dado en llamarse corrien-
te ultraizquierdista.
En los años 1966-1968, después de un desinterés
de cincuenta años de la edición francesa por su obra,
llegó el momento y la ocasión de la reimpresión de
sus libros, testimonio vivo de la resistencia de un ex-
tranjero alérgico a toda manifestación de patriotismo.
Malaquais murió en Ginebra el 22 de diciembre de
1998, poco después de revisar la reedición de su obra
maestra: Planète sans visa, publicada en castellano, en
2014, con el título: Sin visado.

Philippe Bourrinet

201
MARTÍN ESCUDERO, Antonio (1895-
1937), “el Durruti de la Cerdaña”

A ntonio Martín, conocido por el ofensivo apodo


de El Cojo de Málaga, nació en Belvis de Mon-
roy (Cáceres), hijo de Celestino Martín Muñoz, labra-
dor, y de Ascensión Escudero Jara, de profesión ama
de casa. Al nacer Antonio, ambos tenían 26 años. La
cojera se debía a la herida recibida durante las jorna-
das revolucionarias de la Semana Trágica de Barcelo-
na. Según otra versión menos heroica la causa fue una
osteítis.

202
Contrabandista especializado, junto con Cé-
sar Flores, en pasar armas por la frontera para abas-
tecer a los grupos de acción, ambos fueron activos
colaboradores del grupo Los Solidarios, 1922, del
que formaban parte.
Exiliado en Francia de 1924 hasta 1934, re-
gentó un minúsculo tenderete de zapatero remen-
dón en un rincón anexo a una carbonería auvernesa,
en el boulevard Montparnasse de París. En 1927, re-
sidiendo en Aubervilliers, tuvo con una compañera
cuyo nombre desconocemos, una hija llamada Flori-
da Martín Sanmartín, que le sobrevivió a su muerte.
En aquella ciudad trabajó primero en la construcción
y luego en un garaje.
Tras los hechos revolucionarios de octubre
de 1934, Martín regresó a Barcelona, no sabemos si
por decisión propia o por orden del grupo. Parecen
falsas las leyendas de su encarcelamiento durante
tres semanas por dichos sucesos.
Fue en esa momento cuando decidió ins-
talarse en la Cerdaña, donde trabajó en diversas
empresas y oficios, a ambos lados de la frontera:
mozo en la fábrica de leche SALI en Puigcerdà, alba-
ñil en Bellver, jornalero en Sallagosa, camarero en
Font-Romeu o picador de piedra en la carretera de
Meranges, a destajo, o en la empresa Py de Osseja,
en la Cerdaña francesa.
En marzo de 1936 era líder y portavoz sindi-
calista en Puigcerdà ante la patronal, participando
en diversos mítines locales. En mayo asistió al Con-
greso de CNT en Zaragoza, como delegado de los
sindicatos de la Cerdaña. Ambos hechos evidencian
que era un destacado militante cenetista.

203
Su hermanastro, Blanco Martín Milar, al ini-
cio de la guerra estuvo en la Consejería de Defensa,
haciéndose llamar Rojo en vez de Blanco y del cual
no sabemos nada más.
En julio de 1936 no hubo en Puigcerdà nin-
gún enfrentamiento ni lucha de importancia, puesto
que era muy fácil la huída de los elementos dere-
chistas a Francia. Y es falso que Martín saliera de la
cárcel en aquellos días, como afirma alguno, pues
no estaba preso, sino hospedado en la Fonda de Ca
l´Aragonés, alojado con su amigo Segundo Jordá
Gil, fusilado en Gerona en 1943.
A partir de la Mutua Puigcerdanesa y gracias
a colectivizaciones del comercio y a la expropiación
de diversas industrias locales, se constituyó una
Cooperativa Popular, buscando la creación de un
monopolio comercial colectivista en Puigcerdà y al-
rededores, que se intentó ampliar a toda la Cerdaña,
con la creación de nuevas cooperativas en distintas
poblaciones.
El Comité de Puigcerdà, capitaneado por
Antonio Martín, controlaba la frontera y, por lo tan-
to, el paso de armas y alimentos, así como la fuga
de curas, reaccionarios y por supuesto desertores.
Intentó fijar progresivamente en toda la Cerdaña un
precio justo del trigo, la leche y la carne, para im-
pedir la especulación de los propietarios y facilitar
a una Barcelona hambrienta un abastecimiento ali-
menticio a precios asequibles.
El 9 de septiembre de 1937 Martín estaba
de gira por Francia, recaudando dinero, armas y ali-
mentos para la Revolución, razón por la que no se
encontraba en Puigcerdà en el momento de la ma-

204
tanza de 21 derechistas. Pero algunos días después
reivindicó, en asamblea popular, el ajusticiamiento
de aquellos fascistas y planteó como alternativa,
de condenarse aquella aniquilación, la dimisión en
bloque del Comité Revolucionario de Puigcerdà. La
asamblea acordó que siguiera el Comité, que pasó
a llamarse a finales de octubre Comité Administra-
tivo, en el que Martín desempeñaba la cartera de
Gobernación.
Joan Solé Cristòfol, alcalde de Bellver, tra-
tante de ganado y pequeño patrono bovino y agrí-
cola de la comarca (un mulo, unas 20 vacas y oca-
sionalmente un toro), encabezó la resistencia del
pueblo, en el que Esquerra (ERC) había conseguido
mantener su fuerza al no participar en la revuelta de
octubre de 1934. Operaba bajo el manto de una en-
tidad cívica local, el Bloc Republicà Catalanista y se
opuso a las pretensiones hegemónicas del Comité
de Puigcerdà, en defensa de sus intereses particu-
lares, pues como traficante propugnaba el libre co-
mercio y se enfrentaba visceralmente, como tantos
propietarios de Bellver, a la política colectivista y
monopolizadora del comité de Puigcerdà.
No era una cuestión personal, ni un enfren-
tamiento ideológico. Martín y el Comité revolucio-
nario de Puigcerdà eran, para los tratantes de gana-
do y pequeños propietarios de Bellver, charnegos,
anarquistas y salvajes, que atentaban contra su
modo de vida tradicional, para enriquecerse a costa
de ellos: catalanes defensores de la propiedad priva-
da y del orden civilizado de siempre.
Así se originó la leyenda negra del Cojo de
Málaga. Martín era un auténtico diablo para los

205
propietarios de Bellver, pues trataba de imponer-
les un precio inferior en 1, 25 pesetas/kilo de carne,
pretendía hacer algo similar con la leche y el trigo
y además quería cegarles otra fuente de ingresos
antigua y muy lucrativa: el contrabando, incluido el
de ganado, y el paso clandestino de personas por la
frontera, de lo que se encargaban gentes de Estat
Català y del PSUC, cobrando notables cantidades de
dinero.
El Comité revolucionario de Puigcerdà ha-
bía creado La Comunal, cooperativa de producción
y de consumo que tendía a monopolizar toda la pro-
ducción agrícola y ganadera de la comarca, con el
propósito de evitar la especulación y vender trigo,
carne y leche a Barcelona a precios justos. Ese fue el
gran delito del Cojo Martín: impedir que los peque-
ños propietarios de Bellver se enriquecieran a costa
del hambre de los trabajadores barceloneses.
En noviembre de 1936, fracasado el golpe
independentista contra Companys, gracias a la in-
tervención de los servicios de información de la CNT
(Dionisio Eroles, Manuel Escorza y Aurelio Fernán-
dez), una de las unidades que debía haber partici-
pado, el Regiment Pirinenc número 1 de Catalunya,
decidió enviar, en diciembre, su compañía de es-
quiadores a la Molina, buscando acabar con la he-
gemonía anarquista en Puigcerdà. Con el pretexto
de guardar y proteger la frontera situaron patrullas
en Bellver con carácter permanente, facilitando que
ese pueblo planteara una serie de conflictos con el
Comité revolucionario de Puigcerdà. Entre enero y
febrero de 1937 se concentraron en Bellver grupos
armados, con las más variopintas excusas, forma-

206
dos por gentes de Estat Català, ERC y PSUC, e in-
cluso por un grupo de mercenarios capitaneado por
el Penja-robes, probablemente un simpatizante es-
talinista infiltrado entre los cenetistas de Puigcerdà.
El 10 de febrero de 1937 Joan Solé Cristòfol consi-
guió de nuevo la alcaldía de Bellver, que había ostenta-
do anteriormente, desde enero de 1934 hasta octubre
de 1936. A su vez, Martín, harto de tantas injerencias
y de acuerdo con los milicianos del POUM, de guarni-
ción en el Sanatorio de Alp, decidieron asaltar el Chalet
de la Molina y apresar a toda la compañía de esquís. La
operación militar se desarrolló durante la madrugada
del 1 de marzo de 1937. El éxito fue total, ya que sin
disparar un solo tiro se apresó a todos los esquiadores,
oficiales incluidos. Estos últimos fueron enviados in-
mediatamente a Puigcerdá, como rehenes. Retenidos
los oficiales, los hombres de Martín despacharon a la
tropa con destino a Barcelona, donde aquel mismo día
habían llegado noticias telefónicas sobre lo ocurrido,
gracias a dos esquiadores huidos del chalet en un mo-
mento de confusión.
El sábado 6 de marzo, Tarradellas y Santillán sa-
lieron en auto para Puigcerdà y Bellver para conocer
lo ocurrido.
El 8 de marzo Tarradellas informó a la prensa bar-
celonesa de su viaje a la Cerdaña. Había iniciado preci-
pitadamente negociaciones con la CNT para conseguir
la rápida liberación de los rehenes. Sus interlocutores
fueron, además de Santillán, el consejero de Defensa
Francesc Isgleas y el propio Antonio Martín, pactando
que los oficiales no solo no serían fusilados, como en
un principio amenazaba el Comité de Puigcerdà, sino
puestos en libertad, con la condición de no volver a la

207
comarca y comprometiéndose la Generalidad, ade-
más, a no destinar allí más fuerzas de ningún tipo. Los
oficiales rehenes fueron liberados al instante, pero la
Generalidad no cumplió su compromiso.
El Consejo de la Generalidad se reunió el 8 de mar-
zo de 1937, presidido por Tarradellas, con asistencia de
todos los consejeros, a excepción del de Justicia.
Tarradellas informó de su viaje a la Cerdaña, que
hizo en compañía de Santillán. Explicó que celebraron
una reunión con todas las organizaciones represen-
tadas en el Comité de Puigcerdá, siendo informados
de la situación en la comarca. Acompañados de Juan
Montserrat, delegado de Defensa, y por una sección
del Batallón de la Muerte, subieron al Castillo de Alp,
ocupado por unos ochenta militantes del POUM, don-
de “se han fortificado con la excusa de un sanatorio,
que es una especie de prostíbulo, entre milicianos y
pretendidas enfermeras Todos esos milicianos cobran
de la Generalidad y tiene aterrorizada la comarca”.
Esa calumnia tan zafia que difamaba a los
poumistas sólo era posible por su expulsión del go-
bierno y se sumaba al proceso de marginación y cul-
pabilización de ese partido, al que se atribuían todas
las dificultades del gobierno de unidad antifascista.
El castillo de Alp era un sanatorio para los milicianos
del POUM y se pretendía desprestigiar a sus militan-
tes como paso previo a su expulsión de la comarca,
ya que su presencia debilitaba a las fuerzas contra-
rrevolucionarias del PSUC, ERC y del gobierno de la
Generalidad.
Se mandó que Martín “retirase todas las
fuerzas con las que tenía bloqueados diversos pue-
blos”. En ridícula contrapartida Tarradellas apartó a

208
un teniente que, con su comportamiento y carácter,
agravaba los conflictos, y ordenó la libertad de to-
dos los detenidos. Informó, además, de las “innova-
ciones irrealizables” que era “el programa de los que
gobiernan Puigcerdà y la comarca”, que “con el pre-
texto de una cooperativa general se han incautado
de todo el pueblo y no se privan de coaccionar para
comprar todos los productos a bajo precio y vender-
los más caro a Barcelona”, generando un problema
económico de difícil solución.
Tarradellas insistió que, en cumplimiento de
la nueva ordenación del Orden Público y de los Decre-
tos emitidos el 4 de marzo de 1937, que reorganizaban
esos servicios, todas las fuerzas existentes en aquella
comarca debían ser retiradas. Propuso enviar a Martí
Feced para resolver las cuestiones económicas de la
Cerdaña, lo que fue aprobado. Santillán se adhirió
“a todo lo que ha manifestado el Primer Consejero”
y Comorera pidió que cesara el pago de salarios a
los milicianos que no cumpliesen las órdenes del go-
bierno. Isgleas, de CNT, recordó que el Ministro de
Hacienda había nombrado un comandante de cara-
bineros nuevo, con el que había que contar. Rogó,
después, que UGT retirase los grupos armados que
tenía en Camprodon, Maçanet y otros lugares. Val-
dés dijo que UGT lo haría en cuanto se aplicasen los
Decretos de Orden Público. Tarradellas propuso en-
viar “mossos de escuadra a Bellver”. Y así se acordó.
Comorera pidió que se investigaran los mal-
tratos recibidos por su secretario en la Jonquera.
Aguadé dijo que hacía falta arreglar de una vez la
cuestión de las fronteras.

209
A continuación se debatió sobre el cariz fas-
cista y contrarrevolucionario del POUM y la necesi-
dad de suspender La Batalla; sólo algunos conseje-
ros anarcosindicalistas defendieron tímidamente
a los poumistas. La posición de Santillán era abso-
lutamente cómplice de las directrices estalinistas
y gubernamentales. Al final, Isgleas denunció la
indefensión de los barceloneses ante los ataques
aéreos y marítimos, culpabilizando únicamente al
Gobierno central, lo que abría un interrogante sobre
la responsabilidad de la Generalidad y de las orga-
nizaciones antifascistas ante la evidente inhibición
y desidia de todos ellos en crear una activa defensa
antiaérea, aunque el asunto se hace más comprensi-
ble y racional si se considera que bombas y hambre
eran los mejores instrumentos gubernamentales
para doblegar la revolución.
Entre el 8 de marzo y el 26 de abril la Ge-
neralidad acumuló tropas en Bellver, poblaciones
próximas y cercanías de la frontera. El gobierno de
Valencia envió carabineros, acuartelando 500 en Ri-
poll que, tras el fracaso de su intentona de tomar
Puigcerdà, el 24 de abril, ocuparon al asalto el edifi-
cio de la Telefónica local, emplazando ametrallado-
ras en la estación y en otros edificios estratégicos,
así como una barricada en la carretera de Barcelona,
con el apoyo del PSUC local, que incrementó su ca-
pacidad al unírsele una columna de UGT, hasta en-
tonces acampada en Camprodón.
Hacia el 24 o 25 de abril, Artemi Aguadé en-
vió a un grupo de siete antiguos escamots de las Ju-
ventudes de Estat Català con el mandato explícito

210
de acabar con Antonio Martín y el resto de anarquis-
tas, en cuanto fuera posible.
El 25, por la mañana, los anarquistas de la
Seu d´Urgell que se dirigían a Puigcerdá para in-
formarse e intercambiar impresiones, alarmados
por la creciente presencia de carabineros, al llegar
a la altura de Bellver se encontraron con la carrete-
ra bloqueada por grupos armados procedentes de
ese pueblo. Después de varias horas de amenazas
y de una dura negociación, finalmente les dejaron
vía libre. Llegados a Puigcerdá comentaron airados
lo que les había sucedido. Era una provocación. Ese
mismo día 25, Antonio Martín y los anarquistas de
Puigcerdá habían conseguido un acuerdo para la re-
tirada de la mayor parte de los carabineros llegados
a la frontera. Acuerdo en el cual participó Tarrade-
llas en persona, en compañía de Isgleas, como Con-
sejero de Defensa y militante destacado de la CNT.
El 26 llegaron noticias a Puigcerdá de la exis-
tencia de diversos grupos armados en el interior de
Bellver, que presumían del bloqueo de la carretera y
lanzaban amenazas contra los anarquistas de la Seu
a su regreso de Puigcerdá. También corría entre la
alarmada población de Bellver el falso rumor de un
inminente asalto del pueblo por parte de los anar-
quistas.
Ante tales amenazas, el evidente peligro
de enfrentamiento armado y el deseo de informar
a las autoridades de Bellver del acuerdo alcanzado
en Puigcerdá con los carabineros, se decidió que los
dos vehículos en los que regresaban los de la Seu
d´Urgell irían precedidos por una delegación ne-
gociadora en un turismo, avanzado en más de dos

211
kilómetros, con el objetivo de prevenir cualquier in-
cidente.
Hacia las dos de la tarde del día 27, el coche
de la comisión informativa, formada por Antonio
Martín, Julio Fortuny, Mariano Puente y el chófer
Antonio Carchaco, llegó al control existente en el
puente de Bellver. Bajaron del coche y emprendie-
ron a pie el camino de subida al pueblo, con la in-
tención de parlamentar con las autoridades. Al poco
fueron acribillados a bocajarro por los disparos de
fusilería del escamot oculto en la cuneta.
Al oír los disparos se generalizó el tiroteo en-
tre los apostados en la muralla y los anarquistas que
acababan de llegar en dos vehículos, que ante la im-
posibilidad de maniobrar descendieron para desple-
garse por la zona, evitando en lo posible convertirse
en fácil diana fija.
El chófer y Julio Fortuny, joven anarquista de
la Seu, de 19 años, habían muerto al instante. Anto-
nio Martín, con una herida de bala en el pecho, ago-
nizó en las cercanías durante toda la noche. Mariano
Puente, herido, fue hospitalizado en Puigcerdá. El
tiroteo duró aproximadamente una hora. El número
de anarquistas de la Seu, desplazados en esos dos
vehículos, era de unos 35 hombres, muy lejos de los
350 de las versiones más exageradas de la Historia
Sagrada de la burguesía y de los estalinistas, o inclu-
so de la cifra más ponderada de los 100 “asaltantes”
de otras versiones. No hubo, pues, ningún intento
de asalto de Bellver, que hubiese necesitado mayor
número de participantes y el amparo de la oscuri-
dad de la noche, sino una emboscada para asesinar

212
a Antonio Martín y al máximo número posible de
anarquistas.
Después de la emboscada llegaron fuerzas
anarquistas y poumistas procedentes de Puigcerdá,
la Seu d´Urgell, Alp y Das para ayudar a los compa-
ñeros que habían caído en la trampa, con el único
objetivo de facilitar su retirada.
La leyenda negra que pesa sobre el anar-
quismo catalán, promovida por las infamias de ca-
talanistas y estalinistas, le atribuye a Martín todos
los asesinatos, robos o actos delictivos cometidos
en Cerdaña durante la guerra civil, exagerando, por
otra parte, la cantidad de muertes violentas (entre
cuarenta y cincuenta y no los centenares y hasta mi-
llares atribuidos por la leyenda) y reduciendo la au-
toría de la represión antifascista colectiva sólo a los
anarquistas, cuando en ella participaron tanto CNT-
FAI, como PSUC-UGT, ERC, POUM y Estat Català.
Hay indicios documentales que atribuyen la confec-
ción de la lista de los 21 fusilados del 9 de septiem-
bre en Puigcerdà a ERC-Estat Català.
No basta demostrar que Martín no participó
en dicha matanza, pues simplemente no estaba allí;
no basta señalar que la ejecución fue un ajuste de
cuentas entre los nacionalistas de Estat Català y los
de Unión Patriótica, venganza por las delaciones y
denuncias que desencadenaron la represión de oc-
tubre de 1934; no basta documentar que en la repre-
sión violenta de los fascistas en la Cataluña de 1936-
1937 participaron también catalanistas, estalinistas
y poumistas y no fue cosa exclusiva de los anarquis-
tas; no basta argumentar que la violencia revolucio-
naria contra fascistas y derechistas era legítima, al

213
haber abierto con su golpe de estado contra el go-
bierno republicano la vía violenta como solución a
los conflictos sociales y políticos. Todo se derrumba
y anula ante la irracional campaña criminalizadora y
difamatoria contra los libertarios, en la que se alían y
conjuran franquistas, catalanistas y estalinistas, que
han convertido en dogma indiscutible de su Historia
Sagrada la leyenda negra del anarquismo catalán,
que ahora de nuevo quieren magnificar y santificar,
previa beatificación de los mártires fascistas.
Entre esas infamias se incluye el desprecia-
tivo apodo que catalanistas y estalinistas colgaron
a Antonio Martín, intentando ridiculizarlo al darle el
nombre artístico de un famoso cantante flamenco,
que también era cojo y charnego. Antonio Martín no
fue nunca el Cojo de Málaga, entre otras cosas por-
que jamás estuvo en esa ciudad, ni era natural de
ella, sino “el Durruti de la Cerdaña”, un revoluciona-
rio asesinado por sus enemigos en una emboscada
preparada a la entrada de Bellver, según declaracio-
nes de testigos presenciales.

La Cerdaña después de la muerte de Martín

Pedro Lozano, cenetista y cooperativista,


organizó el 28 de mayo de 1937 un mitin coopera-
tivista en Puigcerdà, en el Cine de la Cooperativa
Popular. Participaron Joan Rovira, Miquel Mestre
(PSUC) y Francisco Campos, como representantes
de la Federación de Cooperativas de Cataluña.
Tras la insurrección victoriosa del 19 de julio
de 1936, se creó La Comunal, que absorbió la coo-

214
perativa llamada La Mutua Puigcerdanesa, así como
casi todo el comercio local,”con coacción o sin ella”.
Esa Cooperativa Popular, “fundada al calor de la re-
volución” tenía un gran almacén general de venta
de comestibles, otro de vinos, varias sucursales de
distribución de carne, ropa, mercería y otros. Pero
la cooperativa carecía de socios inscritos, de regla-
mento, necesario según la Ley de Cooperativas, sólo
una comisión designada por el pueblo y un respon-
sable en la persona de Lozano. Es decir, más que
una Cooperativa era un organismo revolucionario
confederal (La Comunal) que había colectivizado y
monopolizado el comercio de Puigcerdà y parte de
la Cerdaña.
La finalidad del mitin era normalizar la si-
tuación e iniciar un proceso de liquidación de la
Comunal o Cooperativa Popular, devolviendo a sus
antiguos propietarios los bienes incautados y dife-
renciando las pertenencias de la antigua Mutua Pui-
gcerdanesa de incautaciones posteriores. La obra
revolucionaria del cantón anarquista de la Cerdaña,
liderada por Martín y materializada en la Comunal,
debía terminar para volver a la legalidad.
Pero no bastaba con destruir La Comunal.
La contrarrevolución quería liquidar también a los
revolucionarios que la habían hecho posible. Así se
ha hecho siempre en cualquier etapa contrarrevolu-
cionaria, en cualquier país donde la revolución haya
sido derrotada. Y mayo de 1937 había sido una de-
rrota de los revolucionarios.
Según un informe de la Comisión Jurídica
cenetista, a las nueve de la mañana del 10 de junio
de 1937, mientras “los compañeros José Basagañes,

215
José Anglada, Juan Maranges, Esteban y Jaime, así
como un tío de Casagañes” se hallaban trabajando
en el edificio conocido como La Serradora, se pre-
sentaron “numerosas fuerzas compuestas por Ca-
rabineros, Guardias de Asalto y Agentes de Vigilan-
cia”, que siguiendo “un plan plenamente concebido
por el Delegado de Orden Público, llamado Fernán-
dez, empezaron a disparar” contra el edificio con el
objetivo “de provocar y ver si hacían resistencia, los
compañeros que se encontraban dentro” para po-
der simular que las fuerzas de Orden Público habían
sido atacadas previamente.
Todos los presentes atestaron que el acta poli-
cial había falsificado los hechos y no era cierto que
los cenetistas hubiesen lanzado bombas y disparado
sus revólveres, “pues de haber sido cierto habría ha-
bido heridos y tal vez muertos” entre la fuerza públi-
ca, lo que no ocurrió.
El doctor Córdoba que certificó la muerte de los
“compañeros que tan vilmente fueron asesinados”
podría “dar detalles sobre la muerte de nuestros mi-
litantes”. Probaba la crueldad del ataque el remate
por ráfaga de ametralladora de dos compañeros he-
ridos. Alguno de los asesinados había sido miembro
del Comité Revolucionario: ese era el motivo de la
matanza.
Varios militantes cenetistas huyeron de
Puigcerdà para escapar de la represión, “siendo de-
tenidos posteriormente los compañeros José Catra-
fel, Ángel Cortés, Pedro Parés, Joaquín Ortas, Felipe
Ugalde, Valentín Pous y Antonio Martínez, acusados
y procesados por diversos delitos que les achacan”.
Se detuvo en calidad de gubernativos a Miguel Do-

216
mengé, Juan Escoriza, José Anglada, Eusebio Me-
ranges, José Sals, Salvador Cinquilla, Julián Gallego,
Luciano Durán, el anciano Tricheaux (destacado mi-
litante anarquista francés) y su yerno, así como dos
milicianos de la Columna Durruti que se encontra-
ban en los alrededores de Puigcerdà. También era
preso gubernativo, aunque hospitalizado, “el des-
tacado militante Mariano Puente”, a todas luces de
forma arbitraria, según la opinión popular.
El 12 de junio de 1937, en sesión extraordi-
naria presidida por el delegado de Orden Público
Gerónimo Fernández, que había dirigido el asalto y
asesinatos de La Serradora dos días antes, se nom-
bró nuevo ayuntamiento, constituido según los de-
cretos del 9 y 12 de octubre de 1936: alcalde, Josep
Clot, ERC; segundo alcalde, Antoni Junoy, ERC; ter-
cer alcalde, Pedro Lozano, CNT y demás consejeros:
Joan Casanovas, Unió de Rabasaires, Agustí Sán-
chez, CNT, Antonio Gordillo, CNT y Elisi Font, ERC.
En la sesión del 30 de junio se crearon impuestos so-
bre bares, la leche producida en la comarca (con su
consiguiente encarecimiento para los hambrientos
barceloneses) y se municipalizó La Serradora (au-
togestionada desde su incautación el 19 de julio de
1936 hasta los asesinatos del 10 de junio).
La CNT comunicó, en la sesión municipal del
15 de junlio de 1937, el acuerdo de sustituir a sus re-
presentantes en el ayuntamiento, Lozano, Sánchez
y Gordillo, por nuevos representantes designados
por la Organización en asamblea, Joan Coll, Pau Por-
ta y Eduard Martín. ERC se opuso al nombramien-
to de Martin por su participación en los Hechos de
Mayo. Las tres sesiones siguientes no pudieron ce-

217
lebrarse por ausencia de los consejeros cenetistas,
amenazados de muerte. En la de 27 de julio, CNT
comunicó la sustitución de Martín, perseguido ju-
dicialmente, por el doctor Ramón Córdoba. En esa
misma sesión el PSUC nombró a sus consejeros,
Juan Salom y Lluís Pubill.
A finales de agosto el ayuntamiento de
Puigcerdà, como tantos de la comarca, estaba prác-
ticamente disuelto y sus funciones absorbidas por el
Comité Ejecutivo de la Cerdaña.
El informante de la Comisión Jurídica señalaba
como “instigador principal de la persecución” de mi-
litantes anarcosindicalistas en Puigcerdà a “Vicente
Climent [PSUC], y un llamado Juan Bayran Clasli, del
PSUC”, que junto al “alcalde de Bellver, un agente
de Vigilancia, llamado Samper, y otro agente cuyo
nombre ignoro en este momento, ambos pertene-
cientes a Estat Català, tienen formado un Comité
Ejecutivo que se ensañan con la persecución de mili-
tantes de nuestra Organización”.
Prueba la ferocidad del Comité Ejecutivo
de la Cerdaña el relato de un informante sobre “la
agresión de que fue víctima, hace unos días en la
plaza pública, el compañero Eulalio Oña, el cual fue
agredido y abofeteado por el agente Samper, con-
minándole a que en el plazo de veinticuatro horas se
ausentase de la población”, bajo amenaza de que si
no lo hacía así,”lo harían desaparecer”.
Ese Comité Ejecutivo que había impuesto el terror y
la persecución de los cenetistas de Puigcerdá, se reunió
para tomar “graves acuerdos”, entre ellos expulsar
de la Cerdaña a todos los militantes de CNT y de
FAI, bajo amenaza de hacer desaparecer a quienes

218
no cumpliesen tal orden. Los familiares de los asesi-
nados en La Serradora eran acosados sin cesar, con
el objetivo explícito de expulsarlos de la comarca.
Leocadio Mediavilla, Antonio Gordillo y Agustín
Sánchez, de CNT y antiguos concejales del Ayunta-
miento de Puigcerdà, habían huido por las amena-
zas de detención y eran “buscados por el grupo del
Agente Samper y vecinos y alcalde de Bellver”, que
interrogaban a los militantes cenetistas con el fin de
“averiguar donde se hallan y proceder a su deten-
ción” o asesinato.
Según el informante, fuerzas de Orden Público
habían requisado el local de las JJLL, “instalándose
en el mismo las fuerzas de Carabineros” y entrega-
ron la biblioteca a UGT, “o al Delegado que la Gene-
ralidad envíe para su entrega”. El local del Sindicato
de CNT lo asaltó “un grupo de individuos pertene-
cientes a Estat Català y PSUC”, para entregarlo al
antiguo propietario. El informe terminaba con una
referencia a la Seo d´Urgell, que vivía una persecu-
ción similar a la de Puigcerdà.
El resultado de la represión era el regreso a
Puigcerdà de los fascistas y enemigos de la revolu-
ción del 19 de julio: Obiols, juez perseguido enton-
ces, ahora admitía todas las denuncias contra los
cenetistas, pero enfermaba para eludir cualquier
responsabilidad por asesinato de libertarios; habían
vuelto el alcalde de la Dictadura de Primo de Rive-
ra; la familia del cura “y otros muchos, a los cuales
se les atiende en sus denuncias y reclamaciones en
perjuicio de nuestros militantes”, con el único fin
“de cargar toda la responsabilidad sobre nuestra
Organización y sus componentes”.

219
Fuerzas de Orden Público, antiguas autorida-
des, fascistas y burguesía estaban reconquistando
la Cerdaña, desencadenando una feroz represión
contra militantes anarcosindicalistas, que iban del
asesinato, la cárcel y el destierro al metódico acoso
a todos los militantes de CNT y sus familiares, pa-
sando por la incautación de locales, amenazas de
muerte o la efectiva eliminación física. Y como com-
plemento inevitable y justificativo de esta represión
estalinista, gubernamental y clasista se reafirmaba
y crecía la leyenda negra de los anarquistas catala-
nes en general y de Antonio Martín en particular.
Los continuos registros, las incautaciones
de dinero y ajuar en los hogares, la ruptura de co-
rrespondencia, las palizas, incluso públicas en plena
calle, las amenazas de muerte o desaparición, per-
petradas contra los militantes y sus familiares y un
largo etcétera de desmanes y persecución, por po-
licías y vecinos de Bellver, consiguieron que en sep-
tiembre de 1937 la CNT hubiera desaparecido como
organización en toda la Cerdaña.
En 1938 Joan Solé fue nombrado comisario mu-
nicipal de varios pueblos de la comarca, que regía
sin oposición alguna, mientras la CNT iniciaba una
tímida reorganización llena de obstáculos.

Archivos contra leyendas

Leyenda es la narración de sucesos fabulosos


que se transmite por tradición como históricos y
reales. Los archivos son los lugares donde se custo-
dian documentos, mimbres con los cuales el histo-

220
riador construye un relato fidedigno y riguroso del
pasado.
Martín Salvat Pujadas, encargado del cemente-
rio de Puigcerdà, en su respuesta, fechada el 1 de
octubre de 1937, a un oficio recibido, declaró que las
inhumaciones por muerte violenta, desde el 18 de
julio de 1936, sumaban 31. Se pueden clasificar por
fechas: 21 fusilados en la matanza del 9 de septiem-
bre de 1936, dos mujeres apaleadas en las tapias del
cementerio el 30 de octubre de 1936 por robos en la
cooperativa, dos libertarios, Antonio Martín y Julio
Fortuny, caídos en la emboscada de Bellver del 27
de abril de 1937 y los seis anarquistas asesinados en
La Serradora el 10 de juniode 1937. En resumen, 23
fascistas y 8 ácratas.
El mito de los fusilamientos masivos en la colla-
da de Tosas, ordenados por el Comité de Puigcerdà,
se desmorona ante la precisión y contundencia de
un documento de la Causa General que concluye,
una vez desenterrados y analizados los 26 cadáve-
res existentes, que eran en su mayoría personas muy
jóvenes, identificados algunos como derechistas y
desertores, abatidos por los carabineros al intentar
cruzar la frontera. Ni comité, ni fusilamientos; cara-
bineros y desertores, y en todo caso muertes ajenas
a la problemática interna de la Cerdaña que no de-
ben contabilizarse como fruto de los conflictos so-
ciales y políticos de esa comarca.
Pero la realidad histórica no importa, los do-
cumentos que destruyen una fabulosa difamación,
tampoco. Estamos ante un fenómeno sociológico y
antropológico muy complejo, que escapa a la cien-
cia histórica, porque los hechos históricos se trans-

221
forman en leyenda y creencias míticas, cimentando
además una especie de orgullosa Fuenteovejuna de
todo el pueblo de Bellver, unido en su esencia ca-
talana, republicana y civilizada frente al salvajismo
de los charnegos anarquistas y revolucionarios de
Puigcerdà. No importa que todo sea falso desde un
punto de vista histórico: es un mito fundacional y
heroico del pueblo de Bellver tan indiscutible como
irracional y religioso.
La leyenda presenta variaciones contradicto-
rias: todos y cada uno de los que dispararon desde la
muralla hirieron mortalmente a Martín; lo que con-
vive con el pacto común de silencio de no revelar el
nombre de quien realmente lo mató: un guardia civil
retirado, y con el más heroico aún de que fueron to-
dos a una.
La leyenda tiene también sus dogmas, indiscu-
tibles e inapelables:
• Sin duda El cojo era un ladrón y un asesino,
como todos los anarquistas.
• Su objetivo, al requisar ganado de Bellver,
era el de enriquecerse personalmente.
• Atravesó el puente a lo loco, por cojones;
sin ánimo de parlamentar, aún a sabiendas
de que estaba batido por numerosa gente
armada, atrincherada en las altas murallas
y que el asalto a Bellver desde el puente era
un acto suicida. ¡Un cojo corriendo por el
puente!
• No hubo ninguna emboscada.

222
• Nadie (ni siquiera involuntariamente y bajo
amenaza armada) cobijó a Martín en su
casa, agonizante por la herida de bala.
Cuando la historia deviene mito, aún más, mito
identitario del pueblo de Bellver, el historiador des-
aparece tragado por la épica de lo sagrado: los anar-
quistas siempre han sido, son y serán culpables de
haber luchado por la revolución. Y eso, sólo eso, y el
odio infinito que genera en la burguesía, es suficien-
te para alimentar y justificar ayer, hoy y siempre la
leyenda negra del anarquismo catalán. A la historia
sagrada (de esos historiadores al servicio del amo
que les paga) no le importa su falsedad; sólo le inte-
resa la irracional condena de los revolucionarios y de
su evidente naturaleza diabólica, criminal y maligna.
Su delito fue imaginar un mundo mejor, justo y sin
explotación. Su crimen, combatir por la libertad,
por el poder de decidir sobre su propia vida, por la
gestión común de las prioridades socioeconómicas,
por destruir el Estado, por el comunismo libertario.
Nada más y nada menos.

Antonio Gascón y Agustín Guillamón

223
MASÓ, Albert (1918-2001)

A lbert Masó March, militante obrero revolucio-


nario que utilizó en diferentes períodos de su
vida los seudónimos de Albert Vega, R. Maille, Julio Gil,
nació en Barcelona en diciembre de 1918 y murió en
París el 21 de noviembre de 2001.

