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Monografía Inseguridad Ciudadana en El Perú

Este documento trata sobre la inseguridad ciudadana en el Perú. Presenta una introducción describiendo la inseguridad ciudadana como uno de los problemas más graves que enfrenta la sociedad peruana. Luego, incluye secciones sobre las bases teóricas, la historia del concepto, los antecedentes históricos, definiciones de términos, problemas que afectan la seguridad ciudadana, causas y diagnósticos de la inseguridad en el Perú. Finalmente, propone que la seguridad ciudadana debe ser una política de estado para lograr una
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Monografía Inseguridad Ciudadana en El Perú

Este documento trata sobre la inseguridad ciudadana en el Perú. Presenta una introducción describiendo la inseguridad ciudadana como uno de los problemas más graves que enfrenta la sociedad peruana. Luego, incluye secciones sobre las bases teóricas, la historia del concepto, los antecedentes históricos, definiciones de términos, problemas que afectan la seguridad ciudadana, causas y diagnósticos de la inseguridad en el Perú. Finalmente, propone que la seguridad ciudadana debe ser una política de estado para lograr una
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“Año del Bicentenario del Perú: 200 años de Independencia”

ESCUELA TÉCNICO SUPERIOR PNP

CURSO:

COMUNICACIÓN

TEMA:

INSEGURIDAD CIUDADANA EN EL PERÚ

INTEGRANTES:

1. FLORES IRIGOIN, Mario Antony


2. FLORES SILVA, Bernabé
3. GALVES Rengifo, José Ismael
4. GAMONAL CERNA, José Jhordin

CATEDRÁTICA:

Lic. LIZ RÍOS MORI

TARAPOTO

2021
INTRODUCCIÓN

La inseguridad ciudadana es uno de los problemas más agudos y complejos que


atraviesa en este momento la sociedad peruana, siendo un desafío para el Estado,
así como para todos los ciudadanos, puesto que su incremento ha resultado casi
inmanejable puesto que es una de las áreas más crispadas y polémicas del ámbito
del derecho, la sociología y la política.

Lo relevante es que ha cobrado importancia en los últimos años, desde fines del
siglo XX. En nuestra perspectiva, la inseguridad ciudadana es la historia del ser
humano, tiene directamente que ver con el cuidado, con la integridad física, moral
y psicológica de la persona humana, y del orden y la paz de la sociedad. La
seguridad ciudadana es una tarea de todos, en el sentido de que es el estado social
que en su situación de co-gobernabilidad, debe tener en cuenta que todos los
integrantes de la Sociedad Civil, debemos de procurar luchar por establecer las
condiciones mínimas y favorables para la movilidad de las personas, para la
conservación de su integridad, sobre todo de las personas más vulnerables, como
son los niños, ancianos, mujeres en una sociedad como la peruana caracterizada
por la creciente violencia social.

La seguridad en estos últimos años ha cobrado vital importancia en las políticas de


estado, pues se está viendo afectada uno de las principales derechos del hombre
"el derecho de vivir en paz" en condiciones adecuadas para su desarrollo.

La falta de seguridad ciudadana ha pasado a ser en los últimos tiempos uno de los
temas centrales de preocupación de los ciudadanos y, por lo tanto, una de las
cuestiones a resolver por los responsables políticos de principios de este siglo. De
este modo, Kris Bonner dice:

El interés de la población que hace referencia a la delincuencia ha aumentado


enormemente en los últimos años. La seguridad es una condición necesaria para
el funcionamiento de la sociedad y uno de los principales criterios para asegurar la
calidad de vida.
ÍNDICE
INTRODUCCIÓN ........................................................................................ I

INSEGURIDAD CIUDADANA EN EL PERÚ

1. ANTECEDENTES............................................................................ 1
2. BASES TEÓRICAS ......................................................................... 2
2.1. Inseguridad ciudadana en el Perú ........................................ 2
2.2. La política criminal y la política de seguridad ciudadana: dos
políticas públicas para el control social punitivo.................... 4
2.3. La política pública de seguridad ciudadana .......................... 7
3. HISTORIA DEL CONCEPTO .......................................................... 8
4. ORIGEN ........................................................................................ 10
5. ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA SEGURIDAD CIUDADANA
EN EL PERÚ ................................................................................. 10
6. DEFINICIÓN DE TÉRMINOS ........................................................ 11
7. ESTRUCTURA CONCEPTUAL DE LA SEGURIDAD CIUDADANA.
PROBLEMAS QUE AFECTAN LA SEGURIDAD CIUDADANA .... 13
8. LA SEGURIDAD CIUDADANA EN LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA
DE 1993......................................................................................... 18
9. ORDEN INTERNO......................................................................... 20
10. ORDEN PÚBLICO ......................................................................... 20
11. PROBLEMAS QUE AFECTAN LA SEGURIDAD CIUDADANA .... 22
11.1. Los índices de delincuencia e inseguridad ......................... 22
11.2. Los fenómenos de pobreza, violencia, criminalidad y la
causalidad cotidiana ........................................................... 23
11.3. La Seguridad Ciudadana y los Derechos Humanos ........... 24
11.4. La Seguridad y la Equidad de Género ................................ 24
11.5. La falta de una Política de Estado sobre Seguridad Ciudadana
............................................................................................ 25
12. CAUSAS ........................................................................................ 26
13. ETIOLOGÍA DE LA SEGURIDAD CIUDADANA ............................ 27
14. DIAGNÓSTICO DE LA INSEGURIDAD, LA VIOLENCIA Y EL
DELITO EN EL PERÚ ................................................................... 29
14.1. Situación ............................................................................. 29
14.2. Homicidios .......................................................................... 29
14.3. Victimización ....................................................................... 29
14.4. Percepción de Inseguridad ................................................. 30
14.5. Confianza en las Instituciones ............................................ 30
14.6. Situación del Sistema Penitenciario Nacional ..................... 31
15. CAUSAS MULTIDIMENSIONALES ............................................... 31
15.1. Factores de riesgo social que propician comportamientos
delictivos ............................................................................. 31
15.2. Escasos espacios públicos seguros como lugares de
encuentro ciudadano .......................................................... 32
15.3. Débil participación de los ciudadanos, la sociedad civil, el
sector privado y los medios de comunicación social en la
seguridad ciudadana........................................................... 32
15.4. Baja calidad y cobertura del servicio policial ....................... 32
15.5. Débil institucionalidad del Sistema Nacional de Seguridad
Ciudadana (SINASEC) ....................................................... 33
16. PROBLEMA Y EFECTO ................................................................ 33
17. LA SEGURIDAD CIUDADANA COMO POLÍTICA DE ESTADO: UN
NUEVO ENFOQUE PARA LA CONVIVENCIA PÁCIFICA ............ 34
17.1. Justificación de la política del Estado ................................. 34
17.2. El Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana como Sistema
Funcional ............................................................................ 35
18. DEBERES FUNDAMENTALES DEL ESTADO PERUANO SEGÚN
LA CONSTITUCIÓN ...................................................................... 35
18.1. Antecedentes ...................................................................... 36
18.2. Los deberes fundamentales del Estado .............................. 37
19. DEFENSA DE LA SOBERANIA NACIONAL ................................. 38
20. VIGENCIA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES.................. 39
20.1. Protección de la población frente a las amenazas contra su
seguridad ............................................................................ 40
20.2. Promoción del bienestar genera ......................................... 41

CONCLUSIÓN ......................................................................................... 44
BIBLIOGRAFÍA ....................................................................................... 45
INSEGURIDAD CIUDADANA EN EL PERÚ

1. ANTECEDENTES
Efectuado la búsqueda de los antecedentes de investigación se han podido
encontrar los siguientes trabajos:
BASOMBRÍO IGLESIAS, Carlos (2007). Delito e inseguridad ciudadana.
Lima y otras ciudades del Perú comparadas con América Latina, Instituto de
Defensa Legal, Lima, en cuya investigación el autor concluye en que en el
Perú, el delito común y la inseguridad ciudadana en general siguen
constituyendo un creciente motivo de temor para la población, que demanda
al Estado enfrentar estos problemas aplicando políticas públicas eficaces.
Pero para que esta respuesta sea posible, se requiere, entre otros desafíos,
contar con información adecuada tanto sobre los hechos como acerca de la
percepción que tiene la ciudadanía. En varias ocasiones anteriores he
señalado cómo, respecto a este tema, estamos casi en cero.
Lamentablemente, las estadísticas policiales del delito son muy deficientes.
A nivel internacional: Se ha podido encontrar los siguientes trabajos de
investigación relacionados con la presente investigación:
LLEDO REAL, Pilar (2003). La seguridad ciudadana como condición de la
democracia. Filosofía y letras. Tesis Doctoral por la Universidad Autónoma
de Madrid, quien señala que existen en la tesis varias líneas argumentales
que pretenden concluir en la idea de que la seguridad ciudadana es una
condición necesaria para el desarrollo de la Democracia. En primer lugar
porque se parte del principio de que sin seguridad, la libertad no existe, y sin
libertad, la Democracia carece de sentido. Para llegar a esta conclusión, se
analiza el concepto de seguridad integral, en sus vertientes objetiva y
subjetiva; individual y colectiva; pública y privada; interior y exterior; nacional
e internacional diferenciándola de otros conceptos, con los que a veces se
confunde, como orden público, o sistemas de tolerancia cero ante los delitos.
En este análisis surgen una serie de aparentes contradicciones, como el
binomio liberta-seguridad; derecho a la seguridad o seguridad de los
derechos; prevención o represión de los delitos; el ciudadano como sujeto u
objeto de la seguridad; el papel de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad
como servidores del Estado o de los ciudadanos etc., q

1
ue se van analizando en los distintos capítulos. También merece un estudio
el propio concepto de Democracia, no sólo en su versión representativa, sino
especialmente participativa, llegando a la conclusión de que sin el
compromiso político de los ciudadanos, y su participación activa en las
políticas públicas, la seguridad ciudadana en su sentido integral no es
posible, y por lo tanto, los gobernantes carecen de legitimidad, aunque sean
legales, al no contar con la confianza de los ciudadanos. Por último, se
esboza un proyecto de organización de la seguridad pública de modo que
pueda constituir una garantía de calidad de vida para los ciudadanos.
CHIPIX NOTZ, Edwin Nathanael (2009). Participación de actores sociales
en espacios de seguridad ciudadana y prevención del delito. Tesis Doctoral
por la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de San
Carlos de Guatemala, Guatemala, en dicha investigación el autor concluye
en que la seguridad ciudadana en Guatemala, al igual que en los demás
países latinoamericanos, principalmente del cono sur, se remontan a la
década de los noventa, cuando los fenómenos políticos, económico y
sociales mundiales contribuyeron a la finalización de guerras civiles la
desmilitarización de sociedades, la aparición y/o fortalecimiento de los
sistemas democráticos en muchas sociedades de la región, todo esto
permitió la progresiva refundación del pensamiento y actitud social con
relación a la prestación de algunos servicios básicos históricamente
considerados de competencia exclusiva a los Estados a través de sus
gobiernos.
2. BASES TEÓRICAS
2.1. Inseguridad ciudadana en el Perú
La inseguridad ciudadana surge y se define en la actualidad como un
fenómeno y problema social en sociedades que poseen un diverso nivel de
desarrollo económico, múltiples rasgos culturales y regímenes políticos de
distinto signo, no pudiéndose establecer, por tanto, distinciones simplistas
para caracterizar factores asociados a su incremento y formas de expresión.
En ese sentido, no existe una taxonomía general que permita identificar
rasgos uniformes vinculados a las características que asume la inseguridad
o distinguir tipos de sociedades que presenten el problema en forma

2
exclusiva, siendo en definitiva una condición que comparten cada vez más
un gran número de países en todo el mundo.
La Seguridad ciudadana‖ aparece de manera alternativa al de orden interno,
que incluye propuestas para enfrentar al terrorismo y se limita a la función
de las fuerzas del orden (Policía y otras formas de seguridad) para mantener
y controlar las conductas que irrumpen la tranquilidad pública, sin importar
que el orden protegido sea injusto e irracional y a veces paternalista.
La seguridad ciudadana se funda en la protección del ciudadano antes que
en la del Estado; en la satisfacción objetiva de condiciones de vida
adecuadas, así como en la institucionalización del diálogo como herramienta
para la solución de conflictos interpersonales y sociales. Sobrepasa la esfera
de la acción policial y, además de repensar el orden imperante, integra a
organismos e instituciones tanto del Estado cuanto de la sociedad civil, lo
que permite afianzar los niveles de gobernabilidad.
a) Factor de inseguridad: La inoperancia de los agentes de seguridad
ciudadana como problema social, debido a múltiples rasgos culturales
y regímenes políticos de distintos signos que constituyen factores
asociados al incremento de la delincuencia.
b) Visión de la inseguridad como problema: Los tres principales
problemas del país que afectan directamente a la seguridad
ciudadana, se presentan en las siguientes ciudades:
• El problema de la delincuencia falta de la seguridad: Según la
encuesta realizada por Apoyo para el sistema nacional de
seguridad ciudadana (SINASEC en el año 2005), el 50% de la
delincuencia se produjo en la ciudad de lima, el 46% en la
ciudad de Arequipa, el 37% en cusco, el 40% en Huamanga,
el 33% en Iquitos y el 59% en Trujillo, constituyendo el segundo
problema más importante en el territorio nacional.
• El problema del narcotráfico/terrorismo/subversión; aunque
menos importantes del departamento de lima con el 2%,
Arequipa 2%, Cusco 1%, Huamanga 2%, Iquitos 3% y Trujillo
3%.

