Análisis del Discurso y su Evolución
Análisis del Discurso y su Evolución
La génesis del AD
El AD se inscribe en el interior del “giro discursivo” ubicado entre 1964 y 1974, es iniciado
en filosofía y se extiende a distintas disciplinas sociales (Antropología, Sociología, Psicología,
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Historia, Lingüística, entre otras). El “giro” desvía el estudio de estructuras sintácticas
abstractas y oraciones aisladas al uso de la lengua. Va más allá de la oración en sí misma para
profundizar en los sentidos y las relaciones que se establecen entre los sujetos. El lenguaje es
concebido como lengua viva perteneciente a un contexto específico y a hablantes particulares.
No se trata de un hecho puntual sino de un fenómeno progresivo que en su desarrollo
reconoce que la realidad se construye socialmente en y con el lenguaje. Esto implica una forma
diferente de acercarnos al pensamiento social, un cambio de estatus y una crisis del paradigma
estructuralista en las ciencias del lenguaje donde comienzan a interrogarse acerca de los
límites de la lingüística saussureana.
En este marco el discurso y el AD se constituyen a partir del cuestionamiento de la
dicotomía entre lengua (“langue”) y habla (“parole”) planteada en el Curso de Lingüística
1
General (1916) de F. de Saussure .
En esta oposición la lengua es una realidad social sistemática y homogénea, y el habla, una
realidad individual, contingente y más o menos accidental. Esta perspectiva es puesta en
discusión por la lingüística post-saussureana que completa este razonamiento dicotómico
mediante el concepto de discurso y la necesidad de estudiar el lenguaje en uso sin
abstracciones. De esta manera, comienza a considerarse al sujeto hablante integrado al
funcionamiento de los enunciados que se articulan sobre formaciones ideológicas.
1
Es importante mencionar que la ecuación lengua=colectivo y habla=individual es desmontada por ciertas relecturas e
investigaciones de las obras marginadas de F. de Saussure (se trata de notas inéditas de lingüística general
publicadas en 2002 con el título “Ecrits de linguistique générale”-ELG-). Así como se destaca la dimensión discursiva
de la producción de significación, Saussure en estos apuntes subrayó que la “lengua entra en acción” sólo en y por el
discurso (ELG, p. 245). Para ampliar ver: Riestra, D. (2010) y Saussure, F. (2004).
14
b. Redefinición e instalación en un primer plano del sujeto. Hallamos los trabajos de
Benveniste (1966, 1970) sobre la enunciación. Este autor comprende la lengua como un
sistema de signos que puede ser aprenhendido en función de parámetros situacionales y busca
“desentrañar cómo se inscribe el sujeto hablante en los enunciados que emite” (Maingueneau,
1989: 12). Del conjunto de textos y autores que definieron la teoría de la subjetividad,
destacamos a Ducrot (1972) y a Kerbrat-Orecchioni (1980), quienes enfatizan en el carácter
dialógico de la actividad discursiva y en la subjetividad del hablante, elementos que más
adelante abordaremos.
c. Preocupación por el uso del lenguaje en la comunicación. Destacamos las
investigaciones de R. Jakobson (1960) que proponen revisar el acto de comunicación verbal
según seis funciones del lenguaje (expresiva, conativa, referencial, fática, metalingüística y
poética). A partir de estos estudios la naturaleza comunicativa de los sistemas de signos se
planteó como una problemática desde diversas disciplinas: la semiología (Barthes, 1964), el
interaccionismo simbólico (Goffman, 1971), la sociolingüística interaccional (Gumperz, 1982)
y la etnografía de la comunicación (Gumperz y Hymes, 1964, 1972). De esta última corriente,
2
señalamos el concepto de competencia comunicativa, reformulado de N. Chomsky y al que
le añade aspectos pragmáticos, esto es, un conjunto de habilidades y conocimientos que
permiten que los hablantes de una comunidad lingüística puedan entenderse en la
interacción social.
2
Noam Chomsky desarrolla la noción de competencia lingüística, desde el generativismo, para designar la aptitud de
un hablante-oyente ideal de una lengua para generar y comprender un número infinito de expresiones en esa lengua.
15
género discursivo, “cada esfera del uso de la lengua elabora sus tipos relativamente estables
de enunciados” (Bajtín, [1979] 2008: 245).
