RASGOS DE LA POESÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ EN SU PRIMERA ETAPA (MODERNISMO)
(1898–1915) Temas: evocaciones del paisaje que actúan como símbolos del alma del poeta. Estos
paisajes son jardines (otoñales, en general), fuentes, claustros, noches de luna (pálida), el sol poniente,
todo ello envuelto en una atmósfera vaga, difuminada, de suave colorido.
Estados de ánimo que reflejan: tristeza, melancolía, languidez, nostalgia, presagios de muerte…
Musicalidad interior, música del alma… y cromatismo (normalmente, suave colorido) Métrica:
alejandrino y endecasílabo (propios del Modernismo)+ romance (versos octosílabos que riman en
asonante los pares, quedando libres los impares), propios de Juan Ramón y no tan frecuentes en la lírica
modernista general.
Pertenecen a esta etapa Rimas (1902), Arias tristes (1903), Jardines lejanos (1904), Elegías (1907). La
Soledad Sonora (1911), Pastorales (1911), Laberinto (1913), Platero y yo (elegía andaluza) (1914)
y Estío (1916), entre otros.
RASGOS DE LA POESÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ EN SU SEGUNDA ETAPA (INTELECTUAL O DESNUDA)
(1916–1936) Le vincula al Novecentismo Temas: expresión de lo esencial de las cosas, incorporando
motivos externos al poeta, fundamentalmente el mar- solo, grande, eterno- (símbolo de la vida, de su
soledad y su gozo, del eterno tiempo presente, del deseo de intemporalidad). A veces, en lugar del mar,
es el cielo o la gente y sus calles el objeto de análisis. También, se abordan temas de índole filosófico
como la inteligencia de las cosas o la intelectualización de los sentimientos. Estilo: Expresión precisa
y sencilla. Apenas hay adjetivos (y menos, colorido; los que aparecen suelen ser para caracterizar “el
mar” ) y el vocabulario es cotidiano, sencillo (sustantivos y verbos “coloquiales”).Las figuras retóricas
son pocas y fácilmente comprensibles: alguna comparación, sencillas metáforas, anáforas, paralelismos
o polisíndetos, fundamentalmente. Métrica: verso libre, blanco (variedad en la medida de los versos
en un mismo poema y sin rima
De esta época destacan Diario de un poeta recién casado (1916), Primera antología poética,
(1917), Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1917–23) y Belleza (1917–23).
RASGOS DE LA POESÍA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ EN SU tercera ETAPA época suficiente (1937–1958).
A esta época pertenecen los libros escritos durante el exilio americano, donde destaca la búsqueda de la
verdad absoluta, en la que alcanza la máxima depuración y se inclina por el verso libre y la repetición de
palabras, ideas y estructuras sintácticas para conseguir el ritmo poético. Se trata de una poesía
metafísica, depuradísima, casi filosófico-religiosa .
En Animal de fondo el poeta busca a Dios «sin descanso ni tedio». Pero ese dios no es una
divinidad externa al poeta, sino que se halla en él y en su obra («tu esencia está en mí, como
mi forma»; «en el mundo que yo por ti y para ti he creado»). Ese dios al que se refiere es causa
y fin de la belleza.
Dios deseado y deseante (1948–49) supone la culminación de Animal de fondo. El poeta llega
incluso a identificarse con ese dios que tanto ha buscado. Un dios que existe dentro y fuera de
él, un dios que es deseado y deseante.
ADOLESCENCIA
En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.
—El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño.—
Le dije que iba a besarla;
bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.
—Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos.—
No se atrevía a mirarme;
le dije que éramos novios,
...y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.
