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Se Pierde La Salvación o No

Este documento discute dos posturas teológicas sobre si la salvación se puede perder o no. La postura arminiana sostiene que la salvación se puede perder si uno deja de creer en Jesús, mientras que la postura calvinista sostiene que la salvación no se puede perder una vez alcanzada. El documento analiza los argumentos bíblicos de ambas posturas y advierte sobre posiciones extremas, invitando al lector a orar y estudiar para tomar su propia decisión guiado por el Espíritu Santo.

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Se Pierde La Salvación o No

Este documento discute dos posturas teológicas sobre si la salvación se puede perder o no. La postura arminiana sostiene que la salvación se puede perder si uno deja de creer en Jesús, mientras que la postura calvinista sostiene que la salvación no se puede perder una vez alcanzada. El documento analiza los argumentos bíblicos de ambas posturas y advierte sobre posiciones extremas, invitando al lector a orar y estudiar para tomar su propia decisión guiado por el Espíritu Santo.

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¿Se Pierde la Salvación o

No?
Hay personas que dicen que la salvacion se pierde y otras que
dicen que la salvacion no se pierde nunca, y cada uno tiene sus
argumentos que parecen convincentes, y es por ello que en este
post te voy a mostrar ambas posturas   (Calvinismo y
Arminianismo)  para que seas tú junto con el Espíritu Santo el que
decidas qué creer de acuerdo a la convicción que Dios ponga en
tu corazón.

Y esto lo hago no porque yo no tenga una postura al respecto (al


final del artículo diré cuál es), lo hago porque este es un tema
central de nuestras creencias y no debemos ser como las olas del
mar que al escuchar personas que son de referencia para
nosotros decir que no se pierde, entonces decimos que “no se
pierde”, pero luego escuchamos a otra persona confiable decir
que sí se pierde y nos angustiamos y decimos “ay como que sí se
pierde” y ya no sabemos ni qué creer, necesitamos tener
convicción . 

Como creyentes debemos tener una teología firme. Y no, la


teología no es solo para los graduados en teología, es para todos
los creyentes. Que aunque escuchemos a otros tener una postura
diferente a la nuestra eso no nos angustie, sino que estemos
confiados en lo que Dios nos ha guiado a creer, y que aún si Dios
quisiera cambiar nuestra forma de pensar, podamos estar
tranquilos y permitirle a Dios hacerlo.

Si prefieres ver este tema en video te dejaré el video por acá,


pero en este post estaré profundizando más.

Quiero mencionar que ambas posturas coinciden en que la


salvacion es por gracia, por poner nuestra fe o confianza en
nuestro Señor Jesús, y por ende que la salvacion no es por obras.
¿Por qué ambas posturas
pueden sonar
convincentes?
Si has leído otros post o has visto videos referente a este tema,
estoy segura de que habrás visto lo que hace la mayoría que es
decir que sí se pierde la salvación o que no se pierde porque ellos
creen eso, y te dan un montón de versículos que respaldan su
postura y suenan convincentes y pareciera que ves uno y otro y a
la final terminas más confundido. Y bueno aquí te digo que
pueden sonar convincentes es porque ambas posturas tienen
sustento bíblico .

Quiero aclarar que en estas posturas hay extremos que llegan a la


herejía y hay que tener cuidado con ambos extremos. Pero dentro
de un espectro considerado “normal”, ambas posturas son
bíblicas.

Algo importante que debes hacer es orar al respecto y estudiar las


citas que voy a dar aquí, para que puedas profundizar y tomar tu
decisión lleno de la convicción necesaria para no sentirte
atemorizado o preocupado cada vez que escuches una postura
opuesta a la tuya.

Estudiemos entonces ambas posturas y  después te pondré una


imagen comparativa , y por último mi postura.
La salvación se pierde –
Arminianismo
Esta postura declara que somos salvos por la fe en Jesús, y que
para permanecer salvos hay que perseverar en la fe en Jesús. Es
decir, que puedes perder la salvación si dejas de creer en Jesús.

Por ejemplo si una persona puso su fe (confianza) en Jesús pero


con el pasar del tiempo se fue alejando de Dios y ya no confía en
Jesús para salvación, se dice que esa persona perdió la
salvación, y si se arrepiente y vuelve a poner su fe en Jesús,
entonces podría ser salva nuevamente.

Veamos algunos versículos que respaldan esta postura y


posteriormente veremos un extremo de esta postura que está
bastante regado en la iglesia.

Marcos 3:28-29 . “Les aseguro que todos los pecados y blasfemias


se les perdonarán a todos por igual, excepto a quien blasfeme
contra el Espíritu Santo. Este no tendrá perdón jamás; es culpable
de un pecado eterno».”
Hebreos 10:26-27 . “Si después de recibir el conocimiento de la
verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los
pecados. Solo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego
ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.”

Mateo 18:32-35 . “Entonces el señor mandó llamar al siervo.


“¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda
porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte
compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?”
Y, enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo
torturaran hasta que pagara todo lo que debía.

»Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos


que cada uno perdone de corazón a su hermano».”.  Se recomienda
leer este pasaje desde el versículo 21 al 35 para un  mejor contexto .

Otros versículos de soporte son:

 Mateo 18:21-35
 1 Juan 5:16-17
 Hebreos 6:4-6
 Gálatas 5:1-4
 2 Pedro 2:19-22
Extremismo en esta postura
Hay personas e incluso iglesias que fomentan el pensamiento de
que si una persona peca una vez perdió su salvación, entonces es
algo así como que que perdí la salvación, le pedí perdón a Dios,
me regreso la salvación, peque, perdí la salvación, le pedí perdón
a Dios, y me regreso la salvación. Como un círculo vicioso donde la
persona continuamente vive atemorizada de ir al infierno y esto no es
bíblico .

En ninguna parte ese tipo de postura está respaldada en la Biblia.


Esta postura del arminianismo lo que nos habla es de perder la fe
en Jesús. Es decir, que si tú estás pecando continuamente una y
otra vez (estás practicando el pecado) entonces allí tu fe se mina
y se va dañando al punto de que tú empiezas a dejar de creer en
Jesús como tu Señor y Salvador; porque aunque tú puedas decir
“yo creo que en Dios yo creo que Jesús existió o existe” no tienes
una fe genuina, entonces allí es cuando se dice que se pierde la
salvación.

