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Capitulo 2

La criminología surgió como disciplina científica en la segunda mitad del siglo XIX. La escuela clásica, surgida de las ideas de la Ilustración, estableció los fundamentos conceptuales de las políticas criminales actuales, enfocándose en prevenir delitos a través de un sistema penal proporcional y basado en la razón. Figuras clave como Beccaria, Bentham y Lardizábal promovieron ideas como la proporcionalidad entre delitos y penas, y el uso de éstas para disuadir en lugar de castigar.

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Capitulo 2

La criminología surgió como disciplina científica en la segunda mitad del siglo XIX. La escuela clásica, surgida de las ideas de la Ilustración, estableció los fundamentos conceptuales de las políticas criminales actuales, enfocándose en prevenir delitos a través de un sistema penal proporcional y basado en la razón. Figuras clave como Beccaria, Bentham y Lardizábal promovieron ideas como la proporcionalidad entre delitos y penas, y el uso de éstas para disuadir en lugar de castigar.

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CAPITULO 2: HISTORIA DE LA CRIMINOLOGÍA

La Criminología nació como disciplina científica durante la segunda mitad del siglo XIX. Pero siglos atrás, la infracción y el delito
se interpretaban de forma precientífica, atribuyéndolos generalmente a la influencia de fuerzas mágicas, espirituales o cósmicas
(Rodríguez Manzanera, 1996; Saldaña, 1914).

Desde la eclosión de las ciencias modernas, a lo largo de los siglos XIX y XX, entre las que se halla también la Criminología,
diversos pensadores e investigadores han debatido y analizado científicamente (es decir, a partir de causas y factores
naturales) los problemas criminales y los esfuerzos sociales para erradicar los delitos. Como resultado, la Criminología dispone
actualmente de conocimientos relevantes en diversos campos, teóricos y aplicados, que constituyen el objeto esencial de este
texto.

2.1. CRIMINOLOGÍA RACIONAL: ILUSTRACIÓN Y ESCUELA CLÁSICA


El origen de la Criminología y de la justicia penal moderna se fraguó en la Ilustración, desde finales del siglo XVII y durante todo
el siglo XVIII, y se concretó en la denominada escuela clásica (Siegel, 2010).

A partir de las nuevas ideas de pensadores como Hobbes, Locke, Montesquieu, Voltaire, Rousseau y otros, comenzaron a ser
conceptos clave del mundo moderno el imperio de la razón, la libertad e igualdad de todos los hombres, la justificación del
contrato social en favor del bien común y de la convivencia pacífica entre las personas, la justicia sobre la base del respeto de
las leyes, y la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Estas ideas dieron pie a grandes cambios sociales y
políticos como la Revolución Francesa y los procesos de independencia de Estados Unidos y de los países Iberoamericanos.

Especialmente importante aquí es el concepto del “contrato social”, que es inherente a la perspectiva criminológica denominada
del consenso. Según este planteamiento, las leyes, que rigen los comportamientos individuales y las relaciones sociales, serían
resultado del “contrato social”, o acuerdo implícito entre los ciudadanos acerca del bien común; resolverían las discrepancias
que pudieran surgir entre los intereses generales, de la sociedad, y los intereses particulares, de los individuos.
Rousseau describió el “contrato social” del siguiente modo: Hay que “encontrar una forma de asociación que defienda y proteja
de toda fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, y gracias a la cual cada uno, en unión de todos los demás,
solamente se obedezca a sí mismo y quede tan libre como antes. Este es el problema fundamental que resuelve el contrato
social.
Las nuevas ideas de la Ilustración contribuyeron a una nueva concepción de las instituciones sociales y políticas y de la
organización social en su conjunto. Y también comportaron una manera diferente de interpretar y prevenir los delitos, y de
castigar a los delincuentes. Los dos pensadores más destacados e influyentes fueron el italiano Cesare Beccaria y el británico
Jeremy Bentham.
La escuela clásica, surgida de la Ilustración, constituye todavía el principal fundamento conceptual de la mayoría de las políticas
criminales y sistemas jurídico-penales actuales.

2.1.1. Cesare Beccaria (1738-1794)


Cesare Beccaria es la gran figura de la Escuela clásica de Criminología. Su obra principal, “De los delitos y de las penas”,
constituyó en su época una propuesta reformadora de la sociedad, en contra de la arbitrariedad, la ilegalidad y los abusos de
poder que caracterizaban ampliamente a la justicia de su tiempo. Aunque De los delitos y de las penas no es un tratado teórico
sobre las causas de la delincuencia, sino fundamentalmente un ensayo racional acerca de cómo prevenir los delitos mediante
las penas.
Las principales ideas de Beccaria sobre la delincuencia y la manera de prevenir los delitos son las siguientes:
El contrato social y la necesidad del castigo: Las leyes son la forma en que los hombres se unieron en sociedad. Las penas
constituyen los motivos sensibles necesarios contra aquellos que infringen las leyes.

La tendencia al placer como motivador del delito: Los hombres delinquen debido a la elocuencia de las pasiones, que los
impulsan al logro del placer y a la evitación del dolor.

