Sentencia Despido Colectivo País Vasco
Sentencia Despido Colectivo País Vasco
La Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma del País
Vasco, formada por los/as Ilmos./Ilmas. Sres./as. D. JUAN CARLOS ITURRI GARATE,
Presidente en funciones, D. FLORENTINO EGUARAS MENDIRI y Dª MAITE ALEJANDRO
ARANZAMENDI, Magistrados/as, ha pronunciado
SENTENCIA
Vistos los presentes autos n.º 6/2021 sobre Despido Colectivo,en los que han intervenido,
como parte demandante CONFEDERACION SINDICAL ELA, CONFEDERACION SINDICAL
DE CCOO DE EUSKADI, CENTRAL SINDICAL LAB y FEDERACION DE
INDUSTRIACONSTRUCCION Y AGRO DE LA UNION GENERAL DE TRABAJADORES
FICA-UGT, y como parte demandada PRECISION CASTING BILBAO S.A.U., INDUSTRIA
TURBO PROPULSORES SA, COMITE DE EMPRESA DE PRECISION CASTING BILBAO
SAU.
ANTECEDENTES DE HECHO
PRIMERO.- Se presentaron ante la Sala del TSJPV sendas demandas por la representación letrada
de los sindicatos ELA, Comisiones Obreras, LAB y UGT, sobre despido colectivo frente a las
empresas Precisión Casting Bilbao, SAU –PCB-; Industria Turbo Propulsores, SA –ITP-; Comité de
Empresa, y los diversos sindicatos accionantes.
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TERCERO.- Las demandas fueron tramitadas previa admisión que se ha realizado de las mismas
por Decreto del Sr. Letrado de la Administración de Justicia, y designación de ponente a cada una de
ellas, requiriéndose la documentación oportuna, y dictándose Auto por la Sala del TSJPV el 26 de
marzo de 2021, en el que se resolvió acumular los procedimientos de despido tramitados con los
números 6,7, y 13 de 2021 al primero de los indicados.
CUARTO.- La empresa comunicó a cada uno de los trabajadores afectados por el despido la
tramitación del procedimiento de despido colectivo, abriéndose pieza separada respecto a las
comunicaciones de los trabajadores afectados donde se designaba el domicilio para que se les
practicase notificación de la sentencia.
SEXTO.- Se convocó a las partes para la celebración del acto de conciliación y posterior juicio, y al
no alcanzarse acuerdo en aquel se inició este. En el desarrollo del juicio se alegaron diversas
cuestiones por las partes, sustancialmente oponiéndose la empresa a las demandas e interponiendo la
excepción de inadecuación de procedimiento, y los demandantes reiterando sus argumentos,
desistiéndose de la pretensión de falta de documentación en el procedimiento previo de despido, y
manteniéndose el resto.
OCTAVO.- Finalizado el periodo de prueba se elevaron a definitivas las conclusiones de las partes
constando acta elaborada al efecto con soporte digital.
NOVENO.- Ha sido parte del procedimiento el Ministerio Fiscal que compareció al acto del juicio
realizando las alegaciones que consideró oportunas.
HECHOS PROBADOS
PRIMERO.- La empresa demandada tiene como actividad principal la fundición de piezas a la cera
perdida o procedimientos de calidad similares en súper aleaciones de base de níquel, cobalto u otros
materiales; igualmente, presta servicios de tratamiento térmico, mecanizado, pulido y actividades de
ingeniería y desarrollo para piezas en particular aéreo espaciales. Está participada por la empresa
ITP, y esta, a su vez, es una entidad corporativa dentro del grupo Rolls-Royce. Sus tres principales
clientes son la empresa últimamente citada, IPT y Safran.
SEGUNDO.- La actividad indicada se desarrolla entre las dos plantas de la compañía en Barakaldo
y Sestao, siendo aquella la originaria, mientras que esta última fue construida en 2017, con una
inversión de unos 24 millones de euros entre 2016 y 2019, y un incremento de plantilla de la media
existente en 2015. La dotación de personal se llevó a cabo mediante la transformación de distintos
contratos temporales y otros pertenecientes a empresas de trabajo temporal, alcanzándose un
denominado Acuerdo Laboral el 2 de junio de 2016 entre la empresa y la representación de los
trabajadores, por el que se llevó a cabo la regularización de la contratación existente, fijándose el
modelo de contratación y estableciéndose un tope máximo de contratación eventual por 24 meses,
que después sería indefinido, y ello si durante los primeros doce meses la valoración del mando era
positiva, y en los siguientes doce meses no concurría una caída justificada de la carga de trabajo, a la
que podía quedar supeditada la conversión de los contratos en indefinido. Y en caso de la caída de la
carga de trabajo acontecido se tendría en cuenta como criterios de salida la menor antigüedad del
trabajador. Por último, se había previsto que en caso de la existencia de una caída de la carga de
trabajo se respetaría el orden de salida a la hora de reincorporarse, atendiendo a la necesidad de la
sección o secciones en las que se habían desarrollado las funciones.