Esta postura no busca traer condenación al creyente . Esto es


importante aclararlo, porque hay personas que nunca sienten que
son salvas porque creen esa postura extremista de que si pecaron
una vez, automáticamente perdieron la salvación pero nosotros
como humanos pecamos todos los días. Entonces no es a eso a lo
que se refiere la Biblia, porque en ninguna parte está una
enseñanza de ese estilo. 

Y si tú compartes esta postura de que la salvación se pierde, lo


que tienes es que asegurarte de que tu fe se mantenga en Jesús.
Que aunque tú digas okay peque, te arrepientas, pero no con
miedo tipo “ya no soy salvo y le pediré perdón a Dios para que me
regresé la salvación”. No, eso no está bien, debe ser por temor a
Dios, por no querer herir su corazón y por querer que tú relación
con Dios sea siempre la mejor posible.

Si tienes dudas sobre cómo orar, te invito a leer mi post donde


analizo el  modelo de oración dejado por Jesús: El Padre Nuestro .
La salvación no se pierde
– Calvinismo
Esta postura lo que nos indica es que también la persona es salva
cuando pone su fe en Jesús, pero su salvación se mantiene 100%
segura sin importar si cae en la apostasía o sí dejó de poner su
confianza en Jesús. Básicamente no puedes perder la salvación
sin importar lo que tú hayas hecho en tu vida después de haber
aceptado a Jesús como Señor y Salvador.

El calvinismo argumenta que es responsabilidad de Dios proteger


y asegurar nuestra salvación, y es nuestra responsabilidad
perseverar en nuestra creencia hasta el final. Y que Dios les
permitirá a aquellos que son de Él perseverar hasta el final, y los
que no perseveren en realidad nunca fueron de él. 

Es importante destacar que esto se menciona de esta manera


porque en el calvinismo la creencia es que Dios predestinó a
ciertas personas a creer en Él, y que aquellos que no son
predestinados no van a ser parte de esa salvación y por eso
aquellos que fueron predestinados van a ser habilitados para
perseverar hasta el final. 
No todos lo que apoyan esta postura creen en la salvación por
predestinación.

Veamos algunos versículos que respaldan esta postura y


posteriormente veremos un extremo de esta postura que también
está arraigado en la iglesia.

Juan 5:24 . “Ciertamente les aseguro que el que oye mi palabra y


cree al que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que
ha pasado de la muerte a la vida.”

Juan 6:39-40 . “Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no


pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el
día final. Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que
reconozca al Hijo y crea en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré
en el día final.”

Romanos 8:29.30 . “ Porque a los que Dios conoció de antemano,


también los predestinó a ser transformados según la imagen de su
Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los
que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los
justificó; y a los que justificó, también los glorificó.”

Otros versículos de soporte

 Juan 10:25-29
 Romanos 8:38-39
 Romanos 11:29
 Efesios 1:13-14
Extremismo en esta postura
Un extremo súper peligroso de esta postura es que “no importa
cuánto peque, igual soy salvo”. Hay personas que comparten esta
postura y dicen como que tú puedes hacer lo que tú quieras y
pecar cuando y como tú quieras y nada va a pasar porque eres
salvo. 

Pero el principio de esta postura no es ese. Esta postura hace


referencia a que debes agradar a Dios y buscar siempre hacer su
voluntad porque si eres salvo eso se verá reflejado en tus actos.

El irse al extremo de “yo hago lo que yo quiera y yo peco como


me dé la gana y no importa porque soy salvo”,  es es considerado
una herejía  porque la Biblia nunca da pie para creer que esto es
así, todo lo contrario.

La Biblia siempre nos habla de la obediencia a Dios, de


apartarnos del pecado, de agradarle con nuestra vida, de dejarnos
guiar por el Espíritu Santo. Y si vivimos una vida conforme a las
Escrituras guiados por el Espíritu, Él nunca nos va a guiar hacia el
pecado.
Así que hay que tener mucho cuidado con caer en este extremo
porque no es bíblico.

Comparativa Arminismo vs
Calvinismo
Les comparto una imagen que hice para que de manera sencilla
puedan ver de qué los puntos de encuentro y las diferencias de
estas posturas de acuerdo a los puntos que estuvimos analizando
anteriormente.
Y algo que me parece interesante que comparten ambas posturas,
es que muchos van a creer ser salvos y no van a serlo.

En una porque la persona va a creer ser salva y en realidad nunca


lo fue (Calvinismo) y en otra porque la persona se va a apartar de
los caminos de Dios por completo al punto de que pierda su fe y al
final va a creer que igual es salva y se dará cuenta de que no
(Arminianismo).

Nota importante . Sin importar cuál sea tu creencia o cuál sea tu


postura, la Biblia sigue siendo la misma y siempre nos va a llamar
a la obediencia, a someternos a Dios, a hacer su voluntad, a amar
al prójimo como a nosotros mismos y a amar a Dios por sobre
todas las cosas. Independientemente de la postura que tú decidas
escoger, te recomiendo ir en oración y pedirle a Dios que te dé
esa convicción en tu corazón.  No permitas que una postura sea más
importante que la Biblia misma . Siempre debemos obedecer la
Biblia porque es lo que desea Dios de nosotros.

Mi Postura – ¿Calvinismo o
Arminianismo?
Llegados a este punto, creo que ya pueden tener una perspectiva
más clara sobre este tema por lo que les comparto mi postura al
respecto.

Creo en que la salvación sí se pierde, que si practicamos


continuamente el pecado, o la apostasía, o negamos nuestra fe ya
no podemos ser parte de una salvación de la cual somos parte por
medio de Jesús porque nuestro corazón no tiene fe en Él. Todas
estas son cosas que nos llevan a dejar de confiar en Él y a vivir
una vida como si no lo necesitáramos. Por lo tanto me identifico
con la postura del arminianismo.

Y un versículo clave para mí está en Mateo 18:21-35 (mostrado


anteriormente), donde Jesús les cuenta esta historia de la falta de
perdón a sus discípulos y termina diciendo: “Y, enojado, su señor
lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que
pagara todo lo que debía. »Así también mi Padre celestial los
tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su
hermano».”.

El ver que esto lo dice a sus discípulos y no a los incrédulos, creo


que es un punto importante a la hora de evaluar este pasaje,
porque si la salvación no se pierde nunca ¿Por qué Jesús le diría
esto a ellos?.