3
• En esta línea de análisis la corrupción/coimas creció en un
47%, delincuencia/falta de seguridad a nivel nacional creció en
un 39% y la educación inadecuada en un 14%.
2.2. La política criminal y la política de seguridad ciudadana: dos
políticas públicas para el control social punitivo
Uno de los aportes principales de Eugenio Zaffaroni a la criminología
crítica fue su apuesta por un saber criminológico en nuestro margen, es
decir, una criminología de este sector periférico del mundo capitalista que
reflexione sobre su realidad: la forma como el Estado ha sido
instrumentalizado por minorías en contra de los derechos humanos, las
vidas humanas que ha costado la existencia de puniciones para
institucionales, la selectividad en los procesos de criminalización en
contra de las poblaciones más vulnerables o excluidas y la disidencia
política, y el modo cómo marcos teóricos norteamericanos y europeos
han colonizado el pensamiento del que nos valemos para el ejercicio
reflexivo aludido.
Según Zaffaroni es necesario un saber que nos permita explicar qué son
nuestros sistemas penales, cómo operan, qué efectos producen, por qué
y cómo se nos ocultan estos efectos, qué vinculo mantienen con el resto
del control social y del poder, qué alternativas existen a esta realidad y
cómo se pueden instrumentar.
Desde esta posición o desde nuestro margen, el control social se
caracteriza por el uso de la punición institucionalizada como punitiva o no
punitiva. Aquí lo punitivo no depende de que la ley hable de pena‖ como
una consecuencia respecto un acto, sino de la imposición real y material
de dolor o de una privación de un derecho con ocasión de controlar el
comportamiento humano.
El control social punitivo institucionalizado como no punitivo hace
referencia al conjunto de medidas administrativas, tributarias,
asistenciales, terapéuticas, laborales, educativas, civiles y todas aquellas
que inciden sobre el control de la conducta mediante sanciones de
diversos órdenes.

4
Por su parte, el control social punitivo institucionalizado como punitivo es
ejercido oficial y declaradamente desde la plataforma denominada
Sistema Penal y su instrumento de castigo máximo es la prisión; sin
embargo, existe un Sistema Penal paralelo integrado por las agencias
oficiales que gobiernan el campo de lo contravencional y policivo, y que
gozan de mayor discrecionalidad respecto de las agencias del Sistema
Penal en sentido estricto, dada la ausencia de un esquema organizativo
jerárquico que asegure, por ejemplo, una segunda instancia.
En efecto, parto de aceptar que en nuestra realidad periférica operan
simultáneamente al menos dos sistemas penales: uno que se vale de
tipificaciones delictivas, órganos investigativos, instancias judiciales y de
la prisión como castigo; y otro que se concentra en las relaciones sociales
desde el ámbito territorial, ejerciendo un control cercano o próximo y que
confía a los cuerpos de policía el mantenimiento de las situaciones
percibidas como conflictivas dentro de vagos esquemas referenciales
asociados a la idea del orden público.
Dado que estas dos políticas para el control social punitivo son políticas
públicas, es importante tener un acuerdo sobre este concepto. Vale decir
que en las ciencias políticas se siente una preocupación por la definición
de política pública; en cualquier caso, parece evidente que existe la
necesidad de llegar a una definición operativa que permita delimitar, en
un primer momento y de manera general, el campo y objeto de estudio
que se pretende estudiar.
Las políticas públicas son un conjunto conformado por uno o varios
objetivos colectivos considerados necesarios o deseables, y por medios
y acciones, que son tratados, por lo menos parcialmente, por una
institución u organización gubernamental con la finalidad de orientar el
comportamiento de actores individuales o colectivos para modificar una
situación percibida como insatisfactoria o problemática. Así mismo, son
instrumentos de trasformación o mantenimiento del orden social, y en
consecuencia, suponen un lugar fundamental para el ejercicio de la
dominación.

5
Para Andre-Noël Roth hay cuatro elementos centrales que permiten
identificar la existencia de una política pública: (i) la implicación del
Gobierno; (ii) la percepción de problemas; (iii) las definiciones de
objetivos; y (iv) un proceso determinado. De acuerdo con lo anterior, se
puede afirmar que una política pública existe siempre y cuando
instituciones estatales asuman total o parcialmente la tarea de alcanzar
objetivos estimados como deseables o necesarios por medio de un
proceso destinado a cambiar un estado de las cosas percibido como
problemático.
En consecuencia, la política pública designa la existencia de un conjunto
conformado por uno o varios objetivos colectivos considerados
necesarios o deseables y por medios y acciones que son tratados, por lo
menos parcialmente, por una institución u organización gubernamental
con la finalidad de orientar el comportamiento de actores individuales o
colectivos para modificar una situación percibida como insatisfactoria o
problemática.
Según Máximo Sozzo el gobierno de la cuestión criminal es claramente
un ejercicio de poder gubernamental, dado que implica no sólo gobernar
la producción de comportamientos en la vida social que son considerados
problemáticos o negativos para determinados individuos o grupos, sino
también gobernar su definición como criminales a partir de procesos
complejos de interacción social dentro y fuera del Sistema Penal. Para el
autor, este ejercicio se logra con la articulación (gobierno) de distintos
sectores oficiales que participan en el despliegue de las políticas: policía,
fiscales, jueces, penitenciarías, etc.
Dado que la política pública criminal y la política pública de seguridad
ciudadana comprenden la vocación de ejercer dolor o la restricción de
derechos en aras de controlar el comportamiento de la sociedad civil del
pórtico, pero sobre todo de la sociedad civil de la calle, considero que es
un compromiso político advertir cómo es una y cómo es otra, pues la
teoría criminológica crítica (especialmente el garantismo de Alessandro
Baratta) contiene una confusión respecto de su interdependencia
considerando que una (la política criminal) recogía a la otra (la política de

6
seguridad ciudadana); sin embargo, tal como se verá a continuación, la
confusión puede resolverse teóricamente con insumos que nos brinda el
estudio de las políticas públicas.
En consecuencia, el presente capítulo consta de tres apartados. Los dos
primeros estarán dedicados a trazar un sintético marco teórico respecto
de la política pública de seguridad ciudadana y la política pública criminal
oficial, respectivamente.
Por último, se abordará la confusión que desde la teoría ha supuesto que
la política de seguridad ciudadana se agrega a la política criminal. Esta
reconstrucción del estado del arte del problema facilitará la comprensión
del siguiente capítulo en el que será abordada el esclarecimiento de la
confusión desde un escenario material y un punto de vista práctico: la
política de seguridad ciudadana y la política criminal oficial peruana.
2.3. La política pública de seguridad ciudadana
La interpretación del término seguridad ciudadana es contextual y no
siempre es asimilable en diferentes periodos históricos. En efecto, sus
antecedentes se rastrean a la Doctrina de la Seguridad Ciudadana, la que,
de acuerdo con Fernando Carrión, supuso el cambio de foco de las políticas
de represión estatal hacia nuevas estrategias en materia de
prevención/reacción, dado que se han identificado tipos de violencia y
criminalidad esencialmente urbanas, que afectaban a las mismas
poblaciones vulnerables y que llevó al replanteamiento de los ejes de
discusión acerca de estas violencias, así como de los enfoques de
investigación y análisis abocados hasta el momento en las tesis de la
Doctrina de la Seguridad Nacional30, que ignoraban una criminalidad intra-
clase y citadina donde la desestabilización del Estado no era interés de la
delincuencia.
En la década del noventa, los gobiernos latinoamericanos y los tanques de
pensamiento (think tank) empezaron a utilizar el término seguridad
ciudadana para hacer referencia a la preocupación por mejorar la seguridad
pública respecto de fenómenos criminales que iban en incremento y ponían
en amenaza al orden público, estimulando el miedo dentro de la ciudadanía
y una percepción de desorden social generalizado cuya angustia pública

7
respaldó y dio mucha popularidad a la guerra contra el crimen, que no era
otra cosa que políticas esencialmente represivas en un contexto polarizado
y que planteaban una transacción: la conculcación de derechos de
ciudadanía para el mantenimiento del orden y la seguridad públicas.
Para Farid Benavides la seguridad ciudadana emerge como concepto que
se asocia al orden público (o tranquilidad de los espacios públicos), pero no
comprende una perspectiva de protección de los derechos humanos o de su
desarrollo, y en cambio se introducen medidas de tipo policivo/militar que
restan tutela a las libertades civiles más básicas. Según el autor, el paso de
las políticas de seguridad nacional a las de seguridad pública supuso el
tránsito a otro extremo, no ya el de la defensa del Estado, sino el de la cero
tolerancia al delito, así como cero tolerancia frente a quienes no merecen las
ayudas sociales; tema que se asocia con el paradigma del merecimiento de
exclusión según el cual hay cierto contingente poblacional que resulta
intolerable incluir en la sociedad dado sus tendenciosas probabilidades de
ser criminales.
Este aspecto se relaciona con lo que denominó Jock Young como
criminología de la intolerancia para referirse al proceso de consolidación de
la guerra contra el crimen que logra posicionarse exitosamente en la agenda
política de Estados Unidos y que se exporta a Europa y América Latina
principalmente. En el marco de esta guerra, se hacen famosas las políticas
de prevención del delito basadas en las teorías de la cero tolerancia, en
virtud de las cuales se etiquetan ciertas zonas de las ciudades como
peligrosas, ciertos comportamientos no delictivos como intolerables y cierto
sector social como vulnerable o en riesgo. Esta intolerancia, promovida por
una política de seguridad, se concentra en las personas que viven en zonas
marginalizadas o en condiciones de exclusión social y en las infracciones de
menor lesividad, cuya conclusión es el crecimiento acelerado de la población
carcelaria y penitenciaria.
3. HISTORIA DEL CONCEPTO
La seguridad ciudadana garantiza que se puedan ejercer los derechos
individuales sin impedir a los demás disfrutar de los suyos.

