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Crítica Del Conocimiento

Este documento describe la naturaleza y evolución de la epistemología o filosofía del conocimiento. Explica que la epistemología estudia los actos del conocimiento y cómo ha habido diferentes enfoques a lo largo de la historia, como el escepticismo, el dogmatismo, el empirismo y el racionalismo. También discute cómo el problema del conocimiento cobró mayor importancia durante la época moderna con filósofos como Descartes y Kant, quienes lo consideraron el primer problema que la filosofía debe resolver. Finalmente, resume las orientaciones
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Crítica Del Conocimiento

Este documento describe la naturaleza y evolución de la epistemología o filosofía del conocimiento. Explica que la epistemología estudia los actos del conocimiento y cómo ha habido diferentes enfoques a lo largo de la historia, como el escepticismo, el dogmatismo, el empirismo y el racionalismo. También discute cómo el problema del conocimiento cobró mayor importancia durante la época moderna con filósofos como Descartes y Kant, quienes lo consideraron el primer problema que la filosofía debe resolver. Finalmente, resume las orientaciones
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9.

CRÍTICA DEL CONOCIMIENTO Y FILOSOFÍA DEL CONOCIMIENTO


9.1. NATURALEZA DE LA FILOSOFÍA DEL CONOCIMIENTO
La búsqueda insaciable del hombre, su tendencia a la verdad, se ha visto como algo que lo
ha caracterizado, esa preocupación de la verdad se ha ido concretizando más al problema
del conocer, cristalizándolo en un tratado que se ha ido nutriendo en lo secreto, es la
epistemología. Esta no se puede entender como acabada, sino que es progresiva y que para
poder estudiarla es necesario revisar la historia de la filosofía. De ahí que es necesario
comprender a la «Crítica del conocimiento».
Esa disciplina recibe el nombre de «Crítica del conocimiento» o de
«epistemología», este último término proviene de las voces griegas: ἐπιστήμη (episteme),
que significa «conocimiento» y λόγος (logos), que significa en este caso «estudio»1, es
decir, la epistemología es el estudio del conocimiento.
Es por ello, que diferentes posturas han intentado dar respuesta ante ello, en
diferentes momentos en curiosos binomios: el primero es en cuanto la posibilidad de
conocimiento hay dos posturas: la primera es el escepticismo, que niega toda posibilidad
del intelecto humano de conocer las cosas y de alcanzar la verdad, la segunda es el
dogmatismo, que antepone al menos una premisa que es la capacidad de conocer, y solo en
la segunda se puede hacer crítica, ya que la primera niega toda posibilidad, así entonces, el
objeto de estudio de la «Crítica del conocimiento» son los actos del conocimiento; el
segundo momento es la fuente de conocimiento, aquí se encuentran el empirismo, que
postula que los sentidos son la única fuente del conocimiento, y el racionalismo afirma que
solo la razón tiene esa capacidad; y finalmente son dos escuelas sobre la existencia de las
cosas: se encuentra el idealismo que muy ligada al racionalismo (sin llegar a confundirse
porque son realmente diferentes) mantiene su postura que la existencia de las cosas solo se
logra cuando llegan al intelecto (dependencia de la cosa con la razón) y el realismo que
afirma que las cosas existen en sí aunque independiente a que el hombre las conozca.
Sin embargo, tampoco se puede entender como una yuxtaposición de diferentes tesis
que responden al problema del conocimiento: El realismo, es una postura meramente
epistemológica, y de ella desprenden diferentes concepciones posteriores, ya que se centra
en el problema del conocer, y como toda disciplina parte de preguntas fundamentales,
1
COROMINAS, J., Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos, Madrid, 1987, pág. 238.
como: “¿Por qué medio conocemos la realidad? ¿Sólo "Por la experiencia? No. ¿Por la
razón sola? Tampoco, sino por la experiencia y la razón conjuntamente”2.
Es por ello, que se puede decir que la crítica del conocimiento es un tratado que aún
no está hecho, porque es un constante proceso de actualización y sistematización. Es
posible afirmar que la epistemología no está completamente separada de la historia,
especialmente de la historia de la filosofía Moderna, ya que, antes, en el Occidente
Antiguo, donde nace la filosofía, en Grecia, había una identificación realista.
Hay muchos, especialmente en la Época Moderna que se atribuyen absolutamente el
problema por el conocer, sin embargo, esto no es así, para hablar sobre el ser, unido a ello
está hablar sobre el conocer. “Históricamente, no sería difícil mostrar que el problema del
conocimiento no es una invención de Descartes y de Kant”3.
El problema sobre el conocimiento, se puede identificar desde los primeros
síntomas del logos: “ya los presocráticos se plantearon el problema del conocimiento.
Aunque conocer sea algo inmediato, Heráclito (540-476 a.C.) advirtió que conocer
verdaderamente lo que las cosas son no es fácil ni se produce ele un modo espontaneo” 4.
Por lo que concluía que el logos está aconteciendo, sin embargo, le gusta ocultarse, además
que la naturaleza humana no se lo permite. Es clara la importancia que le da Platón, prueba
de ello es el Teeteto, sin embargo, fue con Aristóteles quien lo trata sistemáticamente en los
Segundos Analíticos y en Del Alma, en el que se analizan las diversas funciones del
conocimiento; por último, en muchos lugares de la Metafísica en donde se puede encontrar
una unidad entre la verdad real y la cognoscitiva. Es en los últimos momentos de la
filosofía Antigua, la que le daría el paso a la siguiente Época, en donde un personaje, San
Agustín: “apoyándose en el neoplatonismo, concibió el conocimiento racional como efecto
de una iluminación de Dios gracias a la cual, a partir del mundo sensible, llegamos a la
verdad de las cosas”5, al basarse en esa teoría suya, hay una cierta noción sobre la duda
muy importante, es manifiestamente el precursor de Descartes. Se libera del escepticismo
advirtiendo que la existencia del yo es indudable: si fallar sum. Se eleva después del yo a
Dios, y fundamenta la verdad del conocimiento sobre una «iluminación» del espíritu por las
Ideas divinas.
2
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 85.
3
Ibid., pág. 8.
4
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 24.
5
Ibid., pág. 28.
Siguiendo el transcurso de la filosofía, se llega a la Época medieval, el problema del
conocimiento reaparece bajo la forma del «problema de los universales» o «nominalismo»:
Las ideas universales no nos dan a conocer la realidad, sino que son elaboradas por
el conocimiento abstracto tomando como criterio alguna nota o propiedad común a
varios individuos. Las ideas, por tanto, son «ficciones» de la mente, útiles para
clasificar los objetos, pero estériles como fuentes de verdadero conocimiento.6
Esta fue la eterna preocupación de las diferentes discusiones entre los pensadores
del Medioevo, por lo que se tomarían postras fuertes para contratacar al nominalismo,
salvando la realidad: “realismo absoluto de origen platónico, realismo moderado de origen
aristotélico”7. Evidentemente no fue el único problema o solo se buscó una solución, sino
se elaboraron partidos, muy diferentes dependiendo la finalidad que se tenía, así como el
método que se deseaba utilizar.
No fue hasta con el nacimiento de la filosofía Moderna, con el personaje que le dio
su impulso en la historia: Rene Descartes. Es en esta etapa histórica donde el problema del
conocimiento se convierte en el primer problema que la filosofía debe resolver si quiere
conducir con orden sus pensamientos, como ya se veía, si bien, en la Antigüedad, había
plena identificación entre el problema del ser con el del conocer, es aquí donde el conocer
importa más o de él depende el ser, evidente mente plasmado en una de las obras de
Descartes:
Nada me parece tan absurdo como discutir osadamente sobre los misterios de la
naturaleza, sobre la influencia de los cielos en nuestra tierra, sobre la predicción del
porvenir y otras cosas semejantes, como hacen muchos, y no haber, sin embargo,
indagado nunca si la razón humana es capaz de descubrir esas cosas.8
Es así como nace entonces, el problema del conocer, con él empieza ese juego
donde se tomarán partido, ya no solo diferentes, sino que cada uno proclamará su partido
como la verdad absoluta.
9.1.1. Problema del conocimiento

Ahora el conocimiento ya no solo se da por hecho o solo como mera herramienta para el
problema del ser, sino que ahora ocupa un lugar en la filosofía. Es por eso, que ahora tiene
su problematización, el cual se puede dividir en:

6
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 29.
7
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 9.
8
DESCARTES, R., Obras, Gredos, Madrid, 2000, pág. 27.
a) Por un lado, cartesiano, el problema de encontrar la Verdad primera, tomando en
cuenta que debe ser indudable, donde la duda metódica debe ser la herramienta:
tomar el proceso en dos momentos, primero el cogito como acto racional, después
surge la existencia del yo y los productos del acto racional.
b) El segundo problema se ha llamado «problema del puente»: “pasar del pensamiento
al ser, y especialmente demostrar la existencia del mundo material” 9. Esta es la
brecha abierta por Descartes, en donde todas las teorías posteriores, especialmente
desde la corriente a la que el mismo Descartes pertenecía, el racionalismo.
c) El tercer problema viene por Kant, en donde el problema del conocer cobra mayor
importancia que la metafísica, en donde ninguna ciencia es posible si no se pregunta
el sujeto por el conocer: “Kant advierte enseguida que el conocimiento científico
está constituido esencialmente por juicios a la vez sintéticos y a priori” 10. El
problema pues se precisa: se reduce a saber cómo son posibles los juicios sintéticos
a priori. El método crítico deriva de él. De ahí que sus tesis sobre la filosofía
trascendental hayan generado el idealismo posterior. Así el problema del
conocimiento se vuelve no solo el primer problema de la filosofía, sino el único al
que los filósofos deberían de resolver.