Y quiero mencionar que cuando he pecado y me he acercado a


Dios a pedir su perdón, jamás lo he hecho sintiéndome condenada,
pensando que mi salvación se pedió o algo así . Él es mi Padre y me
siento segura en sus brazos, sé que no hay condenación para mí.
Pero también sé que debo agradar a Dios con mi vida y me
esfuerzo día tras día por hacerlo, porque lo amo y quiero que
cuando vea lo que hago sonría agradado de mí.
Mi invitación para ti
Si no tienes una postura definida lleva esto en oración, porque no
importa lo que otra persona pueda opinar o pueda creer, lo más
importante es lo que Dios te diga. No podemos estar angustiados
pensando si es una cosa o es la otra a medida que escuchamos
diferentes opiniones.

Solo recuerda que no debes sentirte condenado porque eres


amado, pero tampoco debes darle pie al libertinaje porque
ninguna de las dos cosas son apoyadas por la Biblia.

Oro para que Dios te de la convicción que necesitas y que esto te


permita caminar con Dios en libertad, amor y unión.

Puedes seguirme en instagram donde estoy interactuando


continuamente con ustedes y dando palabras de ánimo y
fe  @andreamijareshs . ¡Que Dios te bendiga!

Salvo Siempre Salvo ?


Una de las Doctrinas de algunos de los sectores del Protestantismo que han
devengado en  “cultos” es la Doctrina de “salvo, siempre salvo” lo cual quiere
decir que una vez que el creyente obtiene la Salvación JAMAS la pierde.
Estos grupos han perdido el sentido Evangélico  y la Doctrina de Jesús
terminando por ser lo que tanto critican y que tan bien lo describió San Pablo
en  II Timoteo  4, 3

 “Pues vendrá un tiempo en que los hombres ya no soportaran la sana


doctrina, sino que se buscaran un montón de maestros según sus
deseos.Estaran ávidos de novedades y se apartaran de la verdad para
volverse a puros cuentos”

Estas personas solo estudian a San Pablo como si Pablo fuera el Verbo de
Dios encarnado y descartan la doctrina Evangélica de Jesús, el Señor.Al oírlos
talmente  parece que fue San Pablo quien murió en al Cruz por nuestros
pecados, para ellos Jesús vino a apoyar lo que dijo Pablo y es lo  contrario!

Para entender a Pablo hay que leerlo mirándolo a traves de la Doctrina de


Jesús, Pablo vino a predicar a Jesús y no lo contrario, cuando se ve la Doctrina
Paulina a través del mensaje de Jesús, la Palabra toma su dimensión
Evangélica, de lo contrario estaremos creando  “nuestra propia doctrina” y
como bien dijo Pablo en I Corintios 15, 1 -3:

“Hermanos les recuerdo la Buena Nueva que les predique, que ustedes
recibieron y en la que perseveran firmes.Por ese Evangelio ustedes se
salvan, con tal que lo guarden tal como yo se los predique.De otro
modo HABRIAN CREIDO EN VANO”  

Esa es la Sana Doctrina, creer el Evangelio de la forma que le fue entregado a


los Apóstoles, de lo contrario “se habrá creído en vano”.Me temo querido
hermano que si sigues esta Doctrina de “Salvo siempre salvo”  estas creyendo
en vano y peligra tu salvación.

No hay ni una sola intervención de Jesús que afirme que la Salvación una vez
recibida nunca se pierde, todo lo contrario y daremos versículos al final como
apoyo, no hay una sola cita en los Padres de la Iglesia de los primeros
trescientos años del Cristianismo que nos hable de esta doctrina, no existe
ningún Concilio que halla hablado al respecto, ninguno de los Reformadores 
hablaron de esta Doctrina..solo Calvino hablo de la predestinación pero en un
contexto totalmente diferente. Esta Doctrina no se conoció hasta mediados de
los años 1980.En Teología hay un axioma que dice “si en teología hay algo
nuevo, lo mas probable es que no sea cierto”. EL Espíritu Santo que fue
prometido para “introducir a la Iglesia a la verdad” no hubiera callado dos mil
años una doctrina esencial a al Salvación. Con estas Doctrinas surgida al albor
de los últimos tiempos tenemos que aplicarle las palabras de Jesús en San
Mateo 24, 11-13:

“aparecerán gran cantidad de falsos profetas que engañaran a muchos y el


amor se enfriara”

Y ser prudentes. El demonio trata de quitar la importancia de la Salvación y


esta es una de las vías.

San Pablo nos da la clave de la inutilidad de esta Doctrina en Filipenses 2, 12


cuando dice:

                             “cuida tu salvación con temor y temblor”

Tampoco se dejen impresionar con falsos vocablos griegos, la Palabra


“SALVACION”  se utiliza en el Nuevo Testamento de dos Maneras
“ Soteria”  y “Soterios” . La Palabra “Soteria”  se utiliza en:

San Lucas 1, 69, 71 y 77/ San Lucas 19,9/San Juan 4,22/Hechos 4,12  7,25 
13,26  17,17  27,34

Romanos 1, 16  10,1  11,11  13,11  / II Corintios 2,16  6,2  7,10 /Efesios 1, 13 
1,19 /Filipenses 1, 19 

1,28  2,12 / I Tesalonisenses 5,8  / II Tesalonisenses 2, 13 / II Timoteo 2,10 


3,15 / Hebreos  1,14  2,3  2,10  5,9  6,9  9,28  11,7 / I Pedro 1,5  1,9  1,10 
2,2 / II Pedro 3,15 /Judas 3  / Apocalipsis 7,10 12,10 y 19,1 en todos los casos
quiere decir según el Diccionario VOX  “Salvación, preservación,
conservación, liberación, medio de salvación. Seguridad, vuelta feliz y
felicidad” todas las veces se utilizan en referencia a la obra Redentora de
Jesús en el hombre lo mismo ocurre con “ Soterios”.

Según Filipenses 2,12c la obra redentora de Jesús que actúa en mi vida como
Salvación  se puede perder y no se adquiere per se. La Redencion no se
pierde, es eterna..pero mi aceptación de esa Redencion en mi vida si se puede
perder y ser destituidos de la Gracia cuando el pecado mora en nosotros o se
ha abrazado la desobediencia a Dios como norma.

