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El documento resume la historia y evolución de la policía de investigaciones penales en Venezuela, conocida actualmente como Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC). Se estableció originalmente en 1958 como la Policía Técnica Judicial (PTJ) para investigar crímenes de manera científica. Ha pasado por varios cambios de nombre y estructura a lo largo de los años, asumiendo un enfoque más amplio de seguridad ciudadana según la constitución de 1999.

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El documento resume la historia y evolución de la policía de investigaciones penales en Venezuela, conocida actualmente como Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC). Se estableció originalmente en 1958 como la Policía Técnica Judicial (PTJ) para investigar crímenes de manera científica. Ha pasado por varios cambios de nombre y estructura a lo largo de los años, asumiendo un enfoque más amplio de seguridad ciudadana según la constitución de 1999.

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República Bolivariana de Venezuela.

Ministerio del Poder Popular para las


Relaciones Interiores Justicia y Paz. Ministerio del Poder Popular para la
Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología. Universidad Nacional
Experimental de la Seguridad Academia Nacional del Cuerpo de
Investigaciones Científicas Penales y Criminalística. Plan Nacional de
Formación Investigación Penal.

Cefo UNES- DISTRITO CAPITAL-CATIA

Cohorte 11°-Aula 8

Proceso 1-2021

PASADO Y PRESENTE DE LA
SEGURIDAD CIUDADANA EN
VENEZUELA

Profesor: Estudiante:

Rudy Amundarain Luis Freites CI: 28.101.602

Catedra: Historia de la seguridad

Caracas, Marzo del 2021


ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL LA POLICIA DE INVESTIGACIÓNES PENALES EN VENEZUELA.

El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), antes conocido como


Cuerpo Técnico de Policía Judicial (CTPJ) y en sus orígenes como Policía Técnica Judicial (PTJ),
es el principal organismo de investigaciones penales de Venezuela. Se encarga del
esclarecimiento científico de los delitos con miras a la posterior aplicación de la justicia por los
órganos competentes. Su actual director general es el Comisario General José Gregorio Sierralta.

La historia de este organismo se remonta a mediados del siglo XX. El 20 de febrero de 1958 el
presidente de la Junta Cívico-Militar de Gobierno, Contralmirante Wolfgang Larrazábal, decidió la
creación de un cuerpo policial dedicado a la investigación de los diversos crímenes mediante el
decreto N° 48 de la Junta, además de establecer su función como auxiliar del Poder Judicial, con el
nombre de Policía Técnica Judicial. La Ley de Policía Judicial del 8 de julio de 1975 estableció su
estructura y organización institucional, pero fue posteriormente sustituida por la Ley de Policía de
Investigaciones Penales del 11 de septiembre de 1998.

Eventualmente se promulgó de la constitución de 1999, que estableció en su Artículo 332 la


necesidad de crear un cuerpo de investigaciones científicas, penales y criminalísticas. Tal
denominación pasó a sustituir a la de Policía Técnica Judical. En 2001 comenzó una reforma a la
estructura y organización del organismo, el cual se delimitó finalmente en 2003.

La Policía Técnica Judicial (PTJ), hoy Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y


Criminalísticas (CICPC), es un cuerpo policial que se creó mediante el Decreto Nº48 del 20 de
febrero de 1958, estableciéndose la base legal de la nueva policía, bautizada con el nombre de
“Policía Técnica Judicial.

Empieza a funcionar desde un pequeño local en el Pasaje la Bolsa, con tan solo 12 funcionarios.

Son creadas las tres primeras Delegaciones: Chacao, La Guaira, y Los Teques.

