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Arquitectura y salud en Tenerife (s. XVI-XX)

Este documento presenta un resumen de la tesis doctoral titulada "Arquitectura y medicina en Canarias. Dispositivos asistenciales y recursos sanitarios en Tenerife (S. XVI-XX)" escrita por Francisco Javier Castro Molina. La tesis analiza la evolución de la salud, la enfermedad, la asistencia sanitaria y la arquitectura hospitalaria en Tenerife desde los siglos XVI hasta el XX. Se divide en cuatro capítulos que examinan los conceptos de salud y enfermedad, la organización social

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Arquitectura y salud en Tenerife (s. XVI-XX)

Este documento presenta un resumen de la tesis doctoral titulada "Arquitectura y medicina en Canarias. Dispositivos asistenciales y recursos sanitarios en Tenerife (S. XVI-XX)" escrita por Francisco Javier Castro Molina. La tesis analiza la evolución de la salud, la enfermedad, la asistencia sanitaria y la arquitectura hospitalaria en Tenerife desde los siglos XVI hasta el XX. Se divide en cuatro capítulos que examinan los conceptos de salud y enfermedad, la organización social

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Curso 2011/12

HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES/15


I.S.B.N.: 978-84-15910-45-9

FRANCISCO JAVIER CASTRO MOLINA

Arquitectura y medicina en Canarias.


Dispositivos asistencialesy recursos sanitarios
en Tenerife (s. xvi-xx)

Directores
MARÍA ISABEL NAVARRO SEGURA
JESÚS PÉREZ MORERA

SOPORTES AUDIOVISUALES E INFORMÁTICOS


Serie Tesis Doctorales

humanidades 15 (Francisco Javier Castro Molina).indd 1 23/05/2013 7:28:37


A mis tres tesoros,

Carla, Abián y Vanessa.

.
AGRADECIMIENTOS

Quisiera agradecer en primer lugar a Mª Isabel Navarro Segura, por haber aceptado tanto la
dirección como la tutoría del presente trabajo de investigación, en el que he procurado aunar tanto
mis conocimientos de arquitectura adquiridos a lo largo de la Licenciatura de Historia del Arte como
de los propios de mi profesión enfermera, por su constante interés y entusiasmo, pero sobre todo por
haberme apoyado en los momentos más difíciles y haberme hecho recuperar la confianza a la hora de
recoger los frutos de estos años de esfuerzo. No debo olvidar, pese a haberse incorporado
posteriormente, la dedicación y paciencia con la que Jesús Pérez Morera ha tratado la empresa que
teníamos entre mano. Resalta igualmente, el consejo y ayuda prestado por el profesor de la Facultad
de Medicina de la Universidad de La Laguna, Justo Hernández Rodríguez, experto y compañero de
camino en el campo del Conocimiento y la Ciencia que se aborda en este trabajo.

A las autoridades y personal encargados de los distintos archivos y bibliotecas, que han sido
fundamentales y han propiciado las condiciones idóneas para el desarrollo de esta investigación, por
poner a mi disposición los medios necesarios y la documentación que celosamente custodian en sus
dependencias, lo que ha originado, junto a un esfuerzo titánico, la realización de esta tesis doctoral.

A mi familia y amigos, por haberme apoyado constantemente, pero sobre todo por respetar
mi independencia y el tiempo que he dedicado a la realización de este trabajo, robado a ellos en
muchas ocasiones y a los momentos que debiera haber dedicado al mundo de lo onírico.
Arquitectura y medicina en Canarias.
Dispositivos asistenciales y recursos sanitarios en Tenerife (S. XVI-XX)

Francisco Javier Castro Molina

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN ............................................................................................. 15

METODOLOGÍA.............................................................................................. 20

1. CAPITULO I - SALUD Y ENFERMEDAD ....................................................... 28


1.1. CONCEPTO DE SALUD. ...................................................................... 30
1.2. CONCEPTO DE ENFERMEDAD. ........................................................... 34
1.3. POBREZA, PAUPERISMO Y ACCIÓN SOCIAL........................................ 38
1.3.1. ORÍGENES Y CONCEPTO DE LA SOLIDARIDAD, CARIDAD Y FILANTROPÍA.. 40
1.3.2. IMPULSORES Y CAUSAS DE UNA CONCEPCIÓN DIFERENTE EN ESPAÑA Y
EUROPA…….. .................................................................................................. 53
1.4. CONSIDERACIONES SANITARIAS, MÉDICAS Y SOCIALES. LOS AVANCES
CIENTIFICOS DESDE EL MEDIEVO HASTA LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX. ... 61

2. CAPITULO II. LA ORGANIZACIÓN SOCIAL EN NÚCLEOS URBANOS (SIGLOS XIX-


XX). …………………………………………………………………………………………………………..88
2.1. EL PODER. ........................................................................................ 89
2.1.1. EL PODER CENTRAL. ............................................................................. 91
2.1.2. EL PODER PROVINCIAL, INSULAR Y MUNICIPAL. ..................................... 98
2.2. ESPACIO. ........................................................................................ 104
2.2.1. EL SISTEMA DEFENSIVO: FORTIFICACIONES, CASTILLOS Y MURALLA. .... 107
2.2.2. ABASTECIMIENTO DE AGUAS Y LA LIMPIEZA URBANA. ......................... 108
2.2.3. MERCADOS Y PLAZAS DE ABASTOS...................................................... 114
2.2.4. EL CEMENTERIO. ................................................................................ 116
2.2.5. EL PUERTO. ........................................................................................ 118
2.3. LA SOCIEDAD. ................................................................................. 120
2.3.1. ESTADÍSTICA Y EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN..................................... 123
2.3.2. MOVIMIENTOS MIGRATORIOS: INMIGRACIÓN Y EMIGRACIÓN............. 125

3. CAPITULO III. EL TRÁNSITO DESDE LAS EPIDEMIAS A LAS ACCIONES DE


PREVENCIÓN Y ASISTENCIA. ......................................................................... 132
3.1. MALES, INFECCIONES Y EPIDEMIAS. ................................................ 132
3.1.1. EPIDEMIAS DURANTE EL SIGLO XIX: FIEBRE AMARILLA, CÓLERA-MORBO
Y FIEBRES PALÚDICAS. .................................................................................. 134
3.1.2. EPIDEMIAS DURANTE EL SIGLO XX: GRIPE......................................... 140
3.2. PREVENCIÓN E HIGIENE .................................................................. 142
3.2.1. LA IDEOLOGÍA CIENTÍFICA Y SOCIAL DE LA HIGIENE. ................................143
3.2.2. LA INTRODUCCIÓN DEL HIGIENISMO EN ESPAÑA. ...................................153
3.2.3. LA HIGIENE EN EL CONTEXTO DE LA URBE................................................162
3.2.4. INICIOS DE LA HIGIENE PÚBLICA EN SANTA CRUZ DE TENERIFE. .............168
3.3. LEGISLACIÓN Y POLÍTICA EN MATERIA DE SANIDAD (SIGLOS XIX-XX)..... 182
3.3.1. SITUACIÓN POLÍTICA EN ESPAÑA DURANTE LOS SIGLOS XIX Y XX.......... 186

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3.3.2. LEGISLACIÓN SANITARIA EN ESPAÑA (SIGLOS XIX Y XX). ....................... 206


3.3.3. LOS PROFESIONALES SANITARIOS DE TENERIFE. .................................. 233

4. CAPÍTULO IV. ARQUITECTURA, MEDICINA Y ASISTENCIA…. ...................... 242


4.1. APROXIMACIÓN A LAS TIPOLOGÍAS ARQUITECTÓNICAS
HOSPITALARIAS. .......................................................................................... 242
4.2. DISPOSITIVOS ASISTENCIALES Y RECURSOS SANITARIOS EN SANTA
CRUZ DE TENERIFE (SIGLO XVI AL XX). .......................................................... 260
4.2.0. EVOLUCIÓN DE LAS TIPOLOGÍAS ARQUITECTÓNICAS HOSPITALARIAS
EN CANARIAS. ............................................................................................. 260
4.2.0.1. LAS FORMAS PRÍSTINAS DE LOS HOSPITALES EN CANARIAS. ................260
4.2.0.2. LA FUSIÓN DE ARQUITECTURA E HIGIENISMO EN EL «EDIFICIO
GENERADOR DE SALUD»: IDEAS Y PROPUESTAS ARQUITECTÓNICAS. ................296
4.2.0.3. LA ADAPTACIÓN DEL DISPOSITIVO ASISTENCIAL A UNA ETIOLOGÍA Y A
LOS DESCUBRIMIENTOS DE LA CIENCIA. ..............................................................305
4.2.1. HOSPITALES DEPENDIENTES DEL ANTIGUO CONCEJO INSULAR (ÉPOCA
DE LA CONQUISTA: SIGLOS XVI Y XVII). ........................................................ 321
4.2.1.1. REAL HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES Y SAN MARTÍN
OBISPO (SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA). ..........................................................321
4.2.1.2. HOSPITAL DE SAN SEBASTIÁN (SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA)..........357
4.2.1.3. HOSPITAL DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (LA OROTAVA). ........................373
4.2.1.4. HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DEL PATROCINIO Y SAN JUAN
EVANGELISTA (ICOD DE LOS VINOS)…. ...............................................................373
4.2.1.5. DEL LAZARETO DE GRAN CANARIA A LA LEPROSERÍA DE ABADES. .......410
4.2.2. BENEFICENCIA Y ASISTENCIA EN EL SIGLO XVIII……. ......................... 435
4.2.2.1. HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DESAMPARADOS (SANTA CRUZ
DE TENERIFE). .......................................................................................................435
4.2.2.2. REAL HOSPICIO DE SAN CARLOS (SANTA CRUZ DE TENERIFE). .............495
4.2.2.3. LAZARETO DE OBSERVACIÓN DE CABO LLANO (SANTA CRUZ DE
TENERIFE). ............................................................................................................495
4.2.3. LOS AVANCES DE LA CIENCIA Y LAS CORRIENTES HIGIENISTAS:
HOSPITALES, HOSPICIOS Y CASAS DE ACOGIDA FUNDADOS EN EL SIGLO
XIX……... ...................................................................................................... 504
4.2.3.1. HOSPITAL MILITAR (SANTA CRUZ DE TENERIFE). ..................................504
4.2.3.2. HOSPITAL DE LA COMANDANCIA DE MARINA (SANTA CRUZ DE
TENERIFE). ............................................................................................................530
4.2.3.3. CASA PROVINCIAL DE MATERNIDAD Y CASA PROVINCIAL DE HUÉRFANOS
Y DESAMPARADOS (SANTA CRUZ DE TENERIFE). ................................................531
4.2.3.4. CASA PROVINCIAL DE MISERICORDIA (SANTA CRUZ DE TENERIFE). .....533

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4.2.4. LOS MICROBIOS Y EL CAMBIO ETIOLÓGICO: DISPOSITIVOS Y RECURSOS


ASISTENCIALES DISEÑADOS EN EL SIGLO XX (PRIMERA MITAD). ................... 534
4.2.4.1. HOSPITAL DE NIÑOS...............................................................................534
4.2.4.2. MANICOMIO DE TENERIFE. ....................................................................550
4.2.4.3. INSTITUTO PROVINCIAL DE HIGIENE. ....................................................571
4.2.4.4. SANATORIO ANTITUBERCULOSO DE OFRA Y PREVENTORIO
ANTITUBERCULOSO INFANTIL..............................................................................578
4.2.4.5. JARDIN INFANTIL DE LA SAGRADA FAMILIA. .........................................602
4.2.4.6. DISPENSARIO ANTIVENÉREO. SIFILICOMIO. INSTITUTO PROVINCIAL DE
SANIDAD. ..............................................................................................................602

CONCLUSIONES Y DISCUSIONES. .................................................................. 630

FUENTES DOCUMENTALES ........................................................................... 655

BIBLIOGRAFÍA .............................................................................................. 666

CRÉDITOS DE LAS ILUSTRACIONES ............................................................... 683

ANEXOS DOCUMENTALES ........................................................................... 700

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INTRODUCCIÓN

Conceptos como salud-enfermedad, pobreza-caridad y vida-muerte, unidos a


otros de igual trascendencia, como asistencia, arquitectura y la hospitalidad, han sido
objeto de numerosos análisis y estudio desde diferentes disciplinas a lo largo de los
tiempos. Todos ellos han sido considerados como asuntos de gran interés histórico, cuyo
estudio se deja sentir desde los años sesenta del siglo pasado, debido al triunfo de la
Historia Social.

Casi en su totalidad, la evolución de la arquitectura hospitalaria ha estado


estrechamente ligada a un concepto asistencial controlado por el binomio pobreza-
enfermedad. Esta situación conllevó a una búsqueda perpetua de una tipología
arquitectónica funcional que se adaptara a los cometidos que debía realizar desde un
punto de vista asistencial y de aislamiento. La labor desempeñada por las reales
academias y los trataditas facilitaron la proximidad a los conocimientos de nuevas
formas constructivas adaptadas a los descubrimientos y avances de la Ciencia.

La palabra latina hospes será la precursora de vocablos tales como hospicio,


hospital, hospedería u hotel, todos ellos con diversidad de competencias apoyadas por
un amplio abanico de benefactores que los sustentaban, promovidos por la caridad y la
religión, situación que dio inicio desde los primeros albores de la Edad Media. Dos
términos son los que se instauran para definir este tipo de establecimientos, cuyo
objetivo se centró en la atención al menesteroso, primando las funciones de alojamiento
y aislamiento sobre la asistencia médica. Una de las locuciones más comunes es la de
hospital, expresión que ha perdurado a lo largo de los tiempos hasta llegar a nuestros
días, y en el que se ha mantenido perenne su connotación místico-religioso: Maison-
Dieu u Hôtel-Dieu en Francia, Gogshuis en los Países Bajos, o God’s House en Inglaterra;
y en segundo lugar, la expresión latina infirmitorium, denominación propia del ámbito
monacal que en el mundo anglosajón se convirtió en Infirmary y en el galo Infirmerie.1

1
Así como en el ámbito europeo persiste la utilización del término hospital, en los Países Bajos es
común el empleo del vocablo gasthuis para referirse al hospital en el sentido de albergue,
aunque en algún momento se aplicó para designar a las casas donde se asisten a enfermos.

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Los primeros modelos arquitectónicos hospitalarios2 nos remiten al esquema


benedictino de Saint Gall, articulados a partir de sistemas claustrales que centralizaban
el lugar destinado culto, convirtiéndolo en el referente de todos los asilados del
establecimiento. Esta conexión cama-altar fue un modelo que estuvo presente a lo largo
de toda la Edad Media, perdurando hasta el siglo XIX, y primando por encima de otros
aspectos relevantes como las obligaciones higiénicas y médicas3. Durante el
Renacimiento, la tipología arquitectónica se vio modificada considerablemente, dando
paso a monumentales edificios palaciegos, articulados a partir de una planta cruciforme
en la que se insertaban patios y logias, ubicando a los dolientes en salas de considerable
tamaño4. Con el Barroco se produjeron nuevamente una modificación de las
características arquitectónicas, como fue el uso de la planta radial, perdurando el
protagonismo del «recinto sagrado», situación que no mutó hasta la segunda mitad de
XVIII, momento en el que se priorizó el espacio destinado a la atención de los aquejados
y enfermos5. Esta «novedosa concepción higiénica» será trasladada al siglo XIX,
momento en el que se implantó, materializándose en una organización de los edificios a
partir de pabellones que procuraban seguir las directrices establecidas por las corrientes
higienistas que se encontraban en su apogeo y dentro de las reformas borbónicas que
buscaban una clarificación y racionalización de los recurso arquitectónicos efectivos.
Este acúmulo de características adquiridas a lo largo de los siglos, en ocasiones se
aglutinaban en una misma forma constructiva. Pese a ello, desaparecieron en el
momento en el que el hospital adquirió un carácter exclusivamente sanitario y
asistencial, estableciendo una coherencia entre su formato y la finalidad para la que
había sido diseñado. Los avances científicos de la disciplina médica generaron la
necesidad de efectuar modificaciones estructurales en los antiguos edificios
hospitalarios europeos.

2
Debe destacarse que existen antecedentes en el mundo antiguo de arquitectura hospitalaria
que se abordarán a lo largo del presente documento.
3
JETTER, D. Los hospitales en la Edad Media. In, LAIN ENTRALGO, P. Historia Universal de la
Medicina. Barcelona: Editorial Salvat, 1972, Tomo 3, p. 263-295.
4
Son referentes de esta tipología los hospitales italianos como el Ospedale Maggiore de Milán (c.
1456) y los hospitales reales, insignia de la Corona Española.
5
CARASA SOTO, P. El sistema hospitalario español en el siglo XIX. De la asistencia benéfica al
modelo sanitario actual. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1985, p. 31.

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A partir del siglo XIII los europeos comenzaron a extender su poder e influencia
sobre los continentes asiático y africano para terminar a fines del siglo XV incorporando
a América a unos mercados que procuraban adaptarse a las crecientes necesidades de
consumo. Este desarrollo, tanto del comercio como de la economía europeas, aumentó
su necesidad de disponer de metales preciosos que permitieran acuñar monedas. A ello
se unió la necesidad de eliminar a costosos intermediarios, llegando directamente a las
fuentes de producción de los valiosos productos orientales. La fase expansiva de las
monarquías del sur de Europa, y sobre todo la de Portugal y España, suponía un
reforzamiento de poder real, imbuido todo por un espíritu de cruzada en defensa del
Cristianismo. A finales del siglo XV, con la culminación de la conquista de las Islas
Canarias y el Descubrimiento de América, se le otorgó al territorio insular el privilegio de
convertirse en un «pequeño laboratorio experimental» cuyos resultados serían
posteriormente trasladado al continente americano como herramienta de colonización.
Tras la ocupación de las Islas, surgió la necesidad de dotar de los recursos asistenciales
propios para pequeñas urbes que comenzaban a nacer y crecían con rapidez. Los
modelos empleados aunaban los recursos arquitectónicos monacales y una arquitectura
doméstica que surgía como resultado de una amalgama de culturas. Los siglos
siguientes, XVI, XVII y XVIII, carecieron de cambios en los referente a los planteamientos
desde el punto de vista asistencial, no produciéndose una ruptura con el ideario
científico previo hasta finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. A estas
innovaciones científico-médicas se le unieron las políticas sanitarias que mediatizaron
considerablemente y marcaron las directrices a seguir en la adopción de una
determinada tipología arquitectónica. De igual manera, estas instrucciones y normas no
fueron asumidas por igual, lo que originó una falta de previsión y de intervención en los
edificios ya existentes. Pese a que el siglo XX desde su inicio aportó considerables
modificaciones en el campo de la asistencia, es el breve momento republicano el que se
caracteriza por una política sociosanitaria cargada de reformas y cambios que giraban en
torno a una nueva concepción igualitaria y científica del individuo.

Conjugar el arte, la arquitectura y la asistencia sanitaria prestada en el


Archipiélago de las Canarias, y en concreto en la isla de Tenerife durante la primera

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mitad del siglo XX, es el objetivo del tema que se aborda en el presente trabajo de
investigación, situación que le da un carácter inédito ya que hasta la fecha no se ha
aglutinado tantos conocimientos sobre esta materia6. Para procurarlo, se han revisado
las fuentes documentales existentes en las diferentes instituciones locales y centrales, a
lo que se ha unido el examen exhaustivo de las fuentes bibliográficas de disciplinas
como la Historia Moderna, la Historia Contemporánea, la Historia del Arte y la Historia
de la Medicina7. Además, a todas esta operación, se le une la de efectuar un examen de
los diferentes trabajos de historiadores que han tratado este tema, hallándose, en
algunas de las investigaciones dedicadas al estudio de la pobreza y a aspectos sanitarios
de las instituciones hospitalarias, una considerable relación entre la Historia de la
Sanidad y la Historia Social.

6
En la presente obra, se abordan la arquitectura y asistencia hospitalaria desde el momento en
que se produce la incorporación de las Islas Canarias a la Corona de Castilla tras la Conquista.
7
Entre ellos destaca Pedro Laín Entralgo. Creó varios centros de investigación, uno de los más
importantes es el Instituto Arnaldo Vilanova, dependiente del C.S.I.C. Fue el editor de la primera
revista especializada sobre este tema: los Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina
(1949), publicación que en la actualidad se conoce con el título de Asclepio. También fue tarea
suya la constitución de la Sociedad Española de Historia de la Medicina, que ha celebrado
periódicos congresos desde 1963, y la aparición de cátedras universitarias de Historia de la
Medicina más allá de aquella única existente en 1942 en la Universidad Central de Madrid. Entre
los discípulos más destacados están: Sánchez Grajel, López Piñeiro, García Ballester, Carrera
Pachón, Amasuno, Tolivar Faes, Contreras Dueñas, y Suárez Inclán, entre otros.
Como apunta Fabián Alejandro Campagne, la renovación llevada a cabo por Laín Entralgo en
España será comparable a la realizada por Sigerist en la historia general de la medicina o, por
Febvre y Bloch en la historiografía general.
CAMPAGNE, F.A. Historia social e historia de la medicina. In, GONZÁLEZ DE FAUVE, M.E. (Coord.)
Medicina y sociedad: curar y sanar en la España de los siglos XIII al XVI. Madrid: Instituto de
Historia de España Claudio Sánchez Albornoz; Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de
Buenos Aires, 1996, p. 37.

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METODOLOGÍA

Retomar, analizar y estudiar las representaciones de un pasado histórico


determinado, precisa de construir un discurso interpretativo desde nuestro presente, sin
perder de vista que cada vez que nos vamos alejando más de éste, se desmorona la
profundidad de la alocución a la par que nuestras informaciones históricas, para
finalmente, lograr rescatar del olvido tan solo una parte de ese pasado.8

El estudio que presento, es una visión global de los «ejemplos arquitectónicos


destinados a la sanación y el cuidado» en la isla de Tenerife desde el siglo XVI, momento
en el que se finaliza la Conquista de las Islas Canarias, hasta la primera mitad del siglo
XX. Este trabajo, puede ser realizado desde diferentes puntos de vista y con resultados
muy variados, donde ha influido considerablemente la disponibilidad de la
documentación con la que he trabajado, situación que me hace considerar que unos
temas u otros no han tenido la misma atención.

A la hora de abordar el tratamiento metodológico del tema, desde la


arquitectura hospitalaria canaria, se me presentaron al menos dos posibilidades
claramente definidas. Por un lado se podía haber realizado simplemente un análisis
lineal y diacrónico, edificio por edificio, y por otro, el estudio de los principales hitos y
sus repercusiones en el ámbito sanitario, no solo a escala insular sino provincial. En mi
labor investigadora he tratado de combinar ambos puntos de vista para favorecer un
mayor conocimiento de la cuestión abordada y tratada. Los pilares básicos en los que se
fundamenta esta tesis son dos, por una parte una base bibliográfica sólida y extensa, y
por otra el aporte de fuentes documentales tanto inéditas como publicadas, que vienen
a complementar este catálogo de publicaciones en el que me baso. Toda la información
recogida de estas fuentes que aparecen en este apartado y la bibliografía consultada,
parte de la cual aparece citada a pie de página, son datos que me permitieron dar forma
al contenido de este trabajo.

Tomando como propuesta el marco cronológico, geográfico y temático, la


primera fase de este trabajo, toma rumbo hacia las fuentes. Es por ello, que me decanto

8
DUBY, Georges. Diálogo sobre la historia. Madrid: Alianza Editorial, 1988, p. 78.

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por un método de investigación dirigido a descubrir algo que no se conoce, después de


una elaboración meticulosa de tareas como interpretar, reconstruir y descubrir todos
aquellos conocimientos existentes, pero desconocidos sobre los actos asistenciales y su
entorno en los hospitales de Tenerife. Llevándome a través del tratamiento heurístico
he trabajado en diferentes archivos que incorporo a este documento en una tabla al
final de este punto.

La segunda fase, viene precedida por la conclusión de la labor de archivo para


dar paso al tratamiento de fuentes, elaborando tablas, a partir de la documentación
consultada que se ha sometido a un proceso de digitalización para facilitar su estudio en
este trabajo u otros que se efectuarán a posteriori. Una reproducción de la
documentación consultada está depositada en el volumen II, organizada a partir de cada
una de las instituciones estudiadas, y será la base de una importante parte de este
trabajo.

En la tercera fase se realizó una valoración de la documentación y el material


gráfico, tratando de analizar la realidad asistencial desde el mayor número de ángulos
posibles: la tipología arquitectónica de los centros asistenciales en Santa Cruz de
Tenerife, San Cristóbal de La Laguna y La Orotava; los orígenes, dotaciones y estructura
de los dispositivos asistenciales existentes; la forma en que se ejercía la medicina en los
territorios insulares; y también el comportamiento del hombre contemporáneo ante la
salud, la enfermedad y la muerte.

Sobre todo lo anteriormente expuesto, desarrollé un plan de trabajo articulando,


el documento que a continuación se presenta, en los siguientes capítulos:

En el primer capítulo analizaremos los aspectos relacionados con la salud y la


enfermedad, los planteamientos de la medicina moderna y contemporánea, y sus
relaciones con la medicina griega y árabe.

La organización social de los núcleos urbanos, será analizada en el segundo


capítulo, a través de tres puntos principales: la sociedad, el poder y el espacio,
analizando cuestiones como el concepto de enfermo para la sociedad del momento, las
actuaciones de las instituciones en la asistencia a los enfermos, poniendo en
funcionamiento tanto los estatutos como las ordenanzas.

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En el capítulo tercero, se analizan las principales enfermedades que se


manifestaron durante el siglo XIX y mitad del XX, haciendo especial interés en las
infecciosas que asolaron a la población de Santa Cruz de Tenerife. Seguidamente se hace
una valoración de la higiene en el contexto de la urbe, así como los primeros pasos de la
Higiene Pública en Santa Cruz de Tenerife.

En el último capítulo, el cuarto, se analizan los dispositivos asistenciales y


hospitalarios de Santa Cruz de Tenerife estableciendo una división entre los existentes
hasta finales del siglo XIX y los que continúan o son de nueva creación en la primera
mitad del XX, pese a que algunos de ellos se realiza un estudio retrospectivo desde su
fundación, en algunos casos muy cercana al momento de la Conquista: Hospital de
Nuestra Señora de los Dolores y el Hospital de San Sebastián en San Cristóbal de La
Laguna; y el Hospital de la Santísima Trinidad en La Orotava; Lazareto de Gran Canaria-
Leprosería de Abades; Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados; el Hospicio de
San Carlos; el Lazareto de Observación; Hospital Militar; Casa Provincial de Maternidad,
Casa Provincial de Huérfanos y Desamparados, Casa Provincial de Misericordia, Hospital
de Niños; Hospital de Niños; Manicomio Provincial; Sanatorio Antituberculoso de Ofra;
el Jardín Infantil de la Sagrada Familia; Dispensario Antivenéreo-Sifilicomio; Instituto
Provincial de Higiene e Instituto Provincial de Sanidad.

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FUENTES DOCUMENTALES

ARCHIVO/BIBLIOTECA/ FONDO DOCUMENTACIÓN CONSULTADA

ARCHIVO DEL CABILDO INSULAR DE Actas del Cabildo Insular de Tenerife comprendido entre 1850-
TENERIFE, EN SAN CRISTÓBAL DE LA 1950 (clave de esta investigación).
LAGUNA (A.C.I.T.).
Expedientes y legajos relacionados con Beneficencia y Fomento.

ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE Expedientes y documentos de la Mancomunidad Provincial


SANTA CRUZ DE TENERIFE (A.H.P.S.C.T). Interinsular de Santa Cruz de Tenerife (Manicomio Provincial de
Tenerife), de la Mancomunidad Sanitaria, Acción Social, Diputación
Provincial, Gobierno Civil y Asociación Caritativa de la Infancia.

ARCHIVO DIOCESANO DE SAN Documentos relacionados con la asistencia prestada y sus


CRISTÓBAL DE LA LAGUNA. características (instalaciones, sus posesiones, tipo de enfermos
(A.D.S.C.L.L.). acogidos, personas que los cuidaban así como el tipo de
tratamientos que les eran aplicados) en el Hospital de Nuestra
Señora de los Desamparados (Memorial de Agustín de Miranda),
Hospital de Nuestra Señora de los Dolores y Hospital de la
Santísima Trinidad.

ARCHIVO DE LA REAL SOCIEDAD Documentos del desaparecido Hospital de San Sebastián en San
ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS DE Cristóbal de La Laguna.
TENERIFE. (A.R.S.E.A.P.T.).

ARCHIVO PARROQUIAL DE LA IGLESIA Documentación ordenada en legajos del Hospital de Nuestra


DE LA CONCEPCIÓN, DE SANTA CRUZ DE Señora de los Desamparados (fábrica y planos).
TENERIFE (A.P.I.C).

ARCHIVO HISTÓRICO DEL COLEGIO Documentos del edificio del Hospital de Nuestra Señora de los
OFICIAL DE ARQUITECTOS DE CANARIAS Desamparados.
(A.H.C.A.C.).
Bibliográfica y hemeroteca (biblioteca).

ARCHIVO MUNICIPAL DE SANTA CRUZ Documentación del Manicomio Provincial de Tenerife (planos).
DE TENERIFE (A.M.S.C.T.).

ARCHIVO MUNICIPAL DE SAN Documentos: Hospital de Nuestra Señora de los Dolores, Hospital
CRISTÓBAL DE LA LAGUNA (A.M.L.L.). de San Sebastián, Jardín Infantil de la Sagrada Familia y del
Sanatorio-Enfermería Antituberculoso.

ARCHIVO DEL HOSPITAL PSIQUIÁTRICO Planos del proyecto original para el Manicomio de Tenerife y
FEBLES CAMPOS DE SANTA CRUZ DE documentos fotográficos.
TENERIFE (A.H.P.F.C.).

ARCHIVO DEL HOSPITAL DE LA Libros de cuentas, documentos sueltos y legajos pendientes de


SANTÍSIMA TRINIDAD DE LA OROTAVA ordenar y clasificar sobre el Hospital de la Santísima Trinidad.
(A.H.S.T.L.O.).

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ARCHIVO PRIVADO DEL DR. TOMÁS Documentación, fotografías y bibliografía del archivo personal del
CERVIÁ CABRERA (A.P.T.C.C.). 9
médico Dr. Tomás Cerviá.

BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA Bibliografía relacionada con Salud Pública, Sanidad y Beneficencia
(B.N.E.). de diferentes autores entre 1800 y 1950 aproximadamente.

BIBLIOTECA Y FONDO ANTIGUO DE LA Bibliografía relacionada con Salud Pública, Sanidad y Beneficencia
UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA (B.U.L.L.). de diferentes autores entre 1900 y 1950 aproximadamente,
centrándome en aquellas con carácter local.

BIBLIOTECA HISTÓRICA MILITAR DE Documentación del Fondo del Mando Económico de Canarias
SANTA CRUZ DE TENERIFE (B.H.M.S.C.T). (1930-1950) y del Hospital Militar de Santa Cruz de Tenerife.

BIBLIOTECA MUNICIPAL DE SANTA CRUZ Documentación del Fondo Pedro García Cabrera.
DE TENERIFE (B.M.S.C.T.).

BIBLIOTECA MUNICIPAL DE SAN Documentación sobre el Hospital de Nuestra Señora de los


CRISTÓBAL DE LA LAGUNA Dolores.
(B.M.S.C.L.L.).

FUNDACIÓN PEDRO GARCÍA CABRERA Documentación existente, en soporte papel e informático, sobre la
(F.P.G.C.). figura del polifacético Pedro García Cabrera.

LEGADO MIGUEL TARQUIS EN EL Documentos y fotografías relacionados con el ámbito artístico y


DEPARTAMENTO DE ARTE DE LA cultural canario ( arte religioso y civil).
UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA
(L.T.U.L.L.).

9
Entre las que se cuentas fotografías, cartas y su tesis doctoral, esta última dedicada al Dr. Juan
Negrín López durante su estancia en la Universidad Central de Madrid como profesor.

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CAPÍTULO I

SALUD Y ENFERMEDAD

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1. CAPITULO I - SALUD Y ENFERMEDAD.


A lo largo de la Historia de la Humanidad ha existido una marcada
preocupación por la idea de vida y muerte, así como por las de salud y enfermedad.
Estos constructos se han ido modificando en función al momento histórico, de la cultura,
del sistema de conocimientos y del sistema social, para poderse adaptar a los
descubrimientos que han ido surgiendo con un intento de dar explicación al mundo y
todos y cada uno de los «hechos incontrolables» que acaecen en él. En un largo y primer
momento primaba una concepción mágico-religiosa, pensamiento primitivo, que se
centrará en la creencia de la enfermedad como un castigo divino.

Tanto la civilización egipcia como la mesopotámica establecerán una


concepción innovadora y diferente transformándola en un desarrollo de la higiene
personal y pública. Igualmente, esta preocupación y cambio, surge en la civilización
hebrea que estableció uno de los primeros códigos sanitarios de la Humanidad, la Ley
Mosaica, en la que se describían ordenamientos estrictos sobre la higiene personal, la
alimentación, la profilaxis de enfermedades transmisibles o el comportamiento sexual.

La cultura grecorromana marcará un verdadero inicio de la palabra higiene,


destacando la inspiración del mundo helénico en la mitología, con dioses como Higea,
«Diosa de la Salud», o Asclepio, «Dios de la Medicina». El Imperio Romano, Hipócrates,
padre de la Medicina, aplicará conocimientos de carácter urbanístico a la Sanidad
Pública, edificando dispositivos que doten a las urbes de aguas limpias, como los
acueductos, o eliminen las inmundicias fétidas de las aguas negras ayudados de las
cloacas.

Tras la caída del Imperio Romano y el inicio de la Edad Media, las escuelas
monásticas, y en concreto la Scuola Medica Salernitana (Salerno), realizarán la
enseñanza del arte de la medicina hipocrática con un sentido higienista de la salud, que
recogieron en un volumen con numerosos consejos10. A este momento siguió el

10
Fue la primera escuela medieval ubicada en Salerno (región de la Campania, Italia),
considerándosela la mayor fuente de conocimientos médicos de la Europa de ese momento. Se
fundó en el siglo IX, llegando a su máximo esplendor entre los siglo X al XIII. Existían en ella
documentos médicos árabes traducidos al griego que posteriormente fueron transcritos al latín

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esplendor presente durante el Renacimiento en el que se producen importantes avances


en materia de salud.

Pero verdaderamente es el siglo XIX el momento en el que se pone un mayor


énfasis a la Salud Pública en Europa y Estados Unidos. Las medidas instauradas en el
mundo anglosajón, las leyes de salud pública, promovidas por Edwin Chadwick,
supondrán una reducción importante en la mortandad ocasionada por algunas
enfermedades infecciosas, diezmadoras de la recién creada población proletaria. A ello
se le unió el trabajo efectuado por Koch que sostenía que la enfermedad pasaba de una
persona enferma a otras sanas por contagio de posibles microorganismos. Todo esto
llevó a focalizar la acción hacia microorganismos específicos, centrándose la Salud
Pública en combatir la suciedad de las urbes mediante infraestructuras y reglamentos
que articulaban normativas severas. El siglo XX se caracterizará en un resurgimiento
maduro de la Microbiología y la forma de combatir los microorganismos.

Como se ha expuesto, de manera muy somera, a lo largo de los tiempos y en las


diferentes sociedades, las prácticas que se llevaban a cabo para curar las enfermedades
o para proporcionar salud, siempre tuvieron algún tipo de relación con la religión o la
magia, superándose esta concepción a medida que se ha ido avanzando en la conquista
del intelecto, con la consiguiente adaptación de los individuos a los cambios sufridos y
para adaptarse a los nuevos descubrimientos, apareciendo los diferentes patrones o
paradigmas que en cada momento han conformado las convicciones sociales y
culturales.

Teóricamente, la salud y la enfermedad han estado vinculadas manteniendo


concordancia y sin establecer una disimilitud, secundaria a una concepción de la
enfermedad como una carencia de salud, incapaz de ser resuelta por medio de la
Ciencia, situación presente hasta la llegada de un progreso del saber de las disciplinas
médicas. Esta situación, anteriormente comentada, da respuesta al cambiante
significado de salud-enfermedad a lo largo de los siglos.11

en la Biblioteca de Montecassino. Tal era la calidad formativa de esta Escuela, que sus alumnos y
alumnas eran muy apreciados en el entorno mediterráneo occidental.
11
GARCIA BALLESTER, L. La búsqueda de la salud. Sanadores y enfermos en la España Medieval.
Barcelona: Editorial Península, 2001, p. 82. Historia, Ciencia, Sociedad, 321.

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1.1. CONCEPTO DE SALUD.

Los conceptos, y en concreto el de salud, no han sido perennes e independientes


de los seres humanos y de la avatares de la Historia, sino que ha estado siempre
vinculado a una teoría concreta y articulada a partir de unas ideas o forma de percibir el
mundo que nos rodea, a una sociedad siempre compleja en su configuración y a un
periodo histórico concreto12. Es aquí donde radica el interés de valorar, brevemente, los
distintas criterios y pareceres que las diferentes civilizaciones han presentado en el
caminar de la Humanidad.

1. Michiel Jansz van Mierevelt: Lección de anatomía del Dr. Willem van der Meer (1617).

La cultura china, durante el siglo V a.C., presentaba una concepción de la salud,


ceñida a la energía presente en el ser humano, como un equilibrio entre el Yang, fuerza

Sufrirá una conmoción, en el contexto intelectual latino europeo, al descubrir (en el texto
Almagesto de Ptolomeo, que Gerardo Cremona tradujo del árabe al latín, en Toledo), que la
clave, para distinguir la frontera entre la salud y la enfermedad, desde un punto de vista
intelectual , la vida y la muerte, el mundo físico y el mundo de la mente, no era otra que la teoría
de los elementos y de las cualidades, un juego de relaciones entre el macro y el microcosmos
cognoscible a través de la astrología.
12
Ibidem, p. 28.

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activa masculina, y el Ying, fuerza pasiva femenina, que se contraponía a la enfermedad.


Su fundamentación teórico-filosófica se encontraba en los principios cósmicos de orden
natural contenidos en las enseñanzas del Tao, de cuyo equilibrio entre estos dos
principios cósmicos, surgía y se generaba el orden de los elementos que conformaban la
vida: agua, tierra, fuego, madera y metal.13

La civilización griega, a la que se unió su fundamentación en la corriente filosófica


aristotélica, será de notable influencia durante numerosos siglos en Occidente,
conformando un discurso articulado de saberes seguidos de numerosas actuaciones,
que estratégicamente estaban orientados hacia la consecución de la salud y la belleza,
elementos considerados de trascendental importancia. Éste se centraba, a diferencia del
chino, en el equilibrio entre los humores que conforman el cuerpo humano14. El pueblo
latino, que toma estos conocimientos y los interioriza, otorgan una destacada relevancia
a este concepto de salud, materializándolo en la diosa Hygeia, a la que rendían culto con
ofrendas y rituales, buscando su protección para la administración de justicia por los
gobernantes de sus ciudades, y el cuidado y amparo de la salud de sus militares para ser
portadores de la victoria a su regreso a la patria.15

13
ACKERNECHT, E. H. Medicina y Antropología social. Madrid: Editorial Akal, 1971, p. 125-132.
14
FRENCH, R. Astrology in Medical Practice. In, ARRIZABALAGA, J. y CUNNINGHAM, A. (ed.):,
Practical Medicine from Salerno to the Black Death. Cambridge: Cambridge University Press,
1994, p. 30-59.
15
GARCÍA BALLESTER, L. Galeno en la sociedad y en la ciencia de su tiempo. Madrid: Ediciones
Guadarrama, 1972. También se puede encontrar en GARCÍA BALLESTER, L. Introducción general.
In, GALENO, Sobre la localización de las enfermedades (De locis affectis). Trad. y notas por Salud
Andrés. Madrid: Editorial Gredos, 1997, vol. I, p. 7-120.
Apolo, era una divinidad sanadora. Considerado el dios de las plagas y de la enfermedad,
dominaba también la profecía. Apolo y la ninfa Coronis fueron padres de Esculapio, el llamado
Dios de la Medicina. La historia cuenta que la ninfa le fue infiel y Apolo la mató, entregando su
hijo al centauro Quirón para que lo criara. Este le enseñó todo sobre las hierbas, las plantas y la
composición de los medicamentos. Fue padre de Hygeia, diosa de la salud, (de donde proviene la
palabra higiene), de Podaliro, Macaonte y Panacea. Se le representa como un hombre barbudo
con una vara y una serpiente enroscada, acompañado de un gallo a sus pies como un símbolo de
vigilancia. La Diosa de la salud en la antigua Creta, Hygeia era identificada con una serpiente y era
portadora de la renovación, la sanidad y la prevención. La serpiente es un símbolo tradicional de
renovación, representando el ciclo de enfermedad y sanidad. Hygeia fue primeramente ocupada
con la limpieza y la prevención de la enfermedad. La palabra «higiene» tiene su raíz en el nombre
de Hygeia.

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Estas consideraciones e ideas sufren un importante giro durante la Edad Media y


en el inicio de la época Moderna, donde la salud del cuerpo estaba íntimamente
relacionada con la salud del alma. Esta mediatización, que el individuo del medievo
sufre, estaba en posición muy cercana a los dogmas de fe, pensamientos y nociones
religiosas que controlaban férreamente a la Ciencia, cuyo margen de actuación era
mínimo, validando lo que se podía pensar, medir, tocar o desarrollar en laboratorio y
reconociendo como verdadero lo procedente de los sentidos.16

Dos hechos históricos marcaron el modo de concebir la salud a partir del


Renacimiento. Por un lado, las grandes epidemias de peste negra que asolaron y
protagonizaron el final de la Edad Media, diezmando considerablemente la población
europea17. Por otro, durante el Quattrocento y el Cinquecento (siglos XV y XVI) surge en
Italia una corriente filosófica basada en la tradición romana del humanismo, al que se le
unieron el florecimiento de universidades en Italia bajo el mecenazgo de las nuevas
clases mercantiles. Esta situación supuso el motor intelectual del que se derivó el
progreso científico que caracterizó a este periodo, calando considerablemente en las
Ciencias Naturales y la Medicina, bajo el principio general del «revisionismo crítico» y la
óptica mecanicista.

La filosofía del siglo XVII, encabezada por René Descartes, estableció una división
de la Naturaleza contrapuestas e irreconciliables, que ya Platón había descrito: el mundo
sensible y el mundo inteligible, diferenciados por la posesión o no de entidad física. Esta
novedosa concepción formaba parte del mundo material y estaba sometido a las leyes
de la Mecánica presentes desde el siglo XVI en la disciplina médica, que aportaban una
visión de máquina al cuerpo humano que encerraba una parte inmaterial e
imperecedera denominada alma, creyendo que la salud era el perfecto funcionamiento
del cuerpo, a semejanza del mecanismo de un reloj, cuyas piezas podían desajustarse
ocasionando la enfermedad.

16
LE GOFF, J. Una historia del cuerpo en la Edad Media. Barcelona: Editorial Paidós, 2005, p. 35-
47.
17
Se calcula que la población europea presentó un número de fallecidos que oscilan entre los 20
y 25 millones de personas durante los siglos XIV y XV.

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Paralelamente, otros científicos como Kepler, Newton y Bacon, establecieron una


subdivisión en partes más pequeñas del dominio de la Naturaleza, además de estar
dividido en dos partes contrapuestas e irreconocibles, el mundo material y el espiritual,
lo que llevó a la división del cuerpo en sistemas, órganos y células, para proseguir
fracturando estas últimas en moléculas y partículas. Esta nueva idea provocó una visión
particularizada de cada una de las partes del ser humano, observándose
independientemente de las demás, sin hallar una interrelación e interacción con el
resto.18

Tres son los momentos de cambio que contribuyeron a fortalecer, en mayor o


menor grado, el pensamiento científico en general y el avance de la Medicina durante el
último tercio del siglo XVIII en el mundo occidental: la revolución americana en 1776; la
revolución francesa en 1789; y por último, el proceso de revolución industrial inglesa.
Por su parte, esta última, no solo se debió a los progresos en las disciplinas científicas
tales como las matemáticas, la física, la química y la técnica, sino también a hondas y
acentuadas modificaciones sociales y culturales, entre las que destacó el desarrollo de
un comercio que transmutó a un artesano gremial medieval en un asalariado
perteneciente a la nueva clase social del proletariado. Esta situación, a la que se une el
paso a una producción industrial, será el germen del capitalismo, momento en el que se
intensificaran las investigaciones científicas, así como el surgimiento de la
especialización profesional y social19. Es de esta forma como la Medicina, merced de los
grandes avances de la física (electricidad, magnetismo, óptica, radiaciones, teoría
gaseosa,…) y de la química, con sus tesis atómicas y orgánicas, se embarca en un
desarrollo independiente, terminando por establecer una estrecha relación entre la
fisiología y la patología.

