Soteriología.
La Salvación: ¿Se pierde o no se pierde?
Introducción.
“Más yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación” (Salmo 13: 5)
Una de las grandes controversias de todos los tiempos en el seno eclesial, ha sido y es acerca
de la salvación, en cuanto a si se puede llegar a perder o no.
Ríos de tinta – y hasta sangre - han corrido, e innumerables discusiones y exposiciones
teológicas y pseudoteológicas se han hecho y seguramente se seguirán haciendo.
A lo largo de la historia, Calvinistas (1) contra Arminianos (2) y viceversa, y actualmente,
muchos creyentes que no sabrían cómo definirse por título teológico al respecto, pero que
tienen un pensamiento más o menos definido acerca de esta controversial cuestión; mientras
que otros muchos, no.
Las dos grandes corrientes sobre la doctrina de la salvación son la Calvinista (de Calvino) y
la Arminianista (de Arminio). Estas dos fracciones han estado en una discusión continua
acerca de una pregunta predominante en la vida cristiana: ¿La salvación se pierde?
Ambos grupos reconocen que la salvación es por fe, esto es, no por obras, sino solamente
por la gracia de Jesús (Efe 2:9), en este punto están de acuerdo. La diferencia más grande
radica en que la doctrina de Calvino establece que la salvación NO SE PUEDE PERDER, y la
Arminiana que SÍ SE PUEDE PERDER luego de haberla tenido.
Los arminianos reconocen que son incapaces de recibir la salvación por sus propios méritos,
pero aseguran que la única forma de mantenerla es andando por los caminos y las
ordenanzas del Señor “Mat 24:13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”
Los calvinistas aseguran que la salvación no se puede perder pues el hombre no puede, por
sus méritos o errores, afectar la regeneración que Dios hace en el creyente “El Evangelio
Según San Juan 10:28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará
de mi mano”.
Es importante conocer estas posturas. Pues el decidir o enseñar cualquiera de ellas, marcará
TOTALMENTE la manera en cómo se viva una relación con Dios.
Unos dicen: “Una vez salvo, siempre salvo”. Otros dicen: “La salvación se puede llegar a perder”…
¿Quién tiene razón?
Como lo cito el teólogo Dietrich Bonhoeffer “la gracia es gratuita, pero cuesta cara”. El
evangelio de Jesucristo de Nazareth, nos fue dado como Don, como un regalo, debido a su
muerte en la cruz del calvario, derramando su sangre por expiación por la humanidad, se
nos ha concedido este regalo, la salvación gratuita. No tenemos que hacer ninguna cosa más,
todo lo que hagamos e intentemos hacer no sirve de nada, pues Cristo lo hizo todo en la cruz.
Hay quienes piensan que asistiendo al templo lo más posible son más salvo ( no queremos
decir con esto que no tengamos que ir al templo), que haciendo muchas buenas obras tienen
más posibilidades de salvarse, o como otros que dejan todos sus bienes al morir a alguna
entidad benefactora para que Dios mire su obra, lo estime y perdone sus pecados y garantice
su salvación.
Este estudio pretende, con reflexión y con el apoyo de la infalible Palabra de Dios, aportar
luz sobre este asunto. Así que, sin más preámbulos; empecemos
Desarrollo.
Han muchas personas que han enseñado y de hecho, continúan haciéndolo, que el pasaje de
Hebreos 6, muestra claramente que un cristiano puede perder la salvación, en este breve
análisis vamos a estudiar este pasaje y ver qué es lo que realmente enseña, tomándolo como
ancla para la corriente Arminiana:
Hebreos 6:4-6: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron y
fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de
Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para
arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a
vituperio.”
Este pasaje plantea la pregunta: “¿Cómo puede ser alguien ‘iluminado’, para después
‘caer’”? Parecería que este pasaje está hablando de alguien que pierde la salvación. ¿O este
pasaje sí habla de perder la salvación? La clave para responder esta pregunta es descubrir
quiénes son, “ellos” y de qué “recayeron”.