CUARTO.- Se han celebrado sendas reuniones los días 2, 10, 16, 21 y 23 de diciembre de 2020,
participando en ellas la dirección de la empresa y la representación de los trabajadores. En las
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OCTAVO.- La empresa ha venido realizando en los ejercicios 2017 a 2020 un total de inversiones
que alcanzan casi los 16 millones de euros. Las previsiones de ventas para 2020, según
contrataciones concertadas y confirmadas determinaban subidas del 7,6% y 3,5% en 2020 respecto al
ejercicio 2019. Las pérdidas económicas en los ejercicios 2018 y 2019 son atribuibles a gastos
financieros y a la desactivación de créditos fiscales.
La evolución trimestral de ingresos según las declaraciones del IVA son las siguientes: 2018, primer
trimestre 8049,5; segundo trimestre 7384,4; tercer trimestre 7084,1; cuarto trimestre 11456,9. En el
ejercicio 2019, primer trimestre 8531,5; segundo trimestre 8205,7; tercer trimestre 6612,7; cuarto
trimestre 9108,4. Y, en 2020, primer trimestre 7449,0; segundo trimestre 7229,5; y tercer trimestre
4827,8, siempre de miles de euros.
DUODÉCIMO.- El Comité de empresa está conformado por seis miembros de UGT, 4 de LAB,
seis de Comisiones Obreras y uno de ELA, delegado sindical, siendo el total de 17.
FUNDAMENTOS DE DERECHO
PRIMERO.- El relato de los hechos se ha extraído de la diversa probanza practicada en el acto del
juicio, y en concreto de la siguiente prueba: los hechos probados primero y segundo de la Memoria y
Acuerdo de 2 de junio de 2016; los hechos probados tercero a séptimo de los documentos aportados
por las partes; los hechos probados octavo y noveno de la Memoria del expediente del despido
colectivo y de la sentencia del Juzgado lo Social número dos de Bilbao de 16 de abril de 2021 que
prácticamente coinciden en los datos; el hecho probado décimo del informe de auditoría de 2019; el
hecho probado undécimo de las sentencias dictadas y que en él se refieren; y, el duodécimo de la
documental de las partes.
El relato fáctico se ha sustentado en los diversos elementos probatorios procurándose extraer las
consecuencias de hecho, evitando reproducciones que son inadecuadas. Se parte de la existencia de
un convenio colectivo que nadie cuestiona y cuyo art. quince así como disposición final son
valoradas en relación al acuerdo que se celebró el 2 de junio de 2016.
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Por último, en orden a la documental que presentó el representante del Comité de empresa indicar
que como documento particular se admitió, y aunque fue impugnado por la representación de la
empresa, sus datos no fueron contrastados adecuadamente por ella, siendo que debía ser la
empleadora la que conociese su veracidad. Sin embargo, no se ha tenido en cuenta su contenido
porque, según señaló el representante de los trabajadores, las circunstancias que constaban respecto a
los trabajadores afectados por el despido eran también extrapolables a los no afectados de manera
generalizada, de modo que, por ejemplo, incluidos en los acuerdos del año 2016 se indicó que
existían unos 250 trabajadores en total. Esta ha sido la razón por la que no se ha establecido en el
relato de los hechos nada concreto sobre ello, con independencia del desarrollo argumentativo que
después haremos.
Respondemos a esta excepción señalando que se va a desestimar. La causa de ello es que los
demandantes en sus pretensiones suscitan la posible vulneración de derechos fundamentales y
criterios de afectación de los trabajadores por incumplimiento empresarial de los pactos existentes.
No se cuestiona en las demandas la aplicación de los criterios aplicativos a cada uno de los
trabajadores, sino que se argumenta en términos generales si los parámetros establecidos por la
empresa se ajustan a criterios de legalidad en base al ámbito constitucional y los acuerdos suscritos.
Con independencia de que pueda realizarse una especificación de los casos de los trabajadores
afectados a la hora de comprobar si concurre una conculcación del derecho fundamental o los
acuerdos; con independencia de ello, lo cierto es que el planteamiento que formulan las demandas
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TERCERO.- El examen de las diversas actas que se han levantado en el periodo de consultas
demuestra la existencia de un verdadero periodo de deliberación entre las partes en orden a la
obtención de resultados positivos en la negociación del despido colectivo.
Respecto a la alegación de ocultación de datos de un cliente que se imputa a la empresa, así como la
presión que sobre el mismo presuntamente se ejerció sobre los trabajadores para que aceptasen los
despidos, señalar que no consideramos, vistas las actas, que sea un elemento relevante, pese a la
importancia que sobre tal extremo manifiesta la parte actora. No parece que el expediente y el
periodo de consultas quede influido o significado por ello, siendo un elemento más del mismo, pero
sin peso o entidad transcendente. Además, la parte ha desistido de su petición de que no se le
facilitase la documentación oportuna, por lo que solo por la vía de la mala fe pudiese ser considerada
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esta materia, y en esta línea resulta insuficiente para entender que la empresa intencionadamente
defraudó las consultas y el procedimiento o incurrió en mala fides.
CUARTO.- Los criterios de selección que se han establecido por la empresa a la hora de fijar los
trabajadores despedidos, efectivamente, no se encuentra que vulneren ningún derecho
constitucional.
