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Segunda de Corintios-Comentario

El documento resume las visitas de Pablo a Corinto y sus cartas a la iglesia de Corinto. Pablo fundó la iglesia de Corinto durante una visita de 18 meses, pero luego tuvo que escribir varias cartas para abordar problemas como la inmoralidad sexual y la oposición a su liderazgo. 2 Corintios parece haber sido escrita en varias secciones a lo largo del viaje de Pablo desde Éfeso a Macedonia, y aborda temas como el ministerio apostólico, una colecta para los santos pobres y la defensa de
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Segunda de Corintios-Comentario

El documento resume las visitas de Pablo a Corinto y sus cartas a la iglesia de Corinto. Pablo fundó la iglesia de Corinto durante una visita de 18 meses, pero luego tuvo que escribir varias cartas para abordar problemas como la inmoralidad sexual y la oposición a su liderazgo. 2 Corintios parece haber sido escrita en varias secciones a lo largo del viaje de Pablo desde Éfeso a Macedonia, y aborda temas como el ministerio apostólico, una colecta para los santos pobres y la defensa de
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A.

Visitas de Pablo a Corinto y sus cartas a los corintios

En tiempos de Pablo, Corinto era una ciudad próspera por su ubicación en una
encrucijada de rutas marinas del Mediterráneo. Con sus dos puertos, Licaonia al
oeste y Cencrea al este, en el istmo del Peloponeso, Corinto ocupaba un lugar
geográficamente céntrico. Inmediatamente hacia el norte de la ciudad, había una
ruta que atravesaba el estrecho istmo. Esta ruta era la que seguía el transporte de
mercancías del puerto del oeste al del este y viceversa. Como centro de servicio
comercial, Corintio se había convertido en residencia temporal o permanente para
una población que se estimaba en unos 80.000 habitantes.
Esta metrópolis era un reflejo del mundo de su tiempo y, consecuentemente, la
iglesia de Corintio era parte y reproducción de dicha imagen. Tanto el Libro de los
Hechos como la correspondencia de Pablo a los corintios cita a personas con
nombres latinos (p. ej.: Erasto, Fortunato). Algunos de sus miembros eran ricos,
otros tenía posibilidades suficientes, y otros eran esclavos.
Pablo llegó a Corinto en la primavera del año 50 y permaneció allí durante 18
meses.
Durante ese tiempo se dedicó a predicar el evangelio en la sinagoga local y, más
tarde, en casa de Ticio Justo (Hch. 18:4, 7). Aquí fundó la primera iglesia cristiana
del sur de Grecia.
Los líderes de la misma eran Crispo, Sóstenes, Gayo, Estéfanas, Fortunato y
Acaico (1 Co. 1:1, 14; 16:17). Poco tiempo después, Pablo recibió ayuda en su
ministerio: Timoteo y Silas vinieron de las iglesias de Macedonia, y los cristianos
de Éfeso enviaron a Apolos a Corinto (Hch. 18:5, 27–28). Así, cuando el apóstol
decidió marcharse del sur de Grecia, podía dejar la iglesia al cuidado de personas
capacitadas. Una vez que Pablo hubo fundado la iglesia de Corintio y decidió
separarse de aquellos cristianos, para ministrar a los de Éfeso, siguió siendo, no
obstante, su padre espiritual (1 Co. 4:15). Alejado geográficamente de los
corintios, les proveía de cuidado espiritual con sus epístolas. También les proveyó
de líderes con sus representantes Timoteo y Tito.
Los problemas que habían surgido en la comunidad de Corinto, exigían mucho
tiempo y trabajo de Pablo. Por ejemplo, aconsejarlos en su afán por la pureza
sexual, fue una labor desalentadora. Parecía que la carta inicial de Pablo había
sido mal interpretada por los corintios y había producido confusión. Por eso, en su
nueva epístola (1 Corintios), el apóstol dedicó tres capítulos a hablarles de
moralidad (5, 6 y 7). Había recibido información acerca de la iglesia de Corinto por
medio de varias fuentes: de miembros de la familia de Cloé, de una carta de la
iglesia que solicitaba asesoramiento acerca de cuestiones sociales y religiosas, y
de parte de una delegación conformada por tres hombres (1 Co. 16:17).
Después de que Pablo escribiera 1 Corintios, los problemas en la iglesia
continuaron humeando. Pablo había enviado a Timoteo y Erasto a Corinto, vía
Macedonia (Hch. 19:22; 1 Co. 16:10); pero Timoteo regresó (1:1), creemos, sin
resolver ningún problema. Cuando la situación empeoró, Pablo dejó Éfeso y se fue
para Corinto, cruzando el Egeo, para solucionar la cuestión del ofensor y la
ofensa. Su segunda visita, sin duda alguna, fue dolorosa (2:1).
Llegó a Corinto para dotar a la congregación de un liderazgo, pero se vio
desairado. Este rechazo lo hizo regresar a Éfeso, donde escribió su dolorosa carta
(2:1–4), que probablemente fue entregada por Tito. Por consiguiente, Pablo
encargó a Tito que arbitrara y restaurara el orden en la iglesia de Corinto y que,
dentro de un tiempo, lo informara.
Mientras tanto, Pablo se marchó de Éfeso, fue a Troas, y allí esperó el regreso de
Tito. Pero como Tito no llegaba, el apóstol viajó por tierra a Macedonia porque la
ruta por mar la había descartado durante el invierno. En consecuencia, debía estar
seguro de que, mientras caminaba hacia Macedonia, podía encontrarse con Tito
en el camino. En las paradas que tuvo que hacer en su desplazamiento, Pablo se
puso a escribir 2 Corintios, que parece haber sido redactada en periodos de
tiempo intermitentes. Cuando acababa de escribir el capítulo 7, tuvo la gran
alegría de ver que Tito había llegado sano y salvo, portando la noticia de que la
iglesia de Corinto deseaba poner en práctica la enseñanza de la Escritura y
someterse a la autoridad apostólica de Pablo. El tema de la ofensa y el ofensor
había tenido una conclusión satisfactoria. Por eso, la atmósfera espiritual de
Corinto había mejorado considerablemente, para gran satisfacción de ambos, Tito
y Pablo.
Al apóstol todavía le quedaba pendiente tratar otros dos problemas: la colecta
(caps. 8 y 9), y la creciente oposición a su apostolado (caps. 10–13). Otra vez
vuelve a tomar la pluma y comienza a escribir sobre la colecta para los santos de
Jerusalén que se han visto afectados por la pobreza, colecta que ya había
mencionado en 1 Corintos 16:1–4. Aunque él había promovido la colecta entre las
iglesias de Galacia, Macedonia y en Corinto, prefirió no verse personalmente
involucrado en esta labor, para evitar que alguien pudiera acusarlo de explotar a
los corintios (8:20–21; 12:17–18).
Los cuatro últimos capítulos de esta epístola fueron motivados por la creciente
influencia de los adversarios de Pablo, cuyas calumnias se centraban en su
autoridad apostólica (10:1– 2, 10). Estos capítulos demuestran que Pablo sabía
cómo reaccionar contra sus oponentes (12:16–18, 20). Escribió estos cuatro
capítulos a fin de preparar a los corintios ante su prevista tercera visita (13:1).

