ECOTURISMO
Ecoturismo comunitario en la Ecorregión Valdiviana
MITZI ACEVEDO
INTRODUCCIÓN: LA ESENCIA DEL ECOTURISMO
En el comienzo, el hombre primitivo se relacionaba con su hábitat en un vivir armó-
nico e integrado con todos los que lo conformaban. Aun cuando, al igual que las otras
especies biológicas, las poblaciones humanas prehistóricas modificaban su entorno,
en general tales modificaciones no ponían en peligro su sobrevivencia ni la de sus
descendientes (Primack et al., 2001). En esencia se desarrollaba una convivencia
donde los usos de su entorno para vivir, podrían calificarse hoy como sustentables.
Perturbaciones masivas al ambiente, asociadas a la actividad humana moder-
na, han generado en un tiempo relativamente corto una grave crisis ambiental
(Primack et al., 2001), que hace valorar esta ancestral forma de cohabitar. En
donde vivir y pertenecer a la comunidad, otorga un privilegio a la común uni-
dad: la vida; y con ello, al cuidado y protección de lo que acompaña en el vivir
(plantas, animales, microorganismos, agua, suelos, aire).
En algunas localidades remotas de Chile y de otros países del mundo aún
se mantiene el atributo de convivencia y armonía entre el hombre y su entorno,
permitiendo conservar dichos ambientes. En otras se intenta su conservación
mediante la exclusión del hombre y la generación de una serie de medidas
protectivas (Brechin et al., 2002). Lo cierto es que todavía existen espacios del
planeta donde es posible experimentar esta vivencia de vinculación con lo más
primitivo del ser humano.
En ellos, los sentidos se agudizan para incorporar las múltiples dimensiones de
los ecosistemas y sus comunidades, dimensiones que permiten ver a sus compo-
nentes no como recursos sino como seres vivos con toda su belleza y trascendencia
para la vida del cohabitante. Sentirse parte, pertenecer por unos instantes a esta
armonía y habitar en todas las escalas y expresiones que modelan paisajes de gran
belleza escénica, generan placer, entendimiento y felicidad a quienes lo experi-
mentan desde dentro. Esta práctica constituye la esencia del ecoturismo.
Vivir esta experiencia, percibir este estilo de convivencia e interrelación na-
tural, es hoy para muchos una motivación de viaje, un atractivo que da cuenta de
la más genuina expresión de conservación biocultural, que gusta, convoca, y por
ende, motiva el desarrollo de una oferta turística especial. Es una oportunidad
para los habitantes locales, de ofrecer a los visitantes lecciones de valoración de la
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biodiversidad y cuidado del paisaje, modelado por este cohabitar sencillo, racional y
amable. Es esta experiencia, motivación de un flujo creciente de personas, la que ha
dado vida a la actividad o rubro productivo que hoy se denomina Ecoturismo.
MARCO CONCEPTUAL DEL ECOTURISMO
La actividad turística es una de las actividades productivas que ha tenido un
notable desarrollo en los últimos años y una alta participación dentro de la
economía mundial (Brandon, 1996; Ceballos-Lascouráin, 1996). Su tasa de
crecimiento bordea el 7% anual a escala mundial, genera sobre cien millones
de empleos y demanda una significativa cantidad de insumos para satisfacer
adecuadamente los servicios que ofrece (OMT, 2003a). Aun cuando se registra
en las cuentas nacionales de un país, como un servicio que pertenece al sector
terciario de la economía, puede ser considerado como un producto, por cuanto
es tratado como un conjunto de bienes y servicios que se ofrecen en el mercado
y cuya “exportación” opera a través de la importación de consumidores cuya
motivación es el país destino y sus atractivos.
Una especialización sin precedentes de la actividad ha llevado a la marcada
segmentación que hoy caracteriza a los mercados turísticos nacionales e interna-
cionales. Al respecto, es el segmento o modalidad Turismo de Naturaleza el que en
las últimas décadas ha alcanzado la mayor tasa de crecimiento dentro del rubro,
oscilando entre 20 a 30 % anual y con un impacto económico que lo sitúa entre
las actividades de mayor movimiento de divisas (Whelam, 1991; OMT, 2003a).
El interés que hoy existe por el ecoturismo y turismo de naturaleza es signifi-
cativamente mayor que el del turismo convencional, su tasa de crecimiento se ha
duplicado y hasta triplicado1 en los últimos años (OMT, 2003a). Por lo tanto, el riesgo
de que se generen impactos no deseados en estos territorios bioculturales es alto.
Producto de lo anterior, se ha puesto sobre la mesa de discusión un concepto
relevante: siendo la naturaleza la principal motivación del viaje (recurso capital), es
necesario conservarla, y de ello se desprenden los términos Ecoturismo y Turismo
Sustentable, para aportar a través de un equilibrio entre las aristas medioambien-
tal, sociocultural y económica, una nueva forma de pensar y planificar el turismo,
convirtiéndose hoy en un desafío de importancia mundial.
En virtud de lo anterior, el concepto de Ecoturismo surge como una respuesta
o reacción ante el inminente crecimiento del rubro, que implica un desplaza-
miento masivo de visitantes (y de todos los servicios y actividades que éstos
demandan) hacia los ambientes naturales, un medio frágil, vulnerable, para el
cual no es clara la consecuencia de su impacto.
El ecoturismo ha tenido diferentes definiciones en el transcurso del breve
período en el que se le conoce como tal (1983 a la fecha), esto ha provocado
confusión y por ello el término es usado ampliamente y en muchos casos a
1
La tasa de crecimiento del turismo convencional bordea el 7%, la del turismo rural en sus diferentes
tipos supera el 20% (OMT, 2003)
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conveniencia de los usuarios. Sólo un factor es común en todas las acepciones:
el uso de los recursos naturales como el atractivo turístico central.
Luego de la incorporación, en la convención sobre la biodiversidad (CBD), en
1999, se reconoce la posibilidad de fomentar la conservación de la naturaleza a
través de proyectos ecoturísticos, la Organización Mundial de Turismo (OMT) en su
asamblea general de 1999 adoptó un código mundial de turismo y ya en ese enton-
ces la Organización de Naciones Unidas declaró el año 2002 como el Año Interna-
cional del Ecoturismo, donde se logra una definición consensuada (ver Recuadro 1).
La OMT y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)
establecen la distinción entre turismo sustentable y ecoturismo, identificando a
este último como un tipo de turismo cuya particularidad es la de estar asociado
a ambientes frágiles y/o vulnerables, por sus atractivos naturales y culturales.
Aun cuando la tendencia es hacia que todos los tipos de turismo operen bajo
un esquema de sustentabilidad, existen elementos que caracterizan a un destino
ecoturístico y exigen que su operación funcione bajo lineamientos filosóficos
especiales, los que en definitiva lo diferencian.
La convocatoria del ecoturismo (sensu stricto), contribuye a experimentar cam-
bios en los visitantes y en los visitados. Los primeros, al entrar en contacto con un
entorno relicto que amerita ser conservado, estimulan sus sentidos y sus acciones,
RECUADRO 1: DEFINICIÓN DE ECOTURISMO
La definición de base para la discusión del actual concepto es la propuesta por UICN: “Un viaje ambientalmente responsable
y la visitación hacia áreas relativamente poco alteradas con el fin de disfrutar y apreciar la naturaleza para promover
sus recursos, teniendo visitas de bajo impacto y promoviendo beneficios socioeconómicos que involucren a las poblaciones
locales“ (Ceballos-Lascuráin, 1996). La Organización Mundial de Turismo (OMT), acoge la definición y consensuadamente
en la cumbre de Ecoturismo (Québec 2002) se adhiere a los principios específicos siguientes, que lo diferencian del más
amplio concepto de Turismo Sostenible:
1. Contribuye activamente a la conservación del patrimonio natural y cultural,
2. Incluye a las comunidades locales e indígenas en su planificación y desarrollo y contribuye a su bienestar,
3. Interpreta el patrimonio natural y cultural del destino para los visitantes,
4. Se presta mejor a los viajeros independientes, así como a los circuitos organizados para grupos de tamaño reducido.
Harris (2004) presenta una lista de las características básicas que deberían estar presentes en proyectos de Ecoturismo
Comunitario (adaptada de UNEP 2001, Epler Wood 2002, y WWF 2001):
1. El Ecoturismo Comunitario tiene lugar en áreas naturales relativamente imperturbadas
2. Contribuye a la conservación de la biodiversidad por
a. Reducir o reemplazar actividades que amenazan la biodiversidad
b. Desarrollar tanto en las personas locales como en los visitantes, una conciencia de conservación y de la importancia
de la biodiversidad
3. Sustenta el bienestar de las personas que viven en la localidad
4. Incluye una experiencia de aprendizaje o interpretación ambiental
5. Es ofrecida, principalmente, a pequeños grupos a través de microempresas
6. Pone énfasis en la participación local, el sentido de pertenencia, y las oportunidades comerciales.
7. Pone énfasis en el consumo, lo más bajo posible, de los recursos no renovables
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pudiendo, incluso, transformarse en aliados de estos procesos de conservación.
Los segundos, ponen en valor su espacio territorial postergado y amenazado a
través de la felicidad, gratitud y formas de retribución que genera la experiencia
en los visitantes. Además, los visitados fortalecen su autoestima, lo que contribuye
genuinamente al rescate de su identidad y a la conservación de su cultura2.
En resumen, el ecoturismo y el ecoturismo comunitario, como derivación del
ecoturismo (Recuadro 2), es mucho más que una “oferta turística convencional
con fondo verde”. No se puede olvidar que su definición, comprensión y operación
surgen como derivación de un proceso natural del hombre en su esencia, mediante
la protección de su entorno para su propia subsistencia. Un proceso que actual-
mente es buscado por miles de personas para ser visto, sentido y aprendido. Esta
RECUADRO 2: DEFINICIÓN DEL ECOTURISMO COMUNITARIO
El Ecoturismo Comunitario es una propuesta de apropiación social de los recursos naturales para que, a partir del ma-
nejo soberano de los mismos, las comunidades campesinas –pescadoras– indígenas puedan dar pasos en su lucha por la
superación de la pobreza y la tenencia de la tierra (PROBIOMA, 2004).
Es una propuesta empresarial que va más allá de la sociedad limitada o sociedad anónima y que rescatando la
organización y las características culturales de la comunidad, pretende convertirse antes que en una empresa con fines
de lucro en una iniciativa que quiere fortalecer el desarrollo comunitario sin descuidar la conservación y preservación de
los recursos naturales.
WWF publicó el año 2001 un conjunto de pautas para la evaluación y puesta en marcha de iniciativas de ecoturismo
comunitario, contenidas en “Guidelines for Community-based Ecotourism Development”. Los principios que se plantearon
en dicho documento, constituyen un excelente recurso para toda organización o comunidad que considere el ecoturismo
comunitario como una estrategia de conservación y desarrollo local.
• Evaluar si el ecoturismo es una opción apropiada.
1. Considerar el potencial beneficio para la conservación.
2. Evaluar las condiciones preexistentes para el desarrollo de ecoturismo.
3. Adoptar una estrategia integral.
• Planear ecoturismo con las comunidades y otros participantes beneficiarios.
4. Encontrar la mejor manera de involucrar a la comunidad.
5. Trabajando juntos para crear una estrategia común.
6. Garantizar la integridad ambiental y cultural.
• Desarrollar proyectos viables de ecoturismo comunitario.
7. Asegurar un mercado realista y una efectiva promoción.
8. Ofrecer un producto de calidad.
• Fortalecer los beneficios para la comunidad y el medio ambiente.
9. Manejar el impacto.
10. Suministrar un apoyo técnico.
11. Obtener el apoyo de visitantes y operadores de turismo.
12. Monitorear el funcionamiento y asegurar la continuidad.
2
Sea ésta la de pueblos originarios (etnias), campesinos o pescadores, cuyo acervo cultural también corre
el riesgo de desaparecer.
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expresión de conservación comunitaria de la biodiversidad genera una alternativa
a otros usos consuntivos de la naturaleza, que otorga beneficios económicos y so-
cioculturales a las comunidades locales y al país en el resguardo de su identidad.
Situación del ecoturismo en la Ecorregión
La Ecorregión Valdiviana, distribuida entre las regiones VII y XI de Chile,
alberga bosques endémicos donde conviven comunidades locales de indígenas
y colonos, todo lo cual otorga grandes oportunidades para el desarrollo del
ecoturismo. Así lo demuestra un flujo creciente de visitantes en búsqueda de
naturaleza prístina y comunidades locales, principalmente en las regiones IX
de la Araucanía y X de los Lagos.
Ambas regiones se caracterizan por poseer una biodiversidad singular y
extraordinaria belleza escénica. Entre sus habitantes vinculados al bosque nativo
predominan las etnias mapuches pewenche y huilliche, quienes mantienen aún
una estrecha relación con la tierra y sus componentes.
El estudio Comportamiento del Turismo Receptivo en Chile, año 2002,
establece que aproximadamente 1.500.000 extranjeros visitaron el país, de-
jando alrededor de 850 millones de dólares/año. Estos visitantes se distribuyen
en el país de acuerdo a sus motivaciones en diferentes destinos. De los quince
destinos principales identificados como los preferidos por estos mercados, tres
se ubican en las regiones IX y X citadas (SERNATUR, 2003). Cabe destacar que
entre dichos mercados se encuentran los de “larga distancia” más interesados en
el ecoturismo (OMT, 2003b), lo que es coherente con el tipo de oferta principal
que ambas regiones ofrecen.
En la IX Región la actividad turística se desarrolla alrededor de ambientes
naturales de gran belleza escénica donde volcanes, termas, lagos, ríos, bosque
nativo y extraordinarios paisajes cordilleranos, dan cabida a diversas modalida-
des turísticas que favorecen el aprendizaje unido a la recreación y el descanso.
Las áreas de importancia turística (AT) definidas por el Servicio Nacional de
Turismo, SERNATUR son cinco (Figura Nº 1), y constituyen los principales des-
tinos turísticos de la Región.
AT 1: Lonquimay y Parque Nacional Conguillío
AT 2: Lago Budi
AT 3: Villarica
AT 4: Nahuelbuta
AT 5: Temuco y alrededores
Es muy importante observar que los destinos más destacados de la región están
en su mayoría asociados a las Áreas Protegidas por CONAF3, que conservan este
extraordinario patrimonio natural y/o localidades con presencia de pueblos
3
5 Parques Nacionales, 5 Reservas Nacionales y 2 Monumentos Nacionales.
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originarios. No obstante la destacada importancia que para este rubro tiene
la conservación del capital natural de la Región, la actividad forestal avasalla-
dora, favorecida por el plan de forestación de pino insigne y eucaliptos ha ido
sustituyendo a las especies nativas y sus ecosistemas asociados.
En esta región son importantes las expresiones del pueblo mapuche que
marcan el espíritu regional, aspecto que junto a la visita a paisajes cordilleranos
prístinos con su biota singular constituyen las principales motivaciones de los
viajeros ecoturistas del mundo hacia la región (Citarella et al., 2003; Harris,
2004).
La región de Los Lagos constituye una pieza clave dentro de la oferta de
Chile como destino turístico, lo que se evidencia en términos relativos tanto por
su oferta de establecimientos turísticos (la mayor del país) como por sus altas
estadísticas de visitación a Áreas Silvestres Protegidas (también la mayor del
país) (SERNATUR, CONAF e INE 2003). Esta región correspondería a “la de mayores
fortalezas para los segmentos de ecoturismo, aventura, deportes y cultural, los
de mayor crecimiento a nivel internacional” (SERNATUR X Región, 2003).
Las áreas de importancia turística (AT) definidas por el SERNATUR (Figura Nº
1) son 12, en ellas se ubican los 7 destinos turísticos principales de la Región:
La región de los Lagos cuenta con un valioso capital natural y paisajístico,
lo que se evidencia por su importante superficie protegida por SNASPE, sitios de
importancia para la biodiversidad y Áreas de Importancia Turística relacionadas
con naturaleza (Figura Nº 1).
Los atractivos turísticos naturales de ambas regiones las posicionan como
destinos relevantes a nivel nacional, cuyos atractivos turísticos se centran en la
singularidad del paisaje y la combinación de dos elementos clave: naturaleza
(biota y paisajes prístinos) y expresiones culturales (pueblos originarios-etnias
y estilos de vida rural).
Estos aspectos le otorgan altos atributos para consolidarse como un produc-
to-destino temático (selva fría o bosque lluvioso) de creciente convocatoria. Sin
embargo, la forma de manejo actual de la oferta pone en riesgo las fortalezas
del destino, lo que hace pertinente y oportuno desarrollar una estrategia de
acción que aborde la oferta integral y sustentable del destino.
La oferta de ecoturismo comunitario asociada a esta zona es escasa, y la
existente no responde en términos de calidad y sustentabilidad a las expectativas
del visitante, ni a la conservación en el largo plazo. Elementos como alojamien-
tos confortables, gastronomía local y prácticas sustentables en el manejo de los
desechos son muy escasos, incipientes o inadecuadamente tratados.
La locación de esta oferta comunitaria, en su mayoría inserta en las AT de
ambas regiones y cercanas a destinos posicionados, permitiría una articulación
fluida de la oferta con los destinos turísticos existentes en la Ecorregión. Sin
embargo, actualmente esta articulación es escasa debido al bajo desarrollo y
consolidación de los productos turísticos asociados a la oferta comunitaria.
Operativamente, la generación de una oferta seria, sustentable y permanen-
te, que contemple todos los elementos requeridos por un visitante u operador
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AT 1: Archipiélago de Chiloé
AT 2: Bahía Mansa Maicolpue
AT 3: Estero de Reloncaví - Cuenca el Río Puelo
AT 4: Lago Ranco
AT 5: Lagos Llanquihue y Todos los Santos
AT 6: Lagos Puyehe y Rupanco
AT 7: Maullín - Carelmapu
AT 8: Osorno
AT 9: Palena - Chaitén - Futaleufú
AT 10: Puerto Montt
AT 11: Siete Lagos
AT 12: Valdivia - Corral
Figura Nº 1: Áreas de importancia turística en las regiones de la Araucanía y norte de Los Lagos.
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Paisajes de gran belleza escénica generan placer, entendimiento y felicidad a quienes lo experimentan desde
dentro. Esta práctica constituye la esencia del ecoturismo. En la foto uno de los primeros visitantes a caleta
Cóndor contempla su playa e isla (Foto: Darren Guyaz).
(atractivos, planta e infraestructura turística, actividades programadas, adecuada
relación precio/calidad y una orgánica de gestión eficiente con contactos y
vínculos activos), es el paso clave para que ésta sea considerada y promocio-
nada en los destinos turísticos posicionados y/o nodos de distribución del área,
complementando y diversificando la oferta global del destino, elemento muy
preciado por los mercados de larga distancia.
Desde el punto de vista de la gestión y planificación del ecoturismo comuni-
tario en el territorio, algunas ONG’S han trabajado en el fomento y la promoción
de la actividad (Recuadro 3). Sin embargo, no se observan actualmente agentes
públicos actuando en favor del fomento de un turismo responsable, centrado en
criterios de conservación de la biodiversidad y el paisaje. Más allá de ello, es un
buen momento para incitarlos a discutir propuestas de trabajo concretas, que
apuntan a favorecer y fomentar actividades que contribuyen a la conservación
y el resguardo del patrimonio natural y cultural del país.
En conclusión, el identificar otros usos del bosque, que de manera efectiva
redunden en beneficios económicos sin poner en riesgo el ecosistema y su biota
implícita, podría internalizar en la población la importancia de conservarlos. La
tarea es lograr que esta actividad no consuntiva del bosque sea eficiente tanto en
su rentabilidad monetaria como en el lograr un vuelco de valoración hacia otras
rentabilidades no puestas en valor, como la rentabilidad ambiental y sociocultural
necesarias para avanzar en el desarrollo del país.
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RECUADRO 3: EL TRABAJO DEL WWF EN ECOTURISMO EN LA ECORREGIÓN
Durante el 2004 WWF desarrolló una consultoría tendiente a definir un plan de trabajo para su intervención
futura en ecoturismo en la Ecorregión. De esta consultoría, se desprenden un conjunto de estrategias que se
enuncian a continuación
1. FOCO DE ACCIÓN Y PERTINENCIA TERRITORIAL: Se concentrarán los esfuerzos de respaldo financiero y
técnico al desarrollo del ecoturismo comunitario en zonas piloto identificadas, en miras a consolidar destinos
turísticos de gran potencialidad.
2. TRANSFERENCIA DE INFORMACIÓN RELEVANTE. Generación y transferencia de información bioecológica,
científica y técnica, a los anfitriones y proveedores de la oferta ecoturística del destino y a las autoridades locales
y regionales, actores clave para alcanzar resultados globales en torno a la conservación de la biodiversidad de
la Ecorregión y a la preservación de las culturas asociadas, así como para el éxito de las propuestas.