La primera Escuela Policial para la enseñanza científica y sistemática se instaló entre las esquinas
de Principal y Santa Capilla el 06 de agosto de 1958. Para sustituir a la abolida Seguridad Nacional
en las funciones de investigación judicial que asumía esta organización. La Ley de Policía Judicial
de 1975, modificada en 1988, la convierte en una Dirección del Ministerio de Justicia y le atribuye
las principales competencias en Policía Judicial. La PTJ adquirió, en la práctica, el monopolio casi
absoluto de la fase de instrucción del proceso penal, con la consecuente reducción del debido
proceso y las garantías legales (Antillano, 2007 siguiendo las ideas de Brown). Cuando este cuerpo
se fundó regía en Venezuela un sistema procesal mixto, predominantemente inquisitivo, previsto en
el Código de Enjuiciamiento Criminal, vigente desde 1926. Debido a ello, de sus 50 años de
existencia, 41 ha estado ejerciendo la investigación penal con bastante autonomía y
discrecionalidad, toda vez que en ese sistema, si bien la fase de sumario era formalmente dirigida
por los tribunales de primera instancia en lo penal y los tribunales de instrucción, la PTJ realizaba
las actividades propias de la investigación sin recibir órdenes directas de las instancias judiciales, a
quienes únicamente le informaba de sus actuaciones. Incluso tenían facultades de aprehensión de
las personas sin orden judicial. Desde siempre ha estado adscrito orgánicamente al Ministerio de
Relaciones Interiores y Justicia, y hasta el cambio del sistema procesal de 1999 estuvo bajo la
dirección de los jueces a los efectos de sustanciar la averiguación sumarial.

El avance delictivo con características de sofisticación a finales de siglo XX y comienzo del siglo
XXI se va acentuando cada vez más, por la gran cantidad de delitos cometidos. Y su grado de
complejidad ha tenido que irse sofisticando cada día más; creando convenios con policías de
renombre a nivel mundial, a fin de llevar a cabo un mejoramiento profesional de los funcionarios de
la institución. El primer director fue Dr. Rodolfo Plaza Márquez, repitió en (1965-66). Y actualmente
El Comisario General, Lcdo. Wilmer Flores Trosel.Para noviembre de 2001, el presidente Hugo
Chávez, dando fiel cumplimiento a lo establecido en la constitución Bolivariana de Venezuela,
promulga el decreto con fuerza de ley de los “Órganos de Investigaciones Científicas, Penales y
Criminalísticas”. La ley estableció, la organización administrativa del CICPC., haciéndose efectiva
el 15 de mayo de 2003 bajo la administración del Comisario General Lcdo. Marcos José Chávez.
Tomándose como fecha aniversario el 24 de noviembre, y el 20 de febrero se decreta día del
Investigador Criminal. En febrero de 2009, transcurridos 51 años de su fundación, el cuerpo de
investigaciones científicas penales y criminalísticas (otrora, Cuerpo Técnico de Policía Judicial) ha
dejado atrás todas las dificultades iniciales y se presenta como una organización sólida, contando
con una gran cantidad de recursos técnico-científicos, que la colocan, a nivel mundial, como una
de las mejores Policías.

DOCTRINA DE LA SEGURIDAD CIUDADANA EN VENEZUELA.

Para abordar el tema de la seguridad ciudadana es importante partir de la siguiente idea: la


dicotomía libertad-seguridad no significa un enfrentamiento de derechos en pie de igualdad, puesto
que la primera es un derecho prevalente al que debe servir la seguridad, que por su parte no es un
derecho fundamental .En este sentido reivindicamos el enfoque de Baratta sobre la “seguridad de
los derechos” y no del “derecho a la seguridad”. En los últimos años, en correspondencia con la
tendencia en otros países iberoamericanos la función legal atribuida a la policía se desplaza de la
vieja opción de “orden público”, que enfatizaría la preservación y defensa del orden legal y las
instituciones, hacia el concepto de “seguridad ciudadana”, de contenido más progresista, que
supone la protección de los ciudadanos y del libre ejercicio de sus derechos. Este cambio
conceptual de “orden público” a “seguridad ciudadana” se aprecia en la Constitución de 1999,
estableciendo en su artículo 55 que “toda persona tiene derecho a la protección por parte del
Estado a través de los órganos de seguridad ciudadana regulados por ley, frente a situaciones que
constituyan amenaza, vulnerabilidad o riesgo para la integridad física de las personas, sus
propiedades, el disfrute de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes” Si junto a todo lo
anterior consideramos, por ejemplo, a los órganos con competencia en materia de seguridad
(según el decreto con Fuerza de Ley de Coordinación de Seguridad Ciudadana, del 6 de
noviembre de 2001), éstos abarcan, además de los organismos policiales, a los Cuerpos de
Bomberos, Protección Civil y organizaciones de administración de desastres . Esto es una
ampliación muy grande del concepto. Es por ello que es necesario ir delimitando no sólo
conceptual, sino también operativamente lo que debe entenderse por policía y por seguridad
ciudadana. No todo es seguridad, ni todo el que ofrece seguridad es policía.

