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Escuelas Sociologicas

Este documento describe el origen y desarrollo de la sociología en los siglos XVIII y XIX, mencionando las principales escuelas sociológicas como el positivismo, funcionalismo, evolucionismo y organicismo, así como sus exponentes más importantes. También señala que la sociología empezó a gestarse como disciplina académica en México a finales del siglo XIX bajo la influencia del positivismo, aunque existía una tradición de pensamiento social desde la colonia.

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Escuelas Sociologicas

Este documento describe el origen y desarrollo de la sociología en los siglos XVIII y XIX, mencionando las principales escuelas sociológicas como el positivismo, funcionalismo, evolucionismo y organicismo, así como sus exponentes más importantes. También señala que la sociología empezó a gestarse como disciplina académica en México a finales del siglo XIX bajo la influencia del positivismo, aunque existía una tradición de pensamiento social desde la colonia.

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2.

ORIGEN Y DESARROLLO DE LA SOCIOLOGIA EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX

Principales escuelas sociológicas y sus


exponentes

Positivismo Funcionalismo Evolucionismo Organicismo

Su exponente es Sus exponentes son Exponentes Exponentes

Auguste Emile Durkheim,


Comte Parsons, Bronislaw Herbert Paul
Malinowski, Alfred Spencer Lilienfeld,
Reginald Radcliffe – Albert G.
Brown Schaffle

Características

Características rasgos Caracteres

.El hecho es la única .Ven a la sociedad como .Destaco por sus .Concibe a los
realidad científica un todo “integrado, investigaciones fenómenos
funcional y coherente”. sobre el cambio sociales como un
.Sociedad e individuos
Donde cada elemento social desde la todo orgánico
como objetos de
aislado de la misma solo perspectiva
estudio científico .Equivalencia
puede analizarse evolucionista
entre la sociedad
.La observación – base considerando a los demás
.Sostenía que toda y un organismo
del conocimiento
.Visión Biologicista: materia orgánica vivo
.La experiencia y la organismo o sistema tiene su origen en
.La construcción
inducción – métodos articulado e un estado unificado
de una teoría
exclusivos de la ciencia interrelacionado, cuya y que las
social solo es
normalidad viene características
.Su objetivo es explicar posible sobre una
postulada por fenómenos individuales se
causalmente los base biológica
que se repiten regular y desarrollan de forma
fenómenos por medio sistemáticamente gradual por
de leyes generales y evolución
universales .Los medios tienen una
gran importancia para la .Explica así la
estabilidad social evolución social:
familia-tribu-pueblo-
estado
Sistematiza y
radicaliza las
críticas dirigidas a
Un proceso que se inicia cuando
lo que muchas
una parte percibe que otra la ha
veces se percibe
afectado de manera negativa o que
como una cultura
está a punto de afectar de manera
degradada y
negativa, alguno de sus intereses
degradante

