2.
3 Fundamentos Teóricos del Estudio
De acuerdo con el criterio de necesidad, la prisión preventiva, al igual que el resto de las
medidas cautelares, se deberá imponer en tanto sea indispensable para los objetivos
propuestos. Es decir, que sólo procederá cuando sea el único medio que permita asegurar
los fines del proceso, tras demostrarse que otras medidas cautelares menos lesivas
resultarían infructuosas a esos fines. Por eso, siempre se debe procurar su sustitución por
una medida cautelar de menor gravedad cuando las circunstancias así lo permitan.
En este sentido, pesa sobre el órgano a disposición del cual se encuentra el detenido la
obligación de disponer su libertad, aun de oficio, cuando hayan cesado los motivos que
originariamente la habían sustentado. Pues, en atención a su naturaleza cautelar la misma
sólo puede estar vigente durante el lapso estrictamente necesario para garantizar el fin
procesal propuesto. La detención preventiva de una persona no debe prolongarse por un
periodo más allá del cual el Estado pueda dar una justificación adecuada de la necesidad de
la misma, de lo contrario la privación de libertad se torna arbitraria. Por tanto, el criterio de
necesidad no sólo es relevante al momento en que se decide la aplicación de la prisión
preventiva, sino también al momento de evaluar la pertinencia de su prolongación en el
tiempo.
Para la imposición de la prisión preventiva es de esencial importancia tener en cuenta el
criterio de proporcionalidad, lo que quiere decir que, debe analizarse si el objetivo que se
persigue con la aplicación de esta medida restrictiva del derecho a la libertad personal,
realmente compensa los sacrificios que la misma comporta para los titulares del derecho y
la sociedad.
Este criterio de proporcionalidad es susceptible de aplicarse en dos dimensiones, la primera
relacionada con la diferencia intrínseca que debe haber entre la naturaleza de la privación
de libertad como medida cautelar que se aplica a una persona cuya posición jurídica sigue
siendo la de un inocente, y la privación de la libertad derivada de una condena; y la
segunda, relativa a la congruencia entre la detención preventiva como la medida cautelar
más severa de que dispone el derecho penal y los fines que con ella se persiguen en el caso
22
concreto. La Corte Interamericana se ha referido de manera muy concreta a estos dos
aspectos de la proporcionalidad en los siguientes términos:
Una persona inocente no debe recibir igual o peor trato que una persona condenada. El
Estado debe evitar que la medida de coerción procesal sea igual o más gravosa para el
imputado que la pena que se espera en caso de condena. Esto quiere decir que no se debe
autorizar la privación cautelar de la libertad, en supuestos en los que no sería posible aplicar
la pena de prisión, y que aquélla debe cesar cuando se ha excedido la duración razonable de
dicha medida. El principio de proporcionalidad implica, además, una relación racional entre
la medida cautelar y el fin perseguido, de tal forma que el sacrificio inherente a la
restricción del derecho a la libertad no resulte exagerado o desmedido frente a las ventajas
que se obtienen mediante tal restricción.
En virtud de la proporcionalidad, no se podrá recurrir a la prisión cautelar cuando la pena
prevista para el delito imputado no sea privativa de la libertad, tampoco cuando las
circunstancias del caso permitan, en abstracto, suspender la ejecución de una eventual
condena. Igualmente se deberá considerar, en abstracto, si, de haber mediado condena, los
plazos hubieran permitido solicitar la libertad provisoria o anticipada. De igual forma,
cualquier privación de la libertad por expresiones, aún cuando se trate de una medida
cautelar, es desproporcionada e incompatible con la Convención.
En cuanto al criterio de razonabilidad, la Corte Interamericana ha establecido que el
artículo 7.5 de la Convención “impone límites temporales a la duración de la prisión
preventiva y, en consecuencia, a las facultades del Estado para asegurar los fines del
proceso mediante esta medida cautelar”. Así, como ya se vio, el mantener privada de
libertad a una persona más allá de un periodo de tiempo razonable equivaldría, en los
hechos, a una pena anticipada. No obstante, “aun cuando medien razones para mantener a
una persona en prisión preventiva, el artículo 7.5 garantiza que aquella sea liberada si el
periodo de la detención ha excedido el límite de los razonable”.