3. FORTALECIMIENTO ORGANIZACIONAL DE LAS COMUNIDADES ANFITRIONAS DE LOS DESTINOS ECOTURÍSTICOS
4. FORTALECIMIENTO DE LA SUSTENTABILIDAD DE LAS OFERTAS DE ECOTURISMO COMUNITARIO. Centrando el
trabajo en torno al resguardo ambiental, la conservación de la biodiversidad, la prevención de los impactos
socioculturales y la operación sustentable de la oferta ecoturística.
5. FORTALECIMIENTO A LOS MICROEMPRENDIMIENTOS COMPLEMENTARIOS, que conforman el “cluster” de los
destinos de ecoturismo comunitario.
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Ecoturismo para la protección de la araucaria: un desafío para la
asociación pehuenche Quimque Wentru de Lonquimay
CARMEN GLORIA REYES
INTRODUCCIÓN
En la provincia de Malleco de la región de la Araucanía, específicamente en el
sector de Galletué–Icalma, en la comuna de Lonquimay, se localiza la Asociación
Indígena “Quimque Wentru”. La organización está compuesta por miembros de
las comunidades pehuenche de Quinquén, Pedro Calfuqueo, Huenu Cal Ivante,
Marimenuco y Pedregoso. Las familias viven básicamente de la pequeña crianza
y de la recolección de la semilla de la araucaria (Araucaria araucana), conocida
como piñón. Mantienen, en la actualidad, la práctica de la trashumancia asociada
a las estaciones del año que ha caracterizado históricamente a este pueblo. Es así
como durante el invierno viven en las llamadas “invernadas”1, que corresponden
a los terrenos bajos del valle, donde el ganado puede encontrar lugares sin nieve
para pastar. Cuando comienza el derretimiento de las nieves, se inicia el ascenso
a las veranadas hasta la nueva caída de los piñones en otoño.
La Araucaria araucana o pehuén es para los pehuenches un árbol sagrado
y su fuente de sustento. De allí proviene la denominación de pehuenche, que
en mapudungún significa hombres del pehuén. Con ocasión de las ceremonias
sagradas o rogativas, también llamadas Nguillatún, el rehue (o tótem sagrado)
es levantado en torno a la araucaria y los pehuenche permanecen durante tres
días en “ramadas”, para dar gracias a su dios Chao Nguenechén por el año pasado
y para pedir por el que viene. En la oportunidad se reúne toda la comunidad,
haciendo rogativas, bailando y cantando, y manteniendo fogatas encendidas con
asados, como señal de abundancia para el resto del año.
El nacimiento de la Asociación Indígena Quimque Wentru
Para los pehuenche, ancestrales habitantes de los bosques del sur de los An-
des, la araucaria tiene una importancia vital; por ello han cuidado sus bosques
desde tiempos ancestrales, protegiendo los recursos que de él se obtienen. En
1
N. de los E.: las invernadas son los espacios económicos y el hábitat donde se encuentra la casa, los
corrales, las praderas y parte del bosque nativo. En: Molina, R. & Correa M. 1998. Territorio y comunidades
pehuenches del Alto Biobío. CONADI, Santiago de Chile. pp. 257.
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En las ceremonias sagradas, llamadas Nguillatún, se reúne toda la comunidad (Foto: Nadja Prange).
1988, en respuesta a las amenazantes talas indiscriminadas que realizaba en la
zona la empresa maderera Sociedad Galletué, las comunidades de Quinquén,
Pedro Calfuqueo, Huenu Cal Ivante y Huallem Mapu se unieron para luchar
por la protección de su árbol sagrado. Iniciaron entonces una campaña a escala
nacional e internacional, con el objeto de sensibilizar a la opinión pública y a
las autoridades. Varias organizaciones mapuche y ambientalistas apoyaron a las
comunidades pehuenche, destacando entre ellas el Comité Nacional Pro Defensa
de la Fauna y Flora (CODEFF).
Producto de esta campaña y de una anterior promesa electoral, en el año 1990
el entonces Presidente de la República, Patricio Aylwin, declaró a la araucaria
Monumento Natural2. La medida impide su tala, aplicando fuertes sanciones a
quienes la quebranten.
Tras estos sucesos comenzó una campaña de hostigamiento hacia los pe-
huenche por parte de la Sociedad Galletué, reclamando la propiedad sobre las
tierras habitadas por las comunidades. La presión culminó con la interposición de
una orden de desalojo, frente a lo cual, las comunidades indígenas respondieron
2
N. de los E.: el Decreto Supremo N° 43 de 1990, declara Monumento Natural a la especie Araucaria
araucana, terminando de esta manera con un período intenso de explotación ocurrido luego que, en 1987,
se dictara el Decreto Supremo N° 141, que sólo consideraba la calidad de Monumento Natural para los
ejemplares ubicados en parques nacionales. En este período recrudeció el conflicto entre las comunidades
pehuenche y las empresas madereras.
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uniéndose y emprendieron una nueva campaña en defensa de la propiedad tradi-
cional sobre las tierras. En esa ocasión, y en virtud de un cierto posicionamiento
del tema pehuenche y sus actores en los medios y la opinión pública chilena, los
indígenas contaron con la solidaridad de numerosas organizaciones mapuche,
ambientalistas y políticos, y con el apoyo de la sociedad chilena sensibilizada por
la prensa de la época3. En este contexto y en una ceremonia sagrada en torno al
rehue de la comunidad de Huallem Mapu, las comunidades Pedro Calfuqueo,
Huallem Mapu y Huenu Cal Ivante de Quinquén se constituyeron oficialmente
como Consejo Quimque Wentru o Consejo de Hombres Buenos.
Uno de los logros más importantes de la campaña por la defensa de las
tierras y del trabajo organizado de las comunidades fue la compra en 1992, por
parte del Gobierno, de las tierras en disputa4. Esta medida puso fin a la orden
de desalojo que pesaba sobre los pehuenche. Las tierras fueron traspasadas al
Ministerio de Bienes Nacionales y luego a la Corporación Nacional de Desarrollo
Indígena (CONADI).
Los primeros proyectos comunitarios
Tras la adquisición de las tierras por parte del Gobierno se inició una importante
etapa de desarrollo, sobre todo en la comunidad de Quinquén. Se construyó en
ella una escuela bilingüe, una estación médica rural y una bodega de acopio de
piñones, con el apoyo de asesores y el financiamiento de agencias de cooperación.
En el año 1996, y con el fin de trabajar de forma aunada y más efectiva en
la lucha por las reivindicaciones territoriales pendientes, así como para postular
a proyectos de desarrollo comunes, el Consejo Quimque Wentru se constituyó
en Asociación Indígena, según la Ley Nº 19.253; sumándose a ésta miembros
de las comunidades pehuenches de Pedregoso y Marimenuco, alcanzando un
total de 51 socios.
Uno de los sueños de los pehuenche, era contar con una casa que los al-
bergara en el pueblo de Lonquimay, hasta el cual debían viajar para realizar
trámites en la municipalidad, ante los organismos del Estado, en el hospital,
visitar a los hijos que continúan estudios en el pueblo y aprovisionarse de víve-
res. La necesidad era manifiesta, ya que, la mayoría de las veces, el tiempo y la
naturaleza de estas actividades no permitía realizarlas en un solo día, además,
se debe tener en cuenta que, sobre todo en el invierno, las adversas condiciones
climáticas impiden el regreso a los hogares producto de los cierres de caminos
tras las intensas nevazones que se suelen registrar. A lo anterior debe agregarse
la distancia: las comunidades se encuentran localizadas en una zona cordillerana,
3
N. de los E.: el caso fue difundido por la prensa nacional en medios tales como el diario El Mercurio
de Santiago.
4
N. de los E.: Esta compra de tierras, cuyo monto superó los 6 millones de dólares, fue la primera realizada
por el Estado de Chile a comunidades mapuche, sentando un precedente importante para el posterior Fondo
de Tierras y Aguas incluido en la Ley Indígena Nº 19.253, de 1993.
302
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a más de 50 km del pueblo, y muchas veces las familias indígenas no contaban
con los medios para pagar un lugar donde pernoctar.
El ecoturismo como alternativa
Con el objetivo de gestionar una casa o albergue para los pehuenche, la Asociación
Quimque Wentru elaboró un proyecto que fue aprobado y financiado por un
grupo de agencias nacionales e internacionales5. En el marco de esta iniciativa se
adquirió una casa que fue ampliada y remodelada, habilitándola como hostería y
restaurante. La hostería Follil Pewenche posee un comedor con capacidad para 40
personas, piezas para el alojamiento de 11 turistas y albergue para 18 personas de
las comunidades, siendo atendida y administrada por los propios pehuenche. La
hostería cumple dos funciones: una social, dando albergue y espacio de reunión
de los socios; y otra productiva, al constituirse en un servicio de restaurante y
alojamiento para turistas, donde además funciona un local de ventas de artesanía
pehuenche. El lugar aspira también a convertirse en un espacio para la muestra
de la cultura e identidad del pueblo pehuenche.
Posteriormente, se implementó el proyecto denominado “Ecoturismo para
la protección de la Araucaria: un desafío para la Asociación Quimque Wentru
de Lonquimay”, que tuvo dos etapas en tres años (ver objetivos en Recuadro
N°1). La iniciativa nació de la necesidad de proteger los bosques y la ribera
norte del lago Galletué; único acceso de la comunidad de Quinquén al lago.
El lugar es visitado por turistas desde hace varios años, los que en su mayoría
practican la pesca deportiva y acampan en la zona, sin el más mínimo cuidado
por el entorno. Su visita queda testimoniada por la basura desparramada en sus
orillas, la caza y pesca de especies del lugar, la corta de árboles para hacer fuego,
todo sin control ni autorización de la comunidad. Por esta razón, con los fondos
RECUADRO N°1: OBJETIVOS DEL PROYECTO
Objetivos generales del proyecto
1. Promover la conservación de los bosques de araucaria del área.
2. Difundir el conocimiento de la cultura indígena pehuenche.
Objetivos específicos
1. Mejorar los servicios de ecoturismo, el cual debe estar basado en los bosques de araucaria y otros ecosistemas
presentes en las comunidades de Quinquén y Pedro Calfuqueo.
2. Fortalecer la organización y las capacidades de gestión de la Asociación, para lograr la consolidación de los
servicios turísticos Follil Pewenche.
3. Identificación, promoción y difusión de la biodiversidad, a través de metodologías de educación ambiental
en la comunidad de Quinquén.
4. Zonificar participativamente áreas de protección y zonas de manejo sustentable en el área del proyecto.
5. Difundir y promover los servicios turísticos Follil Pewenche.
5
Las agencias donantes fueron: Fundación Andes, Embajada Británica, WWF, Terres des Hommes, Fun-
dación Víctor Jara y la I. Municipalidad de Lonquimay.
303
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del proyecto, y con el fin de regular el ingreso de turistas y proteger la ribera del
lago, se construyó una zona de camping con todos los requerimientos legales y se
habilitó una estación de partida para las excursiones, que cuenta con una oficina
de informaciones, radio de comunicaciones y un baño con ducha.
Para realizar las excursiones se construyeron cuatro senderos con miradores,
y con el apoyo del Servicio Nacional de Turismo (SERNATUR) se capacitó a 16
jóvenes pehuenche como guías de ecoturismo. Adicionalmente, se elaboraron
trípticos, dípticos y un afiche, para promocionar el trabajo de la Asociación y dar
a conocer la actividad turística de las colectividades.
La gente de la Asociación Quimque Wentru se ha visto beneficiada capacitán-
dose como guías, ampliando los servicios y ofreciendo nuevas y más alternativas a
los turistas que visitan la hostería. Es así como venden productos locales (queso,
leche, huevos, tortillas, verduras, chivos), incrementando sus ingresos durante la
temporada turística.
La primera etapa del proyecto (2001- 2002) tuvo como objetivo, en cada
una de sus actividades, proteger el lago y los bosques nativos; y a través de las
excursiones, mostrar la belleza del lugar y de su gente, para así sensibilizar a los
turistas respecto del cuidado del medio ambiente y de los últimos bosques de
araucaria de Chile y el mundo.
La segunda etapa fue iniciada en noviembre del año 2002, como continua-
ción de la primera y terminada en enero de 2004. Se originó de una evaluación
realizada en conjunto entre la Asociación y el equipo del Fondo Bosque Tem-
plado (FBT), en la cual se discutieron los próximos desafíos. Uno de ellos fue la
necesidad de proteger los bosques de araucaria en forma más directa; ya que, si
bien los pehuenche los han cuidado históricamente, se evidenció la necesidad
de realizar un ordenamiento de los recursos naturales, conociendo su ubicación,
características y usos que se les puede dar.
En términos generales, la segunda etapa del proyecto tuvo por objetivo me-
jorar la infraestructura existente, difundir los servicios turísticos y, por último,
identificar y delimitar una zona de protección en la comunidad de Quinquén
orientada al ecoturismo. Entre las actividades realizadas se incluyó la construcción
de un muelle en la playa del lago Galletué donde se encuentra el camping, una
caseta de entrada y cerco de madera; además, los senderos fueron habilitados con
escalinatas, miradores, señalética y pasamanos. En el tema comercial se desarrolló
una imagen corporativa que incluyó un logotipo, un sitio web y se realizaron
gestiones con agentes privados relacionados al turismo. Posteriormente, se realizó
un apoyo y capacitación para la administración de la hostería y se desarrolló un
plan de negocios para la empresa de servicios turísticos Follil Pewenche, inte-
grando a la hostería con el camping y los senderos.
En el transcurso del proyecto, se establecieron relaciones de cooperación
con instituciones como la Ilustre Municipalidad de Lonquimay, SERNATUR, CO-
NAF, Bosque Modelo, CODEFF y la Dirección Provincial de Vialidad. Esta última
realizó una importante inversión en un puente y mejoramiento de caminos que
benefició directamente a la comunidad y a la actividad turística.
304
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Metodología o estrategia de acción
El trabajo participativo ha sido política de la Asociación desde sus inicios, así
como también la transparencia, tanto a la hora de tomar decisiones en la etapa de
postulación a los proyectos, como en la realización de los mismos. Los informes
financieros y técnicos de medio término o finales, cuentan con una copia anillada
de uso público; cualquier socio tiene acceso a ellos y, por lo tanto, para ver cómo
se han gastado los fondos y cómo se ha ejecutado el proyecto en todas sus etapas.
Cabe destacar que ésta ha sido la tónica de trabajo del grupo desde sus inicios,
según pueden dar cuenta los socios y los asesores tras más de 15 años de trabajo
como Consejo Quimque Wentru, primero, y luego como Asociación Indígena.
La metodología empleada durante el desarrollo del proyecto ha buscado perma-
nentemente ser participativa, en todos los ámbitos y en cada una de las etapas. Esto
quiere decir que los lineamientos y las actividades fueron estudiados y planificados
en conjunto entre el equipo ejecutor y la asesora técnica. Además, se realizaron
reuniones mensuales de socios, en las cuales se informó y discutió lo realizado, se
evaluaron los avances y se mejoraron en conjunto los puntos débiles o negativos.
La asignación de roles y labores en la realización de los proyectos ha sido
también una decisión participativa, conjunta y equitativa. No obstante, la par-
ticipación de las mujeres es una debilidad que ha sido identificada por la orga-
nización y se pretende revertir en el futuro.
En la ejecución de ambos proyectos, la Asociación ha intentado involucrar al
mayor número posible de actores del sector público, ello en el afán de crear mecanis-
mos eficientes de comunicación y participación entre dichos actores y la Asociación.
CONCLUSIONES Y LECCIONES APRENDIDAS
El turismo ha sido una actividad más difícil de enfrentar con relación a otros pro-
yectos realizados anteriormente. Probablemente la razón radique en que es algo
nuevo y nunca antes enfrentado por la comunidad. Durante los primeros años, se
había evitado sistemáticamente considerar el turismo como una alternativa, ya que
existían importantes preocupaciones relacionadas con los impactos negativos que
se conocen de él en otras zonas de la región. Uno de los temores principales estaba
relacionado con los efectos negativos en la cultura pehuenche. Sin embargo, luego
de la experiencia, se ha llegado a la conclusión que el turismo autogestionado era
la mejor alternativa frente a la llegada inminente de un turismo invasor.
La necesidad de crear zonas de protección para la araucaria fue un con-
cepto difícil de comprender para los socios, probablemente debido a la falta de
información sobre el tema6. Esta visión fue cambiando con la visita de áreas de
protección privadas e indígenas en la costa de Valdivia y Osorno.
6
N. de los E.: En el área se intentó implementar la Reserva Nacional Galletué, que aún aparece en al-
gunos mapas turísticos. Probablemente el temor de las comunidades estaba relacionado con la pérdida de su
territorio, al no tener referentes de áreas protegidas administradas por comunidades indígenas.
305
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Una de las más importantes lecciones aprendidas es la necesidad de tener
presente el carácter trashumante y la idiosincrasia del pueblo pehuenche. Un
ejemplo de ello es que el comienzo de esta segunda etapa del proyecto coinci-
dió con el inicio de las veranadas, en la que los pehuenche se trasladan a otros
terrenos, por lo cual las reuniones del equipo ejecutor y los socios no contaron
con la participación esperada. La dedicación de los líderes y de la comunidad en
general, durante esta etapa, no fue sino parcial, ya que tuvieron toda la atención
puesta en la recolección de los piñones, juntar leña para el invierno y acopiar
pasto, entre otras actividades de vital importancia para ellos.
A pesar de todas estas observaciones, la Asociación Quimque Wentru ha te-
nido importantes logros y ha adquirido madurez y experiencia en la elaboración
e implementación de proyectos.
TESTIMONIO DE ALFREDO MELIÑIR, PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN QUIMQUE WENTRU
Mi nombre es Alfredo Meliñir, soy de la comunidad de Quinquén y represento a la Asociación Indígena
Quimque Wentru que significa Consejo de hombres buenos. Nosotros nos denominamos pewenches porque
el lugar en donde nosotros habitamos es un lugar donde existe mucha araucaria, que llamamos pewén en
mapudungún, nuestra lengua.
Nosotros vivimos del piñón que todos los años da el fruto y de eso nos alimentamos. Con el piñón se
pueden hacer muchas otras cosas, muchas comidas. Anteriormente, nuestros antepasados, vivieron de este
árbol. Por eso, para nosotros el pewén es un árbol sagrado. En él invocamos a Dios, Chao Gnegenechén
todopoderoso, porque ese árbol, todos los años y hasta cuando el mundo exista, nos va a dar el fruto que es el
piñón. Este árbol no lo ha plantado nadie, no lo ha plantado ni el Estado, ni nosotros los mapuche, ni nadie.
Porque Dios dejó esta planta para algo. Entonces, por eso nosotros decimos que es un árbol sagrado. En eso
nosotros hacemos ngillatún [rogativa].
Nosotros tenemos nuestra cultura, nuestra forma, como pewenches, nuestra vida, cómo poder pedirle
a Dios Chao Ngenechén. Entonces, por eso nosotros invocamos a ese árbol, que nos siga dando el fruto año
por año. Y este árbol, desgraciadamente, ha sido explotado por las grandes empresas madereras. Yo le diría
que, donde han explotado, aquí en la comuna de Lonquimay, casi no queda bosque. Solamente en Quinquén,
queda un bosque intocado que no alcanzaron a explotar porque ahí se dio una lucha muy grande. Casi dimos
la vida por defender este bosque.
Nosotros quisimos protegerlo para que esto nunca más se explotara. Y ese es un pensamiento que tene-
mos nosotros como pewenches porque si este árbol se explota, se corta... por eso es que nos hemos unido como
Asociación, para defender la tierra y defender este bosque, para tener unidos una sola voz, hacer denuncias a
nivel internacional, para que seamos escuchados. Porque, lamentablemente en Chile a nosotros como mapuche
poco nos han tomado en cuenta, poca voz tenemos.
Nosotros antes de que fuera el Gobierno de don Patricio Aylwin, hicimos un compromiso en Nueva
Imperial. Que el día que él fuera gobernante, nosotros le pedimos ante un escrito, de que fuera monumento
nacional la araucaria. Entonces, cuando él llegó a ser gobierno, cumplió su promesa y pasó a ser monumento
nacional hasta el día de hoy. Ojalá que esto se respete por muchos años. Si empiezan ahora de nuevo a ex-
plotar la araucaria no sabemos todavía qué vamos a hacer. Yo pienso que habría que unirnos con todas las
comunidades pewenches que existimos y hacer alguna denuncia.
Hace más de 13 años que se compró esta tierra [pero aún] no tenemos una definición total de los títulos.
Los títulos pasaron en primer lugar a[l] [Ministerio de] Bienes Nacionales y en este momento está en manos de
la CONADI. La CONADI se ha movido muy poco en este asunto de solucionar este problema. Y nosotros estamos
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bastante sentidos de que no se cumplan estos convenios. Porque aquí se hizo un convenio, el Estado chileno, el
presidente Aylwin pisó esta tierra pewenche con todos sus ministros, para negociar con nosotros y que nunca
más fuéramos amenazados de desalojo.
