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Análisis del Discurso y su Evolución

Este capítulo presenta una introducción a los estudios del discurso desde diferentes perspectivas teóricas. Explica que el análisis del discurso surgió en la década de 1960 como una herramienta para estudiar el lenguaje más allá de la oración individual y comprender cómo se construye el significado social a través del lenguaje. También resume los orígenes del análisis del discurso en la lingüística y la filosofía, destacando autores y corrientes clave como la noción de enunciación de Benven

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Análisis del Discurso y su Evolución

Este capítulo presenta una introducción a los estudios del discurso desde diferentes perspectivas teóricas. Explica que el análisis del discurso surgió en la década de 1960 como una herramienta para estudiar el lenguaje más allá de la oración individual y comprender cómo se construye el significado social a través del lenguaje. También resume los orígenes del análisis del discurso en la lingüística y la filosofía, destacando autores y corrientes clave como la noción de enunciación de Benven

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CAPÍTULO 1

Aproximaciones a los estudios del discurso:


perspectivas teóricas-analíticas
Mariela Soledad Martínez, Renzo Servera
y María Belén Del Manzo

En la actualidad nos enfrentamos a una multiplicidad de prácticas discursivas que se


producen y circulan en todas las esferas de la vida social: el ámbito académico, sanitario,
judicial, legislativo, familiar, mediático/informativo. Allí el uso de la palabra oral y escrita genera
piezas discursivas (una conversación, una ponencia, una noticia periodística, un fallo judicial,
una historia clínica, entre otras) que, como forman parte de nuestra cotidianeidad, rara vez son
utilizadas y leídas de manera analítica.
Por ello, a través del análisis del discurso (en adelante AD), en tanto herramienta teórico-
metodológica, proponemos atender a estos enunciados. Es así que ponemos en diálogo
diversos autores y lugares teóricos desde dónde abordarlos.
A partir de la revisión de algunos conceptos fundamentales de los estudios del discurso y su
vinculación con distintas disciplinas en el campo de las ciencias sociales, indagaremos en
cómo pensar y problematizar las prácticas discursivas, ya que como sostiene Charaudeau
(2000: 52): “lo que está en juego es el cómo se construye el sentido social y los imaginarios
colectivos a través del lenguaje”.
El interés en este recorrido, entonces, es aproximarnos a los complejos mecanismos que se
ocultan en el uso del lenguaje y en la producción de los enunciados. De ahí que el AD, y en
especial la teoría de la enunciación, se proponen como una posible “entrada” para el análisis de
los textos, privilegiando el discurso de la información pero sin descartar otros géneros discursivos.
Esperamos, al término de la lectura, haber aportado una mirada diferente y crítica sobre los
discursos que nos rodean, para recibirlos como un espacio marcado subjetivamente que
integra dimensiones lingüísticas y socioculturales.

La génesis del AD

El AD se inscribe en el interior del “giro discursivo” ubicado entre 1964 y 1974, es iniciado
en filosofía y se extiende a distintas disciplinas sociales (Antropología, Sociología, Psicología,

13
Historia, Lingüística, entre otras). El “giro” desvía el estudio de estructuras sintácticas
abstractas y oraciones aisladas al uso de la lengua. Va más allá de la oración en sí misma para
profundizar en los sentidos y las relaciones que se establecen entre los sujetos. El lenguaje es
concebido como lengua viva perteneciente a un contexto específico y a hablantes particulares.
No se trata de un hecho puntual sino de un fenómeno progresivo que en su desarrollo
reconoce que la realidad se construye socialmente en y con el lenguaje. Esto implica una forma
diferente de acercarnos al pensamiento social, un cambio de estatus y una crisis del paradigma
estructuralista en las ciencias del lenguaje donde comienzan a interrogarse acerca de los
límites de la lingüística saussureana.
En este marco el discurso y el AD se constituyen a partir del cuestionamiento de la
dicotomía entre lengua (“langue”) y habla (“parole”) planteada en el Curso de Lingüística
1
General (1916) de F. de Saussure .
En esta oposición la lengua es una realidad social sistemática y homogénea, y el habla, una
realidad individual, contingente y más o menos accidental. Esta perspectiva es puesta en
discusión por la lingüística post-saussureana que completa este razonamiento dicotómico
mediante el concepto de discurso y la necesidad de estudiar el lenguaje en uso sin
abstracciones. De esta manera, comienza a considerarse al sujeto hablante integrado al
funcionamiento de los enunciados que se articulan sobre formaciones ideológicas.

Algunos acontecimientos significativos

Si bien es difícil determinar un origen, podemos señalar algunos factores claves en la


conformación del AD en el orden de la lingüística y de la filosofía. En este recorrido ofrecemos
una serie de autores, tendencias y grupos de investigación para comprender cuáles son las
principales líneas de trabajo de los estudios del discurso.

Desde el punto de vista lingüístico:


a. La superación del límite de la oración. En 1928, Propp investiga las estructuras
narrativas en la literatura oral y escrita, y se interesa en los textos y no en las unidades
lingüísticas (estudia estructuras trasoracionales). Como dice Maingueneau ([1976]1989:11) “la
escuela de los formalistas rusos preparaba la toma en consideración por parte de la lingüística
de lo que después se llamaría el discurso”. Años más tarde, en 1952, encontramos en Estados
Unidos a Harris, quien estudia las estructuras lingüísticas que traspasan la frontera de la frase.
Este autor propone una teoría destinada al análisis de los encadenamientos de enunciados
(denominados por primera vez “discursos”).

1
Es importante mencionar que la ecuación lengua=colectivo y habla=individual es desmontada por ciertas relecturas e
investigaciones de las obras marginadas de F. de Saussure (se trata de notas inéditas de lingüística general
publicadas en 2002 con el título “Ecrits de linguistique générale”-ELG-). Así como se destaca la dimensión discursiva
de la producción de significación, Saussure en estos apuntes subrayó que la “lengua entra en acción” sólo en y por el
discurso (ELG, p. 245). Para ampliar ver: Riestra, D. (2010) y Saussure, F. (2004).

