Vultum Dei Quaerere
Vultum Dei Quaerere
CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA
1
Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 19.
2
I, 1, 1: PL 32, 661.
3
Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 169: AAS 105 (2013),
1091.
3
nástica, considerada desde los orígenes como una forma particular
de actualizar el Bautismo.
4
Carta ap. A todos los consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada
(21 noviembre 2014), II, 2: AAS 106 (2014), 941.
5
Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 68:
AAS 88 (1996), 443.
6
Benedicto XVI, Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 2010),
83: AAS 102 (2010), 754.
7
Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 59:
AAS 88 (1996), 432.
8
Cf. CIC, c. 573 § 1.
4
3. Si para todos los consagrados adquieren una particular reso-
nancia las palabras de Pedro: « Señor, ¡qué bueno es estar aquí! »
(Mt 17,4), las personas contemplativas, que en honda comunión
con todas las otras vocaciones de la vida cristiana « son rayos de
la única luz de Cristo que resplandece en el rostro de la Iglesia »,9
« por su carisma específico dedican mucho tiempo de la jornada a
imitar a la Madre de Dios, que meditaba asiduamente las palabras
y los hechos de su Hijo (cf. Lc 2, 19.51), así como a María de Beta-
nia que, a los pies del Señor, escuchaba su palabra (cf. Lc 10,38) ».10
Su vida « escondida con Cristo en Dios » (cf. Col 3,3) se convierte así
en figura del amor incondicional del Señor, el primer contemplati-
vo, y manifiesta la tensión teocéntrica de toda su vida hasta poder
decir con el Apóstol: « Para mí vivir es Cristo » (Flp 1,21), y expresa
el carácter totalizador que constituye el dinamismo profundo de la
vocación a la vida contemplativa.11
Como hombres y mujeres que habitan la historia humana, los
contemplativos atraídos por el fulgor de Cristo, « el más bello de
los hombres » (Sal 45,3), se sitúan en el corazón mismo de la Iglesia
y del mundo12 y, en la búsqueda inacabada de Dios, encuentran el
principal signo y criterio de la autenticidad de su vida consagrada.
San Benito, padre del monaquismo occidental, subraya que el mon-
je es aquel que busca a Dios por toda la vida, y en el aspirante a la
vida monástica pide que se compruebe « si revera Deum quaerit », si
busca verdaderamente a Dios.13
9
Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 16:
AAS 88 (1996), 389.
10
Benedicto XVI, Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 2010),
83: AAS 102 (2010), 754.
11
Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 18:
AAS 88 (1996), 391-392.
12
Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 44; Juan Pablo II, Ex-
hort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 3.29: AAS 88 (1996), 379-402.
13
Cf. Regla 58, 7.
5
En particular, un número incontable de mujeres consagradas, a
lo largo de los siglos y hasta nuestros días, han orientado y siguen
orientando « toda su vida y actividad a la contemplación de Dios »,14
como signo y profecía de la Iglesia virgen, esposa y madre; signo
vivo y memoria de la fidelidad con que Dios sigue sosteniendo a su
pueblo a través de los eventos de la historia.
14
Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 8: AAS
88 (1996), 382-383.
15
Cf. Id., Carta ap. Orientale lumen (2 mayo 1995), 9: AAS 87 (1995), 754.
16
Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 44.
17
Benedicto XVI, Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 2010),
83: AAS 102 (2010), 754.
18
Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 5.
6
a Cristo « más de cerca »,19 para dedicarse a él con corazón indiviso
(cf. 1 Co 7,34). Movidos por el amor incondicional a Cristo y a la
humanidad, sobre todo a los pobres y sufrientes, están llamados
a reproducir en diversas formas —vírgenes consagradas, viudas,
ermitaños, monjes y religiosos— la vida terrenal de Jesús: casto,
pobre y obediente.20
La vida contemplativa monástica, en su mayoría femenina, se
ha radicado en el silencio del claustro generando preciosos frutos
de gracia y misericordia. La vida contemplativa femenina ha repre-
sentado siempre en la Iglesia y para la Iglesia el corazón orante,
guardián de gratuidad y de rica fecundidad apostólica y ha sido
testimonio visible de una misteriosa y multiforme santidad.21
De la primitiva experiencia individual de las vírgenes consa-
gradas a Cristo, fruto espontáneo de la exigencia de respuesta de
amor al amor de Cristo-esposo, ha sido rápido el paso a un estado
definitivo y a un orden reconocido por la Iglesia, que empezó a aco-
ger la profesión de virginidad públicamente emitida. Con el pasar
de los siglos la mayoría de las vírgenes consagradas se han reunido,
dando vida a formas de vida cenobítica, que la Iglesia en su solici-
tud custodió con esmero por medio de una oportuna disciplina que
preveía la clausura como guardiana del espíritu y de la finalidad
típicamente contemplativa que estos cenobios se proponían. En el
tiempo, pues, a través de la sinergia entre la acción del Espíritu
que actúa en el corazón de los creyentes y suscita continuamente
nuevas formas de seguimiento, el cuidado maternal y solícito de la
Iglesia, se fueron plasmando las formas de vida contemplativa e
integralmente contemplativa,22 como hoy las conocemos. Mientras
19
Cf. ibíd., 1.
20
Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 14:
AAS 88 (1996), 387.
21
Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 46; Decr. Christus Do-
minus, 35; Decr. Perfectae caritatis, 7.9; CIC, c. 674.
22
Cf. CIC, c. 667 § 2-3.
7
que en occidente el espíritu contemplativo se ha ido declinando en
una multiplicidad de carismas, en oriente ha mantenido una gran
unidad,23 dando siempre testimonio de la riqueza y belleza de una
vida totalmente dedicada a Dios.
