COLMOS
1. ¿Sabes cuál es el colmo de un calvo?
Tener ideas descabelladas.
2. ¿Cuál es el colmo de un pastor?
Quedarse dormido contando ovejas.
3. ¿Cuál es el colmo de una oca?
Que le guste jugar al parchís
4. ¿Cuál es el colmo de una botella?
Resfriarse por dormir destapada
5. ¿Cuál es el colmo de un gallo?
Que se le ponga la piel de gallina?
ADIVINANZAS
1. Choco entre dos paredes
late mi corazón.
Quien no sepa mi nombre
es un cabezón.
Respuesta: el chocolate.
2. Blanca por dentro,
verde por fuera.
Si no sabes,
espera.
Respuesta: la pera.
3. Un señor gordito,
muy coloradito,
no toma café,
siempre toma té
Respuesta: el tomate.
4. Oro parece, plata no es.
Abran las cortinas,
y verán lo que es.
Respuesta: el plátano.
5. Lo come Pancracio,
está en el champán;
si piensas despacio
sabrás que es el...
Respuesta: el pan.
HISTORIAS
la lechera
“Érase una vez una joven lechera que llevaba un cubo de leche en la cabeza, camino al
mercado para venderla. Durante el camino, la soñadora joven iba imaginando lo que podría
lograr conseguir con la leche. Pensó que en primer lugar y con el dinero de la venta
compraría un canasto de huevos, los cuales una vez eclosionaran le permitiría montar una
pequeña granja de pollos. Una vez estos crecieran podría venderlos, lo que le daría dinero
para comprarse un lechón.
Una vez este creciera la venta del animal bastaría para comprarse una ternera, con la leche
de la cual seguiría obteniendo beneficios y a su vez podría tener terneros. Sin embargo,
mientras iba pensando todas estas cosas la joven tropezó, lo que provocó que el cántaro
cayera el suelo y se rompiera. Y con él, sus expectativas hacia lo que podría haber hecho
con ella.”
Este cuento, que cuenta con versiones de Esopo y La Fontaine (siendo este último el que
hemos reflejado), nos enseña la necesidad de vivir en el presente y que a pesar de que soñar
es necesario también debemos tener en cuenta que ello no basta para lograr nuestros
propósitos. Inicialmente, es una pequeña historia que nos avisa de tener cuidado con que la
ambición no nos haga perder el sentido.
Asimismo, en algunas adaptaciones se incluye también un diálogo posterior entre la
lechera y su madre, quien le cuenta que gracias a tener fantasías parecidas pudo lograr
montar una granja: en este caso es una reflexión de que necesitamos soñar y ambicionar,
pero cuidando lo que hacemos para llegar a cumplir los objetivos, además de no rendirnos
ante el primer tropiezo u obstáculo.
2. La sospecha
“Érase una vez un leñador el cual un día se dio cuenta que no tenía su hacha. Sorprendido y
con lágrimas en los ojos, se encontró cerca de su casa al vecino, quien como siempre lo
hacía le saludó sonriente y amablemente.
Mientras éste entraba en su casa, el leñador de repente empezó a sospechar y pensar que tal
vez hubiese sido el vecino quien le había robado el hacha. De hecho, ahora que lo pensaba
bien su sonrisa parecía nerviosa, tenía una mirada extraña e incluso hubiese dicho que le
temblaban las manos. Bien pensado, el vecino tenía la misma expresión que un ladrón,
caminaba como un ladrón y hablaba como un ladrón.
Todo ello iba pensando el leñador, cada vez más convencido de haber encontrado al
culpable del hurto, cuando de repente se dió cuenta de que sus pasos le habían llevado de
nuevo al bosque donde había estado la noche anterior.
De pronto, tropezó con algo duro y cayó. Cuando miró al suelo...encontró su hacha! El
leñador volvió de nuevo a su hogar con el hacha, arrepentido de sus sospechas, y cuando
vio de nuevo a su vecino vio que su expresión, andar y manera de hablar eran (y habían
sido en todo momento) las de siempre.”
Esta historia corta, la cual forma parte de muchas tradiciones pero al parecer tiene su origen
en China, nos sirve para aprender que a veces nuestros pensamientos y sospechas nos
hacen tener percepciones distorsionadas de la realidad, pudiendo llegar a malinterpretar
situaciones y personas con gran facilidad. También nos enseña a no acusar a alguien
gratuitamente hasta tener pruebas reales de aquello de lo que le acusamos.
3. La gallina de los huevos de oro
“Érase una vez una pareja de granjeros que, un día, descubrieron en uno de los nidos en los
que criaban gallinas un huevo de oro macizo. La pareja fue observando que el ave producía
tal prodigio día tras día, obteniendo cada día un huevo de oro.