14
b. Redefinición e instalación en un primer plano del sujeto. Hallamos los trabajos de
Benveniste (1966, 1970) sobre la enunciación. Este autor comprende la lengua como un
sistema de signos que puede ser aprenhendido en función de parámetros situacionales y busca
“desentrañar cómo se inscribe el sujeto hablante en los enunciados que emite” (Maingueneau,
1989: 12). Del conjunto de textos y autores que definieron la teoría de la subjetividad,
destacamos a Ducrot (1972) y a Kerbrat-Orecchioni (1980), quienes enfatizan en el carácter
dialógico de la actividad discursiva y en la subjetividad del hablante, elementos que más
adelante abordaremos.
c. Preocupación por el uso del lenguaje en la comunicación. Destacamos las
investigaciones de R. Jakobson (1960) que proponen revisar el acto de comunicación verbal
según seis funciones del lenguaje (expresiva, conativa, referencial, fática, metalingüística y
poética). A partir de estos estudios la naturaleza comunicativa de los sistemas de signos se
planteó como una problemática desde diversas disciplinas: la semiología (Barthes, 1964), el
interaccionismo simbólico (Goffman, 1971), la sociolingüística interaccional (Gumperz, 1982)
y la etnografía de la comunicación (Gumperz y Hymes, 1964, 1972). De esta última corriente,
2
señalamos el concepto de competencia comunicativa, reformulado de N. Chomsky y al que
le añade aspectos pragmáticos, esto es, un conjunto de habilidades y conocimientos que
permiten que los hablantes de una comunidad lingüística puedan entenderse en la
interacción social.

Desde el campo de la filosofía:


a. La pragmática y la teoría de los actos de habla. Esta perspectiva abandona el límite de
la oración para enfocarse en el uso del lenguaje, así Austin (1962) introduce el concepto de
performatividad: considera que hablar es hacer y aporta una dimensión accional al lenguaje.
Searle (1962) continuará esta investigación a la que denomina teoría de los actos de habla.
También Bourdieu en ¿Qué significa hablar? (1982) reformula estos conceptos desde una
mirada sociológica que será retomada en diversos trabajos de análisis del discurso.
b. La propuesta arqueológica. En 1969 encontramos un texto fundante para la
constitución del AD: La arqueología del saber de Foucault. Este autor desplaza el interés de la
historia de las ideas al campo de los dispositivos enunciativos e institucionales tomando en
consideración las reglas de producción de los enunciados. De esta manera los analistas del
discurso se apropian de conceptos clave como “formaciones discursivas”, “orden del discurso”,
“regularidades discursivas”, “dispositivos”, “prácticas discursivas”.
c. La dialogicidad en el lenguaje. En la década de 1970 se traducen por primera vez al
francés los trabajos del Círculo de Bajtín (Voloshinov, 1929 y Bajtín, 1979) centrados en el
principio dialógico y en la polifonía. Sus aportes permitieron comprender la función
comunicativa e ideológica como inherente al lenguaje, imposible de estudiar por fuera de su
contexto sociohistórico-cultural. En vinculación con esta noción encontramos el concepto de

2
Noam Chomsky desarrolla la noción de competencia lingüística, desde el generativismo, para designar la aptitud de
un hablante-oyente ideal de una lengua para generar y comprender un número infinito de expresiones en esa lengua.

15
género discursivo, “cada esfera del uso de la lengua elabora sus tipos relativamente estables
de enunciados” (Bajtín, [1979] 2008: 245).

Tradiciones en el AD

El AD es una subdisciplina de las ciencias del lenguaje (Charaudeau, 2009) que ha


renovado las ciencias sociales. Como vimos, incluye distintas corrientes que se diferencian por
sus presupuestos teóricos y/o metodológicos pero no se excluyen, por el contrario, algunas se
complementan y enriquecen.
Estamos frente a una práctica de investigación compleja dada su amplia dimensión e
indeterminación. Si bien encontramos acciones decisivas en su conformación, el AD se asume
desde sus comienzos como un campo integrador, en el que las miradas sobre el lenguaje
convergen desde distintas perspectivas y el término discurso es un objeto compartido.
De esta forma, análisis de discurso y discurso son conceptos polisémicos, es decir, no
son unívocos. Existen tantas definiciones como corrientes y prácticas. Sin embargo, aparece
una pregunta transversal en las diferentes tradiciones: ¿qué hace efectivamente el hablante
cuando usa la lengua? Los distintos autores/ las teorías lingüísticas consideran el análisis del
lenguaje a partir de su uso, ya sea hablado, escrito o icónico verbal.
Dada esta complejidad, examinaremos dos tradiciones, la anglosajona y la francesa y al
interior de cada una, sólo algunas de las orientaciones y nociones más relevantes cuyos
aportes han configurado de manera significativa los estudios del discurso.

La tradición anglosajona

Un avance importante en el análisis del discurso fueron las contribuciones, de inspiración


lógico-filosófica, hechas por Austin, Searle y Grice (1975) desde el estudio de la competencia
pragmática. No se trata de una disciplina homogénea, sino de una especie de espacio donde
se entrecruzan diversas corrientes. En este sentido, nos interesa revisar algunos elementos de
la teoría de los actos de habla y el estudio de las inferencias.
Austin considera los enunciados formas específicas de acción (poseen una fuerza
ilocucionaria) y distingue lo que se dice de la intención con que se dice y el efecto que causa lo
dicho en quien recibe el enunciado. De esta manera, ubica este proceso interpretativo de
intenciones en un marco conversacional, por lo que aparecen factores sociales y también
cognitivos en el estudio de los enunciados. Por su parte, Searle hace una relectura de los
planteos de Austin y agrega ciertas nociones, como un conjunto de reglas constitutivas y
condiciones necesarias para que sean realizados los actos de habla, además de proporcionar
una clasificación de los mismos.