La complejidad del caso se deber medir, especialmente, en relación con las características
del hecho y su dificultad probatoria. Como contrapartida, la diligencia de las autoridades
judiciales debe ser analizada a la luz de la complejidad del caso y de la actividad
23
investigativa. En este sentido, no se podrá justificar la prisión preventiva por la utilización
de los recursos procesales establecidos legalmente. Éstos siempre han sido previstos para
garantizar a las partes el debido proceso y, en este sentido, han sido regulados para su plena
utilización. Sin embargo, sí se podrá imputar la necesidad de mantener la prisión preventiva
a la actividad del imputado si obstaculizó, deliberadamente, el accionar de la justicia o
actuó temerariamente, por ejemplo, al introducir prueba falsa, amenazar testigos, destruir
documentos, fugarse, no comparecer injustificadamente.
En este sentido de acuerdo con la racionalidad del artículo 7.5, la persona mantenida en
prisión preventiva debe ser puesta en libertad desde el momento en que la privación de
libertad traspasa los límites del sacrificio que puede imponerse razonablemente a una
persona que se presume inocente. Una vez vencido el plazo considerado razonable, el
Estado ha perdido la oportunidad de continuar asegurando el fin del proceso por medio de
la privación de la libertad del imputado. Es decir, la prisión preventiva podrá o no ser
sustituida por otras medidas cautelares menos restrictivas pero, en todo caso, se deberá
disponer la libertad. Ello, independientemente de que aún subsista el riesgo procesal, es
decir, aun cuando las circunstancias del caso indiquen como probable que, una vez en
libertad, el imputado intentará eludir la acción de la justicia o entorpecer la investigación, la
medida cautelar privativa de la libertad debe cesar.
En cuanto al momento procesal en el que se evalúa la procedencia de la prisión preventiva,
es relevante subrayar que en virtud del derecho a la presunción de inocencia el juzgador
debe examinar todos los hechos y argumentos a favor o en contra de la existencia de los
peligros procesales que justificarían su aplicación o mantenimiento, según sea el caso. Los
jueces deben expedir los autos que decretan la prisión preventiva luego de un análisis
sustantivo, no simplemente formal, de cada caso. De ahí la importancia de que los actores
involucrados en este proceso decisorio cuenten con la adecuada información probatoria
acerca de los riesgos procesales y presupuestos legales que van a ser evaluados, para lo cual
se deben desarrollar sistemas de información y verificación de la información previa al
juicio. En este sentido, los llamados servicios de evaluación y supervisión previos al juicio
u oficinas de medidas alternativas y sustitutivas han demostrado ser una buena práctica.
24
2.3.1 La prisión preventiva o prisión provisional
La prisión preventiva o prisión provisional es una medida cautelar de carácter excepcional,
tomada en situaciones de necesidad extrema, mediante la cual un juez dispone privar de su
libertad ambulatoria a una persona, durante el curso de un proceso penal en el que se
encuentra acusada, sin que exista una sentencia judicial condenatoria firme, con el fin de
prevenir eventuales acciones que puedan dañar a terceros o la marcha del proceso.
En caso de resultar condenada a una pena de prisión, el tiempo durante el cual la persona
estuvo detenida preventivamente, debe computarse para establecer el momento de
cumplimiento de la pena. En caso de no resultar condenada o que el tiempo durante el cual
la persona permaneció detenida exceda la pena, la mayoría de las legislaciones no
establecen compensación alguna. Esto ha creado debate si realmente debería ser
remunerada el costo de oportunidad perdido suceso en el tiempo de la investigación de una
persona inocente.
El carácter excepcional y extremo de la prisión preventiva se debe a que se trata de una
medida punitiva ante o extra delicturn, que afecta el principio de presunción de inocencia,
garantía que constituye uno de los pilares del Estado de derecho. El abuso creciente de esta
medida en los Estados modernos, con su consecuente lesión del Estado de derecho, ha
llevado a reclamar que la misma esté sujeta a estrictos controles que impidan la
arbitrariedad y discrecionalidad de la misma.