B. Diferencias

El tono y tenor de 2 Corintios eran diferentes de los de 1 Corintios, en que Pablo


discute temas prácticos de la iglesia. 2 Corintios presenta un discurso
profundamente teológico. Enseña verdades que no aparecen en ningún otro lugar
del Nuevo Testamento. Por ejemplo, estas verdades comprenden las enseñanzas
apostólicas sobre el nuevo pacto (2:12–4:6), las de nuestras moradas terrenal y
celestial (4:7–5:10), y la del ministerio de la reconciliación (5:11– 21). Estas
enseñanzas eran, frecuentemente, escritas en un ambiente bajo presión, como
reflejan sus citas a sus sufrimientos por Cristo (4:8–12; 6:4–10). Las palabras de
Pablo son un tesoro de verdades doctrinales.
Al escribir en un rollo antes que en hojas separadas de papel, Pablo quedaba
inhabilitado para cambiar cualquier cosa que hubiera dicho antes. Cuando Tito
llegó, el escritor ya no podía borrar sus anteriores y angustiados temores que
sobre él había expresado (2:13). Asimismo, si al principio Pablo hubiera oído los
buenos informes de Tito respecto a los corintios, él no les habría pedido que le
mostraran su afecto (6:11–13). Tenemos la impresión de que escribió su epístola a
intervalos durante su viaje de Éfeso a Troas y Macedonia. También fue a Ilírico (la
Albania de hoy día y la antigua Yugoslavia [Ro. 15:19]). Y sabemos que, de vez en
cuando, él respondía a las noticias de la iglesia de Corintio y a las que sobre ella
versaban. Este asunto se trata en detalle más adelante.
Es verdad que el flujo narrativo de 2 Corintios es inconexo en lo relativo a
ubicaciones y revela un cierto apresuramiento; las transiciones son incómodas
(6:14), y las rupturas gramaticales del texto griego son frecuentes (p. ej., 6:3; 7:5,
7; 9:11). Por toda la carta el tono emocional es, a veces, doloroso (1:8–11; 2:13;
7:5) y, en otras ocasiones, entusiasta (7:13–16; 8:2–4) e incluso, en otras,
vigoroso (10:7–8; 11:12; 13:2–3, 5). Pero estas características no impugnan la
autenticidad de la epístola; sino que reflejan las preocupaciones y la personalidad
del escritor.
2 Corintios puede dividirse en cinco partes: introducción (1:1–11), ministerio del
apóstol (1:12–7:16), la colecta (8:1–9:15), defensa de la autoridad de Pablo (10:1–
13:10), y conclusión (13:11–14). Aparte de la introducción y la conclusión, la
epístola consta de tres secciones principales, que parecen haber sido escritas en
tiempos diferentes.

C. Forma y autenticidad de la epístola

De la correspondencia con los corintios, sabemos que Pablo escribió, al menos,


cuatro cartas. Los eruditos las acuñaron, convenientemente, con las letras A, B, C
y D.
La epístola A (que ya no existe), es el consejo de Pablo a no juntarse con la gente
sexualmente inmoral (1 Co. 5:9).
La epístola B es la canónica 1 Corintios.
La epístola C es la de la tristeza y el pesar (2 Co. 2:4), que algunos eruditos lo
atribuyen a 2 Corintios 10–13; mientras que otros dicen que es 1 Corintios; e
incluso otros dicen que eso corresponde a una carta que ya no existe. Se trata
este asunto a continuación.
La epístola D es la canónica que actualmente tenemos en 2 Corintios. Algunos
expertos dividen esta carta en dos: epístola D (caps. 1–-9), y epístola E (caps. 10–
13).

2. Autenticidad

a. Evidencia interna

La prueba interna de que esta epístola es sólida, está en que Pablo, desde el
principio, se presenta como su autor (1:1); también se presenta por su nombre en
un llamamiento que hace a los corintios (10:1). El formato de los saludos y de los
destinatarios son paulinos, al igual que el léxico, la sintaxis y la dicción.
Un estrecho examen a 1 y 2 Corintios revela las semejanzas y el estilo del autor:
repeticiones (1 Co. 6:12; 10:23; 2 Co. 12:14; 13:1); citas del Antiguo Testamento
(1 Co. 1:13; 2 Co. 10:17 [Jer. 9:24]); antítesis (1 Co. 1:22–23; 2 Co. 3:7–8);
superlativos (1 Co. 3:3; 2 Co. 12:9, 15); comentarios parentéticos (1 Co. 7:10, 12;
2 Co. 11:23).
Las referencias y alusiones a 1 Corintios son numerosas, pues ya en el primer
capítulo, Pablo anuncia un cambio en su programa de viajes: llegada a Corinto,
salida para Macedonia y regreso a Corintio (1:15–16; 1 Co. 16:3, 5–7).
El dolor causado por un transgresor (2:5–11; 7:11) encuentra su eco en los
comentarios de Pablo de 1 Corintios 5:1–5, 13. La declaración de Pablo de estar
revestido de una morada celestial (5:2), afirma su temprana enseñanza sobre el
tema (1 Co. 15:53–54). Su lista de privaciones, en 6:3–10, tiene sus paralelos en 1
Corintios 4:9–13. En 6:15–16 y 1 Corintios 10:21, enfatiza la separación entre
creyentes e incrédulos. Asimismo, Pablo explica ampliamente el tema de la
colecta (caps. 8 y 9), cosa que ya había mencionado con anterioridad (1 Co. 16:1–
4). Para los corintios, él predica el evangelio sin carga alguna (11:7; 12:13; 1 Co.
9:18). Y, por último, uno de los temas básicos en su predicación es el de la
crucifixión de Cristo (13:4; 1 Co. 1:23).
Con respecto a los viajes y enseñanzas de Pablo, multitud de referencias
cruzadas al Libro de los Hechos recalcan la autenticidad de la epístola. Por
ejemplo, las referencias a Timoteo (1:1; Hch. 16:1); Corintio y Acaya (1:1; Hch.
18:1, 12); Troas (2:12; Hch. 16:8; 20:6); y a los macedonios (9:2, 4; Hch. 16 y 17).
De una manera sumaria, Pablo menciona que fue apedreado (11:25); pero Lucas
ofrece un amplio relato del hecho (Hch. 14:19).
Es incuestionable la evidencia interna de la autoría paulina de 2 Corintios. El
apóstol de los gentiles es su autor.

b. Evidencia externa

A comienzos del siglo segundo, Policarpo, en su epístola a los Filipenses, cita, 2


Corintios, al menos en tres ocasiones. Escribe: «Entre los que el bienaventurado
Pablo trabajó, quienes fueron sus epístolas desde el principio». (Policarpo Fil. XI.5
de 2 Co. 3:2); «El que a Él le resucitó de entre los muertos, también nos resucitará
a nosotros» (Policarpo Fil. II.2, de 2 Co. 4:14); y «atendiendo siempre al bien,
tanto delante de Dios como de los hombres» (Policarpo Fil. VI.1, de 2 Co. 8:21).
El Canon Muratoriano (c. 175), dice que Pablo escribió dos veces a los corintios.
Hacia el final del siglo segundo y al principio del tercero, Clemente de Alejandría,
Ireneo, Orígenes, y Tertuliano frecuentemente citaban de 2 Corintios y se referían
a ella. La tradición, en forma abrumadora, atribuye esta epístola al apóstol Pablo.