Con la Constitución de 1999 (Venezuela, 1999) se introdujo bajo un nuevo Título, denominado “De
la Seguridad de la Nación”, un concepto cuyo fundamento radicaría en el desarrollo integral y cuya
defensa sería responsabilidad de las personas naturales y jurídicas establecidas dentro del espacio
geográfico (art. 322). El artículo 326 de la Constitución desarrolla la seguridad como una
corresponsabilidad entre Estado y sociedad civil para cumplir con los principios de independencia,
democracia, igualdad, paz, libertad, justicia, solidaridad, promoción y conservación ambiental y
defensa de los derechos humanos, así como para lograr la satisfacción progresiva de las
necesidades de la población. Esta corresponsabilidad abarca los ámbitos económico, social,
político, cultural, geográfico, ambiental y militar.

Dentro de estos amplios enunciados se concibe la seguridad en una doble faz de protección de
principios y derechos y de cobertura de necesidades indefinidas, aunque, cuando se indican las
instancias garantes y los responsables operativos, el concepto se restringe notablemente. En el
ámbito externo se refiere a la independencia, soberanía, integridad geográfica, cuya
responsabilidad corresponde a la Fuerza Armada Nacional (arts. 328 y 329). En el ámbito interno,
que se denomina seguridad ciudadana, se refiere al mantenimiento y restablecimiento del orden
público, el apoyo de la autoridad, la protección de personas, hogares y familias, y al aseguramiento
y disfrute de garantías y derechos constitucionales, cuya responsabilidad corresponde a los
cuerpos de policía, bomberos y defensa civil (art. 332). No obstante, la Guardia Nacional (que
desde 1950 forma parte de la Fuerza Armada Nacional) tiene como responsabilidad básica, según
el art. 329, la conducción de operaciones para el mantenimiento del orden interno del país. El art.
332 indica que los órganos de seguridad ciudadana (una de cuyas funciones es mantener y
restablecer dicho orden interno) son de carácter civil, y que dicha función es competencia
concurrente entre el gobierno central y los gobiernos estadales y municipales. Sin embargo, el
énfasis en el orden público como responsabilidad militar ha creado una tensión de rango
constitucional, que anteriormente no existía, entre cuerpos militares y civiles y entre cuerpos
centralizados y descentralizados de policía.

En 2001, dentro del marco de una ley habilitante de la Asamblea Nacional, fue dictado el Decreto
Presidencial con Fuerza de Ley de Coordinación de Seguridad Ciudadana (Venezuela, 2001b),
cuyo propósito fundamental fue el de establecer mecanismos de enlace y coordinación entre
diversos cuerpos policiales. Algunos casos emblemáticos ocurridos años atrás, en materia de
captura de rehenes, habían concluido con muertes de civiles y funcionarios debido a la
competitividad y rivalidad, en el sitio del suceso, de diversos cuerpos policiales. De este modo, los
arts. 8 y 9 del decreto establecieron los principios de la prevalencia de intervención para el cuerpo
policial que tuviere mayor capacidad de respuesta y recursos para enfrentar la situación y de
sustitución ascendente, es decir, de policías municipales por estadales, y de policías estadales por
nacionales, en caso de rebasarse la capacidad operativa de alguno de estos cuerpos en cada
situación. Este decreto también estableció un Consejo de Seguridad Ciudadana de carácter
nacional, integrado por representantes del Ministerio del Interior y Justicia y de las gobernaciones y
alcaldías, cuya función sería el estudio, formulación y evaluación de políticas en esta materia a
nivel nacional, así como una Coordinación Nacional y Coordinaciones Regionales, a nivel de los
estados, para el seguimiento y evaluación de los planes que estableciere el Consejo de Seguridad
Ciudadana. Según este modelo, en lugar de absorberse todas las policías en un solo cuerpo
nacional, idea que ya había sido materializada en un proyecto de Ley Orgánica de Policía, de 1991,
y en otro sobre Policía Federal, de 1993, se optaba por un esquema de formulación de políticas y
seguimiento de planes de acción, centrado en la Coordinación Nacional de Policía, dependencia
administrativa adscrita al Ministerio del Interior que ha funcionado, preferentemente, bajo la
dirección de oficiales de la Guardia Nacional desde 1969.

