Un hilo rojo de Sara Rosenberg
Un hilo rojo de Sara Rosenberg
Un hilo rojo
ËîëffiucecaÉonero
1"Ediciôn, Espafla 1998
Un Hilo Rojo
Sara Rosenberg
Ediciôn Cartonera,
Editorial elGRUGEcartronero, San Miguel de
Tucumân, Argentin a, 20 12.
145 mm x 200 mm
Esta obra fue producida en el Taller Creativo Crecer
Juntos, Tucumân Argentina
Agradecemos la colaboraci6n de Martin Aguine
A los memoriosos,
porque "la ternura es un acto de
insurgencia civil".
Para |uan.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
c.c) e (-o)
Después de varios dîas apareciô en los pueblos de la montafla,
cruzando a Tucumân, con las ropas deshechas y el cuerpo lleno de
heridas. Desde entonces lo llamaron <<Milagrito>. Aqui, cuando
alguien sobrevive, se vuelve santo. Cerca del Portezuelo, la gente
le ha hecho su altar. Dicen que 1o mataron un aflo mâs tarde, pero
siempre tiene flores frescas.
Nosotras hicimos una promesa hace muchos afios y decidimos
guardar las cosas de Julia, arriesgândonos a que también vinieran
a llevarnos. Pero somos cristianas y creemos en Dios, que nos ha
protegido.
Antes de recibir su carta, ya sabfamos que alguien iba a venir a
buscarlas. Julia siempre se nos aparece. Encendemos las velas,
nos damos las manos, la pensamos y ella aparece. Como nuestros
padres, que también vienen de vez en cuando. La riltima vez nos
dijo que ya eratiempo de desenterrar los cuadros y las cajas pero
la oimos menos claro, por eso no sabfamos quién iba a venir. No
nos dijo el nombre y se fue muy râpido.
c,o) 10 c.o)
del dia y quedarse allî hasta la hora de despefiar al niflo, darle el
desayuno y estar con Javier habla que habla hasta que é1 se iba al
trabajo. Después solia cruzar hasta nuestra casa, para organizar
las tareas diarias de las cooperativas de huevos, higos y leche que
entre todos los del pueblo habiamos creado. La de higos empezô a
funcionar bien desde que conseguimos usar los frigorificos de la
estaciôn experimental.
Los camioneros y los comerciantes estaban muy descontentos,
no podian seguir fijando los precios de las cosechas de apuro
porque el higo ya no se nos apolillaba; podiamos mantenerlo
.meses antes de malvenderlo y marcff el precio nosotros mismos.
Ganamos algo de dinero y pudimos ernpezar a comprar mâs
gallinas y tener huevos paru los ciento cincuenta habitantes del
pueblo. Eso si, no todos los d(as y primero los tres semanales para
todos los niflos, después los viejos y asf, segrin las necesidades.
Siempre le deciamos que la gente de aquf desconfiaba mucho,
que no duraria,que no los iban a dejar enpaz. En todo el pueblo se
comentaba que ellos eran unos comunistas. Se reîay nos decia que
esto iba para largo, que no importaba lo que dijeran, que cuanto
mâs supiéramos defender lo nuestro, mejor. Y tenia raz6n, aunque
no se pudo salvar nada. Mire cdmo estâ esto ahora, ni frigor(ficos,
ni control de la leche de cabra, ni nada. Una docena de huevos sale
mâs cara que dos cintos de telar en los que tardamos casi una
semana. La gente se sigue muriendo con esos temblores frios de
siempre, esas fiebres altas de la brucelosis, como le llama el
doctor Ramirez.
Sucediô muy râpido; desde aquel dfa de la explosi6n todo
empezô a cambiar, el pueblo se llenô de tropas que iban y venîan
de La montafla. Teniamos mucho miedo, por eso sôlo nos
atrevimos a dejar fuera este cuadro que nos habîa regalado.
Estamos las dos, la pobre le puso la higueraaftâs y nos hizo con
vestidos de colores, aunque nosotras siempre nos vestimos de
negro y algunas veces, algrin domingo, de blanco. Los otros
cuadros estân bien envueltos en plâstico y papel de diario, y los
c,u) tt c-o)
libros igual, enterrados en el antiguo pozo de agua, que tiene
paredes de cemento. Esperamos mucho tiempo pensando que
algrin dia se acordarian de nosotras y regresarîan a buscarlos. Ni
una carta ni nada nos mandaron. Como si se los hubiera tragado la
tierra. Al principio esperâbamos algo, pero después nos fuimos
enterando por los diarios de que los habîan acusado, al marido
sobre todo, de ser uno de los que estaba metido en el asalto al
cuartel.
Eso fue a finales deI74,1o recuerdo bien, los denunciaron dos
peones que pasaban por alli, llegaron los militares y los mataron a
casi todos adentro del autobûs, mientras dormian, antes de que
pudieran darse cuenta siquiera.
Durante tres dias aparecieron cadâveres por toda Catamarca.
Eran los que habîan conseguido huir por el campo. Yo estoy
segura de que ellos no tuvieron nada que ver con ese asalto. Me
acuerdo bien de que ese d(a estâbamos juntos en el tambo.
Después, é1 se fue a trabalar, ella se quedô con el nifro, y bajamos
juntas a ver a unas mujeres del mercado de Iana, unas tejedoras,
que querian entrar en la cooperativa; Alli fue donde escuchamos
las noticias por la radio y ella nos abrazô fuerte, se puso pâlida y
saliô disparadaalacalle con el niflo en brazos. Fue la riltima vez
que la vimos.
c0) 12 C0)
A veces cuidâbamos de Federico, eue debe de ser ya un
hombrecito. Û ni se acordarâde nosotrâr, era un niflo hermoso,
con sus bucles castaflos y los ojos de la madre, verdes, como
nublados, y grandes; ella ibaatodas partes con é1, si hasta bajaron
un burro salvaje de la montafla, 1o domaron y lo llevaban a pasear
montado, con la boa mansa enroscada al cogote del Zorzal, como
lo llamaba el chico. Cuando se fueron, tuvimos que llevarlo de
vuelta al monte, un burro aqui no sirve paranada y hay poco pasto.