Teoría
del Teoría
conflicto critica
Tendencias
sociológicas
contemporáneas

Teoría
de Interaccionalismo Sociología
sistemas simbólico Fenomenológica

Afirma que las


propiedades de los Es una corriente
sistemas no pueden Describir las estructuras
de pensamiento
separar sus formales de este objeto
micro sociológica,
elementos. de la investigación en
relacionada con
términos subjetivos como
Existen sistemas la antropología y
objeto-constituir-en-y-
vivos, psíquicos y la psicología
para-sentido.
sociales social
Desarrollo del pensamiento social en México
I LA GESTACION
La reflexión sobre el acontecer social cuenta en México con una tradición que se remonta
a la colonia, y que ocupó a muchos de sus mejores pensadores.
Las obras de Sahagún, Clavijero, Mier, Mora, Otero, Alamán -por mencionar algunos- son
buena muestra de ello.
Sin embargo, la sociología propiamente dicha, como disciplina con un objeto y método
propios, con un lugar dentro de las instituciones académicas, empieza a gestarse en
nuestro país hasta finales del siglo XIX, cuando en 1897, bajo la influencia de Gabino
Barreda y Justo Sierra, se incluye dentro del plan de estudios de la Escuela Nacional
Preparatoria.
Sierra argumentó que la inclusión de una ciencia apenas en gestación se justificaba
porque ésta permitiría “cuando menos estudiar los elementos constitutivos de ese
inmenso organismo denominado la humanidad, pues la sociología era “la historia natural
de la sociedad”. Distinguió la sociología, “ciencias de las leyes sociales, de la historia,
disciplina que se ocupa de los pormenores de las relaciones humanas”. (González
Navarro; 1970:17).
En el pensamiento de Sierra, heredero del positivismo comtiano y spenceriano, la
sociología tiene el mismo rango y las mismas finalidades que las ciencias naturales: el
descubrimiento, mediante la experiencia, de las leyes que rigen la evolución de la
sociedad.
Además, a su juicio, este conocimiento sentaría las bases para la organización de la
sociedad, de manera que el positivismo constituía tanto una teoría de la ciencia como un
plan para la reforma de la sociedad.
Para los liberales mexicanos en el poder, este discurso se convirtió en la doctrina oficial
que justificó el statu quo porfiriano con su afán de Orden y Progreso y permitió la
secularización de la vida pública, por lo que la sociología “nació con la idea positivista de
ser enlace entre investigación teórica y utilidad práctica” (Sefchovich; 1989:14), idea que
la gobernaría hasta mediados del presente siglo.
En sus años de gestación, la sociología en México estuvo muy ligada a la filosofía y el
derecho, ya que en las escuelas de éstas disciplinas era en donde se impartían cursos
sobre la materia.
En 1905 catedráticos de la Escuela Nacional de Jurisprudencia crean la Sociedad de
Estudios Sociales, en la que se contempla por primera vez la posibilidad de estudiar
cuestiones filosóficas, económicas y jurídicas desde un punto de vista social; en 1907 en
esta misma escuela se crea la especialización en estudios superiores de sociología; en
1915 se imparten cursos de sociología en la Libre de Derecho y en las escuelas de
Filosofía; ese mismo año, el filósofo mexicano Alfonso Caso se convierte en miembro del
Instituto Internacional de Sociología de París.
Además, dado que en ese entonces todavía no existían sociólogos profesionales en el
país, los trabajos sociológicos eran realizados por juristas y filósofos.
Es el caso de Andrés Molina Enríquez, que en su obra Los Grandes Problemas
Nacionales, publicada en 1909, hace un lúcido análisis de la sociedad porfiriana y una
denuncia “de sus límites y su inviabilidad como proyecto nacional y de los límites de la
propia sociología positivista. Como paradójico final, el régimen porfiriano encontró que la
sociología se había convertido en uno de sus denunciantes”. (Castañeda; 1990:407).
Después de la caída del régimen porfiriano y durante las primeras décadas del estado
posrevolucionario, cuando resultaba necesario a los ideólogos del nuevo régimen fincar el
proyecto nacional, el discurso de la sociología positivista fue sustituido por la historia:
“para el Estado postrevolucionario era necesario un nuevo espacio que proporcionara el
horizonte del cálculo político, y fuera la arena de la lucha de intereses; y este nuevo
espacio no podía ser más que el tiempo. La historia sustituyó a la sociología... el único
espacio de racionalización de la política en que participó la sociología fue el de la
integración del indígena y la cuestión campesina”. (Idem)
Ciertamente la reflexión sobre la cuestión indígena es una constante en el pensamiento
social mexicano, de ahí que en su período de gestación la sociología mexicana
encontrara en el indigenismo otra de sus principales in-fluencias.
La figura de Manuel Gamio es representativa de esta corriente en las primeras décadas
de la postrevolución y habría de influir fuertemente en los trabajos sociológicos de la
época.
Gamio rescata la importancia de la cultura indígena (frente al racismo spengleriano del
porfiriato, que no dudaba en convertir al indígena en causa del “atraso” del país) y la
necesidad de conocer la heterogeneidad lingüística, cultural y racial de estos pueblos. De
acuerdo con la ideología oficial de la época, defiende la necesidad de un acercamiento
que permitiera su integración a la vida nacional.
En opinión de Gamio la gran heterogeneidad indígena justifica la necesidad de establecer
“una metodología propia, la cual debería basarse en principios científicos universalmente
aplicados y unánimemente aceptados... en la metodología de Gamio confluyen la historia
(para conocer esos pueblos desde los más remotos tiempos) y la sociología (para conocer
sus condiciones presentes)”. (González Navarro; 1970:55)
Otra de las influencias fundamentales de la naciente disciplina fue el humanismo.
En efecto, ya los positivistas habían enfrentado la crítica de los ateneístas. Estos,
influenciados por el humanismo y por filósofos como Dilthey, Heidegger, Bergson, Ortega
y Gasset, criticaron la filosofía positivista y defendieron el idealismo. De manera que
“después de la Revolución, el humanismo marcó a los pensadores mexicanos y se aunó a