A lo largo de los siglos, la experiencia de estas hermanas, cen-
trada en el Señor como primero y único amor (cf. Os 2,21-25), ha
engendrado copiosos frutos de santidad. ¡Cuánta eficacia apostóli-
ca se irradia de los monasterios por la oración y la ofrenda! ¡Cuánto
gozo y profecía grita al mundo el silencio de los claustros!
Por los frutos de santidad y de gracia que el Señor ha suscita-
do siempre a través de la vida monástica femenina, levantamos al
« altísimo, omnipotente y buen Señor » el himno de agradecimiento:
« Laudato si’ ».24
23
Cf. Juan Pablo II, Carta. ap. Orientale lumen (2 mayo 1995), 9: AAS 87 (1995),
754.
24
Francisco de Asís, Cántico de las criaturas, 1.
8
cillas, rumiadas en el silencio, indicadnos a Aquel que es camino,
verdad y vida (cf. Jn 14,6), al único Señor que ofrece plenitud a
nuestra existencia y da vida en abundancia (cf. Jn 10,10). Como An-
drés a Simón, gritadnos: « Hemos encontrado al Señor » (cf. Jn 1,40);
como María de Magdala la mañana de la resurrección, anunciad:
« He visto al Señor » (Jn 20,18). Mantened viva la profecía de vuestra
existencia entregada. No temáis vivir el gozo de la vida evangélica
según vuestro carisma.
25
Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. Lumen gentium, 44.
26
Cf. Id., Decr. Perfectae caritatis, 2.
9
Tampoco podemos olvidar, como prueba del constante e ilumi-
nador acompañamiento del que vuestra vida contemplativa ha sido
objeto, los siguientes documentos:
–– Las orientaciones emanadas por la Congregación para los
Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica
(CIVCSVA) Potissimum Institutioni, del 2 de febrero de 1990, con
amplios espacios enteramente dedicados a vuestra forma específi-
camente contemplativa de vida consagrada (cap. IV, 78-85).
–– El documento interdicasterial Sviluppi, del 6 de enero de
1992, que pone de relieve el problema de la escasez de las vocacio-
nes a la vida consagrada en general y, en menor medida, a vuestra
vida (n. 81).
–– El Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado con la Const.
ap. Fidei depositum el 11 de octubre de 1992, de suma importancia
para dar a conocer y comprender a todos los fieles vuestra forma
de vida: en particular los nn. 915-933 dedicados a todas las for-
mas de vida consagrada; el n. 1672 sobre vuestra consagración no
sacramental y sobre la bendición de los abades y de las abadesas;
el n. 1974 y el 2102 sobre el nexo con los diez mandamientos y la
profesión de los consejos evangélicos; el n. 2518 que presenta el
estrecho vínculo entre la pureza de corazón proclamada por la sex-
ta Bienaventuranza, garante de la visión de Dios, y el amor a las
verdades de la fe; los nn. 1691 y 2687 que exaltan la perseverante
intercesión que se eleva a Dios en los monasterios contemplativos,
lugares irremplazables para armonizar oración personal y oración
compartida; y el n. 2715 que pone, como prerrogativa de los con-
templativos, la mirada fija en Jesús y en los misterios de su vida y
de su ministerio.
–– La Instrucción de la CIVCSVA Congregavit nos, del 2 de fe-
brero de 1994, que en los nn. 10 y 34 une el silencio y la soledad a
las exigencias profundas de la comunidad de vida fraterna y subra-
ya la coherencia entre separación del mundo y clima cotidiano de
recogimiento.
10
–– La Instrucción de la CIVCSVA Verbi Sponsa, del 13 de mayo
de 1999, que, en los art. 1-8, ofrece una estupenda síntesis histó-
rico-sistemática de todo el supremo Magisterio anterior sobre el
sentido misionero escatológico de la vida claustral de las monjas
contemplativas.
–– Por último, la Instrucción de la CIVCSVA Caminar desde
Cristo, del 19 de mayo de 2002, que con gran fuerza invita a con-
templar siempre el rostro de Cristo; presenta a las monjas y a los
monjes en la cumbre de la alabanza coral y de la oración silenciosa
de la Iglesia (n. 25) y, al mismo tiempo, los encomia por haber privi-
legiado y haber puesto siempre en el centro la Liturgia de las Horas
y la celebración eucarística (ibíd.).
8. Cincuenta años después del Concilio Vaticano II, tras las debi-
das consultas y un atento discernimiento, he considerado necesario
ofrecer a la Iglesia la presente Constitución apostólica que tuviera
en cuenta tanto el intenso y fecundo camino que la Iglesia misma
ha recorrido en las últimas décadas a la luz de las enseñanzas del
Concilio Ecuménico Vaticano II, como también las nuevas condi-
ciones socioculturales. Este tiempo ha visto un rápido avance de la
historia humana con la que es oportuno entablar un diálogo que sal-
vaguarde siempre los valores fundamentales sobre los que se funda
la vida contemplativa que, a través de sus instancias de silencio, de
escucha, de llamada a la interioridad, de estabilidad, puede y debe
constituir un desafío para la mentalidad de hoy.
Con este Documento deseo reiterar mi aprecio personal, junto
con el reconocimiento agradecido de toda la Iglesia, por la singular
forma de sequela Christi que viven las monjas de vida contempla-
tiva, que para muchas es vida integralmente contemplativa, don
inestimable e irrenunciable que el Espíritu sigue suscitando en la
Iglesia.
En los casos en que fuera necesario y oportuno, la Congrega-
ción para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de
11
Vida Apostólica examinará las cuestiones y establecerá acuerdos
con la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y la Con-
gregación para las Iglesias Orientales.
