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Intervención Coadyuvante y Saneamiento Legal

El documento discute la intervención del transferente en un proceso de evicción. Explica que el artículo 1499 del Código Civil peruano sobre este tema fue introducido para llenar un vacío en el Código de Procedimientos Civiles, pero que en realidad no se ajusta a la intervención coadyuvante. También indica que el Código Procesal Civil derogó tácitamente este artículo al regular la calidad de intervención del transferente. Finalmente, analiza las consecuencias contradictorias de regular la intervención del transferente como litis
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Intervención Coadyuvante y Saneamiento Legal

El documento discute la intervención del transferente en un proceso de evicción. Explica que el artículo 1499 del Código Civil peruano sobre este tema fue introducido para llenar un vacío en el Código de Procedimientos Civiles, pero que en realidad no se ajusta a la intervención coadyuvante. También indica que el Código Procesal Civil derogó tácitamente este artículo al regular la calidad de intervención del transferente. Finalmente, analiza las consecuencias contradictorias de regular la intervención del transferente como litis
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INTERVENCIÓN SUSTITUTORIA Y COADYUVANTE EN EL PROCESO

ARTICULO 1499

Si el transferente sale a juicio ocupará el lugar del adquirente como demandado


hasta la conclusión del juicio.
Cuando el adquirente lo solicite puede coadyuvar en la defensa.

Róger Zavale/a Rodriguez


El artículo 1499 del Código Civil peruano, como se anota en su Exposición de
Motivos, se introdujo ante el vacío del Código de Procedimientos Civiles, por lo
que se trata de una norma de contenido procesal, diseñada bajo una
concepción errónea de la intervención coadyuvante. Por eso, al igual que en el
caso colombiano, no se ajusta lógicamente a lo que debe ser la intervención
del transferente.
El Código Procesal Civil regula no solo el llamado al transferente (denuncia
civil), sino también la calidad de su intervención, por lo que consideramos que
el artículo 1499 del Código Civil ha sido tácitamente derogado por dicho
ordenamiento legal.
Respecto a este punto, hemos visto que el transferente, en su condición de
denunciado civilmente, interviene como litisconsorte del adquirente-
denunciante, con las mismas facultades que en su calidad de parte
corresponden a este. El asunto es que el transferente es un tercero con una
relación conexa a la relación material objeto del proceso; no es parte, ni se
encuentra legitimado como tal, pese a ello -según el Código Procesal Civil-
tiene las mismas facultades del denunciante (adquirente). Las consecuencias
de todo esto son realmente paradójicas, pues -en la línea de nuestro Código
Procesal Civil- si el transferente accede al llamado del adquirente y se
apersona al proceso (intervención provocada), debe ser considerado como
litisconsorte de este, con sus mismas facultades; pero si el transferente se
apersona luego de vencido el plazo para acceder al llamado del adquirente, no
lo podría hacer a través de la intervención litisconsorcial, pues no es titular de
la relación jurídica sustancial a la que, presumiblemente, deban extenderse los
efectos de la sentencia. En este último escenario, el transferente debería
solicitar su intervención como coadyuvante del adquirente (intervención
voluntaria), y sus facultades estarían limitadas a actos procesales que no estén
en oposición a su coadyuvado y no impliquen disposición del derecho discutido.
La regulación del Código Procesal Civil implica que las facultades del
transferente, y en general de cualquier tercero que tenga una relación conexa
con la relación material objeto del proceso, dependan del origen de su
intervención: si es provocada (es el caso de la denuncia civil y el
aseguramiento de pretensión futura) actuará como litisconsorte, pero si es
voluntaria, participará como coadyuvante. La intervención provocada en la
modalidad de litis denunciación también se encuentra prevista en el artículo 14
de la Ley de Enjuiciamiento Civil española, el cual también concede al tercero
las mismas facultades de actuación que les corresponde a las partes. La
referencia viene al cuento porque se ha calificado a dicha norma como "no muy
afortunada", en tanto el tercero evidentemente no es parte. Es probable que en
la misma línea de razonamiento, y al margen del texto expreso del artículo 103
del Código Procesal Civil, Ana María Arrarte, comentando el llamamiento del
tercero, sostenga que: " si bien la iniciativa puede haber surgido de alguno de
los titulares de la relación procesal, será el juez quien, aceptada la intervención,
es decir, calificado el interés invocado, obligue al sujeto a intervenir y determine
con qué calidad participará y en función a ello qué actividad podrá realizar
válidamente".
PÉRDIDA DEL DERECHO AL SANEAMIENTO