18
HASKINS, C. H. Studies in the History of Mediaeval Science. Cambridge-Mass. Harvard University
Press, 1924; LEMAY, R. De la scolastique à l'histoire par le truchement de la philology: Itinéraire
d´un médiéviste entre Europe et Islam. In, SCARCIA AMORETTI, B. (ed.). La diffusione delle scienze
islamiche nel medio evo europeo. Convegno internazionale, Roma, 2-4 ott. 1984. Roma:
Accademia Nazionale dei Lincei, 1987, p. 399-538; JACQUART, D. y MICHEAU, F. La Médecine
arabe et l´occident médiéval. París: Maisonneuve & Larose, 1990, p. 83-91.
19
SAN MARTÍN, H. La noción de salud y la noción de enfermedad. In, Salud y enfermedad,
ecología humana, epidemiología, salud pública, medicina preventiva, sociología y economía de la
salud. México D.F. La Prensa Médica Mexicana, 1981, p. 7-10.

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A caballo entre los siglos XIX y XX se produce el desarrollo de tres paradigmas de


la Medicina de ese momento: el anatomoclínico (el origen de la enfermedad está en la
«lesión»), el fisiopatológico (se busca el origen en los «procesos» alterados) y el
etiológico (o de las causas externas), todos ellos herederos del modelo científico,
principalmente biologicista y su fundamentación filosófica en el positivismo. A ello, se le
unirá en el último cuarto del siglo XIX, el desarrollo de una nueva disciplina, la
Microbiología, surgiendo una serie de nuevos descubrimientos sobre agentes
microscópicos a quienes se les responsabilizará de las enfermedades. Este pensamiento,
sustentado también en la ya nombrada filosofía positivista, hace caer en el olvido todo
ese cúmulo de conocimientos que había venido desarrollándose para explicar,
integralmente, el proceso de producción de bienestar o malestar en una población.20

1.2. CONCEPTO DE ENFERMEDAD.

Las formas de interactuar con el entorno más próximo, ya sea el laboral o


personal, están interrelacionados con el concepto de entender la Naturaleza y la
Sociedad, este último tornadizo e inestable. Este principio domina la constitución y
evolución de las ideas, el cual es aplicable a la forma de asimilar y entender el concepto
de enfermedad a lo largo de la historia de la Humanidad.21

En las sociedades primitivas, aunque no se tenga constancia fehaciente de tal


situación, todos aquellos individuos heridos, que presentaban dolor, malestar e
incapacidad, acudían a miembros del grupo en el que estaban inmersos, responsables
de facilitar una recuperación pronta de su estado originario. El cuidado y curación se
acercaba a una experiencia mágico-religiosa, constituyéndose la figura en esta forma de
comunidad como la aleación de sacerdote-mago-médico.

Una concepción dinámica, naturalista e individualista de este pensamiento fue la


aportación efectuada por los griegos al concepto de enfermedad22. En la Grecia clásica,

20
LAÍN ENTRALGO, P. Historia de la medicina. Barcelona: Editorial Salvat, 1978, p. 77-125.
21
CARDONA, J. El concepto de salud, enfermedad y salud pública según los diferentes modos de
producción. [En línea]. Revista Centroamericana de Administración Pública nº 12, Julio-Diciembre
1987, URL: <http://biblioteca.icap.ac.cr/BLIVI/RCAP/12/art8_12.pdf>. p. 103-136.
22
GARCÍA BALLESTER, L. Los orígenes del saber anatómico occidental: del Corpus Hippocraticum a
la anatomía alejandrina. Revista Medicina e Historia, nº 25. Barcelona: Editorial Rocas,
Publicaciones Médicas Biohorm, 1964-1971, p. 7-26.

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la medicina era entendida como el arte de curar, eliminando el concepto mágico-


religioso presente anteriormente. Esta revolucionaria consideración acerca del término
enfermedad, eliminaba esa relación existente con los fenómenos sobrenaturales,
ayudándose en su explicación de las situaciones ocurridas en el cuerpo físico, que eran
observables y estaban sujetas a argumentos susceptibles de comprensión, pudiendo
responder a tratamientos basados en razonamientos.

2. Hans Holbein el Joven: Le médecin —El médico—


(1538).

Hipócrates de Cos y su concepción de la


enfermedad establecieron un punto de
inflexión en el mundo griego y romano,
remarcándose sobre todo en el entorno latino,
que vio en su persona, una figura cercana a las
divinidades moradoras del Monte Olimpo.
Define tres fundamentos básicos: un énfasis en
la enfermedad como un trastorno del cuerpo,
regido por las leyes del mundo físico y
susceptible de comprensión a través del
razonamiento; la creencia del carácter dinámico de la enfermedad, donde ésta no es
una fatalidad, pues puede aparecer y desaparecer; y, por último, la convicción de que la
enfermedad existe como una categoría concreta de los individuos, es decir, «no existen
enfermedades sino enfermos».23

23
PIEDROLA GIL, G., DEL REY CALERO, J., DOMÍNGUEZ CARMONA, M. Y Cols. Medicina Preventiva
y salud pública. Barcelona: Editorial Masson, 1991, 9ª edición, p. 44-56.
Hipócrates nació en 460 a.C. en la isla de Cos (mar Egeo), y murió en el año 377 a.C. en Larisa
(Tesalia). Fue un médico griego llamado desde la Edad Media el Padre de la Medicina. Su figura
fue de gran relieve histórico que ya en época griega adquirió carácter mítico. Pertenecía a una
familia de médicos-sacerdotes de Asclepio. Viajó por toda Grecia y probablemente por el
Próximo Oriente, siendo considerado durante su vida como un gran clínico. Su figura ha sido
venerada durante siglos como personificación del médico ideal y como el fundador de la
medicina. Su concepción de la medicina, basada en la experiencia y en la observación, nos es
conocida por los Aforismos y los tratados que se le atribuyen del célebre Cuerpo hipocrático,
conjunto de teorías médicas de la época compiladas por la escuela médica de Cos. Se basan en la
teoría de los cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) y en la fuerza curativa de
la Naturaleza y contiene unas cuarenta descripciones clínicas que permiten el diagnóstico de

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Estas bases fundadas por el pensamiento hipocrático se establecieron en la cultura


alejandrina y romana, apareciendo una nueva concepción de enfermedad y la práctica
higiénica. Los novedosos fundamentos eran asumidos con un carácter nominativo que
se imponía en las urbes que podían verse invadidas por la calamidad y la muerte traídas
con las epidemias, pese a que se carecía de una preparación teórico-práctica24. Su
trascendencia fue tal, que la concepción naturalista, dinámica e individualista de la
enfermedad, propuesta por esta corriente médica, estuvo presente en la Europa
medieval, en contraposición a las concepciones mágico-religiosas anteriores, que
mantenían dentro de su repertorio explicativo de la etiología de la enfermedad el
castigo divino, reforzándose con el menosprecio al cuerpo. La enfermedad dejó de
entenderse como un fenómeno sujeto a las leyes de la naturaleza, para pasar a ser
entendida como expresión de la justicia divina.25

Con el Renacimiento, a mediados del siglo XV, aparece una concepción filosófica de
la explotación de la naturaleza y de los cuerpos como fuente de enriquecimiento del
individuo. Se produce un retorno a la noción de enfermedad presente en el mundo
clásico grecorromana, pero con la variante de un sometimiento a los criterios de la
investigación científica que, sutilmente, comenzaba a aparecer en escena. En este
momento, se define a la enfermedad como un trastorno de un fenómeno sujeto a las
leyes de la naturaleza, que ocurre en el cuerpo del sujeto y puede ser comprendida
mediante la observación científica. Estas nuevas nociones, llegaron, en algún momento,
a producir enfrentamientos entre la ciencia médica y la todopoderosa Iglesia Católica.26

enfermedades (el paludismo, las paperas, la pulmonía y la tisis, por ejemplo). Establece en sus
escritos dedicados a las epidemias se establecen relaciones entre la predominancia de ciertas
enfermedades y determinados factores climáticos, dietéticos, raciales y ambientales. Conserva
vigor como código de la moral médica su famoso juramento.
24
CRISLIP, A. T. From Monastery to Hospital: Christian Monasticism and the Transformation of
Health Care in Late Antiquity. s.l.: University of Michigan Press, 2005, p. 103-110.
25
AGUIRRE Y RESPALDIZA, A. La ciencia positiva en el siglo XIII, Rogerio Bacon. Barcelona:
Editorial Labor, 1935, p. 27-268.
Durante esta época y buena parte de la moderna la base de los tratamientos médicos de las
enfermedades será la astrología. Un claro ejemplo es Rogerio Bacon (sobre 1210-1292), conocido
por ser el primero en desarrollar el conocimiento matemático experimental. Filósofo y teólogo en
Oxford y París. Sus obras más conocidas son: Opus maius, Opus minus y Opus tertium. Fue
perseguido y encarcelado por sus ideas tan avanzadas y sinceras. Llegó a decir de la medicina que
… es una cosa fortuita que se convierte en racional con la ayuda de la astrología.
26
SAN MARTÍN, H. (1981). Opus cit, p. 7-13.

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Durante los siglos XVII y XVIII esta idea se mantuvo, estableciéndose, a partir del XIX,
un concepto de enfermedad que será valorada, desde una perspectiva holística,
adquiriendo relevancia en él disciplinas como la física, la química y la microbiología; a
ello se une una explicación desde la perspectiva de la fisiopatología y de los agentes
microbianos. La curación y tratamientos aplicados a finales del siglo XVIII, se conformaba
de una serie de tratamientos y prácticas que procuraban la rápida recuperación de los
dolientes. Lope Antonio de la Guerra y Peña, Regidor Perpetuo de la Isla de Tenerife,
retrata claramente esta situación en sus Memorias:

Por testimonio de don Lope, los médicos curan todas las enfermedades con
ayudas, sangrías, y purgas, En su juventud, don Diego de Torres presentóse
como químico en la celebérrima Universidad de Coimbra. Sembraba unturas,
plantaba jarabes, injertaba cerotes y rociaba con toda el agua y los aceites de su
recetario a los crónicos, hipocondríacos y otros enfermos impertinentes, raros y
cuasi incurable. No tuvo el atrevimiento de administrar purgantes, ni abonar ni
maldecir las sangrías. Y con ello, como empírico, tuvo mejor ventura que los que
27
estudiaron por Hipócrates.

Debe destacarse el gran avance de la medicina en el siglo XVIII, con el


descubrimiento de la vacuna de la viruela afectado por Edwars Jenner al inocular linfa de
vacas enfermas con este mal, siendo aplicado en España por los médicos catalanes
Francisco Piguillem y Francisco de Salvá. La viruela era arduamente temida dejando
señales cutáneas de su presencia a todos aquellos que lograban superarla y vencerla.
Tales fueron los beneficios de este descubrimiento, que en España, Carlos IV organiza
una expedición, en noviembre de 1803, para llevarla a las colonias españolas de los
diferentes continentes.

Hasta bien entrado el siglo XX, seguirá siendo sometido a modificaciones relevantes,
hasta ser considerada como una dolencia científicamente vencible, planteándose su
curación desde el enfoque profesional y técnico, potenciado y respaldado por el
conocimiento de la Ciencia.

27
GUERRA Y PEÑA, L. A. de la. Memorias. Cuaderno I (1760-70). Las Palmas de Gran Canaria: El
Museo Canario, 1951, p. 7.

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1.3. POBREZA, PAUPERISMO Y ACCIÓN SOCIAL.

Dos eran los conceptos inseparables en las instituciones hospitalarias y benéficas


durante la Edad Media: pobreza y enfermedad. La pobreza era entendida como un
concepto fundamentalmente económico, aunque presentaba un impacto social y
político28, presentando connotaciones negativas en la mayoría de los contextos solo
tomándose como virtud cuando existía una renuncia voluntaria a los bienes materiales.
A lo largo de los años, el concepto de pobreza se ha elaborado midiéndose en función de
las necesidades básicas insatisfechas o carencias, que viene definidos por cuestiones
tales como la vivienda, la alimentación, la capacidad de acceso a la educación y la salud
o los ingresos económicos que se perciben.29

Michel Mollat establece que el elemento fundamental de la pobreza es la persona


que la padece. Define al «individuo pobre» como aquel que de manera permanente o
temporal se encuentra en una situación de debilidad, de dependencia, de humillación,
caracterizada por la privación de medios, variables según las épocas y las sociedades, de
poder y consideración social: dinero, relaciones, influencias, poder, ciencia, cualificación,
técnica, linaje, vigor físico, capacidad intelectual, libertad y dignidades personales. Vive
al día, sin poder variar su situación si no es con ayuda de los demás.30

La extensión de la miseria a grandes masas de individuos y a clases enteras o


colectividades muy numerosas de la sociedad que carecen de los bienes económicos y
aun de la posibilidad de adquirirlos es lo que podemos definir como pauperismo31. La

28
ANTA FÉLEZ, J. Revisitando el concepto de pobreza. Espiral, enero-abril 1998, Tomo IV, nº 11.
Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara, p. 47-71.
Pobreza, marginación y marginalidad son conceptos complejos, que no sólo tienen que ver con la
estructura social o que están enraizados en las formas sincréticas de determinada forma cultural;
son además planteamientos sutiles de cómo vemos y analizamos el medio en el que nos
movemos y cuál es la particular forma del poder: qué es y cómo se ejerce.
29
ARRAIGADA, I. Dimensiones de la pobreza y políticas desde una perspectiva de género. Revista
de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2006, número 85.
30
MOLLAT, M. Les pauvres au Moyen Âge. Étude sociale. Paris: Hachette, 1978, p. 14.
31
PIERNAS HURTADO, J. Vocabulario de la Economía. Manuales Soler, IX: Economía política.
Barcelona: Sucesores de Manuel Soler, 1910, Cuarta edición. [Edición digital]. Torre de Babel
Ediciones. Portal de Filosofía, Psicología y Humanidades en Internet. URL: <http://www.e-
torredebabel.com/Economia/diccionario-economia/vocabulario-economia.htm>.
El pauperismo no es un hecho peculiar de nuestra época, ni una consecuencia del desarrollo de la
industria. Si así fuese, habría que renegar del progreso económico y declararle contradictorio. La
riqueza es hoy mayor que en ningún tiempo de la historia, y es imposible que haya crecido con

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Francisco Javier Castro Molina

periodista, escritora, ideóloga de la derecha liberal católica y activista social española,


Concepción Arenal, afirma que: entendemos por pauperismo a la miseria permanente y
generalizada en un país culto, de modo que haya una gran masa de miserables, y otra
que disfruta riquezas y goza de todos los refinamientos del lujo. Entendemos por miseria
la falta de lo necesario fisiológico en un país y en una época dada. No puede prescindirse
del país y de la época en que se estudia la miseria al determinar si realmente existe,
porque lo necesario fisiológico varía con el clima, la raza y el estado de civilización32.
Establece tres posibles soluciones a este problema social: la resignación del que sufre y
la caridad del que posee, que predica el Catolicismo; la libertad, que proclaman los
individualistas; y por último, la intervención del Estado, que defiende y propone el
Socialismo.

Igualmente, Arenal en su obra, establece una diferenciación breve, pero clara,


sobre tres conceptos que pueden llegar a prestarse cierta confusión: miserable, rico y
pobre. El primero lo define como aquel individuo que carece de lo necesario desde un
punto de vista fisiológico, en contraposición con el segundo, cuyo significado es

ella la miseria. Cuando todos eran pobres, la inteligencia tenía un carácter normal y permanente.
En la Edad Media hambres espantosas diezmaban con frecuencia las poblaciones, y no se
hablaba, sin embargo, del pauperismo, porque hubiera sido inútil, no habiendo elementos para
apreciarlo, ni recursos que aplicar a su remedio. La civilización moderna ha dado nuevas formas al
pauperismo, le ha hecho transitorio y menos intenso; pero se preocupa con él y busca con empeño
en la ciencia y en la vida los medios de combatirle (…) La esclavitud, la servidumbre y el
feudalismo establecían entre los individuos de las antiguas sociedades cierta comunidad por
virtud de la que, aun siendo muy precaria la condición de todos, se extremaban menos las
diferencias y los contrastes. La desigualdad era entonces más jurídica que económica, porque el
amo cuidaba de la manutención del esclavo, y el señor compartía con siervos y vasallos lo mismo
las privaciones que la abundancia. Pero la emancipación de los obreros ha venido a colocarlos
más bien enfrente que al lado de aquéllos bajo quienes antes vivían, y rotos todos los lazos,
abandonado a su suerte cada cual, los unos han subido hasta la opulencia, y los otros han
encontrado más dura su miseria. La igualdad ante la ley ha hecho más sensibles las desigualdades
ante la riqueza, y por eso la cuestión social, que era en los pasados tiempos una cuestión de
derecho, es hoy, en primer término una cuestión económica. Agréguese a esto la rapidez con que
se han multiplicado las clases trabajadoras, su aglomeración en centros determinados por el
establecimiento de las grandes industrias, las crisis a que éstas se hallan expuestas con la
invención de las máquinas y nuevos procedimientos, y la inseguridad en que viven, por efecto de
la continua lucha que sostienen unas con otras en el mercado, y se tendrán las causas del
pauperismo moderno, caracterizado, como ya hemos dicho, no por el aumento de la miseria, sino
por cierta agravación relativa, por la existencia de dolores y sufrimientos que afectan o amargan
siempre a grandes masas de la población, en medio del lujo y la disipación en que vive el menor
número.
32
ARENAL PONTE, C. El pauperismo. Madrid: Librería de Victoriano Suárez, 1897, p. 15-16.

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antagónico. Por último el tercero, que queda a caballo entre ambas definiciones: el que
tiene estrictamente lo necesario fisiológicamente33. A su vez, formula una clasificación
de los miserables respecto a las causas de su miseria que articula a partir de cuatro
posibilidades: porque no pueden trabajar por falta de salud o de aptitud; porque no
quieren trabajar; porque malgastan la retribución suficiente del trabajo; y, porque la
retribución del trabajo es insuficiente. A estas cuatro categorías corresponden
responsabilidades y moralidades muy diferentes, que van desde el holgazán que se
propone vivir con la hacienda ajena, y el laborioso que en vano procura acrecentar la
propia, pasando por el que se labra su ruina y el que es víctima de inevitable desventura
y que merece pena, o el que merecería una estatua, si el mármol se cincelara para los
que, después de una lucha heroica en que faltó la vida antes que la virtud, descansan
por primera vez en la fosa común.34

1.3.1. ORÍGENES Y CONCEPTO DE LA SOLIDARIDAD, CARIDAD Y


FILANTROPÍA.

Los problemas sociales existentes en las diferentes comunidades o poblaciones


han sido afrontados e intervenidos de muchas maneras diferentes. Estas acciones han
venido mediatizadas por el momento histórico en el que se han desarrollado y por
aquellas personas que las han ejecutado. Por ello, en la actualidad, frente a
intervenciones innovadoras, conviven organizaciones que desarrollan tareas en el más
puro estilo caritativo o benéfico como si el tiempo no hubiera pasado por ellas,
perpetuando de esta manera, acciones de otras épocas. Sin embargo, estas acciones
cuentan todavía con una admiración social a la que se unen la ayuda prestada por
Administraciones Locales que aportan maniobras publicitarias ayudados de los medios

33
Ibidem, p. 30-46.
34
Ibidem, p. 50-75.
Los que padecen miseria, según la causa de ella y el modo de soportarla, varían mucho; pero hay
circunstancias que les son comunes a cualquiera clase a que pertenezcan. Tales son: 1.ª Las
consecuencias físicas de la falta de lo necesario fisiológico; 2.ª Tendencia a aumentar la desgracia
a medida que se prolonga; y 3.ª Presión social; es decir, aquel modo de pesar las cargas, la parte
onerosa de la sociedad; los inconvenientes de los defectos, de las ligerezas, de los vicios, de las
faltas, las severidades de la justicia, los anatemas del descrédito, todo, en fin, lo que abruma al
caído: a esto llamamos presión social.

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de comunicación o interlocutores sobresalientes insertos en la sociedad donde se


desarrolla este hecho.

3. Bartolomé Esteban Murillo: Joven mendigo ( ca.


1650).

Pobres y enfermos, eran dos


conceptos inseparables de las instituciones
hospitalarias de la época, situación que
encontramos en numerosos documentos y
textos literarios contemporáneos35, para
referirse a las personas que necesitaban
atención y cuidados en los hospitales,
convirtiéndose las enfermerías en
«combatientes férreos» contra la miseria y
las enfermedades venéreas, momento en el que la pobreza estaba al alcance de todos y
el bienestar de unos pocos privilegiados. Muchos textos así lo recogen, y utilizan
indistintamente para referirse a los asistidos. Esta situación ha generado errores y

35
MUÑIZ FERNÁNDEZ, C. Hospitales españoles. In, MUÑOZ GARRIDO, R. Y MUÑIZ FERNÁNDEZ, C.
Fuentes legales de la medicina española, siglos XIII-XIX. Cuadernos de la Historia de la Medicina
Española, Monografías XI. Salamanca: 1969, p. 110.
Destaca la afirmación emitida por las Cortes de Burgos de 1315 en relación a los hospitales,
donde se expone que, … fueron fechos para los pobres e para los enfermos, por lo cual se
prohibía la instalación en ellos de caballeros, ca quando y uinian posar echan los pobres fuera e
mueren en las calles, porque non han do entrar.
También, en el Libro del caballero Zifar, edición de J. GONZÁLEZ MUELA, Madrid, 1982, p. 176-
178 (obra literaria de comienzos del siglo XIV), donde hace una cita interesante con respecto al
hospital para hidalgos: E quiérome ir para aquella çibdat do es el rey e faré ý un hospital do posen
todos los fijosdalgo que ý acaesesçieren… E falló un monasterio desamparado que dexaron unos
monges por se mudar a otro lugar; e comprólo de ellos e fizo ý su hospital muy bueno e puso ý
mucha ropa e fizo ý muchos lechos onrados para los omes buenos quando ý acaeçiesen; e compró
muchos heredamientos para adobar aquel hospital. E quando acaeçiesen los fijosdalgos,
resçebíandolos muy bien e dávanles que era mester.
Encontramos autores medievales que siempre que hacen referencia a los enfermos que eran
atendidos en los hospitales, les ponían la condición de pobre: MANUEL Don Juan: El Conde
Lucanor o Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio. Madrid: Ed. J. M. Blecua,
1971, p. 257; es una obra en la que uno de sus personajes es atendido en un hospital, porque se
encontraba … muy mal ferido et muy quebrantado, y había sido abandonado por todos.

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algunas confusiones, al no considerarla como una sola realidad, buscando una cierta
dualidad inexistente y no teniendo en cuenta su carácter equivalente.36

La Edad Media se caracteriza por la ayuda que nace de los grupos familiares y de
aquellos miembros de la comunidad más próximos al individuo inserto en la vecindad.
Estas acciones de socorro puntual se relegan a situaciones presentes en la vida cotidiana
bañada de tragedia como la reconstrucción de una casa tras una catástrofe o las ayudas
otorgadas a viudas y huérfanos tras el fallecimiento del cabeza de familia37. En este
momento, apenas se puede diferenciar entre sanatorio o dispensario para enfermos, y
asilo para indigentes e inválidos, asignándole a las palabras malalts, pobres y pobres
malalts, un significado semejante. No debemos olvidar que la enfermedad para la
sociedad medieval era una de las formas en que se declaraba la pobreza, situación que
se asociaba a la transmisora de la enfermedad, ya que su padecimiento obligaba al
doliente a la inactividad laboral, situación que impedía la entrada de ingresos que
permitieran el sostenimiento del núcleo familiar.38

Esta coyuntura, da explicación al marcado aprecio que aquellas clases sociales


menos favorecidas proyectaban hacia los establecimientos benéficos, ya que los
estamentos pudientes tenían la posibilidad de ser atendidos en sus propios domicilios
por los médicos, pudiendo adquirir los medicamentos, fármaco y remedios prescritos,
así como la compra de todos aquellos alimentos que ayudaran a su pronta recuperación
física39. Gran número de escritos y documentos de la época reflejan la necesidad que
existe del cuidado de los pobre y dolientes en los hospitales, pero hay que tener en
cuenta, como dice Burns, que estos pobres eran verdaderos enfermos, y no simples

36
RUBIO VELA, A. Pobreza, enfermedad y asistencia hospitalaria en la Valencia del siglo XIV.
Valencia: Diputación Provincial, Institución Alfonso el Magnánimo, 1984, p. 16.
37
CASADO, D., GUILLÉN, E. Los servicios sociales en perspectiva histórica. In, Documentación
Social, Tomo 64, 1986, p. 9-21.
38
VALDEÓN BARUQUE, J. Problemática para un estudio de los pobres y de la pobreza en Castilla a
fines de la Edad Media, en A pobreza e a asistencia dos pobres na Península Iberica durante Idade
Media. Actas das Primeras Jornadas luso-espanholas de História Medieval. Lisboa, 25-30
setembro de 1972. Lisboa: 1973, Tomo II, p. 891-892.
39
GARCÍA BALLESTER, L. Aproximación a la historia social de la medicina bajomedieval en
Valencia. In, Cuadernos de la Historia de la Medicina Española, VIII, 1969, p. 45-68.

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huéspedes40. Una característica propia de la Edad Media, será la continua presencia de


pobres en las calles de las ciudades y pueblos sin censar, situación que a partir de la
época moderna si existe.41

Tres son los términos diferentes que son empleados en este momento para
denominar el concepto de pobreza: pauper, «conjunto de desdichados para los cuales la
ayuda material se identificaba con una exigencia de justicia»; egeni, grupo de
necesitados, huérfanos, viudas, o peregrinos; por último, indigentes, situación a la que
llegaban por una deficiencia de carácter accidental. A veces una situación podía llevar a
otra, pasando de indigentes y egenis a la de pauper42. Existe una clasificación establecida
por Carmen López Alonso, para señalar los tipos de pobreza que acota a dos: la
voluntaria (pauperas spontanea), por motivos religiosos, y la involuntaria (coacta), que
surge por tres causas diferentes: biológicas, enfermedad, viudedad o vejez, aceptadas
por la sociedad; coyunturales, ocasionadas por situaciones desastrosas como epidemias,
hambrunas y acontecimientos bélicos; y, sociales, lo que habitualmente provocaba la
aparición de grupos menores marginales.43

A estas formas de amparo y protección se le unen las prestadas por los gremios,
muy característicos en este momento de la Historia. Dentro de las normativas que los
reglaban, estaban presentes mecanismos de tutela para cada uno de sus miembros, a
modo de previsión, que se ponían en funcionamiento en el mismo momento en el que
pudieran existir situaciones de penuria, calamidad o urgencia. A ella, se unían

40
BURNS, R. Los hospitales del reino de Valencia en el siglo XIII. In Anuario de Estudios
Medievales, II, Valencia, 1965, p. 136-138.
41
PRADA VILLALOBOS, M. Asistencia y hospitalidad en León durante la Edad Media. León:
Universidad de León, 2003, p. 119.
El pobre y la pobreza están caracterizadas por la enfermedad en general (infirmus), lepra
(leprosus), herida (vulneratus), la debilidad de la salud o de la edad (aegrotans, debilis, senex,
valetudinarius), el deterioro mental (idiotus, imbecillis, simples), insolvencia y la carencia en
general (egens, egenus, inops, insufficiens, mendicus, miser), la deficiencia alimentaria (esuriens,
famelicus) y de vestimenta (nudus, pannosus), la imperfección física: ceguera (caecus), cojera
(claudus), reumatismos deformantes (contractus), los periodos de debilidad para las mujeres
encintas y en parto (mulier ante et post Jartum), las situaciones de adversidad como la privación
de su padre y de su madre (orphanus), o de su marido (viuda), de la libertad (captivus), y la
proscripción y el destierro (bannus, exiliatus).
42
MOLLAT, M. Pobres, humildes y miserables en la Edad Media. México: Fondo de Cultura
Económica, 1988, p. 10-12.
43
LÓPEZ ALONSO, C. La pobreza en la España medieval. Estudio histórico-social. Madrid: Centro
de Publicaciones, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 1986, p. 23-44.

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actividades desarrolladas por los señores feudales, parte del «contrato sistemático» que
mantenían con sus sumisos vasallos.44

Es en este momento cuando dan inicio las acciones caritativas encauzadas a


favorecer y garantizar a todos aquellos miembros de la sociedad carentes de esta
sombra y calor. Básicamente tres eran las modalidades de ayuda que vamos a poder
observar: albergues y casa de misericordia sustentadas por las administraciones
municipales; hospitales gestionados por miembros del clero y dirigidos por la Diócesis
del lugar; y, fundamentalmente, la limosna, aportada por los miembros de la sociedad
del lugar, en busca de expiación divina45. Estas peculiaridades estaban regidas por un
articulado legal46 que procuraba impedir la mendicidad a individuos válidos para
desempeñar actividades laborales. Las sanciones podían oscilar desde las penas de
cárcel hasta el propio ajusticiamiento.47

44
CASTRO GONZÁLEZ, M. P. Los cuidados asistenciales ante la enfermedad y la pobreza en la
provincia de León, (S. XV-XVI). Tesis Doctoral dirigida por Prisciliano Cordero del Castillo. León:
Universidad de León, 2009, p. 38-59.
45
Ibidem, p. 55.
El hospital es una institución que orienta sus acciones hacia la acogida de personas incluidas en el
grupo marginal, desamparados y necesitados. Estas formas caritativas estaban ligadas a
sentimientos religiosos y piadosos, siendo fundamentalmente desarrolladas por la Iglesia.
46
SANTO TOMÁS PÉREZ, M. La asistencia a los enfermos en Castilla en la Baja Edad Media. Tesis
Doctoral dirigida por Mª Isabel del Val Valdivieso. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2002, p.
423-424.
En un primer momento, la actividad de los hospitales prácticamente era la acogida de pobres,
salvo excepciones muy concretas, como la acaecida en la ciudad de Valladolid: el clero le formuló
una queja al rey Alfonso XI en las Cortes de Valladolid de 1326 por esta situación; este les
respondió: …Otrosí, a lo que me pidieron por merçet que non posen los cavalleros en los
hospitales que fueron fechos para los pobres e para los enfermos que cuando vienen posar echan
los pobres fuera e mueren en las calles, porque non au do entrar, tengo por bien e defiendo que
esto non sea daqui adelante.
47
PERROTTA, C. La disputa sobre los pobres en los siglos XVI y XVII: España entre desarrollo y
regresión. In, Cuadernos de Ciencias Económicas y Empresariales, nº 37, 2000, p. 97-98.
Las Cortes de Burgos informan a Juan I, en 1379, de que muchos hombres y mujeres capacitados
para el trabajo pedían, y de que esto favorecía el hurto. Estas situaciones condujeron a que se
redactara una ley de 1387, promulgada por este mismo monarca durante las Cortes de Briviesca,
que sirvió de modelo y de referencia para las disposiciones sucesivas. En ella se pone de relieve,
entre otras cosas, el daño ocasionado por la inactividad laboral de los vagabundos y mendigos,
refiriéndose a ellos como holgazanes que viven del sudor ajeno dando un mal ejemplo.
Sucesivamente surgieron diferentes normas, como la de 1400 que disponía penas severas a los
vagabundos reincidentes: cortarles las orejas e incluso la muerte. En el siglo XV, las leyes insisten
en disposiciones semejantes, para surgir, en la segunda década del siglo XVI de la mano de Carlos
V, las solicitudes de preceptos sobre la mendicidad, reiterándose lo establecido con anterioridad
bajo el reinado de Juan I en 1387.

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Para el control de esta situación, la Corona castellana, al igual que en otras cortes
europeas, estableció mecanismos de regulación recogidos en normas para el adecuado
desempeño de las labores de válidos, logrando una población poco ociosa y en la que no
estuviera presente el peligro de levantamientos y revueltas.48

Esta situación era una constante en todas las regiones de España. Canarias, una
región distanciada considerablemente de la metrópolis, sufría una carencia de
condiciones higiénica óptimas y de recursos asistenciales que se materializaban en el
estado de una población en su mayoría analfabeta y campesina, sumida en la pobreza y
la necesidad. José Luis Arzola retrata esta situación de manera precisa y clara cuando
aborda las costumbres y usanzas propias del momento:

Pero además de este entrañable apego al curanderismo, existía otro mal


gravísimo y era la poca higiene con que entonces se vivía. La primera muestra se
encontraba en los zaguanes de las casas: a cada lado de la puerta de la calle
existían dos meaderos de mampostería para uso franco y corriente de los
transeúntes que lo precisaran. El horror al agua era general y desconocidas las
bañeras y tinas. En los dormitorios aparecía colgada una media o calceta que
suplía a las palanganas y lebrillos. Cuando cualquier parte del cuerpo necesitaba
limpieza, se entraba la mano en la media y mojándola se refregaba con ella la
cara o el cuello, sin necesidad de acudir al lavado. Este desaseo explica los
padecimientos generales de la piel, que ocasionó a las islas la mala fama de
leprosas. En aquellos tiempos era rara la casa donde no hubiese dos, tres, o más
personas sarnosas; los niños sobre todo, no se veían nunca libres del contagio,
porque sus padres creyendo que la sarna era depuradora de malos humores, se
49
oponían a que curasen.
Era habitual, que a todo enfermo que ingresaba en un hospital, se le obligara a la
toma de los primeros auxilios espirituales, salvoconducto que les daba acceso al uso de
los recursos, materiales y humanos, del centro benéfico. Durante esta época, como en
épocas precedentes, el establecimiento benéfico era refugio para mendigos, pillos,
bribones y pordioseros.

Progresivamente, y ya en Época Moderna, el amparo eclesiástico y feudal se fue


transformando en un ente que será el predecesor de la denominada Beneficencia

48
Pedro I de Castilla, llamado el Cruel por sus detractores y el Justiciero por sus partidarios, solo
se aceptarán menesterosos que provoquen la conmiseración, como enfermos, huérfanos,
tullidos, viudas, pero no así al indigente real, nihilhabentes, bien por tener gastos excesivos, o por
carecer de trabajo, se le consideraba como un individuo pecador e hipócrita.
49
ALZOLA, J. M. Domingo Déniz Grek: 1808-1887. Las Palmas de Gran Canaria: El Museo Canario,
1961, p. 48-49.

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Pública, asumiendo este cometido los corregidores de las ciudades. Con esta acción
pública y social se perseguía reprimir la pobreza y la mendicidad, así como socorrer al
individuo desvalido que había quedado a merced de ayudas procedentes de la caridad y
de las instituciones. En numerosos países europeos se establecieron leyes y reglamentos
que obligaban a los estados a asumir la responsabilidad del atendimiento a los
mendigos. En la mayoría de los casos, la falta de voluntad por parte de los funcionarios
que debían acometerlas llevó a una aplicación que fue deficiente o parcial. A ellos se
unió, la carencia de un plan de gestión estratégico, así como la falta de recursos de todo
tipo.

4. Francisco de Goya (atr.): Mendigo ciego con


un perro (1801-1825).

El primer ejemplo de este ideario


lo encontramos en Brujas cuando su
corporación municipal, en 1526,
formaliza las Leyes de Beneficencia, que
convierten la asistencia caritativa a los
pobres en el primer plan estructurado y
articulado de beneficencia pública de la
Historia. Dos años más tarde, en 1531,
inspirado en las ideas de Juan Luis
Vives, fue decretado por Carlos I de
España y V de Alemania, la Ley de
Pobres promulgada en los Países Bajos y que posteriormente se amplió a las región
germana. Con ella se prohibía la mendicidad, vista ésta, como propia de vagos y viciosos,
a los que se les obligó a trabajar, pues una negativa ocasionaba la pena de cárcel.

En Inglaterra, Catalina de Aragón organizó las tareas del limosnero oficial,


influenciada por la Utopía de Tomás Moro50, que incluían la visita domiciliaria para
ayudar a los enfermos y miserables y un aumento de los fondos destinados a la

50
Perteneciente al círculo de amistades de Juan Luis Vives y conocedor de sus ideas y
pensamiento filosófico.

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caridad51. En 1563 se dicta un Reglamento referido a los aprendices que hacía una
distribución de trabajadores en distintas ramas de producción, regulando salarios y
efectividad del trabajo. Además, otorgaba la asistencia de los necesitados a los
condados, para una gestión de la beneficencia que perduró durante varios siglos.52

Durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, en 1601, se redactó y puso en


funcionamiento la Ley de Pobres, cuyo objetivo principal era el reconocimiento de la
responsabilidad hacia éstos por parte del Estado. A esta medida se unieron otras
también relevantes: obligar a las familias a mantener a las personas mayores; no ayudar
a quien le pudiera socorrer su familia; y los inspectores de pobres debían distinguir
entre aptos y no aptos para trabajar, proporcionando trabajo o ayuda según su
condición. Si no se cumplían los requisitos se suprimían las ayudas; o ayudar sólo a las
personas que hubieran vivido más de tres años en la misma demarcación53. Con ella, el
número de mendigos presentes en las calles, disminuyó de manera considerable.

Esta normativa sobrevivió hasta 1834, momento en el que la Reina Victoria, ante
los cambios sociales, las epidemias de cólera que asolan la capital inglesa y un aumento
considerable de la población, efectúa una reforma legislativa del área de la Beneficencia,
que procuraba corregir todos aquellos pequeños defectos que se arrastraban desde
hacía años, procurando: que las casas de trabajo fueran centros de autoayuda donde se
aprendiera un trabajo para reincorporarse a la sociedad; vigilar el establecimiento de
duras condiciones de trabajo para controlar los abusos; castigo penal para los que
fingieran ser pobres; y no ayudar a quienes se negaran a trabajar54. A estas innovadoras
medidas se les unieron la creación de una agrupación de parroquias que vigilaran,
mediante la figura de los guardianes, el cumplimiento de estas directrices, y la

51
La confiscación de los bienes de los monasterios católicos decretada por Enrique VIII, agravó
considerablemente la situación de los pobres en Inglaterra.
52
HIMMELFARB, G. La idea de la Pobreza. Inglaterra a principios de la era industrial. México:
Fondo de Cultura Económica, 1988.
53
WEBB, S. y WEBB, B. English Poor Law History. Londres: Longmans & Green, 1927-1929.
(Reedición, Londres: Frank and Co., 1963).
54
HIMMELFARB (1988), opus cit, p. 184.
Un Informe sobre esta Ley de casi 400 páginas desató una controvertida polémica que caló
hondo en la sociedad del momento. Este documento incluía aclaraciones preliminares de los
ayudantes de los comisionados (subcomisionados) que se convirtieron en el detonante de las
enmiendas establecidas para la Ley, llegando a influenciar en las discusiones formuladas en la
Comisión que se conformó para la Ley de Pobres de 1905.

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conformación de un comité central que supervisara el correcto funcionamiento. Además


se estableció que las ayudas para cubrir las necesidades básicas de los pobres y
mendigos, debían ser de menor cuantía que las del trabajador de inferior rango,
imponiendo la obligatoriedad de obtenerlas en los hospicios.55

Medidas muy semejantes se llevaron a cabo en el continente europeo, cuando el


rey Francisco I de Francia, en la primera mitad del siglo XVI, organiza para París el
Consejo de Pobres, entidad, que su nieto Francisco II haría extensible al resto del
territorio franco56. Tras los cambios sociopolíticos ocurridos tras 1789 en Francia, surge
un movimiento social basado en la premisa de Liberté, égalité, fraternité, que se traduce
en un cambio en la forma de ver al individuo marginado, estableciéndose, a partir de
ahora, una equiparación a los ciudadanos con derechos y deberes. El Estado se
comienza a interesar por los problemas de los desamparados, otorgándole igual
protagonismo que al resto de los miembros de la comunidad. Crea la Asistencia Social,
como un segundo sistema de protección social de primera necesidad, con
intervenciones puntuales y concretas, en un sistema desigual en el que adquiere
relevancia la beneficencia laica.57

En este momento, la mendicidad es concebida como una situación perenne y


rebelde dentro de la sociedad, donde la finalidad del individuo es evitar su integración
en el estado burgués, estando presente una cierta voluntariedad, a la que se une una
sensación de bienestar por su estado miserable. Es por ello, que desde las instituciones

55
RODRÍGUEZ CABALLERO, J. La economía laboral en el período clásico de la historia del
pensamiento económico. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2003, p. 123.
Tanto la prensa británica como los parlamentarios ingleses debatieron arduamente el Informe de
1834, al que se le unió los informes preliminares y las investigaciones estadísticas efectuadas.
Pese a lo criticadas que fueron, su vigencia se prolongó hasta que fueron sustituidas por el Estado
del Bienestar tras la II Guerra Mundial.
56
MADAIGAN DE UGARTE, V. Manual de Servicio Social. Santiago de Chile: Editorial Jurídica de
Chile, 1970, 5ª edición, p. 65.
57
COSME RAMÍREZ, M. y ROSAS MARTÍNEZ, M. La evolución de las funciones económicas del
Estado en la segunda postguerra. México D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, 1999, p. 7-
9.
Pese a que da comienzo una emancipación de la beneficencia eclesiástica, su presencia persiste
durante largo tiempo llegando hasta la actualidad. Así, la asistencia social es concebida como un
conjunto de normas y procedimientos sistematizados que tiene como finalidad ayudar a la
comunidad, satisfaciendo sus necesidades y resolviendo todas aquellas cuestiones problemáticas.
La conformación y consolidación del concepto de Asistencia Social es paralelo a la creación del
denominado Estado Liberal, con la consiguiente introducción del capitalismo industrial.

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se procura una intervención superficial que solventa los síntomas visibles, no atacando y
resolviendo los factores y problemas que provocan esta situación58.

El surgimiento de la Revolución Industrial durante el siglo XIX favoreció,


considerablemente, el aumento de la marginalidad, que se ubicó en aquellas zonas más
alejadas del centro de las urbes, lo que ocasionó un considerable aumento incontrolado
de éstas, que dio lugar a grandes cinturones de miseria. Esta situación precaria, llevó a
que desde la burguesía se articularan una serie de intervenciones filántrópico-
asistenciales promovidas por un sentimiento religioso al que se unió la defensa, casi
automática, del estilo de vida burgués59. Autores como Pratt ven claros estos intereses
presentes en la filantropía: ... esa filantropía requiere que la persona beneficiada debe
llevar una vida buena, lo que significa en un análisis final, que esté dispuesta a aceptar el
modo de vida burgués, aunque solo como ideal al que nunca podrá acceder. Así la
filantropía es una especie de control moral [...] en último extremo el apoyo material es
un medio de combatir el desorden moral.60

La solidaridad comienza a aparecer en escena, dejando atrás la caridad a la que se


había dado uso desde el Medievo. Según L. de Sebastián Carazo, es vista como un
reconocimiento práctico de la obligación natural que tienen los individuos y los grupos
humanos de contribuir al bienestar de los que tienen que ver con ellos, especialmente de
los que tienen mayor necesidad61. A ello se une la creación de diversos mecanismos que
procuran ayudar a la clase obrera bajo una protección social, cuya premisa es la
previsión social frente a los riesgos de la enfermedad. Todo ello se materializa en el
surgimiento del Sistema de Seguridad Social, del que el primer ejemplo aparece en
Alemania, en 1881, bajo el mandato de Bismark62. Con el paso de los años y la

58
PRIMAVERA, H.; DE SANZO, C y COVAS, H. Reinventando el mercado: la experiencia de la Red
Global de Trueque en Argentina. Buenos Aires: PAR, 1998, p. 16-17.
59
VALVERDE MOLINA, J. El Proceso de Inadaptación Social. Madrid: Editorial Popular, 1988, p. 27-
32.
60
PRATT, A. Los salvadores del niño o la invención de la delincuencia. México D.F.: Siglo XXI, 1983,
p. 22-25.
61
SEBASTIÁN CARAZO, L. DE. La solidaridad: Guardián de mi hermano. Barcelona: Ariel, 1996, p.
7-23.
62
ÁLVAREZ URÍA, F. Miserables y locos: medicina mental y orden social en la España del siglo XIX.
Barcelona: Tusquets, 1983, p. 257-266.

