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ACTIVIDAD No 2

Este documento presenta un resumen de 3 oraciones de menos sobre el caso de Lila Mendoza, una trabajadora doméstica de 69 años de edad en Cartagena, Colombia. A lo largo de su vida, Lila sufrió violaciones a sus derechos laborales como no recibir protecciones adecuadas, licencia por maternidad, o afiliación al sistema de seguridad social. Actualmente vive retirada dependiendo de la ayuda de sus hijos debido a no haber podido cotizar a una pensión.
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ACTIVIDAD No 2

Este documento presenta un resumen de 3 oraciones de menos sobre el caso de Lila Mendoza, una trabajadora doméstica de 69 años de edad en Cartagena, Colombia. A lo largo de su vida, Lila sufrió violaciones a sus derechos laborales como no recibir protecciones adecuadas, licencia por maternidad, o afiliación al sistema de seguridad social. Actualmente vive retirada dependiendo de la ayuda de sus hijos debido a no haber podido cotizar a una pensión.
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ACTIVIDAD No 2

MGUEL ANGEL LOPEZ


GIOVANNY SANCHEZ
DAYAN JIMENEZ
EDWIN BUSTAMANTE
APRENDICES

MARLON JIMENEZ ESCUDERO


INSTRUCTOR

SERVICIO NACIONAL DE APRENDIZAJE- SENA


ASESORIA COMERCIAL
2020
¿Cómo definiría el trabajo decente?
El trabajo decente o empleo decente es el que se realiza con respeto a los principios y
derechos laborales fundamentales, permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo
realizado, sin discriminación de cualquier tipo; se lleva a cabo con protección social e incluye
el diálogo social.
¿Cómo definiría trabajo digno?
Un trabajo digno es aquel que origina un salario honesto, protege los derechos, garantiza
igualdad de género o asegura protección laboral, es decir, permite vivir a la persona y a su
familia en condiciones decentes, cubriendo sus necesidades básicas como alimentación o
sanidad.
¿por qué hablar de trabajo digno más allá de la noción de trabajo decente?
La diferencia entre trabajo decente y trabajo digno es un problema eminentemente político,
pero político entendido dialécticamente. Es decir que no es una cuestión económica, del
mercado laboral, sino que involucra la totalidad de las relaciones sociales. Como vimos,
ambas nociones surgen de una misma sociedad, la sociedad que produce valor, pero mientras
el trabajo decente implica la identidad, la universalidad abstracta, el cierre, el trabajo digno
plantea la esperanza, la apertura, la utopía. El trabajo digno hace estallar la búsqueda por
imponer el orden sobre la insubordinación. Mientras que la idea de decencia se mantiene
dentro de la forma-valor, la dignidad expresa la rebeldía, la humanidad. Sin embargo, hay
que aclarar que la noción de trabajo decente expresa también una utopía de reconciliación
social, expresándose a través de nociones como justicia social y equidad.
Con la información de amigos, familiares y otros, describa en un texto algunos casos de
personas que “trabajan” en condiciones inadecuadas porque no corresponden a un
trabajo decente.
Juan, es un vendedor ambulante que vende una variedad de frutas y verduras, lleva más de 3
años en ese "trabajo". el esfuerzo que hace es mucho más de lo que gana; no tiene un ingreso
justo, y con el tema de la pandemia tuvo que optar por otras opciones como vender pescados
y mariscos, no tiene un suelto "asignado" y/o sueldo justo.
María, vende ropa en un pequeño centro donde hay cantidad de trabajadores informales; no
todos los días se obtienen las mismas ganancias, hay días malos y buenos. Vive del día a día
y sin ningún seguro de salud que cubra cualquier accidente.
Andrés, hace carreras en su moto de mañana, tarde y noche; trabaja sin un sueldo fijo,
infortunadamente puede tener un accidente y nadie más que él puede responder por su salud.
¿Cuáles son los elementos que dan origen a un “contrato de trabajo”?
El artículo 23 del código sustantivo del trabajo señala los tres elementos que contiene un
contrato de trabajo, que son: Prestación personal del servicio. Continuada subordinación.
Retribución o remuneración del servicio.
Para que sean reconocidos mis derechos laborales ¿debo tener siempre un contrato de
trabajo por escrito? Explique su respuesta.
Si, porque en un contrato escrito deben aparecer los derechos y deberes, del empleado y del
empleador como lo estipula el código sustantivo del trabajo.
¿Cree usted que es posible pactar con su jefe el pago total de su salario en especie (con
mercancías) y no en dinero? Explique su respuesta.
La estipulación del salario en especie no podrá exceder el 30% del valor total del salario y
cuando el salario exceda el mínimo legal, la remuneración en especia no podrá superar el
50% del valor total del salario. En otras palabras, no se podrá pactar jamás un salario 100%
en especie. En este mismo sentido, la ley prohíbe a empleadores y empleadoras pagar el
salario con mercancías de la empresa (trueque).
¿Su jefe puede cambiar las condiciones de su contrato de trabajo después de firmado?
Explique su respuesta.
Sí, siempre y cuando se den una serie de requisitos económicos, técnicos, organizativos o de
producción y, por supuesto, con tu aprobación previa. Cuando un trabajador firma un contrato
con la empresa, ambas partes acuerdan cumplir con ciertas condiciones laborales. En
ocasiones estas condiciones son necesarias para la conciliación familiar, o simplemente,
garantizan una organización del tiempo más productiva para el trabajador.
¿Cuáles son las presentaciones económicas y sociales a que tiene derecho con un
“contrato de trabajo”? seleccione en el grupo de trabajo, dos casos que conozcan o
hayan escuchado, en los cuales se evidencie violación de los derechos laborales, explique
en detalle que derechos se están violando y por qué.
Auxilio de cesantía, prima legal de servicios, licencia de maternidad, subsidio familiar,
calzado y vestido de labor, intereses a las cesantías, auxilio de transporte, descanso
remunerado o vacaciones, aportes a la seguridad social.
Lila Mendoza, 69 años. Cartagena
Lila Mendoza nació en San Onofre, Sucre, de donde su papá la separó de los brazos de su
mamá para llevarla a vivir al Chocó con su abuela. Cuenta que no estudió porque su padre,
ya casado con otra mujer, nunca la mandó a la escuela del pueblo donde vivían, con la
disculpa de que por ser de origen campesino iba a ser objeto de burlas, y eso él no lo iba a
permitir.
Lila recuerda que, en vez de darle estudio, su papá la llevaba para el campo junto con su
hermano para que le ayudaran en las labores agrícolas y cuidaran los productos recolectados
del asecho de los animales.

