¿QUÉ REFLEXIONES Y LECCIONES
APRENDIDAS NOS DEJA LA PANDEMIA
DE LA COVID-19, EN TÉRMINOS DE
SALUD MENTAL Y BIENESTAR?
MARÍA
RAGUZ
ZAVALA*
L
a pandemia del COVID-19 ha obligado a casi cuatro mil millones de
personas en el mundo, según reportan Rashid y McGrath (2020)1, a
aislarnos, distanciarnos socialmente y adherir el uso de mascarillas y
el lavado de manos frecuente, a quedarnos lo más posible dentro de la casa,
a trabajar o educarnos a distancia, a limitar al máximo nuestra interacción
con otros, incluyendo nuestros seres queridos, y a afrontar significativos
* Decana de la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú PUCP. Doctora en
Psicología, Radboud Universiteit Nijmegen, Holanda. Representante Oficial de Perú ante las Naciones Unidas
en compromisos internacionales en Infancia, Mujer, Salud Reproductiva y Desarrollo.
1 Rashid, T., & McGrath, R. E. (2020). Strengths-based actions to enhance wellbeing in the time of COVID19.
International Journal of Wellbeing,
COVID-19: ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA
costos financieros, sociales, socioafectivos y emocionales. Presidentes en
ejercicio y recién elegidos, con mascarilla; parejas enmascaradas contrayendo
matrimonio; danzantes de El Lago de Los Cisnes o actores de teatro o
concertistas ingeniándose para hacer obras virtuales; seres queridos de
quienes uno no pudo despedirse o enterrar; Zooms familiares, de trabajo, de
reuniones con compañeros de colegio que hace años no se veía, mientras los
hijos y nietos están, al mismo tiempo, en Zooms con sus propias actividades
educativas y sociales. Dando clases universitarias y escolares a pantallas en
negro con un nombrecito abajo sin siquiera tener la certeza de que alguien
está allí. Internet que no es suficiente, se cae, carece y excluye. Ahora se está
dando tele-terapia virtual, algo que antes se creía impensable. Están teniendo
sexo virtual. Algunos extrañando a la pareja que acabábamos de formar y
cuya corporeidad la crisis nos arrebató. Yendo a trabajar presencialmente
porque se está en primera línea o porque debo dar de comer a mi familia. En
bicicleta, a pie, en el Metropolitano, en camión, con mascarilla, con miedo.
En las colas evitando cercanías. Temiendo ir a vacunarnos y temiendo que
no alcancen las vacunas. Irritables por creer que podemos perder el trabajo,
que nos disminuirán el sueldo —por no encontrar un centro de prácticas o
laboral, porque quebrará el negocio o perderemos la cosecha— pensando
18 en cómo será el 2021, el fin de año, la próxima semana. Incertidumbre,
inseguridad, angustia. Una nueva normalidad.
1. SALUD INTEGRAL, SALUD MENTAL E IMPACTOS DEL COVID-19
Las Naciones Unidas, reflexionando sobre el COVID-19, señalan que está
íntimamente relacionado con lo que es central al ser humano y que, cuando
la salud mental de grandes porciones de la población se ve amenazada, está,
a la vez, amenazando al tejido mismo de la sociedad 2. Releva que existe
una “pandemia escondida”: una crisis de la salud mental con múltiples
estresores haciendo que la gente ya no pueda lidiar tan bien con el estrés y
que quienes tienen condiciones previas de desórdenes mentales empeoren
en su funcionamiento (citado en Everly, 2020)3.
La salud integral es un derecho humano que los Estados deben garantizar
en el máximo grado posible, afirma la Organización Mundial de la Salud,
2 Naciones Unidas (2020), Informe de políticas: La COVID-19 y la necesidad de actuar en relación con la salud
mental, Nueva York: ONU.
3 Everly, G. (2020). Cómo lidiar con los efectos sobre la salud mental de la COVID-19. Webinar del National
Institute of Health, NIH, de Estados Unidos de Norteamérica.
ESCRITOS
pero, ¿qué es posible garantizar ahora? ¿La salud, la recuperación, la vida,
la falta de secuelas en quienes tuvieron el COVID-19? Central a la salud y el
bienestar integral es la salud mental, largo tiempo ninguneada pero hoy más
relevante que nunca. No se trata solo de no morir, sino de estar bien. Y esta
pandemia nos ha golpeado duro: ansiedad, irritabilidad, miedo, ambivalencia,
incertidumbre, inseguridad, ¿quién no las ha experimentado en mayor o
menor grado? Casi nadie se salva, sin embargo, las interseccionalidades,
exclusiones, injusticias —que son marcadas en nuestro país— hacen que los
costos sean inconmensurablemente distintos, y nos obligan a, por fin, verlos
y confrontarlos.