2.3.2 Requisitorios
Son criterios por lo general bastante parecidos para todos los casos penales: que se trate de
delitos de cierta gravedad determinada de antemano por la ley, aunque la Corte
Interamericana de Derechos Humanos también ha resuelto que esa sola circunstancia no es
suficiente para justificar la prisión preventiva; probabilidad o verosimilitud de los hechos;
que exista riesgo de fuga, o de entorpecer la investigación; que la prisión de la persona
acusada sea absolutamente indispensable para conseguir el fin deseado y que no exista una
medida menos gravosa para alcanzar el objetivo propuesto; que el daño inherente a privar
25
de la libertad a una persona presumida inocente no resulte desproporcionado frente a las
ventajas que se obtienen mediante de la prisión; y que las razones del juez se encuentren
suficientemente explicadas y fundadas.
Dos son las críticas principales contra esta medida: Es contraria al principio de presunción
de inocencia, puesto que pena al acusado aún antes de que se haya demostrado su
culpabilidad, siendo imposible de reparar el daño que se le cause en el caso de que
finalmente sea declarado inocente. Dicho daño puede referirse a la imagen, reputación, vida
laboral y privada de los imputados.
En la mayoría de los países se abusa cada vez más de esta medida cautelar, tanto en el
número de presos como en la duración de la misma: De hecho, si se contempla el
funcionamiento efectivo de los ordenamientos penales, y de un modo ejemplar en la
República Dominicana, son más bien la abolición de la pena y la justificación en su lugar
de instrumentos de control extra-penales los que hoy se manifiestan como fenómenos más
inquietantes.
La pena propiamente dicha como sanción legal post delictum y post iudicium es cada vez
más en la República Dominicana una técnica punitiva secundaria. La prisión preventiva, y
por otro lado el proceso como instrumento espectacular de estigmatización pública antes de
la condena, han ocupado ya el lugar de la pena como sanciones primarias del delito o más
exactamente de la sospecha de delito. Y la cárcel ha vuelto a ser bastante más un lugar de
tránsito y de custodia cautelar, como era en la época pre-moderna, que un lugar de pena.
2.3.3 Medidas de Coerción Personales
En cuanto a la citación por disposiciones del artículo 223 del Código Procesal Penal en los
casos en que es necesaria la presencia del imputado para realizar un acto, el ministerio
público o el juez, según corresponde, lo cita a comparecer, con indicación precisa del hecho
atribuido y del objeto del acto.
Con relación al arresto de las personas, el artículo 224 del mismo cuerpo legal establece
que la policía nacional debe proceder al arresto de una persona cuando una orden judicial
así lo ordene. La policía no necesita orden judicial cuando el imputado:
26
1) Es Sorprendido en el momento de cometer el hecho punible o inmediatamente después, o
mientras es perseguido, o cuando tiene objetos o presenta rastros que hacen presumir
razonablemente que acaba de participar en una infracción;
2) Se ha evadido de un establecimiento penal o centro de detención;
3) Tiene en su poder objetos, armas, instrumentos, evidencias o papeles que hacen presumir
razonablemente que es autor o cómplice de una infracción y que puede ocultarse, fugarse o
ausentarse del lugar.
En el caso del numeral 1 de este cuerpo legal si la búsqueda o persecución ha sido
interrumpida, se requiere orden judicial. En ningún caso se puede practicar el arresto
cuando se trate de infracciones de acción privada o de aquellas en las que no está prevista
pena privativa de libertad.
Si se trata de una infracción que requiere la instancia privada, es informado inmediatamente
por quien tenga calidad para presentarla y, si éste no presenta la denuncia en el término de
veinticuatro horas, el arrestado debe ser puesto en libertad inmediatamente.
La autoridad policial que practique el arresto de una persona debe ponerla, sin demora
innecesaria, a la orden del ministerio público, para que éste, si lo estima pertinente,
disponga directamente su puesta en libertad o solicite al juez una medida de coerción. La
solicitud del ministerio público debe formularse luego de realizar las diligencias
indispensables y, en todo caso, dentro de las veinticuatro horas [Link] a partir del
arresto.
En el caso del numeral 1 de este artículo, cualquier persona puede practicar el arresto, con
la obligación de entregar inmediatamente a la persona a la autoridad más cercana.
En todos los casos el ministerio público debe examinar las condiciones en que se realiza el
arresto. Si el arresto no resulta conforme con las disposiciones de la ley, dispone la libertad
inmediata dé la persona y en su caso vela por la aplicación de las sanciones disciplinarias
que correspondan.
