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Trinidad de Cuba Patrimonio de La Humanidad

Este documento presenta un resumen de un libro sobre la arquitectura doméstica de la ciudad de Trinidad, Cuba. El libro estudia el desarrollo histórico y urbano de Trinidad desde la conquista hasta el siglo XX, analizando la estructura y funciones de las casas a través de los siglos. También examina aspectos como las fachadas, puertas, techos, decoración y color de las viviendas tradicionales de la ciudad, mostrando la evolución de su estilo a través del tiempo.

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Trinidad de Cuba Patrimonio de La Humanidad

Este documento presenta un resumen de un libro sobre la arquitectura doméstica de la ciudad de Trinidad, Cuba. El libro estudia el desarrollo histórico y urbano de Trinidad desde la conquista hasta el siglo XX, analizando la estructura y funciones de las casas a través de los siglos. También examina aspectos como las fachadas, puertas, techos, decoración y color de las viviendas tradicionales de la ciudad, mostrando la evolución de su estilo a través del tiempo.

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t,

TRINDAD DE CUBA
PATRIMONO DE IA HI]MANDAD
Arquitecfura domésüca

Alicia García Santara,


TeresitaAngelbello y
Víctor Ecbmagusía
ABt¡1
53 Ll
I

TRINIDAD DE CUBA PAf,RIMONIO DE II\HUMANIDAD


Alicia Garcla Sannna, Teresita Angelbeilo y Vhnr
hhenagusía

l" Edición: EdicionesAbva_yala


1996 Av. 12 de Octubre 14_30 yWilson
Casilla IZ-tz_Ztg
Telf.:562-633
euito-Ecuador
Autodición: ABYA-YAIA, Editing

ISBN: gg7}-}4-z4/'-x

Impresión: Tirlleres Arpi


euito_Ecuador

Impreso en Quito-Ecuado¡ Septiembre 1996


DEDICATORIA

A nuestros Padres
INIDICE

Presentación ,
Introducción 7

Wtula I
DESARR0TT0 HrSIÓruCO v CO¡SOUmUÓN UR¡AN,1...... ll
l.l Conquistaycolonización .............. 13
1.2 Bl desarrollourüano 18
1.2.1 I¿ ciudad en "tel¿ de arañ¿"... 18
1.2.2 El aecimiento urbano en la segunda mitad del siglo )tUU: l¿ alineación de las calla .... 27
1.2.3 Ia expansión en el siglo cudrícul¡.....
)Ot l¿ 3l
1.3 Trinidad se deüene en el üempo 47

Cqtutla2
ISIRUCIURAS Y nnrcI0NES............. 57

2.1 La casa en la primera mitad del siglo XYII 58


2.1.1 f,\¡adro constructivo delrntero y solar .. .. . ...... 58
2.1.2 Ory¡niwiínfuncional sal4 aposenh, comdoq redmar-a, cocina y gatio 68
z.?la(zf¿en la segunda miad del siglo XVil 78
2.2.1 Crcimiento en el sentido de l¿ profundidad: el martillo 78
2.2.2 Distribución planimádca y funcional. . .. .... ....... 83
2.3lacacaen el siglo XIX 9l
2.3.1l,austorgnizada,en torno a un patio centrd 9r
2.3.2 Cronología y dimensionamienhs de la casa dd siglo )ilX .. .. ... ..... 103
2.4 Ia casa tinitaria filiación v evolución 109

CQítthi
FACHADAS 131

3.1 l¿ fisononía hadicio¡ul...... r32


3.1.1 Iosvanos r3t
3.1.2 Ventanas. .. r37
3.1.3 Puertas deAcceso ............ r43
3.1.4 Aleros 148
3.1.5 Condoresyportala r50
3.2 I¿ fisononír sel siglo XIX r5,
1.2.1 Composición de las hchadas 155
3.2.2l¡areies... 158
3.2.3 h¡ertas de canela l6l
3.2.4 Remata.... t62
3.3 las casas de dos planhs. 163

Apíhtlo 4
ruERTAS l8l

4.1 El vano r82


4.2 las puertas. 188
4.2. I R¡ertas ¿ le [spañola r93
4.2.2 Puertas de hbleros del siglo XVil.. 2N
4.2.3 Puerus de ableros del siglo )(D( 225

ApftuloS
TEüros.......... 237

5.1 Techos dc velientes 238


5.1.1 hentes y anteced€ntes. . .. ... .... .. 238
5.1.2 Bt¡uctura de los techos de par y nudillo 24r
5.1.3 Techm trinit¿rim. . ............ .. 245
,.l.4laslrcerízr. 249
5.1.5 tos tchos de colgadizo 259
5.2 Techos planos........... zfi
5.3 Dccoración pictórica de las techr¡nbres 26r

Wth6
COI,OR I IDF¡IIIDAI) 277

6.1 Ia pintura mural dc las casas cubanas 278


6.2 Decoraciones muralc de las casas tinitarias. .. .... 281
6.2.1 Decoraciones de ñliación rocooó y del ctilo Luis XVI .. . .... .. 282
6.2.2 Decoraciones de filiación neocl6ica .. . . . .. 289
6.2.3 Decoracionc de ca¡ácrer na¡uralista 296
6.3 Tralaniento de color 298
6.4 Los realiz¡dorcs: la idenüdad
301

IISXA DE ITUSTRACIONIS . ... .


315
BIBUOG&TT'ÍA
323
PRESENTACION

Pocas veces en este caso- se ofrece la oportunidad de


-como
encontrar un libro que satisfaga todas nuestras aspiraciones, tanto
intelectuales como espirituales, especialmente si está consagrado a
estudiar nuestra arquitectura, tan mal comprendida y, como conse-
cuencia, mal apreciada, por la lamentable ignorancia y la desapren-
siva manera con que, devez en cuando, se acometen estos trabajos.
Con un polifacético y novedoso enfoque, en esta obra se ofre-
ce una visión de Tfinidad, ciudad que, como todo nuestro acervo
constructivo, nos enseñahasta qué punto fueron conscientes, conse-
cuentes y sabios nuestros antepasados, tanto los que, como usuarios,
ordenaron fabricar la casa, como los que la construyeron. Los unos y
los otros fueron y son nuestro pueblo, y ese pueblo sabe infundir su
espíritu en la obra edificada, razón por la cual esta última es tan sa-
biamente funcional, funcionalidad que constituye el atributo más
destacado de la arquitectura criolla.
Este libro, logrado por la tesonera diligencia y la inteligencia de
Alicia Garcla Santana, Teresita Angelbello y Vlctor Echenagusía, ofre-
ce, por vez primera en Cuba, la imagen de una ciudad que revive su
pasado, gracias al rigor de la investigación documental y del análisis
científico de sus elementos, lo que nos ofrece la imagen de las caso-
nas en una especie de vivisección que detecta el golpeteo de latido
del torrente sanguíneo, permitiéndonos sentir la función que motivó
la construcción y determinó su hechura, así como los cambios que, a
través del tiempo, se fueron sucediendo. Sus autores demuestran ha-
ber alcanzado el dominio en sus pesquisas, en el análisis e interpre-
tación de los elementos constructivos y en la penetración de las mo-
tivaciones de sus estructuras y formas.
Alejados de irresponsables improvisaciones, estos investiga-
dores han sabido armonizar, junto al numeroso repertorio gráfico
6 PRESENTACTóN

que ilustra esta obra, el enfoque científico del quehacer constructivo


colonial, üsto sin delicuescencias idolátricas, ni plebeya valoración,
con la rica y variada gama de las casas, que, despojadas de falsas au-
reolas, apÍuecen como lo que son: vestigios de una vida que todavía
se puede auscultar y casi revivir.

Franckco Prat Puig Ú


rNTRoDucüÓN

ElSdediciembredelgSs,elComitéIntergubernamentaldel
pauimonio Mundial, cultural y Natural de la UNESCO declaró a la
ciudaddeTtinidadysuValledeloslngenios,PatrimoniodelaHurna-
ciudad' ape-
nidad,en reconocimiento alos méritos de esta pequeña
se encuentra si-
nas transformada por el paso de los años. Tlinidad
por la
tuada al centro de-la cosia sur de la isla de Cuba, enmarcada
y valle de san Luis o de los
cordillera de Guamuhaya el mar caribe eI
con un total de
iú;i"t. Según el censo de 1980, la ciudad contaba
área urbana consi-
ál'gOg p"*o-nas, de las cuales 5 823 residen en el
deradacomohistórica,cuyoinventarioofrecelacifradel20Tin.
muebles:2Tgcorrespondientesalsiglox]/lll'729al)(D(y199al)A{"
Aellodebeañadirselasl505edificacionesde|azonaconsiderada
como de transición, en su mayoría de los sigtos Xll[Iy
)A$ con una
población de 6 171 habitantes.r
una sola
El conjunto urbano se distingue por las viviendas de
arquitectónicas de carácter
planta, ,"prór.rrt"tivas de las tipologfas
de elementos construc-
Lorri_o y popular. I¿ recurrencia en el uso
techos de ma-
tivos ae nitpatti"o abolengo -muros de mampuesto'
cal youos- dota
dera cubiertos de teias,,a iá españold" revoques de
a Ia ciudad de una fuerte unidád expresiva, de
un marcado senüdo de
tiempoydelugar.I,aconservacióndelambientehistórico_edifica-
pavimentos de las
cionis, irazadJcolonial, empedrado de las calles'
permite apreciar la imagen no
aceras y amoblamiento urbane- nos
cubanas y'
modifióada de lo que fueron las primiüvas fundaciones

de establecer una di-


Estudios posteriores han revelado la no pertinencia
lo que en la fecha indicada se consideró como zonas históri-
""i"
"¡rio" J*t¡ción, dado el alto valor arquitectónico y urbang de esta úl-
""tla.
t*á, tOf" afectada por la pérdida del empedrado original de las calles'
g lr{rRoDUCCtóN

por extensión, las del ca¡ibe hispánico. Es


Tfinidad, por tanto, un for-
midable testimonio de época y una inestimabre
fuente de conoci-
miento sobre la arquitectura doméstica colonial.
Para abordar er estudio de ra ciudad se
dispuso de una escasa
bibliografia. Nos apoyamos, fundamentalmente,
en los traUa¡os ae
Francisco Prat puig, cuyo libro, Er prebanoco
en cuba. (rna escuela
criolla de arquircüura morisca Ogqh dirigido
a la arquitecturu ..rUu_
na de los siglos xüIy xwl, ofrecela información
de antecedente pre-
cisa para la comprensión de ra arquitectura
de Trinidad, enmarcada
temporalmente en ros sigros )unll xn-pero
nuestra pJ".ip¿ n u.r-
te de información son ras propias üviendas
dio se enfrentó mediante la intenelación del
ae ta ciuda¿ ffi .rau-
anaisisarq""oiogi.o v
lainvestigación documental. Estamos convencidos
que no tiene sen-
tido abordar la areuitectura nuestra segin filiaciones
esürísticas y
Que, porlo contrario, si importa determinarsu proceso
de conforma-
ción histórica de lo que puede deducirse su
significación curturar. No
obstante, debemos comenzar por saber cómJes
nu"rir" *q,ritectu-
rl para poder precisar qué signiñca. y en este senüdo
arin queda mu-
cho por hacel no sóro con rá vivienda cubana
ri.ro tu-uür, con ras
latinoamericanas.
En el intento de determinar el cómo, sin
embargo, se tropieza
con la ignorancia sobre el cuándo. En la
arquitectura nuestra los usos
arquitectónicos se prorongan más allá der
momento histórico en que
s.urgen, lo que provoca no pocas confusiones.
usos antiguos se man_
tienen en viüendas modestas y medias, al
mismo
viendas de las crases élites incórporan elementos
,i"-í"q"" ras vi-
de renovación. En
ciudades viejas perviven los elementos
arquitectónicos tradicionales
yen las de nueva fundación ap¿üecen innovaciones,
dando por resul-
tado que, en una misma épocá, coexisten formas de ¿iferenie rigrrin-
cación temporal. Las investigaciones, por
tanto, deben organizarse
teniendo en cuenta, primero, que Ia resonancia
temporal ¿"e tos ele_
mentos arquitectónicos puede ser muy amplia y,
segundo, qrr" .__
go de significación cronodiagnóstica de "t ,,r-
dichós
bordinado en sentido regionJ y social. Es por "iá*.rrio, "rie
eno que re damos tan-
to valor a la verificación documentar pues,
en muchos casos, las atri-
buciones temporales de las formas .*"""r,
de validez por rrr'""re.,.,
empírico. No es posible, por otra parte, estudiar
toaas us viviendas
de una ciudad, ni tampoio documentarlas.
Ias viüendas deben ser
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

seleccionadas y agrupadas por sus afinidades tipológicas y dentro de


cada grupo someter a estudio y arquitectónico- a las
-documental
menos modificadas que pudieran representar el tipo. De este modo,
el grupo tipológico, previamente determinado, resulta datado. I-as vi-
viendas-tipo deben ser representaüvas de las clases élites, dada su
capacidad de asimilar con mayor inmediatez los cambios arquitectó-
nicos.
Es éste el método de trabajo aplicado en el estudio deTrinidad,
previa delimitación de la zona a considerar de valor monumental. Y,
también, previa determinación del rango histórico del trabajo, limi-
tado hasta los mediados del siglo XX. En verdad, la segunda mitad
del )lX, aunque aún Cuba se encontraba bajo el dominio español, es
una etapa de transición en la que tienen lugar significativas transfor-
maciones en Io económico ylo social que suponenla desintegración
del régimen colonial, lo que influye directamente sobre la arquitec-
tura. Y no es que la arquitectura de esta etapa y las posteriores carez-
can de interés. Es que ya reflejan otras circunstancias.
Es éste, además, un estudio de juventud, iniciado en 1970 y
concluido en 1979, que se publica en tiempos de madurez. Tiene los
defectos yvirtudes propios de los años mozos. A la hora de preparar
la versión definitiva estuvimos tentados a modiñcar la excesiva preo-
cupación por el detalle ypor las precisiones cronológicas. No lo hici-
mos en respeto al amor con que este trabajo se realizó y en conside-
ración a lo útil que nos resultara cuando enfrentamos las tareas de
conservación y restauración de Ttinidad. Con dominio de la signifi-
cación de las üüendas en sí mismas y en su contexto, con sobrados
fundamentos para la identificación de las casas a considerar como
"culturalmente representativas", término que acuñamos para indicar
los ejemplos que representan hitos dentro del proceso de evolución
de la arquitectura doméstica en Tlinidad y, por ende, en Cuba, nos
fue fácil precisar, a la hora de elaborar el programa de conservación
de la ciudad, las prioridades de las intervenciones y, lo que es más
importante, su nivel de profundidad, según el valor atribuido a cada
casa. Creemos también que la comparación de Trinidad con ciuda-
des homólogas del país y de laAmérica l.atina podúa resultar prove-
chosa para los estudios de las mismas y los esfuerzos que se realicen
por su conservación.
l0 lxrnooucc¡óH

Por último, queremos recordar a los amigos y especialistas que


nos ayudaron y dar testimonio de agradecimiento por el apoyo brin-
dado, en casos decisivo, dados los obstáculos muy diversoi que tuvi-
mos que sortear para la realización del trabajo. Los esfuerzos de este
tipo, largos y sostenidos, no sólo tropiezan con dificultades obvias de
índole intelectual, profesional y familiar, de por sí sustanciales, sino
que, a veces, la imperfecta condición humana crea conflictos con-
v
trariedades ajenas a la materialización de propósitos de suyoiegíti-
mos. Nuestra profunda devoción para el Dr. Francisco piat puig,
Maestro queridísimo, quien nos descubriera el camino yguiara nues-
tros pasos, en gesto inigualable de desinterés intelectual; para el Ing.
Manuel Béquer Medina (fallecido), ex-historiador deTriniáad, por su
generosidad inmensa al brindarnos el fruto de sus investigaciones de
años sobreTiinidad; aJuan Francisco Hernández (fallecido), que nos
enseñara a trabajar con profesionalidad con los fondos del Registro
de la Propiedad, de la Anotaduría de Hipotecas y de protocolos; a la
Dra. Nelly García (fallecida), por el ejercicio de su influencia moral
y!19los factores que se opusieron a la realización de este trabajo; a
Adelfo Hernández Torrecilla (falrecido), por su interés por la conser-
vación de Trinidad; al Dr. Luis Alplzar (fallecido) y su eiposa, Nieves
Arencibia, quienes orientaron y facilitaron nuestras brlsquedas en el
Archivo Nacional; a la Lic. Zoila Lapique, quien del mism-o modo nos
proporcionó información y asesoría sobre los fondos de Ia Biblioteca
Nacional; a Dulcila cañizares, por la revisión de los textos, rectifican-
do errores y ofreciendo su acertado consejo. De más está señalar la
deuda con nuestras familias, por habernos alentado y soportado, con
paciencia, durante tantos años.
Mención aparte queremos hacer delArq. Hernán crespo Toral,
Director de la oficina Regional de cultura para laAmérica Látina y el
caribe de la uNESCo, a cuyo interés debemos la publicación de este
trabajo. A todos nuestra más profunda gratitud.

Madruga, ¡narzo 28 de I 995


Capítulo 1

DESARROLLO HISTÓRICOY
CONSOLIDACIÓN URBAI{A

Con la colonización del vasto territorio americano se produjo


un fenómeno histórico peculiar, sobre todo en lugares como Cuba,
donde la comunidad indígena que la habitaba no rebasaba los llmi-
tes del neolítico. Y fue que el despegue se apoyó en un conjunto de
ideas, costumbres y hábitos generados por una cultura de un nivel
más alto de desarrollo. [,as formas de vida vigentes en España en el
momento de la conquista de América y arln mucho después, tuvie-
ron que atemperarse a las circunstancias propias de una orgarúza-
ción social incipiente, aunque se afincara en un enonne cuerpo de
disposiciones pragmáticas. Es el caso, por ejemplo, de las disposicio-
nes concernientes a que se fabricara con mamposteúa. Se construyó
con materiales perdurables no cuando España lo dispuso, sino cuan-
do en Cuba fue posible.t
[,a colonización deAmérica tuvo lugar mediante la fundación
de ciudades, a partir de las cuales se garantizó la explotación econó-
mica de los territorios adscritos a las mismas. Traen consigo los espa-
ñoles una experiencia colonizadora adquirida en los largos siglos de
contienda con los musulmanes. En cierta medida, la praxis del urba-
nismo en América pudo desarrollarse sin los frenos que en España
significara la edstencia previa de asentamientos urbanos. EnAméri-
ca se üende a disponer las nuevas ciudades según los ideales preco-
nizados por el Renacimiento, o sea, la organización urbana raciona-
lizada, denominada en damero u octagonal. Da fe de ello el trazado
de algunas de las fundaciones primitivas o el de los núcleos origina-
rios de algunas de nuestras más anüguas ciudades, tales como La
TR|N|DAD DE CUBA, pATRlMoNto DE LA HUMANIDAD

Habana o Santiago de Cuba (ilus.l). Las Ordenanzas de Cáceres de


1574 institucionalizaron una práctica ya conocida.2

1. Plano píntorcsco de Ia Habana con el número dcslls c¿s¿Ls, la divistón civit, judiciat,
realizado por José Marb de b Tor¡e, IgS3 (Bibtiot@a Naciornt losé Mart\.

Pero no bastaba conocer un determinado patrón urbano. Era


neces¿rrio consolidar en lo económico y, por consecuencia, en lo so-
cial a los incipientes asentamientos urbanos. Muchas de nuestras
ciudades son ejemplos de Ia distancia existente entonces entre la teo-
úa y la práctica. En La Habana y en santiago de cuba, la construcción
de viviendas con materiales sólidos tuvo lugar mucho más pronto
que en el resto de las pobláciones de la Isla (ilus. 2). En consecuencia,
la existencia temprana de edificios no transitorios contribuvó a res-
petar los lineamientos urbanos deñnidos en los inicios. En ias üllas
del interior Spiritus, Remedios, Camagüey, Bayamo yTrini-
-sancti estabres
dad- las viviendas no se levantarran ñasia er iiglo -).;wz to
que determinó un margen de dos siglos de inseguro y rec-onsiderado
trazado, que marcaría para siempre las caracterlsücas de la red urba-
na. Tbinidad representa un ejemplo típico de este proceso.
DEsARRoLLo HtsróRtco Y coNsollDAclóN URBANA l3

de
2. C.asas de obíspo I 17 y 119, In Habarn, reconstrucción de la facluda. Tomado
Fratuisco Prat Puig El prebanoco en Cuba' Ilna escueln criolla
de arquitecrura morisca.

1.1 Conquista y colonización

Se acepta que la fundación deTrinidad se efectuó en 1514' En


un principioiecibió esmerada atención por parte de España, a causa
de iu estiatégica posición al sur de la Isla, como estribo de la coloni-
zación del Continente (ilus.3). Diego Yelánquez, el fundador, recibe
instrucciones para ennoblecer "...mucho ala de laTrinidad,.tanto por
sus excelentes minas cuanto por la propición de proveer a Castilla
del oro [...],'.3 Las referencias a la riqueza de las minas de oro son fre-
cuentes en los testimonios documentales de la época, tanto que, des-
de 1518, se orienta la creación de una fundición en Trinidad, por ser
"...e1 lugar más apropósito y más en comedio de la dicha ysla ["']"'r
t4 TRIilIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

,\ t ty, r li,/¡i ¡, i¡ ¡,, r¡,;r'.t

Li.!!:z<-

3. Mapa de la Isla de Cuba, s. )(VI, tomado dc Ramón de Ia Sagra


Hlstoria, fisica, polltica y n"an¿ral de la isla de Cuba, 1g42.

En la medida en que el término puede entenderse, Trinidad se


caliñca como de próspera hacia 1520, momento en que contaba con
70 vecinos.s Durante los años que mediaron entre la mencionada fe-
cha y la de fundación se organizó el cabildo Municipal, institución
que ejercería una papel decisivo en la vida de la comunidad.
Sin embargo, la ampliación del radio de acción de España en
América afectó a las villas recién fundadas que paulatinamettte q.r"-
daron despobladas. como causas de la migración, se ha enfatizado la
psicología de empresa y las aspiraciones de enriquecimiento de los
colonizadores. Habría que añadir la inseguridad de trabajo, por falta
de organización y de medios. En 1s37, Alonso de parada lé in?orma al
Rey que las islas de "...Fernandina e santiago están muy perdidas e de
cada día se despueblan y se van Ios vecinos dellas, a Cabsa de no te-
ner con que se poder sustentar, en ansi lo hacen en la isla Española,
sino en las partes donde hay engenios [. ..] ".0 Lucas yázquezde
Mlón,
al indagar sobre los cargos hechos a Diegovelázquez, iecoge el testi-
monio de distintos pobladores. Los de Trinidad conünierón en que
sólo quedarían alrededor de l0 vecinos, por lo que carecían "...de mi-
neros o estancieros e porqueros e otra xente de trabajo ¡...¡,,2 y los
que se van suman alrededor de 250 o más.
Uno de los problemas más espinosos,rfue el de las encomien_
das. El malestar existente por los repartimientos desiguales constitu-
yó uno de los factores del desarraigo. Iunto aI podeúo de un Vasco
DESARRoLLo HrsróRrco y coNsoLtDActóN URBANA l5

Porcallo de Figueroa, dueño, en 1534, de 150 indios, 50 esclavos y 15


africanos, existían los que poco o nada poseía¡.8[, en verdad, no pue-
de afirmarse que las minas dieran lo que de ellas se esperaba, ni tam-
poco el trabajo de los maltratados indígenas.
Otro factor más vendúa a sumarse para completar la situación
de desconciertos. En la medida en que disminuían los españoles y se
acrecentaba la explotación del indígena, creció el temor por la segu-
ridad de las vidas de los colonizadores, amen¿vadas por haber
"...muchos indios alzados en términos desta villa en ranchos con lan-
zas t...1 e que dicen que han de dar en este pueblo en matallos a to-
dos [...]".s Se teme porque "...los indios se podrían alzaf yyase han al-
zado especialmente en un rancho que üene 300 a 400 [...]':to
la pugna por refundir las villas de Ttinidad y Sancti Spiritus, en
beneficio de una u otra entre 1530 y 1540:, revela la urgen-
-iálgida
te necesidad de aunar esfuerzos en garantía de subsistencia.tt Tam-
bién se intentó trasladar a Trinidad hacia un asiento cercano al río
Arimao, o hacia Matanzas. El saldo final fue negativo para la coloni-
zaciónespañola: Trinidad quedó bajo el imperio de la población au-
tóctona, a pesar de los intentos por repoblarla practicados en esos
años.
Abandonada la "villa española'' a los indígenas que no sucum-
bieron al maltrato antes de la abolición de las encorniendas en 1553,
se mantendrían ciertas formas de vida que, durante el período de
contacto directo con los españoles, habían permeado las costumbres
de los aborígenes. Los habitantes autóctonos incorporaron activida-
des y costumbres que traslucen un nivel más avanzado que el que
poselan en el momento de producirse la conquista. En 1562, Luis de
la Cerda, Alvaro Hurtado, Diego Guillén y Martín Carmona "...Indios
de Cuba naturales t...1 de la villa de la Trenidad [...¡"tz aducen como
derechos p͡a oponerse al traslado de la villa hacia Sancti Spiritus, el
haber residido "...en la dicha villa desde que esta Isla se pobló y te-
niendo como tenemos en ella nuestras casas estanciaS conucoS la-
branzas corrales de puercos y vacas [...]"13 y que cada día "...ocurren
muchos navíos y barcos así de tierra firme como de castilla y otras
partes para proveerse de bastimentos y otras cosas [...]"r4 por lo que
tienen intereses que defender. Exigen, además, la presencia de un
clérigo, ya que el propio Luis de la Cerda es quien se ocupa de adoc-
trinar a "...todos los indios de dicho pueblo [...]",15 y piden, finalmen-
l6 TR¡NIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

te, que alguien los dirija y administre, sugiriendo el nombre de Fran-


cisco de Avila, "...que es hábil y suficiente para ejercer el dicho oficio
[...] ".ru
En Trinidad, pues, existía una distribución de tierras, en las que
se criaban animales importados, una agrupación de viviendas, algu-
na ordenación de las mismas, cierto sentido de los modos adminis-
traüvos españoles, la nominación patronímica de los mismos yla re-
ligión católica. Sin embargo, no existen evidencias que permitan re-
construir las formas de urbanización de la época.
diffcil suponer que la población aborigen hubiera modifica-
Es
do las formas de urbanización dispersa que les fue propia por las re-
guladas de los colonizadores (ilus. 4). Y mucho más incierto resulta
suponer que cambiaran sus patrones habitacionales.

4. Prnblo aborigen, toma.do de losé Garcla de ArboW


Mantal de la isla de Cuba, IBS9.

la denominación de bugfosrT p¿ua sus viviendas debe enten-


derse, como es reconocido, para las casas de forma rectangular o
elípüca, con cubiertas pajizas (ilus. 5); los llamado s conucos,rs con un
bohío como centro de un pequeño terreno destinado a labranzas, po-
dría verse, quizás, como el antecedente más remoto del tipo de cons-
DESARROLLO HISTóRICO Y CONSOLIDACIóN URBANA L7

trucción con el patio destinado a huerto, que tan frecuente se hicie-


refe-
ra en la ciudad en los siglos tempranos. sobre esto hace algunas
la ciudad de San-
rencias el Fidalgo de Elvas, en 1538, al caracterizar
grandes corrales
tiago de cuba, iuando expresaqrre las casas tienen
junio
y e"n ettos hay muchos árboles.lg Por un documento del26 de
con las si-
áe I57g .orro."-o, de la existencia de una casa habanera,
y
guientes características: "...casa ... tapiada ["'] cubierta de guano
puertas,
Ilauada toda la madera, con dos aposentos de tablas y dos

**L,*1-"

S.Dibujodebohfoaborigen,nmadod,eGonzatoFernándezdeouiedoyValdés'
Historia general y natural de las Indias, islas y tiena-firme del mar
océano"'

del
unas para la calle y otras para el corral [...]".r0 En los protocolos
escribano habanero Antonio de Regueira hay frecuentes referencias
a estos modos tempranos de integrar vivienda y corral.2l Al decir
de
Pérez de la Riva existió en las regiones orientales una cierta confu-
sión entre los términos conuco y solar.2z
El hecho de concebir la vivienda como una unidad de perma-
nencia que controla una actividad de carácter agrario hace suponer
un interés por mantener los predios adscritos a ella. Si estos mínimos
fundos no se planüficaron ordenadamente, como se deduce de las
l8 TR|N|DAD DE CUBA, pATR¡Mot{to DE LA HUMANTDAD

evidencias documentales, crearían un fuerte obstáculo


a la hora de
programar el trazado de la ciudad.
I¿ autonomía de la "ülla india de Trinidad,, se prolongó
alrede-
dor de medio siglo. En 1570, el obispo Iuan del Castillo
reitera la au_
sencia de pobladores españoles aI afirmar que "...[a
ygr"riu J"
lla está consagrada segrin fama aunque los yndios qúá "rta.ri-
uirr"n nun-
ca vieron prelado en ella [...]".22 Hacia l5B5 se próa,r¡o "uiun repobla_
miento, fecha que tiene como garante la aperturá del
bautizos, conservado en er añhivo de rá igresia p"rroq"iui. irimer libro de
oou,
fuentes confirman la presencia española en lá vina,isí
como la prác-
tica de un activo comercio con Lá Habana. El 12
de febrero de 15g7,
cristóbal Martel, vecino deTrinidad, compra a Diego
de r,ara, merca-
der habanero' una partida de artículos, entre ros qúe
se destacan ari-
mentos y vestidos d€ cierto lujo.2a El üáñco comercial
se hacía por
üerra, pues, según el obispo Altamirano, ,,...por el
mar i, f ru.ri,
trabajo, por haber de doblar el cabo de San Antón, "f
q"" ," ,urdu",
muchos dÍas y aun suele suceder meses. ""
f...1".2s Añade Rtau¡¡¡¡.u.ro,
además, que para el intercambio se contaba con
algrin pro_
ducto de la crianza de ganado mayor, que producia
á año"u.rdrl,
cerca de r
000 cueros.
En resumen, ra coronización de Ttinidad se efectuó propia-
mente a fines del siglo_XIZI, cuando ya otras villas, como
B-ayamo,
santiago de cuba y La Habana habían alcanzado una
cierta esiabili_
dad. se consolida la ocupación en la siguiente centuria
a través de un
complejo proceso de enraizamiento ierritorial, en contra
der cuar
pugnaron diñcultades sin fin.

1.2 El desarrollo u¡bano

1.2.1 La ciudad en "tela de araña,'

- la cerrada política comerciar de la Metrópoli afectó er progre-


so de las poblaciones del interior de la Isra, abandonad",
r'.r, pro-
pias fuerzas y a los desmanes de la piraterla. De " se des-
e[o, a su vez,
prendería la importancia alcanzada por el contrabando
que constitu-
yó la principal actividad económicá durant" el siglo
pios de dicho siglo, se afirma que en Tlinidad ,,...ná
xw. ¡princi-
se hacen ,rirrgu_
DESARRoLLo HrsróRrco y coNsollDActóN URBANA l9

nos rescates ..:'26y se da cuenta de incursiones de franceses en estos


primeros años y en los sucesivos. Pero ya hacia los mediados del si-
glo, con escándalo se le comunica al Rey que en Trinidad el contra-
bando se practica públicamente y que ello es lo que "...sustenta
aquella pobre ciudad 1...1".27 El contrabando contó con el respaldo de
las autoridades, quienes fueron, en ocasiones, sus principales pro-
motores.2s
En 1690, el gobemador Severino de Manzaneda pide, como re-
medio del contrabando, que se autorice el traslado de Trinidad a Ia-
gua, proposición considerada desde principios del siglo ){Vil.zs Su
antecesor, Salamanca, entendía justificado el traslado porque en Tri-
nidad existían no más de 100 vecinos, a lo que Manzaneda añadió
que el intento no presentaría grandes dificultades, por "...ser sus ha-
bitaciones de paxa [...1".r0
Se calcula que en Trinidad al termina¡ el seiscientos vivían cer-
ca de I 000 personas. Si estos estimados no nos engañan, la pobla-
ción creció B veces en relación con los 150 habitantes consignados en
1620.3r Sin poder evalua¡ en cifras la envergadura del proceso de po-
blamiento dada la imprecisión de las fuentes, los libros de bautizos
de la antigua Parroquial Mayor corroboran que el crecimiento se pro-
dujo sin intemrpciones y en ascenso progresivo. El primer libro
(1585-1671) registra 65 anotaciones para los años correspondientes
al siglo )ffIy L I24 paralos que corren dentro del siglo XIZII. De ellos
528 son mujeres y 553 hombres. Se consigna que 34 son esclavos, 4l
de color e indios libres y, el resto, blancos. El segundo libro (1673-
1692) arroja un total d,e 674 nacimientos en un período de 21 años, a
partes iguales los varones y las hembras. No hace mención de escla-
vos ni de indios y registra 3 negros libres. En 1690, el mismo año en
que Manzaneda arremete de nuevo por el traslado de la ciudad hacia
Iagua, se abre un libro aparte para las personas no blancas, medida
inspirada en los prejuicios raciales de la época pero que pone de ma-
nifiesto el crecimiento del grupo de los hombres de color.
El nivel de vida de la población era bajo. En 1674, los bienes del
gobernador de Trinidad, capitán Iuan Delgado, consistían en una ca-
sa de paja y madera embarrada por abajo, dos sillas de cedro y ba-
queta de la tierra, ocho tablas grandes "...de diferentes hechuras bien
tratados [...]", una casa de paja como la anterior y dos esclavas.32 Es
imposible imaginar un amoblamiento más modesto y se trata del
20 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

personaje de mayor connotación social de la ciudad. Cabe suponer


que el resto de las posibles viüendas no podían ser mucho peores,
En el siglo ){VII,laciudad no pasaba de ser un caserío desorga-
nizado, integrado por viüendas muy modestas. Sin embargo, a me-
diados del seiscientos, se comienza la construcción del primer edifi-
cio de mampostería: el de la iglesia, terminado a fines del siglo. El
fraile Francisco Romero le informa al Rey que los vecinos deTrinidad
habían construido un suntuoso templo que tardó 28 años en termi-
narse y que, aunque la obra era de más porte de lo que pedía el lugar,
se llevó a cabo "...sin gravÍrmen a las Rentas de la Iglesia, ni a las ca-
jas reales [...] hasta llegar a estrenarse el día del glorioso apóstol San
Pedro, en este año de 1692. [...]".33 El costo de la fábrica ascendió a 20
000 pesos.
El emplazamiento de la iglesia en el lugar que ocupa hoy la ac-
tual Parroquial, construida en el siglo XX, determina el á¡ea de urba-
nización primada de la ciudad y localiza su centro de mayor impor-
tancia. Si fue costeada por los vecinos es de presuponer la existencia
de recursos económicos. La erección de construcciones estables es
testimonio del sentido de continuidad y pervivencia futura de una
comunidad, lo que constituye expresión de su arraigo económico,
vinculado, por entonces, al proceso de explotación de las tierras.
No hay noücias ciertas sobre cómo se produjo el repartimien-
to de las tierras de la zona aledaña a Ttinidad. No obstante, es eviden-
te que el largo abandono de la villa en manos de la población autóc-
tona redundó en beneficio del agresivo Cabildo espirituano, el que se
tomó la atribución de mercedar tierras que por derecho le correspon-
dían aT[inidad. Hubo de producirse una irradiación ganadera desde
Sancü Spiritus hacia el r¡alle de Trinidad, cuyo primer tiempo está re-
presentado por la mercedación de Iumento la actualidad, Fo-
mento-, en 1537, y ya hacia 1596 se extendía-en por los terrenos rega-
dos por el úoAgabama, en su curso superior. Hay evidencias de mer-
cedaciones muy anüguas, tales como la de la llamada haciendaAlon-
so Sánchez que perpetúa el nombre de un prominente vecino de Tli-
nidad y de Sancti Spiritus en los mediados del siglo )UI.Iahacienda
Alonso Sánchez incluye el territorio formado por Cacaibán, Sabani-
lla, Loma del Puerto ylos de la Milpa en las inmediaciones de la ciu-
dad. La Milpa fue integrada en el siglo XXal barrio tercero.
DEsARRoLLo HtsróRtco y consollDActóN URBANA 2l

El cultivo temprano del tabaco en las miárgenes de los ríos Ari-


mao, Agabama y Caracusey convirtió alazonaen una de las de ma-
yores posibilidades comerciales de la Isla. La enérgica protesta' en re-
clamación de los derechos de los vegueros contra los ganaderos, pre-
sentada por el procurador general de la ciudad, Manuel Díaz de laVe-
ga, en 1659, da fe acerca de la importancia económica adquirida por
el tabaco desde las primeras décadas del siglo )(Vil.Un siglo después,
el tabaco aún representaba un valor económico lo suficientemente
importante como para que en 1735 el Cabildo trinitario entablara
pleito a la ciudad de Guayaquil, por el mercado de Cartagena de In-
dias.
En 1668, el Cabildo trinitario otorga mercedes en lugares aleja-
dos, como la hacienda San Juan de Letrán, lo que evidencia la nece-
sidad de ampliar el radio de acción económica de los habitantes de
la znna. En 1724 se definen los límites jurisdiccionales de las villas
centrales de la Isla (ilus. 6). Proceso de apropiación y división de la
tierra que diera lugar, al decir de Ramiro Guerra "...a la formación de
una clase de grandes y pequeños propietarios [...] con firmísimo
arraigo en el suelo donde habían nacido".3a

"*
o4-
í--fu

ii'*?-:r-t
ot%4'e

6. Mapa de Lugares contenidos en este año del 1724, tomado de


tas Jurüiziones d,e los
'Auto de 27 fu septiembre fu 1724 de Gregorio Quso
C-alderón", A-H.T, Actas C.apitulara.
TR|NIDAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

Pero será el azúcar el recurso fundamental sobre el que des-


cansó la riqueza de Trinidad. Las primeras incursiones en el negocio
¿tzucarero se remontan a los mediados del siglo nnl
Ia llegada en
1655 de emigrantes españoles procedentes de Jamaica contrlbuyó
al
desenvolvimiento de la industria en una zona que poseÍa óptimas
condiciones para la producción de azúcar: fértiles ii..r"r, regadas
por caudalosos ríos y cercanas a puertos de embarque. 35 En pri-
ú
mera mitad del siglo )(vilI,la inversión de capitales ioráneos
su
mayoría habaneros- opera como una palanca impulsora del -€n
desa-
rrollo de la zona. Entre lz00 y 1750 exiitieron mas ¿e 20 trapiches,
trabajados por 5 ó l0 esclavos a ro sumo. Los dueños de estos inge-
nios, enriquecidos en breve, fueron originando una especie de
noble-
za pueblerina, muy apegada a su ciudad. Este grupo ücial,
en extre-
mo localista, cuyas formas de üda económicaerán eminentemente
agrícolas, fue el que construyó ras casas de la época, expresión
elras
mismas del nivel económico alcanzado.
Entre 1700 y 1750, Trinidad consolida lo que habría de consti-
tuir su centro histórico, heredero de la anterior áctiüdad constructi-
va y rectificado en el decursar del siglo )(vrl.Haciaestos
años el co-
razón de la ciudad se encontraba situado en la plaza Mayor, jerarqui-
zada por la iglesia parroquial (ilus. 7 y g). La plaza, sin Lmúargo,
no
fue du¡ante largo tiempo otra cosa que un espacio abierto de acci-
dentada topograña. A su arrededor se erigieron las casas de las fami-
lias más relevantes de ra época. sin embirgo, aún eran pocas
las ca-
sas de m'mpostería y tejas, con la excepcién de las de rós
Sotolongo
posteriormente como la de la familia sánchez rznaga y
-conocida
en la actualidad destinada a Museo de Arquitectura; la de pedro
Ma-
rín de los padrón-, li de tos Arfonso y argunas
-posteriormente
otras más.36 En verdad, la mayoúa de las viviendas eran de'emüarra-
de mampostería prefirieron emplazarse a ro largo de las
9o. Fl cailes
Real del Jigüe y la del calvario (también denominada áe la
Amargu-
ra). Ambas vías atraviesan el casco histórico en senüdo transversal
v
representan Ios límites originarios de la población y los medios

comunicación entre los dos puntos polares de Ia expansión u¡bana:
hacia el noroeste, la Barrancavieja, iamino del río iáyaba y el valre
de santa Rosa; en el sentido opuesto, er camino hacia éanctíspirit,r,
y el después llamadoValle de los Ingenios. Hacia esta parte
se tLbricó
en1702,la ermita de santaAna, sancionándose con lu urbaniza-
ción de la calle santaAna como prolongación de ra de "ilolaAmargura.
DEsARRoLLo HrsróRrco y consoLrDAcróN URBANA

'de
ón;
del

4 '. ;á

-"ugS:

8. Plaza Mayor de
Ttinidad. N fondo,
tone del Conuento de
San Fratrcisco; a un
costado, el Pal.acío de
Brunet,Museo
Romóntico.
TR|N|DAD DE CUBA, pATRrMoNto DE LA HUMANTDAD

Por el norte, la ciudad estaba constreñida por la falda de la lo-


ma de laVigÍa donde en un lugar prominente,llamado ceno de la Po-
pa, se levantó en las primeras décadas del siglo )NIn,h iglesia de es-
te nombre bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria.3z
Intentos no exitosos de urbanizar esta accidentada zona se apuntan
desde 1745, en que se mercedan solares en el denominado balrio de
Iurabaina, que daría origen en la segunda mitad del siglo a una calle
así denominada, apenas poblada. Es de esta manera que el impulso
urbanizador se proyectó en sentido horizontal, conformándose el
área superior de la ciudad o coronamiento de la misma. Hacia la par-
te de la iglesia de SantaAna, alrededor de IT40, se habla del barrio del
Lirio Blanco, que ya incursiona en los terrenos más llanos inmediatos
a las calles de mayor tránsito.
I¿s tendencias del desarrollo, en la orientación sur, se concen-
tran en las ví¿rs que en sentido longitudinal confluyen en el centro del
casco histórico, tales como las de San José, que desembocaba en el
camino de ras Castañas; la de Guaurabo, que seMa de comunica-
ción con el río de su nombre y con Jagua, cuyo castille, levantado en
1745, perteneció a la jurisdicción de Tlinidad; la de la Boca que, co-
mo su nombre lo indica, actuaba como acceso al puerto así llamadq
centro fundamental del intercambio comercial hasta la primera mi-
tad del siglo xlz[r. se encontraban insinuadas, hacia la sabana, ras
del Desengaño, que concluye por el norte en la ermita de la popa, y la
del Rosario. Por el sudoeste se abrió la calle Nueva, alrededor de 1241,
que enlazaba la de la Boca con la Barranca.
En resumen, las calles fundamentales en la primera mitad del
siglo xlZll/fueron, en senüdo horizontal, las deAmargura, de la sole-
dad o Cristo, Real del ligüe Encarnación, Nueva y Gloria; en senüdo
longitudinal, las de San José, Guaurabo, Boca, Desengaño y Rosario.
se crearon subcentros de importancia en el tramo de la calle
Real del Iigüe comprendido entre san Iosé y Desengaño, donde se le-
vantaron las principales fábricas de la época, entre ellas, el cabildo,
sede también de la cárcel y la carnicerla.38 Entre lz4sy 1750 se cons-
truyeron casas de gran envergadura en la calle San Iosé entre Real del
Iigüe y Amargura. Al mismo tiempo, fueron delimitándose espacios
triangulares en zonas que de periféricas pasaron a integrar la red ur-
banizada, como lo fueron las plazuelas del calvario, delligüe y de Se-
garte, entre otras.
DESARROLLO HISTóRICO Y CONSOLIDACIóN URBANA 25

El trazado resultante configura una bolsa de irregular contor-


no, cuya fisonomía fue aún más asimétrica de lo que es en la actuali-
dad, puesto que, en años posteriores a los mediados del siglo )UIII,
se tiende a mejorar la alineación de las calles
(ilus. 9). En el cabildo
del 4 de febrero de 1735 se nombra como Alarife Mayor a Tomás Ii-
ménez, para que cuide de que cuando se constmya una
fábrica

9. Plano de Trinidad, con ittdicación en negro del ntuleo origirnrio 0514-1749).

"...haya detener alguna perfección las calles t"'l por quanto cada uno
fabrióa donde leparese y ha muchos años que falta en esta. dha.
ciu-
dad el dho. Mro. de Alarife ['..]"'3s En efecto, la conformación urbana
de la zona originaria de Trinidad hace inferir que, en los inicios, se
careció de principios reguladores de la dinámica del crecimiento'
que sólo tuvo como contén las irregularidades del terreno, tendién-
dor" acercar los emplazamientos al centro representado por la Pla-
"
zaMayor,lo que dio por resultado vías curvas' a manera de anillos
rol*r"nt", dá dicho centro (ilus. 10). Se define la planta del centro
"n
antiggo de la ciudad en tela de araña, intemrmpidas las sinuosas ca-
lles iransversales por ejes longitudinales que, prolongados rumbo a
26 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

la sabana, garantizaron la comunicación de la zona urbanizada con


los puntos del tráfico comercial.

10. plaza Mayor y manzaruzs de


su entomo.

No obstante, hacia esos años se manifestaron los tímidos


avan-
ces del cabildo en relación con el reajuste del trazado
de las calles de
Ia ciudad. En 1735 se trata sobre el pá4uicio de que
existan en,,...es-
te vezindario [...] algunas euadras dilatadas
t...¡"iopor lo
que resulta
conveniente que "enellas sehabran calleiuelas poi razón dealguna
Imbasion de enemigos [...¡",ar lo que debeiá pracii."rr" ,,...por
los pa-
rages más cómodos y convenientes para dhas entradas- y
salidas,
remplazando a los dueños de los solarei donde se abrieren
de los rea-
lengos que tiene la ciudad segrin lo que acada uno se le quitase
para
dicho efecto Í...1".42 Es obüo que la fuerza de ra expansión, en
sentido
transversal, condujo a la conformación de vías irregulares yparalelas
con deficiente comunicación longitudinal, razónque
¡usti'ñca la me-
dida d-el cabildo pues "...dho pedimento se dirige a óomrin de esne
vezindario en su veneficio y perfección a la ciudld en la comunica-
cion de las calles unas de otras [...]".43 Se dispone, finalmente, que
las
nuevas calles se abran con 5 varas de ancho.
DESARRoLLo HtsróRtco y consol-tDActó[ uRBANA

El emplazamiento de la ciudad refleja, de forma general, la in-


cidencia de las regulaciones urbanas contenidas en las Leyes de In-
dias, en tanto está dispuesta en "siüo levantado y fuerte", cercano a
fuentes de agua y de modo que "...saliendo el sol de primero en el
pueblo, que en el agua [...]".14 Sin embargo, la resultante urbana se
conformó a espaldas de las estipulaciones de las Leyes de Indias en
lo que tiene que ver con el trazado regular o en damero. La Plaza Ma-
yor constituye el mejor testimonio de esta etapa de crecimiento es-
pontáneo, en la que se impuso la dinámica intema de la propia po-
blación. En su centro se construyeron dos viviendas que obstruyeron
el espacio que debió pertenecerle y que, aI cabo, determinaron su
forma, sancionada definitivamente en 1857 cuando se inauguró el
p¿uque de recreo que hoy la preside.4s Las casas a que hacemos refe-
rencia fueron refundidas en una en el siglo XD(y es la ya menciona-
da como de la familia Sánchez lznaga.

1.2.2 El crecimiento urbarn en la segunda mitad del siglo WIII:


la alineación de bs calles

A partir de la gobernación del sargento mayor de infantería Io-


sé Gutiérrez de Rivera (1747-1759) tiene lugar un proceso de expan-
sión urbana que se manifiesta, primero, por la rectificación y prolon-
gación de las calles existentes y, segundo, por la apertuñt de nuer¡as
vías.las calles sujetas a rectificación y prolongación fueron funda-
mentalmente las que comunican el actual centro histórico de la ciu-
dad con la sabana, es decir, con el espacio de terreno ubicado al sur
y sudeste de la Plaza Mayor. I¿s calles de Boca, Desengaño, Rosario,
Colón y San Procopio marcaron las tendencias del crecimiento urba-
no de la ciudad, delimitando un terreno que será el objeto principal
del crecimiento urbano de la ciudad en la segunda mitad del siglo
)NIII.
Hacia estos años el Cabildo enfrenta la rectificación del traz¿-
do de la ciudad mediante la demolición de üüendas constmidas en
forma espontánea. En 1754, por ejemplo, el Cabildo trata sobre el ca-
so de Inés de Rojas que "...habla cuatro años que viüendo en su casa
propia que posela en la calle del Rosa¡io y que habiéndosele ordena-
do t...1 desembarazar dicha casa pa facilitar el transito dela calle obe-
deció [...] bajo la oferta [...] de darle correspondiente solar en cual-
28 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIo DE LA HUMANIDAD

quiera oüa parte [...]".nu Hacia 1790 se precisa el trazado de la calle


Boca y, casi al finaliza¡ el siglo, en 1797, el teniente gobernador Luis
Alejandro de Bassencourt, con el deseo de "...ampliar y hermosear la
Población había hecho medir y delinear una calle a quien había
puesto la embocación de Sn Procopio y es el terreno que corre desde
la Hermita de StaAna en bta de laAlameda [...]".a2
Al tiempo que la ciudad se prolonga en el sentido de sus ejes
longitudinales ocurre simultáneamente un proceso de apertura de
calles en sentido transversal, como complemento de la red urbana.
Hacia 1750 se abre la calle de Gutiérrez, extendida en el tramo que va
de la de Boca a la de San Procopio y se propone la apertura de una
plaza "...desde la calle que nombran del Sr Gutierrz hasta Dnde fuexe
conforme [...1".48 Esta calle luego se convertiría en arteria fundamen-
tal y hoy está considerada como el límite del casco histórico de Tfini-
dad. L^a de los Santos o de laAlameda, también contemporánea con
la de Gutiérrez, y más tarde las de Lirio Blanco y Guásimas, extendie-
ron la ciudad hacia el norte y el sudeste, dando cumplimiento a la po-
lítica de "...abrir calles que por anteriores y antiguos acuerdos están
mandadas a construir [...]".n9 La calle del Carmen o "...camino que
orillando la Ciud tira para el guallaüto [...]",50 constituye los llmites,
aún no urbanizados, de la ciudad en la segunda mitad del siglo XZ[.
Calles como la del Coco o Chichinquirá, la de laLuz, de la paz y de las
Angustias ya se mencionan en estos años.
Poco crece Ttinidad hacia el norte ni hacia la zona del Guaura-
bo, donde apenas se modifica el trazado primitivo. La mercedación
de solares se concentró en las prolongaciones de las calles existentes
o en las nuevas. Durante la última década del siglo )(VIII se produjo
una gran acüüdad constructiva en las calles de Gutiérrez, Alameda y
SantaAna. los barrios marginales van siendo envueltos y transforma-
dos, por ende, en zonas priorizadas que, a su vez, generan en su peri-
feria nuevos tanteos urbanizadores.
[,a primera división en cuarteles o barrios de la ciudad data de
1767, cuando se crean cuatro barrios nombrados de la popa, de Santa
Ana, del Calvario y del Guaurabo,Sl nominación que señaliza los pun-
tos de atracción más influyentes de la época. Calles como las de Co-
lón y la de San Procopio revelan que un nuevo interés ha surgido por
facilitar la comunicación entre la ciudad y el puerto de casilda, habi-
litado en l77B para el comercio con los españoles. El sentido del cre-
cimiento urbano en esta etapa apunta decididamente hacia Casilda.
DESARRoLLo HrsróRtco y coNsoltDActóil URBANA 29

En la segunda mitad del siglo )NIII,la trama resultante se dife-


rencia del núcleo primitivo por el orden de alineación que rige su tra-
zado, que tiende a eliminar y a evitar las tortuosidades y curvas que
caracterizaron a la red urbana en la etapa anterior (ilus. f l). En 1793,
la acción del Cabildo sobre la población se proyecta con mayor ener-
gía restringiendo libertades indebidas y tomando medidas encami-
nadas a mejorar el ornato y, sobre todo, prohibiendo la fabricación
de casas de guano.s2 No obstante, el aspecto de la ciudad era lamen-
table por el mal estado de las calles, pues aunque algunas contaban
con un rustico empedrado "...las aguas t...1 han amrinado los pisos
de las calles [...] y además están éstas intraficables por los muchos
hoyos, y movimto qe han tenido las piedras por falta de cascajo y pa-
los atravesados que las retengan [...]".u'

ll|!$fo I q.A cltDAD

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11. Plano de Tfinidad, rquadro del Plano del Puerto d'e Casilda, Masío y dcmás
fondeafurosadltrcentsalaciudaddcTrinidad...,¡ulizadaWrluanfulRfoyCnsalS03.
30 TRINIDAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANIDAD

l,a actividad urbana de estos años responde a la necesidad de


configurar una ciudad acorde con los requerimientos del despegue
Ítzucarero de la zona. Gracias a ello, Trinidad se levantará como una
de las poblaciones más avanzadas del país en la segunda mitad del si-
glo )NIII.En L778,la ciudad contaba con642viviendas.s¿ En l7B9 se
autoriza la libre introducción de esclavos. En 1792 se concede la libre
introducción de maquinarias para los ingenios. se abren las puertas
a los tiempos de la bonanza.
Entre f 750 y 1760 existieron22 ingenios; de lTZ0 a lZB0, aqué_
-llos habían aumentado a 27 unidades; en 1795 ilegaron a sumar 32,
localizados en la zona de cacaibán, sabanilla, Loma del puerto y Río
de Ay, la primada en cuanto a la colonización azucarera delvalle de
san Luis. De las 2 343 caballeúas planas de tierra con que contaba el
valle, propias para el cultivo de la caña, se encontrabandesmontadas
y sembradas I 032,ss con una producción de 60 000 barriles de aguar-
diente y 700 bocoyes de miel.56 Gracias a la ampliación de la capaci-
dad productiva de los ingenios se duplicó ra ocupación de tierras,
desplazando en su avance vegas de tabaco y ganado.
El incremento de la producción se hizo palpable en la organi_
zacióny el fisico de la ciudad. De 6 4g6 habitantes existentes en LTTB
se llega 13 881 en 1795, de los que 2 676 eran esclavos que laboraban
en 32 ingenios.sT Sintomático del desarrollo es el hecho de que en la
última década del siglo xwII seproducen las primeras sublevaciones
esclavas de importancia. En rzg2, rrg3 y 179g, la ciudad se estreme-
ce ante el grito de rebelión de las dotaciones. En ésta última, aunque
abortada por una delación, se encontraban comprometidos numero-
sos esclavos de los ingenios más importantes de la zona: Magua, Bue-
na vista, Manacas-Iznaga, Manacas-Armenteros, Aracas y Delicias.so
En 1797,la importancia de la ciudad se vio refrendada mediante la
creación de la Tenencia de Gobiemo, con jurisdicción políüca y mili-
tar sobre el territorio central de la Isla.
El proceso de transformación de la ciudad en la segunda mitad
del siglo XV7llse reconoce por las fábricas religiosas y militares levan-
tadas en este peúodo. Se dio inicio a la fabricación de la iglesia de San
Francisco,ss adscrita al convento de su nombre; se refuerza la defen_
sa de la ciudad desde 1763 con la ubicación de baterías en el cerro de
la Popa, en el puerto de la Boca y en la entrada de ra bahía de casil-
da. Aparece el embrión de un teatro cuando enIZTB,,...D. josef demi-
DEsARRoLLo HrsróRtco y coNsolrDAcróN URBANA 3l

randa, d franco Viladomat, dn Anttonio Poncel, dn franco de Viana,


Dn Miguel de Herrerayd Miguel deVera [expresan querer] seguir en
la Compañla de representar comedias públicas personalmte y con la
máquina deMuñecos [...] ",m y eligen como director a Lorenzo lavale-
ra y Mendoza. Las fiestas del Corpus, de la Santísima Ttinidad, de San
Iuan y San Pedro y de la Candelaria, de origen inmemorial, se revis-
ten de gran pompa y boato y sirvieron, entre otros fines, como vehí-
culo fundamental de relación social. Se crea la primera escuela de
instrucción primaria en la década de 1770-1780. En 1789, un podero-
so personaje celebra la jura de Ca¡los IV, con la impresión de mone-
das de plata con la eñgie del Rey, las cuales son repartidas al pueblo
en bandejas del mismo metal.6l Ttinidad pierde, paso a paso, aquel
aspecto rustico en la medida en que alcanza, en lo ffsico y lo social,
un nivel superior de progreso.

1.2.3 I^a expansión en el siglo )(D* la cudrfcula

El siglo XDlse inicia con la hora del gran boomazucarero de la


zona, beneficiada por una serie de circunstancias nacionales e inter-
nacionales que repercuten de modo favorable en la localidad. l,a rui-
na de la producción azucarera de Haití puso a Cuba a la cabeza de los
abastecedores del producto en el mercado mundial, en el que alcan-
zó precios desorbitados. [.as disposiciones proteccionistas para el fo-
mento de nuevos ingenios (1804), la definitiva libertad del comercio
(f 818) y otras medidas de no menor importancia, como el desentan-
co del tabaco y el plan de fomento de la población (1817), y la conso-
lidación de los derechos sobre la propiedad de la tierra (1819), obra-
rían como un fuerte y decisivo estímulo. A partir de lB20 principia el
gran ascenso económico de Trinidad, estabilizado alrededor de
treinta años, período en que se consolidarían las grandes fortunas lo-
cales que actuarían de manera preponderante en los destinos de la
ciudad.
El avance de la colonuación azucarera del Valle de San Luis
provocó la desaparición de los bosques de la jurisdicción, de los que
se tomó la madera preciosa utilizada en las construcciones. Dos in-
genios trinitarios y BuenaVista- fueron los primeros en
-Delicias
Cuba en usar el bagazo como combustible, dada la carencia de le-
ña.02 Otras instalaciones llegaron a quemar, en un año, un promedio
32 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

de 2 caballerlas de monte. En 1827, Trinidad contaba con 56 ingenios,


trabajados por 1l 697 esclavos, de una población total de 28 706 ha-
bitantes y cuya producción ascendía a 641 600 arrobas de azúcar.e3
Al compás del florecimiento económico se remozaron las vie-
jas casas y se levantó la arquitectura trinitaria del siglo )lX. Hacia
lB27 erala ciudad cubana de mayor número de casas de mamposte-
úa y tejas por habitantes, y superó, inclusive, a la Habana intramuros:

PoBLAcroN cAsAs DE mnmposreRf¡ HABITANTES HA8/CASAS


Y TE'AS

Trinidad 'l 357 12 542 9,2/1


Puerto Príncipe 430 49 012 't13/1
Sancti Spiritus 177 10 799 61/'l
Bayamo 582 7 486 128,6/',1

Remedios 2'l 5 231 249/1


Santiago de Cuba 1 e59 26738 25/1
La Habana ¡ntramuros 3 671 39 980 10,8/1

Sumándole las 467 viviendas de emba¡rado, tabla, teja o gua-


no, el caserío total de Tfinidad era de I 824 casas.s
En estos años se construyeron las viüendas más destacadas
del conjunto. Entre ellas, los llamados palacios de Brunet, de Cante-
ro, de Béquer y de lznaga, símbolos materiales de la transformación
provocada por el surgimiento de grandes capitales. El nuevo rico tri-
nitario se reafirma en la exteriorización de sus riquezas. surge el lujo
deslumbrante que caracteriz:rrá la arquitectura doméstica de la pri-
mera mitad de la centuria. son casas en las que se utiliza un fastuoso
amoblamiento, en el que se conjugaron muebles criollos con otros de
importación y diversos objetos de carácter funcional o decorativo:
lámparas, guardabrisas, búcaros, alfombras, cortinajes y demás.os No
es casual que losé Mariano Borrell decidiera construir el después lla-
mado Palacio de Cantero enlB2T,momento en que su ingenio Guái-
maro lograba la cifra de producción más alta del mundo en su época:
82 000 arrobas de azúcar mascabadaypurgada.oo
DESARRoLLo HrsróRtco Y coNsollDAclóN URBAilA

La formulación de las viviendas segrln la clase que la constru-


ye se hizo menos simple. En la propia época se tuvo conciencia de la
categorización de la casa, de acuerdo con su importancia económi-
ca. Por un documento de 1840 se conoce que, de las I 454 viviendas
existentes enTfinidad, 99 se consideraban de primera clase (casas de
mamposteúa y teias, de dos plantas o con un alto), 190 de segunda
(casas de mampostería y tejas, de una planta) ,295 de tercera (casas
de mamposteúá y embarrado o sólo de éste), 399 de cuarta (casas de
tablas y tejas) y 47I de quinta o de pobres (casas de tablas y guano),67
clasificación que revela una mayor complejidad de la organización
socioeconómica de la ciudad.
En la actualidad, el buen estado de conservación de la mayoría
de las üviendas permite constatar la naturaleza de la diferenciación
aludida y, también, el hecho de que la distribución orgánico-funcio-
nal de las üviendas coincide en todas la categorlas. Si comparamos
entre sí las casas pertenecientes a cualesquiera de los grupos mencio-
nados, podrán advertirse diferencias dadas por los materiales de
construcción, la escala o el lujo de la realización, pero se verá que to-
das fueron erigidas segln un tipo arquitectónico definido en el trans-
curso del tiempo, lo que constituye el rasgo fundamental del conjun-
to y determina la fisonomla de la ciudad.
En los primeros cincuenta años del siglo )flX se produjo un
violento proceso de ocupación y modificación del área urbana, cuyo
saldo final se reconoce en la conformación de un conjunto urbano
cuyos perfiles son más precisos, quedando atrás la etapa de creci-
miento espontáneo, a tenor del nuevo rango económico de una ciu-
dad que responde a los nuevos tiempos signados por el azl:car.I-a
población aumentó considerablemente (cuadro 1). En 1841, el valor
de la importaciones fue de $ 942 661, 00; el de las exportaciones de $l
157 571,00, lo que representa un movimiento monetario de $ 2 232
000,00.68 cinco años más tarde, Tfinidad alcanza la mayor cifra de su
historia azucarera: 669 192 a¡robas de az(tcar, más de 37 000 arrobas
de mascabado y raspadura, y 11 T2?bocoyes de miel que, unidos con
las 13 174 arrobas de café y las 2 933 de tabaco, mantuvieron a la zo-
na en el cuarto lugar en importancia económica de la Isla.6e
u TR|NIDAD DE CUBA, pATRtMot{to DE LA HuMAN|DAD

Cuadro 1. Crecimiento de la población 1ZZ4 - 1993

35.000

30.000

25.000

€ 20.000 #
ss
U
(t
15.000
ffi
o
ó-
10.000 #

5.000

0
1827 1846 1851 1860 1880 1883
A ños
El intenso tráfico comercial determina el punto de atracción
de la expansión urbana: el puerto de casilda. con insistencia se pro-
ponen y realizan en estos años intentos de mejorar el muelle de em-
barque y el camino del mismo, proyectos queadquirieron gran im-
portancia para el desarrollo de la ciudad. Ia calzada hacia casilda
co-
menzó a construirse en lBlT y se concluyó, propiamente, en l8Tg,zo
cuando se prolonga la llamada Alameda de Conóha (ilus. t2), erigida
entre l84l y tBS6:

ll
12. Reconstruccíón de laAlameda fu Concha
DEsARRoLLo HtsróRrco y co¡¡solrDAcróN URBANA 35

I"a calzada [...] podró wr de uelnte wras de ancho, qudando un sobrante en eI


acnnl camino de otras ueinte o sea diu de cadaldo: de qtas dia
tomarónse
nay media para portala quelnn de lleuar precisamente un mismo archo,y de
Ias resnnta formar callcs con la expresada calzada, de suerte que el alto del
muro de contención de &ta juegue con el pavimento de aquélla. EI sitio para
formar los edifrcios, *rón nlares que irón dando los dueños de terretws que es-
tén en contacto con el indicado camino. Debe [...] nmbün formarce urn ala¡ne-
da de sólo nutngos que se colocarón a poca disnncia del predbho muro [...].7r

Es evidente que
para entonces se te-
nía una cierto con-
cepto de la programa-
ción urbana. El pro-
yecto de la nueva po-
blación de Casilda se
concibe como una
cuadrícula perfecta,T2
(ilus. 13) al igual que
el de las poblaciones
que surgen desde fi-
nes del siglo XIZIItales
como Santa Clara
(1690), Matanzas
(1693), Cienfuegos
(18r9) y Cárdenas
(lB2B), entre otras,
cuyo tf¿rzado regular
garantizaba una me-
jor articulación fun-
cional y un más alto
nivel estéüco (ilus. 14,
15, 16 y 17). En 1829,
los comisarios de ca-
13. Pbno de b pblación de C.6ild4, reandro ful Plano
lles estiman que es in-
hidrogrófrco, topogrdfico de los tres puertos de dispensable que en la
Trinidad, levantndo pr José dcl Rlo, aumentado en 1M9 nueva población de
por Ramón Lawllée y dibuiúo pr Rafael Rodrlgw'. Casilda,
C,opbtuI83.
36 TR¡T{IDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMAN¡DAD

14- Plano topogrófico, histórico y audtstieo de la uilla de santa clara, reatido por
Iuan dc Dios Gattorno, IB30 (BibllotecaNactotallosé Marü).

15. Plano topogrófrco de la ciudad de san carlos de Matanzas, realizado por Rafacl
Rodrlgua,, 1842 (Bíbliateca Naciotal José Martí).
DEsARRoLLo H¡sróRtco y coxsoltDActóN uRBANA 35

La calz¿.da [...] pod.rá ser de veinte tnras dc ancho, quedando un sobrante en el


acntal camino de otras ueínt¿ o su dia, de cada lado: de e5,tas dia se toÍarón
fiesy media Wra portala qrrclwn de llcvar precisamenteunmlsmo aruho,y de
las restanta fonnar call¿s con la expresada calzada, de suerte que el alto dol
muro dc antetrción de ésta jueg& con el pavimento de aqu¿ila. El sltio para
fonrnr los edificios, srdn solarq qru irón dando los dueños dc tenenos que es-
tén en contacto con el índicado camino. Debe [...] tambtén formarse utw alame-
da de sólo mangos que se colocarón a poca distancia del predicho muro [...].7r

Es evidente que
para entonces se te-
nía una cierto con-
cepto de laprograma-
ción urbana. El pro-
yecto de la nueva po-
blación de Casilda se
concibe como una
cuadrícula perfecta,T2
(ilus. 13) al igual que
el de las poblaciones
que surgen desde fi-
nes del siglo Xl4tftales
como Santa Clara
(1690), Matanzas
(1693), Cienfuegos
(1819) yCárdenas
(lB2B), entre otras,
cuyo tr¿rzado regular
gamntizaba una me-
jor articulación fun-
cional y un más alto
nivel estéüco (ilus. 14,
15, 16 y 17). En 1829,
los comisarios de ca-
13. Plano de b pblrción de @silda, reMro tul Plano
lles estiman que es in-
hídrogrófico, topogrófico de los tres puertos de dispensable que en la
Trinídadlewntada por José del Rto, aumentado en 1849 nueva población de
por Ramón Lawllée y dibujdo por Rafael Rúfgua'. Casilda,
C-apiadc 1ü3.
36 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

14. Plano topogrófico, histórico y estadfstico dela uilla de Sann Clara, rulimdo por
Juan de Dios Gatnrno, 1830 (Biblioteca Nacional José Martl).

15. Plano topográfico de l¿ ciudad de San Carlas de Matanzas, reatiud.o por Rafact
Rodrfgua,, 1842 (Bibliotua Nacional José Martf).
DESARROLLO HISTóRICO Y CO'{SOLIDACIóil URBANA 37

16. Plano de la uitla d'e Cienfuegos, ruliz.ado por Neio Helvuio Innie¡ 1839
(B iblio teca N aciornl Jo sé Martl).

17. Plano de Ia pobtación de Córdenas, realizado por José López y Martlnez'


I 852 Biblio tz ca Nac ia nal Io sé M art0.
TRtt{tDAD DE CUBA, pATRtMoilto DE LA HUtrtAiltDAD

...cayo rrabrdario se aunpnta cada dta [...] se lwga


u¡u dethución [...] con Ia
lurmasura. anpliud y denzús que rquiere utu poblacün bW Íormada (...)
que ób mayorbrcvedd se procdaalaaperumde las @l1¡orctasy transüer-
sala' dejando vamne y en lugar a propósito tenerc sufvtene pra los dtfuios
ptlblicos que un dl¿ sean nesarios, y ta detnarcación fu b plam ¡...¡23
sc le encarga la ta¡ea al agrimensor Don Francisco Entralgo,
quien debla levantar el plano topográñco de la población. casildaie
proyecta mediante ejes que se cortan en número de T los longitudi-
nales, y de 9 los transversales, dando lugar a 60 manzanas . La,plaza
ocupa el espacio de 4 manzanas, con sus correspondientes B accesos.
Al centro,la calle Real, de mayores dimensionei, como prolongación
del camino que comunica aTrinidad con el muelle.
En el caso de Tfinidad, marcada por su larga historia, no podía
pretenderse la asimilación plena de ros ideales urbanlsticos enbogu.
En el á¡ea ya urbanizada se continuaron los esfuerzos por mejorar la
alineación de las calles y, sobre todo, de impedir q,r" re altárara la
rectitud del trazado. Se abren nuevas vÍas longitudinates y transver-
sales, como fueron el callejón de san cayetano, el del olüdo,las ca-
lles de la Merced, de Angarilla, de Aguacate, de San Diego y de San
Miguel. se prolongaron las de san Antonio, san Iosé, candelaria,
Guaurabo, Boca, Desengaño, Rosario, Colón y San procopio. I_a ciu_
dad tiende a concluir la ocupación del terreno libre que ré e*t".rdío u
sus pies (ilus. lB). Mas el área de fabricaciones aún se encontraba lo-
calizada en la zona alta o en la intermedia, en calles como las de Ala-
meda, Gutiérrez, Desengaño, Guásimas, Urio Blanco y otras, donde
se produjo una violenta suplantación de construcciones viejas por
fábricas de nueva plant4 o remodelaciones profundas de las existen-
tes, que dotaron a la ciudad de un marcado aspecto decimonónico.
I¿'vla clave del desarrollo urbano del sigto.Iffifue la calle de
santo Domingo de la calzada, proyectada desde lg0l sobre las hue-
llasde un camino periférico que bordeaba la ciudad anüguazr I¿ ca-
lle de santo Domingo fue la arteria que comunicó el lhmá¿o camino
de los ingenios, hacia el noroeste de la población, con el camino que
iba aI muelle de casilda, en el sur; calle que, por años, marcó el lími-
te entre la cir¡dad vieja y I a zorrade ampliación urbana, que llegarla a
ocup¿ü un área de terreno de similar dimensión al de la ciudaá vie¡a
(ilus.l9).
DEsARRoLLo HrsróRrco y consolrDActóN URBANA 39

Plano de Ia ciudad dc Tfínidad, con indierción fu su procao de evolttcíón urbana,


18.
en negro, rulclco origirnrio; en rayad,o, el crecimlento en Ia segunda mítad del siglo
X||III; en blanco, la exwnslón en el XIX.

ilt¡¡c
a¡tta, ü ,

19. Ptano topogrófuo, histórtco y atadkttco de la ctudad de Trinidad, ¡wlizado


prRafulRúfgtu,1a2.
TRIiltDAD DE CUBA, PATRIMoI{Io DE LA HUMAIIIIDAD

Hacia 1840, Ttinidad había conformado el núcleo fundamental


de su entidad urbana histórica, formado por 4l calles clasificadas en
primarias, secundarias y terciarias (ilus. 20). Las primarias o princi-
pales estaban representadas por las 14 vías que comunicaban la ciu-

TRINIDAD

t r .'
5,jrtc'".- ¡ ,

i:\
'Fo , . "'c.
t-r .;""p "

20. Plano dcl Centro Histórico Urbano de TTinidad, señ¿ladrc en negro la mna y las
edifuaciona de ma¡tor wlor.
dad con su entorno y que fueron las de Gutiérrez, con 130 viviendas;
de Amargura, con 63; de Real del ligüe, con 53; del Desengaño, con
90; de laAlameda, con 58; de Jesús María, con 73; de la Boca, con 7I;
del Rosario, con 66; de San Procopio, con77; de Colón, con 69; de
SantaAna, con 62; del Carmen, con 86; de Santo Domingo, con 58, y
de Chanzonetas, con 55. I^as secundarias funcionaron como medios
de interrelación entre las vías principales, o fueron ejes cuyo creci-
miento se detuvo por los desplazamientos de los puntos de atracción
de la erpansión urbana. I^as calles secundarias fueron las de Media
DESARROLLO HISTóRICO Y CONSOLIDACIóN URBANA 4l

Luna, con 25 viviendas; de Encarnación, con 33; de Convento y San-


to Cristo, con 15; de Gracia, con27; de Guásimas, con 42i Nueva, con
33; Guaurabo, con 34; Lirio Blanco, con 40; de la Gloria, con 37, la
y
de San Iosé, con 30 viviendas. Calles conformadas por una, dos o tres
cuadras, en realidad callejones, constituyen las vías terciarias, que
actuaron como medios de comunicaCión entre vías secundarias o
entre primarias y secundarias, Y Que, a la postre, configuraron peque-
ños aicesos. Estas fueron las de laPaz, con 2l viviendas; de Chichin-
quirá, con 20, de Mercedes o Merced, con22; de Borrell, con 11; de
il.orut, con 12; Candelaria, con 13; de Pimpollo, con 8; de Dolores'
con l0; de Peña, con 3; de Cañada, con 5; del Olvido, con 6, de Sacris-
tía, con 2; de San Cayetano, con 4; de San Luis, con 3; de Biscarro' con
3; de Segarte, con 2 viviendas.Ts Esta clasiñcación estuvo sujeta a
transformaciones por el posterior desenvolvimiento de la ciudad, en
tanto que algunas vías de escasa concentración urbana en 1840' ta-
les como las de Mercedes, San Cayetano, Borrell y otras, experimen-
taron en peúodos posteriores un acrecentamiento en extensión y
concentraiión que las dotaría de otra calificación urbana'
Sin compromisos con trazados previos, el terreno ubicado ha-
cia el este y el ludeste de la ciudad se convirtió en el área de expan-
sión urbana, parcelándose en manzanas de trazado regular o a modo
de cuadrícutá (itus.2l). En 1841 surgen nuevasvías, nominadas
acor-
la Re-
de con los ideales del Liberalismo de la época: delTérmino, de
forma, de la unión, de la Lealtad, de la concordia, de I¿s casas, de
Carrillo, de la Empresa, de América, de la Amistad y de la Constan-
Isa-
cia.zoDentro de sui límites se delinearon las plazas de Marte y de
bel II.
En\842se comunica la calle de Iesús María-que se transfor-
maría en la principal arteria comercial de la ciudad- con la de la Bo-
ca y se decüe r.rbdi.ridi.la ciudad en seis barrios "...en lugar
de los
.,rátro que actualmte esisten, tirándose una línea de Este a Oeste por
toda la catte de Gutiérrez y dos de Norte a Sud por las calles del De-
sengaño y san Procopio ...".77 Segrln el plano topográfico levantado
porlrancisco L,avallée en 1841, la ciudad se extendía ""'en una su-
perficie de 27 caballerías de tierra, comprendiendo en su área terre-
pues
nos y solares yermos que se hallan dentro de los límites de ella;
h pá,rte bien poblada es de ll cuatro quintas caballerías con 7 500
varas de perímetro [...]".tt
42 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoI{Io DE LA HUMANIDAD

21. Plano de Trinidad, realizado por Fratwisco l"auallée, ISZS


(Biblioteca Naciarwl José Martl).