ARTICULO 1500

El adquirente pierde el derecho a exigir el saneamiento:


1.- Si no pidió y cuidó que se citara al transferente con la demanda del juicio de
evicción.
2.- Si se sometió la causa a arbitraje sin asentimiento del transferente y la
perdió. 3.- Si transigió el juicio sin anuencia del transferente.
4.- Si al celebrar el contrato conocía que el bien era litigioso o ajeno.
5.- Por caducidad, siendo el plazo de esta de un año a partir de la fecha en que
se produjo la evicción
Comentário
Manuel Muro Rojo
Manuel De la Puente (p. 302 Y ss.) ha explicado con bastante claridad la
distinción entre la evicción y el saneamiento, conceptos que fueron tratados de
manera confusa en la legislación y en la doctrina.
Al respecto sostiene que en el Derecho peruano dicha confusión se patentiza
desde el Código Civil de 1852, cuyo artículo 1414 establecía que "el vendedor
está [estaba] obligado a evicción y saneamiento en favor del comprador".
Agrega que por la evicción, el transferente debía defender la cosa vendida en
cualquier juicio que se promueva contra el adquirente por causa anterior a la
venta; mientras que por el saneamiento el transferente debía pagar las costas
del juicio, así como el valor que perdiese el adquirente en dicho juicio.
Bajo este esquema, que también fue recepcionado por el Código de 1936, se
consideraba a la evicción como una primera obligación (conocida como
"garantía incidente"), que no era otra cosa que el deber del enajenante de salir
a juicio para defender el bien transferido frente a la pretensión de un tercero; y
se consideraba al saneamiento como una segunda obligación (conocida como
"garantía por evicción consumada") que no era otra cosa que el deber de
reparar el daño generado por la privación de derecho a causa de la acción del
tercero.
Se trataba, pues, de una doble e injustificada protección a favor del adquirente;
esquema que ha variado con el Código Civil de 1984, pues este se ha apartado
de la noción de "garantía incidente" estableciendo en el actual artículo 1491
que el transferente debe el saneamiento por evicción cuando el adquirente es
privado total o parcialmente de la propiedad, posesión o uso del bien
transferido. Es decir que el saneamiento constituye una responsabilidad para el
enajenante de compensar al adquirente solo cuando este no puede destinar el
bien a la finalidad querida, cuando le es imposible hacerlo; en ese sentido,
dicha responsabilidad surge solo cuando la imposibilidad se produce. "Antes
que esto ocurra, el [transferente] está cumpliendo cabalmente el contrato y no
asume obligación adicional alguna frente al adquirente" (DE LA PUENTE Y
LAVALLE, p. 305). En otras palabras, puede ser que el adquirente sea
perturbado por acciones judiciales o extrajudiciales de terceros que pretenden
privarlo del bien, pero mientras tal privación no se concrete, no es obligación
del transferente evitar esa perturbación saliendo él a juicio, por ejemplo; y esto,
repetimos, porque ya se ha eliminado de la ley actual el concepto de "garantía
incidente".
En este contexto, aparentemente algunas causales de pérdida del derecho al
saneamiento consignadas en el artículo 1500 no serían muy coherentes con el
esquema vigente, en el cual no rige la "garantía incidente". Así, establecer que
el adquirente pierde el derecho al saneamiento si no pidió y cuidó que se citara
al transferente con la demanda del juicio de evicción (inc. 1); o si sometió la
causa a arbitraje sin asentimiento del transferente y la perdió (inc. 2); o si
transigió el juicio sin anuencia del transferente (inc. 3); parecería lo mismo que
decir que el transferente tiene y mantiene -desde el momento de la
transferencia- la obligación de salir a juicio, pues de otro modo no habría por
qué hacer perder el derecho al saneamiento al adquirente si no cumple con lo
señalado en estos incisos, ya que al transferente no le debe importar que el
adquirente sea perturbado por acciones judiciales o extrajudiciales, pues solo le
alcanza la responsabilidad cuando se produce efectivamente la privación del
derecho adquirido.
Empero, la norma no tiene nada que ver con esto y su razón de ser es solo
proteger el derecho de defensa que tiene el transferente para defender la
transferencia efectuada, lo que guarda armonía con lo establecido en el artículo
1498 del Código, que no plantea -dice MaxArias Schreiber (p. 372)- un
saneamiento preventivo, sino que es derecho del transferente conocer la
existencia de cualquier acción de evicción contra el adquirente a fin de
intervenir en la defensa del derecho transferido, habida cuenta que es él quien
responderá vía saneamiento en la eventualidad de que la acción del tercero
(evincente) prospere. Por eso el artículo 1500 (incs. 1,2 Y 3) sanciona con la
pérdida del derecho al saneamiento el descuidó del adquirente cuando no
solicita que se cite al transferente con la demanda del juicio de evicción, o
cuando somete la causa a arbitraje sin asentimiento del transferente, o cuando
transige el juicio sin anuencia del transferente.

