De qué debemos jactarnos…
A) Muy buenos días amada Familia! Espero que hayan pasado una feliz
noche y hayan tenido un sueño reparador… Vamos con un pequeño
devocional en este inicio de semana, titulado “Mayor es el que está en ti”
B) Hola, buenos días tengan todos mis hermanos y amigos que me
escuchan en esta nueva oportunidad! Les saludo en el nombre del Señor
Jesucristo esperando que Él les dé un excelente comienzo de semana,
guardándoles de todo mal. Soy Redy Portillo, Anciano de la Iglesia
Filadelfia. En esta hermosa mañana, vamos con un pequeño devocional,
titulado “De qué debemos gloriarnos… ”
C) Hola, buenos días! Saludos fraternos y bendiciones a todos mis
hermanos del Chat Maristas, que me escuchan en esta nueva
oportunidad. Soy su compañero de siempre, Redy Portillo desde
Maracaibo, Venezuela. Vamos con un pequeño devocional en esta
mañana dominical, denominado “De qué debemos jactarnos…”
Como base escritural para esta reflexión, leeré para Uds: Luc. 18:20-23: “Los
mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso
testimonio; honra a tu padre y a tu madre”. El dijo: Todo esto lo he guardado
desde mi juventud. Jesús, oyendo esto, le dijo: “Aún te falta una cosa: vende
todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven,
sígueme”. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
Si alguien te pregunta: "¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?",
probablemente le dirías: "Cree en el Señor Jesús y serás salvo", ¿no es así?
Bueno, un rico y joven gobernante le hizo a Jesús la misma pregunta, pero
Jesús en lugar de decirle que creyera en él, le dio la ley; eso lo vimos en el
texto que les leí en el evangelio de Lucas: “Los mandamientos sabes: No
adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu
padre y a tu madre”. Y qué le dijo el joven rico: “Todo esto lo he guardado
desde mi juventud”. Es decir, ese joven se gloriaba o confiaba en su
desempeño, en su fidelidad en el cumplimiento de la Ley.
Pero fijémonos que en el contraste que encontramos en el siguiente capítulo,
en el 19, el caso de otro rico: Zaqueo, que no se justificaba por la Ley ni tenía
puesta en la Ley su confianza. A Zaqueo, Jesús no le expuso exigencias de la
Ley, sino que le ofreció su gracia y salvación.
Vemos dos casos yuxtapuestos o contradictorios; ambos eran ricos: el joven
y Zaqueo. El joven rico se gloriaba, confiaba y complacía en su desempeño y
conducta al cumplir la Ley; en cambio, Zaqueo, también rico, pero era
publicano (cobrador de impuestos; del SENIAT) y por ello era despreciado
por su pueblo, pues cobraba impuestos para Roma; su riqueza era mal habida,
y, en cuanto a la Ley, no tenía de qué gloriarse ni confiarse ante Dios; sin
embargo, a él, al pecador, al indigno, al que no cumplía la Ley, el Señor le
mostró su gracia.
¿Por qué? Porque Zaqueo no tenía prejuicios ni excusas para aceptar el
mensaje de Jesús, él se reconocía pecador, se había equivocado mucho. Se
reconocía que erraba en el cumplimiento de la ley y sus esfuerzos por
alcanzar a Dios eran inútiles. Por ello, a él le fue más fácil recibir al Señor no
sólo en su casa sino en su corazón. Porque “a quien más se le perdona, más
ama”. Eso lo sabemos pues Zaqueo dijo: “He aquí, Señor, la mitad de mis
bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo
cuadruplicado”. A lo cual, Jesús le respondió: “Hoy ha venido la salvación a
esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham”. Es decir, ¡no sólo se
convirtió su corazón sino hasta su cartera!
El que tiene “espíritu de Ley”, el que es religioso como los fariseos, que se
gloría en su conducta, en sus esfuerzos y en su trabajo para el Señor, siempre
tendrá tropiezos para entender y aceptar la sencillez de la gracia y el mensaje
amoroso y compasivo de Dios. El que tiene espíritu o actitud de Ley, siempre
obedece a su programación de “hacer algo” para ganarse el favor de Dios, la
justicia de Dios; y la justicia de Dios es un don, un regalo (Rom.5:17), la
justicia de Dios no podemos ganarla sino recibirla; y eso fue lo que hizo
Zaqueo.
Pero volvamos al joven rico. Jesús vio que el joven gobernante y rico vivía su
vida con el orgullo de su capacidad para guardar la ley, para ganar la salvación
y el favor de Dios. Pero debido a su amor por este hombre, Jesús tuvo que
demostrarle que aquellos que viven por la ley deben darse cuenta de que sus
esfuerzos propios no puede salvarlos.