8
El origen moderno del concepto seguridad ciudadana es consecuencia
directa de otro concepto del siglo XVIII al inicio de la Edad Contemporánea:
el orden público. Este es un concepto liberal que aparece en el artículo 9 de
la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789,
documento fundamental de la Revolución francesa:
Nadie puede ser inquietado por sus opiniones, incluso las religiosas, siempre
y cuando su manifestación no altere el orden público establecido por la ley.
Además el artículo 4 del mismo documento relaciona la libertad individual
con este concepto:
La libertad consiste en poder hacer todo lo que no sea perjudicial al otro. Así,
el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tienen otro límite
que aquellos que aseguren a los otros miembros de la sociedad el disfrute
de estos mismos derechos; estos límites sólo pueden estar determinados
por la ley.
En este sentido, si extendemos el concepto de orden público como limitación
a la libertad ideológica del artículo noveno, a la definición de libertad
individual del artículo cuarto, aparece el concepto de orden público: El orden
público se establece como garantía y límite de la libertad y, como ésta,
consiste en que nadie puede hacer nada que sea perjudicial a los demás.
Con el tiempo este concepto de orden público evolucionó hacia el de
seguridad ciudadana, mucho más amplio, y que incorpora los valores del
Estado social y democrático de Derecho; hasta el punto que el concepto va
más allá de forzar a los ciudadanos a la obediencia de la norma, sino
garantizar la calidad de vida de los mismos.
Esta pregunta es bien interesante, porque al colocar en el mismo plano los
conceptos de democracia y seguridad, percibimos con mayor claridad el
riesgo que se corre cuando frente a las demandas de seguridad, la
democracia aparece asociada a sentimientos de peligro, miedo y urgencia.
Se trata, entonces, de dejar de lado el paradigma del orden, para ubicarnos
en el de la seguridad urbana, entendiendo seguridad de las personas y no
seguridad del Estado.
En el contexto de España e Hispanoamérica el uso de distintos términos por
los diferentes regímenes dictatoriales de la segunda mitad del siglo XX como

9
eufemismos de 'represión' hacen que no siempre se asocie términos como
los expuestos a valores asociados a la libertad. Así en el cono sur se prefiere
el término seguridad de los habitantes ya que el término 'seguridad
ciudadana' fue usado por las fuerzas armadas en los años 60 como
aplicación de doctrinas represivas como la de 'seguridad nacional' impartida
en la Escuela de las Américas. En contraposición, en España la expresión
'seguridad ciudadana' se prefiere sobre 'orden público', usada como medio
represivo en la dictadura de Francisco Franco.
4. ORIGEN
El Termino "Seguridad Ciudadana", ha sido muy extraño en la doctrina
cristiana y legislación política, hasta la última Constitución Política del año
1999.
Esta expresión de Seguridad Ciudadana es originaria de España. Donde
existen normas y leyes como la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad
Ciudadana que tiene por objetivo la protección, prevención, garantía que se
tenga que dar a los ciudadanos para que puedan intervenir libremente, y con
las garantías correspondientes a fin de tener una tranquilidad, paz y
seguridad tanto de los bienes, como de las personas que representa la vida
en la comunidad.
En este País la policía tiene a su cargo la seguridad pública y la seguridad
ciudadana es parte de ella, donde tiene la responsabilidad, el control de
diversos problemas sociales.
5. ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA SEGURIDAD CIUDADANA EN EL
PERÚ
En la década del 90 y específicamente a partir del año 1991, en el distrito de
San Isidro se organizó y puso en funcionamiento el servicio de Serenazgo
patrocinado por el Dr. Carlos Neuhaus Rizo Patrón, Alcalde del mencionado
distrito, con el propósito de combatir la prostitución, el Homosexualismo y la
drogadicción, así como apoyar a la Policía Nacional en su función de
prevención, orientando su esfuerzo a dar tranquilidad y bienestar al vecino
de san Isidro.

10
Ante tal problemática los legisladores en el año 1993 consideraron de vital
importancia consignar en la Carta Magna, dispositivos específicos Sobre la
Defensa Nacional, el Orden Interno y la Seguridad Ciudadana.
6. DEFINICIÓN DE TÉRMINOS
Previo al estudio sobre los principios constitucionales en la configuración de
la política de seguridad ciudadana en el Perú., es necesario definir algunos
conceptos básicos:
a) La seguridad. - Engloba dos conceptos: de una parte, las cifras objetivas,
que estarían indicando el incremento del delito y, por otro, el concepto
subjetivo que vendría determinado por la sensación de incertidumbre, de
riesgo o de miedo y bajo la lupa de los medios de comunicación masiva-,
que tienen las personas por el desarrollo de lo que se denomina delincuencia
común y/o los actos antisociales, diversos pero que, no necesariamente
entran dentro de la categoría de delitos. La delincuencia común y actos
antisociales, se producen en el ámbito más próximo al ciudadano o
ciudadana y, por lo tanto, afectan más directamente a su sensación personal
de seguridad.
b) La seguridad ciudadana.- Significa el conjunto de medidas y previsiones
que adopta el Estado a través de sus instituciones dentro del marco de la ley
y los derechos humanos para que la comunidad pueda desarrollar sus
actividades libres de riesgo y amenazas. En síntesis, la seguridad ciudadana
comprende un ámbito amplio, pero específico a su vez, en cuanto se
relaciona con otras formas de producir y garantizar seguridad, como la
seguridad jurídica, ecológica, humana, democrática, etc. y lleva a centrar la
mirada sobre aquello que la amenaza (como la violencia en la sociedad, la
criminalidad y la inseguridad frente a riesgo reales o imaginarios) y la protege
(como es el quehacer de las diversas instituciones estatales y de la sociedad
civil relacionadas con su promoción y protección).
c) Política Pública de Seguridad Ciudadana.- Es un conjunto organizado
y estructurado de acciones, que buscan generar situaciones, bienes y
servicios públicos, para satisfacer las demandas de los ciudadanos,
transformar condiciones de vida, modificar comportamientos, generar
valores o actitudes que correspondan con la ley, la moral y la cultura propios

11
de una comunidad. De acuerdo con lo anterior, es coherente precisar que la
seguridad es un bien que apunta a la calidad integral de vida de los
ciudadanos y no solo a la disminución o ausencia de delitos y hechos de
violencia.
d) Principios constitucionales. – Son preceptos o mandatos de
optimización que constituyen orientaciones básicas que guían el
funcionamiento coherente y equilibrado de la estructura de una Constitución
formal de un Estado determinado. Estos principios sirven, según para
garantizar la vigencia, estabilidad y el respeto a la Constitución.
e) Derechos constitucionales.- Los derechos constitucionales son
derechos contemplados en la constitución de forma expresa o implícita,
adquiridos por mandato constitucional, nadie nos puede privar de ellos y no
podemos renunciar a los mismos. Los derechos constitucionales,
denominados también derechos fundamentales; son aquellos derechos
humanos garantizados con rango constitucional que se consideran como
esenciales en el sistema político que la Constitución funda y que están
especialmente vinculados a la dignidad de la persona humana. Es decir, son
aquellos derechos que dentro del ordenamiento jurídico disfrutan de un
estatus especial en cuanto a garantías (de tutela y reforma).
f) Dignidad.- Es una cualidad intrínseca del ser humano. La dignidad
humana es el derecho que tiene cada ser humano, de ser respetado y
valorado como ser individual y social, con sus características y condiciones
particulares, por el solo hecho de ser persona. La Constitución ha
incorporado a la dignidad de la persona como un concepto jurídico abierto,
lo que es una virtud para la dogmática, resulta en la práctica una dificultad
para la función jurisdiccional.
g) Criminal política del estado.- Es el conjunto de medidas de las que se
vale el Estado para enfrentar la criminalidad (delito-delincuente) y la
criminalización (pena y función re-socializadora); especialmente en su
prevención, represión y control; teniendo en cuenta que la política criminal
puede ser vista como acto de control social y solución de conflictos, dirigida
hacia las acciones humanas consideradas violentas o nocivas las cuales
entorpecen el desarrollo armónico de una sociedad en un país determinado.

12
h) Garantías constitucionales. - Son los medios o instrumentos que la
Constitución Política pone a disposición de los ciudadanos para sostener y
defender sus derechos frente a las autoridades, individuos o grupos sociales.
i) Interdicción de la arbitrariedad. - Principio fuerte a favor de la
justificación de las decisiones judiciales, ya que el respeto de este principio
implica la fundamentación en base a razones objetivas de la decisión judicial,
es decir, han de ser las razones ofrecidas por el Juez las que justifiquen la
decisión, más no se tolerará aquellas decisiones que se basen en la voluntad
o en el capricho del juzgador, puesto que la misma devendrá en una decisión
arbitraria.
j) Política criminal de seguridad. - De acuerdo con lo que se ha tenido
ocasión de apuntar en el epígrafe anterior, la denominada cultura de
emergencia‖ se enmarca en un contexto caracterizado por la crisis del ideal
resocializador que informaba la función del sistema penal del Estado del
bienestar. En este orden de cosas, se verifica que medidas que antes eran
adoptadas durante periodos de excepción o de emergencia se han
generalizado para convertirse en la regla.
7. ESTRUCTURA CONCEPTUAL DE LA SEGURIDAD CIUDADANA.
PROBLEMAS QUE AFECTAN LA SEGURIDAD CIUDADANA
Concepto: se entiende por seguridad a la exención de peligro o daño, que
consiste en contrarrestar el peligro mediante un equilibrio entre fiabilidad y
riesgo aceptable.
La seguridad es la base principal para el desarrollo de los pueblos,
sociedades y naciones, la nueva concepción del neoliberalismo con su teoría
de la globalización, ha sido acompañado con un crecimiento de una cultura
del delito. En la actual situación en la que vive el mundo y en cualquier otra
parte no puede haber civilización sin seguridad, así como no puede existir
un Estado-nación sin seguridad, por tanto, no puede existir desarrollo sin
seguridad.
La seguridad es un término que estuvo unido siempre a la concepción de
Estado-nación, emergiendo sobre todos los conceptos, la seguridad de
Estado por encima de la seguridad individual de las personas. Desde que
surgen los Estados en el contexto político universal, a la seguridad se le

13
asignar la disposición de todos los medios con los que cuenta una sociedad
o Estado-nación, para brindar protección a la comunidad.
Ciudadano (a) habitante de una ciudad, de una comunidad a quien se le
otorga derechos y libertades y recíprocamente se encuentra obligado a
cumplir deberes establecidos para con la comunidad.
La sociedad, organizaciones tanto públicas como privadas, el individuo y la
población en general, inclusive la misma Policía Nacional ha
conceptualizado de manera poco precisa la seguridad ciudadana,
entendiéndola como si se tratara de una función y obligación del Estado con
sus fuerzas y medios de seguridad permanente a la ciudadanía.
Sin embargo esta no es la concepción actual de la seguridad ciudadana. Se
ha usado a la seguridad ciudadana como bandera de campaña política en
las elecciones que acabamos de tener en el país, con ofertas orientadas en
esa obligación estatal de brindar seguridad permanente y estrecha a los
ciudadanos, ofertas de incremento en el número de agentes policiales, otros
en municipalizar la policía, dotación de medios motorizados y equipos a la
institución policial, incremento de patrulleros, como manera de garantizar la
seguridad ciudadana, no solo los candidatos presidenciales en sus planes
de gobiernos hacían estas ofertas eleccionarias, también lo harán los
candidatos municipales en sus planes de gobiernos en las próximas
elecciones municipales han llegado incluso a involucrar al ejército en la
seguridad ciudadana, este error ha sido incrementado por la mala
información sobre el concepto de seguridad ciudadana proporcionada por
los mismos medios de comunicación.
Según los estudios en criminología administrativa" la lucha contra el crimen
o delincuencia debe basarse en la reducción del riesgo y la redistribución del
mismo, es decir a la reducción de las oportunidades que expone el mismo
ciudadano para la comisión de los delitos y faltas por parte de los
delincuentes.
En esta reducción de los riesgos, la población local juega un papel
importante, como por ejemplo tomar medidas preventivas en sus domicilios
en trayecto a su centro de labor o en los lugares donde asiste como
responsabilidad individual de cada ciudadano, la policía solo puede combatir

14
el crimen con mayor eficiencia, si existe una cooperación estrecha y abierta
con la población, esta repartición de las responsabilidades entre los
individuos, la población y la policía, permite una estrechez del riesgo y la
fiabilidad, lo que lleva a determinar que el riesgo pueda reducirse en la
medida que se alcanza una cohesión y confianza de la población en su
institución policial.
La policía, constituye el pilar fundamental para la represión, en la medida
que mantenga una relación estrecha y un trabajo coordinado con las
instituciones del Estado por medios de sus instituciones públicas
comprometidas de acuerdo a ley con los ciudadanos que conforman la
población. Si la policía como "sistema experto estatal" falla las
consecuencias serán mayores que las que tenemos en este momento. Este
vendría a ser el resultado o finalidad de la seguridad ciudadana, pero no
podemos entenderlo como el concepto.
La seguridad ciudadana debe ser presentadas como acciones
"democráticas" vale decir con participación de la sociedad esto implica
necesariamente cambios en la relación Estado-Sociedad Civil, impulsando
el primero la participación activa de la comunidad, propiciando la conciencia
de seguridad como una necesidad en cada ser humano los Comités de
Seguridad deberán priorizar acciones de prevención del delito y la violencia.
Desde ellos motivar e incentivar la participación activa y comprometida de
los vecinos en sus respectivas jurisdicciones, a los empresarios privados a
las Compañías de Seguridad Privada la gestión de estrategias de prevención
del delito, asignando funciones obligatorias a los gobiernos municipales, a la
PNP Y fundamentalmente capacitar y organizar a los vecinos, empresariado
privado, instituciones educativas, cívicas, vecinales, u otras con capacidades
de responsabilidad en seguridad ciudadana.
La seguridad ciudadana no es un tema reciente, sino data de mucho tiempo
atrás, se ha tocado el tema en foros en el marco de organismos
internacionales y en citas bilaterales y multilaterales presidenciales de
diferentes países, buscando la unificación de mecanismos y métodos de la
lucha contra la delincuencia que ha venido en aumento progresiva y
sostenidamente.