9. Desde los primeros siglos hasta nuestros días, la vida contem-
plativa ha estado siempre viva en la Iglesia, alternándose periodos
de gran vigor con otros de decadencia; y esto gracias a la presencia
constante del Señor junto con la capacidad típica de la Iglesia mis-
ma de renovarse y adaptarse a los cambios de la sociedad. Ha man-
tenido siempre viva la búsqueda del rostro de Dios y el amor incon-
dicional a Cristo, como su elemento específico y característico.
La vida consagrada es una historia de amor apasionado por el
Señor y por la humanidad: en la vida contemplativa esta historia
se despliega, día tras día, a través de la apasionada búsqueda del
rostro de Dios, en la relación íntima con él. A Cristo Señor, que
« nos amó primero » (1 Jn 4,19) y « se entregó por nosotros » (Ef 5,2),
vosotras mujeres contemplativas respondéis con la ofrenda de toda
vuestra vida, viviendo en él y para él, « para alabanza de su gloria »
(Ef 1,12). En esta dinámica de contemplación vosotras sois la voz de
la Iglesia que incansablemente alaba, agradece y suplica por toda
la humanidad, y con vuestra plegaria sois colaboradoras del mismo
Dios y apoyo de los miembros vacilantes de su cuerpo inefable.27
Desde la oración personal y comunitaria vosotras descubrís
al Señor como tesoro de vuestra vida (cf. Lc 12,34), vuestro bien,
« todo el bien, el sumo bien », vuestra « riqueza a satisfacción »28 y,
con la certeza en la fe de que « solo Dios basta »,29 habéis elegido la
mejor parte (cf. Lc 10,42). Habéis entregado vuestra vida, vuestra
mirada fija en el Señor, retirándoos en la celda de vuestro corazón
27
Cf. Clara de Asís, III Carta a Inés de Bohemia, 8.
28
Francisco de Asís, Alabanzas del Dios Altísimo, 3.5.
29
Teresa de Jesús, Poesías, en Obras completas, Burgos 2011, 1368.
12
(cf. Mt 6,5), en la soledad habitada del claustro y en la vida fraterna
en comunidad. De este modo sois imagen de Cristo que busca el
encuentro con el Padre en el monte (cf. Mt 14,23).
30
Cf. Dionisio Cartujano, Enarrationes in cap. 3 Can. Cant. XI, 6: Doctoris Ecsta-
tici D. Dionysii Cartusiani Opera Omnia, VII, Typis Cartusiae, Monstrolii 1898, 361.
31
Francisco de Asís, Cántico de las Criaturas, 4.
13
como soplo de brisa suave (cf. 1 R 19,12). No es por azar que la con-
templación nace de la fe, la cual es puerta y fruto de la contempla-
ción: sólo por el « heme aquí » confiado (cf. Lc 2,38) es posible entrar
en el Misterio.
En esta silenciosa y absorta quietud de la mente y del corazón
pueden insinuarse diversas tentaciones, y es así que vuestra con-
templación puede convertirse en terreno de lucha espiritual, que
sostenéis con valor en nombre y en beneficio de toda la Iglesia, que
hace de vosotras fieles centinelas, fuertes y tenaces en la lucha. En-
tre las tentaciones más insidiosas para un contemplativo, recorda-
mos la que los padres del desierto llamaban « demonio meridiano »:
la tentación que desemboca en la apatía, en la rutina, en la desmo-
tivación, en la desidia paralizadora. Como he escrito en la Exhor-
tación apostólica Evangelii gaudium, lentamente esto conduce a la
« psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos
en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia
o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una
tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como
“el más preciado de los elixires del demonio” ».32
32
Exhort. ap. Evangelii gaudium, 83: AAS 105 (2013), 1054-1055.
14
con las disposiciones de la parte final de esta Constitución y con
las indicaciones particulares que se deben aplicar y que la Congre-
gación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de
Vida Apostólica dará cuanto antes.
Formación
13. La formación de la persona consagrada es un itinerario que
debe llevar a la configuración con el Señor Jesús y a la asimilación
de sus sentimientos en su total oblación al Padre; se trata de un
proceso que no termina nunca, destinado a alcanzar en profundi-
dad a toda la persona, para que todas sus actitudes y gestos revelen
la total y gozosa pertenencia a Cristo, y por ello pide la continua
conversión a Dios. Este proceso apunta a formar el corazón, la men-
te y la vida facilitando la integración de las dimensiones humana,
cultural, espiritual y pastoral.33
En particular, la formación de la persona consagrada contem-
plativa tiende hacia una condición armónica de comunión con Dios
y con las hermanas, en un clima de silencio protegido por la clau-
sura cotidiana.
33
Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 65:
AAS 88 (1996), 441; CIC, c. 664.
34
Ibíd., 66: AAS 88 (1996), 442.
35
Ibíd., 69: AAS 88 (1996), 444; cf. CIC, c. 661.
15
lugar ordinario donde acontece el camino formativo es el monaste-
rio y que la vida fraterna en comunidad debe favorecer ese camino
en todas sus manifestaciones.
Oración
16. La oración litúrgica y personal es una exigencia fundamental
para alimentar vuestra contemplación: si « la oración es el “meollo”
de la vida consagrada »,39 más aún lo es de la vida contemplativa.
Hoy en día muchas personas no saben rezar. Y muchos son los que
sencillamente no sienten la necesidad de rezar o reducen su relación
con Dios a una súplica en los momentos de prueba, cuando no saben
a quién dirigirse. Otros reducen su oración a una simple alabanza
en los momentos de felicidad. Al recitar y cantar las alabanzas del
Señor por la Liturgia de las Horas, vosotras os convertís en voz
de estas personas y, al igual que los profetas, intercedéis por la
36
Cf. Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de
Vida Apostólica, Instr. Caminar desde Cristo. Un renovado compromiso de la vida con-
sagrada en el Tercer Milenio (19 mayo 2002), 18.