El proyecto de Ley de Policía Nacional que fue aprobado en primera discusión por la Asamblea
Nacional en julio de 2004 (Venezuela, 2004), desarrollaba este último modelo, estableciendo
principios comunes (y en este sentido, estandarizados) para lo que sería el Cuerpo de Policía
Nacional (que absorbería lo que es hoy la Policía Metropolitana de Caracas y el Cuerpo de
Vigilancia de la Dirección de Tránsito Terrestre, del Ministerio de Infraestructura), y para las
policías estadales y municipales. El texto enfatizaba la coordinación, reglamentación y supervisión
por parte del Ministerio del Interior y Justicia. La tendencia centralista se manifestaba en dos
disposiciones controvertidas, aquella según la cual el Cuerpo de Policía Nacional y la Guardia
Nacional podrían sustituir a las policías estadales y municipales cuando así lo determinase el
Consejo Nacional o la Coordinación Regional de Seguridad Ciudadana, y aquella según la cual el
mismo ministro podría delegar las funciones del Cuerpo de Policía Nacional en la Guardia
Nacional, tomando en cuenta “la racionalización y optimización de los recursos materiales y
humanos para la tutela de la seguridad ciudadana, las necesidades y requerimientos para la
prestación del servicio policial y la eventual imposibilidad del Cuerpo de Policía Nacional para
ejercer las atribuciones que le son propias” (art. 33). Esta cláusula, evidentemente amplia y
ambigua, podría conducir a una militarización total de la policía.

La función policial ocupa un lugar primordial en materia de seguridad ciudadana. Por ello, la
legitimidad y eficacia de las actuaciones de estos agentes estatales son fundamentales para
promover la seguridad, la justica y los derechos humanos en las sociedades democráticas. La
cuestión policial justifica su trascendencia actual, pues, además de ejercer una función
indispensable de la administración del Estado, es un instrumento de intervención social que tiene
un efecto en las principales formas de relación entre el Estado y la sociedad. 23

Desde esta perspectiva, la investigación que se expone analiza el ejercicio y la normatividad de la


función policial, para determinar si dicha función pública cumple con los estándares mínimos que
exigen los criterios en materia de derechos humanos o, en su defecto, para destacar los desafíos
que en la actualidad se presentan.

La función pública atribuida a los policías tiene como principales objetivos mantener la seguridad y
el orden en lugares públicos; hacer respetar las leyes y proteger a los ciudadanos y sus bienes de
peligros y actos delictivos. la función policial se divide en tres: municipal, estatal y nacional.

Las dos primeras, es decir, las policías municipal y estatal, sólo tienen carácter preventivo.
Mientras, la policía nacional tiene funciones mucho más amplias, como salvaguardar la vida, la
integridad, la seguridad y los derechos de las personas; prevenir delitos; preservar las libertades, el
orden y la paz públicos, y, adicionalmente, investigar y perseguir a los presuntos responsables de
delitos de índole federal.

La función policial es un término cuya significación está impulsada por toda una serie de variables
que incluyen políticas públicas, factores culturales y económicos, así como la infraestructura social
y gubernamental de los Estados. Los enfoques de esta función varían en casi todos los casos,
desde una policía con alto nivel de control, hasta lo que se ha denominado como policía por
consentimiento. “El primer tipo suele ser altamente centralizado, preferentemente reactivo y de tipo
militarista. El segundo puede ser centralizado, pero interpreta la actividad policial más bien como
una respuesta a las necesidades de la comunidad local en cuanto a la detección y resolución de
los problemas que requieren intervención policial.”

El cumplimiento de esta importante responsabilidad supone un elemento positivo para la


satisfacción de las necesidades y para la tutela de las libertades y derechos fundamentales de la
sociedad. Pero, como es natural, el ejercicio de estas facultades presenta simultáneamente la
posibilidad de graves abusos o trasgresiones a los derechos. Es precisamente en este supuesto
donde los derechos humanos deben reubicarse en la cima de la función policial.