Las disposiciones de los incisos 4) Y 5) tienen otra naturaleza, aunque


evidentemente también protegen al transferente, pues según ellos se pierde el
derecho al saneamiento si al celebrar el contrato el adquirente conocía que el
bien era litigioso o ajeno (o sea si actuó de mala fe y habría podido prever que
sería pasible de una acción de evicción); y también por caducidad (un año a
partir de la fecha en que se produjo la evicción, de modo que vencido el plazo,
el transferente no está sujeto ya a saneamiento alguno).
EVICCIÓN PARCIAL

ARTICULO 1501

En caso de evicción parcial, el adquirente tiene derecho a recibir el valor de la


parte del bien cuyo derecho se pierde. Sin embargo, puede optar por la
resolución del contrato, si esa parte es de tal importancia con respecto al todo
que la haga inútil para la finalidad de la adquisición.

Comentário

Jorge Bellrán Pacheco

1. Aspectos introductorios
La presente norma jurídica se refiere a la evicción parcial, que es aquella
situación jurídica en la que existe una controversia judicial sobre parte
del bien, como resultaría en el caso de un proceso reivindicatorio de
propiedad que inicia el vecino del predio enajenado, quien sostiene que
parte del bien transferido es de su propiedad. Ante tal situación el
adquirente tiene dos opciones:
a. Iniciar el saneamiento por evicción parcial, solicitando la restitución del
valor de la parte del bien cuyo derecho se pierde.
b. Solicitar la resolución del contrato por frustración de causa (interés
casualizado).
2. Estructura normativa
El presente artículo regula dos normas jurídicas que responden a la siguiente
estructura:
Primera norma: "En caso de evicción parcial, el adquirente tiene derecho a
recibir el valor de la parte del bien cuyo derecho se pierde".
Supuesto de hecho: Si existe un supuesto de evicción parcial.
Nexo causal: Entonces.
Consecuencia: El adquirente tiene el derecho a recibir el valor de la parte del
bien cuyo derecho se pierde.
Segunda norma: " puede optar (el adquirente) por la resolución del contrato, si
esa parte es de tal importancia con respecto al todo que la haga inútil para la
finalidad de la adquisición".
Supuesto de hecho: Si la parte que se pierde es de tal importancia con
respecto al todo que la haga inútil para la finalidad de la adquisición.
Nexo causal: Entonces.
Consecuencia: Puede optar el adquirente por la resolución del contrato.
3. Comentarios
Sobre la primera norma hemos hecho referencia en la parte introductoria del
presente comentario, cuando señalamos que el adquirente puede solicitar que
aquel valor referido a la parte que pierde por un proceso judicial existente al
momento de la contratación (que no le fue informado) le debe ser restituido,
como efecto natural del sinalagma funcional (reciprocidad).
Respecto a la segunda norma debemos destacar algunos aspectos. En toda
relación obligatoria existen los siguientes elementos: vínculo jurídico,
prestación, objeto, situaciones jurídicas e interés. En el presente comentario
nos resulta útil la noción de interés. El interés es el juicio de valor que emite un
sujeto respecto a las características de los bienes a fin de determinar si estos
pueden satisfacer sus necesidades. Este interés debe ser trascendente; no ser
contrario a la ley, al orden público ni a las buenas costumbres, y debe
someterse los sujetos a la tutela jurisdiccional. Los intereses de los sujetos
pueden ser: particulares (que no son exteriorizados); típicos (que le
corresponden a un conjunto de sujetos o a la sociedad toda, según la utilidad
práctica habitual que dichos bienes le proveen a los sujetos en condiciones
contractuales normales), y causal izados (que son los que exteriorizan los
sujetos teniendo presente sus necesidades personales).
De acuerdo con lo señalado, si del contrato se puede interpretar que el
enajenante tenía un interés especial (causal izada) sobre la parte del bien que
se perjudica por la evicción parcial, entonces podría pretenderse una resolución
de contrato (afectación funcional sobreviniente del contrato).
IMPOSIBILIDAD DE SOLICITAR LA RESCISIÓN