2016, sentencia 162). La desigualdad prohibida es la que lleva consigo que situaciones similares se
traten de forma diferente, sin una causa objetiva para ello. Se exige la prueba de que lo igual es
tratado de forma distinta (STC 28 de mayo de 2015, sentencia 110). Por ello el postulado inicial es
el de la acreditación de situaciones similares que son injustificadamente diferenciadas.
No existe prueba en nuestro caso de que los trabajadores que están afectados por los criterios de
selección se encuentren en situaciones especiales o particulares respecto a la plantilla total de la
empresa. El representante del Comité nos ha manifestado que en la misma situación que los
afectados por el despido se encuentran una gran pluralidad de trabajadores que no han sido incluidos
en la selección. De aquí, y respecto a la alegación de discriminación, no deducimos la concurrencia
de la misma, desestimando este argumento.
Los pactos a los que aluden los demandantes, de 2016, no son especialmente significativos de
ningún criterio selectivo contrario a derecho. Por un lado, porque de esos pactos no deducimos la
consolidación de ningún criterio concretado que limite la posibilidad del ejercicio de un despido
colectivo por la empresa, puesto que sólo se refieren a la limitación en orden a las contrataciones
previstas en los acuerdos; de otro, es significativo que el convenio colectivo, sobre el que nadie
cuestiona su vigencia, ha establecido una repercusión concreta respecto al despido disciplinario y el
despido objetivo individual, expresando la referencia exclusiva a estos supuestos la misma dicción
del artículo 20 del convenio. De ello, el que si acudiésemos a los medios interpretativos de los
convenios colectivos, artículos tres, siete, y 1281 y siguientes del Código Civil (STS 5-4-17, recurso
28 de 2016), convendríamos que los términos utilizados son claramente expresivos de una limitación
y restricción de la prerrogativa establecida de despido disciplinario e individual, que excluye y no
contempla el supuesto que ahora vemos, que es el del despido colectivo.
Por último, en referencia a las menciones que se realizan respecto a posibles garantías y quiebras por
pertenecer a grupos con salarios más altos, mayor formación y polivalencia, así como quienes se
encontraban en situación de reducción de jornada por guarda legal o periodos de incapacidad
temporal; respecto a ellas precisar que nada consta, y no se ha desprendido de la prueba practicada el
que se incluyese a trabajadores en estas particulares situaciones de forma exclusiva y excluyente. El
total del colectivo afectado parece que no presenta una significación especial que les distinga
respecto a los trabajadores no despedidos.
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Conclusión de lo anterior es que no es aplicable ninguna nulidad por causa de aquel supuesto que ha
previsto el art.124, 13-4ª, b) 3ª LRJS.
QUINTO.- Nos adentramos a partir de ahora en la aplicación del art. dos del RDL 9/20.
Para acercarnos a esta cuestión debemos analizar las causas alegadas por la empresa, tratando la
idoneidad de las mismas respecto a la medida de despido adoptada, y ello para poder establecer la
separación, en su caso, de causas propias de despido, independientes de la pandemia, o, por el
contrario, causas vinculadas a esta. Y, partimos, a su vez de ese marco de carga probatoria que exige
que la empresa pruebe sin género de duda la realidad de las causas. Recordaremos lo que hemos
expresado al final de nuestro Tercer Fundamento en orden a gravar a la empresa con la constancia de
dichas causas. Centramos el debate en estas, que nos conduce en parte a esa diferencia que realizan
las partes de causa coyuntural o estructural.
Conforme al art. 51 ET, son causas económicas aquellas que concurren cuando los resultados de la
empresa determinen una situación económica negativa, en casos como pérdidas actuales o previstas,
o la disminución persistente del nivel de ingresos ordinarios o de ventas; se considera que existe una
disminución persistente si durante tres meses consecutivos el nivel de ingresos ordinarios o ventas
de cada trimestre es inferior al registrado en el mismo trimestre del año anterior. Son causas
productivas aquellas que se aprecian cuando se producen cambios en la demanda de los productos o
servicios que la empresa pretende colocar en el mercado.
La causa económica examina la situación de toda la empresa, y al efecto se pueden considerar estas
cuestiones: en primer término, es posible la apreciación de la situación económica mediante las
declaraciones de IVA (STS 26 de junio de 2020, recurso 4405 del 2017); y, en segundo lugar, la
disminución de ingresos durante tres trimestres continuados determina esa situación o causa
económica del despido (STS 28 de junio de 2016, recurso 354 del 2015).
Pero, y ello es aplicable para todas las causas, es necesaria la denominada causalidad o
proporcionalidad del despido para que este sea regular. La causalidad significa que la medida sea
ajustada a las circunstancias, a su finalidad y revista caracteres de razonabilidad suficientes (STS 9
de septiembre de 2020, recurso 13/2018). Así es posible que objetivamente la causa concurra, por
pérdidas por ejemplo, y sin embargo no exista la idoneidad para el despido. Es cada caso el que
determina el acomodo de la decisión empresarial a la realidad que el legislador ha previsto.
respecto al primero de 2019, el cuarto de 2019 supone beneficios respecto a su precedente, y marca
una tendencia muy superior a los de 2018, salvo el cuarto. En general, apreciamos que los ingresos
en el periodo examinado se mantienen en líneas muy similares, y ello nos hace concluir el que, en
todo caso, las medidas adoptadas son desproporcionadas respecto a los datos concurrentes, porque
no es admisible la reducción de una quinta parte de la plantilla con ese nivel de actividad y ventas.