9.2. ORIENTACIONES EPISTEMOLÓGICAS FUNDAMENTALES

Como se decía al principio de este tema, el problema del conocimiento no es una ciencia
acabada o completa, sino es actual, por la capacidad que esta presenta para ser actualizada,
por lo que se puede dividir las diferentes teorías que han intentado dar respuesta a esta
teoría, que aquí se van a presentar. Además, el problema del conocimiento no se resuelve
con una sola cuestión, sino son varias que la conforman. Por lo que aquí se va a tratar a las
principales corrientes epistemológicas en tres momentos diferentes: la posibilidad de
conocer, el medio por el que se conoce y lo que se conoce, sin embargo, estos se llevan a
cabo en forma de preguntas.

9.2.1. ¿Es posible conocer?

9
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 9.
10
Ibid., pág. 9.
Esta pregunta es la que comienza el problema del conocimiento, ya que solo hay dos
posibilidades, si se llega a negar, todas las preguntas posteriores se omiten, el problema del
conocimiento queda negado, sin embargo, existe la posibilidad de afirmarlo, eso da paso a
toda la elaboración de la teoría epistemológica.

[Link]. El escepticismo como abstención y negación


La respuesta negativa ante la pregunta de la posibilidad de conocer, viene de la mano de
una teoría tan antigua, caracterizada principalmente por negar la negar la existencia de la
verdad o manifiesta la imposibilidad de conocerla, y que si existiera, jamás va a gozar de un
valor absoluto, esta teoría es tan antigua como la misma filosofía, ese es el escepticismo:
“la actitud que concluye que nada se puede afirmar con certeza, por lo que más vale
refugiarse en una “epojé” o abstención del juicio”11.
El escepticismo más fuerte, es el que huye de toda posibilidad cognoscitiva, se
inserta en su misma teoría para responder, es llamado el escepticismo pirrónico, en honor a
su fundador, quien es considerado, además, el padre del escepticismo en general: “Pirrón
buscaba la ataraxia, o paz del alma, para lo cual prefería evitar el desasosiego de tener que
juzgar. Practicaba la isosthéneia, esto es, la equivalencia o equipolencia de las opiniones, y
por ello realizaba la epojé, esto es, la suspensión del juicio”12.
El escepticismo no es necesariamente un fruto de un largo proceso metodológico,
sino es una tendencia natural del ser humano. Es curioso, pero, a pesar de que el
escepticismo en su base más férrea se niega a toda posibilidad de comprobación, los
escépticos tienen una gran cantidad de ellos, claro que no están necesariamente conectados.
Este tipo de escepticismo es un escepticismo académico, el cual tiene la posibilidad de
introducir sus argumentos. Los argumentos escépticos se pueden sintetizar en los
siguientes:
1. Su argumento más básico es la falta de consenso en torno a la realidad o a la verdad,
y todo aquello que se pueda ´conocer´, nadie puede afirmar que posee la verdad
absoluta y única, ya que no entraría en consenso con otro.13
2. Nadie puede dar un argumento exhaustivamente valido y verdadero, siempre se
encuentra la posibilidad de caer en error, incluso, los mismos sentidos erran en la
11
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 162.
12
BEUCHOT, M., Manual de filosofía, Ediciones Paulinas, Ciudad de México, 2011, pág. 52.
13
Cfr. VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 34.
percepción que estos otorgan de la realidad. Por lo tanto, no hay certeza que no
siempre estemos equivocados. La posibilidad al error se impone con la misma
fuerza que el de la verdad.14
3. El argumento mas profundo es la relatividad del conocimiento en sí y de lo
conocido (en cuanto término). Todo existente o fenómeno es relativo 15 a otro,
semejante o análogo, y este mismo es relativo al sujeto que lo va a conocer, y no va
a conocer todo lo que ese objeto es en esencia, es decir, se fragmenta la realidad.16
4. El cuarto argumento es un argumento lógico llamado dialelo:
Si una proposición no está demostrada, no hay ninguna razón para admitirla. Si se
la demuestra será por medio de un principio. Pero si no se demuestra el principio se
comete una «petición de principio»; y si se intenta demostrar será por medio de otro
principio, y así sucesivamente hasta el infinito. 17
5. Un argumento meramente cartesiano de un escepticismo académico y moderado, es
la duda, no como Pirrón: “la duda no es suspensión plena de juicio, sino temporal,
amañada, ya sea duda metódica, o de la que se quiera”18.
Se podría decir en general, que el escepticismo es la postura negativa a la
imposibilidad de conocer: “la conclusión no es pues «yo no sé nada», sino más bien «yo me
abstengo (de juzgar), examino, busco», o, mejor aún, «¿qué es lo que sé?», fórmula de la
que hizo su divisa Montaigne”19.
Sin embargo, esto es imposible, es insostenible un escepticismo tan férreo o tan
fuerte: “ninguna doctrina filosófica agotará nunca la realidad, pero eso no quiere decir que
todas sean hipotéticas; más bien hay que hablar de grados de profundidad” 20. La solución o
el principio para vencer el escepticismo es poner que la afirmación de la no-verdad o de la
imposibilidad es ya una contradicción al sistema que se plantea, además, el escepticismo
debe ser solucionado con la analogía, es cierto que existen posibilidades de errar el camino
del conocimiento, que parece que los sentidos engañan, sin embargo, basta con ver a una
realidad objetiva, para partir de ahí, luego afirmar la analogía.
[Link]. El dogmatismo como afirmación

14
Cfr. Ibid., pág. 34.
15
Esto es, que se dice en relación.
16
Cfr. Ibid., pág. 34.
17
Ibid., pág. 34.
18
BEUCHOT, M., Manual de filosofía, Ediciones Paulinas, Ciudad de México, 2011, pág. 52.
19
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 35.
20
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 167.
La pregunta afirmativa al problema del conocer es el dogmatismo, es en sí misma el abrir
paso a la posibilidad de conocer, Tomás de Aquino decía: “esse rei..., causat veritatem
intellectus”21, en cuanto que la causa de la verdad es la realidad. sin la intención de hacer
conclusiones apresuradas.
Hay que decir que debe de haber un primer principio, el cual, de paso, ese principio
es la afirmación de la posibilidad de conocer: “cabe objetar que esta proposición no es
verificable, que es «dogmática», pues cuando conozco algo sólo puedo saber que ese
conocimiento es verdadero si, a su vez, lo conozco” 22. Es cierto que esto ha generado
polémica, ya que una premisa dogmática reta a la misma crítica, sin embargo, es necesaria
para continuar con el proceso epistemológico.
La única respuesta que da el dogmatismo es la afirmación a la posibilidad de
conocer, por lo que las demás teorías dan esta premisa por hecha, sin embargo, responden a
otras preguntas, que son diferentes, de ahí que cada postura es diferente.
9.2.2. ¿Cómo es posible conocer?
En esta pregunta sobre el cómo, se intenta resolver la cuestión sobre el método y medio que
utiliza la razón humana para alcanzar su conocimiento, como era de esperarse, en esta no
hay una única respuesta, sino que varía según la postura que se tome. Hay dos posturas
importantes: el empirismo que versa sobre las sensaciones y el racionalismo que lo es en
virtud de la superioridad de la razón.
[Link]. El empirismo como la sensibilidad absoluta
El empirismo es una corriente filosófica, que nació en el contexto de la filosofía Moderna,
después de Descartes, como respuesta a su postura y tratando de dar respuesta al problema
del objeto del conocimiento, esta teoría es muy extensa, sin embargo: “el único rasgo
común a todas ellas es no admitir más que un medio de conocimiento: la experiencia”.23
El empirismo es una corriente que afirma sus hechos, sin embargo, roza mucho con
el escepticismo al no comprobar sus teorías, claro que esto no es para dudar de la existencia
de la percepción, sino que lo es en virtud de que la percepción es un hecho que es
evidenciable, es innegable. Debida a su propia definición, no hay que esperar pruebas: “es
un hecho que todo conocimiento procede de la experiencia, que ninguna afirmación es

