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SIMBOLO, RITO, INICIACION
INDICE
Contraportada…………………………………………………. 3
Prólogo…………………………………………………………… 3
Bibliografía…………………………………………………………………. 115
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
CONTRAPORTADA
PRÓLOGO
En sus Apercus sur l'Initiation, René Guénon señalaba amargamente que «cuando uno
se da cuenta hasta qué grado de degeneración hemos llegado en el Occidente moderno,
resulta fácil comprender cuántas cosasde orden tradicional y, con más razón, de orden
iniciatico, no pueden subsistir más que en estado de vestigios, más o menos
incomprendidos incluso por aquellos mismos que los guardan». Conviene releer y
meditar con humildad estas palabras para darse cuenta de que, mal nos pese, ésta es la
situación actual, en nuestra modesta opinión, de las organizaciones iniciáticas occiden-
tales. Estaría fuera de los obligados límites de este prólogo, que los discretos autores
de este libro nos han encargado como editor, referirnos a las múltiples imitaciones, a
la cohorte de grupos, sociedades y «escuelas» pseudoesotéricos que las parodian
salpicando el panorama ocultista actual. Tampoco podemos detenernos a estudiar el
papel claramente diabólico y antitradicional que estas últimas desempeñan en el
mundo moderno.
Ante tal situación de confusión, expresión fiel de la edad sombría que nos ha
tocado vivir, no podemos dejar de citar a un teósofo (que no «teosofista») cristiano,
Karl von Eckartshausen, que en su delicioso opúsculo La nube sobre el Santuario
escribió: «Cuando se hizo necesario que las verdades interiores fueran envueltas en
ceremonias exteriores y simbólicas, a causa de la debilidad de los hombres, que no
eran capaces de soportar la unión de la luz, nació el culto exterior, pero se trata
siempre de la representación y del símbolo del interior, o sea, el símbolo del
verdadero homenaje rendido a Dios en espíritu y en verdad». Si bien el gran
peligro que corren en la actualidad tanto la Iglesia Católica como la
Francmasonería, ambas depositarias en Occidente del saber tradicional, es
precisamente éste: la confusión del símbolo con la realidad de orden trascendente a la
que simboliza cayendo así en la secularización, la socialización, la mayoría de
sociedades pseudoiniciáticas suelen adolecer del mismo error, característico del Kali
Yuga: el deleite morboso en lo fenoménico que podemos ver, por ejemplo, en el
predominio de lo psíquico sobre lo puramente espiritual y en la sustitución de las
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aún siguen fieles a la Tradición. Que esa élite existe, es un hecho, y que aquéllos que
se pelean en el exterior por pertenecer a ella o que quieren hacernos creer que
pertenecen a ella están errados, también es un hecho. A propósito de ello, Karl von
Eckartshausen, a quien ya citábamos al principio de este prólogo, escribía: «siempre
ha existido una escuela más elevada a la que ha sido confiado el depósito de toda
ciencia; esta escuela es la comunidad interior y luminosa del Señor (...) sus miembros
están dispersos por todo el mundo pero han estado siempre unidos por un espíritu y
una verdad...». Con todo, un buen número de buscadores sinceros, tendrían cabida en
esa escuela por su humildad y su cualificación espiritual, pero las circunstancias
antitradicionales del mundo en que vivimos hacen que no se conozcan entre sí ni
puedan hacerse partícipes los unos a los otros de sus trabajos y sus investigaciones.
Y de nuevo aquí, como editor, no podemos menos que felicitar a los Siete Maestros
Masones que han tenido la suficiente caridad espiritual como para obsequiarnos con
estos espléndidos textos, que serán materia de estudio y de meditación para estos
buscadores.
Alguien objetará quizás que aquí se están revelando secretos iniciáticos, pero
de nuevo habrá confundido continente con contenido y no habrá comprendido nada:
una cosa es el símbolo, otra la explicación quepodamos dar de él y otra, muy otra,
su actualización, su incorporación en nuestro corazón. Esta última no depende de
Obediencias, grados, drogas, ejercicios ascéticos u otras cuestiones meramente
«humanas», pues el Espíritu «sopla donde quiere» y no donde quisiéramos que
soplara.
Juli Peradejordi
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I
LOS ORÍGENES SAGRADOS
Por otra parte, esto no significa que a nuestra venerable Institución no pueda
atribuírsele un origen histórico, y que éste no se encuentre perfectamente ubicado en un
determinado segmento del devenir temporal. Como todos sabemos, el nombre de
Francmasonería aparece por primera vez en la Edad Media, entre los gremios de
artesanos y constructores conocidos como los francmasones y compañeros operativos,
herederos de las concepciones metafísicas y cosmogónicas de la tradición pitagórica y
hermética, herencia que ellos supieron conjugar -hasta formar una unidad indisociable-
con la gnosis y el esoterismo judeo-cristiano, fundamento de la civilización medieval. Fue
gracias a esa conjugación de donde surgió el esplendor de la arquitectura sagrada (reflejo
de la cosmogonia perenne) plasmada en los templos-catedrales, monasterios, ermitas,
iglesias y multitud de otras edificaciones extendidas por todo lo largo y ancho de la
Cristiandad medieval. Por lo tanto, nuestras raíces históricas hay que buscarlas en esa
época, y todas las adaptaciones que desde entonces, y por las circunstancias que fueren, se
han producido en el seno de nuestra Orden (como, sin ir más lejos, las que tuvieron lugar
durante los siglos XVII y XVIII con el paso de la Masonería «operativa» a la Masonería
«especulativa») siempre se han realizado atendiendo a lo legado y transmitido por los
constructores medievales.
Pero, en todo caso, estos son los orígenes terrestres, no los orígenes celestes,
atemporales y a-históricos, si bien hay que admitir que ambos conviven juntos (como
conviven juntos, interpenetrándose, lo simultáneo con lo sucesivo, o lo vertical con lo
horizontal), pues se ha dicho que «la revelación es coetánea con el tiempo», es decir, que la
posibilidad de la regeneración, de un renacer por la comprensión de las Ideas, puede darse
ahora mismo. Y este hecho, sin duda asombroso, es lo que permite que la Luz del
Conocimiento continúe manifestándose en el mundo, aunque en la actualidad, y debido al
alejamiento que sufre la humanidad entera con respecto a todo principio verdaderamente
transcendente y espiritual, la recepción interior de esa Luz tan sólo se produzca en el
corazón de unos pocos, en los que se consideran a sí mismos los herederos de la Tradición.
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Precisamente, a los orígenes de nuestra cadena iniciática aludían ciertas leyendas que
circulaban entre los masones operativos. En una de esas leyendas se decía que «nuestro
padre Adán fue el primer hombre iniciado... pues tenía grabada sobre su corazón la ciencia
de la Geometría», que, añadiremos, no es otra que la propia Masonería. «Fiel a las
instrucciones dadas por Dios (o por el Gran Arquitecto, el cual es considerado en el
contexto de estas leyendas como el "primer masón, pues creó la Luz"), Adán levanta la
primera Logia en el Paraíso». Posteriormente él, Adán, transmitió a sus hijos y
descendientes la ciencia sagrada recibida directamente por el Gran Arquitecto, «y
conjuntamente con todos ellos se dedicó a expandir la Masonería por toda la superficie de
la Tierra».
Es obvio, queridos hermanos, que aquí no encajan consideraciones histórico-temporales
de ningún tipo. El contenido de este relato, descrito con un lenguaje puramente simbólico
y, por lo tanto, preñado de sutil significado, en realidad confirma lo que ha sido y es unáni-
me en todas las tradiciones: que el Paraíso (el equivalente exacto del Pardés en la Cábala
hebrea y del Paradësha en la tradición hindú) fue en realidad la sede de la Gran Tradición
Primordial, nombre que ha recibido la depositaria original de la Filosofía y la Sabiduría
Perennes, y por consiguiente la matriz de donde proceden por sucesivas adaptaciones todas
las culturas y civilizaciones sagradas de la humanidad. Y si, como se señala en dicho
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relato, la primera Logia estuvo en el Paraíso, entonces lo que en verdad se está afirmando
es que la Masonería también entronca con la Tradición primigenia; que es, en suma, una de
sus múltiples ramificaciones, signada por una forma artesanal que ha tomado la
construcción cosmogónica -el Arte Real u Obra Magna- como un soporte para retornar de
nuevo a su fuente una y primordial. Rebatida en el plano de la historia nuestra Orden ha
adquirido, efectivamente, esa forma artesanal, pero desde el punto de vista axial y
metafísico ¿qué diferencia habría entre ella y la Tradición primera? En este sentido, ¿acaso
no se dice que la Logia masónica, como la que nos está acogiendo en estos momentos, es
una imagen del Jardín edénico? Y a esta primordialidad ¿no aluden también algunos
rituales masónicos cuando al referirse al origen de nuestros símbolos dicen que éstos
existen «desde tiempo inmemorial», que se pierden, en fin, en la «noche de los tiempos»?
Prácticamente, todos los manuscritos que se han conservado de los antepasados
operativos se centran en la descripción simbólica del árbol genealógico que comienza con
la descendencia adámica y finaliza con la expansión y establecimiento de la Masonería en
la Europa medieval. En esos manuscritos se han recogido los episodios más significativos
de la historia sagrada y mítica de nuestra Orden, lo que podríamos denominar nuestra
«memoria sagrada», reiterada asimismo en cada una de las leyendas y mitos que jalonan la
estructura jerarquizada de los distintos grados iniciáticos. De más está decir que esas
leyendas, lejos de ser simples fantasías como podría pensarse desde la ignorancia de lo
profano, constituyen elementos muy importantes dentro de la propia enseñanza iniciática.
En tanto que símbolos de transmisión oral, las leyendas y los mitos som también vehículos
y soportes de la influencia espiritual emanada del Gran Arquitecto. En este sentido, habría
que recordar que la palabra «leyenda» quiere decir «aquello que puede ser contado», y lo
que puede contarse o relatarse es siempre una realidad perteneciente al mundo de lo
sagrado, en ese espacio-tiempo interior donde acaecen las teofanías, la comunicación con
los dioses (con lo supra-humano) y las revelaciones de los más profundos misterios de la
vida y del cosmos. Poco importa que el evento relatado en las leyendas haya tenido
necesariamente que ocurrir tal y como se cuenta en ellas, o que haya tenido su traducción
en el plano de la historia. Lo que importa, sobre todo, es lo que dicho evento está
simbolizando de la realidad de lo sagrado, y que siempre tendrá una correspondencia
análoga con lo vivido y experimentado interiormente por el iniciado.
Desde el punto de vista de la realización espiritual el mito y la leyenda son, pues, la
«historia verdadera», la que aconteció en los orígenes y que acontece periódicamente cada
vez que se actualiza lo que en ella se está revelando. Tal es el caso, por ejemplo, de la
leyenda del grado de maestro masón, centrada en el relato simbólico de la muerte
sacrificial, la posterior búsqueda y la resurrección del cuerpo del Maestro Hiram, el mítico
arquitecto que dirigió la construcción del Templo de Salomón, y que en esa leyenda
aparece adornado con los atributos propios de un héroe solar civilizador. Pues bien,
queridos hermanos, muy poco de lo que en la leyenda se describe se encuentra en los
versículos bíblicos donde se hace mención expresa del nombre de Hiram, lo que quiere
decir que el relato legendario extrae su contenido de un arquetipo que se refleja y se
reitera en el proceso mismo de la iniciación, cualquiera sea la forma o el contexto
tradicional en que ésta se exprese.
Para testimoniar nuestro homenaje nada mejor, pues, que transcribir fragmentos de
algunos de los antiguos manuscritos que anteriormente hemos mencionado (1).
_______________________________
1.- Hemos utilizado sobre todo el Manuscrito Dumfries y el Manuscrito Watson, pertenecientes ambos a las
familias masónicas escocesas e inglesas herederas de los operativos. En Ias Constituciones de Anderson también se
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recoge la memoria legendaria de nuestra Orden de una manera fidedigna. En dichas Constituciones la parte
correspondiente a la historia sagrada es extraída casi enteramente de los Old Charges o Antiguos Deberes.
Tal vez la manera como están escritos estos episodios de nuestra historia tradicional
pudiera parecer algo tosca y simplista a una mentalidad «académica» y «erudita»,
acostumbrada a dar más crédito al «estilo» literario de un texto que a los conceptos e ideas
que en él se vierten. No hay estilo en estos relatos, como tampoco literatura, por la misma
razón que nada de individual o personal se desliza en ellos. Tengamos en cuenta que en
una sociedad tradicional, o en una organización iniciática (como es la nuestra), el autor, o
autores, que han sido los encargados de recoger su memoria sagrada han permanecido casi
siempre en el más completo anonimato. Por poner un ejemplo referido a nuestra Orden,
¿se sabe con certeza quiénes fueron los que adaptaron los antiguos rituales operativos en el
período en que en la Masonería se produce la mutación especulativa?
En realidad la manera como están escritos estos episodios legendarios deja entrever una
«ingenuidad» propia de hombres que lo que de verdad les ha interesado transmitir no es la
letra, o la forma, sino el espíritu que a través de ella -como símbolo- se manifiesta y revela.
En definitiva, que se remiten a lo esencial. Por lo demás, y como ya se ha dicho, las
leyendas antes de ser codificadas por escrito eran transmitidas de forma oral, y en
ocasiones acompañándose del canto, la música y la poesía, lo cual, ciertamente ha sido algo
habitual entre los pueblos arcaicos y en los orígenes de toda gran cultura tradicional.
Pasaremos, pues, a la lectura de esos fragmentos, no sin antes indicar que hemos
preferido no hacer ningún comentario a las muchas y muy interesantes sugerencias
simbólicas que se desprenden de ellos, pues en verdad estos manuscritos ofrecen una
excelente oportunidad para ir profundizando en el conocimiento de nuestra tradición. Es
nuestro deseo dejar a los hermanos que sean ellos mismos quienes extraigan sus propias
conclusiones, en la libertad que procura la serena y concentrada meditación sugerida por el
lenguaje misterioso y evocador de los símbolos:
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de la cítara y de la flauta, y encuentra esta ciencia por el sonido y el peso de los martillos de
su hermano, que se llamaba Tubal Caín.
De manera semejante la Biblia dice en el mismo capítulo del Génesis que Lamec
engendra de su otra mujer, Sella, un hijo y una hija, cuyos nombres eran Tubal Caín y
Noemá... Pero este Tubal Caín fue el primer fundador del arte de la forja y de los otros
oficios de metal, a saber, del hierro y del cobre, del oro y de la plata, como lo dicen ciertos
doctores; y su hermana Noemá fue la primera fundadora del arte del tejido... y como esta
mujer inventa el arte del tejido, por esta razón se le ha llamado oficio de mujer.
Y todos estos hermanos sabían que Dios quería vengarse del pecado de los hombres por
el fuego o por el agua, y se inquietaron mucho al pensar cómo podrían salvar las ciencias
que habían inventado; y se pidieron consejos unos a otros, y reuniendo sus luces se dijeron
que había dos variedades de piedra cuyas virtudes eran tales que una -la de mármol- jamás
se quemaría, y la otra -la de ladrillos- no se sumergiría en las aguas; y de esta manera ellos
concibieron la idea de escribir sobre estas dos piedras todas las ciencias que habían
inventado, de tal manera que si Dios ejercía su venganza por el fuego, entonces la piedra de
mármol no se quemaría, y si Dios enviaba su venganza por el agua, la otra piedra no se
hundiría... Aun conociendo que Dios enviaría su venganza, no sabían si ésta vendría por el
fuego o por el agua; es por una profecía que sabían que Dios lo haría por una o por otra, y
es por eso que escribieron sus ciencias sobre las dos columnas de piedra. Y algunos afirman
que ellos escribieron la totalidad de las siete ciencias sobre dichas piedras... Y aconteció que
Dios la envía por el agua, si bien hubo tal diluvio que el mundo entero se sumergió, y todas
los hombres perecieron, salvo ocho personas, a saber, Noé, su mujer, y sus tres hijos con sus
mujeres; y todo el mundo desciende de estos tres hijos, y sus nombres son como sigue: Sem,
Cam y Jafet. Y este diluvio fue llamado de Noé, porque él y sus hijos fueron salvados, y nadie
más.
Muchos años después, como lo cuenta la crónica, estas dos columnas fueron
encontradas, y como lo relata el Policronicom, un gran clérigo que los hombres llamaron
Pitágoras encuentra una, y Hermes el filósofo, el “padre de la sabiduría” encuentra la otra,
y ambos propagaron las ciencias que fueron escritas. Todas las historias y crónicas, y
muchos otros clérigos, y la Biblia principalmente, testimonian la construcción de la Torre
de Babilonia; y en la Biblia está escrito, Génesis capítulo X, cómo Cam, hijo de Noé,
engendra a Nimrod (que quiere decir), `poderoso delante del Señor'; Nimrod deviene un
hombre poderoso sobre la tierra, y fue un hombre fuerte como un gigante, y un gran rey. Y al
comienzo de su reino y realeza él fue el gran rey de Babilonia y de Accad, de Calneh y del
país de Shinar. Y Nimrod también fue masón y empieza la Torre de Babilonia, y enseña a los
obreros el oficio de Masonería... y cuando hizo construir la ciudad de Nínive y otras
ciudades del Oriente, Nimrod envía cuarenta masones a petición del rey de Nínive, su primo,
llamado Assur. Y cuando los envía, les da la obligación siguiente: que sean leales los unos
hacia los otros; y que vivan juntos lealmente; y que sirvan lealmente a su señor por su salario,
de tal manera que su maestro de obras sea honrado y reciba todo lo que merece; y les da aún
otros deberes. Esta fue la primera vez que los masones recibieron una obligación
concerniente a su oficio.
Tiempo después, Abraham, con Sara, su mujer, va en peregrinaje a Egipto... Y Abraham
fue un hombre sabio y un gran clérigo, y conoció la totalidad de las siete ciencias. Y enseña a
los Egipcios la ciencia de la Geometría. Y tuvo en Egipto un alumno excelente, en quien se
revela la gloria de aquel tiempo, de nombre Euclides. Este hombre joven desarrolla su
talento hasta el punto que sobrepasa a todos los artistas de entonces sobre la tierra, y
Abraham se complace en él por esto...
Y el excelente clérigo Euclides toma a los hijos de los señores y les enseña la ciencia de la
Geometría: es decir, a obrar en toda clase de excelentes obras de piedra, templos, iglesias,
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claustros, ciudades, castillos, pirámides, torres... El los organiza en orden, y les enseña a
reconocerse con certeza. Euclides confirma las costumbres de Nimrod:
ofenderla. Y muchas otras máximas divinas que él les da para que guarden en su memoria.
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2
LA TRADICIÓN HERMÉTICA
Es bien sabido y profundamente explicado por los autores más reconocidos, que la
Masonería es, dentro de las órdenes iniciáticas que han subsistido hasta nuestros días, la
que recibe de una manera más directa la herencia metafísica y simbólica de la llamada
«tradición hermética».
El hermetismo deriva su nombre de Hermes Trismegisto, el Tres Veces Grande,
personaje legendario que los egipcios llamaron Toth (1), que fue quien transmitió la
Filosofía Perenne y la ciencia esotérica al Occidente. Los griegos lo asimilaron al dios
Hermes, el Mercurio romano, mensajero de los dioses y transmisor de la enseñanza
primordial, que se ha mantenido intacta hasta nuestros días gracias a las escuelas de
iniciación en los misterios de las que deriva nuestra Orden. Se dice que estos profundos
conocimientos habían sido depositados en los antiguos hierofantes, sacerdotes egipcios
que en el interior de la caverna iniciaban, mediante ritos similares a los nuestros, a los
faraones y a los sabios que debían ser los guardianes y transmisores de esta sabiduría.
Es de suponer que José, el hijo de Jacob que logró ganar el aprecio del faraón por sus
conocimientos esotéricos (2), los sabios y sacerdotes de las doce tribus de Israel antes de la
servidumbre, y posteriormente Moisés, bebieron de la ciencia sagrada de los sacerdotes
egipcios, engrandeciendo y complementando de esta manera la tradición hebrea. También se
sabe que Pitágoras, así como otros sabios que construyeron el llamado Siglo de oro de los
griegos (3), fueron iniciados por estos hierofantes que formaban la casta sacerdotal egipcia. Y,
aunque fuera simbólicamente, el mismo Maestro Jesús fue llevado de niño hacia Egipto, y
algunos autores llegan a afirmar que regresó durante su vida oculta y que parte de su formación
la recibió de manos de aquellos sacerdotes (4).
Este conocimiento fue también recibido y expresado por los pitagóricos posteriores,
como Timeo, Sócrates, Platón y Apolonio de Tiana, constituyendo así la base misma de la
cultura y tradición occidentales. Por lo tanto, podemos ver que esta tradición no se limita al
Egipto, sino que se expresa en todas las culturas verdaderas, y podemos afirmar que en todas
estas culturas existen personajes que pueden ser asimilados al mismo Hermes (5), y los libros
que se atribuyen a estos personajes mitológicos (6) forman parte de los llamados libros
herméticos. En efecto, el Emperador Falli de la China, el planeta Mercurio llamado «Budha»
por los Hindúes (7), lo mismo que el Odin, Woden o Notan escandinavo (8) tienen atributos
similares a los de Hermes.
___________________________
1 . Es interesante observar (siempre relacionándolo con el simbolismo masónico), que la palabra «Toth» significa en
egipcio, entre otras cosas, «columna».
2. Génesis 4,1.
3. Siglo vi antes de Cristo.
4. Mateo 2 (13-15).
5. Tal como lo explica magistralmente René Guénon en su artículo titulado «Hermes», aparecido en la recopilación
póstuma Formas Tradicionales y Ciclos Cósmicos.
6. Para los antiguos el mito es la única historia verdadera.
7. Que no debe ser confundido con el Buddha (con doble «d»).
8. Wednesday es el día de Odín como miércoles es el día de Mercurio.
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También en la tradición islámica, el profeta Idris es comparado tanto con Hermes, como
con Enoch y Elías, ambos llevados a los cielos sin pasar por la muerte. Y pueden hacerse
comparaciones igualmente interesantes, como las que se logran relacionándolo con el nombre
de Hiram, que en su raíz es idéntico al de Hermes (HRM), así como con los arcángeles Rafael y
Miguel, que la cábala judía asimila también a Mercurio y al Sol (9). Resulta particularmente
notable el hecho de que también en la simbologia mexicana, pueda ser comparable el
Quetzalcóatl, serpiente emplumada, con el símbolo del caduceo de Mercurio compuesto
también en una de su modalidades por una serpiente con alas. También el escudo de México,
con el águila devorando a la serpiente, puede ser comparado con el Toth egipcio, al cual
relacionan con el Ibis, destructor de reptiles. Todas estas comparaciones no pueden ser meras
coincidencias, sino que por el contrario constituyen una prueba más de que todas las culturas
toman sus símbolos de la Tradición Primordial, tronco común de todas ellas. Y todos estos
conocimientos habían sido ya manifestados, tomando a veces otros ropajes, tanto en las
antiguas civilizaciones orientales, como en aquellas culturas del norte y del sur de las que por
los cataclismos cíclicos ya no quedan vestigios, y de las que probablemente sean también
herederos nuestros pueblos precolombinos de América. Pero es importante hacer notar que
este conocimiento también se manifiesta en Occidente durante la última y cuarta partes del
ciclo; y la ciencia expresada a través de los mitos y símbolos egipcios, judíos, griegos,
romanos, cristianos y árabes, constituye una unidad, de la que deriva propiamente la llamada
tradición hermética y que es la forma que toma la Tradición unánime y primaria en esos
momentos históricos y lugares geográficos que podríamos definir como occidentales, de
los que recibimos de forma directa nuestra cultura, que en sus aspectos más internos o eso-
téricos fue transmitida a través de los ritos y enseñanzas dados en las escuelas de iniciación
precursoras de la Masonería. Aunque este pequeño trabajo no se propone hacer una detallada
narración histórica, obra que ya han realizado verdaderos especialistas, es sin embargo
necesario hacer mención de ciegos acontecimientos básicos íntimamente relacionados con la
historia de nuestra institución y de la tradición hermética en particular. En primer lugar, nos
referimos a lo ocurrido en la Alejandría del siglo III de nuestra era, lugar donde se produce una
verdadera síntesis de este conocimiento: allí confluyen de manera asombrosa ideas y personajes
provenientes de diversos tiempos y lugares; allí conviven los primeros cristianos con los
gnósticos, los pensadores griegos neoplatónicos, mezclándose a su vez con la tradición judía,
caldea, etc., y hasta con el hinduísmo, el budismo y el taoísmo chino. Esta afortunada confluen-
cia hace posible que se conforme una verdadera doctrina sintética que se expandirá en diversas
direcciones. También debemos mencionar el descenso coránico en la persona de
Mahoma, y la extraordinaria expansión del imperio islámico, que habrá de influir de manera
determinante en el pensamiento, la ciencia y el arte de la Edad Media, durante la cual alcanza
su mayor esplendor la Tradición Hermética, que se expresa en este momento a través de las
órdenes de caballería (en especial cabe mencionar la de los Templarios) y también a través de
los bardos y los constructores del arte y la arquitectura gótica. Es durante este período que se
desarrollan de manera notable las ciencias herméticas y esotéricas, tales como la numerología,
la geometría y la arquitectura (ciencias de la escuadra y el compás), así como la cábala, la
alquimia y la astrología, todas ellas intermediarias entre la tierra y el cielo, vehículos de
conocimiento o Arte Real (10) y cosmológico, que si conducimos adecuadamente nos llevarán
a los principios de lo supracósmico, expresados por el arte sacerdotal (11).