Es difícil con esta situación el admitir que hay tres trimestres consecutivos de pérdidas. Pero,
tengamos en cuenta que los datos de facturación son positivos, y que las previsiones por contratos
confirmados eran más beneficiosas para el ejercicio 2020 que las que constaban en los previos de
2019 y 2018.
Consideramos, además, que las fuertes inversiones a partir de la apertura en 2017 del centro de
trabajo implican una proyección en la actividad y no es computable un posible incremento de deuda
en base a la propia capacidad organizativa de la empresa que determinó un porcentaje de volumen de
producción superior al que venía practicándose, y que los márgenes de comercio venían avalando.
De ello concluiríamos que el despido es injustificado, aunque nuestro análisis no queda aquí.
Los datos económicos y productivos nos conducen a estimar que la empresa a comienzos del año
2020 se encontraba en una senda productiva positiva, con liquidez y apoyo económico suficiente, sin
plantearse ningún despido, incluso mantenía una bolsa importante de contrataciones temporales. La
extinción de los contratos se suscita por las previsiones de ventas y el futuro incierto abierto ante la
pandemia. Esta es la causa real de los despidos, y los datos que esgrime la empresa son en relación a
ella, tal y como se desprende de la simple lectura de la memoria y el informe que se facilitó a los
representantes de los trabajadores en el periodo de consultas. De aquí el que valoremos que ante esta
coyuntura del COVID-19 rigen las medidas excepcionales, y por ello no podía procederse a un
despido colectivo por la empresa según establece el art. dos del RDL 9/20, porque la situación que la
empresa describe como causalizadora del despido no proviene de una coyuntura previa, si no de la
generada por la pandemia. Nada en los informes hacía prever la necesidad de la articulación de un
despido objetivo, tal y como nos lo demuestra el informe de auditoría del ejercicio 2019.
Tampoco las causas productivas concurren. La actividad de mercado y los pedidos confirmados
muestran que la disminución o cancelación de los mismos procede de la crisis de la pandemia, y no
de una coyuntura que fuese previa a esta. No es apreciable, en consecuencia, tampoco la causa
productiva del art. 51 ET esgrimida por la empresa, y al efecto basta examinar ese incremento que en
el ejercicio 2020 se había producido de pedidos respecto al previo de 2019.
Además de la estimación que hasta aquí hemos concretado, debemos añadir que también era
estimable la pretensión que vinculaba el desajuste de la medida al expediente de regulación temporal
de empleo.
En el expediente actual del despido colectivo la empresa vuelve a realizar iguales alegaciones,
sustentando su situación económica y productiva negativas en el impacto de la pandemia.
En definitiva, nos encontramos ante la descripción en las dos medidas de un idéntico panorama,
iguales consecuencias del mismo y soluciones u opciones del factor trabajo diferentes pero con las
mismas causas. Y, reiteramos, no es posible analizar diferentes instrumentos de flexibilidad interna y
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SEXTO.- No consideramos que se haya acreditado la causa económica, tampoco la productiva, pues
consta una actividad prevista con índices elevados hasta Marzo de 2020, decayendo a partir de
entonces, y siendo apreciable que la única causa existente a partir de dicha fecha de Marzo de 2020
es la pandemia.
La idoneidad de la causa no se aprecia en la medida adoptada por la empresa y ello porque para
nuestro legislador, RDL 8/20 y 9/20, la pandemia no es causa de despido, por lo que si se ha actuado
este, el mismo es injustificado, contrario a derecho y debe revocarse.
Ante la dualidad que se nos oferta de nulidad del despido y no justificado del mismo nos decantamos
por aquella fórmula, al ser este el criterio que esta Sala de lo Social del TSJPV mantiene respecto a
esta cuestión (STSJPV recurso 57/21, entre otras).
Partimos de que la normativa que establecen los RDL 8 y 9/20, se enmarca dentro de una legislación
especial y excepcional, ante una situación única e imprevisible. En general la intervención estatal
dentro del derecho laboral se produce en materias y coyunturas de obtención de la paz social, de
manera que es el legislador el que asume en ellas las riendas de la conducción de las relaciones
laborales para solventar momentos de importante conflictividad o extraordinaria necesidad de
protección de los intereses laborales; y ello se hace mediante una legislación que pretende la fijación
de unos contornos de indisponibilidad e imposición de figuras e instituciones para tanto los
empresarios como los trabajadores y sus representantes. Con estas normas se regulan problemáticas
que no obtienen respuesta por los cauces ordinarios de la negociación, ostentando un protagonismo
el Estado del que normalmente prescinde.