D. Composición
Si hubiera habido una iglesia sobre la que el apóstol Pablo volcara todo su
cuidado amoroso, Corinto habría sido esa iglesia. Ella era la que recibía más
cartas que ninguna otra congregación o que cualquier persona. Los corintios le
creaban problemas que tenían su origen en la controversia que se originó cuando
Pablo empezó a fundar iglesias entre los gentiles.
El contenido general de 2 Corintios es la vindicación de Pablo de ser el apóstol a
los gentiles.34 Condenaba a los falsos maestros que, «como mercachifles de
puerta en puerta vendían la palabra de Dios», para llenar sus bolsillos (2:17);
probaba que los creyentes corintios eran sus cartas de recomendación (3:1–3);
predicaba, no a sí mismo, sino al Señor Jesucristo (4:5; 11:4); demostraba que sus
adversarios eran falsos apóstoles al servicio de Satanás (11:13–15); y
despreciaba las calumnias que los falsos apóstoles propagaban contra él (12:16).
Por medio de la colecta para los santos de Jerusalén, Pablo trataba de unir a la
parte judía y a la parte gentil de la iglesia. Durante el acopio de fondos de la
colecta, Pablo dejó claro que donativos (8:20–21; 1 Co. 16:3–4).

1. Tiempo

Pablo llegó a Corinto durante la segunda mitad de los años cincuenta, y se marchó
en el primer semestre del 52. Después de fundar la iglesia, sirvió en ella como su
pastor durante un año y medio. Pasó un breve periodo en Éfeso, embarcó para
Cesarea y viajó a Jerusalén.
Desde allí regresó a Éfeso, vía la Antioquía siria. Permaneció allí durante tres
años, del 52 al 55. Durante ese último año, escribió 1 Corintios, en Éfeso, y la
envió a Corinto. Prometió a los lectores que, vía Macedonia, intentaría viajar a
Corinto, donde pasaría el invierno (1 Co. 16:5–6).
Aunque Pablo era un hombre de palabra y hubiera cumplido su plan de visitar a
los corintios, un enconado problema en aquella iglesia lo impulsó a navegar
cruzando el mar Egeo de Éfeso a Corinto. Pablo fue incapaz de solucionar el
problema, porque fue acosado por un agraviador, probablemente el que Pablo
había ordenado que lo expulsaran (1 Co. 5:13).
Cuando regresó a Éfeso, no tenía ganas de realizar otra visita tan penosa a
Corinto (2:1). En su lugar, escribió su llamada carta triste (2:3–4), que Tito entregó
e interpretó a los corintios. Pablo lo hizo responsable, asimismo, del
establecimiento de normas disciplinarias (2:5–11). Y como responsabilidad final, lo
comisionó para que se hiciera cargo del donativo económico para la iglesia de
Jerusalén (8:6).
Pablo y Tito acordaron encontrarse en Troas, pero Tito no pudo estar allá en el
momento acordado. Imaginamos que durante el invierno del año 55 ó 56, cuando
todos los viajes por mar se habían suspendido, Pablo tomó la ruta terrestre y
anduvo de Troas a Macedonia. De esa manera, estaba seguro de encontrarse con
Tito cuando se cruzaran en el camino. No cabe duda de que Tito le dio
alentadoras noticias relativas a las condiciones espirituales de la iglesia de
Corinto.
Tito no sólo contó a Pablo el feliz desenlace del caso del ofensor de la
congregación corintia, sino que informaría al apóstol del freno que la ofensa había
supuesto para la colecta.
Eso explica que Pablo dedicara una extensa discusión a este tema en particular
(caps. 8 y 9).
Probablemente, en esos momentos se produjo un periodo de espera, más o
menos largo, entre la redacción del capítulo 9 y los cuatro últimos capítulos de
esta carta. Pero una nueva información acerca de las insidiosas confabulaciones
de los adversarios de Pablo en Corinto, lo obligó a componer la tercera parte de 2
Corintios. Podemos afirmar, con una relativa certeza, que toda la epístola se
concluyó en el año 56 (quizás en el último semestre de dicho año). De Macedonia,
Pablo marchó a Corinto, donde paso el invierno del 56 al 57, supervisó el trabajo
de la colecta y compuso su epístola a los Romanos.

2. Lugar
En base a la evidencia que la propia epístola muestra, podemos confiadamente
afirmar que Pablo escribió la carta en la provincia de Macedonia (véase 2:13; 7:5;
9:2). Algunos manuscritos griegos portan un subíndice a la epístola que reza: «La
segunda epístola a los corintios, escrita desde Filipos, por Tito y Lucas». La iglesia
de Filipos fue la primera que fundó Pablo en Macedonia, y se convirtió en la más
querida por él. Sin embargo, no sabemos cuánto valor hay que atribuir al citado
subíndice, que parece que fue añadido en siglos posteriores.