Para empezar, es importante saber que esta sección de Hebreos trata acerca de
apostatas/herejes; aquellos que de alguna forma, parecería ser que abrazaron la verdad, pero
que ahora la han abandonado. También es importante saber cómo los creyentes, a los que
originalmente se les envió este mensaje, entendieron acerca de los “que una vez fueron
iluminados”. Cuando leemos hoy día este pasaje, podríamos pensar que estas personas
“fueron iluminadas” acerca de la verdad o que fueron regeneradas. Pero, ¿fue ésta la
intención original del autor? ¿Y cómo habrán entendido sus lectores este mensaje?
En las Escrituras, “iluminados” no siempre significa “regenerado” o “salvo”. En este
versículo se está hablando de personas que estuvieron involucradas fuertemente en una
iglesia. Es como si se hubieran unido a una congregación, escuchado el Evangelio y ver al
Espíritu trabajando en la vida de los creyentes. Ellos pudieron haber recibido algunas de las
bendiciones al formar parte de una comunidad de pacto, haber confesado públicamente a
Cristo y haber sido bautizados. Pero estas personas en particular, nunca tuvieron un
conocimiento de la salvación de Cristo. Recordemos que en los escritos iniciales del
cristianismo, las personas convertidas y bautizadas se les llamaban “iluminados”.
Otra palabra clave que se debe entender es a quién se refiere los que “gustaron (probaron)
del don celestial”. Como vemos, ellos sólo “gustaron”/“probaron” a Cristo, pero nunca,
fueron realmente convertidos a la fe en Él.
Una persona puede aprender cosas acerca de Cristo, llegando a admirarlo. Esta persona
puede disfrutar de una comunión, pero no tener ningún compromiso duradero con Cristo.
Cuando una persona se arrepiente y tiene fe, se une a Cristo en salvación. Pensemos en la
siguiente analogía: No es lo mismo casarse con alguien a sólo salir en unas pocas citas con
esa persona.
Esto es visto en la situación frecuente de las personas que han estado en una iglesia por
muchos años, involucradas en muchas cosas, nunca han faltado a un servicio, y sin embargo,
no son salvas. Ellas han sido “iluminadas” al ver a Dios trabajar; pero sólo les ha gustado lo
que sucede, sin pensar en involucrarse realmente en “eso”. Lo más probable en que hayan
participado de la Cena del Señor, como sugiere el pasaje; pero nunca, habían sido
verdaderamente salvos. En otras palabras, ellos estaban “en la iglesia, pero no eran parte
de la Iglesia”. Así que, para ser miembro de una iglesia y ser “iluminados” por la vida de la
Iglesia y ver cómo trabaja Dios, no garantiza la salvación. Y para el caso, tampoco ser
bautizado. El ser “iluminado”, no necesariamente significa ser “salvo”.
Efesios 1:15-21, usa en el v. 18 la palabra “alumbrando” pero de forma diferente y no significa
ser “salvo”.
“Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro
amor para con todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria
de vosotros en mis oraciones,17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de
gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los
ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado,
y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la supereminente
grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de
su fuerza, 20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra
en los lugares celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre
todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;”
Este pasaje, se está refiriendo a un cristiano, alguien que ya está identificada en la “fe en el
Señor Jesús” (v. 15) y Pablo ora para que Dios les dé, “...espíritu de sabiduría y de
revelación” (vv. 16-17) y una vez tengan ese espíritu (sabiduría y revelación), sean
“alumbrados” (v. 18) con relación a su llamamiento. Una vez más, el término “iluminado”
no necesariamente es sinónimo de ser “salvo”.
En ambos casos, la palabra griega para "iluminados" y "alumbrandoI" es, “fotízo”; la cual se
refiere al conocimiento doctrinal. Mientras que necesitamos doctrina para la salvación —no
podemos tener fe en cualquier cosa, ¿verdad?— no necesariamente somos salvos por un
entendimiento doctrinal.
Al volver a analizar este pasaje, la palabra griega para “alumbrando” se usa para aquellos
que ya son salvos. De igual manera, en el pasaje de Hebreos 6:4-6, la palabra griega para
“iluminados” es para aquellos que no son salvos. La diferencia radica en el pasaje de Efesios
1 donde Pablo se dirige a los que ya son salvos; pero que de todas formas deben ser
“alumbrados” en la doctrina.
