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Julia y su lucha interna por amar

Julia se abre con Damian en un bar sobre sus sentimientos por su ex novio Saul, quien se va a casar con la hermana de Julia, Raquel. Julia se siente rota e incapaz de amar debido a los que la han dejado en el pasado. Más tarde, Julia le pide a Damian que continúe fingiendo ser su esposo por al menos un año para demostrarle a su madre que puede ser feliz. Damian acepta ayudarla pero con algunas condiciones.

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Julia y su lucha interna por amar

Julia se abre con Damian en un bar sobre sus sentimientos por su ex novio Saul, quien se va a casar con la hermana de Julia, Raquel. Julia se siente rota e incapaz de amar debido a los que la han dejado en el pasado. Más tarde, Julia le pide a Damian que continúe fingiendo ser su esposo por al menos un año para demostrarle a su madre que puede ser feliz. Damian acepta ayudarla pero con algunas condiciones.

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Capitulo 6

¨Todo lo que quería¨


Damian Hessel
Normalmente, Julia Sullivan esta tan junta y compuesta que me resulta
extraño verla tan vulnerable ahora. Como si estuviera dejando escapar
un poquito de lo que siente y aquello que mantiene oculto en el
interior, al menos por el momento. Una lágrima cae de sus ojos, pero
se apresura a limpiarla, Julia no es de las personas que llora frente
alguien más y mucho menos lo hará en público.

-Creo que ya has bebido suficiente.-le digo cuando la veo levantar su


mano hacia el barman y pedir otra copa.

Le había dicho que solo beberíamos una copa y esa era mi idea
original pero cuando ella termino aquella copa simplemente pidió otra
sin ganas de moverse de la barra e ir aquella fiesta.

-No, por favor, solo una copa más. Usualmente yo no bebo, pero estoy
haciendo una excepción esta noche porque es la despedida de soltera
de mi hermana. Raquel se va a casar con el hombre que yo amo. El
hombre que yo amo se va a casar y no es conmigo, asique necesito
beber esa copa.

Permanecemos juntos en silencio por un momento, pero es un silencio


cómodo. Tampoco sentimos la necesidad de hablar constantemente si
no hay nada que decir, es algo que tenemos en común. Una similitud
muy agradable.

-Él quería que yo algo que no puedo ser, yo no puedo ser cálida, lo
intento, pero simplemente no puedo. Estoy rota, señor Hessel, rota y
fría. Rota con miles de pequeños pedazos sin poder ni siquiera
volverlos a pegar. Él lo sabia sin embargo a veces quería que yo sea
calidad, tal vez por eso busco a Raquel.

Julia, juega con la copa vacía entre sus dedos y la levanta para mirar
su reflejo en ella. Hace una mueca ante lo que ve.
-El si era cálido, su calidez me hacía sentir bien, me gustaba la forma
en que su presencia llenaba la casa y ahora ya no está. Ahora vuelvo
todas las noches a un apartamento vacio y frio. Lo extraño ¿Sabes?
Lo extraño mucho y quiero que vuelva, pero al mismo tiempo solo lo
quiero lejos de mi.

Ella vuelve a levantar la mano y su copa vacía es remplazada por una


copa llena de vino tinto.

-Todos me dejan, incluso si no lo eligen, incluso si no lo desean, hay


algo en mí que los hace irse. Estoy cansada que todos me dejen ¿Por
qué no puedo ser como Raquel? Todos se sienten bien en su
presencia y ella siempre obtiene lo que quiere. Yo nunca obtengo lo
que quiero.

-¿Y qué es lo que deseas, Julia Sullivan?

Ella le da un pequeño sorbo al vino.

-Todo lo que quería, todo lo que realmente quiero es dejar de sentir


este frio que me congela hasta los huesos.

Termina su copa y no levanta la mano para pedir otra.

-Saul tomo pequeños pedazos de mi, trataba que yo sea algo que no
podía ser y a veces me hacía sentir que no era suficiente pero también
me hizo feliz y yo lo amaba, aun lo hago y solo quiero dejar de amarlo.
–ella golpea sus dedos contra la barra de forma suave y rítmica. –La
vida ha sido muy injusta conmigo, nunca obtengo lo que quiero y
cuando soy feliz, viene alguien y me arrebata la felicidad, la vida es
muy injusta.

