Ve Detras de Mi Analisis Exegetico
Ve Detras de Mi Analisis Exegetico
FACULTAD DE TEOLOGÍA
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN 4
CAPÍTULO I. El texto 7
1. Delimitación de la perícopa 8
2. Crítica textual 12
3. Análisis gramatical 17
3.1 Análisis morfológico y sintáctico 17
3.2 Análisis filológico – semántico 26
CONCLUSIÓN 120
Apéndice 121
Bibliografía 124
4
INTRODUCCIÓN
Para tal fin, la presente disertación presenta tres grandes partes. En el capítulo I se
analizará el texto de la perícopa a estudiar, delimitándolo de las perícopas precedente y
subsiguiente. Se continuará el análisis fijando el texto de la perícopa mediante los criterios
de la crítica textual, analizando cada una de las variantes presentadas por las versiones
críticas del texto griego del Nuevo Testamento. A continuación se llevará a cabo un
análisis gramatical de la perícopa, haciendo énfasis en la frecuencia de ciertos términos
en el evangelio y en el Nuevo Testamento, ciertos aspectos morfológicos de importancia
y un análisis sintáctico de cada una de las oraciones que componen el texto. Por último,
se realizará un análisis filológico y semántico, incluyendo algunos aportes de diccionarios
exegéticos de relevancia.
5
CAPÍTULO I
EL TEXTO
1
Más adelante se propondrá una traducción del texto al castellano realizada por el autor del presente trabajo.
8
1. Delimitación de la perícopa
Testament (GNT) divide las secciones como hacen la mayoría de las versiones castellanas
consultadas, en dos unidades textuales: Mc 8,27-30 llamada “Peter’s Declaration about
Jesus” y Mc 8,31-9,1, bajo el lema: “Jesus Foretells His Death and Resurrection”. Por
otro lado, la 28ª edición del Novum Testamentum Graece deja una línea en blanco
separando el versículo 26 del 27, llamando la atención por el comienzo de una nueva
macroestructura. Además, divide en párrafos Mc 8,27-30 y 8,31-33.
Cambio de lugar: se menciona un nuevo lugar, única mención en el evangelio: “hacia los
poblados de la región de Cesarea de Filipo” (εἰς τὰς κώμας Καισαρείας τῆς Φιλίππου,
8,27), y la mención del “camino” (ὁδῷ).
2
Cf. D. MARGUERAT; Y. BOURQUIN, Cómo leer los relatos bíblicos. Iniciación al análisis narrativo,
Santander, Sal Terrae, 2000, 55.
10
mencionado por última vez en 8,6. También se da un cambio de género a partir de 8,34,
siendo un breve monólogo de Jesús dirigido a los discípulos y la gente sobre las
condiciones del seguimiento, dejando atrás la modalidad de diálogo.
Si bien es cierto, tal como se verá más adelante, que la perícopa está compuesta
por dos grandes partes (vv. 27-30; 31-33), son varios los elementos de continuidad entre
ambas: la falta de un sujeto explícito en la segunda parte, el uso del pronombre para
indicar a los discípulos en 8,31, la utilización del verbo ἐπιτιμάω en ambas secciones, el
contraste entre la imposición de silencio en 8,30, la indicación de que Jesús enseñaba
abiertamente en 8,32 y un cierto paralelismo de la situación descripta en ambas partes
(diálogo entre Jesús, Pedro y los discípulos).
3
L. RIVAS, “Inclusión”, en L. RIVAS, Diccionario para el estudio de la Biblia, Buenos Aires, Amico, 2010,
93. Cf. “Inclusión”, en G. FLOR SERRANO y L. ALONSO SCHÖKEL, Diccionario de la Ciencia Bíblica,
Navarra, Verbo Divino, 2000, 62.
4
Cf. J. MARCUS, El evangelio según Marcos, II, Salamanca, Sígueme, 2010, 688-689; J. GNILKA, El
evangelio según san Marcos. Mc 8, 27-16, 20, II, Salamanca, Sígueme, 1986, 10-19; V. TAYLOR, Evangelio
según San Marcos, Madrid, Cristiandad, 1979, 450; J. DELORME, El evangelio según san Marcos,
Cuadernos bíblicos, N° 15-16, Navarra, Verbo Divino, 2006, 73-74; F. LENTZEN-DEIS, Comentario al
evangelio de Marcos. Modelo de nueva evangelización, Navarra, Verbo Divino, 1998, 261-266; G. COOK;
R. FOULKES, Comentario Bíblico Hispanoamericano: Marcos, Miami, Caribe, 1990, 215-217.
5
Cf. P. MASCILONGO, «Ma voi, chi dite che io sia?» Analisi narrativa dell’identitá di Gesú e del camino
dei discepoli nel Vangelo secondo Marco, alla luce della “Confessione di Pietro” (Mc 8, 27-30), Roma,
Gregorian & Biblical Press, 2011, 15-31.
11
Por otra parte, entre los autores que no delimitan la perícopa en 8,30, Mascilongo
destaca a I. de la Potterie quien, desde un análisis lingüístico y literario, afirma que a la
luz del contenido, debe considerarse a 8,27-33 como una unidad. Desde una diferente
perspectiva metodológica, también destaca a E. Best, quien desde la crítica de la
redacción considera una buena idea mantener tanto la unidad como la distinción de la
perícopa ya que, según este autor, el redactor Marcos debe haber unido dos perícopas
precedentes separadas.
6
Algunos de los estudiosos citados por P. MASCILONGO que delimitan la perícopa en 8,27-33 son: V.
TAYLOR, P. LAMARCHE, S. LÉGASSE, J. GNILKA, C. CRANFIELD, É. CUVILLIER, J. DELORME, W. ECKEY, J.
ERNST, C. A. EVANS, W. GRUNDMANN, J. MARCUS, E. SCHWEIZER, STEIN, entre otros.
12
trata de un pasaje tenido por muchos comentaristas como una de las cesuras más
importantes del evangelio entero.
2. Crítica Textual
7
Cabe mencionar la aclaración final de P. MASCILONGO sobre la unidad con el texto posterior de 8,31-33:
“Non é peró inutile ribadire, in conclusione, che non avrebbe alcun senso, né gioverebbe all’interpretazione,
un’analisi dell’unitá narrativa 8,27-30 che prescindesse da quanto inmediatamente segue. L’adeguata
comprensione di questi versetti esige la loro considerazione nel contesto, anche inmediatamente successivo,
come giá evidenziato nelle pagine precedenti, e come emergerá piú volte seguito del lavoro.” P.
MASCILONGO, Ma voi, 31.
13
Versículo 27. Καὶ ἐξῆλθεν ὁ Ἰησοῦς καὶ οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ εἰς τὰς κώμας Καισαρείας τῆς
Φιλίππου· καὶ ἐν τῇ ὁδῷ ἐπηρώτα τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ λέγων αὐτοῖς· τίνα με λέγουσιν οἱ
ἄνθρωποι εἶναι;
Versículo 28. οἱ δὲ εἶπαν αὐτῷ λέγοντες [ὅτι] Ἰωάννην τὸν βαπτιστήν, καὶ ἄλλοι Ἠλίαν,
ἄλλοι δὲ ὅτι εἷς τῶν προφητῶν.
8
Cf. B. METZGER, Un comentario textual al Nuevo Testamento Griego, Stuttgart, Sociedades Bíblicas
Unidas, 2006, 84-85.
14
Versículo 29. καὶ αὐτὸς ἐπηρώτα αὐτούς· ὑμεῖς δὲ τίνα με λέγετε εἶναι; ἀποκριθεὶς ὁ Πέτρος
λέγει αὐτῷ· σὺ εἶ ὁ χριστός.
Versículo 32. καὶ παρρησίᾳ τὸν λόγον ἐλάλει. καὶ προσλαβόμενος ὁ Πέτρος αὐτὸν ἤρξατο
ἐπιτιμᾶν αὐτῷ.
Presenta un problema:
Versículo 33. ὁ δὲ ἐπιστραφεὶς καὶ ἰδὼν τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ ἐπετίμησεν Πέτρῳ καὶ λέγει·
ὕπαγε ὀπίσω μου, σατανᾶ, ὅτι οὐ φρονεῖς τὰ τοῦ θεοῦ ἀλλὰ τὰ τῶν ἀνθρώπων.
Presenta un problema:
Por otro lado, cabe aclarar que en el caso de la variante 5, posiblemente se trata
de una armonización con pasajes paralelos, preferentemente con la versión mateana de la
confesión petrina. Según Josep O’Callaghan:
“una lección armonizante, sobre todo en los evangelios sinópticos, suele ser sospechosa y con
razón. Es antiquísimo el afán de armonizar y equilibrar los lugares paralelos. Por esto, entre dos
lecciones, armonizante la una y discrepante la otra, en igualdad de condiciones, hay que inclinarse
por la discrepante.”9
“… los escribas que sabían de memoria los textos, tenían tendencia de modo natural a armonizar
los pasajes paralelos. Así, la confesión de fe de Pedro en el texto de Mateo 16,16: «Tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios vivo», contaminó el texto, mucho más breve, de Mc 8,29 conservado por
la mayoría de los testigos; la expresión breve y ambigua: «Tú eres el Cristo», inmediatamente
contestada por Jesús, se convierte en el Sinaítico en el reconocimiento inspirado: «Tú eres el Cristo,
el Hijo de Dios». Aquí observamos la tendencia a tomar el evangelio de Mateo como modelo, pues
era el más utilizado en la Iglesia antigua.” 10
9
J. O’CALLAGHAN, Introducción a la crítica textual del Nuevo Testamento, Navarra, Verbo Divino, 1999,
64.
10
R. DUPONT-ROC; P. MERCIER, Los manuscritos de la Biblia y la crítica textual, Navarra, Verbo Divino,
2000, 20.
17
3. Análisis gramatical
El texto analizado está compuesto por 144 palabras griegas. En el Apéndice 1 del
presente trabajo se encontrará una tabla dedicada a analizar los términos principales de la
perícopa, comparando la frecuencia del término griego en el evangelio según Marcos con
la frecuencia en todo el Nuevo Testamento, acompañado de un breve análisis
morfológico. En ambos casos, los resultados obtenidos se analizan a partir de las raíces
de los términos.
11
Hch 8,40; 9,30; 10,1.24; 11,11; 12,19; 18,22; 21,8.16; 23,23.33; 25,[Link]. Cabe aclarar que todas estas
menciones están referidas a Cesarea Marítima y no a Cesarea de Filipo, a la que refieren Marcos y Mateo.
18
Por otro lado, se realizará un análisis sintáctico de las oraciones que componen la
perícopa. La misma está conformada por diez oraciones principales, que se señalarán con
un número en negro en el margen izquierdo y se encerrará entre corchetes []. A su vez,
en la perícopa se determinan un total de dieciséis segmentos o proposiciones. Cuando
alguna oración está formada por dos o más proposiciones, se señalarán encerrándolas
entre llaves {}.
19
Cuatro de las oraciones que componen el texto analizado son oraciones simples,
las enumeradas como oraciones 1, 3, 8 y 9; el resto se trata de oraciones compuestas, cada
una de ellas formadas por dos proposiciones.
➊ [27 Καὶ ἐξῆλθεν ὁ Ἰησοῦς καὶ οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ εἰς τὰς κώμας Καισαρείας τῆς
Φιλίππου· ]
➋ [{καὶ ἐν τῇ ὁδῷ ἐπηρώτα τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ λέγων αὐτοῖς·}
{τίνα με λέγουσιν οἱ ἄνθρωποι εἶναι; }]
➌ [28 οἱ δὲ εἶπαν αὐτῷ λέγοντες [ὅτι]
Ἰωάννην τὸν βαπτιστήν,
καὶ ἄλλοι Ἠλίαν,
ἄλλοι δὲ ὅτι εἷς τῶν προφητῶν.]
➍ [29 {καὶ αὐτὸς ἐπηρώτα αὐτούς·}
{ὑμεῖς δὲ τίνα με λέγετε εἶναι;}]
➎ [{ἀποκριθεὶς ὁ Πέτρος λέγει αὐτῷ·}
{σὺ εἶ ὁ χριστός.}]
➏ [30 {καὶ ἐπετίμησεν αὐτοῖς}
{ἵνα μηδενὶ λέγωσιν περὶ αὐτοῦ.}]
➐ [31 {Καὶ ἤρξατο διδάσκειν αὐτοὺς}
{ὅτι δεῖ τὸν υἱὸν τοῦ ἀνθρώπου πολλὰ παθεῖν
καὶ ἀποδοκιμασθῆναι ὑπὸ τῶν πρεσβυτέρων
καὶ τῶν ἀρχιερέων
καὶ τῶν γραμματέων
καὶ ἀποκτανθῆναι
καὶ μετὰ τρεῖς ἡμέρας ἀναστῆναι·}]
➑ [ 32 καὶ παρρησίᾳ τὸν λόγον ἐλάλει.]
➒ [καὶ προσλαβόμενος ὁ Πέτρος αὐτὸν ἤρξατο ἐπιτιμᾶν αὐτῷ.]
“La obra está estructurada en pequeñas escenas, unidades generalmente completas en sí mismas,
que se van sucediendo una tras otra. Estas escenas están unidas en conjuntos, en general de forma
vaga e imprecisa desde un punto de vista cronológico y topográfico, pues lo más frecuente es unir
las escenas con «y», «y enseguida», y + verbo de movimiento (cf. Y entra[n], y sale[n], y
llega[n]…), «y de nuevo», palabras que a menudo van unidas a cambio de lugar y entrada de nuevas
personas a escena.”12
“Es evidente la monótona frecuencia –insólita en la literatura griega- con que los relatos bíblicos
comienzan por καὶ y, dentro de los relatos, las proposiciones se unen entre sí con esta conjunción.
Tal uso (no arameo, sino más bien hebreo) es, dentro del NT, particularmente característico de
Mc.”13
Ἰησοῦς (Jesús)
ἄνθρωποι (hombres)
μαθηταὶ (discípulos)
Πέτρος / σατανᾶ (Pedro / Satanás)
υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου (El hijo del hombre)
12
R. AGUIRRE MONASTERIO; A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los apóstoles,
Navarra, Verbo Divino, 2016, 154-155.
13
M. ZERWICK, El griego del Nuevo Testamento, Navarra, Verbo Divino, 2006, 184.
21
Los ἄνθρωποι están dentro de una oración interrogativa, una pregunta que Jesús
plantea. Se trata de un colectivo imaginario.
Los μαθηταὶ se mencionan acompañando a Jesús en el versículo 27, pero no son
sujeto de la oración; lo son en la tercera oración (v. 28: οἱ) en la que se cuenta la
respuesta de ellos, en la segunda proposición de la cuarta oración (v. 29 ὑμεῖς) en
la segunda pregunta de Jesús, y en la segunda proposición de la sexta oración (v.
30), en la que Jesús reprende a los discípulos a guardar silencio.
Πέτρος es sujeto de tres proposiciones: en la primera proposición de la quinta
oración (v. 29) en la que introduce su declaración, en la novena oración (v. 32) en
la que reprende a Jesús y en la segunda proposición de la décima oración (v. 33)
en la reprensión dirigida a Pedro donde recibe el nombre de σατανᾶ.
El υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου es sujeto del verbo δεῖ, de la segunda proposición de la
séptima oración (v. 31). Es parte del discurso indirecto de Jesús, referido a la
pasión.
Por otra parte, del análisis también puede notarse que de los dieciocho verbos
conjugados, nueve se conjugan en tiempo presente (λέγουσιν, λέγετε, λέγει (2x), εἶ,
λέγωσιν, δεῖ, ὕπαγε, φρονεῖς), seis en aoristo (ἐξῆλθεν, εἶπαν, ἐπετίμησεν (2x), ἤρξατο (2x)
y tres en imperfecto (ἐπηρώτα (2x), ἐλάλει), dándole a la escena una vivacidad notable,
sobre todo a los diálogos. Esto responde a lo que algunos autores llaman el “presente
histórico”, tal como Juan Mateos y Fernando Camacho:
“Desde el punto de vista gramatical es notable el frecuente uso del presente histórico (151 veces)…
El presente histórico actualiza el suceso pasado, conectándolo con la época del evangelista, o
simplemente muestra que algo que está ocurriendo en esta época se proyecta en la de Jesús, por ser
22
una praxis que cumple lo que Jesús había propuesto en su mensaje… El presente histórico crea una
impresión de realidad.”14
Καὶ ἐξῆλθεν ὁ Ἰησοῦς καὶ οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ εἰς τὰς κώμας Καισαρείας τῆς Φιλίππου·
καὶ ἐν τῇ ὁδῷ ἐπηρώτα τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ λέγων αὐτοῖς· τίνα με λέγουσιν οἱ ἄνθρωποι
εἶναι;
14
J. MATEOS; F. CAMACHO, El evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético, I, Sevilla,
El Almendro, 1992, 13.