Estudió en la Escuela Blanquerna de Barcelona, de


carácter elitista y catalanista. Inició su trayectoria mili-
tante en las Juventudes del Bloc Obrer i Camperol (BOC)
de la barcelonesa barriada de Gracia en enero de 1934.
Participó activamente en los acontecimientos de octu-
bre de 1934 en Barcelona, en la huelga general revolu-

224
cionaria que se desencadenó el 6 de octubre de 1934,
como protesta al acceso de ministros fascistizantes en
el gobierno de Madrid. En Cataluña la CNT no apoyó la
huelga. El día 7 el ejército ocupaba Barcelona: el gobier-
no de la Generalidad se había rendido. En la Rambla la
resistencia ofrecida en el sindicato del CADCI (sindicato
mercantil catalanista) había terminado con la destruc-
ción parcial del edificio por la artillería del general Ba-
tet. Los militantes del BOC concentrados en el local de
la Alianza Obrera, en Puerta del Angel, recibieron noti-
cias “excesivamente optimistas” del carácter general de
la huelga en Cataluña y de la victoria de la insurrección
obrera en Asturias. Eran unas 300 personas mal arma-
das. Al enterarse de que en Gracia los escamots de Es-
querra dejaban una gran cantidad de fusiles se despla-
zaron allí para hacerse con unos 150 fusiles winchester
abandonados. Formaron una columna armada, com-
puesta de 150 militantes, de los que unos 40 eran miem-
bros del BOC, que pretendía dirigirse a Sabadell, ciudad
controlada, como algunas otras en Cataluña, por la
Alianza Obrera. Aunque disponían de dos coches y dos
camionetas se desplazaron a pie. En la plaza de Lesseps
les alcanzó la guardia civil, que retrocedió tras un tiroteo
en el que murió Teresa Vives, una compañera del BOC,
y otros dos fueron heridos. Siguieron hacia el Tibidabo
por la carretera de la Arrabassada donde la guardia civil
volvió a hostigarlos hasta que el tiroteo se resolvió con
la huida de la guardia civil hacia Barcelona. La columna
de insurrectos llegó a Sant Cugat, donde les esperaba la
guardia civil y se generalizaron los enfrentamientos ar-
mados y los heridos por ambas partes. La guardia civil
subió a un autocar para huir. La columna se disgregó en
pequeños grupos que decidieron ir a Sabadell, mientras
otro grupo permanecía en Sant Cugat. Los grupos que

225
iban hacia Sabadell siguiendo la vía férrea eran cada vez
menos numerosos y más dispersos. La guardia civil y
una unidad del ejército llegaron a Sant Cugat, donde se
enfrentaron al grupo insurrecto que se había atrinche-
rado en el Ayuntamiento. Albert Masó, junto con Angel
Estivill y Vicente Masferrer, consiguió llegar al anoche-
cer, a través de caminos y senderos, a Sabadell, que es-
tuvo en manos de la Alianza Obrera hasta la llegada del
ejército, que ocupó Sabadell a las nueve de la noche. Los
insurrectos apresados fueron condenados la mayoría a
30 años de cárcel. Albert Masó no fue herido ni detenido.
Tras los hechos de octubre de 1934, Josep Rovira re-
clutó a Albert Masó, que sólo tenía dieciséis años, como
miembro de los Grupos de Acción del BOC (gabocs), que
luego lo fueron del Partido Obrero de Unificación Mar-
xista (POUM). Intervino en diversas acciones armadas
encargadas a los gabocs por los sindicatos mercantil y
textil, y jugó un papel muy destacado en la huelga mer-
cantil de junio de 1936, participando decisivamente en
los violentos enfrentamientos de los obreros con las
fuerzas de la policía. Había colaborado esporádicamen-
te en La Batalla y L’Hora.
Fue militante del POUM desde su fundación en se-
tiembre de 1935, por la unificación de la Izquierda Co-
munista de España (ICE) (Nin, Andrade, Molins...) y el
BOC (Maurín). En julio de 1936 participó en los comba-
tes del 19 de julio de 1936 contra los militares alzados
contra la República, en el que intervinieron centenares y
luego millares de trabajadores (de la CNT y del POUM),
así como algunas fuerzas de orden, leales al gobierno
republicano y de la Generalidad. Fue herido levemente
frente al cuartel de Atarazanas al mediodía del día 19,
por lo que no pudo intervenir en el asalto final a este edi-

226
ficio, que se produjo el 20 de julio por la mañana. Marchó
al frente de Aragón con la primera columna organizada
por el POUM, primero en Zaragoza y luego en Huesca.
En setiembre de 1936 fue herido en Tierz y evacuado a
Barcelona. Tras un breve período de reposo en el sana-
torio del POUM en Alp, regresó al frente de Huesca.
En marzo-abril de 1937 el POUM aconsejó a sus mi-
litantes en el frente, o en comarcas, que se concentraran
en Barcelona para reforzar la organización del partido
en esta ciudad. Albert Masó a finales de abril de 1937 mi-
litaba en la sección de Gracia del POUM. Amén de las
reuniones y labores de propaganda, Masó realizaba ac-
ciones de control de los transeúntes en la calle o en los
transportes, desarmando a quienes llevaban un carnet
del PSUC (partido estalinista catalán). Lo mismo hacían
los libertarios y los estalinistas con sus oponentes polí-
ticos. La tensión social y política iba en aumento y todo
anunciaba ya el enfrentamiento de mayo.
Albert Masó vivió las Jornadas de mayo de 1937 en
el local del POUM en Gracia, sito en la confluencia de
la calle Córcega con el Paseo de Gracia. Los militantes
del POUM levantaron unas barricadas que, a la vez que
protegían el local, controlaban la importante encrucija-
da del Paseo de Gracia con la Diagonal (el Cinc d’Oros),
que era también la entrada del barrio de Gracia, antiguo
municipio anexionado a Barcelona caracterizado por
estrechas callejuelas. La huelga era general en toda la
ciudad, y en muchos sitios se producían enfrentamien-
tos armados entre la CNT-POUM y el PSUC-Generali-
dad-Esquerra-policía. El barrio de Gracia estuvo contro-
lado en todo momento por los Comités de defensa de la
CNT, ayudados por el POUM. Masó intervino en los tiro-
teos contra el cuartelillo de la calle Córcega hacia Ram-

227
bla de Cataluña, y estuvo patrullando en la encrucijada
del Cinc d’Oros, próxima a La Pedrera, incautada por
el PSUC. En el local del POUM en Gracia había unos 40
militantes en contacto permanente con el Comité Local
del POUM (Plaza del Teatro en las Ramblas) y con el CE
de las Juventudes del POUM, sito en el cercano local de
la calle Mayor de Gracia. Militantes de la CNT montaron
una ametralladora en una de las barricadas frente al lo-
cal del POUM en Gracia. Se mantuvieron contactos con
alumnos de la Escuela Popular de Guerra, aunque Masó
siempre desmintió “el mito historiográfico” de que se
estuviera organizando con ellos una columna militar
para tomar la Generalidad.
Albert Masó fue testigo del efecto de los discursos
radiofónicos de Federica Montseny, Juan García Oliver y
Mariano Vázquez, que desmoralizaron y desmovilizaron
a los anarquistas, que primero retiraron la ametrallado-
ra y más tarde abandonaron definitivamente las barrica-
das del POUM en Gracia.
Masó, detrás de una barricada semideshecha, con-
templó al anochecer del 7 de mayo de 1937 el desfile de
decenas de camiones de guardias de asalto que llega-
ban de Valencia cantando La Internacional para “resta-
blecer el orden” en Barcelona. De regreso al frente fue
nombrado teniente de la División 29 (que antes de la
militarización se llamaba Columna Lenin del POUM).
Del 17 al 19 de mayo los estalinistas promovieron
la caída de Largo Caballero e impusieron un nuevo go-
bierno presidido por Negrín. Orlov planificó el complot
para involucrar al POUM en actividades de espionaje
franquista, mediante la elaboración de pruebas falsas.
El objetivo final era la ilegalización y eliminación física y

228
política de los “trotskistas-fascistas” del POUM por sus
críticas al estalinismo y los procesos de Moscú.
El 16 de junio de 1937 se abatió sobre el POUM la
represión preparada por los estalinistas y la NKVD. El CE
del POUM fue detenido y acusado de traición; Nin fue
secuestrado por la policía republicana y torturado por la
NKVD. La desaparición de Nin fue un escándalo político
de ámbito internacional y el inicio de la represión gene-
ralizada del proletariado revolucionario español.
Albert Masó March fue detenido el 4 de julio de
1937, junto con otro joven militante poumista, Ramón
Riera Llobet, mientras pegaban un cartel, en una calle
de Gracia, cuyo título decía: “El Gobierno Negrín es el
gobierno de la contrarrevolución”. Masó permaneció en
la Prisión Modelo, donde coincidió con Eduardo Mauri-
cio Ortiz, hasta el 5 de noviembre de 1937.
El capitán de las Brigadas Internacionales Leon
Narwicz, de nacionalidad polaca y miembro de la NKVD
y del Servicio de Información Militar (SIM), creado por
Prieto el 9 de agosto de 1937, había jugado un importan-
te papel, ya antes de las jornadas de mayo, preparando
la identificación y posterior detención de los distintos
militantes y dirigentes del POUM, mediante la obten-
ción de fotografías. Tras ganarse la confianza de diver-
sos dirigentes del POUM (Nin, Andrade, Landau, Gor-
kin), a quienes se había presentado como simpatizante
de la Oposición rusa, pudo recorrer sin levantar sospe-
chas los distintos locales del POUM, sacando las fotos
que quiso. Tras las masivas detenciones de militantes
del POUM después del 16 de junio, algunos de ellos ob-
servaron que la policía, para identificar a quien detenía
llevaba fotos recientes, que sólo podían ser las que había
tirado Leon Narwicz (Leon en polaco se escribe sin acen-

229
to). Juan Andrade posteriormente identificó a Narwicz
en una foto publicada en la prensa, en la que aparecía
junto a Líster y otros destacados estalinistas. En ene-
ro-febrero de 1938 Leon Narwicz y Lothar Marx estaban
trabajando en un intento de infiltrarse en la Sección Bol-
chevique-Leninista de España (SBLE), presentándose
como simpatizantes, que podían influir en un pequeño
grupo alemán de las Brigadas Internacionales. En esa
misma época Leon Narwicz estaba intentando entrar
en contacto con la organización clandestina del POUM,
sin saber que los poumistas conocían ya su carácter de
agente soviético, el papel que había jugado en la deten-
ción de Nin, del Comité Ejecutivo y de varios militantes
del POUM, así como su labor de recopilación o fabrica-
ción de pruebas judiciales en el proceso en curso abierto
contra ese partido. El POUM decidió hacerle creer que
les interesaba contactar con él, y le dieron una cita para
encontrarse. El capitán de las Brigadas Internacionales
Leon Narwicz, agente de la NKVD y del SIM, acudió el
10 de febrero de 1938, a las diez de la noche, a la cita en
un descampado en la calle Legalidad, en Barcelona, sin
sospechar nada. Un grupo de acción del POUM, forma-
do por Albert Masó y Lluis Puig, le disparó tres tiros en
la cabeza. La muerte de Leon Narwicz fue reivindicada
por el POUM como un acto de venganza contra la NKVD
por la muerte de Nin y la persecución política del par-
tido. Ni Albert Masó ni LLuis Puig fueron detenidos; la
muerte de Narwicz sirvió de pretexto para la detención
y juicio de los militantes de la SBLE: Munis, Jaime Fer-
nández Rodríguez, Domenico Sedran (Adolfo Carlini),
Aage Kjelsø, Victor Ondik, Teodoro Sanz, Luis Zanon. La
investigación fue conducida por Julián Grimau García,
lo cual demuestra la importancia que la NKVD y el SIM
concedían al caso Narwicz.  

230
Ese mismo mes de febrero de 1938 Albert Masó in-
gresó en la Escuela Militar, para regresar más tarde al
frente como teniente de infantería destinado a la 218
Brigada Mixta, 34 División, donde no dejó de militar en
una célula clandestina del POUM.
En febrero de 1939, pasó la frontera con su unidad
y se evadió del campo de concentración de Argelés. En
el exilio formó parte de un grupo de acción, constituido
por Albert Masó, LLuis Puig y Rafael García (comisario
del batallón de choque de la División 29), que recauda-
ba fondos para el POUM. Fue detenido y encarcelado
durante dos años en La Santé (1939-1941), donde Lluis
Puig falleció de tuberculosis en 1939. Sus relaciones per-
sonales con Suzanne Voute (Frédéric) le aproximaron a
la Fraction Française de la Gauche Communiste (FFGC),
en la que ingresó a principios de 1944. Su adhesión a
la FFGC se fundamentaba en tres puntos teóricos: 1)
rechazo de la posición “defensa de la URSS”; 2) carac-
terización de la URSS como potencia contrarrevolucio-
naria; 3) la guerra mundial es ante todo una guerra en-
tre potencias y bloques imperialistas. No compartía los
análisis de Bilan sobre la guerra de España, que siempre
rechazó como disparatados, ni la concepción bordiguis-
ta del partido. Militó en la FFGC durante varios años,
en París, en un ambiente agradable y propicio, junto a
los franceses Gaston Davoust (Chazé) y Lasterade, y los
exiliados italianos Aldo Lecci (Tullio), Bottaioli (Butta),
Bruno Zecchini, los hermanos Corradi (Ernesto y Piero),
Martín Capeletti, Ferruccio y Mario. En el otoño de 1944
Marc Chirik y Salama (Mousso), que acababan de llegar
a París procedentes de Marsella, abandonaron la FFGC
para constituir la Gauche Communiste de France (GCF).
En 1945 Tullio y Butta marcharon a Italia; y en 1946 in-
gresaron en la FFGC dos españoles: Rafael García, pou-

231
mista que había sido ofical en la División 29, que se alejó
del grupo al cabo de dos años, y Nico, obrero en la fábri-
ca Renault de Boulogne-Billancourt, donde se convirtió
en uno de los organizadores de la huelga salvaje de abril
de 1947, y que a principios de 1949 emigró a Venezuela.
Albert Masó había sido detenido de nuevo en
1944 por los alemanes. En diciembre de 1945 asistió a
la primera Conferencia del Partido Comunista Interna-
cionalista de Italia (bordiguista), reunida en Turín. Con
el tiempo las discrepancias entre bordiguistas intransi-
gentes (como Suzanne) y no bordiguistas fueron acen-
tuándose. Albert Masó pasó un año en un sanatorio en
Suiza (mayo de 1947 a abril de 1948) y luego otro año
de trabajo (enero a diciembre de 1949) en Marsella y
Comar, por lo que se mantuvo alejado de toda práctica
política hasta su regreso a París en diciembre de 1949,
donde trabajó como traductor. Ante el deterioro de la
situación en el seno de la FFGC, las discusiones con el
grupo Socialisme ou Barbarie (SB) permitieron a un pe-
queño grupo de militantes: Albert Masó (Vega), Pierre
Lanneret (Camille), Gaston Davoust (Chazé), Jacques
Signorelli (André Garros), Neron, Raymond Bourt (Gas-
pard), y otros, realizar un balance político que se expresó
en una Declaración política, publicada en el número 7 de
Socialisme ou Barbarie. En mayo de 1950, Masó, Lanne-
ret y el pequeño grupo desgajado de la FFGC se adhirió
a SB. En los números 9 y 11 de la revista se publicaron
dos importantes artículos, firmados por Albert Vega, so-
bre la lucha de clases en España y sobre la escisión del
bordiguismo en Italia, entre las tendencias lideradas por
Damen y Bordiga. Desde 1952 el nombre de Albert Vega
fue incluido entre los miembros del consejo de redac-
ción. Masó asumió durante su militancia en SB el peso
de las tareas de organización política y publicó diver-

232
sos artículos sobre los más variados temas, firmados A.
Vega o R. Maille. Desde 1954 el pequeño núcleo de mi-
litantes de SB (que osciló de los 20 a los 80 militantes)
vivió una serie de enfrentamientos internos, cada vez
más agudos, que solían cristalizar en tres tendencias en-
cabezadas por Castoriadis (que daba gran importancia a
la teorización de los nuevos fenómenos del capitalismo
y no creía que SB pudiera convertirse en una auténtica
organización revolucionaria), Lefort (preocupado por el
antileninismo y la crítica de la burocracia) y Vega (que
priorizaba el marxismo revolucionario clásico y un cierto
activismo obrerista).
En el otoño de 1957 Masó alojó en su casa a Munis
(recién salido de las prisiones franquistas) durante dos
o tres meses. Las discusiones de Munis con SB, en la
primavera de 1958, finalizaron con un desacuerdo to-
tal en temas esenciales, por lo que Munis y Benjamin
Péret fundaron su propio grupo: Fomento Obrero Re-
volucionario (FOR). En ese mismo 1958 se produjo una
escisión en SB, a causa de las discrepancias en torno al
modelo organizativo por el que debía optar SB: Casto-
riadis (Chaulieu, Cardan), Masó, etc… continuaron en
SB, mientras Claude Lefort (Montal), Henri Simon, y
otros abandonaron el grupo para constituir Informa-
tions et liaisons ouvrières (ILO). En 1960, durante la
guerra de Argelia, Albert Masó, a causa de los registros
y detenciones a que fueron sometidos los militantes ex-
tranjeros de SB, se vio obligado a destruir sus archivos
y colecciones de periódicos: Battaglia Comunista, Pro-
meteo, Programme, Bilan, L’Etincelle, L’Internationaliste,
folletos, textos, etc....
Masó mantuvo un contacto asiduo, durante los
años cincuenta y sesenta, con Onorato Damen, líder

233
del Partito comunista internacionalista de Italia (Batta-
glia), y sobre todo con Bottaioli, y el grupo formado por
éste en Cremona: Danilo Montaldi, Gianfranco Fiameni,
etc..., que permitió romper el aislamiento internacional
de SB, así como una amplia difusión de la revista en Ita-
lia. En 1963 se produjo una nueva escisión en SB: Casto-
riadis y Mothé conservaron la revista SB (que se publicó
hasta 1965, disolviéndose el grupo en 1967), mientras
Masó, Lyotard (Laborde), Soury (Brune), etcétera, con-
tinuaron con Pouvoir Ouvrier (mensual de SB), hasta su
autodisolución en diciembre de 1969. Ambos grupos
(unos 20 militantes cada uno) mantuvieron los nombres
respectivos de sus publicaciones para la organización.
En 1972 Masó reingresó en el POUM, en París, for-
mando parte de su CE en el exilio. Desde 1975 publicó
con Wilebaldo Solano Tribuna Socialista, editada por la
Izquierda del POUM, que proponía la unidad del POUM,
Acción Comunista, Unión Comunista de Liberación y
Lucha Obrera. Albert Masó firmaba los artículos publi-
cados en esta revista con el seudónimo de Julio Gil. En
octubre de 1975 fue uno de los organizadores de la cam-
paña realizada en París contra la aplicación de las penas
de muerte dictadas por Franco. En julio de 1976 se di-
solvió la izquierda del POUM: Solano y Masó apostaron
por la reconstrucción del POUM desde la perspectiva
del marxismo revolucionario y mediante la unificación
de diversas formaciones marxistas. Albert Masó, aban-
donando familia y amigos, fijó su residencia en Barcelo-
na para dedicarse de pleno a la militancia en el POUM.
En diciembre de 1976 se aprobó por referéndum la Ley
de Reforma Política, que acababa con la posibilidad de
una “ruptura” con el franquismo y sentenciaba la vía
del pacto político entre reformistas antifranquistas y
liquidadores franquistas. En abril de 1977 se celebró la

234
IV Conferencia del POUM con la discusión y aprobación
de un texto político de Solano y una resolución sindical
elaborada por Masó. La decisión de que el POUM par-
ticipara en las elecciones generales convocadas para el
15 de junio de 1977, no discutidas en la IV Conferencia,
provocaron la escisión de Mario Lleget y el sector más
joven del interior, contrarios a la intervención electoral,
lo cual provocó la existencia de dos POUM, hasta el in-
greso de los escindidos, en los primeros meses de 1978,
en el Partido Obrero Socialista Internacional (POSI),
sección española de la Organización por la Cuarta Inter-
nacional (OCI). El resultado de las primeras elecciones
fue decepcionante para todas las formaciones a la iz-
quierda del PCE, que entraron en una crisis que acabó
siendo irreversible. En agosto de 1977 el POUM celebró
su V Conferencia, consiguió convertir La Batalla en un
órgano mensual e inició un proceso de unificación con
Acción Comunista y un grupo escindido de la Organi-
zación de Izquierda Comunista (OIC) que, a lo largo de
1978, tras diversos avatares y desencuentros, terminó
en un estrepitoso fracaso cuando fue incapaz de superar
una cuestión de segundo orden como era la del nombre
a adoptar por el nuevo partido unificado. El fracaso del
proceso de unificación llevó al POUM a una crisis aguda,
con la multiplicación en 1979 de los casos de abandono
o absentismo. Sólo el voluntarismo de Masó y un peque-
ño núcleo militante garantizó la salida de La Batalla y
las mínimas tareas administrativas. El 1 de noviembre
de 1979 Masó regresó a París, aunque realizando siem-
pre frecuentes viajes a Barcelona. Desde 1981 el POUM
dejó de tener una actividad política real, aunque nadie
tomó la iniciativa de su disolución, ni siquiera cuando
años más tarde se constituyó la Fundación Andreu Nin.

235
La biografía de Albert Masó, obstinado, activo y
valioso militante obrero y revolucionario desde los die-
ciséis años (1934) hasta el final de sus días (noviembre
2001) se funde con la historia del “viejo” movimiento
obrero del siglo XX. Suzanne Voute, su compañera du-
rante algunos años, falleció en diciembre de 2001 en
Marsella.

Agustín Guillamón

236
MICHAELIS, Rudolf (1907-1990)

N ació el 31 de marzo de 1907 en Leipzig y mu-


rió en Berlín el 28 de noviembre de 1990.
Michaelis había crecido, desde la edad de seis años,
en una familia de acogida. Su madre había muerto al
poco de su nacimiento. En 1924 entró en las juven-
tudes anarquistas de Leipzig, entonces una de las
organizaciones más activas de Alemania y de la cual
saldrían más adelante militantes dirigentes de la Freie
Arbeiter-Union Deutschlands (FAUD) y del Deutsche
Anarcho-Syndikalisten (DAS), como Elli y Ferdinand
Götze, Arthur Lewin Gerhard Wartenberg y Helmut
Rüdiger. En 1927, Michaelis se fue a Berlín, donde se

237
formó como autodidacta, y desde 1930 trabajó como
restaurador en el departamento de Oriente Próximo
del museo estatal.

Como miembro activo de la FAUD, fue detenido


en mayo de 1933 y estuvo encarcelado hasta diciem-
bre de 1933. Después, junto con su compañera Marga-
rethe, emigró a Barcelona. Por recomendación de su
jefe alemán consiguió un puesto en el museo arqueo-
lógico de la ciudad. Como afiliado a la CNT participó
activamente en el levantamiento del 19 de julio de
1936. Al verse implicada la Universidad de Barcelona
en denuncias por ser un nido de reaccionarios, Michae-
lis intervino con éxito en favor de su exjefe en el museo
arqueológico, Bosch i Gimpera, para que cesaran tales
ataques en la prensa.
De agosto a noviembre de 1936 combatió en el
grupo Erich Mühsam y hasta abril de 1937 fue delegado
político del Grupo Internacional en la Columna Durruti.
Detenido después de los días de mayo, estuvo encar-
celado en Santa Úrsula y en Segorbe. Una vez puesto
en libertad, obtuvo la nacionalidad española e ingresó
en una unidad militar republicana. Finalizada la guerra
civil se instaló en París, y con nombre falso volvió a Es-
paña. Le detuvieron en la frontera y fue condenado a
30 años de prisión.
En 1944 pudo salir de la cárcel, y vivió hasta 1946
bajo vigilancia policial en Madrid. En 1946 regresó a
Alemania y entró en el partido comunista del Este, el
SED. Ocupó el puesto de director administrativo de los
museos estatales en Berlín. En 1951 fue expulsado del
partido, pero se quedó en Berlín-Este y trabajó, has-
ta su jubilación en 1964, como maestro de primaria
en Berlín-Treptow. A partir de 1975 volvió a contactar

238
con sus antiguos compañeros de la FAUD en la Alema-
nia Occidental. Bajo nombre falso dio conferencias en
Berlín-Oeste, entre otras materias, sobre la revolución
española.

Dieter Nelles

239
MICHAELIS, Margarethe (1902-1985)

N ació en Dzieditz (Austria) en 1902 y murió en


Melbourne (Australia) en 1985. Fotógrafa. Es-
tudió fotografía en Viena y se instaló en Berlín en 1929.
Allí conoció a Rudolf Michaelis. El 9 de marzo de 1933
fue detenida durante algún tiempo en relación con una
razzia en la editorial ASYK en Berlín.

En diciembre de 1933 emigró con su marido Ru-


dolf a Barcelona. En esta ciudad trabajó para el grupo
GATEPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles
para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea) y
con su sección catalana (GATCPAC), en cuyas revistas
publicó sus fotografías.
Después de haberse separado de su marido mon-
tó un estudio fotográfico y, una vez empezada la gue-
rra civil, colaboró con la Generalitat. Abandonó Barce-
lona a finales de 1937 y se marchó finalmente a Austria.
En 1999, bajo el título “Vanguardia y Política en
la Barcelona de la República”, sus fotografías fueron
presentadas en Valencia y Barcelona, en sendas expo-
siciones.

Dieter Nelles

240
(MUNIS, G.), Manuel Fernández-Gran-
dizo y Martínez (1912-1989)

M anuel Fernández-Grandizo y Martínez (18-


4-1912 / 4-2-1989), cono­cido por el seudó-
nimo de G. Munis, nació en Torreón (México). El seu-
dónimo está extraído de las dos sílabas centrales de la
palabra comunismo. Y la letra “G” delante de Munis no
es la inicial de Grandizo o de Gregorio, sino parte del
seudónimo. A los tres años de edad vino a España con
sus padres, residiendo en Extremadura. Su padre re-
presentaba una fábrica de harinas. A los once años su
familia volvió a México. Se inició desde muy joven en

241
las actividades políticas. Intervino en las huelgas cam-
pesinas de Llerena en 1928. Fue uno de los fun­dadores
de la Oposi­ción Comunista de Izquierda en España,
esto es, de la organiza­ción internacional impulsada
por León Trots­ky. Colabo­ró en la prensa de la Izquier-
da comu­nista de España (nuevo nombre adoptado por
la Oposición comu­nista): La Antor­cha, Joven Esparta-
co, El Soviet, Comunismo. Intervino sucesivamente en
la campaña de las elecciones municipales de abril de
1931, que consiguieron derrocar a la monarquía, y lue-
go en la campaña de las Cortes Constituyentes. Formó
parte de la dirección del numeroso núcleo trotskista de
Llerena, junto a militantes de la talla de Eduardo Mau-
ricio (que firmaba con el seudónimo O. Emem) y Luis
Rastrollo. Meses después, en México, contribuyó a la
fundación clandestina de la Oposi­ción trotskista. De-
tenido en un mitin fue expulsado del país, y regresó de
nuevo a la península.

De 1932 a 1933 fue miembro del grupo Lacroix,


que debía su nombre al seudónimo del militante Fran-
cisco García Lavid, quien tras dimitir como secretario
de la organización en marzo de 1932, llevó a cabo una
lucha fraccional contra su sucesor Andrés Nin.
Cumplido el servicio militar fue nombrado a prin-
cipios de 1934 represen­tante de la Izquierda Comunis-
ta de España (ICE) en la Alianza Obrera de Ma­drid. Tras
la insurrección de octubre de 1934 fue encarcelado por
incitación a la rebelión, a causa de la publicación del
folleto Qué son las Alianzas Obreras.
Durante esos años colaboró episódicamente en la
prensa de la Oposición, en El Soviet (1931-1032) y La
Antorcha. (1934), así como en la revista teórica Comu-
nismo (1931-1934).

242
Era partidario del entrismo en las radicalizadas Ju-
ventudes socialistas, como propugnaba Trotsky desde
febrero de 1934; táctica que ya había propuesto con
anterioridad Esteban Bilbao en España. Para Munis se
trataba de entrar con derecho a fracción y sin renuncia
a la defensa de sus propias posiciones.
La tendencia que en el seno de la ICE se opuso a la
fusión con el Bloc Obrer i Camperol (BOC) de Maurín,
estaba formada por Esteban Bilbao, Enrique Fernán-
dez Sendón (L. Fersen) y Munis, quienes publicaron
una carta de ruptura en el boletín interno de la ICE de
julio de 1935. Esta tendencia consiguió la adhesión de
apenas media docena más de militantes. El ingreso
de esa tendencia en el PSOE no supuso la creación de
ninguna fracción, ni tuvo peso específico alguno. Así
pues, cabe afirmar, y es importante subrayarlo, que
desde septiembre de 1935, con la fusión de la ICE y el
BOC en el POUM, el proletariado español se quedó sin
partido revolucionario en un período histórico crucial.
Munis no llegó a ingresar en el PSOE, ni tampoco mili-
tó nunca en el POUM, partido afiliado al llamado Buró
de Londres, de carácter centrista.
A principios de 1936 Munis se fue a México de
donde volvió en cuanto tuvo noticia de la sublevación
militar y la insurrec­ción obrera de julio. Regresó a Es-
paña con el primer barco cargado de armamento, el
Magallanes, que arribó a Cartagena a mediados de
septiembre de 1936, cargado con una pequeña dota-
ción de armamento.
En noviembre de 1936 Munis se estableció en
Barcelona, donde se integró en el Grupo Bolchevi-
que-Leninista (BL), creado en mayo-junio de 1936 por
los trotskistas italianos Nicola Di Bartolomeo (Fosco) y

243
Virginia Gervasini (Sonia). El 30 de octubre Fosco había
sido expulsado del Grupo BL de Barcelona, fundando
un nuevo grupo trotskista heterodoxo, que se recla-
maba de las posiciones de Raymond Molinier y Pierre
Frank en Francia. Así, pues, desde noviembre de 1936
existieron dos minúsculos grupos trotskistas enfrenta-
dos. Ambos se revindicaban de la Cuarta Internacional.
Munis entabló una fuerte relación política y amis-
tosa con el poeta surrealista Benjamin Péret, militante
del Parti Ouvrier Internationaliste (POI), sección fran-
cesa del movimiento por la Cuarta Internacional, pre-
sente en Barcelona desde agosto de 1936.
El grupo ortodoxo de Munis adoptó el nombre de
Sección Bolchevique-Leninista de España (SBLE), pro
IV Internacional, que desde enero de 1937 publicó un
Boletín, transformado en abril de 1937 en el periódi-
co La Voz Leninista, en el que se criticaba a la CNT y el
POUM su colabora­ción con el gobierno de la burguesía
republicana, al tiempo que se propugnaba la forma-
ción de un Frente Obrero Revolucionario que tomase
el poder, hiciera la revolución y dirigiese la guerra.
A finales de abril de 1937 Munis y Péret marcha-
ron a París para entrar en contacto con la organización
internacional. Munis regresó a finales de mayo, pro-
bablemente acompañado por Erwin Wolf. Así, pues,
Munis no vivió directamente la semana de combates
conocida como “las Jornadas de Barcelona de Mayo de
1937”.
En mayo de 1937, sólo la Agrupación de Los Ami-
gos de Durruti y los bolchevi­que-leninistas (BL) de la
SBLE lanzaron octavillas, que propug­naban la conti­
nuación de la lucha y se oponían a un alto el fuego.
Fueron las únicas organizaciones que intentaron pre-

244
sentar y defender unos objetivos revolucio­narios a la
insurrección de los trabajadores. La represión esta-
linista, tras la caída del gobierno de Largo Caballero,
consiguió la ilegalización y proceso del POUM, pero
también de Los Amigos de Durruti y de la SBLE. Al
asesinato de los anarquistas Berneri, Barbieri y otros
muchos compañeros, siguió el asesinato y desapari-
ción de los poumistas Nin y Landau, pero también de
los camaradas de Munis: el hebreo alemán Hans Da-
vid Freund (Moulin), el checo exse­cretario de Trots­ky
Erwin Wolf (N. Braun), y su amigo personal Carrasco.
El propio Munis, con la mayoría de los militantes
de la SBLE, fue encarcelado el 13 de febrero de 1938.
Fueron acusados de sabotaje y espionaje al servicio de
Franco, de provocar huelgas para favorecer la victo-
ria fascista, de provocar las luchas callejeras de mayo
de 1937, de proyecto de asesinato de Negrín, “La Pa-
sionaria”, Díaz, Comorera, Prieto y un largo etcétera;
así como de asesi­nato consumado en la persona del
capitán polaco de las Brigadas Internacionales Leon
Narwicz, agente del Servicio de Información Militar
(SIM) y de la policía política soviética, infiltrado en el
POUM. Leon Narwicz (en polaco se escribe sin acento
en Leon) había sido descubierto en su intento de in-
filtrarse en el POUM y fue ejecutado por un grupo de
acción de ese partido, formado por Albert Masó y Lluís
Puig.
Los militantes de la SBLE fueron juzgados por un
tribunal de Espionaje y Alta Traición, a puerta cerra-
da, e inicialmente sin defensa jurídi­ca, tras pasar un
mes incomunicados en la comisaría de Vía Layetana,
y torturados en una checa estalinista, en los sótanos
de la Brigada Criminal de la plaza Berenguer, dirigida

245
por Julián Grimau. Todos dormían en comisaría y por
la mañana eran traslados por una camioneta policial
a poco más de cien metros de distancia, para ser inte-
rrogados y torturados en la Brigada Criminal. Sólo Luis
Zanon estuvo permanentemente, día y noche, en los
sótanos del edificio de la plaza Berenguer, aislado de
los demás, hasta que se derrumbó psicológicamente
y se convirtió en un muñeco roto, que confesó al equi-
po de torturadores, dirigido personalmente por Julián
Grimau, todo lo que quisieron hacerle decir.
El danés Aage Kjelsø consiguió fugarse de la
Brigada Criminal en la plaza Berenguer, donde
le habían aislado en una habitación. Dormido el
guarda que custodiaba la puerta, Aage Kjelsø, con
una impresionante sangre fría, le cogió la chaque-
ta de la silla, tomó un cigarrillo del bolsillo, lo en-
cendió y lentamente descendió la escalera, saludó
a los guardias del portal y llegó a la Casa CNT-FAI,
situada a cincuenta metros, consiguiendo huir al-
gún tiempo después a Francia con ayuda de los
anarquistas, alertando en París a sus camaradas
de Lutte Ouvrière de las torturas y el proceso en
curso contra la SBLE.
El 11 de marzo de 1938 los presos de la SBLE in-
gresaron en la Cárcel Modelo. Zanon declaró inme-
diatamente ante el juez que su “confesión” había sido
fruto de las torturas padecidas. El fiscal pidió pena
de muerte para Munis, el italiano Domenico Sedran
(Adolfo Carlini) y Jaime Fernández. En la Cárcel Mode-
lo Munis intervino en los debates políticos con otros
presos y dio diversas charlas y conferencias, trabando
lazos de amistad con anarquistas como Felix Danon o

246
Jaime Balius. A mediados de octubre testificó en el jui-
cio contra el POUM, asumiendo ser el líder de los trots-
kistas y descargando, por lo tanto, a los poumistas de
tal acusación. El 20 de diciembre de 1938 Munis, el
checo Víctor Ondik, Luis Zanon y Adolfo Carlini ingre-
saron en la Prisión del Estado, en el antiguo convento
de la calle Deu i Mata. A raíz de la destacada partici-
pación de Munis en la huelga de hambre de los presos
revolucionarios fue trasladado a principios de enero de
1939 a la prisión del castillo de Montjuic, en las celdas
de los condenados a muerte. Una nota manuscrita de
Antonio Mije sobre Munis, a primeros de enero, seña-
laba el extremo interés y atención de los estalinistas
en el proceso contra los BL. Las presiones internacio-
nales y la voluntad de las autorida­des de que el juicio
a los trotskistas se celebrara con posteriori­dad al del
incoado contra el POUM, aplazaron la vista hasta el 26
de enero de 1939, día de la caída de Barcelona en po-
der de los franquistas.
Jaime Fernández, internado en el campo de traba-
jo estalinis­ta de Omells de Na Gaia, y posteriormente
movilizado, había conseguido evadirse en octubre de
1938. Carlini, enfermo, vivió algunos meses escondido
en la Barcelona franquista, y cuando consiguió pasar la
frontera fue internado en un campo de concentración.
Munis había alcanzado la frontera francesa a prime-
ros de febrero de 1939, con el grueso de la avalancha
de refugiados republi­canos que huían ante el avance
de las tropas franquistas, encuadrado en un grupo de
presos políticos, en su mayoría militantes del POUM,
en dos camiones preparados por Vicente de Vincente.
Años después, ya en el exilio, le confesaron la existen-
cia de una orden para ejecutar a todos los presos revo-
lucionarios antes de retirarse hacia la frontera.

247
La Lutte Ouvrière, que durante todo el año 1938
había dado noticia de los pormenores de la detención,
juicio y prisión de los militantes de la SBLE, publicó en
sus números del 24 de febrero de 1939 y del 3 de marzo
de 1939 una entrevista con Munis sobre la caída sin re-
sistencia de Barcelona en manos fascistas, que él acha-
caba al previo aplastamiento de los revolucionarios en
la represión posterior a mayo de 1937. En abril publicó
el primer número de la segunda serie de La Voz Leni-
nista. En setiembre de 1939, en vísperas del inicio de
la Segunda Guerra Mundial, gracias a su nacionalidad
mexicana, consiguió embarcar con destino a México,
pero los intentos de conseguir refugio en ese país para
sus camaradas fracasaron, ante la oposición de los es-
talinistas a la concesión del visado para los trotskistas.
Ya en México, es­tableció una asidua relación per-
sonal con León Trotsky y su mujer Natalia Sedova.
Trotsky le encargó la supervisión de la sección mexica-
na. En mayo de 1940 participó en la llamada conferen-
cia de “alarma” de la IV Internacional, reunida en New
York, en la que presentó un informe sobre la situación
española y las tareas de los BL. Al término de la con-
ferencia fue designado para formar parte del Comité
Ejecutivo Internacional (CEI).
En agosto de 1940, tras el asesinato de Trotsky
en México, en cuyos funerales tomó la palabra, intervi-
no repetidamente en el proceso incoado contra su ase-
sino (Ramón Mercader, militante del PSUC y agente
soviético) como representante de la parte acusadora.
Se en­frentó decididamente contra los parla­mentarios
estalinistas, así como contra la campaña de la prensa
estalinista mexicana, que acusaba a Munis, Víctor Ser-
ge, Gorkin, Regler y Pivert de agentes de la Gestapo.

248
Pese a la amenaza de muerte realiza­da por los estali-
nistas, Munis retó a los diputados mexicanos que les
calumniaban a renunciar a la inmunidad parlamenta-
ria, para enfrentarse a ellos ante un tribunal.
A principios de 1941 fundó el Grupo Español en
México de la Cuarta Internacional (GEMCI). En 1942 se
unió a Benjamín Péret, también exi­liado en México e
integrado en el GEMCI, y a Natalia Sedova, en las crí-
ticas al Socia­list Workers Party (SWP), la organización
trotskista estadouniden­se, que tácitamente tomaba
partido por uno de los bandos de la guerra imperialis­
ta (Segunda Guerra Mundial), esto es, por el anti­
fascismo, y como respuesta crítica a las declaraciones
de su secretario Cannon, con motivo del proceso por
sedición, celebrado en Minneapolis contra 18 militan-
tes del SWP.
Las divergencias se acentuaron ante la crítica del
Grupo Español en México a los partidos francés e in-
glés, apoyados por la dirección de la IV Internacional,
que tomaban posicio­nes favorables a la participación
en las dis­tintas resisten­cias nacionales contra los nazis.
El inmenso mérito de Munis, Benjamin Péret y Natalia
Sedova radicaba en la denuncia de la política de defen-
sa del Estado “obrero degenerado” de la URSS, con-
juntamente con el rechazo al apoyo de las resistencias
nacionales antifascistas. El bando militar de los alia-
dos, fueran éstos rusos, americanos, franceses o ingle-
ses, no era mejor ni peor que el nazi. Abandonar la tra-
dicional posición marxista de neutralidad en la guerra
imperialista, esto es, optar por uno de los bandos bur-
gueses en lucha, suponía abandonar toda perspectiva
revolucionaria de lucha de clases y de transformación
de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.

249
El avance de las tropas rusas no suponía ningún avance
de la revolución, sino por el contrario la expansión del
estali­nismo, esto es, de la contrarrevolución triunfante
en Rusia, que en su política exterior había ya ahogado
la revolución española, y que reprimía en su conquista
militar cualquier manifestación revolucionaria en Po-
lonia, Checoslovaquia, Rumania, Alemania, Hungría o
Bulgaria.
Las discrepancias entre el Grupo español y la direc­
ción de la IV Internacional fueron cada vez más amplias
e insalva­bles. Las posiciones de Munis, Péret y Natalia
Sedova hallaron eco en varias secciones de la IV Inter-
nacional: en Italia el Partito Operaio Comunista (POC)
dirigido por Romeo Mangano, en Francia la tendencia
Penne­ tier-Gallienne del Parti Communiste Interna­
tionale (PCI), así como la mayoría de las secciones in­
glesa y griega.
El Grupo español en México de la IV Internacional
editó dos números de 19 de julio, y desde febrero de
1943 una publicación de carácter teórico, titulada Con-
tra la corriente, destinada a defender los prin­cipios del
internacionalismo marxista, que a partir de marzo de
1945 fue sustituida por una nueva publicación, de ca-
rácter más práctico y combativo, titulada Revolución. En
la editorial mexicana de mismo nombre Munis y Péret,
este último bajo el seudónimo de Peralta, publicaron va-
rios folletos en los que desarrollaron sus teorías sobre la
natura­leza del Estado ruso, que era definido como capi-
talismo de Estado, sobre la guerra imperialista y el papel
de los revolu­cionarios, sobre la guerra civil española y el
papel contra­rrevolucionario jugado por el estalinismo,
así como sus críti­cas a la Cuarta Inter­nacional.

