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CAPÍTULO 4
PENSAR SITUADOS
Corrientes latinoamericanas
Luz Canella Tsuji
“Pues en América Latina la diferencia cultural no nombra, como
quizá en Europa y en Estados Unidos, la disidencia contracultural o el
museo, sino la vigencia, la densidad y la pluralidad de las culturas populares,
el espacio de un conflicto profundo y una dinámica cultural insoslayable”.
J. Martín Barbero.
1987. De los medios a las mediaciones. Introducción.
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
Introducción
Recapitular la historia de la investigación en comunicación
en Latinoamérica implica recorrer un camino extenso, no tanto
por sus años de trayectoria sino por la complejidad de temáticas,
autores, escuelas y puntos de vista que se han explorado hasta el
momento. El comienzo del desarrollo de los estudios científicos y
académicos en nuestra parte del continente podemos situarlo a fines
de los años ´70 y principios de los ´80. Estas rupturas teóricas, pero
también metodológicas con respecto a aquellos modelos foráneos de
investigación, van a ser las huellas de ciertos desplazamientos en lo
social y lo político (Martín Barbero, 2002).
En el presente capítulo reconstruiremos los antecedentes
a los estudios latinoamericanos en comunicación: las primeras
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experiencias comunicativas prácticas que darán lugar a lo que
posteriormente se conocerá como comunicación popular o
ITINERARIOS
participativa. Presentaremos las rupturas epistemológicas que
nos permiten hablar de estudios en comunicación en nuestro
continente, de la mano de los desarrollos de los estudios culturales
latinoamericanos. Y a partir de aquí, presentaremos los nuevos
campos de investigación que se abrieron en nuestras latitudes, en el
aquí y ahora de nuestras sociedades. Hemos agrupado estos avances
en la teorización científica y académica en grandes áreas de interés,
no como compartimentos aislados o estancos, sino de modo analítico
a los fines de establecer un orden en la exposición. Los campos de
investigación en comunicación son espacios que se yuxtaponen, que
conversan entre sí y que son sólo abordables desde una perspectiva
compleja, multi y transdisciplinar (Morin, 2004; Massoni, 2005), como
veremos más adelante.
Los pasos previos
Algunos autores, como Esteinou Madrid (1984), han planteado
la existencia de dos etapas en las que divide el período previo a los
desarrollos propiamente científicos latinoamericanos: de 1900-1945
es la fase clásico-humanista, en la que se estudió a la comunicación
desde una perspectiva meramente filosófica empirista entendiéndola
como una parte más del fenómeno humano. Se buscaba mejorar la
eficacia de la comunicación como elemento de persuasión, orientando
las investigaciones a obtener éxitos comerciales y electorales.
Después del fin de la Segunda Guerra Mundial, con el nuevo orden
económico y político mundial, fue necesario desarrollar las ciencias
de la comunicación como un medio para garantizar el orden social.
Esta fase científico- teórica que llegará hasta fines de la década del
60, estará caracterizada por estudios de tipo cuantitativos, por el
análisis de los efectos reales de los medios y por encontrar modelos
homogéneos de explicación.
Luis Ramiro Beltrán (2005) indica que en sintonía con esto, en
la década del ´50 en el mundo la noción de “desarrollo” va a sustituir
la de “progreso”.
“Optar por el desarrollo significaba a la sazón no dejar
librado el avance hacia la prosperidad, y el bienestar al azar
‘leseferista’, y limitarse a la inacción providencialista sino
prever y organizar racionalmente la intervención estatal activa
para lograr pronto el mejoramiento sustantivo de la economía
88 con apoyo de la tecnología a fin de forjar el adelanto material”
(Beltrán, 2005, p.55).
Persiguiendo estos objetivos, el gobierno norteamericano
lanzó un programa internacional de asistencia técnica y financiera
para el desarrollo nacional, que también incluyó a Latinoamérica.
Estas acciones pro desarrollo requerían “provocar por persuasión
educativa cambios de conducta tanto en funcionarios como en
beneficiarios” (Beltrán 2005, p. 56), por lo que se crearon unidades
de información en cada sector a ser “desarrollado” que serán el
antecedente inmediato de lo que más tarde conoceremos como
“comunicación para el desarrollo”.
Existen dos experiencias latinoamericanas precursoras
en este período que son remarcables en cuanto a prácticas
comunicacionales: las radio-escuelas en Colombia y la radio minera
en Bolivia. Las primeras consisten en una estrategia educativa
desplegada por el párroco Joaquín Salcedo en Sutatenza, una
remota aldea andina, a fin de fomentar el desarrollo rural. Las “radio-
escuelas” consistían en audiciones, en pequeños grupos de vecinos
de programas especialmente producidos para ellos con la guía de
sujetos capacitados que los orientaban a aplicar lo aprendido a la
toma de decisiones comunitarias para procurar el mejoramiento de la
producción agropecuaria, de la salud y de la educación. Esto dio lugar
al surgimiento de la agrupación católica Acción Cultural Popular, que
una década después abarcará a todo el país. Apoyada por el gobierno
colombiano y por algunos organismos internacionales, ACPO llegó a
contar con una red nacional de ocho emisoras, con el primer periódico
campesino del país, con dos institutos de campo para formación de
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
líderes y con un centro de producción de materiales de enseñanza.
En el segundo caso, el de las radios mineras de Bolivia,
un grupo de sindicalistas indígenas mineros establecieron por sí
solos -con aportes de sus bolsillos y sin experiencia en radiofonía-
pequeñas y rudimentarias radioemisoras autogestionadas de corto
alcance. Las emplearon democráticamente instaurando en forma
gratuita y libre la estrategia de “micrófono abierto” al servicio de
todos los ciudadanos. Decididos a comunicarse entre sí y con sus
compatriotas, tanto en español como en quechua, transmitieron no
sólo desde los sindicatos o las minas, sino también desde escuelas,
iglesias, mercados, canchas deportivas y plazas, así como visitando
hogares. Para fines de 1950 habían logrado formar una red nacional
de alrededor de 33 emisoras que operaban como “radios del pueblo”
(Beltrán 2005).
