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Dioses Olímpicos y Mitos Griegos

1. El mito griego de Ceix y Alcíone trata sobre un rey llamado Ceix que decide emprender un peligroso viaje por mar a pesar de las súplicas de su esposa Alcíone de no ir o llevarla con él. 2. Una tormenta hunde la nave de Ceix y él muere ahogado, cumpliéndose los malos presagios. 3. El mito enseña sobre los peligros de ignorar los consejos de los seres queridos y las advertencias de posibles desastres.

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Dioses Olímpicos y Mitos Griegos

1. El mito griego de Ceix y Alcíone trata sobre un rey llamado Ceix que decide emprender un peligroso viaje por mar a pesar de las súplicas de su esposa Alcíone de no ir o llevarla con él. 2. Una tormenta hunde la nave de Ceix y él muere ahogado, cumpliéndose los malos presagios. 3. El mito enseña sobre los peligros de ignorar los consejos de los seres queridos y las advertencias de posibles desastres.

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Principales dioses

Los griegos creían que los dioses habían elegido el monte Olimpo, en
una región de Grecia llamada Tesalia, como su residencia. En el Olimpo,
los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad
y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que
controlaban sendos poderes: el cielo o firmamento, el mar y la tierra.
Los doce dioses principales, habitualmente llamados Olímpicos, eran
Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Artemis, Ares, Afrodita, Hestia,
Hermes, Deméter y Poseidón.

Zeus era el dios supremo, padre espiritual de los dioses y de los


hombres.

Antiguos dioses griegos

NOMBRE 
NOMBRE 
GRIEGO ROMANO PAPEL EN LA MITOLOGÍA
Diosa de la belleza y del deseo sexual (en la
mitología romana, diosa de los campos y
Afrodita Venus jardines)
Dios de la profecía, la medicina y la arquería
Apolo Febo (mitología grecorromana posterior: dios del Sol)
Ares Marte Dios de la guerra
Artemis Diosa de la caza (mitología grecorromana
a Diana posterior: diosa de la Luna)
Esculapi
Asclepio o Dios de la medicina
Diosa de las artes y oficios, y de la guerra;
auxiliadora de los héroes (mitología
Atenea Minerva grecorromana posterior: diosa de la razón)
Dios del cielo; soberano de los titanes (mitología
Cronos Saturno romana: dios de la agricultura)
Deméte
r Ceres Diosa de los cereales
Dionisio Baco Dios del vino y de la vegetación
Eros Cupido Dios del amor
Gaya Tierra Madre Tierra
Hefesto Vulcano Dios del fuego; herrero de los dioses
Diosa del matrimonio y de la fertilidad;
protectora de las mujeres casadas; reina de los
Hera Juno dioses
Mensajero de los dioses; protector de los
Hermes Mercurio viajeros, ladrones y mercaderes
Hestia Vesta Guardiana del hogar
Hipnos Sueño Dios del sueño
Dios de los mundos subterráneos; señor de los
Hades Plutón muertos
Poseidó
n Neptuno Dios de los mares y de los terremotos
Rea Ops Esposa de Cronos/Saturno; diosa madre
Urano Urano Dios de los cielos; padre de los titanes
Zeus Júpiter Soberano de los dioses olímpicos
MITOS GRIEGOS

12 capítulos: 

