KANTOR - RASGOS DE LAS NUEVAS ADOLESCENCIAS Y
JUVENTUDES.
¿Por qué “nuevas” adolescencias? ¿Por qué adolescentes y jóvenes
juntos? ¿Por qué el plural?
Las adolescencias y las juventudes siempre fueron “nuevas”, ellos/as
son los nuevos entre nosotros, como nosotros fuimos los nuevos para los de
antes. Son, como fuimos, como otros fueron antes, como otros serán luego
para ellos, difíciles de entender, provocadores, frágiles y prepotentes,
dóciles y resistentes, curiosos y soberbios, desafiantes, inquietos e
inquietantes, obstinados, tiernos, demandantes e indiferentes, frontales y
huidizos, desinteresados…
Cuando hoy aquí adjetivamos de este modo “nuevas” no estamos
enfatizando la novedad que conlleva el reemplazo generacional, sino
ciertas novedades, especificidades, complejidades que exceden la
problemática de la continuidad y el cambio.
Es condición de adolescentes y jóvenes resultar extraños para sus
mayores; casi por definición, los nuevos resultan extraños para los
responsables de su acogida. Pero ahora, además, suelen ser percibidos
como hostiles, cuando no peligrosos. Como consecuencia de estas
representaciones, ha caído el paradigma de la juventud como redentora
(salvadora, liberadora) de los males de la sociedad, como motor de cambio
o como la flor de la vida.
Pareciera una caída de la adolescencia a favor de la juventud. La
relación entre escuela media y adolescencia, adolescencia significa escuela,
entonces se cuestiona, se interpela. Juventud significa lo de afuera, lo
extraescolar, lo que se valora.
Las políticas y las instituciones que no han podido con los
adolescentes ahora van por los jóvenes. ¿Por qué ahora los jóvenes? Tal
vez porque la expresión condensa la nueva configuración de las etapas
vitales y el desdibujamiento de fronteras y franjas etarias tradicionalmente
asociadas a ellas: sobreedad en las aulas, abandonos, reingresos,
repitencias, duras condiciones de vida que vuelven jóvenes precozmente a
unos adolescentes mientras que los hábitos acortan la adolescencia de otros.
La categoría adolescencia está históricamente asociada a lo escolar,
mientras que juventud representa lo extraescolar. Es en virtud de ello, y de
la intención de hallar las claves para repensar la escuela, analizar motivos,
formas y consecuencias del desplazamiento o del agotamiento de la
adolescencia.
Las referencias identificatorias que se ofrecen a los/as adolescentes
podrán contribuir positivamente al trabajo psíquico y social que implica la
constitución de su subjetividad.
Estas referencias contribuyen a afirmarlos desmarcándose de
prácticas que los niegan o negativizan.
La realidad es una condena: más de la mitad de los jóvenes viven en
condiciones de pobreza, que la mayoría se alejan de las aulas porque no
encuentran en ella respuestas para mejorar su condición o porque deben
subsistir. Son los más castigados por las diversas formas de violencia social
y muerte a causa del gatillo fácil. Mientras unos se socializan en el
shopping; otros, en la calle cartoneando. Unos comen fast food, otros
comen rápido en el comedor comunitario. Unos aspiran pegamento en la
terminal de ómnibus, otros aspiran a cambiar la computadora de su cuarto.
Unos abusan de la comida basura, otros abrevan en la basura para comer.
Unos tienen miedo a sobrar, otros temen no ser exitosos. Y si no sucumben
y aguantan, son «marginales» y, por eso mismo, una amenaza, un riesgo, el
enemigo.
El plural (adolescencias, juventudes) viene a denunciar, entonces,
entre otras cosas, que no hay expresión singular capaz de albergar
semejante desigualdad. Y que las diferencias aluden, más que a la
diversidad cultural, a la magnitud de la injusticia y a la profundidad de sus
marcas. El plural (adolescencias, juventudes) significa también, el
cuestionamiento de visiones homogéneas y de la propia idea de diversidad
entendida como abanico o constelación de diferencias respetado o a tolerar.
Singular remite a la existencia de un sujeto natural y, consecuentemente, a
identidades fijas y homogéneas. En esta perspectiva, lo normal es la norma
impuesta.
La identidad es huella, es nombre, es herencia y creación,
continuidad y ruptura, deseo de inscripción y deseo de reconocimiento.
Instancia simbólica que anuda lo biológico, lo social, lo subjetivo, sin que
ello la vuelva una esencia estable. Descartada toda hipótesis que propusiera
la identidad como algo fijo, cristalizado, inalterable, la habilitación queda
habilitada.
Un trabajo con adolescentes sustentado en el reconocimiento de sus
derechos procurará, entonces, oportunidades y condiciones para la
demanda, la propuesta, la autonomía y la responsabilidad. Las propuestas
valiosas, los referentes significativos y los contextos respetuosos de las
necesidades y las posibilidades de adolescentes y jóvenes son beneficiosos
para todos/as ellos/as, y más aún para los más castigados.
Pensar la educación de las nuevas adolescencias y juventudes implica,
entonces, pensar nuevos adultos. Abordaremos este tema en el capítulo
siguiente.