Se, por lo poco que escuchado de ella y por lo que me he dado


cuenta, que Julia no confía completamente en nadie. Sin embargo,
aquí esta ella, sentada junto a mí en la barra de este bar abriéndose
conmigo. Tal vez sea el alcohol lo que la hace hablar, pero también
recuerdo aquella noche en la fiesta de compromiso, donde ella me dijo
que lo amaba y como le dolía todo, no estaba borracha en ese
momento y sin embargo se abrió a mí.

-Tal vez mi madre tiene razón y yo no sé como amar. ¿Cómo alguien


frio podría saber amar? No tiene sentido, quizás es por eso que él se
fue. Solo quería que él me hubiera advertido de todo, sobre su partida,
sobre si mi amor no era lo que él quería. Solo hubiera querido tener
una advertencia que mi felicidad iba hacer arrebatada una vez más de
mis manos. Pero no me dieron ni eso, creo que al menos merecía una
advertencia, pero ya no importa.

Suena cansada y sus hombros caen a sus costados reflejando aquel


cansancio. Sus ojos se mueven por algo la barra y algo frente a ella le
llama la atención y la hace sonreír, no es una gran sonrisa, pero es
algo.

-Mira, parece un melocotón. Me gustan los melocotones, son dulces y


suaves. Lindos melocotones, melocotones, melocotones.

-Parece que te gustan mucho.

-¡Me encantan!

-Tal vez te llame así.

Se mueve un poco en el banco hacia a mí y sus ojos verdes me miran.

-Sí, nunca he tenido un apodo bonito. Me han llamado reina de hielo,


ice medusa, frost y otros apodos desagradables. Me gusta melocotón,
puedes llamarme así

-Está bien, melocotón.

Y entonces ella sonríe, la primera sonrisa genuina que le he visto


desde que la conozco.

Julia Sullivan

Caminamos en silencio por la acera hasta mi apartamento, la lluvia ha


disminuido hasta ser solo una leve llovizna. Damian no dice nada
mientras caminamos y es reconfortante estar con alguien que disfruta
del silencio al igual que yo. No siento la presión de tratar de llenar ese
silencio con cosas que no quiero decir. Cuando llegamos al edificio
donde vivo, el portero me da mis maletas y Damian me ayuda a
llevarlas hasta mi apartamento.

-Puedes dejarlas ahí.- le digo cuando abro la puerta de mi


apartamento.
El deja las maletas donde yo le acabo de indicar y lo veo inspeccionar
mi apartamento con atención. Mira las paredes vacías y algunas cajas
aun están apiladas en una esquina. No hay mucho que ver porque no
lo he vuelto mío, no lo siento como mi lugar, así que no me he
preocupado en personalizarlo.

-¿Quieres algo de beber?- le pregunto.

-No, así estoy bien.

El sigue mirando alrededor y no entiendo que es lo que tanto mira, no


hay nada que ver en realidad. Solo paredes blancas, cortinas verdes y
una alfombra café.

-¿Quiénes son ellos?- me pregunta señalando la única foto que hay en


la sala.

Veo la foto que está en la mesa redonda junto al sofá, es una foto de
mis abuelos. Es la única foto que tengo de ellos. No sé que hizo mi
madre con las demás.

-Son mis abuelos.

Mis abuelos paternos. En la foto ambos están sentados en la banca


azul que había en el jardín de su casa. Solía sentarme con ellos en
aquella banca por la noche a mirar las estrellas. Mi abuela siempre me
contaba una nueva curiosidad sobre las estrellas, ella amaba las
estrellas, espero que donde este ahora, haya muchas estrellas.

-Puedo notar que los querías mucho.

Lo hacía, no me sentía extraña por ser como soy a su lado. Con ellos
podía ser yo sin ningún problema.

-Los amaba, la única familia que me ha querido.- le digo a Damian.

Tomo la foto y siento como se van formando un nudo en mi garganta,


los extraño mucho.

-A mi abuela le gustaban las estrellas, ella me enseño las


constelaciones y me decía que todos estamos hechos de polvo de
estrellas.
-Yo también extraño a mis padres.- me dice él.