La naturaleza del delito reside en su nocividad social. “El daño de la sociedad es la verdadera medida de los delitos”

El estudio científico de los delitos: La sociedad debería estudiar cientificamente, las fuentes de los delitos y, antes de aplicar
penas, utilizar los medios necesarios para prevenirlos.

La libertad y la educación previenen la delincuencia: hombres libres, que estudian y reflexionan sobre lo que les rodea, estarán
menos inclinados a la voluptuosidad, al libertinaje y a la crueldad que los hombres esclavos.

El fin de las penas: Las penas tienen como objetivo “impedir que el reo ocasione nuevos males a los ciudadanos y retraer a los
demás de cometer otros iguales”.

1
Proporcionalidad entre delitos y penas: Para resultar más eficaz, la pena debe ser superior al bien que nace del delito y
coherente con la propia naturaleza de éste.

Prontitud y certeza de la pena: Cuanto más segura, “más pronta y más próxima al delito cometido sea la pena, tanto más justa y
más útil será” .

Suavidad del sistema penal: La suavidad del sistema penal deberá ser directamente proporcional al estado de desarrollo social
que tiene una determinada comunidad.

Rechazo de la pena de muerte: La pena más eficaz es la pérdida de la libertad.

Prevenir el delito no penalizando lo innecesario: Un modo de prevenir los delitos es no penalizar aquello que no es necesario,
ya que “ampliar la esfera de los delitos equivale a aumentar la probabilidad de cometerlos”

Prevenir el delito mediante recompensas de su contrario: Las leyes deberían también prevenir los delitos recompensando las
buenas acciones de los hombres.

2.1.2. Jeremy Bentham (1748-1832)


Bentham (1748-1832). Es uno de los grandes filósofos del utilitarismo, y el primero que escribió sobre los principios del fin de la
pena con detalle, e “Introducción a los principios de la moral y la legislación”, obra menos conocida que la primera, pero que
constituyó otro de los fundamentos de la escuela clásica).
Bentham establece los siguientes principios sobre la conducta humana y el control penal, a lo que se refirió como “cálculo
moral”:
El comportamiento de los hombres se halla sometido a la evitación del dolor y la obtención del placer.

Los placeres y los dolores serán mayores o menores según su intensidad, su duración, su certeza o incerteza, su proximidad o
lejanía, su fecundidad (o probabilidad de que a un placer o dolor le sigan otros del mismo signo), su pureza (o probabilidad de
que les sucedan consecuencias de signo contrario), y su extensión (o número de personas a quienes afectan).

El principio básico que rige el comportamiento humano es la utilidad, que aprueba o desaprueba las acciones según que
tiendan al logro de la felicidad o a la prevención de la infelicidad. El interés común no es otra cosa que la suma de los intereses
individuales.

El placer y el dolor pueden ser suministrados a los hombres desde cuatro fuentes sancionadoras distintas: la física, fuente de
placeres y dolores naturales; la moral o popular, en la que el papel básico lo juegan los otros ciudadanos; la religiosa, de la
mano de un ser superior; y la política, administrada por el juez. Esta última es la única que pueden determinar las leyes,
mediante las penas.

Todas las leyes tienen como objetivo principal prevenir el daño a los individuos o las comunidades, compensando dicho daño
mediante la asignación de una pena, con los siguientes propósitos:

Prevenir, si fuera posible, la comisión de toda clase de delitos.

Si no se lograra prevenirlos, al menos inducir al delincuente a realizar un delito menos dañino.

Si el individuo decide cometer el delito, disponerle a no hacer más daño del necesario.

Efectuar la prevención del modo más barato posible.

Proporción entre los delitos y las penas: estableció reglas de proporcionalidad entre los delitos y las penas:

El valor de la pena no debe ser en ningún caso menor que el suficiente para compensar el beneficio del delito.

Cuanto mayor sea el daño del delito, mayor deberá ser la gravedad de la pena.

Cuando dos delitos entran en competencia, la pena por el delito mayor deberá ser suficiente para inducir a un hombre a preferir
el delito menor.

La pena se debería ajustar de tal manera a cada delito concreto que, para cada parte del daño que el delito produce, debería
haber un motivo que disuadiera al delincuente de realizar esa parte del daño.

La pena no debería ser superior a lo necesario para el cumplimiento de las reglas quí expuestas.

2
2.1.3. La Escuela Clásica en España
La Escuela clásica tuvo como uno de sus principales representantes en España a Manuel de Lardizábal y Uribe (1739-1820),
quien publicó el “Discurso sobre las penas”, que sigue en buena medida la obra de Beccaria aunque también realiza algunas
aportaciones innovadoras. Durante el siglo XIX continúan difundiendo y desarrollando las ideas de la Ilustración y la Escuela
clásica autores como Pacheco y Silvela.
Los planteamientos de la Escuela clásica incidieron también en la revisión del estado de las prisiones. Así, en la segunda mitad
del siglo XIX, diversos informes, entre los que destacan los trabajos de Concepción Arenal y de Rafael Salillas, comienzan a
hacerse eco de las malas condiciones de las cárceles españolas. Por otro lado, empieza a
tomarse conciencia de la necesidad de orientar las penas y las prisiones hacia la educación y mejora de los encarcelados por
encima de su mero castigo. En esta dirección, Sanz del Río, Concepción Arenal, Giner de los Ríos, Silvela y Dorado Montero
desarrollaron en España el ideal correcionalista o rehabilitador para el contexto de las prisiones.