Un estudio de Ammar y colaboradores, citado por Rashid y McGrath
(2020) con datos de 47 países de cuatro continentes, incluyendo el nuestro,
realizado en abril de este año, evalúa los impactos del COVID-19 sobre el
bienestar, la satisfacción con la vida, la participación y el soporte social, la
dieta alimentaria y la calidad del sueño, y el uso de tecnologías, antes y durante
la pandemia. Encontró, en especial, que la actividad social familiar, amical y
vecinal, así como el entretenimiento, habían disminuido en alrededor de un
50 a 60%, y aunque había aumentado en un 25% el contacto social digital, se
veía que, a menos participación social, las personas experimentaban menor
satisfacción con la vida.
19
Otro estudio, de Johns Hopkins —citado por Everly— encuentra con
la pandemia no solo fatiga física sino, también, emocional. Hay miedo
a contagiar o a enfermarse, miedo a perder el trabajo, conflicto con los
múltiples roles, disrupciones con la carrera o el trabajo, fatiga con las
tecnologías actualmente prevalentes (como el Zoom), preocupaciones con
los hijos y su vuelta a la escuela, gerentes teniendo dificultades para manejar
a sus equipos, personal de salud en primera línea agotados, preocupados
por su salud y la de sus familiares, o con la falta de equipos hospitalarios,
inseguridad sobre las vacunas y tratamientos; frustración con que otros
no se cuiden, sentimientos de frustración, de futilidad, de aislamiento y
soledad; dolor y duelo ante las pérdidas; miedo a contagiar a familiares
mayores y a hacer visitas familiares; falta de información o credibilidad en
la misma o saturación con la información. Una encuesta con casi seis mil
norteamericanos entrevistados —también revisada por Everly— evidencia
que la depresión se ha triplicado con la pandemia y que, la falta de soporte,
el poco nivel de ingreso o ahorros, y el tener más estresores simultáneos es
lo que más predice la depresión en esta población. Everly encuentra una fatiga
de la pandemia con el COVID-19, que genera conflictos de roles, ambigüedad
COVID-19: ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA
y estrés que se sabe llevan al burnout laboral, y se cree que aquí también se
estaría dando, con el mismo efecto moderador que tiene la resiliencia. Frente
a esta fatiga de la pandemia, dice, hay que prestar especial atención al sueño
(incluyendo siestas cortas reparadoras), la alimentación (cuidar el consumo
de cafeína), el ejercicio, y el relajamiento.
El Center for Disease Control and Prevention en Estados Unidos encuentra
que más del 25% de estudiantes de 18 a 24 años ha tenido seriamente ideas
suicidas durante la pandemia4. Un 40% de encuestados –subiendo a 75%
en el caso de los de 18 a 24– afirma que su salud mental está peor por el
confinamiento, con ansiedad o depresión, desorden traumático, estrés, y
abuso de sustancias para lidiar con las emociones negativas. Comparando con
el 2019, la ansiedad se había duplicado y la depresión, cuadruplicado. Adultos
jóvenes, minorías hispánicas y negras, trabajadores esenciales, cuidadores
de adultos no remunerados y personas con condiciones psiquiátricas previas
eran mucho más impactados. La inseguridad financiera era un importante
estresor.
En su informe de este año la OMS señala que la salud mental y el bienestar
de sociedades enteras se han visto gravemente afectados por el COVID-19
20 y habla de una angustia psicológica extendida en la población tanto por el
virus como por el aislamiento, miedo, alejamiento, pérdida de personas e
ingresos, incertidumbre sobre el futuro, desinformación, rumores y habla
también de un probable aumento de los problemas mentales, con ciertas
poblaciones estando en mayor riesgo. El abuso de alcohol, drogas y el suicidio
probadamente han aumentado. Se esperan consecuencias a largo plazo,
incluso neurológicas y de desarrollo cerebral, alerta la OMS. Prevé mayor
deterioro cognitivo y demencia en adultos mayores por la menor actividad
física, el aislamiento social y la menor estimulación intelectual.
La pandemia lleva, en el caso del Perú, 239 días al momento que se
escriben estas líneas, meses de pandemia, distanciamiento social, muertes, y
otros costos crecientes y acumulativos. Pero, también, se buscan soluciones
innovadoras y nuevos horizontes. Muchas personas, instituciones, negocios
y demás, reinventándose, adaptándose y adecuando sus entornos y mente a
una nueva realidad. El Plan de Salud Mental de nuestro país identifica como
problemas de salud mental más frecuentes hoy al estrés y, con algún peso,
4 Belmonde, A. (2020), Startling CDC stat about Young adults highlights effect of coronavirus pandemic on
mental health. Yahoo Finance, setiembre 10.