Hoy, como le decía, la Asociación se formó para poder trabajar en desarrollo[...] Qué significa... en primer
lugar Quinquén no tenía escuela, entonces hicimos una escuela con apoyo de agencias internacionales. A la
vez el Estado aportó una parte en la implementación de la escuela. Después hicimos una posta de primeros
auxilios, entonces después se hizo un [galpón para] acopio de piñones que nosotros cosechamos todos los años.
Y después que cumplimos todo eso, nosotros queríamos tener una casa en Lonquimay para albergar nuestros
hermanos pewenches, porque aquí en Lonquimay no había un lugar para reunirnos, para juntarnos y la idea
fue hacer ese proyecto con el que también salimos favorecidos. Entonces, tenemos una hostería en Lonquimay.
La idea era tener una casa de albergue. Pero no se podía porque lamentablemente los proyectos se dan por
cierto tiempo, y entonces, no había un financiamiento para... para pagar la luz, el derecho de sitio y tanta
otra cosa... la limpieza de esta casa. ¡Alguien tenía que cuidar esta casa y hacer la limpieza!, entonces las
agencias internacionales, las gentes que vinieron a dar estos apoyos pensaron que nosotros teníamos que tener
una hostería, para poder solventar los gastos, que la hostería se pagara por sí sola.
Bueno, después de la hostería nosotros ahora estamos trabajando con el [Fondo] Bosque Templado [en
turismo]... porque de otra manera nosotros no tenemos fuente de trabajo aquí en la zona. Como aquí tenemos
grandes potenciales de riqueza en turismo. Tenemos el lago Huelleltué, la araucaria, para mostrarle a la gente
que vienen a conocer el árbol, por la lucha que se dio. Hay mucha gente interesada, de afuera, de otros países,
gringos, digamos, de conocer nuestra cultura. Esa es la idea. Tenemos lagos, tenemos bosques... estamos haciendo
“camping” en el lago Huelleltué, que no se llama Galletué tampoco, porque está cambiado el nombre. Bueno,
esa es la idea del trabajo que estamos haciendo... el ecoturismo. Los jóvenes se han preparado para guías, hacer
cabalgatas, hacer caminatas, con la gente extranjera que viene y mostrar nuestra cultura, nuestra forma... y
mostrar nuestra comida típica, mostrarle a los gringos el piñón. Porque del piñón se preparan muchas comidas.
La gente se está beneficiando a través de los proyectos.
Aquí en Lonquimay, por una parte por haber hecho este gran proyecto que primera vez en la historia
como pewenches hemos logrado y estar a cargo de nosotros... para mí fue difícil. Porque nosotros estamos
acostumbrados a vivir en el campo trabajando, metidos en los bosques. Metidos en la pequeña crianza y llegar
al pueblo no es fácil. Yo me sentía como encerrado, como que alguien me iba a venir a ofender dentro de la
hostería, pero nunca fue así. Hemos ganado un espacio dentro de la comuna de Lonquimay. Lonquimay ha
sido uno de los pueblos más discriminatorios con nuestro pueblo pewenche.
Yo, el legado que quiero dejarle es el testimonio a nuestros hijos, a nuestros nietos algún día es respetar
la naturaleza, el entorno en que nosotros vivimos.
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Red de Parques Comunitarios Mapu Lahual: una experiencia de
las comunidades indígenas de la cordillera de la Costa
LUIS CÁRDENAS
INTRODUCCIÓN O ANTECEDENTES
La Red de Parques Comunitarios Mapu Lahual es una iniciativa de conservación
y ecoturismo, enmarcada en una estrategia integral de desarrollo, liderada por las
propias organizaciones indígenas de las comunidades mapuche-huilliche que la
constituyen: Maicolpi, Maicolpi Río Sur, Hueyelhue, Nirehue, Caleta Cóndor,
Manquemapu, Mahui Dantu y Melillanca Huanque. Esta red se distribuye en el
sector sur costero de la cordillera de la Costa de Osorno, en la X Región, en un
ecosistema caracterizado por el alto grado de endemismo de su flora y fauna, y
reconocido nacional e internacionalmente como zona prioritaria para la conser-
vación de la biodiversidad. Las comunidades que participan en la iniciativa están
compuestas por habitantes ancestrales de estos territorios, que están empeñadas
en vivir manteniendo las condiciones originales de su entorno, que es el sustento
fundamental de su cultura (Figura Nº1).
Dependencia económica del alerce por parte de las comunidades indígenas y su
conservación
En idioma huilliche o chezungun, mapu lahual, significa “tierra de alerce” (Fitzroya
cupressoides); especie milenaria de los bosques nativos del sur de Chile. Actual-
mente, la red está formada por comunidades indígenas que, en su mayoría, basan
su economía familiar fundamentalmente en el aprovechamiento y extracción de
maderas muertas de esta especie, con la cual confeccionan basas y tejuelas, al igual
que en los inicios de su explotación. La falta de apoyo técnico y crediticio les ha
impedido acceder a la producción de bienes con mayor valor agregado, como
muebles y artesanías. Estimaciones indican que el aprovechamiento comercial
no supera el 30% del volumen total (Cárdenas, 1999). Debido a la carencia de
mercados para otros productos, el recurso se encuentra cada vez más escaso y,
por lo tanto, aumenta la presión sobre el alerce verde vivo. Esta situación es más
complicada en el segmento joven de la población indígena, cuyos miembros
requieren independencia llegada cierta edad, buscando los recursos necesarios
para instalarse en estas aisladas localidades.
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Figura Nº1: Mapa de las comunidades que conforman la Red de Parques Comunitarios Mapu Lahual.
Fuente: Elaborado por WWF.
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La protección y conservación de los bosques de alerce
La protección y conservación del alerce ha llevado al establecimiento de nu-
merosas medidas legales. Desde 1976 la especie está protegida por el Decreto
Supremo Nº490, que prohíbe la corta y explotación de árboles vivos, asimismo,
está incluida en el Apéndice I de la Conservación Internacional sobre el Comercio
de Especies Amenazadas (CITES).
La preocupación por la conservación de los bosques de alerce no es materia
exclusiva de las generaciones actuales. En el informe de Federico Philippi (pu-
blicado en 1865) se señala la siguiente recomendación para el río Hueicolla: “las
verdaderas minas de la Cordillera de la Costa son sus bosques, sobre todo los
alerzales”, y si “el alerce es de suma importancia para las provincias de Valdivia
y Llanquihue, porque todas las casas en esas provincias están techadas de tablas
de alerce”, sería entonces “indispensable que el Supremo Gobierno reglamentase
la explotación de esta madera tan útil, y sobre todo que estos bosques, que son
como lo saben todos los vecinos, propiedad fiscal, no pasen a mano de particu-
lares por estas compras fraudulentas que se hacen de vez en cuando, y que se
han intentado hacer últimamente” (Foerster, 1999).
Desde 1998, CONAF y las comunidades que hoy forman la red organizan un
programa de fiscalización preventiva, que tiene por objetivo evitar los incendios
forestales y las cortas ilegales de alerce verde. En los denominados Encuentros De-
portivos Culturales Alerce Costero, una vez al año, se dan cita miembros de todas
las comunidades. Estos encuentros, que conectan un gran territorio, han logrado
que la gente se conociera en sus propias localidades, compartiera sus problemas,
reflexionara comunitariamente y buscara soluciones a partir de su realidad.
Actualmente la red cuenta con un sendero básico troncal de aproximadamen-
te 80 km, a orillas del océano Pacífico, a través del bosque nativo que se extiende
como un paño de vegetación continua, con un conjunto de senderos interpre-
tativos, áreas rústicas de camping y cuatro centros de información ambiental y
cultural. Además, las comunidades se encuentran preparando y empezando a
ofrecer diversos servicios turísticos, como pesca deportiva, buceo, gastronomía
típica, caminatas dirigidas, avistamiento de cetáceos y loberías.
DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO
Las relaciones entre los lugareños y el bosque formaron la base para la creación
de la red y son las que sostienen el proyecto en la actualidad. El año 2001, los
líderes de las comunidades indígenas de la cordillera de la Costa decidieron crear
la Red de Parques Indígenas Mapu Lahual –con colaboración de asesores de CONAF
y financiamiento del Fondo Bosque Templado (WWF-CODEFF) y del Fondo de Las
Américas (FdlA)– como una forma de establecer la legitimación de los derechos
de tierra de las comunidades y su relación ancestral con la ñuke mapu (madre
tierra). El proyecto fue un trabajo conjunto de dirigentes indígenas, liderados
por el lonko Anselmo Paillamanque, cacique encargado de tierra y desarrollo. La
310
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iniciativa es parte del ordenamiento y gestión del territorio, desde la propiedad
y hasta el control y la conservación de los recursos naturales y culturales. En
este orden se insertan las áreas silvestres protegidas al interior del territorio de
las comunidades; abordándose, de igual forma, el tema de las concesiones de
acuicultura, las solicitudes de derechos de agua y el uso del borde costero.
El objetivo que motivó y que se persigue con la red es diversificar la actividad
productiva de estas comunidades alerceras. Para generar nuevas fuentes de ingre-
so, se requería crear infraestructura y capacidades humanas que permitieran la
diversificación hacia los servicios ambientales y recreativos del bosque nativo. Los
proyectos desarrollados hasta ahora se han organizado alrededor de los siguientes
objetivos específicos: establecimiento de áreas silvestres de conservación en las
distintas comunidades; contribución a la diversificación productiva, incorporando
a las comunidades indígenas huilliche en la gestión ecoturística del ecosistema;
desarrollo de infraestructura turística, particularmente senderos; y construcción,
en cuatro comunidades, de centros de educación ambiental y cultural.
ESTRATEGIA DE ACCIÓN
El establecimiento y consolidación de la red Mapu Lahual es un proceso que se
inicia con la experiencia de la comunidad indígena Maicolpi y el proyecto “Diseño
e implementación del Parque Comunitario Mapu Lahual de Maicolpi”, apoyado
por el WWF-CODEFF en el primer concurso del Fondo Bosque Templado, del año
2000. La iniciativa se entendió como un plan piloto, cuyo objetivo era incentivar
a las familias y comunidades que participaban del programa “Manejo forestal
para un desarrollo sustentable en las comunidades indígenas de la cuenca del río
Hueyelhue”, para relacionarse con el bosque de forma sustentable, incorporándo-
las a la protección, conservación y gestión turística del ecosistema. El programa
Hueyelhue fue presentado por la Junta General de Caciques del Butahuillimapu
al Gobierno Regional, el cual destinó recursos del Fondo Nacional de Desarrollo
Regional (FNDR) para su implementación entre 1999 y 2003.
La experiencia previa de Maicolpi con proyectos de desarrollo y turismo, hizo
que la comunidad fuera el sitio más viable para proponer un plan piloto, que el
WWF-CODEFF apoyó con un aporte de seis millones 500 mil pesos. Previo al arribo
de los fondos, en reuniones comunitarias los miembros de la comunidad ya habían
establecido un proceso para la implementación de la iniciativa, en cuanto a quién
ejecutaría sus actividades y por cuánto dinero. Los líderes indígenas manejaban
directamente los recursos del proyecto y los miembros de la comunidad hacían
todas las construcciones del mismo. La iniciativa contribuyó al empoderamiento
de los comuneros, demostrando que podían diseñar e implementar un proyecto
de desarrollo en forma exitosa.
El programa Hueyelhue facilitó la creación de la red Mapu Lahual, al esta-
blecer una mesa permanente de trabajo y coordinación entre las comunidades
indígenas y los servicios públicos; y entre las comunidades y los organismos am-
bientalistas agrupados en la Coalición por la Conservación de la Cordillera de la
311
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Costa. El proyecto ejecutado en Maicolpi mostró beneficios concretos y visibles
a los integrantes y dirigentes de las otras comunidades, tales como salarios por
mano de obra, dinero para materiales y la construcción del centro de educación
ambiental y cultural como espacio físico para reuniones de la comunidad, que
carecía de esta infraestructura.
Basados en la experiencia de Maicolpi y debido a las características simila-
res de sus comunidades, los dirigentes indígenas de Maicolpi Río Sur, Cóndor,
Hueyelhue, Nirehue, Manquemapu y Mahui Dantu desarrollaron una propuesta
conjunta que les permitiera implementar iniciativas similares en sus comunidades,
en la siguiente ronda del concurso de proyectos del Fondo Bosque Templado. De-
bido a que aún no se formaba la Asociación Indígena Mapu Lahual, la propuesta
nombró a la comunidad Maicolpi, presidida por Martín Paillamanque Ancapán,
como la organización que recibiría los fondos. Maicolpi ya poseía una cuenta ban-
caria y experiencia en el manejo de finanzas. Finalmente en la propuesta designó
a Carlos Paillamanque, el secretario de Maicolpi, como director del proyecto.
Ejecución y seguimiento del proyecto
El plan para el establecimiento de la Red de Parques Indígenas Mapu Lahual
consideró la organización de las actividades por localidades dentro del territorio,
ya sea en una o dos comunidades indígenas participantes. La propuesta, aprobada
por el WWF-CODEFF, especifica un mecanismo coordinado pero descentralizado
para implementar las labores del proyecto. Cada comunidad ejecutó y desarrolló
las actividades en su sector, bajo la dirección de líderes comunitarios; incluyendo
la construcción de cuatro centros de información cultural y ambiental en las
localidades de caleta Hueyelhue, caleta Cóndor, Manquemapu y bahía San Pe-
dro; y con la excepción de Mahui Dante, cada agrupación estableció un parque
de uso comunitario en su territorio. De manera de facilitar el uso turístico en
las áreas protegidas, en cada uno de los parques se construyeron senderos con
señalética étnica e información.
Para el seguimiento y facilitación de la iniciativa se estableció una comisión
compuesta por los presidentes de cada comunidad, un miembro de la Junta Ge-
neral de Caciques y servicios públicos: Corporación Nacional Forestal (CONAF),
Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) y Servicio Nacional
de Turismo (SERNATUR). Las funciones de esta comisión fueron velar por el uso
eficiente de los recursos financieros, coordinar la asistencia técnica y elaborar
los estatutos de la Asociación Indígena Mapu Lahual del Butahuillimapu, que
adquirió su personería jurídica el año 2002, bajo la Ley Indígena Nº 19.253.
La coordinación de la asistencia técnica entre los distintos servicios públi-
cos y las comunidades fue realizada por funcionarios de la oficina provincial de
Osorno de CONAF, como organismo asociado al proyecto. El conocimiento del
terreno por parte de los profesionales y la relación con las agrupaciones permitió
una estrecha colaboración, tanto en los ámbitos propios del proyecto como en
las materias de regulación de la actividad forestal.
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El sector sur costero de la cordillera de la Costa de Osorno es reconocido nacional e internacionalmente
como zona prioritaria para la conservación de la biodiversidad (Foto: WWF-David Tecklin).
El requisito básico para establecer los parques en cada una de las comunidades
fue una asamblea citada para tal efecto, de la cual quedó constancia en el libro
de actas de la colectividad. En ella se determinó, a través de una decisión co-
munitaria, el territorio que pertenecería al parque y que sería supervisado por
la propia comunidad.
Cumplido el requisito de participación, profesionales y miembros del grupo
indígena efectuaron un recorrido y primera aproximación al área de conserva-
ción, durante el cual se especificaron los linderos de los sectores protegidos y
la ubicación de los senderos que serían incorporados a la red. Posteriormente,
se elaboraron mapas preliminares de las áreas protegidas y de ubicación de los
senderos, utilizando GPS y cartografía digital.
La segunda generación de proyectos en la Red Mapu Lahual
Las Asociación Indígena Mapu Lahual y sus colaboradores técnicos han seguido
desarrollando una serie de proyectos, que pretenden consolidar las áreas prote-
gidas y generar una oferta ecoturística organizada para la zona. El año 2003, con
apoyo de un proyecto de continuidad del Fondo Bosque Templado (WWF-CODEFF),
se ejecutó una iniciativa fuertemente orientada al desarrollo de capacidades ins-
titucionales; a la extensión de la red a la comunidad de Melillanka Huanqui, la
primera en participar ubicada al lado este de la cordillera; y fundamentalmente,
a la organización de los servicios ecoturísticos. CONAF contribuyó con servicios
técnicos y coordinación; en tanto que CONADI y SERNATUR convinieron aportar con
los recursos humanos necesarios para apoyar la iniciativa, acordando este último
coordinar la formulación e implementación de sesiones de entrenamiento sobre
turismo, para los comuneros. Las comunidades participantes comprometieron
recursos materiales y humanos para la construcción de áreas de camping.
313
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Durante el año 2004, CONAF complementó esta iniciativa, entregando
asistencia técnica para el proyecto: “Confección de planes de manejo para las
unidades silvestres protegidas de la Red de Parques Mapu Lahual y habilitación
de área demostrativa piloto”. La iniciativa contó con recursos institucionales de
este servicio, para la elaboración de planes de manejo para la conservación, la
implementación de áreas demostrativas y la puesta en marcha de bibliotecas am-
bientales y culturales en comunidades de la red. Con este proyecto se pretende
integrar a la comunidad en la elaboración de planes de manejo que reflejen sus
expectativas y necesidades, y que a la vez sirvan como instrumento para optar
al reconocimiento legal de sus parques. Además, se contempla el desarrollo de
programas de uso público en tres parques piloto, que incluyen desde construcción
de infraestructura hasta materiales de promoción. Finalmente, se fortalecerá la
función de los centros de educación ambiental ubicados en comunidades de la
red, con apoyo para la creación y adquisición de materiales educativos.
TESTIMONIO DE JORGE LOY PAILALEF, PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN INDÍGENA MAPU LAHUAL
La idea de base parte de la comunidad de Maicolpi. Después, cuando vimos que esto era rentable, y todas las comunidades
lo ven así, porque de alguna manera nosotros queremos tener un desarrollo mayor dentro de las comunidades. Debido a eso
formamos esta asociación indígena que se llama Mapu Lahual, que significa “tierra de alerces”, porque en este proyecto se
están destinando parques de alerces, parques de olivillo costero (…) Estamos organizados como asociación bajo el alero de la
Junta General de Caciques. Siempre estamos nosotros tratando netamente el tema cultural e identidad del pueblo mapuche
huilliche, y bueno, de acuerdo a eso también, estamos buscando formas de poder intercambiar experiencias con otras comu-
nidades indígenas (...) Siempre hemos estado con el mismo proyecto dándole continuidad a nuestras ideas que en realidad
han nacido de las bases, de las comunidades.
Las comunidades son de difícil acceso, dificultosas para llegar allí... por eso que para todo este movimiento se requiere
de fondos. De repente carecemos de eso... pero sí, yo puedo asegurar de que hay interés de las comunidades de trabajar en
conjunto porque sabemos que así vamos a lograr más cosas y sacarle más provecho a nuestro recurso que es similar en todas
las comunidades... en el tema forestal, en el tema marino... todas las comunidades tienen lo mismo, similar (…) Yo tengo
mucha fe y soy optimista y viendo otras experiencias de esto... yo sé que el bosque trabajándolo y manejándolo ordenadamente
genera recursos. Y es la Cordillera de la Costa en donde están todos los recursos naturales.
Quizás no tendremos recursos financieros, pero para eso si nosotros logramos ordenar y sacar hacia afuera... quizás no
va a ser lo único que vamos a tener para trabajar siempre, pero es una cosa más que queremos generar como desarrollo de la
comunidad. Porque las comunidades de hecho trabajan la madera como mueblería y cuánta otra cosa; plantas medicinales.
De todo eso queremos hacer un tratado como corresponde, y no llegar e ir al bosque y sacar y traer y dejarlo... Ordenando
todas esas cosas, sí, es rentable. O sea, yo no puedo decir que sea rentable, porque todavía no hemos visto los frutos, pero lo
veo en el futuro que sí va a ser rentable.
Lo que siempre estamos diciendo es que las comunidades necesitan asesoría técnica, pero nosotros estamos planteándolo
estratégicamente para que esta asesoría técnica llegue de acuerdo a lo que las comunidades necesiten. No que... muchas veces la
asesoría técnica llega, pero con otra idea... como que van a implantar cosas a las comunidades. Entonces eso es lo que nosotros
queremos como ordenar, como asociación (...) Los proyectos han sido financiados de acuerdo a lo que las comunidades han
propuesto en los proyectos, o sea, a lo que nosotros queremos. Aquí el Fondo Bosque Templado no ha venido a decir, pucha,
ustedes necesitan hacer esto o lo otro. Nos hemos entendido muy bien, creo que ellos no han tratado de modificar esa parte.
Lo que nos preocupa es hasta cuándo el FBT (WWF/CODEFF) nos va a apoyar y además que de repente nos dejen ahí. Pero por
lo menos ellos están muy claros qué es lo que las comunidades quieren. Entonces, eso es bueno.
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RESULTADOS E IMPACTOS
Los impactos de la iniciativa se pueden evaluar en los planos económico, social,
cultural y ambiental.