Síntesis de las ideas de la escuela clásica


Las ideas de la escuela clásica pueden resumirse en las siguientes propuestas principales:
1. Las acciones humanas —también las delictivas— tienden en esencia al logro del placer y a la evitación del dolor; en ello
radica el principio de utilidad del comportamiento.
2. Todos los seres humanos cuentan, por naturaleza, con las capacidades suficientes para decidir sobre sus actos, incluidos los
delictivos.
3. Cuando alguien realiza un delito es debido a los beneficios placenteros que espera obtener de ello.
4. La finalidad principal de la justicia penal es compensar, o contrarrestar, mediante un castigo, los beneficios que el delincuente
espera obtener del delito. Por tanto, la pena debe implicar un perjuicio de mayor entidad que el beneficio del delito.
5. Procediendo de esta manera, es decir asociando al delito males mayores que los bienes que produce, se buscan dos
resultados: primero, que el conjunto de los ciudadanos tenga motivos bastantes para no delinquir (prevención general) y,
segundo, que los que ya han delinquido no vuelvan a hacerlo (prevención especial).

2.2. PRIMEROS ESTUDIOS SOBRE FACTORES SOCIALES Y DELINCUENCIA


Guerry publicó en 1929 su Ensayo sobre la estadística moral de Francia, que es considerado por muchos el primer trabajo de
criminología científica. En esta obra efectuó un acercamiento ecológico a la criminalidad, sirviéndose para ello de mapas en los
que sombreaba las distintas tasas de delincuencia en relación con diversos factores sociales.

Quetelet buscó, a partir de las cifras francesas de delincuencia, factores que explicasen la criminalidad o se relacionasen con
ella, a los que denominó ‘mecanismos sociales’ . Concluyó, en primer lugar, que la delincuencia era un fenómeno normal,
presente en todas las sociedades, y regular, en el sentido de que se repetía año tras año con un número parecido de
homicidios, agresiones o robos, a la vez que con unas proporciones semejantes de participación delictiva en función del sexo y
la edad.
Quetelet, quien tras la publicación en 1827 de las primeras estadísticas francesas sobre la delincuencia, relacionó por primera
vez los dellitos con distintas variables y problemas sociales como la pobreza y la climatología.
También dedujo que la pobreza no era, en general, la causa de la delincuencia. Para ello estudió diferentes poblaciones de
Francia y pudo comprobar que las regiones más pobres del país no tenían mayores tasas de criminalidad, sino que la
delincuencia era superior en las ciudades. En opinión de Quetelet, los pobres estarían más expuestos a tentaciones delictivas
en un entorno urbano, donde los contrastes sociales eran más notorios. De este modo, se formuló por primera vez la hipótesis
criminológica de la privación relativa, según la cual las personas adquirirían conciencia de desigualdad al observar que otros
disfrutan de mayores ventajas, lo que daría lugar a la aparición de sentimientos de injusticia y de resentimiento. También
encontró relación entre la delincuencia y otros factores personales y sociales como la menor edad, el desempleo, la mayor
presencia de oportunidades para robar, la falta de educación moral o el carácter moral de moderación, en el sentido aristotélico.
M,
Tras analizar la secuencia de los delitos a lo largo del año, Quetelet propuso unas leyes térmicas de la delincuencia, según las
cuales el calor propio del verano incrementaría las tasas de homicidios, mientras que el clima frío del invierno propiciaría un
aumento de los robos. Hoy se considera que
las diferencias estacionales y contextuales en las tasas delictivas pueden explicarse sin necesidad de recurrir a unas leyes
térmicas de los delitos. Sencillamente, en verano y en territorios más cálidos, suele producirse una mayor concentración de
ciudadanos en lugares públicos lo que incrementaría la probabilidad de posibles situaciones infractoras o de agresión entre
individuos.
Las recomendaciones preventivas de Quetelet fueron, doblemente, el desarrollo de la educación moral de los ciudadanos y la
mejora de sus condiciones sociales, propuestas de extrema modernidad y actualidad
En la segunda mitad del siglo XIX, el sociólogo francés Gabriel Tarde (1843-1904) formuló las leyes de la imitación, según las
cuales las personas observan y reproducen los comportamientos de los que les rodean. Tarde explica, a partir de la imitación,
que en las ciudades existan mayores índices de delincuencia que en zonas rurales, ya que en el mundo urbano hay más

3
modelos para imitar y mayor variación en los estilos de vida. Por tanto, los individuos que buscan un modelo delictivo lo
encuentran con mayor facilidad.

