13/1/2021 Emilia Pardo Bazán, feminismos y dobles varas de medir
CULTURA / ANÁLISISLA AUTORA [email protected] @MarilarAleix
Emilia Pardo Bazán, feminismos y dobles
varas de medir
Si en un hombre pueden reconocerse contradicciones y alabar sus logros y en una
mujer no, parece que estamos ante un ejercicio de la doble vara de medir mujeres y
hombres que Emilia Pardo Bazán tanto criticó
Si el feminismo de Pardo Bazán se adelanta a su tiempo es porque no sólo identificó
derechos que se negaban a las mujeres, sino también algunas de las bases filosóficas o
ideológicas en las que se fundamentaba la discriminación
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Marilar Aleixandre Publicada el 12/01/2021 a las 06:00
Imagen de la escritora Emilia Pardo Bazán. E.P. | Real Academia Galega (RAG)
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Me duele el alma al contemplar cómo se pretende enfrentar a unas mujeres con otras.
Es una de las estrategias del patriarcado, a veces en tiempo presente, a veces de
modo simbólico, apropiándose de mujeres muertas. Cuando se lleva a cabo, además,
tomando en vano la palabra “sororidad”, como hace Xosé A. Fraga en un reciente
artículo, es aún más doloroso. Se afirma en ese artículo que Emilia Pardo Bazán
“maltrató a varias (mujeres)”. No se sustenta esta dura y genérica acusación en ningún
dato, y no puede hacerse porque nada hay en su biografía que permita inferirlo. La
palabra “maltrato” tiene connotaciones que el autor no puede ignorar. Continúa la frase
mencionando “argumentos misóginos” sobre Concepción Arenal y Juana de Vega,
citando un párrafo “ruin” de los Apuntes autobiográficos en el que dice que
presentaban aspecto “viril”, que Juana de Vega tenía bozo y que Arenal “poseía las
formas rectas y angulosas de un muchacho que ha crecido pronto”. Es pertinente
reproducir el inicio, que Fraga omite: “Mi memoria evoca, con la plasticidad que tienen
las representaciones infantiles, las imágenes de ambas notables mujeres”. No se trata
pues de un juicio de la Emilia adulta de 1886, sino de la “representación infantil”, la
impresión que, en las tertulias de Juana de Vega alrededor de 1864 causaron, en una
adolescente de 13 años, mujeres de 59 y 44 años que le parecerían muy mayores. La
juventud, lo sabemos, es cruel, pero si calificamos esta frase de “maltrato” quizá
tendríamos que usar la misma palabra para el tratamiento que da el autor a
Emilia. En todo caso parece más relevante el hecho de que en numerosos escritos y
discursos, que Fraga ha optado por ignorar, Pardo Bazán se refiere a Arenal, a De Vega y
a sus ideas de forma muy elogiosa.
Desde un enfoque feminista diríamos que Arenal y Pardo Bazán emplearon estrategias,
en parte iguales, en parte distintas, para erigirse como escritoras, para construir lo que
Olvido García Valdés, hablando de Teresa de Ávila, llama la identidad intelectual
femenina. Estrategias iguales son afirmarse como autoras, demandar respeto como
intelectuales, reivindicar una identidad propia, negando la universalidad de los
patrones masculinos. Opuesta es su vestimenta, la de Arenal descrita por sus biógrafas
como asexuada o andrógina, lo que haría la comparación de Emilia con un muchacho
muy precisa; la de Pardo Bazán femenina y excesiva, recargada de plumas y adornos.
Hay un episodio de 1876, analizado en detalle por Xosé R. Barreiro, que explica, al
menos en parte, las reticencias de Arenal respecto a Emilia, el premio literario sobre
Fray Benito Feijoo que fue declarado desierto, atribuyéndose el accésit a la segunda.
Barreiro indica, y puede comprobarse leyendo ambos ensayos, que el de Arenal, más
argumentado, era mucho más crítico con Feijoo, reprochándole su defensa de las
monjas de clausura, que llega a conceptuar de “deforme como obra moral”. No
extraña que parte del jurado lo considerase ofensivo. Pero Arenal, según Anna Caballé,Privacidad
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se indignaba cada vez que no le daban un premio; era muy consciente de su valía
intelectual, de su talento, contemplando a veces de forma displicente el de otros. Hay
quien dice que Arenal y Pardo Bazán –sobre todo la segunda– eran ambiciosas o
engreídas. Como escribe Emilia, en una crítica a las asimetrías al juzgar a las mujeres,
la ambición de reconocimiento, lo que llama “señalar con rastro de luz su paso por el
mundo” es alabada en el hombre y criticada en la mujer. Es muy difícil para algunos
hombres, como decía ella, hacerse una idea de las dificultades encontradas por las
mujeres, aún hoy día y más en el siglo XIX, para ser reconocidas como intelectuales. He
dedicado una argumentación un poco larga a presentar un ejemplo de cómo los
conceptos y marcos interpretativos del feminismo –que cuenta con ellos desde hace
décadas– permiten un análisis más sofisticado de las tensiones –que no
disputas– entre dos grandes intelectuales, que no unos brochazos y afirmaciones sin
sustentar.