Reflexionando sobre qué era lo que hacía que la gallina en cuestión tuviese esa habilidad,
sospecharon que que ésta poseía oro en su interior. Para comprobarlo y obtener todo el oro
de una vez, mataron a la gallina y la abrieron, descubriendo para su sorpresa que por dentro
la prodigiosa ave era igual a las demás. Y también se dieron cuenta que, en su ambición,
habían acabado con aquello que les había estado enriqueciendo.”
Esta fábula, asociada a Esopo aunque también versionada por autores como Samariaga o La
Fontaine y que en ocasiones nos habla de una gallina y en otras de un ganso, nos enseña la
importancia de dejar de lado la codicia, ya que nos puede conducir a perder lo que
tenemos.
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4. El maestro zen
“Érase una vez, durante una guerra civil en la época feudal, un pequeño poblado en el que
vivía un maestro zen. Un día, llegó a ellos la noticia de que un temible general se dirigía en
su dirección para invadir y tomar la zona. El día anterior a la llegada del ejército toda la
aldea huyó, con la excepción del anciano maestro. Cuando llegó el general, tras encontrar la
aldea prácticamente desierta y sabiendo de la existencia del anciano, ordenó que el maestro
zen se personase ante él, pero este no lo hizo.
El general se dirigió rápidamente hacia el templo donde el maestro descansaba. Furioso, el
general sacó su espada y se la acercó a la cara, gritándole que si no se daba cuenta de que
estaba simplemente parado delante de quien podría atravesarle en un instante. Con total
tranquilidad, el anciano maestro le contestó que precisamente el general estaba ante alguien
que podía ser atravesado en un instante. El general, sorprendido y confuso, terminó
haciéndole una reverencia y marchándose del lugar.”
Esta historia corta refleja la cualidad del autocontrol emocional y el valor de tener la
capacidad de mantenerse sereno en cualquier circunstancia. La cuestión es que
cualquier cosa puede pasarnos en cualquier momento, y perturbarnos ante ello no nos
conduce a nada.
5. El zorro y las uvas
“Había una vez un zorro que caminaba, sediento, por el bosque. Mientras lo hacía vio en lo
alto de la rama de un árbol un racimo de uvas, las cuales deseó al instante al servirle para
refrescarse y apagar su sed. El zorro se acercó al árbol e intentó alcanzar las uvas, pero
estaban demasiado altas. Tras intentarlo una y otra vez sin conseguirlo, el zorro finalmente
se rindió y se alejó. Viendo que un pájaro había visto todo el proceso se dijo en voz alta que
en realidad no quería las uvas, dado aún no estaban maduras, y que en realidad había
cesado el intento de alcanzarlas al comprobarlo.”
Otra interesante historia corta en forma de fábula que nos enseña que a menudo nos
intentamos convencer a nosotros mismos de no querer algo e incluso llegamos a despreciar
dicho algo por el hecho de que encontramos difícil llegar a alcanzarlo.
RELATOS
las dos vasijas
Un aguador de la India tenía sólo dos grandes vasijas que colgaba en los extremos de un
palo y que llevaba sobre los hombros. Una tenía varias grietas por las que se escapaba el
agua, de modo que al final de camino sólo conservaba la mitad, mientras que la otra era
perfecta y mantenía intacto su contenido. Esto sucedía diariamente. La vasija sin grietas
estaba muy orgullosa de sus logros pues se sabía idónea para los fines para los que fue
creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de
no poder cumplir correctamente su cometido. Así que al cabo de dos años le dijo al
aguador:
–Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo
obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.
El aguador le contestó:
–Cuando regresemos a casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del
camino.
Así lo hizo la tinaja y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo de la vereda;
pero siguió sintiéndose apenada porque al final sólo guardaba dentro de sí la mitad del agua
del principio.
El aguador le dijo entonces:
–¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Quise sacar el lado
positivo de tus grietas y sembré semillas de flores. Todos los días las has regado y durante
dos años yo he podido recogerlas. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y
tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza. Todos somos vasijas agrietadas
por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener
buenos resultados.
El hombre que contaba historias
Había una vez un hombre muy querido en su pueblo porque contaba historias. Todas las
mañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo,
tras haber bregado todo el día, se reunían a su alrededor y le decían:
–Vamos, cuenta, ¿qué has visto hoy?
Él explicaba:
–He visto en el bosque a un fauno que tenía una flauta y que obligaba a danzar a un corro
de silvanos.
–Sigue contando, ¿qué más has visto? –decían los hombres.
–Al llegar a la orilla del mar he visto, al filo de las olas, a tres sirenas que peinaban sus
verdes cabellos con un peine de oro.