Para esta misma fecha y paralelamente a estas experiencias 89
prácticas que no contaron con fundamentación teórica ni capacidad
ITINERARIOS
de sistematización científica de sus resultados, en Ecuador nacía
el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación
para América Latina (CIESPAL), de la mano de la UNESCO, la
OEA, el gobierno de Ecuador e institutos privados internacionales.
En sus inicios va a funcionar todavía como difusor de los estudios
funcionalistas norteamericanos en la región, sin embargo vale
indicar que tendrá el mérito de iniciar el camino de organizar, reunir y
poner en contacto iniciativas que estaban dispersas en el continente
y fomentar nuevos espacios de desarrollo del periodismo y la
comunicación social, así como también tendrá una fuerte impronta
en la modernización de las carreras universitarias y sus contenidos
(Esteinou Madrid, 1984). No será hasta la década del ´70, junto con
un movimiento intelectual, político y también económico en toda la
región, que la institución pueda despegar de este sesgo funcionalista
foráneo para poder producir trabajos críticos desde matrices de
pensamiento propiamente latinoamericanas.
En palabras de León Duarte (2006):
“Se parte de estudiar la comunicación como una producción
social de sentido sobre la producción social de sentido. El
sentido de la comunicación aparece, entonces, como un campo
posible de configuración de nociones, visiones, percepciones,
y de intenciones, operaciones, acciones; donde se aprende
a poner en común lo que se configura como un colectivo
sociocultural y se puede y exige intervenir legítimamente en
las formas de esa construcción y a configurar otras”. (p. 146)
La Comunicación popular
La segunda mitad del siglo XX en América Latina ha sido el
escenario de desarrollo de una comunicación comunitaria que cruza
reflexiones teóricas con diversas experiencias prácticas, partiendo de
una mirada crítica (denunciativa) y siendo al mismo tiempo alternativa
(propositiva) con respecto a las miradas mecanicistas y funcionalistas
de la comunicación (Cardozo, 2007). A principios de la década del ‘70,
frente a la evidencia de la inviabilidad de los modelos de desarrollo
propuestos hasta el momento a los países subdesarrollados (aumento
del desempleo, baja generalizada de salarios, alza de precios,
aumento de la pobreza, agudización de las desigualdades sociales
y regímenes autoritarios en la región), el movimiento intelectual y
90 académico latinoamericano comenzó a buscar vías alternativas
“para otro desarrollo”. En esta línea, la comunicación como objeto
de reflexión va a ser central, por considerarse un fenómeno de
producción de sentido, de construcción de “otra” realidad posible. Luis
Ramiro Beltrán (2006) va a hacer explícita la incumbencia política de
la comunicación en el desarrollo de las sociedades latinoamericanas
en 1971:
“Una política nacional de comunicación es un conjunto
integrado, explícito y duradero de políticas parciales de
comunicación armonizadas en un cuerpo coherente de
principios y normas dirigidos a guiar la conducta de las
instituciones especializadas en el manejo del proceso
general de comunicación de un país”. (p. 63).
En este sentido, en 1976 se organizó en San José de Costa
Rica la Primera Conferencia Intergubernamental sobre Políticas
Nacionales de Comunicación en América Latina que desembocó en
la Declaración de San José, una serie de 30 recomendaciones para
los gobiernos sobre la implementación de políticas que favorecieran
la comunicación participativa y popular (Beltrán, 2006).
Lamentablemente los poderes hegemónicos mediáticos y el
autoritarismo político de la región imposibilitaron la implementación
de las mismas, mientras que la comunicación comunitaria continuaba
desarrollándose y articulando actores sociales, organizaciones y
vecinos desde una iniciativa contrahegemónica frente a una industria
cultural al servicio de un orden social injusto, explotador y excluyente
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
(Cardozo, 2007).
Entre los exponentes de esta línea de pensamiento podemos
encontrar a Luis Ramiro Beltrán, Máximo Simpson, Mario Kaplún,
Paulo Freire, Rosa María Alfaro, Washington Uranga, Javier Esteinou
Madrid, Nelson Cardozo, Jesús Martín Barbero, María Cristina Mata,
Juan Díaz Bordenave, entre tantos otros y otras pensadores/as que
han contribuido a la reflexión sobre la práctica de la comunicación
comunitaria o participativa.
La argentina Cristina Mata (2011) va a sintetizar la centralidad
de las prácticas de comunicación popular en nuestra región:
“(...) No se puede pensar la realidad y nombrarla con
autonomía cuando a uno se le despoja de la palabra propia 91
como ocurrió con los pueblos originarios, o cuando alguien
es acallado en la esfera pública, como durante tanto tiempo
ITINERARIOS
nos ocurrió a las mujeres reducidas al habla hogareña
siempre y cuando el amo de la casa lo permitiera. No se
pueden colectivizar, poner en común necesidades y deseos
para producir ideas acerca del modo en que se quiere vivir,
cuando los espacios necesarios para esa puesta en común
–las escuelas, las organizaciones políticas, los parlamentos,
los medios de comunicación– están férreamente controlados
por unos pocos que fijan temas, modos de actuar, de decir, de
argumentar, de llegar a acuerdos. Por eso la comunicación
popular comprendió y permitió profundizar la articulación de
la constitución del poder/de los poderes, con la capacidad de
establecer las reglas del comunicar. Porque las luchas por el
poder siempre han sido luchas por conquistar o reconquistar
la palabra”. (p. 16, 17)
En este sentido, reconquistar la palabra es también y sobre
todo “cuestionar el poder de quienes en diferentes ámbitos establecían
las reglas del juego del decir: los que habilitaban o deslegitimaban
voces, temas, lenguajes y modalidades expresivas” (Mata, 2011, P. 3)
en los múltiples lugares de la vida cotidiana.
Finalmente, concluye Mata (2011)
“las prácticas de comunicación popular –no importa su mayor
o menor masividad en términos técnicos–, deben pensarse
como puentes que permitan reconocer parentescos y
establecer convergencias y que, al mismo tiempo, permitan
que se expresen las contradicciones y hasta los antagonismos
irreductibles”. (p. 19).