21
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 147.
22
Ibid., pág. 148.
23
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 43.
verdadera si no se funda en una experiencia, que una idea no es nada más que un resumen
de múltiples experiencias”24
Hay que decir que toda concepción del conocer empirista, tiene afecciones en la
realidad, es decir, en el ser, de ahí que un ejemplo claro es Comte, un empirista que lo llevó
a generar un positivismo y que reduce a la realidad a la mera apariencia sensible.
Como bien se decía, esta corriente tiene su origen desde la Modernidad a contrariedad
de Descartes, es el inglés Thomas Hobbes, quien “su fin es poner los fundamentos de una
comunidad ordenada y pacífica y de un gobierno iluminado y autónomo”25, ya que el
innatismo le traería problemas en la política, retoma el nominalismo inglés y lo transcribe
como materialismo, la filosofía se vuelve la ciencia de los cuerpos.
Sin embargo, John Locke, sería quien fundara el empirismo crítico, quien retoma el
termino idea, resucitando el debate platónico y aristotélico: “aquello que sea en que se
ocupa la mente cuando piensa”26, sin embargo, no hay principios innatos, la razón no las
descubre, sino solo los sentidos.
Esto es confirmado con las afirmaciones de George Berkeley, quien, al igual que
Malebranche, utilizó su filosofía para la defensa espiritual, pasó del nominalismo al
fenomenismo: “unas y otras sensaciones son simplemente signos de los cuales consta el
lenguaje de la naturaleza, dirigido por Dios a los sentidos y a la inteligencia del hombre” 27,
sin embargo, en esa idea, solo existe lo que es posible ser percibido, donde todo es movido
por la mente que percibe, que es Dios, no las cosas en sí, ya que la materia no aporta el
conocimiento, incluso cayendo en cierto escepticismo de la realidad y en subjetivismo de la
percepción.
Pero todo esto, por la reflexión de David Hume, pasó a la realidad sensible a las
falsas certezas otorgadas por los sentidos, todo es relativo, no hay objetividad, erradica la
metafísica de todo el orbe racional, incluso “Ha sometido a crítica radical los dos conceptos
fundamentales de la metafísica tradicional: sustancia y causa” 28. Con ello, la verdad

24
Ibid., pág. 46.
25
ABBAGNANO, N., Historia de la filosofía. Volumen 2, Hora, Barcelona, 1994, pág. 185.
26
LOCKE, J., Ensayo sobre el entendimiento humano, Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2013, pág.
21.
27
ABBAGNANO, N., Historia de la filosofía. Volumen 2, Hora, Barcelona, 1994, pág. 310.
28
ABBAGNANO, N., Historia de la filosofía. Volumen 2, Hora, Barcelona, 1994, pág. 319.
objetiva de las cosas, y todo aquello que da certezas queda desaparecido y puesto en duda
para la razón, solo la verdad puede describirse como subjetiva.
Todo esto fue cambiando como fue pasando la filosofía, ejemplo de ello es Bergson,
que une la tesis del empirismo con la metafísica: “la tesis fundamental de la ontología
bergsoniana es que la realidad es un movimiento continuo. Sería muy poco decir que las
cosas están en movimiento; la intuición muestra que no existen cosas, sino solamente el
movimiento, que el ser es puro cambio”29
Afirmado esto, la crítica de la inteligencia se sigue por sí misma. Por sus conceptos,
representa cosas definidas, distintas las unas de las otras, y estables, inmóviles. Su función
es tomar una serie de vistas instantáneas sobre el cambio, y dividir la realidad. Este
procedimiento es necesario a la acción, pero deja escapar la realidad. Además, para el
existencialismo, hay una fuerte doble crítica:
1. Hay primero una crítica del conocimiento en general, esto es dirigida al
conocimiento de los casos particulares, es decir, que el conocimiento únicamente
capta objetos, aun sea otro sujeto, el conocimiento lo reduce a un objeto.
2. La segunda es hacia el concepto, ya que este es considerado como abstracto y
universal, por lo que el mencionarlo no significa ningún ente o fenómeno particular,
además lo universal no existe, solo existe lo concreto.
El empirismo, además, critica todo aquello que se encuentre antes de la experiencia,
esto incluye a los primeros principios, de manera especial al principio de contradicción. La
primera concierne al principio de causalidad, la segunda al principio de contradicción.
a) Principio de causalidad: “Nadie ha sido más radical que Hume en la crítica de
«la idea de conexión necesaria»; la reduce a una asociación que se ha hecho
habitual entre dos ideas”30. Esto es, debido a que el principio de causalidad no es
percibido por los sentidos, no es natural, solo es una reflexión posterior. Se
observan hechos, entes y fenómenos, mas no se siente la causalidad.
b) Principio de contradicción: esto es, debido a la experiencia, no hay primeros
principios en la conciencia, las cosas se conocen por lo que son y se perciben,
mas no por lo que nos dan u ofrecen. Es imposible que haya principios en la