la tradición española del derecho y la jurisprudencia para configurar una perspectiva en la
que se conjugaban ciencia y filosofía, modo tradicional y forma moderna, es decir,
convivencia del pensador ensayista con el sociólogo cientificista para encarar los
problemas sociales.” (Sefchovich; 1989:22)
Un claro ejemplo de ésta combinación fue Alfonso Caso, cuya Sociología Genética y
Sistemática, de 1928, era el texto que se utilizaba en prácticamente todos los planes de
estudio que incluían la materia.
Caso calificaba la obra de Comte como una filosofía de la historia, porque se situaba en
un nivel teleológico y ético. La sociología en cambio solo podía aspirar sostenía el autor a
descubrir las leyes científicas en el conjunto de los fenómenos sociales. La sociedad es,
según Caso, la síntesis psicológica de los individuos que la componen, y por eso sostiene
que la sociología y la psicología son las ciencias que tienen la relación más cercana
II LA INSTITUCIONALIZACIÓN.
Así, positivismo, humanismo e indigenismo se entre cruzan en el pensamiento social
mexicano cuando en 1930, apenas consolidado el régimen surgido de la Revolución, se
crea la primera institución de investigación social en el país, el Instituto de Investigaciones
Sociales de la Universidad Nacional.
Su fundador, Lucio Mendieta y Nuñez, dice del Instituto: “Fue creado el 11 de abril de
1930 con el propósito, muy loable, de que nuestro máximo centro de cultura tuviese un
organismo destinado a la investigación y el estudio científicos de la realidad social en
México. Pero no con fines de especulación y abstracción puras, sino dentro de un riguroso
sentido vital. Se quiso, desde entonces, que las actividades del Instituto orientaran
pragmáticamente, a fin de encontrar las fórmulas de acción adecuadas para resolver los
problemas sociales más importantes del país”. (Mendieta; 1939:3)
Además de este enlace entre la investigación teórica y utilidad práctica, durante los
primeros años de la investigación social en México, se sostiene que la Universidad, si
quería realmente prestar un servicio a la sociedad, debía de colaborar con la
Administración Pública, e incluso se reglamenta la manera en que esta colaboración
podía llevarse a cabo. Se consideró que las ciencias sociales eran necesarias para el país
en la medida en que podían coadyuvar al logro de los objetivos que se fijaban los
gobiernos postrevolucionarios.
Instalada la primera institución de investigación social en el país, ¿cuáles son las tareas
que la ocupan?
Como se desprende de los trabajos realizados por el Instituto y publicados en la Revista
Mexicana de Sociología, que nace en 1939, en esta etapa y hasta la década de los años
50, se hace un esfuerzo por establecer el estatuto científico de la sociología; por delimitar
su objeto de estudio; precisar su método y sus técnicas, en fin, por profesionalizar el
trabajo sociológico.
En este proceso, la influencia de la sociología empirista de las escuelas de Chicago y
Harvard es muy importante. “El sociólogo profesional -empirista- trata de distinguir su
oficio de cualquier otro y rechaza con gran energía el que el sociólogo sea un escritor, o
un filósofo, o un historiador, o un ideólogo.
Se quiere especialista y técnico... su difusión de inhibiciones es enorme al rechazar -con
ironía y aplomo académicos- cualquier intención de escribir bien, de relacionar el estudio
de la sociedad con la filosofía, o con la historia, o con las ideologías”. (González
Casanova; 1970:23)
Este empirismo se infiltró también en el estudio de los grupos indígena, otra de las
problemáticas siempre presente durante el período, de manera que “los sociólogos se
dedicaron a conocer al indígena, más bien como antropólogos y etnólogos. Los observan
y describen, hablan de razas y grupos culturales, miden y clasifican retratan la diversidad
racial, y explican la diversidad de orígenes”. (Sefchovich)
Con su preocupación por la cuantificación y las mediciones, el empirismo se convierte en
la tendencia predominante en la investigación y descuida la reflexión tanto teórica como
los problemas epistemológicos. Así, “los investigadores del Instituto se abocan a mostrar
las bondades de la estadística social sin engarzarla con los temas profundos del
conocimiento”. (De la Garza; 1989:123)
En este período predominantemente empirista encontramos aportaciones solo marginales
del historicismo y el existencialismo, principalmente de intelectuales españoles refugiados
en México, como Medina Echavarría y José Gaos.
Mientras esto sucede en el Instituto de Investigaciones Sociales, nacen otras instituciones
muy importantes en el proceso de institucionalización de las ciencias sociales en México.
En 1939 se crea el Instituto Nacional de Antropología e Historia; en 1940, el Colegio de
México; en 1941, el Fondo de Cultura Económica, que traduce el trabajo de los clásicos
de la sociología; en 1948, el Instituto Nacional Indigenista y la Comisión de Estudios para
América Latina.
De manera que durante los primeros años de institucionalización de las ciencias sociales,
y hasta la década de los cincuenta, predomina en México una sociología empirista,
ocupada en mediciones y estadísticas, preocupada por el refinamiento de las técnicas y el
estudio de pequeños grupos y sociologías específicas (de la delincuencia, el trabajo, la
educación) como lo atestiguan las memorias de los primeros Congresos Nacionales de
Sociología, que se llevaron a cabo en esa época.
Se carece de una visión global y crítica de los procesos sociales y económicos del país. Y
esto no era casual. Se vivían en ese período la estabilidad y el optimismo de lo que se
conoció como “el milagro mexicano”. Años de estabilidad social y crecimiento económico
dirigidos por un estado que participa ampliamente como promotor del crecimiento
económico y el bienestar social.
El crecimiento se enfrenta como un problema meramente técnico, que requería de los
especialistas capaces de promoverlo, y éste es el sentido en que se espera que trabajen
los cientistas sociales en el país. Así lo reflejan las palabras del Dr. Raúl Carrancá Trujillo,