27
Con relación a la orden de arresto, el artículo 225 del Código Procesal Penal establece que
el juez, a solicitud del ministerio público, puede ordenar el arresto de una persona cuando:
1) Es Necesaria su presencia y existen elementos suficientes para sostener, razonablemente,
que es autor o cómplice de una infracción, que puede ocultarse, fugarse o ausentarse del
lugar;
2) Después de ser citada a comparecer no lo hace y es necesaria su presencia durante la
investigación o conocimiento de una infracción.
El arresto no puede prolongarse más allá del agotamiento de la diligencia o actuación que
lo motiva. Si el ministerio público estima que la persona debe quedar sujeta a otra medida
de coerción, así lo solicita al juez en un plazo máximo de veinticuatro horas, quien resuelve
en una audiencia. En caso contrario, dispone su libertad inmediata.
[Link] Otras Medidas
Por disposiciones del artículo 226 del Código Procesal Penal, se establece que a solicitud
del ministerio público o del querellante, y en la forma, bajo las condiciones y por el tiempo
que se explica en este código, el juez puede imponer al imputado, después de escuchar sus
razones, de siete medidas de coerción.
El legislador a dispuestos para estos fines primero la presentación de una garantía
económica suficiente; segunda la prohibición de salir sin autorización del país, de la
localidad en la cual reside o del ámbito territorial que fije el juez; tercero la obligación de
someterse al cuidado o vigilancia de una persona o institución determinada, que informa
regularmente al juez; cuarto la obligación de presentarse periódicamente ante el juez o ante
la autoridad que él designe; quinto la colocación de localizadores electrónicos, sin que
pueda mediar violencia o lesión a la dignidad o integridad física del imputado; sexto el
arresto domiciliario, en su propio domicilio o en custodia de otra persona, sin vigilancia
alguna o con la que el juez disponga; y como último recurso la prisión preventiva. (Código
Procesal Penal, 2007, art. 226)
28
Del mismo modo el legislador en el texto legal antes indicado dispone que para las
infracciones de acción privada no se pueda ordenar la prisión preventiva, arresto
domiciliario, ni la colocación de localizadores electrónicos, por entender que dichas
medidas resultarían excesivas para el caso de la especie.
De acuerdo con Valdez, D. (2015) en cualquier caso, el juez puede prescindir de toda
medida de coerción, cuando la promesa del imputado de someterse al procedimiento sea
suficiente para descartar el peligro de fuga.
2.3.4 Fundamento para la imposición de las medidas de coerción
De acuerdo con González, H. (2018) el juez debe proceder a la aplicación de medidas de
coerción, cuando existen elementos de prueba suficientes para sostener, razonablemente,
que el imputado es, con probabilidad, autor o cómplice de una infracción; cuando existe
peligro de fuga basado en una presunción razonable, por apreciación de las circunstancias
del caso particular, acerca de que el imputado podría no someterse al procedimiento; de
igual manera cuando la infracción que se le atribuya esté reprimida con pena privativa de
libertad.
De igual manera se ha establecido que para su imposición, es necesaria la solicitud del
ministerio público o del querellante, y para ello el juez puede disponer de la imposición de
una sola de las siete medidas de coerción previstas en el artículo 226 del Código Procesal
Penal o combinar varias de ellas, según resulte adecuado al caso, y expedir las
comunicaciones necesarias para garantizar su cumplimiento. Pero en el caso de la ordenar
la prisión preventiva, la misma no puede ser combinada con ninguna de las otras medidas
de coerción, por considerarse esta la más gravosa.
Por disposiciones legales del artículo 228 del Código Procesal Penal en ningún caso el juez
está autorizado a aplicar estas medidas desnaturalizando su finalidad ni a imponer otras más
graves que las solicitadas o cuyo cumplimiento resulta imposible.
El artículo 229 del Código Procesal Penal establece el peligro de fuga, planteando que para
decidir acerca del peligro de fuga el juez toma en cuenta, especialmente, las siguientes
circunstancias: primero arraigo en el país, determinado por el domicilio, residencia
29
habitual, asiento de la familia, de sus negocios o trabajo y las facilidades para abandonar el
país o permanecer oculto. La falsedad o falta de información sobre el domicilio del
imputado constituye presunción de fuga;
Segundo la pena imponible al imputado en caso de condena por el hecho penal atribuido;
tercero la importancia del daño que debe ser resarcido y la actitud que voluntariamente
adopta el imputado ante el mismo; y por último el comportamiento del imputado durante el
procedimiento o en otro anterior, en la medida que indique su voluntad de someterse o no a
la persecución penal.