16
Por otro lado, Grice profundiza estos desarrollos y formula la teoría del principio de
cooperación dando lugar a los implícitos bajo la forma de presupuestos y sobreentendidos,
aquello que no está dicho pero que, sin embargo, se quiere comunicar. Se trata de procesos
inferenciales activados por los hablantes, quienes movilizan ciertas reglas en el juego
conversacional (máximas según Grice).
Además, en esta tradición anglosajona, en los años ochenta, encontramos lo que se ha
denominado “Análisis Crítico del Discurso” (ACD), una perspectiva diferente para abordar las
prácticas discursivas desde una postura problematizadora. En particular citamos las
investigaciones de Fairclough, Wodak, van Dijk, entre otros.
Esta línea de trabajo se propone un modelo de reflexión teórico metodológico que investiga,
por ejemplo, cómo los discursos reproducen el abuso de poder, la dominación o la desigualdad
social y determinan quiénes tienen acceso a estructuras discursivas y de comunicación
aceptadas y legitimadas por la sociedad. Entonces, un analista crítico del discurso, además de
tener en cuenta el vínculo entre lo discursivo y lo social, apunta a ser un "agente de cambio",
desmontar los mecanismos ideológicos de sometimiento y discriminación.

La Escuela Francesa de análisis del discurso (1960-70)


y la tendencia francesa

La Escuela Francesa (EF) aparece a mediados de los años sesenta y en ella convergen
ciertas tradiciones de investigación: el estructuralismo de esos años anuda lingüística,
psicoanálisis y filosofía. Se destaca la figura de Pêcheux (1969) influenciado por Marx,
Althusser y Lacan. Desde este espacio construyen una teoría del discurso en relación a la
ideología privilegiando los procedimientos que desestructuran, descomponen las totalidades
para acceder al sentido. Esto es lo que Maingueneau denomina concepción analítica. Entre
1969 y 1971, aparecen La arqueología del saber y El orden del discurso de Foucault. Sus
planteos, el creciente desarrollo de los trabajos sobre enunciación y el éxito de las corrientes
pragmáticas ejercieron una influencia cada vez más fuerte en los estudios del discurso mientras
que la EF fue retrocediendo para dar lugar a una nueva concepción de la discursividad. Los
trabajos son abordados desde un enfoque integrativo que piensa el discurso como un eslabón
de cadenas intratextuales y como participación en un dispositivo de habla inscripto en un lugar
social. Así comienza a gestarse una tendencia francesa que en términos de Maingueneau
(1991: 28) “no constituye ni una disciplina ni una escuela, sino el entrecruzamiento de un cierto
número de referencias teóricas y metodológicas que son compartidas por investigadores con
3
problemas muy diversos” .
Esta segunda etapa es importante porque llega hasta nuestros días. En las décadas del
ochenta y noventa, se establece un tipo de análisis del discurso centrado en la enunciación.

3
La traducción es nuestra.

17
Maingueneau y Charaudeau (2005: 229) han descripto las fronteras de esta nueva
aproximación al AD a partir de ciertas características: el interés por corpus relativamente
condicionados y que presentan una relevancia histórica; no ocuparse sólo de la función
discursiva de las unidades sino de sus propiedades en tanto unidades de la lengua; su relación
privilegiada con la teoría de la enunciación; la importancia del interdiscurso; su reflexión sobre
los modos de inscripción del sujeto en su discurso.

La teoría de la enunciación y la subjetividad en el lenguaje

Nos interesa puntualizar en este último modo de abordar los estudios del discurso que
enfatiza en la subjetividad. Es central en esta perspectiva la noción de enunciación que nos
permite analizar el papel del sujeto en el lenguaje. Su objeto de estudio consiste en tratar de
revelar las diferentes huellas/marcas lingüísticas que deja el hablante en el enunciado. De este
modo, la tarea del analista del discurso será establecer cuáles de esas formas lingüísticas son
realmente significativas para reconstruir el sentido del texto.
La corriente enunciativa se expone fundamentalmente a partir de los trabajos de Bajtín y
Benveniste quienes proponen un sujeto que se configura como productor y, a la vez, producto
del discurso.
Esta línea se profundiza en los años ochenta y principios de los noventa y sus principales
exponentes son Kerbrat-Orecchioni (1980) y Ducrot (1986), a quienes podemos sumar a
Maingueneau y Charaudeau con sus investigaciones en ese sentido.
Benveniste parte de la oposición sistema conceptual/puesta en funcionamiento por el sujeto.
“Por un lado está la lengua, conjunto de signos formales (…) dispuestos en clases, combinados
en estructuras y en sistemas; por otro la manifestación de la lengua en la comunicación
viviente” ([1966] 2010:129).
Por consiguiente, este análisis nos lleva a distinguir entre la lengua como un conjunto de
signos y sus posibles combinaciones, de la lengua como una actividad que deviene en discurso
cuando el individuo se la apropia.
Es por ello que dicho enfoque nos aproxima al sujeto como responsable de llevar
adelante esta conversión. Este autor afirma que es en y por el lenguaje que una persona se
constituye frente a otra como sujeto. Así la subjetividad del “yo” (del ego) se configura con
la presencia del otro. No sólo apunta a la “subjetividad del lenguaje” sino también a su
carácter “intersubjetivo”, marcado por la relación entre el hablante y su interlocutor que
hacen posible la comunicación lingüística.
En su trabajo “El aparato formal de la enunciación” (1966), pone el acento en los
mecanismos de producción discursiva, en el aquí y ahora de un momento histórico
determinado. Subraya que la enunciación supone la conversión individual de la lengua en
discurso y la presencia de un hablante y un oyente. Por lo tanto, los primeros elementos

18
constitutivos de este proceso son, por un lado, el locutor, el que enuncia, y por otro, el
alocutario, aquel al que se dirige el enunciado. Ambos se definen como interlocutores.
El lingüista francés sostiene que el locutor se coloca en posición de hablante por medios de
índices específicos: los deícticos (pronombres personales, adverbios, tiempos verbales, etc.) y
un conjunto de procedimientos accesorios (sintácticos, morfológicos y semánticos) que fueron
posteriormente agrupados como modalidades y subjetivemas. Se trata de elementos
lingüísticos presentes en la lengua que nos remiten a los participantes de dicha situación
comunicacional como así también a algún elemento espacio-temporal de la misma.
Precisamente el esfuerzo de la teoría es rastrear estas marcas que revelan la presencia
del sujeto hablante en lo que está diciendo, busca desentrañar cómo se inscribe el
enunciador en su discurso.