primer director de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales (fundada en 1951),
al afirmar que la Escuela permitiría “la formación de técnicos requeridos por la
complejidad de las actividades del Estado y de las necesidades sociales que es
característica de la vida moderna de los países que, como México, viven un proceso de
rápida estructuración por obra de sus complejas necesidades impuestas por su desarrollo
febril”. (Carrancá Trujillo; 1955:6)
Sin embargo, este optimismo se empezará a cuestionar a finales de la década de los
cincuenta, cuando se llevan a cabo en el país una serie de movimientos sociales (el
movimiento magisterial, el de ferrocarrileros y el de médicos) y en el extranjero
importantes movimientos políticos y sociales (en primer lugar, por supuesto, la Revolución
Cubana, pero también otros, como la independencia de Argelia y movimientos
nacionalistas en África y Asia) que propician un cuestionamiento y una revaluación crítica
de los procesos económicos, sociales y políticos del país.
Además de estos procesos nacionales e internacionales, en el medio académico
mexicano se deja sentir cada vez más la influencia del pensamiento de la CEPAL.
Este organismo, dirigido por el argentino Raúl Prebisch cuestiona, desde finales de la
década de los cuarenta, la viabilidad del modelo de desarrollo adoptado por la mayoría de
los países latinoamericanos en ese período incluido México, la sustitución de
importaciones. Además de que por primera vez explica la problemática económica
latinoamericana en términos estructurales, haciendo a un lado las explicaciones que
hacían énfasis en elementos como la ineficiencia de las administraciones o la escasez de
divisas, explicaciones monetaristas de economistas neoclásicos en las que se
fundamentaban las políticas impuestas por el Fondo Monetario Internacional a muchos
gobiernos latinoamericanos de la época.
La sustitución de importaciones, apuntaba la CEPAL, “si bien reducía las importaciones
de algunos artículos manufacturados, como bienes de consumo durables, requería
mayores importaciones de equipos de capital, de productos intermedios, de materias
primas y de combustibles. También producía una mayor dependencia con respecto a las
empresas transnacionales, que proporcionaban gran parte de la tecnología y del capital, y
que ciertamente, eran una fuente indispensable para cubrir la “brecha” que Prebisch
mostró que existía entre la disponibilidad de divisas y los requerimientos que se derivarían
de un crecimiento acelerado. Al mismo tiempo la prioridad concedida a la industrialización
llevaba hacia un incremento en la importación de alimentos”. (Seers; 1987:13)
Además de los estudios económicos, la importancia de los análisis cepalinos radica en su
visión globalizadora de la problemática latinoamericana, ausente en la gran mayoría de
los estudios sociales de ese período.
A la influencia de la CEPAL se suma una creciente presencia del pensamiento social
europeo en México, ya que “desde los años cincuenta persiste en México una cierta
preferencia por Europa, antes que por los Estados Unidos, para llevar a cabo estudios de
posgrado. Las influencias europeas son difusas, pero priva en ellas la orientación hacia el
análisis cualitativo con fuerte raigambre en la historia y la ciencia política”. (Arguedas;
1979:19)
Habría que mencionar también la creación de la Facultad Latinoamericana para las
Ciencias Sociales en 1957, con sede en Santiago de Chile, ya que se formaron a partir de
su creación profesores e investigadores mexicanos que si bien no fueron muy numerosos
si ejercían una influencia importante al regresar al país, y que ayudaron a propalar las
interpretaciones que sobre la realidad latinoamericana se estaban generando en ese
momento en América del Sur.
III HACIA UNA SOCIOLOGIA CRÍTICA
Bajo todas estas influencias, ya en la década de los sesenta, la sociología empirista y
acrítica que se venía haciendo en México, se va haciendo a un lado para dejar su lugar a
una disciplina que problematiza tanto la situación económica y social del país y la región
latinoamericana, como el modo en el que los estudios sociales se venían llevando a cabo.
Se cuestiona tanto la pertinencia de la adopción de modelos y técnicas extranjeras para el
estudio de la realidad mexicana, como el carácter cuantitativo y fragmentario de los
estudios sociales.
Asimismo, se empieza a dudar sobre la posibilidad real de los países subdesarrollados de
emular el desarrollo de los países ya industrializados. En este sentido, la aparición en
1959 de La economía política del crecimiento de Paul Baran resultó muy importante. En
éste trabajo se afirma que el subdesarrollo no es una etapa que los países “en vías de
desarrollo” habrían de superar, sino una condición a la que los somete el lugar que
ocupan en relación con los países industrializados dentro del sistema capitalista mundial.
Este trabajo tuvo una fuerte influencia entre los intelectuales latinoamericanos.
El problema del desarrollo se convierte en el principal tema de la reflexión política e
intelectual latinoamericana. Es el momento en el que se forjan las teorías del desarrollo,
en las que se sostiene que para que los países latinoamericanos se industrialicen es
necesario reformar las estructuras tradicionales de sus economías. Estos cambios
deberían de incluir, entre otros elementos, una reforma agraria que permitiera la elevación
de la productividad en el campo; lograr la autosuficiencia alimentaria; la elevación de las
condiciones de vida de las masas y su incorporación a un mercado nacional que debía de
ampliarse cada vez más. Se insiste en la necesidad de la planificación estatal y de
considerar las condiciones de la economía internacional y el lugar que ocupan los países
latinoamericanos en ésta. (Seers, 1987:13)
Se hace hincapié también en el carácter dual de las sociedades latinoamericanas,
reformulando la problemática de la coexistencia de formas tradicionales y modernas en su
seno.
IV EL DEPENDENTISMO
De las teorías del desarrollo surge la teoría de la dependencia. La premisa fundamental
de los teóricos dependentistas (derivada de un análisis marxista) es que dentro del