______________________________
9. Aun en el simbolismo cristiano, se asimila al Cristo muriendo en la Cruz con Mercurio y al Cristo Rey de la Parusía
con el Sol.
l0. «La iniciación (masónica) enseña el Arte de Pensar, o sea el Arte Supremo, el Arte Real, el Gran Arte por
excelencia», Oswald WIRTH, El Ideal Iniciático.
11. René Guénon, op. cit.
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Cuando la Edad Media entra en su decadencia y los caballeros y sabios son torturados y
quemados, confundidos con los brujos, estas ciencias se ocultan nuevamente en las órdenes
iniciáticas, tales como la de los Místicos de Munich y la de los Fieles de Amor (a las que
pertenecieron el Maestro Eckhart y el Dante, entre otros). En el Renacimiento, también
nuestras ciencias «renacen», tomando nuevas formas; pero a partir de allí, cuando se siembra
la semilla del racionalismo posterior y del materialismo actual, todas estas ciencias son
paulatinamente olvidadas y sustituidas por las ciencias técnicas y empíricas, aunque sin
embargo, son conservadas intactas en esos centros de iniciación, que a partir del siglo XVIII
dan nacimiento a la actual Masonería.
Creemos que para comprender el sentido de la Tradición Hermética y la razón de ser de
nuestra Orden, es necesario superar los prejuicios de la mentalidad moderna.
«La tradición hermético-alquímica forma parte del ciclo de la civilización premoderna,
tradicional. Para comprender su espíritu hay que trasladarse interiormente de un mundo a otro...
Y sólo entonces surgirá en ciertas expresiones una luz inesperada, ciertos símbolos se
convertirán en medios para un despertar interior, se admitirán nuevos vértices de realización
humana, y se comprenderá cómo es posible que ciertos "ritos" puedan adquirir un poder
"mágico" y operativo y constituirse en una Ciencia que por lo demás, no tiene nada que ver
con lo que hoy corre bajo este nombre» 12).'
Se sabe que en sus orígenes la Masonería fue fundamentalmente «operativa», dándole la
mayor importancia al estudio y la vivencia de estos conocimientos herméticos, lo que
constituía su razón de ser y le dio la fuerza necesaria para cumplir su objetivo.
El mismo Oswald Wirth nos dice (13) que la verdadera iniciación masónica es activa. «Nos
hace copartícipes en una obra, la Obra por excelencia, la Magna Obra de los hermetistas. La
iniciación no se busca para saber, sino para obrar, para aprender a trabajar. Según el lenguaje
simbólico empleado por cada escuela de iniciación, el trabajo tiene por objeto la
transmutación del plomo en oro (Alquimia) o la construcción del Templo de la Concordia
Universal (Francmasonería)».
Desgraciadamente, nuestra Orden no ha podido escapar a la corriente de decadencia que
priva en el mundo moderno. Cuando se dan los primeros síntomas de esta decadencia y crisis,
las logias comienzan a tornarse cada vez más especulativas y menos operativas; y
modernamente, la gran mayoría de los integrantes de sus cuadros ignora su verdadera razón de
ser, dando más importancia a la influencia social, política y económica que a la iniciación
efectiva e individual de sus miembros y al conocimiento de las ciencias que la hicieron nacer y
que le dan su verdadera razón de ser.
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II
INICIACIÓN
3
EL LENGUAJE SIMBÓLICO
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Todos estos órdenes de la existencia son armónicos y se dice que esta armonía, a la que
nuestros símbolos masónicos nos habrán de llevar, es asimismo un símbolo de la unidad
divina de la cual todos estos órdenes provienen, y a la que toda la creación finalmente retor-
na.
El hombre, desde su origen mismo, ha vivido en función de los símbolos que lo rodean.
Pero a partir de la entronización del racionalismo durante esta época que algunos autores
tradicionales llaman del «oscurecimiento creciente», el hombre occidental pareció olvidarlos
casi por completo, y se abocó de lleno al desarrollo. La especialización y la multiplicación de
las ciencias empíricas y técnicas, llevado por una ilusión de progreso indefinido, cuyas últimas
consecuencias han sido la tremenda crisis que vive el mundo moderno.
Aunque la ciencia empírica y la psicologia no es la materia que nos compete, resulta sin
embargo interesante observar que aun esta ciencia moderna ha establecido con asombro que el
hombre actual, en el estado ordinario de conciencia, escasamente utiliza, cuando mucho, un
diez por ciento de sus potencialidades mentales y emotivas; y lo que es aún más asombroso,
recientes investigaciones psicológicas han logrado demostrar que la educación moderna que en
general todos hemos recibido, utilizando únicamente métodos racionales, analíticos y
discursivos, no sólo no despierta aquellas potencialidades dormidas sino que, por el
contrario, atrofia ciertas partes de nuestro cerebro que son precisamente aquéllas que se
activan cuando el hombre se pone en contacto con energías superiores, cuando se conecta con
las musas que inspiran al artista o cuando comprende el lenguaje de los símbolos. Esas
investigaciones psicológicas han llegado hasta a demostrar «empíricamente» que ciertas
funciones del cerebro que se encuentran activas en los niños, se van atrofiando a medida que el
niño va creciendo rodeado de los prejuicios y condicionamientos que le impone la educación
oficial que hoy se imparte: y que únicamente se conservan estas facultades despiertas, en alguna
medida, en aquéllos que mantienen contacto con el arte y con el símbolo.
También los psicólogos se han ocupado de observar, pretendiendo descubrir algo nuevo, que
los mitos, los sueños y las leyendas afectan de modo sensible al psiquismo humano y que
ciertos símbolos se repiten de tal manera en las experiencias de sus «pacientes», que este hecho
sólo puede ser explicable si se considera que éstos se encuentran en lo que ellos llaman el
inconsciente o subconsciente colectivo y que otros autores llaman con más propiedad la
«memoria colectiva» de la especie humana.
Hoy día, a nadie cabe duda de que los símbolos ejercen en el hombre un gran poder
transformador. Basta observar, por ejemplo, la influencia determinante que ejercen en el
hombre moderno los medios publicitarios y la propaganda, que operan fundamentalmente a
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través de sistemas simbólicos, para darnos cuenta de que el ser humano posee una
naturaleza tal que es sensible a los símbolos; que éstos pueden actuar sobre nosotros y afectar
de modo determinante nuestra conducta.
Es por eso que hoy día están resucitando ideas antiguas, y el hombre pensante de estos
tiempos, abrumado y desilusionado por la evidente decadencia de la sociedad moderna
materialista, está volviendo los ojos al pasado haciendo renacer disciplinas y corrientes de
pensamiento de la antigüedad, íntimamente asociadas a la simbologia.
Para adentramos en el lenguaje simbólico, en primer lugar es necesario distinguir dos
clases de símbolos, que corresponden de manera precisa a dos aspectos de la realidad y a
dos maneras de encarar la vida: lo sagrado y lo profano.
Los símbolos sagrados, según nos dicen expresamente aquéllos que nos los han legado, han
sido revelados al hombre: su explicación oculta fue transmitida por tradición (de boca a oído) a
través de los siglos, y se dice que sus orígenes «se pierden en la noche de los tiempos»; los
símbolos profanos, como los utilizados por la propaganda comercial y política, han sido por el
contrario inventados por el hombre moderno: antiguamente no se conocían y modernamente se
han generado y reproducido, convirtiéndose en un instrumento más que contribuye al
adormecimiento de las gentes.
Aquellos son manifestaciones de ideas-fuerza que ellos mismos sintetizan y concretan
imprimiéndose en el interior de la conciencia de los que se abren a ellos; éstos influyen
más bien en el psiquismo y no en la conciencia, evocando ideas e intenciones de un orden
inferior.
Los símbolos sagrados son exactos y su contenido se encuentra expresado de una
manera precisa en las distintas formas que adquieren; los profanos en cambio no tienen
ningún contenido claro ni preciso y muchas veces son engañosos, pues exteriormente
manifiestan cosas que interiormente no contienen. Nosotros nos manejamos únicamente
con los primeros, pero no podemos dejar de observar los segundos pues debemos aprender
a distinguirlos claramente y también porque estos últimos nos ayudarán a desentrañar los
signos de los tiempos que nos ha tocado vivir.
Por otra parte, es necesario distinguir en los símbolos dos aspectos opuestos y
complementarios que también corresponden a dos maneras de encarar la realidad: lo
exotérico y lo esotérico. El primero se refiere a lo externo, a la forma que el símbolo toma
para expresarse sensiblemente: a su manifestación visible. El aspecto esotérico indica más
bien lo interno; el contenido oculto en el símbolo mismo; la idea-Fuerza o la energía
inmanifestada e invisible que detrás del símbolo se encuentra. En el simbolo sagrado, el
aspecto exotérico no es de ninguna manera arbitraria ni casual: por el contrario. obedece a
ciertas leyes exactas y precisas, y es por esto que decimos que ambos aspectos se
complementan: porque la manifestación externa del símbolo es la que trae al orden sensible
aquello que pertenece a un orden superior a lo cual podremos llegar si logramos atravesar
o traspasar el mero aspecto formal. Lo esotérico pues es anterior y por lo tanto
jerárquicamente más alto que lo exotérico, y es a ello a lo que el lenguaje simbólico, bien
entendido, nos debe conducir; pero el aspecto externo es también necesario para que el
símbolo se exprese a nuestro orden sensible, velando su contenido a quienes no tienen ojos
para ver lo interno de las cosas, pero más bien desvelándolo o revelándolo a los que sí
están capacitados para ver.
De esta manera, lo exotérico puede variar, como de hecho varía, al expresarse en los
variados órdenes de la existencia o en las distintas culturas; pero lo esotérico se mantiene
invariable, de la misma forma en que una idea puede ser expresada en varios idiomas sin
que su contenido se altere.
Si observamos los símbolos exclusivamente desde el punto de vista exotérico,
encontraremos variadisimas formas de expresión simbólica en las distintas
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manifestaciones del universo y en los diversos pueblos: podremos, como lo hace la ciencia
moderna, «archivarlos» y exponerlos en museos y enciclopedias y hasta llegar a ser
«eruditos» conocedores de los mismos, pero no podremos llegar hasta su verdadero
conocimiento y comprensión. Si. por el contrario, los abordamos desde el punto de vista
esotérico. más bien nos daremos cuenta de la identidad de todas las culturas verdaderas;
podremos observar cómo simbolos y sistemas simbólicos en apariencia muy diferentes
pueden ser sin embargo idénticos en su contenido; y cómo la síntesis que se obtiene
mediante las adecuadas relaciones entre los distintos órdenes de la existencia y entre los
variados sistemas simbólicos de todos los pueblos, es lo que nos conduce a una verdadera
comprensión y conocimiento de las energias secretas que detrás de los símbolos se
ocultan.
Sin embargo. es necesario hacer la observación de que lo esotérico nada tiene que ver
con el mal llamado «ocultismo», ni mucho menos con las prácticas relacionadas con la
hechicería y la superstición, como algunos modernos podrían estar tentados a creer, sino
que por el contrario, nos conduce más bien a lo más profundo de los misterios de la
creación, ocultos en el interior de nuestro Propia conciencia.
Debemos saber, de todas maneras, que modernamente han proliferado en el mundo
corrientes de pensamiento que se hacen llamar esotéricas, provenientes de escuelas
pseudo iniciaticas, creadoras de falsos maestros y falsos profetas que no son otra cosa
que simples profanadores de nuestros símbolos. Muchas veces con fines meramente
comerciales, otras con el objeto d e a d q u i r i r determinados «poderes» y algunas hasta
con «buena intención», han hecho aparecer cantidad de enseñanzas y literatura y hasta
corrientes políticas que utilizan nuestros símbolos con otros fines, contribuyendo
más bien a aumentar la confusión ya reinante. Con frecuencia es fácil distinguirlos,
cuando son obras de meros charlatanes o fanáticos; pero debemos de cuidarnos en
particular de aquellas falsificaciones es que adquieren características de seriedad,
hasta de cierta profundidad, muchas de las cuales ya han logrado penetrar en algunas
de las logias
Nuestra Institución hace derivar sus orígenes de los centros iniciáticos de la
antigüedad a través de los cuales se transmitió el lenguaje simbólico hasta nuestros
dias A la Masonería le ha correspondido. durante los últimos siglos, la delicadisima
función de ser, en Occidente, el guardián de estos simbolos y transmitir su profundo
significado. Nuestra obligación, pues, es la de resguardar los símbolos y rescatar su
sentido originario y primitivo, no con el objeto de aumentar simplemente nuestra
erudición, sino mas bien para aplicar este conocimiento a la vida.
El lenguaje simbólico tiene el poder de actuar en la vida cotidiana, y se dice que
quienes se acercan a él de manera adecuada podrán observar dentro de si mismos la
profunda acción transformadora ejercida por la energia que se encuentra detrás de
nuestros símbolos tradicionales.
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4
DESCENSO AL INTERIOR DE LA TIERRA
Al comienzo mismo del rito de nuestra iniciación somos conducidos por el Hermano
Experto a una pequeña y oscura estancia llamada la Cámara, o Gabinete, de Reflexión,
dentro de la cual permanecemos encerrados durante un período de tiempo indeterminado, y
antes de entrar por primera vez en el Templo. Al introducirnos en ella dicho Hermano nos
dirige las siguientes palabras:
«Caballero, aquí es donde usted va a sufrir la primera prueba, que los antiguos iniciados
llamaban la "prueba de la Tierra". A tal fin, es indispensable que se deshaga de toda
ilusión y, para hacerse sensible materialmente a lo que debe ejecutar dentro de Vd.
espiritualmente, le ruego me dé lo que lleva de valioso y, particularmente, todos los
objetos de metal, que simbolizan lo que reluce con brillo engañoso... Ahora, Caballero,
vais a ser abandonado a Ud. mismo, en la soledad, el silencio, y con esta débil luz. Los
objetos y las imágenes que se ofrecen a su vista tienen un sentido simbólico y deben
incitaros a la meditación».
Estas palabras son sumamente reveladoras acerca del significado de ese momento
solemne de nuestra recepción. Ellas nos advierten de la necesidad de purificarnos de todas
las ilusiones, egos y vicios que conforman errónea «personalidad», y que hemos ido
adquiriendo en nuestro contado con las «tinieblas exteriores» del mundo profano. Sin ese
previo «despojamiento de los metales» -que crean una dura y gruesa costra alrededor
de nuestro verdadero ser impidiendo que se manifieste, jamás podríamos recibir la
influencia espiritual vehiculada por el rito y los símbolos de la iniciación, impidiendo así la
posibilidad salvífica del renacimiento, de volver a nacer en un mundo nuevo bañado por
una luz mucho más transparente y sutil; el bañado de las ideas y arquetipos emanados del
Gran Arquitecto del Universo.
Pero, lógicamente, nadie podrá hacer ese trabajo por nosotros, razón por la cual somos
abandonados a nuestra suerte, recogidos en la soledad y el silencio, encerrados en fin, en
nuestra particular Cámara de Reflexión, y una vez allí morir a la condición profana. Ese
acto o gesto interno de negación y muerte a un mundo y a una personalidad ficticia se vive
simbólicamente (lo que por cierto hace válida y real esa experiencia) como un «regreso al
útero» materno, o a la matriz de la tierra nutrida, es decir a un plano de concentración
extrema donde <reflexionamos> sobre el sentido de nuestra existencia, sobre quien somos en
verdad.
Esto que decimos está claramente ejemplificado por los diversos objetos, inscripciones e
imágenes simbólicas presentes en la Cámara.
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Allí, depositados sobre una mesa, encontramos tres pequeños recipientes conteniendo
azufre, mercurio y sal, los tres principios herméticos que simbolizan el espíritu, el alma y cl
cuerpo, respectivamente, lo cual nos sugiere la idea de que la Gran Obra iniciática incumbe
al ser humano considerado en su totalidad, y notan sólo en un aspecto o modalidad de ésta;
una jarra con agua y al lado un trozo de pan, símbolos del agua de vida y del alimento
espiritual que restituyen el «recuerdo» y fortalecen al candidato después de sufrir la primera
mueve iniciática, expresada a su vez por el cráneo y las tibias cruzadas. Este es el estado que
la Alquimia denomina nigredo, o «negro más negro que el negro» que señala la
descomposición de la personalidad egótica. Pero esa descomposición o putrefacción contiene
ya el germen del nuevo nacimiento, anunciado por el gallo, ave emblemática del dios
Hermes, y cuyo canto proferido en lo más profundo de la noche avisa sin embargo de la
proximidad del día y de la luz del Sol nacida en el Oriente. En este sentido, nos dice la
Tradición que «cuando todo parece perdido, es cuando todo será salvado», pues después de
descender, como Dante, a las profundidades del Infierno, no queda más remedio que
ascender por el eje que une la Tierra y el Cielo. Y precisamente ese descenso y ese ascenso
están sugeridos por las siglas V.I.T.R.I.O.L. que aparecen grabadas en una de las negras paredes
de la Cámara. El significado de estas siglas alquímicas es bastante elocuente al respecto:
«Visita el Interior de la Tierra y Rectificando Encontrarás la Piedra Oculta». La rectificación
de que se trata tiene que ver con el cambio de «orientación» que se va produciendo en
nosotros conforme progresamos «...por las vías que nos han sido trazadas». es decir, por la
vía sagrada de la iniciación, lo que es simultáneo al despertar de nuestras potencialidades
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internas que nos conducirán a la obtención del Conocimiento, simbolizado por la Piedra
Oculta (Filosofal) o Piedra Cúbica en punta del maestro masón.
Así, pues, sólo cuando el postulante sepa comprender -o asimilar en sí mismo- el
mensaje de todos estos símbolos que se ofrecen a su meditación, habrá «superado
satisfactoriamente la prueba de la Tierra, a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo», y
estará, por tanto, preparado para llamar a las «puertas del Templo», lo que hace una vez ha
sido reducido a pura posibilidad de ser presta a recibir los efluvios emanados del resto de los
elementos purificadores que determinarán su desarrollo y crecimiento interior: el Aire, el
Agua y el Fuego.
5
EXPERIENCIA DE UN VIAJE
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Fue también como el reconocimiento de una herencia que le pertenece a uno y que
es más suya -y uno es más eso- que todo lo aprendido desde afuera. Y no me refiero sólo a
la afinidad con una forma particular de la Tradición, o de la Transmisión y Recepción del
Conocimiento. cosa completamente secundaria y que no excede del plano individual. sino a
ese Conocimiento transcendente que, al revelarse en uno, puede redimirlo de un mundo que
no tiene su fin en si mismo. Porque es evidente que ese punto geométrico donde se reúnen
los Hijos de la Viuda, no se refiere sólo a un lugar geográfico, que podría cambiar cada
día, o a una comunidad de intereses sociales o morales para lo cual ya existen otros
órganos e instituciones que no son ni tienen por qué ser iniciáticos.
Siendo el lugar del trabajo ritual, es decir conforme al orden sagrado del cosmos,
trabajo de transmutación y transformación, su propio centro es supraespacial y
supratemporal. y en él las cosas y los seres ya son uno de toda eternidad, antes de toda
sucesión, como el punto contiene en si toda la cualidad del espacio, que no es sino el
despliegue de todas sus posibilidades de expresión.
6
LA CAVERNA INICIÁTICA
Quiero referirme a un tema que es unánime entre los símbolos de todas las tradiciones
y que se halla tan íntimamente asociado con nuestra Orden que todos los masones lo conocemos y
hemos pasado por la experiencia de su ritualización. Estamos hablando del símbolo cósmico y
universal de la caverna iniciática, lugar sagrado donde se produce el comienzo del despertar a
la auténtica realidad del mundo y de la vida que se efectuará simbólicamente como un paso del
oscuro interior de la tierra, de lo infrahumano, a la claridad ordenada de lo verdaderamente
humano, de las tinieblas a la luz. Es inevitable este paso por las tinieblas del submundo de la
ignorancia de lo nocturno, para poder nacer nuevamente en el mundo de lo diurno, del
conocimiento. Todo nacimiento está sujeto a estas coordenadas como puede apreciarse tanto en
el proceso de gestación de una planta, donde la semilla comienza su germinación en el interior de la
tierra, como en el propio nacimiento humano, donde el óvulo fecundado por el licor seminal
inicia un proceso de fecundación que generará una nueva vida. Si hacemos las trasposiciones
correspondientes al plano de la psicología, comprenderemos sin dificultad que se trata tanto de
una regeneración anímica, como de una resurrección espiritual donde el hombre viejo, el
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7
DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ
Al igual que la semilla o el germen del huevo contienen en potencia el árbol entero o la
totalidad de un ser, toda la enseñanza simbólica vehiculada por los distintos grados masónicos
de aprendiz, compañero y maestro, está contenida sintéticamente en el rito de la iniciación.
Ésta es verdaderamente un punto de partida, el comienzo de un camino por cuyo trayecto se
irán manifestando todos y cada uno de los estados de conciencia que, absorbidos finalmente en
la Unidad del Ser o Arquitecto Universal, contribuirán a hacer efectiva la realización
metafísica y espiritual.
Sin embargo, ninguna realización de este orden será posible sin la certeza (nacida de
un instante de lucidez no computado por el tiempo ordinario) de que todo lo tenemos que
aprender de nuevo, impulsados por un deseo hacia el Conocimiento que antecede y
sobrepasa a cualquier reflexión mental -que siempre es dual-, deseo o pasión que es
despertado por la influencia espiritual conferida por el rito iniciático. Como todos sabemos,
dicha influencia, por su carácter «iluminador» de la conciencia, es esencialmente análoga a la
acción del Fiat Lux cosmogónico operado por el Verbo divino en la substancia amorfa del
Caos primordial. Se trata, por tanto de un proceso que se da tanto a nivel humano como
cósmico, estando representado como un paso de la potencia al acto, del caos al orden, o
lo que es lo mismo, de las tinieblas a la luz. En el iniciado, esa recepción luminosa de la
influencia espiritual se efectúa en la cámara secreta del corazón, en un «lugar» fuera de
toda sucesión temporal, donde nadie es testigo de ello, salvo, con toda seguridad, el que
ha sido, es y será por toda la eternidad, y que desde luego nada tiene que ver con un
pretendido «ego» completamente ilusorio e inexistente.
En nuestra Orden, el iniciado también recibe el nombre de «neófito», ya empleado en los
antiguos misterios, y cuyo significado es «nuevo nacido» o «nacido de nuevo», es decir
«re-nacido». Asimismo, esta palabra, neófito, quiere decir «nueva planta», con lo que se
establece una correspondencia simbólica entre los procesos y desarrollos vitales del mundo
vegetal y los de la propia iniciación a los misterios.