Estos años fueron testigos del embellecimiento de la ciudad


gracias a la ejecución de diversas obras públicas y de ornato, que
fun-
cionaron como los centros puntuales de la atracción urbana. -casi
to-
das la obras realizadas en la primera mitad del siglo xrxestuvieron
vinculadas a la sociedad patriótica, fundada en tg-lg e integrada por
los principales hacendados y comerciantes de la localidaL son
los
apellidos de lznaga, SarrÍa, Cantero, Brunet, Malibrán, Béquer,
Sán_
gh.ez, Bonell y otros los reracionados con los esfuerzos poihacer de
Trinidad una ciudad comparable a la capital del pals. son los üentos
del lluminismo que inciden sobre la ciuáad.
El principal desplazamiento de la atención urbana consisúo
en
la erección de la Plaza de carrillo, en 1840, como culminación del
proceso de poblamiento de la zona sur de la ciudad (ilus.
22). La nue-
se sitúo en la prolongación de la calle de Iestls Marfa, y al
\Vlan
frente de la iglesia de san Francisco de paula construida en lg0g. Fue
calificada por Francisco l¿vallée como:
DESARRoLLo HrsróRtco y coNsoltDActóN uRBANA 43

22. Plaz¿ de úrrtilo, tomada de Samuel Haz¿rd, Cuba with pen and pencil, 1873.

...1a más nonbLe y la más corcunida por el ameno jardln público con sus callcs
enlosadas, rejas de hieno, con hermosa gloricta al centro, la estatua d.e Terpsl-
core y sus corresryndientes asíentos para la comodidad de los concunentes, bas-
tante numerosos en los días o noches de mtTsica de Ia banda milinr [...].79
En los alrededores de la nueva plaza existían con anterioridad
el Hospital de Mujeres, el Mercado Prlblico, aljibes y, finalmente, en
1857, se levantó en uno de sus costados el nuevo ediñcio de Gobier-
no o Ayuntamiento.
los esfuerzos por mejorar el aspecto de la ciudad se completa-
rían con la construcción de la calzada de la Ermita de la Popa en
1849, la construcción de un parque en la antiguaPlaz.a Mayor, con
enverjados y pavimentos de losas bremesas, y bautizado con el nom-
bre de Plaza Serrano (ilus. 23), y la inauguración de la Alameda de
Concha en 1856. Mas, a escala urbana, el principal empeño consistió
en la pavimentación de las calles con cantos rodados, comenzada en
1820. En 1B3B el empedrado había cubierto 62 056 varas planas de
calles y plazas, entre las que se encontraban laplaza' de SantaAna y
las calles de Boca,Alameda, Real delligüe, Colón, Rosario, Gutiérrez,
4 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMOT{IO DE LA HUMANIDAD

23. Plaza de Sena¡w, tomada de Nomenclator comercbl, agrkola, indusnial, artes y


oficios y directorio general para 1884-1885 de la bla de Cuba, Méxíco y principal-
comercio de NueuaYork, 1884 .
Cañada, Gloria, San Procopio, Jesús María, Merced, Santo Domingo
Desengaño y SantaAna. Es decir, que se había logrado pavimentar ca-
si toda la zona alta de la ciudad, donde existía una mayor concentra-
ción urbana. Hacia mediados del siglo se concluye este esfuerzo y se
inicia el embaldosado de las aceras, con losas bremesas, llamadas así
por venir como lastre en barcos procedentes de Bremen, Alemania.
Los proyectos de instalar el alumbrado de gas se perfilan des-
de 1857, como susütución del de aceite, existente desde 1838. El
alumbrado de gas cubrió 6 millas de cañerías, distribuidas en las ca-
lles de San Procopio, Colón, Rosario, Desengaño, Boca, Guaurabo,
Candelaria, San Iosé, Santa Ana, Amargura, Segarte, Convento, Santo
Domingo, Guásimas, Real del Iigüe, Media Luna, Encarnación, Nue-
va, Gloria, Alameda, Gutiérrez, Iesús María, Carmen y las plazas de
Serrano fuera inaugurado en 1859-, de Carrillo y de Isabel
-donde
II.eo Los faroles de las calles fueron colocados sobres pescantes en las
paredes de las casas, y los de las plazas públicas "...sobre pilares de
igual calidad yvalor a los de las Alamedas de la Habana [...] debiéndo
además tener sus mecheros o quemadores de la misma clase y tama-
ño que los de la Capital [...]".ut Se instalaron 209 faroles. Thmbién,
desde principios del siglo, se hicieron esfuerzos por construir un
acueducto.s2
DESARRoLLo HIsróRtco Y coNsoLlDAclóN URBANA

A estas medidas se sumaron muchas otras tendentes a organi-


zar los servicios comunales. En 1829 se determinan las vías para la
circulación de vehículos y ganados que "...no podrán atravesar las
calles del centro de la ciudad [...] nunca de la Plaza de Paula para lo
interior [...]".83 Se fijan los lugares para los basureros comunales en la
Ba¡rancaVieja, el depósito de la pólvora, la cañada del campo de la
Horca, los confines de la calle Borrell, los terrenos próximos al cuar-
tel de Dragones, la cañada de Niebla y los extremos-de !a calle de Gra-
cia; se ptohibe terminantemente la iabricación con techos de guano
y se dictan inrrumerabies y repetidos bandos con las miras de man-
tener el aseo y ornato de la ciudad.e¿ Medidas que, en general, origi-
naron gastos que fueron sufragados por los propios pobladores de la
ciudad,
...señalando [...] sobre los alquilera de casas calculados en ueinte mil pesos
mensuala eI seis por ciento é igml asigrucíón sobre toda clase de esnbleci-
mientos de indnsfiiay comercio [...] con cuyo producto se podrón sostener dos'
cientAs cinct@nnfarolas grad.uadas a sekcíentos pesos, doce serenos y un cabo
en trecientos pesos, tres carros para basura en ciento y quinientos que se datí-
wm paral.as atencionq de bomberos. [...].85
En estos años se levantaron varios edificios civiles que, junto
con aigunas viviendas de not¿blesdimensiones, rompieron la uni-
dad dJescala del conjunto. Entre otros, vaie destacar ei riel C,oricc, el
de laAdministación de Rentas Reales (1827) demolido,la Cárcel Pú-
blica (1844), la Beneficencia y otros más. Construcciones militares
como el Cuartel de Dragones, emplazado en el lugar que ocupara un
antiguo barracón de esclavos existente en la cercanía del camino ha-
cia Casilda, donde eran cuafentenados y luego vendidos; el Cuartel
de Infantería y otros de menor cuantía, convertirían a Tfinidad en
una pl.va fuerte, acorde con su importancia económica y política.
Era Trinidad una ciudad de espacios ocupados. Se pobló, por
demás, de una serie de establecimientos que satisficieran las necesi-
dades materiales e intelectuales de la población. El azítcar creÓ nue-
vas formas de pensamiento, de relación social, de amoblamiento de
las casas, de vestuario, de alimentación. Al servicio de estas deman-
das, la ciudad desarrolla su entidad económica mediante el surgi-
miento de una serie de instalaciones artesanales, comerciales, de ser-
vicios y otras, que se concentraron en las calles de Gutiérrez, Jesús
Maúa, Boca, Desengaño, Rosario y Colón, centro comercial de la épo-
46 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HuMANIDAD

ca. En l858,Tfinidad contaba con 57 establecimientos artesanales, 74


comerciales
-de víveres, ropas y enseres-, 3 culturales y educacio-
nales, 9 de gobierno y militares, 4 de salud y beneficencia, 59 de ven-
tas de comestibles, 3 de expendio de frutas y legumbres, ll de servi_
cios generales, 4 de servicios profesionales, 4 ináustriales, 2 hoteles y
hospedajes, 4 iglesias, I cementerio, 5 plazas, 2 plazuelas y Z paseos y
alamedas.s6
Tfinidad fue ciudad de volantas y quitrines, con sus negros
-¿niftimados; don<ie aiguilcs hablan francés y conocen de Eur:opa
como de su país; lugar que importa tocio io que necesrta-; qr¡e en lB20
publica su primer periódico llamado La corbetavigilante,más tarde
EI correo; que en 1856 edita una de las pocas reüs1as fiterarias v de
ciencias del país, LaAbeja, cuyos colaboradores representan lo mejor
de la intelectualidad cubana de la época. eue eñ su teatro Brunet
(1840) actúan las mejores compañías que pasaron por
cuba; ciudad
cuyas sociedades de recreo Filomática y I.a Filarmónica
-Lade la cultura, que tendría
(L842)- serían centros promotores
su me-
cenas en la figura de Justo Germán Cantero, dueño de a imprenta,
del
teatro, del periódico, prot€ctor de artistas locales y foráneós y gestor
económico e intelectual del famoso libro ros ingenios,con ütó{rafias
de Eduardo I-aplante; población que recibe a
lersonalidades de la
culfura y de la ciencia como Alvaro@uan Gundlach, Gertru-
---+isffirezte ¡velláedá, plácido, Ramón de la sagra y muchos oüos.
Y que al decir de este último es
...fulllsima y pintoresca: la pendiente de sus calls empedradas tas cotaerva lim-
pias y el cnserlo es generalmente aseado y vistoso. Descuellan en é1, de un modo
notable ylusn sorprendente, varias habitaciones de familias pudient*, en las
cuab senot4 adetnás d.e I¿ bellaa de l¿s construcciones,la ostentarión d¿ un
lujo qw pasa a prodigalidad en una población pape-na t...l.az
sin embago, Trinidad era un lugar de fuertes contrastes. El pro-
pio La Sagra expresa que no "...es dable describir, al que no las haya
visto, la elegancia de aquellas moradas, pues -compar"dar a la gene-
ralidad de las otras, parecen llevadas allí de capitates opulentas, para
hacer contraste con la sencillez y la miseria t...l".ae Fuela ciudadque
obligó a emigrar al eminente músico Lico Jiménez (rBSr-r9I Z), por
su color negro; la que ignoró al poeta-esclavo Ambrosio Echemendía
(1843-?), conocido por Mácsimo Hero de Neiba.
En medio del esplen-
dor estaban presentes las señales de la ruina, pues se hacía eviáente
DESARRoLLo HtsróRtco y coNsoLtDAc!óN uRBANA

que una sociedad ubicada históricamente entre el esclavismo y el de-


sarrollo burgués tenía que desaparecer.

1.3 Tlinidad se detiene en el tiempo

Muchas fueron las causas que intervinieron en la fractura eco-


nómica deTrinidad en los mediados delsigloXDf, pero la fundamen-
tal estuvo relacionada con la dependencia azucarera de su vida eco-
nómica. Hacia 1840,las posibilidades de explotación delValle de San
Luis se encontraban agotadas, tanto en lo referente a la fertilidad de
los terrenos cultivados y cuyo contexto ecológico
-irracionalmente
había sido muy alterado por la tala indiscriminada de los bosques,
como por lo tocante a tierras disponibles para la extensión y aumen-
to del culüvo de la caña. Se produjo, por lo tanto, un éxodo de capi-
tales y de población hacia otras regiones Spiritus, Sagua la
Grande y, sobre todo, Cienfuegos-, en busca -sancti
de mejores condicio-
nes para la inversión de capitales.
La imrpción del azúcar de remolacha en el mercado interna-
cional, cuyo proceso de producción industrializado aseguraba un
menor costo y mejor calidad, provocaría una desigual e insuperable
competencia entre los productores cubanos y los europeos. Los ha-
cendados criollos tuvieron que optar por la industrialización o el
mantenimiento del ya obsoleto status esclavista. Algunos trinitarios
pudientes como Iusto Germán Cantero, tratÍ[on de mejorar las con-
diciones de la producción de azúcar mediante el uso de recursos téc-
nicos más modernos y capaces. En 1843, Cantero instala el tren De-
rosne en su ingenio Güinía de Soto, uno de los principales del valle,os
pero la mayoría de los existentes contaban con medios de produc-
ción semimecanizados o consistían en simples trapiches movidos
por bueyes. Y sus dueños no contaban con el capital necesario para
la modernización de sus ingenios. En consecuencia, los hacendados
trinitarios opt¿uon por el mantenimiento de la esclavitud.
Pero, como bien ha demostrado Manuel Moreno Fraginals, la
esclavitud erauna solución suicida,eo aunque fuera defendida por los
pensadores locales como "...una institución divina establecida por
Dios [...]".et El alto precio del esclavo, unido a las dificultades para
mantenerlo y adquirirlo, obligó a la utilización del llamado proceso
de "desmanufacturación", consistente en liquidar las etapas finales
48 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoN¡o DE LA HUMANIDAD

de la producción de azítcar, transfiriendo los esclavos que trabajaban


en ellas a las etapas restantes. los ingenios del valle comenzarán a
dejar de elaborar az(tcar blanca, limitándose a producir la llamada
"azúcar concentrada', o bien el mascabado, en beneficio de refinerías
extranjeras. A pesar de esta simplificación, el costo de la producción
se elevó a cifras imposibles. De año en año, las deudas de los produc-
tores aumentaban, sometidos la ausencia de bancos- al capi-
-por
tal comercial que llegó a controlar los ingenios del valle, aún los más
poderosos. Después de 1840, casi todos los ingenios se encontraban
refacccionados en condiciones desventajosas. A la firma alemana de
Fritze y Compañía pasaron, entre 1850 y 1880, los ingenios principa-
les: Buena Vista, Corojal, Güinía de Soto, Las Bocas, San losé de la
Cruz, Santo Cristo de los Destiladeros, La Caridad yAlgaba. Otras, co-
mo la de Guillermo Schmidt, controló Manacas-Iznaga, San Iosé de
Aracas, Guáimaro, San Francisco y Las Cañas. Los españoles Ferniin-
dez, Choperena y Zulueta dominaban Santa Elena, Aracas, Sacra Fa-
milia y Las lajas. Comerciantes peninsulares y extranjeros que termi-
naron por asumir el control económico de la producción de azítcar
delValle de San Luis.
[¿ crisis económica mundial de 1857 agravaría una situación
sin salida. Un año antes se había inaugurado el ferrocarril entre Ca-
silda yTrinidad, depositándose las mejores esperanzas en el proyec-
to de prolongación del mismo: si se lograba un menor costo en las
transportación del Múcar,la producción podría llegar a ser rentable.
Pero el camino de hierro entre deudas- se vió frustrado
-nacido
desde los inicios, ante la imposibilidad de reunir el capital necesario
para construir la línea entre el puerto ylazona de mayor importan-
cia azucarera y Palmarejo- que, continuada hacia
-Caracusey
Sancti Spiritus, hubiera puesto en contacto a la ciudad con la capital
de Cuba. l,anzados a una empresa que superaba los recursos dispo-
nibles, el trazado del ferrocarril se desvió hacia el pequeño valle de
Güinía de Soto.
En 1860 existían en la jurisdicción 44 ingenios
-2 mecaniza-
dos, 32 semimecanizados y l0 trapiches-, cuya producción de azít-
car blanca había disminuido a 152 877 arrobas.e2 Planteada la crisis,
el apoyo de los trinitarios a la gesta emancipadora del 68 vendría a
ahondarla. Comandados por Federico FernándezCavada, el famoso
general Candela, las partidas insurrectas incendiaron los ingenios y
DESARRoLLo HtsróRtco Y coNsollDAclóN URBANA

fincas que servían de base a los españoles. la producción se afectó


sensiblemente por la situación de guerra del pals. Al término de la
contienda quedaban 16 ingenios. En 1893, en un esfuerzo por supe-
rar la crisis, se funda el central Cañamabo, primera tentativa de cen-
tralización azucarera. Sin embargo, el bajísimo precio del azúcar'
después de 1884, impidió la recuperación económica de la región. En
1889, la producción se redujo a 3 000 bocoyes en los 8 ingenios que
aún se encontraban laborando. Al expirar el siglo, el norteamericano
Edwin F. Atkins inicia otra etapa en la historia azucarera de la zona,
con la creación del central Trinidad, controlado por The Trinidad Su-
gar Company.
L,a paralización económica deTrinidad en el último tercio del
siglo XXafectó todas las actiüdades. Amrinada la fuente del moü-
miento monetario, se produjo una crisis de trabajo que obligó a emi-
grar hacia otras zonas, y aún hacia el extranjero, a numerosos obre-
ros, calculados entre I 500 y 2 000.e3 Se paralizó el tráfico comercial
del puerto. Cesó de circular el ferrocarril. Quebró la compañía de
Alumbrado Público. Cerraron sus puertas inirumerables estableci-
mientos. Terminaron las representaciones teatrales del Brunet. De-
tiene la ciudad su crecimiento.
Trinidad quedó reconcentrada en sí misma, sumida en la ma-
yor pobreza y en un casi total aislamiento. Con acierto, Manuel Mo-
reno Fraginals la ha calificado de "viejo cadáver azucarero". Levanta-
da gracias al az(tcar,le debe, también, su fijación histórica.

NO(IAS

Por Real Cédula del 4 de mayo de 1534 se ordenó que los vecinos "..'que tuüe-
sen indios encomendados hiciesen casas de piedra o tierra...", en Ramón de la
Sagra, Hismria frsica, pohtim y rntural de la Isla de Cuba, t. U, p. 35.
Véase Alicia García y otros, "Fuentes y antecedentes de la arquitectwa tradi-
cional cubana', Revisut de b Biblioteca Naciotnl losé Martl, año 74, mayo-
agosto, 1983, pp. r45-r8r.
En 1568 llegó a Cuba el Oidor de la Española, Alonso de Cáceres y Carvajal'
quien redactara las primeras Ordenanzas Municipales, en las que se estable-
cía, en otras muchas disposiciones, la del trazado regular para las nuevas ciu-
dades.
50 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HuMANIDAD

"ReaI Cédula a Diego Velázquez encargándole haga nuevos pueblos,


ennoblez-
ca la villa de llinidad y procure bastecer de pan y came a castilla del oro, na-
te bien a los indios y devuelva a la Española los que allí huyeron', 14 de octu-
bre de 1514, en colección de documentos ittéditos relatiws at desatbrimiento.
conquistay org^nización de las antiguas posesiona de Illtramar. Isla fu cuba.,
t. III, p.5.
A esta circunstancia le achaca Femando portuondo el traslado de Trinidad, ini-
cialmente fundada en las cercanlas del rÍo A¡imao y posteriormente situada
donde se encuentra en Ia actualidad. véase del citado autor ,,El primitivo
asiento de Tfinidad" en Estudios dc historia de Cuba,pp.24-28.
A¡chivo Nacional de cuba (A.N.c.). Fondo Academia de la Historia. ,,Real cé-
dula para que si lo creyere bien DiegoVelázquez se haga oüa casa de fundición
en Tlinidad", 7 de no¡iembre cie l5l8, caja 30, nim.242.
Biblioteca Nacional José Martí (B.N.I.M.). Departamento de Colección Cuba-
na. "Información hecha por Ayllón en la Ttinidad",2r de noviembre de 1520.
(Copia mecanografi ada).
"Relación del estado en que se hallan las islas Española, Fernandina y santia-
go, presentado al Consejo de Indias por el bachillerAlonso de parada, con pro_
puesta de acudir a su remedio introduciendo negros esclavos",1527,en col¿c-
ción dc docu¡nentos inéditos..., t, l.
7 'Información hecha por Ayllón...".
U fuchivo Generai de Indias (A.G.I.). Fondo patronato. "Informaciones hechas
por el gobernador de la Isla Femandina, Manuel de Rojas, sobre el estado de
dicha isla', 1534, Ieg. 177, documento l, ramo lg.
9 "Información hecha por Ayllón...".
l0 Ibid.
II la polémica enae Tiinicad y sancti Spiritus originó una abundante documen-
tación. En febrero de 1532 se le imputa a Gonzalo de Guzmán el que debido a
a dluersidad que ha habüo en los mandamicntw quc lu dado que b vilb de la
Tlinidad se pasase a la villa de Saneti Spiritus y otra va, a Ia vUb de h Ttintdad
... lu vectnos d¿ esta últt¡na) han reclbüo
mtuho daño a caus de no luber halw
sus labranzaspor no saber donde hablan de pennanuer y umbün en las idas y
venüas quz lwn heho bs pruurdores a 6ta chtdad a se qtnjar de bs agravios
que de ello reciblan.
En septiembre del mismo año, el licenciadoVadillo le comunica a la Reina que
acerca de'..juntarse las villas de la Tlinidad y Sanai Spiritus, hubo diferen-
cias, y se quedaron sin juntarse .,.', pero no se pudo impedir que r¡n grupo con-
siderable de vecinos se mudaran hacia sancti spirihrs, decisión que provocó el
despoblamiento deTtinidad. En 1544, se ordenaque "...los omamentosyotros
bienes de la iglesia de laTlinidad se pasen a esta de sancti Spiritus, a donde se
han pasado los mas vecinos....".
Véanse,
DESARRoLLo HtsróRtco y coNsoLtDActóN uRBANA 5l

a) Relación de los cargos que resultaron contra Gonzalo de Guzmán, Teniente de


Gobemador que fue de la Isla Fernandina, en la residencia que le tomó el li-
cerrciadoVadillo', B de febrero de 1532, en Colección de documentos inéditos...,
t. il.
b) "Carta del licenciado Vadillo a Ia Emperatriz, participando habe¡ fenecido la
residencia de Gonzalo de Guzmán y cuentas de Tesoreros. Confirma el juicio
que del Gobemador y del Obispo tenlan formado los oficiales reales y el regi-
miento de Santiago. Da noticias de las poblaciones de la Isla. La carta está de-
cretada en el Consejo de Indias", 24 de septiembre de 1532, en lbid.
c) A.G.I., "Informaciones hechas por el gobernador de la Isla Fernandina...".
d) "Carta del obispo al Emperador dando cuenta de que la visita hecha a las villas
e iglesias, y del estado en que se hallan",25 de julio de 1114, en Coleccíón de
documentos inéditos..., t. lll.
12 A.G.I. Fondo Audiencia de Santo Domingo, leg. 99, exp.32 (11 de mayo de
r562).
l3 rbü.
l4 rbid.
l5 rbid.
16 rba.
t7 Véase la descripción que hace Gonzalo Femández de Oviedo sobre las habita-
ciones de los aborigenes de Haiú y la Española, en Hbtoria gercraly natural
de las Indias, pp. lffi - f 64.
IB En el glosario que se inserta al final del tomo IV de la obra de Oviedo se regis-
tra la voz conuco con el siguiente significado:
...heredad, hacienda de campo de reducüas dímenstonu, propia de una familta,
que lacultívaymoraen sucorrespondlcnebuhta.Ta¡nbién en tie¡npos más cerca-
nos el terreno osigrado por las pueedores de granda fincas rurales ó los negtos,
como á tales wufrucfinrios.(Icngns de Cuba y de Haltl).
l9 Fidalgo de Elvas, Expedición d¿ Soto a la Florida.
20 Marfa Teresa Rojas, Indice y e*racns del Archiuo de Protocolos de La Habana.
1 57 8- 1 585, t. l, pp. 243-2M.

2I A.N.C. Fondo Protocolos de Regueira. "Venta de una casa propiedad de Barto-


lomé Morales que vende a Francisco del Poyo escribano prlbüco de esta ciu-
dad, cuya casa es de madera y tejas alto y bajo que compró a Alonso de Rojas,
con un corral y ünda por una parte con c¿rsa y solar de Francisco de Moncayo
Capitán de las galeras del Rey y por las otras con calles Reales por precio de 350
ducados", escritura de sepüembre de 1589. (Documento rasuntado por Nie-
vesArencibia).
22 Véase, Francisco Pérez de la Riva, Origeny régímen de la propiedad territorial
en Cuba,p.49.
23 A.N.C. Fondo Academia de la Historia. "Testimonio de la üsita que hizo a su
diócesis Iuan del Casüllo, obispo de Cuba", 2 de agosto de 1569 a 13 de abril de
1570, caja 80, núm. 35.
52 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoItIIo DE LA HUMAITI¡DAD

24 Escritura del 12 de febrero de 1587, en María Teresa Rojas, op. cit., pp.262-263.
25 A.G.I. Fondo Santo Domingo. "Relación del obispo Fray de las Cabezas Altami-
rano al Rey",22 de noviembre de 1608.
26 A.G.I. Fondo Santo Domingo. "El obispo ahey",23 de agosto de 1608.
27 A.G.I. Fondo Santo Domingo. "Informe del obispo de Sanüago de Cuba, Juan
de Santo Mathia', l0 de septiembre de 1667.
28 Manuel de Albuquerque, gobernador de Tfinidad, era en 1682 el principal con-
trabandista. Véase A.G.I. Fondo Santo Domingo. 'Fernández de Córdoba aI
Rey",6 de agosto de 1682.
29 A.G.I. Fondo Santo Domingo. "Manzaneda al Rey", 4 de septiembre de 1690.
30 rha.
3l "Relación de lo espiritual y temporal del obispado de Cuba, vida y costumbres
de todos sus eclesiásticos, escrita por orden del Rey D. Felipe III, por FrayAlon-
so Enríquez de Armendariz, Obispo de Cuba", 1620, en Hortensia Pichardo,
"Noticias de Cuba', en funtiago, núm.20, diciembre de 1975, pp.7-44.
32 A.G.L Fondo Santo Domingo, 138.
33 Fray Francisco Romero, Llann Sagrado dc la América merüíonal.
En l83l elvicario deTtinidad, JoséJoaquln Polo, hizo una pormenorizada des-
cripción de la anügua Parroquial Mayor, demolida en 1814. Polo expresa que el
edificio tenía "...sesenta varas de largo y algunas quince de ancho ...". En el in-
terior, las naves estaban divididas por "...siete pilares de madera, a cada lado
de su arqueúa fingida de tablas blanqueadas con voceles azules, formando tes
naves angostas .... Tenía en medio de ella un coro con una balaustrada de gra-
nadillo de cuatro luces. A la entrada de la puerta principal, llamada del Perdón,
se levantó la torre.
Véase i{puntes para la historia de la isla de Cub{, en Memorias de la Real So-
ciedad honómba de In Haba¡n¿, Tomo XIII, Ia Habana, Imprenta del Gobier-
no y de la Sociedad Patriótica por S.M., 1841, 80 p.
34 Ramiro Guena, Azúrar y población en lu Antillas, p.37 .
35 Véase Manuel Moreno Fraginals, El íngenio,t.l.
36 Sobre la casa de las Sánchez lznaga, véase la nota 13 del capftulo 2; sobre la ca-
sa Padrón, la nota 57 del mismo capftulo.
37 A.H.T. hotocolos de Tomás Herrer4 escritura del 6 de julio de 1740.
Es tradición que esta iglesia fue construida por narlfragos procedentes de Co-
lombia en agradecimiento por haber logrado salva¡ la vida. Ia iglesia, en efec-
to, üene la misma advocación de la antigua iglesia ocistente en la ciudad de
Cartagena de Indias y que está situada sobre el cerro de Ia Popa que domina
la bahía de esta hermosa ciudad. Como ceno de la Popa también será conoci-
da la pequeña elevación sobre la cual se construyó la iglesita trinitaria y que, al
igual que su modelo cartagenero, desde el mismo se contempla la ciudad.
38 Véase sobre el edificio del Cabildo, cárcel y carnicería: A.H.T. Libro de Cabildo
de 1730, acta del 5 de mayo; Libro de Cabildo de 1750, acta del 29 de mayo y
DESARROLLO H¡STóRICO Y CONSOLIDACIóN URBANA 53

del l0 de julio; Libro de Cabildo de 1756, acta del 13 de agosto; Libro de Cabil'
do de 1757, actas del 9 y 15 de diciembre; Libro de Cabildo de 1767, acta del l8
de sepüembre; Libro de Cabildo de 1776, acta del 22 de noviembre; Libro de
Cabildo de 1789, acta del 24 de abril; übro de Cabildo de l79l' actas del 14 y
del27 de enero; Libro de Cabildo de 1792, actas del 28 de septiembre y del l9
de octubre. Fondo Ayuntamiento, "brpediente que contiene los presupuestos
para la remodelación de los muebles y cortinas para la Sala Capitular de esta
ciudad",29 de octubre de 1839.
39 A.H.T. Libro de Cabildo, actadel 4 de febrero.
40 A.H.T. Libro de Cabildo de 1735, acta del 28 de enero.
4r lba.
42 Ibü.
43 lbid.
44 Recopilación de las leyes de los reínos d.e las Ind¡as, f B4l.
45 El parque público de la Plaza Mayor se inaugurÓ el26 de marzo de 1857. Véa-
se, Museo Municipal de TFinidad, "Dia¡io de Cipriano de Zmquer{, (manus-
crito).
46 A.H.T. Libro de Cabildo de1754, acta del 26 de abril.
Los ejemplos que pudieran enumer.¡rse de casas demolidas para la mejor ali-
neación de las calles serían innumerables, sobre todo las que obstaculizaban
la rectitud de las calles longitudinales, como las de Desengaño, Boca y Rosario.
47 A.H.T. Libro de Cabildo de 1797,actadel2l de abril
48 A.H.T. Libro de Cabildo deL752, acta del 4 de febrero.
49 A.H.T. Libro de Cabildo de 1757-1759.
50 AH.T. Libro de Cabildo de 1773.
5l A.H.T. Libro de Cabildo de1767, acta del lro. de enero.
52 A.H.T. Libro de Cabildo de 1793, acta del 20 de marzn y l7 de mayo; Libro de
Cabildo de 1794, acta del 3l de enero.
53 A.H.T. Libro de Cabildo de 1775, acta del 30 de junio.
54 "Padrón general de la isla de Cuba formado a consecuencia de Real Orden de
lo. de noviembre de 1776", en Revista dc lo Btbliotma Naciond José Martf, ñto
68, núm.3, septiembre-diciembre de 1977, pp. 5-16.
55 AN.C. Fondo ReaI Consulado. "Expediente formado para pedir noticias esta-
dlsticas a las diputaciones de lo interior con objeto de conceder habilitación a
algunos puertos menores de esta Isla', 1795, leg. 7l,núrn.2751.
56 rbü.
57 Véanse a) "Padrón general de la isla de Cuba formado a consecuencia..." y b)
"Expediente formado para pedir noticias estadlsticas..."
58 Alicia Ga¡cla Santana, "Rebeldla esclava en Tfinidad, 1798", Islas, núm. 52-53,
septiembre de 1975-abril de 1976, pp. I27-133.
59 La iglesia de San Francisco deAsís, adscrita al convento de su orden, fue fabri-
cada en el lugar que ocupó, en el siglo Xl1[, la ermita de Nuestra Señora de la
il TRINIDAD DE CUBA, pATRtMot{to DE LA HUMANTDAD

consolación de utrer4 según consta en la Real cédula del 2l de septiembre de


1730, en la que se otorga autorización para la construcción del edificio. Hacia
1770 se había avanzado algo y fue terminado en lgl3 por el alarife cristóbal
Ttoyano. veánse a) A.H.T. Libro de cabildo de 1720, acta del 2 de marzo y b) Eu-
sebio del Niño lestrs, Compendio biogrdfico det rydreValercia, p. 50.
60 A.H.T. Protocolos de Iuan Antonio Muñoz, escritura del 3l de marzo de 1778.
6l A.H.T. Libro de cabildo de 1789, acta del 3 de junio. Véase nota 25, capÍtulo 3.
62 Ramón de Arozarena y pedro Bauduy, Informe praenndo a la lunta de Gobier-
no del Real cottsulado dc Ia siempreful isla dc cufu sobre el atado de ta agri-
cultt'r'ra y elaboración y fureficia de los frutos colonials en b de Jamavca.yéa-
se notas 32 y 37, capíruIo 3.
63 cuadrc aiadlstbo dc la siempre fiel Isla dc cuba conespondicnte al año de
1827.
M Ibü.
65 sobre inventarios de bienes de casas del siglo xxpueden consultarse los si-
guientes documentos: A.H.T. Protocolos de Iosé Mariano de piedra, escritura
del 15 de noviembre de 1802; protocolos de Iuan Matamoros, escritura del 29
de mayo de l8l I y de 13 de marzo de lB28; protocolos de Iuan Matamoros, de
1812, escritura del 15 de octubre de 1809; protocolos de Joaquln Orizondo, es-
critura del 30 de abril de 1849; Protocolos de ManuelAparicio, de lg5g, escri-
rura del 29 de enero de 1828.
66 JosélgnacioEchegoyen, Fabricacióndeazúca¡p.2
67 A'H.T. Fondo Ayuntamiento. "A¡bitrio propuesto por el caballero sfndico para
sostener el establecimiento de serenos y alumbrado que se hacen por suscrip-
ción voluntaria", 1840, leg. 7, nrlm. 1844.
68 Véase datos sobre el moümiento comercial realizado por los puertos cubanos
en Ramón de la Sagra, op. cit., t.II, p. 32.
69 Cuadro estadlstico de Ia sicmprc fiel Isla de Cubo conapondicnte at año de
1846,rU7.
70 nrlm.89,4 de julio de 1828.
ElTelégrafu, año I,
7l Correo deTtinidad,año)Oü, nr1m. 28, lB deabril de l84l.Véase también ElCo-
rreo deTfinidad,afn2T, núm.63, 6 de agosto de 1846.
72 A.H.T. Fondo Ayuntamiento. "Origen de la nuev-a población de Casilda en que
consta que D. AndrésValdespino y Doña Merced Gil ceden cada uno siete pe-
sos de las tierras que tienen en Peralta", leg. 10, núm. f 0, lg2l.
73 A.H.T. Libro de Cabildo de 1829, acta del 23 de febrero.
74 A.H.T. "Solicitud de solar en la calle Nueba que abrió D. Domingo Calsada', Li-
bro de Cabildo de 1801, expediente del lg de febrero.
75 "A¡bitrio propuesto porel Caballero Sfndico para sostener...".
76 Correo de Ttinidad, año )O0, núm. 12, ll
de febrero de 1841. Véase también
A.H.T. Libro de Cabildo de 1841, acta del I de febrero.
77 A.H.T. Libro de Cabildo de 1842, acta del l2 de sepüembre.
DESARRoLLo HtsróRtco y coNsoLtDActóN uRBANA
JJ

7B Francisco lavallée, "ftinidad", en Los tres primeros hktoriadora de Ia Isla de


Cuba,t. II, p.536.
79 rbü.
80 A.H.T. Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 3 de agosto de lg58.
81 Ibi¿.
82 En l80l el Regidor Iosé Fernando Muñoz propuso al Cabildo ,,...e1
proyecto de
introducir el agua en la ciudad qe corra ferülizando las llanadas de Alonso
Siínchez y qe sirva al uso comun de la poblacion y remedio al fatigable traba-
jo qe cuesta dia¡iamente...". En IB22 Luis latour, pofesor de euímica y FÍsica
propone un proyecto p¿ua traer el agua del rio Caballero y forma¡ una fuente
en la Plaza Mayor. En 1839, Iosé Guiraud insiste sobre la necesidad de condu-
cir agua a la ciudad y, finalmente, en 1849, Francisco Lavallée y Iosé Cout pre-
sentan un proyecto sobre la creación del acueducto. Se construirlan aljibes co-
munales en la Plaza Mayor y en la de Santa Ana.
VéaseA.H.T. Libro de Cabildo de t80l, acta del 23 de octubre; Libro de Cabil-
do de 1822, acta del 4 de febrero; Libro de Cabildo de 1839, acta del g de julio
y Libro de Cabildo de 1849, acta del 23 de diciembre.
83 A.H.T. Libro de Cabildo de 1829, acta del 23 de febre¡o.
B4 En lB2l se prohibe la fabricación con techos de guano según consta en las ac-
tas de 20 de marzo y de 25 de abril del Libro de Cabildo de dicho año.
los más importantes bandos de regulación comunal aparecieron publicados
en los siguientes números de El Coneo de Tfiníd"at; 4 de julio de 1835, 30 de
enero de 1836, 28 de febreo de lB39 y 9 de noviembre de 1839.
B5 A.H.T. übro de Cabildo de 1851, acta del 26 de mayo.
B6 A.H.T. Libro de la Mayordomía de Propios, lB5B.
87 Ramón de la Sagra, Hktoriafisica, económíco-política, intetectualy rnoral de la
Isla de Cuba,p.59.
BB rbü.
89 A.H.T. Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 2 de diciembre de l8/;7 .
90 Manuel Moreno Fraginals, op. cif.
9l La uerdad y la teorf.a. Aspectos que ha producido en funérica el cambio de siste-
ma de trabajo,1863.
El foüeto citado se compone de una recopilación de artículos pubücados en El
Coneo,bajo lañrma de Germán, muy probablemente un seudónimo utilizado
por lusto Germán Cantero.
92 Carlos Rebeüo , La Isla de Cuba (Azúcar), f 859-186&-. .-
93 Reuisn de Agritultura, ai¡o D(, núm. 36, 8láípFionb$de.tg89.
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Capítulo 2
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES

Durante los siglos )(vIIIy )e(ocurrieron importantes transfor-


maciones en la arquitectura doméstica cubana. [¿ casa del)(/IIIreve_
la un acusado proceso de adaptación a nuestro medio físico e históri-
co. Durante el )fr/III se seleccionaron estructuras; se precisaron fun-
ciones que terminarían por singularizar la casa criolla, búsqueda que
en el siguiente siglo encontró plena realización.
AI mismo tiempo, las poblaciones experimentaron un atendi-
ble crecimiento urbanístico. En la segunda mitad del siglo xwII casi
todas las primitivas villas habían rebasado el millar de üviendas: La
Habana contaba con 6 rr2, puerto púncipe con 2 26s, Bayamo con I
253 y Santiago de cuba con t 441. Tan sólo Trinidad, con642, Reme-
dios con 739 y sancti spiritus con 863, no habían logrado el desarro-
llo numérico de las otras poblaciones.l Estas cifras sá refieren al total
de üviendas, sin especificaciones sobre la naturaleza de los materia-
les con que estaban construidas. y si bien es cierto que predomina-
ban las fabricadas con materiales pobres, las de mamposieria habían
alcanzado una notable calidad, aún en las poblacionós pequeñas.
Por otra parte, para entonces, el desarrollo urbano no estaba
exclusivamente concentrado en las villas fundadas en el siglo xw.
Desde mucho antes comenzaron a insinuarse pequeñas agrupacio-
nes en determinados puntos del territorio insular que, con ál tió-po,
generaron nuevos pueblos. La hegemonía de las primitivas villas fue
debilitándose ante la presión ejercida por interesLs económicos sur-
gidos en sus jurisdicciones. por la mism arazónnacen en el siglo xwl
ciudades que alcanzarían una real importancia como Santa clara y
Matanzas. En el siglo xlzllsurgen numerosas poblaciones, sobre to-
do en la proüncia de La Habana. Finalmente, en el siglo XX, hubo
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

una verdadera explosión colonizadora en toda la Isla, en especial en


las antiguas provincias de Matanzas y LasVillas, lo que estuvo vincu-
lado al proceso de expansión azucarera.
Analizada en coniunto, la arquitectura doméstica colonial pre-
senta una homogeneidad que supera las lógicas variantes locales. l¿
norma arquitectónica fue común para toda Cuba. Sin embargo, exis-
ten diferencias regionales o temporales de interés. En ciudades de
nueva fundación como Matanzas o Cárdenas, por ejemplo, las vi-
viendas se disünguen de las construidas en pueblos viejos como Tri-
nidad. La casa trinitaria es representativa del proceso operado en las
villas primitivas del interior del país. Y por haberse conservado la ciu-
dad casi sin modificaciones es una extraordinario testimonio para el
estudio de la arquitectura cubana y, en general, la del ámbito del Ca-
ribe hispánico.
Dentro del conjunto urbano trinitario se advierten grupos de
viviendas identificables por la recurrencia de determinados usos ar-
quitectónicos, en determinados períodos de tiempo. En la actualidad
existen, aproximadamente, 49 üviendas fabricadas en la primera mi-
tad del siglo )ffIll, 162 de la segunda mitad de dicho siglo y 295 del
)üX que no presentan modificaciones sustanciales. Para facilitar la
exposición se estudiarán según los rasgos que las definen en cada
unb de los perlodos mencionados.

z.I.La,casa en la primera mitad del siglo )ilII


2.1.1. Cuadro constructiuo delantero y solar

I¿s viviendas más antiguas de Ttinidad corresponden a la pri-


mera mitad del siglo XVII. Existen algunos ejemplares que, por su se-
mejanzacon las casas habaneras del siglo Xt{/, sugieren mayor anti-
güedad,lo que no es posible probar documentalmente, por haberse
destruido las fuentes locales de archivo de los siglos XWy )UII.z Sin
embargo, la imposible precisión cronológico-documental de algunas
casas no afecta lavaloración estilística del conjunto, conformado por
monumentos influidos por las tradiciones moriscas evolucionadas
que, según los estudios realizados por Prat Puig, corresponden a los
años que median entre 1617 y 1730.3 En Trinidad, los rasgos distinti-
vos del grupo se mantienen hasta los mediados del siglo )NIII.
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES

Desde el punto de üsta espacial, en las viviendas de la prime-


ra mitad del siglo WIII se advierten dos variantes. La primera es pri-
vativa de las casas más antiguas. Consiste en una nave o crujía para-
lela a la calle, a la cual está adosada una galería sustentada por hor-
cones. Perpendicular a esta estructura, a un lado o a ambos, otra cru-
jía se prolonga hasta el fondo del solar, a cuyo costado se continúa la
galería. las casas adoptan la forma de un paralelogramo en sentido
de la profundidad del solar.
Un resto muy antiguo que evidencia la importancia de este ti-
po es parte de lo que fuera una crujía perpendicular, presumible-
mente de fines del siglo )UII, no afectada al reedificarse en el siglo
XX)acasa de la calle Real del ligüe núm. 90, de la familia Pablos-Vé-
lez.a La disposición lateral del pedazo conservado, flanqueado por
una galería sobre horcones, manifiesta que la planta original fue en L
oenU.
La casa de la calle Real del Iigüe núm' 93, contemporánea con

ll
la de los Pablos-Vélez, ilustra con propiedad el tipo a que hacemos
referencia.s [.a primera cru-
jía tiene adosada una gale-
ría sustentada en horcones.
Por el costado derecho, otra
crujía perpendicular o mar-
tillo se prolonga hasta el
T fondo del solar, flanqueado

I-l :/
por una excepcional galería
con columnas redondas de
ladrillos aplantillados, so-
bre las que descansan las
soleras (ilus. 24). En otra an-
I
I 'irl i tiguavivienda de la calle del
Iigüe, la número 54, la gale-
I ría descansa sobre los co-
|-i
+ t*l
24. Plonta de Real del ligiie núm.93.
munes y tradicionales gran-
des horcones de madera
que se duplican, en menor
escala, sosteniendo el so-
bradillo proyectado hacia el
Patio.6
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

La segunda variante es en extremo simple. se caracteri zaporra


ausencia del martillo o crujía perpendicular, y también porque
trans-
forma la galería en segunda crujía, al cerrar su ámbito con muros.
Er
resultado es un rectángulo más ancho que profundo, destacado
co-
mo una estructura independiente del pedazo de terreno donde se en-
cuentra enclavada la üvienda. Típico ejemplo de este muy generali-
zado esquema espacial es la casa de ra callé Amargura ntÁl zo, zz y
26, esquina a san Patricio (ilus. 2s), organizada sobre la base
de dos
crujías paralelas Ia una a la otra, y ambas a la calle, sin martillos.z En

25. Plannde
Amarguranúm.
20,22 y 26,
esquina al
callejón de San
Pafficio.

algunos ejemplares, la segunda crujía sólo tiene muro de cierre en


una o dos habitaciones que flanquean una dependencia abierta al
patio por horcones, como se aprecia en la casa de la calle Boca núm.
363 (ilus. 26) o, por arcos, como en la de la calle San losé núm. 274,
esquina a Amargura.s (Ilus. 27)
Si comparamos en lo planimétrico, la disposición de las casas
trinitarias de la primera variante con la de la planta alta de las casas
habaneras del siglo xwI, podría comprobarse la gran similitud que
existe entre ambas. Tanto en una como en otras el espacio se resuel-
ve con una crujía que cuenta con una galería adosada, y, perpendicu_
lares a ellas, los martillos (ilus. 2B). Por el contrario, en la organiza-
ción espacial de las casas habaneras tempranas de una sola planta,
ESTRUCTURAS Y FuNcIoNEs
6l

26. Planta de
Bocanúm.386.

27. Planta dc San losé ruim- 274, esquina a Arnargura.


62 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

28. Planta alto de Cuba


aquirw a Cuarteles,
La Habatw tomoda de
JoaqutnWeLx,
La arquitecturacubana
co lo nial, siglos )(VI/XW I.

1=
J
fr 'i,:./z

[r

29. Plann de San lgnacia


núm.599,
La Habatn, toma.da de
JoaqulnWeiss,
I4 arquitectura
cubarn colonial,
siglos XWD(VII. o¿rt.5
t+-¡
-3.:-'. ..,.''.,)-?.: t -',-
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES 63

como por ejemplo la que exisüera en la calle San Ignacio núm. 559,
es evidente su semejanza con la planta baja de las casas habaneras
de dos niveles, tipo que no tuvo repercusión en el interior del país
(ilus.29).
Las pocas casas trinitarias de dos plantas que hoy existen se
encuentran tan alteradas que reSulta aventurado reconstruir su orga-
nización espacial. A juzgar por la apariencia externa, la casa de la ca-
lle Gloria núm. 236, esquina a Boca constituye un ejemplo derivado
del tipo de dos plantas del siglo XIZI, compuesto por una tienda es-
quinera en la planta baja y, en la alta, una habitación de bajo puntal's
La de la calle Amargura núm. 48 presenta una distribución que res-
ponde a la distribución típica de la segunda variante. No tiene mar-
tillos y, tanto el piso superior como el inferior, están dispuestos en
dos crujías paralelas. En la planta alta, la segunda crujía está abierta
por arcos y, en un costado, tiene una habitación. Ia crujía delantera
forma un amplio salón sin diüsiones, aunque por las huellas existen-
tes en los tirantes del techo puede suponerse que tuvo una cítara de
madera en el centro. Se conoce, también, de la existencia de casas de
dos plantas, hoy desaparecidas. Entre ellas, una importante casona
fue la que existió en la calle Real del ligüe esquina a San losé, cono-
cida en la época como la delVÍnculo de Osorio. De esta casa sólo que-
dan las dependencias laterales del fondo, formadas por una nave cu-
bierta con techo de una vertiente.lo
En cualquiera de las modalidades descritas, la primera crujía
se presenta compartimentada en tres, en dos o en una dependencias.
Si cuenta con tres, la del centro es la de mayores proporciones, distri-
bución que se repite en la segunda crujía, en caso de existir ésta, y
siempre será de menor profundidad que la primera. Ia puerta prin-
cipal o de acceso a la calle se sitúa al centro de la estancia mayor, en-
frentada a un vano adintelado o ¿üco de comunicación entre una y
otra crujía que, a su vez, se encuentra en eje con una puerta comuni-
cante con el patio. Si la primera crujía cuenta con dos dependencias,
una mayor y otra menor, la segunda crujía puede contar con dos o
con tres. La entrada principal, entonces, queda ubicada también al
centro de la fachada, pero a un lado de la estancia mayor, como su-
cede en una casa sin numerar de la calle Rosario, de eje no enfrenta-
do, o al centro de la sala, con las puertas enfentadas como es el caso
de la casa de la calle Desengaño núm.522 (ilus. 30), con el eje enfren-
64 TRINIDAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

30. Planta de
Desengaño
ntlm.522,
esquina
a,4nwrgura.

::- _: _ _:: ::::-t::::: -::::: _-_:

-#

31. Plana fuAlameda


núm.178, esquina a Cristo.
ESTRUCTURAS Y FUNclol{Es

tado.ll Hay una marcada tendencia hacia la simetría bilateral en la


disposición de estas casas y un manifiesto abandono del eje acoda-
do, frecuente en las casas del siglo xzlry caracteústico de las moris-
cas. No obstante, en algunas
l7B, esquina a Cristo (ilus. -como en la de la calle Alameda núm.
3l)-, persiste el acceso acodado.r2
A medida que avanzó el siglo se fue haciendo cada vez más fre_
cuente el comunicar directamente con la calle una de las dependen-
cias laterales de la primera crujía -{omo en la casa de la calle Real
del Iigüe nrim. 137 (ilus. 32)-, y si la casa estaba emplazada en el
cruce de dos calles abrla a ambas, como en la casa de ü calle Amar-

32. Planta de Real del li.güe nútn. j3Z.

FiJ-,-trJ

33. Planta de A¡targtra núm.69 y


#. 71, aquinn a Boca.
66 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

gura núm. 69 y 71, esquina a Boca (ilus. 33), y en la de Alameda núm.


2L0y2r2.
El tránsito entre una y otra dependencia se efectúa a través de
puertas cuyos vanos, por lo común, se encuentran al centro del lienzo
de pared. sin embargo, es posible encontrar vanos comunican
un extremo,
-que puede verse
como
dependencias laterales- situados en
en la casa de la calle Ripalda s.n., llamada de las Sánchez lznaga.tr [¿
comunicación entre la primera y la segunda crujías, o con la galería, se
realisa,, como ya hemos expresado, por vanos adintelados de enorme
dimensión. En algunos casos, el vano llega hasta la propia solera, don-
de descansa la techumbre. (Tabla I)

CASA ANCHO DEL VANO ALTURA DEL ALÍURA DE !A


VANO PARED

Boca 363 1,68 m 2,92 m 3,30 m

Real 111, 113y115 2,1Om 3,40 m 3,¿18 m

San tosé 274 2,15 m 3,4O m 4,0O m

Amargura 20, 22 y 26 2,15 m 3,50 m 5,0O m

Trble l: Dlmcnsloncs de los vanos dc comunlc¡clón cnb! prlmca y scgurdacruifas-

En ocasiones, en lugar del vano adintelado hay un arco de me-


dio punto, que descansa en simulados capiteles que vuelan sobre el
ras del muro. Por excepción, se encuentran arcos rebajados, como el
de la vivienda de la calle San Iosé núm. 251,255y 257, esquina a Real
del lig¡s.te Estos arcos son muy simples, no tienen marcada la rosca
y, en ocasiones, el capitel no es tal, sino un sencillo filete. A menudo,
los bordes de las jambas presentan un corte achaflanado que las pro-
tege. La preferencia del arco sobre el vano coincide generalmente con
el más bajo puntal de las viviendas, hasta el punto de considerarse
que lo uno determina lo otro.
En el zaguán de la casa de la calle San Iosé núm. 263, 267 y269,
fabricada en los mediados del siglo )Oilil,rs el tránsito tiene lugar a
través de un arco lobulado jambas achaflanadas y rosca moldu-
rada-, posiblemente el
-de
primero de los muchos que proliferarían en
la segunda mitad de ese siglo (ilus. 34).
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES 67

34. Plonto dc
San José nt7m.
263,267 y 269.

En las galerlas, también por excepción son uülizados arcos re-


bajados. Lo común fue el uso del pie derecho de madera, sostenedor
dsla solera por medio de una zapata.los más antiguos tienen ocha-
vado el fuste y se apoyÍrn en bases de piedra moldurada. Cada cara
del horcón tiene como medida promedio 0,18 m. que' en los más
monumentales, llega a medir 0,20 m' I¿ altura está determinada por
el puntal de las galerías. Tlambién hay pies derechos con fustes cua-
drados, y los más sencillos consisten en un madero redondo sobre el
que descansa directamente el peso de la solera, sin zapatas. Por lo ge-
neral,las zapatas tempranas adoptan la forma denominada pico de
loro. La casa recibe luz y aire por medio de las ventanas que se abren
hacia la calle y hacia el patio. Las de las fachadas ocupan' por lo ge-
neral, todo el lienzo de la pared; las interiores, sólo una sección. I^a
relación dimensional entre puerta principal y ventanas exteriores es
proporcional entre sí. (Tabla II) Ias habitaciones laterales, en algu-
nos casos, cuentan con ventanas altas.
68 TRIi{IDAD DE CUBA, PATRIMoI{Io DE LA HUMANIDAD

CASA ALTURA PUERTA ALTUMVENTANA ALTUMPARED


PRINCIPAL FACHADA
Desengaño 522 3,50 m 3,0O m 4,00rn
Boca 363 3,5O m 2,85 m 3,30 m

Tabla ll: Relaclón de dimenslones entrc puerta prlnclpal y


ventanas

2.1.2. Organización funcional: sala, aposento, comedotr


recámara, cocina y patio

L,a distribución de la casa colonial es la repuesta


a las necesida-
des de la época. La casa no es mas que una determinada organiza-
ción funcional cristalizada en estructuras materiales. Aún hoyiersis-
ten las viejas costumbres herederas de una tradición
-*t"rridu po,
años. Para comprender las funciones de la casa colonial ha sido de
al-
ta eficacia el análisis de los usos trasmitidos, el estudio de las depen-
dencias en sí mismas y en su relación y la interpretación de la infor-
mación brindada por los documentos de la época.
En numerosos documentos referentes a viviendas de la prime_
ra mitad del siglo )(vIII se especifica la función de cada uno delos
es-
pacios conformados por las paredes. En 1740 se vende ,,...lJna
caza
nueua de madera guano y embarrados con sus puertas y ventanas
desala y dos aposentos con veinte y dos varas defronteiadesorar
v
qu¿rrenta de fondo ...."16 por sala se entiende la,,,..piezaprincipal

la casa donde se reciben üsitas de cumplimiento ...".r7 pá, aposento,
"'..cualquier cuarto o pieza de una casa..."r8. En un pormenorizado
inventario referente a la mencionada casa de la calle Amargura núm.
20, 22 y 26, esquina a san patricio, se precisa la localización de las
de-
pendencias mencionadas:
...sepasec.amoyo DnDregoygnodeserqueraywcuñaArgucilMaar del Santoofrcro en es-
m crud. dela trin¿. Digo que ... tengo wr mrswenes IJna c-asa ... de rafa y tga m la
calle
que va del calvario del santuarío deseñora santa Anna ... cuia casa
es suficíente y quan-
tlaso Wra los ¡nill y qulntentos ps ... según se perclw d¿l intEntarlo ... Cuio At ahia
ala letra
es como se sigue= En la clud. dela trínd. en Dies y stete dl^s del mes deMalo
de mlll setaos.
. .a y manefa stgte = Hmerante. el dI10 Mazstro Nu^ñil ...
Wr vetnte y srncovams y tes
cuaftos dePared delafronterade dha &n que treru delaw y sets deúto,y tres cuartos de-
Grucso de mamposn¡la Ia mós deladrtllo a Ia quz no se le reuajan los claros delas puenas
y uentaruE ... tmWrtan ütafiosientos stncuenta y sels ps por las dos caueseras del hueco
=
prlncipal dela casa dela mlsma mamposterlay grueso con steteuar^s y media cada Ilna
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES 69

delargo y seis de&to son ctTbicas saenta y sl¿te Uarus y media que tasa alos mbmos Cuatro
ps. importan Dostos. y setenta ps = por las dos sttoras o tauiques delas Aposentos Con siete
Varasy media de largo y sels deüto h Um deAspadoy laotra detnamposterla con Medta
VaradeGrueso esta tasa Wr dos ps.Vara que son quarentay stnco tnportan Nwenta ps. y Ia
de Aspado la tasa adose nlUara que tíene las proplas querenta y sinco que Son setenta y
siete ps. cuatro rrs. Por Verntey stnco Varas y tres Cutrtos que tlene delargo Ia otra pared
principal delo interior dela casa y sels de Alto de mamposterla ... quatrosientos Sincuenta y
seb ps. = por las dos testeros del Comedor o Cahedíso con qrurtro uaras ... qtntro de Alto y
tra qtartas de Grueso ... de la misma mamposterfa ... a au2tro ps. montan síento y ocho ps.
= hr qrnnos del Comedor Con el ¡nismo largo, Alto y Grue-
los dos testerus que drvide los
so y dela mLsma Materla ... h6en slento y ocho ps = por Veínte y slnco Varas delargo la pa-
red del Caedho quaúo de Nto ... importan tresientos ps. = por dos paredes delos C.astados
que slrcumvalan el solar o Patío Con sw dies yocho ... de largo Cada unay quatro deAlto y
de tres atartos de Gru6o (...) imryrtan tresí¿ntosyvelnte y qtatro ps= Por otraPared dela
txtera de dho Patlo ConUelnte y sln@Varas de largo y slnco de Alto en que sobre horcones
estónfabñcadas las ofrclnas... imponan doslentos ochentay un psy dos rrs = hr Dles mit
tejas en la C.asa y Comedor que están sentadas firme Ete las tasa a Ueínte y sinco ps C-a¿a
millar que son Dosientos y slncuenta ps = Por los suelos dela Sala" Aposentos, Comedor y,
sus retretes por ser de homtSón y tofta en Noventa ps todos = Por Ia clauasón de toda la Ca-
sa Go¡srs, Aldauas y senadurrc y demás henajes en treslentos paos ....19

Resulta evidente la distribución reflejada en el documento. En


las tres dependencias de la primera crujía se encontraban la sala-al
centro- y los aposentos o habitaciones de dormir a los lados; en la
segunda crují4 el comedor "...6 pieza destinada para gs¡¡s¡ ..."-
,20 flanqueado de igual modo - por los cuartos. Estos cuartos son de-
nominados en el documento como los retretes, y no en el sentido de
excusados, sino con la acepción de "...cuarto pequeño en la casa o
habitación destinada para retirÍüse ...".2r SegúnVicente Lampérez, el
retrete era una dependencia de la cámara de dormir y contenía todo
lo que los señores podían necesitar, en reunión un poco caótica: la
ropa de noche, el libro de rezos, "paños de dormir", servicio de lava-
bo y "...un sillón o caja cuadrada que contenía el bacín ...".22 En el si-
glo XIX se denominó recámara a esta estancia con más acierto:
"...cuarto después de la cámara destinado a guardar los vestidos o al-
hajas ...".2s
En el citado documento se hace referencia al patio-solar, con
clara designación de lo que se entendía por tal: el terreno de la pane
posterior de la vivienda, circuido por tapias o muros. La mención de
oficinas, lugar destinado a actividades de negocios o trabajos, no es
exclusiva de este documento. En otros muchos testimonios se en-
cuentran similares señalamientos.
70 TR¡NTDAD DE CUBA, pATRtMoNlo DE LA HUMANTDAD

l¿ tienda "...s¿s¿ puesto o paraje donde se venden algunos


-
géneros, así de vestir como de comer ...il-J4 fue la única dependencia
de uso económico que admitió la vivienda colonial, ubicada en una
de las dependencias laterales de la primera crujía. Fue un elemento
típico de las casas esquineras de dos plantas,2s en las que el piso infe-
rior y el superior estaban adecuadamente independizados. La vida fa-
miliar, en los altos, no era afectada por las actividades que tenían lu-
gar en los bajos. Pero en las casas de una sola planta no era posible lo-
grar ese aislamiento: se convivía junto al comercio, separados por una
estrecha pared del resto de lavivienda, con el rlnico priülegio de con-
tar con puertas de acceso independientes. En el caso de las casas tri-
nitarias tempranas, la tienda ap¿üece por excepción, así como tam-
bién el zagaán y ambas son dependencias que más bien parecen in-
serciones posteriores. [¿ casa trinitaria temprana cuenta con un solo
acceso, el principal, y para el paso de las besüas lo común fue abrir un
acceso lateral por uno de los costados del solar o por el fondo.
En ninguna de las casas estudiadas se ha podido determinar la
utilización de una estancia como lugar para cocina¡. Aún en la actua-
lidad, estas viviendas c:uecen propiamente de cocina, y se ha ade-
cuado una lugar para tal destino en lo que fuera el comedor, en las
galerlas o en una de las recámaras. Es frecuente, aún en el siglo XX,
encontrar referencias en documentos que expresan: "...1á Casa no
tiene cosina ni arriba ni abajo y en su lugar hay un cobertiso ruinoso
en el patio ...."26 Sin embargo, la cocina es mencionada en documen-
tos desde el siglo )UI,y enrepetidos casos como un elemento funda-
mental para la valoración de la casa.27 En todas las ventas o en cual-
quier tipo de contrato que haga referencia una casa, sea cual fuere su
importancia, si contaba con cocina se indicaba su presencia: se ven-
de una "...casadeguano maderas y embarrados con su cozina y otra
de homo y elSolar ...";28 se vende "...Una casa de guano madera yem-
ba¡rado consucosina.,."'29 se vende una casa "...con su cosinilla ...".30
Los testimonios documentales existentes sobre esta cuestión
son en extremo esclarecedores. En 1756 es descrita la casa de la calle
Real del Jigüe núm. 90 como "...deRafa ¡exaylaotraq. está en lo inte-
rior consucosina y Solares ... con otra coüjada deguano ...".st En 1750
se manifiesta que la casa de la calle Ripalda s.n. es de "...rrafa y texa
Con elsolar ... y un Caydiso detexa de cosina ...".32 Podríamos citar nu-
merosas informaciones documentales que aclaran por qué no se ha
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES 7l

encontrado un lugar para cocinar en las casas de la primera mitad


del siglo ){,111,33 y es que la cocina no estaba ubicada en la estructu-
ra principal o delantera de la vivienda. Existía como tal un depen-
dencia localizada en un "caidizo" construido en el pa-
-colgadizo-
tio, e independiente del cuadro delantero. Así se precisa: "...vende-
mos ... una Casa Deguano maderas y embarrados Conuna cosina en-
lo interior exempta con su horno y otro Quarto deotra casita quete-
nemos ...".34 Con frecuencia,la construcción exenta o añadida estaba
techada con tejas, aunque el cuerpo principal de la vivienda fuera de
Buano.ss En la actualidad, estos colgadizos han desaparecido o fue-
ron asimilados en el ulterior crecimiento de las viviendas.
En los documentos mencionados, y en muchos otros, se habla
de otra u otras casas de guano o teja fabricadas en el patio, o en un
costado de la construcción principal. Si reconsideramos las descrip-
ciones referentes a algunas de las casas de este peúodo de Real
del Iigüe 90, originariamente formada por -casa
dos; casa de Real del Iigüe
93, descrita como casa de azotea, calypiedray otra de guano a su fon-
do; casa de Real del Iigüe s.n. de rafa y teja, con otra en su lindero, a la
que se le habían levantado las paredes en 1750, y otras muchas que
sería interminable enunciar-, tendremos que convenir que esta so-
lución o modo de comprender la habitación no fue excepcional, sino
lo generalizado y común. Y fue común en todo tipo de casas, aún en
las más modestas. Así lo prueban testimonios como el siguiente: en
1749, Francisco Ponciano, moreno libre, declara la "...casa delamora-
da ... commedio Solarysu consinillay otra Casita lamitad embarrada
...".se Es razonable inferir que, en un primer momento, la habitación
familiar estuvo compuesta por la asociación de estmcturas indepen-
dientes.
Estos testimonios son importantes, además, en otro sentido.
L,as viviendas descritas en documentos como constituidas por dos
núcleos, en la actualidad constituyen una sola unidad. T?rl es el caso
de la casa de la calle Real del ligüe núm. 93, que, en un momento da-
do, refundió la casa principal con la casita de guano del fondo, susti-
tuyéndose el guano por tejas. Y es que, en la mayoúa de los casos, las
viviendas de la primera mitad del siglo XWn, y aún las un poco pos-
teriores, constituyen el resultado de un progresivo proceso de am-
pliación. El algunos casos, por fusión de las unidades originales; en
otros, por adición de otras unidades espaciales.
72 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

Esta última posibilidad fue muy frecuente. por lo general nos


encontramos con que la estructura primaria estuvo formada por el
núcleo de las dos crujías paralelas a la calle y, con posterioridad, la
casa creció en sentido de la profundidad del solar. La üvienda de la
calle San losé271,273y275, esquina aAmargura (ilus.35), por ejem-
plo, se construyó bajo las estipulaciones siguientes, registradas en su
contrato de fabricación del23 de enero de 1749: "...Sépase como nos
DnPedro Rodriguez de alanaz y Carlos Merlín ... otorgamos ... que-

35. Planta de San


Iosé núm.271,
273 y 275,

^quinaa
Anargura.

't
..J
porquanto yo el dho DnPedro Rodúguez ttengo Pedido al dho carlos
merlin me fabrique Una casa derafa y texa deVeintte¡rna bara delar-
go ysiete de ancho consala y dos aposenttos comedor y suquartto con
quatroVentanas a la CalleVoleadas ...".37
Por esta descripción se conoce que, en un inicio, la casa no tu-
vo dependencias en los laterales del patio. Sin embargo, en 1773 se
describe como "...deRafa y teja ... y unos quartos sobre colgadiso de
ESTRUGTURAS Y FuNcIoNEs
73

texa en lo interior ... como assimismo otra casa de paja construida


sobre horcones cituada en dho solar qe mira ala Calle de la amargu-
ra ...".38 Sin dudas, los llamados cuartos sobre el colgadizo de teja
conforman lo que hoy es el martillo lateral derecho de la vivienda, y
la mencionada casita de paja, a la izquierda del solar, fue sustituida
en el siglo )IXpor una construcción de dos plantas, añadida a la pri-
mera estructura, en la actualidad en estado ruinoso. Estas transfor-
maciones son puestas de manifiesto por el tratamiento constructivo
de la casa; entre otros, por la naturaleza de los materiales de cons-
trucción, por su consistencia y volumen. Los muros del cuadro de-
lantero se componen de grandes piedras, unidas con mortero de tie-
rra roja, y tienen un grosor de 0,60 m. Los del martillo utilizan mor-
tero de cal, y el grosor disminuye sensiblemente a 0,45 m. por otra
parte, el martillo arranca del muro de cierre, lo que es característico
de las casas formuladas en dos tiempos.
En cuanto a los materiales empleados en la construcción de
estas casas, se ha hablado de casas de rafas y tejas, de mampostería,
de aspado y de embarrado. Casi todas las viviendas fabricadas con
materiales sólidos en la primera mitad del siglo )UIII,y que aún sub-
sisten, son de mamposteúa y aparecen identificadas en los docu-
mentos con la denominación de "rafas y tejas". Tfadicionalmente se
reconoce por rafa a los refuerzos de ladrillos embebidos en los mu-
ros que, a tramos, era usual colocar en las paredes de tapias, 39 de es-
casa utilización en Trinidad. Las tapias consistían en cada uno de los
trozos de pared que se fabricaba de una solavez, conderretido de ba-
rro amasado y apisonado dentro de una horma. Los muros así fabri-
cados son llamados tapiales.¿o En función de rafas, nuestras casas
utilizaron ladriüos y, en las menos importantes, horcones de madera.
Los vanos siempre se reforzaban con cantería, ladrillos o maderos.
Sin embargo, aunque hubo casas en Cuba que util2aron el sistema
de rafa en su exacto significado, la manera en que se consigna el tér-
mino en los documentos hace inferir que se usó como sinónimo de
mampostería.
En algunas de las construcciones más anüguas se pueden
apreciar las sucesivas hiladas de piedras, de volumen y dimensiones
análogos, que alternan con las verdugonadas de ladrillo para la nive-
lación del muro. El ladrillo fue utilizado, también, en los elementos
de soporte columnas, ¿ucos, dinteles-, y en todos los ele-
-pilares,
74 TRIN|DAD DE CUBA, pATRtMoNlo DE LA HUMAN|DAD

mentos resaltantes en forma aplantillada. También


-molduras-,
fue el material utilizado por excelencia en los pavimentos, dispuesto
según ordenamientos de muy antiguo origen: a matajuntas, a espina
de pez, a junta corriday otros. En los pisos se utilizó, también, el hor-
migón o torta.4r
En cuanto al aspado, Prat Puig considera que son tabiques de
poco espesor, reforzados por pies derechos que, por medio de toscas
zapatas, sostienen la solera. Entre ellos, unos palos de madera de sec-
ción cuadrada, dispuestos de manera esquinada, forman una red de
cuadrados y, en sus ángulos, se disponen palos diagonales. Sobre es-
ta red se levanta el tabique de mampostería de pequeñas piedras li-
gadas con cal y arena.42
Ia cantería tuvo escaso uso en Tlinidad y, en general, es priva-
tiva de las casas más antiguas. Lo frecuente fue la combinación del
mampuesto o tapial con cantería, en cuyo caso los sillarejos forman
las jambas, dinteles de vanos y ángulos esquineros de la construc-
ción.
Iunto a las üviendas fabricadas con materiales sólidos se le-
vantaron muchas otras con materiales más perecederos. El embarro
fue una solución muy generalizada en Trinidad. Consiste en unos pa-
los colocados transversalmente entre horcones, dentro y sobre los
que se echaba, por ambas caras, barro amasado. Constituye una es-
pecie de tapial sin molde. Fue muy frecuente construir los muros de
carga de mampuesto, y los divisorios de embarro. En estos casos, el
muro medianero, por lo general, arranca de mampuesto en ambos
lados, y sólo en el centro es de embarrado lo que garantiza un tran-
que muy seguro. Otras casas son en su totalidad de embarrado, como
la de la calle Real del Iigüe núm.122, en cuyo caso tienen en la pared
frontera un refuerzo a modo de podio de mampostería, que le sirve
de sostén al empuje de los techos. Ia antigüedad de algunas casas de
embarrado es muy respetable.
Prat Fuig opina que la concepción del sistema constructivo es-
taba orientada a facilitar la cubierta adoptada por la obra.a3 Por ello,
los muros se disponían en series paralelas, cuya anchura y profundi-
dad quedaba determinada por el tipo de techo. l¿ techumbre de la
primera crujía consistía en el llamado techo de armadura, que se
apoya en el muro frontero, el medianero y los laterales. La segunda
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES 75

crujía se cubre con colgadizos o techo de una sola vertiente. En caso


de existir martillos, éstos se techaban con colgadizos. Es raro encon-
trar techos a dos o más aguas en los mafiillos pero es posible. El gro-
sor de los muros se adecuaba al peso que tenían que soportar. Por lo
general, el muro medianero y el frontero son más gruesos que el de
cierre (Tabla III).

GRUESO DEL MURO GRUESO DEL MURO GRUESO DEt

FRONTERO MEDIANERO MURO DE CIERRE

Süt )o* 274 0,70 m 0,60 m O,7O m

Amargura 20, 0,70 m O,7O m 0,60 m


Real 137 0,50 m 0,5O m 0,50 m

Boca 363 0,60 m 0,65 m 0,50 m

Tabla lll: Grosor de los muros

En deñnitiva, constituyen recias paredes, aptas para recibir el


peso del tejado, de acuerdo con un sistema de fabricación donde el
volumen compensa la relativa resistencia de los materiales de cons-
trucción. La medida promedio, denominada en los documentos "an-
cho de tres cuartas", equivale a 0,70 m.
Pero lo más importante del sistema constructivo es la constan-
cia de la relación dimensional interna de la vivienda en su totalidad,
mantenida con independencia de las posibilidades del solar donde
se erigen y, en ocasiones, a su pesar. Las viüendas trinitarias se le-
vantaron en solares de mayor profundidad que anchura. La dimen-
sión de los solares, en la práctica, fue muy variable. Pero la medida
establecida por el Cabildo Municipal fue de 27 varas de ancho por 40
de profundidad.¿¿ Los medios y los cuartos de solares se entendían
en relación con la proporción señalada para un solar. La medición
practicada en algunas de las viviendas representativas arrojan tres
esquemas de forma en cuanto a la manera en que los solares se pre-
sentan:
a) Rectangular, con el lado mayor paralelo a la calle.
b) Casicuadrado.
c) Rectangular, con el lado mayor en sentido de la profundidad
del solar (Tabla IV)
76 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HuMANIDAD

csA ANCHO FONDO

San losé 274 32,47 m 28,30 m


Amargura 20,22 y 26 22.50 m 25,0O m
Boca 363 28,m m 37,00 m

Tabla lV: Dimens¡ones de los solares.

Sin embargo, a pesar de que la forma del solar puede ser dife-
rente, como las viüendas se estructuran, con preferencia, sin marti-
llos, adquieren una apariencia más ancha que profunda. El cuadro
constructivo delantero por las dos crujías paralelas a
la calle- presenta una-conformado
relación entre ancho y profundidad más o
menos igual, en la que no influye la altura de la üvienda. (TablaV).

CASA ANCHO PROFUNDIDAD AL PUNTAL


MURO DE CIERRE

San )osé 274 22,50 m 12,40 m 5,OO m


Amargura 20,22 y 26 22,50 m 1 1,10 m 5,0O m
Boca 363 28,0O m 11,70 m 5,0O m
Alanreda2'lO y 212 15,40 m 10,00 m 4,60 m

Tabla V: Dimensiones del Tabla constructlvo confomado por las dos crulías paralelas a la calle

Si bien el ancho de las casas varía de dimensión, la profundi-


dad del cuadro constructivo se mantiene, ajena a la anchura o a la
profundidad del solar. De esta suerte, la relación entre el ancho y la
profundidad de la primera y el de la segunda crujías se repite en ca-
da casa; según una relación promedio muy estable. En todos los ca-
sos, la constante estará dada por la mayor profundidad de la primera
crujía en relación con la segunda. (TablaM) Dentro de ellas, tanto la
sala como el comedor son las estancias más amplias. Tienden a dis-
ponerse en forma de rectángulos, mientras los aposentos y las recá-
maras son cuadrados o rectángulos, en el sentido de la profundidad.
(TablaVII)
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES 77

CASA PROFUNDIDAD DE LA PROFUNDIDAD DE LA


PRIMERA CRUJíA SEGUNDA CRUJfA
San José 274 7,nm 4,10 m
Amargura 20,22 y 26 7,0O m 4,10 m
Boca'363 7,70 m 3,¿rc m

Tabla Vl: Profundldad de la primera y de la segunda crulías

CASA COMEDOR APOSENTO RECAMARA

ancho fondo ancho fondo ancho fondo ancho fondo


San J& 2748,54 m 7,90 m 8,50 m 4,5O m 4,50 m 6.20 m 6,00 m 4,5O m
Amargura20 11,10m 7,0Om 9,80m 4,10m 4,7Om 6.4O m 5,3O m 4,15 m
Reaf 137 5,OO m 5,7O m 5,00 m 3,0O m 2,80 m 5,7O m 2,9O m 3,0O m
Alameda 21O 5,9O m 6,¿|0 m 9,50 m 3,f) m 5,20 m 6,20m 5,20m 4,70m
Boca363 9,10m 7,7Om No 7,10m 7,00m 7,2Om 4,00m

TablaVII: Dimenstones de las depende¡rcias

.La medición practicada evidencia que, salvo excepciones,


nunca estas casas están construidas a ercuadra, lo que está perfecta-
mente visualizado en las plantas. La hegemonía del sistema cons-
tructivo condiciona la fabricación, aún cuando el terreno presente
dificultades. las paredes siguen las irregularidades del suelo, pero se
cuida de respetar la distribución sanciortada por la técnica y la tradi-
ción. La casa de la calle Amargura 20, 22y 26, esquina a San Patricio,
por ejemplo, robó un considerable pedazo a la calle San Patricio, y
hubo de inclina¡se hacia un lado todo el edificio, lo que no es percep-
tible al deambular por sus interiores. Los aposentos, como en un
rompecabezas, se plantean de la siguiente forma: el de la derecha,
más ancho en el frente que en el fondo; el de la izquierda, de forma
contraria. AI centro, la sala rectangular. La segunda crujía se erige co-
rrida en relación con la direccionalidad de los muros de la primera,
lo que sólo es apreciado ante la planta graficada del edificio.
TRINIDAD DE CUBA, PATR¡MoNIo DE LA HUMANIDAD

z.z.l,acasa en la segunda mitad del siglo XVIII

2.2.1. Crecimiento en el sentido de la piofundüad: el martillo

las casas de la segunda mitad del siglo WIII denvan del tipo
definido en el peúodo anterior, compuesto por dos crujías paralelas
a la calle, sin martillos. Dicho tipo evoluciona mediante la amplia-
ción de la vivienda en el sentido de la profundidad. A partir del cua-
dro delantero conformado por las dos crujías paralelas a la calle, se
extienden martillos perpendiculares hacia el fondo del solar. Obvia-
mente, la galería sobre horcones es un elemento importante para la
definición de la casa de esta etapa. Primero, porque se rescata el uso
de una dependencia de antiguo conocida, marginada por la genera-
lización del tipo compuesto por las dos crujías paralelas a la calle sin
martillos. l,a predominancia de este esquema, base planimétrica de
la casa trinitaria, determina que la galería se asuma, no como una es-
tructura adosada a una primera crujía, sino añadida a continuación
de la segunda y, por supuesto, flanqueando el martillo. Segundo, por-
que el desarrollo de esta dependencia constituye uno de los funda-
mentos de la transformación orgánico-funcional de la casa del siglo
)(DCEn este peúodo es cuando se generaliza, también, la tienda es-
quinera.
La tienda, como vimos anteriormente, está sifuada en una de
las dependencias que flanquean la sala, comunicada directamente a
la calle, o, si está ubicada en una esquina, a ambas calles. Pero tam-
bién la encontramos situada en el extremo de la primera crujía, pero
a un lado del cuadro constructivo formado, en la primera crujía, por
aposento-sala-aposento, y en la segunda, por recámara-comedor-re-
cámala, de modo que a cada crujía se le añade una dependencia, por
lo común no comunicada con el resto de las habitaciones, y que ha-
ce las veces de tienda. Así se encuentran compartimentadas las casas
de la calle Santa Ana núm. 591, 593, 595 y 597, esquina a Media Luna
(ilus. 36), y la núm. 501, 503 y 505, esquina aLvz, en la misma calle.
[a primera cuenta con el tan típico cuarto alto sobre la tienda. En la
mencionada casa de Santa Ana 501, 503 y 505, esquina aLuz,la habi-
tación intermedia entre la tienda y la sala cuenta con puerta de acce-
so independiente, lo que permite suponer que cumplía la misma mi-
sión que le estuvo designada al cuarto alto: habitación para los em-
pleados del comercio.
EsTRucTuRAs Y FUT{cIoNEs 79

36. Plantade SantaAtw


núm.591,593,595 y 597,
aquirn a MediaLurw.

37. Planta d¿ Media


Lu¡w
núm.26.

'r-#
El crecimiento en sentido de la profundidad se justifica por la
presencia de un pequeño martillo, como el de las casas de la calle
Media Luna núm. 26 (ilus. 37) y el de Amargura núm. 65, esquina a
80 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

Boca, formado por una sola dependencia. Este esfuerzo por prolon-
gar la vivienda hacia el fondo chocó en casos con las irregularidades
del terreno donde se quería construir. En áreas con grandes obstácu-
los, pero de gran demanda urbana, como fue lazonaaledaña a la Pla-
za Mayor, la planta tuvo que adaptarse a las características del terre-
no y, también, a la disponibilidad espacial de un áreayaurbanizada,
donde fue común adquirir casas construidas con pobres materiales
para sustituirlas por otras de mayor envergadura arquitectónica. De
este modo, se eliminaron todas o casi todas las viviendas antiguas de
la ciudad que no eran de mampostería y tejas. L^a mayoría de las vi-
viendas enclavadas en este punto central están afectadas por las ra-
zones expuestas.
Entre ellas, se distinguen la casa de la calle Cristo núm. 34, es-
quina a Rosario, y la núm. 33, 35 y 37, en la misma calle. De la prime-
ra hay referencias desde 38. Planta de Cristo núm. 34, esquina a Rosaria.
1735 como casa de guano
y embarrado, aunque en -'ü
I77B contaba con un col-
gadizo de rafa y teja. En \\
ese estado fue comprada
en 1783, para reedificarla
tal y como la conocemos
en la actualidad.¿s A pesar i\
de fabricarse en un terre-
no sumamente escarpa- \
\\
do, se respetó la forma tra- l\
dicional: en la primera
crujía, tres dependencias: \\
tienda-sala-aposento; en \\
la segunda: recámara-co- \\
l,
medor-recámara. El mar-
tillo se desenvuelve sobre
una pendiente bastante
acusada (ilus.38). Sobre la
tienda, un cuarto alto ro-
-Tl
ll
deado por balcón dota a
esta vlvienda de un espe-
rl
cial atractivo. -U
ffi
ESTRUCTURAS Y FuNcIoNEs
8l

La segunda, calle Cristo núm. 33, 35 y 37, fue adquirida por la


familia Muñoz en 1749, cuando era una casa de guano, madera y em-
barrados, y en 1790 es declarada como de "rafa y teja''.a6 Los muros de
esta üvienda están constreñidos dentro de un solar que no satisfacía
el planteo espacial aspirado. La primera crujía cuenta con tres de-
pendencias, una de ellas, el zaguán, que, a un costado, hace las veces
de puerta principal y puerta cochera. En el lado derecho de la casa se
desenvuelve un martillo
-en y la destruido-,
parte que arranca del mu-
ro medianero entre la primera segunda crujías y conforma una
habitación con techo independiente. En el lado izquierdo se adüer-
ten restos de construcciones, muy modificadas (ilus. 39). Al fondo, la
puerta del "cercado", da paso a un callejón que comunica con la calle
del fondo.

'sÉ'
il 39.
núm.3i
Plan
xnmz de Crbto
33,33s y 37.