La boa también se fue
Le enseflamos a dejar las velas encendidas por la noche en el
cuarto del niflo paraprotegerlo del bicho; recuerdo que sonriendo
nos dijo que ella qeia que aquf la gente hacîa eso para pedirle
cosas a los santos. Pero no, como usted sabe, la vinchuca se
descuelga por la noche y pica, pero si ve luz no baJa.Por eso en los
ranchos siempre hay alguna vela encendida cerca de las camas.
Después de la picadura se hincha el ojo y al final, en un aflo o dos,
a veces mâs a veces menos, el coraz1n se para. Asi, de golpe, y
nada que hacer. Pero ya ve, todavfa estamos aqui, durando como
Dios manda y con las velas encendidas.
Cuando llegaron era muy joven, tendrîa unos veinte affos, el
marido si era mayor, mucho mâs callado, y fumaba sin parar. Iba y
venia de la ciudad para comer con ella a mediodîa, y por la noche
se quedaban hasta muy tarde en el laboratorio escuchando la radio
o tocando la guitaffa; él era buen mûsico y cantaba con ganas. A
veces quzâbamos a visitarlos y nos quedâbamos hasta tarde
conversando. Nosotras no desconfiâbamos. Sabfamos que era
posible que anduvieran metidos en algo, pero siempre fueron muy
cariflosos, y con las cooperativas esto mejorô para todos, lo que
pasa es que después la gente se olvida y es muy mal hablada. Hay
mucho miedo, nos hemos vuelto egoistas. Ahora por dos pesos
cualquiera denuncia al vecino.
Ella tenîa sus ideas, claro, si no cdmo una chica tan joven y de la
ciudad va a venir a enterrarse en un lugar como éste. Nosotras
creiamos que era por el trabajo de él en 1â eshciôn experimental.
c,o) ts c0)
Pero después nos dimos cuenta, por cdmo hablaba y las cosas que
decîa, de que ella no creia en Dios, ni siquiera eta cristiana, y
ninguno de los dos pisd jamâs la iglesia. El cura fue el primero que
nos avis6, pero nosotras no le hicimos caso, tampoco somos de las
que creen todo 1o que los curas hablan. Eran buena gente, aunque
pensaran lo que pensaran.
Sobre los escbmbros de la casa echaron tierra y pusieron
alrededor esa empalizada para que no se vea. Parece que hubo
problemas porque la casa era de la estaciôn experimental, del
gobierno de la provincia; se la habfan prestado a su marido como
todas las otras casas de los empleados. El era agrdnomo o
investigador, algo asf, 1o cierto es que el hombrc Leia siempre.
Pasaban mucho tiempo en ese campo lee que te lee, y leyéndole al
chico que iba y venfa con sus botas altas de goma y su perra
castafla delante paracuidarlo.
Y es que aquf hay mucha vîbora, no se puede andar sin botas
altas, algunas son muy venenosas, como la coral, no la falsa coral,
sino la del anillo entero. Contra ésa no hay nada que hacer, si pica,
mata a las pocas horas, ni suero ni nada que te salve. Habfan
matado varias cerca de la casa; les enseframos a quitarles la piel, y
ella pintd un cuadro donde se ve a Ia vibora muerta colgando como
un ahorcado, con el corte circular en el cogote, paru que el cuero
salga como un guante, entero.
c,u) t4 c-o)
ensefld el frente de la casa, parecîacomo si los padres no quisieran
entrar ni ver nada mâs.
c,c) ts c0)
Federico. Fueron los riltimos tiempos de pazy no recibieron mâs
visitas. De allî en adelante, dos o tres veces al mes iban ellos
temprano el sâbado, cruzaban las altisimas montafras que separan
Tucumân de Catam arca., y volvian siempre con bolsas de comida
y ropas que Julia repartiaentre los amigos. No le gustaba volver
cargada y decîa que no tenia d6nde guardar todo eso, que a la
madre le gustaba comprar cosas, le hacia bien sentir que la
necesitaba y no lepodia decirque no.
Paramis adentros yo pensaba que tenfa mucha suerte de que la
ayudaran, pero ella se quejaba siempre de que cuando viajaban
perdfa mucho tiempo.
Esa frase, la de perder tiempo, era la que mâs usaba, sentia que
su tiempo pasaba mâs râpido que el de los demâs.
c,a) rc c-t)
Fue'la primera vez, todavia no sabiamos que todo esto pudiera
serposible.
Cuando se nos aparece siempre nos pide higos, nosotras le
dejamos los mejores, los mâs maduros en el brocal del pozo, y ella
entonces parece contenta y se va despacito caminando por la vera
dei rio, saboreândolos.
w) 17 e.u)
c,a) 18 C,o)
n
c,u) te c-d7)
funcionar los pulmones hartos de tierra y minerales. Me he
quedado dos dîas mâs de lo previsto, el pozo donde estaban los
cuadros y las cajas era profundo, como el miedo de todos estos
aflos.
En la frontera aparece el cartel casi despintado: <<Tucumân,
cuna de la independencia. Sepulcro de la subversiôn.>>
c0) 20 c-o)
celraran para invadir un territorio marcado, cada dîa. Catacumbas
tucumanas. Antes de irte prometiste volver, pero tardaste.
Siempre fuiste la de los grandes abandonos, pasaron meses
antes de que vinieras una tarde alaterraza a desnudarte otravez, a
jugar a las cuatro esquinas en los pilares, con la estrella en el
centro mandando.
Ritos de la siesta que al final se pierden cuando ap)arcce un dios
muy vestido y ensefra s6lo su cabezatronante, un desplazamiento
casi imperceptible y el torturado ocupa el lugar del quincunce,
borra los puntos cardinales, derrama desde las manos y desde la
frente su sangre, pero no riega los campos. Pide obedecer,
postergarse, pide y clama olvido y sacrificio. Estâ quieto, habla de
desierto, de éxodo y de asesinato.