250
En junio de 1947 Munis, Péret y Natalia Sedova ini-
ciaron un proceso de ruptura con el trotskismo oficial,
con dos textos que criticaban duramente a la dirección
de la Cuarta: la “Carta abierta al partido comu­nista inter-
nacional, sección francesa de la IV Inter­nacional”, y “La
Cuarta Internacional en peligro”, preparado para la discu­
sión interna del Congreso mundial.
En 1948, ya establecidos Munis y Péret en Francia,
se produjo la ruptura definitiva con el trotskismo en el II
Con­greso Mundial de la IV Internacional. El congreso se
negó a condenar la participación de los revolucionarios
en la defensa nacio­nal, esto es, en la resistencia, y apro-
bó una resolución en la que se presentaba la rivalidad
USA-URSS como la principal contradicción mundial.
Esto, unido a la consigna de la defensa incondicional
de Rusia, porque pese a todo era considerada como un
Estado obrero degenerado, suponía defender el estali­
nismo. Y lo que era aún mucho más grave: suponía sus-
tituir la con­tradicción marxista fundamental de la lucha
de clases entre burguesía y proletariado, por la naciona-
lista de apoyo a la URSS en su rivalidad con USA. Munis
calificó estas posiciones del II Congreso de la IV Interna-
cional de aberrantes y elaboró un documento de ruptura
con el trotskismo por parte de la sección española, en
el que profundizaba y confirmaba la definición de Rusia
como capita­lismo de Estado, sin vestigio socialista algu-
no, y como poten­cia imperialista. Munis, durante el Se-
gundo Congreso de la Cuarta, colaboró en la formación
de un bloque de oposición con fuerzas muy heterogé-
neas, como las de Cornelius Castioradis, Jacques Galien-
ne y Marcel Pennetier en el seno de la sección francesa;
la tendencia Johnson-Forrest del SWP, dirigida por CRL
James y Raya Dunayevskaya, el Workers Party estadou-

251
nidense de Max Shachtman o el Partito Operaio Comu-
nista italiano, dirigido por Romeo Mangano.
En enero de 1948 Munis se había establecido en Pa-
rís, ingresando en el Grupo comunista internacionalista
de España (GCI), la sección española de la Cuarta Inter-
nacional, en cuyo nombre participó en el ya citado Se-
gundo Congreso Mundial, en el que se hizo evidente el
extremo minoritarismo de sus posiciones. Munis y el GCI
lanzaron una nueva serie de Revolución, que prosiguió
su enfrentamiento con las tesis trotskistas oficiales.
En julio de 1948 el Comité Central del GCI, formado
por Munis, Benjamin Péret y Jaime Fernández (seudó-
nimo J. Costa), entre otros, aprobó el documento titu-
lado Explicación y llamamiento a los militantes, grupos y
secciones de la IV Internacional, redactado por Munis y
publicado en septiembre de 1949, en el que se declaraba
públicamente que la ruptura con la Cuarta era ya irrevo-
cable y definitiva.
En enero de 1949 el GCI, liderado por Munis, había
dado origen, junto a la tendencia Galienne-Pennetier de
la sección francesa y un grupo de vietnamitas, a una efí-
mera Unión Obrera Internacionalista (UOI), que publicó
algunos números de un boletín ciclostilado: La Bataille
Internationale.
En el invierno de 1949-1950 las discusiones con el
grupo que publicaba la revista Socialisme ou Barbarie se
mostraron absolutamente infructuosas.
La organización del GCI en Francia, que en 1950
cambió su nombre por el de Grupo de Combate Revo-
lucionario, era el primer paso para el inicio de la lucha
clandestina en España. El grupo consiguió establecer
una mínima infraestructura en Barcelona y Madrid. Pu-

252
blicaron y difundieron algunos folletos y octavillas en los
que se denunciaba los horrores y la auténtica naturale-
za del estalinismo español y de la dictadura fas­cista de
Franco. En marzo de 1951, durante la huelga general de
tranvías en Barcelona, consistente en un boicot popu-
lar a coger tal medio de transporte, en protesta por el
alza del precio del billete, el grupo lanzó octavillas en las
que se defendía el carácter espontáneo del movimiento,
frente a una propaganda franquista que lo atribuía a los
consabidos masones y comunistas pagados por el oro
de Moscú.
A causa de esas octavillas, y de los folletos que
denun­ ciaban la política contrarrevolucionaria de los
estalinistas en España, Munis, Jaime y el resto de com-
pañeros del grupo fueron detenidos en Madrid el 11 de
diciembre de 1952, y en Barcelona algunos días des-
pués. Es decir, todo el grupo había caído algunos meses
después de su intervención en las huelgas de tranvías de
Barcelona. Fueron juzgados en consejo de guerra suma-
rísimo, por un tribunal militar de Madrid, acusados de
rebelión militar. El 1 de febrero de 1954 se hizo público
el fallo del tribunal: Munis fue conde­nado a diez años
de prisión; Jaime Fernández a ocho años; María Fernán-
dez-Grandizo Martín (prima de Munis) a cuatro años;
Jesús López Atance y Ángel Cebollero Constante a tres
años; Ernesto Tojo Gaitán, Ignacio Leyva Valenzuela,
Pedro Blanco Pérez y Miguel Pila Penagos a un año (ya
cumplido en prisión preventiva).
Munis ingresó en el Penal de El Dueso, en Santoña,
el 8 de mayo de 1954, procedente de la Prisión Provin-
cial de Madrid, y obtuvo la libertad condicional el 16 de
junio de 1957. Marchó a Francia, donde reanudó su ac-
tividad política. En 1958 fundó con Benjamin Péret, el

253
poeta sur­realista francés, con Jaime Fernández, y otros
antiguos camaradas de lucha, el grupo FOR (Fomento
Obrero Revolucionario), en el que militó hasta su muer-
te, y que desde diciembre de 1958 publicaba Alarma
como órgano del citado grupo. Benjamín Péret falleció
el 18 de septiembre de 1959.
Al no obtener documentación de residencia en
Francia, Munis viajaba a Italia para luego poder regresar
a Francia. Residió, pues, de forma intermitente, durante
algunos meses en Milán, donde entró en contacto con
los grupos e ideas de la Izquierda comunista italiana.
Sostuvo amplias y profundas discusiones con Onorato
Damen, el dirigente del grupo “Battaglia Comunista”,
de las que surgieron una mutua simpatía y respeto.
También mantuvo contactos y una larga relación
epistolar con Arrigo Cervetto, fundador de los Grupos
Leninistas de la Izquierda Comunista, que tenían como
órgano de prensa Lotta Comunista.
Las tesis de FOR fueron difun­didas en Italia por las
revistas Azione Comunista y Battaglia Comunista. En
enero de 1960 Munis dio una conferencia en Génova.
En Milán escribió y fechó dos de sus textos teóri­cos
más importantes: Los sin­dicatos contra la revolución
en 1960 y Pro Segundo Manifiesto Comunista en 1961.
En 1962 Munis obtuvo finalmente autorización de resi-
dencia permanente en Francia.
En el libro dedicado a los sindicatos, Munis conti-
nuó el análisis histórico del sindicalismo iniciado por el
desapare­cido Péret, definido brillantemente como un
órgano fundamental del sistema capitalista en el seno
del proletariado. Para Munis y Péret el sindicato es in-
concebible sin el trabajo asalariado, lo cual presupone
a su vez la existencia del capital. La función del sindi-

254
cato es reglamentar la venta de la fuerza de trabajo.
Y esta función se ha convertido en indispensable para
el orden capita­lista contemporáneo. De ahí su crecien-
te importancia actual, en todas partes, en tanto que
estructuras complementarias del aparato estatal. Los
sindi­catos están pasando, según Munis, de una fase de
libre compe­tencia entre la oferta y la demanda a una
fase de encuadra­miento de la oferta (del trabajo) por
la demanda. O lo que es lo mismo: los sindicatos han
abandonado su función de interme­diarios en la com-
praventa de la mercancía fuerza de trabajo, por la de
un rígido control de esa mercancía por parte de un sin-
dicato, convertido en aparato estatal o en monopolio
capi­talista. De hecho, en muchos países, como consta-
taba Munis, los sindicatos se han convertido en socie-
dades anónimas inver­soras, con bancos y empresas de
su propiedad, que por vía directa o indirecta participan
en los beneficios capitalistas. Los sindicatos llegan a
dictar directamente, en nombre del capital, todas las
condiciones de trabajo.
Munis, desde una perspectiva revolucionaria,
afirmó que toda tentativa de dar una orientación sub-
versiva a los sindi­catos estaba condenada al fracaso.
La transición al socialismo implicaría forzosamente la
destrucción de los sindicatos. Munis explicaba la baja
afiliación sindical como consecuencia de la descon-
fianza y repulsión de los trabajadores. Por su­puesto
éstos acuden al sindicato en caso de conflicto o viola­
ción de los derechos que la legislación capitalista es-
tablece, del mismo modo que se dirigirían a una co-
misaría de policía en caso de robo o agresión. Munis
concluyó que los sindicatos tenían una vida propia, sin
más necesi­dad de la clase obrera que la de servirse de
ella como dócil elemento de maniobra, en defensa de

255
sus pro­pios intereses institucionales, empresariales o
corporativos.
La crítica de Munis a los sindicatos es de carác-
ter estratégico, en defensa de los principios marxis-
tas fundamen­tales. Los sindicatos son analizados por
Munis y Péret no como un ala derecha o reformista del
movimiento obrero, sino como un pilar imprescindible
de la sociedad capitalista actual y de sus nuevas exi-
gencias de explotación del trabajo asalariado.
Los sindicatos, como advertía Munis, se adaptan
perfecta­mente a la ley de concentración del capital y
al desarrollo de las coerciones sociales e ideológicas
que ello supone. El capital no es un propietario, sino
una función económica, una relación social: la que se
establece entre la clase que compra fuerza de trabajo
y la clase libre de propiedades, que se ve obligada a
vender su fuerza de trabajo porque ése es su único me-
dio de subsistencia. Los sindicatos son el intermedia-
rio en ese acto de compraventa de la mercancía fuerza
de trabajo. Y se adaptan perfectamente al proceso de
concentración monopo­lista del capital. Su destino está
atado al del capital, no al de la revolución. A mayor
concentración monopolista del capi­tal, mayor poder
sindical. Munis afirmaba que los líderes obreros pue-
den presen­tarse, mediante la supresión del capita­lista
privado, como la solución a las contradicciones socia­
les; pero ello sólo signi­ficaría el paso a una sociedad de
mayor explotación.
En el libro titulado Pro Segundo Manifiesto Comu-
nista, estudió Munis la revolución rusa y su trayectoria
hacia el estalinismo. Munis afirmó que la revolución
rusa fue una revolución política, pero no socialista sino
permanente, con el significado que Trotsky le dio en

256
sus libros Balance y perspectivas, 1905 y La revolución
permanente, y Lenin en sus Tesis de abril. Una revolu-
ción que enlazaba la destrucción de la sociedad feu-
dal y zarista con las primeras tareas de la revolución
burguesa, ensamblada con medidas socialistas. Pero
era indispensable el triunfo de la revolución comunis-
ta en Europa. El fracaso de la extensión internacional
de la revolución, aislada y acosada en Rusia, obligó a
instaurar la NEP, y el capitalismo de Estado que ello
comportaba, aún bajo el control del proletariado. La
NEP significó en realidad el fin de la revolución perma-
nente y el inicio de una regresión revolucio­naria. La
contrarrevolu­ción estalinista dotó a Rusia de un capi-
talismo de Estado tan imperialista como su rival ame-
ricano, aunque mucho más débil.
La gran mentira que dividió y encadenó al movi-
miento obrero internacional fue la de presentar ese ca-
pitalismo de Estado ruso como el socialismo. Todos los
partidos comunistas jugaron en sus respectivos países
un papel contrarrevoluciona­rio, inapreciable para el
capitalismo internacional.
Munis calificó a la IV Internacional y a las distin-
tas revoluciones comunistas nacionales en los países
del Este europeo, China, Cuba, Argelia, etcétera, como
avanzadillas de la extensión de la contrarrevolución
estalinista. Y afir­mó en pleno auge de las luchas de li-
beración nacional, en los años sesenta, que toda lucha
nacional era reaccionaria.
El texto de Munis, firmado FOR, finalizaba con la
procla­mación de un programa que unía reivindicacio-
nes clave de la lucha económica de la clase obrera, que
se resumían en el lema: “menos trabajo y más paga”,
con reivindicaciones políti­cas tales como la libertad

257
de prensa, de huelga, de reunión y de organización,
al margen de los partidos y los sindicatos; para termi-
nar con los objetivos programáticos comunistas tales
como la supresión del trabajo asalariado, la supresión
de fronteras y la instauración de la dictadura del prole-
tariado, inseparable de la más estricta democracia en
el seno de las masas trabajadoras.
Tras la edición de estos dos textos fundamentales
en su pensamiento teórico, Munis pudo establecerse
de nuevo en Francia. En 1966 se intentó un nuevo el re-
lanzamiento del grupo en la España franquista, a cuyo
fin FOR publicó un llamamiento. Munis prosiguió su
labor organizativa en FOR, y propagandística y teórica
en Alarma.
Entre 1966 y 1972 participó en diversas iniciativas
y debates con las distintas corrientes revolucionarias,
surgidas de la ebullición social y política que mayo del
68 provocó en Francia, y el otoño del 69 en Italia. El
pasado revolucionario de Munis y su labor teórica in-
novadora respecto al sindicalis­mo, el estalinismo y el
capitalismo de Estado, le dieron cierto prestigio, y no
pocas de sus aportaciones teóricas fueron recogidas y
apropiadas por diferentes tendencias y parti­dos polí-
ticos.
Bien entendido que tal prestigio no se convirtió
en ningu­na moda o efímera fama, tipo Marcuse, sino
en un sólido punto de apoyo teórico en el marasmo y
confusión que cincuen­ta años de contrarrevolución es-
talinista habían im­preso en el pensamiento marxista.
En 1975 Spartacus publicó en francés un nuevo li-
bro de Munis, que profundi­zaba y sintetizaba a la vez
sus críticas del estali­nismo y del capitalismo de Estado
ruso, titulado Parti-Etat, stalinisme, révolution.

258
Entre 1973 y 1976 publicó en Alarma, órgano de
FOR, tres importantes artículos teóricos. En el artículo
publicado en 1973, titulado “Clase revolu­cionaria, or-
ganización política y dictadura del proletariado”, re-
tomaba el viejo tema desarrollado por Lenin en ¿Qué
hacer?, sobre la relación entre masa y vanguardia po-
lítica, y de la introducción de la con­cien­cia revolucio-
naria en la clase obrera por parte de una mino­ría. Es
sumamente interesante la enciclopédica exposición
que efectúa Munis de la concepción que de la dicta-
dura del proletariado realizan a lo largo de la historia
las diversas corrientes marxistas, desde Lenin y Otto
Rühle hasta los bordiguistas y los consejistas, así como
la rigurosa crítica a la que son sometidos.
En 1974 apareció en Alarma una acerada crítica
de Munis a la Corriente Comunista Internacional, en el
que se debatía el carácter de la decadencia del capi-
talismo, así como la exis­tencia o no de una crisis eco-
nómica de sobreproducción, y la influencia positiva o
negativa que tendría en un estallido revolucionario.
Munis negaba la existencia de una crisis económica de
sobrepro­ducción, y negaba además que ésta, en caso
de existir, supusiera el punto de partida de una situa­
ción revolucionaria. En 1976 Munis publicó en Alarma
un artículo titulado “Consciencia revolucionaria y clase
para sí”, que comple­mentaba e incidía en los temas
tratados en los dos artículos anteriormente comenta-
dos.
Entre 1977 y 1981, iniciada la transición democrá-
tica, se produjo un nuevo relanzamiento de FOR en
España. En abril de 1977 apareció el número uno de
la tercera serie de Alarma, cuya publicación se había
iniciado en 1958. También en 1977 está fechada la Re-

259
afirmación, como epílogo de la nueva edición que la
editorial Zero-Zyx hizo de su libro sobre la guerra civil
española: Jalones de derrota, promesa de victoria.
En esa reafirmación Munis, aunque revisa algunos
aspec­tos del libro editado en 1948, hace una apolo­gía
de la revolu­ción española, considerada como más pro-
funda que la revolución rusa. Para Munis la insurrec-
ción de julio del 36 y los Hechos de Mayo del 37 son
el momento culminante de la oleada revolu­cionaria
mundial iniciada en 1917 en Rusia. Munis no consideró
nunca que mayo del 37 fuera una lucha fratricida entre
traba­jadores, sino que siguió fiel al análisis trotskis­ta
de los años treinta. Afirmó y reafirmó que en España
la revolución fracasó por la ausencia de un partido
revolucio­nario. En julio del 36 los trabajadores desar-
mados vencieron al ejército capitalista; en mayo del
37 los obreros armados se enfrentaron a la contrarre­
volución, encarnada por el Partido comunista, pero
fueron derrotados por sus propios dirigentes, por sus
propias or­ganizaciones sindicales y políticas. Sin teo-
ría revolucionaria no hay revolución. Sin partido revo-
lucionario toda insurrección está destinada al fracaso.
En julio del 36 la clase obrera estaba desarmada, pero
tenía unos objetivos políticos claros: enfren­tarse al
fascismo y a la sublevación militar. La ausencia de un
partido revolucionario produjo una situación histórica
paradóji­ca: la clase obrera en armas y dueña de la calle
dejó el aparato estatal en manos de la burguesía repu-
blicana. En mayo del 37 la clase obrera armada intentó
defender las conquistas revoluciona­rias de julio, pero
políti­camente estaba desarmada: ninguna organiza-
ción obrera de masas planteó como objetivo la toma
del poder. Las organiza­ciones minoritarias que lo hi-
cieron fueron desautorizadas, ilega­li­zadas y persegui-

260
das. La insurrección triunfó desde un punto de vista
militar, pero fracasó política­mente. Franco no necesitó
aplastar la revolución, ya lo habían hecho estalinistas y
republicanos.
Dedicado al trabajo organizativo de FOR, que lle-
gó a tener secciones en Estados Unidos y Grecia, ade-
más de la española y francesa, Munis no abandonó
nunca su labor teórica y militante. En febrero de 1986
participó en unas jornadas de balance revolu­cionario
de la guerra civil española, convocadas por FOR, con
partici­pación de militantes pertenecientes a un amplio
abanico de corrientes políticas. En el momento de su
muerte nos dejó ya acabado un nuevo libro, inédito,
dedicado al estudio del Estado, desde sus orígenes
hasta la urgente necesidad, hoy, de su destrucción me-
diante la revolución social.
Munis falleció en París el 4 de febrero de 1989.
Póstumamente hemos asistido a la traducción al fran-
cés e italiano de su libro Jalones de derrota, promesa
de victoria, y están en curso de edición sus Obras com-
pletas, de las que ya se han publicado cuatro tomos en
castellano y uno en francés.

Eulogio Fernández y Agustín Guillamón

261
NARWICZ, Leon (hacia 1918-1938)

El asesinato

E l diez de febrero de 1938, en Barcelona, hacia


las diez de la noche, un joven de unos veinte
años vestido con el uniforme de capitán del Ejército
había encendido un cigarrillo. Tenía una cita. Era un
frío día de invierno. El lugar era solitario y desapacible,
las casas más cercanas se encontraban a unos quinien-
tos metros de distancia. Estaba esperando en la calle
Legalidad, a la altura de Alegre de Dalt, en una zona
despoblada, sin urbanizar, cercana a la casa conocida
como Can Compte. Era una calle flanqueada por dos
cunetas, que apenas la diferenciaban de las huertas

262
circundantes. Se aproximaron los dos hombres con los
que había concertado la cita. En respuesta a su salu-
do el más cercano, a su izquierda, le disparó, a medio
metro de distancia. La bala penetró por el mentón ha-
cia la izquierda de la boca, siguiendo una trayectoria
de abajo arriba y de izquierda a derecha que destrozó
dos piezas dentarias, parte del paladar y se incrustó en
el cráneo, sin provocar orificio de salida. El segundo
hombre se aseguró la muerte del capitán disparando
dos veces en la cabeza del cuerpo ya tendido en el sue-
lo, decúbito supino. Del cráneo destrozado por las tres
balas se desparramaban los sesos. El cadáver formó
un gran charco de sangre que silueteaba su cuerpo. En
el suelo se encontraba, a poca distancia, un cigarrillo,
una gorra militar y dos casquillos de bala del calibre 9
milímetros, corto.

Hacia las o­nce de la noche Jaime Planella, sereno


de la zona, encontró el cadáver de un hombre unifor-
mado, perpendicular a la dirección de la calle. Avisó por
teléfono a comisaría. Presentados la policía y el juez de
guardia en el lugar del asesinato se registró el cadá-
ver, y por la documentación encontrada se le identificó
como León Narwick, o quizás Narwicz o bien Narwich,
ya que la última letra del apellido era dudosa y total-
mente ajena a la grafía española. Era capitán de las
Brigadas Internacionales, primera compañía, cuarto
batallón, 13 Brigada, 45 División del Ejército del este.
El 14 de febrero el cadáver de León Narwicz fue sepul-
tado en la fosa común del cementerio del Sud-oeste
de Barcelona.
El 26 de marzo de 1938 el delegado de las Brigadas
Internacionales, capitán Jesús Prados Arrarte se pre-
sentó en el juzgado, a requerimiento del juez, para res-

263
ponder a sus preguntas. Declaró altaneramente que el
capitán Leon Narwicz era de nacionalidad polaca, que
había sido voluntario en las Brigadas Internacionales
y que en la actualidad trabajaba en el Servicio Militar
de Investigación (SIM) de las Brigadas Internacionales.
Leon en polaco no lleva acento. Identificó a Narwicz
por las fotografías que le enseñaron. El capitán Prados
exigió que se permitiera a Kurt Laube, jefe del SIM y
de la delegación de las Brigadas Internacionales en
Barcelona, que retirara la documentación y los efectos
personales del fallecido, que finalmente le fueron en-
tregados el 12 de abril. El recibo firmado por el jefe del
SIM en Barcelona detallaba los objetos pertenecientes
al difunto: varias fotografías, algo más de doscientas
pesetas, una pluma estilográfica de color negro, un re-
loj pulsera de color blanco, un encendedor, un peine,
una carterita con billetes de metro, un pañuelo sin ini-
ciales y, aunque no se detalla en el recibo, cinco hojas
numeradas de inscripción del Socorro Rojo del POUM,
amén de su documentación personal y una libreta con
direcciones.
En la libreta de direcciones de Narwicz aparecía el
domicilio de Munis, dirigente de la Sección Bolchevi-
que-Leninista de España (SBLE). El comisario general
dictó orden para que se montara un servicio de vigi-
lancia en el piso cuarto de la casa número trescientos
ocho de la calle Valencia, con el objetivo de detener a
Munis y a sus posibles cómplices o colaboradores. El
comisario general seguía las instrucciones que le daba
Julián Grimau García. Grimau estaba al tanto de la
operación del SIM, preparada por dos de sus agentes,
el asesinado capitán Narwicz y otro, conocido como
Marx o Joan, que estaban trabajando en el intento de

264
la policía política soviética de infiltrarse en las filas de
los bolchevique-leninistas.
A las trece horas del día 13 de febrero de 1938,
los policías Antonio Martínez, José del Olmo, Francis-
co Llobet y Manuel Dayán, al mando de un numeroso
despliegue policial se presentaron en el domicilio de
Munis para detenerlo. Antes de entrar en dicho domi-
cilio ya habían detenido a Jaime Fernández Rodríguez
y Luis Zanon cuando se disponían a visitar a Munis. Al
intentar detener a Munis, éste se abalanzó sobre el
agente Francisco Llobet, al que arrebató la pistola. Se
creó una situación confusa y peligrosa que se resolvió
cuando Munis, ante el requerimiento y aviso de Jaime
de que la casa estaba rodeada por un enorme desplie-
gue policial, desistió en su resistencia devolviendo la
pistola.
Munis, Jaime Fernández y Zanon junto con otros
militantes de la SBLE apresados en días posteriores:
el italiano Adolfo Carlini (Domenico Sedran), el danés
Aage Kjelsø (que consiguió fugarse de la prisión), el
checo Víctor O­ndik y Teodoro Sanz, estuvieron dete-
nidos durante un mes en la checa del SIM sita en los
sótanos de Plaza Berenguer, la sede de la Brigada Cri-
minal, sometidos a toda clase de torturas por un equi-
po de agentes del SIM, dirigido por Julián Grimau: pa-
lizas, simulacros de fusilamiento, cabellos arrancados
de cuajo mediante tenazas, varios días sin alimento
ni agua, hasta el punto de verse obligados a beber los
propios orines, etcétera.
Los detenidos dormían en Jefatura Superior de
Policía, en vía Layetana y eran trasladados diariamen-
te en una furgoneta a la plaza de Berenguer, sitio de

265
los interrogatorios. Ambos lugares estaban a unos
ciento cincuenta metros de distancia
Zanon, que había sido separado del resto del gru-
po, era el único que dormía en el local de la Brigada Cri-
minal. Se derrumbó sicológicamente, absolutamente
aterrorizado. Grimau consiguió que Zanon firmara una
“confesión” que acusaba a sus camaradas del asesina-
to de Narwicz, de la que se retractó en cuanto ingresó
en la Modelo.
Leon Narwicz, antes de las Jornadas de Mayo, se
había presentado como simpatizante de la oposición
rusa, consiguiendo la confianza de Nin, Gorkin, Lan-
dau y Andrade. Con su cámara de fotos había recorrido
los distintos locales del POUM. El grupo de acción del
POUM que mató al capitán Narwicz estaba formado
por Albert Masó March y Lluís Puig. Ninguno de ellos
fue detenido. Con la muerte de este agente polaco del
SIM, el POUM quiso vengar el asesinato de Nin y la re-
presión desencadenada contra el partido desde el 16
de junio de 1937. Las fotos de Narwicz habían jugado
un papel insustituible en la identificación y detención
de los dirigentes y militantes poumistas por la policía.
Puig murió de tuberculosis en la prisión de La Santé
en París, en 1939. Masó fue un destacado militante de
Socialisme ou Barbarie y durante la Transición trabajó
en el fracasado intento de reconstrucción del POUM.
Munis, autor de destacados libros de teoría marxista,
fundó en 1958, con el poeta surrealista Benjamín Pé-
ret, un grupo revolucionario (Fomento Obrero Revolu-
cionario), en el que militó también Jaime Fernández.
El torturador Julián Grimau, militante del PCE, fue de-
tenido, interrogado, torturado, juzgado, condenado y

266
fusilado en Madrid en 1963. El régimen fascista lo con-
virtió en un mártir antifranquista.
Todos ellos habían tenido un punto común de re-
ferencia: el asesinato de Leon Narwicz, agente de la
policía política soviética y del SIM, en la calle Legali-
dad, el diez de febrero de 1938, hace ahora setenta y
ocho años.

Pensar “el caso Narwicz”

¿Por qué es importante el caso Narwicz? ¿Qué no-


vedades aporta a la historiografía? ¿Cómo compren-
der un asesinato de hace casi ochenta años?
El caso Narwicz es importante porque sabemos
que fue agente de la NKVD antes de mayo de 1937, y
como tal supo ganarse la confianza de los líderes del
POUM y obtener fotografías de sus dirigentes, que
más tarde sirvieron para su identificación y detención.
Sabemos que Leon Narwicz y Lothar Marx intentaron
infiltrarse en la SBLE. Sabemos que Leon Narwicz ob-
tuvo una cita con militantes poumistas, que ya vivían
en la clandestinidad, con el objetivo de obtener prue-
bas en el juicio en curso contra sus dirigentes, y para
desmantelar la organización clandestina de ese parti-
do. La cita le resultó fatal, porque el POUM conocía ya
el papel jugado por Narwicz antes de mayo de 1937.
Por esa razón, fue ejecutado por el comando que le dio
la cita. Cuando el jefe del SIM en Barcelona identificó
su cadáver, certificó su pertenencia al SIM y se llevó
documentación comprometedora que pudiera impli-
car al otro agente infiltrado: Lothar Marx.

267
Por lo tanto, el capitán polaco de las Brigadas In-
ternacionales, Leon Narwicz, es la prueba evidente de
un agente de la NKVD, anterior a mayo de 1937, que
en febrero de 1938 era agente del SIM. Y este dato irre-
futable, comprobado documentalmente, comporta
algunas consecuencias:
Primero: Que el SIM era la españolización del
NKVD.
Segundo: Que NKVD y SIM compartían agentes e
informaciones.
Tercero: Las dos anteriores certezas, nos permite
plantear la hipótesis de una subordinación total del
SIM a la NKVD.
El asesinato del capitán Narwicz por un grupo de
acción del POUM rompe con la imagen victimista del
POUM, que ese partido siempre ha querido ofrecer, no
sin razones de peso. Y aparece la imagen de un POUM
que, en ocasiones, sabía responder certeramente al
acoso represivo de los estalinistas, porque al fin y al
cabo el POUM era un partido marxista y no una aso-
ciación pacifista. Lluís Puig y Albert Masó constituye-
ron el comando del POUM que asesinó al capitán Leon
Narwicz, como venganza por la desaparición de Nin, la
ilegalización del POUM, la persecución, asesinato y/o
detención de sus militantes, y el proceso moscovita
contra sus dirigentes.
Por otra parte, que fuera Julián Grimau quien se
hizo cargo de los interrogatorios y de las torturas de
los acusados por el asesinato del capitán Narwicz no
fue una mera casualidad, sino que demuestra el inte-
rés de los soviéticos en la venganza del asesinato de su
agente. Asesinato que fue atribuido falsamente a mili-

268
tantes de la Sección Bolchevique-Leninista de España,
porque de este modo eliminaban a este grupo político
trotskista. Grimau, en esos momentos, era el “ojo de
Moscú” en Barcelona. Grimau torturador, como apare-
ce diáfanamente en las actas de los interrogatorios por
él firmadas. Grimau torturador, como testimoniaron
los trotskistas que martirizó, como detalló Domenico
Sedran (Adolfo Carlini) en sus memorias, como descri-
bió Zanon en la Cárcel Modelo, libre ya del terror a las
torturas. Grimau, el torturador torturado por la poli-
cía franquista, en 1963. Grimau, el torturador fusilado
por el régimen fascista de Franco, que lo convirtió de
este modo en un mártir antifranquista. ¿Tuvo que ele-
gir Grimau entre la expulsión del partido o el martirio?
Curiosamente había un destacado personaje político y
taimado burócrata del PCE, Santiago Carrillo, que ga-
naba con ambas opciones. Paradojas de la historia: el
alguacil alguacilado

Agustín Guillamón

269
ORR, Charles y Lois (1906-1999 y
1917-1985)

C harles Orr pertenecía a la  Young People’s So-


cialist League (YPSL) de Chicago, donde co-
noció a Lois Culter, de Louisville, también militante
socialista. Ganados al trotskismo tras el entrismo prac-
ticado por el WPUS en las organizaciones socialistas de
los Estados Unidos, Charles y Lois se casaron en 1936 y
planearon un viaje al Tíbet, pero el inicio de la Revolu-
ción Española les llevó a Barcelona. Su encuentro con
Ernest Erber y Moulin permitió que Charles entrara a
formar parte de la redacción del Information bulletin
y de The Spanish revolution, editados por Mary Low y,
cuando ésta marchó en enero de 1937, Charles fue el
responsable de la publicación. Bajo su dirección, esta
publicación adquirió un fuerte tinte izquierdista, tal
como reconoció el dirigente trotskista estadounidense
Felix Morrow, lo que, sin embargo, daba como resul-
tado el que hacía aparecer al POUM en el extranjero
como más a la izquierda de lo que en realidad estaba.

En su trabajo político mantenían una relación


frecuente con los representantes de la Revolutionary
Workers League (RWL), Oehler y Blackwell, y de la Lea-
gue for a Revolutionary Workers Party (LRWP), Krehm.
Durante los Hechos de Mayo la pareja Orr se encontra-
ba en Barcelona, y a Lois se debe uno de los primeros

270
informes sobre lo ocurrido durante esa semana, “Los
acontecimientos de mayo: una revolución traicionada”,
publicado en el Information bulletin del Movimiento
por la IV Internacional.
Detenidos el 17 de junio de 1937, fueron liberados
el 1 de julio debido a las presiones del cónsul de los
Estados Unidos, abandonando Barcelona el día 3 del
mismo mes. Gracias a su temprano testimonio se pudo
saber el alcance de la represión republicano-estalinista
contra los revolucionarios en España, y la información
que dieron de los revolucionarios presos fue crucial
para la intervención que diferentes organizaciones,
especialmente el Independent Labour Party, realizaron
en España para liberar al máximo de presos posibles.
Una vez en Estados Unidos, Lois colaboró con Ha-
rry Milton y William Krehm en diferentes actos para
explicar lo que sucedía en España. Alineados con la
minoría shachtmanista en la gran lucha fraccional del
SWP en 1939-1940, pasaron a formar parte del Wor-
kers Party (WP) de Shachtman en la primavera de
1940. Poco después viajaron a México con un grupo
de jóvenes militantes del WP para tener una discusión
con Trotsky. En palabras del mismo Charles, Trotsky
“ganó más de la mitad de mis discípulos políticos” y
él se consideró afortunado de “lograr conservar la otra
mitad”. Después de la Segunda Guerra Mundial, la pa-
reja Orr se separó y abandonó el marxismo.

Sergi Rosés

271
ORTIZ, Antonio (1907-1996)

N ació y se crió en el barrio obrero barcelonés


de Pueblo Nuevo. Militante del Sindicato de
la Madera. En 1931, formó parte de los Grupos de De-
fensa Confederal de Pueblo Nuevo y se integró en el
grupo anarquista Nosotros, con Durruti, Ascaso, García
Oliver, etcétera.

En 1932 y 1933 colaboró en Solidaridad Obrera.


En noviembre de 1932 fue nombrado presidente del
Sindicato de la Madera de Barcelona, teniendo que
enfrentarse al desafío de la gran huelga de ese ramo,
que duró desde noviembre de 1932 hasta abril de 1933.

272
Durante la insurrección de enero de 1933 fue dete-
nido, encarcelado y apaleado. A partir de 1934 se ins-
taló en Santa Coloma. En 1935 volvió a ser detenido.
Durante el primer semestre de 1936 hizo mítines por
toda Cataluña
Intervino destacadamente en la insurrección del
19-20 de julio de 1936. En la tarde del 24 de julio de
1936 salió en tren con su columna hacia el frente de
Aragón. Era el delegado de la Columna Ortiz o Sur-
Ebro. Conquistó Caspe y fue el responsable del sector
del Frente de Aragón entre la Columna Macià-Com-
panys en Teruel, y la Columna Durruti, frente a Zara-
goza, con el puesto de mando en Híjar. Participó en la
reunión de Bujaraloz, que creó el Consejo de Aragón
y nombró a Joaquín Ascaso como su presidente. Con
la militarización la Columna Ortiz se transformó en la
División 25.
El 14 de septiembre de 1937, a causa de su oposi-
ción a la disolución de las colectividades de Aragón por
parte del general estalinista Enrique Líster, y a la diso-
lución del Consejo de Aragón, fue destituido como jefe
de la 25 División. Permaneció varios meses sin destino
militar. En diciembre de 1937 se inscribió en la Escuela
de Guerra, licenciándose el quinto de una promoción
de sesenta. En febrero de 1938 intervino en el Plan
Camborio, que ideó la formación de una guerrilla en la
retaguardia franquista. Fue destinado a la Seu d´Urgell
como jefe de la 24 División. Finalmente el 5 de julio de
1938 se exilió en Francia, junto con Joaquín Ascaso (ex
presidente del Consejo de Aragón) y varios colabora-
dores. Acusó a la cúpula de la CNT-FAI de haber dado
una orden de asesinato contra él y contra Joaquín As-

273
caso. Fue internado en el campo de concentración de
Vernet y posteriormente trasladado a Argelia.
Enrolado en el ejército francés, en un batallón de
choque, combatió en diversos países de África y Euro-
pa. Condecorado en ocho ocasiones. Su operación más
brillante fue la liberación de Belfort (Francia). El bata-
llón de Ortiz prosiguió su ofensiva hasta territorio ale-
mán, tomando las ciudades de Karlsruhe y Pforzheim,
donde fue herido. El 23 de julio de 1945 De Gaulle le
impuso personalmente la medalla de la Cruz de Guerra
con Palma. Se licenció con el grado de sargento.
En 1948 protagonizó un atentado contra Franco,
intentando bombardear desde una avioneta el yate
Azor en la bahía de San Sebastián. Perseguido en Fran-
cia por ese atentado fallido, se exilió en varios países
de América Latina. En Venezuela desempeñó algunos
cargos en la Organización.
En 1987 regresó a Barcelona, obteniendo una pen-
sión como sargento del ejército republicano. Falleció
el 2 de abril de 1995 en la residencia de ancianos del
barrio barcelonés de La Verneda. Donó su cuerpo a la
Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona
para la investigación científica.
Ariel Camacho, Phil Casoar y Laurent Guyot estre-
naron en 1996 un documental sobre su vida. En 1999
José Manuel Márquez y Juan José Gallardo publicaron
en la editorial Hacer un magnífico libro biográfico so-
bre Ortiz, fruto de varias entrevistas, de una relación
de amistad y de la consulta de su archivo: Ortiz, ge-
neral sin dios ni amo, al que remitimos a todos los que
quieran profundizar en el tema.