ESCRITOS
a los síntomas ansiosos y depresivos, asociados al temor al contagio propio
y de otros, al duelo, a la inseguridad económica, y al acceso a tratamientos,
especialmente en personas entre 26 y 59 años.
2. NO A TODOS POR IGUAL
Aunque no todos llegamos a niveles clínicos, la ansiedad y depresión han
aumentado en la mayoría de países, como en Italia. De otro lado, en Francia
se advierte más aburrimiento y un sentimiento de pena y la sensación de
que el tiempo pasa muy lentamente. Cada país y los diversos grupos lo
pueden vivir de diferente manera, pero todos sienten impactos psicológicos,
sociales, financieros. Los grupos más excluidos o en mayor vulnerabilidad
por edad, sexo, género u orientación sexual, condición económica y social,
etnia, discapacidad, condición migratoria o privados de libertad, afecciones
previas, y demás, tienen impactos diferenciales. O el COVID-19 afecta más o es
menor el acceso a la prevención y atención de la salud, o las consecuencias en
el bienestar y desarrollo son peores en quienes gozan menos de la ciudadanía
y ejercen menos sus derechos.
Quienes voluntaria u obligadamente deben cuidar a otros, en riesgo de,
o afectados por el COVID-19, sufren de mucho más estrés, por ellas y ellos 21
mismos y por sus familias. Un estudio citado por Rashid y McGrath muestra
que estos cuidadores, las mujeres y los jóvenes son quienes más se estresan
al escuchar noticias sobre la severidad del contagio y por las medidas de
distanciamiento social, así como por la inseguridad que sienten al no saber
cuánto durará la cuarentena y la crisis sanitaria. La OMS señala que, además
de las y los trabajadores de salud y personas mayores y con problemas de
salud física o mental preexistentes, sufren mayor impacto las y los niños y
adolescentes, evidenciando estrés familiar, aislamiento social, interrupción
de estudios e inseguridad del futuro, y aumento de casos de abuso, cuando
están desarrollándose emocionalmente. En España e Italia se ha visto que un
77% de niños en distanciamiento social tiene dificultades para concentrarse,
según reporte de los padres; alrededor del 39% está agitado, irritable,
nervioso; y un 31%, se siente solo. En el Reino Unido, más de un tercio de
las y los jóvenes reporta que la pandemia ha afectado muy negativamente
su salud mental. También el informe de la OMS releva la sobrecarga de roles
de género y el aumento de la violencia en el caso de las mujeres, e identifica
como grupos de riesgo a los que están en situaciones de conflicto. Otros
estudios citados, como los de Arora y Grey, o de Buttell y Ferreira, del año
2020, revelan cambios dramáticos en los patrones de sueño, dieta, actividad
COVID-19: ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA
física y abuso de sustancias, así como un marcado aumento de la violencia
de pareja íntima, esto último también señalado en nuestro país con cifras
oficiales.
Asimismo, a personas afectadas por desórdenes mentales distintos,
la pandemia del COVID-19 las afecta de manera diferencial; por ejemplo,
a quienes sufren de trastornos obsesivo compulsivos, depresión,
esquizofrenia o trastornos del espectro autista. Un estudio5 muestra estas
interseccionalidades en el caso de mujeres latinoamericanas en el contexto
de la pandemia. También la crisis sanitaria afecta diferencialmente en el
acceso a los servicios de salud a las personas que los requieren por motivos
distintos al COVID-19. Y afecta a quienes adquieren el virus y sus familiares,
conocidos, comunidades y, finalmente, a la sociedad y al país. El impacto
del COVID-19 es diferencial y se potencia en quienes están frente a mayor
vulnerabilidad y exclusión.
3. INTENTOS DE RESPUESTA
En esta situación, las personas buscan apoyo y soporte en los medios
sociales, dada la distancia física, y recurren a distractores, incluso a la adicción.
22 Otros buscan apoyo o explicación en la fe o en creencias supernaturales,
mientras que hay quienes ponen la esperanza en una vacuna y en la ciencia.
