D. Borobio, Eucaristía, Sacramento Del Sacrificio
D. Borobio, Eucaristía, Sacramento Del Sacrificio
Dionisio BOROBIO*
como presencia del misterio total de la pascua y expresar el carácter sacrificial de la misa. Con todo,
como memorial del sacrificio de la cruz..., la Edad es claro que no siempre se ha expresado este aspec-
Media se centró en la explicación del «cómo» de la to de forma ideal. La explicación del Vaticano II y
presencia real somática de Cristo en la eucaristía, documentos posteriores supone una nueva visión.
olvidando en gran parte aquella visión más sacra- Baste recordar lo que ya afirma en la SC 47: «Nues-
mental-mistérica. A la cuestión del «espacio» (cómo tro Salvador, en la última cena, la noche que le trai-
explicar la presencia en el altar del cuerpo y la san- cionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su
gre de Cristo localizado en los cielos), se encontró cuerpo y de su sangre, con el cual iba a perpetuar
una respuesta con la distinción entre sustancia y por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la
accidentes (presencia real personal despojada de la cruz y a confiar así a su esposa, la Iglesia, el memo-
concreción de accidentes). Pero no se logró encon- rial de su muerte y de su resurrección». Con todo,
trar respuesta a la cuestión del «tiempo» (cómo ex- no faltan críticas respecto a las expresiones que a
plicar en el presente eucarístico la presencia del sa- veces utilizan las anáforas actuales, que denotan
crificio pretérito de Cristo), por lo que su explicación un cierto «lenguaje victimista», así como a la pobre-
sobre el sacrificio no sólo queda limitada, sino que za de los signos por los que se expresa este misterio
se resuelve en una especie de repetición eucarística (pan y vino, vino mezclado con agua, fracción), que
de aquel único sacrificio de la cruz. no muestran de forma suficiente el contenido y mis-
terio sacrificial de la eucaristía2.
Es éste el contexto en que debemos situar la
postura crítica de Lutero y los reformadores, recha-
zando la concepción católica sobre el sacrificio de la
2. ACLARACIONES HERMENÉUTICAS
misa. Como afirma A. Gerken: «Por lo que se refiere
al carácter sacrificial de la misa, podría encontrarse Es evidente que no pretendemos ofrecer unas
todavía una cierta clarificación en Santo Tomás, so- «definiciones» cerradas de los conceptos que em-
bre la base de la representación del sacrificio de la pleamos, sino una aproximación aclaratoria, de
cruz. Pero en la Alta Edad Media tardía, a través del modo que se comprenda la riqueza y complejidad
nominalismo, se habría verificado una decadencia del tema.
de las posiciones iniciales. Habría desaparecido de
la conciencia teológica el carácter sacrificial de la
misa y, al mismo tiempo, se habría establecido una 2.1. Oblación-ofrenda
praxis en donde el sacrificio de la misa quedaba se-
parado del de la cruz y de este modo se veía sujeto a Oblación es el primer sentido de sacrificio, e in-
manipulaciones. Se trata de una praxis criticada dica un don que se ofrece gratuitamente y sin inte-
por Lutero con toda razón». Todavía hoy siguen las rés, para significar la relación confiada con Dios. De
discusiones entre algunos exegetas y teólogos sobre modo semejante, ofrenda significa apartar algo de
el carácter sacrificial de la eucaristía, e incluso so- su uso común y utilitario, y ofrecerlo a otro como
bre el valor sacrificial de la obra salvífica de Cristo. don que se recibe en sí mismo, sin privarlo de su
valor humano, sino dándole un valor superior de
Junto a este problema, hay que recordar las re- signo de encuentro y comunión con Dios (A. Vergo-
percusiones de una separación «clásica» entre sa- te).
cramento y sacrificio, por lo que mientras el sacra-
mento se centra en la presencia real en los signos
del pan y el vino, el sacrificio se entiende como la 2.2. Sacrificio
«representación» del acontecimiento de la cruz. Si-
guiendo esta distinción (y hasta división), no se ha – En sentido general significa la renuncia a un
llegado hasta nuestros días a explicar adecuada- bien, en vistas a la consecución de un bien supe-
mente la eucaristía como «memorial», como «sacra- rior, sobre todo en relación con una persona (J.
mento», como «epíclesis», como «representación ac- Betz). Con otras palabras, es la entrega de algo, que
tualizadora» del mismo y único sacrificio de Cristo implica una renuncia, en favor de alguien.
en la cruz. En verdad, no se puede explicar la euca- – En sentido religioso (historia de las religiones):
ristía sacrificio sin su necesaria e intrínseca rela- del latín sacrum-facere (sacralizar una cosa), viene a
ción con la anamnesis, la epíclesis, la eulogía, la significar la destrucción o inmolación de un don,
koinonía. como signo de dominio y entrega total a Dios, y en
vistas a una comunión plena con el mismo Dios, al
participar o comer del don que sólo a Dios pertene-
1.3. Perspectiva litúrgica ce, y en general para salir del desamparo de la exis-
La liturgia, tanto en su eucología mayor (anáfo- tencia humana3. Algunos estudiosos lo definen co-
ras) como en su eucología menor (oraciones), ha en- mo «un acto religioso que, mediante la consagración
contrado siempre formulaciones adecuadas para de una víctima, modifica el estado de la persona
EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
3
moral que lo realiza o de ciertos objetos» (Hubert y El sacrificio en Cristo (que después explicaremos
Maus). El rasgo más distintivo del sacrificio es que más detenidamente) abarca toda la acción salvífica
lo consagrado sirve de intermediario entre el sacrifi- de Jesús, desde la encarnación hasta su culmina-
cador y la divinidad a la que generalmente va dirigi- ción en la cruz y resurrección; supone la abolición
do, estableciéndose así una comunicación entre el de los sacrificios antiguos (Hebreos) y, según los di-
mundo sagrado y el medio profano por medio de la versos textos, implica no sólo la donación de sí
víctima. Su origen, características y finalidad los mismo, la entrega martirial, sino también la repre-
describe así J. Vidal: «El sacrificio, realización de lo sentación cultual. Por eso, puede decirse que el sa-
sagrado, está inserto en una tradición social, cultu- crificio de Cristo es la entrega total que de su per-
ral y religiosa, y descansa en disposiciones oblati- sona hace Cristo, desde la encarnación hasta la
vas. Inspirado en el mito y guiado por el rito, admi- muerte-resurrección, por amor y como hombre-
nistra las potencias elementales de la creencia – para-los-demás, en orden a manifestar el gran amor
aspiración, purificación, comunión, generación– de salvador de Dios, la manera de luchar contra el pe-
un modo al mismo tiempo festivo y trágico, indivi- cado, y el sentido del sufrimiento y de la muerte de
dual y colectivo»4. los hombres, en la esperanza de la resurrección.
mo y el formalismo cultual (Mt 9,13; 12,7; 23), pre- muerte de Cristo. Así, Pablo afirma que «Cristo,
dica la necesidad de reconciliarse antes de presen- nuestro cordero pascual, ha sido inmolado» (1Cor
tar la ofrenda (Mt 5,23-26), rechaza las ofrendas 5,7), y que «se entregó a sí mismo por nosotros en
materiales (Mc 11,17: expulsión de los vendedores sacrificio de suave olor» (Ef 5,2), o que Cristo fue
del templo) y relativiza el templo, proponiendo un presentado por Dios «como medio de expiación por
nuevo culto (4,22-23). su propia sangre, mediante la fe» (Rm 3,25). Y He-
breos afirma expresamente que Cristo, como el su-
Pero es en la última cena donde Jesús va a insti-
mo sacerdote de los bienes futuros, «penetró en el
tuir el nuevo culto, que supone la entrega de su
santuario de una vez para siempre, no con sangre
propia vida por los demás, el nuevo sacrificio de la
de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia
nueva alianza en su sangre. Se ha discutido, como
sangre, consiguiendo una redención eterna» que pu-
ya sabemos, el valor sacrificial de la última cena y si
rifica verdaderamente del pecado, viniendo a ser así
Jesús tuvo esta intención sacrificial. No nos dete-
el «mediador de una nueva alianza» (Hb 9,11-15).
nemos ahora en este punto. Baste recordar la con-
Porque éste es el verdadero cordero pascual del que
clusión síntesis a que llega M. Gesteira:
se participa y se comulga en la eucaristía, los cris-
«Se puede afirmar sin reticencia alguna la tianos ya no pueden participar ni comulgar de los
dimensión sacrificial de la vida y la muerte de sacrificios paganos (1Cor 10,14-22).
Jesús, así como de la última cena, como prove-
Estos testimonios, según algunos autores, son
niente de la conciencia y la intención del propio
indicio de que en el Nuevo Testamento, al menos en
Jesús. Pero entendiendo este sacrificio como al-
Pablo y Hebreos, se sigue utilizando el lenguaje ve-
go radicalmente nuevo, desde la clave de la en-
terotestamentario de prosphora, prosphorein para
trega de sí mismo en la diaconía y el servicio, y
describir la obra redentora de Jesús, en sentido
no desde un sacrificio cruento que no sobrepase
más existencial profético, pero también manifestan-
los módulos del sacrificio tanto judío como pa-
do así un cierto proceso de cultualización. Por eso
gano. Es el sacrificio de Jesús como servicio a
Ef 5,2 viene a considerar la persona corpórea de Je-
los hombres, a la vez que como culto y obedien-
sús como prosphora, y el don sacrificial de su pro-
cia rendida al Padre, lo que se plasma en el ban-
pia vida como thysía. Y Hebreos proclama con énfa-
quete de la cena. Pues el sacrificio de Jesús ra-
sis que la obra redentora del sacrificio de Cristo es
dica en la donación total de su persona».
verdadera e irrepetible prosphora, ofrecido de una
En efecto, en los relatos de la institución, más vez para siempre (ephapax).