ARTICULO 1452

En los casos en que la acción rescisoria a que se refiere el artículo 1447 fuere
inútil para el lesionado, por no ser posible que el demandado devuelva la
prestación recibida, procederá la acción de reajuste.

Comentário

Luis Moisset de Espanés

1. Introducción
Manuel De la Puente aclara que este artículo "no tiene antecedentes en el
proceso de elaboración del Código Civil de 1984"(1), y como es el único
artículo que de manera expresa hace referencia a la llamada acción de
"reajuste", la doctrina mayoritaria en el Perú saca como consecuencia que es la
única hipótesis en que la víctima puede recurrir a esa acción, conclusión que ya
hemos criticado al comentar el artículo 1450 que, como dijimos, solo puede
funcionar cuando la víctima ha interpuesto originariamente una acción de
reajuste. No volveremos ahora sobre este punto, y nos remitimos a lo allí dicho.
a) Opiniones doctrinarias
En la hipótesis que aquí se plantea el legislador, parece obvio que, si la acción
rescisoria ya no puede ejercitarse "por no ser posible que el demandado
devuelva la prestación recibida", la única vía que subsiste para poner remedio
al acto lesivo es ejercitar la otra acción que el derecho le concede: la de
modificación. Así lo ha entendido también Arias Schreiber (2) y Manuel De la
Puente (3), cita la opinión de Romero Zavala (4), quien considera que la
solución del artículo es conveniente "habida cuenta que, si el lesionado ya no
puede obtener el bien, no por ello pierde su derecho a la obtención del mayor
precio que debió recibir o de la proporción que aún falta por cumplirse para
obtener la equivalencia de prestaciones".
Esta doctrina parece correcta y no resulta acertado mencionar el artículo 1316
del Código Civil, como lo hace De la Puente y Lavalle, porque la obligación del
"Iesionante" no es meramente "devolver una cosa", sino hacer que
desaparezca la desigualdad en las prestaciones, que es lo que torna ineficaz el
acto lesivo. Por eso el propio De la Puente y Lavalle concluye expresando:
"pese a las dudas que he planteado anteriormente, estoy de acuerdo con
ambos autores".
b) Imposibilidad sobrevenida durante el juicio
MaxArias Schreiber se plantea una hipótesis interesante: que la víctima de un
acto lesivo haya demandado por rescisión, y luego, durante el transcurso del
juicio, se torne imposible que ellesionante restituya la prestación que había
recibido. Afirma entonces que en este caso, como "procesal mente no cabría
una transformación de la acción primitiva, pensamos que la solución está en el
desistimiento de la acción rescisoria y en la formulación de una de reajuste,
que es distinta a la anterior", y De la Puente y Lavalle se muestra de acuerdo
con esta solución, con un matiz, que "la demanda aún no hubiera sido
contestada, pues en tal eventualidad podría ser variada al amparo de lo
dispuesto por el artículo 311 del Código de procedimientos civiles".
Por nuestra parte pensamos que aquí es menester recurrir a otras normas del
Código; en efecto, la demanda de rescisión tiene como efecto constituir en
mora de restituir una cosa y el artículo 1336 dispone expresamente que:
"El deudor constituido en mora responde de los daños y perjuicios que irrogue
por el retraso en el cumplimiento de la obligación, y por la imposibilidad
sobreviniente, aun cuando ella obedezca a una causa que no le sea
imputable...".
En consecuencia, entendemos que la acción no puede cambiarse, pero
tampoco corresponde el desistimiento; deberá continuarse tramitando la acción
de rescisión, y si el lesionado triunfa, ellesionante moroso, que ya no puede
entregar la cosa, deberá la indemnización correspondiente.
2. Formas en que puede quedar trabado ellitio
Para facilitar el estudio del problema dividiremos los casos según la actitud
que el demandado adopte frente al reclamo por el presunto acto lesivo. Por
supuesto, que si el actor ha elegido la acción de reajuste, el demandado no
tiene más remedio que someterse a la vía elegida, ya que él no puede
pretender que se declare la nulidad del acto; pero puede adoptar diversas
posturas, que es necesario diferenciar.
(a) Allanamiento
En primer lugar, el demandado puede allanarse a las pretensiones del actor,
aceptando tanto la existencia del elemento objetivo de la desproporción, como
también la de los elementos subjetivos. En tal hipótesis no será menester
ninguna actividad probatoria y el juez hará lugar a la modificación solicitada.
Es el caso contemplado en el artículo 1450, como forma de poner fin al
proceso, pero exige correlativamente no una mera expresión verbal de
allanamiento, sino la consignación de la diferencia reclamada por el actor,
quien debe haber precisado en la demanda el monto en que lo perjudicaba el
acto lesivo. Es la única posibilidad de funcionamiento para el artículo 1450,
como actitud tomada frente a una demanda que originariamente reclama el
reajuste.
b) Otras posturas del demandado
b.1) El demandado, aceptando que el acto es lesivo, puede sin embargo
afirmar que la desproporción es menor que la reclamada. En este caso la
actividad probatoria se limitará al elemento objetivo, partiendo de la base de la
desproporción ya reconocida, punto mínimo sobre el cual hay coincidencia,
para determinar cuál es la medida real del desequilibrio. Por ejemplo, el actor
recibió 55 y dice que la cosa valía 100; el demandado puede sostener que el
valor máximo de la cosa era 65.