La inscripción de la subjetividad

Para Catherine Kerbrat-Orecchioni la lingüística de la enunciación se concibe en un sentido


amplio y restringido a la vez. De manera amplia, describe las relaciones entre el enunciado y
los elementos que conforman el marco enunciativo (los protagonistas del discurso, la situación
de comunicación, circunstancias de tiempo y espacio y las condiciones generales de la
producción y recepción del mensaje). En un sentido reestringido considera “como hechos
enunciativos las huellas lingüísticas de la presencia del locutor en el seno de su enunciado, los
lugares de inscripción y las modalidades de existencia de lo que con Benveniste llamaremos la
subjetividad en el lenguaje” ([1980]1997: 42).
En este sentido, su trabajo adopta una actitud descriptiva y tiene por objeto determinar que
algunos hechos lingüísticos son más pertinentes que otros, esto significa localizar y
circunscribir “esos puntos de anclaje más visibles de la subjetividad”.
La autora define la problemática planteada como la búsqueda de los procedimientos
lingüísticos (deícticos, modalizadores, términos evaluativos, etc.) con los cuales el locutor
imprime su marca al enunciado, se inscribe en el mensaje y se sitúa en relación a él
([1980]1997: 43). De esta manera, realiza la identificación, descripción y estructuración de un
conjunto de hechos enunciativos a modo de inventario (elaboración de una grilla que permita
clasificarlos). Su aporte entonces reside en un intento por ordenar algunas unidades
lingüísticas a partir de las cuales se inscribe la subjetividad, en especial, la clasificación de
sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios bajo la categoría de subjetivemas. Sin embargo, la
propia Kerbrat advierte acerca de la posibilidad de entrecruzamiento de categorías dado por
sutiles diferencias de matiz entre unas y otras. Más aún, reconoce la complejidad de la tarea de
identificar los subjetivemas ya que, como ella misma observa, “toda unidad léxica es, en un
cierto sentido subjetiva” ([1980]1997: 91), de ahí la necesidad de flexibilizar sus esquemas.
En fin, sus investigaciones proponen ampliar y precisar algunos conceptos desarrollados por
Benveniste, como señalamos, recurre a taxonomías para sistematizar las marcas de subjetividad y

19
revaloriza la noción de “connotación”, esto es, un conjunto de significaciones segundas que se
agregan al significante y varían según el cotexto y contexto, entre otros aportes.

La visión polifónica de la enunciación

La concepción de Ducrot acerca de la enunciación presenta algunas diferencias centradas


en el estudio de los actos de habla, la argumentación y la polifonía. Para él, la enunciación es
una actividad lingüística llevada adelante por el que habla en el momento en que habla, le
imprime un carácter histórico y momentáneo.
Este autor, al igual que Bajtín, distingue oración de enunciado. Mientras que la frase es una
entidad abstracta que no pertenece a lo observable sino que es elemento del objeto teórico
construido por el lingüista y a la cual se le asigna una significación, el enunciado es la unidad
real de la comunicación discursiva con rasgos estructurales, fronteras definidas y al que se le
puede conferir un sentido. Su teoría sostiene que “es imposible preveer el sentido de un
enunciado conociendo nada más que la oración utilizada”. En esta misma línea, el intelectual
ruso destaca que la oración no se relaciona inmediatamente y por sí misma con el contexto de
la realidad extraverbal y con otros enunciados ajenos, no posee un sentido ni espera una
respuesta del otro.
Ambos lingüistas introducen la posibilidad de que en la enunciación se activen una
multiplicidad de voces. De esta manera, Ducrot realiza una crítica a la teoría de la unicidad del
sujeto hablante, esto es la idea de que en los enunciados hay un único sujeto responsable de
lo dicho. Su propuesta implica la existencia de un ser empírico que produce el discurso pero
también la existencia de otros planos subjetivos en relación de diálogo, incluye otras figuras
discursivas (locutor y enunciadores). Así, recupera de la escuela rusa la concepción dialógica
del lenguaje, según la cual todo enunciado se relaciona con otros, es decir, responde a
enunciados anteriores. En este sentido, “el discurso encuentra el discurso del otro en todos los
caminos, en todas las orientaciones que llevan a su objeto, y no puede dejar de entrar en
interacción viva e intensa con él” (Bajtín, [1979] 2011).
Su análisis también enfatiza en determinadas huellas de subjetividad: le interesa dar cuenta
de la adhesión o distanciamiento de los diferentes locutores en sus enunciados a partir de los
modalizadores y marcadores argumentativos. Estamos frente a un autor que se encuentra
entre la Pragmática (desde la argumentación) y la Teoría de la Enunciación propiamente dicha.

Dispositivos enunciativos

Para Maingueneau y Charaudeau los discursos se originan en determinada situación de


enunciación, consideran la articulación del texto con el espacio social en el que es producido, el
sujeto que enuncia y el tiempo. El primero de estos autores sostiene que

20
“el interés que orienta al análisis del discurso, no es aprehender ni la
organización textual ni la situación de comunicación, sino pensar el dispositivo
de enunciación que une una organización textual y un lugar social determinado.
El discurso es considerado como actividad relacionada a un género, como
4
institución discursiva” (Maingueneau, 1991:13).