que destacarse la separación del cuerpo y la sangre
Los primeros cristianos fueron también cons-
como expresión del sacrificio, se destaca la entrega
cientes de esta novedad sacrificial, si nos atenemos
de Jesús «pro nobis», «pro vobis», «pro multis», «pro
a los testimonios de la Iglesia primitiva, insistiendo
peccatis», en probable alusión al canto cuarto del
en que el sacrificio verdadero de los cristianos no es
Siervo de Yahvé (Is 53,4-12). Algunos autores insis-
algo material o cruento, sino espiritual, personal,
ten en la diferencia entre las dos tradiciones: la he-
existencial: en esto consiste la verdadera liturgia y
lenística (Pablo y Lucas), que insistiría más en la
oblación del cristiano. Los cristianos deben ofrecer
muerte de Jesús como entrega martirial de sí mis-
sus cuerpos como «sacrificio (thysía) vivo, santo y
mo, en la línea profética; y la palestinense (Marcos y
agradable a Dios», como «culto espiritual (logiké la-
Mateo), que insistiría más en la ofrenda cultual, en
treía)» (Rom 12,1. Cf. Flp 2,17; 4,18; 1Pe 2,5; Hb 13,
la línea de la liturgia sacrificial del templo. En todo
1-3 y 15-16). Además, según Hebreos, se presenta
caso, como veremos más tarde, hay que entender
también como sacrificio de alabanza a Dios el fruto
este carácter sacrificial de la cena a la luz del senti-
de los labios y alabanza, así como el comportamien-
do sacrificial salvífico que Jesús dio a toda su vida,
to ético-religioso. «No se trata de una cultualización
es decir, como un acto de servicio último y de entre-
del éthos, sino más bien de una etización y una es-
ga total en favor de la humanidad, y no tanto en
piritualización del culto». Esto refleja a la vez una
sentido expiatorio. Así pues, el concepto de sacrifi-
cierta «anticultualidad» intencionada, que tiene su
cio aplicado a la muerte de Cristo, y ya representa-
reflejo en cierta reticencia a utilizar términos cul-
do en la última cena, tiene un sentido totalmente
tuales (sacerdote, sacrificio, ofrenda...), pero que en
distinto al de los sacrificios paganos o judíos, ya
contrapartida insiste en el culto existencial, lleno de
que en él el pecado ha sido vencido, la creación ha
un nuevo sentido y contenido en Cristo.
sido radicalmente renovada, los sacrificios han sido
abolidos en el único sacrificio. En cuanto a la eucaristía, el Nuevo Testamento
no la llama nunca sacrificio de forma expresa, sino
Serán Pablo (Rm 4,25; Gal 3,13; 2,20; 2Cor 5,
«fracción del pan», «cena del Señor». Pero, precisa-
14ss 18-20) y Hebreos (esp. cap.9-10) los lugares en
mente por ser memorial de la autodonación y entre-
que se explicita este pensamiento, ilustrando el sig-
ga en amor y servicio de Cristo en la cruz, por eso
nificado salvífico y el sentido sacrificial de la vida y
mismo es también actualización de aquel sacrificio
EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
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realizado de una vez para siempre. En ella no se elementos de la creación, insiste en la dignidad de
trata de una cena o banquete en la que se coman la oblación del pan y el vino y el agua (Adv. Haer. 4,
los frutos de un sacrificio anterior, sino que el ban- 18,6). Hipólito de Roma (comienzos del s. III) no du-
quete celebra y presencializa el mismo sacrificio de da en insistir en ello: «Recordando su muerte y re-
Cristo en la cruz. Por eso, más que banquete sacri- surrección, te ofrecemos el pan y el cáliz». Y el Ca-
ficial, es banquete en el que se hace presente de non romano dirá: «offerimus de tuis donis ac datis...,
forma misteriosa y dinámica el sacrificio de Cristo, hostiam puram, hostiam sanctam, hostiam imma-
del que participamos uniéndonos a él por la comu- culatam». A esta oblación no dudará, por ejemplo,
nión. San Cipriano en llamarla «sacrificio», en unión y de-
pendencia del sacrificio de Cristo:
«Pues si el mismo Jesucristo, Señor y Dios
3.2. Tradición patrística
nuestro, es sumo sacerdote de Dios Padre y se
No es posible recoger en poco espacio el rico tes- ofreció a sí mismo como sacrificio al Padre y
timonio de los Padres. Nos limitamos a un breve re- mandó que se hiciera esto en memoria suya,
sumen. Ya desde el principio, los Padres (Clemente verdaderamente aquel sacerdote cumple las ve-
Romano, Bernabé, Justino) comienzan a llamar a la ces de Cristo que imita lo que hizo Cristo, y en-
eucaristía prosphora, thysía. El testimonio primitivo tonces ofrece un sacrificio verdadero y pleno en
más elocuente es la Didaché (c. 100): la Iglesia a Dios Padre, si empieza a ofrecerlo
conforme lo que ve que ofreció el mismo Cristo»
«Reuníos en el día del Señor, partid el pan y (Ep. 63,14).
dad gracias después de confesar vuestros peca-
dos, a fin de que vuestro sacrificio sea puro (kat- «La pasión es el sacrificio del Señor que ofre-
hara he thysía). Pero todo aquel que tenga con- cemos... Cuantas veces ofrecemos el cáliz en
tienda con su compañero, no se junte con voso- memoria del Señor y de su pasión, hacemos
tros hasta tanto no se haya reconciliado, a fin de aquello que consta que hizo el Señor» (Ep. 63,
que no se profane vuestro sacrificio (thysía hy- 17).
mon). Porque de éste es del que dijo el Señor:
Por tanto, el sacrificio que ofrece la Iglesia cum-
“En todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrifi-
pliendo el mandato de Cristo es el mismo y único
cio puro” (thysian katharan)» (Didaché, 14,1).
sacrificio que ofreció Cristo en la cruz. La expresión
Se destaca, como se ve, la necesidad de reconci- «memores... offerimus» condensa de modo admira-
liación y pureza para participar. De la misma mane- ble que no se trata de un nuevo sacrificio, sino del
ra que, en otros casos, se insiste en la actitud de memorial del único sacrificio. Celebrando el memo-
acción de gracias, y en el aspecto ético y existencial, rial de la prosphora de Jesús, llevamos a plenitud
de los participantes en el sacrificio, que se ordena al nuestra propia prosphora. O, de otro modo: nuestro
perfeccionamiento de la vida cristiana. Así, Ireneo sacrificio es un memorial del sacrificio de Cristo, y
dice que no es Dios el que necesita de nuestro sacri- sólo como tal puede ser entendido.
ficio, sino nosotros los que necesitamos ofrecer algo
Después de Nicea, se decantan dos líneas de ex-
a Dios2 (Adv. Haer. 4,18,3.6). La ofrenda verdadera
plicación: la de la escuela alejandrina, de cristología
del cristiano, lo mismo que la de Cristo, radica en el
descendente, que subraya más la eucaristía como
amor y en la entrega de la propia vida, como expre-
comunión con la carne del Logos que como sacrifi-
sa Ignacio de Antioquía (Efes. 9,1: «Víctima vuestra
cio; y la de la escuela antioquena, de cristología as-
soy y por vosotros, efesios, me ofrezco en sacrifi-
cendente, que destaca más el aspecto histórico de la
cio»). También es de señalar cómo los primeros tes-
vida y muerte de Cristo, e insiste en la eucaristía
timonios «vinculan estrechamente el sacrificio con
como memorial del sacrificio de la cruz. La cuestión
la vida eclesial y la construcción de la comunidad»,
es ésta: ¿cómo puede hacerse presente hoy aquello
que por la eucaristía forma un solo cuerpo con Cris-
que sucedió una sola vez? La respuesta de Juan
to (Ignacio, Efes. 5,2; Clemente de Alejandría,
Crisóstomo, afirmando la identidad del sacrificio de
Strom. 7,6,7). Es claro, pues, que al principio el ca-
Cristo y de la eucaristía, es la más significativa al
rácter de sacrificio de la eucaristía se entiende, sí, a
respecto:
partir del sacrificio de Cristo, pero en relación más
con la oblación personal y comunitaria que con la «¿Acaso no presentamos oblaciones todos los
oblación de los dones: en la oblación de los dones se días? Ciertamente, pero al hacerlo hacemos
expresa y hace presente la oblación de Cristo, la de conmemoración (anamnesin) de su muerte, y es-
la Iglesia y la de los cristianos. ta oblación es una, no muchas. [...] Pues siem-
pre ofrecemos el mismo cordero; no hoy uno y
Poco a poco la atención se va centrando más en
mañana otro; siempre el mismo. Y por esta razón
los dones de la eucaristía. Así, Ireneo (c. 200), pole-
el sacrificio es siempre uno (mía estin he thysía);
mizando contra los gnósticos que despreciaban los
de no ser así, dado que se ofrece en muchas par-
6 EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
tes, tendría que haber también muchos Cristos. passionis», la dimensión pneumatológica de este sa-
Pero no; antes bien, en todas partes es uno el crificio (operante invisibiliter Spiritu Dei), y la dimen-
Cristo, que está entero aquí y entero allí, un solo sión sacramental de la misma eucaristía de la que
cuerpo. Así pues, como Cristo, que se ofrece en participamos por el pan y el vino que son el cuerpo
muchas partes de la tierra, es un solo cuerpo y y la sangre de Cristo (corporis et sanguinis Domini
no muchos cuerpos, así también es uno el sacri- sacramentum [De fide cath., 2,72,2]).
ficio que nos purifica. Y ahora ofrecemos tam-
Esta misma relación y unión entre sacrificio y
bién aquello mismo que entonces fue ofrecido y
memorial del sacrificio, entre sacramento y sacrifi-
que jamás se consumirá. Esto lo hacemos en
cio (= sacramentum sacrificii) se encuentra expresa-
memoria (eis anamnesin) de lo que entonces su-
da en los sacramenarios romanos (Veronense, Gela-
cedió, pues dijo: haced esto en memoria mía. No
siano antiguo, Gregoriano) y en la eucologia del Mi-
hacemos otro sacrificio, como lo hacía antaño el
sal Romano. Así, el Veronense dice que el sacrificio
pontífice, sino que siempre ofrecemos el mismo;
que se ofrece no es un sacrificio cruento, sino el sa-
o mejor, hacemos conmemoración (anamnesin)
crificio de Cristo que se actualiza por obra del Espí-
del sacrificio» (In ep. ad Hebr. hom., 17,3).
ritu y que se hace presente en el pan y el vino que
Esta misma comprensión y explicación la encon- son el cuerpo y la sangre de Cristo. Y el Gelasiano
tramos en otros Padres, tanto orientales (Eusebio de confiesa que, aunque hayan pasado los sacrificios
Cesárea o Teodoro de Mopsuestia) como occidenta- materiales, la Iglesia ofrece un sacrificio que, por un
les (Ambrosio, Agustín, Gregorio Magno), si bien en misterio inefable, es siempre el mismo y único sa-
éstos se percibe una mayor insistencia en los dones crificio de Cristo. Como bien concluye B. Neunheu-
del pan y del vino, que poco a poco conducirá a una ser, «según los claros términos de la liturgia roma-
mayor distinción entre sacramento (dones consa- na, la celebración de la eucaristía es sacrificio de la
grados) y sacrificio (memoria celebrativa por las Iglesia, porque ella ofrece dones en memoria de la
preces y la anáfora). muerte del Señor, de modo que su acción sacrificial
no es otra cosa que la ofrenda del sacrificio del Se-
Esta distinción encuentra una expresión más
ñor, un ser-insertados en ese sacrificio, que así se
clara en San Isidoro de Sevilla, para quien la euca-
hace presente sin por ello hacerse un nuevo sacrifi-
ristía es, sí, memoria del sacrificio de Cristo en el
cio de Cristo. Este último permanece en su unicidad
que quedan abolidos todos los sacrificios antiguos,
y es hecho presente, en cuanto único, a los cele-
pero sobre todo es sacramento, «buena gracia» de
brantes».