Sabiamos, sin embargo, que el rinico crimen perfecto es el que
uno comete contra sf mismo. Lo aprendimos quién sabe cdmo,
jugando, cambiando de esquinas, a nuestro territorio Cain y Abel
aûn no habian entrado. Tampoco habia grandes rebafros, ni
corderos sacrificiales, si acaso algrin insecto, luciérnagas,
chicharras y muchas nubes porlas tardes.
Para volver a irte, confundida, necesitaste casarte. Llegd tu
principe y te salv6, bastô que te sacara de alli; no eras capaz de
hacernada sola. Las cuatro esquinas se acabaron.
Tampoco yo ten(a mucho que ofrecerte, salvo ser quien eras,
esa especie de amigo mio del alma. Pero te fuiste, detrâs de una
verdad segura, no digo confortable, pero como todas las grandes
verdades del momento, urgentes, hechas de un solo lado.
Cruzaste y en ese barco te ahogaron, como también nos
ahogamos todos los que no cruzamos.
Tu rinico mérito es no haber sobrevivido al naufragio. No sé si
ahora, a estos aflos, podriamos mirarnos con la misma çarabajo
un cielo tan alto. Mâs allâlatenaza,los cuatro pilares, nosotros
corriendo desnudos en las tardes de calor, ocupando cada uno el
espacio del otro, cambiândonos.
c0) 21 c,O)
*.1.****{.
Envejecemos. Los propietarios y sus comisarios también, pero
son muchos y todos siguen estando. Es tenible cruzânselos por la
calle, se reproducen como frutas del trôpico, cambian de nombre,
forman partidos politicos y 1o cierto es que eso que llaman
mayoria los vota. El final del siglo nos encuentra cansados,
viviendo solitarios en medio de una gigantesca marafla, poderosa
marafraque va devorando poco a poco nuestras mejores energias.
Disneylandia como enorme y monolitica catedral. Sobrevivimos.
Es todo. No tenemos nada, nada por delante y un inmenso desierto
por atrâs.
Ahora, justo ahora, la mujer de Lot te hubier a alcanzado. Como
a todos nosotros. La sal hace doler el alma, y te convoco para
saltar sobre el horror y entrar en la memoria. No tengo otro lugar,
el resto de mis cosas se ha vuelto insignificante, aprendo a vivir
silenciosamente, desaparezco dîa a dia en tareas que poco o nada
tienen que ver conmigo, las hago bien y a veces hasta puedo
comprarle un vestido nuevo a mi madre. Me he separado de mi
mujer después de vivir aflos juntos, pero no podfa mâs, el amor se
fue deshaciendo entre mis manos sin que yo pudiera hacer nada
por evitarlo, mientras ella se entregabaalestudio de las doctrinas
esotéricas y llenaba la casa de signos y velas y santones que me
iban poniendo cada dia mâs enfermo. Desarrollé una alergia
furiosa al incienso y al lenguaje que 1o acompffia, y aunque
siempre habîa pensado que era capaz de tolerar todas las
diferencias de postura ideolôgica hijas del marasmo, esta vez no
pude y me marché de casa. Ella insistiô en que era un problema de
astros, mejor asi.
c0) 22 C0)
el circo, cadamuerto cotidiano se contesta con el ya clâsico <algo
habrân hecho>>. Seguro, piensa uno, perdido, temeroso de tan
oscuro juez y sus inapelables acciones, mientras cada dia es
menos 1o que eres capaz deimaginar y mâs grande la losa que pesa
sobre lo que suponias razonùIe. Al comienzo desconoces en el
papel de animal asustado, un coche que aminora la marcha te
acelera el corazôn y las palpitaciones tardan en abandonarte,
ciertas caras te dejan con las rodillas temblando y se abre un hueco
en el pecho. Funcionan otros reflejos, la supervivencia ocupa
absolutamente todas las horas del dia, las palabras empiezan a
volverse en contra y aprendes a mentir hasta que te vas perdiendo
completamente en lo que se llama opinidn priblica. Una vez alli
estâs salvado. No recoc erântus lfmites flotando ni la blandura que
cuelga casi permanentemente en la mandfbula, a punto de
desbordarse.
Recuerdo que la victoria de Vietnam coincidid el golpe militar
de Videla. Paradojas que en el sueflo se resuelven cambiando de
materia, son insolubles en la realidad. Ni siquiera pudimos
celebrarlo. Corrfamos como ratas. Como ratas nos cazaban. Con
consenso, el gran camidn de la limpieza era pagado por todos los
ciudadanos honorables.
Después de tantos aflos de parâlisis salgo a buscarte de otra
manera, no son sôlo los jueves en la plazaclamando al aire. No sé
si es justicia, rabia o venganza. Respiro hondo y voy velândote
bajo los grandes ârboles.
Éste ha sido nuestro diluvio siniestro. Han quedado dos de cada
especie, pero no creas que la paloma ha dicho que no habrâmâs
agua. Sabemos que no es el primer diluvio, que en cualquier
momento dios vuelve a mearse y nos affasa. Por eso es urgente
construir un puente sobre el agua turbia del miedo y las pocas
claridades, para crtzarlo por un empecinado amor a la espalda.
c,o) 23 c-0)
c,o) 24 c-U)
NI
c,u) 2s (-o)
luchas de los estudiantes y los obreros, antes del amanecer, para
que supieran que en la ciudad tenfan apoyo, que en el comedor
universitario habia un fondo de huelga, y que cada estudiante
estaba dispuesto a aportar su almuerzo y parte de su poco dinero.
Al pie de pâgina un texto del Che y las noticias del avance del
Frente Popular, las denuncias sobre la
intervenciôn en
Checoslovaquia y la condena radical aI social imperialismo
soviético.
Amanecerâ dentro de un rato, mientras compartes con José el
mate cocido y el pedazo detortilla y giras y giras la manivela y las
hojas salen manchando el pan con tinta negra, que sabe a sol entre
los dedos. Tucumân espera las noticias porque ha empezado un
tiempo nuevo y es tan parecido al largo lagarto verde, con su cafia
de azûcar cubriendo la tierra y las montafras selvâticas al lado
tocando el cielo, donde vive gente alegre y solidaria que lo rinico
que pide es no seguir pasando hambre después de tantos siglos.