Estudios sobre cultura y comunicación
A mediados de la década de 1960, frente al fracaso de los
modelos desarrollistas en Latinoamérica y la necesidad de cambio de
las estructuras sociales, se empiezan a generar espacios de debate
intelectual y académico que impugnan los modelos extranjeros e
imperialistas de análisis social que no permiten encontrar respuestas
a las situaciones endógenas de la región. La Teoría de la Dependencia
(Cardoso y Faletto, 1977), que va a ser el marco teórico que acompañe
los avances científicos y académicos en el campo de la comunicación,
va a postular que el subdesarrollo está ligado de manera directa con
92 la expansión de los países industrializados; que el subdesarrollo no
es una etapa previa o precondición en el proceso hacia el desarrollo,
sino que es una condición en sí misma; y que la dependencia
crea estructuras incluso al interior de los países y no solo a nivel
internacional. Empieza entonces un giro epistemológico que abre el
camino de búsqueda de modelos, teorías y categorías de análisis
y pensamiento propias para atender y resolver las problemáticas
nacionales.
Paralelamente, a nivel mundial, el Movimiento de los Países
No Alineados, con liderazgo principalmente yugoeslavo y árabe,
propuso la vigencia primero de un “Nuevo Orden Internacional
de la Economía” y luego de un “Nuevo Orden Internacional de
la Información (NOMIC)”, al que adhirieron varios pensadores
latinoamericanos que contribuyeron con sus trabajos teóricos sobre
el nuevo rol de la comunicación en los regímenes democráticos.
Esto provocó el rechazo y reacción de los países desarrollados, y la
salida que encontró la UNESCO a esta confrontación política fue la
elaboración de un informe de situación que fuera a la vez propositivo
con respecto a las políticas de información y comunicación a seguir.
El informe MacBride fue presentado en 1980 ante la asamblea
general de dicho organismo, y ofrecía recomendaciones orientadas
a garantizar la libertad de expresión, de opinión y de prensa, así
como el derecho a la información como derecho humano inalienable;
propone a la comunicación como herramienta de la democracia,
respetando las pluralidades culturales y lingüísticas, enunciando lo
deseable de un régimen igualitario de acceso a la información y al
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
desarrollo de nuevas tecnologías entre los países desarrollados y
subdesarrollados, la importancia de contar con pluralidad de medios
no comerciales que contribuyan al desarrollo de las naciones
(MacBride, 1993)… una lista extensa de buenas intenciones que
continúa pero que lamentablemente no logró superar las barreras
de los países hegemónicos y que no ha logrado romper los fuertes
desequilibrios del sector (Schlesinger y Morris, 1997) .
Frente a un esquema comunicacional que se presenta como
mecanicista, autoritario y conservador, los latinoamericanos van a
emprender el trabajo de repensar la naturaleza de la comunicación
desde matrices políticas, sociales, económicas y culturales propias.
Jesús Martín Barbero (2002) explicita dos rupturas en el plano teórico,
que responden a los cambios históricos que hemos mencionado desde
finales de 1970, como un punto de inflexión en la reflexión regional. En
primer lugar señala, evocando a Armand Mattelart, la ruptura con la
“contrafascinación del poder”, “ese funcionalismo de izquierda según el 93
cual el sistema se reproduce fatal, automáticamente y a través de todos
ITINERARIOS
y cada uno de los procesos sociales” (Martín Barbero, 2002, p. 109).
Frente a esta idea de un poder imperial total, omnipotente, el
movimiento intelectual latinoamericano comienza a advertir que de
la misma manera que el poder en sus versiones capitalistas requiere
cada vez más control social en modalidades cada vez más totalitarias,
se empiezan a pluralizar las contradicciones al interior de ese poder.
Entonces se trata de desplazar el foco, tanto en la teoría como en la
acción política, a las zonas de tensión y las fracturas que se presentan
históricamente en cada situación de dominación, así como revalorizar
los movimientos sociales que a través de su lucha hacen explícitas
estas contradicciones.
En segundo lugar, Martín Barbero (2002) va a indicar “la
toma de conciencia de la actividad de los dominados, en cuanto
cómplices de la dominación pero también en cuanto sujetos de la
decodificación y la réplica de los discursos del amo” (p. 110). Esta
ruptura se desprende de la propuesta de 1970 de Paulo Freire (2015)
en su pedagogía del oprimido: entendemos que
“la situación concreta de opresión, al dualizar el yo del
oprimido, al hacerlo ambiguo, emocionalmente inestable,
temeroso de la libertad, facilita la acción divisora del dominador
en la misma proporción que dificulta la acción unificadora
indispensable para la práctica liberadora” (p. 223).
Es necesario entonces que los hombres (y mujeres y disidencias,
agregamos nosotros) se descubran en una acción cultural dialógica y
problematizadora de sí mismos en el enfrentamiento con el mundo, para
tomar conciencia de que no pueden ya seguir siendo “objetos” poseídos,
hombres oprimidos, clases oprimidas (Freire, 2015).
En el campo de la comunicación, se ubica esta discusión en
la problemática del “receptor” y ahí es donde estarían las claves de la
liberación: mientras que los medios masivos de comunicación reproducen
esta ideología de la opresión, en los sujetos encontramos complicidad,
pero también réplica y resistencia. En las prácticas cotidianas, en las
fiestas del pueblo, en el mercado, en las plazas emerge ese otro discurso,
el de resistencia y réplica al discurso burgués.
“Esa memoria popular adquiere su sentido (...) en la oposición
a ese otro discurso que la niega y frente al que se afirma
una lucha desigual que remite al conflicto de las clases
pero también más allá: al conflicto entre la economía de la
94 abstracción mercantil y la del intercambio simbólico” (Martín
Barbero 2002, p. 119).
Estos desplazamientos en el ámbito teórico, pero también
político, abrirán el campo de la investigación latinoamericana en
comunicación en tres líneas: el orden y la estructura internacional de la
información, el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información
(y sus tramas ideológicas), y la comunicación participativa, alternativa
o popular (Martín Barbero, 2002; Marques de Melo, 1987).
Se concibe así la investigación en Latinoamérica:
“(...) como instrumento básico para la transformación
de nuestras sociedades y no como simple ejercicio
intelectual de investigadores identificados con sus colegas
del mundo académico. Para transformar las estructuras
socioeconómicas que oprimen a los grandes contingentes
poblacionales de América Latina es indispensable acumular
informaciones que retraten lo cotidiano de sus habitantes
y les ayuden a construir nuevos modos de producción y
distribución de las riquezas de creación y reproducción de la
cultura” (Marqués de Melo, 1987, P. 67).