Y los hombres lo apreciaban porque les contaba historias.
Una mañana dejó su pueblo, como todas las mañanas… Mas al llegar a la orilla del mar, he
aquí que vio a tres sirenas, tres sirenas que, al filo de las olas, peinaban sus cabellos verdes
con un peine de oro. Y, como continuara su paseo, en llegando cerca del bosque, vio a un
fauno que tañía su flauta y a un corro de silvanos… Aquella noche, cuando regresó a su
pueblo y, como los otros días, le preguntaron:
–Vamos, cuenta: ¿qué has visto?
Él respondió:
–No he visto nada.
PADRE (Francisco Rodríguez Criado)
Nada más entrar, se sentó a la barra y pidió un café solo. Mientras pagaba, miró de reojo al
centro de la sala. Aquel humo, aquel jolgorio, aquel humor desmedido que a veces se
tornaba en violencia, amenazas o insultos… No todo el mundo sabe perder.
Inquieto por que él estuviera allí, mirándome de reojo, al cabo de pocos minutos dejé las
cartas sobre la mesa, apagué el cigarrillo contra el cenicero y me dirigí hacia él. Intuyendo
mi acercamiento, dejó una moneda sobre la barra y salió del bar. Aceleré un poco y justo
cuando bajaba el último peldaño le cogí suavemente de una manga.
Mi padre, encorvado, mi padre, cansado, mi padre, las manos agrietadas de tanto trabajar
desde que era niño, me miró con los ojos vidriosos. Su rostro era un mural de la decepción.
El abrigo le quedaba holgado, y los pantalones, y la mirada. Todo le quedaba holgado a mi
padre aquella fría tarde.
–Padre, yo…
Mi padre se echó a caminar, dándome la espalda. No dijo una sola palabra, y eso me dolía
más que cualquier reproche.
Lo vi caminando solo, en dirección a casa, despacio, con todo el peso del mundo en sus
espaldas. Sentí que mi padre había perdido de una vez por todas a su único hijo.
–Padre…
Entonces eché a correr hacia él y lo encaré.
–Espere un momento. Debo pagar la consumición… las consumiciones… No quiero que
me tachen de mal pagador. Es solo un segundo. No se vaya, por favor. Le acompañaré a
casa.
Hizo una mueca y yo corrí al bar. Pagué la bebida y regresé adonde estaba mi padre, que
había aprovechado para sentarse en un banco.
–Padre –le dije mientras nos echábamos a caminar–. Lo dejaré. Le juro que dejaré esta vida.
Esta vez lo digo muy en serio. Lo juro por mi pequeña hija.
Mi padre, hasta ese momento mudo, se puso en pie, se giró y me dijo con tono lapidario.
–Soy yo quien te jura por mi santa madre, que en paz descanse, que si no cumples tu
palabra, no volveré a dirigirte la palabra.
–Lo juro, padre. Esté seguro de ello.
Pero la verdad es alma casquivana: yo no dejé aquella vida ni mi padre dejó de hablarme
hasta el último de sus días.
CUANDO LA MUERTE VINO A BAGDAD (Idries Shah)
El discípulo de un Sufi de Bagdad estaba un día sentado en un rincón de una posada,
cuando oyó hablar a dos personas. Por lo que decían, se dio cuenta de que uno de ellos era
el Ángel de la Muerte.
“Tengo varias visitas que hacer en esta ciudad durante las próximas tres semanas”, decía el
Ángel a su compañero.
Aterrorizado, el discípulo se ocultó hasta que ambos hubieron partido. Entonces, aplicando
su inteligencia al problema de cómo frustrar una posible visita de la muerte, resolvió que si
se mantenía alejado de Bagdad, no sería tocado. Solo hubo un corto paso entre este
razonamiento y alquilar el caballo más veloz disponible y espolearlo día y noche en
dirección a la lejana ciudad de Samarcanda.
Mientras tanto, la Muerte se encontró con el maestro sufí y hablaron sobre diversas
personas. “¿Y dónde está tu discípulo tal y tal?”, preguntó la Muerte.
“Debería estar en algún lugar de esta ciudad, empleando su tiempo en contemplación, quizá
en un caravasar”, dijo el maestro.
“Sorprendente”, dijo el Ángel, “pues está en mi lista. Sí, aquí está: tengo que recogerlo
dentro de cuatro semanas, nada menos que en Samarcanda”.
EL ÚLTIMO PARTIDO DE ROSENDO BOTTARO (Alejandro Dolina)
Había jugado muchos años en primera. Ahora unos muchachos lo habían convencido para
que integrara un cuadrito de barrio en un torneo nocturno: «Con usted Bottaro, no podemos
perder».