La propuesta semiótica-discursiva de P. Charaudeau trata de articular lo externo (la


situación de comunicación) y lo interno (la puesta en escena enunciativa) de la actividad
lingüística. Integra un sujeto psicosocial y lingüístico que opera en la construcción del sentido
en el discurso. El objetivo de su análisis discursivo es identificar las características de los
comportamientos semióticos (el cómo decir) en función de las condiciones psico-sociales que
los restringen según los tipos de situación de intercambio (Charaudeau, 1995: 19-20).
Estos autores se ocupan de un tipo particular de análisis que comprende discursos que
guardan un lugar importante en nuestras vidas y un espacio en un campo más vasto como la
comunicación: el noticiero, el slogan, la publicidad, entre otros. Ambos nos invitan a un
acercamiento transdisciplinario para abordar dichos fenómenos.

Diferencias y convergencias: Pragmática


y Teoría de la Enunciación

Luego de haber revisitado estas propuestas, surgen diferencias y similitudes. Ambas


coinciden en que critican la concepción puramente “instrumental” o “representacional del
lenguaje”; conciben el lenguaje como “acto”; se esfuerzan por articular enunciado y
contexto; y asumen que el sentido se construye dinámicamente y tiene algo de inagotable
(Otaola Olano: 2006).
En cuanto a las distinciones, mientras que la Teoría de la Enunciación es de inspiración
gramatical neo-estructuralista europea y fundamentalmente de Francia, la Pragmática es de
inspiración lógico-filosófica y se inscribe en el terreno anglosajón, con fuerte implantación en
Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania.
Por otro lado, la corriente enunciativa, que entiende la importancia de la producción de discursos
y focaliza en el enunciador/locutor (quien enuncia) parte del análisis de enunciados, a través de los
índices de persona, tiempo y espacio (deícticos), la polifonía (las muchas voces en el discurso) y la
modalización (la forma en la que el contenido es enunciado) para identificar huellas lingüísticas que
deja el sujeto hablante; en tanto la Pragmática, que se interesa en el interlocutor o receptor, es decir
en la interacción y la interpretación, focaliza en los “actos de habla” y destaca el lugar de las huellas
extralingüísticas producto de la conversación y la argumentación, entre otras.

4
La traducción es nuestra.

21
Si bien ambas corrientes han aportado al AD, como nuestro objetivo es el análisis lingüístico
del discurso, nos centraremos en las nociones que responden a la Teoría de la Enunciación.

Acerca de la noción de discurso

Para definir al discurso proponemos considerarlo, de acuerdo a lo expuesto, en su relación


con el lenguaje en uso en distintos contextos relacionales y comunicacionales. Lo concebimos
no como una actividad individual sino básicamente como una práctica social, una forma de
acción entre las personas orientada hacia unos fines. De esta manera, es comprendido como la
asociación de un texto y su contexto.
Maingueneau destaca que el discurso tiene en cuenta las condiciones de producción de los
enunciados, o sea, su marco enunciativo integrado en una situación precisa de comunicación.
El discurso es parte de la vida social y, sin duda, contribuye a la construcción de identidades
sociales, de relaciones interpersonales entre los sujetos y a la creación de creencias,
conocimientos, maneras de comunicarnos y representaciones del mundo. Un discurso se
constituye entonces como el resultado de una construcción intencional de la realidad, y no
como una mera intuición.
La lengua, como materia prima del discurso, ofrece a los hablantes diversas opciones
(fónicas, léxicas, sintácticas, pragmáticas), que deberán seleccionar a la hora de interactuar.
Esta elección se lleva a cabo siguiendo parámetros contextuales dinámicos (situación,
propósitos y características de los destinatarios, entre otros) que permiten la construcción de
piezas discursivas asociadas a condiciones de producción determinadas, es decir, originadas a
partir de un género discursivo en particular.
La utilización de determinados términos, construcciones discursivas, modos de referirse al
otro, estará ligada a una ideología, una visión del mundo, metas y finalidades concretas. Son
estas opciones las que les permiten a los sujetos desplegar estrategias discursivas para
lograr determinado propósito. Este último término es clave en el AD ya que supone un conjunto
organizado de procedimientos que un hablante/escritor lleva a cabo con un fin específico en
función del contexto socio-cognitivo en el que se encuentra. Su construcción depende de la
combinación de recursos gramaticales y pragmáticos, de ahí que el analista deberá describir
estas posibles relaciones para dar cuenta de una planificación discursiva particular.
Como práctica social, el discurso es complejo y heterogéneo pero no por ello caótico.
Existen una serie de normas y reglas como así también diferentes modos de organización que
guían a las personas para la construcción de discursos coherentes y apropiados a cada
situación de comunicación (participantes, lugar y tiempo).
Desde esta mirada, entendemos por discurso “organizaciones trasoracionales que
correspondan a una tipología articulada sobre condiciones de producción sociohistóricas”
(Maingueneau, [1976]1989:25). Se trata entonces de un intento por describir y explicar quién
utiliza el lenguaje, cómo lo utiliza, por qué y cuándo lo usa.

22
Dinámica analítica

Hasta aquí hemos visto cómo las concepciones pragmáticas, interaccionistas y


enunciativas adquieren una importancia creciente en el AD. Asistimos a una proliferación
de investigaciones desde diferentes corrientes con un punto de vista propio e intereses
específicos. Esto nos lleva a pensar en una metodología de análisis diferente en cada
caso, sin embargo, cada investigador para llevar adelante cualquier práctica en el marco
del AD tendrá en cuenta algunas consideraciones generales tales como el carácter
interdisciplinario del mismo, la definición del objeto de estudio partiendo de un corpus, la
delimitación y descripción de las unidades de análisis, y el establecimiento de ciertos pasos
metodológicos que esbozamos a continuación.