Considerado desde el punto de vista metafisico, todo nacimiento, en cualquier
ámbito o modalidad en que se produzca, lleva implicita una muerte previa, y viceversa,
toda muerte propicia un nuevo nacimiento a otro estado de existencia (o de conciencia
cuando se trata de la iniciación), siendo en este caso vida y muerte las dos caras de una
única y misma realidad (1). Para el aspirante al Conocimiento, la renuncia consciente al
mundo profano ritualiza su primera muerte iniciática, lo cual le permitirá vivir un proceso
de transmutación regenerativa que desembocará, después de numerosas etapas y pruebas
por el laberinto, en el nacimiento espiritual que otorga la auténtica maestría. Es por eso
que la iniciación restituye la memoria de una realidad otra, arquetípica, gracias a una
pérdida y abandono a todo aquello que uno no es, pero al mismo tiempo es recuperar la
identidad de nuestro ser verdadero.
_______________________
1. Esta alternancia de los ciclos de vida y muerte queda perfectamente expresada por el simbolo extremo-oriental del
yin-rang. Este simbolo está especialmente relacionado con la disposición de los cuadrados blancos y negros del
«pavimento mosaico» situado en el centro de la Logia. Ver René Guénon, El Simbolismo de la Cruz.
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El ego, que en su continuo cambio de roles hoy es una cosa y mañana otra (ejemplo claro
de su «des-centramiento»), se resiste a morir. Esta resistencia del hombre viejo genera una serie
de tensiones interiores que a su manera traducen la lucha entre las «potencias de las
tinieblas» y las «potencias de la luz», o entre lo que en el hombre hay de más apegado a la
naturaleza inferior, y lo que, por el contrario, recibe su alimento de «arriba», de las emanaciones
y efluvios celestes. En esa encrucijada el iniciado, como el personaje de la lámina VI del Tarot
(El Enamorado), tiene que elegir entre dos caminos, realizando cuidadosamente la operación
alquímica de «separar lo espeso de lo sutil», o creando una perspectiva lo suficientemente
clarificadora para advertir la existencia real de una jerarquía interna que sitúa cada cosa en el
lugar que le corresponde, armonizando, en razón de las leyes de las analogías que constituyen
el fundamento del conocimiento simbólico, las diversas facultades del alma con el orden
universal, del microcosmos con el macrocosmos.
De esta manera, la conciencia del que ha sido admitido por su propia voluntad y
despojado de cualquier ambición «personal» en los «misterios y privilegios de la
Francmasonería», queda virtualmente transmutada por el hecho mismo de haber recibido el
rito iniciático. Es entonces, y sólo entonces, cuando la piedra bruta empezará a ser trabajada
pacientemente, hasta convertirse en la piedra tallada y cúbica que representa el fundamento
sobre el que se edificará el templo espiritual, haciendo suyas las palabras del Cristo recogidas
en el Evangelio de San Juan, patrón de nuestra Orden: «La Verdad os hará libres».
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I
LOS GRADOS DE LA CONSTRUCCIÓN
8
EL APRENDIZ
Sin duda, uno de los símbolos más característicos del grado de aprendiz es la
piedra bruta, de la que ya hemos hablado en diversas ocasiones. Su aspecto, lleno de aristas, es
obviamente la imagen misma de lo deforme, es decir, de lo que esta por hacer y por formar (1).
Por lo tanto, habiéndosele revelado, gracias a las primeras purificaciones, su naturaleza
informe y grosera, el aprendiz deberá extraer el «orden del caos», re-creándose y re-haciéndose
a sí mismo con la ayuda del Arte Real, que virtualmente le fue transmitido por el rito de la
iniciación. Para lograrlo sólo cuenta con su voluntad y con su recta intención, dos cualidades
de su ser que en la Masonería están simbolizadas por el mazo y el cincel, herramientas con
las que deberá acometer los primeros trabajos sobre la piedra bruta. Ciertamente, es con la
fuerza emanada de la voluntad (del mazo), chispa del fuego divino en el corazón humano,
con la que el aprendiz impulsará la obra regeneradora. Es este un impulso, o motivación,
que naciendo en el interior se dirige hacia el exterior (del centro a la periferia), el cual
representa todo el conjunto de las influencias que durante el transcurso de su existencia ha
ido recibiendo del medio profano (familiar, social y cultural), y que lo ha moldeado
psicológicamente, convirtiéndolo en el producto de un «sueño» concebido por una
especie de entidad colectiva y amorfa, entidad que está constituida por ese medio mismo.
Pero no son las influencias externas las únicas que mantienen al hombre en un estado
de ser por debajo de sus auténticas posibilidades. Hay que considerar también, en este
sentido, las carencias propias incluidas en la naturaleza humana, nuestros defectos
«congénitos», que nacen con nosotros como una «marca» o «sello» que evocan el oscuro
recuerdo del «pecado original» que condujo a la «caída» de Adán, nuestro antepasado
mítico. Nos estamos refiriendo, concretamente, a lo que teológicamente se denominan los
«siete pecados capitales» -reflejos invertidos de las «siete virtudes»- y que, con menor o
mayor proporción, se encuentran en todos los hombres.
Mas, para que esa energía centrífuga de la voluntad «golpee» en tan dura piedra, es
necesaria la facultad de la inteligencia discriminativa (el cincel), que «distingue» y separa lo
esencial de lo superfluo, o que niega lo que no es beneficio exclusivo de la verdad.
Hablamos del auténtico «rigor intelectual» (2), con el que poco a poco se irán rectificando
las asperezas del egoísmo radi cal y las imágenes mentales a él asociadas, poniendo,
como se advierte en algunos manuales «un freno saludable a las pasiones», cualesquiera
sea el signo o máscara que éstas adopten.
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1. La piedra bruta o sin tallar no siempre ha significado un símbolo de lo caótico. Esta interpretación se
ha dado sobre todo entre los pueblos sedentarios, que han tenido necesidad de las artes de la construcción y la
arquitectura para el desarrollo de su propia cultura. Los pueblos nómadas, por el contrario, tuvieron una con-
cepción muy distinta de la «piedra bruta», por cuanto que para ellos, que prescindían de la construcción estable
y duradera, ésa era una imagen sensible de la «inmutabilidad» y «firmeza» de la divinidad o del Espíritu.
2. Al que evidentemente no hay que confundir con el «rigorismo» del nefasto «orgullo intelectual».
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Bajo la acción de ese rigor se disciplina el carácter (se cincela y talla), al mismo
tiempo que la psiqué, al liberarse de sus servidumbres y miserias, deviene el «plano de
reflexión» horizontal donde las influencias celestes se plasman haciendo posible la
transmutación por la atracción vertical que ellas ejercen. De otro lado, la energía del
rigor, en cuanto que libera de ciertos nudos psicológicos, es también una
manifestación del amor, y por cierto de la belleza, tal cual se hace patente en la
concretización de la obra realizada conforme a su arquetipo o modelo eterno.
_______________________________
3. Nótese la similitud entre la palabra «regla» y «regula», aludiendo esta última a las ideas que tienen que
ver con la regulación, el orden, y la ley basada en el equilibrio y la justicia.
4. Este Rito contiene todavía interesantes elementos rituales y simbólicos de origen operativo, siendo, por tanto,
un punto de referencia doctrinal muy importante para los masones de espíritu tradicional.
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5. Al orar, y debido al ritmo vibracional generado por el poder de las palabras sagradas, se produce una
ruptura o escisión en el curso del devenir temporal, abriéndose una vía de comunicación axial con los estados
superiores (verdaderamente supratemporales y no sujetos, por tanto, a ese devenir), los que irán manifestando su
presencia vivificadora por medio de signos e intuiciones que sólo la inteligencia del corazón -como centro
simbólico del estado humano- podrá recibir, captar y proyectar a todo el conjunto de las modalidades mentales y
psíquicas que componen la individualidad.
6. En la orden pitagórica este silencio tenía una duración de tres a cinco años. Estos años coinciden con las
edades simbólicas del aprendiz y el compañero masones, respectivamente.
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A pesar de que la «ley del silencio» se refiere concretamente al primer grado, de hecho
abarca a todo el desarrollo de la iniciación considerada integralmente. En este sentido, es
interesante señalar que en los misterios griegos al iniciado se le denominaba miste, expresión
emparentada etimológicamente con las palabras «mito» y «misterio», ambas procedentes de
la raíz «mu», de donde proviene el verbo muô y muein, que significan «callarse»,
«enmudecer», y por extensión «estar en silencio». (9)
________________________
7. «¿Dónde estabas tú cuando yo creé los cielos y la tierra?», se lee en el Libro de la Ley Sagrada.
8. Desde el punto de vista tradicional, la «teoría» (de Teo, Dios), alude a los principios ontológicos que
constituyen el conocimiento del Ser Universal considerado en su realidad más alta y arquetípica. Se ha dicho:
«Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura», Mateo, 6, 33.
9. Decía Pitágoras que «sólo a través de la proseguida y constante disciplina del silencio se gana el privilegio
de la palabra».
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Habría igualmente una íntima relación entre ese «estar en silencio», y la propia ausencia de
la visión ordinaria, de la «ceguera» tomada en sentido figurado, y considerada asimismo
como un signo distintivo del iniciado. Durante el rito de la iniciación al postulante se le
vendan los ojos, sumergiéndose así en la obscuridad más completa. Ello ejemplifica el estado
de putrefacción alquímica, o de nigredo, en que se ha sumido todo su ser después de la
purificación por el primer elemento, la tierra; pero, por otro lado, ese estado de total
penumbra es también un símbolo de la receptividad a la enseñanza tradicional. Dicha
enseñanza se vertebra alrededor de lo que ella tiene de «inexpresable», es decir de «secreto»
(metafísico), el cual debe estar celosamente guardado «a las miradas indiscretas de los
profanos» (o de lo profano que hay en uno mismo), en la soledad y el silencio inefable del
corazón. (10)
9
EL COMPAÑERO
Uno de los peligros que acecha al aprendiz masón, como a todo iniciado en el
comienzo de su camino, es pretender acceder directamente a la metafísica olvidando los
pasos previos, es decir, la cosmología y la ontología. La tradición hace especial hincapié en
los misterios menores recordando su ineludibilidad. A la Realidad única, por ser
indefinible sólo podemos referirnos mediante términos negativos, pero para intuir la
infinitud del No-Ser, primero hay que realizar la unicidad del Ser. No tener esto en cuenta
es un error análogo a visualizar el cuerpo humano, dada su correspondencia con el modelo
cósmico del Árbol de la Vida, solamente de cintura para arriba, cuando es precisamente
con toda su integridad y con los pies bien apoyados en el suelo que el masón realiza la
unión entre el Cielo y la Tierra.
Toda la simbólica del segundo grado hace referencia a esta cuestión. El compañero
masón se convierte en columna viva, pilar inquebrantable del Templo Simbólico. Debe
conjugar la polaridad vertical de lo alto-bajo, vía a través de la cual descienden los efluvios
celestes y por donde asciende el iniciado, con la horizontal expresada en su recto
comportamiento. De este modo se efectúa el paso de la Perpendicular al Nivel, siendo la
intersección de ambos instrumentos o centro de la cruz su propio corazón, o quintaesencia,
origen y final de todo movimiento, donde todo es perennemente regenerado.
__________________
10. En el Fedro, hablando del «ser iniciado», Platón comenta: «... porque "cerrar los ojos" a la iniciación, no
es ya recibir por los sentidos todos esos misterios divinos, sino por medio del alma misma»
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El número cinco sintetiza, pues, la simbólica del segundo grado y está presente a lo largo
de toda la ceremonia de recepción. Cinco son los viajes que realiza el recipiendario y en los
cuales se le van presentando los instrumentos que a partir de ahora serán su objeto de
estudio. Cinco las puntas de la Estrella Flamígera, puente entre lo formal y lo informal,
revelación de la estructura del hombre, y en cuyo seno la letra G alude a la presencia del
Gran Arquitecto del Universo. El Pentagrama es, pues, el emblema por excelencia del
microcosmos, en él se inscribe la figura humana, coincidiendo su cabeza y extremidades
con cada una de las puntas de la Estrella. Esta figura humana se refiere al Hombre
Primordial o Andrógino, lo cual nos viene explicitado por la descomposición del 5 en sus
dos sumandos 2 y 3, que con la exclusión del 1, símbolo de la indivisibilidad primigenia,
son el primer número par, femenino, representante de la Tierra, y el primer impar,
masculino, símbolo del Cielo.
La «marcha» del compañero consta también de cinco pasos: a los del aprendiz que se
efectúan en un mismo sentido, se añaden dos, el primero desviándose hacia la derecha y el
siguiente volviendo al alienamiento inicial. Ello nos habla de las posibilidades dadas al
compañero de usar su libre albedrío para investigar según sus propios medios haciendo uso
de la simbólica que le ha sido legada, para después regresar sobre el mismo eje o punto
central, que en realidad nunca ha dejado, pues le ha guiado durante la exploración del
mundo.
A este mismo gesto alude la divisa que pronunciará al final del último viaje y al pie del
Oriente: ¡Gloria al Trabajo! Una vez reconocida la vana ilusión del trabajo por el trabajo
mismo, aparece la labor cotidiana como una gracia, pues se convierte en el soporte
necesario para el único trabajo que realmente importa, el interno. Será precisamente en su
quehacer diario donde se le presentarán las distintas pruebas, hechas a su medida, que le
permitirán descubrir sus propias facultades y encontrar su función particular en el Templo;
pruebas no colocadas por un tribunal externo e imaginario, sino que son la expresión de la
textura misma de la vida, que siendo simbólica obliga a conjugar opuestos evidenciando
una vez más la ilusoria división entre lo interno y lo externo.
A través de estos viajes o recorrido por el interior de uno mismo se le brindará la
posibilidad de reconocer en las Artes Liberales un camino ordenado y escalonado.
Primeramente la Gramática, la Dialéctica y la Retórica, conformando el trivium le
acercarán al auténtico valor del lenguaje y de la palabra, seguidamente el cuadrivium con la
Aritmética, la Geometría, la Música y la Astronomía, le enseñará a percibir a través de los
ciclos y los ritmos de lo visible y aparente, los verdaderos esquemas o modelos
arquetípicos.
Si bien la idea de fraternidad es común a la Orden en general, es en el segundo grado
donde aparece con todo su esplendor. Compañero es «el que comparte su pan», y ante todo
comparte el alimento supraesencial del Conocimiento, que por su propia naturaleza
Universal no puede pertenecer a nadie de forma exclusiva, sino que bien al contrario
incluye dentro de él a todo aquel que ha sabido abrirle el corazón. Por este motivo el
compañero sabe que la verdadera Unión es en otro plano, donde las individualidades no
cuentan, son absorbidas por la magnanimidad del Ser. Reconoce en los errores de los demás
sus propios errores, que le son presentados como en un espejo. Del mismo modo, no sólo
no conoce la envidia sino que se alegra de los adelantos de sus hermanos, puesto que bien
entendido son sus propios adelantos. Aquí aparece pletórico de belleza y sentido el
mandamiento cristiano: «Ama a tu prójimo como a tí mismo».
En la instrucción de segundo grado y a la pregunta de «¿No esperáis nada más de
vuestros hermanos?», el compañero contesta: «Espero la hora en que estando
suficientemente instruido de lo que debe saber un compañero, seré juzgado digno de ser
admitido entre los maestros». Espera olvidar, entiende que todo lo que ha visto, el
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ordenamiento armónico del mandala de la vida, las luces y colores de la cosmogonía, son
para ser olvidados y pasar automáticamente a otro plano. Espera la Muerte, el ingreso en el
Paraíso Hermético, la Ciudad de los Sauces de donde sólo salió ilusoriamente.
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
IV
NÚMEROS Y FIGURAS GEOMÉTRICAS
10
«QUE NADIE ENTRE AQUÍ SI NO ES GEÓMETRA»
Sabemos que los ritmos son la estructura viva del mundo natural. Y si éstos tienen una
expresión directa en los ciclos temporales y en las pautas de crecimiento y desarrollo de los
seres vivos, su traducción espacial son las proporciones y las formas geométricas. La
organización vital de los cuerpos depende, en efecto, de la relación constante entre el tiempo y
el espacio, siendo esta relación siempre numérica. En ella se basan por igual las
correspondencias simbólicas de la tradición, la cosmología, la teurgia, la magia y la física
antigua, en las que el número es encarado siempre en su aspecto eminentemente cualitativo.
Como idea-fuerza, como cualidad definida y actuante, el número es una
manifestación del Numen, de un arquetipo divino. En este sentido, la ciencia de los números
no es distinta esencialmente de la ciencia de los nombres divinos, aspectos y atributos
principales de la deidad; ni tampoco de la ciencia de las formas sagradas, de la geometría, ni de
la música, en la que reencontramos al número, al ritmo, y la arquitectura. En todo caso, estas
correspondencias conforman una ciencia sagrada muy precisa, la ciencia de los ritmos, presente
en cualquier aplicación secundaria o particular. La Cábala hebraica, el Pitagorismo y el
arte de la construcción, presentes por igual los tres en la Masonería, dan buena cuenta de
ella en sus diferentes metodologías espirituales y simbólicas.
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
permanente de ésta última hacia ellas, situándose el espacio geométrico en otro nivel, en un
lugar conceptual, distinto pero eminentemente «real» ya que es patrón y molde de todo
espacio corporal o geográfico, es decir, físico.
Geo, la primera parte de la palabra geometría, nos remite a Gea y sus homónimas
Demeter o Cibeles, la generadora por excelencia, la divina Hembra cósmica, la Mater
Genitrix, la madre de los vivientes, y por tanto receptáculo femenino de los influjos
espirituales del Creador o Progenitor divino. Su imagen sensible no sólo es la tierra física,
sino la naturaleza y sus formas, palabra cuyo sentido se relaciona también a la idea de
generación. A este respecto, muchos autores masónicos establecen vínculos de analogía
entre geometría, generación y genio, términos encabezados todos como se vé por la letra G,
la inicial de God (Dios en inglés), y que se encuentra inscripta dentro -en el centro- de la
estrella flamígera (pentagramática), símbolo hermético del microcosmos y de muy
importante relieve simbólico en el grado de Compañero. Esta terna nos habla en el fondo
de una misma cosa, de un mismo poder creativo encarado en sus diferentes aspectos,
pero cuya manifestación se efectúa siempre como un movimiento ordenado e inteligente,
pautando desde nuestros propios ciclos vitales a la armonía que rige las esferas celestes,
pasando por la generación y desarrollo de nuestras propias posibilidades espirituales
cuando dicho poder se revierte de ad-extra a ad-intra.
La geometría sagrada es, pues, aquella ciencia que estudia las leyes o principios
matemáticos (numéricos) que rigen la «medida» interior de la creación, la que tiene
como sabemos una doble perspectiva espacio temporal, estableciéndose así un nexo de unión
entre el cosmos visible y el invisible. Ritualmente la aplicación inmediata de la geometría,
su dinamización, determina toda la simbólica de los gestos, los movimientos, posiciones y
direcciones sagradas, que tan bien ilustra y sintetiza la danza tradicional. Dios crea al
mundo desde «dentro», del centro a la periferia, de lo pequeño a lo grande. Y cuando
invierte el movimiento lo descrea retornándolo hacia sí. No es poca la importancia
simbólica de este gesto, en el que todo absolutamente está incluido. Dios 'geometriza' al
manifestar el mundo, y el Dios geómetra de Platón no es otro que Apolo, patrón de las
ciencias matemáticas y Señor de las divinas Musas, inspiradoras de todo conocimiento, el
que es idéntico también al Gran Arquitecto del Universo.
También es una de las siete artes liberales (constituidas por el trivium y el
cuadrivium), las que conformaron el edificio de la cosmología tradicional de toda la
cristiandad medieval de Occidente. Como se sabe, cada una de las artes liberales era
considerada también como una ciencia, correspondiéndose con una deidad particular del
panteón grecorromano, siendo cada ciencia como una emanación particular de un poder
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
divino distinto. En este caso es Júpiter (Zeus) el patrón de la geometría, el dios del cielo,
paredro de Gea, el padre de los dioses, el dios del rayo y del trueno, de la luz y el verbo, de
la iluminación, el Demiurgo cósmico. Él, al extender su rayo o radio cósmico ordena el
caos y mide el abismo, separando la luz de las tinieblas, luz y visión siendo elementos
característicos del simbolismo espacial. No es casualidad, en este sentido, que sea Juan
Evangelista, el amado del Verbo, e «hijo del trueno», Santo patrón de la Masonería, el
que contemplara la Jerusalén Celeste, es decir, el diseño del mundo futuro, la «Imagen» de
Dios.
11
EL SENTIDO CUALITATIVO DE LOS NÚMEROS
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
Esta tendencia se observa claramente en el modo como se enseñan los números en las
escuelas, colegios y universidades de nuestro tiempo y cómo los utiliza en particular la
ciencia moderna. En efecto, se ven únicamente como instrumentos para contar y medir y,
desde este punto de vista, puramente cuantitativo, se suman, restan, multiplican y dividen,
llegando hasta las más complicadas operaciones sin vislumbrar de manera alguna el origen
sagrado y divino, esencial y cualitativo que los números poseen en su más importante aspecto.
Se los utiliza también para identificar objetos y toda clase de documentos, y para
identificar personas, hasta el extremo de que, hoy día, ya todos los hombres tenemos la
obligación de portar un documento llamado de «identidad», caracterizado
fundamentalmente por un número que se pierde en lo indefinido de la multiplicidad.
Esta manera de ver las cosas, tan propia y exclusiva del hombre occidental moderno
(corriente que está arrastrando a la humanidad entera), tiende de manera casi
imperceptible, pero cada vez más intensa, a llevar al hombre hacia la uniformidad, la
disolución y la desarmonía, alejándolo de la unidad, la unión y la armonía. Es lo que de
manera clara se describe como el «reino de la cantidad» (1) y el olvido de la calidad.
Las tradiciones antiguas, que son las fuentes de las que la Masonería bebe los
conocimientos, veían los números como los principios esenciales de las cosas. Consideraban
que el número no era humano, sino que había sido revelado al hombre por la divinidad,
para que sirviera como medio de conocimiento de las más altas verdades y como
vehículo de síntesis y unión entre el Cielo y la Tierra y entre los distintos órdenes de la
existencia.
Los pitagóricos, por ejemplo, establecieron las relaciones precisas entre la aritmética, la
geometría, la música y la astrología (todas ciencias numéricas) demostrando de esta
manera la armonía del universo y la analogía del macrocosmos y el microcosmos, sin
dejar de reconocer que también la desarmonía de algunas de las partes está incluida en la
armonía general del todo.
_______________________________
12
LOS TRES PRIMEROS NÚMEROS
El número uno
El número uno ha sido descrito por sabios antiguos como «lo inexpresable», por lo que
cualquier discurso que pretenda expresarlo siempre estará limitado por el lenguaje. Pero
también se dice que es mediante la reiteración incesante del Nombre Divino (o sea de la
Unidad), como ese Nombre impronunciable finalmente se realiza, en el interior de la
conciencia de quién se abre a El, por la Voluntad del Gran Arquitecto del Universo.
El punto geométrico, se corresponde exactamente con el Uno aritmético. Siendo en
apariencia el más pequeño de los números es, sin embargo, desde una perspectiva «real», el
más grande de todos. Poniendo un ejemplo, cuantitativamente, el número 365 es 365 veces
más grande que la unidad; cualitativamente, ese número es la fragmentación de la unidad en
365 partes. Es decir, que en realidad el Uno no sólo está contenido en los demás números, sino
que, además, la Unidad los contiene a todos dentro de Sí Misma, pues es el principio y
origen de toda posible numeración.
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Si observamos las leyes naturales, nos damos cuenta de que conforme las cosas son
mayores en calidad, son a su vez más escasas, de poca cantidad. Sucede con los metales y
con las piedras: los que contienen una calidad más pura (como el oro y el diamante), son
escasos; los metales ordinarios y las piedras en bruto, abundan en la multiplicidad. Lo
mismo ocurre en todos los órdenes: mayor la purificación, más cerca se encuentra la
Unidad.
En el número Uno están contenidas todas las posibilidades aritméticas, pues
potencialmente en él se encuentran implícitos todos los números: cada uno de ellos está
compuesto por el número anterior, más uno.
Es decir, la Unidad es el padre de todos, siendo a su vez la que manifiesta la
esencia y la energía más elevada de la que todo proviene. Los demás números, así como
todas las cosas, que como hemos visto son también numéricas, expresan cualidades o
atributos de la Unidad; y en la medida en que se van alejando de ella van manifestando
cualidades inferiores, o sea, que la mayor cantidad expresa, asimismo, un mayor
alejamiento de la esencia.