Otros, en cambio, caen en la desesperanza, en la denominada “fatiga de la
pandemia”, el aburrimiento o la desmoralización. La distancia social física
puede llevar a ansiedad desbordante o a sentir una falta de estructura, de
dirección, de sentido. Muchos, por el contrario, recurren a sus recursos de
personalidad y adaptativos para mitigar las emociones negativas que genera
el distanciamiento social y reconstruyen su bienestar, re-enmarcando y re-
evaluando los retos para lidiar con la crisis y lograr lo que Rashid y McGrath
llaman “inmunidad psicológica” que también demanda otras crisis debidas
a epidemias, pandemias, desastres naturales, situaciones de conflicto y
guerras.
En todo esto es crucial, para enfrentar la pandemia del COVID-19, el rol
de las y los profesionales de la salud pública y, también, de la salud mental y
la salud psicológica. La psicología tiene su propia especificidad para aportar
5 Gutiérrez, D., Martin, G. y Ñopo, H. (2020). El Coronavirus y los retos para el trabajo de las mujeres
en América Latina. PNUD LAC #Covid19 Serie de documentos de política pública. Nueva York, agosto.
www.pnud.org
ESCRITOS
brindando un soporte para las necesidades de la mayoría de la población.
Es momento de entender que la Psicología no se limita al diagnóstico y
tratamiento de desórdenes mentales. Una o un profesional de la Psicología
es competente para lograr, por su perfil disciplinar, la salud psicológica, más
allá del cuerpo, del cerebro, de los tratamientos médicos. Es una ciencia que
estudia el comportamiento humano, el cambio comportamental, actitudinal,
cognitivo, social y afectivo, el desarrollo moral, el comportamiento social y
en las organizaciones, desde la familia hasta lo más macro. Nuestra misión
es cuidar y promover el bienestar y el desarrollo en entornos saludables,
y la salud mental e integral en el individuo y en la sociedad, una sociedad
cada vez más igualitaria, equitativa, inclusiva y no violenta. Son las y los
psicólogos los llamados a liderar en el diseño de estrategias y mecanismos,
por ejemplo, de soporte e interconexión, junto con profesionales de otras
disciplinas y con los actores relevantes –incluyendo participación de las
poblaciones afectadas–para promocionar la salud integral, prevenir daños,
y para recuperar la salud física y mental y la salud integral de poblaciones
enteras.
Así como son las y los médicos y paramédicos son los llamados a salvar
vidas; y las y los psiquiatras son los llamados a diagnosticar y medicar en los
tratamientos psiquiátricos, son las y los psicólogos quienes diagnosticarán y
23
tratarán con psicoterapia los desórdenes mentales de naturaleza psicológica
y mitigarán la crisis mental a distintos niveles. Es posible brindar cuidado y
soporte; es posible dar terapias para el aislamiento social, la ansiedad por la
salud y el impacto diferencial en ciertos grupos. Grupos de soporte, redes
informales y otras intervenciones en crisis son efectivas. Debe focalizarse
en lo positivo, en las fortalezas, para no generar más estrés, ansiedad,
desmoralización. La Asociación Americana de Psicología y la Asociación
Europea de Psicología, así como otras entidades científicas internacionales
señalan claros caminos que recorrer para promover, atender y recuperar la
salud mental y el bienestar integral en medio de esta crisis que tiene, aún, para
rato. El trabajo multi e interdisciplinar en diagnóstico, evaluación, intervención
e investigación es indispensable. Nos complementamos, todos y cada uno
somos necesarios y hay que respetar las competencias disciplinares. Desde
la psicología podemos aportar en múltiples ámbitos, desde la Psicología
Clínica y de la Salud, la Psicología Social, Educacional, Organizacional, del
Trabajo, Comunitaria, del Deporte, de Intervención en Crisis, Intercultural, del
Género y otros ámbitos de especialización. De no intervenir adecuadamente
cabe esperarse que suceda como con los desastres naturales, aumenten los
desórdenes mentales, en especial el estrés postraumático y la depresión.
COVID-19: ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA
Las Naciones Unidas (2020), informan explícitamente sobre la necesidad de
actuar en esta pandemia y en la post-pandemia, con medidas relativas a la
salud mental.
La atención de la salud mental está teniendo que innovarse, por ejemplo,
con servicios por teléfono para casos graves y visitas domiciliarias, tele-
terapia, y otros servicios digitales y a distancia, programas de autoayuda
y de crianza de hijos, sin embargo muchos no tienen acceso a tecnologías
digitales o Internet. En un país marcado por las desigualdades como es
el Perú, es importante un enfoque de interseccionalidad que multiplica los
impactos de la crisis. Las Naciones Unidas indican que debe adoptarse un
enfoque de protección, promoción y cuidado de la salud mental con toda la
población; garantizar el apoyo psicosocial a la salud mental en emergencia y
crear servicios para el futuro, con investigación de base.