Encuadre del poema y rima: Pertenece a la etapa sensitiva. 1ª etapa. romance compuesto por
veinte versos octosílabos con rima asonante; riman los versos pares y los impares quedan
libres. El poeta nos narra un recuerdo o una anécdota que según deducimos de su título vivió
siendo adolescente
Recursos estilísticos: sinestesia (dulce mañana), la cual alude a la intimidad y ternura del momento;
varias personificaciones (el paisaje soñoliento dormía y jardín silencioso); una comparación y
metáfora en el verso 12 (“como quien pierde un tesoro”), que quiere resaltar lo valioso que es para
la chica darle un beso; y el uso repetido de encabalgamientos (versos 1-2, 3-4, 5-6, 7-8, 15-16, 19-
20), probablemente para facilitar la rima y por el hecho de tratarse de versos breves que propician
este recurso; así como de hipérbaton (versos 1-4, 15-16 [especialmente, verbo-sujeto]).
¿Quién pasará mientras duermo…?
Este poema nos presenta la búsqueda de lo
(Arias tristes, 1903) misterioso, que puede interpretarse como
la búsqueda de un ideal que no se consigue
¿Quién pasará mientras duermo, alcanzar y que produce melancolía y
por mi jardín? A mi alma frustración. Contenido, como vemos, bien
llegan en rayos de luna romántico.
voces henchidas de lágrimas.
Muchas noches he mirado
desde el balcón, y las ramas
se han movido y por la fuente
he visto quimeras blancas.
Y he bajado silencioso...
y por las finas acacias
he oído una risa, un nombre
lleno de amor y nostalgia.
Y después, calma, silencio,
estrellas, brisa, fragancias...
la luna pálida y triste
dejando luz en el agua...
Encuadre y rima: Primera etapa
Tema nostalgia de un amor perdido.
Figuras retóricas: destacan: la interrogación retórica inicial, el polisíndeton (y las ramas, y por
la fuente; y he bajado y por las finas acacias: y después), la anáfora que se da en algunos de
esos mismos versos que empiezan por la conjunción “y”, la personificación (la luna pálida y
triste), la enumeración asindética en la que no utiliza artículos (calma, silencio, estrellas, brisa,
fragancias), el uso en tres ocasiones de los puntos suspensivos que producen un efecto
sugerente en el lector y la metáfora en que identifica los rayos de luna con voces que lloran.
Soy yo quien anda esta noche
por mi cuarto, o el mendigo
que rondaba mi jardín
al caer la tarde…? Miro
en torno y hallo que todo
es lo mismo y no es lo mismo…
la ventana estaba abierta?
yo no me había dormido?
El jardín no estaba blanco
de luna…? El cielo era limpio
y azul… Y hay nubes y viento
y el jardín está sombrío…
Creo que mi barba era
negra… yo estaba vestido
de gris… y mi barba es blanca
y estoy enlutado… ¿Es mío
este andar? tiene esta voz
que ahora suena en mí, los ritmos
de la voz que yo tenía?
Soy yo…? o soy el mendigo
que rondaba mi jardín
al caer la tarde…? Miro
en torno… Hay nubes y viento…
El jardín está sombrío…
… Y voy y vengo… Es que yo
no me había ya dormido?
Mi barba está blanca… Y todo
es lo mismo y no es lo mismo…
Jardines lejanos (1904)
Tema: La Vejez o el paso del tiempo
Recursos estilísticos: Antítesis, encabalgamientos
OTOÑO
Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de las hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.
¡Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello, que deshojas
tus flores; oh agua, fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!
¿Encantamiento de oro!¡Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se estremece,
echado en el verdos de una colina!
En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
a escelsitud de su verdad divina.
(Sonetos espirituales, Juan Ramón Jiménez)
El poema pertenece a su libro Sonetos espirituales, perteneciente a su primera etapa, la sensitiva,
aunque es el último de dicha etapa y sirve de puente, casi, entre esta época y la segunda, la intelectual.
Métrica: El poema consta de dos cuartetos y dos tercetos; son, por tanto, versos endecasílabos de rima
consonante; el esquema de la rima es el siguiente: ABBA, ABBA, CDE, CDE. Estamos, por tanto, ante un
soneto de corte clásico.