Dios que se nos da en los dones del pan y del vino
transformados en su cuerpo y sangre. Así puede
percibirse, por ejemplo, en este texto:
3.3. Edad Media
«Sacrificium dictum, quasi sacrum factum,
«Durante toda la Edad Media impera indiscutida
quia praece mystica consecratur in memoriam
la fe de que el cristiano en la eucaristía participa de
pro nobis dominicae passionis; unde hoc eo jub-
la muerte sacrificial de Cristo. Prueba de ello es el
ente corpus Christi et sanguinem dicimus, quod,
apogeo de la alegoría rememorativa de la misa, que
dum sit ex fructibus terrae, sanctificatur et fit
asocia los diversos ritos y oraciones de la misa a de-
sacramentum, operante invisibiliter Spiritu Dei,
terminados acontecimientos de la vida de Jesús, y
cuius panis et calicis sacramentum Graeci Eu-
la convierte en un postacontecimiento dramático del
charistiam dicunt, quod latine “bona gratia” in-
destino de Jesús» (J Betz). No obstante esta consta-
terpretatur. Et quid melius corpore et sanguine
tación, se inicia y consolida un cambio importante:
Chisti?» (Etym. 6,19,38).
mientras para los Padres sacramento y sacrifico son
Es evidente que Isidoro no desliga el aspecto de indisociables, de modo que la eucaristía es sacrifi-
memoria del sacrificio y el de la gracia que por esta cial y sacramental inseparablemente (sacramentum
memoria presencial, debido a la consagración del sacrificii), para los medievales se da una cierta diso-
pan y el vino, y por el poder del Espíritu, se nos ciación entre sacrificio y sacramento (in mysterio-in
ofrece en la eucaristía. Otra cosa son las conse- veritate), viniendo a poner el acento en los dones
cuencias que de esta distinción sacará la Edad Me- objetivamente considerados como signo de la pre-
dia. Isidoro subraya con lucidez admirable: la uni- sencia real del Señor.
cidad del sacrificio de Cristo y el de la Iglesia (quod
Pero no por ello se deja de confesar y afirmar
et in passione sua perficiens Christus implevit,
que la eucaristía es la «memoria de la muerte de
quoque etiam apostolis in commemorationem suam
Cristo» («in memoriam mortis Christi immolatur»: P.
fieri iussit [De fide cath., 2,27,1]), la inclusión en el
Radberto). Así, Pedro Lombardo dirá:
«sacramentum sacrificii» de la eucaristía de todos
los sacrificios anteriores y posteriores a Cristo, el «Aquello que es ofrecido y consagrado por el
carácter sacrificial de la eucaristía como «memoria sacerdote (puede) ser llamado sacrificio y obla-
EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
7
ción, porque es memoria y representación del Y en su escrito «Sobre el abuso de las misas» (a.
verdadero sacrificio y de la inmolación hecha en 1522) leemos:
el ara de la cruz. Porque Cristo, muerto una vez
«Decidnos, sacerdotuchos de Baal, ¿dónde es-
(semel) en la cruz, fue inmolado allí en sí mismo
tá escrito que la misa es un sacrificio? O ¿dónde
(in semetipso), pero es inmolado diariamente
ha enseñado Cristo que es necesario sacrificar a
(quotidie autem immolatur) en el sacramento,
Dios el pan y el vino bendito? ¿No oís? Cristo se
porque en el sacramento se realiza la recorda-
ha sacrificado a sí mismo una sola vez, no quiere
ción (recordatio fit) de aquello que tuvo lugar una
seguir siendo sacrificado por ningún otro; quiere
sola vez (semel) [...] Este sacrificio es modelo de
que se haga memoria de su sacrificio. ¿Cómo
aquél; se ofrece lo mismo y siempre el mismo»
podéis entonces ser tan audaces que hacéis del
(Liber IV Sent., d. 9.2).
memorial un sacrificio? [...] Temo, más aún, sé
Éste es también el testimonio de Santo Tomás, por desgracia que vuestro sacrificio es un sacri-
quien, aun dedicando poco espacio a esta cuestión, ficar de nuevo a Cristo».
se plantea la pregunta de «si en el sacramento de la
Como puede verse, Lutero rechaza abusos que
eucaristía se inmola Cristo» («Utrum in hoc sacra-
también Trento rechazará, y aunque habla de «me-
mento Christus immolatur»), y afirma que en este
morial del sacrificio», lo entiende de modo muy dife-
sacramento se representa la pasión de Cristo, ya
rente a como lo entendió la tradición de la Iglesia.
que contiene al mismo Cristo: «No ofrecemos un sa-
Él, como los teólogos de su época, no entiende ya el
crificio diverso del que Cristo ofreció por nosotros, o
significado de la realidad sacramental del memorial
sea, su sangre. Por tanto, el nuestro no es otro sa-
cultual. Para Lutero, la doctrina de la Iglesia con-
crificio, sino el memorial del que ofreció Cristo»
tradice sus principios doctrinales del «solus Deus»,
(Comm. in ep. ad Hebr. X, lect. I). La eucaristía es
«solus Christus», «sola Scriptura», «sola gratia», «sola
sacrificio en cuanto que es «signum rememorati-
fide». Contradice el «solus Deus», porque la Iglesia
vum» de la pasión del Señor, que fue el verdadero
afirma que Dios nos concede la gracia del perdón y
sacrificio (STh III, q. 73 a. 4c y q. 83 a. 1).
la reconciliación por el sacramento, mientras en
Esta doctrina se mantendrá en los siglos sucesi- realidad el hombre solo puede recibirlo de Dios con
vos, aunque el acento vendrá a ponerse, más que en gratitud. Contradice el «solus Christus», pues decir
la acción sacrificial permanente del Resucitado, en que se ofrece un sacrificio va contra el único sacrifi-
la presencia de Cristo víctima sacrificada bajo los cio de Cristo, que sólo nos mandó «comer y beber».
dones de pan y de vino, y de ahí que se explique Contradice la «sola gratia», pues mientras la Iglesia
más la transustanciación que el sacrificio, y que se afirma que se justifica por la eucaristía, la Escritura
tienda más a la adoración que a la participación (G. afirma que la justificación sólo procede de Dios.
de Ockham y teólogos de la época). Con razón afir- Contradice la «sola Scriptura», pues Cristo mandó a
ma E. Iserloh: «Ockham instauró una mentalidad los vivos el hacerlo en su memoria, pero no a los
teológica que no sólo no estudia la eucaristía como muertos como propiciación por sus pecados. Y con-
sacrificio, sino que hacía difícil a Lutero conciliar el tradice también la «sola fide», porque mientras la
carácter sacrificial de la misa con la revelación, y a Iglesia pone el acento en las obras, Dios nos pide
los teólogos controversistas católicos defenderlo con sólo una fe confiada.
eficacia».
En definitiva, «la teología de Lutero es fruto de
su radical concentración cristológica, que retrotrae
todo el misterio de la salvación al pasado de la vida
3.4. Reforma y concilio de Trento
y sobre todo de la muerte de Cristo, desvalorizando
Lutero, que en un principio se movió en el cua- la presencia y acción del Señor en la historia subsi-
dro de la doctrina de la época, impulsado sobre todo guiente y sobre todo en la Iglesia, por su Espíritu y
por razones pastorales, reaccionó después dura y en virtud de la resurrección. De aquí se deriva una
polémicamente contra la doctrina y la praxis euca- minusvaloración radical del sacrificio y de la obla-
rísticas de la Iglesia. Así afirma que: ción de la Iglesia como cuerpo de Cristo, lo cual es
desacertado y negativo, aun cuando se acentúe no-
«la tercera cautividad de este sacramento tablemente la función de Cristo como sacerdote» (M.
consiste en el más impío de los abusos, y por Gesteira).
ello el más generalmente admitido, el más per-
suasivo: la misa como buena obra y como sacri- El concilio de Trento salió al paso de la enseñan-
ficio. De éste se han derivado tantos abusos, que za de Lutero defendiendo la doctrina permanente de
han conseguido ocultar totalmente la fe en el sa- la Iglesia sobre la eucaristía como «sacrificio memo-
cramento y convertirlo en pura feria, en una rial» de Cristo, tal como lo confiesa en su liturgia:
tienda, en un contrato comercial». «memores offerimus» (Sesión 22: DS 1738-1759).
Partiendo de que Jesucristo es el nuevo sumo sa-
8 EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
cerdote, en el que han sido superados el sacerdocio pueblo de Dios, en la que se conmemora la acción
y los sacrificios antiguos, por su sacrificio ofrecido salvadora del Padre, por el misterio pascual, en la
en la cruz de una vez para siempre, afirma que el fuerza del Espíritu.
mismo Cristo, para que no se extinguiese su acción,
Sin duda, esta doctrina encierra las grandes
«en la última cena dejó a su Iglesia un sacrifi- afirmaciones fundamentales sobre el tema, en res-
cio visible en el que estuviera representado (re- puesta a los reformadores. Pero también manifiesta
praesentaretur) aquel sacrificio cruento que iba a algunas dificultades. El concilio no quiso entrar en
realizar una sola vez en la cruz; y permaneciera otras discusiones, pues los debates conciliares reve-
su memoria hasta el final de los tiempos (eius- laban una gran inseguridad sobre el mismo concep-
que memoria); y su eficacia salvífica se aplicara a to de sacrificio, sobre en qué consiste la identidad
la remisión de los pecados que cometemos dia- entre sacrificio de Cristo y de la Iglesia, sobre la
riamente [...], ofreció a Dios Padre su cuerpo y forma de representación por los dones... A estas
su sangre bajo las especies de pan y de vino [...], ambigüedades hay que añadir la dificultad de que la
y se lo mandó con estas palabras: “Haced esto doctrina sobre la eucaristía se expuso en tres sesio-
en memoria mía” [...]. Así lo entendió y enseñó nes distintas, con intervalo considerable de tiempo,
siempre la Iglesia. Porque habiendo celebrado la y por tanto con cierta separación de los tres grandes
antigua pascua [...] instituyó una pascua nueva, temas: presencia real (1551), comunión (1562), sa-
que era él mismo, que había de ser inmolado por crificio de la misa (1562). El concilio, siguiendo la
la Iglesia [...] en memoria de su tránsito de este teología de su tiempo, insistió más en el tema de la
mundo al Padre» (DS 1739-1742). presencia real, y trató el tema del sacrificio en sí
mismo, sin su conexión directa y necesaria con el
Y en el c. 2 habla de la eucaristía como verdadero
sacramento.
sacrificio propiciatorio, diciendo:
«Y porque en este divino sacrificio que se rea-
liza en la misa, se contiene e inmola incruenta- 3.5. Teología hispana: Melchor Cano
mente aquel mismo Cristo que una sola vez se
En cuanto a la teología hispana de la época, cabe
ofreció a sí mismo cruentamente en el altar de la
señalar la influencia de algunos teólogos en el con-
cruz (Hb 9,27), enseña el santo concilio que este
cilio, como es el caso de Melchor Cano. El autor, ya
sacrificio es verdaderamente propiciatorio (pues
en su estudio sobre los Lugares teológicos, y en con-
por él obtenemos misericordia y perdón de los
troversia con los reformadores, aborda la cuestión
pecados). [...] Porque la víctima es una sola y la
del «sacrificio» y del carácter sacrificial de la euca-
misma; el mismo que ahora se ofrece por el mi-
ristía. Discute y responde a cada una de las obje-
nisterio de los sacerdotes es el que entonces se
ciones de los protestantes (Lutero, Calvino, Melanc-
ofreció en la cruz; sólo es distinto el modo de
ton, Bucero), con argumentos escriturísticos, patrís-
ofrecerse. Los frutos de esta oblación (de la
ticos y teológicos. Y, queriendo ofrecer una defini-
cruenta) se reciben abundantemente por medio
ción de sacrificio, dice:
de la oblación incruenta...» (DS 1743).