Amén.
*{.*.|.*{.t
En tu libro hay una nota de esos aflos que parece una
anticipacidn. No he querido reordenarlas, simplemente las voy
sacando del libro tal como me 1o diste.
c,o) 26 c0)
6.6.70
La muerte
Cuando me muera extraflaré el pasto, el aire, Ialuz,la forma en
que tus cejas se apartan yse acercan.
7.6.70
Elmuerto
Tener un primer muerto no es fâcil. Si bien no disparé, estuve al
lado, y mâs que el balazo tan râpido y seco, escuché el estrépito
del cuerpo cayendo, los huesos de un enorme animal que no
acaba de sonar contra el asfalto. Infinito, como si cada parte del
cuerpo fuera un acofde larguisimo yla gravedad de la tierra se
duplicara. Me quedé paralizada mientras retumbaba y
retumbaba. Senti sus costillas en las mias, senti su espalda y
tuve mucho frio. Detesto las armas. Me siento mal. Podria
haber cedido y no dispararnos, nadie queria matarlo, si sôlo
teniamos una22ytres pistolas de madera. Asi, de sirbito, caery
suspenderse, dejar de latir, enfriarse y olvidar.
7.6.70
No hay justicia posible en la muerte, te golpea en medio del
corazlnsin protecciôn alguna, ves la cara de espanto y después
no se ve mâs, entra un desierto de dolor en los ojos, lloras, pero
es un agua seca.
c0) 27 e-O)
c,o) 28 c-d7)
Cinta N.o 2
(Tucumén, con José en el bar de los ciegos, octubre de 1974)
TJu" hace muchos aflos y casi sin darme cuenta como me fui
f metiendo en terreno pantanoso. No pude salir nunca mâs,
.a cada vez que intenté abrirme vinieron las amenazas, hasta
que aprendî a funcionar partido en dos, sentia una cosa y hacîa
otra,hasta que dejé de sentir y ya s61o hacialo que me mandaban.
Habîaempezado trabajando en el ingenio, hasta que después de
varios enfrentamientos con la patronal me despidieron.
Formamos un sindicato fuerte, pero perdimos el control cuando
las nuevas corrientes sindicales, cercanas al gobierno, nos
desplazaron y por fin nos echaron. Consegui trabajo en la
alcoholera, que fue donde conocf a los compafleros, y empezamos
a organizamos mejor; ademâs del sindicato creamos grupos de
estudio y autodefensa, lo que serfa la base del partido. Al afro
también me despidieron y la situacidn se me hizo muy diffcil.
Habia que sobrevivir y con dos amigos del barrio asalté una
zapaterîa del centro de la ciudad. Era la primeravez que robaba.
Nos fue mal y nos cazaron, conseguimos poca plata y tres aflos de
condena.
Fue en Ia cfucel durante los ocho meses que estuve adentro,
donde conocf a Manuel, que estaba acusado de matar a un hombre
en una pelea en un bar. Era el oreja del director y me habl6 por
primera vez de la posibilidad de trabaj ar para la policfa y salir
antes. Yo estaba desesperado, no tenia trabajo y los ingenios
estaban cerrados. El partido no podia hacerse cargo de mi defensa,
y aparte de sancionarme por indisciplina, dijeron que habiapuesto
c0) 2e c,o)
por
en peligro todo el sistema de seguridad dedicândome a asaltar
mi cuenta. Me mandaron de todas maneras un abogado, pero no
sirvid de nada.
*{.****i.
Aunque estaba separado de mi mujer, tenîaque pasarle dinero
para los dos changuitos; ella limpiaba casas, pero no podia
emplearse todo eldîay no les alcanzaba. Mientras yo estuve preso
no habîan podido pagar el alquiler y se habfan ido a vivir con su
familia. Fichado corno ladrôn, qué empleo iba a poder conseguir
cuando saliera. Manuel me presentd a Stârez, el segundo del
comandante, un dia que hicieron una visita ala cârceL Me dijo:
<<Con éste tenés que hablar y te 1o arregla de hoy paramaf,ana.>>
Pensé que seria lo mejor. Yo tenia que salir râpido, o sea que me
la jugué. Al dia siguiente me mandaron a buscar y me llevaron a la
Jefatura de Policîa, alli estaba Suârez con otros. Conocian todo 1o
que habia hecho, tenian mi ficha bastante completa. Me
preguntaron lo que sabia del sindicato, los nombres de la gente, la
forma en que trabajaban, cômo funcionaban las células de
estudiantes. Me dijeron que si colaboraba podria salir por buena
conducta en un mes mâs, que iban a arceglarlo si yo trabajabapara
ellos como informador. No tenfa muchas alternativas y acepté.
Tenfaun sueldo y 1o completabahaciendo instalaciones eléctricas
en algunas casas, para justificar frente a los compafleros de ddnde
salia el dinero. Pudimos vivir un poco mejor durante un tiempo.
Fue cuando me compré la moto.
c,o) 30 c.o)
de mî, que yo no sabia mantener bien la doble cara y que habia
encontrado un trabajo. Recuerdo que la noche antes hab(an
asaltado la comis arîade Concepcidn, volaron el puente y lanzaron
durante una hora proclamas por la radio. Cuando lo enconffé, eI
comandante estaba hecho una fiera. Me insultô de arriba abajo y
me amenazî con mandarme otra vez ala câtce| o si no, me drjo,
apareceria muerto en cualquier zanja. O sea que a trabajar en
serio, queria datos precisos, sabfa que yo pasaba informes poco
claros, me puso contra las cuerdas diciendo que ellos sabian que
habiavenido gente de Buenos Aires y que amîtambién me tenian
vigilado.