Análisis estilístico El soneto se abre con una metonimia personificada: “esparce octubre, al blando
movimiento / del sur, las hojas áureas y las rojas” (vv. 1-2). Es una sensación visual, dominada por el
cromatismo de las hojas; esta acción del viento ocupa los dos primeros versos, con un encabalgamiento
abrupto que imita la ráfaga del aire. La sinestesia contenida en “blando movimiento” (v. 1) crea una
sensación de acogimiento y bienestar. Lo mismo podemos decir de la siguiente sinestesia, “la caída clara
de sus hojas”; en este caso, la connotación positiva es tanto sensorial como intelectual. Lo cual se ve
confirmado por la personificación que cierra el primer cuarteto: “se lleva al infinito el pensamiento”. El
segundo cuarteto forma una oración exclamativa en sí mismo. Este tono admirativo expresa muy bien el
estado de bienestar del yo poético. Este siente “noble paz en este alejamiento” (v. 5); la sinestesia
metaforizada sugiere una comunión en la apacibilidad del yo poético y la naturaleza. A continuación, dos
apóstrofes, dirigidas al prado y al agua, tildados de “bello” y “fría”, respectivamente, declaran muy bien
la mirada admirativa del yo poético hacia la naturaleza. La metáfora final de ese cuarteto, “que mojas /
con tu cristal estremecido el viento!” indica la mirada penetrante y absorta del poeta, pues percibe
cómo la lluvia moja al viento; entendemos que él lo siente en su cuerpo, de ahí esa sensación de
bienestar. Prado y agua son las dos metonimias que representan al mundo natural al completo, con el
que el yo poético se siente identificado.
El primer terceto se abre con una metáfora profunda: el yo poético se siente tan bien en la naturaleza
que queda como enjaulado en ella, aunque está “echado en el verdor de una colina!” (v. 11). La
paradoja es sorprendente, pero aclara estupendamente el poder de atracción de la naturaleza, que
arrastra al observador, lo envuelve y como que este queda aprisionado en su interior. Aquella es una
“cárcel pura” (v. 9), nada pues de significación negativa, sino todo lo contrario. Además, el cuerpo se
transforma en alma, otra paradoja que insiste en el poder transformador de la observación del otoño. Se
desea expresar que lo material cede ante lo intelectual y emocional; todo lo físico se metamorfosea en
un estado intelectual y espiritual de pureza, belleza y perfección. Así, entendemos muy bien la hipérbole
inicial del cuarteto “¡Encantamiento de oro!”: como si el otoño tuviera el poder taumatúrgico de
apoderarse del observador y elevarlo a una esfera superior del ser y del sentir.
El último terceto resume y concluye el contenido anterior comprimiendo los dos elementos clave del
poema: verdad y belleza. Una paradoja inicial, “En una decadencia de hermosura” (v. 12) aclara el eje
semántico central del poema. Todo es belleza, contenida en las cosas que mueren por el otoño, que es
lo que significa aquí “decadente”. La personificación metaforizada de “la vida se desnuda” (v. 13) da otra
pista sobre la naturaleza de esa belleza: la esencialidad íntima, pura y perfecta de la vida entera, en sus
elementos naturales y también humanos, pues el yo poético está contenido en ella. Una última
metáfora con adherencias hiperbólicas y sinestésicas, “resplandece / la excelsitud de su verdad divina”
aprietan el significado total del poema: la naturaleza contemplada es maravillosamente bella, es
verdadera y refulge plenamente, ocupando el mundo entero.
“Eternidades” Juan Ramón Jiménez.
Vino, primero, pura 7
Vestida de inocencia. 7
Y la amé como un niño. 7
Luego se fue vistiendo 7
De no sé qué ropajes; 7
Y la fui odiando sin saberlo. 9
Llegó a ser una reina 7
Fastuosa de tesoros… 7
¡Qué iracundia de hiel, y sin sentido! 10
… Mas se fue desnudando. 7
Y yo le sonreía. 7
Se quedó con la túnica 8-1=7
De su inocencia antigua. 7
Creí de nuevo en ella. 7
Y se quitó la túnica, 8-1=7
Y apareció desnuda toda… 9
¡Oh pasión de mi vida, poesía 10
Desnuda, mía para siempre! 9
Etapa: Intelectual.
