LECTURA NUMERO TRES
SIMULACION, SOBRESIMULACION Y DISIMULACION
Simular implica la invención consciente y deliberada de un trastorno mental o físico con
el propósito de obtener un beneficio personal (Inda, Lemos, López y Alonso, 2005). En
ocasiones lo que se simula ya no es la patología en sí, sino su intensidad (sobresimulación). Los
trastornos mentales más propicios para el fingimiento son el TEPT, los cuadros psicóticos, las
demencias, las toxicomanías, los trastornos disociativos y el retraso mental (Delgado, Esbec
y Rodríguez, 1994). Estos fenómenos cobran en el contexto forense una especial
relevancia como demuestran sus altos índices de prevalencia (González, Santamaría y
Capilla, 2012). Simular implica la invención consciente y deliberada de un trastorno mental o
físico con el propósito de obtener un beneficio personal (Inda, Lemos, López y Alonso,
2005). En ocasiones lo que se simula ya no es la patología en sí, sino su intensidad
(sobresimulación). Los trastornos mentales más propicios para el fingimiento son el TEPT,
los cuadros psicóticos, las demencias, las toxicomanías, los trastornos disociativos y el
retraso mental (Delgado, Esbec y Rodríguez, 1994). Estos fenómenos cobran en el
contexto forense una especial relevancia como demuestran sus altos índices de
prevalencia (González, Santamaría y Capilla, 2012).
La detección de la disimulación, ocultación de síntomas para obtener un beneficio,
resulta especialmente compleja, ya que la persona evaluada adopta una actitud defensiva
tanto hacia la exploración pericial psicopatológica como a la administración de pruebas
complementarias. Sin acceso a la historia clínica, la exploración forense puede verse
seriamente limitada (Echeburúa, Muñoz y Loinaz, 2011). La disimulación suele llevarse a
cabo con objeto de evitar un internamiento involuntario, en procesos de incapacitación
civil, en la evaluación de la aptitud para el desempeño de un puesto de trabajo y la
capacidad contractual, en procesos para valorar la idoneidad de guarda y custodia de
menores o en procesos de tutela/curatela de incapacitados (Esbec, 2012). En el campo de la
victimología forense se puede dar la paradoja de que personas que sufren daño psíquico,
por la exposición a una situación de victimización, disimulen su estado clínico para evitar
perjuicios en otros ámbitos legales (i.e., mujer víctima de violencia en su relación de pareja
que se esfuerce por ocultar su sintomatología por temor a que sea valorada negativamente
en el procedimiento civil de guarda y custodia). Los cuadros clínicos más tendentes a la
disimulación son la depresión, el trastorno por ideas delirantes y el consumo de tóxicos
(Delgado et al, 1994).
Los criterios clínicos (i.e., DSM) para detectar simulación presentan escasa validez
predictiva (80% de falsos positivos, Roger, 1990), por lo que se aconseja una estrategia
multimétodo- multisistema para afrontar este diagnóstico diferencial. El proceso de
evaluación de la simulación implica el uso de criterios diagnósticos múltiples en oposición a
la utilización de una única prueba, la combinación de pruebas de screening de
simulación (i.e., Inventario Estructurado de Simulación de Síntomas, SIMS), junto a
pruebas de amplio espectro psicopatológico que cuenten con indicadores de validez
(i.e., Inventario de Evaluación de la Personalidad, PAI, Inventario Multifásico de
Personalidad de Minesota-2, MMPI-2, el Inventario Multifásico de Personalidad de
Minesota-2-Reestructurado, MMPI-2-RF) y el contraste de información con diversas
fuentes. La hipótesis de la simulación cobrará más fuerza en el proceso evaluativo
cuando la convergencia de datos procedentes de diferentes fuentes y métodos indique
claras inconsistencias con la clínica, curso y evolución del supuesto cuadro clínico
(González et. al, 2012).
Algunos signos de sospecha surgidos de la práctica pericial son (Esbec y Gómez-Jarabo, 1999;
Ruiz, 2007):
Falta de cooperación con el perito, actitud defensiva ante la evaluación con parquedad en
la información aportada, discrepancia entre los datos suministrados por el peritado y la
documentación existente (necesario vaciado de autos antes de enfrentar la exploración
pericial).
Inexistencia documental de los trastornos aludidos (no intervenciones clínicas previas).
Falta de adherencia a los tratamientos psicofarmacológicos y/o psicoterapéuticos.
Utilización de términos técnicos generales para describir su estado mental (e.g., ansiedad,
depresión, etc.) advirtiéndose dificultad para explicar de una forma concisa y funcional la
sintomatología que engloba el término (conceptos vacíos de contenido).
Escasos o nulos avances terapéuticos (en algunos casos incluso se refiere un
empeoramiento tras la intervención sin fundamento clínico).
Recidivas contingentes con determinadas actuaciones judiciales en relación al proceso
legal.
El peritado "predice" su empeoramiento o su falta de mejoría.
En la historia clínica del paciente aparece alguna intervención por la patología que
pretende simular en la actualidad o el peritado cuenta con formación clínico-sanitaria o en
su contexto próximo se ha padecido dicho trastorno. Una experiencia anterior facilitará
una reproducción clínica más realista de los síntomas.
No se aprecia urgencia en el peritado para terminar con su condición psicopatológica.
Conformación de base de personalidad propia de personalidades inmaduras (cluster B).
Especial capacidad de simulación por su virtuosismo en el arte del engaño tienen las
personalidades psicopáticas.
Es frecuente que los simuladores cedan al sesgo confirmatorio de preguntas periciales
sugestivas y/o sugerentes de dificultades o alteraciones psicopatológicas.
La psicopatología traumática y en particular el TEPT es una de las patologías más tendentes a
la simulación en el contexto forense, habitualmente asociado a la demanda de compensación
o al beneficio social y a intentar conseguir una pena superior para el infractor (Guija, 2009;
Knoll y Resnick, 2006).
En la evaluación de la simulación se está sugiriendo la utilidad de aplicar técnicas
psicofisiológicas, que midan los cambios biológicos asociados a la reexperimentación de una
vivencia traumática (i.e., incremento de la frecuencia cardíaca y de la presión sanguínea,
aumento de la sudoración, etc.). En este sentido, también se han encontrado patrones
cerebrales disfuncionales en las pruebas de neuro-imagen para el TEPT (Robles y Medina,
2008). Si bien es cierto que esta tecnología en la actualidad no estaría al alcance de la mayoría
de los dispositivos forenses.
La dificultad en la detección de la simulación estriba en la ausencia de signos específicos
e inequívocos de dicha condición. Por tanto, el perito deberá ser cauto a la hora de plasmar
su impresión de una posible simulación en el informe pericial, utilizando el diagnóstico
de sospecha (Esbec y Gómez-Jarabo, 1999). Por otro lado, la facilidad para acceder a
información clínica por parte de la población general (i.e., internet, manuales, etc.)
complica esta labor pericial (Guija, 2009).
Fuente: [Link]
Autor: José Manuel Muñoz
Artículo Original: La evaluación psicológica forense del daño psíquico: propuesta de un
protocolo de actuación pericial
BIBLIOGRAFÍA:
[Link]