15
La población ha perdido en un gran porcentaje la credibilidad hacia la policía,
y lo preocupante es que no existe la clara voluntad de cambiar esta cultura
de extorsión policial.
Se puede comprobar, que en los Comités de seguridad ciudadana existe
poca participación activa de organizaciones ciudadanas, privadas,
instituciones vivas y representativas del pueblo o ciudadanía.
La poca claridad en la concepción por el Estado sobre seguridad ciudadana
así como de sus organizaciones públicas encargadas de organizar y poner
en marcha la seguridad ciudadana se debe a la poca difusión y estudio que
se ha realizado, debemos estar conscientes que hoy por hoy, "el Estado no
está en capacidad de satisfacer eficientemente las necesidades de
seguridad de la población", por lo que es necesario integrar a la ciudadanía
a que sea participe activa de su nuevo rol que le corresponde cumplir en su
auto seguridad y con conciencia de responsabilidad.
Falta de capacitación profesional del organismo experto en seguridad
ciudadana (la policía) que permita una verdadera integración de la
ciudadanía a la seguridad ciudadana.
La seguridad ciudadana es participación activa de la ciudadanía. Para que
se pueda concretar una verdadera integración del ciudadano a su auto
seguridad, se debe integrar a los Comités de Seguridad Ciudadana a los tres
poderes del Estado y todas las instituciones públicas y privadas que hemos
mencionado anteriormente, más la Iglesia Católica, las instituciones cívicas,
vecinales, empresariado privado, asociaciones de profesionales,
organizaciones laborales, sistema universitario público y privado, sistema de
educación escolar públicos y privados, medios de comunicación de masas
televisivos, impresos y radiodifusión organizaciones deportivas,
asociaciones y fraternidades culturales, científicas, productivas, campesinas
y de pueblos originarios.
Solamente con una integración total de la sociedad civil y su responsabilidad
consciente en su auto seguridad puede cumplirse con la seguridad
ciudadana: lo más importante de esta nueva concepción de seguridad, es
que no se requiere necesariamente de recursos, ni públicos menos privados,
es simplemente comprometer a la población con su participación activa en

16
forma personal, co-participativa y organizada, a integrarse al sistema de
seguridad, que bajo la responsabilidad de los Gobiernos locales y la
dirección técnica de la policial, se organice a los vecinos a través de la
doctrina policía comunidad, juntas vecinales, y la seguridad privada,
empresarial, industrial, de los servicios de transporte público, con sistemas
de comunicación que integre a los vecinos con la fuerza policial. Todo este
sistema de seguridad ciudadana bajo la coordinación, el apoyo,
asesoramiento, integración y auxilio permanente de la Policía Nacional como
institución experto y especializado, se logrará una verdadera seguridad
ciudadana
Mientras las discusiones académicas y de funcionarios interestatales
prosigue en diversos foros de las tres Américas por más de una década, en
la Asamblea de la OEA llevada a cabo en Canadá a inicios del año 2000, ha
surgido una nueva propuesta que se añade a la discusión sobre la seguridad
hemisférica, se trata esta vez de la propuesta canadiense denominada
seguridad humana.
La seguridad humana constituye un cambio de perspectiva que coloca a las
personas como el centro de referencia en los asuntos internacionales, trata
de afrontar las numerosas amenazas contra la seguridad de las personas.
Se trata principalmente de colocar a las personas en primer lugar y mejorar
nuestra pericia y capacidades colectivas para proteger los derechos y
garantizar la paz indispensable y la estabilidad, como un pre-requisito clave
para el desarrollo humano sostenible.
La seguridad humana como una respuesta necesaria a los grandes cambios
producidos en los entornos políticos económicos y sociales internacionales;
sin embargo estos cambios han creado oportunidades para los delincuentes
internacionales y las personas sin escrúpulos. Reiteran que hoy en día el
crimen organizado tiene una visión global, pero actúa a nivel local, y todos
los pueblos sufren las consecuencias.
Este tema está asociado al problema de las drogas, conexos como la
corrupción y el tráfico de armas pequeñas, sigue sirviendo como catalizador
para aumentar la violencia y el crimen, en este contexto debe preocupar la
protección de la niñez por ser el segmento poblacional más vulnerable.

17
La seguridad humana debe sensibilizarse ante el hecho de que los niños y
jóvenes del hemisferio sufren de manera desproporcionada los efectos de
los conflictos y de la violencia origina traumas físicos y psicológicos, esto ya
constituye una tragedia, sino se corrige pueden ser permanentes en futuras
generaciones
8. LA SEGURIDAD CIUDADANA EN LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE
1993
Podemos referir los artículos de la constitución Política del Perú que
describen y tienen relación con la seguridad ciudadana en el Perú son las
siguientes:
Artículo 1°.
La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin
supremo de la sociedad y del Estado.
Artículo 2°.
Toda persona tiene derecho:
2.24. A la libertad y a la seguridad personal. En consecuencia:
a. Nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda, ni impedido de hacer
lo que ella no prohíbe.
b. No se permite forma alguna de restricción de la libertad personal, salvo en
los casos previstos por la ley. Están prohibidas la esclavitud, la servidumbre
y la trata de seres humanos en cualquiera de sus formas.
d. Nadie será procesado ni condenado por acto u omisión que al tiempo de
cometerse no esté previamente calificado en la ley, de manera expresa e
inequívoca, como infracción punible; ni sancionado con pena no prevista en
la ley.
e. Toda persona es considerada inocente mientras no se haya declarado
judicialmente su responsabilidad.
f. Nadie puede ser detenido sino por mandamiento escrito y motivado del
juez o por las autoridades policiales en caso de flagrante delito. El detenido
debe ser puesto a disposición del juzgado correspondiente, dentro de las
veinticuatro horas o en el término de la distancia.
Artículo 44°.
Son deberes primordiales del Estado:

18
-Defender la soberanía nacional;
-Garantizar la plena vigencia de los derechos humanos;
-Proteger a la población de las amenazas contra su seguridad; y
-Promover el bienestar general que se fundamenta en la justicia y en el
desarrollo integral y equilibrado de la Nación.
Asimismo, es deber del Estado
-Establecer y ejecutar la política de fronteras y
-Promover la integración, particularmente latinoamericana, así como
Artículo 118°.
Corresponde al Presidente de la República:
4. Velar por el orden interno y la seguridad exterior de la República.
Artículo 137°.
El Presidente de la República, con acuerdo del Consejo de Ministros, puede
decretar, los estados de:
Estado de emergencia, en caso de perturbación de la paz o del orden
interno, de catástrofe o de graves circunstancias que afecten la vida de la
Nación. En esta eventualidad, puede restringirse o suspenderse el ejercicio
de los derechos constitucionales relativos a la libertad y la seguridad
personales, la inviolabilidad del domicilio, y la libertad de reunión y de tránsito
en el territorio comprendidos en los incisos 9, 11 y 12 del artículo 2° y en el
inciso 24, apartado f del mismo artículo. En ninguna circunstancia se puede
desterrar a nadie.
Estado de sitio, en caso de invasión, guerra exterior, guerra civil, o peligro
inminente de que se produzcan, con mención de los derechos
fundamentales cuyo ejercicio no se restringe o suspende.
Artículo 166°.
La Policía Nacional tiene por finalidad fundamental:
-Garantizar, mantener y restablecer el orden interno.
-Presta protección y ayuda a las personas y a la comunidad.
-Garantiza el cumplimiento de las leyes y la seguridad del patrimonio público
y del privado.
-Previene, investiga y combate la delincuencia.
-Vigila y controla las fronteras.

19
Artículo 197°.
La ley regula la cooperación de la Policía Nacional con las municipalidades
en materia de seguridad ciudadana.
9. ORDEN INTERNO
Uno de los conceptos sobre orden interno desarrollado por el Instituto de
Altos Estudios Policiales (INAEP), señala que “es una situación de paz en el
territorio nacional y de equilibrio en las estructuras socio-jurídicos políticas
del Estado, regulado por el Derecho Público y el poder político, orientado a
mantener el Estado de Derecho a fin de lograr el desarrollo nacional.
De lo expuesto podemos deducir que el resquebrajamiento del orden interno
afecta básicamente a las estructuras del Estado y a toda la nación en su
conjunto, así como al sistema de gobierno legalmente constituido y por su
naturaleza estas acciones son eventuales.
Las movilizaciones de cocaleros a la ciudad de Lima en abril del 2004
exigiendo entre otras reclamaciones de legalización de cultivo de la hoja de
coca y los sucesos de Puno donde se produjo el asesinato “linchamiento” de
un alcalde provincial, ambos hechos fueron casos típicos de acciones que
empezaron con alteraciones del orden público en sus respectivas
demarcaciones territoriales, mediante bloqueo de carreteras y otras
acciones que perjudicaron e normal desarrollo de las actividades
ciudadanas. Al persistir dichas acciones y hacerse cada vez más violentas,
estas ingresaron al ámbito del orden interno, porque afectaron a la política
de gobierno, a su desarrollo y a la imagen del Perú en el contexto
internacional. En estos casos, el control y restablecimiento de orden interno
continuaron bajo la responsabilidad de la Policía Nacional pero si la
gravedad de los hechos hubiera subsistido, el Gobierno tenía en esas
circunstancias la potestad de decretar el estado de emergencia, pudiendo
asumir el control restablecimiento del orden interno las Fuerzas Armadas,
con autorización del Presidente de la República.
En resumen, el orden interno se resquebraja por la presencia en el escenario
nacional de una serie de factores de tipo político, jurídico y socio-económico
que perjudican al Estado y a la gobernabilidad.
10. ORDEN PÚBLICO