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consolidación del Estado de Bienestar, se dio paso de un sistema acotado a los


miembros de aparato laboral a una universalización de la posibilidad de acceso. Estos
derechos, característicos de las políticas de bienestar de las democracias europeas,
incluían cuestiones que iban desde las pensiones, a la sanidad y el seguro de desempleo,
a lo que se unían los servicios sociales y el derecho a la educación y la cultura, entre
otros.

5. Pobres ante una institución de caridad. Diario El Globo, 4 de enero de 1905.

En España, este temprano ejemplo legislativo no será trasladado hasta 1849,


momento en el que se decreta la Ley General de Beneficencia, aunque existe un
precedente en la ley de 1822 que nunca llegó a ser puesta en funcionamiento. Con esta
reforma legislativa, la beneficencia pública española se organizaba y estructuraba de la
siguiente manera, aunque muchos de los recursos ya existían: Casas de expósitos o
inclusas, en que se recogía a los niños abandonados o de padres desconocidos; Casas de
misericordia, instituciones en que se daba acogida y refugio a las mujeres que concebían
ilegítimamente y querían ocultar el embarazo y el parto; Casas de maternidad,
íntimamente ligadas a las anteriores, fue éste el nombre que recibieron las casas de

Tras la Comuna de París, en Alemania, Bismarck estableció los planes de Seguridad Social, con la
finalidad de favorecer a las clases menos pudientes, evitando cualquier tipo de alzamiento. De
esta manera, la seguridad social de tipo contributivo se sitúa en paralelo a la beneficencia.

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misericordia con posterioridad y que suplían las mismas necesidades que éstas; Casas de
socorro, establecimientos destinados a la acogida de huérfanos mayores de seis años y
otros necesitados a los que se les suministraba sustento y educación. Estaban dotadas
de talleres o fábricas que procuraban el aprendizaje de un oficio a los niños; Hospitales
de enfermos; Hospitales de convalecientes; Hospitales de locos o manicomios; Socorros
domiciliarios, en la que se prestaba asistencia a domicilio a todas aquellas personas
carentes de medio de subsistencia, cuya finalidad era evitar el colapso de las casas de
socorro u hospitales de enfermos.

En cada población, se establecía una Junta de beneficencia que cuidaba del buen
funcionamiento de las instituciones de acuerdo a lo establecido en la legislación vigente.
En las poblaciones de mucho vecindario, las juntas municipales, con la pertinente
aprobación de su respectivo ayuntamiento, nombraban Juntas Parroquiales de
beneficencia que eran presididas por el cura de la parroquia, y en sus ausencias o
enfermedad, por su teniente. Estas juntas, además del presidente, se componían de
ocho individuos, todos ellos vecinos de la parroquia y se renovaban cada dos años por
mitad, en virtud de una propuesta de la propia junta a la municipal de beneficencia.
Entre las responsabilidades de los miembros que las componían estaban: uno de los
individuos desempeñaba las funciones de secretario; otro, las de contador; otro, las de
depositario.63

63
MARTÍNEZ ALCUBILLA, M. Diccionario de Administración, obra de utilidad práctica para los
alcaldes y ayuntamientos y para todos los funcionarios públicos en el orden judicial y
administrativo. Madrid: Imprenta de A. Peñuelas, 1858, Tomo II, p. 404-412.
Se estipulaba que en las capitales y pueblos que tengan 400 vecinos o más se componía esta
junta de nueve individuos: uno de los alcaldes constitucionales, que era presidente nato; un
regidor del ayuntamiento; el cura párroco más antiguo; cuatro vecinos ilustrados y caritativos; un
médico; y un cirujano de los de mayor reputación. En los demás pueblos de menos vecindario, se
componía la misma junta de siete individuos.
Entre las obligaciones de las juntas de beneficencia estaban: hacer observar la ley y los
reglamentos y órdenes aplicables a los directores, administradores y demás empleados de los
establecimientos de beneficencia; informar al ayuntamiento sobre la necesidad de aumentar,
suprimir o arreglar cualesquiera de dichos establecimientos; proponer arbitrios para disminución
y socorro de la indigencia en las necesidades extraordinarias; ejecutar las órdenes sobre
mendicidad que le comunique el Gobierno por conduelo de sus respectivos ayuntamientos;
recibir las cuentas de los administradores de los establecimientos de beneficencia y, una vez
examinadas, pasarlas al ayuntamiento con su censura; cuidar de la buena administración de los
establecimientos de su cargo y establecer la más escrupulosa economía en la inversión de los
fondos, claridad en las cuentas y el buen desempeño en las respectivas obligaciones de cada

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El punto de partida de las políticas de protección se sitúa en la Comisión de


Reformas Sociales creada en 1883, que tenía como función el estudio de cuestiones que
interesasen a la mejora y bienestar de la clase obrera. En 1900 se crea el primer seguro
social, que venía recogido en la Ley de Accidentes de Trabajo, para años más tarde, en
1908, aparecer el Instituto Nacional de Previsión, organismo estatal en el que se
integraban las cajas que gestionaban los seguros sociales que van surgiendo.
Posteriormente los mecanismos de protección desembocan en una serie de seguros
sociales, entre los que destacan el Retiro Obrero en 1919 y el Seguro Obligatorio de
Maternidad en 1923.

Habrá que esperar a las drásticas reformas en el campo de lo laboral


promulgadas por la II República Española para observar mejoras en la vida de los
trabajadores: creación de Delegaciones de Trabajo y los seguros sociales; creación del
Seguro de Paro Forzoso en 1931, a lo que se le unió una considerable reducción de la
jornada laboral, enfatizándose en el mundo agrario; y se produjo un importante plan de
obras públicas que fomentaran el empleo desde la Administración con el objetivo de
paliar los efectos de la Crisis de 1929, y que en cierta medidad eran continuistas de las
ya establecidas por el anterior gobierno, el de Primo de Rivera.

En los años sucesivos y durante la Dictadura de Francisco Franco, se creó el


Seguro de Enfermedad en 1942 y el Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez, también
conocido como SOVI, en 1947. La protección dispensada por estos seguros pronto se
mostró insuficiente, lo que llevó a la aparición de otros mecanismos de protección

empleado, dando cuenta al ayuntamiento si notasen en alguno poco celo y actividad y


suspendiendo en el acto a cualquiera por sospechas fundadas de tortuosos manejos o por otro
motivo grave; proponer al ayuntamiento para los destinos de directores y administradores de los
establecimientos de beneficencia las personas que juzgaran más a propósito; formar anualmente
un presupuesto de gastos para el año próximo y la estadística de beneficencia de su distrito,
pasando uno y otro al ayuntamiento para su dirección ulterior; presentar anualmente al
ayuntamiento cuentas documentadas de los fondos invertidos en la hospitalidad y socorros
domiciliarios; para que la vigilancia de estas juntas sobre los establecimientos de beneficencia
fuera más efectiva, nombraban para cada uno de dichos establecimientos un vocal, que con
calidad de visitador estaba encargado de observar frecuentemente si se cumplían en él los
reglamentos, si los empleados desempeñaban su obligación y si los pobres estaban bien asistidos.

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articulados a través de las mutualidades laborales, organizadas por sectores laborales y


cuyas prestaciones tenían como finalidad completar la protección preexistente.64

1.3.2. IMPULSORES Y CAUSAS DE UNA CONCEPCIÓN DIFERENTE EN


ESPAÑA Y EUROPA.

El estudio de los orígenes de la solidaridad nos permite entender como, a lo


largo de la Historia de la Humanidad, han ido modificándose y evolucionando las
diferentes formas de solucionar y afrontar los problemas de la sociedad, la destacada
importancia que ha jugado la iniciativa social, con sus diferentes formas de intervención
y cómo se ha llegado a la situación actual que vivimos. Aciertos y errores del pasado nos
dan una visión de cuáles son los caminos ya transitados, cuáles quedan por circular,
pudiendo intuir hacia donde nos dirigimos.

6. Juan Luis Vives.

Deben tenerse presentes las


diferentes intervenciones que han acaecido
en cada momento histórico como evolución
de las anteriores, así como los diferentes
autores que han contribuido a que se
produzca el cambio, con una mediación que
ha tenido una mayor o menor fortuna. Entre
ellos debe destacarse: Juan Luis Vives (1492-
1540); Domingo de Soto (1494-1570) y Juan
de Robles (1492-1572); Miguel de Giginta
(1534-1588); Cristóbal Pérez de Herrera.
(1558-1625); San Vicente de Paúl (1576?-1660); Thomas Chalmers. (1780-1847); San
Juan Bosco. (1815-1888); Charles Booth (1840-1916); y, Federico de Ozanam (1813-
1853).

En 1526, el valenciano Juan Luis Vives publica en Brujas el Tratado del socorro de
los pobres, obra en la que analiza, organiza y sistematiza la asistencia y auxilio a los

64
Dada la multiplicidad de Mutualidades, este sistema de protección condujo a discriminaciones
entre la población laboral, produjo desequilibrios financieros e hizo muy difícil una gestión
racional y eficaz.

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menesterosos y desamparados. A esta idea de ayuda, agrega la de educación a niños y


adultos que facilite la adquisición de habilidades para un trabajo que le permita salir de
su estado de miseria65. Con su Tratado, sentó las bases de la asistencia social en Europa,
procurando para la obra caritativa un sentido de eficacia racionalizada.66

Esta obra tratadística está conformada por dos libros: el primero plantea una
metodología que sirva de guía, tanto a los dirigentes como a la comunidad, para una
adecuada ocupación de los necesitados; en el segundo, se aborda las excelencias
terrenales y celestiales de estas acciones. Para el logro de una ayuda ideal, presenta
unos aspectos a tener en cuenta: redistribución de la riqueza; la creación de
instituciones que recojan a los pobres, en las que estén cuidados y atendidos y estén
registrados por las autoridades; y el control e identificación de vagos y maleantes.

Durante el reinado de Carlos I, se produce en España un avance ideológico considerable


en lo que respecta a la pobreza influenciado por las ideas de Vives, produciéndose a
partir de 1563 un retroceso importante ante la incapacidad por parte de las autoridades
para el control y gestión del sistema asistencial67. Concluyendo el siglo XVI, Cristóbal
Pérez de Herrera publica su tratado titulado El Amparo de los pobres, con el que procura
emitir una serie de medidas prácticas que paliaran la mendicidad secundaria a sucesivos
años de malas cosechas y desastres. Entre ellas, plantea la posibilidad de la creación de
albergues.68

El dominico Domingo de Soto presentó una marcada oposición a las corrientes


humanistas que restringían el ejercicio de la caridad, insertas en el nuevo orden

65
MOIX MARTÍNEZ, M. El derecho de pobres isabelino. Revista de trabajo nº 48, 1974, p. 225-
257.
Estas ideas de ayuda y formación serán las que sienten las bases para la Ley de Pobres que se
dicta en los siglos XVI y XVII.
66
MUÑOZ MACHADO, S.; GARCÍA DELGADO, J. L.; GONZÁLEZ SEARA, L. Las estructuras del Estado
de Bienestar en Europa. Madrid: Editorial Civitas, 2000, p. 37-129.
67
Tan solo existe una actividad que va orientada a: el control de los lugares donde se podía
solicitar limosna con la consiguiente licencia emitida por la parroquia correspondiente y un
permiso de la justicia que confirmaba y justificaba la total necesidad y pertenencia a la Iglesia
Católica.
68
RUBIO VELA, A. (1984). Opus cit, p. 16.
En este momento nos encantamos que comienzan a desarrollarse numerosas fundaciones
hospitalarias promovidas por ricos mecenas y con una fuerte presencia eclesiástica en grandes
urbes.

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valorativo del mundo renaciente. Opuesto a sus ideas, Juan de Robles, también
conocido como Juan de Medina, se postuló a favor de las ideas de Vives, cuestionando la
libertad incondicional de los mendigos.

Estas posturas contrapuestas se manifestaron en 1545 durante la apertura del


Concilio de Trento y secundadas por la publicación que Soto había realizado sobre la
mendicidad. La obra aborda una doble vertiente del derecho del pobre a la ayuda y del
deber cristiano del socorro, basados en los principios tradicionales de la ética cristiana al
que se unían el ideal de mendigo pobre y los intereses de la Iglesia.69

7. Domingo de Soto.

En este mismo año, el benedictino Juan de


Robles se pronuncia a favor del Decreto regio dictado
en 1540 y de los diferentes movimientos que
demandaban una reforma de la asistencia social que
procuraba una separación entre la vida civil y la
religiosa. Para el clérigo, la pobreza tiene un carácter
social, económico y político, alejándose de la
concepción presente hasta el momento que le
otorgaba rango de problema teológico-moral70. A su
vez advierte cómo el creciente mercado laboral comienza a precisar de trabajadores con
lo que supone esta situación. Esto, unido a la contemplación del vagabundo como un
posible peligro para la salud pública, el orden y la economía, es lo que fundamenta su
idea de que limitar su movilidad no atenta contra una libertad natural, siempre que lo
exigiera el bien público, como se pedía para el comercio y otras actividades. Propone,
además, la reorganización y reestructuración de los dispositivos asistenciales de caridad

69
GEREMEK, B. La piedad y la horca. Historia de la miseria y de la caridad en Europa. Madrid:
Alianza Editorial, 1998, p. 213-215.
70
MARAVALL, J. De la misericordia a la Justicia social en la economía del trabajo: la obra de Fray
Juan de Robles. In, Moneda y Crédito nº 148, 1979, p. 66-70.
Según Maravall, el gran mérito de Robles fue separar la esfera terrenal de la espiritual, y detraer
para el Estado actividades públicas en perjuicio de la Iglesia. Además profundiza en el programa
de secularización de la administración y gestión de los bienes de los hospitales.

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junto a la distribución de las limosnas, supervisadas por el Estado y un control del


funcionamiento óptimo de los establecimientos en manos eclesiástica.71

Destaca también, durante el siglo XVI, Miguel de Giginta, por la publicación que
realiza en la ciudad portuguesa de Coimbra de su memorial sobre el cuidado de los
pobres con el título Tratado de remedio de pobres en 1579. Con él, pretendía marcar
instrucciones para separar a los vagos y falsos pobres de los que verdaderamente
precisaban de la caridad72; además se proponía la libertad vigilada del mendigo con un
claro rechazo de la legislación coercitiva.

Otro tema que aborda el Tratado son una serie de recomendaciones para las
casas de Misericordia, con marcado sabor eclesiástico, que se concretaban en dos
objetivos básicos: por un lado, albergar, alimentar y ayudar físico-espiritualmente a los
pobres verdaderos; y, por otro, facilitarles el trabajo y mejorar las condiciones de salud
de la población acogida73. Igualmente constituían espacios civiles, cuyo control estaba
bajo las corporaciones municipales.

Como se ha comentado con anterioridad, Cristóbal Pérez de Herrera publicó en


1598 la obra titulada Amparo de Pobres, en la que vinculó la crisis económica que en ese
momento sufría Europa con una pobreza ociosidad y parasitariamente rentista. Además
señaló el riesgo ético-sanitario-económico que para la sociedad suponían los pobres
falsos, apoyando una naturaleza mixta de las instituciones, donde conviviera un aspecto
civil y religioso.74

Al igual que Vives y Giginta, condensa su discurso entorno a la trascendencia de


los albergues de pobres, instituciones muy cercanas a las casa de misericordia. Antes de
la puesta en marcha de estos centros, propone lo que denomina «escrutinio de
mendicantes», acciones que buscaban un control exhaustivo de la legitimidad de los
mendigos, el cual los facultaba para practicar la mendicidad durante un año debiendo

71
GEREMEK, B. (1998). Opus cit, p. 213-215.
72
Ibidem, p. 218.
73
En estas fundaciones se obligaba a todos a trabajar, situación que proporcionaba financiación
parcial de éstas. Existía un acentuado aspecto religioso, que daba inicio con su nombre con el
articulado de sus edificios, en cuya planta en forma de cruz se ubicaba la capilla en el centro de
ésta.
74
MORELL, A. La legitimación social de la pobreza. Barcelona: Anthropos, 2002, p. 52-57.

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estar identificados y autorizados por los responsables del albergue. Estos centros debían
presentar un carácter asistencia, parroquial y de descanso, donde se catecumenizaría a
los mendigos.75

8. San Vicente de Paúl .

Ya entrado el siglo XVII, en Francia, San


Vicente de Paúl se coloca a la cabeza de la
defensa de los miserables y desvalidos. Este
momento viene marcado por un desolador
panorama económico que motivó un aumento
considerable de la mendicidad. Este
bienaventurado personaje, conocedor de las
ideas propuestas por Vives en el siglo XVI,
procura adaptarlas al país galo, fundando en el
primer tercio del siglo la congregación de las
Damas de la Caridad y la orden religiosa de las Hermanas de la Caridad76. Su proyecto lo
pone en marcha en la ciudad de Lorena, lugar en el que, entre 1630 y 1643, estableció
un plan de ayuda a los habitantes que quedaron tras la Guerra de los Treinta Años, que
fomentó un espíritu solidario y compañerismo sin precedentes. Su aportación supuso
una revolución en el concepto de caridad, consiguiendo una transformación del trabajo
de la limosna que adquirió un carácter voluntarista, organizado y metódico.77

Durante el siglo XVIII y XIX, dos son los focos donde se van a concentrar
básicamente una preocupación por la mendicidad, el auxilio a los miserables y la

75
GEREMEK, B. (1998). Opus cit, p. 221.
Para la identificación precisaban portar en lugar visible la imagen de la Virgen María y el escudo
de armas de la ciudad. Las autoridades responsables del centro estaban: un sacerdote como
director y controlados por un regidor, a los que asistían dos diputados, uno clérigo y otro seglar.
76
MEZZADRI, L. Vida Breve de San Vicente. Salamanca: CEME, 1990.
Las primeras fueron fundadas en 1617 y estaba conformado por señoras acomodadas que
ayudaban a los pobres con alimentos y ropas que le suministraban en sus visitas domiciliarias; las
segundas se crean en 1633 con Luisa de Marcillac, hija de labriegos, que tenía vocación por
dedicarse a la caridad.
77
DODIN, A. San Vicente de Paúl y la caridad. Salamanca: CEME, 1977.
Las normas que establece son: prevenir la limosna arbitraria; controlar los casos y valorar la
ayuda dada; y clasificar a los pobres por su capacidad de auto-mantenimiento.

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asistencia social: en Inglaterra, el reverendo Thomas Chalmers y el científico Charles


Booth; y en Italia, el galeno Federico de Ozanam y San Juan Bosco.

Thomas Chalmers fue el fundador de la Iglesia Presbiteriana de Escocia y pionero


de la asistencia social tecnificada e inspirador de los principios del trabajo social. Su
trabajo y aportación fundamental se concentra en su parroquia de Saint John, ubicada
en Glasgow, donde desarrolló un programa de ayuda vecinal que se caracterizaba por la
visita domiciliaria de aquellas personas que pudieran precisar socorro.78

Observando el importante descontento existente en relación con la actuación


que estaba llevando a cabo el Estado para el atender a los mendigos, caracterizada por
un considerable derroche de recursos, a lo que se le unía una destrucción de la voluntad
de automantenimiento de los individuos atendidos, y olvidando la disposición de
aquellos de quienes querían ayudar en esta tarea, para lo que propone una modalidad
más simple y práctica, articulada a partir de una caridad juiciosa fundamentada en
cuatro pilares: hábitos y economía de las gentes; amabilidad de los pacientes; simpatía
de las clases ricas por las pobres; y solidaridad entre pobres.79

Este modelo asistencial, promocionaba la ayuda entre personas conocidas,


situación que trasladó a su parroquia, en la que, para poder ejecutar su proyecto, se
descuelga de cualquier sustento público y privado. Este programa se cimentaba a partir
de la división de la parroquia en 25 distritos, cada uno al cargo de un diácono que se
ocupaba de 50 familias a las que se les daba ayuda material, social, religiosa y educativa,
tanto a niños como adultos, promovida por la figura del visitador social80 que procura al
diácono la información necesaria sobre los distritos.

Para lograr este objetivo, se indagaba en las causas que favorecían la necesidad,
así como en las posibilidades de automantenimiento de los individuos,
proporcionándoles esta figura si carecieran de ella, que correlativamente se distribuían

78
ROXBOROGH, J. The Legacy of Thomas Chalmers. In, International Bulletin of Missionary
Research nº 23-24, 1999, p. 173-176.
79
MADAIGAN DE UGARTE, V. (1970). Opus cit, p. 68-69.
80
Los visitadores sociales debían presentarse como amigos y ser formados (precedente del
trabajo social). Este tipo de caridad conlleva la individualización de los problemas con una
coordinación sistemática de recursos.

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de la siguiente manera: familia y personas cercanas; ciudadanos ricos; el diácono; y


siempre como última opción, las ayudas públicas y privadas.

Charles Booth realizó una serie de investigaciones cuyo tema central era la
pobreza. Las conclusiones a las que llegó en su estudio, las volcó en el libro titulado Life
and Labour of de People in London, publicado en 1889 en Londres81. Su estudio se
centró en la población procedente de barrios y gremios de la ciudad de londinense,
preocupándose por las condiciones, horarios y salarios laborales, así como el tipo de
vivienda en el que desarrollaban su vida cotidiana. Observó que un tercio de la gente
vivía en la línea de pobreza o por debajo de ella, careciendo de todos los recursos
fundamentales para desarrollar una vida medianamente aceptable. Con este trabajo
científico ayudó a una modificación en el pensamiento de la sociedad del momento, que
consideraba a la pobreza como un problema social, anclados todavía en una idea
medieval sobre el origen y la naturaleza de la miseria. Este cambio de visión, favoreció la
modificación del sistema de ayuda presente en el Estado inglés, para dar paso a uno más
operativo y eficaz.

La región piamontesa de Turín será la agraciada que obtenga el beneficio de la


obra de San Juan Bosco. Este italiano, procedente de una humilde familia de
campesinos, trabajó con niños y adolescentes que habitaban en las calles y carecían de
un techo que les pudiera dar cobijo, a los que les ofreció lo que denominó una sana

81
FRIED, A. y ELLMAN, R. Charles Booth's London. Londres: Hutchinson, 1969, p. 341.
Un segundo tomo de esta serie, titulado Labour and Life of the People, apareció dos años
después y cubría el resto de Londres. Booth, en esta publicación, establece la idea de una «línea
de pobreza», concepto que originalmente había sido empleado por la London School Board.
Observó que esta línea estaba aproximadamente entre los 10 a 20 chelines que consideró como
el monto mínimo necesario para el sustento de una familia de 4 a 5 personas.
Tras la publicación de los volúmenes, Booth expandió su investigación más allá de la frontera
anglosajona. Consiguió un resultado, con una segunda edición, que superó y mejoró a la de su
obra original, publicándola como Life and Labour of the People in London, en nueve volúmenes
entre los años 1892 y 1897. Una tercera edición, que aumentaba el número de volúmenes a la
cifra de 17, apareció en 1902 y 1903. Con su trabajo de investigación fundamentó y apoyó la
introducción de pensiones a jubilados, que describió como un «socialismo limitado», justificando
su necesidad en la evitación de una revolución socialista que pudiera ocurrir en un país como
Gran Bretaña.

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recreación, consistente en el abandono de su hábitat, escolarizándolos y creando las


primeras escuelas propias.82

9. Federico de Ozanam.

Por último destacar la figura de Federico de Ozanam,


milanés que se formó y trabajó en la Universidad de
La Sorbona. Destaca como representante intelectual
católico que se mantuvo firme frente a las posturas
ateístas que surgieron durante su época,
consolidándose como el nuevo pensador social que
defendió la justicia en las relaciones laborales y
humanas, mostró un manifiesto rechazo a la
esclavitud y la diferencia social marcada entre ricos y
pobres, dentro del marco del Catolicismo. Pese a que no desdeñó la caridad con el
sentido que le aplicaron los primeros cristianos, afirmaba que las conductas
paternalistas no eran el camino correcto para alcanzar el progreso social, siendo la

82
LEMOYNE, G. Memorias biográficas de Juan Bosco. Turín: Escuela Tipográfica Salesiana, 1917,
p. 182.
Los primeros jóvenes, miembros del Oratorio de Valdocco, fueron Miguel Rúa, Juan Cagliero,
Francesia, Angelo Savio, Rocchietti, Turchi y otros que aceptaron la propuesta Juan Bosco. El 26
de enero de 1854 hicieron la promesa inicial en la fundación de los que Juan Bosco llamó sin
duda los salesianos en honor de San Francisco de Sales, para un año más tarde, el 25 de marzo de
1855, el joven Miguel Rúa sería el primero en hacer sus votos, seguido después por el resto de los
miembros fundacionales. Para el 9 de diciembre de 1856 Juan Bosco se refería de manera abierta
a su Congregación que recibió la aprobación de Su Santidad el Papa Pío IX en 1858 y el 14 de
mayo de 1862, la congregación salesiana recibió los votos de 22 jóvenes entre los cuales dos lo
hacían como coadjutores, modalidad creada por esta orden para designara a los laicos
consagrados salesianos (a todos ellos, les hace llegar el propósito de la Congregación Salesiana:
buscar la santificación personal y continuar el trabajo en favor de los muchachos, especialmente
aquellos más necesitados de instrucción y educación).
Los inicios de la Congregación Salesiana de Juan Bosco no fueron fáciles y le trajeron serios
problemas, especialmente en lo concerniente a su aprobación definitiva y el reconocimiento de
la orden. Las primeras fundaciones de casas salesianas se realizaron en el Piamonte: Lanzo en
1864, Cherasco y Alassio en 1869, Valsalice en 1872 y Vallecrosia en 1875; y el primer país
extranjero que recibió a los salesianos fue Francia con la creación de casas en Niza, Marsella y
París en el último cuarto del siglo XIX.

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libertad como medio y la caridad como fin, aquellas herramientas que prestaran auxilio a
los necesitados.83

Destaca la creación de la Conferencia de la Caridad84, institución laica que fundó


junto a varios amigos y compañeros de la Universidad, cuya repercusión traspasó las
fronteras galas. Se basaba en un método de trabajo en el que se daba comienzo con
visitas y ayuda domiciliaria, que perseguían el acompañamiento de los individuos. Poco
a poco, la organización fue sentando fuertes cimientos que propiciaron una acción más
consistente en la que se crearon guarderías, escuelas de reinserción de delincuentes y
atención a refugiados e inmigrantes, caracterizadas por un notable grado de
organización y racionalidad.

1.4. CONSIDERACIONES SANITARIAS, MÉDICAS Y SOCIALES. LOS AVANCES


CIENTIFICOS DESDE EL MEDIEVO HASTA LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO
XX.

Sigmund Freud manifestaba que las diferentes enfermedades existentes y que


asolaban a la población mundial, eran como las neurosis obsesivas de la humanidad85. Al
observar detenidamente la Historia, se puede llegar a la conclusión de que las
enfermedades han mediatizado considerablemente el trascurso de ésta. Y no solo han
influido en el devenir del Hombre, sino además en las civilizaciones, donde cada una de
ellas ha presentado una mayor o menor preocupación, hasta el punto de obsesionarse
en ocasiones, por diferentes dolencias y afecciones: la lepra y la peste durante la Edad

83
CANDELAS ANTEQUERA, M. Federico Ozanam, modelo de identidad para los jóvenes. Madrid:
Editorial La Milagrosa, 1990, p. 25-26.
Su labor social y caritativa, ha sido más destacada, si la comparamos con su trabajo como
profesor universitario en la Sorbona. Sin embargo, como exponía el Papa Juan Pablo II en la
homilía pronunciada en la ceremonia de Beatificación en 1997, fue un universitario que
desempeñó un papel importante en el movimiento de las ideas de su tiempo. Estudiante, profesor
eminente primero en Lyon y luego en París, en la Sorbona, aspira ante todo a la búsqueda y la
comunicación de la verdad, en la serenidad y el respeto a las convicciones de quienes no
compartían las suyas.
84
Años más tarde será denominada Conferencia de San Vicente de Paúl o Conferencias
Vicentinas.
85
JONES, E. Vida y Obra de Sigmund Freud. Barcelona: Editorial Anagrama, 2003, Tomo I, p. 34-
43.

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Media, la viruela y la sífilis en la Época Moderna, la tuberculosis en el siglo XIX y


principios del XX, y el SIDA o el cáncer en la actualidad.

Esta situación ha llevado a una marcada preocupación y atención por la salud-


enfermedad. La primera, desde antiguo, se asociaba a un regalo o premio otorgado por
las divinidades ante un buen comportamiento de la persona agraciada o como
beneplácito de las deidades; la segunda, fue relacionada con las acciones incorrectas,
enfatizándose, tras el surgimiento del Cristianismo, asignándosele el nombre de pecado
y considerándose dolencia espiritual reflejada en el cuerpo carnal.

10. Cristóbal Hernández de Quintana: Ánimas del Purgatorio


(1717). Catedral de La Laguna.

En las primeras sociedades cristianas, cuando algunos de los miembros del núcleo
familiar contraían alguna enfermedad, lo que primeramente se realizaba era solicitar el
auxilio del clérigo para la administración de los sacramentos de la penitencia y la
eucaristía, dando prioridad a la salvación celestial en detrimento de la terrenal. Las
actuaciones e intervenciones siguientes eran asignadas al galeno que curaba y reparaba
el cuerpo. Las enfermedades eran vistas como posibles hechos sobrenaturales, como
embrujamientos y hechizos, estableciendo un concepto maniqueo en el que Bien y Mal
(Dios-Diablo) se enfrentan, procurando el primero salvar al inocente del segundo, que
pretende causar dolor y muerte. Estas situaciones eran solventadas gracias al correcto
desarrollo de las indicaciones de los pastores cristianos: oración-arrepentimiento y

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rituales que obligaban a que el poseído fuera liberado del demonio que dominaba su
fuero interno.86

11. Jean Jacques Chifflet: De linteis


sepulchralibus Christi servatoris (1668).
Momia de Lázaro resucitada por Jesús.

Así, para muchos de los médicos


medievales, la salud y la enfermedad
vienen marcadas por la doctrina
eclesiástica: Dios-poseedor-de-la-
salud, Dios como medicina y pecado-
enfermedad corporal. Todo ello da el
estatus de médico eterno a Dios, o
como afirma el Maestro Stefano, Dios
es el menge de todos los menges87. Sin
embargo, para otros galenos con una formación académica y perteneciente a la
burguesía culta, el concepto de salud-enfermedad era muy diferente, enfatizando el
enfoque naturalista inmerso en la doctrina filosófica hipocrático-galénica. Éstos,
consideraban la salud del cuerpo como el equilibrio humoral88, no siendo la enfermedad
más que un desequilibrio de ellos que llevaban a una desarmonía en el individuo. Para
los médicos este desajuste tenía relación con la vida desordenada que llevaba la persona
en campos como la alimentación, el aire y el agua.89

86
LINDEMANN, M. Medicina y sociedad en la Europa Moderna, 1500-1800. Madrid: Editorial Siglo
XXI, 2000, p. 2-5.
Las enfermedades secundarias a causas sobrenaturales originadas por la penetración de espíritus
demoniacos, por embrujos, por el mal de ojo, o saltarse las reglas que la Iglesia estipulaba, se
trataban a base de terapias mágico-religiosas, conjuros y rituales. Un campo en el que el
cristianismo tuvo que definirse por no estar de acuerdo con ancestrales costumbres. Ante estas
situaciones, San Agustín, en el siglo V y Graciano en el siglo XII, denunciaron, entre otras, las
prácticas supersticiosas como acudir a curanderos, invocar a los demonios, depositar amuletos
en lugares sagrados,…
87
STEFANO, Maestro. Libro de visitaciones e conciliaciones medicorum. Madrid: Biblioteca
Nacional de España, ms. 18052, col.; p. 175 y 209-220.
88
CHIRINO, A. y GONZÁLEZ PALENCIA, Á. Menor daño de la medicina y espejo de medicina: Con
un estudio preliminar acerca del autor y sus obras. Palencia: Imprenta Cosano, 1945, Biblioteca
Clásica de la Medicina Española, Tomo 14. p. 507.
89
Ibidem, p. 554.

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A estas dos modalidades de curación, anteriormente mencionadas, se les unían la


medicina popular. Las dolencias producidas por causas naturales, eran practicadas por
todo tipo de personas que fueran expertos en el manejo de hierbas o dominio de los
males corporales; cuando las causas eran espirituales se le realizaba el encargo a los
curanderos y los sacerdotes, pensaban que las enfermedades tenían causas naturales y
que se producían por perturbaciones orgánicas del equilibrio corporal (cambios bruscos
de temperatura y tiempo, humedad, corrientes de aire, empachos por el consumo de
grandes cantidades de comida y bebida), apoyándose para su curación en costumbres,
tradiciones y remedios caseros naturales (plantas, minerales, productos animales, ….)
cuyos conocimientos eran transmitidos de generación en generación.90

Ante estas situaciones, que eran contrarias a los dogmas establecidos por la
Iglesia Católica, esta última promulgó diferentes disposiciones legales con las que los
obispos pretendían abolirlas, a lo que se unían las enseñanzas que desde el púlpito
procuraban mentalizar de lo incorrectas que eran estas prácticas91. Ambas,
prohibiciones y prácticas curativas mágico-religiosas, serán una constante de la Edad
Media.92

Las Sagradas Escrituras, y en particular los Evangelios, abordaron esta temática,


mostrando el valor taumatúrgico de Cristo y sus milagros, como una forma de avalar la
capacidad de la Iglesia para la sanación contra los hechizos y el poder demoniaco93. El
valor del milagro en la Edad Media, y posteriormente durante la Moderna, estará
avalado por la Biblia y diferentes documentos eclesiásticos, que permiten un análisis del
binomio salud-enfermedad desde diferentes puntos de vista: casos de sufrimiento por
enfermedades y muerte, donde se le pide a Cristo que interfiera y realice milagros a
diferentes individuos de muy variada clase social; Cristo aparece como médico tanto de

90
GARCÍA BALLESTER, L. y AMASUNO SÁRRAGA, M. El control social de la práctica médica. In,
Historia de la ciencia y de la técnica en la Corona de Castilla. Salamanca: Junta de Castilla y León,
2002, Tomo 1, p. 827-830.
91
CARO BAROJA, J. Las brujas y su mundo. Madrid: Alianza Editorial, 2003, p. 81.
92
GARCIA BALLESTER, L. (2001). Opus cit, p. 531.
Con el reinado de los Reyes Católicos se pondrá en marcha la prohibición de drogas, ensalmos y
encantamientos, contra la práctica de la «medicina mágica».
93
Jeremías, 33, 1-23 y en el Nuevo Testamento: Mt 20, 29-34; Mr. 10, 26-52; SL. 19, 35-36; SL. 17,
11-19; SL. 14, 1-6; SL. 13, 10-17; Mt. 9, 18-26; SL. 9,40-56; SL. 9, 26-39; Mt. 8, 28-34; Mr. 5, 1-20;
SL. 7, 1-20; SL. 7, 1-10; Mt. 8, 5-13; etc.

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cuerpos como de almas94, colocándose tras este rango de importancia, la Virgen María,
intercesora ante Dios95; en último lugar con capacidad interceptora, los Santos,
estableciéndose rutas de peregrinación a sus tumbas, como fue el caso de Santiago
Apóstol.96

Esta filosofía presente durante la Edad Media, será trascendental por el contexto
racionalista a través del cual era contemplado y no solo por la creencia en el milagro. Las
nuevas condiciones sociales y psicológicas que fueron surgiendo al finalizar este periodo,
en el que se da prioridad al uso de la razón en detrimento de lo sobrenatural, dieron
origen a una marcada tensión en la visión de Dios y del mundo que existía.97

En lo referente a la cultura árabe y la disciplina médica que en este momento se


desarrolla paralelamente en el panorama europeo, Castiglioni comenta:

…no contribuyeron de manera importante a su evolución, agregaron nuevas


observaciones y conceptos, ni abrieron nuevas líneas de estudio médico, pero en
una etapa de grandes problemas en Occidente, fueron los que conservaron la
tradición médica, los que mantuvieron una cultura médica laica, y los
intermediarios de cuyas manos la civilización occidental iba a recuperar un
98
precioso depósito…

El concepto de enfermedad era entendido en la cultura islámica como un castigo de


Alá secundario a haber cometido pecado, pero, a diferencia de las creencias cristianas,
era provocada por Alá y estaban separadas de estigmas morales99. Por medio de la
oración practicada se podía conectar con la divinidad para que ésta proporcionara la
sanación milagrosa de alguna enfermedad. Además, difieren de los cristianos, al pensar
que su Dios se manifestaba en la práctica que ejercía el médico hacia el enfermo, con lo
que éste lograba eliminar y hacer desaparecer todos sus males terrenales realizando una

94
La primera referencia de San Marcos, médico, de una curación realizada por Cristo, 1:23-27, es
la expulsión del espíritu puro.
95
Uno de los primeros relatos de milagros del Evangelio, Las Bodas de Caná (Jn 2), ocurrió por
intercesión de la Virgen María. La Virgen también estaba con los Apóstoles en Pentecostés,
cuando se derramó el Espíritu Santo y se dieron muchos portentos milagrosos. La intercesión de
la Virgen no se ha interrumpido en la historia de la Iglesia.
96
SIGAL, P. A. Les marcheurs de Dieu. Pélérinages et pélérins au Moyen Âge. Paris: Armand Colin,
1974, p. 36.
97
MURRAY, A. Razón y sociedad en la Edad Media. Madrid: Editorial Taurus, 1982, p. 22-24.
98
CASTIGLIONI A. Historia de la Medicina. Barcelona; Buenos Aires: Editorial Salvat, 1941, p. 43.
99
GÓMEZ ARANDA, M. Sefarad científica: Ibn Ezra, Maimónides, Zacuto: la visión judía de la
ciencia en la edad media. Madrid: Nivola, 2003, p. 34.

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obra de misericordia, por lo que la sociedad se dio cuenta de que practicando la


compasión se llegaba a librar de esa situación penosa y lamentable100. Aceptaban la
enfermedad sin discutir el criterio que tenían de la sociedad la medicina y los médicos,
porque su pensamiento determinista estaba muy arraigado, donde el destino estaba
fijado a modo de carta de navegación desde el momento en que se nacía.101

Esta influencia de la medicina árabe en el mundo occidental cristiano, favoreció el


desarrollo del conocimiento médico y cambios, que arduamente se fueron desligando
de las creencias existentes sobre las fuerzas ocultas de la naturaleza y la magia. Con el
paso de los años, estas modificaciones mutarán paulatinamente, agregándose nuevas
disciplinas como la Astrología, muy presente en la Edad Media y parte de la Moderna. Su
incorporación a la disciplina médica ya había sido abordado por San Isidoro (570-636),
erudito escritor e historiador de los visigodos y obispo de Sevilla, que se había
pronunciado acerca de la regulación astral de diferentes partes del cuerpo102. En sus
obras manifiesta una marcada importancia del conocimiento sobre las enfermedades,
prueba de ello es que las recopila y define desde el aspecto etimológico sin entrar en la
búsqueda de la causa ni el posible tratamiento.103

Las creencias existentes desde antiguo en la medicina clásica de Hipócrates y


Galeno, estaban tan imbricadas, que llegaron incluso a surgir novedosas teorías al final
de la Edad Media. Es el caso de las manifestadas por Paracelso, como las publicadas en
su obra escrita Volumen medicinae paramirum sobre la enfermedad. En esta publicación
su hipótesis sobre las cinco causas principales que producen la enfermedad, así como

100
VÁZQUEZ DE BENITO, M. C. Obra médica. Averroes. Córdoba: Universidad de Córdoba, 1998,
p. 23-28.
101
FRANCO SÁNCHEZ, F. Muhammad As- Safra: El médico y su época. Alicante: Universidad de
Alicante, 1990, p. 37-39.
102
El sol regulaba el costado derecho y el corazón; la luna el lado izquierdo y el estomago; Júpiter
los pulmones, el hígado y los miembros... Las complexiones de los hombros (sanguíneos,
coléricos, flemáticos y melancólicos), tenían relación con las constelaciones de los planetas, en
las Etimologías, dedicando alguno de sus libros, el IV (a enfermedades y remedios) y el IX
(descripción anatómicas), a la Medicina a la que consideraba como «filosofía segunda», este
texto junto con otro titulado De natura rerum influirán de manera decisiva en el arte de curar en
la Edad Media, y en los planteamientos de la medicina clerical por parte de los clérigos europeos
durante la Alta Edad Media.
103
FONTAINE, J. Isidoro de Sevilla et la culture classique dans l´Espagne visigothique II. 3 Tomos.
París: Études Augustiniennes, 1959, p. 20.

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manifiesta una actitud rebelde frente a la autoridad de los textos clásicos, exponiendo y
manifestando que la medicina debía de basarse en la experiencia personal del médico y
no en Galeno o Avicena, también de otros precursores, como Van Helmont y Sydenham,
que consideraron que todas las enfermedades eran específicas, habiendo diferencia
cualitativa entre la persona sana y la persona enferma.104

La medicina hipocrática-galénica perdurará durante la Edad Media y bien entrada la


Edad Moderna, tanto en la clase médica como en el resto de la sociedad, influyendo
marcadamente en los portadores del poder de la época, preocupados por la
insalubridad que existía sobre todo en las ciudades, debido a la ingente llegada de la
población rural a los núcleos urbanos, lo que favoreció la aparición de importantes
epidemias.

Durante el Renacimiento no se produjo un cambio abrupto en el pensamiento


médico, pero se acentuó la crítica hacia Galeno y los arabistas, y hubo un resurgimiento
de las doctrinas de Hipócrates. Los artistas renacientes retomaron el estudio anatómico
del cuerpo humano, dando importancia a los músculos, lo que les permitía emular mejor
el cuerpo humano. Destaca el trabajo efectuado por Leonardo da Vinci, al que se dio
poca importancia durante siglos, realizando destacados y precisos dibujos anatómicos
basados en la disección del cuerpo humano.105

Un hito en la historia médica fue la publicación, en 1543, del tratado de anatomía De


Humani Corporis Fabrica, obra del anatomista belga Andrés Vesalio. Demostró de
manera evidente que durante años se habían cometidos centenares de errores en la
explicación de la anatomía humana de Galeno. Gabriel Falopio, quien descubrió las
trompas uterinas que desde entonces llevan su nombre, y el tímpano, ayudó a esta
reestructuración de los conceptos anatómicos, diagnosticando, además, enfermedades
del oído y de los conductos lagrimales.106

104
CARMONA, J. L. Enfermedad y sociedad en los tiempos modernos. Sevilla: Secretaría de
Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 2005, p. 13-15.
105
LADIVAR HEREDIA, J., LADIVAR ESCALADA, M. E. y PRIETO CÁRDENAS, Z. M. Historia de la
Medicina. Guía de clases. Cuenca: Universidad de Cuenca, 2004, p. 26-30.
106
Ibidem, p. 27.
El médico español Miguel Servet contradijo también a Galeno, y fue el primero en describir de
forma correcta el sistema circulatorio pulmonar y en explicar la digestión como fuente de energía

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El médico y alquimista suizo Paracelso, considerado fundador de la farmacoterapia,


rechaza de lleno los tratados clásicos sobre medicina existentes, descubriendo nuevos
remedios químicos y defendiendo que las enfermedades se debían a agentes externos al
cuerpo107. En el campo de la epidemiología destacó el poeta y médico Girolamo
Fracastoro, considerado padre de esta disciplina científica, que demostró el carácter
específico de las fiebres y descubrió el tifus; el término sífilis, otorgado a la virulenta
enfermedad que devastaba Europa, procede de su famoso poema Sifilis sive morbus
gallicus (La sífilis o mal de los galos, 1530). A él se le atribuye la teoría de que las
enfermedades infecciosas se transmiten por contagio de gérmenes invisibles capaces de
autorreproducirse, siendo además el precursor de las teorías bacteriológicas modernas,
lo que significará un considerable avance de la ciencia médica.108

12. Pierre Vigneron: Galeno. Lithographie de Grégorie et


Deneux, París (ca. 1865).