Tradiciones en el AD
La tradición anglosajona
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Por otro lado, Grice profundiza estos desarrollos y formula la teoría del principio de
cooperación dando lugar a los implícitos bajo la forma de presupuestos y sobreentendidos,
aquello que no está dicho pero que, sin embargo, se quiere comunicar. Se trata de procesos
inferenciales activados por los hablantes, quienes movilizan ciertas reglas en el juego
conversacional (máximas según Grice).
Además, en esta tradición anglosajona, en los años ochenta, encontramos lo que se ha
denominado “Análisis Crítico del Discurso” (ACD), una perspectiva diferente para abordar las
prácticas discursivas desde una postura problematizadora. En particular citamos las
investigaciones de Fairclough, Wodak, van Dijk, entre otros.
Esta línea de trabajo se propone un modelo de reflexión teórico metodológico que investiga,
por ejemplo, cómo los discursos reproducen el abuso de poder, la dominación o la desigualdad
social y determinan quiénes tienen acceso a estructuras discursivas y de comunicación
aceptadas y legitimadas por la sociedad. Entonces, un analista crítico del discurso, además de
tener en cuenta el vínculo entre lo discursivo y lo social, apunta a ser un "agente de cambio",
desmontar los mecanismos ideológicos de sometimiento y discriminación.
La Escuela Francesa (EF) aparece a mediados de los años sesenta y en ella convergen
ciertas tradiciones de investigación: el estructuralismo de esos años anuda lingüística,
psicoanálisis y filosofía. Se destaca la figura de Pêcheux (1969) influenciado por Marx,
Althusser y Lacan. Desde este espacio construyen una teoría del discurso en relación a la
ideología privilegiando los procedimientos que desestructuran, descomponen las totalidades
para acceder al sentido. Esto es lo que Maingueneau denomina concepción analítica. Entre
1969 y 1971, aparecen La arqueología del saber y El orden del discurso de Foucault. Sus
planteos, el creciente desarrollo de los trabajos sobre enunciación y el éxito de las corrientes
pragmáticas ejercieron una influencia cada vez más fuerte en los estudios del discurso mientras
que la EF fue retrocediendo para dar lugar a una nueva concepción de la discursividad. Los
trabajos son abordados desde un enfoque integrativo que piensa el discurso como un eslabón
de cadenas intratextuales y como participación en un dispositivo de habla inscripto en un lugar
social. Así comienza a gestarse una tendencia francesa que en términos de Maingueneau
(1991: 28) “no constituye ni una disciplina ni una escuela, sino el entrecruzamiento de un cierto
número de referencias teóricas y metodológicas que son compartidas por investigadores con
3
problemas muy diversos” .
Esta segunda etapa es importante porque llega hasta nuestros días. En las décadas del
ochenta y noventa, se establece un tipo de análisis del discurso centrado en la enunciación.
3
La traducción es nuestra.
17
Maingueneau y Charaudeau (2005: 229) han descripto las fronteras de esta nueva
aproximación al AD a partir de ciertas características: el interés por corpus relativamente
condicionados y que presentan una relevancia histórica; no ocuparse sólo de la función
discursiva de las unidades sino de sus propiedades en tanto unidades de la lengua; su relación
privilegiada con la teoría de la enunciación; la importancia del interdiscurso; su reflexión sobre
los modos de inscripción del sujeto en su discurso.
Nos interesa puntualizar en este último modo de abordar los estudios del discurso que
enfatiza en la subjetividad. Es central en esta perspectiva la noción de enunciación que nos
permite analizar el papel del sujeto en el lenguaje. Su objeto de estudio consiste en tratar de
revelar las diferentes huellas/marcas lingüísticas que deja el hablante en el enunciado. De este
modo, la tarea del analista del discurso será establecer cuáles de esas formas lingüísticas son
realmente significativas para reconstruir el sentido del texto.
La corriente enunciativa se expone fundamentalmente a partir de los trabajos de Bajtín y
Benveniste quienes proponen un sujeto que se configura como productor y, a la vez, producto
del discurso.
Esta línea se profundiza en los años ochenta y principios de los noventa y sus principales
exponentes son Kerbrat-Orecchioni (1980) y Ducrot (1986), a quienes podemos sumar a
Maingueneau y Charaudeau con sus investigaciones en ese sentido.
Benveniste parte de la oposición sistema conceptual/puesta en funcionamiento por el sujeto.
“Por un lado está la lengua, conjunto de signos formales (…) dispuestos en clases, combinados
en estructuras y en sistemas; por otro la manifestación de la lengua en la comunicación
viviente” ([1966] 2010:129).