20
Pero si tratamos al orden público dentro de un concepto restringido, nos
estamos refiriendo a la tranquilidad, seguridad, salubridad y moralidad
públicas, como garantías contra alteraciones y desórdenes en las calles y
recintos públicos.
Las alteraciones de orden público dentro de estos conceptos son de
naturaleza social y afectan a la población en general sin distinción de
estratos socioeconómico. Sus implicancias atentan contra las buenas
costumbres, contra el patrimonio público y privado la tranquilidad, es decir
afectan la paz social. Como factor de perturbación social son permanentes
y ocurren en forma continua particularmente en las calles, plazas, carreteras
y recintos abiertos al público. Para lograr su restablecimiento la Policía
Nacional previene, planifica y ejecuta acciones en un régimen de policía
ordinario en el marco de la Constitución y de las leyes.
En este contexto el orden público es, “una situación de equilibrio social,
condicionado por el respeto al orden jurídico y acompañado de una voluntad
formal en función a las costumbres, convicciones y sentimientos de una
comunidad.
Si el control y el restablecimiento del orden público rebasa la capacidad
operativa del accionar cotidiano de la Policía Nacional y su persistencia
empieza a afectar al Estado, entonces estas alteraciones ingresan al campo
del orden interno y tienen que ser, en sus inicios, normalizadas con el empleo
de unidades especializadas de la Policía Nacional en cualquier parte del país
que se produzcan.
Todas las alteraciones sociales que ocurren diariamente en las calles, plazas
y recintos públicos de las ciudades y carreteras del país, son acciones que
afectan al orden público y su control y restablecimiento corresponden a la
Policía Nacional dentro de un régimen de policía ordinario de la Constitución,
las leyes y el respeto a los derechos humanos.
Las acciones contra la criminalidad y delincuencia en el ordenamiento
constitucional peruano siempre estuvieron ubicadas en el ámbito del orden
público. En la actual Constitución aparece una nueva categoría conceptual
con el nombre de seguridad ciudadana, referida básicamente al estado de
tranquilidad y seguridad que debe tener una colectividad local, para que

21
pueda desarrollar sus actividades cotidianas y usar sus bienes exento de
riesgos y amenazas que significa el incremento de la criminalidad y
delincuencia.
En consecuencia, la seguridad ciudadana aparece en nuestra Constitución
en defensa del ciudadano contra la creciente diversidad de formas de
criminalidad y violencia urbana que se producen particularmente en las
ciudades.
11. PROBLEMAS QUE AFECTAN LA SEGURIDAD CIUDADANA
11.1. Los índices de delincuencia e inseguridad
El problema más álgido del país es la delincuencia e inseguridad ciudadana.
El 80% de la población nacional así lo considera (IOP-PUCP, 2016). Pero
antes de elaborar alguna explicación al respecto habría que preguntarnos
¿qué entiende el encuestado por inseguridad? Inseguridad es un concepto
amplio, donde el crimen es solo una parte, y donde el crimen violento es una
parte inferior. No todos los crímenes tienen una misma recurrencia, y no
todos acontecen de manera uniforme en nuestras regiones. Los
encuestados podrían asociarlo a homicidios, pero también a estafas,
algunos podrían relacionarlo con el robo agravado, y otros a algo que
implique una mayor organización como la minería ilegal.
Operacionalizar bien la inseguridad es por lo tanto un ejercicio importante.
Al respecto, si bien no aparecen desagregados otros delitos en los
resultados de la encuesta, podríamos sugerir que el delito patrimonial es el
más frecuente (por otras encuestas de victimización y por la cantidad de
denuncias que existen). Esto quiere decir que, cuando las personas
responden que la inseguridad ciudadana es el principal problema del país,
piensan en el robo y el hurto en la vía pública (o en sus domicilios) y esto se
debe a que las tantas economías familiares son las más afectadas con este
tipo de delitos.
Según la encuesta, 62% de la población considera que su vecindario es
inseguro. Esta es una cifra alarmante pero que debemos tomarla con
cuidado ya que aquí se mezcla la victimización, el riesgo de victimización y
el miedo al crimen. En cuanto a victimización solo se tiene una cifra a nivel
nacional (28%), la cual se acentúa en área urbana y en los niveles

22
socioeconómicos más altos. No se tiene desagregado por vecindario. De
este subconjunto, solo el 38% hizo la denuncia; es decir, solo una de cada
diez personas víctimas de algún delito fue a denunciar. Este sub registro
también se sigue manteniendo, y poco se ha hecho por revertir la tendencia.
Se necesita acortar esta brecha y eso parte por hacer que el ciudadano
valore positivamente el hecho de ir a denunciar, producto de medidas que
hagan que los costos de realizar este trámite sean mucho menores a los
beneficios.
Pero el tema no acaba ahí, 81% de la población considera que con denuncia
o no, la policía no capturaría al culpable (IOP-PUCP, 2016). Esto nos
muestra un problema mucho más grande. Tiene que ver en buena parte con
la efectividad de nuestras instituciones que proveen seguridad y justicia.
En consecuencia, la violencia es una clara expresión de inseguridad
ciudadana. Los habitantes de las ciudades se ven amenazados por la
violencia juvenil, los robos en sus viviendas, la violencia contra las mujeres,
los robos de automóviles, atracos, secuestros, vandalismo y venta de
estupefacientes. Éstos conciben al Estado como garante de la protección
colectiva y exigen acciones por parte de la fuerza pública y del conjunto de
aparatos estatales para proteger su integridad física y sus bienes.
En ese sentido, los gobiernos son juzgados tanto por lo que hacen como por
lo que son. Implican la existencia de múltiples programas y organizaciones.
Para gobernar, los responsables públicos deben convertir los recursos
disponibles en actuaciones con resultados.
11.2. Los fenómenos de pobreza, violencia, criminalidad y la
causalidad cotidiana
Desde diferentes perspectivas, se tiende a asociar el crecimiento de la
pobreza urbana y rural en la última década, con el aumento de la violencia,
la delincuencia y la inseguridad en las ciudades. En particular los jóvenes
han sido frecuentemente asociados con los índices de incremento del delito,
incluso el gobierno a fin de frenar la delincuencia juvenil promulgo la ley
sobre pandillaje pernicioso y otras normas; muchas veces a partir de
supuestos basados en la magnificación mediática de casos singulares y no
de tendencias empíricamente comprobadas. Mientras que la creciente

23
relación negativa de emigración y repatriación se ha sumado a las diferentes
interpretaciones del crecimiento de la percepción de inseguridad.
Sin embargo, la violencia e inseguridad no necesariamente depende sólo de
la pobreza y la edad. La experiencia y las investigaciones en diferentes
partes de Latinoamérica han demostrado que, más que la pobreza, es la
desigualdad, en conjunto con otros factores sociales, culturales y
psicológicos la que genera mayores actos antisociales, victimización y
violencia, distinción importante puesto que permite entender de una manera
más integral el fenómeno de la criminalidad, ya sea la tradicional o
emergente.
11.3. La Seguridad Ciudadana y los Derechos Humanos
El Estado peruano ha optado por desarrollar una política de criminalización
sustentada en empelar al Derecho penal como prima ratio y no como ultima
ratio, en ese sentido viene empleando una política de derecho penal del
enemigo sobre los ciudadanos contraviniendo mandos constitucionales e
internacionales.
En ese sentido, la seguridad ciudadana no puede ser el resultado de la
privación de los derechos de las personas. Por el contrario, ella es un
instrumento o herramienta funcional al desarrollo social. El derecho de las
personas debe ser un componente central que debe guiar e inspirar las
políticas en esta materia. Para ello, la seguridad se debe definir cada vez
más en términos positivos y consustanciarse en uno, con ideales positivos
como la justicia social, la igualdad de oportunidades o la lucha contra las
privaciones y la exclusión social.
En función de la sostenibilidad de una política integral de seguridad pública
y ciudadana, es necesario evitar que el control del delito se transforme en
una lucha sin rostro social, en la que los grupos más desaventajados y con
menos poder de la sociedad se conviertan en víctimas; mientras al mismo
tiempo puedan perdurar en forma ilegítima, la aplicación de prácticas
aisladas de maltrato y tortura por parte de algunos funcionarios policiales.
11.4. La Seguridad y la Equidad de Género
Tanto por sus dimensiones como por la gravedad y masividad de sus
impactos, la violencia de género contra las mujeres, es un problema de

24
primer orden de la seguridad ciudadana en el mundo de hoy y que se
manifiesta en las crecientes cifras del país, en particular por medio del
fenómeno del feminicidio.
Problemas como el de la niña Jimena son frecuentes en nuestro país y que
vienen convulsionado a nuestra sociedad, lo cual muestra la poca cultura de
seguridad y el poco compromiso que tiene las instituciones destinadas a
proteger a la ciudadanía, como es el caso de la PNP, que de haber cumplido
eficazmente su rol quizá no se hubiera producido tal hecho.
La inequidad socio-cultural que afecta a las mujeres, necesariamente tiene
un impacto en las condiciones de seguridad como personas y en particular
en las condiciones de convivencia en su entorno familiar y laboral, dado que
la inseguridad ciudadana tiene afectaciones y modalidades diferentes para
mujeres y hombres. Esta situación no siempre ha sido reconocida en los
enfoques y modelos de seguridad aplicados, por lo que una política integral
de seguridad ciudadana debe priorizar el establecimiento de un marco claro
tanto normativo como operativo que facilite la aplicación de la perspectiva de
equidad social y de género a lo interno de las instituciones de seguridad y
justicia, con el espíritu de mejorar la calidad y calidez de la atención policial
y judicial ante los casos de violencia de género contra las mujeres.
11.5. La Falta de una Política de Estado sobre Seguridad Ciudadana
Durante los últimos veinte años se han realizado crecientes esfuerzos en las
instituciones de seguridad y justicia para la modernización de las
instituciones de seguridad y justicia. En particular en los últimos años, se han
promovido cambios en los enfoques de justicia y seguridad que ha
representado un incremento en la depuración y la dotación de personal de
la seguridad pública, mientras que la colaboración de la comunidad
internacional en la modernización de las capacidades técnicas de la
seguridad y justicia se ha reflejado en la inversión y firma de convenios de
proyectos de alta inversión e impacto.
A pesar de los esfuerzos realizados recientemente, la inseguridad, la
violencia y criminalidad no ha disminuido al mismo tenor de los cambios en
los abordajes institucionales. Las instituciones del sector de seguridad y
justicia sufren desde hace mucho tiempo de debilidades en la gestión de los

25
recursos técnicos, económicos y humanos. La capacidad institucional se ve
también disminuida por la ausencia de un sistema de información o de
estadísticas unificadas y confiables.
Al mismo tiempo, no existen políticas sectoriales (criminal, penitenciaria, de
seguridad vial, etc.) y por lo tanto no se tienen líneas de base contra la cual
se comparen resultados y avances del trabajo realizado. Habiendo un sub-
registro de hechos delictivos y de delitos resueltos, el análisis o
interpretación de los hechos es poco sistemático y no existen esfuerzos
técnicos sistemáticos de relacionar las políticas sectoriales con el aumento
o disminución de los índices de violencia y criminalidad.
Junto a esto, la falta de eficacia del sistema de justicia penal es un factor que
facilita la violencia y delincuencia en el país, en parte porque la coordinación
entre las instituciones que conforman el sector de justicia penal no siempre
es adecuada en términos de funciones y procesos de trabajo. Uno de los
eslabones más débiles en el procesamiento de los casos penales es la
investigación del delito. La situación carcelaria es otra de las amenazas a la
seguridad ciudadana debido a los niveles de hacinamiento, la inadecuada
infraestructura y la baja cobertura y eficacia de los programas de tratamiento
de rehabilitación y reinserción para los transgresores internos.
En general, junto a la ausencia de políticas integrales y de Estado sobre la
seguridad pública y ciudadana, ha persistido una debilidad interinstitucional
para responder en forma coordinada a las nuevas modalidades de la
criminalidad, pese a la presencia de una multiplicidad de instancias estatales
y civiles que implementan acciones de prevención, sanción y seguimiento
penal. La coordinación efectiva entre las instituciones de seguridad y justicia,
la erradicación de la duplicidad de esfuerzos y el mayor involucramiento de
los actores locales y ciudadanía en la gestión de la seguridad y la promoción
de la convivencia ciudadana, parecen ser claves para la eficiencia y eficacia
del abordaje integral que requiere la atención de la violencia y criminalidad
en el país.
12. CAUSAS
"La causa por la cual se origina la seguridad ciudadana es por la
INSEGURIDAD CIUDADANA, La inseguridad ciudadana se define como el