El que se hayan utilizado las categorías propias de la funcionalidad laboral tiene su justificación en
que son formas del derecho del trabajo y como tales deben operar en las circunstancias en que se las
utiliza dentro del entorno del trabajo, pero teniendo presente que ya no están en juego por su
régimen normal, el del ET, sino por otro cauce, que es el propio de la norma que las ha recogido. Y
es en este contexto –legislación de la pandemia- donde las debemos interpretar, y al hacerlo
debemos prescindir de su operativa habitual y desenvolverlas en la nueva circunstancia a la que se
ha pretendido atender; y en ella hacer su interpretación, ajena a lo que son otros bloques normativos
operativos para el decurso normal de la cosas. Y es entonces cuando, como veremos, las
consecuencias de esta aplicación interpretativa nos deben separar de las causas tasadas en el ET y la
LRJS de la restitutio in pristinum o del despido nulo, y utilizar las fórmulas que se acomodan a la
excepcional coyuntura.
La normativa invocada es de esta naturaleza excepcional, con una clara finalidad de actuar frente a
una situación inédita, imprevisible tanto en su origen como en su desarrollo, articulando el legislador
medidas imaginativas que procuran la preservación de la paz/estado social mediante el
mantenimiento del empleo. El tercer protagonista de las relaciones laborales junto a la empresa y los
trabajadores, el Estado, ha asumido una prerrogativa que suplanta a los negociadores sociales, y
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tanto por la urgencia como por la gravedad ha configurado unos presupuestos de responsabilidad
social –de todos los agentes- con el fin del mantenimiento de las estructuras productivas y del
empleo, de los que se deriva, entre otras, una única consecuencia: que la situación de pandemia no
suponga la destrucción de empleo, manteniéndose un paréntesis ficticio de continuidad de las
relaciones laborales, con el significado concreto de que nadie sea despedido por la situación de
cierre de los mercados y de las actividades productivas.
Y ello se ha intentado reforzar y remarcar legislativamente mediante una disposición expresa en tal
sentido, el art. 2 del RDL 9/20, por medio de la cual se intenta que no quede duda de que la
intención del legislador es clara en su opción, frente a las posibilidades ordinarias que ha previsto el
ET, se impone lo dispuesto en los arts 22 y 23 del RDL 8/20. Esta fuerza interpretativa es el mismo
legislador el que la propugna mediante el despeje de cualquier duda al efecto. Nos encontramos, por
tanto, ante una interpretación que realiza el mismo legislador, y la misma fuente de la que proviene
la misma le dota de un carácter especialmente singular de autenticidad (interpretación auténtica).
En definitiva, todo despido colectivo no procedente por causas ajenas al COVID-19, está vinculado
con la pandemia y es ilegal, cualquiera que sea la forma y motivación que adopte. Esta es la tesitura
que cabe concluir de la interpretación normativa que se examina de conformidad al art. 3 CC,
aplicable en estos casos dentro del deber de los órganos judiciales de obtener la tutela judicial (STS
20-5-2014, rc 156/2013).
Y, todavía, veamos que en España hemos alcanzado la tasa de desempleo del 16,13% en diciembre
de 2020 –tres millones setecientos diecinueve mil parados-, frente al 13,78% existente a diciembre
de 2019, y en aquella cifra no se incluyen los 700.000 trabajadores que están incluidos en
expedientes de ERTE. Esto lo exponemos al hilo de que las medidas de contención de la pérdida del
empleo siguen continuando y promulgándose con esta finalidad, de forma que a la crisis no se sumen
más extinciones de contratos de trabajo que aquellas que sean ajenas a ella –RDL 30/2020-; y estas
cifras nos obligan a comprender la tesitura laboral ante la que se dictan las normas que examinamos
e interpretarlas en la dinámica del art. 3 CC –realidad social del tiempo en que son aplicadas-.
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Toda esta conjunción de elementos generales y particulares propios del Derecho Laboral confluyen y
se congenian en el acogimiento de otra institución típica del marco de este derecho social, como es
la figura del despido nulo.
El engarce entre el mantenimiento del empleo y la resolución irregular del contrato de trabajo por un
acto unilateral del empresario nos conduce a la restitución ad integrum del vínculo laboral. Y ello
por estas razones: primera, por la indisponibilidad de la norma excepcional por parte de cualquiera
de los sujetos participantes en las relaciones laborales, tanto en la esfera de la voluntad general como
en la particular de un contrato de trabajo (empresa y sindicatos), en cuanto que el tercer sujeto de las
relaciones laborales, el público, es el que se ha atribuido las funciones de delimitar los parámetros
funcionales y de reacción ante la pandemia y sus consecuencias; la segunda, porque solamente se
acomoda a esa previsión de mantener el empleo y la situación previa a la generada con el RD
463/20, la reposición de la situación previa de los trabajadores al acto ilícito de su despido; tercera,
porque la vis atractiva de la imposición a los empresarios y trabajadores de un sistema concreto de
atender la crisis les ha privado de la disponibilidad de la extinción de los contratos de trabajo, y les
obliga a asumir un instrumento concreto fuera del cual, en los supuestos del art. 22 RDL 8/2020 (
completado por el 2 del RDL 9/2020, para nuestro caso, y posteriormente el 30/2020), no hay
alternativa: es ope legis. Fuera de los contornos legislativos no hay discrecionalidad; y, cuarto,
porque esa no disposición de la facultad de despedir que establece el art. 2 del RDL 9/20 conduce a
que no sea posible que por la declaración de despido injustificado se produzca lo que no ha querido
la norma, y que a la postre se opte por la extinción del contrato mediante una indemnización, que es
la posible consecuencia del despido improcedente/extinción injustificada. Si se admite ello se
introduciría una quiebra de la misma norma, dejándola sin contenido eficaz.
