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Etimología y Definición del Duelo

Este documento define el duelo y analiza sus teorías desde perspectivas humanistas. En primer lugar, explica que la palabra duelo proviene del latín "dolium" y se refiere al dolor y aflicción asociados con la pérdida de un ser querido. Luego, describe las cinco etapas del duelo según Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Finalmente, presenta algunas técnicas de intervención desde la psicología humanista para abordar el duelo,

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Etimología y Definición del Duelo

Este documento define el duelo y analiza sus teorías desde perspectivas humanistas. En primer lugar, explica que la palabra duelo proviene del latín "dolium" y se refiere al dolor y aflicción asociados con la pérdida de un ser querido. Luego, describe las cinco etapas del duelo según Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Finalmente, presenta algunas técnicas de intervención desde la psicología humanista para abordar el duelo,

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ETIMOLOGÍA Y DEFINICIÓN DEL DUELO

En primer lugar, es necesario analizar la etimología de la palabra duelo, la cual


proviene del latín dolium, que significa dolor, aflicción (Suárez, Meza, Martínez,
Castillo y Torres, 2008). Luego, para Martín y Vásquez (citados por Ramírez, 2013), el
duelo se define como el proceso psicológico para elaborar la pérdida de un “objeto”
significativamente emocional para alguien. Asimismo, Engel (citado por Worden,
2009), plantea que el duelo es algo psicológicamente traumático y representa una salida
del estado de salud y bienestar. De esta forma, afrontar el duelo nos lleva a enfrentarnos
con nosotros mismos y nuestros miedos, al ver cómo nuestra vida cambia sin la
presencia del ser querido. Asistir al rito fúnebre es el comienzo de una larga o corta
etapa de aceptación, en la cual debemos aprender a vivir con esta nueva realidad;
realidad llena de cambios en los cuales se encuentran nuevas motivaciones y se
fortalece el espíritu, teniendo en cuenta que la muerte no es el fin de esta relación, sino
el camino para llegar a una “nueva” vida.

TEORÍAS HUMANISTAS SOBRE EL DUELO

Ahora bien, desde la perspectiva humanista, partiendo de la Terapia Gestalt,


Martín y Vásquez (citados por Ramírez, 2013), plantean que el duelo se presenta como
un proceso para equilibrar la interacción del ser humano con su entorno, en la medida en
que se busca armonizar su condición de vida frente a la pérdida del ser querido. En este
sentido, Sastre (2012), sostiene que es el significado de la muerte y la comprensión del
duelo, como cualquier suceso en la vida, lo que permite concebir la importancia de
retomar la existencia y los sentires de las personas, debido a que en todo hay
idiosincrasia, saber y tradición. Por tanto, la construcción cultural de cada ser humano
influye directamente en la relación de éste con el mundo que le rodea, y es el duelo el
que permite que el ser busque apoyo en lo externo para suplir esas falencias que deja la
muerte de un ser querido.

Ahora bien, según la premisa de Allport (1957), la cual afirma que “cada hombre
es como los demás hombres, cada hombre es como algún otro hombre, y cada hombre
es como ningún otro hombre” (p. 8), Worden (2009), la adapta al sentido de que cada
persona asume su duelo de una forma distinta, aun sabiendo que como seres humanos se
comparte características o experiencias similares. Así que ambos autores refieren a que
las experiencias de pérdida de un ser querido son iguales en el sentido de la pérdida,
pero diferentes en el modo en que cada persona vive su propio duelo a su manera, de
acuerdo con su historia de vida, cultura, costumbres y creencias preestablecidas. Por
ejemplo, la muerte en el mundo es igual pero sentida de manera diferente por quienes la
vivencian, es decir, el sentimiento expresado es directamente subjetivo conforme al
vínculo que se haya establecido con la persona fallecida. Asimismo, la cultura cumple
aquí un valor fundamental, porque es el otro el que forma desde la infancia, para
afrontar las diversas situaciones que surgen durante la vida misma. En síntesis, sólo
quienes sufren la pérdida de un ser querido pueden sentir de manera personal todas
aquellas emociones que el duelo genera.

Por su parte, Elisabeth Kübler-Ross (2009), en su libro On death and dying,


retoma la teoría de la Gestalt al plantear las cinco etapas del duelo, en las que quienes
atraviesan por ellas no lo hacen en un orden predeterminado, sino que el proceso
permite un aprendizaje, comprendiendo que es posible convivir con la pérdida y
continuar con la realidad en donde el ser fallecido no estará más y, por ende, influirá en
las diferentes dimensiones de la vida personal, estas son: Psicológica, física, social y
espiritual. Teniendo en cuenta lo anterior, a continuación se presentará cada una de estas
fases.

No. FASE DESCRIPCIÓN


Rechazo consciente o inconsciente de los
1 NEGACIÓN
hechos o la realidad de la situación
Resentimiento hacia la persona que parte,
2 IRA
causando dolor y culpabilidad
Se piensa en lo que se pudo haber hecho
3 NEGOCIACIÓN
diferente para evitar la perdida
Se comprende la certeza de la muerte, se
4 DEPRESIÓN rechaza visita de seres queridos, se siente
tristeza, miedo, incertidumbre frente al
futuro
Se establece un acuerdo con el
5 ACEPTACIÓN acontecimiento trágico, se permite
reflexionar acerca del sentido de la vida

Por su parte Víktor Frank en su libro El hombre en busca de sentido, menciona el


sufrimiento refiriéndose al duelo como “un aspecto de la vida que no puede erradicarse,
como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos la vida no es completa”
(p. 72). Con base en esto, se debe tener claro que el dolor que se siente al perder un ser
querido no puede evitarse, no se puede evadir del mismo, debido a que hace parte de la
vida y cada ser humano debe vivirlo para crecer, para experimentar todas aquellas
emociones que genera una pérdida, lo cual lo hará ser mucho más fuerte y tener una
mayor capacidad de afrontamiento frente a nuevas experiencias.