Agustín Guillamón

274
PACE, Renato (1903 - ?)

R enato Pace, conocido por el seudónimo de


Romolo, nació el 18 de abril de 1903 en Roma.
Aprendiz de mecánico, adherido al PSI en 1918, luego
al PCd´I desde su fundación en enero de 1921. Hacia
1924-1926 fue secretario de las Juventudes Comu-
nistas en Roma. El 3 de diciembre de 1926, fue con-
finado por el fascismo a la deportación durante cinco
años en las islas Tremiti (Puglia), luego a Ustica y final-
mente a Ponza. En la deportación, junto a Bordiga y
casi cuarenta comunistas oposicionistas, votó contra
el documento del jefe estalinista Giuseppe Berti, que
reclamaba en 1929 la condena de Trotsky. Fue libe-
rado de la isla de Ponza el primero de enero de 1932,
regresando a Roma, donde estuvo sometido a severa
vigilancia. Arrestado una vez más el 2 de abril de 1932,
fue desterrado de nuevo a Ponza el 2 de mayo por tres
años, y tras un “permiso” para visitar a su padre en-
fermo, en diciembre de 1932, burló la vigilancia poli-
ciaca y consiguió huir a Yugoslavia. Pasó por Austria y
Suiza, llegando a París en marzo de 1933. Ese mismo
año fue expulsado oficialmente del PC de Togliatti. En
París, Berti le propuso alcanzar el “paraíso socialista”.
Rehusó, puesto que había recibido cartas del disidente
comunista Luigi Calligaris, en las que le describía la au-
téntica situación de los trabajadores soviéticos. Tomó

275
contacto con Piero Corradi e ingresó pronto en la lla-
mada Fracción de izquierda del PCd´I.

Marchó a España con la Minoría de la Fracción,


en el verano de 1936, para combatir en las Milicias del
POUM (Columna Internacional Lenin), y más tarde en
las anarquistas. Tras la militarización de las columnas
de milicianos, en octubre de 1936, fue uno de los que
se quedaron en España, trabajando como tornero en la
fábrica de armas de Sallent. La policía fascista lo vigila-
ba, y en marzo de 1937 lo clasificó como un “elemento
violento y peligroso para el orden público”. En mayo
de 1937, se batió cerca del Hotel Falcón contra los es-
talinistas y la policía en Barcelona. Siguió trabajando
durante algunos meses en la fábrica Tavora de Sens,
hasta su salida a finales de año. En Francia, se adhirió
a la Unión Comunista de Davoust (Chazé) hasta el ini-
cio de la Segunda guerra mundial. El 24 de diciembre
de 1941 fue internado en un campo de trabajo por las
autoridades francesas, y más tarde fue entregado a las
autoridades fascistas en mayo de 1942, siendo conde-
nado el 13 de junio a una nueva deportación de cinco
años en la isla de Ventone (Lazio).
Fue liberado en agosto de 1943, entrando como
partisano en la Brigada Matteotti, de orientación “so-
cialista”, es decir, socialdemócrata, que operaba en los
alrededores de Roma. Acto seguido fue responsable
del PCInt en Roma, en 1945. En el momento de la es-
cisión de 1952 se alineó con la tendencia liderada por
Onorato Damem, y luego fue responsable de la Fede-
ración romana del PCInt-Battaglia Comunista, partido
en el que militó hasta 1965, cuando fue expulsado de
la organización.

Philippe Bourrinet

276
PÉRET, Benjamin (1899-1959)

P oeta surrealista y militante revolucionario.


Benjamin Péret nació el 4 de julio de 1899 en
Rezé (cerca de Nantes, Francia) y falleció en París el
18 de septiembre de 1959. Fue enrolado en el ejército
durante la Primera Guerra Mundial. Acabada ésta par-
ticipó en las actividades del grupo dadaísta.

El 13 de mayo de 1921, en una sala de la calle Dan-


ton, en París, se hizo la representación de una obra
teatral de agitación política, titulada “Acusación y
juicio del señor Maurice Barrés por Dadá”. Barrés era
un escritor y político francés que exaltaba el naciona-

277
lismo, las tradiciones francesas más reaccionarias y el
culto a los muertos caídos en la Primera guerra mun-
dial. André Breton era el presidente del tribunal, Louis
Aragon y Philippe Soupault eran los abogados de la
defensa, El acusado estaba representado por un ma-
niquí. Benjamin Péret, testigo de cargo, encarnaba al
soldado desconocido, cubierto por un capote francés
enlodado, pero hablando alemán y marcando el paso
de la oca. Barrés fue condenado por “crímenes contra
la seguridad del espíritu” a la pena ficticia de veinte
años de trabajos forzados. El escándalo, que siguió a la
provocación teatral, conllevó una crisis del movimien-
to dadaísta, disconforme Tzara con cualquier tipo de
justicia, incluida la dadaísta, y su ruptura con los su-
rrealistas.
En 1921-1924 junto con Bréton, Aragon y Eluard
intervino en la formación del movimiento surrealis-
ta. En 1926 se adhirió al Partido comunista. En 1927
se casó con la cantante lírica brasileña Elsie Houston.
De 1929 a 1931 residió en Brasil, afiliándose a la Oposi-
ción de izquierda (trotskista), en abril de 1931. El 31 de
agosto de 1931 nació su hijo Geyser en Río de Janeiro.
En diciembre de ese mismo año fue expulsado por sus
actividades políticas. De nuevo en Francia participó en
todas las actividades surrealistas y firmó las declara-
ciones del grupo contrarias al estalinismo. No pudo
afiliarse a la Liga comunista a causa de la exigencia de
Naville y Molinier de que declarase que el surrealismo
era contrarrevolucionario. Militó en Union Communis-
te hasta marzo de 1934. Se mostró remiso a la táctica
entrista, propugnada por Trotsky. Muy activo en polí-
tica desde 1932, participó en la campaña de auxilio al
Trotsky exiliado. En 1934 lanzó un llamamiento por la
unidad obrera contra el auge del fascismo en Francia.

278
En la primavera de 1935 viajó con Bréton a Canarias,
donde entraron en contacto con los surrealistas espa-
ñoles. En 1936 se editó Je ne mange de ce pain-là (ex-
presión coloquial que significa: “prefiero morirme de
hambre”), que contiene un poema extremadamente
peyorativo contra Macià, el que fue primer presidente
de la Generalidad republicana.
Tras una breve estancia en el grupo Contra Ataque
de Georges Bataille, ingresó en el Partido Obrero Inter-
nacionalista (POI), de carácter trotskista, desde su fun-
dación en junio de 1936. El 5 de agosto de 1936 llegó a
Barcelona junto con el director de cine Léopold Sabas
y Jean Rous, miembro del secretariado internacional.
Estos tres delegados del Movimiento por la Cuarta In-
ternacional tenían la misión de facilitar la colaboración
de los trotskistas con el POUM, sobre todo en el plano
militar y político. Rous y Péret tomaron la palabra en el
entierro de Robert de Fauconnet, militante trotskista
francés de la Columna Internacional Lenin, caído en el
frente de Huesca el 1 de septiembre de 1936. El inten-
to de desplegar una bandera de la Cuarta Internacional
sobre el féretro provocó un violento incidente con los
militantes poumistas, que se opusieron a ello. El parla-
mento de Péret, en francés, ensordecido además por
el chirrido de los tranvías, pasó totalmente desaperci-
bido a los asistentes al acto.
Péret había realizado en el mes de agosto de 1936
una primera visita a los distintos frentes y, desde el 5
de septiembre, tras la marcha de Jean Rous a Francia,
se convirtió en el delegado del POI en España. Tal car-
go, unido a su fama de poeta surrealista transgresor
y provocador, ferozmente anticlerical, no desmerecie-
ron nunca su extrema modestia y sencillez, ejempli-

279
ficada magistralmente en la anécdota del encuentro
con Jaume Miravitlles, comisario de Propaganda de la
Generalidad, que narra Mary Low en su libro Cuaderno
Rojo de Barcelona. Miravitlles confundió a Péret, ves-
tido con alpargatas y mono azul, con un peón, cuan-
do éste tímidamente le pidió permiso para entrar a su
despacho. La misma Mary Low, a quien Péret prologó
en 1942 un libro de ensayos, nos muestra a un beatífico
Péret haciendo guardia en el Hotel Falcón con fusil al
hombro, mientras un gato ronronea entre sus piernas.
La correspondencia que mantuvo con Bréton nos ha
dejado unas maravillosas cartas en las que Péret narra
sus impresiones sobre la Guerra de España y la revo-
lución en curso. Desde octubre de 1936 Péret trabajó
como locutor en lengua portuguesa de la Radio del
POUM. El deterioro de las relaciones entre trotskistas
y poumistas alcanzó tal crispación que hizo imposible
la mera permanencia de los primeros en las milicias del
POUM. Dada la creciente amenaza de liquidación po-
lítica y física de todos los trotskistas, la absoluta impu-
nidad de los estalinistas y el rechazo de los poumistas
a tolerarlos en sus filas, en marzo de 1937 Benjamin
Péret tuvo que refugiarse en la Columna Durruti, en
el sector de Pina de Ebro, y a finales de abril de 1937,
junto con su compañera Remedios Varo, y Munis, diri-
gente de la Sección Bolchevique-Leninista de España,
marchó a París. Allí reemprendió sus actividades pro-
fesionales de corrector y de militancia en el POI. Cola-
boró en los dos números de Clé y en las actividades de
la FIARI (Federación Internacional del Arte Revolucio-
nario Independiente), nacida a raíz del manifiesto Por
un arte revolucionario independiente, redactado en julio
de 1938, en México, por Trotsky y Bréton. El 3 de sep-
tiembre de 1938 se fundó formalmente, en Perigny, en

280
casa de Rosmer, la Cuarta Internacional. En febrero de
1940 Péret fue movilizado, y en mayo encarcelado por
sus actividades políticas. Salió de la prisión de Rennes
en julio de 1940, gracias al soborno aceptado por un
guardián nazi. Desde marzo de 1941 vivió entre los
miles de personas que en Marsella esperaban conse-
guir visado y pasaje para huir de la Francia de Vichy,
trabajando algún tiempo en la cooperativa trotskista
Croque-Fruit, hasta que en octubre de 1941 consiguió
embarcar con destino a Casablanca y de allí a México,
acompañado por Remedios.
Permaneció en México hasta 1948 donde militó
con Munis en el Grupo Español en México de la Cuarta
Internacional (GEMCI), usando el seudónimo de Peral-
ta. Desde 1941 hasta 1943 publicó en castellano, en 19
de Julio y Contra la corriente, órganos del GEMCI, exce-
lentes artículos de análisis político sobre los principa-
les acontecimientos que jalonaron la Segunda Guerra
Mundial. Péret, con Munis y Natalia Sedova, inició un
proceso de ruptura con la Cuarta Internacional que se
hizo definitiva en el Segundo Congreso, reunido en Pa-
rís en 1948. Péret vivió muy pobremente en México,
aunque siempre muy activo en los planos cultural y po-
lítico. En febrero de 1945 editó su folleto El deshonor
de los poetas, que atacaba el nacionalismo y patriote-
rismo de Aragon y Eluard. En setiembre de 1946 pu-
blicó en francés, en la editorial Revolución del GEMCI,
un Manifeste des exégétes que efectuaba una balance
de lo que él consideraba el fracaso y aislamiento de las
revolucionarios, y que a la vez constituía una detalla-
da exposición de las discrepancias existentes entre el
GEMCI y el secretariado internacional, entre las que
destacaba la definición de capitalismo de estado, dada
por Munis y Péret al régimen ruso.

281
Munis y Péret llegaron a Francia a principios de
1948. Munis y sus seguidores fueron expulsados de la
Cuarta Internacional en 1949, a causa de la crítica a las
posiciones oficiales de la Internacional, que aún consi-
deraban a la Unión Soviética como un “Estado obrero
degenerado”, así como a su rechazo a la intervención
de los revolucionarios en las luchas de liberación “na-
cional” contra el nazismo que, tanto Munis como Péret
y Natalia, calificaban como contrarias a las tesis clási-
cas del marxismo revolucionario, que propugnaban la
transformación de la guerra imperialista en una guerra
civil revolucionaria contra la propia burguesía. Péret
continuó colaborando en las revistas surrealistas y con
el Grupo de exiliados españoles, que constituidos como
Grupo Comunista Internacionalista (GCI), se unieron
a un grupo de exiliados/emigrantes vietnamitas, a la
tendencia Galienne-Pennetier surgida en el segundo
congreso, y al que se sumaron diversas personalida-
des, para constituir una efímera Unión Obrera Interna-
cional (UOI). Munis y los españoles del GCI crearon en
Barcelona y Madrid una primera infraestructura para
reemprender una lucha revolucionaria contra el fran-
quismo. Intervinieron en la huelga de tranvías de Bar-
celona de marzo de 1951. A principios de 1953 el grupo
cayó en manos de la policía y Munis fue encarcelado
hasta 1957. En 1952 Péret mantuvo en las páginas de
Le Libertaire un debate con los anarcosindicalistas en
torno al papel de los sindicatos, como órganos del Es-
tado, en la actual sociedad capitalista, que estuvo en
el origen del libro Los sindicatos contra la revolución,
publicado en 1968, firmado conjuntamente por Munis
y Péret. Benjamin Péret realizó varios viajes semiclan-
destinos a la España franquista para visitar a Munis y
Jaime Fernández en el penal de Santoña. En 1958, Mu-

282
nis y Péret fundaron un pequeño grupo revolucionario
denominado Fomento Obrero Revolucionario (FOR),
al que se sumó Jaime Fernández. Benjamin Péret falle-
ció en París el 18 de septiembre de 1959.
FOR, alejado de la tradición trotskista, intentó
aplicar el análisis histórico y social propio del marxis-
mo revolucionario a los nuevos fenómenos sociales y
políticos del capitalismo, expuesto en su órgano Alar-
ma, editado desde 1958 hasta 1993, y que se sinteti-
zó en Pro Segundo Manifiesto Comunista, editado en
1965, como ampliación y desarrollo de un folleto: El
Proletariado entre los dos bloques, editado en 1949 por
la UOI, que había sido elaborado conjuntamente por
Munis y Péret.
Benjamin Péret es un raro ejemplo de coherencia
personal y política, de poeta y militante comprometi-
do durante toda su existencia con el surrealismo y el
marxismo revolucionario.

ACLARACIÓN
No debería ser necesario subrayar el hecho evi-
dente de que Benjamín Péret no fue nunca anarquista,
aunque siempre supo mantener excelentes relaciones
personales y políticas con el movimiento libertario, y
valoró extraordinariamente la figura de Buenaventura
Durruti. Pero el hecho de que combatiera en la Colum-
na Durruti ha creado cierta confusión historiográfica,
que ha llevado a algunos historiadores a afirmar erró-
neamente, o con cierta complaciente ambigüedad,
que Péret fue anarquista, o por lo menos simpatizante
ácrata. No; Benjamin Péret nunca fue anarquista y fue
trotskista desde 1931. Tras la ruptura con el trotskismo

283
en 1949, sostuvo las posiciones propias del marxismo
revolucionario, siempre muy críticas con el estalinis-
mo, nuevo fenómeno reaccionario y contrarrevolucio-
nario del siglo XX, al que B. Péret y G. Munis aplicaron
el análisis marxista de la realidad social e histórica.
Por otra parte, si Benjamin Péret decidió entrar, en la
primavera de 1937, en una columna anarquista no fue
por ninguna afinidad ideológica personal, sino porque
ésa era la consigna dada por el POI a sus militantes.
En una situación de liquidación política y física de los
militantes trotskistas era necesario buscar protección.
Y dada la manifiesta hostilidad e incluso la amenaza
de expulsión, existente en el POUM, que no se daba
en las filas libertarias, las columnas anarquistas eran el
refugio más asequible y seguro contra la persecución
estalinista.

Agustín Guillamón

284
Maciá deshuesado

El viejo pimiento comido por los piojos


ha muerto
como un caparazón de caracol
en el orinal
gritando
Cataluña está perdida.
Perdida para ti, despojo de gusano
ceniza de piojo
orinal seco
babosa impresa en el carbón.

Pero la Cataluña que asaba


a los curas y a las monjas
después de casarlos
como Carrier
hará
notas musicales con tus huesos
granos de sal para meter por el culo de las ocas
con tus ojos
y tus cojones
un atrapa moscas perfeccionado.

Tus históricas palabras cortarán la mayonesa


y harán abortar a las mujeres
que habrían podido
a su pesar
parir bebés con la bomba en la mano.

285
Cadáver tan podrido que las malvas rechazan
cadáver
que tu polvo anegue los escritos
de quienes hablen mal de esta poesía.
Benjamin Péret

Poema publicado en el libro Je ne mange de ce pain-là


(1936)
Nota del traductor:
Jean-Baptiste Carrier (1756-1794) fue diputado jacobino
en la Convención, que organizó en Nantes sangrientas masa-
cres, usando la guillotina, los fusilamientos o el ahogamiento
masivo. Inventó el “matrimonio republicano”, que consistía en
lanzar desnudos al río parejas de prisioneros de ambos sexos,
atados por la espalda. Participó en el complot contra Robes-
pierre (9 Termidor), y dos días después (el 11) fue llevado ante
el Tribunal Revolucionario, que le condenó a muerte por una-
nimidad, siendo ejecutado en la guillotina el 16 de noviembre
de 1794.

286
PÉREZ FERNÁNDEZ, Manuel (1887-
1964)

M anuel Pérez Fernández nació en España el


10 de agosto de 1887. Creció en Brasil, en
una familia de origen español. Su familia materna,
profundamente católica y de ideas reaccionarias, con-
taba con varios generales del ejército. Tres hermanos
de su madre fueron generales españoles y uno de ellos
murió en Cuba, en lucha contra los independentistas
cubanos.

En 1905 trabajó de aprendiz de ebanista en Río


de Janeiro, donde entró en contactó con un militante

287
anarquista español que le introdujo en las ideas liber-
tarias, al tiempo que ingresaba en el Liceo de Artes y
Oficios de Río. En 1906, a raíz del atentado de Mateo
Morral contra Alfonso XIII, se enfrentó a su padre, que
condenaba el intento de magnicidio. En 1909, tras tres
años de tensa relación familiar, conocidos los hechos
de la Semana Trágica y del fusilamiento de Francisco
Ferrrer Guardia, discutió violentamente con su padre,
decidiendo abandonar el hogar paterno.
Prosiguió sus estudios y su relación con Valentín
y otros amigos anarquistas, como simple afiliado sin-
dical. En 1918, terminada la Primera guerra mundial,
empezó a escribir artículos en el Jornal do Brasil, impli-
cándose además en las luchas sindicales. A finales de
ese año fue nombrado secretario del Centro de ebanis-
tas de Río de Janeiro y más tarde presidente del Sindi-
cato de Ebanistas.
Tras enconadas luchas, los trabajadores brasileños
consiguieron fundar el Sindicato del Ramo de la Ma-
dera, del que Pérez fue nombrado secretario, pasando
más tarde a representar a la Federación Obrera de Río
de Janeiro. Simultáneamente fue nombrado redactor
del semanario Espartacus, órgano del movimiento
anarquista, y miembro de la comisión de propaganda,
responsable de organizar charlas y conferencias en los
sindicatos.
En octubre de 1919 la represión policial le expulsó
de Brasil, con la excusa de haber nacido en el extran-
jero. Desembarcó en Vigo el 19 de noviembre de 1919,
siendo encarcelado por indocumentado. Estuvo en
las prisiones de Madrid y Sevilla. En enero de 1920 fue
nombrado secretario general del Sindicato de la Ma-
dera de Sevilla, cargo que ejerció hasta su detención

288
en septiembre de 1920, siendo desterrado a Cabezas
Rubias, pueblecito de la provincia de Huelva, en una
de las habituales conducciones de presos, a pie por la
carretera, en largas cordadas de a dos. En ese pueblo,
donde pasó todo el año 1921, conoció a Teresa, que se
convirtió en su compañera.
Tras la amnistía de Sánchez Guerra de 1922, ejer-
ció los cargos de secretario de la Federación Local de
Sevilla y luego de miembro del Comité Regional de
Andalucía. Colaboró con Alaiz y Vallina y realizó una
campaña de mítines junto a Salvador Seguí. A princi-
pios de 1923 fue nombrado nuevamente secretario del
ramo de la Madera de Sevilla, hasta que aceptó el de
contador del Comité Nacional de la CNT, entonces es-
tablecido en esa ciudad.
A finales de 1923, implantada la Dictadura de Pri-
mo de Rivera, fue primero preso, y más tarde, en abril
de 1924, desterrado a Portugal. Se integró en el movi-
miento sindical portugués y fue redactor de A Batalha
y miembro del Comité Nacional de la Unión Anarquista
Portuguesa. Junto a Restituto Mogroviejo y el gallego
Sánchez fundó el Comité Internacional por la libertad
del pueblo español.
En 1925 fue expulsado de Portugal y marchó a Pa-
rís, donde fue redactor de Tiempos Nuevos y secretario
de correspondencia de la Federación de Grupos Anar-
quistas de Lengua Española en Francia.
En mayo de 1926 participó, como delegado, en la
sesiones del Congreso Anarquista de Marsella, convo-
cado por la Federación de Grupos Anarquistas en Len-
gua española, de acuerdo con el interior, con amplia
presencia internacional y de la Asociación Internacio-
nal del Trabajo (AIT). En ese Congreso se fundó la FAI,

289
a propuesta de Souza y del propio Pérez, que derro-
taron la táctica propugnada por Juan García Oliver y
Vicente Pérez Combina, favorables a la colaboración
política y armada con Maciá, para derrocar la Dicta-
dura de Primo de Rivera. Al rechazarse tal propuesta
militarista, García Oliver y Combina abandonaron el
Congreso, que en unos de sus puntos más importantes
afirmaba: “El Congreso acuerda por unanimidad que
ningún pacto, colaboración ni inteligencia sea mante-
nida de ahora en lo sucesivo con elementos políticos y
que sólo con la CNT estaremos en inteligencia, mien-
tras este organismo mantenga sus principios Comu-
nista libertarios”.
Manuel Pérez fue, pues, uno de los principales ar-
tífices de la “I” de la FAI, esto es, de la unificación de
portugueses, españoles y exiliados de habla española
en Francia en una misma organización anarquista. “I”
que, al principio, no significaba “Ibérica”, sino “Ibe-
roamericana”; aunque finalmente se quedó en penin-
sular por insuperables cuestiones organizativas.
Fue nombrado administrador de Tiempos Nuevos,
del que era director Liberto Callejas. El único cargo re-
munerado era el de director, sueldo del que dependían
cinco personas: la familia de Pérez y Liberto, que vivía
también en el domicilio de Manuel Pérez, donde se ins-
taló además la redacción del diario.
Como delegado de la Federación de Grupos de
Lengua española en Francia, contribuyó, junto a Bes-
nard, Faure, Borghi, Schapiro, Huart, Hugo y otros a
la fundación de la Confederación General del Trabajo
(Sindicalista Revolucionaria), esto es, de la CGT-SR
francesa, que tenía el propósito de combatir la influen-
cia estalinista en los sindicatos obreros.

290
En esa época, como elemento de enlace entre el
movimiento anarquista español y la AIT, se entrevista-
ba semanalmente con Shapiro, secretario de la AIT.
En julio de 1927, en Valencia, se produjo el acto
formal de la fundación de la FAI en España, acordada
el año anterior en el Congreso de Marsella.
En febrero de 1928 regresó a España por la fron-
tera catalana, para atender a su mujer, gravemente
enferma, que trasladó a Huelva con su familia, aunque
finalmente falleció el 20 de noviembre de 1928. Inter-
vino en las luchas clandestinas y en el Comité de Rela-
ciones de la FAI, en cuyo nombre participó en un pleno
regional andaluz. En diciembre formó parte del Comi-
té Pro-presos de Sevilla, enfrentado a la dura represión
de los cenetistas por parte del gobernador Cruz Conde.
Estuvo en Sevilla durante todo el año 1929.
En junio de ese año, viudo y con tres hijas, se unió
sentimentalmente a Mercedes, su nueva compañera.
Trabajó de ebanista en la construcción del Pabellón
brasileño en la Exposición Internacional de Sevilla, y
dado su dominio del portugués, francés y castellano,
le ofrecieron dirigir el Servicio de Prensa y Propaganda
de Brasil, que aceptó.
En marzo de 1930 marchó a Bélgica con su fami-
lia, provistos todos de pasaporte brasileño, para des-
empeñar ese mismo cargo con la delegación brasileña
en la Exposición de Amberes, donde permaneció des-
de abril hasta diciembre. Rechazó la oferta de regresar
a Brasil, con el viaje pagado, y de obtener la nacionali-
dad brasileña. Estuvo apenas dos meses en París.
En enero de 1931 regresó a España, atravesando
la frontera por Hendaya e Irún, estableciéndose en San

291
Sebastián, donde, a partir de sólo 17 militantes, orga-
nizó el sindicato de Oficios varios de la CNT y pocos
meses después una Federación Local de siete sindica-
tos, de la que fue nombrado Secretario General.
En junio, proclamada ya la República, fue a Madrid
para tomar parte como delegado de la Región Norte
en las sesiones del Congreso Nacional de la CNT, re-
unido en el Teatro María Guerrero, figurando en las
ponencias sobre organización social del porvenir. Al
finalizar el congreso intervino, junto a Rudolf Rocker,
Pierre Besnard, Lucien Huart y Valeriano Orobón Fer-
nández, en el mitin de clausura.
Luego acudió, como delegado español, al congre-
so internacional de la AIT, reunido en el Teatro Barbieri
de Madrid, en compañía de Carbó, Pestaña y Robusté.
En el desempeño de su cargo de secretario de la
Federación Local de San Sebastián participó en distin-
tos plenos nacionales: Barcelona a finales de julio de
1931, Madrid en diciembre del mismo año.
En mayo de 1932, aceptó la petición del Comité
Nacional de ir a Canarias, para reorganizar e impulsar
los sindicatos de la CNT. A su llegada dirigió En Mar-
cha, órgano de los sindicatos cenetistas canarios y sólo
ocho meses después, en abril de 1933, se celebró el mi-
tin fundacional del Comité Regional de Canarias, que
acababa de crear, partiendo de unos pocos sindicatos
aislados. Fue nombrado secretario del CR canario, re-
presentando a treinta y dos mil afiliados. Amigos y co-
nocidos empezaron a llamarle, cariñosamente, con el
apelativo de “el canario”. A partir de esa época fue co-
laborador habitual de Solidaridad Obrera de Barcelona.

292
A raíz del movimiento revolucionario de diciem-
bre de 1933 fue detenido y trasladado a la prisión de
Zaragoza, donde permaneció durante 45 días, hasta
que el proceso fue sobreseído por “desaparición” de
las pruebas (robadas por militantes anarquistas). En la
segunda quincena de marzo de 1934 ya estaba de nue-
vo en Santa Cruz de Tenerife.
En noviembre de 1934 fue desterrado de Canarias
por las autoridades gubernativas. Actuó en la clandes-
tinidad en Sevilla y Cádiz, donde ayudó a Vicente Ba-
llester en la organización de la Federación Local gadi-
tana, de cuyo comité pasó a ser componente.
En enero de 1936, ingresó en la redacción de la
Soli en Barcelona, junto a Manuel Villar (director), Li-
berto Callejas, José Peirats, Alejandro Gilabert y Fran-
cisco Ascaso.
Intervino, junto a Buenaventura Durruti, Francisco
Carreño y García Oliver, en el mitin de la CNT del 5 de
enero de 1936, en el Teatro Olympia, el primero que se
realizaba desde la ilegalización de la Organización tras
los hechos de octubre de 1934. Ante las airadas protes-
tas de García Oliver a que el nombre de Pérez figurase
en último lugar, en el puesto de honor de quien cerra-
ba el acto, no tuvo inconveniente en cedérselo inme-
diatamente, en conformidad con su innata modestia.
En febrero de 1936 intervino, en Mataró, en el
mitin de unificación con los trentistas, siendo efusiva-
mente felicitado por Joan Peiró. En compañía de Ra-
món Álvarez y Francisco Isgleas, efectuó una campa-
ña de propaganda y organización por la provincia de
Gerona. En Benicarló “los tres Pérez” dieron un mitin
conjunto: Vicente Pérez Viche (Combina), Manuel Pé-

293
rez Feliu de la regional levantina, y Manuel Pérez Fer-
nández (“el canario”).
Ese mismo mes, el Sindicato de la Madera de Bar-
celona le nombró delegado al Congreso de la CNT,
reunido en Zaragoza, participando junto a Federica
Montseny y Francisco Carreño en el mitin de apertura,
celebrado en la plaza de toros. Defendió la inmediata
creación de la Confederación Ibérica de Trabajadores.
Fue nombrado para discutir la ponencia sobre comu-
nismo libertario.
Continuó como redactor de la Soli de Barcelona,
dirigida por Liberto Callejas, hasta el 18 de julio de
1936, día en que embarcó para Palma de Mallorca,
como representante del diario en el primer congreso
regional de Baleares y en el mitin de clausura. Dado
el éxito del golpe militar en Mallorca, tuvo que escon-
derse de la persecución fascista en casa de la cenetista
Julia Palazón.
El 21 de noviembre de 1936 consiguió huir de la
fascista Mallorca a la republicana Ciudadela, perma-
neciendo un mes en Menorca, donde dirigió el órgano
cenetista de Mahón La Voz de Menorca. En los últimos
días de diciembre de 1936, a bordo del destructor “Cis-
car”, que había conseguido burlar el bloqueo naval a
Menorca, llegó a Valencia, donde escribió el folleto
Cuatro meses de barbarie. Mallorca bajo el terror fas-
cista, que fue publicado ese mismo año en castellano,
inglés y francés. La traducción francesa era obra del
tipógrafo y cineasta valenciano José Estivales, que uti-
lizaba el seudónimo de Armand Guerra.
Pasó algunos días de enero en Barcelona, donde
fue a recoger a su familia, que tenía su casa en La To-
rrassa. El 5 de enero de 1937 intervino en un mitin de la

294
CNT, celebrado en el Gran Price, en el que recordó que
hacía justo un año que había participado en un mitin
similar junto a Durruti, ahora fallecido. Se mostró muy
crítico con el colaboracionismo cenetista en las tareas
de gobierno.
En febrero de 1937 marchó a Francia, donde rea-
lizó una campaña de propaganda y recaudación de
fondos de dos meses de duración, acompañado de
Armand Guerra, David Antona, Alexandre Mirande y
Fontaine, regresando a Valencia, y luego a Barcelona,
a mediados de abril.
Cruzó la frontera por Puigcerdá, donde paseó y
habló con Antonio Martín, que una semana más tarde
fue asesinado, según palabras del propio Pérez, “por
un grupo de sicarios”, para destruir la obra revolucio-
naria realizada por los anarquistas en la Cerdaña, y que
él consideraba como el prólogo de la maniobra contra-
rrevolucionaria que culminó con el asalto de la Telefó-
nica de Barcelona del 3 de mayo de 1937.
Durante las Jornadas de Mayo combatió en La
Torrassa, donde vivía, y se mostró contrario a la pro-
clamación de ¡alto el fuego!, propugnado por Federica
Montseny y Juan García Oliver, entre otros.
Fue nombrado delegado al Pleno nacional, reu-
nido en Valencia el 11 de mayo de 1937. A su regreso,
fue elegido miembro del Comité Peninsular de la FAI,
con Germinal de Souza, Roberto Cotelo, Jacobo Prince
y Lunazzi, pero por problemas de salud tuvo que reti-
rarse a Igualada, para reposar y reponerse, aunque no
supo negarse a realizar breves giras de propaganda por
los pueblos cercanos, para reconstruir la Organización,
destruida y desaparecida en la comarca por la repre-
sión estatal y estalinista posterior a mayo, cuando las

295
reconstituidas fuerzas de Orden Público, formadas por
los guardias de asalto y la antigua guardia civil, regre-
saron a las distintas comarcas como conquistadores a
la caza de los “incontrolados” cenetistas.
También participó, pese a su teórico retiro, en nu-
merosas reuniones de comités superiores, convocadas
por el Comité Regional de Cataluña en la Casa CNT-FAI
de la vía Durruti, en Barcelona.
Afirma en sus memorias que el mes de mayo ha-
bía publicado un artículo en la portada de Solidaridad
Obrera, en el que, tras analizar los recientes sucesos,
denunciaba los crímenes cometidos contra la Organi-
zación, como los cadáveres de doce jóvenes liberta-
rios, torturados y mutilados, abandonados en la carre-
tera de Cerdanyola; terminando su escrito con estas
palabras: “Estamos solos, sí, pero con dignidad”, que
constataban el terrible aislamiento confederal frente a
la represión estatal y estalinista.
En octubre de 1937 dejó Igualada, para instalarse
en Gelida, participando en numerosas campañas de
propaganda por los pueblos cercanos. A fines de di-
ciembre de 1937 se estableció en Barcelona, integrán-
dose en el Comité Nacional de la CNT, que le designó
director de Ruta, órgano de las Juventudes Libertarias;
cargo que desempeñó hasta julio de 1938, cuando lo
destinaron a Orán en misión de propaganda y organi-
zación.
En septiembre de 1938 fue reclamado por el Co-
mité Regional de Andalucía para asumir, en Baza, el
cargo de secretario regional, para el que había sido es-
cogido en el último pleno regional.

296
Fue testigo directo, el 31 de marzo de 1939, de la
toma por los italianos del puerto de Alicante, en el que
miles de republicanos esperaban un barco para huir de
la España franquista.
En abril de 1939 fue internado en campos de con-
centración (unos días en el campo de los Almendros y
luego en el campo de concentración de Albatera). Más
tarde, sufriendo penuria y unas peripecias terribles,
que narró brillantemente en sus memorias, fue encar-
celado el 24 de mayo en la Prisión Provincial de Sevilla,
donde constaban sus antecedentes penales de varios
encarcelamientos y dos destierros. En una de las de-
claraciones, tomadas en 1924, había desmentido po-
seer la nacionalidad brasileña, jurando que había naci-
do en Osuna, con el objetivo de evitar ser expulsado a
Brasil, lejos de su mujer e hijas. La policía se aferraba
a esa falsa declaración para confirmar su nacionalidad
española. Pero ahora afirmaba que había nacido en la
ciudad brasileña de Santos, y gracias al decidido em-
peño del consulado brasileño, que esgrimía su cargo
como director de Prensa y Propaganda de la delega-
ción brasileña en las Exposiciones de Sevilla y Ambe-
res, no fue ejecutado, consiguiendo una orden de ex-
pulsión de España en 1940.
Sin embargo permaneció encarcelado aún varios
meses, con el peligro permanente de ser enviado al
campo de Miranda de Ebro, donde los extranjeros eran
exterminados sistemáticamente.
Gracias a la ayuda de la Solidaridad Internacional
Antifascista (SIA) pudo sobrevivir. La constante vigi-
lancia e intervención del consulado brasileño en Cádiz
consiguió hacer efectiva la orden de expulsión. El re-
corrido por distintas prisiones franquistas, o el atroz

297
retrato de algunos sádicos carceleros, y sin duda las
torturas, humillaciones y asesinatos de los viejos ami-
gos vencidos constituyen un relato terrible y dantesco
que nada desmerece del Inferno de la Divina Comedia.
Llegó a Brasil en julio de 1941, donde fundó Açao
Directa, de la que fue administrador durante muchos
años. Fue secretario de los anarquistas de lengua es-
pañola, exiliados en Brasil.
Había sido encarcelado 53 veces, en prisiones de
Brasil, España, Francia y Portugal, y desterrado en cua-
tro ocasiones: dos de Sevilla (1921 y 1924), una de San-
ta Cruz de Tenerife (1934) y la más deseada, de territo-
rio franquista, en 1940. Estaba casado y tuvo tres hijas.
En 1951 terminó sus memorias, que tituló: 30 años
de lucha. Mi actuación como militante de la CNT y anar-
quista español. Falleció en Río de Janeiro el 16 de junio
de 1964.
En el obituario publicado el 14 de enero de 1965
en Le Combat Syndicaliste se le describía de este modo:
“Hablador con facilidad, optimista hasta sus postreros
días, persuasivo por convicción, rebelde por tempera-
mento, también supo ser responsable con los deberes
de la organización confederal y los compañeros”.
Podemos resumir su biografía, afirmando que fue
un destacado militante anarquista y organizador sin-
dicalista de los años veinte y treinta, tan sobresalien-
te como olvidado. Organizó y potenció la Confedera-
ción Nacional del Trabajo en Andalucía, Canarias, San
Sebastián y Baleares. En el exilio portugués y francés
entró en contacto con primeras figuras del movimien-
to anarquista internacional: Makno, Ranko, ArchinofI,
Grave, Faure, Malato, Besnard, Schapiro. En 1926

298
consolidó las bases para la fundación de la FAI. Fue un
anónimo, modesto y devoto militante revolucionario
para quien la actividad sindical y anarquista era toda
su vida.

Agustín Guillamón

299
PRUDHOMMEAUX, André (1902-
1968)

U tilizó los seudónimos de Jean Cello y André


Prunier. Nació el 15 de octubre de 1902 en el
familisterio (asociación cooperativa basada en con-
cepciones fourieristas) de Guise, en Aisne. Pasó su
infancia en Guise, Nîmes, Sens y Versalles. En 1927,
formó parte de Redressement Communiste, grupo
de la Oposición (trotskista) dirigido por Albert Treint.
En 1928, se casó con la suiza Dora Ris (conocida como
Dori), con quien abrió en París una librería especializa-
da en historia del movimiento obrero, La Librairie Ou-
vrière, que fue también lugar de encuentro y debate

300
de la oposición comunista. Se aproximó al bordiguis-
mo y al comunismo de consejos.

De 1929 a 1930 colaboró en L’ Ouvrier Commu-


niste, órgano de los grupos obreros comunistas. En
1930, en un viaje a Berlín y Leipzig, contactó con el
Kommunistische Arbeiter Partei (KAP) et l’Allgemeine
Arbeiter-Union (AAU). Tradujo y publicó La respuesta
a Lenin de Herman Gorter, texto consejista de crítica
al leninismo. En 1931 se encargó de la dirección de
una imprenta cooperativa en Nîmes y editó la revista
Spartacus. De septiembre de 1932 a mayo de 1933 pu-
blicó, con Jean Dautry, Correspondance internationale
ouvrière, novedosa experiencia militante, no sectaria,
de una “información entre proletarios y para los prole-
tarios”, fundamentada en una extensa red de informa-
dores en Francia y en el extranjero.
Apoyó la campaña de defensa de Marinus Van der
Lubbe, incendiario del Parlamento alemán (Reichstag),
defendiendo la tesis de la acción individual autónoma,
contra las calumnias estalinistas. Durante esta cam-
paña se acercó al anarquismo, publicando artículos en
La Revue Anarchiste y Le Semeur. En marzo de 1933, Le
Libertaire interrumpió su serie de artículos, titulada El
orden reina en Alemania, porque el órgano de la Unión
Anarquista (UA) no compartía su visión sobre el caso
Van der Lubbe.
En 1934, André y Dori, durante una estancia en
Alemania, fueron detenidos y expulsados del país. Ese
mismo año, gracias a Lefeuvre, publicaron el folleto
Spartacus y la Comuna de Berlín, 1918-1919. En mayo
de 1934 fundó, con Volin, Terre libre, que se convirtió
en 1937 en el órgano de la Federación Anarquista en
lengua Francesa (FAF).