sistema capitalista mundial los países periféricos mantienen respecto a los países
centrales una relación de dependencia que es a la vez causa y consecuencia del
subdesarrollo y que provoca distorsiones en las estructuras económicas de la periferia.
Esta dependencia -y las distorsiones que provoca se manifiesta no solo en el plano
económico sino también en el político y social. (Palma; 1987:21)
La importancia del concepto de dependencia para las ciencias sociales latinoamericanas
a partir de la década de los sesenta es incalculable. El concepto” llenó el vacío teórico que
había en las ciencias sociales pues servía para analizar simultáneamente las relaciones
estructurales internas y la vinculación con el exterior. De ahí que durante varios años se le
utilizara como el concepto central de las ciencias sociales latinoamericanas... un gran
porcentaje de los trabajos de todo tipo desarrollados por sociólogos, científicos, políticos,
economistas, etc. han sido dedicados al estudio de la dependencia, o por lo menos,
incluso sin definirlo, han utilizado el término ya sea para titular su trabajo o bien en el
interior del mismo para resolver en una sola palabra la presencia de una problemática que
se da por conocida”. (Sefchovich, 1989:45)
Aunque la diversidad de enfoques que se dan dentro de esta escuela y la muy disímil
calidad de los trabajos que se realizan dificultan hacer una evaluación crítica de los
aportes de los teóricos de la dependencia a las ciencias sociales latinoamericanas, es
indudable que se generó un importantísimo cúmulo de conocimientos sobre los problemas
económicos y sociales de la región, aportando una visión histórica y estructural de la que
adolecían hasta entonces la gran mayoría de las investigaciones sociales. (Palma;
1987:21)
Se multiplican los trabajos en los que se estudian las especificidades históricas de
nuestros países, así como del papel del estado en el desarrollo económico y social; el
lugar de las clases sociales en la escena política, etc.
Dentro de ésta corriente destacan los trabajos de Cardoso y Falletto, Dos Santos,
Quijano, Cueva, entre otros.
Aunque predominan los análisis de corte marxista, también se encuentran estudios
funcionalistas, y en ambos casos la noción de estructura constituye el eje de la
explicación.
El trabajo de los sociólogos latinoamericanos en este período se vuelve sumamente
crítico y la gran mayoría de ellos sostiene que sus conocimientos deberían aportar
elementos útiles al cambio social y político. Todo esto dentro del contexto de un momento
político que en muchos países del continente se pensó como prerevolucionario.
En México, en la construcción de ésta sociología crítica sobresale el trabajo de Pablo
González Casanova. La aparición en 1965 de La Democracia en México fue fundamental.
Los problemas que se analizan en esta obra no son nuevos (la democracia, el
presidencialismo, el análisis de los logros de la Revolución, la marginación social), la
peculiaridad radica en el tratamiento que les da. Efectivamente, “la originalidad de La
Democracia en México estriba en que éstos problemas, a lo largo de su análisis, se van
articulando en una nueva totalidad.
No se trata de totalidades filosófico-abstractas, como el ser del mexicano, la naturaleza de
nuestra raza, el mestizaje, etc., sino de una comprensión estructural-causal de nuestros
problemas. El colonialismo interno es una dimensión analítica que nos permite entender
los problemas de nuestra sociedad interactuando en un todo estructurado. (Castañeda,
1990:421)
La manera de hacer sociología y de entender los problemas sociales del país inaugurada
por esta obra se vuelve paradigmática (se le considera la primera obra de la sociología
académica mexicana) y se convierte en el primer eslabón de una “cadena multiplicadora
de conocimiento” que culmina con la aparición, en 1972, de El Perfil de México en 1980.
En este trabajo colabora la “primera generación intelectual de sociólogos profesionales
egresados de la FCPyS... se hace evidente que la sociología cuenta ya con una imagen
sociológica de la realidad mexicana a través de la cual interpreta y analiza
sociológicamente también- sus problemas”. (Reyna; 1979:71)
En este período, que se puede llamar dependentista, y que se prolonga hasta finales de la
década de los setenta, nacen una serie de instituciones que coadyuvan al proceso de
profesionalización de la sociología mexicana que se está consolidando en ese momento.
En 1966 la Universidad Iberoamericana crea la licenciatura en ciencias sociales; ese
mismo año se crea el posgrado en la FCPyS; en 1973 nace el Centro de Estudios
Sociológicos de El Colegio de México, y dos años más tarde se crea el Departamento de
Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, que ofrece la licenciatura en
sociología en sus tres planteles.
Estas instituciones con el tiempo crean órganos de difusión de su trabajo y poco a poco
aparecen varias revistas especializadas: Acta Sociológica de la FCPyS, en la que se
publican los estudios de campo realizados por los alumnos de la facultad, en 1969;
Sociología y Política de la UIA en 1983; ese mismo año, Estudios Sociológicos del
COLMEX; Anales, de la UAM Xochimilco en 1984; Sociológica, de la UAM Azcapotzalco
en 1986.
Es importante señalar que hasta mediados de la década de los setenta tanto la
investigación como la enseñanza de la sociología en México se encuentran
completamente centralizados en la capital del país. En 1974, con la creación de un Centro
de Sociología en la Universidad Benito Juárez de la ciudad de Oaxaca, comienza un lento
proceso de descentralización que sin embargo deja hasta la fecha el grueso del trabajo
sociológico en la Ciudad de México.
Esta expansión de las instituciones de ciencias sociales -y de sociología particularmente-
durante ésta década se enmarca dentro de una política gubernamental que incluye, por
primera vez en México, una política estructurada de apoyo al desarrollo científico. “A partir
de 1970, hay en México una gradual incorporación de políticas para el desarrollo
científico. En este período el estado incrementó el financiamiento de las instituciones de