De igual manera, Frank (1991) plantea que “el sufrimiento no es siempre un


fenómeno patológico; más que un síntoma neurótico, el sufrimiento puede muy bien ser
un logro humano, sobre todo cuando nace de la frustración existencial” (p. 105). En este
sentido, puede afirmarse que es mediante el sufrimiento que el ser humano adquiere la
oportunidad para mejorar en diversos aspectos de su vida, porque le permite tener
conciencia y responsabilidad acerca de su vida y, por ende, hacer algo por ella.

TÉCNICAS DE INTERVENCIÓN DESDE LA PSICOLOGÍA HUMANISTA


SOBRE EL DUELO

De esta manera, algunas técnicas de intervención para abordar esta situación de


duelo, se expondrán a continuación. Inicialmente, es importante tener en cuenta que
Lukas (2008), retoma la teoría de Víktor Frankl sobre la logoterapia, afirmando que sólo
se logrará aceptar lo que sucede enfrentándose a la situación, mas no huyendo de la
misma. Es así como se encuentra la verdadera paz interior. Así que, algunas
herramientas logoterapéuticas que apoyan el camino de crecimiento en la crisis, son
las siguientes:

1. CLARIFICACIÓN:
Durante todo el proceso es indispensable la clarificación, pero especialmente en la
fase inicial en la que reina la confusión. El diálogo socrático es una valiosa técnica
logoterapéutica indispensable para este propósito y para trabajar prácticamente todos los
temas a continuación. Preguntas tales como: ¿Qué nombre le pones a tu crisis?, ¿Qué la
desencadenó?, ¿Qué implica en las distintas áreas de tu vida?, ¿Qué consideras que te
toca aprender?, ¿A qué estás dispuesto para aprenderlo? ¿Con qué recursos cuentas para
enfrentarla?, ¿Qué posibles ganancias ves en ella?, ¿Qué cualidades has desarrollado a
partir de otras crisis vividas?; son cuestionamientos que guían a la persona a encontrar
respuestas que poco a poco, clarifican su estado de confusión, al tiempo que la
contactan con su libertad y responsabilidad. A continuación, se hará una breve
descripción de las técnicas que se pueden implementar al respecto:

TÉCNICA CARACTERÍSTICAS

ASIGNAR UN NOMBRE Explicar que se está viviendo una crisis, la cual es


A LA VIVENCIA momentánea y generará crecimiento personal

REFLEXIÓN E El paciente puede copiar sus sentimientos para comprender


INTROSPECCIÓN nuevas posibilidades de abordar su sufrimiento

EXPERMIENTAR Se sugiere tener redes de apoyo y espacios para reflexionar


sobre las causas de la crisis
LA SOLEDAD
RECURSOS Se llevará al conocimiento de potencialidades, recursos,
habilidades y talentos
DEL
PACIENTE

FOCALIZACION DEL Se sugiere ser relevante en las emociones y sentimientos del


PRESENTE presente para que surja el proceso de aceptación

Tener presente que en la vida se sufren pérdidas y a pesar


DARSE CUENTA
de
que es un momento doloroso se generan ganancias para la
vida

Tabla 2: Técnicas de intervención desde la logoterapia (Elaboración propia)

2. EXPRESIÓN Y MANEJO DE SENTIMIENTOS:

En la crisis se experimenta una avalancha emocional que sorprende, confunde y


asusta a la persona. Momentos de miedo, tristeza, enojo o ira, acompañados con
sensaciones de agobio y hasta de despersonalización, pueden hacer que la persona
tema perder la cordura. Comprender que el caos emocional es natural en este
proceso, tranquiliza. Mas no es suficiente entender, sino que hay que atreverse a
sentir y a
desahogar. Además, desde las creencias aprendidas en la familia y la cultura,
algunas personas tienden a reprimir los sentimientos en lugar de darles un cauce
sanador, mediante la expresión y el desahogo. Así que llorar la pena es
indispensable, liberar la energía del enojo mediante descargas físicas evita que los
sentimientos se conviertan en una ansiedad paralizante.

Por su parte, Worden (2009), plantea que la meta es ayudar al sobreviviente a


adaptarse a la pérdida de su ser querido y que él sea capaz de ajustarse a una nueva
realidad sin él o ella. De esta manera, la terapia va encaminada a cumplir cuatro
tareas específicas las cuales son:

- Aceptar la realidad de la perdida.


- Procesar el dolor del duelo.
- Ajustarse a un mundo sin esa persona.
- Encontrar una conexión duradera con el fallecido en medio del embarco hacia
una nueva vida.
Además, algunas de las técnicas más empleadas desde esta concepción se
expondrán a continuación.