Con relación a la palabra “participantes” en Hebreos 3:14, ésta, arroja más luz sobre el tema:
“Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin
nuestra confianza del principio,” No es la aceptación rápida de una persona la que la hace
“participante”, sino solo aquel que ha participado realmente de Cristo y sólo por este hecho,
se mantendrá firme. Pero para mantenerse y no caer, uno tiene que ser un genuino creyente.
La pregunta entonces es: “Si ‘los que una vez’ son los que han ‘gustado/probado de la buena
palabra de Dios’, han visto lo que ha estado sucediendo, visto a Dios trabajando y han
estado ‘en la iglesia pero no son de la Iglesia’; exactamente, ¿de qué han ‘recaído’ de forma
que no puedan ser ‘renovados’ nuevamente ‘para arrepentimiento’?” ¿Y no está esto dando
a entender que fueron inicialmente traídos al arrepentimiento?
En su “Institución de la Religión Cristiana”, Juan Calvino abordó el problema de la “caída”.
Él escribe que, “la experiencia muestra que los reprobados son algunas veces afectados de
una forma similar a los Elegidos”. De hecho, ellos pueden, “sentir verdaderamente la
eficacia del Evangelio”, —y no hay razón por la cual el Señor no podría permitir al
reprobado— “gustar algo de Su gracia”, o “irradiar sus mentes con algunos destellos de Su
luz”. Sin embargo, esto se conoce como una “fe temporal”. Más adelante, Calvino escribe:
“No que ellos perciban verdaderamente el poder de la gracia espiritual y la luz segura de
la fe; pero el Señor, para condenarlos mejor y dejarlos sin excusa, inculca en sus mentes
tal sentido de Su bondad como pueda ser sentido sin el Espíritu de adopción”. Calvino
declara que en esta situación, la persona no salva, se aferra a la “sombra” en vez de aferrarse
a la “sustancia”.
Louis Berkhof en su “Teología Sistemática” también cubre “la fe temporal” como
distinguida de la “verdadera fe salvífica”. Él escribe que la fe temporal es como si estuviera
“basada en la vida emocional y busca disfrute personal más que la gloria de Dios”. Esta es
la razón por la que no es difícil de entender por qué esta clase de fe falsa es rápidamente
perdida cuando Dios o la iglesia dejan de ser divertidas y/o pierden su atractivo.
A diferencia de la fe salvífica, Berkhof escribe que la fe temporal, “no está enraizada en un
corazón regenerado”. Él ubica la fe temporal en Mateo 13:18-23.
La Parábola del Sembrador
Mateo 13:18-23: “Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19 Cuando alguno oye la
palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su
corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20 Y el que fue sembrado en
pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21 pero no tiene
raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa
de la palabra, luego tropieza. 22 El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la
palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace
infructuosa. 23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la
palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”
A estas personas en Hebreos, se les dio suficiente arrepentimiento de manera que se
convirtieron en miembros de la Iglesia visible, la cual está compuesta tanto del trigo como
de la paja. No todo aquel que se sienta a su lado en una banca ha sido llevado al
arrepentimiento y a la fe.
Esta es la razón por la que ellos han “caído” de la Iglesia visible; no de la salvación. La
salvación es definitiva, ya que el arrepentimiento es un don del Señor. Una vez que Ud. ha
sido adoptado en la familia de Dios, no se le permitirá soltarse:
Juan 10:27-28: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida
eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”
Una vez somos salvos, tenemos una seguridad eterna que es definitiva.
También existe una clase de “caída” que es definitiva. Tenemos que tener en cuenta que esta,
no es solo una simple caída, donde la persona solo deja de asistir a la iglesia; sino de alguien
que renuncia totalmente a Cristo. Una vez caídos, y colocando las cosas de Cristo
completamente a un lado, a ellos simplemente nunca se les dará nuevamente algún grado
de arrepentimiento. Cualquiera que toma tal decisión, nunca fue miembro de la Iglesia
invisible.