«Explicaturus igitur, quidnam sacrificium sit,
Como puede apreciarse, Trento recoge en su
quidque sua definitione contineat, illud in primis
respuesta la doctrina permanente de la tradición
accipio, sacrificium proprium esse religionis
sobre la eucaristía como sacrificio. No se trata sólo
opus, id est, ejus virtutis, quae cultum Deo et
de un sacrificio de alabanza o acción de gracias, sin
caerimoniam affert. Est enim sacrificium quasi
efecto remisivo propiciatorio; ni tampoco de una
sacrum factum, ut Gregorius ait. [...] Illud dein-
simple conmemoración («nuda commemoratio»: Lu-
de sumo, sacrificium speciem esse operis sacri et
tero) del sacrificio de la cruz en el sentido de un re-
religiosi; atque adeo opus sacrum quasi genus
cuerdo puramente subjetivo; ni menos de una repe-
esse sacrificii. [...] Septem enim sacramenta ag-
tición de aquel único e irrepetible sacrificio de Cris-
noscit ecclesia, septem sacrificia non agnoscit.
to en la cruz. El sacrificio de la misa es la memoria
Non itaque quodcumque opus sacrum, quicum-
(anamnesis), la «representación» memorial incruenta
queve religionis ritus est sacrificium. [...] Quae
de la oblación cruenta de Cristo en la cruz. Es me-
causa necessaria est, ne nos sacrificia cum sa-
moria llena de realidad objetiva que recuerda; re-
cris aliis confundamus. Adde, quod in sacrificio
presentación celebrativa del misterio de la reden-
hostiam esse oportet, quae Deo immolatur, hos-
ción; aplicación de los frutos a quienes lo acogen
tiam vero in omni religiosa caerimonia velle fin-
con fe y conversión sinceras; sacramento (myste-
gere, ridiculum est […] inveniemus sane sacrifi-
rium) del irrepetible sacrificio de la cruz, de modo
cium tune solum esse, quum res aliqua sacra of-
que los celebrantes se sumergen y hacen propio
fertur Deo. Ubi namque oblatio non est, ibi nec
aquel sacrificio, y como tal lo ofrecen al Padre. La
sacrificium quidem esse potest».
eucaristía es, en fin, la nueva pascua del nuevo
EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
9
Es, pues, claro que para Cano el sacrificio es un Es evidente que la visión de Cano es mucho más
acto religioso por el que se da culto a Dios, y que completa de lo que con frecuencia indican algunos
implica además una oblación («hostia»), lo que no autores. Lo que ofrece la Iglesia en la eucaristía es
puede confundirse con cualquier ceremonia sagra- verdadero sacrificio en cuanto que memorial («in
da. Por eso, los sacramentos son «res sacra», pero commemorationem») del sacrificio de Cristo («memo-
sólo la eucaristía es «sacrificium». Ahora bien, tam- res offerimus»). En ello ve Cano el cumplimiento de
poco cualquier oblación u «hostia» es verdadero sa- la voluntad de Cristo, que no sólo mandó recordar
crificio («non itaque omnis oblatio sacrificium est»), con palabras, sino también con actos. Y tanto pala-
puesto que la Escritura también llama oblación y bras como actos quieren ser «exemplar et imago» a
hostia viva al la «alabanza de los labios» («sacrifi- la vez de la cena y del sacrificio de la cruz. Por eso
cium laudis»), a la ofrenda de nuestros cuerpos, al son para él inseparables la mesa y el altar, el sa-
corazón contrito. Por tanto, el sacrificio debe supo- cramento y el sacrificio, de los que la eucaristía es
ner algo más. En el caso de la eucaristía no se trata verdadero símbolo real. Sin duda, la doctrina de
de un sacrificio cuya oblación haya de inventarse la Cano tuvo una gran influencia en Trento. Es cierto
Iglesia, sino del mismo sacrificio de Cristo, pues él que se puede dudar de su definición de sacrificio.
mismo mandó que lo hiciéramos en memoria suya, Pero su explicación aplicada a la eucaristía supera
de modo que no se puede separar la cena de la me- toda ambigüedad, y es un ejemplo extraordinario de
moria de la pasión, el sacramento del sacrificio. clarividencia teológica, y de superación de la divi-
Veamos cómo se expresa el autor: sión en la eucaristía de sacramento y sacrificio
(«Quare idem instituit ut esse simul et sacramen-
«Christus enim non iussit ut dicamus haec in
tum et sacrificium»).
memoriam eius sed ut faciamus “hoc facite, ait,
in meam commemorationem”. Non est itaque in Esta visión puede completarse con la explicación
mysteriis hostia Christi dicenda solum, sed que ofrecen los Salmanticenses sobre quienes son
etiam facienda Symbolis ergo, et non verbis tan- los que ofrecen el sacrificio de la Misa («Qui sint of-
tummodo sacnficii Christi memoria in altari re- ferentes in sacrificio Missae»), a lo que responden
praesentanda erit. Alioquin si manducatio est, que en primer lugar es Cristo mismo («Chistus Do-
non oblatio exemplar, et imago caenae erit, et minus summus Sacerdos est offerens praecipuus in
imago sacrificii non erit (y cita después como hoc sacrificio»); en segundo lugar, los sacerdotes en
prueba el canon romano). […] “Unde et memores, cuanto han sido consagrados para ofrecer el sacrifi-
Domine, nos servi tui, sed et plebs tua sancta, cio en la Iglesia («quia in solis ipsis est potestas
offerimus praeclarae maiestati tuae de tuis donis consecrandi, et offerendi corpus et sanguinem
ac datis, hostiam puram”. Nullo ergo modo nega- Christi, ut certum est in Ecclesia»); en tercer lugar,
ri potest, quin ecclesia offerens corpus Christi et los bautizados no excomulgados, aunque no por sí
sanguinem in eucharistia, et Christi exemplo id mismos e inmediatamente, sino mediatamente y en
faciat, et evidenti ratione ducta, et praecepto unión con el sacerdote («non per se rigurose et im-
demque ipsius Domini impulsa» (refiriéndose mediate, sed tantum mediate per manus sacerdo-
luego al texto de Pablo «cuantas veces coméis, be- tum denominative»), lo cual puede hacerse uniendo
béis, anunciáis la muerte del Señor»), argumenta: la ofrenda de su vida, ofreciendo una limosna o en-
«Sic si apostolus dixit “Quotiescumque mandu- cargando la misa («per actionem aliquam moventem
cabitis”, non necesse est interpretari caenatio- sacerdotem ad offerendum, [Link]. per eleemosy-
nem dominicae mortis anuntiationem esse. Vo- nam...), participando en el mismo sacrificio con sus
luit ergo Dominus, ut quae mensa est, ea sit no- respuestas y actitud («assistendo sacrificio, maxime
bis et altare, hoc est, ut non modo caenaremus, adiuvando et respondendo»).
verum etiam sacrificaremus. Quare idem insti-
tuit ut esse simul et sacramentum et sacrifi-
cium, quorum alterum Domimcae caenae, al- 3.6. Vaticano II y documentos posteriores
terum dommicae mortis esse symbolum. […]
Illud praeterea ammadvertendum censeo, El Vaticano II, más allá de toda intención polé-
quamvis Christus in caena nullum omnino sacn- mica, ha recogido y expresado con claridad la doc-
ficium obtulisset, eo tamen quod dixit: “Hoc est trina sobre la eucaristía como sacrificio. Baste re-
corpus meum, quod pro vobis tradetur”, et mox cordar algunos textos:
vero subjungit: “Hoc facite in meam commemo- «Nuestro Salvador, en la última cena, la no-
rationem”, satis ostendisse, nos mystice corpus che que le traicionaban, instituyó el sacrificio
tradituros, sanguinemque effusuros quod re ipsa eucarístico de su cuerpo y sangre, con el cual
aperte et sine mysterio ipse erat postea facturus. iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el
Hoc scilicet, quod ego faciam, vos facite, sed ego sacrificio de la cruz, y a confiar así a su esposa,
faciam sacrificio cruento, vos facite in meam la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrec-
commemorationem incruento».
10 EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
ción: sacramento de piedad, signo de unidad, 1,11) y santo, puesto que completa y supera to-
vínculo de caridad...» (SC 47). dos los sacrificios de la Antigua Alianza» (n.
1330).
No sólo institución y mandato, sacrificio y sa-
cramento aparecen unidos. Se habla de la centrali- El texto, como se ve, no quiere deducir la deno-
dad y participación en este sacrificio, que es tam- minación, sino que la recoge con los diversos califi-
bién de la Iglesia y de sus miembros «que se ofrecen cativos que le da la Escritura, inclusivamente. Más
a sí mismos junto con la víctima divina»: explícitamente se nos habla del tema cuando trata
del «sacrificio sacramental», especificándolo con las
«Participando del sacrificio eucarístico, fuente
expresiones «acción de gracias», «memorial», «pre-
y cumbre de toda la vida cristiana, ofrecen a
sencia» (t. V), en un deseo de apoyar una interpre-
Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos
tación más completa, que ayude al mismo diálogo
juntamente con ella» (LG 11).
ecuménico. Y así, explica:
«Es, pues, la sinaxis eucarística el centro de
«Cumplimos este mandato del Señor (“Haced
toda la asamblea de los fieles que preside el
esto en memoria mía”) celebrando el memorial
presbítero. Los presbíteros, consiguientemente,
de su sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos al Padre lo
enseñen a fondo a los fieles a ofrecer a Dios Pa-
que él mismo nos ha dado: los dones de la crea-
dre la Víctima divina en el sacrificio de la Misa y
ción, el pan y el vino, convertidos por el poder
a hacer, juntamente con ella, oblación de su
del Espíritu Santo y las palabras de Cristo en el
propia vida. [...] Así son ellos invitados y condu-
cuerpo y la sangre del mismo Cristo: así Cristo
cidos a ofrecerse a sí mismos, sus trabajos y to-
se hace real y misteriosamente presente» (n.
das sus cosas en unión con Él mismo» (PO 5).