Es así que la Asociación Americana de Psicología (APA) el 5 de agosto del
2020 adoptó una resolución reafirmando el rol de la psicología en el abordaje
del Coronavirus: Psychology’s Understanding of the Challenges Related to
the COVID-19 Global Pandemic in the United States 6. En esta declaración
dice, frente a los retos generados por la pandemia, que:
24
“La disciplina y profesión de la Psicología está respondiendo a estos
retos a través de múltiples dominios para salvaguardar la salud de la nación,
la vida familiar, los logros educativos, y la productividad laboral… como
ciencia del comportamiento, está ayudando a mejorar e incrementar la
adherencia a comportamientos de mitigación (por ejemplo, distancia social,
uso de mascarillas y lavado de manos), y a disminuir los extendidos estrés,
ansiedad, depresión y desesperanza. Estos sentimientos de desesperación
se magnifican en muchas personas en respuesta a la guía poco clara, en
conflicto y, a veces, dañina que los oficiales del gobierno… apareado con
indicaciones de desprecio y desconfianza de la ciencia” (Traducción libre
nuestra).
La Asociación Americana de Psicología concluye que:
“La disciplina y profesión de la psicología -con su fuerte base científica-
está trabajando con otras disciplinas, decisores de política y otros grupos
6 Consejo de la Asociación Americana de Psicología (2020): Psychology’s Understanding of the Challenges
Related to the COVID-19 Global Pandemic in the United States. Resolución APA 2020 del 5 de agosto.
www.apa.org
ESCRITOS
de interés, incluyendo nuestros socios globales en psicología, para ayudar
a reducir la morbimortalidad causada por el coronavirus, y para enfrentar
el vasto daño colateral resultante en áreas como la vida familiar, el logro
educacional y la productividad laboral… El espertiz y la diversidad del
campo de la psicología –que incluye clínicos, investigadores, educadores
y consultores de una variedad de especialidades– ofrece una sinergia para
desarrollar soluciones importantes frente a los retos que emergen de esta
pandemia global, incluyendo las disparidades e inequidades exacerbadas
a través de nuestros sistemas de salud, educación, empleo, y el sistema
legal y de justicia criminal” (Traducción libre nuestra).
En esta misma línea, la Sociedad Interamericana de Psicología (SIP)
sostiene que:
“Los psicólogos comprenden la investigación biológica, social y
ambiental y están capacitados para aplicar evidencias sólidas para mejorar
la vida humana en distintas culturas… En la formación de los psicólogos se
pone énfasis en la autonomía técnica y científica, así como en las funciones
dentro de equipos transdisciplinarios para promover el bienestar humano
en todas las esferas de la vida (familia, escuela, universidad, salud, lugar
de trabajo, servicio público, comunidades, por citar algunos ejemplos). 25
Los psicólogos trabajan aplicando el método científico, con capacidades
técnicas de diagnóstico y evaluación, desarrollando enfoques amplios e
integrados sobre salud humana…En un mundo que enfrenta crisis sin
precedentes, las contribuciones de los psicólogos al alivio de los impactos
físicos, emocionales y mentales –en personas, grupos, comunidades y
culturas– son fundamentales”. 7
Es así que el COVID-19 nos obliga a responder a lo que el National
Institute of Health, NIH, de EE.U U llama “pandemia psicológica”, con sus
efectos de estrés, miedo, ansiedad que todas y todos, en mayor o menor
medida, sentimos. El internacionalmente reconocido experto en todo tipo
de crisis, habiendo intervenido en más de 26 países y siendo fundador y
expresidente de una institución de intervención en crisis –guerras, desastres
naturales, pandemias– George Everly, enfatiza en que debe estudiarse no el
impacto psiquiátrico ni médico de la pandemia, sino el psicológico, lo que
denomina “toxicidad psicológica”, a y las y los afectados psicológicamente,
7 SIP (2020): La humanidad necesita la Psicología: ¿Qué ofrecen la psicología y sus profesionales a la
humanidad? www.sip.org
COVID-19: ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA
a quienes equipara con los indirectamente afectados por las guerras, las
llamadas casualties, en inglés. Es claro que la Psicología tiene un rol crucial
e irremplazable en lidiar con la pandemia y post-pandemia del COVID-19.