La erradicación de la corrupción, el abuso del poder, el uso excesivo de la fuerza pública, las
detenciones ilegales y arbitrarias, así como los actos de tortura son algunos de los desafíos que
plantea el ejercicio de la función policial en nuestros días. Para poder establecer líneas de acción
que permitan combatir estas malas prácticas resulta indispensable analizar la función policial desde
sus orígenes, así como desde el ámbito normativo que determina los límites legales con los que
deben actuar los elementos de seguridad. Asimismo, se debe advertir que los aspectos culturales,
económicos y políticos de los Estados constituyen variantes por considerar en cada caso concreto.
IMPACTO DEL PROCESO REVOLUCIONARIO EN LA POLICIA DE INVESTIGACIONES
PENALES.

El impacto de la revolución empieza con la reforma policial que se inicia en 2006 en Venezuela
reproduce buena parte de estas notas. El proceso de reforma policial se propone durante los
momentos de auge de la llamada revolución bolivariana, luego de la victoria de Hugo Chávez en el
referéndum revocatorio de 2004 y poco antes de las elecciones presidenciales de diciembre de
2006, cuando el chavismo logra sus más altas votaciones. Justo en ese periodo se acentúa el
carácter nacionalista, antiimperialista y antiglobalización del proceso político venezolano, y se
adopta como horizonte programático la construcción del socialismo, dejando atrás las imprecisas
definiciones políticas que dieron contenido al proyecto bolivariano en sus primeros momentos.

El proceso de reforma de la policía de investigaciones penales científicas y criminalísticas


venezolana se inicia en abril 2006 con la creación por parte del Ministerio de Interior y Justicia de la
Comisión Nacional para la Reforma Policial, Conarepol, como respuesta a un conjunto de
episodios luctuosos que involucraban a las policías en hechos delictivos.

La Comisión consistía en un cuerpo colegiado encabezado por el ministro de Interior y Justicia, y


que contaba con la participación de representantes de los distintos poderes, académicos, activistas
de ONGs vinculadas con el tema y de un empresario que conducía un programa de prevención de
la violencia juvenil. Durante su trabajo de 9 meses, la comisión se propuso elaborar un pliego de
recomendaciones que apuntara a “un nuevo modelo policial” ajustado a la realidad venezolana y al
estado social de derechos (Ministerio de Interior y Justicia, 2006). Para esto se desarrolló un
amplio proceso de consulta y participación ciudadana, recogiendo demandas y propuestas tanto de
la policía y de grupos relacionados con el tema (lo que se llamó consulta concentrada) como de la
población en general También se realizó un exhaustivo diagnóstico de las distintas policías
existentes en el país.Pese a la movilización generada y al consenso obtenido, las
recomendaciones de la Conarepol fueron repudiadas y archivadas por el siguiente ministro,
adverso al anterior, y descalificadas como “burguesas”. Sólo en 2008, con un nuevo cambio de
ministro y en el marco de una creciente demanda al gobierno para que tomara medidas sobre el
tema de seguridad, y la habilitación temporal del presidente Chávez para promulgar leyes, se
retoma la propuesta de la reforma, plasmada en la Ley del Servicio de Policía, que regula aspectos
orgánicos, funcionales y principios generales de la policía, y luego con la Ley del Estatuto de la
Función Policial, que define temas relacionados con la carrera policial, profesionalización, régimen
disciplinario y rendición de cuentas.

A partir de la promulgación de ambas leyes, se pasa a un proceso de aplicación de la reforma,