1357).
Este sacrificio, «en unión con el sacrificio de
(Y más adelante explicita más el sentido de
Cristo único mediador [...], se ofrece incruenta y
«memorial del sacrificio»): «Por ser memorial de la
sacramentalmente en la eucaristía» (PO 2).
Pascua de Cristo, la eucaristía es también un
Esta enseñanza es desarrollada posteriormente sacrificio. El carácter sacrificial de la eucaristía
en la Ordenación General del Misal Romano de se manifiesta en las palabras mismas de la insti-
1969, en la encíclica de Pablo VI Mysterium fidei, de tución...» (n. 1365).
1965, y en la instrucción Eucharisticum mysterium,
«La eucaristía es, pues, un sacrificio porque
de 1967, en donde se ofrece una admirable síntesis
representa (= hace presente) el sacrificio de la
de los aspectos centrales de la eucaristía:
cruz, porque es su memorial y aplica su fruto» (a
«Por eso la Misa o Cena del Señor es a la vez continuación cita Trento: DS 1740) (n. 1366).
e inseparablemente: sacrificio en el que se perpe-
«El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la eu-
túa el sacrificio de la cruz; memorial de la muer-
caristía son, pues, un único sacrificio: “Es una y
te y resurrección del Señor, que dijo: “Haced esto
la misma víctima, que se ofrece ahora por el mi-
en memoria mía” (Lc 22,19); banquete sagrado,
nisterio de los sacerdotes, que se ofreció a sí
en el que, por la comunión del cuerpo y de la
misma entonces sobre la cruz. Sólo difiere la
sangre del Señor, el pueblo de Dios participa en
manera de ofrecer”» (n. 1367).
los bienes del sacrificio pascual, renueva la nue-
va alianza entre Dios y los hombres sellada de En estos párrafos se recoge perfectamente la di-
una vez para siempre con la sangre de Cristo, y versidad de aspectos que explican el que la eucaris-
prefigura y anticipa en la fe y en la esperanza el tía es sacrificio: porque es sacramento, memorial y
banquete escatológico en el reino del Padre, representación de la pascua del Señor, es decir, de
anunciando la muerte del Señor hasta que ven- aquel único sacrificio de la cruz; y porque en ella,
ga» (EM 3a). cumpliendo el mandato del Señor, ofrecemos al Pa-
dre, bajo el pan y el vino, aquello mismo que él nos
Pero, sin duda, el documento posconciliar en el
ha dado: «el cuerpo que por nosotros entregó en la
que se ofrece una mejor síntesis sobre la doctrina
cruz, y la sangre que derramó por muchos para re-
eucarística, y en concreto sobre su carácter sacrifi-
misión de los pecados» (n. 1365). Un mismo sacrifi-
cial, es el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica.
cio, porque una misma es la víctima que se ofrece y
Entre las denominaciones de la eucaristía nombra
el sacerdote que ofrece, aunque ahora de modo in-
la de «Santo Sacrificio»:
cruento y por manos de los sacerdotes.
«porque actualiza el único sacrificio de Cristo
Junto a este aspecto destaca el que la eucaristía
Salvador e incluye la ofrenda de la Iglesia; o
es también sacrificio de la Iglesia, con estas pala-
también santo sacrificio de la misa, “sacrificio de
bras:
alabanza” (Hb 13,15. Cf. Sal 116,13.17), sacrifi-
cio espiritual (cf. 1Pe 2,5), sacrificio puro (cf. Ml
EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
11
«La eucaristía es igualmente el sacrificio de la ficio que el mismo Dios «ha preparado a su Iglesia»,
Iglesia. La Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, para una salvación en acto que se extiende a todos
participa en la ofrenda de su Cabeza. Con Él, los hombres en esta tierra («salvación para todo el
ella se ofrece totalmente. Se une a su intercesión mundo»), y también a los difuntos («acuérdate de
ante el Padre por todos los hombres. En la euca- todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrifi-
ristía, el sacrificio de Cristo es también el sacrifi- cio») (PE IV).
cio de los miembros de su cuerpo. La vida de los
Pero, mientras la plegaria IV destaca la dimen-
fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y
sión eclesial del sacrificio, la plegaria V pone el
su trabajo se unen a los de Cristo y a su total
acento en su centralidad cristológica, y en su fruto
ofrenda, y adquieren así un valor nuevo. El sa-
de reconciliación:
crificio de Cristo presente sobre el altar da a to-
das las generaciones de cristianos la posibilidad «Por eso, Padre de bondad, celebramos ahora
de unirse a su ofrenda» (n. 1368). el memorial de nuestra reconciliación. [...] Dirige
tu mirada, Padre santo, sobre esta ofrenda: es
El texto recoge lo que se había afirmado en el
Jesucristo que se ofrece con su cuerpo y con su
concilio, destaca cómo la ofrenda del cuerpo va uni-
sangre y, por este sacrificio, nos abre el camino
da a la de su cabeza, y sobre todo la dimensión
hacia ti» (PE V/a).
existencial-espiritual de este sacrificio, en unión y
agradecimiento a Dios. Más aún, a continuación Este mismo aspecto, en relación con la pascua
aclara que esta unión e implicación sacrificial es de de Cristo, será destacado en las plegarias sobre la
la Iglesia terrestre (representada en la jerarquía: n. reconciliación, insistiendo en sus frutos, como son:
1369) y de la Iglesia celeste (en comunión con la la participación en el único sacrificio, la alianza y la
Virgen María, santos y santas: n. 1370), lo que ex- paz, la reconciliación renovada:
plica el que «el sacrificio eucarístico sea también
ofrecido por los fieles difuntos» (n. 1371). Por otro «Así pues, al hacer el memorial de Jesucristo,
lado, explica igualmente que sacrificio y sacramen- nuestra pascua y nuestra paz definitiva [...], te
to, banquete y sacrificio, no se pueden separar: ofrecemos, Dios fiel y verdadero, la Víctima que
devuelve tu gracia a los hombres» (PEr. I).
«La misa es, a la vez e inseparablemente, el
memorial sacrificial en que se perpetúa el sacri- «Al celebrar, pues, el memorial de su muerte
ficio de la cruz, y el banquete sagrado de la co- y resurrección, te ofrecemos lo mismo que tú nos
munión en el cuerpo y sangre del Señor. Pero la entregaste: el sacrificio de la reconciliación per-
celebración del sacrificio eucarístico está total- fecta. Acéptanos también a nosotros, Padre san-
mente orientada hacia la unión íntima de los fie- to, juntamente con la ofrenda de tu Hijo» (PEr.
les con Cristo por medio de la comunión. Co- II).
mulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece
por nosotros» (n. 1382).
3.7. Avances ecuménicos
El carácter sacrificial de la eucaristía alcanza su
verdadera expresión en la misma liturgia, en la «lex El carácter sacrificial de la eucaristía fue desde
orandi» eucarística, sobre todo en las anáforas. En el principio objeto de controversia teológica. Según
ellas, se une la anamnesis con la prosphora («al ce- los reformadores, la concepción de la Iglesia católica
lebrar ahora el memorial de la muerte y resurrec- contradecía el «solus Deus» y la unicidad del sacrifi-
ción de tu Hijo, te ofrecemos»: PE II); se une con la cio de Cristo ofrecido «de una vez para siempre».
acción de gracias como sacrificio vivo y santo, a la Hoy, sobre todo el diálogo luterano-católico des-
vez que se afirma que la ofrenda de la Iglesia está taca puntos importantes de acercamiento, como
unida a la víctima inmolada que nos reconcilia, y son: la necesaria participación creyente de la co-
transforma nuestra vida en ofrenda permanente: munidad que celebra; la unicidad entre el sacrificio
«Así pues, Padre, al celebrar ahora el memo- de la cruz y el de la eucaristía; la participación en
rial de la pasión salvadora de tu Hijo [...], te sus frutos de gracia, como es el perdón de los peca-
ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio dos; e incluso, por la comunión de todos en Cristo,
vivo y santo. la posibilidad de una plegaria por los difuntos. El
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Igle- documento en el que mejor se han expresado las
sia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmo- convergencias y divergencias es el de la Comisión
lación quisiste devolvernos tu amistad [...]. Que Mixta Católica Romana-Evangélica Luterana de
él nos transforme en ofrenda permanente...» (PE 1978, La cena del Señor.
III). Comienza afirmando que la posibilidad del hom-
Se trata, sí, de ofrecer el único sacrificio agrada- bre de ofrecer un sacrificio a Dios radica en nuestra
ble por el que Cristo nos ha redimido, pero un sacri- unión al sacrificio de Cristo, que debe conllevar la
12 EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
transformación de la vida cotidiana. Ahora bien, es- pecto. Es lo que reconoce el Documento de Lima
ta ofrenda cotidiana en unión a Cristo tiene su má- cuando, reafirmando la eucaristía como sacrificio de
xima expresión en la eucaristía, entendida como sa- alabanza, insiste en que es «memorial» y «sacramen-
crificio de alabanza, por la Iglesia, de la creación en- to» del único sacrificio de Cristo, en el que «la Iglesia
tera (n. 33), y como presencia del mismo sacrificio ofrece su intercesión en comunión con Cristo, nues-
de Cristo que se entrega por nosotros, y llama a su tro gran sumo sacerdote». Y desde esta clave de «in-
Iglesia a unirse a esta entrega: tercesión» cree debe entenderse que sea «sacrificio
propiciatorio»:
«La Iglesia, que anuncia la muerte del Señor,
es llamada ella misma a unirse a esta muerte. «A la luz del significado de la eucaristía en
No sólo debe conocer y hablar de este sacrificio, cuanto intercesión es como pueden entenderse
sino también dejarse asumir por él. Muriendo las referencias que se hacen en la teología católi-
con su Señor, debe estar preparada para resuci- ca al hablar de “sacrificio propiciatorio”. Esto
tar con él» (n. 34). quiere decir que hay solamente una expiación, o
sea, la del único sacrificio de la cruz, que cobra
Por esta unión se reciben «los frutos de la gesta
actualidad en la eucaristía y es presentada ante
reconciliadora de Dios» (n. 36). Se trata, pues, de la
el Padre en la intercesión de Cristo y de la Iglesia
afirmación de que la eucaristía es un sacrificio de
por toda la humanidad».