15
Ibíd, II, 252.
23
una pregunta en discurso directo de Jesús: empieza con el pronombre interrogativo τίνα
y contiene un verbo en tiempo presente (λέγουσιν) seguido del sujeto οἱ ἄνθρωποι y un
infinitivo (εἶναι).
οἱ δὲ εἶπαν αὐτῷ λέγοντες [ὅτι] Ἰωάννην τὸν βαπτιστήν, καὶ ἄλλοι Ἠλίαν, ἄλλοι δὲ ὅτι εἷς
τῶν προφητῶν.
Καὶ ἤρξατο διδάσκειν αὐτοὺς ὅτι δεῖ τὸν υἱὸν τοῦ ἀνθρώπου πολλὰ παθεῖν καὶ
ἀποδοκιμασθῆναι ὑπὸ τῶν πρεσβυτέρων καὶ τῶν ἀρχιερέων καὶ τῶν γραμματέων καὶ
ἀποκτανθῆναι καὶ μετὰ τρεῖς ἡμέρας ἀναστῆναι·
ὁ δὲ ἐπιστραφεὶς καὶ ἰδὼν τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ ἐπετίμησεν Πέτρῳ καὶ λέγει· ὕπαγε ὀπίσω
μου, σατανᾶ, ὅτι οὐ φρονεῖς τὰ τοῦ θεοῦ ἀλλὰ τὰ τῶν ἀνθρώπων.
“El estilo es popular y vivo, propio de la lengua hablada, que a pesar de las incorrecciones
gramaticales, sabe mantener el interés, como consecuencia del empleo de una serie de recursos que
imprimen a la narración un buen ritmo, como el uso frecuente del presente histórico (151x) y del
26
estilo directo, lo cual, junto a la multiplicación de participios, sirve para visualizar y hacer presente
la acción ante el lector.”16
Más adelante agrega que, entre otros recursos, la repetición de palabras o palabras
de la misma raíz, sugiere que estamos ante una obra escrita, no tanto para ser leída, cuanto
para ser oída.17
16
R. AGUIRRE, Evangelios, 154.
17
Ibíd.
18
Cf. W. SCHENK, “ἐπερωτάω”, en: H. BALZ; G. SCHNEIDER (Eds.), Diccionario exegético del Nuevo
Testamento, I, Salamanca, Sígueme, 20012 (en adelante DENT), 1481-1482.
19
Cf. F. HAHN, “χριστός”, en: DENT, II, 2118-2142.
27
Según Mc 3,11s, Jesús conmina con amenazas a los demonios para que no den a
conocer que él es el Hijo de Dios. De manera parecida, Jesús advierte a sus
discípulos que no hablen a nadie sobre él (Mc 8,30). Pedro, por su parte, increpa
a Jesús (Mc 8,32), cuando éste habla de que él es el Hijo del hombre que había de
sufrir (v. 31). Las palabras con que Jesús reprende a Pedro hacen que esta escena
se asemeje algo a los relatos de exorcismos: «Satanás» es vencido en Pedro y
Pedro vuelve a comportarse de nuevo como discípulo (8,34-38).20
παρρησία. “Apertura, notoriedad, franqueza, confianza”. El término es usado 31
veces en el Nuevo Testamento, pero en los Sinópticos se halla atestiguado
únicamente en Mc 8,32. Designa propiamente la libertad para decirlo todo y, por
lo tanto, la franqueza y apertura en lo que uno dice.21
ἐπιστρέφω. “Volverse, convertirse”. El verbo aparece 36 veces en el Nuevo
Testamento, 4 de ellas en el evangelio según Marcos. Se usa mayormente en su
sentido intransitivo (volverse, regresar).22
ὑπάγω. “Ir, irse”. El término aparece 79 veces en el Nuevo Testamento, 39 de
ellas en los Sinópticos y 15 de ellas en Marcos, siempre en sentido intransitivo.
Como término propio de los exorcismos es usado en Mc 8,33 (contra Pedro). 23
ὀπίσω. “Atrás, detrás”. En el Nuevo Testamento el término aparece 35 veces,
principalmente en los evangelios (6 veces en Mateo, 6 veces en Marcos, 7 en
Lucas y 7 en Juan). Se usa especialmente como terminología de seguimiento. En
Mc 1,17 aparece en el llamamiento a Simón y Andrés, repitiéndose la misma
expresión en 1,20.24
Σατανᾶς. “Satanás”. Del verbo hebreo stn “acusar, oponerse hostilmente” se
deriva su designación de adversario de los hombres y del adversario sobrenatural
de Dios y acusador de los hombres. En el Nuevo Testamento hay 36 apariciones
del sustantivo, casi el mismo número que su sinónimo διάβολος. En los Sinópticos,
el término aparece 15 veces, 6 de las cuales en el evangelio de Marcos.25
20
Cf. H. GIESEN, “ἐπιτιμάω”, en: DENT, I, 1549-1551.
21
Cf. H. BALZ, “παρρησίᾳ”, en: DENT, II, 802-811.
22
Cf. S. LÉGASSE, “ἐπιστρέφω”, en: DENT, I, 1540-1543.
23
Cf. H. PROBST, “ὑπάγω”, en: DENT, II, 1860-1863.
24
Cf. G. SCHNEIDER, “ὀπίσω”, en: DENT, II, 570-572.
25
Cf. O. BÖCHER, “Σατανᾶς”, en: DENT, II, 1374-1377.
28
26
Cf. H. PAULSEN, “φρονέω”, en: DENT, II, 1995-1998.
29
CAPÍTULO II
Luego se procederá a analizar el texto a partir de cada uno de los pasos clásicos
del llamado “método histórico crítico”, a saber: crítica de las formas, crítica de las
30
1. Crítica Literaria
27
“La división en líneas debe hacerse tomando como norma no sólo cada oración principal, sino también
cada oración subordinada. La regla general es que en cada oración principal o subordinada hay solamente
un verbo. Se deben escribir también en líneas separadas las unidades de enunciación que cumplen en sí
mismas una función completa, como son los vocativos, las interjecciones o los diversos elementos de las
enumeraciones, a menos que estuvieran enlazadas con otros para formar un par o una tríada. Por el
contrario, no deben separarse las construcciones subordinadas de infinitivo, porque no entran dentro de las
unidades de enunciación completas en sí mismas a que antes nos referíamos. Prácticamente hay que
proceder de manera que, conservando la numeración de los versículos, se separen entre sí las oraciones
principales, las oraciones subordinadas y las unidades de enunciación, lo mismo que se escriben separados
los versos de un poema, enumerando de forma seguida cada línea hasta el final del versículo y designando
las líneas por medio de las letras a, b, c, etc. Cuando hay incrustaciones, es decir, cuando una oración o una
unidad de enunciación queda interrumpida por otra, para ser reanudada luego, entonces puede designarse
claramente la incrustación añadiendo número a las letras minúsculas a 1, a2, a3, etc.).” W. STENGER, Los
métodos de la exégesis bíblica, Barcelona, Herder, 1990, 57-59.
31
27
Καὶ ἐξῆλθεν ὁ Ἰησοῦς καὶ οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ εἰς τὰς κώμας Καισαρείας τῆς Φιλίππου·
καὶ ἐν τῇ ὁδῷ ἐπηρώτα τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ λέγων αὐτοῖς·
τίνα με λέγουσιν οἱ ἄνθρωποι εἶναι;
28
οἱ δὲ εἶπαν αὐτῷ λέγοντες [ὅτι]
Ἰωάννην τὸν βαπτιστήν, καὶ ἄλλοι Ἠλίαν, ἄλλοι δὲ ὅτι εἷς τῶν προφητῶν.
29
καὶ αὐτὸς ἐπηρώτα αὐτούς·
ὑμεῖς δὲ τίνα με λέγετε εἶναι;
ἀποκριθεὶς ὁ Πέτρος λέγει αὐτῷ·
σὺ εἶ ὁ χριστός.
30
καὶ ἐπετίμησεν αὐτοῖς
ἵνα μηδενὶ λέγωσιν περὶ αὐτοῦ.
31
Καὶ ἤρξατο διδάσκειν αὐτοὺς
ὅτι δεῖ τὸν υἱὸν τοῦ ἀνθρώπου
πολλὰ παθεῖν
καὶ ἀποδοκιμασθῆναι ὑπὸ τῶν πρεσβυτέρων καὶ τῶν ἀρχιερέων καὶ τῶν γραμματέων
καὶ ἀποκτανθῆναι
καὶ μετὰ τρεῖς ἡμέρας ἀναστῆναι·
32
καὶ παρρησίᾳ τὸν λόγον ἐλάλει.
καὶ προσλαβόμενος ὁ Πέτρος αὐτὸν ἤρξατο ἐπιτιμᾶν αὐτῷ.
33
ὁ δὲ ἐπιστραφεὶς καὶ ἰδὼν τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ ἐπετίμησεν Πέτρῳ
καὶ λέγει·
ὕπαγε ὀπίσω μου,
σατανᾶ,
ὅτι οὐ φρονεῖς τὰ τοῦ θεοῦ
ἀλλὰ τὰ τῶν ἀνθρώπων.
d 29 a Y él les preguntaba:
b “¿Pero ustedes quién dicen que soy yo?”
e c Respondiendo Pedro, le dice:
d “Tú eres el Mesías (Cristo)”
f 30 a Y los reprendió
b para que a nadie dijeran sobre él.
33
B a 31 a Y comenzó a enseñarles
b que le es necesario al hijo del hombre
c sufrir mucho,
d y ser rechazado por los ancianos y los sumos sacerdotes y los escribas,
e y ser asesinado,
A B
vv. 27-30 vv. 31-33
a b c d e f a b c
Por otro lado, los vv. 31-33 (sección B) corresponden a una enseñanza de Jesús
en base a la declaración anterior y un “cruce de reprensiones” entre Jesús y Pedro:
También en este caso puede notarse una estructura alternativa, en este caso
concéntrica, teniendo en cuenta el personaje que actúa o habla:
1.5.1 Congruencia
En la presente sección se intentará mostrar los rasgos que presenta la perícopa que
ayudan a una mayor coherencia interna. En líneas generales y con ciertos matices, en la
perícopa analizada puede detectarse un alto nivel de congruencia. Desde la segunda
oración (v. 27b) hasta la quinta (v. 29), el texto sigue la lógica del diálogo: “pregunta de
Jesús-respuesta de los discípulos” en dos ocasiones. La sexta oración (v. 30) concluye el
diálogo anterior con la indicación de Jesús de no decir nada a nadie de lo hablado.
1.5.2 Incongruencia
El texto presenta dos puntos que delatarían incongruencia. Se intuye que podría
tratarse del trabajo redaccional del evangelista, uniendo tradiciones y adaptándolas a su
plan literario y teológico, tema que se desarrollará más adelante en el presente trabajo.
28
Cf. Ibíd, 84.
36
puede tratarse del trabajo redaccional del autor para unir fuentes previas, típico del
comienzo de las perícopas evangélicas.
En segundo lugar, llama la atención la octava oración (καὶ παρρησίᾳ τὸν λόγον
ἐλάλει “Y abiertamente decía la palabra”), que presenta una fisura en el transcurso de la
acción, ya que es una frase aclaratoria del evangelista que rompe la narratividad y la
acción de los personajes. Se sugiere la hipótesis de que podría tratarse de una aclaración
redaccional teológica de Marcos, intentando mostrar que se trata del comienzo de un
nuevo momento en la vida de Jesús, de una profundización en la comprensión de su rol
de Cristo e Hijo de hombre, además de presentar un profundo contraste con el mandato
de silencio apenas ordenado en el v. 30.
29
Cf. J. MARCUS, El evangelio según Marcos (Mc 1-8), I, Salamanca, Sígueme, 2010, 85-88.
37
32; 10,32-34) y por la frecuente referencia al “camino” y al “reino de Dios”. Sin embargo,
el rasgo estructural más llamativo viene dado por el hecho de que esta sección aparece
encuadrada por dos historias de curaciones de ciegos (8,22-26 y 10,46-52). Ese modo de
enmarcar la sección responde a su contenido, que se centra básicamente en la
“iluminación” de los discípulos para que comprendan el significado de la vida cristiana –
la enseñanza de Jesús sobre el sentido de sufrir con él, para seguirle “en el camino” y para
entrar de esa manera en el reino de Dios-. De esa manera, esta sección comienza a
responder implícitamente a la pregunta con la que concluía la sección anterior: “¿Todavía
no entendéis?” (8,21)
Por lo que se refiere a los capítulos que preceden a este segmento central, resulta
obvio que el prólogo del evangelio (que a juicio de Marcus abarca 1,1-15) constituye una
sección distinta. La sección abarcada de 1,16 a 8,21 se estructura de la siguiente manera.
El primer pasaje de esta larga sección constituye una narración de la vocación de los
discípulos (1,16-20), y más tarde hay dos narraciones semejantes (3,13-19; 6,7-13). Entre
esas tres narraciones existe un progreso: la primera es una llamada, la segunda una
investidura y la tercera un envío para la misión. Habrá que tomar esas tres narraciones de
envío como el comienzo de tres unidades literarias dentro del evangelio, y cada una de
ellas concluye con un pasaje en el que Jesús se enfrenta con una incomprensión y/o con
una oposición, aunque la gente implicada en cada caso va cambiando de un modo
significativo y preocupante: primero se oponen los fariseos y herodianos (3,6), después
los habitantes del pueblo de Jesús (6,1-6a) y, finalmente, sus mismos discípulos (8,14-
21).
I. 1,1-15: PRÓLOGO
II. 1,16-8,21: ACTO 1°: Primer ministerio de Jesús
a) 1,16-3,6: Primera sección principal: luna de miel y comienzo de la
oposición.
b) 3,7-6, 6a: Segunda sección principal: el conflicto se intensifica.
c) 6,6b-8,21: Tercera sección principal: fiestas.
III. 8,22-10,52: ACTO 2°: Cuarta sección principal: “en el camino”.
IV. 11,1-15,47: ACTO 3°: Ministerio en Jerusalén
38
30
“Un turning point es ese momento del relato que marca un giro importante en la dirección de la narración.
Se podría traducir por cambio de situación o giro”. M. NAVARRO PUERTO, Marcos. Guías de lectura del
Nuevo Testamento, Navarra, Verbo Divino, 2006, 14.
31
Cf. Ibíd.
39
3. Comparación sinóptica
Si bien se entiende que una comparación sinóptica excede los límites del presente
trabajo, que intenta analizar solamente la perícopa de Mc 8,27-33, se incluye la misma a
continuación debido a los aportes que dicha comparación puede traer para la
determinación de los rasgos distintivos de Marcos, que tanto Mateo como Lucas pueden
haber modificado en su dependencia del primero. Además, servirá como justificación para
lo afirmado anteriormente en relación con la congruencia e incongruencia del texto
marcano.
32
Cf. J. BAUDOZ, Lectura sinóptica de los evangelios. Cinco ejercicios de lectura, Navarra, Verbo Divino,
2000.
33
“Una manera de percibir fácilmente las semejanzas y las diferencias entre los relatos paralelos es escribir
o subrayar las palabras con diversos colores, según un código tradicional: en marrón lo que es común a los
tres sinópticos; en violeta lo que es común a Mateo y Marcos; en verde lo que es común a Marcos y Lucas.
El resto podrá ser señalado del siguiente modo: en rojo lo que es propio de Mateo; en azul lo que es propio
de Marcos; en amarillo lo que es propio de Lucas.” Ibíd, 7. El procedimiento del autor juega con la
combinación de los colores primarios (asignándole uno a cada evangelista) y sus posibles combinaciones.
40
19
δώσω σοι τὰς κλεῖδας τῆς
βασιλείας τῶν οὐρανῶν, καὶ ὃ
ἐὰν δήσῃς ἐπὶ τῆς γῆς ἔσται
δεδεμένον ἐν τοῖς οὐρανοῖς, καὶ
30
καὶ ἐπετίμησεν αὐτοῖς ἵνα
ὃ ἐὰν λύσῃς ἐπὶ τῆς γῆς ἔσται
μηδενὶ λέγωσιν περὶ αὐτοῦ.
λελυμένον ἐν τοῖς οὐρανοῖς.
