La Constitución Política de 1993 establece, en su Artículo 31° que todos los ciudadanos tienen
derecho a participar en los asuntos públicos mediante la REVOCACIÓN de autoridades.
Adicionalmente, la Ley de los Derechos de Participación y Control Ciudadano, estipula en su
Artículo 3° que un derecho de control ciudadano es la revocatoria de autoridades.
La revocatoria es definida como “una forma de control y cambio cuando las autoridades no
respetan los acuerdos básicos delegados por la voluntad popular; dejando de contar con el apoyo
por diferentes motivos que pueden ser una deficiencia en el ejercicio de sus funciones hasta
cuestionamientos de carácter ético. No pueden ser revocados el Presidente de la República ni los
Congresistas de la República”. Con el mecanismo de la revocatoria pueden ser revocados los
alcaldes, los regidores, así como las autoridades regionales que provengan de elección popular.
El mecanismo de revocatoria ha sido muy usado en nuestro país sobre todo en distritos rurales.
Sobre los procesos de revocatoria es importante mencionar que “limitado a las autoridades
municipales, en sus inicios y ahora ampliado a los gobiernos regionales. El año 1997 se llevaron a
cabo 60 consultas populares de revocatoria en igual número de municipios, aumentando los
pedidos para tal fin entre ese año y el 2001 en 187. Los procesos de revocatoria se dieron, por lo
general, en distritos rurales de escasa población y con fuerte predominio de pobreza y extrema
pobreza. Algunos analistas interpretan este dato como expresión del interés ciudadano por una
participación efectiva”.
Puede observarse que el aumento de procesos de revocatoria ha coincidido con el crecimiento del
número de conflictos sociales entre las autoridades y la población, de modo que facilitar la
censura de las autoridades no asegura la solución a los problemas de representación, y más bien,
en algunos casos, puede acentuar la lucha faccional, la debilidad de los actores políticos y la
inestabilidad de la institucionalidad política. Dado que las autoridades se eligen con porcentajes
muy bajos de votación, y cuentan con escasa legitimidad social entre la población, las acusaciones
por corrupción o malversación de fondos son muy corrientes. Así pues, los procesos de revocatoria
terminan siendo la exacerbación, antes que la solución, de problemas de disputas facciosas y
personales por el acceso a puestos de representación que desbordan la competencia partidaria y
no encuentran otros mecanismos de expresión. Todo esto muestra claramente por qué facilitar los
procesos de revocatoria, por sí solo, agravaría, no solucionaría los problemas de legitimidad
política”.
El hecho de que exista un mecanismo que facilita la censura de las autoridades no asegura la
solución a los problemas de representación, sino que produce la debilidad de las figuras políticas y
la inestabilidad de la institucionalidad política, que en nuestro país ya se encuentra muy debilitada,
sobre todo por el hecho que no existen muchos partidos políticos que tengan una línea política
bien definida y en los cuales participe activamente un gran número de ciudadanos. Es importante
que la figura de la revocatoria sea modificada para que sea usada de manera más eficiente y no
para favorecer intereses de un particular o de un grupo de ciudadanos que lo que les importa es
beneficiarse política o económicamente con dicho mecanismo. Pero, se debe tener presente que
la solución no es hacer que el mecanismo de la revocatoria desaparezca, sino que se debe buscar
hacerlo más eficiente por el bien de la sociedad y del Estado.