En definitiva, el juez deberá hacer lugar a la modificación, pero tendrá dos


límites: por lo menos deberá conceder el reajuste en la medida aceptada por el
demandado, es decir la diferencia entre 45 y 65; ya lo sumo podrá extender esa
modificación -como máximo- a la pretensión originaria del actor, es decir a 100.
b.2) El demandado niega la existencia de lesión, aceptando que hay una
desproporción entre las prestaciones, en la medida de lo reclamado, pero que
no ha mediado aprovechamiento, ni inferioridad del actor. En el pleito solo se
discutirán estos elementos subjetivos, cargando el actor con la prueba de su
inferioridad, y el beneficiario del acto con la demostración de las causas que
justificarían la inexistencia de aprovechamiento. Si no se prueba la existencia
de los elementos subjetivos, el juez deberá rechazar el pedido de modificación,
pero si esa prueba favorece al actor, se condenará al pago de la diferencia
reclamada.
b.3) El demandado niega que haya la desproporción afirmada por el actor, y
niega también la existencia de los elementos subjetivos, es decir no acepta
ninguno de los extremos del acto lesivo y la actividad probatoria deberá recaer
sobre todos ellos. En tal caso, el magistrado debe recordar que es preciso que
se presenten simultáneamente todos los requisitos exigidos por el artículo 1447
para que el acto sea lesivo, y que la ausencia de cualquiera de los tres
elementos que contempla la norma hace que la acción no pueda prosperar. Si
en el pleito se prueba que el acto es lesivo, el juez condenará a la modificación
en la medida que resulte de la prueba rendida.

c) La sentencia de reajuste (remisión)

En lo que se refiere a la apreciación del monto que el juez debe fijar en las
acciones de reajuste, remitimos a lo expuesto en el estudio del artículo 1451.

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