3. Características

Decir que 2 Corintios difiere de 1 Corintios es quedarse corto, pues, en muchos


aspectos, no existe comparación. La primera epístola canónica es práctica en su
diseño y ordenada en su composición. Por contraste, la segunda es profunda en
teología, pero desordenada en su distribución. Su lenguaje es poco denso,
engorroso y marcado por una inesperada interrupción; además, contiene
digresiones y cláusulas parentéticas por toda ella.
Pablo escribió la primera epístola canónica cuando se vio interpelado para que
respondiera a algunos de los problemas congregacionales (p. ej., divisiones,
incesto, inmoralidad y pleitos). También se vio obligado a contestar preguntas de
una carta que recibió de los corintios (cuestiones sobre el matrimonio, viandas
ofrecidas a los ídolos, dones espirituales y la colecta). Por otro lado, su segunda
epístola es una defensa de su llamamiento divino.
Frecuentemente ilustra esta defensa con una lista de sufrimientos por el Señor.
Pablo presenta su experiencia, casi mortal, en el contexto del consuelo y la
esperanza en Dios (1:3– 11). Dice que está haciendo su obra gratis (11:7; 12:12–
17); repetidamente, tanto con un lenguaje directo como indirecto, expresa su amor
por los corintios (2:4; 6:12; 11:11; 12:15); y ora por su perfección (13:9). Los anima
a perdonar y a amar al hermano arrepentido (2:7–11), a esforzarse por la unidad
en el cuerpo de Cristo (6:14–18), a dar generosamente (8:10–12; 9:2–3), y a poner
a prueba su compromiso por la causa de Jesucristo (13:5–6).
La epístola es excepcionalmente personal al ofrecer información sobre la tarea
pastoral de Pablo, relación de calamidades y de experiencias sobrenaturales.
Ningún otro libro del Nuevo Testamento describe tan profunda y dilatada angustia
emocional, física y espiritual.
En toda la carta, sobre todo en los cuatro últimos capítulos, Pablo emplea los
pronombres yo y nosotros; pero frecuentemente es imposible determinar si el
plural ha de ser interpretado como plural o como singular. En los capítulos 10–13,
el pronombre de primera persona del singular es mucho más utilizado que el del
plural. Y, en algunos lugares, es obvio que Pablo usa el pronombre del plural para
referirse a sí mismo (véase, p. ej., 10:3, 7, 11 y 13).
2 Corintios tiene muchos pasajes cuya interpretación es difícil. Intentando buscar
respuestas, los eruditos han recurrido a hipótesis y suposiciones; confiesan que no
hay soluciones fáciles. Hemos recogido valiosa información de estudios históricos,
sociológicos y de antecedentes, y los análisis retóricos nos han dado el poder de
penetrar en los estilos literarios.
En muchos aspectos, admitimos que, aunque poseemos el texto de las epístolas
de Pablo, nos faltan sus notas aclaratorias al pie. A continuación, a modo de
ejemplo, damos una lista de textos difíciles:

a. «Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús»
(2:14).

b. «Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del


Señor» (3:18).

c. «Mientras estamos en este tabernáculo, gemimos con angustia, porque no


quisiéramos ser desnudados, sino revestidos» (5:4).

d. «Y enviamos juntamente con él [Tito], al hermano cuya alabanza en el


evangelio se oye por todas las iglesias» (8:18).

e. «Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo


sé; si fuera del cuerpo, no lo sé: el Señor lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer
cielo (12:2).

f. «Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me


abofetee, para que no me enaltezca sobremanera» (12:7).

g. «Me temo que de nuevo, cuando vuelva, mi Dios me humille ante vosotros»
(12:21).

El capítulo de Pablo sobre la resurrección (1 Co. 15) es un discurso teológico


extenso y continuo. Por comparación, 2 Corintios es un estudio de verdades
teológicas profundas sobre el nuevo pacto, el evangelio, la morada celestial y el
ministerio de la reconciliación (caps. 2–5). De hecho, la segunda epístola canónica
es mucho más teológica en contenido que la primera.

4. Temas teológicos

Aunque el propósito de Pablo en esta carta es defenderse contra los asaltos de


sus adversarios, el contenido teológico de la misma es evidente. Alfred Plummer
afirma que la doctrina o las reglas de conducta son incidentales a 2 Corintios; pero
brevemente entra en la consideración de unos cuantos temas doctrinales:
apostolicidad, cristología, la Trinidad, la resurrección y la escatología. En adición y
sustitución de esta lista, consideramos, también los siguientes temas:

a. Sufrimiento y gloria
b. Pacto y transformación
c. Morada terrena y morada celestial
d. Reconciliación y justicia
e. Escatología y cristología
f. Confianza y apostolicidad
Si tomamos varios capítulos, estos temas suenan a un claro mensaje teológico.
Debemos limitarnos, sin embargo, a algunos comentarios sobre cada tema. La
introducción a un comentario no es el lugar adecuado para presentar un
exhaustivo discurso de la teología de Pablo en esta carta, pues este objetivo está
cubierto en volúmenes separados.

a. Sufrimiento y gloria

No tanto en 1 Corintios, como en 2 Corintios, Pablo describe el alcance y


significado del sufrimiento por Cristo. Es éste un tema principal en su
correspondencia con los corintios (1 Co. 4:8–13; 2 Co. 1:5–10; 2:14; 4:7–12; 6:4–
10; 11:23–28), Se describe a sí mismo y a sus colegas como presos condenados
a morir en el circo y ser espectáculo al universo. Pablo cuenta que él y sus
compañeros son tratados con desprecio, que sufren hambre y sed, que son la
burla de todos, que son acosados como piezas de caza, que son de los carecen
de un hogar, que son la escoria de la tierra (1 Co. 4:9–13). Como siervo de
Jesucristo, el apóstol padecía a causa del evangelio. Durante su ministerio estuvo
cerca de la muerte por la causa de Cristo.
«Por eso, Pablo considera sus sufrimientos como un medio, divinamente
instrumentado, con el que el conocimiento de Dios se revela al mundo».
Valiéndose de la imagen de una triunfal procesión, Pablo describe cómo un
general romano, que entra en la ciudad imperial, regresa victorioso de una guerra
llevando cautivo a un maltratado esclavo que es condenado a muerte (2:14). Esta
metáfora se la aplica Pablo a sí mismo, y además dice que perdía la esperanza
hasta de conservar su vida, porque estaba sentenciado a morir (1:8–9).
El catálogo de tribulaciones aparece tres veces en esta epístola (4:7–12; 6:4–10;
11:23–28).
La primera lista muestra que el sufrimiento revela la gloria de Dios: el mismo
cuerpo de Pablo muestra la muerte de Jesús; él mismo se sujeta a la muerte
voluntariamente por causa de Jesús; y sabe que esa muerte ya está operando en
él (4:10–12). Esto significa que Pablo y sus colaboradores predicaban, en todo
lugar, el evangelio de la muerte de Jesús, y estaban dispuestos a recibir severos
castigos por su obra, como se puso en evidencia en Filipo (Hch. 16:22–24). Todo
esto sucedía para que el progreso del evangelio pudiera continuar y que la gloria
de Dios fuese revelada (4:15).
El segundo catálogo de tribulaciones (6:4–10) se escribió para que el ministerio de
Pablo no pudiera ser vituperado (6:3), sino, más bien, que Dios fuese glorificado.
Como siervo de Dios, Pablo mansamente soportaba las privaciones y
adversidades, sabiendo que podía hacerlo así por el poder de Dios (6:7). Por eso
podía presentar sorprendentes contrastes: «Como moribundos, más he aquí
vivimos (…) como castigados, mas no muertos» (6:9).
Por último, Pablo presenta una relación ampliada de tribulaciones (11:23–29), para
decirles a sus lectores que él sirve a Cristo como un verdadero y fiel servidor. No
se gloría por haber soportado la aflicción, para no alzarse sobre los demás. Ni
consideraba el sufrimiento como una especie de expiación por el pecado. Antes
bien, veía que sus aflicciones servían a la gloriosa causa de la propagación del
evangelio, de la iglesia, y del reino de Cristo. Haciendo la voluntad de Dios, en un
mundo de pecado donde se libra una guerra espiritual, inevitablemente se
producen sufrimientos de una clase u otra.