29
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 47.
30
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 47.
conciencia humana, solo lo que se va dando y experimentando debe ser el
principio.
[Link]. El racionalismo como absolutización del acto de la razón
El racionalismo es fruto de las conclusiones de Descartes, de ahí que este sea partidario de
esta corriente, claro está que su contrario es el empirismo, por tender a proceso diferentes.
Se encarga de refutar las tesis empiristas, pero va más allá: “el racionalismo deja un lugar a
la experiencia, le niega todo valor científico. Explota fácilmente las debilidades de su
adversario, pero, a nuestro modo de ver, se mete en un callejón sin salida al negar la parte
de verdad del empirismo”31.
La tesis principal del racionalismo, es ver la debilidad del empirismo y su
incapacidad de explicar la posibilidad del conocimiento intelectual, y junto a ello, tomar los
datos de la experiencia sensible como eso, meros datos, que si no pasan por las aguas de la
razón son meros datos brutos. Critican al empirismo con la imposibilidad de este de hacer
ciencia.
Es Rene Descartes, quien propone un método diferente, rompiendo con toda la
tradición filosófica anterior y poniéndola en duda, ya que la duda es el método, su duda
metódica, lo que pone un riesgo muy grande de caer en escepticismo, pero no, es más, lo
que propone es una corriente es el racionalismo, el cual acentúa el papel de la razón y de la
existencia de las ideas innatas, resolviendo el problema metafísico en su res cogitans y res
extensa, la división entre la idea y las cosas, expresado además en el cogito ergo sum,
dándole prioridad a la razón antes que la propia existencia, ya que, según su método, se
puede dudar de todo, menos del mismo acto de dudar, que corresponde al acto de pensar, lo
que en las propias palabras de Descartes: “en lo cual no es verosímil que todo se engañe,
sino más bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso,
que propiamente lo que llamamos buen sentido o razón”32. es Rene Descartes, quien
propone un método diferente, rompiendo con toda la tradición filosófica anterior y
poniéndola en duda, ya que la duda es el método, su duda metódica, lo que pone un riesgo
muy grande de caer en escepticismo, pero no, es más, lo que propone es una corriente es el
racionalismo, el cual acentúa el papel de la razón y de la existencia de las ideas innatas,
resolviendo el problema metafísico en su res cogitans y res extensa, la división entre la idea
31
Ibid., pág. 47.
32
DESCARTES, R., Discurso del método, Espasa-Calpe, Madrid, 2010, pág. 33.
y las cosas, expresado además en el cogito ergo sum, dándole prioridad a la razón antes que
la propia existencia, ya que, según su método, se puede dudar de todo, menos del mismo
acto de dudar, que corresponde al acto de pensar, lo que en las propias palabras de
Descartes: “en lo cual no es verosímil que todo se engañe, sino más bien esto demuestra
que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que propiamente lo que
llamamos buen sentido o razón”33. Por otro lado, está Baruch Spinoza, para quien la verdad
no debe de ser meramente metafísica, sino “aquella verdad que se busca para gozar de ella
y en cuyo disfrute tiene lugar la realización y la perfección de la existencia y, por lo tanto,
la felicidad”34, además de su noción de Dios panteísta y natural.
Bajo el mismo Leibniz quien atribuye mucho a la corriente de Descartes.
Especialmente a la teoría del innatismo. Leibniz concibió que no hay que abandonar a lo
antiguo, por lo moderno, sino que, a la luz de lo moderno, traer la filosofía antigua, ese es
el único medio; refuta el mecanicismo cartesiano por evidenciar que, “la extensión (la res
extensa cartesiana) no puede ser la esencia de los cuerpos, porque no basta por sí sola para
explicar todas las propiedades corpóreas”35, generando así el concepto monada para
referirse a la esencia unitaria de las cosas, a lo que se llama metafísica del pluralismo.
Además, Leibniz es considerado un puente entre el racionalismo de Descartes y el de Kant
Kant, cuyo pensamiento “es la creación de una filosofía esencialmente crítica, en la
cual la razón humana, llevada ante el tribunal de sí misma, deslinda de un modo autónomo
sus confines y sus posibilidades efectivas” 36, fundando así un criticismo para toda la
filosofía, que se ve plasmada en sus obras, y un idealismo trascendental, ya que, “el
conocimiento científico consta fundamentalmente de proposiciones o de juicios universales
y necesarios, y además, incrementa de manera continuada el conocer” 37, además del giro
copernicano del conocimiento, poner al sujeto que conoce en el centro, y los objetos
alrededor suyo, poniendo junto a ella, su teoría de los fenómenos y las esencias. Todo ello,
dio paso al idealismo alemán. Es él quien apoya su racionalismo sobre un único argumento
que le viene de Leibniz y le parece perentorio: “la ciencia consiste en juicios necesarios y
33
DESCARTES, R., Discurso del método, Espasa-Calpe, Madrid, 2010, pág. 33.
34
REALE, G.; ANTISERI, D., Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo II: Del Humanismo a Kant,
Herder, Barcelona, 1988, pág. 354.
35
Ibid., pág. 388.
36
ABBAGNANO, N., Historia de la filosofía. Volumen 2, Hora, Barcelona, 1994, pág. 414.
37
REALE, G.; ANTISERI, D., Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo II: Del Humanismo a Kant,
Herder, Barcelona, 1988, pág. 732.
universales, ya que no se limita a exterminar los hechos. sino que enuncian leyes” 38. Con
ello, un juicio necesario y universal no puede fundarse en la experiencia, pues ésta, sólo
presenta hechos particulares y contingentes: “en los juicios analíticos, el predicado está
incluido en el sujeto; por tanto, podemos atribuírselo independientemente de toda
experiencia, apoyándonos en el principio de contradicción; pero no aumentamos en nada
nuestro conocimiento”39.
En referencia a los juicios sintéticos, la conciencia atribuye al sujeto un predicado,
que no está contenido en él. Es decir, que extiende así su conocimiento. Además, cuando un
juicio sintético está fundado en experiencia, no presenta ninguna dificultad, pues la
experiencia nos da el sujeto con este predicado. Sin embargo, en la ciencia, el juicio debe
de ser universal y necesario, por lo que no pueden fundarse en la experiencia. porque son a
priori.
Sin embargo, esta postura tiene defectos que son algo llamativos, la crítica más
importante, pero no la única, radica en el apriorismo de los juicios. Hay que aclarar que
toda facultad de conocimiento: “tanto los sentidos como la inteligencia, es innata en el
hombre, y tiene sus propias leyes de funcionamiento que derivan su naturaleza. La facultad
define, pues, a priori una parte o más bien un aspecto del universo, que, es su objeto
formal”40. Siendo la estructura de la inteligencia humana la hace apta para percibir la
esencia de las cosas sensibles en cuanto abstractas, pero no en cuanto concreta:
Podríamos llamar a este a priori «formal», puesto que concierne al objeto formal de cada
facultad, pero en un sentido kantiano completamente distinto del sentido kantiano. Pues en
Kant, la facultad, confiere a los datos sensibles una forma que no tienen, mientras que
nosotros tomamos como un hecho que las cosas, tienen una, forma, a la vez sensible e
inteligible. Lo que es a priori, pues, en la apertura de la apertura de la facultad, su Angulo y
de mira, pero Nada más. Todo lo que aparece en este ángulo y gracias a esta apertura es de
origen empírico.41
Además, el intelecto tiene la capacidad de abstraer la realidad, pero esta no lo
obtiene de manera inmediata, es cierto que se puede hablar con cierto grado de seguridad
sobre las diferentes ideas innatas que se le pueden aplicar al intelecto, de hecho, la propia
intelección es una innata y a priori. La inteligencia tiene por objeto lo inteligible, que es
una esencia que tiene por propiedad ser universal cuando es abstracta” 42, por lo tanto,
38
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 58.
39
Ibid., pág. 58.
40
Ibid., pág. 61.
41
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 61.
42
Ibid., pág. 61.
siguiendo el orden de su naturaleza, en primer orden no le corresponde el hacer juicios
universales, sino es captar la esencialidad de los entes, hechos y fenómenos particulares,
que los toma como meros datos, sin embargo, el intelecto hace sus propias construcciones.
9.2.3. ¿Qué es lo que se conoce?
En esta ultima pregunta sobre el problema del conocimiento, versa sobre lo que capta la
razón humana, habla sobre la verdad de las cosas, el cual es un tema muy interesante ya que
estas posturas son necesarias y afectan toda la cosmovisión de la persona. Como se ha
repetido muchas veces, el problema del conocer va ligado al problema del ser, así que,
desde la Época Moderna, lo que se conoce y cómo se concibe eso que se conoce, es lo que
es. Dentro de esta pregunta se enmarcan principalmente dos posibles respuestas: idealismo,
que posee el fundamento en el sujeto y el realismo, que posee el fundamento en el objeto.
[Link]. El idealismo como «no hay cosa en sí»
Esta postura epistemológica parte fuertemente del sujeto identificándolo con la realidad:
“haciendo del sujeto el autor del objeto de conocimiento” 43. La postura idealista goza de
una fortaleza impenetrable, en donde reina una notable unidad de inspiración, ya que los
idealistas poseen la misma fuente. Posee fuertes y elaborados argumentos, que casi siempre
son idénticos, en esencia comparten su misma vitalidad.
El ´corazón´ del idealismo es el «principio de inmanencia», que se puede entender
toda aquella actividad o en su caso, una operación, que pertenece a un ser o un ente, cuando
esa operación perdura en su interior, por lo tanto, tiene su fin dentro del mismo ser, así que
puede considerarse diferente a lo trascendente. Este principio se explica o se entiende desde
dos principios diferentes el principio del fenomenismo y el principio de relatividad.
1. Principio del fenomenismo: partiendo de lo que su nombre indica, no se puede
conocer más que fenómenos, y esto, si se toma al fenómeno, es decir, «lo que nos
aparecer», aplicando ello a todo lo que puede ser conocido, ya que, si algo puede ser
conocido, lo es en virtud que aparece en la conciencia. Esto menciona Lachelier:
“Unas cosas en sí que se convirtiesen en objeto de intuición no serían más que el
fenómeno de sí mismas”44.
2. Principio de relatividad: este principio, que no es tan diferente que el anterior
“proviene de los escépticos que lo utilizaban para establecer su fenomenismo: todo
43
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 15.
44
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 73.
conocimiento es relativo a un sujeto”45. Entendiéndolo así, es posible afirmar que la
conciencia es aquello que hace que el hombre se sitúe, así, la conciencia del hombre
relaciona y relativiza los sujetos, el hombre no se vuelve el objeto, pero si hace
objeto al objeto.
Las nociones radicales del idealismo pueden formularse así «No hay cosas en sí», o
«El realismo es un puro absurdo», este es la noción que motiva todo el idealismo 46. Sin
embargo, esta postura encuentra su motivación en el principio de inmanencia: “en su
sentido crítico, significa que es imposible conocer algo que exista en sí, fuera del
pensamiento o de la conciencia”47. Cada autor la ha formulado o aplicado de forma
diferente, dependiendo a los objetos y la intención a la que se dirija:
Locke: «Puesto que el espíritu no tiene otros objetos de sus pensamientos que sus
propias ideas, es evidente que sólo acerca de nuestras ideas versa todo nuestro
conocimiento.»
Hume: «La filosofía más elemental nos enseña que nada puede estar presente a nuestro
espíritu si no es una imagen o una percepción.»
Kant: «Es evidente que no podemos sentir fuera de nosotros, sino solamente en
nosotros mismos.» «Nunca tenemos relación más que con nuestras representaciones. En
cuanto a saber lo que pueden ser las cosas en sí, está indudablemente fuera de la esfera de
nuestro conocimiento.»
Lachelier: «La existencia de una cosa en sí no puede ser para nosotros un hecho,
pues para conocer este pretendido hecho, tendríamos que estar en donde por hipótesis no
estamos, y ver lo que por hipótesis no vemos.»
Brunschvicg: «El conocimiento constituye un mundo que es para nosotros el
mundo. Más allá no hay nada. Una cosa que estuviese más allá del conocimiento sería por
definición lo inaccesible, lo incognoscible, es decir, que equivaldría para nosotros a la
nada.»
E. Le Roy, por último, ha dado del principio de inmanencia esta formulación
lapidaria, que se ha hecho clásica: «Un más allá del pensamiento es impensable.» 48
Una de sus principales ideas es sobre la verdad, sin embargo, el idealismo rechaza
completamente la postura del realismo “como la conformidad de la idea con el objeto” 49.
Sobre la sensación, el idealismo considera a la sensación como un estado de conciencia,
puesto que «yo siento en mí» y no en el objeto, pues «yo soy yo» y no el objeto. Esto es
fácil de comprobar por medio de la relatividad de los datos sensibles del sujeto, cada sujeto
«siente» algo diferente. Incluso es imposible que el espíritu entre en contacto con una cosa