El monoteísmo es patrimonio de las culturas más altas, que han alcanzado mayor
fuerza de abstracción. La presencia del Dios Uno la observamos en las civilizaciones más
antiguas y es el denominador común de aquellas que a su vez remiten a la Tradición
única de la que todas derivan.
Esa Unidad se expresa del modo más sutil en todas las manifestaciones. Es el sonido
del silencio; el Verbo inaudible; el blanco incoloro que reúne dentro de sí mismo a
todos los colores. Es la piedra filosofal de los alquimistas, expresión de la perfección
última de todos los metales; la «piedra de toque» o «piedra angular» que «rechazaron los
constructores» y que da sentido a toda la Obra. El Uno mismo o Yo único e incondicionado
del que todos los seres manifestados no somos más que un reflejo ilusorio.
La tradición hindú llama Atma (que no debe ser confundido con alma) a ese principio
único e incondicionado cuya residencia o Brahma Pura se encuentra en el centro o corazón
de todos los seres. Dicen los Upanishads que es «más pequeño que un grano de mijo; más
pequeño que el germen que se encuentra dentro de un grano de mijo; pero más grande que
la tierra y el cielo y que todos los universos juntos».
En general, se la describe en términos negativos y a veces también con formas
admirativas e interrogativas.
La filosofía china la llama el «Tao de Taos», aunque nos advierte que «El Tao que
puede ser expresado no es el verdadero Tao», y también que «Desde el no-ser
comprendemos su esencia; y desde el ser sólo vemos su apariencia»... «Su identidad es el
misterio. Y en este misterio se halla la puerta de toda maravilla.» (1)
Es un «espacio vacío»; un «tiempo» eterno que no transcurre. El único increado,
origen a su vez de todas las criaturas.
La Unidad está presente en el Todo; y, según la máxima de Hermes Trismegisto, «el
Todo está en Todo». Se aloja en todas y cada una de las manifestaciones del ser; y, por lo
tanto, se encuentra en el interior de cada uno de nosotros.
Es el Alef de los hebreos; se encuentra implícito en el Iod del Nombre de IHVH, Dios
único.
_______________________________
1. Tao Te King, 1.
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El árbol s e p hirótico de la cábala judía le llama Kether que quiere decir «corona» y le
coloca sobre la cabeza, pues es la expresión de la más alta realidad, por encima de toda
manifestación. A Kether se le alcanza por la Shekinah o presencia divina, y el alcanzarlo supone
la coronación de la obra de la creación y el advenimiento de la Jerusalén Celeste.
La Unidad es invisible, aunque todo ser visible la expresa, y se dice que puede ser
percibida a través de la contemplación de la Armonía del Universo y sus leyes.
Es inmutable, pero como el «motor inmóvil» de Aristóteles y Santo Tomás, constituye el
origen de todo movimiento; es como el punto inmóvil del centro de la rueda, sin cuya
inmovilidad sería imposible que ésta girara. Se la ha descrito como «un círculo cuyo centro
está en todas partes y su circunferencia en ninguna».
Es indivisible como el átomo de los griegos, que nada tiene que ver con la partícula llamada
‘átomo' dividida por la ciencia moderna.
Es indestructible, indimensionada, inconcebible. No es. Pero, no siendo, contiene dentro de
sí todas las posibilidades del ser.
El budismo la concibe como un estado en la conciencia: la No-Dualidad del Nirvana, que
es el estado de iluminación que nos conduce al Para-Nirvana, el grado más alto de la evolución
interna al que todo proceso iniciático, bien entendido, aspira.
La tradición islámica la llama Allah y agrega: «No hay más Dios que Allah».
También los pueblos precolombinos la concibieron y le dieron nombre Wakan Tanka,
Tunkashila, Tloque Nahuaque, Ñamanduí, etc.
Y por supuesto el Cristianismo, que describe a ese estado de la conciencia como el
«Reino de los Cielos», «...más pequeño que un grano de mostaza». Y a través de la máxima
cristiana «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial», se nos ordena aspirar a la obtención de
ese grado, que no es otra cosa que la identificación con el Padre.
«Que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí, y yo en Ti, que también ellos en nosotros
sean uno... Para que sean uno como nosotros somo uno; yo en ellos y Tú en mí, para que sean
consumados en la unidad.» (San Juan, XVII, 21-23).
«Esta unión perfecta es el verdadero advenimiento del "Reino de Dios" que viene de
dentro y se expande hacia fuera, en la plenitud del orden universal, consumación de la
manifestación entera y restauración de la integridad del "estado primordial"». (2)
La obtención de la Unidad es la meta a que aspiran todas las escuelas iniciáticas. En la
Masonería, la adquisición del último grado, que constituye la coronación de nuestra Obra
y la culminación del Arte Regio, consiste estrictamente hablando, en la identidad
suprema con el Gran Arquitecto y en la facultad de ‘escribir' con Él en el «Libro de la Vida».
He ahí el profundo sentido de la numerología tradicional. Parte del punto; observa todas las
manifestaciones como atributos de la Unidad presente en todo lo creado; y nos ordena
retornar nuevamente a Ella, cuando el ciclo sea concluido y logremos el Eterno Presente que
perdimos por razón de la Caída y recuperamos por la Redención.
_____________________________
2. René Guenon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. LXXIII, «El grano de mostaza»
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El número dos
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
El número tres
Desde el día que nos iniciamos en el grado de aprendiz, se nos insistió de manera
especial en el simbolismo del número tres. Cuando nos encontrábamos en la caverna
iniciática, se nos entregó un «triangular» con tres preguntas fundamentales; después de los
primeros viajes subterráneos en la búsqueda de la caverna iniciática, y una vez que entramos
en el templo, fuimos sometidos a tres viajes, que simbolizaban también tres pruebas, de
aire, de agua y de fuego; se nos dio a beber de tres líquidos, uno dulce, uno amargo y
agua insabora; y una vez que vimos, por primer vez la «gran luz», pudimos comenzar a
observar en el interior del templo, gran cantidad de signos, relacionados con el número
tres.
En el ara o altar del templo, encontramos tres luces, junto a los tres instrumentos
fundamentales de nuestro trabajo: la Biblia, la escuadra y el compás. Esas tres luces,
están también representadas por los tres dignatarios principales de la Logia, el Venerable
Maestro y los dos Vigilantes. Y continuamente, en el curso de nuestros trabajos,
escuchamos sentencias masónicas compuestas de tres palabras, como «libertad, igualdad,
fraternidad» o «fuerza, belleza y candor», etc.
Por otra parte, habremos observado que los toques y señales del grado de aprendiz,
tienen todos que ver con este número; y también la edad masónica de tres años. (3)
Detrás del Venerable Maestro y de cada uno de los Vigilantes, ha de haber un
triángulo, símbolo de este número; y la bandera de la Logia ha de ser también
triangular, según el manual de instrucción del aprendiz, «porque el triángulo simboliza los
tres objetos de la Masonería, o sea, el estudio del hombre, de la naturaleza y de Dios».
________________________
3. «Los TRES GOLPES con que el aprendiz llama a la puerta de la Logia significan: PEDID Y SE
OS DARÁ (La Luz); BUSCAD Y ENCONTRARÉIS (La Verdad); LLAMAD Y SE OS ABRIRÁ (la puerta
del templo)», (Liturgia del Grado de Aprendiz).
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Los grados de la Masonería simbólica son también tres: el aprendiz que deletrea en el
Libro de la Vida, y talla la «piedra bruta»; el compañero, que lee y construye la piedra
cúbica; y el Maestro que escribe en ese libro con el Gran Arquitecto y corona la piedra con
una pirámide.
Todas las tradiciones de la antigüedad, rindieron de alguna manera culto a este
número, y vieron siempre en la Tríada o la Trinidad un gran misterio, que se ex presa
también a través de los Tres Principios que regulan toda la creación, que no son otra cosa
que la unión de los contrarios.
hombre, quel eje que lo atraviesa supone también un punto central simbolizado por el
corazón. Este punto central, llevado a otra dimensión, produce la primera figura
bidimensional: el triángulo geométrico de la trinidad.
4. Moisés CORDOVERO, Parles Rirnmonim (Jardín de Granadas), citado por Leo ScHAY.4, El
Significado Universal de la Cábala.
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13
ALGUNOS ASPECTOS GENERALES DE NUESTROS SÍMBOLOS
Y DEL NÚMERO CUATRO
Cuando nos referimos al lenguaje simbólico, observamos cómo todo lo que se manifiesta
en la creación es el símbolo de un ser invisible que en ella se expresa; o sea, que cada uno de
los seres existentes obedece a algún arquetipo, es decir, a una «idea» (en el sentido platónico
del término), de la que el ser manifestado es sólo un reflejo ilusorio. A su vez, podemos ver
cómo esos arquetipos, emanados del Ser primordial, son los atributos del Gran Arquitecto, que
produce el universo como una exhalación de su gracia, imponiendo simultáneamente en forma
rigurosa los límites necesarios a la creación, para aspirar nuevamente todas las cosas
manifestadas hacia Sí.
Se nos dice que el templo masónico, lo mismo que el hombre, es un modelo del cosmos.
Por lo tanto, hay una clara relación simbólica hombre-templo-universo; y es por eso que
construyendo nuestro templo interno colaboramos en la obra de la creación del templo
universal, sumándonos de esta manera a la Gran Obra o Arte Real, enseñado y transmitido
desde el origen de los tiempos, por hierofantes, constructores y alquimistas, de los que somos
herederos.
El hombre fue creado para coronar la obra de la Creación. Cuando logra, mediante el
arte supremo de conocerse a sí mismo, descubrir su esencia íntima, es decir, el centro de su
ser, logra el Conocimiento y la identidad con la causa primera.
En nuestra Orden se nos enseña a construir. Todos nuestros instrumentos de trabajo están
relacionados con este arte. El arte de la construcción no es un fin en sí mismo, sino un
medio de alcanzar nuestra suprema meta. La Palabra perdida, impronunciable, es el secreto
inviolable que nuestra Orden guarda celosamente; es el misterio inefable, objeto eterno de
la búsqueda del hombre, que permanecerá siempre oculto en la profundidad de su esencia
misteriosa. Nuestra labor no es la de descubrir el misterio, incognoscible por su propia
naturaleza. Nuestra tarea es la de guardar ese secreto misterioso, que es el espíritu mismo
de la Masonería, oculto en el Ara de nuestro templo y en el corazón de nuestro ser. Esta idea
nos despierta la búsqueda de lo milagroso y nos hace recuperar el sentido mágico de la vida,
mediante el reconocimiento de que guardamos y transmitimos ese secreto misterioso. Esa
custodia y transmisión es la razón de ser de la iniciación en los misterios, que
comenzamos a recibir en el interior de la caverna y que debemos profundizar a medida que
avanzamos por nuestro camino, construyendo nuestro templo (un cosmos, un orden), que
nos permitirá salir finalmente de él rumbo al Eterno Oriente.
Para tener una noción más clara de lo que fue nuestra Orden en la antigüedad, y de los
misterios que ésta guarda y conserva, tendríamos que atenernos al punto de vista sagrado,
esotérico, iniciático y tradicional, que es, como lo apuntamos en otro trabajo, el que nos
proponemos seguir en forma exclusiva. Esto implica que no procuraremos de ninguna manera
expresar puntos de vista personales, sino que, por el contrario, trataremos de repetir, con
nuestra forma particular, ideas tradicionales, universales y eternas. Este tipo de ideas, según
lo que heredamos de los griegos, se transmite a través de las ciencias esotéricas, y
particularmente de las cuatro principales ciencias numéricas: la aritmética, la geometría, la
música y la astrología, temas de estudio y meditación que, como sabemos, son habituales en
todas las logias del mundo.
En nuestros últimos trabajos, hicimos énfasis en el sentido cualitativo y esotérico de los
números y vimos algunos aspectos simbólicos de los tres primeros, que constituyen la
Gran Tríada, la Trinidad Suprema, símbolo de lo inmanifestado.
Decíamos que la unidad es indimensionada, como el punto geométrico su equivalente. Este
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no tiene alto, ni ancho, ni largo; es lo más pequeño, pero a su vez lo más grande de todo;
se encuentra en todas partes y en ninguna. Observábamos cómo esta unidad se polariza
produciendo al número dos, la línea recta, la primera dimensión, simbolizada por nuestra
regla de 24 pulgadas, y cómo en el tres y en la figura geométrica del triángulo se producen ya
las dos primeras dimensiones (base y altura). Pero se dice que los hombres somos seres
tridimensionales, pues percibimos el mundo en tres dimensiones. En nuestro simbolismo,
este pasaje del mundo de dos dimensiones al de tres (es decir, del número tres al cuatro), se
expresa como el pasaje del plano al volumen, o sea, de la geometría plana a la construcción.
No podemos conocer el arte de la construcción si no conocemos el arte de la geometría; no
podríamos conocer ésta sin conocer la ciencia de los números; y no podremos realizar
nuestro templo sin conocer la armonía que nos enseña la música y la astrología que nos
muestra el cosmos. Es por esto que la numerología nos da una base fundamental y un orden,
sin el cual no sería posible ningún tipo de construcción ni de comprensión; y las cuatro
ciencias aludidas, son un todo, que nos permitirá realizar la armonía en nuestro templo, dentro
de nosotros mismos, y eventualmente en el mundo.
Geométricamente, esta tridimensionalidad se produce mediante la aparición de un
punto central en el triángulo.
Es lo que simboliza nuestro triángulo con el ojo en el centro. La unidad se suma así al
ternario, produciendo el cuaternario y las tres dimensiones. Esta figura geométrica resultante, el
tetraedro regular, es la primera figura volumétrica: una pirámide de cuatro caras, cada una de
las cuales está compuesta por un triángulo equilátero, siendo por lo tanto todos sus lados
iguales: esto es símbolo, como hemos dicho, de la primera manifestación y también del mundo
de la construcción y de la creación. El número cuatro simboliza al cosmos, mientras que los tres
primeros son considerados supracósmicos.
Según la cábala, la primera trinidad es el mundo de lo trascendente, y con el cuatro comienza
lo, inmanente; los números de construcción cósmica.
El cuatro es la unidad en otro plano. Siguiendo lo Tetraktys pitagórica, podemos ver cómo:
4 = 1 + 2 +3 +4 = 10, 1 + 0 = 1. Es decir, que el número cuatro expresa a la unidad
inmanifestada en el mundo de la manifestación; a la vez que este número se encuentra
íntimamente unido al denario, que incluye a todos los números naturales.
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También se representa al cuatro en la geometría con los símbolos del cuadrado y de la cruz,
(1) que fijan los límites en el espacio y el tiempo, como veremos luego. Precisamente, la unión
de estos dos conceptos nos ayuda a intuir la presencia de otra dimensión que no perciben
nuestros sentidos externos, pero que según la tradición constituye la realidad verdadera.
Este número también está presente en la idea de los cuatro elementos, de los cuatro mundos
cablísticos y de las cuatro partes en que puede ser subdividida toda jerarquía.
14
EL CUATRO, LA ESCUADRA,
EL CUADRADO Y LA CRUZ
_____________________________
1. Ambos constituyen una doble escuadra; y están por supuesto, íntimamente ligados con este
simbolismo.
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En efecto, esta cruz señala las cuatro direcciones del espacio (norte, sur, este y oeste),
uniéndolas con las cuatro estaciones del tiempo cíclico. Esta ley determina las cuatro partes en
que se subdivide el ciclo de cualquier ser manifestado, que supone un nacimiento, un
crecimiento, un apogeo y una decadencia. ( 1)
Sabido es que todas las criaturas tienen una existencia física, y que los ciclos y los seres,
grandes y pequeños, se encuentran entrelazados los unos con los otros. El electrón se encuentra
contenido en la molécula, ésta en un ser mayor (el hombre por ejemplo), que a su vez se halla en
la tierra, la cual pertenece a un sistema solar, que es uno de los innumerables sistemas de una
de las incontables galaxias que pueblan el universo. Con respecto al tiempo, observamos
segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, décadas, siglos, milenios, manvántaras,
kalpas. (2) Podríamos reducir estas dimensiones hasta lo infinitamente pequeño, o
aumentarlas hacia lo indefinidamente grande; pero en todo caso basta observar las que se
encuentran a nuestro alcance para darnos cuenta de que cada una contiene otras menores, a la
vez que se encuentra contenida en otra mayor, siguiendo todas la ley del cuaternario: cuatro
partes tiene el día, cuatro fases la luna que regula los meses, cuatro estaciones el año, cuatro
períodos la vida del hombre, cuatro yugas un manvántara. (3)
Al norte, la media noche, la luna nueva, el invierno, el nacimiento y la muerte del día, del año
y del hombre (o de cualquier ciclo del cosmos, la naturaleza o la historia); al oriente la mañana,
el cuarto creciente, la primavera, la infancia, el crecimiento; al sur el mediodía, la luna llena, el
verano, la juventud o apogeo; y al occidente la tarde, el cuarto menguante, el otoño, la madurez,
el principio de la decadencia que será seguido nue vamente por el norte, la vejez y la muerte,
que da inicio a otro ciclo o al nuevo nacimiento.
Todo esto nos sugiere la idea de que la cruz puede ser vista realizando un movimiento
circular o ROTA, lo cual se representa más claramente en el símbolo de la cruz gamada o
svástika Y particularmente en el de la cruz de la circunferencia. Esta es la unión perfecta de
la escuadra y el compás, mediante la cual se realiza la misteriosa cuadratura del círculo o
circulatura del cuadrado; la unión entre el cielo y la tierra, el espíritu y la materia el tiempo
y el espacio.
______________________________
1. La muerte, que simbólicamente se une al punto de nacimiento, viene a ser la quintaesencia, el punto
central de la cruz que también simboliza a la vida y al eterno presente.
2. Según la tradición hindú, un kalpa constituye el ciclo de vida de un universo (cada uno de los cuales
podría ser visualizado como un ciclo respiratorio de Brahma). El kalpa está constituido por catorce
manvántaras, y cada manvántara un ciclo humano completo de existencia, un «día» de la tierra.
3. Según la misma tradición hindú, un manvántara se encuentra dividido en cuatro yugas o subciclos que
corresponden de manera exacta a las cuatro edades de los griegos: Kryta o Satya Yuga o Edad de Oro;
Trêtá Yuga o Edad de Plata; Dvápara Yuga o Edad de Bronce y Kali Yuga o Edad de Hierro, que es la
que vivimos desde hace largo tiempo y que según la tradición está muy próxima a concluir (ver Égloga
IV de Virgilio).
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El zodíaco, que también se encuentra dividido en cuatro partes iguales, cuyos extremos
señalan a los signos de capricornio y cáncer, de arie y libra (los dos solsticios y los dos
equinoccios), fue el símbolo utilizado desde la antigüedad remota, para expresar conceptos
temporales; veían en él tanto a los ciclos cósmicos como los planetarios, solares (anuales) y
diarios. Pero han sido encontradas antiguas representacciones del zodíaco inscrito en un
cuadrado, en cuyo caso simboliza ideas relacionadas con el diseño del Gran Arquitecto y con
la Jerusalén Celeste, a cuya imagen fue construida la ciudad de Jerusalén y el Templo de
Salomón. Nuestro templo, que debe ser una réplica de aquél, expresa en sus columnas el
simbolismo aquí aludido: al norte los aprendices; al sur los compañeros; al oriente los
maestros; y al occidente la vida profana y la puerta del templo.
También se relaciona a este número con las cuatro piedras de esquina (corner stones)
que no deben ser confundidas con la piedra angular que es única y axial. En el cristianismo
se hacen corresponder con los cuatro evangelistas y los cuatro signos zodiacales que se
les atribuyen a Lucas, Marcos, Juan y Mateo: Tauro, Leo, Escorpio y Acuario; el buey, el
león, el águila y el ángel.
La tétrada hermética, compuesta por las cuatro figuras fundamentales (el círculo, la cruz,
el triángulo y el cuadrado); la tetraktys pitagórica a la que los griegos rendían culto, la
búsqueda del Tetragrammaton o «Pa labra perdida» (conceptos relacionados con el
número cuatro), son todos temas masónicos que han sido siempre objeto fundamental de
estudio en las logias.
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15
LA QUINTAESENCIA
Si el tiempo, como vimos, marca cuatro estaciones en las distintas dimensiones en que
se manifiesta, el quinto punto central representa a la inmóvil y siempre presente eternidad
en la que todo es simultáneo, no sujeto al devenir. Y si el espacio se proyecta en cuatro
puntos cardinales, el quinto es el inmutable centro, el punto de referencia (el yo, u
observador) a partir del cual esa proyección es posible. El número cinco simboliza el estado
del ser en el que todo es aquí y ahora, aquella región en la que el tiempo y el espacio se
hallan fundidos. Es la unidad, o espíritu puro, oculta en el cuaternario. El centro mismo del
cuadrado y la cruz, sin el cual estas figuras no podrían existir.
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16
EL NÚMERO SEIS
El número seis, en la geometría plana, nace del tres, cuando el triángulo equilátero
de los tres principios (con su vértice hacia arriba) se refleja a sí mismo, haciendo nacer
otro triángulo invertido que se entrelaza con el primero en un centro común.
Las energías ascendentes, volátiles y sutiles, que atraen hacia el espíritu, copulan
con las descendientes promotoras de la creación material y de la ilusión de la
manifestación.
Esta unión entre lo primario y lo secundario queda claramente manifestada con el
símbolo natural del arco iris (escala y puente que une la tierra con el cielo), en el que los
tres colores fundamentales (azul, amarillo y rojo) se combinan en armonía con los tres
complementarios (verde. naranja y violeta).
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Entre Masones Biblioteca 60
SIMBOLO, RITO, INICIACION
Por otro lado, podemos observar al hexágono en el interior de la estrella, otro símbolo
senario al que los geómetras concedieron importancia especial, por la perfección que
implica el hecho de ser el único polígono regular cuyo lado mide exactamente igual que el
radio del círculo que lo circunda.
Y aun podemos ver en el interior del hexágono al cubo, otro símbolo fundamental de la
Masonería relacionado con el senario por el hecho de tener seis caras.
En la Masonería se nos enseña que debemos tallar la piedra bruta, dándole la forma
cúbica de la perfección.
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Entre Masones Biblioteca 61
SIMBOLO, RITO, INICIACION
La creación, según el Génesis, fue realizada en seis días, y al sexto día fue creado el
hombre. A estas seis fases del tiempo se las hace corresponder a las seis direcciones del
espacio. Recordemos que también en la astrología corresponden seis signos zodiacales a
cada una de las fases, ascendente y descendente, del año.
En la Cábala, la sexta sefirah, Tifereth, la belleza divina, es la central. En ella «los
colores están entrelazados». Es el corazón del árbol de la vida, que une en armonía lo
de arriba y lo de abajo, lo de la izquierda y lo de la derecha, lo de adelante y lo de
atrás.
En el tantrismo hindú un triángulo rojo invertido representa a Shakti, la energía
cósmica femenina y un triángulo blanco con el vértice hacia arriba simboliza a Shiva, el
hombre absoluto. En el ritual tántrico, mediante la unión sexual estos dos principios
cósmicos se funden en un punto central común, el bindu.
Y en la tradición extremo oriental 64 hexagramas (conjuntos de seis líneas)
componen el Oráculo chino denominado I Ching.
«Los santos sabios de tiempos antiguos hicieron el Libro de las Mutaciones de este
modo: ellos quisieron escrutar los órdenes de la ley interior y del destino.
Establecieron por lo tanto el Tao (sentido) de la Tierra y lo denominaron: lo blando y
lo firme. Establecieron el Tao (sentido) del hombre y lo denominaron: el amor y la
justicia. Juntaron estas tres energías fundamentales y las duplicaron. Por esta causa
son siempre seis trazos los que en el Libro de las Mutaciones forman un signo ».
(I Ching, Libro II, cap. I).