Ahora Lila dice que el daño más grande que le causó su padre fue separarla de su madre.
Porque si ésta hubiese estado a su lado, tal vez habría podido estudiar y su vida hubiera
tomado otros rumbos.

Lila se casó en Ungía, Chocó, donde tuvo sus primeros tres hijos. Pero su relación conyugal
fue un infierno, y tuvo un desenlace trágico, pues por poco le cuesta la vida. Ocurrió un día
que una de sus hijas necesitaba un cuaderno para la escuela, entonces la envió donde su padre
para que le pidiera dinero con qué comprarlo. Su hija regresó llorando porque su padre le
respondió que ella misma tenía que rebuscarse el cuaderno. Indignada con esa respuesta, Lila
le reclamó al hombre, pues no era ese el tipo de respuesta para una niña. El reclamo
desencadenó una discusión que terminó con Lila tendida en el piso, medio muerta, a causa
de los golpes que el hombre le propinó con un bate de béisbol.

Luego de la agresión, Lila decidió separarse de ese sujeto e irse con sus hijos para Cartagena,
en parte también desplazada por el acoso de los grupos armados que merodeaban la finca de
su padre.

En Cartagena empezó a trabajar en el servicio doméstico, el único trabajo que ha ejercido, en


casas de familia o en servicios varios de empresas. También tuvo un nuevo compañero
sentimental, con quien concibió dos hijos. Pero el hombre la abandonó y la dejó sola, a cargo
de sus cinco hijos, por lo que tuvo que entrar a trabajar solo dos semanas después de haber
dado a luz el último de sus hijos.

Todos los años que laboró como doméstica, más las condiciones en las que tuvo que hacerlo,
afectaron su salud. Viene padeciendo dolores en sus piernas y brazos, afección aún no
diagnosticada por parte de los médicos.

“Cuando uno lava y plancha, llega el invierno y uno se moja con los aguaceros y eso hace
daño. A demás las calles para llegar a mi casa eran de puro barro”,

Lila Mendoza, trabajadora doméstica


En los lugares donde trabajó le daban su uniforme, pero nunca los elementos de protección
para realizar sus labores. Recuerda que en su último trabajo le pagaban a $25 mil el día
laborado, más el transporte, y su horario era de 6:00 am a 4:00 pm.

Cuenta que ninguna de las familias para las que trabajó se preocupó por afiliarla al sistema
de seguridad social, pese a que desde aquella golpiza que le dio su exmarido ha debido tomar
medicamentos. Siempre ha estado afiliada al régimen subsidiado. Como tampoco tuvo las
mínimas garantías en sus periodos de embarazo: no le daban los permisos para las consultas
y controles médicos previos y posteriores al parto, ni tuvo licencia de maternidad
remunerada.

Lila afirma que su no asistencia a las consultas médicas, para no arriesgarse a perder su
empleo, le trajo complicaciones en su último embarazo:

“Yo estaba trabajando y de pronto se me vino una hemorragia. Me fui corriendo donde el
médico, que me hizo el reconocimiento y me sacó unos coágulos de sangre. Me preguntó qué
me había hecho, y yo le contesté que nada, que lo único era que trabajaba mucho. Él me dijo
que en mi estado tenía que dejar el trabajo, o trabajar apenas dos días a la semana, máximo
tres, porque si no el bebé, una niña, se me iba a morir. Me dijo que mi hija estaba desnutrida
en mi vientre debido el ritmo de trabajo. Al nacer solo pesó medio kilo”.

De haber podido educarse, cree Lila, le hubiera gustado emplearse en otros oficios, como
modistería o enfermería, aunque dice, a modo de chiste, que le tiene pánico a la sangre. Y de
haber podido cotizar a un sistema de pensiones para tener una vejez digna, no estaría en las
que está. A sus 69 años, ya retirada como empleada doméstica, vive de lo que le dan sus
hijos.

“No es mucho, pero es lo único que tengo para sobrevivir”.

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