No se trata de automatizar las instituciones propias del derecho laboral, sino de dotarles de su
verdadero empaque. Por ello, no es que sea porque se trate de un posible despido fraudulento el que
la consecuencia del mismo sea la nulidad, no, de lo que se trata es de que la voluntad de las partes ha
quedado criogenizada, y se ha asumido por el legislador una función propia de los interlocutores
sociales, que es la negociación y la disponibilidad de determinadas instituciones, creando un marco
de derecho necesario. De aquí el que haya adquirido la preservación del empleo en la concreta
situación generada una significación mayor a aquélla que se había pretendido para otros casos; y
todo el bloque normativo dictado para la pandemia forma un conjunto holístico y sistémico, propio y
autónomo, ajeno al paralelismo ordinario de las figuras del derecho laboral y su regulación. En
definitiva, se ha diseñado un sistema para la situación, con la configuración de las causas y formas
de actuar, ERTE, y se ha ubicado a la protección del empleo frente a la pandemia en un rango
electivo similar al de la protección de los derechos fundamentales; en el mismo rango que los
derechos que determinan la consecuencia de la nulidad del despido.
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Por último, queremos resaltar un elemento de legalidad ordinaria. El despido objetivo presenta una
especialidad –acorde con la reducción de la indemnización y sus peculiares tramitaciones- como es
que cuando la empresa articula indebidamente el instrumento –vía arts 51/52 ET- la consecuencia no
es la improcedencia sino la nulidad, y lo mismo sucede cuando no cumple formalmente con los
requisitos exigibles. Así se ha calificado de nulo el despido en el que se ha dispersado la figura del
empresario (STS 17-2-2014, rc. 142/13); en los casos en los que el despido aunque era colectivo se
ha modulado individualmente (STS 17-5-2016, rc 3037/14); o cuando han mediado posiciones
empresariales fraudulentas (STS 8-9-2020, rc 225/14). La categoría del despido nulo en los casos de
los art. 51 ET es más comprensiva que en los supuestos del despido ordinario, pues a los previstos
–ex art. 55, 5 ET- se suman otros, y es la normativa del art. 22 RDL 8/2020 claramente integrativa
de los supuestos de los despidos objetivos (a sus causas se refiere el mismo precepto).
Hasta ahora hemos expresado los argumentos deducibles de la dinámica aplicativa del derecho
social, pero no debemos dejar al margen los criterios que se desprenden de la teoría general del
derecho. Si acudimos a ella la conclusión que obtendremos igualmente será la nulidad del despido.
En primer término, ya lo hemos enunciado, las normas a veces son reforzadas por el mismo
legislador en orden a esclarecer cuál es la interpretación que se les debe realizar, y se dictan nuevas
reglas para clarificar o remarcar lo previamente establecido (interpretación auténtica), con el fin de
disipar dudas y conducir inexorablemente la voluntad de los sujetos afectados por la eficacia
normativa.
El art. 2 del RDL 9/2020 es uno de estos supuestos. Esta disposición ha pretendido reforzar la
previsión de los arts. 22 y 23 RDL 8/2020, y postular sin duda alguna lo que se ha establecido: los
contratos se suspenden, no se faculta para despedir por causas relacionadas con la pandemia. Tanto
esfuerzo legislativo no casa con la posibilidad abierta al empresario de acudir o a un despido
simulado, o a uno carente de causa, o a una vía de improcedencia que faculte al empresario con la
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opción que fija el art. 56 ET para obtener lo que expresamente se ha rechazado normativamente, que
es la extinción contractual;
Y, tercero y nuevo efecto de lo dicho, los actos contrarios a las normas imperativas y a las
prohibitivas son nulos de pleno derecho –ex art. 6, 3 CC-. El despido –individual y y colectivo- es
un negocio jurídico con una declaración de voluntad de extinción del contrato de trabajo que es
recibida por el trabajador, y como tal negocio dentro del derecho determina, en general, la necesidad
de acomodarse a la regulación del derecho laboral que lo fiscaliza. Por ello, si se impugna el despido
se examina la conformidad del acto jurídico empresarial con la previsión normativa.
OCTAVO.- Se hace saber a la parte que contra esta sentencia se podrá interponer recurso de
casación ordinaria ante el Tribunal Supremo. Al tiempo de hacerlo se deberá realizar la consignación
oportuna de las cuantías de los salarios de tramitación (STS 20-4-2015, rc 354/14), ajustándose a los
requisitos y plazos que constan al final de la presente sentencia.