alabanza, en el que al único sacrificio de Cristo se
une el sacrificio existencial en comunión con Cristo. Tanto el Catecismo evangélico de adultos6 como
Así se reconoce expresamente: numerosos teólogos evangélicos reconocen hoy el
carácter sacrificial de la eucaristía en el siguiente
«Nuestras dos tradiciones coinciden en ver en
sentido: 1. En la eucaristía se hace presente el úni-
la eucaristía un sacrificio de alabanza. No se tra-
co sacrificio de Cristo en la cruz. 2. La comunidad
ta de una alabanza puramente verbal ni de una
ofrece, por la oración y el canto, la confesión de fe y
acción o un complemento que, por sus propias
los dones, un sacrificio de alabanza y acción de gra-
fuerzas, los hombres añadirían al sacrificio de
cias. 3. Pan y vino representan la creación entera,
alabanza y de acción de gracias que Cristo ofre-
por ellos la comunidad presenta lo que a Dios per-
ció al Padre. El sacrificio de alabanza eucarística
tenece. 4. El amor de Dios en Cristo despierta y
no ha sido posible más que por el sacrificio de
alimenta nuestro amor. Por la fe nos abrimos a este
Cristo en la cruz; de ahí que éste continúe sien-
don. 5. Solamente participando en el sacrificio de
do el contenido primordial del sacrificio de ala-
Cristo recibe su sentido el sacrificio de los cristia-
banza de la Iglesia».
nos, por la entrega del corazón, el servicio en el
Además de esta convergencia, se confiesa igual- mundo. No son nuestras obras lo que ofrecemos a
mente la unicidad e irrepetibilidad del sacrificio de Dios, sino nuestra entrega en unión con Cristo y
Cristo en la cruz, que se hace presente en la euca- por Cristo. Más aún, la distinción de los reformado-
ristía: res entre «sacrificio propiciatorio», que sólo se dio en
la cruz, y «sacrificio de acción de gracias», que se da
«Católicos y Luteranos confiesan conjunta- en la eucaristía, queda resuelta si se supera la se-
mente que, en la Cena del Señor, “Jesucristo es- paración entre sacrificium y sacramentum, y si se
tá presente como el crucificado, muerto por considera la eucaristía como el sacramento del sa-
nuestros pecados y resucitado para nuestra jus- crificio.
tificación, como la víctima ofrecida en sacrificio
de una vez por todas por los pecados del mun-
do”. Este sacrificio no puede ser ni continuado,
4. REFLEXIÓN SISTEMÁTICA
ni repetido, ni sustituido, ni completado; pero
puede y debe ser eficaz de forma siempre nueva 4.1. La eucaristía, «símbolo y realidad» sacrificial
en el seno de la comunidad. Acerca del modo y
Siguiendo a A. Vergote7, creemos que una expli-
la medida de esta eficacia, se dan interpretacio-
cación del carácter sacrificial de la eucaristía puede
nes distintas entre nosotros» (n. 56).
hacerse desde su dimensión antropológico-
Las divergencias se plantean sobre todo en la in- simbólica. Comienza señalando el autor cómo la es-
terpretación de la eucaristía como verdadero «sacri- tructura de la celebración eucarística se desarrolla
ficio de la Iglesia», como «sacrificio propiciatorio»5. según un ritmo ternario de oblación, sacrificio y
No obstante, la importancia que la Iglesia católica comunión que, entendido adecuadamente, nos lleva
da a la fe de los participantes, así como la correcta a comprender desde su mismo simbolismo el conte-
interpretación del opus operatum, junto con la acep- nido sacrificial. Por el gesto de la ofrenda del pan y
tación de la participación de los frutos de la euca- del vino (presentación de los dones) se significa que
ristía por parte de los otros cristianos, facilitan el se aparta algo de su uso común utilitario para ofre-
camino hacia el encuentro ecuménico en este as- cerlo a otro como don que, conservando todo su va-
EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
13
lor humano, recibe un valor de signo de encuentro y misma vida de Cristo, fundamento de una nueva
de presencia, de reconocimiento de que la fuente de solidaridad y unión con Dios.
esos dones está en el Otro. La palabra interpretativa
En el mismo sentido afirma O. González de Car-
(de la Escritura), junto con el asentimiento humano
dedal: «La eucaristía es así el acto por el que toda la
(fe), da al pan y el vino el significado eucarístico. Por
creación, la historia y los hombres vivos se hacen
eso, la ofrenda del pan y el vino constituye por sí
oferentemente presentes a Dios, en aquel amoroso
misma el lazo simbólico de intercambio y encuentro
rendimiento, en aquella agradecida alabanza y en
entre el hombre y Dios.
aquel trascendimiento oblativo de la libertad perso-
Ahora bien, esta ofrenda pasa a ser «sacrificio» nal que es el sacrificio. Porque el símbolo eucarísti-
cuando se renuncia de modo radical a su uso inme- co del pan y del vino no es sólo un símbolo cósmico
diato, a su dominación y a su posesión. Esta re- a través del cual toda la creación es reasumida por
nuncia supone en algún modo una muerte existen- Jesucristo y puesta ante la faz del Padre, sino que
cial, dado que para ganar la vida hay que estar dis- es un símbolo social: pan y vino como fruto del tra-
puesto a perderla. Tal «destrucción sacrificial» radi- bajo conjunto de la humanidad»8.
caliza el acto simbólico de la alianza religiosa, de la
relación solidaria, del intercambio y unión con Dios,
a la vez que lleva consigo la pacificación y seguridad 4.2. Del sacrificio único de Cristo al memorial del
subjetiva, ya que, al unirse de este modo a Dios, se sacrificio de la eucaristía
adhiere a un principio superior de estabilidad. Tal
sucede cuando, por las palabras de la plegaria eu- a) Sacrificio único e irrepetible
carística y la acción del Espíritu, el pan y el vino se Cristo se ha ofrecido en sacrificio «de una vez pa-
transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo, en ra siempre» (ephapax: «semel pro semper»: Hb 7,27;
vistas a la unión y comunión radical con Dios. cf. 9,12; 10,10). Con ello se expresa lo último y de-
Será precisamente la comunión la que llevará a finitivo, lo escatológico e irrepetible, lo que en virtud
su punto culminante esta unión e intercambio ini- de la muerte-resurrección perdura y mantiene su
ciado en la ofrenda, en dos planos: uno vertical y valor más allá del espacio y el tiempo. «En el Nuevo
otro horizontal. Vertical, porque el comer y beber Testamento, el término ephapax es un término téc-
supone la participación con Dios y de Dios, como nico que se utiliza para expresar la definitividad de
gestos simbólicos fundamentales de la apropiación la muerte irrepetible y de la salvación originada por
e interiorización. Y horizontal, porque por la obla- ella» (G. Stählin). No se trata sólo de algo que suce-
ción y la comunión el hombre, a la vez que incre- dió una vez, sino también de algo que ya no puede
menta su relación con los demás comulgantes, ce- volver a suceder porque, una vez escatologizado por
lebra el gozo de disponer de unos bienes terrenos, la resurrección, ha venido a ser un acontecimiento
remitiéndolos a la fuente de todo bien. «El Verbo permanente, es decir, está permanentemente suce-
Creador se encarnó, en definitiva, no sólo para res- diendo. «Jesús hace presente su sacrificio personal,
catar el mundo, sino para plenifícar la presencia de que es su oblación pretérita asumida y plenificada
Dios en el mundo. Desde entonces, el mundo puede en el ahora eterno de la resurrección, y siempre
ser investido de un poder simbólico que significa al mantenida, a la vez que coexistente con cada mo-
Dios de Jesucristo. Y en la eucaristía se manifiesta mento del tiempo». Por eso es posible que en cada
y realiza este poder simbólico: las cosas de la tierra, tiempo participemos y comulguemos con el sacrifi-
sin perder su consistencia y su autonomía, devie- cio ofrecido de una vez para siempre, y que se con-
nen signo de esa presencia permanente». tinúa como ofrenda permanente.
su muerte un sentido expiatorio, identificándose En él el culto toma cuerpo no en los ritos, sino en el
con el Siervo doliente de Yahvé (Is 53,4-12). corazón mismo de la existencia aceptando su condi-
ción humana a la vez que su relación filial con Dios.
La tendencia más amplia hoy es, sin embargo, a
Su «monr-por» no será sino la expresión suprema de
reconocer un cierto carácter expiatorio en la muerte
su «vivir-por».
de Cristo, pero superando una interpretación victi-
mista, como castigo o venganza de un Dios cruel, • J. Moltmann muestra, por otro lado, cómo su-
como pena impuesta por un Dios justiciero capaz de pone una subversión radical de la relación de con-
castigar a su propio Hijo con la muerte, lo que co- currencia del hombre con Dios No podemos pensar
rrespondería más bien a una imagen arcaica y me- en Dios como Trinidad sino a partir de la cruz. Se
galómana de Dios. Dentro de esta interpretación se trata de un acontecimiento trinitario en el que se
dan variantes explicativas importantes: revelan de forma única no sólo las relaciones de
Dios con el hombre, sino también las relaciones del
• Así, J. Moingt cree que Jesús dio a su muerte
Padre con el Hijo y viceversa. Alteridad y similitud
un sentido sacrificial salvífico, pero no en el anterior
divina, paternidad y filiación no se excluyen, se in-
sentido expiatorio, sino como el acto supremo de
tegran en un mismo movimiento de amor.
entrega y servicio a la humanidad.
• R. Beraudy entiende que en el sacrificio de
• L. M. Chauvet considera que el sacrificio de
Cristo se da una verdadera subversión de las rela-
Cristo consiste en su kénosis, en cuanto movimien-
ciones del hombre con Dios, una revolución de la
to inverso al pecado de Adán, por el que consiente
imagen de Dios, pues supone el escándalo insonda-
en vivir con-descendiendo hasta el extremo de una
ble de un Dios que, en la cruz de Cristo, su Hijo,
muerte en el silencio de un Dios que no interviene,
nos ha manifestado como en ningún otro lugar su
ni siquiera para ahorrar este trance al justo. Este
divinidad. Si es cierto que el «Ecce homo» es el «Ecce
sacrificio de Cristo implica una sacrificicación de los
Deus», hay que aceptar que Dios sólo se deja cono-
sacrificios inútiles de los hombres. Su «morir-por»
cer como el incognoscible, como el Dios crucificado,
es la expresión última de su «vivir-por».
despojado de sus atributos divinos. Comparado con
• O. González de Cardedal cree que el sacrificio los demás sacrificios, el de Cristo es en verdad ha-
de Cristo no es sino el despliegue pro-existencial en pax, no sólo porque es un sacrificio existencial y no
favor de la humanidad, de una relación pre- ritual, sino también porque esa existencialidad su-
existencial del mismo hombre con Dios. Jesús nos pone la renuncia al imaginario de un Dios poderoso
representa ante el Padre sin suplantarnos. Se soli- y distante, y la de un Dios Padre que por su miseri-
dariza radicalmente con el destino humano, para cordia y perdón restaura unas nuevas relaciones no
responsabilizarnos en la lucha contra el mal, segu- concurrenciales con Dios.
ros de que su victoria será la nuestra.