301
En 1936, residió dos meses en Barcelona, donde
publicó L’Espagne antifasciste, que en sus tres prime-
ros números indicaba que era la edición francesa de
Solidaridad Obrera, constando hasta el sexto que se
editaba en Barcelona. En septiembre de 1936, al día si-
guiente de la formación del gobierno de Largo Cabal-
lero, publicó un artículo anónimo, titulado La inutilidad
del Gobierno, en el que se afirmaba que “la existencia
de un gobierno de Frente Popular, lejos de ser un ele-
mento indispensable en `la lucha antifascista´ signi-
ficaba, en realidad, una limitación voluntaria de esa
misma lucha”. La revolución social era imposible sin la
desaparición del Estado. La publicación, considerada
excesivamente molesta por los comités superiores de
la CNT, desapareció en enero de 1937 porque dejaron
de suministrarle papel. A modo de continuidad fundó y
publicó, en Francia, L’Espagne nouvelle, que alternaba
su aparición con Terre Libre, muy críticos ambos perió-
dicos con la participación de la CNT en el gobierno.
En agosto de 1939, en el número 6 de Révision, se
publicaron textos firmados por el Grupo franco-español
de Los Amigos de Durruti, formado por exiliados mili-
tantes de Los Amigos de Durruti, disidentes del congre-
so de la Union Anarchiste (UA) y redactores de la revista
Révision. Los militantes más activos eran Jaime Balius,
Lucien Feuillade y Louis Mercier-Vega, que contaron
siempre con el apoyo y solidaridad de André Prudhom-
meaux.
En septiembre de 1939 publicó un número tri-
ple de L’Espagne nouvelle, con el subtítulo de L’Espagne
indomptée, en el que aparecieron dos artículos de Ba-
lius, y otros firmados por A.P. (André Prudhommeaux),
Ridel, Hem Day, Malander y Ernestan, todos ellos muy

302
próximos a las posiciones anticolaboracionistas de los
Amigos de Durruti.
Durante la Segunda Guerra Mndial se refugió en
Suiza, en casa de la familia de su mujer. Finalizada la
guerra regresó a Francia, y colaboró en Le Libertai-
re. Rechazó la transformación de la FA en Fédération
communiste libertaire. Se unió al núcleo de militantes
que retomó la sigla FA, que publicó Monde libertaire a
partir de 1954. Afectado de Parkinson a principios de
los años sesenta, murió el 13 de noviembre de 1968.

Agustín Guillamón

303
RADOWITZKY, Simón (1889 o 1891-
1956)

“Pronto hará 10 años que estoy en el presidio y te puedo


asegurar que no tengo ningún remordimiento; jamás hice
ningún mal conscientemente a nadie; siempre he velado,
o mejor dicho, cuidado del honor de los anarquistas; y
respecto de mi proceder ante los compañeros del presidio
jamás un anarquista podrá avergonzarse.”.
Carta abierta de Radowitzky a los compañeros anarquistas,
1921

S egún una entrevista a Emilia Radovitzki, pri-


ma de Simón Radowitzky, prácticamemente

304
toda la familia Radowitzky era originaria de las proxi-
midades de Kiev. En el texto de Augustin Souchy “La
vida por un ideal”, amigo personal del biografiado,
Radowitzky nació en un pequeño shtetl (poblado o co-
munidad judía) cercano a Kiev, llamado Stepanev. La
fecha es, como tantas cosas de su vida, difícil de pre-
cisar. Por un lado, porque Radowitzky se encargó en
vida de confundir las fechas (cosa que le salvó la vida),
por otro, porque declarar un nacido para una humilde
familia judía del entorno rural del óblast (región) de Ye-
katerinoslav, en la Rusia del los zares, era cosa compli-
cada. Diremos pues que nació en el shetl de Stepanev,
cercano a Kiev, en el año 1889 o en 1891, según las di-
ferentes fuentes.

Prácticamente nada se conoce de su infancia. Au-


gustín Souchy recabó alguna información directamen-
te de Radowitzky, con intención de hacer su biografía,
y en sus apuntes consta que la miseria y los pogromos
empujaron a su familia a emigrar, a principios de 1900,
a la ciudad industrial de Yekaterinoslav. Allí, el niño/
joven Radowitzky trabajó en múltiples fábricas. Para-
lelamente, y como única herencia familiar, aprendió a
leer y escribir en hebreo en una jedder (escuela) judía.
La Rusia de esa época fue extremadamente tu-
multuosa y, como recuerda Radowitzky, según consta
en una carta a Salvadora Onrubia, tuvo vinculaciones
con el nihilismo imperante por ese entonces. También,
en esas fechas, comenzó a leer textos anarquistas
(Kropotkin), gracias a la hija del dueño de un taller de
cerrajería, donde trabajaba con unos 12 años.
El clima social en 1904 era insostenible y en el
ambiente fabril de Rusia comenzaban a gestarse los

305
primeros soviets. Todo de una manera intuitiva, como
confesó Radowitzjy a Souchy; más que por organiza-
ción, por desesperación ante la explotación generaliza-
da y la injusticia. Consecuencia de ello y, definiéndose
por primera vez como un hombre de acción, Radowit-
zky participó activamente en una huelga obrera junto
a sus compañeros de fábrica; fue herido por un sable
en una carga de la caballería cosaca. Para ese enton-
ces, Radowitkky tenía 14 años y ya estaba fogueado en
luchas sindicales de todo tipo. A los 15 años fue arres-
tado por su actividad de propaganda y agitación, cono-
ciendo el horror de las cárceles zaristas; pero, gracias
a su minoría de edad, no fue deportado a Siberia. En
la cárcel, conoció a Fedosey Zuverov, anarquista pro-
bablemente originario de Bialistok. Bajo su influencia,
(Zuverov pertenecía a ramas del anarquismo que plan-
teaban la lucha armada como respuesta a la injusticia)
Radowitzky le puso forma y palabra a la rebeldía.
A consecuencia de las políticas inflexibles del go-
bierno del Zar y la desastrosa campaña de la guerra
ruso-japonesa, estalló la fallida revolución de 1905. La
respuesta del gobierno fue más represión y katorgas
(trabajos forzados en campos de aislamiento en Sibe-
ria) generalizadas. Por ello, por su irrefrenable radica-
lización, y por estar cerca de la mayoría de edad, fami-
liares y compañeros de lucha facilitaron documentos
falsos para que Radowitzky abandonase Rusia. Así fue
como Radowitzky embarcó en la lejana Riga hacia una
nueva vida en terra ignota: Argentina. El único contac-
to que tenía eran dos hermanos de su padre.
Probablemente, Radowitzky llegó al puerto de
Buenos Aires a comienzos de 1907 o 1908. Poco sa-
bemos de su primera etapa en tierras rioplatenses. Se

306
vinculó con sus parientes, como constata Emilia Rado-
vitzky (dos tíos y un hermano mayor, Grigori, con pro-
blemas psíquicos) aunque nada indica que tuviese una
gran relación con ellos. Poco o nada se sabe de esos
primeros años en Buenos Aires, puesto que permane-
ció “tapado” en lo que a círculos anarquistas se refie-
re. Según el prontuario policial, trabajó en diferentes
talleres siempre relacionados con su oficio de herrero
y mecánico, y vivió en diferentes conventillos (habita-
ciones miserables alquiladas entre varios con un enor-
me patio comunal compartido) con otros inmigrantes
rusos como él.
Pero el 14 de noviembre de 1909, en un acto vin-
dicador sin precedentes en Argentina, Simón Radowit-
zky, ese inmigrante desconocido para los anarquistas
argentinos, atentó contra la vida del coronel Ramón
Falcón, jefe de la policía de Buenos Aires. Falcón, y
su secretario Lartigau murieron a consecuencia de la
bomba que lanzó el joven inmigrante ruso.
Sería éste un atentado como tantos otros, reali-
zado por anarquistas vindicadores en otras partes del
mundo, de no ser por el gran valor simbólico que tuvo
el hecho; Falcón, de alguna manera, fue el creador de
la policía moderna. Al asumir su dirección, incorporó
sistemas represivos sin precedentes en la policía de
comienzos del siglo 20, desplegando técnicas milita-
res para coordinar el organismo y convirtiéndola en un
cuerpo feroz. Dichas técnicas habían sido utilizadas
anteriormente en la campaña del desierto (erradica-
ción o sometimiento de poblaciones autóctonas en
la Patagonia para expandir el dominio estatal) por el
ejército argentino a finales del siglo XIX. También in-
corporó técnicas científicas como, por primera vez, la

307
identificación de sospechosos mediante huellas dac-
tilares (novedoso invento desarrollado por Juan Vu-
cetich, en Argentina). El coronel se vanagloriaba de
“poner orden” social mediante la implementación de
la cédula de identidad obligatoria, documento emitido
por la policía con el mero fin de crear listas y registros.
Para todos esos propósitos contaba con el apoyo ab-
soluto de la oligarquía, la burguesía y el gobierno.
Y Radowitzky, apenas un adolescente, le hizo sal-
tar por los aires. Vengaba en el acto la represión orde-
nada por Falcón el Primero de mayo de 1909 contra
los obreros, que había causado 14 muertos y más de
80 heridos.
El acto consternó grandemente a la sociedad bur-
guesa y terrateniente argentina que, orgullosa, cele-
braría al año siguiente el centenario de la república.
Porque Argentina, como granero del mundo, quería
presumir de su florecimiento y progreso, su ambición
de país pujante situado en el mapa de las naciones in-
fluyentes. Pero ese inmigrante ruso de 17 o 18 años,
judío, y que apenas llevaba dos años en el país, lo había
estropeado.
Y a Simón Radowitzky le salió caro su acto. Se sal-
vó del fusilamiento por ser menor de edad, (hecho de-
mostrado mediante documentación falsa presentada
por sus tíos Moshe y Samuel). Cumplió 21 años en el
penal —también orgullo de la burguesía argentina—
de Ushuaia. Veintiún años de torturas, hambre y frío,
pero también, veintiún años de una reivindicación so-
cial sin precedentes en el mundo obrero. Los anarquis-
tas de Argentina, y buena parte del mundo, reclama-
ron su libertad y, mediante mítines a lo largo de todos

308
esos años, fueron una verdadera punta de lanza de los
derechos del preso.
La presión tuvo sus frutos. El mundo recuerda el
fracaso de la causa Sacco y Vanzetti; pero, injustamen-
te, olvida el éxito de la causa Radowitzky que recuperó
su libertad en 1931 (fue desterrado a Uruguay), gracias
al esfuerzo solidario de los obreros anarquistas.
Corría el año 1937. Radowitzky, que vivía en Mon-
tevideo, decidió viajar, como tantos anarquistas rio-
platenses, a defender la revolución española. En Bue-
nos Aires, la Federación Libertaria Argentina (FLA)
colaboraba activamente con la CNT española, en-
viando cuantos recursos pudiera a Barcelona. De esta
manera, se estableció un puente solidario que habría
de durar toda la guerra. La principal conexión que la
FLA tenía con España era Diego Abad de Santillán y su
entorno (el grupo de afinidad Nervio). Probablemen-
te, Simón Radowitzky viajó a Barcelona desde Brasil,
igual que otras figuras anarquistas como Antonio Ca-
sanova o Aldo Aguzzi. No está clara la fecha en la que
Radowitzky llegó a Barcelona, pero fue entre junio y
agosto de 1937.
Y Barcelona era un caos. Apenas unos meses antes
de su llegada, los Hechos de mayo habían desatado la
contrarrevolución y el ambiente en la capital catalana
era desolador. Radowitzky tomó contacto con el pe-
queño grupo sudamericano, centrado en las figuras de
Abad de Santillán, José Grunfeld y Jacobo Maguid (que
en esa época dirigía Tierra y Libertad). Según testimo-
nios de Laureano Riera y de algunas cartas de la Fede-
ración Anarco-Comunista Argentina (FACA) (epistolar
entre los argentinos en Barcelona y la FLA de Buenos
Aires), Simón quiso ir a primera línea del frente. Era

309
un hombre de acción y la problemática y discusiones
internas entre los diferentes grupos anarquistas que,
claramente, se distanciaban más y más del espíritu
original revolucionario, no iban con su personalidad.
Pero, recordemos, Radowitzky era una figura de re-
nombre y muy respetada. Permitirle ir al frente de Ara-
gón era un gran riesgo: no era una buena idea arriesgar
su vida para la alicaída moral general.
Simón pasó seis meses en el frente de Aragón,
en la brigada mixta 125 de la 28ª división al mando de
Gregorio Jover. Éste logró convencerlo de que sería
más útil como enlace entre el mando y el frente (redu-
ciendo así el riesgo de que perdiera la vida). Pese a ello,
entró en combate, como lo certifica su comandante de
batallón, Ricardo Zanotto.
Pero la salud de Radowitzky no era buena y al
poco tiempo tuvo que ser evacuado. La tuberculosis
que arrastraba de sus años de presidio y el paludismo
contagiado en el frente, casi acabaron con su vida.
Consciente de ello, aceptó el ofrecimiento, hecho por
Mariano Rodríguez Vázquez (en ese entonces secreta-
rio nacional de la CNT), de trabajar en la casa CNT-FAI
de Barcelona, en el departamento de propaganda ex-
terior, dirigido por el lituano Martin Gudell. Se necesi-
taban sus habilidades idiomáticas, ya que como ruso
de origen judío dominaba el ruso y el yiddish. Así, pues,
Radowitzky estuvo trabajando en la Casa CNT-FAI des-
de 1938 hasta la entrada de los fascistas en Barcelona,
el 26 de enero de 1939.
En su epistolar con la anarquista argentina Salva-
dora Onrubia, y la ítalo-uruguaya Luce Fabbri, Simón
Radowitzky nos dejó pinceladas de su estadía en Bar-
celona, bajo las bombas italianas; el ambiente enra-

310
recido que había en el entorno ácrata es palpable en
sus palabras y se puede intuir su distanciamiento del
grupo de Abad de Santillán. Si bien no es explícito, los
acusa de “nunca faltarles nada”, en comparación a las
penurias que pasaban los compañeros de a pie (duras
palabras contra Pedro Herrera y Juan Verde).
Son varios los testimonios que sitúan a Radowit-
zky en Barcelona: comentarios de Federica Montseny,
que lo encuentra casualmente en la entrada del edi-
ficio CNT-FAI; comentarios de Laureano Riera (obre-
ro anarquista argentino), que menciona su timidez y
que vivía con unos chóferes anarquistas argentinos, y
palabras de gente de su entorno, esto es, de Antonio
Casanova, Rodolfo González Pacheco y José Grunfeld.
Un capítulo aparte es su relación con una tal Reynalda,
de quien no se ha podido averiguar más nada que el
nombre. A juzgar por una carta a Luce Fabbri, podría
haber sido la única pareja que se le conoce en todo su
largo periplo vital.
A comienzos de 1939, ante el imparable avance
del ejército fascista, Mariano Rodríguez Vázquez cre-
yó conveniente evacuar la documentación y el pape-
leo de la Casa CNT-FAI. Se corría el peligro de que ese
material cayese en manos de las fuerzas franquistas y
que, por lo tanto, muchos compañeros quedasen dela-
tados en su participación anarquista. Por ello, Vázquez
encargó a Martin Gudell (y a Radowitzky) la vital tarea
de transportar, en un camión, toda la documentación
hacia la frontera francesa. Previamente, Gudell había
contactado con el Instituto de Historia Social de Am-
sterdam para que, mediante un contrato, custodiasen
toda la documentación en sus fondos, hasta que la

311
CNT pudiera restablecer su influencia en una futura
España democrática.
Radowitzky era reticente a abandonar Barce-
lona. Seguía su viejo instinto de resistir y luchar has-
ta el final. Pero, finalmente, el camión salió hacia la
frontera francesa: “… no te puedes imaginar lo que es
trabajar bajo un bombardeo…”, escribió a Luce Fabbri.
El periplo del camión (que además de los documentos
llevaba refugiados rumbo al exilio) fue accidentado;
constantemente eran bombardeados por la aviación
fascista que hostigaba la larga columna de civiles y lo
que quedaba del ejército republicano, derrotado en la
batalla del Ebro, en su marcha hacia Francia. Por ello,
no pudieron detenerse en Girona, ni en Figueres. Tan
solo una pequeña escala en Pont de Molins, a escasos
kilómetros de la frontera. En el poco tiempo que per-
manecieron en Pont de Molins encontraron parte de la
CNT, como constata Juan García Oliver en El eco de los
pasos, (aunque se equivoca de lugar, al decir que fue
en Sant Joan de les Abadesses). García Oliver mencio-
na el encuentro con Radowitzky. Radowitzky también
vio a Reynalda que, como él, trataba de reagruparse
con su grupo. (Reynalda era maestra de párvulos). La
escuela en donde trabajaba, en su precipitada huida
hacia Francia, había quedado rezagada en Figueres a
merced de un bombardeo. Finalmente, Gudell y Ra-
dowitzky lograron cruzar la frontera por Le Perthus y
entregaron el camión a los compañeros que lo lleva-
rían hasta Holanda.
La situación era tan comprometida que volver a
Barcelona fue tarea imposible. Gudell y Radowitzky
atravesaron de incógnito el difícil territorio francés,
rumbo a París (para ese entonces, el gobierno socia-

312
lista de Blum ya había reconocido el gobierno de Bur-
gos). Días después fueron detenidos en Montpellier y
llevados a pie hasta el campo de Saint-Cyprien. Parco,
Radowitzky definiría el campo: “… lo único que veo es
(un) alambrado como un corral y arena húmeda y terro-
sa que nos penetraba en todas partes del cuerpo…” En la
epistolar entre Radowitzky y Luce Fabbri, o en la que
escribe a Salvadora Onrubia, se palpa cómo fueron los
días en Saint-Cyprien: “dudo que creas que en pleno si-
glo 20, en la Francia civilizada, nos hayan tratado tan
inhumanamente.” Sus líneas describen hambre y frío,
disentería y unas condiciones de salubridad penosas.
Pero también deja claro que aún quedaba moral com-
bativa, cuando explica que unos compañeros mata-
ron a un guardia senegalés. Gracias a ello, la guardia
francesa los dejó relativamente en paz. Al tiempo,
Radowitzky planeó su fuga; lo esperaban compañeros
con un coche a pocos quilómetros fuera del campo. La
fuga fue un éxito y, días después, Simón llegó a París.
El estado de lo que quedaba de la CNT no era muy re-
confortante en la capital francesa. Mariano Rodríguez
Vázquez había muerto de una forma estúpida, ahoga-
do en un río. Por todos los medios posibles, Radowit-
zky trató de localizar a Reynalda; pero nada supo de
ella hasta abandonar Europa desde Bélgica, rumbo a
México.
Ya en México, Simón Radowitzky colaboró con
la CNT en el exilio, recibiendo y ayudando a los com-
pañeros que, en cuentagotas, llegaban al país desde
Francia. Pero poca ayuda recibieron de Negrín y de
Indalecio Prieto que, mediante el SERE y el JARE, ayu-
daban exclusivamente a los que se suscribían a su incli-
nación ideológica.

313
En México, Simón se relacionó especialmente con
dos grupos de afinidad. El de anarquistas republicanos
afincados allí a partir de 1940 y el de los rusos exiliados
del terror estalinista. Su pista continúa en reuniones
con Senia Fléchin, Mollie Steimer, rusos como él, Au-
gustin Souchy, o con la familia de Prudhon Carbó, Oc-
tavio Alberola o Liberto Callejas. Pero, como se puede
apreciar en una carta a Salvadora Onrubia, fechada en
1941, sentía nostalgia de Buenos Aires.
En sus últimos años de vida, Radowitzky cambió
su nombre por el de Raúl Gómez Saavedra en un in-
tento de, como diría Liberto Callejas en un texto de
despedida leído en su entierro: “… serás otra vez, uno
entre muchos”. A Radowitzky le pesaba su historia y,
cambiándose el nombre trató, sencillamente, de no
ser nadie. Sin embargo, siempre fiel a sus ideales, nun-
ca abandonó la causa anarquista y la defensa de los
desterrados en México.
Radowitzky murió en 1956 y descansa en el pan-
teón español de la ciudad de México. Su lápida dice:
“Aquí reposa un hombre que luchó toda su vida por la
libertad y la justicia social”.

Agustín Comotto

314
REBULL, Josep (1906- 1999)

J osep Rebull Cabré, nació en Tivissa (Tarragona),


en 1906. Se inició en las luchas sociales, siguien-
do el ejemplo de su hermano mayor, el conocido mili-
tante del POUM, Daniel Rebull (David Rey). Sufrió su
primera detención a los 11 años, en casa de su herma-
no, en Barcelona, a raíz de la huelga general de 1917.
Cursó estudios de peritaje industrial. Durante la Dicta-
dura de Primo de Rivera (en 1927), mientras cumplía el
servicio militar, se afilió al Partido Comunista de Espa-
ña, en Tarragona.

315
En 1929, ingresó en la Federación Comunista Ca-
talano-Balear (FCCB), dirigida por Joaquín Maurín, que
había sido expulsado de la Tercera Internacional. Josep
Rebull fue miembro del Comité Local de Tarragona de la
FCCB. Cuando, entre finales de 1930 y marzo de 1931, se
decidió la fusión con el Partit Comunista Català, dirigido
por Jordi Arquer, votó favorablemente la fundación del
Bloc Obrer i Camperol (BOC).
Intervino, en 1932, en el comité de huelga de la
empresa textil Soliano, en Tarragona. La huelga duró
nueve semanas. Hubo una campaña de prensa denun-
ciando a la familia propietaria y su intento de lock-out.
Rebull escribió algunos artículos de denuncia en el
Diario de Tarragona. La huelga, dirigida por el BOC, fue
un éxito en cuanto se consiguió el reconocimiento del
sindicato, aumento de la escala de salarios, reducción
de horarios y mejora de las condiciones de trabajo. La
huelga se ganó con la condición de que Rebull aban-
donara la fábrica. Tras discutirlo en el BOC se decidió
aceptar tal condición. Josep Rebull marchó entonces
a Tarrasa, donde inició sus estudios de peritaje indus-
trial, en las especialidades de química y electricidad,
que abarcaban además cursos de economía políti-
ca, legislación social y organización empresarial, que
apuntaban a la sólida formación de cuadros técnicos
en las empresas. En noviembre de 1932 fue candidato
a las elecciones al Parlamento catalán.
En 1933 fue uno de los fundadores del Bloc Obrer
i Camperol (BOC) en Tarrasa. Responsable remunerado
del trabajo editorial del BOC, desde octubre de 1934,
consiguió excelentes resultados mediante una imagina-
tiva y eficiente distribución de la prensa de su partido.
La gran aportación de Rebull, como administrador de
la prensa y de las Ediciones Marxistas, fue una moder-

316
na concepción de distribución de la misma, basada
en Barcelona en el reparto mediante taxis en diversos
puntos acordados previamente, a horas concretas, y al
uso de recaderos en los pueblos y pequeñas ciudades.
El servicio de recaderos era un sistema de mensajería
comercial extendido a toda Cataluña, que funcionaba
al margen del sistema oficial de correos, muy vigilado
por la policía. Este sistema de distribución era rápido y
muy efectivo, incluso en momentos de clandestinidad
o para burlar la censura. Del mismo modo, era muy
exigente en la recaudación del pago de las suscripcio-
nes (incluso internacionales) y de los vendedores para
evitar impagos (muchas veces por dejadez o falta de
profesionalidad de los vendedores de la prensa). Impu-
so un moderno método de distribución y cobro que se
mostró muy eficiente. Aprovechó sus estudios de peri-
taje para dar a la distribución de la prensa un carácter
comercial moderno.
Participó en la fundación del Partido Obrero de
Unificación Marxista (POUM) en Las Planas (setiembre
1935). El nuevo partido era resultado de la fusión entre el
BOC y la Izquierda Comunista de España (ICE).
Josep Rebull era íntimo amigo de Manuel Maurín.
En febrero de 1936, participó en las listas electorales del
POUM por Tarragona. Durante las jornadas revoluciona-
rias del 19 y 20 de julio de 1936 intervino en las luchas
callejeras de Barcelona, en la Plaza de Cataluña y alre-
dedores, en el grupo de un centenar de militantes entre
los que se contaban Carmel Rosa (Roc), Rovira, Algemir,
Vidal, etcétera.
Josep Rebull salió ileso del enfrentamiento con un
pelotón militar, con el que se estaba parlamentando, a
pesar de que se encontraba junto a Germinal Vidal, se-

317
cretario de la Juventud Comunista Ibérica (JCI), que fue
herido de muerte en la Plaza Universidad el 19 de julio,
en el tiroteo con el que se interrumpió bruscamente la
conversación con los soldados.
Requisadas las prensas de El Correo catalán, reorga-
nizó la prensa del POUM y las ediciones de la Editorial
Marxista, en las que siguió desempeñando el cargo de
administrador.
Gaston Davoust, dirigente del grupo francés Union
Communiste pasó tres semanas en Barcelona, en los
meses de agosto-setiembre de 1936, durante las que
mantuvo diversas entrevistas con dirigentes anarquis-
tas y del POUM, e inició su amistosa relación con Josep
Rebull.
No se tenían noticias de Joaquín Maurín, que el
19 de julio se encontraba en Galicia, y al que se dio por
muerto. El 21 de julio CNT y POUM apoyaron la forma-
ción en Cataluña del Comité Central de Milicias Antifas-
cistas (CCMA), en el que participaban también represen-
tantes de partidos burgueses, del gobierno burgués de
la Generalidad y los estalinistas.
Andreu Nin, secretario político del POUM, sin con-
sultar a la militancia de su partido, aceptó el cargo de
ministro de Justicia en el gobierno de la Generalidad,
que desempeñó desde el 26 de septiembre hasta el 17
de diciembre de 1936, cuando fue expulsado por pre-
siones estalinistas. El 1 de octubre de 1936 se produjo
la autodisolución del CCMA; el día 9 de octubre el go-
bierno de la Generalidad - con participación del POUM
y de la CNT - dictaba un decreto de disolución de los co-
mités locales, que serían sustituidos por Ayuntamientos
frentepopulistas; el 13 de octubre un decreto elaborado
y firmado por el propio Nin barría la obra revolucionaria

318
de Barriobero en los tribunales de justicia; el 24 de oc-
tubre se aprobaban los decretos de militarización de las
Milicias Populares, de Colectivizaciones y de control del
orden público por una Junta de Seguridad Interior.
En enero de 1937 Nin escribió al CE del PSOE pro-
poniendo la participación del POUM en las conferen-
cias de unificación del PSOE y el PCE. Sólo algunos días
después se iniciaba la represión estalinista contra los
poumistas en Madrid. Tarradellas promulgó una batería
de decretos económicos y financieros, conocidos como
decretos de S’Agaró, que iniciaron la ofensiva de la Ge-
neralidad para hacerse con el control de las empresas
colectivizadas.
El 4 de marzo de 1937 el decreto de control del or-
den público, y de disolución de las Patrullas de Control,
rechazado por la CNT, dio paso a una larga y grave crisis
de gobierno de la Generalidad. La vida cotidiana de los
trabajadores se vio afectada por la carestía de la vida, las
colas del racionamiento y la carencia de los productos
básicos. En marzo y abril de 1937 se produjeron múlti-
ples enfrentamientos en distintas localidades de Ca-
taluña entre la militancia anarquista y las fuerzas de la
Generalidad y PSUC. Destacó el acaecido en Bellver de
Cerdaña el 27 de abril, donde el líder anarquista Anto-
nio Martín fue emboscado y asesinado. En la primavera
de 1937 se había entablado una sorda lucha empresa a
empresa entre la militancia cenetista, partidaria de la
socialización y opuesta a una colectivización sometida
al intervencionismo de la Generalidad, propiciado por
los decretos financieros y tributarios de S’Agaró. Fueron
frecuentes las asambleas obreras en las fábricas, coac-
cionadas por la presencia de las fuerzas de orden públi-
co. Los comités revolucionarios locales, surgidos en julio

319
de 1936, tenían que disolverse y aceptar los decretos de
la Generalidad sobre la constitución de ayuntamientos
frentepopulistas, ya que de lo contrario se quedaban sin
fuente alguna de financiación, puesto que les había sido
vedada la posibilidad de imponer ningún tributo propio,
ya fuese revolucionario o de guerra. Lo mismo sucedía
en las empresas colectivizadas que propugnaban la so-
cialización frente al intervencionismo del gobierno de la
Generalidad.
En marzo de 1937 un amplio sector de militantes del
POUM manifestó sus protestas ante la falta de discusión
interna y el nuevo aplazamiento del congreso del parti-
do, pospuesto ya en diciembre de 1936, febrero de 1937
y de nuevo en marzo. Durante marzo y abril de 1937 las
reuniones semanales de los secretarios políticos y de or-
ganización de los comités de distrito, en que se organi-
zaban las células del partido, canalizaron el descontento
de la militancia de base. Así fue como el Comité Local
(CL) de Barcelona del POUM se convirtió en un firme
organismo de oposición a la dirección del POUM, esto
es, del Comité Ejecutivo (CE) y Comité Central (CC). El
CL de Barcelona, además de reclamar la convocatoria
del congreso, inició un debate sobre el trabajo político
en el frente, que encontró la oposición de los mandos a
la formación de células entre los milicianos; y también
sobre la participación del partido en un gobierno bur-
gués, lo que suponía desautorizar la estrategia seguida
hasta entonces por el CE. El 13 de abril de 1937, como
culminación de estas acciones de protesta, producto de
un extenso malestar entre la base militante poumista,
se convocó una reunión conjunta del CL de Barcelona
y del Comité Central (CC), en la que Josep Martí, secre-
tario del CL de Barcelona, y Josep Rebull consiguieron
la aprobación y amplia difusión de un manifiesto del CL

320
de Barcelona, que fue publicado en La Batalla, el 15 de
abril, referente a la crisis de la Generalidad, que critica-
ba la intervención del POUM en ese gobierno burgués, y
llamaba a la formación de un Frente Obrero Revolucio-
nario que potenciase los Consejos Obreros como órga-
nos de poder. También se anunció la nueva convocatoria
del Segundo Congreso del POUM para el 8 de mayo, así
como una amplia facilidad para publicar y difundir, en
boletines internos, las contratesis de las distintas células
a las tesis oficiales del CE. El 16 de abril Nin asistió a una
reunión del CL de Barcelona en la que consiguió impedir
la publicación de un folleto, contrario a la línea oficial del
partido. Según Nin no debía hablarse de soviets, sino de
gobierno sindical.
El POUM era un partido leninista formado por cé-
lulas. Esas células, de carácter organizativo, informa-
tivo y formativo, se coordinaban entre sí en el Comité
Local de Barcelona. Eran el mismo modelo de las célu-
las del PCE o del PCF, esto es, el modelo clásico de los
partidos leninistas. Las células se reunían una vez a la
semana, y cada miembro tenía una misión concreta:
secretario para organización y relaciones con el comité
local, otro encargado de prensa, otro de cotizaciones,
otro Socorro Rojo, otro sindical. Era una pequeña or-
ganización dentro de la organización.
Josep Rebull era secretario de la célula 72 del
POUM, en Barcelona. Las contratesis firmadas por la cé-
lula 72 del POUM (unos 12 militantes), que fueron publi-
cadas en el Boletín de discusión del II Congreso del POUM,
editado por el Comité Local de Barcelona, eran obra
suya, y no hacían sino recoger, profundizar y teorizar las
controversias y reivindicaciones de la base militante del
POUM, contrarias a la estrategia política del CE. La ra-

321
zón de que esas contratesis fueran firmadas por la célula
72, en lugar de Josep Rebull, se debía a las exigencias del
reglamento del II Congreso.
Durante las Jornadas de Mayo Josep Rebull había
sido retenido durante dos días como rehén por un pelo-
tón estalinista. Su intervención en las Jornadas de Mayo
tuvo tres puntos destacados, pero nunca llamó a los ca-
maradas de la CNT a tomar el poder, como se afirma en
“The Spanish Civil War. The View from the left” (Revo-
lutionay History, volume 4, números 1 y 2), sino que se
limitó a plantear esa cuestión al CE de su partido.
Esos tres puntos destacados fueron:
a) Una entrevista entre la célula 72 y Los Amigos de
Durruti (la noche del 4 de mayo), en la que participaron
Josep Rebull y Jaime Balius, en la que se decidió no to-
mar ninguna iniciativa, dado el carácter minoritario de
ambas organizaciones, y porque consideraron que la ac-
ción que tomase la CNT sería decisiva.
b) Una entrevista con el CE del POUM: Nin, Andra-
de y Gorkin, en la que con un plano de Barcelona en la
mano, Rebull demostró la certeza de una victoria mili-
tar, si el POUM se decidía a asaltar los edificios guber-
namentales del centro de la ciudad, a lo que se le res-
pondió que no se trataba de una cuestión militar, sino
política: tomar el poder significaba romper la unidad an-
tifascista y precipitar una rápida victoria de los ejércitos
de Franco.
c) Cedió la imprenta del POUM a los Amigos de Du-
rruti (el 8 de mayo) para que éstos, desautorizados por la
CNT, pudieran lanzar un manifiesto, que hacía balance
de las recientes jornadas de mayo.

322
El 29 de mayo de 1937 Josep Rebull publicó, en el
Boletín Interior de discusión del POUM, un artículo ex-
cepcional, en el que exponía su análisis de las Jornadas
de Mayo de 1937 desde una perspectiva revolucionaria.
Para Rebull mayo del 37 era la previsible ofensiva
de la contrarrevolución (encarnada en el PSUC y ERC),
consecuencia directa de no haber destruido el Estado
burgués y tomado el poder en julio de 1936. La rapidez
del avance de las fuerzas contrarrevolucionarias había
sido posible gracias a la colaboración de la CNT-FAI con
las instituciones burguesas, y a la ausencia de un parti-
do revolucionario. En mayo de 1937 el proletariado se
enfrentó espontáneamente a la toma de la Telefónica,
levantando barricadas por todo Barcelona. Pero falló la
dirección, coordinación y objetivos políticos de la lucha
emprendida. La burocracia cenetista sólo tenía una de-
cisión firme: la retirada sin condiciones, que Rebull no
dudó en calificar de TRAICIÓN al movimiento obrero y
CAPITULACIÓN sin parangón posible ante la burguesía.
También constataba Rebull que la dirección del POUM
había ido siempre a remolque de los acontecimientos, y
que sólo los Amigos de Durruti habían tenido el inmenso
mérito de llamar a la lucha CONTRA la Generalidad.
Rebull calificaba Mayo del 37 como una derrota sin
paliativos del proletariado, aunque hubiera sido posible
la toma del poder si la lucha hubiera sido impulsada deci-
didamente por un partido revolucionario, inexistente...
porque el POUM ni lo era ni podía llegar a serlo jamás,
dada la estrategia política de la dirección del partido.
Josep Rebull fue el único poumista que advirtió de la ne-
cesidad imperiosa e inmediata de pasar a la clandestini-
dad, para preparase contra la previsible represión.

323
Los graves acontecimientos acaecidos durante las
Jornadas de mayo en Barcelona (del 3 al 7 de mayo de
1937) hicieron imposible la celebración del congreso,
que fue aplazado de nuevo para el 19 de junio, al tiem-
po que se convocaba una conferencia internacional para
el 19 de julio. Tras la represión contra el POUM, desen-
cadenada el 16 de junio de 1937, el partido cerró filas,
y las críticas contra la política colaboracionista del CE
del POUM, dada la imposibilidad de convocar el II Con-
greso, fueron provisionalmente acalladas. Rebull, por
otra parte, se encontró aislado, puesto que el resto de
miembros de la célula 72 dejó de seguirle en sus posicio-
nes. De este modo, descartada definitivamente la posi-
bilidad de celebrar un congreso del partido, la llamada
izquierda del POUM en Barcelona, a principios de l938,
sólo tenía un militante: Josep Rebull. Durante el año de
clandestinidad que vivió en la ciudad de Barcelona ocu-
pó alternativamente el piso de Manuel Maurín en la calle
Padua o una habitación alquilada en la calle Llibreteria.
Estuvo siempre activo en la edición y distribución de la
prensa clandestina del POUM (hasta abril de 1938); así
como en la solidaridad y ayuda a los presos, con asi-
duas visitas al ministro de Justicia Irujo para conseguir
el traslado de los militantes del POUM desde las checas
estalinistas (de donde podían desaparecer sin dejar ras-
tro) a las prisiones republicanas. Pero la omnipresente
represión estalinista contra los militantes del POUM, y
las crecientes dificultades para burlar el enrolamiento
militar, le decidieron a alistarse en el ejército, bajo el fal-
so nombre de Pau Mitjá, a finales de 1938.
Tras la caída de Barcelona, ocupada por las tropas
franquistas el 26 de enero de 1939, se inició el gran éxo-
do hacia la frontera francesa. Josep Rebull pasó a pie,
junto con su compañera Teresa, la frontera francesa

324
por Coll d’Ares hasta Prats de Molló y Perpiñán. Daniel
Guerin y Maurice Jaquier, militantes del PSOP (Partido
Socialista Obrero y Campesino francés) habían conse-
guido localizar en plena frontera pirenaica a Gironella,
Andrade, Bonet, Gorkin, Solano y Rodés para trasladar-
los a Perpiñán, evitando los campos de concentración.
El PSOP, por razones de seguridad, organizó el viaje a
París de los más destacados militantes del POUM. Ya en
París, durante algunos meses, antes de la movilización
militar motivada por el inicio de la Segunda Guerra Mun-
dial, Josep Rebull estuvo alojado en París, en casa de su
amigo Gaston Davoust, dirigente de Union Communis-
te, que había publicado en L’Internationale la traducción
al francés de las contratesis de la célula 72.
A primeros de marzo de 1939 el CE del POUM, do-
minado por el ala derecha del partido, constituida en
torno a Rovira y Arquer, dio una especie de “golpe de es-
tado”, consistente en proponer la elección de un nuevo
comité central mediante referéndum, y en aplazar sine
die la convocatoria de un congreso del partido.
La reacción contra el maniobrerismo del CE fue de
carácter masivo. Se exigía la convocatoria de un congre-
so que debatiera los errores del POUM durante la guerra
de España y resolviera la crisis del partido. Se reivindica-
ba además, de forma natural, porque era evidente y “de
cajón”, en cualquier partido, que ese congreso era la úni-
ca autoridad capacitada para exigir responsabilidades al
CC y CE salientes, así como para nombrar un nuevo CC
y CE del partido. El peligro de escisión del partido era
tan real que posiblemente fue evitado por el inicio de la
drôle de guerre, en setiembre de 1939, y la consiguiente
movilización militar, que hacía peligrosa y prácticamen-
te imposible cualquier actividad política.