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FALLAMOS
E/
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VOTO PARTICULAR que formula la Ilma. Sra. magistrada doña Maite Alejandro Aranzamendi
en el procedimiento despido colectivo número 6/2021, el que se apoya en el artículo 260 LOPJ y el
siguiente FUNDAMENTO DE DERECHO, que paso a exponer:
Coincido por tanto con los fundamento de derecho primero a quinto pero no así con el sexto, y mi
discrepancia radica en que, a mi entender, la sala debería declarado el Despido colectivo no ajustado
a Derecho pues no comparto el criterio mayoritario de esta sala en esta concreta cuestión.
Por un lado, y antes de entrar en el tema de la calificación del despido, matizo que estoy de acuerdo
con la sentencia mayoritaria en su conclusión de que en el caso del ERE sometido a nuestra
consideración no ha quedado acreditada la causa económica ni la productiva, tal y como se expone al
principio de ese ordinal sexto, aunque discrepo del argumento de que sobra el debate sobre la
estructurabilidad de las causas o su carácter estructural, pues entiendo que este debate sí puede
presentar relevancia en el contexto de la legislación excepcional COVID, debiendo examinarse en
cada caso concreto. Sobre todo, teniendo en cuenta que tanto el Real decreto ley 8/2020 como el
9/2020 se asentaron sobre el presupuesto de que la pandemia tendría una duración limitada y corta,
creando un paréntesis de excepcionalidad sanitaria, tras el cual podría retornarse a la situación de
normalidad (en este sentido, véase artículo 5 del Real decreto ley 8/2020 o la exposición de motivos
del Real decreto ley 9/2020), lo que no se está cumpliendo ya que la duración se está alargando y
después de un año resulta muy incierta a pesar de la vacuna, pudiéndose prolongar los efectos
negativos sobre la economía de las empresas. En cualquier caso, comparto que no ha quedado
acreditada en este caso la existencia de causa económica estructural suficiente para justificar el
despido colectivo, pues no consta con el suficiente rigor que la medida ofrecida por el legislador a
través de los ERTES no habría ayudado a la empresa a la superación de la crisis derivada de la
pandemia, teniendo en cuenta que han de valorarse las circunstancias concurrentes en el momento de
la tramitación del ERE, no las posteriores, y no puedo concluir que la empresa se encontrara
entonces en una situación de extrema gravedad o fuera inviable económicamente, en los términos de
la sentencia del TS 09/09/2020 recurso 13/2018. Y asumo en esta línea el resto de los argumentos
expuestos en la sentencia mayoritaria para apoyar esta conclusión.
Por otro lado, en relación a la calificación del despido colectivo, comparto que la regulación de las
medidas complementarias adoptadas en el ámbito laboral para paliar los efectos derivados del
COVID-19 es excepcional pues se ha dictado a esos efectos para regular una situación excepcional.
Pero se trata de una normativa parca que plantea muchos interrogantes. Me refiero en este caso a la
disposición contenida en el artículo 2 del Real decreto ley 9/2020 de 27 de marzo que en concreto y,
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Asumo que el despido colectivo impugnado ha incumplido el artículo 2 del Real decreto 9/2020 y,
siendo la calificación del despido ilegítimo el tema aquí discutido y a la espera de que el Tribunal
Supremo unifique doctrina para terminar con la no deseable inseguridad jurídica actual, con todo el
respeto hacia la opinión mayoritaria, discrepo de la misma y considero que los despidos que se
realicen con desconocimiento de lo dispuesto por el artículo 2 del RDL 9/2020 deben ser declarados
improcedentes/no ajustados a Derecho y no nulos, en la misma línea que ha resuelto el TSJ
Andalucía Sevilla en su sentencia de 19/11/2020 recurso 1795/2019, Madrid en su sentencia de
25/11/2020 recurso 590/2020 o Cataluña en su sentencia de 31/03/2021 recurso 3825/2020. En
resumen, porque entiendo que ni la normativa excepcional ni la ordinaria del ET amparan
suficientemente la interpretación mayoritaria de la nulidad del despido.
La cuestión es importante no sólo por el debate que suscita desde el punto de vista técnico jurídico,
sino también por sus consecuencias. La declaración de la nulidad del despido según nuestra
legislación sustantiva y procesal conlleva el resarcimiento in natura -readmisión del trabajador
despedido y abono de salarios de tramitación- mientras que la de la improcedencia conlleva en
general el resarcimiento por el equivalente -abono de indemnización legal con extinción de la
relación laboral-.
Entiendo que la regulación de emergencia anti COVID no permite alcanzar solución diferente a la de
la declaración de la improcedencia del despido.
Desde el punto de vista literal, considero que el artículo 2 del Real decreto ley 9/2020 no introduce
una verdadera prohibición de despedir sino mas bien una limitación en relación a las causas que
pueden justificar la procedencia de un despido en esta coyuntura (“no se podrán entender como
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Y sin que quepa acudir a la nulidad con las consecuencias que conlleva ya que la jurisprudencia
consolidada califica de improcedente y no nulo el despido sin causa (por ejemplo, STS 27/01/2009 R
602/2008, 29/09/2014 R 3248/2013, 05/05/2015 R 2659/2014). Este criterio ha sido también el de
esta sala adoptado en sentencias como la de 03/02/2015 R 15/2015, 18/10/2016 R 1869/2016.