Por consiguiente, este análisis nos lleva a distinguir entre la lengua como un conjunto de
signos y sus posibles combinaciones, de la lengua como una actividad que deviene en discurso
cuando el individuo se la apropia.
Es por ello que dicho enfoque nos aproxima al sujeto como responsable de llevar
adelante esta conversión. Este autor afirma que es en y por el lenguaje que una persona se
constituye frente a otra como sujeto. Así la subjetividad del “yo” (del ego) se configura con
la presencia del otro. No sólo apunta a la “subjetividad del lenguaje” sino también a su
carácter “intersubjetivo”, marcado por la relación entre el hablante y su interlocutor que
hacen posible la comunicación lingüística.
En su trabajo “El aparato formal de la enunciación” (1966), pone el acento en los
mecanismos de producción discursiva, en el aquí y ahora de un momento histórico
determinado. Subraya que la enunciación supone la conversión individual de la lengua en
discurso y la presencia de un hablante y un oyente. Por lo tanto, los primeros elementos
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constitutivos de este proceso son, por un lado, el locutor, el que enuncia, y por otro, el
alocutario, aquel al que se dirige el enunciado. Ambos se definen como interlocutores.
El lingüista francés sostiene que el locutor se coloca en posición de hablante por medios de
índices específicos: los deícticos (pronombres personales, adverbios, tiempos verbales, etc.) y
un conjunto de procedimientos accesorios (sintácticos, morfológicos y semánticos) que fueron
posteriormente agrupados como modalidades y subjetivemas. Se trata de elementos
lingüísticos presentes en la lengua que nos remiten a los participantes de dicha situación
comunicacional como así también a algún elemento espacio-temporal de la misma.
Precisamente el esfuerzo de la teoría es rastrear estas marcas que revelan la presencia
del sujeto hablante en lo que está diciendo, busca desentrañar cómo se inscribe el
enunciador en su discurso.
La inscripción de la subjetividad
19
revaloriza la noción de “connotación”, esto es, un conjunto de significaciones segundas que se
agregan al significante y varían según el cotexto y contexto, entre otros aportes.
Dispositivos enunciativos
20
“el interés que orienta al análisis del discurso, no es aprehender ni la
organización textual ni la situación de comunicación, sino pensar el dispositivo
de enunciación que une una organización textual y un lugar social determinado.
El discurso es considerado como actividad relacionada a un género, como
4
institución discursiva” (Maingueneau, 1991:13).
4
La traducción es nuestra.
21
Si bien ambas corrientes han aportado al AD, como nuestro objetivo es el análisis lingüístico
del discurso, nos centraremos en las nociones que responden a la Teoría de la Enunciación.
22
Dinámica analítica
Carácter interdisciplinario
23
Delimitación y descripción de las unidades de análisis
Uno de los aspectos principales es establecer unidades que nos permitan ordenar los
datos que obtenemos de la interacción verbal, datos empíricos que debemos observar en
su contexto de aparición para poder interpretarlos: una noticia, en un diario de unas
características concretas; una declaración, en un juicio; una clase, en un aula y en una
institución determinada; una historia clínica, en un hospital o en un sanatorio privado. En
todos los casos, debemos trabajar con textos producidos y puestos a circular por actores
sociales en situaciones específicas.
Recordemos que desde la Teoría de la Enunciación, la unidad básica del discurso es el
enunciado entendido como el producto concreto de un proceso de enunciación realizado por
un enunciador/locutor y destinado a un enunciatario/alocutario. Como vimos, para
Benveniste, la enunciación es la puesta en funcionamiento de la lengua por un acto individual
de utilización; es el acto mismo de producir un enunciado y no el texto en sí mismo. Es decir
que lo que se estará estudiando, abarcará no sólo el producto concreto del proceso, sino
también las huellas que imprime el sujeto que habla en el enunciado. De esta manera, la
importancia de la teoría de la enunciación para el AD radica en que nos permite encontrar
dentro del discurso signos específicos (deícticos, modalidades, subjetivemas, etc.) que señalan
la actitud del locutor frente a la situación en la que produce ese discurso. Esto implica dar
cuenta de la existencia de la “subjetividad en el lenguaje” reconstruyendo las relaciones
establecidas entre los protagonistas del discurso, la situación de enunciación, las
circunstancias espacio-temporales, las condiciones generales de producción/recepción, el
contexto socio-histórico.
Esta multiplicidad de elementos da forma a un momento único e irrepetible en el cual el
enunciador, a partir de sus elecciones conscientes e inconscientes, construye un discurso más
o menos subjetivo.