325
El CE del POUM ante la avalancha de protestas por
las decisiones tomadas en la reunión de principios de
marzo tuvo que dar marcha atrás y convocó una reunión
del CC Ampliado, a la que fueron invitados los miembros
del CC que aún quedaban, más una veintena de destaca-
dos militantes “de reconocida solvencia y autoridad”. En
esta reunión, a la que asistió Josep Rebull, se rectificaron
totalmente los acuerdos del “golpe de estado” de Rovi-
ra, se acordó la celebración de un congreso, y se abrió
inmediatamente un período de discusión, comprome-
tiéndose el CE a publicar las distintas aportaciones en un
Boletín interior de discusión.
Según Solano, en el POUM aparecieron tres ten-
dencias; la derecha, formada por Rovira, Pelegrí y Farré;
el centro constituido por Gorkin, Bonet y Rodés; y la iz-
quierda, dirigida por Andrade, Molins y Solano. Solano
habla de Rebull como animador de unos comités de de-
fensa del congreso, que no sitúa en tendencia alguna.
Josep Rebull señalaba en su carta abierta a todos los
militantes del POUM, fechada el 25 de mayo de 1939,
que en realidad podían resumirse en dos alternativas: la
oficial, que tenía todos los medios económicos y organi-
zativos a su alcance, constituida por las tres tendencias
que reconocía Solano, y la “tendencia de rectificación”
que Rebull impulsaba, que carecía de recursos económi-
cos, pero que consiguió un enorme apoyo entre los mili-
tantes de base. Así, pues, Josep Rebull impidió el “golpe
de estado” de Rovira, y logró que se abriera un período
de discusión precongresual en el partido. Debate que
fructificó en la publicación por el CE de un excelente bo-
letín en el que se publicaron interesantes críticas a los
errores cometidos por el POUM durante la guerra de
España: L’experience Espagnole. La “tendencia de recti-

326
ficación” lanzó su propio boletín en julio de 1939, publi-
cando varios artículos de Josep Rebull.
Este es el contexto histórico y político en el que se
enmarcaba la carta abierta de Josep Rebull, dirigida a
todos los militantes del POUM con el objetivo de movili-
zarse para defender el derecho y la necesidad de convo-
car un congreso del partido, que se opusiera a las manio-
bras burocráticas que querían hurtarlo, que debatiera
abiertamente los errores cometidos por el CE y el CC,
que exigiera las oportunas responsabilidades políticas,
que RECTIFICARA el oportunismo teórico que había ca-
racterizado al POUM durante la guerra y la revolución
en España, que nombrase un nuevo CC y CE del partido,
elegido consciente y fundamentadamente gracias al de-
bate de unas posiciones políticas.
La carta abierta de Josep Rebull, de mayo de 1939,
era un texto de debate político magistral, de una gran
belleza literaria, en el que destacaba la pasión del revo-
lucionario en defensa de sus tesis contra el oportunismo
que destruye a su partido, que para un marxista es el
arma de la revolución.
Tras la invasión nazi de Francia, los Rebull estuvie-
ron dos años en Marsella, de forma clandestina por la
falta de papeles, en convivencia con refugiados bordi-
guistas, como Mitchell (belga) y su compañera italiana
Herminia, los franceses Marc y Clara Chiric, y los italia-
nos Tullio y Piccino, todos ellos de una extraordinaria so-
lidaridad y una no menor intransigencia en sus análisis
políticos. Josep Rebull siempre se sintió más próximo
a las tesis de Davoust y de Union Communiste sobre la
Guerra civil española.
Durante algunos meses Josep Rebull trabajó, como
tantos otros exiliados de extrema izquierda, de todas las

327
nacionalidades, en la fábrica de confituras Croque-Fruit,
dirigida por trotskistas. Josep Rebull obtuvo falsos pa-
peles de identidad a nombre de Robert Verdeaux. Duran-
te su estancia en Marsella trabó amistad con el escritor
Jean Malaquais, vecino suyo en Air-Bel. En el verano de
1943 intervino en la Resistencia francesa, en el departa-
mento de Var, hasta que fue detenido por la Gestapo, y
por fin liberado en 1944. En 1947 se instaló de nuevo en
París. Durante el largo exilio francés sobrevivió como
administrador de una pequeña editorial y periodista de
Franc-Tireur, que adoptó más tarde el nuevo título de
Paris Jour.
Josep Rebull fue miembro del CE del POUM en el
exilio hasta mayo de 1953, cuando presentó su dimisión
por desacuerdos políticos con el resto de miembros del
CE del que formaba parte, aunque excusándose en pro-
blemas de salud. Desde entonces continuó en el POUM
ya sólo como militante de base, y cada vez más lejano
de una militancia activa, aunque siempre interesado en
el análisis de la actualidad económica y política. En los
años ochenta formó parte del sector del POUM que de-
cidió ingresar en el Partit Socialista de Catalunya (PSC).
Sin embargo, Rebull fue muy crítico con el PSC, al que
consideraba una sucursal del PSOE, defendiendo posi-
ciones socialdemócratas y catalanistas, que derivaron
hacia un turbador y ciego nacionalismo.
En el seminario de estudios históricos, conme-
morativo del cincuenta aniversario de la fundación del
POUM, celebrado en Barcelona, en Ca l’Ardiaca, el 27 de
setiembre de 1985, Pierre Broué, al ilustrar la posibilidad
efectiva que existió durante las Jornadas de Mayo de to-
mar el poder, aludió al papel jugado por Josep Rebull del
siguiente modo:

328
“En Mayo del 37 Josep Rebull iba con un mapa de Barcelona
en la mano, afirmando a quien quería oírle que el POUM
podía tomar militarmente el poder”. Solano interrumpió
a Broué para decir: “No era un hecho meramente militar,
sino también político”.
Rebull se mantuvo en silencio y tomó algunas no-
tas en un pequeño cuaderno. En el debate posterior a la
conferencia de Broué fueron muchos los que acusaron
a Pierre de dar una visión trotskista del POUM, que no
se ajustaba a la realidad. El debate subió de tono, y fue
precisamente Josep Rebull quien tomó la palabra para
calmar los ánimos y defender el derecho del historiador
a dar su propia versión de los hechos. Dijo Josep Rebull:
“Broué no ha venido a halagar a nadie, sino a señalar el
fracaso del POUM como organización revolucionaria, que
si bien nació con muchas ilusiones, a lo largo de los años
se fue desdibujando, perdiendo en cada esquina de la his-
toria jirones de su programa. No hay nada más tozudo que
los hechos, y el POUM como partido revolucionario falló.
Estoy de acuerdo con el análisis de que una organización
revolucionaria no puede avanzar más allá de donde se lo
permite la situación revolucionaria y el aliento revolucio-
nario de las masas. Pero el POUM, tal y como lo analizó la
célula 72 en su momento, falló como vanguardia revolu-
cionaria.” Interrumpido por algunas voces de desacuer-
do, Rebull alzó la voz para concluir con una afirmación
lapidaria:
“Hubiera sido mejor que a los militantes del POUM se
nos ejecutara por revolucionarios ante un pelotón de
fusilamiento, que haber sido juzgados por traidores a la
República”.
Josep Rebull apoyaba su intervención en unas no-
tas tomadas anteriormente. Las últimas palabras de Re-
bull tuvieron la virtud de provocar unos breves instantes

329
de silencio, ¿quizás reflexión?, pero a poco el guirigay
retornó de nuevo a la sala aún con más estruendo. Creo
que nadie había comprendido que Josep Rebull acababa
de destrozar el argumento esgrimido por Solano para
justificar que el POUM no intentara tomar el poder en
mayo del 37: “no era una cuestión militar, sino política”.
Luego alguien, creo que Gironella, desplegó un cartel
que ilustraba la evolución política del POUM desde su
fundación hasta su ingreso en el PSC, provocando una
triste, esperpéntica e impropia pelea verbal y a tortazos
entre algunos exaltados septuagenarios y octogenarios,
que horrorizó a Rebull.
Acabado el acto me prometió responder a un cues-
tionario escrito, que le envié pocas semanas después,
junto con una copia de los boletines en los que se pu-
blicaron las contratesis de la célula 72, que él no había
podido conservar.
Josep Rebull gozó de una gran longevidad. Retirado
desde hacía muchos años en Banyuls-sur-mer, falleció
ya nonagenario, el 22 de mayo de 1999, en ese hermoso
pueblo del Rosellón, donde seguía viviendo su compa-
ñera Teresa Rebull, que publicó un libro de memorias:
Tot cantant, en las que aparecen diseminados algunos
datos y chispazos de la biografía privada de “en Pep”.

Agustín Guillamón

330
ROUS, Jean (1908-1985)

N acido el 24 de Noviembre de 1908 en Pra-


des (departamento de Pyrénées-Orientales),
Jean Rous – cuyo pseudónimo militante era Clart, y
que escribía en la prensa bajo los pseudónimos de Ci-
vis, Jean Prades, Rouclès y Rouglas – procedía de una
familia de ricos industriales y comerciantes por parte
paterna y de pequeños propietarios campesinos por
parte materna. Su educación burguesa, que debía ase-
gurar su porvenir de comerciante como su abuelo y

331
su padre o de abogado como su tío, se basaba, entre
otras cosas, en el uso de la lengua francesa, aunque en
la familia, entre adultos, no se hablaba más que el ca-
talán.

Después de la Gran Guerra, Rous abandonó Pra-


des para continuar los estudios en un pequeño institu-
to y luego en el Lycée Lakanal de Toulouse. Al acabar
sus estudios secundarios en Julio de 1926 con el título
de bachiller en filosofía, fue a París a estudiar derecho
en la Sorbona, después a Lyon para especializarse en
derecho fiscal y finalmente regresó a París para termi-
nar la carrera de derecho y entrar como abogado en
prácticas en 1930 en el bufete de Ernest Laffont, mili-
tante del PC en el Congreso de Tours, excluido en 1923
por masón, y socialista de la SFIO cuando Rous entró a
trabajar en su bufete.
Fue entre 1925 y 1930 que entró en contacto, en
París, por supuesto con los catalanes de París y tam-
bién con los exiliados de Cataluña Sur alrededor de
Francesc Macià. Así, conoció a Louis Chauvet, H. Ryner
o Pau Roure, de Cataluña Norte, V. Gassol, J. Fontber-
nat, J. Miravitlles o J. Rovira, catalanes del sur.
En Prades, dentro de la SFIO, a la que se había
adherido en 1928, sostuvo la idea de unidad de acción
con los militantes comunistas. Participó en la funda-
ción del grupo de L’Avant-garde de Prades, que reunía a
comunistas, socialistas y sin partido, y luego en 1932 al
nacimiento del periódico del mismo nombre. Además
de la unidad obrera, las otras campañas emprendidas
por este grupo estuvieron esencialmente relacionadas
con la lucha contra la guerra y el fascismo. Rous hizo
adherir L’Avant-garde y se adhirió él mismo al Mouve-
ment contre la guerre et le fascisme. Fue delegado por

332
Prades en junio de 1933 a la conferencia de la Salle Ple-
yel. Por último, dirigió el combate por la “descoloniza-
ción” de Andorra. Sus artículos respecto a este asun-
to en el periódico L’Avant-garde de Prades le llevaron
a escribir en La Vérité, órgano de la Ligue communiste
(trotskista) y Le Populaire, diario de la SFIO, mientras
que sus notas sirvieron para que Gabriel Péri llamara a
la formación de “Soviets en Andorra” en L’Humanité,
diario del Parti communiste (estalinista).
Desde 1933 simpatiza con las ideas desarrolladas
por el movimiento trotskista, en particular con las con-
cernientes a la toma del poder por Hitler y los errores
del Partido Comunista Alemán. Lector de La Vérité,
e incluso colaborador (tanto por sus artículos como
por su ayuda financiera) desde Septiembre de 1933,
Rous se adhirió a la Ligue communiste en la primave-
ra de 1934 y se convirtió en miembro suplente del co-
mité central del Groupe bolchevik-léniniste en agosto
de 1934, cuando los trotskistas decidieron adherirse
colectivamente al Partido Socialista (SFIO). Algunos
meses más tarde se convirtió en miembro del buró po-
lítico y secretario administrativo de este grupo, apare-
ciendo entonces como uno de sus principales dirigen-
tes. Como tal, después de haber sido nominado como
candidato (con Pierre Frank como suplente) por una
comisión interna del GBL, compuesta por Raymond
Molinier, Gérard Rosenthal y Ruth Fischer, fue elegido
miembro de la Comisión Administrativa Permanente
(CAP) de la SFIO en el congreso de Mulhouse (9-12
de Junio de 1935), que aprobó la entrada del GBL en
la SFIO. No pudo asistir al congreso ya que acompañó
a León Trotsky, que marchó a vivir en Noruega. Rous
veló por su seguridad hasta Amberes y recibió algunos
consejos sobre cómo practicar el entrismo y a la vez

333
sobre cómo preparar la salida de la SFIO, que Trotsky
preveía pronta. No ejerció por mucho tiempo su man-
dato en la CAP, ya que el 2 de octubre, por 16 votos
contra 7, fue despojado de sus funciones por haberse
solidarizado con la Agrupación del Sena de las Juventu-
des Socialistas, excluida en julio. Además, los artículos
que publicó en La Vérité sobre las manifestaciones vio-
lentas que tuvieron lugar en Toulon (Var), en agosto de
1935, en contra de los decretos-ley de Laval no satisfi-
cieron a la dirección socialista.
La crisis, casi permanente, que envenenaba el
trabajo dentro del GBL permitió a Rous, joven militan-
te salido de la socialdemocracia –al contrario que los
cuadros franceses del movimiento trotskista, general-
mente salidos del Partido Comunista- desempeñar un
papel de amortiguación entre las tendencias dirigidas,
de una parte, por Pierre Naville y, de otra, por R. Mo-
linier y P. Frank. Acabó en fracaso, consumado con la
aparición del semanario La Commune por el grupo Mo-
linier-Frank, contrariamente a las decisiones tomadas.
Tuvo entonces lugar la inevitable escisión.
El nombre de Rous apareció por primera vez en un
acta de la reunión del 16 de abril de 1935 del Secreta-
riado Internacional del movimiento trotskista (bajo el
pseudónimo de Clart), junto a R. Fischer (Dubois), Al-
fonso Leonetti (Martin) y Otto Schüssler (Oskar). Fue
por este cargo y debido a sus orígenes catalanes que
conoció por primera vez a sus camaradas de la Izquier-
da Comunista de España (ICE). Sin embargo, en el Se-
cretariado Internacional, Rous no estaba encargado de
seguir la evolución de España y del grupo que se encon-
traba cercano a las posiciones de Trotsky. Fue enviado
además también a Barcelona porque se había plantea-

334
do la cuestión del entrismo en los partidos socialistas y
él era uno de los principales partidarios de esa táctica
en Francia. Si la existencia de un contacto de Rous en
1935 con los revolucionarios españoles está probada,
su fecha exacta no se conoce con certeza. En el verano
de 1935, Rous manifestó a Trotsky su intención de ir a
Barcelona para encontrarse con Andreu Nin. Precisó:
“Voy a ir a España, tan pronto como sea posible, para
hacer nuevas relaciones, si es posible, y ver a nuestros
amigos.” Fue el 3 de septiembre, en una carta, enviada
como la primera desde Prades, cuando anunció su sa-
lida inmediata para España “de donde [acababa] ape-
nas de recibir la confirmación”. Llegó a Barcelona poco
antes del congreso de fusión del Bloc Obrer i Camperol
(BOC) y de la ICE, que tuvo lugar el 29 de Septiembre
de 1935. El BOC de Maurín, la ICE de Nin y Juan An-
drade, y delegaciones del PSOE, del PCE, de la Unió
Socialista de Catalunya y del Partit Català Proletari ha-
bían considerado una forma de unidad, desde Febrero
de 1935, como respuesta a la derrota del “Octubre as-
turiano” de 1934. Los obreros y campesinos llamaban
por la unidad de los partidos obreros para llevar a cabo
los cambios políticos. Pero finalmente sólo el BOC -na-
cido en Barcelona en Marzo de 1931 de la fusión del
Partit Comunista Català de J. Arquer con la Federació
Comunista Catalano-Balear, disidentes de la III Interna-
cional, que era la principal organización comunista ca-
talana y que defendía a Trotsky contra las “calumnias
estalinistas”- y la ICE, fundada en 1930 en Lieja bajo el
nombre de Oposición Comunista Española por exiliados
comunistas españoles residentes en Francia, Bélgica y
Luxemburgo, realizaron esta unión.
Aunque calificada de trotskista, la ICE estuvo a
menudo en oposición al movimiento trotskista inter-

335
nacional. La misión de Rous era determinar si la rup-
tura era definitiva o si todavía era posible trabajar con
los militantes ICE del POUM. En efecto, el Secretaria-
do Internacional había aprobado la resolución de la ICE
que proponía la fusión en Cataluña y la entrada en el
PSOE fuera de ella, pero se oponía a la confusión de
la decisión final. En respuesta a esta posición, la ICE
había terminado su carta del 21 de julio de 1935 al Se-
cretariado Internacional de la siguiente manera: “No
podemos enviaros la información que pedís por falta
de tiempo. Por otra parte, dada vuestra fundamental
incomprensión de los asuntos españoles, no creemos
que os fueran útiles”.
En junio de 1935, en el tren que los llevaba a Am-
beres, le pareció que Trotsky conservaba la esperanza
de convencer a los “trotskistas” españoles y catalanes.
En esa fecha, la ICE aún se mantenía en la decisión del
6 de Abril de 1935 de entrar en el PSOE y las JS en el
estado español y de fusionarse con el BOC en Catalu-
ña. No fue hasta el 21 de julio que se abandonó la idea
de entrar en el PSOE. Por otra parte, el Secretariado
Internacional y Trotsky no sabían que la base era hostil
a la entrada en el PSOE.
El comienzo de su informe al SI da una idea de
cómo Rous concibió su misión; escribió: “Este breve
informe es la memoria de una visita de información
a nuestros camaradas españoles (...)”. Hablando de
A. Nin, Rous dijo: “Le visité, y conocí a su esposa (...)
Mientras discutíamos, Nin, vivo, fraternal, sonrien-
te, me hizo ese verano de 1935 visitar Barcelona (...).
Nin me puso en contacto con los grupos catalanistas
y fuimos incluso a visitar La Humanitat, el periódico
de Companys. Nin era bien recibido y considerado en

336
todas partes”. La acogida al representante del Secre-
tariado Internacional y de Trotsky es pues fraternal. El
objetivo es, por supuesto también, convencer a este
recién llegado de que la única posibilidad en Catalu-
ña es la escogida por la ICE. El balance comedido y
tranquilizador para el SI precisa que fuera de Cataluña
sólo están los trotskistas en el nuevo partido creado.
Para Rous, Nin no ha perdido de vista la necesidad de
un trabajo político hacia la izquierda socialista y las ju-
ventudes socialistas, pero el “PS no tolerará ninguna
fracción B-L; de ahí viene la necesidad de un trabajo
en profundidad. En todos los lugares en los que existen
pequeños grupos B-L aislados, entrarán en el PS”. Los
contactos también se mantendrán mediante los “en-
tristas” entrados.
De esta manera tres “entrados” de cinco ya han
retomado el contacto con la ICE porque quieren “se-
guir el trabajo de fracción en contacto con los dirigen-
tes bolchevique-leninistas”. “Cierto” añade Rous “el
derecho de fracción no existe en el POUM”; pero esto
no quiere decir que la ICE, que aceptó esta prohibición
para no impedir la fusión, no pueda en los periodos de
congresos formar “corrientes, grupos de amigos”. Por
último, respecto a la cuestión de la IV Internacional,
Nin había señalado que “la plataforma para la ICE es
la de la IV Internacional sin el número. (...). Maurín y
los maurinistas están de acuerdo en esto” añadió Nin
quien da como tarea a la ICE la de ganar al POUM y a
otros dentro de la IAG (grupo de trabajo y de enlace
entre partidos excluidos de la II y III Internacionales)
para la IV Internacional. En resumen, las perspectivas
de trabajo con los militantes ICE del POUM parecían
existir realmente. Este viaje fue esencial, ya que, a pe-
sar de no convencer a sus camaradas españoles para

337
que entrasen en el PSOE, Rous fue capaz de entender
su actitud y por eso su idea de dejar de lado la cues-
tión del entrismo y de conservar buenas relaciones con
Nin fue aceptada por el SI, el objetivo es hacer adherir
al nuevo partido al Movimiento por la IV Internacional.
El 16 de septiembre de 1935 Trotsky respondió a este
primer informe: “El nuevo partido ha sido proclamado.
Tomamos acta. En la medida en que esto pueda de-
pender del factor internacional, debemos hacer todo
lo posible para hacer ganar autoridad y poderío a este
partido, lo que no es posible más que por medio del
marxismo consecuente e intransigente”. Trotsky acep-
tó pues el informe, pero... sin ilusiones, al parecer.
Delegado a la conferencia internacional del Movi-
miento por la IV Internacional, celebrada en París del
29 al 31 julio de 1936, Rous fue reelegido miembro
del Secretariado Internacional. Recibió mandato de
ir a Barcelona y Madrid para aportar un “apoyo polí-
tico, material y técnico” a la revolución y reagrupar a
los trotskistas internacionales en la milicia del POUM.
Llegó el 5 de agosto, acompañado de Benjamin Péret
y Leopold Sabas. Para este segundo viaje a Cataluña y
España, debía retomar el contacto con Nin y el POUM.
En el curso de las conversaciones, se previó, en par-
ticular, la llegada de Trotsky a España. Pero no logró
aproximar las posiciones respectivas del POUM y de
los trotskistas, ni incluso establecer relaciones satis-
factorias.
Fue probablemente durante la primera quincena
de agosto que Rous actuó de intermediario en la toma
de contacto de emisarios nacionalistas marroquíes con
la Generalitat de Catalunya. David Rousset, miembro
del buró político del POI se encontraba en Marruecos.

338
Estaba en contacto con el Comité d’action marocaine
(CAM) que representaba el movimiento nacionalista
en el Marruecos francés. En las discusiones que tuvo
con los marroquíes, se pusieron de acuerdo en la idea
de que una revuelta en la retaguardia de Franco de-
bilitaría a los partidarios del golpe de estado. Sin em-
bargo, su único contacto en España era Rous. El anar-
co-sindicalista Robert Louzon estaba, por su parte, en
relación con la CNT y la FAI. Pero en Barcelona se plan-
teó el problema del Marruecos español, y fue en ese
momento que Rous sugirió a Louzon que fuera a ver a
Rousset a Fez. Finalmente, las negociaciones condu-
jeron a un primer acuerdo. Los marroquíes propusie-
ron distinguir la zona francesa de Marruecos y la zona
española y lanzaron estas consignas: levantamiento
del Marruecos español, liberación de Abd el-Krim y,
paralelamente, levantamiento en Portugal debían ser
los ejes de esta internacionalización de la respuesta. El
CAM designó a Ouazzani y Abdeljalil para acompañar
a Rousset a Barcelona.
En Barcelona fueron invitados del POUM. Pero los
anarco-sindicalistas formaban el grupo dominante.
Era por tanto impensable para ellos tratar con los ma-
rroquíes en el marco del POUM. Explica Rousset:
“fuimos recibidos por la dirección del Comité Central de
Milicias (...). Nos dieron una villa en Barcelona donde las
negociaciones continuaron durante el mes de septiembre
(...). Los marroquíes plantearon el principio siguiente:
“estamos listos”, dijeron, “para realizar un levantamiento
militar en la zona española, en el Rif, pero sólo lo haremos
con una condición expresa, que es que se nos reconozca la
independencia”.
Se firmó un texto por los delegados marroquíes
y el Comité Central del Milicias. Todos los partidos de

339
Cataluña lo aprobaron, incluso el Partido Comunis-
ta. Después “se pasó a un tercer estadio: al nivel del
gobierno de la Generalitat”, que aprobó el texto. Sin
embargo, la Generalitat no tenía el poder de decidir en
nombre de la República española. Se pasó entonces a
un cuarto estadio: es decir, a una negociación directa
con el gobierno de Madrid. A partir de este momento,
Rousset es excluido de las negociaciones; los delega-
dos marroquíes marchan solos a Madrid. Y allí, ningún
acuerdo se firmará entre los delegados y el gobierno.
Todas estas relaciones hispano-marroquíes están
confirmadas por actores de la guerra de España. Cada
“testimonio” añade un detalle. De esta manera Abel
Paz, en Durruti en la revolución española, hace también
un informe de esta “expedición”, haciendo hincapié en
el papel del anarco-sindicalista francés Pierre Besnard
y de la AIT. Una delegación catalana compuesta de un
representante de la CNT-FAI, del PSUC-UGT, de ERC y
del POUM (Julián Gorkin) fue a Madrid y fue rechazada
por Francisco Largo Caballero bajo el pretexto de que
una región autónoma no podía negociar, firmar proto-
colos o pactos. Caballero deseaba por el contrario reu-
nirse con los miembros del CAM. En cuanto al profesor
Abdelmajid Benjelloun, traza con la ayuda de fuentes
marroquíes un itinerario de la idea del levantamien-
to anti-rebelde en Marruecos. Recuerda en particular
que: “La idea de organizar un levantamiento militar en
la retaguardia de Franco germinó en los espíritus de
todo el mundo en el seno de los movimientos de iz-
quierda o de extrema izquierda franceses o españoles
(...). Por otro lado, ciertos patriotas marroquíes de la
zona sur, bajo protectorado francés, tuvieron la misma
idea”. Víctor Alba informa que Narcís Molins i Fàbrega,
en 1936, propuso al POUM establecer contactos con

340
Abdel Torres, a quien había conocido en Marruecos du-
rante su servicio militar.
Rous es pues el intermediario entre el CAM/Rous-
set y el POUM, pero seguramente también con el
Comité Central de Milicias del que se sabe que varios
miembros son amigos conocidos antes de la guerra
(Fontbernat, Miravitlles o Rovira); igual que en el “go-
bierno catalán”, donde V. Gassol, “conseller” de cul-
tura de la Generalitat, estaba en el entorno del grupo
de Macià. Rous concluiría posteriormente el episodio
español de 1936 en el folleto Renaissance et mission de
la catalanité: “Cuando me fui de Barcelona para volver
a mi puesto en París, tenía en la boca el gusto amargo
de la derrota de la revolución, y no me atreví a decirlo”.
De 1936 a 1939, Rous conjugó sus actividades
a la cabeza del Parti ouvrier internationaliste (POI) y
como miembro del Secretariado Internacional de la
IV Internacional, fundada oficialmente en Septiembre
de 1938. Estas funciones le llevaron a mantener una
correspondencia muy continua con Trotsky, que re-
sidía entonces en México, y se convirtió en su princi-
pal hombre de confianza en Francia. Albert Goldman,
abogado trotskista estadounidense, enviado a Fran-
cia, lo confirmó escribiendo en 1939 que Rous “era, por
desgracia, el único camarada en Francia capaz de dar
al grupo [trotskista] una línea política correcta”. Fue
también en 1938, el 28 de julio, cuando Rous se casó
con Maria Renucci.
En Junio de 1938, la creación del Parti socialiste
ouvrier et paysan (PSOP) de Marceau Pivert planteó el
problema de las relaciones del POI con esta formación
y el de una posible fusión. Habiendo sido rechazadas
por el PSOP las propuestas en este sentido sometidas

341
por el POI, Rous llegó a la conclusión a finales de oc-
tubre de la necesidad de la adhesión colectiva de los
trotskistas en el partido de Pivert. Un debate muy ten-
so se desarrolló sobre este asunto en el POI, con una
gran mayoría de su dirección hostil a esa solución. La
tendencia animada por Rous, al encontrarse en mino-
ría en el congreso del POI del 15 de enero de 1939, es-
cogió abandonar este partido para adherirse al PSOP,
apoyado en esta decisión por la mayoría de la IV Inter-
nacional y por León Trotsky.
Los entristas agrupados en torno a Rous editaron
la revista La Voie de Lénine, subvencionada por la IV
Internacional. Rous condujo en ella un debate bastan-
te animado con Victor Serge sobre la naturaleza del
estalinismo. En el Congreso del PSOP de Saint-Ouen
(27-29 de Mayo de 1939), una alianza entre la mino-
ría revolucionaria (Daniel Guérin y Lucien Weitz) y los
trotskistas defendió una moción contra el pacifismo y
a favor del derrotismo revolucionario, y sometió, por
otro lado, un texto que preconizaba la incompatibili-
dad de la pertenencia al PSOP y a la masonería, que
fue rechazado. En este congreso, Rous fue elegido
miembro de la CAP de esta organización. A este mi-
litantismo añadió además las intervenciones como
abogado en la defensa de militantes procesados ante
los tribunales u otras intervenciones: así, tuvo que ocu-
parse con Gérard Rosenthal de la investigación sobre
la muerte sospechosa de Lev Sedov, el hijo de Trotsky,
ocurrida el 16 de Febrero de 1938 en una clínica pari-
sina, después de una intervención quirúrgica aparen-
temente benigna. Tomó la palabra, el 20 de febrero,
durante su funeral en el cementerio de Père-Lachaise.
Colaboró en la creación del Comité français pour l’en-
quête sur les procès de Moscou. En agosto de 1938, jun-

342
to a Pierre Naville, tuvo que identificar el cadáver de
Rudolf Klement, recuperado, sin cabeza ni piernas, en
el Sena.
Con la aproximación de la guerra, Rous propuso
a la dirección del PSOP una clandestinidad rigurosa,
impuesta por las circunstancias, la única manera de
permitir una propaganda revolucionaria que evitase
las detenciones y la desorganización. Al no poder sal-
var al PSOP de una previsible desintegración rápida,
creó con Yvan Craipeau, a principios de septiembre,
los Comités de la IVe Internationale, pocos días antes
de reintegrarse a su unidad militar. Después de su des-
movilización, Rous se separó de la corriente trotskista,
ya que estaba en desacuerdo con la posición trotskista
sobre la cuestión nacional (probablemente desde la
conferencia constitutiva de la IV Internacional en la que
había intervenido para recordar el “aspecto progresis-
ta del patriotismo de los oprimidos” en oposición a
muchos de sus compañeros, sobre todo franceses). En
Agosto-Septiembre de 1940, tomó los primeros con-
tactos para lanzar el Mouvement national révolution-
naire (MNR) y los periódicos La Révolution française y
La Liberté syndicale.
El programa del MNR afirmaba su solidaridad con
el proletariado británico, mientras que deseaba crear
en Francia un “movimiento donde entren las tres fuer-
zas motrices: la burguesía en vías de pauperización, el
campesinado y el proletariado mismo” a fin de “cons-
truir a escala nacional un vasto equipo de hombres ani-
mados por un programa claro, una voluntad ardiente
de realizarlo, construir una nueva Francia, pilar de una
Europa nueva y de un mundo nuevo, liberado del capi-
talismo parasitario y de la opresión nacional y basado

343
en la jerarquía del trabajo productivo”. Dos octavillas
aparecieron bajo el título de La Liberté syndicale: en la
de junio de 1941 el MNR recordaba que no había que
confiar ni en Inglaterra ni en Alemania. Esto no impe-
día “se pueda construir una cooperación europea so-
bre la independencia de los pueblos fuera de la hege-
monía totalitaria y sobre una economía racional que
armonice las relaciones entre las naciones fuera de la
influencia de las altas finanzas”. Una segunda octavilla,
no fechada, subtitulada “Organe des comités de défen-
se des libertés syndicales”, llevaba el título “Vivan los
heroicos combatientes del Norte”, en referencia a la
huelga de los mineros belgas (del 1 de mayo a junio de
1941) y franceses (del 27 de mayo al 9 de junio de 1941)
de los yacimientos carboníferos del Norte.
En enero de 1941, Rous fue elegido para el comité
director del MNR con Maurice Jacquier, Henri Barré,
Weitz, Fred Zeller, etc. Aunque no autorizado, este
movimiento había actuado en una semilegalidad. El
3 de julio de 1941, la policía detuvo a Rous con otros
militantes (incluyendo a Jean Meichler, que no perte-
necía al MNR y que fue fusilado como rehén el 6 de
septiembre de 1941), y los entregó a las autoridades
de ocupación nazis. Acusados de “intenciones hostiles
al III Reich”, Rous se encargó él mismo de su defensa,
pero fue condenado a seis meses de prisión por un tri-
bunal militar alemán. Liberado en diciembre de 1941,
se refugió en Mayo de 1942 en la zona Sur, donde ob-
tuvo el puesto de abogado-consejero de la asociación
“ Les Amis des Maisons des jeunes”.
Rous participó en el movimiento de resistencia
socialista y federalista “Libérer et Fédérer”, que re-
presentó en Lyon. Después de la Liberación trabajó

344
con André Philip (en nombre del estado y del gobier-
no provisional de la República Francesa) para crear en
Septiembre de 1944 la République des Jeunes (que se
convertirá en Enero de 1948 en la Fédération Française
des MJC). Entró en conflicto con las Forces Unies de la
Jeunesse Patriotique que preconizaban la formación de
un movimiento único de la juventud, mientras que la
République des Jeunes sostenía la idea de una federa-
ción de movimientos.
En 1944 Rous se volvió a unir a la SFIO, se convirtió
en redactor en jefe de Le Populaire du Rhône y fundó,
un año más tarde, con André Philip, el periódico Ci-
té-Soir, del cual fue redactor en jefe y editorialista bajo
el nombre de Civis. Participó en el congreso de París de
Septiembre de 1946, y militó activamente para conse-
guir poner en minoría a la dirección saliente (D. Mayer
y R. Verdier), que fue reemplazada por G. Mollet e Y.
Dechezelles. Elegido miembro del Comité Directivo
del Partido Socialista, ocupó este cargo hasta noviem-
bre de 1948, y luego dimitió del partido debido a una
acumulación de desacuerdos, como la política del par-
tido respecto a las JS y a la política colonial.
Formó parte con Dechezelle, Suzanne Clair y la to-
talidad del buró nacional de las JS, de la fracción PCI en
el seno del PS, sin ser sin embargo un elemento activo,
según Craipeau que era el responsable. Dirigió duran-
te este período la revista La Pensée socialiste, órgano
de la izquierda socialista y se convirtió, en 1946, en el
editorialista del diario Franc-Tireur, órgano que le sirvió
casi diariamente de tribuna.
Fue con el equipo de este periódico, así como con
Jean-Paul Sartre y Rousset, que participó en 1948 en
la fundación del Rassemblement démocratique révolu-

345
tionnaire (RDR). Siempre políticamente marginal, fue
candidato a las elecciones legislativas de junio de 1951
por el Centre d’action des gauches indépendantes, jun-
to al abad Pierre, C. Bourdet, Jean-René Chauvin, Paul
Fraisse, Albert Bayet o el sacerdote André Trocmé.
Participó igualmente, con Auguste Lecoeur y Pierre
Hervé, en la redacción de la revista La Nouvelle réfor-
me. En 1956, después de haber regresado a la SFIO,
Rous la abandonó muy pronto debido a su desacuer-
do sobre la guerra de Argelia. A finales de 1958 se unió
al Parti socialiste autonome y se convirtió en secreta-
rio adjunto, encargado de la propaganda. En abril de
1960 participó en la creación del Parti socialiste unifié.
Miembro de su comité político nacional, se ocupó de
la comisión de la descolonización y de la cooperación,
cuestiones que le eran familiares.
En efecto, de 1946 a 1958 Rous se dedicó esencial-
mente a los problemas coloniales. Lo atestiguan sus
numerosos artículos de prensa y la fundación conjunta
con Fenner Brockway (diputado británico del Labour
Party) del Congreso de los Pueblos contra el Imperialis-
mo (junio de 1948), organización de la que fue el se-
cretario general desde su creación. Una vez más, este
Congreso le permitió reencontrar a un gran número de
militantes con los que había tratado anteriormente.
Fue el caso de militantes del POUM o de su disidencia
(MSC), de militantes de la CNT, conocidos en España,
de trotskistas franceses pero también de otros luga-
res, de anticolonialistas argelinos conocidos durante
el Frente Popular que rodeaban a Messali Hadj, o de
marroquíes conocidos en España, así como numero-
sos africanos o asiáticos encontrados en Franc-Tireur.
Además de Messali Hadj, trabó amistad con Nguyen
Van Chi, representante de Ho Chi Minh, con los herma-

346
nos Boumendjel de la UDMA, con Mezerna del MTLD,
con Ferhat Hached de la UGT, con el malgache Rabe-
mananjara, con el senegalés Lamine Gueye y muchos
otros.
Se puede decir que, con excepción de los comunis-
tas, todos los que se oponían al colonialismo francés se
encontraron en el Congreso de los Pueblos contra el
Imperialismo. No es éste el caso de los representan-
tes de las colonias británicas o en vías de descoloniza-
ción, poco numerosos tanto en el Congreso como en
el movimiento que le sucedió. Escribió numerosos do-
cumentos y artículos sobre estos problemas, como la
obra Tunisie attention! Su papel de anticolonialista le
permitió ir a la Conferencia de Bandung en 1955. Fue
para él la ocasión de combinar sus diversas activida-
des. Como periodista, entregó múltiples reportajes
y análisis reproducidos en la prensa. Estuvo también
presente como representante del Congreso de los
Pueblos. Por último, como político francés, trató de
atraer a numerosos estados o partidos a sus puntos de
vista sobre una forma de Commonwealth a la francesa;
en esto fue apoyado por los indios representados por
Nehru, los vietnamitas del norte y por otros en el Ma-
greb o en África. Además, fue vicepresidente del Comi-
té France-Afrique pour l’édification d’une communauté
France-Outre-mer; colaboró en el comité de redacción
de Études méditerranéennes, y se adhirió al Comité
pour l’amnistie aux condamnés politiques d’outre-mer.
Fue por tanto secretario de la comisión de investiga-
ción para la revisión del proceso de Antananarivo don-
de había declarado a favor de los diputados malgaches
presos (Rabemananjara, Raseta y Ravohangy).