Así que él le recordó: "Tú conoces los mandamientos: No adulteres... No
robes… Honra a tu padre y a su madre". El joven gobernante mostró que su
confianza estaba en su guardar la ley cuando respondió: "Maestro, todas estas
cosas he guardado desde mi juventud". Hoy puede haber cristianos que
gloriándose en su desempeño, se auto-justifiquen y digan: “yo ayuno tres
veces a la semana, evangelizo en los hospitales y en las colas de la gasolina;
leo la Biblia todos los días, me aprendo 2 versículos al día, oro cinco veces
al día, por eso soy más santo que todos, y cuando venga el Señor seré el
primero en recibirle en los aires, etc” .
Créanme, hay cristianos que inconscientemente tienen actitud de Ley, todos
hemos pasado por allí; yo también lo viví, lo reconozco; y al igual que joven
rico podemos gloriarnos o complacernos, tener nuestra confianza en nuestras
ejecutorias. Es decir, confiamos en lo que hacemos y no en lo que somos.
Buscamos “hacer cosas” y “hacer cosas” para Dios, para sentirnos hijos de
Dios. Pero es al revés, porque SOMOS hijos de Dios, por su gracia y no por
nuestros esfuerzos, hacemos esto y aquello.
Por ello, Jesús tuvo que decirle al joven rico: "Una cosa que te falta... vende
todo lo que tienes y dalo a los pobres... y ven... y sígueme". Cuando el joven
gobernante oyó eso, se alejó apesadumbrado, no sólo porque tenía puesto su
amor en las riquezas, como lo dice allí sino porque su miopía en sostener su
auto-justicia no le dejó ver la verdadera fuente de su salvación, que no era le
Ley sino Jesús.
Como no tenía a Jesús como centro de su vida, estaba desubicado en sus
prioridades (Luc. 12:34: “porque donde está vuestro tesoro allí estará
también tu corazón”) por ello, tenía puesto su corazón en las riquezas. PERO
otros ponen el centro de su corazón en su familia, en sus hijos, en su empresa,
en sus trabajos, en sus estudios, en el sexo o en las perversidades sexuales, en
las drogas, en los juegos de azar, en el fitnes, en las redes sociales y en ser
influencers, etc.
Como ocurrió con el joven rico, cuando nos gloriamos de haber guardado la
ley, ella siempre nos señalará algo que nos falta o que no hemos podido
obedecer. Jesús le dijo: “una cosa te falta, vende todo lo que tienes”; La ley
es tan santa y perfecta que si no guardamos un ápice de ella, no tiene más
remedio que juzgarnos y maldecirnos (Gálatas 3:10). Eso es para lo que la ley
fue diseñada.
Gálatas 3:10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo
maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en
todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
Dios no quiere que nos gloriemos en nuestras habilidades para guardar la ley o
para llevar vidas rectas. Si debemos tener nuestra absoluta confianza en algo,
si debemos jactarnos por completo de algo, es en la gracia de Dios. Sólo Su
gracia puede guardarnos, salvarnos, sanarnos, librarnos y bendecirnos
completamente. Y es por su gracia, que podemos llevar vidas santas y rectas.
Así que no nos gloriemos en lo que hemos hecho o podemos hacer, sino
gloriémonos en Su gracia para con nosotros, pues la Gracia de Dios es Jesús
mismo. Jesús es la encarnación de la gracia y de la verdad Juan 1:17: “Pues
la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por
medio de Jesucristo”. De modo que Él es nuestra gloria y en él debemos
gloriarnos, en la gracia de Dios que es nuestra fuerza, salud, favor, provisión,
sabiduría, esperanza, salvación y gloria.
Gloria sea a nuestro Dios!
Si quieres recibir a Jesucristo como Salvador y como Señor de tu vida,
repite
conmigo esta oración: Padre celestial, gracias por tu amor y porque enviaste
a tu hijo Jesús a morir por mi en una cruz; HOY te pido me perdones de todos
mis pecados; deseo recibir a tu hijo Jesucristo en mi corazón como Señor y
Salvador. Yo creo que él murió pero resucitó de entre los muertos y viene otra
vez. Hoy te recibo por padre, recíbeme tú por hijo. En el nombre de
Jesucristo, tu hijo amado… Amén!
También quisiera orar por ti amado hermano; SI A LO MEJOR ESTÁS
DEBILITADO EN LA FE, TEMEROSO, CON DUDAS E
INCERTIDUMBRES, TE INVITO A QUE NOS PONGAMOS EN MANOS
DE DIOS Y BUSQUEMOS SU ROSTRO EN ORACIÓN, para que nos cubra
con su manto y nos preserve de todo mal, tal como Él lo ha prometido:
Padre Celestial, gracias por esta palabra hermosa que hemos recibido en esta
oportunidad. Te pedimos:
- Fortalece nuestra relación contigo al doble
- Restaura cualquier pérdida que hayamos tenido: trabajo, familia,
relaciones, salud
- Restaura nuestra salud y vigor al doble; rejuvenécenos al doble.
- Restaura y fortalece nuestra familia a doble
- Cuida, guía, guarda y protege nuestros hijos al doble
- Restaura a nuestro país al doble
- Guárdanos de todo mal y del malo, también al doble.
En el nombre de Jesús, Amén!