En este punto, es importante realizar algunas consideraciones a la hora de pensar la
relación entre discurso y contexto. Una de las formas de abordarlo está vinculada con aquel
lugar donde se inserta el enunciado o el conjunto de éstos. Otra manera es comprender el
discurso como práctica social, y, por tanto, el contexto no se orienta en una única dirección en
el discurso sino que lo constituye como tal.
Describir el discurso como práctica social implica una relación dialéctica entre un
evento discursivo particular y la situación, la institución y la estructura social que
lo configuran. Una relación dialéctica es una relación en dos direcciones: las
situaciones, las instituciones y las estructuras sociales dan forma al evento
discursivo, pero también el evento les da forma a ellas. Dicho de otra manera: el
discurso es socialmente constitutivo así como está socialmente constituido:
constituye situaciones, objetos de conocimiento, identidades sociales y
relaciones entre personas y grupos de personas. Es constitutivo tanto en el
sentido de que ayuda a mantener y a reproducir el statu quo social, como en el
24
sentido de que contribuye a transformarlo (Fairclough y Wodak, 1997 citado en
Calsamiglia y Tusón, 2008: 1).
Precisamente una de las tareas principales a la hora de realizar un análisis de este tipo es
dar cuenta de determinadas jugadas discursivas que nos permitan establecer el sentido
irrepetible que esos signos adquieren en la situación particular en que son empleados y
reconstruir ciertas formas explícitas e implícitas, a lo largo de nuestras interpretaciones 5.
En esta dinámica tratamos de responder a preguntas tales como: ¿qué dicen/no dicen los
distintos enunciadores/locutores que aparecen en el texto? ¿qué sentido tiene tal enunciado en
el contexto en cuestión? ¿por qué se dice/se significa tal cosa en este momento? Y
especialmente, ¿cuáles son las estrategias, las tácticas discursivas que utiliza el sujeto
enunciador para significar tal o cual sentido?
En consecuencia, no se trata de un análisis de contenido 6 sino que fundamentalmente
pensamos en develar y comprender los efectos y modos en la producción social del
sentido 7 describiendo estructuras y estrategias de prácticas textuales y su relación con el
proceso de enunciación.
En todo AD se recorren una serie de pasos metodológicos como: la definición del fenómeno
que se quiere analizar, la elección del material relevante (corpus) y el análisis propiamente
dicho, que implica muchas veces indagar en otras disciplinas de las ciencias sociales, o sea, la
interpelación de otros saberes.
El analista deberá formularse, en primera instancia, una cuestión que le permita establecer
una serie de preguntas: ¿Qué fenómeno social se está intentando comprender, explicar a
través del lenguaje? ¿Cómo el sujeto enunciador se inscribe en el discurso, de qué manera
aparecen huellas de subjetividad en lo que enuncia? ¿Cuál es su intención?
Lo que está en juego en el AD es, como anticipamos, revelar los posibles efectos de
sentido. Es decir, construir procedimientos analíticos que desmonten los mecanismos
discursivos que utilizan los hablantes.
Podemos establecer una serie de etapas en este proceso, la primera es, sin duda, la
identificación, selección y clasificación de aquellos elementos lingüísticos con los que el sujeto
5
En términos de Charaudeau (2009) la interdisciplinariedad permite un “análisis interpretativo”, esto consiste por un
lado, en una actividad inferencial ligada a la formulación de hipótesis, y por otro, en una operación que relaciona los
resultados del análisis con presupuestos teóricos.
6
Es un método de tratamiento de la información que normaliza la diversidad superficial de un conjunto de textos
para que puedan ser comparados y cuantificados. Su objetivo no es el funcionamiento de un discurso (Otaola
Olano, 2006: 32).
7
Se entiende por efectos de sentido, el valor particular que cobra un signo o una serie de signos en un discurso
particular (cotexto) y en una situación particular (contexto). El sentido surge de la vinculación entre las relaciones que
los signos mantienen entre sí en el discurso (qué signos aparecen y en qué orden) y la situación concreta de
enunciación (quién habla, a quién/es, cuándo y dónde habla).
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se inscribe e inscribe la situación de enunciación en los enunciados. En efecto, el AD considera
el discurso como un espacio que exhibe las huellas del ejercicio del lenguaje por parte de los
hablantes. Esos indicios (a veces involuntarios) son formas gramaticales y léxicas que el
hablante ha elegido usar, y esa elección es portadora de sentidos. En suma, lo decisivo para el
analista será determinar cómo selecciona esas marcas lingüísticas y por qué algunas de ellas
son reveladoras de cierta regularidad significativa o a partir de las cuales permiten inferir un
8
origen o causa .
