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Principios de Generosidad Cristiana

Este documento presenta los principios bíblicos de la generosidad según 2 Corintios 9:6-15. Resume que (1) dar es como sembrar y la generosidad trae abundantes cosechas, (2) los dadores felices agradan a Dios, y (3) Dios provee tanto lo necesario para dar como el espíritu de generosidad.

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Principios de Generosidad Cristiana

Este documento presenta los principios bíblicos de la generosidad según 2 Corintios 9:6-15. Resume que (1) dar es como sembrar y la generosidad trae abundantes cosechas, (2) los dadores felices agradan a Dios, y (3) Dios provee tanto lo necesario para dar como el espíritu de generosidad.

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LOS PRINCIPIOS DE LA GENEROSIDAD

2Corintios 9:6-15

El que no tiene la generosidad como don, lo debe de practicar como disciplina.

Este pasaje nos presenta un resumen de los principios generales de la generosidad en el dar.

I. Pablo insiste en que nadie sale perdiendo por ser generoso.

Dar es como sembrar. El que es tacaño a la hora de sembrar no puede esperar más que
una pobre cosecha, mientras que el que es generoso en la siembra, a su debido tiempo
recogerá una cosecha generosa. El Nuevo Testamento es un libro tremendamente
práctico, y una de sus características es que no le tiene ningún miedo al tema de las
recompensas. Nunca dice que la bondad no sirve para nada. Nunca se olvida de que hay
algo nuevo y maravilloso que llega a la vida del que acepta la voluntad de Dios como su
ley. Pero las recompensas que prevé el Nuevo Testamento no son nunca materiales. No
nos promete la riqueza del dinero, sino la del corazón y el espíritu. Entonces, ¿qué es lo
que puede esperar la persona generosa?

(a) Será rica en amor.

Más adelante volveremos a este punto. Siempre será verdad que a nadie le gustan los tacaños, y
que la generosidad puede tapar muchos defectos. La gente prefiere un corazón cálido, aunque su
misma temperatura le pueda llevar a excesos, a un corazón frío y calculador.

(b) Será rica en amigos.

“El que quiera tener amigos tendrá que empezar por ser un buen amigo” (Prov. 18:24 ). Una
persona inamable no puede esperar nunca que la amen. El hombre cuyo corazón sale al encuentro
de los demás siempre encontrará otros corazones que le salgan al encuentro.

(c) Será rico en ayuda.

Siempre llega el día en que se necesita la ayuda que otros le puedan prestar a uno. Por cierto: eso
de prestar, aunque no se tome literalmente, conlleva la idea de «Hoy por ti, mañana por mí.» Si
hemos sido insensibles cuando otros necesitaban nuestra ayuda, es probable que, cuando nos
haga falta la suya, nos paguen con la misma moneda. La medida que usemos al ayudar a otros
determinará la que se nos aplique, como dijo Jesús (Lucas 6:38 ).

(d) Será rico para con Dios.

Jesús nos ha enseñado que lo que hagamos por los demás es como si Se lo hiciéramos a Él; y
llegará el Día en que todas las veces que abrimos nuestro corazón y nuestra mano darán
testimonio a nuestro favor, y todas las veces que los cerramos, darán testimonio en contra nuestra
(Mateo 25:31 ss y Lucas 12:21 ). no podemos retener tesoros aquí, pero podemos enviarlos por
adelantado al cielo.
II. Pablo insiste en que es el dador feliz el que le agrada al Señor.

Dt. 15:7-11 establece el deber de la generosidad para con el hermano pobre, y el versículo 10
dice: «Y no serás de mezquino corazón cuando le des.»

ilustración: Había un dicho rabínico que decía que recibir a un amigo poniéndole buena cara pero
no darle nada era mejor que darle todo lo que fuera con cara de pocos amigos. Séneca decía que
dar con duda y retraso es casi peor que no dar en absoluto.

Aquí Pablo cita el Salmo 112:3; Salmo 112:9 , versículos que toma como una descripción de la
persona buena y generosa. Lanza su semilla, es decir, no es tacaño sino generoso en la siembra; da
a los pobres, y sus acciones son su crédito y su alegría para siempre.