Impacto económico y productivo
Se espera incrementar paulatinamente los ingresos de las familias de las comuni-
dades mediante la diversificación de su actividad productiva, tendiendo hacia la
gestión ecoturística del ecosistema. La conexión de comunidades por senderos y
la gestión de la infraestructura turística han permitido que las nueve comunidades
conserven su patrimonio cultural y natural, y que también tengan un desarrollo
económico. De la experiencia de la comunidad Maicolpi se puede señalar que los
beneficios económicos son distribuidos de acuerdo a mecanismos preestablecidos,
teniendo prioridad los jóvenes en edad de estudio. Para ello, cada jefe de familia está
representado con uno o dos hijos en el trabajo generado por el turismo. Se paga por
servicios contratados a recolectores de basura, un administrador y dos ayudantes
de administración (recepcionistas), encargados de limpieza y cobradores de baños.
Con los nuevos servicios turísticos otorgados por la red se ampliará el número de
personas que reciban ingresos a través de esta iniciativa, ya que se requerirán guías
y personal para servicios complementarios, entre otras oportunidades laborales.
Impacto social y cultural
La creación de la Asociación Indígena Mapu Lahual ha fortalecido la gestión
política y económica de las comunidades involucradas, ha mejorado sus capa-
cidades para la autodeterminación y ha permitido la interacción conjunta con
actores externos para incorporarlos en su proceso de desarrollo. A través de la
iniciativa las comunidades y sus dirigentes se fortalecieron. Ellos ejecutaron el
proyecto en cada localidad; con su propio esfuerzo construyeron sus centros de
información ambiental y cultural de uso múltiple para reuniones y atención de
turistas, lo que dignifica y fortalece la organización.
La red contribuye a la capacitación de los recursos humanos por medio de
sesiones de entrenamiento, conferencias, giras técnicas y la experiencia de ad-
ministrar proyectos. La iniciativa también dio la oportunidad a dirigentes de la
asociación de viajar a conferencias internacionales, durante el año 2003.
La propuesta rescata la relación ancestral que ha tenido el pueblo mapuche-
huilliche con su bosque. Las familias comprenden el valor del bosque nativo no sólo
como una alternativa maderera de corto plazo, sino como un recurso sustentable
en el tiempo y valioso para su estilo de vida y para otros que lo quieren conocer.
Impacto ambiental
La relevancia de la red Mapu Lahual y sus áreas de conservación radica en que
incorpora a la población local de un vasto sector de la cordillera de la provincia
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de Osorno, en el manejo sustentable del bosque nativo y demuestra la impor-
tancia de la cooperación para la conservación ambiental entre ONG’S, agencias
públicas y entidades locales.
TESTIMONIO DEL LONKO ANSELMO PAILLAMANQUE
Lo primero que a mí me preocupa de la Asociación Mapu Lahual es su saneamiento de
territorio, es cierto que ha habido un avance, pero que indudablemente falta mucho para
sanear la totalidad que las comunidades reivindican. En lo político, es urgente levantar un
cacicado para formar la identidad del territorio huilliche lafquenche, para incorporarlo al
trabajo más eficiente que efectivamente dé resultados de posicionamiento a las comunidades
del litoral costero. En lo cultural, hace mucha falta que las comunidades comiencen a
recuperar los valores culturales, ceremoniales, idioma (lengua) y la sabiduría ancestral
llamada kimuen mahuiantu, kirmen mapu y kimun rasisuan, pensamiento mapuche.
En síntesis es entender y ver el cosmos como un conjunto de elementos relacionados entre
sí para dar origen al mundo.
Lonko Anselmo Paillamanque Lo económico, cuando nosotros miramos los recursos naturales no sólo estamos
(Foto: Francisco Solís) diciendo que lo vemos con el signo peso para algunas personas. Como lonkos nos interesa
sobremanera, si hablamos de desarrollo no estamos pensando sólo ganar plata, sino que
para vivir con cierta dignidad. Esto quiere decir, que los recursos de la ñuke kutralhue (madre naturaleza) se exploten
racionalmente siguiendo el respeto por los distintos gñes (o poderes) que hay dentro de ella, lo que llaman diversidad
ecológica. Por lo tanto, a nosotros como lonkos el trabajo que está llevando a cabo la Asociación Mapu Lahual va por
buen camino, es por eso que nos hemos incorporado y seguiremos colaborando para lograr que la Asociación y las gentes
de comunidades se apoderen de sus recursos naturales, de su cultura y formen su propia estrategia de desarrollo con
identidad propia. De ahí que se hace necesario desarrollar las capacidades al interior de las comunidades, para afianzar
el derecho de propiedad indígena dentro de su territorio. También es indispensable [para nosotros] las capacitaciones
en distintos temas relacionados con el desarrollo integral de sus integrantes para potenciar y consolidar la gestión de la
organización Mapu Lahual. Trabajar mucho más por un lado el tema turístico; el tema productivo hortícola, chacarero
y la comercialización de los productos de las comunidades.
CONCLUSIONES
La experiencia del proceso que conlleva la formación de la Red de Parques In-
dígenas Mapu Lahual y de la asociación, ofrece una solución potencial a algunos
de los problemas que enfrentan las comunidades indígenas en la Cordillera de
la Costa y otras comunidades rurales. La situación de pobreza y disminución de
los recursos naturales requieren, para su solución, de un trabajo conjunto entre
la población local y las agencias públicas y privadas de cooperación.
Las comunidades pudieron establecer la Red de Parques Mapu Lahual porque
trabajaron juntas en la solución de problemas que les eran similares. Se identi-
ficaron como uno solo. La Asociación Indígena Mapu Lahual aumenta el poder
de toma de decisiones de las agrupaciones, porque provee una estructura para la
cooperación. La participación de cada uno de los presidentes de las comunidades
en la asociación creó una estructura que facilitó el empoderamiento del proyecto.
Para ello la clave es la participación en la toma de decisiones, para lo cual la in-
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formación debe ser compartida, de manera de propender al fortalecimiento de la
base de la organización, que es la asamblea de la comunidad.
La evaluación del proceso de establecimiento de la red y la asociación, indica
que la participación continua de las comunidades y sus miembros es un problema
en potencia. La falta de un proceso para incorporar a nuevos líderes o presidentes
electos puede, y ha ocasionado, inestabilidad en el funcionamiento de la red.
La Asociación Indígena Mapu Lahual ha contribuido al interés común de la
conservación del ecosistema de la cordillera de la Costa de la provincia de Osorno.
Comprender las perspectivas de los miembros de las comunidades ha permitido
a los actores externos colaborar en forma exitosa con los dirigentes de la red.
Las agencias públicas y las organizaciones de conservación están interesadas en
cooperar con las iniciativas de las comunidades indígenas, cuando el resultado
de dicha participación apoye sus misiones institucionales. Los profesionales de
CONAF han mejorado la aplicación de los reglamentos forestales y han logrado
la colaboración de la población local en la protección del bosque nativo, WWF-
Chile y el programa Fondo Bosque Templado se benefician porque la red Mapu
Lahual establece las bases para proteger un área considerada prioritaria para
la conservación; mientras que las comunidades locales se han beneficiado con
centros comunales y con la posibilidad de recibir ingresos del turismo.
BIBLIOGRAFÍA
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Indígenas de la Cuenca del Río Hueyelhue. CONAF, Osorno.
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PAILLAMANQUE, A. y CÁRDENAS. L. 2002. Red de Parques Comunitarios Mapu Lahual. Ambiente y
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El Parque Etnobotánico Omora: un espacio físico y conceptual
para integrar la diversidad biocultural y el bienestar ecosocial en
Cabo de Hornos
RICARDO ROZZI
INTRODUCCIÓN
El Parque Etnobotánico Omora es una iniciativa que procura integrar la diver-
sidad biocultural y el bienestar ecosocial en Cabo de Hornos, uno de los pocos
rincones remotos del mundo cuya geografía, biota y modos de vida todavía
no han sido completamente transformados ni homogenizados por la sociedad
globalizada actual.
En contraste con la ecorregión de bosque lluvioso valdiviano donde se han
implantado extensas praderas ganaderas, campos de cultivos, plantaciones de
árboles exóticos, redes camineras y centros urbanos que determinan que los re-
manentes de biota nativa existan en una matriz antrópica (Armesto et al., 1998),
el archipiélago Cabo de Hornos aún está habitado –casi exclusivamente– por vastas
biotas y paisajes nativos (Rozzi et al., 2004). Tal circunstancia ofrece un precioso
refugio para explorar y conservar formas de convivencia con la inagotable di-
versidad biológica y cultural que se despliega en el territorio insular austral, que
incluye un mosaico de diversos tipos de hábitats, tales como: tundras, glaciares,
zonas altoandinas, bosques siempreverdes y deciduos que se conservan en estado
prístino (Mittermeier et al., 2002; Rozzi et al., 2004). La rica diversidad y singu-
laridad de este conjunto de ecosistemas deriva, en gran medida, de los diversos
orígenes biogeográficos de sus biotas. En los bosques del Cabo de Hornos convi-
ven orquídeas, loros y picaflores originarios de las selvas neotropicales; a lo largo
de las costas se encuentran líquenes y pingüinos que provienen de la Antártica;
en las turberas florecen llaretas y otras plantas propias de la flora altoandina; en
las laderas protegidas del viento crecen coigües de Magallanes, lengas y ñirres,
árboles pertenecientes al género Nothofagus que se distribuye también en Nueva
Zelanda, Tasmania y Australia evocando así las antiguas conexiones subantárticas
del Gondwana austral.
Además de la singularidad biótica, la comuna archipelágica del Cabo de
Hornos coincide con el ancestral territorio yagán: la etnia más austral del planeta
(Gusinde, 1961; Martinic, 1973; Legoupil, 1993; Ocampo & Rivas, 2000). Los
yaganes se desplazaban en canoa a través de los canales subantárticos al sur de
Tierra del Fuego, donde cazaban lobos marinos y otros mamíferos, pescaban, y
recolectaban mariscos y frutos. Su tránsito por los canales ha quedado registrado
en los numerosos fondos de habitación o conchales que se encuentran a lo largo
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de estas costas. La densidad de sitios arqueológicos en la costa norte y oeste de la
isla Navarino representa una de las concentraciones de sitios arqueológicos más
altas en el mundo, alcanzando más de cinco sitios arqueológicos por km de costa
(Álvarez et al., 2004). Actualmente los descendientes del pueblo yagán concen-
tran su población en la Villa Ukika, ubicada un km al este de Puerto Williams;
donde habitan unas 75 personas. El grado de aculturación ha sido considerable
(Aylwin, 1995), y hoy sólo dos abuelas hablan fluidamente la lengua nativa. Sin
embargo, miembros de la comunidad yagán tienen un vivo interés por recuperar
la lengua y la cultura, y una vía de expresión para este anhelo ha sido la artesanía
asociada al ecoturismo, como se verá más adelante.
En este contexto, el encuentro con las personas de la comunidad yagán
transformó el interés inicial por investigar su conocimiento ecológico tradicional
y comprender sus modos de mirar y habitar el territorio insular austral, hacia
un interés más amplio por conocerse mutuamente y convivir, procurando un
bienestar social y conservación biocultural en el escenario de una mayor co-
nectividad y desarrollo económico que está experimentando la comuna Cabo
de Hornos. Con esa motivación surgió en 1999 la iniciativa de crear el Parque
Etnobotánico Omora, concebido como un programa de investigación, educación
y conservación que permita ir descubriendo y comprendiendo algunas de las
singularidades biológicas y culturales del extremo austral de América, y al mis-
mo tiempo contribuir a incorporar estas visiones en nuestros modos de habitar
colectivamente este territorio.
Este artículo trata un aspecto particular del programa de conservación
biocultural del Parque Omora: algunas metáforas y fundamentos conceptuales
compartidos en el trabajo con la comunidad indígena yagán. Ambos, la comuni-
dad yagán y el Parque Omora, se encuentran en un área remota que está siendo
alcanzada rápidamente por la ola de globalización mundial. Por esto, el ensayo
de Cristina Zárraga –presidenta de la Kipa Akar, Agrupación de Artesanas Yaga-
nes– (ver Recuadro N°1) y este capítulo abordan como una problemática central
las tensiones que se están generando entre la “realidad global” del mundo actual y
la “realidad singular” de Cabo de Hornos, y procuran aportar a una relación más
dialogante entre ambas realidades y de esta manera promover formas de convi-
vencia respetuosas entre los habitantes antiguos y los recientemente llegados.
EL PARQUE ETNOBOTÁNICO OMORA: UNA RESERVA PÚBLICO-PRIVADA
El Parque Etnobotánico Omora se encuentra cinco km al oeste de Puerto Willia-
ms (55oS), capital de la comuna Cabo de Hornos, a orillas del canal Beagle, en
la costa norte de la isla Navarino. Esta iniciativa surge como un “espacio físico”
o reserva biológica y como un “espacio conceptual” donde ensayar y llevar a
cabo experiencias de investigación, educación y conservación biocultural en el
largo plazo.
El terreno del parque abarca 800 ha que corresponden a una concesión
gratuita renovable de 25 años otorgada por el Ministerio de Bienes Nacionales
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RECUADRO N° 1: KIPASHITUWAKO - INTIEN KUTA
Cristina Zárraga
Escritora y representante de la Agrupación Kipashituwako – Kipa Akar
Villa Ukika, Puerto Williams, XII Región. Correo electrónico: [email protected]
KIPASHITUWAKO
Que en su lengua quiere decir “donde se reúnen las mujeres”. Comprende a un grupo de personas dedicadas
principalmente a lo que se puede denominar arte yagán, llamado también artesanía tradicional yagán.
Práctica que ha sido traspasada a través de generaciones, ligada a su vez a las habilidades manuales propias
de cada ser.
Como antes, la generosidad del bosque aún nos entrega los materiales indispensables para la confección
de cada réplica a realizar y continuar en la huella que nos hace de alguna forma reconstruir un pasado aún
latente en alguna parte de nosotros mismos, evocando a la creatividad y sabiduría de los más antiguos que
alguna vez habitaron estas tierras.
Retomamos la historia al adentrarnos en algún bosque, específicamente a una turba, donde encontramos el
junco que al extraerlo comienza el esbozo del canasto, que entretejiendo cada junco tras el movimiento personal
de las manos creadoras de cada mujer nos conducen al tradicional canasto tejido por nuestros antepasados
e identificando a cada tejedora actual. Así como también sucede con la fabricación de canoas de corteza y
arpones de hueso de ballena. Trabajos que se exhiben en la Kipa Akar –casa de mujeres– para su venta y a
su vez compartir esta parte de la historia.
Faltos de libertad intentamos continuar con estas prácticas, ya que ante ordenanzas propias de un mundo
de cemento, muchas veces nos vemos indefensos e inhabilitados. Teniendo en cuenta nuestra ascendencia, nuestra
antigua vida natural y sabiendo la extinción de algunas especies y bosques no por nuestros ancestros, sino más
bien, de quienes además hicieron posible el fin de las costumbres de estos pueblos al igual que de ellos.
Sin embargo, ante esto el deseo de algunos nos lleva a intentar y seguir una autonomía, un camino difícil
pero digno ante nuestros ojos, espíritu y forma de vivir.
... Antes éramos libres, harto libres...
antes tomábamos un bote y cruzábamos para Ushuaia,
ahora para ir se necesita un montón de papeles.
Antes no pagábamos por la leña, la luz ni por el agua
... Antes éramos libres...
Úrsula Calderón.
Abuela yagana hoy ausente – 2003
(Entrevista días antes de morir)
II INTIEN KUTA- PALABRA DE INDIA
Intentamos recordar, para preservar la huella que hoy nos hace pensar. La huella que se oculta ante los pasos
de la invasión que nos empuja a un mundo global, un mundo de artificios, dirigido por el poder y deseos vanos
que lamentablemente caen sobre nosotros y nos hacen creer.
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En hupushwea –Puerto Williams–, tierra que en otros tiempos fue tierra de los fuegos, el que acompañaba
e iba iluminando el diario vivir de una vida nómada y natural ante quienes la componían, recolectores y
cazadores, los yaganes. Conocedores del tiempo y en directa relación con la tierra y con todo lo que en ella
se encuentra, proporcionándoles variantes certeras de alimentación, vestido, transporte, armas y utensilios
propios de su existencia.
La huella transcurre cuando la ciudad duerme y el recuerdo se vuelve al ver en el silencio en una noche
como tantas... dando inicio al recuerdo, a esta idea de creer que las cosas pueden ser diferentes. En otro tiempo
fuimos diferentes, habitando estas mismas tierras, aferrados a watawineiwa –Dios–, humanos sólo humanos,
pero carentes de costumbres innecesarias.
Muchos nos vemos obligados a seguir el paso fantasmagórico del lamento, por aquellos que no están y
por los que hoy nos acompañan, inmersos ante una cultura impuesta, donde lo de afuera siempre es mejor a
lo que nuestros ojos puedan ver.
a dos instituciones: una organización privada sin fines de lucro, la ONG’s Omora,
y una institución pública: la Universidad de Magallanes (UMAG). El carácter de
reserva público-privada ha contribuido a integrar las necesidades sociales y la
conservación, y el parque opera como un espacio disponible para llevar a cabo
experiencias de investigación y educación que socializan el conocimiento que
se va generando o recuperando acerca de la diversidad biocultural austral (Ro-
zzi et al., 2003a). A la vez, cumple una importante función de conservación, al
proteger la cuenca hidrográfica del río Róbalo que abastece de agua potable a
Puerto Williams.
Esta cuenca hidrográfica brota desde el cerro Róbalo y de los Dientes de
Navarino, que constituyen las cumbres más altas de la isla del mismo nombre.
De esta manera, el Parque Omora se extiende sobre un gradiente altitudinal
que va desde el nivel del mar hasta los 1.000 m de altitud, incluyendo un mo-
saico representativo de los diversos tipos de hábitats y especies biológicas de la
isla Navarino y la comuna Cabo de Hornos. Aquí crecen también los bosques
más antiguos conocidos para la isla Navarino. Éstos constituyen un refugio para
comunidades bióticas que incluyen especies emblemáticas como el pájaro car-
pintero gigante (Campephilus magellanicus) (Anderson et al., 2002; Arango et
al., 2004) y a centenares de especies pequeñas de musgos, hepáticas, líquenes
e insectos (Sherriffs et al., 2005). Caracterizamos al Parque Omora como un
refugio para las comunidades bióticas subantárticas, puesto que el área remota
de la comuna Cabo de Hornos ha despertado un creciente interés para empresas
de turismo, cuyo establecimiento involucra cambios importantes en la tenencia
y uso de la tierra. A partir del 2004 se han iniciado procesos de privatización
de tierras y desarrollo de infraestructura vial e inmobiliaria. Para los próximos
10 años se proyecta un aumento significativo en la intensidad de ocupación y
de uso del territorio del extremo sur de Chile en general, y de la isla Navarino
en particular (Barros et al., 2004; García, 2004). En ese contexto el Parque
Etnobotánico Omora representará una reserva para la biodiversidad austral.
Para llevar a cabo el programa de investigación, educación y conservación
biocultural a largo plazo en el Parque Omora, la cooperación interinstitucional
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ha sido fundamental1. Se ha logrado la creación de la Reserva de Biosfera Cabo de
Hornos nominada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en junio de 2005. Esta iniciativa ha demandado
un arduo trabajo interinstitucional compartido e impulsado con las autoridades,
servicios públicos, actores locales y regionales, Comunidad Indígena Yagán y
científicos. La propuesta abarca la casi totalidad de la comuna Cabo de Hornos,
que como se ha señalado anteriormente corresponde al ancestral territorio yagán.
Esta reserva propone un ordenamiento territorial, un plan de desarrollo y una
imagen objetivo que contribuyen a compatibilizar la conservación y las necesida-
des económico-sociales en el territorio insular austral. Más aún, la creación de la
Reserva de Biosfera proveerá no sólo de una plataforma para una administración
equitativa y sustentable ecológica, económica y socialmente, sino que también
estimulará un proceso continuo de implementación que procurará dejar abierta
la mayor cantidad de oportunidades para las generaciones presentes y futuras.
“TURISMO CON LUPA”: EL PARQUE OMORA COMO UN ESPACIO CONCEPTUAL
El Parque Omora constituye un espacio físico que protege la diversidad biológica
de una cuenca hidrográfica; no obstante, para conservar no basta el espacio físico.
