Teología de la Gracia: Unión con Cristo
Teología de la Gracia: Unión con Cristo
TEOLOGÍA DE LA GRACIA
1 Es ilustrativo ver el modo como algunos tratadistas contemporáneos hacen la presentación de los diferentes aspectos
de la reflexión teológica sobre la gracia. Así, FLICK M.-ALSZEGHY Z., Antropología teológica, Sígueme, Salamanca
1996, designa este tratado como “el hombre bajo el signo de Cristo” y, tomando como base al unión con Cristo,
desarrolla los temas clásicos en tres apartados que tienen como encabezado “en”, “por” y “hacia” Cristo
respectivamente. BOFF Leonardo, Gracia y liberación del hombre. Experiencia y doctrina de la gracia, Ediciones
Cristiandad, Madrid 19802, después de investigar, en dos apartados, los elementos que hagan significativa la doctrina
de la gracia en nuestros días - a partir de la propia experiencia de la gracia -, dedica las dos últimas partes a tratar los
temas obligados del tratado, pero insistiendo decididamente en la necesidad de ver la dimensión social de la gracia.
GONZÁLEZ Faus José Ignacio, Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre, Editorial Sal Terrae, Santander
1987, primero aclara la actual comprensión de la gracia como Dios mismo que se dona y, en los sucesivos capítulos
muestra la gracia como una liberación “de” y “para”, haciéndose cargo, de este modo, de los puntos indispensables del
tratado; también él llama la atención sobre “el comunismo de la gracia”. RUIZ DE LA PEÑA Juan Luis, El don de
Dios. Antropología teológica especial, Editorial Sal Terrae, Santander 1991, hace una buena exposición de los
elementos bíblicos y de la Tradición sobre la gracia y, en un segundo momento lleva a cabo la especulación teológica
en tres apartados : la justificación, la esencia de la gracia y las dimensiones de la gracia (divinizante, filial, práxica,
escatológica, experiencial y pneumatológica). LADARIA Luis F., Teología del pecado original y de la gracia, BAC,
Madrid 1993, pasa revista a los datos revelados y de la Tradición y, en seguida, articula su exposición refiriéndose a la
justificación, la filiación y la vida del justificado. El esquema y los contenidos son repetidos de su obra Antropología
teológica, UPCM, Universita Gregoriana Editrice, Roma, Madrid 1983; sólo que añade la consideración específica de
la voluntad salvífica universal de Dios, lo que cual vuelve a aparecer, pero como tema inicial, en su breve
sistematización Introducción a la antropología teológica, Editorial Verbo Divino, Navarra 1992.
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hombre en Adán a la situación del hombre en Cristo, 3) la nueva realidad ontológica del
justificado, que puede proponerse como la filiación divina y la deificación del hombre por
la gracia de Cristo, y 4) la teología de la gracia posterior al Vaticano II.
vida e invitarlo a la comunión con El. Esto se hace respetando los datos de la historia de
salvación tal y como Dios la ha venido dirigiendo; de ahí la centralidad de Cristo en dicha
graciosa comunicación divina, obviamente con todo lo que ello implica.
Así, por ejemplo, Luis F. Ladaria :
“El don de Dios del que hablamos es Dios mismo, que se nos
entrega en Jesucristo su Hijo y en el Espíritu Santo. (…) La gracia es
en primer lugar el acontecimiento escatológico salvador que se ha
realizado en Jesús y del que procede la transformación interior del
hombre”.4
Y Juan Luis Ruiz de la Peña precisa :
“Por gracia hay que entender la realidad del amor infinito de
Dios dándose y, correlativamente, la realidad de la indigencia absoluta
del hombre colmándose de ese amor divino. El término gracia denota,
por tanto, no una cosa, sino una relación, en la forma del encuentro e
intercambio vital entre dos seres personales”.5
Por lo mismo, resulta legítimo referirse a la gracia como la unión con Cristo, pues
de este modo se hace referencia tanto a la dimensión cristológica como a aquélla
antropológica.
a) Datos bíblicos
En los evangelios sinópticos Jesús aparece llamando a una comunión de vida con
él, no solamente a sus coetáneos sino a todos los hombres. Y los convoca para una
salvación con carácter comunitario. El estará siempre en medio de su comunidad. (Cf. Mc
1,17; 3,14; Mt 10; 28,18; etc.).