Para acompañar lo anteriormente planteado el legislador ha dispuesto que las partes puedan
proponer prueba con el fin de sustentar la imposición, revisión, sustitución, modificación o
cese de una medida de coerción que pese o pueda pesar en contra del imputado. Dicha
prueba se individualiza en un registro especial cuando no está permitida su incorporación al
debate.
El juez valora estos elementos de prueba conforme a las reglas generales establecidas en
este código, exclusivamente para fundar la decisión sobre la medida de coerción. En todos
los casos el juez debe, antes de pronunciarse, convocar a una audiencia para oír a las partes
o para recibir directamente la prueba, debiendo levantarse acta de dicha audiencia.
Como formalidad de la resolución que impone una medida de coerción, el legislador a
previsto que la misma debe contener los datos personales del imputado o los que sirvan
para identificarlo; la enunciación del hecho que se le atribuye y su calificación jurídica; la
indicación de la medida y las razones por las cuales el juez estima que los presupuestos que
la motivan concurren en el caso; y la fecha en que vence el plazo máximo de vigencia de la
medida.
Con relación al internamiento del imputado en un centro de salud mental cuando se
determine que el mismo tiene problemas psicológicos que le impiden reaccionar, actual y
relacionarse de manera natural dentro de la sociedad, el artículo 233 del Código Procesal
Penal dispone que a solicitud del ministerio público, el juez puede ordenar el internamiento
del imputado en un centro de salud mental, previa comprobación por dictamen pericial, de
30
que sufre una grave alteración o insuficiencia de sus facultades mentales que lo toman
peligroso para sí o para terceros, siempre que medien las mismas condiciones imperantes
que promueven la aplicar de prisión preventiva. (González, H. 2018, p.18)
2.3.5 Prevención de aplicación de medidas de coerción innecesaria
Con relación a la prisión preventiva, el legislador a la luz del artículo 234 del Código
Procesal Penal a establecido que además de las circunstancias generales exigibles para la
imposición de las medidas de coerción, la prisión preventiva sólo es aplicable cuando no
pueda evitarse razonablemente la fuga del imputado mediante la imposición de una o varias
de aquellas que resulten menos gravosas para su persona.
De acuerdo con Ortiz, M. (2013) el precitado artículo establece además que el juez no
puede ordenar la prisión preventiva contra una persona mayor de setenta años, si se estima
que, en caso de condena, no le es imponible una pena mayor a cinco años de privación de
libertad. Tampoco procede dicha imposición en perjuicio de mujeres embarazadas, de
madres durante la lactancia o de personas afectadas por una enfermedad grave y terminal.
El artículo 235 establece las garantías, citando que la garantía es presentada por el
imputado u otra persona mediante el depósito de dinero, valores, con el otorgamiento de
prendas o hipotecas sobre bienes libres de gravámenes, con una póliza con cargo a una
empresa de seguros dedicada a este tipo de actividades comerciales, con la entrega de
bienes, o la fianza solidaria de una o más personas solventes.
El juez al imponer al imputado medida de coerción consistente en garantía económica debe
tomar en cuenta la proporcionalidad de la misma. Ya que el legislador a establecido que al
decidir sobre la garantía, el juez fija el monto, la modalidad de la prestación y aprecia su
idoneidad. En ningún caso fija una garantía excesiva ni de imposible cumplimiento en
atención a los recursos económicos del imputado.
El juez hace la estimación de modo que constituya un motivo eficaz para que el imputado
se abstenga de incumplir sus obligaciones. El imputado y el garante pueden sustituirla por
otra equivalente, previa autorización del juez.
31
En cuanto a la Ejecución de la Garantía por disposición del artículo 236 del Código
Procesal Penal, cuando se declare la rebeldía del imputado o cuando éste se sustraiga a la
ejecución de la pena, el juez concede un plazo de entre quince a cuarenta y cinco días al
garante para que lo presente, haciendo la salvedad de que si no lo hace o no justifica la
incomparecencia, se procederá a la ejecución de la garantía. Vencido el plazo otorgado, el
juez dispone, según el caso, la ejecución en perjuicio del garante o la venta en pública
subasta de los bienes dados en prenda o de los hipotecados, sin necesidad de embargo
inmobiliario previo.
