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LETTIERI

Este documento resume las diferentes propuestas de intelectuales argentinos en la década de 1840 sobre cómo debería ser la transformación de Argentina luego de la caída de Juan Manuel de Rosas. Alberdi propuso una "república posible" con un gobierno autoritario y énfasis en el progreso económico, mientras que Sarmiento favoreció un cambio sociocultural basado en el modelo estadounidense. Tras la derrota de Rosas en 1852, surgió un debate entre unitarios y federales sobre si Argentina debía tener una constit

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LETTIERI

Este documento resume las diferentes propuestas de intelectuales argentinos en la década de 1840 sobre cómo debería ser la transformación de Argentina luego de la caída de Juan Manuel de Rosas. Alberdi propuso una "república posible" con un gobierno autoritario y énfasis en el progreso económico, mientras que Sarmiento favoreció un cambio sociocultural basado en el modelo estadounidense. Tras la derrota de Rosas en 1852, surgió un debate entre unitarios y federales sobre si Argentina debía tener una constit

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Introducción: Los acuerdos entre los miembros de la comunidad letrada al momento de pensar la Argentina moderna

expresan una cohesión ante la prueba común del exilio, pero no por la adhesión a un modelo compartido de país. Tras las
coincidencias sobre la necesidad de transformación los proyectos elaborados expresaron marcadas diferencias expresadas en
las características del liderazgo político y del consenso social indispensable para abordar la transformación. La etapa de la
elaboración de las propuestas es la segunda mitad de la década del 40. En las décadas siguientes las diferencias se agudizan
provocando frecuentes enfrentamientos. Los ensayos elaborados por la intelectualidad liberal en el exilio se preocuparon por
sentar las líneas directrices del cambio y por reconocer a los posibles aliados e interlocutores en el momento de conducir y
apuntalar ese proceso. El paso de la etapa de proyectos a la de implementación exigió una reformulación del debate intelectual.
En 1847 La Republica Argentina 37 años después de su revolución de Alberdi traza una imagen favorable del país. Las bases
sentadas por Rosas habrían otorgado al país prosperidad y presencia internacional. Sin embargo, se hacían indispensables una
institucionalización política que Rosas no podía implementar. Sarmiento en el Facundo pone sus expectativas en una aceleración
del ritmo de crecimiento económico antes que en la normalización del poder político. Coincidían en la importancia que adquiría
la nueva clase propietaria del litoral como interlocutora para la elite letrada en búsqueda de una base política para el momento
en que Rosas cayera. Reconocido este interlocutor común lo que estaba en juego era la ideología que esta nueva clase
dirigente debería tener y en ese aspecto las diferencias entre los exiliados no tardaran en llegar. El surgimiento de estas ideas
coincide con el desmoronamiento del régimen rosista (Peñaloza en la Rioja; y Urquiza en Entre Ríos encabezan movimientos
autonomistas que desafían el poder rosista). Urquiza al mando del ejército grande termina con dos décadas de hegemonía
rosista en el territorio argentino.

Los proyectos para una transformación: Los años siguientes a la caída de Rosas proliferan las propuestas. Félix Frías, de la
generación del `37, aspira a la restauración de un orden que asegurase el ejercicio pacifico de la autoridad política por parte
de una elite cualificada. Juzgaba condición indispensable la devolución de las masas populares a una espontánea obediencia.
La religión católica era la base sobre la que debía descansar el proyecto nacional. Se Proponía un régimen oligárquico
susceptible de ser sometido a posteriores reformas en sentido democrático. Preveía el impulso de la inmigración para
aumentar la fuerza de trabajo. Echeverría centraba la solución para imponer un cambio social en la importancia de la
educación. Fragueiro proponía una distinción entre la propiedad (privada) y la moneda y el crédito que debían ser públicas, a
fin de que el estado pueda realizar trabajos públicos. Su propuesta se oponía al pensamiento liberal que reducía la
intervención del estado a lo indispensable. Alberdi y Sarmiento delinearan los principales argumentos para la transformación.

Alberdi, En sus Bases y puntos de partida para la organización política de la república Argentina. Proponía la alternativa del
autoritarismo progresista. Señala la necesidad de una institucionalización que combinase rigor político con activismo
económico. La nueva visión económica impulsaba una nueva economía dirigida por una elite económica y política que había
alcanzado prosperidad durante la gestión de Rosas. Esta clase propietaria debía aceptar la guía de una elite letrada limitada a
definir un programa que asegurase la economía y la prosperidad de quienes ya detentaban el poder sin promover elementos
redistributivos. A esto lo denomina la republica posible. Proponía una estricta limitación de los derechos políticos y difusión
amplia de los derechos civiles como marco para atraer capitales e inmigrantes. Se proponía una instrucción, pero limitada, a fin
de que la educación formal no atente contra la disciplina de los pobres. Las bases ofrecían un proyecto de país que a través del
cumplimientos de las etapas diseñadas podrían superar la republica posible en republica verdadera con la extensión de sus
derechos políticos y civiles.