A finales de la década del ´70, nace la ALAIC (Asociación
Latinoamericana de Investigadores en Comunicación), bajo una
naturaleza gremial y con una composición mixta, agrupando
asociaciones, instituciones e investigadores(as) de distintos países
de Latinoamérica interesados en desarrollar el campo académico de
la comunicación. Los aportes de este espacio de reflexión conjunta
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
y de debate, aún vigente, pueden resumirse en las conclusiones que
rescata León Duarte (2006):
“Parece quedar claro que el estatuto disciplinario de la
comunicación, en América Latina, se caracteriza como un
campo de conocimiento multidisciplinar y transdisciplinar
que es producto de relaciones convergentes entre su
objeto de estudio, la especificidad de sus contribuciones
analíticas y la particularidad de la evolución histórica de
ambos. El significado de la comunicación desde un enfoque
transdisciplinar presenta, entre otras implicaciones de estudio,
el partir de una “reconstrucción de realidades” al momento de
tratar de definir cómo se concibe y desde dónde se aborda
el objeto de conocimiento que la comunicación implica. Una
primera realidad reclama a la comunicación como el principal
detonador de las transformaciones económicas, políticas y 95
culturales de la sociedad actual.” (p. 144).
ITINERARIOS
El consenso científico reunido en la ALAIC va a definir a
“la comunicación como un campo de conocimiento con un objeto
de estudio transhistórico, eminentemente sociocultural, complejo,
multidimensional y centrado en los sujetos y procesos de producción
de sentido” (León Duarte, 2006, p. 144). Tanto la enseñanza como
la investigación de la comunicación propiamente «latinoamericanas»
han estado impulsadas por instituciones creadas precisamente para
eso: CIESPAL durante décadas, ALAIC y FELAFACS más tarde; que
han tenido su eco en publicaciones de revistas como Comunicación y
Cultura, Chasqui, Diálogos de la Comunicación y, más recientemente,
la Revista Latinoamericana de Ciencias de la Comunicación, entre
otras; además de que han sido dirigidas por autores de amplio
reconocimiento y liderazgo, como Luis Ramiro Beltrán, Antonio
Pasquali, Armand Mattelart, Jesús Martín Barbero y José Marques de
Melo, entre otros (Fuentes Navarro, 2014).
Recorrido por los principales exponentes del campo
de los estudios sobre cultura y comunicación
A diferencia del caso de la Escuela de Birmingham o los
cultural studies que han sido prolíferos en distintos institutos y
universidades norteamericanas, los estudios sobre cultura en América
Latina carecen de una estructura formalizada como escuela. Muchos
autores optan por evitar el encasillamiento bajo la etiqueta de “estudios
culturales” (Moragas Spa, 2011). El aporte de los pensadores y las
pensadoras latinoamericanas a los estudios sobre cultura es extenso,
diverso en cuanto a países de procedencia y a disciplinas científicas
(Eliseo Verón de Argentina, Renato Ortiz de Brasil, Rosana Reguillo,
Jesús Galindo Cáceres y Jorge González de México, entre otros),
pero coinciden en tres puntos fundamentales:
a) El interés por lo popular y por lo popular masivo.
b) Buscan a través del estudio de la cultura una vía para
comprender las grandes lógicas de nuestra sociedad y de la
realidad latinoamericana.
c) La interpretación de la identidad en el marco de la
heterogeneidad (Moragas Spa, 2011).
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En palabras de Rosana Reguillo (Reguillo en Moragas Spa, 2011):
“Al desenmarcarse de los anclajes disciplinarios, los
estudios culturales convocan especialistas provenientes de
muy diversos campos que están más interesados en proveer
marcos de lectura, es decir interpretaciones de los fenómenos
sociales, que en defender ciertos cotos disciplinarios. Ello
hace posible el “cruce” -casi siempre explosivo en términos
de statu quo intelectual- de las teorías feministas, coloniales
y postcoloniales, sociosemióticas, de la crítica literaria, de
teorías críticas de recepción y de una nutrida representación
de la antropología simbólica, entre otras importantes
posiciones que confluyen en este ámbito.” (p. 212)
Dentro del campo de los estudios sobre cultura y comunicación
-porque, en palabras de Enrique Bustamante (en Moragas Spa, 2014)
la etiqueta de estudios culturales resulta insuficiente por lo ambiguo
y amplio de su definición actual-, encontramos las reflexiones
académicas e intelectuales de Jesús Martín Barbero. Nacido en
España en 1937, reside en Colombia desde 1963 y ha desarrollado
sus ideas desde estas coordenadas latinoamericanas.
El puntapié inicial para repensar el campo de la Comunicación
lo da la ruptura conceptual propuesta por Martín Barbero que corrió
el eje del análisis en comunicación de los medios a las mediaciones
(título que lleva una obra fundamental del autor, publicada en
1987), entendiendo a estas últimas como “las articulaciones entre
prácticas de comunicación y movimientos sociales, a las diferentes
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
temporalidades y la pluralidad de matrices culturales” (Martín
Barbero, 1991, p. 203). Esto implica repensar al sujeto/objeto de la
comunicación, reconocer el mestizaje de su identidad, no ya como
pasado sino como actualidad, como razón de ser, que habla de “un
modo propio de percibir y de narrar, de contar y dar cuenta” (Martín
Barbero, 1991, p. 204), pero que al mismo tiempo “se halla constituido
por los dispositivos a través de los cuales la hegemonía transforma
desde dentro el sentido del trabajo y la vida de la comunidad” (Martín
Barbero, 1991, p. 207).
Así mismo, Martín Barbero va a proponer una nueva mirada
para reflexionar sobre los procesos culturales y comunicativos en
Latinoamérica no desde la recepción, sino desde la apropiación y
el empoderamiento de los sectores populares (Moragas Spa, 2011).
