Ingrid V.
De la luz Bastida
Los Paranoicos, Antonio Ruiz “El Corcito”
Descripción de la pintura:
Un cielo crepuscular tiñe el fondo del escenario donde Antonio Ruiz “El Corzo”
coloca el desfile de seis figuras humanas que parecen deslizarse a través de una
plaza pública para salir por el borde izquierdo de la pintura. Los Paranoicos1 (los
megalómanos, los espiritifláuticos) son los títulos con los que se conoce a esta obra
de pequeñas dimensiones, apenas 29 x 35.5 cm de óleo sobre madera, que se
presume fue pintada alrededor de 1939.
En el plano inferior del cuadro localizamos un balero abandonado a mitad
de la calle. La cabeza y el mango, se encuentran separados y su color café claro,
semeja madera natural apenas barnizada. A la izquierda de éste, un poco más
abajo, se encuentra un pequeño perro de pelaje blanco. Es tal vez un chihuahua. A
diferencia de los perros callejeros que “El Corcito” suele colocar en sus pinturas,
éste porta un listón rosa sobre el cuello y en él se alcanza a distinguir una placa
amarilla diminuta, lo cual sugiere cierto carácter doméstico. El perro parece
colocarse en el papel del espectador y dirige su mirada hacia las figuras humanas
cuyas proporciones rebasan por mucho la suya. Desde el mismo plano, entre el
perro y el balero, pero más al fondo, se observa una coladera cuya existencia
advierte que se trata de un piso asfaltado y gris.
En la parte superior, una serie de edificios laterales (entre ellos se distingue la
torre de una iglesia a la derecha) forman dos rectas paralelas, proyectando un
punto de fuga que va a dar con el frontispicio de un edificio naranja de dos niveles.
Éste es el objeto más grande y visible del escenario.
La estructura de la fachada insinúa elementos de arquitectura neoclásica: un
frontón triangular ocupa la parte central del entablamento, mientras que sobre el
parapeto se alzan seis almenas cuyos remates son pináculos esféricos. Por debajo
1
Esta pintura es parte del acervo del Museo de la Secretaría Hacienda y Crédito Público y se encuentra
expuesto como parte de su colección permanente.
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de cada almena, se extiende el mismo número de columnas. Así, el edificio queda
verticalmente dividido en cinco partes: al centro la más grande ocupa el ancho del
frontón, las otras cuatro son del mismo tamaño y se distribuyen en pares a
izquierda y derecha. Horizontalmente el frontispicio está partido en tres por un par
de arquitrabes, una cruza la parte medular que divide la estructura en dos plantas
y la otra se encuentra en la parte superior, que es donde está colocado el
entablamento antes descrito. Se pueden observar seis de las nueve ventanas
dispuestas en cada espacio producido por el cruce de éstas divisiones. Todas ellas
rodeadas por jambas y dinteles de piedra. Las cinco que ocupan el nivel superior
del edificio, ostentan balcones cuyas barandillas pueden ser de madera o metal
cobrizo.
En el tímpano del frontón, Antonio Ruiz, escribió dos fechas que ciñen el
dibujo de un escudo nacional. La primera, situada del lado izquierdo dicta el año
de 1810 que fue cuando comenzó la independencia de México. Del otro lado
aparece 1941, la inscripción de este año ha producido varias interpretaciones, entre
ellas se ha dicho que es muy probable que haya sido en éste y no en 1939 cuando
“El Corcito” produjo esta pintura.
Al examinar el dibujo del escudo, se puede discernir al águila devorando una
serpiente en un nopal sobre una roca que emerge del agua. La posición del águila
de frente, con las alas extendidas simétricamente hacia atrás, el pecho salido y la
cabeza levantada con giro a la izquierda, recuerda las modificaciones que mantuvo
el escudo durante el periodo porfirista 2. A los laterales del águila, se observan un
par de banderas tricolor, del lado derecho se encuentra lo que parece ser un
cañón, sobre tres círculos colocados de forma piramidal, se puede inferir que éstos
últimos son sus balas. Del lado derecho se distingue una especie de espada o
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puñal sobre tres balas de cañón idénticas a las de la izquierda. Tanto la estructura
del edificio, como la existencia del escudo (principal elemento ornamental), hacen
pensar en que éste es un palacio de gobierno destinado a la gestión de la vida
pública.