Esta viüenda, construida en üolento escorzo, cuenta con te_


chos independientes para cada una de sus estancias. Es, además, una
de las primeras no decir la primera- en utilizar techos de "lo-
-por
sa por tabla", o sea, de azotea. El techo del zaguán es también plano,
pero de madera. Tiene, además, una galería sobre horcones adosada
a la segunda crujía.47
La galerla sobre horcones es un elemento importante para la
definición de la casa trinitaria de este período. No obstante,lúr, es
82 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

sólo un esbozo, no más que un pequeño sobradillo volado o estrecho


corredor que circunvala el patio por uno o varios lados, como ocurre
en lavivienda de la calleAlameda núm 219 y223 (ilus. 40). Es ésta una

,10. Plann de Alamefu ntlm. 219 y 223. i--


-

de las pocas que, junto con la de Cristo núm. 33, 35 y 36, ya mencio-
nada, y alguna que otra más, cuenta con zaguán. Al igual que el caso
anterior, el zaguán desemboca en la segunda crujla y no se comuni-
ca con las dependencias de la primera crujía. Sin embargo, como es
lo típico en Tfinidad, en la casa de Alameda núm. 2 t9 y 223 no se con-
funde puertas de acceso y cochera pues existe una p¿ua cada fin.¿a
Cuenta además, con martillos a ambos lados del patio. El de la iz-
quierda, formado por varias habitaciones. El de la derecha se ocupa
con una sola, amplia y extraña dependencia. En otras viviendas, co-
mo la de la calle Real del figüe núm. l, el zaguán principal
-entrada
y cochera- se comunica con la sala.as De todos modos, la presencia
de un zaguán en algunas casas no desmiente el hecho de que fue po-
co frecuente en el siglo XIIIL
ESTRUCTURAS Y FUNC¡ONES 83

2.2.2. Distribución planimétrica y funcional

[.a compartimentación de las crujías se realiza de forma simi-


lar a la de las casas anteriores. Ya vimos cómo la casa, en algunos ca-
sos, crece hacia un lado. Pero lo corriente es la distribución tradicio-
nal, en dos o tres dependencias en cada crujía. Pueden encontrarse
casos extraños, como el de la casa de la calle Real del Iigüe núm. 75,
esquina a Guaurabon, con la primera crujía formada por dos depen-
dencias y la segunda con un sola. Otras como la de Desengaño núm.
518 (ilus. 4l) cuentan con tres dependencias en la primera crujía y

41. Planta de Desengaño


nú.m.518.

i"
I

-r- --T-
J-+
42. Plannde
ñnargtranúm. 10.
TRtt{tDAD DE CUBA, pATRttofilo DE ¡¡ HutA¡{tDAD

dos en la segunda.sr Pero la tendencia hacia la simetría bilateral de-


termina la predominancia de la disposición que repite igual número
de dependencias en cada crujfa. En la casa deAmargurá núm. 32 se
repiten dos a dos; en la deAmargura núm. 10, t¡es a tres (ilus. 42).
En todas, la segunda cru-
jla cuenta con muro de cierre,
ar¡nque pueden persistir solu-
ciones caracterlsticas del perío-
do anterior, como es la existen-
cia de una pequeña galería cus-
todiada por dos habiaciones, en
el ámbito que conesponde a la
segunda crujía, caso de la casa
,r3. Cnb¡faal
Wtio deAlmtda de la calle Amargura núm. 06,
núm.66,qubuahca.
esquina a Boca (ilus. ¿3).
En la mayoría de los c¿rsos, la puerta principal se encuentra en
eje con un \¡ano o arco de comunicación entre la primera y la segun-
da crujías, y con el rrano que comunica con el patio. por tanto, la
puerta principal siempre se encuenta al cenuo de la fachada. l¿ co-
municación entre las habitaciones se realiza por puertas centr¡rdas
en relación con la pared donde se encuentrari, y enfrentadas unas a
otras.Viviendas como las de la calle Cristo nrlm. 33, 35 y37, con puer-
tas a un lado del lienzo de pared revelan usos más antiguos, modiñ-
cados en este perlodo.
En cuanto a la comunicación entre las crujías se advierten dos
medios: vanos adintelados o arcos de medio pr¡nto o lobulados. L¡s
vanos alcanzan notables proporciones, aI igual que los de las vivien-
das del período anterior. En algunos casos casi coincide la altura del
v¡rno con la altura de la pared. (TablaVIII). Ios vanos pueden estar
cerrados con puert¿rs y cont¿il o no con derrames.

cAsA AilClro AITO ALTURA DE tA PA¡ED


Boca 30 2,G5m 3,50 m 4,1O m

Amargura 143 2,O3 m 3.25 m 3,50 m


Eoca 4 2,16m 3,4)m 4,0O m

T.bh VllE D¡maslón dcl v¡no dc com¡¡nlcrdór¡ cnütG pr{.tÜr t !€ündr oüfírs.
ESTRUcTURAS Y FuNcIoNEs 85

Los arcos de medio punto se distinguen de los de las casas de


la primera mitad del XWII por sus grandes dimensiones (Tabla IE.
Descansan sobre simulados capiteles o en un simple filete volado o
listel. Las jambas, por lo general, presentan un corte abiselado.

CASA LUZ ALTURA ALTURA DE LA PARED

Real del Jigüe 75 3,0O m 3,50 m 4,50 m

Alüneda219y 223 3,70 m 4,0O m 4,03 m

Tabla lX: D¡menslones de arcos de medio punto entre primera y segunda crujías.

Pero los arcos caracte-


rísticos de la época son los
lobulados y mixtilíneos, de
ricas y sugerentes realizacio-
nes. Los más simples adop-
tan la forma trilobulada
(ilus. 44), que en los mejores
se enriquecen con molduras
cóncavas en ambos extre-
mos del intradós y cortes a
bisel en forma de uña, que
los acercan al arco morisco.
Mas, el arco por excelencia
de este período es el com-
puesto por la combinación
de molduras cóncavas y U. Arco trilobulado de Anargura ntlm. 117.
convexas rematadas en una
semicircunferencia.
El arco típico arranca de un corte cóncavo alo que le sigue uno
convexo, ambos de identidad amplitud ( ilus. 45). Alterando uno de
estos factores se obtienen múltiples formas lobuladas. Hay algunos
que amplían el corte convexo y reducen el cóncavo, de acusada ver-
ticalidad en otros. Otro recurso, además, consiste en acentuar las
curvas, reducir la amplitud de la media circunferencia y, al mismo
tiempo, elevarla, de manera que el arco sugiera formas francamente
conopiales (ilus. 46 y 47). Se encuentran, también, ejemplares que
86 TR¡I{IDAD DE CUBA, PATRIMoI{Io DE LA HUMANIDAD

4s.Arco labulúo de SantaAtra núm.501, 6.Arco lobulado dc


503, 505 y il7, *quina a Luz. funtaArnnúm.609.

47.Arco lobulado de SantaAna 47.Arco lobubdo de SantaArra


ntlm.612. núm.612.

nacen de un disminuido corte cóncavo, conünuado en una sinusoi-


de, que puede prolongarse con m¿ucado énfasis. En fin,las posibili-
dades son muy variadas. Casi todos están recuadrados por una mol-
dura en forma de uña, que se continúa en capiteles y jambas. Los ca-
piteles se duplican y enriquecen mediante la repetición de las mol-
duras.
ESTRUCTURAS Y FUNCIOI{ES 87

Los mixtilíneos no son frecuentes. Se conciben del mismo mo-


do que los lobulados, a excepción del remate superior que es rectan-
gular (ilus.4B).
la comunicación entre la
segunda crujíay el patio tam-
bién se realiza a a través de va-
nos adintelados, por arcos re-
bajados o conopiales de simple
factura o moldurados en el in-
tradós (ilus. 49). El tránsito in-
terno de los zaguanes se efec-
túa, por lo regular, por arcos de
medio punto.
En las galerías persisten
los pies derechos de madera,
pero pierden el corte ochavado;
49. Arco conopial fu &nn
a lo sumo, cada una de las es- '4¡u
ntltn. 501, 503, tuS y il7,6qui¡u a Ltn.
quinas se cortan abisel. Íasza-
patírs en "pico de loro" le ceden
su lugar a las que se componen
de la combinación de trazos
cóncavos y convexos o en S
(ilus.50).
Como solución de venti-
lación e iluminación,las venta-
nas con barrotes de madera, al
igual que en las casas anterio-
res, ocupan, porlo generd, toda
la altura de la fachada. En los in-
teriores flanquean el vano de
comunicación entre el comedor
y la galería, y en los lados de ca- 50. hpatq Crisn nú¡n.33,35y 37.
da una de las puertas de las ha-
bitaciones del martillo. [a presencia de ventanas en el comedor ca-
racteriza las viviendas dispuestas según dos crujías paralelas a la ca-
lle, pues al contar con muro de cierre se hacen imprescindibles. En el
comedor es frecuente encontrar alacenas en el muro
medianero, a uno o a ambos lados del vano-empotradas
o arco de comunicación
88 TRTNIDAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HuMAt{tDAD

entre las crujías, en los muros laterales, o en los ángulos esquineros


del comedor. l"a alacena, en sí misma, indica el destino de esta habi-
tación como comedor.
No se produce ningún cambio significativo en cuanto aluso de
cada una de las dependencias que integran las casas de este período.
Lo más importante es que aún la cocina no está integrada a laviüen-
da, persistiendo la utilización de una estructura independiente o
anexa al cuadro constructivo básico. Insistimos en destacar que las
üviendas del siglo )(VIII que subsisten reflejan parcialmente las ca-
racterísticas originales, ya que casi todas fueron ampliadas o modifi-
cadas en el siglo XIX,lo que determinó la desaparición de las formas
yusos del)Uil.
En la segunda mitad del siglo XlZlllpersisten descripciones de
casas del cariz siguiente: "...Declaro por nros üenes la Casa ... de
Guano Madera y embarros con un caedicito de texa otra casita de pa-
ga en lo Ynterior del solar ...";52 "...declaro ... la Casa demi morada de
Guano maderas y embarros ... con un colgadiso de texa al costado y
una cocinitta de lo mismo ...";53 declaro "...las casas de mi morada de-
rafas, y teja con otra anexa de guano ...";s declaro "...una cassa ... que
hera cobijada de Guano dela sabana, embarrada de cajon conel solar
que le comprehende, y en lo Ynterior otra casita delmismo Guano,
embarrada de espartillo con puertas y bentanas correspondientes de
sala, y aposento = otra casita que sirve de despensa covijada del mis-
mo guano, y embarrada, y una cosina esenta ...";55 declaro "...una Ca-
sa de Guano, maderas y embarros... con un Comedor de Paga esen-
to en lo Ynterior de dha Casa ...".s6
En la documentación concerniente al siglo ){VIIIsonnumero-
sísimas las menciones a los "caidizos" añadidos, de las'tasitas" a los
lados o en el interior del solar [,as casas de la calle Amargura núm 65
esquina a Boca, y la de su frente, Amargura núm. 66, cuentan ambas
con una casita añadida a un costado, que podría considerarse como
restos de estas desaparecidas estructuras. En la núm. 66, la vivienda
principal es de mampostería, y la añadida de embarrado. También en
la calle Amargura núm. 34 existe una vivienda en cuyo patio se levan-
ta una "casita" aislada, que pudiera constituir una evidencia de este
modo de comprender la habitación familiar, integrada por la asocia-
ción de estructuras independientes. La casa Padrón
-Desengaño
núm. 457, esquina a Real del figüe- tiene a un lado una casita con
ESTRUCTURAS Y FuNcIoNEs 89

entrada independiente, por la que se accede al patio.sz Aun en el si-


glo XIXse encuentran referencias de casas que contienen otra "...ca-
sa de teja sobre horcones en el mismo patio ...".50
Iá integración de la cocina a la casa, en ocasiones, fue lo que
determinó el crecimiento en sentido de la profundidad. En un docu-
mento referente a la casa de la calle Alameda núm. 2I3 y 2I5 (ilus. 5l),
se expresa que era de "...texa embarrada de piedra sobre horcones,

51. PlanndeAlameda
núm.213 y 215.

con el solar que compré debajo de sus sercas; un colgadizo de texa y


cosina de lomismo ...".5s En la actualidad, esta vivienda se compone
de aposento-sala-aposento en la primera crujía, y de recámara-co-
medor-recámara, en la segunda; martillo en el costado izquierdo del
patio, con toda certeza, el mencionado "colgadizo de texa" del men-
cionado documento. Los muros de este martillo nacen a partir del
muro de cierre de la segunda crujía, pero están yuxtapuestos. El techo
se desenvuelve con independencia del tejado, que cubre el cuadro
constructivo delantero. En este martillo estuvo y está la cocina.
la información extraída de los documentos y la desprendida
del aniálisis in situ de las viüendas, sólo ha sido posible relacionarla
90 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMON¡O DE LA HUMANIDAD

cu¿rndo los documentos se refieren a casas de mampostería. [¿ cau-


sa de la desaparición de las estructuras habitacionales asociadas, a
que hemos hecho referencia, fue su sustitución por construcciones
sólidas, insertadas a la parte delantera de la casa, por lo general de
mamposterla. [,as estn¡cturas anexas estaban construidas con mate-
riales pobres, como el embarro.
El embarro fue el material constructivo más utilizado en las ca-
sas del siglo XIZII. En los documentos mencionados se habla de "em-
barrado de piedrd'y de "embarrado de cajón', que no deben ser con-
fundidos con el verdadero embarrado, que es el de espartillo. El pri-
mero se refiere a construcciones de mampostería; el segundo, a los
muros fabricados con tapiales, ya que el espacio que media entre las
rafas, nivelado con verdugas de trecho en trecho y rellenado con tie-
rra, fue llamado cajón de tierra.6o
Ia dimensión de los espacios se mantuvo más o menos similar
a lo visto en las construcciones de la primera mitad del siglo XIüIL
Pero los muros son menos gruesos (Tabla X). El ancho y la profundi-
dad hasta el muro de cierre mantiene la misma relación y, también, la
segunda crujía será menos profunda que la primera (Tablas XI y)ff).

CASA GRUESO DEL GRUESO DEL GRUESO DEL


MURO FRONTERO MURO I/IEDIAI{ERO MURO DE C]ERRE

Alan|fd,a2'|gy223 O,5O m 0,45 m 0,45 m


Alameda 213 y 215 0,66 m 0,6O m 0,60 m
D6€ngaño 518 0,70 m 0,@m 0,70 m
Arnargura 32 O,5O m 0,55 m 0,5O m

T¡bla X: Gro¡or dc muros

CASA ANCHO PROFUNDIDAD PUNTAL

Amargura 32 13,00 m 11,8O m 5,50 m


Alameda2f3y215 18.50 m 9,93 m 5,50 m
Alameda2lg y 223 22,0O m 10,00 m 5,50 m
Real del Jigüe 75 15,2O m 13,00 m 6.00 m

Tabla Xft Dimenslong dcl Tabla conshuctlvo delantcro


ESTRUCTURAS Y FUNCTONES 9I

CASA PROFUNDIDAD DE LA PROFUNDIDAD DE

PRIMERA CRUJíA LA SEGUNDA CRUJÍA

Amargura 32 7,1O m 4,7O ñ


Alameda 213 y 215 5,8O m 4,13 m

Alameda2l9 y 223 6,50 m 3,50 m

Real del Jigüe 75 8,00 m 5,0O m

Tabla Xll: Profundidad de la prlmera y segunda crulías

Comparadas con las casas anteriores, las de la segunda mitad


del siglo XlZllfpresentan similares dimensionamientos pero las casas
están construidas de un modo más regular, tendiéndose a la elimina-
ción de los escorzos y las falsas escuadras. Los muros divisorios inte-
riores se disponen en eje (TablaXIII).

CASA COMEDOR APOSENTO RECAMARA

fondo fondo andro fondo ancho fondo


Desen

gaño 518 m 9,84m 10.6¡ m


9,90 4,10 m 4,30 m 8,44 m 4,27 m 3,42 m
Amargura 10 7,5Om 7,00m 7,2Om 4.4Om 4,5Om 7,@m 4,2Om 4,4Om
Alameda 213 7,46m 5,80m 7,46m 4,13m 4,39 m 6,00 m 4,60 m 3,92 m
Alarneda 219 8,45 m 5.55 m '13,75 m 3,15 m 5,0O m 5,55 m 4.55 m 2,8O m

Tabla Xlll: Dlmen¡loncs de l¡s dcpandcnclas

z.3.l,a,casa en el siglo )(I)(

2.3.1. I-a casa organimda en torno a un patio central

las viviendas de las dos primeras décadas del siglo XXconsti-


tuyen ejemplos de transición entre el pasado y las innovaciones que
distinguen a la casa decimonónica. Por su organización espacial res-
ponden a la variante típica de las dos crujías paralelas a la calle, sin
martillos de Ia calle Encarnación núm. 25 y Amargura núm.
-casas
I17, por ejemplo. Antes de 1820, el contrato de fabricación de una vi-
vienda es del modo siguiente:
92 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

Sepase que Nos dn Btetmn Sarrin, y maestro de alarife Crlstoval Ttollano ... hems contrata-
do la execn. de una casa de mamposterí.ay teja emrnedio solar que poseo ...yo eI primero en
la Calle delAntargura voio los limítes y condicions sigte. que el segdo es obligado a concluir
ln casa que ocupará todo el fiente del Teneno, con dos culatas redondas sus canales maes-
tras en ella para precaber las perjuicíos a los uectnos y un caño subterraneo para el dxague
del patio ala calle; deberan tener las paredes príncipales seis y media baras de puntal sín
contar los simients y entre dos tercios y medía bara de gruao de buena mez¡la ... se cotnpo-
ne dha fabríca de sala y aposento debiendo ser a4uella de síete uarus de largo, llmpias; co-
medor y dos recamaras, debera tener a mas dela Puerta pral dos bentanas de sinco luces de
sedro al uso coniente, la mismo que la Puerta con su postigo y claueteada, debera ttebar
gtarda polbo de todo el Írente sobre canes, y en el comedor recamaras y aposentos los nesess;
los suelos deberan ser.los dela sala y aposento de torta, y los restantes de ladrllto y de esto
mkmo las sitaras ....61

En los primeros años se encuentran, también, c¿rsas con las


crujías acrecidas en sentido horizontal, como la de la calle SantaAna
núm. 481, que cuenta, en la primera, con tienda-aposento-sala-apo-
sento-cuarto-cuarto y, en la segunda, cuarto-recámara-comedor-
cuarto-cuarto, solución de ampliación que ya habíamos encontrado
en las casas anteriores.
Pero lo que distingue la casa del XD(es la presencia generaliza-
da del martillo y de la galería que circunda al patio por un costado,
por dos ó por todos sus lados. Centro de la casa, alrededor del patio
se erige Ia üvienda. Y por consecuencia, estos nuevos componentes
implican una profunda transformación de la organización planimé-
trica y funcional de las viviendas.
La estructura de base sobre la cual se desenvuelve la casa del
siglo )lX se deriva de la distribución espacial tradicional. Siempre
nos encontraremos que el cuadro principal de la vivienda se formula
en dos crujías paralelas a la calle. Pero, las crujías delanteras serán
cortadas, en sentido de la profundidad del solar, por otra crujía, en
uno o en ambos costados, configurándose una planta en L o en U.
Las galerías corren por los costados del patio. t"a distribución funcio-
nal de los espacios sufre modificaciones que revelan el nuevo espíri-
tu de la casa: la primera crujía contiene la sala y los aposentos; la se-
gunda, en el lugar donde anteriormente estaba el comedor, aparece
una nueva dependencia denominada saleta que funciona como una
prolongación de la sala. l¿ saleta desplaza el comedor hacia la gale-
ría. En los martillos, los cuartos y, al final, aparece la cocina, integra-
da a la vivienda como parte constitutiva de la misma. Según casos,
pueden aparecer otras dependencias como despensas y letrinas.
ESTRUCTURAS Y FUNcIoNES 93

Un minucioso inventario de la casa de la calle Real del ligüe


núm. 33 realizado en 1826 informa sobre las funciones de los espa-
cios en las casas tempranas del siglo nX. La vivienda está formada
por la sala y los aposentos, el comedor y las recámaras, los cuartos
dispuestos en orden sucesivo en el martillo, la cocina y común, al
fondo.oz Esta casa mantiene la disposición reflejada por el documen-
to, con una singularidad: el comedor está ubicado en una galería
abierta en arcos, adosada a la primera crujía, caso poco común en la
ciudad para una casa del siglo XX, donde lo común es que la galeúa
esté situada a continuación de una segunda crujía (ilus. 52). No obs-

52. Planta de
Amarguranúm. 108.

tante, el esquema planimétrico típico se reconoce en numerosas ca-


sas, entre las que vale distinguir las siguientes: la casa de la calle Ro-
sario núm.406, esquina a Media Luna, llamada de Orizondo;oa lu ¿"
la calle Alameda núm. 69, llamada de Guiraud;ca la de la calle Gutié-
rrez 363 esquina a Portugués, denominada de Malibriín o de Sch-
midt;os y la de la calle Desengaño núm 60, esquina a Peña, conocida
como el Palacio de Cantero.66
94 TRINIDAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

Todas estián dispuestas según la secuencia: primera crujía, se-


gunda crujía, galería y patio. En la de Orizondo, la primera y la segun-
da naves tienen tres dependencias; al centro, la sala. La galería, de ar-
cos sobre pilares. Por los tres lados restantes del patio se levantan
construcciones y la galería se continua por el costado izquierdo, por
donde existe una portada de comunicación con la calle (ilus. 53). En

t T
fl
l-l - r
-*

f
¡
t
)
53. Planta de Rosario
ntim.406,.,aquiln
a MediaLu¡w.

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-l

r+ ilI

L ¿ -l

54. Plann de Alameda núm. 69.


ESTRUCTURAS Y FUNcIoNES
95

la de Guiraud, la distribución del cuadro delantero es la tradicional


saleta, aposentos y recámaras-, y al costado del mismo se
-sala,
desarrolla el zaguán que desemboca en la galería, sostenida por pila-
res y adosada a la segunda crujía. A ambos lados del patio se desarro-
llan los martillos (ilus. 54). Del mismo modo la de Schmidt tiene a un
costado del cuadro delantero, unas dependencias que, por sus di-
mensiones, no parecen haber estado destinadas azaguán. La galeúa
es notable, conformada por una sucesión de arcos que circundan el
patio por dos de sus lados y, en forma simulada, se continúan por el
otro costado. [a casa gira en torno al patio, hoy modificado, pero uno
de los mejores de la ciudad en su época. Al fondo, las cabanerizas
(ilus.55).

¡
a

a
a
a
,ylr
r¡l F

ffcl
-t-t 55. Planta de Gutüna, núm. 363,
aquinaal callejón de Schmüt,
reproducción dcl plano realizad.o
por Bernardo Orri, 1883.

En la casa de cantero, amprias y dilatadas galerías custodian


un majestuoso patio por sus cuatro costados. Su distribución delan-
tera se asemeja a la de la casa de Guiraud: en un costado, la puerta
cochera desemboca en la galería; la puerta principal da acceio a la
96 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

sala, flanqueda por los aposentos. [,a saleta, a su vez, cuentan a cada
lado con recámaras. En el costado de la calle Peña se suceden las ha-
bitaciones, intemrmpidas en la medianía por un zaguán sobre el cual
se levanta la torre. Al fondo, una enorme nave dividida en dos estan-
cias y, en el martillo derecho, otras dependencias, la cocina y lo que
fueron los excusados (ilus. 56).

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tsg3gE3 ¡,

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I E
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56. Plann de
J üD ¡rDÉ

Desengaño núm.60,
esquina a Peña,
Palacio de Cantero.

El zaguiín se generaliza en las construcciones de mayor enver-


gadura. En cierta medida, ocupa el lugar de la tienda. Pero se incor-
pora a un lado del cuadro delantero organizado en aposento-sala-
aposento y recámara-comedor-recámara. Por ello es raro encontrar
un zaguián inmediato a una sala como ocurre en las casas del siglo
)UIII.También, se hacen frecuentes los cuartos altos sobre los zagua-
nes, como antes se vieron sobre las tiendas. [¿ tienda, por su parte,
aunque puede encontrarse en la misma ubicación que es común en
el siglo )UIII en las casas de una planta, por lo general, recupera su
localización en la planta baja de las de dos.
Las casas de dos plantas no son numerosas. Sin llegar a predo-
minar, rompe con su verticalidad la escala que la ciudad había here-
dado. Desde el punto de vista funcional, se formulan a semejanza de
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES 97

las habaneras, con el piso bajo destinado a tiendas, almacenes y de-


pendencias accesorias, y, en el alto, la habitación familiar. Pero se
distinguen de aquellas por la ausencia del entresuelo, por excepción
incorporado en un sólo caso la casa de Ortiz-, sin proyectarse
hacia la calle.
-en
En los primeros años del siglo XDKse construyeron las llama-
das casas de Ortiz,Gz y de Brunet, ambas frente alaPlaza Mayor. Nin-
guna de las dos presenta una distribución representativa. De Brunet
se conoce que aprovecha parte de una construcción anterior existen-
te en su solar.68 La de Ortiz parece haber sido construida de una vez
pero es raro su disposición en ambas plantas sobre la base del esque-
ma de crujía-galería. La entrada en ambas se encuentra al centro de
la fachada, como es general en Trinidad y se efectúa a través de un za-
guán que desemboca en la segunda crujía en el caso de Ortiz y en la
galería en el caso de Brunet. En este lugar arranca la escalera que da
acceso un comedor, abierto en arcos. Del mismo se pasa a la sala y,
en el caso de Brunet, a continuación de ésta se encuentra la saleta,
construida sobre el soportal, en relación inversa a lo común en Trini-
dad. El patio de Ortiz está muy deformado, carece de galerías y a uno
de sus costados se suceden dependencias que parecen haber sido ac-
cesorias, comunicadas directamente con la calle del costado. Brunet
cuenta también con dependencias comunicadas con la calle lateral
pero el patio constituye el centro de la casa. En el piso superior, unos
hermosos balcones-galerías procuran la relación entre los diversos
espacios.
Típico ejemplo de casa de dos plantas es el llamado Palacio de
Iznaga,Gs a pesar de estar fabricado en un solar sumamente irregular.
Está concebido sobre la base del esquema de las dos crujías parale-
las con galería adosada y martillos. La planta alta está dispuesta de
forma similar a cualquiera de las casas de una sola planta del siglo
XD(. Sala y saleta flanqueadas por aposentos y recámaras. A conti-
nuación, la galería y en los costados, los martillos. La baja, destinada
a almacén y dependencias de servicio, con una monumental puerta
de zaguán situada al centro de la fachada. Es Iznaga uno de los edifi-
cios más monumentales de Cuba (ilus. 57 y 58). A la cumbrera tiene
14,50 m de puntal. Se destaca, también, su majestuosa escalera y la
peculiaridad de contar con cocinas en altos y bajos, como parece era
necesario p¿ua una mansión que contó con una numerosa servidum-
98 TRtNtDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

57.Plann baja de Daengaño


núm.416, ent e Rosario y Media
Luna, Palacio de Innga,
tomada de Aquiles Mazn,y RaúI
Macías, " La arquitectura c oloni.al
deTtinidad.

' SS.Planmalnde
Desengaño núm.416,
ente Rosarioy Media Lutw,
Palacio lzrnga, tomada dc Aquilcs Maza y
Raúl Macías, "La arquiQctura
c o I onial de Tl in ida"d". tr^rra Art^

bre. otra casa representativa es la que existiera en la calle Gloria, des-


tinada posteriormente a Administración de Rentas,7o cuya planta
ilustra cumplidamente la organiz¡.ciín de una casa de dos plantas de
la primera mitad del siglo XIK(ilus. 59).
ESTRUCTURAS Y FuNcIoNEs 99

An úgtry!4,w¿, ;4 .tanlriro/t al¿ ü&,1/)

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59. Cav fupreclda de b Admintstrrción de Rentat, tomado de "Errydiente


promwldo Wr elAdnonTqorcro de Rentat NdeTnndadsobre quc v ampe pr la
RqI Hactundt en $, Un W b cav de Dn Roberto Seunrdi IUg. L N.C. fondo
Intendcncia General de llacfenfu" 14. 467, ap. I.

Ahora bien, no siempre cada planta de la vivienda estuvo des-


tinada a funciones distintas. E¡risten casas con ambas plantas desti-
nad¿rs a habitación familiar. Es el caso de la bellísima casa uamada de
Malibr¡in,7l cuya planta tampoco puede considerarse como típica
por aprovechar parte de una vivienda anterior. No es éste el caso de
Ia de la calle Guüérrez nrlm. 403, esquina a Colón,z2 construida de
una sola vezy ela que ambos pisos están concebidos como el de
una vivienda común y corriente, con acceso independiente el alto.
funto a estas c¿tsÍls de primer orden se fabricaron otras muchas
de menor categoúa. Estas casas cuentan, por lo general, con un solo
ma¡tillo, y la galería se sustenta en horcones de madera. l,a galería,
por lo demás, casi nunca se continua por el lado del martillo y, a lo
100 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

60. Planta de Gutiénez núm.406.

sumo, un sobradillo volado, sostenido por pies derechos, cubre un


angosto pasillo. Son casas características de la clase media de la épo-
ca (ilus.60).
En cualquiera de los casos analizadós, la primera crujía se pre-
senta compartimentada en cuatro, en tres o en dos dependencias.
Pero lo singular de la casa del XXes que, a no ser que se trate de una
casa construida en el siglo XYIII, y modificada con posterioridad,
siempre la segunda crujía repite el mismo número de dependencias
que la primera. La puerta de acceso se encuentra al centro de la fa-
chada, y enfrentada a uno de los arcos que comunican las estancias
centrales.
Estos arcos tienen una gran importancia. En los inicios del si-
glo persisten los lobulados, casi siempre de formas conopiales. Pero
el arco de decimonónico es el de medio punto que, por lo general, en
pareja, comunican la sala y la saleta. Los más simples descansan en
un filete o listel, o en un simulado capitel de perfil de gola, que pue-
de adquirir mayor riqueza de molduraje. Los más elaborados pueden
estar enlucidos con yeso moldurado y decorado, y tener revestidas las
jambas con madera, a manera de pilastras. Otros llenan su luz con
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES l0l

persianas en abanico. El a¡co puede engalanarse con ornamentos de


corte clasicista, gparnicionado con madera y, en su ausencia, la de-
coración puede extenderse a lo largo de los pilares de sustentación.
Thmbién suelen verse arcos con una gran moldura en el intradós,
continuada en los ángulos esquineros de los pilares.
El ambiente de la casa del siglo XXestá determinado, en gran
parte, por la presencia de estos ¿ucos. Al horadarse el muro entre la
primera y segunda crujías se vinculan espacialmente dos dependen-
cias que en el siglo XIilII estaban bien diferenciadas y que, en esta
época, cambian de función. El ámbito de la sala se complementa con
el de la saleta, que es su prolongación. Aunadas, dan lugar a un am-
plio salón propio para acüvidades sociales. Independientes, la sala se
usó como lugar de recibo formal, y la saleta para el recibo íntimo. Ya
no encontraremos en las saletas las tradicionales alacenas de los co-
medores del siglo )UAL En su lugar se colocan rejas, a uno a ambos
lados de la puerta de comunicación con la galeúa. Las alacenas, en-
tonces, se mudan hacia la galería. El comedor, como ya se ha expli-
cado, se traslada a la galerla y este ámbito se cierra por medio de per-
sianerías situadas entre los horcones de madera o los pilares de los
arcos. Si cuentan con a¡cos, en éstos se colocan mediopuntos de per-
sianas en.abanico y, excepcionalmente, mediopuntos de cristales de
colores. 6r- C.ocina, palacia de funtero.
t02 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoN¡o DE LA HuMANIDAD

En los martillos, las dependencias más diferenciadas son la co-


cina y los excusados. [a casa, al fin, encuentra una estancia p:rra co-
cina¡, distinguida por Ia gran campana sobre el fogón (ilus. ét). Esta
cocina se encuentra abierta al patio, accesible por medio de un arco
rebajado o de medio punto. El excusado está a continuación. Final-
mente, el patio era un espacio principalísimo: se convierte en jardín,
con sus árboles frutales de gran porte, propio para el esparcimiento y
solaz (ilus. 62). se poblaba de macetas con flores, y arriatas. Los más
ostentosos, se realzaban con fuentes de agua, estatuas de mármol,
enredaderas y bancos. Aún en las casas miís modestas el patio fue un
factor del ornato de la casa.

62. Patio, casa Mncha, knaga, Museo de Arquitetura.

La casa decimonónica satisfizo las necesidades de la época en


una sóla unidad, sin depender de construcciones anexas. Es una ca-
sa, valga decirlq "urbana'' que ha abandonado la ruralidad de tiem-
pos anteriores y cuyo mejor elemento de identificación es la existen-
cia de un patio en su verdadero y exacto sentido.
ESTRUCTURAS Y FuNcIoNEs t03

2.3.2. Cronologíay dimensionamientos de la casa del siglo XD(

A lo largo de este capítulo se han ofrecido datos que permiten


el reconocimiento cronotipológico de las üviendas. No siempre esto
es fácil en ciudades de vieja historia donde las casas han sufrido su-
cesivas ampliaciones o remodelaciones. En muchos casos persiste la
duda. Nos atreveríamos a afirmar que es imposible que una casa del
siglo XI41Io anterior no haya sufrido alteraciones posteriores. Si a es-
to se añade que los usos constructivos tradicionales persisten en las
casas modestas más allá del tiempo al que pertenece el tipo al que
responden, las confusiones pueden ser considerables. La modestia
constructiva tiende a confundirse con la antigüedad.Yla mayoría de
las veces de lo que se trata es de la coexistencia de lo tradicional con
lo innovador. Y eso innovador se reconoce con claridad en las qasas
de los grupos adinerados. Pero todas, de un modo u otro, responden
a un proceso de evolución que es posible comprender y reconocer.
En el caso de las viüendas trinitarias y aquellas homólogas del
resto del país, tal como lo son las de las villas del interior fundadas en
el siglo WI, se reconoce el momento de fabricación de una vivienda
por el modo de estructurarse el martillo con las crujías,. El martillo se
integra a las crujías de dos maneras posibles: martillo que arranca de
la segunda crujía, caso caracteústico de las casas construidas en el
)OX enlas que el ángulo de los muros que se cortan tiene lugar entre
el medianero ubicado entre la sala y la saleta- y el lateral; y, mar-
-el
tillo que arranca del cuadro constructivo conformado porlas dos cru-
jías delanteras, en cuyo caso serán el muro de cierre y el lateral los que
se cortan, solución ca¡acterística de las casas fabricadas en el siglo
)UIII y ampliadas, en el )(DC En ambos casos, se reconoce una u otra
solución por la forma de estmcturarse los techos en el encuentro de
las pendientes. En el primer caso,las pendientes del tejado se encon-
trarián sobre la recámara. En el segundo, sobre el primer cuarto del
martillo.
En el siglo XD(,laprimera crujía puede estar techada con evo-
lucionadas armaduras, de forma rectangular, a cuatro aguas, monta-
das sobre soleras, o estar cubierta por el llamado techo de "losa por
tabld' o azotea, generalizado en este período. Del mismo modo, la se-
gunda crujía, las galerías y los martillos, pueden estar cubiertos con
colgadizos de madera o con azoteas. Si la casa fue construida en su
104 TRTNIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

totalidad en el siglo xx, y aparece cubierta con techos de madera, és-


tos se estrucruran orgánicamente como una sola unidad, descen-
diendo el puntal y, por ende, la altura de los muros (ilus. 63). Este sis-
tema de cubrición coordenado caracteriza las üviendas cuyo marti-
llo arranca del muro medianero. si utiliza la madera y la losa por ta-
bla, en yuxtaposición de estructurras, las posibilidades son las si-
guientes:

63. Sección de techo a vertientes.

l.- Primera crujía cubierta por armadura; segunda, con losa por
tabla; galería, con colgadizo de madera; martillo, con colgádi_
zos de madera,
2.- Primera crujía cubierta con armadura; segunda crujía, galería
y martillos, con losa por tabla. Es éste el caso de viüendas co-
mo la de Cantero, en la que los muros descienden en forma
proporcional (ilus. 64).
si la casa cuenta con una estructura delantera fabricada en el
siglo xwII, y la galería y las dependenciasde los lados del patio fue-
ron añadidas con posterioridad cuyos martillos arrancan del
-casas
muro de cierre-, los techos de las crujías y los de las galerías son in-
dependientes entre sí, y es obligado elevar el muro de cierre de la se-
gunda crujía, para eütar la caída del puntal (ilus. 65). Tendremos, en-
tonces, dos posibilidades:
ESTRUCTURAS Y FUNcIoNES 105

.r r cc t0N

AA f rcc ro¡l l_oNrirTuurN¡r,


Scccionct de la cau dc C¿nt¿¡o

64. Sección del Palacío de Cantero, tomada de Aquiles Maza y Ra{tl Macías,
"La arquitectura colonial de Trinidad".

65. Sección de techo de uertíentes y de azotea.

1.- Primera crujía con armadura; segunda, con colgadizo; galeria


y martillos, con colgadizos.
2.- Primera crujía con armadura; segunda, con colgadizo, galeria
y martillos, con Írzotea.
En cierta medida, el techo de losa por tabla ofrece menos limi-
taciones en cuanto a la dimensión de los espacios, lo que le permite
106 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

a la casa decimonónica una mayor libertad en cuanto a las propor-


ciones de cada una de sus dependencias. Pero, en sentido general, se
mantuvo la costumbre de ir disminuyendo la profundidad desde la
primera crujÍa hasta las galerías. (Tabla XIV). Las estancias mantie-
nen una proporción semejante a la vista en casas anteriores pero, en
algunos casos, alcanzan dimensiones notables.

CASA PROFUNDIDAD DE LA PROFUNDIDAD DE LA PROFUNDIDAD


pnlm¡na cnulí¡ s¡cuHo¡ cnulh DE rA GAI-ERÍA
Alameda 69 6,60 m 4,¿lO m 4,20 m
Desengaño @ 8,80 m 5,90 m 5,10 m
Cuüénez ¿O6 6,30 m 3,60 m 3,0O m
Rosario 406 6,70 m 4,5Om 3,3O m

Tabla XIV: Dimcnslones de las crujís y la gelcria

Por otra parte, en el m(, predomina la tendencia hacia la es-


cuadra perfecta (Tabla XV), lo que trasciende hasta las dificultades
presentadas por la asimetría de los solares. Llama la atención la sabi-
duúa con que fue proyectado el patio del palacio de Cantero, cuyos
pilares se encuentran ligeramente inclinados, de modo que las visua-
les resulten regulares.

CASA SALA SATETA APOSEIT¡TO necÁ¡utn¡


ancho fondo ancho fo¡do ancho fondo ancho fondo
Alame

da 69 8,20 m 6,@ m 8,2O m 4,4O m 4,00 m 6,@ m 4,00 m 4,4O m


Desen

gaño s.n. 12,00 m 8,80 m 12,0O m 5,9O m 5,75m 8,@m 5,7Om 5.9Om
Gutie

nez 406 7,30 m 6,30 m 7,30 m 3,@ m 4,2O m 6,3O m 4,2O m 3,60 m
Rosario ¿106 10,50 m 6]0 m 10,50 m 4,5O m 6,30 m 6,70 m 5,60 m 4,4O m

Tabla XV: Dimcnslón dc las depcndcncias

Al mismo tiempo, el mayor dominio de la fabricación en mam-


postería permitió aligerar el grueso de los muros, en donde la cal, la
piedra pequeña y el ladrillo sustituyen a los grandes e irregulares pe-
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES t07

druscos unidos con argamasa de tierra del siglo )NIII (Tabla)ry.D. Y


también, permite elevar la vivienda que, en algunas alcanza puntales
notables. (Tabla )fffl).

CASA GRUESO DEL GRUESO DEL GRUESO DEL

MURO FRONTERO MURO MEDIANERO MURO DE CIERRE

Alameda 69 o'50 m o,50 m 0,5O m

33
Real del Jigüe 0,50 m 0,50 m 0,50 m

Gutiénez 362 0,60 m 0,5O m O,@m

Rosario 4O6 0,6O m 0,6O m 0,65 m

Guüérez 406 0,50 m 0,45 m 0,45 m

Desengaño 60 0,70 m 0,60 m O,7o m

Tabla XVl: Groror d. los muros

Sin embargo, para derivar cronologla según el puntal (Tabla


)ffIII) debe tenerse en cuenta que aunque la altura de las edificacio-
nes asciende en la medida que el tiempo transcurre, un baio puntal
no necesariamente es índice de antigüedad. casa anüguas muestran
un altísimo puntal. Y las casas modestas de cualquier época por lo
común tienen pequeñas proporciones.

CASAS DE I¡ PRTMERA M]TAD DEL SIGLO XVII PUNTAL

Medh Luna 7 3,20 m

Real del Jigiie 137 3,80 m

Nueva s.n, 4,',15 m

,vled¡a Luna 30 4,2O m

Boca 363 5,0O m

Rosario s.n. 5,5O m

Real del Jigüe 93 6,30 m

Boca 314 7,0O m

CASAS DE tA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVIII PUNTAL

Cuüénez 10o 3,OO m

Amargura 143 4,50 m

Amargura 66 4.5O m
r08 TRTNIDAD DE CUBA, pATRtMoNlo DE LA HUMANTDAD

Amargura 33 5,00 m
Alameda 165 5,20 m
Alameda2l3 y 215 5,70 m
Real del figüe I s,80 m
Alameda l74y 176 5,90 m
Real de¡ tigüe 75
6,00 m
San José 182 6,80 m
Cristo 34 7,00 m

CASAS DEL SIGLO XIX PUNTAL


Cut¡érrez 4O5 5,OO m
Desengaño 517 5,00 m
Añargwa27 5,4O m
Real del Jigüe 53
5,¿lO m
Media Luna 18
6,00 m
Guüénez 353 6,50 m
Alameda 69 6.@m
Desengaño 60 7,OO m

Tabla XVll: Puntales

La relación del ancho con la profundidad de los solares resulta


en extremo fluctuante (Tabla xvIII), de acuerdo con la importancia
de la casa y las características de uso del solar: de nueva planta, en te-
rreno no urbanizado anteriormente; de nueva planta, en terreno
donde existiera una üvienda demolida para fabricar la nueva. pero
en general, las üüendas presentan notables dimensiones v se acre-
cen mediante la inserción estable de los martillos. La üüenda se en-
cuentra definitivamente organizada alrededor de un patio central.

CASAS ANCHO DEL SOLAR PROFUNDIDAD DEL SOLAR


Gutiénez 4O6 15,50 rn 35,000 m
Real del jigüe 33 15,50 ñ 37,00 m
Guüérrez 363 22,OO m 32,50 m
Rosario 406 23,0O m 35,00 m
Alameda 59 25,00 m 43,0O m
Desengaño 60 38,00 m 52,50 m

Tabla XVlll: Dimensiones de los solares de casas del siglo XIX


ESTRUGTURAS Y FUNcIoNES 109

Prat Puig sostiene que este es el fin último de la casa colonial,


concebida a modo de un gran embudo para facilitar la recogida de
las aguas llovedizas en un aljibe o cisterna. Afirma Prat:
...Los pdtios de nuestras casas responden en cas¡ todos sus aspectos a un tipo muy primiti-
vo, el que a partir del sigb XN resucita entre los musulmanes españoles las soluciones pro-
pias de anti4ulshnas tradí.ciones de los pueblos ribereños del mar Medítenáneo. En los pa-
tios musulmanes reuerdecteron los que en la Antigüedat Clhíca habían tomado formas
defrníthms en el'htrium" y "peristilum", bien que ínterpretándolas de manera especial- ...-
73

Sin embargo, el patio no se integra a la casa trinitaria desde un


principio. La casa trinitaria temprana, como hemos visto, renuncia a
los martillos, estructura básica para la recogida de las aguas, y no se-
rá hasta el siglo XlXque, de forma estable, se define en L o en U, lo
que coincide, como es de esperar, con los aljibes, escasísimos en el
siglo XI4lLYes que nuestra casa, en efecto, se inspira en un determi-
nado modelo pero dicho modelo evoluciona acorde con las circuns-
tancias históricas propias. Las tipologías arquitectónicas se definen a
través de un lento proceso integrador que tiene como frontera el ni-
vel de desarrollo económico. Dichas tipologías adquieren carácte¡ de
patrón cultural como resultado del proceso histórico evolutivo, y no
como propuesta de diseño, intelectualmente elaborada en forma
previa al hecho de su materialización física.

2.4. Í-a. casa trinitaria filiación y evolución

La casa trinitaria temprana se inspira en el modelo de dos


plantas característico del siglo XWL Estas casas, en su mayoría haba-
neras, se encuentran asentadas en solares rectangulares que fluctúan
entre 12 y 14 m de ancho por 26 y 42 de profundidad. Es esta una ca-
sa que se distingue por su patio rectangular, largo y estrecho, en el
sentido de la profundidad del solar y que tiene galerías horco-
nes o en arcos- tan sólo por los costados menores. El acceso
-en princi-
pal, a un costado de la fachada, da paso a un zaguán que desemboca
directamente en la galería y se encuentra en eje acodado con respec-
to al patio. Al fondo o al costado, se encuentra el traspatio. La planta
alta reproduce la distribución planimétrica de la alta, con la salvedad
de que las galerías circundan el patio por los cuatro lados. Puede
ocurrir, también, que la galería de los lados mayores se transformen
en balcones-galeúas. En los altos, puede elevarse el puntal de una de
las estancias a modo de mirador.
110 TR¡N|DAD DE CUBA, pATRIMoNto DE L HUMANTDAD

I¿ filiación morisca de este tipo de casa ha sido precisada por


Prat Puig. En efecto, hacia el siglo JIIIlse encontraban bien deñnido
en Granada un tipo de casa conñgurado en torno a un patio central:
Dade el exterior Wnetra en un mguón, cuyas puenas nunca atón enfrentadas t...1. De
se
6ta estancla se Wa al patloreüangular que tlene galerhs porticús en los lados meno_
rg{, a las cuales se abren puertas [...] y sobre etlas tres o cwtro üentanitas. fur estas puertas
se pasa a salon* cuadradas o rectangulares, en cuyos tateros granda aras dan
Wo a sen-
das alcobas 1...1. Awces, en ellrente de la sala, se abre un mirador. AIas lados del ptio que
no tlenen galerlas luy crujlas con diversas estanclas, una de ellas, Ia escalera, síempre insig-
nifrcante. No hay LocTru 1...1. St lo casa tiene otro piso, eI éI Ia dLstríbuctón es l¿ mlsmq con
galerlas altas o paseadoray acaso algún mírador alto o tonem. tfna alberca uupa. eI cen-
trodelwtio 1...1.74

Es evidente, la semejanza de este tipo de casa con las habane-


rÍrs tempranas (ilus. 66). sin embargo, desde el punto de vista de la
distribución de los espacios y la concepción de la ediñcación, la casa
trinitaria representa una simplificación del modelo habanero. prime-
ro, se formula mayorit¡uiamente como de una sola planta, cuya dis-
tribución resulta derivada de la planta superior de las de dos, con la
que la definida como primeravariante guarda una estrecha similitud.
Pero la organización espacial típica de dicha variante se justifica, con
propiedad, por la existencia del martillo. En su ausencia, la casa

ñg
iSTiUNAil¡

I


i,
1'l

66. Dibujo de casa trinitaria, tomado de


Nomenclator comercial, agrlcola, industrial..., 1ffi4.
ESTRUCTURAS Y FUNCIO¡IES lll

transforma la galería originaria, cerrándola, para dar lugar a una se-


gunda simplificación segunda variante-, que cons-
-denominada
tituye una derivación de la primera y es el tipo que se generaliza y, a
partir del cual, evoluciona la arquitectura doméstica trinitaria.Ts
En estas viviendas tempranas, el patio no era tal, sino una par-
cela de terreno utilizada en función del autoconsumo familiar -cúa
de animales, siembra de hortalizas y demás usos de similar naturale-
za. Era una casa "semi Urbana", marcada por una fuerte ruralidad que
se expresa, por demás, en la uülización de diversas estructuras, aisla-
das entre sí, como es arln común en la vivienda campesina. son ca-
sas construidas en localidades agrarias, que comienza a articular su
actividad económica, que no cuentan comercios, que el único esta-
blecimiento comunal de importancia es la carnicerla, que no tienen
escuelas, ni vida de relación social o cultural. Son casas, por insisti¡
que consütuyen la expresión material del tránsito entre las formas de
vida rurales y las propiamente urbanas. El esquema crujía-galería-
martillo se transforma en dos crujías, como solución de aprovecha-
miento del espacio conformado por los muros. Son casas, en resu-
men, muy apegadas a una tierra que recién comienza a ocuparse' y
que responden a las más elementales necesidades de subsistencia y
protección fisica: sólidos cuadros, rodeados de gruesas paredes y
fuertes puertasr
Dichas viviendas integran un caseúo apenas ordenado, cuyo
crecimiento espontáneo se revela en la planta en "tela de araña' de la
zona originaria de la población. Las caracteústicas de la trama urba-
na están directamente vinculadas a las particularidades que las vi-
viendas adquieren, según las etapas del desarrollo histórico. El hecho
de que las casas se plantificaran en forma "espontánea' y que, en
momentos tempranos, estuvieran cercadas, provocó la necesidad de
que las calles envolvieran las üviendas y de ahí el trazado sinuoso de
las vías originarias. No es tan solo un problema de adaptación de la
casa a la topogfafia irregular del terreno. El trazado en tela de araña
es, además, la resultante de cierto modo de componer la habitación.
El desarrollo de la industria ¿Lzucarera y la apertura del puerto
en la segunda mitad del siglo ){WII inciden directamente sobre la
ciudad que come¡zará a rectificar las inconveniencias del trazado
desordenado heredado de tiempos ancestrales, a lavez que se expan-
de hacia las zonas periféricas del núcleo original. Pero Trinidad crece
tt2 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HuMANIDAD

mediante la construcción de üviendas contiguas las unas a las otras,


lo que constituye uno de los factores que determinan las característi-
cas del trazado urbano en dicha etapa, identificado por la tendencia
hacia la alineación de las calles. Dejan de cercarse lossolares, tienden
a desaparecer las viüendas aisladas, y dejan, por lo tanto, de apare_
cer calles curvas, como resultado de la integración a posterioride las
ediñcaciones a la red urbana.
la casa, por su parte, crece en el sentido de la profundidad del
solar. Inserta con frecuencia la tienda, en respuesta al creciente mo-
vimiento comercial de la ciudad. se incrementa el número de casas
de mampostería y tejas, cuya diferenciación socio-económica se ha-
ce más sutil al levantarse fábricas representativas de niveles sociales
intermedios. La ciudad permite entrever la complejidad alcanzada
por el cuerpo social y, aunque se aprecia una cierta tendencia a la di-
ferenciación de barrios según grupos sociales, lo singular es la coeús-
tencia de viüendas representativas de grupos sociales diferenciados.
El violento auge económico de la primera mitad del siglo Xrx
propicia la articulación de una entidad urbana estable, rectóreada
por el cabildo que tendrá bajo su responsabilidad el establecimiento
de los principios directores de la dinámica del crecimiento. Es la épo-
ca de la cuadrícula, del empedrado, del alumbrado, de las plazas en-
verjadas y los paseos públicos. La casa se organiza, finalmente, en
torno a un patio central, conform¿indose el modelo que, en la actua-
lidad, tipifica a la ciudad. En su interior, apÍuece ese iímbito tan siglo
)(IX,la saleta, cuyo uso para la vida social nos indica que ya la ciudad
es ciudad.
En conclusión, el modelo de habitación trinitaria colonial, no
puede verse como un patrón elaborado en un tiempo histórico pre-
cisable' Es, más bien, el resultado de un largo proceso integrativo que
tuvo como antecedentes las soluciones de organización y distribu-
ción de los espacios y funciones definidas en los primeros momentos
del desarrollo histórico de la ciudad. Dicho proceso ha si-
-siglos-
do escasamente atendido y tiene, sin dudas, una enorme importan-
cia para la comprensión de la arquitectura tradicional que no es, por
tales motivos, la resultante de un proyecto derivado de un determi-
nado ideal constructivo, sino un acto de üda mediante el cual los pa-
trones de referencia se adecuan a las posibilidades reales que enm¿u-
can, en sentido histórico, su objetivación material.
ESTRUCTURAS Y FUNGIoNES r13

NOIAS

"Padrón general de la isla de Cuba formado a consecüencia de Real Orden de


lo. de Noüembre de 1776", en tuan Pérez de la Riva "Presentación de un cen-
so ignorado: El Padrón General de 1778", en Reuista de l¿ Bibliotcca Naciornl
losé Martt, año 68, núm.3, pp.5-16.
las fuentes de archivo más antiguas de Trinidad consisten en el Libro Anüguo
de laAnotaduría de Hipotecas, cuyos asientos comienzan alrededor de 1720:.
los Protocolos del escribano Tomás de Herrera que comienzan en 1740 y las
Actas Capitulares, cuyo primer libro conservado es de 1724. Sin embargo, la
posibilidad de que en Trinidad existieran cÍrsÍrs de mampostería en el siglo
XlZIles dudosa. [a añrmación que apÍuece en el documento de 1690, citado en
el primer capituki, sobre que sus casas eran todas de paja se repite en otro do-
cumento de 1725 que dice: "...sus casas son todas de paja excepto unas ..." . Por
supuesto, la alusión a las "unad' deja una margen abierto a esta cuestión. Véa-
se: nota 30 del primer capítulo yA.G.I. "El Governador de la Havana Informa",
Santo Domingo,379.
Francisco Prat Puig, El prefunoco en Cuba. Una acuela criolla de arquítecrura
morisca,p.292.
la primera referencia localizada sobre la casa de Nicolás Pablos-Vélez es una
imposición del año 1756 pero, sin dudas, es mucho más antigua, tal vez, el ex-
ponente más antiguo de la ciudad. la disposición original de esta vivienda es
confusa. Por una parte queda el resto del marüllo al que se alude en el texto,
que üene en su parte delantera una estructura del siglo XDl, cubierta con losa
por tabla y demás elementos representativos de dicho siglo. A su lado un am-
plio solar, delimitado por una tapia que üncula a este pedazo con otra casa,
modificada también en el XD( pero indudablemente antigua, con techos de
alfarje. Son dos viviendas de las que no se ha podido determinar en que mo-
mento se relaciona¡on, si desde siempre, si en el siglo XX, cuando se remode-
laron. la disposición del martiüo sugiere su pertenencia a una üvienda que
debió ocupar el solar existente en la actualidad. En ella vivió el historiador tri-
nitario Francisco MarínVillafuere. Es, también, la vivienda que sirve de fondo
a la conocida novela de Iosé Antonio Ramos, Caniquf.
Véase A.H.T. Protocolos de Tomas Herrera, escritura del lB de febrero de 1756,
escrituras del lro. de abril de 1758 y del 6 de noviembre de l75B; Libro de la
Anotaduría de Hipotecas, t. I, escritura del 9 de febrero de 1773.
La mención más anügua encontrada sobre esta casa es de 1733. En 1742, su
dueño, Iosé García del Cono declara por sus "...Bienes las Casas demimorada
deazotea Cal ypiedra yofia de guano con mas desolar .,,". Poco después, en
1747, se precisa la ubicación de esta casa cuando el mencionado García del
Corro impone sobre "...e1 Solar y Casa de rrafa y teja ... que tengo por mis Vie-
nes... En la Calle del Iigue frente Casas de Dn Nicolas pablos Calle deporme-
l14 TRINIDAD DE CUBA' PATR¡MONIO DE LA HUMANIDAD

dio ... Y por una parte Casas del rrejidor Dn Juan marin "'"' En 1752, se descri-

be la casa como "...Debovedilla y texa y otra Casa Deguano a la otra Calle .'.". A
fines del siglo XVIII, la casa pasa a la familia Iznaga Borrell y en ella nace el pa-
triota trinitario José Aniceto lznagay Bonell (1791-1860), una de las figuras
principales de la Conspiración de los Soles y Rayos de BolÍvar.
[.a casa del lindero izquierdo del ]ige s.n. esquina a San losé-, señala-
-Real
da como de Iuan Marín, es también muy antigua. En l7U pertenecía MarÍa
Candelaria Gutiérrez, madre del mencionado Juan Marín. En 1750, éste vende
a " Dn pedro Ioseph de Villa Goicochea ... Una casa de rafa y teia q tengo ... en
la Calledel Iigue con Solar y un tercio sercada de paredes Yotra levantadas las
paredes q linda con Ia dha casa ...." Villa y Gocochea fue una habanero que, en
los mediados del siglo, invirtió grandes sumas en el azúcar. la casa, sin embar-
go, ha sufrido remodelaciones de importancia, aunque conserva la disposición
general y los techos.
Véase A.H.T. Protocolos de Tomás Herrera, escrituras del 9 de abril y del 25 de
junio de 1744, del 15 dejunio de1745, del l3 de ma¡zo de 1750; Protocolos de
Antonio Ramírez Barroso, escritura del 18 de junio de 1762; Protocolos de An-
tonio Muñoz, escritura del 23 de marzo de 1782; Protocolos de Ioaqufn Orizon-
do, escritura del 22 de junio de lB29; Registro de la Propiedad, t. 16, f. 132.
Véase A.H.T. übro Antiguo de la Anotadurla de Hipotecas, escritulra del 26 de
mayo de 1733, ante Domingo Aristegui; Protocolos deTomás Herrera, escritu-
ras del 29 de septiembre de 1742, del 12 de agosto de 1747, del 28 de enero de
1748, del 3 dejunio de 1752,y del2de agosto de 1753; Protocolos de Blas Dio-
nisio de Pieüa, testamento de Pedro lznaga y Borrell, escritura del 15 de no-
viembre de l8l4; Registro dela Propiedad, t. 33, f. 81.
'6 Es ésta una casa de sumo interés. Ha sido repeüdamente modificada en el cu¡-
so de los años. l¿ casa perteneció inicialmente aAlonso de Quesada quien le
vende en 1748 a Pedro deViüay Goicochea. Este, a su vez, en el año que com-
pra la de luan Marfn, vende a Pablo Borrell, el fundador de esta importante fa-
milia de lalocalidad:',..unacasa de rafa¡eja conelsolar qtiene dentro desusta-
pias ylasalida ala plasa ...". En el siglo JOfpasa por herencia a Pío Femández de
Iara y Borrell, casado con Isabel Mala Borrell y Padrón, padres de María del
Monserrate Femández de I¿ray Borrell, la esposa, primero, de Pedro Iznagay,
a su muerte, de lusto Germán Cantero. Es una de las pocas c¡tsas de la ciudad
que se mantienen en poder de los descendientes de las familia originaria, en
este caso, la señora Hortensia Béquer y Femández de l¿ra.
Véase A.H.T. Protocolos de Tomás Herrera, escrituras del 9 de mayo de l74B y
del l4 de marzo de 1750: Protocolos de Manuel Aparicio, test¿¡mento de José
Pío Fernández de Lara, escritum del l7 de agosto de lB47; Registro de la Pro-
piedad, t. lo0, f.44.
Esta casa, a pesar de esta¡ dividida en tres partes, nos ha servido para recon-
tmir las ca¡acterlsticas espacialesde las casas primiüvas, puesto que ninguno
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES l15

de los muros originales ha sido modiñcado' Su distribución es la típica y para


su comprensión fue de gan uülidad la minuciosa descripción de la vivienda
que insertamos en la página 33 y cuya referencia documental se encuentra en
la nota 19 de este capltulo. l¿ casa fue construida por el presbltero Diego An-
tonio de Zerquera en los primeros años del si$o )ufi. Es una de las cuatro ca-
sas de la ciudad que cuenta con techos de armadura con dobles estribados y
canes, recorridos con moldu¡as soleras y solerillas abilletadas. Por herencia
pasa a Francisco de Zerquera, quien en l8l8 lavende asebastián Palacios y és-
te a José Rafael Sufuez del Villar, cuyos descendientes la venden a José Galdo y
Rodrlguez.
véase aH.T. Libro Antiguo de la Anotaduría de Hipotecas, t. I, escritura del 24
de marzo de 1738 ante Domingo Aristegui; Protocolos de Tomás de Herrera'
escritura del l8 de enero de 1746; Protocolos deAntonio Muñoz, escritura del
27 de junio de 1786; Protocolos de Juan Matamoros, escritura del 13 de mayo
de l8l8; Protocolos deloaquín orizondo, escritura del 2l dejunio de 1833; Re-
gistro de la Propiedad, t. 46, f. 160.
Entre 1740 y 1750 en la calle san José entre ReaI del ligüe y Amargura se fabri-
caron las casas más importantes de la época. Entre ellas, se destaca ésta, en
cuyo techo está indiciada su fecha de construcciÓn: 1745. Sin embargo' no ha
sido posible enconüar información documental sobre esta viüenda anterior
al siglo J(Dr. En lB2B pertenecía alosé Felipe González, cuya hija, Manuela, la
vende a Juan BautistaArmenteros, por lo que la casa pasa a una destacada fa-
milia de la ciudad.
véase Protocolos de Feüpe Marla Domfnguez, escrituras del 3l de marzo de
r82B y del l1 de sepüembre de 1833; Protocolos de Manuel Aparicio, escritu-
ras del 4 de mayo de 1847 y del 6 de noviembre de lB50; Ubro de la Anotadu-
rla de Hipotecas, t. il, f. ,145 v.
Desde los mediados del siglo Xl4Ise encuentran referencias documentales so-
bre casas habaner.¡s que responden a este tipo esquinero.
Véase Escritura de 29 de abril de 1579 ante Iuan Pérez Borroto, en MaríaTere-
sa de Rojas, fndíce y extraetos del Archivo de Protocolos de La Habana (1578-
1585), pp. 86-88.
l0 En el testamento de losé GonzáIez de Osorio, de 15 de mayo de 1745, éste de-
clara la "...Casa demi morada q son Unos Caidisos de rafa y tejas, y Una Casa
deGuano madera y embarrados que tengo en esta Ciud. en la Calle del Jigue y
en ella algunos materiales deCal y Piedra para fabricar ...." Poco después, el 22
de abril de 1752, Gottzález Osorio expresa que "...es su voluntad que la casas
de su Morada de rafa y teja de alto y bajo que lindan Unas con otras en la Ca-
lle del figiie [...] se ünculen rediñcandolas [...]". Hacia fines del siglo, la casa se
encontraba en mal estado. En 1834 es comprada por Pedro Iosé Iznaga y la he-
reda su viuda, Monserrate de l¿¡a. Hacia 1855 la casa habfa desaparecido y só-
lo quedaban las accesorias del fondo que, aunque modificadas' aún existen.
l16 TRIN¡DAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

Véase A.H.T. Protocolos deTomás Herrera, escrituras del 15 de mayo de 1745 y


del22 de abril de 1752; Libro de Cabildo de 1797, acta del l8 de agosto; proto-
colos de Felipe María Domínquez, escritura de24 de noviemb¡e de lB2B; pro-
tocolos de Joaquín Orizondo, escritura del IB de junio de lB34; protocolos de
Manuel Aparicio, escritura del 30 de abril de 1844.
ll La casa de la calle Rosario s.n. ó nrim. 3 antiguo es una de las üviendas más an-
tiguas de la ciudad, lamentablemente muy modificada. se encuentra aI térmi-
no de una elevación en la que concluye la calle del Rosario, a un costado de la
iglesia Parroquial Mayor. En la actualidad, cuenta con muro de cierre en la se-
gunda crujía pero el acceso acodado y la propia anügüedad de la casa sugieren
que esta casa contó inicialmente con una sola crujía y galería adosada. Cuen-
ta con uno de los techos de armadura más sobresalientes de la ciudad. Es la ca-
sa anügua de los Fernández de lara. En el siglo XIXera de la propiedad de Die-
go Manuel Echemendía y en ella se dice que vivió el poeta-esclavo de esta fa-
milia Mácsimo Hero de Neiba.
Véase A.H.T. Libro Antiguo de la Anotaduría de Hipotecas, escritura del 23 ro-
[
to el documentol del año 1737; protocolos deTomás de Herrera, escritura del
2 de mayo de 1742; Protocolos de Iosé Antonio de Silva, escritura del 28 de abril
de lB37; Libro de laAnotaduría de Hipotecas, t. I, f. 165 v. ; protocolos de Joa-
quÍn Orizondo, escritura del lB de noviembre de lB42; Registro de la propie-
dad, t. 16, f. 146yt. T2,f.rr2.
La de la calle Desengaño núm. s22 es también una antigua vivienda, conocida
como la casa del Dominicano. En 1746 Gerónimo de Fuentes impone,,...sobre
la Casa depiedra CaI ¡exa mia propia qtengo pormis Bienes enestta Cudd en-
lacalle q va dela Parroql lavuelta dela popa lindepor unaparte con casa ysolar
deDn Ambrocio dehermosilla t...1". A principios del siglo XIX es ampliada
cuando era de la propiedad de Salvador de los Monteros quien declara que
"...en dha Casa despues de ser mia fabrique la casita de alto q. se halla conti-
gua y lo q. hay favricado interior [...]". posteriormente pasa a Iosé Manuel de
Irrarragorri.
Véase A.H.T. Protocolos de Tomás de Herrera, escrituras del l7 de octubre de
1746, del 25 de enero de l74B y del 17 de marzo de 1749; protocolos de José Ma-
riano de Piedra, escrituras del 1l dejulio de 1795 ydel lB de diciembre de l80t;
Protocolos de Iuan Matamoros, escritura del 20 de julio de lB22; El Correo,Tri-
nidad, año 31, núm. 7, 16 de enero de 1850.
t2 Es ésta la única casa de la ciudad que cuenta con un acceso acodado franco y,
sin dudas, es representaüva de la variante primera, con el esquema de crujía-
galería. El documento más antiguo registrado sobre la misma es d,e 1774, mo-
mento en que su dueño, José Caleada, declara: "Sepase [...] comoyo Dn. Ioseph
Calzada [...] tengo [...] una casa deRafas y teja que hace esquina en la calle de
los santos con la que subre al barrio alto [...] que yo fabrique amis espensas
t...t .
ESTRUCTURAS Y FUNcIoNES Lt7

Véase A.H.T. Protocolos de Antonio RamÍrez Barroso, escritura del l7 de no-


viembre de 1774; Protocolos de José Ma¡iano de Piedra, escritura del 9 de fe-
brero de 1799; Protocolos de Iuan Matamoros, escritura del 12 de ma¡zo de
1828; Protocolos de Iosé María Femández Cueto, escritura del 15 de marzo de
1859; Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 27 de junio de lB77; Regis-
tro de la Propiedad, t. 16, f. 986-987.
Esta casa estuvo formada inicialmente por dos viviendas independientes. De
la más antigua se tienen noticias desde 1738 como perteneciente a Pedro Leo-
na¡do de Sotolongo y de la otra se conoce que en 1785 Ana Iusta de Ayala la es-
taba "...acavando de const¡uir ...". En 1789, Manuel de Sotolongo, hijo del an-
terior, le añadió un portal en 1789 (véase nota 25 del capítulo 3) Y' enüe 1790
y 1795, los Sotolongo compran Ia casa de la Ayala., cuyas descripciones se por-
menorizan en un detallado inventario que en lB02 se efectúa de los bienes
quedados aI fallecimiento de María del Carmen Martinez, esposa de Sotolon-
go. En l8l9, Pedro l¿onardo de Sotolongo y Martínez vende ambas casas a
María del Carmen Borrell y Padrón, viuda de Pedro Iosé Iznaga y Pérez de Var-
gas. En dicho año María del Ca¡men Borrell solicita pemiso al Cabildo para
construir un portal en la "...casa que posee en la Plaza de FernandoMl ...", ob-
viamente se refería a la casa que fuera de laAyala, lo que parece no llegó a ha-
cer puesto que en 1840, su nuera, Francisca delValle quien vivla en dicha casa
manifestó que "...en el año de 1Bl8 su madre politica Da Maria del Carmen Bo-
rrell obtuvo permiso para construir un portal en la casa que poseía en la Plaza
de la Iglecia Mayor ... cuya casa heredo la exponente y tratando de dar princi-
pio a esa obra, pide qe la comision de calles ... ocurran a la delineacion y terra-
plen del local ...." Evidentemente en dicho año, Francisca del Valle remoza la
casa según se infiere de una carta donde Roque de l¿ra le informa sobre los
trabajos a realaar ( véase nota 4l del capÍtulo 6). Las casas pasÍrn a Concep-
ción Iznaga y del Valle, hija de Iosé Antonio Izr,agay de Francisca del Valle,
quien refunde ambas viüendas en 1886 y, posteriormente, a Saturnino Sán-
chez quien decla¡a que "...adquirió la casa número 83 de la calle MartÍ, antes
Desengaño número 89 y 91, y antes 94 y 95 a título de anticipo de herencia de
su madre Ma¡ía de la Concepción Imaga y del Valle ...".
Véase A.H.T. Libro de Cabildo de 1738, acta del 7 de marzo; Protocolos de To-
más de Herrera, escrituras del22 de agosto de l74l y del 5 de mayo de 1750:
Protocolos de Juan Antonio Muñoz, escritura de 14 de noviembre de 1774; l¡-
bro de Cabildo de 1789, "Certiñcación del escribano Pedro José García, f. 80-
81"; Protocolos de Juan Antonio Muñoz, escritura de 7 de noviembre de 1785;
Protocolos de Pedro losé Ga¡cía, escrituradel2T de octubre de 1790; Protoco-
los de Iosé Mariano de Piedra, escritura de 20 de junio de 1795; Fondo sin cla-
sificar, "Inventa¡io de las üviendas de los Sotolongo", 18 de octubre de lB02;
Protocolos de José Mariano de Pied¡a, escritura del 2 de abril de lB0B, Proto-
colos de Iuan Matamoros, escrituras del 7 de octubre de lB04 y de 7 de junio
ll8 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMAN¡DAD

de 1819; Ubro de Cabildo de 1819, acta del 6 de julio; Protocolos de Manuel


Aparicio, escritura de 16 de abril de lB58, " Inventa¡io pracücado el 29 de ene-
ro de 1828"; Protocolos de loaquín Orizondo, escritura del 24 de marzo de
lB30; übro de Cabildo de 1840, acta del 19 de octubre; A.N.C. FondoValle, t. I,
Leg. 2. Correspondencia. "Carta de Roque de l¿¡a a Francisca del Valle sobre
las mejoras hechas en las casas de la Plaza Mayor", sepüembre I de lB40;
A.H.T. Protocolos de José Marla Fernández de Cueto, escrituras del 16 y l7 de
marzo de l85B; Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 5 de mayo de
lBB4; Protocolos de Desiderio Montorio, escritura del I I de diciembre de 1909;
A.N.C. Protocolos de )uan Luis Gelabert, escritura del B de abril de 1933; A.H.T.
Registro de la Propiedad, t. 70, f.238.
l4 En 1735 esta casa, es decla¡ada como de teja. Es, sin dudas, una de las viüen-
das más anüguas de la ciudad. En esa fecha pertenecía a Felipa Ponce, cuya ge-
nealogla se rcmonta a los principios del siglo XIZI al menos hasta donde he-
mos podido investigar. Felipa Ponce fue bautizada en Ttinidad el 25 de agosto
de 1720 y era hija del Alcalde Proüncial de la Santa Hermandad, Tomás ponce
y de Ana López, natural de Cartagena de Indias, quienes se casaron el I de ju-
lio de 1666. Tomás era hijo de Juan Ponce y Marla Bemal, ésta rlltima bautiza-
da en Tlinidad el 3 de enero de 1619 e hija de Cristóbal Bemal y Ana de la Sel-
da.
Felipa Ponce se casó en I 7 l0 con losé Varela de Silva y fu eron los paües de Ma-
rfaVarela de Silva, casada en 1735 con Iosé Antonio deVargas Machuca, natu-
ral de Seviüa e hijo de los Marqueses de Castellón. Ia hija de ambos, Teresa de
Va¡gas, nacida en 1738, se casa con foséAntonio lznaga, cuyo matrimonio da
origen a la familia de este apellido. En el testamento de Felipa ponce de 15 de
febrero de 1774 se declara '...una casa deteja y mamposterfa [...] en la calle Sor.
S.. Iph., y ota depaja en lo interior que hace frente ala calle rr. del Jigue, la qual
habita en ella dn. Iph Antonio Yznaga t...1 ". En I 776, la casa es adjudicada a Ma-
nuel FernándezdeLara, casado con Isabel deVargas, nieta de Felipa ponce. En
1809, los herederos de Fernández de La¡a le venden a "...Dn Bernardo Agustín
de Abona, de este comercio y vecindad, Una Casa de Texa con las Fabricas qe-
la comprehenden y su Solar compuesto de treinta tres y media va¡a de frente,
cincuenta y tres y media de fondo y dies y media al frente de abajo [...] cita en
la calle de Sn Iose y pr un costado la del Gigue [...] enmprecio y Cantidad de tres
mil cochocientos ps constantes, y setecientos qe ha de reconocer [...]". las me-
didas del sola¡ indicadas en este documento se corresponden con las actuales
de la casa. Posteriormente, la casa pasa a Martín Altunaga.
Véase A.H.T. Libro Antiguo de la Anotadurla de Hipotecas, escrirura del 4 de
noviembre de 1735 ante Domingo Aristegui; Protocolos de Francisco Antonio
Muñoz, escrin¡ra del 15 de febrerc de 1774, testamento de Feüpa ponce; proto-
colos de Antonio Muñoz, escritu¡a del I I de junio de l276; protocolos de Juan
Matamoros, escrinrra del l1 de septiembre de lB09; protocolos de Manuel
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES tl9

Aparicio, escritura del 15 de diciembre de 1855 y del 11 de febrero y 4 de mayo


de 1857.
t5 En 1747, Blas Alonso Bernal vende a Carlos Merlín ""'una Casa deguano ma-
dera y Embarrados Vieja Y deterioradaY un Caidizo de Teja ["'l que tengo
por
misVienes enla calle que crusa la Esquina de Dn Iuan Marin, lind poruna par-
te con Casa de teja de Da Phelipaponse [...1". Poco después, en 1749, Carlos
Merlín impone sobre "...1a casa de rafay texa quetengo pormis vienes [...] linda
con casas de Da Phelipa Ponce [...1", lo que signiñca que en el solar donde exis-
tiera la casa de guano, Merlln construyó otra de mampostería y tejas que es la
que ha llegado a nuestros días. En 1768, la casa era de la propiedad de Iuan
Gotuálezde lglesias, cuya hija Luisa Mariana se casa con Juan Bautista de Ar-
menterosyunahijadeéstos,MarladelasMercedesdeArmenterosyGonzá-
lez de lglesias, casada con carlos Armenteros, perrnuta la casa en 1839 con
Bárbara salabarrla, esposa de Iuan Pedro Arriola. Tanto ésta, como el resto de
Ias viviendas de la calle San Iosé y otras importantes casas hasta aquí reseña-
das, pertenecían a familias vinculadas al azrlcar.
l6 A.H.T. Protocolos de Tomás de Herrera, escritura del ll de marzo de 1740.
p.
t7 Real Academia de la lrngua Española, Dtccianario de la lengta castellana'
6s0.
18 Ibü.,p.57
l9 A.H.T. protocolos de Tomás de Herrera, escritu¡a del 18 de enero de 1746.
20 Real Academia de la l,engua Española' op. cít.,p' L75'
2L Ibíd., pp.635-635.
22 Vicente lámpefez, Arquit@tura ciuíl española de los siglos I al )(vm, L L p. 403.
23 Real Academia de la lengua Española, op. cit., p. 614'
24 Ibid.,p.70O.
25 Esta tradición cuenta con un antiqulsimo origen. la viüenda de la antigüedad
clásica tenía con frecuencia al lado "...de Ia puerta, en la calle [...] una tienda o
almacén [...1".
Véase G. l¿hnert, I'as artes índttstriales. Atttigüedad y Edad Media, p' 56'
26 A.H.T. Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 28 de enero de 1842'
27 Desde temprana fecha, la cocina es mencionada en documentos referentes a
viüendas habaneras. En una escritu[a del 30 de septiembre de 1589, Catalina
Alva¡ez cobra el alquiler de una casa "-'.con su cocina de paja y homo ["'1"; el
5 de octubre del propio año, Pedro Rubio vende la "...casa [.'.] con su solar'
po-
zo e cozina [...]".
véaseA.N.C. Protocolos de Antonio de Regueira, escrituras del30 de sepüem-
bre y del 5 de octubre de 1589 ante el escribano Juan Pérez Borroto. copias tra-
suntadas por Nieves Arencibia.
28 A.H.T. Protocolos deTomás de Herrera, escritura del 4 de marzo de 1746'
29 A.H.T. Protocolos de Tomás de Herrera, escritura del 3 de febrero de 1749'
30 A.H.T. kotocolos de Tomás de Herrera, escritura del 30 de enero de 1749'
t20 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

3l A'H'T. Protocolos de Tomás de Herrera, escritura del lB de febrero de 1756.