Emile Durkheim (1858-1917) efectuó, a finales del siglo XIX, una de las mayores aportaciones teóricas al estudio sociológico de
los fenómenos de la desviación y el control social, y es considerado el iniciador de la escuela funcionalista, especialmente a
partir de sus obras Las reglas del método sociológico, La división del trabajo en la sociedad, y El suicidio. Resaltó la influencia
que tienen los valores sobre la conducta social, y argumentó que los individuos someten su comportamiento al grupo debido,
sobre todo, a la existencia de un sistema de valores primarios y no a causa del temor.
Su propuesta más conocida es el concepto de anomia, que entendía como aquel estado de desorientación, de alienación, de
ausencia de normas, en que se verían envueltos, en ciertas circunstancias, sociedad e individuos. Esta situación produciría en
las personas una fuerte presión y daría lugar a comportamientos contradictorios y, en situaciones extremas, al suicidio.
En esencia, Durkheim considera que la delincuencia es un fenómeno normal en los procesos sociales de modernización y
transición de las sociedades, y se produce como resultado de la contraposición entre la diversidad individual y la presión
colectiva para la conformidad. En este contexto, la diversidad o desviación, que a menudo va contra las normas
“colectivizantes”, sería el precio no deseado que las sociedades deben pagar para mantener abiertas sus posibilidades de
innovación. También el castigo de los delincuentes jugaría un
importante papel en el mantenimiento de la solidaridad social, ya que el castigo penal permitiría afirmar la “superioridad” de la
sociedad establecida frente a la “inferioridad” de los delincuentes.
Durkheim entiende que la delincuencia refleja los valores dominantes de la sociedad y la incapacidad de los delincuentes de
adaptarse a ellos. Y aunque nunca llegó a justificar el delito, señaló su importante papel como elemento cohesionador de la
sociedad.
Silió y Cortés (1865-1944) fue, en su obra La Crisis del Derecho penal (1891), un firme defensor, aunque crítico, del positivismo
sociológico. A pesar de que admite que pueda haber jóvenes que a edades tempranas muestren signos de intensas
propensiones antisociales, considera que la mayor influencia sobre la criminalidad la jugarían los factores ambientales y
sociales. Analiza como posibles elementos criminogénicos, el influjo sobre la criminalidad del clima y la temperatura, las
carencias económicas, y la falta de instrucción y cultura, amén de lamentarse de las enormes deficiencias de las estadísticas
españolas sobre la delincuencia y la reincidencia delictiva.

2.3. COMIENZO DE LA CRIMINOLOGÍA CIENTÍFICA


2.3.1. Positivismo criminológico y método científico
Charles Darwin (1809-1882). Su influencia en el nacimiento de la Criminología positiva es incontestable.
Antecedentes históricos del positivismo fueron la Fisionomía, que indagaba el carácter de los individuos a partir de sus rasgos
faciales y la Frenología, que pretendía conocer las características y cualidades de las personas analizando las formas de su
cráneo, deduciendo así la morfología de su cerebro y las funciones mentales y morales que podían estar más o menos
desarrolladas.
Cesare Lombroso es considerado el padre de la Criminología científica, a partir de su propuesta de aplicar el método científico
al estudio de la criminalidad.
Lombroso consideró que la observación y la medición debían constituir las herramientas básicas para el conocimiento
criminológico, por encima de la racionalidad y especulación características de la escuela clásica y las disciplinas jurídicas.
Véase la esencia de este nuevo planteamiento en su prefacio a la primera edición de su obra principal, L’uomo delinquente:
“(...)aquellos que tienen contacto directo con los delincuentes... conocen que éstos son diferentes de las otras personas, con
mentes débiles o enfermas que difícilmente pueden ser curadas (...) Para reconciliar estas visiones opuestas, y determinar si el
hombre criminal pertenece a la misma categoría que el hombre sano, o a la del enfermo, o a una clase diferente... y conocer así
si hay una fuerza natural causante de la conducta criminal, tenemos que abandonar las sublimes esferas de la filosofía, y
también dejar de lado la sensacionalidad de los hechos delictivos en sí, y en su lugar acometer el estudio físico y psicológico del
delincuente, comparando los resultados que se obtengan con las características de los individuos sanos y de los enfermos”
Sus ideas dieron lugar al nacimiento de la escuela biológica de la criminología, a la que también se conoce como escuela
italiana. Lombroso afirma que los criminales lo son ya desde su nacimiento, y que las tendencias delictivas son una enfermedad
que se puede heredar, conjuntamente con factores sociales y antropológicos. Sus obras más importantes son El hombre
delincuente (1876), La mujer delincuente (1895) y Delincuencia: causas y remedios (1912).
Establecido el método científico que habría de seguir, Lombroso presentó sus análisis y conclusiones en su libro L’uomo
delinquente, publicado por primera vez en 1876. En él expuso su teoría del atavismo degenerativo de los delincuentes, que
consideró resultado de un desarrollo evolutivo incompleto. Esta obra inicia la escuela
positiva o de antropología criminal. Lombroso dedujo su idea del atavismo degenerativo a partir de Darwin.
Lombroso creyó descubrir ciertas especificidades anatómicas características de los delincuentes natos o atávicos, como frente
huidiza y baja, gran desarrollo de las arcadas supraciliares, asimetrías craneales, altura anormal del cráneo, gran desarrollo de
los pómulos, orejas en asa, gran pilosidad y braza superior a la correspondiente estatura.