26
temor a posibles agresiones, asaltos, secuestros, violaciones, de los cuales
podemos ser víctimas". Hoy en día, es una de las principales características
de todas las sociedades modernas, y es que vivimos en un mundo en el que
la extensión de la violencia se ha desbordado en un clima generalizado de
criminalidad. A continuación, presentamos la vertiginosa transición de la
delincuencia en el país y las causas que originan esta incertidumbre en la
sociedad.
Entre las causas de inseguridad que se detectan, está el desempleo que vive
una gran cantidad de personas; las personas que atentan contra los bienes
y la integridad física de los ciudadanos lo hacen, frecuentemente, por no
tener un empleo estable que les garantice ingresos suficientes para
mantener a su familia. También, se identificó a la pobreza como otra causa
que puede generar agresividad y que causa, además, altos índices de
delincuencia que, generalmente, se ubican en las zonas marginales de la
ciudad.
La falta de educación es otra causa. La escasa (y, muchas veces,
inexistente) educación de los ciudadanos genera delincuencia, agresividad
y, por supuesto, inseguridad en aquellas personas que se mantienen al
margen, pero que son los que sufren las consecuencias de esta situación.
Asimismo, la cultura tan pobre de nuestra población genera altos índices
delictivos y de agresividad contra las personas. Puede afirmarse que, cuanta
menos educación y cultura tengan las personas, más propensas a la
delincuencia y al crimen serán En conclusión, la inseguridad ciudadana
puede ser superada si el Estado crea un sistema educativo que disminuya
las cifras de deserción escolar que inciden en la criminalidad, y que, además,
ofrezca oportunidades laborales a todos los sectores de la sociedad.
13. ETIOLOGÍA DE LA SEGURIDAD CIUDADANA
ETIOLOGIA.- Estudio de las causas de algo.
La Problemática de la Seguridad Ciudadana en el Perú y especialmente en
Lima, se hace cada vez más preocupante por el alarmante incremento de
delitos, faltas, y otras infracciones que afectan gravemente a la comunidad,
la vida, salud e integridad física y mental de las personas, sino también de
la propiedad pública y privada.

27
Las acciones de mayor incidencia que provocan una inseguridad
permanente en todos los estratos sociales de la comunidad, se traducen en
los siguientes hechos:
• El crimen organizado.
• Los delitos, faltas y otras infracciones aisladas, pero concurrentes.
• La Drogadicción y el Tráfico Ilícito de Drogas.
• Rezagos del terrorismo.
• Los delitos económicos (El contrabando, la especulación y el
acaparamiento.
Derivándose estos en:
1) Asaltos perpetrados en diferentes horas del día, tanto en agravio de
personas como de instituciones u organizaciones, como resultado de los
cuales pueden devenir daños a la vida y la salud e integridad física y
cívica de los agraviados.
2) Secuestro de personas en sus diferentes modalidades.
3) Atentados contra la propiedad (robos, hurtos, apropiaciones).
4) Delitos contra el honor sexual (violaciones contra mujeres y menores).
5) Atentados contra la libertad en otras modalidades (rehenes).
6) Atentados Terroristas.
7) Tráfico Ilícito de Drogas (producción y comercialización).
8) Delitos que atentan contra la economía individual o colectiva y/o del
Estado.
9) Accidentes de tránsito con daños personales y/o materiales.
10) Desastres, sismos, catástrofes, incendios, explosiones y otros siniestros.
11) Disturbios callejeros que alteran el Orden Público y la Paz Social,
poniendo en riesgo la seguridad de las personas.
12) La drogadicción, consumo de estupefacientes por adolescentes y otros.
13) Comercio ambulatorio ilícito en detrimento de la vida, la salud y la
economía de las personas.
14) La contaminación ambiental, la destrucción de la flora y fauna.
15) La violencia Individual y colectiva.
16) El absentismo escolar para dedicarse a actividades irregulares que a
veces deriva en el delito.

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17) La proliferación indiscriminada de publicaciones (revistas, periódicos,
volantes y etc.) que atentan contra la dignidad y el pudor, distorsionando
la formación moral de los niños y adolescentes.
18) Homosexualidad y prostitución callejera.
14. DIAGNÓSTICO DE LA INSEGURIDAD, LA VIOLENCIA Y EL DELITO EN
EL PERÚ
Antes de plantear el nuevo enfoque de la seguridad ciudadana como política
de Estado con miras a establecer el Plan, es necesario realizar un
diagnóstico integral de la inseguridad, la violencia y el delito en el Perú. El
diagnóstico debe dar cuenta de la situación actual de la problemática, y debe
explicar las causas y los problemas y efectos que la inseguridad, la violencia
y el delito traen al Perú.
14.1. Situación

Existen múltiples indicadores para medir la situación de inseguridad, la


violencia y el delito en un determinado territorio. Los más importantes son
los homicidios, la victimización, la percepción de inseguridad, la confianza
en las instituciones y la situación del sistema penitenciario.

14.2. Homicidios

Los homicidios constituyen la forma más extrema de violencia en una


sociedad, aquella que se ejerce de manera intencional para quitar la vida a
otra persona para facilitar su comparación, los homicidios se presentan en
función de una tasa por 100 mil habitantes.

La tasa de homicidios por 100 mil habitantes en el Perú no es muy alta si se


compara con la de otros países de las Américas, que resulta siendo la
segunda más violenta del mundo después del África.39 En efecto, la tasa en
el Perú se ubica entre las más bajas de la región, solo por encima de Haití,
Uruguay, Argentina, Estados Unidos, Chile y Canadá, y muy lejos de los
países del Triángulo del Norte Centroamericano (Guatemala, Nicaragua,
Honduras y El Salvador) y Venezuela, los más violentos.

14.3. Victimización

29
La victimización es un indicador que mide la ocurrencia real de hechos de
violencia o de despojo. Es el más útil para conocer la magnitud de los niveles
delictivos, especialmente aquellos de naturaleza patrimonial. Se mide a
través de las estadísticas oficiales y de las encuestas de opinión pública. La
ventaja de estas últimas radica en que no todos los delitos son denunciados
ante las autoridades. En todo caso, es siempre aconsejable complementar
el análisis con ambas fuentes de información. Los primeros años de los
noventa (1990-1995) tuvieron la tasa de denuncias de delitos presentadas
por el público ante la Policía por 100 mil habitantes más alta de los últimos
veintitrés años (902.2), con picos que llegaron a los 1170 y 1255 los años
1992 y 1993. Desde entonces, la tasa fue cayendo significativamente hasta
llegar a 506 el año 2007, la más baja de todo el período, para volver a subir
de manera sostenida y llegar a los 846 el 2012, la cuarta más alta.

14.4. Percepción de Inseguridad

Una de las formas de medir la percepción de inseguridad es consultando a


las personas sobre el temor que sienten frente a la posibilidad de ser
víctimas de un delito en el futuro. Al respecto, el Barómetro de las Américas
da cuenta que en esta materia el Perú ha expresado una mejoría en los
últimos años, pasando de un 60.0 % el 2006 al 48.6 % el 2012.

14.5. Confianza en las Instituciones

La evaluación de las instituciones, también llamada segurabilidad, hace


referencia a la confianza ciudadana en que los delitos sean prevenidos o, en
caso ocurran, se investiguen y sancionen. Esto se realiza consultando la
opinión de los ciudadanos sobre la confianza en el desempeño de las
instituciones de seguridad y justicia. La última encuesta de Ciudad Nuestra
el año 201261 da cuenta de una importante mejora de la confianza
ciudadana en los serenazgos y, en menor medida, en la Policía en relación
con el año anterior. En efecto, la opinión favorable de los primeros pasó del
29.5 % al 34.4 %, mientras que la evaluación del trabajo policial pasó del
28.1 % al 30.8 %. Sin embargo, una reciente encuesta de Ipsos Apoyo
(2013)62 registra una mejora sustantiva en la evaluación del nivel de

30
confianza en la prevención de los delitos de la Policía cuando se compara
con el serenazgo; se otorga a la Policía Nacional un 43 % de nivel de
confianza versus el 23 % del serenazgo.

14.6. Situación del Sistema Penitenciario Nacional

La población del Sistema Penitenciario Nacional está compuesta por las


personas procesadas con medidas de detención y las sentenciadas a pena
privativa de libertad que se encuentran en los establecimientos
penitenciarios, así como por las que han sido liberadas con beneficios
penitenciarios de semilibertad o liberación condicional y quienes están
sentenciadas a penas limitativas de derechos. A diciembre de 2012, la
población total fue de 82,611 personas, de las cuales 61,390 estaban
privadas de libertad (74.3 %) y 21,221 en los establecimientos de medio libre
(25.7 %).

15. CAUSAS MULTIDIMENSIONALES


Si bien no existe una condición necesaria o suficiente para explicar la
violencia y el delito, sí se pueden identificar factores que aumentan el riesgo
o agravan la vulnerabilidad de las sociedades. El Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) identifica como factores la abundancia de
hombres marginalizados y la urbanización desordenada (factores
demográficos); familias disfuncionales; desempleo; las nuevas
oportunidades y tecnologías para el crimen, la pobreza y la desigualdad
(factores económicos); la escasa legitimidad del Estado y los conflictos
armados (factores políticos); los usos sociales que implican el consumo de
drogas y alcohol, así como el porte de armas; las pautas culturales que
toleran la violencia; y la ineficacia e ineficiencia de las instituciones
encargadas de la seguridad y la justicia.
15.1. Factores de riesgo social que propician comportamientos
delictivos

Entre los primeros factores de riesgo social, se precisan los altos niveles de
violencia contra las mujeres, los niños y adolescentes, el consumo de alcohol
y drogas, las reducidas capacidades sociales y laborales de los jóvenes en

31
riesgo, el abandono de las niñas, niños y adolescentes, y la carencia de
cuidados parentales.

Las Encuestas Demográficas y de Salud Familiar (ENDES), que aplica el


Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), dan cuenta de que,
entre los años 2000 y 2011, el 40 % de las mujeres entre 15 y 49 años de
edad alguna vez habrían sufrido violencia física y sexual por parte de su
esposo o compañero en alguna oportunidad. Ese porcentaje de violencia
familiar contra las mujeres, así como la ejercida contra los niños y los
ancianos en nuestro país, son superiores al promedio latinoamericano. En
efecto, el Latinobarómetro coloca al Perú como el octavo país con mayor
violencia familiar contra esos grupos vulnerables entre 18 países de la
región.

15.2. Escasos espacios públicos seguros como lugares de encuentro


ciudadano

Entre los factores relacionados con la escasez de espacios públicos seguros,


se identifican los insuficientes proyectos de renovación y recuperación
urbana de espacios públicos para el disfrute de los ciudadanos, los pocos
planes integrados entre la Policía y los serenazgos para la vigilancia y el
patrullaje de las calles, las limitadas acciones de control y fiscalización de
los mercados ilícitos, y la baja cultura de seguridad vial para reducir las
muertes y lesiones por accidentes de tránsito.

15.3. Débil participación de los ciudadanos, la sociedad civil, el sector


privado y los medios de comunicación social en la seguridad
ciudadana

Entre los factores vinculados a la débil participación ciudadana, de la


sociedad civil organizada, del sector privado y de los medios de
comunicación en la prevención de la violencia y el delito, también se incluye
la falta de valores y de una cultura cívica respetuosa de la ley.

15.4. Baja calidad y cobertura del servicio policial

32
La baja calidad y cobertura del servicio policial se debería a varios factores:
al escaso desarrollo organizacional de la Policía Nacional; a la insuficiente
infraestructura y equipamiento; a la debilidad del régimen disciplinario y de
lucha contra la corrupción de sus integrantes; a la baja profesionalización de
sus efectivos y su régimen laboral, que permite que los efectivos
uniformados presten servicios para privados; al limitado sistema de
información y comunicaciones; y a la escasa vigilancia y patrullaje de las
calles.

15.5. Débil institucionalidad del Sistema Nacional de Seguridad


Ciudadana (SINASEC)

Por último, la debilidad institucional del SINASEC no ha permitido desarrollar


un trabajo coordinado y articulado entre todos los responsables de luchar
contra la inseguridad en el país. Esa debilidad se traduce, por ejemplo, en
planes anuales sin una visión estratégica de mediano o largo plazo, en una
escasa coordinación interinstitucional en los diferentes niveles de gobierno
respecto a la evaluación de políticas, planes y programas.