En San Juan, estar unido a Cristo es indispensable para obtener la salvación; esta
unión se consigue cuando uno se convierte en su discípulo, es entonces cuando Cristo
mismo “permanece” en sus discípulos y viceversa. Y, al final, cuando se manifieste la
gloria de los hijos de Dios, aparecerá también la unidad comunitaria en todo su esplendor.
(Cf. Jn 10,1-18; 15,1-11;17,20-23; 21,1-17; 1 Jn 3,2; Ap 21,1-5; etc.).
Pablo afirma que la vida cristiana es una unión progresiva con Cristo. Ser
justificado es unirse con Cristo (Cf. Gal 3,27; 2,19; 2 Tm 2,11; Rm 6,4; 8,17; Ef 2,5). La
vida que se desenvuelve entre esta justificación y la glorificación final se realiza “en
Cristo Jesús” (o bien, Cristo vive o habita en sus fieles; Cf. Rm 8,10; Gal 2,20; Ef 3,17).
Esta unión exige un progresivo desarrollo mediante un adecuado comportamiento ético,
hasta que todo sea recapitulado en Cristo (Cf. Ef 2,10; Gal 4,19; Col 1,28; Rm 13,14; Ef
1,10). Esta salvación que nos viene de Cristo se realiza en el seno de una comunidad (1
Cor 12,12-27; Rm 12,3-8; Ef 4,11-16; 5,25-27; Gal 3,26-29).
b) Datos de la Tradición
Los santos Padres señalan que la unión con Cristo se realiza a partir del bautismo
y ella va creciendo durante el resto de la vida cristiana. Se pueden individualizar cinco
aspectos de esta unión con Cristo : 1) unión física (Cristo asumió la naturaleza humana),
2) unión fundamental (Cristo como cabeza de la humanidad a la que influye con su
obediencia), 3) unión pneumática (El Espíritu Santo imprime y comunica la semejanza
con Cristo), 4) unión en la acción (El justo conoce y ama a Cristo; además hay una cierta
identidad entre la acción de Cristo y la del justificado), y 5) unión en la eucaristía. Todo
esto se realiza permaneciendo en la Iglesia (realidad a la que se refieren mediante una
serie de imágenes : edificio, plantación, , nave, esposa y madre).
8 Así, por ejemplo, dice que dice que los hombres quedan justificados al renacer en Cristo (DS 1523; Dz 795); ésta es
el paso del estado de hijos de Adán al estado de gracia y adopción de hijos de Dios por Jesucristo (DS 1524; Dz 796).
El comienzo mismo de la justificación viene de la gracia de Dios por medio de Jesucristo (DS 1525; Dz 797); durante
la preparación a la justificación se tiene que confiar en Dios que será propicio al hombre por causa de Cristo (DS 1526;
Dz 798). La causa final de la justificación es la gloria de Dios y “la gloria de Cristo” y la causa meritoria es Jesucristo
mediante su sacrificio en la cruz (DS 1527; Dz 799). La fe debe ser complementada con la esperanza y la caridad, para
que se logre la unión con Cristo (DS 1528; Dz 800). Los justificados deben cumplir los mandamientos de Dios, porque
como sus hijos aman a Cristo (DS 1532; Dz 804). El justificado debe padecer juntamente con Cristo para ser con El
glorificado ( Idem). Las obras meritorias se hacen gracias al influjo de Cristo sobre sus miembros (DS 1537; Dz 809).
Es conveniente una lectura íntegra del decreto con sus 16 capítulos y 33 cánones (Dz 792a-843).
9 Esta doctrina sostenida por FLICK - ALSZEGHY debe ser matizada de acuerdo al texto del decreto conciliar.
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parte, los cristianos tienen que esforzarse por seguir a Jesús, imitándolo y padeciendo
como y por El. Es importante notar cómo la encíclica llama la atención a que esta unión
con Cristo es “mística” y, por lo tanto, no es ni meramente moral, ni tampoco
estrictamente física.
El Concilio Vaticano II, repite en realidad la doctrina de la unión salvífica con
Cristo. Su aporte consiste en la acentuación que hace de la centralidad de este misterio.
(Cf. LG 2; 7; 8 y 40; GS 22).