La diversidad del extremo austral presenta singularidades biológicas y culturales
que son difíciles de ver, y más aún de apreciar y respetar. Es necesario, entonces,
un esfuerzo sistemático y sensible para percibir y comprender paisajes, seres
vivos y relaciones ecológicas que por ser remotas y diferentes a las habituales
suelen pasar inadvertidas. Se requiere una mirada diferente de aquella aprendida
en la mayoría de los centros de educación formal para descubrir singularidades
como las que surgen de la gran diversidad de seres pequeños, tales como musgos
1
Los programas involucran, desde su inicio, un trabajo conjunto con la Comunidad Indígena Yagán, la
Gobernación de la Provincia Antártica Chilena, la I. Municipalidad Cabo de Hornos, la Comisión Nacional
de Medio Ambiente (CONAMA), la Corporación Nacional Forestal (CONAF), el Servicio Agrícola y Ganadero
(SAG) y el Servicio Nacional de Turismo (SERNATUR), entre otros servicios públicos y numerosos centros cientí-
ficos nacionales y extranjeros. La colaboración interinstitucional ha contribuido a la creación de una sede
universitaria y un programa de postgrado en la Universidad de Magallanes, donde participan estudiantes e
investigadores de diversas nacionalidades en la Comuna Cabo de Hornos; el trabajo en terreno y la residencia
en Puerto Williams de numerosos científicos chilenos y extranjeros; la continuidad de un programa educa-
tivo con escolares de Puerto Williams y la Región de Magallanes, quienes descubren, a través de sus propias
indagaciones, la diversidad biológica y cultural del área, a la vez que se integran por medio de intercambios
científico-estudiantiles con otras regiones del país; la realización de actividades con la Comunidad Indígena
Yagán, el apoyo del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE) y el Fondo Nacional para el Desar-
rollo de las Artes (FONDART); la aplicación de las ciencias para el desarrollo del turismo sustentable a través de
la diversificación de las temáticas del ecoturismo; la implementación del tramo más austral del Sendero de
Chile y la definición de Áreas Prioritarias para la Conservación de la Biodiversidad en la Comuna de Cabo
de Hornos impulsado por el gobierno a través de la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA), y al
mismo tiempo, la elaboración de criterios para Contratos de Ecoturismo en Propiedad Fiscal (Corporación
Nacional Forestal y Gobernación Provincial Antártica), y la propuesta del programa de Control de Especies
Exóticas Invasoras del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).
322
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o invertebrados acuáticos. Un gran árbol salta a la vista en los estudios de im-
pacto ambiental, en los catastros de biodiversidad y en los recorridos turísticos.
Sin embargo, los pequeños seres sólo son visibles cuando se toma una lupa y se
comienzan a descubrir los coloridos de los líquenes, las variadas formas de los
musgos y hepáticas, y la comunidad de seres vivos que habita en los “bosques en
miniatura del Cabo de Hornos”. Este tipo de giros configuran un espacio concep-
tual indispensable para aprender a observar e indagar en “lo diverso”, “lo singular”
de cada zona. Como una práctica aplicada de educación informal y ecoturismo
surge así, en el Parque Etnobotánico Omora, el “turismo con lupa”.
En 50 metros de una quebrada boscosa o de litoral rocoso, los estudiantes,
científicos y turistas pueden pasar horas descubriendo mundos de colores,
formas foliares e historias de vida desconocidas en los textos y aulas de nues-
tra educación formal. Esta actividad del “turismo con lupa” no sólo permite
observar mundos diferentes, sino que también conlleva una vivencia que se
desvía del hábito globalizado de “lo rápido y fácil”. Es necesario un cambio de
ritmo; disponerse con concentración y tiempo para que emerjan ante la mi-
rada las texturas foliares, las tonalidades de los pigmentos o los movimientos
de los pequeños invertebrados en medio de esta trama microboscosa. De esta
manera, el descubrimiento de los bosques en miniatura conlleva una necesaria
disposición de calma y atención para percibir expresiones de vida que que-
dan ignoradas si se pasa caminando rápido, queriendo verlo todo y no viendo
nada. Además, en los “bosques en miniatura del Cabo de Hornos” lo pequeño
es hermoso. Este acontecimiento provoca y maravilla en un mundo global
dominado por lo cuantitativo, donde “más es mejor” y se elogia lo grande. El
“turismo con lupa” invita así a una experiencia genuinamente ecoturística, cuya
práctica predispone la sensibilidad para descubrir las múltiples expresiones de
vida, incluyendo las menos aparentes.
La práctica por cultivar la percepción de la ilimitada diversidad de expresiones
de vida es urgentemente necesaria para liberarnos del mecanicismo que caracte-
riza a la acelerada vida cotidiana en las urbes. Sólo deteniéndonos a observar es
posible descubrir la existencia de las diversas formas de vida que quedan negadas
bajo la unidimensionalidad y voracidad expansionista de la sociedad globalizada.
En este contexto, el “turismo con lupa” representa una práctica que contribuye
a la coexistencia, a una convivencia respetuosa con la diversidad biocultural en
que estamos inmersos.
LA METÁFORA DEL LIQUEN: LA RELACIÓN DE AUTONOMÍA Y DE COOPERACIÓN ENTRE
LAKIPA AKAR Y EL PARQUE OMORA
Tanto o más difícil que observar la diversidad biológica es comprender y convivir
con la diversidad cultural (Rozzi et al., 2003b). La experiencia del turismo con
lupa, en cuanto práctica de indagar acerca de la ilimitada variedad de expre-
siones de vida, de asumir la multipotencialidad de nuestros modos de vida y
de procurar la continuidad de estilos diversos de existencia, tiene implicancias
323
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cognitivas y prácticas para el establecimiento de relaciones con otras personas y
comunidades. En este afán, surgió desde los “bosques en miniatura” la imagen del
liquen como una metáfora para construir una relación articulada y cooperativa
con las artesanas de la Kipa Akar.
La metáfora del liquen ilustra dos componentes esenciales para el estableci-
miento de las relaciones entre las personas de la Kipa Akar y del Parque Omora:
autonomía y cooperación. Entre las distintas perspectivas culturales existen
tanto similitudes como diferencias y, conscientes de estas últimas la opción de
Omora no ha sido asimilarse con (y menos asimilar a) la Comunidad Indígena
Yagán. La propuesta ha sido la de un diálogo, lo más articulado y cooperativo
posible dentro de las limitaciones de nuestros modos de percibir y de nuestras
prácticas de convivencia.
Los líquenes son seres simbióticos constituidos por dos tipos de organismos:
un alga y un hongo. El alga fotosintetiza y aporta nutrientes para el hongo y
para sí misma. A su vez, el hongo provee un sustrato y un tipo de microhábitat
que sustenta la vida vegetativa y reproductiva del alga y de sí mismo. Pese a su
cercanía física, los genomas del alga y del hongo son y se reproducen indepen-
dientemente. Dentro del liquen ambos organismos cooperan, pero mantienen
sus linajes genéticos independientes. Estas expresiones de autonomía genética, a
la vez que de cooperación y mayor resistencia conjunta evocadas por el liquen,
son análogas a las aspiraciones de reconocimiento y conservación de las identi-
dades culturales propias de cada una de las integrantes de la Kipa Akar y de los
diversos miembros del Parque Omora.
La metáfora del liquen y el ecoturismo
La metáfora del liquen se expresa en las actividades que Omora desarrolla en
conjunto con la Kipa Akar. Por ejemplo, para las visitas a Puerto Williams hemos
diseñado circuitos ecoturísticos mixtos que transitan por ambos espacios. A lo
largo del recorrido por el Parque Omora los visitantes, guiados por científicos y
estudiantes, vivencian la experiencia de descubrir la riqueza de los bosques en
miniatura, las historias de vida del coigüe de Magallanes (Nothofagus betuloides)
y las peculiaridades de los bosques siempreverdes conformados por este árbol.
Observan también los hábitats de junquillares, indagan acerca de las interrela-
ciones entre ecosistemas terrestres y marítimos y otros múltiples aspectos de los
paisajes del Cabo de Hornos.
El recorrido por el parque es, ante todo, un encuentro con quienes están in-
vestigando y realizando actividades educativas acerca de la diversidad biocultural
austral. Luego, los mismos visitantes son conducidos hacia la Kipa Akar donde
se encuentran con artesanas de la comunidad yagán. Allí, los turistas conocen los
cestos tejidos a partir de los tallos de junquillo (Marsippospermum grandiflorum),
las canoas elaboradas con corteza de coigüe de Magallanes (Nothofagus betuloides)
o los arpones tallados en huesos de ballenas varadas. Así, a través de simbiosis
entre la Kipa Akar y el Parque Omora surge una experiencia biocultural. Por
324
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un lado, esta experiencia permite al visitante integrar la diversidad biológica y
cultural y, por otro lado, provoca un encuentro directo con quienes trabajamos
y componemos estas diversidades.
El encuentro directo con los seres que constituyen la diversidad biológica
(cada musgo, ave, ser humano, especie, comunidad biótica y cada uno de los
componentes de los paisajes) y la diversidad cultural (cada individuo y grupo
humano) es una prioridad fundamental para la iniciativa del Parque Omora.
Este encuentro “cara a cara” con cada una de las manifestaciones vitales de las
dinámicas y reticuladas diversidades bioculturales procura traspasar las barreras
discursivas que nos separan de la vida contingente y multifacética de cada ser.
Esta reunión conmueve y desorienta, puesto que rebasa las dimensiones y pará-
metros contenidos en los modelos que representan la realidad biótica y cultural
en las pantallas de un televisor, de un computador o de una ecuación matemática.
Pero, precisamente, esta vivencia de lo inaprensible de la diversidad biocultural
constituye la experiencia más radical e íntima del paso por el Parque Omora.
Esta vivencia nos invita a salir de las fórmulas matemáticas, de los indica-
dores sociales y económicos y caminar hacia lo singular de cada ser y la incer-
tidumbre de cada encuentro. Esta experiencia es especialmente necesaria en
momentos que bajo la proyección de un modo unidimensional de mirar y de
vivir, la “aldea global” se extiende homogenizando las biotas y culturas de cada
rincón del planeta. Su discurso numérico, sus supuestos, su implementación
tecnológica deben ser de-construidas, y una práctica para esta de-construcción
es: “desvestirnos de los números, de la televisión, de la lógica, de la comodidad”
y salir al encuentro de seres que continúan latiendo y viviendo de modos que
no son percibidos por el discurso global. Por un lado, estos seres “globalmente
invisibles” tienen su derecho a la existencia. Por otro lado, los encuentros con
estos seres, humanos y no humanos, abren el espectro de vivencias y búsquedas
de sentido en nuestras propias vidas.
Cristina Zárraga, escritora y presidenta de la Kipa Akar, expresa esta experien-
cia del encuentro directo con los seres que componemos la diversidad biocultural
en un pirograbado en madera ubicado en el mirador del Parque Omora:
Ingravidez.
Ante la voz de un pájaro (pij),
o el azote de usha (viento),
que nos trae la voz del ija (mar).
Conjunto armónico entre cuerpos de madera.
Vida que no podemos ignorar al encontrarnos aquí.
Tal como ocurren intercambios entre el alga y el hongo que forman el liquen,
esta invitación a “encontrarnos aquí” (en el mirador del Parque Omora) surge
desde intercambios entre la Kipa Akar y Omora que enriquecen las miradas, las
percepciones, los sentidos de vida y de convivencia. En esta simbiosis procuramos
búsquedas de “convivencias armónicas” con los cuerpos de madera de los árboles,
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con los pájaros, el viento, el mar y la infinitud de seres pequeños con que cohabi-
tamos el extremo austral. La metáfora del liquen nos invita a practicar artesanías
que permitan la continuidad de modos de vida, abriendo espacios de sentido
que atraviesen más allá de las reduccionistas celdas conceptuales y materiales.
Paradójica y afortunadamente, la aldea global, cansada de su unidimensio-
nalidad, busca lo singular, y en este anhelo valora las experiencias ecoturísticas
diferentes. Si esta interfase surge para bien o para mal no lo sabemos. Pero, tanto
científicos como miembros de la comunidad indígena yagán, hemos aceptado
que la llegada de la “aldea global” al rincón más austral del continente americano
es inevitable, y que el ecoturismo podría ofrecer una relación más dialógica y
respetuosa en este encuentro entre “lo global” y lo singular”. En ese contexto,
la simbiosis entre la Kipa Akar y el Parque Omora puede cobrar sentido para
los visitantes y proveer un sustento para quienes subsistimos en esta imparable
globalización.
La metáfora del liquen y el conocimiento ecológico tradicional yagán
La metáfora del liquen se expresa también en otras actividades que Omora
desarrolla con la comunidad yagán. Una línea de trabajo principal de Omora
es la investigación acerca del conocimiento ecológico tradicional, y ésta ha
sido concebida desde el inicio como un trabajo colectivo, en el cual ambas
partes se potencian recíprocamente. Por ejemplo, se considera la inclusión de
honorarios en los proyectos tanto para las personas entrevistadas como para
los entrevistadores y las coautorías explícitas en publicaciones colectivas o
autorías individuales, en publicaciones separadas por parte de los miembros
de la comunidad yagán tanto como del equipo científico. Estos dos aspectos
suelen omitirse en trabajos de consultoría e incluso en investigaciones científicas
donde los miembros de las comunidades indígenas y otro tipo de comunidades
locales son considerados como “informantes”, a quienes se les agradece con una
nota. Tal noción de informante es injusta respecto a la valoración del trabajo
y es problemática respecto al modo de comunicación, traducción y apropia-
ción del conocimiento ecológico tradicional o de otro tipo albergado por las
comunidades indígenas.
Una implementación de esta propuesta de Omora se expresa en sus
publicaciones. Por ejemplo, Veinte Poemas Alados de los Bosques Nativos de
Chile es un trabajo colectivo donde el primer coautor es el poeta lafkenche
Lorenzo Aillapán (Aillapán y Rozzi, 2002). El equipo de científicos y de audio
de Omora trabajó en la interpretación de los textos, grabación de sonidos de
aves, ilustraciones y edición del material en un libro combinado con CDs en
idiomas mapudungun, castellano e inglés. En otro trabajo colectivo, la Guía
Multiétnica de Aves de los Bosques Templados de Sudamérica Austral se trata
de un contrapunto entre el conocimiento naturalista-científico de las aves y el
conocimiento etnoornitológico albergado por miembros de las comunidades
indígenas yagán y lafkenche. En este caso el primer coautor es Ricardo Rozzi,
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quien organizó el libro en torno a la metáfora del “árbol de la vida” representada
en la portada. En cambio, para la preparación del Diccionario Infantil Yagán
Hen Harmameuti Hen Maruti Intien (Zárraga et al., 2005), Omora colaboró
con la escritora y artesana yagán en la postulación al FONDART para este trabajo.
Así, su primera autora es Cristina Zárraga quien trabajó con su abuela, Cristina
Calderón, los niños de la comunidad, una profesora de artes plásticas y miem-
bros del equipo de científicos y de audio de Omora, con quienes se codiseñó
y realizó esta obra. Tal como ocurre en la simbiosis del liquen, esta forma de
trabajo ha sido recíprocamente estimulante y ha contribuido a mantener la
identidad de cada uno de los miembros; reciprocidades e identidades que
suelen perderse en los numerosos tratados escritos por especialistas “acerca”
del conocimiento tradicional.
A partir de los trabajos colectivos se han potenciado también proyectos per-
sonales. Por ejemplo, Cristina Zárraga está preparando una biografía de su abuela
Cristina Calderón, última descendiente de la etnia yagán que habla fluidamente
su lengua originaria. Para ello han servido, entre otras fuentes, las grabaciones
de entrevistas preparadas y realizadas en conjunto con científicos de Omora
durante los últimos tres años. Por otro lado, esos últimos profundizan en sus
propias preguntas a partir de la labor compartida con miembros de la comuni-
dad yagán. Más aún, el nombre Omora y los valores ambientales y sociales que
inspiran hoy la iniciativa del Parque Etnobotánico tienen su fundamento tanto
en relatos científicos como en narraciones yaganes.
Omora es una figura central en la cosmovisión yagán tradicional. Omora es
una pequeña ave (el picaflor chico, Sephanoides sephaniodes), a la vez que un
pequeño hombre o espíritu, que contribuye a la mantención del orden ecoló-
gico y social. El Recuadro N°2 contiene uno de los relatos yaganes, acerca de
Omora, que enseña claramente cómo el bienestar social y la conservación de
las especies biológicas van de la mano, y cómo la solidaridad termina siendo
mejor que el egoísmo. Esto es especialmente cierto bajo las rigurosas condi-
ciones climáticas y ambientales del extremo austral, donde desde tiempos
ancestrales la colaboración y la solidaridad han traído una vida mejor para
todos. El nombre y el logo del Parque Etnobotánico Omora expresan coinci-
dencias sustanciales que existen entre el conocimiento ecológico tradicional
yagán y conceptos de las ciencias ecológicas-evolutivas y éticas-ambientales
contemporáneas (Rozzi, 2001).
Desde la perspectiva científica actual, la conservación de la comunidad de
aves en la cuenca del río Róbalo contribuye a procesos ecológicos tales como la
polinización por el colibrí omora, la dispersión de semillas por cometocinos, el
control de las poblaciones de insectos por pájaros carpinteros, la depredación
de roedores por búhos y a ciclos de nutrientes entre ecosistemas marinos y
terrestres a través de aves como las avutardas, que se alimentan en el litoral
y anidan en las montañas. A su vez, la mantención de estos procesos ecosis-
témicos contribuye a la conservación de la flora vascular y no vascular, cuya
presencia en las cuencas hidrográficas es clave para la regulación de los flujos
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RECUADRO N°2: HISTORIA YAGÁN DE OMORA
Contado por: Cristina Calderón
Editado por: Cristina Zárraga y Ricardo Rozzi
Recopilado en: Rozzi et al., 2003c
En tiempos ancestrales, cuando los pájaros todavía eran humanos, ocurrió una gran sequía en el Cabo de
Hornos y sus habitantes estaban muriendo de sed. El astuto zorro o cilawáia encontró una laguna y, sin
contarle a nadie, construyó a su alrededor un cerco de ramas de calafate para que nadie pudiera entrar. Así
escondido bebió un montón de agua, preocupado sólo por él.
Al cabo de algún tiempo, las demás personas descubrieron la existencia de esta laguna y en grupo fue-
ron a pedirle un poco de agua al zorro egoísta. Sin embargo, cilawáia ni siquiera escuchó sus súplicas y los
expulsó con rudas palabras. La condición de estas personas empeoraba cada vez más y en su desesperación se
acordaron de Omora. Fue entonces que decidieron enviar un mensaje a este pequeño visitante ocasional que
en otras penurias similares les había salvado la vida.
Omora siempre estaba preparado para ayudar y muy pronto llegó. Aunque diminuto, este pequeño hombre
o colibrí es más valiente y atrevido que cualquier gigante. A su llegada, la gente le contó abatida acerca de sus
grandes penurias. Omora, al escuchar lo que sucedía, se indignó y se elevó emprendiendo su vuelo hacia donde
se encontraba el zorro. Tan egoísta, cilawáia lo confrontó. Y Omora le dijo: “¡Escucha! ¿Realmente ocurre lo que
la gente me ha contado? Tú aquí tienes acceso a una laguna, y no quieres compartir su agua con los demás.
¿Sabes que si no les das agua ellos morirán de sed?”. Replicó el zorro: “¿Por qué debería preocuparme de los
demás? Esta laguna contiene muy poca agua, apenas alcanza para mí y algunos parientes más cercanos”. Al
escuchar esto Omora enfureció y sin responder al zorro, regresó al campamento.
Reflexionó y prestamente se elevó tomando su honda y volvió donde estaba el zorro. En el camino, Omo-
ra recolectó varias piedras agudas, y cuando avistó a cilawáia y estuvo suficientemente cerca de él, le gritó:
“¿Compartirás de una vez por todas el agua con los demás? No seas egoísta. Ellos morirán de sed si no les
das un poco de agua”. Indiferente el zorro respondió: “Pues que mueran. No puedo dar agua a cada uno de
ellos, sino yo y mi familia moriremos de sed”. Omora estaba tan enfadado que no pudo controlarse y furioso
disparó con su honda, dando muerte al zorro con el primer tiro.
Las personas que estaban mirando, llegaron felices corriendo al lugar, rompieron el cerco acercándose a
la laguna y bebieron saciando su sed, hasta que se acabó el agua. Así, cuando algunas aves llegaron tarde,
ellas apenas pudieron humedecer sus gargantas. Fue entonces cuando la sabia lechuza o sirra, la abuela de
Omora, dijo a las aves que habían llegado tarde: “Recoged barro del fondo de la laguna y volad hacia las
cumbres de las montañas, sobre las que deberéis arrojarlo”. Volaron las avecillas y sus bolas de barro hicieron
nacer vertientes que originaron cursos de agua que brotaron de las montañas, formando pequeños esteros y
grandes ríos que fluyeron por las quebradas. Cuando toda la gente vio esto, estaban extremadamente felices y
todos bebieron grandes cantidades de agua fresca y pura que era mucho mejor que el agua de la laguna que
escondía el zorro. Ahora todos se encontraban a salvo. Hasta hoy todos esos cursos de agua fluyen desde las
montañas y proveen un agua exquisita. Desde entonces nadie debe morir de sed.
hídricos, preveniendo tanto inundaciones como sequías. Es así como la historia
yagán de Omora y el análisis científico ecosistémico recomiendan proteger la
biodiversidad de esta cuenca hidrográfica, que además es la alternativa más
económica para asegurar el abastecimiento de agua potable en la ciudad de
Puerto Williams en el largo plazo.