Al centro de la pintura se encuentran seis personajes que abarcan el ancho
del cuadro. Se distinguen dos mujeres que flanquean el paso de cuatro hombres.
La mujer de la izquierda parece a punto de abandonar la pintura, su piel es blanca
y el rostro afinado. Su cabello rubio y ondulado a la altura del hombro. Porta un
sombrero negro de ala ancha cuyo contorno blanco aparenta tener una textura de
plumaje. Usa también guantes largos color negro y una estola que podría ser de
piel de mapache. Viste un vestido blanco con las clavículas descubiertas y sin
adornos en el cuello. La forma del vestido recuerda a la postura en S que genera
una cintura estrecha y una silueta esbelta, esto se acentúa por la falda con corola y
holanes color morado al final. Calza botas blancas que se pierden debajo de la
falda. Lleva el brazo izquierdo doblado con la mano en el pecho y el derecho recto
apuntando hacia atrás. La posición y forma de sus pies aluden un paso delicado.
Aunque parece caminar hacia la izquierda, su mirada se dirige hacia enfrente,
como si mirara al espectador.
Detrás de ella, se desplaza un hombre de menor estatura. Su piel es morena y
su cabello negro peinado hacia atrás. Viste un traje café de dos piezas con un saco
a dos botones. Éste tiene un bolsillo con solapa en la lateral derecha y arriba de él,
en la parte del pecho hay otro bolsillo sin solapa con un pañuelo morado en el
interior. Usa una camisa azul cielo con una corbata de un tono levemente más
fuerte. Pese a que camina y extiende su brazo izquierdo en la misma dirección de
la mujer, su cabeza voltea hacia atrás mirando al hombre que va tras de él.
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Este hombre es notablemente más alto, su piel es clara, dirige la mirada hacia
arriba de forma altiva, tiene la barba partida, la nariz afilada, la frente calva y las
cejas depiladas. Usa un traje negro de dos piezas con un saco recto y cruzado de
cuatro botones. También posee un pañuelo gris en el bolsillo cerca del pecho, y
otro bolso en la parte baja del saco. Usa una camisa verde bandera con una
corbata del mismo color. Su pecho es amplio y su figura parece afinarse hacia
abajo. Va tomado del brazo derecho por el hombre que camina detrás de él.
Éste lo rebasa en estatura, aparece de perfil, con el ojo visible abierto
apuntando la mirada al espectador. Su piel es morena y luce un pequeño bigote. El
cuerpo es más grande que el de los personajes antes descritos, con el torso largo
y ancho. Usa un traje gris de dos piezas con un saco casi idéntico al del sujeto
anterior, salvo que lleva un pañuelo gris y el bolsillo en la parte baja lateral de la
derecha, tiene una solapa. Utiliza camisa blanca y corbata roja. Su cabello es
negro y sobre él, lleva un sombrero blanco estilo tirolés. Su brazo izquierdo es
tomado por el hombre que camina detrás de él.
Éste es el individuo más pequeño del retrato, tiene la piel verde, lleva ambos
brazos doblados, su cara aparece de perfil, la nariz afilada se enfila hacia la
izquierda y tiene los ojos cerrados. Lleva un traje azul de dos piezas, con un saco a
dos botones y un pañuelo amarillo en el bolsillo superior de la derecha. Usa
camisa blanca y una delgada corbata color lila. Su cabello es negro y va peinado
hacia atrás.