Desecho el argumento del fraude de ley, pues el artículo 6.4 Código Civil dispone que los actos
realizados al amparo del texto de una norma que persigan un resultado prohibido por el
ordenamiento jurídico, o contrario a él, se considerarán ejecutados en fraude de ley y no impedirán la
debida aplicación de la norma que se hubiera tratado de eludir. Comparto el planteamiento de la
sentencia mayoritaria de que nos encontramos ante una normativa excepcional que trata de regular
una coyuntura excepcional cuya finalidad es el mantenimiento del empleo, y que la empresa que no
acude a los mecanismos de flexibilidad interna expresamente dispuestos y reforzados en la
normativa excepcional, como son los ERTES, y despide a un trabajador en esta coyuntura, podría
conseguir en este momento de crisis un fin contrario al ordenamiento jurídico, la estabilidad en el
empleo, en determinados casos. Pero la sanción por esa posible conducta fraudulenta en tal sentido
debería ser la improcedencia y no la nulidad de tal decisión, en coherencia con la doctrina
jurisprudencial consolidada (STS 05/05/2015 R 2654/2014, 23/10/2018 R 2715/2016, etc) que limita
la nulidad de los despidos a los supuestos más graves explícitamente recogidos en la norma
(despidos discriminatorios o realizados con vulneración de derechos fundamentales, despidos de
personas protegidas por su situación de embarazo, lactancia, nacimiento, etc).
En este sentido me parece muy importante resaltar que si el legislador excepcional hubiera querido
disponer otro efecto, lo habría hecho, pues ha tenido muchas y sucesivas ocasiones de aclarar esta
cuestión a lo largo de las numerosas disposiciones aprobadas desde que se declaró el estado de
alarma por RD 463/2020 de 14 de marzo, no habiéndolo regulado. En concreto, la vigencia del
artículo 2 del Real decreto ley 9/2020 de 27 de marzo ha sido prorrogada sucesivamente, la última
vez hasta el 31/05/2021 por el Real decreto ley 2/2021 de 26 de enero, cuando ya estaba vivamente
planteado este debate en la doctrina y tribunales hacía meses, sin que se haya abordado este extremo,
por lo que no puedo presumir que la voluntad de legislador de emergencia haya sido cambiar el
criterio que se deduce de la legislación anterior, que continúa vigente.
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Resalto también que la propia exposición de motivos del Real decreto ley 9/2020 salva la vigencia
de las causas de despido del contrato de trabajo previstas en la normativa laboral, por lo que
volvemos al ámbito de las causas, único en el que debe analizarse la limitación legal, ya que nada se
dispone en relación a la calificación de las extinciones que tengan lugar con infracción de lo
dispuesto en el artículo 2.
Considero por todo ello que la calificación de dicha extinción como despido no ajustado a Derecho y
no nulo es la más ajustada a las circunstancias del caso, debiendo haberse incluido dicha calificación
en el fallo.
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La difusión del texto de esta resolución a partes no interesadas en el proceso en el que ha sido dictada solo podrá llevarse a cabo previa disociación de los
datos de carácter personal que el mismo contuviera y con pleno respeto al derecho a la intimidad, a los derechos de las personas que requieran un especial
deber de tutela o a la garantía del anonimato de las víctimas o perjudicados, cuando proceda.
Los datos personales incluidos en esta resolución no podrán ser cedidos, ni comunicados con fines contrarios a las leyes.
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PUBLICACIÓN.- Leída y publicada fue la anterior sentencia en el mismo día de su fecha por el
Iltmo . Sr. Magistrado Ponente que la suscribe junto con el Voto Particular de la Ilma. Sra. doña
Maite Alejandro Aranzamendi en la Sala de Audiencias de este Tribunal. Doy fe
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ADVERTENCIAS LEGALES.-
Contra esta sentencia cabe recurso de casación ordinario que podrá plantearse en el plazo
de cinco días hábiles siguientes al de su notificación. Se considerará preparado por la mera
manifestación de la parte, de su abogado, graduado social o por su representante, al ser notificada la
sentencia, o bien mediante comparecencia ante esta Sala o por escrito presentado ante la misma.
Igualmente y en todo caso, salvo los supuestos exceptuados, el recurrente deberá acreditar
mediante resguardo entregado en la secretaría de esta Sala de lo Social al tiempo de preparar el
recurso, la consignación de un depósito de 600 euros.
Los ingresos a que se refieren los párrafos anteriores se deberán efectuar, o bien en entidad
bancaria del Banco Santander, o bien mediante transferencia o por procedimientos telemáticos de la
forma siguiente:
Están exceptuados de hacer todos estos ingresos las Entidades Públicas, quienes ya tengan
expresamente reconocido el beneficio de justicia gratuita o litigasen en razón a su condición de
trabajador o beneficiario del régimen público de la Seguridad Social (o como sucesores suyos),
aunque si la recurrente fuese una Entidad Gestora y hubiese sido condenada al abono de una
prestación de Seguridad Social de pago periódico, al anunciar el recurso deberá acompañar
certificación acreditativa de que comienza el abono de la misma y que lo proseguirá puntualmente
mientras dure su tramitación.