Para la cancelación de la garantía la misma debe ser cancelada y devueltos los bienes
afectados a la garantía, más los intereses generados. Siempre que no haya sido ejecutada
con anterioridad, cuando: 1) Se revoque la decisión que la acuerda; 2) Se dicte el archivo o
la absolución; 3) El imputado Se someta a la ejecución de la pena o ella no deba ejecutarse.
2.3.6 Exceso de la aplicación de prisión preventiva como medida de coerción
Según la Revista Acento: En la República Dominicana hay un exceso de la aplicación de
prisión preventiva como medida de coerción, lo que genera sobrepoblación de los centros
penitenciarios y violación de derechos humanos a imputados cuyos casos muchas veces no
aplican para la privación de libertad. Opinión que compartimos, ya que, es avalada por los
hechos que vemos en nuestro cotidiano ejercicio.
Se podría decir que los magistrados del orden judicial actúan de manera correcta, porque
sus decisiones se inscriben dentro del marco de legalidad pautada en el artículo 226 del
Código Procesal Penal, que enumera las medidas de coerción a aplicar a los imputados de
presuntas acciones punibles. Sin embargo, vemos como muchas veces, los jueces en
determinadas ciudades o distritos judiciales acogen de manera mecánica y rutinaria todas
las solicitudes de imposición de medida de coerción consistente en prisión preventiva, aun
en casos que un análisis superficial, aconseja rechazarlas e imponer otra medida más
idónea, debido a la falta de independencia y de carácter, al miedo de chocar con el poder
que representa el Ministerio Público en nuestra sociedad y en el estado. Llegando al
extremo de decirse, con razón para ello, que la justicia penal está viciada por la Fiscalía.
32
El citado texto legal (Ar. 226 CPP.) faculta a los jueces a elegir como medida de coerción
cualquiera de las siguientes: la prisión preventiva, la garantía económica, obligación de
presentarse periódicamente ante una autoridad que sea designada, el arresto domiciliario, y
la prohibición de salir sin autorización del país.
Cada infracción tiene una repercusión que provoca un daño a un bien jurídico, que merece
un castigo conforme a la medida establecida en el Código Penal o en una ley adjetiva y el
juez, al momento de imponer una medida de coerción, debe valorar y ponderar la gravedad
de cada acción transgresora de la ley, el arraigo social del imputado, la posibilidad del
imputado entorpecer el proceso que se le sigue, entre otras razones. Es decir, debe velar por
que la medida de coerción impuesta sea la más idónea al caso de la especie.
Cabe señalar que el procedimiento para conocer sobre solicitud de imposición de medidas
de coerción está concebido como un procedimiento rápido y expedito, si se toma en cuenta
la jurisdicción de juicio, donde se van a analizar, conocer y fallar cada uno de los incidentes
propuesto. Sin embargo, no es tan sencillo como parece o como lo ha querido el legislador.
Depende en muchos casos de las formas de pensar de los jueces y de la interpretación que
se le den a las disposiciones legales sobre la materia, incluyendo las resoluciones de la
Suprema Corte de Justicia. Y lógicamente tiene que ver con la forma de ver las cosas por
parte del Ministerio Público, quien siempre solicita prisión preventiva, si el imputado no
tiene trascendencia social, política y económica.
Permítannos explicarnos mejor, al referirnos artículo 227 del Código Procesal Penal,
debemos decir que los Jueces, no el Ministerio Público, deben antes de aplicar la prisión
preventiva, como última ratio, analizar cómo sucedió el arresto, el allanamiento, la
flagrante, etc., si se cumplieron las formalidades y se respetaron los derechos
constitucionales del encartado.
Es bueno puntualizar, que no se esta pidiendo que se evalué el fondo del caso particular por
el cual ha sido sometido el imputado, el cual está revestido por la presunción de inocencia,
la cual debe intentar ser mantenida por los defensores técnicos del implicado y destruida
por el Ministerio Público. No nos referimos única y exclusivamente a esos pequeños
33
indicios de errores, o malas actuaciones, de declaraciones que pudieran ser mal
intencionada en principio, buscando tan solo, en el ánimo del Juez, considerar "el caso
particular" encomendado, a que se le aplique al supuesto imputado la prisión preventiva; no
obstante, ser considerado hasta ese momento del proceso inocente, es decir, acreedor de la
presunción de inocencia garantizada por el artículo 14, CPP y la ley de leyes.