45
Ibid., pág. 73.
46
Cfr. Ibid., pág. 72.
47
Ibid., pág. 73.
48
Ibid., pág. 73.
49
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 74.
extensa, esto es un rechazo profundo al empirismo; sin embargo, también hay una fuerte
crítica al racionalismo, afirmando que:
Lo único que le es dado inmediatamente al espíritu es su propio pensamiento, sus ideas, sus
representaciones, sus fenómenos, poco importa el nombre, y es con esta materia primera
diferenciada que el idealismo se lanza a explicar la totalidad del universo, el ser y los
diferentes tipos de seres50.
El idealismo, no contradice el argumentar, por eso se encarga de defender sus tesis a
capa y espada, por eso, es posible considerar tres caminos o vías para poder alcanzarlo:
i. El primero es la búsqueda de una primera verdad, claro que esto es evidentemente
de origen cartesiano. La filosofía necesita un principio que sea a la vez fundamento
y sentido Este principio no es otro que el cogito: “el cogito debe desarrollarse en
ego cogito cogitatum, no siendo el ego nada más que una conciencia, y el cogitatum
los estados interiores de esta conciencia”51.
ii. El segundo camino versa sobre demostrar el carácter a priori del espacio, del
tiempo, y en general de toda verdad necesaria y universal. De ahí se sigue que el
mundo real es un conjunto de fenómenos unidos, y organizados por el espíritu según
sus formas y categorías, este principio de es de inspiración kantiana.
iii. El tercer camino consiste en analizar la ciencia, las cuales, desde su perspectiva,
seguramente admite «cosas» pero no en el sentido realista de la palabra. Una cosa es
solamente un grupo de fenómenos; pero recibe el nombre de real cuando es «legal»,
sometida a leyes que son comunes a todos los espíritus razonables. La ciencia traza
el mundo verdadero, objetivo, real; éste no existía antes de que ella lo hubiese
inventado y definido por sus cálculos. Este principio es de origen kantiano y
cartesiano.
[Link]. El realismo como la «cosa en sí»
La segunda respuesta, con respecto a lo conocido, es el realismo; es la tesis contraria al
idealismo, ya que poseen diferentes conclusiones sobre la verdad. El realismo se puede
considerar como la postura más justa de todas, porque sus tesis podrían ser consideradas
como las más optimas, que no dejan tantos cavos sueltos, como las anteriores tesis. Es una
posición dogmática, que afirma la posibilidad de conocer, sin embargo, le da lugar a la

50
Ibid., pág. 75.
51
Ibid., pág. 75.
duda intelectual, como tendencia natural y necesaria del hombre; toma como forma de
conocimiento a los sentidos, sin embargo, niega el empirismo, los datos de los sentidos se
vuelven construcciones por medio de la razón, pero niega el racionalismo. Sin embargo, el
realismo no puede ser considerado como la suma de todas las posturas, o como
yuxtaposición, sino que es una teoría completamente independiente de las otras.
Como era de esperarse el realismo siempre se enmarca con respecto al idealismo,
como si fueran contrarias, y lo son, por eso, no solo se excluyen mutuamente, sino que
intentan dar argumentos para defender sus tesis, así como para refutar la postura contraria.
De parte del realismo, no son muchas tesis que lo caracterizan, sin embargo, se pueden
decir que
1) Es una premisa metafísica que el «el obrar sigue al ser», por lo tanto, antes del
conocer está el ser de manera radical y más profunda, y así mismo, el ser tiene
primacía sobre el conocer, por lo tanto, el conocimiento se debe de decir en relación
al sujeto, el conocimiento es relativo al sujeto: “por tanto, el cogito cartesiano debe
ser invertido: no es porque pienso que existo, sino porque existo pienso” 52. Si se
conoce, se conoce algo, dicho de otro modo, se revela un ser.
2) Las cosas existen por en sí mismas, son independientes de cualquier conciencia y
razonamiento humano, las cosas se encuentran existiendo, por lo que puede haber
alguna cosa que no sea captada por ningún humano y no por eso deja de existir.
Habría que distinguir cuando menos tres casos: la existencia puede ser concluida
(como consecuencia de un razonamiento), puede ser concebida (por un concepto
abstracto), y puede ser percibida (por conciencia o sensación). Pero solamente nos
interesa el último caso, pues sólo se puede concluir o concebir una existencia si se
parte de una experiencia en la que nos es dada. Es así, como una de las tesis del
realismo es que “las cosas, o el mundo, y el yo que percibimos existen en el sentido
metafísico de la palabra, es decir, tienen un acto propio de existencia que los sitúa
fuera de la nada, fuera de sus causas y fuera de nuestro pensamiento”53.
[Link].1. Tesis fundamentales del realismo
La naturaleza del realismo no solo es contradecir las tesis del idealismo, sino proponer sus
propias tesis, así como el estructurarlas de manera racional. De ahí que a estas tesis se les
52
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 91.
53
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 91.
pueda considerar como «objetividad del conocimiento», así, las principales tesis del
realismo, y que los representan, son:
i. La sensación: “los sentidos son incapaces de criticarse porque, son incapaces de
reflexionar”54. Solo así se resana las dificultades que carecía el empirismo, con
respecto a la teoría del conocimiento, evitando los extremos a los que se fue el
empirismo.
ii. La reflexión: “es algo muy distinto: tiene por objeto no lo físico, sino lo psíquico.
Al menos nosotros la definiremos así: la experiencia o la intuición de nuestra propia
vida psíquica”55. Esto se puede distinguir en dos tipos de conciencias, la más
importante es la conciencia intelectual.
iii. La abstracción: esta es la teoría absolutamente contraria al problema de los
universales de la Edad Media, el cual se puede definir como: “el acto elemental de
la inteligencia y que tiene por objeto las esencias abstractas”56.
iv. La afirmación: si el hombre solo se anima a conocer los conceptos, se llena de solo
esencias, esto es que, su vida carecería de una existencia con sentido. Por lo que su
solución es la elaboración de juicios, como lo dictamina la lógica: “el juicio es el
acto por el que llega a «ajustarse a lo real», como hoy día se dice, o tomar pie en el
plano de la existencia”57
v. La inducción: típicamente conocido es el paso de lo particular a lo universal, sin
embargo, esta postura se vuelve problemática: “consiste en saber si es legítimo
pasar de algunos casos particulares dados en la experiencia a un juicio general
valedero para todos los casos posible”58.

9.3. EL CONOCIMIENTO EN GENERAL

Ya se vieron algunas nociones fundamentales de la crítica, sin embargo, no se le ha añadido


el acto de conocer. Esta visión sobre el conocimiento supera todas las escisiones que se le
puedan hacer al conocimiento, una noción fundamental y primaria sobre el conocimiento,
de las reflexiones de Roger Vernaux: “el conocimiento es un acto, espontáneo en cuanto a
54
Ibid., pág. 172.
55
Ibid., pág. 193.
56
Ibid., pág. 207.
57
Ibid., pág. 226.
58
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 241.
su origen, inmanente en cuanto a su término, por el que un hombre se hace
intencionalmente presente alguna región del ser”59

Entonces, de esta definición es posible desarrollar una teoría sobre el mismo


conocimiento para descubrir lo que es en esencia:

1. El conocimiento es un acto: esto significa, según el orden metafísico, que el


conocimiento no es un movimiento, sino que es un acto en sí mismo, es el acto al
que está ordenado el movimiento. Y, sin duda, esta se da en un modo doble, existe
en el plano sensible una actividad productora de imágenes, y en el plano intelectual
una actividad productora de conceptos. Pero esta producción no es el conocimiento
completo, sino que es solamente el medio. Además, no se encuentra ni en la
sensación ni en la conciencia, sino que es al acto de ambas. Por lo que también se le
puede definir al conocimiento como: “el conocimiento es aquel acto que posee
intencionalmente el objeto conocido”60.
2. El acto es espontaneo: eso no necesita demostración, sino que es evidente, tanto en
el conocimiento como en las otras manifestaciones de la vida, y aún más, ya que no
es necesario. Sin embargo, la espontaneidad no es absoluta, ejemplo claro es en el
plano sensible en el que es indispensable una excitación para que nazca una
sensación, ni tampoco en el plano intelectual en el que el pensamiento depende de la
sensibilidad. La espontaneidad es entonces secundaria ante el acto del
conocimiento, ya que, si se llega afirmar que la espontaneidad del acto del
conocimiento primaria, se carecería de rigor y de ciencia, se entraría en un estadio
pseudo-irracional. Sino todo lo contrario, es el hombre que como ser libre, a veces,
dirige como quiere su mirada o su pensamiento, su atención, su cuerpo, gobernando
indirectamente así su conocimiento. Es la razón por la que el hombre gobierna.
3. La inmanencia del acto: en esta se parece mucho al principio de inmanencia del
idealismo, claro que, sin ser tan radicales, esto porque el conocimiento no modifica
en nada las cosas, es un enriquecimiento, un perfeccionamiento del sujeto, el ser de
los objetos que son capaces de ser conocidos no es afectados por el acto del
conocer, sino que es siempre el sujeto que conoce quien se lleva las consecuencias
59
Ibid., pág. 103-104.
60
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 47.
por su acto de conocer. Claro que esto no es igual que la conciencia, que es el
conocimiento de sí, es cierta que es un conocimiento inmanente, pero se encuentra
afectado bajo otra dirección.
4. La intencionalidad del acto del conocimiento: es evidente que el conocimiento se
da, pero este se presenta en sus diferentes dimensiones: “el acto de conocimiento
hace presente a una facultad un ser en tanto que objeto” 61. La intencionalidad no es,
pues, distinta del conocimiento mismo, la relación sujeto-objeto. Acerca de esto
hagamos unas simples observaciones. En la relación, el papel del sujeto es objetivar
o fenomenalizar el ser, mientras que el papel del objeto es especificar el acto.

9.4. EL CONOCIMIENTO SENSIBLE


El hombre posee un cuerpo, el cual lo hace estar en el mundo, sin embargo, no solo su
medio substancial de dasain en el mundo, sino que es su medio por el cual el mundo entra a
su conciencia, ya bien decía Aristóteles: “que «sentido es la facultad capaz de recibir las
formas"
sensibles sin la materia, al modo en que la cera recibe la marca del anillo sin el hierro ni el
oro: y es que recibe la marca de oro o de bronce, pero no en tanto que es de oro o de
bronce»”62
Por lo que hay que afirmar que el sentir es conocer, ya que “consiste en poseer una
forma sin la materia” 63, esto no solo se aplica a la realidad y fenomenalidad física, de esto
se encarga de los sentidos externos, además, los sentidos internos captan la realidad de
manera pasiva a la activa, por eso se le dice que es movimiento. Sin embargo, esta acción
es mas una operación, en el sentido que permanece en lo inmanente, donde el acto de sentir
es simultaneo a la sensación.
Los sentidos, al tener contactos directos con la realidad y los fenómenos, solo los
conoce en singular, no en universal, ya que el sentido es estimulado por una realidad física,
y estas se presentan de manera particular, la universalidad corresponde al conocimiento
intelectual. Recalcar también, que los actos del conocimiento no son acciones
trascendentes, por lo que hay una diferencia entre cualquier sentido y el órgano que lo
manifiesta:
61
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 106.
62
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 63.
63
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 63.
Desde luego que la potencia no se distingue realmente del órgano, pero su esencia es
distinta: en caso contrario, el ser dotado de sensibilidad sería, en cuanto tal, una magnitud;
y, sin embargo, ni la esencia de la facultad sensitiva ni el sentido son magnitud, sino más
bien su proporción idónea y su potencia.64
9.4.1. Características del conocimiento sensible
El conocimiento sensible posee características muy puntuales, el hombre, en virtud que
posee este cuerpo material, es capaz de percibir lo material. Por lo tanto, el conocimiento
sensible puede ser identificado con la dimensión material del hombre, que como se ve
posteriormente, posee ciertas características que lo hacen especial o diferente a otras clases
de conocimiento. Estas son algunas de sus características:
a) El conocimiento sensible es material y particular: el conocimiento sensible
toma partido de los sentidos, los cuales perciben la realidad material, por lo
tanto, la materialidad es su determinativa, ella le indica qué es lo que puede
sentir. Hay que decir, que “los sentidos, mediante los que se realiza el
conocimiento sensible, están compuestos de dos elementos: la facultad
(forma) y el órgano (materia)”65. Sin embargo, no son una yuxtaposición,
sino que ambos forman un compuesto, que es el sujeto que produce el acto.
Desde la metafísica, el conocimiento sensible se considera que “el acto
sensible es una perfección actual de un ente sustancial; es un ser
accidental”66. Con todo esto se afirma que el conocimiento sensible es
esencialmente limitado y particular, en los dos aspectos, en la comprensión
porque el sentido toma el objeto en cuanto sensible tanto, y en la extensión
porque el campo de lo visible, audible, etc., es una parte de lo sensible y
éste, una parte del ser.
b) El conocimiento sensible es intencional: esto significa que el acto
cognoscitivo tiene un contenido que no posee las mismas condiciones
materiales que poseía en el objeto conocido. Dando por supuesto que el
conocimiento sensible posee siempre un contenido, ejemplo de ello es que se
considere una imposibilidad cuando el hombre afirma que «no ve nada».
Este contenido es intencional, es decir no posee las mismas condiciones
materiales en el paciente que en el agente. Ejemplo también con el oír el
64
Ibid., pág. 64.
65
LUCAS LUCAS, R., El hombre espíritu encarnado, Sígueme, Salamanca, 2003, pág. 116.
66
LUCAS LUCAS, R., El hombre espíritu encarnado, Sígueme, Salamanca, 2003, pág. 117.
claxon de un tráiler, se da dos fenómenos en la conciencia como o es el
tamaño y la distancia en la que se encuentran, que no se dan en el mero dato
del sonido. Fueron Brentano, Husserl y Heidegger 67, quienes reinterpretaron,
pero no es un descubrimiento de suyo, simplemente el redescubrimiento o
reinterpretaron una teoría antigua, que ya Tomás de Aquino afirmaba que
«los sentidos reciben los datos sin materia, pero con las condiciones de la
materia». Esto quiere decir que la forma no lleva en sí ni la misma materia
que antes tenía, ni las mismas condiciones materiales con las que se
encontraba en el agente. El conocimiento sensible es intencional porque las
formas de los objetos percibidos se encuentran en los sentidos en modo
diverso a como se encuentran en los mismos objetos. En virtud que el
órgano es material, los sentidos no reciben los datos con las mismas
condiciones materiales, pero sí los reciben con condiciones materiales.
c) El conocimiento sensible es consciente: atendiendo al término, «consciente»
viene del latín cum-scire, esto se entiende como un saber concomitante, la
cual es una característica del acto psíquico en general. Cuando se dice que el
conocimiento sensible es consciente, no se pretende afirmar un
conocimiento reflejo, sino sólo, un conocimiento concomitante al acto
mismo; el acto está presente, es de algún modo vivido y experimentado por
el sujeto que lo realiza. De ahí que se pueda afirmar que, este conocimiento
es una experiencia del acto y del sujeto del acto no basada en un segundo
acto reflejo sobre el acto sensible, sino en el acto sensible mismo. En el
mismo acto del conocimiento sensible yo soy consciente del acto y de que
realizo el acto, con un conocimiento concomitante. La percepción ´percibe´
la realidad, sin embargo, es consciente que está percibiendo.68

9.5. EL CONOCIMIENTO INTELECTUAL


Ya bien se dijo anteriormente, que el conocimiento puede ser determinado en dos
dimensiones diferentes, lo cual no significa que se excluyan, sino todo lo contrario, se