La Doctrina de Jesús, quien dice revelar “lo que oyó a su Padre”   es bien clara
y en ningún lugar indica que la Salvación es definitiva mientras caminamos en
la vida así en San Mateo 6,14 condiciona mi salvación o condenación al
perdón que de o niegue

“ Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres
también el Padre celestial los perdonara. En cambio, sino perdonan las
ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonara a ustedes”
Jesús aquí habla a los Apóstoles  y seguidores y en ningún momento les
asegura una salvación  imperdible, mas bien les deja saber que esta  depende
de sus acciones.

En la Parabola del Sembrador de San Mateo 13 1-23 Jesus dice que la Semilla
se tiro y la Planta nacio, o sea que dio frutos de vida y que despues se murio
por diversos motivos, si Dios es el sembrador y la semilla es su Palabra, al
crecer la Planta que se planto con la semilla de la Palabra quiere decir que esta
tomo vida, esta vida es la salvacion que no es mas que la vida de Dios, estas
gentes entraron en la salvacion, pero la perdieron por los motivos que enseña
la parabola, se atreveran a contradecir a Jesus?   

En  San Mateo 7, 1-4 también Jesús condiciona la Salvación a los actos

“ No juzguen y no serán juzgados; porque de la manera que juzguen serán


juzgados y con la medida que midan serán medidos”

Estos son consejos de como “cuidar la salvacion”,no es forma de hablar a


quienes no tienen nada que temer.

En San Mateo 7, 22-23 Jesús es mas especifico:

“ En el día del juicio muchos me dirán: Señor, Señor en tu nombre


profetizamos y en tu Nombre arrojamos demonios e hicimos milagros.Yo les
diré entonces: no os reconozco.Alejence de mi todos los malhechores”

En este pasaje estas personas eran miembros de la comunidad de los creyentes


y poseían dones espirituales y Jesús los condena, ellos se creían salvos…Se
que los “siempre salvos” dirán que no eran “realmente salvos” entonces yo les
pregunto: Como tienes seguridad entonces de tu salvación?  Puedes estar en
el mismo caso de estos!!

El Señor en San Mateo 10, 28 es contundente:

“No teman a lo que solo puede matar el cuerpo, pero no el alma;teman mas
bien al que puede echar alma y cuerpo al infierno”

Luego entonces, hay algo que puede matar el alma del creyente, la muerte del
alma es la perdida de la Salvacion.San Mateo 25 Jesús habla de las Vírgenes
necias y las prudentes..todas estaban juntas esperando al novio sin embargo en
la espera a las necias se les acabo el aceite y se quedaron fuera del Banquete
de Bodas, esa es una comparacion perfecta para el creyente que espera su
Redencion y la pierde por no cultivar el  espiritu.En San Mateo  25, 31-46  es
la única vez que Jesús habla del Juicio final y definitivamente la gran pregunta
es: si somos siempre salvos, para que juicio? Un juicio es donde se decide la
condena o la absolución, si somos absueltos no necesitamos juicio….Hay una
teoría de estos grupos que dicen que este juicio no es para la Iglesia, sino para
los paganos…no hay ningún indicio evangélico para  esto, ya que es un juicio
a la creación entera, a todas las Naciones , razas y credos.

En San Juan 5, 28-29 Jesús habla de quienes se salvaran:

“Llega la hora de que todos los que están en el sepulcro oirán mi voz.Los
que hicieron el Bien saldrán para salvación, pero los que obraron el mal
resucitaran para condenación”

Esto se explica mas claramente en San Juan 15,1 donde Jesús dice:

“ Yo soy la vid verdadera, y mi Padre el viñador si alguna de mis ramas no


produce frutos, el la corta”

Vemos claramente que estas ramas están en Cristo, están el Gracia en


salvación pero no dan frutos y esta carencia de frutos determina la perdida de
su salvación..

“Los que obraron el bien saldrán para Salvación” El  obrar el bien es un
proceso de toda la vida, por lo que no se puede obtener una salvación
instantánea, la Redencion fue merecida para todos, la salvación es un proceso.

El mismo San Pablo habla de la Salvación que se pierde, veamos en Romanos


2, 12-16, especialmente en los versículo del 14 al 16:

“ Por que cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que
es Ley, los tales aunque no tengan Ley, ellos son Ley para ellos
mismos.Muestran la Ley escrita en sus corazones. Su propia conciencia lo
atestigua y sus propios pensamientos los acusan o defieneden.Eldia en que,
conforme a mi Evangelio Dios Juzgue por Jesucristo,los secretos de los
hombres”

Acá vemos claramente como Pablo dice que los Gentiles si no conocen a
Jesús y guardan la Ley Natural se salvan, Como se va a salvar alguien sin Fe
según la doctrina Protestante?

Veamos Romanos 11, 22-23

“ Fíjate a la vez en la bondad y en la severidad de Dios:fue severo con los


que cayeron y bueno contigo pero CON TAL QUE SIGAS SIENDO
BUENO.De lo contrario serás cortado”

Un ejemplo claro que podemos ser cortados del Reino, si feuramos siempre
salvos esto no pudiera ser posible.
En Galatas 5, 4 Pablo le habla a Cristianos y les declara que el creyente se
puede apartar de la GRACIA, si fuéramos siempre salvos NADIE nos
apartaría de   la Gracia característica del Salvo.

“ Los que procuráis justificaros por la Ley os habéis desligado de


Cristo.Habeis caído de la Gracia”

También en Hebreos 2, 3 San Pablo desmiente la doctrina de Salvo siempre


salvo cuando dice:

“ Como escaparemos nosotros, si descuidas una  salvación tan grande?”

En otras palabras se puede descuidar la Salvación y si esta se descuida se


pierde!

En otras palabras hermanos no se dejen confundir con Doctrinas nuevas


surgidas para entretener al creyente con “novelerias” y apartarlo de Cristo con
falsas seguridades, esa es una de las estrategias de la Nueva Era disfrazada de
“cristianismo” Apartar al creyente del poder de Cristo y darle la falsa
seguridad de que el hombre tiene control de su vida. La única salvación que
no se pierde es la vida eterna  cuando nos encontremos con Jesús en el Reino,
ahí si seremos “Salvos siempre salvos, mientras caminas en la vida “Cuida Tu
salvación con temor y temblor”.

LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN
(ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 5-7 DE AGOSTO
DE 2017)

En vista de la enseñanza bíblica según la cual la seguridad del


creyente depende de una relación viva con Cristo (Juan 15:6); en vista
del llamado de la Biblia a una vida de santidad (Hebreos 12:14; 1
Pedro 1:16); en vista de la clara enseñanza según la cual un ser
humano puede ser borrado del Libro de la Vida (Apocalipsis 22:19); y
en vista del hecho de que alguien que haya creído por un tiempo
puede caer y alejarse (Lucas 8:13); el Concilio General de las
Asambleas de Dios no está de acuerdo con la posición de seguridad
incondicional, la cual sostiene que es imposible que se pierda una
persona que antes ha sido salva. (Estatutos, Artículo IX.B.1)
Las Asambleas de Dios sostienen la enseñanza bíblica según la cual
las personas entran en una relación personal salvadora con Cristo
por medio del poder regenerador del Espíritu Santo, quien las lleva
al arrepentimiento y a la fe en Cristo. Jesús describió esta
experiencia inicial de la salvación como el «nuevo nacimiento» (Juan
3:3–6),1 como lo hizo también el apóstol Pedro (1 Pedro 1:3).  De
igual manera, Pablo escribe: «Nos salvó… por el lavamiento de la
regeneración [palinguenesías, “del nuevo nacimiento” o “de la
regeneración”] y por la renovación en el Espíritu Santo» (Tito 3:5),
usando también la expresión «nueva creación» para referirse a este
transformador suceso salvador (2 Corintios 5:17).

En el momento del nuevo nacimiento del creyente, designado


teológicamente como «regeneración», el Espíritu Santo entra a él,
llevándole la seguridad del perdón de sus pecados, la renovación
espiritual y una relación personal con Dios. «El Espíritu mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios»
(Romanos 8:16). Esta relación dinámica con Dios a través de su
Espíritu, iniciada y sostenida por medio de la fe, afianza la seguridad
del creyente.

Las siguientes enseñanzas bíblicas sostienen y guían la creciente


madurez del creyente y su perseverancia en su relación con Cristo.

 La salvación se halla al alcance de todas las personas (Lucas


19:10; Juan 3:16; Romanos 10:11–13; Hebreos 2:9; 2 Pedro 3:9;
Apocalipsis 22:17).
 La salvación es recibida y asegurada por medio de la fe
(Romanos 3:28; Gálatas 2:20–21; Efesios 2:8; Filipenses 3:9;
Hebreos 10:38; 1 Pedro 1:5).
 La salvación es un conflicto constante con la tentación y el
pecado (Romanos 1:32; 1 Corintios 3:1–3, 5–8; 5:9–13; Hebreos
3:12–14; 12:1; 1 Juan 1:8; 3:8).
 La salvación del creyente se puede perder o abandonar por su
alejamiento voluntario de Cristo (Juan 17:12; 1 Timoteo 4:1;
5:12, 15; Hebreos 6:4–6, 10:26–27, 38; 2 Pedro 2:20; 1 Juan
5:16).
I. DIOS HACE PROVISIÓN DE LA SALVACIÓN PARA TODAS LAS
PERSONAS

Dios quiere que todos los seres humanos sean salvos, verdad que la
Biblia presenta repetidas veces (Lucas 19:10; Juan 3:16; Romanos
10:11–13; Hebreos 2:9; 2 Pedro 3:9; Apocalipsis 22:17). El propósito
salvador eterno de Dios fue expresado por el propio Jesús: «Porque
el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido»
(Lucas 19:10); es decir, que Él quiere salvar a todos los seres
humanos. Al principio del evangelio de Juan, Jesús es presentado
como «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan
1:29). Más adelante encontramos el gran tema del Evangelio:
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas
tenga vida eterna» (Juan 3:16).
De igual manera, las epístolas paulinas insisten en el plan de Dios
para una redención universal: «Dios nuestro Salvador… quiere que
todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la
verdad» (1Timoteo 2:3–4). «Dios… es el Salvador de todos los
hombres, mayormente de los que creen» (1 Timoteo 4:10). «Porque
la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los
hombres» (Tito 2:11). Esta gracia es la llamada preventiva, la gracia
que nos proporciona Dios antes de la salvación, atrayendo a todos
los seres humanos a la salvación y capacitándolos para aceptar o
rechazar su ofrecimiento. Después de hacer numerosas expresiones
de este tipo acerca del ofrecimiento universal de la salvación por
parte de Dios, la Biblia termina de una manera muy adecuada con
una invitación final dirigida a toda la humanidad: «Y el que tiene
sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente»
(Apocalipsis 22:17).

Lamentablemente, algunas tradiciones cristianas han llegado a un


concepto tal de la soberanía de Dios, que afirma que solo un
número limitado de seres humanos pueden responder al
ofrecimiento hecho por Dios en cuanto a la salvación. Estas
tradiciones sostienen además que el sacrificio expiatorio de Cristo
no está destinado a todos. Dan por sentado que la soberanía de
Dios decretó desde la eternidad pasada la elección exclusiva de un
número limitado de personas para la salvación. Esta creencia tiene
sus raíces en varios pasajes bíblicos que ciertamente ponen de
relieve la soberanía de Dios en su actividad salvadora. Por ejemplo,
las palabras de Jesús en el evangelio de Juan señalan con claridad
que el Padre debe actuar para atraer a los humanos a sus propósitos
en cuanto a la elección (6:37, 44, 65). Otro texto que se menciona
con frecuencia es Romanos 9:11–18, que habla de la visión previa de
Dios en las vidas de Jacob y Esaú, y destaca su soberana elección de
Jacob, y no de Esaú. La metáfora bíblica del control soberano del
alfarero sobre el barro sigue a este pasaje, y suele ser citada para
apoyar el concepto de la absoluta soberanía de Dios en la
realización de la salvación humana (9:20–21).

No obstante, aunque estos pasajes enseñan ciertamente que Dios es


soberano en todo lo que hace, no constituyen una negación de la
libertad humana para responder al Evangelio. La elección de Jacob
sobre Esaú indicaba que Dios sabía de antemano lo que haría cada
uno de ellos. La historia sagrada del Génesis relata vivamente la
historia de las decisiones personales del propio Jacob mientras
luchaba con Dios y le respondía con una fe vacilante. La imagen del
alfarero es una elocuente y poderosa descripción de la soberanía de
Dios, pero los singulares esfuerzos del alfarero para crear una vasija
de calidad no llevan en absoluto la intención de enseñar que Dios
pase por alto de forma deliberada a ciertas personas, con lo cual las
estaría dejando perdidas para toda la eternidad. Pasajes como estos
no contradicen el «todo aquel que en él cree» de Juan 3:16, ni la
provisión de Dios para todos, tal como se expresa con tanta
frecuencia a lo largo de toda la Biblia.