Luego, en una segunda etapa, articulamos los elementos identificados en determinada
pieza discursiva con la situación concreta de enunciación, en un tiempo y un espacio, entre
determinados participantes de características particulares, estableciendo así los posibles
efectos de sentido.
Se supone que el sujeto adopta cierto mecanismo enunciativo y modos de organizar el texto
y descarta otros. En esas opciones que realiza pueden mediar restricciones de género,
situacionales o características ideológicas y psicológicas propias del hablante. Esto puede ser
el resultado de decisiones conscientes o producto de fenómenos a los que el sujeto enunciador
no presta atención. El analista del discurso se interesará entonces en dichos elementos.
Cabe aclarar que no hay recetas para el AD, no se puede realizar un listado de efectos de
sentido y estrategias discursivas empleadas. Por el contrario, se establecen en el análisis
propiamente dicho de un discurso específico, de ahí que existen tantas posibilidades de sentido
como discursos hay.
El corpus de análisis
8
El AD implica un proceso conjetural, esto es, trabaja con procedimientos inferenciales que deben tener una
fuerza probatoria.
9
Siguiendo a Charaudeau (2009), utilizaremos el término en el sentido de un conjunto coherente de proposiciones
hipotéticas o postulados que, al interior de un campo de estudio, determina a la vez un objeto, un punto de vista del
análisis y un cuestionamiento por oposición a otros cuestionamientos posibles.
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elegidos deben poner de manifiesto la construcción, las experiencias y el relato del proceso
social en cuestión.
El concepto de materiales o acervo no es el mismo que el de corpus en el AD. En el primer
caso se trata de la recopilación de material oral o escrito “a secas” según sus condiciones de
producción, aun cuando la selección se centre en ciertos espacios institucionales y esté
orientada por criterios temáticos. El análisis propiamente discursivo necesita de información
histórica sobre las condiciones particulares de producción de los textos. Por el contrario, se
entiende como corpus una selección de material que ha estado presidida por una interrogación
de tipo histórico y de carácter específico.
Este conjunto de textos no es espontáneo ni natural aunque tampoco forzado, deforme o
mutilado. El corpus debe provenir de un trabajo de recorte y/o selección. Dicha selección
intencionada (hablamos de “constitución del corpus” y no de “recopilación”) es efecto del
ejercicio de una atención y percepción diferenciadas por parte del analista, esto es, producto de
los “efectos de lectura o escucha” y del problema a partir de los cuales vamos estableciendo
sus límites, siempre inestables.
El trabajo analítico consistirá entonces en la conformación del corpus: para Charaudeau
(2009), no existe en sí mismo sino que depende del posicionamiento teórico a partir del
cual lo examinamos según un objeto de análisis. Ese objeto de investigación, conceptual y
empírico, se delimita y observa desde un determinado punto de vista, una perspectiva y
una focalización que producen mayor visibilidad en ciertos aspectos del fenómeno en
estudio en detrimento de otros.
Este autor señala que las ciencias del lenguaje y en particular el AD forman parte de las
disciplinas de corpus que permite categorizar los discursos por tipos, compararlos e identificar
lo que es común y lo propio de cada uno de ellos.
De esta manera, el corpus es siempre el resultado de cierta construcción en la que
podemos establecer algunos momentos: primero, se recoge el material de manera aleatoria;
luego, se procede a la “construcción” del corpus según un objetivo de análisis global; después
se deconstruye y se reconstruye atendiendo a objetivos más específicos que permiten
descartar. En este procedimiento es indispensable determinar criterios que den cuenta de
ciertos “contrastes” o “comparaciones” de los materiales que componen el corpus, ya que el
sentido se infiere de la diferencia, dimensión fundamental y constitutiva del AD.
Algunos de los problemas a trabajar están en relación con la capacidad del corpus para
exhibir rasgos significativos con respecto al asunto que se analiza (comportamientos,
regularidades, diferencias, anomalías). Otro aspecto es el de la amplitud o exhaustividad con la
que esos fragmentos son recortados: ¿Cuánto se precisa para decir? ¿Cuánto es suficiente
para generalizar? Las fronteras del corpus trazan diferentes acercamientos teóricos-empíricos.