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La afirmación con que se inicia el relato yagán de omora: “en tiempos an-
cestrales cuando las aves eran seres humanos” (Recuadro Nº 2), también es
resonante con afirmaciones que provienen del análisis científico. La biología
moderna ha descubierto que la especie humana (Homo sapiens) posee células,
vasos sanguíneos, hígado, ojos y otras estructuras que son muy similares en las aves.
Estas similitudes se explicarían evolutivamente por la existencia de un ancestro
común entre las aves y los mamíferos que habría existido hace millones de años
(Elphick et al., 2001). Este ancestro evolutivo determinaría un parentesco y una
naturaleza común entre las aves y los seres humanos; parentesco que aparece
tanto en el relato yagán como en la teoría de la evolución biológica y que entrega
otro fundamento para conservar la biodiversidad.
Desde la perspectiva de la ética ambiental contemporánea, los imperativos
éticos implícitos en el relato yagán (conservar la comunidad de aves para ase-
gurar el suministro de agua y respetar el derecho a la vida de las diversas aves),
son consonantes con las nociones de valor instrumental y valor intrínseco de la
biodiversidad:
— Valor instrumental, porque la conservación de la biodiversidad es un instru-
mento para la supervivencia humana.
— Valor intrínseco, porque las aves son nuestros parientes evolutivos lejanos;
esto implica que, en algún grado, la existencia de las aves puede estar sujeta a
consideraciones morales fundadas en juicios ontológicos y éticos compartidos
con aquellos con que se juzga el valor de la vida humana.
El análisis de relatos como el de Omora ilustra cómo, en el curso de un proceso
de diálogo entre ciencia y conocimiento tradicional ecológico, surge una mayor
comprensión acerca de modos de mirar y habitar la naturaleza. Los miembros de
las comunidades locales son más que informantes y generalmente somos nosotros
los científicos, los conservacionistas, las autoridades, también los empresarios y
los colonos, quienes vamos hacia las comunidades indígenas, y no al revés. En
consecuencia, es importante subrayar los beneficios que tales encuentros tienen
para nosotros como actores de la “aldea global”. No se trata sólo de un asisten-
cialismo para ayudar a comunidades, sino que de un inevitable encuentro en el
proceso de una sociedad que se globaliza. En estos encuentros es fundamental
el diálogo, la recurrencia en las conversaciones, los aprendizajes recíprocos. La
actitud de “asistencialismo hacia las comunidades” puede provocar una violenta
aculturación a través de prácticas de “capacitación” que alteran los “espacios
conceptuales” de las comunidades locales, o políticas que incluso alteran los
espacios físicos a través de reordenamientos territoriales y desplazamientos de
las comunidades (Primack et al., 2001).
La metáfora del liquen procura enfatizar la necesidad de establecer relaciones
de diálogo, donde se subrayen especialmente los beneficios recibidos por miem-
bros de la “aldea global”. Esta aldea necesita hoy, más que nunca, de la reticulada
red de realidades locales. En el ámbito de la ciencia, no sólo hoy la comunidad
yagán ha inspirado nuestros análisis sino que este pueblo ha tenido la mayor
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importancia para replantear la visión del poblamiento de América (Bird, 1993),
para la discusión de la noción de progreso lineal en la historia humana (a partir
del trabajo etnográfico de Martín Gusinde y de la Escuela Antropológica de
Viena; véase Koppers, 1997), y para el desarrollo de la teoría evolutiva humana
(a partir de la obra de Charles Darwin; véase Rozzi, 1999). En este sentido, la
ciencia occidental tiene un tipo de deuda histórica con el pueblo yagán.
La metáfora del liquen y las ciencias interdisciplinarias
En el curso de las acciones del Parque Omora, algunas de las mayores dificultades
se han producido a partir de visitas cortas de ciertos profesionales o voluntarios
quienes, con ánimo de cooperar, proyectan sus visiones fragmentadas. Estas di-
ficultades afectan tanto a Omora como a la comunidad local.
Algunos científicos traen sus marcos conceptuales desde fuera y los pre-
sentan e imponen como “modos óptimos” de ver la realidad. Tal arrogancia y
negación de la multiplicidad de dimensiones vitales y preceptivas representa un
frecuente problema con esta aproximación tecnocrática, que reduce la ciencia
a un funcionalismo característico de las “pegas” o modos de trabajar que con-
vienen en la sociedad dominante. “Pegas” que, enajenados y desvinculados de la
vida personal y social, fomentan además la distancia entre los científicos y los
sujetos estudiados.
Si, en cambio, el científico se abre a la convivencia, a reconocer las variedades
biológicas del área particular donde se encuentra, a las prácticas de relación y
formas de conocimiento que la comunidad tiene acerca de ellas. Esto es, si se
abre a mirar los sujetos particulares (humanos y no humanos), entonces puede
emerger una comprensión que supera los protocolos técnicos o científicos traídos
desde fuera, generándose una interacción que será menos ciega a contingencias
que definen cada realidad particular. Así, puede darse una dialéctica a partir de
lo local-universal que contribuye a una mejor comprensión de la situación, a
la vez que permite con mayor eficacia la conservación de sus componentes y
procesos biológicos y culturales.
Asimismo, algunos profesionales, consultores, estudiantes o voluntarios que
visitan el Parque Omora y a miembros de la comunidad local, expresan exagerados
sentimientos de emoción frente a la belleza del entorno y deseos de contribuir
a su conservación, al desarrollo local o el ecoturismo. Estas expresiones “ultra-
sensibles”, en su emotividad rebasada han generado expectativas en la comunidad
local que luego no pueden cumplirse.
Si, en cambio, se genera una recurrencia en los encuentros con los paisajes,
la biota y los actores locales, la emotividad puede ir adquiriendo una forma que
permita construir. En este proceso de informarse sensiblemente, “el corazón, las
manos y el cerebro” van juntos. Tal como en el caso del científico, esta forma de
convivencia requiere tiempo. Si se procura comprender y conservar realidades
bioculturales locales se necesita más tiempo que para simplemente instalar e
imponer modelos traídos desde fuera. La emotividad debe integrarse con la
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construcción de formas de comprensión y convivencia que requieren un tiempo.
Esta dialéctica tiene una opción de generar propuestas de desarrollo local y de
ecoturismo que permitan la expresión de lo local. Por lo tanto, estas propuestas
surgidas del trabajo compartido a largo plazo serán más singulares que aquellas
generadas en serie por consultorías rápidas.
Peor es el cuadro de una ética importada que viene a imponer normas de
vida sin atender a los hábitos locales. Tal fenómeno lo vivimos en forma creciente
en Omora, puesto que cada día llegan más empresarios convencidos de su ética
del negocio, de “la mano invisible del mercado”, y de la conversión monetaria de
los valores de la diversidad biológica y cultural. Se ha despertado un insaciable
apetito por producir dinero a partir de las artesanías y de las aves, los paisajes y
“personajes” humanos o no humanos, indígenas o no indígenas, que satisfagan la
posibilidad de ser vendibles en un retrato, un relato o de algún otro modo que
satisfaga al mercado.
Si, en cambio, se considera que la mayor parte de la historia y prehistoria de
las comunidades indígenas (y de la especie humana) se ha basado en una econo-
mía no monetaria, que el dinero es un elemento que recién ha llegado durante
los últimos dos siglos al extremo austral y que ha distanciado las relaciones de
subsistencia inmersas en un contacto directo con la naturaleza, entonces, puede
abrirse un espectro más amplio de relaciones entre seres humanos, y entre ellos
y otros seres. Esto no sólo enriquece el espectro existencial –los ethos– en la aldea
global, sino que también constituye una plataforma de marcos de comprensión y
formas de convivencia que favorecerán la continuidad de otros modos de mirar
y habitar el planeta.
Estas caricaturas y tensiones generadas entre las propuestas locales y glo-
bales no son exageradas en la actual premura del desarrollo y de la conquista
postindustrial de las tierras australes. Confrontados con este escenario, para
Omora cobra aún mayor fuerza la necesidad de integrar múltiples disciplinas
y perspectivas en nuestra labor y dedicación por desentrañar, ver, respetar y
convivir con la diversidad biológica y cultural austral. A escala personal, es
necesario integrar “el cerebro y el corazón” en la disposición para indagar desde
la diversidad de seres vivos, de sus disposiciones y procesos en las comunidades
bióticas de Cabo de Hornos.
Bajo la aproximación multidisciplinaria, el nivel personal debe ir comple-
mentado con una interacción con diversos actores e instituciones. Una de las
características más distintivas de la iniciativa de Omora ha sido su estrecha
vinculación con personas y programas de servicios públicos, establecimientos
educativos y centros de investigación, entre otros. Es más, la construcción de la
Kipa Akar fue impulsada por la Gobernación Provincial Antártica. Este aspecto
de trabajo interinstitucional completa la analogía con el liquen. Tal como el
alga y el hongo que forman el liquen habitan en bosques u otros ambientes con
una comunidad de seres vivos, la cooperación entre la Kipa Akar y el Parque
Omora tiene lugar en medio de un contexto social donde participan un con-
junto de actores e instituciones. La metáfora del liquen adquiere entonces un
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sentido comunitario basado en la recurrencia de las interacciones, la continua
indagación acerca de las naturalezas nuestras y de los demás, y la disposición a
convivir en estas interacciones entre seres singulares que mantienen su identidad
a la vez que participan de nuevas configuraciones. Esta forma de relación no nos
parece utópica, sino que surge desde nuestra comprensión de la realidad biótica
y cultural que todavía se despliega en Cabo de Hornos, y que desde el “sur-sur”
puede alimentar a otras iniciativas que procuren la conservación biocultural en
los bosques templados de Sudamérica y del planeta.
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ORDENAMIENTO TERRITORIAL
Plan maestro de uso y conservación de la reserva forestal de la
comunidad williche de Weketrumao
PABLO ARÁNGUIZ, RAÚL ESPOZ, GEMMA ROJAS
INTRODUCCIÓN
La comunidad de Weketrumao forma parte del pueblo williche1 de Chiloé,
agrupado políticamente en el Konsejatu Chafun Williche Chilwe Wapi (CGCC);
organización mayor que reúne a 26 comunidades williche del archipiélago
chilote, en la X Región. Weketrumao se ubica en la comuna de Quellón y es
la heredera del fundo realengo de Los Raines, de una superficie aproximada
de 35 mil hectáreas. Actualmente la comunidad posee cerca de siete mil
hectáreas, de las cuales más del 50% se encuentra cubierto por bosques, que
conforman en gran parte la reserva forestal comunitaria.
La reserva presenta distintos niveles de conservación; desde espacios alta-
mente degradados hasta áreas vírgenes. En relación con el rol de la comunidad
en la generación de esta situación se encuentra, en primer lugar, la pérdida
paulatina del control social y cultural de las actividades que se realizan en su
territorio, que es el factor más sentido en la comunidad; y en segundo lugar,
la existencia de una falta de claridad y de ordenación en el proceso de uso
y explotación del mismo.
A través de la ejecución del proyecto denominado “Plan maestro de
conservación y uso comunitario de las reservas forestales de la comunidad
williche de Weketrumao” –apoyado por Bosque Modelo Chiloé ( BMC h),
Fondo de Las Américas (FdlA), Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el
CGCC–, la comunidad enfrentó el desafío de diseñar y poner en marcha un
plan comunitario de conservación y uso de su territorio. Dicho plan no sólo
permitió validar normas consuetudinarias que reglamentaban el acceso a los
espacios, sino que también estableció una ordenación territorial base en torno
a los ecosistemas comunitarios.
1
N. de los E.: Huilliche o williche son distintas formas de escribir el nombre del mismo pueblo, que
habita la región de Los Lagos. La diferencia se debe a la opción de usar distintos alfabetos para Mapudungún,
la lengua mapuche. Hemos optado, en este libro, dejar a discreción de los autores el uso del alfabeto que elijan.
La organización Konsejatu Chafün Williche Chilwe Huapi es comúnmente conocida también como Consejo
de Caciques Huilliche de Chiloé.
335
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DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO
A partir del reconocimiento y toma de conciencia de la propia comunidad res-
pecto a su responsabilidad frente al uso no sustentable de su territorio, y más
allá de las razones o causas que justifiquen esta situación, los comuneros –en
particular sus dirigentes– han buscado la articulación de soluciones que reviertan,
en el corto plazo, el panorama actual.
Así, con la asesoría del grupo de profesionales del Konsejatu Chafün Williche
Chilwe Wapi se estableció como prioritario y conducente el hecho de asumir las
falencias más sentidas de la organización o comunidad. Para ello se consideró
urgente fortalecer el control social de la organización sobre los acontecimientos
que suceden en su territorio; e importante que la comunidad estableciera la
forma de administrar su propiedad común o “reserva”, además de las normas
que regirían el acceso de cada comunero a ella.
También se diagnosticó la necesidad de contar con una ordenación territorial
complementaria de la reserva, que estableciera por un lado el estado y cuantía
del recurso y, por otro, la determinación del uso más adecuado en un marco de
sustentabilidad ambiental. De esta forma, se determinó la urgencia de implementar
un plan maestro de uso y conservación para la reserva de la comunidad williche de
Weketrumao, con el objetivo general de combinar las necesidades comunitarias de
resguardo y utilización con la disponibilidad real del recurso, estableciendo un equi-
librio entre las demandas sociales y la base de recursos naturales disponibles.
A partir de esta idea se hicieron contactos con algunas instituciones que
pudiesen interesarse en apoyar la elaboración del plan maestro. Se logró involu-
crar a WWF; institución con la cual se elaboró un proyecto que fue presentado al
primer concurso de proyectos de BMCh-FdlA, y aprobado por el mismo.
METODOLOGÍA O ESTRATEGIA DE ACCIÓN
Como marco metodológico que permitiera alcanzar los objetivos planteados, se
trabajó en dos niveles. El primero de ellos fue la determinación de la normativa
de acceso de los comuneros a la reserva; ya sea para realizar faenas forestales o
para establecer sus viviendas. El segundo nivel correspondió a la realización de
una ordenación territorial sobre una superficie de mil 732 hectáreas de la reserva
forestal comunitaria.
En el primer nivel, el desarrollo del proyecto contempló tres etapas. La pri-
mera consistió en el autodiagnóstico del estado del arte de la comunidad, en el
cual ésta identificó sus problemas más sentidos, tanto al interior como al exterior
de su organización. Posteriormente, se trabajó en generar un consenso respecto de
soluciones factibles y duraderas. Para el desarrollo de la segunda etapa, la directiva
y consejeros2 de la comunidad formaron un grupo y propusieron normas básicas
2
Los consejeros son personas que por su experiencia y sabiduría se convierten en asesores de los diri-
gentes en ciertos temas.
336
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para reglamentar el acceso de los comuneros a la reserva. Esta fase contó con la
asistencia de una antropóloga, un abogado y un ingeniero forestal, como equipo
de asesores técnicos. La tercera y última etapa correspondió a la presentación, por
parte de los dirigentes, de las normas propuestas al resto de la comunidad, para
su análisis y aprobación.
El segundo nivel, referido a la ordenación territorial de mil 732 hectáreas de
la reserva, se basó en la metodología de Cruz et al. (2001) y tuvo tres fases. La
primera consistió en la rodalización de la reserva, a través del análisis cualitativo
y cuantitativo del área. En la segunda, como resultado del análisis de la primera,
se estableció la función natural de cada espacio y los criterios ecológicos necesa-
rios para asignarle el uso más adecuado. Por último, se determinaron los usos de
la reserva por parte de la comunidad, en concordancia con los resultados de la
ordenación territorial efectuada.
Entre las actividades desarrolladas destaca la asignación de responsabilidades, de
acuerdo a la idoneidad de cada uno de los participantes. De esta forma, el lonko y la
presidenta de la comunidad coordinaron las acciones y establecieron los grupos de
trabajo y análisis. Los dirigentes, más seis consejeros acompañados del equipo asesor
técnico, se encargaron de la elaboración de las normas de acceso. La ordenación
territorial estuvo en manos de dos ingenieros forestales, además de los encargados
de cada grupo de trabajo forestal existente al interior de la comunidad.
RESULTADOS E IMPACTOS
Los resultados se dividen en tres grandes ámbitos: los referidos al autodiagnóstico
sobre la actividad forestal desarrollada en la comunidad; los relativos al marco nor-
mativo resultante del acuerdo entre los dirigentes y los comuneros para la regulación
del trabajo en la propiedad comunitaria, en plena vigencia en la actualidad; y lo con-
cerniente a los resultados más significativos de la ordenación territorial efectuada.
Resultados del autodiagnóstico
La actividad forestal desarrollada por la comunidad está definida por un sinnúme-
ro de particularidades y problemáticas, cuyo origen se encuentra en el interior de
la propia organización y en instituciones ajenas a ella, en particular el Estado.
A partir del autodiagnóstico realizado, se concluyó que la comunidad williche
de Weketrumao subsiste principalmente de la actividad forestal que se lleva a
cabo en la reserva comunitaria. Esto se debe, fundamentalmente, a los malos re-
sultados económicos que presentan otras actividades desarrolladas en los predios
individuales, como la forestal (leña, estacas y en menor grado trozos), agrícola
(huerta y cultivos de papa y ajo) y pecuaria (ovejas y vacunos), complementada
en algunos casos con la recolección marina y confección de artesanía.
Muchas de las actividades desarrolladas, y en particular las que se llevan a
cabo en la reserva, adolecen de criterios de sustentabilidad ambiental, generando
y propiciando una situación que va en desmedro de la sostenibilidad y conser-
vación de los recursos en el tiempo.
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El porqué de esta situación se explica, primero, por el marco interno de la
organización y la actuación individual de cada socio; y segundo, por el marco
externo, en el cual el Estado es el responsable más recurrente. Las particulari-
dades y problemáticas de responsabilidad interna más nombradas del trabajo
en la reserva fueron: se trabaja desordenadamente y en forma irracional; se saca
sólo un tipo de árbol y es mal aprovechado, se pierde bosque porque se hacen
mal las cosas y por las quemas, lo cual produce un daño a la regeneración. Se
debe ir más lejos a buscar madera, algunos ven el bosque como plata, no se
cuida la reserva como un todo, deficiente infraestructura y recursos (caminos,
herramientas, casas, bodegas, etc.), se da una competencia desleal entre los
propios usuarios (falta organización para la comercialización) y, finalmente,
una carencia de conocimiento práctico-teórico sobre el bosque.
Por otra parte, se identificaron las siguientes particularidades y problemáticas
derivadas de la responsabilidad externa: falta de títulos de propiedad sobre la
tierra, carencia de planes de manejo, y discriminación negativa de la autoridad,
que no acepta la forma de organización comunitaria e impone su visión de cómo
hacer las cosas.
Si bien no se puede desvincular al Estado de la responsabilidad que tiene en la
situación en que se encuentran las comunidades indígenas en general, el proyecto
buscó determinar y trabajar sobre las responsabilidades internas, de tal forma de
implementar soluciones que emanen desde la propia organización. Así, cuando la
comunidad analizó el fondo de las causas concluyó que su falta de control sobre
las actividades que ocurren en la reserva era lo que mejor explicaba la situación, y
que la forma en que se accedía a este espacio por parte de los comuneros no era la
adecuada. La regla que operaba era el “libre acceso”, es decir, cada comunero o familia
que deseaba trabajar o vivir en la reserva sólo debía dar aviso a la asamblea de la
comunidad, sin importar la magnitud y forma en que se llevaba esta ocupación.
Se debe tener en consideración que la ocupación y trabajo en la reserva
por parte de los comuneros williche tiene un efecto político beneficioso, ya
que justifica ante el Estado la demanda territorial sostenida por la comunidad
históricamente. Sin embargo, la misma ocupación está teniendo, actualmente,
resultados perjudiciales para los recursos existentes. Por todo ello se revisó en
profundidad el procedimiento que operaba y se acordó modificarlo en función
del reconocimiento de la situación que hoy se vive. El cambio era básico para
generar un proceso paulatino de sustentabilidad en el uso de este territorio.
Normas para acceder a la reserva
A partir del autodiagnóstico, la comunidad encargó a sus dirigentes y consejeros
la tarea de proponer un reglamento, basado en la tradición williche, tanto para
trabajar como para vivir en la reserva. Los encargados y el equipo técnico asesor
se reunieron durante tres fines de semanas completos, en el transcurso de tres
meses, formulando un reglamento que fue visado por la asamblea y aprobado en
su integridad.
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La normativa estableció los siguientes requisitos de acceso: estar inscrito en
la comunidad, ser socio activo de ella, tener un motivo justificado para acceder
a la reserva (superficie predial actual, número de hijos, estado de su predio, re-
cursos, etc.), contar con un mínimo de dos años de antigüedad como socio de la
comunidad y un buen comportamiento dentro de ella.