Se trata de atender a “las estrategias a través de las cuales filtran,
reorganizan lo que viene de la cultura hegemónica, y lo integran y
funden con lo que viene de su memoria popular” (Martín Barbero 97
en Moragas Spa, 2011, p. 197). Es necesario con este enfoque
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entonces, ir de lo popular a lo masivo, entendiendo al segundo como
mediación histórica de lo primero: la cultura masiva como “el proyecto
histórico que la burguesía produce para el pueblo desde finales del.
S. XVIII al darse a sí misma un proyecto de ‘clase universal’” (Martín
Barbero, 2002, p. 119). Lo masivo va a ser entonces la imagen que
se haga la burguesía sobre lo popular, sobre las masas, los sectores
subalternos de la sociedad, y aún más: es la imagen de sí mismos
que estos sectores deberán introyectar para sostener y legitimar la
relación de dominación cotidiana (Martín Barbero, 2011). Entonces,
prosigue Jesús Martín Barbero, es necesario rediseñar el campo de
la investigación en comunicación en Latinoamérica:
“El campo de los problemas de comunicación no puede ser
delimitado desde la teoría, no puede serlo más que a partir
de las prácticas sociales de comunicación, y esas prácticas
en América Latina desbordan lo que pasa en los medios
y se articulan a espacios y procesos políticos, religiosos,
artísticos, etc. a través de los cuales las clases populares
ejercen una actividad de resistencia y réplica” (Martín
Barbero, 2011, p. 124).
Otro de los principales exponentes de los estudios sobre
cultura en América Latina es Néstor García Canclini, argentino de
nacimiento, reside en México desde 1976 y ha desarrollado importantes
trabajos en torno a las nuevas construcciones identitarias que se dan
en el multiculturalismo de finales del siglo XX. Su trabajo se va a
centrar en las metrópolis latinoamericanas, desde una metodología
transdisciplinar que obliga al investigador a cruzar las ciudades, sus
culturas y su comunicación al mismo tiempo que cruza de fronteras
disciplinares (Moragas Spa, 2011).
En su libro Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y
salir de la modernidad, publicado en 1989, propone el estudio de
las culturas posmodernas como culturas híbridas (reemplazando
los conceptos de mestizaje, referentes a una distinción racial, y de
sincretismo, por estar más abocados a lo religioso y simbólico). Las
culturas híbridas no son ni enteramente cultas, populares o masivas,
ni modernas ni tradicionales, por lo que es necesario pensar en la
particularidad de estas nuevas construcciones, atendiendo no sólo a
los aspectos sociales, sino tecnológicos, de consumo, políticos, etc.
(García Canclini, 1989).
Mientras que las identidades modernas eran territoriales
98 y monolingües (en su generalidad), las identidades posmodernas
son transterritoriales y multilingües por lo que “la definición socio-
espacial de identidad referida a un un territorio específico, tiene que
complementarse con una definición socio-comunicativa” (García
Canclini en Schlesinger y Morris, 1997, p. 70). Propone dos conceptos
centrales para comprender estas nuevas identidades: los fenómenos
de la desterritorialización y de la reterritorialización: “la pérdida de
la relación “natural” de la cultura con los territorios geográficos y
sociales, y, al mismo tiempo, ciertas relocalizaciones territoriales
relativas, parciales, de las viejas y nuevas producciones simbólicas”
(García Canclini, 1989, p. 288).
Estos nuevos procesos van a tener consecuencias sobre las
relaciones de poder en un mundo con múltiples centros diseminados,
con una multipolaridad de iniciativas sociales y una pluralidad de
referencias culturales. En este escenario donde todas las culturas
hoy son culturas de frontera, no hay distinciones definitivas entre
los sectores subalternos y los hegemónicos, donde la cultura
popular se hibrida y transforma con la cultura masiva, debemos
elaborar herramientas analíticas que nos permitan captar poderes
que García Canclini (1989) denomina “oblicuos”. Donde las teorías
clásicas solo podrían encontrar dominación, dice el autor, en un
mundo descentrado, multideterminado, las relaciones socio-políticas
se entretejen unas con otras imposibilitando discernir relaciones
verticales de poder, donde el sector subalterno sea absolutamente
dominado. De estos entrecruzamientos, de las hibridaciones
culturales a las que asistimos, surgen espacios de gratificación, pero
también de lucha, de resistencia, aunque no siempre sea a través de
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
las modalidades políticas tradicionales. Las diferentes expresiones
culturales de las sociedades actuales, las artísticas, las danzas de
carnaval, el humor periodístico, los graffitis son luchas metafóricas
que expresan conflictos y tensiones latentes que a veces irrumpen,
lenta o inesperadamente, en prácticas transformadoras inéditas.
Nuevas formas de comunicación en la era global
En los últimos años del siglo XX, la revolución de las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación (NTICs) marca
la entrada de las sociedades en la llamada Era de la Información
(Castells, 1997). La velocidad de los cambios tecnológicos, de
reorganización económica y política del mundo global, repercuten de
manera decisiva en la constitución de un nuevo tipo de sociedad y 99
una nueva cultura que da lugar, entonces, al nacimiento de nuevos
sujetos. Esta era va a estar caracterizada, entre otras cosas, por
ITINERARIOS
la centralidad de los flujos de información y comunicación en el
desarrollo, expansión y adaptación de los sistemas reticulares en los
que se organizará el planeta.
Concebir la aparición del ciberespacio como un nuevo mundo,
un espacio y un lugar simultáneamente, nos permite identificar las
dimensiones simbólicas y de experiencia que se ponen en juego
para los usuarios (Scolari, 2008). La expansión de los nuevos medios
(new media) viene a alterar los patrones de relación de las antiguas
audiencias (ahora usuarios) con los medios (nuevos y viejos), de los
usuarios con otros usuarios e incluso entre los mismos medios. La
metáfora de la ecología de los medios puede utilizarse para pensar
en este ecosistema en el que convivimos usuarios (prosumidores:
consumidores- productores), medios viejos y new media, donde
las tecnologías generan los ambientes que afectan a los sujetos
que los utilizan (Scolari, 2015 P. 29). Para el autor argentino,
residente en España, Carlos Scolari (2008), nuestra experiencia
comunicacional y cultural en esta nueva era se va a caracterizar por
las hipermediaciones, entendidas como “la trama de procesos de
intercambio, producción y consumo de bienes simbólicos que engloba
una gran cantidad de sujetos, medios y lenguajes interconectados
tecnológicamente de manera reticular” (p. 277). Sin embargo estos
procesos de hipermediaciones, presumiblemente, tienen efectos que
van más allá de los espacios virtuales.