Dice el historiador Francisco Guerra sobre la


conquista de América por los españoles, que la
mejor medicina de su tiempo y una organización
sanitaria eficiente se llevaron a aquellas tierras.
Desde 1570 funcionó en América la institución
Protomedicato, consejo presidido por un médico
capacitado y autorizado para diferentes
cuestiones. Entre ellas: supervisar y regular el
ejercicio de médicos, cirujanos, farmacéuticos y
comadronas; además de inspeccionar boticas y hospitales; informar sobre los fármacos y
las aguas del lugar; y establecer cuarentenas en caso de epidemias.

La empresa que supuso la conquista de tal magnitud de territorio, llevó aparejada la


instalación de servicios y establecimientos asistenciales que cubrieran las necesidades

corporal. Así mismo, Ambroise Paré, cirujano francés, facilitó la amputación quirúrgica gracias al
uso del forceps y al empleo de la ligadura, en lugar de la cauterización, para frenar la hemorragia.
107
SÁNCHEZ GONZÁLEZ, M. A. Historia, teoría y método de la medicina: introducción al
pensamiento médico. Barcelona: Editorial Masson, 2002, p. 256-258.
108
GARGANTILLA, P. Breve Historia de la Medicina. Del Chaman a la Gripe A. Madrid: Nowtilus
saber, 2011, p. 201-203.

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más básicas en un primer momento. Así, el primer hospital de América, el Hospital de


San Nicolás de Bari, lo creó Nicolás de Ovando en la isla de Santo Domingo en 1503,
mientras que el primero en México, el Hospital de Jesús, fue fundado por Hernán Cortés
en 1521 en Tenochtitlán. Estos establecimientos fueron obras que se construyeron al
mismo tiempo que las que se ejecutaban en Islas Canarias, pese a que ya desde 1481 se
había fundado el Hospital de San Martín en el Real de Las Palmas en la isla de Gran
Canaria. Fray Bernardino Álvarez Herrera creó en 1566 en México el primer hospital para
enfermos mentales que llevó el nombre de San Hipólito.

Estos nuevos centros de sanación y cuidado precisaron de personas que los


gestionaran y proporcionaran una atención sanitaria de la máxima calidad. Es por ello,
que numerosas órdenes religiosas marcharon a estas nuevas tierras para ponerse al
frente de diferentes hospitales y asilo, de los que las mejores instituciones hospitalarias
de Hispanoamérica estuvieron gestionadas por la orden de San Juan de Dios. Junto a
todo ello, era necesario constituir una cantera de personas que ejercieran las diferentes
profesiones sanitarias. Ello llevó a que en todas las universidades del continente se
instituyeran cátedras de medicina: en 1578 en México, en 1634 en Lima y en 1681 en
Guatemala, llegándose a publicar manuales y libros que permitieran el estudio de la
disciplina médica, de los que el primer libro de medicina publicado en América fue
Opera medicinalia, de Francisco Bravo, editado en 1570 en la ciudad de México.109

El siglo XVII dará comienzo con uno de los descubrimientos más trascendentales
de la medicina: el funcionamiento de la circulación de la sangre, hallazgo que fue
realizado en 1616 por el médico y anatomista inglés William Harvey110. Marcelo
Malpighi, anatomista italiano, prosiguió el trabajo de Harvey con su descubrimiento de
los capilares, a lo que se unieron los trabajos efectuados por Gaspar Aselli, quien realizó
la primera descripción correcta de los vasos linfáticos.

109
LADIVAR HEREDIA, J., LADIVAR ESCALADA, M. E. y PRIETO CÁRDENAS, Z. M. (2004). Opus cit, p.
26-30.
110
Años antes, en 1553, Miguel Servet había descrito la circulación pulmonar de la sangre. El
descubrimiento del sistema circulatorio fue anunciado en 1616, y posteriormente publicado en
1628 en su libro Exercitatio Anatomica motu Cordis et Sanguinis Animalibus (Un estudio
anatómico sobre la moción del corazón y de la sangre de los animales), donde basándose en el
método científico de la época, argumentó su teoría de que la sangre era bombeada alrededor del
cuerpo por el corazón en un sistema circulatorio. En su Ensayo, Harvey estableció el hecho de
que el bombeo del corazón ponía la sangre en continua circulación.

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En Inglaterra, el médico Thomas Willis investigó la anatomía del cerebro y del


sistema nervioso, con destacados avances en este tema, junto al descubrimiento e
identificación de la diabetes mellitus. Años más tarde, las investigaciones realizadas por
Francis Glisson se unieron a las de Willis, quien fundamentó el conocimiento moderno
de la anatomía del hígado, describiendo el raquitismo, al que se le puso su nombre
(enfermedad de Glisson), y fue el primero en demostrar la contracción muscular
ocasionada por el ejercicio.111

Junto a los avances en lo concerniente al aparato circulatorio que Harvey


descubrió, encontramos los del médico inglés Richard Lower quien realizó un trabajo
fundamental sobre la anatomía del corazón, demostrando el intercambio de los gases en
la sangre, y llevando a cabo con éxito una de las primeras transfusiones sanguíneas. Su
trabajo ayudó al de otros miembros del denominado Grupo de Oxford, además de a los
fisiólogos ingleses Robert Boyle y Robert Hooke, pioneros en la fisiología de la
respiración.112

No debe dejar de nombrarse los hallazgos llevados a cabo por el matemático y


filósofo francés René Descartes, quien llegó a realizar disecciones anatómicas e investigó
sobre la anatomía del ojo y su mecanismo, explicando el funcionamiento del organismo
mediante mecanismos de tipo físico. Este pensamiento y opinión fue compartida por los
llamados iatromédicos, cuyos puntos de vista se oponían a los iatroquímicos, que
entendían la vida como una serie de procesos químicos presentes en los organismos.113

En lo concerniente a la formación de nuevos profesionales en el campo médico,


destacó el médico inglés Thomas Sydenham, llamado el Hipócrates inglés, al que años
más tarde se le unió el médico holandés Hermann Boerhaave, quienes fundamentaron

111
GARGANTILLA, P. (2011). Opus cit, p. 222-238.
112
LADIVAR HEREDIA, J., LADIVAR ESCALADA, M. E. y PRIETO CÁRDENAS, Z. M. (2004). Opus cit, p.
26-30.
113
MENDOZA-VEGA, J. M. D. Lecciones de Historia de la Medicina. Segunda edición aumentada y
corregida. Bogotá: Centro Editorial Universidad del Rosario, 2003, Colección Ciencias de la Salud,
p. 119-136.
Los exponentes de la primera teoría fueron los italianos Sanctorius, médico que investigó el
metabolismo, y el matemático y físico Giovanni Alfonso Borelli, quien trabajó en el campo de la
fisiología. Jan Baptista van Helmont, médico y químico flamenco, fundó la escuela iatroquímica y
su trabajo lo continuó el anatomista prusiano Francisco Silvio, quien estudió la química de la
digestión e insistió en el tratamiento farmacológico de la enfermedad.

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la importancia de la enseñanza práctica. Instruían a sus alumnos durante las visitas a los
enfermos, haciendo hincapié en el enfoque clínico de la medicina. El primero,
Sydenham, además llevó a cabo extensos estudios sobre la malaria y los mecanismos de
propagación de las epidemias y fue el primero en diferenciar la escarlatina del
sarampión. La introducción en Europa, hacia 1632, de lo que después se conocería por
quinina, sustancia obtenida de la corteza del quino, fue otro de los acontecimientos de
esta época que ayudó en el progreso terapéutico.114

En el campo de la Enfermería, este momento se conoce como Siglo de Oro de la


Enfermería Española, comprendiendo el periodo entre los años 1550 y 1650, momento
en el que por primera vez se toma conciencia de la enfermería como oficio, con entidad
propia y con necesidades específicas de estructura y conocimientos. De esa idea
medieval, en la que estaba impresa una dedicación absoluta al necesitado como
ejercicio primordial para realizar la actividad de la piedad cristiana, se pasó a la idea de
que era necesario el uso racional de todas aquellas posibilidades disponibles para que
este servicio fuera lo más completo y efectivo posible. Son tres los sucesos
trascendentales acaecidos para el avance de la enfermería: el planteamiento de las
funciones de Enfermería de una manera nueva que contempla los cuidados o actividad
asistencial, la administrativa, la docente y la investigadora; la creación de órdenes
religiosas que se expandieron por todo el mundo, que tenían como objetivo
fundamental la asistencia a los pobres, destacando la de San Juan de Dios, la de los
Hermanos Enfermeros Pobres y la Bethlemita; y por último, la aparición de manuales
escritos por enfermeros para la formación del personal en esta disciplina.115

114
Ibidem, p. 65.
115
GARCÍA MARTÍN-CARO, C. y MARTÍNEZ MARTÍN, M. L.. Historia de la enfermería: evolución
histórica del cuidado enfermero. Madrid: Editorial Elsevier, 2007, p. 95-106.
Instrucción de enfermeros de Andrés Fernández, Madrid 1617. Presenta, en algunos de sus
puntos, una carencia de base científica, conteniendo dentro de sus ocho capítulos: Descripción
de técnicas y procedimientos terapéuticos utilizados por enfermeros. Prestación de cuidados de
enfermería en determinadas enfermedades y situaciones de urgencia. Preparación, indicación y
administración de diferentes formas medicamentosas. Conceptos de anatomía. Descripción de
órganos y regiones anatómicas. Consejos y orientaciones dietéticas. Priorización en los
tratamientos prescritos por el médico. Terapéutica y enfermería. Tareas y funciones del
enfermero; el otro ejemplo bibliográfico, es un texto que nunca llegó a ser publicado: Directorio
de enfermeros de Simón López 1651.

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El siglo XVIII vendrá marcado por un esfuerzo por parte de la disciplina médica
para adaptarse a la investigación científica, situación a la que ayudó considerablemente
los descubrimientos de Nicolás Copérnico, de Galileo Galilei y de Isaac Newton, pese a
que persisten férreas teorías extravagantes e infundadas. Debe destacarse dos
corrientes filosóficas antagónicas que surgen en este momento: la teoría vitalista,
capitaneada por el médico alemán Georg Ernst Stahl, quien creía que el alma era el
principio vital que controlaba el desarrollo orgánico; y la teoría mecanicista, defendida
por el médico alemán Friedrich Hoffmann que consideraba el cuerpo como una máquina
y la vida como un proceso mecánico.116

Numerosos fueron los avances en este siglo, momento en el que se procuró dar
origen y causa a la enfermedad: el médico británico William Cullen atribuyó la
enfermedad a un exceso o deficiencia de energía nerviosa; y el médico John Brown de
Edimburgo creyó que la debilidad o la estimulación inadecuada del organismo era su
verdadera causa. En relación con las teorías de este último, conocidas como sistema
brunoniano, la estimulación debía incrementarse con tratamientos irritantes y grandes
dosis de fármacos. El médico alemán Samuel Hahnemann desarrolló el sistema de la
homeopatía, a finales del siglo XVIII, en el que insistía en administrar pequeñas dosis de
fármacos a los pacientes, actuación muy en contra de lo postulado por el sistema
brunoniano.

Otros sistemas particulares propuestos hacia finales del siglo XVIII y principios
del siglo XIX fueron la frenología, teoría formulada por el médico alemán Franz Joseph
Gall, quien creía que del examen del cráneo podía extraerse información sobre las
funciones mentales. Además surge la teoría del magnetismo animal, desarrollada por el
médico austriaco Franz Mesmer, quien creía en la existencia de una fuerza magnética
con poderosa influencia en el cuerpo humano.117

Las actividades realizadas a finales del siglo XVIII fueron importantes,


constituyendo la antesala de los importantes avances durante el siglo XIX, momento que
algunos autores han denominado periodo científico, dejando atrás el periodo de las

116
LADIVAR HEREDIA, J.; LADIVAR ESCALADA, M. E.; PRIETO CÁRDENAS, Z. M. (2004). Opus cit, p.
26-30.
117
SÁNCHEZ GONZÁLEZ, M. A.(2002). Opus cit, p 290.

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grandes epidemias. De vital importancia fueron los trabajos del médico británico William
Smellie, cuyas innovaciones en obstetricia rompieron el monopolio de las matronas. A
ellos se unieron los del anatomista y obstetra William Hunter, hermano del famoso
anatomista y cirujano británico John Hunter, que trabajó con él. William Hunter
revitalizó el estudio de la anatomía en Inglaterra y, basándose en el trabajo de Smellie,
estableciendo la obstetricia como una rama separada de la medicina.

Entre las contribuciones de este periodo destacan el establecimiento de la


patología como disciplina por el patólogo italiano Giambattista Morgagni, a lo que se
unieron los estudios de fisiología experimental del naturalista y biólogo italiano Lazzaro
Spallanzani, quien refutó la doctrina de la generación espontánea. Destacan también la
investigación en fisiología neuromuscular del científico suizo Albrecht von Haller, y los
estudios de la tensión arterial del botánico, químico y fisiólogo británico Stephen Hales.
En botánica sobresalen los trabajos del taxónomo botánico sueco Carl von Linneo, que
estableció el sistema binomial (con dos términos) moderno de nomenclatura referente a
la clasificación, y el del médico y botánico William Withering, que introdujo el fármaco
digitalina.118

En el campo de la cirugía, John Hunter realizó importantes progresos en esta


disciplina. El médico británico James Lind trató el escorbuto y para ello combatió el
déficit de vitamina C que causaba la enfermedad con la bebida del zumo de limón, a lo
que se unió, en 1796, el descubrimiento del médico británico Edward Jenner del
principio de la vacunación como medida preventiva frente a la viruela. Su contribución
posibilitó el control de esta temida enfermedad y estableció la ciencia de la
inmunización. Este avance científico fue empleado por el reformador social británico
John Howard quien fomentó el tratamiento de los internos en los hospitales y cárceles
de toda Europa.119

El siglo XIX vendrá marcado por tres hechos trascendentales para la disciplina
médica y la Humanidad. La publicación en 1859 de la teoría de la evolución de Charles
Darwin reavivó el interés por la ciencia de la anatomía y la fisiología comparadas. A ello,
se unieron los experimentos sobre el cruce de plantas del biólogo austriaco Gregor

118
Ibidem, p. 192.
119
Ibidem, p. 216.

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Johann Mendel que tuvieron un efecto semejante ya que estimularon y favorecieron los
estudios sobre la genética humana y la herencia.

13. Bernard Direxit: Chirurgie —cirugía—(1779). Amputación de mama.

El segundo suceso fueron los primeros estudios del químico y microbiólogo


francés Louis Pasteur sobre la fermentación que acabaron con el concepto de la
generación espontánea y fomentaron un marcado interés en la teoría de que …la
enfermedad es el resultado de un contagio específico. A este hecho se unió el trabajo
inédito sobre la fiebre puerperal del médico estadounidense Oliver Wendell Holmes y
del obstetra húngaro Ignác Fülöp Semmelweis. Demostraron que la elevada tasa de
mortalidad en mujeres después del parto era debida a agentes infecciosos transmitidos
por las manos contaminadas de los médicos. El último, y de semejante calado que las

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contribuciones de Pasteur, fueron las del médico y bacteriólogo alemán Robert Koch en
el campo de la bacteriología; el desarrollo de este campo se considera el avance
individual más importante de la medicina.120

Todos los progresos realizados en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad


y de los métodos quirúrgicos durante el siglo XIX, fueron el resultado de los
descubrimientos del siglo anterior. Un ejemplo claro fue el desarrollo de los
procedimientos diagnósticos de las enfermedades torácicas realizadas por el médico
austriaco Leopold Auenbrugger, para lo que empleó el método de la percusión, descrito
por primera vez en 1761. Su trabajo, sin embargo, fue ignorado hasta 1808 cuando se
publicó una traducción francesa por el médico personal de Napoleón. Tendría que
esperarse hasta 1819, para que el médico francés René Théophile Hyacinthe Laënnec
inventara el fonendoscopio, instrumento muy utilizado por los profesionales sanitarios
hasta la actualidad.

Un importante avance vino marcado por los nuevos métodos de diagnóstico de


enfermedades que favoreció el etiquetado de muchas de ellas: el médico Thomas
Addison descubrió el trastorno de las glándulas suprarrenales conocido como
enfermedad de Addison; Richard Bright diagnosticó la nefritis o enfermedad de Bright;
Tomas Hodgkin describió una enfermedad maligna del sistema linfático conocida por
enfermedad de Hodgkin; el cirujano y paleontólogo James Parkinson describió la
enfermedad crónica del sistema nervioso denominada enfermedad de Parkinson; y el
médico irlandés Robert James Graves diagnosticó el bocio exoftálmico, tóxico, también
denominado enfermedad de Graves.121

Gracias a estos avances, en pocos años, se lograron aislar y concretar las causas
de procesos y enfermedades como el carbunco, la difteria, la tuberculosis, la
enfermedad de Hansen (lepra) o incluso la temida peste. Entre los primeros
bacteriólogos que destacaron en este momento, se encontraba el fisiólogo alemán
Edwin Theodore Albrecht Klebs, quien logró aislar el bacilo causante de la difteria e
investigó la bacteriología del ántrax y la malaria. A esto se unieron los trabajos llevados a

120
MENDOZA-VEGA, J. M. D. (2003). Opus cit., p. 171-186 y 204.
121
JARAMILLO ANTILLÓN, J. Historia de la filosofía de la medicina. San José- Costa Rica: Editorial
Universidad de Costa Rica, 2005, p. 112.

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cabo por el bacteriólogo alemán Friedrich August Johannes Löffler, que descubrió la
bacteria causante de la gonorrea, y los del médico noruego Gerhard Henrik Hansen, que
descubrió el bacilo causal de la lepra.122

En el ámbito del combate contra las infecciones que causaban estragos en la


población, mediante la prevención se superaron grandes escollos que causaban
numerosas muertes y dejaban secuelas de considerable importancia en los individuos. El
ginecólogo alemán Karl Sigismund Franz Credé desarrolló un método que consistía en
administrar gotas de una solución antiséptica de nitrato de plata en los ojos de los
recién nacidos para prevenir la oftalmia gonocócica y que se ha continuado empleando
hasta la actualidad. También destaca el método de inmunización de Pasteur mediante el
cual se inyectaba virus atenuados y que se empleó con éxito en el tratamiento de la
rabia. Dentro de estas líneas de investigación debe incluirse la del bacteriólogo alemán
Emil Adolph von Behring quien desarrolló sueros inmunizantes contra la difteria y el
tétanos. Además se avanzó en el campo de la investigación del sistema inmunitario,
cuando el bacteriólogo ruso Iliá Mechnikov fue el primero en describir los fagocitos
destructores de bacterias y otros elementos extraños al organismo123. En 1898 el médico
británico Ronald Ross demostró el papel del mosquito como transmisor del parásito de
la malaria y dos años después, en 1900, el médico, cirujano y bacteriólogo del ejército
estadounidense Walter Reed y sus colaboradores, tras trabajar sobre una sugerencia
realizada por el biólogo cubano Carlos Juan Finlay, demostraron que el mosquito era el
vector de la fiebre amarilla.124

Debe destacarse que todos estos adelantos en la Microbiología favorecieron


considerablemente a la Cirugía, que se benefició de manera significativa de la teoría de
los gérmenes. El cirujano británico y biólogo Joseph Lister adoptó el uso del ácido
carbólico como agente antiséptico con resultados importantes en el descenso de la
mortalidad debida a la infección de las heridas. Las pruebas y estudios aportados por
Lister que demostraban que las bacterias se transmiten a través del aire permitieron,
más tarde, comprender dicha transmisión por medio de las manos y los instrumentos

122
Ibidem, p. 89.
123
SÁNCHEZ GONZÁLEZ, M. A. (2002), Opus cit, p. 216-217, 251 y 279.
124
Ibidem, p. 43-64.

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(fómites), cuya esterilización introdujo la era de la cirugía aséptica, a lo que se unió el


descubrimiento y empleo de los anestésicos, situación que perdura hasta la
actualidad.125

Con el progreso de la física y la química, se produjo un enorme avance de la


fisiología durante el siglo XIX. Entre los más conocidos fisiólogos de este periodo se
encuentran el químico alemán Justus von Liebig, que desarrolló los métodos analíticos
de la química orgánica y la química de los alimentos (el metabolismo). Por otro lado, el
físico y fisiólogo alemán Hermann Ludwig Ferdinand von Helmholtz, quien inventó el
oftalmoscopio y el oftalmómetro, investigó la velocidad de los impulsos nerviosos y de
los procesos reflejos, y llevó a cabo estudios relevantes sobre óptica y acústica. A ellos
se unió el trabajo del histólogo español Santiago Ramón y Cajal que contribuyó al
conocimiento moderno de la estructura y función del sistema nervioso.

Además, el fisiólogo francés Claude Bernard, fundador de la medicina


experimental, realizó importantes descubrimientos sobre las funciones del páncreas, el
hígado y el sistema nervioso simpático que revolucionaron la concepción que existía
hasta este momento sobre estos órganos del cuerpo humano. En 1803, el biólogo
estadounidense John Richardson Young describió el proceso de la formación de ácido en
la digestión gástrica. Años más tarde, el cirujano estadounidense William Beaumont
publicó sus interesantes estudios sobre los jugos gástricos y la fisiología de la digestión
basados en la observación de un paciente que padecía de una fístula gástrica. Otro
destacado hallazgo fue el trabajo de Bernard sobre la interacción del aparato digestivo y
el sistema vasomotor, que se centraba en el control del tamaño de los vasos sanguíneos,
y que sirvió de base para el desarrollo de la teoría del reflejo condicionado, base
posterior del conductismo defendida por el fisiólogo ruso Iván Petróvich Pavlov.126

125
MOLINA JIMÉNEZ, I.; ACUÑA ACOSTA, V. H.; GUTIÉRREZ, J. M.; JARAMILLO ANTILLÓN, J.; PÁEZ,
J.; JIMÉNEZ, M. Balances del siglo XX: historia, microbiología, medicina y física. San José-Costa
Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, Escuela de Estudios Generales (Sección de Historia
de la Cultura), 2004, Serie Cuadernos de Historia de la Cultura nº 11, p. 21-26.
126
SÁNCHEZ GONZÁLEZ, M. A. (2002). Opus cit, p. 176, 207 y 294-295.
Entre los otros fisiólogos del siglo XIX destacan el médico franco-estadounidense y fisiólogo
Charles Edouard Brown-Séquard, que investigó la función de varias glándulas del sistema
endocrino, y Carl Friedrich Wilhelm Ludwig, fisiólogo alemán que exploró la actividad cardiaca y
renal.

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Una ayuda de incalculable valor diagnóstico fueron los rayos X, descubiertos de


forma accidental por el físico alemán Wilhelm Conrad Roentgen y que permitieron
grandes avances en esta parte de la disciplina médica, a lo que se unió el
descubrimiento del radio por los físicos franceses Pierre y Marie Curie permitió tratar
algunas formas de cáncer. El médico danés Niels Ryberg Finsen desarrolló una lámpara
de rayos ultravioletas, hecho que mejoró el pronóstico de algunas enfermedades de la
piel.127

En el capítulo de la ginecología, el médico y cirujano estadounidense, Ephraim


McDowell, realizó la primera extirpación quirúrgica de un tumor de ovario. Otro logro
destacado fue el del ginecólogo James Marion Sims quien salvó la vida de muchas
mujeres con la corrección quirúrgica de la fístula vésicovaginal (comunicación entre la
vejiga y la vagina) realizada por primera vez en 1845.

14. Florence Nightingale atendiendo a enfermos. London News, 24 de febrero de 1855.

En el campo de la Enfermería, éste es el momento se produce una modificación


considerable en las competencias de los practicantes con la creación de la titulación de
cirujano dentista. Además, se establecen para los estudios de comadrona, una serie de
requisitos considerablemente estrictos: haber aprobado la primera enseñanza
elemental; tener 20 años cumplidos y ser casadas o viudas. En el caso de las casadas

127
MENDOZA-VEGA, J. M. D. (2003). Opus cit, p. 195-207.

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tenían que presentar un documento donde el marido las autorizase a trabajar; y poseer
certificado de buenas costumbres expedido por su párroco.

Este nuevo reparto de tareas constituyó una desestructuración de las tareas de


enfermería que benefició considerablemente tanto a practicantes como a comadronas
que llevó aparejado una disminución de la calidad de la asistencia hasta llegar a niveles
en los que estas tareas eran desempeñadas por mujeres que no sabían leer ni escribir y
que no tenían ningún tipo de preparación académica.128

En los hospitales civiles carentes de gestión eclesiástica, el panorama era


deprimente, a diferencia de los religiosos, donde su situación era algo mejor, ayudada
por la formación suministrada por las monjas veteranas que se dedicaban a formar a las
nuevas. Concepción Arenal en su reforma del sistema penitenciario y sanitario señaló la
necesidad de crear escuelas para formar enfermeras como antes, pero este intento no
tuvo éxito, lo que ocasionó que la profesión no fuera de elección a la hora de
incorporarse al mundo laboral, ya que entrañaba una mala consideración a nivel social y
profesional.

Surge la figura de Florence Nightingale quien trabajó en el Instituto de


Diaconisas de Kaiserswerth en Alemania y en la Maison de la Providence de las
Hermanas de la Caridad de París, donde se nutrió y le permitió adquirir la formación que
llevó al Hospital de Scutari, en Turquía, durante la Guerra de Crimea, como
superintendente de un grupo de enfermeras, en octubre de 1854129. Tras su regreso a

128
GARCÍA MARTÍN-CARO, C.; MARTÍNEZ MARTÍN, M. L. (2007). Opus cit, p. 122-158.
Las enfermeras eran relegadas a tareas de sirvienta y tenían sueldos muy inferiores a los de los
enfermeros.
129
Ibidem, p. 138-141.
Instruyó a toda prisa 38 enfermeras dispuestas a ir a un hospital de guerra en la otra punta del
mundo, donde atendieron entre 3000 a 4000 soldados heridos e ingresados en condiciones
higiénicas deplorables. Los mandos militares a cargo del destacamento mostraron una actitud de
rechazo, ya que no estaban nada predispuestos a ser mandados por una civil que encima era
mujer. El índice de mortalidad que se estimaba por encima del 40 % logró disminuirlo casi un 3 %
a base de aplicar mejoras en la calidad asistencial, tanto médica como humana de los pacientes.
Demostró, durante su estancia en este hospital, dotes de administradora que con los recursos
básicos organizó salas de hospitalización limpias y confortables, asistencia de enfermería
adecuada, cocinas eficientes, salas de recreo y medios para distraer a los enfermos, lavandería...
Debe destacarse la situación, que posteriormente la ha identificado, que fue el uso de la lámpara
durante sus rondas nocturnas por el hospital para ver el estado de los pacientes más graves.

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Inglaterra, aquejada de una grave enfermedad, destacó, entre otras cosas, por su
formación en matemáticas y estadística, situación que demostró al hacer públicos los
resultados de las actuaciones acometidas en Turquía, llegando incluso a publicarlo en un
libro que abordaba, entre otros temas, la calidad y administración hospitalaria castrense
al que se le unió sus conocidas Notas de enfermería en 1859. Además fundó una escuela
de enfermeras ayudada por los donativos de civiles y soldados, formando profesionales
de la enfermería para hospitales, domicilios y enseñanza.

En el siglo XX, extremado deudor de su predecesor, se llegaron a observar como


todos los descubrimientos realizados hasta la fecha se materializaban en nuevos logros y
mejoras en las disciplinas sanitarias. Estos se fundamentaron en la superación y
vencimiento de muchas enfermedades infecciosas gracias a las vacunas, los antibióticos
y la mejora de las condiciones de vida.

Entre las enfermedades que asolaron y afectaron a la población a este siglo,


destacó el cáncer, enfermedad cada vez más frecuente, aunque se tenía constancia de
su existencia desde la Edad Media. Se lograron, gracias a los considerables avances de la
Ciencia, combatir muchas de sus formas con eficacia, ayudados por el desarrollo de
numerosos tratamientos. Este siglo, también ha venido marcado, por el inicio de
investigaciones básicas sobre los procesos vitales, así como importantes
descubrimientos en muchas áreas, en especial en lo que concierne a la base de la
transmisión de defectos hereditarios y a los mecanismos físico-químicos de la función
cerebral.

Un hallazgo fundamental ocurrido en la primera mitad del siglo XX fue el


conocimiento del mecanismo de transmisión de los caracteres hereditarios. Oswald
Theodore Avery y sus colaboradores del Instituto Rockefeller llevaron a cabo un avance
importante en la década de los años cuarenta, cuando mostraron que algunos de ellos
podían pasar desde una bacteria a otra a través de una sustancia denominada ácido
desoxirribonucleico, ADN. En 1953 el físico inglés Francis Harry Compton Crick y el

Organizó distintos hospitales de la zona hasta que enfermó gravemente y tuvo que volver a
Inglaterra en 1856.

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biólogo estadounidense James Dewey Watson propusieron una estructura química del
ADN que explicaba cómo se transportaba la información genética.130

En el campo de la Cirugía, destacaron numerosos avances que se deben a la


tecnología o a la aparición de nuevos fármacos. El trasplante de órganos se vio facilitado
por el desarrollo de nuevos medicamentos para prevenir el rechazo. Las operaciones de
bypass fueron posibles gracias al uso de corazones artificiales que permiten parar el
corazón mientras se realiza la operación. La endoscopia hizo posible el desarrollo de una
cirugía mínimamente invasiva, lo que permitió realizar, en una operación de apendicitis,
por ejemplo, pequeñas incisiones, situación que, por otro lado, permitió reducir la
cantidad de anestesia requerida en la operación, así como el tiempo de recuperación del
paciente.

La mejora del saneamiento, los antibióticos y las vacunas ayudó a combatir a


numerosos enfermedades. El tratamiento farmacológico específico para las infecciones
comenzó con el descubrimiento del médico alemán Paul Ehrlich de la arsfenamina, un
compuesto de arsénico, empleado como tratamiento de la sífilis. A este descubrimiento
siguió, en 1932, el hallazgo de la eficacia ante infecciones estreptocócicas, de un de que
un colorante, el rojo prontosil, por el científico alemán Gerhard Domagk, a lo que se le
unió el descubrimiento del principio activo del mercurocromo, sulfanilamida, que
produjo la proliferación del primer grupo de fármacos importantísimos como lo son los
antibióticos sulfamidas. La purificación de la penicilina en 1938 por los bioquímicos
británicos Howard Florey y Ernst Chain ocurrió diez años más tarde del descubrimiento
de Alexander Fleming de la actividad bactericida del hongo Penicillium. Tras conocer su
estructura pudo utilizarse de forma masiva en medicina. Con la II Guerra Mundial estalló
la producción comercial de este antibiótico, lo que favoreció a la disminución, en gran
medida, del número de muertes.131

Se descubrió, de igual forma, un tratamiento específico para la tuberculosis: la


estreptomicina, a la que el bacilo de Koch se hizo resistente con el paso de los años,
empleándose como apoyo la combinación de rifampicina con isoniacida. La lepra o
enfermedad de Hansen se trata de forma eficaz con fármacos denominados sulfonas y la

130
SÁNCHEZ GONZÁLEZ, M. A. (2002). Opus cit, p. 263-270.
131
MENDOZA-VEGA, J. M. D. (2003). Opus cit, p. 161-186.

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malaria con derivados de la quinina, extracto de la corteza del quino. Pese a que se ha
trabajado arduamente, no se han encontrado antibióticos para enfermedades causadas
por virus, pero las vacunas se convirtieron en punto clave para la prevención132. Los
microbiólogos americanos John Franklin Enders y Frederick Chapman Robbins
desarrollaron en la década de 1930 un método para hacer crecer los virus en cultivos
tisulares, que se convirtió en un avance de primer orden para la preparación de vacunas
contra estos microorganismos. Este descubrimiento posibilitó la consecución de las
vacunas contra la fiebre amarilla, la poliomielitis, el sarampión y la rubeola.

Destacaron los estudios llevados a cabo sobre la función cerebral, órgano que ha
sido una de las últimas partes exploradas del cuerpo humano. En el siglo XIX, el histólogo
español Santiago Ramón y Cajal utilizó tintes químicos para definir pequeñas áreas del
cerebro, pero se precisaron instrumentos más sofisticados para asignar funciones a
dichas áreas. Durante la primera mitad del siglo XX, en la década de los cuarenta y
cincuenta, el neurocirujano Wilder Graves Penfield estimuló distintas partes del cerebro
de sus pacientes durante la cirugía y demostró la localización de varias funciones
musculares y emocionales. El estudio de personas cuyos hemisferios derecho e
izquierdo habían sufrido lesiones, mostró que cada parte del cerebro tenía a su cargo
diferentes actividades. Este hallazgo tendrá que esperar a la década de los setenta para
ser demostrado, de manera demoledora, mediante técnicas sofisticadas de imagen133.
Destacó también los descubrimientos sobre el funcionamiento de los nervios y la teoría
de los neurotransmisores, desarrollada durante el siglo XX, que establecía que los
impulsos se transmiten de un nervio a otro por una combinación de señales eléctricas y
químicas.

En el campo de la inmunología, hasta el siglo XX, el conocimiento del sistema


inmunológico era limitado. Primero se conoció la producción de anticuerpos en
respuesta a la infección o a la inmunización. Durante la década de 1930, el inmunólogo
Karl Landsteiner demostró la gran especificidad de las reacciones de los anticuerpos. Los
científicos también descubrieron que existían varias clases de anticuerpos y se puso de

132
Entre las primeras estuvo la de la viruela, descubierta por Edward Jenner en 1796; la de la
fiebre tifoidea, desarrollada por el bacteriólogo inglés Almroth Wright en 1897; la de la difteria
en 1923, y la del tétanos en la década de 1930.
133
GARGANTILLA, P. (2011). Opus cit, p. 261-284.

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manifiesto la relación entre la llamada inmunoglobulina E y la alergia, además de


precisar la estructura de un tipo de inmunoglobulina por primera vez en los años
cincuenta.

En lo referente a la salud mental, a inicios del siglo, la psicopatología seguía


considerándose como sinónimo de locura, siendo los enfermos mentales sometidos a un
confinamiento cruel en el que recibían escasa ayuda en centros especializados para tal
fin. Las teorías postuladas por Sigmund Freud fueron uno de los primeros intentos de
dar luz al entendimiento del mal funcionamiento de la mente, pero los métodos del
psicoanálisis, propuestos por él y modificados por sus seguidores, no demostraron ser
eficaces en el tratamiento de algunas psicosis graves. Se pusieron en práctica dos
intentos de tratamiento de los procesos psicóticos: la leucotomía, también denominada
lobotomía, introducida en 1935; y el electrochoque, electroshock o terapia
electroconvulsionante, ideada y puesta en práctica en 1938134. La introducción de
fármacos fue uno de los mayores progresos en el tratamiento de estas enfermedades.
Los primeros, las fenotiacinas, se comenzaron a emplear a principios de la década de
1950 para tratar la esquizofrenia, demostrando su alta eficacia en el tratamiento de los
síntomas de muchos pacientes con esta psicopatología aguda. Sin embargo, el
entusiasmo inicial, que llevó a pensar que los hospitales mentales se podrían cerrar, fue
sólo una ilusión. Los médicos se dieron cuenta que a algunos de estos pacientes que no
mejoran con fármacos, en cualquier caso se les debía proporcionar ayuda psicológica.
También se encontraron que algunas personas tratadas con fenotiacinas durante
muchos años desarrollan un trastorno neuromuscular complejo denominado disquinesia
tardía. Otro importante avance en la farmacología de las enfermedades mentales fue el
uso del litio para tratar la enfermedad maníaco-depresiva, a lo que se unieron el
descubrimiento y empleo de los antidepresivos tricíclicos, fármacos muy útiles en el
tratamiento de la depresión.

En el ámbito de la bioquímica aplicada a la Medicina, jugó un importante papel la


introducción, en 1912, del término vitamina por el bioquímico polaco Casimir Funk,

134
La leucotomía y otras formas menos graves de psicocirugía se emplean de forma puntual en la
actualidad, y el electrochoque se emplea para el tratamiento de la enfermedad depresiva grave
cuando han fracasado otros tratamientos farmacológicos.

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quien aisló una gran variedad de estos compuestos y definió sus funciones nutricionales,
aportando un tratamiento eficaz para la pelagra, el beriberi, el raquitismo y otras
enfermedades producidas por deficiencias nutricionales. En 1926, los médicos
estadounidenses George Minot y William Murphy descubrieron que el consumo de
hígado era eficaz para tratar la anemia perniciosa, a lo que se unió, en 1948, el hecho de
aislar el factor vitamina B12. Con el creciente conocimiento de la actividad de las
glándulas endocrinas, se realizaron numerosos intentos para aislar sus secreciones,
denominadas hormonas. El extracto del tiroides, eficaz en el tratamiento del
hipotiroidismo congénito, del cretinismo y del mixedema, fue la primera hormona de
uso clínico. De importancia más trascendental para el tratamiento de la diabetes, fue el
aislamiento en el páncreas de la secreción endocrina insulina, introducida en 1923 por
los médicos canadienses Frederick Banting y Charles Best. La síntesis de las secreciones
internas de las glándulas reproductoras masculinas, la testosterona, y femeninas,
estrógenos, permitió el tratamiento de desajustes del sistema reproductor. Las
glándulas suprarrenales fueron la fuente del poderoso vasoconstrictor adrenalina,
aislado por el químico estadounidense de origen japonés Jokichi Takamine en 1901; en
la década de 1940 el médico canadiense Hans Selye demostró que esta sustancia
mediaba las reacciones de estrés. En 1943 la hormona ACTH se obtuvo del lóbulo
anterior de la glándula pituitaria o hipófisis, que regula la actividad de otras glándulas
endocrinas. En 1946 se sintetizó la cortisona, hormona producida por las glándulas
adrenales.

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CAPÍTULO II

LA ORGANIZACIÓN SOCIAL EN NÚCLEOS


URBANOS (SIGLOS XIX-XX)

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2. CAPITULO II. LA ORGANIZACIÓN SOCIAL EN NÚCLEOS URBANOS (SIGLOS


XIX-XX).

A lo largo de la Historia de la Humanidad, los lugares habitados por los seres


humanos han sido delimitados y modificados con la finalidad de transformar el espacio
salvaje para definir el ámbito de las cosas humanas: de la casa, de la aldea, de los
terrazgos, de los caminos y muy concretamente del espacio urbano.135

Para García Cortázar, la organización social del espacio presenta tres cuestiones
fundamentales que deben ser analizadas para el correcto entendimiento de una
determinada organización social: el poder, el espacio y la sociedad136. Esta organización,
debe entenderse como una proyección de la estructura del poder de una determinada
sociedad en sus diferentes ámbitos, como el imaginario, el simbólico o el físico, que
interactúa con el medio en el que se halla inmerso, contribuyendo a definirlo y
jerarquizarlo, sirviendo éste de asiento eficaz a la reproducción de la estructura de
poder de una sociedad dada a un territorio concreto.137

Geográficamente, Canarias presenta unas características particulares de las que, la


más destacada, es la fractura de su territorio, dividido en islas, con características
propias, particulares y variadas. Al centrarnos en la organización social de éstas,
podríamos retrotraernos hasta el mismo momento en que los castellanos, abanderados
de la Corona de Castilla, toman posesión de ellas en su nombre tras la Conquista, lo que
significaría extenderse en demasía en el tema que tenemos entre manos. Es por ello,
que me centraré en los siglos XIX y XX, en la isla de Tenerife, y en concreto en la ciudad
de Santa Cruz de Tenerife. Todo esto, conlleva un sacrificio de detalles y aspectos
singulares de cada ciudad específica, ganándose en cambio, perspectiva y densidad
desde el punto de vista de la explicación de las transformaciones estructurales dentro de
una dinámica secular, cambios apreciados en la historia comparada de la región y las
transformaciones de las diferentes formas gubernamentales que han existido en nuestro

135
ORTEGA VALCÁRCEL J. El microcosmos humanizado: Los núcleos urbanos y las
comunicaciones. In, Historia de la ciencia y de la técnica en la Corona de Castilla. Tomo I.
Salamanca: Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 2002, p. 277-278.
136
GARCIA DE CORTÁZAR, J. A. (Dir.). Organización social del espacio en la España medieval. La
Corona de Castilla en los siglos VIII al XV. Barcelona: Editorial Ariel, 1985, p. 11-42.
137
CUCÓ GINER, M. J. Antropología urbana. Barcelona: Editorial Ariel, 2008, p.110-111.

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territorio insular, entendiendo por «territorio» no solo como algo puramente físico, sino
además como un espacio político y jurisdiccional a nivel relacional, espacial y
administrativo sobre el que se proyectaban unos determinados poderes.

2.1. EL PODER.

La zona sobre la que actualmente se asienta la ciudad, y en general el municipio


de Santa Cruz de Tenerife, ha sido empleada como lugar de ocupación humana desde
épocas de los primeros pobladores de la Isla, unos 2.000 años atrás, según acreditan las
conclusiones a las que se ha llegado tras un análisis exhaustivo de los restos se han
encontrado en este paraje.138

El emplazamiento de Santa Cruz de Tenerife, decidido por el Adelantado Alonso


Fernández de Lugo, ocupó el territorio que los guanches denominaban Añazo o Añaza.
Este, fue el lugar donde se procedió al desembarque para dar inicio a la Conquista de la
Isla, así como el emplazamiento donde se plantó una cruz que dio origen al nombre a la
ciudad en abril de 1494. El Adelantado llegó portando una tropa de peninsulares y
canarios formada por unos 2.000 hombres de a pie y 200 a caballo, sin tener presente
en su mente el desafortunado suceso que le esperaba con la derrota de Acentejo,
suceso que le obligó al abandono de la Isla, regresando en 1495 para la consecución de
sus intenciones y el remate definitivo de la ocupación del territorio. Al término de la
trabajosa empresa, y con laureles en la sien, esta ubicación quedó configurada como un
modesto caserío de pescadores, dependiente de San Cristóbal de La Laguna, ciudad,
ésta última, en la que se estableció la capital Insular.139

Durante el siglo XVIII se produjo el verdadero desarrollo poblacional y


urbanístico de Santa Cruz. En mayo de 1706 tiene lugar la erupción volcánica del Trevejo
que sepultó, con sus productos volcánicos, la floreciente ciudad de Garachico,
emplazamiento provisto de puerto que era la puerta principal de entrada de Tenerife. La
lava que la cubrió no permitió la recuperación del lugar, lo que proporcionó al puerto de

138
Los yacimientos arqueológicos encontrados en este emplazamiento, pertenecientes a los
guanches del Menceyato de Anaga, nos hacen pensar que esta ubicación fue empleada durante
muchos cientos de años atrás.
139
En su segunda venida a Tenerife, lo primero que realizan los castellanos es la reconstrucción
de la Torre de Añazo, fortín que en un primer momento utilizan como mecanismo defensivo
frente a las incursiones y ataques de los habitantes de la Isla.

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Santa Cruz el máximo protagonismo en la Historia insular. En 1723 se produce el


traslado y asentamiento de la residencia del Comandante General de Canarias, el
Capitán General Lorenzo de Villavicencio, ubicado hasta la fecha en la ciudad de San
Cristóbal de La Laguna, lo que proporcionó un importantísimo protagonismo a la urbe.140

15. Adelantado Alonso Fernández de


Lugo, I. Salcedo, en Waldo Giménez
Romera: Crónica General de España.
Islas Canarias, Madrid, Ed. Rubio, Grilo
y Vitturi (1868).