Para trabajar dentro de este territorio se establecieron, en síntesis, las siguien-
tes normas de acceso: tramitación del plan de manejo, en caso de no existir;
definición por parte de la comunidad, de la superficie a trabajar y del tiempo
de duración de las labores; la membresía activa de todo el grupo de trabajo; el
matrimonio como sujeto de derecho; determinación del tipo y cuantía del cobro
por uso de la reserva. Además de esto, son normas importantes que “el derecho
de trabajar no se vende ni se arrienda y es renovable según el comportamiento
del socio, su forma de trabajar o norma técnica”, y que “si el socio abandona el
plan de manejo lo puede ceder al padre o al hijo, y en caso de no existir estos,
vuelve a la comunidad”. Finalmente, el socio debe ser responsable de sus actos.
Quien desee trabajar debe dirigir una solicitud a la comunidad, identificando
todas las personas que participarían en las labores; proponiendo las hectáreas,
tiempo de explotación, lugar y número de personas que trabajarán. Por su parte,
la comunidad evaluará lo anterior, considerando los requisitos establecidos y
el plan maestro forestal. Para tomar la decisión de aprobar o no la solicitud, se
requiere la presencia de todos los miembros del equipo y la consulta pertinente
al eslabón técnico de la comunidad (directiva, monitores forestales, asesores
técnicos, etc.). Se establecerá, asimismo, el tiempo de resolución de la solicitud
y una forma de seguimiento.
Para vivir al interior de la reserva se establece la tramitación de un plan de
manejo, si éste no existe. La comunidad será quien defina la superficie de ocupa-
ción; y por ser indefinido el tiempo que durará, el espacio asignado a una familia
para vivir deja de formar parte de la reserva comunitaria. Del mismo modo,
dicho espacio no se vende, transfiere o arrienda, y es heredable a la sucesión, no
obstante, si la tierra es abandonada por cinco años, el derecho de uso vuelve a
la comunidad. El plazo para instalarse definitivamente es de cinco años, y una
vez habitando dentro de la reserva existen derechos adquiridos que se deben
respetar y revisar.
El reglamento también estipula sanciones para el socio que no respete los
límites del espacio que se le asigna. Si ello ocurre, se le llamará la atención en
reunión de comunidad, en primera instancia, y se emitirá un informe a CONAF
en segunda. Si un comunero deja de ser “buen socio” o socio activo, se le quitará
el apoyo de la comunidad y se suspenderá su plan de manejo. Finalmente, se
estipula que durante las reuniones de la comunidad el socio “revoltoso”3 pierde
derecho a voz y no tiene derecho a voto si no es socio activo.
3
Persona que genera conflictos inconducentes.
339
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Ordenación territorial de la reserva
Como resultado de la fotointerpretación y verificación de terreno se establecie-
ron 32 rodales, de acuerdo al tipo de cobertura: bosque adulto, renoval, tepual
y quema (ver mapa de cobertura en Figura N°1). Posteriormente, se realizó un
análisis cualitativo y cuantitativo de cada rodal, determinando sus características
físicas y biológicas, y su función natural. A continuación, y a partir del análisis
hecho con la comunidad, se establecieron los usos más adecuados para el área.
Figura Nº1: Mapa de cobertura reserva de Weketrumao
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De ello resulta la división en dos grandes zonas: la primera para producción, con
una superficie de 716 hectáreas, desagregada en ocho rodales; y la segunda para
conservación, con una superficie de mil 16 hectáreas, desagregada en 15 rodales
(ver mapa de uso y conservación en Figura N°2).
Si bien es numerosa la información que genera una ordenación territorial,
lo más destacado es la matriz resultante del cruzamiento de la demanda de la
comunidad con la función natural asignada a cada rodal. A modo de resumen,
presentamos los resultados en las Tablas Nº 1 y Nº 2.
Figura Nº2: Mapa de uso y conservación reserva de Weketrumao
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Tabla N°1: Usos asignados por rodal para el área de aprovechamiento de madera
Rodal Nº ha Cobertura Uso principal y secundarios
Producción de madera (restricción alta)
1 327 Bosque adulto
Recreación y servicios turísticos.
Abrigo de fauna
2 15 Tepual Zona de amortiguamiento de mallín lago Colpué.
Producción de madera.
Producción de madera -ciprés (Pilgerodendron
uviferum) quemado.
3 10 Quema
Recreación y servicios turísticos.
Zona de amortiguamiento lago Tres Marías.
Producción de madera (ciprés quemado)
4 77 Quema
Recreación y servicios turísticos.
5 22 Quema Producción de madera (ciprés quemado)
Producción de madera (restricción media)
19 69 Bosque adulto
Abrigo de fauna.
Producción de madera
21 200 Tepual
Zona de amortiguamiento río Colpué.
Recreación y servicios turísticos
23 18 Bosque adulto Abrigo de fauna.
Zona de amortiguamiento lago Tres Marías.
24 4 Bosque adulto Producción de madera
Complementario a la asignación del uso más adecuado, se obtuvieron los pará-
metros de tasa de aprovechamiento, oferta de madera por rodal y la demanda
que debe soportar la reserva. A partir de estos parámetros la comunidad se
encuentra formalizando una unidad técnica, que tendrá como responsabilidad
la realización y ejecución de la planificación silvícola pertinente a la propuesta
de uso determinada. Esta unidad técnica estará compuesta por, al menos, un
profesional del área forestal y tres representantes de los grupos de trabajo que
utilizan la reserva. Además, será encabezada por el lonko de la comunidad, como
garante del cumplimiento de las normas instauradas para el uso de este espacio
y de la asignación establecida para él.
CONCLUSIONES
La toma de conciencia de una parte importante de la comunidad, frente a
la necesidad de revertir una situación de no sustentabilidad en el uso de los
recursos, resulta de vital importancia para el buen logro del proyecto. Esto se
obtiene una vez que la comunidad rompe el círculo vicioso de creer que toda la
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Tabla N°2: Usos asignados por rodal para el área de conservación
Rodal Nº ha Cobertura Uso principal y secundarios
Conservación
Producción de madera (restricción alta).
6 22 Renoval
Abrigo de fauna.
Recreación y servicios turísticos (sectores próximos a laguna Santa Rosa).
Conservación
Producción de madera -ciprés y tepú (Tepualia stipularis) quemado.
7 81 Quema
Abrigo de fauna.
Zona de amortiguamiento laguna Santa Rosa.
Conservación
8 79 Bosque adulto Abrigo de fauna.
Zona de amortiguamiento río Pililo.
9 193 Tepual Conservación
10 15 Quema Conservación
Conservación
11 306 Bosque adulto Abrigo de fauna.
Recreación y servicios turísticos.
12 4 Quema Conservación
13 12 Quema Conservación
14 12 Renoval Conservación
15 148 Tepual Conservación
16 11 Renoval Conservación
17 74 Bosque adulto Conservación
18 4 Bosque adulto Conservación
20 24 Renoval Conservación
22 5 Quema Conservación
RECUADRO Nº 1: GLOSARIO
Aprovechamiento de madera: producción de madera debobinable, aserrable, pulpable o como leña, para su comer-
cialización.
Abrigo de fauna: favorecer las dinámicas naturales de la flora y fauna.
Recreación y servicios turísticos: desarrollo de futuros proyectos turísticos posibilitando el acceso a visitantes, acorde
a la capacidad de los sectores.
Zona de amortiguamiento de ríos y lagos: protección de riberas, control hidrológico y recreación.
Bosque adulto: asociación forestal compuesta por grandes y viejos árboles, de coigüe común (Nothofagus dombeyi
Oerst.), coigüe de Chiloé (Nothofagus nitida), coigüe de Magallanes (Nothofagus betuloides), o tineo (Weinmania
trichosperma); que sobresalen algunos metros sobre un dosel dominante de tolerantes, principalmente mañío
(Podocarpus nubigena), tepa (Laurelia philippiana), canelo (Drimys winterii) y myrtaceas.
Tepual: asociación forestal compuesta por el arbusto arborescente tepú (Tepualia stipularis); puede constituir bosques
puros o con mayor frecuencia se encuentra mezclado con la conífera ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron
uvifera), y con canelo. Se conoce localmente como tepual.
Renoval: corresponde a bosques de segundo crecimiento dominados por la especie canelo y de densidades muy altas
(8 mil a 20 mil árboles por hectárea), que se originan como consecuencia de la destrucción del bosque original,
lo que ha ocurrido generalmente por talas rasas o incendios forestales.
Quemas: cualquiera de las asociaciones descritas anteriormente y que han sido destruidas por acción del fuego por
origen natural o antrópico.
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responsabilidad se encuentra en un colectivo, usurpadores, Estado, autoridades,
CONAF, etc. Cuando se han acotado los ámbitos de las responsabilidades se logra
identificar cuáles de ellas pertenecen a la comunidad y, dentro de ésta, a las
personas conflictivas y los vicios existentes en la organización.
La puesta en vigencia de valores tradicionales al interior de la comunidad
permite la generación de consensos y la toma de acuerdos necesarios para re-
vertir la situación de degradación inicial, que motiva el desarrollo del proyecto.
El control cultural y social propio de la comunidad, que detentan los dirigentes
y la comunidad misma, es el principal aspecto a fortalecer para dar mayor sus-
tentabilidad al uso de los recursos.
Quedó en evidencia que el manejo sustentable del bosque no depende de la
existencia o inexistencia de planes de manejo u otro instrumento formal, sino
que tiene que ver con la mentalidad de quienes intervienen directamente en
estos espacios. Muchas veces la imposibilidad de obtener un plan de manejo se
convierte en una excusa más que en una causa de pérdida de sustentabilidad
en el quehacer forestal. La falta de estos planes es una realidad que preocupa,
ya que la dificultad de obtenerlos radica en la imposibilidad de cumplir con
la exigencia de propiedad de la tierra, situación cuya solución está fuera del
ámbito interno de la comunidad. Desde el punto de vista de las comunidades,
esta insalvable exigencia en la aplicación de la legislación forestal vigente por
parte de CONAF se convierte en una paradoja, dado que es el Estado el que no
concreta los mecanismos de transferencia de tierras fiscales hacia la comunidad
demandante, como es el caso de Weketrumao.
El reconocimiento de los espacios de uso comunitario como “propiedad de
toda la comunidad”, que funciona con normas claras de acceso, obliga a vivir un
proceso de cambio paulatino, pasando de ser “depredadores” de bosque a usua-
rios responsables del mismo. Este proceso se fortalece con la toma de conciencia
de la pertenencia territorial, la existencia de normas basadas en la tradición
williche, y de reglas que nacen y valoran la costumbre existente al interior de
la organización.
La puesta en marcha de las normas de uso no ha sido un proceso fácil. En
algunos momentos ha sido motivo de conflicto entre los comuneros. Este hecho
es visto como una diferenciación al interior de la comunidad; por un lado están
los que se resisten al cambio y prefirieron continuar su trabajo sin ningún tipo de
restricción o compromiso y, por otro, quienes están dispuestos a reglamentar el
uso y someterse a normas que permiten asegurar un uso sustentable del bosque.
Dado que las normas son resultado de la costumbre y de un proceso de reflexión
interno, se asegura que su objetivo y espíritu se vayan consolidando en la vida
de la comunidad, de tal forma que su ejercicio para las próximas generaciones
sea cotidiano y necesario.
El proceso de aplicación de los acuerdos necesita apoyo profesional en su
primera etapa, ya que no son pocas las dudas y situaciones que requieren ir per-
feccionándose e interpretándose, a la luz del objetivo superior que se persigue.
Debe haber un trabajo interdisciplinario en el ámbito profesional, e integrado
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entre los profesionales, dirigentes y la comunidad. El reconocimiento, ejercicio
y respeto de los ámbitos de cada uno, asegura que los resultados de las iniciati-
vas emprendidas sean conducentes y resuelvan, en el mediano y largo plazo, las
problemáticas que plantean.
El uso comunitario de ciertas áreas es una herramienta válida y necesaria
cuando se trata de comunidades indígenas, en particular williche. La falta de
reconocimiento de este anhelo y derecho, por parte del Estado, muchas veces
significa la imposición de programas e iniciativas que no reconocen la cosmovisión
existente en las comunidades indígenas. Un ejemplo de esto es la tenaz resistencia
por parte del Estado de entregar las tierras a título comunitario, pues desconoce
que la propiedad comunitaria sea una forma real de ejercicio de la “propiedad
privada”. La propiedad comunitaria williche debe ser entendida, desde la cultura
occidental, como propiedad privada detentada por la comunidad como un sujeto
individual, y normada desde lo consuetudinario y comunitario.
La ordenación territorial y forestal resulta un instrumento de apoyo im-
portante y fundamental en la determinación de la capacidad de carga de un
ecosistema. La ordenación establecida permitió dar prioridad a las funciones
naturales de los espacios boscosos, a la hora de determinar su uso más adecuado.
Cabe hacer hincapié en que las decisiones de su uso recaen en la comunidad y
no en los profesionales que acompañan el proceso.
El establecimiento de las funciones naturales de cada espacio permitió dar
un trato igualitario a la producción de bienes y servicios, abrigo de flora y fauna,
recreación y turismo y a la capacidad reguladora de los ciclos naturales, entre
otros. Resulta de gran importancia colocar en un plano horizontal las funciones
de los ecosistemas, de tal forma de no tendenciar algunas de ellas. Sin embar-
go, uno de los resultados de la ordenación es la asignación de la prioridad que
asegura el mejor uso, desde el punto de vista de la sustentabilidad necesaria.
De esta forma, debe entenderse que los resultados de la ordenación son una
“propuesta”, que debe ser validada y aceptada por los usuarios. Esto se logra a
través de la “negociación” entre la demanda social existente sobre el ecosistema
y las diversas funciones naturales que éste cumple.
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Ordenación Predial Participativa: una alternativa de desarrollo
sustentable para la familia campesina de la región de Aysén
JÜRGEN BUCHER, ALIRO GASCÓN
INTRODUCCIÓN
Los predios rurales de la región de Aysén presentan, al igual que otros sectores
del país, problemas de disminución de su capacidad productiva, derivados de
prácticas no concordantes con la capacidad de soporte que tengan éstos, lo que
en algunos casos se traduce en la pérdida de recursos naturales. Los factores y
las responsabilidades son múltiples, aunque la razón principal sea, tal vez, la
pobreza. Sumado a lo anterior están las dificultades estructurales tales como
redes camineras, escolaridad y salud, falta de acceso a la información, sistemas
productivos tradicionales no acordes con las condiciones del sitio, complejidad
de los mercados, instrumentos de fomento que no siempre responden a las ne-
cesidades reales de los usuarios, falta de coordinación entre servicios públicos, y
diferentes visiones y acciones sobre el desarrollo rural por parte de organismos
de fomento.
En respuesta a esta problemática se analizó como alternativa la Ordenación
Predial Participativa (OPP), apoyada en los ocho años de experiencia del Proyecto
Conservación y Manejo Sustentable del Bosque Nativo (PCMSBN) llevado a cabo
por CONAF-DED-GTZ-KfW en la región de Aysén. Este proyecto inició su atención
a los campesinos formulándoles gratuitamente planes de manejo, los cuales
si bien respondieron a una necesidad momentánea no aseguraron un manejo
sustentable de los bosques nativos. Otra fase importante fue la elaboración de
planes de ordenación forestal, que contemplaban la totalidad del patrimonio
forestal predial.
Aunque la inclusión de toda la superficie forestal en la planificación constituye
un gran avance, debido a que el interés de los propietarios rurales de la región se
centra en la ganadería, la medida presenta algunas limitaciones. Muchas veces los
campesinos ven el bosque como un obstáculo que no aporta sustancialmente a
su economía familiar. Por esta razón creemos que la OPP es una alternativa más
viable y con mayor aceptación en el campesinado, ya que involucra lo conocido
(pradera y ganado) e incorpora nuevas ideas, experiencias y aprendizajes y, lo
más importante, democratiza el conocimiento de la familia.
Otro aspecto trascendente es la falta de coordinación entre los servicios
del agro, que intentan responder a la problemática de la pobreza rural y a la
347
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destrucción de los recursos naturales. La OPP plantea como una de sus premisas
coordinar los esfuerzos sectoriales, para obtener mayores impactos a menor
costo de intervención.
Este artículo propone un trabajo que trata de resolver los conflictos que genera
el uso y aprovechamiento de la tierra cuando los subsistemas no están bien iden-
tificados o sectorizados, y la mala utilización de los recursos naturales prediales
causa pérdidas en la economía familiar por una descapitalización del predio.
El texto da cuenta de la aplicación de una OPP en el predio “El Guerrillero”
de la sucesión García Ortiz, ubicado en la comuna de Río Ibáñez en la provincia
de General Carrera.
ANTECEDENTES DE LA SUCESIÓN GARCÍA ORTIZ1
El predio “El Guerrillero”, de propiedad de Heraldo García Ortiz, se ubica en
el sector denominado Villa Cerro Castillo y tiene una superficie de 126,25 hec-
táreas (Tablas Nº 1 y 2). La sucesión está integrada por la señora Lina Alarcón
y dos hijas2.
La ganadería es la principal actividad productiva del predio, mientras que
la forestal es poco significativa. Para realizar las faenas se contrata a trabajado-
res. La familia percibe ingresos de una incipiente actividad de turismo rural, a
través de bonificaciones de INDAP y de una pensión de viudez de la propietaria.
Ésta conoce bien los objetivos del proyecto, disponiendo de plan de manejo
sujeto a incentivos.
El manejo predial de estos campos tiene una evaluación de buena a muy
buena. En general cuenta con excelente mantención de infraestructura (cercos,
caminos, tranqueras, casa, galpón, potreros, accesos, entre otros). Aparte de las
inversiones monetarias propias existe participación en programas y beneficios de
INDAP y de la municipalidad de Río Ibáñez, lo que indica que la familia no sólo
cuenta con recursos necesarios para mejorar su predio sino que además tiene
interés suficiente para hacerlo, iniciando el desarrollo de actividades de turismo
rural con interesante proyección a futuro.
En cuanto a la importancia productiva que se otorga a los recursos forestales,
la propietaria considera que la actividad no es muy rentable, principalmente
porque requiere dedicación y el contrato de una persona que la desarrolle. En
general los productos que se extraen se destinan a autoconsumo o a cubrir nece-
sidades del campo (varas, cercos, arreglos internos). La leña tampoco se explota
con fines comerciales.
1
En este trabajo participaron, además, el ingeniero agrónomo Fernán Silva, en descripciones y propuestas
agronómicas y ganaderas; el ingeniero forestal Luis Moraga, en confección del plan de manejo forestal; el téc-
nico agrícola Homero Saldivia, en confección del plan de manejo forestal y apoyo en terreno; el antropólogo
Gonzalo Saavedra, en descripción y antecedentes familiares y el ingeniero forestal (e) Robert Schreier, en
cálculos económicos.
2
Encuesta realizada por el ex antropólogo del PCMSBN Gonzalo Saavedra, basada en indicadores desa-
rrollados en el proyecto.
348
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La visión de futuro de los recursos forestales es utilitaria. El bosque se consi-
dera un recurso económico y predial “al que en cualquier momento se le puede
echar mano”. También se cree que debe ser “dejado para el futuro” a las próximas
generaciones de la familia, en consideración a que posee un ciclo biológico-pro-
ductivo muy largo. Por otra parte, aunque la propietaria conoce el daño que los
animales provocan a la regeneración, piensa que lo prioritario es el forraje.
Tabla N°1: Uso actual del predio (según plano existente)
Uso Superficie (ha) Porcentaje
Bosque nativo 62,65 49,7
Mallines 28,00 22,2
Rocas 6,90 5,4
Terrenos desprovistos
28,70 22,7
de vegetación
Total 126,25 100,0
Tabla Nº 2: Resumen de los usos actuales y sus correspondientes superficies3
Uso actual Superficie (ha) Porcentaje
1 Bosque adulto 5,0 4,2
2 Renovales 23,4 19,8
3 Silvopastoreo 28,5 24,2
4 Mallines 15,2 12,9
5 Galpón natural - mallines (bosque de ñirre) 13,1 11,1
6 Suelo erosionado (potencial para forestación) 3,5 3,0
7 Cerros 4,3 3,6
8 Praderas 23,1 19,6
PR Protección (flora y fauna) 1,7 1,4
Total 117,8 100,0
ORDENACIÓN PREDIAL PARTICIPATIVA
Definimos Ordenación Predial Participativa4 como la forma de ordenar, espacial y
temporalmente, los usos de un sistema predial, para conservar y manejar susten-
tablemente sus recursos naturales y optimizar la economía familiar campesina,
incorporando sus experiencias e ideas en la toma de decisiones.
Sus objetivos son: conservar y manejar los recursos prediales en forma sus-
tentable y participativa; coordinar y hacer sinérgicas las actividades, programas
e instrumentos de fomento de los servicios del agro; incorporar a la familia
3
En este cálculo no se consideran huertas, caminos, viviendas, galpones y suelos sin uso.