educación superior e impulsó la formulación de políticas para la administración del
desarrollo científico. Asimismo, mostró interés por incluir a las ciencias sociales dentro de
proceso de desarrollo. La acción gubernamental contribuyó directamente en el
crecimiento de la estructura institucional donde tenía lugar e desarrollo de las actividades
científicas, e indirectamente favoreció el desarrollo de las ciencias sociales”. (Andrade;
1990: 164)
Este clima favorable permitió que se produjeran importantes investigaciones sobre el país
y sobre Latinoamérica, pero “no se produjo ninguna conceptualización metodológica de
importancia: la originalidad que se presentaba en la creación conceptual en estado
práctico no dio origen a ningún estudio explícito de epistemología que fuera más allá de la
sistematización de lo que se hacía en otras regiones”. (De la Garza; 1989: 128)
V NUEVOS CUESTIONAMIENTOS
El deterioro de la situación económica y política latinoamericana durante este período
obliga a los cientistas sociales a cuestionar las posibilidades del paradigma dependentista
de explicar las transformaciones que se efectuaban en la región. Los sucesivos golpes de
estado en el subcontinente (Brasil en 1964; Perú en 1968; Uruguay y Chile en 1973;
Argentina en 1976) y la instauración de gobiernos autoritarios, así como las
transformaciones del capitalismo evidencian la necesidad de realizar un profundo
replanteamiento teórico y metodológico.
Se hace necesario dar cuenta de las transformaciones del estado y el capitalismo,
explicar el resurgimiento del autoritarismo y también de revalorar y comprender la
“democracia formal” que se había desdeñado hasta entonces: “muchos intelectuales
habían vivido la “democracia burguesa” como una ilusión o manipulación, incapaz de
asumir los imperativos del desarrollo; la dictadura - y el estado burocrático autoritario- les
enseñan el carácter político de las cuestiones supuestamente técnicas.” (Lechner;
1986:31)
El problema de la democracia, presente hasta hoy como tema fundamental en la reflexión
sociológica, tenía que dejar de plantearse teleológicamentey pasar a problematizarse su
existencia y posibilidades reales. Todos estos elementos concurren en que se cuestione,
desde mediados de la década de los setenta, el paradigma dependentista, así como los
esquemas estructuralistas, ya fuera marxistas o funcionalistas, que no permitían
comprender el desarrollo reciente de las sociedades latinoamericanas.
Se hace evidente la necesidad de hacer análisis concretos de situaciones concretas, de
manera que “los años ochenta se caracterizaron por ser críticos de todo y por devolver a
las ciencias sociales al camino de la humildad: ya no los grandes estudios, los grandes
planteamientos teórico políticos, la militancia, sino la utilidad de los conocimientos
concretos, sin por ello caer en el estilo empirista de los años cincuenta, sino
aprovechando todo el bagaje de la historia, la economía y la teoría de los sesenta y
setenta.”(Sefchovich; 1989:73)
Se cuestiona el paradigma dependentista pero no se propone ningún marco teórico
general que los sustituya. Por el contrario, se comienza a abordar el estudio de
situaciones específicas y de los nuevos actores sociales emergentes en las complejas
sociedades latinoamericanas. De manera que aunque todavía se hacen estudios de corte
dependentista, y en las escuelas sigue predominando la enseñanza del marxismo, en la
investigación se pasa progresivamente “de una sociología de los sistemas y estructuras, a
una sociología de las prácticas sociales, en las cuales se revaloriza cada vez más el papel
de los actores. La acción de los hombres se coloca paulatinamente en el centro de la
reflexión de la sociología, y se desplaza el análisis que reducía la acción a los efectos de
estructuras condicionantes”. (Estudios Sociológicos, no. 1. 1983)
Este nuevo enfoque permite la progresiva aparición de temas antes desdeñados en la
investigación: la cultura, la vida cotidiana, la comunicación. En algunos estudios se pasa
de análisis de las clases, al de sectores más reducidos de la sociedad, así como de la
visión general a la sociología regional y a los estudios sectoriales.
En el terreno teórico, este giro permite tanto la paulatina irrupción de teorías que no tienen
pretensiones pan-explicativas (como la teoría de los juegos, la sociología interaccionista y
la micro sociología en general) , como la utilización de conceptos y métodos que
provienen de diferentes marcos teóricos y que se valoran no por su filiación a un marco
específico, sino por su poder explicativo, y que constituyen, sino un paradigma, si un
“patrimonio común” que utilizan los sociólogos en su trabajo. “Al hablar de un patrimonio
común constituido por un conjunto quizás relativamente reducido de conceptos y
descubrimientos, y de ciertas ideas acerca de cómo abordar la problemática social, no
significa de ninguna manera que se hayan borrado las diferencias entre unas y otras
corrientes teóricas. Lo único que se sostiene es que a pesar de las reales divergencias,
algunos descubrimientos y conceptos del materialismo histórico y de las distintas
corrientes de pensamiento en sociología han pasado a formar un patrimonio común”.
(Girola; 1986:56)
VI HACIA EL FIN DE SIGLO
Incorporados nuevos problemas y elementos teóricos a las ciencias sociales
latinoamericanas, hacia el final del siglo la sociología mexicana realiza una investigación
diversificada, que lleva a los investigadores “a rechazar cualquier dogmatismo de escuela,
a renunciar a la pretensión de explicar todo de una vez... o sea, a la relativización... y a
una actitud que podríamos definir como “pluralista” en el aspecto teórico, lo cual se pone
de manifiesto en su producción (Girola; 1986:46)
Finalmente, habría que decir que si bien esta pluralidad y esta vuelta a las ciencias
sociales al “camino de la humildad” pueden abrir perspectivas prometedoras para el
trabajo sociológico, también parecen inclinar al descuido de la reflexión teórica y
epistemológica, y este descuido, de no corregirse, sin lugar a dudas tarde o temprano
truncará el avance de la investigación sobre la realidad social.
2. SOCIEDAD, POBLACION, GRUPOS Y CULTURA