Síntesis especulativa
De todos los testimonios recogidos se desprende la importancia de unión con
Cristo como la gracia que nos otorga la salvación. Esta unión está sólidamente
atestiguada en la doctrina de la Iglesia de todos los tiempos. Su realización se va
concretizando progresivamente : en un principio Dios realizó su creación por medio de su
Hijo, y nosotros fuimos diseñados como imagen suya; una vez que el hombre, mediante
el pecado, hubo estropeado la presencia de esta imagen en sí mismo, Dios envió a su Hijo
quien encarnándose ha asumido la naturaleza humana y, por su vida que desembocó en
su muerte y resurrección, la ha llevado a su máxima realización, a su máxima
plenificación, a su divinización, restaurando aquella imagen atrofiada10. Así, haciéndose
solidario con nosotros, Cristo nos ha hecho también hijos de su Padre; por esto somos
hijos en el Hijo y, gracias a ello, hemos podido restablecer el diálogo filial con Dios y
podemos acceder a la vida divina trinitaria a la que nos llama. Este dinamismo se lleva a
cabo mediante la acción del Espíritu Santo que Cristo nos ha comunicado y que
transformándonos internamente, nos justifica, y nos posibilita la inhabitación de Dios en
el hombre. Esto, desde luego, implica la respuesta libre del hombre, ya que se trata de
toda una economía de salvación que se presenta como una oferta que respeta la libre
decisión humana.
2 La unión con Cristo como rescate del pecado : bajo la herencia de Adán, el
hombre es rebelde, incapaz de dialogo filial, pecador y destinado a la muerte eterna
10 Nótese la importancia de la Encarnación y del Misterio Pascual de Cristo en este dinamismo de gracia.
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orden en el ser humano, afectando su naturaleza de tal modo que la imagen divina quedó
en él deformada; de esta manera nos encontramos con un ser humano rebelde al proyecto
de Dios; incapaz de diálogo filial, pues su alejamiento radical de Dios le impedía ya
reconocerlo como su Padre; pecador en el plano objetivo y consciente de serlo en el plano
de la conciencia, viviendo por ello un verdadero drama que lo destinaba a una meta sin
sentido, a una muerte definitiva, a un destino vacío, a la nada.. Y sin embargo, de todo
esto hemos sido rescatados por la misericordia divina que ha enviado a su Hijo para
liberarnos de tal estado y para que, rehaciendo (reconstruyendo) la imagen de divina (que
no es otra que la suya propia, en base a la cual habíamos sido criados) en nosotros,
seamos reconocidos como verdaderos hijos de Dios, herederos de un final espléndido : la
vida eterna con Dios, en comunión con la Trinidad.
Ahora, después del acontecimiento escatológico definitivo que es Cristo, los
hombres nos encontramos bajo la esfera de su influencia; no estamos los hombres más
“bajo el signo de Adán”, sino “bajo el signo de Cristo”. Por Jesús hemos sido
justificados, esto es, perdonados de nuestros pecados y restaurados internamente. Este es
el primer momento de la gracia divina : Dios mismo se entrega para rescatarnos. El ha
tomado la iniciativa, gratuitamente nos ha liberado.
a) Datos bíblicos
En el Antiguo Testamento la manera como Dios se comporta con su pueblo es un
ejemplo de su modo singular de actuar para con todos los hombres. El gratuitamente elige
a Israel y le otorga una vocación salvífica especial (Cf. Ex 19,4-5; Dt 7,7; 8,17; 10,15).
Los profetas hablan de la infidelidad y de la indignidad moral de Israel, pero anuncian
que será restaurado por la misericordia gratuita de Yahvé (Cf. Ez 16, Dan 9,4-14). Se
hace la conexión entre la justicia y la salvación, de tal modo que Dios es justo en cuanto
que salva a su pueblo (Cf. Is 45,8.21; Is 51,1,5,7s). La justicia de Dios tendrá un carácter
escatológico, en una alianza que no se volverá a romper (Cf. Is 43,1; 45,13; 51,5s; 54,10;
55,3; 56,1). En el época postexílica el acento respecto a la justicia va siendo puesto en el
hombre y en el cumplimiento de la Ley de su parte. De ahí la importancia que se fue
dando a las obras del justo.
