Diferencias entre el dictamen y el informe anual que debe emitir el revisor
fiscal (Actualí[Link])
“Algunos revisores fiscales han estado actuando equivocadamente al cumplir con
esta obligación; pues acostumbran fundir en un solo documento el dictamen
ordenado por el artículo 208 del Código de Comercio y el informe anual a la
asamblea o junta de socios establecido en el artículo 209 ibídem”.
Las superintendencias se han ido por el mismo camino. No han podido –o mejor,
no han querido– entender que son dos documentos absolutamente distintos.
No hay peor entendedor que el que no quiere entender. De pronto nunca se les ha
ocurrido leer con atención los artículos 208 y 209 del Código de Comercio,
mencionados arriba, así como lo que indican las NIA 700 a 720.
El artículo 208 del Código de Comercio dice concretamente que se trata de un
dictamen sobre “balances generales” (actualmente debe interpretarse como
estados financieros, según lo establece el artículo 38 de la Ley 222 de 1995) y
estipula taxativamente cuál debe ser su contenido mínimo. Si examinamos
atentamente la norma, podemos concluir que definitivamente debe referirse a los
estados financieros y no a las operaciones de la empresa, actos de los
administradores, calidad del control interno u otros aspectos que deberían ser
conocidos exclusivamente por sus propietarios y administradores, y por las
autoridades competentes del Estado.
Solamente dos aspectos que no se relacionan directamente con los estados
financieros deben ser incluidos dentro del dictamen emitido por el revisor fiscal:
1. Indicar “(…) si las operaciones registradas se ajustan a los estatutos y a las
decisiones de la asamblea o junta directiva, en su caso”, como se indica en el
numeral 3 del artículo 208 del Código de Comercio.
2. Lo exigido por el artículo 11 del Decreto 1406 de 1999, en cuanto tiene que ver
con los aportes para seguridad social, así:
“Artículo 11. Certificaciones de contadores y revisores fiscales. Los
aportantes obligados a llevar libros de contabilidad que, de conformidad con lo
establecido por el Código de Comercio y demás normas vigentes sobre la materia,
estén obligados a tener revisor fiscal, deberán exigir que dentro de los dictámenes
que dichos revisores deben efectuar sobre los estados financieros de cierre e
intermedios, se haga constar claramente si la entidad o persona aportante ha
efectuado en forma correcta y oportuna sus aportes al sistema (…)”
En mi opinión, lo establecido en el artículo 11 aquí citado no debería aparecer
dentro del dictamen del revisor fiscal sobre los estados financieros, sino en
su informe a la asamblea general de accionistas (sociedades de capital), a la
junta anual ordinaria de socios (sociedades de personas) o a los órganos
equivalentes (como asamblea general de asociados o de delegados en las
cooperativas y fondos de empleados, asamblea general de copropietarios en las
propiedades horizontales y conjuntos residenciales, asamblea general de
fundadores en las fundaciones, etc.). Posiblemente este artículo fue producto de
un indeseado error por parte de sus redactores, error que se podría corregir
fácilmente mediante otro decreto reglamentario.
No es correcto que el revisor fiscal haga un solo documento que incluya lo
ordenado por los artículos 208 y 209 del Código de Comercio, pues el dictamen
debe referirse a los estados financieros y no tiene destinatarios específicos,
toda vez que es de libre e ilimitado conocimiento, mientras que el informe “a la
asamblea o junta de socios” sí debe ser dirigido al máximo órgano social de la
entidad. Este último se refiere a actos de los administradores y operaciones de la
empresa que deben ser conocidos exclusivamente por los propietarios y
administradores de la entidad y por las autoridades competentes del Estado.
Normalmente son bastantes las entidades públicas y privadas que piden estados
financieros dictaminados, los cuales necesariamente deben presentarse
acompañados del dictamen del revisor fiscal (donde lo hay) o de un auditor
independiente, entre ellas: superintendencias, bancos y otras compañías
financieras y empresas a las que se presenta información para participar en
licitaciones, inversionistas, proveedores y clientes. A ellas les interesa
únicamente la información contenida en los estados financieros y no es
conveniente que conozcan datos privados de operaciones y manejo de las
empresas.
“El informe a la asamblea general de accionistas o a la junta de socios”, por el
contrario, tiene un destinatario específico: la asamblea general de accionistas o la
junta de socios, según el caso. La información que contiene no debe ser
divulgada de manera libre e ilimitada; en cambio, debe ser de conocimiento
restringido, solo para los propietarios y administradores y, en casos
especiales o que las normas legales lo exijan, para los organismos de inspección,
vigilancia y control del Estado o las autoridades judiciales que lo requieran.
En síntesis:
El dictamen sobre los estados financieros es un documento regido por el
artículo 208 del Código de Comercio y por las NIA 700 a 720, que se debe
adjuntar a los correspondientes estados financieros y que no tiene destinatarios
específicos. Puede tener circulación ilimitada.
El informe a la asamblea general de accionistas o a la junta de socios es
otro documento diferente, que no se refiere a los estados financieros sino a las
actividades de la entidad, y que debe presentarse solamente a los propietarios del
ente, a los organismos de inspección, vigilancia y control del Estado que los
soliciten y a las autoridades competentes cuando sea del caso.