Ser el punto neurálgico y


estratégico para el control de
Tenerife y del resto de las Islas
Canarias fue lo que motivó, por
parte de fuerzas extranjeras, a
varios intentos para lograr su
conquista y dominio. En las dos
ocasiones victoriosas más
conocidas, Santa Cruz confirmó
su solidez defensiva como plaza fuerte: el ataque del vicealmirante John Jenning en
1706 y la del almirante Horacio Nelson en 1797, el más importante acontecimiento
militar de la historia de la ciudad, en el que tropas y ciudadanos se defendieron, al
mando del General Gutiérrez. Este destacado hecho histórico-militar llevó a que a
comienzos del siglo XIX, en 1803, el rey Carlos IV le otorgara el título de villa exenta, con
derecho a establecer su propio ayuntamiento, con la denominación de Muy Leal, Noble,
Invicta y Muy Benéfica Ciudad, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, lo
que supuso su emancipación administrativa con respecto al municipio de La Laguna,
mediante la Real Cédula de 28 de agosto. Su importancia política y administrativa queda
claramente definida, cuando en 1813, se la designa como capital de la única provincia
que iba a formar Canarias, en pugna con las ciudades de San Cristóbal de La Laguna y de

140
El desarrollo económico y el florecimiento cultural, ocasionó en gran medida la apertura de la
primera imprenta de Canarias y la edición periódica de prensa escrita en 1751.

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Las Palmas de Gran Canaria141, motivado por la intervención efectuada por el político
José Murphy y Meade, a lo que se unía el hecho de poseer el máximo poder castrense
en las Canarias.

Otro hecho trascendental para la historia de esta ciudad fue el decreto de


Puertos Francos que 1852 que favoreció, considerablemente, el desarrollo del Puerto de
Santa Cruz y de la ciudad que lo rodea, convirtiéndose en un importante enclave
comercial. Con la expansión colonial europea por África, que durante este siglo se
produce, los puertos canarios se convirtieron en puertos de escala estratégico para el
avituallamiento de carbón preciso para los buques de vapor.

Años más tarde, en 1859, le es concedido el título de «Ciudad» mediante el Real


Decreto de 29 de mayo, a lo que se unió el otorgamiento del título de «muy benéfica»
mediante el Real Decreto de 23 de abril de 1894, como reconocimiento a los vecinos
ante el comportamiento manifestado en la epidemia de cólera que asoló la urbe en
1893.

La dictadura de Primo de Rivera la despoja de la capitalidad y menguó su


protagonismo en la gestión provincial. En 1927, mediante el Real Decreto de 21 de
septiembre, se divide la provincia de Canarias en dos, concediéndosela a Las Palmas de
Gran Canaria la capitalidad de la provincia oriental y a Santa Cruz la de las Islas
occidentales.

2.1.1. EL PODER CENTRAL.

A mediados del siglo XVI la administración y defensa de las islas de realengo


estaba a cargo de sus respectivos gobernadores designados por la Corona, mientras que
la de las islas de señorío, corría por cuenta de los señores jurisdiccionales, cada uno de
los cuales contaba con sus propias milicias locales para la defensa de la plaza. Las
incursiones de piratas berberiscos y corsarios franceses que perseguía obtener preciosos
botines procedentes de las Islas y de todos aquellos barcos que las circundasen, llevó a
Felipe II a disponer, en 1573, que los gobernadores letrados fueran sustituidos por

141
El Real Decreto de 30 de noviembre de 1833 efectúa una división civil de territorio español en
la Península e islas adyacentes en 49 provincias.

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gobernadores militares142. El inicio de la Guerra Anglo-Española en 1585 motivó que los


ingleses se sumaran a estos maleantes que atacaban y sembraban el miedo en las
Insulas.

16. Tiziano Vecellio: Felipe II (1551).

En 1589 Felipe II reorganizó la defensa de


Canarias instituyendo la Capitanía General, a
cuyo titular se le confirió también la
presidencia de la Real Audiencia. Así, el
Capitán General era la máxima autoridad
militar, civil, gubernativa y judicial de las Islas,
equivalente al que en otros partes del Reino
de España se les denominaba virrey.143

La aglutinación de poder y
responsabilidades en la sola persona del
capitán general llevó a que, durante los siglos
XVI y XVII, la institución no tuviera una
consideración buena entre las autoridades
locales y los isleños. Fueron habituales
conflictos con los cabildos, ayuntamientos y
oidores de la audiencia, contra quienes, llegaron incluso, a dictarse prisión arbitrarias
abusando del poder otorgado por el Rey144. Fueron tales los atropellos que se llegó a
solicitar la abolición del cargo a la Corte madrileña.145

142
GIMÉNEZ ROMERA, W. Crónica de las Islas Canarias. Madrid: Editores Rubio, Grilo y Vitturi,
1868, p. 86 y ss.
143
Novísima recopilación de la Leyes de España dividida en XII libros, en que se reforma la
Recopilación… Madrid, 1805. [Edición facsímil]. Madrid: Boletín Oficial del Estado, 1975, 6 Tomos.
144
MADOZ, P. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de
ultramar. Madrid: Imprenta del Diccionario…, 1846, Tomo V, p. 410-411.
145
VIERA Y CLAVIJO, J. DE. Noticia de la Historia General de las Islas Canarias. IV Volúmenes.
Santa Cruz de Tenerife: Goya Ediciones, 1950-1952, Libro XIII, capítulo XVIII y ss.
Los excesos de la tropa llegada de la península, las levas entre la población, la imposición de
nuevos impuestos, las cuestiones de protocolo, la parcialidad en las relaciones comerciales, el
favoritismo entre islas y las reclamaciones canarias a la corte para que aboliese el cargo, que a
menudo se vieron obstaculizadas.

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El primer capitán general fue Luis de la Cueva y Benavides, quien llegó a Canarias
con 600 soldados en abril de 1589. Tras el ataque efectuado sobre Fuerteventura por el
rey de Argel, Jabán Arráez, junto a una flotilla de piratas berberiscos que arrasaron la
capital y derrotando a las tropas llegadas desde Gran Canaria, se generó tal descontento
y malestar entre la población, que llevó a Felipe II a suspender la capitanía general y
devolver la defensa de las Islas a su antiguo estado, asumiendo los gobernadores esta
responsabilidad.

En 1625, Felipe IV envió a Francisco de Andía Irarrazábal y Zárate en calidad de


veedor y reformador para que estudiase la manera de optimizar la defensa de las Islas
que sufrían numerosos ataques de corsarios y piratas. De estas gestiones se tomó la
decisión de instaurar nuevamente la capitanía general, que en 1629 volvió a tener al
frente un titular, Juan de Riera Zambrana.

Durante el siglo XVIII, el poder central había sido representado en la isla de


Tenerife, fundamentalmente, por un tripartito compuesto por la Real Audiencia, el
Corregidor y el Comandante General. Hasta 1723, las tres residían en la ciudad de San
Cristóbal de La Laguna, momento en el que se traslada la Comandancia a Santa Cruz.

Por su representación inmediata de la figura del la Corona en Canarias, la


autoridad que ostentaba el Comandante General era prácticamente absoluta. Disponía,
además, de la fuerza jurídica y militar, ya que presidía la Audiencia en calidad de
miembro nato, y era el máximo responsable de la institución castrense. Durante la
primera mitad del siglo XIX, con las tendencias reformistas presentes en España, poco a
poco fue abandonando su responsabilidad civil, para en la segunda mitad, centrarse
exclusivamente en la militar146. En ausencia o carencia del capitán general, su puesto lo
ocupaban provisionalmente los corregidores, quienes también fueron capitanes a guerra

146
CIORANESCU, A. Historia de Santa Cruz de Tenerife. IV Tomos. Santa Cruz de Tenerife: Servicio
de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Santa Cruz de Tenerife, 1979, Tomo III, p. 177-
178.
A ellos se unen: el general Perlasca que promovió la canalización de algunos barrancos y arreglo
del camino hacia La Laguna; el general Morales, que mejoró considerablemente las tareas
realizadas por su predecesor, el general Robles, en la conducción del abastecimiento de aguas a
la urbe; el Marqués de la Concordia, un paseo que llevaba su nombre; y, por último, el general
Weyler con la construcción del Palacio de la Capitanía General de Canarias.

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hasta 1767, año en el que se instituyó la figura del segundo comandante e inspector
general, sobre quien recaía el mando en ausencia del capitán general.

Comenta Cioranescu, que la ciudad de Santa Cruz debe mucho a la actividad


administrativa civil que esta figura gubernamental desarrolla, quedando nombres de
muchos de ellos en nuestra memoria por los beneficios que sus obras trajeron a la urbe:
el general Robles proporcionó un sistema de conducción de aguas a la población;
Branciforte realizó numerosas mejoras, entre las que destacan el Hospital y la Alameda;
y Gutiérrez, el título de Villa exenta.

Con la supresión de sus atribuciones civiles, su actividad quedó reducida y


limitada al mando castrense, lo que lo apartó de los arduos acontecimientos políticos
que durante estos años ocurrieron en la Historia de España. Pero, esta indiferencia y
dependencia fue teórica, ya que las estrategias políticas persisten a la hora de generar
nombres de candidatos para puestos como éstos. Pese a ello, la figura del Capitán
General no se desvirtuó, persistiendo su estatus de fuera de clase.

Con respecto a la sede de la Capitanía General, originalmente fue establecida en


la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, para ser traslada a Tenerife en 1656 por orden
el general Alonso Dávila y Guzmán, aunque el primero en recibir autorización para elegir
su ubicación fue Jerónimo de Benavente en 1661, que la estableció en la casa construida
por Diego Alvarado Bracamonte en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. En 1723
Lorenzo de Villavicencio a su llegada a Tenerife para la toma de posesión de la Capitanía,
decidió instalar la sede en Santa Cruz, en el castillo de San Cristóbal, iniciándose, a partir
de este momento, a ejecutarse numerosos cambios que coincidirán con los paulatinos
reemplazos de los capitanes: en 1740, instalarse en el número 13 de la calle de La
Marina, por orden del capital general José Emparan; a finales del siglo XVIII, en 1791,
Antonio Gutiérrez se instaló en la calle San José esquina a San Francisco; en 1808 Carlos
O’Donnell lo hizo en la Casa Foronda, actual plaza de la Pila; los siguientes volvieron a la
calle de la Marina. 147

147
TOUS MELIÁ, J. Guía histórica del Museo Militar Regional de Canarias. Santa Cruz de Tenerife:
Producciones Gráficas S. A., 2000. p. 53 y ss.

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En 1852 se autorizó la construcción de un nuevo edificio que sirviera como sede


de la capitanía en la Plaza del Príncipe, pero al ser examinado el proyecto la superioridad
militar lo desechó. Al año siguiente, la sede fue trasladada al Palacio de Carta en la Plaza
de la Candelaria, hasta que definitivamente se le asigna emplazamiento, en 1881, con la
construcción del Palacio de Capitanía bajo las directrices del capital general Valeriano
Weyler y del ingeniero Tomás Clavijo y Castillo.148

17. Anónimo: Capitanía General de Canarias, Santa Cruz de Tenerife (1885).

Debe destacarse también la figura del Intendente, funcionario designado y


dependiente del rey, con sentido centralizador y absolutista, al que se le habían
asignado amplios poderes, teniendo como misión la de recaudar los tributos,
dinamizando la economía, a través del control de las autoridades locales, el cuidado de
las Reales Fábricas. Además, estaba encargado de impulsar el desarrollo de la agricultura
y la ganadería, así como la realización de mapas y censos entre otras cosas.

Esta figura se establece durante el reinado de Felipe V, bajo la asesoría del


francés Juan Bautista Orry. Tras valorarlo arduamente, se decidió introducir este
sistema, encargándole a estos «nuevos funcionarios», en un primer momento, la
administración financiera del ejército, ya que el país se hallaba en el contexto de la

148
DÍAZ PÉREZ, A. M. Las distintas sedes de la Capitanía General de Canarias en Santa Cruz de
Tenerife. In, VIII Coloquio de Historia Canario-Americana (1988). Las Palmas: Cabildo Insular de
Gran Canaria, 1991, Tomo II, p. 551-570.

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Guerra de Sucesión Española. En 1711, los primeros fueron nombrados con el cargo de
superintendente general del ejército, para la sujeción de los territorios conquistados,
controlando la hacienda, gasto público y lo referente al ejército. Fue tal su éxito, que se
consideró entonces otorgarles zonas territoriales, denominadas intendencias.149

La «Ordenanza de Intendentes» de 4 de julio de 1718, los convierte en


intendente de ejército y provincia, lo que les concedía un carácter castrense y civil a la
vez, otorgándoseles además, competencias en materia de justicia, hacienda, guerra y
policía. Poco a poco, se les fueron añadiendo facultades en el ámbito económico
(agricultura, comercio, industria, transportes), llegando en algunas ocasiones a ostentar
el cargo de corregidor de la capital de su provincia. Años más tarde, en 1724,
desapareció la función de intendente de ejército en las provincias sin tropa, quedando
limitados a los que dependían de cada capitanía general, a excepción de Navarra.150

En 1749, Fernando VI reorganizó todo el sistema, asignando una sola


intendencia por provincia, junto con el corregimiento de la capital, lo que fusionó en una
sola persona ambos cargo, aunque tan solo duró hasta 1766. Cada intendente sería
auxiliado por un teniente letrado o alcalde mayor subordinado, o incluso los dos a la vez,
para el ejercicio de las funciones judiciales.151

El primer intendente que se tiene en Canarias fue Francisco de Paula Paadín,


nombrado el 5 de marzo d 1812. A él, le siguió Francisco de Sierra Pambey en 1817 y así,
numerosos nombres, hasta 1849, momento en que es suprimida mediante el Real Orden
de 28 de diciembre, creándose la Delegación de Hacienda bajo las órdenes del Gobierno
Civil.152

Por último destacar al Gobernador Civil, autoridad política provincial creada por
Francisco Javier de Burgos y del Olmo bajo el reinado de Isabel II en 1833. Tiene sus
antecedentes en la figura del jefe político superior, máxima autoridad provincial creada
en el artículo 324 de la Constitución de Cádiz de 1812. Posteriormente, en 1814, este

149
ARTOLA, M. Enciclopedia de Historia de España. Madrid: Alianza Editorial, 1991, Tomo V, p.
678-679.
150
Ibidem.
151
El número y extensión de las provincias no fue estable, y se subdividieron en partidos.
152
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 184-189.

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cargo fue derogado por Fernando VII, y nuevamente restablecido durante el Trienio
Liberal de 1820 a 1823.

Su creación fue efectiva por Real Decreto del 23 de octubre de 1833 en que se
establece la figura de subdelegado de fomento, cuyas funciones versaban sobre
agricultura, industria y comercio, minería, ayuntamientos, policía general, instrucción
pública, sociedades económicas, hospitales y establecimientos benéficos, cárceles,
hermandades y cofradías, bibliotecas, museos, teatros y espectáculos, caza, pesca,
prevenciones generales, caminos, canales, etc. La estructura administrativa era el
subdelegado, un secretario, un oficial de primera y otro de segunda, dos de tercera y
otros dos de cuarta y un portero. En 1847 con el Real Decreto del 29 de septiembre se le
volvió a denominar gobernador civil.

Con el paso de los años, se produjeron modificaciones legales que afectaron en


sus responsabilidades. Así en el Real Decreto del 14 de agosto de 1893 en el que se
suprimían las secciones de Fomento y en 1925 sus funciones estaban establecidas en la
Administración Local y el Estatuto Provincial.

La figura del gobernador en Canarias fue creada al mismo tiempo que se


produce la división administrativa de las provincias, en 1812. Se le dio el nombre de Jefe
Superior Político, siendo el primero en ocuparlo Ángel José de Soverón, secretario del
Consulado de Cádiz, que llegó a Santa Cruz el 15 de enero de 1813 y ocupó el cargo
hasta el 29 de mayo de 1814. Tras él, esta figura vuelve a fusionarse con la del mando
militar, en este caso en la persona del general Rodríguez de la Buria. A ellos, les
siguieron Juan Ramírez de Cárdenas en 1822-23 y Rodrigo Castañón hasta octubre de
1823. Nuevamente desaparece unificándose con la figura militar.

Posteriormente fue modificada la denominación, cambiándose de subdelegado


provincial del ministerio a gobernador civil. La primera vez que se empleó el calificativo
de gobernador civil en Canarias fue en la persona de José Berriz de Guzmán en mayo de
1834. Entre junio de 1852 y marzo de 1853, se dividió el gobierno civil en dos
subgobernaciones con residencia en Santa Cruz y en Las Palmas, situación ocasionada
por la división provincial. Esta situación de fractura de poderes se mantuvo hasta 1858,
momento en el que se fusionan en la figura del capitán general. La situación perdurará
hasta 1906, retomándose y surgiendo nuevamente.

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Respecto a su ubicación, debe destacarse que desde sus orígenes nunca se


definió una sede concreta. Su estado itinerante le llevó a tener diferentes domicilios:
casas alquiladas en diferentes puntos de la ciudad con doble uso, vivienda y oficina,
entre los que se incluye un local en el antiguo Convento de San Francisco; la calle de la
Marina nº 7; el Palacio de Carta en la plaza de la Candelaria (1881); por último, en 1935
se dieron inicio a las obras de un edificio para albergarlo, pero por diversas cuestiones,
no se concluyó hasta 1951.153

2.1.2. EL PODER PROVINCIAL, INSULAR Y MUNICIPAL.

La figura de la Diputación Provincial fue creada gracias a la Constitución de


1812, siendo inaugurada en Santa Cruz el 30 de mayo de 1813 y presidida por Ángel José
de Saverón. Estaba compuesta por siete diputados electos y el intendente de la
provincia, vocal nato de ésta154. Este nuevo órgano de gobierno, carecía de
emplazamiento (se emplea la sala de sesiones del Ayuntamiento), recursos económicos
(se solicitan anticipo al Cabildo de La Laguna y a los fondos de la futura universidad) y
una definición de sus funciones (inicialmente se dedico a los asuntos y problemas
provinciales, hasta junio de 1813, momento en el que se regularon). Los primeros
diputados provinciales fueron: Ángel José de Saverón, jefe político y presidente nato;
Francisco de Paula Paadín, intendente de la provincia; Juan Próspero de Torres Chirino;
Juan Suárez Aguilar; José Murphy; Antonio Morales Salazar; José Vázquez Figueroa;
David O’Dally; y por último, Pedro Ginory.

La problemática presente en sus primeros momentos, fue una constante que


perduró durante todo el siglo XIX. Su carencia de empaque y raigambre no le daban la
autoridad suficiente para ser tomada en serio en sus intervenciones, a lo que se unía el
boicot que mantenía tanto La Laguna como Las Palmas por no estar ubicada en ninguna
de sus urbes.155

153
Ibidem, p. 189-200.
154
A la primera sesión no acudieron los tres diputados que correspondían por ella como un
intento de obstruir el acto inaugural, situación que según Cioranescu será, a partir de ahora, una
constante.
155
Ibidem, p. 139-140.

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Con el retorno del absolutismo, fueron suprimidas, causando un considerable vacío en la


vida social de la provincia, hasta la Real Orden de 18 de febrero de 1818, en el que se
rellena nuevamente con las llamadas Juntas Provinciales de Repartimiento y Estadística.
Dos años más tarde, con el restablecimiento de un gobierno constitucional, aparecen
nuevamente las diputaciones y los ayuntamientos. Esta segunda Diputación constituida
en la provincia estaba compuesta por: Ángel José de Saverón, jefe político y presidente
nato; Juan Pedro de Barreneche, intendente de la provincia; Juan Próspero de Torres
Chirino; y por último, José Murphy.

18. Rúbrica de Ángel José de Soverón (1820).

Renovada parcialmente tras las elecciones de


finales de 1821, perduraron los males que había
padecido desde sus orígenes y que la limitaba
para la realización de sus actividades. Duró hasta el 7 de noviembre de 1823, momento
en el que nuevamente es disuelta, de la mano del comandante militar Uriarte, recién
llegado a la ciudad bajo las órdenes del gobierno central absolutista.

En 1835, atendiendo al decreto real de 21 de septiembre, se constituye


nuevamente por tercera vez, para quedar suspendida casi al año siguiente, el 29 de
agosto de 1836, constituyéndose en Santa Cruz la Junta Provincial Gubernativa al
amparo de la Constitución de 1836. El 13 de octubre del siguiente año se conforma
nuevamente, estando en este momento domiciliada en los locales del Ex-convento
franciscano. Perdurará hasta noviembre de 1840, para al año siguiente volverse a
constituir, empleando comisionados de Santa Cruz, La Laguna y La Orotava según el
decreto de la Regencia de 13 de octubre de 1840.156

Esta continuación y cese fue una constante hasta que la ley de Cabildos Insulares
entra en vigor el 11 de julio de 1912, con la que se permitía la subsistencia de ambos
organismos, contemplando la conservación de las Diputación Provincial con todas sus
atribuciones administrativas. La ley de 20 de marzo de 1925 suprimió la Diputación
Provincial de Canarias, constituyendo la Mancomunidad Interinsular de Canarias,

156
Ibidem, p. 143-144.

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dividida a su vez en dos mancomunidades a nivel provincial mediante el Real Decreto


Ley de 21 de septiembre de 1927.157

19. Anónimo: Fachada principal del Palacio de la Mancomunidad Provincial (1929).

El Reglamento orgánico de la de Santa Cruz de Tenerife, aprobado en Real


Decreto de 7 de agosto de 1929, disponía en su articulado las funciones genuinamente
provinciales y los servicios que se encomendaban a dicho organismo, así como las
fuentes de ingreso que habían de constituir a su hacienda. Esta se sustentaba,
primordialmente, según los artículos 49 y 50, de la aportación del 5 % de los
Presupuestos de ingresos de los Cabildos Insulares que no estuvieran afectados a obras
o servicios especiales y previamente determinados; pero esta aportación de los cuatro
Cabildos de la Provincia, podía, en virtud del artículo 51 del citado Reglamento orgánico,
exceder del mencionado tope del 5%, en casos extraordinarios y de verdadera
necesidad, debidamente justificados. Otros recursos que se mencionaban en los
artículos 49 y 50, podían haber sido fuente de ingreso para la hacienda de dicha
Corporación, pero no eran adaptables en su mayoría a la Mancomunidad Provincial
Interinsular, sino a los Cabildos insulares.

Las amortizaciones de los Cabildos eran la única fuente de ingresos de la


Mancomunidad, teniendo con ellos que hacer frente a sus cargas principales: las

157
ROSA OLIVERA, L. de la. Evolución del régimen local de las Islas Canarias. Madrid: Instituto de
Estudios de Administración Local, 1946, p. 126-127.

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nóminas de los empleados, tanto técnicos como administrativos y subalternos, y los


gastos originados por el Sanatorio Psiquiátrico Provincial.

En lo referente a su ubicación, debe comentarse que desde 1901 esta Institución


se había instalado en el edificio de la Calle Teobaldo Power, que anteriormente había
sido habitado por la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia; sirviendo posteriormente de
residencia a la Mancomunidad Interinsular.158

20. Anónimo: Primer Cabildo Insular de Tenerife


(1913).

Otras institución destaca fue el Cabildo


Insular, que como ya se ha comentado
con anterioridad, se crearon en 1912,
como consecuencia de la Ley de Reformas
Administrativas de Canarias de 11 de
julio. Este nuevo organismo, no surgió
como por arte de magia, sino que se
comienza a conformar a partir de la
propuesta de la asamblea celebrada en
Santa Cruz en mayo de 1908, basándose
en la ponencia de Ramón Gil Roldán que
había sido recogida en la confección del
informe elaborado por el Ayuntamiento capitalino a modo de contesta al Ministerio de
la Gobernación, y aprobado en sesión de 6 de julio de 1910159. Este informe sentaba las
base del futuro Cabildo: institución insular, con las atribuciones de la Diputación
Provincial y compuesta por representantes electos por sufragio directo a los que se le
unían vocales designados por los ayuntamiento. A él, se aunaron otros informes que

158
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 145.
Comenta Cioranescu, que para poder instalarse la Diputación Provincial fue preciso evacuar los
fondos del apenas existente Museo Municipal, que pasó entonces al foyer del teatro, y emprender
varias reformas, entre ellas la de la fachada, que volvió a dibujar del escultor Granados.
159
Ibidem, p. 162-163.

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recomendaban la constitución de los Cabildos sin la eliminación de la Diputación


Provincial, garante de la unidad del territorio canario.160

Independientemente de sus detractores y partidarios, la ley salió para delante y


fue aprobada, creándose el 12 de octubre de 1912 un reglamento provisional que la
gestionaba. Tras proceder a las primeras elecciones de consejeros, el concejo se
constituyó en Santa Cruz el 16 de marzo de 1913, siendo su primer presidente Eduardo
Domínguez y Alfonso161. En estos primeros momentos, los recursos eran prácticamente
nulos. Según Cioranescu, concebido como un super ayuntamiento, no podía contar, en
ausencia de disposiciones legales adecuadas, sino con la buena voluntad de sus
componentes y la indiferencia de los demás.162

Con respecto a su sede, durante el primer año de vida, el Cabildo y su Comisión


Permanente se reunían en el salón de actos del Ayuntamiento capitalino, para pasar a
ocupar, como alquilados, unas casa propiedad de José María Pérez Capote, en la calle
del Castillo, por una renta inicial de 3.000 pesetas163. Un año antes se había acordado
construir un edificio que alojara sus dependencias, para los que el 24 de junio de 1933,
se adquiere el solar y se le hace el encargo del proyecto al arquitecto José Enrique
Marrero Regalado. El edificio del Palacio Insular fue concluido en 1940, momento en el
que la Institución se trasladó a su nuevo domicilio.164

160
El artículo 6 del proyecto de la Ley de Cabildos, recogía que tanto la Diputación Provincial
mantenía su domicilio en Santa Cruz, a la vez que se creaban en cada isla un Cabildo,
pretendiendo en todo momento la conciliación de los territorios insulares y la autonomía de cada
una de sus Islas.
161
CIORANESCU, A. Historia del Cabildo Insular de Tenerife 1913-1988. Santa Cruz de Tenerife:
Cabildo Insular de Tenerife, 1988, p. 40-41.
162
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 167.
Su presidente reconocía que a los siete meses de su constitución no tenían «a pesar de sus
esfuerzos y trabajos» los recursos precisos para el correcto funcionamiento de la nueva
organización. No tardó en arreglarse esta situación ya que, en acuerdo con los demás Cabildos
Insulares se resucitó el antiguo impuesto del haber del peso, que gravaba todas las mercancías
que entraban y salían de las Islas, autorización recibida del Ministerio de la Gobernación el 15 de
febrero de 1914.
163
BORGES SALAS, M. Amigo Martí, se acabó el carbón. El Día, Santa Cruz de Tenerife, 31 de julio
de 1977.
164
Las obras fueron subastadas el 20 de noviembre de 1934 por la cantidad de 2354938 pesetas,
dando inicio los trabajos el 2 de enero del año siguiente. Debe destacarse, que se dudó mucho en
su planta baja, a la que no se le concretaba y definía una función: café-restaurante u oficinas.

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Por último destacar otro organismo fundamental: el Ayuntamiento de Santa


Cruz de Tenerife. Su historia se remonta a 1804, momento de su constitución formal,
pese a que su primer libro de actas de sesiones da comienzo el 9 de enero de 1795.165

En 1805, con tan solo un año de existencia, el Ayuntamiento aumenta el número


de regidores, atendiendo temas como la policía, abastos y sanidad, pasándose de cuatro
a diez miembros166. De conformidad con la Constitución de Cádiz, en 1812 se
convocaron elecciones, resultando un concejo que tan solo duró hasta 1814, momento
en el que fueron suprimidos los ayuntamientos constitucionales, no regresando hasta
1820 gracias al cambio de régimen político, que tan solo duró tres años.

No es, hasta 1841, cuando con la nueva ley de ayuntamientos, Santa Cruz
designa en sus elecciones populares a 16 concejales, considerable aumento en relación a
los que presentaba en el momento de su fundación167. Esta forma de elegir a los
representantes municipales es sustituida por las leyes de 1868 y de 1870, para retornar
al sufragio popular solo durante en el periodo de la I República Española.

Pese a que los cambios fueron numerosos, a lo largo de sus primeros pasos no
modificaron profundamente las líneas y las tendencias de la política municipal. Los
cambios estaban en el Gobierno de Madrid, que constantemente mutaba,
modificándose la legislación que regía al resto del territorio nacional. Destaca la ruptura
de la linealidad en la Corporación municipal con el alzamiento del 18 de julio de 1936,
momento en el que se transforma la institución motivada por el estado de guerra,
suprimiendo por orden superior el concejo para sustituirlo por una comisión gestora
presidida por un comisionado nombrado por la fuerza militar en la persona de un
Guardia Civil. Posteriormente las cosas volverán a su cauce normal, restableciendo las
estructuras gubernamentales que existieron desde la creación de esta Corporación.

165
Era habitual que esto sucediera, ya que en estos primeros momentos su tarea estaba
relacionada con la regulación de abastos, estando formado el concejo por: el alcalde, el síndico
personero y dos diputados de abastos.
166
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 34.
167
Ibidem, p. 38.
Esta ley otorgaba al Ayuntamiento santacrucero: un alcalde con tres tenientes, a los que se le
unían un total de 16 concejales.

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La necesidad de una ubicación provista de un edificio que cobijara a la


organización, fue una de las prioridades que se plantearon durante años, situación de
desprestigio, ya que era la única ciudad de España, durante la segunda mitad del siglo
XIX que carecía de palacio comunal. Esta necesidad, además surgió como respuesta a
una ciudad floreciente que crecía por momentos, precisando de infraestructuras que la
satisficiera.

Hacia 1810 se tiene constancia de la existencia de locales para las dependencias


municipales, sin concretarse en ningún momento, de manera clara, sus condiciones.
Tres años más tarde, se le dará importancia a esta cuestión, considerando como
prioridad la existencia de casas consistoriales en la ciudad. Se ubicó la sede, en un
primer momento, en una casa alquilada a Pedro de Franchi en la plaza de la Pila por 20
pesos al mes. A partir de este instante, se sucederán los domicilios en diferentes lugares
de la geografía urbana de Santa Cruz, aunque destaca una estancia larga en el
Exconvento de San Francisco, que en alguna ocasión se llegó a pensar que pudiera ser la
definitiva.

En 1894 se designó una Comisión para el estudio la adquisición de una casa o la


compra de un solar para la construcción de las dependencias municipales. Esta última
fue por la que se decantaron, procediendo a la compra de un solar situado en el Barrio
de los Hoteles168 a la Sociedad Edificadora con una superficie de 2.929 metros cuadrados
y un precio de 8.787 pesetas; el proyecto fue realizado por el arquitecto municipal
Antonio Pintor y Ocete169. La Corporación municipal ya estaba instalada en dichas
dependencias el 5 de marzo de 1904, aunque las obras del edificio no se concluyeron
hasta pasados varios años.

2.2. ESPACIO.

La definición de espacio urbano, o, también conocido como medio, área o centro


civil, resulta arduamente difícil, sobre todo tras los últimos modelos de crecimiento que
han acaecido en las poblaciones. Para disciplinas como la geografía urbana, el paisaje
urbano es aquel que es propio de los núcleos cívicos o ciudades, definidos por criterios

168
El solar adquirido por el Ayuntamiento santacrucero esta situado entre las calles Numancia,
Santa Rita y Méndez Núñez.
169
Ibidem, p. 104.

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numéricos de población o criterios funcionales relacionados con las actividades


realizadas en dicho centro. Como rasgos característicos del espacio urbano,
encontramos la población con su densidad, su extensión y la dotación de
infraestructuras que posee. El espacio urbano, en relación con su área de influencia, es
emisor de servicios en diferentes formas, que incluyen aspectos como los burocráticos,
educativos, sanitarios, financieros, culturales y los de ocio; en contraposición, es un
receptor de recursos de otro tipo como mercancías agrícolas y ganaderas, energía y
productos primarios, de los que la ciudad carece.

21. Anónimo: Rada de Santa Cruz de Tenerife


(ca. 1945).

A lo largo de la Historia de la
Humanidad, ha existido una
búsqueda de modelos de
agrupamiento urbano que ha
conducido a proyectar y concebir
diferentes configuraciones del
espacio que han conformado un
titánico ejercicio intelectual por parte
de políticos, gobernantes y profesionales del urbanismo170. Los diversos núcleos de
asentamiento poblacional establecen un desarrollo continuado en convivencia, o en la
propia evolución social y económica de las distintas comunidades, originando, desde los
primeros signos de configuración política, la existencia de un intento de dominio del
medio que nos rodea.171

Estos establecimientos cívicos que se han producido a lo largo del camino, son el
producto de una constante fluir y refluir de grupos, sociedades y culturas, que nos han
proporcionado una estructura urbana viva, de continuos cambios y renovaciones, cuya
marca da inicio con la época griega y especialmente la romana, apareciendo
características particulares a las que se unen diferentes tipos fundamentales de

170
KRIER, R. El espacio urbano. Barcelona: Gustavo Gili, 1981, p. 23 y ss.
171
BALIL, A. Casa y Urbanismo en la España Antigua, Boletín del Seminario de Arte y Arqueología
de Valladolid, 39. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1973.

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urbanismo básico al que se le han ido progresivamente incorporando modelos tanto


orgánicos, como reguladores adaptados a las diversas morfologías y características del
terreno.172

En el proceso de transformación de las ciudades, aparecen diversos problemas,


derivados de la concentración de un gran número de personas, en un espacio limitado.
Las necesidades derivadas de estas aglomeraciones, como abastecimiento de aguas,
evacuación de residuos, suministro de mercancías, amurallado, pavimentación, higiene y
limpieza, asistencia sanitaria, entre otros, son importantes servicios públicos de
cualquier metrópoli.

Desde época griega, el propio Aristóteles, reflejaba en sus escritos, una serie de
recomendaciones a tener en cuenta a la hora de planificar y construir una ciudad,
además de todas aquellas infraestructuras indispensables para su adecuado
funcionamiento: higiene, defensa, idoneidad para la actividad política y belleza173. Estas
enseñanza, como otras tantas, serán incorporadas a la cultura romana, donde el claro
ejemplo de la adquisición de estos conocimientos nos lo dará Marco Vitruvio Pollion,
arquitecto, tratadista e ingeniero del siglo I a.C., que con su obra sobre arquitectura
titulada, De architectura, influirá en esta disciplina en los dos milenios siguientes.174

172
CARO BAROJA, J. Los núcleos urbanos de la España cristiana medieval. In, Vivienda y
Urbanismo en España. Madrid: Banco Hipotecario, 1982, p. 61-79.
173
GIORDANO, O. Higiene y buenas maneras en la Alta Edad Media. Madrid: Gredos, 2001, p.
132-133.
Todos estos atributos son identificados en la descripción que hace el geógrafo e historiador
griego Pausanias, de una población griega que pretendía adquirir el calificativos de ciudad: no
tiene ni edificios gubernativos, ni un teatro, ni una ágora, ni conducciones de agua que lleguen a
una fuente, y la gente vive en tugurios semejantes a cabañas al borde de un precipicio.
174
VITRUBIO POLIÓN, M. Los diez libros de la Arquitectura. Introducción, Delfín Rodríguez,
«Vitruvio y la piel del clasicismo». Madrid: Editorial Alianza, 1995; 2009, p. 11-51.
Según este autor, la arquitectura descansa en tres principios básicos: la Belleza (Venustas), la
Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas) que es la base de la utilización y la función de la
arquitectura. Todo ello, nos lleva a pensar en una arquitectura como equilibrio entre estos tres
elementos, carente de la circunstancia de sobrepasar ninguno al resto, siendo fundamental su
entendimiento al tratar un trabajo de la arquitectura.
Sin embargo, con tan solo realizar una lectura rápida de su tratado, el lector puede percatarse de
que Vitruvio exigía estas características para algunos edificios públicos muy particulares. De
hecho, cuando Vitruvio se atreve a intentar un análisis del arte sobre el que escribe, propone
entender la arquitectura como compuesta de cuatro elementos: orden arquitectónico,
disposición, proporción y distribución. Incluso el presenta ciertas dudas al respecto bastante

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2.2.1. EL SISTEMA DEFENSIVO: FORTIFICACIONES, CASTILLOS Y MURALLA.

Hasta inicios del siglo XIX, Santa Cruz de Tenerife, por su condición de sede de la
Capitanía Militar de Canarias, se convierte en un punto estratégico para el dominio de
las Islas y así, el de una de las rutas fundamentales del Imperio Español, que duró
mientras existió el Imperio colonial Americano. A partir del siglo XIX, al concluir este
periodo imperial, la organización defensiva de la plaza y su recinto fortificado carecieron
de lógica, lo que llevó a un abandono total, transformándose en estorbos molestos e
inútiles aquellas infraestructuras militares que valientemente habían defendido durante
siglo la llave de la puerta de entrada al dominio de las Islas Afortunadas.

Tanto las baterías como el sistema amurallado precisaron arreglos tras sufrir
ciertos desperfectos en noviembre de 1826175. Por estas fechas, el sistema defensivo
capitalino estaba compuesto por: tres castillos, doce baterías y dos fuertes. De los
existentes en el intento de invasión anglosajona de julio de 1797, se habían reducido
considerablemente su número, produciéndose, paulatinamente, una disminución
considerable de cada uno de sus componente, bien por causas no intencionadas, bien
por necesidades de una urbe en crecimiento.176

Tras la pérdida de la colonia cubana, se diseñó un nuevo plan defensivo para


Canarias de la mano del comandante general Bargés. En un primer momento se pensó
en un refuerzo de la guarnición, una reorganización de las milicias provinciales y un
aumento de las fortificaciones, cuya obra ascendía a 30 millones de pesetas. Los

intensas, como hace constar al dividir la arquitectura en tres partes: Construcción, Gnomónica y
Mecánica.
Posteriormente fueron numerosos los intentos de versionar el tratado de Vitruvio, situación que
resume bien el conflicto a la hora de lograr un definición del concepto de arquitectura. Destaca la
que, en 1674, Claude Perrault, médico fisiólogo publica su traducción resumida de esta
espléndida obra, en la que procura reorganizar todos y cada uno de sus contenidos. Gracias a
esta síntesis realizada por Perrault, las enseñanzas vitruvianas serán divulgadas, influyendo
considerablemente en los diferentes tratados y teorías que surgirán en los años sucesivos.
175
Los arreglos se pudieron llevar a cabo gracias a un fondo existente para el mantenimiento de
las fortificaciones que se alimentaba de un tributo especial administrado por el comandante
general.
176
CIORANESCU, A. Historia de Santa Cruz de Tenerife. IV Volúmenes. Santa Cruz de Tenerife:
Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Santa Cruz de Tenerife, 1979, Vol. IV,
p. 91-93.

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continuos cambios de gobierno en Madrid, ayudaron a que este proyecto fuera


abandonado.

22. Anónimo: Sistema defensivo de Santa Cruz


de Tenerife (1656).

Tanto para la construcción del


cementerio local como del matadero, se
encontró, desde la Corporación local,
ciertas dificultades debidas a que los
lugares seleccionados estaban próximos
a las zonas militares. La ciudad crecía,
pero como sucedió en numerosas urbes
europeas y nacionales, la muralla se convirtió en un corsé que impedía esta situación.
Poco a poco se solicitó la cesión de los diferentes partes del sistema fortificado,
culminando con la entrega que se hace del castillo de San Cristóbal en 1926, junto a
otras dependencias, las que habían sido sede del la Capitanía militar desde el siglo XVIII.
Con su demolición se pretendía ensanchar el acceso al muelle, situación que le parecía
de extremada importancia a por entonces alcalde García Sanabria, intención que desde
la década de los ochenta del siglo XIX ya se había proyectado177. Esta situación era ya
real en 1930.

El resto de los castillos, Paso Alto y San Juan, lograron sobrevivir gracias a su
ubicación, fuera del centro urbano. El resto poco a poco fue cediendo terreno a una
ciudad que necesitaba espacio para crecer.

2.2.2. ABASTECIMIENTO DE AGUAS Y LA LIMPIEZA URBANA.

Con el desarrollo de la vida urbana, las necesidades aumentan, a la vez que


aparecen nuevas exigencias. En las ciudades, a lo largo de la Historia, el suministro de
agua, a través de infraestructuras adecuadas, fue uno de las preocupaciones de los
gobernantes canarios, a la que se procuró dar solución con las técnicas más diversas.

177
Ibidem, p. 97-98.
En la prensa de 1886, Juan Maffiotte presentó un anteproyecto que proponía formar en su lugar
una explanada, en la que se construiría el muelle de la Capitanía del puerto y un local para la
Escuela Náutica, separada por una plaza ajardinada.

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En Santa Cruz fue el Comandante General Agustín de Robles y Lorenzana, el que


efectuará las primeras intervenciones para propiciar un adecuado abastecimiento de
agua. Como representante regio en las Islas, era su deber este menester, como se dejó
claro en el decreto de 1 de octubre de 1708. Pese a ello, la obligación o no de este
cometido por parte de tan destacada autoridad, se asumía a tenor de las conveniencias
e intereses que se pudieran presentar.178

No es hasta 1809 cuando el Ayuntamiento capitalino asume las competencias en


relación al suministro de agua a la ciudad, empleando las mismas herramientas que
había utilizado el Puerto de la Cruz a quien se la había concedido el militar y político
O’Donnell. Santa Cruz era el único lugar de la Isla carente de agua propia, lo que originó,
que desde el Consistorio se organizara una estrategia para proporcionar a la población
tal servicio. La cesión fue efectiva a partir del 4 de agosto de 1810, ordenando el
Ayuntamiento a sus comisionados, Juan Anran y Rafael Fuentes, que inspeccionaran los
nacientes y canales, a la vez que ordenó la redacción de un reglamento.179

23. Anónimo: Fuente de Morales inaugurada en 1838 (1899).

Tras asumir esta responsabilidad, el gobierno municipal veló por el buen uso de
este bien, procurando que la población no la derrochara ni mal gastara, llegando, como
en 1820, a decidir el corte de suministro a las opulentas casas particulares en vista del
insuficiente abastecimiento. Esta medida provocó numerosas protestas del clero y la

178
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 475.
179
Ibidem, p. 476.

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aristocracia asentada en Santa Cruz, y teniendo en cuenta que la renta proporcionada


por el agua que entraba en las arcas municipales era cuantiosa, se decidió desistir en tal
empresa.

Cioranescu divide en tres épocas o etapas el suministro de agua a Santa Cruz. La


primera es la de la municipalización del suministro hasta 1830, en el que se procura
tantear y conocer la situación de las infraestructuras existentes. Desde la corporación se
procuró buscar nuevos nacientes, examinando los ya conocidos o cualquiera de ellos
que pudiera aflorar a la superficie, como el de la playa de Las Cruces o el aparecido en el
Convento franciscano.180

A finales de 1810 se nombró una nueva Comisión para buscar por la zona
nacientes que suministraran agua, pasando informe a las autoridades municipales en el
que recomendaban la unión de dos de ellos para lograr un caudal suficiente. En 1824,
ante una importante escasez de agua, nuevamente se nombró comisión, cuyo informe
recogía iguales cuestiones que el anterior; no se hizo nada al respecto. Los tres años
siguientes fueron de iguales condiciones, lo que obligó a tomar medidas en relación al
aprovechamiento del agua y las pérdidas que pudieran existir en su canalización.

Un segundo periodo, momentos de mayor importancia en esta cuestión,


comprende hasta 1911. A finales de 1827, se presenta el proyecto de una nueva
canalización y conducción de agua de abasto, desde los nacientes de Aguirre,
presupuestándose unos 20.000 pesos para la ejecución de las obras. Para tal empresa,
se solicitó la participación del Comandante general y del Intendente, Francisco Tomás
Morales y Diego de Aguirre, respectivamente. Las trabajos estaban concluidas el 28 de
diciembre de 1834. Varias obras se hicieron en los años siguientes, entre ellas la reunión
de aguas procedentes de Aguirre y El Rio, con las que se buscaba respaldar el agua que
ya corría por la nueva canalización.181

Una vez finalizada la obra, se pone en funcionamiento el nuevo reglamento de


1835, para, en 1842, instalar una Junta económica de Aguas que rehízo y revisó el
anterior reglamento. Esta reorganización de las estructuras municipales para una mejor

180
Ibidem, p. 482-483.
181
Ibidem, p. 485.

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gestión del suministro de agua se materializa con la asignación de dos concejales


designados por turno mensual. Años más tarde, se regresó al sistema de nombramiento
de alcaldes de aguas, que perduró hasta 1872.