1- Historia de Faeton y Helios


 
2-La historia de Baco y el Rey Midas 

3-La historia de Ceix y Alción 

4-La historia de Minerva y Aracne


 
5-La historia de Dafne y Apolo 

6-La historia de Eco y Narciso 

7-La historia de Ceres y Proserpina


 
8-La historia de Calisto y Arcas 

9-La historia de Orfeo y Eurídice 

10-La historia de Atalanta e Hipomenes 

11-La historia de Cupido y Psique 


12-La historia de Baucis y Filemón 

Resumen MITOS GRIEGOS

MITO FAETON Y HELIOS

1. 1. EL CARRO DEL DIOS SOL, Se trata de que faetón se dio cuenta


de que era el hijo de helios dios del sol, y helios le dijo que pidiera
lo que quisiera, para poder demostrarle que era su hijo y faetón
pidió que le dejara conducir el carro de fuego para convertir el día
en la noche. Pero todo fracaso porque su padre le advirtió que no
bajara mucho hacia la tierra porque se incendiaria y no muy alto
porque quemaría el cielo. Faetón no pudo manejar el carro de
fuego y el carruaje junto con sus cuatro corceles se fueron hacia la
tierra haciendo que ardiera en fuego y llamas rojizas, y también el
monte Olimpo, la tierra estaba a punto de la muerte y las ninfas
en el fondo del mar en sus cavernas sentían el calor del fuego.
Pero Faetón por salvar la tierra lanzó un rayo, pero fracaso y
Faetón murió. Y durante un largo día el sol lloró a su hijo. Se
sentó en su trono de esmeraldas con la cabeza en bajo y no se
movía, llegó Júpiter y le dijo que tenía que ir a darle luz al día o
sino la tierra parecería helada, pero Helio levantó la cabeza y dio
cortos pasos para alistar su carruaje y fue a solear el cielo.

HELIOS: Dios del sol.


JUPITER: El más grande de los dioses.
CARRO DEL DIOS SOL: carruaje, de ruedas de oro y radios de
plata.

1.  El significado de este mito se basa en convencer a los jóvenes de


esa época de que no debían hacer acciones que no eran
recomendadas para ellos, ya que no tenían una enseñanza ni
practica suficientes como para hacerlo

2. La enseñanza de este mito es la de que no debemos aventurarnos


en mundos desconocidos ya que no tenemos una idea ni un
control de ese aspecto, y podemos causar grandes males e incluso
la muerte, como en el caso de Faetón.

EL MITO DE DIOS BACO Y EL REY MIDAS

Esta historia, como todos los mitos, enseña que los seres humanos
tienen que ser cuidadosos con sus deseos, porque no sólo se pueden
hacer realidad sino que pueden volverse contra ellos mismos.

La ambición desmedida, es el peligro que pueden correr los que se


aferran a las posesiones y al dinero, convirtiéndose en sus esclavos; sin
darse cuenta que pueden perder muchas cosas que también necesitan,
aún más valiosas.

Estaba un día Baco, el dios del vino, almorzando con el rey Midas,
ambos despreocupadamente y de muy buen humor.

Después de haber disfrutado de una deliciosa comida, en


agradecimiento a tan generosa hospitalidad, Baco le concedió al rey un
deseo, pudiendo elegir cualquier cosa que quisiera.

Encantado con esta oportunidad que se le presentaba, decidió pedirle


que todo lo que tocara en adelante, se convirtiera en oro, y lo miró con
incredulidad teniendo la certeza que este pedido era imposible de
satisfacer.

El dios Baco se decepcionó con su pedido, teniendo en cuenta que el rey


Midas ya era muy rico, pero éste insistió diciéndole que el oro nunca era
suficiente.

Convencido que eso era lo que el rey deseaba, decidió concedérselo tal
como lo había prometido y luego se marchó.
El rey Midas al ver al dios Baco alejarse con su caballo levantó la mano
para saludarlo y sin querer rozó con sus dedos la rama de un hermoso
árbol e inmediatamente esa rama se transformó en oro.

Enloquecido de felicidad por ver su deseo cumplido, observó a su


alrededor, tomó una piedra del piso y con gran alegría pudo ver que
ésta se convertía en oro al instante y que la arena que tocaban sus pies
también se transformaban en granos de oro.

De la gran alegría que sentía, no pudo evitar ponerse a gritar a los


cuatro vientos diciéndoles a todos que era el hombre más rico del
mundo.

A su paso todo a su alrededor se convertía en oro, los campos


sembrados, las plantaciones de maíz, los frutos de los árboles, y hasta
las paredes de su propio palacio.

Los sirvientes no podían creer lo que veían y no se atrevían a acercarse


al rey que bailaba como un loco en el jardín rodeado de plantas y flores
de oro, por temor de quedar convertidos ellos también en estatuas de
oro.

Todos se pusieron a festejar muy contentos de ver a su rey tan feliz


lavándose las manos en el agua de una hermosa fuente que pronto se
convirtió también en oro.

Una vez que se calmó su entusiasmo y se sintió cansado y hambriento


pidió a sus sirvientes que le sirvieran su comida.