René Girard es quizás el autor que ha suscitado
• M. Gesteira, por su parte, entiende que la dia- en los últimos años una mayor discusión con su in-
konía de Jesús es su thysía, es decir, que la nove- terpretación del sacrificio de Cristo9. Partiendo de
dad del sacrificio de Cristo consiste en rendir un una comprensión de sacrificio como el proceso reli-
servicio a Dios no a través de la mera negación de sí gioso ritual por el que un grupo se libera de su vio-
mismo, sino de la entrega abnegada en favor de los lencia interna, y por tanto de su culpabilidad, a cos-
otros. En Jesús, el sacrificio y el culto al Padre ta de un «chivo expiatorio», afirma que la vida ente-
acaecen como diakonía, como servicio y entrega al ra (instituciones, política, vida social...) está como
hombre. enmascarada de procesos expiatorios. De este mo-
do, las víctimas expiatorias rituales vienen a consti-
• Según C. Geffré, el sacrificio de Cristo es el ac- tuir como un transfert de exculpación y de reconci-
to por el que ha podido llamar a Dios Padre, susti- liación.
tuyendo la relación «maestro-esclavo», que aboca al
hombre a una lucha por el poder y el reconocimien- Jesús vino a desenmascarar este proceso sacrifi-
to, por la relación «paternidad-filiación», que supera cial y él, al contrario de lo que sucede en los mitos
toda relación concurrencial del hombre con Dios, de las diversas religiones, en lugar de apostar por
así como la imagen arcaica de un Dios celoso y fe- los que quieren reconciliarse excusatoriamente a
roz. costa de las víctimas, toma partido por las víctimas
sacrificadas, remitiendo la reconciliación a un ha-
• Para A. Vanhoye, el sacrificio de Cristo es sobre cerse cargo ético de tales víctimas: el forastero, el
todo un sacrificio existencial, no un sacrificio ritual, esclavo, el pecador, el enfermo, el huérfano. Con
al contrario de lo que sucedía con el sacerdocio an- ello Jesús revela un Dios no violento, ni vengador ni
tiguo. La consagración-mediación de Jesús no se da justiciero, sino un Dios que se revela contra toda
en un movimiento ascendente de separación- violencia. Si en Jesús hay una violencia, ésta es no
purificación, sino en un movimiento descendente de sacrificial, al desenmascarar la violencia de los
kénosis y solidaridad fraterna (Flp 2,7, Hb 2,17-18).
EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
15
hombres con el fin de superarla, y más aún al de- za, se hace presente en la eucaristía, prolongando
nunciar de la forma más radical, con la violencia en el tiempo para los hombres el único sacrificio
desencadenada con él mismo en la cruz, toda otra que sucedió y sigue sucediendo de una vez para
violencia. Por eso se puede ver personificada en Je- siempre. F. X. Durrwell lo expresa con estas pala-
sús al mismo tiempo la mayor violencia padecida y bras:
el rechazo más absoluto de la violencia. El reino que
«Cristo no abandona el acontecimiento pas-
Jesús anuncia es el reino de la «absoluta no violen-
cual, ni va más allá de su muerte redentora.
cia», el reino de la perfecta «reciprocidad»: por eso él
Queda eternizado en la actualidad del aconteci-
tiene que morir como víctima de un mundo siempre
miento, ya que es eterna la glorificación que
violento. De este modo su sacrificio se convierte en
coincide con la muerte, en la que la muerte es
la denuncia y el rechazo más radical de todo otro
redentora. [...] La eucaristía no sobreviene, no es
sacrificio, en el antisacrificio. Para él no existe otro
un sacramento pospascual, no se añade al acon-
sacrificio que el del amor.
tecimiento pascual, que es escatológico, plenitud
La eucaristía será para Girard la representación terminal. No es una reproducción o una renova-
simbólica o la mimesis del acontecimiento sacrificial ción, no multiplica hasta el infinito el sacrificio
de Cristo, es decir, de su autodonación en sacrificio de Cristo, jamás repetido y jamás repetible. Es
para la liberación de todo sacrificio, de su entrega una manifestación en nuestro mundo [...] para
antisacrificial en cuanto entrega que invierte toda que la Iglesia sufra la osmosis del misterio pas-
violencia hasta la victoria del amor. La participación cual, compartiendo la misma suerte y el mismo
en la eucaristía será también la inmersión en la di- nacimiento filial; para que ella comulgue de la
námica sacrificial y antisacrificial del mismo Cristo, salvación en su acontecimiento. La eucaristía es
y no el instrumento para controlar la propia violen- la transparencia del misterio pascual en las
cia por medio de una víctima sustitutiva. El sacrifi- realidades de este mundo, la vitrina de la escato-
cio de Cristo tiene un valor soteriológico, motivado logía en la vida terrena de la Iglesia, la presencia
por la relación con Dios Padre y el amor a los hom- pascual y su revelación velada. Por consiguiente
bres, que coimplica a todo hombre, y esta coimpli- es sacrificio tanto como presencia y por ser pre-
cación se manifiesta y realiza en la eucaristía. Cris- sencia, ya que el Cuerpo de Cristo es también su
to realiza la obra y abre el camino, pero deja al sacrificio. [...] Por tanto, no hay que distinguir,
hombre que acoja libremente su don, ofreciendo su disociándolas, eucaristía-presencia y eucaristía-
vida en antisacrificio al modo como él lo realizó. Y el sacrificio; ya que la eucaristía es sacrificio por
signo de esta acogida es la eucaristía. ser presencia... y es presencia por ser el sacra-
mento del sacrificio»12.
es ofrecido permanece en unidad con aquel que cial de Cristo se deriva y exige la entrega sacrificial
ofrece, «se hace uno con aquellos por quienes se de la Iglesia; y como movimiento que retorna del
ofrece y uno mismo es el que ofrece y lo que se ofre- cuerpo a la Cabeza, en cuanto que en la eucaristía
ce» (San Agustín, De Trin., 4,14,19). se recogen los mil sacrificios de la vida de la Iglesia
en sus miembros, que unidos al de Cristo constitu-
En segundo lugar, podemos llamar a la eucaris-
yen la ofrenda viva del «Christus totus». Es lo que
tía sacrificio de la Iglesia porque, siendo el sacrificio
nos dice el Vaticano II cuando afirma:
de la Cabeza-Cristo, no puede no ser también en al-
guna medida el de su Cuerpo-la Iglesia. La Iglesia, «Participando del sacrificio eucarístico, fuente
asociada a Cristo sacerdote, es sujeto de la acción y cumbre de toda la vida cristiana, ofrecen a
eucarística, oferente en acción de gracias con Cristo Dios la víctima divina y se ofrecen a sí mismos
víctima, mediación visible de la mediación invisible juntamente con ella» (LG 11). «Los fieles, en vir-
de Cristo, objeto de ofrecimiento en su unión a la tud de su sacerdocio regio, concurren a la ofren-
obediencia, al servicio y a la entrega del mismo da de la eucaristía y lo ejercen en la recepción de
Cristo. «Éste es –dice Agustín– el sacrificio de los los sacramentos, en la oración y acción de gra-
cristianos: el ser muchos un solo cuerpo en Cristo. cias, mediante el testimonio de una vida santa,
Lo cual lo realiza también la Iglesia en el sacramen- en la abnegación y caridad operante» (LG 10).
to del altar, bien conocido de los fieles, donde se
Por tanto, no se trata ni de dos sacrificios, ni de
demuestra que, en aquello que ofrece, ella misma se
dos sujetos oferentes: el único sacerdote y el único
ofrece» (De civ. Dei, 10,6). La participación de la
sacrificio es el de Cristo, pero implicando a la Iglesia
Iglesia en el sacrificio de Cristo «consiste en el asen-
como la mediación necesaria para la continuación,
timiento a la gracia de Cristo, a su “ser-para-
manifestación y realización en la historia de la di-
nosotros”, a través del cual nos insertamos en su
námica sacrificial salvadora que, en-hacia-desde la
existencia obediencial al Padre. El sacrificio de la
eucaristía, quiere llegar a todos los hombres. Por
Iglesia es, por tanto, el “sí” existencial, para que po-
tanto, en las palabras «unión», «coincidencia», «de-
damos ser rescatados a través de la obediencia de
pendencia», «asociación», «participación», «coimpli-
Cristo; es el “sí” a la inserción en la nueva alianza
cación», unidas a «memorial», «sacramento», «memo-
que se establece con la sangre de Cristo, o sea, a
res offerimus»... se encuentran las claves de una
través de su obediencia» (A. Gerken). De este modo,
explicación verdadera.
la eucaristía sitúa a la Iglesia en la misma dinámica
de pro-existencia, de solidaridad, de com-partición
de la historia humana de Cristo, de modo que sien-
do expresión de la pro-existencia de Cristo, es tam- 5. CELEBRACIÓN LITÚRGICA
bién fundamento de la pro-existencia de la Iglesia y 5.1. El sacrificio de los cristianos
de su entrega sacrificial en favor de los hombres y
como alabanza a Dios. La celebración litúrgica no constituye toda la
realidad del culto cristiano. Antes de celebrar el cul-
En tercer lugar, si Cristo es el nuevo Adán, la to, el cristiano vive cultualmente, por el servicio y la
Cabeza de la nueva humanidad, y su obra salvado- ofrenda total de su vida. Antes de hacer liturgia, el
ra debe prolongarse y llegar a todos los hombres, es cristiano es por su vida una liturgia viviente. Antes
preciso que en la actual economía se requiera la de ofrecer un sacrificio, entiende su vida como un
participación y la mediación eclesial. El sacrificio sacrificio espiritual. Esta verdad aparece claramente
pascual debe prolongarse en el sacrificio eclesial, de afirmada en el Nuevo Testamento, donde se aplican
manera que es el «totus Christus» el implicado, por a la vida cristiana los términos propios del sacrifi-
voluntad de Dios, en esta dinámica de sacrificio sal- cio, y toda la vida es presentada como un «sacrificio
vador. Y esto se manifiesta y realiza de modo privi- espiritual» en oposición a los sacrificios (Rm 12,1;
legiado en la celebración de la eucaristía, en la que cf. 6,13.19; 7,5). El vocabulario cultual muestra con
Cristo, por medio de las palabras y signos eucarísti- evidencia que el único servicio cultual (latreía), la
cos, incorpora, asocia e implica a la Iglesia a esta única liturgia (leiturgia) la única acción sacerdotal
acción sacrificial, no sólo mientras dura el acto ce- (hierateuein), el único sacrificio (thysia) que agrada
lebrativo, sino en toda su vida. Al ofrecer al Cristo a Dios, debe tener estas características: referencia
que se entrega en servicio y amor por los demás, la al misterio pascual, la pascua centro y fundamento
misma Iglesia renueva esta misión y se dispone a (Ef 2,21; 4,15-16); carácter espiritual, «adoración en
entregar su vida por los demás, a lo largo de toda espíritu y en verdad» (Jn 4,23-24; Rm 8,15); dimen-
su actividad y presencia en el mundo14. sión eclesial, puesto que todos formamos parte de
En cuarto lugar, podemos afirmar que el sacrifi- un Cuerpo (1Cor 12,12ss; 1Pe 2,5); realización exis-
cio de la Iglesia sucede a través de un doble dina- tencial, entrega de sí mismo y de la propia vida,
mismo: como movimiento que procede de la Cabeza transformación de la propia existencia por la fe y la
hacia el cuerpo, de modo que de la entrega sacrifi- caridad (2Cor 9,12; Flp 4,18). Desde esta realidad
18 EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
cultual puede entenderse cómo nuestro «sacrificio» ficación externa. No se deberá, por tanto, ni olvidar
de la vida puede ser asumido por Cristo en su pro- que el altar tiene que significar la mesa, ni prescin-
pio sacrificio, no por razón de su incompletez, sino dir del símbolo de la cruz; ni convertir la eucaristía
por necesidad de nuestra santificación. en un ágape cualquiera, ni exaltar sólo el simbolis-
mo sacrificial.