4
Definición de los autores.
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campesina en la evaluación, planificación y toma de decisiones; capacitarla en
el manejo adecuado de sus recursos; y cuantificar los ingresos y la capitalización
en el predio.
Sus criterios son:
— Trabajar participativamente. La familia participa activamente en todas las
fases de la OPP, tomando las decisiones en conjunto con el equipo técnico
(por ejemplo, en la delimitación y asignación de usos a las áreas de manejo).
Además, es necesario involucrar en el proceso a consultores que ya operen
en el área.
— Trabajar integral y transdisciplinariamente. Los profesionales deben considerar
los variados elementos que conforman el desarrollo rural y tener la capa-
cidad de trabajar con otras disciplinas (por ejemplo, equipos conformados
por sociólogos, antropólogos, ingenieros agrónomos, ingenieros forestales y
especialistas diversos).
— Respetar las restricciones técnicas y ambientales. La OPP da cuenta de aspectos
no negociables, es decir, de difícil mitigación ambiental, como no explotar
bosque en pendientes superiores al 60% ni a menos de 20 metros de cursos
de agua, no permitir el uso ganadero por sobre el 35% de pendiente, excluir
ganado de bosques en etapa de regeneración, no drenar ni pastorear hume-
dales saturados o turberas y no explotar especies en peligro de extinción o
en categoría de vulnerabilidad.
— Mantener y/o aumentar la diversidad de usos, productos y especies. La OPP
fomenta el trabajo multiproductivo (como el turismo), agregando valor a
la materia prima (por ejemplo, un trozo no sólo entrega leña sino también
madera, postes y tejuelas) y asegurando la biodiversidad. Es posible aplicar
enriquecimiento con especies que se adapten muy bien al hábitat, como
la siembra de alfalfa en suelos aptos, incorporación de alpacas o especies
forestales de rápido crecimiento.
— Trabajar a nivel de la capacidad de gestión de la familia. La familia campesina
tiene su propia lógica social, cultural y económica, que determina su accio-
nar. Por tanto, los cambios que se realicen no deben desconocer costumbres,
disponibilidad de mano de obra, acceso a información y a poderes crediticios,
manejo de instrumentos de fomento, costos y nivel de educación.
— Realizar seguimiento y control de las actividades planificadas. En gran parte el
éxito de la OPP se debe al seguimiento y a la evaluación permanente de las
actividades programadas. Es aquí donde se prueba la efectividad del trabajo
planteado y las evoluciones en el tiempo (por ejemplo, medición y logro
de metas programadas; prueba de los instrumentos e incentivos existentes;
ajustes a la planificación; y comprensión, aprendizaje y adquisición del nuevo
modelo por parte de la familia).
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Metodología para realizar una OPP
Los pasos a seguir en un proceso de OPP pueden variar dependiendo de situacio-
nes diferenciadas. Sin embargo, los autores recomiendan ajustarse a lo descrito,
por tratarse de lo mínimo que se debe hacer en toda intervención. El trabajo de
OPP se divide en tres fases: diagnóstico, propuesta consensuada y seguimiento-
evaluación.
Fase 1: Primer diagnóstico
El primer paso de esta fase se denomina primer contacto, que puede ser con una o
varias familias. En ambos casos se analiza en conjunto el problema de la pérdida
de los recursos prediales (se inicia el proceso de participación) y surge la idea
y la necesidad de hacer una OPP. Una técnica muy recomendada es dibujar un
mapa del predio y describir los usos actuales (mapas o perfiles transversales);
también se recomienda analizar la evolución productiva de los predios (perfil
histórico). Son sorprendentes las lecturas que se pueden hacer de estos croquis,
ya que quienes los dibujan exponen sus puntos de vista y prioridades. Si se trata
de grupos familiares se pueden realizar talleres colectivos de análisis5.
Luego del primer contacto se efectúa una visita preliminar, que consiste en
un recorrido por el predio para corroborar el análisis anterior. Posteriormente
se requiere conocer los antecedentes socioeconómicos de la familia, para lo cual
se recomienda realizar una evaluación de ingresos, roles, carga de trabajo, distri-
bución temporal de actividades, disponibilidad de mano de obra, diferenciación
del trabajo por género, pertenencia a asociaciones sociales o comerciales, acceso
a mercados existentes, conocimiento de los instrumentos de fomento, entre
otros aspectos.
Con estos antecedentes se efectúa una evaluación preliminar para ver la
pertinencia de hacer una OPP, sobre la base de los objetivos planteados por cada
programa. En caso que la demanda sobrepase la capacidad de atención del pro-
grama o proyecto se pueden confeccionar indicadores de selección, dependiendo
de la realidad de cada localidad6.
Fase 2: Propuesta consensuada
Esta fase contempla realizar una fotointerpretación, que consiste en una “de-
limitación de Unidades de Paisaje Homogéneo (UPH)”, como bosque ralo,
bosque denso, mallín, pradera, suelo desnudo y renoval. Se utiliza una foto-
grafía aérea lo más actual posible. La escala depende de la mínima superficie
5
El PCMSBN, región de Aysén, ha realizado talleres participativos de análisis y tiene antecedentes de las
técnicas utilizadas.
6
El PCMSBN, región de Aysén, posee indicadores de selección que pueden ajustarse a otra realidad.
351
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de UPH que se desea delimitar. Por ejemplo, con una escala de 1:10.000 se
puede contemplar un mínimo de 0,3 hectáreas, sin embargo, el número de
UPH depende de la superficie del predio y del nivel de detalle con el que se
desea trabajar. Para las superficies prediales de nuestra región consideramos
razonable contemplar unas 20 a 30 UPH.
Se realiza un diagnóstico de uso y posteriormente se elabora una rodaliza-
ción consensuada, que es el paso de mayor importancia en este proceso. En
él participan todos los actores involucrados y es el momento de negociar los
intereses a partir de la información que se extrae de la rodalización. En con-
junto con la familia se somete a discusión la situación real del predio (es decir,
las acciones humanas) y se visualizan los cambios consensuados. El equipo
externo y la familia intercambian conocimientos y experiencias. Ésta posee
conocimientos adquiridos por transmisión entre generaciones y por ensayo y
error, que los equipos técnicos deben valorar; a su vez, estos últimos poseen
un conocimiento formal que también la familia debe apreciar. Se produce
un flujo de capacitaciones en ambos sentidos que consolida el trabajo de la
ordenación predial y que se valida en un plano definitivo de rodalización.
A continuación se realiza una toma de datos, que consiste en un levan-
tamiento de información y el inventario de los recursos existentes. Con la
información biogeográfica se adopta el concepto de “sitio”, que es la suma
de la UPH con el inventario ambiental. Este último incorpora los siguientes
puntos: suelo (profundidad, drenaje, textura, pedregosidad, exposición), uso
(capacidad de uso, cobertura vegetal, densidad de especies o clases de suelo),
estructura hídrica (lagos, lagunas, ríos, mallines) y estructura tecnológica
(cercos, caminos, casas, galpones).
El paso siguiente es un inventario detallado de las existencias, que com-
plementa la toma de datos anterior para la elaboración técnica de la OPP. Espe-
cíficamente, plan de manejo u ordenación forestal, ordenación agropecuaria
y otros planes. Esta etapa tiene un carácter altamente técnico, por lo cual la
participación de la familia es menor.
Posteriormente se elabora un calendario anual con los respectivos sectores
a intervenir. El plazo recomendable de planificación es de 10 años y se hace
por rodal. Las actividades forestales pueden ser: extracción de madera, cortas
intermedias, regeneración natural de bosque, enriquecimiento, forestación
con especies nativas o exóticas, poda; las actividades agropecuarias pueden
ser: mejoramiento de pradera, limpia de palizada muerta, instalación de un
sistema de riego o drenaje, construcción de cercos, siembras, cultivos; y acti-
vidades complementarias como: construcciones turísticas (cabañas, camping,
miradores, circuitos), cultivos no tradicionales, invernaderos, apicultura,
acuicultura y lombricultura.
Luego viene la elaboración de un informe de movimientos económicos o
flujos de caja, antes y después de la OPP, en el cual se especifican las inver-
siones, ingresos y subsidios disponibles, es decir, las entradas y salidas finan-
cieras del proyecto. Además da cuenta de los productos (tipo y cantidad),
352
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disponibilidad y cantidad de fuerza laboral, priorización de actividades, entre
otros aspectos.
Fase 3: Seguimiento y evaluación
Uno de los objetivos más importantes de la OPP es coordinar y hacer sinér-
gicas las actividades e instrumentos de fomento y programas de los servicios
del agro. Por tal motivo es necesario que los profesionales que regularmente
trabajan con la familia puedan realizar los seguimientos que tienen como
guía el plan de OPP, para potenciar en un objetivo común las actividades que
históricamente se realizan en forma separada y que no siempre apuntan a
un mismo fin. No sólo es importante que el equipo que elaboró el plan de
OPP haga los seguimientos sino que también participe en los que efectúen
los profesionales del agro.
Para hacer los seguimientos se proponen acciones basadas en el calendario
de actividades del plan de OPP, para garantizar la asesoría y el acompaña-
miento necesario.
En la mitad de plazo establecido por el proyecto se realiza una evaluación,
cuyos resultados determinarán la conveniencia de modificar el plan de OPP
o el calendario de actividades. Al término del plazo determinado en el plan
de OPP se debe hacer la evaluación final y decidir la factibilidad de continuar
en una segunda fase.
La familia García Ortiz y los profesionales analizaron en conjunto las características y aptitudes del terreno.
(Foto: Jürgen Bucher/Aliro Gascón).
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OPP EN EL PREDIO DE LA SUCESIÓN GARCÍA ORTIZ
Balance cualitativo y cuantitativo del bosque
Situación actual. Falta un manejo sustentable del bosque. Durante los últimos
años la superficie se redujo en forma lenta pero continua, por el autoconsumo
y en menor grado por la venta de leña, de postes y de varas. La destrucción y
sustitución por pradera se cuantifica en cerca de 50 m3 al año. Hasta ahora no
se manejan los renovales, lo que significa una pérdida de calidad y de volumen
con menos ingresos en el presente y en el futuro. En toda la superficie del predio
hay presencia de ganado, debido a lo cual desde hace tres décadas no se produce
regeneración y el bosque adulto se encuentra en peligro de desaparecer en años
posteriores. Tampoco se consideran bosques con función de protección, como
los cercanos a cursos de aguas. Existen siete hectáreas con daños de erosión.
Situación futura. Manejo sustentable del 100% del bosque. Proporcionará
un ingreso anual y asegurado por la familia para ahora y el futuro. En los 10
años del plan de manejo se cosecharán cerca de cuatro mil m3 de madera. La
comercialización del 10% como trozos y del 85% como leña significa un ingreso
neto de alrededor de 10 millones de pesos. El trabajo se puede ejecutar en cerca
de mil 100 jornadas, que significan un ingreso también para otros trabajadores
y peones. Gran parte de los costos, de 13,7 millones de pesos, son sueldos para
otros trabajadores. Con la exclusión del ganado se asegura la regeneración de los
bosques adultos y su sustentabilidad (Tabla Nº3).
Tabla Nº 3: Actividades e ingresos propuestos en 10 años
Superficie Extracción de Costo de la Subsidio Valor de la madera Costo neto -Ingreso
Actividad
(ha) madera (m3) actividad ($) disponible ($) extraída ($)(5) neto + ($)
Plan de ordenación
126,3 800.000 800.000 0
forestal
Exclusión de ganado
5,70 956.802 869.820 -86.982
(regeneración)
Extracción de árboles
5,70 1.009
(1)
2.894.389 0 6.952.010 4.057.621
(bosque adulto)
Raleo de renovales 18,50 1.791
(2)
4.349.571 1.387.500 7.611.750 4.649.679
Raleo del
35,60 (3)
980 2.380.000 0 4.165.000 1.785.000
silvopastoreo
Raleo del mallín
14,70 (4)
247 705.714 0 1.235.000 529.286
“galpón natural”
Forestación con pino 4,30 1.706.040 1.706.040 0
Total: 4.027,00 13.792.516,29 4.763.360,00 19.963.760,00 10.934.603,71
(1)
10% como madera aserrable, 85% como leña
85% como leña
(2), (3)
(4)
100% como leña
(5)
Precio de leña: $ 3.500/m estéreo, precio del trozo: $ 1.200/pulg. (22)
354
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En la actualidad se manejan sustentablemente 18,9 hectáreas de renovales,
lo que significa una futura producción de madera valiosa y un ingreso más alto al
actual. Además se plantan 4,3 hectáreas de suelo degradado con Pinus ponderosa
que producirán en 25 a 35 años madera para construcción, junto con recuperar
los daños de la erosión al lado de los ríos.
Balance de la pradera
Situación actual. En el presente las praderas producen 198 toneladas de materia
seca y soportan 36 UA en forma sustentable. Existen 34 hectáreas de pradera
con invasión de arbustos y palizadas, lo que significa una pérdida de superficie
para producir materia seca.
Situación futura. Con el mejoramiento de las praderas se producirán 440
toneladas de materia seca y soportarán 74 UA. El incremento de la capacidad
ganadera significa un ingreso sustentable de 18,9 millones de pesos en los próxi-
mos 10 años (Tabla Nº4).
Conclusión
Situación actual. El predio tiene en la actualidad una carga sustentable de 36 UA,
con un valor de 60 mil pesos cada una, lo que genera un ingreso total de 2,16
millones de pesos. El uso del bosque es muy irregular y sólo para autoconsumo,
sus productos casi no se comercializan. Se utilizan aproximadamente 100 m3 de
madera por año, principalmente para leña y postes. Esta madera tiene un valor
total de 500 mil pesos.
En suma, es posible obtener como ingreso predial 2,56 millones de pesos anuales.
Situación mejorada con OPP. La carga de animal crece a 74 UA, con un valor
de 4,4 millones de pesos. En 10 años es posible cosechar cerca de cuatro mil m3
de madera, que se puede comercializar como leña, trozos aserrables, postes y
varas. El valor de la madera es de aproximadamente 19,9 millones de pesos. Los
costos del volteo y del madereo implican un ingreso neto del bosque de 10,9
millones de pesos, lo que significa 1,1 millones de pesos cada año.
También es factible generar ingresos con las actividades turísticas, pero por
falta de experiencia no es posible calcularlos.
En total, el ingreso del predio sube a 5,56 millones de pesos, aproximada-
mente. Los costos de 29,8 millones de pesos por los 10 años se invierten princi-
palmente en mano de obra, generando empleo en el sector rural.
Se producirán bienes de larga vida como cercos, cunetas, valiosos bosques
y praderas mejoradas. Estas inversiones tienen horizontes mayores a 10 años y
mejoran el ingreso de la familia en forma permanente.
Con la diversificación desde productos ganaderos a otros como madera y
actividades turísticas se disminuyó el riesgo económico del predio. En caso de
pérdida del ingreso de un producto los restantes funcionan como otras fuentes
para la familia y aseguran la supervivencia en el campo.
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Tabla Nº4: Actividades e ingresos propuestos en 10 años
Ingreso por
Cambio de Cambio de Costo neto
Subsidio cambio de
Superficie capacidad capacidad Costo de la - Ingreso
Actividad disponible capacidad
(ha) ganadera ganadera actividad ($) neto +
($) ganadera
(UA/ha) (UA/sitio) ($)
($)
Plan de ordenación ganadero 126,30 700.000 700.000 0
Praderas (7.1-7.4)
Fertilización
24,00 0,20 4,80 318.960 425.280 2.880.000 2.773.680
(80kg P2O5/ha)
Limpia palizada y matorral 13,50 0,10 1,35 2.295.000 3.060.000 810.000 45.000
Instalación de sistema de
10,10 1,20 12,12 7.272.000 7.272.000
riego
Siembra de alfalfa 1,60 1,50 2,40 400.208 533.611 1.440.000 1.306.597
Silvopastoreo (3.1-3.7)
Limpia palizada y matorral 35,10 0,10 3,51 5.967.000 7.956.000 2.106.000 117.000
Extracción de árboles 35,70 0,05 1,79 1.071.000 1.071.000
Exclusión de ganado durante
0,60 -0,20 -0,12 -72.000 -72.000
el verano
Mallín (8.1-8.3)
Manutención y ampliación
13,40 1,00 13,40 100.000 8.040.000 7.940.000
de la red de drenaje
Galpón natural (4.1-4.3)
Limpia palizada y matorral 14,40 0,05 0,72 2.448.000 3.264.000 432.000 -384.000
Extracción de árboles 14,70 0,05 0,74 441.000 441.000
Bosques y otros
Exclusión de ganado 19,00 -0,14 -2,66 -1.596.000 -1.596.000
Total 38,04 12.129.168 16.038.891 22.824.000 18.914.277
CONCLUSIONES
— La planificación se debe hacer con todos los actores involucrados, donde la
negociación es parte de este proceso. En ella se vierten los intereses e inquie-
tudes de la familia y del equipo externo. Si bien la planificación es la etapa
inicial de la OPP, se hace realidad con la ordenación en la práctica. La plani-
ficación establecida debe ser guiada en los primeros años de ejecución.
— El nivel educacional de la familia influye en ámbitos técnicos y conceptuales,
y es una variable importante a considerar cuando se piensa generar cambios
complejos a escala predial, como lo es un plan de ordenación.
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Figura Nº1: Plano de los usos proyectados
Tabla Nº 5: Resumen de la situación antes y después del proyecto
Situación actual Propuesta
Carga de animales 36 UA 69 UA
Bosque con exclusión de ganado (regeneración) 0 ha 9 ha
Bosque de protección 0 ha 3,2 ha
Daños de erosión 7 ha 0 ha
Otras actividades comerciales No hay Turismo
— La OPP tiene que dar respuestas en el corto y largo plazo y se deben com-
probar sus ventajas para que tenga validez en la familia. Para ello se realizan
cálculos económicos y físicos de los incrementos, tanto en ingresos como de
capital.
— Resolver y comprobar la incompatibilidad de usos permite realizar manejos
en subsistemas que requieren más tiempo entre la planificación y el aprove-
chamiento económico, como es el caso de los bosques.
— Es más probable mantener un flujo continuo de ingresos cuando existe una
diversificación productiva; con la monoproducción se arriesga la pérdida de
niveles de ingreso debido a los cambios o fluctuaciones de los mercados.
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— Un predio diversificado, ordenado y programado aumenta el valor de sus
bienes de capital y, por ende, su propio valor.
— Este proceso es más difícil de llevar a cabo si no cuenta con el apoyo de las
autoridades pertinentes y de los instrumentos de fomento existentes.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
BRENES CASTILLO, C. 1998. Pedagogía de la Negociación (Clave para Entender la Gestión Local de los
Recursos Naturales y la Democratización Comunitaria). FTPP-FAO. San José, Costa Rica. 95 p.
FAO. 1993. Guidelines for Land-Use Planning. FAO Development Series No1. Rome. 96 p.
MÜLLER, U. 1999. (Comp.) Planificando el Uso de la Tierra. Catálogo de Herramientas y Experiencias.
Villavicencio: GTZ, Santa Fe de Bogotá.
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Agradecimientos
El presente libro es el resultado del esfuerzo común de un grupo grande de per-
sonas e instituciones, que incluyen 43 autoras y autores, quienes generosamente
contribuyeron para la elaboración de estos artículos. Además, numerosos líderes
comunitarios entregaron sus valiosos testimonios que fueron transcritos para
complementar algunos artículos. Lo anterior implicó un largo trabajo de coor-
dinación entre los autoras y autores y el equipo editorial, por lo que queremos
destacar aquí la paciencia de todos para resolver los detalles de una recopilación
tan exhaustiva como esta.
Especial agradecimiento corresponde a la periodista Miriam Díaz. Con gran
profesionalismo y sensibilidad supo resolver muchas veces las diferencias en los
estilos de los distintos autores y editores. Asimismo, Andrea Larroucau realizó
el acucioso trabajo de corregir los textos, revisando desde la redacción hasta la
bibliografía.
Queremos dar gracias también a Aldo Farías de WWF por la elaboración de
los mapas relacionados con el trabajo de WWF y el territorio Mapu Lahual y por
su apoyo con el procesamiento de datos sobre la tenencia de los bosques. Varias
personas donaron fotos que han sido utilizados en este libro, en particular, agra-
decemos a los fotógrafos profesionales Aliosha Márquez, Darren Guyaz, Nicolás
Piwonka, Pablo Valenzuela y Thomas Müller, como también a Maximiliano Bello,
Alex Jarpa, Jaime Molina, Juana Palma, Felipe Valladares, Nadja Prange, Jovita
Nauco, Manuel Pichicón, Jorge Quappe y Dirk Schubert.
Este libro ha sido editado y publicado gracias al financiamiento y el com-
promiso institucional de la Fundación Ford, el Servicio Alemán de Cooperación
Social-Técnica (DED), la Sociedad Alemana para la Cooperación Técnica (GTZ)
y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
Santiago, enero del 2006
Equipo editorial
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