37
Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 65:
AAS 88 (1996), 441.
38
Cf. CIC, cc. 648 § 1 y 3; 657 § 2.
39
Saludo al final de la Santa Misa (2 febrero 2016): L’Osservatore Romano, 4 de
febrero de 2016, p. 6; cf. CIC, c. 673.
16
salvación de todos.40 La oración personal os ayudará a permanecer
unidas al Señor, como los sarmientos a la vid, y así vuestra vida
dará fruto en abundancia (cf. Jn 15,1-15). Recordad, sin embargo,
que la vida de oración y la vida contemplativa no pueden vivirse
como repliegue en vosotras, sino que deben ensanchar el corazón
para abrazar a toda la humanidad, y en especial a aquella que sufre.
Por la oración de intercesión, tenéis un papel fundamental en
la vida de la Iglesia. Rezáis e intercedéis por muchos hermanos y
hermanas presos, emigrantes, refugiados y perseguidos, por tantas
familias heridas, por las personas en paro, por los pobres, por los
enfermos, por las víctimas de dependencias, por no citar más que
algunas situaciones que son cada día más urgentes. Vosotras sois
como los que llevaron al paralítico ante el Señor, para que lo sana-
ra (cf. Mc 2,1-12). Por la oración, día y noche, vosotras acercáis al
Señor la vida de muchos hermanos y hermanas que por diversas si-
tuaciones no pueden alcanzarlo para experimentar su misericordia
sanadora, mientras que él los espera para llenarlos de gracias. Por
vuestra oración vosotras curáis las llagas de tantos hermanos.
La contemplación de Cristo encuentra su modelo insuperable
en la Virgen María. El rostro del Hijo le pertenece por título singu-
lar. Madre y Maestra de la perfecta conformación con el Hijo, con
su presencia ejemplar y maternal, es de gran apoyo en la cotidiana
fidelidad a la oración (cf. Hch 1,14) peculiarmente filial.41
17. El libro del Éxodo nos muestra que con su oración Moisés de-
cide la suerte de su pueblo, garantizando la victoria sobre el ene-
migo cuando logra levantar los brazos para invocar la ayuda del
40
Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 83; CIC, cc. 1173;
1174 § 1.
41
Cf. Benedicto XVI, Catequesis (28 diciembre 2011): Insegnamenti VII/2 (2011),
980-985; CIC, c. 663 § 4; Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las
Sociedades de Vida Apostólica, Instr. El servicio de la autoridad y la obediencia (11
mayo 2008), 31.
17
Señor (cf. 17,11). Este texto me parece una imagen muy expresiva
de la fuerza y de la eficacia de vuestra oración en favor de toda la
humanidad y de la Iglesia, y en particular de sus miembros más
débiles y necesitados. Hoy, como entonces, podemos pensar que las
suertes de la humanidad se deciden en el corazón orante y en los
brazos levantados de las contemplativas. Por ello os exhorto a ser
fieles, según vuestras Constituciones, a la oración litúrgica y a la
oración personal, que es preparación y prolongación de la anterior.
Os exhorto a no « anteponer nada al opus Dei »,42 para que nada obs-
taculice, nada os separe, nada se interponga en vuestro ministerio
orante.43 Y así, por medio de la contemplación, os transformareis
en imagen de Cristo44 y vuestras comunidades llegarán a ser verda-
deras escuelas de oración.
42
Benito, Regla, 43,3.
43
Cf. Francisco de Asís, Regla no bulada, XXIII, 31.
44
Cf. Clara de Asís, III carta a Inés de Bohemia, 12.13.
18
sanctas libenter audire ».45 Durante los siglos el monaquismo ha sido
custodio de la lectio divina. Y hoy se recomienda a todo el pueblo de
Dios y se pide a todos los religiosos,46 y a vosotras que la convirtáis
en alimento de vuestra contemplación y de vuestra vida de cada
día, para poder compartir esta experiencia de la Palabra de Dios
que transforma, con sacerdotes, diáconos, los otros consagrados y
los laicos. Considerad este compartir como una verdadera misión
eclesial.
Indudablemente la oración y la contemplación son los lugares
más aptos para acoger la Palabra de Dios, pero al mismo tiempo,
tanto la oración como la contemplación brotan de la escucha de la
Palabra. Toda la Iglesia y, en particular, las comunidades dedica-
das totalmente a la contemplación, necesitan volver a descubrir la
centralidad de la Palabra de Dios que, como bien ha recordado mi
predecesor san Juan Pablo II, es la « fuente primera de toda espiri-
tualidad ».47 Es preciso que la Palabra alimente la vida, la oración, la
contemplación, el camino cotidiano y se convierta en principio de
comunión para vuestras comunidades y fraternidades. Estas comu-
nidades están llamadas a acogerla, meditarla, vivirla juntas, comu-
nicando y compartiendo los frutos que nacen de esta experiencia.
Así podréis crecer en una auténtica espiritualidad de comunión.48
Al respecto os exhorto a « evitar el riesgo de un acercamiento in-
dividualista, teniendo presente que la Palabra de Dios se nos da
precisamente para construir comunión, para unirnos en la Verdad
45
Regla, 4, 55.
46
Cf. Benedicto XVI, Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre
2010), 86: AAS 102 (2010), 757; CIC, c. 663 § 3.
47
Exhort. ap. postsinodal. Vita consecrata (25 marzo 1996), 94: AAS 88 (1996),
469; cf. CIC, c. 758.
48
Cf. Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de
Vida Apostólica, Instr. Caminar desde Cristo. Un renovado compromiso de la vida con-
sagrada en el Tercer Milenio (19 mayo 2002), 25; Juan Pablo II, Carta ap. Novo millen-
nio ineunte (6 enero 2001), 43: AAS 93 (2001), 297.