Los alcances de esta red global afectarán de manera más
o menos directa las construcciones culturales que son el marco de
emergencia de sujetos sociales, políticos y culturales absolutamente
diferentes a los que los antecedieron históricamente. Sobre estas
nuevas subjetividades emergentes -formas de ser y estar en el mundo,
particulares, culturales, históricas- va a reflexionar la argentina Paula
Sibilia (2008). El novedoso rol que el yo (el Usted, el nosotros) va a
tener en las experiencias comunicativas, en detrimento del ellos de los
grandes medios de comunicación masivos, va a transformar las artes,
la política y el comercio e incluso la manera de percibir el mundo.
Este fenómeno, para la autora, va a encarnar de manera inédita y
compleja dos corrientes aparentemente contradictorias: “la explosión
de la creatividad” a través de la democratización de los medios de
comunicación; y por otro lado, la eficacia de la instrumentalización
de esas expresiones que son capitalizadas por un mercado que todo
lo devora (Sibilia, 2008). Vamos a asistir a un show del yo, donde la
cotidianeidad, lo privado, la intimidad serán exhibidas como nuevas
prácticas de expresión y comunicación. En estas sociedades del
espectáculo sólo se es lo que se ve, mientras que quienes no tienen
100 acceso a las tecnologías que propician la aparición están condenados,
por definición, a la invisibilidad.
Al respecto, Paula Sibilia (2008) es precisa:
“Lejos de abarcarnos a todos nosotros como un conjunto
armónico, homogéneo y universal, cabe recordar que tan
sólo una porción de la clase media y alta de la población
mundial marca el ritmo de esta revolución del usted y del
yo. Un grupo humano distribuido por los diversos países
de nuestro planeta globalizado, que aunque no constituya
en absoluto la mayoría numérica, ejerce una influencia
de lo más vigorosa en la fisonomía de la cultura global.
Para eso, cuenta con el inestimable apoyo de los medios
masivos en escala planetaria, así como del mercado que
valoriza a sus integrantes -y solamente a ellos- al definirlos
como consumidores; tanto de.la Web 2.0 como de todo lo
demás. Es precisamente ese grupo el que ha liderado las
metamorfosis de lo que significa ser alguien a lo largo de
nuestra historia reciente.” (p. 31).
Estos cambios históricos que planteamos de ninguna manera
se han dado (y se siguen dando) de manera armónica ni homogénea
en todo el mundo, sin embargo sus consecuencias sí afectan hoy a
las relaciones sociales, culturales, políticas y económicas de todo el
globo. No desconocemos que aún hay regiones, países, sectores de la
sociedad que están excluidos de las redes globales de intercambios,
que representan lo que han llamado el “cuarto mundo”, pero incluso
ellos se ven afectados por la lógica de inclusión-exclusión de la
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
Sociedad Red (Castells, 1997).
Frente a estos escenarios en mutación permanente, es
preciso elaborar herramientas e instrumental de análisis, categorías
nuevas de entendimiento, que nos permitan aprehender estos
fenómenos en su complejidad y dinamismo. Seguir reflexionando
sobre éstos únicamente con los conceptos desarrollados para
otras realidades revelará pronto las limitaciones del análisis. El
pensamiento iberoamericano (surgido de la colaboración y el
trabajo conjunto de académicos e investigadores de América Latina
pero también de España, Portugal) se ha expandido en las últimas
décadas como un espacio diferenciado -por sus metodologías,
enfoques paradigmáticos e incluso por la definición propia de
objetos de investigación- del desarrollo anglosajón. El crecimiento
exponencial de esta línea de trabajos da cuenta de la consolidación
del campo de investigación, donde podemos nombrar entre tantos
otros/as a pensadores como Alejandro Piscitelli, José Luis Orihuela, 101
Galindo Cáceres, Lila Luchessi, Rolando García, Luciana Renó,
ITINERARIOS
Anahí Lovato, Carlos Scolari, Paula Sibilia.
El campo de la Comunicación política
Como es presumible, los cambios tecnológicos,
comunicacionales, culturales, han propiciado la mutación del espacio
público, “espacio” simbólico donde se ponen en juego los intereses
políticos, donde se intercambian discursos contradictorios entre los
medios de comunicación, las élites políticas y la ciudadanía (Wolton
en García Naddaf, 2017). Antes de la revolución tecnológica de la
década de los 80, idealmente los medios, a través de sus periodistas
y editores, se constituían como el “cuarto poder” que controlaba el
quehacer político de las élites a través del control de la información y
la denuncia de sus excesos y desviaciones, que podía ser la voz de
los sin voz, cumpliendo un rol fundamental para la democracia. Frente
a la aparición y la extensión de las redes sociales digitales, cabría
suponer que la función de estos grandes medios de comunicación de
masas se vería reducida por las nuevas posibilidades de información
y comunicación directa que ofrecen estas tecnologías a los
usuarios, ahora empoderados frente a élites que deberían enfrentar
directamente a sus ciudadanos en redes de poder horizontal. Sin
embargo, en la práctica la mutación del espacio público actual no se
desenvolvió necesariamente en este sentido: los grandes medios de
comunicación hegemónicos, oligopólicos con respecto al reparto de
la cuota del mercado, han replicado su peso en las redes, volviéndose
amplificadores de los discursos de las ya poderosas élites políticas-
con quienes comparten negocios económicos y objetivos políticos-,
mientras que el ciudadano común vive la ficción de las promesas de
emancipación de la red (García Naddaf, 2017).
Por otro lado, siguiendo a Alessandro Pizzorno (Pizzorno en
Verón, 1998), como una respuesta a la disolución de las identidades
colectivas, las democracias actuales pueden definirse por el único
valor que pueden realizar: “la libertad de participar en procesos de
identificación colectiva; y los derechos a que éstos no sean destruidos
o determinados únicamente por el poder del Estado nacional” (p. 27).