Supe que estaba perdido y teniaque ponerme de su lado. Querîa
los nombres de todos los que estaban llegando. Le dije que yo no
podfa saberlo, estâbamos organizados en estructuras celulares y
mâs allâ de la frontera del ingenio no conocfa a nadie. No me
creyô. Le dije, tratando de defenderme, que 1o rinico que
haciamos era leer enormes libros de economia polf tica,discutir el
periôdico, repartirlo y estudiar los capftulos para explicarlos en
las reuniones. Se enfurecid todavfa mâs y me dijo que a mi
también me estaban sorbiendo el seso, que los asaltos a las
comisarias y a los camiones de leche no se haciancon libros sino
con armas, o sea que a ubicar claramente dônde estaban y quién
las tenia. Ese era mi trabajo, necesitaba los informes râpido.
c,o) st e.o)
La comp aflera Ana. Mi Pelada, como me gustaba decirle
cuando la llevaba en la moto y venia a mi casa a preparar los
repartos de periddicos. Me volvfa loco. También frente al partido
llevâbamos en secreto nuestros encuentros. Ella me abrazaba, se
desnudaba lentamente y nos pasâbamos las tardes libres
besândonos y haciendo el amor. Lo hacfamos como si la vida se
acabara al dîa siguiente, como si en cualquier momento fuéramos
a separarnos para siempre. Fue sorprendente encontrar una mujer
tan joven, no ten(a mâs de diecisiete aflos, aunque siempre supe
que se aumentaba la edad, hablândome y explicândome 1o que le
gustaba y lo que no le gustaba, cômo debia hacerlo. Yo no estaba
acostumbrado, pero ella decia que eso eran taras, que la vergùenza
era una cosa que nos habian inculcado para hacernos infelices.
c,u) sz c&
todos se fueron, nosotros nos quedamos en mi casa. A ella le
gustaba dormir conmigo, pero apenas entramos empecé a decirle
que ya no la querîa, que mi responsabilidad de militante me
obligaba a terminar. Tenia que cortar y estaba dispuesto a hacerlo.
Me mird sorprendida y se puso furiosa, decia que estaba
mintiendo, recogid su bolsa y saliô al patio a buscar la bicicleta.
Me dijo que era una basura, un trepador partidario, y enojada se
fue pedaleando en medio de la noche.
Me desmoroné, pero estaba decidido a aguantar. Las cosas se
habian puesto muy dificiles parami y ya no iba a poder protegerla.
El comandante desconfiaba de mî y hay momentos en la vida en
que uno no puede andar con vueltas.
A los pocos dias aparecid el camiôn con los obreros que traîan
de Santiago y abrieron el ingenio después de acordonarlo con
polic(as. Nos reunimos para organizar la manifestaciôn en contra
de los rompehuelgas, era preciso que los retiraran y que la
patronal se sentara a negociar con los dos mil despedidos.
Ella volvid al ingenio con los otros, pero no me salud6. Pusimos
en los accesos al pueblo cubiertas de goma llenas de trapos,
preparamos los molotovs y montamos las guardias. La policia
tenia que retirarse y era necesario impedir que los que venfan de
refuerzo entraran.
Intenté acercarme y decirle que me perdonara, que por favor
fuera después de la manifestacidn a esconderse en mi casa. Sabia
que alli la policîa no iba a entrar. Me mirô con desprecio y me dijo
que empezaraa olvidarla, que sabfa cdmo cuidarse. Era tarde. Las
sirenas de los coches de la policia se acercaban, y ellos salieron
corriendo hacia las esquinas a rebolear los molotovs paracortarles
el paso. Las gomas ardieron de inmediato, pero mâs de trescientos
policias avanzaban en medio del humo tirando gases.
Râpidamente rodearon a la gente y empezaron a repartir palos,
varios sacaron las pistolas y escuchamos los disparos. La prensa
dijo que habîandisparado al aire, pero hubo dos muertos, muchos
heridos de bala y mâs de veinte detenidos.
c,u) x c,a)
Mientras duraron los allanamientos, un grupo vino a esconderse
a mi casa, pero ella no aparecid. Nunca mâs entrô por mi puerta.
Pidi6 a la direcciôn que el reparto de periddicos se organizara en
otra casa y lo consiguid. No fue sino mucho mâs tarde, en una
reunidn en que coincidimos por casualidad, cuando volviô a
hablarme. Me dijo simplemente que todo 1o que habia pasado
entre nosotros le habia ensefrado a pensar mejor, que no me
preocupara, que podiamos volver a hablar tranquilamente. A mf
no me preocupaba, simplemente no querfa volver a verla porque
me destr ozaba,perdia pie y no me 1o podia permitir.
un 34 C-o)
Itr
ct) 3s c.o)
23,10.1975
Caracol
Enla Puna elcaracol guardaelsonido delmar.
Asi mi cabeza guarda tu voz,los pliegues de tus manos, el
tronco del ârbol conazahares detrâs de tus ojos. Si te pintan los
dedos otta vez al apresarte, diles que no son tuyos, que tuS
lineas son la 6rbita de las galaxias ycualquier falso movimiento
descompensa a todos. Entonces, el cielo caerâoomo un golpe
sobrenosotros.
12.t2.t975
Sed
Nos han dejado un barro hediondo que no sirve para construir
unatazani un cuenco donde poder beber un poco de agua.
Dijiste desierto y el hombre asomô en la arena, volc6 la riltima
gota de la cantimplora, decidido a morir de sed sin estirar su
mano.
Nada de lo que nos han dejado sirve, ruinas, crueldades que no
quiero aprender.
También voy a morir de sed mientras el agua escapa de mis
manos.
15,12,75
<La ternura es un acto de insurgencia civil.>
cD) 36 e.O)
3.t.76
(Y)
Ojos que han llovido toda la tarde
sobre la orilla infranqueable.
<Y>, tallada en la planta de mis pies
c,u) s7 c.o)
c.o) s8 (0)
Cinta N.o 3
(Tucumén, con Marcos en el Edificio Berenstein, noviembre de
1eB4)
c,o) 3e e.o)
El comandante tuvo la deferencia de venir a verme
personalmente y me 1o advirtid. Me ordend controlar a mi prima.
Sabfan que Julia andaba metida en cosas raras, la tenian fichada.