Ilustración: Carlyle cuenta que una vez, cuando era niño, vino a su puerta un mendigo. Los padres
de Carlyle no estaban en casa, y él estaba solo. Movido por un impulso digno de su edad, rompió
su hucha y le dio al mendigo todo lo que tenía; y nos dice que nunca antes ni después de aquello
experimentó una felicidad comparable a la que le visitó entonces. No cabe duda de que hay un
gozo especial en el dar.

III. Pablo insiste en que Dios le puede dar a una persona tanto lo que tiene que dar como el
espíritu en que debe darlo. (gracia)

En el versículo 8 habla de la suficiencia que Dios nos otorga. La palabra que usa es autárkia. Era
uno de los términos característicos de los estoicos. No describe la suficiencia del que tiene toda
clase de cosas en abundancia, sino el estado del que dirige su vida, no a amasar riquezas, sino a
eliminar necesidades. Describe a la persona que ha aprendido a contentarse con el mínimo. Está
claro que esa persona podrá dar mucho más a otros porque necesita muy poco para sí. A menudo
la cosa es que queremos tanto para nosotros que no nos queda nada para los demás.

Y no sólo eso. Dios nos puede dar también el espíritu en que debemos dar.

Ilustración: Los servidores nativos de Samoa de Robert Louis Stevenson le querían mucho. Uno de
los muchachos solía despertarle por las mañanas con una taza de té. En cierta ocasión vino otro
chico, que le despertó, no sólo con la taza de té, sino, además, con una tortilla apetitosa.
Stevenson le dio las gracias y le dijo: «¡Grande es tu previsión!» «No, mi amo -le contestó el
muchacho-: Grande es mi amor.» Dios es el único que puede ponernos en el corazón el amor que
es la esencia del espíritu generoso.

Pero Pablo dice más en este pasaje. Si nos introducimos en su pensamiento, descubrimos que
mantiene que el dar hace cosas maravillosas para tres personas diferentes.

(i) Hace algo por los demás.

(a) Alivia su necesidad. Muchas veces, cuando una persona está en las últimas, el regalo de otro
parece nada menos que un regalo del Cielo.

(b) Restablece su confianza en sus semejantes. A menudo sucede que, cuando uno está en
necesidad, le parece que todo el mundo es insensible, y se siente abandonado. Entonces, esa
ayuda le dice que el amor y la amabilidad no han desaparecido del mundo.
(c) Les hace dar gracias a Dios. Una ayuda en tiempo de necesidad es algo que lleva, no sólo
nuestro amor, sino también el de Dios a las vidas de otros.

(ii) Hace algo por nosotros.

(a) Autentica nuestra profesión cristiana. En el caso de los corintios, eso era especialmente
importante. No cabe duda de que la iglesia de Jerusalén, que sería casi totalmente judía, miraría
todavía con recelo a los gentiles, y se preguntaría para sus adentros si el Evangelio podía ser para
ellos de veras. El hecho de la colecta de las iglesias gentiles debe haberles asegurado la
autenticidad del cristianismo gentil. Si una persona es generosa, eso les hace ver a los demás que
pone su cristianismo no sólo en palabras sino también en Hchhos. (b) Nos hace acreedores al amor
y a las oraciones de otros. Lo que más se necesita en el mundo es algo que enlace a cada uno con
sus semejantes. No hay nada tan precioso como la solidaridad, y la generosidad es un paso
esencial en el camino de la unión real entre las personas.

(iii) Hace algo por Dios. Hace que se Le dirijan oraciones de acción de gracias. Los que ven nuestras
buenas obras no nos glorifican a nosotros sino a Dios. Es algo imponente el que podamos hacer
algo para que los corazones se vuelvan hacia Dios, porque eso Le produce alegría.

Por último, Pablo dirige el pensamiento de los corintios y de todos los lectores de su carta al Don
de Dios en Jesucristo, un Don tan maravilloso que no se agota jamás y cuya magnitud no se puede
expresar con palabras ni cifras; y, al hacerlo, les dice y nos dice Pablo: «¿Cómo vais a poder
vosotros, a quienes Dios ha tratado de una manera tan generosa, dejar de ser generosos con
vuestros semejantes?"

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