b. Pacto y transformación

Aparte de unas cuantas referencias en sus epístolas, Pablo difícilmente discute el


concepto de pacto. Pero en el contexto del capítulo 3, plenamente contrasta la
diferencia entre el antiguo y el nuevo pacto. Él habla de cartas no escritas en
tablas de piedra, sino en tablas de corazones humanos (3:3). Con esta
comparación señala la divergencia de los dos pactos (3:6).
Dios llamó a Moisés para servir a los israelitas en el desierto. Era un ministerio en
consonancia con la ley que le fue dada en el Monte Sinaí. Y por causa de la ley
era un ministerio que traía muerte y condenación (3:7, 9). Pero el ministerio del
Espíritu produce obediencia y justicia en una nueva comunidad pactual. En esta
comunidad, la iglesia, obedece las leyes de Dios por el poder del Espíritu Santo.
Pablo ha sido designado para ministrar al pueblo de Dios, que es transformado a
la semejanza del Señor «de un grado de gloria a otro» (3:18).
El pueblo de Israel ratificó el pacto en el Sinaí, respondiendo a una sola voz:
«Haremos cuanto el SEÑOR ha dicho; obedeceremos» (Éx. 24:3, 7). Pero
mientras Dios daba a Moisés las dos tablas de piedra sobre las que había escrito
el decálogo, los israelitas se dedicaban a adorar un becerro de oro que ellos
mismos se habían hecho (Éx. 31:18–32:6). Quebrar el compromiso del pacto con
la idolatría conduce a la muerte y a la destrucción. Cuando Moisés reapareció con
otro juego de tablas de piedra, el pueblo fue incapaz de mirar a su rostro, porque
de él se irradiaba la gloria divina (Éx. 34:29–35). Su pecado de idolatría les
impedía contemplar el rostro de Moisés. Y su corazón endurecido le puso el punto
final a la gloria del antiguo pacto. En su momento, el antiguo pacto se desvaneció
ante el nuevo, que trajo inextinguible gloria al pueblo de Dios.
Pablo contrasta la gloria del antiguo pacto con la del nuevo y anuncia que no
había comparación.
Él servía a Dios en el ministerio de la justicia (3:9), por la predicación del evangelio
de Cristo y el testimonio del Espíritu Santo. Sabía que Dios reservaba su
transcendente y perdurable gloria para este ministerio. La gloria de la presencia de
Dios, que una vez fuera el privilegio de Israel, ahora se ha convertido en la señal
que distingue al pueblo de Dios en el nuevo pacto. Son transformados por Cristo y,
con el rostro destapado, ahora ven y reflejan la gloria del Señor (3:18). Por eso
ahora los creyentes cumplen con la disposición divina de vivir para la gloria de
Dios y para reflejar la gloria que emana de la faz de Cristo.

c. Las moradas terrenales y celestiales


En la primera parte del capítulo 5, Pablo expone los pensamientos teológicos que
amplía y desarrolla en su discurso sobre la resurrección (1 Co. 15). Con una serie
de tres metáforas, Pablo ilustra su enseñanza sobre la muerte y la resurrección:
un tabernáculo que se deshace (5:1); la vestimenta después de la muerte (5:2–4);
y estar en casa con el Señor (5:6, 8). Aclara la primera metáfora del tabernáculo
con el adjetivo terrenal. Con esta expresión, recuerda a los lectores que el primer
hombre fue hecho del polvo de la tierra (Gn. 2:7; 1 Co. 15:47) y que la maldición
de la muerte descansa sobre la raza de Adán (Gn. 2:17).
La segunda metáfora la usa Pablo para referirse a que la nueva vestimenta será
una morada celestial. Realmente dice que ansiamos ser revestidos con dicha
morada, así como cuando llevamos un abrigo sobre las demás ropas. Esa
cobertura que el Señor nos da, lo es en forma de gloria celestial. Mediante esa
cobertura gloriosa, esperamos ardientemente el día en que nuestros cuerpos
físicos se alzarán de la muerte (Ro. 8:18, 23). Cuando Cristo regrese, todos
aquellos que lo esperan anhelantes, serán transformados en un instante. Sus
cuerpos serán glorificados en menos tiempo de lo que dura un parpadeo (1 Co.
15:51, Fil. 3:21).
El Antiguo Testamento enseña que el alma y el cuerpo forman una unidad; pero
que la maldición que Dios profirió contra el pecado ha separado a ambos por
medio de la muerte.
Pero esta separación cesará cuando Cristo regrese, cuando nuestros cuerpos
serán o resucitados o transformados. Pablo no está interesado en la separación,
sino en la restauración en gloria. Pablo sabe que si el Señor viniera después de
que él hubiere partido de este escenario terrenal, estaría con el Señor.
Así pues, con la tercera metáfora, Pablo enseña que, en el momento de la muerte,
el alma permanece en la presencia del Señor en un estado incorpóreo. Pero no
entra en más detalles, excepto en que nos asegura que, en el momento de la
partida, todos los creyentes estarán para siempre con Jesús en la gloria celestial.
El deseo de Pablo es pasar la eternidad con Cristo, incluso si esta presencia ante
él supone estar sin el cuerpo. Jesús está siempre con su pueblo, cuando él los
llama a su hogar celestial. Y a su vuelta, se encontrará con los santos, cuyos
cuerpos han sido transformados en gloria. De esta manera, estaremos con el
Señor por toda la eternidad (1 Ts. 4:17).

d. Reconciliación y justicia

Cuando dos partes no se llevan bien, el proceso de reconciliación puede tener


éxito, siempre que ambas partes reconozcan sus errores. Pero cuando sólo una
de las partes es culpable, le pedimos al que ha obrado mal que pida perdón a la
parte ofendida, si es posible, para restaurar una relación armoniosa. Nadie
esperaría que la parte ofendida fuera la que tomara la iniciativa en el proceso de
reconciliación. A pesar de ello, eso es lo que Dios hizo cuando Adán y Eva
pecaron. Nuestros primeros padres se escondieron de la presencia de Dios (Gn.
3:8); pero Dios los encontró. Prometió la venida de su Hijo Jesucristo a la raza
humana. El Mesías lograría la reconciliación. Mediante la obra de la expiación de
su Hijo, Dios nos ha reconciliado a sí mismo (5:18). Pablo escribe que Dios inició y
completó la reconciliación antes de que nosotros pensáramos, siquiera, responder
a su invitación a reconciliarnos con él (Ro. 5:10–11). Como parte ofendida, no
correspondía a Dios buscar la reconciliación; no obstante ofreció a su propio Hijo
para realizarla, por su mediación, con la raza humana. No sólo Dios se reconcilió a
sí mismo con nosotros, sino que, como Pablo dice: «Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo» (5:19).
Dios estableció una relación especial con la raza humana, porque todos los seres
humanos son creados a su imagen y semejanza. Por culpa de su pecado, fueron
apartados de él. Como su juez, los podía haber condenado; pero Dios, por medio
de su Hijo Jesucristo, quitó la maldición que pesaba sobre el pecado, se reconcilió
a sí mismo con su pueblo, les imputó su justicia, y los hizo partícipes de su
amistad y paz. Por la obra expiatoria de su hijo, Dios absuelve a su pueblo y lo
libera de todo cargo. Le concede su don de la justicia, que es similar a la santidad,
porque sus pecados violan su santidad. Por medio de Jesucristo, Dios nos ha
declarado justos y nos ha santificado «para que podamos ser hechos justicia de
Dios en él» (5:21).