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
17
EL NÚMERO SIETE
«Clemente de Alejandría dice que de Dios, "Corazón del Universo", parten las
indefinidas extensiones que se dirijen hacia arriba, abajo, derecha, izquierda,
adelante y atrás; dirigiendo su mirada hacia estas seis extensiones como hacia un
número siempre igual, él acaba el mundo; él es el principio y el fin (el alfa y el
omega); en él se acaban las seis fases del tiempo y de él reciben su extensión
indefinida; he ahí el secreto del número siete». (P. Vulliaud, La Cábala judía, citado
por René Guénsn, El Simbolismo de la Cruz, cap. IV).
7=1+2+3+4+5+6 +7=28=2+8=10=1+0=1
Por su parte, la escala musical de siete notas (que reproduce el sonido de los siete
planetas en su rotación) ejemplifica el ascenso gradual que de la tierra al cielo realiza el
iniciado, el cual conocerá durante su proceso de crecimiento interior siete dimensiones
escalonadas del ser.
Esta misma idea se nos revela en el kundalini yoga por el simbolismo de los siete
chakras, ruedas o centros sutiles a los que se coloca simbólicamente en siete puntos de la
columna vertebral y que representan también siete estados de la conciencia que se
abrirán gradualmente como una flor de loto, que teniendo al inicio visibles únicamente
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
cuatro de sus pétalos, al final del proceso desplegará los diez mil pétalos, símbolo de la
conciencia total. La apertura de los siete chakras también es representada por el ascenso de
la serpiente kundalini la que, encontrándose enroscada y dormida en la base de la columna
vertebral durante el estado de ilusión y sueño que significa la vida profana, con la
iniciación recibirá el rayo del Conocimiento que la despertará y la hará ascender por el eje
vertical y escalonado de esa columna, para salir finalmente liberada por la coronilla hacia
los estados verdaderos del ser.
Son también siete las jerarquías angélicas y siete los arcángeles, cada uno de ellos, por
cierto, relacionado a un planeta.
En el Antiguo Testamento se menciona el siete setenta y siete veces y en el Apocalipsis
Juan nos habla, con un simbolismo cargado de misterio, de siete iglesias, sias, siete estrellas,
siete espíritus de Dios, siete trompetas, siete truenos, siete cabezas, siete plagas, siete copas,
siete ángeles, siete montañas y siete reyes.
Son muchas las tradiciones y escuelas iniciáticas que hablan de siete grados de la
iniciación; en el budismo -y también en otros pueblos- se conciben siete cielos, que van
siempre de lo más denso a lo más sutil, y que se han de ir conociendo gradualmente en un
proceso de ascenso vertical.
Por otro lado, el siete nace de la suma del tres (los tres principios) y el cuatro (los
cuatro elementos). Esto da lugar a la doctrina pitagórica del trivium y el cuadrivium,
base a su vez de la división septenaria de las llamadas artes liberales. Son tres artes
relacionadas con la palabra gramática, lógica y retórica) y otras cuatro que nos definen los
temas principales de estudio del cuatro que nos definen los temas principales de estudio del
iniciado (aritmética, geometría, música y astronomía).
También es el siete número de centro. Volviendo al simbolismo planetario desde otra
perspectiva, podemos ver un esquema usual, donde aparecen los planetas en una espiral (el
símbolo de la espiral está lógicamente emparentado con el de la escala), de la siguiente
manera:
Allí vemos tres planetas llamados ‘interiores' (Luna, Mercurio Y Venus) y tres
'exteriores' (Marte Júpiter y Saturno), siendo en es caso el séptimo el Sol, en el centro
mismo alrededor del cual los demás giran. Este mismo esquema podría servirnos para
representar los siete metales de la alquimia, cuyos signos son idénticos a los de los planetas.
También el número siete viene a ser el punto central del hexágono, la estrella de David, la
cruz cristiana, el cubo y la cruz tridimensional.
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El centro del hexágono, es el séptimo punto a partir del cual nacen seis radios o rayos.
Ese punto central es denominado el séptimo rayo de la creación.
Si en la estrella de David veíamos a los seis colores del arco iris, aquí añadimos el
color del centro, que contiene y produce (por su dcscomposición) a todos los demás: el
blanco.
En el simbolismo constructivo cristiano, la cruz que obtuvimos del desdoblamiento de
un cubo, es la que sirve de base para diseñar el suelo del templo. A su alrededor habrá
un rectángulo; pero el centro del templo no es el centro del rectángulo, sino el centro de
la base del cubo que se mantuvo inmóvil cuando éste se desdobló.
Si en el cubo vimos seis lados, el número siete viene a ser su propio centro interior,
equidistante de todas sus caras y aristas.
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Finalmente podemos ver al número siete en el centro de la cruz tridimensional que nos
marca las seis direcciones del espacio. Este séptimo punto es el de referencia; el interior del
observador a partir del cual las otras seis direcciones tienen sentido. En la Cábala el
«Santo Palacio» o «Palacio interior» está sen el centro del las seis direrecciones del
espacio. En la tradición hindú se habla de siete rayos del sol. Seis corresponden a las seis
direcciones y el sépimo al centro.
En nuestra Orden el número siete es el que se relaciona al grado de Maestro, por la edad
de este grado de «siete años y más»; se dice que esto significa que el Maestro Masón
domina el significado de este número y tiene profundo conocimiento de su simbolismo.
Las «siete luces» y los siete principales dignatarios de la Logia, son otra muestra de la
importancia que la Masonería concede al septenario.
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V
EL ARTE REAL
18
RECEPCIÓN DE UN LEGADO
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19
EL ARTE MASÓNICO
______________________________
l . Ver, por ejemplo, las antiguas denominaciones genéricas de arte sacerdotal y arte real o regio. Estos
últimos. mas el que toma como soporte al arte y el oficio, son las tres formas de iniciación tradicional, dirigidas,
cada una. a un tipo especifico de hombre, y también, a diferentes expresiones que toma un mismo conocimiento
primordial.
2. las siete artes liberales conformaban, como se sabe, la suma del T r iv ium (Gramática, Lógica y
Retórica) y el Cuadrivium (Aritmética, Geometria, Música y Astrología).
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3. Santo Tomás de Aquino definia también al arte como «la recta razón de las cosas factibles».
4. El grado de aprendiz se corresponde con la tierra y el inframundo. El de compañero con la atmósfera o
mundo intermediario, el de maestro, con el cielo.
5. En ella podemos distinguir perfectamente elementos simbólicos del Pitagorismo (la simbólica de los
números), de las órdenes iniciáticas de caballería medieval (como el Temple), de la cábala hebraica y el
cristianismo (el Tetragramatón entre otros), de la alquimia y la astrologia, y del Hermetismo. Todos estos
elementos dispuestos no de manera sincrética, sino en una síntesis doctrinal perfectamente regular.
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En la Masonería la arquitectura está encarada, como hemos dicho, como un arte o una
ciencia cosmológica, ordenadora, siendo precisamente conocido este orden en la antigüedad
como el «arte de la geometría» (de gea: tierra, y metria: medida), como una alquimia
que transmuta y espiritualiza la propia materia del iniciado, simbolizada por la piedra bruta
y la piedra cúbica. (6) El caos ignorante queda convertido en cosmos (orden, armonía) al
recibir una forma expresada por números y medidas simbólicas, lo que implica un despertar
o iluminación en la conciencia oscurecida del iniciable, que se efectúa por grados y etapas
progresivas.
En efecto, el masón es constructor albañil, un artista, tal y como lo denomina la alquimia
y la Tradición Hermética, pero también un hombre sabio. La auténtica maestría en el arte
reside en la posibilidad de sobrepasar las «reglas», de romper los limites, sólo que no
desde el exterior, sino desde el interior, desde la médula misma del orden. Sólo asumiendo
el método es que uno puede real y regiamente sobrepasarlo, no antes. Eso es decir que sólo
conociendo nuestros verdaderos límites es que podremos intuir todo lo que en nosotros
carece por completo de ellos: a nuestro auténtico Ser, libre y universal. En esto radica
primordialmente el objeto del Arte o la Ciencia Real, vehiculadas por nuestra Orden.
_______________________________
20
TRABAJO MASÓNICO Y HERRAMIENTAS SIMBOLICAS
Hemos visto que en la Masonería, la arquitectura es una forma simbólica del Arte Real o
Regia, la que persigue, como afirma el hermetismo, la realización de la Gran Obra.
Lo que se construye es la «casa de Dios», el «Templo», el «habitáculo divino» por
excelencia (el modelo del cosmos), el que se concibe como una perfecta cristalización del
Plan del Gran Arquitecto del Universo, adoptando a su vez un sentido macro y microcósmico
por la doble aplicación del simbolismo y la analogía. Traspuesto a nivel individual y
microcósmico, coincide pues con la perfección del ser humano (1), la regeneración
psicológica y el nacimiento espiritual del iniciado.
Pero también es cierto que allí en donde se hace necesaria una labor de construcción,
reconstrucción u ordenamiento, es que nada definitivo, completo, permanente y estable
existe aún. Lo mismo podríamos pensar de la necesaria promulgación de una ley, de la
fijación de un límite o un encuadre determinado cualquiera. Es decir, que el caos no sólo
preexiste al orden (cosmos), (2) sino que de algún modo también coexiste con él, lo que
inmediatamente los relativiza. Es impensable un caos o un orden absolutos en un universo
en devenir.
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En este sentido, y a pesar de las variaciones que con el paso del tiempo pueden haber
sufrido las formas rituálicas de la Masonería, los instrumentos del Arte Real continúan
siendo idénticos a sí mismos, conservando siempre el valor significativo de su verdadera
funcionalidad.
Todo acto creativo se nos aparece siempre como una conjunción o interacción de dos
fuerzas; como la acción de un principio o energía luminosa y constructora que se sobrepone
activamente a un conjunto de tendencias, preexistentes también, pero amorfas y primarias.
Si el principio se define siempre como algo activo, luminoso o ígneo, su contraparte
deviene lo oscuro, lo pasivo y lo húmedo. Si lo primero es lo duro, lo segundo es lo
blando: si uno conlleva la forma, lo otro es lo amorfo, lo que carece aún de ella. (3)
______________________________
3. Cuando se dice que los principios son «informales», no significa, desde luego. que sean «amorfos», sino
que al ser arquetipos, contienen todas las formas sin quedar limitados por ninguna, como la esfera que contiene toda
posibilidad formal diferenciada.
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4. Y de hecho, en el correcto manejo de las herramientas consiste, junto al conocimiento de los materiales de la obra, el
conocimiento del oficio.
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VI
CENTRO Y EJE
21
EL ARA Y SU SALUDO RITUAL
Como todos los hermanos sabemos, el Ara es el altar de nuestro taller que es también
nuestro templo y por lo tanto una imagen del cosmos. En el centro de ese espacio, entre
la puerta y el Oriente y las columnas del Norte y del Sur se encuentra nuestro altar
iluminado por las luces de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza. Esta piedra o ara, por marcar
el centro, señala también el eje del taller, es decir, la posibilidad de comunicación alto-
bajo, ascendente-descendente, entre la tierra y el cielo que en forma simbólica está
representado en el techo. Y es a través del rito de nuestros estudios y trabajos, de
nuestras ceremonias y gestos invariables que esta comunicación se reactiva y se hace en
nosotros, los que nos ponemos entonces en condición de poder recibir los efluvios de lo
alto, las inspiraciones emanadas del Gran Arquitecto del Universo, las que constituyen
todo Conocimiento y Sabiduría. Es pues el Ara el punto más importante del templo, a partir del
cual, se organiza toda la Logia y los trabajos que en ella se realizan. Es el símbolo de lo
invisible por excelencia, que él expresa formal y sensiblemente, y a él mira
simultáneamente toda la Logia, tanto el Oriente como los otros puntos cardinales. La
escuadra y el compás se hallan sobre él simbolizando la unión entre la tierra (la escuadra, el
cuadrángulo) y el cielo (el compás, el círculo) ya que él manifiesta el «axis» en el que se conjugan
las polaridades.
Ya sabemos que nuestra Logia, al simbolizar el cosmos, simboliza tanto el macro
como el microcosmos puesto que éste es una miniatura de aquél, por lo que el taller es
también una imagen de nuestro templo interno y el ara, por ser su punto central, corresponde en
el ser humano a su corazón, lugar donde se recibe la palabra y la sabiduría divina -testificadas
por el Libro Sagrado que reposa en nuestro altar- lugar de transformaciones y de realización.
Hacia esta transmutación están orientados nuestros esfuerzos; lo que es lo mismo que pulir la
piedra en bruto, o ir ascendiendo escalonadamente los estadios sucesivos del Conocimiento,
que se corresponde con los grados de nuestra Orden. Esta posibilidad de ascenso y superación
está siempre presente en el pecho de cada aprendiz, compañero o maestro, que en virtud de
haber recibido la iniciación se halla especialmente cualificado para efectivizar estos símbolos,
para hacerlos una realidad interna que vaya alactuando en nosotros al ser evocados por la
meditación, el estudio y la reiteración ritual.
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Entre Masones Biblioteca 74
SIMBOLO, RITO, INICIACION
Queremos recordar también para finalizar, que el Ara es el lugar en el que efectuamos
nuestros juramentos, como manifestación visible de una energia invisible y trascendente. Sobre
ella, como imagen del centro espiritual, y en lo hondo de nuestro corazón, es que hemos
aceptado nuestros compromisos internos y hemos prometido cumplirlos, llevarlos a cabo. Esto
podría parecer ridículo a aquél que ignorase todo sobre el simbolismo o no hubiera podido salir
verdaderamente del mundo profano. Pero no lo es para los masones, los que al comprender el
símbolo y el rito en el interior de su corazón, los efectivizan, al vivenciarlos. Por ese motivo es
que son tan importantes los gestos rituales, ya que por medio de ellos se renuevan las
posibilidades que contienen, pues expresan con exactitud una cosmogonia en movimiento, un
cosmodrama, aunque se ignore esta circunstancia. Sin embargo, es obvio comprender que cada
vez que pasamos junto al Ara y lo saludamos, no sólo estamos dando una muestra de respeto al
símbolo en cuestión y a todo aquello que llevamos dicho acerca de lo que él representa, sino
que además renovamos ritualmente nuestros compromisos y promesas masónicas, volviendo a
religarnos con ellas precisamente en el lugar de la recepción de las emanaciones del Gran
Arquitecto del Universo, lo cual constituye un perenne recordatorio de nuestra auténtica
calidad masónica.
22
LA «LOGIA JUSTA Y PERFECTA»
Y LAS «SIETE LUCES»
Asimismo (al menos virtualmente), una Logia también puede ser «justa y perfecta» si de
esos siete hermanos tres como mínimo poseen el grado de maestro, dos el grado de compañero
y dos más el grado de aprendiz, abarcando de esta manera la totalidad de la jerarquía iniciática.
Según esto podríamos entonces asignar el espíritu de la Logia al maestro, el alma de la misma
al compañero y el cuerpo al aprendiz, con lo cual se establece una tríada cosmológica
análoga a los tres planos o niveles (celeste, intermediario y terrestre) de la manifestación
universal. De ahí, pues, que no resulte extraño que se necesite del concurso de siete hermanos
como mínimo para que los trabajos sean también, al igual que la Logia donde éstos se cumplen,
«justos y perfectos», y para que sea posible la transmisión regular de la influencia
espiritual del Gran Arquitecto.
De otro lado, se ha comparado a las «siete luces» masónicas con las siete estrellas de
la Osa Mayor, las que, según diversas tradiciones, simbolizan a otros tantos personajes míticos
que asumen la función de transmitir la sabiduría perenne de un ciclo de la humanidad a otro, o de
una época histórica a otra, asegurando así la permanencia y continuidad del Conocimiento
metafísico y sus diversas aplicaciones cosmológicas, y con él el de la propia tradición primordial
de los orígenes, depositaria de dicho Conocimiento. Estos seres míticos y celestes son los siete
Rshi de la tradición hindú, (1) cuya réplica terrestre la encontramos, por ejemplo, en los siete
sabios de Grecia, o en los siete reyes legendarios de la antigua Roma, e incluso, por
qué no, en los siete masones de la Logia «justa y perfecta». Y así como las siete estrellas de
la Osa Mayor giran en torno a la polar, que es el centro de nuestro universo y, por consiguiente, el
símbolo de la Gran Unidad, de manera semejante los masones realizamos nuestros trabajos en
el Nombre y a la Gloria del Gran Arquitecto, uno de cuyos símbolos más representantivos es
precisamente la letra «G» o la iod hebraica inscrita en el centro de la estrella pentagramática.
Figurada, a su vez, en el techo (cielo) de la Logia, estrella que los masones operativos
asimilaban a la propia estrella polar.
En la simbólica de los «operativos» de la letra «G» pende una plomada que desciende
en vertical hasta el centro mismo del suelo de la Logia, uniendo así el polo celeste al polo
terrestre, el cielo a la tierra, o si se prefiere, la Logia de lo Alto a la Logia de Abajo, siendo
ésta un reflejo de aquélla. La presencia central de dicha plomada, además de establecer un eje
ordenador en el espacio de la Logia, también crea una perspectiva de movimiento y rotación
alrededor de ese eje, pues, al fin y al cabo, ¿no es nuestro Templo una imagen simbólica del
cosmos, y por lo tanto, de la Rueda del Mundo o Rota Mundi?
_____________________________
1. René Guénon. Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. XXIV. «El Jabalí y la
Osa».
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23
LA TIERRA SAGRADA
identidad. También podría recordarse aquí la noción del omphalos, la piedra constituida
en centro del mundo, allí donde Apolo Pitio, al flechar y dar muerte a la serpiente Pytho,
establece el templo de sus oráculos, donde lo telúrico y lo celeste se unen en la indicación
formulada por la Pitia o Pitonisa desde su trípode, lo cual apareció como locura, extrañeza
e incluso horror para un mudo de ver y como hierofanía para otro. Pero ¿dónde si no
podrían oírse las voces de la Deidad sino en el centro del mundo, análogamente, en el
corazón del ser humano?
Son los huesos -los mismos que soportan nuestra estructura vertical- el soporte
simbólico de la resurrección a una identidad anterior y primigenia. Son el soporte de lo
angélico. Y su mineralidad se emparenta con la piedra. símbolo de la presencia divina y del
corazón del mundo.
Con respecto a la peregrinación y a la literalidad de un mundo. ¿no será a este respecto
que pueden entendense las palabras evangélicas de la última Cena, cuando se dice que sólo
han de ser lavados los pies, pues el resto está limpio por la Palabra, es decir por la realidad
efectiva de la Doctrina Espiritual?
A Santiago se lo relaciona con el conocimiento de las ciencias de la Cosmogonia, o sea
las del devenir y el mundo intermediario, así como con la Esperanza, que se expande en la
intuición de lo simultáneo.
Es necesario separar, para unir; negar un mundo, para entregarse al misterio; el cual
vuelve a nosotros de manera insospechada. Si todo parte del Sí-mismo para volver al Si-
mismo, es así como pudiera darse una entrega. El Todo Primordial es el Uno, y por lo
mismo que nos excede es que podemos entregarnos a Él, Artífice prototípico.
Para el mundo occidental, signado por una «cultura» adquirida y deformada, lo que más
le cuesta es perderla para encontrarse a si mismo y es evidente que eso no puede hacerse sin
el auxilio de la Tradición. No sólo somos nosotros que nos ligamos a ella, sino que también
ella nos acoge, encarnándose en nosotros, si la vivificamos y la traemos a la existencia. Ella
es obra de la Sabiduría, hacedora de todas las formas tradicionales, sin la cual nada fue
hecho, según dice Salomón. Al que la ama, y le es fiel, a veces a pesar incluso de él mismo,
ella, con amor misterioso y secreto, siempre atenta -pues es una con el Principio- lo rescata
cuando todo está perdido, tal vez precisamente entonces.
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Entre Masones Biblioteca 78
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24
EL RITO Y EL SÍMBOLO
Uno de los temas a que más importancia ha concedido la Tradición Masónica es el del
rito, como la forma transmitida desde la antigüedad de sacralizar al tiempo y al espacio.
Para el mundo moderno, carente de comprensión acerca de lo sagrado, lo espacio-
temporal resulta siempre uniforme. insignificante y totalmente profano. Pero para el masón,
heredero de la Antigua Tradición, hay puntos significativos en el tiempo, determinados por los
movimientos de la tierra y las revoluciones del sol y los planetas, que observa cuidadosamente
por el estudio de la Astrología y que celebra y sacraliza, permitiéndose de esa manera conocer
otras dimensiones del mismo y emprender el viaje iniciático que lo conducirá hacia el Eterno
Oriente, donde finalmente el tiempo se detiene.
Las dos fiestas más importantes que se celebran en nuestra Orden (y que por cierto han
celebrado todos los pueblos) son las de los dos solsticios, de verano y de invierno -eje vertical
de la rueda-, que corresponden respectivamente al Sur y al Norte, al mediodía y a la
medianoche y a los signos zodiacales de Cáncer y de Capricornio. Estos dos puntos del
tiempo eran llamados por los griegos «puerta de los hombres» y «puerta de los dioses», y
la tradición hindú los identificaba como el pitr-loka y el dera-loka, y estando relacionados
con los dos perfiles del Jano de los romanos y con los dos Juan (Bautista y Evangelista) de la
tradición cristiana. Se dice que por la primera de las puertas salen las almas de los no
iniciados que después de la muerte habrán de retornar a otro estado de manifestación; y
por la segunda la de los que, gracias a la muerte y el proceso iniciáticos, han conocido los
estados múltiples del ser y las diversas dimensiones del tiempo y el espacio, logrando de
este modo realizar el retorno a la Unidad, donde se recupera la inmovilidad del Origen y se
obtiene la Gran Luz oculta en la inmanifestación. Es ese el sentido esotérico de que
nuestros trabajos se realicen del mediodía a la medianoche; pues si bien es cierto que
para el profano la mayor luz se halla en el mediodía y en el solsticio de verano (el día más
largo del año), el iniciado por el contrario encuentra la Gran Luz en el solsticio de invierno,
pues en su búsqueda interna se ha dirigido hacia el conocimiento del Sol de Medianoche.
Y también es ese el sentido simbólico de que el Cristo nazca justamente a las cero horas y
en el solsticio invernal de Capricornio, y que a partir de ese nacimiento el tiempo
comience a contarse de nuevo.
Las otras dos fiestas que hemos de celebrar con plena conciencia de lo que significan,
son las de los dos equinocccios, de primavera y otoño, que corresponden a los signos de
Aries y Libra y que son equidistantes de las dos primeras. Se simbolizan en estas cuatro
fechas también a los cuatro elementos, pues Capricornio corresponde a la Tierra, Aries al
Fuego, Cáncer al Agua y Libra al Aire; nos permiten observar las transformaciones que
ocurren en la tierra en armonía con las leyes del cielo; nos recuerdan a su vez los
grandes ciclos cósmicos determinados también por la ley del cuaternario y por los
movimientos de los astros, y evocamos con ellas las cuatro edades (de Oro, Plata, Bronce
y Hierro) en que se divide todo ciclo.
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Entre Masones Biblioteca 79
SIMBOLO, RITO, INICIACION
Aparte de estos cuatro, todos los pueblos encontraron puntos en el tiempo, que
celebraban de acuerdo a sus calendarios rituales (los cuales encontramos en todas las
culturas). Eran en esos puntos significativos cuando se realizaban los ritos, vivificando
con ellos los mitos y trayendo al presente aquel tiempo perdido o Edad de Oro en que los
dioses habitaban la tierra y ésta se regía en forma total por las leyes del cielo.