Everly sostiene que hay crisis que generan un daño, una “morbilidad
psicológica” varias veces mayor que la morbilidad médica, una enorme
“toxicidad psicológica”, con severos efectos (letalidad, morbilidad,
discapacidad, destrucción, daño financiero) con duración larga, intermitente
o impredecible; con ambigüedad política, informativa en medios, científica/
médica, miedo al contagio y con poca resiliencia en las y los afectados (pobre
identidad, soporte, cohesión y agencia colectiva). Este autor propone mitigar
los efectos de la pandemia del COVID-19 principalmente a través de su modelo
del impacto de una crisis, la cual genera primero reacciones heroicas, hasta
llegar a una “luna de miel” que inevitablemente deriva en desilusión, pero
que va mejorando, especialmente si se interviene con los “primeros auxilios
psicológicos”, para que se dé, después de esta resistencia, un “armarse”
psicológicamente, una mejora con una reconstrucción –la resiliencia– y,
finalmente, la recuperación que permite seguir adelante, superar lo pasado
y, posiblemente, lograr una mejora. Según este autor, es crítico recuperar
26 el contacto social a pesar del distanciamiento que más que social es,
realmente, físico entre las personas. Y para ello, las y los profesionales de la
salud directamente llamados a hacerlo, por sus competencias profesionales
específicas, son las y los psicólogos, esenciales tanto como los médicos,
incluyendo psiquiatras, en temas de salud y bienestar, pues son los especialistas
en salud mental, ampliamente entendida, trascendiendo la mirada biomédica
tradicional largamente superada en sociedades más desarrolladas no solo
económicamente sino social, científica, ética, tecnológica y “civilmente”
(derechos civiles, ciudadanía, democracia).
La crisis sanitaria actual afecta el bienestar psicológico, comunitario y
social, y la confianza pública para aumentar la resiliencia personal. Everly
sugiere recurrir al ejercicio físico, a ejercicios cognitivos, a grupos de soporte
y terapias comunicacionales, a técnicas de relajamiento y mindfulness,
a la capacidad de tomar decisiones, al “compás moral”, a la tenacidad,
al optimismo activo o actitud positiva, a la fe, a conocer las propias
limitaciones, pero, sobre todo, a la conectividad: el soporte interpersonal,
más difícil y necesario en condiciones de distanciamiento social preventivo
(el experto alerta contra confundir distancia física con distancia social).
Así sea virtualmente, se requiere de alguien que nos respalde y cuide, con
quien uno se sepa conectado, que dé apoyo y soporte, un respaldo en la
ESCRITOS
enseñanza, en el trabajo, en lo social y en las relaciones afectivas que deben
nutrirse a pesar de la distancia física. Para esto, se requieren intervenciones
con equipos psiquiátricos y asistenciales, apoyo espiritual –incluyendo
relajación y yoga– entrenamientos en liderazgo, programas de bienestar,
pero, sobre todo, entrenamiento de pares en primeros auxilios psicológicos
para lidiar con eventos estresantes y traumáticos. Aquí el rol de la psicología
es muy importante. Estos primeros auxilios no son ni pretenden reemplazar
al diagnóstico y tratamiento de la salud mental, tienen otra naturaleza.
Suponen un soporte compasivo que busca estabilizar el malestar (distress)
agudo y mitigarlo, instilando esperanza, optimismo, positivismo y, de ser
necesario, facilitando el acceso a servicios continuos de salud mental. Es,
reconocidamente, el mejor abordaje de intervención temprana frente a una
crisis.
Justamente, un o una psicóloga competente no solo puede diagnosticar
psicológicamente, sino que la especificidad de la formación disciplinar lo
habilita para intervenir e, incluso, evaluar la intervención, así como, también,
puede investigar recurriendo a diferentes metodologías y herramientas propias
de la carrera. Estos primeros auxilios psicológicos pueden, perfectamente,
integrarse a la salud mental comunitaria y favorecer la atención universal de la
salud. Pueden aplicarse en lugares de culto, en clubes y otras organizaciones
27
sociales, en asociaciones comunitarias, en centros de crisis y hotlines, en
servicios de salud pública así como en servicios de atención primaria. Por
ejemplo, el Colegio Oficial de la Psicología en Madrid tiene un material muy
didáctico que guía para las intervenciones en la pandemia, diferenciando,
por ejemplo, cuándo es imprescindible hacerlo (intentos de suicidio, ataques
de pánico), de cuando la necesidad es moderada o baja, con protocolos muy
detallados para cada caso particular 8. Otro ejemplo de acciones en salud mental
contra los efectos perniciosos del COVID-19 es el Movimiento Internacional
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y sus 121 sociedades nacionales9.
Ellos promueven la salud mental y el bienestar de las comunidades afectadas
por emergencias como catástrofes naturales y conflictos armados, brindando
apoyo psicosocial básico, primeros auxilios psicológicos, sensibilización en
autoayuda y actividades deportivas y creativas. Tiene grupos de apoyo,
orientación y psicoterapia y derivan a servicios de salud mental (www.icrc.