En el Nuevo Testamento, los sinópticos hacen ver como la conversión del hombre
tiene su origen en una llamada divina gratuita dirigida a los pecadores (Cf. Lc 15,3-10;
Mt 20,1-6). Asimismo se da una iluminación interior que mueve al hombre a la
conversión (Mt 11, 25-26). En Hechos de los Apóstoles se expresa la conciencia eclesial
de la relación entre la remisión de los pecados y la recepción del bautismo (Hech 2,38;
3,19). En Juan se habla de que el pecado es quitado por Cristo (Cf. Jn 1,28). Por su parte,
Pablo se conecta con la tradición veterotestamentaria de la justicia divina y piensa que la
fidelidad de Dios a su alianza se ha manifestado en Jesús. La justicia de Dios es el poder
salvador que se opone y vence el poder del pecado (Cf. 1 Cor 5,21; Rm 1,17s), que nos
reconcilia con Dios y nos hace amigos suyos (Cf. Rm 5,10). El pecador está muerto, pero
Dios lo busca y quiere que viva (Cf. Ef 2,1-10). El texto fundamental de Pablo sobre la
justicia divina es la Carta a los Romanos y, específicamente, 3,21-31 : la justicia de Dios
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- que existe en sí misma - se ha manifestado en la salvación que otorga por Cristo Jesús a
todos los hombres; la justificación viene por la fe en El y no por la práctica de la Ley.
Resumiendo los datos neotestamentarios, debemos decir que en ellos aparecen los
siguientes aspectos : 1) Remisión de los pecados (Hch 3,19; Jn 1,29; Rm 6,1-11; y la
“problemática” de los textos Rm 4,7-8; 2 Cor 5,19); 2) La renovación interior (2 Cor
5,17; Gal 6,15; Col 2,13; 3,10; Ef 2,8-10) y 3) La justicia divina como salvación (Rm
3,21-31; 5,8-10.17; 2 Cor 5,21; Fil 3,9; Tt 3,5).
b) Datos de la Tradición
Los padres comienzan a repetir los textos y las fórmulas bíblicas. Poco a poco, sin
embargo, se va poniendo el acento en la nueva creación y en la remisión de los pecados.
San Agustín va a protagonizar contra los pelagianos una célebre controversia. ¿Cuál era
el punto de desacuerdo? Si el hombre, basándose en sus propias fuerzas, puede vivir
según el ejemplo de Cristo y de sus preceptos. Pelagio, tenía al respecto, una opinión
positiva. Agustín, por su parte sostiene que las fuerzas humanas no son suficientes, sino
que se necesita un “adiutorium”, un “auxilium” para observar la ley de Cristo y de sus
preceptos. El Concilio de Cartago (418) va a dirimir la cuestión; su doctrina la veremos
en el siguiente inciso. El mismo Agustín, en su “De Trinitate”, superada la controversia
pelagiana, habla de dos acepciones de la justicia divina en la Carta a los Romanos, esto
es, como atributo divino y como la que es dada al hombre en “la justificación del impío”.
d) La Reforma y Contrarreforma
Lutero admitió la remisión de los pecados, pero la consideró como una “no -
imputación” de los pecados, o sea, el pecado permanece sólo que Dios no lo considera
más11. Además, aceptó una justicia, pero la consideró como imputada (al cristiano), esto
es, la justicia de Dios, de Cristo, viene tomada en cuenta como del cristiano. Finalmente,
la santificación sólo es concedida al final de la vida; así en el bautismo el cristiano es
justo, pero no santo; sólo en el cielo se podrá ser, a la vez, santo y justo.
En contra de estas afirmaciones surgió una “teología de controversia” que,
reconociendo el fervor por Dios y por Cristo que producían las afirmaciones de Lutero,
intentó solucionar la dificultad mediante una distinción entre “justicia inherente” y
“justicia imputada”. El Concilio de Trento ofrecerá la doctrina oficial de la Iglesia
respecto a estas posiciones.
11 Parece que la raíz de su error se encuentra en una incorrecta interpretación de la Carta a los Romanos; sobre todo en
el pasaje de Rm 4,7-8 y su relativo 2 Cor 5,19.
8
Síntesis especulativa
La justificación debe verse como una obra de la infinita misericordia de Dios
Padre quien, mediante su Hijo con su sacrificio en la cruz, nos rescató de la situación de
pecado y de muerte en la que nos hallábamos sumergidos por culpa de Adán.