Nosotros celebramos estas fiestas, pero también sacralizamos el tiempo en todas
nuestras tenidas, pues durante el lapso en que éstas transcurren (que simbólicamente es,
como dijimos, del mediodía a la medianoche), realizamos nuestro ritual, nos salimos del
tiempo uniforme del mundo profano e ingresamos a otro tiempo en el que todo se hace
simbólico. Con el espacio sucede lo mismo, y en nuestro caso es el templo (y sobre todo su
espacio vacío), el que viene a representar el lugar donde habita el espíritu, que por cierto
no es otro que nuestra propia interioridad. Los antiguos nos enseñaron a reconocer los puntos
espaciales que se salen de lo amorfo y de lo profano. Ellos sacralizaron esos puntos y
construyeron en los mismos sus templos y ciudades; para esto se da fundamental
importancia a los cuatro puntos cardinales, marcados también por las leyes del cielo y en
armonía con las cuatro estaciones del tiempo, y esa es la razón de que nuestras
construcciones se orienten de acuerdo a tales leyes. Ese es el caso de la ciudad de la antigua
Tenochtitlan, México. Los sabios y reyes, guiados por los designios de los dioses y por las
órdenes de sus antepasados, supieron reconocer (después de la peregrinación y en un
tiempo determinado) aquel lugar que habría de ser su centro. Donde el águila devoraba a la
serpiente, donde lo sutil de lo volátil había dominado a la densidad de lo que repta, donde
el espíritu había penetrado a la materia, allí habría de erigirse el Templo Mayor, centro
simbólico de la ciudad y el imperio que se desarrollaría a su alrededor. También en este
caso, a partir de ese momento, el tiempo habría de comenzar a correr de nuevo. Esto era
posible gracias al conocimiento que de la cosmogonía tenían sus sabios, sacerdotes y
señores. Y no es excepción en la historia de la humanidad, sino que por el contrario es la
regla, pues por procedimientos y símbolos similares fueron fundados todos los centros
espirituales de la antigüedad que escribieron la historia del hombre y de los cuales
recibimos la herencia y el influjo espiritual. En el caso de la ciudad de Jerusalén y el
Templo de Salomón ocurre lo mismo. El pueblo judío, después de un largo peregrinaje por
el desierto, y de haber atravesado por en medio de las aguas, encuentra la Tierra Prometida.
Luego que David (con una honda, símbolo de lo sutil y lo volátil) mata al gigante Goliath
(que representa a la materia densa), es erigido en ese lugar el Centro. Allí se construirá el
templo y la ciudad de Jerusalén. tomando como modelo a la Jerusalén Celeste, cuyas leyes
eran también conocidas por el sabio Salomón y el arquitecto Hiram. Sabemos que nuestro
Templo es una réplica de aquél y que nuestro ritual ha sido tomado de los ritos iniciáticos
que se practicaron desde la más remota antigüedad en el interior de las cavernas y los
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
templos en los que, tal como debemos hacer nosotros, se da vida al tiempo y el espacio
verdaderos.
El ritual es para nosotros el vehículo que nos conducirá a la realización del Arte Real y al
cumplimiento de la Gran Obra. Junto con el significado esotérico de los símbolos
constructivos y guerreros, es la herencia más preciada que hemos recibido de los
antepasados. He ahí la importancia trascendental que tienen para los masones. Y es por eso
que una de las obligaciones fundamentales que tenemos es la de realizar el rito en forma
perfecta y con un conocimiento cabal de lo que significa.
Es esta una gran responsabilidad, pues de lo contrario nuestra Orden podría desaparecer
en la multiplicidad de lo profano.
Veíamos cómo para la Masonería, en cada tenida en que se celebra alguna fiesta
litúrgica (en especial las cuatro anuales de los dos solsticios y los dos equinoccios), y
también en todas las tenidas ordinarias, se logra, mediante la realización perfecta y
consciente del ritual, el conocimiento gradual de otras dimensiones de nosotros mismos, que
no podríamos alcanzar si no fuera por la intermediación del símbolo al que utilizamos
como vehículo (el más adecuado a la naturaleza humana) para la comprensión y vivencia de
esos otros estados de la conciencia y del ser, que los seres humanos tenemos en potencia y que
no se realizan si no es a través de un trabajo interior al que coadyuvan los ritos y símbolos
sagrados, tomados de los diseños del Gran Arquitecto y que los iniciados de todos los
tiempos recuerdan y repiten, evocando así ideas sutiles y arquetípicas que conducen a la
realización espiritual.
Y no está de más apuntar aquí que para nuestra Orden el rito es un símbolo, y que al
hablar de él podemos recordar conceptos que hemos enunciado en otros trabajos acerca del
símbolo en general y que son también válidos con respecto al rito en particular.
En primer lugar el rito (como el símbolo) es la representación de una idea y también de una
fuerza y una energia, que se esconde detrás de su apariencia formal. En ese sentido, cada uno de
los pasos, toques, señales, baterías y palabras que realizamos y pronunciamos, tienen un sentido
esotérico u oculto que recordamos, vivificamos y vamos conociendo al practicar nuestra
liturgia. El propio sentido etimológico de la palabra rito, proveniente del término sánscrito
rita, está relacionado con la idea de orden, siendo en realidad, todo ritual verdadero, una
forma ordenada de representar ideas, pensamientos y energías que a través del propio rito se
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
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Entre Masones Biblioteca 82
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25
LAS FIESTAS SOLSTICIALES DE LOS DOS SAN JUAN
A todos los que estamos reunidos en esta Tenida Fraterna no nos es ajena la enorme
importancia que revisten para la Masonería las fiestas solsticiales de los dos San Juan. Todos
sabemos que la importancia que nuestra Orden concede al Bautista y al Evangelista obedece,
entre otras razones, al hecho de que ambos santos representan, por la extraordinaria riqueza
espiritual que sus mensajes contienen, la espina dorsal y el eje invariable que sostiene nuestro
edificio. En esta plancha intentaremos señalar algunos aspectos del complejo simbolismo
solsticial, ligándolo, en cuanto nos sea posible, a determinados aspectos de la enseñanza
iniciática y cosmológica de nuestros dos santos patrones.
En primer lugar, hemos de tener en cuenta que los fenómenos astronómicos y naturales, en
una sociedad tradicional, o en una organización iniciática como es nuestra Orden, siempre han
sido considerados como los símbolos de las realidades invisibles y espirituales, que por tener tal
naturaleza no podrían ser aprehendidos por nuestra inteligencia si no fuera por aquello que las
sugiere y las expresa, es decir las simboliza. Idéntico punto de vista podríamos deducir de las
imágenes y símbolos específicamente iniciáticos y sagrados (como, sin ir más lejos.
aquellos que decoran y hacen significativa la Logia), y que fueron diseñados por nuestros
antepasados con el único fin de servir de soporte, de estudio y de meditación para conocer
la verdad que se oculta tras su apariencia.
En su sentido más auténtico los símbolos iniciáticos no son sino las expresiones de los
arquetipos universales, de las causas originarias, de las que emanan, como el manantial de
su fuente, todas !as cosas, siendo este punto de vista, a diferencia de lo que hoy se cree,
una constante en el pensamiento de los hombres y de los pueblos a lo largo de la historia.
Todo ser tiene un origen temporal, tanto como atemporal y trascendente. Por un lado, un
nacimiento físico, condicionado; por otro, la posibilidad de renacer, de volver a nacer a la
esfera de lo espiritual, por un acto de su voluntad más íntima y profunda, gracias al
conocimiento del lenguaje revelador, evocador y regenerativo de los símbolos sagrados.
Las representaciones rituálicas cumplen el mismo objetivo. En su desarrollo gestual, en
la propia dinámica de su ritmo, el rito (que es el símbolo en movimiento) produce
determinadas vibraciones armónicas que actúan como un detonador en la conciencia,
despertándola a la realidad que el gesto ritual simboliza. Por tomar un ejemplo entre
muchos, las circumambulaciones alrededor de los tres Pilares que el masón ejecuta en
Logia no hacen sino representar simbólicamente el ritmo circular del sol y de las estrellas en
su curso aparente por cielo alrededor de la estrella polar.
Las fiestas solsticiales de los dos San Juan se adornan con los atributos propios de toda
celebración litúrgica en la que el sol, el astro de la luz, es el protagonista principal. Sin ir
más lejos, el carácter solar de ambas festividades está netamente señalado por las fechas
que ocupan en el calendario, es decir el 24 de junio para San Juan Bautista y el 27 de
diciembre para el Evangelista, días que cono todos sabemos corresponden al solsticio de
verano y al solsticio de invierno, respectivamente. Para no alargarme demasiado en estas
consideraciones indicaré solamente que la circunferencia o circulo que dibuja la órbita
solar al pasar de un solsticio a otro, pasando por los dos equinoccios de primavera y otoño,
deviene el esquema simbólico y tradicional del ciclo del año. Y si tenemos en cuenta las
relaciones, correspondencias y analogías que se dan entre el espacio y el tiempo,
deberíamos deducir que si el movimiento aparente del sol, así como el de los planetas y
restantes cuerpos celestes es circular, el tiempo tiene que serlo también, lo que vale decir
que es por naturaleza cíclico. Esto lo podemos advertir igualmente cuando constatamos que
a cada punto cardinal, norte, sur, este y oeste, le corresponde una estación temporal,
invierno, verano, primavera y otoño, en un constante reciclaje que hace posible la
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Entre Masones Biblioteca 83
SIMBOLO, RITO, INICIACION
regeneración permanente del propio tiempo y espacio, tanto terrestre como celeste o
cósmico.
Las fiestas rituálicas de los dos San Juan, como en cierto modo toda celebración
litúrgica reposan pues, sobre este postulado: el tiempo cósmico y humano está sujeto a la
regeneración perenne, siendo este vaivén rítmico de los solsticios como una imagen y un
reflejo sensible y natural de esta ley universal.
Ya los antiguos romanos celebraban anualmente las fiestas solsticiales dedicadas al dios
Jano, en el que podemos encontrar las mismas significaciones simbólicas que se atribuyen
a los dos San Juan. Como ellos, Jano presidía las fases ascendentes y descendentes del
ciclo anual, y era considerado como el 'portero' (ianitor), que con sus dos llaves, una de
plata y otra de oro, abría y cerraba las épocas. Por esto mismo se le denominaba también
el «Señor del Tiempo», el creador del mundo y padre de los dioses. Jano poseía las
claves (de clavis, llave) de los misterios ligados a la iniciación.
Dos llaves estaban relacionadas con los dos rostros que poseía (de ahí también el
calificativo de Jano Bifronte). Uno de ellos miraba a la izquierda y estaba relacionado
con el pasado, con lo que fuimos, y que como tal condiciona inevitablemente nuestro
presente. Al rostro de la izquierda se le adjudicaba la llave de plata, llave (o clave) que
abría la puerta de acceso a los misterios ligados a la primera fase de la iniciación, donde el
recipiendario tiene que tomar conciencia de sí mismo, esfuerzo que necesariamente
implica la regeneración total de la psiqué o del alma, elevándola a un plano superior que
por su naturaleza le pertenece. A su vez, la llave de oro estaba en posesión del rostro que
mira a la derecha y al porvenir. Podríamos decir que el porvenir -donde el tiempo todavía
no es- se relaciona simbólicamente con el mundo celeste y uránico (solar), y cuyos
misterios están ligados a la segunda fase de la iniciación. Y es precisamente en su papel de
«iniciador en el Conocimiento», como fue venerado por los Collegia Fabrorum de la Roma
Imperial, antecesores directos de los gremios iniciáticos de constructores y artesanos que
florecieron en la Edad Media, período histórico donde precisamente Jano fue reabsorbido
en la forma cristianizada de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, de los que se ha
dicho que representan las dos modalidades o aspectos de un solo y mismo ser.
Aquí existe una interesantísima correspondencia entre las puertas solsticiales y el
dominio propio de la iniciación en los misterios, que no hace sino confirmar el valor
simbólico del mundo natural con respecto al espiritual y sagrado. Iniciación que a su vez se
desarrolla en dos fases, descendente y ascendente, o concentrativa y expansiva, y que la
antigüedad greco-latina hizo corresponder respectivamente a los «pequeños viajes» y a los
«grandes viajes», terrestres los unos y celestes los otros, los que conducen al conocimiento
integral de la cosmogonia y del verdadero orden del mundo.
Estas mismas fases de un solo y único proceso se encuentran claramente expresadas en
la iniciación, elevación y exaltación característica de los tres primeros grados masónicos de
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Aprendiz, Compañero y Maestro, a los que no son ajenos las figuras y atributos del Bautista
y del Evangelista. Es bien cierto que como su propio nombre indica, la misión de Juan
Bautista es precisamente la de bautizar con agua, simbolizando dicho bautismo la
regeneración y el nacimiento a una «nueva vida», aquélla que se nos promete cuando
somos recibidos francmasones. A partir de ese momento crucial, que es un comienzo y
una entrada, se nos abre una puerta. la que los pitagóricos designaban como la «puerta
de los hombres», representada en nuestro ritual por esa matriz cósmica que es la Cámara de
Reflexión, donde simbólicamente también descendemos en el fondo de lo humano para
reconocer nuestra verdadera identidad en consonancia con nuestro destino. Esto es lo que
designan las siglas herméticas V.I.T.R.I.O.L, grabadas en dicha Cámara: Visita el Interior
de la Tierra (de tí mismo) y Rectificando Encontrarás la Piedra Oculta. Según el símbolo,
descendiendo en cl centro tenebroso de la tierra reconocemos cl valor supremo de la
muerte, de la vacuidad, de lo más pequeño, imprescindible para que una nueva forma de
vida, un orden nuevo, reflejo de lo universal, alumbre en nuestra alma.
A este respecto, en la rueda astrológica, la «puerta de los hombres» está situada en el
signo de Cáncer, que por sus vinculaciones con la luna y el agua (la cual genera al mismo
tiempo que corrompe), rige tanto los nacimientos como las muertes. Con el mismo
significado la cosmologia hindú menciona «la vía de los antepasados» (pira-yana), por
donde el ser que la recorre nace a la generación y a la vida. En el dominio de la realización
espiritual esta generación es un nacimiento al cosmos, al orden, una entrada en el templo
sagrado, donde los planetas junto con los doce signos del zodíaco marcan los ciclos y los
ritmos del universo y del hombre. Hemos de recordar que en el templo de la Logia los doce
signos son las doce columnas o pilares que la enmarcan, estando expresados los planetas
por los oficiales que rituálica y armónicamente circulan por su interior.
Este descenso podría verse también como una paulatina disminución de la naturaleza
humana, fácilmente accesible a cualquier tipo de contagio profano. Esto lo anuncia
claramente el Bautista cuando exclama: «El, Cristo, conviene que crezca, y no que
disminuya», clara alusión, por otro lado, al trayecto solsticial descendente -ascendente de la
órbita solar. Por otro lado en nuestra tradición, Cristo no es sino el Gran Arquitecto, el
Maestro interno de cada uno que desde lo secreto dirige la edificación del Templo de la
Sabiduría.
En el solsticio de invierno el descenso alcanza su máxima declinación, lo que se
traduce como el aparente triunfo de las tinieblas nocturnas sobre la claridad diurna. Pero lo
que ha alcanzado su mínimo no puede sino crecer, motivo por el cual el solsticio invernal
marca también el ascenso de la luz solar; el nacimiento de Cristo (Sol de Justicia) se
produce en Navidad, solsticio de invierno.
Añadamos que este descenso es una interiorización y concentración en el objeto de
nuestra búsqueda, que nos conducirá finalmente al recinto sagrado, iluminado desde su
interior y «a cubierto» de cualquier interferencia profana.
Para ello, toda aspereza y arista de la piedra bruta tienen que ser trabajadas
pacientemente, tomando como ejemplo la propia misión del Bautista, que ya profetizó
Isaías con estas palabras: «Aplanad los caminos del Señor, toda montaña y colina
serán allanadas». Mensaje de equilibrio de paciencia y de amor ferviente hacia la Verdad
sin mácula que también anuncia el Precursor, hijo de Zacarías.
Por esta razón, a Juan Bautista se le atribuye en la Masonería la ciencia de la
escuadra y el nivel, útiles imprescindibles para que la base del edificio a construir se
encuentre perfectamente allanada y encuadrada, simbolismo que se refiere claramente al
trabajo de rectificación que cada uno debe ejercer consigo mismo.
Si a la función del Bautista le conviene la escuadra y los misterios terrestres de lo
humano, ligados al base tismo de agua, a Juan Evangelista «el águila de Dios», y «el
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
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1. Es precisamente el comienzo del Evangelio de Juan el que preside la apertura de los trabajos en numerosas
logias.
2. El Simbolismo axial de la «clave de bóveda», se encuentra especialmente indicado en el ritual del grado de Royal
Arch (Arco Real), presente tanto en el Rito Emulación y en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
3. Añadiremos que el Oriente Eterno no tiene exclusivamente una signilicacion post mortem, sino que sus moradas
-
fuentes de todo verdadero conocimiento- pueden ser alcanzadas en vida por todo aquel que se identifique, con la
plenitud de su ser, con el Nombre inscrito en el Delta luminoso. situado precisamente en el Oriente de la Logia. Se
dice que el que conoce el sentido secreto de esta Palabra «ve» las cosas y los seres incluidos en el «eterno presente».
26
LA FR AT ERNID A D MASÓ NICA
En esta noche tan especial en que celebramos la festividad de San Juan Evangelista, y
apelando una vez más a vuestra paciencia y comprensión, quisiera comunicaros algunos
pensamientos que han surgido al reflexionar sobre la «fraternidad» masónica.
En primer lugar, pudiera suceder que debido al excesivo uso que se hace de ella, esta
palabra acabe finalmente por convertirse en un tópico, como ocurre con tantas otras. Esto
debe evitarse a toda costa, y tal vez una manera de hacerlo consista en recordar, cada vez
que se pronuncia, el sentido verdadero y el significado profundo que encierra.
Fraternidad quiere decir 'hermandad', esto está claro. Pero en la Masonería la
hermandad está ligada por lazos espirituales, ya que no se trata de una simple
organización profana, sino que tiene un carácter eminentemente iniciático, y por lo
tanto sagrado. Esto, se mire por donde se mire, es así: el dominio iniciático pertenece al
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Entre Masones Biblioteca 86
SIMBOLO, RITO, INICIACION
ámbito espiritual, pues la raíz latina de iniciación -in ire- responde a la idea de comienzo,
de entrada, de penetración, de vía o sendero por el camino del Conocimiento - con C
mayúscula para distinguirlo del simple conocimiento racional y mental que sólo se refleja a
sí mismo, incapaz de salir de sus propios límites dìscursivos.
Tal vez nos preguntemos en qué consiste dicho Conocimiento, y cómo podría ser
definido, si es que esto último fuese posible. Sin necesidad de recurrir a largas
explicaciones, diremos que el Conocimiento de que se trata no puede ser otro que el que
nos reintegra a la auténtica identidad de nuestro ser, es decir, aquel que nos da la
posibilidad de recordar (en el sentido de la 'reminiscencia' platónica) qué o quiénes
somos realmente, cuál es nuestro destino y la razón misma de nuestra existencia ¿Para
qué hemos recibido el beneplácito y el Privilegio de la iniciación masónica sino para saber
realmente quién somos? Si así no fuera ¿qué sentido tendrían todos estos símbolos y ritos
cargados de significaciones cosmológicas y espirituales, y cuyo único fin es servir de
soportes y vehículos en nuestro viaje hacia el Conocimiento, que ellos velan y revelan al
mismo tiempo?
La estructura simbólica y ritual de nuestra Orden se remonta más allá de cualquier
cronología, estando su origen en el tiempo mítico anterior a la propia historia. Tratándose
de una herencia sagrada, ésta sólo puede proceder del Espíritu, que en la Masonería
toma el nombre y la función ordenadora de Gran Arquitecto del Universo. Así, pues, siendo
hasta en sus más mínimos detalles la inteligencia constructora del equilibrio y la armonía
universal, el Arquitecto está incluido en su obra. Es más, él constituye en los seres ese
principio inmutable que les da la vida y la posibilidad de ser. Por lo tanto, el masón no sólo
debe conocerse a sí mismo sino también el mundo que le rodea, las leyes que lo rigen y lo
moldean permanentemente, reconociendo en los seres y las cosas, que son como nosotros
símbolos, un reflejo de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza del Gran Arquitecto.
Con lo que decimos no nos alejamos del tema que estamos tratando, pues esta
solidaridad, esta comunión con el cosmos visible e invisible que nos rodea y del que
formamos parte, es una muestra más de la fraternidad que debe presidir nuestra conducta,
un ejemplo más del lazo indisoluble que liga entre sí a los diversos planos y niveles de la
manifestación. En este sentido, entre nosotros si realmente nos consideramos hermanos, y
así es en efecto, debemos igualmente estar ligados por lazos de amor hacia el Conocimiento
y la Verdad, Pensamos que esta sería nuestra marca o sello distintivo por el que nos
podríamos reconocer como tales. Naturalmente, es obvio que cada cual puede y debe
acometer la búsqueda del Conocimiento siguiendo la inclinación de su naturaleza, y
encarnarlo a la luz de su íntima reflexión y con las armas de que disponga. Además, como
dice el Volumen de la Ley Sagrada. «nadie puede añadir un solo codo a su estatura»,
llegando en esa búsqueda hasta donde le permitan sus posibilidades de comprensión.
Por otro lado, ya sabemos que la Masonería no es religiosa, ni está supeditada a la
estrechez del dogmatismo, cualquiera sea su signo. La verdad de las cosas es demasiado
rica y generosa como para ponerle límites, manifestándose en cada uno de nosotros como
una libertad sin trabas. El mismo Juan, recogiendo las palabras del Cristo, nos dice en su
Evangelio: «La Verdad os hará libres». La Masonería no es dogmática ni religiosa, pero sí
posee una doctrina y un método de trabajo, y nuestro deber es conocerlos, saber de qué se
trata y llevarlos a cabo. Lo único que se nos exige es que nos desembaracemos de todo lo
que nos es superfluo y añadido, y encerrarnos en nuestra particular cámara de reflexión; de
«dejar los metales en la puerta del Templo», el cual no es otro que aquel que deseamos
edificar en nuestro interior, pues éste que vemos es sólo el símbolo.
Fraternidad también sugiere la idea de nacer. Los hermanos son tales porque han
nacido de los mismos progenitores. Debe haber, entonces, un padre y una madre común.
En el caso del iniciado masón. ¿Cuáles serian? Tratándose de paternidad y maternidad
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
espirituales, esa progenitura debe proceder por un lado del Gran Arquitecto, nuestro
Ancestro primordial, y por otro, de la propia Masonería. Debemos considerar con esto la
acción de dos energias complementarias, una vertical y otra horizontal. La primera,
descendiendo directamente en plomada, fecunda e ilumina a la organización iniciática y
tradicional, que representa el plano horizontal, el cual está compuesto por la substancia
psico-somática y espiritual de los hermanos que la constituyen. Así, de la cópula producida
por la acción de una energía celeste sobre otra terrestre, surge el «hijo de la luz», expresión
ésta que se atribuye al iniciado masón.
Lo que decimos está ritualizado de una forma muy bella y clara durante la ceremonia
de iniciación en el Rito Emulación. En el momento de «dar la luz» (o «dar a luz») al
recipiendario, el Venerable da tres golpes con el mallete cuyos sonidos evocan la
reverberación del trueno que anuncia la luminosidad del relámpago, símbolo de la Palabra
fecundante del Todopoderoso Gran Arquitecto, palabra dispensadora del re-nacimiento
espiritual que virtualmente se comunica al nuevo iniciado. Y esa comunicación se realiza
precisamente en la «cadena de unión» formada por todos los hermanos, y que no sólo se
representan a ellos mismos, sino a «todos los masones esparcidos por la faz de la tierra», es
decir a la Tradición misma.
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LA TOLERANCIA
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1. Tage LINDROM, El Trigo y la Cizaña.
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
Y, como sucede con el conocimiento exotérico con respecto al esotérico, la moral está
sometida a la Virtud.
La vida del iniciado debe estar orientada a la búsqueda del conocimiento; y, por
consiguiente, a la persecución constante de la Virtud. Si el camino de la Virtud es absoluto,
no hay lugar a transigir con quienes no desean seguirlo, y menos aún con quienes lo
denigran o niegan su existencia. Por ello se distingue entre el árbol que da buenos frutos y
aquél que los da malos, y se dice que éste último sera cortado y arrojado al fuego.
«Soy amigo del rico como del pobre, con tal que sean virtuosos». Esta fórmula de
nuestro ritual resume el rigor con que hemos de tratar a quienes no desean practicar la
Virtud; y también señala cuál debe ser nuestra actitud para con quienes, en la medida de sus
posibilidades, la buscan. Para ellos ha de estar reservada nuestra amistad: es decir, la
grandeza de ánimo que parte del reconocimiento de nuestras imperfecciones y desea Ia
salvación del otro más que la propia. En la Divina Comedia. San Bernardo ruega a la
Virgen que interceda por el poeta (Dante) con las siguientes palabras:
«Yo. que nunca ardí por ver tanto como ardo porque vea él, a Ti dirijo todas mis
plegarias, y ruego que no sean escasas, para que Tú, con tus preces, le desligues de su carácter
mortal, y se abra para él el placer supremo».