La idea principal: transformación de la poesía, representada en una mujer, y como van
cambiando los gustos del autor conforme esta se va poniendo o quitando ropa (“adornos” de
los poemas).
Estructura externa: el poema está formado por una serie de versos con medida libre, hay
versos heptasílabos, decasílabos y eneasílabos sin seguir un esquema fijo.
Estilo: Sobresale la personificación de la poesía transmutada en mujer, parabolizada en el ser femenino.
juego alternativo de vestuario y desnudez, acercamiento y lejanía. El poeta recurre por otra parte, al
uso reiterado de la contraposición, para expresar sus amores y desamores con la poesía. Puede
apreciarse, además, el empleo del polisíndeton, diseminado por todo el poema: "…y la amé…, y la fui
odiando… Mas se fue… Y…, le sonreía… Y se quitó…, y apareció. También se da en el poema el
paralelismo, es decir, la repetición de las mismas estructuras sintácticas: verbo con sujeto elíptico al
principio de cada estrofa: “Vino, primero, pura” “Llegó a ser una reina”. Para poner de relieve palabras
en el texto, el autor se vale de la repetición de formas de la misma palabra utilizando sus diferentes
morfemas flexivos: “vestida” “vistiendo” “desnuda” “desnudando”. Esto hace que el poema se vea
marcado por estas formas antitéticas. Destacar también varias metáforas discretas, "…vestida de
inocencia… Llegó a ser una reina…, iracundia de yel…"
Organización del poema: En los versos 1-3, nos habla de sus primeras poesías de tono intimista con
tinte romántico e influjo becqueriano. En esta etapa descubre una poesía ingenua, sencilla e inocente.
Para ello, utiliza el símil “como un niño” que marca lo puro e inocente. El poeta muestra su simpatía por
este tipo de poesía con el verbo afectivo “amé”.
En los versos 4-9, hace referencia a la poesía de estilo modernista. Es una poesía envuelta en los
ropajes del Modernismo con elementos ornamentales: “ropajes”, “fastuosa de tesoros” “iracunda de
yel”. Este tipo de poesía merece la desaprobación y el desprecio del autor lo que notamos a través del
verbo negativo “odiando”. La comparación con la “reina fastuosa de tesoros” demuestra que es un tipo
de poesía que se fija más en la forma bella de las palabras que en el contenido. Se cierra esta etapa con
una fuerte y negativa exclamación final: “¡Qué iracunda de yel y sin sentido!”.
Y, por último, en los versos 10-18, nos dirige a su etapa intelectual y suficiente: proceso de depuración.
En esta última parte la poesía “va desnudándose de nuevo”, se despoja de adornos y vuelve a
entusiasmarlo, lo cual muestra con expresiones del tipo: “Y yo le sonreía”; “Creí de nuevo en ella”. Es
una vuelta a la sencillez primitiva, a la depuración total que es la meta del autor: “¡Oh pasión de mi vida,
poesía desnuda, mía para siempre!”.
“Soledad”
En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late, y no lo siente...
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!
Encuadre del poema: Tres son los rasgos fundamentales que permiten situar este poema como propio
de la etapa pura, intelectual de Juan Ramón Jiménez. Por una parte, tenemos como tema el mar,
símbolo de la vida, de su soledad y de su gozo (“qué solo”, “¡Qué plenitud de soledad, mar solo¡”, “en ti
estás todo, mar”) , del eterno tiempo presente ( “eterno…mar”); por otra parte y, desde el punto de
vista estilístico, observamos que esta composición presenta un lenguaje sencillo, preciso ( sustantivos
coloquiales como “mar”, “heridas”, “olas”, “corazón” o “soledad” y verbos como el “ser” en distintas
formas o “vienen”, “van”, “siente”; los adjetivos son solo tres y siempre para caracterizar al mar:
“abierto”, “eterno”, “solo”) y salvo los reiterados polisíndetos que se dan en las estrofas 2 y 3 (“y vienen
y van y vienen” , “eres tú y no lo sabes…y no lo siente”) , la anáfora “qué” de los versos 2 y 3 y la
comparación “abierto en mil heridas…cual mi frente”, no se recogen figuras retóricas de difícil
comprensión. Por 8 último, señalaremos que la métrica es característica de esta momento poético del
autor onubense, puesto que se trata de trece versos endecasílabos, octosílabos y heptasílabos sin rima
alguna, es decir, verso libre.