20
τότε διεστείλατο τοῖς 21
31
Καὶ ἤρξατο διδάσκειν ὁ δὲ ἐπιτιμήσας αὐτοῖς
μαθηταῖς ἵνα μηδενὶ εἴπωσιν
αὐτοὺς ὅτι δεῖ τὸν υἱὸν τοῦ παρήγγειλεν μηδενὶ λέγειν
ὅτι αὐτός ἐστιν ὁ χριστός.
21
ἀνθρώπου πολλὰ παθεῖν καὶ τοῦτο
Ἀπὸ τότε ἤρξατο ὁ Ἰησοῦς
ἀποδοκιμασθῆναι ὑπὸ τῶν 22
δεικνύειν τοῖς μαθηταῖς αὐτοῦ εἰπὼν ὅτι δεῖ τὸν υἱὸν τοῦ
πρεσβυτέρων καὶ τῶν
ὅτι δεῖ αὐτὸν εἰς Ἱεροσόλυμα ἀνθρώπου πολλὰ παθεῖν καὶ
ἀρχιερέων καὶ τῶν
ἀπελθεῖν καὶ πολλὰ παθεῖν ἀποδοκιμασθῆναι ἀπὸ τῶν
γραμματέων καὶ
ἀπὸ τῶν πρεσβυτέρων καὶ πρεσβυτέρων καὶ ἀρχιερέων
ἀποκτανθῆναι καὶ μετὰ τρεῖς
ἀρχιερέων καὶ γραμματέων καὶ γραμματέων καὶ
ἡμέρας ἀναστῆναι·
καὶ ἀποκτανθῆναι καὶ τῇ τρίτῃ ἀποκτανθῆναι καὶ τῇ τρίτῃ
32
καὶ παρρησίᾳ τὸν λόγον
ἡμέρᾳ ἐγερθῆναι. ἡμέρᾳ ἐγερθῆναι.
ἐλάλει.
καὶ προσλαβόμενος ὁ Πέτρος
αὐτὸν ἤρξατο ἐπιτιμᾶν αὐτῷ.
22
καὶ προσλαβόμενος αὐτὸν ὁ
33
Πέτρος ἤρξατο ἐπιτιμᾶν αὐτῷ ὁ δὲ ἐπιστραφεὶς καὶ ἰδὼν
Los tres relatos coinciden en el orden de las dos partes centrales: el diálogo de
Jesús con los discípulos, concluido con la confesión de Pedro primero y el primer anuncio
de la pasión.
Son varias, además, las coincidencias literales: ἐπηρώτα τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ λέγων
(“preguntó a sus discípulos diciendo” con alguna pequeña diferencia en el tiempo del
verbo), el orden de la respuesta de los discípulos a la primera pregunta de Jesús (Juan el
Bautista, Elías, referencia a profeta), la segunda pregunta de Jesús coincide palabra por
palabra: “ὑμεῖς δὲ τίνα με λέγετε εἶναι;”, la referencia a la “respuesta” de “Pedro”, quien
menciona el término “χριστός” en su declaración, el pedido de que “a nadie” (μηδενὶ)
cuenten lo dialogado.
Lo primero que debe notarse es que ambos encuadran el relato en una salida de
Jesús a la zona de Cesarea de Filipo. Además, la referencia a “hombres” (ἄνθρωποι) en
la primera pregunta de Jesús y la referencia a “tú eres” (σὺ εἶ) en la respuesta de Pedro.
34
Cf. P. BENOIT; M.-E. BOISMARD; J. L. MALILLOS, Sinopsis de los cuatro evangelios, II, Bilbao, Desclée
de Brouwer, 1977, 227-231.
43
En este caso las coincidencias son aún menores. En primer lugar, el calificativo
“de Dios” (τοῦ θεοῦ) en la confesión de Pedro, pero con sentidos diferentes; y la
corrección que ambos hacen a Marcos en la frase “al tercer día” (τῇ τρίτῃ ἡμέρᾳ
ἐγερθῆναι.)
El marco con el que comienza la perícopa “Estando una vez orando a solas, en
compañía de los discípulos” (Καὶ ἐγένετο ἐν τῷ εἶναι αὐτὸν προσευχόμενον κατὰ
μόνας συνῆσαν αὐτῷ) en el v.18. Lucas no da ninguna localización del evento, a
diferencia de Mateo y Lucas.
La referencia a “la gente” (ὄχλοι) en la primera pregunta de Jesús en el v.18.
La referencia a “uno de los antiguos profetas que ha resucitado” (προφήτης τις
τῶν ἀρχαίων ἀνέστη.) en la primera respuesta de los discípulos en el v.19.
El uso del verbo “ordenó” (παρήγγειλεν) en el v.21.
evangelio, a diferencia de Mateo y Lucas que lo incluyen una vez cada uno en su relato
(cf. Mt 16,22; Lc 9,21). La importancia de este término en el segundo evangelio y en la
presente perícopa se retomará en el comentario.
En segundo lugar, la siguiente obra clásica citada con referencia a la crítica de las
formas será la Historia de la tradición sinóptica de Rudolf Bultmann.37 El autor hace
varias observaciones en referencia al texto aquí estudiado. En primer lugar, menciona que
las predicciones de la pasión son creaciones secundarias de la comunidad, siendo
enunciados de la fe cristiana primitiva. Bultmann sugiere que los fragmentos de los
sinópticos en los que se hace referencia al Hijo del hombre provienen de la apocalíptica
35
Cf. M. DIBELIUS, La historia de las formas evangélicas, Valencia, EDICEP e Institución San Jerónimo
para la investigación bíblica, 1984. (Original alemán: Tübingen, 1919).
36
Cf. Ibíd, 118.
37
Cf. R. BULTMANN, Historia de la tradición sinóptica, Salamanca, Sígueme, 2000. (Original alemán:
Göttingen, 1920).
47
judía y que, cuando desde la fe se identificó a Jesús con dicho personaje, fueron
modificados ex eventu.38
Fuera de las obras clásicas relacionadas a la crítica de las formas de principios del
siglo XX, se incluirán los aportes de algunos autores actuales. En primer lugar se
mencionará lo aportado por Joachim Gnilka en su comentario al evangelio, con respecto
a la crítica de las formas.43 Gnilka sostiene que Mc 8,27-33 se trata de una perícopa
compuesta por tres elementos diversos: el interrogatorio a los discípulos con la confesión
de Pedro (27-30), la predicción de la pasión (31) y la reprensión de Pedro (32 s). Más
adelante, sostiene que por ser una perícopa compuesta, su forma no está perfilada,
señalando que en la conversación escolar rabínica, son los discípulos los que preguntan
al rabí (en línea con lo dicho por Bultmann citado más arriba). Finalmente define que se
puede calificar la perícopa como conversación de discípulos, comparándola con Mc 8,14-
38
Cf. Ibíd, 211.
39
Cf. Ibíd, 317.
40
Según BULTMANN, las leyendas son “los fragmentos narrativos de la tradición que no son propiamente
historias de milagros, pero que no tienen tampoco carácter histórico, sino carácter religioso y edificante…
Se diferencian de las historias de milagros principalmente por el hecho de no constituir una unidad en el
mismo sentido que aquellas, sino que adquieren únicamente su punto principal por la relación con su
contexto. Este contexto puede ser la vida del héroe religioso…, pero el contexto puede ser también la fe y
el culto de la comunidad”. Ibíd, 303.
41
Cf. Ibíd, 317.
42
R. BULTMANN, Teología del Nuevo Testamento, Salamanca, Sígueme, 2001, 66.
43
Cf. J. GNILKA, El evangelio según san Marcos. Mc 8, 27-16, 20, II, Salamanca, Sígueme, 1986.
48
21. En cuanto a su posible “situación vital”, argumenta que puede haber sido utilizada en
la catequesis cristológica.44
44
Cf. Ibíd, 11-12.
45
Cf. J. MARCUS, El evangelio, II.
46
Cf. Ibíd, 697.
47
Cf. Ibíd, 701.
49
48
H. HAAG, El diablo. Su existencia como problema, Barcelona, Herder, 1978, 135.
49
Ibíd, 160.
50
Luego del exilio en Babilonia, la figura de Elías comenzó a relacionarse con aquel
que volvería a anunciar el juicio antes del Día del Señor. “Voy a enviaros al profeta Elías
antes de que llegue el Día de Yahvé, grande y terrible. Él reconciliará a los padres con los
hijos y a los hijos con los padres, y así no vendré a castigar la tierra con el anatema.” (Ml
3,23-24)
50
Pueden mencionarse los siguientes libros del judaísmo intertestamentario que incluyen elementos sobre
el mundo angélico y un especial desarrollo de la así llamada “demonología”: 1 Henoc (6,1-8; 10,11-14;
54,6), Libro de los Jubileos (que denomina al jefe de los malos espíritus como “Mastema”: 48,1-3),
Testamento de los doce patriarcas, Vida de Adán y Eva y el segundo libro de Henoc, por nombrar solo
algunos, como así también en algunos libros hallados en las cuevas de Qumrán, como el Rollo de la Guerra
(4,2; 13,2.4.11s; 18,1) y en la Regla de la Comunidad (en referencia a los espíritus de la luz y las tinieblas:
3,25).
51
En el Nuevo Testamento, heredero de las tradiciones que sostenían que Elías debía
volver, se relaciona la figura de Elías con la de Juan el Bautista.52 Se lo presenta como
revestido de su poder (“e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para que los
corazones de los padres se vuelvan a los hijos, y los rebeldes, a la prudencia de los justos;
para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” Lc 1,17). Por otra parte, los sacerdotes
y levitas le preguntan si es él el profeta Elías (Jn 1,21).
Jesús afirma que “Elías vendrá primero” frente a la pregunta de sus discípulos (Mc
9,11-13), con una posible alusión a Juan el Bautista, que Mateo interpreta sin dejar lugar
a dudas en dos ocasiones: en el texto paralelo de Mt 17,12s (“Entonces los discípulos
entendieron que se refería a Juan el Bautista”) y en Mt 11,14, que vuelve a relacionar
ambas figuras explícitamente (“Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir”).
51
Cf. B. SMITH, “Elías”, en: J. DOUGLAS; N. HILLYER (dirs.), Nuevo Diccionario Bíblico, Buenos Aires,
Certeza, 1991, 416-418.
52
En este párrafo se expondrán las ideas desarrolladas en S. VIRGULIN, “Elías/Eliseo”, en: P. ROSANO; G.
RAVASI; A. GIRLANDA (dirs.), Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, Madrid, Paulinas, 1990, 490-496.
52
53
Cf. F. HAHN, “υἱὸς”, en: DENT, II, 1824-1856; O. MICHEL, “Hijo υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου”, en: L. COENEN;
E. BEYREUTHER; H. BIETENHARD, Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, II, Salamanca, Sígueme,
1994 (en adelante DTNT), 280-292 y D. S. RUSSELL, El período intertestamentario, El Paso, CBP, 1991,
129-141.
54
A diferencia de la expresión “hijo de hombre”, utilizada prácticamente como sinónimo de “humano”,
utilizada frecuentemente en el libro de Ezequiel.
55
Cf. D. RUSSELL, El período, 131-132.
56
Cf. F. HAHN, “χριστός”, en: DENT, II, 2118-2142.
53
sumo sacerdote, casi únicamente en el documento sacerdotal. Hahn aclara que se discute
si en esta unción se trata solamente de un rito de purificación y consagración o si luego
del destierro el sacerdocio fue heredero de ciertas tradiciones anteriormente reales (Lv
4,3.5.16; 6,22). En tercer lugar, algunas pocas veces se habla en el Antiguo Testamento
de unción de profetas (1 R 19, 16; Is 61, 1), simbolizando la legitimación de su función y
la concesión del Espíritu. A pesar de lo señalado, Hahn aclara que faltan en el Antiguo
Testamento los conceptos mashah y mashíah.
Para comprender la perícopa analizada en el presente trabajo, conviene establecer
algunas cuestiones relativas a las tradiciones mesiánicas presentes en el siglo I d.C, tanto
en el tiempo de Jesús como en el tiempo de redacción del evangelio de Marcos.
En su libro Introducción a la cristología del Nuevo Testamento, Raymond E.
Brown sostiene que el concepto de Mesías es el producto de un largo desarrollo, que
organiza en tres etapas: anterior al siglo VIII a.C.; desde el siglo VIII a.C. hasta el exilio
babilónico y desde el exilio hasta los tiempos del Nuevo Testamento.57 Él señala que en
ese proceso, el judaísmo conoció diversas “figuras mesiánicas” como el profeta en la línea
de Moisés, Elías, el Sacerdote, el hijo de hombre, pero que el término propio “Mesías” se
referiría a un rey ungido de la línea davídica que, enviado por Dios, restauraría el reino
definitivo de Israel. En su obra Historia del pueblo judío en tiempos de Jesús, Emil
Schürer dirá que al postergarse esa realidad de restitución para la nación, Israel se vio
cada vez más forzado a poner los ojos en el futuro: “Cuanto peor era el estado presente,
tanto más viva se volvía la esperanza”.58
“A medida que los pequeños estados independientes iban cayendo bajo el yugo de las grandes
potencias, más fácil resultaba imaginar el reino ideal del futuro como una potencia mundial.
Después de la caída del último reino gentil del mundo, Dios mismo tomaría el cetro en sus manos
y fundaría un reino en que, como rey celeste, gobernaría a través de su pueblo.”59
Dirá Joel Marcus, citando a De Jonge, que en tiempos de Jesús el término “ungido”
estaba en camino de convertirse en una expresión usual para designar al futuro monarca
davídico60. En este sentido, puede cruzarse la sugerencia de Cazelles, quien afirma que
se comprende porqué los candidatos a Mesías resultaron sospechosos a las autoridades
57
Cf. R. BROWN, Introducción a la cristología del Nuevo Testamento, Salamanca, Sígueme, 2005, 173-
180.
58
E. SCHÜRER, Historia del pueblo judío en tiempos de Jesús. Tomo II: Instituciones políticas y religiosas,
Madrid, Cristiandad, 1985, 636.
59
Ibíd, 638.
60
Cf. J. MARCUS, El evangelio, II, 1278.
54
judías y romanas y opina que ése es el motivo por el que Jesús de Nazaret, a su criterio,
prefirió otro título para denominarse a sí mismo, menos susceptible de galvanizar las
pasiones.61
La trascendencia de este personaje no es clara y se va desarrollando
paulatinamente. En principio, según Brown, el carácter escatológico de la función del
mesías es sólo parcialmente perceptible. Afirma que “no hay pruebas evidentes de que se
pensase en el Mesías como en un personaje trascendente cuya misión sobrepasase las
realidades de la historia”.62 Lo cierto es que se esperaba que la intervención del mesías se
cumpliese en las circunstancias históricas, por lo menos hasta la adopción dentro de las
expectativas mesiánicas, de ciertas categorías apocalípticas, que darían apertura a la
trascendencia de su obra. Brown señala que esta amalgama del Mesías a partir de diversas
figuras o personajes salvadores (como, por ejemplo, el Hijo del Hombre) comenzó a darse
para el siglo I d.C., especialmente en la descripción cristiana de Jesús.
Son varios los pasajes del Antiguo Testamento que hablan de un rey de la línea de
David que Dios levantará para eliminar al yugo opresor de Israel y devolverle un tiempo
de paz y prosperidad (Is 9,1-7; 11,1-10; Jr 23,5-6; Mi 5,2-4; Za 9,9-10). A pesar de ello,
ninguno de estos pasajes utiliza el término “mesías” para referirse a dicho personaje.
Marcus señalará63 que este paso comienza a darse en textos y tradiciones judías
posteriores al Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento. Pueden verse a
continuación algunos ejemplos:
El será sobre ellos un Rey justo, instruido por Dios; no existe injusticia durante su reinado sobre
ellos, porque todos son santos y su Rey es el ungido del Señor. (Salmos de Salomón 17,32)
Purifique Dios a Israel para el día de la misericordia y la bendición, para el día de la elección,
cuando suscite a su Ungido… Bajo la férula correctora del Ungido del Señor, en la fidelidad a su
Dios, con la sabiduría, la justicia y la fuerza del Espíritu. (Salmos de Salomón 18,5.7)
En el día de su aflicción habrá descanso en la tierra, ante ellos caerán y no se levantarán jamás y
nadie estará para levantarlos, porque han renegado del Señor de los espíritus y su Ungido. ¡Qué
sea bendito el nombre del de Señor de los espíritus! (1 Henoc 48,10)
Me dijo: "Todo lo que has visto servirá para el gobierno de su Ungido, para que pueda ser fuerte y
poderoso sobre la tierra". (1 Henoc 52,4)
61
Cf. H. CAZELLES, El Mesías de la Biblia, Barcelona, Herder, 1981, 20.