Sarmiento, Coloca como requisito para el progreso el cambio sociocultural basado en el modelo estadounidense. Presentaba
una sociedad integrada al mercado internacional en el cual la comunicación escrita y la alfabetización ocupaban un papel
decisivo. No especificaba los requisitos políticos. Sarmiento reservaba el papel dirigente a una clase letrada que debería
desempeñar una conducción política atenta a la evolución de las alianzas e intereses en el terreno nacional e internacional.
Asumía a la nueva política como una aventura individual en la que ningún medio debía ser descartado para alcanzar el
encumbramiento personal.

La república de opinión: Urquiza sería incapaz de convertirse en el heredero de Rosas. Sólo unos pocos meses bastaron para
que una heterogénea alianza, formada por destacados retomados liberales y figuras de primera línea del rosismo, se
adueñara de la provincia de Buenos Aires, declarando inmediatamente su secesión del nuevo orden en ciernes. A lo largo de
ese proceso, aquella actividad anatemizada por Alberdi en sus escritos de culto, la política, iría recuperando un papel
protagónico dentro de la vida porteña, Urquiza pierde el control de la provincia de Buenos Aires y la política ira recuperando
un papel protagónico dentro de la vida porteña. Caseros había puesto en cuestión la hegemonía de Buenos Aires al
derrumbar el sistema de poder creado por Rosas y que Alberdi confiaba en poder heredar . Gran parte de la generación del 37
adopto una posición confederacionista dilapidando buena parte de su popularidad y prestigio. Poco después de elogiar sin
retaceos a Alberdi por su trabajo en las Bases -llegando al extremo de designarlo como "legislador del buen sentido"-, Sarmiento
intentaría predisponerlo en contra de Urquiza, dedicándole su Campaña en el Ejército Grande, publicada a fines de 1852.
Sarmiento, enfrentado con Urquiza, y excluido del club constitucional (fundado por Alberdi para respaldar la gestión del
entrerriano) exigía que el triunfo de la libertad no fuese malogrado por la ambición personal de un hombre nefasto como
Urquiza.
La prensa de Buenos Aires: La nueva prensa difundía sus opiniones políticas sin imparcialidad. Los enfrentamientos de opinión a
través de los periódicos daban vida a constantes polémicas. La violencia de los argumentos utilizados puso sobre el tapete la
cuestión de la libertad de prensa y sus límites. Alsina y su ministro Sarmiento firman un decreto disponiendo la fijación de
multas y la clausura de los medios en respuesta a sus excesos.

La república de opinión: El nuevo diarismo surgido en Buenos Aires después de Caseros denunciaba a las claras que las nuevas
reglas de juego vigentes en la Atenas del Plata diferían sensiblemente de esa "República posible" prescripta por Alberdi en las
Bases, en la cual la primacía incuestionada del Ejecutivo vaciaba de contenido al poder deliberativo y limitaba así severamente el
ejercicio de los derechos políticos. Por el contrario, El régimen político al que dio lugar la revolución de septiembre se inspiraba
en las más clásicas tradiciones republicanas bonaerenses asentándose sobre una renovada relación entre una clase política en
formación y una opinión publica ampliada. La prensa facciosa comenzaba a desempeñar un papel protagónico como
formadora y articuladora de la opinión publica en la etapa que se iniciaba. Urquiza condeno al destierro a los legisladores
periodistas opositores imponiendo la censura y haciéndose cargo del ejecutivo provincial. Su base política local era endeble.
Una vez que Urquiza se traslada a Santa fe los legisladores porteños pusieron fin a la autoridad del delegado del caudillo
entrerriano. Buenos Aires recupera su autonomía bajo la autoridad de una nueva clase política que integraba a retornados
liberales y exrosistas y respaldada por los grupos propietarios. Una república clásica comienza a delinearse sobre la escena
porteña. El largo sitio de Bs. As. liderado por las fuerzas de campaña del general Lagos no consigue domesticar a la provincia
rebelde. Se confirmaba la importancia de poseer los fondos de la aduana porteña para el predominio a nivel nacional. Buenos
Aires solo aceptaría incorporarse al nuevo orden nacional desde una posición de poder.