Métrica: No hay rima. Es de verso libre. Se compone por trece versos y se distinguen tres estrofas, la
primera del v.1 al v.3; se dirige directamente al mar con énfasis, la segunda del v.4 al v.10; donde
compara su frente con el mar, cual sus pensamientos con las olas, y la última del v. 11 al v. 13; dónde
finaliza el poema con la idea principal “¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!” y con énfasis. Predominan
los versos heptasílabos y endecasílabos
Recursos literarios: Personificación: hace una reiterada personificación del mar y de sus olas en todo el
poema, así entre v. 6-10 “tus olas van, como mis pensamientos, y vienen, van y vienen, besándose,
apartándose, en un eterno conocerse.” Comparación: v. 6 “tus olas van, como mis pensamientos”
compara el vaivén de las olas con el de sus pensamientos. Repetición: v. 7 “y vienen, van y vienen” con
esta repetición intenta reproducir con sus palabras el mismo vaivén de las olas. Enumeración: v. 8
“besándose, apartándose” Antítesis: v. 8 “besándose, apartándose”, v. 9-10 “en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse”. Metáfora: v. 4 “abierto en mil heridas”. Paradoja: v. 1-2 “En ti estás todo… que
sin ti estás”, v. 11 “Eres tú y no lo sabes” y v. 12 “tu corazón te late y no lo sientes…”. Anáfora: v. 2-3
“qué sin ti estás, qué solo, que lejos” Epifonema: v. 13 “¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!” en este
último verso el poeta cierra y concluye el poema de una manera enfática
“Yo no soy yo”
Yo no soy yo.
Yo soy este
que va a mi lado sin yo verlo:
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
5 El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.
Juan Ramón Jiménez
Encuadre del poema: pertenece al libro Eternidades, perteneciente a la segunda etapa del autor.
Rima: consta de nueve versos que forman una estrofa. La medida de los versos es tetrasílaba, trisílaba,
eneasílabo, heptasílabos, pentasílabo, y endecasílabos. No hay rima ni composición lírica fija.
Tema: La metapoesía El tema secundario es el Tempus Fugit, porque alfinal habla de cuando el muera
que la poesía se quedará.
Recursos estilísticos: Aliteración en el 1 verso; epanadiplosis en el verso 1 figura retórica que consiste
en repetir, al principio y final de una cláusula (una o varias oraciones), las mismas palabras, ya sea una o
varias.; el hipérbaton en el verso 3; el encabalgamiento en los versos 2 a 3 y 5 a 6; el paralelismo en los
versos 5 a 8; anáfora versos 6.7 y 8. Antítesis en los versos 5 y 6, ‘’callo-hablo’’, ‘’perdono-odio’’.
Juan Ramón Jiménez, Eternidades
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente. 5
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos 10
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!
Poema del libro Eternidades, publicado en 1916-17. Tercera etapa de su obra, la conocida
como “Poesía desnuda. La poesía de Juan Ramón Jiménez adoptó un tono más intelectual,
conceptista y abstracto.
Tema del poema el deseo del conocimiento comunicable a través de la poesía.