62
R. BROWN, Introducción, 178.
63
Cf. J. MARCUS, El evangelio, II, 1277.
55
Y mi Hijo Jesús será manifestado junto con aquellos que están con él y los que queden se
regocijarán por 400 años. Y será que después de esos años, mi Hijo, el Cristo morirá y todos los
que tienen respiración de hombre. (4 Esdras 7,28-29)
… ese es el Ungido, a quien el Altísimo ha reservado para el fin [de los tiempos, aquél que surgirá
de la descendencia de David y que vendrá a hablar] contra ellos, les reprochará sus propias
impiedades y sus propias injusticias, y pondrá frente a ellos sus propios desprecios. (4 Esdras
12,32)
“… lo más exacto quizá fuese decir que Qumrán esperó un Mesías davídico y un sacerdote
excepcional, que cumpliría también una importante función… No admite dudas que en Qumrán se
esperó a un Mesías-rey. Recibe títulos distintos: «Mesías de Israel», «Mesías justo», «príncipe de
la congregación», «retoño de David»… De su descendencia se espera un salvador, que adquiere
matices distintos (desde lo más militar hasta lo más espiritual) según los escritos.” 66
“Desde el punto de vista de la historia de las tradiciones, todos los textos del NT en los que aparece
χριστός se hallan en conexión con la tradición veterotestamentaria y judía. No hay ninguna
influencia secundaria, ejercida por el lenguaje profano, el cual nunca aplicó χριστός a personas.
Pero habrá que preguntarse qué tradición (o qué tradiciones) del AT y del judaísmo fue (o fueron)
de importancia decisiva para la cristología.”67
64
F. GARCÍA MARTÍNEZ (ed.), Textos de Qumrán, Madrid, Trotta, 2009, 60.
65
Cf. E. SCHÜRER, Historia, 708.
66
J. L. SICRE, De David al Mesías, Navarra, Verbo Divino, 1995, 394.
67
F. HAHN, “χριστός”, 2140.
56
“El judaísmo rabínico estaba muy familiarizado con la idea, en relación con el Mesías, de que el
hombre perfectamente justo no sólo cumple todos los mandamientos, sino que expía mediante el
dolor sus pecados pasados, y que el exceso de dolor del justo beneficia a los demás. Sin embargo,
por mucho que concuerde con estas premisas la idea de un mesías doliente dentro del judaísmo, lo
cierto es que no llegó a ser un tema dominante… En ninguno de los numerosos textos que hemos
analizado aparece la menor alusión a unos sufrimientos expiatorios del Mesías. Hasta qué punto
resultan extrañas estas ideas al judaísmo queda además atestiguado por el comportamiento tanto
de los discípulos como de los adversarios de Jesús (Mt 16,22; Lc 18,34; 24,21; Jn 12,34).” 70
“Hay en la literatura rabínica esporádicas reliquias especulativas relacionadas con un Mesías que
debía morir en el campo de batalla escatológico… Aunque el origen de esta ideología es totalmente
incierto, como no hay pruebas de su existencia antes de la segunda Guerra Judía, es razonable
68
Cf. J. SICRE, De David, 19.
69
Cf. E. SCHÜRER, Historia, 705-707.
70
Ibíd, 707.
71
Cf. J. MARCUS, El evangelio, 1280.
57
suponer que el trágico destino de Simeón bar Kosiba, muerto en el 135 d.C., sea la causa, o una de
las causas, de que se crease tal imagen de un Mesías asesinado.”72
“En definitiva, cuando Jesús comienza su actividad, se puede decir que reina una confusión notable
con respecto al tema. No cabe duda de que muchos esperaban un «salvador». Pero podía
identificárselo con un rey, un profeta, o una figura trascendente. Incluso los que esperaban un
«mesías regio», un monarca descendiente de David, lo concebían de forma muy distinta.” 73
A continuación, Sicre dice que es extraño que el título “Mesías” se aplique a Jesús,
debido a que su actividad distaba mucho de lo que se esperaba de un rey salvador.
“Por otra parte, el título Mesías era muy pobre para designar la persona y la obra de Jesús. Entonces,
¿qué pudo motivar la aplicación a Jesús del título «Mesías»? Diría que la experiencia inicial de los
discípulos. Al principio, ellos vieron en Jesús un libertador político, un rey descendiente de
David… Arrastrados por esta idea lo siguieron. Más tarde, cuando vieron que este título no se
adecuaba plenamente a la persona y obra de Jesús, no lo desecharon, lo enriquecieron con otros
títulos complementarios, como Hijo del Hombre, Siervo de Yavhé, Profeta, Sacerdote. En el Nuevo
Testamento tuvo lugar la fusión de títulos.” 74
72
G. VERMES, Jesús el judío. Los evangelios leídos por un historiador, Barcelona, Muchnik, 1979, 149-
150.
73
J. SICRE, De David, 415.
74
Ibíd, 416-417.
58
6. Crítica de la Redacción
En esta sección, casi todos los expertos en método histórico crítico proponen
reconstrucciones de los textos fuentes con los que trabajó el autor del evangelio según
Marcos y también su tarea redaccional. A modo de ilustración, se reseñará el aporte de
algunos de estos estudios, considerando el carácter un tanto especulativo del mismo. En
primer lugar se propondrá el planteo de Santiago Guijarro que, por tratarse de una obra
introductoria, presenta un análisis redaccional referido a la sección general, relacionada
por los tres anuncios de la Pasión. A continuación, se resumirán los aportes relativos a la
crítica de la redacción hechos por Joachim Gnilka y Joel Marcus.
En relación con la sección 8,31-10,52, el autor plantea que es una composición del
evangelista, quien aborda en este momento la pregunta clave de su relato sobre la
verdadera identidad de Jesús, pero utilizando numerosos elementos tradicionales. Según
Guijarro, la obra redaccional del evangelista en estos capítulos ha sido muy notable.
“A él se debe la estructura en tres partes, que pivota sobre los tres anuncios de la pasión, y la
articulación de las diversas tradiciones que con frecuencia van seguidas de una explicación dirigida
75
Cf. S. GUIJARRO, Los cuatro evangelios, Salamanca, Sígueme, 2012, 205-216, 243-246.
59
a sus discípulos. En estas escenas explicativas y en las suturas que las unen a las tradiciones
anteriores se encuentran numerosos rasgos del estilo de Marcos.”76
Puede desprenderse de lo expuesto que en esta sección del camino, y frente a los
anuncios de Jesús sobre su sufrimiento, los discípulos reaccionan de manera equivocada
y en la dirección opuesta a la propuesta de Jesús, quien debe enseñarles nuevamente sobre
el sentido de su identidad y, como consecuencia, lo que implica su seguimiento.
Curiosamente, los nombres de los discípulos que aparecen mencionados como aquellos
que se oponen a la propuesta de Jesús, son Pedro (8,32), Juan (8,38; 10,35) y Santiago
(10,35), quienes fueran mencionados como los primeros llamados al seguimiento en el
relato de Marcos (1,16.19).77
76
Ibíd, 245.
77
Cabe destacar la curiosa salida de escena de Andrés en esta sección, que luego de ser nombrado en la
perícopa del llamamiento (1,16) y como dueño de la casa de “Simón y Andrés” (1,29), aparece mencionado
en la lista de los doce (3,18) y vuelve a mencionarse por última vez en la introducción del discurso
escatológico, en el Monte de los Olivos, frente al Templo (13,3).
78
Cf. J. GNILKA, El evangelio, II, 10-20.
79
“Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él
les mandaba enérgicamente que no le descubrieran”. (Mc 3,11-12).
60
Por otra parte, la frase “sino los de los hombres” en el mismo versículo 33 sería
una añadidura redaccional del evangelista, ya que rompe la verdadera (y original)
contraposición Satán-Dios: “Quítate de mi vista, Satán, porque tus pensamientos no son
los de Dios.”
También propone que del evangelista proviene la mirada de Jesús a los discípulos,
al comienzo del v. 33, lo cual se confirma al realizar la comparación sinóptica con Mateo,
quien elimina dicha frase. Sugiere que los introduce allí ya que en la actitud de Pedro está
en juego la existencia de los discípulos.
“Los discípulos aparecen hablando al comienzo y al final; y Pedro en el medio aparece como
portavoz de ellos. En el centro se encuentra la afirmación acerca de la suerte que aguarda al Hijo
del hombre. Y todo tiene lugar en el camino. Puesto que Marcos comienza una nueva sección del
evangelio, tiene especial interés en nombrar a los personajes principales. El nombre de Jesús, que
no había aparecido desde 6,30 señala el nuevo comienzo. Juntamente con él se menciona también
a sus discípulos, que todavía aparecerán dos veces en la presente sección. Puede interpretarse esto
como indicación de que los discípulos ocuparán un lugar más destacado que hasta el presente.” 81
80
“«¡Simón, Simón! Sábete que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo, pero yo he rogado por
ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»” (Lc 22,31-32).
81
J. GNILKA, II, 14.
82
Cf. J. MARCUS, El evangelio, I, 79-85; II, 696-698.
61
“En el caso de Marcos, esto resulta especialmente claro si se tiene en cuenta el uso general que
hace del motivo del “secreto mesiánico”, que es el artificio por el cual el Jesús de Marcos intenta
ocultar su identidad de Mesías e Hijo de Dios a lo largo del evangelio. Sin embargo, no es algo
accidental el hecho de que Jesús sea proclamado “Hijo de Dios”, que es el título cristológico más
importante del evangelio, en lugares centrales, estratégicamente colocados al principio, en el centro
y al final de la obra (1,1; 9,7; 15,39).”83
La frase “en el camino” en 8,27 (que daría inicio a una sección cuyo tema central
sería el discipulado y el seguimiento y que se extiende como una inclusión hasta
10,52).
La torpe aclaración sobre un Jesús que se vuelve y mira a los discípulos en 8,33.
El autor señala que las dos partes del pasaje (8,27-30 y 8,31-33) siguen un modelo
similar: 1) pregunta o declaración de Jesús (8,27 + 29a, 31-32a); 2) respuesta de Pedro
83
J. MARCUS, I, 84.
62
7. Comentario exegético
La primer parte de la perícopa (A) comienza con un diálogo entre Jesús y sus
discípulos. Luego de una breve introducción que le aporta el marco geográfico y narrativo
a los hechos y la mención del “camino” (v. 27ab), se da comienzo al diálogo:
63
Introducción narrativa
Versículo 27 a.
Καὶ ἐξῆλθεν ὁ Ἰησοῦς καὶ οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ εἰς τὰς κώμας Καισαρείας τῆς Φιλίππου·
84
Cf. M. NAVARRO PUERTO, Marcos, 299.
85
Cabe aclarar que en las 15 menciones en el libro de los Hechos, la referencia es a Cesarea Marítima,
mientras que en Marcos y Mateo, la referencia es a Cesare de Filipo.
64
alimenta al río Jordán, por lo que la zona era especialmente fértil y dedicada a varios
cultos religiosos. La región se llamaba originalmente Panias (su nombre moderno es
Banias), por encontrarse allí el santuario del dios Pan y, según A. Weiser, estaba poblada
principalmente por no judíos.86 Según Flavio Josefo, Herodes el Grande había construido
allí un templo dedicado a Augusto.87 Fue Herodes Filipo quien edificó en el lugar la
ciudad a la que llamó Cesarea, dedicada al emperador Tiberio y quien decidió asentar la
capital de su tetrarquía allí. Dice Joaquín González Echegaray que, como buen miembro
de la familia herodiana, hacia el año 2 a.C. comenzó una actividad constructora en toda
la ciudad, creando un núcleo urbano importante y moderno.88 Es por eso que, tanto en el
Nuevo Testamento como en la obra de Flavio Josefo, se la conoce como “Cesarea de
Filipo”, para distinguirla de la gran ciudad con el mismo nombre situada en la costa.
Luego de haber presentado una intensa tarea desarrollada por Jesús en la zona de
Galilea, a partir Mc 7,24, Marcos dedica una importante sección a viajes de Jesús hacia
regiones fuera de dicho territorio, jurisdicción del tetrarca Herodes Antipas (mencionado
en 6,17ss). En esos lugares, como Tiro (7,24), Sidón (7,31), la Decápolis (7,31) y Cesarea
de Filipo (8,27), los judíos eran una minoría. Luego, Marcos habla expresamente de un
regreso a Galilea (9,30), refiriendo una entrada a Cafarnaúm (9,33) y el comienzo del
camino concreto hacia Judea (10,1), pasando por Jericó (10,46), Betfagé y Betania (11,1)
y específicamente Jerusalén (11,11). Según González Echegaray, conviene hacer hincapié
en el hecho que, al citar todas estas ciudades no judías, Marcos tiene especial cuidado en
no presentar a Jesús en un ambiente propiamente urbano, sino que lo sitúa
invariablemente en los pueblos de los alrededores de tales centros urbanos.89 “Tratándose
de territorios “extranjeros”, aunque se cite el nombre de las ciudades importantes, los
evangelistas sitúan los eventos narrados siempre en las afueras de la población, bajo
distintas denominaciones (“el distrito de”, “las aldeas de”, etc.)”.90 Puede sugerirse que,
86
Cf. A. WEISER, “Καισαρεία”, en: DENT, I, 2151-2153.
87
“Y una vez que regresó tras haber acompañado a Augusto hasta las orillas del mar, erigió en su honor
en las tierras antes gobernadas por Zenodoro un templo el más hermoso de todos, hecho de mármol y
situado cerca del lugar llamado Panio… Y de debajo de la gruta brotan los manantiales del río Jordán.
Este es el lugar que, siendo ya de por sí sumamente privilegiado, lo embelleció Herodes aún más con el
templo que consagró a Augusto”. FLAVIO JOSEFO, Antigüedades Judías, XV, 363.
“Después de esto, cuando César le concedió otros territorios, erigió en ellos un templo de mármol blanco
junto a las fuentes del río Jordán, en un lugar llamado Panion”. FLAVIO JOSEFO, Guerras, I, 404.
88
Cf. J. GONZÁLEZ ECHEGARAY, Los Herodes. Una dinastía real de los tiempos de Jesús, Navarra, Verbo
Divino, 2007, 151.
89
Cf. J. GONZÁLEZ ECHEGARAY, Qué se sabe de… La Biblia desde la arqueología, Navarra, Verbo Divino,
2010, 199.
90
Ibíd, 200.
65
en el texto aquí analizado, la intención del autor sea llevar a Jesús a lo más lejano de su
recorrido geográfico para introducir el diálogo que vendrá a continuación. Será en
territorio prácticamente pagano que Jesús interpelará por primera vez a sus discípulos en
cuanto a su identidad. Tal vez allí puedan estar más libres de la presión ideológica de su
sociedad. Podría inferirse que, desde el punto de vista histórico, se trate de una manera
de Jesús de “escapar” del territorio gobernado por Herodes Antipas, quien ya había
matado a Juan el bautista y quien también había oído de Jesús y su ministerio (6,14).
91
Cf. P. MASCILONGO, Ma voi, 33-35.
66
Versículo 27 bc.
καὶ ἐν τῇ ὁδῷ ἐπηρώτα τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ λέγων αὐτοῖς· τίνα με λέγουσιν οἱ ἄνθρωποι
εἶναι;
Y en el camino preguntaba a sus discípulos diciéndoles. “¿Quién dicen los hombres que
soy yo?”
Desde un punto de vista literario, Mercedes Navarro sostiene que una de las
características y pecularidades narrativas del evangelio de Marcos son las preguntas, muy
frecuentes en él. Como tal, la pregunta es generadora de suspense y tensión narrativa. El
modo interrogativo intensifica los conflictos entre los personajes y hace que el lector
quede absorbido por la narración. Según Navarro, las preguntas revelan al personaje y
también son importantes para el lector, pues hacen posible que se implique y las
responda.92 Más adelante, agrega:
“Jesús dirige sus enigmas a los personajes de la historia y espera que haya oyentes que las
entiendan, aunque al tratarse de un método indirecto (muy oriental) es normal que haya también
quienes no las comprendan o no estén interesados en ellas. Espera que sus discípulos sí capten su
sentido, y por eso en alguna ocasión se sorprende de su obstinación y su ceguera. La función de
los enigmas es provocar al lector, hacerlo activo para que sea él mismo quien los descifre y se
apropie de las claves que se le van dando, ya que está en mejor posición que los personajes de la
historia y tiene más información que ellos.” 93
92
Cf. M. NAVARRO PUERTO, Marcos, 26.
93
Ibíd, 27.