Carácter interdisciplinario

Es interesante poner de manifiesto cómo el carácter interdisciplinario constituye el sentido


del AD, diferentes disciplinas ofrecen métodos y técnicas de observación para describir,
analizar e identificar efectos de sentido en el discurso.
Desde este lugar, se muestra cómo el discurso también es objeto de interés para las
ciencias sociales. “El análisis del discurso tiene el privilegio de situarse en el punto de contacto
entre la reflexión lingüística y las otras ciencias humanas” (Maingueneau, [1976]1989: 7). Es en
esta dimensión que el análisis lingüístico-discursivo se presenta como una herramienta teórico-
metodológica para comprender fenómenos sociales en los que el uso de la palabra se vincula
con diferentes esferas de la vida social.
Es así como el discurso se ha convertido en un objeto de estudio, de análisis y debate al
interior de las ciencias sociales. Los cruces entre las diferentes disciplinas han ampliado las
temáticas del AD y enriquecido sus aportes. Las contribuciones de la Antropología, la
Sociología, la Historia, la Psicología, entre otras disciplinas, han posibilitado que se aborden
problemáticas tales como los discursos de los medios de comunicación y las nuevas
tecnologías, nuevas formas de relacionarse entre los sujetos sociales, la construcción y
consolidación de discursos de poder por parte de los grupos dominantes, las estrategias de
resistencia de sectores oprimidos, entre otras temáticas.
A partir de este “juego interdisciplinario y transdisciplinario” consideramos el AD como una
práctica interpretativa que se ocupa de todos los discursos y que de acuerdo con los problemas
de los que parta el analista apela a disciplinas lingüísticas y no lingüísticas dentro de las
ciencias sociales.

23
Delimitación y descripción de las unidades de análisis

Uno de los aspectos principales es establecer unidades que nos permitan ordenar los
datos que obtenemos de la interacción verbal, datos empíricos que debemos observar en
su contexto de aparición para poder interpretarlos: una noticia, en un diario de unas
características concretas; una declaración, en un juicio; una clase, en un aula y en una
institución determinada; una historia clínica, en un hospital o en un sanatorio privado. En
todos los casos, debemos trabajar con textos producidos y puestos a circular por actores
sociales en situaciones específicas.
Recordemos que desde la Teoría de la Enunciación, la unidad básica del discurso es el
enunciado entendido como el producto concreto de un proceso de enunciación realizado por
un enunciador/locutor y destinado a un enunciatario/alocutario. Como vimos, para
Benveniste, la enunciación es la puesta en funcionamiento de la lengua por un acto individual
de utilización; es el acto mismo de producir un enunciado y no el texto en sí mismo. Es decir
que lo que se estará estudiando, abarcará no sólo el producto concreto del proceso, sino
también las huellas que imprime el sujeto que habla en el enunciado. De esta manera, la
importancia de la teoría de la enunciación para el AD radica en que nos permite encontrar
dentro del discurso signos específicos (deícticos, modalidades, subjetivemas, etc.) que señalan
la actitud del locutor frente a la situación en la que produce ese discurso. Esto implica dar
cuenta de la existencia de la “subjetividad en el lenguaje” reconstruyendo las relaciones
establecidas entre los protagonistas del discurso, la situación de enunciación, las
circunstancias espacio-temporales, las condiciones generales de producción/recepción, el
contexto socio-histórico.
Esta multiplicidad de elementos da forma a un momento único e irrepetible en el cual el
enunciador, a partir de sus elecciones conscientes e inconscientes, construye un discurso más
o menos subjetivo.
En este punto, es importante realizar algunas consideraciones a la hora de pensar la
relación entre discurso y contexto. Una de las formas de abordarlo está vinculada con aquel
lugar donde se inserta el enunciado o el conjunto de éstos. Otra manera es comprender el
discurso como práctica social, y, por tanto, el contexto no se orienta en una única dirección en
el discurso sino que lo constituye como tal.

Describir el discurso como práctica social implica una relación dialéctica entre un
evento discursivo particular y la situación, la institución y la estructura social que
lo configuran. Una relación dialéctica es una relación en dos direcciones: las
situaciones, las instituciones y las estructuras sociales dan forma al evento
discursivo, pero también el evento les da forma a ellas. Dicho de otra manera: el
discurso es socialmente constitutivo así como está socialmente constituido:
constituye situaciones, objetos de conocimiento, identidades sociales y
relaciones entre personas y grupos de personas. Es constitutivo tanto en el
sentido de que ayuda a mantener y a reproducir el statu quo social, como en el

24
sentido de que contribuye a transformarlo (Fairclough y Wodak, 1997 citado en
Calsamiglia y Tusón, 2008: 1).

Precisamente una de las tareas principales a la hora de realizar un análisis de este tipo es
dar cuenta de determinadas jugadas discursivas que nos permitan establecer el sentido
irrepetible que esos signos adquieren en la situación particular en que son empleados y
reconstruir ciertas formas explícitas e implícitas, a lo largo de nuestras interpretaciones 5.
En esta dinámica tratamos de responder a preguntas tales como: ¿qué dicen/no dicen los
distintos enunciadores/locutores que aparecen en el texto? ¿qué sentido tiene tal enunciado en
el contexto en cuestión? ¿por qué se dice/se significa tal cosa en este momento? Y
especialmente, ¿cuáles son las estrategias, las tácticas discursivas que utiliza el sujeto
enunciador para significar tal o cual sentido?
En consecuencia, no se trata de un análisis de contenido 6 sino que fundamentalmente
pensamos en develar y comprender los efectos y modos en la producción social del
sentido 7 describiendo estructuras y estrategias de prácticas textuales y su relación con el
proceso de enunciación.