Las numerosas prospecciones que se hicieron a lo largo de años sucesivos,


llevaron a que en 1858, el agua que llegaba a Santa Cruz procedía de once fuentes
diferentes, de las que solo tres, Los Arroyos, El Río y El Hayal, pertenecían a la
Corporación municipal182. Así destaca, el proyecto realizado por Antonio Pintor en 1897,
para aumentar el caudal de Aguirre con las aguas de Roque Negro, en Taganana, y las
procedentes de la extracción de Los Catalanes, hasta un total de cinco a seis veces el
caudal primigenio.

A las obras de canalización, se le unió la construcción de un depósito regulador


con capacidad de cien mil pipas, en 1911, momento con el que se da inicio al tercer
periodo. Este proyecto, desde 1882, se tuvo en mente por parte del Ayuntamiento, para
lo que se creó una comisión con un encargo: valorar el lugar más idóneo para su
ubicación. El lugar escogido fue la Finca de Pino, situado por debajo de la conducción de
Aguirre.183

A todo esto, se unió la incorporación de medidas de modernización y


normalización de servicio que permitía ahora la presencia del depósito municipal. Desde
1910 hasta 1913 se inició el servicio a particulares de agua a presión, gracias a la
instalación de una extensa red de tuberías metálicas. Con un intento de lograr un
abastecimiento eficaz, el alcalde García Sanabria expropió todas las galerías particulares
del monte Aguirre en 1928, a lo que se unió la búsqueda de nuevos caudales,
prosiguiendo trabajos en la galería de Los Catalanes que aumentó la producción,
ayudado de mejoras en las infraestructuras. Además se agregaron aguas procedentes de
la galería Los Chabucos, en el barranco de María Jiménez.

182
Ibidem, p. 490.
183
Ibidem, p. 493.
El precio de las dos fanegadas de terreno que se necesitaba para la obra ascendía a 1000 pesetas.
En la obras trabajaron los soldado por orden el Comandante General y por un precio de 1,25
pesetas por soldado y por día, a lo que el Ayuntamiento proporcionaba agua a perpetuidad a los
militares.

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A partir de 1940, el servicio municipal se hace en régimen de empresa, siendo la


primera la de la sociedad Obras y Servicios (OSSA). Al año siguiente, por incumplimiento
de contrato, se confiscó por el Ayuntamiento, por medio de una Comisión de
Incautación del Servicio Municipal de Aguas (CISMA), para finalmente, en 1943, crearse
la Empresa Municipal de Abastecimientos y Suministros de aguas (EMMASA).184

Con lo que respecta a la limpieza urbana, esta era una tarea de la que se
encargaba la policía de la ciudad. Según las crónicas que nos han llegado, el estado de
aseo de las zonas públicas de la población tuvo mucho que desear como lo escrito por
Víctor Domínguez en 1817:

Inmundicia, asquerosidad, depósitos fétidos de basuras en parages muy


públicos; gatos y animales muertos en medio de las calles; cubiertas las más
principales de cerdos de día y de noche; que si algunos se barren los sábados por
un puro efecto de la bondad de sus vecinos, quedan y continúan las más
puercas; que no son pocas en donde a las nueve, a las diez o antes de la noche
se arrojan descaradamente vasos de orines corrompidos, que llenan todo de un
hedor intolerable; que de las asesorías se arrojan a las calles aguas corrompidas
e inmundas, multitud de basuras que se deposita en los embaldosados y en los
rincones inmediatos, pues apenas hay uno que no sea un verdadero basurero.
En fin, que un pueblo en donde a costa de los dueños de casas se han
hermoseado las calles con buenos embaldosados y empedrados, y a la de una
porción de amantes del aseo su plaza principal y otros puntos, esta reducida a
185
un muladar asqueroso, hediondo y peligroso para la salud.

Esta situación de las áreas urbanas no distaba de la que pudiera tener la capital
del Reino, pero si estaba mejor que otros puntos cercanos como el caso de la capital de
Madeira, Funchal, a la que Wilde la califica de muy precaria e inferior a la
santacrucera186. La situación no se modifica en los años sucesivos, como se manifestó en
la prensa local del momento, en el que se da una visión semejante a la presente a
comienzos del siglo XIX187. Ante esta situación, la Corporación municipal organizó un
plan estratégico de lucha que atendía a tres pilares fundamentales: alcantarillado,
limpieza de calles y basurero municipal.

184
Ibidem, p. 494-495.
185
Ibidem, p. 548.
186
WILDE, W. R. Narrative of a voyage to Madeira, Teneriffe and along the shores of the
Mediterranean. Dublin: Willian Curry, 1844, p. 619-648.
187
El Guanche, Santa Cruz de Tenerife, 20/11/1858 y 11/8/1861.

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24. Anónimo: Carro de la basura con el


que se procedía a la recogida de los
residuos urbanos (1878).

La limpieza de las calles era una


labor que realizaba la madre
Naturaleza con el regalo de la
lluvia, donde la fuerza de las aguas
aseaba las zonas públicas y los
barrancos. Estos últimos, donde
muchos de ellos acabaron
cubiertos por bóvedas para facilitar el desarrollo de la red viaria de la urbe con
importantes inconvenientes como fue la mayor facilidad para tupirse con la tierra y
piedras que arrastraban, además de basuras y estiércol que se arrojaban a ellos. A pesar
de sus defectos, estos barrancos constituyeron la primera red de alcantarillado de la
villa, a la que se unieron alcantarillas de barro, que poco a poco, se iban anexando a
éstas. A mitad de siglo XIX, el sistema era considerado suficiente, pero con la dificultad
anteriormente mencionada; próximo al fin del siglo, a la red le pesaban los años, por lo
que entre 1920 y 1931 se dio inicio a la colocación de un sistema más moderno.188

A la limpieza de las calles se unía la intervención que hacían los vecinos, pobre, y
que en todo momento se procuró estimular desde la Corporación municipal mediante
bandos, situación que siempre fue estéril. Ante esta continua falta de colaboración, se
estudió confiar esta labor a un servicio arrendatario, sustentado por la contribución de
cada vecino. Este proyecto, carente del suficiente apoyo popular, no se realizó,
sustituyéndolo por los trabajos de reos que se solicitaba al Gobierno Civil y que
posteriormente eran gratificados.

No es hasta 1869, momento en el que se establece la primera plantilla de


barrenderos para la limpieza pública con la autorización de la Diputación Provincial,
aumentando su plantilla en 1887. Hubo un amago de sacar a subasta los servicios en
1911, pero no cuajó este intento hasta la década de los cuarenta del siglo XX.189

188
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 550-551.
189
Ibidem, p. 552.

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En lo referente al vertedero destinado a albergar la basura, no fue un problema,


autorizándose a mediados del siglo XIX a arrojar los residuos en el cauce del Barranco de
Santos, el barranco de Almeida o en la orilla del mar, con la intención de desalojar las
calles de las inmundicias. Así, se convirtieron en focos de suciedad e infección sus
alrededores, lo que propició que en 1857 se planteara la creación de un vertedero
público sin concretar nada. Posteriormente, el basurero de Regla fue el lugar de
elección, situación que impidió la expansión de Santa Cruz hacia el sur. Para remediarlo
se propuso la compra de incineradoras de basura con solares para su colocación, pero
tanto el Macizo de Anaga como las instalaciones próximas militares no favorecían la
instalación de semejantes sistema de eliminación.

2.2.3. MERCADOS Y PLAZAS DE ABASTOS.

Los municipios canarios mantuvieron una preocupación constante en lo


referente a los abastos, ya que las condiciones de penuria fueron la tónica general. La
Corporación municipal precisó luchar, durante el siglo XIX y XX, con el problema de la
distribución de los abastos de los mercados municipales.

Santa Cruz carecía de un mercado central, presentando diferentes lugares de la


geografía urbana donde se dispensaban alimentos a la ciudadanía190. Estos múltiples
puntos de venta, dificultaban la posibilidad de control por parte de las autoridades
municipales, no pudiendo garantizar una higiene mínima ni el cobro de las rentas
productos de las transacciones. Esta situación llevó a que, en 1813, se construyera una
recova en la plaza de la verdura y en los solares contiguos a la carnicería, los cuales
fueron adquiridos por el municipio, cuyo presupuesto ascendía a 40.000 reales, que
aumentaron a medida que se desarrollaba, entre los años 1814 a 1817, llegándose a
gastar unos 102.377 reales.191

190
El pescado era vendido en el muelle o las calles, la carne era despachada en una carnicería,
que realizaba esta labor desde el siglo XVIII, y por último, los productos de la tierra en el plaza de
la verdura, entre el castillo de San Cristóbal y la Plaza de la Aduana.
191
Ibidem, p. 521-522.
Para poder hacer frente a los gastos de la construcción, se invirtieron los fondos del Hospicio de
San Carlos que custodiaba el Ayuntamiento capitalino.

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25. Juan González Méndez: Vista parcial: teatro y recova (1866).

La recova y se reglamento ya funcionaban desde el 17 de abril de 1815. En este


momento presentaba: una mesa y dos bancos, un farol de cristal con lámpara de lata,
balanzas, pesas y medidas y hasta «un cuadro ovalado con pinturas alusivas a la
Justicia»192. El tamaño del local era modesto, dando la sensación de ser, su construcción,
una decisión transitoria.

La primera andadura de esta nueva infraestructura capitalina, tuvo un inicio algo


tortuoso. Mientras las autoridades municipales pretendían un control del
abastecimiento de la ciudad, tanto desde la Real Audiencia de Las Palmas como el
propio Comandante General afincado en Santa Cruz pusieron cortapisas a toda la
operación, acudiendo al Rey para dar solución a esta situación. Finalmente, el Consejo
de Castilla se pronunció a favor del Ayuntamiento, lo que hizo que éste contara con la
renta de los abastos desde 1818.

Esta vieja recova fue sustituida por el Mercado Nuevo el 25 de julio de 1854,
ideado desde 1836, en el antiguo Convento de Santo Domingo. Tenía una superficie de
1.860 metros cuadrados, para los que se construyó un edificio «de severa y sencilla
arquitectura» muy semejante en planta al Palais Royal de París, ascendiendo su coste a
280.649 reales.193

192
Ibidem, p. 522.
193
Ibidem, p. 524-525.

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Igualmente, quedó pequeño rápidamente, permitiéndose colocar puestos al aire


libre en los aledaños al recinto. Se procuró aumentar su capacidad con pequeñas
reformas, destacando la acaecida en 1898 con la colocación de un tinglado de hierro y
cristal en la Plaza del Mercado, que popularmente se conocía como mercado de hierro.
Posteriormente se procuraron mercados exteriores que no cuajaron.

Hasta 1943 se procuró sobrellevar los abastos de Santa Cruz a duras penas por la
falta de superficie adecuada para realizar las transacciones comerciales. En este mismo
año, el Mando Económico de Canarias edificó, en muy poco tiempo, el nuevo edificio del
mercado, al otro lado del barranco de Santos, y que denominó de Nuestra Señora de
África, proporcionándole las infraestructuras de acceso precisas como fue el puente
Serrador. El mercado de hierro modificó su nombre y función: pasó a llamarse
popularmente Recova Vieja y se comenzó a utilizar como depósito municipal y oficinas,
para adoptar en la actualidad competencias culturales tales como la de sala de
exposiciones de arte.

2.2.4. EL CEMENTERIO.

El cuidado del descanso eterno se le había confiado a la Iglesia, siendo ella la


encargada de la despedida, la intercesión por el difunto y la responsable de la custodia
de sus restos mortales. Los entierros fuera del edificio sacro estaban indicados cuando
éste quedaba pequeño o las epidemias diezmaban considerablemente a la población del
lugar.

Existió entre el barranco de Santos y la Iglesia de la Concepción un lugar


destinado al enterramiento, osario anexo, de semejantes características que el de su
homóloga lagunera. Debe destacarse, que en 1805, existía un cementerio en el jardín
del Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, lo que obligó a condenar el pozo

La Recova Vieja no fue vendida hasta 1878, vendiéndola el Ayuntamiento para albergar un d
depósito de carbón. El nuevo edificio era rectangular, con un gran patio interior de la misma
forma, comunicado con el exterior por dos grandes puertas de sillería con rejas de hierro; en su
interior presentaba sendas galerías con arcos de sillería, que permitían la posibilidad de habilitar
22 puestos de venta, el norte dedicado a carnicería y el sur a pescado salado, siendo el patio
central el que albergaba la verdura.

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que existía en el establecimiento. Esta medida novedosa en la villa, fue la causante de


numerosas protestas al no encontrarse extramuros.194

26. Francisco J. Castro: Puerta de acceso al


Cementerio de San Rafael y San Roque en
Santa Cruz de Tenerife ( 2010).

La creación de cementerios era una


obligación legal que atendía a la
orden real de 3 de abril de 1787 y a la
de 26 de abril de 1804. En Santa Cruz,
la carencia de fondos económicos
pospuso esta orden hasta el 5 de
noviembre de 1810, cuando se hacen las mediciones pertinentes para la instalación del
cementerio en la zona de Regla y la de San Sebastián. El solar, perteneciente a esta obra
pía, tenía una superficie de 1.949 metros cuadrados195. Los primeros trabajos se
ejecutaron hasta 1813, momento en el que los 1.500 pesos que se tenían para tales
obras se gastaron por completo. Entre las obras realizadas estaban: cerco perimetral del
solar con muro y un marco de cantería con su puerta correspondiente que conducía a la
capilla de Aduanas. En los años sucesivos, el abandono fue claro, presentando
numerosos desperfectos en todo el recinto que precisaban de intervención rápida para
no perder lo que hasta la fecha se había levantado. Ante esta situación, numerosas
autoridades solicitaron limosna a la vecindad para la finalización de las obras, situación
que ya estaba saldada en 1823, habiendo logrado la suma de 74.760 reales.196

En 1845 se decide una ampliación, situación que no llegó a realizarse hasta 1862,
donde la fuerza de la enfermedad y la muerte obligaron a la compra del solar contiguo

194
POGGI Y BORSOTTO, F. M. Guía Histórica descriptiva de Santa Cruz de Tenerife [Edición
facsímile de la edición original, Santa Cruz de Tenerife: Imprenta Isleña, 1881). Santa Cruz de
Tenerife: Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, 2004, p.
96.
195
Esta medida fue casi una obligación, ya que en este mismo año, una epidemia asola la ciudad,
precisando habilitar un lugar para los enterramientos con carácter de urgencia.
196
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 558.
La capacidad Del cementerio había sido prevista para 20.000 personas, teniendo tan solo en ese
momento unas 8000 censadas.

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con una superficie de 1.256 metros cuadrados197. En él, se aunaba, desde 1832, el
cementerio católico y el protestante, cada uno habitando un lugar claramente definido
de la estructura. Nuevamente, en 1871, la superficie crece, incorporando 1.092 metros
cuadrados, ampliando hacia el oeste, ya que la anterior había sido hacia el este. Entre
1885 y 1890 se construyó, por solicitud de los galenos de la villa, dependencias para
albergar un depósito de cadáveres y una sala de autopsias.198

Por tercera vez, en 1896, el sacro recinto de San Rafael y San Roque requirió un
aumento en su superficie, planteándose la necesidad de colocar su domicilio en otro
lugar del municipio, ya que éste había sido engullido por la ciudad. Se escogió un solar
en el barranco del Hierro de diez fanegadas de terreno por la cantidad de 20.000
pesetas, realizando el proyecto por el arquitecto municipal Antonio Pintor. Finalmente
se buscó otro solar, en 1909, propiedad de Antonio Pintor, al que se le denominó
Cementerio de Santa Lastenia, inaugurado en 1911. Las obras ascendieron a 700.000
pesetas y presentaba una superficie de 46.397 metros cuadrados.199

2.2.5. EL PUERTO.

Este puerto, que nace con estrella desde sus orígenes, presentaba una situación
legal muy favorecedora, ya que estaba autorizado a comerciar directamente con las
Indias y habilitado para el comercio exterior. Esta situación estuvo establecida desde
1778 hasta 1818, momento en el que Fernando VII ordena el cierre de los puertos de
Canarias, retirando este privilegio en 1808 para comerciar con otros lugares externos. La
Corporación municipal, nada contenta con esta orden, reclamó la posibilidad de
solucionar esta situación, a lo que se le concedió, en 1820, la gracia de puerto de
depósito de segunda clase, el cual duró unos pocos años200. Habrá que esperar hasta
1837, para que se restableciera el decreto de 1822, que habilitaba a Santa Cruz como
puerto de depósito de primera clase y lo capacitaba para el comercio en general.

197
Ibidem, p. 553.
198
Ibidem, p. 560.
199
Ibidem, p. 561-562.
Existieron problemas con el Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna por estar en su
territorio municipal, pero tras «largos ires y venires» se llegó a un acuerdo, permitiendo el
enterramiento de laguneros en este recinto. No fue aceptado.
200
Ibidem, p. 565-566.

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27. Fernando E. Baena: Santa Cruz de


Tenerife. Muelle (ca. 1930).

El puerto santacrucero se tenía


en estima por los navegantes,
quienes veían en él unas
condiciones óptimas para el
fondeo, aunque necesitaba una
intervención en su conjunto. Los
primeros trabajos realizados
fueron en 1848 por el ingeniero civil Francisco Clavijo y Plo con la reparación del muelle
antiguo, a lo que se unieron las obras de ampliación aprobadas por la real orden de 18
de noviembre de 1864, para las que se dispuso un presupuesto de 7.246.839 pesetas. La
mayor dificultad que presentó esta faraónica obra, el dinero201. Francisco Clavijo cesó en
1879, siendo sustituido por Juan León y Castillo, quien diseñó un nuevo proyecto para el
muelle que se basaba en la reforma y la ampliación del anterior. Se centraba en la
conclusión de las obras del muelle sur iniciadas por su predecesor, pero mantenía la
construcción del dique norte, ascendiendo a un costo de 4.351.483 pesetas. Este
segundo proyecto, mejoraba al primero, pero seguía existiendo el mismo problema que
con el anterior.

Años más tarde, en 1892, se presentó una tercera propuesta diseñada por el
ingeniero Suárez Galván, en el que se procuraba solucionar dos problemas presentes en
las dos anteriores: la ampliación de la línea de atraque mediante obras en el muelle sur,
el más antiguo de los existentes, para transformarlo de simple dique de abrigo en dique-
muelle; y aumentar la superficie interior a 51 hectáreas. Para su ejecución se
presupuestaron un total de 4.718.875 pesetas202. Un temporal ocurrido en enero de
1902, destruyó la cabecera del dique, situación que llevó a pleito, ya que, desde la
Administración, se les hacía responsables de tal evento. Finalmente acordaron trabajar
hasta junio de 1907, siendo asumidos por el Gobierno local, cuyos gastos, durante este
tiempo, sumaron la cantidad de 5.355.071 pesetas.

201
POGGI Y BORSOTTO, F. M. (2004). Opus cit., p. 161-162.
202
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 571.

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Tras este periodo, se volvió a diseñar un nuevo proyecto, el cuarto, realizado por
el Jefe de Obras Públicas Prudencio Guadalfajara, en 1905. Éste, con su solución,
planteaba la prolongación del muelle sur unos 545 metros más y la edificación de un
dique rompeolas que vendría a ser el actual muelle del Este. Para la ejecución de este
proyecto, se creó en 1907 la Junta de Obras del Puerto, que aunque se habían
depositado en ella la confianza, no hizo que la obra prosperara lo que se esperaba. En
un quinto proyecto del ingeniero Pedro Matos que recoge las reformas del primero,
aprobándose en 1911, con un presupuesto de 7.134.040 pesetas, pese a que tuvo que
ser modificado en varias ocasiones: 1915, 1921 y 1923. Habrá que esperar a 1926 para la
subasta de las obras, las cuales ascendían, tras las diferentes modificaciones realizadas,
a 33.372.591 pesetas. Estas obras se realizaron de manera esporádica e intermitente,
continuándose con las obras del muelle Norte, terminando el segundo tramo del muelle
Sur y comenzando con las obras de dragado.203

Hasta 1950, fue un tópico la lentitud de las obras del puerto, lo que ocasionaba un
cierto descontento y frustración entre los habitantes de la capital y de la Isla. A ello se
unía la rapidez con el que se ejecutaban las obras en el Puerto de la Luz en Las Palmas
de Gran Canaria, eterno rival comercial del puerto chicharrero, fuente fundamental de
su crecimiento.

2.3. LA SOCIEDAD.

La sociedad canaria que aborda las Islas en busca de fortuna en el mismo


momento de la Conquista, presentaba todas aquellas características propias de las
sociedades europeas: mayoría de campesinos que habitualmente carecían de tierras y
de privilegios presentes en estamentos tales como los nobles y el clero, un numeroso
clero regular y la existencia de esclavos.

La nobleza estaba representada por los descendientes de los dirigentes de la


Conquista. Su poder económico descansaba en la posesión de amplios dominios
territoriales y en la exportación de productos como el azúcar durante el siglo XVI y el
vino durante el siglo XVII. El dinero procedente de la venta de estos productos en los
mercados europeos, eran destinados a adquirir mayor número de tierras, a obras pías

203
Ibidem, p. 572-573.

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que resaltaran su imagen pública y ante los ojos de Dios, y por último, a la adquisición
de bienes suntuarios. Para continuar y mantenerse en un puesto social destacado,
controlaban el poder político-militar ocupando puestos destacados, y se concentraban
en las principales poblaciones de las islas de realengo, como San Cristóbal de La Laguna,
La Orotava, Las Palmas de Gran Canaria o Santa Cruz de La Palma. Estos grupos
cerrados, constituían parcelas fuertemente endogámicas, que establecían alianzas
familiares con la burguesía y comerciantes, generalmente de origen extranjero,
asentada en las Islas.

28. Santos María Pego: Maga tinerfeña, Tenerife


(1885-1890).

En lo referente al clero, constituía una


parte de la población numerosa en
miembros y órdenes religiosas, éstas
últimas asentadas sobre todo durante los
siglos XVI y XVII. Sus principales mecenas
fueron los nobles y la rica burguesía
comercial. Este auge eclesiástico viene
reflejado en el elevado número de
cenobios y edificios de culto que se
construyeron durante este periodo,
adornados con los más ricos objetos
traídos, muchos de ellos, desde los
diferentes confines del Mundo,
ubicándose en las principales ciudades
del territorio insular, tales como La Laguna, Las Palmas, La Orotava, Telde, Santa Cruz de
La Palma, Garachico o Teguise. El clero recibía del campesinado el diezmo204, a lo que se
unía el hecho de estar exento de pagar impuestos, ocasionándose un acúmulo de
grandes cantidades de riquezas tras los muros de los lugares sacros. No obstante,

204
BLOCH, M. La sociedad feudal. Madrid: Ediciones Akal, 2002, p. 230-264.
El diezmo, del latín decimus, décimo, era un impuesto que comprendía la décima parte de todas
las ganancias de un individuo, que se debía pagar a un rey, gobernante o los máximos
representantes eclesiásticos.

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mientras obispo, canónigos y deanes, se beneficiaban de estos ingresos, el bajo clero


vivía en las mismas condiciones que la mayoría de la población. El sostenimiento de esta
población ociosa era llevado a cabo por el resto de la población, lo que hacía de ella, en
la mayoría de los casos, una carga económica, que sobre todo se agudizaba en los
periodos en los que la abundancia no estaba presente en las Afortunadas.

El Tercer Estamento estaba integrado por un conjunto heterogéneo de personas


diferenciadas entre sí, tanto económica como laboralmente, pero que compartían la
obligación de pagar impuestos y quedar excluidos, salvo excepciones de los oficios de
mérito y la dirección de la milicia. Se podían diferenciar los siguientes grupos: la
burguesía, formada en su mayoría por extranjeros llegados y posteriormente asentados
en Canarias, que venían buscando participar en el comercio del azúcar y el vino.
Habitualmente presentaban una posición económico-social elevada, teniendo una
cercana relación económica y consanguínea con la nobleza dirigente del lugar; los
artesanos, cuyo número fue reducidos dado la escasez de manufacturas que se
realizaban de la Islas Canarias, estando ubicados en la urbes, a lo que se unía la
tendencia a la autosuficiencia de los pobladores de éstas. Existieron algunos oficios y
actividades especializadas, como era la de los toneleros, herreros o carpinteros, que
debido a la necesidad de su mano de obra eran las más habituales; los campesinos
representaban más del ochenta por ciento de la población de las Islas, presentando
diferencias respecto a su relación con la tierra que trabajan, de la que se diferenciaban
varias modalidades, entre ellas, la de medianero o la de jornalero. Estaban muy
mediatizados por las circunstancias nefastas, tales como malas cosechas, el hambre o las
epidemias; la población marginal estaba dentro de este grupo se solían integrar
profesiones deshonrosas como eran la de verdugos, carniceros y parteras, así como los
vagabundos y mendigos, cuyo número aumentaba o disminuía en función de las
coyunturas económicas; los esclavos presentaban una destacada importancia, ya que se
destinaban a las actividades agrícolas más duras o al servicio doméstico en alguna rica
casa de la nobleza o la burguesía locales. No tuvieron una relevancia demográfica
significativa, reduciendo su número considerablemente una vez que culminó el ciclo del

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azúcar en las Islas205. Procedían del continente vecino, del norte o del centro de África.
Los beréberes eran muy abundantes en islas como Lanzarote y Fuerteventura, donde
suplieron la falta de población nativa. Eran el producto obtenido de las expediciones o
cabalgadas que los originarios de las islas realizaban para capturar esclavos en la vecina
costa africana. Los esclavos negros eran utilizados en las plantaciones de caña de azúcar
de Tenerife, Gran Canaria y La Palma.

2.3.1. ESTADÍSTICA Y EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN.

Los primeros registros que nos han llegado, en relación a la población


santacrucera, se recogen en una obra de Francisco Escolar y Serrano, doctor de la
Universidad de Zaragoza y alumno de Herrgen. Este erudito de la época, publicó
Estadística de las Islas Canarias, obra dividida en unidades que abordan cada una de las
Islas, procurando una visión del panorama canario en 1802.

La ley de 3 de febrero de 1823, estableció en España el registro civil,


fiscalizándose los movimientos de la población presente en el territorio insular. Con la
implantación nuevamente del absolutismo, se echó en saco roto este intento de
controlar la población española, no poniéndosele mayor interés hasta años venideros.
En 1836 se autoriza a Pedro Mariano Ramírez, oficial secretario del Gobierno Civil, para
confeccionar un documento donde se recogiera la estadística provincial206. Pese a que el
Ayuntamiento, en última instancia, colaboró en la entrega de los datos pertinentes, se
presentó una dificultad considerable ante la negativa de los curas castrense a
proporcionar información de su área de jurisdicción. Nuevamente se retoma en 1841,
solicitando asesoramiento desde la Diputación Provincial. El decreto de la Regencia de
24 de enero de 1841, revalidó todas las intenciones que la ley de Registros Civiles de
1823 había procurado, llegando a lograr colaboración desde el ámbito eclesiástico

205
VARELA ORTEGA, J. El poder de la influencia. Geografía del caciquismo en España (1875-1923).
Madrid: Centro de estudios Constitucionales, 2001, p. 120.
Salvo excepciones, la esclavitud no tuvo una relevancia demográfica muy significativa y a partir
de la decadencia del cultivo del azúcar el número de esclavos se redujo considerablemente, bien
por no ser rentable su adquisición, o bien por manumisión, en este caso ocuparon los escalones
más bajos de la sociedad y sus descendientes acabaron mezclándose con el resto de la población.
206
Se remite al Ayuntamiento capitalino un real decreto por el que se insta a la Corporación
municipal a la ayuda en cualquier tema concerniente a este asunto. Al ver este que desconocía la
mayoría de los datos solicitados, se planteó la necesidad de realizar de formalizar nuevos
padrones municipales.

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militar, situación no lograda en anteriores intentos. Nueve años más tarde, en 1852, las
ordenanzas municipales establecieron su periodicidad, que en un primer momento se
estableció anualmente. Aún así, al restablecer una comparación entre los documentos
civiles y eclesiástico, se observa la existencia de un desfase importante hasta el cambio
de siglo.207

Retomando la estadística realizada por Francisco Escobar, ésta indicaba que en


el Santa Cruz de 1805 existían un total de 6.889 habitantes a los que se le añadía, 426
más ubicados en el pueblo pesquero de San Andrés. Cuatro años más tarde, estableció
7.182 habitantes para la capital, sin incluir al barrio de San Andrés, La Laguna con 7.124
y La Orotava con 5.901208. En 1821, tras la grave epidemia ocurrida en la década de los
años diez, 6.148 habitantes, sin incluir a San Andrés, lo que nos da una idea de lo
importante que fue esta situación trágica en la Isla. Poco a poco, este bache fue
rellenándose, y nos encontramos con un remonte importante en cuanto a cifras: en
1835 se llegan a las 7.611 personas, junto a 726 en el pueblo de San Andrés; en 1842
unos 8.070 habitantes y en 1850 unos 12.585, aumentando a 12.965 habitantes en el
año siguiente209. Las cifras de habitantes fueron aumentando progresivamente hasta
alcanzar, en 1860, un total de 14.146 habitantes, lo que significaba duplicar el número
de individuos moradores de Santa Cruz en tan solo casi veinte años.

Un segundo momento de su historia geográfica es el comprendido entre 1860 y


1920, periodo en el que se pasan, paulatinamente, de los 14.146 habitantes
anteriormente citados a 52.432 en el año 1920 (1877 con 16.610 habitantes; 1887 con
19.122 habitantes; 1897 con 33.421 habitantes; 1900 con 38.419 habitantes; y por
último, 1910 con 63.004 habitantes)210. La tercera etapa que comenta Cioranescu,
comprendería desde 1920 a 1970, momento este último en el que la población
capitalina se triplica, 151.361 habitantes, en relación con la década de los años veinte

207
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 314.
208
Diario de Tenerife (Santa Cruz de Tenerife), nº 4889, 27 de enero de 1903.
209
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo III, p. 316-317.
210
Ibidem, p. 319.

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(1930 con 62.087 habitantes; 1940 con 72.358 habitantes; 1950 con 103.446 habitantes;
y por último, 1960 con 133.100 habitantes).211

Tras la Primera Guerra Mundial, la recuperación poblacional fue lenta, situación


que se observa al valorar la cantidad de habitantes en la ciudad: en 1930 no se habían
logrado superar el número existente en 1910. En contraposición, entre 1930 a 1950 es
palpable una considerable recuperación que provoca un despegue demográfico. En
comparación con el resto de la población insular, la población capitalina fue adquiriendo
mayor peso y representatividad poblacionalmente: en 1809 significaba un 11 % de la
población total, cifra que aumenta considerablemente a partir de 1860 hasta 1874, un
15 %. En 1950 representaba un 32,56 % y en 1960 un 27,13 %.

2.3.2. MOVIMIENTOS MIGRATORIOS: INMIGRACIÓN Y EMIGRACIÓN.

El movimiento migratorio fue de crucial relevancia para la ciudad de Santa Cruz


de Tenerife, favorecido por su ubicación, lo que llevó a que desde su fundación se
considerara un «trampolín hacia el continente americano». Este doble saldo, en
ocasiones positivo y en otro negativo, estuvo siempre mediatizado por las condiciones
socioeconómicas y políticas que sucedieron en España y en las Islas durante la segunda
mitad del siglo XIX y la primera del XX, siendo de este último del que se tienen
constancia con datos más o menos fiables. El saldo migratorio se repartió de la siguiente
forma a lo largo del siglo XX: entre 1901-1910 un total de 22.220 personas; entre 1911-
1920 un total de -10.987 personas; entre 1921-1930 un total de 7.400 personas; entre
1931-1940 un total de 2.961 personas; entre 1941-1950 un total de 24.006 personas;
entre 1951-1960 un total de 11.413 personas; y por último, entre 1961-1970 un total de
-11.540 personas212. Destacan las dos décadas que presentan saldos negativos: la
primera correspondió la crisis económica canaria ocasionada por la Primera Guerra
Mundial, que paralizó el comercio que existía desde la Conquista con las metrópolis
europeas; en la segunda, se produjo un descenso por mor del traslado a la periferia de
un número considerable de personas que habitaban en el centro capitalino.

211
Ibidem, p. 320.
212
Ibidem, p. 326-327.

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Según Cioranescu, la inmigración se compone de cuatro clases de elementos


bien definidos: el primero, el más numeroso, comprende a aquellas personas naturales
de la isla de Tenerife, que han trasladado su lugar de residencia a la Capital, situación
habitual y lógica, ya que la urbe ejerce una atracción de la mano de obra; la segunda
categoría la conforman los inmigrantes venidos de otras Islas donde los recursos
económicos de cada una de ellas han mediatizado, de forma considerable, el trasiego de
personas. Así aquellas islas de mayores recursos han sido, a modo de imán, un atrayente
de considerable importancia; el tercero implica esa relación existente entre lo isleño y lo
peninsular, donde elementos como la búsqueda de fortuna, el escapar de situaciones
comprometidas o, como sucede desde la primera mitad del siglo XX, y sobre todo
durante la segunda, la búsqueda de la benevolencia del clima que ha caracterizado al
Archipiélago; el cuarto, y último grupo, el de inmigrantes ajenos a España, que
procedentes de diferentes países habían arribado a las Islas. Desde los orígenes de la
civilización europea en las Canarias, el papel de los extranjeros había sido primordial e
importante, continuándose hasta el siglo XIX, momento en el que se contó con hasta
cinco alcaldes en Santa Cruz cuyos orígenes no eran canarios213. En 1791, existían en
Santa Cruz un total de 56 extranjeros, de los 206 estaban presentes en Tenerife214.
Censos posteriores, fechado en 1860, atestiguan la presencia de 13 extranjeros
transeúntes y 97 estables en la ciudad, sobre una población de casi 11.000 habitantes.
Este creciente número de forasteros comenzó a preocupar ligeramente a la Corporación
municipal en 1884, que se centraba en la presencia de una considerable cantidad de
expresidiarios de raza negra que se veían como un peligro potencial. Para solucionar
esta cuestión, se habilitaron una serie de medidas que perseguían devolverlo a su lugar
de origen.

213
Entre ellos están: Miguel Bosq, Enrique Casalón, José Fonspertuis, Bernardo Forstall y Valentín
Baudet.
214
RUIZ ALVAREZ, A. Matrícula de extranjeros en la isla de Tenerife a fines del siglo XVIII. In,
Revista de Historia Canaria, nº 105-108, Tomo XX (1954). La Laguna: Facultad de Filosofía y
Letras, Universidad de La Laguna, p. 102-111.
Se sabe que en este momento, de los 56 extranjeros, 13 eran franceses, 13 malteses, 12 italianos
y 15 portugueses. Sorprende el número de francos, situación provocada por la Revolución que
ocasionó que muchos de ellos buscaran refugio en otros lugares.

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29. Anónimo: Publicidad de barcos para emigrantes


(1890-1895).

En lo referente a la emigración, destaca, que


como su contraria, dependía
considerablemente de la situación económica
insular, de la necesidad de mano de obra para
trabajar en industrias u otros servicios, y sobre
todo a las condiciones laborales y legislativas a
las que estaban sometidos en los países de
destino. Durante el siglo XIX, la emigración se
solió practicar en dos modalidades: la salida
individual en busca de fortuna o en la que se
llevaba a familiares o a la familia al completo
atraídos por la presencia en América de parientes o amigos que anteriormente habían
realizado el camino que ahora pretendían llevar a cabo. Esta situación favorecía que los
puntos de destinos fueran limitados, ilusionados por la presencia de lo conocido en el
lugar donde pretendía afincarse y desarrollar su nueva vida. La segunda modalidad era
aquella en la que los canarios salían con pautas fijadas que se materializaban en
contratos firmados con organizaciones o gobiernos que procuraban dar vida a las
extensiones de inmensos territorios donde no existía habitante alguno. Se tiene
constancia, que entre 1818 y 1838 se produjo un traslado de personas con dirección a
América que ascendió a un total de 18.278 canarios.215

Debe destacarse sus resultados irregulares y desprovistos de éxitos en algunas


ocasiones, lo que llevó a que en 1842, se procurara controlar estas actividades mediante
una real cédula de 13 de octubre. Poco caso se hizo a esta norma legal, prosiguiendo el
movimiento de personas, que en algunos ocasiones, como los hechos acaecidos en
1874, acabaron en desastre no logrando alcanzar su destino en la Octava Isla. A pesar de
los pesares, éstos continuaron realizándose hacia países que iniciaban su desarrollo,

215
Ibidem, p. 334-336.
A ellos se le deben sumar unos 483 destinados al regimiento fijo de la ciudad de La Habana cuya
procedencia era canaria.

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como Venezuela y Brasil, que precisaban poblar sus amplias extensiones de terreno con
individuos dispuestos a trabajar duramente para lograr el éxito y la fortuna.216

Estas idas y venidas, convirtieron a Canarias en una de las regiones con mayor
movimiento de personas de todo el territorio español, estando inmediatamente por
debajo de los gallegos. Entre 1948 y 1965 salieron de las Islas un total de 96.492
personas rumbo a América, regresando menos de la mitad, unos 41.693 individuos.

216
En 1881 salió una expedición salió desde Santa Cruz para Venezuela, mientras que al año
siguiente su origen cambió, siendo en este caso Brasil.

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CAPÍTULO III

EL TRÁNSITO DESDE LAS EPIDEMIAS


A LAS ACCIONES DE PREVENCIÓN Y ASISTENCIA

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3. CAPITULO III. EL TRÁNSITO DESDE LAS EPIDEMIAS A LAS ACCIONES DE


PREVENCIÓN Y ASISTENCIA.
3.1. MALES, INFECCIONES Y EPIDEMIAS.
Con la llegada de los barcos castellanos a las Islas Canarias para dar comienzo a la
Conquista, se establecieron dos ópticas antagónicas: la castellana con una visión de
portadores de civilización, orden y estabilidad promovidas por la Corona Española y la
Iglesia, y la indígena, en la que estaban presentes el sometimiento, la esclavitud y la
muerte. Esta última percepción no solo arribó a las Islas ayuda de espadas, lanzas y
trabucos, sino que se materializó en forma de epidemias que sigilosamente diezmaron la
población aborigen.

30. José de Rivera: Joven con molinillo y un viejo


tirando de una carreta con un cadáver (ca. 1640).

La peor epidemia que ha golpeado Canarias


desde que se tiene constancia histórica fue la
modorra, enfermedad que trajeron los
conquistadores castellanos como un «regalo
maldito» a las costas isleñas y que les
favoreció considerablemente en la toma de
posesión de los nuevos territorios. Existen
indicios documentales que apuntan a como
esta epidemia se cebó con la población
aborigen de la isla de Tenerife entre 1494-
1495, llegando a causar la muerte a un 20 % de ésta217. Esta trágica situación no era
desconocida para los habitantes de las Islas, ya que a mitad del siglo XIV habían sufrido
consecuencias semejantes con la peste portada por los normandos a su llegada a
Lanzarote, lo que ocasionó un desastre de considerables dimensiones entre sus
habitantes.

217
La población guanche existente en el momento de la conquista de la Isla de Tenerife se cifra
entre 15.000 a 20.000 personas, dependiendo de la fuente que se consulte.

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Independientemente de la gripe y la peste, el siglo XVIII vino marcado por


sucesivas epidemias de fiebre amarilla, de las que la de mayor ferocidad fue la acaecida
en 1701, momento en el que seccionó la vida a unas 9.000 almas residentes en Tenerife.
A ella se le unió, en el siglo XVIII, la nueva epidemia causada por esta enfermedad, que
trajo la fragata Nivaria cuando llegó a las costas insulares procedente de la ciudad de la
Habana en el año 1862. La autoridades competentes tardaron en tomar las riendas de la
«trágica cuestión que tenían entre manos», situación que sembró el terror entre los
pobladores de Santa Cruz, que al igual que alma que se lleva el diablo, partieron tierras a
dentro buscando la salvación. Esta medida provocó que la epidemia se extendiera por
toda la geografía insular, hecho que llevó al fallecimiento de unos 2.200 afectados.218

Otra epidemia, que durante la segunda mitad del siglo XIX asoló a Archipiélago,
fue el cólera. De considerable y desastrosas dimensiones fueron sus consecuencias,
centrándose en las islas de Gran Canaria y Tenerife. La primera de ellas, sufrió las fatales
consecuencias de esta enfermedad en 1851, causando un total de casi 6.000 bajas en
esta Isla. Años más tarde, en octubre de 1893, dio comienzo en Santa Cruz,
manteniéndose esta situación crítica en la ciudad durante cuatro meses. La dolencia,
traída por un barco italiano, mantuvo incomunicada y paralizada a la urbe durante un
considerable tiempo, todo ello motivado por los casi 1.750 enfermos que fueron
ubicados en lugares distantes y preparados para tal fin, como el Lazareto, y otros menos
adecuados para el tratamiento del cuerpo, como las ermitas de San Telmo, San
Sebastián y de Nuestra Señora de Regla. El total de fallecidos en esta epidemia fue
importante, unas 400 personas, pero no superable en número con respecto a otra
azotes anteriores.

La despedida del siglo XIX y el inicio del siglo XX, estuvieron protagonizadas por
epidemias de viruela y fiebre tifoidea. En lo referente a la primera, se estrenó en 1897
con la muerte de unas 17 personas, cifras superadas considerablemente en su
resurgimiento en Santa Cruz en los años 1912 y 1913. Con respecto a la segunda, fueron
reiterados los brotes que afectaron a los pobladores de las playas de Añazo, situación

218
Las autoridades civiles y sanitarias se vieron desbordadas ante el terror que supuso para la
población la epidemia, siendo nada efectiva la incomunicación que establecieron para que la
enfermedad no se propagara por la Isla.

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que perduró hasta 1906. Fue necesario el uso del Lazareto, dispositivo creado para el
aislamiento años atrás, y que prácticamente había caído en desuso. La mortalidad no fue
alta, pero los daños y secuelas infringidos a los habitantes de la ciudad fueron de
considerable magnitud.

Tras esta situación de emergencia, en 1918 entró por la puerta principal de Las
Palmas, su puerto, una de las epidemias más agresivas de las que han asolado a las Islas,
la gripe española. La enfermedad se extendió rápidamente por el territorio insular
ocasionando más de 500 defunciones entre hombre, mujeres y niños. De ahí cruzó a la
isla de Tenerife, instalándose en la zona norte, donde igualmente realizó grandes
estragos entre sus pobladores. A esta «plaga» se le unieron las bajas ocasionadas por los
conflictos bélicos mundiales y brotes importantes de sarampión, tosferina y escarlatina,
llevaron a un descenso considerable de la población isleña.

3.1.1. EPIDEMIAS DURANTE EL SIGLO XIX: FIEBRE AMARILLA,


CÓLERA-MORBO Y FIEBRES PALÚDICAS.

Durante los siglos XVI y XVII, Tenerife se vio asolado por la peste de Landres219
que diezmó la población, a la que siguieron en el siglo siguiente, el XVIII, el tabardillo y
las viruelas. El siglo XIX, en cambio, será protagonizado por la fiebre amarilla.

La inauguración de este siglo, en el campo epidemiológico, fue llevada a cabo por


la gripe, que en 1807, se presentó en la isla de Tenerife, cebándose con la ciudad de La
Laguna. Esta situación no se trasladó a Santa Cruz gracias a las medidas higiénicas que el
cirujano del Batallón de Canarias, Joaquín Viejobueno, hizo cumplir fielmente. Esta
oportunidad brindada por la diosa Fortuna, no se volvió a repetir en el tiempo, ya que,
tres años después, en 1810, la capital se vería envuelta en una epidemia de fiebre
amarilla que se llegó a considerar como la peor sufrida hasta la fecha desde la epidemia
de peste de 1582220. Fue introducida por el puerto capitalino en dos navíos procedentes
de Cádiz, el San Luis Gonzaga y el Fénix221. Desde un primer momento, los galenos no

219
El Día (Santa Cruz de Tenerife), 22 de enero de 2004.
220
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo IV, p. 141-145.
221
DÍAZ PÉREZ, A. M. Y FUENTE PERDOMO, J. G. DE LA. Estudio de las grandes epidemias en
Tenerife. Siglos XV-XX. Santa Cruz de Tenerife: ACT, Cabildo de Tenerife, 1990, p. 83.