¿Qué son las relaciones sociales?

Comúnmente, se entiende por relaciones sociales al conjunto de las interacciones que


ocurren entre dos o más personas, o dos o más grupos de personas, de acuerdo a una
serie de protocolos o lineamientos mutuamente aceptados, o sea, de acuerdo
a normas específicas.

Estas relaciones son estudiadas por la sociología y constituyen para ella el grado máximo
de complejidad del comportamiento social. Son la base de otros conceptos como a
organización social, la estructura social o los movimientos sociales.

Los seres humanos somos criaturas gregarias, o sea, tendemos a vivir entre sus pares.
Así, formamos comunidades que requieren de un conjunto de interacciones
normadas para convivir en relativa paz. Por ende, las relaciones sociales forman parte de
quienes somos y su estudio revelará mucho de cómo nos pensamos a nosotros mismos y
a los demás.

En ese sentido, resultan de interés tanto los tipos de vínculo (la amistad, el amor, la
rivalidad, etc.), y el tipo de normas con las que distinguimos las relaciones legítimas o
apreciadas, de las prohibidas, inaceptables o incorrectas. La socialización es el modo en
que dichos elementos van modificando y fraguando la conducta de los seres humanos.

Características de las relaciones sociales

Las relaciones sociales pueden ser:

 Materiales: Involucran algún tipo de intercambio de objetos. Estas son relaciones


concretas que incluyen aquellas que poseen vínculo con lo económico, lo material.
 Ideológicas: Involucran la adhesión o la transmisión de algún tipo de patrones
de pensamiento. Son relaciones abstractas que se vinculan a lo moral, espiritual,
político, etc.

Por otro lado, las relaciones sociales suelen sustentarse en protocolos y normas. Dichas
normas están determinadas histórica y culturalmente, pero también en base a las
necesidades del colectivo.

De hecho, la cortesía y las formas del trato cotidiano son una evidencia de que incluso los
contactos breves y superficiales con quienes habitan a nuestro alrededor, requieren de
una cierta manera de hacer las cosas que debemos aprender, para no desentonar en
la sociedad.
Tipos de relaciones sociales

Las relaciones sociales pueden clasificarse de distinta manera, dependiendo de si nuestro


enfoque al respecto es psicológico, sociológico o de otra naturaleza. Por ejemplo,
podemos distinguir entre relaciones sociales según el tipo de vínculo establecido, de la
siguiente manera:

 Relaciones afectivas. Aquellas que tenemos con las personas escogidas para
conformar nuestro entorno íntimo: amigos, parejas y compañeros, gente con la que
desarrollamos conexiones emocionales profundas.
 Relaciones laborales. Aquellas que debemos emprender en nuestro entorno de
trabajo, sea el que sea, y que suelen regirse por normas jerárquicas, formales y
diferentes a las íntimas. En general son nexos menos profundos emocionalmente,
pero muy importantes en la cotidianidad.
 Relaciones familiares. Otro tipo de relaciones íntimas y de mucha intensidad,
pero que no podemos realmente elegir, ya que vienen dadas de antemano, son las
de nuestra familia, al menos el núcleo cercano de padre-madre-hermanos. De
hecho, estas relaciones son psicológicamente vitales para los individuos, tanto en
un sentido positivo como negativo.
 Relaciones circunstanciales. Aquellas relaciones superficiales, efímeras y locales
que tendremos con desconocidos a lo largo del día, muchas de las cuales podrían
pasar a ser de otro tipo, o no. Suelen tener poco vínculo emocional y ser olvidadas
rápidamente.

Importancia de las relaciones sociales

Tal y como decíamos al principio, las relaciones sociales son la base de la sociedad
humana como un todo. Están determinadas por la interacción social de los seres
humanos, sobre todo a medida que se transmite a generaciones venideras.

Nuestras relaciones sociales son los modos legítimos de vincularnos entre nosotros, lo
cual es importantísimo si consideramos que la humanidad, a estas alturas, se ve obligada
cada día más a aceptar a quienes piensan distinto, a quienes viven distinto y presentan,
justamente, otro tipo de relaciones sociales.

¿Hasta qué punto es legítimo tolerar las formas de vincularse del otro? ¿Hasta qué punto
debemos sacrificar las propias y aprender las de los demás? Este es un debate que se
encuentra en el corazón de la civilización humana a inicios de un siglo XXI globalizado.
Estructura social

La estructura social se refiere a la forma que adopta el sistema de las relaciones


entre individuos de una sociedad o grupo. El concepto fue introducido en la ciencia por
el alemán Georg Simmel, a finales del siglo XIX y por Ferdinand Tönnies con 'comunidad
íntima' y 'asociación impersonal', para explicar las relaciones sistemáticas que vinculan a
miembros de una determinada comunidad aunque no se encuentren en ningún momento
en contacto directo, ha resultado uno de los conceptos más problemáticos de la disciplina
y el comportamiento humano. La falta de un consenso acerca de en qué medida las
estructuras tienen una existencia real, más allá de las acciones de los individuos —el
llamado problema de la relación agencia-estructura— y la posición de algunas corrientes,
especialmente de origen empirista, que niegan la posibilidad de concebir adecuadamente
la estructura social en su conjunto, han sido causa de numerosos debates.