La tarea del analista del discurso

En todo AD se recorren una serie de pasos metodológicos como: la definición del fenómeno
que se quiere analizar, la elección del material relevante (corpus) y el análisis propiamente
dicho, que implica muchas veces indagar en otras disciplinas de las ciencias sociales, o sea, la
interpelación de otros saberes.
El analista deberá formularse, en primera instancia, una cuestión que le permita establecer
una serie de preguntas: ¿Qué fenómeno social se está intentando comprender, explicar a
través del lenguaje? ¿Cómo el sujeto enunciador se inscribe en el discurso, de qué manera
aparecen huellas de subjetividad en lo que enuncia? ¿Cuál es su intención?
Lo que está en juego en el AD es, como anticipamos, revelar los posibles efectos de
sentido. Es decir, construir procedimientos analíticos que desmonten los mecanismos
discursivos que utilizan los hablantes.
Podemos establecer una serie de etapas en este proceso, la primera es, sin duda, la
identificación, selección y clasificación de aquellos elementos lingüísticos con los que el sujeto

5
En términos de Charaudeau (2009) la interdisciplinariedad permite un “análisis interpretativo”, esto consiste por un
lado, en una actividad inferencial ligada a la formulación de hipótesis, y por otro, en una operación que relaciona los
resultados del análisis con presupuestos teóricos.
6
Es un método de tratamiento de la información que normaliza la diversidad superficial de un conjunto de textos
para que puedan ser comparados y cuantificados. Su objetivo no es el funcionamiento de un discurso (Otaola
Olano, 2006: 32).
7
Se entiende por efectos de sentido, el valor particular que cobra un signo o una serie de signos en un discurso
particular (cotexto) y en una situación particular (contexto). El sentido surge de la vinculación entre las relaciones que
los signos mantienen entre sí en el discurso (qué signos aparecen y en qué orden) y la situación concreta de
enunciación (quién habla, a quién/es, cuándo y dónde habla).

25
se inscribe e inscribe la situación de enunciación en los enunciados. En efecto, el AD considera
el discurso como un espacio que exhibe las huellas del ejercicio del lenguaje por parte de los
hablantes. Esos indicios (a veces involuntarios) son formas gramaticales y léxicas que el
hablante ha elegido usar, y esa elección es portadora de sentidos. En suma, lo decisivo para el
analista será determinar cómo selecciona esas marcas lingüísticas y por qué algunas de ellas
son reveladoras de cierta regularidad significativa o a partir de las cuales permiten inferir un
8
origen o causa .
Luego, en una segunda etapa, articulamos los elementos identificados en determinada
pieza discursiva con la situación concreta de enunciación, en un tiempo y un espacio, entre
determinados participantes de características particulares, estableciendo así los posibles
efectos de sentido.
Se supone que el sujeto adopta cierto mecanismo enunciativo y modos de organizar el texto
y descarta otros. En esas opciones que realiza pueden mediar restricciones de género,
situacionales o características ideológicas y psicológicas propias del hablante. Esto puede ser
el resultado de decisiones conscientes o producto de fenómenos a los que el sujeto enunciador
no presta atención. El analista del discurso se interesará entonces en dichos elementos.
Cabe aclarar que no hay recetas para el AD, no se puede realizar un listado de efectos de
sentido y estrategias discursivas empleadas. Por el contrario, se establecen en el análisis
propiamente dicho de un discurso específico, de ahí que existen tantas posibilidades de sentido
como discursos hay.

El corpus de análisis

La búsqueda de un material relevante para realizar un AD comienza cuando el analista ha


seleccionado el fenómeno social que quiere dilucidar, teniendo en cuenta que encontrará una
multiplicidad de discursos que se entrecruzan y se relacionan unos con otros. En otra instancia,
seleccionará los materiales que le parecen pertinentes siguiendo ciertos supuestos básicos
para luego interrogarse por el problema objeto. Una vez definidas estas etapas, recortará y
organizará una selección de textos que ejemplifique los discursos que se relacionan con la
construcción de la problemática 9 elegida concentrándose en aspectos más precisos.
De ahí la necesidad de reflexionar sobre el proceso por medio del cual el AD construye sus
datos, y, a partir de ellos, sus aseveraciones.
Los materiales pueden ser muy variados, diversos y heterogéneos: aquellos que pertenecen
al discurso de la información (crónicas, editoriales, notas de opinión, etc.); textos y documentos
técnicos-académicos, transcripciones de entrevistas, entre otros. En todos los casos, los textos

8
El AD implica un proceso conjetural, esto es, trabaja con procedimientos inferenciales que deben tener una
fuerza probatoria.
9
Siguiendo a Charaudeau (2009), utilizaremos el término en el sentido de un conjunto coherente de proposiciones
hipotéticas o postulados que, al interior de un campo de estudio, determina a la vez un objeto, un punto de vista del
análisis y un cuestionamiento por oposición a otros cuestionamientos posibles.

26
elegidos deben poner de manifiesto la construcción, las experiencias y el relato del proceso
social en cuestión.
El concepto de materiales o acervo no es el mismo que el de corpus en el AD. En el primer
caso se trata de la recopilación de material oral o escrito “a secas” según sus condiciones de
producción, aun cuando la selección se centre en ciertos espacios institucionales y esté
orientada por criterios temáticos. El análisis propiamente discursivo necesita de información
histórica sobre las condiciones particulares de producción de los textos. Por el contrario, se
entiende como corpus una selección de material que ha estado presidida por una interrogación
de tipo histórico y de carácter específico.
Este conjunto de textos no es espontáneo ni natural aunque tampoco forzado, deforme o
mutilado. El corpus debe provenir de un trabajo de recorte y/o selección. Dicha selección
intencionada (hablamos de “constitución del corpus” y no de “recopilación”) es efecto del
ejercicio de una atención y percepción diferenciadas por parte del analista, esto es, producto de
los “efectos de lectura o escucha” y del problema a partir de los cuales vamos estableciendo
sus límites, siempre inestables.
El trabajo analítico consistirá entonces en la conformación del corpus: para Charaudeau
(2009), no existe en sí mismo sino que depende del posicionamiento teórico a partir del
cual lo examinamos según un objeto de análisis. Ese objeto de investigación, conceptual y
empírico, se delimita y observa desde un determinado punto de vista, una perspectiva y
una focalización que producen mayor visibilidad en ciertos aspectos del fenómeno en
estudio en detrimento de otros.
Este autor señala que las ciencias del lenguaje y en particular el AD forman parte de las
disciplinas de corpus que permite categorizar los discursos por tipos, compararlos e identificar
lo que es común y lo propio de cada uno de ellos.
De esta manera, el corpus es siempre el resultado de cierta construcción en la que
podemos establecer algunos momentos: primero, se recoge el material de manera aleatoria;
luego, se procede a la “construcción” del corpus según un objetivo de análisis global; después
se deconstruye y se reconstruye atendiendo a objetivos más específicos que permiten
descartar. En este procedimiento es indispensable determinar criterios que den cuenta de
ciertos “contrastes” o “comparaciones” de los materiales que componen el corpus, ya que el
sentido se infiere de la diferencia, dimensión fundamental y constitutiva del AD.
Algunos de los problemas a trabajar están en relación con la capacidad del corpus para
exhibir rasgos significativos con respecto al asunto que se analiza (comportamientos,
regularidades, diferencias, anomalías). Otro aspecto es el de la amplitud o exhaustividad con la
que esos fragmentos son recortados: ¿Cuánto se precisa para decir? ¿Cuánto es suficiente
para generalizar? Las fronteras del corpus trazan diferentes acercamientos teóricos-empíricos.
Asimismo, es de considerar la noción de tiempo que delimita las fronteras entre unidades,
puede extenderse desde un ciclo histórico más o menos amplio, un cierto momento (o
coyuntura), escena o episodio particular. El congelamiento o fijación (sincronía) introducido no
cancela la vigencia del sistema ni su tensión temporal.