32 A.H.T. Protocolos de Tomás de Herrera, testamento de pedro teonardo
de So-
tolongo, escritura del 5 de mayo de 1750.
33 Véase notas 4, 5, 10, ll, 14 y 15.
34 A.H.T' Protocolos de Tomás de Herrera, escritura del lro. de septiembre
de
1751.
35 Con muchafrecuencia se encuentran referencias documentales de este tenor:
Francisco Xavier García impone sobre "...e1 solar ycaidizo detexa y
una casade-
guano...".
Véase A.H.T. protocolos de Tomás de Herrera, escritura
der 20 de julio de 1742.
36 aH.T. Protocolos de Tomás de Herrera, escritura del 27 de diciembre de
1749.
37 A.H.T. Protocolos de Tomás de Herrera, escritura del 23 de enero
de 1749.
38 A.H.T. Protocolos de Antonio Muñoz, escritura del 26 de abril de 1773.
39 Fra¡rciscopratpuig, op.cit.,p.lS2.
40 I.as fábricas de
mortero de üerra son muy antiguas. Fueron empleadas por los
egipcios y los asirios. Eran conocidas en cartago en el año 225 a. n.
e. Roma las
utilizó y muchas villas üsigodas se levantaron con este sistema de fabricación.
En España, la casa popular, desde la meseta de castilla hasta la inmensa
zona
de la Andalucía, está construida con tapial, adobe o ladrillo.
I¿s mezclas más utilizadas para el tapial fueron:
. I parte de arcilla, I de arena y 13 de üerra franca.
. 4 partes de arcilla, Ide arena y 2 de üerra vegetal
. I parte de arcilla, I de gravilla y 2 de tierra vegetal.
Fue común reforzar los tapiales en las esquinas, o pÍlsar de trecho
en trecho
verdugadas de ladrillo, lo que originó una fábrica mixta que se denominó
tapia
real. l¡s revocos que se aplicaron al tapial solían ser de car y
aren4 o de yeso.
Sobre los revocos de las casas trinitarias véase el capítulo 6, p. 147.
Véanse Luis Feducci, Itinerarios de arquinrtura popular española,pp.
16_lB, y
Encicloped.ia uníversal europeo americana, t. LD(, pp. 465_466.
4l El hormigón o torta se obtenía mediante la fusión de pequeñísimas partículas
de pieü4 fraguada de modo que, al endurecerse, se forme una masa compac_
ta. Las piedras se mezcran con argamasa, que es lo que siwe de aglutinante.
Véase Florencio Ger y Lobez, Tratad.o de constru¿ción ciuil.
42 Francisco Prat puig, op. cit., p. lS2.
43 lbid., p. t6I.
M l¿s referencias a las medidas de los solares mercedados son frecuentes y
siem-
pre lo determinan como "...compuesto de veinte y siete varas y
media de fren-
te y cuarenta de fondo ....,'
VéaseA.H.T. Ubro de Cabildo de I733, acta del 9 de enero.
45 Sobre la casa primitiva se han encontrado referencias muy anüguas que datan
de 1735, entonces en poder de Antonia Navarro del pulgar. En I 75 r es compra-
da por Luis RoüÍguez sorí de quien pasa a Marcos Fernández Morena éste
v la
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES tzl
vende a Tomás Hemández, quien en l8l9 declara "...1a casa de mamposteria y
teja cituada enla calle dela lglecia, lindando pr. un costado conla de D. Ba¡ba-
ra de la Era y haciendo esquina ala plazuela deDha Iglesia '."" La casa es cono-
cida como la de "l¡s Conspiradores", por haber sido sede de reuniones de pa-
triotas cuando Ia guerra de independencia de 1868-1878. Tanto Francisco co-
mo Felipe Hemández y Fernández de lara estuvieron implicados en procesos
de disidencia por conspirar contra España.
Véase A.H.T. Libro de Cabildo de 1735, Peüción de Antonia Nauarro del Pulgar;
Libro de Cabildo de 1738, acta del 23 de mayo; Libro de Cabildo de 1739, acta
del 30 de abril; Protocolos de Tomás Herrera, escrituras del 2 de octubre de
1741 y del 12 de febrero y lro de septiembre de l75l; Protocolos de Antonio
Muñoz yAntonio Ramírez Barroso, escritura del 20 de noüembre de l7B3; Pro-
tocolos de Blas Dionisio de Piedra, escrituras del 19 de abril de l8l9 y del 20 de
ma¡zo de lB20; Protocolos de ManuelAparicio, escrituradel2z de septiembre
de I8/]Z; Libro de la Anotaduría de Hipotecas' t. III, asiento 29' f. 7; Registro de
la Propiedad, t. 67, f. 42.
46 En 1749, Antonio de Sosa le vende a Fernando Muñoz "Una casade guano ma-
derayembarrados con un colgadiso de texa enel patio yel solar que constaVa-
jo deserca que tengo por misvienes en la calle dela soledad linde con otra mia
propia porlapartte delaiglesia ypor laotra casa de Da lphaValdespino y por el-
fondo Solar de Dn Antonio Castilla con callejon desalida...". En el testamento
de Simona Herrera, esposa de Muñoz, se expresa que Ia casa es de "rafa y teja'
y la casa en el siglo XD(pertenecerá a los herederos de los Muñoz Herrera' Es
tradición que en esta casa nació el pauiota trinitario José Isidoro de Armente-
ros y Muñoz y que en ella se hospedara el Ba¡on de Humboldt cuando su visi-
ta a Tlinidad en l80l.
Véase A.H.T. Protocolos de Tomás de Herrera, escritura del 3 de enero de 1749;
Protocolos de Antonio Muñoz, testamento de Fernando Muñoz, escritura de 3
de enero de l7B7; Protocolos de Pedro I. García, testamento de simona Her¡e-
ra, escritura del 18 dejunio de 1790; Protocolos de Iosé Mariano de Piedra' es-
critura del 25 de febrero de 1794; Protocolos de Juan Matamoros, escritura del
16 de agosto de lB22; Protocolos de Felipe Ivfaría Domínguez, escritura del 24
de noviembre de 1B2B; Protocolos de Joaquín Orizondo, escritura del 30 de
septiembre de 1840; Libro de la Anotadurla de Hipotecas, t ll, f.2.
La distribución y organización de esta casa provoca muchas dudas. La crujía
lateral derecha presenta elementos de mucha antigüedad, tal como lo son las
puertas con tableros de cua¡terones, la ubicación de las puertas a un lado del
lienzo de la pared, los techos de armadura con Ios atributos típicos de las te-
chumbres tempranas. Es ra¡o, además, encontrar un techo a cuatro aguas y
con laceúas en habitaciones interiores. En Trinidad, los techos de esta natula-
leza cubren lasala Años después de terminado este lib¡o, uno de sus autores,
TeresitaAngelbello, continuando los estudios iniciados, sugirió la hipótesis de
r22 TR|N|DAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANTDAD

que lo que es hoy el martillo lateral derecho de la casa fue, inicialmente, una
vivienda independiente orientada hacia la cercana plaza Mayor, en un mo-
mento en que no existÍan construcciones entre dicha vivienda y la plaza. con
posterioridad, se fueron ocupando los espacios tal como los vemos en la ac_
tualidad, deñniéndose la calle del cristo y modiñcándose la orientación de las
üüendas. La casa de los Muñoz asimiló este pedazo y por ello üene un plan-
teo espacial tan singular.
48 Los zaguanes de las casas del siglo xllfrltambién son dudosos. cabe la posibi-
lidad de que constituyan ampliaciones posteriores lo que es no es fácil de pro-
bar por las diñcultades que se presentan a la hora de hacer elEloraciones ar-
queológicas en los muros. Este üpo de trabajo sólo puede realizarse cuando
la
üvienda en cuestión es sometida a restauración. y los documentos más anti-
guos encontrados sobre esta casa son del siglo XD(
véase A H.T. Protocolos de cipriano de villafuerte, escritura del 22 de noviem-
bre de 1836; Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 27 de febrero de lg6l
y Registro de la Propiedad, t. 19, f. l7l.
49 la documentación encontrada sobre esta casa también es del siglo )(vrII. Fn
1808, Blas lose Muñoz declara en su testamento "...1a casa mortuoria
de mam-
posterla y teja ... y otra qe se halla al frente también de mampostería y
tex¡¡ qe
sirve de Despacho de dha Factoria ...". Es singular en este documento la alusión
a la casa de la Factorfa de Thbacos, bajo la dirección de Muñoz. poco
después,
en 1813, Ma¡fa Iosefa Borrell, üuda de Blas Muñoz, vende la casa a Lorenzo
corbelle y se precisa su localización al indicarse que estaba situada en la calle
Real del ligiie, lindando con la calle Cañada.
Véase A"H.T Protocolos de pedro Matamoros, escritura del ll de febrero
de
l80B; Protocolos de Iuan Mat¿rmoros, escritura del lg de febrero de lgl3.
50 Esta casa está siruada en el tramo compendido entre la calle Guaurabo y
la de
la Boca, uno de los espacios más anüguos de la ciudad. Ar frente está
ra casa de
los PabloVélez (véase nota 4 ¡ y en su cercanla la Garcfa del Corrq
después de
los Iznaga y la deVilla y Goicochea (véase nota 5). por sus techos y puertas
es
una ci$a de la segunda mitad del siglo xvilmodificada en el XDC La primera
mención registrada sobre la casa es de 1759 cuando pertenecla a
Iosé Ortiz y
en ella no se precisa cómo era la casa. En lgfl, Iosé Rafael Ortiz expresa que
por fallecimiento de su padre heredó una casa de guano y embarro y
otra de
mamposterfa y teja' esta úrüma con accesorias a la cane aledaña, es decir,
ra
del Guaurabo. Poco después, Iosé Rafael Ortiz vende la casa a
Iosé Felipe po-
ma¡es descrita del siguiente modo: "...una casa de Tapias y teja
con sus Acce-
sorias y otra contigua de Rafa y embarros en la calle dela consütucn
hasiendo
esquina por un costado ala del Guaurabo ...". En lg4g,
José Felipe pomares ven_
de en pacto de retro a Iosé Mariano Borreü "...una casa de mi propiedad
de
mamposterÍa y tejas cituada enla calle Real del Iigüe esquina a Ia del Guaura_
bo con elsolar queocupan sus fabricas interiores, lindante pr un costado ysu
ESTRUCTURAS Y FUNcIoNES 123

fondo con casa ysolar que quedo pr fallecimto demi .., madre ...". Con poste-
rioridad, Borrell devuelve la casa a los Pomares. Por estas descripciones es de
inferir que ambas casas fueron independientes y que la núm. 75 fue desde el
principio de mampostería y tejas.
Véase A.H.T. Protocolos de Tomás de Herrera, escritura del l9 de marzo de
1759; Protocolos de luan Matamoros, escrituras del 4 de diciembre de lSll y
del 12 de octubre de lB23; Protocolos de Ioaquín Orizondo, escritura del 2 de
junio de 1848; Libro de laAnotaduría de Hipotecas, t. I, f. 11.
5l Es ésta una casa tlpica de los mediados del siglo )(VIII.En 1747, Gerónimo de
Fuentes declara que "...mi mujertrajo anuestro matrimonio porsu capital una
casa de guano situada en el sola¡ donde tenemos oy fabricadas dos de teja de
nuesFa aütacion ...". La otra casa a la que alude esta escritura es la de su lin-
dero, Desengañonúm.S22, cuyos datos se insertan en la nota ll.
Véase A.H.T. Protocolos de Tomás de Herrera, escrituras del 2 de abril de 17 47 ,
del 23 de marzo de 1748, del l7 de mayo de 1749, del lB de abril de 1753 y del
23 de julio de 1754; Protocolos de Pedro Matamoros, escritura del 20 de julio
de I8?2; Registro de la Propiedad, t. 16, f. 6.
52 A.H.T. Protocolos deAntonio Muñoz, escritura del 5 de ma¡zo de1777.
s3 A.H.T. Protocolos de Antonio Muñoz, escritura del 13 de septiembre de 1778.
54 A.H.T. Protocolos deAntonio Muñoa escritura del 23 de marzo de 1769.
55 A.H.T. Protocolos deAntonio Muñoz, escritura del 14 de mayo de 1771.
56 A.H.T. Protocolos de Antonio Muñoz, escritura del 4 de marzo de 1777.
57 Esta casa tuvo, en un principio, el frente hacia la calle del ligüe. Sobre la mis-
ma se tienen noücias desde 1732, entonces de la propiedad de Ped¡o Marín.
En 1746, Francisco Milián yAna Marla de Rivera venden a Manuel de Medina
"...Una casa de texrcon sus colgadisos dela mismo conel Solar quele pertenese
yotra de guano maderasy embanados contigu ala de texay Solar qe della per-
tenecese las mkmas detexa y colgadlso que yo la.dln Da Atw Marla de Riuera
Ube ylerede por muerte del Lido Dn Pedro Marin mi tío Dífundo yla deguano
... la mis¡na que yo dho Dn. franco Milian compre ... del Alguastl maior Don
Alonso dequqad¿ Albasea y heredcro que fue dedlw Lizdo. Dífunto ... C\tias ca-
sas atanenla pleta dntaciud. Erc hasenaquinacon Ia del Sargento maior D.
Martin deOliuera, ltnde por la Wrte de arriba con solar dp Datr[aría alfonso y
sus herederos y pr la ona parte en Ia calle del Xigue ...Y se laVend,emos en can-
tidad de Un milly nobecientos ps ...-"
Manuel de Medina la vende en 1757 a luan Anüés Pad¡ón como casa "...dera-
fa y texa qtengo por mis vienes en la plasa destaciud, con el caidiso y otra en
la Calle delligue ...." [a casa pasa por herencia aAngela Iosefa Borrell y Padrón,
quien en 1835 reediñca las viüendas que adquieren su actual fisonomía.
Véase A.H.T. Libro Anüguo de la Anotaduría de Hipotecas, f. I v.; Protocolos de
Tomás de Herrera, escrituras del 7 de mayo de 1746 y del 13 de agosto de 1757;
Protocolos de Iuan Antonio Muñoz, escritura del lro. de febrero de I77l: Pro-
L24 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

tocolos de Juan Matamoros, escritura del 14 de marzo de lB2B; Protocolos de


Cipriano de Villafuerte, escritura del 30 de junio de lB35; Protocolos de Iosé
Ma¡ía Femández de Cueto, escritura del lro. de octubre de 1867; A.N.C. proto-
colos de Juan Luis Gelabert, escritura del B de abril de 1933.
58 Coneo de Trínidad, año 14, nrlm. I 420, 8 de abril de 1837.
59 A.H.T. Protocolos de Antonio Muñoz, testamento de Miguel Segarte, escritura
de 3 de febrero de 1770.
l,a primera referencia de esta casa data de 1749, cuando su dueño Manuel de
las E¡as, declara "...pornrosVienes la Casa de nramorada con la mitad delSolar
y una tahona ... pertenesiente anros dos hijos Da Benita, y Dn Gaspar quienes
la fabricaron ...". En 1756, Gaspar de las Heras declara "...las casas denra mora-
da de rafa y texa cocina y taona ..." y nombra por albaceas a su hermana Beni-
ta y a su cuñado, Miguel Segarte. la casa pasa a éstos y Segarte le da¡ía nom-
bre a la plazoleta frente a la cual se encuentra la casa.
VéaseA.H.T. Protocolos deTomás de Herrera, escrituras del ll de agosto de
1759 y del B de septiembre de 1756; Protocolos de Juan Matamoros, escritura
del 26 de marzo de lB25; Protocolos de Cipriano deVillafuerte, escritura del 26
de noüembre de 1836; Protocolos de Desiderio Montorio, escritura del 9 de fe-
brero de 1906.
60 Enciclopedia uniuersal ilustrada, t. L p. 496.
6t A.H.T. Protocolos de Iuan Matamoros, escritura del 26 de junio de l8ll.
62 Véase A.N.C. Fondo Tribunal de Cuentas, leg. 9, esp. 2, L826.
En l8f 2 Iosé Ma¡iano Borrell compra una casita de embarro y tejas, aledaña a
la llamada de Ortiz, situada esta úlüma frente a la Plaza Mayor, en la intersec-
ción de las calles Real del figüe y Desengaño. En el solar de dicha casita cons-
truyó esta casa cuya fabricación, posiblemente, habfa iniciado el año anterior
tal como se deduce del siguiente documento: "...Dn jose Borrell y dn Jose Guell
... que haviendo presentado demanda verval ante el Sr. Thente ... d Jose Cop-
pinger ... sobre el derrame o trancito que tienen las aguas de dos casas que es-
ta erigiendo el primo de mamposteria y teja hasiendo frente a laYglesia Parro-
quial por el paüo dela que tiene el segundo ala calle dela Medialuna quedaron
combinados ... que el citado dn Iose Guell permita el desague por el Terreno de
su Casa ...". En l83l, año de la fabricación de la casa de Juan Guillermo Béquer
(vease nota 49 del capítulo 3), es vendida por "...e1 Sor. Coronel de Caballería
D. Miguel Domínguez de Guevara... legiümo consorte de la Señora Da Isabel
Borrell y l,emus ... a Iuan Guillermo Bequer ... la Casa moftuoria qe fue de la
habitacion de mi padre poütico D. Iosé Ma¡iano Borrell de mamposteria y teja
situada en la Plaza de laYglesia, lindante por un costado con casa del compra-
dor y por el otro con la de alto y bajo del Teniente Coronel de Caballería D. Jo-
se Rafael Ortiz, la misma qe. hube por adjudicacion ... en precio y cantidad de
seis mil quinientos pesos...."
ESTRUCTURAS Y FUNCIONES t25

Véase A.H.T. Protocolos de Iuan Matamoros, escritura del 5 de octubre de


lSll; Protocolos de Blas Dionisio de Piedra, escritura del 9 de octubre de 1812;
A.H.T. Protocolos de Ioaquín Orizondo, escritura del lB de febrero de l83l; Re-
gistro de la Propiedad, t. 15, f. 142.
63 Esta casa fue contruida en la tercera década del siglo XIXpor el escribano loa-
quín Orizondo, quien en 1833 reconoce una hipoteca sobre ".'.una casa de
mamposteria teja y azotea situada en la calle del Rosario haciendo esquina a
la de la Media Luna ..." y poco después, en 1837, declara que "...Dn Antonio
Sendras ... en diferentes partidas de dinero le ha facilitado la cantidad del mil
pesos ... pa atender a sus urgencias y a construir una gande casa nueba en la
calle delRosario esquina ala de media luna qe es de su propiedad ...". La casa
paso con posterioridad a Femando EchemendÍa quien la vende a María de la
Asunción Borrell de Ramos.
VéaseA.H.T. Protocolos de Felipe María DomÍnguez, escritura del 16 de octu-
bre de 1833; Coneo deTlini.dad, año 13, núm. I 2BB' 2 de enero de 1836; A.H.T.
Protocolos de losé Antonio de Silva, escritura del 14 de marzo de lB37; Proto-
colos de Iosé Mala Fernández de Cueto, escritura del I I de octubre de 1865;
Registro de la Propiedad,t.15,f. L22.
64 Esta beüa casa fue contruida por el herrero francés José Guiraud enüe 1836 y
1849. Guiraud nació el 30 de abril de 1781, se radicó en Trinidad en l8l9 y fa-
lleció el 2l de junio de 1852. En 1846 Guiraud declara en su testamento que
aportó por capital a su matrimonio efectuado el 5 de mayo de l836 "...nueve
mil pesos novecientos treinta y un pesos consistentes en un solar fabricado de
tres colgadizos sobre horcones embarrado tablas y tejas en la Calle de las Ala-
meda al número cuarenta y cinco ..." y en dicho solar declara como construi-
da "...1a casa número cuarenta y cinco de mampostería y teja ... situada en la
Calle dela Alameda ...". 1¿ viuda de Guiraud, Vicentazapari,la vende a Simón
Arrechea en 1868. En la actualidad la casa pertenece a los herederos de esta fa-
miIia.
Véase A.H.T. Protocolos de Manuel Aparicio, testamento de losé Isabel Gui-
raud, escritura del ll
de junio de lB49 y escritura de 3 de agosto de 1868; Re-
gistro de la Propiedad, t. 4, f. lBB.
Esta vivienda también fue construida en Ia década del 30 del siglo XDf. En
1834, Agustln Cañellas hipoteca "...una casa de Mamposteria y azotea que es-
ta construyendo en un solar propio en la Calle de Gutieres lindando con Dn
Geronimo Oliva haciendo esquina al Callejon que sale a la de laAlameda ...".
En 1839 aparece una nota en el Coneo de Tlinidad con el anuncio de la venta
de la casa de Agustín Cañellas. Sin embargo, aunque no se pudo localiza¡ la es-
critura de compra de la casa, en la inscripción primera del Regisno de la Pro-
piedad se expresa que la casa fue adquirida por Nicolasa Sánchez por heren-
cia de Angela Bonell y Padrón y posteriormente Nicolasa Sánchez la legó por
testamento a Carmen Malibrán y Sánchez. La casa, finalmente, pasa por he-
126 TRINIDAD DE cuBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

rencia a Satumino sánchez lznaga. ca¡men Malibrán estaba casada con Gui-
llermo Schmidt, por cuyo nombre también sería conocida la casa.
véase A.H.T' Protocolos de Ioaquín orizondo, escritura del 30 de octubre de
1834; Protocolos de Cipriano deVillafuerte, escritura del 3 de abril de lB39:
Protocolos de Iosé María Fernández de Cueto, escritura del lro. de octubre de
1867; Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 28 de noviembre de lg82:
Registro de la Propiedad, t. 10, f.64; Coneo de Ttinidad, año )flII, núm. 6g, 24
de agosto de 1839.
66 El llamado Palacio de cantero es la casa más llamativa de Trinidad por su ma-
jestuosidad y sus decoraciones murales ( sobre las decoraciones y el artista que
¡¿s ¡salizó se üata en el capítulo 6 ). El edificio fue construido por Iosé Maria-
no Borrell y Padrón entre 1827 y 1830. A ñnes de 1827, Bonell compra a Juana
Ortiz "...una casa de mampostería y teja ... Calle del Desengaño ündando con
la del comprador y la de dn Iose Pio de lara la misma que fabriqué amis expen-
sas ...". L¿ casa del lindero de la de Juana ortiz es el palacio de cantero u otra
casa en cuyo solar se construyó este edificio que ya en lB30 estaba terminado
como se deduce del testamento de Borrell quien declara la casa "...nueva de
mamposteria y tejas en la referida calle del Desengaño haciendo esquina al
Callejón de Peña ...". En 1841, Iosé Mariano Bonell y l¿mus le vende a ,,...D.
Ma¡Ía del Monserrate de lara ... una casa de mi propiedad de mamposteria te-
ja y azotea cituada en la calle del Desengaño ... haciendo esquina al callejón
de
Peña, marcada con el número sesenta qe hube por adjudicación qe de ella se-
me hizo pr fallecimiento de mi legitimo padre ... en precio y cantidad de cua-
renta y cinco mil pesos ...". En 1842, Monserrate se casa con justo Germán Can_
tero, por cuyo apellido serÍa conocida la casa.
véase A. H' T. Protocolos de Iuan Matamoros, escritura del 3 de diciembre de
1827; Protocolos de IoaquÍn Orizondo, test¡rmento de Iosé Mariano Borrell y
Padrón' escritura del 19 de enero de 1830; protocolos de Felipe MarÍa Domín-
guez' escritura de 16 de octubre de 1833; protocolos de IoaquÍn orizondo, es-
critura del l0 de septiembre de l84l; protocolos de Manuel Aparicio, testa-
mento de Iusto Germán cantero y María del Monserrate Fernández de t¿¡a,
escritura del 30 de abril de 1844, Libro de laAnotaduría de Hipotecas, t. II, f.
l5B; Regisno de la Propiedad, t. XII, f. 156.
67 En acta de cabildo del 27 de junio de lB00 se registra una instancia presenra-
da por el "...Rexor D. Jose Rafael ortiz en qe solicita permiso para poder Hacer
un portal en el frente de la casa qe intenta erigir y fabrica¡ en el sola¡ de su
propd qe üene en la Plasa de esta parroql ... de qe entendidos susmercedes di-
jeron qe le concedian y concedieron el permiso que soücita sin perjuicio del
transito comun. ...." Dicho portal, sin embargo no fue construido. En 1g24, la
esposa de ortiz, Inés Borrell, declara en su testamento "...1a casa de nuestra
morada de alto, mamposteria y texa cituada enla plaza de la parroquial, con
sus acesorias qe siguen ala calle del Desengaño, y linda pr la otra parte con ca-
ESTRUGTURAS Y FUNcIoNES t27

sa de D, Jose Mariano Borrell ...". la casa es legada por Ortiz a su esposa y al fa-
llecimiento de ésta "...a favor delos pobres mendigos, p¿ra qe con sus alquile-
res se socorran...".
Véase A.H.T. Libro de Cabildo de 1800, acta del27 de junio; Libro de la Anota-
duría de Hipotecírs, t. I, f.122v.; Protocolos de Iuan Matamoros, escrituras del
4 de diciembre de l8l I y del 8 de agosto de 1826; Protocolos de Iosé Mariano
de Pied¡a, año 1824, testamento de Inés Borrell, escritura del22 de septiembre
de 1818; Protocolos de Blas Dionisio de Piedra, escritura del B de agosto de
1826; Protocolos de Felipe María Domínguez, escrituras del 26 de agosto de
lB2B, del 3 de septiembre de 1829; testamento de Iosé Rafael Ortiz, escritura de
28 demarzo de 1834, del 30 de septiembre de 1830, del 17 de agosto de l83l y
del 4 de diciembre de 1833; Regisno de la Propiedad, t. 70, f. 140.
6B la solicitud para la construcción de la primitiva casa que edstiera en el lugar
donde hoy se levanta el también llamado Palacio Brunet data de l74l cuando
Felipe Santiago de Silva presenta al cabildo una solicitud "...pidiendo se le
apruebe el deslinde q el alarife le hiso para fabricar una casa en la plasa mayor
...". Era, entonces, una modesta casa de una sola planta que fue mejorada por
IoséAntonio de Silva, quien declara en 1802: "...qe. pr. por fallecimto de D. Fe-
lipe Santiago de Silva mi Padre .,. dejo pr sus bienes la casa de su morada qe es
la misma en qe. yo havito la qual entonses era de mui poco valor pr. estarAr-
mado su techo con maderas redondas, la misma qe he refaccionado a mis es-
pensas como se haya en el dia con el techo de seüo, siendo estensiva dha. re-
faccion a las pzas. del comedor y recÍrmaras con vn pared de marmposteria a la
parte del patio, con sus respectivas Puertas y ventanas qe. hasen al patio, co-
mo tambien las Puertas de la calle del medio qe. cae a dho, comedor yVenta-
na a la culata deAcana, y tambien toda la pared qe, rodea lo interior de dho.
solar, y costado de la calle qe. sube pa. el Santuario de la popa. ...". A la muer-
te de Silva, sus albaceas venden la casa en 1807 a José Ma¡iano Borrell, descri-
ta como "..de Teja, embarros y mamposteria ...". la casa es remodelada por Bo-
rrell, üansformándola en üvienda de dos plantas, con portal a la plaza. En
1830 es descrita como de alto y bajo. De la anterior casa, Borrell aprovechó los
techos a que hizo alusión Silva. La casa pasó por herencia a Angela Borrell y
Lemus, casada con el Conde de Brunet, quien le otorga nombre. En 186g esta-
ba tasada en 37 554 pesos y 4 reales.
Véase A.H.T. Libro de Cabildo de 1741, acta del 5 de noüembre; protocolos de
Tomás de Herrera, testamento de Magdalena de Oquendo, escritura del de ll
noviembre de 1753; Protocolos de losé Mariano de piedra, testÍrmento de ]osé
Antonio de Silva, escritura de 15 de noviembre de lB02; protocolos de pedro
Matamoros, escritura del 20 de julio de 1807; protocolos de Ioaquln Orizondo,
test¿rmento de Iosé Mariano Borrell, escritura del l0 de enero de lB30; proto-
colos de José María Femández de Cueto, escritura del 20 de febrero de 1868;
Registro de la Propiedad, t. XVI, f. Zzi protocolos de Antonio Mauri y Cortés,
t28 TRINIDAD DE CUBA, PATR¡MONIO DE LA HUMANIDAD

acta de intervención del Palacio Brunet por el Movimiento 26 de julio, escritu-


ra del2l de abril de 1959.
69 l¿ fecha exacta de la construcción del Palacio Iznaga no ha podido ser preci-
sada. En 1814, Pedro Iosé lznaga declara poseer "...un solar q. hace ftente ala
calle del Desengaño, esquina ala dela Gloria y ala dela Media Luna ...", que se
corresponde con la actual ubicación del ediñcio, En 1842, por escritura de ava-
lúo de los bienes quedados al fallecimiento de Iznaga se relacionan "...treinta
mil en el valor de la Casa mortuoria de alto y bajo ubicada en la Calle del De-
sengaño ...". l¿ casa, pues, se construye en los años que median entre uno y
otro testimonio.
VéaseA.H.T. Protocolos de Blas Dionisio de Piedra, escritura del 15 de noüem-
bre de lB14; Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 3 de febrero de 1842.
70 En 1829 Roberto Stewa¡d vende a la Real Hacienda una casa "...alta y vaja ... de
mamposteúa y Írzoteas, cituada en la calle de la Gloria ... que ... la hube princi-
piada su fabrica la que segui y concluí á mi Costa ...".
Véase A.H.T. Protocolos de Felipe María Domínguez de 1829, escritura del 14
de julio de 1822; Protocolos de luan Matamoros, escritu¡a del22 dejunio de
1824; A.N.C. Fondo Intendencia General de Hacienda,'Expediente promoüdo
por el Admor. Tesore¡o de Rentas Rl. de Trinidad sobre que se compre por la
ReaI Hacienda en 33.000 ps la casa de Dn Roberto Steward justipreciada en
52.478, a ñn de situar en ella la aduana y sus almacenes con el necesario desa-
hogo para el reconocimiento de los cargamentos."; A.H.T. Protocolos de Felipe
María Domínguez, escritura de 13 de mayo de 1829.
7l l¡s documentos encontrados sobre esta casa son del siglo XXaunque es pro-
bable que haya sido construida sobre ot¡a más antigua. En lBl5, Pedro Mali-
brán hipotecala "...casade su morada de mamposteriay alto cituada en la Ca-
Ile dela Popa ...". la casa pasó a las hijas de Malibrán, María de los Dolores e
Isabel Ma¡ía. Posteriormente la casa pasa a Carmen Malibrán y de ésta a Satur-
nino Sánchez lznaga.
Véase A.H.T. Protocolos de Iuan Matamoros, escritura del 20 de sepüembre de
lBI5; Protocolos de Cipriano de Wafuerte, escritura del l8 de ma¡zo de lB40;
Protocolos de Marina, escritura del 2 de jutio de lB40; Registro de la Propiedad'
t. xvl f. 150.
72 El primer documento encontrado sobre esta casa data de 1846 y es el testa-
mento de Ramón Pérez, quien declara la "...casa de mimorada en la calle Gu-
tiérrez numero cu¿¡renta y nueve que hube de Dn Peüo Rodúguez ...". Poste-
riormente, la casa pasa a los herederos de Pérez.
Véase A,H.T. Protocolos de Manuel Aparicio, escrituras del 15 de agosto de
1846 y del 15 de febrero de 1862.
73 Francisco Prat Puig, op. cit., p.325.
74 Iuan de Conueras, Marqués de l,ozoya, Historia del arte hispónico, tomo II' p.
49.
ESTRUCTURAS Y FUNc¡oNEs
t29

75 La transformación de la casa trinitaria es, muy probablemente, representati


de un proceso más amplio que afectó de modo similar a las viviendas de las
ciudades primitivas cubanas. Hasta el momento, no se han realizdo estudios
que puedan conobora¡ esta afirmación pero existen, no obstante, algunos in-
dicios que permiten sugerir esta hipótesis. Entre otros, un plano de la ciudad
de Sanüago de cuba, de 1733 por María Elena orozco en el Archi-
-localizado
vo de Indias-, en el que aparecen representadas las üviendas como estrucnr-
ras rectangulares que ocupan la parte delantera de los sola¡es, sin martillos.
Por demás, las viviendas de las villas primitivas se encuentran distribuidas, co-
mo las trinitarias, en dos crujías delanteras, de las que ¿urancÍu1 los ma¡tillos.
Y como se toma por referencia el esquema de las plantas altas, el acceso prin-
cipal está enfrentado al paüo y éste cuenta con galerías por sus costados. Es lo
que las diferencia, planimétricamente, de las üviendas de una planta del Oc_
cidente del país (de l¿ Habana y la región bajo su inmediata influencia) que
perpetúan el esquema planimétrico de la planta baja y se organizan, por tan-
to, sobre la base de la secuencia crujía-galerÍa-martillos, sin galerías en los
costados mayores y con el acceso principal situado a un costado de la facha-
da.
Capírulo 3
FACHADAS

Ubicar en el tiempo una viüenda permite determinar la natu-


ralezade los elementos arquitectónicos que, en una época dada, flo-
recen y, lo que es más importante, ayuda a desentrañar el mensaje
histórico de las evidencias materiales. Los diversos componentes ar-
quitectónicos adquieren valor cronodiagnóstico cuando la casa a la
que pertenecen está documentalmente fechada, lo que resulta de
gran utilidad para la datación de las viviendas tipológicamente añ-
nes. Y si queremos apresar el significado de nuestra arquitectura do-
méstica, tenemos, necesariamente, que conocer cómo es. El tiempo,
sin embargo, ha estado en contra de dicho propósito. El paso de los
años ha dejado inevitables huellas, modificando las estructuras ori-
ginales, sustituyéndolas por otras. El análisis de los exteriores de las
viviendas coloniales puede ser causa de desorientación, pues es casi
un lugar común afirmar que son poc¿rs las fachadas que no han su-
frido modificaciones en sus elementos secundarios aleros,
guamiciones y otros-, o pueden también constituir
-rejas,
uno de los me-
jores apoyos del distingo cronológico, si dichos elementos no han ex-
perimentado transformaciones radicales.
Por la presencia exterior de sus casas, Trinidad podría ser con-
siderada como una ciudad del siglo XX, momento en que el auge
económico de la población propició una modernización que trans-
formó la fisonomía de casi todas susviüendas. Pero quedan muchas
y muy importantes viviendas cuyos elementos de fachada corres-
ponden al siglo )NIII. En el presente capítulo se analizará la natura-
lezade dichos elementos, así como su evolución en el tiempo que, al
transcurrir, dejó deñnidas dos apariencias claramente identificables:
la que corresponde a las casas del siglo WIIIy la que identifica a las
t32 TRINIDAD DE CUBA, PATRtMoNIo DE LA HUMANIDAD

casas del X¿X, teniendo en cuenta que en el siglo XIZIlIse aprecian va-
riaciones en las formas que, también, originan distinciones para la
primera y la segunda mitad de dicha centuria.

3.f . I^a fisonomla tradicional

En lo esencial, la base constructiva sobre la cual se colocan los


elementos que componen una fachada es la misma para las casas del
)AIIIy para las del XX. Las diferencias radican en las peculiaridades
que dichos elementos adoptan en el curso de los años. En buena ló-
gica, las fachadas también presentan características singulares, si
peftenecen a una casa de una sola planta o a una compuesta por dos.
Pero, de manera general, todas se levantan como un muro paralele-
pípedo liso, sobre el cual descansa la vertiente del tejado (ilus. 67). En
el caso de Trinidad, no será hasta el siglo XXen que, en algunas ca-
sas notables, se adicionan a la fachada elementos de composición ar-
quitectónica, como pueden ser platabandas o pilastras. En general, la
apariencia desnuda de una fachada es índice de anügüedad en todo
el país.

67. Plann dc la casa de Teniente


Rey esquirn aAguiat; La Habana,
tomado d.e Francisco
Prat Puig, El prebanoco en
Cuba. Utw escueln criolla de
arquitectura morísca.
FACHADAS r33

Los tejados fronteros de las casas trinitarias, al igual que los de


las construcciones primitivas cubanas, tienen la parte superior de
cadavertiente más acusada que el tercio inferior de la misma, a dife-
rencia de las vertientes que desaguan hacia el patio, que no son tan
pronunciadas. Prat Puig estima que ello se debe a la necesaria circu-
lación de aire debajo del tramo superior del tejado, en el espacio que
queda entre el mismo y el harneruelo.t Sin embargo, el harneruelo
fue casi excepcional enTrinidad.
Para el desagüe de los tejados se usaron una especies de gárgo-
las, algunas en forma de serpiente, hechas con dos tejas de cortes la-
terales esviajados en terminación puntiaguda o, en el siglo )(D(,he-
chas de hojalata. Las gárgolas se sitúan, por lo general, en las esqui-
nas de los tejados, como fue común desde tiempos remotos. los te-
chos planos o de azotea utilizaron desagües en forma de tubos
barro u hojalata-que, a tramos, interrumpen el pretil de remate -dede
las fachadas. Algunas casas con techos de azotea tienen adosados en
la primera crujía aleros de tornapuntas o de tabloncillos, en cuyo ca-
so los desagües se colocan por encima de los tejadillos.
La relación de dimensiones entre la altura y el ancho de la fa-
chada fluctúa según casos, pero nunca la altura es inferior a los 2 m
ni es mayor de 7, ni el ancho sobrepasa los 30 m ni es inferior a 6. Sin
embargo, las dimensiones tienden a aumentar en la medida que
transcurre el tiempo, aunque las hay tempranas muy sobresalientes,
como las de la calle San losé núm. 271, 273 y 275, esquina a Amargu-
ra2; la de San Iosé núm. 263, 267 y 269;s la de San José núm. 274r y la
de Real del Iigüe s.n., esquina a San José.s Ancho y alto son valores,
además, que no están necesariamente condicionados entre sí. Casas
como la de Boca núm. 363, de considerable anchura
-25,63
m-,
tiene escasa elevación m. Y casas como la de Rosario s.n.,6 de
-3,30
5,13 m de alto, tiene sólo 15,45 m de ancho.
En la segunda mitad del siglo )(Vn[las medidas promedio
fluctúan entre los 3,50 y los 4,40 m de alto por 15,00 a25,00 m de an-
cho, relación que se mantiene, más o menos, en el siglo siguiente,
con tendencia a elevarla altura a 5,50 ó 6,00 m. las dimensiones des-
mesuradas de viviendas del siglo XE como la de Cantero o la de Iz-
naga, constituyen verdaderas excepciones. (Tabla I).
134 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVIII ALTO ANCHO

Real del Jigüe 93 5,OO m 14,10 m


Boca 363 3,5O m 25,63 m
Boca 314 5,2Om 8,4O m

Rosario s.n. 5,'13 m 15,45 m


Amargura 20,22, y 26 5,00 m 20,60 m
Desengaño 522 4,0O m 17,9O m

San )osé 274 4,0O m 2',t,20 m


Real del Jigúe s.n. 5,00 m 26,35 m
Arnargvra 69 y 71 5,0O m 13,0O m

SEGUNDA MITAD DEL XVIII

Alameda 178 4,20m 12,80 m


Boca 366 3,03 m 22,20m
Alameda 210 y 212 3,45 m 15,30 m
Nueva s.n. 2,65 m 13,80 m
Media Luna 26 4,20 m 14,25 m
Amargura 10 5,20 m 16,00 m
Amargura 66 4,0O m 16,40 M
Arnargura 143 3,5O m 12,8O m

Boca 366 4,10 m 20,00 m


Desengaño 518 4,70 m 14,77 m

Real del Jigüe 75 4,5O m 14,77 m


Real del Jigüe 1 4,0O m 16,65 m

Crisüo 33, 35 y 37 4,30 m 19,0O m

Cristo 34 5.30 m '19,20 m

srcLo xtx

Santa Ana 565 5,3O m 16,50 m

Real del ligüe 11 4,20m 14,50 m

Real del Jigüe 33 5,5O m 10,53 m

Amargura'108 5,0O m 15,20 m

Alameda 268 5,OO m 2O,0o m

Gloria 128 4,5Om 20,00 m


Guüénez 4O6 4,8O m 12,55 m

Alameda 69 5,20m 20,75 m

Rosario ¿106 4,9O m 23,80 m


Desengaño 60 7,8O m 32,80 m

Tabla l: Ancho y afto de fadladas


FACHADAS r35

En definitiva, el ancho depende de la compartimentación da-


da a la primera crujía, lo que responde a la importancia de la vivien-
da. Las casas con zaguanes o tiendas, por ejemplo, tienen una apa-
riencia decididamente apaisada. [a altura, por su parte, tiende a ele-
varse en la medida que pasan los años, pero en dependencia del ran-
go económico de la vivienda. Ambos índices, por tanto, no son defi-
nitivos a la hora de deducir cronología.

3.1.1. Los vanos

Ia monótona lisura de los muros exteriores se interrumpe a


tramos con las aberturas o vanos que conforman, alternadamente,
ventanas y puertas. L^a distribución de dichos vanos refleja la distri-
bución de los espacios delanteros. Si la casa es esquinera, la fachada
lateral responde a la distribución del martillo correspondiente. Si te-
nemos en cuenta que, en las casas de una sola planta de las üllas pri-
mitivas, los aposentos y la sala siempre dan a la calle, con ventana el
primero y con puerta de acceso y ventanas, la segunda, es fácil apre-
ciar desde el enterior la distribución dada a una casa cualquiera. Si la
casa tiene otra u otras puertas puede inferirse, de acuerdo con las di-
mensiones de las mismas, que se trata de un zaguán, de tiendas o de
accesorias, según el caso.
El ritmo de composición de las fachadas se mantuvo casi inal-
terable en el transcurso del tiempo. Las composiciones rítmicas típi-
cas son:
. Ventana-puertaprincipal-ventana-ventana.
Ventana-puerta principal-ventana.
o ventana-ventana-puerta principal-ventana-ventana.
En la primera mitad del siglo )(Vlllsonrelativamente frecuen-
tes las composiciones con las puertas de acceso no centradas en re-
lación con el ancho de las fachadas. Por lo general, la puerta princi-
pal aparece flanqueada, por un lado, con una ventana y, por el otro,
con dos. Pero también la ubicación de la puerta de acceso al centro
de dos ventanas se presenta en casas anüguas, yfue éste el uso rítmi-
co que terminó por generalizarse. Sin embargo, fue usual en las casas
tempranírs que mediaran distancias desiguales entre los distintos va-
nos, lo que provoca una asimetúa rechazada por la casa del último
tercio del siglo )UIIIy, sobre todo, por las del XIX
r36 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

Algunas viviendas sitúan la puerta principal a un costado de la


fachada, lo que ocurre en viviendas de planta acodada y es caso muy
excepcional en Tfinidad, como ya se indicó al hablar de la casa de la
calle Alameda 178 esquina a Cristo (ilus. 68) en el capítulo anterior.T

68. C,asa dc Alameda núm. 178, aquina a Crisn.

En otras, puede suceder que la entrada principal haga las veces de


puerta cochera. Pero, por lo comrln, la entrada de la casa se encuen-
tra al centro y la cochera, de existi4 a un costado, como se advierte en
las üviendas de la calle San Iosé núm. 263, ZGZ y 2Gg, y en la de Boca
núm. 366, cuyo ritmo es: puerta cochera-ventana-puerta principal-
ventana-ventana; o, como en la de Alameda nrlm. 219 y 223,e dis-
puesta en el orden de puerta cochera-ventana-ventana-puerta prin-
cipal-ventana (ilus. 69). Del mismo modo,las puertas de acceso a la
tienda se encuentran a un costado del frente, como se aprecia en las
casas de Alameda núm. 210 y 212,s de puerta-ventana-puerta princi-
pal-ventana-ventana; o, en la deAlameda núm. 268, esquina aAmar-
gura, de puerta-ventana-ventana-puerta principal-ventana-ventana.
FACHADAS
137

1- -l
í*,;=*;

tl
t'

gG
F----:

69. Casa de Alameda núm. 219 y 223.

El número de vanos depende, en buena lógica, de la anchura


de la fachada y, en definitiva, de la distribucibn espacial de la prime-
ra crujía, cuyas variaciones son impertinentes a lo lárgo del tiempo.
Por ello, las diferentes apariencias de las fachadas trinitarias están
dadas por la evolución de sus atributos portadas, aleros y de-
[lás-, sobre la base de una composición -rejas,
que, salvo las peculiarida-
des antes anotadas, se mantiene sin experimentar cambios profun-
dos durante el período colonial.

3.1.2.Ventanas

l¡s vanos de ventanas adoptan formas adinteladas, desnudos


de decoraciones o moldurajes. Las jambas, por lo general, cuentan
con derrames, más o menos pronunciados, hacia el interior de la ha-
bitación. En viviendas de la primera mitad del xl4trlsuere enconrrar-
se en la parte inferior e interna del vano, un corte escalonado, a ma-
nera de mochetas que sirven de asiento. En otras, la ventana arranca
de una base horizontal, proyectada hacia el exterior, revestida de la-
drillos o torta en el siglo XIZ@ o de mármol o losa bremesa en el XX.
A fines del siglo )(vIIIsehizo frecuente construir un capialzado sobre
el hueco de la ventana, por la cara interna de la pared. pero la solu-
ción más frecuente fue rematar los dinteles de vanos de ventanas con
r38 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

un grueso madero horizontal, uso que persiste en las casas del siglo
)o(
La dimensión del hueco de ventana siempre está en relación
con la altura del muro y, en menor medida, con el ancho. Pero la di-
mensión seleccionada se repite uniformemente en todos los vanos
de la fachada (ilus. 70). En Tlinidad, no se han registrado casas con
aberturas de diferentes proporciones, cosa tan frecuente en la casa
popular española de la región de Andalucía y que en Cuba se obser-
va, aunque no como constante sino más bien como excepción, en la
ciudad de Santiago de Cuba. En general, tanto en Cuba como en el
ámbito del Caribe hispánico, los huecos de ventanas tienen unidad
de proporciones. En viviendas fabricadas en calles inclinadas, las
ventanas se alargan o se acortan de acuerdo con el plano de la calle,
con lo que se logra la impresión de uniformidad que es típica de las
fachadas trinitarias.

70. Esquina de Desengaño y Glaria, tomado de


Nomenclator comercíal, agrfcola, industrial..., I 8&4.

La dimensión de las ventanas tiende a elevarse en la medida


que, en el curso de los años, se acrece la altura de los muros. Pero, en
cualquier época, mantiene una relación de proporciones estable. Por
lo general, las ventanas son de I a I veces más altas que anchas y ocu-
pan, normalmente,las 2/3 partes de la altura del muro donde se en-
cuentren. Sólo en casas de muy baja elevación la ventana cubre casi
toda la altura disponible del muro. (Tabla II).
FAcHADAS
r39

Los huecos de ventanas se cubren con puertas, cuyas caracte-


rísticas serán estudiadas en el capítulo siguiente y se cierran con re-
jas. Desde los inicios del desarrollo constructivo de la Isla, se usaron
rejas como medida de seguridad de los vanos de ventanas de las ca-
sas de una sola planta. Las rejas tienen un especial atractivo: cÍuacte-
rizan la fachada de una casa colonial, dotándola de una fisonomía
singular. Es, por demás, el elemento que con mayor claridad vincula
a la casa latinoamericana con sus homólogas españolas. Sin embar-
go, esta evidente identidad precisa de algunas distinciones. En gene-
ral, la reja andaluza es de hierro y se considera que es una versión po-
pular de los modelos renacentistas. La nuestra coetánea es de ba-
laustres de madera y se considera que representa la interpretación
mudéjar de dichos elementos.lo la reja de hierro no aparece en Cu-
ba hasta el siglo XLYy es de inspiración neoclásica, lo que tiene tam-
bién sus versiones correlativas en España. No obstante, las rejas apo-
yadas sobre poyos y rematadas con guardapolvos constituyen un
destacado elemento de identificación de las üviendas de filiación
hispánica (ilus. 7t y 72).

7 1. Poyo, primera mita"d


del siglo XWII.

72. Guardap o lu o s, p rimera mítad


del siglo ){Vlil.
140 TRINTDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

En Cuba, en los siglos tempranos, las rejas son de barrotes de


madera, cuyas formas fundamentales se emparientan con sus simi-
lares de la Península. En Trinidad, los barrotes asumen las formas
descritas por Prat Puig (ilus. 73) como los caracteústicos de las cons-
trucciones cubanas primitivas.t t

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73 Ba'arrotes. tomados
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llHhHiJrl ti.BlE B iltlHl.|H n,¡,k,t,m;banotesespañotes:
@ HÍÉHE .i;r

CASA ALTO ANCHO ALTURA DIFERENCIA DIFERENCIA ALTO

VANO VANO MURO ALTO/ANCHO VANO/MURO


VANO
Alameda2l9 y 223 2,77 m 1,46m 4,03 m 1,31 m 1,26m
Afameda '!.75 y '|76 2,95 m 1,90 m 4,2Om 1,G5 m 1.25 m
Boca 363 2,85 m '1,65 m 4,00 m 'l,20 m 1.15 ñ
Real del Jigüe'122 2,OO m 1,06 m 3,25 m 0,94 m 1,25 m

Santa Ana 4 2,45 m 1,14 m 3,60 m '1,31 m 1,15 m

ian José 253 3,OO m 1,50 m 6,OO m 1,50 m 3,0O m

Santa Ana 501 2,90 m 1,'17 m 4,60 m 1,17 m 1,70 m

San José 264 3,15 m 1.'|.4 m 5,00 m 1,71 m 1,85 m


FACHADAS l4l

Nueva s.n. 2,O5 m 0,95 m 2,65 m 1,20 m 0,60 m

Desengaño 522 3,04 m 1,76 m 4,55 m 1,28 m 1,51 m

Rosario ¿106 2,50 m 1,75 m 4,8O m 0,85 m 2,30 m

Alameda 69 3,60 m 1,75 m 5,20 m 1,45 rn 1,60 m

Tabla ll: Relaclón de dimensiones entre al ancho y el alto de los vanos de ventrnas

El tipo de barrotes más frecuente en la ciudad es el formado


por un cuerpo central redondeado, del que nace ambos la-
-hacia
dos, otro elemento en forma de pera, unido a la esferoide central por
su parte más ancha. En el remate de las peras se destaca un anillo
compuesto por molduras ajunquilladas y afileteadas. Dentro de este
tipo pueden considerarse algunos ejemplares de contornos más re-
dondeados y de mayor profusión de anillos moldurados. Dentro de
los barrotes compuestos por formas simétricamente repetidas se
destaca una muestra perteneciente a la casa de la calle Boca núm.
363. Este ejemplar repite tres formas bulbosas y rechonchas flan-
queadas por gruesos y moldurados anillos, solución de indudable
antigüedad. Emparentados con este tipo hay algunos barrotes que
repiten formas esferoides o bulbosas.
Finalmente, las casas trinitarias usaron barrotes de fuste alar-
gado, asimétrico, con anillos en forma de molduras en cuarto de bo-
cel. Este tipo caracteriza las rejas de las casas de la segunda mitad del
siglo XI4IL
El barrote se inserta en la armazón de la reja por medio de una
espiga saliente que encaja y abajo- en los maderos diviso-
-arriba
rios de la reja, en el que se abren huecos para permitir su inserción.
Una reja puede contar con tres, cuatro, cinco o más calles, o sea, es-
pacios rectangulares compuestos por las hiladas de barrotes. L^a di-
mensión promedio de un barrotes es de 0,16 m de grosor por 0,40 de
alto y, en la medida en que se alargan corresponden a épocas más
cercanas.r2 Por lo general, los maderos de la armazón presentan sus
bordes abiselados o, en casos raros, un insinuado junquillo.
Las rejas pueden estar situadas al ras del muro, denominadas
en dicha posición, de "rompe nariz", o volar por sobre el muro. Este
vuelo nunca es excesivo, pues a los sumo se separan de la pared unos
0,30 m. Ias de "rompe nariz", por lo general aparecen en casas tem-
pranas, las voladas se presentan en casas de la segunda mitad del si-
142 TR|NTDAD DE CUBA, pATRlMoNto DE LA HUMANTDAD

glo XWIIy perviven en las primeras décadas del XIX.rs Con frecuen-
cia, las ventanas se proyectan hacia el exterior en vuelo rectangular,
pero, en el último tercio del siglo )frlIII algunas fragmentaron sus lí-
neas enriqueciendo su movimiento con formas mixtilíneas, como se
aprecia en Ia casa de la calle Desengaño slg.r4 otras adoptan formas
redondeadas, a manera de media circunferencia.
l^as rejas interiores siempre se presentan al ras del muro, em-
potradas en la pared de cierre de la segunda crujla, posibilitando la
ventilación e iluminación del comedor. También se utilizaron en ca-
da una de las habitaciones del martillo, si éste existía. En algunos va-
nos de puertas interiores se colocaba una calle de banotes por sobre
el dintel de la puerta y, también, algunas puertas a la española cuen-
tan con postigos protegidos por barrotes, uso mucho más frecuente
en otras poblaciones como Sancti Spiritus y Camagüey.
En los exteriores, si la reja no ocupa toda la altura disponible
del lienzo de pared, descansa sobre poyos de mampostería, frecuen-
tes en las casas construidas después de los mediados del siglo )UnI.
Se destacan con molduras y adoptan la forma de embudos, o son re-
dondeados, mixtilíneos y, más frecuentemente, cuadrados, en con-

74. Guardapoluo, segunda mitad


elsigloXWII.

75. Gtrardapoluo, segunda mítad


dcl siglo )NIII.
FAcHADAS 143

cordancia con la forma de la reja. Por la parte superior, las rejas se co-
ronan con guardapolvos, que consisten en simples tablones de ma-
dera situados por encima de la armazón de la reja, o se construyen de
mampostería, en forma de embudos invertidos, rematados por co-
pas. Existen bellos ejemplares de rejas mixtilíneas, cuyos poyos y
guardapolvos, al seguir su ondulación, acusan la sinuosidad de sus
perfiles, con lo que adquieren gran riqueza de líneas (ilus. 74 y 75).

3.1.3. Puertas de Acceso

Otro elemento caracterizador de una fachada colonial es el


enorme vano de acceso a la vivienda, cerrado, desde temprano, con
la llamada puerta a la española, cuya estructura básica consiste en
una armazón de largueros y peinazos sobre la cual se clavan, por la
cara externa, grandes tablones de madera. Es siempre, aún en las ca-
sas más antiguas, un acceso por encima de la escala humana, aun-
que tiende francamente a aumentar sus proporciones con el paso del
tiempo, hasta llegar a los desmesurados portones habaneros de fines
del siglo )UIII o principios del XD( [a menor dimensión puede, por
tanto, ser índice de antigüedad.
A diferencia de otras poblaciones cubanas, en Tfinidad estas
puertas nunca están colocadas a paño de pared, sino que aparecen
en los rnediados del vano o al fondo. Cuando están colocadas a me-
diación del vano puede asegurarse que están o estuvieron insertadas
a dicho vano por medio de pivotes,ts decir, que carecieron de mar-
co, haciendo sus veces la mocheta de"rmampostería detrás de la cual
se inserta la puerta, sistema característico de las casas de la primera
mitad del siglo )(Wil. Es éste un índice arqueológico de cronología de
gran confiabilidad para las viviendas de las villas primiüvas. Con
posterioridad se usaron las bisagras y, en estos c¿lsos, la puerta se en-
cuentra al fondo del vano, lo que es usual de las fábricas correspon-
dientes a la segunda mitad del siglo )ffIIIy a las del Xxf'-Enestas úl-
timas, casi siempre las puertas a la española se sustituyen por las de
cancela.
La dimensión de las puertas principales o de acceso, al igual
que la de las ventanas, es proporcional a la altura y, de acuerdo con
el número de huecos, al ancho de la pared. El vano de acceso es siem-
pre más ancho que el de las ventanas, y, por lo general, más alto, so-
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

bre todo en las casas de la primera mitad del siglo )ULil. Con poste-
rioridad, en las casas de ventanas sobre poyos, sucede con frecuencia
que el remate superior de la ventana se encuentra al nivel o por enci-
ma del dintel de la puerta principal. Por su parte, los guardapolvos, a
manera de conos invertidos, contribuyen a alargar el aspecto de las
ventanas, aunque en rigor el hueco de la misma sea inferior al del va-
no principal. (Tabla III).
En casas con tiendas o accesorias, la puerta principal siempre
se destaca de las que dan acceso a dichas estancias. En el caso de las
puertas cocheras, se tiende a dotar de idénticas proporciones a ésta y
a la principal (ilus. 76).

I
I
¡
.f

76. Gutiéna, esquitn a San Procopio, tonudo de


Nomenclator cotnercial, agrhola, industrial..., 18M.

Los vanos de acceso, tanto principales como de zaguanes, apa-


recen, en algunas c¿ls¿rs, flanqueados por guarniciones. Las portadas
trinitarias se distinguen por su simplicidad, nunca desmentida ni
aún en los momentos de mayor auge económico de la población
(ilus. 77). En general, a excepción de La Habana, en el resto de las po-
blaciones cubanas, las portadas son escÍrs:rs y simples. En Ttinidad, la
solución más extendida fue gu¿unecer el vano principal con pilastras
que se extienden a todo lo alto del muro hasta topar con los aleros.
Son escasos los ejemplares con pilastras truncadas, tan frecuentes en
Camagüey, y pertenecen a c¿rsas de fines del )UIII o de las primeras
décadas del )Q( las pilastras pueden encontrarse unidas por un re-
FACHADAS 145

77. C-asa de Alameda núm. 213 Y 215.

cuadro, a manera de simulado entablamento que no es más que una


simple platabanda resaltada, de ladrillos aplantillados. En otros ca-
sos, sobre las pilastras, a modo de coronamiento, se colocan copas
invertidas. Las pilastras se destacan por los simplificados capiteles
toscanos que, en la mayoría de los casos, sirven de sustentación a las
copas. Pero lo común, es la ausencia de guarniciones. L,a mayoría de
las fachadas trinitarias tienen la puerta principal carente de elemen-
tos que la destaquen.

CASA VANO VENTANA VANO PUERTA PRINCIPAT


ALTO ANCHO ALTO ANCHO
Desengaño 522 3,O4 m 1,Am 3,50m 2,f0m
San tosé 271 3.04 m 1,96 m 3,95 m 2,51 m
bc 2O2 2,9O m 2,40m 3,5O m 2,3O m

San )&274 3,'lO m 2,15 m 3,38 m 2.'lO m

Alameda 213 y 215 3,10 m 1,5O m 3,50 m 2,10 m


Afameda '174 y176 2.95 m 1,9O m 3,22 m 2,10 m
Alamda219 y 223 2,77 m 1,46 m 3,27 m 2,10 m
Nueva s.n. 2,15 m 0,95 m 2,40 m 1,6O m

Nueva 96 1,60 m 1,15 m 235 m 1,38 m

Santa Ana 4 2,45 m '1,65 m 3,4O m 2,44 m


146 TR|NTDAD DE CUBA, PATR¡MoNlo DE LA HUMANTDAD

Boca 363 2,85 m 1,65 m 3,4O m 2.44 m


Santa Ana 501 2,90 n.l 1,17 m 4,3O m 2,O5 m
Media Luna 26 2,35 rn 1,33 m 2,00 m 2,15 m
Real del J¡güe 33 2,4O m 1,62 m 4,65 m 2.28m
Santa Ana ¿181 3,0O m 1,50 m 4.62 m 2,33 m
Amargura 32 3,30 m 1,80 m 3,9O m 2,71 m
Arnargura'lO 3,10 m 1,65 m 4,00 m 2,33 m
Santa Ana 591 3,76m 1,70 m 5,39 m 2,62 m
Amargura 20 2,5Om 1,5O m 3,70 m 2,35 m
Cristo 34 3,1O m 1,62 m 3,72 m 2,29 m
Santa Ana 1 3,10 m 1,56m 3,34 m 2,14 m
Alameda 268 3,78 m 1,68 m 4,o8 m 2,15 m
Desengaño 518 3,04 m 1,68 m 3,66 m 2,38 m
Gutiénez ¡O6 2,76 m 1,48 m 4,22 m 2,18 m
Rosario 405 2,50 m 1,65 m 4,9O m 2,80 m
Alameda 69 3,60 m 1,75 m 4,0O m 2,18 m
Cutiénez 362 3,30 m 1,83 m 3.70 m 2,13 m
Gloria 128 3,22 m 1,85 m 3,50 m 2,45 m
Arnargura 7O 2,97 m 1,72 rn 4,55 m 2,3O m
Desengaño 60 5,'ro m 2,'15 m 5,OO m 2,80 m

Tabla lll: Relacbn de dimenstones entrc vanos de ventanas y vano de la puerta prlnclpal

Por este motivo, resulta de gran excepcionalidad la portada de


la casa de la calle Rosario s.n., correspondiente al grupo de viviendas
de la primera mitad del siglo XZII/ (ilus. 78). Cuenta con pilastras de
hondas y anchas estúas rematadas por capiteles que, a su vez, sostie-
nen una platabanda con grueso toro, y más arriba, una especie de
cornisa volada, sobre la cual sobresale el coronamiento de las pilas-
tras, en forma apuntada. Sobre el dintel, una faja de aspas con una
roseta central de ocho puntas sirve de realce decorativo de esta guar-
nición, comparable a cualquiera de las más notables habaneras de su
época.
I^a parquedad compositiva de las fachadas tempranas es modi-
ficada avanzado el siglo )NIII, al surgir fachadas que buscaron una
mayor movilidad. Las pilastras y basas subrayan sus perfiles con
complejos moldurajes y filetes, multiplicando el número de capite-
les, enmarcados los dinteles con una faja resaltada en forma de volu-
FAcHADAS 147

78. Portada de Rosario s.n.

79. CAsa de Cristo entre Alameday callejón de la Cañada.


148 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

tas (ilus. 79).Iacoronación de pilastras con copas de siluetas curvÍrs


muy pronunciadas se generaliza aun en los ejemplares que no pre-
sentan entablamentos o fajas. Otros ejemplos se limitan a la repeti-
ción de sus elementos constitutivos fajas, recuadros-,
por
-capiteles,
lineal, los modos caracteús-
acercándose algunos, su sobriedad a
ticos de las portadas del siglo )(D(.En otros casos, el vano de acceso
sólo cuenta con una moldura en cuarto de bocel o abiselada que lo
enmarca por todas las aristas de sus lados.
Pero la más notable transformación de los vanos de las facha-
das de las casas trinitarias de la segunda mitad del siglo ){VIII es la
utilización de arcos conopiales, de estirpe gótico-isabelina, en los va-
nos de las puertas de acceso principales y secundarias. Esta caracte-
rística, junto con el tipo de alero que se generaliza en esta etapa
de tornapuntas, como veremos seguidamente- idenüfica, sin mal-
-el
gen de dudas, a las casas de este período.

3.1.4. Aleros

El tipo de alero es un índice muy seguro de época. las casas de


la primera mitad del siglo )(VIII se reconocen por la presencia de los
aleros de tejaroz y de sardinel.to El primero consiste en dos o tres hi-
ladas de tejas empotradas, dispuestas envuelo progresivo, dibujando
arquerías ciegas, rematadas por la hilada terminal del tejado.tz Se en-

,I
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I
I
I
I
FAcHADAS 149

cuentran también aleros formados por una hilada de tejaroces, colo-


cada al centro de dos hiladas de ladrillos dispuestos horizontalmen-
te. El sardinel, se forma por la colocación consecutiva de ladrillos en
forma esquinada, y puede aparecer combinado con hiladas de teja-
roces. En la segunda mitad del siglo )(VIII aparecen los llamados ale-
ros de tornapuntas cuyo uso se prolonga en las primeras décadas del
siguiente siglo (ilus. B0). Los tornapuntas son de madera y consisten
en un pie de amigo, compuesto por un madero empotrado perpen-
dicularmente al muro, el cual tiene situado en un extremo un barro-
te dispuesto en forma vertical. Este barrote sostiene una vigueta so-
bre la que descansan los extremos de las cabezas de las alfardas. Con
acierto observó Lilia Martín que estos barrotes son más abultados en
el centro que en los extremos, y que adoptan formas redondeadas de
eüdente rechonchez, a causa de su amplio diámetro y poca longi-
tud.l8 Los barrotes se unen al pie de amigo por una gruesa moldura
en forma de junquillo y culmina en una zapata de forma similar a las
que se ven en los pies derechos de las galerías interiores, en gola rec-
ta, en pico de loro o en cuarto de bocel (ilus. 81). Algunos imitan ca-
bezas de aves en el extremo del pie de amigo. I¿ construcción de un

81. Dibujo de casa trinitario con alero de tornapunns, tomad,o de


Nomenclator comercial, agrícola, industrial..., I 884.

alero de tornapuntas, por su proyectado vuelo hacia la calle, exigía


solicitar el correspondiente permiso al cabildo municipal. A partir de
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

1775 es frecuente encontrar solicitudes de este tenor: "...se leyo una


peticion presentada por Iuan Fco [...] en que solicita se conceda li-
cencia [...] para poder sacar a la calle en su casa [...] un alero para res-
guardo de sus paredes [...] concedieron la licencia que pretende por
lo cual le hacian mrd de la tercia de terreno que solicita a la calle con
tal de que no se vaya a exceder [...]."1e Los tornapuntas son aleros tí-
picos de las ciudades del centro del país y caracterizan de un modo
singular el conjunto urbano de Camagüe!.2o ¡tr Santa Clara se apre-
cian versiones sui generk de este tipo de alero.2l
Por último, cabe señalar el uso de fajas corridas de ladrillos
aplantillados en forma de cuarto bocel, a modo de comisa, como re-
mate de muros de las casas del siglo XIZIl/o principios del )Q(.

3.1.5. Corredores y portales

El alero de tomapuntas, por su notable vuelo, fue, tal vez, des-


pués del balcón, la siguiente incursión de la casa sobre el espacio pú-
blico, construidas al ras de las calles en aquellas ciudades constructi-
vamente consolidadas antes del siglo )QX.La indeterminación de los
términos apreciada en los documentos de la época en los que se so-
licita permiso para la construcción de un alero de tornapuntas es se-
ñal del vínculo existente entre este tipo de alero, el corredor y el por-
tal. En definitiva, como se expresa en los documentos, estos compo-
nentes seryían para el "resguardo" de las viviendas, dadas las condi-
ciones de nuestro clima, soleado y lluvioso. En 1792, se solicita al Ca-
bildo permiso para la construcción de un portal en estos términos: se
leyó "...una instancia de Domingo Delfin ... en que solicita se le per-
mita construir al frente dela casa de su morada un portal o guarda
polvo sobre pilar qe la resguarde ...".22 El portal, en su versión de so-
portales, ap¿uece en las primeras décadas del siglo XWII en L^a Haba-
na, adosado a viviendas construidas en el entomo de las plazas, dan-
do lugar a galerías públicas continuas que servían de sitio al merca-
deo. Fueron, en cierta medida, la transposición al espacio público de
las galerías que circundan los patios en el tipo de palacete habanero
conocido como "señorial". En el siglo )IX, el portal adquiere rango de
composición urbanística, originándose calles porticadas de notable
efecto ambiental. Pero, en ciudades asentadas en sitios de accidenta-
da topografia, como Santiago de Cuba y, en menor medida, Trinidad
FAcHADAS l5l

ap¿üece en el siglo )NIII el corredor, especie de elemento de transi-


ción entre el balcón y el verdadero portal, y a manera de solución
más acabada, a los efectos de la protección ambiental de las viüen-
das, que la que procuraba el alero de tornapuntas. Son, pues, el ale-
ro de tornapuntas, el corredor y el portal expresiones del proceso de
adecuación ecológica experimentado por la casa cubana en su pro-
ceso de conformación histórica.
El corredor es como un balcón con acceso desde la calle que se
adosa a los frentes de casas de una sola planta construidas por enci-
ma del nivel de calles con pendientes pronunciadas (ilus. 82). En Tri-

82. Casa de A¡nargura núm. 10.

nidad se construyen los primeros y únicos corredores en el último


tercio del siglo WIII. Los corredores se añadieron o fabricaron a ca-
sas de vieja o nueva planta. En lo documentos que tratan sobre la so-
licitud para construir lo que llamamos corredores se refieren a éstos
,,colgadizos" o "portales". Para la casa de la calle Desengaño
como
ním.522, por ejemplo, la solicitud de permiso para añadirle un co-
rredor, de 1789, reza del siguiente modo: "...se leyo pedimto de D Sal-
t52 TRtN|DAD DE CUBA, pATRlMoNlo DE LA HUMAN|DAD

vador de los Monteros en que solicita poner a la casa de texa de su


propiedad un colgadizo o Portal, de vara y media de ancho ...".23 Para
construir un corredor en otra casa, de nueva planta, que no hemos
podido identificar, se expresa en l7gl:
...se leyo una instancia que hace Dn Jose Ygnacio Valdivia deste vecíndarlo en solkiatd de
que se lepemlta para raguardo dela casa de su morada que estafabricando adelantar ala
parte dela calle un portal que no embaramra el transito comun de Ia calle ...1o que enten-
dído por vs mrds ... se le pemite ... en términos que no etceda del alto o pretll que tiene el
píso de la casa ....24

Los corredores, como se señala en los citados documentos, no


eran muy profundos. La distinción entre portal y corredor no está da-
da tan sólo por su emplazamiento a nivel de calle común de
un portal- o, por encima de la calle -c¿¡.so
del corredor-, sino tam-
bién por la profundidad. Se protegían-caso
con balaústres de madera tor-
neada, de fustes alargados, a modo de baranda, como es usual en los
balcones y horcones, de la misma factura que los de ros galeúas o los
de los balcones, servlan de sustentación de los techos. Ios portales
del siglo xlZ[/son siempre abiertos, sin barandas y no será hasta la si-
guiente centuria en que, en casos, se cierran con barandas de hierro.
El portal, con propiedad, aparece en la ciudad en el siglo X[Xy
xrgmqre en casas construidas en los frentes de las plazas. No hay en
Trinidad, cuya deñnición urbana tiene lugar en el siglo )(vlil,un solo
ejemplo de un portal a calle. y es, posiblemente, el portal de la parte
antigua de la casa de las sánchez-Iznaga, construido en lTBg en ho-
nor a la jura de carlos IV el primero de Trinidad. Esta casa, como ya
hemos dicho en otra parte de este trabajo, está situada frente a Ia pla-
zaMayor.¿, En el año mencionado, el escribano del cabildo certifica:
...en la mexor furma que pueda [...] que reciuio orden dela capitanla General er sor
Gover-
nador y capitan A guerra de esta ciudad de laTtinidad, y villas annexas capltan Dn Ma-
nuel de Estrena para que se erzcutase en aquella y estas la ReaI proclamacíon de su Mages-
tad reyMnte 1...1 se dispnso 1...1 partícularmente el
cavalhro Alferez Mayor Dn Manuel de
sotolango quíen no soro adorno su casa con pinturas y araxas muy cosmsas y de subído pre-
cío síno que parahacer mas lucida lafachada de ilha su casa leuanto en ella un amplio por-
tal a su frente de la mas vistosa perspectiva ¡...¡26
Este portal descansa sobre horcones de madera, al modo tradi-
cional y, en las sucesivas transformaciones que sufrió la casa, le aña-
dieron las barandas de hierro. por detrás del arranque del portal se
puede observar la hilada de tejaroces que conformaron el remate ori-
ginal de la fachada.
ittlr:i
FACHADAS r53

Otras viviendas del entorno de esta plaza incorporaron porta-


les a sus frentes en el siglo XIX, como es el caso del Palacio de Bru-
tt"12z y el de la casa de Padrón.zs El de Brunet se desenvuelve en gran-
des arcos, al modo de los soportales que distinguen desde el siglo
)(VilIlas casonas habaneras situadas aplazas, con la diferencia de
que, en correspondencia con su época, transforma la columna de
apoyo típica del siglo )NIII por el pilar, preferido en el XD{. El de Pa-
drón, más modesto, utiliza simuladas columnas madera- re-
-en
matadas con capiteles que sugieren la forma de los jónicos.zs Seme-
jante solución aparece en el menguado portalito de la casa de la ca-
lle Cristo s.n. entre Cañada y Alameda, ubicada a un costado de la
Plazoleta de Segarte.aoAlrededor de la Plaza de Carrillo, muy modifi-
cada en la actualidad, también se construyeron viviendas con porta-
les, a juzgar por los testimonios que quedan al respecto. Una de ellas
es la que fuera transformada en la nueva sede delAyuntamiento, ad-
quirida por el Cabildo en 1858 según el siguiente contrato de com-
praventa:
...D.finnhancodeAltuna [...] enusodelpodergenerallslmoque me tíene conferldo D.An-
tonio Sendras [...] tnndo al llus,'J¡e Awntamto [...] una caso de mamposterkt y azot con su
pormly frente ala plaza titulado de Canilb quz lnce esqulna a las calles Chlnchlqutráy
Iank Marla [...] compuesto su teneno de setecientas anrenta y cu.atro uaras, y el sohr de la
calle de Colón aqutna tamb!én a la referüa de Chinchiqutró 1...1.31

Las casas de vivienda de los ingenios de la jurisdicción de Tri-


nidad, de planta similar a la de las urbanas32 excepción de la
-con
del ingenio BuenaVista33 (ilus. B3)-, integtaron a sus frentes, como
elemento de primordial importancia, portales corridos que las ro-
dean casi todos los casos- por más de un costado y utilizan, in-
-en
distintamente, como soluciones de sustentación, horcones, arcos o
pilares. Estos portales, en su mayoría, son del XXaunque hay casos
en que lavivienda es m¿is antigua, como la casa de vivienda del inge-
nio Maguaea, cuya estructura central fue fabricada en la segunda mi-
tad del siglo )Ulil. Otras, como las de los ingenios Manacas-Iznaga3s
y Güáimaro,36 (ilus. 84) de fines del )(VAL tuvieron, desde el princi-
pio, portales a modo de colgadizos sustentados en horcones de ma-
dera y, posteriormente, el frente principal se modificó mediante Ia
adición de un portal en arcos sobre pilares y techo de azotea. Otras
como la de Algabarz, tienen el portal-colgadizo sustentado en horco-
nes de madera.Y finalmente, hayejemplos de casas deviviendas, co-
mo la del ingenio Delicias,3a construida de una vez en eJ nX con su
portal en arcos sobre pilares. ,l
CE¡{ tRO DE D0CUME,.

ABYA 3 Y¿i¿
154 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

* tusa de uiuicnda del


ü0¡.
;:ingenio BuenaVista.
.v'
*¡#

84. C,asde viuienda del ingenía Gu.óimaro.


FAcHADAS 155

l,as casas de viviendas de los bateyes ͡zucareros son muy se-


mejantes a las llamadas quintas de recreo que se generalizan en el si-
glo )üXen los barrios suburbanos de muchas de nuestras ciudades.
son casas que valoran la relación con el medio circundante, median-
te el vínculo que establece el portal con el entorno. Casas calificadas
en la época como ejemplos de "arquitectura tropical", por su integra-
ción cón el paisaje, y sus emplazamientos en lugares altos yventila-
dos que les garantizaba el alivio de las brisas y la bondad de la luz.
sobrá las de El cerro, barrio de temporadistas habaneros, diría Sa-
muel Hazard:
Hay aqul anclw campo para esrudiar la arquitecura troptcal ["']'
No úto en el c¿rro, sino en todas partes, al extraniero le admtan las peculi&ridades de la
arquitectury cabana, con sus ventanas enoffnes, sin el menor cristal, pero dotad&s de Íuer-
tes rejas de hieÍo, de un solo piso, con entradas tremenlas y sólidas pucrtas claueteadas'
muchas de ellns con adornos de bronce y todas como st hubieran süo construldas wra po-
der reslstir un útaque.
En el ceno, Ias casas ttenen una ap^riencía algo moderníz¡da, con Iu cocheras en su
par-
que las
te trasera y al ffente pornla más elevados que el niuel de la calle. No a frecuente
y
ca¡¡É teng¡n pasíIlos, conducíenilo directamente ln entrada prtncípal a lnrgos frucos
ves'

ttbulos [...]. Estos uestlbulas se usan a menudo como comedores, refrescados siempre
por la
brisa que utene del patlo o a Úavés de la ancha sala, a la entrada. Tbda la cam atá despro'
vísta de cortinajes y erpuesta a la curíosídad de los transeunta. Las techos son excepcíonal-
mente altos, y las casos, sin excepción, tienen en su lnrcrtor un patio, que aun en los días
más calurosos proporctona algún aire.

Estepatio, en las cludads rinde los beneficlas de nuestros iardlnes. Todas las habitnciones
dan al mlsmo; y en l/,s casas que tlenen un segundo pbo, una galerfa rodea el patío, dota-
da de persbnas o de toldos de colores para la protección de los rayos solara'

Esto asegura ur,a llbre circulaclón de alre, un lugar umbroso donde sentarse o pasea,i
y muy
a menudo, anando elpatio ató adornado con ftor*, luentes y aun con naranjos, granados
o reseda, constttuyen un lugar encnntador en el caal se puede soñar en las horas de ocio' o
cqueteat desaperodamente con lx bo¡itas señoras.39

3.2.[añsonomla del siglo )üX

3.2.1. Composición de las fachadas

En el siglo XIX,las fachadas sufren transformaciones que do-


tan a las viüendas de una nueva presencia. Transformación que, en
cierta medida, refleja la asimilación de formas neoclásicas, cuya in-
terpretación popular caracteriza a la arquitectura doméstica de este
r56 TRINIDAD DE CUBA, PATR¡MONIO DE LA HUMANIDAD

período en todo el país aunque en ciertas ciudades, como en La Ha-


bana o en Matanzas, se expresa de un modo un tanto más académi-
co. con anterioridad, es bien relativo y elástico hablar de influencias
estilísticas en la arquitectura pueblerina cubana.
El aporte más importante del neoclasicismo a la composición
de nuestras fachadas es la regularidad de proporciones y distribución
de vanos y elementos que distingue a las fachadas del siglo XrX En el
Jlx, las numerosas ordenanzas municipales tendieron a normar la
construcción según principios previos que respondían a un criterio
de belleza. Hacia 1857, el Ayuntamiento de laiiudad de camagüey
redacta un documento dirigido a prohibir la construcción de los
guardapolvos y a establecer "...las reglas que deberán observarse pa-
ra mejorar en lo posible el aspecto exterior de los edificios
[..]',,a0 en_
tre las que se enuncian:
1) Que haya equidistancia entre los eies de todos los vanos, que
sean iguales las dimensiones de todas las ventanas situadas en
la parte de la fachada correspondiente a un piso, pudiendo va_
riar en el otro si Ia casa tiene dos.
2) Que Io mismo se rerifique con respecto a las puertas.
3) Que las ventanas tengan de alto en los pisos principales, dos
veces su ancho.
4) Que los cerramentos o umbrales de todas las puertas y venta-
nas colocadas en un sólo piso se hallen a la mñma altúra.
5) Que si emplean corumnas o pilastras bien sean empotradas en
el muro o a distancia para formar pórticos coincidan en cuan-
to sea posible con los centros de los macizos.al
. l-a tendencia hacia una arquitectura regular está bien clara en
este documento y dichas normas se cumplenion toda propiedad
en
el caso de las viüendas de Trinidad. pocodespués, en léor, se redac-
taron las muyafamadas ordenanzas Municipáles de La Habana, ver-
dadero código clasicista que, sin embargo, tend.ía escaso peso en
Tri-
afectada por la crisis económica de la segunda miiad der sigro
l{ld,
)Q(
I¿s fachadas trinitarias del siglo XIX responden, pues, a una
cumplida simetría bilateral, sobre la base de loi esquemas de distri-
bución tradicionales:
FAcHADAS

. Puertaprincipal-ventana
. Ventana-puertaprincipal-ventana
. Ventana-ventana-puerta principal-ventana-ventana
Si la casa cuenta con tienda o con zagaán, éstos se añaden a
uno de los extremos de la serie rítmica usual.
Al igual que las de la centuria anterior, las fachadas son funda-
mentalmente lisas, carentes de destaques decorativos (ilus. B5). Sin
embargo, como ya hemos expresado, en algunas viüendas de rango
se rompe esta parquedad de la composición mediante la adición, por
tramos, de pilastras o semicolumnas de aliento neoclásico. Estas pi-
lastras o semicolumnas de las casas decimonónicas en ningln caso
tienen sentido funcional. Son simplemente elementos decorativos.

85. C.asa de Media Lutn núm. 18, aquina al callejón de Galdós, casa de Borrell.

Hay casas, como la de la calle Desengaño núm 507,a2 que ado-


san a sus fachadas pilastras en rítmica sucesión, enmarcando los va-
nos de puertas y ventanas. En la casa mencionada, las pilastras simu-
lan soportar un figurado entablamento. En otras, como la de la calle
Cristo núm. 66, se utilizan semicolumnas. En la de Gutiérrez núm.
362 esquina a Portugués,¿3 también llamada de Malibrán o de Sch-
midt, la fachada ss ¡selz¿ con seis columnas de fuste redondo y capi-
teles de inspiración dórica que Soportan una saliente cornisa, a partir
de la cual alranca el volado alero. l¿ de la calle Gloria núm. 128¿e üe-
r58 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

ne en todo el frente un simulado entablamento de proporciones apai-


sadas, sostenido por finas pilastras, adosadas a ambos extremos de la
fachada. l¿ fachada del Palacio de Cantero,as compuesta por dos ac-
cesos cochera a un extremo, y el otro principal, al centro_, tie_
-uno,
ne flanqueadas las ventanas yportadas con pilastras que sostienen un
entablamento de inspiración dórica, con sus simuladas metopas y tri-
glifos. El entablamento se remata con una simple cornisa.