67
el término ὁδὸς 16 veces, nueve de ellas a partir de 8,27 y siete de ellas en la sección
comprendida del 8,27 al 10,52 (8,27; 9,33; 9,34; 10,17; 10,32; 10,46; 10,52), la cual es
denominada por varios autores, como Joel Marcus, como “En el camino”, tal como se
mencionara anteriormente. Aparece la palabra “camino”, que se va a repetir con
frecuencia como aquel derrotero seguido por Jesús, que lo llevará a Jerusalén y durante
el cual anunciará su Pasión tres veces.
“El imperfecto indica que quien habla considera la acción in fieri, como perdurante, repetida,
tendente a su fin… A veces, la simple distinción entre el aoristo y el imperfecto puede servir para
imaginar con cierta exactitud una situación en los relatos evangélicos, que suelen ser demasiado
escuetos… Hay algunos verbos que, por su naturaleza, se suelen emplear en imperfecto (como) los
verbos de “decir” cuando introducen un discurso directo… porque la atención recae en lo que se
dice.”95
Gran parte del relato de la primera parte del evangelio (por no decir de la obra
entera) gira en torno al descubrimiento por parte de los hombres de la identidad de Jesús.
La pregunta “¿Quién es este?” o similares y afirmaciones sobre la identidad de Jesús
aparecen una y otra vez a lo largo del evangelio, ya sea mediante “títulos” como a través
de expresiones que describen un obrar o una característica suya: Χριστός υἱός θεοῦ “el
Cristo e Hijo de Dios” para el autor (1,1), ὁ υἱός μου ὁ ἀγαπητός “el hijo amado” para la
94
Cf. J. MARCUS, El evangelio, II, 689-690.
95
M. ZERWICK, El griego, 122.
68
voz de los cielos (1,11), ὁ ἅγιος τοῦ θεου “el santo de Dios” según el espíritu inmundo
(1,24), βλασφημεῖ “alguien que blasfema” según los escribas (2,7), “inobservante de la
ley judía” según los fariseos (2,18), ὁ υἱὸς τοῦ θεοῦ “el Hijo de Dios”, según otros espíritus
inmundos (3,11), ἐξέστη un “fuera de sí” según sus parientes (3,21), πνεῦμα ἀκάθαρτον
ἔχει “poseído por un espíritu inmundo” según los escribas (3,22.30), υἱὲ τοῦ θεοῦ τοῦ
ὑψίστου “Hijo del Dios Altísimo” según el hombre con espíritu inmundo (5,7), ὁ τέκτων,
ὁ υἱὸς τῆς Μαρίας “carpintero e hijo de María” según la multitud de Nazaret (6,3), “Juan
el Bautista resucitado” según Herodes (6,16), κύριε “Señor” según la mujer sirofenicia
(7,28). Es llamativo cómo las declaraciones de identidad más comprometidas
teológicamente vienen de parte de los espíritus inmundos.
Juan Mateos y Fernando Camacho sostienen que “el término los hombres denota
gente que no pertenece al círculo de los discípulos y que, por tanto, no tienen a Jesús por
Maestro; de hecho remite a la perícopa precedente, donde tenía sentido peyorativo; son
los que, como árboles, ni ven ni oyen (8,24)… Mediatamente, el término se refiere a 7,8,
donde los hombres aparecían como los que sostienen tradiciones contrarias al
mandamiento divino.”96
Versículo 28.
οἱ δὲ εἶπαν αὐτῷ λέγοντες [ὅτι] Ἰωάννην τὸν βαπτιστήν, καὶ ἄλλοι Ἠλίαν, ἄλλοι δὲ ὅτι
εἷς τῶν προφητῶν.
Y ellos le dijeron diciendo [que] Juan el Bautista, y otros Elías, y otros que uno de los
profetas.
96
J. MATEOS; F. CAMACHO, El Evangelio, II, 256.
69
Juan el Bautista
“… algunos judíos eran de la opinión de que el ejército de Herodes había perecido por castigo de
Dios, quien de esta manera habría castigado muy justamente a Herodes en represalia por la muerte
de Juan, de sobrenombre Bautista, a quien, efectivamente, había matado Herodes, a pesar de ser
Juan un hombre bueno, quien recomendaba incluso a los judíos que practicaran las virtudes y se
comportaran justamente en las relaciones entre ellos y piadosamente con Dios y que, cumplidas
estas condiciones, acudieran a bautizarse, puesto que solo así Él consideraría aceptable su bautizo,
no si lo utilizaban para lograr el perdón de sus pecados, sino si acudían a bautizarse únicamente
para la purificación corporal y para ninguna otra cosa, al dar por sentado que su alma estaba ya
purificada de antemano con la práctica de la justicia. Y como el resto de las gentes se unieran a él
(pues sentían un placer exultante al escuchar sus palabras), Herodes, por temor a que esa enorme
capacidad de persuasión que el Bautista tenía sobre las personas le ocasionara algún levantamiento
popular (puesto que las gentes daban la impresión de que harían cualquier cosa si él se lo pedía),
optó por matarlo, anticipándose así a la posibilidad de que se produjera una rebelión a instancias
de él, juzgando este hecho mucho mejor que tener que arrepentirse luego, al encontrarse con
problemas tras sufrir un revés. Entonces Juan, tras ser trasladado a la citada fortaleza de
Maqueronte, fue matado en ella. Y, los judíos opinaban que el descalabro de sus fuerzas
70
expedicionarias se había producido en represalia por la muerte de un hombre tan insigne, al querer
Dios castigar así a Herodes.”97
De esta cita también puede verificarse la valoración positiva del historiador judío:
presenta a Juan como un “predicador de la virtud, de la justicia y de la piedad.”98 Según
Rinaldo Fabris, la intervención de Herodes Antipas al terminar con la vida del Bautista
“no presupone una verdadera y propia actividad subversiva por parte del predicador, pero
confirma el éxito y el entusiasmo religioso que suscitó en los ambientes populares.”99
Este entusiasmo popular por la figura del Bautista podría coincidir con la creencia en su
“resurrección” anticipada en 6,16 y con la valoración favorable de la gente mencionada
en 11,32.
97
F. JOSEFO, Antigüedades judías, XVIII, 116. El comienzo de la cita refiere al perecimiento del ejército
de Herodes Antipas, en ocasión de la batalla librada en torno a los años 32 o 33 d.C. con el rey nabateo
Aretas IV, padre de la primera esposa de Herodes y a quien éste la abandonara para contraer matrimonio
con Herodías. Cf. J. GONZÁLEZ ECHEGARAY, Los Herodes, 131-146.
98
Cf. R. FABRIS, Jesús de Nazaret. Historia e interpretación, Salamanca, Sígueme, 1998, 90.
99
Ibíd.
100
Cf. X. PIKAZA, Comentario al evangelio de Marcos, Barcelona, Clie, 2013, 377.
71
Versículo 29 ab.
καὶ αὐτὸς ἐπηρώτα αὐτούς· ὑμεῖς δὲ τίνα με λέγετε εἶναι;
Y él les preguntaba: “¿Y ustedes quién dicen que soy yo?”
Esta ubicación especial hace que esta pregunta cobre una vital importancia en la
perícopa, preparando un momento clave y de quiebre en el evangelio: luego de todo lo
que se viene relatando, ahora será el momento de la “verdad”, cuando los discípulos
podrían demostrar cuánto habían comprendido, si es que ahora sí estaban comenzando a
entender (Mc 8,21). Ya está claro que los hombres tenían diversas hipótesis sobre la
identidad de Jesús, todas ellas incompletas o directamente equivocadas. ¿Qué pasaría con
los discípulos?
“al hacerles Jesús por separado esta pregunta les está mostrando que espera de ellos una respuesta
distinta de la de la gente. El discípulo no puede pensar como los de fuera, debe tener un
conocimiento más profundo de Jesús, sin equívocos, puesto que él ha estado siempre con ellos y
les ha ido explicando su mensaje con acciones y palabras”. 101
Esta pregunta de Jesús a sus discípulos vendrá a coronar una serie de preguntas
que ya han aparecido en el relato sobre la identidad de Jesús:
101
J. MATEOS; F. CAMACHO, El evangelio, II, 258.
72
“¿De dónde le viene esto? ¿Quién le ha dotado de esta sabiduría? ¿Y esos milagros
hechos por sus manos? ¿No es este el carpintero…?” (6,2s)102
Parecería que Marcos está preparando el terreno para hablar por primera vez de
manera directa sobre la identidad de Jesús, llevando el relato a un clímax importante.
Como se verá luego, el silencio impuesto hasta ahora comenzará a romperse, dándose un
claro contraste.
Versículo 29 cd.
ἀποκριθεὶς ὁ Πέτρος λέγει αὐτῷ· σὺ εἶ ὁ χριστός.
Respondiendo Pedro, le dice: “Tú eres el Mesías”
102
Cf. J. MARCUS, El evangelio, II, 700.
103
Cf. Ibíd, 701.
73
Por otro lado, convendrá preguntarse qué entiende Pedro por “Cristo”. Según
Mateos y Camacho, se remite al concepto mesiánico de la tradición judía, al de Mesías
nacionalista, el “Hijo de David” (cf. 10,47, 48; 12,35). Según estos autores, los discípulos
(y en este caso, Pedro) no lograron captar la propuesta de Jesús sobre la falsedad de la
idea mesiánica de “los hombres”, que les impedía conocerlo como Mesías. Por lo tanto,
se trataría de una respuesta, si bien no equivocada, posiblemente incompleta o
incomprendida, como se verificará en la segunda parte de la perícopa analizada.
Por otra parte, en relación con la comprensión que Pedro podría tener del
significado del título “Mesías”, Mascilongo afirma que saber designar no significa
necesariamente haber comprendido. ¡Se puede enunciar con precisión un teorema
matemático sin haber comprendido en absoluto su significado! Y esto se aplica aún más
a las relaciones interpersonales: designar a Jesús como Mesías, ¿equivale a comprender
qué significa realmente ser el Cristo?105
104
Cf. P. MASCILONGO, Ma voi, 94.
105
Cf. Ibíd, 99.
106
M. NAVARRO PUERTO, Marcos, 24.
74
Versículo 30.
καὶ ἐπετίμησεν αὐτοῖς ἵνα μηδενὶ λέγωσιν περὶ αὐτοῦ.
Y los reprendió para que a nadie dijeran sobre él.
¿Se trata de una respuesta ambigua, incompleta? Eso explicaría cierto rechazo de
Jesús frente a la afirmación, como puede verse en 8,30. Se utilizará el verbo “reprendió”
(ἐπετίμησεν), que volverá a aparecer en dos oportunidades en la siguiente parte analizada.
Como se observó anteriormente, es un verbo muy utilizado en escenas que describen
exorcismos o liberaciones. Marcos usa el mismo término que Jesús ha utilizado para
“reprender” a los espíritus inmundos que lo habían declarado “el Santo de Dios” (1,24) o
el “Hijo de Dios” (3,11), otros títulos cristológicos asignados a Jesús durante el relato de
Marcos y que también podían llevar a una interpretación errada.
Las inferencias que proponen algunos autores desde los aportes del método
histórico crítico señalan que originalmente la respuesta de Pedro había sido equivocada,
ya que daría lugar a una comprensión de un mesianismo político, tan común en la época,
lo que habría dado lugar a la dura reprensión de Jesús a Pedro unos versículos más
adelante (8,33).107
107
Cf. J. GNILKA, El evangelio, II, 17: “Un intento de reconstrucción histórica empalma la reprimenda de
Pedro (33) inmediatamente con la confesión de éste (29). En la situación histórica que se cree haber logrado
75
Aparece nuevamente en este lugar una referencia a lo que varios autores, a partir
de Wrede, han denominado el “secreto mesiánico”, ese intento del Jesús presentado por
Marcos de evitar que se supieran ciertos sucesos o declaraciones importantes (1,44; 3,12;
5,43; 7,36; 8,26), en muchos casos referidos a su identidad. Según Horacio Lona108, este
“secreto mesiánico” se entiende a partir de la cristología del evangelista, de su
mesianismo no triunfalista, de su convicción de que no es posible comprender la persona
de Jesús sin tener en cuenta la cruz y la resurrección, las cuales le dan la verdadera
perspectiva. En relación con el versículo 30, Lona dirá:
“La prohibición a los discípulos de que divulguen la confesión mesiánica de Pedro (8,29s) se ubica
inmediatamente antes del primer anuncio de la pasión (8,31) y tiene que ver con el rol que juegan
los discípulos en el evangelio de Marcos. A pesar de que son los destinatarios privilegiados de la
enseñanza de Jesús, demuestran una y otra vez que no entienden sus palabras. Esto se vuelve
evidente en el caso de la comprensión de los anuncios de la pasión. Pedro es el ejemplo más notorio
de esta incomprensión, y por ello será reprendido duramente por Jesús (8,33)… Dada esta
situación, si ellos hubieran anunciado a Jesús como Mesías, lo hubieran hecho en el sentido de un
mesianismo triunfalista.”109
“La respuesta de Pedro, ortodoxa en su formulación verbal, no corresponde a lo que Jesús piensa
de sí mismo ni a lo que Dios quiere de él; en el contexto sociopolítico de dominación romana y de
expectativas alentadas por la resistencia, y en el contexto del conflicto con el Centro, esa
“confesión” (de sus propias expectativas de poder) es peligrosamente ambigua para Jesús y para el
reino. Por eso cortará en seco con ella como primer correctivo.” 111
de esta manera, Jesús ha rechazado como desafío satánico la pretensión mesiánica. La concepción
mesiánica que se esconde detrás de la palabra de Pedro es la del libertador nacional político.”
Anteriormente, afirmando que autores como Wendling, Dinkler y Hahn sostenían esta postura, sugiere que
“si se prefiere esta conexión… se desprende para esta tradición anterior a Marcos o para la situación
prepascual que Jesús rechazó la pretensión mesiánica como asechanza satánica”. Finalmente, GNILKA
concluye que “es muy dudosa una valoración tan negativa de la confesión de la mesianidad de Jesús”. Ibíd,
11.
108
Cf. H. LONA, Jesús, según el anuncio de los cuatro evangelios, Buenos Aires, Claretiana, 2009, 33.
109
Ibíd, 32.
110
Cf. R. BROWN, Introducción, 88.
111
C. BRAVO GALLARDO, Jesús, hombre en conflicto. El relato de Marcos en América Latina, Santander,
Sal Terrae, 1986, 161.
76
112
W. WESSEL, Comentario Bíblico del expositor: Marcos, Miami, Vida, 2000, 145-146.
77
Versículo 31-32 a.
Καὶ ἤρξατο διδάσκειν αὐτοὺς ὅτι δεῖ τὸν υἱὸν τοῦ ἀνθρώπου πολλὰ παθεῖν καὶ
ἀποδοκιμασθῆναι ὑπὸ τῶν πρεσβυτέρων καὶ τῶν ἀρχιερέων καὶ τῶν γραμματέων καὶ
ἀποκτανθῆναι καὶ μετὰ τρεῖς ἡμέρας ἀναστῆναι· καὶ παρρησίᾳ τὸν λόγον ἐλάλει.
Y comenzó a enseñarles que le es necesario al hijo del hombre sufrir mucho, y ser
rechazado por los ancianos y los sumos sacerdotes y los escribas, y ser asesinado, y luego
de tres días, resucitar. Y abiertamente decía la palabra.
Luego de la primera parte (8,27-30), que culmina con una declaración mesiánica
por parte de Pedro y con el mandato/reprensión a callar por parte de Jesús, da la sensación
de que este “comienzo de enseñanza” que se señala en la primera parte del versículo 31
dará inicio a una serie de discursos, diálogos, eventos e indicaciones que señalarán qué
tipo de Cristo será Jesús, tal como lo presentará Marcos. El comienzo de la segunda parte
(8,31-33) señala a la figura del Hijo del Hombre, expresión que permitirá describir la
tarea que Jesús deberá emprender y que configurará el tipo de “Cristo e Hijo de Dios”.
Pikaza comenta sobre esta sección:
“Éste es un texto de disputa mesiánica y revelación evangélica. Pedro ha llamado a Jesús «Mesías»
en un sentido político. Jesús responde interpretando el mesianismo en clave de entrega. Pedro
contesta en clave de esperanza política israelita. Jesús ratifica su postura, planteando las nuevas
condiciones de su seguimiento. No es disputa con externos (judíos), sino con cristianos (Pedro)
que buscan otro tipo de mesianismo.” 113
Si bien la afirmación de Pikaza sobre el sentido político es algo audaz, sobre todo
teniendo en cuenta que el texto no lo afirma así, de alguna manera enfatiza la tensión que
se verá más adelante entre la postura de Jesús y la de Pedro, evidenciada en la afirmación
de Jesús, en torno a pensar como Dios o como los hombres, del versículo 33.