TÉCNICAS DESCRIPCIÓN
El uso de palabras para evocar
sentimientos ayuda a la gente a
LENGUAJE EVOCATIVO
procesar mejor el dolor causado por la
pérdida del
ser querido
El uso de fotos, cartas, y audios
permite que el sujeto obtenga una
claridad de quien fue ese ser querido
USO DE SÍMBOLOS
y además crea una sensación de
inmediatez con el fallecido que hace
que el paciente hable
con él, en lugar de hablar acerca de el
Si hay una reunión de
ESCRITURA palabras
reconfortantes esto ayudará a resolver
conflictos no concluidos
Permitirá la expresión de situaciones
ACTUACIÓN que generan habilidades para concluir
la
tarea de escritura (técnica anterior)
Es utilizada para bajar el nivel de
resistencia debido al dolor y
METÁFORAS
confrontar directamente los
sentimientos que
rodean la muerte
Tabla 3: Técnicas de intervención propuestas por Worden (elaboración propia)
Por otro lado, desde la Terapia Gestáltica se concibe una comprensión del duelo
como un proceso, ofreciendo algunas sugerencias para su elaboración y señalando
qué y cómo hacer para asumir una actitud realmente terapéutica. De esta manera, es
importante que la persona viva un proceso de introspección, en el que encuentre en
sí mismo los recursos y elementos necesarios para recomponer un nuevo equilibrio.

Perls, Hefferline y Goodman (citados por Descalzo, 2009), señalan al respecto


que: “Para crear o completar una Gestalt, para pasar a otro asunto, el individuo tiene
que ser capaz de sentir lo que necesita y debe saber cómo manejarse a sí mismo y a
su ambiente” (p. 31). Así que el objetivo de la terapia desde este enfoque será cerrar
situaciones inconclusas por parte de la persona que sufre esta problemática.
Asimismo, algunas técnicas que posibilitan el manejo de esta situación, son las
siguientes:

TÉCNICA DESCRIPCIÓN
RELACIÓN DIALOGAL Empatía para afrontar la problemática
MÉTODO Experiencia del paciente de manera subjetiva
FENOMENOLÓGICO del problema
Mecanismo de defensa de la negación, donde
TEORÍA PARADÓJICA
se
DEL CAMBIO
debe permitir que el paciente se dé cuenta de
la realidad y se dé el cambio
AUTORREGULACIÓN Se busca tener un equilibrio que
ORGANÍSMICA continuamente
es perturbado por las necesidades
Surgimiento de la relación entre la persona y
AJUSTE CREATIVO el
entorno en el que el cual el individuo crea
condiciones de mejoramiento para su
bienestar
EXPERIMENTOS Como la silla vacía para intervenir situaciones
GESTÁLTICOS inconclusas
Se pueden incluir técnicas de expresión
EXPRESIÓN DE LO
artística, literarias, técnicas narrativas y
SIMBÓLICO, INTUITIVO
técnicas corporales, técnicas de relajación y
Y NO CONSCIENTE
de
entrenamiento asertivo.
Tabla 4: Técnicas de intervención desde la Gestalt (elaboración propia)

Seguidamente, es importante considerar el aporte del análisis transaccional en la


comprensión del duelo, el cual según Castanedo (2008), es un proceso terapéutico
dirigido a recuperar la autonomía y confianza personal, con el objetivo de buscar la
adaptación a las diferentes situaciones de la vida cotidiana, incluyendo problemas y
dificultades. De esta manera, de acuerdo con la teoría del análisis transaccional, en el
proceso del duelo se llevará al paciente a adquirir consciencia o desarrolle la capacidad
de distinguir la realidad de la fantasía interna, que se proyecta sobre lo que le sucede.
Además, debe tener la capacidad de elegir, expresando sus propios pensamientos,
sentimientos y necesidades en cada uno de sus actos. Asimismo, debe adquirir una
capacidad para abrirse al otro, reconociéndole y siendo auténtico en todas sus
manifestaciones personales.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Castanedo, C. (2008). Seis enfoques psicoterapéuticos. México, D.F.: El Manual


Moderno, S. A.

Castillo; García, S.; Meza Dávalos, E.; Sauri Suárez; Martínez Silva; Torres Gómez.
(2008). El proceso del duelo. Un mecanismo humano para el manejo de las
pérdidas emocionales. Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas, 13(1):
28-
31. Recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=47316103007

Descalzo, M. (2009). Curso de Formación de Terapeutas Gestalt: Duelos. Instituto de


Terapia Gestalt.

Frankl, V. (1991). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.

Kübler-Ross, E. (2009). On death and dying. Abingdon, U.K.: Routledge, Fourth

Edition. Lukas, E. (2008). Víktor E. Frankl, el sentido de la vida. Plataforma Editorial.

Oviedo. S; Parra. F; Marquina. V. (2006). La muerte y el duelo. Enfermería global,


revista electrónica cuatrimestral de enfermería. ISSN 1695-6141.

Ramírez, J. (2013). Proceso de duelo. Artículos de Universidad Gestalt. Disponible en:


http://mundogestalt.com/proceso-de-duelo/

Sastre, A. (2012). Ni la muerte pudo con la existencia y el sentir: Una aproximación


desde la psicología humanista. Criterios, 5(2), 237 – 252. Recuperado de:
http://revistas.usb.edu.co/index.php/criterios/article/view/1985/1726

Worden, J. W. (2009). Grief counselling and Grief therapy. New York: Springer
Publishing Company, Fourth Edition.
DUELO EN LOS NIÑOS

Los duelos afectan más a los niños y pueden crear vulnerabilidades posteriores, ya que acaecen en
un ser cuyas defensas no están aún desarrolladas ni integradas. La desaparición real de un objeto
externo muy significativo provocará importantes modificaciones en su mundo interno: porque es
todavía muy dependiente de los objetos externos para mantener la coherencia de su mundo interno
y del sí-mismo, al mismo tiempo que al no haber podido relacionarse con los otros sustitutivos de
sus objetos nucleares, éstos se hacen más relevantes. Por otro lado, al ser sus defensas yoicas más
flexibles, están dotados de mayor resiliencia y capacidad de adaptación.