Métrica: El poema se compone de 14 versos de distinta medida y con rima consonante. Hay versos de
diferentes medidas, aunque predominan los heptasílabos y endecasílabos, repartidos sin ningún orden
concreto a lo largo del poema. figuras
literarias, entre las que destacan las figuras de repetición: paralelismos y repeticiones (inteligencia dame
el nombre exacto de las cosas / que por mí vayan todos), anáforas (inteligencia, que, los que) y la
geminación (repetición de la misma palabra al final de dos o más versos, sería lo contrario de la anáfora:
cosas), así como la enumeración y el polisíndeton (y tuyo, y suyo, y mío). Como toda la composición es
una invocación, la apóstrofe vertebraría el texto, junto a las demás figuras. También podemos hablar de
personificación al dirigirse a su propia inteligencia. La presencia de los puntos suspensivos nos indica
que también está presente la función fática del lenguaje.
CONCIENCIA PLENA
(ANIMAL DE FONDO, 1949)
Tú me llevas, conciencia plena, deseante dios,
por todo el mundo.
En este mar tercero,
casi oigo tu voz;
tu voz del viento
ocupante total del movimiento;
de los colores, de las luces
eternos y marinos.
Tu voz de fuego blanco
en la totalidad del agua, el barco, el cielo,
lineando las rutas con delicia,
grabándome con fúljido mi órbita segura
de cuerpo negro
con el diamante lúcido en su dentro.
Encuadre del poema y rima: Esta composición se encuentra en el libro “Animal de Fondo”, con lo que
pertenece a la tercera etapa (suficiente o verdadera) del poeta. Está compuesta por 14 versos sin rima
de diferente medida.
Recursos estilísticos: Anáforas (en rojo). Paralelismos (en azul) preposición de + artículo + nombre,
Adjetivación (en verde), metáfora (subrayado) La “voz de fuego blanco” del deseante dios (verso 9)
contrasta con la “órbita segura de cuerpo negro” del yo poético (versos 12 y 13) con un diamante lúcido
dentro, poniendo de manifiesto el poder de ese deseante dios (la Poesía), el cual señala el camino y la
conciencia mediante esa órbita, lo que podría ser una referencia mística (veríamos esa unión ya
mencionada entre el todo interno y el todo externo).
El otoñado El poeta se siente lleno de vida plena: el otoñado es
(La estación total, 1946)
él mismo en el otoño o madurez de su vida. El tema
del poema sería la plenitud del poeta que nace de
su “anhelo creciente de totalidad”.
Estoy completo de naturaleza,
en plena tarde de áurea madurez,
alto viento en lo verde traspasado.
Rico fruto recóndito, contengo
lo grande elemental en mí (la tierra,
el fuego, el agua, el aire), el [Link] poeta parece haber encontrado en él
mismo todo lo esencial, representado en los
cuatro elementos: tierra, fuego, aire y
Chorreo luz: doro el lugar oscuro, agua.
trasmito olor: la sombra huele a dios,
emano son: lo amplio es honda música, Juan Ramón se siente colmado y emana
todas las sensaciones posibles: luz, olor,
filtro sabor: la mole bebe mi alma,
son, sabor, tacto, en una especie de unión
deleito el tacto de la soledad. entre su alma y la realidad.
Soy tesoro supremo, desasido,
con densa redondez de limpio iris,
del seno de la acción. Y lo soy [Link] Ramón se siente especial y apartado
de todo lo que rodea a los hombres
Lo todo que es el colmo de la nada,corrientes (desasido del seno de la acción).
el todo que se basta y que es servido
de lo que todavía es ambición
Encuadre del poema y rima: Pertenece a la época suficiente y verdadera, es decir a su 3ª
etapa. Externamente, se divide en tres estrofas de versos endecasílabos blancos (sin rima).
Internamente, pueden distinguirse tres núcleos temáticos que se corresponden con las tres
estrofas, y en los que se va incrementando la fuerza de la identificación con el [Link] yo
poético se presenta maduro y completo(vv. 1-6).[Link] capaz de transmitir todas las sensaciones
en unión con el cosmos (vv. 6-11).[Link] identifica con el todo y la eternidad (vv. 12-17).
Tema: identificación del Yo poético con la Naturaleza. El escritor se está identificando con el
árbol que ha llegado a su madurez (su otoño) y ha conseguido dejar atrás su juventud, su
inexperiencia