67
Estos personajes pertenecen a la escuela fenomenológica.
68
Cfr. LUCAS LUCAS, R., El hombre espíritu encarnado, Sígueme, Salamanca, 2003, pág. 117.
predican dimensiones por el hecho de que ninguna, por individual, puede decirse como
conocimiento completo, sino que este se da en sus dos momentos.
Se dijo que al conocimiento sensitivo le corresponde el responder a la dimensión
material o somática del hombre, mientras el intelectual, lo es en virtud a la espiritualidad o
lo psicológico. Es por ello que esta característica del conocimiento intelectual es lo que
hace radicalmente diferente al hombre entre las demás creaturas, lo mas propio del
conocimiento intelectual radica en: “el alma intelectiva, como es comprensiva de los
universales, tiene
virtud para lo infinito”69.
Lo mas propio de una dimensión espiritual humana es generar productos
espirituales, por ello se dice que: “en el juicio los términos son abstractos: pero su función
de sujeto y de predicado les es impuesta por el espíritu. Y en el razonamiento, el orden. y el
lazo de los juicios son lógicos, es decir, introducidos por la razón”70.
9.5.1. Momentos del conocimiento intelectual
En virtud a lo anterior se distinguen tres aspectos generales y radicales del
conocimiento intelectual, se podría decir que son sus características, sin embargo, es mas
preciso predicar de ellas que son momentos, ya que estas son en mayor intensidad
a) Concepto: el primer momento del proceso del conocimiento intelectual está
marcada por la «conceptualización», esta se puede entender como generación; es
decir, es el acto de comprender la esencia de una cosa y de producir internamente
aquel ser nuevo, de naturaleza inmaterial y universal, que se llama concepto. Todo
lo contrario que si al percibir una cosa, no se comprende lo que es, entonces no hay
todavía ningún acto intelectual. Si se llega a comprender que, «aquella cosa» es un
algo, como una piedra, se ha verificado el primer acto intelectual: la
conceptualización, por la cual yo comprendo la esencia de «aquella cosa»
produciendo internamente el concepto de «piedra», descubriendo así la
inteligibilidad de «aquella cosa» y distinguiéndola esencialmente de las otras.71

69
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 74.
70
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 116.
71
Cfr. LUCAS LUCAS, R., El hombre espíritu encarnado, Sígueme, Salamanca, 2003, pág. 103.
Esta es la actividad del intelecto agente 72, entendiendo a este como: “una luz
intelectual capaz de hacer inteligibles las imágenes sensibles, y de hacer que la
actividad intelectual no pueda dejar de ejercerse” 73. Por lo que la conceptualización
puede nacer de manera espontánea, no siempre es necesario que se tenga conciencia
de ella, es la actualización de un eterno asombro, propio del hombre, es lo
radicalmente otro a la sensibilidad, ya que los datos sensibles son la experiencia con
el mundo, pero estos se quedan ahí, y la conceptualización los permite apropiar y a
iluminar para darle un toque trascendente, porque va mas allá de los datos.
La característica que distingue a este momento de la conceptualización es la
abstracción, que se considera la primera operación propiamente espiritual, esta se
puede entender como: “hacer inteligible lo sensible no puede ser otra cosa que
comprender qué son las cosas, al margen de que sean grandes o pequeñas, de un
color o de otro”74. La capacidad de abstracción parte de los daros individuales y
concretos de los sentidos, para hacerlos un concepto, no solo abstrae la materia
concreta del ente, sino también sus condiciones materiales, los vuelve un universal,
es decir: “el conocimiento de una forma que, por haber sido separada de la materia,
es universal pues «conocer lo que está en una materia individual y no del modo
como está en tal materia, es abstraer la forma de la materia individual representada
en las imágenes”75
b) Juicio: como se vio antes, los conceptos dan al intelecto lo que son en esencia, pero
esto es inacabado, ya que solo expresan la formalidad del ser, cada concepto que se
pueda crear de la realidad expresa un aspecto de lo conocido, y esto se puede aplicar
a todos los sujetos que entran dentro de esa misma esencia. Por lo tanto, se debe de
avanzar en el conocimiento de lo conocido, del ´fenómeno´ real, por lo tanto, habría
que dejar de ver al objeto en solitario o encerrado en su misma esencia y
circunstancia, sino que posteriormente debe de conocer otras propiedades y

72
El hombre, al no ser mera yuxtaposición entre materia y espíritu, sino en virtud de su hilemorfismo, se le
es posible, por el entendimiento, conocer todo aquello que es inteligible, sin embargo, el intelecto, al no
poseer órgano, en el proceso intelectual, necesita de algo que le de paso o ilumine a los datos sensibles para
poder convertirlas en formas conceptuales, eso es a lo que se llama ´intelecto agente´, aquel que está en
acto o que tiene la capacidad de obrar.
73
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 76.
74
Ibid., pág. 79.
75
CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA, Pamplona, 2002, pág. 79.
relaciones que este objeto posee, lo cual “esto exige unir o separar unos con otros
los objetos percibidos y pasar de una composición o división a otra, lo que
constituye el raciocinio”76.
Se puede decir que el juicio es un acto, como ya se ha dicho, propio de la
inteligencia, el cual, puede afirmar o negar algo, lo que es lo mismo: “un acto de la
inteligencia por medio del cual la mente une o separa dos miembros con la
afirmación o con la negación”77. El juicio parte de su materia, que son los
conceptos. La forma universal de los juicios se puede manifestar en la forma lógica
de «S es P», ya que son dos conceptos unidos por una cópula, en este caso, la más
universal es el verbo «ser». Esto lo vuelve diferente al concepto, el cual, no afirma
no niega nada, mientras que el juicio afirma o niega una realidad conceptual a otro,
por lo siguiente, el juicio es como la síntesis entre el sujeto y un predicado. No basta
con conocer las relaciones de un objeto, sino es necesario afirmarlas o negarlas.
El juicio es la expresión del raciocinio, el cual, lo es en virtud de la verdad.
Ya que se niega o se afirma algo respondiendo a la pregunta de «¿es así?», lo cual
solo puede ser respondida por la realidad teniendo a la verdad.
c) Razonamiento: este hecho es el más importante y singular del intelecto humano, es
un movimiento, porque “consiste en pasar de una cosa anteriormente conocida a
otra que se conoce posteriormente; en el proceso discursivo hay, por tanto,
temporalidad”78. Este momento es único del humano, ya que las creaturas no
racionales no pueden acceder a el al carecer de procesos racionales, ni las sustancias
espirituales, incluso la sustancia divina, ya que requiere el movimiento, de pasar de
un conocimiento a otro, esto demuestra, entonces, la imperfección del conocimiento
humano.
Esta capacidad de raciocinio del hombre, es expresión de su propia esencia,
ya que el hombre no es capaz de conocer toda la realidad, ni de abstraer toda la
verdad de las cosas, sino que lo va haciendo en procesos. Primero necesita de su
corporalidad para indicar datos reales de su experiencia con el mundo y las cosas,
luego necesita hacer fantasmas o conceptos a esos fenómenos, para obtener lo

76
Ibid., pág. 84.
77
LUCAS LUCAS, R., El hombre espíritu encarnado, Sígueme, Salamanca, 2003, pág.
78
LUCAS LUCAS, R., El hombre espíritu encarnado, Sígueme, Salamanca, 2003, pág.
nóumenos en la conciencia, para después hacer juicios con ellos y hacer o forjar un
conocimiento mas perfecto de las cosas.
Este esquema mental de juicios que construyen un raciocinio se le llama
argumento; un argumento necesita premisas que son juicios para dar una
conclusión, es decir, un conocimiento nuevo o más perfecto: “el juicio nuevo en el
cual termina el razonamiento se llama conclusión o consecuente. El nexo por el cual
se obtiene la conclusión partiendo de las premisas se llama inferencia o
consecuencia”79.
Estos tres momentos son propiamente los objetos de estudio de la lógica formal, ya
que esta estudia las estructuras mentales, además estas necesitan expresarse en el lenguaje,
por lo que la tres formas, para el intelecto son conocidas como conceptos, juicios y
raciocinios, cuando estos se expresan a través del lenguaje se llaman términos,
proposiciones y argumentos.

9.6. FUNCIONES, ACTOS Y ÁMBITOS DEL CONOCIMIENTO INTELECTUAL

En cuanto a todo el conocimiento intelectual, posee tres funciones propias, sin embargo, se
pueden considerar a estas como el fruto o en virtud de todo el conocimiento humano, la
relación entre el conocimiento sensible, como el conocimiento intelectual, de esta relación
se pueden distinguir tres funciones generales del conocimiento humano80:

a) Función de adquisición: se puede considerar como el proceso de «nutrición»


mediante el cual, el hombre incorpora intencionalmente en su estructura mental
innumerables objetos, sean externos o internos. Es como decir que el hombre hace
propio o parte de el los datos de la realidad, dejan de ser objetivos, mediante la
percepción de sus fenómenos y la intelección de su esencia, para volverse
subjetivos.
b) Función de representación: por esta función el hombre retiene los conocimientos
adquiridos, los evoca en el momento oportuno y los reconoce. Es como la
conceptualización, pero con mayor precisión, es toda forma de estructura mental

79
Ibid., pág.
80
Cfr. Ibid., pág.
que se encuentra en el intelecto, los conceptos, juicios, raciocinios, ideas,
fenómenos, fantasmas, imaginaciones, entre otras.
c) Función de producción: esta es una función meramente intelectual, por la cual, el
hombre pasa de sus meros datos a formar otros con esos mismos datos; este ya es un
proceso científico, donde se va desarrollando nuevos conocimientos a través de los
que ya se tienen, y aunque se pueda encasillar en un carácter meramente teórico,
también puede ser aplicativo, como lo es la experimentación, por medio de la
formulación de hipótesis.