Al respecto, Bravo Gallardo plantea: “No basta con la prohibición: “comenzó a
enseñarles” para rectificar la “confesión” mesiánica, y les dice que prevé un final violento,
contrario al triunfo que esperan. A partir de este momento la formación de los discípulos
será la práctica dominante”.114 En relación con el título “Hijo del Hombre”, Mateos y
Camacho subrayan la sustitución del título “Mesías” usado por Pedro anteriormente, de
113
X. PIKAZA, Comentario, 384.
114
C. BRAVO GALLARDO, Jesús, hombre, 162.
78
“La alusión al discurso de las parábolas insinúa al mismo tiempo que la situación de incomprensión
de los discípulos después de la declaración mesiánica es comparable a la de la multitud en aquella
ocasión. Es decir, el hecho de que Jesús tenga que dirigir a los discípulos esta enseñanza, que
retoma la de entonces, hace ver que éstos se encuentran todavía al nivel de «los de fuera» (4,11;
cf. 7,18; 8,17-18).”116
Marcus señala que los tres anuncios presentan una estructura similar:
Referencia al Hijo del Hombre;
Referencia a los que serán responsables de su muerte;
115
Cf. J. MATEOS; F. CAMACHO, El evangelio, II, 273.
116
Ibíd, 271.
117
“Él les dijo: «A vosotros se os ha concedido el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera
(ἔξω) todo se les presenta en parábolas.” Mc 4,11.
79
Profecía de su muerte;
Profecía de su resurrección “después de tres días”.118
ὅτι δεῖ τὸν υἱὸν τοῦ ὅτι ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου 33 ὅτι ἰδοὺ Referencia al
εἰς hijo del
ἀνθρώπου ἀναβαίνομεν
hombre
Ἱεροσόλυμα, καὶ
ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου
118
Cf. J. MARCUS, El evangelio, II, 690.
80
119
La primera de las apariciones del término en el evangelio de Marcos es en el versículo estudiado: 8,31.
Luego aparecerá en 9,11; 13,7.10.14 y 14,31. El autor de la obra lucana es quien más lo emplea en todo el
Nuevo Testamento, con un total de 40 veces (18 en el evangelio y 22 en Hechos).
120
J. MARCUS, El evangelio, II, 691.
81
su parte, Gnilka afirma que en textos apocalípticos, δεῖ designa el cumplimiento necesario
de aquellos acontecimientos que forman parte del decurso del final de los tiempos.121 Por
otra parte, Popkes sostiene que δεῖ es un vocablo sin equivalente semítico y que designa
una necesidad absoluta, ya que los enunciados que se forman con este verbo tienen por
naturaleza carácter absoluto, muy difícilmente cuestionable y, a menudo, anónimo y
determinístico. Podría vincularse dicho fenómeno al estoicismo, sobre todo teniendo en
cuenta el posible auditorio empapado de la cultura helénica que tiene el evangelio. Según
este autor, en el Nuevo Testamento, los enunciados con δεῖ deben entenderse como
decretos divinos, como una expresión de las normas dadas por Dios, principalmente en
relación con el camino, la actividad y la pasión de Jesús. Afirma que la formulación en
torno a que “el Hijo del hombre debe padecer” tiene probablemente sus raíces en la
primitiva comunidad judeocristiana-helenística, que emplea δεῖ como término
correspondiente a “según está escrito”.122
En el mismo sentido, y en la búsqueda de la relación del término δεῖ con el
estoicismo, W. Grundmann establece una breve “historia” del uso del término en la
literatura helenística del entorno. Afirma que en esos contextos, la autoridad detrás del
“δεῖ” puede ser la creencia en el destino y el vocablo se convierte en un término para las
“necesidades divinamente ordenadas” por ese destino, una especie de necesidad cósmica.
El autor argumenta que puede verse claramente cómo el término tiene amplio uso en la
literatura helenística, pero que es diferente al uso que se hace en la versión de los LXX
del Antiguo Testamento y en los Rabinos, y hay una razón para esto, como se verá a
continuación.
Detrás del término δεῖ se encontraba el pensamiento de una deidad neutral que
determina el curso del mundo. Esta necesidad expresada por el δεῖ afecta el pensamiento,
la voluntad y la acción de los individuos. En cambio, la visión bíblica de Dios no expresa
una necesidad neutral, sino que piensa en Dios en términos de una voluntad que convoca
personalmente al hombre y que modela la historia de acuerdo con su plan.
Por otro lado, cuando la LXX, la literatura judeo-helenística y aún más el Nuevo
Testamento adoptan la palabra, hablan un lenguaje que entienden aquellos a quienes
intentan alcanzar. Y al vincularlo con el punto de vista bíblico de Dios y al referirlo a él,
ya no expresan la necesidad “neutral” del destino, sino que indica la voluntad de Dios
declarada.
121
Cf. J. GNILKA, El evangelio, II, 17.
122
Cf. W. POPKES, “δεῖ”, en: DENT, I, 840-843.
82
123
N. FERNANDEZ MARCOS; M. SPOTTORNO DÍAZ-CARO (coord.), La Biblia griega Septuaginta, IV, Libros
proféticos, Salamanca, Sígueme, 2015, 504.
124
Ibíd, 506-507.
125
Ap 4,1; 10,11; 11,5; 17,10; 20,3; 22,6.
126
Cf. W. GRUNDMANN, “δεῖ”, en: G. KITTEL (ed.), Theological Dictionary of the New Testament, II, Grand
Rapids, Eerdmans, 1964, 21-25.
83
Antiguo Testamento. En relación a esto último, se han propuesto pasajes tales como
Éxodo 19,11.16: “y estén preparados para el tercer día; porque el tercer día descenderá
Yahvé sobre el monte Sinaí a la vista de todo el pueblo… El tercer día, al rayar el alba,
hubo truenos y relámpagos…”, como una referencia al obrar poderoso de Dios y su
manifestación gloriosa, en este caso evidenciada en la resurrección de Jesús. Por otro
lado, también se ha sugerido alguna referencia a Oseas 6,2: “Dentro de dos días nos dará
la vida, al tercer día nos hará resurgir y viviremos en su presencia.”, relacionado con el
obrar definitivo de Dios. En cambio, algunos afirman que la expresión de los “tres días”
tiene que ver con la creencia judía de que la muerte no era efectiva hasta pasado el tercer
día, cuando la descomposición comenzaba a borrar los rasgos del difunto: resucitar al
tercer día era una expresión clara de la victoria de la vida sobre la muerte.127 Algo de esta
creencia puede verse también en Jn 11,39, en la respuesta de Marta frente a la orden de
Jesús de remover la piedra que cubría la cueva donde estaba depositado el cuerpo de
Lázaro: “Señor, ya huele; es el cuarto día”.
En referencia a la resurrección “después de tres días”, Marcus señala que, además
de las referencias al Antiguo Testamento, debe buscarse también en los textos judíos
posteriores. Al respecto cita Esth Rab 9,2, que comenta a Est 5,1 (“y esto ocurrió al tercer
día”): “Dios nunca deja a Israel en una angustia horrible más de tres días…” Más adelante
agrega:
“De Jonás dice el mismo escrito: «Y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches (Jon
2,1). Los muertos cobrarán vida sólo después de tres días, pues se dice que “al tercer día nos
levantará, para que podamos vivir en su presencia”» (Os 6,2). Esta y otras tradiciones rabínicas
(por ejemplo, GnRab. 56,1; Midr. Salmos 22,5; Yal Sim. Josué 12 [sobre Jos 2,16]) interpretan Os
6,2 como una profecía escatológica de la resurrección «al tercer día» y sugieren que este versículo
veterotestamentario pudo proporcionar parte de la base bíblica para el dei («era necesario que») en
nuestra predicción de la Pasión.”128
127
Cf. J. MATEOS; F. CAMACHO, El evangelio, II, 276.
128
J. MARCUS, El evangelio, II, 693.
84
que la oposición a Jesús no procede del pueblo, sino de los tres grupos sociales más
influyentes en la vida económica, política y religiosa del país.129
En otros puntos del evangelio de Marcos, los tres elementos de la comunidad judía
que aparecen en el v. 31 (ancianos, sumos sacerdotes y escribas) son mencionados juntos
(por ejemplo en 11,27; 14,43; 14,53), pero ésta es la única ocasión en la que los
πρεσβύτεροι (ancianos) aparecen mencionados en primer lugar. Mateos y Camacho
sugieren al respecto:
“El hecho de que los tres grupos, en muchas ocasiones antagonistas, se alíen para rechazar a Jesús
y condenarlo a muerte indica que los mueve un interés común, y éste no puede ser otro que el de
conservar su posición de poder en la sociedad; ven en Jesús un peligro para ellos.”130
Por último, conviene hacer alguna referencia a la frase con la que Marcos concluye
el primer anuncio de la Pasión en 8,32a: “Y abiertamente decía la palabra” (καὶ παρρησίᾳ
τὸν λόγον ἐλάλει). Como se había afirmado con anterioridad en el presente trabajo, en el
análisis de la incongruencia del relato, llama la atención esta oración porque presenta una
fisura en el transcurso de la acción. Parecería tratarse de una frase aclaratoria del
evangelista que, en parte, rompe la narratividad y la acción de los personajes. Por otro
lado, se sugería la hipótesis de que podría tratarse de una intervención redaccional de
Marcos, intentando mostrar que se trata del comienzo de un nuevo momento en el
ministerio de Jesús, de una profundización en la comprensión de su rol de Cristo e Hijo
de hombre.
El término παρρησία es utilizado aquí por única vez en Marcos. Según Vincent
Taylor, significa “confianza”, “franqueza”, “libertad de hablar”; aparece en el griego
clásico, en los LXX y en los papiros y en el versículo 32a se usa en sentido adverbial:
“abiertamente, con plena libertad”.131 Podría intuirse que lo que antes estaba velado a
través de los recursos de lo que se ha llamado el “secreto mesiánico”, ahora se declara
abiertamente: que el Hijo del Hombre debía sufrir, morir y al tercer día, resucitar de entre
los muertos. Siendo la primera vez que se habla “abiertamente” de esto, se comprende
con más claridad la subsiguiente reacción de Pedro. Además, queda en evidencia el
contraste expresado entre este “abiertamente” del v. 32 y el reprenderlos para que no
dijeran nada del v. 30.
129
Cf. J. MATEOS; F. CAMACHO, El evangelio, II, 275.
130
Ibíd.
131
Cf. V. TAYLOR, Evangelio, 450.
85
“Se subraya la importancia del anuncio de la pasión con la observación de que Jesús habló con
parresia. Se entiende por parresia la manera de hablar abiertamente, en la que nada se esconde ni
se vela. Si en 4,33 se dijo que él hablaba en parábolas al pueblo, ahora se afirma que se expresó
libremente con sus discípulos. El progreso conceptual consiste en que la palabra que se identifica
con la proclamación adquiere un claro contenido cristológico mediante el anuncio de la pasión y
de la resurrección.”132
Versículo 32 b.
καὶ προσλαβόμενος ὁ Πέτρος αὐτὸν ἤρξατο ἐπιτιμᾶν αὐτῷ.
Y llevándolo aparte Pedro, comenzó a reprenderlo
En este versículo Pedro vuelve a aparecer en escena, ahora con un rol inesperado:
es él quien “reprende” (ἐπιτιμᾶν) a Jesús, luego de haber sido reprendidos por él (8,30).
Es la segunda de las tres ocasiones en que dicha expresión aparece en la perícopa
analizada. Esta situación da a entender la incapacidad de Pedro de comprender el anuncio
de la pasión y su relación con su confesión mesiánica: la idea que Pedro tiene de Mesías
no incluye la idea de sufrimiento, mucho menos la de la muerte.
En las seis ocasiones restantes, Jesús es el sujeto del verbo, quien lleva adelante
la acción de “reprender” (1,25; 3,12; 4,39; 8,30; 8,33; 9,25). Fuera de la referencia de
8,30 que fue analizada con anterioridad, el resto de los versículos podrían entenderse
132
J. GNILKA, El evangelio, II, 18.
86
como acciones que implican algún tipo de combate con Satanás, como se expondrá en el
análisis del versículo siguiente.
“Pedro lo toma aparte, separándolo del grupo, con intención de influir sobre él; pretende evitar que
se cumpla un destino que incluye la perspectiva de la muerte, lo que sería la ruina de todas sus
expectativas mesiánicas; quiere persuadir a Jesús de que intente vencer a sus enemigos,
desviándolo de su compromiso inicial. No ve en la muerte anunciada la entrega voluntaria de Jesús,
sino su fracaso… Pedro considera, pues, que, al aceptar ese destino, Jesús toma posición contra
Dios y su designio. Es él, no Jesús, quien entiende cuál es el designio divino.” 135
133
Cf. J. MARCUS, El evangelio, II, 693-694.
134
C. BRAVO GALLARDO, Jesús, hombre, 163.
135
J. MATEOS; F. CAMACHO, El evangelio, II, 279.
136
X. PIKAZA, Comentario, 390.
87
Cabe notar que, en un intento de explicar la escena, Mateo y Lucas deciden tomar
caminos distintos. Mientras que el primero añade una frase en boca de Pedro dirigida a
Jesús: “¡Ni se te ocurra, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!” (Mt 16,22), Lucas
elimina por completo la escena.137
Tal como sugiere Marcus, en este intercambio de ideas ambos bandos han
aceptado la noción de que Jesús es el mesías (8,29-30); el punto en disputa es cómo se
logrará la victoria mesiánica, qué “tipo” de mesías debe ser Jesús.138
Versículo 33.
ὁ δὲ ἐπιστραφεὶς καὶ ἰδὼν τοὺς μαθητὰς αὐτοῦ ἐπετίμησεν Πέτρῳ
καὶ λέγει· ὕπαγε ὀπίσω μου, σατανᾶ, ὅτι οὐ φρονεῖς τὰ τοῦ θεοῦ ἀλλὰ τὰ τῶν ἀνθρώπων.
Pero dándose vuelta y viendo a sus discípulos, reprendió a Pedro y dice: Vuelve detrás de
mí, Satanás, porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
Desde una perspectiva estructural y en función del rol de Pedro y su relación con
Jesús en la perícopa, Mercedes Navarro propone la siguiente secuencia que muestra tres
momentos:
137
“Hay pocas dudas, sin embargo, de que algún cristiano posterior sintió que la imagen de Pedro en este
pasaje es demasiado dura. Ciertamente, en su relato de la Pasión, Lucas transmite un dicho de Jesús similar
a Mc 8,33 al vincular a Pedro y otros discípulos con Satanás utilizando el verbo epistrephein (lit. «darse la
vuelta»), pero el contexto hace que la crítica sea mucho menos severa (Lc 22,31-32).” J. MARCUS, El
evangelio, II, 696.
138
Cf. Ibíd, 703.
88
139
Se llama “prolepsis” a la maniobra narrativa que consiste en anticipar o en contar de antemano un
acontecimiento ulterior respecto al punto de vista de la historia contada. Cf. D. MARGUERAT; Y. BOURQUIN,
Cómo leer, 292.
140
Cf. M. NAVARRO PUERTO, Marcos, 303.
141
J. MARCUS, El evangelio, II, 694.
142
Ibíd.
89
143
J. MATEOS; F. CAMACHO, El evangelio, II, 280.
144
Cf. Ibíd.
145
J. GNILKA, El evangelio, II, 18.
146
X. PIKAZA, Comentario, 389.
147
J. MARCUS, El evangelio, II, 694.
90
“La tercera interpretación ha sido la preferida por los intérpretes eclesiásticos durante siglos, en
parte porque mantiene la perspectiva de que Pedro puede retornar al ámbito de la complacencia de
Jesús… Aunque esta lectura marcana pueda ser apologética, es también la interpretación más
viable de la orden de Jesús en su contexto presente ya que el siguiente versículo utiliza opiso mou
para señalar el seguimiento de Jesús como discípulo (8,34; cf. 1,17.20).” 148
148
Ibíd, 695. Es interesante notar la relación y analogía que Marcus dice haber entre Mc 8,32-33 con Jn
21,20-22. En ambos textos Pedro hace una observación “estúpida”, Jesús lo critica por ello y luego lo invita
nuevamente a emprender el seguimiento como discípulo. También encuentra paralelos en referencias a los
discípulos que siguen a Jesús en el camino a la cruz y aquellos que no morirán antes de que venga la parusía.
