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Textura Del Suelo o Material No Consolidado Se Refiere A Las Proporciones

El documento describe varios factores que afectan la capacidad de un suelo para atenuar la contaminación, incluyendo la textura (proporción de arena, limo y arcilla), contenido de materia orgánica, pH, y capacidad de adsorción e intercambio iónico. Explica que una mayor cantidad de arcilla y un espesor más grande de la zona no saturada mejoran la atenuación al aumentar el tiempo de contacto para reacciones degradadoras. También señala que una permeabilidad más baja y una mayor distancia entre la fuente y los

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Textura Del Suelo o Material No Consolidado Se Refiere A Las Proporciones

El documento describe varios factores que afectan la capacidad de un suelo para atenuar la contaminación, incluyendo la textura (proporción de arena, limo y arcilla), contenido de materia orgánica, pH, y capacidad de adsorción e intercambio iónico. Explica que una mayor cantidad de arcilla y un espesor más grande de la zona no saturada mejoran la atenuación al aumentar el tiempo de contacto para reacciones degradadoras. También señala que una permeabilidad más baja y una mayor distancia entre la fuente y los

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textura del suelo o material no consolidado se refiere a las proporciones

relativas de arena (entre 0.1 y 2 mm de diámetro), limo (entre 0.002 y 0.1 mm de


diámetro) y arcilla (menor de 0.002 mm de diámetro) en una muestra representativa.
Se reconoce que la capacidad de atenuación natural de contaminantes en un suelo
será mayor en relación en el contenido de material arcilloso. Por medio del
mecanismo de filtración, algunos de los constituyentes de la fuente contaminante son
atrapados físicamente entre los poros del suelo, proceso que será más eficiente en
proporción directa con la cantidad de material arcilloso (poros de menor tamaño).
Adicionalmente, la porción arcillosa facilita la presencia de reacciones de intercambio
y precipitación. También es importante las estructuras o discontinuidades que se
pueden presentar en el suelo, ya que la presencia de fracturas o macroporos en el
suelo facilitan un paso rápido de los contaminantes a porciones más profundas del
sistema de agua subterránea.

La permeabilidad, definida en un capítulo previo, es la propiedad de un material


geológico que cuantifica la facilidad de transmisión de un fluido por los poros o
espacios abiertos que posee. En este caso el fluido en cuestión es agua y de
acuerdo con su rapidez de movimiento en el acuífero o zona no saturada, se
manifestará la capacidad de atenuación de la contaminación, ya que a medida que la
velocidad sea menor, mayor será la oportunidad de que se presenten reacciones que
disminuirán la carga contaminante disuelta en el agua subterránea.

El espesor de la zona no saturada, factor de fácil registro, es importante de


considerar en este tipo de evaluaciones, debido a que la efectividad de remoción o
amortiguamiento de la carga contaminante disuelta está en función del tiempo de
contacto con los minerales y/o materia orgánica presentes. La cinética de las
reacciones de atenuación (adsorción, incorporación biológica, intercambio de tipo
catiónico y amónico así corno precipitación) señala que es necesario un tiempo de
residencia prolongado (no estipulado cuantitativamente), pero de forma cualitativa se
establece que a medida que sea mayor el tiempo de residencia en la zona no
saturada (mayor espesor), más significativa será la degradación de los
contaminantes.

El contenido de materia orgánica provee sitios para que se presenten reacciones


de adsorción de contaminantes (metales pesados por ejemplo), además de que
constituye una fuente de energía para microorganismos que por medio de reacciones
biológicas pueden atenuar y/o degradar determinado tipo de contaminantes como los
orgánicos (hidrocarburos y pesticidas).

El pH del suelo es importante porque la mayoría de los procesos de degradación


son más efectivos cuando se tiene un pH cercano al neutro (entre 6 y 7).
Adicionalmente, las reacciones de adsorción y/o intercambio en arcillas son
dependientes del pH, pues está bien establecido que la capacidad de intercambio
amónico se incrementa en la medida de que el pH disminuye.

En la definición de la capacidad de adsorción de un suelo se considera la atracción


física (absorción) y química (adsorción). La capacidad de adsorción es el proceso por
1
el cual las moléculas se adhieren a la superficie de los minerales que componen el
suelo, por lo que está en función del tipo de contaminante y de las características del
suelo.

La capacidad de intercambio catiónico son reacciones que involucran a los


minerales arcillosos y que se definen como intercambio de iones de un tipo por otros
diferentes, pero sin causar cambios en la estructura del mineral en donde se realiza
el intercambio.

La capacidad de neutralización de ácidos de un suelo se define como la suma de


cationes menos la suma de aniones asociados con ácidos fuertes y expresados
como el potencial para consumir o producir protones por arriba de pH igual a 3.

Otro tipo de factores hidrogeológicos que generalmente se toman en cuenta en la


evaluación de la vulnerabilidad del agua subterránea a la contaminación incluye los
siguientes: i) recarga natural neta, ii) profundidad al nivel freático, iii) gradiente
hidráulico, iv) mecanismos de infiltración y v) distancia entre la fuente de
contaminación y los abastecimientos de agua. El medio que en primera instancia
disuelve y posteriormente transporta los contaminantes presentes en la superficie del
terreno, es el volumen de agua que se mueve verticalmente hacia abajo en la zona
no saturada (recarga). De este modo, en la medida que la recarga sea mayor, el
peligro potencial de disolución y por consiguiente de movilización de contaminantes
será mayor. La profundidad al nivel freático en un acuífero está en relación directa
con el espesor de la zona no saturada, y por lo tanto, como se señaló previamente,
es una medida cualitativa del tiempo de residencia del contaminante en la zona no
saturada. En general, a medida que es mayor el tiempo de residencia, mayores
son las posibilidades de dilución, además de que las reacciones de adsorción y
procesos de absorción son más efectivas. El gradiente hidráulico condiciona el flujo
del agua subterránea, tanto en dirección como en magnitud y sentido, por lo que es
de primordial trascendencia en la definición del peligro potencial de contaminación
por efecto de una fuente establecida. Los mecanismos de infiltración son relevantes
en el sentido que describen la capacidad de interacción entre el contaminante y
el material geológico. Cuando la infiltración se produce por los espacios
intergranulares de un medio poroso, el tiempo de interacción será mayor que cuando
la infiltración se produce en un medio fracturado o por macroporos. En este último
caso, la velocidad del contaminante disuelto será mayor, por lo que los mecanismos
de atenuación no serán efectivos. Por último, una gran distancia entre la fuente de
contaminación y la ubicación de abastecimientos de agua subterránea se considera
un factor favorable, debido a que en este panorama los mecanismos naturales
de atenuación tienen mayor facilidad de desarrollo.
7.2

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