Un fabuloso banquete estuvo a su disposición de inmediato y el rey se


sentó a la mesa con la intención de disfrutar de todos esos exquisitos
manjares. Pero grande fue su decepción cuando se llevó a la boca un
trozo de sabrosa carne y ésta se transformó en oro.

Midas quedó desconcertado y tomó con más cuidado un trozo de pan


crujiente, pero apenas lo tocó también se convirtió en oro.

Así se dio cuenta que su vida corría peligro, porque tampoco podía
ingerir agua ni bebida alguna porque se transformaba en el dorado
metal.

Desesperado, se puso de rodillas y elevando sus brazos al cielo se


arrepintió de haber sido tan ambicioso y rogó al dios Baco que lo
liberara de su codicioso deseo que seguramente lo mataría.

Sus sirvientes se compadecieron de él pero vanos eran sus intentos para


ayudarlo; hasta que de pronto, el dios Baco apareció imprevistamente
en el jardín del palacio, alegre como siempre, se puso frente al rey que
permanecía arrodillado y le dijo que se levantara.
Señalándole que había sido ambicioso y necio, lo tranquilizó diciéndole
que lo perdonaría, debiendo sumergiera en el río para deshacer el
hechizo.

Así, el rey Midas aprendió la lección y regresó a su palacio muy feliz a


saciar su sed y su apetito, con la serena convicción de que de ahora en
adelante no sería más un hombre tan necio y codicioso.

EL MITO DE CEIX Y ALCYON

Ceix, rey de Tesalia, era uno de los hijos de Eósforo, el dios de las
primeras luces del día y personificado en el Lucero del Alba. Alcíone, su
esposa, era hija de Eolo, el dios del viento. Se amaban tanto que jamás
se separaban uno del otro. Pero un día Ceix, inquieto y preocupado por
una serie de problemas y malos presagios, decidió emprender un largo
viaje a tierras lejanas para consultar al Oráculo.

Cuando Alcíone se enteró de los planes de su marido, se horrorizó. Le


dijo a Ceix que aquel viaje podría ser muy peligroso debido a los fuertes
vientos que azotaban el mar. Incluso le pidió que si, a pesar del riesgo,
decidía viajar, se la llevase con él, porque si había de pasar algo, lo que
fuera, al menos seguirían estando juntos.

A pesar de conmoverse profundamente con las palabras de su


amada Alcíone, Ceix decidió en el último momento marchar solo y esa
misma noche embarcó rumbo a las tierras del Oráculo.
Durante la travesía, una horrible tormenta sacudió la nave. Todos sus
tripulantes se encogieron de miedo. Todos menos Ceix, que daba
gracias a los dioses por no haberse traído consigo a su esposa. Con ese
pensamiento murió finalmente ahogado Ceix, junto con toda su
tripulación, que fue engullida por el tormentoso mar.
Mientras, Alcíone, ajena a la tragedia, contaba los días de la ausencia de
su esposo. Procuraba mantenerse ocupada la mayor parte del tiempo e
iba al templo de Juno a rezar por él varias veces al día, haciéndole
ofrendas a la diosa. Juno comenzó a sentirse culpable, ya que sabía de
la muerte de Ceix y le parecía que no era justo que Alcíone se pasara el
día haciendo ofrendas por un marido que nunca podría recuperar. Fue
entonces cuando mandó a llamar a Iris, su mensajera, y le ordenó que
fuera en busca de Hipnos, el dios de los sueños, para que le mandase a
la pobre enamorada uno en el que se le revelase la verdad sobre el fatal
desenlace de Ceix.

Hipnos llamó a su hijo Morfeo, que era experto en tomar la apariencia


de cualquier ser humano y le explicó las órdenes de la diosa Juno. Este
voló hacia el lecho de Alcíone y, mientras la mujer dormía, se introdujo
en sus sueños con el aspecto de Ceix y le contó lo que había pasado. En
ese momento, Alcíone despertó sobresaltada y al mismo tiempo abatida.
Por eso, al amanecer, fue al puerto, al mismo desde donde partió su
esposo hacia tan funesto destino. Y allí, flotando sobre las aguas, divisó
algo. Cuando estuvo más cerca de la orilla, Alcíone se dio cuenta de que
era el cuerpo de su esposo. Muerta de dolor, en ese momento decidió
poner fin a su vida y tirarse al mar. Pero justo en ese instante y antes
de que sus vestidos tocaran el agua, Alcíone se vio transformada en un
pájaro (dicen que en un Alcatraz), y Ceix recobró de nuevo la vida
convirtiéndose en un Martín Pescador. Los dioses se habían apiadado de
la pareja y les habían dado una segunda oportunidad para estar de
nuevo juntos.
De hecho, hay siete días de calma en el mar antes del solsticio de
invierno, y otros siete que le preceden (en el hemisferio norte), que son
conocidos como los Días de Alción. Durante este tiempo no hay
tormentas, ni los vientos soplan, ni las olas golpean furiosas contra las
rocas. Es el tiempo en que el Martín Pescador hace sus nidos.