Ellos no estaban dispuestos a coffer ningrin riesgo, ni a permitir
que informacidn reservada anduviera circulando por ahi como si
nada. Me recomendô que le dijera que se fuera lejos y abandonafa
los discursos en la facultad y las denuncias sin sentido. Siempre
han sido gente seria, ahora se ve claramente que cuando han
tenido que defender la democracialo han hecho a conciencia y se
han retirado a los cuarteles, es evidente que sin ellos este pais se
hubiera ido a pique. Ahora todo el mundo los acusa, pero nadie
piensa en que les tocd el trabajo sucio, los politicos siempre han
sido débiles pafa responder a las crisis.
Claro, la advertencia nos costd un aumento deI I07o en sus
comisiones, tenia elementos para presionar.
En ese tiempo yo llevaba un mes viéndola todos los dfas cuando
salia de la empresa para ir a mi casa, sentada en un kiosco de la
avenida Mitre, al mediodia, en medio de un calor tremendo.
Nunca me atrevî abajar del coche y preguntarle cômo estaba o
qué hacia. No pod(a acercarme, me producfa una especie de
alergia, era hiriente con sus comentarios y no respetaba a nadie.
Sin embargo, después de la advertencia del comandante fui a
verla. Todavîa 1o lamento, yo no podîa suponer el motivo que
teniapara estar sentada alli todos los dias, en un kiosco mugriento.
**t *{.*t
Antes, eran otros tiempos, nos encontrâbamos a la salida de la
facultad, o la pasaba a buscar por los talleres de la facultad de
Bellas Artes y nos ibamos a tomar café con sus amigos o a las
sesiones dobles del cine club.
C,O) 40 (-U)
se puso imposible y no aceptabaningrin tipo de ayuda. Menos arin
lamia.
Empezô a llamarme familiar>, eue es ese animal de la
<<e1
mitologia popular con forma de vivordn, inventado por los
patrones de los ingenios del siglo XVI, y encargado de hacer
desaparecer a los obreros conflictivos. Un animal de los sdtanos.
Dejé de ir a buscarla, nuestros encuentros fueron cada vez mâs
casuales; cuando ella llegaba alteraba a todo el mundo con su
charla y sus propuestas locas, no dejaba hablar a nadie. 561o a
B ernardo, el poet a, p ar ecîa escucharlo.
c0) 4r e0)
Me juré no volver a acompaflarlos y no volvi al bar; pero a la
semana siguiente me llamô para invitarme a un acto, a un
<<concierto de globos y
negros>> que hac(an en la PIaza
Independencia. No pude vencer mi curiosidad y fui. Supuse que
se trataba de mrisica.
(O) 42 C.O)
del azûcar como mariposas camufladas, o ese, peor aûn, en el que
estân todos velando al estudiante muerto en Cdrdoba.
iQué tendria que ver el arte con la explotacidn, con los obreros
azucareros, como a ella le gustaba decir cuando se le iluminaban
los ojos y creîa que saber y entender era cosa de todos? En una
provincia de ignorantes, de borrachos, de muertos de hambre,
quién iba a entender eso de <<Azûcar amargo>>. Aqui nadie queria
cambiar nada. Cuando el hambre aprieta, gritan un poco, llenan la
plaza, pero con cuatro palos bien dados, todo en orden ya
olvidarse. Basta ver cdmo estân de mansos ahora.
Cômo fue posible tanta irresponsabilidad , traer un hijo al
mundo sin tener nada cIaro, sin un futuro seguro, con ese marido y
su agrosociologia trasnochada, investigando planes de cultivo
rotativo que nadie iba a apoyar, jamâs. Por 1o menos tenia un
sueldo de profesor adjunto del que vivian malamente. Nosotros le
ofrecimos un empleo mejor, pero no quisieron dejarse ayudar por
la familia. Se fueron a vivir a la montafla. Ella querfa que el niflo
naciera cerca del otro mundo, en medio del pobrerîo. Federico iria
a escuelas-taller, decia, iban a crear nuevas formas de ensefi anza,
c0) 43 c,O)
Todavfa la escucho decirme como en una pesadilla: <<quien
puede simbolizar no enferma y pierde el miedo; eso es lo humano,
el resto, necesidad y robo a mano armada>>.
Aquel 8 de octubre en la plaza,, cuando la vi, supe que nada ni
nadie laharîa cambiar de idea ni entrar enrazones. Si ella amaba,
el mundo era amoroso, si ella habîa podido romper con su
educaciôn tan llena de taras, como le gustaba decir, todos podian
hacerlo, y por 1o tanto no habia nada que temer.
Ese dia, Martfn se acercô y le dijo que no tendrfan tiempo de
pintar la estatua, que lo mejor seria tirar los globos y dispersarse.
Recuerdo que 1o mir6, mirô los naranjos llenos de azahares, la
casa de gobierno atrâs, la policia con los bastones y los gases
preparados, las cuatro esquinas rodeadas. Después me pidi6 que
fuera con ellos a buscar una bolsa de corchos al bar mâs cercano.
Eran mâs de doscientos y segufa llegando gente. Casi todos
estudiantes. Cerca de la fuente repartieron los corchos y subida en
un banco, la acuerdo con sus zapatillas de basket y el vestido
suelto azul, diciendo que no les daban tiempo ni les dejaban pintar
la base de la estatua de la libertad con un luto negro en memoria
del asesinado compaflero Che Guevara. Pidiô que todos pintaran
en su frente con el corcho quemado una lfnea negra, y bajô
corriendo del banco. Estaba loca, delirante.
Empezaron a quemar y a pasarse los corchos, era increîble,
todos con una rayaen la frente pintada.
Pedro, otro de sus amigos de la facultad, debia decir un
discurso, pero apenas intentd subir a un banco, después de que los
globos rojos llenaran el cielo de la plaza, la policia empez1 a
avanzar por las cuatro diagonales, primero con los caballos al
paso y luego cargando
c.o) 44 c-o)
Sobre el humo de los gases flotaban casi trescientos globos
rojos.
Dos detenidos y cuatro o cinco heridos fue el saldo de semejante
estupidez. Meses mâs tarde les hubiera costado mâs de un muerto.