Si nuestro trato con los árboles que dan malos frutos debe estar guiado por el rigor,
nuestro trato con quienes buscan lo que nosotros debe estar presidido por la magnanimidad -la
grandeza de ánimo- virtud ésta que, en el plano moral se traduce a veces en tolerancia: «no
podemos dar por buenas, a priori. todas las opiniones; pero tampoco podemos desear el
aplastamiento de quien no piensa como nosotros, ya que somos imperfectos».
Todas las tradiciones coinciden en la necesidad de distinguir, desde el principio, entre
los que niegan el bien y quienes lo buscan: la espada del masón, símbolo del discernimiento;
las pruebas por las que pasa el neófito simbolizan esa necesidad constante de separar la
cizaña del trigo. También coinciden todas las tradiciones en señalar las limitaciones con las
que todos emprendemos la búsqueda, y en los peligros del orgullo. Así dice lbn' Arabi:
«Aquél que sostiene que su propia forma de ver y de expresarse es la única verdadera está
movido, no por la visión de Dios, sino por el orgullo espiritual». Y San Clemente de
Alejandría: «Siempre ha existido una manifestación natural del Todopoderoso, entre todos los
hombres de recto pensamiento».
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Casi cualquier pretexto es bueno para empezar una reflexión; conviene, sin embargo,
que ésta no proceda en círculos, sino que avance y se eleve. Para ello no bastan nuestras
fuerzas, y por ello los masones pedimos la Luz. Frente al mundo profano hemos de ser fieles al
conocimiento al que la Masonería nos da acceso. Hemos de ser capaces de transmitirlo y
hacerlo fructificar sin revelarlo. Este conocimiento no da «poder», y ello es lógico, porque
el poder no es una virtud. Si da fuerza, en cambio; y el profano debe sentir esa fuerza, sin saber de
dónde viene: la obra del Gran Arquitecto debe hacerse visible en todo masón. Ayuda a
todo ello la conciencia de pertenecer a nuestra Orden: y el estar en esta Logia, simbolo de
nuestro verdadero Hogar.
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EL GESTO RITUAL
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«¿Cómo se hacen los Signos de los masones? Por la Escuadra, el Nivel y la Perpendicular».
En efecto, todos los signos rituales describen las formas de la escuadra, el nivel y la
perpendicular o plomada, que representan las tres principales herramientas de la
construcción del templo material y espiritual. Realizando el signo de la escuadra todos
nuestros actos y pensamiento son «encuadrados» y delimitados según un orden
prototípico que se va encarnando en nosotros a medida que vamos comprendiendo la
enseñanza iniciática, a la que debemos abrir nuestro corazón, dejándonos penetrar
enteramente por ella. Sólo así llevaremos el necesario equilibrio, armonía y estabilidad
a esos mismos actos y pensamientos, que deben ser permanentemente mesurados, es
decir «medidos», por la luz de la inteligencia que brota de esa comprensión. A este
equilibrio armónico y estable alude el signo del nivel, el cual, como dice el Manual,
«corrige las desigualdades arbitrarias», y por lo tanto que no se ajustan al orden mismo
expresado por la propia ley del equilibrio y armonía universal, en el que estamos incluidos
y del que formamos parte integrante. Y por último, gracias al signo de la perendicular
conoceremos la existencia de un eje invisible y central, que al penetrar nuestra
conciencia produce el despertar de los estados superiores y voces internas, que serán los que
nos guíen por los senderos del Conocimiento. Es por ello que la perpendicular figura como el
atributo distintivo del Segundo Vigilante, maestro encargado de la instrucción de los
aprendices, pues es necesario que éstos reciban el influjo del eje espiritual para que la luz
que de él emana ilumine el trabajo de desgrosar la piedra bruta. La enseñanza masónica,
como toda enseñanza tradicional, tiene una lectura que va de arriba a abajo, lo que quiere
decir que en primer lugar deben comprenderse los principios, y concebirlos como energías
liberadoras capaces de actuar sobre nuestra substancia psíquica desordenada y confusa,
imprimiendo en ella un orden. Pero la obra de regeneración no puede llevarse a cabo si no
somos, valga la expresión, «cautivados» por el misterio insondable que envuelve la
existencia del mundo y de nosotros mismos, (1) y que nos sitúa ante la perplejidad de las
tres preguntas fundamentales de la iniciación: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy?
En definitiva, si no somos, como el maestro Salomón, unos apasionados amantes de la
Sabiduría. El eje perpendicular es en relidad la «Vía del Medio», considerada
universalmente como la vía recta y luminosa que comunica la tierra con el cielo, lo
manifestado con lo inmanifestado, el hombre con su realidad imperecedera.
_______________________________
1. «El mundo no subsiste sino por el secreto», se lee en el Zohar o «Libro del Esplendor» cabalístico.
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Estar «al orden» es un gesto ritual bastante importante en Masonería, pues no hay que
olvidar que la propia palabra rito es idéntica al sánscrito rita, que significa 'orden', o acción
hecha conforme a un orden. Dicho orden está «incorporado» en las posturas realizadas por
los brazos, manos y pies, posturas que, efectivamente, os signos de la escuadra, el nivel y la
perpendicular.
Habría que considerar aquí especialmente la posición del brazo y de la mano derecha,
posición que es distinta en cada uno de los grados del aprendiz, compañero y maestro,
situándose a la altura de la garganta en el primero, en la del corazón en el segundo, y
entre las dos caderas o a la altura del ombligo en el tercero. Entre otras cosas esas
diferentes posiciones indican la existencia de diversos planos o niveles de comprensión
dentro de nosotros mismos, y a los que vamos accediendo conforme progresamos por las
«vías que nos han sido describen trazadas».
Por otro lado, esas ubicaciones de los signos de «al orden» en la región gutural, cordial
y umbilical (a los que habría que añadir un signo en la sumidad de la cabeza -o «clave de
bóveda»- realizado también en el grado de maestro), recuerdan evidentemente la locali-
zación de algunos de los centros de energía sutil o chakras en las tradiciones hindú y
budista. Esos centros están situados simbólicamente a lo largo de la columna vertebral
(una imagen del eje 'perpendicular' del mundo), y su «despertar», debido sobre todo a la
concentración y a la reiteración del rito, coincide con el nacimiento a un nuevo estado o a
una nueva lectura de la realidad cada vez más universal. El signo de «al orden» del primer
grado, donde, volvemos a repetir, se trabaja en el pulimento y desbastado de la piedra
bruta, alude a la necesidad por parte del aprendiz de separar en sí mismo lo espeso de lo
sutil, o lo profano de lo sagrado. Ha de saber que si el hombre, al igual que el cosmos, es
un athanor u horno alquímico, la evolución espiritual se va cumpliendo en la medida en
que se produce la cocción, destilación, purificación y transmutación de las energías
inferiores en las superiores, en una atracción hacia arriba al encuentro con la unidad de su
origen. Si, como dice el Manual, en el hombre profano «el pecho es un hervidero donde se
agitan las pasiones» incontrolables a las que finalmente éste se esclaviza, por el contrario
para el iniciado masón, esas mismas pasiones no son sino el reflejo invertido o faz oscura,
de las propias virtudes o cualidades inherentes al ser, siendo, por tanto, susceptibles de
transmutarse en éstas sabiendo conciliar las oposiciones gracias a los conocimientos
proporcionados por el Arte Real. Pero esto no será posible si no permanecemos
interiormente «al orden», es decir lúcidos y en un estado de perfecta armonía con nosotros
mismos, pues sólo así podrán sernos comunicados los «misterios y privilegios de la
Francmasonería».
E
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DE ALGUNOS SÍMBOLOS Y RITOS
PRESENTES EN EL TEMPLO MASÓNICO
Sin duda, uno de los símbolos más importantes y que constituye un permanente tema
de meditación en la Masonería es el Templo o Logia. Recinto donde se trabaja A La Gloria
Del Gran Arquitecto Del Universo, la Logia es un espacio sagrado que establece una linea
de demarcación y separación con el mundo profano. Simbólicamente ella es como una
isla en medio del océano turbulento de las «aguas inferiores» del mundo sublunar,
dominio de la multiplicidad de las formas donde se agitan las pasiones que ocultan la pura
Luz de la Verdad y del Conocimiento.
La conocida expresión «la Logia está a cubierto» se relaciona con las ideas de protección,
de lugar cerrado y secreto, impermeable a las miradas e influencias profanas. En este
sentido, el Templo masónico se asimila a la caverna iniciática, un verdadero símbolo del
cosmos muy extendido entre todas las tradiciones. Templo masónico y caverna iniciática se
corresponden simbólicamente con el corazón, lugar central de todo ser a partir del cual se
expande la fuerza y energía que lo vivifica y, a su vez, también el lugar donde se concentra.
(1)
Veamos qué nos dice a este respecto el Manual del Aprendiz:
________________________________
1. Sobre la importancia del corazón en el ritual masónico recordemos ésta entre las diversas referencias
que a él se hacen, y que corresponde a la clausura de los trabajos, «Hermanos, siguiendo la antigua
costumbre, no queda mas que cerrar nuestros secretos lugar seguro y sagrado, e inmediatamente después de
pronunciar estas palabras el Venerable Maestro se lleva la mano al corazón, como para indicar que es ahí, en ese
órgano corporal que simboliza el centro espiritual en el ser humano, donde esos secretos deben guardarse.
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Entre Masones Biblioteca 95
SIMBOLO, RITO, INICIACION
_____________________________
2. Situadas en cada uno de los puntos intercardinales, las cuatro piedras fundamentales, más la quinta en el
centro, marcaban los límites del recinto sagrado, estando asimilados dichos limites a los «landmarks»
(literalmente marcas o señales hechas en la tierra delimitando un territorio), y que en la Masonería representan las
reglas de conducta inviolables que han existido desde tiempo inmemorial, co-esenciales a la Orden misma.
3. Para Platón, el paralelepípedo era el simbolo geométrico del cosmos.
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Entre Masones Biblioteca 96
SIMBOLO, RITO, INICIACION
Al ser una imagen simbólica del cosmos las dimensiones de la Logia son también
universales:
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4. Alzad a lo alto vuestros ojos, y mirad: ¿Quién los creó? - Isaías 40-2o.
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Entre Masones Biblioteca 98
SIMBOLO, RITO, INICIACION
Ahora bien, el templo del mundo, además de ser una estructura geométrica estática y
espacial, incluye igualmente un tiempo cósmico y natural generado por el movimiento de los
astros y planetas en el cielo. Esto está expresamente indicado en la Logia por las doce
columnas que enmarcan la Logia, correspondiéndose con los doce signos zodiacales. Cinco
situadas a Septentrión, cinco a Mediodía, y las dos restantes, las columnas J y B a Occidente.
Diremos que el Zodiaco simboliza el marco límite del universo visible, y su movimiento
circular y fases cíclicas influyen en el cambio alternativo de las estaciones y en el
mantenimiento y regeneración de la vida del cosmos y del hombre. Importa destacar en este
sentido el papel que desempeñan las columnas J y B. que están relacionadas con los dos
solsticios y con las dos tendencias ascendente-descendente del ciclo anual.
Curiosamente el Templum -cuya raíz «tem» significa dividir- era el sector del cielo
observado por el augur o adivino que delimitaba, mediante dos líneas que se cortaban en
ángulo recto sobre su cabeza, una superficie bien determinada. La palabra ‘temple’ se
asocia, pues, a la observación del movimiento de los astros, y a determinar su influencia
sobre el destino de los hombres. De esta forma era «fijado» en el espacio terrestre el
transcurrir perenne de la rueda del tiempo y de los ritmos y ciclos cósmicos y naturales, que
envuelven y penetran a los que participan conscientemente del rito sagrado.
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Entre Masones Biblioteca 99
SIMBOLO, RITO, INICIACION
De esta forma, entre este juego bipolar de energías contrarias, que, repitámoslo, se dan
tanto en el mundo como en el hombre, el masón debe tender constantemente a su equilibrio,
complementándolas en sí mismo, pues la auténtica función del hombre es la de servir de
intermediario o puente entre lo de arriba y lo de abajo, la luz y la oscuridad, permitiendo
así su comunicación, interrelación y síntesis. (5)
Si el pavimento mosaico es la imagen simbólica del laberinto iniciático, en el centro
mismo de él se deposita «el cuadro de la Logia», que es distinto en cada grado.
Antiguamente en los ritos de las cofradías de constructores, el cuadro de la Logia era
dibujado en el suelo cuando se abrían los trabajos, y al finalizar éstos se borraba.
Precisamente este cuadro representa un esquema sintético de todo el Templo masónico, y
los símbolos que contiene constituyen un lenguaje cifrado, criptográfico, que al ser
comprendido revela los «secretos» propios del grado respectivo. El hecho de que este
cuadro esté en el centro del laberinto-mosaico nos indica que en su desciframiento debe
basarse todo el trabajo del masón, pues el recorrido por el laberinto (del "perderse para
encontrarse") no tiene otro fin e objetivo que el de captar su sentido y significado, y éste
sólo se encuentra en el centro del mismo, en su corazón, donde se halla la clave, la llave,
que da acceso a los estados superiores o a otras lecturas más universales de uno mismo.
Es entonces perfectamente coherente con su simbólica, que sea alrededor de este cuadro
donde se efectúa el importante rito de la cadena de unión, rito en el que se invoca al Gran
Arquitecto del Universo, a su potencia creadora e iluminativa, e implícitamente también la
energía espiritual de todos los antepasados que participaron en la edificación del Templo y
en la perpetuación de la Tradición. En efecto, esa invocación «hacia lo alto» se realiza
mediante la unión encadenada y fraterna de todos los hermanos de la Logia, siendo esa
unión el soporte para la manifestación de la influencia sagrada:
«Santísimo y Glorioso El Shaddaï (Dios Todopoderoso en hebreo), tú, Gran
Arquitecto del Cielo y de la Tierra, Donador de todos los Bienes y Gracias; y que has
prometido que allí donde dos o tres se reúnan en tu Nombre, estarás en medio de ellos; (6)
en tu Nombre nos reunimos y humildemente imploramos tu bendición en todas nuestras
acciones; danos tu Santo Espíritu para que nuestros espíritus se iluminen de sabiduría y
comprensión hacia nuestro Venerable y Digno Oficio de Francmasones, a fin de poder
conocerte y servirte: que todos nuestros esfuerzos tiendan a tu Gloria y a la salud de
nuestras Almas. Nosotros te lo pedimos humildemente en tu Nombre, Oh. El Shaddaï».
Así, mediante la perfecta armonía de lo particular o individual se hace presente lo
universal, produciéndose una comunicación permanente y vivificadora entre los respectivos
planos o niveles que conforman la estructura invisible de la organización iniciática, y por
analogia de cada uno de los miembros que la componen.
Este importante rito de la Masonería está presidido, si así pudiéramos decir, por las
«Tres Pequeñas Luces» que son los tres pilares de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza.
(situados alrededor del cuadro de la Logia), pilares que tienen un significado
eminentemente operativo, ya que con su encendido se abren los trabajos y con su apagado
se cierran. Y operativo también porque a cada apertura y clausura son proferidas estas seis
invocaciones por parte del Venerable Maestro, el Primer Vigilante y el Segundo Vigilante.
respectivamente:
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5. Un ejemplo de esto podemos verlo en la tradición hindu, donde el iniciado se sienta en medio de
una piel de pelos blancos y negros, uniendo así en su persona lo celeste y lo terrestre.
6. También en la Tradición Cristiana, heredera de la sabiduría del Antiguo Testamento, se dice por boca de
Cristo: «Cuando dos u tres se reúnan en Mi Nombre. Yo estaré en medio de ellos».
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Entre Masones Biblioteca 100
SIMBOLO, RITO, INICIACION
- Para la Apertura –
- Para la Clausura -
Fijémonos bien en el sentido que -entre otros- encierran estas seis exclamaciones
pronunciadas por las tres máximas jerarquías del taller masónico. Las tres primeras se
refieren a la acción constructora del Templo interno con la ayuda de la Sabiduría, la
Fuerza y la Belleza, que son tres nombres o virtudes emanadas del Gran Arquitecto, tres
estrellas (así son llamados también los tres pilares) que deben alumbrarnos y guiarnos en
el camino hacia nuestro centro arquetípico; es por lo tanto una acción concentrativa,
hacia nuestro propio universo interior. Las tres últimas exclamaciones son un mensaje de
Paz, Amor y Alegría lanzado al mundo y a los hombres; es por lo tanto una acción
expansiva hacia el exterior, pues el masón es, en definitiva, hermano de todos los
hombres y ciudadano del mundo, que es la Logia universal. (7)
____________________________
7. «Difundir la luz y reunir lo disperso».
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
30
EL PAVIMENTO MOSAICO
A veces vivimos la visión dual del mundo y de nosotros mismos como una prisión.
Olvidamos que si hemos catalogado a la oscuridad como tal, es porque una parte de
nosotros ha intuido la Luz suprasensible. Nos hemos de repetir de nuevo aquello de que la
mente no puede con la mente, que uno no puede salir de la dualidad negando una de sus
partes, y que con análisis detallados de los fenómenos parciales sólo vamos a agravar
nuestra miopía.
La Tradición nos habla de una forma superior de Conocimiento, sintético, no dual,
que no se apoya en la multiplicidad y el cambio incesante de las formas, sino que nos
ofrece como soporte a sus símbolos. Concretamente la tradición china nos brinda un
símbolo que ilustra perfectamente la idea de dualidad y de conjugación de
complementarios, el Yin-Yang. Pues bien, la Masonería nos ofrece también un símbolo que
viene a ilustrar esta complementación de opuestos, el pavimento mosaico, formado por
cuadrados alternativamente blancos y negros, cuya disposición en damero nos habla de la
inseparabilidad de los dos aspectos, luz y tinieblas, masculino y femenino. No existen el
uno sin el otro, y el uno existe por el otro.
Sabemos que la simbologia no es una sistemática, sino que es generadora de
imágenes; el símbolo produce en quien lo contempla luces que alumbran distintos aspectos
de la realidad, que no se contradicen sino que se potencian y complementan entre ellos. Así,
en una primera lectura podemos ver en el blanco y negro el antagonismo entre el dolor y el
placer, los honores y las calumnias, el éxito y el fracaso, por entre los cuales, se nos dice,
el masón debe caminar sereno, sin dejarse exaltar por las condiciones favorables ni
deprimir por las desfavorables. Pero esto no ya como un imperativo moral, una ley de
economía psicológica que uno se impone desde fuera, sino como resultado de una
comprensión interna, de una certeza análoga a la verdadera «des-ilusión».
Por otra parte, René Guénon nos señala una significación de orden más profundo, que
resulta de considerar no ya el sentido inferior y cosmológico del color negro, sino su
sentido superior y metafísico. Entonces nos aparece lo blanco y lo negro como lo
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Entre Masones Biblioteca 103
SIMBOLO, RITO, INICIACION
31
LA BIBLIA, LIBRO SAGRADO
De entre los símbolos más importantes de nuestro Templo, el Taller donde se llevan a
cabo nuestros trabajos, queremos destacar el del Libro Sagrado, por su ubicación central en la
Logia, nada menos que sobre el altar donde realizamos nuestros juramentos, es decir, en el eje
vertical que conecta cielo y tierra, sitio de unión y de recepción de los efluvios y mensajes
divinos. representados por el Libro, revelador de la Palabra Sagrada. Y como en nuestro taller
particular ese Libro es la Biblia, queremos precisar algunas de sus características en razón de
que en los tiempos que corren, y de acuerdo a patrones de pensamiento absolutamente profanos
y pretendidamente científicos, hay quienes por un desconocimiento completo de lo tratado y tal
vez de forma inconsciente, parecerían no estar dispuestos a aceptar el carácter divino y
revelado de su texto. Para ello se sitúan en un doble punto de vista. El primero confunde a la
Biblia con determinada religión, específicamente la Católica, sus dogmas y aspectos morales.
Queremos señalar la limitación de tal ángulo de visión. Esencialmente la Biblia es un Libro
Sagrado, no un texto religioso de tal o cual iglesia o comunidad. Ella es también el Libro de
todos los cristianos protestantes y reformados, y fue -en oposición al escolasticismo de la
Baja Edad Media- precisamente la que originó la Reforma. Asimismo, es la fuente de la
Iglesia Ortodoxa (griega, rusa, turca) y de las iglesias cristianas del Medio Oriente.
Igualmente se olvida que es el libro mitico, cosmogónico y metafísico en que se ha basado
la Tradición judía, e igualmente la Islámica. Vale decir, tres de las cinco más grandes
tradiciones civilizadoras de la humanidad que aún permanecen oficialmente vivas. Y si se
tiene en cuenta, por un lado. que esas tres tradiciones son las que han conformado la cultura
de Occidente, junto con la civilización Greco-romana, y de otra parte, que esa cultura es la
nuestra pues todo lo hemos aprendido a través de sus esquemas y estructuras de
pensamiento, podremos juzgar, aunque sea someramente el papel que han jugado -y
juegan- esos textos en nuestra conformación.
El segundo punto de vista es grave. Pretende negar el carácter revelado y revelador
de la palabra divina, inspirada a los sabios, profetas, reyes, hombres de Conocimiento y
Grandes Iniciados, fundándose en argumentos profanos y enormes minucias, enunciadas por
pretendidos sabios llenos de omnipotencia que, desde sus pequeños y aislados gabinetes de
trabajo se creen capaces de emitir hipótesis personales sobre casi todas las cosas, no
importa la contradicción que haya en ellas, amparándose en la oficialidad y el respeto que
brinda el mágico nombre de ciencia, verdadero tabú contemporáneo. Queremos aclarar que
estas supuestas autoridades a que nos estamos refiriendo son el producto de la corriente
naturalista, materialista y positivista del siglo anterior y comienzos de éste, ya
completamente anticuados. Y que la ciencia actual en sus numerosas ramas, considera las
cosas de manera diametralmente opuesta. No se puede entender lo sagrado desde un punto
de vista cientificista y profano. No se podrá jamás comprender el simbolo desde una
perspectiva literal, cualesquiera sean las razones que se aleguen. Lo sagrado no se puede
medir, no se puede contar, es a-espacial y a-temporal, es eterno. Un texto sagrado tiene
esas mismas características. Y por lo tanto, importa poco (o sólo en forma secundaria) su
autor o autores y el tiempo, lugar y lengua en que fue escrito; lo que interesa es su
inspiración, que se traduce de manera inspiradora. Los libros sagrados son una imagen del
gran Libro de la Vida, que brinda sus secretos a quien es capaz de leer en ellos. Por otra
parte, los textos sacros de otras dos grandes tradiciones, el hinduismo y el taoísmo,
constituyen igualmente códices de recopilaciones anónimas de distinta fecha y mano (los
Vedas, los Upanishads, etc.), o escritos por comentaristas y personajes vagamente
apócrifos y míticos (el Yi-King, el Tao te King). Ese mismo es el caso de otras tradiciones
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
y libros (el Bardo Todol del budismo mahayana, el Libro Egipcio de los Muertos, el Corpus
Hermeticum, el Popol Vuh de los maya quiché, etc.). y en verdad de todo gran Libro
Revelado. Por lo que nunca apreciaciones de corte horizontal y de tipo personal, como la de
los antes aludidos podrá tocar jamás su carácter iniciático.
Volviendo a la Biblia queremos recordar -y aunque sólo sea de paso- su valor
histórico, que no se contrapone de ninguna forma al esotérico, y subraya el hecho de que la
Geologia, la Astrología, la Lingüística y en general, las investigaciones realizadas en este
siglo, han confirmado, hasta en mínimos detalles, lo descrito en sus páginas.
Para finalizar, algunas reflexiones referidas a nuestra Orden, heredera de la Gran
Tradición Hermética occidental, que desgraciadamente oculta y hasta desconocida para la
enorme mayoría, permanece, sin embargo, viva. Y sólo traer a la memoria que nuestro
Taller es el Templo de Salomón, imagen bíblica del cosmos.
Sin insistir en nuestro mito original relacionado con la construcción de ese Templo
Salomónico, del cual la Biblia nos da justas y exactas medidas.