149
Cf. S. GUIJARRO OPORTO, “Vete detrás de mí, Satanás. Exégesis y traducción de Mc 8,33c (par. Mt
16,23b)”, Salmanticensis 58 (2011) 7-18.
91
instrucción sobre el discipulado (8,34-9,1), Jesús explica con detalle lo que significa la
invitación que ya le ha dirigido a Pedro.
“…Satanás…” (σατανᾶ) La referencia a “Satanás” en boca de Jesús deja en claro
que la actitud de Pedro se “opone” a los propósitos divinos que quiere cumplir Jesús, lo
cual quedará sellado con la sentencia final del versículo 33. En la misma dirección, Gnilka
afirma que “si a Pedro se le llama Satán, quiere decirse que está en juego lo tentador de
su objeción.”150
Es posible encontrar alguna alusión a la escena de la tentación en el desierto (1,13),
donde Jesús era “tentado por Satanás” (πειραζόμενος ὑπὸ τοῦ σατανᾶ). En pocos
versículos, Pedro pasa de confesor a Satanás, de reprensor a reprendido. Tanto al
comienzo de la primera parte del evangelio como de la segunda, la “tentación” de Satanás
se hace presente.
En el artículo de Santiago Guijarro previamente citado, el autor afirma:
“Su actitud es demoníaca porque pretende apartar a Jesús de su camino, pero también lo es porque
le ha desplazado a él del lugar que le corresponde y le ha colocado frente a Jesús. Por eso, las
palabras que Jesús le dirige, al tiempo que le descubren su propia situación, le invitan a retomar su
lugar de discípulo en una especie de “segunda vocación”, muy parecida y, al mismo tiempo, muy
diferente de la primera, pues ahora Jesús le invita a ir “detrás de él” recorriendo un camino muy
concreto: el que conduce hacia la cruz.”151
“…porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” (ὅτι οὐ
φρονεῖς τὰ τοῦ θεοῦ ἀλλὰ τὰ τῶν ἀνθρώπων). Con este binomio compuesto por dos frases
opuestas, queda explicitado el motivo por el cual Jesús llamó a Pedro “Satanás”. Es la
figura del adversario, la del que se opone a los planes de Dios, el “enemigo” de los planes
divinos. Según el punto de vista de Jesús en este versículo, los hombres se dividen entre
aquellos que “piensan” o “tienen la actitud” de Dios o aquellos que tienen la actitud o
150
J. GNILKA, El evangelio, II, 18.
151
S. GUIJARRO OPORTO, “Vete”, 12-13.
152
C. BRAVO GALLARDO, Jesús, hombre, 162.
92
153
X. PIZAKA, Comentario, 389.
154
Cf. J. MATEOS; F. CAMACHO, El evangelio, II, 281.
155
Cf. J. MARCUS, El evangelio, II, 696.
156
Cf. P. MASCILONGO, Ma voi, 287.
93
“El que tal postura ponga en peligro su condición de discípulo y el que sea calificado de Satán
significa que el discípulo tiene que reconocer el camino de sufrimiento de Jesús y asumirlo como
su único camino personal. Jesús sólo pudo ser entendido completamente después de haber recorrido
todo su camino… A la Iglesia, surgida de personas que no entienden, como los discípulos, se le
advierte para que no caiga en el peligro de transformar de golpe la historia mesiánica de la pasión
en una historia de vencedores… La finalidad de este pasaje de Marcos está bien lograda en la
medida en que la verdadera confesión de Jesús incluye la aceptación de su camino de dolor. Esta
aceptación no es algo abstracto y teórico, sino que se pone de manifiesto en la «simpatía» con los
que sufren.”157
Conclusión
157
J. GNILKA, El evangelio, II, 21-23.
94
este momento, rompiendo con el silencio que venía sosteniendo. Pedro no logra
comprender tal anuncio y reprende a Jesús aparte, pero es reprendido por Jesús quien lo
llama “Satanás” y lo llama nuevamente a ubicarse “detrás de él”, como corresponde al
discípulo. Seguir a Jesús y asumir su destino de muerte corresponderá a tener los
pensamientos de Dios. Caso contrario, los pensamientos de los hombres transforman al
discípulo en “Satanás”.
Cobra importancia, también, el ingrediente paradójico de la identidad de Jesús,
como Cristo e Hijo del hombre. La tensión generada entre la declaración mesiánica de
Pedro, siempre relacionada con contenidos de victoria, frente a la propuesta de Jesús de
entrega, muerte y resurrección. La paradoja del reino de Dios se comienza a
intensificar.158
A lo largo del comentario se enriqueció el análisis a partir de los aportes de
diversos autores, que aplican en sus obras multiplicidad de métodos: algunos más ligados
a lo histórico crítico, como Joel Marcus, Joachim Gnilka o el clásico Vincent Taylor,
otros que enriquecen sus comentarios desde aspectos más literarios, como Juan Mateos y
Fernando Camacho, Fritzleo Lentzen-Deis, Mercedes Navarro Puerto y Xavier Pikaza y
otros con aportes desde lo contextual, como Carlos Bravo Gallardo. Dicha multiplicidad
de métodos y acercamientos ha nutrido el comentario y permitido analizarlo desde
diferentes perspectivas. Dicha tarea se complementará en el siguiente capítulo del
presente trabajo con aportes desde el método narratológico.
Varios autores consideran que la perícopa juega un rol clave en el evangelio, casi
a modo de “bisagra”, marcando un antes y un después en el relato. El análisis realizado
en el presente trabajo confirma esas consideraciones. Por otra parte, también se subraya
la importancia teológica que tiene la perícopa para el mensaje que el evangelista intenta
transmitir. Algunos de esos énfasis teológicos centrales en la perícopa y en el evangelio
se abordarán en el siguiente capítulo.
158
“La paradoja es una figura del pensamiento y lenguaje que ofrece como contradictorias, ideas, vivencias
o rasgos que en su fondo encierran una verdad más honda, siempre que se mantengan en su tensión original.
Entre sus funciones destacan: La función expresiva, pues permite percibir un aspecto de la realidad no
inmediatamente evidente, oculto y complejo que no puede decirse de otro modo; la función de libertad, ya
que su significado se sugiere sin imponerse; y la función de desconcierto, al expresar el desbordamiento de
la persona en sentimientos, intenciones e imaginaciones.” M. NAVARRO PUERTO, Marcos, 311.
95
CAPÍTULO III
REFLEXIÓN TEOLÓGICA
El evangelio según Marcos es una obra narrativa. Cuando se comparan los cuatro
evangelios canónicos, él es quien presenta más características narrativas. Aun cuando
Mateo y Lucas siguen el bosquejo propuesto por Marcos, rompen bastante la narratividad
de éste al insertarle grandes bloques discursivos. Al no presentar tantos discursos de Jesús,
Marcos será quien conserve más claramente la narratividad y la trama a lo largo de su
obra.
159
D. RHOADS; J. DEWEY; D. MICHIE, Marcos como relato. Introducción a la narrativa de un evangelio,
Salamanca, Sígueme, 2002 [orig. inglés: 1999].
160
S. GUIJARRO, El camino del discípulo. Seguir a Jesús según el Evangelio de Marcos, Salamanca,
Sígueme, 2015.
96
Al tratarse de una obra narrativa, los personajes tendrán un lugar especial en ella
ya que son quienes llevan adelante la acción. El análisis narrativo habla de personajes
“redondos” y “planos”. Al respecto, Guijarro señala:
“Un personaje redondo es aquel que se describe con múltiples rasgos y se va definiendo a medida
que avanza la redacción. Por su parte, los personajes planos apenas se definen con una pincelada.
En la literatura de la época de Marcos, que era mucho menos introspectiva que la nuestra, los
personajes son descritos desde fuera, es decir, a través de lo que hacen o dicen, y no desde sus
reflexiones o pensamientos interiores.”161
Por supuesto que Jesús será el personaje principal del relato, como así también los
discípulos, presentados como un personaje colectivo y a veces personificado en alguno
de ellos en particular, como Simón/Pedro, y muchas veces identificados con la expresión
“los Doce”.
161
S. GUIJARRO, El camino, 19.
97
“Pero el lector va a aprender del fallo de los discípulos. Si los discípulos pueden fallar una
y otra vez y Jesús todavía promete ir delante de ellos, el lector puede hacer lo mismo. La idea
central de esta presentación plantea preguntas a los lectores: «¿Qué harás cuando te enfrentes a la
muerte por Jesús y por la buena noticia? ¿Continuarás siendo fiel? ¿Y podrás, si fallas, comenzar
de nuevo?»”163
162
Cf. D. RHOADS, Marcos, 177-178.
163
Ibíd, 178.
164
R. AGUIRRE; A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios, 157-163.
98
165
S. GUIJARRO, El camino, 37.
99
siempre con Jesús, teniendo las mismas acciones y actitudes que él, identificándose por
completo en su vida y enseñanzas.
Pero a medida que avanza el relato, Guijarro observa que la narración muestra
diversos obstáculos que dificultan el seguimiento, lo cual lleva a mostrar el fracaso de los
Doce como discípulos. El relato da un giro inesperado, que comienza a poner en evidencia
la incapacidad de los discípulos de comprender la identidad y la misión de Jesús. La
primera escena que deja perplejo al lector es el relato de la tempestad calmada (4,35-41).
En ella, Jesús y sus discípulos cruzan en barca a territorio pagano. En medio de la
tormenta, los discípulos se desesperan y reprochan el aparente desinterés e inacción de
Jesús. Su respuesta no se hace esperar: “¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Aún no tenéis
fe?” (4,40). El reproche de Jesús se orienta a la falta de fe de sus discípulos, quienes
comienzan a preguntarse sobre la identidad de Jesús: “¿Quién es este…?” (4,41).
A partir de esta escena, varias veces Marcos deja en evidencia el fracaso de los
discípulos: cuestionan la posibilidad de Jesús de conocer quién lo tocó (5,31), lo
confunden con un fantasma (6,50), no comprenden la enseñanza sobre lo puro e impuro
(7,17-19), careciendo de inteligencia, tienen la mente embotada y no comprenden la señal
de los panes en las dos alimentaciones a multitudes (8,17-21). Al respecto, Guijarro
menciona:
“(En) la «sección de los panes»… (se) incluye tres escenas en las que Jesús está a solas con sus
discípulos. Están situadas después de las dos multiplicaciones y de la instrucción sobre los
alimentos. Gracias a ellas, el lector (que las contempla desde el punto de vista del narrador) será
testigo de un hecho desconcertante, pues poco a poco verá aparecer los primeros signos de la
incomprensión de los discípulos.”166
166
Ibíd, 53.
100
que señalan que las curaciones del sordo (7,31-37) y del ciego de Betsaida (8,22-26) son
símbolo de estos discípulos que “teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen” (8,18).
Varios autores sostienen que esta sección (8,27-10,52) queda enmarcada por la
curación de dos ciegos: el anónimo de Betsaida (8,22-26) y el de Jericó, Bartimeo (10,46-
167
Ibíd, 55.
101
52), siendo el primero símbolo del proceso que vivían los discípulos, ya que no
terminaban de ver completamente, y siendo el segundo símbolo del verdadero discípulo,
aquel que es ciego y está al costado del camino, pero cuando recibe la vista de parte de
Jesús, lo sigue por el camino en dirección a Jerusalén.
La última sección del evangelio (11,1- 16,8) deja bien claro el fracaso de los
discípulos. Jesús los había llamado a seguirlo y su camino se trataba de un camino de
servicio y entrega. Ese camino se dirigía a Jerusalén, al templo, y finalmente a la cruz.
Los lectores están expectantes de lo que ocurrirá con ellos: ¿lograrán confiar y creer?
¿Podrán seguir a Jesús hasta el final?
Lo cierto es que en los capítulos 11 y 12, los discípulos quedan algo ocultados en
el relato detrás de las nuevas controversias que Jesús sostiene con las autoridades
religiosas de Jerusalén, que se muestran claramente hostiles. Dichas controversias estarán
orientadas a aclarar la identidad del Mesías, tema propuesto por el narrador desde 1,1. Es
recién al final del capítulo 12, frente a la ofrenda de la viuda pobre, que Jesús convoca a
sus discípulos para remarcar la generosidad y entrega de esta mujer (12,43). A pesar de
dicha enseñanza, ellos se quedan más asombrados por el esplendor del Templo (13,1).
“… durante su actuación en Jerusalén, sobre todo en el templo, Jesús se esfuerza por explicar a sus
discípulos que su mesianismo no puede entenderse, como habían hecho ellos, en términos
dinásticos. Él no es un Mesías Hijo de David, sino un Mesías Hijo de Dios que, aceptando la
voluntad de su Padre, tendrá que pasar por el desprecio, el rechazo y la muerte. Quien quiera ir
detrás de él deberá comprender y aceptar esta novedosa concepción del mesianismo. Ciertamente,
los Doce no dan muestras de haberlo entendido o aceptado; pero, a pesar de ello, Jesús no los
abandona, sino que sigue instruyéndolos también en esta nueva situación.” 168
168
Ibíd, 72-73.
102
lo abandonan por completo. Puede verse, llegando al final del relato, el fracaso total de
los discípulos, que fueron incapaces de seguirlo en el momento decisivo.
“En el relato de Marcos, los Doce mantienen su ambigüedad hasta el final. Por un lado, su actitud
de incomprensión hacia Jesús, persistentemente mantenida desde que él les invitara a renovar su
seguimiento en el nuevo horizonte de la Pasión, los caracteriza como discípulos fracasados. Pero,
por otro lado, la promesa de Jesús parece querer rehabilitarlos a pesar de todo. Nos hallamos, sin
duda alguna, ante la ambigüedad querida por el narrador, que muestra de esta manera, a través de
ellos, la complejidad de la vida discipular.”169
Por otra parte, es interesante mencionar que Guijarro sostiene que a lo largo del
relato marcano son presentados distintos personajes secundarios que cumplen, de alguna
manera, con ciertas características típicas de un verdadero discípulo: la suegra de Simón
y su servicio (1,29-31), la hemorroísa y su fe (5,25-34), la sirofenicia y su comprensión
de Jesús (7,24-30), el ciego Bartimeo y su necesidad clara y seguimiento por el camino
(10,46-52), la viuda pobre y su entrega (12,41-44), la mujer que unge a Jesús para su
muerte (14,3-9). Cuanto más avanza la narración, más se profundiza la incomprensión de
169
Ibíd, 78.
170
Cf. P. MASCILONGO, Ma voi, 311.
103
los discípulos y más resaltan las acciones de estos personajes que, si bien son secundarios,
representan verdaderas actitudes de seguidores de Jesús.171
Planteadas todas estas cuestiones, se hace necesario considerar el lugar que los
discípulos ocupan en la perícopa aquí estudiada. Como se mencionó anteriormente, este
momento del evangelio es, desde un punto de vista narrativo, un turning point, es decir
que a partir de aquí habrá un cambio claro en la narración, y el rol de los discípulos en el
relato no es la excepción.
La perícopa de 8,27-33 está enmarcada por el término μαθηταὶ, repetido dos veces
en el v. 27 y en una ocasión en el v. 33. Vuelve a aparecer en el versículo siguiente, 8,34,
dando inicio a la perícopa siguiente. Estas menciones muestran que los discípulos juegan
un rol importante en la perícopa. En la primera parte del texto (8,27-30) se dice que los
discípulos acompañan a Jesús en su viaje a Cesarea de Filipo y que son interrogados por
Jesús en relación con lo que la gente decía sobre él. Ellos dan, como se dijo anteriormente,
las respuestas populares que el narrador ya había mencionado en 6,14-15 y que los
lectores ya conocen. Frente a la nueva pregunta de Jesús, el discípulo que resalta es Pedro,
quien contesta “σὺ εἶ ὁ χριστός”. Finalmente, todos ellos son exhortados enérgicamente a
guardar silencio al respecto. El narrador ya tiene acostumbrados a los lectores con esta
“tensión narrativa” generada a partir de los llamados a silencio. Suele decirse que la
respuesta de Pedro sería compartida por todo el grupo de discípulos, aunque el texto no
lo explicita, suponiendo que así puede comprenderse la reprimenda de Jesús dirigida a
todo el grupo. Siguiendo con el relato, cuando parece que los discípulos están llegando a
una cierta comprensión, no deberán confiarse, ya que algo más deberían aprender,
preparando el relato para la segunda parte de la perícopa.
