VIVIR EL GOSHO — PARA LOS ZADANKAI DE DICIEMBRE —
FELICIDAD EN ESTE MUNDO
Sufrir juntos, alegrarnos juntos, y juntos
hacer florecer nuestra vida
“Tan sólo invoque Nam-myoho-renge-kyo y, cuando beba sake, quédese en su
casa junto a su mujer. Sufra lo que tenga que sufrir, goce lo que tenga que gozar.
Considere el sufrimiento y la alegría como hechos de la vida y continúe invocando
Nam-myoho-renge-kyo, pase lo que pase. ¿No sería esto experimentar la ilimitada
alegría que proviene de la Ley? Fortalezca su fe más y más.”
Los escritos de Nichiren Daishonin pág. 715
FONDO DE ESCENA
En el tercer mes de 1275, un año antes de escribir esta carta, Nichiren Daishonin advertía a
Shijo Kingo —fiel seguidor samurái que se contaba entre sus primeros discípulos— que en el
camino de su desarrollo como practicante budista debía estar preparado para afrontar aun
mayores dificultades y problemas. Kingo estaba sufriendo la difamación maliciosa de sus
colegas por motivo de la envidia que despertaba en ellos. A raíz de esto, el señor feudal a
cuyas órdenes se desempeñaba lo tomó en descrédito. En este texto, el Daishonin le explica
la naturaleza de la situación que estaba enfrentando y lo alienta a buscar una genuina felici-
dad centrada en su crecimiento como ser humano inspirado en la práctica de entonar
Nam-myoho-renge-kyo.
Una condición de vida tan poderosa como el océano
Debido a la conflictiva situación que estaba atravesando, cada vez que Shijo Kingo
ponía un pie fuera de su casa, corría peligro de ser atacado por sus detractores. A raíz
de estas circunstancias, el buda Nichiren le advierte que actúe con suma prudencia,
y que pueda enfrentar esta situación dedicando el mayor tiempo posible a la invoca-
ción de daimoku. Y también lo alienta a un aspecto muy importante: le solicita que él
y su esposa se alienten mutuamente. De esta manera, el buda Nichiren le enseña a
su discípulo la importancia de enfocar la fe para construir un hogar seguro y feliz.
La vida, siempre nos presenta situaciones a veces felices, y otras tristes. Son todas
escenas irreemplazables en la gesta grandiosa de la vida. Tal como lo expresa de
diferentes maneras la sabiduría popular, sin sufrimiento, ¿cómo podría uno valorar la
alegría? Sin conocer el sabor de la tristeza y del regocijo, uno nunca podría disfrutar
la vida en toda su profundidad. En este mismo sentido, para el budismo poder reali-
zar la práctica es, en sí mismo, un motivo de felicidad. “Sufra lo que tenga que sufrir”,
dice el Buda.
Todos coincidiremos en que el sufrimiento es algo inherente e inevitable en la vida.
Por eso mismo, cuán importante es que podamos estar preparado para la adversi-
dad, y tener la fortaleza interior de levantarnos por sobre la angustia y la preocupa-
ción. Este aspecto de nuestra ida, el Budismo lo enseña como la capacidad que cada
uno tiene de hacer brillar su propia vida con la “luz serena de la luna de la ilumina-
ción”1, es decir, el estado de Buda. Es entonces cuando mediante la invocación del
daimoku, los sufrimientos ocasionados por los “deseos mundanos” se convierten en
iluminación, y uno puede aprovechar todo lo que le sucede en la vida como combus-
tible para alimentar la propia felicidad.
Si observamos la naturaleza, el inmenso océano en lo profundo siempre está calmo
e imperturbable, aunque en la superficie, las olas estén despedazándose contra las
rocas. Nuestra práctica del budismo os permite cultivar una identidad profunda e
invencible, tal como una poderosa corriente oceánica, que no se deja influir por las
olas. Y también nos brinda la posibilidad de vivir - tal como señala el Gosho - “la ilimi-
tada alegría que proviene de la Ley”.
En la travesía del kosen-rufu por la felicidad de todas las personas, las cosas no
siempre salen como uno quisiera. Pero todos somos compañeros eternos. La actitud
de cerrar los ojos al sufrimiento de los demás, con el pensamiento de “no es asunto
mío”, tiene poco que ver con la postura de un verdadero amigo. Este “principio” fue el
que experimentó Shijo Kingo al recibir el consejo y la compañía de su maestro, el
buda Nichiren. Mediante su postura el Daishonin le enseñó a su discípulo la actitud de
no cerrar los ojos al sufrimiento de los demás y de cómo los amigos de verdad com-
parten las alegrías y las desdichas, aunque estas nos hagan conocer la desdicha a
nosotros mismos.