Pero ¿cuáles son los signos por los que se expre-
5.2. Los sacrificios de la humanidad y el sacrifi-
sa el sacrificio? Sabemos que durante tiempo los
cio de la eucaristía
teólogos se preocuparon ampliamente por esto 15 .
Celebrar el sacrificio de Cristo, el de la Iglesia y Sin embargo, hoy es común la opinión de que el
el de la propia existencia cristiana no puede dejar- signo del sacrificio lo constituye la celebración total
nos indiferentes ante los mil sacrificios que atravie- de la eucaristía, con sus palabras y gestos, y su-
san la historia cotidiana de los hombres. La locura puesto su carácter memorial y pneumático. Más en
de las cruces que los hombres vamos sembrando en concreto, se manifiesta en los momentos principales
el camino de la vida parece como si quisiéramos re- de la liturgia eucarística, como son: la presentación
ducirla a un acto litúrgico que nada soluciona, o un de ofrendas, la plegaria eucarística, la comunión.
signo que a pocos llega. Sin embargo, en este signo
Por la «presentación de dones» (pan, vino, colecta,
se puede condensar el principio de una transforma-
otros dones...) se significa la fuente de todo don
ción, de una lucha por la justicia, de una solidari-
creatural que es Dios, unido al trabajo y esfuerzo
dad que prolongue la obra de Cristo entre los hom-
del hombre. Es decir, la dimensión creatural-
bres, de una antisacrificialidad fundada en el sacri-
cósmica, personal-existencial, y social-eclesial del
ficio del amor. La eucaristía nos compromete en la
sacrificio de la Iglesia en y desde el sacrifico de Cris-
misma dinámica del sacrificio, estando dispuestos a
to.
participar del mismo proceso sacrificial de Cristo.
Esta participación se condensa en una frase: «Ser- Por la «plegaria eucarística» se expresa, sobre to-
para-los-demás siendo con-los-demás». Si de verdad do por medio de la bendición, las palabras de la
celebramos el sacrificio en la eucaristía, no pode- consagración sobre el pan y el vino, los signos de
mos no estar dispuestos a ser sacrificio en la vida. Y elevación y veneración..., que se trata del verdadero
lo somos, no sólo viviendo, trabajando, luchando, sacrificio de Cristo al que es asociada la Iglesia, en
alegrándonos y estando con-los-demás, sino sobre alabanza a Dios Padre, y en la virtud del Espíritu
todo entregándonos, sirviendo, amando, consolando Santo. La doxología final es el colofón de este sacri-
y siendo para-los-demás. Sólo podemos realizar esto ficio, con la participación del «amén» solemne de la
cuando de verdad somos-para-los-demás, estando asamblea.
dispuestos a pensar más en ellos que en nosotros, a
Por la «comunión» se significa el fruto y finalidad
dar más que a recibir, a amar estando «auténtica-
del sacrificio, que es la comunión con y de Dios
mente ahí», para los demás. La gratuidad del amor
mismo, para la edificación del Cuerpo de Cristo en
de Dios, debemos expresarla en la gratuidad del
la tierra. Porque es sacrificio de comunión, se come
amor por los hombres.
el alimento que asimilado es vida en Cristo de todos
los que nos unimos en el mismo cuerpo de Cristo.
En este sentido, la comunión no sólo es parte inte-
5.3. Los signos sacrificiales de la eucaristía
grante, sino también parte esencial del sacrificio
Recordemos, en primer lugar, el principio según eucarístico. El signo de la participación plena en el
el cual todo lo que contiene de misterio la celebra- sacrificio es la comunión.
ción eucarística debe expresarse y significarse en
ella: el carácter de sacrificio lo mismo que el carác-
ter de banquete deben encontrar su adecuada signi-
3
San Agustín (en palabras de J. Betz) entiende el sa-
*
BOROBIO, D., «La eucaristía, sacramento del sacrifi- crificio como la «entrega fundamental del hombre al miste-
cio», en Id., Eucaristía (Sapientia Fidei. Serie de manuales rio absoluto que llamamos Dios, como intento de llegar a
de teología, 23), Madrid, BAC, 2005, p. 237-279. la comunión con Dios, y salir así de la fatalidad y desam-
paro de la existencia humana»: De civ. Dei 10,6: J. Betz, La
1
Cf. R. Bastide, «Sacrifice», en Encyclopaedia Universa- eucaristía, misterio central, l. c., 272.
lis, 14 (1979) 583-585, donde el autor señala dos aspectos 4
del sacrificio: el de la ofrenda que se hace rito (historia de J. Vidal, «Sacrificio», en P. Poupard, Diccionario de las
las religiones y etnología), y el de la privación que se hace religiones (Barcelona 1987) 1561.
ascesis o renuncia (moralistas). 5
Así en el n. 59 se reconoce: «Por parte de los cristia-
2
Cf. J. L. González Faus, Sobre las plegarias eucarísti- nos de la Reforma, existe el temor de que el hecho de ver
cas. Para continuar la reforma litúrgica: Ph 180 (1990) 506- en la eucaristía un sacrificio propiciatorio contradiga el
512. carácter único y plenamente suficiente del sacrificio de la
cruz, y ponga en cuestión la unidad de la mediación de
EUCARISTÍA, SACRAMENTO DEL SACRIFICIO
19
Cristo... Se creyó que, a causa de ello, se abría paso a una
interpretación que dispensaba de recibir en la fe la gracia
eucarística, mientras atribuía al sacerdote un poder sacri-
ficial autónomo».
6
Evangelischen Erwachsenen Katechismus (Güthersloh
1975) 1111.
7
A. Vergote, «Dimensions anthropologiques de
l’Eucharistie», en A. Vergote-A. Descamps-A. Houssiau,
L’Eucharistie symbole et réalité (París 1970) 7-56.
8
O. González de Cardedal, «La eucaristía entre Jesús,
la Iglesia y el mundo», en Id., La entraña del cristianismo
(Salamanca 1997) 503.
9
Véanse sus obras: La violence et le sacré (Paris 1972)
(trad. esp. La violencia y lo sagrado, Barcelona 1983); Des
choses cachées depuis la fondation du monde (Paris 1978).
Algunos comentarios al respecto: L. M. Chauvet, Símbolo y
sacramento, 309ss; L. Maldonado, La violencia de lo sa-
grado (Salamanca 1974); J. Guillet, R. Girard et le sacrifi-
ce: Études 351 (1979) 95ss. Un estudio reciente en A. Co-
lombo, Il sacrificio in René Girard. Dalla violenza al dono
(Brescia 1999); Id., L’Eucaristia come dono. Confronto con
le tesi antropologiche di R. Girard: RL vol. 86 (1999) 101-
114.
10
Cf. L. M. Chauvet, La dimension sacrificielle de
l’Eucharistie: LMD 123 (1975) 64ss.
11
Cf. D. Borobio, Cristología y sacramentología: Salm
31 (1984) 5-47.
12
F. X. Durrwell, La eucaristía, sacramento pascual,
o.c., 58-60.
13
Dice al respecto J. Aldazábal, La eucaristía, 368-369
«En nuestra eucaristía se nos hace presente y se nos co-
munica la realidad pascual plena de Cristo. Cristo se nos
da como el acontecimiento pascual mismo. El mismo es el
que hace presente su sacrificio y nos lo comunica, sin que
nosotros tengamos que repetirlo, actualizarlo, renovarlo.
Lo que sí sucede en la celebración es que la persona de
Cristo y su acontecimiento pascual se nos hacen accesi-
bles sacramentalmente, de algún modo se nos hacen expe-
rimentables con el gesto simbólico de participar en el pan
y el vino eucarísticos. El sacrificio de la eucaristía no se
explica a partir ni del pan y el vino ni de nuestra acción,
es el Kyrios, el “Christus passus” y glorificado, el que nos
hace partícipes de su persona y de su pascua».
14
Así se expresa al respecto L. M. Chauvet, Símbolo y
sacramento, 317: «En esto radica la importancia de la di-
mensión que llamamos antisacrificial: no en la negación
de lo sacrificial o de una de sus partes (el aspecto de re-
conciliación), sino la exigencia de convertir al evangelio to-
do lo sacrificial, para vivirlo de un modo filial (y, en conse-
cuencia, fraternal), y ya no servil. Por eso precisamente la
realización de esta fraternidad, que se fundamenta en
nuestra filiación común, constituye, gracias a la práctica
ética de la reconciliación entre los hombres, el lugar pri-
mordial de nuestro sacrificio. Esto es lo que nos da a vivir
el antisacrificio de la eucaristía».
15
Baste recordar algunas opiniones. Los «inmolacioms-
tas», como Suárez, afirmaban que el signo del sacrificio es
el cambio de la sustancia del pan y del vino. Belarmino lo
veía en la destrucción de las especies por la comunión. De
Lugo, en que Cristo después de la consagración venía a es-
tar en un estado de «incapacidad». Entre los «oblacionis-
tas», Lepin veía la oblación en el hacerse presente Cristo
en el pan-vino. De la Taille lo veía en la actualización del
mismo sacrificio de Cristo. Billot, en la muerte mística que
se da por la presencia de Cristo en las especies...