9.7. LA VERDAD DEL CONOCIMIENTO Y SU DISCERNIMIENTO


La causa final de la critica del conocimiento son para las nociones de la verdad, en ella
encuentra su respuesta, su fundamento y su sentido, aunque no siempre es tarea fácil. Pero
antes de que se preocupe para caer todo a la verdad, ay que identificar que se entiende por
ella.
9.7.1. La noción de «verdad»
Como se dijo anteriormente, no es tarea fácil entablar un dialogo con respecto a la verdad.
Una de las más fuertes es dejarla como una simple cualidad de las cosas, que se le puede
aplicar a unas cosas y a otras no, es decir, sustantivarla.
Aunque hay muchas nociones de verdad, se va a partir de la que mas parece
adecuada y se explicará el porqué. Como verdad se puede entender lo que decía Tomás de
Aquino: “la adecuación de la cosa y el entendimiento”81
Por lo tanto, se considera la verdad en una relación entre la inteligencia y el ser. La
primera característica, entonces, reside primero en la inteligencia en cuanto está conforme
con el ser, a lo que s ele puede llamar como verdad metafísica, en su forma tan simple
como que, con respecto al entendimiento, solo la cosa puede ser sujeto de intelección, y en
las categorías mentales, el ente es ´verdadero´ (verum). Sólo se aplica a las demás cosas
secundariamente y por derivación, en la medida en que tienen relación con la inteligencia, o
más precisamente, en la medida que tienen a la inteligencia como principio. Es decir, la
regla del ser con la inteligencia se da por intensidades.

81
«Veritas est adaequatio rei et intellectus». CORAZÓN GONZÁLEZ, R., Filosofía del conocimiento, EUNSA,
Pamplona, 2002, pág. 139.
Entonces, así como el bien designa “aquello hacia lo que tiende el apetito” 82, la
verdad designa “aquello hacia lo que tiende mi inteligencia” 83. Sin embargo, no es lo
mismo la inteligencia con el apetito, ya que, en el apetito, el sujeto se dirige hacia la cosa
tal como es en sí misma, mientras que por el conocimiento asimila la cosa para sí mismo.
Desde el tomismo la verdad de la inteligencia recibe el nombre de «verdad lógica»,
y la verdad de las cosas recibe el nombre de «verdad ontológica». Lo que preocupa aquí es
la verdad lógica, ya que la verdad ontológica corresponde a la metafísica, además, esta es
considerada como una propiedad trascendental de los entes.
Algo que hay que vencer es concebir a la verdad como una «semejanza», ya que el
hombre al ser intencional, diferente al ser natural que tienen el objeto y el sujeto. Es
imposible que la verdad del conocimiento sea una conformidad física, “como si el espíritu
se petrificase al conocer una piedra o se hiciese triangular al pensar en un triángulo” 84. Sino
todo lo contrario, la adecuación de la inteligencia con la realidad exige la diversidad natural
de los dos términos, ya que sólo hay igualdad entre dos términos distintos.
Un último error en el que se puede caer es dar a la palabra adecuación un sentido
leibniziano, es decir, Leibniz, entendía la adecuación como un agotamiento de todo el ser
del objeto. Esto es imposible, en virtud de la naturaleza humana, ya que la relación de
adecuación que constituye la verdad es una correspondencia entre la inteligencia y la
realidad, “representándose la inteligencia a su modo algún carácter que está efectivamente
en la cosa, que es la cosa en una parte o bajo algún aspecto” 85. La verdad solo se alcanza
por medio del juicio, y este juicio tiene la posibilidad de ir cambiando, siempre y cuando el
hombre se abra al conocimiento.
9.7.2. Concepciones aberrantes de la verdad
Hay que remarcar tres nociones que turban o pervierten lo que se entiende por verdad, las
tres vienen de Kant:
A. La concepción idealista: remarca fuertemente el nominalismo al decir que la verdad
está concebida como una relación inmanente al espíritu, el acuerdo del
conocimiento con el objeto representado. Se desarrolla la idea al decir que la verdad
es idéntica a la objetividad del pensamiento. Entonces la objetividad a su vez se
82
VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 121.
83
Ibid., pág. 121.
84
Ibid., pág. 123.
85
Ibid., pág. 124.
reduce a la «validez universal» del juicio, entendiendo por ello que se impone a la
razón, común a todos los hombres. Por lo tanto, se induce que la verdad es el
acuerdo del juicio con las leyes inmanentes de la razón, o, más simplemente, el
acuerdo del pensamiento consigo mismo, es una postra férrea del idealismo.86
B. La concepción sociológica: en esta concepción se da degradación de la concepción
kantiana. Los sociólogos defienden la idea de que la verdad consiste, no en la
conformidad del espíritu con lo real, sino en el acuerdo de los espíritus entre sí.
Como principio del acuerdo se limitan a sustituir la razón impersonal de Kant por la
sociedad. En esta perspectiva, se definirá la verdad como una creencia colectiva. Es
decir, las cosas no son lo que dictamina ella misma, o un resultado del proceso del
yo, sino e el resultado de lo que digan todos, la cualidad de verdad se determina por
la sociedad.87
C. La concepción pragmatista: hija del kantismo, en cuanto éste concedía a la razón
práctica la supremacía sobre la razón teórica para la afirmación de las tesis
metafísicas que rebasan toda experiencia posible. Aquí, la verdad consiste
únicamente en su valor práctico. Entonces es verdadero lo que favorece la acción, lo
que procura una expansión de nuestra personalidad. En una palabra, la verdad se
define por el éxito. Todo aquello que no ayuda prácticamente a alcanzar un bien, no
puede ser identificado como verdad.88
9.7.3. La Posverdad
Como último dato de este apartado epistemológico, se ha visto importante hablar sobre la
posverdad, es posible encontrar la posverdad, una noción oculta, pero existente en toda la
historia de la filosofía. Es cierto que es un neologismo, que “por primera vez el término fue
utilizado por Steve Tesich en 1992 en la revista The Nation”89, pero ya se encontraba en el
corazón del escepticismo griego, así como en el nominalismo medieval, igualmente en las
antítesis de la modernidad, y las épocas siguientes la estaban gestando esperando el parto.
Sin embargo, no es algo meramente contrapuesto a la verdad, sino aún más
profundo, ha desaparecido la delgada línea en el que había verdades y mentiras, como lo
había en la antigüedad, ahora hay informaciones que quizás no son del todo ciertas, pero
86
Cfr. VERNAUX, R., Epistemología general o Crítica del conocimiento, Herder, Barcelona, 1985, pág. 118.
87
Cfr. Ibid., pág. 119.
88
Cfr. Ibid., pág. 120.
89
LABATE, C.; ARRUETA, C., La comunicación digital, EDIUNJU, Bolivia, 2017, pág. 106.
que tampoco se podrían decir que son completamente falsas, conforme al rechazo de todo
tipo de absolutismo, el hombre ha caído en un mundo a medias, donde abundan los
eufemismos para evitar hablar de la verdad, que se ha convertido en una palabra maldita,
casi ridícula, se le ha temido, ahora es signo de contradicción. En la era de la posverdad, las
fronteras entre verdad y mentira, honestidad y disimulo, ficción y no ficción se borran, la
posverdad, como se decía antes, no es el contrario directo de la verdad, sino que intenta
ocultarla, desaparecerla de la conciencia, o mínimo, dejarla de hacer practica para la vida,
cosa que al parecer está logrando poco a poco.
Finalmente, es posible afirmar, que la posverdad no es sinónimo de mentira, sino
que es el rechazo a todo tipo de sistema que tenga que ver con la verdad y de cualquier
medio que presuma alcanzarlo. A irracionalidad es la corona de la época Contemporánea,
pero el corazón de esa estupidez, es la posverdad, una posverdad que es la flor más bella
que la sospecha pudo dar, y que con su bello aroma adormece a todos los seres racionales, y
que aún no les ha dado a comer de sus frutos.
Los dos ámbitos en los que se puede hablar de la posverdad, de manera universal,
por las apariencias y por las esencias, ahora, todo se reduce a apariencias, sin querer
conocer, intuir o sentir la esencia real de las cosas.

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