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relacionaron la fiebre prolongada con la enfermedad, retrasando la implantación de


medidas que la enfermedad, lo que provocó que se diseminara con rapidez222. Con la
llegada del invierno, se colocaron muros en las calles que pretendían disminuir la
circulación de los afectados, impidiendo así el contagio de otros vecinos. El primer caso
fue diagnosticado el 12 de octubre de este año, en una mujer puérpera domiciliada en la
calle San José. Los despojos de los fallecidos se les dio sepultura en la ermita de Regla,
lugar estratégico de la ciudad, caracterizado por su distancia del núcleo poblacional.

31. D. E. Rodríguez y Núñez: Personal del Hospital de Coléricos


en Santa Cruz de Tenerife (1890).

Pasaron los años sin evolucionar la ciencia médica, portando tan solo el cordón
sanitario, como herramienta que evitaba la diseminación del mal por el resto del
territorio. Con la incertidumbre en las espaldas, se procuró difundir todas aquellas
pautas que debían seguirse para bloquear su propagación, pues aún se ignoraba el
mecanismo que le posibilitaba pasar de un individuo a otro.

Algunas personas aseguraban que el mal había sido importado desde Veracruz, aunque en ese
momento la ciudad de Cádiz sufría el azote de esta epidemia llena de muerte y enfermedad.
222
BETANCOR GÓMEZ, M. J. Epidemias y pleito insular. La fiebre amarilla en Las Palmas de Gran
Canaria en el periodo isabelino. Madrid: Ediciones del Cabildo de Gran Canaria y CSIC, 2002, p.
31-38.

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Desde la ignorancia se daban numerosas y, en algunos momentos, curiosas


recomendaciones, que variaban de un municipio a otro, llegando a culpabilizar a los
presos franceses de envenenar las aguas con el mal: en La Laguna se instó a
confeccionar una barrera humana que procurara evitar el contacto con el puerto; en
Santa Cruz, el lavado de la ropa con agua salada o cristalino líquido, este último, que
escaseaba considerablemente, a lo que se unía advertencias de carácter higiénico y
alimentario que se ajustaran a la situación. Además se aconsejaba la fumigación de
mercancías, casas y ropas que pudieran haber estado en contacto con los enfermos o los
objetos venidos de Cuba o Estados Unidos.223

Tal fue la rápida expansión de la enfermedad y el volumen de afectados, que los


tres grandes hospitales capitalinos, los Desamparados, San Carlos y el Militar, estaban
saturados, surgiendo, ante la necesidad, la obligación de habilitar una vivienda particular
para poder albergar a los enfermos. Esta dificultad para el alojo se proyectó hacia los
enterramientos, lo que se tradujo en un importante problema, ya que se carecía de
espacio físico en la ermita de Regla para tal proceso desde los últimos días de octubre.
La carencia de espacio que permitiera llevar a cabo los rituales funerarios llevó a
plantearse definitivamente la necesidad de la construcción de un camposanto para la
ciudad, obras que dieron comienzo en febrero del año siguiente en un solar muy
próximo a la calle de San Sebastián, al que se le otorgó el nombre de San Rafael y San
Roque.

Santa Cruz, incomunicada por los cordones sanitarios con San Andrés y La Laguna,
quedó despoblada, bien por bajas por fallecimiento, bien por abandono de la urbe con la
mayor premura. Estas barreras se ubicaron en el Bufadero y en el Molino,
respectivamente. Tanto los facultativos de Santa Cruz, como los del municipio de La
Laguna, coincidían en semejantes medidas para tratar la epidemia: incomunicar a los
enfermos; trasladar a otro lugar de la Isla a los enfermos sanos aglutinándolo en
determinados puntos de ésta; y asepsia diaria de las viviendas.224

223
La Corporación municipal solicitó al Comandante General el desinfectar todos aquellos
artículos o mercancías que procedieran de otros lugares, a modo de medida desesperada ante la
ignorancia de la procedencia del mal.
224
Ibidem, p. 86.

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A comienzos de 1811, la Junta de Sanidad creyó que la enfermedad estaba


controlada. Para sorpresa de los habitantes de la isla, durante el verano el mal regresó,
lo que llevó a que Vicente de Cañas, duque del Parque se trasladara de Gran Canaria a
Tenerife el 3 de agosto, huyendo hacia La Laguna e instaurando un cordón sanitario en
La Cuesta. Al ver la posibilidad de ser relevado en su cargo, creó un cierto ambiente de
malestar, reclutando adeptos mediante ciertos presentes, como el arreglo de carretas o
la creación de escuelas públicas. No resultando su estrategia, mantuvo una férrea
oposición a las autoridades y las decisiones que éstas tomaban. En septiembre, se envió
a Lanzarote al Teniente General Pedro Rodríguez de la Buria, con el ánimo de sustituir al
duque en el Gobierno Militar de Canarias. Así como quien ve a Dios Padre, desde Gran
Canaria, Lanzarote y Tenerife mostraron síntomas de apoyo y felicitación. Vicente de
Cañas le recomendó a de la Buria su permanencia en la isla conejera negándole
entrevista alguna. Esta reacción llevó a que el Teniente se personara en Tenerife
entrando por el puerto de La Orotava. Poco después, la Corporación municipal
reconoció el cargo de Teniente General como representante del Rey en las Islas. Pese a
este acto público, de Cañas no quería entregar el poder, lo que astutamente llevó a
reunirse con él para pactar su marcha de la isla, el 30 de noviembre de ese mismo
año.225

En septiembre de 1811, el vómito negro estaba presente en casi todas las partes
de la urbe capitalina, situación ocurrida por segunda vez, advirtiéndose que el síndrome
no era tan dañino, estando presente en aquellos individuos que durante el primer brote
habían marchado a diferentes zonas de Tenerife. A Santa Cruz se le unió el Puerto de La
Orotava en el que surgieron casos como resultado de no respetar el cordón por parte de
un santacrucero. Ante esta situación, se procuró un cordón sanitario que no impidió que
tanto La Orotava como el Realejo cayeran bajo los efectos de la enfermedad. El periodo
de dolor y muerte causado por esta plaga transcurrió en un menor espacio de tiempo
que su precedente, pero fueron tales lo daños ocasionados que pasaría largo tiempo
para restablecerse por completo. Desde el Estado, se dispusieron partidas y ayudas para
arropara al Puerto de La Orotava, y a las ciudades de Santa Cruz de La Palma, Arrecife y
Las Palmas.

225
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit., Tomo IV, p. 147-148.

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La siguiente tragedia epidémica que asoló la Isla, fue traída por los franceses en
1827 desde Toulon: era la viruela. En un plazo de un año, segó la vida de unos 250
individuos, quedando múltiples señales en los rostros de aquellos que habían logrado
sobrevivir a ella. Nuevamente, en 1846, un barco procedente de las Antillas trajo la
destrucción y la muerte con la fiebre amarilla, a la que los galenos denominaron
gastroenteritis para evitar el pánico y sus consecuencias. Tanto La Orotava como el
Puerto, instalaron rápidamente un cordón sanitario que se ordenó suprimir sin causa
aparente; La Laguna se vio exenta del mal, cosa que no ocurrió en Santa Cruz, donde
llegó en septiembre, pero tras una dura lucha con él se logró exiliar para diciembre de
ese mismo año.

32. Tomás Padró (Dibujo) y Capuz


(Grabado): Barcelona, Fiebre Amarilla
(1870).

Varios años más tarde, en octubre


de 1862, llegó a la Isla el tifus
americano, traído nuevamente
desde el mar, por la fragata
Nivaria que había partido desde La
Habana en dirección a la capital de
las Canarias. Hasta marzo de 1863
no se logró eliminar por completo
dejando un saldo importante de
bajas, unas 5.072 personas por
toda la Isla, la gran mayoría de
ellos de La Laguna, unos 4.311. Tal
fue el descontrol durante este
momento, que aunque la Junta de
Sanidad recomendaba el no regresar a sus domicilios, las personas lo hacían ya
finalizando el año226. Desde el municipio vecino de Santa Cruz se procedió a la

226
Ibidem, p. 88.
El barco había recalado primeramente en Vigo, donde estuvo 16 días. Posteriormente puso
rumbo hacia Santa Cruz de Tenerife, donde llegó el 31 de agosto de 1862 sin incidente sanitario

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recaudación de fondos para los desamparados, donativos a los que se unieron los
remitidos desde la Península y la isla de Cuba.227

Diez años más tarde, en 1873 aparecieron dos nuevos casos de fiebre amarilla, a
los que se unieron algunos de viruela en 1876, y varios de difteria y sarampión en 1892.
Al año siguiente, en 1893, se experimentó un cambio en cuanto a la clase de epidemia,
su punto de entrada y los mecanismos de propagación. En octubre de este mismo año,
el cólera-morbo, que ya había querido hacer acto de presencia en Santa Cruz en 1884,
accedió por el pueblo costero de San Andrés, propagándose por todo el sur de Tenerife
hasta llegar a Arona y Vilaflor, aunque curiosamente no afectó tampoco a Güímar, lugar
donde los vecinos construyeron un muro a modo de cordón sanitario.228

Finalizando el siglo, en 1897, una epidemia asoló a la isla de Tenerife, uniéndose


las fiebres tifoideas con la viruela, durando hasta 1900, y repitiendo cada cierto tiempo
hasta 1927, momento en el que se fabricó la vacuna en el Instituto Provincial de Higiene
de Santa Cruz. Junto a estas dos enfermedades, en 1899, surge un brote de fiebres
palúdicas, desconocida hasta la fechas en estas tierras, surgiendo en Bufadero, y
Valleseco, a lo que se le unieron Tahodio y Almeida, amenazando con entrar de lleno en
la ciudad. El origen de tal mal, se ubicó en las aguas que corrían por el barranco de
Tahodio, que habían traído el mal y lo habían propagado por diferentes pueblos
cercanos a la capital.

Si observamos las epidemias que afectaron a la isla de Tenerife durante el siglo


XIX, encontramos que en catorce veces se vio afectada por una u otra enfermedad: gripe
en 1807; fiebre amarilla en 1810, 1811, 1846, 1862, 1863 y 1873; viruela en 1827, 1845,
1846, 1876 y 1897; difteria y sarampión en 1892; cólera-morbo en 1893; fiebre tifoidea

alguno. Ya en la Isla, de los siete tripulantes, a cuatro se les diagnosticó de calentura inflamatoria,
siendo sustituido posteriormente por fiebre amarilla.
227
COLA BENÍTEZ, L. Santa Cruz, Bandera amarilla. Epidemias y calamidades (1494-1910); Santa
Cruz de Tenerife: Organismo Autónomo de Cultura, Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife,
1996, p. 183-202.
228
Ibidem, p. 89.
En Las Palmas gracias a la ayuda popular se instituyó una Comisión de Higiene, encargada de
conocer el estado de las viviendas de los enfermos y distribuir antisépticos y comida entre los
desvalidos.

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en 1897; y por último, fiebre palúdica en 1899229. Si atendemos al número de


defunciones, encontramos que durante el siglo XIX, la fiebre amarilla causó 2.661
muertes, la viruela 250 y el cólera-morbo unos 382 individuos.230

3.1.2. EPIDEMIAS DURANTE EL SIGLO XX: GRIPE.

El siglo XX vino marcado por una considerable mejora del bienestar físico de los
habitantes de las Islas, que favorecía que los acontecimientos epidemiológicos acaecidos
durante el siglo anterior no aparecieran con el ánimo de disminuir la población
existente. A ello, ayudaron considerablemente los avances de la medicina preventiva
que poco a poco articulaba una serie de dispositivos que favorecían la desaparición de
las malignas enfermedades, uniéndose el aumento considerable de conocimiento por
parte de la población para prevenir y evitar su aparición y propagación.

En 1906 en Santa Cruz surgen algunos casos de tifus que ocasionan cinco bajas,
gracias a las medidas aplicadas para su diseminación: apertura del lazareto, con
funciones de hospital, a cargo del médico Agustín Pisaca Fernández y Naveira231; los
cerdos y sus cochineras fueron ubicados en el extrarradio de la capital; se desinfectaron
las aguas de Los Lavaderos, El Toscal y Cabo-Llanos; se retiraron todos aquellos residuos
que pudieran facilitar la propagación; y por último, se demolieron las barracas o casas
que pudieran favorecer la infección o estuvieran infectadas, junto al cierre provisional
de las escuelas y academias de la ciudad. La población capitalina no tomó muy en serio
todas aquellas recomendaciones médicas, pues creían que era peste bubónica que se
quería maquillar para evitar daño alguno a los intereses comerciales de las Islas. En La
Laguna se procuró a toda costa, bloquear el posible ascenso por La Cuesta de la
enfermedad, dejando fuera de servicio el tranvía y habilitando unas dependencias para
albergar la estación de fumigación. Esta discrepancia en relación al diagnóstico de la
enfermedad, llevo a que galenos de la isla de Gran Canaria, unos 19 en total, accedieran
a certificar que era pestilencia la enfermedad instalada en Santa Cruz. Para dar fin a esta

229
Ibidem.
230
Ibidem, p. 154.
231
COLA BENITEZ, L. (1996). Opus cit., p. 243-245.

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divagación absurda, las autoridades encomendaron al médico Comenge clasificar la


enfermedad, quien desecho la hipótesis de la peste.232

33. Anónimo: Hospital improvisado para socorrer a los afectados


de la epidemia de gripe española ocurrida en el año 1920.

El último eslabón epidemiológico que asoló a Canarias, fue la gripe española, que
llegó en 1920. A pesar de ubicarla en España, a la hora de denominarla, tal afección se
produjo de forma pandémica en numerosos continentes de la geografía mundial.
Incapaces de conocer sus fundamentes, destacan las medidas higiénico-preventivas que
se impusieron bajo la mano de Joaquín Viejobueno en La Laguna, la más afectada de
todas las urbes y que se especifican a continuación: tomar nota de los contagiados
menos pudientes y trasladarlos al hospital, donde se dispondrá de un aislamiento total
custodiados por militares; tratar con mucho cuidado a los afectados, comprobando una
mayor gravedad en los malnutridos; aplicación de cataplasmas para combatir las altas
temperaturas de la fiebre; proporcionar abrigo y cama a los enfermos afectados.

El número de afectados llegó a un total de 76 personas entre el pueblo de la


Guancha y el de San Juan de la Rambla, 37 en el primero y 39 en el segundo. En la
actualidad, estudios posteriores han dado a conocer que lo que se denominó como gripe

232
DÍAZ PÉREZ, A. M. Y FUENTE PERDOMO, J. G. DE LA (1990). Opus cit, p. 137-138.

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española, que en ese momento asolaba la población mundial, correspondía a una simple
afección bronco-pulmonar.

3.2. PREVENCIÓN E HIGIENE


El no padecer enfermedades y saber cómo no contraerlas, desarrollando todas
aquellas actividades higiénico-dietéticas que pueden evitarlas, constituye un importante
paso adelante en la historia de las diferentes sociedades. Desde que el hombre existe, el
sanador se ha ocupado de curarle, pero a esto le ha seguido otra manera de cuidarle
más perfeccionada que se ha materializado en la de prevenir la enfermedad. Esta
actividad, que implica el cuidado de la salud, es conocida comúnmente como higiene,
palabra que viene del término griego Hygieie, nombre que se daba a la diosa de la
salud233. Dicha cuestión fue retomada por la medicina hipocrática, secularizándola y
otorgándole el sentido de un conjunto de actuaciones que deben ser seguidas por
cualquier individuo para mantener la salud y prevenir la aparición de enfermedades.234

Algunos autores de la época renaciente advirtieron en sus libros y tratados que


frecuentemente los conceptos de prevención y tratamiento de la enfermedad eran
confundidos, debido a que entre éstos es difícil establecer una separación completa
entre los procedimientos que persiguen, la prevención y los que buscan la curación en
el individuo. Bartolomé Hidalgo de Agüero establece que tanto uno como otro no tienen
implícitas idénticas finalidades, sino que son dos facetas complementarias de un único
propósito, alcanzar la salud perdida: La cura de la peste es en dos maneras, una que
llaman preservativa, que es antes de que venga, y otra curativa que es cuando está
presente.235

233
LAÍN ENTRALGO, P. La Medicina Hipocrática. In, Revista de Occidente. Madrid: Fundación José
Ortega y Gasset, 1970, p. 37-56.
Alcmeón de Crotona (siglo VI antes de Cristo) fue el primero en relacionar el estado de salud con
el recto equilibrio (isonomía) de las distintas potencias que dualmente se oponen entre sí en cada
naturaleza (physis) individual: lo caliente y lo frío, lo húmedo y lo seco, lo amargo y lo dulce,…
Además, define por primera vez, en términos naturales (physiológicos) el estado de salud,
trasladando a la visión de la physis un concepto tocante a la constitución de la polis griega: la
isonomía, o igualdad de derechos de todos los ciudadanos ante la ley (nomos).
234
ROSEN G. History of Public Health. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1993, p. 67-69.
235
HIDALGO DE AGÜERO, B. Thesoro de la verdadera cirugía y vía particular contra la común…
Barcelona, por Sebastián de Comellas, 1622. In, CARRERAS PACHON, A. La peste y los médicos en
la España del Renacimiento. Salamanca: Universidad de Salamanca, 1976; p. 91.

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Dos etapas son las que podemos diferenciar en la Historia de la Higiene, aunque el
comienzo y final de una, u otra, es difícil de delimitar, pudiendo solaparse una época con
otra, o viceversa. La primera de ellas, la higiene privada, consistente en un conjunto de
actividades de carácter privado, bajo la responsabilidad de las personas, para garantizar
su salud individual. Nació en la Grecia clásica, fundamentada en la teoría humoral
hipocrática, y se transformó en la Edad Media por la influencia de la teoría miasmática.
La segunda, la higiene pública, en la que las autoridades son las responsables de
asegurar la salud de las poblaciones. Nace durante la Edad Media como resultado de la
pandemia que supuso la llamada «Muerte Negra». Estas dos formas de concebir la
higiene sufrirán cambios importantes durante los siglos XVII a XIX hasta que en el siglo
XX se transformen en lo que hoy llamamos salud pública.236

3.2.1. LA IDEOLOGÍA CIENTÍFICA Y SOCIAL DE LA HIGIENE.

El higienismo es una corriente de pensamiento que se desarrolla


fundamentalmente a finales del siglo XVIII, cuyos artífices e impulsores fueron
principalmente médicos y otros profesionales. La base fundamental del pensamiento
higienista está centrada en el impacto que produce en los europeos el proceso de la
revolución industrial y que queda claramente definido durante el Romanticismo. Los
higienistas manifiestan un discurso en el que está impresa una denuncia constante de la
carencia de salubridad en las urbes industriales, y las condiciones precarias de vida y
trabajo de sus empleados; pero no solo presentan un discurso crítico de carácter
científico y social, sino que lo argumentaban y hacían aportaciones con las que
pretendían solucionar estas situación, incorporando diversas medidas de tipo higiénico-
social, que proporcionaron unas condiciones dignas a la población.

Tanto en el continente europeo, como en España, los médicos fueron los


profesionales que mantuvieron una destacada preocupación por la salud pública,
desarrollando una producción literaria, a lo largo del ochocientos, que se materializó en
una abundante literatura científica en la que se abordaba el tema de la higiene.
Inicialmente, la higiene fue entendida como una parte de la actividad profesional médica

236
PEÑA, C. Y GIRÓN, F. La prevención de la enfermedad en la España Bajo Medieval. Granada:
Editorial Universidad de Granada, 2006, p. 15.

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centrada en la preservación de la salud pública, elaborándose destacados trabajos


epidemiológicos que versaban sobre enfermedades epidémicas, tales como el cólera-
morbo y la fiebre amarilla sobre todo, además de enfermedades cuya presencia en las
urbes era una constante como la viruela, el tifus, la difteria o la escarlatina, entre otras;
y, por último, las enfermedades profesionales, que se incorporan al panorama laboral
tras la revolución industrial.237

34. Mary Beale: Retrato de Thomas Sydenham (1688).

Esta marcada preocupación de la sociedad del


siglo XIX, obligó a que los miembros de la
corriente higienista desarrollaran en conjunto
una línea de pensamiento social, en la que
estaban presentes conceptos como el
pauperismo, moralidad o beneficencia, a los que
se le unieron aquellos que en ese momento
estaban de moda, como los sistemas políticos, la
lucha de clases y las reformas sociales, que poco
a poco se comenzaron a producir en el
panorama europeo. Además, la preocupación,
se centró en conocer, por medio de la actividad investigadora, la situación
sociogeográfica de la clase obrera y el impacto que la industrialización había provocado
en la salud pública de aquellas personas que, poco a poco, se incorporaban a la
creciente industria; también, se trabajó la estadística aplicada a la geografía, centrada
en localidades y comarcas o regiones concretas, desde un enfoque médico, que como
resultado aportó conocimientos acerca del origen y desarrollo de las epidemias, y sobre
la morbilidad en general, fuertemente mediatizadas por la climatología y el medio local.

El amplio campo de la higiene abordó una cuestión a la que hasta la fecha no se le


había dado la consideración que merecía: el espacio urbano. La limpieza y la salubridad
de las ciudades se centrará en la creación de las diferentes infraestructuras y

237
Los estudios realizados por los miembros pertenecientes a la corriente higienista
proporcionan abundante información sobre el medio geográfico, económico y social, ya que
entre sus ideas ésta presente una concepción de la enfermedad como mal social.

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dispositivos necesarios para unas óptimas condiciones; de esta manera, se propondrán


servicios de saneamiento, como mataderos, alcantarillado, cementerios, haciéndose un
considerable hincapié en el entorno donde el obrero de desenvuelve y las características
de sus viviendas. Además, existirá una importante preocupación por los edificios
públicos de ocupación colectiva, tales como hospitales, cárceles o templos, para los que
se establecerán una serie de recomendaciones, en algunos casos, o directrices, en otros,
que facilitaron la adquisición de condiciones higiénicas adecuadas. Muchos de estos
temas no son tratados de forma monográfica, apareciendo de manera esporádica, con
una presentación de carácter empírica, que se entrelazan para lograr un discurso
uniforme y coherente.

Las ideas y creencias a las que se llegaron con las reflexiones de los médicos e
higienistas estaban inscritas en un conjunto de teorías muy consideradas por los
movimientos científicos que procedían del siglo XVII, donde se buscaba una relación
entre las condiciones climatológicas y la enfermedad. Estas constituciones epidémicas,
habían sido expuestas y discutidas sistemáticamente por el médico inglés Thomas
Sydenham (1624-1689), quien había estudiado la pandemia que afectó a Londres en la
década de los sesenta de ese mismo siglo, estableciendo una estrecha relación entre las
fiebres y las características climáticas. Estuvo muy influenciado por los tratados
hipocráticos, lo que le llevó a retornar al concepto de constitución epidémica, dividiendo
las enfermedades agudas en epidémicas, estacionarias, intercurrentes y anómalas238.
Michael Foucault afirma que:

La constitución de Sydenham no es una naturaleza autónoma, sino el complejo


de un conjunto de acontecimientos naturales: cualidades del suelo, climas,
239
estaciones, lluvia, sequedad, centros pestilentes, penuria...

Durante la segunda mitad del XVIII, en el panorama europeo, se establecieron


dos corrientes claramente definidas: la inglesa, donde la geografía médica contaba con
un gran número de cultivadores de renombre, entre los que destacan Cleghorn, Hillary

238
LAÍN ENTRALGO, P. ( 1982). Opus cit, p. 317.
Algunos autores han interpretado en la obra de Sydenham, que el alcance de la «constitución
epidémica» se reduce al aspecto meteorológico del año.
239
FOUCAULT, M. El nacimiento de la clínica: una arqueología de la mirada médica. México;
Buenos Aires: Siglo XXI, 1978, p. 42.

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Rutty y R. Jalison240; y la francesa, donde se había mostrado una creciente preocupación


y curiosidad por el espacio y la relación de éste con la enfermedad241, lo que llevó a
iniciar una tarea sistemática de observación, y recopilación de datos meteorológicos,
hidrológicos y demográficos. Hautesierck, en 1776, propone a los galenos militares
franceses, un trabajo investigador que procuraba abordar El estudio de las topografías
(la situación de los lugares, el terreno, el agua, el aire, la sociedad, los temperamentos
de los habitantes), observaciones meteorológicas (presión, temperatura, régimen de
vientos), análisis de las epidemias y de las enfermedades reinantes, descripción de los
casos extraordinarios242. Esta situación generó que en el panorama franco se produjeran
numerosas topografías médicas, entre las que cabe destacar la dedicada por Meneuref a
París en 1786, los trabajos de Lepecq de la Cloture sobre Rouen en 1778, la monografía
de Bouquet sobre el distrito de Boulogne y la Topografía Médica de Montpellier de
Murat.243

En este momento existe una destacada preocupación por las causas de la


enfermedad. Claro ejemplo es el médico italiano, G. M. Lancisi (1654-1720), quien
ayudado por algunas ideas de los químicos del siglo precedentes sobre la fermentación
de las aguas estancadas, encontró que en los vapores emanados de los pantanos la
causa fundamental de las enfermedades y epidemias244. Desde mediados de siglo XVIII,

240
ACKERKNECHT, E. H. Medicina y sociedad en la Ilustración. In, Historia Universal de la
Medicina, Tomo V, 1973, p. 143-151.
241
FOUCAULT, M. (1978). Opus cit, p. 49.
En 1786, J. J. Meneuref aseguraba que (…) existe una cadena que vincula en el universo, en la
tierra y en el hombre, a todos los seres, a todos los cuerpos, a todas las afecciones: cadena cuya
sutileza al eludir las miradas superficiales del minucioso experimentador y del frío disertador
descubre al genio verdaderamente observador.
242
Ibidem, p. 52.
243
FOUCAULT, M. (Dir.); ALLIAUME, J. M.; BARRET-KRIEGEL, J.-M.; BÉGUIN, B.; RANCIÈRE, D.; et
alii. Politiques de l'habitat: 1800-1850. Paris: Collège de France/Equipe de recherches de la Chaire
d'histoire des systèmes de pensée, 1977. (Informe para el Comité para la Investigación y el
Desarrollo en Arquitectura). Paris: Corda, 1977; Y FOUCAULT, M. y otros: Les Machines à guérir:
aux origines de l’hôpital moderne. Paris; P. Mardaga, 1979.
244
URTEAGA, L. Miseria, miasmas y microbios. Las topografías médicas y el estudio del medio
ambiente en el siglo XIX. In, Geocrítica. Cuadernos críticos de Geografía Humana. Año V, nº 29;
Barcelona: Universidad de Barcelona, noviembre de 1980, p. 6.
En las últimas décadas del setecientos, y en relación con el avance de la química y su influjo en la
medicina, se producen intensos esfuerzos para precisar la naturaleza de los componentes de
estos miasmas y su comportamiento químico. Para J. P. Janin (1731-1799) estos vapores
pestilenciales tienen carácter alcalino, mientras que para Guyton de Morveau (1737-1816), las

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los miasmas aparecen por doquier, muchas veces como complemento de las
alteraciones atmosféricas, manteniendo su protagonismo hasta la segunda mitad del
siglo XIX, atribuyéndosele el origen de epidemias como el cólera, las tercianas y la fiebre
amarilla, entre otros.

35. Portada de Memoria sobre la Naturaleza del contagio de


la fiebre amarilla, por Antonio Cibat (1805).

En España, destaca la figura del médico Antonio


Cibat quien escribe en 1805, sobre la acción
contagiosa de la fiebre amarilla: El gas animal que
se levanta del cuerpo de los contagiados, si no es
diluido por el aire agitado, forma una neblina que
ocupa la circunferencia de los afligidos, que son su
centro, del que emanan como otras tantas fuentes
los vapores o miasmas contagiosos (…)245. Ubicó el
núcleo de estas emanaciones malignas, en lugares
de podredumbre, tales como cloacas, cementerios
o cárceles, en los cuales proponía que fueran
sometidos a vigilancia, limpieza y aislamiento que
favoreciera la desaparición de dichos hedores. Esta generalización de las doctrinas
miasmáticas, que la ciencia médica procura custodiar y guardar, trajo consigo la
aceptación de una serie de puntos focales de la enfermedad, desde los que los
mortíferos miasmas se difunden.

Estos estudios científicos y médicos que se realizaron sobre el medio urbano,


constituyeron una reflexión sobre este espacio y sentaron las bases para una sistemática
preocupación por los vientos, que se consideraban agentes de la dispersión de los

emanaciones pútridas son amoniacales y para Latham Mitchill (1764-1831), representante de la


escuela americana, los miasmas son el resultado de la acción del septon -un óxido de nitrógeno-
sobre el oxígeno. En consonancia con estas teorizaciones, se concretarán desde finales del XVIII
una serie de medidas terapéuticas y preventivas, consistentes principalmente en la fumigación de
los lugares apestados o con peligro de contagio con diversas sustancias, como el ácido nítrico y
clorhídrico y el gas cloro.
245
Ibidem, p. 6-7.

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miasmas. A todo ello, se le unía una persistente atención sobre aquellos lugares
concretos que eran considerados como focos de peste o enfermedad y que podían
causar epidemias, tales como pantanos, mataderos, estercoleros, …, y que, por tanto,
debían ser objeto de vigilancia y ordenación.

36. Anónimo: Johan Peter Frank, Lanzedelly (1845).

En este momento, junto a la importante


consideración que se tiene a las doctrinas
miasmáticas, se le unía la idea de la
enfermedad como fenómeno social, muy
difundido durante el siglo XIX. Casi
terminando el siglo XVIII, se estableció una
corriente que albergaba a algunos médicos
que otorgaban una destacada importancia a
factores como la pobreza, el exceso de
trabajo, la mala alimentación, el hacinamiento
en barrios insalubres, y otros factores de tipo
económico-social, que daría una explicación al impacto de determinadas enfermedades
sobre la población del momento. El médico austriaco J. P. Frank (1745-1821), publicó, en
1790, un folleto que tituló, La miseria del pueblo, madre de enfermedades, documento
de considerable peso en el pensamiento médico de la época, que modifica el
pensamiento que hasta la fecha se tenía sobre las condiciones de vida y trabajo de las
clases proletarias, apareciendo como focos o agentes de procesos patógenos, que el
médico debe escrutar estrechamente a la hora del juicio diagnóstico. Junto al folleto,
escribió entre 1779 y 1819, un extenso tratado de higiene pública titulado System einer
volltaendigen medizinischen Jolize, en 6 Tomos, donde se recogen las principales
doctrinas sobre Sanidad Pública de la época, además de aparecer desarrollada una
teoría social de la enfermedad.246

La medicina practicada durante la perfiló lo que será uno de los puntos


neurálgicos del paradigma higienista del siglo XIX: la consideración de un «espacio

246
CASTIGLIONI, A. (1941). Opus cit, p. 611.

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social», que debe unirse al espacio puramente físico, para ser estudiados y analizados a
la hora de desentrañar los procesos morbosos. Existirán dos rasgos fundamentales, la
fidelidad al legado hipocrático, y la sugestión de la observación empírica, que
constituirán una de las características metodológicas más habituales en las monografías
médicas de este momento.247

Todos estos descubrimientos ocurridos durante la segunda mitad del siglo XVIII,
ayudaron a que numerosos médicos establecieran conexiones entre la morbilidad-
mortalidad y el medio ambiente. Tímidamente se habían relacionado las aguas, los
vientos, el aire, los climas, el suelo, la alimentación con la aparición de epidemias, su
difusión a través de miasmas y la distribución espacial de las enfermedades. Tras dejar
atrás la idea del cuerpo humano como lugar privilegiado de enfermedad, la medicina se
enfrentó a un espacio mucho más amplio, primeramente físico para acabar fusionándolo
con el social. Esta disciplina será la primera en elaborar un estudio del espacio como
coadyuvante de la enfermedad, en relación constante con la ubicación geográfica.

A estas inquietudes científicas individuales, se le unió un marcado interés desde


determinados grupos de científicos durante la segunda mitad del siglo XVIII, en el que se
da inicia a una política de la salud impulsada por los estados absolutistas que gobiernan
en el panorama europeo, además de instrumentalizar, a través de las sociedades
científicas, las nuevas demandas sociales que se imponen ante el impacto de
enfermedades endémicas y nuevas epidemias, como fiebre amarilla y cólera,
constituyéndose así un marco institucional y social que ayuda a explicar el desarrollo del
higienismo248. Es durante este periodo cuando se produce una reorientación de las
actitudes sociales ante el fenómeno de la enfermedad. En contraposición a épocas
anteriores, el tradicional fatalismo que presidía cualquier brote, vendrá sustituido por
un desarrollo de medidas de saneamiento y control. Esta nueva preocupación se
materializó en la arquitectura donde, en lugar de los viejos hospitales generales y asilos
que diferenciaban entre enfermos, locos, ancianos y mendigos, se dio inicio al estudio
de dispensarios y hospitales especializados y bien diferenciados.

247
KUHN, T. S. La estructura de las revoluciones científicas. Madrid: Tecnos, 1975, p. 34.
248
URTEAGA, L. (1980). Opus cit, p. 10.

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A partir de 1720, se implantaron una serie de estrategias de prevención que


asentaron en dos ejes que se movilizaron paralelamente: desde el poder, se adoptaron
nuevas tecnologías de la salud, tales como las citadas estrategias que buscaban prevenir
el surgimiento de las epidemias, o las tentativas para difundir la vacunación antivariólica
de finales de la centuria, que proporcionaba una nueva forma de enfrentarse a la
enfermedad y las consecuencias de esta en la población. En un primer momento, los
gobiernos inician una serie de medidas que procuraban conocer la situación en la que se
encontraban los servicios sanitarios presentes en sus territorios. Tres ejemplos se
exponen a continuación: el inglés J. Howard elabora un informe sobre el estado de los
hospitales y las cárceles en su país249; en Francia, se le encarga a la Comisión oficial
nombrada en 1785250 para informar sobre la situación hospitalaria; y, por último, los
dictámenes presentado por los inspectores de epidemias que recorrieron España, para
informar a la Junta de Sanidad sobre la situación de la sanidad en todo el territorio.
Todos estos ejemplos, responden a la necesidad de recoger una amplia información
sobre el estado de la sanidad y el posible daño que pudiera infringir al cuerpo social. En
una segunda fase, la vigilancia de los puntos críticos o fuentes de contagio no fue su
objetivo, sino que el espacio urbano en general se descubrió como lugar privilegiado de
análisis.251

Como es de suponer, las sociedades científicas no estuvieron apartadas de este


proceso científico y social, siendo éstas las que instrumentalizaron las nuevas políticas
de salud pública, de las que fueron ejemplo las Academias de Medicina. En España, la
medicina era una de las primeras disciplinas científicas en dotarse de instituciones

249
HOWARD, J. The state of the Prisons in Englad and Wales (1777), y An Accout of the principal
lazaretos in Europe (1789).
250
Se publicaron numerosos trabajos y memorias sobre hospitales, como la Mémoire sur la
construction d´un hôpital, de 1783 de Hugues Maret o la Mémoire sur la nécessité de transférer et
reconstruire l´Hôtel-Dieu à París, que los arquitectos Coquéau y Bernard Poyet publicaron en
1785. Las más famosas e importantes, no obstante, fueron las Mémoires sur les hôpitaux de
Paris, publicadas en 1788 por el cirujano J. R. Tenon.
251
FOUCAULT, M. (1978). Opus cit, p. 13.
En palabras de Foucault: La ciudad con sus principales variables espaciales aparece como un
objeto a medicalizar. Mientras que las topografías médicas de las regiones analizan datos
climáticos o hechos geológicos sin posible alternativa, y no pueden sugerir más que medidas de
protección o de compensación, las topografías de las ciudades diseñan, al menos
esquemáticamente, los principios generales de la planificación urbanística.

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propias. En 1734 se crea la Real Academia Médica Matritense, y no es hasta mediados


de siglo, cuando aparecieron Colegios de Cirugía en Cádiz, Barcelona y Madrid. Estas
instituciones tendrán una influencia decisiva en la reforma de la enseñanza y la práctica
médica, así como en la investigación científica en el campo de la Salud Pública.
Finalizando este siglo, el XVIII, desde las Academias de Medicina se fomentaron estudios
sobre geografía médica, también denominadas topografías médicas. El interés por este
género de investigaciones aumentó notablemente durante el siglo siguiente, caldo de
cultivo de la investigación científica de la ciudad y de las diferentes tipologías
arquitectónicas que el higienismo desarrolla a lo largo de todo el siglo XIX,
especialmente en su segunda mitad252. A ellos, se une un enfoque denomina ecológico,
que va a dominar la literatura higienista, presente hasta la sacudida que supuso una
revolución científica basada en los descubrimientos bacteriológicos realizados en 1880,
que estableció la base de una nueva explicación sobre el origen y naturaleza de las
enfermedades contagiosas denominado mentalidad etiopatológica.253

37. Robert Koch, descubridor del bacilo de la tuberculosis


(Fuente: Les Prix Nobel, 1907).

A partir de 1880, se descubrieron la mayoría de


los microbios productores de las enfermedades
infecciosas, fabricándose, en la medida de las
posibilidades, todas aquellas vacunas con la
finalidad de luchar racionalmente frente a los
causantes de las enfermedades. El aislamiento
de gérmenes patógenos fue de considerable
relevancia a partir de 1871, momento en el que
A. Hansen localizó el agente causante de la
lepra. En la siguiente década, L. Laveran

252
Las topografías médicas dedican un buen número de páginas a tratar el marco urbano,
atendiendo a la descripción de calles, el estado de las viviendas, el abastecimiento de agua y
sistema de alcantarillado, describiendo minuciosamente los edificios considerados focos de
mefitismo, como hospitales, casas de beneficencia, inclusas, cuarteles, cárceles, cementerios,
templos, y teatros, entre otros.
253
LAÍN ENTRALGO (1978). Opus cit., p. 489.

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encuentra el plasmodio de la malaria (1880), R. Koch descubre el bacilo de la


tuberculosis (1882) y, un año más tarde, se aísla el vibrión colérico. Paulatinamente, los
microorganismos causantes de enfermedades como la peste, la disentería, la fiebre
amarilla o la difteria, que habían asolado a las poblaciones mundiales en los últimos
siglos, sucumbieron ante una actividad científica que buscaba erradicar cualquier
situación o agente dañino para la Humanidad.

Algunos autores como Kuhn, han denominado como revolución bacteriológica a


este proceso, caracterizando las revoluciones científicas como (…) aquellos episodios de
desarrollo no acumulativo en que un antiguo paradigma es reemplazado completamente
o en parte, por otro nuevo e incompatible254. Es a partir de este momento, cuando se
establecen claramente las diferencias entre la medicina tradicional y la nueva medicina
bacteriología: mientras la primera se basaba en la teoría de los miasmas, con la
presencia de un interés supraindividual (medio ambiente, marco social,…) y empleaba
como herramienta de lucha frente a las enfermedades las cuarentenas y fumigaciones,
la segunda basaba sus conocimientos en la existencia de microorganismos centrada en
el individuo con sus fenómenos internos y luchaba con ellos mediantes el empleo de las
vacunas. La nueva epidemiología abandonó los estudios empíricos de carácter general y
se centró en el laboratorio siguiendo un método experimental bien definido.

La figura de Méndez Álvaro, uno de los higienistas mejor formados e informados


del panorama español, da testimonio de la llegada de las corrientes higienistas a este
país. En un discurso pronunciado en 1882, su actitud, cautelosa y reticente, es un
magnífico ejemplo de cómo son recibidas por los profesionales médicos estos nuevos
conocimientos:

Si estos prodigios de la ciencia moderna ofrecieran el carácter de positivos, que


algunos les otorgan, hallaría la higiene en su aplicación la profilaxis de muchas
terribles enfermedades, y la humanidad estaría, por tanto, de enhorabuena. Más,
sin incurrir en un prematuro y poco reflexivo entusiasmo, y mientras se averigua
cuál sea el legítimo papel de esos organismos patogénicos, debemos limitarnos a
exponer las ventajas ya obtenidas y sospechadas, a concebir esperanzas muy
lisonjeras para un porvenir más dichoso. El tiempo aclarará si esos organismos
(...) son causa, o efecto de las enfermedades en que se observan, o si su aparición

254
KUHN (1975). Opus cit., citado en URTEAGA (1980). Opus cit., p. 24.

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se reduce a pura coincidencia con un estado ya morboso del organismo que


255
favorezca su desenvolvimiento.

En 1915, J. Ferrán, descubridor del bacilo del cólera, publicó un opúsculo dedicado
al tema de la higiene. En él, diferenciaba claramente entre la gran higiene y la pequeña
higiene, considerando además que hasta entonces, en España solamente se había
desarrollado la segunda, precisándose implantar la primera. Las define a cada uno de la
siguiente manera:

Consiste esta defensa en la inmunización individual específica por medio de


vacunas inofensivas. A esta manera de protegernos contra las enfermedades
microbianas, tan sumamente sencillas y eficaces, la llamo yo gran higiene. El
segundo procedimiento consiste en destruir los microbios por todos los medios
imaginables o en alejarlos de nosotros. Su eficacia es innegable en ciertos y
determinados casos; pero como obra con frecuencia a ciegas, fracasa muchas
veces, resultando por esto y por muchas causas onerosísima. Al cúmulo de
preceptos y dictados para poner en práctica el segundo procedimiento, es lo que
256
yo llamo pequeña higiene.

A partir de 1880, se creó una redefinición de los problemas a abordar por este
campo, sus métodos y técnicas para resolverlos. Este intento de innovar encontró
resistencia entre los higienistas más apegados a lo modelos convencionales. Se produjo
una campaña de crítica implacable contra la higiene tradicional orquestada por los
nuevos investigadores, que quedó fielmente retratado en el volumen de publicaciones
sobre Microbiología, que provoca, poco a poco, un decrecimiento del interés por los
estudios higiénicos con enfoque ecológico.

3.2.2. LA INTRODUCCIÓN DEL HIGIENISMO EN ESPAÑA.

El convulso siglo XIX español, estará caracterizado por una política y economía
heterogénea y compleja. A la herencia ilustrada del XVIII se le une el afianzamiento de la
ideología liberal, visionada como una ruptura con todo lo anteriormente establecido en
España, y caracterizado por el sistema político del Antiguo Régimen. Con la muerte de
Fernando VII se producirán una serie de cambios políticos y sociales que constituirán la
cimentación de algunos de los más importantes logros científico-sociales de este país.

255
URTEAGA (1980). Opus cit., p. 25.
256
Ibidem.

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Estos logros, entre otros, se condensaron en una marcada necesidad de mejorar


la atención médica a las clases sociales más desfavorecidas. Existían en el territorio
español, una alta tasa de mortalidad secundaria a enfermedades y epidemias que
afectaban a un gran sector de la población sin diferenciar clase social alguna. Poco a
poco se fueron identificando posibles causas de estas cifras escalofriantes que
diezmaban la población, como eran la desnutrición y el hacinamiento. A ello se unió un
contacto frecuente de los galenos con estos problemas y con la población afectada,
situación que ayudó a los primeros estudios sobre la mortalidad, así como a una
frecuente denuncia de las condiciones reales y míseras de la población.