3.2.2. Las rejas

El elemento que con mayor propiedad nos indica que se está


ante una casa del )lxes la reja de hierro que desplaza en este perío-
do a las de madera. por supuesto, fue frecuente la sustitución de los
antiguos barrotes por los hierros por lo que, a menudo, una vieja ca-
sa cuenta con rejas de hierro, lo que casi siempre puede corroborar-
se por las huellas dejadas en los marcos. y por lo contrario, hay mu_
chas casas de las primeras décadas del siglo )(D(enlas que persisten
las rejas de ba¡rotes de madera. En verdad, no ha sido piecisado con
exactitud cuando comenzó a utilizarse el hierro en lasiejas cubanas
pero es de presumir que, en La Habana, aparece en el último tercio
del siglo ){vln, afingar por algunas referencias documentales: ..Des-
pues qe se ha fomentado extraordinariamte la Hava
[...] especialmte
desde 1789 t...1 se están haciendo hacia esta parte occidental grandes
importaciones de froo deviscaya, ycon el algos Mtros yoperários de
aquella parte de la Peninsula, con grande utilidad de elloi mismos y
de laYsla, en la parte qe recibe fomento [...],'.ru
En Tfinidad, la reja de hierro se generaliza hacia la tercera dé-
cada del siglo )ox, incorporándose a las casas de nueva planta y a
muchas de las üüendas anteriores, contribuyendo con eiló a definir
la peculiar ñsonomía que hoy distingue a la ciudad. Rastreando las
casas con rejas de hierro se puede seguir la orientación del creci-
miento urbano de la ciudad en este período. calles horizontales co-
mo las de Gloria, Alameda, Gutiérrez y Jesús María, o transversales
como las de Boca, Desengaño, Rosa¡io, Colón o San procopio, a par_
ür de su intersección con las de Gloria o Alameda, y aun con vías an_
tiguas, como la de Real del Iigüe, muestran Ia predominancia de la re-
ja de hierro. Por lo contrario, en calles como la mencionada de Real
del Iigüe, o la deAmargura, aún abundan ejemplares con rejas de ba-
rrotes de madera.
FACHADAS r59

Al igual que las de madera, las de hierro pueden volar por so-
bre el muro, o situarse a su nivel. Adoptan, también, formas circula-
res, mixtilíneas o, más frecuentemente, cuadrangulares (ilus. 86). En
los exteriores, la reja de hierro siempre es volada y, en los interiores, a
ap¿rrece al ras del muro. Su vuelo, en ocasiones, alcanza los 0,30 m,
muy por encima de lo común en ciudades homólogas como Cama-
güey, o en ciudades constructivamente consolidadas en el )ffi, como
Matanzas.4T Las trinitarias son de factura muy simple. Se construyen
a partir de una estructura lineal de barras cilíndricas de hierro forja-
do, de grueso calibre, dispuestas en un eje vertical, paralelas las unas
a las otras y atravesadas, en el eje horizontal, por cintas que, a tramos,
conforman calles o, con más propiedad, fajas. En las cintas se abren
huecos circulares del grosor de las barras, por donde se insertan las
mismas. Los ejemplares más sobrios no cuentan con decoraciones.
En otros, se acostumbra a situar una faja realzada con moüvos deco-
rativos en los que predominan las volutas, las flechas o las grecas, a
manera de remate inferior y superior de la reja. Estas fajas decorati-
vas, por lo general estrechas, pueden alcanzar la dimensión de una
calle, sobe todo si se encuentran en la parte inferior de la reja'

86. Poyos, síglo XD(


160 TR¡N|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMAN|DAD

La voluta, elemento de antiqulsimo origen, usado desde la apa-


rición de las rejas en las edificaciones rom¿ínicas, es el motivo deco-
rativo de mayor arraigo, cuya versatilidad denota un conocimiento
cabal del arte de la forja. En Europa, donde el trabajo del hierro cuen-
ta con una depurada tradición, la reja vino a adquirir categoúa de
construcción arquitectónica en el Renacimiento. A partir de enton-
ces, el hierro forjado adquirió una gran importancia. y aunque la la-
bor de los artífices forjadores no se debe, en ra mayoría de loJ casos, a
la propia invención, el hierro forjado puede considerarse como la rea-
lización más genuina de la fantasía de la línea, cuya múltiple variedad
de formas puede reducirse a una base lineal: la barra de hierro.¿s
Algunas rejas trinitarias colocan fajas transversales con moti-
vos envolutados al centro, lo que no fue muy frecuente en compara-
ción con la riqueza de combinaciones que ofrecen las rejas de otras
poblaciones de la Isla. Tampoco fue frecuente el empleo de fajas ho-
rizontales con motivos decorativos, en el centro de ia reja, como las
que destacan ejemplares pertenecientes a ciudades de tardía funda-
ción, como Matanzas, cienfuegos, cárdenas y pinar del Río. En algu-
nas' aparece las iniciales de los dueños de las casas, costumbre en las
rejas de las casas decimonónicas.
Las rejas de hierro se utilizaron, también, en las ventanas em-
potradas en el muro diüsorio entre saleta y galería. Lisas u ornamen-
tadas, constituyen uno de los principales realces de dichas est¿rncias.
La lira y la fecha fueron los motivos decorativos más usuales y, tam-
bién, los mediopuntos con los radios terminados en volutas. otras,
cubren, a manera de encaje de hierro, toda la superficie de la reja, con
el continuo y eslabonado movimiento de las.rol.ttar. La lira, ías fle-
chas, las copas, los soles y los círculos fueron los recursos decorativos
del gusto de rejas, verjas, cancelas, balaustradas, portafaroles y de_
más elementos fabricados con hierro foriado o fundido. De hierro
fundido se importaron en el sigroxxinnumerables muestras, proce-
dentes de los Estados unidos de Norteamérica. vanos rebajadós o de
medio punto insertaron elementos de hierro sobre los dintlles de las
puertas.
l,as rejas de hierro, en ras poblaciones centrales de la Isla, se ca-
racterizaron por la presencia del tan típico guardapolvo de hierro, de
perfiles conopiales, rematados por esferas, copas, coronas o águilas
(ilus. B7). La riqueza de líneas de estos guardapolvos, en
much"o ex-
FACHADAS l6l

presan la calidad que alcanzó el trabajo del hieno en Trinidad. Otras,


continúan utilizando los guardapolvos de mamposteúa de perfiles
conopiales o redondeados y, también, algunas se rematan con vidrie-
ras de colores o persianas en abanico. Las rejas de hierro fundido, por
lo general, se coronan con guardapolvos de hierro, en forma de me-
diopuntos.

87. Guardapoluo, siglo XD(

3.2.3. Puertas de cancela

Los vanos de las puertas principales de las casas del siglo XX,
en su mayoría, son adintelados, aunque hay algún que otro arco re-
bajado. En dicha posición, se utiliza la llamada puerta de cancela, de
tableros rehundidos y abiselados que fue desplazando progresiva-
mente a las españolas, cuyas realizaciones en el siglo XD(carecen de
la riqueza de talla que ostentaron en la centuria anterior. Las de can-
cela siempre se encuentran situadas al fondo del vano y, por lo co-
mún, presentan el ingenuo recurso de adosar pilastras de madera
moldurada, a cada lado del vano. Por encima del mismo se dispone
una tabla de la misma sección y características que las que hacen las
veces de pilastra, quedando el vano enmarcado por sus tres lados. En
los ángulos esquineros se coloca un tablero cuadrado con un redon-
del labrado en el centro, a manera de rustica pátera.¿g Como se ad-
üerte en la casa de la calle Amargura núm. 70 esquina a Boc¿,so s¡-
L62 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIO DE LA HUMANIDAD

tre muchas otras. En ocasiones, las pilastras, errvez de molduradas,


aparecen estriadas, y puede ocurrir que el círculo se sustituya por
una estrella de ocho puntas. Otras imitan, en madera, un saliente en-
tablamento, con metopas y triglifos, coronadas con cornisas, dando
lugar a una guarnición de más acabado detalle. Aunque escasas, al-
gunas portadas se destacan por sus guarniciones de piedra, con pi-
lastras, entablamento y cornisas, como la de la casa de la calle Gutié-
rrez núm. 374, o con una especie de alfiz resaltado, como las del Pa-
lacio de Cantero. Fue frecuente, también, revestir las jambas, parcial
o totalmente, con tablones de madera, lisos o en imitación de casero-
nes. Los umbrales utilizan, o el ya conocido madero, o la losa breme-
sa y el mármol, algunos, en taracea.

3.2.4. Remates

En el siglo )(D{caen en desuso los aleros tradicionales, con ex-


cepción de los tornapunt¡rs que se utilizaron esporádicamente en ca-
sas de las primeras décadas de dicha centuria. El alero característico
de las viviendas trinitarias de la época consiste en un volado tejadillo
construido a continuación del tejado, cuyo vuelo se proyecta hacia la
calle, en forma de gola egipcia o cuarto de bocel, revestido con listo-
nes de tabloncillos o con yeso y al que reconocemos por el nombre de

88. Dibujo de Ia casa de la calle Daengaño aquina al


callejón de San Luis, tomado d.e Nomenclator comercial, agrícola, industrial..., 1884.
FACHADAS r63

alero en gola. En casas con techos de azotea, no muy frecuentes en la


ciudad,lo común fue levantar un pretil sobre el remate del muro de
la fachada (ilus. 88 y 89). En ocasiones el pretil se intemrmpe a tra-
mos con pilares que sostienen copas de barro vidriado o figuras es-
cultóricas. Pero, en Ttinidad, el pretil es poco frecuente y nunca al-
can:zala generalización que adquirió en ciudades propiamente con-
solidadas en el siglo )üXcomo Matanzas. En las casas de viviendas de
los ingenios construidas en esta época, se inserta con cierta soltura,
tal como se observa en la de BuenaVista, dispuesto en forma de ba-
laustrada.

89. Dlbujo d.e casa trínitari4 nnudo de Nomenclator comercial,


agrtcola, industrial..., I &34.

3.3. Las casas de dos plantas

Las viviendas de dos plantas, tanto las del )UIII como las del
xD(presentan los mismos elementos de configuración de las facha-
das que son comunes a las coetáneas de un solo nivel. Pero, obvia-
mente, la composición de las fachadas, en cuanto al ritmo, es dife-
rente de acuerdo con su distribución planimétrica que puede res-
ponder a dos alternativas:
. casa-vivienda, con ambas plantas destinada a habitación.
. casa-almacén, con funciones diferenciadas para ambos pisos.
l& TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

la segunda, aparece enTrinidad en el siglo nxalunísono con


el despegue azuc¿uero de la región. La primera es singular a las casas
del )UIIIy a las del XtYavanzado, cada una de estas versiones en res-
puesta a situaciones diferentes. l^a ciudad cuenta, además, con algu-
nos ejemplos que no se inscriben dentro de las alternativas mencio-
nadas. Uno de los cuales es la casa de la calle Gloria núm. 236, esqui-
na a Boca (ilus. 90) que perpetúa el tipo de casa esquinera de dos
plantas, con tienda en bajos y cuarto en los altos, sin balcones.sl La
prosapia de este üpo de casa es muy antigua, como se conoce por do-
cumentos. En 1579 se contrata la fabricación de una vivienda, en La
Habana, bajo los siguientes términos:

90. Casa de Gloria ntim.236, aquirw a Boca.

En la uílla deSan Christóbal de la Hauana desta ysla de Atba [...], parescieron presentes
Gaspar de tutlla y Estefun Gutié¡ez, ahmñil L..l e direron quellos son convenidos [...] en Ia
forma sigtiente:
himeramente el dbho Esteban Gutiérra, se obliga a labrar un quarto de cesa en eI solar del
dicho Gaspar Avila [...] en la aquína" Ia cual á de th¿ner
de eI gueco y ancho I que en] dícha
esqutna le penenece aI dlcho Gaspar de fuíla [...].
FAcHADAS 165

Otrosí, se obligó a hazer la dicha cosa de teja, de seys ¡apías, desde el cimíento de a tie-
^riba
rra;yesobligadoaabriraniayahenchílladeüerraepiedrayaguaycalcomosenequie'
re la dicha pared, y dell ancho que luere menester para que lo susodicho sea buma labor; y
ansí mismo ó sacar de mamposterta eI címiento, de media bara en alto sobre la haz de la
tíena los tr4/. troos de pared que se an de hazer y la dícha obra [ha] de lleuar las rafas a es-
quínas en las quatro esquinas y en lugar onde ó de asentat bs unbrales, que fueron menes-
ter y dos pílares en que se asíenten los humbrales. Otrosl se obligó el dicho Estevan Gutie'
rrez de rcabhr eI dicho qwrto de casa como está declarúo y la cubrir de teia y poner a su
costa Ia malera que fuue menater para el armadura I-.-1.52

Este documento es el primer contrato de fabricación hasta


ahora localizado sobre una casa cubana. Es de notar su designación
como "cuarto de casa", de lo que se infiere que no es una üvienda
,'completa". Es este un tipo vinculado al carácterbásicamente comer-
cial y de hospedaje de La Habana, por muchos años subordinada a
las actividades derivadas de la estadía por largos meses de la Flota de
Indias en su bahía. En L¿ Habana quedan algunos ejemplos, cuya
cronología exacta no ha sido precisada y más bien, parecen deriva-
ciones del tipo primitivo.
Estos "cuartos de casa" se yuxtaponen a estmcturas más com-
plejas y completas. Casas como la de Teniente Rey esquina a Aguiar,
en La Habana, cuentan en el ángulo esquinero con la tienda y el
cuarto alto. Otras, como la de San Ignacio esquina a Obrapia incor-
poran el módulo esquinero, con un entresuelo, como es común ver
en Cartagena de Indias, llamado en esta ciudad "rinconera". En esta
posición, la tienda esquinera con entresuelo se integra al plan de las
casas señoriales habaneras hasta bien avanzado el siglo XIX. Pero
también "la rinconera' se yuxtapuso a casas de una sola planta, en
cuyo caso se integra aI costado, con la típica tienda en baios y habi-
tación en los altos, siempre en estos casos sin entresuelo. Y de esta
forma lo encontramos en distintas ciudades del país, aún en las del
XX, como en Matanzas.
En Tfinidad, se aprecia en la casa mencionada de la calle Glo-
ria, en la de Cristo núm. 34, esquina a Rosario y en la de Santa Ana
núm. 591, 593, 595 y 597 , esquina a Media Luna. En la de la calle Glo-
ria, que es el ejemplo más antiguo en Tbinidad, la tienda y el cuarto
alto forman un volumen independiente y bien pronunciado hacia la
calle, a pesar de formar parte de una construcción de una sola plan-
ta, situada por la parte de la calle Gloria. En este caso, el módulo es-
quinero acusa su independencia por la terminación del tejado, en
166 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

cuatro aguas. En la de la calle Cristo núm. 34, esquina a Rosario, se in-


tegra plenamente a lavivienda y cuenta como hemos dicho en otras
partes de este trabajo, con balcón de esquina (ilus. 91). En la de San-
ta Ana núm. 591, 593, 595 y 597, esquina a Media Luna, también está
integrado a la casa matriz pero el cuarto alto carece de balcón. Estas
dos viviendas son de fines del )UIII.

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91. C.asa dc Cristo núm. 34, esquina a Rosario.

Contemporánea con la de la calle Gloria, la de Boca núm. 246,


aunque modiñcada, parece haber tenido desde siempre ambos pisos
destinados a habitación familiar. La planta baja cuenta con un acce-
so principal y ventanas, y la alta con puertas que se abren al balcón,
cubierto con tejadillo, sobre canes que se extiende a todo el frente.
Por encima del tejadillo se aprecia la hilada de aleros de tejaroces. La
de la calle Amargura núm. 48 es, sin dudas, un antigua casa. [a facha-
da, rematada con aleros de tejaroces, ha sido transformada, en parti-
cular, ha perdido el balcón. Cuenta con pilastras adosadas al muro
que se desenvuelven, en rítmica alternancia, flanqueando vanos de
puertas yventanas, caso raro para una casa antigua. En dos casos, la
FACHADAS t67

distribución interior y el resto de los componentes arquitectónicos


responden a lo caracteústico en las viviendas construidas en la pri-
mera mitad del siglo )Um.
Otras viüendas como las de la calle Gloria núm. 363, esquina a
Desengaño, y la de su lindero izquierdo, Gloria núm. 103 constituyen
e¡empl,os de los finales del siglo )NIIIy los primeros momentos del
*X. taprimera está muy modificada y, en la actualidad, cuenta con
,rr, independiente para la planta alta, posiblemente resultado
".""so
de la remodelación efectuada en esta casa a principios de este siglo.
El piso superior tiene el característico balcón de esquina. En los ba-
joJ existe un comercio, destino que' con seguridad, tuvo desde un
principio. La segunda no cuenta con balcones y el nrlmero de vanos
r" .epite en ambas plantas. Similar composición tuvo la desapareci-
da cása de la calle Cristo, destinada a convento de los franciscanos,
cuya puerta principal se insertaba en un vano de perfiles conopiales,
de los singulares en los rlltimos años del siglo XVIL
En el siglo )(D(, selevantan, en algunas, cuartos altos sobre los
zaguanes, con sus correspondientes balcones, como se aprecia en la
caia de la calleAmargura núm. 85.53 En otras, como la de la calle De-
sengaño 507, el cuarto alto se levanta sobre uno de los aposentos, y
se cónstruye sobre el martillo una segunda planta, lo que más bien
parece responder a una circunstancia fortuita o mo-
-interrupción
áificación del proyecto de construcción de una segunda planta para
toda la casa- que a un modelo arquitectónico.s+
En las casas-almacenes' la planta baja alterna puertas y venta-
nas y, en la alta, las puertas dan paso al balcón. En la de la calle Real
del ligue núm. 3455 conocida como la de ortiz (ilus. 92)-, la
-casa el ritmo puerta-ventana-puerta princi-
planta baja se articula según
pal-ventana-puerta-ventana-puerta. Las ventanas no ocupan todo el
ii"n"o del muro, y son del tipo denominado de "rompe nariz". En la
alta, cuenta con un bello balcón cubierto, a la manera de los habane-
ros, que se extiende en todo el frente y parte del costado hasta el lí-
mite de la primera crujfa. En la de Brunet, de modo similar, la planta
baja se compone de puerta-ventana-puerta principal-ventana-puer-
ta, y, en la alta, en la alta, tiene cinco puertas al balcón que ocupa el
frente y parte del costado. En el resto de la fachada lateral, cadavano
cuenta con balconcillos independientes. En la planta baja, el marti-
llo lateral se abre a la calle por puerta-ventana-puerta-ventana-puer-
168 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMAN]DAD

92. fusa de Real del ligüe núm. 43, esquina a Desengaño, de Ortiz.

ta-ventana-puerta-ventana, lo que refleja su uso como accesorias.


Las ventanas, al igual que las de ortiz, se colocan al ras del muro. La
casa Brunet, por último, remata su fachada con un volado alero re-
vestido con yeso, sobre el cual se levanta un pretil, en el que, a tra-
mos, se destaca la silueta de los pilares que sostienen copas de barro
üdriado. Esta combinación de alero en gola con pretil Ls algo muy
peculiar de este y otros edificios de la ciudad en el siglo
-trinitario-
)(x.. Lo común en cualquier otra parte del país sería la terminación
del muro en una cornisa sobre la cual se apoyaría el pretil.
En el Palacio de lznaga56 se repite la combinación de alero en
gola y pretil con la peculiaridad de que, en este edificio, el alero en
gola hace las veces de tejadillo del balcón, soluciones que, pese al
empaque de los edificios, transparenta su inserción dentro del con-
texto de una tradición local de carácter popular (ilus. 93). Iznaga, co-
mo los anteriores, presenta la planta baja distribuida en puert;-ven-
tana-puerta principal-ventana-puerta. En la alta, el balcón ocupa to-
do el frente y parte de ambos costados. por el costado de la ca[é clo-
ria, se suceden una serie de ventanas y, al final, la gran puerta coche-
FAcHADAS 169

ra laterah por el costado de la calle Media Luna, de igual modo' se re-


piten las ventanas y una puerta de acceso.

93. C.asa de
Desengaño núm.
416, entre Rosario
y Media Luna,
Palacio de lzrnga.

Junto con estas grandes y escasas viviendas-almacenes existie-


ron otras que, por su composición exterior, no evidencian estructura
alguna que sugiera la presencia de la tienda o el almacén. Son casas
que responden a una concepción más novedosa. I¿ más singular de
todas y, posiblemente, la casa más notable de la ciudad, fue el desa-
parecido Palacio de Béquer (ilus. 94), del que dijera en 1831, año de
su construcción, Dorningo del Monte:
En Ia Ciudad de Tltnldad se estó concluyendo un hermoso edifclo de la propíedú de D.
Ju¿n Guillermo Béquen que hará honor ó su dueño por el luio que ha puesto en su ans-
trucción. Se halla situado en ta ptaza princiryl del pueblo y son notabla la columnata del
bahón y Ia magtttfica escalera príncípal del edtfrcio, que aunque de madera, compite con
eI mórmol por Io esqulslto de ell^, y I.a osadfa de su plan. EI plan general de ln casa fin tra-
mdo por un artífrre dlsttnguido de lthliq y su egecución ha estado ó cargo de otros muy
auennjados de los Esndos lJnídos, que eI propíetarto ha hecho venir á su costa con este ob'
jeto. El mismo Sr Béquer descubríó ó poca dhtancía de Tlinidad wns canteras de esquísi'
L70 TR|N|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMAN¡DAD

ta piedra tan semejante ol mármol, y con ,retas tan primorosas quc no ha dudado enlasar
con ella el pauírnento de su palacío. Serfa de desear que las hombres ricos de esta Isla siguie-
ran el ejemplo que le ha dado en Trinldad el Sr. Béqueri y en esta ciudad (se refrere a La Ha-
bana) los SS OÍarrill: pues en nada aún con el transcurm de los siglos, el es-
se conoce tanto,
plendor y la opulencia de una familia, como en ate gérwo de monumentos que strven
igualmente para hermosear las ciudada, y dar ó los furasteros una alta idea no solo de la
üueza actual de sus poseedores sino tambün del buen g$to y bíen entendtdo patrlotlsmo
del ilustre ascendiente que los lundó ...57

94. Palacio de Béquer.

Lamentablemente, este notable edificio fue demolido a princi-


pios de este siglo, en un momento de depresión económica y gran
pobreza', pese a los esfuerzos de algunos trinitarios por impedirlo.s8
Tal vez, su excepcionalidad dentro del contexto local esté dada por la
participación de artífices extranjeros en su construcción. Además,
Iuan Guillermo Béquer fue un norteamericano que llegó a Trinidad a
fines del siglo WIIIy rápidaÍnente se enriqueció en actividades vin-
FACHADAS t7l

culadas al azúcar. En el Palacio Béquer, la composición de la fachada


es totalmente simétrica: el número y dimensión de los vanos se repi-
ten en ambas plantas, con la salvedad de que' en la baja, el vano cen-
tral conesponde al acceso principal. En la planta baja, pilastras es-
triadas, adosadas al muro en los intervalos de los vanos, sostenían un
figurado entablamento; en la alta,las columnas de sustentación del
t"iho del balcón, estriadas, se colocaron, a su vez, en el eje de las pi-
lastras del piso inferior. Remataba la fachada un pretil de balaustres
de mampostería y, sobre la segUnda planta, se elevaba la airosa torre
coronada con una cúpula circular. La torre sólo aparece en casas
muy notables como ésta, la de Cantero o la de lznaga (ilus' 95)'

95. Palacía de C-antero.

A menudo nos hemos preguntado sobre la responsabilidad de


este edificio en la transmisión del neoclasicismo en la ciudad y, par-
ticula¡mente, la adopción generalizada de las guarniciones de los va-
nos con pilastras molduradas de madera, rematadas con los redon-
172 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

deles. En apoyo de esta hipótesis puede considerarse lo siguiente: en


el Palacio de Cantero, construido un año antes del de Béquer, no se
usÍuon las guamiciones de madera y sus puertas aún mantienen las
tallas "barrocas" en los tableros, caracterísücas de los fines der )NIII
y los primeros años del XD(. Las puertas del palacio Béquer que se
han podido localizar en otras casas de la ciudad y que fueron adqui-
ridas cuando la subasta del edificio, son del tipo de tableros lisos ca-
racterísücos del siglo xxy, por demás, están realzadas con incrusta-
ciones en marqueteúa. A cantero se le adicionaron posteriormente
guarniciones a los vanos en forma de pinturas murales. En Brunet,
edificio posiblemente remodelado hacia estos mismos años, coexis-
ten puertas de tableros con tallas "barrocas" y puertas al modo deci-
monónico.Y los vanos principales, cuentan con las típicas guarnicio-
nes de madera. rznaga, que responde en este sentido a lo estricta-
mente común en la época fue construido después del de Béquer. La
torre, por su parte, es otro argumento que viene a reforzar la hipóte-
sis de la influencia ejercida por este edificio sobre ra comunidad: la de
cantero es una inserción posterior a su momento de fabricación. Fi-
nalmente, la decoración mural clasicista que hoy realza la fachada
del Palacio de Cantero es, también, posterior.
Otras casas de menor envergadura, pero no menos importan-
tes, repiten el esquema de Béquer de composición simétrica de la fa-
chada y' en estos casos, ambos pisos están destinados a habitación
familiar, tal como debió haber sido en el palacio Béquer. Sin emba¡-
go, no incorporan el pretil y mantienen el tan trinitario alero en gola.
En la calle Gutiérrez núm. 403, esquina a Colón,se el ritmo de la fa-
chada de la planta baja es de ventana-ventana-puerta principal-ven-
tana-ventana, y, en la planta alta, se abren, en correspondencia, cin_
co vanos de puertas, el central más destacado y todos con sus guar-
niciones de madera. En ese edificio, los accesos a cada pranta son in-
dependientes, el de la planta alta situado a un costado, aunque el edi-
ficio en su totalidad está destinado a una sola familia. Accesos inde-
pendientes se han encontrado en casas que cuentan con unidad con-
ceptual, como la conocida como de Malibrán en la calle Desengaño,
pero es éste un caso distinto. [.a casa Malibrán, como ya hemos ex_
presado, parece haberse concebido, desde su momento de fabrica-
ción, como dos casas independientes destinadas a dos familias. I¿
baja cuenta con su puerta de entradaytodos los elementos de unaü-
FAcHADAS 173

vienda. A su lado existe un zaguán, no comunicado, que da acceso a


otra viüenda situada en los altos. La fachada tiene, sin embargo, uni-
dad de diseño.
Sobre las casas de dos plantas queda destacar, por último, el
elemento que más las caracteriza: el balcón. Tanto en el siglo xwll
como en el XIX, el balcón trinitario puede o no cont¿r con tejadillo,
aunque las versiones de éste son muy singUlares. En casas como la de
cristo núm. 34, esquina a Rosario o en la de ortiz, se aprecia un teja-
dillo en su exacta definición: un pequeño tejado que sobresale por
debajo del alero de remate y sustentado en apoyos de madera, por lo
g"netul, horcones o columnas' Sin embargo, en otros ejemplos-ca-
io del palacio lznaga,porejemplo-hacelasveces de tejadillo, como
ya hemos señalado, un volado alero en gola; o en la de Gutiérrez
nú-. +03, esquina a Colón, el alero en gola constituye el remate de la
fachada. Como sustentación, los más antigUos utilizan, sin excep-
ción, canes, aunque también en casas del xIX, como el Palacio lzna-
ga, el balcón descansa sobre canes de madera. En el XDrse hace fre-
irr..,tu, no obstante, el emparrillado de hierro como elemento de
sustentación. Las barandas serán de madera o de hierro, de acuerdo
con la época. un balcón muy excepcional es el de la casa Malibrán,
de la caile Desengaño núm. 505, con el maderamen característico de
las versiones tradicionales pero en interpretación "neoclásica'. Co-
lumnas rematadas en capiteles con collarinos, balaustres de formas
acusadas y, sobre todo, la persianería que cierra el balcón dotan a es-
te balcón de un aire muy siglo XIX. En el de lznaga, por su parte, los
apoyos consisten en finas columnillas de hierro.
En la presencia exterior de estas casas se reconoce' pues, la pe-
renne búsqueda de renovación que distingUe a este rostro, siempre
gustoso de recibir nuevos aderezos, que conocemos por fachada'
L74 TRIN¡DAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

NO-TAS

I véase Francisco Prat puig. El prebanoco en cuba. una escuela criolla de arqui-
tectura morisca, p, L27 .
2 r'as referencias documentales sobre esta cÍrsa se insertan en las notas 37 v 3g
de capítulo 2.
3 I¿s referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 15 del ca-
pínrlo 2.
4 lasreferencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota g del capí-
tulo 2.
5 I¡sreferencias documentales sobre estacasa se insertanen lanota 5 del capí-
tr¡lo 2.
6 Las referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota ll del ca-
pítulo 2.
7 Las referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 12 del ca-
pítulo 2.
B l¿s referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 4g del ca-
pltnlo 2.
9 'l¿s referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota sg del ca-
píhrlo 2.
l0 Véase Iavier covo Tones, La casa colonial cartageneray Francisco prat puig op.
cit.
II Francisco Prat, op. cit., p. 127.
12 Lilia Marün Brito, La ewhtción de Ia arquitectura en Tfinidad: siglo )(vilI,lJru-
versidad Central de lasViüas, 1971. (ftabajo de Grado).
13 l,as rejas voladas disünguen a las ciudades primitivas, con la excepción de la
Habana. En esta ciudad desde el siglo xvlrlse dictaron medidas que prohibían
el vuelo de las rejas, Entre otras, se destaca las de 17g9, que fueron bien termi-
nantes: "...Mando se observe lo ordenado por mi antecesor sobre que no se
pongan ventanas bajas voladas, sino embutidas, guardando la línea de la calle,
y que no se hagan ni tengan pretiles, poyos, piedras o guardaesquinas, ni otra
especie de saledizo, bajo la pena de l0 ducados. [...] ". En las ciudades construc-
tivamente consolidadas en el siglo xD(-Matanzas, cá¡denas, cienfuegos y
otras-, las rejas no alcanzan el welo que se observa en TFinidad, Sancti Spiri-
tus, Remedios o Camagüey y, más bien, se encuentran contenidas.
Yéase Bando d,e Buen Gobiemo que rige desde el tiempo del sr conde de santa
clara' publicado en la ciudad de La Habarn el dia 2g de enero de I 799 con apro-
bacion y adicíones del Excmo. sr. Marques de someruelos, y el actual Excmo. sr
Presidente Gobernador y &pitán General D. Juan Ruiz de Apodaca lg16. 59 p.
14 Las referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 5I del ca-
pitulo 2.
t5 El funcionamiento de los pivotes se trata en el capítulo siguiente.
FAcHADAS t75

l6 Esta afumación es válida siempre que se trate de una casa perteneciente a las
villas primitivas. Los usos arquitectónicos, en general, identifican épocas da-
das pero están subordinados a las circunstancias del desa¡rollo interno de las
localidades. En Matanzas, por ejemplo, la presencia del tejaroz indica un tem-
prano siglo XIX.
t7 Francisco Prat Puig, op. c¡t., p. 125.
l8 Lilia Martín Bnto, oP. cit.
l9 A.H.T. Libro de Cabildo de1775, acta del 28 de abril.
20 Véase Oscar Prieto Herrera, Caracnriznción tipológica de 14 arquitectura do-
méstica carnagüeyana, Universidad de Camagüey, 1990 (Tesis presentada en
opción al Grado CientÍñco de Doctor en Ciencias Técnicas)'
2l Véase Roberto López Machado , Ewlución de Ia arquitectura doméstica de San-
n Clara dad.e su fundación hasta lg1\,tJniversidad Central de l¿sVillas' 1992
(Tesis presentada en opción al Grado científico de Doctor en ciencias Técni-
cas).
22 A.H.T. Libro de Cabildo de 1792' s.f.
23 AH.T. übro de Cabildo de 1789, acta del 4 de septiembre' Véase, además' la
nota 1l del capítulo 2.
24 A.H.T. Libro de Cabildo de 1791, acta del 20 de mayo.
25 Véase nota l3 del caPítulo 2.
26 A.H.T. übro de Cabildo de 1789.
27 [,as referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 69 del ca-
pítulo 2.
I¿s referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 57 del ca-
pítulo 2.
29 las columnas de madera originales fueron sustituidas por columnas de mam-
posterfa en la restauración efectuada en e$ta casa en 1976'
30 Esta es una bella üüenda de los finales del siglo WIII, con los atributos típi-
cos: portada con guarnición "rococó", rejas en vuelo mixtilíneo, arco lobulado
entre sala y comedor, puertas de tableros con tallas resaltadas y techumbre de
armadura evolucionada al modo de los finales del siglo'
La referencia documental más antigua registrada sobre esta casa data de 1774'
cuando Francisco Garcfa le vende a Iuan de Zerquera ""'una Casa de Guano y
enbarros construida sobre orcones con un colgadisitto deteja en lo intterior
esentto [...] en la calle de laYglesia Parroql. t...] la misma que hube por muert-
te de Da Maria de Matta mi consortte t...1". En 1811, en su testamento, zerque-
ra declara "...pr bienes ['..] casa de mamposteria y texa ["'1" y su Njo' Antonio
lcón Zerquera, la vende en 1816 a Iuan Francisco Mardnez' Este' a su vez' en
1829, ta vende a Domingo Ortega, según la si8uiente descripción: ""'casa de
mamposteria y teja, cituada en la calle del santo cristo, haciendo esquina ala
calle delos Angeles, y al callejón que la diüde con casa de Da Rafaela Fonseca
[...]lacualhubeycompredeD.AntonioZerquera[...l".Esevidente,porestos
documentos, que la casa fue construida por fuan Zerquera entre 1774, año de
la compra de la vivienda de guano y l8l l, fecha de su testamento'
176 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Véase A.H.T. Protocolos de Juan Antonio Muñoz, escrituras del 9 de enero y del
lB de abril de 1774; Protocolos de Blas Dionisio de piedra, escritr:r¡as del 12 de
marzo de l8ll, testamento de Iuan de Zerquera, y de 20 de febrero de 1816;
Protocolos de Ioaquín orizondo, escrituras del 7 de sepüembre y 5 de octubre
de 1829 y I I de agosto de 1837; protocolos de Manuel Aparicio, escrituras del
23 de septiembre de 1842, B de mayo de rg43, 29 de agosto de 1844,30 de
sep-
tiembre de 18,14 y l5 de septiembre de 1854.
31 A. H.T. Protocolos de Manuel Aparicio, escritura de 7 de junio de lB5g.
Posteriormente se compró otra casa situadas en la manzana, una de ellas per-
teneciente a Justo Germán Cantero. Véase Registro de la propiedad, tomo 14, f.
122 y siguientes.
32 [¿s casas de üvienda están dispuestas en dos crujias, compartimentadas la
primera en sala y aposentos y la segunda en comedor o saleta y recámaras.
No
cuentan con paüos interiores, a excepción de la de BuenaVista.
33 l¿ casa de vivienda del ingenio BuenaVista, como el palacio Béquer en la ciu_
dad' es excepcional dentro del conjunto domésüco trinitario. Asentada sobre
lo alto de una elevación, semeja una villa italiana, rodeada de terrazas que se
abren al paisaje. I¡s atributos neocrásicos, tales como entablamentos, frisos,
portadas, balaustradas y demás están bien definidos. En 1747
existía un trapi-
che nombrado BuenaVista en el corral Coyugr, entonces de la propiedad
de
Lucas Zamor4 quien lo vende a Manuel Fernández de Lara y de éste pasa,
en
1803, a Ped¡o Malibrán. En lB37 ya estaba construida la casa
de üvienda v en
ese año el ingenio es comprado por carlos Maribrán, hijo
de pedro. En lg¿s,
Carlos Malibrán permuta con Justo Germán cantero el ingenio BuenaVista
por
el de l,a Caridad y en 1857, Cantero lo vende a la firma alemana Fritze y
Com-
pañía, en pago de deudas de refacción.
VéaseA.H.T. Protocolos deTomás de Henera, escritura der
30 de junio de 1747;
Protocolos de José Mariano de pied¡a, escritura del 16 de septiembre
de lB03;
Protocolos de cipriano de Villafuerte, escritura del 15 de septiembre
de lB37;
Protocolos de Manuel Aparicio, escriruras del 28 de abril de rB45 y
del 12 de fe-
brero de lB57; Registro de la propiedad, t. g, f.20.
34 El ingenio Magua fue uno de ros más antiguos de la jurisdicción
de Trinidad.
l¿ casa de üüenda, de las que sólo quedan algunos muros, fue un notable ex-
ponente (véase una descripción de la misma, de época,
en nota 13 del capÍtu_
lo 6). Estaba dispuesta en dos crujías, dividida .uá" urru en tres estancias.
La
primera y segunda crujías se comunicaban por un gran arco
lobulado.
En 1748, los esposos Iosé pérez de Corcho y Melchora Carbajal
cargan sobre el
ingenio Magua que "...yo Melchora Carbajal hube por muerte
de Mariana Do_
minguez, mi madre t...r"' En 1749,pérezdecorcho a¡rienda er ingenio,
con to-
das sus instalaciones, entre las que especiñca "...la casa
de üüenda embarra-
da t...1"' En 1765, la hija del mencionado matrimonio, Ana Teresa pérez,
hipo-
teca el ingenio con su cas¿¡ de üüenda. y diez años después,
el ingenio apare-
ce como de la propiedad de luan Andrés padrón. En lgl4,
Ma¡ía del Carmen
Borrell, declara la posesión del ingenio Magua, en el que su hijo pedro
José ha_
FAcHADAS t77

bía heredado 85 pesos de posesión de su tía Bárbara Inés Padrón. AI siguiente


año, madre e hijo hacen compañía y el ingenio pasa, finalmente, a Monserra-
te de lara, viuda Pedro fosé lznaga. El ingenio quedó en poder de los Iznaga
lara.
Véase A.H.T. Protocolos de Tomás Herrera, escrituras del 19 de abril de 1748,
del lro. de septiembre de 1749 y del lro. de octubre de 1765; Libro de Cabildo
de L775, acta del 7 de julio; Protocolos de Blas Dionisio de Piedra, escrituras
del 15 de noüembre de l8l4 y del l0 de abril de 1BI5; Protocolos de Manuel
Aparicio, escritura del 3 de febrero de 1842; Protocolos de José María Fernán-
dez de Cueto, escritura del 2l de junio de 1865; Registro de la Propiedad, t. 2,
f .2.
35 Este ingenio fue fomentado hacia los mediados del siglo ){VIII en tierras del
corral Manacanacú por José de Tellería. Es rematado en 1776 y adquirido por
Iuan Antonio Muñoz, cuya hija, Ioaquina Iosefa, lo vende en 1795 a Pedro Jo-
sé lznaga y Borrell, y es probable que de esta época date la casa de viüenda.
Véase AH.T. Libro de Cabildo de 1750, actas del lB de septiembre y del 2 de oc-
tubre; Protocolos de luan Antonio Muñoz, escritura del 3 de enero de l7B7;
Protocolos de losé Mariano de Piedra, escritura del 14 de abril de 1795; Proto-
colos de Blas Dionisio de Piedra, escrituras del 15 de noüembre de lBl4 y del
10 de abril de lB15; Protocolos de José María Fernández de Cueto, escritura del
29 de octubre de 1862; Registro de la Propiedad, t. 3, f.217.; A.N.C. Fondo Ad-
ministración General Terresüe, leg. 633, exp. 23.
36 Hacia 1788, Angela Padrón, üuda de Pablo Borrell, hace referencia a un inge-
nio de su pertenencia que no está claro si es Gáimaro. En 1796, otorga el haber
hereditario que le correspondía a su hijo, Iosé Mariano, en "...1a mittad delas
tierras del cittado Yngenio, yacentte en el parage que llaman Guaymaro [...],
cuya administración estaba a su cargo. A la muerte de Angela, José Mariano se
adjudica la mitad del ingenio y la otra parte se la compra a su hermana. Es
muy probable, también, que la casa de vivienda es de fines del Xl4fll o muy
principios del XX.
Véase A.H.T. Protocolos de Pedro José García, escritura de 29 de septiembre de
l7B8; Protocolos de José Mariano de Piedra, escritura del 14 de abril de 1796;
Protocolos de Blas Dionisio de Piedra, escritura del I I de mayo de 1812; Pro-
tocolos de foaquín Orizondo, 1830, testamento de losé Mariano Borrell, f. B-12;
Protocolos de ManuelAparicio, 1864, escritura del lro. de septiembre de 1861;
Registro de la Propiedad, t. I, f.,14.
JI Algaba fue también un ingenio de la propiedad de los Borrell Padrón. En 177B,
Pablo Bonell impone sobre un ingenio situado en üerras de Algaba. El ingenio
pasa a Pío Fernández de Lara, en ürtud de la herencia de su esposa, Isabel Bo-
rrell y Padrón.
Véase A.H.T. Protocolos de Antonio Ramírez Barroso, escritura del 2 de febre-
ro de 1778; Protocolos de Pedro Matamoros, escritura del 2 de diciembre de
lB00; Protocolos de Blas Dionisio de Piedra, escritu¡a del I I de mayo de l8l2;
Protocolos de Cipriano deVillafuerte, escritura del 9 de agosto de lB39; proto-
L78 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIO DE LA HUMANIDAD

colos de Joaquín Orizondo, escritura del 5 de octubre de 1840; Registro de la


Propiedad, t. l, f.82.
38 En 1827, la dueña de este ingenio, Angela Borrell y Padrón, lo da en arrenda-
miento con su "...Casa de vivienda de mamposteria t...1'1 El ingenio pasa a su
sobrina, Bárbara lznaga y Bonell y, posteriormente, a Nicolasa y Satumino
Sánchez e lznaga.
Véase A.H.T. Protocolos de Blas Dionisio de Piedra. escritura del 6 de noüem-
bre de 1827; Registro de la Propiedad, t. 5, f. I 15.
39 ' Samuel Hazard., Cuba wíth Wn and pencil,1873.
40 Citado por Martha de León en "Algunas consideraciones sobre el desarrollo ti-
pológico de la arquitectura popular camagüeyana. Influencias negaüvas en el
control de las transfomaciones", Ponencia presentada al Coloquio fuquitectu-
ra Vernácula y Arquitectua Industrial, 1984.
4r Ibü.
42 Esta casa fue construida por Pedro Malibrán siguiendo el plan de la aledaña,
destinada a sus hijas. Al parecer, fue una casa diseñada para 2 plantas, de lo
que solo se construyó la planta baja y una parte de la segunda. En 1816, las her-
. manas Ziniga le venden un pedazo de solar yermo, lindando con la casa del
comprador 505-, terreno donde levantó la vivienda.
-Desengaño
Véase A.H.T. Protocolos de Blas Dionisio de Piedra, escritura del 22 de febrero
de 1816; Protocolos de Cipriano deVillafuerte, escritura del lB de marzo de
1840; Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 3 de agosto de 1850; Regis-
tro de la Propiedad, t. 15, f. 136.
43 Las referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 66 del ca-
píulo 2.
44 En 1837 Juan Cadalso compra un colgadizo de embarro y tejas, situado en el
lugar donde posteriormente se constmye esta casa. En lB58 pasa al Conde de
Brunet. Cadalso fue uno de los más destacados constmctores de Tlinidad del
siglo XXy tuvo estrechas relaciones con Brunet, para quien construyó el tea-
tro que lleva su nombre.
Véase A.H.T. Protocolos de Feüpe María Domfnguez, escritura del 22 de julio
de 1834; Regisno de la Propiedad, t. ll, f. 57.
45 I¿s referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 67 del ca-
pítulo 2.
46 Biblioteca Nacional Iosé Martí, Departamento de Colección Cubana, C.M. Ba-
chiller, no. 662-6&.
47 En 1835, en Matanzas se '...prohibe absolutamente fabrica¡ ventanas voleadas
y toda obra saliente con el fin de conserv:¿r el desahogo y hermosura de las ca-
lles [...1".
Yéase Bando del Buen Gobierno mandado obseruar en esta jurisdicción por el
Señor Briga.dier D. Manuel E d¿ Jduregui y Aróstegui,IB35.
48 Georg l(owalczyk, Hienos arrtsficos,p.2.
49 Estos círculos moldurados pueden relacionase con las páteras o platos del cul-
to religioso del entablamento romano, que después fueron utilizados por el
FAcHADAS L79

Renacimiento y el Neoclasicismo, como bien apunta Ca¡men Marcelo en su


trabajo "Estudio de puertas y ventanas trinitarias", .fs/¿s, núm. 50, ene-abr,
1975, p.60.
50 Hacia 1827, Vicente Fernández de l¿¡a declara:
...que por fallecimto del Rexidor Dn Tomds Hernández mari.do de su lexitima
hija Da Marla dela &ridad, reccryo en la T\tela [...] de los hijos que dejo nom-
brados Dn Franco Maria y Dn Felipe t...1 y de los reditos de este patrimonío les
ha alímentado [...] que con el sobrante [...] les hafabricado para ellos una casa
de mampostería y texa en la calle dc la Atnargura hasiendo aquirn al callejon
dcla Jurabayna y lindando con casa d.e Da Felipa de Inra y demas lermanos en
un solar dela propiedad del otorgante, denibando para hacerlo una casa uieja
de bano y paja que en dho solar había de su propiedad [...].
En 1845, Francisco Marla y Felipe Santiago Hemández venden Ia casa a la So-
ciedad de Rafecas y hermanos y de éstos pasa a Lino Brunet.
Véase A.H.T. Protocolos de Blas Dionisio de Piedra, escritura del 20 de febre¡o
de 1827; Protocolos de luan Matamoros, escritura del 25 de abril de l82B; Pro-
tocolos de Manuel Aparicio, escritu¡as del l0 de junio de 1845, del 5 de marzo
de 1852 y del 28 de noviembre de lB59; Registro de la Propiedad, T' 15, f' f0B-
5I Sobre las características planiméuicas de esta casa se trata en el capítulo 2.
52 "Escritura de 29 de abril de 1579 ante el escribano Iuan Pérez Borroto", en Ma-
ría Teresa de Rojas, lndice y atractos del Archiuo de Protocolos de In Habarn
(1s78-1585), pp 86-88.
53 En 1815 María Elena Sánchez compra a Manuela Reynoso ".'.una casa de teja
y embarros commedio solar cituada en la Calle de la Amargura incluso un Ca-
llejon para salida y entrada ala del costado [...] ". Años después, la S'anchez hi
poteca "...una Casa de su propiedad de mampostería y tejas' de alto y bajo' si-
tuada enla Calle de la Amargura [...1" Es ésta una de las casas del )flX más be-
llas y singulares de la ciudad.
Véase A.H.T. Protocolos de Juan Matamoros, escritura del 1l de octubre de
l8l5; Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 14 de noviembre de 1846.
54 Véase nota 38,
55 L¿s referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 68 del ca-
píttdo 2.
56 las referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 70 del ca-
pltulo 2.
Domingo del Monte yAponte, "Edificio notable", RevistaBimestre Cubana'Ha-
bana,1.2, núm.4, 1831, p. 143.
Sobre esta casa puede consultarse, además, A.H.T. Protocolos de Blas Dionisio
de Piedra, escritura del l0 de mayo de 1813; Protocolos de Juan Matamoros,
escritura del 25 de octubre de 1825; Protocolos de Iosé Antonio de Silva, escri-
tr¡ra del 5 de octubre de lB38; Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 3
de marzo de 1873; Registro de la Propiedad' t. 9' f. 136.
5B Después de la muerte de Iuan Guillermo Béquer, sus herederos le venden, en
IBBB, la casa a la Sociedad de Miguel Araoz y Compañía en 445 mil pesos oro
180 TRIN|DAD DE CUBA, PATR|MONIO DE LA HUMANTDAD

y de éstos pasa a la Sociedad de Rovira y Hermano, quien en l9l2 proceden a


la demolición del edificio pi¡ra su venta en pafes. Es de destacar la denuncia
presentada por el Sr. Saturnino Sánchez lznaga al Alcalde de Trinidad, en pro-
testa por la demolición del ediñcio.
Véase "Dentmcia que produce el Ldo. Satumino Sánchez lznaga, contra los se-
ñores Rovira y Hermano por la demolición de la casa conocida por palacio Bé-
quer. Alcalde: Sr. Teodoro Bravo. Secretario: Sr. Roque Sotolongo" En fuchivo
Privado de Manuel Béquer y Medina.
59 las referencias documentales sobre esta casa se insertan en la nota 23 del ca-
pírulo 2.
Capítulo 4
PUERTAS

Las puertasr consütuyen uno de los elementos de mayor im-


portancia iuncional y decorativa de las casas coloniales. Cienan los
u"rro, que comunican entre sí las distintas dependencias de la-casa,
yporsuestructura,tipootemadecorativo,puedeinferirseelmo-
m".rto de construcción de una vivienda, el destaque funcional de
una dependencia y, en cierta medida, la categoría socioeconómica
y
de la cása. Es un elemento revelador de época, siempre cuando
se

compruebe su autenticidad, es decir, cuando se descarte la


posibili-
dad de que haya sido cambiada de lugar o sustituida con posteriori-
dad, caso frecuente en las casas más viejas'
Porserescasalainformaciónexistentesobrelaspuertasdelas
casas cubanas, la única vía de datación temporal
que se ha podido
elegir consiste en el estudio comparaüvo de las características
tipo-
puertas, en relación con los datos ofre-
iOgi""r y estructurales de las
ciáos pór la investigación documental realizada sobre viviendas-ti-
pos.z Como consecuenciá de este análisis se ha arribado a dos con-
clusiones generales. Primero, en lo sincrónico: que un determinado
tipo de puirta caracteriza a una determinada solución de planta,lo
que a su vez se corresponde con un tipo de techo, de decoraciones
y
d" uro, de elementos de menor importancia dentro de las casas, co-
rrespondencia esta que apoya unos elementos con otros en cuanto
a
temporalidad. Segundo, en lo diacrónico: que las puertas evolucio-
nan consecuenremente, de modo tal que siempre lo nuevo descansa
sobre lo viejo. Lo novedoso se inserta dentro de una tradición cons-
tructiva, en un proceso de constantes repeticiones y renovaciones
que tipiñca lo concerniente a la ambientación ornamental de la casa
trinitaria.
t82 TRINTDAD DE CUBA, PATR¡MoNIo DE LA HUMANIDAD

4.1. Elvano

Al penetrar en una viüenda de inmediato puede apreciarse la


valoración funcional dada a cada una de sus estancias, según su im-
portancia o destino, lo que es subrayado por las características de las
puertas. A más de otros detalles, la dimensión de los vanos es un ele-
mento de inconfundible significación. De acuerdo con la funbión que
realizan puede considerarse dos tipos de puertas:
. Puertas de tránsito externo (a calles y patios).
. Puertas de triánsito interno (dentro de la vivienda).
[^as primeras están situadas en el eje perpendicular a la calle
que atraviesa la casa desde el frente hasta el fondo, por lo general en_
frentadas las unas a las otras. Nos referimos a la puerta principal o de
acceso a la vivienda, a la puerta de comunicación entró h primera y
la segunda crujías y a la puerta entre la segunda crujía yla galeúa o el

!fi. Esquema dc circulación, vanos 97. Esquema de circulación vanos de


de nónsito externo. tánsíto interno.
PUERTAS

patio, según sea el caso. La puerta entre crujías constituye por su po-
sición uno de los tránsitos internos de la vivienda pero por su fun-
ción es el acceso que permite la comunicación de la casa con el exte-
rior. Este vano es el nudo de la articulación de la casa (ilus. 96). Den-
tro de este grupo se incluyen, también, las puertas que comunican
las recámaras y las habitaciones de los martillos con la galería o el pa-
tio.
las segundas son las puertas que permiten la circulación den-
tro de la casa (ilus. 97).
Al comparar la dimensión de los vanos de unas y otras' se ad-
vierte una relación constante y mantenida durante todo el peúodo
colonial, aunque en proporción ascendente. El mayor tamaño de un
vano expresa la función que le corresponde: a escala humana, los
destinados a la circulación de las personas; a escala sobrehumana,
los que permiten el tránsito de coches o bestias. Pero siempre, los de
la fachada tendrán mayor dimensión. Y dentro de la casa, el vano
más destacado es el de la comunicación entre sala-aposento. En una
vivienda cualquiera, la dimensión de los distintos vanos, según la
proporción que guardan entre sí, puede ejernplificarse con los si-
guientes índices:

vANos DE TRANSITO EXTERNO

DE ACCESO ¡¡rne cnulf¡s AL PATIO

alto ancho alto ancho alto ancho

4.20 m 2,6O m 3,80 m 2,20m 3,¿lO m 2,6O m

vANos DE rnÁHgro rNfERNo

SALA.APOSENTO ¡poseHro-necÁrrn¡n¡

alto ancho alto ancho alto ancho

3,20 m 1,80 m 3,0O m 1,50 m 3.00 m 1,30 m

Dimensiones que también tienen que ver con la altura de los


muros. las paredes de la primera crujía son más altas que las de la
segunda, que necesÍuiamente desciende por la caída del techo de
184 TR|N|DAD DE CUBA, pATRrMoNto DE LA HUMANTDAD

colgadizo. los vanos, ubicados usualmente al centro del lienzo de pa-


red, son proporcionales a la altura y anchura del muro donde se en-
cuenüen:

VANO SATA.APOSENTO

VANO PARED

alto ancho alto ancho


3.20 m 1,80 m 5,3O m 6,60 m

vANo REcAMARA-coMEDoR

VANO
alto ancho alto ancho
3,0O m 1,30 m Techo colgadizo: 4,0O m
Altura mayor: 5,10 m
Altura menor: 3.¿lO m

El vano recámÍrra-comedor suele presentarse de menor di-


mensión que los de sala-aposento. Ocupa también la mayor parte de
la pared donde se encuentra. En el siglo XD(, con el techo de losa por
tabla se elimina esta determinante, y se tiende a componer ambos
vanos de igual dimensión. Pero hay muchas casas que utilizan techo
de losa por tabla, y, sin embargo, respetan el uso tradicional de com-
poner el vano de la recámara-comedor disminuido con relación al de
la sala-aposento. Los demás accesos interiores tienen similares o
idénticas proporciones (tablas I y II).
El vano principal es, por lo general, 3 m y un poco más de alto
por 2 a2 de ancho; el de comunicación entre las crujías, o repite la di-
mensiones del principal o tiende a disminuir un tanto la altura y, en
algunas casas, reduce el ancho; el de acceso al patio es más pequeño,
de2 a2 m de alto por I a2 de ancho. En este último, la altura de la pa-
red yla del vano coinciden, o Ia diferencia es mínima. En el principal,
el vano puede ocupar toda la altura disponible del muro Boca
núm. 363-, o puede existir una diferencia notable entre -casa
la altura del
vano y la de la pared, como en la casa de Rosario s.n., con 2,10 m por
encima del dintel del vano principal. En general, en la medida que el
PUERTAS l85

vano es más esbelto, aumenta su anchura en una proporción de 1 m


más de alto por sobre el ancho.
El vano de la sala-aposento es el de mayor dimensión, aunque,
en comp¿¡ación con el del aposento-recámara, la diferencia es im-
petceptible a la vista ( en la casa de la calle Desengaño núm. 522 di-
fi"." O,S m de altura y 0,12 de ancho). Tanto en uno como en otro la
proporción entre sus dimensiones es de 1 m y un poco más de alto
poisobre el ancho. El de comunicación entre recámara-comedor
p."r".,tu 0,80 m a I m más de altura que de ancho y, por lo general,
es más pequeño que los anteriores. Al igual que oculre en los vanos
exteriores, en la proporción que se eleva el vano, se ensancha
Ahora bien, si lo vanos presentan una relación de proporcio-
nes constanres, y una medida promedio según la función que reali-
cen, las dimensiones en cifras absolutas fluctúan, comparadas unas
viviendas cbn otras, segrln ciertas determinantes. El rango económi-
co y la época constituyen factores básicos de diferenciación. No obs-
tante, só aprecia una tendencia general de elevar la altura en la me-
dida que el tiempo transcurre (tabla III).
En la primera mitad del siglo )NIII se tiende a acusar la anchu-
ra por sobre la altura, lo que se logra, no tanto por la dimensión ab-
soh¡ta de cada valor, sino por la menor diferencia entre uno y otro. Y
este rasgo es común a todas las viviendas construidas en la época.

VANO DE ACCESO
CASA ALTO ANCHO ALTUM DE

LA PARED

Rosario s.n. 3.O3 m 2,',13 m 5,13 m

3,30 m 2,44 m 3,3O m


Boca 363

Real del .lige 93 3,45 m 2,00 m 5,00 m

Desengaño 522 3,50 m 2,10 m 4,00 m

y 275 3,95 m 2,51m 4,2O m


San )osé 271, 273

Boca 314 4,2Om 2,62 m 5,20 m

vANo ENTRE cnulf¡s


274 3,40 m 2,'15 m 4,OO m
San )osé

San Jose 27'l, 273 y 275 3,95 m 2,50 m 4,20m


Boca 314 4,OO m 1,7O m 5,0O m
r86 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

VANO AL PATIO

San José 39 2,O5 m 1,45 m 2J0 m


Alameda 165 2,13 m 1,65 m 2,33 m
Alatneda2l0 y 212 2j5 m 1,55 m 2J5 m
Alameda2l9 y 223 2,5O m 1,95 m 2,80 m

Tabla l: Dlmcnslón dc los vanos dc blnslto al crterlor cn rcl¡clón con l¡ altu¡a dc la pared.

VANO SALA.APOSENTO
CASA ALTO ANCHO ALTURA

DE LA PARED

Alameda 21O y 212 2,08 m 1,11 m 3,45 m


Desengaño 522 2,25 m 1.20 m 4,0O m
Amargura 143 2,44 m 1,32 m 3,50 m
Real del Jigüe 75 2,60 ñ 1,56 m 4,5O rn

VANO APOSENTO.RECAMARA

Gutiénez 10O 1,90 m 0.9O m 3,25 m


San José 18 2,08 m 1,00 m 4,30 m
D6engaño 522 2,2Om 1,08 m 4,OO m
Rosario s.n. 2,23 m '1,25 m 5J3 m

VANO RECAMARA-COMEDOR
AlüttÉda21oy 212 1,9O m I,O7 m Techo colgadizo
Gutiénez 435 1.96 m I,OO m Techo colgadizo
Amargura 143 2,10 m 1,05 m Techo colgadizo

Tabla ll: Dimensloncs de los vanos dc brnslto Intcmo cn nhcrón con r¡ artun de h parcd.

Las dimensiones del vano sala-aposento son similares a ras


descritas por Prat Puig de los vanos de rós salones de la plantas altas
de las casas cubanas primitivas (tabla IV).3 En la medida en la que
d!
ferencia enue el alto y el ancho se aumenta, el vano se eleva. En el si-
glo xDt,los vanos llegaron a alcanzar dimensiones muy notables en
algunas c¿rsas de rango.4
PUERTAS t87

PRIMERA MITAD DEL SIGLO XV¡II

CASA ALTO ANCHO MAYOR ALTURA EN REI¡CIÓN


CON EL ANCHO

2,00 m 1,10 m 0,9O m


Alameda'178
2,0O m 1,18 m 0,82 m
San José 274
2,14 m 1,0o m 1,14 m
Colón 314
2,25m 1,20 m 1,O5 m
Desengaño 522
1,0O m
S^n tú 27'l ,273 Y 275 235 m 1,35 m

2.45m 1,98 m 0,43 m


Media Luna 15

SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVIII


2,31 m 1,31 m 1,0O m
Boca 2¡18
2,45 m 1.27 m 1,18 m
Cristo 34
2,57 m 1,25 m 1,32 m
Alameda 219 y 223
2,6O m 1,56 m 1,14 m
Real del Jigúe 75
2,65m 1,09 m '1,56ñ
Alameda 166
2,9om 1,32 m 1,58 m
AlamedalT4Y 176
Cristo 33, 35 Y 37 2,91 m 1,27 m 1,&m

slcLo xlx
Guüénez 406 2,8O m 1.25 m 1,1 m

3,4O m 1,75 m 1,65 m


Alameda 69
3,52m 1,44 m 2,08 m
Rosario 406
3,20 m 1,44 m 1.76 m
Media Luna 18
3,49 m 1,42 m 2,O7 m
GutiéÍez 374
3,64m 1,64 m 2,0O m
Desengaño 60

Tabla lll: Dimenslones del vano sala'aposento

POBLACÉN CASA ALTO ANCHO DIFERENCIA


ENTRE ALTO
Y ANCHO

Camagüey Salvados Cisneros 201 2,20 ñ 2,2O m 0

sanüago de Cuba Estrada Palma 612 2,57 m 1,58 m 1,01 m

La Habana Obispo 117 y 119 2,30 m 1,50 m 0,80 m

Acosta 1 58 2,65 m 1,60 m 1,05 m

San lgnac¡o esqu¡na 2,80 m 1,7O m 1,10 m


a Obrapía

Tabla lV: D¡menslén de vanos de casas cubanas Primitivas


188 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

Por el aspecto de un vano podemos conocer la época en que


fue construido. Los vanos de puertas interiores son simpres, con el
dintel formado por un grueso madero, al que se le hacen irregulares
y superficiales incisiones para facilitar la adherencia del enlucido. A
fines del siglo xlZllrcomienza a generalizarse la utilización del capial-
zado como remate superior de la cara interna de los vanos de las ven-
tanas exteriores y, en algunas viüendas, der vano que comunica la
primera con la segunda crujías. El capialzado ayuda a la mejor difu-
sión de la luz. En forma trilobulada, o en concha o, más frécuente-
mente, en forma de media naranja, es una constante en las casas del
siglo xDC En los vanos de comunicación interna fue común, en dicho
siglo, revestir el dintel con pequeños listones de madera que hacen
las veces de los cortes o incisiones hechos en los maderos pii-itirros
servir de sostén al repello.
Los vanos, por lo común, cuentan con derrames, donde se
asientan las hojas de las puertas al abrirse. De variable dimensión, los
derrames dependen del grueso de la pared y, por ser usualmente las
más gruesas las de mayor antigüedad, los derrames correspondientes
son los más anchos.

4.2.Iás puer&rs

Toda puerta se compone de un elemento fijo al muro, o marco,


y otro moüble, formado por las hojas. El marco se compone de tres
piezas: dos largueros y un travesero, unido a los primeroi a caja y es_
piga. Hay puertas que üenen un travesero en la parte inferior, exento
en relación con el umbral. Por la cara interna del ma¡co corre a su al-
rededor un rebajo labrado donde encaja el espesor de las hojas. El
trat¿rmiento del marco evoluciona, al igual que los elementos orna-
mentales de las hojas.
Los marcos más primitivos cuentan con un corte achaflanado,
a modo de bisel, que los recuadra. ya desde mediados del siglo xlZ[r
en lo adelante, el bisel se transforma, y el marco enriquece su perfil,
combinando distintas molduras de cortes cóncavos y conuexós, en
gola recta o en simple junquillo (ilus. 9g). En el siglo XIX los marcos
se cubren con pilastras de madera que guamecen la puerta por los la-
dos ypor encima del dintel.
PUERTAS 189

Las puertas de las casas trinitarias tienen una' y, con mayor


frecuencia, dos hojas, o están formada que comunican la sala
-las
con el comedor o la saleta con la galería -por cuatro, seis o más ho-
ias que, embisagradas convenientemente,
cubren las jambas y parte
de la pared-, o, en el siglo XIX, se pliegan sobre el derrame a mane-
ra deievestimiento lateral. Son las puertas conocidas como de libro
o de librillo.

98. Sección de marcos de Puertas.

Las hojas cuentan con


elementos estructurales Y de
cierre.s Los primeros constitu-
yen la peinacería que consta de
piezas longitudinales o largue-
ros, y horizontales o Peinazos'
de idéntica escuadría, cortadas
en ángulo recto. Ambas dan lu-
gar a una sólida armazón, de
grueso calibre, también deno-
minada bastidor. Los elementos
de cierre forman las caras de la
r-
puerta y se realizan con made-
ras preciosas. De acuerdo con la
forma de unirse los unos con los
otros, se originan los dos tiPos
de puertas utilizados Por la casa
colonial cubana:6 99. Estntctura de puerta a la española.
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Ala español¿:Si el elemento de cierre está adosado a la peina-


ceúa por la cara exterior y asegurado con clavos de hierro o
bronce (ilus.99).
De tableros: Si están ensamblados mediante la colocación de
tablas en ranuras practicadas en los bordes de la peinacería,
aseguradas por medio de clavijas o tarugos de madera, de for-
ma cilíndrica. Estas claüjas perforan la peinaceúa desde el in_
terior, sin llegar a atravesar por completo los largueros ypeina_
zos, y quedan a la vista por la cara exterior. Con este objetivo
también fueron utilizados clavos de doble espiga (ilus. fó0)
Las hojas pue-
den estar insertadas a
los ma¡cos de las for-
mas siguientes:
l. Pormediodegoznes
compuestos por cla-
vos de doble espiga
y cabeza en forma
de anilla, que hacen
las veces de bisa-
gras, uso que se
pierde en los oúge-
nes del desarrollo
arquitectónico de la
ciudadysemantuvo
hasta avanzado el si-
VW t"* glo -)üX(ilus. f 01).
100. F.structura dc pucrta de tableros.

101.Aníllas
PUERTAS l9l

2. Por bisagras que adoptan diferentes formas, y que comenza-


ron a utilizarse a partir de los mediados del siglo XIZII (ilus.
r02).

102. BLsagras

3. Los vanos cerrados con puertas a la española, con frecuencia


carecieron de ma¡co, en cuyo caso las puertas giran sobre pi-
votes que entran en un hueco circular abierto la parte su-
perior- en el madero que forma el dintel y-en -enla parte infe-
rior- en una base de madera, incrustada a cada lado del um-
bral de la puerta. El marco de la puerta queda formado, enton-
ces, por las jambas, cortado el muro transversalmente de for-
ma escalonada, de suerte que siempre existe una mocheta de
r92 TR¡NIDAD DE CUBA. PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

mamposteúa entre la puerta en el medio del grosor


-situada
de la pared y detrás de la sección de mampostería que le sirve
de marco- y el muro donde se encuentra el vano (ilus. 103).
Esta solución fue frecuente
en las grandes puertas de fachadas
y en las de comunicación entre
dependencias interiores y galerías
o patios. Aparece en casas de gmn
antigüedad, como las de la calle
Real del Iigüe núm. 90 y Boca
núm. 314, en puertas interiores y
exteriores, respectivamente. Thm-
bién fue común en puertas situa-
das en muros divisorios de emba-
rrado --de una sola hoja-, como
puede observarse en las casa de la
calle Real del ligüe núm. 1l l, 113 y
115, Boca núm.4, Amargura núm.
63 yAlameda núm. 210 y 212, por
citar algunos ejemplos. En este ca-
so, el dintel de madera los
huecos circulares- vuela -con
por so-
bre el ras del muro. Ya a fines del
siglo )(Vil dejan de usarse los pi-
103. Pivotes votes y sólo son utilizados en las
enormes puertas de las iglesias.z

Thnto las puertas a la española como las de tableros son here-


deras de una antiquísima tradición de carpintería constructiva que se
remonta al Medioevo español, o se pierde en el tiempo. La necesidad
de abrir un hueco en el muro para dar paso al hombre, dentro de la
construcción que le sirvió de abrigo, o en la destinada a usos sociales,
es tan antigua como la arquitectura propiamente dicha. tas habita-
ciones de los griegos tuüeron puertas de madera, de dos hojas, que
giraban sobre goznes. En Roma pervivió esta manera de componer la
puerta, extendiéndose por todo el territorio del Imperio. Roma, ade-
más, rompió con la tradición del dintel y utilizó en sú lugar el arco. A
partir de entonces, la riqueza de los vanos llegaría a opacar el traba-
PUERTAS 193

jo de las hojas de las puertas, creándose notables realizaciones du-


rante el Románico, el Gótico y el Renacimiento.
Las hojas de las puertas, en lo esencial, se mantuvieron sin su-
frir cambios estructuiales de importancia. En España, durante la
Edad Media, predominó la puerta de filiación musulmana, de arma-
zón formada por dos largueros y dos cabíos y dos o más peinazos, y
se llenaba el espacio conformado por la peinacería con tableros
mol-
durados o decórados con lazos. Y también, la puerta que luego sería
calificada como a la española, utilizada desde la época románica.
Con el Renacimiento se generalizó la composición de puertas sobre
la base de numerosos peinazos. Y será ésta la tradición que influye
en
la carpintería de puertas en América.

4.2.1. Puertas aIa EsPañola

Durante el siglo xv[/, las puertas a la española se utilizaron en


los gtandes vanos d-" u""uto a las viviendas, situados en las fachadas
y ericualquier posición, en los interiores, con preferencia en aquellas
qrr" tt.."iitaran de especial protección, como en los vanos de comu-
nicación de la casa con el patio. ubicada en los accesos exteriores, la
puerta a la española siempre se compone de dos hojas. En casas tem-
pr"rr"r,las hójas se diferencian en cuanto al ancho. Una de ellas está
iormada pot dor o tres tablones y, la otra, por tres, cuatro o cinco. Son
puertas, por lo general, de un solo postigo' situado en la hoja más an-
lha. Hacia ¡T40-ITSO se comienzan a dividir las puertas simétrica-
mente al centro y, entonces, cada hoja cuenta con un posügo' Ambas
modalidades coexisten durante la segunda mitad del siglo )(VIII, con
tendencia a preferir la segunda opción.
Los tablones y tapajuntas colocados entre ellos, por la cara in-
terior de la puerta, manifiestan diferentes tratamientos en el trans-
curso del tiempo. El ancho de los tablones y de las tapajuntas es muy
variable (tablaV). En general, el ancho de los tablones fluctúa entre
los 0,30 mylos 0,40 m. Haypuertas, no obstante' que cuentan conta-
pajuntas que casi igualan la anchura de los tablones, como la de
-Guásimas
núm. 377,o consisten en un pequeño listón de madera ca-
si no perceptible por la cara externa de la puerta. [¿s variaciones de
la dimensión de los tablones y tapaiuntas, no arroja ninguna norma
representativa para una época determinada. sin embargo, en cuanto
TRIN¡DAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

a lastapajuntas, las más anchas corresponden, por lo común, a puer_


tas de casas de los mediados del siglo )(vlil, apreciándose
una evi-
dente disminución en la medida que el siglo ávanza. pero
son fre-
cuentes las excepciones de esta regla.
Más sugerentes de época son ras molduras que perfilan los
ta-
blones y en algunos ejemplares, las tapajuntas, pues éstas predomi_
nan lisas. En las puertas más antiguas, to iingutaies
remataiel tablón
con un s-imple c,uarto de bocel, como el que presenta
la puerta de ac-
ceso de la casa de ra calre Boca núm. 3ri, apartir
del cuar se proyec-
ta resaltado el tablón. En otros ejemplares, er cuarto
de bocel se pro-
longa en sinuosas líneas, configuradás por un junquillo
del que nace
una S, como Ia de Boca núm. 363, o en estilizaáur yui"tt
ma¡cadas si-
nusoides, como en la del Real del Iigüe núm. 93 o,
en cambio, desta_
carse por un gmeso corte ajunquillado, como en
las puertas de Rosa-
rio s.n., y Ia de Desengaño ntÁ. SZZ. En esta
úlüma, el tratamiento dado a la tapajunta imita ar del tabrón,
lo que se iguala la importancia ornarnentar de ambos
9.9n elementos
(ilus. 104).

T7%^ azq:,:ZZzmfru7,
^ rlm,z.%.?
Z- *WW

mm 104. Secciones de nblones de pucrns a la apañola.


PUERTAS 195

En casas de mediados del siglo, aún se mantiene el uso del


cuarto de bocel, como se aprecia en la puerta de la casa de Alameda
núm. 213 y 2L5. Pero las molduras de los tablones fueron perdiendo
progresivamente la riqueza que ostentaron en las puertas tempra-
nas. A fines del )(Vlil, se limitan al perfil en S, o se labran pequeños
cortes en caveto, repetidos tres o cuatro veces, en ocasiones, conver-
tidos en simples y lineales incisiones. Se abandona el corte en cuar-
to de bocel y los tablones terminan rectos.

ANCHO DEL TABLÓN ANCHO DE LA TAPNUNTA

San José 271, 273 y 275 0,32 m o,1 m


Rosario s.n. 0,30 m Sin tapajunta visible
por cara exteñor
Boca 363 0,36 m 0,9 m
Boc¿ 314 0,40 m 0,4 m
Desengaño 522 0,36 m 0,11m
Reaf del Jigüe 111, 113 y 115 o,42 m 0,1 m
Cuás¡mas 377 0,34 m 0,32 m
Encamación 54 0,36 m 0,1 m
Alameda 21O y 212 0,32 m o,2 m
Alameda 213 y 215 0,38 m 0.6 m
Real del Jigüe 93 o,39 m O,2 m
Guaur¿bo 3 o,27 m O,1 m
Cristo 34 0,35 m O,1 m
Real del Jige 1 0,30 m O'2 m

Tabla V: Dlmensiones de tablones y tapajuntas

Las puertas a la española en puertas de acceso se distinguen


de las de este tipo situadas en otras posiciones, entre otras razones,
por los postigos o entradas a escala humana que se abren en una o
en ambas hojas, a üavés de los cuales se efectúa, propiamente, el ac-
ceso a la vivienda. Cuando una puerta tiene postigo, éste se recorta
por la parte superior con un trazo de sugerente linealidad. Dicho cor-
te se practica de modo tal que encajen en un mismo plano la hoja y
el postigo, solución preferida, o se realiza en la hoja, y un postigo rec-
tangular cierra el hueco por detrás.
La silueta conformada por los cortes en los postigos ayuda, en
gran medida, a determinar la época de construcción de una puerta.
196 TRIN¡DAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

En un primer momento abundan los remates rectos, que insinúan


cortes conopiales invertidos. Más adelante, las formas aconchadas o
lobuladas van preparando el paso hacia las realizaciones francamen-
te apuntadas o conopiales que caracterizan los postigos del último
tercio del siglo ){VIIIy los de las primeras décadas del XD(, de variadí-
simas interpretaciones.
Finalmente, las puertas a la española se distinguen por la be-
lleza de los clavos de hierro o bronce que fijan su estructura y por su
modo de disponerse. La mayoría de los clavos trinitarios adoptan la
silueta de una semiesfera, de variable diámetro, que fluctúa entre
0,15 a 0,2m. Otros, son achatados o en aspas, de formas petaloides o
piramidales (ilus. f05). Se colocan en filas horizontales corridas que

? Trt
@wffi
-T-T
105. Clavos
PUERTAS t97

alternan con otras hileras de secuencia interrumpida. Aldabas y bo-


callaves, algunos notables, complementan la apariencia de este
tipo
de puertas (ilus. 106 Y f07).

wffi

106. Bocnllaues
r98 TR|NTDAD DE CUBA, pATRtMoNlo DE LA HUMANTDAD

En los interiores, las puer-


tas a la española son frecuentes
en el vano de comunicación entre
sala-comedor y en el de come-
dor-patio; aunque también se en-
cuentran entre aposento_recá_
mara, recámara-comedor v cuar-
tos del marrillo perpendicúlar. En
general, son muestras más sim_
plificadas y se adaptan a la di-
mensión de los vanos interiores.
El de mayor destaque decorativo
es el de sala-comedor, donde
ap¿uecen puertas de mejor factu_
ra, como la de Ia casa de Boca
nrim. 314, que tiene incididos en
sus tablones medias lunas. La
mayorfa de las puertas a la espa_
ñola localizadas en esta posición
corresponden a casas dispuestas

t,7.Atd*bas ,?""#¿',1r":;fÍ:,ffii",':il*;
rodasrascorocadasenrosvanos."'ll1lll"ff i"Jii:"tJ:::',T',lj
sentan 4,22m
lnchas tapajuntas la de ñoca núm. 246;0,llm la de
San José núm. 39; 0,19 m la de Boca núm.
363. Los tablones fluctúan
entre los 0,35 y 0,3g m. hedomina el remate
en cuarto de bocel de los
tablones y las tapajuntas lisas o molduradas. Los
clavos, por lo gene_
ral, disminuyen su diámetro en comparación
con los de rL portuaur.
En la casa de Ia caile Alameda núm. 174 y
LT6,el vano entre las
cnltias está cerrado por medio de una puerta a ra
española, de hojas
unidasporgoznes. En la deAlameda ntim.213y2l5,iapuerta
der co-
medor-patio tiene seis hojas, en la actuaridad e;bisagr;das,
pero tie-
ne la huella de los huecos de los pivotes primitivos.
En el caso de las puertas de comunicación enue
aposento_re-
cámara, cuando son a-la española, siempre
se componen de una so-
la hoja, formada por dos táblones y,rrrá ancha
t"p4urrtu. Son estas
puertas cÍrracterísücas de casas tempranas,
cuyo uso no rebasa el se_
PUERTAS

gundo tercio del siglo XIIII. En vanos de comunicación entre la recá-


mara y el patio también aparecen puertas de una sola hoja, como la
de Amargura núm. 66, esquina a Boca. En éstas, predominan los re-
mates en cuarto debocel, apartir de los cuales se desarrollan moldu-
ras sinuosas.
Una sola muestra presenta las tapajuntas con resaltos en for-
ma de cinta quebrada (ilus. 108), recurso de antiguo abolengo, utili-
zado en casas muy antiguas (ilus. 109). El ejemplo trinitario pertene-
ce a la casa de la calle Boca núm. 363 y se encuentra colocado en el
acceso a una construcción aislada existente en el patio.

108. Pu¿rnaIa
aryñoladeBoca
núm.363.

109. Puerta a la española de Estrada Pal¡na


aquinaaAguiWa, Santíago de Cuba, toma-
da de Francisco Prat Puig, El prebarroco en
Cuba...
200 TR|N|DAD DE CUBA, pATRtMoilto DE LA HUMAII|DAD

En otras posiciones, la puerta a la española, por lo general, es


muy simple, exenta de realces decorativos, con clavos remachados de
poco diámeüo, apariencia que mantienen desde el último tercio del
siglo XIZIIIhasta la terminación del período colonial.

4.2.2. Puertas de tableros del siglo )UIil

Ias puertas de tableros aparecen en los vanos de tránsito inter-


no y en las puertas-ventanas. Destinadas a aislar estancias, los table-
ros se realzan con motivos decorativos que en mucho determinan el
ambiente interior de una casa colonial. Por la forma de combinarse
los tableros, se originan las llamadas de cuarterón, de cuarterón evo-
lucionado o paineles, de tablero largo, de tablero largo y cuarterón y
de tableros lisos.
[,as puertas de cuarterones caracterizan las construcciones cu-
banas primitivas y su uso persistió hasta las primeras décadas del si-
glo WIII (ilus. 1I0). Se inspiran
en las hispanas, cuya utilización
alcanzó gran auge en los siglos
)(VI y )(VII en Andalucía, Castilla
yAragón.e En las puertas de este
mmm
tipo, se repiten de manera uni-
forme, o en rítmica alternancia, mmm
tableros de pequeño tamaño,
recursos que persigue descom-
poner en numerosas unidades
mmm J,.tñ.... ....,,. t..'
la superficie de cada hoja. Es-
tructuralmente, la peinacería EHM
forma un reticulado compuesto
por dos largueros, interrumpi- mmm
dos a tramos por cinco o más
peinazos, que, a su vez, reciben
en el centro, o a tramos de su ex-
mmm
tensión, a uno o más maderos
verticales, originándose el cua-
m[nE
drado o rectángulo correspon-
diente. [¡s tableros son intro- 110. Puerta dc cwrterones, tomada
de Francisco Prat Puig
ducidos en las ranuras de la pei-
El prebarroco en Cuba...
PUERTAS 201

nacería por series de hiladas longitudinales, sin que exista otro vín-
culo de sujeción que el aprisionamiento dentro de las ranuras, que
ejerce la red de largueros y peinazos.
En Trinidad, por lo común, cada hoja cuenta con cinco o más
series de uno o dos tableros cuadrados o rectangulares, dispuestos
de manera vertical o apaisada. Otros, combinan tableros rectangula-
res y cuadrados, colocados en series alternas. El sistema constructi-
vo de las puertas de cuarterones permite combinaciones variadísi-
mas, a partir de las formas cuadradas o rectangulares de los tableros
que, en sí mismos, aún sin el trabajo decorativo casi siempre
poseen-, adquieren valor ornamental.
-que
Se denomina de cuarterón evolucionado a las puertas de ta-
bleros acrecidos que cubren el espacio entre los largueros, mediante
la eliminación del madero vertical central o de los intermedios. En
ellas, el número de peinazos se reduce y, por consiguiente, el de ta-
bleros sufre igual disminución, menos uno. Por lo general, cuentan
con tres, cuatro o cinco tableros verticales o apaisados. Es la forma
preferida para las puertas de las ventanas, cuyo principal elemento
de distinción es el postigo, centrado en relación con la dimensión de
la hoja. En otras ciudades de la Isla, como Camagüey, puertas de cin-
co tableros presentan en función de postigo el segundo y el cuarto ta-
bleros, aún en posiciones no exteriores.
Las puertas de las ventanas trinitarias presentan variadas
combinaciones, según el modo de disponerse los tableros. Se en-
cuentran sencillas composiciones, sobre la base de la repetición de
tres tableros, verticales o apaisados, o de un tablero vertical como
postigo, flanqueado por otros apaisados. Otras, complican la compo-
sición, subdividiendo en dos la superficie del tablero-postigo central,
al que guarnecen otros apaisados, o, a la inversa, el postigo queda
formado por un solo tablero, y los de los extremos se dividen en dos
(ilus. lf f). Estas combinaciones dan la medida de la riqueza compo-
sitiva de las puertas coloniales,lograda mediante el elemental recur-
so de variar, en juego geométrico, la manera de insertar los tableros
a la peinacería.
Si un tablero se amplía de modo que cubra totalmente el espa-
cio conformado por dos largueros y dos peinazos, da lugar a la puer-
ta denominada de tablero largo. En lo estructural, es la forma más
TRtN|DAD DE CUBA, PATRlMoNlo DE LA HUMANTDAD

simple. Combinado con un cuarterón evolucionado, origina la deno-


minada de tablero largo y cuarterón. Tkrnto el cuarterón evoluciona-
do, como el tablero largo y el tablero largo y cuarterón, son formas
caracteústicas del siglo xvril, aunque se usÍuon esporádicamente en
el XD(, sobre todo el cuarterón evolucionado en las puertas de las
ventanas. La puerta decimonónica, por excelencia, es la de tableros
lisos, cuya peinacería se estructura del mismo modo que la del cuar-
terón evolucionado, pero los tableros no presentan los motivos deco-
rativos característicos del siglo ){vrI, ni las molduras utilizadas se
aplican de la misma forma. como su nombre lo indica, son tableros
planos, en los que el juego compositivo constituye el principal factor
de belleza.