Todos motivos sumamente válidos, a nuestro entender, para que respetemos
debidamente a los símbolos de nuestro Taller, especialmente al Libro Sagrado, verdadera
huella de la deidad sobre la tierra. Si este libro es la Biblia, la circunstancia de constituir el
corazón de la cultura occidental, de la cual nuestra Orden es la manifestación esotérica, le
agrega aún mayor significado.
En ella puede leerse: «El temor de Dios (es decir, el respeto a lo sagrado) es el principio
de toda sabiduría». Pero para la mentalidad profana se trata sólo de un embuste.
Y ahora permítaseme una última aclaración referida a la índole de este trabajo. El de la
voz no pretende atacar en él a ninguna personalidad específica; sí a determinadas ideas y
creencias contemporáneas relacionadas con el dios-ciencia y su religión laica, que nos
condicionan aun sin que lo sepamos, y que tomamos por verdaderas y propias al identificarnos
con ellas, cuando en realidad son falsas y ajenas.
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
32
EL COMPÁS Y LA ESCUADRA
El Compás y la Escuadra son parte esencial del tesoro de símbolos y ritos que constituye
el legado masónico; junto con el Libro de la Ley Sagrada, son las Tres Grandes Luces en cuya
presencia se desarrollan todos los trabajos del masón; acompañan a éste a lo largo de todo
su camino; le sirven de constante referencia y soporte y le indican, por sus posiciones en el
Templo, el grado de conocimiento que, cuando menos virtualmente, ha alcanzado.
El carácter central del Compás y la Escuadra en el simbolismo masónico
corresponde, sin duda, al carácter operativo que durante mucho tiempo fue distintivo de
la Masonería, pues el Compás y la Escuadra son útiles de construcción; de ellos se sirvieron
nuestros antepasados para la construcción de sus templos, que aún hoy perduran; de ellos se
sirvió nuestro primer Maestro, Salomón, para erigir el Templo que ha servido de modelo
invisible a todos los demás. Entonces como ahora, la acción estaba subordinada al
conocimiento: al propio tiempo que el masón tallaba la piedra y la colo caba en su lugar
exacto, se tallaba a sí mismo y hallaba su sitio exacto en el Universo; su trabajo fisico, que
daba lugar al templo que aún hoy vemos, no era sino un medio para hacer posible el
trabajo interno por el cual se acercaba al conocimiento; y cuando había colocado la piedra
en su lugar había logrado ser todo cuanto podía ser de acuerdo con sus posibilidades; había
hallado él también el círculo que le correspondía en la esfera celeste. Es por esta
subordinación de la acción al conocimiento que, perdido el carácter operativo de la
Masonería, el Compás y la Escuadra no pasan a ser meras reliquias o insignias. El masón
ya no los emplea en su trabajo externo, pues ha dejado de ser constructor: ésta es una
pérdida irreversible y real, que lo priva de la multitud de ayudas y soportes propios de
toda iniciación de oficio, y le obliga a hacer un esfuerzo suplementario para que su trabajo
profano, necesario para garantizar su subsistencia, no le distraiga del camino de la
Verdad. Pese a esa pérdida, sin embargo, el Compás y la Escuadra mantienen intacta su
fuerza: si bien es cierto que dejan de tener utilidad práctica, no lo es menos que esa
utilidad práctica -que corresponde a la interpretación literal de todo símbolo- es la menos
esencial de sus funciones; las restantes -que corresponden a los niveles superiores de
lectura del símbolo- permanecen íntegras.
En la práctica de los rudimentos de la Geometria Sagrada el aprendiz puede hallar
una primera aplicación de uso de la Escuadra y el Compás como instrumentos de
conocimiento, pues se servirá de ambos en todos sus ejercicios. Como toda ciencia, la
Geometría Sagrada tiene como objetivo inmediato descubrir un orden en la multiplicidad
de lo creado; su carácter de ciencia sagrada la diferencia de las ciencias profanas en que
no trata de imponer un orden arbitrario, fruto del ingenio y la imaginación individuales,
sino de descubrir el verdadero orden de la Creación: es decir, de leer tras el velo de los
fenómenos los planos que para ella trazó el Gran Arquitecto.
El papel o la pizarra sobre los que trabaja el aprendiz están en blanco, dispuestos a
acoger cualquier trazado, a recibir cualquier forma: simbolizan así la materia prima o
substancia que, como el agua o el mercurio, carece de forma propia y es a la vez la madre de
todas las formas visibles. El papel y la pizarra son rectangulares, es decir, están trazados con
la Escuadra; este marco fijo, en el que se inscribirán las construcciones del aprendiz, es
la imagen del Cosmos, es decir, de la manifestación ordenada por la voluntad del Creador;
si el rectángulo del papel representa el mundo, la trama invisible que contiene, que
permite situar cada uno de sus puntos con precisión por medio de la Escuadra, que nos da
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
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1. «Asignemos, pues a la Tierra la forma cúbica, pues a la Tierra la forma cúbica, pues la Tierra es el menos
móvil de los cuatro (elementos), y aquello que posee las bases más estables debe ser necesariamente de
esa naturaleza». (PLATÓN, Timeo, 55 d-e).
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SIMBOLO, RITO, INICIACION
En la perspectiva adoptada hasta aquí, el círculo está situado por encima del cuadrado, ya
que corresponde al plano de los principios y contiene en potencia todas las formas, una de
las cuales es el cuadrado. Como sucede con todo símbolo, ésta no es la única perspectiva
posible; a menudo se identifica el círculo con la materia indiferenciada, es decir, con el
caos, y el cuadrado con el Universo ordenado, hecho inteligible por Ia acción del Logos o
del Verbo. Desde este punto de vista, el cuadrado queda por encima del circulo, como el
Cosmos constituye un perfeccionamiento del caos: por ello señala algún autor que el
cuadrado es «el principal símbolo de la tradición hindú, por ser el arquetipo del orden del
universo, el patrón de toda proporción y la medida perfecta del hombre». (2) Las dos
perspectivas no son contradictorias entre sí: el caos -lo más bajo no es sino el reflejo
invertido del universo de los Principios -lo más alto- y por ello la misma figura geométrica
debe simbolizar a ambos a la vez. La primera perspectiva contempla la génesis de lo
manifestado a partir de lo no manifestado y es una perspectiva, por decirlo así,
descendente; la segunda, que contempla la transformación del caos en Cosmos, es una
perspectiva ascendente: es la que corresponde propiamente a la Cosmologia. (3) Ello explica
la forma rectangular del Templo, ya que el Arte Real del masón se sitúa en el plano
cosmológico; como explica que, en la tradición oriental, el cuadrado sea el símbolo del
Emperador, cuya función cósmica coincide con la del Maestro masón. Sin embargo, en el
Templo se sitúa el Compás por encima de la Escuadra, para recordar que el punto de vista
cosmológico no es el más elevado que existe, y que es la Metafisica, a la que corresponde
el círculo, quien da a la Cosmología su fundamento último. Al paso de ésta a aquella corres-
ponde, cuando menos de modo virtual, el tránsito de la Masonería de la Escuadra (Square
Masonry) a la Masonería del Arco (Arch Masonry).
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La división entre espíritu y materia puede ser, a lo sumo, un expediente útil para
facilitar la consecución de objetivos prácticos o materiales. Para el pensamiento
tradicional, forma y materia, simbolizadas en la tradición masónica por el Compás y la
Escuadra, son como «las dos manos de la Divinidad». (5)
III
Envíala desde tu trono de gloria, para que me ayude y labore a mi lado. que yo sepa lo
que te place, porque ella lo sabe todo, y todo lo comprende» (6)
Esta breve plancha es una reflexión surgida a raíz de los ejercicios de trazado y dibujo
geométrico que forman parte del método masónico. Con frecuencia, en esos ejercicios o
prácticas utilizamos el compás, uno de nuestros símbolos-herramientas más importantes y
emblemáticos. Como sabemos, el compás forma parte. junto con la escuadra y el Libro
de la Ley Sagrada, de Ias Tres Grandes Luces de la Masonería, las que describen de una
manera extraordinariamente sintética la estructura y el proceso mismo del acto
cosmogónico, que nuestros ritos ciertamente ejemplifican. A este respecto, en la
iconografia medieval legada por nuestros antepasados, era habitual representar al Dios
creador con un compás en su mano trazando un circulo sobre la materia caótica y amorfa,
lo cual recuerda aquel versículo de los Proverbios de Salomón: «El Señor traza un circulo
sobre la faz del abismo». Ese círculo determina los límites arquetípicos de la manifestación
universal, permitiendo que ésta sea. Sin esa previa determinación, sin ese mandato del
Arquitecto Supremo, la idea de orden (de cosmos) plasmándose y fecundando la
substancia de la vida hasta en sus más mínimos detalles, no sería evidentemente posible.
Asimismo, el círculo es también un plano horizontal, el cual simboliza tanto a la
manifestación universal considerada en su conjunto, como a un estado, ser o mundo
contenido dentro de ella, es decir, que puede aplicarse tanto al macrocosmos como al
microcosmos. Pero ese plano horizontal existe gracias a un centro, a partir del cual se inicia
una onda vibracional qué se expande en todas las direcciones de dicho plano, hasta alcanzar
sus propios límites, conformándolo. Dicho centro es el punto donde incide la proyección
del eje vertical o rayo celeste a través del cual se ejerce la Voluntad creadora del Gran
Arquitecto.
En nuestro esquema ese eje vertical, que es el Eje del Mundo unánime a todas las
tradiciones, no es otro que el compás. Uno de los brazos de éste es, en efecto, vertical y es
el que permaneciendo inmóvil «dirige», no obstante, el movimiento giratorio del otro
brazo, que es el que verdaderamente traza el círculo o plano de reflexión horizontal. Esto
viene a ilustrar la siguiente frase del Rig Veda hindú, complementaria con el anterior pasaje
bíblico: «Con su rayo (el compás) ha medido los limites del Cielo y de la Tierra».
El Fiat Lux cosmogónico es tanto una palabra como un gesto arquetípico que el sumo
Arquitecto realiza en su Toda-Posibilidad infinita; palabra y gesto que en su acción, y con
respecto a nosotros, seres manifestados, se polariza en esencia y substancia, en Cielo y
Tierra, simbolizados respectivamente por el eje vertical y el plano horizontal, o lo que es
igual, por el punto central y la periferia del círculo dibujado por el compás. Y es ese mismo
gesto creacional y formativo el que se hace en nosotros -al menos virtualmente- cuando
durante el transcurso de nuestra recepción prestamos el juramento iniciático ante las Tres
Grandes Luces de la Orden, con los pies en escuadra y teniendo en una mano el compás con
su punta apoyada sobre el corazón, el centro simbólico de nuestro ser. Esa punta, que
penetra en nuestra carne, simboliza el extremo inferior del eje cósmico, el cual no sólo
ordena, por la irradiación luminosa que de él emana, todas las indefinidas modalidades y
aspectos de nuestro estado individual, sino que también nos liga con el polo metafísico y
primordial, es decir, con el Principio uno y eterno.
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6. Sabiduría, IX - 2 a 10.
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Sin duda es éste el instante preciso. estando situados entre la escuadra y el compás o
entre la Tierra y eI Cielo, cuando se nos comunica ritualmente la influencia espiritual que
va a determinar nuestro pasaje del mundo de las tinieblas al mundo de la luz, del caos
profano al orden iniciático. En este sentido, el espacio interior que delimita el círculo se
convierte en el recinto sagrado o athanor alquímico donde se va a producir la
transmutación de la conciencia, lo que se visualiza como un desarrollo ascendente
efectuado alrededor del eje vertical e inmóvil. Entonces, desde la perspectiva de la
evolución espiritual, el círculo no permanece cerrado sobre sí mismo (sólo es así visto
desde el «exterior»), a la manera de la serpiente Uroboros. sino que en realidad se trata de
una espiral cuyo movimiento helicoidal nos ofrece la posibilidad de elevarnos por encima
del plano horizontal, limitado y condicionado, en el que actualmente nos encontramos.
Por consiguiente, cada vez que en nuestros ejercicios de concentración y meditación
utilizamos el compás, estamos cumpliendo un gesto análogo al del Artesano divino, es
decir, lo estamos simbolizando, siendo en este hecho donde reside todo su valor. Aunque
representado exteriormente, dicho gesto es principalmente interno, pues de lo que
realmente se trata es de la identificación con la Idea metafísica que la propia forma
simbólica y ritual revela y expresa, lo cual siempre se produce en la cámara secreta del
corazón, al «abrigo de la agitación exterior».
Y nos preguntamos, ya para finalizar, ¿acaso no es a esa identificación a la que conduce el
caminar «por las vías que nos han sido trazadas» a las que alude el ritual de apertura? ¿Y no
son en el fondo esas «vias trazadas» la propia herencia tradicional cuyo origen está en aquel
gesto primigenio, y a la que tenemos que actualizar transmitiéndola en el ciclo histórico que
nos toca vivir?
33
DOS TEMAS MASÓNICOS
«Con alegría»
Queridos hermanos, deseamos recalcar las palabras que se repiten al final de nuestras
tenidas para tratar de evitar cualquier riesgo de equivocación sobre alguna de las
características de los verdaderos masone, en lo que toca a nuestra Orden. Por lo que creo
debemos comenzar recordando que la Logia es una imagen del cosmos, y los ritos y gestos
que allí se efectúan son una recreación perfectamente ordenada de la cosmogonia, tal cual
se presenta al ser humano inteligente. Sin embargo, todo masón operativo sabe que a su vez,
el orden cosmogónico es una imagen de lo metafísico -y de allí lo del secreto masónico-, a
lo que se ha de aspirar en cuerpo, alma y espíritu; por eso, la necesidad y el sentido de
distintos grados de realización y conocimiento entre los Hijos de la Viuda. Se debe
comprender entonces que esta aspiración hacia lo más alto -aéreo e incomprensible- es
opuesta a la pretensión hacia lo bajo -terrícola y fosilizado-, y por lo tanto constituye algo
más parecido a una disolución que a una coagulación,
En verdad todo este mundo que nos ha tocado vivir existe para dejarlo, porque es una
imagen ilusoria de la realidad, lo que se advierte en el ascenso por los grados. o mundos,
que estos simbolizan, donde las cosas son cada vez más ciertas cuanto más extrañas se nos
presentan. Pero para llegar a ello hay que arribar primero a ser Maestro u Hombre
Verdadero, y recomenzar posteriormente la ascensión por los grados simbólicos,
intimamente relacionados con lo supracósmico, tomando como punto de partida el cosmos,
o logos, del cual deriva el nombre de nuestro taller. Lo que es perfectamente lógico en
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Entre Masones Biblioteca 113
SIMBOLO, RITO, INICIACION
cuanto se piensa que los símbolos, los ritos y los mitos existen como mensajeros de otras
realidades, y nunca para aferrarnos, con tanta obstinación como mediocridad, a ellos.
Algunos hermanos aún no pueden comprender estos conceptos -y otros, acaso, no los
comprendan nunca-, pero deben enterarse de asuntos siempre presentes desde la época
operativa en la Masonería, donde los ritos simbólicos e iniciáticos no podrían jamás
resolverse en el simple hecho de construir edificios, aunque estos fueran bellísimos templos.
Es lamentable, pero hay personas que ven en la solemnidad un valor en sí mismo, o algo
que deben repetir como si fuera el auténtico rito, y en ese sentido son los análogos -
inversos- de los que no advierten que todo acto es solemne per se y entonces se dedican a
correrías y pillaje. Entre el tonto solemne y el pícaro sinvergüenza no hay una gran
distancia desde un punto de vista un poco más elevado; y ambos conforman la ignorancia
del medio con la que no pueden sino auto-identificarse. Es más, el tonto solemne y el pícaro
sinvergüenza pueden ser una misma persona. Pero no nos interesa en este momento ningún
pillo, que son pocos en las logias y que casi inmediatamente son desenmascarados por sus
hermanos, y sí nos preocupa que el ritual, que es uno solo con la Logia, pueda ser
transpuesto por nosotros fuera con una impostación cuasi religiosa y literal, totalmente
enemiga del auténtico Conocimiento, del Símbolo, que es verdaderamente el trabajo al
que ha de dedicarse cualquier masón. Lo cual, por su literalidad, pueda también dañar a
la propia Orden en el mundo profano con autotítulo de vocero «oficial». La dignidad es
propia de todo masón en cuanto es propia de cualquier Iniciado u Hombre Verdadero; no se
necesita por lo tanto impostar la voz, ni tratar de «superar» ningún gesto, ya de por sí
solemne. Tampoco se ha de caer en el ridículo de pretender sobrepasar a sus hermanos en
sabiduría, o de ser tan infantil como para creer que se ha «progresado» en detrimento de
otros, lo que indicaría una absoluta falta de seriedad. Con el maestrazgo se acabó la
juventud aunque se esté en los 20 años, porque recién allí se comenzará a emprender el
camino hacia lo supracósmico. Quedarse por lo tanto en conceptos literales y actitudes
solemnes es a veces un daño irreparable paro cada quien por sí mismo, como para
todos aquellos que comparten nuestros trabajos y que han ido a la Orden buscando lo que
ella es, y no a grandes «sabios» tan engolados como superficiales. Cuando en la masonería
operativa los obreros terminaban sus trabajos y los gestos necesarios a su labor, colgaban
en el taller su mandil y desde luego no repetían esos gestos en su casa ni con sus amigos
en la sala húmeda; donde todos eran hombres libres; tampoco los domingos, o en las
innumerables fiestas calendáricas, o en la calle, donde no corresponden esas ropas y
actitudes, puesto que el rito de la cotidianidad es perfectamente suficiente y andan
sobrando posturas de este tipo.
Por eso al terminar nuestros trabajos repetimos en respuesta a una pregunta la frase
«con alegria», la que nunca debería olvidar un auténtico masón.
Así, pues, deberíamos prevenirnos y ponernos a cubierto de lo formal -que, sin
embargo, es lo que nos ha dado nada menos que la forma- confundiéndolo, o peor aún
imaginándolo superior a lo a-formal que es el fin de la aspiración y la esperanza. ¡Con
alegría!
«Cadena de unión»
Como todos conocéis, al final de nuestras tenidas finalizamos el rito con la llamada
Cadena de Unión. Esta cadena que nos une a todos, desde el Venerable a los nuevos
aprendices tiene, entre otros. dos significados que desearíamos destacar en este momento.
En primer lugar, es una imagen en el plano de la cadena vertical que entronca con
los orígenes de nuestra Orden y asegura una transmisión regular, a través de los iniciados de
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Entre Masones Biblioteca 114
SIMBOLO, RITO, INICIACION
todos los tiempos, con el Gran Arquitecto Universal. Esto se produce por medio de nuestros
símbolos, ritos y mitos que no son sino manifestaciones prototípicas de arquetipos
permanentes que, hoy como ayer, están presentes en el plan y la estructura cósmica.
En segundo término, y como su nombre lo indica, significa la unión efectiva y real de
los integrantes de la Logia en una nueva entidad que rechaza las individualidades para
integrarlas en un organismo unitario de energía y alcance mayor por sus propias
características transpersonales. conformando así un colectivo cuya fuerza es más grande
que la suma de los elementos individuales, como bien lo sabéis por propia experiencia, pues
ya habéis participado en su composición. Haciendo la salvedad que esta cadena fraterna no
sólo se refiere a nuestra Logia, o a nuestras obligaciones con toda la hermandad masónica,
sino a la humanidad en general, y en particular a la totalidad de los iniciados que hubieran
conocido el camino del conocimiento por otras vías diferentes a la nuestra.
Debemos recordar sin embargo que cuando comienza a formarse, esta cadena está
incompleta y hay un vacío en ella, un eslabón que aún no ha sido cerrado , por lo que el
Venerable Maestro pregunta: «queridos hermanos, Maestro de Ceremonias ¿Por qué está
rota la cadena?»
Y el Maestro de Ceremonias responde:
«Por nuestras imperfecciones Venerable Maestro»
Entonces el Venerable Maestro vuelve a preguntar:
«¿Cómo podemos cerrarla?
Y el Maestro de Ceremonias contesta:
«Con las palabras sagradas de Sabiduría, Fuerza y Belleza. Uno para todos y todos para
uno, repetidas tres veces».
«Cerradla, querido hermano», ordena el Venerable, y mientras el Maestro de Ceremonias
lo realiza los integrantes de la Logia pronuncian tres veces las palabras sagradas, sus
brazos derechos sobre los izquierdos y engarzando los dedos con los de los lados,
constituyendo un círculo mágico perfecto de concentración de vibraciones, un dínamo
generador, no únicamente capaz de transmitir su fuerza a cada uno de los integrantes, sino
la de emanar a otros espacios visibles e invisibles: una forma activa de la invocación y
también un encantamiento de protección para todos aquellos que tienen la gracia de
participar en los misterios del Arte Sagrado, los llamados guardianes del Templo de la
sabiduría salomónica, imagen de todos los templos, los que como parte de sus funciones
deben saber estrechar sus filas y trabajar de modo armónico, tendiente a la perfección.
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Entre Masones Biblioteca 115
SIMBOLO, RITO, INICIACION
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The document correlates the geomantic symbolism of the number four with cosmology and construction through its representation as the square or cross in geometry. The number four signifies the cosmos, transitioning from the supracósmico realm to the immanent, where construction begins. The tetrahedron, representing three-dimensionality and the beginning of conscious creation, is central in understanding symbolic harmony and unity within the universe .
The document describes the transition from mythical to historical interpretations as a shift from viewing myths as the only true history in ancient times, to an integration of symbolic meanings manifested in historical forms. These interpretations evolve through different cultures and epochs, reflecting a deeper, sometimes esoteric understanding of the world that bridges mythical wisdom with historical realities .
In the document, the number seven is depicted as a central element in various symbolic systems and traditions. It is described as the center of a hexagon and linked to the seven metals of alchemy, and planets in ancient astronomy, symbolizing the center from which the rays expand. It also aligns with spiritual concepts such as the seven rays of the sun in Hindu tradition, and in Masonry, it represents the degree of Master with deep symbolic comprehension .
The document suggests that symbols have a dual nature by distinguishing between sacred and profane symbols. Sacred symbols are believed to emerge from divine traditions and possess transformative power to enlighten individuals, whereas profane symbols, typically modern human inventions, primarily influence societal norms superficially, leading to passive conformity rather than true enlightenment .
Symbols hold a significant transformative power over human behavior, capable of affecting actions and perceptions. The document categorizes symbols into sacred and profane types. Sacred symbols, said to be revealed and transmitted through tradition, carry precise meanings and invoke transcendental ideas, integrating deeply with consciousness. In contrast, profane symbols are modern inventions, often used in advertising, and act more superficially, influencing the psyche without deeper meanings .
In freemasonry traditions, symbols like the compass bear significant ritual importance as they symbolize the alignment between the metaphysical and the physical. The compass represents the spiritual journey from the worldly to the divine, pointing to the central essence of being and the means to connect with the eternal principle. This ritualistic use underscores the symbolic pathway from ignorance to enlightenment .
The document attributes medieval esoteric sciences a crucial role in the transmission of Hermetic traditions by embedding knowledge into practices like numerology, geometry, and alchemy. These sciences acted as intermediaries between the earthly and divine, preserving and advancing Hermetic principles through rites and knowledge that bridged spiritual and material realms .
The document states that in the third century AD, Alexandria became a melting pot where a synthesis of knowledge occurred. Diverse ideas and individuals from different times and places converged, leading to a blend of early Christians, Gnostics, Neoplatonic Greek thinkers, Jewish, Chaldean traditions, and even influences from Hinduism, Buddhism, and Taoism. This convergence allowed for the creation of a synthetic doctrine that spread in multiple directions .
The document establishes a profound relationship between sacred symbols and human consciousness by suggesting that sacred symbols embody precise ideas that imprint deeply within an individual's consciousness. Unlike profane symbols, sacred symbols are thought to evoke a genuine transformation by their integration into human consciousness, enhancing spiritual perception and understanding of deeper truths .
The document characterizes the relationship between modern science and Hermetic traditions as one of gradual divergence. As rationalism and materialism grew from the Renaissance onward, Hermetic sciences, rooted in esoteric wisdom, became overshadowed and replaced by empirical and technical sciences. Despite their decline, Hermetic traditions were preserved within secret initiatory societies, suggesting a contrast in methods and objectives .