Las primeras situaciones de pérdida de lo amado se dan desde los primeros momentos de la vida,
jugando la madre un papel fundamental como el otro externo primordial del ser humano en
formación. Es la madre o sustituta quien ha de ayudar a elaborar la compleja serie de sentimientos
que su propia pérdida momentánea provoca. Estas pérdidas del niño en relación a los objetos
familiares se repiten durante la infancia, sobre todo hasta que el niño se hace una representación de
la permanencia del objeto (en nuestra cultura se produce entre los 3 y 9 meses). Estas pérdidas se
van a concretar en un momento típico de duelo, que es el destete.

Ante una situación de duelo, la respuesta inicial del niño es de protesta, de queja, incluso de ira. En
el caso del destete, su expresión será a través de regresiones, la psicomotricidad y la psicosomática
(mayor tendencia a resfriados, otitis, diarreas,…). En niños algo mayores, además de la ira, del
sufrimiento, pueden aparecer esfuerzos desesperados por recuperar a la madre (una semana
aproximadamente de duración, los esfuerzos de reunión mantienen al niño integrado, de modo que
lo preocupante sería que el niño no protestase ante estas separaciones). Pero la desesperanza acaba
imponiéndose, permanece el deseo de recuperación pero va desapareciendo la confianza en el otro,
de modo que el niño se va volviendo cada vez más apático, lloroso, pasivo, etc. Si no se produce la
reunión con el objeto, a la desesperanza le sigue el desapego, de manera que la frialdad y la
distancia afectiva se incrustan en el mundo interno del niño.

Por la que pasa un niño a raíz del duelo. La primera de ellas, dominada por el impacto y la crisis,
que es seguida por la aflicción propiamente dicha, a la que los autores llaman “turbulencia
afectiva” y que estaría compuesta por una ambivalencia entre la pena, el anhelo, y la añoranza y la
protesta, la ira y el resentimiento. Estas “fases” darán lugar a la desesperanza, hasta llegar al
último estado en el que si se acepta, se elabora o se reorganiza da lugar a la recuperación a nivel
emocional, cognitivo y relacional, y si lo soluciona mediante el desapego o depresión se inhibirá
total o parcialmente de las conductas de vinculación al ser querido y evolucionará hacia la
psicopatología.
El impacto y la crisis consecutiva no poseen manifestaciones muy floridas en los niños de nuestra
cultura, las reacciones más expresivas no suelen durar más de unas semanas; la turbulencia
afectiva es más interna que externa. Los componentes afectivos del tercer momento, la pena y la
desesperanza, suelen ser llamativos y duraderos; duran meses, aunque afloren ocasionalmente o a
escondidas.

Otra pregunta que nos hacemos respecto al duelo en la infancia es ¿cómo afecta éste desde una
perspectiva evolutiva? Es decir, ¿es diferente la forma de verlo y comprenderlo según va
avanzando la edad? En los lactantes y preescolares (0-2 años) hay que destacar la gran influencia
de la ansiedad de separación que existe en estas edades, ya que aunque no existe comprensión
cognitiva de la muerte, son sensibles a los cambios en la organización y cuidados y a las
emociones intensas negativas de los padres o cuidadores.
Más adelante, a la edad comprendida entre 3 y 5 años, comienzan a creer que la muerte es
temporal y reversible, no existe como real. Más tarde el egocentrismo les lleva a considerar la
muerte como un castigo o un cumplimiento de deseo, pudiendo creer que causaron la enfermedad
o la muerte. Los muertos se diferencian de los vivos en aspectos como que son inmóviles, que no
sienten, y que no pueden oír, hablar o ver

En la etapa escolar progresivamente comienzan a comprender las diferencias entre vivir y no vivir
y a concebir la muerte como real, con insensibilidad e irreversibilidad, aunque no han adquirido
todavía el concepto de universalidad, no siendo capaces de comprender su propia muerte. Esto
último comienza a entenderse hacia los 11 años aproximadamente, etapa en la que están
interesados en los aspectos biológicos de la enfermedad y en los detalles del funeral,
comprendiendo su propia muerte, lo cual puede provocarle mucha angustia. Por último, en la etapa
adolescente, la concepción de la muerte se aproxima a la del adulto, comprenden las consecuencias
existenciales de la muerte, de la suya propia y pueden incluso fantasear con ella (con más o menos
angustia). A medida que maduran emocionalmente pueden negar su propia mortalidad a través de
conductas de riesgo, actuaciones o provocaciones.

Hasta el 40% de los niños en duelo padecen trastornos un año después de la pérdida. El 37% de los
chicos prepúberes cumplen, un año después de la pérdida de un progenitor, criterios de un
trastorno depresivo mayor. Con respecto al uso de psicofármacos (antidepresivos), no hay estudios
que demuestren su utilidad a medio o largo plazo, pero sí indicios clínicos de que alteran el
desarrollo emocional y relacional, cuando son usados de forma crónica.