Seis años de secesión: El estado de Buenos Aires y la confederación argentina: La sanción de la constitución nacional seguía en
lo fundamental el modelo de Alberdi y sería objeto de cuestionamientos de Sarmiento excepto en las similitudes respecto a la
constitución norteamericana. Alberdi exponía la necesidad de la organización provincial o local y la general del país , ambas
tareas formaban parte de la gran obra de la constitución del estado. Critica a los partidos tradicionales por no haber formulado
un proyecto (federales); por reducir el derecho público provincial al régimen municipal y a la función de los agentes del poder
central (unitarios). La sanción de la constitución del estado de Buenos Aires de 1854 consagraba la victoria revolucionaria del 11
de setiembre del 52. La anarquía dejaba el terreno de la política personal y militante avanzando sobre el de las instituciones
fundamentales. Para Alberdi esta sanción probaba que la sensibilidad política ya era otra, aun cuando tras de ella descansara
el viejo motivo monopolista que enfrentaba a Bs. As con el interior. Eran pocos, para entonces, quienes ponían en duda que la
crisis política acabaría con la reforma de la constitución. Alberdi se mostraba preocupado por el sentido que adquiriría esta
reforma temiendo que en lugar de fortalecer al gobierno nacional terminara por favorecer abiertamente a Buenos Aires.
Entre tanto en Buenos Aires se sucedían las persecuciones a la oposición federal. Los periódicos federales no dejaban ningún
espacio para la disidencia. Se hacia creciente la voluntad de las elites actuales de satisfacer las demandas de la opinión
publica silenciada durante el gobierno resista. Esta opinión publica encontraba en sus representantes un entendimiento
clásico que debía servir como modelo para las provincias del interior.

La cuestión federal: Las condiciones en las que se intentaba transferir el poder de los estados provinciales a una unidad
política más amplia no eran las ideales. No existía un poder central con entidad suficiente para obrar en nombre de todos.
Alberdi consideraba indispensable heredar el poder político del rosismo para imponer la unificación política definitiva en la que
Urquiza había fracasado. Pese a la tendencia separatista de Buenos Aires no faltaron algunas voces disidentes como la de Mitre
quien defendía la idea de nación como preexistente a la soberanía de las provincias fundada en el texto de declaración de la
independencia. Cualquier camino habría de conducir a la nacionalidad, solo se trataba de una cuestión de tiempo. La disputa
política de los años 50 permite reconocer dos concepciones respecto a las características que debía adoptar el estado nacional
las cuales se enfrentarían durante las dos décadas siguientes. Alberdi sostenía Por un lado: una perspectiva integracionista
sostenedora de una Buenos Aires reducida a ser capital del sistema federal en dependencia del resto de las provincias; o por
otro lado integrarse al orden estatal desde la posición dominante que le otorgaba ese poder. Los separatistas tenían dos
posiciones: Una asumía la defensa de Buenos Aires autónoma, aun cuando esto demandase un retraso en la organización de
la nación (V. Alsina y los dirigentes porteños rosisas); y por otra parte acotar la constitución política de ese estado aplicando
los controles y enseñanzas provistos por la experiencia federal en Bs. As. Ambas vertientes reconocían tendencias moderadas
y radicales; estas últimas prevalecieron en los 50.

La confederación no tuvo la fuerza suficiente para imponer la federalización de Buenos Aires y designó provisoriamente a la
ciudad de Paraná como su capital provisoria. El fracaso sumado a la sanción de la constitución de Buenos Aires fueron dos
terribles golpes al proyecto urquicista de consolidación nacional. Se desata una guerra económica entre Bs. As. y la
confederación. Bs As. no deja de crecer económica y demográficamente. El gobierno confederado no pudo afrontar la
competencia porteña y solo la alternativa militar parecía ofrecer posibilidades de subsistencia. 23/10/59 Cepeda. Triunfa la
confederación. Esta derrota de Bs. As. redefine el equilibrio de la política porteña en beneficio de la postura moderada de
Mitre. Bs. As. se integra a la confederación y se nacionaliza la aduana. Se unen a la convención para reformar la constitución .
No se profundizo la integración, sino que acerco el espíritu de la constitución del 53 al modelo norteamericano. 1861 Los
ejércitos vuelven a enfrentarse en Pavón. La victoria liberal y porteña no es completa. El ejército de Urquiza quedaba en pie
por lo cual resultaba indispensable redefinir las alianzas y el nuevo giro político. Con Mitre a la cabeza Buenos Aires se
reintegra a la unidad nacional.

VICTORIA Y DECADENCIA DE LA REPUBLICA DE OPINIÓN: Un régimen político original: Revoluciones encabezadas por liberales y
antiguos federales conversos al liberalismo conmovieron el centro y el norte del país buscando crear un orden político nacional
desde Buenos Aires. Mitre percibió que solo sería posible el avance de las fuerzas nacionales reconociéndole a Urquiza un lugar
de privilegio en el espacio político. Esto seria repudiado en Bs As por la mayoría de la opinión pública que debía integrarse a la
nueva vida política nacional con la incómoda presencia del caudillo entrerriano.