Actualmente, esta liberación la recibimos en el sacramento del bautismo, que implica la
fe en Jesucristo; pero esta fe, siendo un acto humano de decisión y entrega a Dios, es
siempre una respuesta, por lo tanto, aún antes de realizarlo ya hay una intervención
gratuita y salvífica de Dios que nos permite creer en su Hijo; es lo que se llama
preparación a la justificación. En el bautismo somos justificados por Dios y ello implica
remisión de los pecados, renovación interior, adopción filial y la infusión de las virtudes
teologales. El cristiano desarrolla su vida de justificado siempre bajo el influjo y la ayuda
de la gracia, hasta que logre alcanzar su meta definitiva : la comunión eterna de vida
con Dios. Esto también lo recibe como un don, aunque sus obras sean meritorias de la
misma (pero también por el auxilio de la gracia). De todo esto se deduce la primacía de
la gracia divina, sin que por ello quede anulada la necesaria cooperación humana como
aceptación de un don y como compromiso con el mismo.
17 El tema del hombre creado a imagen y semejanza de Dios debe ser desarrollado en la tesis sobre la teología de la
creación (tesis 35). Solamente recordamos que el texto base es Gn 1,26a : “Y dijo Dios: “Hagamos al ser humano a
nuestra imagen, como semejanza nuestra”. En el hebreo la idea significada es “imagen semejante”; pero en los LXX se
emplean dos expresiones que han sido objeto de sendas interpretaciones. Así, la “imagen” sería la que el hombre
recibió en la creación y se colocaría en el plano del ser; mientras que la “semejanza” sería la realidad que el hombre
10
Datos bíblicos
En el A.T. existe ya la idea del hombre hijo de Yahveh y de Dios Padre. En
especial en cuatro sentidos : 1) hijo es el pueblo de Israel entero (Cf. Dt 32,5s; Jr 3,4.19s;
etc.), 2) el rey descendiente de David era hijo de Dios (Cf. 2 Sam 7,14; 1 Cr 22,19; Sal
2,7; etc.), 3) el israelita devoto y pío (Cf. Prov 3,12; Eclo 23,1.4; Sab 14,3; etc.), y 4)
como una realidad anunciada para el futuro (Cf. Os 2,1; Mal 3,16-18).
En el N.T. hay que distinguir entre los diversos escritos. Así, en los sinópticos el
término es empleado en sentido metafórico (Cf. Lc 10,6; Mt 8,12; etc.) y en sentido
propio pero análogo, y alude a un estado de hijo de Dios en el presente y en el futuro, es
un estado que reposa inseparablemente en un empeño del hombre y en un don de Dios, el
cual es atribuido directamente a Dios o al Hijo del hombre (Cf. Mt 5,9.45; 6,9.14; 13,38;
Lc 20,36). Pablo emplea las palabras y . Aquí Dios aparece como
el Padre de Jesucristo, quien puede introducirnos en la relación de filiación mediante la fe
en él. En esta filiación divina participada tiene un papel fundamental el Espíritu Santo. Y
esta filiación da derecho a una herencia escatológica. (Cf. Rm 8; 9,26; Gal 3,26-27; 4,4-5;
Ef 1,3-14; 1 Ts 4,8; 1 Cor 3,16; 6,19; etc.). En los escritos joánicos se afirma que el que
cree en Jesús ha nacido de Dios, ha sido engendrado por él y esta vida no puede pensarse
sin la permanencia de Cristo, por medio del Espíritu, en el hombre (Cf. Jn 1,4.12s; 3,3-8;
5,24-26; 20,17; 1 Jn 2,29; 3,1.9s; 4,7; 5,1). Juan reserva para Cristo el término ,
mientras que para los cristianos utiliza , relacionado con y .
Datos de la Tradición
Los padres de los primeros tres siglos abordaron el tema mientras explicaban el
Padrenuestro, un texto importante fue Jn 1,13. Los padres griegos de los siglos IV y V
hablan de filiación, pero hacen una distinción entre “de naturaleza” (referida a Cristo) y
“por gracia” (referida a los cristianos). Los padres latino identifican adopción y
generación, pero introducen una distinción semejante a la de los griegos : “según la
naturaleza” y “según la gracia”.
debe conquistar a lo largo de su vida y que desemboca en la comunión con la Trinidad, se estaría en el plano del obrar.
Parece que el creador de esta exégesis fue Orígenes y, después de él, muchos siguieron su lectura. Cf. SPIDLIK T., Il
Cammino dello Spirito, Lipa, Roma 1995, p. 20; citado por FARRUGIA Mario, Antropologia Teologica. Sussidi per le
lezioni 1996-97, (Ad uso degli studenti), Editrice Pontificia Universita Gregoriana, Roma 1996, p. 152.