También se traduce en la deficiente gestión de la información delictiva, la


baja calidad del gasto público en seguridad, así como en el débil compromiso
de los gobiernos regionales y locales en la formulación de sus planes, que
son las herramientas de gestión para concretar acciones de prevención, toda
vez que la lucha frontal contra la delincuencia y el crimen organizado es
responsabilidad de la Policía Nacional.

16. PROBLEMA Y EFECTOS


La Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana
(CONASEC) ha identificado los «altos niveles de violencia y delincuencia»
como el problema central. Esos altos niveles generan un incremento de la
sensación de inseguridad, y ocasionan daños a las personas, las familias y
las empresas, así como a la economía nacional; limitan el ejercicio de los
derechos y libertades ciudadanas; afectan la confianza interpersonal y la
convivencia pacífica; impactan negativamente en la gobernabilidad
democrática y la credibilidad en las instituciones; afectan la competitividad

33
de las empresas y del país; y, finalmente, limitan el desarrollo de las
personas, la sociedad y el país.
17. LA SEGURIDAD CIUDADANA COMO POLÍTICA DE ESTADO: UN
NUEVO ENFOQUE PARA LA CONVIVENCIA PACÍFICA
Una vez realizado el diagnóstico de la inseguridad ciudadana, es necesario
exponer el nuevo enfoque que, para la convivencia pacífica en el país,
subyace en el presente Plan. Para ello, se presenta una justificación de la
política de Estado, se hace explícita la concepción del Sistema Nacional de
Seguridad Ciudadana como un sistema funcional y se explican los factores
de éxito por tenerse en cuenta en la aplicación del Plan.
17.1. Justificación de la política de Estado

En la década de los noventa, el Estado peruano inició un proceso de


reconversión estructural, que conocemos como reforma de primera
generación. En esa reconversión, se relevó la aplicación de políticas para el
reordenamiento del gasto público, la liberalización del comercio
internacional, la eliminación de las barreras a las inversiones extranjeras y a
la privatización de empresas públicas, entre otras políticas. Sin embargo, el
modelo económico neoliberal de los noventa devino un modelo primario-
exportador que reprimarizó la economía y colocó como dominantes a
sectores como la minería y servicios.

Posteriormente, entre los años 2001 y 2005, se aplicaron reformas de


segunda generación. Esas reformas estaban orientadas a acercar el Estado
a los ciudadanos de manera más homogénea, iniciándose un profundo
proceso de transformación, que significó la transferencia de funciones y
recursos desde el nivel central a los gobiernos regionales y locales para que,
en ejercicio de su autonomía política, económica y administrativa, sirvieran
de manera más cercana y efectiva a la ciudadanía. Con esto se dio inicio a
tres procesos fundamentales en nuestro país: la descentralización, la
regionalización, y la reforma y modernización del Estado.

Si bien es cierto que en el periodo de aplicación de las reformas de primera


y segunda generación el Perú logró una de las tasas más altas de
crecimiento económico en la región, también es cierto que esa mejora

34
económica no se acompañó con un crecimiento de la capacidad del Estado
para generar las condiciones necesarias, entre ellas las de la seguridad
ciudadana, que asegurasen un desarrollo sostenible y que fueran sustento
del desarrollo económico y social en el Perú.

17.2. El Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana como Sistema


Funcional

En julio de 2001, el Gobierno de Transición Democrática formuló el


documento Bases de la reforma policial con el propósito de estructurar una
institución al servicio de la comunidad local que sea capaz de atender los
problemas de un mundo cada vez más globalizado. Una de sus propuestas
consistía en la creación del Consejo Nacional de Seguridad Pública, que
sería el encargado de diseñar la política en esta materia y armonizar los
esfuerzos sectoriales y de la sociedad civil.

Meses después, en octubre de 2001, el gobierno de Alejandro Toledo


constituyó la Comisión Especial de Reestructuración de la Policía Nacional,
con una composición amplia y plural, integrada por la Alta Dirección del
Ministerio del Interior, el Comando Policial, oficiales generales y superiores
provenientes de las ex Fuerzas Policiales y la Sanidad, así como por un
representante de suboficiales y personalidades civiles. Su informe final,
aprobado en marzo del 2002, recomendó, entre otros, la creación del
Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana como un espacio multisectorial
que oriente las políticas en esta materia y que, a su vez, impulse la formación
de comités provinciales y distritales como órganos de participación,
supervisión y control ciudadano.

En la misma línea, el Acuerdo Nacional suscrito el 22 de julio de 2002


estableció como séptima política de Estado la erradicación de la violencia y
el fortalecimiento del civismo y de la seguridad ciudadana, a efectos de
garantizar el libre ejercicio de los derechos ciudadanos.

18. DEBERES FUNDAMENTALES DEL ESTADO PERUANO SEGÚN LA


CONSTITUCIÓN

35
Artículo 44: Son deberes primordiales del Estado: defender la soberanía
nacional; garantizar la plena vigencia de los derechos humanos; proteger a
la población de las amenazas contra su seguridad; y promover el bienestar
general que se fundamenta en la justicia y en el desarrollo integral y
equilibrado de la Nación.
Asimismo, es deber del Estado establecer y ejecutar la política de fronteras
y promover la integración, particularmente latinoamericana, así como el
desarrollo y la cohesión de las zonas fronterizas, en concordancia con la
política exterior.
18.1. Antecedentes

Una disposición constitucional expresa acerca de los deberes


fundamentales del Estado no estuvo presente en nuestro ordenamiento
constitucional, sino hasta la Constitución de 1920, cuyo artículo 4 estableció
que "el Estado tiene por fin mantener la independencia e integridad de la
Nación; garantizar la libertad y los derechos de los habitantes; conservar el
orden público y atender el progreso moral e intelectual, material y económico
del país". Ello se explica por cuanto esta Constitución -que no fue
conservadora ni liberal- introdujo, bajo la influencia de una tendencia
socializadora, determinados deberes expresos que el Estado debía tutelar.
Un precepto constitucional similar estuvo ausente en la Constitución de
1933.

Por su parte, la Constitución de 1979 (artículo 80) asumió que "son deberes
primordiales del Estado defender la soberanía nacional, garantizar la plena
vigencia de los derechos humanos, promover el bienestar general basado
en la justicia y en el desarrollo integral y equilibrado del país, y eliminar toda
forma de explotación del hombre y el del hombre por el Estado". En esa
medida, se estableció a diferencia de la Constitución de 1920 un conjunto de
deberes fundamentales del Estado propios, ya, de un modelo de Estado
social y democrático de Derecho; de ahí, por ejemplo, el deber del Estado
de buscar la consecución del bienestar general.

Sobre esta base, el artículo 44 de la Constitución de 1993 sistematizó y


amplió los deberes primordiales del Estado. En efecto, sin dejar de reconocer

36
la defensa de la soberanía nacional, el respeto de los derechos'
fundamentales y el bienestar general, consagró también la protección y
seguridad de la población, el diseño y ejecución de una política de fronteras,
así como la integración de la Nación.

Precisamente, en atención a que nuestra Carta Magna vigente ha previsto


determinados deberes fundamentales del Estado, es que a continuación se
realiza un estudio de cada uno de ellos.

18.2. Los deberes fundamentales del Estado

Nuestra Constitución de 1993 (artículo 43), siguiendo el modelo establecido


por la Constitución de 1979, se ha decantado por un modelo de Estado que
no es sino el de un Estado social y democrático de Derecho. Las implicancia
s de la adopción de un tipo de Estado, como el adoptado, no se quedan
estáticas en el plano teórico, sino que comportan, en el plano real, una serie
de exigencias que han de ser cumplidas por parte del Estado en función de
los valores superiores, los principios constitucionales y todo el plexo de
derechos fundamentales que la Constitución reconoce.

En efecto, frente al colapso del individualismo, neutralidad, abstencionismo


laissez faire, laissez passer, le monde va de luiméme y apoliticismo del
Estado liberal decimonónico, el Estado social surge para transformarse en
un tipo de Estado en el que este y la sociedad ya no aparecen separados,
sino fuertemente vinculados; y, en esa medida, el Estado social y
democrático de Derecho asume la realización de determinados fines
políticos, sociales, económicos y culturales.

No obstante, debe quedar claro que los deberes primordiales que la


Constitución prevé en su artículo 44 no son, en modo alguno, un numerus
clausus. Piénsese, a modo de ejemplo, en el artículo 1 referido a la persona
humana y su dignidad, en el artículo 58 referido a la economía social de
mercado o en el artículo 188 relacionado con la descentralización. Es
evidente que todos ellos son también deberes primordiales del Estado, por
lo que, si bien no están comprendidos dentro de los deberes, que son ahora
materia de análisis y comentario, no quiere decir que carezcan de la misma

37
importancia. Por ello, dichos deberes solo deben ser considerados como un
referente o un punto de partida, toda vez que las disposiciones
constitucionales se entienden e interpretan a partir de concebir a la
Constitución como una unidad.

19. DEFENSA DE LA SOBERANÍA NACIONAL

La correcta comprensión de este deber primordial que la Constitución


impone al Estado pasa por determinar, previamente, qué se entiende por
soberanía en el actual Estado social y democrático de Derecho. Sería una
ingenuidad sostener que las implicancias jurídicas y políticas de la soberanía
nacional en el Estado social y democrático de Derecho actual son las
mismas a que dieron lugar en el momento en que Bodin y Hobbes elaboraron
sus bases teóricas.

Sin embargo, ello no nos puede llevar a desconocer la relevancia jurídica de


la soberanía; pues "quien abandona, a la soberanía, desconoce no sólo la
realidad social, sino también el contenido jurídico del concepto, así como la
simple necesidad que tienen las comunidades políticas de contar con una
capacidad, competencialmente garantizada, de actuación y
configuración"60. En tal sentido, se puede señalar que un Estado es
soberano porque es un poder único dentro de sus fronteras y porque es un
poder independiente en relación con los demás Estados.

Por ello, se suele afirmar que la soberanía posee una doble dimensión dentro
de su unidad: externa e interna. En su dimensión externa, la soberanía se
manifiesta en las relaciones internacionales de los Estados, e implica para
el Estado soberano la exclusión de toda subordinación, de toda dependencia
respecto de otros. En su manifestación interna, la soberanía significa que el
Estado posee una autoridad suprema en relación con sus miembros o con
los que se hallan en su territorio.

No obstante, ello no quiere decir la defensa de la soberanía sea una defensa


totalmente cerrada y absoluta, sino relativa, lo cual se ve reflejada en la
necesidad de la creación y consolidación de estructuras e instituciones
supranacionales de índole jurídica, política, económica o cultural. Existe,

38
pues, un redimensionamiento de la soberanía en lo que se refiere a las
relaciones internacionales.

Pero es en referencia a la protección de los derechos fundamentales en el


plano internacional donde se puede apreciar palmariamente esta
relativización de la soberanía del Estado. De ahí que un Estado no puede
escudarse en su soberanía cuando se trate de la protección de dichos
derechos; solamente una concepción instrumental de la soberanía al servicio
del ser humano puede justificar cualquier forma de ejercicio del poder.
Soberanía no quiere decir, hoy, poder absoluto del Estado, sino que se funda
más bien en la autodeterminación de la persona humana como elemento
central de su dignidad y de su papel activo como ciudadano en el Estado
social y democrático de Derecho y en la comunidad política en el que actúa.

20. VIGENCIA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES

Otro deber primordial que la Constitución consagra es el de garantizar la


plena vigencia de los derechos fundamentales. En realidad, este deber
primordial del Estado social halla su sustento, por un lado, en el hecho de
que nuestra Constitución (artículo 1) consagra que la defensa de la persona
humana y el respeto de su dignidad son el Fin supremo de la sociedad y del
Estado; y, por otro lado, en el doble carácter de los derechos fundamentales,
como a continuación se da cuenta.