El silencio nos envuelve por un momento, ninguno de los dos sabe


que decir ahora y ambos tenemos miedo de ser mas vulnerables.
Estamos caminando por un hielo muy delgado aquí al contarnos este
tipo de cosas ¿Qué tiene el que me hace hablarle sobre mis
emociones? A veces cuando estoy con el sin darme cuenta me
encuentro hablando de cómo me siento. Yo no he sido así con nadie
¿Por qué con el soy diferente?

-Ojala pudiésemos regresar el tiempo y tener solo cinco minutos más


con ellos. O al menos regresar y tomar diferentes decisiones.- dice el
al final para tratar de aligerar la situación.

Siempre escucho que dicen que ojala pudiéramos regresar en el


tiempo y cambiar algo del pasado, pero incluso si pudiéramos regresar
en el tiempo, nuestro presente no se vería afectado. El tiempo no se
detiene, avanza en ambas direcciones. Lo que sucedería es que se
crearía una línea de tiempo alterna. Es triste saber que incluso si
pudiera ir al pasado y cambiar algunas cosas, eso en nada cambiaría
lo que estoy viviendo ahora. Pero al menos me consuelo con saber
que tal vez hay una línea de tiempo alterna donde yo soy feliz.

Le hago una seña a Damian para que se siente en el sillón y yo me


siento manteniendo una clara distancia de él.

-Necesito pedirte un favor.- le digo.

El me mira serio y lo veo fruncir levemente los labios, es un gesto que


lo he visto hacer cada vez que analiza algo. Un pequeño gesto que
para quien no está prestando atención puede pasar desapercibido y
entonces me regaño mentalmente por estar prestando demasiada
atención a Damian Hessel, que ya empezado aprender sus gestos. Me
pregunto si él ha hecho lo mismo conmigo y ha empezado a
memorizar mis gestos y expresiones.

-Te escucho.- me dice él.

Paso una mano por mi nuca mientras pienso en cómo decirle que
debemos seguir casados, al menos por un tiempo. El está sentado de
forma tranquila en el sillón, es extraño que no me moleste tenerlo en
mi apartamento y es aun más extraño que su presencia llene este
lugar de una manera que no esperaba. Usualmente no me gusta que
personas que no conozco bien vengan a mi casa, pero de alguna
manera creo que eso no se aplica a él. He tenido seco con él, me ha
visto borracha, ha cantado conmigo e incluso me case con él. Creo
que no debo considerarlo alguien extraño.

-Necesito que sigamos casados. Al menos por un tiempo, bueno,


mínimo un año.

Si el se sorprende por mis palabras no lo deja ver y solo hace un leve


gesto con su cabeza para indicarme que siga hablando. Sería más
fácil para mí seguir hablando si el hiciera un comentario sobre lo que
le acabo de decir, pero sé que él no me lo va a poner fácil.

-En un arranque de coraje le dije a mi madre que me case contigo


porque quise y que vamos a seguir casados. También dije que quería
que todo el país sepa lo felices que estamos por nuestro matrimonio
en las vegas.

El pasa una mano por su frente antes de pararse y empezar a caminar


por la sala. Su silencio ante esta situación me está enloqueciendo un
poco. Quiero gritarle que hable, pero obviamente no lo voy hacer y
solo lo miro esperando a que se digne a decir algo, cualquier cosa.

-Bien, te ayudare, pero con un par de condiciones.

Claro que el diablo jamás te va ofrecer nada gratis. Debí suponer que
él iba a querer algo a cambio. Igual no me puedo poner quisquillosa
porque acepto mentir por mí y seguir con esta farsa de matrimonio.

-¿Cuáles?

El se vuelve a sentar en el sofá y levanta un dedo cerca de mi cara.

-Tienes que decirme algo que jamás le hayas dicho a nadie, algo que
solo tú y yo vamos a saber. Y tiene que ser algo que te de vergüenza.

¿Pero qué clase de esposo me vine a conseguir? De todas las cosas


que me podía pedir tenía que salir con eso. Lo miro a los ojos y el
levanta las cejas como esperando mi respuesta. Una cosa viene a mi
mente, no es tan vergonzoso, pero es algo que nadie más sabe, algo
que jamás he dicho en voz alta.
-Cuando suelo estar triste o quiero darme algo de motivación escucho
what´s new scooby doo. Nadie lo sabe y tu tampoco se lo debes de
decir a nadie.

Veo como el trata de no reírse, pero fracasa de forma miserable.