DUELO EN LA ADOLECENCIA

Duelo en la adolescencia. En la adolescencia y edades limítrofes con ésta, como la preadolescencia


y la primera juventud, el duelo tiene unas características determinadas porque esta etapa supone
una crisis madurativa, quizás la más decisiva en cuanto a la configuración definitiva de la
personalidad. En otros momentos de la vida pueden suceder, con mayor o menor probabilidad,
crisis biográficas, pero aquí son consustanciales al momento evolutivo. La adolescencia es el
período de la vida en que se plantea la necesidad de alejamiento de los padres y la propia
independencia. Por otra parte, como han señalado R. y L. Grimberg (21), la elaboración de los
duelos acaecidos, supone haber podido realizar el duelo por el self o por las etapas anteriores de la
vida, es decir, por la infancia, los padres de la infancia; avanzar en una línea que va desde una
mayor dependencia, seguridad y protección a una mayor autonomía, responsabilidad y
afrontamiento.
En general, la elaboración de las pérdidas se ve favorecida por una estabilidad del marco
biográfico, en estos momentos hay una situación de transición, las pérdidas suponen una crisis
sobre otras. El proceso de duelo implica el desprendimiento del objeto o persona perdida y la
identificación. Como señala Kohut (37), supone dos polos opuestos con una aparente paradoja, el
retirarse del fallecido y erigirle en el interior, como parte de uno mismo. En la edad adolescente,
las tendencias y cambios identificatorios pueden ser muy intensos.
Los movimientos identificatorios que suceden con las personas perdidas, sus ideales, o con
figuras sustitutivas, juegan un papel muy importante en la configuración y cambios de la
identidad. A veces, la identi ficación o la identificación negativa, con un rechazo de ésta, se ve
favorecida por la pérdida de las figuras paternas, de las que previamente intentaba alejarse; cabe
que se produzca una asunción masiva de sus ideales, un rechazo, una identificación con aspectos
destructivos .
• El duelo por los padres. La pérdida de los padres supone una crisis que
puede influir, decisivamente, en la evolución posterior, en muy diversos sentidos.
• La pérdida acumulada de las figuras sustitutivas puede sumar dificultades; a veces, se puede
observar (5) que el desencadenamiento de una patología
sucede tras la pérdida de los abuelos que habían desempeñado un rol parental,
sustitutivo o complementario.
• La pérdida de hermanos o amigos, con lo cuales la identificación está
a un nivel de igualdad, puede hacer tambalear la estabilidad en un momento
cambiante y enfrentar, de una forma más directa y personal, la realidad de la
muerte. Se ha observado que la muerte de algunos hermanos de forma imprevista
o traumática, violenta o en relación con problemas de droga, puede dar lugar a
procesos patológicos o síntomas identificatorios. Los procesos de larga enfermedad, seguidos de
muerte, tanto en la infancia como en la adolescencia, centran en
torno a ellos una etapa del desarrollo.