19
en nuestro camino hacia Dios. […] Por tanto, hemos de acercarnos
al texto sagrado en la comunión eclesial ».49
49
Benedicto XVI, Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 2010),
86: AAS 102 (2010), 758; CIC, cc. 754-755.
50
Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 94:
AAS 88 (1996), 470.
20
creyente a convertirse en don para los demás por la caridad ».51 De
este modo producirá abundantes frutos en el camino de configura-
ción con Cristo, meta de toda nuestra vida.
51
Benedicto XVI, Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 2010),
87: AAS 102 (2010), 759.
52
Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 5; cf. CIC, c. 899.
53
Homilía para la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
(26 mayo 2016): L’Osservatore Romano, 27-28 de mayo de 2016, p. 8; cf. CIC, c. 663 § 2.
54
Cf. Juan Palo II, Homilía para la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre
de Cristo (14 junio 2001), 3: AAS 93 (2001), 656.
21
los de Emaús: “ Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron ”
(Lc 24,31) ».55 La Eucaristía, por tanto, os introduce en el misterio
del amor, que es amor esponsal: « Cristo es el Esposo de la Iglesia,
como Redentor del mundo. La Eucaristía es el sacramento de nues-
tra redención. Es el sacramento del Esposo, de la Esposa ».56
Es loable, por tanto, la tradición de prolongar la celebración
con la adoración eucarística, momento privilegiado para asimilar
el pan de la Palabra partido durante la celebración y continuar la
acción de gracias.
55
Id., Carta enc. Ecclesia de Eucharistia (17 abril 2003), 6: AAS 95 (2003), 437.
56
Id., Carta ap. Mulieris dignitatem (15 agosto 1988), 26: AAS 80 (1988), 1716.
57
Cf. Bula Misericordiae vultus, 1: AAS 107 (2015), 399; CIC, cc. 664; 630.
22
de Dios, es signo de una profunda unión con él y se propone como
la morada donde esta experiencia es posible y vivificante para to-
dos. Cristo, Señor, llamando a algunos a compartir su vida, forma
una comunidad que hace visible « la capacidad de seguir un proyec-
to de vida y actividad fundado en la invitación a seguirle con mayor
libertad y más de cerca ».58 La vida consagrada en virtud de la cual
los consagrados y las consagradas buscan formar « un solo corazón
y una sola alma » (Hch 4,32), siguiendo el ejemplo de las primeras
comunidades cristianas, se « muestra como elocuente confesión tri-
nitaria ».59
58
Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida
Apostólica, Instr. La vida fraterna en comunidad. Congregavit nos in unum Christi
amor (2 febrero 1994), 10.
59
Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 21:
AAS 88 (1996), 395.
60
CIC, c. 603.
61
Cf. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 43: AAS 93
(2001), 296-297.
23
taria llegará a ser ayuda recíproca en la realización de la vocación
propia de cada uno.62
62
Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 15; CIC, c. 602.
63
Cf. Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de
Vida Apostólica, Instr. La vida fraterna en comunidad. Congregavit nos in unum Chris-
ti amor (2 febrero 1994); CIC, cc. 607 § 2; 608; 665; 699 § 1.
64
Ibíd., 32; cf. CIC, cc. 619; 630; 664.
24
Como he dicho recientemente en mi encuentro con los consa-
grados presentes en Roma para la conclusión del Año de la Vida
Consagrada,65 cuidad con solicitud la cercanía con las hermanas
que el Señor os ha regalado como don precioso. Por otro lado, como
recordaba san Benito, en la vida comunitaria es fundamental « ve-
nerar a los ancianos y amar a los jóvenes ».66 En esta tensión que
hay que armonizar entre memoria y futuro prometido está radicada
también la fecundidad de la vida fraterna en comunidad.
65
Cf. Discurso a los participantes en el Jubileo de la vida consagrada (1 febrero
2016): L’Osservatore Romano, 1-2 de febrero de 2016, p. 8.
66
Benito, Regla, IV, 70-71.
67
Carta ap. A todos los consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada
(21 noviembre 2014), II, 3: AAS 106 (2014), 943.
68
Ibíd.
69
Cf. ibíd.; CIC, cc. 614-615; 628 § 2-1; 630 § 3; 638 § 4; 684 § 3; 688 § 2; 699 § 2;
708; 1428 § 1-2.
25
Las Federaciones
30. La federación es una estructura importante de comunión en-
tre los monasterios que comparten el mismo carisma para que no
se queden aislados.
Las federaciones tienen como principal finalidad promover la
vida contemplativa en los monasterios que las componen, según las
exigencias del propio carisma, y garantizar la ayuda en la forma-
ción permanente e inicial, como también en las necesidades concre-
tas, intercambiando monjas y compartiendo los bienes materiales;
y tendrán que favorecerse y multiplicarse en función de estas fina-
lidades.70
La clausura
31. La separación del mundo, algo necesario para quienes siguen
a Cristo, tiene para vosotras, hermanas contemplativas, una mani-
festación particular en la clausura, que es el lugar de la intimidad de
la Iglesia esposa: « Signo de la unión exclusiva de la Iglesia-esposa
con su Señor, profundamente amado ».71
La clausura ha sido codificada en cuatro diversas formas y
modalidades:72 además de la clausura común a todos los Institutos
religiosos, hay otras tres características de las comunidades de vida
contemplativa: papal, constitucional y monástica. La clausura pa-
pal es definida « según las normas dadas por la Sede Apostólica »73
y « excluye colaboración en los distintos ministerios pastorales ».74
La clausura constitucional es definida por las normas de las Cons-
tituciones; y la clausura monástica, aun conservando el carácter
Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 59:
71
26
de « una disciplina más estricta »75 respecto a la disciplina común,
permite asociar a la función primaria del culto divino unas formas
más amplias de acogida y de hospitalidad, siempre según las pro-
pias Constituciones. La clausura común es la menos cerrada de las
cuatro.76
La pluralidad de modos de observar la clausura en una misma
Orden ha de considerarse como una riqueza y no como un impedi-
mento para la comunión, armonizando diversas sensibilidades en
una unidad superior.77 Dicha comunión podrá concretarse en varias
formas de encuentro y de colaboración, sobre todo en la formación
permanente e inicial.78
El trabajo
32. También para vosotras, el trabajo es participación en la obra
que Dios creador lleva adelante en el mundo. Dicha actividad os
pone en estrecha relación con cuantos trabajan con responsabili-
dad para vivir del fruto de sus manos (cf. Gn 3,19), para contribuir
en la obra de la creación y servir a la humanidad; en particular os
hace solidarias con los pobres que no pueden vivir sin trabajar y
que, a menudo, aun trabajando, necesitan de la ayuda providencial
de los hermanos.