EL MITO DE MINERVA Y ARACNE

Aracne era una habilidosa tejedora de bellísimos tapices que estaba muy
orgullosa de sus tejidos.

Todos querían ver cómo teñía las lanas y cómo las tejía con destreza
inigualable, porque en esa tarea era incomparable.

Las ninfas del bosque atribuían el insuperable don de Aracne a Minerva,


que era la diosa de las artes manuales. Pero cuando la tejedora
escuchaba estos comentarios negaba rotundamente haber recibido su
habilidad de Minerva, diciendo que ella había aprendido ese arte por sí
misma.

Como las habladurías seguían sosteniendo la creencia en que su gran


destreza era un don, Aracne, segura que su habilidad la había adquirido
ella sola, desafió a Minerva a competir con ella en un concurso de tejido
para arrebatarle el título de diosa del telar.
Las ninfas escandalizadas ante tamaña osadía contra una diosa del
Olimpo, no se atrevieron a hacer más comentarios, pero no estaban
equivocadas, porque al enterarse Minerva de los dichos de Aracne se
enfureció y transformándose en una anciana se dirigió a su casa.
Cuando le abrió la puerta, la señaló con el dedo y le aconsejó
arrepentirse de su impertinencia y arrogancia contra una diosa; pero
ésta no le hizo caso, volviendo a desafiar a Minerva a presentarse para
defenderse ella misma, sin intermediarios.
La anciana entonces se convirtió inmediatamente en quien era de
verdad, avergonzando a Aracne, que sin embargo mantuvo intacta su
postura.
Decidió la diosa ingresar a la casa, para responder a tal desafío, donde
se habían instalados dos telares; y ambas se pusieron a trabajar
afanosamente desplegando todo su ingenio.

Minerva diseñó un bellísimo tapiz de hermosos colores, con los doce


dioses y diosas más importantes del Olimpo, pero el tapiz de Aracne lo
superó en gran medida, agregándole a la misma escena las aventuras
de los dioses y una preciosa franja alrededor, quedando tan bello que ni
siquiera la diosa Envidia le pudo encontrar ningún defecto.

La diosa Minerva no pudo tolerar tamaño insulto a su investidura y


dando rienda suelta a su ira destruyó el tapiz tejido por su rival.

Aracne, humillada por la ofensa, abandonó la casa arrastrándose e


intentó quitarse la vida.

Minerva le perdonó la vida pero la condenó a quedar colgada para


siempre tejiendo en el aire transformándola en la primera araña que
hubo en la tierra.

Este relato es uno de los muchos mitos griegos que han sobrevivido el
paso del tiempo. Los mitos tenían la función de transmitir valores a
través de narraciones fantásticas donde todo era posible, con la
intención de difundir la sabiduría de los pueblos y brindar esa enseñanza
a los descendientes.

En el mundo mitológico ocurren hechos que serían imposibles en la


realidad y la fantasía más asombrosa resulta en ellos algo común. Esta
forma de ver las cosas tenía el objetivo de explicar en forma sencilla, los
grandes misterios del hombre y del universo.
EL MITO DE DAFNE Y APOLO

Apolo, dios de los arqueros, de la música, de la profecía y de la luz, era


muy poderoso, pero no siempre afortunado en sus amores.

La serpiente Pitón, en la mitología griega, era un monstruo de cien


cabezas y cien bocas que vomitaban fuego; era el terror de la campiña
de Tesalia porque arrasaba a hombres y animales.