creando la nueva institucionalidad que prescribe: el Consejo General de Policía, como órgano
colegiado encargado de proponer y hacer seguimientos a políticas en la materia; el Fondo
Interterritorial del Servicio de Policía, que se encarga de financiar los procesos de modernización
de los distintos cuerpos policiales; la Defensoría en materia de policía, adscrita a la Defensoría del
Pueblo y encargada de conocer e investigar violaciones a los derechos humanos por parte de los
cuerpos policiales y proponer recomendaciones para su prevención; la Policía Nacional
Bolivariana, de carácter federal y adscrita al ejecutivo nacional que, al menos en sus definiciones
originales, debía tener una función subsidiaria al resto de las policías y concentrarse en situaciones
de escala nacional o extra-local, alta complejidad y que requieran alta intensidad en la actuación
policial para su manejo (Comisión para la Reforma Policial,); un programa de asistencia técnica a
las policías; la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad, encargada de la formación, y
con rectoría en aspectos de formación y entrenamiento, de los funcionarios policiales (que ahora
pasan a tener un estatus de profesión universitaria), entre otras instancias que permiten articular y
darle gobernabilidad al sistema policial (Comisión para la Reforma Policial, 2007). Además se
desarrollan un conjunto de estándares comunes a todas las policías, que regulan aspectos
cruciales como su organización, criterios de desempeño, formación, selección y reclutamiento, uso
de la fuerza, rendición de cuenta, régimen disciplinario, equipamiento, instalaciones, uniformes,
atención a las víctimas, políticas de género, disposiciones dirigidas la prestación del servicio a
niños, adolescentes y grupos vulnerables, trato a detenidos, procedimientos y tácticas policiales, y
otras tareas especialmente sensible

REFLEXIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS Y LA FUNCIÓN POLICIAL

Los derechos humanos deben constituirse como un límite y a la vez como un objetivo de las
instituciones de seguridad pública. En las sociedades democráticas es evidente que los derechos
humanos y la función policial tienen una relación estrecha, pues su finalidad es lograr el bienestar
de la ciudadanía y garantizar su integridad y seguridad.

La actividad de la fuerza pública legítimamente orientada a la protección de la seguridad ciudadana


ocupa un papel fundamental. Sin embargo, en la actualidad, el abuso de las autoridades policiales
se ha constituido como un factor de riesgo para la seguridad de las personas.

Si bien es cierto que los cuerpos policiales, en ejercicio de sus funciones, cuando la ley lo estime
necesario, pueden limitar el ejercicio de ciertos derechos y libertades, esto no puede, bajo ningún
supuesto, justificar violaciones a derechos humanos. Las herramientas legales con las que cuentan
los agentes estatales para defender la seguridad de la ciudadanía no pueden ser utilizadas para
avasallar estos derechos.

La formación de la función policial desde la perspectiva de la ética pública y de los derechos


humanos es un requisito sine qua non en los Estados democráticos de derecho. Son éstos
quienes, a través de sus agentes, están obligados a garantizar el orden y la seguridad públicos. La
participación de la ciudadanía en el alcance de este objetivo es un factor relevante, no obstante,
estará sujeta al nivel de confianza que tengan en sus instituciones de seguridad, de ahí que resulte
importante trabajar en dicha reestructuración institucional y funcional. Las estrategias y políticas
públicas en materia de seguridad deben ser evaluadas desde la perspectiva de los derechos
humanos. Sólo a través de una ética pública, basada en el respeto a la dignidad y a los derechos y
libertades fundamentales, podremos cruzar esta ola de inseguridad y violencia que
desafortunadamente se ha generalizado en gran parte de Venezuela. Desde esta perspectiva, la
solución que se plantea radica en una nueva cultura gubernamental de los derechos humanos.
Esto quiere decir que todos los servidores públicos, independientemente del rango y de las
funciones que desempeñen, deben conocer y entender los derechos humanos. De esta manera,
estarán en posibilidades de llevar a cabo sus funciones con ética y con respeto a estos mínimos
vitales.

El ejercicio de la función policial es indispensable para el desarrollo y progreso de los Estados y, de


igual manera, constituye una herramienta valiosísima para el aseguramiento de las personas, de
sus bienes y de la sociedad misma. Por ello, su re significación desde el ámbito de los derechos
humanos, a través de la implantación de una cultura y de la ética pública, debe ser una tarea de
urgencia en las agendas policiales.
Conclusión.

A lo largo de la historia venezolana el aparato policial se ha inventado y reinventado en distintas


oportunidades, inclusive bajo el discurso manifiesto de la protección de la seguridad ciudadana y
de dar respuesta a las demandas sociales. En Venezuela el aparato policial, Se ha concentrado en
garantizar la estabilidad del país, los derechos y garantías civiles y políticos reconocidos
constitucionalmente a las personas.

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