e. Escatología y cristología

En pasajes dispersos por el texto, esta epístola expone doctrina escatológica. Por
ejemplo, Pablo alude a la inmortalidad y la resurrección (5:1–9), al día del Señor y
el juicio final (1:14; 5:10). El cuerpo físico es semejante a un tabernáculo—morada
temporal (5:1). Pero nuestra casa celestial es eterna y gloriosa; para quienes
entran en el cielo, suministra una envoltura de gloria divina (4:17; Ro. 8:18).
Cuando esta vida terrenal se extingue, el alma entra en la gloria celestial. Pero
suspiramos por el día de la consumación, cuando nuestros cuerpos serán o
resucitados o transformados en gloria e inmortalidad eternos.
Pablo emplea la frase el día del Señor Jesús (1:14). Esta frase apunta al tiempo
en que Jesús regresará; pero no debe restringirse a la consumación. Para los
cristianos, aquel día será cuando ellos abandonen esta tierra y entren en el cielo,
donde Jesús les dará la bienvenida. En el Antiguo Testamento y en el epistolario
de Pablo, «el día del Señor» es una referencia general al día del juicio final.
Cuando los libros sean abiertos, todos comparecerán ante el juez celestial;
ninguno quedará excluido. Los incrédulos que hayan escuchado el evangelio y
que voluntariamente lo hayan rechazado, serán destinados a la separación eterna
del Dios vivo, mientras quienes pertenezcan a Cristo, gozosamente entrarán en su
comunión eterna.
La diferencia entre un tribunal humano y el tribunal del día del juicio, es
contundente. En esta tierra, un tribunal está formado por jueces, abogados,
testigos, miembros del jurado, agentes judiciales y periodistas. Cuando se lee el
veredicto, los acusados reciben sentencia de absolución o de condena, con
indicación del periodo de castigo. Jamás un juez dará un premio a nadie por sus
obras. Pero en el día del juicio, el juez celestial otorgará premios a los buenos y
castigará a los malos. Quienes saben que hay un día del juicio, viven en este
mundo en reverente temor a Dios y a su palabra (1 P. 1:17).
Pablo nos habla de la divinidad de Jesucristo con el término Hijo de Dios, porque
él llama Dios al Padre de nuestro Señor Jesucristo (1:3, 19; 11:31). Enseña la
preexistencia de Cristo en gloria cuando dice que Jesucristo dejó sus riquezas
celestiales. Al venir a la tierra, tuvo que hacerse pobre, bien que con su pobreza
enriqueció a muchos (8:9). Esta declaración, aparentemente contradictoria,
significa que, por su muerte y resurrección, Jesús concede a sus seguidores
espirituales riquezas en esta vida e incomparables riquezas en el mundo venidero.
Jesús confió su evangelio a Pablo, de manera que el mensaje de Pablo no es
suyo, sino de quien lo envió (4:5). Él no les dio ninguna tarea a los intrusos que
entraron en la iglesia de Corinto; vivieron por su cuenta con un evangelio muy
distinto al de Jesús (11:4; cf. Gá. 1:6– 7). Jesús fue resucitado de entre los
muertos y prometió a sus seguidores que ellos también resucitarían (4:14). Como
apóstol de Cristo, Pablo portaba en su cuerpo las señales de la vida y de la muerte
de Jesús (4:10–12). Y da a conocer a sus lectores que Jesús vive en ellos (13:5).

f. Confianza y apostolicidad

Pablo se arraiga en la confianza de que Dios es su esperanza y su fortaleza. Dios


puede levantarlo de entre los muertos (1:9). Es Dios quien lo lleva en un caminar
triunfante en Cristo (2:14), lo capacita para su misión apostólica (2:17; 3:5–6; 6:7),
le confía su evangelio (11:7), y lo consuela con su abundante gracia (7:6; 9:8).
Que Pablo es apóstol de Jesucristo, es evidente por las palabras con que abre
esta epístola (1:1). Cuando su apostolado es cuestionado por sus adversarios,
atribuye su confianza a Dios, a través de Cristo, que lo hizo ministro de un nuevo
pacto (3:4, 6). Demuestra la veracidad de su llamamiento apostólico señalando su
innegable amor por los corintios (2:4; 6:12; 11:11; 12:15); por sus tribulaciones por
la causa de Cristo (4:8–12; 6:3–10; 11:23–29), y por su facultad para obrar
señales, maravillas y milagros en la iglesia (12:12; Ro. 15:19).

5. Propósito

Algunos escritores interpretan que el propósito de 2 Corintios era la proclamación


de la gloria de Dios; ponen su atención en la profundidad teológica de la epístola,
y su aplicación práctica. Una mirada al número de veces que se repite la palabra
gloria en esta epístola, garantiza esta observación. Como tal, esta doctrina es una
hebra de oro en la textura de esta epístola, que nos cuenta la vida diaria de los
creyentes. Sverre Aalen observa que «La gloria, con su poder transformador,
incluso funciona ahora entre los creyentes».
En esta carta Pablo alaba a sus lectores confirmándolos con palabras de gozo y
estímulo. Pretende fortalecer a aquellos miembros de la iglesia que son fieles a
Dios, a las Escrituras y a sus enseñanzas apostólicas. Pero también tiene
palabras de reprensión y refutación para los que simpatizan con sus adversarios.
Dirigiéndose a una minoría de la iglesia, firmemente establece su autoridad
apostólica.
Una última intención es fomentar la unidad en las iglesias de aquel tiempo. Para
que estas iglesias gentiles pudieran expresar su deuda con los judíos cristianos de
Judea, Pablo les pidió dinero para los creyentes pobres de Jerusalén. Mediante la
participación de sus bendiciones materiales con los creyentes de Jerusalén, que
habían compartido sus bendiciones espirituales con ellos, los corintios
demostraban que pertenecían a la verdadera iglesia y ponían en práctica su
cristianismo.