Asimismo, es de considerar la noción de tiempo que delimita las fronteras entre unidades,
puede extenderse desde un ciclo histórico más o menos amplio, un cierto momento (o
coyuntura), escena o episodio particular. El congelamiento o fijación (sincronía) introducido no
cancela la vigencia del sistema ni su tensión temporal.
27
Un corpus nunca se establece de una vez por todas, nunca se cierra definitivamente. Su
clausura depende de una decisión provisoria. Es una construcción con geometría variable
según los criterios que se imponen al análisis. Es así que en el AD la comprensión de los
fenómenos que reconstruye es parcial, tentativa y fugaz (además de necesariamente anclada
en una posición o punto de vista). Ciertamente debemos admitir que el analista en esta
operación está atravesado por coyunturas ideológicas de ahí que pretender trabajar sobre el
discurso por fuera de todo interés socialmente situado sería una ilusión.
Posteriormente a este proceso, el analista examina detenidamente el corpus conformado
buscando la presencia de mecanismos discursivos en los que se evidencien ciertas
significaciones, miradas y órdenes del mundo. Llegado a este punto, se seleccionan las marcas
que son generadoras de determinados efectos de sentido y pertinentes respecto de lo que se
propone indagar.
Así pues, el/la analista debe establecer una relación activa con los lectores/as
de su trabajo e intentar mostrar cómo ha efectuado su lectura del texto. De este
modo, el AD se convierte en un ejercicio más de negociación que de exposición,
en el sentido de estar siempre abierto al debate y a la discusión de las
interpretaciones realizadas (Iñiguez Rueda, 2003).
Palabras finales
Este artículo presenta un recorrido tentativo para esbozar las principales líneas de trabajo
que han seguido los estudios del discurso, específicamente desde una perspectiva enunciativa.
Según lo expuesto aceptamos que el AD no es una disciplina homogénea sino más bien un
mosaico de tendencias que resultaron de aquella empresa iniciada en los años sesenta. Esas
corrientes como la etnografía de la comunicación, la sociolingüística, la pragmática, entre otras,
han aportado al AD actual.
Como dijimos, el término discurso y análisis del discurso es empleado con valores muy
variados empero, desde el acercamiento propuesto vemos que la apertura hacia campos de
estudios conexos es primordial. Charaudeau (2000: 51) augura que
10
Con este término hacemos alusión a la organización y modo de ordenar el conjunto de textos con los que trabaja el
analista del discurso.
28
“el porvenir de la lingüística del discurso está en la interdisciplinaridad” pues
esta disciplina “construye un objeto multidimensional a partir de una relación
triangular entre el mundo como realidad conceptualizada, el lenguaje como
relación no simétrica entre forma y contenido, y entre los dos, un sujeto
intersubjetivo en situación de intercambio social”.
Hasta aquí hemos transitado una suerte de espacio crítico que da lugar a interrogaciones y
procedimientos exploratorios para la formulación y abordaje de problemáticas sociales en el
marco de una propuesta teórico-metodológica que busca identificar y analizar las marcas o
huellas que los locutores dejan en sus discursos.
Esta perspectiva de las ciencias del lenguaje nos exige poner en funcionamiento todas
nuestras competencias (lingüísticas, pragmáticas, comunicativas) para poner en evidencia los
diversos modos en que el discurso está estructurado y las formas en que se vincula con el
contexto. Sin dudas, estamos frente a procesos complejos que implican toma de decisiones y
establecimiento de criterios claros y precisos.
El verdadero desafío que plantea el AD es construir un objeto discursivo que contemple la
materialidad lingüística y sociohistórica, sin privilegiar un aspecto por sobre el otro, recordando
que este campo disciplinar no está cerrado sino que se encuentra en construcción permanente.
Tal y como precisamos al inicio, existen gran cantidad de piezas discursivas en nuestra vida
cotidiana que se pueden agrupar por género y problemática social, entre otros criterios, para
ser estudiadas a través del AD. Conocer esta herramienta teórico-metodológica y ponerla en
práctica es un desafío constante para todos los que entendemos que los discursos son
construcciones y no simples reflejos de la realidad. De ahí la necesidad de deconstruir sentidos
que se nos presentan como hegemónicos, luchar por la circulación de otras significaciones o
resemantizar las existentes para dar lugar a nuevas interpretaciones y promover la creación de
instancias “críticas” en las que el AD y su vinculación con otras ciencias sociales tengan un
papel muy importante en la concreción y la reproducción de prácticas transformadoras al
momento de estudiar, leer y producir una multiplicidad de discursos sociales.
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