Para que el trabajo no apague el espíritu de contemplación,
como nos enseñan los grandes santos contemplativos, y para que
vuestra vida sea « pobre de hecho y de espíritu para consumarse en
sobriedad trabajada », como os impone la profesión, con voto solem-
75
Ibíd., c. 667 § 2.
76
Cf. ibíd., c. 667 § 1.
77
Cf. J. M. Bergoglio, Intervención del 13 de octubre de 1994 en el Sínodo de
los Obispos sobre la vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo: « Vida
Religiosa », 115, n. 7, julio-septiembre 2013.
78
Cf. Carta ap. A todos los consagrados y consagradas con ocasión del Año de la
Vida Consagrada (21 noviembre 2014), II, 3: AAS 106 (2014), 942-943.
27
ne, del consejo evangélico de pobreza,79 realizad el trabajo con de-
voción y fidelidad, sin dejarse condicionar por la mentalidad de la
eficiencia y del activismo de la cultura contemporánea. Que ahora y
siempre sea para vosotras válido el lema de la tradición benedictina
del lema“ora et labora”, que educa a encontrar una relación equi-
librada entre la tensión hacia el Absoluto y el compromiso en las
responsabilidades cotidianas, entre la quietud de la contemplación
y el esfuerzo en el servicio.
El silencio
33. En la vida contemplativa y, en particular, en la que lo es in-
tegralmente, considero importante prestar atención al silencio ha-
bitado por la Presencia, como espacio necesario de escucha y de
ruminatio de la Palabra y requisito para una mirada de fe que capte
la presencia de Dios en la historia personal, en la de los hermanos
y hermanas que el Señor os da y en los avatares del mundo contem-
poráneo. El silencio es vacío de sí para dejar espacio a la acogida;
en el ruido interior no es posible recibir nada ni a nadie. Vuestra
vida integralmente contemplativa requiere « tiempo y capacidad de
guardar silencio para poder escuchar »80 a Dios y el clamor de la
humanidad. Que calle, pues, la lengua de la carne y que hable la
lengua del Espíritu, movida por el amor que cada una de vosotras
tiene para su Señor.81
Que en esto os sea de ejemplo el silencio de María Santísima,
que pudo acoger la Palabra porque era mujer de silencio: no un
silencio estéril, vacío; por el contrario, un silencio lleno, rico. Y el
de la Virgen María es también un silencio rico de caridad, que se
dispone para acoger al Otro y a los otros.
79
Cf. CIC, c. 600.
80
Mensaje para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
(1 junio 2014): AAS 106 (2014), 114; cf. Congregación para los Institutos de Vida Con-
sagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Instr. La vida fraterna en comunidad.
Congregavit nos in unum Christi amor (2 febrero 1994), 10.34.
81
Cf. Clara de Asís, IV Carta a Inés de Bohemia, 35.
28
Los medios de comunicación
34. En nuestra sociedad, la cultura digital influye de manera deci-
siva en la formación del pensamiento y en la manera de relacionar-
se con el mundo y, en particular, con las personas. Este clima cul-
tural no deja inmunes a las comunidades contemplativas. Es cierto
que estos medios pueden ser instrumentos útiles para la formación
y la comunicación, pero os exhorto a un prudente discernimiento
para que estén al servicio de la formación para la vida contempla-
tiva y de las necesarias comunicaciones, y no sean ocasión para la
distracción y la evasión de la vida fraterna en comunidad, ni sean
nocivos para vuestra vocación o se conviertan en obstáculo para
vuestra vida enteramente dedicada a la contemplación.82
La ascesis
35. Junto con todos los medios que la Iglesia propone para el do-
minio de sí y la purificación del corazón, la ascesis lleva a liberarnos
de todo aquello que es típico de la « mundanidad » para vivir la lógi-
ca del don, en particular del don del propio ser, como exigencia de
respuesta al primero y único amor de vuestra vida. De este modo
podréis responder también a las expectativas de los hermanos y
hermanas, así como a las exigencias morales y espirituales intrín-
secas en cada uno de los tres consejos evangélicos que profesáis con
voto solemne.83
A este respecto, vuestra vida enteramente entregada adquiere
un fuerte sentido profético; sobriedad, desprendimiento de las co-
sas, entrega de sí en la obediencia, transparencia en las relaciones,
todo se hace más radical y exigente para vosotras por la opción de
renunciar también « al espacio, a los contactos, a tantos bienes de la
82
Cf. CIC, c. 666.
83
Cf. Saludo después de la Santa Misa para los consagrados y las consagradas
(2 febrero 2016): L’Osservatore Romano, 4 de febrero de 2016, p. 6; CIC, cc. 599-601;
1191-1192.