4
Sin embargo, las conclusiones biológicas de Lombroso no fueron en general sustentadas por los estudios desarrollados
posteriormente, incluidos los trabajos de sus discípulos. Por ello, Lombroso se vio pronto forzado a modificar y matizar los
enunciados de su primera obra, restando paulatinamente importancia a los factores biológicos a lo largo de las sucesivas
ediciones de su libro, y concediendo creciente peso explicativo a los factores sociales y psicológicos
En la cuarta y quinta ediciones de El hombre delincuente, Lombroso diversifica su clasificación de los delincuentes en los
siguientes tipos: nato (o atávico), loco moral, epiléptico, loco, ocasional, y pasional. Incluso afirma que, bajo condiciones
adecuadas, algunos delincuentes podrían ser rehabilitados a través de “un ambiente saludable, entrenamiento adecuado,
hábitos laborales, la inculcación de sentimientos morales y humanos (...) siempre que (...) no surja en sus caminos una especial
tentación” para delinquir.
Enrico Ferri (1856- 1929), discupulo de Lombroso publicó en 1878 su Sociología criminal, convirtiéndose en uno de los más
destacados defensores de la perspectiva positivista, pero realzando los factores sociales, económicos y políticos en la etiología
de la delincuencia. Clasificó a los delincuentes en las siguientes categorías:

Delincuente nato o instintivo, que tendría una propensión delictiva heredada.

Delincuente loco, mentalmente discapacitado.

Delincuente pasional, como resultado de fuertes reacciones emocionales.

Delincuente ocasional o situacional, la categoría más amplia de infractores.

Delincuente habitual, a partir de la influencia negativa de factores sociales diversos (abandono familiar, carencias educativas,
pobreza, malas compañías, etc.).

Para Ferri, la Criminología debería estudiar la delincuencia como conducta individual y como fenómeno social, para ayudar al
estado a adoptar medidas prácticas para su control, tanto de naturaleza preventiva como represiva.

Raffaele Garófalo (1851-1934), discípulo de Lombroso, publicó en 1885 su obra más conocida, titulada Criminología. Su tesis
principal fue que el origen de la delincuencia se hallaba en que algunos individuos presentaban una deficiencia hereditaria, de
índole psíquica o moral, que les impedía el desarrollo de sentimientos altruistas y les incapacitaba para adaptarse a la vida
social.

Garófalo creía legítimo que la sociedad se defendiera de la delincuencia, incluso eliminando a sus miembros más dañinos y
peligrosos, para evitar que pudieran reproducirse y extender más aún su “raza” criminal.

2.3.2. El positivismo en España


En España, Cubí y Soler había construido en su obra Sistema completo de Frenolojía, publicada en 1843, un mapa cerebral en
el que localizaba distintos centros nerviosos responsables de diferentes funciones fisiológicas y de comportamiento, entre ellas
la agresividad. Se refirió, con bastante antelación a Lombroso, al criminal nato, demente, carente de voluntad, irresponsable e
incorregible.
El nacimiento en España de la Criminología científica puede vincularse a los dos acontecimientos siguientes. El
primero, la creación en 1899 por Giner de los Ríos. del Laboratorio de Criminología, que impartió dos cursos sobre temáticas
criminológicas, que incluían análisis de los conceptos de normalidad y anormalidad en relación con el delito, la relación entre
edad y delincuencia, la pedagogía correccional, el estudio de la locura moral, y la revisión de las obras de Lombroso, Ferri,
Garófalo, Durkheim, Tarde, etc. En segundo término, la
fundación en 1903, bajo la influencia de Salillas, de la Escuela de Criminología. Dicha escuela se orientó inicialmente a la
formación del personal penitenciario.
Serrano Gómez (2007) considera que la Criminología nació en España como resultado de la confluencia de tres movimientos
intelectuales interesados en la delincuencia y las penas: los penitenciaristas, preocupados por analizar el estado y la función de
las prisiones, el movimiento correccionalista derivado de la tradición krausista, y el debate acerca del positivismo.
Muchas de las polémicas habidas sobre las propuestas positivistas se centraron en el debate del “libre albedrío”, que negaban
los positivistas más extremos, al afirmar el determinismo, y defendían con vehemencia los teóricos del derecho y la justicia. Sin
embargo, muchos pensadores, tanto positivistas como clasicistas, fueron paulatinamente virando hacia una posición intermedia,
en la que de facto venían a confluir tanto aquellos positivistas que admitían un determinismo relativo como aquellos clasicistas
que aceptaban un “libre albedrío” parcial y condicionado.
Dorado Montero (1861-1919), difunde, a su vuelta a España, el positivismo. Desde su perspectiva correccionalista defiende
vehementemente la finalidad de prevención especial de las penas, por encima de su función represiva. Considera que la base
de la justicia debe ser la recuperación social del delincuente. Llega a plantear que, más allá de la culpabilidad individual en los
delitos, habría también una responsabilidad colectiva, en cuanto que es la sociedad quien en definitiva genera o permite que
existan las causas que llevan al delito. Considera que la Criminología debería orientarse en
mayor grado hacia la psicología, y la justicia penal en dirección a una pedagogía correccional.
2.3.3. Teorización criminológica de Rafael Salillas