Esto no significa que aquellos que se desvían, sólo temporalmente, por cualquiera razón no
puedan ser restaurados. Aquellos que no han caído totalmente, que no han llevado al total
vilipendio al Hijo de Dios, de hecho, pueden ser restaurados, siendo llevados al
arrepentimiento. Un pecador que tiene un genuino arrepentimiento sobre el pecado muestra
que el Espíritu Santo está trabajando en su corazón y no está perdido para siempre. Pero
aquellos, que de hecho caen completamente, son imposibles de ser restaurados y Dios no
permitirá que quienes hayan cometido tal apostasía vengan al arrepentimiento.
Cristo murió una vez para siempre y por aquellos que creerían en Él. Él es el único camino
al cielo y fuera de Él no hay esperanza, ya que no hay nada ni nadie dónde poder encontrar
perdón de pecados. Si alguien escoge abandonar a Cristo después de probar Su bondad, no
encontrará salvación en ninguna otra persona o lugar, sin importar dónde o cuán difícil sea
buscar.
Pero no hay nada que temer para aquellos que son verdaderamente de Él. Y como siempre,
esto se debe a que no estamos enfocados en nosotros, sino en Dios. La “Perseverancia de los
Santos”, podría ser vista tal vez como la “Preservación de los Santos”, como si fuera Dios
quien nos sostiene y preserva hasta el final y no nosotros: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las
conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las
arrebatará de mi mano.” (Juan 10:27-28). Cristo no es solo el autor, sino que también es el
consumidor de nuestra fe:
Hebreos 12:2: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo
puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del
trono de Dios.”
No podemos perder nuestra salvación, la cual, desde el principio hasta el fin, está asegurada
por Dios para aquellos que le creen.
Conclusiones.
Nuestra salvación es un acto soberano de Dios.
No somos cristianos por algo que hicimos, sino por algo que Dios decidió. En Efesios 1:3 el
apóstol Pablo dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos
bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.” ¿Por qué
debemos bendecir al Señor? Porque “según nos escogió en él antes de la fundación del
mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (v.4). Dios nos escogió y Él
nos hará santos. En última instancia, todo pecado será invalidado. Este es otra manera de
decir que todas las cosas trabajan conjuntas para nuestro bien.
Pablo continúa en versículo 5 “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos
suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.” Dios predeterminó
hacernos sus hijos. El planeó que nuestra salvación se conduzca a la glorificación. Somos
salvos por el Plan de Dios y somos preservados para la futura gloria. Así que nuestra
seguridad no depende en nuestra capacidad de mantenernos salvos, sino en la capacidad de
Dios de mantener su promesa (Heb. 6:17-18). Puesto que Él es absolutamente perfecto y
porque las tres personas de la trinidad no pueden violar su palabra, nosotros podemos tener
la certeza de nuestra seguridad.
Efesios 1:11 nos dice que en Cristo también: “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo
sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas (Dios) según el
designio de su voluntad.” Dios hace funcionar todas las cosas de acuerdo a su voluntad. El
planeó redimirnos. Así que, la salvación no está basada en lo que decidamos, sino en lo que
Dios ya decidió. Juan 1:12-13 dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su
nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de
sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” Es verdad que
nosotros tenemos que responder al mensaje del evangelio. Tenemos que recibir a Cristo y
creer en El (Hechos 4:12). Sin embargo, somos regenerados por la voluntad de Dios. Nuestra
respuesta es secundaria a la decisión de Dios.
Mucho del evangelismo contemporáneo dejan que la gente piense que la salvación sea
afirmada en su decisión por Cristo. Realmente, está basada en la Decisión de Dios por ellos.
Esto es el énfasis de la Escritura. ¿Cómo es posible que alguien en el mundo pueda tomar
una decisión por Dios? Primera de Corintios 2:14 nos dice que “Pero el hombre natural no
percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente.” En segunda de Corintios 4:4 dice:
“en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les
resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”
El hombre está en ignorancia, en oscuridad y muertos en sus pecados (Efes 2:1) no existe
manera que el de la vuelta alrededor en su estado y acepte a Cristo. Dios hace el primer
movimiento en línea con su eterno propósito.
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