E. Adversarios

Los eruditos no están todos de acuerdo sobre la identidad de los adversarios de


Pablo en Corinto (existe, al menos, una docena de hipótesis, que sepamos).58
Pero todas estas hipótesis pueden agruparse en tres categorías: gnósticos,
teólogos y judaizantes. Había, además, otro grupo de corintios a quien los eruditos
describen como los espirituales.

1. Los gnósticos

Algunos escritores contienden acerca de que los adversarios del apóstol eran
gnósticos a quienes Pablo nunca llegó a entender plenamente. Los partidarios de
esta opinión observan numerosas semejanza verbales en la enseñanza de 1 y 2
Corintios. El gnosticismo levantó su herética cabeza en la iglesia cristiana del siglo
segundo; pero no hay pruebas de que empezara a mediados del siglo primero.

2. Los divinos

Otros eruditos han avanzado la hipótesis de que los adversarios de Pablo eran
personas divinas en la línea de Moisés y Jesús, capaces de obrar milagros en una
cultura judía helenística, enraizada en el cristianismo o en el judaísmo. Estos
adversarios viajaban de un sitio a otro, pretendían estar dotados de poder divino,
predicaban siguiendo el modelo de los líderes judíos helenísticos, y hacían
milagros.
Sin embargo, tenemos que hacernos unas cuantas preguntas. Si los contrarios de
Pablo tuvieron que llevar cartas de recomendación, ¿se las escribieron los líderes
judíos? ¿No habrían decidido ellos ir por libres? ¿No era ya conocida la doctrina
de «los divinos», en Corinto, a mediados del siglo primero? ¿Existe alguna prueba,
aparte de la correspondencia de Pablo, que apoye esta enseñanza?
No podemos equiparar las partes de un grupo de personas con otro grupo que
existió en un periodo anterior. Los grupos o movimientos siguen un proceso de
desarrollo y están sujetos a cambio. Colin J. A. Hickling observa: «Es siempre
tentador… explicar lo desconocido con lo conocido, o por lo que imaginamos que
sabemos» Una palabra de prudencia es conveniente siempre que intentemos
trazar un camino en la historia y que tengamos una visión del final, pero no del
principio.

3. Los judaizantes

La mayoría de los expertos enseñan que los adversarios de Pablo en Corinto eran
judaizantes de raíces judías. Pablo, con una triple respuesta afirmativa, contesta a
la pregunta de si eran hebreos, israelitas o descendientes de Abraham: «También
yo» (11:22). Todo en este pasaje apunta al origen judío de los adversarios, sin
precisar una ubicación geográfica concreta.
No obstante, en esta epístola nada se dice de las enseñanzas típicas judías como
la circuncisión, las normas dietéticas, o de la ordenanza del Sabat. Estos dogmas,
sin embargo, no eran el tema cuando Pablo escribió la epístola. Los judaizantes
vinieron para atacar su apostolado y la predicación del evangelio de Cristo.
Pablo defiende su llamamiento apostólico citando a la iglesia de Corintio como su
carta de recomendación (3:2–3); sus tribulaciones por la causa de Cristo (11:23–
29); sus labores, realizadas sin cargo (12:13–14); su demostración de las marcas
de un apóstol—señales, maravillas y milagros (12:12); y su prueba de que Cristo
hablaba a través de él (13:2–4).
Hay dos cuestiones relativas a la identidad de los súper apóstoles
¿Se debe identificar a los judaizantes con los súper apóstoles? Y ¿son los súper
apóstoles y los falsos apóstoles las mismas personas?
Algunos comentaristas dicen que los judaizantes fueron enviados por los
apóstoles de Jerusalén, para así tener ellos un status superior al del apostolado de
Pablo. Pero se puede poner objeciones a este argumento, porque la idea expuesta
en el pasaje 11:4–5 da carácter a las frases si viene alguno y grandes apóstoles.
El singular «alguno» representa a un grupo de personas, que Pablo identifica en el
próximo versículo (v. 5) con el segundo término.
En segundo lugar, en cuanto al servicio al Señor se refiere, el rango de apóstol es
incomparable. No hay nivel más alto, pues nadie más que el mismo Jesús fue el
que designó a los doce y a Pablo para que fueran sus apóstoles. Jesús nunca
nombró grandes apóstoles o súper apóstoles. Todos los apóstoles eran iguales
delante de él.
En tercer lugar, ni las epístolas ni el Libro de los Hechos, en ninguna parte
sugieren que hubiera tensiones entre Pablo, Pedro y los otros apóstoles. Es
verdad que Pablo se enfrentó a Pedro en Antioquía por su equivocada actitud
hacia los gentiles cristianos (Gá. 2:11–14). Pero tanto Pablo como Pedro hablan
bien, uno del otro, en sus respectivas epístolas. Esa es la razón de que tengamos
dificultad en relacionar a los judaizantes con los apóstoles de Jerusalén.
Nosotros identificamos a los judaizantes con los súper apóstoles, aclarando que el
segundo término se refiere a mensajeros que se han elegido a sí mismos. Que
estos judaizantes sean las mismas personas a las que se alude en Gálatas 1:6–7,
es un asunto sin resolver.
Admitimos que los contrarios de Pablo habían venido a Corinto después de que él
hubo enviado su primera epístola canónica a la iglesia local. No hay indicaciones
concluyentes en 1 Corintios de que estas personas estuvieran allá antes de que
Pablo escribiera su carta.
A la pregunta «¿son los súper apóstoles y los falsos apóstoles las mismas
personas?», nosotros respondemos afirmativamente. El contexto de estos pasajes
(11:5, 13) habla en favor de tal coincidencia. Se trataba de personas que
presentaban a un Jesús distinto, traían un espíritu diferente a Corinto, y
predicaban un evangelio que no era el de Pablo y sus colaboradores. Pablo los
describía como obreros fraudulentos, siervos de Satanás que se hacían pasar por
siervos de justicia (11:13–14). Los falsos apóstoles eran los judaizantes.
Hay estudios sobre las tendencias filosóficas en la primera mitad del siglo primero,
que han demostrado que el grupo de sofistas era un movimiento emergente. Los
adversarios de Pablo quizás fueron influidos por los sofistas, a los que emulaban
en sus habilidades retóricas mientras presentaban palabras vanas en beneficio
propio.