Cuenta Ovidio que Apolo, orgulloso por haberle dado muerte, osó
desafiar a Cupido, hijo de Venus y de Marte. Este, para castigar tal
osadía, tomó dos flechas de su aljaba. Una tenía la punta de oro e
infundía amor; la otra era de plomo e inspiraba desdén. Cupido dirigió la
primera hacia Apolo, y disparó la segunda a Dafne, hija del río Peneo y
de la Tierra. Una violenta pasión por la hermosa ninfa se apoderó
entonces de Apolo.
Sin embargo, ella herida por la flecha del desprecio, huyó rápidamente
tratando de esconderse. Apolo corrió en busca de Dafne, pero ésta, al
verse perdida, solicitó la ayuda de su padre. Tan pronto como cesaron
sus gritos de socorro, una corteza suave le encerró el pecho, sus
cabellos se transformaron en hojas verdes, los brazos en ramas, los pies
se fijaron en el suelo y la ninfa quedó transformada en laurel. Apolo, no
dispuesto aún a darse por vencido, abrazó el árbol y lo cubrió de
ardientes besos, pero incluso las ramas retrocedían asustadas de sus
labios. “Si no puedes ser mi amante”, juró el dios, “me serás
consagrada eternamente. Tus hojas serán siempre verdes y con ellas
me coronaré”. Desde entonces, el laurel es el símbolo de Apolo y con él
se galardona a los vencedores, artistas y poetas.

EL MITO DE ECO Y NARCISO

Eco era una ninfa que por haber ofendido a uno de los dioses, estaba
condenada a no poder hablar, excepto por la repetición de la última
sílaba de todo lo que se le dijera. Algunas fuentes dicen que Hera (Juno)
fue quien le impuso la maldición exasperada por su incesante parloteo;
otras fuentes dicen que fue Pan, enojado por su empalagoso amor. Tuvo
la mala suerte de enamorarse de Narciso, el hermoso hijo del dios del
río Cefiso y de la ninfa Liríope. Sin embargo, como ella solo podía hacer
eco de sus palabras, Narciso la ignoró y ella se desvaneció en una
sombra. Pero el castigo aguardaba a Narciso: egoísta y despreciativo de
todas sus admiradoras se enamoró de su propio reflejo en el estanque y
así murió admirándose. Los dioses lo convirtieron en la flor homónima.

EL MITO ORFEO Y EURIDICE

Orfeo estaba desposado con la Ninfa Eurídice, de quien estaba


profundamente enamorado.

Un día en el que ella estaba paseando por la orilla de un río, se encontró


con el pastor Aristeo. Cautivado por su belleza, Aristeo se enamoró de
ella y la persiguió por el campo.

Eurídice trató de escapar, pero mientras corría tropezó con una


serpiente, que la mordió con su letal veneno. Abatido por su
pérdida, Orfeo decidió viajar a los infiernos (de los que ningún mortal
habría retornado jamás), para lograr que le fuera devuelta su esposa.

A Perséfone (Proserpina), reina del mundo subterráneo, le conmovió


tanto su pena, que accedió a conceder su deseo a cambio de que no
mirase a Eurídice en el camino de vuelta a la luz. Pero a medida que se
acercaba el final de su viaje, Orfeo no pudo evitar mirar hacia atrás para
comprobar que su amada seguía todavía junto a él. Al mirarla, ella se
desvaneció ante sus ojos y la perdió para siempre. Orfeo nunca se
recuperó y vivió con ese sufrimiento por el resto de sus días.

EL MITO CUPIDO Y PSYQUE

Venus (Afrodita) diosa del amor, irritada por la belleza de Psyque, le


dijo a Cupido o (Eros), que la enamorara del peor de los hombres.
Inesperadamente el propio Cupido se enamoró y se casó con ella.
Psyque se sentía sola porque su marido sólo la visitaba por las noches, y
además le había dicho que nunca lo debería de mirar, o su futuro hijo no
sería inmortal. Para combatir su soledad, venían sus hermanas, las
cuales, celosas de su casa, la convencieron de que el marido al que no
podía mirar, debía ser un monstruo.
Muy asustada, Pysque tomó una lámpara y miró a su esposo mientras
éste dormía. Entonces, Cupido despertó y se marchó. Psyque, llena de
remordimientos, lo buscó por todas partes, llegando finalmente al
palacio de Venus, donde le impusieron trabajos imposibles de realizar.
Durante el último, cayó en un sueño mortal, pero Cupido logró
revivirla... y la llevó al Olimpo, donde Júpiter, la hizo inmortal.