27
Un corpus nunca se establece de una vez por todas, nunca se cierra definitivamente. Su
clausura depende de una decisión provisoria. Es una construcción con geometría variable
según los criterios que se imponen al análisis. Es así que en el AD la comprensión de los
fenómenos que reconstruye es parcial, tentativa y fugaz (además de necesariamente anclada
en una posición o punto de vista). Ciertamente debemos admitir que el analista en esta
operación está atravesado por coyunturas ideológicas de ahí que pretender trabajar sobre el
discurso por fuera de todo interés socialmente situado sería una ilusión.
Posteriormente a este proceso, el analista examina detenidamente el corpus conformado
buscando la presencia de mecanismos discursivos en los que se evidencien ciertas
significaciones, miradas y órdenes del mundo. Llegado a este punto, se seleccionan las marcas
que son generadoras de determinados efectos de sentido y pertinentes respecto de lo que se
propone indagar.

Así pues, el/la analista debe establecer una relación activa con los lectores/as
de su trabajo e intentar mostrar cómo ha efectuado su lectura del texto. De este
modo, el AD se convierte en un ejercicio más de negociación que de exposición,
en el sentido de estar siempre abierto al debate y a la discusión de las
interpretaciones realizadas (Iñiguez Rueda, 2003).

En resumen, es esencial en la tarea del analista del discurso el recorrido teórico-


metodológico que comienza con la selección del problema/fenómeno social desde su
construcción discursiva; el “recorte” de los materiales, vale decir, la conformación, justificación y
normalización 10 del corpus; la inmersión en los textos para identificar y elegir las categorías
lingüísticas relevantes y finalmente, la reconstrucción de los posibles sentidos de los textos a
partir del análisis realizado.

Palabras finales

Este artículo presenta un recorrido tentativo para esbozar las principales líneas de trabajo
que han seguido los estudios del discurso, específicamente desde una perspectiva enunciativa.
Según lo expuesto aceptamos que el AD no es una disciplina homogénea sino más bien un
mosaico de tendencias que resultaron de aquella empresa iniciada en los años sesenta. Esas
corrientes como la etnografía de la comunicación, la sociolingüística, la pragmática, entre otras,
han aportado al AD actual.
Como dijimos, el término discurso y análisis del discurso es empleado con valores muy
variados empero, desde el acercamiento propuesto vemos que la apertura hacia campos de
estudios conexos es primordial. Charaudeau (2000: 51) augura que

10
Con este término hacemos alusión a la organización y modo de ordenar el conjunto de textos con los que trabaja el
analista del discurso.

28
“el porvenir de la lingüística del discurso está en la interdisciplinaridad” pues
esta disciplina “construye un objeto multidimensional a partir de una relación
triangular entre el mundo como realidad conceptualizada, el lenguaje como
relación no simétrica entre forma y contenido, y entre los dos, un sujeto
intersubjetivo en situación de intercambio social”.

Hasta aquí hemos transitado una suerte de espacio crítico que da lugar a interrogaciones y
procedimientos exploratorios para la formulación y abordaje de problemáticas sociales en el
marco de una propuesta teórico-metodológica que busca identificar y analizar las marcas o
huellas que los locutores dejan en sus discursos.
Esta perspectiva de las ciencias del lenguaje nos exige poner en funcionamiento todas
nuestras competencias (lingüísticas, pragmáticas, comunicativas) para poner en evidencia los
diversos modos en que el discurso está estructurado y las formas en que se vincula con el
contexto. Sin dudas, estamos frente a procesos complejos que implican toma de decisiones y
establecimiento de criterios claros y precisos.
El verdadero desafío que plantea el AD es construir un objeto discursivo que contemple la
materialidad lingüística y sociohistórica, sin privilegiar un aspecto por sobre el otro, recordando
que este campo disciplinar no está cerrado sino que se encuentra en construcción permanente.
Tal y como precisamos al inicio, existen gran cantidad de piezas discursivas en nuestra vida
cotidiana que se pueden agrupar por género y problemática social, entre otros criterios, para
ser estudiadas a través del AD. Conocer esta herramienta teórico-metodológica y ponerla en
práctica es un desafío constante para todos los que entendemos que los discursos son
construcciones y no simples reflejos de la realidad. De ahí la necesidad de deconstruir sentidos
que se nos presentan como hegemónicos, luchar por la circulación de otras significaciones o
resemantizar las existentes para dar lugar a nuevas interpretaciones y promover la creación de
instancias “críticas” en las que el AD y su vinculación con otras ciencias sociales tengan un
papel muy importante en la concreción y la reproducción de prácticas transformadoras al
momento de estudiar, leer y producir una multiplicidad de discursos sociales.

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