El liberalismo se quebraba en dos posiciones irreconciliables: Autonomismo (Alsina) confederacionista; y la posición inversa
sostenida por el ejecutivo nacional. Se declara a Buenos Aires residencia de las autoridades nacionales por cinco años. El
gobierno nacional impone su visión hegemónica del federalismo sobre las provincias; mientras que Buenos Aires y Entre Ríos
conservan un fuerte grado de autonomía semejante al de la confederación de estados. El estado mitrista extermina la acción de
los caudillos provinciales (1862-1864). En Bs. As. la movilización urbana que dio lugar a la republica de opinión es liquidada en
1865. Las dos facciones monopolizaron la vida política y la administración: Nacionalismo o autonomismo. Urquiza ve caer su
influencia política con el apoyo brindado al estado nacional en la guerra contra el Paraguay y por la prescindencia con la que
asistió al asesinato de Penaliza. Mitre ve erosionarse su base política porteña a causa del fracaso político de la guerra del
Paraguay, y en 1866 es derrotado en elecciones contra el partido autonomista

LA REPUBLICA DE LAS INSTITUCIONES. Tiempos de cambio. Federales y alsinistas establecen una duradera alianza electoral. Se
produce un relajamiento de la tensión política a finales de la década del 60 que permite reinsertarse a muchos que se habían
identificado con la causa federal y antiporteña. Los voceros del federalismo deberían ahora redefinir su política, despojándola
de motivos facciosos. El fin del mitrismo aparecía como una oportunidad para recuperar una gravitación nacional decisiva. Se
elige como nuevo presidente a Sarmiento, gracias la conciliación que logro con Urquiza y al papel decisivo que jugo el Ejercito
Nacional en su favor. Un mayor respeto a los adversarios en el terreno político permitía al mitrismo lanzarse a la recluta de
antiguos risitas. El choque armado comenzaba a ser reemplazado por una lucha en el terreno institucional, lo que le otorgaba
una legitimidad al adversario. La república de la Opinión daba paso a la Republica de las Instituciones. La cuestión de la
capital: Sarmiento sostenía que no podía ser en otro punto que no fuese Buenos Aires: allí estaba el crédito, los centros
comerciales,. Solo Bs. As. otorgaba la garantía de continuidad institucional que requerían los mercados externos.

Entre dos revoluciones: Sarmiento impulsa la candidatura de Avellaneda, inaugurando la practica presidencial de imponer a su
sucesor. Esto provoca una profunda crisis dentro del sistema institucional. Consecuencia del fraude concretado por la alianza
entre autonomistas porteños y los partidos del Interior, el mitrismo queda excluido de la representación nacional Mitre insta a
los revolucionarios a defender la constitución por medio de un golpe de Estado. La derrota de la revolución de septiembre
consagra al ejército nacional dentro de la nueva relación de fuerzas de la Nación. La sociedad porteña se encontraba dividida
aún más por identidades facciosos. Por el lado del mitrismo se utilizaba una estrategia que combinaba la abstención electoral y
el desconocimiento de la legitimidad de Avellaneda impulsando la revolución como único camino posible de acción política. El
autonomismo propugnaba la renovación generacional de la dirigencia bajo el liderazgo político de Aristóbulo del Valle y Leandro
Alem. Los jóvenes autonomistas respondieron a la crisis del 73-76 con un discurso doctrinario propulsor de transformaciones
de corte proteccionista. Vicente F. López atacaba el libre comercio argumentando que el error de la Argentina era su fe ciega en
las teorías económicas europeas. Su propuesta era una combinación de protección con desarrollo industrial. Estos intentos
fracasaran con la recuperación de las exportaciones de los años 80, pero continúan vivos en la sociedad argentina.
Conclusiones: La transformación experimentada durante 30 años no da por resultado un cambio sociocultural reclamado por
Sarmiento. Eran escasas las similitudes de la sociedad argentina con respecto a los EEUU. Sin embargo el cambio producido
difería de los previstos por Alberdi. El Estado Nacional, surgido de la federalización porteña no era el instrumento pasivo y
subordinado a la elite propietaria soñado por Alberdi.
La caída de Entre Ríos en 1870 y la de Buenos Aires diez años después permiten definir la coexistencia entre
confederacionismo y federalismo hegemónico de Bs As. La ampliación del control institucional por parte de la sociedad civil,
que posibilitase la transición hacia una república verdadera era una demanda pendiente. La Argentina de los años 80 es el
resultado de un ejercicio de prueba y error , cuya incertidumbre contrastaba con la ingenuidad de quienes habían confiado en
poder elaborar un nuevo país a través de la evolución de sus plumas.

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