El apóstol Pablo puso en una perspectiva divina los propósitos


salvadores de Dios al escribir: «Porque a los que antes conoció,
también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la
imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos
hermanos» (Romanos 8:29). En este pasaje crucial, no se muestra
que Dios le esté negando a la humanidad la libertad y la capacidad
para escoger. Lo que Pablo muestra es que Dios ha hecho provisión
desde la eternidad para aquellos que Él ha visto de antemano que
responderían al Evangelio y creerían en Cristo. El verbo griego
traducido como «conocer antes» (proguinōskō) manifiesta el hecho
de que Dios conoce a los seres humanos desde la eternidad.
También es importante notar que el verbo «conocer»
(griego, guinōskō; hebreo yadá), cuando se refiere a Dios con
respecto a los seres humanos, tanto en el Antiguo Testamento como
en el Nuevo, expresa una riqueza de amor y de misericordia que se
refleja en las relaciones maritales sanas de sus criaturas humanas.
Un pasaje citado con frecuencia para ilustrar esto es el siguiente: «A
vosotros solamente he conocido [hebreo, yadá; griego de la
Septuaginta, guinōskō] de todas las familias de la tierra» (Amós 3:2),
en el cual se expresa el amoroso conocimiento previo de Israel por
Dios y su elección. Pedro, inspirado por el Espíritu, usó el nombre
correspondiente a este verbo proguinōskō,  amorosamente selectivo,
cuando se dirigió a los creyentes dispersos por el vasto Imperio
Romano como «elegidos según la presciencia [prognosis, cursiva
añadida] de Dios Padre» (1 Pedro 1:1–2).

La presciencia de Dios es un ejercicio de su omnisciencia (el


conocimiento de todo), más que de su omnipotencia (poderlo todo).
El conocimiento por parte de Dios de todo lo que va a suceder no
equivale a hacerlo suceder sin tener en cuenta el libre albedrío de
una persona. El hecho de suponer que si Dios tiene el derecho de
hacer algo, esto exige que Él ejercite ese derecho (pasar por alto a
ciertas personas, y de esa manera condenarlas, como enseñan
algunos), en lugar de resaltar su soberanía, la disminuye. Esta
creencia errónea limita la santidad y la justicia de Dios. No refleja su
bondadoso amor y su misericordia hacia todas sus criaturas
humanas.

Por consiguiente, es importante que comprendamos la diferencia


entre la predestinación, que es un concepto bíblico, y el
predeterminismo, que no lo es. La predestinación le da la seguridad
en cuanto a su destino eterno al pueblo de Dios (el cuerpo
corporativo de Cristo), del cual Él sabía de antemano desde la
eternidad que respondería a la convicción de su Espíritu y aceptaría
su provisión redentora en Cristo (Juan 14:2). En cambio, el
predeterminismo afirma que Dios ha decidido previamente las
acciones y el destino individuales de todos los seres humanos, sin
tener en cuenta su decisión de creer. Esta distinción entre ambos
términos queda ilustrada en Ester 4:13–14, cuando Mardoqueo le
advierte a Ester: «No pienses que escaparás en la casa del rey más
que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este
tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los
judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para
esta hora has llegado al reino?» Dios había predestinado la
supervivencia (corporativa) de Israel, pero no había predeterminado
el destino (personal) de Ester: ese estaba en manos de ella misma.
Proveería un plan de salvación o escape para el pueblo corporativo
de Dios, pero la participación individual era cuestión de decisión
personal.

En su bondadosa y misericordiosa soberanía, Dios determinó desde


la eternidad pasada las condiciones para mostrar su misericordia, y
nos proveyó un plan de salvación por medio del cual todos
podemos ser salvos (Hebreos 2:9).  En este plan son tomadas en
consideración las decisiones libres de los seres humanos,
capacitados por el Espíritu Santo, de manera que los creyentes son
escogidos en Cristo teniendo como base su conocimiento previo
(Romanos 8:29; Efesios 1:4). La salvación se halla al alcance de todo
aquel que decida responder en fe al Evangelio, y a la provisión
universal de la gracia preventiva por Dios.

II. LA SALVACIÓN ES RECIBIDA Y ASEGURADA POR LA FE

Ciertamente, ser cristiano no es cuestión de buenas obras. La


salvación se logra solamente por gracia por medio de la fe (Efesios
2:8–9). La fe acepta el hecho de que Cristo murió en lugar de la
humanidad pecadora para que estuviera disponible el perdón de sus
pecados. Por fe, los humanos solo pueden confiar en la misericordia
de Dios y aceptar a Cristo como Salvador. La fe capta la maravillosa
realidad de que ahora los humanos que crean y se arrepientan son
los que reciben la justicia de Cristo, acreditada a ellos sin mérito
alguno de su parte (Filipenses 3:9) y dada «por medio de la fe en
Jesucristo, para todos los que creen en él» (Romanos 3:22). Aunque
«todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, [son]
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que
es en Cristo Jesús» (Romanos 3:23–24; vea también el 5:1). Además,
nosotros comprendemos esta posición con respecto a Dios, recibida
por su gracia, porque nos capacita para ello el Espíritu Santo, quien
«da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios»
(Romanos 8:16).

Aunque justificados y con la justicia de Cristo acreditada a su favor,


los creyentes también son «creados en Cristo Jesús para buenas
obras» (Efesios 2:10). Más aún; se les encomienda en su vida diaria
que sean «llenos de frutos de justicia que son por medio de
Jesucristo» (Filipenses 1:11). De manera que la ejercitación real de la
justicia de Cristo en el creyente es un proceso continuo. Comprende
una formación espiritual deliberada y progresiva, como se ilustra
acertadamente en 2 Pedro 1:5–8:

Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid


a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento,
dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si
estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar
ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor
Jesucristo. (Vea también Romanos 6:12–13; 8:13; Colosenses 3:1–5.)

