Desde el punto de vista de Scheler, los valores no pueden ser obtenidos, explicados ni
entendidos por medio de la razón. Son descubiertos y explorados a partir de los
sentimientos emocionales, es decir, por medio de experiencias relacionadas y
enfocadas en la demostración y práctica de actitudes y acciones que pueden ser
beneficiosas para nosotros u otra persona y por consiguiente, causen algún tipo de
felicidad o sensación positiva. Esta es la base para posteriormente asignarle con la
categoría de “valor” a los sentimientos y sensaciones originadas en tales acciones.
Se nos habla sobre el origen de los valores, los mismos siempre son descubiertos, pero
nunca creados. Puede haber varios “sujetos” o “entidades” que efectúan dicho
descubrimiento, los santos, los genios, los héroes, fundadores de religión y las
características que identifican a los valores dependiendo de quién fue su descubridor.
El ejemplo por excelencia el de Jesús de Nazareth al revelar el valor de la caridad, que
hasta ese momento había sido ignorado por las personas, hecho por el cual se podría
confirmar la teoría que los valores son descubiertos en lugar de creados; cuando una
persona efectúa cierto comportamiento desconocido para los demás, que mejora y
potencia la calidad de vida de otros individuos y se le asigna un nombre, se “descubre”
el valor.