La racionalidad de las acciones y elecciones de los ciudadanos, y el
fundamento para comprender la actividad política se derivan de esta
lógica de la identificación. La constitución de “colectivos identificantes”
requiere una proyección en el tiempo y un discurso que opere en
este sentido: “el consenso de los intereses es el postulado de una
convergencia en el futuro” (Verón, 1998, p. 231).
Las lógicas comerciales y de mercado, orientadas al consumo
en el corto plazo, han ganado terreno incluso en las definiciones de
102 las estrategias de comunicación política. Adoptando al marketing
como herramienta, se busca identificar el target (los indecisos- o
paradestinatarios), perdiendo de vista los otros tipos de destinatarios
del discurso político: el contradestinatario (el adversario) y el
prodestinatario (el partidario). Por eso Verón afirma que “en la
mediatización de lo político, es lo político lo que ha perdido terreno
en relación con los medios: tratando de ganar el dominio de los
medios a toda costa, los políticos perdieron el dominio de su propia
esfera” (Verón, 1998, p. 230). En los términos propuestos por Mario
Riorda (2016) asistimos a la “política ritual” o “política mediatizada”:
la política existe en tanto aparece en los medios, en tanto existe en
formas mediatizadas. “No importa la cobertura seria de lo político,
sino lo político como significación cultural, desde donde se interpreta
y construye una noticia del contenido político expandible” (Riorda,
2016, p. 79).
En este escenario donde operan nuevas lógicas y reglas,
la comunicación política como disciplina profesional pero también
académica va a encontrar una nueva centralidad. En el caso
latinoamericano el asunto adquiere aún otra importancia, ya que
va a desarrollarse en el marco de sociedades con antecedentes
cercanos de fuertes y devastadores regímenes dictatoriales y
antidemocráticos. Entre los numerosos académicos, investigadores
y profesionales de este campo, podemos destacar los aportes de
Luciano Elizalde, Ismael Crespo Martínez, Orlando D´adamo, Virginia
García Beaudoux, Ricardo Rouvier, Mario Riorda, Natalia Aruguete,
Ileana Carletta, Antonio Garrido, Ernesto Calvo, Marcela Farré.
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
Nuevos paradigmas: la Comunicación estratégica
El desarrollo del campo de la comunicación estratégica en
Latinoamérica se puede analizar a la luz del crecimiento de esta línea
teórica a nivel iberoamericano. Los trabajos conjuntos de académicos
de este y del otro lado del Atlántico durante las últimas décadas, ha
generado no solo ricas producciones teóricas sino también espacios
de reflexión potenciados por este trabajo colaborativo. El FISEC (Foro
Iberoamericano sobre Estrategias de Comunicación) ha albergado
desde principios de este milenio a intelectuales y académicos de
múltiples países latinoamericanos e iberoamericanos, de los cuales
tomaremos sólo una muestra.
A la luz de la Nueva Teoría Estratégica (NTE) propuesta por 103
Rafael Alberto Pérez, se proponen 7 cambios paradigmáticos: 1) En el
ITINERARIOS
paradigma central: pasar de la fragmentación a la complejidad; 2) En
el sujeto: del actor racional al actor relacional; 3) En la organización:
de unidad de producción al nódulo de innovación y de significación; 4)
En el enfoque: de ciencia del conflicto a ciencia de la articulación; 5)
En la matriz de estudio: de la Economía a la Comunicación; 6) En el
método: nuevas herramientas; 7) En la metodología: nuevos modelos
como el Estrategar (Pérez en Arribas, Herrera Echenique y Pérez,
2017).
En este marco, Sandra Massoni (2005) va a definir la
estrategia de comunicación como:
“un proyecto de comprensión, un principio de inteligibilidad que
busca abordar a la comunicación como fenómeno complejo y
fluido. Complejo, en tanto presenta múltiples dimensiones (por
ejemplo, informativa, ideológica, interaccional, sociocultural);
fluido porque la dimensión comunicativa es una dimensión
intermedia y como tal, convoca un cierto movimiento, se
ubica siempre a medio camino entre el fondo y la forma.
No se nos presenta como lo dado, sino más bien como una
inteligibilidad que resolver” (p. 4)
Afirma Sandra Massoni (2005) que la comunicación se puede
pensar como “un momento relacionante de la diversidad sociocultural
y por lo tanto un espacio de cambio, de transformación social (...) y
las estrategias dispositivos de comprensión/indagación que trabajan
a partir de ese espacio en la constitución de un cambio social
conversacional” (p. 5).
Por su parte, Raúl Herrera Echenique (2017) va a entender que
actualmente la comunicación y la información se hallan entrelazadas
en la generación de valor social “que significa asumir decisiones
sociales, comprender la dinámica del control cultural y reconocer los
fundamentos de la acción humana orientada a fines” (p. 139). En este
escenario la acción estratégica va a requerir diversas modalidades de
comunicación.
La complejidad y los multideterminantes que constituyen
al fenómeno comunicacional nos obligan a recurrir a enfoques
multiparadigmáticos que nos permitan inteligir las diferentes
estructuras y lógicas de la realidad social: las fácticas, las significativas
y las motivacionales (Massoni 2005). Retomando a Martín Barbero, la
propuesta metodológica nos invita a trabajar sobre el ámbito de las
104 mediaciones de lo comunicacional, que es el lugar de una intervención
posible. Las mediaciones van a ser entendidas como el espacio de lo
fluido, donde se vinculan en una praxis social lo material y lo simbólico,
desde donde se transforman las matrices socioculturales. Esto es,
debemos indagar sobre los actores sociales más que sobre sujetos
individuales y sobre la heterogeneidad sociocultural de estos grupos y
sectores en su participación en la vida social (Massoni, 2005).
El desarrollo de la Comunicación estratégica desde
nuestra Universidad ha procurado generar distintas experiencias
de transferencia (como Periodismo escolar en internet, producción
de revistas académicas y científicas indexadas, radio en la
escuela, capacitación a formadores de formadores, edición de los
libros Estrategar. Vivir la estrategia; El Estrategar: experiencias
de aplicación de un modelo; Las Tics: avances y perspectivas;
Estrategias de la difusión científica en la web 2.0), orientadas a
reducir la brecha digital, alfabetizar informáticamente, y generar o
multiplicar los canales de comunicación para los “que no tienen voz”,
con la impronta de fomentar la pluralidad de voces para afianzar las
prácticas democráticas (Gegunde y Canella, 2014).