-No puedo creer que me lo dijeras pensé que inventarías algo, jamás
creí que serias honesta.

-¡Eres un idiota!

Le lanzo un cojín en su cara.

-En realidad tenía pensado ayudarte incluso si no me decías nada,


ves, no soy un idiota, soy tu salvación. Soy el mejor esposo que
podrías desear, melocotón.

Ahí está ese apodo de nuevo y pensé que ya iba a empezar a dejar de
llamarme así.

-No me estas tomando en serio.- le digo, pero a pesar de decir eso yo


se que él me está tomando en serio, y que él está haciendo lo que
parece siempre desde que lo conozco: ayudarme.

-Te voy ayudar, melocotón. Estaremos casados el tiempo que quieras.

-¿El tiempo que yo quiera?

-Sí, soy tuyo hasta que decidas que ya no me quieres a tu lado.

La inmensidad de sus palabras y la forma en que me mira me hace


olvidar un momento de cómo se respira o quién soy yo. Siento que
estoy jugando con fuego y nada bueno puede salir de esto.

-Bien.

-Bien, melocotón.

El tiene una manera extraña de transmitirme su calidez, también me


encuentro sorprendida de la forma fácil y ligera en la que me ha hecho
confiar en él. El es más bien energía y claridad, blanco y negro al
mismo tiempo en un sentido maravilloso. No es solo bueno o malo, es
una mezcla de ambos. Porque todo lo bueno tiene algo malo y todo lo
malo tiene algo bueno, además que no todo lo que luce malo lo es. Y
aunque yo pueda parecer un caso perdido y alguien demasiado fría, el
no me ve de esa manera. Mientras que el, ha sido afortunado con
padres amorosos que, pese a morir en un accidente cuando el tenia
diecinueve años, el siempre fue amado. Damian siempre tuvo todo
resuelto y solo un brillante futuro por delante. Y mientras más nos veo
me doy cuenta lo opuestos que somos.

-Es bueno que no hayas sacado todas tus cosas de las cajas.

-¿Y eso por qué?

El me mira como si fuera obvia la respuesta.

-Vienes a vivir a mi casa, no podemos estar casados y vivir en casas


separadas.

No había pensado en eso. No puedo evitar el pánico que empiezo a


sentir, no soy buena compartiendo mi espacio personal con alguien
más. Solo ahora empiezo a entender la magnitud de esta mentira
¿Cómo voy a lograr engañar a mi familia? Yo ni siquiera se mentir de
manera decente y ahora tengo que mantener una mentira de esta
magnitud. Sé que ellos no esperan que dé muestras de afecto en
público porque es algo que no hacia ni con Saul, pero al menos
esperan algo y no sé si seré capaz de eso.

-Creo que este sería un buen momento para poner la música de


scooby doo.- me dice él.

Lo miro y veo que está buscando algo en su teléfono, después de un


momento la dichosa música empieza a sonar. Por extraño que
parezca me siento mejor al escucharla.

-Bien, tienes razón, debemos vivir juntos, pero en habitaciones


separadas.- le digo mientras trato de recobrar la calma.

-Estoy bien con eso, pero debes saber que mi cama siempre estará
feliz de recibirte en ella, melocotón.

-También debemos pensar en que decir a los demás.

-Diremos la verdad.
-¿Estas demente? No podemos decir la verdad.

El me da unas palmadas en mi mano.

-Calma, diremos que tu cantaste en aquel karaoke, me pediste que te


besara y en ese momento te diste cuenta que no querías pasar un
momento más sin ser mi esposa y me pediste que me casara contigo.

-No podemos decir eso.

-Pero eso fue lo que paso, melocotón. Nos casamos porque tú querías
y ahora vamos a gritar lo felices que somos.

Me gusta enorgullecerme de tener n control emocional muy bueno. No


es que no sienta emociones, lo hago, como cualquier ser humano
normal, aunque prefiero huir de ellas y no dejo que me controlen o me
abrumen. Al menos, no usualmente. Siempre hay excepciones, la
mayoría de ellas parecen estar relacionadas con Damian Hessel.

-Bien.

¨Las enanas blancas están condenadas a seguir enfriándose, de


hecho, cuando estos cadáveres estelares se han enfriado tanto que ya
no emiten una cantidad detectable de radiación electromagnética, se
dice que se han convertido en una enana negra¨

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