Cuando los encontré por la tarde en el ABC, estaban radiantes,
1o celebraban alrededor de una botella de vino barato y hablaban
en voz baSa. Nunca mâs acepté una invitacidn de Julia.
C,O) 4s C-0)
la biblioteca y la cocina hacia el patio, parasentarnos en los viejos
sillones de cafla, donde habiamos pasado otras tardes, un poco
mejores que ésa, cuando yo le lefa cuentos o jugaba con su
hermano alaledrez.
Fue hasta la cocina y volvid con dos copitas y la botella oscura
de vino patero. Estaba muy delgada y con una barriga graciosa
apenas apuntando debajo de uno de esos vestidos que siempre
usaba y que parecian camisas largas, con sus eternas sandalias
tucumanas. El pelo cortisimo, casi pelada, le daba un aire
ambiguo; seguia confundiéndome, con su boca grande y esos
movimientos como saltos de un gato siempre al acecho. Habîa
perdido la costumbre de hablar con ella, sabia que se estaba riendo
de mî, del joven ejecutivo en ascenso, sabia perfectamente que
muy en el fondo me despreciaba.
<<Seguramente te estâs volviendo rico y prepotente>>, me dijo
apenas me senté y nos reîmos, ellacon grandes carcajadas.
c,o) 46 C0)
Provincial de Ahorro que estaba frente al kiosco fue as4ltado y a
las pocas horas la detuvieron a ella, a Javier y a otros cinco mâs.
c,u) 47 c-d7)
Entonces se tranqûLizabay al rato se iba aI café a esperar alguna
noticia. Abandond la finc a, dejô por todos lados impagos , y la
cosecha de naranjas de ese aflo se pudrid en los ârboles. También
tuvimos que hacernos cargo de sus deudas. Tardô un aflo en
entender que no podfamos hacer nada para ayudar a Julia y en
volver a sus asuntos del campo.
Aida fue mucho peor. Directamente dejô de saludarrne, se
dedicd a hablar mal de mi con todo aquel que se cruzaba con ella,
decîa que yo era un cdmplice del ejército y que mi dinero estaba
podrido, como si yo tuviera la culpa de 1o que habia pasado, pero
eso si, pasaba regularmente a recoger los intereses de sus pocas
acciones.
Evidentemente, <el familiab>, el demonio de los sôtanos, fue el
papel que la familia entera me adjudic6, cuestionândome cada
uno de mis pasos. Estaban enfermos y no comprendieron nunca
hacia qué lugar se estaba dirigiendo Ia historia. Ellos eran
personajes del siglo pasado, vivian fuera, completamente al
margen de una realidad que los superaba.
Gracias a mi esfuerzo la empresa sigue en pie, ahora tenemos
las concesiones de la terminal de autobuses que ha sido
privatizada, nuevas obras en marcha, flotas de camiones,
transportes en general. Avanzamos hacia el futuro, eso al menos
estâ claro.
c,u) 48 C0)
Y
4.10.t972
Cancidn deM.
Hu eIIa, hu ell a, hu ellit a
mi corazôn
Alûmbrame eI camino
queyamevoy.
Hu eIIa, hu ella, hu ellit a
mi colorâ.
c,o) 4e c-u)
Yano me quedanada
todolohe dado.
Canci6nsefardi.
10,10.72
No huy ferocidad semejante a la traiciôn. La primera
obligaci6n de un preso es fugarse,yTo me iré sin llevar ningrin
rencorconmigo.
c,u) s0 c-o)
Cinta N.o 4
(Tucumén, Margarita Gômez, Sala de visitas de la cércel del Buen
Pastor, marzo de 1982)
e acuerdo cuando llegd con el vientre enorme y como
flotando
c,o) sI c.o)
No me importd que las monjas nos llamaran la atencidn en el
sermdn de la tarde, una no podia pasarse la vida callada y
obedeciendo a r qatabla.
Nosotras sabiamos hacer estrellitas con el papel de los
cigarrillos y nos pusimos a plegarlas mientras hablâbamos; le
regalé una grande, bien hecha, para el pelo, y ella se la puso con
una horquilla, cerca de la frente. Asî empezamos a ser amigas.
c,o) s2 c-o)
que quisieran o aplicarles eso que ella llamaba la ley de fugas.
Fusilarlos.
Me lo decîa con una tranquilidad que daba miedo, y apenas
teniadieciocho aflos.
Empezô a sentarse en nuestra mesa en las comidas. Me di
cuenta de que la Dora, haciéndose la tonta, también se acercd al
dia siguiente parasaber de qué hablâbamos.
La Dora era la alcahueta de las monjas, la <fiel cordera>> como le
deciamos, pobre Dora, tenîa perpetua y ya llevaba diez aflos
adentro. Habia aprendido a sobrevivir como podia; sabiamos
ademâs que era la novia de la madre Coruzôn y que algunas
noches se quedaba hasta muy tarde con ella, fuera del pabelldn
donde nos encerraban a todas paradormir. Era su preferida, o sea
que frente a la Dora, acallat.
c,o) $ e-o)
en el suelo, se agarraba los brazos por atrâs, se quedaba quieta,
como ida, y volvîa aempezar una y otravez,todos los dfas, mâs de
una hora.
c.o) s4 c.o)
ni ddnde caerme muerta, hasta la parcela chiquita nos quitaron
hace unos aflos y al menos ahi teniamos para sembrar; por eso
terminamos en la villa, cerca de Don Bosco, por la salida al sur.