Estas experiencias parten de la idea de que
“abrir el abanico a los actores emergentes, que a partir
de las redes horizontales logran ingresar en los contextos
simbólicos de las sociedades, implica buscar un camino para
la definición de la lucha abierta en la nueva realidad mediática
que debate las formas dominantes de comunicación, y que
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
por lo tanto, no deja de ser una lucha de poder” (Aragón y
Michellin, 2010).
Brindar herramientas que complejicen y efectivicen estas
intervenciones de los distintos actores sociales en el espacio público,
también es función de la Universidad pública. Desde el punto de
vista epistemológico, implicó cambiar los marcos desde los que se
trabajaba, integrando la teoría de la complejidad (Morin, 2004) y la
Comunicación estratégica (Pérez, 2001), lo que implica concebir una
organización compleja que observa y opera en diferentes planos.
“Hacia una comunicología posible”
105
Desde el plano meramente epistemológico, es decir
reflexionando sobre la ciencia de la comunicación y las formas de
ITINERARIOS
conocimiento que de ella se desprenden, podemos destacar los
aportes del mexicano Jesús Galindo Cáceres y su equipo de trabajo.
Es un espacio académico y científico cuyos objetivos de investigación
pueden entenderse como metacientíficos: tienen a la ciencia como
objeto de estudio y generan un saber de segundo orden, un saber que
tiene a otro por objeto (Rizo García, 2011).
Podemos caracterizar a la ciencia por dos tareas principales
que debe cumplir: una el descubrimiento y otra la explicación (la
primera nos permite juzgar si la disciplina es una ciencia y por la
segunda determinamos su éxito).
“En definitiva, la ciencia parte de los hechos y luego generaliza
y genera modelos; es un reflejo de la realidad, pues su
contenido corresponde a las propiedades y relaciones entre
fenómenos; posee una estructura lógica; constituye un
sistema abierto y dialéctico; es concreta y predictiva” (Rizo
García, 2011, p. 320).
La discusión con respecto al estatuto científico (o no) de la
comunicación se ha confrontado siempre con dos grandes obstáculos:
la indefinición de su objeto de estudio - la idea de que “todo es
comunicación”- y la multiplicidad de conceptos, teorías y paradigmas
que han aportado al campo. A través de una revisión historiográfica,
que implicó analizar fuentes desarrolladas por más de 80 años en
este espacio (desde antes de 1920 hasta la década iniciada en el
año 2000), el equipo de Galindo Cáceres logró sintetizar los trabajos
estudiados en cuatro familias epistemológicas básicas: el positivismo,
la hermenéutica, la dialéctica y la sistémica (Galindo, 2011). Esto
podría implicar pensar en la puesta en relación de las cuatro líneas
teóricas a fin de consensuar una comunicología general posible
(Galindo, 2011), o pensar en cuatro comunicologías que partieran de
cada familia.
La comunicología general va a abordar cuatro grandes
dimensiones o macro objetos de estudio: difusión, interacción,
estructuración y expresión. Es un campo que el equipo de trabajo
define aún como “en construcción”, pero han trazado las líneas
rectoras para las tareas futuras de elaboración de un área de
conocimiento que integrando las fuentes de otros campos ajenos a la
comunicación conciba un proyecto hacia una comunicología posible
“para una articulación de todo el campo académico en general, bajo
106 la figura de un espacio conceptual de la comunicación más rico y
poderoso en posibilidades” (Galindo, 2011, p. 44). Si entendemos “a
la comunicación como el proceso básico para la construcción de la
vida en sociedad, el mecanismo activador del diálogo y la convivencia
entre sujetos sociales” (Rizo García, 2011, p. 325), debiéramos pensar
en conceptualizaciones científicas y académicas que nos orienten a
entender de manera holística y compleja estos fenómenos.
A modo de reflexión...
El recorrido histórico y teórico sobre los caminos transitados
por los estudios académicos y científicos en Latinoamérica que
hemos realizado no pretende ser exhaustivo ni concluyente, sino
una suerte de síntesis sobre algunas propuestas y reflexiones de
diferentes académicos e investigadores que han contribuido a generar
pensamiento “propio”, desde el aquí y ahora latinoamericano.
El catedrático Boaventura de Sousa Santos (2011), propone
orientar nuestras reflexiones hacia la generación de Epistemologías
del sur, entendiéndolas como:
“el reclamo de nuevos procesos de producción y de valoración
de conocimientos válidos, científicos y no científicos, y de
nuevas relaciones entre diferentes tipos de conocimiento, a
partir de las prácticas de las clases y grupos sociales que
Caminos hacia la construcción de una idea de comunicación
han sufrido de manera sistemática las injustas desigualdades
y las discriminaciones causadas por el capitalismo y por
el colonialismo. El Sur global no es entonces un concepto
geográfico, aun cuando la gran mayoría de estas poblaciones
viven en países del hemisferio Sur”. (p. 35).
Esta mirada, implica aceptar que la comprensión del mundo
es mucho más amplia que la comprensión occidental del mismo, por
lo que las vías de crecimiento y transformación de las sociedades
pueden ser otras que las planteadas por el progreso occidental,
incluso por el pensamiento crítico occidental (sin excluir el marxismo).
En segundo lugar, se trata de comprender que: “la diversidad del
mundo es infinita, una diversidad que incluye modos muy distintos
de ser, pensar y sentir; de concebir el tiempo, la relación entre seres
humanos y entre humanos y no humanos; de mirar el pasado y el
futuro; de organizar colectivamente la vida, la producción de bienes
107
y servicios y el ocio” (de Sousa Santos, 2011, p. 35). Y partiendo
de estas dos premisas se desprende la idea de que esta realidad
ITINERARIOS
plural y compleja debe y puede ser activada, transformada de
muchas maneras plurales, y que para esto no puede existir una única
teoría general que la monopolice. Hay que buscar formas plurales de
conocimiento, que nos permitan explicar y comprender los caminos
disímiles que está recorriendo la humanidad, para encontrar nuevas
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