Nuestro crecimiento espiritual individual varía en calidad y madurez


a medida que aprendemos a obedecer la Palabra de Dios y confiar
en la dirección y la capacitación del Espíritu Santo que habita en
nosotros. No obstante, aunque nos hallemos aún en el proceso de
formación, y por imperfectos que seamos, seguimos estando
justificados por medio de la fe en Cristo, y nunca por nuestras
buenas obras. «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que
están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1).

El crecimiento espiritual también tiene previsto que el creyente se


comprometerá a seguir a Cristo en una obediencia de toda la vida a
sus enseñanzas. El Nuevo Testamento le da gran importancia a un
fiel atravesar las pruebas de la vida y perseverar en la fe hasta su
final. En la Parábola del Sembrador, Jesús dijo: «la que cayó en
buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen
la palabra oída, y dan fruto con perseverancia [en hypomoné]»
(Lucas 8:15). Santiago recoge ambos conceptos de la fidelidad en
medio de las pruebas y de la perseverancia cuando escribe: «La
prueba [to dokimion] de vuestra fe produce paciencia [hypomonēn]
(1:3). Pedro añade: «Para que sometida a prueba [to dokimion]
vuestra fe … sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea
manifestado Jesucristo» (1 Pedro 1:7). El escritor de la epístola a los
Hebreos coincide: «Porque os es necesaria la paciencia [hypomonés],
para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la
promesa» (Hebreos 10:36).

Entonces, vemos que la seguridad de los creyentes les viene por


medio de la fe, tanto cuando reciben la salvación, como cuando
continúan en comunión con Cristo por medio de su Espíritu. Junto
con Pablo, el creyente ora para «ser hallado en él [en Cristo], no
teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe
de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe» (Filipenses 3:9).

III. LA SALVACIÓN ES UN CONFLICTO CONSTANTE CON LA


TENTACIÓN Y EL PECADO

La tentación y el pecado son realidades de la vida en un mundo


caído. Aunque los creyentes confían fielmente en Cristo y lo siguen,
no obstante, siguen sujetos a la fragilidad humana. Aunque se les
han otorgado la justificación y la justicia ante Dios sobre la base de
la justicia de Cristo, no alcanzan en este mundo una perfección
carente de pecado. «Porque todos ofendemos muchas veces»
(Santiago 3:2). «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos
a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros (1 Juan 1:8).

Sin embargo, las Escrituras insisten en que se debe vivir la vida


cristiana sobre una trayectoria positiva de transformación espiritual.
Tal como destacamos previamente, los creyentes han «nacido de
nuevo» por el Espíritu de Dios (Juan 3:3–8); son “nuevas criaturas”
para las cuales las cosas viejas han desaparecido y han llegado las
nuevas (2 Corintios 5:17). Por esa razón, Juan asegura repetidamente
en su epístola anterior: «Todo aquel que es nacido de Dios, no
practica el pecado» (1 Juan 3:9). El mismo Espíritu Santo que les da
convicción de pecado a los no creyentes (Juan 16:8) sigue
convenciendo de pecado a los creyentes y guiándolos a la verdad
(Juan 16:13). «Todo aquel que permanece en él [en Cristo], no peca;
todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido» (1 Juan 3:6).
Juan añade a esto otra nota aleccionadora: «El que practica el
pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio» (1
Juan 3:8). Los creyentes no pueden seguir pecando de la forma en
que lo hacen los no creyentes. «¿Perseveraremos en el pecado para
que la gracia abunde?», pregunta Pablo (Romanos 6:1). La respuesta
es una enfática negación. La continuación en las prácticas de pecado
afecta de manera adversa a la fe del creyente y, si no se arrepienten
de ellas, terminarán destruyendo su fe.

Cuando los creyentes confiesan que han pecado y acuden a Cristo


arrepentidos, lo hacen con la seguridad de que, como hijos de Dios,
«abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (1 Juan
2:1). Además, «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo
para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1
Juan 1:9). De esta manera los creyentes tienen seguridad de que
Dios ha provisto lo necesario para fortalecerlos y perdonarlos
mientras ellos luchan con las tentaciones y los pecados, sin tener
necesidad alguna de dudar con respecto a su salvación, que se basa
en la justicia de Cristo que ellos han aceptado por fe.

También se debe declarar enfáticamente que los creyentes no se


hallan en una especie de puerta giratoria, entrando en la gracia y
saliendo de ella una y otra vez. Están seguros en las manos de Dios.
«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles,
ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo
alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar
del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos
8:38–39). Su posición como creyente en Cristo justificados siempre
se debe a la fe. Sin fe en Cristo, ya no existe una relación salvadora
con Él. Esta es la razón por la cual las Escrituras amonestan a los
creyentes diciendo: «Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de
vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo»
(Hebreos 3:12).

IV. ES POSIBLE PERDER O ABANDONAR LA SALVACIÓN AL


RECHAZAR A CRISTO

Dios, nuestro amoroso Padre celestial, no quiere que ningún ser


humano se aparte de la salvación que Él en su bondad nos ha
proporcionado en Cristo. «[El Señor] es paciente para con nosotros,
no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento (2 Pedro 3:9).

No obstante, la Biblia también enseña que los creyentes que han


aceptado a Cristo como Salvador se pueden perder si ignoran
repetidas veces las enseñanzas de las Escrituras, se resisten
continuamente a la convicción que les da el Espíritu Santo, y
alcanzan finalmente un punto en el cual se alejan de su Salvador.
Jesús habla de esta situación en la Parábola del Sembrador, en la
cual, hablando de algunos que se han hecho creyentes, dice: «Creen
por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan (Lucas
8:13). El escritor de Hebreos se refiere gravemente a los creyentes
«que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y
fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de
la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y
recayeron» (Hebreos 6:4–6).

El apóstol Pedro advierte: «Si habiéndose ellos escapado de las


contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y
Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su
postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les
hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que
después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento
que les fue dado» (2 Pedro 2:20–21).