Por otra parte estamos observando que se desfavorece a nuestras familias por errores en los
actos de allanamiento, de flagrante, con expresiones dudosas y falaces que no deben ser
utilizadas en los actuales momentos , como por ejemplo "este último prófugo" o " se dio a
la fuga" y se están enviando a las distintas cárceles del país, a personas, en algunos casos
por haber sido apresadas o investigadas en años anteriores, se le ubica y se le vuelve a
apresar, teniendo por motivo meras especulaciones; a personas que accidentalmente
pasaban por el lugar , se le apresó, o que sin estar en el lugar , se colocó la frase ya
enunciada "se dio a la fuga", etc. Ocasionando, graves perjuicios morales y materiales de
manera directa al imputado y también a los familiares y esto no se está tomando en cuenta
por el sistema de justicia nuestro.
El caso de la procedencia o imposición de una medida de coerción no es facultad arbitraria
del Juez, pues tal atribución se encuentra fundamentada o reglamentada por la ley,
valorando cada uno de los elementos de prueba conforme a los criterios de la lógica, los
conocimientos científicos y las máximas de la experiencia, tal y como lo dispone el Art.
172 del Código Procesal Penal. Además debe adoptar su decisión con total independencia,
no debe dejarse intimidar por presiones de ninguna índole.
34
2.4. Marco Conceptual
Aplicación
La Real Academia Española (2019), ha establecido que el término aplicación proviene del
latín “applicatĭo”, “aplicatiōnis” compuesto lexicalmente con el prefijo “ad” equivalente
“hacía”, más la voz “plicare” que quiere decir “doblar” o “hacer pliegues” y el sufijo “ción”
de acción y efecto; por ende según su etimología se puede decir que la palabra aplicación
hacer referencia a la acción y el efecto de aplicar o aplicarse. Este es un vocablo que puede
tener varios usos o significados; y puede aludir al posicionamiento o colocación de algo en
particular sobre otro o que haga contacto con este. (Real Academia Española 2019).
Prisión Preventiva
La prisión preventiva o prisión provisional es una medida cautelar de carácter
excepcional, tomada en situaciones de necesidad extrema, mediante la cual
un juez dispone privar de su libertad ambulatoria a una persona, durante el curso de
un proceso penal en el que se encuentra acusada, sin que exista una sentencia judicial
condenatoria firme, con el fin de prevenir eventuales acciones que puedan dañar a terceros
o la marcha del proceso.
Medidas de Coerción
Las medidas de coerción son alternativas excepcionales que tienden afectar la libertad de
las personas imputadas de un hecho penal. Su objetivo principal es la de garantizar la
presencia del imputado en los procesos penales, es decir, impedir que los mismos se
sustraigan de los procesos.
Tribunal
El tribunal de justicia es un órgano público cuya finalidad principal es ejercer la
jurisdicción, es decir, resolver litigios con eficacia de cosa juzgada, de cumplir otros actos
que las leyes que los organizan les puedan atribuir, los cuales forman parte de la
jurisdicción voluntaria.
35
El Poder Judicial
Es uno de los tres poderes del Estado que conforman el gobierno de la nación. Su
función consiste en administrar justicia, de manera gratuita, para decidir sobre los
conflictos entre personas físicas o morales, en derecho privado o público, en todo
tipo de procesos, juzgando y haciendo ejecutar lo juzgado. Su ejercicio
corresponde a los tribunales y juzgados determinados por la ley.
El Poder Judicial goza de autonomía funcional, administrativa y presupuestaria
otorgada por la Constitución y por la Ley Núm. 46-97 del 18 de febrero de 1997,
modificada por la Ley Núm. 194-04 del 28 de julio de 2004. El presupuesto del
Poder Judicial, conjuntamente con el Ministerio Público, será de por lo menos un
4.10% de los ingresos internos incluyendo los ingresos adicionales y los recargos
establecidos en el Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos Públicos, y se
distribuye de la manera siguiente: un 65% del 4.10 corresponderá a la Suprema
Corte de Justicia y un 35% corresponderá a la Ministerio Público.