I'

lI1. Esquema de composición de puertas de ableros.

En relación con la cronología de las puertas del siglo )(Vlil,


puede afirmalse, de forma esquemática, que las puertas de cuarterón
evolucionado predominan en la primera mitad del siglo )NIII;las de
tablero largo
-de escasa presencia-, en los mediados; y las de table-
ro largo y cuarterón, en la segunda mitad. pero como son modalida-
des que perviven con posterioridad al momento en que surgen, en un
PUERTAS 203

momento dado coeústen puertas de diferentes tipos y sólo puede


conocerse con certeza a que época corresponden mediante el estu-
dio comparativo de sus elementos constitutivos y las características
de la casa donde se encuentran. Los índices que identifican en forma
temporal a una puerta son : el tipo de moldura que contorna el mo-
tivo decorativo de los tableros, la ubicación de las modalidades den-
tro de las viviendas y la naturaleza de sus decoraciones.

4.2.2.1. Las molduras

Las tablas que forman los tableros son de cierto grosor


y 3 m, aproximadamente-, con la cara interior lisa y la exterior
-entre
1,5
trabajada con motivos decorativos. Los motivos están enmarcados
con molduras, incididas en la sección inclinada que queda entre el
canto del tablero y el motivo resaltado. Entre éste y la peinacería co-
rre una faja plana o abiselada que sirve de fondo al resalto. Las mol-
duras constituyen el elemento fundamental de la configuración de
los motivos decorativos: es la línea que los modela y define.
[,as molduras utilizadas por las puertas trinitarias pueden ser
clasificadas, atendiendo a su perfil en:
a) Rectas: elbisel
b) Curvas:
. Convexas: el cuarto de bocel y el junquillo.
. Cóncavas: el caveto o esgucio.
[.as puertas de cuarterones utilizan el bisel, y el cuarto de bo-
cel como remate del motivo geométrico que las exorna. El bisel, el
caveto ancho y el cuarto de bocel son las molduras que predominan
en puertas construidas en la primera mitad del siglo, y el junquillo y
caveto en la segunda mitad, correspondencia que en las puertas ex-
teriores se mantiene en el caso del cuarto de bocel, del caveto ancho
y normal y del junquillo, no así en cuanto al bisel, cuya utilización en
casas tardías es bastante frecuente (tablasM yVID, pervivencia que
es muy común en las casas de construcción modesta. Y en los inte-
riores ocurre, con frecuencia, que se usan las molduras cóncavas o
convexas en las puertas de comunicación entre sala y aposento y, en
el resto de los accesos, se utiliza el bisel.
204 TR¡NIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

El caveto fino es característico de las puertas de la segunda mi-


tad del siglo y se combina, a veces, con un fino junquillo.

DE CUARTERONES EVOLUCIONADOS
CASA TIPO DE MOLDURA Epoc¡ o¡ coNsrRucctóN

Boca 363 bisel primera mitad del Xvlll


Cuaurabo 160 caveto ancho primera mitad del XVIII
San )osé 271, 273 y 275 cuarto de bocel mediados del XVlll
Real del Jigüe 75 caveto segunda mitad del XYrl
Cristo 33, 35 y 37 caveto segunda mitad del XVtl/

DE TABLERO LARGO

Real del Jigüe 93 bisel primera m¡tad del xvill


San )osé 274 bisel primera mitad del XVlll
Nueva s.n. bisel primera mitad del XVlll
Afameda 21O y 2'!.2 bisel mediados del XVlr,
Media Luna 61 cuarüo de bocel mediados del XVlll
Boca2O2 junquillo segunda mitad del XVI//
Amargura 143 cavelo segunda milad del XVlll
Alameda 213 y 21 5 caveto segunda mitad del XVlil

DE TABLERO LARGO Y CUARTERÓN

Real del Jigüe 111,113 y 115 cuarto de bocel mediados del XVII/
Real del J¡güe 1 bisel mediados del XVrl,
Boca 363 bisel mediados del Xvlll
Alameda 178 caveto ancho mediados del XVI//
Desengaño 522 junquillo mediados del XVI//
Cristo 34 caveto segunda mitad del XVI//
Media Luna 3O caveto segunda mitad del XVlll
Rosa 4 caveto segunda mit"ad del Xvlll
Encamac¡ón 115 caveto segunda mitad del XVtll
Amargura 66 caveto segunda milad del XVil
Afameda 174 y 176 caveto segunda mitad del XVll/
San José 19 caveto segunda mitad del Xvlll

Tabla V: Comportamiento de las molduras segrin tipos de puertas (lntedor€s) y época de construcclón
PUERTAS 205

CUARTERÓN EVOLUCIONADO

CASA TIPO DE MOLDURA ÉPocA DE GoNSTRUCCIÓN

Real del Jigüe 122 bisel primera mitad del XVlll


Amargura2O,22 y 26 bisel primera mitad del Xvlll
San José 274 bisel primera mitad del XVlll
Desengaño 522 bisel primera mitad del Xvlll
Alameda 219 y 223 bisel segunda mitad del Xvlll
Encarnación 54 bisel segunda mitad del XVlll
Alameda 168 bisel segunda mitad del Xvlll
Paz 19 bisel segunda mitad del XVrí
Cristo 33, 35 y 37 bisel segunda mitad del Xvlll

Tabla Vll: Comportamlento de las molduras en Puertas de ventanas (exteriores)


y época de construcclón

4.2.2.2. Laubicarión

El criterio de ubicación tiene senüdo para las puertas de cuar-


terones evolucionados. Si una puerta de esta naturaleza se encuentra
en cualquiera de los vanos interiores colresponde, sin dudas, ala pri-
mera mitad del siglo )(VIII. En posición exterior de venta-
-puertas
nas-, los cuarterones evolucionados se mantienen durante el siglo
)UIIIy el XD( En esta posición, el índice de datación es el motivo de-
corativo.

4.2.2.3. Tallas decoratiuas de los tahleros

El motivo decorativo de una puerta es el elemento más desta-


cable de su composición, el que la distingue y dota de personalidad.
Llamamos motivos, temas o decoraciones de puertas a las formas en
relieve que ostentan los tableros, bien definidas por sus contornos
con molduras. Motivos que reflejan la incidencia de las corrientes es-
tilísticas en boga, según interpretaciones populares. La gama temáti-
ca de las tallas decorativas de las puertas trinitarias no es muy am-
plia. Se han podido reconocer ocho temas que, sin embargo, ofrecen
una infinita versatilidad de expresiones. La evolución de las formas
se relaciona con la transformación de los tableros. Pero los temas se
prolongan más allá del momento en que surgen, se combinan con
206 TRINIDAD DE CUBA, PATRtMoNIo DE LA HUMANIDAD

otros temporalmente más recientes, dando lugar a innumerables


combinaciones cuya datación temporal puede resultar confusa, en
un primer acercamiento. Durante el siglo )UIIIy las primeras déca-
das del )JXse reconocen las siguientes formas:

a) Motivos rectos

Los motivos de forma rectangular o cuadrada, de aire renacen-


tista, caracterizan a las puertas de cuarterones. En Trinidad quedan
pocas puertas de este tipo y siempre se hallan en vanos de comuni-
cación interior.s Entre ellas, cabe destacar la puerta entre sala-apo-
sento y las de sala-recámara de la casa de la calle Colón núm. 324,
formadas por cuarterones cuadrados y rectangulares, respectiva-
mente. Son ambas de relativa esbeltez, de2,l2 m de altura por 1,15 de
ancho, y de2,l4 por 1,00 m. Las hojas, de grueso calibre-2,8 m-,
presentan los tableros aI mismo nivel de la peinacería, lo que es ca-
racterístico de las puertas trinitarias del siglo ){/lil, en sentido gene-
ral. Sólo por excepción un tablero rebasa el nivel de la a¡mazón don-
de se encuentra insertado. La puerta de la sala-aposento combina
dos cuarterones rectangulares, repetidos en ocho hiladas; y la de la
comunicación con la recámara, en seis, solución común en las ouer-
tas de cuarterones de las casas primitivas cubanas.
De parecida naturaleza, en la calle Real del Iigüe núm. 93 que-
dan dos ejemplares notables, situados en la galeúa perpendicular
que flanquea el patio en el costado derecho. Uno de ellos presenta
una hilada de cuarterones rectangulares, dispuestos de manera ver-
-0,3 m de ancho por 0,19 m de alto-, flanqueado por otro de
tical
0,10 m de ancho, a lo que le sigue otra hilada compuesta por dos
cuarterones rectangulares de 0,13 m de ancho. Alternadamente se
suceden una tras otra hasta completar las siete hiladas. El perfil de
esta puerta, rico en molduras, arranca de un grueso cuarto de bocel,
continuado por pequeñas y escalonadas semirrectas que culminan
en un ajunquillado saliente. La otra puerta compone las hiladas por
tres cuarterones rectangulares y verticales, contorneados en cuarto
de bocel y saliente filete, de similar factura al de la puerta de la caile
Oficios esquina a Obrapía, en La Habana. A esta hilada le sigue orra,
con dos cuarterones rectangulares de mayor tamaño (ilus. ll2).
PUERTAS 207

Diferente solu-
ción es la de las puer-
tas de la casa de la ca-
lle Real del Iigüe núm.
wmffi
54, en las que el moti-
vo se forma mediante
un corte diagonal
IlI tr ,,^ ^
practicado de punta a
nn
punta, originándose
una cruceta, confof-
mada por cuatro
il¡l
triángulos. Cada hoja
TT
cuenta con nueve hi-
leras de dos cuartero-
nes de 0,25 m de lado.
De este tipo son, tam-
IrI 112.
na
hnrto
de ReaI
núm.93.
de c'uartero
delligíie

bién, las puertas de una alacena


situada en la crujía perpendicu-
lar de la casa de la calle Real del
Iige núm. 90, realzada Por un
marco ricamente moldurado
(ilus. 113). El recurso de cortar
el cuadrado diagonalmente fue
frecuente en toda la Isla, en un
solo sentido, como en el caso de
la puerta de la vivienda habane-
ra de Teniente Rey esquina a
Aguiar, o en dos sentidos, como
ocurre en las trinitarias Y otros
ejemplares como los del Con-
vento de Santa Clara, en [a Ha-
bana, o los de la casa bayamesa
de la calle Céspedes núm.36.
En puertas de cuartero-
nes evolucionados, también
ap¿rrecen motivos cuadrados o
rectangulares. En la casa de la
113. Puerta de cuarterones de una alacerw
calle San José núm. 271, 272 y il).
Real delligíie rulm.
208 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

275, esquina a Amar-


gura, cuarterones
apaisados forman la
puerta de cuatro ho-
jas, de libro, que co-
munica la primera
crujía con la segunda.
Los tableros presen-
tan un resalto rectan-
W =+Ar¡ Bular, de bordes abi-
1 14. Puerta de cuarterones euolu-
selados (ilus. 114). En
ciotados de San José núm. 271, la misma üvienda se
273 y 275, aquina aArnargtra. destaca otra muestra,
hoy trasladada de su
lugar originario, con el
resalto rectangular
enmarcado por una
moldura de cuarto de
bocel yuna superficial
incisión que ajunqui-
lla un tanto su perfil.
Otros ejemplares, co-
mo los de la puerta-
ventana al patio de la
115. Ptnrta de cuarterones euolucionados de
casa de la calle Amar-
Guaurabo núm.160. gura núm. 20,22y 26,
recuadrado con bisel
el rectángulo, es otra prueba de la presencia de los motivos rectos en
casas de la primera mitad del siglo )MIII.

b) Ángulos Cóncavos

Esta forma se origina mediante el simple recurso de cortar las


esquinas de los resaltos rectangulares de los tableros, con un trazo
cóncavo (ilus. 1r5). En el diseño de los tabreros se incorpora la línea
curva en expresión de "lo barroco". En algunas casas habaneras se en-
cuentra en puertas de cuarterones, como en oficios esquina a obra-
pía, Oficios núm. 6, ObrapÍa esquina a San Ignacio, y otras casas de la
PUERTAS

propia ciudad. En Trinidad, su presencia coincide, en general, con la


ampliación de las dimensiones de los tableros.
Por su simplicidad fue un motivo que se mantuvo a lo largo del
siglo XI4I1(ilus. 116).Y sin dudas, es ésta una de las formas más con-
fusionistas a la hora de ubicarla en el tiempo (tablaMII). Se presen-

116. Puerta de
ctuff terones evolucia¡ados
de Santa Ana núm. ffig.

ta, tanto en las puertas de cuarterón evolucionado, como en las de


tablero largo, y en las de tablero largo y cuarterón. No obstante,
cuando aparece formando puertas de cuarterones evolucionados, en
ventanas o puertas de comunicación entre sala-aposento, aposento-
recámara, recámara-comedor y comedor-patio, corresponden a
puertas

cAsA Trpo DE pUERTA uglcActóH MoLDURAS Época

Cuaurabo 16O Cuarterón sala-aposento caveto ancho primera mitad


evolucionado del XVllt

San José271, Cuarterón ventanas caveto ancho primera mitad


273 y 275 evolucionado exteriores del xvlll
zto TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

Boca2O2 Cuarterón ventanaS mediados del


evolucionado exteriores siglo XVlll
Boca 366 Cuarterón ventanas mediados del
evolucionado inter¡ores siglo XVlll
Cutiénez 546 Cuarterón ventanas mediados del
evolucionado exter¡ores eglo Xvlll
Nueva 96 Cuarterón ventanas mediados del
evoluc¡onado interiores siglo XVlil
Alameda 178 Tablero largo comedor-patio mediados del
Cuarterón siglo XVlil
Nueva s.n. Tablero largo sala-aposento segunda mi-
tad del XVlll
Cutiérez 435 Tablero largo comedor- fines del XVill
recámara
Cristo 34 Cuarterón ventanas fines del XVill
evolucionado ¡nteriores

Tabla Vlll: Comport¡miento de los ángulos cóncavos

construidas en la primera mitad del siglo )ulil. si los ángulos


cóncavos realzan una puerta de tablero largo, o de tablero largo y
cuarterón, cualquiera que sea su ubicación, puede inferirse que se
trata de una puerta constmida entre 1750 y 1770. A fines dei siglo
)(vrllno ha sido registrada ninguna puerta con este motivo. si se pre-
senta en puertas-ventanas es dificil determinar su cronología con el
sólo criterio de sus propias características. En este caso, hay-que ana-
lizar en conjunto todos los factores que contribuyen a detérmina, su
ubicación temporal.

c) Cartela

I¿s puertas que se inscriben dentro de este tema guardan una


marcada similitud con las del grupo anterior. Lo que hemos denomi-
nado convencionalmente cartela,lo no es más que un resalto rectan-
gular con las esquinas cortadas por ángulos cóncavos, y, que üenen,
en el centro, un labrado en forma ovoidal.
como antecedente de este motivo, o como forma relacionada
con pueden ser estimadas aquellas puertas que presentan un cír-
é1,
culo, incidido en el centro de sus tableros. Así, lai ¿e ta comunicación
entre comedor-recámara de la casa de la calle Media Luna núm. 12
PUERTAS 2tl

(ilus. 117), de tableros rectangulares y apaisados, con resaltos geme-


los acuarteronados, con las esquinas cortadas por ángulos cóncavos
y con el motivo repeüdo en ocho hileras en cada hoja. Los tableros,
de 2,05 m de altura por l,l4 m de ancho, se asemejan a los cuartero-
nes de la iglesia camagüeyana de San luan de Dios, construida en
1728, enla que un solo corte secciona el resalte de lado a lado.

W- - r
117. Puerto de c,urtsron¿s euohtciottdos, con resaltos en cuarterón de
MediaLuna núm. 12.

Tanto este motivo como el de la cartela propiamente dicha son


privativos de las casas fabricadas antes de 1750, y, enTrinidad, carac-
terizan las puertas de cuarterón evolucionado, las de transición en-
tre el cuarterón evolucionado y el tablero largo, y las de tablero largo.
Denüo de estas últimas resultan interesantes las muestras de la casa
de la calle San José núm.274, esquina aAmargura (ilus. 1f8).
En relación con la cartela, numerosas muestras de toda la Isla
prueban el arraigo de este motivo. Baste recordar los hermosos table-
ros de las puertas exteriores, en la planta alta, de la casa habanera de
Mercaderes núm. 15 esquina a Amargura. En Trinidad, la familia se
enriquece con las puertas de la casa de la calle Real del Iigüe núm. 39,
compuesta cada una por cinco cuarterones de 0,35 m de largo por
0,30 de ancho, dispuestos en forma apaisada y contorneados por un
2t2 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

profundo caveto. En la de Rosa¡io s.n. aparece en una puerta de di-


mensiones poco frecuente para la época: 2,2J m de alto por 1,25 de
ancho, en la que un corte, en bajo relieve, marca el ángulo cóncavo,
sin llegar a desvirtuar la forma rectangular del resalto. En la de la ca-
lle Real del Iigüe n:úm.I22, forma una puerta de pequeño tamaño
2,00 m por 1.06-, situada en una ventana exterior, dispuesta en for_ -
ma vertical, con el tablero central a manera de postigo (ilus. 119).

@
119. Ptrerta de cuarterones euoluciorados de
Real delligtie nltm. 122.

W%ffiAWA la cartela puede destaca¡se con un ri-


118. Pucrtade nblero largo co molduraje, como el que se aprecia en la
de San losé nt1m. 274, de la calle San Iosé n(tm. 262, 26T y 269,
esquirn a Anargura. queda parte de una notable muestra,
marcada con caveto ancho y grueso jun-
quillo en todo el borde y, en el centro del ta-
blero, presenta la forma ovoidal, incisa (ilus. 120). Las puertas trinita-
rias no utiliza¡on labrados centrales en forma de conopios, como
ocurre en otras poblaciones.
PUERTAS 2L3

120. Puerta de ctnrterones euoluciotados de SanJosé núm. 262,267 y 269.

d) Ángulos convexos

La búsqueda de
una linealidad más
mórbida determinó el
paso siguiente: se con-
vierte el ángulo cónca-
vo en convexo, motivo
eüo, por lo común,
aparece en tableros de
mayor tamaño. En la 121. Puern de cuarterones euolu-
casa de la calle Boca cionados de Boca núm.366.
núm. 366, la puerta-
ventana está formada
por cinco tableros, en
disposición vertical el central, y, el resto, apaisados (ilus. 121). Estos
úlümos tienen 0,67 m de ancho por 0,46 de alto, lo que representa
una evidente ampliación de dimensiones. La elemental inversión del
ángulo enfatiza aún miás la línea curva, con lo que el motivo resulta
m¡ás redondeado, menos cortante.
2t4 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

El desarrollo ininterrumpido de la línea curva puede llegar a


configurar resaltos ovoidales, acuarteronados, como los que se ob-
servan en una puerta interior de la casa de la calle Real del figüe 93,
recuadrados por un grueso cuarto de bocel (ilus. 122); o realzar puer-
tas de tablero largo y cuarterón, contorneadas por gmeso junquillo,

122. Puerta d¿ cuarterones e


uolucionados de
Real del ligüe núm.93.

como la de la comunicación aposento-ga-


lería de la mencionada vivienda de Boca
núm.366 (ilus. 123). El ángulo cóncavo es
una forma que aparece a partir de los me-
diados del siglo )(VilL, destacado por bise-
les o cavetos (tabla Dt). Las puertas-venta-
nas, exteriores e interiores, manifiestan
una fuerte tendencia a utilizar este tema,
no registrado en puertas de tablero largo, y
escaso en las de tablero largo y cuarterón.
En una misma viüenda, el motivo puede
estar realizado en caveto o bisel; no se ha
detectado ningún ejemplar contorneado
con caveto grueso o con cuarto de bocel.
123. Puerta de tablcro
largoy cuarterón de Boca
núm.3ffi.
PUERTAS 2t5

CASA TIPO DE PUERTA UBICACIÓN MOLDURAS ÉPocA

Boca 366 Cuarterón ventanas bisel mediados del


evolucionado exteriores s¡glo XY,,,

Alameda 210 y 212 Cuarterón ventanas bisel mediados del


evolucionado exteriores siglo XVIll

Alameda 213 y 215 Cuarterón ventanas caveto mediados del


evolucionado exteriores si$o Xvtll
Alameda 168 Cuarterón ventanas bisel segunda mitad
evolucionado ¡nteriores del s¡glo XV,/,
Cristo 33 Cuarterón ventanas bisel segunda m¡tad
evolucionado interiores del s¡glo XV,r,

Desengaño 1A Tablero largo comedor- bisel segunda mitad


y cuarterón recámara del siglo XVlil

Alameda 174 y 176 Tablero largo sala- caveto segunda mitad


y cuarterón aposento del s¡glo XV,/,
Afameda 1.74 y 176 Tablero largo sala- bisel segunda mitad
y cuarterón aPosento del s¡glo xv,r,

Tabla lX: Comportamlento de los ángulos cóncavos

e) Ángulos cóncavos y ángulos convexos dobles

La tendencia a enriquecer el contorno lineal de los tableros se


traduce por la repetición del movimiento de los ángulos cóncavos o
convexos, que formarán las esquinas de los resaltos decorativos de
numerosas puertas de la ciudad. Ambos son formas que, al igual que
la versión simple del ángulo convexo, se imponen a partir de 1740,
aproximadamente, y son preferidas por los tableros de las puertas-
ventanas exteriores.
En la casa de la calle San Iosé n(tm.274, esquina a Amargura,
la puerta-ventana tiene en cada hoja cinco tableros: el central, verti-
cal, y, los demás, apaisados, contorneados con cavetos. la deAlame-
da núm. 2L9 y 223 se compone de tres tableros dispuestos en un eje
horizontal, fileteados con una incisión superficial.
Los ángulos convexos dobles se identifican con el molduraje
en junquillo. [a curva que forma el ángulo se subraya con un rebajo
que nace de sus arranques y se prolonga un poco hacia el centro del
tablero. l¿ forma así configurada se prolonga en el tiempo hasta las
2t6 TRtN|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

primeras décadas del siglo xx. Escasos ejemplares con este motivo
utilizan el caveto, y nunca el bisel ni el cuarto de bocel.
Tanto una forma como la otra fueron ampliamente utilizadas
por las puertas de la casa cubana colonial. En la región central de la Is-
la es notable la semejanza entre las muestras trinitarias y spirituanas.

f) Dibujo básico

Denominado así de manera arbitraria, el dibujo básico se ori-


gina por la combinación de un ángulo cóncavo con uno convexo. En
puertas de cuarterón evolucionado integra tableros de ventanas, co-
mo las de la casa de Amargura núm. 140, enmarcados en caveto. En
la de Real del Iigüe núm. 75, la puerta de comunicación entre sala-
aposento también utiliza dicha moldura (ilus. L24), y está formada

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/lililll
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124. Puerta denblero largo y cuarterón de 125. Puerta de tablero largo y cuarterón
Real del Jigüe núm.75. deRealdellígüeruim. l.
PUERTAS 2t7

por cuatro tableros en transición entre el cuarterón evolucionado y el


tablero largo, de considerables dimensiones:2,60 m de alto por 1'56
de ancho. La de la sala-aposento de la calle Media Luna núm' 15, es-
quina a Galdós, es una de las pocas muestras de tablero largo y cuar-
terón realizada con este motivo. La de Real del figüe núm. I combina
el dibujo básico del tablero largo con una forma ovoidal en el cuarte-
rón (ilus. 125). Las casas mencionadas corresponden a los mediados
del siglo )UIII. En viviendas más cercanas se ha detectado una va-
riante, linealmente emparentada con ésta: si son eliminadas las se-
mirrectas que actúan de transición entre un ángulo y otro, se confi-
gura un perfil sinuoso, en gola recta, de ricas variaciones, llegando a
definirse trazos muy estilizados. Esta variante en gola o en S se hizo
frecuente en los tablerOs de las puertas-ventanas. Son escasos los
ejemplares de cuarterones evolucionados, en puertas interiores, con
este motivo. La casa de la calleAlameda núm. 166 es uno de ellos.

g) Medialuna

ángulo convexo del dibujo básico se prolonga a manera de


Si el
media circunferencia, se define una de las formas de mayor riqueza
utilizada por las puertas de las casas coloniales: la media luna, tema
barroco por excelencia. Casas tempranas en el ){VilI realzan sus
puertas con este motivo, que se mantiene ügente durante toda la
centuria. No obstante, en Trinidad es predominante entre 1750 a
I780.
La presencia de la media luna está también vinculada con las
puertas dL tablero largo y, en especial, con las puertas de tablero lar-
go y cuartetón. Esta forma, que se ofrece pura en puertas de cuarte-
iones evolucionados, se combina con otras en las puertas de tablero
largo y en las de tablero largo y cuarterón, en las que aparece en la
p*t" r.rp"rior de los tableros, desplazando los motivos hasta aquí
descritos a la parte inferior de los mismos, y al cuarterón. Los ángu-
los cóncavos, los ángulos convexos, simples o dobles y el dibujo bá-
sico, se generalizan en las puertas-ventanas, y la media luna, en sus
múltiplei combinaciones con cada uno de ellos, en las puertas de sa-
la-aposento, aposento-recámara y recámara- comedor.
En casas modestas, como la de Guaurabo núm. 160, se tealiza
de la manera más simple, en bisel un ángulo cóncavo se continúa en
2r8 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

una media naranja, apoyado en semirrectas. por lo general, las líneas


fraccionadas afectan a la parte superior y la inferior del resalto ( ilus.
126). Pero puede darse el caso contrario, donde el motivo se presen-
ta en los laterales de los tableros, en posición apaisada, como los de
la puerta de la casa de Amargura núm. 33, situadas en la actualidad

126. Puerta de cuanerón ewhrcionado de Guaurabo núm. 160.

en un vano interior, pero eue, por su composición en base de table_


ros apaisados y el central vertical como postigo, revela Ia típica
ma-
nera de disponerse los tableros de las puertas-ventanas. Esta puerta
es una de los pocas que presenta la media luna recuadrada pór jun_
quillo.
l,as grandes puertas de comunicación con las galerías utiliza-
ron con frecuencia la media luna. En la calle Boca, licasa núm. 314
tiene una puerta en la que en cada tabrero se repite dos veces er mo-
tivo, dispuestos verticalmente y enmarcados con ancho caveto (ilus.
L27).Lamedia luna se apoya en una sinuosa línea que ha desechado
las rectas de apoyo, de perfires más estilizados que
árgu-
"l "ortu.rt"
PUERTAS 219

lo cóncavo. En algunas
muestras
-puerta-venta-
na al patio de la casa de
Real del Iigüe núm. 5,t-,
el énfasis y alargamiento
del corte sinuoso tiende a
eliminar la forma rectan-
gular de los resaltos,lobu-
lando el motivo por los
cuatro costados. Esta
puerta es muy semejante
a las que existieron en el
convento habanero de
Santa Teresa, de las pri-
meras décadas del siglo Vt*nr = F
)ffIII.
Se han detectado 127. Puerta de anrterón evohtcionado
de Bocarulm.314.
tableros en media luna
con tallas centrales. En la
de Boca núm. 363,11 una
media luna de alto peralto
tiene labrada en el centro
una rosácea de cuatro pé-
talos que nacen de un bo-
E
tón central en forma .A' D
V
de
cruz gamada. Es ésta una
de las muestras más be-
tl
llas de la ciudad (ilus.
128). Se destaca el motivo
por un amplio cuarto de
bocel, con un escalón sa-
n
liente a ambos lados del
tablero, dispuesto el cen- 128. Puerta de cuarterón euolucionado
tral a manera de postigo. de Boca núm.363.
En otras, la reproducción
de la flor es más naturalista. Así es la puena de tablero largo existen-
te en la casa de la calle Alameda núm. 210 y 2I2, situada en el vano
de comunicación entre sala-aposento. Cuenta con cinco resaltos
220 TRINTDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

acuarteronados, al céntro de
los cuales se ha labrado una
rosácea de cinco pétalos.
En el estudio de la me-
dia luna debe atenderse, no
sólo al apoyo lineal donde se
asienta la semicircunferencia,
sino también a ésta en sí mis-
ma, ya que suele variar confor-
mando arcos de medio punto,
rebajados, y a finales del )(VIil
algunas se transforman en he-
rradura, forma esta que, en
puertas de cuarterones evolu-
cionados, sólo aparece en ven-
tanas, como las de la calle
Amargura núm. 128 (ilus. 129).
En forma pura,la media
luna aparece formando los re-
saltos de puertas de tablero
largo y cuarterón, como se
@ aprecia en las hojas de comu-
nicación entre la primera y la
129. Puerta de cuarterón euolucionado de
segunda crujÍas del piso alto
Amargura ntlrn.l28.
de la casa de la calle Gutiérrez
núm. 4ll. Es ésta una puerta
de libro, de cuatro hojas, que enmarca el moüvo con caveto. Pero la
manera común de presentarse la media luna es en combinación con
otros motivos decorativos. Los más frecuentes son:
. En puertas de cuarterones evolucionados:
Con ángulos cóncavos
^ Con el dibujo básico
. ^En puertas de tablero largo:
Con formas rectangulares
^ Con ángulos cóncavos
^ Con ángulos convexos
^
PUERTAS 221

Con ángulos cóncavos dobles


^A Con el dibujo básico
. En puertas de tablero largo y cuarterón, en que coinciden los
! motivos de ambos tableros:
A Con ángulos cóncavos
Con ángulos convexos
^
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130. Puertas de nblero largo y cuarterón, con media luna en la parte supeior del
nblero largo y diuersos motiuos en la parte inferior y en el cuarterón.
222 TRTN|DAD DE CUBA, pATRlMoNlo DE LA HUMAN|DAD

A Con ángulos cóncavos dobles


A Con formas rectangulares
. En puertas de tablero largo y cuarterón, en que difieren los
motivos de ambos tableros:
A Media luna y dibujo básico en el tablero largo; cuarterón
de formas redondeadas
A Media luna y ángulos cóncavos dobles en el tablero largo;
cuarterón tetralobulado
A Media luna y conopio en el tablero largo; cuarterón en án-
gulos convexos
A Media luna y dibujo básico en el tablero largo; cuarterón
en ángulos convexos
A Herradura y sinusoide en el tablero largo; cuarterón en for-
ma rectangular (ilus. 130).
Los ejemplos enunciados no agotan las posibilidades de com-
binación del tema con otros. Por otra parte, en el análisis de la media
luna, debe tenerse en cuenta, como ya hemos expresado, a ésta en sí
misma, pues en ella se advierte una rica gama de versiones. Si nace
de un ángulo cóncavo o de una gola recta; si utiliza o no semirrectas
de transición entre el ángulo de arranque y la mediacircunferencia; si
ésta se ttazaen semicírculo o como un arco rebajado, carpanel o con
mayor o menor peralto; si constituye una herradura. En fin, innume-
rables versiones imposibles de describir.

h) Volutas encontradas y alas de mariposa

[a forma denominada volutas encontradas, junto con la llama-


da alas de mariposa, constituyen la expresión decorativa de mayor
predominio, acierto y generalización. Predominio porque su utiliza-
ción coincidió con un momento de auge constructivo y, por conse-
cuencia, son muchas las muestras fabricadas entonces. Tipifican la
ornamentación de las puertas del úlümo tercio del siglo WIII y las
primeras décadas del )CI(. Es un motivo en el que se sintetiza la expe-
riencia decorativa anterior, en cierta medida bajo la influencia del
barroco, recreándose "a lo criollo", una forma de clara filiación roco-
có (ilus. 131). Se integra a los usos locales de forma tal, que el motivo
PUERTAS 223

identifica plenamente el
quehacer de la carpinte-
úa de puertas de Trini-
dad, y es casi privativo de
esta ciudad. O, al menos,
las muestras de otras po-
blaciones son muy dife-
rentes. Sólo en Camagüey
se han encontrado ejem-
plos similares a los trini-
tarios, pero como mani-
festaciones aisladas. En
ninguna otra ciudad de
Cuba se encuentran las
volutas encontradas en
tan rica versatilidad y fre-
cuencia con que se ofre-
cen en Trinidad.
Las volutas encon-
tradas desplazan a la me-
dia luna de la parte supe-
rior de los tableros, al 131. Puerta de nblero largo y cuarterón del
mismo tiempo que, en la Palacio de C-a.ntero.
pafie inferior de los mis-
mos, las líneas se fraccionan, originándose las alas de mariposa.t2
Tanto un motivo como el otro caracterizart a las puertas de tablero
largo y cuarterón, aunque pueden aparecer en las de cuarterones
evolucionados, en posición de ventanas
Desde los mediados del siglo WIII se aprecia una paulatina
transformación de los tableros con medias lunas que anuncia las
nuevas formas. En puertas de tablero largo, como la que comunica el
vano de aposento-recámara de la casa de la calle Amargura núm. 143
se observa, hacia el centro de la media circunferencia que conforma
la media luna, una depresión que configura dos lóbulos y, en la par-
te inferior del tablero, el remate horizontal recto del motivo, cortado
por dos ángulos cóncavos, se parte a manera de V invertida (ilus.
132). En otras, Paz núm. 13-, debajo de la línea curva de la
-calle
media circunferencia se ha incidido dos volutas encontradas en re-
224 TR¡NIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

m
iltt
M
@
nlETtZ
134. Puerta de tablero
132. Puerta de tablero largo 133. largo
Puertn dp nblcrc largo y cuarwón de
de'Anarguranúm. 143. de Paz ntTm' 13' Desengaño nt7m. sl8.

salte (ilus. 133). En casas de mediados del siglo, como las de Alameda
núm. 213 y 2I5, y la núm. 210 y 212, existen ejemplares donde cada
una de las hojas coronan la parte superior del tablero con una alarga-
da voluta que, si se cierran las hojas, conñguran entre ambas el mo-
tivo de las volutas encontradas. La primera tiene, en la parte inferior,
un corte sinuoso; la segunda utiliza las alas de mariposa.
Existen puertas con volutas encontradas acompañadas de
otros motivos cóncavos dobles en la casa de Desengaño
-ángulos
522, dibujo básico en la de Santa Ana núm. 580, media luna en la de
Santa Ana núm. 591, 593, 595 y 597-, pero, por lo general, su pareja
PUERTAS 225

es las alas de mariposa. Estas, por su parte, pueden encontrarse for-


mando el motivo superior de puertas de tablero largo o de tablero
largo y cuarterón, como son las de Real del Iigüe núm. 137 y Encar-
nación núm. 115, y otr:rs. Y, también, en puertas ventanas de cuarte-
rones evolucionados como las de Colón s.n. y las del Real del Iigüe
núm. lI1, 113 y 115. Pero lo caracteústico es encontrar ambos moti-
vos formando las decoraciones de una puerta de tablero largo y cuar-
terón. La de la casa de la calle Desengaño núm. 5lB es una ejemplo
típico: en la parte superior del tablero largo, las volutas encontradas;
en la parte inferior, las alas de mariposa; y el cuarterón, con alas de
mariposa (ilus. 134). Es frecuente que, al centro de las volutas encon-
tradas, se resalte el tablero con formas de lancetas o corazones, como
se aprecia en la puerta ventÍrna de Amargura núm. 113, en la que el
juego de líneas de las volutas es muy rico en perfiles.
La fantasía se recrea en el trabajo con este motivo. Puertas co-
mo las de la casa de la calle Amargura núm. 77ts testimonian el alto
grado de belleza de las tallas de este tipo. Figuras caprichosas forman
la parte inferior dé estos tableros, repeüdas en los cuarterones evolu-
cionados de las puertas ventanas. Ambos motivos utilizan , por lo ge-
neral, el caveto fino o el junquillo. Nunca se enmarcan con caveto an-
cho, bisel o cuarto de bocel, lo que constituye, de hecho, una prueba
más de la cronología del uso de las molduras.

4.2.3. Puertas de tableros del siglo )(D(

En un momento dado de las primeras décadas del siglo XIX,las


puertas abandonan las decoraciones de los tableros sobre la base de
tallas de filiación barroca o rococó y los tableros se presentan c¿uen-
tes de relieves, lisos. Hasta 1830, aproximadamente, se continuaron
utilizando formas de ascendencia dieciochezca. En la mayoría de es-
tos casos, la moldura que enm͡ca el motivo es el junquillo, o una
simple incisión. Puede también aparecer en caveto, pero muy fino'
En la casa de la calle Real del Iigüe núm. 33, la puerta que co-
munica la sala con la primera habitación del martillo tiene una her-
mosa versión del tema de las volutas encontradas y las alas de mari-
posa. Vale destacar que las versiones tardías de este tema gustan de-
finir la lanceta resaltada al centro de las volutas, en forma trilobula-
da. El motivo está contorneado por una incisión. El mismo tema se
226 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

repite en la casa aledaña, núm. 43, llamada de Ortiz, ambas construi-


das entre 1800 y 1815. Aparece en las puertas de sala-aposento, de la
planta alta, contorneado con junquillo. El cuarterón muestra una es-
tilizada interpretación del tema de los ángulos convexos. [^a casa de
la calle Desengaño núm. S05 Malibrán-, también usa las volu-
-de
tas encontradas, con las alas de mariposa en la puerta de tablero lar-
go de sala-aposento, recuadrado el tema con caveto. Finalmente, aún
en casas tan decimonónicas como lo es el palacio de cantero, apare-
cen las volutas encontradas en las puertas de sala, en este caso con
junquillo.
En ventanas interiores o exteriores, los motivos heredados del
xvIII que con mayor frecuencia se prefieren son el ángulo convexo,
con incisión o caveto fino y, en especial, el ángulo convexo doble, con
junquillo. Perviven, con menor fortuna, los ángulos cóncavos dobles,
y desaparecen definitivamente los demás temas que caracterizan la
carpintería de puertas en el siglo )UIn.
El uso del tablero liso, de ascendencia neoclásica, se generali_
za de 1830 en lo adelante. se encuentran ejemplos de transición en
los que aparecen las volutas encontradas en el tablero largo y formas
rectangulares en el cuarterón. En puertas de cuatro hojas se alternan
tableros con tallas decoraüvos y tableros lisos. Hay otras que combi-
nan las volutas encontradas, situadas en la parte superior del tablero,
con una forma indefinible de "paleta''-, característica de
-especie
las puertas del siglo )oxtemprano. otras, como las de Ia casa de la ca-
lle Gutiérrez núm. 403, esquina a colón, construida avanzado el siglo
xD( tiene puertas de tres tableros verticales, con resaltos rectangula-
res y, en cada uno, motivos diferentes: el superior, con una talla en
forma delazo; el central, liso, y el inferior, con la forma de ,.paleta'.
Al mismo tiempo que se suceden estos encuentros entre for-
mas que declinan con otras que habrían de sustituirlas, durante ese
período transcisional se encuentran numerosas puertas de tablero
largo y cuarterón, con los tableros lisos, como las de Amargura núm.
ll7, Santa Ana núm. 12, Santa Ana núm. 501, 503 y 505. En estos
ejemplos, los tableros se encuentran resaltados como es común a las
puertas del )(vrl, enmarcados por una faja abiselada y contorneados
los marcos con incisiones ajunquilladas. En realidad, ro único nuevo
es la carencia de tallas decorativas. otros casos, como las puertas-
ventanas de SantaAna núm. 5gl, 593, 595 y 597, tienen un corte ova-
PUERTAS 227

lado sobre el tablero rectangular, o se forman con tres tableros lisos,


como en las de Amargura núm. 117, sin relieves por la cara exterior y
con los bordes abiselados por la interior. Esta última puerta ya se en-
cuentra dentro de las formas características de la carpinteúa de
puertas del siglo )(D* el tablero está insertado en la peinacería, al
igual que las del siglo anterior, pero se diferencia en que, entre el ta-
blero liso y la peinacería, se introduce un marco abiselado y moldu-
rado que constituye el principal apoyo decorativo de la puerta. El
cambio al tablero rectangular liso no es sólo un cambio de tema de-
corativo. Es mucho más, es una modificación en la estructura de la
puerta. Las puertas de tablero largo y las de tablero largo y cuarterón
desaparecen al unísono con la declinación del uso de los temas de-
corativos característicos del )ffIII.
La base expresiva de las puertas de tableros del siglo XD(está
dada por la manera de organizarse los tableros, por la riqueza del
molduraje que los recuadra y, en algunas, por la coloración de la ma-
dera, o por las aplicaciones en m¿rrquetería. La manera más frecuen-
te de disponerse los tableros es en forma apaisada, pero son muyva-
riadas las posibles combinaciones. Extraordinario tratamiento de la
madera es el de las puertas de la casa de Desengaño núm. 507, en to-
nos rojizos, amarillos y azules; el de las del Palacio lznaga, con apli-
caciones en forma de concha; el de la casa Borrell, con su corona-
miento en persianas en abanico; o, ñnalmente,las del desaparecido
Palacio de Béquer, con aplicaciones en marquetería y una delicada
estructuración de los moldurajes de los tableros.
En el siglo XD(, se abandonan las puertas "a la española' y se
generalizan las de libro, de varias hojas, colocadas en el enorme va-
no de comunicación entre saleta y galería. Estas puertas de varias ho-
jas tienen antecedentes en la anterior centuria, en aquellas muestras
donde los tableros gemelados contribuían a dar la impresión de
puertas múltiples, y en las que contaron, en efecto, con varias hojas,
que entonces se ensamblaban con goznes y descansaban sobre el
muro. En el XIX, aunque se encuentran ambas soluciones, lo común
es la bisagra, y que la puerta se doble sobre sí misma y se esconda
dentro del vano, a manera de jamba. Son puertas que cuentan, por lo
general, con cuatro o seis hojas de tableros lisos, rehundidos y abise-
Iados, dispuestos en el eje vertical, las más de las veces. Los tableros
acostumbran ir aumentando sus dimensiones, desde la hoja más pe-
228 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

gada a la pared --{on los tableros más reducidos-, hasta las hojas
del centro, con los tableros de mayores proporciones, dando lugar a
un movido juego geométrico que rompe la uniformidad de la super-
ficie de la puerta.
En la mayoría de los casos, la expresividad decorativa de las
puertas del){DC situadas en los accesos correspondientes a sala-apo-
sento, saleta-recámara y saleta-galería, no se agota en sí misma. Su
complemento imprescindible son las pilastras de maderamoldurada
que las guarnecen por sus lados, cuya fina tablilla se continúa por en-
cima del dintel, y se rematan con redondeles moldurados en cada
uno de sus ángulos esquineros (ilus. 135). Las pilastras se apoyan en
bases de madera. Este tipo de guarnición no falta jamás en ninguna

135. Puerta de tablero liso dcl Palacio de Brutrct.


PUERTAS 229

casa de Trinidad, tanto en las que corresponden al siglo XXcomo a


las del XVIII en las que fueron colocadas con posterioridad. Sólo por
excepción los vanos mencionados y, en especial, los de sala-aposen-
to y saleta-recámara, no hacen uso de este recurso decorativo. Hay
además, una vivienda de la calle Alameda núm. 153, esquina a
-la
Real del Iigüstl que utiliza una guarnición "imperio", a modo de en-
tablamento proyectado por sobre el ras de la pared, de perfil en gola
recta. Los modelos de estos elementos pueden haber penetrado en
Cuba por diversas vías. Pero vale destacar los manuales de carpinte-
ría y arquitectura publicados en las primeras décadas del siglo XXen
los Estados Unidos y que es muy probable fueran conocidos en la
época. Entre otros, puede mencionarse el The American Builders
Companion (Boston, 1827) y Practice of Architecture (f$3) porAsher
Benjamin; The Modern Builders Guüe (NewYork, f833) y The Beau-
ties of Modem Architecture (New York 1835), por Minard l.afeverrs
(ilus. 136 y 137).

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gtarnhíones de ma^dera y redondeles, toma-


136. Diseños de puertas de tableros lisos con
dos de Asher Benjamin, Practice ofArchítecture, 1833 (cortesfa de Robert Gamble).
230 TR|NIDAD DE CUBA, pATRlMoNto DE LA HuMAN¡DAD

En esta etapa se
gustó coronar los vanos
con los tan trinitarios
medio puntos de per-
sianas en abanico, tan
usados como cierre de
las a¡cadas de los pa-
tios. La persiana en
abanico vino a sustituir
el medio punto de cris-
tales de colores, de es-
casa presencia en Trini-
dad. Los medio puntos
de persianas aparecen,
también, en arcos
á*rx apuntados y como re-
mate de las alacenas
l?'f+-\'r\
l¿-:i-)E-'r.I=JA.ll empotradas en los mu-
ros diüsorios entre sa-
I37.Dkeñosdepuertasdetablerolisoydcmedio leta y galería, en las
puntos,tomadosdeAsherBenjamin, que,
adámás, se deco_
The American Builders Companion..., 1827
(cortesío de Robert Gambte).
-'^;^-
raron ^:.:::l^-^^
sus hojas con cír-
culos de persianas ra-
diales' Las alacenas se guÍunecen con las típicas pilastras de madera
moldurada y, en ocasiones, el molduraje se continúa alrededor de la
rosca del arco. Hay casos de alacenas rematadas con medio puntos
de cristales de colores, pero son escasos. El gusto por la persianería
fue tan grande que llegaron a fabricarse puertas ae no¡as formadas
por persianas, como se observa en un ejemplar perteneóiente a la ca-
sa de la calle Alameda núm. 153, esquina a Realdel
ligüe, pródiga en
sorpresas decorativas. Las pilastras, de estrías, qu" ha.rquean esta
puerta se coronan con capiteles en forma de flor de loto. Es ésta una
notable y singular muestra.
Finalmente, en los vanos de acceso a las üviendds, fue sustitu-
yéndose el uso de las puertas a la española por las de tableros,
deno-
minadas en esta posición, de cancela. Las españolas se emplearon en
casas tempranas del -llx, o en vanos de grandes proporciones. pero
lo
predominante fue el uso de los tableros lisos, caii siempre apaisados,
PUERTAS 231

con moldurados marcos entre éste y la peinacería. Es frecuente, tam-


bién, en casas del XX, cubrir las jambas con maderos que pueden
imitar casetones. La puerta de acceso de la mencionada casa de Ala-
meda núm. 153, esquina a Real del ligüe, nos depara otra sorpresa:
está formada por cuatro hojas y las del centro se destacan en forma
de pilastras, con sus correspondientes capiteles.t0 Estas puertas de
acceso acostumbran cubrir su cÍüa interior con tablones.
Por la fácil acogida que las puertas brindan a las tendencias del
gusto son un importante lndice de época y una de las expresiones
más logradas de nuestras artes industriales. Apenas consideradas,
son exponentes del esfuerzo no personalizable de un pueblo en su
humana búsqueda de la belleza. Por el trabajo carpintero en puertas
y, por supuesto, en techos, alcanzaron nuestros artesanos renombre,
dando origen a una ttadición de la que arln encontramos huella en
nuestros días.

NOTAS

Se denomina puert4 tanto al "...Vano de forma regular abierto en la pared,


cerca o verja, desde el suelo hasta la altura conveniente, para entrar y salir [...] "
como a la "..á¡mazón de madera, hierro y otra materia que, engoznada o
puesta en el quicio, y asegurada por el otro lado con llave, cerrojo u otro ins-
trumento sirve para impedir la entrada y salida [...1". Para evita¡ confusiones,
se ha preferido entender por puerta la segunda acepción, distinguiéndola del
vano propiamente dicho o hueco donde se inserta.
Yéase Enciclopedi¿ universal ilwtrada europeo-arnerica¡w, t. )flXIII, p. 288.
Los únicos trabajos que tratan sobre puertas son el mencionado libro de Prat
Puig, El preboroco en Cuba. Urn escuela crblla de arquitectura rnorisca, don-
de se estudian las muestras tempranas y las Tesis de Diploma de Liüa Martín
evolución de la arquitectu¡a trinita¡ia: el siglo )WIII" (inédito)- y la de
-"I¿
Carmen Marcelo, "Estudios de puertas y ventanas trinita¡ias", publicada en la
revista lsl¿s, nr1m.50, pp.23-106. En realidad, los resultados que incluimos en
este capítulo se derivan del estudio de campo y de la investigación documen-
tal de las viviendas consideradas üpos, lo que nos ha permitido ñjar con exac'
titud aproximada la cronologfa de las puertas y determinar su proceso de evo-
lución. Para wita¡ llamadas innecesarias, relacionaremos a continuación las
viviendas documentadas y la nota donde se registra la información que les
concierne: l) Casa de la calleAlameda núm. l7B, esquina a Cristo: nota 12, ca-
píhrlo 2; 2) Casa de la calle Alameda núm. 2l3y 2ls,llamada de Segarte: nota
232 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HuMANIDAD

59,capitulo 2; 3) Casa de la calle Alameda núm. 69, llamada de Gui¡aud: nota


65, capítulo 2;4) Casa de la calle Alameda núm. 153, esquina a Real del Jigüe:
nota 14, capÍtulo4; 5) Casa de lacalleAmarguranúm.20,22y26,esquina a San
Patricio: nota 7, capítulo 2; 6) Casa de la calle Amargura núm. 72, nota 13, ca_
pítulo 4; 7) Casa de la calle Amargura núm. 95, nota 55 capítulo 3; g) Casa de la
calle Amargura nt1m. 70, esquina a Boca: nota 51, capítulo 3; g) Casa de la ca_
lle Cristo nr1m. 34, esquina a Rosario, llamada de ,,Los Conspiradores": nota 46,
capítulo 2; l0) Casa de la calle Cristo núm. 33, 35 y 37, de la familia Muñoz y
donde se hospedara el Ba¡ón de Humboldt: nota 46, capítulo 2; I l) Casa de la
calle Cristo s.n., esquina a Desengaño, palacio Brunet: nota 6g, capítulo 2; 12)
Casa de la calle Cristo s.n., entre Cañada yAlameda, nota 30, capítulo 3; 13) Ca-
sa de la calle Desengaño núm. 522, esquina aAmargura, llamada del "Domini-
cano": nota 11, capítulo 2; 14) Casade la calle Desengaño núm. 5lg: nota 51,
capítulo 2; 15) Casa de la calle Desengaño núm 60, esquina a peña, palacio de
Cantero: nota 67, capftulo 2; 16) Casa de la calle Desengaño núm. 416, entre
Rosario y Media Luna, palacio lznaga: nota 70, capítulo 2; 17) Casade la calle
Desengaño núm. 457, esquina a Real del Jigüe, llamada de padrón: nota 57, ca_
pítulo 2; 18) casa de la calle Desengaño núm. 502, llamada de Malibrán: nota
72, capíndo 2; l9) Casa de la calle Gloria nrim. l2g, nota 44, capítulo 3; 2O) Ca_
sa de la calle Gloria núm. 5, llamada de Lleonci, nota 20, capínrlo 6; 2l) Casa
de la calle Gutiérrez núm. 363, esquina a portugués, llamada de Malibrán y,
también, de Schmidt nota 66, capítulo 2;22) Casade la calle Guüérrez núm.
403, esquina a Colón, nota 73, capítulo 2;2J) C.asa de la calle Real del ligiie
núm. 90, llamada de los Pablos: nota 4, capÍtul o 2;24) Casa de la calle Real del
ligüe núm. 93, llamada de Iosé Aniceto Iznaga: nota 5, capítu] o 2; 25) Casa de
la calle Real del Iigiie s.n., esquina a San José: nota S, capftul o 2;26) Casa de la
calle Real del figüe núm. 54, llamada de pÍo Femández de l¿ra: nota 6, capítu-
lo 2;27) Casa desaparecida de la calle Real del ligiie esquina a San fosé, cono-
cida como la delVínculo de Osorio: nota 10, capÍtulo 2;2g) Casa desaparecida
de la calle Real del Iigüe, llamada Palacio de Béquer, nota 59, capltulo 3; 29) Ca-
sa de la calle Real del ligüe núm. l: nota 49, capítulo 2; 30) Casa de la calle Real
del ligüe nrim. 75, esquina a Guaurabo; nota 50, capÍtulo 2;31) Casa de la calle
Real del figüe núm. 33: nota 62, capítulo 2;32) Casa de la calle Real del ligüe
núm. 43, esquina a Desengaño, llamada de Ortiz: nota 6g, capírulo 2;33) Casa
de la calle Ripalda s.n., entre Real del Jigüe y Cristo, llamada de las Sánchez Iz-
naga: nota 13, capítulo 2; 34) Casa de la calle Rosario s.n., llamada de los Fe¡_
nández de lara: nota 11, capítulo 2;35) Casa de la calle Rosario núm. 406, es-
quina a Media Luna, llamada de Orizondo: nota 64, capítulo 2; 36) Casa de la
calle San Iosé nitm.274, esquina aAmargura: nota B, capíhrlo 2; 37) Casa de la
calle San José núm. 251, 25Ey 252, esquina a Real del figüe, llamada de Martín
Altunaga: nota 14, capítulo 2; 38) Casa de la calle San José n úm.263, 262 y 269:
nota 15, capítulo 2; 39) Casa de la calle San José núm.27I,2Z3y27í,esquina a
PUERTAS
233

Amargura: notas 37 y 38, capítulo 2; ,()) Ingenio Magua, nota 34, capítulo 3; 4l)
Ingenio Manacas-Iznaga, nota 35, capltulo 3; 42) Ingenio Monserrate deAlga-
ba, nota 37, capltulo 3; 43) Ingenio Delicias, nota 38, capítulo 3; rM) Ingenio
Guáimaro, nota 36, capítulo 3;45) Ingenio BuenaVista, nota 33, capítulo 3.
Francisco Prat Puig El prebanoco en Cuba...,p.206.
las dimensiones de los vanos de comunicación de las viviendas se mantuvo
dentro de parámetros más o menos estables. l¿s medidas recomendadas por
el famoso ingeniero francés Carlos Francisco Mandar (U57-1845), reflejan la
normapromedio:

Puertrs de dos hojas


Ancho 1,3O m 1,46 m 1,62 m
Alto 2,27 m 2,60 m 2,92 m

Puertas dc una hoja


Ancho 0,73 m O,81 m O,89 m
Alto 1,95 m 2.27 m 2,14 m

Yéase Enciclapedia uniuersal ilustrada europeo-americana, op. cit., p.292


Véase Ca¡men Marcelo, op. cit., p.23.
En ciudades del Occidente y Centro del país, en edificios del siglo XDl, se ha re-
gistrado otro tipo de puerta, llamada en los documentos "puertas de tableros
a la capuchina''. Estas puertas presentan la armazón de un modo similar a las
puertas'a la española', pero cuentan con tableros clavados a dicha armazón
del tipo y disposición de los comunes en las puertas de tableros. Es una puer-
ta que toma de un tipo y de otro y su diseño es francamente neoclásico.
El tipo de pivotes descrito es privativo de los edificios tempranos. Sin embar-
go, en ciudades constructiv.rmente consolidadas en el siglo XX, como Matan-
zas, por ejemplo, se encuentra una estructura de ensamble de la puerta al va-
no qué pudiérase considerar como una versión decimonónica de los pivotes
tradicionales. Las puefas, de considerable altura, no cuentan con marcos y se
encuentran empotradas al vano a través de grandes bisagras que se clavan en
el propio muro. Abajo y arriba, una estrucnua metálica adosada a la madera,
hace las veces de la espiga, que se inserta en los respectivos huecos en el din-
tel y el umbral. En otros casos, del larguero de la puerta nace la espiga, como
es usual en las puertas antiguas.
Francisco Prat Puig, op. cit., p.zt8..
En I¿ Habána se encuentran casas antiguas con las puertas de cuarterones al
exterior, como por ejemplo, en las de Ia calle Obispo nrim. I l7 y I 19 y en la Te-
niente Rey esquina aAguiar. Ambas son cas.rs de dos plantas y las puertas se
encuenüan en el piso alto. Sin embargo, en Cartagena de Indias hemos üsto
puertas de cuarterones muy similares a las cubanas, en las ventanas exteriores
de casas de una sola planta. Es de suponer que, en cub4 se usaron en esta po-
sición, pero no ha llegado a nuestros días ningún ejemplo.
234

l0 Se conoce como ca¡telas, propiamente, a ciertos


...encuadramíentos recortados en formas caprichosas, y tiras que se entrel"azan
corno cofteas. Seusaronmucho durante el Renacimiento posterioi paraacudos
de armas, nblillns con inscripciona, etc. [...]. Se utiliza muy a menudo, no ya co-
mo uerdad,ero encuad.ramíento, sino con fines meramente decoratiuos; por eso,
los espatios que se han de encuad.rar y cuyas formas son en ex,tremo díuersas,
quedan uacíos. La cartela tiene aplicación en arquitectura, en ebanisterla [...]
Como forma decorativa, despojada de sus atributos originales es como apÍue-
ce en las puertas de Tfinidad.
Véase E S. Meyer, Manual de omamentación,p.699.
Este tablero lo localizamos en un vano modificado, de acceso lateral Por su as-
pecto y características es probable que formara parte de una puerta de venta-
nas o, menos probable, interiof de esta casa o de otra. Por la importancia de la
muestra y por haber sido cambiada de su lugar originat, el tablero se trasladó
a las salas del Museo de Arquitectura.
L2 l¿ denominación de volutas encontradas y alas de mariposa es convencional.
Lilia Martín denomina cuernos encontrados al motivo que hemos preferido
identificar bajo la denominación de volutas encontradas.
l3 Esta casa fue construida muy posiblemente en los primeros años del siglo XDC
En 1796, Iulián Sánchez decla¡a por sus bienes "...1a casa de nrs. morada de
guano y embarros [...] y fabricas interiores en la Calle dela Amargura [...]". A
mediados del XD(, un hijo del anterior, Iuan Sánchez, hipoteca la casa de su
propiedad de "mampostería y tejas".
Véase A.H.T. Protocolos de ]osé Ma¡iano de Piedra, escritura del 30 de marzo
de 1796; Protocolos de Iuan Matamoros, escritura del 18 de agosto de 1823;
Protocolos de Manuel Aparicio, escritura del 3 de agosto de 1850; Registro de
la Propiedad, tomo 12, f. 86.
t4 En 1835 ya estaba construida esta casa, segln puede inferirse de la venta que
hace Ped¡o de la Torre a And¡és Entenza de "...una casa de mamposteria y teja
cituada en la calle de los Angeles haciendo esquina a Ia de Real del Iigue t...1",
en precio de cinco mil pesos. Ia casa fue remozada por Entenza, quien en
1849, declara: que para redimir el censo de mil pesos que reconocla su hacien-
da de Güinía "...se previno qe el otorgante la reconociera en la de su propiedad
de mamposteria y tejas cituada en la calle dela Alameda [...] linda pr un costa-
do con ^asa de Da Franca Salabania pr el otro con la calle real del Iigue y pr el
fondo con callejon de la cañada [...] la cual ha aumentado en fabricÍrs que me-
jorandola en termino de haber asendido su tasacion [...] a la cantidad de doce
mil novecientos cu.renta pesos [...]". La casa pasa con posterioridad a Iosé Ni-
colás Borrell y Villafaña.
Véase A.H.T. Protocolos de Ioaqufn Orizondo, escrituras del 10 de ocnlbre de
1835, del 29 de noviembre de 1849 y del 8 de marzo de 1850; Protocolos de Jo-
PUERTAS 235

sé María Fernández de Cueto, escritura del 30 de marzo de 1870; Registro de la


Propiedad, tomo 16, f. 89.
Las referencias bibliográñcas que se señalan las debemos a la gentileza del Sr.
Robert Gamble, quien en visita aTfinidad pudo apreciar las características de
las guarniciones de las puertas de la ciudad y otros elementos de filiación neo-
clásica. Posteriormente, el Sr. Gamble nos hizo llegar reproducciones de los li-
bros mencionados donde puede comprobarse la semeianza entre los prototi-
pos incluidos y las realizaciones trinitarias.
l6 Ese tipo de puertas, bastantes similares, por su estructura, a las llamadas "a la
capuchina', con pilastras resaltadas en los tableros son muy frecuentes en la
ciudad de Santa Cla¡a, donde se observan innumerables versiones con ador-
nos en forma de pilastras.
Véase Roberto López Machad o, Euolución de la arquitectura dombtica de San'
ta Clara dade su fundatión hasta 1950, Tesis presentada en opción al Grado
Científico de Doctor en Ciencias Técnicas, Universidad Cenual de las Villas'
1992.
CapíruIo 5
TECHOS

Elemento definidor por excelencia de la arquitectura colonial,


las techumbres de madera son herederas de una antigua experiencia
constructiva que trasladan aAmérica los españoles, y que, en Cuba,
se integra plenamente a los modos constructivos locales. Concebi-
dos los edificios como si fueran "cajas con sus tapas", nuestros techos
cubren espacios rectangulares o cuadrados, y revelan una alta efica-
cia que resulta¡á útil a lo largo de los siglos coloniales y trasciende a
la casa popular del siglo )O(.
Los techos de las casas coloniales son planos o inclinados. Am-
bas formas coexisten desde los inicios del desarrollo constructivo de
la Isla, advirtiéndose una preferencia por un tipo u otro, según el es-
pacio a cubrir, yen relación con la época de fabricación de las üüen-
das. En las casas de una sola planta, o en el piso superior de las de
dos, lo frecuente es el uso de armaduras de varios faldones como cu-
bierta del espacio conformado por las crujías, o, al menos, por el de
la crujía paralela a la calle. El martillo perpendicular es, por lo co-
mún, de un solo plano inclinado o de colgadizo.Lasegunda crujía y
las galerías casi siempre se techan con colgadizos.
En las casas trinitarias de la primera mitad del siglo X\4III, ya se
advierten las soluciones de cubiertas que serán típicas a la localidad.
La variante conformada por una crujía paralela a la calle con galería
adosada a la misma, y martillo en el eje perpendicular, cuenta con te-
chos de dos, tres o cuatro faldones en la primera crujía, y de colgadi-
zo en galeúas y martillos. Por excepción, en la parte que aún existe de
la casa de la calle Real del Jigüe núm. 90, el martillo está cubierto por
un techo de dos aguas. la segundavariante, definida por dos crujías
paralelas entre sí, tiene la primera con techo de varios faldones, y la
segunda con colgadizo que descansa sobre el muro de cierre.
238 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

En la segunda mitad del siglo )(Vil(, se mantienen sin variar los


modos de cubrir los espacios. Pero a ñnales del siglo aparece una in-
novación que es el uso de techos planos. En el siglo XX, los techos
planos, llamados de azotea, tuvieron una relativa aceptación y en nu-
merosas viviendas ocupan el espacio correspondiente a la primera
crujía. Lo más frecuente, no obstante, fue mantener los secula¡es te-
chos de madera en la primera crujía y techar con azoteas la segunda
crujía. Galerías y martillos utilizaron colgadizos o azoteas, indistinta-
mente.
Cabe destacar que Trinidad se distingue por la calidad de sus
techos. Es raro encontrar techos de rollizos o de vigas simplemente
escuadradas, como es frecuente en otras importantes ciudades como
Camagüey o Santiago de Cuba. Aún en casas de embarrado, los techos
fueron tratados con gran esmero. Son, pues, las tecbumbres de esta
ciudad, un convincente muestrario del dominio alcanzado por los
constructores criollos en el ejercicio de un arte de antiSua sabiduúa.

5.1. Techos de vertientes

5.1.1. Fuentes y antecedentes

De España nos llegó una secular tradición constructiva de


compleja definición.Iunto a la existencia de un arte erudito u oficial
se desarrollaba: "...un arte popular que adquiere una importancia ca-
davezmayor en el ambiente hispánico y que será el portador de las
idiosincrasias colectivas frente al arte oficial, por su parte agente de
arquetipos extraibéricos [...]",1 dualidad surgida en el proceso forma-
tivo de la nación, estremecido durante largos siglos por la lucha entre
árabes y cristianos.
La existencia de dos culturas distintas, correspondientes a ca-
da uno de los pueblos que se disputaban el territorio peninsular, pro-
vocó el establecimiento de dos focos de inadiación artística, después
de la caída del califato de córdoba en los primeros años del siglo XIz
uno, el de los hispanomusulmanes, creado enAndalucía sobre laba-
se de aportaciones orientales; otro, occidental de importación, llega-
do a España desde los países vecinos. La mezcla y yuxtaposición de
las formas artísticas creadas por ambos, su flujo y reflujo dio al arte
de la Edad Media española originalidad y acento extraordinarios.3 [.a
influencia artística del foco islámico iúa creciendo con el progreso de
la Reconquista.4 La conviviencia de cristianos y moros sometidos, o
mudéjares, dejaúa honda huella en el arte español, hasta el punto de
ser reconocido el arte mudéjar como "...e1 arte indígena de España
hasta fecha avanzada del Renacimiento [...]",5 no comprendiendo tan
sólo el arte de los musulmanes sometidos, sino todas las manifesta-
ciones artísticas en que aparecen huellas islámicas.
Los mudéjares poseían fórmulas constructivas de gran belleza,
funcionalidad y escaso costo, por lo que al construirse nuevos edifi-
cios en los territorios conquistados se recurrla a la mano de obra ba-
rata y excelente de los albañiles de la morería. "El moro emplea la
mamposterla, el ladrillo, la tapia de tierra apisonada, los techos de
madera, elementos que se encuentran en todas partes y con los cua-
les era capazde levantar edificios amplios y vistosos [.'.]"'6 El mude-
jarismo a,rtlsüco español se nutrió del foco granadino hasta el fin de
ia Reconquista. En Granada se reconcentraron las manifestaciones
más selecias del arte hispanomusulmán, desde los últimos años del
siglo )fllhasta la segunda mitad del siglo )fltz sin embargo, la carpin-
tería mudéjar Uiunfó en toda España desde el siglo )II por su gran
belleza y superior estructura a la del arte cristiano y adquiere perfec-
ción extraordinaria en los siglos )fvy )tv,baio el imperio político de
Granada.T Ttadición que se traslada a América y aTcarrza, en algunas
naciones como en Cuba notable importancia. Son, pues, nuestros
techos, la evidencia más diáfana de la deuda de la arquitectura cuba-
na con la tradición constructiva española de ñliación mudéjar'
La conquista de Granada, enl492, cortó la fuente que alimen-
taba el mudejarismo que, en lo adelante, hubo de desarrollarse sin
otra renovación que la ofrecida por el arte cristiano. Los artesanos
moriscos fueron poco a poco asimilándose a los cristianos viejos, en
las ciudades más importantes, y después del decreto de conversión
forzosa sigUieron trabajando, pero con nombres cristianos.s I¿ ex-
pulsión, dispuesta por Felipe III en 1609-1614, apenas afectó el pro-
ceso de asimilación, pües, para entonces, los artesanos moriscos se
encontraban mezclados con los crisüanos.s Sin embargo, con la me-
dida concluyó la historia del arte islámico en España, no obstante su
supervivencia en la arquitectura doméstica meridional españolay en
los techos de muchas iglesias andaluzas.
240 TR|NIDAD DE CUBA, pATRtMoNto DE t-A HUMANIDAD

Ia certidumbre del vÍnculo entre el mudejarismo español y la


arquitecnrra cubana ha provocado la inquietud por sabef si fueron
moriscos los primeros constructores que trabajaron en cuba. A pesar
de la imprecisión de las fuentes, se considera que el número de me-
nestrales que pasaron al Nuevo Mundo fue considerable. para pasar
a América era necesario presentar una licencia o permiso expedido
por Ia casa de contratación de seülla, relación que tto se ha óonser-
vado completa ni tampoco es muy e¡plícita. poiotra parte, debe te-
nerse en cuenta el numeroso embarque ilícito, no registrado. pero es-
tá probado que, desde los primeros momentos de lacolonización de
América, se dictaron disposiciones que facilitaron la emigración a In-
dias.to Ia inicial escacez de mano de obra se trató de aliviar por me-
dio de disposiciones ventajosas que estimularon la emigracién hacia
La Española, San luan de puerto Rico, cuba y Iamaica. En l51I se dis-
pone que "...de aqui adelante no aprieten la gente que para alla qui-
siere pasar, como hasta aqui lo han fecho, que antes disimulen lo que
buenamente se pueda disimular, y que procuren que vaya todalas
mas gente que pueda de trabajo [...]".tt

- Sin embargo, dentro de las "qualquier', personas autorizadas y


dentro de lo comprendido por disimulable, no se consideraban a los
moriscos ni a sus descendientes. l,as prohibiciones en este sentido
fueron terminantes, desde el principio. El 14 de febrero de l5l0 se ve-
taba el embarque hacia Amércia de los no cristianos "...como cosa
tanto que ynporta aI seruicio de dios e nuestro de manera que no pa_
se ninguno contra lo que tenemos mandado [...]".t, El 15 de junio del
propio año, se reitera la prohibición: " ...En lo que toca de los conver-
sos es nuestra [...] voluntad que ningund irreconciliado ni hijo ni nie-
to de condenado no pueda pasar ni estar en esas dichas yndias [...]':13
Al año siguiente se vuelve sobre lo mismo, por si quedaran dudas.
Thnta preocupación trasluce a las claras la insuficiencia de la
Corona pues, de una u otra forma, los moriscos lograban pasar a
América. En t^a Española se da razínde ello en 1545: "...esclavos y es-
clavas berberiscos que en esta ciudad se han hallado, unas cien pie-
zas de ellos [...] y los que son person¿rs libres [...] son oficiales albañi-
les y carpinteros [...]".14 En México, Manuel Toussaint sostiene que
"...entre los conquistadores de la Nueva España [...] pasaron muchos
descendientes de moros ".15 Sobre Cuba, en el siglo XIZIl-poco des-
pués de haber sido erpulsados los moriscos de España-, se expresa
TEcHos 241

que en la ciudad de La Habana "...hay riesgo de concurso de herejes,


y algunos descendientes de moriscos y confesos muchos, por acudir
a ella todas las flotas y armadas [...]".tu Ni las prohibiciones, ni los de-
cretos de expulsión de los moriscos de tierras americanas pudieron
impedir su presencia en nuestras tierras.lT
Sin embargo, la influencia del mudejarismo en la arquitecura
criolla temprana no puede, en rigor, ser explicada tan sólo por el he-
cho de que constructores moriscos o descendientes de ellos se radi-
caran en Cuba. El arraigo de la tradición constructiva hispanomusul-
mana en nuestra Isla hace pens¿rr en un fenómeno mucho más am-
plio, relacionado con el proceso de transculturación de las formas del
arte árabe y el cristiano, de que ya hemos hecho mención. No se tra-
taba, por tanto, de un intento deliberado de tomar por modelo las
construcciones moriscas, sino del resultado afirma loaquín
Weiss- de la supervivencia de estas formas en -como
la arquitectura popu-
lar, en la que se habían formado los constructores y artesanos emi-
grados aAmérica, procedentes-en gran número- del sury del cen-
tro de España.

5.1.2. Estructura de los techos de par y nudilla

El tipo de techumbre mudéjar o morisca por excelencia es el


llamado de par y nudillo, compuesto por las alfardas o p¿ues
deros escuadrados-, que forman la armazón de los faldones o-ma- paño
inclinado del techo, interceptadas las alfardas a los dos tercios de su
altura por piezas horizontales que reciben el nombre de nudillos, y
que sosüenen el harneruelo o almizate, pieza horizontal característi-
ca de este üpo de techo.ls
En Cuba, a juzgar por algunos testimonios documentales so-
bre construcciones del siglo ){VI, este tipo de techumbre, u otra de
parecida estructura, ya era utilizada desde tan temprana época. En
una escritura referente a la construcción de una vivienda de La Ha-
bana, en 1579, se expresa: "...se obligo t...1 de acabar dicho quarto de
casa [...] y la cubrir de teja y poner a su costa la madera que fuere me-
nester para el armadura, la qual á de ser labrada a escuadra y codal
[...] proxiga su moxenete hasta cerrar con el cavallete y tejado [...]."rs
242 TRINTDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

En casas tan antiguas como las de la calle Estrada Palma núm.


612 esquina a Aguilera, en Santiago de Cuba (ilus. 138), y en la de
Obispo núm. l17 y 119, en La Habana, se aprecian cubiertas las cru-
jías de la planta alta con armaduras con ha¡neruelos. En lo estructu-
ral, ambos techos se encuentran montados sobre soleras o grandes
vigas colocadas encima del muro que perimetra el espacio a techar,

138. Techo de Estrada Paltru aquina a Aguilera, Santiago d.e Cuba.

en función de apoyos de las alfardas o ügas escuadradas, dispuestas


de manera inclinada. La techumbre se tranca por medio de tirantes
simples o dobles, a¡rdados en los ángulos esquineros porlos cuadra-
les o maderos de enlace diagonal, de manera que, como afirma Prat
Puig, los "...empujes tangenciales que sobre las soleras de base ejerce
la alfardería son contrarrestados por los tirantes y cuadrales y gtacias
a ellos todo el alfarje gravita como un peso vertical sobre la solera que
descansa encima de los muros en función de arquitrabe. [...1."20 Los
faldones descansan sobre el estribado o friso o doble-, de-
-simple
limitado por molduras en forma piramidal, o, más frecuentemente,
TECHOS

en billetes o en cuarto de bocel. Los tirantes y cuadrales se apoyan en


canes y, por lo general, los tirantes pareados se realzan con lazos que,
en algunos ejemplares, también cubren el harneruelo. Pero desde
muy temprano fue frecuente eliminar el harneruelo, continuándose
la alfardeúa hasta topar con una viga central o cumbrera. Es de des-
tacar que, desde los inicios, los techos cubanos presentaron diferen-
cias en comparación con los de la Península. En primer lugar y, sobre
todo, los techos españoles se caracterizan por el uso de la doble lima
en los ángulos esquineros de los faldones, la llamada lima mahomar,
compuesta por sendas alfardas dispuestas en los bordes (ilus' 139).
En Cuba, la lima consiste es una sola pieza, situada en el ángulo die-
dro formado por los faldones.2l Los únicos casos conocidos con do-
ble lima son el de la Parroquial Mayor de Guanabacoa y el de la men-
cionada casa de la calle Obispo núm' 117 y l19. En segundo lugar, co-
mo bien ha indicado Ioaquín Weiss, los techos cubanos suprimen
con frecuencia "...los faldones esquineros o achaflanados, mante-
niendo el ángulo recto, con un sólo cuadral o tirante diagonal' 1...1".22

(togJ,nu

Arrocabe,
139. Estructura de un techo de par y nudillo,
nmado de losé Rafols, Techumbres y artesonados espaítoles.
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

Weiss ha señalado que los techos criollos abusan de los canes


que, simples o dobles, recorren a tramos el estribado y considera que
estos canes "...tienen simplemente una función decorativa: la de es-
tablecer un ritmo a lo largo del estribado, conjugando con las zapatas
funcionales".23 En realidad, los canes de las techumbres primitivas
tienen, por lo común, una naturaleza funcional. Como afirma prat
Puig, "...es seguro que los canes inferiores de los alfarjes de doble fri-
so sirven de soporte de la solera funcional del friso superior en los es-
pacios intermedios entre los tirantes y cuadrales. [...]" y, los superio-
res, "...sirven para clavar en los mismos las cabezas de los empates de
las soleras adaptadas a un rebajo hecho en su cara superior ¡...¡".2a Sin
embargo, en la medida en que desaparecen los dobles frisos, y los te-
chos fueron simplificando su estructura, se utilizaron con mayor fre-
cuencia canes simples, de naturaleza puramente decorativa.
[.a construcción de un techo de armadura se realizaba siguien-
do pasos preüamente establecidos; primero, se colocaban alfardas a
intervalos determinados en los lados mayores, la primera de cada la-
do situada a una distancia de los extremos igual a la mitad de los la-
dos menores. l¿s caras de los remates superiores de las alfardas se
cortan en esüaje, de modo que las de un lado y otro coincidan. Si cul-
minan en una viga cumbrera central, las alfardas quedan unidas a és-
ta en la parte superior, y en la inferior se clavan a la solera. Después
se situaba una alfarda al centro de cada uno de los lados menores,
unidas por su parte superior al vértice de las colocadas en los lados
mayores. Se ponían, entonces, las limas, desde el ángulo esquinero
de cada uno de los cuatro lados, apoyada en los canes, hasta unirse
con la intersección de las alfardas de los lados mayores y las situadas
al centro del lado menor. Por último, se rellenaba el espacio existen-
te entre la primera alfarda de cada lado mayor y la lima, y entre ésta
y la alfarda central de los lados menores, con vigas del tamaño con-
veniente. Si el techo contaba con harneruelo se colocaban los nudi-
llos a la distancia determinada de la longitud de las alfardas. Sobre
esta estructura se colocaba la tablazón, cuyo ancho determinaba la
distancia que debía existir entre cada uno de los rebajos practicados
en las caras internas de las alfardas, con el fin de introducir las tabli-
tas o tapajuntas que ocultaban la unión de las tablas.2s Se podían, en-
tonces, colocar las tejas sobre la armazón así construida.
TEcHos 245

Esta tradición constructiva se generalizó en toda la Isla, tanto


en las constmcciones religiosas como en las domésticas, contribu-
yendo a subrayar la unidad formal de la arquitectura cubana colonial.