Detrás de él, avanza una mujer cuyas dimensiones corporales superan a las de
los demás personajes, es voluptuosa y su piel es muy morena. Lleva los brazos
desnudos levantados, en el derecho porta un brazalete plateado, en el izquierdo
una pulsera dorada con un pequeño medallón redondo en medio. Podemos ver su
cara completa, su mirada se dirige hacia la izquierda como siguiendo el rumbo de
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sus acompañantes. Las mejillas están ruborizadas, la nariz es ancha y tiene la boca
abierta. Su cabello es negro y chino, sobre él lleva un tocado verde que semeja a
un pequeño penacho. Sobre los hombros lleva una estola que parece ser pelo de
zorro azul. Usa un vestido color vino, con escote, un listón acentúa su cintura, la
caída de la falda es recta y llega arriba de las rodillas despejando las pantorrillas.
Justificación:
Los paranoicos es una de las pinturas más populares de Antonio Ruiz, ha sido
continuamente utilizada para ilustrar exposiciones u obras que aluden al polémico
“grupo sin grupo” de los Contemporáneos.3 También es parte de las obras que de
este autor se utilizan a la hora de hablar de pintura moderna mexicana. 4 Aunado a
ello, cuando se trata la peculiar mordacidad y gusto por la sátira de “El Corcito”,
este cuadro sale a relucir pues, para los conocedores de su obra 5, se trata de una
caricatura explícita del conjunto de escritores antes mencionado.
Sin embargo existen múltiples interpretaciones de quién o quiénes son los
personajes representados. La versión que Olivier Debroise 6 ofrece es la más
aceptada, de hecho el catálogo del museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público7 reproduce esta información, de izquierda a derecha los personajes son los
siguientes: María Asúnsolo, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Roberto
Montenegro, Agustín Lazo y por último Guadalupe Marín. Podemos decir que ésta
3
Por lo menos ha sido utilizada en dos exposiciones recientes del Palacio de Bellas Artes: Los
Contemporáneos y su tiempo. (2016) y Pinta la revolución (2017).
4
En este momento, se encuentra en la exposición México moderno del Museo de Arte Latinoamericano de
Buenos Aires.
5
Rita, Eder. Narraciones: pequeñas historias y grandes relatos en la pintura de Antonio Ruiz El Corcirto,
(México: IIE UNAM, 2016), p. 17.
6
Olivier, Debroise. Antonio Ruiz: el corcito, (México: Dimart, 1987) p. 46
7
SHCP, Colección Pago en especie de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, (México: Grupo Rúbrica,
2004) p. 286.
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es interpretación oficial. James Oles también ha realizado una lectura del cuatro, es
muy similar y en ella sólo se invierten los papeles de Lazo y Villaurrutia. 8
Para Carlos Monsiváis la explicación es un tanto diferente, la mujer de la
izquierda sería Antonieta Rivas Mercado, mientras que el sujeto detrás de ella
podría ser Manuel Rodríguez Lozano, le sigue Novo, Montenegro, Villaurrutia y una
mujer travesti.9 Teresa de Conde, propone una apreciación cercana a la de
Monsiváis, para ella las mujeres que ciñen al grupo de hombres, no son más que
hombres disfrazados (travestidos) de mujeres, y entre ellos de izquierda a derecha
los acompañan: Luis Cernuda, Novo, Montenegro y Villaurrutia. 10
Al pensar en la fortuna crítica y los ejercicios curatoriales que ha tenido esta
pintura, la diversidad de interpretaciones es irrelevante, pues la lectura general es
que se trata del retrato de algunos personajes del grupo Contemporáneos y exhibe
burlonamente la homosexualidad de los representados. 11No obstante, mi interés
por trabajar esta pintura, surge de la capacidad de interpretación que sugiere. Si
bien, no podemos conocer a ciencia cierta a qué personas o personajes quiso
retratar Antonio Ruiz debido a la falta de documentos o fuentes directas, sí
podemos acercarnos a la pintura desde una explicación histórica en la que se dé
cuenta de las circunstancias que pudieron servir para la elaboración simbólica
plasmada en el cuadro.