29
creación […] como modo singular de ofrecer el “cuerpo” ».84 El haber
elegido una vida de estabilidad se convierte en signo elocuente de
fidelidad para nuestro mundo globalizado y acostumbrado a des-
plazamientos cada vez más rápidos y fáciles, con el riesgo de no
echar jamás raíces.
Asimismo, el ámbito de las relaciones fraternas se hace todavía
más exigente en la vida claustral,85 que impone relaciones conti-
nuas y cercanas en la comunidad. Vosotras podéis ser un ejemplo
y una ayuda al Pueblo de Dios y a la humanidad de hoy, marcada y
a veces rota por tantas divisiones, para que permanezca al lado del
hermano y de la hermana, también allí donde sea necesario recom-
poner las diversidades, gestionar tensiones y conflictos, acoger fra-
gilidades. La ascesis es igualmente un medio para tomar contacto
con la propia debilidad y encomendarla a la ternura de Dios y de la
comunidad.
Por último, el compromiso ascético es necesario para llevar ade-
lante con amor y fidelidad el deber de cada día, como ocasión para
compartir la suerte de muchos hermanos en el mundo y ofrenda
silenciosa y fecunda para ellos.
84
Juan Pablo II, Exhort, ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 59:
AAS 88 (1996), 431.
85
Cf. Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de
Vida Apostólica, Instr. La vida fraterna en comunidad. Congregavit nos in unum Chris-
ti amor (2 febrero 1994), 10.
30
es el fin último de la vida contemplativa;86 y que vuestras comuni-
dades o fraternidades sean verdaderas escuelas de contemplación
y oración.
El mundo y la Iglesia os necesitan como « faros » que iluminan
el camino de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo. Que
sea esta vuestra profecía. Vuestra opción no es la huida del mundo
por miedo, como piensan algunos. Vosotras seguís estando en el
mundo, sin ser del mundo (cf. Jn 18,19) y, aunque estéis separadas
del mundo, por medio de signos que expresan vuestra pertenencia
a Cristo, no cesáis de interceder constantemente por la humanidad,
presentando al Señor sus temores y sus esperanzas, sus gozos y sus
sufrimientos.87
No nos privéis de esta vuestra participación en la construc-
ción de un mundo más humano y por tanto más evangélico. Uni-
das a Dios, escuchad el clamor de vuestros hermanos y hermanas
(cf. Ex 3,7; Jr 5,4) que son víctimas de la « cultura del descarte »,88 o
que necesitan sencillamente de la luz del Evangelio. Ejercitaos en el
arte de escuchar, « que es más que oír »,89 y practicad la « espiritua-
lidad de la hospitalidad », acogiendo en vuestro corazón y llevando
en vuestra oración lo que concierne al hombre creado a imagen y
semejanza de Dios (cf. Gn 1,26). Como he escrito en la Exhortación
apostólica Evangelii gaudium, « interceder no nos aparta de la ver-
dadera contemplación, porque la contemplación que deja fuera a
los demás es un engaño ».90
De este modo, vuestro testimonio será un complemento nece-
sario del que los contemplativos en el corazón del mundo dan tes-
86
Cf. Clara de Asís, III Carta a Inés de Bohemia, 12-13; IV Carta a Inés de Bo-
hemia, 15.16.
87
Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 4.
88
Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 53: AAS 105 (2013), 1042;
cf. ibíd. 187ss: AAS 105 (2013), 1098ss.
89
Ibíd., 171: AAS 105 (2013), 1091.
90
Ibíd., 281: AAS 105 (2013), 1133.
31
timonio del Evangelio, permaneciendo totalmente inmersos en las
realidades y en la construcción de la ciudad terrena.
91
J. M. Bergoglio, Intervención del 13 de octubre de 1994 en el Sínodo de los
Obispos sobre la vida consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo: « Vida Reli-
giosa », 115, n. 7, julio-septiembre 2013.
32
CONCLUSIÓN DISPOSITIVA
33
Art. 3 § 1. Cada monasterio cuide con particular esmero, por
medio de oportunas estructuras, la elaboración del proyecto de
vida comunitaria, la formación permanente, que es como el humus
de cada una de las etapas de la formación, ya a partir de la inicial.
§ 2. Con el fin de asegurar una adecuada formación permanente,
las federaciones promuevan la colaboración entre los monasterios
por medio de intercambio de material formativo y el uso de medios
de comunicación digital, salvaguardando siempre la necesaria
discreción.
§ 3. Además del cuidado en elegir a las hermanas llamadas
como formadoras a acompañar a las candidatas por el camino de la
madurez personal, cada uno de los monasterios y las federaciones
promuevan la formación de las formadoras y de sus colaboradoras.
§ 4. Las hermanas llamadas a ejercer el delicado servicio de la
formación pueden, servatis de iure servandis, participar en cursos
específicos de formación aunque sea fuera de su monasterio, man-
teniendo un clima adecuado y coherente con las exigencias del pro-
pio carisma. La Congregación para los Institutos de Vida Consa-
grada y las Sociedades de Vida Apostólica promulgará al respecto
normas particulares.
§ 5. Los monasterios prestarán especial atención al discer-
nimiento espiritual y vocacional, asegurarán a las candidatas un
acompañamiento personalizado y promoverán itinerarios formati-
vos adecuados, considerando siempre que hay que reservar un am-
plio espacio de tiempo a la formación inicial.
§ 6. Aunque la constitución de comunidades internacionales y
multiculturales ponga de manifiesto la universalidad del carisma,
hay que evitar en modo absoluto el reclutamiento de candidatas de
otros países con el único fin de salvaguardar la supervivencia del mo-
nasterio. Que se elaboren criterios para asegurar que esto se cumpla.
§ 7. Para asegurar una formación de calidad, según las circuns-
tancias, promuévanse casas de formación inicial comunes entre
varios monasterios.