EL MITO DE CERES Y PROSERPINA

Ceres era la diosa de las cosechas, y amaba tanto a la tierra que todo el
año las plantas permanecías verdes, tenía una hija llamada Proserpina
muy hermosa, una noche Proserpina no llegó a su casa y Ceres muy
afligida salió a buscarla pero no pudo hallarla, a la mañana siguiente fue
a buscar a Proserpina con sus amigas pero ellas dijeron que un día
anterior estaban cortando flores y ella se alejó un poco; entonces de
inmediato corrieron a buscarla por todas partes pero no la encontraron.
Ceres se dijo que tenía que encontrarla y buscó por todos los lados
donde vivía se sentó junto a un lago y vio que el cinturón de Proserpina
estaba junto a ella en ese momento lo que pensó fue que a Proserpina
se la había tragado la tierra, muy enojada gritó y pateó a la tierra, la
maldijo diciéndolo que ya no dejaría crecer las semillas y que a partir de
ese momento sería parda y seca para siempre. Ceres regresó al Monte
Olimpo, al verla Zeus le dijo lo que había pasado con su hija, todo
ocurrió cuando Plutón el dios de los infiernos subió a la tierra y fue
alcanzado por una de las flechas de Cupido, lo cual significaba que se
enamoraría de la primer persona que viera, en eso apareció Proserpina
y se la llevó a la región de la muerte, se casarón y ahora era la reina de
la región de la muerte. Zeus ayudó a Ceres enviando a Primavera a la
región de la muerte solo podía salvarla si ella no había comido nada,
entonces Primavera llegó al lugar y preguntó si había comido algo a
Proserpina pero no solo había chupado un judo, Proserpina decidió que
seis meses viviría con su madre y los otros seis se la pasaría con su
esposo. Desde entonces así lo hace, Ceres perdonó a la tierra y le
devolvió las flores y se encontró un equilibrio permanente.

EL MITO CALISTO Y SU HIJO ARCAS


Calisto era una diosa del río. Calisto era la compañera favorita de la
diosa de la Luna Diana.

Un día el dios Júpiter vio a la hermosa Calisto y se enamoró de ella.


Sabiendo que Diana había advertido a Calisto sobre los hombres y los
dioses, Júpiter pretendió ser la diosa Diana.

En su disfraz, Júpiter hizo a la hermosa Calisto su novia. Ella dio a luz a


un niño llamado Arcas. La esposa de Júpiter, Juno estaba furiosa y
transformó a Calisto en una osa.

Un día, cuando Arcas era un hombre joven, el decidió irse a cazar.


Calisto vio a su hijo y olvidando que era una osa, corrió hacia su hijo
para abrazarlo. Por miedo a perder su vida, Arcas levantó su arco y le
disparó a la osa que era su madre. Al último momento, justo antes de
que la flecha se clavara, Júpiter lanzó a Calisto y a su hijo Arcas al cielo
como las constelaciones Ursa Maior la Osa Mayor y el Boyero, el
Guardián de la Osa. Arcas está siempre junto a su madre.

EL MITO DE ATALANTA E HIPOMENES

Un día una osa benevolente encontró una niña recién nacida, llamada
Atalanta, al pie de la montaña, que había sido abandonada por su padre,
por ser mujer.

La osa la crio como a uno de sus hijos y le enseñó a cazar y a recoger


miel y bayas. Una vez que creció se convirtió en una seguidora de Diana
la cazadora; vivía sola y era muy feliz recorriendo los bosques y los
campos inundados de sol.

Apolo, apoyaba su modo de vida y le recomendó que no se casara nunca


para no perder su identidad.

Sin embargo, siempre vivía rodeada de pretendientes.

Cansada de tener que enfrentar esta situación y para liberarse de ellos


organizó un plan. Confiando en su destreza física, los desafió a competir
con ella en una carrera; y el que la pudiera vencer se casaría con ella
pero el que fuera vencido perdería la vida.
Estaba segura que con esta condición nadie querría participar, ya eran lo
suficientemente duras como para desalentar a cualquier candidato, sin
embargo muchos hombres estuvieron dispuestos a perder la vida.