En esta segunda parte (8,31-33), todos los discípulos son receptores del primer
anuncio de la Pasión. Y si bien es Pedro quien reprende a Jesús y quien recibe la
reprensión por parte de él inmediatamente, la frase καὶ ἰδὼν τοὺς μαθητὰς αὐτου (“y viendo
a sus discípulos”) los incorpora en el relato nuevamente, como se mencionó en el párrafo
anterior. Podría interpretarse tal acción de dos maneras:
171
Sería interesante destacar que, de los seis casos mencionados, en cinco se trata de mujeres.
104
Lo cierto es que, se entienda de una u otra forma, en esta perícopa los discípulos
están cada vez más desorientados en cuanto a la identidad de Jesús y las implicancias que
trae seguirlo. Sigue profundizándose también la pregunta de los lectores en torno a qué
ocurrirá con ellos, al igual que el lector podrá preguntarse a sí mismo si su comprensión
de la identidad de Jesús es traducida en un seguimiento real de él.
172
Cf. S. GUIJARRO OPORTO, “Vete”, 7-18.
105
Al comparar los relatos, Guijarro sostiene que la diferencia entre ambos llamados
tiene que ver con el horizonte puesto delante. En los primeros casos, 1,16-20 y 2,13-14
se presenta un horizonte de Reino en el que los discípulos son llamados a seguir a Jesús
y, como consecuencia, renuncian a cuestiones externas (redes, barcas, familias, despacho
de impuestos) que pudieran significar un estorbo en el seguimiento, para involucrarse de
lleno en el Reino anunciado por Jesús. En el segundo caso, 8,31-33 presenta el horizonte
de la Pasión en el que, a partir de este punto, Jesús comienza a anunciar claramente su
muerte, y el seguimiento implicará, ya no solamente renuncia a lo externo, sino negación
de la propia vida, de sí mismo, como Jesús planteará sin rodeos en el versículo siguiente:
“La invitación es la misma, pero las circunstancias son diferentes… ese seguimiento exterior
parece ahora insuficiente. Por eso, cuando Jesús le dice a Pedro: «Ponte detrás de mí», los
discípulos pueden intuir que, en realidad, les está invitando a replantearse su forma de seguirle” 173
“… cuando en el horizonte del camino de Jesús comienza a vislumbrarse su Pasión y este nuevo
horizonte resulta escandaloso para los Doce, el mismo Jesús les dirige a todos ellos una nueva
llamada en la persona de Pedro: «¡Ponte detrás de mí!». Con su actitud de incomprensión y rechazo,
Pedro se había colocado frente a Jesús: quería impedirle que avanzara por el camino que lleva a la
Pasión. Por eso Jesús le increpa para que vuelva al lugar que le corresponde al discípulo: «Detrás
de mí»… Así pues, en el momento en que se dispone a iniciar una nueva etapa en su camino, Jesús
dirige a sus discípulos más cercanos una nueva invitación. La reacción de ellos ante el
desconcertante anuncio que escuchan de sus labios hace necesaria esta segunda llamada. Sin
embargo, no se trata de una nueva llamada, sino de la misma invitación, que ahora se sitúa en un
nuevo horizonte… La segunda llamada de Jesús no se sitúa, en definitiva, al comienzo de un nuevo
camino, sino que es una invitación a profundizar el itinerario discipular iniciado con la primera.
En esta segunda etapa, no obstante, es mucho más necesario que en la primera entrar en la lógica
de Dios (Mc 8,33b).”174
En conclusión, parece lógico afirmar que Marcos quiere presentar dos escenas
ligadas, bajo la figura del llamamiento, distinguiéndose por tratarse de dos niveles
distintos. En primer lugar (1,16-20) se trata de un primer llamado al seguimiento, en el
que Jesús invita a los pescadores a seguirlo y la respuesta de ellos sorprende por su
inmediatez. En segundo lugar (8,33) se trata de un nuevo llamado al seguimiento, esta
vez dedicado exclusivamente a Pedro, quien muestra con su reprimenda a Jesús no
comprender lo que implica su misma definición de Jesús como el Cristo, ni tampoco el
anuncio de la Pasión de Jesús. Esa incomprensión provocará las “reprensiones cruzadas”
entre Pedro y Jesús, llevando a este último a recordarle su invitación original:
173
S. GUIJARRO, El camino, 62.
174
Ibíd, 27-30.
175
J. GNILKA, Teología del Nuevo Testamento, Madrid, Trotta, 1998, 178.
107
posicionarse detrás de él (ὕπαγε ὀπίσω μου). Sólo así, Pedro podrá mantener su condición
de seguidor.
176
Las cuatro menciones del término en el evangelio de Marcos se encuentran en 8,34; 15,21.30.32. La
mención del capítulo 8 es la única con sentido “simbólico” como referencia a la entrega en el seguimiento,
mientras que las otras tres menciones en el capítulo 15 están en el relato de la Pasión.
108
Esta apertura se ve confirmada por el ejemplo del ciego de Jericó, quien al recibir la vista
y ser invitado por Jesús a irse, decide seguirlo por el camino sin un llamado directo de
Jesús: ὕπαγε, ἡ πίστις σου σέσωκέν σε. καὶ εὐθὺς ἀνέβλεψεν καὶ ἠκολούθει αὐτῷ ἐν τῇ ὁδῷ.
(Mc 10,52 “Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado.’ Al instante recobró la vista y le seguía
por el camino”. BJ)
Gran parte de la trama que se desarrolla en el evangelio según Marcos tiene que
ver con el conflicto generado producto de la elección entre vivir según los términos de
Dios o según los términos humanos.
177
Cf. P. MASCILONGO, Ma voi, 303.
109
las claves tenidas en cuenta para construir las creencias y valores de un narrador, los
autores mencionados afirman:
“El narrador de Marcos tiene el siguiente punto de vista ideológico: los términos de Dios (tal como
el narrador los entiende) son buenos y los términos humanos son malos, es decir, «pensar en los
términos de Dios» es la visión fiable y «pensar en los términos humanos» la incorrecta. Estos dos
puntos de vista se reflejan mutuamente por contraste.” 178
Más adelante y en relación con la función que desempeñan los discípulos como
protagonistas del relato, Rhoads, Dewey y Michie afirman:
“La caracterización de los discípulos muestra un conflicto entre vivir según los términos de Dios
o según los términos humanos. Los discípulos se esfuerzan por vivir según los términos de Dios,
dejándolo todo para seguir a Jesús y siendo capaces claramente de asumir riesgos. Al mismo
tiempo, viven «según los términos humanos», preocupados por su seguridad, estatus y poder. De
este modo, la caracterización de los discípulos es compleja. Lo que los discípulos hacen revela su
lealtad a Jesús como seguidores y ayudantes. Pero lo que hacen, igual que lo que dicen, deja ver
sus dificultades para seguir a Jesús. Las muestras que el narrador ofrece de los pensamientos y
emociones internas de los discípulos son casi siempre negativas, y el protagonista Jesús
regularmente las corrige y llama la atención sobre ellas. Así, el narrador los describe como
discípulos que están de parte de Jesús, pero que fallan al no satisfacer del todo las expectativas de
su maestro. Como tienen rasgos contradictorios, son personajes «redondos».” 180
178
D. RHOADS, Marcos, 67.
179
Ibíd, 128.
180
Ibíd, 170-171.
110
que lo segundo implicará intentar cambiar esos planes por una comprensión de
mesianismo más humana, personificando tal actitud en el personaje de Pedro. Asumir los
“pensamientos” de los hombres será convertirse en Satanás.
En relación con esta tensión entre los pensamientos de Dios y los de los hombres,
Mercedes Navarro argumenta:
“… el lector tiene motivos para deducir que, si alguien puede entender lo que Jesús acaba de decir
acerca de sí mismo, ese alguien es Pedro. Parece, no obstante, que su seguimiento de Jesús y su
condición de testigo escogido no ha logrado cambiar sus pensamientos humanos en pensamientos
de Dios, es decir, en la línea en la que Jesús va entendiendo su vida. El escollo, como se ve, son
las consecuencias que se perciben en el horizonte, unas consecuencias que se van perfilando en
una dimensión trágica que, aunque no termina en la muerte, sino en la palabra definitiva de Dios
(sus pensamientos) que es una palabra de resurrección, ha de pasar por ella.” 181
En la segunda parte de la perícopa (8,31-33) quedan claras cuáles son las dos
opciones: los “pensamientos de Dios” están reflejados en el destino del Hijo del hombre
en el primer anuncio de la Pasión, en el v. 31. En cambio, los “pensamientos de los
hombres” son los que movilizan a Pedro a reprender a Jesús llevándoselo aparte. En
cambio, en la primera parte de la perícopa (8,27-30), las cosas no quedan tan claras:
mientras que es evidente que los “pensamientos de los hombres” son reflejados en las
opiniones de los hombres presentadas en la respuesta de los discípulos frente a la pregunta
τίνα με λέγουσιν οἱ ἄνθρωποι εἶναι; (Juan el Bautista, Elías o uno de los profetas), surge la
pregunta de si la respuesta de Pedro refleja los “pensamientos de Dios” o no.
Probablemente, el texto juegue con esa ambigüedad, es decir, a primera vista parece que
la respuesta de Pedro σὺ εἶ ὁ χριστός está en la misma línea de 1,1, lo que indicaría que
181
M. NAVARRO PUERTO, Marcos, 309.
111
4. Discipulado de seguimiento
figura muy familiar como alumno de un rabino, de quien aprendía el saber tradicional. De
la misma manera, en el mundo griego los filósofos estaban rodeados de sus alumnos.
Dado que éstos a menudo adoptaban las enseñanzas características de sus maestros, la
palabra llegó a significar adherente a una concepción particular en religión o filosofía.185
182
Cf. P. MASCILONGO, Ma voi, 312.
183
Is 8,16; 50,54; 54,13; Jr 13,23.
184
Cf. 1 Cro 25,8, única mención de este término en la Biblia Hebrea.
185
Cf. I. H. MARSHALL, “Discípulo”, en J. DOUGLAS; N. HILLYER (dirs.), Nuevo Diccionario Bíblico,
Buenos Aires, Certeza, 1991, 374.
112
Por su parte, Xavier Léon-Dufour afirma que “en el NT… no se trata nunca del «alumno»
que recibe la enseñanza de un maestro, sino siempre del que está en relación estrecha y
definitiva con una persona.”186
El evangelio según Marcos presenta a un Jesús “en camino”. Desde el inicio del
libro, en la cita combinada de Malaquías e Isaías se unen dos versículos que contienen el
término “camino”, anticipando de alguna manera un contenido que se encontrará a lo
largo del relato: “Voy a enviar a mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu
camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus
sendas.” (Mc 1,2-3, BJ). Las categorías “camino”, “detrás de mí”, “seguir” están muy
presentes en el relato como figuras útiles para entender su comprensión de discipulado.
Todas estas imágenes ayudan a interpretar lo dinámico del ser discípulo de Jesús.
186
X. LÉON-DUFOUR, “Discípulo”, en: X. LÉON-DUFOUR, Diccionario del Nuevo Testamento, Madrid,
Cristiandad, 1977, 182.
187
Mc 1,2.3; 2,23; 4,4.15; 6,8; 8,3.27; 9,33.34; 10,[Link]; 11,8; 12,14.
188
Mc 1,7.17; 8,33.34,
113
“Jesús entonces lo reprende en presencia de todos los demás discípulos y le ordena: “Colócate
detrás de mí” (Mc 8,33). Ir detrás es la posición del discípulo con respecto al maestro; lo propio
del discípulo es “seguir” al Maestro. Pedro no puede pretender ser “maestro” de Jesús, enseñándole
un mesianismo “sin cruz”. El Maestro es Cristo, y los discípulos deben aprender esta enseñanza.”190
Guijarro afirma: “Antes que nada son invitados a ir detrás de él, o sea, a asumir el
lugar físico y espiritual del discípulo, que camina detrás de su maestro recibiendo sus
enseñanzas y adoptando su forma de vida.”191 Cuando los llamados por Jesús deciden
seguirlo por el Camino deberán adoptar el modo de vida por él propuesto, con sus valores,
sus condiciones, su dirección. Es por eso que cuando Marcos relata la creación del grupo
de los Doce señala que Jesús llamó a los que él quiso “para que estuvieran con él” (ἵνα
ὦσιν μετ᾽ αὐτοῦ. Mc 3,13-14).
189
Mc 1,18; 2,14 (2x).15; 3,7; 5,24; 6,1; 8,34 (2x); 9,38; 10,[Link]; 11,9; 14,13.54; 15,41.
190
L. RIVAS, Discípulos para la misión en el Nuevo Testamento, Buenos Aires, Paulinas, 2010, 14.
191
S. GUIJARRO, El camino, 41.
114
“Todo el Evangelio es un seguimiento de Jesús. En esta escuela itinerante ellos deben comprender
poco a poco quién es Jesús… Los discípulos deben seguir a Jesús hasta la muerte. Ellos mismos
deben estar dispuestos a morir… Jesús va a ir explicando cómo hay que seguirlo. En primer lugar,
tomando la cruz, perdiendo la vida; luego, animándose a hacerse el último de todos y el servidor
de todos; haciéndose como un niño, pobre, casto, libre de todo para poder poseerlo todo, y por fin
hacerse último, esclavo, servidor en la escuela de Jesús que «no vino a ser servido sino a servir y
a dar la vida en rescate por una multitud.» (10,45).”192
192
S. BRIGLIA, “Evangelio según Marcos”, en: A. LEVORATTI (Dir.), Comentario Bíblico Latinoamericano.
Nuevo Testamento, Navarra, Verbo Divino, 2007, 402-403.
193
Cf. X. PIKAZA, Comentario, 487-488.
115
Es por lo expuesto que los discípulos de Jesús han de ser, ante todo, seguidores,
recorriendo su camino; más que una doctrina que aprenden, les define el hecho de haber
seguido (y continuar andando) en pos de Jesús.
“Así, el viaje es el «camino de Dios», una metáfora del seguimiento de Jesús en el servicio de la
soberanía de Dios. Esto se confirma con los motivos verbales que representan la idea de «ir
adelante» y «seguir» en el viaje… Estas palabras no son sólo descriptores espaciales; reflejan el
modelo de vida que es el «camino de Dios»… Así, «el camino de Dios» anticipado por Juan y
recorrido por Jesús será seguido por los discípulos. Incluso después de su crucifixión, y muy al
final del relato, Jesús continuará «yendo delante de vosotros a Galilea», el lugar de la llegada
primigenia de la soberanía de Dios. El espacio estructural del camino lleva a los lectores también
a sumarse al itinerario del «camino de Dios»… Y, al final, el relato invita a los lectores a continuar
el viaje en su propio mundo real.”196
194
Los autores usan esa expresión para referirse a “reino de Dios”.
195
D. RHOADS, Marcos, 98.
196
Ibíd, 102-103.
116
Conclusión
Por otro lado, también se ha expuesto más arriba la cuestión relativa a la doble
llamada de Jesús al seguimiento, al comienzo del relato (1,17) y al comienzo de la sección
del camino (8,33), marcando instancias distintas en la progresión del discipulado.
Categorías como “ir en pos de” o “camino” funcionarán como símbolos del discipulado
entendido como seguimiento: se es discípulo de Jesús si se está dispuesto a seguirlo.
Ambas llamadas al seguimiento requerirán una comprensión cada vez más profunda de
la identidad de Jesús y de las implicancias que trae seguir a Jesús, ir en pos de él. A
medida que el relato avanza, los discípulos van comprendiendo lo que significa seguir a
Jesús: entrega, servicio, renuncia y hasta la muerte misma, simbolizada en el mismo
destino del Hijo del hombre (8,31) y en la figura de “cargar la cruz” (8,34) en la perícopa
siguiente.
El final abierto del evangelio se convierte en una invitación a los discípulos (los
personajes del relato y los lectores ideales del evangelio197) a volver a Galilea, al
comienzo, a retomar el seguimiento de Jesús, entendiendo y aceptando el costo y las
expectativas del Reino de Dios, superando la propia resistencia a dicho Reino, asumiendo
el discipulado como servicio, entrega generosa y comprometida en favor de otros,
siguiendo el modelo del Cristo, Hijo de Dios crucificado. De eso se trata el Reino de Dios
197
“La narración lleva al lector ideal a ver y aceptar los caminos de Dios principalmente haciéndole seguir
a Jesús a través del relato”. Ibíd, 191.
119
CONCLUSIÓN
APÉNDICE
En el presente apéndice se expone un cuadro comparativo de frecuencias de
términos de Mc 8,27-33 en relación con la frecuencia de los mismos en el Nuevo
Testamento.
BIBLIOGRAFÍA
Fuentes bíblicas
Fuente extra-bíblicas
Metodología exegética
Artículos y monografías