34
Art. 4 § 1. Considerando que la oración es el corazón de la vida
contemplativa, que cada monasterio verifique el ritmo de la propia
jornada para evaluar si el Señor es su centro.
§ 2. Se evaluarán las celebraciones comunitarias, preguntándose
si son realmente un encuentro vivo con el Señor.
Art. 5 § 1. Por la importancia que la lectio divina reviste, que
cada monasterio establezca tiempos y modalidades oportunos para
esta exigencia de lectura-escucha, ruminatio, oración, contempla-
ción y puesta en común de las Sagradas Escrituras.
§ 2. Considerando que el compartir la experiencia transforman-
te de la Palabra con los sacerdotes, los diáconos, los demás consa-
grados y los laicos es expresión de verdadera comunión eclesial,
cada monasterio verá cuáles pueden ser las modalidades de esta
irradiación espiritual ad extra.
Art. 6 § 1. En la elaboración del proyecto comunitario y frater-
no, además de la preparación con esmero de la celebración eucarís-
tica, que cada monasterio prevea tiempos convenientes de adora-
ción eucarística, ofreciendo también a los fieles de la Iglesia local la
posibilidad de participar en ellos.
§ 2. Cuídese en particular la elección de capellanes, confesores
y directores espirituales, considerando la especificidad del carisma
propio y las exigencias de la vida fraterna en comunidad.
Art. 7 § 1. Quienes son llamadas a ejercer el ministerio de la
autoridad, además de cuidar de su propia formación, sean guiadas
por un real espíritu de fraternidad y de servicio, para favorecer un
clima gozoso de libertad y de responsabilidad para promover el dis-
cernimiento personal y comunitario y la comunicación en la verdad
de lo que se hace, se piensa y se siente.
§ 2. El proyecto comunitario acoja con agrado y aliente el
intercambio de dones humanos y espirituales de cada hermana,
para el mutuo enriquecimiento y el progreso de la fraternidad.
35
Art. 8 § 1. A la autonomía jurídica ha de corresponder una real
autonomía de vida, lo cual significa: un número aunque mínimo de
hermanas, siempre que la mayoría no sea de avanzada edad; la ne-
cesaria vitalidad a la hora de vivir y transmitir el carisma; la capa-
cidad real de formación y de gobierno; la dignidad y la calidad de la
vida litúrgica, fraterna y espiritual; el significado y la inserción en
la Iglesia local; la posibilidad de subsistencia; una conveniente es-
tructura del edificio monástico. Estos criterios han de considerarse
en su globalidad y en una visión de conjunto.
§ 2. Cuando no subsistan los requisitos para una real autonomía
de un monasterio, la Congregación para los Institutos de Vida Con-
sagrada y las Sociedades de Vida Apostólica estudiará la oportu-
nidad de constituir una comisión ad hoc formada por el Ordinario,
por la Presidente de la federación, por el Asistente federal y por la
Abadesa o Priora del monasterio. En todo caso, dicha intervención
tenga como fin actuar un proceso de acompañamiento para revita-
lizar el monasterio, o para encaminarlo hacia el cierre.
§ 3. Este proceso podría prever también la afiliación a otro
monasterio o confiarlo a la Presidenta de la federación, si el
monasterio es federado, con su Consejo. En todo caso, la decisión
última corresponde a la Congregación para los Institutos de Vida
Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Art. 9 § 1. En principio, todos los monasterios han de formar
parte de una federación. Si por razones especiales un monasterio no
pudiera ser federado, con el voto del capítulo, pídase permiso a la
Santa Sede, a la que corresponde realizar el oportuno discernimien-
to, para consentir al monasterio no pertenecer a una federación.
§ 2. Las federaciones podrán configurarse no tanto y no sólo
según un criterio geográfico, sino de afinidades de espíritu y tradi-
ciones. Las modalidades al respecto serán indicadas por la Congre-
gación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de
Vida Apostólica.
36
§ 3. Se garantizará, asimismo, la ayuda en la formación y en
las necesidades concretas por medio de intercambios de monjas y
la puesta en común de bienes materiales, según como disponga la
Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Socieda-
des de Vida Apostólica, que además establecerá las competencias
de la Presidente y del Consejo de Federación.
§ 4. Se favorecerá la asociación, también jurídica, de los mo-
nasterios con la Orden masculina correspondiente. Se favorecerán
también las Confederaciones y la constitución de Comisiones inter-
nacionales de varias Órdenes, con estatutos aprobados por la Con-
gregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades
de Vida Apostólica.
Art. 10 § 1. Tras un serio discernimiento, y respetando la pro-
pia tradición y lo que exigen las Constituciones, cada monasterio
pida a la Santa Sede qué forma de clausura quiere abrazar, si es que
pide una forma diversa a la que tiene vigor.
§ 2. Una vez que se ha optado por una de las formas de clausura
previstas, y que esta haya sido aprobada, que cada monasterio se
esmere en seguirla y viva según lo que conlleva.
Art. 11 § 1. Aunque algunas comunidades monásticas pueden
tener rentas, según el derecho propio, sin embargo no se eximan
del deber de trabajar.
§ 2. Para las comunidades dedicadas a la contemplación, que el
fruto del trabajo no sea sólo para asegurar un sustento digno, sino
que también y en la medida de lo posible tenga como fin socorrer
las necesidades de los pobres y de los monasterios necesitados.
Art. 12. El ritmo cotidiano de cada monasterio prevea oportu-
nos momentos de silencio, para favorecer el clima de oración y de
contemplación.
Art. 13. Cada monasterio prevea en su proyecto comunitario
los medios idóneos por los que se expresa el compromiso ascético
de la vida monástica, para que sea más profética y creíble.
37
Disposición final