Un día un extranjero llamado Hipomenes, pasó por esa región y se


enteró de la competencia. Se burló de los hombres que participaban,
pero en cuanto conoció a la bella Atalanta también quiso arriesgarse
para lograr ser su esposo.

Era el nieto de Neptuno, dios del mar, un orgulloso e intrépido caballero


que la impresionó por su arrogante presencia.

Atalanta le pidió que se fuera porque temía por la vida de ese gallardo
joven que la había conmovido y del que se estaba enamorando.

Sin embargo, a pesar de sus súplicas él no quiso ceder y con gran pesar
tuvo que consentir en competir con él.

Hipomenes le rogó a la diosa Venus que lo ayudara y ésta decidió


hacerlo y así tener la oportunidad de castigar a Atalanta por despreciar
al amor.
Venus cortó tres manzanas de oro de un árbol sagrado y se las dio al
audaz caballero para que se las fuera arrojando a la joven durante la
carrera para distraerla y alejarla del camino. Era la única manera de
ganarle, porque era más veloz que el mismo viento.

Las dos primeras manzanas lograron hacer retroceder a Atalanta para


recogerlas llegando estar los dos a la par; pero la tercera manzana era
la última oportunidad, por lo tanto Hipomenes trató de lanzarla lo más
lejos posible.

Atlanta se disponía a ignorarla para no perder la carrera, pero en ese


momento de la decisión Venus tocó su corazón y le hizo abandonar el
camino para recogerla, perdiendo así la carrera.

Hipomenes ganó así la competencia gracias a la ayuda de Venus,


logrando ser el primero en ganar el premio, que le permitía tomar a
Atalanta como esposa.

Pero con el afán de ganar la carrera, Hipomenes olvidó agradecerle a


Venus el apoyo, quien enfurecida por su falta de agradecimiento, con la
ayuda de Diana, la diosa de la Luna urdió un castigo para la pareja por
haberla ignorado.
Cuando ambas diosas los encontraron juntos en el bosque, recostados
sobre la hierba a la luz de la luna, decidieron convertirlos en animales.

Fue así que esa misma noche sus cuerpos comenzaron a experimentar
grandes cambios y se transformaron lentamente en dos poderosos
leones.
Cuando se despertaron a la madrugada, comenzaron a rugir y no
tuvieron más remedio que salir a cazar para poder subsistir.

A partir de entonces, Atalanta e Hipomenes vivieron juntos para siempre


en las profundidades del bosque convertidos en leones y dominados por
la luna.

EL MITO DE FILEMON Y BAUCIS

Un día, Zeus y Hermes, tras un viaje transformado en mendigos,


llegaron a la ciudad de Tiana en medio de la tormenta, y allí pidieron a
sus habitantes un lugar para pasar la noche. Tras la negativa del resto,
sólo Filemón y Baucis les permitieron entrar en su humilde cabaña.
Después de servir comida y vino a sus invitados, Baucis notó que a
pesar de llenar varias veces los vasos de los visitantes, la jarra de vino
estaba aún llena, de lo que dedujo que aquellos foráneos eran en
realidad deidades. Pensando que la humilde comida servida no era digna
de tales invitados, Filemón decidió ofrecerles el ganso que guardaban en
casa (el cual era su único animal). Pero cuando el campesino se acercó
al ave, el animal corrió hacia el regazo de Zeus, quien aseguró que no
era necesario tal sacrificio, pues debían marcharse. El dios avisó al
matrimonio que iba a destruir la ciudad y a todos aquellos que les
habían negado la entrada. Les dijo que deberían subir a lo alto de la
montaña con él, y no darse la vuelta hasta llegar a la cima. Ya allí, la
pareja vio su ciudad destruida por una inundación que provocó Zeus.

Sin embargo, Zeus había salvado su cabaña, que posteriormente fue


convertida en templo. Cuando Zeus les ofreció un deseo, el matrimonio
pidió ser guardianes del nuevo templo, vivir todavía la mayor cantidad
de tiempo posible juntos y morir al mismo tiempo. Tras su muerte, Zeus
los convirtió en árboles que se inclinaban uno hacia el otro mientras
ellos decían sus últimas palabras. A Filemón lo convirtió en roble; y a
Baucis, en tilo.

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