Algunos higienistas como Turner Thckranh, Arnold, Chadwick, Villermé o Virchow,


motivados por la publicación, en 1790, de la obra del médico vienés J.P. Frank titulada
La miseria del pueblo, madre de enfermedades, contribuyeron con sus estudios a
refundar la higiene, que junto a la medicina legal, conformaban la denominada medicina
pública257. Con la higiene se pretendió abarcar todos aquellos campos existentes de
actuación relacionados con la sociedad y las enfermedades, conformándose una nueva
disciplina bien definida. Higienista como el español Celestino Gómez, definen clara y
acertadamente el marco de conocimiento en el que se mueve la Higiene:

…es ley en la humanidad que el hombre eduque su cuerpo, lo mantenga en salud,


fuerza y belleza, y establezca entre todos sus órganos, miembros y sentidos una
recíproca relación, conservándose sano, fuerte y digno del objeto para el que fue
creado. Cultivando su espíritu en medida y proporción, puede darle un desarrollo
armónico con su cuerpo, estableciendo entre ambos esa intimidad de vida y de
expresión que constituye el ideal de la Humanidad y el principal objeto de la
Higiene. Considerado este ramo del saber bajo un punto de vista tan elevado,
abraza todos los objetos de la Naturaleza, porque en realidad no hay nada en el
Universo que no pueda ser útil o perjudicial al hombre; así se comprende que la
Higiene haya sido objeto, no sólo del estudio de los médicos sino también del de
258
los sabios, filósofos, moralistas y políticos.

Las innovadoras ideas pertenecientes a la corriente higienista, penetraron en


España, a mediados del siglo XVIII, gracias al credo liberal de base ilustrada que

257
ALCAIDE, R. La introducción y el desarrollo del higienismo en España durante el siglo XIX.
Precursores, continuadores y marco legal de un proyecto científico y social. In, Scripta Nova.
Revista electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. nº 50; Barcelona: Universidad de Barcelona,
1999.
258
PAULIER, A. Manual de Higiene pública y privada. Valencia: Librería de Pascual Aguilar, 1881.

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favoreció la llegada de documentos y tratados sobre el diagnóstico y tratamiento de


enfermedades laborales. La segunda mitad de este siglo vendrá definida por las
actuaciones sobre los problemas del proletariado que abordarán médicos como José
Masdevall, Francisco López de Arévalo o Ambrosio María Ximénez de Lorite259, para dar
paso a un desarrollo mucho más exhaustivo en la primera mitad del siglo XIX. En este
periodo, figuras como los médicos Ignacio María Ruíz de Luzuriaga y Mateo Seoane
Sobral serán los artífices del asentamiento de las bases y posterior desarrollo del
Higienismo español. El primero, era un médico internista formado en los mejores
hospitales y escuelas ingleses, que ocupó un cargo de carácter estratégico en la
Administración española, dirigiendo los asuntos relacionados con la Salud Pública260. El
segundo, junto con sus discípulos, Pedro Felipe Monlau y Francisco Méndez Álvaro,
constituyó la triada de médicos que férreamente defendieron el higienismo durante la
primera mitad del siglo XIX.

38. Mateo Seoane: Memoria Histórica del cólera-


morbo asiático en España (1858).

Mateo Seoane (1791-1870), fue un


vallisoletano que cursa sus estudios de
medicina en Salamanca donde los concluyó
en 1812. Sus tintes políticos liberales
llevaron a su inhabilitación para la
docencia, así como el destierro a diferentes
puntos del territorio peninsular. Durante
esta época, ejerció de médico rural, a la
que se unieron actividades políticas que
favorecieron el derrocamiento del régimen
absolutista imperante en España, logrando,
en 1820, la inauguración del Trienio

259
LÓPEZ PIÑERO, J. M. Medicina y sociedad en la España del siglo XIX. Madrid: Sociedad de
Estudios y Publicaciones, 1964; p. 115-117.
260
LÓPEZ PIÑERO, J. M. Diccionario histórico de la Ciencia Moderna en España. 2 Tomos.
Barcelona: Editorial Península, 1983, p. 275-278.

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Liberal. Es ahora cuando su papel político y social es mucho más activo, llegando a
ocupar un escaño como diputado y ser el principal responsable de Proyecto de Código
Sanitario de 1822, que aunque no llegó a aprobarse, pesó considerablemente en la
organización de la sanidad e higiene pública española. Nuevamente instaurado el
absolutismo en 1823, se exilió a Londres, donde permaneció durante una década,
constituyendo un hito en el movimiento liberal en el exilio. Algunos de los trabajos más
relevantes de su época londinense tratan sobre el cólera, llegando incluso a publicarse
en la España absolutista algunas de sus obras. En 1834 se acogió a una amnistía
decretada para los liberales por la regente María Cristina, salvoconducto que le permitió
su regreso a España, donde se convirtió en una de las personalidades científicas más
prestigiosas.261

39. Anónimo: Retrato del médico Pedro Felipe Monlau y


Roca (1840-60).

Entre sus aportaciones, a parte de las políticas


y legislativas, está la creación del Cuerpo de
Sanidad Militar en 1836, a lo que se unió su
vocalía en la Junta Suprema de Sanidad y su
condición de consejero del Consejo de Sanidad
del Reino, desde su constitución en el año
1845. En el campo de la docencia médica,
destacará por la elaboración de Plan General
de Estudios de 1845, así como en la legislación
española sobre higiene pública con su
participación en la elaboración de la Ley
Orgánica de Sanidad de 1855. Fue destacada su producción científica que hizo llegar a
los profesionales médicos mediante artículos y memorias, en los que está presente una

261
ALCAIDE, R. (1999). Opus cit., p. 3-5.
Su estancia en tierras inglesas coincidió con una férrea influencia de Jeremy Bentham (1748-
1832), filósofo y jurisconsulto británico, además de ser una de las personalidades que
contribuyeron a la formación del pensamiento constitucionalista europeo de principios del siglo
XIX. Dicha influencia en la obra de esta triada, le da la posibilidad de entrar en España a unos
presupuestos higiénicos de marcada índole social y democrática, junto a estudios médico-sociales
procedentes de la corriente higienista germánica encabezada por J. P. Frank.

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destacada preocupación por el avance de las ciencias médicas y la higiene en nuestro


país.

Sus discípulos más influyentes, Monlau y Méndez Álvaro, sobresalieron por sus
conocimientos avanzados sobre el cólera, sus excelentes contactos con las más altas
figuras del higienismo inglés y su conocimiento de los estudios higiénicos que se
desarrollaban en la Europa continental. El médico barcelonés, Pedro Felipe Monlau y
Roca (1808-1871), fue otro de los más destacados protagonistas del movimiento
higiénico en España. Se licenció en medicina en 1831, y obtuvo el grado de doctor dos
años después. Adscrito al cuerpo de Sanidad Militar en 1833, mantuvo, como su
maestro, una ardiente actividad política liberal que compaginó con una importante
actividad y producción científica. A ello debemos agregar su ejercicio como docente en
universidades como las de Barcelona, Valencia o Madrid. En 1851 se le designa como
delegado médico español en la primera Conferencia Sanitaria Internacional de París,
cargo que repitió ocho años más tarde; entre 1847 y 1855, estuvo asociado al Consejo
de Sanidad del Reino262. Para Monlau la higiene pública es …la referente a la
conservación de la salud de las colecciones de individuos, de los pueblos, de los distritos,
de las provincias, etc., estudia todas las causas de insalubridad pública y consigna los
preceptos oportunos para remediarlas263. Tras emitir esta consideración, divide su
estudio en cinco secciones: la Atmosferología, que trata aspectos relacionados con el
aire, las poblaciones y la policía médica sobre el medio urbano; la Cosmetología, que
hace referencia a los vestidos y la limpieza; la Bromatología, que trata de los alimentos y
los condimentos; la Gimnástica, dedicada al ejercicio, las profesiones y el reposo; y por
último, la Perceptología, que trata de las sensaciones, a las que divide en externas e
internas, y que contiene los temas relacionados con el estudio de la población
(natalidad, mortalidad, fecundidad, matrimonio o poblacionismo).

El médico higienista Francisco Méndez Álvaro (1806-1883), nacido en Ávila,


aunque desde muy temprana edad marchó, junto con sus padres, a Madrid. Es allí,

262
Ibidem, p. 5-7.
263
Ibidem, p. 6.
Realiza una recopilación de las leyes, decretos, reglamentos, providencias y demás disposiciones
oficiales, antiguas y modernas, relacionadas con el campo de la sanidad e higiene pública general
y municipal.

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donde inicia y continúa su formación académica, iniciando estudios médicos en el


Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid en 1823. Doctorado en 1834, los años
siguiente los pasó ejerció de médico rural hasta que, en 1836, ingresó en el Cuerpo de
Sanidad Militar, en la Plana Mayor, cuyo organizador era Mateo Seoane, quién lo tomó
como ayudante y pupilo. Al año siguiente abandonó la práctica médica, dedicándose al
periodismo y a la vida política dentro del partido moderado. Entre sus cargos políticos
están: alcalde de Madrid, Diputado en Cortes, vocal de la Junta de Beneficencia,
presidente de la Junta Municipal de Beneficencia de Madrid, consejero de Instrucción
pública y, entre 1847 y 1854 , secretario del Consejo de Sanidad del Reino.

40. Bernardo Blanco Pérez: Francisco Méndez


Álvaro (entre 1801 y 1900).

Fue un excelente conocedor del


proyecto higienista británico y en
general, de los últimos avances en
materia higiénica llevados a cabo en
Europa. Además, se preocupó de la
mortandad causada por las epidemias en
España, a los que dedicó artículos que
abordaban temas relacionados con la
fiebre amarilla, la viruela, el cólera, la
lepra, la gripe y la pelagra, entre otros
muchos. Intervino además, en la
elaboración de la Ley de Sanidad de
1855, junto a Seoane, y en decretos como el de 1854, por el cual se organizaban los
partidos médicos, se planificaba la asistencia gratuita a los pobres, se regularizaba el
servicio de Higiene Pública y Medicina Legal, y se establecía la vigilancia del ejercicio de
la profesión. Debe destacarse la reforma hospitalaria de Madrid en 1845, preámbulo del
inicio de una larga serie de proyectos referentes a la mejora de las instituciones
sanitarias de nuestro país, que no culminará hasta 1882. Uno de los logros
institucionales fundamentales en la historia del higienismo español en el que participó
Méndez Álvaro, fue la fundación de la Sociedad Española de Higiene, que él presidió,
cuyos objetivos se dirigían a propagar los conocimientos higiénicos, crear institutos de

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higiene, fomentar esta disciplina desde el punto de vista de la docencia y de la


investigación, y confeccionar una estadística demográfico-sanitaria.264

La diferencia entre Méndez Álvaro y Monlau, es el talante político ligeramente


conservador del primero, aunque es el prototipo de liberal moderado. Puede decirse
que su producción científica destacan dos obras: Consideraciones sobre la higiene
pública y mejoras que reclama en España la higiene municipal (1853) y La habitación del
menesteroso, considerada bajo el aspecto higiénico social (1874)265. La primera, está
considerada el alegato higienista más importantes de su tiempo; la segunda, más densa
que la primera, en el que la visión del higienismo español es visto con unos ojos más
cautelosos y conservadores.

El periodo comprendido entre 1868 y 1874 supuso para los sectores más
conservadores españoles un momento de peligro muy próximo al anarquismo social.
Este periodo recortó libertades y reprimió a determinados sectores de la sociedad,
imponiendo limitaciones a nivel electoral, de prensa y en la enseñanza. Pese a todo ello,
desde los grupos políticos más conservadores se procuraron un crecimiento económico
y una modernización de un país obsoleto, en el que era precisa la presencia de la paz
social. Para su logro se necesitaba establecer una serie de concesiones que socialmente
se reclamaban, entre las que se encontraban numerosas cuestiones que estaban
presentes en el discurso higienista del siglo XIX.

Los conocimientos, que tanto Monlau como Méndez Álvaro habían aportado a la
ciencia favorecieron marcadamente el continuismo de las doctrinas higienistas
españolas. Caló tan hondamente en la conciencia de los individuos, que desde las
Universidades se comenzaron a crear un espacio, que en forma de cátedras de higiene,
hecho que manifestaba a la población la importancia de esta disciplina. Junto a ellas, se
fundaron Academias donde formar a los profesionales en los principios más básico y
fundamentales, destacando la fundada en Cataluña en 1887. A su vez, se redactaron

264
MÉNDEZ ÁLVARO, F. El Siglo Médico. Tomo XXVIII. Madrid: 1881.
265
El segundo es una contestación al discurso titulado El problema relativo al hogar del obrero,
pronunciado por el académico electo Rogelio Casas de Batista en la recepción pública en la Real
Academia de Medicina de Madrid.

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reglamentaciones y se habilitaron leyes, ampliamente divulgadas, que procuraban la


lucha contra las enfermedades y epidemias.266

Dentro del entorno barcelonés, se consolidaron dos destacadas personalidades


del movimiento higienista: Juan Giné Partagás y Rafael Rodríguez Méndez, ambos
continuadores de la escuela higienista fundada por Monlau. El primero, Juan Giné
Partagás (1836-1903), fue un médico licenciado en Barcelona en 1858 y doctor en 1862.
Entre 1863 y 1866, trabajó como ayudante en la facultad de Medicina de Barcelona,
para posteriormente marchar a Santiago de Compostela donde tomará posesión de su
cátedra. Al año la abandona para regresar a Barcelona donde es nombrado catedrático
de Higiene en la Facultad de Medicina, y ganado posteriormente la de Clínica Quirúrgica.
Será nombrado Decano de esta Facultad en 1892, cargo desde el que procurará impulsar
la construcción de la nueva Facultad y del Hospital Clínico.267

Debe destacarse que representó a España en el Congreso Internacional de Higiene


de Ginebra de 1882 y fue nombrado director del Cuerpo Médico Municipal de
Barcelona. Entre sus obras que abordan la temática higienística destacan básicamente
dos: el Tratado de higiene rural (1861) y el Curso elemental de Higiene privada y pública
268
(1871-1872) . El primero constituye un resumen de sus arduas experiencias como
médico rural antes de incorporarse como ayudante en la Facultad de Barcelona; en el
segundo, trata los múltiples aspectos urbanísticos tales como las vías públicas, la
vivienda, la población, el abastecimiento y evacuación del agua para consumo humano,
los edificios públicos, tales como cárceles, mataderos, hospitales y escuelas, entre otros,
los establecimientos bromatológicos y la policía sanitaria rural. Además, aborda la

266
Madrid y Barcelona se convierten en los núcleos poblacionales más destacados donde hay un
mayor vigor los estudios higiénicos con las realizaciones sociales derivadas de ellos.
267
LÓPEZ PIÑERO, J. M. (1965). Opus cit., p. 178-180.
Su actividad intelectual fue muy amplia y polifacética, pues compaginó estudios de Psiquiatría,
Dermatología e Higiene, con una fecunda producción literaria en la que destacó como autor,
traductor y compilador, además de como periodista desde la tribuna de dos
publicaciones médicas barcelonesas de gran importancia: El Compilador Médico y La
Independencia Médica, revista que fundó en 1869. En 1866 fundó el Instituto de Medicina de
Barcelona, institución extraoficial que sirvió como ensayo de una escuela libre de medicina, y en
1873 fue nombrado director del manicomio de Nueva Belén en Sant Gervasi de Cassoles
(Barcelona).
268
Fue premiado por la Real Academia de Medicina de Madrid en 1876.

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higiene industrial en sus diferentes vertientes269. Tanto una como la otra, se caracterizan
por presentar un espíritu utilitarista y práctico, no exento de eclecticismo en algunas de
las fases de su producción literaria y científica. En lo referente a su ideología, pese a
estar considerablemente influida por Pedro Felipe Monlau y Roca, Giné presentó una
mente más abierta en lo referente a la comprensión de los cambios sociales y de algunas
de las reivindicaciones obreras, aunque siempre observa a la clase obrera y sus
problemas desde una posición burguesa conservadora, carente de compromiso social.

41. Anónimo: Retrato del médico granadino Rafael


Rodríguez Méndez (1901-05).

En segundo lugar destacó médico granadino


Rafael Rodríguez Méndez (1845-1919),
quien estudió medicina y se doctora en el
año 1870 en Madrid, desempeñando en la
Facultad de Medicina de Granada diversos
cargos como: auxiliar de las cátedras de
Higiene, Patología general, Clínica de
Obstetricia, Terapéutica y Fisiología, entre
otros; fue también el encargado de la
Sección de Dermatología y Sifiliografía270. En
1874 marchó a Barcelona para tomar
posesión de la cátedra de Higiene Privada y
Pública de la Universidad, magisterio que desempeñó hasta su jubilación. Su dilatada
trayectoria estuvo marcada por una actividad importante, ocupando numerosos cargos:
vicepresidente de la Academia y Laboratorio de Ciencias Médicas de Cataluña,

269
ALCAIDE, R. (1999). Opus cit., p. 15-17.
Divide a la Higiene Industrial en dos grandes tipos: la extrínseca o aquella referida a las
circunstancias independientes del trabajo (la vivienda, el salario, el régimen alimenticio,…), que
inciden en la población obrera y expone los medios conducentes a aumentar el bienestar y
conservar la buena salud de los industriales cuando están fuera de las influencias directas del
taller; y la intrínseca que examina las condiciones particulares relativas a la materia, lugar,
naturaleza y agentes de trabajo a que se hallan sometidos los obreros, a fin de encontrar los
medios más adecuados para sanear las industrias.
270
PLANAS Y VIVES, G. Biografía del Dr. Don Rafael Rodríguez Méndez. In, Revista de Higiene y
Policía Sanitaria, Año III, nº 28, Barcelona: 1892, p. 50-55.

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presidente de la Sección de Higiene de la misma entidad, codirector del Instituto-


manicomio de Sant Boí de Llobregat (Barcelona), miembro de la Société Française
d'Hygiène, el Ateneo Antropológico de Madrid y el Colegio de Profesores de Cataluña,
secretario general del Congreso Médico Internacional celebrado durante la Exposición
Universal de Barcelona en 1888, y presidente de la Sección 1ª de Higiene de la misma
Exposición. Posteriormente fue presidente del Primer Congreso Internacional de
Tuberculosis, destacando como introductor de las doctrinas de Pasteur en nuestro
país.271

En la producción científica e intelectual de este galeno, se conjuga la disciplina


médica con la periodística. Participó en numerosas publicaciones actuando como
divulgador social. Entre las obras divulgativas profesionales en las que realizó alguna
publicación están: Annual of the universal Medical Sciences (Filadelfia), Merck´s Bulletin
of New Discoveries in Materia Medica and Practical Therapeutics (Nueva York), Journal
d´Hygiène (Paris), La Independencia Médica (Barcelona), La Revista de Medicina y
Cirugía prácticas (Madrid), y la Gaceta Médica de Cataluña, revista que fundó, entre
otros, en 1878. A su enorme tarea divulgativa debemos añadir su labor erudita que se
materializó en numerosas obras, notas científicas, traducciones y prólogos, además de
su contribución a la formación de la Estadística sanitaria española. Ideológicamente, fue
de talante liberal y de avanzadas ideas, con un marcado evolucionismo en materias
como las disciplinas científicas y políticas.

3.2.3. LA HIGIENE EN EL CONTEXTO DE LA URBE.

Numerosos fueron los problemas que se generaron en las urbes con el aumento
importantísimo de población que se tuvo durante el siglo XIX. Estas dificultades se
centraron básicamente en la vivienda y sus características. Numerosas disciplinas
procuraron aportar sus conocimientos para lograr distintos modelos de ciudad que
ayudaran a solucionar tales cuestiones que no eran más que el producto de una rápida
industrialización que creció rápidamente en este momento. Todo ello nos lleva a realizar
un pequeño paseo a lo largo de los diferentes preceptos e ideas presentes en las
corrientes higienistas del siglo XIX que marcaron las pautas de la estructuración y

271
LÓPEZ PIÑERO, J. M. (1965). Opus cit., p. 178-180.

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distribución de la ciudad, identificándose estas cuestiones con el más alto grado de


civilización, cultura y progreso.

Algunos autores, han querido diferenciar dos escenarios, comprendidos entre


1850 a 1936, en los que una vez institucionalizadas las diferentes disciplinas
profesionales se procuraron hacer cargo de la problemática presente en el entorno
urbano. El primer periodo comprende entre 1850 y 1890, momento en el que toma
protagonismo la higiene pública, la química y ingeniería; en el segundo, establecido
entre 1890 y 1936, la higiene pública da un paso a un lado, cediendo su protagonismo a
la higiene social, constituyéndose durante este momento la ingeniería sanitaria,
disciplina que paulatinamente adquiere e incorpora en su repertorio las competencias
que tradicionalmente pertenecían a la higiene pública.272

La primera etapa, que abarca casi toda la segunda mitad del siglo XIX, se
caracterizó por una temática urbanística propuestos por profesionales como
farmacéuticos, médicos e ingenieros, y que comprendió desde la ubicación primigenia
de las urbes (localización geográfica, situación geológica, clima, vientos,…) hasta su
organización como ciudad, teniendo presente en todo momento los principios del
higienismo. Sus propuestas se fundamentaban en los conocimientos que habían llegado
de la filosofía hipocrática y vitruviana: búsqueda de climas suaves y considerablemente
soleados, la dirección de los vientos dominantes, la posibilidad de la aparición de
catástrofes naturales, a la vez que se recomendaba un alejamiento de los lugares
pantanosos. Todas y cada una de estas recomendaciones tenían una base: la creencia
que las condiciones del entorno estaban implicadas en la aparición de determinadas
enfermedades patógenas273. Urteaga se pronuncia al respecto, comentado que esta
teoría epidemiológica, que hacía hincapié en la influencia del ambiente sobre la salud y
en la teoría de los climas del siglo XVIII, vinculaba las características físicas y morales de

272
PAIVA, V. Medio Ambiente Urbano: Una mirada desde la historia de las ideas científicas y las
profesiones de la ciudad. Buenos Aires 1850-1915. In, Revista de Urbanismo, nº 3, agosto de
2000.
273
URTEAGA, L.: Ideas medio-ambientales en el siglo XVIII. «Naturaleza, Clima y Civilización».
Madrid: Akal, 1997. Colección Historia de la Ciencia y de la Técnica, nº 27.
Todas y cada una de estas teorías epidemiológicas proceden de los conocimientos aportados por
la medicina hipocrática, las cuales, como ya hemos explicado con anterioridad, formularon por
primera vez la relación entre las condiciones climáticas, cambios estacionales y la «tipicidad» de
la enfermedad que presentaba una región.

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los hombres a las particularidades climáticas de los lugares que habitaban,


constituyendo las primeras teorías sobre el ambiente aparecidas históricamente.

Esta teoría ambientalista sobre la enfermedad, durante el siglo XIX, sufrirá una
serie de modificaciones como resultado de la adquisición de nuevos conocimientos
sobre química, incorporándose una nueva imagen del padecimiento, donde se cree que
su origen microbiológico, en el que las fermentaciones y sus gases deletéreos y
sofocantes, unidos a materia orgánica producto de la descomposición, producían los
miasmas causantes de las graves enfermedades del individuo. Es el aire, y no el agua, el
que toma verdadero protagonismo, fundamental en la salud de los individuos, y
principal vector en la transmisión de enfermedades epidémicas. Adosada a esta teoría,
otra propuesta resulta arduamente interesante: ligado al «principio de circulación
constante de la materia» con un matiz importante de carácter económico.

Durante este periodo, se consideró trascendente realizar intervenciones en el


interior de la ciudad, en las que los higienistas colaboraron, renovando el interior de
éstas, y proponiendo soluciones a sus ampliaciones que buscaban la mejora de las
condiciones de vida de aquellos individuos que se incorporaban, poco a poco, a formar
parte de la clase proletaria que perseguía una lucha revolucionaria contra la clase
burguesa. Se propusieron, en primer término, el derribo de las murallas, muchas de ellas
herencia del Medievo, que a modo de «corsé», impedían el crecimiento de las urbes
hacia la zona de extramuros y si ayudando al crecimiento interior, que provocaba una
concentración demográfica caracterizada por problemas tales como el hacinamiento, la
insalubridad y la sobremortalidad. En todo ello, la especulación urbanística jugó un
papel fundamental, aprovechando el suelo hasta cotas nunca vistas. Los higienistas
atacan a este tipo de situaciones y proponen una expansión de la ciudad, lo que
ocasionaría una reducción del precio del suelo y la especulación, favoreciendo de esta
forma que los obreros pudieran acceder a unas viviendas más dignas y salubres. Esta
expansión, se materializó mediante la incorporación a las ciudades de los ensanches,
procurando la separación del núcleo urbano y originando poblaciones subalternas.274

274
URTEAGA, L. Barcelona y la higiene urbana en la obra de Monlau. In, Estudis i recerques. El
nacimiento de la infraestructura sanitaria en la ciudad de Barcelona. Barcelona: Ajuntament de
Barcelona, 1987, p. 89-99, Serie Salut Pública, nº 6. p. 92.

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A todo ello, se unió un importante esfuerzo por aportar medidas dirigidas a


ocasionar mejoras en las condiciones de vida de sus habitantes, incorporando una
reforma del espacio interior de la ciudad ya existente. Independientemente de las
modificaciones estructurales de las urbes con la eliminación de las murallas de la
geografía urbana, los higienistas proponían el destierro desde interior de las urbes, de
todas y cada unas de las actividades que supusieran una pérdida de la comodidad y la
salud para sus habitantes; esto supuso, que hospitales, cementerios o mataderos, entre
otros, fueran ubicados en el extrarradio urbanístico.

Igualmente, dentro de estas reformas, se le unieron las concernientes a la


morfología del sistema viario, que ante las nuevas necesidades, requería una
modificación de su trazado, junto con un aumento considerable de su anchura. Se
proponían como óptimas aquellas calles largas, rectas y amplias, que favorecían la
«ventilación y respiración» de la urbe y se adaptaban a una nueva necesidad, el espacio
para el tráfico rodado. También se insidió en la mejora del abastecimiento de agua, de
los alcantarillados y la pavimentación de las calles, esta última, para evitar el
estancamiento del agua de lluvia y la aparición de arroyos, incorporando plazas, jardines
y aceras que junto al mobiliario urbano aumentaron la calidad de vida en las grandes
urbes europeas.275

En la segunda etapa se produce la entrada en escena de la higiene social, la


ingeniería sanitaria y su concepción del medio urbano. En este momento, se producen
dos cambios fundamentales: primeramente, las transformaciones secundarias a la
revolución pasteuriana; y en segundo lugar, cambia la significación ideológica de las
causas sociales que originan la enfermedad.

Pedro Felipe Monlau, en su obra titulada Abajo las murallas !!!, de 1841, esbozó las grandes
líneas del pensamiento higienista, además de su idea sobre la muralla y lo que implicaba en la
ciudad contemporánea. Este trabajo fue presentado en un concurso organizado por el
Ayuntamiento de Barcelona cuyo objetivo era exponer las ventajas que implicaba el derribo de
las fortificaciones y murallas podría reportar a la ciudad y su industria.
275
Las infraestructuras para el abastecimiento de aguas y alcantarillados presentaban una
situación obsoleta, llegándose en algunas ocasiones a continuar utilizando los sistemas
establecidos desde la época romana, lo que no cubría las necesidades que planteaba la nueva
ciudad industrial que se estaba creando.

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42. Ildefons Cerdà. Proyecto de reforma y ensanche de Barcelona y sus cercanías (1859).

La teoría microbiana de las enfermedades se confecciona entre los años 1865 y


1885, gracias a las investigaciones que el químico Pasteur lleva a cabo, demostrando que
la enfermedad esta ligada a la existencia de gérmenes patógenos específicos que la
provocan, lo que desmantelaba la teoría de los miasmas presentes en cualquier
elemento considerado antihigiénico. Esta ruptura con todas las ideas anteriores, da paso
a una investigación focalizada y nominativa que busca un germen concreto que provoca
una enfermedad. Para combatirla se crean las vacunas, al tiempo que se renuevan todas
las medidas profilácticas existentes que carecían de sentido a partir de estos nuevos
conocimientos científicos. A ello se agrega un cambio en la significación ideológica de las
causas sociales que originan la enfermedad, retomando la higiene social el viejo cuerpo
programático de la higiene pública: agua, recogida de basuras, abastecimiento de aguas
y alcantarillado, pero incorporando otros muchos relacionados con causas indirectas,
como los salarios, el alojamiento y las condiciones laborales, entre otros, apareciendo
un repertorio terminológico desconocido hasta la fecha que incluye vocablos como
medio fabril, medio social, medio ambiente, …, propios de la medicina social. Incluso se
producen modificaciones dentro del ámbito industrial, relativas a la temática
característica del siglo XIX, que crea conceptos como higiene industrial, enfermedades

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profesionales, seguros contra la invalidez y vejez, y otras muchas expresiones que


rememoran la problemáticas de la higiene poblacional.

43. Anónimo: Condiciones de trabajo durante la


revolución industrial (finales del siglo XIX).

La presión ejercida en encuentros de profesionales de carácter internacional,


unida a la indiscutible relevancia que adquieren temas tales como el agua, el
tratamiento de residuos y la limpieza del subsuelo como pilares en la preservación y
mantenimiento de la Salud Pública tras la acelerada revolución microbiológica,
constituirán factores esenciales en la consolidación de la técnica sanitaria como rama
independiente con cuerpo propio. Paulatinamente, surge una nueva disciplina, la
ingeniería sanitaria, que pretende el estudio de todos aquellos grandes factores
naturales considerados como salubres, tales como el aire, la luz, el suelo, el agua, el
saneamiento y el tratamiento de sus residuos. Junto a estas atribuciones, con el tiempo,
adquiere aquellas competencias que tradicionalmente habían sido tratadas por la
higiene pública, incorporando una división de funciones entre higienismo social, que
trata los temas centrados en la calidad de vida (las enfermedades profesionales, las
epidemias, el alcoholismo, la prostitución, el alojamiento antihigiénico, el hacinamiento,
la carencia social y económica, etc.) y la técnica sanitaria, que aborda las cuestiones
relativas al medio material o físico, como los agentes naturales (aire, agua, sol, suelo) y
el medio construido.

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Este último, el denominado medio construido, hace hincapié en la organización


material del espacio con un único objetivo, el mejoramiento de la salud y la calidad de
vida. Si atendemos a los novedosos principios de la microbiología y los problemas
presentes en el ocaso del siglo, habrá un intento de intervenir en la morfología de las
urbes, centrándose en la orientación de las calles con el objetivo de asegurar el
soleamiento mínimo diario de las viviendas, el abastecimiento de aguas, materiales
higiénicos para la construcción de talleres industriales y evacuación de los residuos
mediante cloacas, entre otros. El siglo XX, vendrá caracterizado por una preservación de
la enfermedad y el acondicionamiento del hábitat construido, buscando una mayor
confortabilidad en los individuos, labor que desarrollarán los profesionales en pos de la
«idílica ciudad».

3.2.4. INICIOS DE LA HIGIENE PÚBLICA EN SANTA CRUZ DE TENERIFE.

Si se quiere conocer realmente cuál era la situación de Santa Cruz durante la


segunda mitad siglo XIX en cuestiones de salubridad, debemos recurrir a Alejandro
Cioranescu. Cuenta que en ese momento, la ciudad era un verdadero desastre, ya que
carecía de desagües que ayudarán a eliminar los desechos propios de la vida en la urbe;
los barrancos y las viejas alcantarillas evacuaban las aguas residuales en las playas. Al
pasear por las calles, existía la posibilidad de encontrar charcos de inmundicias
nauseabundas que mostraban una imagen de la ciudad poco agradable a los residentes
habituales como a los viajeros ocasionales. La zona del barrio de El Cabo, con su calle
principal de La Noria, vertían al barraco de Santos sus aguas negras; la calle de la Luz o la
de Barranquillo eran consideradas como los focos más virulentos presentes en la urbe.
Incluso, las nuevas incorporaciones de barrios como el de Duggi, dejaban mucho que
desear, existiendo entre éste y la calle Viera y Clavijo una situación extrema que llevó
años lograr su acondicionamiento: cuando no ahogaba el polvo, ensuciaba y apestaba el
fangal que se formaba con las lluvias, ya que carecía de adoquinado. Así pues, la ciudad
de Santa Cruz de Tenerife no difería mucho del aspecto que podía presentar cualquier
ciudad española o europea del momento, aunque con los matices propios de sus
condiciones demográficas, económicas y sociales.276

276
CIORANESCU, A. (1979). Opus cit, Tomo IV, p. 75.

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Estaban presentes en sus calles, numerosos agentes infecciosos e incómodos,


tales como cucarachas, ratas, mosquitos y moscas incómodos, que hacían angosto el
camino a una ciudad que procuraba presentar una imagen de saneamiento y limpieza
aceptables. En sus calles eran habituales olores desagradables procedentes de desagües,
estercoleros y aguas estancadas, que se mezclaban con otros particularmente
específicos del día a día como los procedentes del puerto, de los depósitos de abono o la
salazón de pescado, que desprendían olores intensos que en ocasiones eran
considerablemente insoportables. Estas condiciones higiénicas, hacían de Santa Cruz un
lugar peligroso, pese a que tempranamente se había procurado establecer numerosas
medidas de protección, que según las épocas, los conocimientos y medios de que
estaban a disposición de la Corporación municipal, se podían ejecutar o no. Pese a todo,
se caracterizó por una carencia de ordenanzas promulgadas por el Ayuntamiento, lo que
fue una constante durante este momento histórico, dando sensación de desamparo y
falta de interés en esta cuestión, sumiendo a la ciudad en una penosa situación que fue
criticada de manera continuada y contundente por la prensa escrita del momento.

El doctor, Juan Bethencourt Alfonso, en su artículo publicado, en febrero de 1879,


en la Revista de Canarias277, abordó la importancia de la higiene, otorgándole su
importancia como herramienta que permitía lograr el grado de más óptimo desarrollo
de cualquier civilización, que por ley natural es al que aspiran los pueblos, pues el
adelanto intelectual, moral y material de un pueblo (bases de su felicidad) esta [sic] en
armonía con la práctica de los principios higiénicos. Igualmente, efectúa una valoración
del estado que en ese momento presenta Canarias, que carente de los conocimiento
pertinentes para conseguir este estado, proponiendo poner los ojos en los ejemplos que
se están efectuando en París y en otras urbes destacadas del continente europeo: …con
la rigurosa y sorprendente precisión con que copiamos las modas de París, a las naciones
más civilizadas en sus prácticas higiénicas y en sus disposiciones dirigidas al saneamiento
y salubridad de sus pueblos; imitemos sus esfuerzos para mejorar nuestras condiciones

277
BETHENCOURT ALFONSO, J. La Higiene en Santa Cruz de Tenerife. In, La Revista de Canarias,
Año I, nº 6, 23 de febrero de 1879. Partes I y II, p. 81-82; Parte III, nº 7, p. 105-106; Partes IV, V, y
VI, nº 17, p. 264-266.

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de vida; sacudamos nuestra criminal pereza y arranquemos a nuestros hijos de una


muerte probable.278

44. Anónimo: Retrato del médico Juan Bethencourt


Alfonso (1890-1900).

Bethencourt Alfonso, destaca además en su


artículo, la situación en la que se hallaban las
autoridades de Santa Cruz, carente de los
conocimientos y herramientas para proceder
correctamente, materializándose en un
mayor número de padecimientos y
defunciones causados por numerosos
errores. Entre ellos, se encontraba el de
tener la creencia de que ninguna epidemia
podía generarse y desarrollarse en el
territorio insular, procediendo todas de
importaciones de otros puntos de planeta. Esta fue la causa por la que desde los
gobernantes locales se depositó la confianza de todas aquellas cuestiones relacionadas
con la higiénicas en manos de la Dirección de Sanidad Marítima, controlando e
inspeccionando ésta, el movimiento portuario de personas y mercancías. Esta carencia
de los conocimientos adecuados, venía rematada por una atmósfera contaminada,
malos hábitos higiénico-dietéticos y condiciones pésimas en las viviendas, entre otras.279

278
Ibidem, p. 81.
279
Ibidem, p. 106.
Nada queremos decir del envenenamiento de la atmósfera por nuestro sistema de cultivo, causa
de fiebres palúdicas que se padecen en toda la zona que rodea a la población; ni de los
monumentales estanques, y sobre todo de las presas, que dejan al descubierto las sustancias
orgánicas arrastradas, a medida que la evaporación o necesidades del cultivo les hace perder sus
aguas; ni del barranco llamado de Santos, con sus asquerosas y fétidas charcas, con sus
insepultos restos animales, con su proverbial inmundicia y con nuestros trogloditas, habitantes
amontonados en cuevas sombrías, húmedas y asquerosas, foco perenne de viruelas, tifoideas y
otras enfermedades. Nada queremos decir del matadero público, situado dentro de la población,
y sus nauseabundas inmediaciones; ni de los depósitos de materias orgánicas; ni de hediondas
caballerizas; ni del fango envasado en muchos puntos, donde se refocilan y regodean a sus
anchas los cerdos de la vecindad; ni de los sumideros que desembocan en las vías públicas,
entorpeciendo el tránsito y ofendiendo la vista y el olfato; ni de ciertos sitios más o menos

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45. Jordao da Luz Perestrello: Vista panorámica del


Valle de La Orotava (1900-05).

En octubre de 1880, Tenerife tuvo la suerte de ser visitada por el profesor


Jaccoud, catedrático de Patología Médica en la Facultad de Medicina de París, con el
propósito de identificar, a lo largo de la geografía mundial, aquellos lugares que
presentaran las condiciones más óptimas para las enfermedades del pecho. En su
recorrido abordó estaciones como la de Madeira, Tenerife, Argel y la costa de
Marruecos. Consideró que las características de estos punto eran óptimas para estas
patologías, pero lo que no le convenció y creyó inadecuado fueron las condiciones
higiénicas que no permitían el establecimiento de estaciones médica en esos lugares280.
En el juicio emitido por el doctor Jaccoud, se preconiza las excelentes condiciones

comunes de la población, donde es necesario sortear los pasos para no embestir con algo que no
huele a ámbar; ni de las capillas mortuorias, colocadas en el centro del pueblo, una de ellas entre
la Escuela superior, el Instituto y la Cárcel, y debajo de las oficinas del Ayuntamiento, Diputación
Provincial y Juzgado, donde hemos visto por muchas horas seguidas, depositados cadáveres de
personas víctimas de enfermedades contagiosas, a despecho de nuestras leyes y ordenanzas
rigurosas y precisas y contra la más rudimentaria noción de la higiene; nada queremos decir de
estas ni de otras muchas causas que más o menos eficazmente contribuyen a impurificar el aire
que respiramos.
280
PÉREZ, V. Tenerife como estación médica. Juicio del profesor Jaccoud. In, Revista de Canarias,
nº 58, p. 115-116 y nº 59, año III, mayo de 1881, p. 129-130.
De regreso a París elaboró unas lecciones que publicó en prensa en los primeros meses de 1881,
donde daba a conocer su opinión sobre Tenerife, recogida por el doctor Víctor Pérez se defiende
a duras penas en un artículo publicado en la Revista de Canarias el 23 de abril de 1881,
conviniendo con el francés en sus apreciaciones sobre Tenerife.

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climáticas de la Isla, enfatizando en las del Valle de la Orotava, situación que se vio
enturbiada tras la experiencia que tuvo durante su estancia en Tenerife, que reprodujo
en su informe de marera muy clara:

Conociendo estas particularidades tan netamente calificativas, y por otra parte, la


tendencia de nuestros comprofesores ingleses, he visitado esta isla para apreciar su
valor como residencia médica, y me veo obligado a rehusarle absolutamente tal
carácter. La belleza del Valle de la Orotava es verdaderamente admirable para el
doctor, pero el polvo y los mosquitos le molestan permanentemente, y por otra parte,
no hay en toda la isla, ni en la Orotava ni en otro punto, una sola instalación
conveniente para enfermos; los recursos alimenticios son completamente defectuosos
bajo el punto de vista de su calidad; y no hay razón ninguna para esperar que esto
cambie, porque los indígenas rechazan con una hostilidad cercana a la indignación la
idea de adaptar su país para residencia de los tísicos. No quieren por ningún precio
oír hablar de semejante transformación. La cuestión está, pues, juzgada, y la isla de
Tenerife tiene que ser borrada de la lista de estaciones médicas, a pesar de las
281
ventajas excepcionales de su clima, polvo y mosquitos a parte [sic].

Algunas de estas consideraciones fueron reconocidas por el médico Víctor Pérez, pero a
otras, respondió con contundencia, discrepando y viendo en la isla del Teide como
estación médica, siendo la que más porvenir podía presentar por sus ventajas climáticas,
reconocidas por este y otros tanto viajeros que arribaron a estos parajes.282

Junto al Valle de la Orotava, el profesor Jaccoud propone el pueblo de Vilaflor, por


sus beneficios geográficos, topográficos y climáticos, como recomendará igualmente el
médico orotavense Tomás Zerolo en su obra titulada Climatoterapia de la tuberculosis
pulmonar en la Península Española, Islas Baleares y Canarias, impresa en 1889: ... si
estuviera bien instalada y provista de recursos, con las nuevas ideas que hoy reinan para prevenir
y tratar la tisis pulmonar, sería muy pronto conocida y preferida indudablemente entre los pocos
283
puntos en que hoy hay que escoger como clima de altura .

Respecto a los mosquitos, el autor rechaza la acusación del francés,


asegurando que sólo en días muy calurosos y en un mes de octubre tan

281
Ibidem, p. 116.
282
Ibidem, p. 117.
(...) en las costas podemos tener varias estaciones con climas de país llano, de la más uniforme
temperatura, y luego, subiendo gradualmente, tenemos puntos semejantes a los que hoy son más
frecuentados y tan justamente renombrados por sus condiciones especiales, como son los de
Davos, Samaden y Saint Moritz, los que llenaría Villaflor con indudable superioridad.
283
ZEROLO, T. Climatoterapia de la tuberculosis pulmonar en la Península Española, Islas Baleares
y Canarias. Santa Cruz de Tenerife: Imprenta Vicente Bonnet, 1889, p. 230-236.

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desusadamente seco como el sufrido por el extranjero pudo haberlos notado en la


Orotava. Y además,

... aunque no puede referirse a la parte ilustrada de nuestra población, es cierto que
es muy grave para el país, porque hiere nuestros sentimientos y nuestra educación,
lo que dice Mr. Jaccoud respecto a nuestro horror a la tisis. Apelemos si no, a todos
los profesores de nuestro archipiélago, y todos tendrán historias tristes,
desgarradoras que contar sobre el abandono que se hace de enfermos atacados de
284
este mal, el que será contagioso en ciertos y raros casos.

Las condiciones higiénicas de la Isla también son retratadas por Víctor Pérez,
describiendo tanto su estado como los dispositivos sanitarios que se poseían,
coincidiendo con el profesor Jaccoud en la precariedad de sus condiciones, y
proponiendo obtener beneficio de la crítica del galo, enmendando las debilidades para
favorecer la afluencia de personas a Canarias:

No tenemos fondas a propósito para enfermos, ni buenos y variados alimentos, ni


higiene en nuestros pueblos, ni establecimientos de hydroterapia ni de aeroterapia; ni
lecherías adecuadas, ni paseos con asientos cómodos, ni distracciones para esta
clientela escogida y difícil que deberíamos atraer a nuestras islas; pero todo esto
podría proporcionarse si comprendiésemos la fuente de riqueza que sería la
explotación de nuestro privilegiado clima y lo reproductor de los capitales empleados
en estas mejoras, (…) Levantemos hoteles de planta para el intento, creemos
establecimientos de hydroterapia tanto marítimos como de agua dulce; mejoremos
nuestros paseos creando en ellos buenas sombras y recreos…y finalmente, hagamos
285
que la higiene pública sea una verdad.

A estas aportaciones, tanto del profesor Jaccoud como del médico Víctor Pérez,
en el mismo años, se unieron las del médico Antonio Soler286, quien dedicado al campo
de la Higiene, realiza, en un discurso leído en la Academia de Médico-Quirúrgica, una
extensa exposición sobre la disciplina médica, enumerando aquellas ventajas de la
aplicación de los preceptos higiénicos en los que las autoridades juegan un papel
considerable para su instauración en el medio público y privado287. En el discurso

284
PÉREZ, V. (1881). Opus cit, p. 129.
285
Ibidem, p. 130.
286
SOLER, A. Importancia de la Higiene. Discurso leído en sesión de la Academia Médico-
Quirúrgica de Canarias el 22 de enero de 1882. In, Revista de Canarias, nº 77 y 78, p. 38-41, y nº
79, p. 69-72.
287