Siguiendo el trabajo de Rita Eder, considero que “Las imágenes de Ruiz son
reflexiones visuales sobre un tiempo específico en el que asoman diversos
8
Agustín Lazo. Catálogo de Arte Exp. Agustín Lazo: Las cenizas quedan. (México: Colección Blaisten / Centro
Cultural Universitario Tlatelolco, UNAM, 2009) p.
2009.
9
Carlos, Monsiváis, Novo, lo marginal en el centro. (México; Ediciones Era, 2004) p. 56.
10
Teresa Del Conde, “El Corzo en el Museo Dolores Olmedo”, La Jornada, 6 de octubre del 2009:
http://www.jornada.unam.mx/2009/10/06/index.php?section=cultura&article=a06a1cul.
11
Esta pintura ha sido señalada como un retrato de la homofobia y el machismo predominante a inicios del
siglo XX, véase el artículo de Antonio Marquet, El arte homosexual en México ( a vuelo de pájaro) en:
http://ciudadaniasx.org/el-arte-homosexual-en-mexico-a-vuelo-de-pajaro/
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elementos: las tensiones posrevolucionarias; la modernización en varios sentidos…
las alusiones a nuevos objetos de consumo mirados y admirados desde la
desigualdad social y étnica…Finalmente, bajo la paleta transparente y una técnica
impecable se halla encubierto un modelo visual sobre la modernidad.” 12 Tomando
en cuenta Los Paranoicos, a ello podemos sumarle las tensiones culturales y
artísticas de la posrevolución. Además de cierta colaboración en la configuración
simbólica y visual del afeminamiento y la homosexualidad en la primera mitad del
siglo XX mexicano.
En este sentido, re pensar la identidad de los personajes retratados es
importante para mí. Sobre todo en el caso de las mujeres que flanquean el desfile.
Considero que ellas son los elementos más desconcertantes de la pintura. Si
buscamos fotografías de las mujeres aludidas por los historiadores y críticos,
podemos percibir que no coinciden exactamente con las imágenes que ofrece la
pintura. Esto, me da cierta libertad para plantear la posibilidad de que éstas no se
encuentren sujetas a retratar personas específicas, sino que pueden funcionar
como alegorías que representan los tópicos de momentos específicos en la historia
cultural mexicana como son las polémicas de 1925 13 y 1932 en torno a la oposición
de lo nacional y lo cosmopolita. Tal argumento es posible, debido a que
personajes como Novo y Villaurrutia, visiblemente reconocibles, participaron o
fueron el centro de ellas.
Debo aclarar que no se trata de hacer invisible la participación que mujeres
como Antonieta Rivas Mercado, María Asúnsolo y Guadalupe Marín tuvieron en el
ambiente cultural e intelectual de la época. De hecho mi primer acercamiento a Los
12
Rita Eder, p. 32.
13
En especial la polémica de este año, pues de acuerdo con el exhaustivo trabajo de Víctor Díaz Arciniega en
Querella por la cultura “revolucionaria” (1925), el criterio de “afeminamiento” va a ser el eje rector de los
argumentos que denostaron a la literatura de vanguardia que no se ajustaba a las composiciones temáticas
planteadas como revolucionarias.
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paranoicos se lo debo al rastreo de retratos de Antonieta, pues se preciaba de ser
una mujer que rompía con la moda nacionalista de los años 20.
Lo que me propongo es plantear cómo El Corcito, pudo haber construido
el escenario de las oposiciones y contradicciones que se dieron en la segunda
mitad de la década de 1920. Pues creo que en él se expresó el imaginario de roles y
estereotipos de género que se produjeron o acentuaron en el periodo
posrevolucionario a través del arte. Sobre todo en torno a la dialéctica entre lo
nacional/viril/revolucionario y lo cosmopolita/afeminado/burgués Espero que
desentramando los elementos simbólicos de la pintura, haga un pequeño aporte a
la historia cultural y social de este periodo.