Al referirse a la enseñanza que nos deja este episodio de la vida del Daishonin y uno
de sus discípulos, el maestro Ikeda nos enseña una guía que fue central en la cons-
trucción de la Soka Gakkai desde sus inicios: “Sufrimos juntos, nos alegramos juntos,
y juntos hacemos florecer nuestra vida. Tomamos el sufrimiento y la alegría como
hechos de la vida y seguimos invocando Nam-myoho-renge-kyo, pase lo que pase.
Mantener esta camaradería y compañerismo, esta consagración pura y sincera a la
fe, es la guía eterna para nosotros, los que impulsamos el kosen-rufu”.
Fortalecer la fe cada día más
Cuando a Nichiren Daishonin lo trasladaron a Tatsunokuchi con el objetivo de deca-
pitarlo, Shijo Kingo corrió a su lado, sin dudarlo. Aferrado a las riendas del caballo que
montaba el Daishonin, se mantuvo junto a él resueltamente, con el juramento de
acompañarlo incluso en el momento de su muerte. Era una persona de fe inmensa-
mente poderosa, que transitó con valentía el camino de maestro y discípulo.
Sin embargo, incluso a Shijo Kingo, quien poseía una fe firme y sincera, el Buda le dice:
“Fortalezca su fe más y más”. Con esto nos enseña que más allá de lo que uno haya
hecho en el pasado; lo que cuenta es lo que uno haga a partir de ahora, de aquí en
más. Tan importante es la continuidad y la persistencia en nuestra práctica que po-
demos resumirlo en la siguiente expresión: Todo se reduce a la fortaleza de nuestra
fe. La fe es una fuente constante de esperanza; y más aún, la fe es el más inmenso
poder que posee el ser humano. En este sentido, de acuerdo con la fuerza de nuestra
fe y de nuestra práctica, manifestamos la fuerza del Buda y la fuerza de la Ley, que
están corporificadas en el Gohonzon. Podemos decir que la fe es lo que nos permite
colmar nuestra vida con la misma fuerza que late en el universo. Shijo Kingo perseve-
ró en la fe tal como le enseñó el buda Nichiren. Cuando pudo sobrepasar sus dificul-
tades, brindó a todos una prueba contundente al recuperar la confianza de su señor
feudal y lograr que le aumentaran la superficie de tierras bajo su administración.
Practicar tal como enseña el Buda es el espíritu fundamental de la Soka Gakkai.
Avanzar de acuerdo con las enseñanzas del Gosho, y basarnos en las guías eternas
de los tres maestros fundadores de la Soka Gakkai, nos permite lograr, sin falta, una
impresionante victoria en la vida y en nuestras actividades por el kosen-rufu.
Conclusión
A la luz de lo que hemos aprendido de la vida del Buda y su discípulo, podemos decir
que practicamos la fe para disfrutar de la vida al máximo, para tener la vida más feliz
que uno pueda concebir. Las enseñanzas de Nichiren Daishonin pueden beneficiar a
todas las personas, sin una sola excepción.
El buda Nichiren declara que, en última instancia, no hay felicidad verdadera, no hay
dicha genuina, no hay plenitud tan perdurable como invocar Nam-myoho-ren-
ge-kyo, para todas las personas sin ningún tipo de distinción. Es así porque, al invo-
car daimoku, nuestra vida se fusiona con el estado de vida del Buda, y podemos
extraer una fuerza impresionante para emprender nuestra revolución humana y
ayudar a los demás a hacer lo mismo.
Desde esta perspectiva, el budismo enseña en forma categórica que, en cualquier
caso, el hecho de que uno se sienta feliz o desdichado sólo depende de uno mismo.
Sin cambiar nuestro propio estado de vida, no hallaremos felicidad que nos resulte
verdadera o perdurable. Sin embargo, cuando modificamos nuestra determinación
interior, todo a nuestro alrededor se transforma positivamente para nuestras vidas.
En el budismo la forma más profunda de efectuar esta clase de transformación inte-
rior es a través de la invocación del daimoku: Nam-myoho-renge-kyo.
(Material basado en la disertación Felicidad en este mundo publicada en Aprendamos del
Gosho, la eterna enseñanza de Nichiren Daishonin, Vol. 1, pág. 177)
1 Gosho Zenshu, pág. 1262.
2 Ib., pág. 978.