2. LOS FUNDAMENTOS DE LA GESTALT Y EL DUELO


La figura y el fondo de la experiencia
Los psicólogos gestaltistas, en sus investigaciones, concluyeron que el
individuo estructura y pone orden en las percepciones que obtiene mediante su
mundo sensorial de acuerdo a una experiencia primaria de una figura contra un
fondo que queda en segundo plano. Esto significa que lo que es figura emerge
de ese fondo con nitidez, atrayendo la atención.
También, se concluyó la tendencia al cierre. Esto es, que el individuo tiende a
ver la figura como una imagen completa y delimitada, llenando los vacíos del
contorno si es preciso, como cuando ve la forma de una circunferencia en una
secuencia de puntos intermitentes.
Lo que es muy relevante es que, según palabras de los Polster,
“este impulso a completar las unidades de experiencia es un importante
reflejo personal, malogrado a menudo por los hechos sociales de la vida,
que interrumpen a la gente en el proceso de hacer muchas de las cosas
que quiere hacer. Estas acciones incompletas son rechazadas
violentamente al fondo, en el que permanecen – inconclusas e inquietas –,
y muchas veces distraen al sujeto del asunto que tiene entre manos.”
El asunto está en que las experiencias inconclusas quedan “inquietas”,
molestando y tratando de devenir figuras una y otra vez, en su tendencia a
completarse, constituyendo una fuente de preocupación, de comportamientos
neuróticos e incluso de autodestrucción, hasta que el individuo se focaliza y
elabora el asunto con el objetivo del cierre.
En general, las personas tenemos gran capacidad para acumular situaciones
incompletas, pero hay algunos asuntos inconclusos con fuerza suficiente para
mantenerse presentes reclamando el cierre, y mientras éste no se dé, no
logramos satisfacción. Sin embargo, la dificultad reside en coordinar el flujo de
relaciones figura-fondo con las situaciones vitales, prácticas y concretas, que
tienen lugar fuera de uno simultáneamente.
La relación fluida entre figura y fondo demanda de una cierta dosis de
tolerancia al caos que las situaciones programadas y controladas y los
El proceso de duelo bajo el enfoque gestáltico
Y las autointerrupciones en el ciclo de la experiencia
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individuos bloqueados y rígidos resienten. Según describe con claridad Joyce
Cary:
“… el concepto es siempre enemigo de la esencia. Se dice que cuando el
niño aprende el nombre de un ave pierde el ave; no ve nunca más el ave,
sino solamente un gorrión, un zorzal, un cisne… y en esto hay una gran
verdad. Todos conocemos personas para quienes toda la naturaleza y el
arte se reducen a conceptos, y cuyas vidas, por consiguiente, están
abarrotadas de objetos conocidos sólo por sus rótulos, y nunca vistos en
su cualidad intrínseca.”
Cuando hablamos de duelo, la experiencia en la intervención terapéutica
muestra bidireccionalidad en materia de asuntos inconclusos que emergen
como figura: bien una nueva pérdida trae al presente las anteriores no cerradas
– un nuevo duelo trae un duelo anterior no vivido –, bien una situación actual
que pide atención nos lleva a una antigua pérdida no atendida – un duelo no
vivido – que ha quedado como un asunto inconcluso.
Y lo cierto es que el proceso de duelo conlleva aquella dosis de caos que
facilita la emergencia de figuras que se suceden a discreción. Y,
consecuentemente, poner atención a lo que surge como figura: sentimientos de
culpa, arrepentimiento, resentimiento, duda, emociones; y cómo se suceden
reacciones y comportamientos, facilita llegar a los asuntos pendientes que
retienen la energía anclada al pasado.
Contacto y retirada
En cualquier caso, para ello es imprescindible una disposición al contacto con
uno mismo, esto es, al que tiene lugar gracias a la capacidad de la persona de
desdoblarse en observador y observado. Este proceso por el que uno
permanece orientado al contacto interno para el autocrecimiento, sirve de
entrenamiento para sostener el contacto yo-no yo y la retirada, asunto que a su
vez surge con relevancia en el proceso de duelo, si consideramos que con la
pérdida de la persona querida el individuo se ve abocado a la retirada del
contacto de su relación con ella.
El proceso de duelo bajo el enfoque gestáltico
Y las autointerrupciones en el ciclo de la experiencia
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Darse cuenta
Los anteriores supuestos se validan en la experiencia del darse cuenta, que es
el proceso de estar atento y en contacto con la experiencia con condiciones (G.
Yontef, 1995):
- “El darse cuenta está energetizado por la necesidad dominante para el
organismo”, hacerse consciente de la figura emergente que es su
necesidad.
- “El darse cuenta necesita que se conozca la realidad de la situación y la
relación de uno con esa realidad”, si no, no se puede hablar de
conciencia y responsabilidad en la situación.
- “El darse cuenta es siempre aquí y ahora, y siempre cambiando,
evolucionando y trascendiéndose a sí mismo.” El proceso de orientación
se reactualiza a cada momento, no puede ser estático.
Autorregulación organísimica
Estas definiciones remiten a lo que en términos de Fritz Perls es la
autorregulación organísmica (F. Perls, 1969).
“Así llegamos al fenómeno más importante de toda la patología: la
autorregulación versus la regulación externa. La anarquía, generalmente
temida por los controladores, tiene, por el contrario, mucho significado.
Significa que se deja solo al organismo para cuidarse a sí mismo sin
interferencias externas. Y yo creo que entender esto es una gran cosa: el
darse cuenta per se puede ser curativo. Porque con un awareness pleno
uno se da cuenta de esta autorregulación organísmica, uno puede
permitirse que el organismo se haga cargo sin interferir, sin interrumpir;
podemos fiarnos de la sabiduría del organismo.”
La autorregulación organísmica está directamente relacionada con el vacío
fértil que mencioné antes. La experiencia de vacío fértil, como la explica F.
Perls, tiene lugar en el contexto de máxima confusión, evitando las
interrupciones e intelectualizaciones, evitando también verbalizar sobre el
proceso en curso, para entrar en una especie de trance donde crece la total
capacidad del darse cuenta y le sigue una sensación súbita de un
descubrimiento que antes no había, un relámpago de realización. El vacío fértil
aumenta el autoapoyo, mostrando a la persona que dispone de muchos más
El proceso de duelo bajo el enfoque gestáltico
Y las autointerrupciones en el ciclo de la experiencia