Cualquiera, hombre o mujer, tiene todo el derecho a emitir opiniones sobre una
escritora o sobre el lucero del alba. Ahora bien, para juzgar si Emilia Pardo Bazán –u
otra persona– fue más o menos feminista o si su feminismo tiene “sombras”, sería
conveniente documentarse, tener en cuenta algunas nociones feministas. Nadie
está obligado a leerlas, pero en el caso en que se pretenda valorar el feminismo de una
autora sería recomendable. Puede haber quien concluya que el feminismo de Pardo
Bazán no le convence, pero los argumentos deben tener cierto rigor. Creo, por otra
parte, que a la posición de convertir Meirás en un Centro de Memoria –compartiendo
espacio con Pardo Bazán–, en la cual me sitúo, le hacen un flaco favor diatribas de este
carácter. Hay muchas y muy sólidas razones para que en Meirás se proponga un relato
alternativo al que justificó el golpe de Estado y la dictadura, sin tener que crear una
imagen de la escritora con tintes más de caricatura que de retrato fiel que haga justicia a
su complejidad.
Numerosas feministas, entre las que me cuento, reconocemos a Emilia Pardo Bazán
como precursora no solo, como se dice en el artículo, por afirmar que todos los derechos
que tiene el hombre debe tenerlos la mujer. No son algunas ideas genéricas las que nos
hacen admirar la modernidad de su feminismo, sino formulaciones muy
específicas.
Si el feminismo de Pardo Bazán se adelanta a su tiempo es porque no sólo identificó
derechos que se negaban a las mujeres, sino también algunas de las bases
filosóficas o ideológicas en las que se fundamentaba –y se fundamenta– la
discriminación, y algunos de los mecanismos por los que se ejercía y se ejerce lo que
hoy llamamos patriarcado, término posterior a ella. Un ejemplo es la idea del destino
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propio de las mujeres opuesto, según argumenta, a la idea del destino relativo: “La
mujer tiene destino propio; que sus primeros deberes naturales son para consigo
misma, no relativos y dependientes de la entidad moral de la familia que en su día podrá
constituir o no constituir”. La noción del “destino relativo”, es decir subordinado al de
los varones, es original de la autora, “quitando a su destino (al de las mujeres) toda
significación individual, y no dejándole sino la que puede tener relativamente al destino
del varón”. Pardo Bazán identifica esta idea del destino relativo como el último baluarte
de la desigualdad. Otro ejemplo es su denuncia de los mujericidios (palabra que le
debemos) y de múltiples formas de maltrato y violencia contra las mujeres, apuntando
que se basa en la creencia en que los hombres son dueños de su vida y su muerte.
Según el artículo no se puede asimilar la vida y la obra de Emilia al concepto de
igualdad. Fraga enmarca su análisis en los conceptos liberté, egalité, fraternité, es decir
implícitamente en la Revolución francesa y la Declaración de los derechos del hombre
(“de l'homme et du citoyen”) de 1789. Es paradójico que se utilice este marco, que las
feministas, y hoy día la historiografía, han criticado porque no cuenta con las
mujeres ni con las clases subalternas. Emilia señaló cómo habían aumentado las
desigualdades entre ambos sexos desde la revolución francesa, al adquirir el varón más
derechos políticos; los datos de alfabetización son claros a este respecto. El “hombre” de
1789 no es un genérico inclusivo, sino únicamente el varón. En 1791 Olympe de Gouges
publicó la Declaración de los derechos de la mujer, este atrevimiento, junto con sus
críticas a la deriva autoritaria de los jacobinos, la llevaron a la guillotina. De nuevo
sugiero que el conocimiento de la historia e hitos del feminismo serían útiles para
valorar la adscripción de Emilia a la igualdad, concepto que hoy día tiene una evidente
connotación con la equidad entre mujeres y hombres, muy distinta de la egalité
jacobina.