5. 1.3. Techos triniturtos

Los techos trinitarios son exponentes avanzados, ilustrativos


del proceso transformador experimentado por las techumbres cuba-
nas en los siglos ){VIIIy JOX. Los que cubren las casas de la primera
mitad del siglo XI41f üenen una cierta pureza, como es el caso del al-
farje de la casa de la calle Rosario s.n., tal vez el más notable de la ciu-
dad y un importante ejemplo para la historia de la carpintería cons-
tructiva cubana. Cubre el espacio destinado a sala y aposento, mon-
tado sobre doble estribado con molduras soleras y solerillas abilleta-
das. Cuenta con un tirante pareado al centro de la sala y un ürante
simple sobre el muro divisorio entre ésta y el aposento. I¡s tirantes
se apoyan sobre canes simples y las limas sobre canes clobles. Tiene
en el estribado canes dobles de perfil en forma de rollo, únicos en la
ciudad.
A esta estirpe pertenece también la armadura de cuatro faldo-
nes de la casa de la calle Amargura núm. 20, 22y 26, esquina a San
Patricio, con doble estribado, molduras soleras y solerillas abilleta-
das alrededor del friso, continuadas en el ürante y repetidas en la ta-
blilla tapacán. Canes dobles funcionales y decorativos reatzan esta
techumbre, cortados en perfil de pico de loro, característico de los te-
chos trinitarios y muy frecuentes en las techumbres cubanas. Los ca-
nes de pico de loro son aquellos que tienen cortes frontales a modo
de gola recta, con un apéndice colgante en la parte superior.
Existen otros ejemplares --+asa de Ripalda s.n., por ejemplo-
, con estribados dobles (ilus. 140), muy semejantes a los dos descri-
tos, situados sobre la primera crujía. El que cubre la parte principal o
sala de la casa de la calle Real delligüe núm. 90 es un ejemplo típico
con los atributos caracterísitcos: doble friso, dobles canes, molduras
soleras y solerillas abilletadas (ilus. 141). En la parte correspondiente
al martillo tiene sólo dos vertientes y se encuentra trabado por seis ti-
rantes simples. Una gruesa moldura solera en billetes destaca el fri-
so, también recorrido en su parte superior por las molduras solerillas
en billetes. Los canes son simples, y decorativos los que recorren el
estribado.26
246 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

del techo de Ripalda


140. Estribado y can
..'s.n., casa de lzrwga,
las Sdnchez
Museo deArquitectura.

141. Techo de la parte principal de la casa d¿ ReaI d.el ligüe núm. 90.
Nótcse que el tírante fiie modiftcado a la manera del siglo )QC
TEcHOS 247

Pero, en general, son escasos los techos con doble estribado en


Trinidad. Lo común es el estribado simple que, siempre que se en-
cuentre acompañado por una moldura solera en billetes, indica que
estamos ante una vivienda construida antes de mediar el siglo XWl.
En todos los casos aparecen cubriendo la primera crujía, y tienen un
tirante pareado al centro del espacio correspondiente a la sala, y uno
o dos tirantes simples sea el caso- sobre los muros diviso-
-según
rios. Los canes, por lo común, son simples y, casi siempre, en pico de
loro, aunque hay algunos los del techo de la casa de la calle
-como
Amargura núm. 69 y 71, esquina a Boca- que se presentan en forma
de gola. Este corte se hace miís frecuente en los techos de la segunda
mitad del siglo )(Vill, pero coexiste con los de pico de loro y hay ca-
sos de la casa de la calle Alameda núm. 178, esquina a Cristo, por
-el
ejemplo- que no cuentan con canes.
En la mayoría de los casos, estas techumbres están formadas
por cuatro faldones, como las de Desengaño núm. 528 y San losé
nitm. 274, y las más de las veces, tienen los lados menores falsos.
Otras, cubren espacios cuadrados y, entonces, los techos se disponen
de modo que las cuatro limas de las esquinas coincidan en un punto
central. En la casa de la calle Boca nrlm. 314, de este.punto de unión
pende una curiosa talla de madera que reproduce la cara de un sáti-
ro, envuelta en hojas de acanto de arremolinado movimiento.2T Esta
extraordinaria muestra, a manera de plafón, está policromada y do-
rada. El techo cuenta con dobles estribados, molduras solera y sole-
rillas abilletadas, canes esquineros y de cuadrales.
Sobre espacios cuadrados ocurre encontrar cubiertas de for-
m¿rs octogonales, como la de la casa de la calle Amargura núm. 48, de
dos plantas. En la superio¡ la primera crujía conforma un espacio
rectangular cubierto por dos armaduras de sección octogonal, sobre
las que descansa el techo funcional, dispuesto a dos vertientes. Co-
mo rareza puede mencionarse el techo octogonal de la planta alta de
la casa de Malibrán núm. 505-, de inspiración tradi-
-Desengaño
cional pero al modo del siglo XX,por su tratamiento de color.28
A mediados del siglo XZIII fueron desapareciendo las moldu-
ras abilletadas en favor de las de en cuarto de bocel, lo que coincide
con la generalización de los estribados simples, en lugar de los do-
bles. En algunas viüendas, como la de la calle San Iosé n(tm.262,267
y269, en la deAlameda núm. 2L3y2L5, en la de Boca núm. 366 o en
248 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

la de San losé núm. 27L,273y275, esquina aAmargura, se mantiene


la presencia de canes decorativos en pico de loro o en gola. pero, con
el decursar de los años, los canes desaparecen y sólo son utilizados
por excepción, como en la casa de la calle Cristo núm.34, esquina a
Rosario, o en la de Amargura núm. 33.
En la medida que transcurre el siglo )(VIil,los techos experi-
mentan un progresivo proceso de simplificación, debido a la pérdida
de los rasgos propios del tipo y al empobrecimiento de los detalles.
Resulta revelador la disminución de las ranuras en las vigas, alfardas
y tapajuntas. Las techumbres de la primera mitad del siglo )(VIIItie-
nen ranuras o estúas dobles en cada una de las caras visibles de las
alfardas. A partir de los mediados de este siglo se aprecian ejempla-
res con ranurado doble en el tirante, pero con una sola ranura en ca-
da borde de las alfardas y tapajuntas. Con posterioridad, alfardas, ti-
rantes y tapajuntas cuentan con una sola ranura en los bordes, sim-
plificación acusada en techos de casas modestas, que se levantan
desprovistos de estribados la solera descubierta-, sin canes y
-con
sin molduras soleras o solerillas.
Los techos hasta aquí mencionados culminan en una viga
cumbrera. En la ciudad eústen sólo dos viviendas con techos rema-
tados con harneruelos y son casa$ construidas avanzado el siglo
)(VIA, entre 1750 y 1780. Ambas cuentan con canes simples, cortados
en gola, aI igual que las molduras soleras. Por lo tardío de su cons-
trucción puede considerarse que estos ejemplares constituyen casos
excepcionales de pervivencia de un uso frecuente en casas de nota-
ble construcción del siglo XZIL Desde el punto de vista estructural, lo
común en Trinidad es el techo de varias vertientes rematado en una
viga cumbrera, tipo que trasciende al siglo XX, despojado de sus atri-
butos decorativos. En dicho siglo, las alfardas pierden el ranurado tí-
pico, sustituido por un corte ajunquillado en cada uno de los bordes;
desaparecen los canes, sólo utilizados por excepción; los cuadrales
disminuyen su longitud; se elimina la tabla que cubren las soleras; la
moldura solera se minimiza y es un pobre saliente en forma de cuar-
to de bocel, cuando no llega a desaparecer del todo. En muestras no-
tables, la moldura solera se acompaña de una cinta superpuesta que,
en yeso o madera, imita ovas o dentículos abilletados, y recorren los
muros en sus remates superiores (ilus. 142). Los tirantes abandonan
los lazos y, en su lugar, se cubren con grandes tablones de madera.
TECHoS

Sin embargo, son los tirantes el único elemento destacado de los te-
chos de madera de las casas del siglo XX.AI centro de los mismos se
coloca un florón en los lados también- de estilizadas pal-
-a veces,
metas, liras o estrellas. Algunos se encuentran enmarcados con una
tablilla moldurada que tiene en las esquinas redondeles muy seme-
jantes a los de las guarniciones de las puertas.

142. Techo de la sala del palacío de knaga.

5.1.4. Las lacerías

El proceso evolutivo de los techos, mas bien circunscrito a los


atributos decorativos que a la estmctura, puede apreciarse con pro-
piedad, en la manera de evolucionar la decoración de los lazos que
destacan los tirantes. Los lazos constituyen el realce decorativo fun-
damental de las techumbres de los siglos XIZIIy XWn. Son aquellas
cintas que se entrelazan unas a otras,2e dando lugar a dibujos geomé-
tricos, y cuyo origen histórico no ha sido bien precisado.30 Se cono-
cen, no obstante, dos formas o tipos de lazos: "...En la lacería clásica
las fajas corren en forma de líneas onduladas, que se cn¡zan alrede-
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

dor de núcleos circulares regularmente dispuestos t...1. El estilo mo-


riscoarábigo prefiere una clase particularísima de lacerías: son carac-
terísticas de ésta la inflexión de las fajas, siempre rectas, en ángulos
de 90 a I35 y la adaptación a una red cuadrada [...]".tt
Los lazos de los techos nuestros se derivan de esta última ma-
nera de entender los trazos, en los que las líneas pueden prolongarse
de manera ininterrumpida, a diferencia de la lacería clásica, en la que
cada elemento geométrico está limitado en sí mismo y su prolonga-
ción se da porla repetición sucesiva del mismo elemento.
El arte de la lacería es una expresión consubstanciada con las
formas creadoras de los musulmanes. Ha sido calificado de geome-
tría decorativa. Al decir de José F. Rafols, los lazos españoles obede-
cen a principios matemáticos inflexibles, pudiendo ser simples o do-
bles. Simples, cuando juega y se desenvuelve a partir de un solo mo-
tivo temático. Doble, cuando cuenta con dos. Interesa, en particular,
la composición de los lazos simples, pues en ellos se inspiran los cu-
banos. Según el citado autor,
Es laza slmpb a4rcl que estáformado pr temas igules unüu mnz sl. Lu centros de los
temos son WnttxlwmóIogos, a declr estón en b mlsmasltttulón conrapecto a los ejes de
slmetrla; de aqul se Mrce brepetklón obllgda de bs terrns en serlrs ltneales, formando
lo que se lbnaun ststemoretbula¡ en eI anl lubródos dlrtcbnes prlncipales correspon-
díentes a los dos tenas m^ próximos a un tercent. [...] en túos bs fiazados las dos dlrec-
triccs prtrcípab son quírnlenta y los paralelogramos se convlerten en rcmbos 1...1 resul-
tando asltaconposlclón con dos ststemas de ejes de slmetrfa perpendbulara entre sf [...]32

la base compositiva del lazo siempre es simétrica, y se origi-


nan infinitas posibilidades en la combinación de las líneas sobre la
base del mismo principio. Los lazos nuestros son muy simples, cons-
treñidos en el espacio disponible entre las dos vigas del tirante. l¿s lí-
neas se definen por medio de listones de madera, de un ancho simi-
lar al de las tapajuntas, adaptados a cortes hechos en las caras inte-
riores de las vigas y de las ligaduras ensambladas entre las mismas.
las ligaduras son los maderos transversales del mismo grosor de las
ügas que las unen a tramos. Por lo común, un tirante cuenta con cua-
tro ligaduras que conforman un espacio cuadrado en el centro, flan-
queado por dos rectángulos, cuyos lados menores corresponden a las
ligaduras. Hay tirantes desproüstos de lacería, con los espacios entre
las vigas y ligaduras vacíos, pero lo característico es la presencia de
los lazos.
TECHOS 25r

La disposición de las ligaduras favorece la concentración de la


decoración en el cuadrado central del tirante. [.a apariencia de los ti-
rantes es muy uniforme, al igual que sus dimensiones, que coincide
con la de la profundidad de la estancia sobre la cual vuela. Como ya
hemos visto en capítulos anteriores,la dimensión en profundidad de
la primera crujía fluctrla entre los cuatro y los seis metros. L^a regula-
ridad de proporciones de los tirantes se lograba con la colocación de
las ligaduras de los extremos a la misma distancia del esnibado que
la existente entre las vigas de los tirantes, aunque, en algunos ejem-
plares, esta distancia es menor.
[¡s lazos que adornan los tirantes de las viviendas trinitarias
del siglo )UIIIy pincipios del XXadoptan las formas siguientes:
. lazos romboidales sobre la base de triángulos
. l¿zos que combinan formas triangulares o romboidales con
formas rectangulares o cuadrangulares
o Iezos estrellados en el centro

a) I¿zos romboidales sobre la base de triángulos

Los lazos romboidales fueron muyfrecuentes en la región cen-


tral de la Isla, lográndose una notable variabilidad de formas a partir
del mismo tema. En algunos, la laceríavuela hacia los lados exterio-
res del tirante; otros, se limitan al espacio existente entre las vigas.
Los primeros, por lo general, corresponden a viviendas construidas
en temprano siglo XIZü. En la casa de la calleAmargura núm. 69 y 71,
esquina a Boca, por ejemplo, el lazo está dispuesto de la siguiente
manera: en cada uno de los lados del cuadrado central se han inser-

143. Tirantc de Arnorgura núm. 69 y 71, aquina a Boca.a


252 TRTNTDAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HuMAN|DAD

tado pequeños triiángulos hacia adentro y hacia afuera, coincidentes


en sus puntos de arranque, por lo que configuran, cada dos, un rom_
bo. Entre todos forman un espacio, al centro del cuadrado, en forma
de aspa. Por la parte exterior de cada uno de los lados de dicho cua-
drado nacen triángulos apoyados en cada esquina. De ra unión visuar
de los cuatro, queda definido un gran rombo. En el centro de las sec-
ciones de viga se colocan también triángulos hacia adentro del tiran-
te y hacia afuera, delimitiándose, a su vez, un espacio aspado. El lazo
así configurado, al igual que todos los existentes en la ciudad, cuenta
con una perfecta simetría bilateral (ilus. 143).
En la casa de la calle Desengaño n(tm. SZ2, esquina a Amargu-
ra, se destaca el cuadrado central con pequeños triángulos situados a
ambos lados de cada sección del cuadrado. pero se le añaden unos
listones en forma puntiaguda en cada una de las esquinas, con lo que
se configura una forma estrellada. En las ligaduras de los extremos se
sitúan pequeños triángulos repetidos hacia ambos lados, que origi-
nan rombos. En las secciones de la viga también se repite este último
motivo, con lo que se crea una forma de aspa con puntas.
El motivo del aspa, de gran arraigo, además de configurarse
por sus contornos, también se origina mediante la colocación de dos
tablillas diagonales, de punta a punta, en el centro del cuadrado. En
la casa de la calle San Iosé nttm.274, esquina a Amargura, las ligadu-
ras colocadas convenientemente conforman espacios cuadrangula-
res. El central tiene pequeños triángulos, hacia adentro y hacia afue-
ra, en la parte correspondiente a las vigas. El de las ligaduras presen-
ta dobles triángulos y, por consiguiente, dobles rombos. El mismo
motivo se repite en las ligaduras de los extremos y en las secciones de
viga se colocan también triángulos volados. En el tirante de la casa de
la calle Real del Iigüe núm. 122 se repite este motivo con la sola dife-
rencia de que el cuadrado central tiene triángulos dobles por todos
sus lados, y las ligaduras de los extremos cuentan tan sólo con triián-
gulos dobles hacia el interior de los rectángulos. Otros tirantes, como
el de la casa de Alameda núm. 178, muy semejante a los de Desenga-
ño núm. 522 y Real del Iigüe n(tm. L22, se diferencian por la no super-
posición de triángulos, utilizándose sólo triángulos simples, con lo
que el efecto se modifica (ilus. 144).
El mismo tema se presenta en tirantes que no vuelan por enci-
ma de las vigas. En el de la casa de la calleAmargura núm. 20,22y26,
TEcHos 253

E3XÑ 144. nrante de Alameda núm. 178, esquina a Cristo.a

esquina a San Patricio, tiene triángulos dobles a ambos lados de las


ligaduras y triángulos simples en los lados de las vigas. Otros, muy
simples, como el de Boca núm. 366, o el de Encarnación núm. 54, só-
lo presentan triángulos simples en uno de los lados de las ligaduras y
vigas (ilus. 145). Otros, se enriquecen repitiendo el motivo de los
triángulos dobles en cada uno de los lados de las ligaduras y ügas, en
las secciones formadas en un tirante que cuenta con seis ligaduras,
en lugar de las cuatro usuales, como es el caso del tirante de la casa
de la calle San Iosé núm.271,273 y 275, esquina a Amargura. Idénti-
co lazo se compone en el tirante de la casa de la calle Real del Iigüe
núm. ll1, lt3 y 115, con la diferencia de que, en éste, sólo existen
cuatro ligaduras y, por tanto, un solo espacio cuadrado central y dos
rectangulares a los lados.

145. nrante de Boca num.366.

Este tipo de lazo sobre la base de triángulos fue muy frecuente


en los tirantes de las construcciones primitivas, del siglo )(vII, como
la iglesia del BuenViaje de La Habana, el convento de Santa Clara y
otros, tipo que pervive en las construcciones de la primera mitad del
siglo )(VIII, no sólo en Tlinidad, sino también en otras partes de la Is-
la. Baste el ejemplo de la casa habanera de Luis Chacón construida
baciaL720. Los trinitarios, en general, son muy semejantes a los ha-
254 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

baneros, con la diferencia de que las tallas en la madera, frecuentes


en [a Habana, son excepcionales en Trinidad. Pero, en cuanto a los
lazos, éstos se forman con tablillas siempre menores en tamaño que
las vigas del tirante, al igual que los habaneros, y, se diferencian de
otros, como los de la iglesia de la Soledad de Camagüey, con lazos cie-
gos, (tan frecuentes, por otra parte, en los monumentos ciüles y reli-
giosos de Santiago de Cuba), o como los de la parroquial de Reme-
dios, compuestos por piezas que tienen el mismo grosor de las vigas'
En la segunda mitad del siglo )Ulil,los lazos romboidales o
triangulares se mantienen, pero comienza a insinuarse la tendencia,
muy acusada en el último tercio del siglo, de llenar todo el espacio
disponible entre las ügas ylas ligaduras con lazos que van perdiendo
su sentido original, convirtiéndose en elementos puramente decora-
tivos, despojados de la esencial infinitud de los trazos caracterísücos
de las lacerías de ñliación morisca. En el tirante de la casa de la calle
Cristo núm. 33, 35y 37,los rombos se forman por la superposición de
tres triángulos en cada lado de la ligadura, tupiendo la trama del mo-
tivo (ilus. 146). En el de la casa de Media Luna núm. 15, esquina a Gal-
dós, la prolongación de cada uno de los triángulos conforman aspas
o crucetas, dando lugar a un motivo continuo de rombos, cortados a

wffiK 146. Tirante de Cristo núm. 33, 35 y 37.

147. Tirante de Media Lu¡n núm. 15,


TEcHOS 255

su vez por una cruceta formada por la unión de los puntos medios de
las aspas principales (ilus. 147). El tirante de la sala de la casa de Ala-
meda núm. 219 y 223lleva a sus últimas consecuencias la composi-
ción sobre la base de rombos repetidos, que cubren la superficie del
tirante, teniendo lugar un motivo cercano a una celosía. En casas de
principios del siglo XIX como la de la calle Real del Iigüe núm. 33, se
construyeron tirantes, cuyo centro cuenta con dos tablillas cruzadas
diagonalmente y, en cada una de las esquinas, se inserta un motivo
en forma de lanza, muy del gusto de las lacerías tardías.

b) Lazos que combinan formas triangulares o romboidales con for-


mas rectangulares o cuadrangulares

No siempre las laceúas se desarrollaron a partir de elementos


triangulares. También lograron bellas combinaciones con trazos rec-
tangulares o cuadrangulares. El tirante de la casa de Rosario s.n. es
un venerable ejemplar de este modo de comprender las lacerías. Es-
te tirante de excepcionales dimensiones aproúmadamente,
-tiene,
1,00 m de ancho por 5,50 m de profundidad- cuenta con seis liga-
duras que, a diferencia de los ejemplares hasta aquí analizados, con-
forman tres grandes cuadrados, entre los que se ha dejado un espa-

148. Tirante de Rosario s.n.


256 TRINIDAD DE CUBA, PATRI}IoNIo DE LA HUMANIDAD

cio rectangular. En cada cuadro, los lazos se componen por la repeti-


ción en series de elementos rectangulares en los cuadroJde los extre-
mos, cuadrados en el central, dispuestos de modo concéntrico los de
los cuadros de los extremos, con un dinamismo interno sorprenden-
te, obligando a la vista a girar segrin la voluntad del realizador, en
contraste con la estaticidad de la composición del cuadro central. l,a-
zos triangulares en cada centro de los lados de las vigas y ligaduras
delimitan grandes rombos que vuelan por fuera de las ügás (ilus.
148). Este hermoso ejemplar pudo haber servido de inspiración a los
ejemplos en forma de cuadrícula que se generalizan avanzado el si-
glo )ulil. sin embargo, la diferencia que existe entre éste y las reali-
zaciones posteriores es considerable. En uno se ha dado cumplida in-
tepretación a la idea de movimiento continuo que anima las mejores
muestras de la lacería musulmana; en los otros, se ha tomado la for-
ma rectangular como elemento aislado que, repetido, forma un reti-
culado en rejilla.
En general, los lazos que presentan combinaciones en cuadra-
dos o rectángulos conesponden a una etapa avanzada del siglo XIZIr
o a casas de principios del XIX En la viüenda de la calle Amargura
núm. 33, la disposición de los lazos del cuadrado central es triangu-
la¡ pero está cortada por una cruz perpendicular a las vigas y ligadu-
ras, que diüde en dos los triángulos. Los espacios rectangulares del
tirante se realizan, como en otros, en base de dos grandes crucetas
conformadoras de rombos. Sin embargo, se ha dado el primer paso
en cuanto a combinar elementos de una y otra naturaleza. En el ti-
rante de la casa de la calle Rosario núm. 352, el cuadro central está
cortado por dos tablillas perpendiculares entre sí, que delimitan es-
pacios cuadrados, a su vez, seccionados en cuatro, dando lugar a.una
composición en rejilla muy tupida. A sus lados, triángulos y rombos
mantienen la línea de las muestras presentadas en el grupo anterior.
Hay algunos ejemplares, como el de la casa de SantaAna núm.
501, 503 y 505, cuyo tirante de cinco cuadros alterna formas romboi-
dales o rectangulares (ilus. 149). El cuadro central cuenta con un mo-
tivo a modo de cestería, donde líneas diagonales en un sentido y en
otro se cortan. A ambos lados, dos cuadrados combinan elementos
cuadrados y rectangulÍues que ocupan todo su espacio. En los extre-
mos, lazos triangulares triples cierran la superficie disponible. Es és-
te una muestra típica de tirante cuya decoración en lazo ha degene-
TEcHos
257

149. Techo de Sanattun 591,593,595 y 597, esquirn a Media Luna.


rado hacia la modalidad de celosía, tan propia de los techos trinita-
rios de finales del siglo )UIII y principios del xIX cada uno de los
cuadros delimitados por las ligaduras tiene motivos terminados en sí
mismos, de franca lejanía con las formas que le dieron origen.

150. Techo de Real d.el Jigüe núm.60.


258 TRrr{rDAD DE CUBA, pATRrMoNto DE LA HUMANTDAD

Del mismo tipo es el tirante de la casa de la calle Real del ligüe


núm. 60, formado por tres cuadrados: el central con cruceta y rombo,
y los laterales con cuadriculado (ilus. 150). En ningún momento, el
dibujo geométrico da sensación de movimiento. Cada uno de los mo-
tivos está concluso dentro de su recuadro. A principios del XDf, los la-
zos cuadriculados fueron muy frecuentes, ocupando todo el espacio
entre vigas y ligaduras motivos rectangulares o cuadrados. De los pri-
mitivos triríngulos sólo queda la insinuada terminación en punta de
los extremos laterales.

c) Lazos estrellados en el centro

Ya ümos cómo en el ürante de la casa de la calle Desengaño


núm. 522, esquina aAmargura, el cuadro central delimitaba un con-
torno en forma de estrella, motivo de mucho arraigo en las decora-
ciones de filiación musulmana. En la de la calle Cristo núm. 33,35 y
37, en una dependencia lateral al parecer anterior al resto de la edifi-
cación, eúste un alfarje cuyo lazo se destaca en el centro por la deli-
mitación de una figura estrellada. Sin embargo, la estrella caracterís-
tica de los tirantes trinitarios se obtiene por la unión de puntos regu-
larmente repartidos sobre dos circunferencias concéntricas que dan
lugar a estrellas de ocho o dieciséis puntas. las decoraciones en for-
ma de estrella son privativas de los cuadros centrales de los tirantes y
se hacen frecuentes en viviendas de fines del )trIII y principios del
)lX. Algunas estrellas reducen sus puntas en beneñcio del plafón
central. Todos los tirantes de este gn¡po cuentan con una tupida de-
coración en el resto de su superficie y adquieren la forma de una her-
mosa celosía (ilus. 151). Por lo general, en los rectángulos formados
por vigas y ligaduras se forma una especie de tapiz, resultante de la
simple unión de los vértices del paralelogramo correspondiente con
una cruceta diagonal dispuesta en ambos sentidos. Los triángulos así
originados se rellenan con lazos triangulares, en serie de tres, como
se advierte en el tirante de la casa de la calle Encamación núm. l0l.
Otros, como el de Alameda núm. 268, cortan la cruceta y sus corres-
pondientes rellenos triangulares con un rombo formado por la unión
de los puntos medios del paralelogramo.
TEcHos 259

,
151. Techo del Palacio de Brunet.

5.1.5. Los techos de colgadizo

Dentro de los techos de vertientes, debe mencionarse también


los de una sola agua o de colgadizo. Dispuestos siempre de la misma
manera, cualquier espacio puede ser cubierto con este tipo de techo,
siempre y cuando no sobrepase los cuatro metros de profundidad.
Los techos de colgadizo caen hacia el patio o solar, y se diferencian
en el curso de los años por el tratamiento de las alfardas y la riqueza
de sus detalles. Al igual que los techos de va¡ias vertientes, cuando
las alfardas y tapajuntas tienen cuatro ranuras, corresponden a casas
construidas, aproximadamente, en la primera mitad del siglo XIZII
si cuentan con dos, a casas de la segunda mitad del )QIII; y si tienen
los remates ajunquillados, son techos del siglo XIXEncasas muy an-
tiguas es frecuente que la moldura solera, a partir de la cual arrancan,
se encuentre abilletada, y, si constituyen la cubierta de una galería,
rematan la tablazón en un corte denticulado.
Como ya se ha expresado, los colgadizos cubren los espacios
conformados por la segunda crujía, la galería y los martillos. En Tri-
nidad sólo existe, en la actualidad, una vivienda techada con colga-
dizo en su totalidad: la de Media Luna núm. 26, enla que la primera
260 TRINTDAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

crujía está cubierta con un techo de esta naturarez.a,continuado en la


segunda. Esta solución fue muy frecuente en Santiago de cuba, don-
deorigina una tipología llamada, precisamente, las'tasas de colgadi-
zo".Hay otras viüendas, muy modestas, en las que las vertientes na-
cen del muro medianero entre las crujías, una declinando hacia la ca-
lleylaotra hacia el patio. También se encuentran-en cualquierépo-
ca- casas con techos de maderas rollizas, sin escuadrar, sin ranura-
dos y carentes de todos los atributos de las cubiertas hasta aquí ana-
lizados.

5.2.Techos planos

[,a escasa presencia de casas de dos plantas en Trinidad expli_


ca la pobreza de los entrepisos de madera de la localidad. En casas
del siglo )onil,los entrepisos estaban formados por grandes vigas de
madera, dispuestas en sentido longitudinal, encima de las cuales se
colocaba la tablazón. Al igual que los techos de vertientes, las juntas
entre las tablas se ocultaban con listones de madera estriados.
En casas de este período, a juzgar por los documentos, se utili-
z¿ron techos llamados de bovedillas. En documentos referentes a la
casa de la calle Real del Iigüe núm. 93, se indica que los techos eran
de "asotea y piedra..." o, la describen como una casa de,,rafa y texa y
vobedillas...".33 En la actualidad, esta casa cuenta con techos de ma-
dera, a modo de armadura de cuatro faldones. pero, sin dudas, tuvo
en un principios techos planos. En las paredes del costado izquierdo
se aprecian con nitidez las huellas de la elevación del muro
-origi-
nariamente de la misma altura que el divisorio entre el martillo y la
galería. Estos techos de bovedillas consistían en techumbres planas
de madera, en las que, entre vigayviga, se colocaban secciones semi-
circulares de barro cocido, dando el efecto de canales y, en ocasiones,
se encontraban cubiertas de yeso.
A finales del siglo )(VIII comenzí autilizarse el llamado techo
de losa por tabla, en el cual la tablazón se sustituye por panetelas de
barro cocido, de parecida estructura a los socarrats valencianos que,
tal vez, representen su fuente de inspiración. El más antiguo de la
ciudad es el del comedor de la casa de la calle Cristo núm. 33, 35 y37.
En este techo, el grosor del vigamen presenta el aspecto rechoncho
de las cubieftas tempranas: son ügas de regular peralto y gran ancho.
TEcHos
26r

En el siglo xx, cuando se generalizó este tipo de techo, las vigas fue-
ron ganando en esbeltez, aumentando el peralto y disminuyendo la
anchura. Al igual que en los techos de vertientes, los de losa por tabla
cuentan con tapajuntas, que, en el siglo xrx se enmarcan con mol-
duras en junquillo, como las de las ügas. En otros, se elimina el jun-
quillo y los listones están simplemente escuadrados. Fue frecuente
cubrir los techos de losa por tabla con cielos rasos de madera, de lo-
na o de yeso.

5.3. Decoración pictórica de las techumbres

Desde los inicios del desarrollo constructivo de la Isla se acos-


tumbró decorar los techos con ornamentaciones pintadas sobre la
madera, solución que continúa las prácticas decorativas de la penín-
sula, pues desde tiempos remotos las edificaciones españolas
to las de origen cristiano como las musulmanas- reákaron sus -tan-
cu-
biertas con pinturas decorativas. En especial, las techumbres mudé-
jares gustaron de este tipo de realces, tradición que se mantuvo viva
en el siglo wI, y aun con posterioridad, sobre todo en la España me-
ridional.s¿
La mayoría de las techumbres cubanas primitivas, de edificios
religiosos, oficiales o domésticos, fueron decoradas con trazos geo-
métricos, abstractos o naturalistas, inspirados en elementos de la flo-
ra y, en raras ocasiones, de la fauna. No fue común reproducir la figu_
ra humana, ni siquiera en forma estilizada, lo q,re püdiera verse co-
mo una secuela, todavía viva, del rechazo manifestado por los mu-
sulmanes hacia los temas antropomórficos, en prueba áe su profe-
sión de fe.3s Las nuestras son rearizaciones de márcado acento orna-
mental, en las que el motivo temático seleccionado funciona a ma-
nera de leif motiu. Estas decoraciones se aplicaban directamente so-
bre el maderamen, que mantenía su coloración natural. Los techos
se pintaron
- de azul, verde, gris o blanco- en el siglo )lX cuando
el trabajo con la madera deja de ser el principal factor del ornato de
la casa y le cede el lugar aI color. La decoración aplicada a nuestros
techos estaba dirigida a enfatizar la apariencia reticular de las arma-
du¡as, subrayando, por claroscuro, los contrastes provocados por las
tallas e incisiones practicadas en el maderamen.
262 TRINIDAD DE CUBA' PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Trinidad es una de las capitales cubanas en el capítulo de la de-


coración de techos, tanto por la calidad de las realizaciones, como
por la generalización de este uso, que se observa en las casas de em-
p"q.r" y también en modestas habitaciones, sin que
p"éOu "tq.ritectónico,
r"iul"tr. ,rna dif"rettciación estilística o ejecutiva entre las
A los sumo' las viviendas de
-rr"rt ", perteneCientes a unas O a otras. distinguen por la profusión de
mayores aipiraciones construcüvas se
ornamentos. Sin embargo, también es evidente que la mayor concen-
tración decorativa está relacionada con la época. Los techos más an-
tiguos son más sobrios que los que corresponden a las viviendas de
loi últimos años del siglo XVIlIy las primeras décadas del ffi(, cuan-
do tuvo lugar un desbordamiento de la fantasía decoraüva'
[.a decoración de los techos se pracücó sobre la base de tintes
planos, en los que el negro o su ausencia fue la solución predominan-
ie. Rlgunos tirantes tienen sus estrías subrayadas co¡ tonos de colo-
,"r, p""ro son los menos En las casas construidas en la primera mitad
Aet iigto X14¡Ison las primeras crujías las que reciben con preferen-
cia es-te tipo de tratamiento decorativo, sin que ello signifique que
acapÍuen ia atención: también otras secciones de las viviendas gusta-
rorrde aderezarse con pinturas, aunque casi siempre el empeño no
pasa del destaque de tJbiletería o de los estribados, sin cubrirse las
posibilidades de la tablazón. l¿ decoración de las armaduras de va-
iios faldones de las primera crujías aparece, por lo común, en,la viga
cumbrera, en las t"bli["t que a cada uno de los lados de ésta forman
el remate del techo, en los estribados, en las molduras soleras y sole-
rillas, en los canes, en los cuadrales y, en algunas, en las limas. un ras-
go distintivo de los techos de este peúodo es la no decoración de los
úr*t"r, donde sólo se destaca el ranurado de las vigas ylos lazos, con
jue-
el propósito de acentuar la continuidad de las líneas y apoyar el
go geómetrico de la composición. La decoración aplicada disminuiúa
y,
ia importancia concedida a la composición geométrica de los lazos
pot contrario, pintar de negro las estúas o ranuraciones de las vi-
gas, "i
tapajuntas, estribados y demás elementos constitutivos de los te-
óhos, óontribuye a enfatizar la composición reticular de los mismos.
Las decoraciones evolucionaron en el transcurso del tiempo y'
en realidad, más que modificaciones en los temas -que ocurren-,
lo interesante del proceso evolutivo de las decoraciones pictóricas de
los techos radica en la transformación interpretativa de los motivos'
TEcHOS 263

En casas tempranas, las decoraciones se distinguen por el


grosor de
los trazos de óolor negro (ilus. 152). Es una decoración que utiliza te-
mas fundamentalmente geométricos, en forma de cintas continuas,
con frecuencia punteadas (ilus. 153). También son utilizados motivos
de carácter floial, pero siempre ejecutados con glan rigidez, con los
pétalos de las flores en forma puntiaguda, enmarcado el motivo por
^una
cinta quebrada, como puede apreciarse en la techumbre de la
casa de la calle San Iosé núm.274,esquina aAmargura
(ilus' 154)' Es-
te techo tiene una leyenda inscrita en la viga cumbrera, en la que se
expresa la fecha de fabricación, costumbre bastante frecuente en la
época. La cumbrera se encuentra decorada con un motivo vegetal,
desenvuelto a modo de roleo, con pequeñas florecitas colgantes.

152. Decoración del techo de


Media Lurw ru7m. 30.

153. Decoración del techo de


San José núm. 274, esquina a
Amargura-

154. Decoración de Ia curnbr-


eray nblíllas dc remate del
techo de San José núm. 274,
esquírn a Arnargura.
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HuMANIDAD

Thnto en las vigas cumbreras como en ros estribados, los temas


vegetales, en forma de roleos, se hicieron muy frecuentes (ilus.
r55).
Thmbién escostumbre que dichos temas recorran el estribado, como
se aprecia en la casa de la calleAmargura núm. 6g y 71,
esquina a Bo-
ca, que tiene, además, decoraciones de formas envolutadas, unidas
por anillos, en las tabicas de arranque del techo. Las cintas quebradas
fueron un motivo muy gustado para resartar las molduras ,ólurur,
mo se observa en la casa de la calle Alameda núm. 213 y 215 (ilus. "o-
156), o como en la de Media Luna núm.30, que tiene piniadas grÍrn-
des esferas en negro, con líneas de puntos (ilus. 157). C-on cintas que_
bradas también se decoraron ügas cumbreras, como la del techo de
la mencionada casa deAmargura núm. 69 y 71, esquina a Boca, en la
que alternan trazos negros con otros que perfilanel motivo por los
bordes solución que, con posterioridad, tuvo gran popularidad. ¡n
este ejemplo se destacan, además, los puntos pintaáoi en los espa_
cios conformados por el movimiento de la cinta (ilus. l5g).

156. Decoración de Ia moldura solera del techo


Nameda núm.213 v 2IS.
155. Decoración del estribado y
tablilla de anan4ue del techo de
Amargura núm.69 y 71,
esquinaa Boca.

157. Decoración dc la moldura solera


techo de Media Luna núm.30.
Decoración de la cumbreray
158.
tablillas de remate del techo de
Amargura núrn.69 y 71,
squina aAmargtra.
TECHOS 26s

La cinta quebrada
con esferas o puntos inter-
calados entre los trazos se
encuentra también en for-
ma de tallas en la madera. El
ejemplo localizado corres-
ponde a un enlace (ilus.
159), y se distingue por el 159. Talla en forma de cínta quebrad.a y

grosor de la labra.36 Sin em- redondeles de enlace de tirante, Mtueo de


Arquitectura.
bargo, este tipo de decora-
ción fue excepcional en Tri-
nidad. En La Habana apÍuece con frecuencia en techos planos y en
los de vertientes de casa antiguas.
Los motivos vegetales, dispuestos en roleo, constituyen uno de
los recursos decorativos preferidos de los techos cubanos tempra-
nos. Es apreciable la semejanza existente entre las interpretaciones
del motivo, en distintas localidades de la Isla. Realizaciones como la
decoración de las limas de los techos de la Parroquial Mayor de Re-
medios (ilus. 160) son muy similares a las de Trinidad. En el techo de
esta iglesia se observan unas hermosas rosáceas de ocho pétalos, fes-

160. Techo de la iglesia Parroquial Mayor de la ciudad de Remedios


266 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

toneadas con elementos puntiagudos, a manera de lengüetas de fue-


go, que se destacan en forma de cruz, pues cuatro pétalos en tonos
claros alternan con el resto más oscuro. 37 Similar motivo exorna los
techos de la casa de la calle Desengaño núm.522, esquina a Amargu-
ra. Otras versiones de rosáceas de ocho puntas pueden apreciarse en
la casa de la calle Media Luna núm. 30, cuya intepretación, no obs-
tante, es totalmente diferente y, con toda certeza, posterior (ilus.
r6r).
Los canes de las casas de mediados del siglo ).y'llltambién uti-
lizan decoraciones de carácter geométrico, tal como puede observar-
se en los de la mencionada de San Iosé núm. 274, esquina a Amargu-
ra (ilus. 162). En ellos, la tablilla tapacián tiene su billeteúa decorada
con cruces aspadas, punteadas en sus cuatro secciones, solución que
es frecuente en las molduras soleras y solerillas de las casas primitivas.

-- 162. Decoración de canes

\Uzlfl _G
del techo de SanJosé núm.
274, esquina a Amargura.

161. Decoracíón del techo de


Media Lura ntlm. 30.

163. Decoración del


techo de SanJosé núm.
264 y 2ffi.

164. Decoración del techo de San José núm. 264 y 266.


TECHOS

La ejecución de los motivos va perdiendo rigidez y adquirien-


gruesas
do soltura, en la medida que el siglo avanza' Aún se aprecian
líneas, como se observa ón las decoraciones del techo de San Iosé
núm. 264 y 266, pero el movimiento más suave de los trazos anuncia
otra manera de asumir lo decorativo. Todavía aparecen decoraciones
de cortes punzantes (ilus. 163), o fajas de linealidad muy marcada
(ilus. 164), perp las suaves sinusoides, acompañadas de puntos o des-
mañadas, irrdi""t el surgimiento de otra sensibilidad, y la línea
fina
y generalización. A par-
cadavezse irá destacando con mayor fuerza
tir del rlltimo tercio del siglo )Nln,las decoraciones florales ganan te-
rreno, adueñándose por completo de los techos, en interpretaciones
golpeadas
de muy estilizado tnó.ti-i"ttto. las hojas se mueven como
por el üento; la sinusoide se destaca limpia y realzada por hojas de
vid (ilus. 165).

165. Decoracíones de techos, segunda mimd d'el siglo )UIil'

En esta época es casi una rareza encontrar decoraciones en las


que primen los punteados.Y junto con las siluetas pintadas en negro
apurecen tas que prefieren delimitar el motivo por sus contornos' de-
jándo los interiores sin tintes (ilus. f 66). En este grupo de decoracio-
nes,las líneas son suaves (ilus. 167). Las cintas decorativas de envo-
lutada secuencia siluetean los elementos florales, como se observa
268 TRtN|DAD DE CUBA, pATRlMoNto DE LA HUMANTDAD

N#
166. Decoracíones de techos, segunda mitad del siglo XWII

167. Decoradón del techo de Atameda núm. 26g, esquina a Amargura.

168. Decoradón de la cumbrera del techo de Crísto y


33, 35 37.

en la decoración de la cumbrera de ra casa de la calle


cristo núm. 33,
35 y 37, a diferencia de las anteriores fajas decorativas,
en las que el
elemento vegetal que conforma el roleo era el fundamento
de la de-
coración, y las florecilas constituían motivos acompañantes (ilus.
168). En algunas muestras, las fajas sobre la base de hó¡as
se realizan
de modo diferente en cada una de sus mitades: una silúeteada
en ne-
TEcHos

gro, la otra fileteada la línea tan sólo. Thmbién, se encuentran ejem-


plos con hojas cuyos bordes están configurados con trazos negros
muy gruesos, y los centros sin color. Pero el rasgo común y funda-
mental de las decoraciones del úlümo tercio del siglo )UIIIy prime-
ros años del XIXes la importancia del elemento floral, de precisa ela-
boración (ilus. 169).

'SpXge-
W \YX *vo

ay'-o;\J ry
169. Decoración de techos, segunda mind del siglo XWII.

A fines del XWil,los techos ofrecen una verdadera orgía deco-


rativa que se desborda del marco de cumbreras, estribados o canes,
para vestir las tabicas, gran parte de la tablazón y los tirantes, lo que
coincide con la transformación de las lacerías en enrejillados, a ma-
nera de celosías (ilus. 170). Decoración muy tupida, no deja espacio
sin ocupar en las tablillas de los tirantes. En unos, el elemento floral
270 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

170. Decoracíón del techo de Real del ligüe núm. l2S.

resulta predominante, como en el tirante de la casa de la calle Real


del ligüe núm. 33; en otros, fajas de imitadas hojas de laurel y/o sinu-
soides vegetales recorren todo el entramado del tirante. Los canes,
por su parte, acogen en sus caras fronteras y laterales flores de inge-
nua belleza (ilus. 171). Es muy frecuente, por estos años, encontrar
leyendas o fechas en los techos (ilus. 172).

H
171. Decoraciones de
cares de Alameda
núm.213y215yde
SantaAna núm.591,
593,595y 597, esquina
aMediaLurn.
TEcHOS 271

Algunos tirantes del tiPo


"celosía" tienen las ranuras pin-
tadas en rojo o azul, Pero no re-
sulta posible valorar la amPli-
tud de este recurso Porque son
escasas las muestras localiza-
das. Coincide siemPre laaPlica-
ción de color en las estrías con
la abundancia decorativa en el
resto del techo, predominante-
mente floral en la tablazón, Y en
forma de faja de hojas de laurel
en el tirante. Decoraciones de
este tipo aPÍüecen en casas de
la segunda o tercera década del
siglo XIX, pero muy simPlifica-
das, reducidas a la reProduc-
ción de una sinusoide en el ti- 172. Wendns dc techos dc Santa fun nít'm.
rante, como se aPrecia en el de 501, 503, 505 Y 507, esquina a Lrtz-
la casa de la calle Gutiérrez
núm. 319, que está fechado en
L824.
Todas las decoraciones hasta aquí comentadas son planas' En
ninguna de ellas se intenta lograr profundidad' Sin embargo, se ha
regiitrado una excepcional muestra, de dudosa determinación cro-
.riógi"u, en la que se simula un casetón, mediante el tratamiento de
color-y el recuadramiento del moüvo. Cada una de las secciones de la
tablazón, configuradas por el encuentro de las alfardas y tapajuntas,
tiene pintada una rosácea con trazos negros, sobre fondo verde y re-
cuadiado el motivo con llneas en negro. El tema, sin dudas, es de fi-
liación clásica. Puede pensarse que consütuye una de las más anti-
guas decoraciones de la ciudad o, por el contrario, que representaun
anuncio del nuevo sentir estético preconizado por el siglo xDl Nos
inclinamos a aceptar la segunda opción, ya que el motivo está reali-
zado con plantilá, y los techos del )(VIII se decoraban, por lo comtln,
a mano alzada. Pero el motivo corresponde, por otra parte, a los usos
decorativos del )ffitemprano, puesto que ya avanzado el siglo desa-
pÍuece la decoración de la tablazón de los techos.
272 TRIN|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANIDAD

otros casos, distintos pero animados del mismo espíritu, vie-


nen a corroborar lo expuesto. casas como la de la calle óesengaño
núm. 505 ejemplifican la t¡ansformación de los usos decorativos en
la transición de una centuria a la otra. Esta casa cuenta, como ya co-
mentamos, con un techo octogonal, policromado en azul, blanco
hueso, amarillo y verde loro, con la alfardería y tapajuntas ¡anuradas.
En las esquinas, simuladas pechinas se presentan decoradas con lis-
tas en color verde sobre fondo blanco perla, y, sobre las mismas, se
reprodujo un ramo de flores en colores, de un vivo naturalismo, que
rompe con los modos geométricos o estilizados de reproducir las flo-
res, característicos del siglo anterior. Los motivos no se encuentran
delimitados con trazos negros, sino que ra pincelada compone la fi-
guración.38
similares decoraciones se encuentran en los cielos rasos, que
ocultan los techos de losa por tabla. por otra parte, aún pueden ob-
servarse papeles pintados con motivos decimonónicos que cubren
los lados de los tirantes y que sirvieron para remozar las viejas casas.
Propiamente del )ex, uno de ros mejorés ejemplos es er tiránte de la
casa de la calle Media Luna núm. IB, esquina a-Galdós.s, Está
cubier-
t9, con lonas pintadas que imitan casetónes renacentistas. cada
uno
de los casetones tiene una rosácea dibujada sobre fondo azul y
ama-
rillo oro, fileteado el cuadro con dorado(ilus. 173).

nS. fácho de Medía Luna núm. jB, esquha a Galdós, casa Bonell.
TEcHos 273

A pesar de estos ejemplos, los techos en el XX pasaron a un


plano secundario o, al menos, el papel que jugaron en la ambienta-
ción de los interiores fue diferente. En su mayoría aparecen pintados
de colores claros, enfatizando la apariencia luminosa de las estan-
cias, que, mediante la decoración pictórica de los muros, adquirie-
ron, en ocasiones, un aspecto de brillante colorido, principal adorno
de las casas de la época. El concepto de lo decorativo en el XXsufre
una radical transformación. En el siglo anterior, la coloración ocre
del maderamen virgen, y los tintes negros de las decoraciones provo-
can un efecto de cierta solemnidad e introversión, que es violentado
en el siglo )(Ncon la pintura de la techumbre con los colores claros
y la desaparición de la decoración aplicada. En el siglo ){VIn, el techo,
en sí mismo, con sus molduras abilletadas, con sus canes y lacerías,
constituye el principal elemento decorativo de las viviendas. En el si-
glo )(D(,los techos pasan a ser un factor de complementación del
ambiente interior de la vivienda que busca efectos de mayor impac-
to visual, aspiración lograda, en gran medida, en las decoraciones
murales.

NOIAS

ErwinW. Palm, l¡s monumentos arquitectónicos de la Española con una in-


troducción aAmérica, p. )O(IV
Los períodos de dominación árabe en España fueron: el cordobés, en los siglos
WII al X; el de los reinos taifa, almorávide y almohade, desde fines del siglo X/
hasta mediados del )lI/,' y el granadino, desde fines del siglo XIl/ hasta el tér-
mino de la Reconquista.
Véase G. Le Bon, In ciullización de los órabes, p. I25.
lcopoldo Tones Balbás, Arte almohade, arte nazarl, arte mudéjat p. 238.
la conquista de Toledo en l0B5 abrió a los cristianos las puertas de la España
musulmana. [¡s avances paralelos de la Reconquista oriental apuntaban ha-
cia el Ebro. Asl fueron cayendo las zonas pobladas por musulmanes en Ara-
gón, Valencia, Murcia y Andalucia (7,aragoz,a, en ll18; Córdoba, en 1236; Va-
lencia, en 1238; Sevilla, enl248;y, Granada, en 1492).
Véase Iuan Reglá, "La época de los tres primeros Austrias", en I. Vicens Vives,
Hístoria de España y América, t. III, p. f 38.
J Leopoldo Torres Balbás, op. cit., p.238.
6 Iuan de Contreras, Marqués de Lozoya, Historia del arte hispdnico, t. II, p. 49.
Ibid., pp.387-406.
274 TRINIDAD DE CUBA. PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

I Moriscos fueron llamados a los descendientes de los musulmanes españoles,


convertidos legalmente al cristianismo en l50l en Castjlla y en 1525 en A¡a-
gón. En la ciudad de Granada, la conversión forzosa fue impuesta desde 1499.
Véase Juan RegIá, op. cit.,pp. tl36l, l3B.
9 lropoldo Torres Balbás, op. cit., p.244.
10 Por ReaI Cédula del 5 de marzo de 1495, los Reyes Católicos dan "...licencia e
facultad a todas qualesquiera personas que quisieren yr a las nuestras yslas en
lasYndias que puedan yr libremente con sus nauios e mercaderias [...]".
"Copia de la Real Cédula expedida por Don Femando y Doña Isabel en 5 de
marzo de 1495, sobre las circunstancias que se debían guardar en las personas
que pasasen a la isla de Santo Domingo, para desde allí poblar lo que en lo ade-
lantese descubriese", Madrid,5 demarzo de 1495. EnIosé MarlaChacónyCal-
vo, Cedulario cubano Aos orlgena de la colaniz¿cíón) , t. I, p. I I U .
ll "Real Cédula al ürrey D. Diego Colón y a los oficiales Reales de la isla Españo-
la, recomendando que se procure la emigración de gente de la Montaña y Gui-
púzcoay juntamente la manera de llevar indios a oüas parte. Aprueva la ida de
Diego Velázquez á Cuba con cuatro frailes", 25 de julio de l5l l, en Colección de
documentos inéditos reLatiuos al descubrimípnto, conquista y organización de
las antiguas posesiones españolas de Ultamar Isla de Cuba., t. I, p. 6.
t2 "Respuesta a los de la Connatación', XIII de febrero de DX en José Marla Cha-
cón y Calvo, op. cít., p. 12251.
l3 "R. C. al Almirante y oficiales de la Española', Monzón, 15 de junio de 1510, en
íbid.,p.27r.
t4 Citado por ErwinW Palm, op. cit.,p.89.
l5 Manuel Toussaint, Arte mudéjar en A¡nérica, p.9.
t6 "Relación de lo espiritual y temporal del obispado de Cuba, vida y costumbres
de todos sus eclesiásticos, escrita por orden del Rey D. Felipe III, por FrayAlon-
so Enríquez de fumendariz, Obispo de Cuba', 1620. En Hortensia Pichardo,
'Noticias de Cuba', Santiago, núm.20, pp.7-44.
t7 Por Real Cédula de 3 de ocnrbre de 1539, Carlos V dispone la expulsión de los
moriscos de las tierras americanas, con la consiguiente pérdida de sus bienes.
Véase José María Chacón y Calvo, op. cit., p. 400.
IB Iosé E Rafols, Techumbres y artesonados españoles, p. 16.
l9 "Escritura del 29 de abril de 1579 ante el escribano Juan Pérez Borroto", en Ma-
ría Teresa de Rojas, fndice y extractos del Archiuo de Protocolos de La Habarn,
pp.86-88.
20 Francisco Prat Puig, EI prebanoco en Cuba.., p.16l.
Véase, además, en la misma obra, el capítulo dedicado al estudio de los techos.
La estructura de los techos de madera es la misma en toda la Isla y ha sido es-
tudiada por otros autores, por lo que en el presente capítulo se trata ligera-
mente este ¿¡specto.
TECHOS 275

2l Este modo de construir un techo de armadura sigrifica que los techos se ar-
maban in situ.ladoble lima era necesaria en el caso de que el techo se arma-
ra abajo y luego se colocara sobre los muros.
22 Ioaquín Weiss, Techos coloniales cubanos, p. IO.
Weiss señala como principales diferencias entre los techos cubanos y los espa-
ñoles, además de las mencionadas, las siguientes:
Primero: l¿ tendencia de nuestros lazos de ¡ebasar los costados de los üran-
tes.
Segundo: La signiñcación que adquieren las tapajuntas dispuestas transver-
salmente, de modo que coincidan con la unión de las tablas de la cubierta, lo
que origina una trama uniforme en toda la techumbre.
23 foaqulnWeiss, ibid.,P.lO.
24 FranciscoPratPuig, op.cit.,p.252.
25 lbíd.,p.229.
Cuando la restauración de la casa de las Sánchez lznaga para destina¡la, como
se ha dicho, a Museo de Arquitectura, fue necesario desmontar la armadura de
cuatro faldones de la primera crujía para proceder a la reparación de los cabe-
zales de las vigas que estaban afectadosy para reürar la pintura de color blan-
co que tenla la madera, aplicada en el siglo xD( El techo se desmontó siguien-
do el proceso inverso al que se describe para su construcción y de nuevo se ar-
mó de acuerdo con los pasos señalados, y no se presentó problema alguno, a
pesar de que la armadura está vinculada a otra, perteneciente a la casa aleda-
ña que, inicialmente, fuera independiente.
26 Recuérdese que la casa de los Pablos-Vélez (véase nota 4, capÍtulo 2) cuenta
con una estrucnua en forma de martillo, cuya parte delantera fue modificada
en el siglo )O(, y que está al lado de ona üüenda, también modificada en di
cho siglo, pero que mantiene elementos de gran antigüedad. No ha sido posi-
ble precisar si desde siempre ambas partes fueron casas independientes o si,
en algrln momento, constituyeron una sola unidad. El techo sobre la sala a que
nos referimos se corresponde con la casa principal.
27 Dado el carácter e:<traordinario de esta pieza por las pocas muestras de talla
escr¡ltórica que se han localizado en el pals, se decidió trasladar eI plafón aI
Museo de fuquitectura, donde se encuentra en la actualidad.
28 En la sección dedicada al estudio de las decoraciones pictóricas de las te-
chumbres, de este capítulo, se amplia sobre este caso.
29 F. S. Meyer, Manual de omamentación,p.170'
30 Juan de Contreras, op. cit, p.400.
3l F. S. Meyer, op. cit., p. l7l.
32 losé E Rafols, op.cit.,p.29.
33 Véase nota 5, capítulo 2.
34 losé E Rafols, op. cit.,P.13.
276 TRIN|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

35 "...e1 odio de los moros a la figura humana se prolonga hasta América


[...]", en
Manuel Toussaint, Arte mu.déjar en América,p. 44.
36 Desconocemos la procedencia de esta muestra que fue hallada en la calle, po-
siblemente arrojada a la'tañada" (arroyuelo que se forma en las calles de Tti-
nidad cuando llueve fuertemente). En la actualidad se encuentra, convenien-
temente restaurada, en el Museo de Arquitectura.
37 Francisco Prat Puig. op. cit., p. 240.
38 sobre la posibilidad de que esta casa haya sido constnrida sobre otra antigua o
que se uülizaran elementos procedentes de una construcción anterior ya he-
mos hecho referencia en la nota 72, del capítulo 2. pudiera pensarse que los te_
chos octogonales pertenecieron a una construcción anterior y que fueran re-
mozados, a la manera del XD(.
39 Esta casa, en su parte delantera, presenta la disposición planimétrica de las
ca_
sas del siglo xwII. Parece, pues, una casa remodelada en el XX, momento en
que le añadieron las galeúas y el zaguán con su cuarto alto. En lg6l era de la
propiedad de losé Mariano Borrell y [¡mus, Marqués de Guáimaro, quien la
declara en su testÍ¡mento como adquirida de los herederos de Tomás y
Iosé
Muñoz.
Véase A.H.T. Protocolos de Manuel Apariciq escritura de lro. de septiembre de
r861.
Capítulo 6
COTOR E IDENTIDAD

El complemento fundamental de la ambientación interior y


exterior de las casas coloniales estaba dado por el tratamiento de co-
lor que recibían las paredes y por las decoraciones pictóricas que
realzaban los muros. En periódicos de la época es común consignar
en anuncios sobre ventas de casas, como un atributo destacado, el
estar decorada "...con senefas bonitas al gusto del día ¡...1".t tas pin-
turas murales constituyen un importante y olvidado testimonio, re-
velador del quehacer artístico de tiempos pasados; realizaciones de
oscuros y desconocidos artistas que, con su modesto trabajo, huma-
nizaron, embelleciéndolas, nuestras casas.
La pintura decorativa ha sido, en esencia, un arte de masas que
ha ofrecido en todas la épocas, a un mismo tiempo, ciencia, fantasía
y espíritu de adaptación por parte de los artesanos.2 La necesidad de
realzar con pinturas el lugar habitado se remonta al tiempo lejano
del hombre primitivo, cuando pintaba su cueva a manera de mágico
conjuro, en su lucha por el dominio de la naturaleza.Y, desde enton-
ces, hasta la aparición de la casa, no se ha despreciado ninguna de
sus partes en el merecimiento de decoraciones pictóricas. En tiem-
pos remotos, la labor del constructor y la del decorador coincidían en
la misma persona. Con el surgimiento de las primeras civilizaciones
organizadas, el decorador se independizó, aplicando su arte a obras
concebidas por otros.
Las partes de las viviendas elegidas para ser decoradas fueron,
principalmente, techos y muros, y de éstos se decoraban las superfi-
cies que no estaban muy expuestas al deterioro y desgaste. Las deco-
raciones de fachadas fueron, en general, privativas de los países me-
ridionales, donde el clima más seco no afectaba la conservación de
278 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

las pinturas.3 Los motivos decorativos se originaron en el curso de los


años, creándose un rico patrimonio ornamental, trasmitido de pue-
blo a pueblo, independientemente de que cada ornamento, como tal,
supone un acto de creación.¿ Cada pueblo escogería épocas
-según
y modas- elementos que, en ocasiones, tienen un antiguo origen. ta
asimilación y adaptación original de estas formas, de acuerdo con las
circunstancias propias de cada país, distinguiría las manifestaciones
decorativas, afiliadas en general a una tradición conocida internacio-
nalmente. [¿s decoraciones pictóricas, por otra parte, evolucionaron
en concordancia con los estilos históricos, prefiriéndose y determi-
nándose ornamentos que lograron identificar estilos.

6.1. La pintura mu¡al de las casas cubanas

La decoración de las paredes de las casas cubanas coloniales


fue un hábil y sabio recurso que ocultó la pobreza de aparejo de las
sencillas üviendas, construidas de mampostería, ladrillo, barro y, en
casos, cantería. Recurso, por demás, que tiene viejos antecedentes.s
En España, las primeras manifestaciones pictóricas muralistas datan
de los tiempos de la colonizaciín romana. En el Medioevo,la pintu-
ra mural se desarrolló sobre la base de tres directrices fundamentales
que responden a diferentes niveles sociales: la gran escuela de pintu-
ra mural románica, la de influencias extrapeninsulares e
italiana- y las realizaciones pictóricas mudéjares. Junto-francesa
a las mani-
festaciones románico-catalanas que üstieron los muros de las igle-
sias, existió la decoración simple de la arquitectura doméstica. En
una predominó lo figurativo; en la otra, lo ornamental.
Los decoradores musulmanes fueron adictos a la pintura de
carácter ornamental. Afirma el Marqués de Lozoya que en los mudé-
jares fue frecuente el ejercicio del arte de la pintura.o Desde muy an-
tiguo existen exponentes que así lo corroboraran, como lo son las de-
coraciones de Madinat al Z,ahra, de carácter geométrico y floral.z En
el siglo XW, e incluso con posterioridad, la decoración pictórica de
las paredes fue una práctica común en España, lo que se trasladó a
América. En el rico virreinato de México surgió un movimiento mu-
ralista de gran esplendor desde el siglo X\ZL Casas como la llamada
del Deián (1563), en Puebla, üstieron sus muros con decoraciones a
manera de tapices. Imágenes religiosas y asuntos relacionados con el
CoLoR E IDENTIDAD

culto católico de grabados de libros impresos- llenarían


-tomados
las paredes de numerosas iglesias y conventos meúcanos.a Se han
destacado, también, las extrañas decoraciones de la casa colombia-
na deTunja, y otras, pero ni ésta ni las realizaciones mexicanas guar-
dan relación con las pinturas murales de las casas cubanas que se
emparientan más bien con similares muestras existentes en casas ve-
nezolanas, como la Quinta Anauco,e en Caracas, y otras'
En Cuba existen numerosos testimonios de decoraciones pic-
tóricas, en casas de antigüedad probada, lo que no significa necesa-
riamente que correspondan a su momento de construcción. En cual-
quiera de las poblaciones fundadas en el peúodo colonial
-Santia-
go de Cuba, Bayamo. Camagüey, Remedios, Sancti Spiritus,Ia Haba-
na, Gibara, Guanabacoa, Matanzas y otras- es frecuente vislumbrar
decoraciones murales debajo de las capas de pintura que, con poste-
rioridad, han recibido las paredes. Estas decoraciones tienen, en su
mayoría, un carácter ornamental. Pero, en verdad, este aspecto de la
casa cubana no ha sido estudiado y es probable que la idea que tene-
mos de nuestras decoraciones, dada la carencia de investigaciones,
no se ajuste a la realidad. En la casa de la calle Tacón 12, en La Haba-
na, fueron descubiertas recientemente unas extraordinarias pinturas
murales en las que se reproducen escenas urbanas. Por la vestimen-
¡a de las personas dibujadas y, algUnos rasgos arquitectónicos
de los
edificios representados, se estima que estas decoraciones datan de la
segunda mitad del siglo )(Vlil, alrededor de 1763, año de la toma de
L¿ Habana por los ingleses.to Escenas urbanas muy semejantes a las
que se ven en piezas de porcelana, se insertan dentro de los medallo-
nes decorativos que conforman la cenefa de la casa del Marqués de
Arcos, en la Plaza de la Catedral de La Habana. Esta casa fue construi-
da en la primera mitad del siglo )trIIIy remodelada a fines de dicha
centuria.u De la misma factura y diseño se observan decoraciones
murales en la fachada de la casa del Conde de Lombillo, delaPlaza
Vieja, también en La Habana, fabricada en la primera mitad del
WIII. La datación de estas pinturas -las de las casas de Arcos y de
Lombillo- es incierta. Corresponden a la fecha de fabricación de es-
tas viviendas o son inserciones posteriores? En Tfinidad, la casa de
Cristo núm. 33, 35 y 37, de fines del siglo XVIII cuenta con decoracio-
nes en las que se reproducen viviendas. En esta casa, también, apa-
recieron, pintados en la pared, reproducciones de balaústres de ma-
280

dera, tal si fueran los que sobre los vanos de puertas se acostumbra-
ban a poner para procurar la iluminación yvántilación de las habita-
ciones. Esto refleja un ingenuo espíritu "barroco". Todo ello hace su-
poner que el mundo de las decoraciones murales rebasó los limites
de lo ornamental, lo que es necesario estudiar y, también, que esta
práctica fue común en el siglo XWII y, muy probablemente, en el
)UII.
Por su parte, Iorge Rigol se refiere a un tipo de decoración fa_
chadista, en casas habaneras del siglo xIX de y representa-
"ic"nus
ciones de animales, de extraña fantasía y desproporcionadás dimen-
siones.Iz Pudiera ser que este tipo de decoraciones fueran semejan-
tes a los raros dibujos de animales encontrados en la iasa de la ha-
cienda Guachinango, en Tiinidad, o los reflejados en uno de los dibu-
jos insertados en el Nomenclator de lgg3 (ilus. 174).
Las decoracio_
nes murales de la casa de üüenda del ingenio Magua, de Trinidad,
tenían reproducciones de pájaros y mariposas, según se ha podido
conocer por la descripción que de las mismas nos dejara el naturalis-
ta alemán Juan Cristóbal Gundlach:

174. Dibujo de casa trinitaria con escerns de animalx pintados en lafachada, tomado
de Nomenclator comercial, agrfcola, industrial-.., 1 gg4.

...Yovivoa4uf soroen laüuímda [serefiere arncasadeMagua]que esüengrande muyher-


mosa y bíen pintada. IJn mulato pintor en Trinldad h ptntó. La sala
figura ó parece tener
fondo azul' pero este fundo es casl todo cublerto con un dlbujo que representa una cortina
COLOR E IDENTIDAD 28r

de punto, con oríllas bordadas,y está colgada de tiempo a tiempo encima de oliuos dorados
grandes y amanada con cintas de colores. Al lado de la puerm y ventana parece ser recogi-
da en pliegues como un mosquitero. Cuando de dla estó abíerto las cenefas superior e infe-
üor son otra obra maestra. In ínferior por ejemplo tiene como nichos floruos de diferentes
flores, encima de éstas cone una IEta con un bejuco que tiene pájaros y maríposas bien pin-
tados según libros que dío Cantero para este fin. El colgadim princípal es bien largo (42 pa-
sos mfos) con las luces cubíertas con persinnas (forman 7 arcos). Allí hay villar mesa de jue-
go, etc. En Ia pared aI cuerpo de la casa hay entre uentanas cada uez un cuadro dibujado
que parece dejar uer un pamje romdntico. N fin Ia casa a muy hermosa y tiene por delan-
te un gran tenaplén cublerto con ladríllos y con una escalera casí a todo lo h.rgo de la casa
con escalones de loz¿ta de mármol.l3

Este testimonio es interesante es más de un sentido. Gundlach


vivió en Magua en 1855, lo que significa que las decoraciones murales
fueron realizadas en la época en que el ingenio pertenecía aJusto Ger-
mán Cantero.Ypor sus propias palabras podemos conocer que los di-
bujos de los pájaros y las mariposas fueron copiados de un libro bus-
cado por el propio Cantero y realizados por un mulato pintor. Libros,
grabados y, talvez, manuales de bordado fueron las fuentes de donde
se tomaron los modelos para las decoraciones murales, realizadas, en
su mayoría, por artesanos sin instrucción académica. La mención en
este testimonio a los cuadros con paisajes románticos pudiera aludir
propiamente a cuadros colgados de las paredes pero también pudie-
ra significar cuadros murales, como los que se ven en la casa de vi-
vienda del ingenio Guáimaro o en el comedor de la casa del Marqués
de Guáimaro, en la ciudad, en la calle Media Luna núm. 18, esquina al
callejón de Galdós, a las que nos referiremos más adelante.
Partiendo exclusivamente de las muestras que pudieron ser
estudiadas de las casas trinitarias, se pueden apuntar algunas consi-
deraciones sobre los procedimientos de ejecución y caracteústicas
de diseño de las decoraciones murales. Ajuzgar por los ejemplos tri-
nitarios, fue una prácüca que, si bien contó con antecedentes en los
siglos XIZI y WIII, se generaliza en la primera mitad del siglo XIX,
momento en que nuestras casas alcanzan un alto grado de madurez
y esplendor como reflejo del florecimiento económico del país.

6.2. Decoraciones murales de la casas trinitarias

La única referencia documental del siglo )nnfi, encontrada so-


bre una casa trinitaria que pudiera aludir a decoraciones murales, es
TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIO DE LA HUMAN¡DAD

la que aparece en el documento de 1789, sobre el remozamiento de


la casa de la calle Ripalda s.n., donde, como se recordará, se expresa
que la casa fue adornada con "...pinturas y alaxas muy costosas y de
subido precio [...]".tn El contenido de un documento, obüamente, no
siempre responde a las inquietudes de la investigación, dando mar-
gen a la duda. Se refiere este documento a cuadros, por demás muy
frecuentes en la ambientación interior de las casas coloniales, o se re-
fiere a pinturas murales?. En cualquier caso, son escasas las decora-
ciones identificadas cuyos diseños se correspondan al siglo WIII, y
que se encuentren en casas efectivamente construidas en dicho siglo.
Por su filiación estilística,las decoraciones murales registradas
son susceptibles de clasificar en tres grandes grupos:
. Decoraciones de ñliación rococó y del estilo Luis XW.
. Decoraciones de filiación neoclásica.
Decoraciones bajo la influencia del naturalismo.
Con frecuencia, elementos que caracterizan las realizaciones
de los dos primeros grupos, se mezclan, sin un sentido estricto de co-
herencia estilística. Ambos tipos de decoraciones se utilizan en el si-
glo )OX, a pesar de que los temas rococó y Luis XW correspondan a
los finales del WIil. En éste caso, queda abierta la duda de si, en efec-
to, en algunos ejemplos de casas construidas en el )(Vlil,las decora-
ciones respondan a dicho siglo. Las decoraciones rococó, Luis XIZIy
las neoclásicas coexisten hasta los mediados del XD(, con tendencia a
preferirse los temas neoclásicos que se ofrecen en dos versiones: una,
que pudiéramos considerar como popular y, otra, de eüdente factu-
ra erudita. [os temas naturalistas se generalizan en la segunda mitad
del siglo XDú

6.2.1. Decoraciones de filinción rococó y del estilo Luk )NI

I.as decoraciones de las viviendas trinitarias se conciben sobre


la base de la compartimentación de las superficies en campos, cuya
parte inferior se destaca a manera de cenefa. Las con influencias del
rococó y las que utilizan motivos del Luis WI, se caracteriz¿rn por la
reproducción espontiinea de las formas, ejecutadas, por lo general, a
mano alzada. Cubren los muros de colores bien definidos, desde el
zócalo hasta su remate. Apoya los límites estructurales del espacio
CoLOR E IDENTIDAD

creado por las paredes, deStacando sus Contornos- argos' va-


-por
nos, capialzados. Esta decoración imita, en parte, elementos arqui-
tectónicos, o sustituye la falta de los mismos, lo que no afecta el ca-
rácter fundamentalmente ornamental de las muestras. Por lo co-
mún, una gran cenefa cone a lo largo del suelo, delimitada por líneas
paralelas y repetidas en gradación de colores. En su encuentro con
los vanos, sube a manera de recuadro.
Entre los motivos utilizados se encuentran cestas repletas de
flores y granadas, como se observan en las pilastras que flanquean la
puerta principal de la casa de la calle Alameda núm. 178, esquina a
Cristo (ilus. 175). Es éste un ejemplo de duda cronológica' La natura-
leza estilística de la decoración se aviene con la fecha de construc-
ción de la üvienda,rS caso también de las decoraciones de la casa de
la calle Desengaño núm.51810 (ilus. 176). En este ejemplo, el motivo

175. Decoratíón de la portada de 176. Decoración de la sala de Desengaño


Ala¡neda núm. 178, aquinaa Cristo. núm' 518'

de la cesta con flores corona los vanos de las puertas de la sala' Es de


notar que este tipo de temas de carácter ornamental y profano apa-
tec" tañto en edificios privados, como en los oficiales y religiosos' En
la iglesia de Santa Ana, del siglo )fr/III, una cenefa compuesta con la
típica cesta de flores confonna su decoración mural (ilus. 177)'
284 TRIN|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

177. Decoración de
Iaiglesia de Sann
Atut.

Iunto a la cesta, los lazos que anudan ramos de flores constitu-


yen otro de los motivos predominantes (ilus. l7B), como se aprecia
en la casa de ortiz, de l809.rz Esta casa cuenta con bellísimas deco-
raciones que ejemplifican, con toda propiedad, las características de
la pintura mural de este grupo. En el comedor, los vanos se encuen-
tran recuadrados por un ornamento que recuerda las rocallas: enci-

178. Decoración de Ia casa


de Ortiz.

179. Decoración del comedor


de Ia casa de Ortiz.

180. Decoracíón de
un aposento de Ia
casa dc Ortiz.
COLOR E IDEI'ITIDAD 285

ma del dintel, un lazo anuda un ramo de flores, donde se destacan las


rosas y los claveles, cuya interpretación naturalista fue frecuente en
las decoraciones de aliento rococó (ilus. 179). En uno de los cuartos
el verde-, forma el motivo principal de la cenefa una
-llamado
gruesa sinusoide cargada de rosas (ilus. 180). En otro las plu-
-de
ÍlÍrs-, el continuo movimiento de estilizadas volutas vegetales, con
rosas, circunda las superficies en suave roleo, flanqueadas por rom-
bos en la parte inferior y, en la superior, por una fuja de hojas de lau-
rel (ilus. 181). En su encuentro con los vanos, los recuadra a manera
de pilastras, coronadas con ramos y guirnaldas de rosas que, en su
centro, anudaun lazo un hazde plumas (ilus. 182), motivo que se ge-
neraliza con el estilo Luis ){VI.En los capialzados, el motivo de las
plumas se repite.

Decoración de
181.
un aposento de la
casa de Ortiz.

En uno de los
aposentos
-cuarto
de los medallones-,
una bella cenefa de
guirnaldas de rosas
con medallones, en
parte rodeados por
rocallas, brindan un
notable efecto. Los
182. Decoracíón de un aposento de la casa de Ortiz.
vanos, a su vez, están
coronados con guir-
naldas de flores, plumas y lazos. En el otro aposento de los
-cuarto ara-
rombos-, líneas paralelas enmarcan la cenefa de afiligranados
bescos, rítmicamente intemrmpidos por rombos, guirnaldas vegeta-
les y flores. Es signiñcativa la ahemancia de rombos con reproduc-
ciones naturalistas y estilizadas de rosas. En la parte superior del mu-
ro, guirnaldas vegetales y cortinajes circundan la habitación (ilus.
183).
286 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

183. Decora.cíón de un aposento


de la casa de Ortiz.

l,a decoración de la sala, habitación principal de la casa, es la


de mayor esplendor. La superficies de los muros están subdiüdidas,
en el intento de imitar la compartimentación arquitectónica caracte-
ústica de los salones franceses. Corre la cenefa, interrumpida a tra-
mos por simuladas basas que sostienen columnas, hoy desapareci-
das, rematadas por un saliente y estilizado capitel. La cenefa, con
arabescos, flores, granadas y cortinajes, tiene, como principal moti-
vo, una rosácea inserta en un medallón que, a su vez, se encuentra
dentro de un rombo. Este motivo del rombo se repite losange-
en la parte inferior, inmediata a los pavimentos ( ilus.-en
tg4 y 1S5).

184. Decoración de Ia sala de Ortiz.

I85. Decoración de Ia nla de Ortí2.


CoLoR E IDENTIDAD 287

En la casa de la calle Ripalda s.n., las decoraciones mezclan te-


mas de filiación rococó con los de inspiración neoclásica. En la sala,
cubren los muros, delimitando campos sobre el rosa piálido, que sir-
ve de fondo a la composición general. La cenefa corre a lo largo de la
parte inferior de las paredes, formada por lazos, en los que a tramos'
ie destacan guirnaldas de flores y rosetones. Delimita la cenefa del
resto de la pared una faja compuesta por la sucesión de claveles, flan-
queadas por franjas de color gris, en tonalidades claras e intensas.
Errm*"a.rdo los vanos suben líneas de colores, en la gama de los
ocres, y, sobre los dinteles, se reproduce los tan gUstados cortinajes.
El muro se remata con fajas de colores, separadas por trazos lineales,
una de las cuales repite, a plantilla, un motivo geométrico. Al centro
de cada uno de los testeros de las paredes divisorias con los aposen-
tos, ocupa la atención una ingenua reproducción de jarrones. Los de-
rrames y capialzados se decoran con difusas manchas de azul inten-
so, jaspáado con toques blancos, sobre fondo azul pastel. En los mo-
tivos predominan los rojos, rosados, azules, verdes y blancos'
En los aposentos, la decoración es más simple' Una cenefa, en
cuyo centro hay cortinajes del que cuelgan rosas, forma el moüvo
príncipal de unó de los aposentos; en el otro, el motivo fundamental
io una faja de formas vegetales, de grueso trazo. Tanto en
"o.tfor-u
uno como en otro, los vanos están recuadrados con líneas, a modo de
guarniciones y, sobre los mismos, hay ramos de flores. Los muros se
i"*"t* con fajas de colores, y los vanos y capialzados reproducen el
efecto de los de la sala, como si fueran superficies marmóreas.
Las decoraciones no solamente cubrieron los muros interio-
res, sino que también aparece en las fachadas. En la ya mencionada
casa de ortiz, simuladas basas de mármol sostienen unos inmensos
jarrones cargados con enormes ramos de rosas. Entre ellos, una guir-
í¿1¿" de hojas de laurel; los campos quedan definidos por fajas de
roleos vegetales (ilus. f 86). En otras, lo común fue la reproducción de
falsos despiezos, con lo que se imita el aspecto de los sillares, cos-
tumbre muy generalizada en Tfinidad y en otras poblaciones de la Is-
la y de laAmérica Latina.rs
El colorido de las decoraciones es delicado. Se utilizaron con
preferencia los azules, amarillos y verdes pálidos, sobre fondos de
pared de tonos suaves: rosa y azul, predominantemente. El mayor
énfasis de la decoración se manifiesta en las habitaciones delanteras
288 TRIN|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

186. Decoraciones de Ia
facha.da de Ortk.

de las viviendas, acorde con la importancia social de cada una de las


estancias. La sala y el comedor gustan de ornamentarse con mayor
solemnidad y empaque que el resto de las habitaciones. Imitados
cortinajes enmarcan los vanos; los capialzados se destacan con deco-
raciones, cuyos motivos siempre responden a los del resto de la deco-
ración aplicada a cada una de las estancias. En este sentido, cada una
de las habitaciones mantiene una estricta unidad, apoyada en el uso
de determinados ornamentos que predominan, dandb lugar a una
ambientación de gran coherencia formal.
En orden de importancia, le siguen, a la sala y al comedor, los
aposentos y las recámaras. y finalmente, los cuartos del martillo, en
los que la decoración se simplifica, consistiendo, en ra mayoría de los
casos, en simples ramos de flores colocados sobre los vanos de las
puertas, ylas cenefas se reducen a la reproducción de líneas paralelas.
En cuanto a la filiación estilística de este grupo de decoracio-
nes, es eüdente la utilización de formas de índole rococó las
-como con
rocallas y las sinusoides con rosas-, y de sabor Luis xw-lazos
rosas, guirnaldas, rosáceas, jarrones, follajes, medallones, granadas,
arabescos y demás elementos característicos de este estilo. sin em-
bargo, motivos como la composición en losange de la sala de la casa
de ortiz, insinúan los aires neoclásicos que poco a poco irán ganan-
do mavor fuerza.
COLOR E IDENTIDAD 289

6.2.2. Decoraciones de fiIiación neoclásica

la antigua casa de Padrón núm. 457, esquina a


-Desengaño
Real del ligüe-, en cuyas paredes se han reproducido, en capas su-
cesivas, decoraciones de distintos momentos, nos ha ayudado a pre-
cisar las transformaciones de las decoraciones murales. La primera
capa de pintura de dicha casa está formada por una cenefa muy si-
milar a las descritas anteriormente: líneas paralelas conforman una
cenefa, que cuenta, como motivo principal, con grandes ramos de
rosas, cuyos tallos se desenvuelven en sinusoide (ilus. 187). Sin em-
bargo, la segunda capa realizada hacia 1835, cuando
-posiblemente

187. Decoracíón de la
casa de Pad.rón, primera
capa (desaparecida).

la remodelación de la casa- ofrece ornamentaciones que imitan zó-


calos marmóreos, enmarcados por guilloquis. También, aparecen co-
lumnas, envueltas por cintas y r¿rmos de olivo. Tánto en una repro-
ducción como en la otra, se acusa la linealidad de lo representado. Lo
nuevo, pues, en este grupo de decoraciones es el abandono de las
curvas flores, guirnaldas y roleos-, y la adopción de la
-sinusoides,
regularidad de las líneas y la simetrÍa de la composición que se apo-
ya en la repetición de ornamentos de carácter geométrico. Las deco-
raciones de aliento neoclásico consisten en simples fajas de colores
enmarcadas por líneas paralelas, en las que, con mayor o menor ri-
qtJeza, se destacan motivos de regular composición, casi siempre
ejecutados a plantilla (ilus. lBB y 189). Es éste otro rasgo por el cual
pueden identificarse las decoraciones realizadas, propiamente, en el
siglo )fX Algunos ejemplos tienen fajas ornamentadas, o, simple-
mente, se limitan a reproducir bandas de colores que recorren la su-
perficie de las habitaciones, enmarcando vanos, arcos y capialzados.
En otras, se utilizan motivos francamente neoclásicos como las hojas
de acanto o la lira, tan gustada por el estilo imperio (ilus. 190, 191).
290 TRINIDAD DE CUBA, PATR¡MoNIo DE LA HUMANIDAD

188. Decoración dc la
íglesia de la Popa.

189. Decoración de la iglesia


delaPopa.