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recursos de los que imagina. Éste es un círculo virtuoso porque redunda en
salud y vida plena.
Ahora bien, esa es la dirección, es el lugar hacia donde ir, la meta. El hecho es
que venimos de un comportamiento neurótico que se caracteriza, en primer
lugar, por la falta de distinción e identificación por parte del individuo de cuáles
son las propias necesidades. Y luego, existe confusión para organizar la
atención y satisfacción de las mismas, con dificultades en la priorización. El
neurótico entra en conflicto y no es capaz de conseguir de sí mismo ni del
ambiente lo que necesita.
Detrás de las neurosis hay situaciones que el individuo ha aprendido a manejar
mediante un proceso insatisfactorio de autointerrupción.
Manejar esto significa que el individuo aprenda el cómo de sus
autointerrupciones: vivenciándose auto-interrumpiéndose, dándose cuenta de
ellas y de cómo lo hace. A través de esto puede conectarse consigo mismo y
llegar a la realización. El apoyo pleno del individuo – sí mismo –, superando la
necesidad de apoyo ambiental, puede venir con el uso creativo de las energías
puestas en los bloqueos que impiden el autoapoyo. Facilitar que el individuo
asimile el bloqueo y el material bloqueado, identificándose con él y
diferenciándose de él, con responsabilidad, fomenta el desarrollo.
Me ha sorprendido descubrir en las palabras del filósofo y teólogo Raimon
Panikkar, en su obra La nova innocència, una visión filosófica y antropológica
del vacío fértil y la entrega a la experiencia:
“La angustia […], los que piensan nos dirán que es la enfermedad de la
muerte. Es decir, angustia porque somos mortales y no precisamente
porque somos vivos, porque vivimos conscientemente y, sobre todo,
libremente.
La angustia, si se le quiere llamar sentimiento, sería el sentimiento de la
libertad. Una libertad de escoger no es libertad, sabe de antemano las
posibilidades que tiene delante. Se le ha avanzado el pensamiento, no
tienen miedo. Está segura. Ya sabe de qué se trata. El intelecto se ha
avanzado. Es cuestión de escoger entre programas ya dados y preprogramados: lo que de
antemano ha pensado una inteligencia, humana o
divina.
La verdadera libertad, en cambio, no sabe nada. Es el paso en el vacío,
en el que aún no es: en la nada. No sólo no sabe cómo saldrá de ello, sino
que no tiene ni idea de qué se trata, de qué puede hacer, ni menos de sus
posibilidades. Por esto el hombre está angustiado. Porque participa en la
El proceso de duelo bajo el enfoque gestáltico
Y las autointerrupciones en el ciclo de la experiencia
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expansión de la creación, en la creación de la nada. La angustia de esta
prelibertad, es el sentimiento de la posibilidad pura que no sabe que es
posible.
Por esto la angustia es creadora. Por esto pide la purificación del corazón,
de las intenciones: no querer nada, no pensar antes de hora qué iremos a
decir o a hacer (“y cuando vayáis a dar testimonio de mí, no penséis antes
qué diréis”). Y la purificación del corazón significa precisamente vaciarlo
de todo, incluso de las ideas sobre las posibilidades.
Esto es la nueva inocencia, la agnosia, la docta ignorantia. Sólo los puros
de corazón verán a Dios, esto es: la Realidad. Entonces, ver es creador al
mismo tiempo. Se ve lo que se mira, lo que sucede en el acto de ver
mismo.”
Esto es lo que pide, asimismo, el duelo y su proceso: el paso en el vacío.
Enfrentar el duelo implica la libertad para renacer a la creación y esto produce
miedo, náusea, angustia. La clave está en entregarse a la experiencia, a la
autorregulación organísmica, con la “purificacón del corazón”, sin ideas
preconcebidas, evitando las interrupciones.
“A rose is a rose is a rose is a rose…” Gertrude Stein
Ciclo de la experiencia y autointerrupciones
La descripción, paso a paso, del proceso que tiene lugar cuando emerge una
necesidad organísmica y busca ser satisfecha, sea una figura sobresaliendo
del fondo para ser satisfecha antes de volver a él, sea la tendencia de una
gestalt inconclusa a completarse, esto es el ciclo de satisfacción de
necesidades, de autorregulación organísmica, o de conciencia-excitacióncontacto. También
describe el ritmo contacto-retirada o el flujo vs bloqueo de la
autorregulación.
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REPOSO – SENSACIÓN – CONCIENCIA – ENERGETIZACIÓN – ACCIÓN – CONTACTO –
REPOSO
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Y las autointerrupciones en el ciclo de la experiencia
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Mientras estoy aquí sentada escribiendo en mi portátil (0), la figura es mi
trabajo. De pronto, tomo conciencia de la sensación (1) de sequedad en la
boca. Esto empieza a ser figura al tomar conciencia de mi sed (2), y mientras la
imagen de mi trabajo se desvanece y pasa al fondo. Movilizo la energía (3)
para levantarme. Me dirijo a la cocina para beber agua (4). Bebo (5) y la
necesidad que ha sido figura desaparece al satisfacerse (6). Entonces surge
una nueva necesidad que se hace figura. Este es el ritmo natural de la vida. Así
es como, según sostiene Zinker,
“si el individuo tiene conciencia de lo que sucede en su interior y hace algo
al respecto, se sentirá mejor consigo mismo que la persona carente de
esa conciencia o que difiere la satisfacción.”
Cuando este proceso se interrumpe y bloquea, son los mecanismos neuróticos
los que están perturbando las diferentes secuencias. En general, se considera
que cada secuencia está afectada por un mecanismo particular. Pero, también
es cierto que el carácter del individuo determina que éste tienda a interrumpir
su ciclo de la experiencia con el mecanismo neurótico por el que tiene
predilección, esto es, el más desarrollado y habitual, al margen de que todos
ellos jueguen en mayor o menor medida.
Antes apunté, hablando del proceso de duelo, que en cualquier momento se
puede detener el avance, o incluso hay personas que ni siquiera inician el
proceso, o bien lo esquivan y se lo ocultan a sí mismas, haciendo como si lo
hubieran resuelto, o bien siguen al ser querido que se ha ido, enfermando… En
resumen, el proceso autorregulatorio que es el duelo puede detenerse y
cronificarse, haciendo de éste un duelo complicado.
El individuo puede poner en juego el mecanismo que no permite la emergencia
de la sensación, esto es, sentir la necesidad del propio organismo: la represión.
En el contexto del duelo, un ejemplo es la represión del llanto.