8 Herráez, E. (Coord.) (2020): Intervención psicológica ante la situación derivada del brote de coronavirus
COVID-19 GUÍA DE CASOS. El Colegio Oficial de la Psicología en Madrid.
9 Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (sin fecha): La salud mental importa.
COVID-19: ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA
org, www.ifrc.org o www.pscentre.org). Esta entidad señala que en crisis
humanitarias la prevalencia de problemas de salud mental es más del doble,
con una de cada cinco personas en situaciones de conflicto, sufriendo
depresión, ansiedad u otro problema de salud mental. Señalan, como acciones
necesarias, garantizar el acceso temprano y oportuno al apoyo psicosocial
y de salud mental para cubrir las necesidades de salud mental y fortalecer
la resiliencia; aumentar la acción local basada en la comunidad, reforzar
la calidad y capacidades del equipo humano, garantizar un apoyo amplio
e integrado, abordar el estigma, la exclusión, la discriminación y proteger
el bienestar de la salud mental y psicosocial de empleados y voluntarios
brindando servicios.
Un ejemplo final lo tomaremos de casa, nuestro país que ocupa el
noveno puesto en el mundo de casos del COVID-19, nuestra ciudad, nuestra
universidad: la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde aprobamos en
el 2019 la Política Institucional de Salud Mental, con la finalidad de “Cuidar y
promover la salud mental de la comunidad universitaria de la PUCP –docentes,
estudiantes y personal administrativo– promoviendo las condiciones para el
logro de un bienestar integral” y con el Objetivo de “Generar mecanismos
28 para la promoción, prevención y atención de la salud mental de todos los
miembros de la comunidad universitaria desarrollando protocolos de acción
para todas ellas”. Nunca nada más relevante que en la pandemia actual.
Esta política define Salud Mental como “un proceso dinámico de bienestar,
producto de la interrelación entre factores individuales, sociales, ambientales
y situacionales que promueven el desarrollo de los potenciales del individuo”.
La salud mental supone afrontar constructivamente los conflictos y el estrés
cotidiano de la vida, poder realizar actividades productivas y fructíferas y
así contribuir de manera significativa con el propio entorno (OMS, 2004),
por lo que es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento
eficaz de la comunidad.
Para llevar a cabo las acciones que delinea esta política se ha creado en el
2019 un Comité de Promoción y Cuidado de la Salud Mental, del cual formamos
parte, presidido por una profesora principal del Departamento de Psicología,
propuesta por el Rector y ratificada por el Consejo Universitario, e integrado
por las Directoras de la Dirección Académica de Profesorado, la Dirección de
Gestión del Talento Humano y los Jefes del Servicio de Salud y de la Oficina
de Orientación al Estudiante de la actual Dirección de Asuntos Estudiantiles,
una representante de los Decanos y una de los Jefes –ambas, de Psicología,
en este caso– nombrados por el Consejo Universitario por un periodo de tres
ESCRITOS
años y un representante estudiantil de la REA. El Comité no es operativo pero
delinea políticas que buscan promover la salud y prevenir la enfermedad, así
como atender la salud mental mediante servicios y sistemas de apoyo para
identificar y atender las problemáticas y necesidades de salud mental de las
personas de la comunidad universitaria. Desde el modelo de salud mental
comunitaria, con empatía y compromiso con la justicia social, se promueve la
auto-gestión de la salud mental, siendo las personas e instituciones participes
de la identificación de las problemáticas, los recursos y fortalezas; así como
de las estrategias de afrontamiento, diferenciando a los grupos según su
vulnerabilidad. Con la pandemia, en el 2020-I, la PUCP hizo un estudio sobre
la salud mental de las y los estudiantes de pregrado sobre el impacto del
confinamiento y la experiencia de educación a distancia, la sintomatología
psicológica y física, el uso de servicios de salud mental, los hábitos de salud,
recursos y relaciones interpersonales. Se encontró un impacto de la pandemia
y del distanciamiento social, aumento de estresores, dificultades para lidiar
con múltiples roles y tareas y para adecuarse a educación remota/virtual,
deterioro de hábitos de salud y agudización de cuadros anteriores. En el 2020-
II se hizo otro estudio similar en el marco del Consorcio de Universidades,
con más de 3000 estudiantes, indagando, además, por aspectos académicos
y por recursos personales de resiliencia, soporte social y autoeficacia. En 29
la universidad estamos tomando en cuenta la evidencia que representan los
resultados para la toma de mejores decisiones en el abordaje de los efectos
e impactos de la pandemia.