Bottaro no era un pibe pero tenía clase. Confiaba en su toque, en su gambeta corta, en su
tiro certero. Su aparición en la cancha mereció algún comentario erudito: «Ese es Bottaro,
el que jugo en Ferro o en Lanús…». Se permitió el lujo de algunos malabarismos truncos
antes de empezar el partido.
La noche era oscura y fría. Las tristes luces de la cancha de Urquiza dejaban amplias
llanuras de tinieblas donde los «wines» hacían maniobras invisibles. En la primera jugada,
Bottaro comprendió que estaba viejo. Llego tarde y él sabía que la tardanza es lo que
denuncia a los mediocres: los «cracks» llegan a tiempo o no se arriesgan.
Pero no se achicó. Fue a buscar juego más atrás y no tuvo suerte. Luego se mezcló con los
delanteros buscando algún cabezazo y la pelota volaba siempre muy alto. Apeló a su
«pasta» de organizador: gritó con firmeza pidiendo calma o preanunciando jugadas, pero
sus vaticinios no se cumplieron. Ya en el segundo tiempo dejó pasar magistralmente una
pelota entre sus piernas, pero el que acompañaba la jugada no entendió la «agudeza».
Después se sintió cansado. Oyó algunas burlas desde la escasa tribuna. En los últimos
minutos no se lo vio más. A decir verdad, cuando terminó el partido, ya no estaba. Lo
buscaron para que devolviera su camiseta, pero el hombre había desaparecido. Algunos
pensaron que se había extraviado por las sombras del lateral derecho.
Esa noche, unos chicos que vendían caramelos en la estación, vieron pasar a un hombre
viejo, canoso, vestido con casaca roja y pantalón corto. Dicen que iba llorando…
Tipos de fuentes según el formato
Fuentes generales
La fuente de información general ofrece información amplia y básica sobre un tema como
definiciones, contexto histórico o principales exponentes.
Entre este tipo de fuente es posible encontrar manuales, enciclopedias, anuarios y revistas de
información general.
– Fuentes especializadas
Las fuentes especializadas presentan información relativa a una materia o asunto determinado y
se dirige a un grupo específico.
Dentro de este tipo de fuentes es posible encontrar bases de datos y revistas especializadas.
Según el formato o soporte de las fuentes de información, estas se clasifican en:
– Fuentes textuales
Las fuentes textuales contemplan información que se presenta en forma de texto como libros,
periódicos, revistas, etc.
– Fuentes audiovisuales
Las fuentes de tipo audiovisual incluyen material en video o en audio como CDs, DVDs, o
multimedia.
– Fuentes digitales
Son todas las fuentes que requieren el uso de un dispositivo digital para acceder a ellas; entre
estas es posible encontrar repositorios de información, información geográfica, etc.
De acuerdo con el canal utilizado las fuentes de información son de dos tipos:
– Fuentes orales
Este tipo de fuente de información no aparece en forma escrita y es necesario ir a buscarla en el
lugar en el que se encuentre.
Forma parte de este tipo de información los relatos orales, los testimonios, etc.
Fuente primaria
Algunos ejemplos de fuentes primarias pueden ser las que a continuación se enumeran:
Libros que traten de la época sobre la que se está investigando
es una obra impresa, manuscrita o pintada en una serie de hojas
de papel, pergamino, vitela u otro material, unidas por un lado (es
decir, encuadernadas) y protegidas con tapas, también llamadas cubiertas. Un
libro puede tratar sobre cualquier tema.
Memorias
Se denomina memorias a aquel relato que de una forma más o menos fiable
describe los hechos y acontecimientos que el autor ha vivido como protagonista o
testigo.
Cartas
Una carta es un medio de comunicación escrita por un emisor (remitente) y enviado a
un receptor (destinatario).
Normalmente, el nombre y la dirección del destinatario aparecen en el frente del sobre,
el nombre y la dirección del remitente aparecen en el reverso del mismo (en el caso de
sobres manuscritos) o en el anverso (en los sobres preimpresos).
Entrevistas
Una entrevista es un diálogo entablado entre dos o más personas: el
entrevistador formula preguntas y el entrevistado las responde. Se trata de una
técnica empleada para diversos motivos, investigación, medicina y selección de
personal. Una entrevista no es casual sino que es un diálogo interesado con
un acuerdo previo e intereses y expectativas por parte tanto del entrevistador
como del entrevistado.
Autobiografías
La autobiografía es la narración de una vida o parte de ella, escrita por el propio
protagonista, mostrando su nacimiento, sus logros, sus fracasos, sus gustos, sus
experiencias, reconocimientos y los demás acontecimientos relevantes que haya
vivido o a que haya asistido.
Diarios o revistas de la época
Manuscritos
Discursos