Entre la sensación y la conciencia puede operar la introyección, en cuanto que
ésta es la normativa moral, la presión del dictado social, la creencia familiar,
aquello que se opone a lo organísmico. Socialmente en el duelo se favorece la
expresión de la tristeza, pero el introyecto social o familiar puede impedir la
El proceso de duelo bajo el enfoque gestáltico
Y las autointerrupciones en el ciclo de la experiencia
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expresión de otros sentimientos, como la ira, la alegría, o la conciencia de
libertad.
Entre la conciencia y la energetización actuaría la deflexión, una
desenergetización que consigue esquivar u ocultarse a sí mismo la necesidad
que está reclamando atención. Por ejemplo, tener un comportamiento tipo
workaholic después de experimentar una pérdida, es una deflexión para evitar
entrar en el dolor.
La proyección interferiría entre la energetización y la acción, en tanto su función
es desresponsabilizarse de la movilización propia, no actuarla, y proyectarla en
la acción del otro. En el contexto del duelo, la proyección será la transferencia
de mi ira y mi agresividad a causa del duelo, no responsabilizándome de ellas,
para sentir la agresividad o el ataque del otro.
Si cuando actúo la agresividad que siento por la pérdida, iniciando la expresión,
interrumpo el contacto y vuelvo la energía hacia mí, entra en juego la
retroflexión. Por este camino, la persona en duelo por la pérdida llega a la
depresión.
Por último, la interrupción entre el contacto y la retirada es la confluencia. Tanto
en el conjunto del proceso, como momento a momento, o fase a fase, como
decía antes, es necesario soltar, para iniciar otro proceso (figura – ciclo de la
experiencia – contacto – retirada), o para pasar al siguiente momento o fase.
De lo contrario, la vida queda detenida, bloqueada, por el abandono de sí y de
la atención a las propias necesidades.
Poner atención a la experiencia y darse cuenta de las autointerrupciones del
ciclo exige, requiere, la vivencia de uno mismo tan plenamente como se pueda
en el aquí y ahora. Cuanto más uno se dé cuenta de sí mismo, más aprenderá
de lo que es él mismo, y a medida que vivencia los modos en que evita ser
ahora, los modos diversos cómo se interrumpe, también vivenciará el sí mismo
que ha interrumpido.
El proceso de duelo bajo el enfoque gestáltico
Y las autointerrupciones en el ciclo de la experiencia
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3. RESOLUCIÓN DE LAS AUTOINTERRUPCIONES PARA AVANZAR EN
EL PROCESO DE DUELO
La concentración del individuo en las autointerrupciones y en cómo lo hace le
va a facilitar el darse cuenta del hecho que se está interrumpiendo a sí mismo,
así como de lo qué está interrumpiendo. De este modo, también se llega a
poder disolver las interrupciones y a concluir la experiencia.
En el marco del proceso de duelo, podemos llegar a experimentar algunas o
todas las autointerrupciones de la experiencia que, en esencia, tiene que ver
con el trabajo con las emociones y con la disolución o emancipación del
vínculo.
Las emociones: un proceso en sí mismas
Las emociones y los sentimientos muestran el proceso natural de emergencia y
terminación que acabo de describir para el ciclo de la experiencia. Según, L.S.
Greenberg, el proceso de los sentimientos es:
Emerger Darse cuenta Apropiarse Expresar la acción Terminar
De este modo, las personas se quedan atascadas en un sentimiento crónico
poco sano, disfuncional, y con malestar crónico, cuando el proceso se interfiere
crónicamente: cuando se impide que emerja, cuando no hay conciencia o darse
cuenta de la experiencia, cuando se interrumpe la expresión, cuando se
bloquean la acción y la terminación.
Los sentimientos vienen y se van, emergen, desaparecen, y cambian con el
tiempo. Esto es lo que sucede en un proceso de duelo, en su ciclo de
experiencia. Y por ello, el desarrollo de una actitud de apertura y aceptación de
las emociones y sentimientos y de su naturaleza cambiante, facilita el avance
en el proceso. Aceptar los sentimientos mejora la preparación para actuar, pero
no son conductas: sentirse enfadado o molesto no es lo mismo que ser
agresivo. Experimentar sensorialmente y organizarse para acciones concretas
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sobre la experiencia subjetiva (autorregulación organísmica) no implica
necesariamente actuar en el mundo.
Emoción viene etimológicamente del latín emotio, movimiento o impulso; tiene
que ver eminentemente con motivación y acción. Las emociones orientan al
individuo para la acción, organizando el pensamiento – en tanto medio o
recurso – y diseñando las metas, las prioridades, para las acciones concretas.
Al trabajar la pérdida, es necesario que, con la ayuda del terapeuta, la persona
en duelo revise su relación con lo que ha perdido, visitando una y otra vez las
escenas tanto de decepción y desacuerdo como las de alegría y riqueza en la
relación.
Este trabajo va a poner de manifiesto las autointerrupciones, aquéllas
emociones que han empezado a emerger y de las que se ha retirado el foco,
haciendo que queden ocultas, enterradas, generando emociones secundarias y
comportamientos conflictivos en la vida.
También va a poner de manifiesto, y es necesario que así sea, las emociones
que se taparon en la relación con la persona o la situación de pérdida, que
interrumpieron el ciclo de contacto-retirada en la interrelación, y que, por ello,
están haciendo difícil la resolución del vínculo y el avance en el duelo.
Y por último, dado que con nosotros van todas nuestras pérdidas, aquéllas que
han quedado resueltas hasta el estadio en que ha sido posible – inconclusas,
sin embargo –, o las que no han sido miradas y resueltas, van a volver con el
trabajo de la nueva pérdida.
Si el objetivo de la terapia gestalt es la ampliación de la conciencia,
consecuentemente el trabajo en el proceso de duelo consiste en aumentar el
darse cuenta, una mayor conciencia que permita una mayor integración tanto
de la realidad interna como externa, esto es, reconocer y aceptar las propias
necesidades y la relación con el ambiente. Se trata de facilitar la resolución de
las autointerrupciones, la gestión de los bloqueos, proponiendo que la persona
se ponga de nuevo frente al dolor que no siente, o evita sentir, o no se lo
permite, no lo expresa…, mirar lo ocurrido y resolver o emancipar el vínculo
para cerrar este asunto pendiente que es el duelo por la pérdida.

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