190. Decoradón de Ia
íglesia de Ia Popa.

191. Decoración de la
íglesia de Ia Popa.

Se encuentran, también, decoraciones que reproducen paisa-


jes, como ya hemos indicado, y, de manera excepcional, se represen-
ta la figura humana, como en la casa de Lleonci, 1g en la que ap¿ue-
cen hombres y mujeres, a escala natural, acompañados de símbolos
alegóricos al comercio y la navegación. Reproducciones de primitiva
ejecución y absoluta planimetría, las figuras se encuentran perfiladas
por líneas negras. Pero la inspiración es clásica, mitológica.
COLOR E IDENTIDAD 291

En los exteriores predominan, como se ha indicado, los trazos


en imitación de falsos despiezos pero pueden aparecer bloques que
imitan el miirmol, o moüvos en forma de lacerías que cubren toda la
pared.
Iunto a estas realizaciones de carácter popular' se ejecutaron
algunas excepcionales muestras de pintura mural en edificios de
rango, como el Palacio de Cantero, la casa del Marqués de Guáimaro
y la casa de vivienda del ingenio de este nombre. Todas presentan
una similar factura que permite inferir que fueron hechas por el mis-
mo artista. Las de la casa de vivienda del ingenio Guáimaro fueron
realizadas por el conocido pintor y arquitecto italiano Daniel Dall'
Aglio y Graude, 20 según se desprende de la escritura de 18 de febre-
ro de 1859, entre Iosé Mariano Borrell de Guáimaro- y ]uan
-dueño que
Matamoros, apoderado de Dall'Aglio, en la se expresa:
..que enteradas barlas personas de amístad en dar un corte a Ia cuestion que luy pendien'
te por recbmo quc le tnce D. Daniel Dalalio [...] por mas ualor de las pinruras de la casa de
víviendn del Ing. Gtlayrnaro, y convensüos de las molestlas que son consiguíentes a los plei'
sultbrey espontóneawtuntadhanconuenidoentransigír 1...1 elasuntoenlama'
tos 1...1de
nera sigutente: EI Ecsmo. Sof. Borrell, a mas de sesenta onzas de oro españolas en que fue
conuenido el ajuste de las pinruras y que le entrego y dos mas qe mmbien le dia despues que
hacen sesentr y dos, cuyo wfslbo t ene illn Dablto [...] por ub de gatífrcacton [...] entreSa
en el acto Ia suma de dosctentos clncuenm pesos I-..1.21

&*-rr"&
192. Fimúde Dalalia.

De las decoraciones que tuvo la casa de vivienda del ingenio


Guáimaro, quedan las de la sala,2z donde en cada uno de los testeros
de las paredes se pintaron grandes cuadros, enmarcados con ovas y
recuadrados con gfecas, como si fueran lienzos colocados sobre las
mismas. Los cuadros representan escenas bucólicas, pastoriles, de
ruinosos castillos, o reproducciones de conjuntos arquitectónicos
neoclásicos, con un cierto aire de misterio, ensueño o lejaníaylos ca-
racterísticos Sauces que se aprecian en las pinturas románticas. La
decoración de los muros, divididos en campos, es muy diferente a las
292 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA }IUMAN¡DAD

que calificamos de populares. La línea desaparece en favor de los vo-


lúmenes, con efectos en perspectiva. Se aprecia el manejo de una
pincelada apretada y apenas perceptible, que forman grandes man-
chas, en las que la gradación de los tonos es el principal apoyo para
la delimitación de las imágenes. El tratamiento de ra luz, en especial
la del atardecer, es uno de los mejores efectos rogrados en estas pin-
turas. Es evidente que el realizador de las decoraciones de Guáimaro
fue un pintor con formación académica.
De idéntica factura son las que adornan los muros de la casa de
la calle Media Luna núm. lB, esquina a Galdós, también de la propie-
dad del Marqués de Guáimaro, lo que permite suponer que fueron
realizadas por Dall'Aglio. Las pinturas que realzan el comedor son
casi exactas a las de la casa de Guáimaro, concebidas como cuadros
superpuestos a la pared. En esta casa el efecto es aún más destacado,
por estar recuadradas con marcos de madera dorados, que sobresa-
len por sobre el ras del muro (ilus. 193). Sobre er dintel áe los vanos
se reproducen frutas del país y se utilizan
-en diferentes
de la pared- grecas u otros motivos de filiación
secciones
clasicista. En la sala,

193. Decora.ción del comedor de Ia casa Bonell.


CoLOR E IDENTIDAD 293

se destacan amorcillos, guilloquis, hojas de laurel y arabescos; los


primeros sobre fondo azul y enmarcados por listones dorados. El ti-
rante del techo aparece cubierto, como señalamos en el capíftrlo an-
terior, con lonas pintadas en imitación de casetones renacentistas.
Iguales a las anteriores son las extraordinarias decoraciones
murales del Palacio de Cantero, también atribuibles al mismo artista,
realizadas en los mismos años y cuando la casa pertenecía a Iusto
Germán Cantero y a su esposa, Monserrate de [ana. Las de Cantero
ofrecen un acabado repertorio de pinturas neoclásicas, sólo compara-
bles a las del Palacio de Aldama, en [.a Habana. Vale comentar que no
se ha podido conocer el nombre del artista que decoró el Palacio de
Aldama y dada la similitud existente entre las decoraciones de estos
dos edificios, bien puede proponerse que ambas fueron ejecutadas
por Dall'Aglio. Por demás, las pinturas murales de estos edificios son
muy similares a las del Teatro sauto (1863), en Matanzas, proyectado
y decorado por Dall'Aglio. Angel Bello, restaurador de los murales del
Palacio de Cantero, del Palacio Aldama y del Teatro Sauto, pudo com-
parar las plantillas de las decoraciones y constatar su similitud.
El Palacio de Cantero cuenta con dos üpos de decoraciones'
Debajo de las de estirpe pompeyana y carácter erudito, se advierten
decoraciones de factura popular que bien pueden corresponder a su
fecha de construcción o, a un poco después. con motivo de un baile
en sus salones, se expresa en una nota de prensa del año de 1839' que
era la única vivienda de la ciudad capaz para este tipo de actiüdad
por "...su estensión y estado brillante en que acaba de ponerla [...]"'23
José Mariano Borrell y Padrén, su dueño entonces. Tal vez esta nota
se refiera al momento en que fueron realizadas las primeras decora-
ciones, de las que quedan a la vista las de los capialzados de la sala y
la saleta. tas de factura neoclásica cubren totalmente los muros del
edificio y provocan un impacto notable (ilus. 194). En la sala, los tes-
teros se componen, en la parte inferior, de traceúas con lazos clasi-
cistas y, en el remate del muro, se desarrolla una ancha franja en la
que se reproducen las musas clásicas, en nrlmero de diez, lo que sig-
nifica que el artista, en atención a la simetría de la composición, creó
una por sobre las nueve mitológicas. Los vanos se encuentran en-
marcados por guarniciones pintadas de logrado efecto en falsa pers-
pectiva. Las habitaciones,la torre, el edificio todo, cuentan con exce-
lentes decoraciones, en las que la variedad de los temas resulta, en
294 TRTN|DAD DE CUBA, pATRlMoNlo DE LA HuMAN|DAD

194. Decoración del Palado de C,antero.


verdad, indescriptible. La fachada, por último, también está decora-
da, con su entablamento de inspiración dórica pintado en grisaiile
(ilus. 195).
El tipo de temas y su distribución refleja que existían ciertas
normas para la decoración de los interiores de los edificios, según sus
funciones. En 1849, el pintor trinitario Guillermo Bonet se anrinciaba
en los periódicos como profesor de pintura, con dominio de las si-
guientes habilidades:
...fetrata al óIeo, mlnraturay wtelconoce y uta las preparaclona del óleo, temple yfrexo
y ademós posee en general bs atatro rarnosdel afte que son: alnatural, proptoparalos cua-
dros htstóftcosy fiasladados: el de perspecttw concemt¿nte al4arquttectura crv|I,
wrade-
corar templos, teatros y otrat edifutos de tgual ruturabza; el de omato, adecudo a los sa-
lones y retretes y eI de paimje para los amedora y cenadores.24

Es de lamentar la pérdida del teatro Brunet (f 940) cuyas pintu_


ras Guillermo sánchez las atribuye a Francisco planellas,a y q.tu .tot
hubiera permitido conocer un ejemplo local de decoracibn de un
edificio civil. Planellas, en efecto, trabajó en Trinidad en el año de
COLOR E TDENTIDAD 295

195. Fachada del Palacia de C.antero.

inauguración del teatro Brunet, según se infiere de la siguiente nota


de prensa:
El Café y neverla del Comerclo es otro establuímiento nuew que se abrió con el estreno del
Tbatro Brunet [...]. 9us plnmras son ejecutadas por el hóbtl artlsta D. hanclsco Planella [...]
su lujoso cleloraso a de esqulstacaobAformando un ml cuyos rayos ocupan ndo el espa-
cÍo, con unflarón ltndlstmo at cenúo [...].26

En cuanto a las técnicas que se han podido reconocer para la


ejecución de las pinturas murales, la más frecuente fue un procedi-
miento similar al temple, mediante el cual se mezclaban los pigmen-
tos con alguna substancia adhesiva, como la cola, llamado en la épo-
ca temple común. Los preceptos generales de pintura se resumen en
obras como Secretos raros de artes y oficios. Obra útil a toda clase de
pinturas, en la que se recomienda para la preparación del temple:
I. Se debe tener culdado que Io qw se rnya ó plntar no tenga grasa alguna; sl la tiene * rrc-
pa ó se le da con una lejfa ó se fum aquella paru nn ajo.
II. El color aI temple debe hacer hilos en la punu de labrocha cuando se sau de la wsija;
sl se quedapegado será prueba de que no tlene bastane cola-
296 TRtN|DAD DE CUBA, pATRtMoNlo DE LA HUMANTDAD

III. Todas las manos, particularmente las primeras, se darón muy calientes; perc evitando eI
darlas hirviendo [... ].
M Cuando quieren hacer obras hermosas y los colores m6 bellos y mós sólüos, se prepa-
se

ran los obietos que se quieren pinmt encolhndolos con blancos preparados que slrven de
londo para recibir el color, los que hacen mós tgual la supuficle.27
En cuando al modo de proceder, se recomienda: primero, que
la cola puede hacerse de retales o recortes de pergamino, poniendo
los retales "...a humedecer en agua caliente por un día; dóspués se
hierven con el agua cinco ó seis horas, luego se cuela todo para sepa-
rar los pedazos de piel que no se hayan desecho, y se deja reposar la
cola [...]".28 Segundo, que el dibujo debe hacerse con carbón iierno y,
si es necesario enmendaS sirve de borrador una miga de pan. Una
vez marcado el dibujo se debe
...ponerlo en límpio, lo que se hace con una brochita o píncel largo y blen puntiagu.do y con
algun tinte ó color muy claro, con agua, para que eI color no tenga cuerpo; y para que no se
mezcle con el color que se ponga enctma, se puede hacer este diseño en llmpío, con un poco
de tiena de sombra blen molida con mucha agua y un poco de cola.
[...].29
Si la pintura configura ornamentaciones se sugiere el uso de
patrones calados como guía para el dibujo. por último, se indica que
la pintura al temple es susceptible de retoques y que es resistente a la
luz, no así a la humedad, que es uno de los factores que más la afec-
tan. si se pinta sobre una superficie decorada con anterioridad y el
color no se adhiere, debe pensarse que la causa estriba en la capá de
cola de la pintura anterior lo que puede contrarrestarse añadiendo
un poco de hiel de buey en el color que se quiere poner.3o
En la pintura al temple reviste esencial importancia la forma en
que se deslíen los colores, puesto que de la homogeneidad que se lo-
gre en la mezcla depende la calidad del resultado. Los pavimentos
también fueron pintados, en particular los pisos de losas bremesas pe-
ro, a nuestros días, sólo han llegado huellas difusas de estas pinturas.

6.2.3. Decoraciones de carácter naturalista

A partir de la segunda mitad del siglo XlXsurge un tipo nuevo


de decoraciones murales que, no obstante, coexiste con las anterio-
res manifestaciones. Ejemplo destacado de esta nueva tendencia son
las pinturas realizadas porAntonio Herr (1848-1939), artista trinitario
formado en Cuba y en Boston.3t El hecho de que podamos identificar
al autor de las decoraciones indica que estamos en presencia de algo
CoLoR E IDENTIDAD

nuevo. No es la obra de Herr, como tampoco lo es la de Dall'Aglio, la


expresión de un artista anónimo.
En la mencionada casa Padrón, la tercera capa de pintura des-
cubierta, destruida cuando la restauración de la casa y de la que he-
mos hecho reproducciones fieles, ha sido atribuida a Herr. consisten
en flores, de vivo realismo, a escala casi natural. Salta a la vista que el
elemento floral no se asume como un ornamento sino que, por sí
mismo, tiene sentido. En este grupo de decoraciones, desaparecen
las fajas ornamentales, con los elementos repetidos a manera de
guirnaldas. Cada ramo de flores ha sido reproducido como una natu-
lalezamuerta, de la forma común para la pintura de caballete. El di-
bujo, además, se pierde en la pincelada que, con trazos llenos y ro-
tundos, conforma el elemento floral. Son pinturas académicas (ilus.
196 y 197).

Itfi. Decoración dc la casa de


Padrón, tercera capa
(desaqarecida).

197. Decoración de la casa de


Padrón, tercera capa
(dcsapareci.da).

En otras, también atribuidas a Herr, como las de la casa de la


calle Rosario núm. 406, esquina a Media Luna,3z el motivo está com-
puesto por un ramo de margaritas, reproducidas a mano alzada, con
lo que la decoración se libera de la rigidez de la plantilla. Por las so-
corridas noticias de la prensa, se conoce que Herr trabajó en otros
edificios,lamentablemente perdidos, cómo el de la sociedad LaTer-
tulia, concebidas como paisajes.33 Herr gustó de las reproducciones
de la naturaleza., de las flores y las frutas. Formó a otros muchos ar-
tistas locales que aún en el siglo )o(continuaban su escuela. sin em-
bargo, la costumbre de decorar las paredes de las viviendas y de los
edificios en general, desaparece hacia el úlümo cuarto del siglo, da-
298 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

da la crisis económica de la región y del país, afectado por las luchas


de liberación contra España. Para entonces, la pintura se simplifica y
es cuando se generalLan los recuadros que perfilan zócalos yvanos,
lo que ha sobrevivido hasta nuestros días.

6.3. Ttatamiento de color

El tratamiento de color de las casas coloniales no consistió so-


lamente en la aplicación de decoraciones murales, sino que las pare-
des, como tal, se encontraban pintadas al igual que otrosiomponen-
tes de las üviendas. Nuestras casas se distinguen por su llamativo y
vivo color, lo que fue reiteradamente apreciado por los extranjeros
que visitaron el país en el siglo pasado:
Pero antes de que el extraniuo tenga tíempo de percatarse de todas estas partícularídades
de las edíficacíones cubanas, sus oios son deslumbrados por Ia briilantez y uariedad
de su
colorüo, donde ndos los matica del arcoirb se juntan y mezclan en extraños y
anonadan-
tes contrastes. Una casa tiene las paredes de wrde claro con cornhas y
molduras rosadas; su
uec'lna es de un dericado azur con detalr¿s salmón; ra srgurente
es grb y naranja con un po-
qulto de blanco rila y amarila, o rosado y azur- todo esto rerucíendo y agrtóndose en
-o
un aire caliente' ardíente, hasta tomar el aspecto de una uasta, radiante y
disoluente uisión.
sin ernbargo, una uez disípada esta primera impresión, cuando sru ojos pueden
soportar es-
te deslumbramíento, usted descubre que esos tintes vfvüos estdn
en erquísi¡a conformtdad
con todo lo que les rdea. Los trópicos sugieren un colorido y lo necesitan.
[.-.F4
El color es, tal vez, elrasgo que con mayor prontitud identifica
a nuestras casas, en comparación con sus homólogas españolas, las
de la Andalucía blanca, como se les ha llamado. siñ embárgo, no es-
tá claro cuando comenzaron a pintarse de corores y p"r".é que fue
una práctica que se introdujo en el siglo xx. Maúa Elena orozco afir-
que en Santiago de Cuba, las casas, en su mayoría, estaban pinta_
lna
das de blanco hasta lB17 en que se ordena que "...todas deben pin-
tarse con colores consultados al buen gusto de cada uno, así por la
mayor hermosura de Ia ciudad, como por el beneficio que trahe á la
vista, lastimada generalmente en este país por la reverberacion de las
calles."3s Mucho después, en las ordenanzas de construcción de
186l, de la Habana, se insiste en la conveniencia del color a los efec-
tos de nuestro clima:
Art.160. Para euitar el dúño que Ia rewrberaclón del sol causa ó
La vista, no se blanquearán
con cal las fachadas, sino que habrón precisamente de pintarse de medlos
colores. Los due-
ños pueden elegir al efecto los que mas les agraden, pero la autorüad
tiene el derecho de
¡nandar uariar bs que se^n muy fuertes y de mal gusto. pin-
Este derecho se estiende ó las
CoLoR E TDENTIDAD

turas de todas clases que puedan hacerse, asf en las fachadas de las casas, como en las
muestras de los esmbleclmientos.'3B

Un año antes, se daba noticia en los periódicos habaneros de


un nuevo procedimiento para la terminación de las fachadas y que
consistía en "...revestirlas [...] de estucos por medio del cual parecen
estar construidas de veteado y pulido mármol. Estas fachadas son
bellísimas y dan a las casas un aspecto grandioso a la par que elegan-
te. Varias cuenta nuestra capital adornadas de esta manera. [...]".tt
No obstante esta innovación de cubrir las paredes con estuco
de yeso, nuestros muros independencia de si eran de mam-
-con
postería o cantería- siempre contaron con revocos, sobre los que se
aplicaban las capas de pintura. La calidad de la pintura ya fuera sim-
ple o contaran con ornamentaciones estaba en dependencia de la
naturaleza de los enlucidos y de la textura de las paredes. Las paredes
se repellaban con la llamada mezcla real, a base de cal, arena azul,
agua y, en casa antiguas, tierra roja que le confería a la argamasa ma-
yor plasticidad. l¿ proporción de la mezcla era tres de arena, por dos
de cal y una de tierra. Esta argamasa servía para dar las capas de re-
sano y repello que, por medio de la presión de la cuchara, adquirían
gran homogeniedad y dureza. Con el tiempo, la mezcla se endurecía
progresivamente, como bien lo han demostrado los restos construc-
tivos de tiempos antiguos y medievales. Para el acabado de los mu-
ros, lo común en Trinidad fue aplicar, poco después del repello, una
masilla de cal viva y agua, con la finalidad de que fraguasen al mismo
tiempo. La lisura alabeada de los muros coloniales debe su secreto a
esta antiquísima tradición, que desconocÍa del cemento hidraúlico y
de la frota.se
Los colores preferidos fueron el amarillo ocre, utilizado am-
pliamente en las construcciones oficiales, y los tonos verdes, rosados
y azules para las viviendas. Los elementos resaltantes
pilastras, columnas, platabandas y similares- se pintaban -molduras,
de blan-
co. Con ello se acentuaban los contrastes y los efectos de profundi-
dad que los elementos arquitectónicos provocan contra el muro de
fondo. Según Francisco Pérezde la Riva, el color adquirió un signifi-
cado político:
Ins colores con quese pintaban entonces las casas conespondfan,m gmeral, a laubícación

de dentro del esquema de la sociedú colonlal: azul y blanco y verde y blanco a


sus dueños
las cubanos, m^ tarde esto fite conslderado como un slgno de daafeccíón a España rojo
TRIN¡DAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

ladrillo y amaríllo mostaza a los apañobs y hrcgo a vs partidarios. ,\tnarílla y blanco fue
el color oficial de todos bs edificios públítos hasm el cae de la mlonía, y aún mucho des-
pués t.-1.39

En las paredes interiores se uülizaron, con preferencia, el azul


y el verde pálidos diversas gamas-, el rosado y el blanco. Este
último se mantuvo-en durante todo el período colonial, acompañado, a
fines del siglo XD( con zócalos de colores pardos o ¿tzules. Para las
puertas, la coloración preferida desde el siglo )(Vlllhastaavanzado el
XIXfue el llamado verde loro. Posteriormente, se prefirió el azul com-
binado con el blanco y, finalmente, el blanco. En algunas muestras, el
tratamiento de las puertas consistío en aplicarles tintes que imitaban
la coloración y vetas de las maderas europeas. En el caso del Palacio
de Cantero, el tratamiento original de las puertas fue de este tipo, con
las molduras doradas.
La pintura al óleo se utilizó para cubrir puertas, ventanas, rejas
y escaleras y, excepcionalmente, para muros. Se usó en elementos de
madera, de hierro y de cobre. En 1840 un maestro local, llamado An-
drés, remoza la casa de la calle Ripalda s.r., y su trabajo consistió en
"...pintar puertas y ventanas de verde con aseite y por dentro color
perla. La fachada figurando cantería. Las columnas y techo del portal
color perla al oleo. Senefa, con fondo perla las paredes [...]".40 En este
tipo de pintura, los pigmentos se mezclan con aceite. Si se aplicaba a
las paredes, después de preparado el paramento con el enlucido de
cal en ocasiones-, se daban una o dos manos de aceite de li-
-yeso
naza puro o mezclado con minio, para hacerlo más secante, toman-
do el muro un tinte rosado claro. Cuando estaba seca la última mano,
se aplicaban dos más de imprimación, de color blanco (generalmen-
te de zinc o de plomo) y, sobre ello, se aplicaban los colores. Las pin-
turas al óleo sencillas llevaban, por lo menos, una mano de prepara-
ción, otra de imprimación y dos de color. En la pintura al temple de
muros se seguía similar procedimiento, con la diferencia de que las
capas de pintura destinadas a abrevar los muros se reemplazaban
por mÍrnos de encoladura. Enseguida se aplicaban las manos de im-
primación se aplicaban tibias- y, por último, las que se nece-
-que
sitasen de color.
Los tintes utilizados, tanto para las decoraciones murales co-
mo para la coloración de las paredes, techos, puertas y demás ele-
mentos de una vivienda, eran de naturaleza orgánica y, sobre todo,
mineral. En forma pura, se tenía la posibilidad del blanco, el negro, el
CoLOR E ¡DENTIDAD 301

amarillo, el azul, el verde, el rojo y el pardo. Pero se lograban las más


diversas gamas mediante la mezcla de unos colores con otros.4l
Es, en resumen, el color el rasgo más sobresaliente de la casa
cubana en el siglo )lx, momento en que alcanzauna definida perso-
nalidad que, sin negar sus raíces, la identifica como una expresión
que bien merece el nombre de cubana.

6.4. Los realizadores: la identidad

El siglo xl)(fue un momento crucial de nuestra historia, al fun-


dirse en de las guerras de independencia el sentido de la na-
elirisol
cionalidad, sustantivadá en múltiples formas de expresión. La cultu-
ra no es una realidad ahistórica, ajena a las circunstancias inherentes
a la sociedad que la genera sino, por lo contrario, está
ligada a la mis-
ma, es p"tt" i.tainitibt" d" la misma. Como ha indicado Graziano
,,...nexo arquitectura-sociedad está vinculado en forma
Gasparini, el
indisoluble alas relaciones de los grupos que componen dicha socie-
dad y al momento histórico en el cual se produjo' l"'1"'42
SienlaCubacolonialladis¡rntivahistóricafundamentalfue
la de lapropia definición de la Nación,la cultura de la época está sig-
nada por esa encrucijada esencial' Nación y-cultura son categorías
la pri-
vincuüdas al conflictó político entre Cuba y España' Durante
meramitaddelsigloXtYseapuntanloscimientosdeuna.....comu-
de una
nidad territorialy óconómica, de la cual es reflejo la existencia
alcanza' en diferentes
conciencia naciónal [...]".nt Hacia entonces' se
dife-
manifestaciones culturales, aquello que ""'a los ojos de todos
renciaba a la Isla de su metrópoli hispana.1...1",44 y que se conespon-
sí' seg(rn deno-
de a su época y circunstancia, es decir, ala nación en
minación acuñada por Iosé Antonio Portuondo'¿s
Desdeunpuntodevistasociológico,laarquitecturadomésti-
es fácil
ca cubana del período colonial resulta un caso atípico' No
de cada uno de los componentes socia-
deslindar la esfera de acción
les que intervinieron en su materialización y, por lo tantg' clasificar-
es co-
la dá cdta o de popular. En las naciones de Europa Occidental
mún separar laarquitectura en dos proyecciones: las arquitecturas
históricas,resultadó del trabajo de un artista que persigue
un fin es-
y que,
tético determinado según las diversas corrientes estilísticas
porlo general, enfrentiobras de gran rango, de índole oficial o priva-
302 TR|N|DAD DE CUBA, pATRrMoNto DE LA HUMANTDAD

da, identificadas como expresiones cultas; y, Ia arquitectura populat;


obra de los grupos medios y modestos, donde se ofrece la
actividad
anónima y colectiva de estos sectores, cuyas preocupaciones
son
fundamentalmente utilitarias.4. En nuestro caso, aurrqrre las vivien-
das reflejan las jerarquías sociales
-no es ro mismo
ro que una modesta viüenda de embarrado-,
la üsa de cante-
las diferencias entre
unas y otras son más de forma que de contenido. Nuestra
casa inte-
gra una coherente familia que con ligeras variaciones
aparece en to-
do el país, como sorución de habitatáegrupos sociares
diferenciados
y cuya pervivencia se prolonga, con las rógicas
adecuaciones tempo-
rales, hasta los mediados der sigro )e(. Laconformación
de los espa-
cios, el sistema de fabricación y ros elementos decorativos
se mani-
fiestan en cada época, acorde con una norma arquitectónica
de vali-
dez general para todos ros grupos sociales. Es poi
ello que se nos ha-
ce difícil calificar a edificios como el palacio
de cantero. culto, por ra
decoración clasicista, pgl gl empaque y la escala? popular,
por ta uti_
lización del sistema tradicionar deiabiicac¡o', güe
comprende des-
de la distribución de ros espacios, ra técnica
de construcción de puer-
tas, techos, pavimentos y demás? Culto, porque
responde a las pro-
yecciones sociales de sus encumbrados
¿ulnosl bop"rui porqrr"
fuera realizado por constructores anónimos?.
culto, poi tu intánción,
ypopula¡ porque responde a una tradición de
-"r.ádo acento local?
Nuestras casas fueron levantadas por constructores
anónimos,
llamados maestros de obras o alarifes, cuya
actividad de trabajo se
o.tgu."i,9, los primeros momentos ¿é la coronización
{esde de ra Isla,
siguiendo las fórmulas heredadas der período
medieval e.riof"o. rt
aprendizaje de los oficios se verificaba mediante
un convenioiuscri-
to entre el padre o tutor del presunto aprendiz y
el maestro ¿a on"io.
De esta suerte, el conocimiÁnto de ros oficios
ie basaba en una pra-
¡ls colectiva, trasmitida de generación en generación,
fortaleciéndo-
se el tradicionarismo der trabajo artesanar.-por
demás, Ia porítica feu-
dalizante de menosprecio de rás ocupaciones
manuales determinaría
-q.ye
tos oficios quedaran a cargo, fundamentalmente, oe ra páuiacion
libre de color. Hacia 1754, Iosé Martín Félix de
Arrate, negaor áe fa
Habana y nuestro primer historiador, expresa
que los
"'Pardos y Negros [..-] a mas de ser
bien dkpuatos en b corporar mn muy aptosy sufrcien-
tes para oficios mecánicos ó que comunrnente se aplican,
ros
en que salei uenta¡oms Maes-
tros' no digo de los de hpateros, sastres,
Albañira y carprnteros, pero aun de a4uetros que
necessíton, y püen mas avilidad, pulimento,
y genío como son el de la plateriT esculturu,
CoLoR E IDENTIDAD 303

pintura, y talle, segun lo runifrestan sus primorosas obras, descubríendose en ellos inge-
nios para muchas grandes cosas. [...].47

Poco después, en el primer censo de la Isla (1778), se oftece si-


milar información:
...hs artes son ocupacíón de los mulatos y negros llbres: pocos blancos están empleados en
elhs. Las más necesarias a la vída humana, como zapaterfa, sastrerta, henerla se hallan en
regular atado; pero a túas han ventaja la carpínterfa, de cuya especie se ven obras perfec-
tamente acabadas y comparablcs con las de los íngleses. La pintura, esculrura y platería, y
otras artes datlnadas al lujo, atdn todavla muy atrasadas. t...1.48

Alngar por esta afirmación, no se percibían distinciones en-


tre las actividades de índole artesanal y manifestaciones como la pin-
tura, la escultura y la propia arquitectura que en Europa, desde el si-
glo XVI, se habían constituído como expresiones de artistas persona-
lizados.¿s En realidad, no existía tal distinción porque no había arqui-
tectura, pintura o escultura con mayúsculas. En la primera mitad del
siglo XX, persistía esta situación, según afirmara José Antonio Saco:
...hs artes están en marns de la gente de color [...] ya no era de esperar que ningún blanco
se dedicase a las artes, pues con el sólo hecho de abraz¿rlas, Wrece que renunciaba a los
fueros de su clase; asl fue que todas uinieron a ser el patrimonio exchtsívo de Ia gente de co-
br, quedando resenmdas para las blnncos las carreras llterarías y dos o tres más que se te-
nfan por honorlficas. [...¡.5O

Pero esta condición racial del artesanado no es lo importante,


a pesar de que se ha defendido la existencia de una "arquitectura
mestiza" en América l¿tina, en consideración a los aportes del arte-
sanado indígena. Graziano Gasparini ha esclarecido este aspecto al
señalar que la "sensibilidad mestiza distinta' es "...distinta del arte
erudito de su tiempo porque sus manifestaciones pertenecen a una
actividad artesanal que se ajusta a directricez impositivas, en lugar
de estar respaldada por una verdadera sensibilidad artística'.sr En el
caso de países como Cuba donde no existieron artesanos-indígenas,
sino artesanos-negros (y también algunos blancos),sz tampoco pue-
de achacarse la especificidad de las obras a una condición cultural
por razones de raza, sino a una condición cultural por razones de ca-
rácter social. Indios, negros o blancos, lo fundamental fue la condi-
ción de artesanos, carentes de una preparación académica, subordi-
nados al imperio de las tradiciones constructivas heredadas y cuyo
trabajo se consideró, por largo tiempo, como cosa de gente inferior.
Thnto fue así que Carlos III, con el interés de propiciar el trabajo libre
y la manufactura, en ¿uas de estimular el desarrollo del capitalismo,
304 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMONIo DE LA HUMAN¡DAD

dicta una Real Orden en 1783, por la que intenta destruir el ancestral
prejuicio demeritador de todo aquel que trabajara con las manos. Se
declara que los artesanos
...de cualquiu oficío que sean, ln clnse de perconas hanradas y que nu oftclos
se tengan en
no les enüIezcan, ni les obsten para obtener los empleos municipalcs de Repúblím. t...1 la
decadencia en que v
hallan, no sólo las Arta y ofrcias, sino nmbün eI Comercio y Fabrícas,
producüa de Ia preocupación vulgar de uileu que se l¿s ha ido atribuyendo 1...) promueua
las referüos oficíos y Fabricas poniéndoles en la clnse de honrados [...] y que tampoco han
de perjudicar las ,{rtes y ofrcios para eI goce y prerrogativas de Ia Hidalgula [...] síendo es-
cepruados de ata regla las artistas o menestrales o stu hijos que abandonasen su oficia o el
de sus padres, y no se dedtcasen a otro, o a cualqutera arte o profalon [...] aunque eI aban-
dono sea por catlsa de riqueza o abundancia [...].53

El horizonte de los realizadores nativos se ampliaría con la


apertura de Cuba al mundo en l8IB, mediante la eliminación de las
trabas comerciales, que propició el arribo al país de numerosos artis-
tas extranjeros. Procedentes de Inglatera, Italia, Francia y los Estados
Unidos de Norteamérica, fundamentalmente, arribarían numerosos
individuos, dedicados a las más disímiles especialidades. A través de
ellos se introduce el sentido del gusto artístico de la época que des-
plaza, en parte, los patrones tradicionales. En 1844, en El Coneo de
Trinidad, se publica un ilustrativo comentario que alude a las trans-
formaciones derivadas por el contacto con los artistas extranjeros:
De poas años a esta parte han mejorado mucho [...] y se lun perfeccíonodo los operarios
se
ó artaanos; mejor dicho, han adelantado pues la mayor parte atón todauta disnntes de la
perfección, sí quuemos lablar rigurosamente. El ejempb que han tenüo con los uenüos de
fuera, especialmente carpínteros, zapateros, albañiles, sastres, toneleros y otros ha stdo un
atlmulopderoso que los hahechoesforzarse [...]. Hoy tenemos [...] carptnterosde muebles,
ebanlstas y tomeros que acafun una pleza con basnnu perfección: Ios tallcra de ate ofi-
cia, Io mismo quc otros, están provistos de henamientas que seis años atras eran d6conocí-
tambén dan a conocer sus adelantos y tenemos muchos jóuena blan-
das [...] . Ins albañiles
cos que se han dedicado a este utilfsimo y beuo arte. [...]54

Dentro del grupo de artistas extranjeros se destacaron, por lo


novedoso, los pintores de escuela. Los pintores nativos, en su mayo-
ría, compartían este quehacer con otra actividad. El pintor se identi-
ficaba con el albañil o el carpintero, o se encontraba supeditado a los
mismos. Y su principal campo de trabajo fueron los techos, donde
dejaron tantas muestras. Con exactitud los llamaron en la época
"pintores de la madera',ss untrqn" alguna que otra tabla popular pro-
voque dudas en cuanto a la incursión de estos desconocidos creado-
res en tareas de mayor envergadura.
CoLOR E IDENTIDAD 305

El contacto con la obra y personalidad de estos artistas forá-


neos descubre el desligamiento entre el productor individualizado
y
el productor colectivo común al arte europeo posterior al Renaci-
milnto, formados los unos en escuelas y, los otros, en la práctica dia-
ria. un nuevo factor incide en los modos de proyectarse la actiüdad
me-
artística: se comienza a tender hacia la intelectualización de los
mo-
dios de ejecución y asunción del arte' El mejor ejemplo de esta
la es-
derna diiección en la formación del artista es la fundación de
los
cuela de pintura de San.Alejandro, en 1818, en La Habana' bajo
auspicios de la Sociedad Patriótica de La Habana. Esta insütución'
que ¡ugaria un importante papel en la üda económica' social cul-
y
ürj ¿" la sociedád colonial,sl propiciaúa, también, la creación de
escuelas para el aprendizaje de los oficios. En 1855 se abre la Escue-
la de Arteianos de La Habana que seúa el antecendente de la Escue-
la de Arquitectura, fundada en 1909'
Hacia los mediados del siglo comienza a advertirse una dife-
por co-
renciación entre el artesano y el profesional, que terminarán
que tuvo
locar en banquillos apartes al albañil y al arquitecto' figura
loi siglos Ambos términos en el siglo
un escaso p"io tempranos'
"rr En 1773 el albañil avecindado en
WIIIy,mái atrás, eran sinónimos.
si mismo: "...artifice qe
Trinidad, Manuelvicente García, se califica a
soy de la arquittectura [."]"'57 Pero hacia los mediados del siglo XX'
diáhos términos irán adquiriendo un significado preciso: antes,
el
pien-
alarife-albañil-arquitecto piensa y ejecuta; ahora, el arquitecto
sa y el albañil, realiza. En 1861, los Alarifes Mayores se transforman
-l\rquitectos
en Municipales, seleccionados entre los egresados "'..de
la escuela de Arquitectura cuyos estudios en Madrid costeen los
la
Ayuntamientos ¿é la Isla, bien entre los Arquitectos con título de
en coordinación con
Atademia española [..']"'ss Los Ayuntamientos'
jóvenes escogi-
la sociedad Económica, sufragaron los gastos de los
dos para cursar estudios de arquitectura en España' Se inicia
una
la se-
,.r"ü etapa, la de la arquitectura de autor, que caracterizará que a
gunda Inü¿ del siglo xD(y, sobre todo, al siglo )ff. En elpeúodo
ñ"*o, delimitado pata nnestro estudio, y que tiene por límite el año
es aún
de 1868, inicio de lás gUenas de independencia, el productor
el alarife-artesano.
Y en ello está la clave. si el artesanado se proyectó con un alto
gfado de tradicionalismo, no es éste el caso del usuario, transforma-
306 TRIN|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANTDAD

do, en ürtud del auge económico derivado del desarrollo azucarero


de la Isla, en un grupo ilustrado a la manera europea.sey
esto es una
contradicción histórica muy específica. ta relación entre un comi-
tente ilustrado, económicamente pudiente, y un eiecutor artesanal
es
muy concreta de nuestra circunstancia histórica. por consecuencia,
no fue posible trascender er lÍmite que el artesanado representaba
a
los efectos de la arquitectura. Es lo que exprica ra impositle
inserción
de nuestra arquitectura dentro de li esfera de los
históricos, a
pesar de las proyecciones simbóricas de algunos "riilo,
edificios. se incor-
pora a la arquitectura la impronta culta pero el sistema
de fabrica-
ción, en lo esencial, mantuvo su carácter tradicional. Tampoco,
por
tanto, es posible caliñcar de popular a nuestra casa según
lo acepta-
do para las manifestaciones deeste tipo en España
u otros lugares.
No es exactamente el palacio de Cantero, una vivienda,,popular,,.
Ha_
bría que definir un nuevo término.
La intención de ros grupos élites ilustrados estaba
bien defini-
da. Baste considerar las parabias que Domingo
del Monte, escrareci-
do patricio de origen venezolano que dejara honda
hue[a en ra cur-
tura cubana de Ia primera mitad del sigloxx, le escribe
a su cuñado,
José Luis Alfonso, sobre la construccidn der paracio
¡¡dama, sin ¿u-
das, el edificio de mayores aspiraciones construido
en cuba antes de
los mediados del siglo XIK;
"'nuestro padre polrtico ha comprado sorares en er mejor punn der &mpo
de Marte, y
piensa hacer una casita de sencilra y
eregante arquítectura, que sí ra hace por ros pranos que
yo le he proporcionado, seró ra mejor Ia úníca
de I¿ Habana, en que se vean siquiera ínten-
ciones y fumtntos de respeto y amor a la bellezas
del Arte. ¡...¡.60
El Palacio Aldama es, tal vez, el edificio mas
suntuoso y miás
neoclásico de cuba. pero es una versión decimonóni."
casa señoriar que' en r,a Habana, se origina
á"iiü" ¿"
en las primeras détadas
del siglo xlzll/. En este sentido, po.o La denominación de.,ca-
sita" a este imponente edificioiefleja, "polrtu.
quizás, la imposibilidad cons-
ciente de rebasar el límite definido por las circunstancias
der desarro-
llo histórico del paÍs.
Nuestra arquitectura doméstica no se ofrec€, pü€s,
como un
fenómeno paralelo a otras formas de expresión,
en las que er p*r-
bial distanciamiento entre lo urbano y ló rural, provoca
hiferentes ni-
veles culturales de realización. La contradicción
entre ciudades y ar-
deas agrarias y artesanares no resulta pertinente
en las condiciones
CoLoR E IDENTIDAD

del desarrollo histórico de la Isla durante el período colonial. La tóni-


ca fundamental de los núcleos urbanos del país fue agraria, artesanal
y comercial. Lo popular en nuestra arquitectura doméstica no es re-
ducible a grados de ilustración de los sectores que intervinieron en
su materializaciín, o la masiüdad de la producción. No es el resulta-
do de un creador con instrucción que logra asimilar o compartir las
preocupaciones del pueblo al que pertenece. Es, en sí inisma, la ar-
quitecura doméstica cubana la expresión física de un pueblo en una
fase de su desarrollo histórico. En este sentido es que la calificamos
de popular.
[,a dimensión cultural de nuestra casa no dimana de sus rela-
ciones con lo culto, de inserción epidérmica.ot A la incidencia de fac-
tores externos que sientan las pautas del gusto en cada época se opo-
ne la pervivencia de un tipo constructivo extendido a lo ancho de ca-
da momento, repetido a lo largo de los años y cuya fuente de inspira-
ción primera es la tradición morisca, adaptada a nuestras tierras, a
través de un proceso de evolución cuyas particularidades hemos tra-
tado de ilustrar con el estudio de la casa en Trinidad. El resultado de
este proceso ofrece una casa bien diferente a la que le sirviera de mo-
delo.
Si comparamos la casa trinitaria con las españolas que le son
más afines, la viüenda popular andaluza, podremos encontrar co-
rrespondencias pero, también, particularidades bien distintivas. La
primera impresión contrastante es la que se deriva de la escala y de
la disposición. La casa meridional española es de dos o más plantas,
estrecha y alta como corresponde a asientos urbanos de tradición
medieval y alta concentración de uso del suelo. Hay, por supuesto,
muchas excepciones de esta regla, que se asemejan a las apaisadas y
bajas casas trinitarias, pero son las menos. La blancura de los con-
juntos urbanos españoles es otro elemento muy diferente en compa-
ración con la fuerte policromía de nuestras ciudades. A escala urba-
na, la ausencia del verde resultante de las características de nuestros
patios, poblados de grandes árboles, es otro elemento perceptible. Y
es que el patio andaluz, en las regiones donde existe, que no todaAn-
dalucía presenta tipologías de üviendas con patio, está pavimentado
y las plantas se colocan en macetas. Thmbién, la marcada variedad
volumétrica de Ios conjuntos urbanos españoles, dada la ruptura del
espacio aéreo, por la diversidad de altura de las üviendas y la dispo-
TRTNTDAD DE CUBA, pATRlMoNto DE LA HUMANIDAD

sición de los techos en secuencia escalonada, es totalmente distinta


a la contiguidad típica de nuestros tejados, de tendencia a la regula-
ridad de escala. En extensas zonas, la teja es predominante en Anda-
lucía pero cubre sencillos techos de una o dos vertientes. La genera-
lización en Cuba de las techumbres de armadura como cubierta de la
casa corriente es, sin dudas, singular.
En cuanto a las fachadas, lo particular tiene que ver con la ubi-
cación de los huecos. A diferencia de la rítmica alternancia y propor-
cionada relación de dimensiones de los vanos de nuestras fachadas,
las viüendas populares españolas disponen sus vanos con extrema
libertad y desigual composición, por tamaño y ubicación. Por lo de-
más, edificios de dos plantas en los que la baja cuenta con una esca-
la superior a la alta, nos resultan extrañamente inversos a lo común
en Cuba. Como es extraño el uso de las plantas bajas para habitación
y las altas como desván. En cuanto al balcón, no quedan en Andalu-
cía los que pudieran ser comparables a los nuestros. La versión sevi-
llana de reja-balcón no es frecuente ni en Trinidad ni en Cuba. El bal-
cón en España aparece en un amplio itinerario geográfico que cubre
desde las regiones del norte hasta la versión canaria, la de mayor si-
militud con los balcones cubanos.
Finalmente, nuestra disposición en torno a un patio central,
rodeado total o parcialmente por galerías, no aparece en la casa po-
pular andaluza. El patio en las proüncias de Sevilla, Cádiz
y Córdoba- no es mas que -común
un pequeño lucernario, elemento de dis-
tribución, al que se accede por un zagaán que funciona como un
atrio de recibo, de dimensiones humanas.
La casa popular española no es, en general, un antecedente de
la casa cubana.62 En la actualidad, salvo excepciones, en los conjun-
tos urbanos de la región de Andalucía predominan las edificaciones
construidas en los siglos XIII y )NIII. Estas casas se constituyen al
unísono con las nuestras, en desarrollo paralelo. Ambas versiones, la
hispánica y la cubana, se nutren de una fuente común: la vivienda
medieval española. En el caso cubano, se produjo un proceso de evo-
lución acorde con las particularidades propias de nuestro clima, ma-
teriales de construcción y circunstancias históricas.os Y lo más impor-
tante del modelo español es la naturaleza social de esas üüendas, ge-
neralizadas en una amplia capa de la población. El desarrollo de la
arquitectura doméstica en Cuba se nutrió de la casa común y co-
CoLoR E IDENTIDAD

rriente. Por ahÍ debemos empezar. Este es el patrón que Cuba recibe
y adapta, según las exigencias de la sociedad que se originó sobre su
suelo. No tiene sentido, por tanto, comparar la arquitectura criolla
con la arquitectura erudita de la Metrópoli o con la del mundo euro-
peo en general. Támpoco tendría sentido analizar con igual punto de
vista, las obras de Iuan de Herrera y la de los constructores anónimos
de su momento. A nadie se le ocurriría.
La conclusión final, en cuanto al significado histórico-cultural
de la casa trinitaria y, por extensión, de la cubana, queda en depen-
dencia del punto de vista que sirva como apoyatura al análisis: si el
de su relación con lo culto o el de su esencia popular. Si se toma el
primero, la arquitectura nuestra revela una exigua contribución, en
tanto los edificios carecen de una proyección cultural de posible in-
serción dentro del mundo de las arquitecturas históricas. Si se esco-
ge el segundo, cada una de las células que componen los conjuntos
urbanos, por sí mismas y en su unión, ofrecen testimonio de validez
histórica y especificidad cultural. Cabe recordar a Fernando Ortiz
cuando afirmaba que la cubanía "...fue brotada desde abajo, no llovi-
da desde arriba. [...]."64
La segunda opción supone casi un acto de descubrimiento:
tanto fuego fatuo ha encadilado la visión de nuestra casa, desüando
la atención hacia la explicación de su presencia. Nuestra casa se ins-
cribe dentro del patrimonio nacional, por ser herencia de un pasado
que nos pertenece y sostiene, en la medida que lo verdaderamente
popular se convertiría en la principal fuente nutricia de una expre-
sión afincada en lo que a un pueblo concierne a la hora de proyectar
su habitación como reflejo de su vida.
3r0 TRINIDAD DE CUBA, PATRIMoNIo DE LA HUMANIDAD

NOTAS

I El Coneo,Tnntdad, año 30, núm.30, l1 de marzo de 1849.


2 Helmuth T. Bossert, Pintura decorativa: ejemplos de decoración mural desd,e la
antígíiedad hasn mediados del sigla )Q{,p.9.
3 Ibid., p.10.
4 I. Aronson, Enciclopedía gráfica del mueble y la decoración, p.16.
5 Véase Juan de Contreras, Marqués de Lozoya, Hístoria del arte hispónic4 tomo
II, p.250.
6 Ibtdp.Z+A.
'7
Fernando Chueca y Goitía, Historia de la arquítectura española, pp.95-96.
B Manuel Toussaint, La pintura en México durante el siglo XW, p. 15.
9 Yéase Guía del museo de arte colonial "Quínta de Anauco", residencia del prócer
de Ia independencia, General Francisco Rodríguez del Toro, Marqués d.el Toro.
l0 Ia casa de la calle Tacón núm 12 es uno de los ejemplos más interesantes de
arquitectura temprana de La Habana. Fue construida por la parda Juana Car-
vajal, a la que en 1698, su dueña, l¡renza de Carvajal, le concede la libertad y
le dona sus bienes. Segrln escritura del 22 de marzo de 1725, Juana Carrrajal im-
pone sobre "...1a casa alta y baja de rafas y texas que esta fabricando nueva'. Di-
cha fecha aparece grabada en la enjuta de uno de los a¡cos de la planta supe-
rior de esta casa. En 1748, Ped¡o losé Calvo de la Puerta compra la casa que, en
1751, vincula con la aledaña deTacón B. En l78l, la hereda su hijo, Nicolás Cal-
vo de la Puerta y O' Farrill. Se supone que las decoraciones fueron realizadas
cuando la casa pasó a los Calvo de la Puerta.
Yéase Plegable editado por el Gabinete d,e Arqueología de la Ofuirc del Histo-
riador de la Ciudad de La Habana. s.f.
l1 A mediados del siglo XZIII Diego Peñalver-Angulo y Calvo de la puerta adquie-
re la casa que fuera del Dr. Francisco Tenaza, de la que existen noticias desde
1707. Peñalver reconstruye la casa como de dos plantas. A fines del siglo XIZII,
la casa es remodelada por Ignacio Peñalver y Cárdenas, Marqués de Arcos, de
quien tomaría el nombre.
Véase foaquín Weiss, La arquitecura colonial cubana. Siglo )Ulil, pp. 45-46.
t2 Iorge Rigol, Apuntes sobre el grabado y la pintura en Cuba.
l3 Citado por Rosa María Gorwález, Juan Cristóbal Gundlach, p.23.
l4 Véase nota 25, capírulo 3.
l5 Véase nota 12, capítulo 2.
l6 Véase nota 51, capÍtulo 2.
T7 En la casa de Ortiz aparece esta fecha pintada en la fachada que parece corres-
ponder a su momento de terminación. Véase, además, nota 68, capítulo 2.
IB Diego Angulo fñiguez, Hístoria del arte hispanoamerican4 tomo Ill, p.204.
l9 La primera mención enconmda sobre esta casa, en la actualidad en ruinas,
corresponde a l8l9, cuando Ana Iosefa Pablos Velez vende a Agusdn Lleonci
CotoR E IDENTIDAD 3tl

"...1a Pared qe divide ntras casas y telreno en qe se halla construida [...] segun
la mensura y reconocimto hecho por el Mtros de Albañilería Jose Ricardo fern
[...]." Esta casa estuvo compuesta por dos viviendas, una perteneciente aI
mencionado Agustín Lleonci, casado con Rita Gambino y la ona a Clemente
Tonalbas, su socio.
VéaseA.H.T. Protocolos de Blas Dionisio de Pieüa, escritura del 14 de diciem-
bre de l8lg; Protocolos de Ioaquln Orizondo, testamento de Agustín Lleonci,
escritura del 4 de febrero de l83l; Protocolos de Joaquín Orizondo, testamen-
to de Clemente Torralbas, escritura del 5 de febrero de lB31'
20 Daniel Dall'Aglio según se consigna en las escrituras públicas regis-
-Dalalio,
tradas en el A¡chivo de Protocolos de Ttinidad- üno a Cuba en 1834 por una
corta temporada. Regresó en 1836 y en unión del pintor Luis AIbé realizó las
escenografias de los teatros habaneros Principal yTacón; proyectó y decoró el
teatro Sauto (originalmente Esteban) y la iglesia de San Pedro' en Matanzas'
Véase Serafin Sánchez, Ia Habana artlsticapp. 229-230 y Francisco Calcagño'
Díccciarnrio biogtáfico cubano, p. 230 .
2l A.H.T. Protocolos de losé María Fernández cueto, escritura del 18 de febrero
de 1859.
22 En realidad, no sabemos con certeza cuántas habitaciones fueron decoradas
en la casa de Guáimaro. En la actualidad, sólo quedan las de la sala y es posi-
ble que, de haber contado con otras, fueron destruidas cuando la remodela-
ción de la casa en este siglo.
23 El Coneo de Trinüad,Tnnídad, año XVI, núm. II, 6 de febrero de 1839'
24 El Correo,Trinidad, año 30 , nrim. 87, 20 de julio de 1849.
25 Esta información me fue trasladada por vla oral por parte del propio sánchez,
ya fallecido, quien es el autor de un monumental diccionario biográIico sobre
arüstas cubanos y extranjeros que trabajaron en el país, lamentablemente iné-
dito.
26 Correo deTtinídnd,Trtnidad, año )O(I, núm. 6, 2l de enero de lB4l.
27 Secretos raros de arta y oficios. Obra útil a todn clase de personas, t. ilI' pp. 3-
42.
28 rbü.
29 rbü.
30 rbid.
3t Véase Manuel J. Béquer Medina, Don Antonio Hen y Grau, su viday su obra,
pp. tBI-19.
32 Véase nota 64, capltulo 2.
33 En la revista l¿ Mariposa de octubre 29 de 1899 se consignó la siguiente nota:
ADHANIAN.- Los trabaios que se estón realizando en el local que, en la calle de
Jesús Marla ocuparó en breue la socieda.d de recreo
"La Terrulia", adelnntan rá'-
pidamente.
3t2 TRtNIDAD DE CUBA, pATRrMoNro DE LA HuMAN|DAD

El experto Pincel dc Annnio Hen atú d.enamando en las paredes toda su her-
mosura e inspiración; ya hemos tenido ocasión de uer los lindos paisajes que
adornan aquellas.
Citado por Manuel I. Béquer Medina, op. cit., p. 45.
34 W. M. L. Jay U. t. M. Woodruff), My winter in Cuba, en Gustavo Eguren, La
fi-
delísima Habarn, p. 360.
35 Ma¡ía Elena orozco, La deswalízación en santiago de cuba: génais de urn
ciudad moderrw (LZBB-LA6B), Tesis de Doctorado, Universidad de Oriente.
1994.
36 "ordena¡zas de construcción para la ciudad de la Habana y pueblos de su tér-
mino municipal", en Jacobo de la pezuela, Diccio¡wrio geogrófico, estadhtico,
histórico, de la isla de Cuba, 1963, tomo III, pp. 92_ I f 6.
37 Gobierno de LaHabana,2s de junio de 1852. ( Este dato me fue trasladado por
la investigadora Zoila l,apique).
38 En las restauraciones efectuadas en la ciudad, a parür de 1979, se eliminó el
uso del cemento y se utilizaron los morteros tradicionales en la forma aquí
descrita.
39 Nota al pie de página de Iuan pérez de la Riva, "cuba y las Antiüas", en Reuista
de la Biblioteca Naciotnl José Marf, La Habana, año 56, núm. 4, p. 98.
40 A.N.C. Fondo Valle. Tomo I,Leg. Z. Correspondencia. ,,Carta de Roque de l,ara
. a Francisca del valle sobre las mejoras hechas en las casas de la plaza Mavor,,,
septiembre 1ro. de 1840.
4l sobre los colores minerales u orgánicos utilizados con mayor frecuencia véase
Manuel Pardo, Materiales de corctruccíón, pp. 608-619.
42 Graziano Gasparini,,4m érica, barroco y arquitecturq p. 20.
43 Jorge Ibarra, Ideología rnambisq p. ll.
M Iosé Antonio Portuondo, Estética y revohrción, p.57.
45 Ibíd.,p.58.
46 Luis Feduchi, Itinerarios de arquitectura popular español\tomo I, p. B.
47 Iosé Ma¡tín Félix de Anate, Llave del Nueuo Mundo, anternural de las Indios
Occídenales. ln Habana descripta: noticias dc su
fundación, aumentos y esta_
do,1761.
48 Iosé Antonio saco, colección de papela cientlficos, históricos, pollticos y de
otros ramos sobre la Isla dc Cuba, ya publicados, ya inédítos, tomo I, p. 3g4.
49 "l¿ acrecida demanda de a¡te en el Renacimiento, hace que el artista deje de
ser el artesano pequeño burgués que era y se convierta en una clase de taba-
jadores libres", véase Amold Hauser, Historia sociat d,e I"a literatura y
el arte, t.
I, p.319.
[¿ relación entre desa¡rollo burgués ---capitalismo- y estilos históricos es di-
recta. En América se prolonga un régimen de trabajo, de carácter feudal, que
en Europa morla. No extrañe, por tanto, la inexistencia de realizaciones com-
parables a las originadas por los estilos cultos europeos.
CoLOR E IDENTTDAD 3r3

50 Iosé Antonio Saco, El juego y la uagancia en Cuba" p. 60.


5l Gr¡ziano Gasparini, op. cit., p.66.
52 las cifras de Trinidad son representaüvas de la proporción de blancos y ne-
glos dentro del estamento artesano, en el país. En 1846 la población total as-
cendía a 26 770 habitantes, de los cuales 9 254 eran esclavos y I 177 se dedica'
ban a labores de índole artesanal. De ellos, 156 eran albañiles, 12 blancos y 144
de color; 199 carpinteros, 47 blancos y 152 de color; 2l embarradores' l0 blan-
cos y I I de color; 46 herreros, 7 blancos y 39 de color; y 16 pintores' 2 blancos
y 14 de color.
Yéase Cuadro esndfstíco de la siempre fiel Isla de Cuba conespondiente aI año
dc 1846.
JJ "Real Cédula a S.M. y señores del Consejo por la cual se declara que no solo el
oficio de curtidor, sino tambien las demas Artes y oficios de Herrero, Sastre,
Zapatero, Carpintero, y otras de este modo, son honestas y honradas; y que el
uso de ellas no envilece la familia ni la persona del que las ejerce, ni la inhabi-
lita para obtener los empleos municipales de la República en que esten ave-
cindados en Artesanos o Menestrales que les ejerciten con lo demas que se ex-
presa', Madrid, año 1783. ( Publicada en I¿ Habana en 1828). En' Biblioteca
Nacional José Martí, Departamento de Colección Cubana, Folleto C 287' n 12'
54 El Correo deT?ínidad,año24,ním.69, 29 de agosto de 1844.
55 A.H.T. Libro de Cabildo de 1787-1788' sin foliar.
56 la Sociedad Económica deAmigos del País o Sociedad Paniótica, fundada ini-
cialmente en Santiago de Cuba en ITBB y en 1793 en la Habana, es, como bien
la calificara Femando Ortiz, "la hija cubana del iluminismo". Fue una institu-
ción que aba¡có al pafs pues en diferentes momentos del siglo XDI' se fundan
las correspondientes diputaciones en las principales ciudades de la Isla. La So-
ciedad Económica de La Habana tuvo que ver con innumerables proyectos,
investigaciones, experimentos, divulgación y creación de centros docentes
con vista a elevar el nivel cultural y cientíñco del país.
Véase Femando Ortiz, Inhiia cubana del iluminis¡no.
57 A.H.T. Libro de Cabildo deI773, sin foliar.
5B Regl.amento paralos arquitectos muní.cipales dc Ia Habarn.p.l.
59 L¿ transformación ideológica del patriciado cubano ha sido brillantemente
estudiada por Manuel Moreno Fraginals, así como las contradicciones genera-
das dentro de este grupo por la dependencia colonial. si en términos de arqui-
tectura, la frontera imposible de rebasar estaba representada por el artesana-
do, en té¡minos económicos, la esclaütud resultó, a la postre, una coyunda in-
sostenible que impedÍa el desarrollo ftanco del capitalismo. Y es que el stafus
colonial provocó, en todas la esferas, una enorme distancia entre proyecciones
o aspiraciones y la realidad. Por tales razones, Moreno ha llamado a la cultura
cubana colonial, "la cultura cauüva".
314 TR|NIDAD DE CUBA, pATRlMoNto DE LA HuMAN|DAD

Véase Manuel Moreno Fraginal s, El ingenío, complejo


económico social cubano
del azúcar 3 tomos.
60 citado por losé María Bens Arrarte, "Er paracio de Ar damd,, Reuisn
dc Arqueo-
laglay Enologl4 La Habana, año l, noviembre, 1g46, pp.
169l-77.
6l Sobre este tema, véase Graziano Gasparini, op. cif.
62 Véase Carlos Flores, A¡quitectura popular española,
Stomos.
63 conüene hacer notar que la idenüficación de los rasgos distinüvos
de nuestra
casa en relación con la españora de estirpe popurar
es relaüvamente fácil y son
claramente perceptibles no mas que caminar por los pueblos
de la Andalucía
blanca. Del mismo modo, y por lo contrario, es de
notar la marcada semejanza
existente entre nuestra versión y las de un amplio
territorio de la América r¿ti-
na, en particula¡, las ciudades del área del caribe.
Ambos fenómenos son de ex-
uemo interés. Valdría Ia pena considerar, y estudiar,
a la arquitectura domésti_
ca de ñliación hispiánica, dent¡o de un contexto
más amplio que el de sus fron_
teras nacionales, como expresiones de una cultura
regional, donde lo impor-
tante a considera¡ son ras variantes de un tipo genérico que
es, sin dudas, er cie
la casa de patio.
Esta identidad a reconocer en la casa der área
circumcaribe fue advertida tem-
pranamente por George Kubler quien afirmó:
It is not easy to identifu traia wich separate the houses
of caracas from those of
cartagena, or those of coroftom c-entrar cuba. Each
town of course rus iB own
habi*, ansing from happy inuentions and adaptatinrc but
the uernacular is
fundamennlly the same in the istands and on rinorar of the caribbean regíon,
based upon the same historic sources, and co¡nbined
according the same riqui-
rements of climate, enuiromen6 and economic
actiuity.
Véase George Kubler, rtrt and architecture
in spain and portugar and theír
american dominions, ISS0 to 1900,p.8.
64 Fernando Ortiz, ,,los factores humanos de la cubanida
d", Istas,núm. 70, sep_
tiembre-diciembre., l9gl, pp. Z3-ZB.
LISTA DE ILUSTRACIONES

de sus casas, la división ciül' ju-


l. Plano pintoresco de l¿ Habana con el nrlmero
(Biblioteca Nacional José Mar-
dicial, realizado por losé María de laTorre, 1853
rí).
2.CasasdeobispoIlTyllg,I.aHabana'reconstn¡ccióndelafachada.Tomado
deFranciscoPratPuigElprebarrocoenCuba.Unaescuelacriolladearqui.
tectura morisca.
3.MapadelaIsladeCuba,s.XVI,tomadodeRamóndelaSaga,Historia'físi.
ca, políüca y natural de la isla de Cuba lB42'
de la isla de cu-
4. Pueblo aborigen, tomado de José Garcfa de Arboleya, Manual
ba, 1859.
5.Dibujodebohíoaborigen,tomadodeGonzaloFernándezdeoviedoyValdés'
Historiageneralynaturaldelaslndias,islasytierra-firmedelmarocéano...
6.MapadelasJuridizionesdelosLugarescontenidosenesteañodel|724,to.
calderón
mado de " Auto de 27 de septiembte de 1724 de Gregorio Guaso
"
A.H.T., Actas CaPitulares.
Francisco; a un
7. Plaza Mayor de Ttinidad. Al fondo, torre del Convento de San
costado, el Palacio de Brunet, Museo Romántico'
casa de Pad¡ón;
B. Parque de recreo de la Plaza Mayor de Ttinidad. A la derecha,
al fondo, casa de Ortiz y torre del Palacio de Cantero'
(1514-1749)'
9. Plano deTtinidad con indicación en negro del nrlcleo originario
10. Plaza Mayor y m͡nzanas de su entomo'
y demás
ll. Plano de Ttinidad, recuadro del Plano del Puerto de casilda, Masío
fondeaderosadyacentesalaciudaddeTiinidad...,realizadoporluandelRfo
y Cossa, 1803.
12. Reconstrucción de laAlameda de Concha'
Plano de la población de casilda, recuadro del Plano hidrográfico,
topográfi-
13.
codelostrespuertosdeTrinidad,levantadoporlosédelRío,aumentadoen
1849 por Ramón tavallée y dibujado por Rafael Rodríguez' Copia de l8B3'
14. Plano topográfico,histórico y estadlstico de lavilla de Santa clara, realizado
por luan de Dios Gattomo, 1830 (Biblioteca Nacional Iosé Mard)'
por Ra-
15. Plano topográfico de la ciudad de san ca¡los de Matanzas' realizado
fael Rodrlguez, 1842 (Biblioteca Nacional Iosé Mard)'
316 TRTN|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HuMANIDAD

16. Plano de la ülra de cienfuegos, realizado por Arejo Helvecio Lanier,


1839 (Bi-
blioteca Nacional Iosé Mart0.
17 . Plano de la población de Cárdenas, realizado por
Iosé López y Martín ez, IBS2
Biblioteca Nacional losé Martí).
lB. Plano de la ciudad de Trinidad, con indicación de su proceso
de evolución ur-
bana: en negro, núcleo originario; en rayado, el crecimiento
en la segunda mi_
tad del siglo XVIII; en blanco, la expansión en el XIX.
19. Plano topográñco, histórico y estadístico de la ciudad de Trinidad,
rearizado
por Rafael Rodríguez, 1842.
20. Plano del Centro Histórico Urbano de Trinidad, señaladas
en negro la zonay
las edificaciones de mayor valor.
21. Plano deTrinidad, realizado por Francisco r¿vallée, lg75 (Bibrioteca
Nacionar
Iosé Marú¡.
22' Plazade carrillo, tomada de Samuel Hazard.,cuba with pen
and pencil, 1873.
23. Plaza de serrano, tomada de Nomenclator comercial, agrícora,
industrial, ar-
tes y oficios y directorio general para l884-l8g5 de la isla
de cuba, México v
principal cogrercio de Nueva york, I gg4.
24. Planta de Real del |igüe núm. 93.
25. Planta de Amargura núm. 20,22y 26, esquina al callejón de
San patricio.
26. Planta de Boca núm. 366.
27. Planta de San Iosé núm.274, esquina aAmargura.
28. Planta alta de Cuba esquina a Cuarteles, l¿ Habana, tomada
de IoaquínWeiss,
La arquitectura cubana colonial, siglos )ffI/XVII.
29. Planta de San Ignacio núm. 599, La Habana, tomada de
Joaqufn Weiss, La ar_
quitectura cubana colonial, siglos )(VI/X\ru.
30. Planta de Desengaño wim. S22,esquina aAmargura.
31. Planta de Alameda nrirn.lTg, esquina a Cristo.
32. Planta de Real del Iigüe nrlm. 137.
33. Planta de Amargura núm. 69 y 71, esquina a Boca.
34. Planta de San Iosé nrim. 263,267 y269.
35. Planta de San Iosé núm. 271, 273 y 2ZS, esquina a Amargura.
36. Planta de Santa Ana núm. 591, 593, 595 y 597, esquina a Media Luna.
37. Planta de Media Luna núm.26.
38. Planta de Cristo núm. 34, esquina a Rosario.
39. planta de Cristo núm. 33,
35 y 37.
40. PlantadeAlamedanúm. 2I9y223.
41. Planta de Desengaño núm. 5lB.
42. Planta deAmargura nrim. 10.
43. Galería al patio de Alameda nrlm. 66, esquina a Boca.
44. A¡co trilobulado deAmargura nrlm. Il7.
45. Arco lobulado de Santa Ana núm. 501, 503, 50S y 502, esquina
a Luz.
46. A¡colobuladodeSantaAnanúm.609.
47 . Arco lobulado de Santa Ana núm. 612.
48. fuco mixtilíneo de Desengaño núm. 5lB.
LISTA DE ILUSTRACIoNES 3L7

49. Arco conopial de SantaAna núm. 501, 503, 505 y 507, esquina a Luz.
50. Tapata, Cristo núm. 33, 35 y 37.
51. PlantadeAlamedanúm.213y215.
52. Planta de Ama¡gura núm. l0B.
53. Planta de Rosario núm. 406, esquina a Media Luna.
54. Planta deAlameda núm. 69.
55. Planta de Gutiérrez núm. 363, esquina al callejón de Schmidt, reproducción
del plano realizado por Bemardo Orri, 1883.
56. Planta de Desengaño ntim.60, esquina a Peña, Palacio de Cantero.
57. Planta baja de Desengaño núm,416, entre Rosarioy Media Luna, Palacio de Iz-
naga, tomada de Aquiles Maza, y Raúl Macías, "[,a arquitectura colonial deTli-
nidad".
58. Planta alta de Desengaño núm. 416, entre Rosario y Media Luna, Palacio lzna-
ga, tomada de Aquiles Maza y Raúl Maclas, "la arquitectura colonial de Tiini-
dad".
59. Casa desaparecida de la Administración de Rentas, tomado de "E¡gediente
promoüdo por el Admor. Tesorero de Rentas RI de Ttinidad sobre que se com-
pre por Ia Real Hacienda en 33, 000 ps la casa de Dn Roberto Steward", lB2B.
A. N.C. Fondo Intendencia General de Hacienda, leg. 467, exp. l.
. 60. Planta de Gutiérrez núm.406.
61. Cocina, Palacio de Cantero.
62. Patio, casa Sánchezlznaga, Museo defuquitectura.
63. Sección de techo avertientes.

M. Sección del Palacio de Cantero, tomada de Aquiles Maza y Raúl Macías, "la ar-
quitectura colonial de Tiinidad".
65. Sección de techo de venientes y de azntea.
66. Dibujo de casa trinitaria, tomado de Nomenclator comercial, agrícola, indus-
trial..., 1884.
67. Planta de la casa de Teniente Rey esquina a Aguiar, l,a Habana, tomado de
Francisco Prat Puig, El prebarroco en Cuba. Una escuela criolla de arquitec-
tura morisca.
68. Casa de Alameda núm. I7B, esquina a Cristo.
69. Casa de Alameda núm. 2I9y 223.
70. Esquina de Desengaño y Gloria, tomado de Nomenclator comercial, agrícola,
industrial..., lBB4.
71. Poyo, primera mitad del siglo )ffIII.
72. Guardapolvos, primera mitad del siglo XVIII.
73. Barrotes, tomados de Francisco Prat Pui& El prebarroco en Cuba..., (barrotes
cubanos: a, b, d, e, & h, j, k, l, m; barrotes españoles: c, f, i).
74. Guardapolvo, segunda mitad del siglo XVIII.
75. Guardapolvo, segunda mitad del siglo XMII.
76. Guüérrez esquina a San Procopio, tomado de Nomenclator comercial, agríco-
la, industrial.... 1884.
318 TRINIDAD DE CUBA, PATR]MONIO DE LA HUMANIDAD

77. CasadeAlamedanúm.213y2I5.
78. Portada de Rosario s.n.
79. Casa de Cristo entre Alameda y callejón de la Cañada.
80. Casa de Alameda núm. 268, esquina a Amargura.
Bl. Dibujo de casa trinitaria con alero de tomapuntas, tomado de Nomenclator
comercial, agrlcola, industrial..., 1884.
82. Casa de Amargura nrlm. 10.
83. Casa de üvienda del ingenio BuenaVista.
84. Casa de vivienda del ingenio Guáimaro.
85. Casa de Media Luna núm. 18, esquina al callejón de Galdós, casa de Borrell.
86. Poyos, sigloXDl
87. Guardapolvo, siglo )(DL
88. Dibujo de la casa de la calle Desengaño esquina aI callejón de San Luis, toma-
do de Nomenclator comercial, agrícola, industrial..., 1884.
89. Dibujo de casa trinitaria, tomado de Nomenclator comercial, agrÍcola, indus-
trial...,l884.
90. Casa de Gloria núm.236, esquina a Boca.
91. Casa de Cristo núm.34, esquina a Rosario.
92. Casa de Real del ligüe nrlm.43, esquina a Desengaño, de Ortiz.
93. Casa de Desengaño núm. 416, entre Rosario y Media Luna, Palacio de Iznaga.
94. Palacio de Béquer.
95. Palacio de Cantero.
96. Esquema de cüculación, vanos de tránsito externo.
97. Esquema de circulación vanos de tránsito intemo.
98. Sección de marcos de puertas.
99. Estructurade puerta ala española.
100. Estructura de puerta de tableros.
101. Anillas
lO2. Bisagras
103. Pivotes
104. Secciones de tablones de puertas ala española.
105. Clavos
106. Bocallaves
107. Aldabas
108. Puerta a la española de Boca núm. 363.
109. Puerta a la española de Estrada Palma esquina a Aguilera, Santiago de Cuba,
tomada de Francisco Prat Puig, El prebarroco en Cuba...
110. Puerta de cuarterones, tomada de Francisco Prat Puig, El prebarroco en Cu-
ba...
l.
II Esquema de composición de puertas de tableros.
112. Puerta de cua¡terones de Real del figüe nfun.93.
113. Puerta de cua¡terones de una alacena, Real del Jigüe nrim. 90.
114. Puerta de cuarterones evolucionados de San losé núm. 271, 273y 275, esquina
aAmargura.
LISTA DE ILUSTRACIONES 319

I15. Puerta de cuarterones evolucionados de Guaurabo núm' 160'


I16. Puerta de cuarterones evolucionados de Santa Ana núm' 609'
l17. Puerta de cu¿[terones evolucionados, con resa]tos en cuarterón de Media I¡}
na núm. 12.
IlB. Puerta de tablero largo de San José n]úm.27 4, esquina a Amargura'
119. Puerta de cuarterones evolucionados de Real del ligüe nlúm' 122'
Puerta de cuarterones evolucionados de San José nlm'262,267 269'
y
120.
l2l. Puerta de cuarterones evolucionados de Boca núm' 366'
I22. Puerta de cuarterones evolucionados de Real del li8üe núm' 93'
123. Puerta detablero largoycuarterón de Boca núm' 366'
I24. Puerta de tablero largo y cuarterón de ReaI del Jigüe núm' 75'
125- Puerta de tablero largo y cuarterón de Real del Jigüe núm' l '
126. Puerta de cuarterón evolucionado de Guaurabo núm' 160'
127. Puerta de cuarterón evolucionado de Boca núm' 314'
128. Puerta de cuarterón evolucionado de Boca núm' 363'
l2g. Puerta de cuarterón evolucionado de Amargura núm'128'
130'Puertasdetablerolalgoycualterón,conmedialunaenlapartesuperiordel
tablerolargoydiversosmotivosenlaparteinferioryenelcuarterón.
131. Puerta de tablero largo y cuarterón del Palacio de Cantero'
t32. Puerta de tablero largo de Amargura nfim. 143'
133. Puerta de tablero largo de Paz nfim' 13.
134. Puerta de tablero largo y cuarterón de Desengaño núm' 518'
135. Puerta de tablero liso del Palacio de Brunet'
y redonde-
136. Diseños de puertas de tableros lisos con guarniciones de madera
(cortesla de
les, tomados de Asher Benjamin, Practice of Architecture' 1833
Robert Gamble).
|37'Diseñosdepuertasdetablerolisoydemediopuntos,tomadosdeAsherBen.
jamin,TheAmericanBui]dersCompanion...,lB27(cortesíadeRobertGam.

l3s. ll?;" o. Estrada Palma esquina aAguilera, Santiago de cuba'


Rafols, Techumbresy
r3g. Estructura de un techo de par y nudillo, tomado de losé
a rtesonados esPañoles.
Museo
140. Estribado y can del techo de Ripalda s.n., casa de las sánchez lznaga,
de Arquitectura.
que el
141. Techo de la parte principal de Ia casa de Real del Iigüe núm. 90. Nótese
ü¡ante fue modificado ala manera del siglo )(DL
142. Techo de la saladel Palacio de lznaga.
143' Tirante de Amargura nrlm' 69 y 7r' esquina a Boca'
144. Tirante de Alameda núm. l7B, esquina a Cristo'
145. Tirante de Boca num. 366.
146. Tirante de Cristo núm. 33, 35 y 37.
147. Tirante de Media Luna núm. 15'
l4B. Tirante de Rosario s.n.
149. Techo de Santa Ana 591, 593, 595 y 597' esquina a Media Luna'
320 TR|N|DAD DE CUBA, pATRtMoNto DE LA HUMANIDAD

150. Techo de Real del ligüe núm. 60.


l5l. Techo del palacio de Brunet.
152. Decoración del techo de Media Luna nriLrn.30.
153. Decoración del techo de San Iosé nú m.224, esquina
a Amargura.

154. Decoración de la cumbrera y tablillas de remate


del techo de San Iosé núm.
274, esquina a Amargura.
155. Decoración del estribado y tabliüa de ananque del techo deAmargura
núm. 69
y 71, esquina a Boca.
156' Decoración de la mordura solera del techo Alameda nrim. 213 y 215.
157. Decoración de la moldura solera del techo de Media Luna núm.
30.
I58' Decoración de la cumbrera y tabliüas de remate der techo de Amargura núm.
69 y 71, esquina a Amargura
I59. Talla en forma de cinta quebrada y redondeles de enlace de drante,
Museo de
Arquitectura.
160. Techo de la iglesia parroquial Mayor de la ciudad
16l. Decoración del techo de Media Luna núm. 30. de Remedios.
162. Decoración de canes del techo de San losé nti m. 21L,esquina a
Amargura.
f ffi. Decoración del techo de San José núm .264 y 266.
164. Decoración del techo de San Iosé nrl m.2ü y 266.
165. Decoraciones de techos, segunda mitad del siglo XVIII.
166. Decoraciones de techos, segunda mitad del siglo XVIII.
f 67. Decoración del techo de Alameda
núm. 26g, esquina Amargura.
168. Decoración de la cumbrera del techo de Cristo 33,35 ay37.
169. Decoración de techog segunda mitad del siglo XVIII.
170. Decoración del techo de Real del Iigüe nrim. tZS.
L7l' Decoraciones de canes de Arameda nrlm. 213 y 215 y de santaAna
nún. 59r,
593, 595 y 592, esquina a Media Luna.
172' Leyendas de techos de santa Ana núm. 501, 503, 505 y 507, esquina
a Luz.
173. Techo de Media Luna núm. lg, esquina a Galdós, casa Borrell.
174' Dibujo de casa trinitaria .or, de animares pintados en la fachada, to-
"r..rr",
mado de Nomenclator comercial, agrfcola, industrial..., lBg4.
Decoración de la ponada de Alameáa núm. l7B,
11.
176. Decoración de la sala de Desengaño ntim. 5lg.
esquina a Cristo.

I77. Decoración de la iglesia de SantaAna.


I78, Decoración de la casa de Ortiz.
L79. Decoración del comedor de la casa de Ortiz.
I80. Decoración de un aposento de la casade Ortiz.
lBI. Decoración de un aposento de la casa de Ortiz.
182, Decoración de un aposento de Ia casa de Ortiz.
f83. Decoración de un aposento de la casa de Ortiz.
lB4. Decoración de la sala de Ortiz.
185. Decoración de la sala de Ortiz.
186. Decoraciones de Iafachada de Ortiz.
LISTA DE ILUSTRACIoNEs
321

lB7. Decoración de la casa de Padrón, primera capa (desaparecida).


lBB. Decoración de la iglesia de la Popa.
189. Decoración de la iglesia de la Popa.
f90. Decoración de la iglesia de la Popa.
fgl. Deco¡ación de la iglesia dela Popa.
192. Firma de Dalalio.
193. Decoración del comedor de la casa Borrell.
194. Decoración del Palacio de Cantero.
195. Fachada del Palacio de Cantero.
196. Decoración de la casa de Padrón, tercera capa (desaparecida).
197. Decoración de la casa de Padrón, tercera capa (desaparecida).
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en hs costas adyacentes, la sítuación de b cíudad y dz uaríos puntos
notables, los cayos, canales, puntes, bajos y fondeaderos con las sotr'
das, caltdad del fondo t..J levanmd.o por orden Superíor por eI C-apn.
de Fragn Dn losé del Río, rectificado en 1836 pr la Comanda de Mari-
wL aumentadoyformado en 1M2 parael'AilaAtbano" por D. Ramón
Lauallée del RI Cuerpo de IngsVice Cónsul de Francia e indiuiduo de
uarias soctedades cíentlficas, dedicada aI Exma. S. D. Iuon Guillo Ba-
ker Cabo Gran Cruz de la Orden Anw deYsabel b AúIica y Gentil
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