Si bien la PUCP no tiene una clínica comunitaria en convenio con hospitales
públicos, como sí lo tiene la Universidad Nacional Mayor de San Marcos,
brindamos a la comunidad de estudiantes atenciones psicológicas con
contención, primeros auxilios psicológicos y derivación con los servicios de
orientación psicológica y académica de la Oficina de Orientación y Servicios
del Estudiante (OSOE) con servicios médicos, psiquiátricos y psicológicos.
Siguiendo los lineamientos de Rectorado, la Dirección Académica de los
Estudiantes (DAES) ha adecuado sus servicios de comunicación con alumnos
a la virtualización y digitalización, recurriendo a las redes sociales, web y
otros, contando con el apoyo de la Dirección de Información y Tecnologías
fortalece la conectividad con un importante fondo para préstamo de equipos
y acceso a internet, ahora que tuvimos que ofrecer educación remota, además
de brindar becas de orfandad por COVID-19, tutorías, capacitaciones en
inserción laboral, información sobre el COVID-19, tips sobre, por ejemplo,
cómo fortalecer redes de apoyo, cómo lidiar con el estrés, un programa
de ejercicios, orientación nutricional, campañas de salud, una guía para
COVID-19: ENTRE EL TRIGO Y LA CIZAÑA
enfrentar la cuarentena por el COVID-19 y otras medidas de soporte. La
Dirección de Gestión del Talento Humano se ocupa de los trabajadores
administrativos. Está ahora trabajando en un protocolo de salud mental
con el Comité, pensando en toda la comunidad universitaria de la PUCP
y proyectándose al entorno. También, desde nuestras capacidades, hemos
desarrollado ventiladores y brindado apoyo al Estado desde las ciencia
y tecnología así como desde la Psicología para la salud mental y la salud
comunitaria. Por su parte, en las Facultades se están estableciendo personas
de contacto –responsables de bienestar– que derivan a las y los estudiantes a
DAES y OSOE para su atención (acompañamiento, consejería, apoyo). Como
en otras, en la Facultad de Psicología hemos tomado acción y trabajamos
estrechamente con las y los representantes del Tercio Estudiantil y del Centro
CEPSICOL Federado, en estrategias de detección, contención y derivación,
y en campañas, mecanismos de respuesta, prevención y promoción de la
salud mental en el contexto del COVID-19. Asimismo, el Departamento
Académico de Psicología ha generado una red de psicólogos y psicólogas
que dan apoyo en línea a docentes en el contexto de la pandemia. A este
servicio han acudido docentes, mayormente mujeres, por dificultades para
dormir, ansiedad, miedos por la incertidumbre, ansiedad por la adaptación
30 a la educación remota y la virtualización, y por conflicto de roles de hogar
y trabajo. Los docentes más jóvenes evidencian muy fuertes sentimientos
de pérdida, sintiendo que sus planes y proyectos a futuro están paralizados
y temiendo que sus familiares mayores resulten infectados o afectados y
perderlos10.
4. REFLEXIONES FINALES
Estos tiempos de pandemia han disrumpido, con el distanciamiento social
y otras consecuencias, nuestra vida cotidiana, de familia, trabajo, vida social,
afectiva, sexual, diversión, cultura y descanso en todas sus facetas y nos
confunde. Genera incertidumbre, inseguridad así como un sentimiento de
falta de control sobre lo que sucede. Es normal, pero, como dijimos, no
en todas las personas y grupos tiene el mismo impacto. Esta pandemia ha
puesto en evidencia que la salud es mucho más que no morir o enfermar, y
que la gama de profesionales de la salud es amplia y con diversas funciones
en la búsqueda de la salud y el bienestar integral. El COVID-19 ha puesto
a la salud mental sobre el tapete, como nota el director de la OMS, y es
10 Fernández, A. (2020): Servicio de apoyo psicológico. Puntoedu.
ESCRITOS
una oportunidad de darle la importancia que se merece, y, agregaríamos,
una responsabilidad el hacerlo. No solo preocupa la infección, sino que las
mismas medidas de prevención que, paradójicamente, impactan en nuestro
bienestar, en especial, el llamado distanciamiento social. Y esto es algo que
las y los psicólogos sabemos bien. La conexión social, el estar en relación con
otros, o no, es el principal predictor de afectación de la salud, integralmente
entendida, como el máximo grado posible de bienestar, como la OMS define.
Y el distanciamiento social, justamente, disrumpe esa conexión social física
tan importante e irremplazable, que es la diaria. La psicología puede ayudar a
restituirla fortaleciendo o generando nuevos vínculos, así como potenciando
los recursos de las personas e instituciones de la sociedad.
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