11
Síntesis especulativa19
La filiación divina es la estructura más íntima de todo ser humano. Esta
experiencia fue articulada de forma escatológica y ejemplar por Jesús de Nazaret. La
encarnación del Hijo Unigénito revela quién es Dios para el mundo y también nuestra
condición de hijos en el Hijo. El hombre está llamado a pertenecer a la historia eterna de
Dios.
¿Qué es ser hijos en el Hijo? Según Leonardo Boff implica : a) Cristo Jesús es
hermano de todos, b) todos somos hermanos de Cristo, c) somos hijos herederos y
coherederos (de la divinización y del gozo del futuro absoluto), d) todos estamos en el
Hijo resucitado ( = atmósfera crística; “estar en Cristo”; una nueva cualidad del mundo;
se da un plus ontológico; posibilita una mística cristológica de carácter cósmico), e)
“creados en Cristo Jesús” (Ef 2,10) ( = esta es la fundamentación última del ser hijos de
Dios; nuestra filiación divina posee una raíz trinitaria y eterna, Jesús nos lo reveló
dándonos a conocer lo que éramos desde siempre)
y f) un modo peculiar del ser del hijo de Dios ( = 1. Nunca existe sin el Padre, 2.
Expresa una relación personal (no causal), 3. El hijo se caracteriza por la independencia y
la mayoría de edad. Se necesita que se reflejen las cualidades del Padre y del Hijo por el
cual somos hijos).
21 Aquí conviene consultar lo ya dicho sobre la unión con Cristo. Cf. Supra.
22 Cf. Nota 16. Y recordar la famosa expresión “Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciese Dios” (Cirilo de
Alejandría, Rom. Hom.9,3; Cf. También San Ireneo, Adversus Haereses III, 19,1; San Atanasio, Or. De Incarnatione
Verbi, 8; San Agustín, Ep. 140; ad Honoratum 3,9; San Atanasio, Contra Arianos 3,34). Nuevamente aparece la
importancia de la Encarnación.
23 BOFF Leonardo, Op. cit., p. 245. También estas expresiones : “La expresión “partícipes de la naturaleza divina”
pretende, en definitiva, articular la esencia más íntima del hombre. Sin esta participación en el misterio mismo de Dios,
el hombre histórico, tal como existe, nunca llega a su plena humanidad” (p. 246); “Para el hombre, participar de Dios
es poder tener lo que en Dios es ser : es amar radicalmente, autodonarse permanentemente, comulgar abiertamente con
todas las cosas. Es poder soportar sin límites, como soporta Dios; es tener la bondad de Dios (…) y tratar bien a todos
los hombres y ser bondadoso con los pecadores y desagradecidos” (p. 246-7).
13
Se trata de las relaciones especiales que adquiere el justo con las tres divinas
personas, dentro de una concepción especialmente trinitaria de la gracia. Desde el punto
de vista cristológico, la inhabitación es la autodonación del Padre a Cristo en el Espíritu
a los hombres. Desde el punto de vista pneumatológico, no se da sino por el espíritu de
Cristo. La existencia cristiana es esencialmente cristiforme y pneumática. Por las
limitaciones de la explicación teológica de la relación especial con las divinas personas a
partir de la inhabitación, la reflexión se orienta actualmente hacia la filiación adoptiva,
que es la culminación en el hombre de la acción salvadora divina y expresa mejor el dato
bíblico de la relación especial con cada una de las tres divinas personas. Según la fórmula
paulina somos filii in Filio per Spiritum Sanctum. La filiación adoptiva dice relación al
Padre -en sentido propio, no apropiado- ; no se da sino en Cristo, “el primogénito entre
muchos hermanos”; y se realiza por la acción del Espiritu Santo, que nos incorpora a
Cristo y reproduce en nosotros su imagen filial.
El tema de la libertad ha sido tratado dentro del tema de la gracia pero casi
siempre desde una perspectiva restringida y marcadamente filosófica, acuciada por la
controversia del libre albedrío. Actualmente se trata de superar esta situación y se ofrece
un concepto de libertad más existencial y más plenamente teológico, que es expresión y
realización al mismo tiempo de la dignidad de la persona.
24
GARCIA, Ciro LA TEOLOGIA POSCONCILIAR SOBRE LA GRACIA en BURGENSE 34-1 1993
pp. 167187