5
Rafael Salillas (1854-1923) es el mayor representante que hubo en España de los planteamientos criminológicos positivistas y
científicos.
Propuso que, por encima del estudio del sujeto delincuente, debía analizarse el entorno en el que aquél vivía, ya que el
ambiente constituía la causa mediata de su delincuencia. Salillas
intentó, especialmente en sus obras Hampa y La teoría básica: Bio-sociología (1901) formular una teoría propia de la
delincuencia a la que se refirió como teoría básica.
Salillas basa su concepción criminológica en lo que llama la Psicología del nomadismo, que realza el influjo que tendría sobre el
individuo el ambiente físico y social en el que se desenvuelve. El desarrollo personal de cada sujeto estaría condicionado por la
base nutritiva sustentadora, o alimentación, de la que se dispone en el propio lugar de residencia, lo que afectaría
sustancialmente a la conformación de la personalidad, a la manera de vivir y a la conducta. Así, la base nutritiva sustentadora
determinaría estilos de vida opuestos como el sedentarismo y el nomadismo. El sedentarismo implica una forma de vida y una
alimentación estables. Por el contrario, el nomadismo supone un estilo de vida errante, despreocupado e imprevisor, y, en
consecuencia, comporta una base nutritiva deficiente, insegura e inestable. El delito sería una manifestación de la lucha por la
existencia, por granjearse el alimento, lo que a lo largo de la evolución habría condicionado la propia herencia de los seres
vivos.
Serrano Gómez y Serrano Maíllo efectúan una hipótesis propia que intenta clarificar las ideas teóricas de Salillas. Tomando
como fuentes las obras de Salillas Hampa y La teoría básica. Bio-sociología, los textos de Salillas recogidos por estos autores y
la hipótesis explicativa que ellos formulan, a continuación se presenta una interpretación sobre cuáles podrían haber sido las
ideas principales de Salillas sobre la etiología de la conducta criminal:
Los delincuentes no serían por lo general individuos atávicos, o delincuentes natos, sino sujetos normales que cometen delitos.

La herencia biológica recibida por un sujeto podría contribuir también a la conformación de sus características morales y de
comportamiento.

Pero más importante que la biología sería el contexto en que se desarrolla el individuo, al que salillas consideraba capaz incluso
de cambiar los posibles condicionantes biológicos.

La motivación básica para los delitos se hallaría en la necesidad de todos los individuos de periódica provisión de alimento, o
base nutricional sustentadora.

Los grupos humanos practican diferentes sistemas de vida, algunos de los cuales son más eficientes que otros para proveer
regularmente alimentos de forma lícita. En concreto, los grupos e individuos sedentarios suelen contar con sistemas más
estables y seguros de aporte regular del sustento (agricultura, ganadería, industria) y son más previsores del futuro. Por el
contrario, los grupos y sujetos nómadas serían menos precavidos en el suministro periódico de su nutrición, lo que se
relacionaría con hábitos de búsqueda improvisada de alimentos y, en consecuencia, con un mayor número de comportamientos
parásitos, aprovechados y delictivos.

La generalidad de los delitos consistiría en conductas parásitas de aprovechamiento de alimentos y otros recursos ajenos.
2.4. ECOLOGÍA URBANA Y DESORGANIZACIÓN SOCIAL
En 1892 se creó el Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago, que jugaría un papel decisivo en la
consolidación del estudio científico de la delincuencia. Los autores de la Escuela de Chicago (Park, Burguess y McKenzie)
pensaban que un contacto más directo con el objeto de estudio (los delincuentes y sus delitos), mediante el uso de entrevistas y
de observación participante de los ambientes criminógenos, podía aportar mayor información sobre los factores socioculturales
que conducen a la delincuencia .
Los sociólogos de Chicago iniciaron una metodología más rigurosa y empírica, utilizando, para el conocimiento de la realidad
social y urbana, instrumentos como las historias de vida, los análisis demográficos y los censos de datos:
También Sutherland empleó una metodología de campo para conocer la descripción que un delincuente profesional efectuaba
de su propia actividad delictiva, de las leyes y de la justicia. Esta información fue recogida en su obra de 1937, The Professional
Thief: By a Professional Thief (Ladrones profesionales) en la que, por primera vez, un delincuente era presentado abiertamente
como una persona normal, con la sola diferencia de hallarse al margen de la ley.
Shaw y McKay propusieron un modelo equivalente para la delincuencia: las personas que habitan ambientes en los que han de
convivir con robos, violencia y, en general, con normas distintas a las del conjunto de la sociedad, acaban “contagiándose” de
esos comportamientos y valores criminógenos.
Shaw y McKay analizaron específicamente la delincuencia juvenil en la ciudad de Chicago, entre las décadas de los veinte y los
cuarenta del siglo XX. Para ello emplearon tanto registros policiales y judiciales como “historias de vida” a partir de entrevistas
con delincuentes. De esta manera pudieron crear una serie de mapas sobre los lugares de residencia de los jóvenes
delincuentes, los porcentajes que éstos representaban sobre el total de la población juvenil y la distribución de la delincuencia
en las distintas zonas de la ciudad. La constatación de que la delincuencia seguía un patrón geográfico a lo largo de los
sucesivos barrios de la ciudad les llevó a proponer una teoría de la ecología urbana en la que efectuaban una analogía entre la
ciudad y las comunidades de plantas o animales (Akers, 1997; Bernard et al., 2010). Describieron la delincuencia en la ciudad a
partir de una secuencia de áreas concéntricas:

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La Zona I, la City, o distrito central dedicado a los negocios

La Zona II, o área de transición, habitada por los emigrantes y por


las clases más desfavorecidas

La Zona III, correspondiente al área de viviendas de aquellos


trabajadores que han podido “escapar” de la deteriorada zona de
transición

La Zona IV, o de residencia de la clase media

La Zona V, o áreas residenciales periféricas, habitadas por las clases


más adineradas. Desde esta perspectiva los jóvenes delincuentes
no se diferenciaban sustancialmente de los no delincuentes en
sus características de personalidad, inteligencia, raza u otros
rasgos individuales, sino fundamentalmente en el tipo de barrios
en los que vivían.

Shaw y McKay dirigieron su atención al análisis de la patología social que se producía como resultado de la desorganización
social propia de las áreas de transición. Estas áreas se caracterizaban por un gran deterioro físico de los edificios y de los
espacios urbanos, por la existencia de un gran número de familias desestructuradas, elevadas tasas de delincuencia,
drogadicción, alcoholismo, pobreza y prostitución. Los residentes de las zonas de transición eran sujetos de clases bajas con
grandes deficiencias educativas y laborales .Desde el punto de vista teórico, la escuela de Chicago interpretó todas estas
patologías sociales como resultado de la fragmentación y la desorganización social.
Desorganización social

2.5. IMITACIÓN Y DELITO


2.5.1. Leyes de la imitación
Gabriel Tarde (1843-1904) formuló en 1890 Las leyes de la imitación. Tarde rechazó la teoría lombrosiana del atavismo
biológico y propuso, como alternativa, que los delincuentes eran sujetos normales que aprendían a delinquir como un modo de
vida alternativo en ambientes proclives a la delincuencia. A diferencia de la teoría
aristotélica de que la asociación tenía lugar en la mente del individuo, Tarde propuso que lo que más bien se producía era una
asociación entre individuos: unos sujetos aprenderían a cometer nuevos delitos imitando a otros que lo hacían con anterioridad.
Tarde estableció tres leyes básicas de la imitación
Las personas imitan a otras en proporción al grado de contacto, o relación, que tienen con ellas. La imitación se produce con
mayor intensidad en las ciudades (en donde hay más personas) que en las zonas rurales (en donde hay menos personas que
imitar) . La presencia de tantas personas en la ciudad provoca una imitación rápida de modelos.
Además, según Tarde, la imitación delictiva estaría sometida a las modas. Así, determinado grupo realiza actividades delictivas
en la ciudad y otros lo imitan. Cuando la moda ya se ha establecido, acaba por convertirse en una costumbre.

Los inferiores imitan comúnmente a los superiores. Tarde llega a la conclusión de que muchos delitos fueron inicialmente
llevados a cabo por las clases nobles (vagabundeo, bebida abusiva, violaciones, asesinatos, etc.), y después imitados por las
clases más bajas. Por otro lado, muchos delitos se inician en las grandes ciudades y posteriormente se trasladan, por imitación,
a las zonas rurales.

Las nuevas modas desplazan a las viejas, también en las costumbres y hábitos delictivos. Durante el siglo XIX, por ejemplo, los
asesinatos mediante arma blanca cayeron en desuso y fueron remplazados por los asesinatos cometidos con armas de fuego,
al ser éstas cada vez más comunes.

2.5.2. Teoría de la asociación diferencial


El planteamiento pionero del concepto de aprendizaje aplicado a la delincuencia fue formulado por Edwin H. Sutherland (1883-
1950), durante los años treinta y cuarenta, en su conocida teoría de la asociación diferencial. Especialmente importantes para
esta formulación fueron sus trabajos Principles of Criminology (cuya primera edición tuvo lugar en 1924 y la última en 1947) y
Delincuencia de cuello blanco, publicado en 1939 .