Cuando vino el gobernador de visita con un montôn de coches a
Iafâbricade pilas que estâ al lado, paraque los ranchos no se vean
nos pusieron alrededor toda una pared de vallas, de esas que estân
pintadas, con colores fuertes y fotos grandes de <<Marlboro el
sabor americano>> y supermercados <Al hogar feliz>>.
c,u) ss c.o)
A la Mari, la de mi causa, le va a ir mejor. Ella puede volver a
trabalar como antes, cuando nos poniamos estrellitas de verdad en
el pelo bien peinado y nos daban una cena también antes de abrir
el Samarkanda. Dos fichas por baile, una para nosotras y otra para
la casa, sin derecho a consumicidn pero siempre nos invitaba
alguien. Todo bien desinfectado y con un bidet en cada una de las
dos plantas.
c,o) s6 e.u)
Lo gracioso era ver a la monja leer las hojas y empezar a
acalorarse, se abanicaba, se ponia muy colorada de a ratos,
mientras la Julia esperaba mirândola, sonriendo sin que se le
notara, como ella sabia hacer, hasta que por fin la monja
empezaba a persignarse, decîa algo, seguro que un padre nuestro,
y partiaa llevar Iacartaa la oficina de la guardia.
Recuerdo la noche que empezô con las contracciones.
Fuimos Mari y yo corriendo a llamar a la superiora, golpeamos
la puerta del pabell1ntratando de que nos escuchara, pero la Dora
nos dijo que no nos metiéramos en lios, que ella se ocuparfa de
confirmar que eran de verdad contracciones y avisar; siempre
decîaque las polfticas mienten parafugarse.
La madre Corazôn tardd en abrir la puerta, mientras la Julia
empezaba a preparar su bolso y le gritaba no sé que cosas de la
negligencia criminal; ella s( sabfa de leyes y derechos de los
presos.
c,o) s7 c-o)
La llevaron arriba, aIa secciôn de madres, dondehabia otras
nueve con niflos menores de dos aflos. Pasaron varios dfas antes
de poder escaparme del lavadero parasubir a verla.
c0) s8 c0)
empezaton a llorar normalmente, las madres subian a atenderlos,
pero las monjas se dieron cuenta y la castigaron dos semanas sin
patio.
Por fin, ya hartas, decidimos no entrar en los talleres si la cosa
no cambiaba. Hubo amenazas, pero no pudieron. Tuvieron que
aceptar de mala ganaque cuatro de las nueve madres se quedaran
arcibahaciendo costura y bordado para atender a los hijos.
Ella también se quedaba arciba, se pasaba horas mirando
fijamente las montaflas que se veian claritas detrâs de los tejados.
Yo pensé que estaba planeando descolgarse, se lo pregunté, pero
contestaba siempre lo mismo: 6Te das cuenta 1o azules que son las
montafras? Era cierto, hay mâs de siete cadenas, una mâs azul que
laotra.
Algunos dîas se ven las formas de los ârboles que las cubren,
con esas nubecitas que parecen colgadas de lo alto.
Lo recuerdo como si fuera hoy, el aire oLîa a café del tostadero
que habia ala vuelta y, aunque ella no me lo dijera, yo sabfa que
s61o pensaba en escaparse.
Los domingos tenemos dia de visita largo. Ese sâbado bajd con
Federico al comedor, y yo senti que se estaba despidiendo de
nosotras y del niflo sin decir nada. El ya tenia seis meses y era
alegre y lleno de vida, siempre inquieto, pero sano.
Estaba contenta y hasta consiguiô que la Nilda, la que envenend
al hermano con raticida y que siempre estaba deprimida, se riera
en la mesa con sus cuentos y huevadas.
c,o) se c.o)
El domingo, las visitas empezaron como siempre a las cuatro de
la tarde, en la sala de adelante donde la monja Agustina habîa
montado un pequeflo servicio de bar, un refrigerador con coca
cola y fantanarar4ao limdn que nos vendîa al doble que afuera,
pero venfa la famili ay eralo importante.
Muchas no tenian ni visita y se pasaban los domingos sentadas
adentro sinhacernada.
Ella siempre tenîa la mesa llena, los abuelos, la hermana, la
madre o los suegros, pero ese dia s6lo vino su abogado, ese que se
notaba que a faltade alcohol tomaba sin cesar agua mineral, y era
tan simpâtico y grandote y se reia todo el tiempo; también vino la
suegra, pero se fue al rato con Federico de paseo. Ellos se habian
sentado como siempre, cerca de la primera puerta de rejas que nos
separaba del pasillo y de la puerta principal, blindada, de la calle.
ou) 60 c.u)
La metralla no consiguid hacer saltar la cerradura y la llave
habîaido a parar al otro patio.
Vi Ia cara de Julia, vi que miraba a los hombres de las
metralletas y les decia desesperada <<ison diez minutos, ya son
diez minutos !>>, y la vi buscar mâs llaves en el cuerpo de la monja
y empujarla contra la pared con toda su fuerza ,y lavi demrmbarse
mientras sus amigos retrocedian y volvfan a la calle después de la
tercera r âfaga, que no consi gui6 abrir la maldita puerta.
'Todo esto pasd en pocos minutos y
nosotros estâbamos
aterrados contra la pared del fondo, la monja sin cofia y pelada,
con el hâbito roto, los policfas levantândose a los gritos pero sin
pistolas, la gente sollozando bajito y la Agustina maldita que pasa
al frente y manda abrir la puerta del patio, cuando todo habîa
terminado.
La madr e Corazhn apareci6 desde el interior con las llaves en la
mano, las que Agustina habîatirado, y fue directamente a abrir la
puerta principal para que las visitas salieran, mientras ella seguia
demrmbada en la silla, como paralizada, como no viendo nada de
lo que estabapasando.
La Teresa estaba a su lado, igual, pâlida.
Cuando la gente termind de salir entraron tres policias y cuatro
soldados. Uno de ellos Iaagarrô por los pelos y el otro a la Teresa
del cuello, y las llevaron por el medio del patio hasta el fondo,
donde estân los calabozos de castigo, con las monjas detrâs,
chillando y persignândose.
Abrieron el calabozo y las metieron dentro por dos semanas,
incluido el pobre Federico, que se quedô todo ese tiempo sin
patio.
En la pared todavîase notan las marcas de los balazos, por mâs
que los tapan. Pero no hubo heridos, sdlo la Agustina tenia el ojo
morado y algunas magulladuras en la cara. De los brazos no
sabemos nada. Ya sabe, son monjas y van todas cubiertas de
mucho trapo.
c,u) 61 C-o)
c,o) 62 c0)