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Alimentación y emociones: ¿Comes emocionalmente?

Este documento discute cómo las emociones afectan los hábitos alimenticios y cómo comer emocionalmente puede conducir a problemas de salud. Explica que las emociones influyen en la elección de alimentos pero no son responsables directamente de comer en exceso o defecto, sino más bien la forma en que se enfrentan las emociones. Comer por impulsos emocionales puede moldear las decisiones sobre qué comer y buscar placer a través de la comida solo de manera temporal en lugar de permanente.

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Alimentación y emociones: ¿Comes emocionalmente?

Este documento discute cómo las emociones afectan los hábitos alimenticios y cómo comer emocionalmente puede conducir a problemas de salud. Explica que las emociones influyen en la elección de alimentos pero no son responsables directamente de comer en exceso o defecto, sino más bien la forma en que se enfrentan las emociones. Comer por impulsos emocionales puede moldear las decisiones sobre qué comer y buscar placer a través de la comida solo de manera temporal en lugar de permanente.

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Muchas gracias Angy y muchas gracias a todas, estoy muy contenta de estar

esta tarde con ustedes en este taller y poderles compartir un poquito de mis
conocimientos respecto a la alimentación y el vinculo tan complejo pero
interesante que tiene con nuestras emociones.

Y es que alimentarse no solo es para ganar energía, va mucho más allá de esto.
Es un acto placentero, des estresante que afecta nuestro estado anímico y
emocional, puesto que como seres humanos somo un conjunto de emociones
metidas en un cuerpo chiquitito y todo lo que decidamos o no hacer puede
afectar estas tantas emociones que tenemos.

Dicho esto quiero invitarlas a que se hagan estas dos preguntitas, ¿Cuántas
veces sientes que la comida te controla a ti en vez de tu a ella?, que sabes que
ya no quieres comer más pero no puedes parar, o tienes un antojo y tratas de
no sucumbir ante el pero simplemente no puedes.. y ¿Cuántas veces te has
sentido culpable por comer alimentos “prohibidos”? Por aquellas papas fritas,
chicharrones, hamburguesas cuando estabas a “dieta” o por esa rebanada más
de pastel o bolita más de helado…

Pues en efecto, el como nos sentimos puede influir de manera positiva o


negativa nuestra manera de comer. Un alimento por si solo puede hacer que
aumente o disminuya un estado de animo y viceversa, una emoción especifica
puede que deseemos más o menos comer cierto tipo de alimento.

Y es aquí cuando decimos que estamos comiendo emocionalmente, porque


buscamos calmar o incentivar un estado de animo a través de algún alimento.

Pero que es ¿comer emocional?

Nuestro cerebro después de saborear un alimento va a segregar sustancias


que incrementan o disminuyen nuestra sensación de placer, y de manera
repetitiva vamos a asociar emociones o sentimiento a algún alimento, como
parte de responder ante los estímulos emocionales que presentamos.

Y que pasa? Pues sustituimos el hambre fisiológica por un hambre emocional,


que va a aparecer de manera repentina, va a ser incontrolable, que aunque
nos sintamos llenos a reventar, no nos va a bastar, y que al final nos puede
generar un estado de malestar, de culpabilidad, de tristeza…

Porque no todo se soluciona comiendo, ese sensación de placer que nos


puede brindar el comer puede tener grandes consecuencias en nuestra salud
cuando abusamos de el. Nos puede llevar a enfermedades gastrointestinales,
síntomas y malestares físicos, gastritis, reflujo, colitis, estreñimiento, y a
problemas más severos como son el sobrepeso y la obesidad o en su lado
opuesto los trastornos de la conducta alimentaria como son la anorexia y la
bullimia.

Entonces que es lo ideal, que puede solucionar esta situación, cómo hago que
la alimentación no sea mi salida ante los problemas emocionales?

Primero que nada identifico mi emoción, me hago consiente de ella, del


porque me siento así, que necesito?

Pero también, me doy permiso a comer por placer, me dejo de culpar por
comerme ese pastel, esa hamburguesa, esas papas, siendo consiente de que
de vez en cuando se vale. No hay alimentos malos, pero hay alimentos que
debemos comer con más moderación.

Busco otras actividades que me ayuden a sentirme mejor, leo, escucho


música, hablo con alguien, hago algún tipo de ejercicio.. busco algo que me
beneficie y no se relacione con el acto de comer.

Equilibro mis emociones a través de una dieta saludable, equilibrada, con


alimentos de calidad, a que me refiero con esto, si nosotros catalogamos la
energía que brindan los alimentos, va a ver que hay alimentos expansivos y
contractivos, los alimentos expansivos son aquellos que buscamos para
incrementar nuestra energía, elevar nuestras emociones, euforia, alegría y por
lo general son alimentos con alto contenido en azúcar, y cuando hablamos de
alimentos contractivos, hablamos de aquellos que nos ayuden a disminuir la
energía de una emoción, tranquilizarnos, y estos por lo general van a ser
alimentos salados, altos en grasas, proteínas. Lo importante aquí es elegir
cuidadosamente que alimentos voy a consumir. Intercambiarlos y por
supuesto buscar que mi dieta se adapte a mis necesidades y me ayude a evitar
esos picos de emociones y ese circulo vicioso de sentirme bien y luego mal y
luego bien otra vez.

Si la vida no me sabe deliciosa ninguna comida me va a saciar, porque el placer


que brinda la alimentación es temporal y al final deberé buscar otras manera
de llevar mis emociones a un estado neutro, de balance y preferentemente
inclinado hacia lo positivo, hay muchas cosas que pueden ayudarme a
equilibrarme, a sentirme plena. La alimentación es una de ellas, pero no será
jamás, la total solución a mis problemas.

Muchas gracias por su atención.


¿Cuántas veces sientes que la comida te controla a ti en vez de tú a ella?

Nuestras emociones tienen un efecto poderoso sobre nuestra elección de alimentos y sobre nuestros hábitos. Sin embargo,
la emoción en si misma no puede ser responsable sobre nuestra disminución o incremento de ingesta, es más bien la forma
en que afrontamos nuestras emociones la que puede modificar nuestros hábitos, para bien o para mal.

Alimentarse emocionalmente tiene que ver con las descargas del tono emocional a través de la ingesta, lo cual a nivel físico
tiene como consecuencia la obesidad, que trae consigo enfermedades relacionadas como son los problemas cardiacos,
colesterol, diabetes , entre otros.

Una alimentación por impulso emocional va a moldear a la persona, en cuanto a la toma de decisiones de que comer según
el hambre emocional, que se antepone ante el hambre fisiológica común; y de la necesidad de obtener un estado de
hedonismo o placer. Las personas que suelen alimentarse emocionalmente no comprenden que el consumo de ciertos
alimentos le va a traer bienestar solo temporalmente y no de una manera permanente.

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