Es conocido que Emilia Pardo Bazán fue conservadora en lo político, excepto en lo
referente a los derechos de las mujeres y a las ideas sobre ellas. El propio autor reconoce
que muchos intelectuales de su tiempo compartían ideas racistas. No es mi propósito
discutir uno por uno los sesgos e inexactitudes del artículo, pero señalaré que es
inadecuado, además de anacrónico, hablar del “transfuguismo” de José Pardo Bazán. Es
anacrónico e inexacto describir la separación de Emilia como un “divorcio
disimulado”; primero, el divorcio no existía en esa época; segundo, la separación de
1884 –necesaria para poder disponer de sus ingresos como escritora, o de otro tipo, e
incluso para viajar, sin necesidad de la “licencia marital” que no desapareció hasta
1975– fue pública y notoria, dando lugar a críticas, tanto que La Voz de Galicia, sin
nombrarla, salió en su defensa. Isabel Burdiel, en su biografía, ha descubierto una carta
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de un franciscano con durísimas acusaciones por vivir separada del marido. La
referencia a la educación de sus hijas es tendenciosa e inexacta: Blanca y Carmen
estudiaron en el Instituto Cardenal Cisneros en unos años en que esta asistencia era
singular y criticada; las mujeres –hasta 1910– no podían matricularse en secundaria ni
en la universidad sin autorización del director del centro, siendo su presencia
anecdótica; en el curso 1900–1901 había en toda España 44 en los institutos y nueve en
las universidades. Fraga parece dar a entender que las separaciones eran algo común y
que las mujeres podían estudiar si querían. Les cuesta a algunos hombres hacerse una
idea de las dificultades encontradas por las mujeres en el arduo camino hacia la
igualdad.
Emilia fue una mujer compleja y contradictoria, conservadora y también con profunda
amistad con Giner de los Ríos y otros krausistas, llegando a apoyar económicamente a la
Institución Libre de Enseñanza. Con posiciones como la crítica a la pena de muerte, así
en la novela La piedra angular, en la que por cierto el protagonista, el doctor Moragas,
es librepensador. Otros médicos de sus novelas y relatos, Ignacio Artegui, de Un viaje de
novios, racionalista y ateo, Vélez de Rada, en la misma novela o el materialista Luz en
La Quimera, representan el progreso y las ideas avanzadas. Parece que la
complejidad no se perdona a las mujeres. Sin embargo, en su biografía de Roberto
Nóvoa Santos, titulada Xenio indomable, Fraga lo considera el mejor médico de la
historia de Galicia, aun cuando reconoce su obstinada misoginia. Nóvoa Santos escribió
en 1908 un libro titulado La indigencia espiritual del sexo femenino. Las pruebas
anatómicas, fisiológicas y psicológicas de la pobreza mental de la mujer. Su
explicación biológica. En 1931 se opuso radicalmente al voto femenino, afirmando que
con ello “se haría del histerismo una ley. El histerismo no es una enfermedad, es la
propia estructura de la mujer; la mujer es eso: histerismo”. Si en un hombre pueden
reconocerse contradicciones y alabar sus logros y en una mujer no, parece que estamos
ante un ejercicio de la doble vara de medir mujeres y hombres que Emilia
Pardo Bazán tanto criticó.
Otra mujer con la que se ha intentado oponer a Emilia es la poeta Rosalía de Castro.
Discutir en detalle por qué este antagonismo simbólico, que viene de Murguía, ha
cuajado en el imaginario de la intelectualidad nacionalista gallega daría para otro
artículo. Sí diré, primero que Emilia no “menospreció” su obra, sino que prestó atención
a Cantares gallegos, ignorando Follas novas, de contenido más social. Segundo, que
hay en las obras de ambas autoras mucho que las une, como la denuncia de la
situación subordinada de las mujeres, de las trabas a su educación.
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No pretendo convencer a las lectoras y lectores de infoLibre de mi posición, ya que los
tengo por personas capaces de ejercer el pensamiento crítico. Propongo, en cambio, que
lean a Emilia Pardo Bazán, sus novelas, sus estremecedores relatos, sus
artículos. Que la lean y se formen sus propios juicios.
___________________
Marilar Aleixandre es escritora y autora con María López-Sández del libro de
próxima publicación 'Moviendo los marcos del patriarcado: El pensamiento feminista
de Emilia Pardo Bazán' (Ménades Editorial). Este artículo responde a otro publicado
por Xosé A. Fraga en infoLibre el pasado 7 de enero.
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