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Sutherland propuso que la delincuencia no sería el resultado de la inadaptación social de los sujetos de la clase baja, sino del
aprendizaje que individuos de cualquier clase y cultura realizarían de conductas y valores criminales.
Según Sutherland, la Criminología habría intentado explicar la conducta delictiva desde dos perspectivas diferentes. Las
primera, a partir de lo que sucede cuando se produce el hecho delictivo, esto es, a partir de la propia situación (explicaciones
mecanicistas, situacionales o dinámicas). La segunda modalidad de explicaciones se basaría en aquellos procesos que
acontecieron en la historia previa del individuo (a las que denomina explicaciones históricas o genéticas, ya que recurren a la
historia o génesis del individuo).
Sutherland reconoce que ambos enfoques son necesarios para explicar la conducta delictiva. Por un lado, la situación concreta
ofrece a un individuo la oportunidad de delinquir. Pero lo más importante, según él, no es la situación objetiva que se produce
en un momento dado, sino cómo las personas definen e interpretan esa situación.
En concreto, Sutherland describe del siguiente modo la adquisición de la conducta delictiva:
1) La conducta delictiva es aprendida, no heredada ni inventada.
2) se aprende en interacción con otras personas, en un proceso comunicativo, tanto verbal o gestual.
3) el aprendizaje delictivo tiene lugar en grupos íntimos, próximos al individuo.
4) incluye tanto la adquisición de las técnicas de comisión de los delitos como de los motivos, los impulsos, las actitudes y las
racionalizaciones necesarias para delinquir.
5) los motivos y los impulsos para delinquir se aprenden a partir de las definiciones que ciertos grupos sociales hacen de los
códigos legales.
6) el principio fundamental de la teoría es el de asociación diferencial, según el cual los individuos devendrían delincuentes a
partir del contacto excesivo con definiciones favorables a la delincuencia, por encima de su conexión con definiciones contrarias
a ella.
7) las asociaciones diferenciales serían más influyentes sobre los individuos en proporción a su mayor frecuencia, duración,
prioridad (o aparición más temprana) e intensidad (o fuerza de la vinculación emocional).
8) en el proceso de aprendizaje de la conducta delictiva estarían implicados todos los mecanismos de aprendizaje, incluyendo
la asociación de estímulos y la imitación de modelos.
La teoría de Sutherland no explica la criminalidad en su conjunto ni se plantea responder a preguntas globales del tipo de por
qué hay más delitos en un país que en otro. Se centra en el proceso de conducta individual, buscando las razones concretas
que hacen que unos individuos se impliquen en actividades delictivas mientras que otros no .
Sutherland atiende en su teoría tanto al contenido de aquello que se aprende (las técnicas de comisión de los delitos, los
motivos y actitudes para delinquir y las definiciones favorables a la delincuencia) como al proceso mediante el que se aprende.

2.6. REACCIÓN SOCIAL, ECONOMÍA Y DELITO


Una de las obras de mayor influencia sobre los teóricos del etiquetado fue el libro de Erving Goffman, de 1961, Internados. La
pretensión de Goffman fue examinar el impacto de las instituciones totales (psiquiátricos, prisiones, etc.) sobre la vida de los
internados en ellas. La institución total es, según Goffman, un ambiente que elimina la distinción entre el trabajo, el tiempo libre
y el descanso. El ciudadano normal desarrolla estas actividades en distintos ámbitos y rodeado de personas y grupos
diferentes: compañeros de trabajo, amigos, familia, etc. La institución total remplazaría a todos estos estamentos, imponiendo
su propia cultura y cambiando el comportamiento y la personalidad de los internados .
Paralelamente, surgieron también las denominadas criminologías críticas, que consideraron necesario analizar la delincuencia y
su consiguiente control social en el marco de la lucha de clases, de la confrontación entre sectores y grupos sociales diversos,
con intereses encontrados. Así como la constatación del desequilibrio de poder, histórico y presente, existente en las
sociedades, a favor de los estamentos más poderosos, que serían lo que definen y estructuran el funcionamiento social, frente
a los más desvalidos, que deben someterse a él. Estos planteamientos críticos remitían el análisis criminológico a los
macrofactores económicos, políticos y culturales que estructuran las sociedades industriales y neoliberales modernas, en las
que unos pocos acumularían la mayor parte de los resortes económicos y la mayor influencia para la creación y aplicación de
las leyes (Lea, 2010). En el extremo opuesto, la infraclase carecería casi por entero de tal capacidad de influencia, y se
convertiría en el objetivo preferente de las presiones sociales para la adaptación, y, también, de intervención de los aparatos e
instrumentos de control.
Karl Marx (1818-1883), su perspectiva fue el fundamento de la “Criminología Radical” o “Nueva Criminología” de los años 70.
En estos marcos conceptuales, los delincuentes se tornan víctimas del capitalismo.
En la década de los setenta diversos autores norteamericanos y británicos estructuraron un pensamiento criminológico de cariz
marxista. Entre sus premisas fundamentales estaba la consideración de que el poder utilizaría todos los recursos y mecanismos
a su alcance, incluida la propia ley y la justicia, para afianzar y mantener su posición dominante en la sociedad. Ello implicaría,
asimismo, que los grupos no dominantes constituirían el objetivo prioritario del control legal. Si, a largo plazo, se eliminaran la
opresión y las diferencias de clase social, la delincuencia supuestamente debería desaparecer. Sin embargo, mientras tanto
habría que reprimirla, porque los robos o la violencia indiscriminada distraerían a los obreros de la lucha contra su enemigo
principal: el estado capitalista .
Bonger (1916) llegó a la conclusión de que no era la pobreza en sí, sino la distribución desigual de la riqueza la que
determinaba el nivel de la delincuencia. Consideró la delincuencia como un acto egoísta, típico de una sociedad capitalista
basada en el afán individual de enriquecerse a costa de otros.
Colajanni escribió: “La condición económica tiene una acción directa innegable en la génesis de la delincuencia, en cuanto la
deficiencia de medios para satisfacer las numerosas necesidades del hombre —más numerosas en los pueblos que alcanzaron
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un superior grado de civilización— es estímulo suficiente para procurárselos de todos los modos posibles: honrados y
delincuentes”.

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