Definición y concepto

La Estructura social es un concepto omnipresente pero alguna vez es empleado con


diferentes significados, pues es definido como equivalente a sistema social u organización
social guiada por normas y valores. Las diferentes perspectivas en sociología: de
la dialéctica, del funcionalismo y del Interaccionismo simbólico, aportan descripciones con
distintos puntos de vista de estructura y lo mismo sucede con las ciencias sociales más
próximas a la sociología: la ecología humana, la psicología social y la antropología
cultural, lo cual en sí mismo es útil, porque también en esto la diversidad enriquece.
En los dos planos porque la macrosociología como superestructura y microsociología
como hábitat o espacio personal, puede mejor definirse los conceptos con el siguiente
paso, (tomado de la ecología en relación con el ecosistema); completando las parejas con
el medio ambiente y la tecnología.
La estructura social es una población con una organización, que vive y se desarrolla en un
medio ambiente. Se puede definir ahora el sistema, como está establecida de hecho la
sociedad, llenándola de contenidos, que interactúan por las redes de la estructura, usando
cualquier tabla: cultura como lenguaje, arte, religión, recreación y deporte etc., valores
como gobierno, propiedad, estratificación, familia, grupos, etc., completando así su
identificación e identidad y mejorando su entendimiento. El sentido de reducir los
elementos a dos: cultura y valores, es para separar los aspectos culturales de los
sociales, por ejemplo, la cultura popular como expresión de los valores populares. Esta
clasificación en dos grupos (o más) tiene problemas, que en apariencia no inciden sobre
la estructura, por ejemplo religión, si es la búsqueda de lo trascendente o es la
socialización de las personas, en este caso estaría en el segundo grupo. Por extensión la
estructura social modifica y es modificada por la tecnología y el medio ambiente. El
análisis sociológico de las estructuras sociales no puede hacerse sobre la estructura en sí
misma, pues no es algo tangible, sino que es una definición formal; es como el hogar de
los muchos componentes, que aquí se han simplificado con cultura y valores.,,,,,,
Los modelos de análisis están muy desarrollados en el funcionalismo-estructuralismo y en
la dialéctica-conflicto, con dos enfoques diferentes. Tentativamente pudiera decirse para
ambos enfoques que el sistema social es la misma Estructura social interactuando con
todos los componentes diversos, ya sea aplicándolo a la sociedad global o a formaciones
más localizadas y eventualmente con menos componentes. Los análisis serán sobre los
componentes. El cambio social enfatizará o el estructuralismo o la teoría del conflicto.

El determinismo estructural, tomado de la teoría de sistemas, implicando mecanismos


como autopoiesis y varios más de retroalimentación en realidad es similar a los
condicionantes estructurales en aplicaciones de todos estos conceptos de las ciencias
sociales a hechos reales, que se estudian tal como se presentan como realidad social y al
mismo tiempo con proyección de futuro: pobreza, vivienda, alimentación.

Un enfoque diferente, buscando profundizar en el concepto de estructura, es el examen


del movimiento filosófico sobre la estructura o estructuralismo, pero éste es volátil, pues
se resume en nuevas corrientes como el postestructuralismo, el postmodernismo y el
postmaterialismo, alrededor del tema básico : la prioridad de la estructura social real o
conceptual, sobre la acción social, emigrando hacia estudios culturales, como la
antropología o la lingüística y si nuevamente se volviera a la forma más radical -el tema
básico-, pudiera ser enriquecedor para la categoría de estructura, dependiendo de lo que
se tratase de investigar: el tema filosófico de las prioridades o el tema sociológico de los
condicionantes.

Estructura: En cuanto a concepto fundamental de la sociología y de la antropología de la


cultura, ofrece dificultades de aplicación y entendimiento pues apunta a diversos planes
de la realidad social; por otra parte hablamos de la estructura social que une a dos
personas, y solamente a ellos dos, de una forma especial que resulta del estatus y de lo
que desempeñan.

La Estructura: Pero también hablamos de la estructura de toda una sociedad. La


estructura social la podemos deducir por existencia de su influjo en la acción o relación
social de los individuos.
Costumbre

Para la Sociología, las costumbres son componentes de la cultura que se transmiten de


generación en generación y que, por lo tanto, están relacionadas con la adaptación del
individuo al grupo social.

Costumbre tiene un gran uso en Sociología como usos y costumbres, que son unos
componentes de la Cultura en los Sistemas de acción, como Adaptación instrumental y,
por tanto, parte de la Estructura social en el Funcionalismo. También es asimilable por
similitud con conductas en Psicología Social y en la Teoría sistémica.

Como componente cultural, el Interaccionismo simbólico lo hace su objeto de descripción


y explicación. Para la Teoría del conflicto y en contraposición a la difusión de nuevas
leyes impuestas a una comunidad es la resistencia popular más importante contra el
cambio.

Las costumbres y tradiciones se vinculan siempre con la identidad y el sentimiento de


pertenencia de los individuos que conforman una comunidad. Las costumbres son formas,
actitudes, valores, acciones y sentimientos que por lo general tienen su raíz en tiempos
inmemoriales y que, en muchos casos, no tienen explicación lógica o racional si no que
simplemente se fueron estableciendo con el tiempo hasta volverse casi irrevocables.
Todas las sociedades cuentan con su sistema de costumbres, siendo algunas de ellas
más evidentes que otras.

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