347
Como sus antiguos camaradas trotskistas, Rous
apoyó a la disidencia yugoslava. Informó de ella en
Franc-Tireur. En definitiva, desde el final de la guerra
todos los combates de Rous apuntaban a la creación
a nivel nacional de un partido o de un grupo de mili-
tantes: de aquellos a los que les repelían las posicio-
nes demasiado moderadas del Partido Socialista, y
de aquellos que rechazaban la versión estalinista del
comunismo. Se podría encontrar la misma definición
a nivel internacional en torno al no alineamiento de
Bandung. A partir de 1960, incapaz desde donde se
encontraba de jugar un papel en la vida política fran-
cesa, aceptó la propuesta de su amigo Léopold-Sedar
Senghor de unírsele en Dakar, como consejero del pre-
sidente de la república.
Ya con Han Ryner, su tío Josep o sus formadores
en abogacía, Jean había entrado en relación con la ma-
sonería y el Gran Oriente en particular. Zeller tuvo la
iniciativa de numerosas reuniones, a las que Rous asis-
tirá con gusto, puesto que encontraba en ellas un am-
biente “fraternal” a menudo ausente en otros grupos.
Para Rous, adherirse a la masonería para fortalecer a
los laicos y los librepensadores era una forma de en-
trismo, determinado como en la época trotskista por
sus convicciones. Así, en febrero de 1957 participó en
un banquete, organizado por Zeller en nombre de la
masonería, con todos sus antiguos compañeros de la
época trotskista. Otras reuniones tuvieron lugar, bajo
el nombre de “grupo fraternal de estudios y de acción
socialistas”. De esta manera, el 14 de febrero de 1972
Rous pronunció las frases rituales que le transforma-
ron de masón sin mandil en masón. Zeller, ausente, le
envió un mensaje de amistad por su iniciación. En cier-
ta manera, en el mismo momento, cruzó tres etapas

348
de su vida: dimisión del PSU, donde era responsable
de la comisión de “descolonización”, re-adhesión a la
sección 14 del Partido Socialista fundado en Épinay
“en un espíritu de renovación y de unidad “, e iniciación
a la masonería.
Rous seguirá siendo miembro del Comité Directi-
vo del PS hasta junio de 1977 y participará en la comi-
sión “Tercer Mundo”. A su vez, no fue masón mucho
tiempo. Después de haber dejado la Costa Azul en
1976, pasó cada vez más a menudo los años siguien-
tes en Perpiñán. Fue miembro de la Fédération cata-
lane du Parti socialiste, “para poder dedicar[se] mejor
al problema catalán y volver a [sus] fuentes”, según
su expresión. Tras la muerte de su esposa en 1979 en
Perpiñán, se dedicó a la reflexión sobre la cuestión
catalana en el seno del PS y a través de la Union pour
la Région Catalane, de la que aceptó la presidencia de
honor. El proyecto era dar al departamento de los Piri-
neos Orientales, la Cataluña Norte, un estatus particu-
lar en el Estado francés, similar al de Córcega. De esta
forma, la Asamblea local podría jugar un papel político
más importante que un consejo departamental.
Con la desaparición de Rous, el 21 de Febrero de
1985, un “vigía ha muerto”, se podía leer en Jeune Afri-
que, mientras que Le Canard enchaîné escribió “Rous,
eterno minoritario, fue durante toda su vida un hom-
bre de convicción, y un corazón puro”.

Pierre Chevalier

349
RUSSO, Enrico (1895-1973)

E nrico Russo, conocido en el movimiento obre-


ro con el seudónimo de Candiani, nació en
Nápoles el 22 de setiembre de 1895, hijo de Gabriele
Russo y de Maria Riccio. La situación de pobreza de
su familia le obligó a trabajar desde muy joven como
aprendiz de mecánico. Se adhirió a un círculo juvenil
socialista a los 16 años, con motivo del Primero de
Mayo de 1911. Prestó el servicio militar como soldado
de primera clase y combatió en la Primera Guerra mun-

350
dial. Empleado en la fábrica de torpedos de Baia (pro-
vincia de Nápoles) después de la guerra, en septiem-
bre de 1919 fue elegido para formar parte del Comité
Directivo de la Federación de los Empleados y Obreros
Metalúrgicos (FIOM) provincial, donde empezó a for-
marse como dirigente sindical. Activo en las luchas del
“Bienio Rojo”, tomó parte activamente, entre otras, en
la huelga general de los metalúrgicos napolitanos el 24
de febrero de 1920.

Permaneció en el PSI después de la escisión de Li-


vorno de enero de 1921 (que originó al partido comu-
nista), criticó vivazmente las posiciones “escisionistas”
de Amadeo Bordiga y mantuvo el cargo de secretario
de la FIOM, pese a la victoria obtenida en ese sindicato
por el Partito Comunista d’Italia (PCd’I) en marzo de
1921. En el seno del PSI propugnó posiciones revolu-
cionarias y, en el Congreso provincial del PSI napolita-
no del 26 de diciembre de 1921, contestó duramente la
acción de la dirección reformista. Después de haberse
adherido a la corriente socialista favorable a la adhe-
sión a la Tercera Internacional, se alejó del PSI en 1924
para adherirse al PCd’I, que en las elecciones políticas
de abril de 1924 lo presentó como candidato en las lis-
tas de Unidad Proletaria, formadas en coalición con los
socialistas. Mientras tanto, en febrero de 1924, Russo
había sido elegido coordinador de la Comisión Ejecuti-
va de la Bolsa del Trabajo (BT) de Nápoles.
Ya antes de la Marcha sobre Roma (septiembre
de 1922), había sufrido varias agresiones por parte de
los fascistas, que culminaron con la sangrienta paliza
que recibió en febrero de 1925, cuando los fascistas
asaltaron y destruyeron la BT napolitana. A partir de
1924 también fue perseguido sistemáticamente por la

351
policía, que más de una vez lo arrestó y encarceló en
la prisión de Poggioreale, en Nápoles. Activísimo en el
movimiento comunista napolitano, tras el lanzamien-
to de las “leyes excepcionales” fascistas de noviembre
de 1926 fue condenado a tres años y seis meses de de-
portación. Escondido para evitar el arresto, en diciem-
bre de ese año se embarcó clandestinamente en un
piróscafo francés y llegó a Marsella, en Francia, donde
residió casi alrededor de un año bajo el falso nombre
de Amedeo Bellini, inscribiéndose en el Partido comu-
nista francés.
Nombrado para la Comisión Intersindical Italiana
y para el Ejecutivo regional del PCd’I en el exilio (del
que también formaba Nicola Di Bartolomeo), parti-
cipó en mayo de 1927 en dos importantes reuniones
del partido y en junio, a continuación de los incidentes
acaecidos entre comunistas y socialistas en ocasión de
una conmemoración de Giacomo Matteotti, tuvo que
alejarse de Marsella. Desde ese momento se intensi-
ficó el control de la OVRA fascista sobre sus activida-
des. Russo se vio entonces obligado, por motivos de
seguridad, a interrumpir sus contactos con la familia
(en Marsella había tenido una hija, que se añadía a los
tres primeros hijos varones), con los padres y con los
amigos. A finales de noviembre de 1927 se trasladó a
París, donde entre otras cosas, tomó la palabra en la
gran manifestación del Primero de Mayo de 1928. De-
tenido por la policía y provisto de una orden de expul-
sión, en septiembre de 1928 se estableció en Vitry bajo
nombre falso.
En el verano de 1928 Russo se había pronunciado
contra las deliberaciones del VI Congreso de la Komin-
tern, ahora estalinizada, y había presentado al Congre-

352
so de los Grupos Comunistas Italianos de París textos
de oposición, que obtuvieron la mayoría. Para con-
vencerle de que retirase tal documento, habían inter-
venido los máximos dirigentes estalinistas franceses:
Maurice Thorez y Paul Vaillant-Couturier. Pero, frente
a la inamovible posición de Russo, el Ejecutivo de la
Internacional Comunista anuló las decisiones de ese
congreso y convocó otro, al que envió como delegado
suyo a Georgi Dimitrov. Pero también en esta ocasión
las posiciones de Russo registraron la mayoría de los
consensos, y la Komintern deliberó entonces sobre la
disolución de los grupos comunistas italianos de la re-
gión parisina. Hacia finales de ese año el PCd’I decidió
no renovarle el carné, sin alegar ningún motivo oficial.
Russo estableció entonces contactos en París
con algunos dirigentes socialistas italianos de primer
plano, luego se acercó a la Fracción de izquierda del
PCd’I, la organización bordiguista italiana en el exilio
que se había constituido oficialmente en la Conferen-
cia de Pantin en abril de 1928. Nuevamente arrestado
en abril de 1930, fue encarcelado y afectado por otro
decreto de expulsión del territorio francés. Después
residió brevemente en Bruselas. Russo se adhirió a la
Fracción bordiguista, liderada por Ottorino Perrone,
conocido como Vercesi, y Virgilio Verdaro, llamado
Gatto Mammone (que aseguraban la dirección, por así
decirlo, político-ideológica). Formó parte de su Comité
Central y de su Comisión Ejecutiva, y colaboró en Pro-
meteo, el órgano de aquel grupo. La Fracción estaba
inicialmente unida, aunque con posiciones políticas
autónomas, a la Oposición de Izquierda Internacional
(OII) trotskista— el propio Russo firmó, en nombre de
la Fracción, el manifiesto de la OII sobre China en sep-
tiembre de 1930, que había marcado un inicial punto

353
de convergencia entre ambas organizaciones—, pero
fue excluida más tarde definitivamente de la OII en fe-
brero de 1933 y en noviembre de ese mismo año inició
la publicación de una revista teórica, en lengua france-
sa, titulada Bilan.
Russo tomó parte activamente en la vida interna y
pública del grupo bordiguista, dando conferencias. En
el III Congreso de la Fracción, en julio de 1935, presentó
con Verdaro y Piero Corradi la resolución en la que la
organización decidió— con evidente retraso respecto
al curso de los acontecimientos— dejar de considerar-
se “fracción [expulsada] de un partido pasado defini-
tivamente a las filas del enemigo” y adoptar un nuevo
nombre Fracción italiana de la Izquierda comunista.
Un año después, con el estallido de la guerra civil espa-
ñola, Russo y otros militantes de la Fracción se vieron
profundamente implicados en la discusión interna re-
lativa a la actitud que debía seguirse ante aquel acon-
tecimiento.
Mientras la mayoría de la Fracción consideraba el
conflicto español sustancialmente como un conflicto
militar entre dos frentes igualmente capitalistas (el
fascista-monárquico y el democrático-republicano),
Russo fue uno de lo principales exponentes de la mi-
noría (que en el grupo parisino de la Fracción tenía sin
embargo la mayoría) favorable a la intervención en Es-
paña, no solo contra las tropas franquistas, sino tam-
bién en oposición al gobierno de colaboración de cla-
ses del Frente Popular. El 1 de agosto de 1936, en una
reunión de la Fracción celebrada en Bruselas, Russo,
Duilio Romanelli y otros se pronunciaron en favor de
irse a España para participar en la lucha en curso. El 18
de agosto Russo partió a su vez a Barcelona.

354
Di Bartolomeo mediante, Russo estableció con-
tactos con el POUM (al cual sin embargo nunca estuvo
afiliado) y tomó parte en la transformación del Comité
Único Internacional de Refugiados Antifascistas (CUI-
RA) en una formación militar, la Columna Internacional
Lenin del POUM, de la que asumió el mando. Después
de una fase de adiestramiento militar en el Cuartel Le-
nin de Barcelona— un cuartel de caballería en la calle
de Tarragona—, la columna, formada por una cincuen-
tena de milicianos de diversas nacionalidades y de dis-
tintas organizaciones políticas (maximalistas italianos,
trotskistas, bordiguistas “minoritarios”, etcétera) par-
tió a finales de agosto hacia el frente de Aragón, to-
mando parte en el asalto al manicomio de Huesca, en
la conquista de Casetas de Quicena y en otras acciones
bélicas, batiéndose heroicamente, y sufriendo algunas
pérdidas.
En el curso de su participación en los enfrenta-
mientos militares, los bordiguistas “minoritarios” no
registraron ningún muerto. El único de sus militantes
que murió en Barcelona, por un ataque cardíaco, fue
Mario De Leone, a primeros de noviembre de 1936. En
la larga necrológica que le consagraron Russo y otros
miembros del Grupo de Barcelona de la Fracción, se
evidencia que pensaban que en España aún existía una
revolución social y que de la lucha armada del prole-
tariado español surgiría el auténtico partido de la cla-
se obrera, en oposición al colaboracionismo de clase
practicado por los estalinistas, los socialistas y los
anarquistas.
Mientras tanto, a primeros de septiembre una
delegación de la mayoría bordiguista (Aldo Lecci, Tu-
riddu Candoli y el belga de origen ruso-polaco Jacob

355
Feingold) había llegado a Barcelona para intentar re-
mediar la ruptura de la Fracción y para discutir con el
POUM, intentando convencerlo de que adoptara una
política de mayor independencia (el 26 de septiembre
el POUM por el contrario entró en el gobierno de la Ge-
neralitat). Pero la discusión con Julián Gorkin, miem-
bro del Comité Ejecutivo del POUM, terminó en una
ruptura total y con la expulsión de la delegación del
Hotel Falcón, donde el POUM los hospedaba. Menos
borrascosos, pero tan infructuosos, fueron los encuen-
tros con Juan Andrade y con el anarquista Camillo Ber-
neri, que recibía habitualmente los números de Bilan
y Prometeo, ocasionalmente reseñados en Guerra di
classe, el periódico editado en Barcelona por los anar-
quistas italianos.
La delegación de la mayoría bordiguista también
quiso ir al frente de Huesca para discutir directamente
con los milicianos de la Columna Internacional Lenin.
Ante la oposición de De Leone, que sin embargo sugi-
rió hacer venir a algunos milicianos a Barcelona para
entrevistarse con los representantes de la mayoría de
la Fracción, Lecci propuso retirar a la columna del fren-
te y hacerla venir a Barcelona para intentar convencer
a sus milicianos que adoptasen “una posición verdade-
ramente revolucionaria”. Tal propuesta fue decidida-
mente rechazada por Russo, y por otros dos milicianos
de la minoría bordiguista (Bruno Zecchini y Renato
Pace), llegados con permiso a Barcelona, que se entre-
vistaron con Lecci rebatiéndole que, del mismo modo
que en Rusia los obreros habían tomado las armas
contra Kornilov, en España los trabajadores se habían
armado contra Franco, y que un éxito de los trabajado-
res españoles— contra Franco, pero también contra el

356
Frente Popular— hubiera sido el punto de partida para
una recuperación mundial de la revolución.
El 20 de septiembre de 1936 la mayoría de la Frac-
ción hizo públicas, en las páginas de Prometeo, las di-
vergencias que se habían manifestado en su seno en
julio-agosto. Dos días después, el 28 de septiembre, se
creó en París— fortaleza de la minoría de la Fracción—
un “Comité de coordinación” que condenó las posicio-
nes de la mayoría y aprobó la acción de los militantes
que se habían quedado en España, aceptando aplazar
la solución de las divergencias a un futuro congreso de
la organización, a condición de que se les garantiza-
se la libertad de discusión incluso en la prensa y en las
reuniones públicas. El 30 de agosto la Columna Inter-
nacional Lenin, bajo la guía de Russo, tomó parte en
la conquista de Estrecho Quinto y de Monte Aragón,
regresando luego a Barcelona el 4 de octubre durante
un breve período de descanso.
Mientras tanto, la disolución del Comité Central
de Milicias Antifascistas y de los comités revoluciona-
rios (1 de octubre de 1936), así como la militarización
de las milicias (prevista para el 1 de noviembre de 1936)
—con la formación de un ejército regular, dependiente
directamente del Ministerio de Guerra y sometido al
código de justicia militar monárquico— modificaban
radicalmente el cuadro de la situación. Se trataba de
dos hechos que, según Russo y sus compañeros, san-
cionaban el paso de una guerra revolucionaria a una
guerra imperialista. Russo participó en una asamblea
en Terrassa, donde defendió estas posiciones, junto a
Zecchini y Lecci. En una carta fechada el 10 de octubre
de 1936, De Leone afirmó exageradamente que Russo

357
había “adquirido una gran influencia sobre zonas ente-
ras de la provincia”.
El 12 de octubre cinco milicianos bordiguistas
presentes en la Columna Internacional Lenin recha-
zaron públicamente la perspectiva de la militarización
de las milicias y dimitieron de sus filas, no aceptando
el encuadramiento “en un ejército regular que no es
la expresión del poder proletario”, aunque permane-
ciendo “siempre movilizados a disposición del prole-
tariado revolucionario español”. A esta señal de inicio
de una ruptura se unieron incluso algunos trotskistas
y maximalistas, mientras Russo, aunque rechazaba la
militarización, fue autorizado a regresar al frente, si
así quería hacerlo, en atención a su papel de elevada
responsabilidad militar. Un espía de la OVRA fascista
reveló tardíamente, a principios de diciembre, que fi-
nalmente había elegido dimitir como comandante de
la columna.
Pese al reconocimiento de la Federación bordi-
guista de Barcelona aprobado en el número de Prome-
teo del 1 de noviembre, la escisión ahora ya era inevi-
table, y la muerte de De Leone, acaecida pocos días
después, debilitó a la minoría, acelerando el proceso
de ruptura. Rechazadas las dimisiones de los minorita-
rios, en diciembre la Comisión Ejecutiva de la Fracción
expulsó a Russo y a sus compañeros por “indignidad
política”, por haber llevado adelante una actividad que
constituía “un reflejo del Frente Popular en el seno de
la Fracción”.
Mientras tanto, a finales de octubre, Russo había
emprendido un viaje “no oficial” a Francia y Bélgica,
durante el cual dio conferencias en varias localidades,
y, sobre todo, en París y Lyon, enfrentándose incluso

358
con algunos de sus antiguos compañeros de la Frac-
ción, como Verdaro y Bruno Bibbi. A finales de 1936
Russo tuvo un coloquio en París con el comunista Gui-
do Picelli, que se aprestaba a partir para España, tras
haberse encontrado con diversos exponentes del an-
tiestalinismo de izquierda— entre los cuales los trots-
kistas Alfonso Leonetti y Angiolo Luchi, y el maxima-
lista Giuseppe Bogoni—, que le recomendó la máxima
prudencia, vista la caza al disidente desencadenada
por los estalinistas (Picelli, que había establecido con-
tactos con exponentes del POUM, fue más tarde ase-
sinado en el frente de Madrid, en circunstancias nunca
aclaradas completamente, en enero de 1937).
Durante los últimos meses de 1936, se entra en un
“período gris” de la biografía de Russo, en el sentido
que resulta cada vez más difícil reconstruir su recorri-
do. Según el informe de un espía fascista, en noviem-
bre de 1936, en Lyon, Russo había anunciado que esta-
ría muy pronto en Barcelona. El informe de los espías
fascistas, no siempre fiable, lo señaló en enero de 1937
en Perpiñán donde, junto a otros, se habría preparado
para regresar a España. Según otras informaciones,
habría tomado parte, en marzo de ese año, en un “con-
greso comunista” reunido en Bruselas, por lo que no
sería cierto su regreso a España. Vivió entonces entre
París y Bélgica, intentando establecerse en la capital
francesa, pese al viejo decreto de expulsión de Fran-
cia, que finalmente determinó su arresto y una nueva
expulsión, que le obligó a establecerse de forma defi-
nitiva en Bruselas.
Tras la experiencia española Russo, como otros
militantes de la vieja minoría de la Fracción (Piero Co-
rradi, Renato Pace, Bruno Zecchini, etcétera) se adhi-

359
rió a la Union Communiste (UC), un grupo de extrema
izquierda que se había formado a fines de 1933 bajo la
guía de Gaston Davoust, conocido como Henri Chazé,
que se colocaba, por así decirlo, “a medio camino” en-
tre el trotskismo y el bordiguismo. Muchos años des-
pués, en mayo de 1975, el propio Davoust recordaría
que “la Union Communiste recogió a la casi totalidad de
los bordiguistas parisinos, una veintena de bravos com-
pañeros obreros, que no habían digerido las posiciones
delirantes” de la mayoría de la Fracción. Según los es-
pías fascistas de la OVRA, en el verano de 1938 Russo
habría sido unos de los principales promotores del pro-
yecto— que sin embargo no llegó a concretarse— de
crear una suerte de “legión africana” para contribuir a
la lucha de las poblaciones etíopes y libias contra las
tropas coloniales de la Italia fascista.
Según un biógrafo de Russo,1 éste fue arrestado
en Bruselas el 10 de mayo de 1940— pero según otras
fuentes su arresto habría acaecido “en 1939”— y lue-
go fue detenido en el campo francés de prisioneros
de Saint-Cyprien. Liberado después del armisticio
italo-francés de junio de 1940, fue sucesivamente “re-
patriado” en julio e inmediatamente arrestado por la

1  Antonio Alosco, Rosso napoletano. Vita di Enrico Rus-


so, il Che Guevara Italiano, Lacaita, Manduria-Bari-Roma
2007. Se trata del trabajo más amplio consagrado hasta
hoy a la figura de Enrico Russo, pero el libro, más allá del
bizarro subtítulo, está lleno de imprecisiones y además es
de muy escaso valor, porque se fundamenta, aparte de un
uso demasiado desenfadado de las fuentes policíacas, en
afirmaciones muy confusas y plenamente fantasiosas, que
denotan la escasa familiaridad del autor con las ideas que
estuvieron, sin duda alguna, en la base de la compleja tra-
yectoria política di Russo.

360
policía italiana. Transferido a la cárcel napolitana de
Poggioreale, luego fue condenado en agosto a cinco
años de deportación en las islas Tremiti, donde conti-
nuó desarrollando una intensa actividad política entre
los deportados, sufriendo por ello la represión policía-
ca. Con la salud pesadamente minada por la prisión,
fue finalmente puesto en libertad en septiembre de
1943.
De nuevo en Nápoles, en octubre Russo fue uno de
los principales inspiradores de la “escisión de Monte-
santo” en las filas del PCI, que condujo a la creación de
una segunda federación comunista napolitana, orien-
tada más a la izquierda que la oficial y decididamen-
te contraria a la política de “unidad nacional”. Al mes
siguiente fue uno de los artífices del renacimiento de
la BT de Nápoles y de la creación— al proyecto se adhi-
rieron, además de los comunistas disidentes, militan-
tes del Partido socialista y del Partido de Acción— de
la Confederazione Generale del Lavoro (la CGL “roja”),
de la cual fue elegido secretario general. En el plano
político, en su calidad de miembro de primer plano del
“grupo de Montesanto”, Russo propuso, con ocasión
de las conversaciones de diciembre con el PCI oficial
para intentar salvar la ruptura, que las dos tendencias
estuviesen representadas en un comité paritario que
debía preparar un congreso provincial para decidir la
orientación del partido.
En el período siguiente la vida de Russo se iden-
tificó completamente con la de la nueva organización
sindical de la que dirigió también el periódico Battaglie
Sindacali, cuyo primer número apareció el 20 de febre-
ro de 1944. A nivel sindical, la CGL tuvo que enfrentar-
se a la iniciativa tomada por los comunistas oficiales al

361
margen del Congreso del Comité de Liberación Nacio-
nal (CLN) reunido en Bari el 28-29 de enero de 1944,
para constituir un sindicato fiel a la política de “unidad
nacional”. Contra esta imposición, que dividía a la clas-
se obrera, Russo intervino en un Congreso regional de
la Bolsa del Trabajo, organizado por la CGL en Torre
Annunziata el 5-6 de febrero, para reivindicar la auto-
nomía del sindicato respecto a los partidos y sus parti-
cipación directa en la dirección del Estado, en cuanto
representantes de los trabajadores. Criticó además los
límites políticos del Congreso de Bari del CLN, que solo
había pedido la abdicación del rey, cuando era nece-
sario castigar al fascismo, la monarquía y a todos sus
cómplices. Tales posiciones fueron luego rebatidas en
la I Conferencia de la CGL en la Italia liberada, que se
celebró del 18 al 20 de febrero en Salerno, ciudad que,
a causa de los acontecimientos bélicos, fue la capital
de Italia desde febrero hasta agosto de 1944. En esa
ocasión Russo, aunque saludando a los Aliados que
combatían al nazifascismo, concretó en la paz y en el
trabajo las supremas aspiraciones del pueblo, atacó al
jefe del gobierno y a la monarquía que anteriormente
se habían adherido al fascismo, y subrayó que la uni-
dad sindical no debía basarse en la colaboración de
clase y que la CGL se reclamaba de la lucha de clases.
La intransigente posición de la CGL guiada por
Russo determinó un deterioro de las relaciones con las
autoridades angloamericanas, que habían restableci-
do oficialmente la libertad sindical y que inicialmente
habían visto con buenos ojos a una organización sindi-
cal no dependiente de los partidos, ni ligada al PCI. Así,
cuando Winston Churchill declaró, el 22 de febrero, su
sostén al gobierno Badoglio y a la monarquía italiana,
la CGL anunció una huelga para el 4 de marzo que fue

362
prohibida por los Aliados. La CGL organizó entonces
una gran manifestación antimonárquica en Nápoles
para el 12 de marzo, en la que Russo también tomó la
palabra.
Los contactos iniciados por la CGL con la “Confe-
deración de Bari” para unificar el movimiento sindical
culminaron en las reuniones del 10 y 11 de marzo de
1944, al final de las cuales fue reconocida la suprema-
cía de la CGL. Pero la llegada a Italia de Palmiro Toglia-
tti, a finales de marzo, disipó muchas ilusiones. Toglia-
tti, que provenía de Moscú, era el portavoz oficial de
la política estalinista: era necesario encontrar un com-
promiso entre el CLN, el gobierno y la monarquía para
formar un gobierno de unidad nacional y participar en
el esfuerzo bélico aliado. El 22 de abril el PCI entró a
formar parte del segundo gobierno Badoglio junto al
resto de partidos del CLN. A principios de junio, en vís-
peras de la liberación de Roma, los máximos dirigentes
sindicales del PCI, del partido socialista y de la Demo-
cracia Cristiana firmaron el Pacto de Roma, que daba
vida a la Conferedazione Generale Italiana del Lavoro
(CGIL).
La CGIL fue el principal instrumento de lucha del
PCI contra la CGL roja que, finalmente, decidió adherir-
se a la organización “oficial” aunque sin renunciar a los
principios que estaban en la base de sus acciones. Tal
confluencia fue decidida en una conferencia de la CGL
celebrada en Nápoles el 27 de agosto de 1944, que se
aprovechó para crear un “Comité de la izquierda sindi-
cal”— que luego no fue aceptado por la CGIL— y que
decidió entrar en las filas de este última para realizar
“la unidad de todos los trabajadores”. A la clausura de
esa conferencia, aunque criticando las orientaciones

363
generales de la CGIL y defendiendo los principios de
la libertad sindical y de la lucha de clases, Russo— des-
pués de recordar que, con ocasión de los precedentes
coloquios con los estalinistas Togliatti y Giuseppe Di
Vittorio (en aquella época el principal dirigente de la
CGIL), les había declarado que él estaba dispuesto a
retirarse si su presencia llegaba a ser un obstáculo para
la reunificación— exhortó a los compañeros de la CGL
a “entrar en compactos pelotones en la CGIL en nom-
bre de la unidad sindical, con el propósito de defender
la propia bandera, preparándose para las gigantescas
luchas de la postguerra”.
Entre tanto, se había abierto para Russo otro fren-
te de lucha, más exquisitamente político. Efectiva-
mente, en la primavera de 1944 Russo había iniciado
junto a otros compañeros de izquierda, tanto dentro
como fuera del PCI, una ofensiva política contra el co-
laboracionismo gubernamental del propio PCI. A par-
tir de tal actividad se originó en Nápoles, en mayo de
1944, la Fracción de Izquierda de los comunistas y so-
cialistas italianos. De este movimiento— que tuvo en
Matteo Renato Pistone a su principal animador y que
contó con el apoyo de Bordiga—, Russo fue uno de
los fundadores y unos de los principales dirigentes. La
nueva organización— que se convirtió muy pronto en
un movimiento de masas, que extendió su influencia
a muchas áreas del sur y del centro de Italia— sostu-
vo inicialmente que aún no había llegado el momento
de dar vida a un nuevo partido comunista, invitando a
los trabajadores a permanecer en el seno de los par-
tidos comunista y socialista, declarándose listos para
transformarse pronto en un partido independiente, ya
que hasta entonces había sido imposible reconducir-
lo hacia una perspectiva clasista y revolucionaria. Tal

364
posibilidad se reveló muy pronto inexistente y a fina-
les de 1944 la Fracción convocó una conferencia de los
“centros de la oposición de izquierda”.
Esta Conferencia de la Izquierda tuvo lugar en Ná-
poles el 6-7 de enero de 1945, planteándose el obje-
tivo de unificar a las diversas agrupaciones comunis-
tas disidentes surgidas en varias partes de Italia, en la
perspectiva de construcción de un partido a nivel na-
cional. La comisión política elegida en la conferencia
de Nápoles decidió elaborar un documento programá-
tico propio con vistas al próximo congreso pero, dado
el escaso éxito obtenido por la iniciativa unificadora,
la actividad de la Fracción se replegó sobre si misma.
Mientras tanto en su seno habían surgido dos corrien-
tes: la primera, mayoritaria, era liderada por Ludovico
Tarsia, Fortunato La Camera, Francesco Maruca y Pis-
tone, se reclamaba del primer PCd’I y tenía una orien-
tación afín al bordiguismo; la segunda, guiada por Rus-
so y Libero Villone, apostaba por una política menos
intransigente y más elástica.
La liberación de Italia septentrional había permi-
tido mientras tanto a la Fracción establecer contactos
con el Partido Comunista Internazionalista (PCInt)— la
agrupación bordiguista que había comenzado a orga-
nizarse clandestinamente en el Norte durante 1942—,
y en junio de 1945 Bruno Maffi fue de Milán a Nápo-
les “para examinar y resolver todos los problemas y
cuestiones relativas a la organización del partido a ni-
vel nacional”. Una de las causas desencadenadas por
la ruptura entre las dos corrientes de la Fracción fue
la decisión de los “intransigentes” de pedir a Bordiga
el regreso a la política activa y colocarse a la cabeza
del movimiento, propuesta que suscitó la oposición de

365
Russo y Villone. A finales de julio la Fracción decidió
disolverse y adherirse al PCInt. La minoría del movi-
miento permaneció fuera y se dispersó en varias di-
recciones: Villone se adhirió al grupo trotskista, otros
militantes confluyeron en las filas del PCI togliattiano,
y Russo decidió entrar en el partido socialista.
Poco tiempo después ese partido propuso a Russo
que se presentara como candidato en la lista socialista
para las elecciones a la Bolsa del Trabajo de Nápoles
pero, frente a la fuerte oposición del PCI, Russo debió
retirarse. En el seno del partido socialista se adhirió a
la corriente “Iniciativa Socialista”— creada en enero de
1946 para reivindicar una mayor autonomía frente al
PCI estalinista— entrando a formar parte de su comité
directivo. Russo también fue candidato en la lista so-
cialista de Nápoles y Caserta en las elecciones política
a la Asamblea Constituyente del 2 de junio de 1946,
pero la lista no obtuvo un resultado brillante. El nuevo
pacto de unidad de acción entre los partidos comunis-
ta y socialista, sellado el 25 de octubre de 1946, y los
resultados electorales de las elecciones administrati-
vas del 10 noviembre— en esa ocasión el PCI recogió
por primera vez un número de votos superior al de los
socialistas— impulsaron a la dirección socialista a con-
vocar un congreso nacional extraordinario. En ese con-
greso, celebrado en Roma en enero de 1947, el ala más
reformista del partido— de la que también formaba la
corriente “Iniciativa Socialista” a la que Russo estaba
adherido— decidió separarse para dar vida a una nue-
va formación: el Partido Socialista de los Trabajadores
Italianos (PSTI). Russo fue uno de los firmantes del do-
cumento que sancionó la ruptura y entró a formar par-
te de la dirección nacional del nuevo partido.

366
Pero el PSTI reveló muy pronto su vocación “cen-
trista”-burguesa (en el sentido de una apertura y una
futura colaboración gubernativa con la Democracia
Cristiana) y “filoatlántica” (con la aceptación del orden
geopolítico postbélico y del anticomunismo de la Gue-
rra fría). En el I Congreso del PSTI, celebrado en Nápo-
les en febrero de 1948, el ala izquierda de ese partido,
que tenía en Russo a unos de sus principales represen-
tantes, auspició un golpe de volante a la izquierda y
un acercamiento a la nueva dirección del partido so-
cialista, que era menos sumisa al PCI estalinista. Pero
pronto permaneció aislado en el seno del PSTI, del que
salió poco tiempo después.
El nombre de Russo volvió al escenario político
algunos años después, ante la proximidad de las elec-
ciones políticas de junio de 1953 y con el desarrollo
de la batalla contra la “ley estafa”, que introducía un
premio a la mayoría con la asignación del 65% de los
escaños de la Cámara de diputados al partido o coali-
ción de partidos que alcanzase el 50% más uno de los
votos. Con motivo de aquel enfrentamiento, en mayo
de 1953 Russo lanzó en Nápoles el primer número del
periódico independiente Battaglia Socialista, en el que
desempolvó entre otros temas el de la dictadura pro-
letaria y el de la socialización de la economía. Battaglia
Socialista— en la que colaboró ocasionalmente Dino
Fienga con sus recuerdos sobre la Guerra de España—
fue publicado hasta comienzos de 1955. Años después,
en 1960, Russo pegó personalmente por las calles de
Nápoles un cartel en el que denunciaba la muerte del
sindicalismo de clase. Marginado ahora de la vida polí-
tica, Russo vivió sus últimos años en una modesta pen-
sión, retirándose luego, para evitar ser una carga para
sus propios hijos, en un hospicio para pobres, donde

367
en la más extrema de las miserias se apagó el 30 de
octubre de 1973.

Paolo Casciola

368
SANZ, Ricardo (1898-1986)

P eón textil y de oficios varios, militante sindica-


lista y anarquista. Ricardo Sanz García nació
en Canals en 1898. Pertenecía a una familia de cam-
pesinos pobres valencianos, que llevaban una vida pri-
mitiva y de privaciones. A los dieciocho años emigró a
Barcelona, donde fue acogido por unos familiares ins-
talados en el barrio obrero de Pueblo Nuevo. Empezó
a trabajar en el Ramo del Agua (del Textil). Ingresó en
la sección sindical de tintoreros de la CNT.

Se hizo amigo personal de Pau Sabater “el Tero”,


presidente del sindicato de tintoreros, asesinado y

369
mutilado por los pistoleros de la patronal el 19 de julio
de 1919. El 5 de septiembre de 1919 los grupos de ac-
ción cenetistas vengaron a Sabater, asesinando a Bra-
vo Portillo, jefe de policía de Barcelona, antiguo espía
alemán y responsable del terrorismo estatal contra la
CNT, a las órdenes directas del capitán general Milans
del Bosch. La muerte del odiado Bravo Portillo fue fes-
tejada en todos los barrios obreros de Barcelona.
En 1920, Ricardo Sanz se refugió en su pueblo, a
raíz de un atentado contra Graupera, que presidía la
Federación Patronal de los tintoreros. Ricardo Sanz
había formado parte del comité de huelga de los obre-
ros tintoreros.
En 1922 participó en la fundación del grupo anar-
quista Los Solidarios, junto a Durruti, García Oliver,
Francisco Ascaso y otros. El grupo llegó a contar con
unos 20 militantes, ayudados por un amplio grupo de
colaboradores e informadores, que facilitó y posibilitó
sus acciones, no sólo en Barcelona, sino en toda Espa-
ña.
En 1923, Ricardo Sanz, y otros miembros de Los
Solidarios organizaron un Comité Regional de Relacio-
nes Anarquistas, auténtico precedente de la FAI. En
septiembre de 1923 se produjo el golpe de estado de
Primo de Rivera. En octubre Los Solidarios compraron
armas y municiones en Eibar. Ricardo Sanz organi-
zó un depósito de bombas en un almacén de Pueblo
Nuevo. Pero, finalmente, el cerco policial se cerró fé-
rreamente sobre el grupo y Los Solidarios tuvieron que
disgregarse y exiliarse.
El 24 de febrero de 1924 la policía secreta asesinó,
por orden expresa del Ministro de Gobernación, a Gre-
gorio Suberbiela y Manuel Campos, ambos militantes

370
del grupo Los Solidarios. Ese mismo día, Aurelio Fer-
nández, junto a su hermano Ceferino y Adolfo Ballano,
habían sido detenidos en Barcelona. Aurelio y Ceferino
fueron trasladados a Gijón, para ser juzgados por el
atraco al banco de España de esa ciudad. Aurelio con-
siguió fugarse de la cárcel de Zaragoza en noviembre
de 1924 y exiliarse en enero de 1925.
Los asaltos a Vera de Vidasoa y al cuartel de Ata-
razanas en Barcelona desembocaron en más muertes
y detenciones. García Oliver fue detenido en Manresa
y condenado a 7 años de prisión. Alfonso Miguel fre-
cuentaba las cárceles como preso gubernativo.
En 1925, Durruti, Francisco Ascaso, García Vivan-
cos y Aurelio Fernández, todos del grupo Los Solida-
rios, estaban exiliados en París.
Ricardo Sanz fue detenido como preso guberna-
tivo en Zaragoza, ciudad a la que se había desplazado
para disuadir y presionar a los testigos en el juicio con-
tra Francisco Ascaso (en rebeldía), Julia López Mainar,
Salamero y Torres Escartín (al que se pedía pena de
muerte), acusados del asesinato del arzobispo de Za-
ragoza, cardenal Soldevila, destacado fascista y mon-
jeriego (cruce de monja y mujeriego).
En 1925 Ricardo Sanz fue detenido en Éibar, don-
de había intentado recuperar las armas compradas en
1923, sufriendo 26 meses de prisión en Madrid, don-
de conoció a José Romero, Mauro Bajatierra e Inestal.
Eduardo Barriobero era su abogado y amigo. Salió en
1928, permaneciendo inactivo hasta 1930, cuando rea-
nudó sus actividades sindicales bajo la Dictablanda de
Berenguer.