Ciertamente, la Biblia advierte contra la posibilidad de perder, o


abandonar la salvación, pero nunca cesa de ofrecerles esperanzas a
todos los que estén dispuestos a responder al llamado del Espíritu.
La invitación de Jesús no hace distinción alguna. «Venid a mí todos
los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar»
(Mateo 11:28). El apóstol Pablo proclama con toda firmeza: «Todo
aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» (Romanos
10:13). Por esta razón, los cristianos nunca debemos apresurarnos a
llegar a la conclusión de que un hermano o hermana que batalla en
su vida espiritual es irredimible. Si el Padre no se dio por vencido
con el hijo que estaba perdido (Lucas 15:11–31), tampoco lo debe
hacer la Iglesia de Jesucristo.
CONCLUSIÓN

La fe cristiana es una fe llena de una vida gozosa y victoriosa en


Cristo, en la cual los creyentes, espiritualmente transformados, son
moldeados por la Palabra de Dios y reciben su energía del Espíritu
Santo. Ciertamente, la fe cristiana exige obediencia a los mandatos
de Cristo y una participación responsable en la vida de su Iglesia y
de la comunidad en general. A veces los guía mientras atraviesan
sufrimientos de diversas clases. Sin embargo, la perseverancia de los
creyentes en la fe es segura mientras permanezcan en una relación
con su Señor. Las palabras de Pablo, llenas de una gran seguridad,
nos recuerdan el incansable compromiso del Señor según el cual «el
que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el
día de Jesucristo» (Filipenses 1:6).

NOTAS

1. Todas las citas bíblicas están tomadas de la Versión Reina-


Valera 1960 (RV-60) a menos que se indique de otra manera.
2. ESV refers to the English Standard Version of the Bible.

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Common questions

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Para aquellos que creen que la salvación puede perderse, como los arminianos, la seguridad de la salvación depende de la continuación de la fe activa en Cristo; apartarse de esta fe puede resultar en la pérdida de la salvación. En cambio, los calvinistas sostienen que una vez salva, la persona está para siempre asegurada por Dios, independientemente de las pruebas, ya que Dios garantiza la perseverancia hasta el final. Estas posturas difieren en la importancia del papel humano en mantener la salvación en comparación con la seguridad divina .

Comprender la diferencia entre un pecado individual y la pérdida continua de fe es crucial para evitar malentendidos sobre la seguridad de la salvación. Un pecado aislado no implica automáticamente la pérdida de la salvación según la enseñanza arminiana, que se centra en el riesgo de alejamiento progresivo y consciente de la fe. Evitar esta confusión ayuda a proteger a los creyentes del temor excesivo y del malentendido de que cada error pone en riesgo su salvación, promoviendo en su lugar un enfoque en el crecimiento constante de la fe .

En el Arminianismo, la soberanía divina se integra con el libre albedrío humano, sugiriendo que Dios ha predeterminado las condiciones de la salvación pero no el destino individual de cada persona, respetando sus decisiones libres. En el Calvinismo, la soberanía de Dios se manifiesta en la predestinación de ciertos individuos para la salvación desde la eternidad, asegurando que perseveren en la fe. Ambas posturas subrayan la soberanía de Dios, pero difieren en su interacción con la libertad humana .

El Arminianismo y el Calvinismo ofrecen perspectivas diferentes sobre la predestinación. El Calvinismo sostiene que Dios predetermina quién será salvo y asegura su permanencia en la fe hasta el final. Por otro lado, el Arminianismo no niega la elección divina pero enfatiza que es a través de la fe personal continua que se mantiene la salvación, sugiriendo que los individuos pueden influir en su destino mediante la elección personal de seguir creyendo en Jesús. Ambos coinciden en que la fe es fundamental, pero divergen en el grado de intervención divina versus responsabilidad humana .

Las Escrituras advierten sobre la posibilidad de apartarse de la fe, enfatizando que los creyentes deben permanecer vigilantes y perseverantes en su relación con Cristo. En Hebreos 6:4-6 y 2 Pedro 2:20-21, se describe que aquellos que habiendo conocido la verdad decidan renunciar a ella pueden enfrentarse a graves consecuencias espirituales. Estas advertencias subrayan la responsabilidad continua del creyente de mantener su fe y no apartarse de Dios .

La postura Arminiana sostiene que la salvación puede perderse si una persona que inicialmente ha puesto su fe en Jesús se aleja y deja de confiar en Él como su Señor y Salvador. Es importante que la fe sea genuina; no basta con creer en la existencia de Dios, sino mantener una confianza real en Jesús. Si una persona continúa practicando el pecado y su fe se debilita al punto de no considerar a Jesús como Salvador, se dice que esta persona ha perdido su salvación. Este punto se ilustra con ejemplos bíblicos como Hebreos 6:4-6 y 2 Pedro 2:19-22 .

La interpretación calvinista de la perseverancia final se basa en la idea de que aquellos que son genuinamente salvos perseverarán en su fe hasta el final porque han sido predestinados por Dios y su salvación está asegurada. No obstante, una crítica hacia esta postura surge en sus interpretaciones extremas donde algunos creen que, sin importar cuán gravemente pequen, su salvación no se verá afectada. Esto no está de acuerdo con la enseñanza bíblica que siempre resalta la necesidad de vivir una vida que honre a Dios y guiarse por el Espíritu Santo .

La interpretación extrema del Arminianismo podría inducir temor en los creyentes al fomentar la idea de que cualquier pecado resulta en la pérdida de la salvación. Esto podría llevar a un ciclo interminable de salvación y perdición cada vez que un creyente peca, creando ansiedad sobre su estado ante Dios. Sin embargo, esta interpretación no es bíblica, ya que la verdadera enseñanza arminiana enfatiza la pérdida de salvación no por simples pecados, sino por un alejamiento de la fe genuina en Jesús .

Las Escrituras destacan que la fe y la salvación son procesos continuos de crecimiento espiritual. Este crecimiento se caracteriza por la práctica de virtudes cristianas como la paciencia, la piedad y el amor, tal como se describe en 2 Pedro 1:5-8. Los creyentes están llamados a progresar espiritualmente, confiando en la dirección del Espíritu Santo y obedeciendo la Palabra de Dios, lo cual asegura que su fe se fortalezca continuamente. La perseverancia en la fe a pesar de las pruebas es una marca de la fidelidad y madurez espiritual .

El Calvinismo sostiene que una vez que una persona acepta a Jesús como su Señor y Salvador, su salvación está asegurada por Dios y no puede perderse. Según esta postura, Dios predestina a ciertas personas para la salvación y asegura su perseverancia en la fe hasta el final. Esto significa que, aunque una persona pueda caer en la apostasía, si ha sido genuinamente salva, permanecerá así gracias a la obra continua de Dios en su vida. Versículos como Romanos 8:38-39 refuerzan la seguridad de que nada puede separar a los creyentes del amor de Dios .

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