4. Los espirituales

La iglesia de Corinto tenía, además, un grupo de personas contrario a Pablo. Este


grupo es conocido como los Espirituales (como el término neumáticos sugiere [en
griego: pneumatikoi]).
Los partidarios de esta teoría sostienen que Apolos, natural de Alejandría (Hch.
18:24), se había visto influido por el filósofo judío Filón, y vino a Corinto para
enseñar la fe cristiana dentro de la estructura del pensamiento filosófico de Filón.
Así, los postulantes de este discurso dicen que los corintios empezaron a usar
terminología muy semejante a la de Filón: ellos eran los espirituales (1 Co. 2:12,
15); ellos eran sabios, fuertes y respetados (1 Co. 4:10).
Según el argumento, estos espirituales ridiculizaban la capacidad oratoria de
Pablo (2 Co. 10:10), pues estaban encantados con las facultades oratorias de
Apolos. Cuando Apolos los dejó, los judaizantes llegaron a Corintio e
inmediatamente convirtieron a los espirituales en sus aliados contra Pablo. El
apóstol, así lo refleja el argumento, empleaba un lenguaje que refleja el énfasis
que los judaizantes ponían en la ley y en el pacto, mientras que los espirituales lo
ponían en el Espíritu. En toda 2 Corintios, Pablo tuvo que oponerse tanto a los
judaizantes como a los espirituales, a fin de separar los unos de los otros.
La crítica sobre esta forma de pensar debe venir del propio Nuevo Testamento. En
primer lugar, aunque Apolos había sido bien educado en Alejandría, recibió «el
camino de Dios más apropiadamente» de Aquila y Priscila en Éfeso (Hch. 18:26).
Además, ni en los Hechos ni en 1 Corintios existe prueba alguna de conflicto entre
Pablo y Apolos. Lucas escribe que Apolos fue de gran ayuda a los creyentes de
Corintio (Hch. 18:27).
De hecho, Pablo menciona a Apolos siete veces, y siempre lo hace en tono de
agradecimiento (1 Co. 1:12; 3:4, 5, 6, 22; 4:6; 16:12).
En tercer lugar, el adjetivo pneumatikos (espiritual) nunca aparece en 2 Corintios.
Un año transcurrió entre la redacción de Pablo de sus dos epístolas canónicas a
los corintios (años 55 y 56, respectivamente), aunque encontramos este adjetivo,
en sus diversas formas, sólo en 1 Corintios. En esta epístola lo encontramos en
doce ocasiones, de las cuales nueve están en género neutro, refiriéndose a la
verdad, las cosas y los cuerpos. Las otras tres veces están en género masculino,
en singular o en plural (2:15; 3:1; 14:37). En sus respectivos contextos, estos tres
pasajes describen al pueblo de Dios lleno del Espíritu Santo, de sabiduría
espiritual y del deseo de obedecer los mandatos del Señor.71 Pablo elige el
vocablo pneumatikos en singular y en plural para no dirigirse sólo a una parte de la
gente que se le oponía, sino para caracterizar a las personas que sinceramente
amaban y seguían al Señor.
Si el apóstol hubiera querido identificar sólo a un grupo de sus opositores, hubiera
usado un término repetitivo para describirlos. Como es obvio, pneumatikos no es
ese término.

F. Conclusión

No podemos singularizar un tema en esta epístola, pero sí podemos detectar


algunos que son característicos. La carta expresa las preocupaciones personales
que Pablo sentía por el bienestar espiritual de los creyentes de Corinto, según se
evidencia en un buen número de pasajes (p. ej., 1:6–7, 11, 14; 4:12; 6:1, 11–13;
8:7, 10–11; 9:2, 8, 10–15; 12:19; 13:5, 11).
Mientras revela los sufrimientos que ha experimentado en su servicio al Señor
(entre otro muchos lugares, véase 1:8), les dirige palabras de ánimo y consuelo.
Otra característica de esta epístola es la relación genuina de Pablo con Jesucristo,
una relación que encarece a los corintios (véase 4:10–15; 5:16–21; 6:14–18; 11:2;
12:8–10; 13:3).
Para Pablo y su gente, esa relación demuestra la aspiración cristiana de glorificar
a Dios en Cristo Jesús.
Y una última característica es la defensa que Pablo hace de su apostolado. «[Esta
carta] es, a la vez, una triunfante vindicación de su ministerio apostólico, y una
mordaz acusación de las pretensiones de los “súper apóstoles”, que intentaban
destruir su obra en Corinto, básicamente calumniando a su persona y a sus
razones».

G. Bosquejo

I. Introducción 1:1–11
A. Destinatario 1:1–2
B. Aflicción y consuelo 1:3–7
C. Liberación y gratitud 1:8–11

II. Ministerio apostólico 1:12–7:16


A. Plan de viaje de Pablo 1:12–2:11
1. Confiabilidad 1:12–14
2. Revisión de planes 1:15–17
3. Autenticidad 1:18–22
4. Una visita dolorosa 1:23–2:4
5. El perdón del pecador 2:5–11
B. El Nuevo Testamento 2:12–4:6
1. La ansiedad de Pablo 2:12–13
2. El mensaje de Cristo 2:14–17
3. Recomendación 3:1–3
4. Confianza 3:4–6
5. Comparación de gloria 3:7–11
6. A cara descubierta 3:12–18
7. La luz del Evangelio 4:1–6
C. Las Moradas terrenales y celestiales 4:7–5:10
1. Vasos de barro 4:7–12
2. Resurrección 4:13–15
3. Lo exterior y lo interior 4:16–18
4. El hogar celestial 5:1–5
5. Con el Señor 5:6–10
D. El ministerio de la reconciliación 5:11–21
1. El amor de Cristo 5:11–15
2. El ministerio de Cristo 5:16–19
3. Embajadores de Cristo 5:20–21
E. El ministerio de Pablo 6:1–7:16
1. Colaboradores 6:1–2
2. Padecimiento de las dificultades 6:3–10
3. Corazones ensanchados 6:11–13
4. Llamamiento a los santos 6:14–7:1
5. Amor profundo 7:2–4
6. Gran consolación 7:5–7
7. Manifestación de tristeza 7:8–13a
8. El encuentro con Tito 7:13b–16

III. La colecta 8:1–9:15


A. Testimonio de generosidad 8:1–6
B. Un consejo conveniente 8:7–15
1. Abundancia en la generosidad 8:7–9
2. La obra concluida 8:10–12
3. Exhortación a procurar la igualdad 8:13–15
C. La visita de Tito 8:16–24
1. Evitar la censura 8:16–21
2. El envío de representantes 8:22–24
D. Ayuda para los santos 9:1–5
E. Donar con alegría 9:6–11
1. El donante generoso 9:6–9
2. El donante agradecido 9:10–11
F. La gracia incomparable 9:12–15

IV. La autoridad apostólica 10:1–13:10


A. El ministerio de Pablo y sus adversarios 10:1–11:33
1. Defensa y poder 10:1–11
2. El gloriarse y sus límites 10:12–18
3. Devoción a Cristo 11:1–4
4. Los súper apóstoles 11:5–6
5. Gratuidad del servicio 11:7–11
6. Los falsos apóstoles 11:12–15
7. Necias conversaciones 11:6–21a
8. Lista de tribulaciones 11:21b–29
9. Huida por inseguridad 11:30–33
B. La visión y las admoniciones de Pablo 12:1–13:10
1. Revelaciones 12:1–4
2. La debilidad humana 12:5–10
3. La visita proyectada 12:11–18
4. Preocupaciones sinceras 12:19–21
5. Admoniciones finales 13:1–10

V. Conclusión 13:11–13

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