La previsión de este deber se justifica en la medida de que entre los derechos


fundamentales y el Estado social y democrático de Derecho se da un
estrecho nexo de interdependencia: el Estado social, para ser considerado
como tal, tiene que respetar y garantizar los derechos fundamentales; y, a la
inversa, los derechos fundamentales, para su realización, precisan de la
existencia del Estado social y democrático de Derecho.

Las exigencias de esta recíproca implicancia entre ellos se reflejan en el


hecho de que los derechos fundamentales no son solo derechos negativos
o de defensa de las personas frente al Estado y ante los cuales el Estado
debe abstenerse de realizar actos que puedan vulnerarlos; sino que también
suponen exigencias concretas o positivas a ser materializadas por parte del

39
Estado; esto es, el Estado asume la obligación de promover el respeto y la
vigencia de los derechos fundamentales a través de la provisión de las
condiciones más adecuadas para su plena realización.

Pero también, la justificación de este deber primordial se halla en la


concepción del doble contenido jurídico-constitucional o doble carácter de
los derechos fundamentales, según la cual dichos derechos poseen una
dimensión subjetiva, pero también una dimensión objetiva. En su dimensión
subjetiva, los derechos fundamentales constituyen derechos subjetivos de
las personas; en su dimensión objetiva, son instituciones objetivas que
comportan determinados valores superiores que informan todo el
ordenamiento jurídico.

En atención a este doble carácter de los derechos fundamentales, la


obligación del Estado de velar por la vigencia y respeto de los derechos
fundamentales no obedece tan solo a su dimensión subjetiva, sino también
a su dimensión institucional u objetiva. De ahí que cuando se produce la
vulneración de un derecho fundamental, ello no solo supone la afectación
del titular de ese derecho, sino que también se pone en cuestión el propio
ordenamiento constitucional.

Por ello, al prever la Constitución este deber primordial del Estado ha tenido
en cuenta que "los derechos fundamentales son los representantes de un
sistema de valores concreto, de un sistema cultural que asume el sentido de
la vida estatal contenido en la Constitución. Desde el punto de vista político,
esto significa una voluntad de integración material, desde el punto jurídico,
la legitimación del orden estatal y jurídico".

20.1. Protección de la población frente a las amenazas contra su


seguridad

Sería un error pensar que este deber del Estado se circunscribe únicamente,
y como tradicionalmente se ha entendido, a la protección de la población
frente a las amenazas y conflictos externos. Por el contrario, el despertar con
fuerza de amenazas "no tradicionales" para la seguridad como la extrema
pobreza, el terrorismo, el tráfico de armas, el narcotráfico, el crimen

40
organizado, la delincuencia urbana, la inestabilidad política y el deterioro
medio ambiental y los desastres naturales68, obliga a los actuales Estados
democráticos a elaborar, desarrollar y ejecutar políticas públicas, a fin de
brindar a la población las condiciones necesarias para garantizar su
seguridad.

La importancia de que el Estado garantice a la población su seguridad radica


en el hecho mismo que sin ella, aquel no podría acometer la realización de
otros valores superiores tales como el orden público y la paz social. Pero,
además, porque la realización de principios constitucionales como el
principio de autoridad y la vigencia y respeto de los derechos fundamentales
no puede ser conseguida si es que el Estado no es capaz de establecer
parámetros mínimos de seguridad a sus ciudadanos.

Esto no quiere decir, sin embargo, que dicha seguridad deba ser conseguida
ni siquiera intentada a toda costa. El Estado social y democrático de Derecho
debe ser consciente de la tenue línea que separa, en aras de la pretendida
seguridad, a un Estado democrático de un Estado policial y aun de terror70.
Por el contrario, el Estado solo puede conseguir, legítimamente, garantizar
la seguridad y tranquilidad ciudadanas en la medida de que su consecución
se haga a partir del respeto de los valores superiores, los principios
constitucionales y los derechos fundamentales.

20.2. Promoción del bienestar general

Se ha señalado con acierto que en una democracia constitucional la persona


humana constituye el fin supremo tanto de la política, así como de la
economía; de ahí que tanto esta como aquella no son fines en sí mismos,
sino que son instrumentos al servicio de la persona. En efecto, en una
democracia constitucional, las personas tienen mejores posibilidades de
gozar de sus derechos fundamentales, incluidos los de bienestar.

De ahí que podamos afirmar que el Estado social y democrático de Derecho


también se caracteriza porque es un tipo de Estado que está o debe estar
continuamente preocupado por el bienestar de sus ciudadanos; ello como

41
consecuencia de que la persona humana y su dignidad constituyen la
premisa esencial sobre la cual se fundamenta toda la actuación del Estado.

Precisamente, en la medida de que la Constitución también reconoce los


derechos sociales y económicos (artículos 4 y siguientes), el Estado está
llamado a garantizar a los ciudadanos el acceso a las prestaciones de salud,
seguridad social, educación y trabajo. Esto es lo que lo diferencia del Estado
autoritario o del Estado liberal de Derecho, en la medida de que está
obligado a garantizar el bienestar a través de las prestaciones sociales y la
redistribución de la riqueza.

Ahora bien, ese bienestar general descansa en nuestra Constitución, por un


lado, en la justicia y, de otro lado, en el desarrollo integral y equilibrado de la
Nación.

En efecto, la justicia social sobre la que se apoya el bienestar general no


puede ser otro que la justicia distributiva, en la medida de que depende
positivamente de dos cosas: de la igualdad de la distribución (entendida
como igualdad en los niveles de bienestar) y del bienestar total (entendida
como la suma de las utilidades de los individuos).

Por otro lado, la Constitución considera también, como punto de apoyo para
el bienestar general, el desarrollo integral y equilibrado de la Nación. De
hecho, aquí la descentralización juega un rol importante para lograr el
bienestar general, en la medida de que constituye una de las formas que
permite el desarrollo integral del país a través de la asignación de
competencias y la transferencia de recursos hacia los gobiernos regionales
y los gobiernos locales (artículo 188 de la Constitución).

En ese sentido, se puede decir que el Estado social "no solamente encierra
exigencias concretas del particular frente al poder público, sino que tiene
sentido pleno cuando pone de manifiesto que una democracia solo puede
funcionar si esta se extiende a la sociedad y ofrece a todas las clases
sociales las mismas oportunidades en el proceso económico"76. De ahí que
se pueda afirmar la posibilidad y la exigencia que el Estado asuma la

42
responsabilidad de la tras formación del orden económico social en el
sentido de la realización material de la idea de igualdad.

43
CONCLUSIÓN

La seguridad es la base principal para el desarrollo de la sociedad, la seguridad


ciudadana, entendiéndola como si se tratara de una función y obligación del Estado
con sus fuerzas y medios de seguridad permanente a la ciudadanía.

La seguridad ciudadana es parte de la seguridad humana, ya que en este se incluye


tanto enfermedades, plagas, asaltos, dictaduras, etc. Esta trata de luchar en contra
de situaciones que amenacen tanto su seguridad personal como la seguridad de
sus bienes.

La Seguridad Ciudadana requiere de la participación de todos los vecinos,


municipios, con la policía nacional y autoridades políticas.

La lucha contra la delincuencia exige la participación de la ciudadanía organizada


con sus autoridades ediles, seguridad ciudadana somos todos.

En el Perú la principal amenaza que va en contra de la seguridad ciudadana son la


delincuencia, incluyendo en esta misma asesinatos, robos y asaltos; por eso es que
las personas sienten temor por este tipo de amenazas y de alguna manera tratan
de luchar contra esto. ¡LA SEGURIDAD CIUDADANA ES TAREA DE TODOS!

En conclusión, la inseguridad ciudadana puede ser superada si el Estado crea un


sistema educativo que disminuya las cifras de deserción escolar que inciden en la
criminalidad, y que, además, ofrezca oportunidades laborales a todos los sectores
de la sociedad.

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BIBLIOGRAFÍA

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Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.
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En: Mano G. LOSANO y Francisco MUÑOZ CONDE (coordinadores). "El
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peru/seguridadciudadana-peru2.shtml - Autor: Pérez Cayo Walter Martin
Alfredo.
✓ http://www.monografias.com - Seguridad ciudadana - Autor: José Javier
Manosalva Salvador - [email protected].

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Common questions

Con tecnología de IA

Desde finales del siglo XX, la seguridad ciudadana en Perú ha cobrado vital importancia en las políticas estatales, pasando a ser un tema central de preocupación para los ciudadanos y un desafío prioritario para los políticos . Este concepto ha evolucionado de ser una simple problemática social a ser protegido explícitamente en la Constitución de 1993, bajo la cual el estado debe proteger la población de amenazas y garantizar la vigencia de derechos fundamentales .

Los problemas principales incluyen altos índices de delincuencia, pobreza, criminalidad, y violencia. Estos están relacionados con la percepción de inseguridad, baja confianza en las instituciones y una débil participación de ciudadanos en la seguridad . Estos problemas impactan la sociedad afectando la movilidad y seguridad de las personas, especialmente de aquellas en situaciones vulnerables, deteriorando la calidad de vida y alterando la paz social .

En el contexto peruano, la relación entre seguridad ciudadana y derechos humanos debe ser manejada con cuidado para evitar la privación de derechos bajo políticas punitivas excesivas. La seguridad debe ser vista como un medio funcional al desarrollo social, no como una excusa para la restricción indebida de derechos . La política de seguridad ciudadana debe integrar justicia social, igualdad de oportunidades y luchar contra la exclusión social, asegurando así que las medidas de control del delito no se conviertan en prácticas de abuso por parte del estado .

Según la Constitución de 1993, el Estado peruano está obligado a defender la soberanía nacional, proteger a la población de amenazas de seguridad, garantizar la vigencia plena de los derechos humanos, y promover el bienestar general basado en la justicia social y el desarrollo equilibrado .

Contar con información adecuada sobre los delitos es crucial para enfrentar la inseguridad, ya que permite desarrollar políticas públicas eficaces y focalizadas, basadas en una comprensión clara de la realidad criminal. Sin datos fiables, es casi imposible evaluar con precisión el alcance del problema ni medir la efectividad de las intervenciones actuales .

Incorporar la equidad de género en las políticas de seguridad ciudadana es crucial debido a la diferente afectación que la inseguridad tiene sobre mujeres y hombres. El problema de violencia de género, como el feminicidio, es una preocupación de primer orden que no siempre es reconocida en los enfoques de seguridad. Las políticas deben priorizar un marco operativo que facilite la igualdad social y de género, mejorando así la respuesta institucional ante casos de violencia contra las mujeres .

La debilidad de la institucionalidad del Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana en Perú plantea desafíos como la coordinación ineficaz entre las diferentes entidades de seguridad, la falta de continuidad en las políticas públicas, y la debilidad en la implementación de medidas efectivas para la protección ciudadana . Esto puede resultar en intervenciones fragmentadas y una respuesta estatal ineficiente ante la criminalidad .

Los medios de comunicación y la sociedad civil juegan un papel crucial al sensibilizar y educar al público sobre temas de seguridad, fomentando una participación activa en medidas preventivas y en la vigilancia ciudadana. Sin embargo, su participación ha sido débil, afectando la efectividad de la seguridad ciudadana y subutilizando su potencial para motivar cambios políticos y sociales necesarios para mejor seguridad .

La política de seguridad ciudadana influye fundamentalmente en el desarrollo de la justicia social y la igualdad de oportunidades al garantizar que las medidas de seguridad no infrinjan los derechos humanos ni perpetúen formas de exclusión social. Una política bien estructurada debe priorizar el equilibrio social y la equidad de género como componentes de prevención del delito, además de promover una sociedad más justa .

La percepción de seguridad es crucial ya que afecta el grado de confianza que la población tiene en las instituciones y puede determinar la eficacia de las políticas públicas. Sin una adecuada percepción de seguridad, es difícil lograr cooperación ciudadana y apoyo para medidas de seguridad. Además, una percepción negativa puede llevar a un clamor por políticas más severas o restrictivas que no necesariamente responden a los derechos ciudadanos .

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