371
Participó en la reorganización del Sindicato único
de la construcción. Encaramado a una farola, arengó
a los huelguistas de la construcción, en presencia del
alcalde Joan Antoni Güell, a quien increpó, entrevis-
tándose luego con él en su despacho, constatando
su inutilidad y su total ignorancia de las causas de la
huelga. Al final de un mitin, convocado por el Comité
Pro-presos, declaró la huelga general de los trabajado-
res de la construcción.
Cumplido el plazo en que podía ser presidente del
sindicato de la construcción, batalló en el Sindicato
Mercantil, para intentar contrarrestar la influencia del
Bloque Obrero y Campesino (BOC).
En abril de 1931 secundó a Juan García Oliver en su
labor por formar los cuadros de defensa. Intervino en
el congreso de la CNT de junio de 1931, representando
al Sindicato Mercantil. Se enfrento a los moderados
trentistas, calificándolos como “Los Treinta Judas”, en
el folleto editado con ese titulo por La protesta de Bue-
nos Aires. En marzo de 1932 formó parte del CN de la
CNT, defendiendo la táctica insurreccional, realizando
numeroso giras de propaganda por toda España.
Junto a otros compañeros de Los Solidarios, cons-
tituyó el Comité Revolucionario, que dirigió la insu-
rrección cenetista de enero de 1933. Ese mismo año
publicó su primer libro: Ruta de Titanes, extraordinaria
novela testimonial sobre la criminal persecución de los
obreros barceloneses por Martínez Anido y Arlegui,
prologada por su amigo Isaac Puente.
En los meses anteriores al inicio de la guerra civil
estuvo trabajando en el Ramo del Agua, que realiza los
acabados finales de las piezas de ropa saliendo de los
telares; trabajo fácil y bien pagado al que acudían to-

372
dos los “indeseables”, arrojados al pacto del hambre
por las distintas listas negras de la patronal, pero que
no se aplicaba en el Ramo del Agua. En el textil esta-
ban además Francisco Ascaso, Durruti, Gregorio Jover,
Dionisio Eroles, Aldabaldetrecu, Aurelio Fernández y
otros.
Participó en las luchas callejeras de la insurrección
del 19 y 20 de julio de 1936, especialmente en el ba-
rrio de Pueblo Nuevo, donde vivía y era muy conocido,
hasta el momento en que García Oliver exigió su pre-
sencia, con un cargamento de cartuchos de dinamita,
en el asalto de Atarazanas.
Asumió durante cuatro meses la responsabilidad
de la formación y organización de las Milicias Popula-
res, desde el cuartel Bakunin (Pedralbes).
Fue Inspector General del frente de Aragón, hasta
que a la muerte de Durruti se le confió el mando de los
milicianos de la Columna Durruti en el frente de Ma-
drid.
En mayo de 1937 estaba al mando de esos mismos
milicianos, en tránsito desde Madrid y Játiva hacia el
frente de Aragón, guardando una disciplinada y pro-
blemática neutralidad ante las luchas callejeras en cur-
so Las tropas al mando de Ricardo Sanz estaban acuar-
teladas en el cuartel de los Docks de la avenida Icaria,
a sólo ciento cincuenta metros del cuartel Carlos Marx,
en poder de los estalinistas del PSUC, que no dejaban
de acosarles.
El 1 de enero de 1938 nació su hija Violeta; seis
meses después fallecía su compañera Pepita Not. Juan
García Oliver publicó en la Soli un sentido obituario. En
mayo de 1938, la División 26, bajo su mando, alcanzó

373
todos los objetivos encomendados en la ofensiva ge-
neral del 11 Cuerpo del Ejército sobre Aragón, conquis-
tando los pueblos de San Ramón de Abella y Bastús,
capturando 900 prisioneros de la Brigada Navarra y
apoderándose de mil fusiles y varias ametralladoras y
cañones. El 14 de agosto de 1938 fue ascendido a Te-
niente Coronel. Se vanagloriaba de haber colaborado
con el general Pozas y el coronel Perea para impedir
que el Ejército del Este se convirtiera en un ejército del
Partido comunista.
En febrero de 1939 cruzó la frontera francesa, en
perfecta formación militar, por el puente internacional
de Puigcerdá, al mando de la División 26, que también
atravesó la frontera por La Tour de Carol y Llivia. Fue
internado como “refugiado” en el campo de Vernet con
centenares de sus soldados, siendo nombrado Jefe del
campo. Durante el verano de 1939 estuvo en libertad,
al cuidado de sus dos hijos, rehaciendo su vida privada
y familiar.
El 24 de octubre de 1939 fue internado, por segun-
da, vez en el campo de concentración y castigo de Ver-
net, como “extranjero indeseable”, donde permane-
ció hasta el 12 de julio de 1942, cuando fue enviado a
Port-Vendrés, para tomar un buque que lo desembarcó
en el puerto de Argel, desde donde fue enviado al cam-
po de trabajo de Djelfa, en pleno desierto del Sáhara.
Durante su estancia en el campo de Vernet redactó
sus memorias de preguerra, y asistió al entierro de su
hijo Floreal, de 18 años, acompañado de un gendarme.
Floreal había enfermado en Bonnae, un pueblo a sólo
dos kilómetros del campo; pero no se le había conce-
dido permiso para visitarlo. El libro de memorias, que
había titulado Los hijos del trabajo, estaba fechado en

374
el campo de Vernet, en septiembre de 1941, pero no
fue editado hasta 1976 por las ediciones Petronio de
Barcelona, con un título distinto: El sindicalismo espa-
ñol antes de la guerra civil.
En 1944 regresó a París. En 1945 y 1946 las Edicio-
nes El Frente publicaron sus folletos sobre Buenaven-
tura Durruti y Francisco Ascaso, bajo el epígrafe común
de Figuras de la Revolución española. Fijó su residencia
en Golfech, donde tenía una casa con una hectárea de
tierra cultivable, a 90 kilómetros de Toulouse. Durante
cinco días a la semana trabajaba en una fábrica de pro-
ductos químicos, en Toulouse, desplazándose el fin de
semana a su casa en Golfech, donde vivía con su nueva
compañera, dos nuevos hijos y su hija Violeta.
En 1966 editó por su cuenta, en Toulouse, El sindi-
calismo y la política. Los “solidarios” y “nosotros (reedi-
tado por Ediciones Descontrol en 2013), y en 1969 Los
que fuimos a Madrid. El 23 de abril de 1975 el historia-
dor Ronald Frazer le entrevistó en su casa de Golfech.
En 1976 las ediciones Petronio editaron su libro de
memorias con el título de El sindicalismo español antes
de la guerra civil, y en 1979 Figuras de la Revolución es-
pañola, que además de recoger ampliados y actualiza-
dos sus folletos sobre Durruti y Ascaso, publicaba las
biografías de Pestaña, Seguí, Jover, Peiró y su primera
compañera Pepita, entre otras.
Ricardo Sanz falleció el 25 de octubre de 1986.

Agustín Guillamón.

375
SCHRÖDER, Fred (1905 -?)

N ació el 23 de abril de 1905 en Kassel, en Es-


tocolmo. Electricista. Miembro de la Freie Ar-
beiter-Union Deutschlands (FAUD) desde 1924. Espe-
rantista. En 1932, estancia de cuatro meses en España.
Después de un registro de su casa, huyó a Holanda en
junio de 1933. Fue expulsado en noviembre de 1933 a
Bélgica, y desde allí marchó a Kiruna, en Suecia.

Durante algún tiempo fue redactor del periódico


sindicalista Norrlandsfolket. Se casó con Maja, sueca.
En septiembre de 1936 se marchó con su mujer a Bar-
celona. Participó en un primer momento en los Grupos

376
de Investigación y fue colaborador del Informations-
dienst.
En enero de 1937, junto con Maja y Willi Engels,
se trasladó por deseo de la Confederación Nacional
del Trabajo (CNT) a Valencia para montar un servicio
de información internacional en esperanto y una radio
regional. Volvió a Barcelona en abril de 1937 y trabajó
en la censura.
Detenido después de los sucesos de mayo de
1937, fue liberado en seguida por tener un pasaporte
sueco. En agosto de 1937 regresó a Suecia y allí trabajó
primero como tornero y más tarde como responsable
de un Folkshuset (cada del pueblo). Luego se separó
del movimiento sindicalista y se hizo socialdemócrata.

Dieter Nelles

377
SEDRAN, Domenico (1905-1993)

C onocido en el movimiento trotskista con el


seudónimo de Carlini, Domenico Sedran nació
en una numerosa familia de campesinos pobres friula-
nos, en Pozzo, una pequeña aldea en los alrededores
de San Giorgio della Richinvelda (provincia de Porde-
none) el 4 de marzo de 1905, hijo de Mattia Sedran y
de Maria Lenarduzzi. Aprendió el oficio de carpintero.
En mayo de 1922 emigró a Luxemburgo, pero se de-
tuvo a trabajar en Beaucourt, en la región francesa de

378
Verdún, trasladándose luego a las cercanías de París,
en Sannois y Nanterre, donde en 1925 entró en el Gru-
po de lengua italiana del Partido comunista francés.

En 1927 se aproximó a las ideas de Trotsky, adhi-


riéndose luego a la tendencia bordiguista. Expulsado
del territorio francés, a principios de 1928 se estable-
ció en Bruselas y fue miembro del Grupo de lengua ita-
liana del Partido comunista belga, en el seno del cual
sostuvo posiciones de izquierda.
En 1928 fue expulsado del partido por haber de-
fendido a la Oposición de Izquierda rusa, y en noviem-
bre de 1929 fue expulsado de Bélgica, acusado de ame-
nazas a la seguridad nacional por haber participado en
numerosas manifestaciones antifascistas, incluida la
convocada contra la pena de muerte impuesta por el
régimen fascista italiano al nacionalista esloveno Vla-
dimir Gortan.
Llegó clandestinamente a París el día de Año
Nuevo de 1930. Ante la imposibilidad de recibir ayuda
del Socorro Rojo, a causa de sus posiciones antiesta-
linistas, se estableció en Lyon, donde se enteró de la
expulsión de “Los Tres” (Pietro Tresso, Alfonso Leone-
tti y Paolo Ravazzoli) del Partido comunista de Italia,
así como de la formación de la primera organización
trotskista italiana, la llamada Nueva Oposición Italiana
(NOI), en la que ingresó poco tiempo después.
En 1930-1931 vivió durante algún tiempo en Bas-
tia (Córcega), regresando de nuevo a Lyon, para resi-
dir sucesivamente en Marsella, en Tolón, y finalmente
otra vez en Marsella, donde en 1933 maduró su ruptura
con el bordiguismo y se adhirió a la sección local de la
NOI y a la Ligue Communiste, la organización trotskis-

379
ta francesa. En 1934 estuvo, con Piero Milano – el pri-
mer herido en Barcelona durante la guerra civil – entre
los fundadores de la sección de Marsella del NOI.
Tras participar en la oleada de huelgas que sacu-
dió a Francia en mayo-junio de 1936, en agostó mar-
chó a la España republicana, junto a otros militantes
trotskistas italianos y franceses, así como varios an-
tifascistas que vivían en Marsella. Llegó a Barcelona,
donde entró en contacto con los trotskistas italianos
ya residentes en esa ciudad, organizados en el Grupo
Bolchevique-Leninista (GBL) de Barcelona (Nicola Di
Bartolomeo, llamado Fosco, su compañera Virginia
Gervasini, llamada Sonia, Piero Milano, Guido Lione-
llo, Giuseppe Guarneri, Cristofano Salvini, etcétera),
alojándose en el Hotel Falcón, situado en las Ramblas,
frente al cuartel general del POUM.
Se enroló en la Columna Internacional Lenin del
POUM, ejercitándose durante una semana en el cuar-
tel Lenin de la calle Tarragona. Combatió como mili-
ciano de esa unidad en el frente de Huesca, durante
ocho meses. Intervino en los combates de Casetas de
Quicena y de Monte Aragón.
A finales de octubre de 1936 Domenico Sedran,
de permiso en Barcelona, y otros militantes del GBL,
solicitaron en vano adherirse al POUM, con derecho a
constituirse en fracción.
En diciembre de 1936 la policía fascista italiana
interceptó una carta suya, dirigida a su madre, fecha-
da en Barcelona el 12 de diciembre de 1936, en la que
indicaba como dirección postal del remitente: “calle
Escudellers número 53, 1º-2ª . Barcelona”.

380
Desde marzo de 1937, participó, junto a Manuel
Fernández-Grandizo y Martínez (G. Munis) y el danés
Aage  Kjelsø, en la dirección de la Sección Bolchevi-
que-Leninista de España (SBLE), la sección española
del movimiento por la Cuarta Internacional, que había
sido fundada en noviembre de 1936 por el propio Mu-
nis.
Fue redactor de La Voz Leninista, órgano de la
SBLE. Intervino en las luchas de las llamadas Jornadas
de Mayo barcelonesas y participó en todas las tareas
de esa organización.
El 13 de febrero de 1938 la policía hizo una reda-
da para detener a todos los militantes de la SBLE. Fue
arrestado, en su domicilio, sito en el Pasaje Serrahima
4 - 2º (vivienda de una miliciana de la CNT), como Adol-
fo Carlini Roca, el seudónimo que había adoptado en
España (la policía republicana española nunca llegó a
conocer su auténtico nombre). Compartía domicilio
con Kjelsø, que también fue arrestado. Se le acusaba,
como al resto de detenidos de la SBLE, del asesina-
to del capitán polaco de las Brigadas Internacionales
Leon Narwicz, agente del SIM y de la NKVD.
Sedran fue sistemáticamente torturado en la che-
ca de la plaza de Berenguer, por un equipo dirigido por
Julián Grimau. Cada día era trasladado desde los cala-
bozos de la Jefatura de Policía en Vía Layetana, donde
pasaba la noche, hasta la checa de plaza Berenguer.
Ante el temor de sucumbir a las salvajes torturas y ce-
der a la firma de la confesión preparada por el equipo
de torturadores de Grimau, intentó suicidarse.
Julián Grimau (mártir estalinista, enviado al sa-
crificio por Santiago Carrillo, fue fusilado por orden
de Franco el 20 de abril de 1963) firmó esta diligencia,

381
harto significativa: “Para hacer constar por la presente
que el detenido ADOLFO CARLINI ROCA, después de ha-
ber sido interrogado, intentó suicidarse causándose lesio-
nes de las que fue asistido en el Dispensario de la Ronda de
San Pedro, según consta en el certificado facultativo que
figura en las diligencias que con tal motivo se instruyeron
por la Inspección de Guardia de esta Comisaría General de
Investigación Criminal, y que se adjuntan a todas las pre-
sentes actuadas. Certifico”.
Por si existiera alguna duda de las razones del
intento de suicidio de Domenico Sedran, el propio Gri-
mau había firmado días antes esta otra diligencia de
los interrogatorios de Carlini: “Para hacer constar por
la presente que invitado que fue el detenido ADOLFO
CARLINI ROCA, a que firmara su anterior declaración,
se niega a efectuarlo en este pliego original, alegando
existir en el mismo otras firmas y párrafos ajenos a su
declaración; significando no obstante que lo efectúa en
la primera copia del original, de lo que así como de ha-
berse efectuado. Certifico.”
El 11 de marzo de 1938, tras un mes de constan-
tes torturas, todos los detenidos en la redada contra
la SBLE fueron trasladados a la Cárcel Modelo, donde
Luís Zanon se desdijo de las declaraciones infamantes
contra sus camaradas, que atribuyó a una falsa “confe-
sión”, obtenida bajo tortura.
El fiscal pidió pena de muerte para Domenico
Sedran, Munis y Jaime Fernández. Sedran consiguió
huir de la cárcel en vísperas de la entrada de las tro-
pas fascistas en Barcelona (26 de enero de 1939), per-
maneciendo algunos meses, enfermo, en la Barcelona
franquista, oculto en la más estricta clandestinidad.
A mediados de agosto de 1939 partió con dirección

382
a la frontera francesa, atravesando a pie los Pirineos.
Llegado a Perpiñán, fue arrestado e internado en los
campos de concentración de Saint-Cyprien y de Gurs,
donde se reunió con sus compañeros Guido Lionello y
Piero Milano.
Fue evacuado en mayo de 1940, en el momento
de la ofensiva alemana. Fue deportado de Compiègne
a París, y luego a Vannes, en Bretaña.
Sin trabajo ni recursos, y sin poder establecer con-
tacto con la organización trotskista francesa, se dirigió
a Bruselas, donde se relacionó con algunos compañe-
ros que, como él, habían combatido en España, y en-
contró un trabajo.
En Bélgica, conectó con la dirección trotskista y,
en el verano de 1941, participó en una reunión clandes-
tina, en la que Abraham Wajnsztok (Abraham Léon)
habló ampliamente de teoría económica marxista.
Establecido, por razones de trabajo, entre Bélgica y la
Francia septentrional, durante cierto tiempo ayudó a
las secciones belga y francesa de la Cuarta Internacio-
nal a mantenerse en contacto.
En agosto de 1943 participó en una reunión de la
sección trotskista de Bruselas en la que se discutió la
situación italiana tras la caída del fascismo, en la que
el principal relator fue Ernest Mandel (E. Germain).
Días después marchó a Italia, haciendo parada en Pa-
rís, para ser arrestado en Modane, en la frontera fran-
co-italiana. Entregado a los Carabineros italianos, fue
conducido a Bardonecchia y, de allí, a la cárcel de Susa
y luego a las de Turín, Novara y Milán, de donde consi-
guió evadirse. En Milán fue perseguido por los fascistas
y amenazado por los estalinistas. Participó en varias
asambleas antifascistas y, en una de éstas, conoció

383
al dirigente socialista Lelio Basso. Se adhirió durante
cierto tiempo al Partido comunista internacionalista,
liderado por Bruno Maffi. En la prensa de ese partido
publicó algunos artículos firmados con el seudónimo
de Filippo. Trabajando en una pequeña fábrica milane-
sa, que construía tranvías, en 1946, estuvo entre los
organizadores de una larga huelga, que los sindicatos
intentaron sabotear, porque los partidos reformistas
(incluido el Partido comunista italiano) se sentaban en
el gobierno, y estaban empeñados en las tareas de re-
construcción de la economía capitalista.
Entró en contacto con el Partido Obrero Comu-
nista (POC), la sección italiana de la Cuarta Interna-
cional, adhiriéndose a ese partido y colaborando en su
prensa, formando parte de su grupo de Milán. Tras la
ruptura del POC con la Cuarta Internacional continuó
militando en la nueva organización trotskista italiana,
los Grupos Comunistas Revolucionarios (GCR), y, en el
contexto de la reorganización de los CGR, decidida en
la Segunda Conferencia Nacional de julio-agosto de
1950, ingresó en la secretaría milanesa.
Durante los años de la postguerra se casó con
Digna De Martin Toldo, una obrera emigrada desde
la provincia de Belluno. Luego trabajó hasta los años
setenta en la Azienda Trasporti Milanesi (ATM). En
1960 encontró en Milán a su viejo compañero Munis.
Y, siempre en Milán, en 1971 terminó la redacción de
sus memorias, que fueron publicadas en italiano, y tra-
ducidas parcialmente al inglés y francés. Se trata de
un importante documento (sin embargo no exento de
imprecisiones) en el cual se reconstruye su excepcional
trayectoria política.

384
Residió sucesivamente en Valeriano (provincia de
Pordenone) durante los años setenta. Fue miembro
honorario de los GCR, de la Liga comunista revolucio-
naria (LCR), desde noviembre de 1979, y de la Asocia-
ción Cuarta Internacional (ACI), desde julio de 1989,
que eran los nombres adoptados por la sección italiana
del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional
(SUCI); adhiriéndose también a los dos partidos en los
que la ACI decidió entrar: Democracia proletaria (DP),
en julio de 1989, y Refundación Comunista, en junio de
1991. En las elecciones regionales friulanas de junio de
1978, se presentó en la listas de la DP, y en junio de
1980 fue candidato de la LCR en las elecciones provin-
ciales en algunas circunscripciones de Pordenone.
En octubre de 1989 participó en la Conferencia
Internacional del cuarenta aniversario del asesinato
de Trotsky, reunida en Follonica. Dos años y medio
después, en marzo de 1983, tomó parte en el Segun-
do Congreso Nacional de la LCR, celebrado en Milán,
expresando públicamente su discrepancia con la po-
lítica de la “alternativa obrera”, entonces seguida por
el grupo dirigente; política que se equiparaba a un lla-
mamiento a la formación de un Frente Popular, en el
que la LCR se ofrecía a dar una cobertura de izquier-
da, jugando un papel similar al del POUM español en
1936-1937.
Con motivo del cincuenta aniversario del inicio de
la Guerra civil española envió a la LCR, sección espa-
ñola del SUCI, una generosa donación dineraria, con la
que entendía reafirmar sus lazos revolucionarios con
ese país.
Poco tiempo después de la muerte de su mujer, en
enero de 1989, se trasladó a Pula (Pola) en Istria, donde

385
tomó la palabra en la conmemoración del sesenta ani-
versario del fusilamiento de Gortan, y sucesivamente
en Rovinj (Rovigno), viviendo siempre en hogares de
ancianos. Pero en 1991 fue movido a regresar a Italia,
ya fuera porque los acontecimientos bélicos en la ex-
tinta Yugoslavia hacían difícil la vida en la ciudad de
Istria, ya fuese porque necesitaba controles médicos
regulares (había sufrido una operación para implantar-
le un marcapasos).
En enero de 1991 participó en Bellaria en el Con-
greso de la ACI. Murió el 26 de junio de 1993, a los 88
años, en un hogar de ancianos de Sequals (provincia
de Pordenone). Su funeral se celebró el 29 de junio en
la plaza de Valeriano, con carácter no religioso. Se de-
positó sobre el féretro la bandera de la Cuarta Inter-
nacional y una rosa roja. Los restos mortales fueron
incinerados en el cementerio de Udine, y sus cenizas
fueron sepultadas en el cementerio de Aurava, aldea
de San Giorgio Della Richinvelda, al lado de su mujer.

Paolo Casciola

386
WEISBORD, Albert (1900-1977)

C omunista estadounidense, nacido en Nueva


York de padres judíos rusos. Ingresó en las ju-
ventudes del Socialist Party y en 1921 fue elegido su
secretario nacional y, más tarde, miembro del Comité
Ejecutivo Nacional del partido. En 1924 se adhirió al
Communist Party. Con grandes dotes de organizador,
tuvo una intervención destacada en las huelgas del
textil de Passaic (1926-1927) y Gastonia (1929), don-
de su compañera, Vera Buch, fue detenida acusada de
asesinato. Partidario de la fracción bujarinista de Lo-
vestone, fue expulsado con éste del partido en 1929.
Abogó entonces, sin éxito, por la unidad de los loves-
tonistas con los trotskistas de la Communist League of
America, e intentó después entrar en la Oposición de

387
Izquierda Internacional, pero no fue aceptado.

En 1931 fundó la Communist League of Struggle


(CLS), organización antiestalinista con política y pro-
grama propios, diferentes del trotskismo. En 1932 vi-
sitó a Trotsky en su exilio turco, pero las discusiones
no llegaron a ningún acuerdo político. En el viaje de
regreso visitó Alemania y España, realizando su prime-
ra visita a Barcelona. Volvió por segunda vez en mayo
de 1937, inicialmente como delegado de la CLS para
participar en una conferencia internacional de organi-
zaciones antiestalinistas que debía convocar el POUM
y que no llegó a realizarse. Weisbord llegó a Barcelona
justo el día en que comenzaron los Hechos de Mayo,
de los que no fue participante, pero sí testigo.
Se relacionó pronto con la dirección del POUM,
adaptándose en gran manera a su política y buscando
ser su representante oficioso en Norteamérica. Escri-
bió un artículo para Juillet (la revista para el congreso
del POUM) y numerosos artículos sobre España que
aparecieron en el órgano de la CLS, Class struggle, del
que era el principal articulista. Con la represión poste-
rior a los Hechos de Mayo tuvo que abandonar España.
A su regreso a los Estados Unidos, disolvió la CLS.

Sergi Rosés

388
WOLF, Erwin (1902-1937)

T ambién conocido como Nicole Braun. Hijo de


un industrial, alemán de los Sudetes y ciuda-
dano checoslovaco. En sus años de estudiante en Ber-
lín se unió al Partido Comunista Alemán y después a
la Oposición de Izquierda. Con la llegada de Hitler al
poder, emigró a Francia y dirigió el grupo trotskista de
exiliados alemanes, los IKD.

389
En 1935 acompañó a Trotsky en su exilio en No-
ruega como su secretario, y al año siguiente fue nom-
brado miembro del Secretariado Internacional del Mo-
vimiento por la IV Internacional.
Viajó a Barcelona a finales de mayo de 1937 para
reforzar el trabajo político de la Sección Bolchevi-
que-Leninista de España, pero fue detenido dos meses
después. Tras su liberación, fue secuestrado por agen-
tes estalinistas y asesinado posteriormente. Wolf, al
igual que Kurt Landau y Moulin, también fue rememo-
rado por Katia Landau en su Le Stalinisme, bourreau de
la révolution espagnole, 1937-1938:
“Erwin Wolf, ciudadano checoslovaco, vino a Barcelona
a finales del mes de mayo de 1937 como corresponsal
de un periódico inglés, Spanish News, periódico que
defendía el frente popular. Inmediatamente después de
su llegada, se presentó a las autoridades españolas y se
unió a la organización oficial de los periodistas extranjeros
en Barcelona. El 27 de julio de 1937, por la noche, Erwin
Wolf fue arrestado por primera vez. Con otro periodista,
fue llevado al Portal del Ángel nº 24; fue allí donde P[avel]
y K[lara] Th[almann] lo vieron por última vez. Al día
siguiente, Wolf fue puesto en libertad. Es extremadamente
interesante notar que, mientras que la prensa española no
publicó nada sobre la detención de Wolf y el otro periodista,
el diario fascista italiano Corriere della sera del 29 de julio
publicaba la nota siguiente: “La policía secreta de estado
española procedió, el 27 de julio de 1937, a la detención
de los periodistas Erwin Wolf y R. ST. Se les condujo al
Portal del Ángel nº 24, para abrir la instrucción sobre su
actividad política”. La detención de estos dos periodistas
sólo era conocida por algunos “iniciados”. Era una prueba
más de que los fascistas italianos habían colocado bien a
sus agentes en el seno mismo de la GPU. Después de su
puesta en libertad, Wolf volvió a su domicilio habitual.
Al conocer que su periódico había cesado de aparecer,

390
decidió abandonar España. No tuvo ninguna dificultad
para obtener su visado de salida. El día de su partida, su
amigo Tioli le ruega, por teléfono, que pase por su casa
para buscar el correo. Wolf promete a su mujer que no
tardaría más de una hora. Una hora más tarde advierte a
su mujer de que vendrá un poco más tarde. Desde ese día,
Wolf y Tioli han desaparecido. La habitación de Tioli, en el
Hotel Victoria, fue vigilada por la policía durante semanas,
y se detuvo a todo aquel que preguntó por él. La mujer de
Wolf, noruega, hija del diputado socialista en cuya casa
vivió Trotsky en Noruega, buscó a su marido en todas las
cárceles de Barcelona. Se le aconsejó finalmente que se
fuera lo más rápido posible para no compartir la suerte
de su marido. Fue gracias a la intervención enérgica del
cónsul noruego que escapó de la detención en el momento
de partir […]. Han osado pretender que Wolf fue detenido
por “actividad subversiva”. Sabemos muy bien por qué fue
arrestado Wolf y por qué la GPU lo ha hecho desaparecer.
Wolf ha sido secretario particular de Trotsky y parece que
esto se tiene que pagar caro. En febrero de 1938 Le Matin
publicó una nota que decía que Wolf y Antonov Ovseenko
fueron fusilados en la URSS. Esto confirmaría la suposición
de que Wolf fue secuestrado y conducido a la URSS. Al
mismo tiempo, el abogado de Wolf ha recibido oficialmente
la noticia de que Wolf se encuentra en una prisión estatal
en España, a disposición de los tribunales ¡No se le ha
permitido ver a su cliente, por buenas razones!”.

Sergi Rosés

391
ZECCHINI, Bruno (1903 – 1967)

B runo Zecchini, llamado Il Biondo (El Rubio), o


Romeo, nació el 4 de febrero de 1903 en Ve-
necia, “en una familia de subversivos”, según la policía
italiana. Mecánico de automóviles, en 1919 ingresó en
el Partido Socialista, y más tarde se pasó al Partido Co-
munista de Italia, cuando se fundó en 1921. Fue arres-
tado el 18 de abril de 1921 en Venecia, durante la huel-
ga general. “Hombre de confianza” del Comité sindical
nacional metalúrgico, se trasladó a Milán en 1924,
donde adquirió prestigio como agitador y propagan-
dista. Fue suspendido del partido durante seis meses,
a causa de su apoyo a las tesis de Bordiga, en 1926.

El 27 de noviembre de 1926, fue secuestrado en


un local de la galería Victor-Emmanuele, en Milán, por
unos fascistas que buscaban el paradero de su cuñado
Ottorino Perrone. Consiguió huir, saltando desde una
ventana, no sin herirse. En diciembre de 1926 intentó
en vano expatriarse. Fue amonestado tras el primero
de mayo de 1927, por haber distribuido ejemplares de
un folleto que llamaba a los trabajadores a levantarse
contra el fascismo. Considerado un “peligroso comu-
nista”, fue arrestado el 24 de julio de 1927, bajo la acu-
sación de “organización comunista”. Fue citado ante el
Tribunal especial fascista, pero a pesar de ser amnisti-

392
ado, el 16 de mayo de 1928 fue condenado a la depor-
tación por cuatro años en las islas Lipari. Fue liberado
en julio de 1931, llegando clandestinamente a Bélgica,
donde se reunió con Perrone, casado con Ida Zecchini.
Fue expulsado del PCd´Italia en febrero de 1933, in-
gresando en la Fracción de izquierda del PCd´I, llama-
da “bordiguista”, que publicaba Prometeo, en italiano,
y Bilan (Balance) en francés. En 1934 fue expulsado de
Bélgica, militando en París en las filas de la Fracción.
Zecchini estuvo en desacuerdo con las posiciones
de la Mayoría de la Fracción de la Izquierda comunista
italiana, que rehusaba participar en las milicias repu-
blicanas y preconizaba el “derrotismo revolucionario”
frente a los dos bandos enfrentados militarmente: el
fascista y el antifascista. Llegado a Barcelona, se en-
roló con la Minoría bordiguista en la Columna Inter-
nacional Lenin del POUM, en el frente de Aragón, en
Huesca. Fue expulsado, con todos los integrantes de
la Minoría de la Fracción comunista italiana, “por in-
dignidad política”. En España, rechazó la militarización
de las milicias, decretada por el gobierno republicano.
Abandonó España en abril de 1937, estableciéndose
en París. Se afilió a la Unión Comunista, como hizo la
mayor parte de la Minoría “bordiguista”, hasta el inicio
de la Segunda guerra mundial. Al parecer, durante ese
conflicto bélico, no militó en ninguna organización.
Cuando, en mayo de 1945, se formó la Fracción
francesa de la Izquierda comunista internacional (FF-
GCI), animada por Suzanne Voute, Albert Vega y Ray-
mond Hirzel (Gaspard), se hizo militante de la misma,
al igual que Henry Chazé, Lastérade de Chavigny y
Szajko Schönberg (Laroche). La FFGCI desapareció en

393
1951, y la mayor parte de sus militantes ingresó en el
grupo Socialismo o Barbarie.
Después de la escisión de 1952 se adhirió a la ten-
dencia Maffi-Bordiga. Tras la reconstrucción de la cor-
riente “bordiguista” francesa en los años cincuenta, en
torno al Bulletin del Grupo francés de la Izquierda co-
munista internacional, y luego de la revista Program-
me communiste, Bruno Zecchini permaneció como mi-
embro influyente del Partido comunista internacional.
Muy activo, dirigió la sección de París de ese partido,
desde 1966 hasta su muerte, acaecida el 15 de octubre
de 1967, en París. Fue reemplazado en tal cargo por
Martin Axelrad.

Philippe Bourrinet

394
395
ggg

Autores

ggg

Philippe Bourrinet: Turiddu Candoli, George Da-


voust, Benjamin Jacob Feingold, Aldo Lecci, Jean
Malaquais, Renato Pace, Bruno Zecchini
Andreas Bülow y Paolo Casciola: Aage Kielso
Paolo Casciola: Mario De Leone, Nicola Di Bartolo-
meo, Virginia Gervasini, Kurt Landau, Enrico Russo,
Domenico Sedran
Agustín Comotto: Simón Radowitzky
Pierre Chevalier: Jean Rous
Eulogio Fernández: Jaime Fernández
Eulogio Fernández y Agustín Guillamón: Munis
Antonio Gascón y Agustín Guillamón: Antonio
Martín
Agustín Guillamón: Joan Pau Fábregas, Mary Low,
Albert Masó, Leon Narwicz, Antonio Ortiz, Benja-
min Péret, Manuel Pérez, André Prudhommeaux,
Josep Rebull, Ricardo Sanz
Dieter Nelles: Ferdinand Götze, Arthur y Martha
Lewin, Rudolf y Margarethe Michaelis, Fred Schrö-
der
Emilià Páez: Martín Gudell, José Grunfeld
Emilià Páez y Agustín Comotto: Jacobo Maguid
Sergi Rosés: Rusell Blackwell, Hans David Freund,
William Krehm, Charles y Lois Orr, Albert Weisbord,
Erwin Wolf

396
ggg

Bibliografía

ggg

Para que el lector pueda ampliar sus conocimien-


tos sobre cada uno de los puntos detallados en la in-
troducción y comprender el contexto histórico de las
biografías relacionadas, le recomendamos la siguiente
bibliografía, no exhaustiva:

Libros

AUNOBLE, Eric: “Le communisme tout de suite! Le


mouvement des Communes en Ukraine soviètique.
Les nuits rouges, Paris, 2008.
AUTHIER, Denis: La gauche allemande. (Textes). Su-
pplement au num. 2 de Invariance (1973).
AUTHIER, Denis; BARROT, Jean: La Gauche com-
muniste en Allemagne (1918-1921). Payot, Paris,
1976.
BARROT, Jean: “Bilan”, Contre-révolution en Espag-
ne (1936-1939). Union Générale d´Éditions, Paris,
1979.
- Quand meurent les insurrections. Adel, Paris, sd.

397
BASILE. Corrado; LENI, Alessandro: Amadeo Bordi-
ga político. Colibri, Paderno Dugnano, 2014.
BERNECKER, W.: Colectividades y revolución social.
Crítica, Barcelona, 1982.
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Antifascistes»; nº 3 (17-9-1936); nº 4 (24-9-1936); nº
5 (7-10-1936); nº 6 (14-10-1936); nº 7 (21-10-1936);
nº 8 (28-10-1936); nº 9 (4-11-1936); nº 10 (18-11-
1936); Edition française bi-mensuelle du Parti Ou-
vrier d’Unification Marxiste, nº 11 (18-12-1936); nº
12 (15-1-1937); nº 13 (15-2-1937); nº 14 (15-3-1937);
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Números 1-3 (De abril de 1937 al 5 de febrero de
1938).

408
BALANCE es una sente, ni puede luchar por
revista de historia del el futuro.
movimiento obrero y re-
La historia no olvida,
volucionario de carácter
quien olvida pierde sus
y vocación internaciona-
señas de identidad.
lista.
BALANCE quiere
BALANCE combate
arrebatar la historia a la
por la historia. Una histo-
incultura del olvido, la fal-
ria que es y ha sido siste-
sificación política y el aca-
máticamente ignorada,
demicismo universitario.
deformada, censurada,
convertida en historie- Los hechos y los do-
ta, manipulada e incluso cumentos no hablan nun-
apropiada por progres, ca por sí solos, sino que se
plagiarios, oportunistas, interpretan a la luz de una
estalinistas, fascistas, teoría. Las teorías políti-
nacionalistas y nacional- cas hallan la confirmación
socialistas, demócratas o negación de su validez
y socialdemócratas, ca- en el laboratorio históri-
tastrofistas, primitivistas co.
y otros situacionistas, Sin un esfuerzo de
necios, franquistas y li- teorización de las expe-
berales, centristas, dere- riencias históricas del
chistas y/o izquierdistas proletariado no existiría
de todo tipo, burócratas, teoría revolucionaria
literatos, intelectuales
ociosos, políticos de pro- La historia es un
fesión y profesionales de combate más de la guerra
la historia, la mentira o la de clases en curso.
edición. Ha llegado el mo-
Quien ignora el pasa- mento de hacer BALAN-
do, ni comprende el pre- CE

409
ggg

Indice
ggg

Biografías del 36..................................................3


Introducción....................................................... 4
BLACKWELL, Russell (1904-1969) .................... 17
CANDOLI, Turiddu (1900 – 1983).......................20
DAVOUST, Gaston (1904-1984).........................22
DE LEONE, Mario (1889-1936).......................... 33
DI BARTOLOMEO, Nicola (1901-1946)..............45
FÁBREGAS, Joan Pau (1893-1966).....................56
FEINGOLD, Benjamin Jacob (1899-1943)..........78
FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Jaime (1914-1998).. 82
FREUND, Hans David (1912-1937).....................98
GERVASINI, Virginia (1915-1993).....................100
GÖTZE, Ferdinand (1907-1985).......................108
GRUNFELD José (1907-2005).......................... 110
GUDELL, Martin (1906- 1993)......................... 120
KJELSØ, Aage [Åge] (1914-1995).....................126
KREHM, William (1914-).................................. 143
LANDAU, Kurt (1903-1937).............................. 147
LECCI, Aldo (1900 – 1974)................................164
LEWIN, Martha (1908-1992)............................168

410
LOW, Mary (1912-2007)................................... 170
MAGUID, Jacobo (1907-1997)..........................186
MALAQUAIS, Jean (1908-1998)......................194
MARTÍN ESCUDERO, Antonio (1895-1937)......202
MASÓ, Albert (1918-2001)...............................224
MICHAELIS, Rudolf (1907-1990)...................... 237
MICHAELIS, Margarethe (1902-1985)..............240
MUNIS, G. (1912-1989)....................................241
NARWICZ, Leon (hacia 1918-1938)..................262
ORR, Charles y Lois (1906-1999 y 1917-1985)... 270
ORTIZ, Antonio (1907-1996)............................ 272
PACE, Renato (1903 - ?)................................... 275
PÉRET, Benjamin (1899-1959)......................... 277
PÉREZ FERNÁNDEZ, Manuel (1887-1964)....... 287
PRUDHOMMEAUX, André (1902-1968)...........300
RADOWITZKY, Simón (1889 o 1891-1956).......304
REBULL, Josep (1906- 1999)........................... 315
ROUS, Jean (1908-1985).................................. 331
RUSSO, Enrico (1895-1973)............................. 350
SANZ, Ricardo (1898-1986).............................369
SCHRÖDER, Fred (1905 -?).............................. 376
SEDRAN, Domenico (1905-1993).................... 378
WEISBORD, Albert (1900-1977)....................... 387
WOLF, Erwin (1902-1937)................................389
ZECCHINI, Bruno (1903 – 1967)........................392
Autores...........................................................396
Bibliografía..................................................... 397

411
412
413

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